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CARA A CARA CON EL

Verdadero
Evangelio

DENNIS E. PRIEBE

ROSEVILLE, CALIFORNIA
Diseño por Tim Larson
Arte de la Portada por Nery Cruz

Traducción al Español
Lesley Muy de Orellana

Revisión al Español
Alfonso Orellana

Derechos reservados 1990 por


Dennis Priebe
Todos los Derechos Reservados

Impreso por
Amazing Facts, Inc.

ISBN: 978-1-58019-223-1
Contenido
Dedicación

Introducción

1. Por Favor, Que el Verdadero Evangelio se Ponga de Pie

2. ¿Qué Es Pecado?

3. ¿Cómo Vivió Cristo?

4. Imposible Para el Hombre—Posible para Dios


Dedicación
Este libro jamás hubiera existido sin la influencia profunda de un fiel maestro en mis clases
de teología en la universidad. Conforme él compartía sus ideas sobre “Teología Bíblica” mi
entendimiento sobre la gran lucha entre Dios y Satanás, el bien y el mal, creció y se
profundizó. William T. Hyde nunca permitió que sus estudiantes le describieran en su presencia
como el profesor de teología. El siempre reclamó para sí mismo el título de “Estudiante de la
Biblia”. El me desafió intelectual y espiritualmente y marcó el curso de mis pensamientos para
el resto de mi vida. Siempre estaré agradecido con este cuidadoso estudiante de la Biblia y
este libro está respetuosamente dedicado a su memoria.
Introducción
Este libro fue publicado por primera vez durante la mitad de la década de 1980, cuando los
nombres Desmond Ford y Robert Brinsmead se escuchaban a menudo mientras los
Adventistas del Séptimo Día conversaban de los recientes eventos que habían ocurrido dentro
de la iglesia. La mayoría de los miembros de la iglesia sabían que los puntos de vista del Dr.
Ford, de que 1844 no marcaba el inicio del juicio investigador, habían sido rechazados por los
líderes de la iglesia y que él ya no tendría credenciales de ministro/maestro dentro de la
iglesia. Debido a que un número sustancial de jóvenes pastores aceptaron su lógica y su
evidencia al defender su posición, algunos grupos se separaron de la iglesia organizada y
formaron “hermandades evangélicas,” y algunos pastores dejaron la iglesia Adventista y se
convirtieron en pastores y maestros en otras denominaciones. Naturalmente, esto causó gran
conmoción y confusión entre los miembros de la iglesia, surgiendo muchas preguntas, con
personas responsables que buscaban respuestas a las preguntas que habían surgido.
Mientras que muchos estaban familiarizados con el “rechazo de 1844” del Dr. Ford, casi no
hubo discusión acerca de las causas principales que le llevaron a esta conclusión. A nivel de
eruditos hubo algunas discusiones de sus opiniones acerca de la justificación, pero no existió
un análisis sustancial de sus opiniones sobre la salvación o sobre la justificación por la fe. Pero
la realidad es que sus conclusiones acerca de 1844 y el juicio fueron formadas y hasta
obligadas por sus opiniones acerca de cómo es que las personas obtienen salvación. Sin
embargo, debido a que hubo muy poco análisis de estas opiniones, casi no se percibió que su
entendimiento sobre la justificación por la fe le condujo a rechazar el juicio investigador.
Por supuesto, el punto de vista del Dr. Ford acerca del evangelio no era único en el. Este
era el punto de vista estándar de los protestantes conservadores, y era su mayor deseo hacer
que este entendimiento del evangelio fuera también el enfoque principal de la iglesia
Adventista. Este libro fue un intento por comparar el enfoque evangélico del evangelio (el punto
de vista de Ford) con el entendimiento Adventista del evangelio. Es la convicción del autor que
el evangelio Adventista es verdaderamente singular en el mundo cristiano y que los tres
ángeles se dedican al trabajo de compartir este singular “evangelio eterno” con todo el mundo.
Esta es la cuarta impresión de este libro sobre el evangelio. Si trata a cerca de las
controversias de la década de 1980, ¿por qué es relevante en estos días? Ya que el evangelio
del Dr. Ford se analizó muy poco en ese entonces, muchos creyeron encontrarse en terreno
firme al rechazar sus conclusiones sobre el juicio mientras que aceptaban sus conceptos sobre
el evangelio. El entendimiento evangélico del evangelio ha ganado fortaleza en el mundo
Adventista durante los últimos veinte años y temo que se está convirtiendo en doctrina central
del adventismo. Debido a la mucha interacción con los cristianos evangélicos y la copia de sus
ideas acerca de cómo crecer las iglesias, el evangelio del protestantismo evangélico se ha
vuelto atractivo para muchos adventistas. Este libro continua siendo un esfuerzo por comparar
el evangelio Cristiano popular y el distintivo evangelio (bíblico) Adventista. Puede ser que ahora
este sea más importante que cuando fue publicado por primera vez en 1985.
Durante los últimos diez años, aun aquellos que intentan ser fieles a la Biblia y al Espíritu de
Profecía han ido, sin darse cuenta, incorporando partes del evangelio Evangélico. Debido a
que algunas de sus enseñanzas principales han sido apoyadas repetidamente por predicadores
y escritores de confianza, los miembros de la iglesia ya no se encuentran en guardia en contra
de ideas extrañas. Varios puntos del evangelio Evangélico son ahora aceptados por
muchísimos adventistas sin hacer ningún tipo de cuestionamiento. Quizás ya es tiempo de que
le demos un largo y arduo vistazo a la dirección en que nos está llevando nuestro
entendimiento sobre la justificación por la fe, y que aprendamos de nuevo cual es nuestro
singular mensaje Adventista. Nuestro mensaje y nuestra misión están inseparablemente
entretejidos y ambos son únicos en el mundo Cristiano.
UNO
Por Favor, Que el
Verdadero Evangelio se
Ponga de Pie
Los últimos años han sido una época dolorosa para los Adventistas del Séptimo Día más
serios. Algunos miembros han sentido que han estado escuchando una nueva clase de
Adventismo proclamado desde el púlpito—uno totalmente incompatible con la misión y el
mensaje Adventista. ¿Qué esta sucediendo en nuestra amada iglesia? Tanto ministros como
laicos están cada vez más confundidos. Se lanzan ataques de ambos lados, mientras que
aquellos que están en el medio se preguntan como lograran tomar una decisión en cuanto a
quien está en lo correcto o si mejor deberían silenciosamente salir del Adventismo por la
puerta trasera. Existen respuestas o ¿estamos destinados a tropezar mientras nuestra iglesia
continua sufriendo?
Estoy convencido que existe una razón para el dolor que hoy estamos sufriendo pero que
también existe una solución para nuestro dilema teológico. Se nos ha dicho que nuestra iglesia
debe ser juzgada por el evangelio. Yo acepto el reto. El evangelio se encuentra en el corazón
del cristianismo y sin este evangelio no existiría ni razón ni propósito para observar el sábado.
Pero ¿cuál es este evangelio? Esta es una pregunta crítica que ha estado latiendo en la
conciencia de pastores, maestros y laicos.
Voy a proponer que hay dos versiones del evangelio que están siendo proclamadas dentro
del Adventismo. Las voy a resumir desde presuposición hasta conclusión con la esperanza que
al hacerlo se explique el porqué algunos hombres y mujeres están teniendo una crisis de
conciencia con la enseñanza Adventista del Séptimo Día. Por supuesto que especificaré que
