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LOS GALLINAZOS SIN PLUMAS Después de una rigurosa selección regresaban la basura al cubo y se lanzaban al

próximo. No convenía demorarse mucho, porque el enemigo estaba siempre al acecho.


A las seis de la mañana, hora celeste y mágica, la ciudad se levantaba de puntillas y A veces eran sorprendidos por las sirvientas y ellos tenían que huir. Lo más grave, sin
comenzaba a dar sus primeros pasos. Una fina niebla disolvía el perfil de los objetos embargo, era la aparición del carro de la baja policía. Esto les significaba la pérdida
y creaba como una atmósfera encantada. Las personas que recorrían la ciudad a esa de la jornada. El camión pasaba lentamente, pero los basureros se derramaban por la
hora, diríase que estaban hechas de otra sustancia, que pertenecían a otro orden de calle gritando, cargando cubos, vaciándolos en el depósito, arrojándolos con estrépito
cosas. A esa hora, por último, como a una especie de misteriosa consigna, aparecían en las veredas. Efraín y Enrique corrían delante del carro tratando de anticiparse a
los gallinazos sin plumas. sus competidores. Por último el camión terminaba por ganarlos.
A esa hora el viejo Don Santos se ponía la pierna de palo y sentándose en el
Don Santos los esperaba con el café preparado.
colchón comenzaba a berrear.
- ¡Efraín, Enrique! ¡A levantarse! ¡Ya es hora! - A ver ¿qué es lo que me han traído?- preguntaba husmeando en las latas y si la
provisión estaba buena, hacía siempre el mismo comentario:
Los dos muchachos corrían a la acequia del corralón frotándose los ojos - Pascual tendrá banquete hoy día.
legañosos. Luego de enjuagarse la cara, cogía cada uno su lata y se lanzaba a la calle. La mayoría de veces, sin embargo, estallaba:
Don Santos, mientras tanto, se aproximaba al chiquero y con una larga vara golpeaba
- ¡Idiotas! ¿Qué han hecho hoy día? ¡ se han puesto a jugar seguramente! ¡Pascual
el lomo de su cerdo que se revolcaba entre los desperdicios.
morirá de hambre! Y los tiraba de las orejas hasta dejárselas ardiendo.
- ¡Todavía te falta un poco, cochino!, decía. Pero espérate no más ya te llegará tu Ellos huían hacia el emparrado, mientras el viejo se arrastraba hasta el chiquero.
turno. Desde el fondo de su reducto el cerdo empezaba a gruñir. Don Santos le aventaba la
comida.
Efraín y Enrique se demoraban en el camino, trepándose a los árboles para _ ¡Mi pobre Pascual!.... murmuraba. Hoy día quedarás con hambre por culpa de
arrancar moras, o recogiendo piedras de esas filudas que cortan el aire y hieren la estos granujas. Ellos no te quieren como yo. ¡Habrá que zurrarlos para que
espalda. Siendo aún la hora celeste llegaban a su dominio, una larga calle ornada de aprendan!
casas elegantes que desembocaban en el malecón. Al Comenzar el invierno, el cerdo estaba convertido en una especie de monstruo
insaciable. Todo le parecía poco, y Don Santos descargaba sobre sus nietos una furia
animal. Los obligaba a levantarse más temprano, a invadir los terrenos ajenos en
busca de más desperdicios. Por último, los forzó a que se dirigieran hasta el muladar
que estaba al borde del mar.

- Allí encontraran más cosas –les dijo. Será más fácil, además, porque todo está
junto.

Un domingo, Efraín y Enrique llegaron al barranco. Los carros de la baja policía,


