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LA EMPATÍA Y LA ÉTICA: LAS RAÍCES DEL ALTRUISMO«nunca preguntes por quién doblan las

campanas porque están doblando por ti» es una de las más célebres de la literatura inglesa. Las
palabras de John Donne se dirigen al núcleo del vínculo existente entre la empatía y el afecto, ya
que el dolor ajeno es nuestro propio dolor. Sentir con otro es cuidar de él y. en este sentido, lo
conSea como fuere, lo cierto es que la empatía es una habilidad que subyace a muchas facetas del
juicio y de la acción ética. Una de estas facetas es la «indignación empática» que John Stuart Mill
describiera como «el sentimiento natural de venganza alimentado por la razón, la simpatía y el daño
que nos causan los agravios de que otras personas son objeto» y que calificara como «el custodio
de la justicia». Otro ejemplo en el que resulta evidente que la empatía puede sustentar la acción
ética es el caso del testigo que se ve obligado a intervenir para defender a una posible víctima.
Strario de la empaña seria la antipatía

empatía
juicios morales
indignación empática»

UNA VIDA CARENTE DE EMPATÍA: LA MENTALIDAD DEL AGRESOR.


LA MORAL DEL SOCIOPATA
Pero cuando Eckardt vio la imagen de la sollozante Kerrigan en televisión, tuvo un súbito
arrepentimiento y entonces llamó a un amigo para contarle su secreto, iniciando así la secuencia de
acontecimientos que terminó abocando a su detención. Tal es el poder de la empatía.

secuencia de acontecimientos que terminó abocando a su detención. Tal es el poder de la empatía.


Pero, por desgracia, las personas que cometen los delitos más execrables suelen carecer de toda
empatía. Los violadores, los pederastas y las personas que maltratan a sus familias comparten la
misma carencia psicológica, son incapaces de experimentar la empatía, y esa incapacidad de percibir
el sufrimiento de los demás les permite contarse las mentiras que les infunden el valor necesario
para perpetrar sus delitos La notable falta de empatía que presentan estas personas cuando agreden
a sus víctimas suele formar parte de un ciclo emocional que termina precipitando su crueldad.
Veamos, por ejemplo, la secuencia emocional típica que conduce a un delito como el abuso sexual
de un niño. El ciclo se inicia cuando la persona comienza a sentirse alterada: inquieta, deprimida o
aislada. Estos sentimientos pueden ser activados por la contemplación de una pareja feliz en la
televisión, lo que le lleva a sentirse inmediatamente deprimido por su propia soledad. Es entonces
cuando busca consuelo en su fantasía favorita, que suele ser la afectuosa amistad con un niño, una
fantasía que paulatinamente va adquiriendo un cariz cada vez más sexual y suele terminar en la
masturbación.
el agresor no
percibe sus verdaderos sentimientos
incapacidad de experimentar empatía
remordimientos
defecto
neurológico