evangelio está en armonía con la Biblia y el Adventismo. Pero quizás lo mejor que pueda venir
de lo que estoy a punto de decir será la aclaración de las posiciones en contra para que usted
esté mejor preparado, individualmente, para estudiar la Biblia y nuestro recurso moderno
inspirado—los escritos de Elena de White—para determinar cual de los dos sistemas de
creencias será su evangelio. Porque ultimadamente todo debe ser así—usted debe tomar una
decisión basado en la oración y el estudio de la Biblia.
En el pasado ha sido relativamente fácil identificar a los grupos “disidentes” y permanecer
dentro de la corriente del Adventismo. No muchos han seguido las voces de La Vara del Pastor
o de los Adventistas Reformados. Pero ahora tenemos dos evangelios dentro de la corriente
del Adventismo, lo cual hace mucho más difícil el escoger. Esto se ha venido desarrollando
dentro del Adventismo durante los últimos cincuenta años y sostengo que las enseñanzas y los
eventos que han ocurrido en nuestro tiempo son el resultado inevitable y natural de las semillas
plantadas muchos años atrás. Lo que una vez pensamos que era un alargado sendero de
verdad frente a nosotros esta siendo visto últimamente como dos senderos, divergiendo mas y
mas ampliamente el uno del otro hasta que nos encontramos en esta crisis. En el corazón de
mi propuesta esta la profunda convicción de que estos dos senderos son totalmente
incompatibles el uno con el otro, que el comprometer o armonizar entre ambos es lógicamente
imposible, y que cada uno de nosotros debemos decidirnos por uno de los dos sistemas.
Entonces veamos a estos dos rivales que demandan el título de “evangelio” con la esperanza
de que con toda seguridad el verdadero evangelio se pondrá de pie.
Declaración del Problema
Las siguientes líneas fueron escritas hace más de veinticinco años por Aage Rendalen, un ex
editor adventista del Séptimo Día en Noruega.
En la década de 1950 el Adventismo iniciaba una asombrosa limpieza interna. A varias
doctrinas, que por años habían sido molestas para teólogos puristas, se les dio un funeral
público. Con el incremento del nivel de conocimiento bíblico en la iglesia, así como el
incremento en el contacto con teólogos evangélicos, muchos líderes Adventistas se
sintieron avergonzados de algunas doctrinas que habían sobrevivido el siglo XIX. Las
principales entre estas fueron las doctrinas de la expiación y la naturaleza caída de Cristo.
Con la publicación del libro “Questions on Doctrine” (Preguntas sobre Doctrina) ambas
fueron repudiadas.
El trabajo de aclaración progresó hasta principios de de la década de 1970. Para
entonces la creencia tradicional en una perfección postrera estaba bajo ataque y parecía
que iba de salida. Pese a los esfuerzos frenéticos de unos cuantos defensores de la
tradición Adventista, las doctrinas de la naturaleza caída de Cristo y la perfección humana
en este mundo se fueron ahogando lentamente. El peso de la evidencia bíblica
simplemente venció lo poco que quedaba a flote.
Con el amanecer de la década de 1980 una nueva crisis de incomparable magnitud esta
confrontando ahora a la iglesia. Lo que se pensaba eran los cimientos del Adventismo—
nuestra “teología del santuario”—está ahora siendo examinada minuciosamente. Al mismo
tiempo la autoridad de la señora de White como profeta está siendo re-evaluada.
Con el cortejo evangélico de los años 50 líderes Adventistas iniciaron algo que en gran
medida no pudieron prever. El tradicional paisaje Adventista estaba siendo cambiado
radicalmente y como resultado se estableció una crisis de identidad. Hoy, para muchos, la
mera validez del movimiento se ha convertido en una pregunta abierta. Sienten que esta
no es la iglesia a la que se unieron. La superioridad doctrinal…que el evangelista había
puesto en alto ante ellos ahora parece estar recostada en confusión. ¿Puede ser esta
realmente “la única iglesia verdadera?”, se preguntan.—Aage Rendalen, “Adventism: Has
the Medium Become the Message?” Evangelica, Diciembre 1980, p.35.
Cuando leí este artículo, sentí que, desde una perspectiva un poco diferente, Rendalen
estaba exponiendo lo que yo quiero exponer, porque ha señalado los asuntos en cuestión del
gran conflicto y desarrollo histórico de estos asuntos en los últimos treinta años. El ha, en
efecto, acertado exitosamente en el blanco. Estos son los asuntos que necesitan ser definidos
si existe alguna esperanza de que el verdadero evangelio se ponga de pie. Me gustaría repetir
un pasaje altamente importante en este artículo: “Con el cortejo evangélico de los años 50
líderes Adventistas iniciaron algo que en gran medida no pudieron prever. El tradicional paisaje
Adventista estaba siendo cambiado radicalmente.” Que cierto es esto.
Las semillas teológicas que fueron plantadas en las décadas de 1950 y 1960 han madurado
hasta ser una cosecha teológica consistente y lógica. Con esto quiero decir que, dadas ciertas
presuposiciones, ciertas conclusiones son necesarias, hasta inevitables, y muchos adventistas
concientes han visto la necesidad de afrontar las implicaciones de estas conclusiones. Aún
mas, estas discrepantes, conflictivas presuposiciones y conclusiones son creídas ampliamente
hoy dentro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día por un gran numero de eruditos, ministros y
laicos.
Así que, no es únicamente un asunto de creencias fuera del Adventismo versus las de
adentro. Ambos sistemas de creencias teológicas están vivos y creciendo hoy dentro de la
Iglesia Adventista del Séptimo Día. Ahora veamos de forma más específica a los componentes
individuales de estos dos sistemas de creencias.
El Tema Central
El tema crucial, me parece a mí, el cual determina la dirección de ambos sistemas de
creencias—premisa y fundamento de todo el conflicto—es la pregunta, ¿Qué es pecado?
Después de todo, el evangelio es acerca de la forma en que somos salvados del pecado. Es el
pecado el que nos ha causado perdernos y el evangelio son las buenas nuevas de cómo Dios
nos redime del pecado. Ahora, la mayoría de nosotros pareciera que hemos asumido, quizás
por toda nuestra vida, que sabemos que es pecado, pero como típicamente cierto para la
mayoría de cosas que asumimos sin examinarlas cuidadosamente, nuestras suposiciones
quizás sean simplemente suposiciones no comprobadas que necesitan ser re-examinadas. Es
exactamente en este punto en que el Adventismo ha sido desafiado argumentando que tiene
confusas y hasta erróneas definiciones del pecado lo cual ha llevado a posiciones erróneas en
la doctrina de la justificación por la fe.
La pregunta crucial es, ¿Cuál es la naturaleza del pecado por el cual el hombre es
considerado culpable, tan culpable que debe morir en el fuego del infierno a menos que sea
rescatado por la gracia de Dios? Debemos ser claros al definir la naturaleza del pecado, para
que sepamos exactamente de que es de lo que el evangelio nos salva. ¿De que debemos ser
perdonados? ¿Qué debe sanar para que escapemos la muerte eterna? Cuando visita al
medico, él primero debe determinar exactamente (eso esperamos) la naturaleza del problema
que le está afligiendo antes de prescribir el tratamiento o medicina que le sanará. De la misma
manera es con el pecado. Debemos saber en donde descansa nuestra culpa, para que
podamos aplicar el evangelio a la enfermedad correcta.

