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Ensayo

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Este artículo trata sobre el género literario. Para otros usos de este término,
véase Ensayo (desambiguación).

Michel Eyquem de Montaigne (aquí en un retrato de Daniel Dumonstier), filósofo y


escritor francés del Renacimiento, usó el término Essais (Ensayos) para denominar
sus escritos, consciente de su novedad estilística. Esta obra suya sigue
considerándose un modelo clásico del género.1
El ensayo es un tipo de texto en prosa que analiza, interpreta o evalúa un tema. Se
considera un género literario comprendido dentro del género didáctico.

Las características clásicas más representativas de un ensayo son:

Es un escrito serio y fundamentado que sintetiza un tema significativo. Que tiene


como finalidad argumentar el tema.
Posee un carácter preliminar, introductorio, de carácter propedéutico.
Presenta argumentos y opiniones sustentadas.
Casi todos los ensayos modernos están escritos en prosa. Si bien los ensayos suelen
ser breves, también hay obras muy voluminosas como la de John Locke Ensayo sobre el
entendimiento humano.

En países como Estados Unidos o Canadá, los ensayos se han convertido en una parte
importante de la educación. Así, a los estudiantes de secundaria se les enseña
formatos estructurados de ensayo para mejorar sus habilidades de escritura, o en
humanidades y ciencias sociales se utilizan a menudo los ensayos como una forma de
evaluar el conocimiento de los estudiantes en los exámenes finales, o ensayos de
admisión son utilizados por universidades en la selección de sus alumnos.

Por otra parte, el concepto de "ensayo" se ha extendido a otros ámbitos de


expresión fuera de la literatura, por ejemplo: un "ensayo fílmico" es una película
centrada en la evolución de un tema o idea; o un "ensayo fotográfico" es la forma
de cubrir un tema por medio de una serie enlazada de fotografías.

El ensayo literario se caracteriza por su amplitud en tratar los temas. La mayoría


parten de una obra literaria pero el ensayo literario no se limita a su estudio
exclusivo. Es un texto subjetivo donde se combinan la experiencia del ensayista,
hábitos de estudio, trabajo literario y opiniones de una persona que muestra
interés en la literatura. Los ensayos literarios tienen características comunes:
subjetividad, sencillez y estilo del ensayista. Así busca resaltar el punto de
vista, reflexiones literarias y pensamiento del autor. En cambio el ensayo
científico trata un tema del campo de las ciencias formales, naturales y sociales
con creatividad, logrando una combinación del razonamiento científico con el
pensamiento creativo del ensayista. En el ensayo científico se toma de la ciencia
la meta, que es buscar y explorar la realidad en busca de la verdad. Del aspecto
artístico toma la belleza y la expresión a través de la creatividad sin descuidar
el rigor del método científico y la objetividad de las ciencias.

Índice
1 Definición
2 Historia del ensayo
2.1 Europa
2.2 Japón
3 Evolución del ensayo en España
4 El ensayo en Hispanoamérica
5 Lógica en el ensayo
6 Ensayos celebres y algunos fragmentos
7 El ensayo en la educación: estructura
7.1 Introducción
7.2 Desarrollo
7.3 Conclusión
8 Consejos y recomendaciones para realizar correctamente un ensayo
9 Tipos de ensayo
10 Véase también
11 Notas y referencias
12 Bibliografía
13 Enlaces externos
Definición
Un ensayo es una obra literaria relativamente breve, de reflexión subjetiva pero
bien informada, en la que el autor trata un tema por lo general humanístico de una
manera personal y sin agotarlo, y donde muestra cierta voluntad de estilo, de forma
más o menos explícita, encaminada a persuadir al lector de su punto de vista sobre
el asunto tratado. El autor se propone crear una obra literaria y no simplemente
informativa, y versa sobre todo de temas humanísticos (literatura, filosofía, arte,
ciencias sociales y políticas...), aunque también, más raramente, de asuntos
científicos.