siguiendo una huella de tierra, descargaban la basura sobre una pendiente de piedra.
Visto desde el malecón, el muladar formaba como una especie de acantilado oscuro,
donde los gallinazos y los perros se desplazaban como hormigas. Desde lejos los
muchachos arrojaron piedras para espantar a sus enemigos. Un perro se retiró
aullando. Cuando estuvieron cerca sintieron un olor nauseabundo que penetró hasta
Ellos no eran los únicos. En otros corralones, en otros suburbios, alguien había sus pulmones. Los pies se le hundían en un alto de plumas, de excrementos, de materia
dado la voz de alarma y muchos se habían levantado. Unos portaban latas. Otros cajas descompuesta. Enterrando las manos empezaron a explorar. A veces, bajo un
de cartón: a veces era suficiente un simple periódico. Sin conocerse formaban como periódico, descubrían una carroña devorada a medias. En los acantilados próximos los
una especie de organización clandestina que tenía repartida la ciudad. Solamente los gallinazos espiaban impacientes y algunos se acercaban saltando de piedra en piedra,
perros, a veces, no respetaban los derechos ajenos. como si quisieran acorralarlos. Efraín gritaba para intimidarlos y sus gritos resonaban
en el desfiladero y hacían desprenderse piedras que rodaban hasta el mar. Después de
Efraín y Enrique, después de un breve descanso, empezaban su trabajo. Cada uno una hora de trabajo regresaron al corralón con los cubos llenos.
escogía una acera de la calle. Los cubos de basura estaban alineados delante de las
- ¡Bravo, bravo! –exclamó Don Santos. Habrá que repetir esto dos o tres veces por
puertas. Había que vaciarlos íntegramente y luego comenzar la exploración.
semana.
Desde entonces los miércoles y los domingos, Efraín y Enrique hacían el trote Don Santos cogió la vara.
hasta el muladar. Pronto formaron parte de la extraña fauna de esos lugares y los
gallinazos, acostumbrados a su presencia, laboraban a su lado graznando, disputando, - ¡Una boca más en el corralón! –gritó. ¿Te has vuelto loco?
escarbando con sus picos amarillos, como si quisieran prestarles una especie de Enrique levantó al perro contra su pecho y huyó hacia la puerta.
colaboración. Fue, al regresar de una de estas excursiones, que Efraín sintió un dolor - Él es bueno, no come casi nada... Además, desde que Efraín está enfermo, me
en la planta del pie. Un vidrio le había causado una pequeña herida. Al día siguiente ayudará. Conoce bien el muladar y tiene buen olfato.
tenía el pie hinchado, no obstante lo cual, prosiguió su trabajo. Don Santos reflexionó mirando al cielo. Sin decir nada, soltó la vara, cogió los
Cuando regresaron no podía casi caminar, pero Don Santos no se percató de eso puesto cubos y rengueó hasta el chiquero.
que tenía visita. Acompañado de un hombre gordo que tenía las manos manchadas de Enrique sonrió de felicidad. Conocía bien al abuelo y sabía que su silencio
sangre, observaba el chiquero. equivalía a su consentimiento. Con su amigo aferrado al corazón corrió donde su
hermano.
- Dentro de quince o veinte días –decía el hombre- vendré por acá. Para esa fecha - ¡Pascual, Pascual... Pascualito! –cantaba el abuelo.
creo que podrá estar a punto.

Cuando partió, Don Santos echaba fuego por los ojos, de alegría. - Tú te llamarás Pedro –exclamó Enrique rascando la cabeza de su perro e ingresó
donde Efraín.
- ¡A trabajar, a trabajar! –gritó. ¡De ahora en adelante habrá que aumentar la
ración de Pascual! El negocio marcha bien. Su alegría desapareció. Efraín inundado de sudor, se revolcaba de dolor sobre el
colchón. Tenía el pie hinchado como si fuera jebe y estuviera lleno de aire. Los dedos
A la mañana siguiente, sin embargo, cuando Don Santos despertó a sus nietos. habían perdido casi la forma.
Efraín no se pudo levantar.

- ¿Qué tiene este granuja? –preguntó acercándose al colchón. - ¿Te duele mucho? –preguntó Enrique sentándose a su lado.

- Tiene una herida en el pie –replicó Enrique. Se ha cortado con un vidrio. Efraín movió la cabeza afirmativamente mientras mordía una brizna de paja.