El Evangelio Definido en la “Nueva Teología” o “Teología Reformada”


La Naturaleza del Pecado
En el desafiante libro de Geoffrey Paxton, The Shaking of Adventism (El Zarandeo del
Adventismo), dice que los Adventistas del Séptimo Día rechazaron justificación por la fe en
1888 porque rechazamos la doctrina histórica del pecado original. El identifica el pecado
original como el principio fundamental de la teología Reformada.—Página 98-114. Ahora
pecado original es simplemente la creencia de que somos culpables delante de Dios por
nuestro nacimiento como hijos e hijas de Adán. Estamos condenados por naturaleza, antes de
que se manifieste cualquier decisión sobre lo bueno y lo malo. Por el pecado de Adán estamos
condenados debido a nuestra perversión heredada. “Hay pecado en el deseo de pecar.” “El
pecado es declarado que existe en el ser humano antes de que tengamos conciencia del
mismo.” “Hay culpa en los malos deseos, aun cuando estos son resistidos por la voluntad.”—
Desmond Ford, “The Relationship Between the Incarnation and Righteousness by Faith,” (“La
Relación entre la Encarnación y la Justificación por la Fe”) en Documents From the Palmdale
Conference on Righteousness by Faith, p.28 (Documentos de la Conferencia en Palmdale
sobre Justificación por la Fe, p.28)
De acuerdo con este punto de vista, pecado y culpa se aplican a la naturaleza, y el evangelio
debe tratar con la realidad de una condenación continua como parte de la naturaleza del
hombre, la cual nunca puede ser eliminada hasta que recibamos un nuevo cuerpo en la
segunda venida de Cristo; cuando lo mortalidad sea revestida de inmortalidad. En este punto
de vista, debilidad, imperfección y tendencias son pecado. El punto interesante y significativo
es que los Reformadores construyeron su doctrina de pecado original en la premisa de la
predestinación, la cual enseña que Dios deja a algunos hombres a que sufran y mueran en su
naturaleza pecadora mientras que elije enviar Su gracia salvadora a otros a través del
evangelio. Estas dos doctrinas encajan naturalmente. A pesar que, es un poco extraño que
mientras la predestinación hoy día ha sido rechazada por muchos Cristianos, la doctrina de
pecado original es aun vista como el fundamento de la enseñanza correcta del evangelio.
La Naturaleza de Cristo
Ahora el siguiente paso procede de la siguiente premisa: ¿Qué clase de ser humano debe
ser Cristo, si El tiene que ser tanto humano como sin pecado? Obviamente este punto de vista
enfatiza que El debe tener una naturaleza no caída, totalmente diferente a la naturaleza que
usted y yo heredamos de nacimiento. Algunas veces esta posición es referida como “La
naturaleza de Adán antes de la caída.” Algunas declaraciones hechas por aquellos que
sostienen ese punto de vista ayudará a aclarar este punto: “Para que Cristo sea el segundo o
último Adán El debe poseer una naturaleza humana no caída.” “Enseñar que Cristo estaba
propenso a pecar es enseñar que El mismo era un pecador con necesidad de un Salvador.”—
Ibíd., p. 34.
De acuerdo con esta creencia, naturaleza caída o propensa a pecar abarca también
culpabilidad a la vista de Dios. Por tanto, es absolutamente imprescindible que Cristo no tuviera
ninguna conexión con nuestra naturaleza caída. Pero, ¿Cómo puede ser esto si Cristo tuvo una
madre humana? Aquí hay una respuesta: “La sustancia de Maria fue amoldada en una
naturaleza perfecta por nuestro Señor tal y como en el principio el Espíritu Santo transformó el
caos en un mundo perfecto.”—Ibíd., p.34. En otras palabras, las deficiencias genéticas de
Maria fueron alteradas para que ella solo transmitiera a Cristo una herencia perfecta,
completamente diferente a la herencia que recibimos nosotros de nuestros padres.
Justificación
El siguiente paso en esta “nueva teología” involucra nuestra experiencia. Razona de esta
manera: Como somos culpables por naturaleza y puesto que mantendremos esta naturaleza
hasta la glorificación, continuamos siendo culpables luego de nuestra conversión y aun hasta en
las buenas obras que hacemos pecamos (porque el egoísmo contamina nuestros mejores
esfuerzos, y hasta en el mero acto de vencer al pecado quizás seamos culpables), por tanto,
de acuerdo con este punto de vista, debemos enfocarnos mas en la justificación que en la
santificación. Debemos buscar entonces una justicia imputada fuera de nosotros todo el
tiempo, puesto que cualquier cosa que sea de adentro de nosotros está corrompida por el
pecado original y la depravación heredada.
Así que en esta línea de pensamiento, el evangelio es justificación; la justicia de Cristo
acreditada a nuestra cuenta. Justificación por la fe se convierte en únicamente justificación,
mientras que la santificación es básicamente un buen consejo. Esto debe ser así, se
argumenta, puesto que todo lo que está corrompido por el pecado original jamás puede
participar en una justificación por fe perfecta. Así que somos legalmente justos mientras que
por dentro realmente somos culpables todo el tiempo. Debemos siempre enfatizar el trabajo de
Cristo por nosotros en lugar del trabajo del Espíritu Santo en nosotros.
Perfección
Finalmente, en la “nueva teología” la premisa principal del pecado como naturaleza caída
lleva a una conclusión inevitable referente a la perfección del carácter. Si la culpa reside en
nuestra naturaleza, la naturaleza con la cual nacimos, y si mantenemos esta naturaleza hasta la
muerte o traslación, entonces se vuelve sencillamente claro que no se debería hablar de
perfección, vencer como Jesús venció, o estar sin pecado en esta vida. Si a pesar del
crecimiento espiritual obtenido durante la vida confiando mas en Jesús y menos en nuestros
propios esfuerzos, somos igual de culpables a la edad de sesenta años que lo que fuimos a la
edad de dieciocho, entonces las palabras “perfección de carácter” no tienen ningún significado
y deberían ser eliminadas prontamente de nuestro vocabulario espiritual.
Así es que el repudio a la posibilidad de perfección moral en esta vida es un corolario
necesario para la doctrina de pecado original. En esta línea de pensamiento, el mero esfuerzo
para obtener perfección moral resulta en legalismo y en una negación de la justificación por fe.
Aun después del cierre de prueba el carácter del pueblo de Dios será defectuoso en fe,
esperanza y amor. Puesto que el único significado de estar sin pecado es poseer una
naturaleza totalmente sin pecado, para la “nueva teología” eso nunca ocurrirá sino hasta la
glorificación.
Las pocas líneas descritas anteriormente resumen el evangelio de acuerdo con un bien
desarrollado y cuidado-samente articulado sistema de creencias el cual puede encontrarse
dentro y fuera del Adventismo. Es consistente desde sus presuposiciones hasta sus
conclusiones, y yo creo que si se comienza con las premisas fundamentales de este sistema,
lógicamente se debe terminar con sus conclusiones. Esta es una razón por la que la llamada
teología Reformada se ha vuelto tan atractiva para muchos Adventistas de antaño. Entonces,
si deseamos ser lógicos y bíblicos, ¿estamos obligados a aceptar este entendimiento del
evangelio, siendo que otras opciones son ilógicas y no bíblicas? Yo creo que el verdadero
evangelio, el evangelio de Cristo Jesús y Pablo, está basado sobre presuposiciones diferentes
que llevan a conclusiones diferentes. Creo que este es el único evangelio que trata
adecuadamente con los grandes temas del conflicto entre Dios y Satanás. Creo que este es el
único evangelio que proveerá seguridad y esperanza a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y
para todo aquel que se haga la vieja pregunta ¿Qué debo hacer para heredad la vida eterna?
Lo que sigue a continuación, es un corto resumen de la otra forma de entender el evangelio
prometido en el Antiguo Testamento y hecho realidad en el Nuevo.
El Evangelio Definido en el Adventismo
La presuposición básica de este evangelio es que el corazón del conflicto entre Dios y
Satanás gira alrededor del tema del libre albedrío y si Satanás ha malinterpretado o no a Dios
en sus maléficas acusaciones. Dios tomó riesgos grandes con el universo para proteger la
libertad de elección y para darle a los seres creados la oportunidad de juzgar si en realidad El
era tal como Satanás dijo que era.
¿Por qué permitió Dios la miseria del pecado? Porque no valía la pena forzar la obediencia y
la necesidad de la posibilidad de pecar si la justicia era de ser posible. Después de que Adán
pecara y perdiera su libertad de elección, Jesús, el “Cordero, el cual fue muerto desde el
principio del mundo” (Apocalipsis 13:8), voluntariamente vino a esta tierra a ayudar a aclarar
estos temas y para dar a la humanidad un segundo período de prueba. Y la agonía del pecado
nunca terminará hasta que Satanás abiertamente se postre y confiese el Señorío de Jesús.
Esto significa que la tragedia más grande del universo es la calumnia de Satanás contra Dios,
una tragedia aun mayor que cualquier pecado. Así que el tema a resolver es cómo los seres
caídos y no caídos escogerán en el gran conflicto, sea por Dios o por Satanás. Esto significa
que el evangelio nunca puede basarse en predestinación de ningún tipo, la cual esencialmente
evita cualquier derecho del hombre de escoger a favor o en contra de Dios. El evangelio está
solidamente construido sobre el cimiento del libre albedrío—dos palabras bien importantes en
el gran conflicto entre Cristo y Satanás.
La Naturaleza del Pecado
Aquí, de nuevo somos llevados a tomar una decisión acerca de la naturaleza del pecado. El
pecado no es la forma en que el hombre básicamente es, sino la forma en que el hombre
escoge. El pecado ocurre cuando la mente accede a lo que parece deseable y así quebranta
su relación con Dios. Hablar de la culpa en términos de naturaleza heredada es pasar por alto
la categoría importante de la responsabilidad. No es hasta que hemos unido nuestra propia
voluntad a la rebelión de la humanidad en contra de Dios, hasta que activamente hemos
entrado en esta oposición a la voluntad de Dios, que la culpa entra en la experiencia humana.
Al pecado le concierne la vida del hombre, su rebelión en contra de Dios, su desobediencia
voluntaria y la distorsionada relación con Dios que resulta de su rebelión. Al pecado le
concierne la voluntad del hombre en lugar de su naturaleza. Si la responsabilidad por el pecado
ha de tener algún significado, no se puede también afirmar que la naturaleza humana caída