El ensayo, a diferencia del texto informativo, no posee una estructura definida ni


sistematizada o compartimentada en apartados o lecciones, por lo que suele carecer
de aparato crítico, bibliografía o notas, o estas son someras o sumarias (en el
caso del ensayo escolar, es preciso aportar todas las fuentes); ya desde el
Renacimiento se consideró un género más abierto que el medieval tractatus o tratado
o que la suma, y se considera distinto a ellos no solo en su estructura libérrima y
nada compartimentada en secciones, sino también por su voluntad artística de estilo
y su subjetividad, ya que no pretende informar, sino persuadir o convencer del
punto de vista del autor en el tratamiento de un tema que, como ya se ha dicho, no
pretende agotar ni abordar sistemáticamente, como el tratado: de ahí su
subjetividad, su carácter proteico y asistemático, su sentido artístico y su
estructura flexible, que personaliza la materia.

El ensayo es una interpretación o explicación de un determinado tema —humanístico,


filosófico, político, social, cultural, deportivo, por mencionar algunos ejemplos—,
desarrollado de manera libre, asistemática, y con voluntad de estilo sin que sea
necesario usar un aparataje documental.

En la Edad Contemporánea este tipo de obras ha llegado a alcanzar una posición


central.

En la actualidad está definido como género literario, debido al lenguaje, muchas


veces poético y cuidado que usan los autores, pero en realidad, el ensayo no
siempre podrá clasificarse como tal. En ocasiones se reduce a una serie de
divagaciones y elucubraciones, la mayoría de las veces de aspecto crítico, en las
cuales el autor explora un tema concreto o expresa sus reflexiones sobre él, o
incluso discurre y diserta sin tema específico.

Ortega y Gasset lo definió como «la ciencia sin la prueba explícita». Alfonso Reyes
afirmó que «el ensayo es la literatura en su función ancilar» —es decir, como
esclava o subalterna de algo superior—, y también lo definió como «el Centauro de
los géneros». El crítico Eduardo Gómez de Baquero —más conocido como Andrenio—
afirmó en 1917 que «el ensayo está en la frontera de dos reinos: el de la didáctica
y el de la poesía, y hace excursiones del uno al otro». Y por su parte Eugenio
d'Ors lo definió como la «poetización del saber».

Utiliza la modalidad discursiva expositivo-argumentativa y un tipo de


«razonamientos blandos» que han sido estudiados por Chaïm Perelman y Lucie
Ollbrechts-Tyteca en su Tratado de la argumentación.
A esto convendría añadir además que en el ensayo existe, como ha apreciado el
crítico Juan Marichal, una «voluntad de estilo», una impresión subjetiva que es
también de orden formal.

Otros géneros didácticos emparentados con el ensayo son:

El discurso (en el sentido de «discurrir» sobre un tema concreto).


La disertación.
El artículo de prensa.
Los géneros renacentistas y humanísticos del Diálogo, en sus variantes Platónica,
Ciceroniana y Lucianesca.
La epístola.
La miscelánea.
Historia del ensayo
Europa

Portada de Essays de Francis Bacon de la primera edición de 1597 que luego iría
revisando y ampliando hasta la versión definitiva de 1625. También Michel de
Montaigne revisó sus Essais. En la segunda imagen, conservada en la Biblioteca
Municipal de Burdeos, sobre una copia de su quinta edición escribió sus propias
adiciones y modificaciones manuscritas con las que se publicó su última edición a
título póstumo en 1595.
El desarrollo moderno y más importante del género ensayístico vino sobre todo a
partir de los Essais (1580) del escritor renacentista francés Michel de Montaigne.
Unos años después, Francis Bacon siguió su ejemplo y publicó sus Essays que en su
primera edición de 1597 contenía 10 ensayos y en su tercera edición, la más amplia
e impresa en 1625, contenía 59 ensayos.

Los precedentes más antiguos del ensayo hay que buscarlos en el género epidíctico
de la oratoria grecorromana clásica; las Cartas a Lucilio (de Séneca) y los Moralia
(de Plutarco) vienen a ser ya prácticamente colecciones de ensayos. En el siglo III
d. C. Menandro el Rétor, aludiendo a ello bajo el nombre de «charla», expuso
algunas de sus características en sus Discursos sobre el género epidíctico:

Tema libre (elogio, vituperio, exhortación).