Don Santos examinó el pie de su nieto. La infección había comenzado. Efraín salió a - Te he traído un regalo –masculló Enrique exhibiendo el perro. Se llama Pedro, es
la calle con su lata, apoyado en el hombro de su hermano. Media hora después para ti, para que te acompañe.... Cuando yo me vaya al muladar te lo dejaré y los dos
regresaban con los cubos casi vacíos. jugaran todo el día... Le enseñaras a que te traiga piedras en la boca...
- ¡No podía más! –explicó Enrique al abuelo. Efraín esta medio cojo.
A la mañana siguiente, Enrique amaneció resfriado. El viejo, que lo sintió
Don Santos observó a sus nietos como si meditara una sentencia. estornudar en la madrugada no dijo nada. En el fondo, sin embargo, presentía un
cataclismo. Si Enrique se enfermaba, ¿Quién se ocuparía de Pascual? Efraín ya no
- Bien, bien –dijo rascándose la barba rala, y cogiendo a Efraín por el pescuezo, lo contaba. Tirado todo el día en el colchón, comiendo con desgano sus verduras,
arreó hacia el cuarto. ¡Los enfermos a la cama! –gritó. ¡A podrirse sobre el delirando por las noches, era un trasto inútil, por otra parte, la voracidad de Pascual
colchón! Y tú –añadió dirigiéndose a Enrique-, trabajarás por tu hermano. ¡Vete crecía con su gordura. Gruñía por las tardes con el hocico enterrado en el lodo. Del
ahora mismo al muladar! corralón de Nemesio, que vivía a media cuadra, se habían venido a quejar.