hace al hombre un inevitable pecador. La inevitabilidad y la responsabilidad son conceptos
mutuamente exclusivos en la esfera moral. Así que el pecado es definido como una elección
voluntaria para rebelarse en contra de Dios en pensamiento, palabra o acción. “Y al que sabe
hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” Santiago 4:17. En el evangelio del Nuevo
Testamento, pecado es nuestra elección voluntaria de ejercitar nuestra naturaleza caída y
pecaminosa en oposición a la voluntad de Dios.
La Naturaleza Humana de Cristo
Construyendo sobre este cimiento, nos trasladamos a la naturaleza de Cristo—aquella que
heredó de Sus ancestros cuando se convirtió en un ser humano. Si el pecado no es por
naturaleza sino por elección, entonces Cristo pudo heredar nuestra naturaleza caída y
pecaminosa sin de ese modo convertirse en un pecador. Él se mantuvo siempre sin pecado
porque siempre concientemente escogió obedecer a Dios, nunca permitiendo que su naturaleza
heredada controlara Sus decisiones. Su herencia fue igual a nuestra herencia, sin necesidad de
recurrir a intervención especial departe de Dios para prevenir que Jesús recibiera de Maria
naturaleza pecaminosa. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él
también participó de lo mismo…por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos.”
Hebreos 2:14-17.
Cristo aceptó voluntariamente la humillación de descender, no solo al nivel del hombre, sino
al nivel en que se encontraba el hombre desde la caída de Adán. Cuando Jesús vino el hombre
obviamente no se encontraba en el estado de Adán antes de la caída, de manera que algo
más drástico se necesitaba si los efectos de la caída de Adán debían ser vencidos. Cristo
debía descender a las profundidades en la cual la humanidad había caído a través de los
siglos y en su propia persona levantar a la humanidad de su profunda caída a un nuevo nivel de
vida—la vida para la que el hombre y la mujer fueron creados. Jesús bajó de lo más alto a lo
más profundo para levantarnos.
Si Jesús hubiera adoptado una naturaleza humana perfecta intocable por la caída, entonces
Él no se hubiera puesto lado a lado con el hombre en su necesidad. Si Jesús hubiera adoptado
una naturaleza humana no caída, hubiera habido un gran abismo creado por el pecado. Era
una humanidad caída la que Él había de representar delante de Dios. El se paró al lado de los
pecadores caídos para mediar entre el hombre pecador y un Dios santo.
Si Jesús adoptó una naturaleza perfecta, Él fue el puente que cruzó el abismo entre Dios y el
Adán sin pecado, pero el abismo entre Dios y la humanidad caída aun necesitaría un puente.
No obstante, si Cristo compartió nuestra naturaleza caída, entonces Su trabajo mediatorio es
el puente que une el abismo entre el hombre caído y Dios. Únicamente al estar en nuestra
situación en el sentido más profundo y completo, identificándose completamente así mismo con
nosotros, hizo posible que Él fuera nuestro Salvador. Cualquier otra condición humana excepto
la de la naturaleza humana heredada hubiera sido inmediatamente desafiada por el enemigo y
hubiera influenciado el juicio del universo.
Es interesante notar que este entendimiento de la condición humana de Cristo era el
fuertemente creído por A.T. Jones y E.J. Waggoner en sus mensajes de justificación por la fe
en 1888, los cuales fueron altamente aprobados por Ellen White. De hecho, este entendimiento
de la vida de Cristo fue el poder que acentuó sus mensajes: el Señor Jesucristo—leal a Dios
poseyendo naturaleza caída.
Justificación
De aquí el mensaje del evangelio se traslada a nuestra experiencia personal. El evangelio
son las buenas nuevas del carácter de Dios; que Dios perdona y restaura. El evangelio es (1)
La declaración de Dios de que somos hechos justos en los meritos de Cristo y (2) la
renovación de Dios de nuestro carácter pecaminoso para que podamos ser restaurados a Su
imagen. El evangelio es tanto el veredicto legal como el poder transformador. Formar una
unión con Cristo es el método por el cual la justificación debe tomar lugar. El evangelio incluye
justificación—la unión con Cristo por fe, en base a la cual somos declarados y hechos justos—
y santificación—creciendo más y más como Cristo a través del poder del Espíritu Santo.
Perfección
Finalmente, el evangelio puede hablar cómoda y bíblicamente acerca de la perfección
Cristiana, la cual es simplemente permitirle a Dios hacer Su obra completa en nosotros al
depender completamente en Él a través de la fe. Esto no es extremismo en perfección. No es
tratar de ser lo suficientemente bueno para agradar a Dios o para ser salvo; no es eliminar
nuestra naturaleza caída; no es la dependencia de nuestra bondad interna.
Perfección bíblica es victoria total sobre el pecado, cuando, a través de una sumisión total al
poder de Cristo, el pecado se convierte tan repugnante que no tenemos el deseo de
quebrantar la voluntad de Dios. Si el pecado es nuestra elección voluntaria de rebelarnos en
contra de Dios en pensamiento, palabra o acción, entonces ser sin pecado es nuestra elección
voluntaria de no rebelarnos en contra de Dios en pensamiento, palabra o acción. El propósito
de la perfección bíblica no es primordialmente para salvarnos, sino por el honor de Cristo. No
es erradicar nuestra naturaleza pecaminosa, sino la restauración de esa naturaleza mediante
una relación con Cristo. No es llegar a un límite, sino el incesante crecimiento y deseo de
aprender. No es que tengamos conciencia de nuestra santidad interna, sino el gozo de
depender de la misericordia y poder de Cristo. No es estar libre de tentación sino rechazar
rendirse a ella. No es una santidad autónoma sino una dependencia total para que podamos
dejar de rebelarnos.
Este evangelio afirma que es posible tener un carácter sin pecado poseyendo una naturaleza
pecaminosa. El propósito del evangelio es destruir el pecado. Así que, ser moralmente
perfectos es el objetivo, mientras permaneciendo en Cristo es el método. Aun mas, nuestra
preocupación diaria no es en el producto final sino en nuestra relación con y nuestra confianza
en Cristo. Únicamente con este entendimiento de perfección del carácter Cristiano es que el
mensaje Adventista de la segunda venida de Cristo lleva un poder motivador. Este
entendimiento frecuentemente demanda incesante comunicación con Dios en oración.
¿Sabemos lo que significa luchar con Dios como lo hizo Jacob? ¿Están nuestras almas
buscando a Dios con un deseo tan intenso hasta el punto en que todas nuestras fuerzas hayan
sido llevadas al máximo? ¿Estamos sosteniéndonos con una fe inquebrantable a Sus
“preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la
naturaleza divina.” 2 Pedro 1:4.
Resultados
El evangelio Evangélico dentro de la iglesia Adventista ha tenido consecuencias dramáticas.
Debido a su insistencia de que somos pecadores al nacer, que continuamos pecando por
naturaleza toda nuestra vida porque enseña que somos salvos por la justificación mientras que
la santificación es solamente un fruto de la salvación y que la perfección debe esperar hasta
que Jesús regrese, varias creencias Adventistas han sido impactadas negativamente. La idea
de un juicio investigador para examinar el desarrollo de carácter y una obediencia santificada
se vuelve en el mejor de los casos irrelevante y en el peor de los casos destructora de la fe.
La autoridad de las enseñanzas de Elena de White es seriamente socavada, ya que ella
enseña exactamente lo opuesto a todas las creencias principales de este evangelio. La
importancia de la ley y el Sábado en los últimos días es seriamente denigrada, ya que todos
los que guardan el Sábado están quebrantando la ley todo el tiempo por su naturaleza y una
ley perfecta puede guardarse perfectamente únicamente por aquellos que poseen una
naturaleza perfecta. Las enseñanzas sobre la salud son reducidas a buenos consejos para
aquellos que desean vivir más años y evitar enfermedades, ya que estas son parte de la
santificación y como tales no contribuyen en ninguna manera a nuestra salvación. Los
estándares de la iglesia, tales como el entretenimiento, la lectura, las producciones gráficas, la
música, el vestuario y la joyería son simplemente productos de las tradiciones Victorianas del
pasado, dictadas más por la cultura que por la “verdad” y deben ser modernizados si hemos
de impactar a nuestra cultura postmoderna. Deben implementarse nuevos métodos para
plantar iglesias, en las que debe hacerse que los nuevos creyentes se sientan a gusto con sus
propios estilos de vida y deseos personales. Se deben encontrar nuevos estilos de adoración
para lograr el mismo propósito en favor de aquellos que desean más libertad dentro del
Adventismo. Las prácticas sobre como guardar el sábado deben actualizarse para evitar
cualquier rasgo de legalismo y para permitir más libertad de expresión. En ningún lugar pueden
observarse más claramente los resultados de este evangelio que en nuestras instituciones de
educación secundaria y en nuestras universidades. Los que salen de estos centros educativos
llevan consigo este evangelio y sus frutos a sus iglesias locales. El resultado neto de todas
estas cosas es la fractura de la unidad del movimiento Adventista, de tal manera que en una
localidad existan diferentes “clases” de iglesias Adventistas, todas con prácticas y enseñanzas
muy diferentes. En los miembros de la iglesia esto únicamente produce confusión, frustración,
congregacionalismo, desconfianza en los líderes y en el peor de los casos separación de la
iglesia organizada.
Conclusión
Estos, entonces, son los dos evangelios que están siendo predicados dentro del Adventismo.
¿Puede ver porqué estos dos sistemas son incompatibles? ¿Puede ver que un compromiso
entre ambos es imposible, que usted debe tomar una decisión respecto a cual de las dos será
su fe personal? Lo desafió a estudiar y orar, para que sepa en qué cree y porqué, para usar
bien la palabra de verdad. Debemos tomar decisiones basadas en la información y guiadas por
el Espíritu; decisiones que se mantendrán firmes bajo las presiones de los últimos días, y lo
mas importante, bajo el ojo examinador de Dios cuando pruebe nuestra conciencia para ver si
hemos tomado decisiones honestas o si hemos razonado o deliberadamente buscando el
camino mas fácil. Que las buenas nuevas sean las buenas nuevas de Dios y no un invento del
hombre.