Estilo sencillo, natural, amistoso.
Subjetividad (la charla es personal y expresa estados de ánimo).
Se mezclan elementos (citas, proverbios, anécdotas, recuerdos personales).
Sin orden preestablecido (se divaga), es asistemático.
Extensión variable.
Va dirigido a un público amplio.
Conciencia artística.
Libertad temática y de construcción.
En Grecia donde el ensayo tiene su origen, se consideraba como una proposición
original que dispone elementos de creación, generación e innovación. Se partía del
conocimiento normal (establecido) para romperlo. A partir de elementos que lo
hacen, al conocimiento, diferente en: perspectiva, conjunción, relación,
conformación, etc.

Japón

Yoshida Kenko (1283-1350). Monje budista japonés autor de Tsurezuregusa, colección


de 243 ensayos cortos, publicados póstumamente. Tratan de la belleza de la
naturaleza, la transitoriedad de la vida, las tradiciones, la amistad y otros.
Artículo principal: Zuihitsu
Los ensayos existían en Japón varios siglos antes de que se desarrollaran en Europa
en un género denominado Zuihitsu que se remonta a casi los inicios de la literatura
japonesa. Muchas de las primeras obras más notables de la literatura japonesa están
en este género. Un ejemplo notable es Makura no Sōshi (El libro de la almohada) del
siglo XI escrito por Sei Shonagon, dama de compañía de la emperatriz, en la que
recogió sus experiencias diarias en la corte Heian. Un segundo ejemplo es
Tsurezuregusa (Ensayos en ociosidad) escrito por el monje budista Yoshida Kenkō.
Kenkō describió sus breves escritos de manera similar a Montaigne, refiriéndose a
ellos como "pensamientos sin sentido", escritos en "horas muertas". Se trata de su
trabajo más famoso y una de las obras más estudiadas de la literatura japonesa
medieval.

Evolución del ensayo en España


En España el género surge con el Renacimiento en forma de epístolas, discursos,
diálogos y misceláneas en el siglo XVI. La primera muestra del género son las
Epístolas familiares (1539) de Fray Antonio de Guevara, todavía con forma de carta,
quien se inspira además en las Letras (1485) de Fernando del Pulgar; también hay
numerosos diálogos (casi siempre erasmistas, como los de los hermanos Alfonso y
Juan de Valdés; el Diálogo de la dignidad del hombre de Fernán Pérez de Oliva...)
escritos no solo en castellano, sino también en latín, o misceláneas como la de
Luis Zapata (1592) o el Jardín de flores curiosas (1573) de Antonio de Torquemada.
En el XVII se continúa con el Pusilipo (1629) de Cristóbal Suárez de Figueroa, las
Cartas filológicas (1634) de Francisco Cascales y los Errores celebrados de la
antigüedad (1653) de Juan de zabaleta.

Luego aparece sólidamente constituido a principios del siglo XVIII con el muy
reimpreso Teatro crítico universal (1726-1740) y las Cartas eruditas y curiosas
(1742-1760) del padre Benito Jerónimo Feijoo, quien los denomina discursos (de
"discurrir") o cartas; a finales del mismo, bajo la vaga y falsa apariencia de
novela epistolar, aparecen las Cartas marruecas (1789) de José Cadalso y las Cartas
económico-políticas (1785-1795) de León de Arroyal.

Solamente en el siglo XIX tomará la denominación propia como género autónomo de


ensayo cuando empiecen a escribirlos algunos autores de la Generación de 1868:
Emilia Pardo Bazán (La cuestión palpitante, 1883 y 1884), Juan Valera
(Disertaciones y juicios literarios, La libertad en el arte...), Marcelino Menéndez
Pelayo, quien emplea ya el término (Ensayos de crítica filosófica), Leopoldo Alas
(Solos, 1881, y Palique, 1894)... La prensa empieza a acogerlos en algunas revistas
de fin de siglo y ya se encontrará completamente asentado propiamente con los
escritos en el siglo XX por la Generación del 98: Miguel de Unamuno (En torno al
casticismo, 1895, y otros), José Martínez Ruiz (Al margen de los clásicos, 1915),
Pío Baroja (La caverna del humorismo, 1919; El tablado de Arlequín y Nuevo tablado
de Arlequín, 1903 y 1917; Vitrina pintoresca, 1935; Momentum catastroficum, 1918),
Ramiro de Maeztu (Hacia otra España, 1899; La crisis del humanismo, 1919) y Antonio
Machado (Juan de Mairena, 1936).