Efraín se orilló en el colchón y trató de dormir, mientras Enrique partía hacia los Al segundo día sucedió lo inevitable. Después de haber tosido toda la noche,
desperdicios y el abuelo rondaba por el chiquero echando maldiciones. Enrique amaneció con fiebre alta. El pecho le roncaba y sentía frío. Cuando el abuelo
lo despertó, él no pudo levantarse.
- ¡Pedazo de carroña! –decía. ¡Hacerme esta pasada cuando la cosa esta en
marcha! ¡Me las pagarán, Pascual! –añadió aproximándose al cerdo. Pascual – - ¿Tú también? –dijo observándolo.
murmuró-, Pascual... Pascualito. El cerdo, desde el fondo, veía un cuadrilátero de - Es la gripe, abuelito –murmuró Enrique.
cielo nublado y al viejo Don Santos haciéndole guiños. La garúa comenzó a caer.
El abuelo salió furioso del cuarto. Cinco minutos después ingresó. ¡No habrá
Cerca de mediodía regresó Enrique con los cubos repletos. Lo seguía un extraño comida hasta que no puedan levantarse y trabajar!
visitante: un perro escuálido y medio sarnoso.
A través del umbral vieron coger las latas y volcarse en la calle. Media hora
- Lo encontré en el muladar –explicó Enrique- y me ha venido siguiendo. después regresó muerto de fatiga. Había conseguido apenas llenar los cubos. Sin la
ligereza de los nietos, el carro de la baja policía lo había ganado. Los perros, además, Y se lanzó a la calle respirando a pleno pulmón el aire mañanero. En el camino
habían querido morderlo. comió yerbas, estuvo a tiempo de mascar la tierra. Todo lo veía a través de una niebla
mágica. La debilidad lo hacía ligero etéreo; volaba casi como un pájaro. En el muladar
- ¡Pedazos de mugre! –Balbuceó... ¡Ya saben, se quedarán sin comer hasta que no se sintió un gallinazo más entre los gallinazos. Con los antebrazos cargados de
trabajen! moretones –la vara no era de cartón- pero los cubos llenos, emprendió el camino de
Desde entonces empezaron unos días angustiosos, interminables. Los tres regreso.
pasaban el día encerrados en el cuarto, silenciosos, sufriendo una especie de reclusión
forzosa. Efraín se revolcaba sin tregua, Enrique tosía, Pedro se levantaba y después - ¡Abuelito, aquí están los cubos! –gritó.
de hacer un recorrido por el corralón, regresaba con una piedra en la boca, que
depositaba en manos de sus amos. Don Santos, a medio acostar, jugaba con su pierna Don Santos le volvió la espalda y quedo inmóvil, Enrique soltó los cubos y corrió
de palo y les lanzaba miradas feroces. Había optado por callarse, por escupir contra intrigado hasta el cuarto. Efraín, apenas lo vio, comenzó a gemir.
el suelo, por madurar un plan de venganza. A mediodía se arrastraba hasta una - Pedro... Pedro... –murmuró.
esquina del corralón donde crecían verduras, y preparaba su almuerzo que devoraba - ¿Qué pasa? –preguntó Enrique.
en secreto. A veces aventaba a la cama de sus nietos una lechuga, o una zanahoria
cruda, con el propósito de excitar su apetito, creyendo de este modo hacer más - Pedro... –balbuceó Efraín. Pedro ha mordido al abuelo... el abuelo cogió la vara...
refinada su tortura. después lo sentí aullar.
La última noche de luna llena, nadie pudo dormir. Pascual lanzaba verdaderos
rugidos. Enrique había oído decir que los cerdos cuando tenían hambre se volvían - ¡Pedro! –gritó Enrique saliendo del cuarto. ¿Dónde estás, Pedro? ¡Pedro, ven
locos como los hombres. El abuelo permaneció en vela sin apagar siquiera la luz. Esta aquí! ¡Ven aquí, Pedro!
vez no salió al corralón y maldijo entre dientes. Enterrado en el colchón miraba
fijamente la puerta. Parecía amasar dentro de sí una cólera muy vieja, jugar con ella, Nadie le respondió. El abuelo seguía inmóvil con la mirada en la pared. Enrique
darle forma, aprestarse a dispararla. Cuando el cielo comenzó a desteñirse sobre las tuvo un mal presentimiento. De un salto se acercó al viejo.
lomas, se incorporó, abrió la boca y lanzó un rugido.
- ¿Dónde está Pedro? –preguntó y de pronto su mirada descendió al chiquero.
- ¡Esto se acabó! –pronunció al fin, levantándose. ¡Basta de bromas! ¿Hasta cuándo Pascual devoraba algo en medio del lodo. Aún quedaban las piernas y el rabo del perro.
vamos a estar así? –y en el acto se precipitó sobre sus nietos.
- ¡No! –exclamó Enrique tapándose los ojos. ¡No, no!
Enrique se metió bajo la cubierta y abrazó a Efraín. Pedro huyó aullando hacia el
corralón. Y a través de las lágrimas buscó la mirada del abuelo. Éste la rehuyó girando
- ¡A levantarse, haraganes! –prosiguió Don Santos y cogió la vara. ¡Arriba... torpemente sobre su pierna de palo. Enrique comenzó a danzar en torno suyo,
arriba... arriba...! –y los golpes comenzaron a llover. prendiéndose de su camisa, gritando, pataleando, tratando de mirar sus ojos, de
encontrar una explicación.
Efraín comenzó a gemir sin comprender nada, Enrique se levantó aplastándose
contra la pared. Los ojos del abuelo parecían fascinarlo hasta volverlo insensible a los - ¿Por qué has hecho eso? –gritaba. ¿Por qué? ¿Por qué?
golpes. Veía la vara alzarse y batirse sobre él como si fuera de cartón. Al fin pudo
reaccionar. El abuelo no respondía. Por último, impaciente, dio un manotón a su nieto que lo
- ¡A Efraín no! ¡Él no tiene la culpa! ¡Déjame a mí solo, yo saldré, yo iré al hizo rodar por tierra. Desde allí Enrique observó al viejo que erguido como un gigante
muladar...! miraba obstinadamente el festín de Pascual. Una opresión en el pecho le impedía
respirar. Estirando la mano encontró la vara, que tenía el extremo manchado de
El abuelo se contuvo y comenzó a jadear. Cuando pudo recuperar el aliento murmuró: sangre. Con ella se levantó de puntillas y se acercó al viejo.