EL FRUTO DE LA DOCTRINA DEL PECADO


EN LOS DOS EVANGELIOS

Perfección moral imposible


Perfección moral posible

Justificación por la fe:


Justificación por la fe:
Justificación, imputada únicamente
Justificación y Santificación
Cristo—adopta la naturaleza
Cristo—carácter sin pecado
que tenía Adán antes de la caída
teniendo naturaleza caída

Pecado por naturaleza


Pecado por elección
DOS
¿Qué es Pecado?
La justificación por la fe es probablemente el tema bíblico más importante y es el fundamento
de cualquier discusión referente a la forma en que el hombre y la mujer son salvados. Pero
¿qué es justificación por la fe y cómo se relaciona con el evangelio? Hemos tenido ya mucha
controversia dentro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día respecto a estas preguntas. Es
altamente significativo que en un debate serio de estos temas seamos conducidos de vuelta al
tema que parece estar por debajo de todos los otros temas—la definición del pecado.
¿Qué es pecado? ¿Porque estamos preocupados por un tema que parece ser tan negativo?
Simplemente porque nuestra conclusión de la justificación por la fe depende de la definición
que se le de al pecado. ¿Por qué es el hombre culpable? ¿Por qué razón condena Dios al
hombre? ¿Por qué dice Dios que el hombre debe morir en el infierno? Lo que decidamos que
es pecado afectará cada decisión que tomemos acerca de la naturaleza de la justificación por
la fe.
Quizás hemos asumido que sabemos que es pecado. Quizás sea de ayuda ver nuevamente
nuestras suposiciones y decidir por nosotros mismos realmente que queremos decir cuando
usamos la palabra pecado. Todos sabemos que hemos pecado pero ¿Cómo? Como dijimos al
principio, cuando vamos al médico, él debe descubrir que está mal antes de poder darnos la
receta apropiada. De la misma manera, debemos saber exactamente que está mal en
nuestras vidas antes de que Jesucristo pueda salvarnos de nuestros problemas—nuestro
pecado. Debemos saber la naturaleza de la enfermedad a la cual el remedio será aplicado.
Volvamos entonces y veamos el pecado que dio inicio todos los problemas que hemos tenido
en este mundo. Sabemos que Adán escogió pecar voluntariamente. Sabemos que él se hizo
culpable por su elección. Pero ¿qué hay de nosotros? ¿Somos culpables por el pecado de
Adán, porque hemos nacido como su descendencia? ¿Somos culpables porque hemos
heredado de el una naturaleza caída? o ¿Somos culpables porque decidimos repetir el pecado
de Adán?
Así que nuevamente volvemos a la pregunta acerca de la naturaleza del pecado. ¿Qué debe
el evangelio perdonar y sanar? La pregunta básica que debe ser resuelta es esta: ¿Cuál es la
naturaleza del pecado por el cual una persona es considerada culpable o condenada o perdida,
a tal punto que morirá en las llamas del infierno a menos que Dios le perdone? ¿Por cuál
pecado o por el pecado de quién es que estamos condenados y perdidos?
Pecado como Naturaleza
Ahora debemos comenzar con definiciones precisas. Muchas definiciones de pecado han
sido expuestas a través de los siglos.
Un grupo dice que nuestra culpa es el resultado inevitable de algo llamado pecado original.
De acuerdo con esta línea de pensamiento, pecado original no significa la elección de Adán de
pecar. Significa el estado en el cual nacemos como resultado del pecado de Adán. Como
resultado o por el pecado de Adán, hemos nacido pecadores. A pesar que el término pecado
original ha sido usado por muchos teólogos, quizás necesitamos alejarnos de este término y
hablar acerca de los temas que están detrás del mismo. Algunas veces términos teológicos,
lejos de aclarar, tienden a oscurecer. ¿Qué es lo que realmente significa este término?
Pecado original puede ser definido de diferentes maneras. Algunos dicen que somos
culpables porque hemos heredado pecado de Adán. Algunos dicen que somos culpables, no
porque heredamos culpa, pero porque hemos nacido como hijos e hijas de Adán, y por lo tanto
se nos ha imputado la culpa por nuestro nacimiento en una raza caída. Así que la culpa de
Adán es imputada a nosotros.
Otra variación dice que no somos culpables ni por haber heredado pecado ni por haberse
imputado la culpa, sino por haber nacido en un estado separado. Nacimos desconocidos por
Dios. Nacimos separados de Dios y esta separación es nuestra culpa. Algunos hasta dicen que
no somos personalmente culpables, pero que hemos nacido condenados como parte de una
raza caída.
Pero el denominador común de todos estos puntos de vista es que somos culpables o
condenados porque hemos nacido en la familia humana. Entonces, de cualquier forma que lo
expliquemos con estos diferentes puntos de vista, lo que se está diciendo es que la culpa o la
condena es heredada por naturaleza. Nuestra naturaleza caída es nuestra culpa.
Sin embargo, aun más es dicho—y es, que tenemos dos clases de pecado en nuestra vida:
(1) Somos culpables como parte de nuestro nacimiento en esta raza y (2) que somos también
culpables por nuestros propios pecados, lo que hemos escogido, nuestros propios actos de
rebelión. Los dos aspectos son pecado. Entonces a pesar que hay dos aspectos de pecado,
es decir, nuestro nacimiento en la raza humana y nuestras decisiones rebeldes, ya hemos sido
condenados por nuestro nacimiento antes de serlo por nuestras decisiones. Este es el punto
básico del término pecado original. Somos culpables o condenados por el pecado de Adán en
el preciso momento en que nacemos.
Las implicaciones de esta creencia están expresadas en el siguiente enunciado: “Está
declarado que el pecado existe en el ser humano antes de que tengamos conciencia del
mismo.” “Existe culpabilidad en los malos deseos, aun cuando estos deseos son resistidos por
la voluntad.” “Pecado es la naturaleza mala heredada con todos sus frutos.”
Se da cuenta entonces que, de acuerdo con esta definición, el pecado existe en nosotros
antes de haber tomado la decisión de pecar o aun de poseer el conocimiento. El pecado existe
en nosotros antes de que podamos entender y tomar decisiones acerca de lo que es bueno o
malo. El pecado reside en nosotros por nuestro nacimiento en la raza caída. John Calvin, uno
de los teólogos sistemáticos más grandes, tuvo esto que decir acerca del pecado y la culpa.
“Todos nosotros…venimos a un mundo contaminado y contagiado de pecado…Estamos
delante de Dios contaminados…La impureza de los padres es transmitida a los hijos…Todos
desde el principio somos depravados…La culpa es por naturaleza.” (Énfasis en itálica hechas
por el autor). Calvin dice que la corrupción y la depravación hereditarias de nuestra naturaleza
esta designada como pecado por Pablo. “Aun los bebes trayendo su condena con ellos del
vientre de sus madres sufren…por sus propios defectos.” Y por supuesto esto es pecaminoso
a los ojos de Dios, y Dios no condena sin culpa. “El hombre completo…está tan inundado…que
ninguna parte permanece exenta de pecado y por lo tanto, todo lo que procede de él es
imputado como pecado…Los hombres nacen malintencionados…Todos somos pecadores por
naturaleza.”—John Calvin, Institutes of the Christian Religión, bk. II, ch. 1 #5, 6, 7, 8, 9, 10,
27. (Fundamentos de la Religión Cristiana, libro II, cap. 1 # 5, 6, 7, 8, 9, 10, 27.); énfasis en
itálica agregado por el autor.
Como puede darse cuenta, este concepto de pecado aclara el porqué la iglesia Católica
Romana, Martín Lutero y John Calvin sostuvieron la necesidad del bautizo de infantes. Si, en
efecto, uno es culpable por naturaleza, es extremadamente importante que sea bautizado
inmediatamente después del nacimiento para quitar el pecado, para ser limpio de la culpa del
nacimiento. El bautizo de infantes es extremadamente importante para aquellos que tienen el
problema del pecado original. Y por tal razón Martín Lutero y John Calvin recalcaron
grandemente su necesidad. Al nacer, los niños debían ser bautizados inmediatamente para ser
limpios del pecado heredado dentro de ellos. Ambos, Calvin y Lucero, estaban de acuerdo con
y recibieron su conocimiento de pecado original de Agustín.
Lutero y Calvin también sostuvieron la doctrina de la predestinación, la cual también
recibieron de Agustín. Agustín creía que Dios había predestinado a todos los hombres a ser
salvos o perdidos. Martín Lutero y John Calvin siguieron en esta dirección y construyeron su
doctrina de justificación por la fe sobre la presuposición de la predestinación. La doctrina de
pecado original encaja muy lógicamente con la doctrina de la predestinación.
Hay aun otra dimensión en la creencia que el pecado es heredado por naturaleza. Cuando
Adán pecó, perdió la habilidad de no pecar, de manera que todo lo que le quedaba a Adán era
la habilidad de pecar. Cualquiera que fueran las decisiones que Adán tomara eran decisiones
pecaminosas. Así que Adán, luego que pecó, solo podía pecar y nosotros como miembros de
la raza humana caída también solo podemos pecar. De hecho, la única cosa que podemos
hacer es pecar y Dios puede únicamente salvarnos en nuestros pecados.
Lo que estoy diciendo es que esta doctrina tiene diferentes formas de ser expresada. Pero
el concepto básico que recorre a través de todas estas definiciones es que hemos nacido
pecadores. Hemos nacido culpables o condenados. Somos culpables o condenados por ser
parte de la familia de Adán
Quizás sea bueno notar la reacción de Emil Brunner a esta doctrina. “Así que la doctrina
eclesiástica, la cual esta totalmente basada sobre la idea de la caída de Adán y la
transferencia de su pecado a las subsiguientes generaciones, está siguiendo un método que
carece de sentido Bíblico. Hasta el pasaje, Rom. 5:12 el cual pareciera ser una excepción y ha
sido considerado como el locus classicus de la teología Cristiana desde la época de Agustín,
no puede considerarse que apoye este punto de vista de Agustín el cual ha sido seguido por
las subsecuentes generaciones. Pero aquí Pablo no está tratando de explicar que es pecado;
efectivamente, no hay realmente algo en Romanos 5 que describa la naturaleza del pecado”
“La teoría del Pecado Original, la cual ha sido el estándar número uno para la doctrina
Cristiana del hombre, desde el tiempo de San Agustín, es completamente desconocida para el
pensamiento Bíblico.” “El pecado primero que nada debe entenderse como un acto, es decir
como una “caída”, como una ruptura activa con el comienzo divino, como un salida del orden
divino…El pecado es un acto—y eso es lo primero que se debe decir del pecado. Solo como
segundo punto podemos decir: este acto es siempre, al mismo tiempo, un estado, una
existencia en acción, un estado en el cual no se puede ser de diferente manera, un estado de
esclavitud”—Emil Brunner, The Christian Doctrine of Creation and Redemption, pp.98, 99,
103, 109. (La Doctrina Cristiana de la Creación y Redención, pp. 98, 99, 103, 109.)
Quisiera sugerir que la evidencia que apoya la teoría del pecado original, sin importar la
forma en que esta sea explicada, sea por herencia, por imputación o por separación, no es una
enseñanza bíblica clara tal como algunos lo han sugerido. Hay por lo menos una forma más de
entender los textos que son utilizados para apoyar esta idea de pecado original.
Pecado por Elección