Destaca especialmente el Novecentismo, que contó con ensayistas tan dotados como
José Ortega y Gasset (Meditaciones del Quijote, 1914; El Espectador 1916-1934, 8
vols.; España invertebrada, 1921; La deshumanización del arte, 1925 etc.), Ramón
Pérez de Ayala (Las máscaras, 1917-1919; Política y toros, 1918, etc.), Gregorio
Marañón (Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo, 1930; Tiempo
nuevo y tiempo viejo, 1940; Don Juan. Ensayo sobre el origen de su leyenda, 1940;
Ensayos liberales, 1946), Eugenio d'Ors (Glosari, 1915-1917; Oceanografía del Tedi,
1918; Tres horas en el Museo del Prado. Itinerario estético, 1922), Rafael Cansinos
Assens (El divino fracaso, 1918; Ética y estética de los sexos, 1921; La nueva
literatura 1917-1927, 4 vols.; Los temas literarios y su interpretación, 1924
etc.), Ramón Gómez de la Serna (La utopía, 1909; El concepto de nueva literatura,
1909; El rastro, 1915; Ismos, 1931), José Bergamín (La cabeza a pájaros, 1934; El
arte de birlibirloque - La estatua de Don Tancredo - El mundo por montera 1961;
Ilustración y defensa del toreo, 1974; Beltenebros y otros ensayos sobre literatura
española Barcelona, 1973; El clavo ardiendo, 1974; La importancia del demonio y
otras cosas sin importancia, 1974; Al fin y al cabo: (prosas) 1981 etc.) o Manuel
Azaña (Ensayos sobre Valera), entre otros.

El ensayo en Hispanoamérica
El ensayo en Hispanoamérica cuenta con grandes figuras. Entre los precursores más
influyentes cabe destacar al escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento (1811-
1888) con su Facundo o Civilización y barbarie (1845) y al uruguayo José Enrique
Rodó (1871-1917) por su Ariel (1900). El mexicano José Vasconcelos (1881-1959)
escribe sobre filosofía, estética e historia, pero es especialmente renombrado por
sus ensayos de tema americano, por ejemplo su La raza cósmica, donde postula que
una raza mestiza americana es la que en el futuro dirigirá el mundo. El dominicano
Pedro Henríquez Ureña (1884-1946) y el argentino Ricardo Rojas (1882-1957) exploran
la identidad de sus respectivos países y los que escribe el peruano José Carlos
Mariategui (1895-1930) están enfocados desde el punto de vista de las ciencias
sociales. También son importantes el argentino Eduardo Mallea, el mexicano Leopoldo
Zea y el cubano José Antonio Portuondo, entre muchos otros.

Ya en pleno siglo XX destacan poderosamente cuatro figuras por su amplitud de


conocimientos y ancho de banda: el mexicano Alfonso Reyes (1889-1959) con
Cuestiones estéticas, Visión del Anáhuac, La experiencia literaria o El deslinde,
entre otras obras; el ya citado Pedro Henríquez Ureña (Ensayos críticos, Historia
de la cultura en América Latina, Plenitud de América); el muy original e influyente
argentino Jorge Luis Borges (Inquisiciones, Otras inquisiciones, Historia de la
eternidad...) y el mexicano Octavio Paz, bien con sus ensayos sobre la
idiosincrasia mexicana (El laberinto de la soledad), bien con otros de tema más
variado (Las peras del olmo, Cuadrivio).

