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ENSAYO

Desde una perspectiva histórica, la electrificación ha sido esencial para el desarrollo del país. Ha
permitido, no solo un crecimiento económico importante, sino que, desde un ángulo de desarrollo
social, también ha sido significativa. Sin embargo, a lo largo de las diferentes épocas, empezando
desde mediados del 50, la regulación y supervisión del sector eléctrico ha pasado por cambios
importantes que han permitido reconceptualizar continuamente la política energética peruana. 1
Esta reconceptualización ha sido influida por distintos factores, entre los que pueden destacarse
el crecimiento de la demanda, la necesidad de interconectar el sistema eléctrico nacional y
eventualmente sucesos de índole histórico-político. El resultado ha sido entonces, la Ley de
Concesiones Eléctricas (LCE) que entró en vigor juntamente con el cambio de modelo económico
del país en la década de los noventa y cuyos lineamientos dejaban atrás la discrecionalidad de la
anterior Ley General de Electricidad. Con ello, se logró diversificar el sector, concesionando, por
decirlo de alguna manera, las distintas etapas del Sistema Eléctrico Nacional que otrora se
encontraban en manos del Estado a través la estatal ELECTROPERÚ S.A. A sabiendas de que la
privatización en términos puros podía repercutir en la tarifación, la LCE estableció también límites
antimonopólicos que impedían la concentración vertical.
Si bien es cierto, los beneficios del cambio han sido evidentes, puesto que el precio por unidad
energética no viene determinado más que por el libre mercado, es también fundamental que se
realicen ajustes desde una perspectiva a futuro. Por ello, en la actualidad, sale a colación el
término de Seguridad Energética (SE) que a pesar de entenderse como de vital importancia para
los intereses del país, no se ha llegado a un consenso definitivo sobre el concepto de este, tal
como puede verse reflejado en el punto de vista del poder ejecutivo y legislativo del país.2 Más
allá de esto, es notorio que la política energética del país a largo plazo, deberá enfocarse en
garantizar la Seguridad Energética dado que, más allá de las ralas diferencias existentes, se
puede entender que en la práctica, abarca la continuidad y eficiencia del suministro energético
hasta un pago razonable por parte de los usuarios consumidores. Para que se garantice la SE del
país, hay dos propuestas que a juicio de quien escribe este ensayo, son interesantes pero que a
su vez tienen matices de complejidad. La primera, y a pesar de ser un tema manido, es la
diversificación de fuentes. La generación hídrica, que es la más importante debido al potencial que
tiene el Perú, es susceptible a cambios climatológicos que no puede brindar la confianza de
suministrar electricidad de manera continua sin tener un respaldo de otro tipo de fuentes. En este
sentido, las centrales generadoras térmicas que funcionan con gas natural y las de diésel, juegan
un papel importante como respaldo. Sin embargo, las materias primas mencionadas, son también
susceptibles a las fluctuaciones del mercado internacional por lo que se hace necesario buscar
más fuentes de respaldo. Podríamos sumar a las RER y considerarlas como puntos de apoyo para
coadyuvar esto último sino fuera porque no constituyen en la actualidad, en nuestro país, un
sustento viable económicamente ni exento de riesgos como la generación hídrica. Sin embargo,
cerrar ahora las puertas a las energías renovables, pensando que a largo plazo la tecnología va a
abaratar costos, sería un craso error. Nuestro país es geográficamente diverso y bien podrían las
RER ser una buena opción para zonas alejadas, cuya integración al sistema eléctrico nacional
fuese dificultosa. Todo sería cuestión de escuchar, analizar y gestionar propuestas que convengan
técnica y económicamente. La segunda propuesta, es que, ante un eventual desabastecimiento
de materias primas y cambios en los caudales que impidan el pleno funcionamiento de las
centrales eléctricas, se busque la integración de un mercado regional. Desde hace muchos años,
se ha contemplado la opción de comprar y vender energía eléctrica a otros países creando un
mercado regional, lo cual, sería idealmente beneficioso si no fuera porque se está hablando de
países con necesidades diferentes y que, por tanto, difieren legislativamente. Realizar, por tanto,
una adaptación conjunta de las leyes, buscando un mínimo beneficio común, es una tarea titánica
que implica también decisión y consenso político. Un plus por añadir a esta argumentación sería
buscar una solución geopolítica. Por ejemplo, y me atrevo a solo proponer sin entrar en detalles
técnicos, la búsqueda de un acercamiento al vecino país de Bolivia, orientado a encontrar un

1
OSINERGMIN. La industria de la electricidad en el Perú, 25 años de aporte al crecimiento económico del país. (Pág. 80)
http://www.osinergmin.gob.pe/seccion/centro_documental/Institucional/Estudios_Economicos/Libros/Osinergmin-Industria-Electricidad-Peru-25anios.pdf
2 ABEL M. VENERO. La Ley de Concesiones Eléctricas y su rol en la Seguridad Energética del Perú (Pág 3-4)
respaldo energético podría ser de provecho. Bolivia, es rica en gas natural, aunque su desarrollo
económico se ve limitado por su mediterraneidad. Esto no ha impedido, sin embargo, que su
economía sea una de las que más crece en la región y cuya visión a largo plazo es bastante
promisoria. Los puertos peruanos, serían importantes para el crecimiento de sus exportaciones
mientras que el gas natural boliviano podría ser usufructuado para el desarrollo industrial y como
respaldo energético.

Hemos visto entonces, en resumidas cuentas, perspectivas sectoriales y transectoriales en las


propuestas anteriores, como medio para alcanzar SE3 y cuyas políticas para lograr este fin
deberían ser contempladas por la LCE.

Rey Adrian Alvarez Suárez

3
ABEL M. VENERO. La Ley de Concesiones Eléctricas y su rol en la Seguridad Energética del Perú (Pág 22) Ver matriz.