Enfoquémonos ahora en la segunda definición de pecado, llamada, pecado por elección. En
esta definición, estamos diciendo mucho de lo mismo que ya ha sido presentado en las varias
definiciones de pecado original.
Creemos que en la naturaleza original de Adán nada lo llevaba a rebelarse en contra de
Dios. Ningún deseo lo conducía en contra de la voluntad de Dios. Para Adán era natural hacer
lo recto, y era totalmente extraño hacer lo malo. Pero con la caída, algo cambio en la misma
naturaleza de Adán, en lo más profundo de su ser. La caída trajo a Adán una inclinación hacia
lo malo. Su naturaleza estaba ahora deformada y torcida, y Adán ahora quería hacer lo que
antes había odiado, siendo esto, rebelarse en contra de Dios.
Entonces cuando decimos que heredamos una naturaleza caída de Adán, debemos entender
su significado completo. Heredamos maldad, debilidad y corrupción de Adán. Tenemos los
mismos deseos inherentes que Adán tenía en su estado pecaminoso. Nuestra naturaleza nos
incita a hacer lo malo, a rebelarnos en contra de Dios. Es difícil para nosotros hacer lo bueno.
Es más natural hacer lo malo. Yo pienso que si fuéramos honestos con nosotros mismos,
admitiríamos que muchas veces nos tentamos a nosotros mismos. Realmente no necesitamos
que Satanás nos ande persiguiendo para tentarnos con un sin fin de ideas, porque nosotros
podemos tentarnos a nosotros mismos. Nuestro propio carácter nos conduce a la perdición. El
egoísmo parecer ser la raíz de nuestras vidas, provocándonos ha hacer lo que sabemos que
no deberíamos hacer. De modo que heredamos tendencias negativas de Adán, lo cual nos
conduce ha hacer lo malo.
La única diferencia entre esta definición de pecado y las definiciones anteriores es que no
heredamos culpa ni condenación. Heredamos todo lo demás que Adán pudo pasarnos.
Heredamos todas las inclinaciones, todas las tendencias, todos los deseos y nacemos de una
forma que Dios nunca tuvo realmente la intención que el hombre y la mujer nacieran. Pero esta
definición dice que el pecado personal viene por elección; el pecado, en si mismo, no es
heredado. La culpa, entonces, no es por naturaleza; pero cuando decidimos rebelarnos en
contra de la luz y de la responsabilidad, entonces nos hacemos culpables. Debemos escoger
tomar la decisión que tomó Adán, la decisión de rebelarnos en contra de Dios y entonces
somos culpables.
Debemos admitir que la naturaleza pecaminosa hace más fácil el pecar—tomar decisiones
pecaminosas. Pero el punto que me gustaría enfatizar es que somos culpables cuando
tomamos esas decisiones, no antes de tomarlas. Por tanto, yo creo que deberíamos distinguir
cuidadosamente los conceptos de maldad y culpa.
Hemos resumido las dos definiciones básicas de pecado. Dependiendo de cual definición
escojamos creer, los temas de justificación por la fe tendrán un tono diferente. Las decisiones
que tomemos acerca de la justificación y la santificación serán diferentes, dependiendo la
decisión que tomemos respecto a la naturaleza del pecado.
Maldad y Culpa
Si queremos definir pecado como una elección, debemos hacer la distinción entre maldad y
culpa. Existe hoy tanta maldad en el mundo, aun en el mundo animal. Pero no imputamos culpa
a toda la maldad aparente que existe hoy en nuestro mundo. Una de mis ilustraciones favoritas
es la de la típica mascota de hogar, el gato. Disfrutamos a los gatos quienes se suben a
nuestras piernas o nuestros pies, que les gusta ser acariciados, que le gusta su plato de leche
caliente. Pero algunas veces olvidamos que nuestra mascota tiene otra cara. ¿Han notado que
los gatos no son nada misericordiosos con los ratones que atrapan para comer? Cuando
logran atrapar un ratón no lo matan inmediatamente, sino que juegan un rato con el. En efecto,
torturan al ratón hasta que el ratón encuentra físicamente imposible escapar de ellos y
finalmente se rinde.
¿Que haríamos con un ser humano que tratara de esta misma manera a otro ser humano o
a un animal? Lo consideraríamos culpable del más atroz de todos los crímenes y
probablemente lo encerraríamos por el resto de su vida. Pero ¿qué hacemos con el animal que
ha hecho eso—con nuestro gato? Decimos que así es la vida. No es bueno que el ratón sufra,
pero el gato no es culpable tampoco. Así que vemos que hay algunos actos malos que son
parte de los resultados naturales del pecado y otros actos por los cuales una persona puede
ser considerada culpable.
Ahora, traigamos esto al nivel humano. Si estamos martillando un poste y le pedimos a un
amigo que lo detenga para que podamos pegarle bien, quizás fallemos y le peguemos a
nuestro amigo en el dedo. Ese golpe le dolerá, se le pondrá morado y tomará algún tiempo
para sanar, pero nuestro amigo probablemente no nos acuse de tener culpa. Lo tomará como
un desafortunado accidente.
Vamos un poco más lejos para llegar al punto. Si un niño pequeño esta jugando con una
pistola y le dispara a su hermano o hermana mayor, le quitamos la pistola y simplemente nos
aseguramos que en el futuro dejemos nuestras armas con el seguro puesto. No
condenaríamos o juzgaríamos al niño como culpable. Pero si un joven de 20 años toma la
misma arma y le dispara a alguien, inmediatamente haríamos varias preguntas comenzando
por ¿Por qué? Lo primero que querríamos saber es si fue premeditado, mal intencionado y por
lo tanto debe ser culpable.
De modo que hay una diferencia entre los conceptos de maldad y culpa. La palabra maldad
simplemente significa aquello que es malo, negativo, equivocado, resultados del pecado en un
mundo en maldición. La culpa se aplica a responsabilidades morales por pensamientos o actos
malvados.
Lo que estoy diciendo es que los árboles y los animales están llenos de los resultados del
pecado, pero no están condenados ni tampoco redimidos por Dios, porque no tienen ningún
conocimiento acerca de valores morales. Solo el hombre tiene el conocimiento de los valores
morales y por este conocimiento él es condenado como culpable por cualquier acto de maldad.
Si vamos a creer que el pecado es por elección, debemos hacer la distinción crucial entre
maldad y culpa. La culpa demanda un conocimiento previo y una rebelión voluntaria. Estoy
indicando que la condena de Dios esta siempre basada sobre el conocimiento previo que el
hombre ha adquirido. Santiago lo dice claro, “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es
pecado.” Capitulo 4:17.
Resultado y Castigo
Ahora debemos comprobar la hipótesis de que hay una diferencia entre maldad y culpa. En
Génesis 2:17 un castigo distintivo y claro es dado por la rebelión en contra de Dios. Dios le dijo
a Adán, “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás.” Hemos estado muy confundidos respecto a este versículo,
porque está bien claro que cuando Adán comió del fruto, el cual Eva le dio, el no murió ese día.
Algunas veces hemos dicho, Bueno, ese día él comenzó a morir. Pero el hebreo dice
simplemente, “el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Entonces, ¿Por qué no murió
Adán ese día? “¿Por qué no fue la pena de muerte de una vez ejecutada en su caso? Porque
fue encontrado un rescate. El unigénito hijo de Dios voluntariamente tomó el pecado del
hombre sobre sí mismo e hizo expiación por la raza caída.”—Ellen G. White Comments,
S.D.A. Bible Commentary, vol. 1, p. 1082. (“Comentarios de Elena G. de White, Comentario
Bíblico Adventista, vol. 1., p. 1082.)
“En el instante en que el hombre aceptó las tentaciones de Satanás e hizo las cosas que
Dios le había dicho no hiciera, Cristo, el Hijo de Dios, se paró entre los vivos y los muertos,
diciendo, ‘Que caiga el castigo sobre mí. Yo tomaré el lugar del hombre. El tendrá otra
oportunidad.’”—Ibíd., p. 1085. “Tan pronto como Adán pecó, el Hijo de Dios se presentó así
mismo como fiador para la raza humana, con el poder suficiente para evitar la condena
pronunciada sobre el culpable, como cuando murió en la cruz del Calvario.”—Ibíd., p. 1084.
¿Por qué no murió Adán ese día? Porque un Sustituto fue puesto entre la pena de muerte y
Adán ese día. Ese mismo día Jesús tomo el puesto de Adán. Quizás esto nos ayuda a
entender Apocalipsis 13:8, donde dice que el cordero fue inmolado desde el principio del
mundo. Como fiador del hombre, Jesús, en efecto, pagó la pena ese día, poniéndose ese día
entre Adán y la pena de muerte.
Poco después Adán ofreció el primer animal en sacrificio el cual significaba para él que el
Hijo de Dios moriría en su lugar. Así que el castigo por el pecado de Adán fue inmediatamente
pagado por Jesucristo. Jesucristo tomó inmediatamente el lugar de Adán.
¿Pero pagaría algún día Adán ese castigo? ¿Moriría Adán para pagar por su pecado? ¿Por
qué murió Adán 930 años mas tarde? ¿Pagó realmente alguna vez la pena? ¿O murió
simplemente como resultado de la consecuencia heredada del pecado?
En efecto, se nos ha dicho que su muerte fue una bendición, porque él había aguantado
mucho la agonía de saber lo que su pecado había causado, todo el pecado y sufrimiento del
cual él había sido testigo por 900 años. De manera que su muerte fue realmente un alivio. Esta
muerte, la muerte natural de la que Adán murió, fue el resultado del pecado no el castigo por
su pecado.
El castigo había caído sobre Cristo. Adán había ofrecido el cordero, mostrando que
entendía que la pena de muerte había sido pagada. Pero la maldición—las consecuencias
heredadas por el pecado—permanecen.
Esto significa que debemos dividir la idea básica de pecado en dos columnas separadas. La
columna del lado izquierdo es MALDAD, la cual incluye todas las cosas que son el resultado
heredado del pecado y toda esta maldad conduce a la muerte. Pero a esta muerte Jesús la
llamó descanso (dormir), la cual no es el destino final del hombre. De manera que la maldad y
sus resultados conducen a la muerte, sufrimiento y todas las cosas negativas que vemos a
nuestro alrededor.
La columna de la derecha es CULPA. Y esta columna conduce a la segunda muerte, o
infierno, lo cual es el castigo por el pecado. De manera que tenemos dos consecuencias del
pecado. Tenemos la maldición—los resultados heredados del pecado—que los seres
humanos, animales y toda la naturaleza generalmente experimentan lo cual conduce a la
muerte, la primera muerte. Y por el otro lado tenemos la culpa, que conduce al castigo por el
pecado, la segunda muerte, la cual ha sido pagada por Jesucristo. Si escogemos aceptar la
salvación de Cristo, nunca moriremos la segunda muerte.
Ahora, es cierto que la expiación cubre ambas consecuencias del pecado. Pero yo sugeriría
que la expiación debe tratar con la culpa a través del pendón y con los resultados de la
maldad al restaurar y re-crear lo que la maldición del pecado ha hecho. La expiación trabaja
hacia la restauración de todas las cosas al plan original de Dios, pero no elimina aquellas
áreas encontradas en la columna de la izquierda. Solo perdona aquellas áreas en el lado de la
culpa—es decir, solo puede perdonar el castigo por el pecado.
Así que los términos justificación, perdón, salvación, evangelio y justificación y santificación
se aplican particularmente a esos temas de la columna derecha, a esos temas que tienen que