Lógica en el ensayo
La lógica es crucial en un ensayo y lograrla es algo más sencillo de lo que parece:
depende principalmente de la organización de las ideas y de la presentación. Para
lograr convencer al lector hay que proceder de modo organizado desde las
explicaciones formales hasta la evidencia concreta, es decir, de los hechos a las
conclusiones. Para lograr esto el escritor puede utilizar dos tipos de
razonamiento: la lógica inductiva o la lógica deductiva.

De acuerdo con la lógica inductiva el escritor comienza el ensayo mostrando


ejemplos concretos para luego deducir de ellos las afirmaciones generales. Para
tener éxito, no sólo debe elegir bien sus ejemplos sino que también debe presentar
una explicación clara al final del ensayo. La ventaja de este método es que el
lector participa activamente en el proceso de razonamiento y por ello es más fácil
convencerle.

De acuerdo con la lógica deductiva el escritor comienza el ensayo mostrando


afirmaciones generales, las cuales documenta progresivamente por medio de ejemplos
bien concretos. Para tener éxito, el escritor debe explicar la tesis con gran
claridad y, a continuación, debe utilizar transiciones para que los lectores sigan
la lógica/argumentación desarrollada en la tesis. La ventaja de este método es que
si el lector admite la afirmación general y los argumentos están bien construidos
generalmente aceptará las conclusiones.

Ensayos celebres y algunos fragmentos


Algunos de los ensayos más reconocidos, tanto en otros idiomas como en español, son
los siguientes:

Ensayos de Michel de Montaigne.


Los Pensamientos de Pascal
El espíritu de las leyes de Montesquieu
Eureka de Edgar Allan Poe
Una buena taza de té de George Orwell
Arte y revolución de Richard Wagner
Los monstruos y los críticos y otros ensayos de J. R. R. Tolkien
Otras inquisiciones de Jorge Luis Borges
El escritor y sus fantasmas de Ernesto Sabato
Nuestra América de José Martí
La expresión americana de José Lezama Lima
El laberinto de la soledad de Octavio Paz
La tentación de lo imposible de Mario Vargas Llosa
Las Cartas marruecas de José Cadalso
La España invertebrada de José Ortega y Gasset
Tiempo viejo y tiempo nuevo de Gregorio Marañón
Los siguientes son fragmentos de ensayos.

Fragmento del ensayo de Gabriel García Márquez, Por un país al alcance de los
niños:
Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire
un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que
se quiera más a sí misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y
conciba una ética —y tal vez una estética— para nuestro afán desaforado y legítimo
de superación personal.

José Ortega y Gasset. Teoría de Andalucía:


Si viajamos por Castilla no encontramos otra cosa que labriegos laborando sus
vegas, oblicuos sobre el surco, precedidos de la yunta, que sobre la línea del
horizonte adquiere proporciones monstruosas. Sin embargo, no es la castellana
actual una cultura campesina: es simplemente agricultura, lo que queda siempre que
la verdadera cultura desaparece. La cultura de Castilla fue bélica. El guerrero
vive en el campo, pero no vive del campo -ni material ni espiritualmente.

Jorge Luis Borges. Historia de la eternidad:


Aquí de cierta réplica varonil que refiere De Quincey (Writings, onceno tomo,
página 226). A un caballero, en una discusión teológica o literaria, le arrojaron
en la cara un vaso de vino. El agredido no se inmutó y dijo al ofensor: “Esto,
señor, es una digresión, espero su argumento”. (El protagonista de esa réplica, un
doctor Henderson, falleció en Oxford hacia 1787, sin dejarnos otra memoria que esas
justas palabras: suficiente y hermosa inmortalidad.) 2

Michel de Montaigne. Ensayos:


No hay ningún hombre más desacertado que yo para hablar de memoria, pues es tan
escasa la que tengo que no creo que haya en el mundo nadie a quien falte más que a
mí esta facultad. Todas las demás son en mí viles y comunes, pero en cuanto a
memoria me creo un ente singular y raro digno de ganar reputación y nombradía.
Además de la falta natural que experimento (en verdad vista su necesidad Platón
hace bien en nombrarla diosa grande y poderosa) si en mi país quieren señalar a un
hombre falto de sentido, dicen de él que no tiene memoria; cuando me quejo de la
falta de la mía me reprenden y no quieren creerme, como si me acusara, de falta de
sensatez: no establecen distinción alguna entre memoria y entendimiento, lo cual
agrava mi situación, pero no me perjudica, pues por experiencia se ve que las
memorias excelentes suelen acompañar a los juicios débiles.3