- ¡Ahora mismo... al muladar... dos cubos... tres cubos...! Enrique salió corriendo - ¡Voltea! –gritó. ¡Voltea!
y cogió los cubos. La fatiga del hambre y de la convalencia lo hacía trastabillar. Cuando
abrió la puerta Pedro quiso seguirlo. Cuando Don Santos se volvió, divisó la vara que cortaba el aire y se estrellaba contra
su pómulo.
- Tú no –masculló. Quédate cuidando a Efraín.
- ¡Toma! –chilló Enrique y levantó nuevamente la mano. Pero Súbitamente se
detuvo, temeroso de lo que estaba haciendo y, lanzando la vara a su alrededor,
miró al abuelo, casi arrepentido. El viejo, cogiéndose el rostro, retrocedió un - Clandestino - Acechar - Suburbio - Jornada
paso, su pierna de palo tocó tierra húmeda y dando un alarido se precipitó de - Carroña - Escuálido - Andamios - Graznar
espaldas al chiquero.
B. Construye una oración con cada una de las palabras del vocabulario.
Enrique retrocedió unos pasos. El sudor le corría a raudales, la sangre le
reventaba en las sienes. Primero aguzó el oído, pero no se escuchaba ningún ruido. II. Contenido.
Poco a poco se fue aproximando. El abuelo, con la pierna de palo quebrada, estaba
estirado de espaldas en el lodo. Tenía la boca abierta y sus ojos miraban oblicuamente A. Redacta brevemente el argumento del cuento.
a Pascual que se había refugiado en un ángulo y miraba sospechosamente la tierra. B. Escribe los hechos principales del cuento
Sus pensamientos se ofuscaron. No supo qué hacer. No supo si descender al chiquero, C. Anota las ideas principales.
si apedrear al cerdo, si comenzar a gritar. Por último, se fue replegando con la D. ¿Cuál es el tema del cuento?
prudencia con que se había aproximado. Probablemente el abuelo alcanzó a divisarlo,
pues mientras corría hacia el cuarto, le pareció que lo llamaba por su nombre, con un III. Escenario y ambientación:
tono de ternura que él nunca había escuchado.
A. ¿En qué lugar y época ocurren los hechos que se relatan?
- ¡A mí Enrique, a mí... !
IV. Personajes:
- ¡Pronto! –exclamó Enrique, precipitándose sobre su hermano. ¡Pronto Efraín! ¡El A. Menciona a los personajes principales y secundarios.
viejo está al fondo del chiquero! ¡Debemos irnos, debemos partir antes que sea B. ¿Cómo era Efraín y Enrique? ¿Cuáles eran las características de su
más tarde! comportamiento?
C. ¿Por qué el comportamiento del abuelo nos parece malo? Explica razones que
- ¿A dónde? –preguntó Efraín sin poder incorporarse. te ayuden a expresar tu opinión.
- ¡A donde sea, al muladar, donde podamos comer algo, donde los gallinazos!
EJERCICIOS PROPUESTOS Nº 02
- No me puedo parar, Enrique...
01. Julio Ramón Ribeyro es autor de:
- ¡Dame el brazo, yo te ayudare! a) “Los cachorros” b) “Los perros hambrientos” c)“Los ríos profundos”
d) “La palabra del mudo” e) Todas
Enrique cogió a su hermano de ambas manos y lo estrechó contra su pecho.
Abrazados entre sí hasta formar una sola persona, cruzaron lentamente el corralón. 02. El tema de “Los gallinazos sin plumas” es:
Cuando abrieron el portón de la calle se dieron cuenta que la hora celeste había a) La solidaridad entre hermanos b) El hambre insaciable de un animal.
terminado y que la ciudad, despierta y viva, abría ante ellos su gigantesca mandíbula. c) La explotación de los más débiles d) La búsqueda de alimentos
Desde el chiquero llegaba el rumor de una batalla. e) Todas
PRÁCTICA DE CLASE
03. La simbolización de los que sufren por sobrevivir se da en:
Instrucción: Realiza en tu cuaderno de trabajo el siguiente análisis literario. a) Efraín y Enrique b) Don Santos c) Pascual
d) Pedro e) Todos

Obra: ....................................... 04. En el cuento “Los gallinazos sin plumas” se deduce que:
Autor: ...................................... a) Don Santos quería a Efraín
Género: .................................... Especie: .......................... b) Don Santos trataba con ternura a los niños
c) Pedro era la mascota de los niños
Nacionalidad: ............................
d) Los niños eran nietos de don santos
e) Pascual devora a Pedro
I. Lectura atenta del texto.
05. Personaje de “Los gallinazos sin plumas” que enferma gravemente por la herida
A. Vocabulario Lexical: Escribe el significado de las siguientes palabras sufrida en uno de sus pies.

- Noctámbulo - Berrear - Renguear - Plañir a) Enrique b) Efraín c) Don Santos d) Pedro e) Pascual