ver con la culpa, castigo e infierno. Lo que estoy sugiriendo es que hay una diferencia básica
entre el resultado del pecado y el castigo por el pecado. Hay una diferencia básica entre la
primera muerte y la segunda, y que los temas de condenación y salvación pertenecen
particularmente a la culpa y su castigo. Es en estas áreas en las que debemos enfocarnos
cuando hablamos de justificación por la fe.
Ahora, veamos algunos textos en el Nuevo Testamento para ver si tenemos evidencia bíblica
para esta distinción. En Lucas 13:1-5, Jesús cuenta una historia para hacer clara una lección.
Lucas dice que algunos de los presentes le habían contado a Jesús acerca de la sangre de
unos Galileos que había sido mezclada con sus sacrificios. En otras palabras que habían sido
asesinados. “En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos
cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo:
¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos
los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos
dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables
que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís,
todos pereceréis igualmente.”
Aquí vemos que la muerte de los Galileos no fue el resultado directo de sus pecados. Jesús
estaba diciendo que estos Galileos y a los que la torre les cayó encima no eran mas culpables
que otros por el tipo de muerte que sufrieron. Aquí está claro que la primera muerte que
experimentaron no estaba ligada directamente con su culpa.
En Juan 9:1-3, los discípulos, viendo al hombre ciego, preguntaron a Cristo, “Al pasar
Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí,
¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que
pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” Una vez mas
Jesús está diciendo que su ceguera, la maldición con la que él era afligido, no era el resultado
de ningún pecado personal pero fue causado por una debilidad heredada. Jesús esta haciendo
aquí una distinción entre culpa personal y los efectos heredados como resultado del pecado.
Otro texto importante es Juan 5:24,25. A menos que comprendamos la distinción que
estamos haciendo en este capítulo, podríamos creer que en este pasaje Jesús se contradice
así mismo. “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene
vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto
os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que
la oyeren vivirán.” En el versículo 24 somos libres de la muerte; ahora tenemos vida eterna. En
el versículo 25 los que han muerto escucharán la voz del Hijo de Dios en la resurrección. A
menos que hagamos esta distinción entre la primera muerte y la segunda, nos encontraremos
en una contradicción sin esperanza.
Jesús está diciendo que tenemos vida eterna hoy en ÉL. Somos libres del castigo de la
culpa. Hemos sido liberados, nunca moriremos la segunda muerte—el castigo por el pecado.
Sin embargo, excepto para aquellos que serán trasladados, todos moriremos la muerte la cual
es llamada “descanso”, “dormir” (como en el caso de Lázaro). Luego escucharemos la voz del
Hijo de Dios y nos levantaremos del sueño de la primera muerte. Aun aquellos que han sido
perdonados y se les ha dado la vida eterna van a morir como resultado de la maldición por el
pecado de Adán. Debemos morir porque estamos dentro de un mundo que está pereciendo.
La primera muerte no puede ser el castigo por el pecado, puesto que aquellos que poseen la
vida eterna también morirán la primera muerte. Puesto de la manera más simple—vida eterna
significa que no hay segunda muerte, la cual es el castigo por el pecado. Otro versículo que
expresa claramente este pensamiento es 1 Juan 5:12, 13, en el cual se nos dice ahora que
tenemos vida en Cristo y a pesar de esto sabemos que un día moriremos.
Entonces, pienso que tenemos buena evidencia bíblica de que hay dos consecuencias
diferentes del pecado: (1) la maldición del pecado, que conduce a la primera muerte y (2) el
castigo por el pecado, que conduce a la segunda muerte.
Luz y Elección
¿Es realmente cierto que la culpa es el resultado de las decisiones personales y no el
resultado de nuestro nacimiento como hijos de Adán? ¿Podemos probar con la Biblia que el
pecado y la culpa son por elección y no por el hecho de haber nacido de la familia humana con
los resultados inherentes del pecado? Veamos la evidencia bíblica.
En Romanos 7:7-9, Pablo habla acerca de la ley y nuestra relación con ella. Pablo dice,
“¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado
sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el
pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el
pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado
revivió y yo morí.” Aquí Pablo dice que sabemos que es pecado porque la ley nos lo dice, y
que si no supiéramos acerca de la ley no tendríamos realmente conocimiento o entendimiento
del pecado. El aun va más lejos al decir que sin ley, el pecado es muerto. Así que pecamos
cuando sabemos cual es la voluntad de Dios. Pecamos cuando sabemos y escogemos estar
en contra de Dios.
En Juan 15:22, 24 Jesús, hablando a Sus discípulos un poco antes de su muerte, dice, “Si
yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa
por su pecado. Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían
pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.” Por lo que la gente sabía
ahora acerca de Jesús y lo que Él había hecho, eran responsables por la forma en que le
trataban. Por Su venida y el conocimiento que ellos tenían, ahora serían culpables si le
rechazaban.
En Juan 9:41, Jesús está respondiendo a algunas de las críticas de los Fariseos, y dice, “Si
fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado
permanece.” Es decir, si fueran verdaderamente ciegos, si realmente no supieran, no serían
culpables de pecado. Pero dicen, vemos; entonces son culpables de pecado.
¿No parece estar claro que la culpa y el pecado están estrechamente entrelazados al
conocimiento y entendimiento de la luz? Quizás el factor distintivo entre las dos columnas que
usamos anteriormente (que nos ayudó a diferenciar entre maldad y culpa) es el término bíblico
de luz. Lo que convierte a la maldad en culpa es la luz o el conocimiento—y las decisiones que
tomamos basados en la nueva luz o conocimiento.
En el libro de Santiago, se emite un poco de luz sobre este problema. En Santiago 4:17 dice,
“y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” Para el que sabe que es lo bueno y
falla en hacerlo, para esa persona, es pecado. Una vez mas el conocimiento y la culpa están
estrechamente unidos. Santiago 1:15 dice, “Entonces la concupiscencia, después que ha
concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” Acá vemos
el desarrollo de la concupiscencia, o el deseo, al pecado actual. El pecado no está
necesariamente en el deseo como tal. El pecado es lo que ese deseo produce. Pecado es el
resultado de ceder a ese deseo.
En el Antiguo Testamento, Ezequiel 18:2-4 se refiere a un proverbio usado por los hijos de
Israel. “Que pensáis vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice:
¿Los padres comerán las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera? Vivo yo,
dice Jehová el Señor, que nunca mas tendréis por que usar este refrán en Israel. He aquí que
todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que
pecare, esa morirá.” En el versículo 20, Ezequiel vuelve a enfatizar este principio bíblico: “El
alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el
pecado del hijo.” Responsabilidad individual para decisiones individuales—libertad individual de
elección.
Ahora ¿que hace Dios con aquellos que en ignorancia están haciendo lo malo, aquellos que
no están en armonía con la voluntad de Dios? ¿Cómo maneja Él estas situaciones? Pablo dice
en Hechos 17:30 “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora
manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” En tiempos de ignorancia, los
hombres hacen cosas malas. Hacen cosas que no están en armonía con la voluntad de Dios.
Quebrantan la ley y la voluntad de Dios. ¿Cómo maneja Dios ese problema? ¿Qué hace con
eso? De acuerdo con este versículo, El “pasa por alto” o ignora los tiempos de ignorancia. No
lo perdona, pero ignora. Pero cuando sea que venga la luz y el conocimiento, lo malo entonces
se convierte en culpa. Y por ese pecado cometido a la vista del conocimiento, el pecador debe
arrepentirse y buscar el perdón.
El enunciado de nuestro Señor en Mateo 11:21-24 se entiende mejor usando este
razonamiento: “Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido
hechos en vosotras [Betsaida], tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.
Por tanto os digo que el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón,
que para vosotras…porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos
en ti [Capernaum], habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del
juicio, será mas tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.”
Ahora en términos de la cantidad de actos de maldad, estoy seguro que Sodoma sobrepasa
en gran manera a Capernaum. Pero la condena fue más pesada sobre Capernaum. ¿Por qué?
Capernaum tenía más luz. Tenían el privilegio de aceptar al mismo Jesús. Por supuesto que
Sodoma había hecho cosas malas, pero muchas de esas cosas malas habían sido hechas
bajo una luz inferior. No entendieron el camino hacia Dios y Lot no fue para ellos un buen
representante del camino hacia Dios. Por su ignorancia no eran tan culpables como lo era el
pueblo de Capernaum, quien había rechazado una luz superior. De manera que Capernaum era
más culpable que Sodoma, porque tenían más luz; sus decisiones estaban basadas sobre un
conocimiento más completo. El Salmo 87:4-6 sugiere que Dios tomará nota de donde el
hombre ha nacido, de donde este ha venido. Él juzgará en base al estado en que se encuentra
cada persona, cual ha sido su pasado, que tanto conocimiento ha tenido de la voluntad de
Dios.
Elena de White hace algunos comentarios bien importantes sobre el tema de pecado y
culpa. “Es inevitable que los hijos sufran las consecuencias de la maldad de sus padres, pero
no son castigados por la culpa de sus padres, a no ser que participen de los pecados de
éstos. Sin embargo, generalmente los hijos siguen los pasos de sus padres. Por la herencia y
por el ejemplo, los hijos llegan a ser participantes de los pecados de sus progenitores. Las
malas inclinaciones, el apetito pervertido, la moralidad depravada, además de las
enfermedades y la degeneración física, se transmiten como un legado de padres a hijos, hasta
la tercera y cuarta generación.”—Patriarcas y Profetas p. 314.
Por favor note lo que es transmitido como resultado del pecado de Adán. Malas tendencias,
apetito pervertido, y una moral degradada, así como también enfermedades físicas y
degeneración. Esto es parte de todo lo que recibimos de nuestros padres y ancestros. Pero
notemos también ese comentario bien importante “…pero no son castigados” Esto es
evidencia bastante conclusa a favor de la doctrina de que el pecado y la culpa son el resultado
de la decisión tomada a la luz del conocimiento adquirido referente a lo bueno y lo malo.