El ensayo en la educación: estructura


La estructura del ensayo es sumamente flexible, ya que toda sistematización es
ajena a su propósito esencial, que es deleitar mediante la exposición de un punto
de vista persuasivo que no pretende agotar, sino explorar un tema, como sí haría (y
sistemáticamente) el género literario meramente expositivo del tratado; por eso
estas indicaciones son meramente orientativas.4

Por eso su estructura, a nivel macro estilístico o micro estilístico, puede ser:

analizante y deductiva (tesis o tema al principio y desarrollo de las


argumentaciones después);
sintetizante o inductiva (exploración de los datos y argumentos al principio y
tesis o tema como conclusión final);
encuadrada (tesis al principio, examen de los datos y argumentaciones en el centro
y reformulación de la tesis, corregida por esos datos y argumentaciones, al final).
Esta flexibilidad, que permite a una persona escribir un texto expresando lo que
sabe, siente y opina sobre cualquier tema, es muy empleada en la educación. En la
escuela es una práctica habitual que los alumnos redacten ensayos. De hecho, el
ensayo es el género que se emplea con más frecuencia, dadas las facilidades que
permite. Cada vez que un profesor pide a los alumnos desarrollar un tema, o que se
realicen una investigación y se ponga por escrito, es probable que se escriba en
forma de ensayo.5

Un ejemplo de los pasos a seguir por un estudiante que pretende escribir un ensayo
escolar podrían ser los siguientes. Lo primero y antes de redactarlo hay que
documentarse sobre el tema elegido hasta alcanzar un conocimiento suficiente lo
cual supone buscar la información necesaria consultando fuentes bibliográficas o de
cualquier otro tipo. El segundo paso sería organizar las ideas teniendo presente
para quién se escribe, qué interesa exponer y cómo hacerlo mejor. Y finalmente
redactarlo siguiendo un orden, escribiendo las ideas lo mejor expresadas que se
pueda y comprobando que la información, el estilo, el punto de vista y el formato
son coherentes y se ajustan a lo exigido.5

Un ensayo escolar convencional se suele estructurar de forma encuadrada en 3


partes: introducción, desarrollo y conclusión:5

Introducción
Es la que expresa el tema y el objetivo del ensayo; explica el contenido y los
subtemas o capítulos que abarca, así como los criterios que se aplican en el texto,
es el 10% del ensayo y abarca más o menos 6 renglones.

Además, esta parte puede presentar el problema que plantea al tema al cual vamos a
abocar nuestros conocimientos, reflexiones, lecturas y experiencias. Si este se
plantea, entonces el objetivo del ensayo será presentar nuestro punto de vista
sobre dicho problema (su posible explicación y sus posibles soluciones).

Una introducción en un ensayo científico suele ser la exposición de una hipótesis y


de los motivos que nos han llevado a la misma. Una hipótesis es una teoría que se
presenta para la solución de un problema y que a lo largo del desarrollo del ensayo
se defenderá con todas las pruebas científicas que podamos aportar.

Cuando hablamos de un ensayo argumentativo en la introducción se presenta el


trabajo y se expone la tesis. Una tesis en un ensayo argumentativo es similar a la
hipótesis del científico. Se trata de una idea, una afirmación, que vamos a
defender a lo largo de cuerpo o desarrollo del ensayo. Esta tesis se defiende con
argumentos que no tienen por qué ser científicos, pueden ser opiniones subjetivas
(En un ensayo científico las opiniones subjetivas deben estar validadas
científicamente)

En un ensayo expositivo la introducción tiene la finalidad básica de captar el


interés del lector en el argumento del ensayo. Aunque evidentemente esto se busca
en todos los ensayos que se realizan en este caso es la base de esta parte de
presentación.

Cuándo realizamos un ensayo de análisis literario en la introducción ponemos al


lector en antecedentes sobre la obra que vamos a tratar y lo situamos el aspecto
concreto de ésta que queremos analizar en nuestro ensayo.

Desarrollo
Contiene la exposición y análisis del mismo tema, se plantean las ideas propias y
se sustentan con información de las fuentes necesarias: libros, revistas, Internet,
entrevistas entre otras. Constituye el 75 % del ensayo. En él va todo el tema
desarrollado, utilizando la estructura interna: 50 % de síntesis, 15 % de resumen y
10 % de comentario.

Se sostiene la tesis, ya probada en el contenido, y se profundiza más sobre la


misma, ya sea ofreciendo contestaciones sobre algo o dejando preguntas finales que
motiven al lector a reflexionar.

Conclusión
En este apartado el autor expresa sus propias ideas sobre el tema, se permite dar
algunas sugerencias de solución, cerrar las ideas que se trabajaron en el
desarrollo del tema y proponer líneas de análisis para posteriores escritos.

Esta última parte mantiene cierto paralelismo con la introducción por la referencia
directa a la tesis del ensayista, con la diferencia de que en la conclusión la
tesis debe ser profundizada, a la luz de los planteamientos expuestos en el
desarrollo.

Consejos y recomendaciones para realizar correctamente un ensayo


Antes de escribir un ensayo, es conveniente elaborar un listado de las ideas que se
van a abordar, un esquema inicial y un primer borrador. De este modo, se puede
ordenar y organizar mejor la información y la estructura, con miras a un resultado
más maduro, satisfactorio y competente.

Para realizar en un ensayo argumentativo, la primera de las tres partes de la


estructura básica, la introducción, el autor debe presentar su opinión (tesis). En
el caso de un ensayo expositivo, deberá realizar una clara delimitación del tema.
No es recomendable que la introducción se exceda de un párrafo. A lo sumo, dos.

En la segunda de las partes, el desarrollo, es conveniente que se atenga a aspectos


como son los siguientes: análisis, contraste, definición, clasificación, y causa y
efecto.

La última de las partes, la conclusión, debe consistir en un breve resumen de todo


lo expuesto.

Tan importante es la preparación de los contenidos, la documentación de los mismos


y su redacción, como su posterior revisión gramatical, ortográfica y de
organización.

Se mejorará progresiva y notablemente el desempeño de realizar ensayos leyendo


muchos y diferentes entre sí, escribiendo varios géneros, leyendo el periódico en
red, etc.6

Tipos de ensayo
El ensayo ha sufrido varios intentos de clasificación, pero por lo general, se
establecen a partir de dos puntos de vista distintos:

los que se fijan predominantemente en el contenido: históricos, críticos-


literarios, filosóficos, sociológicos, etc.
y los que toman en cuenta el modo como el ensayista trata su tema: informativos,
críticos, irónicos, confesionales, etc.
Al final, todas estas clasificaciones varían con la época y son útiles desde el
punto de vista pedagógico, pero todas son insuficientes cuando se enfrentan con la
complejidad de la obra de un ensayista.7

Véase también
Teoría del Ensayo

Notas y referencias
Gómez-Martínez, José Luis (1991). «Teoría del ensayo». México.UNAM Ctso anal Ctso
anal https://www.dropbox.com/s/ugoj208aarpt37o/foce2new.ibooks?dl=0=. Consultado el
10 de octubre de 2015.
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Montaigne, Michel. «Ensayos». Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado
el 10 de octubre de 2015.
Orlando Cáceres Ramírez, ¿Qué es un ensayo?
«¿Qué es un ensayo?». Servicios estudiantiles. Universidad de Colima. México.
Archivado desde el original el 22 de enero de 2016. Consultado el 12 de octubre de
2015.
Gamboa, Yolanda. Guía para la escritura del ensayo.
Gómez Martínez, José Luis (1981). Teoría del ensayo. Consultado el 30 de junio de
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Bibliografía
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