“No daremos cuentas por la luz que no ha alcanzado nuestra percepción, pero por lo que
hemos resistido y desechado.” Elena G. de White, Comentario Bíblico Adventista, vol. 5, p.
1145. La culpa personal es imputada únicamente sobre en base a la luz y el conocimiento. No
somos condenados por hacer cosas que son malas o equivocadas a menos que tengamos
cierto grado de conciencia de que esas cosas son malas. “Nadie será condenado por no
obedecer la luz y el conocimiento que nunca tuvieron.”—Ibíd. Parece claro que ella esta
basando la condenación sobre el entendimiento, sobre decisiones voluntarias. “La luz pone de
manifiesto y corrige los errores escondidos en las tinieblas; y al aparecer esta, la vida y el
carácter de los hombres debe cambiar de una manera correspondiente, para estar en armonía
con ella. Los pecados que eran una vez pecados de ignorancia, debido a la ceguera de la
mente, no pueden ya ser practicados sin culpa.—Obreros Evangélicos, P. 170. Una vez
comprendamos que nuestros actos son malos, nos volvemos culpables si continuamos
consintiendo esos pecados. Pero antes de que supiéramos, no éramos culpables. Después de
que hemos comprendido, somos culpables. La culpa está entonces entrelazada con la elección
y el conocimiento.
“Había todavía muchos judíos que ignoraban lo que habían sido el carácter y la obra de
Cristo. Y los hijos no habían tenido las oportunidades ni visto la luz que sus padres habían
rechazado... Los hijos no fueron condenados por los pecados de sus padres; pero cuando,
conociendo ya plenamente la luz que fuera dada a sus padres, rechazaron la luz adicional que
a ellos mismos les fuera concedida, entonces se hicieron cómplices de los pecados culpas de
sus padres y colmaron la medida de su iniquidad.”—El Conflicto de los Siglos P. 31. Por la
participación y conocimiento personal, la culpa fue imputada.
“El pecado de la difamación comienza cuando se consienten pensamientos malos…Un
pensamiento impuro tolerado, un deseo impuro consentido, y el alma queda contaminada y
comprometida su integridad.”—Traducido de Testimonies, Vol. 5 p. 177; énfasis agregado.
Por favor note la diferencia. Es el tolerar el pensamiento impuro, es el acariciar deseos
carnales lo que constituye pecado y contaminación. No es el pensamiento o deseo en sí
mismo. No es correcto decir que hay pecado en el deseo de pecar si ese deseo es
inmediatamente desechado. “Cada pensamiento impuro debe ser inmediatamente rechazado.”
“Ningún hombre puede ser forzado a transgredir. Su propio consentimiento debe primero ser
ganado; el alma debe proponerse el acto pecaminoso antes que la pasión pueda dominar
sobre la razón o que la iniquidad triunfe sobre la conciencia. La tentación, tan fuerte como sea,
nunca es una excusa para pecar.”—Ibíd.; énfasis agregado. Las inclinaciones del corazón
natural no son pecado en sí mismas hasta que son acariciadas, hasta que son deseadas; al
consentir malos pensamientos cruzamos el límite entre la maldad y la culpa. La inclinación es
mala, pero no somos culpables por esa inclinación sino hasta que decidimos tomar parte activa
en ella.
“Si la luz viene, y si esta luz es puesta a un lado o rechazada, entonces viene la condenación
y la desaprobación de Dios; pero antes de que viniera la luz, no hay pecado, porque no existe
luz para ser rechazada.”—Ibíd., vol.1 p.116. De manera que, parece estar bien claro que el
pecado esta estrechamente ligado al entendimiento y al conocimiento.
“Existen pensamientos y sentimientos sugeridos y propuestos por Satanás que molestan
hasta al mejor de los hombres; pero si no son consentidos, si estos son rechazados como
repugnantes, el alma no esta contaminada con culpa, y ninguna otra persona es afectada por
su influencia.”—Traducido de Review and Herald, Marzo 27,1888. Esos pensamientos y
sentimientos, si no son consentidos, no contaminarán con culpa. Los pensamientos y
sentimientos están mal. Están allí por la maldad del mundo y por la naturaleza que tenemos
que es caída. Pero no contaminan a menos que elijamos consentirlos o ponerlos en práctica.
En Consejos sobre la Salud, página 81, Elena de White indica que usar tabaco lastima el
cuerpo, pero Dios es misericordioso con aquellos que lo usan en ignorancia. Únicamente hasta
que la luz ha llegado es que estos son considerados culpables por el uso del tabaco. Ahora
bien, el tabaco tendrá sus efectos negativos. Quizás hasta pueda resultar en un cáncer, pero
hasta que la luz viene, la culpa no es imputada. El contraer cáncer no significa,
necesariamente, que la persona es culpable y que ha pecado en contra de la luz de la verdad.
En conclusión, yo creo que la culpa reside únicamente en esas facultades altas responsables
de escoger lo malo, no en las facultades bajas las cuales sufren los efectos de la ley natural y
son parte del ciclo de pecado de la tierra. La culpa no puede permanecer en un mundo
naturalmente moral sino únicamente en el hombre quien es responsable por las perversiones a
la ley moral. La culpa no se agrega así misma a las facultades animales del hombre, sino a
esas facultades morales que participan en el ejercicio del poder de elección.
El pecado, y sus raíces, es amor propio. A pesar que el pecado es determinado por el
motivo en lugar que por el acto. Es la elección de poner al yo primero, y cualquier forma que
este tome. El pecado es escoger separarnos de Dios al poner el yo primero. Es la decisión de
acariciar lo malo. Es la decisión de permanecer ignorantes de la voluntad de Dios. Es la
decisión de ser irresponsables en cuanto a nuestras habilidades y responsabilidades.
Sobre el cimiento de la división teológica entre los Adventistas sobre la pregunta de
justificación por la fe descansan diferentes creencias sobre la naturaleza del pecado y culpa. El
debate real es sobre la naturaleza del pecado. Esta pregunta debe responderse con claridad:
¿Por qué somos culpables y de qué debemos ser perdonados?
La respuesta que demos a esta pregunta afectará directamente nuestra percepción de la
forma en que Cristo vino a esta tierra. ¿Qué naturaleza tomó Cristo? ¿Qué poderes utilizó?
¿Cómo venció al pecado? Estas preguntas recibirán diferentes respuestas, dependiendo de la
conclusión que tengamos referente a la naturaleza del pecado.
TRES
¿Cómo vivió
Cristo?
Este tema ha levantado gran discusión en los últimos años. El propósito de este capítulo es
tratar con la pregunta, ¿cómo vino Jesús a esta tierra y cómo vivió como hombre? Debemos
dejar que la evidencia hable para que podamos comprender lo que Dios dice acerca de Su
Hijo, Jesucristo, y lo que el Hijo dice acerca del Padre.
Al discutir la naturaleza del pecado, sugerí que si creemos que pecado y culpa se originan
como resultado de la naturaleza, entonces surgirán ciertas conclusiones concretas respecto al
tema de justificación por la fe. En este capitulo enfrentaremos la primera de esas conclusiones.
Si alguien cree que el pecado viene por naturaleza, que el hombre es culpable y condenado por
la naturaleza con la cual nació (sea heredada, imputada o por separación con Dios al nacer),
entonces es absolutamente necesario que Cristo no haya nacido de la misma forma en que
nosotros nacemos. Si hubiera nacido exactamente como nosotros, heredando culpa o siendo
imputada o por separación con Dios, entonces Él hubiera sido culpable y no hubiera podido ser
nuestro Salvador, porque nuestro Salvador debe ser sin pecado. Si alguien tiene la posición de
que el pecado es por naturaleza y que somos culpables y condenados por esa naturaleza,
entonces debe tomar la posición de que Jesucristo tomó la naturaleza de Adán antes de la
caída. Así que la decisión tomada acerca de la naturaleza del pecado predetermina la decisión
acerca de la forma en que Jesucristo nació.
Por otro lado, si alguien toma la posición de que heredamos tendencias que son malas y
corruptas, que nuestra naturaleza ciada tiende a movernos en una dirección equivocada, pero
que no somos culpables por esa naturaleza sino hasta que decidimos ejercitar esa naturaleza
en rebelión en contra de Dios, entonces existe la posibilidad de que Jesús pudiera haber
nacido de la misma forma en que usted y yo nacimos. Él pudo haber recibido la misma
herencia sin haber escogido ceder a esa naturaleza en rebelión en contra de Dios. Únicamente
con el entendimiento de pecado por elección es que esta opción permanece abierta. Entonces,
sí existe una diferencia crucial en que creamos que el pecado es por naturaleza o por elección,
porque eso determinará las conclusiones que hagamos referente a la humanidad de Jesucristo.
¿Qué clase de hombre fue Jesucristo? ¿Qué naturaleza tomó? ¿En qué era igual a nosotros
y en qué era Él diferente? Si creemos que el pecado es por elección, entonces podemos
permitir que la evidencia hable por si misma. ¿Nació Jesucristo con una naturaleza caída o no?
Vamos a la evidencia para ver lo que la Biblia y el Espíritu de Profecía nos enseñan acerca de
Jesucristo y Su naturaleza humana.
¿De que se despojó Jesús así mismo?
Comencemos en Filipenses 2, donde Pablo describe a Jesús haciéndose hombre. Este
capítulo describe el descenso de Jesucristo a esta tierra y Su ascenso de regreso al cielo. En
el versículo 6 dice: “quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como
algo a qué aferrarse.” NVI Este versículo expresa la igualdad de Jesús con Dios el Padre
antes de venir a esta tierra—Su estado antes de la encarnación. No necesitaba aferrarse a ser
igual a Dios por que Él era Dios.
El versículo 7 describe la encarnación. “Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando
la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.” NVI. Ahora la palabra
griega traducida “se rebajó voluntariamente”, en la versión Reina Valera 60 significa “sino que
se despojó a sí mismo.” Para que Jesús pudiera convertirse en hombre debía despojarse a sí
mismo de ciertas cualidades divinas, las cuales Él ejercitaba libremente en Su estado PRE-
encarnado como Dios.
Primero que todo, Él tuvo que poner a un lado Su omnipotencia. Si Jesús iba
verdaderamente a vivir y actuar como un hombre, Él no podía actuar como un Dios todo
poderoso. Debía actuar de una forma que fuera posible para el hombre imitar. En Juan 5:30,
Jesús describe Su relación con el Padre. “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo,
así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió,
la del Padre.”
“No puedo yo hacer nada por mí mismo” no es un comentario que Jesús hubiera hecho antes
de su encarnación. Dios dice que Él hace todas las cosas según Su voluntad. Jesús esta
diciendo algo aquí lo cual no se esperaría que Dios dijera. En Juan 14:10-12 agrega, “…sino
que el Padre que mora en mí, él hace las obras…El que en mí cree, las obras que yo hago, él
las hará también; y aun mayores hará.” Una vez más, estas palabras no son típicas de un
Dios. Dios no depende de nadie. Únicamente en la situación de hombre es que hablamos de
dependencia. Esto sugiere entonces que Jesús voluntariamente suspendió el ejercicio de Su
poder.
Cuando Jesús estaba durmiendo en la barca durante la tormenta en el mar de Galilea, “Él no
confiaba en la posesión de la omnipotencia. No era en calidad de ‘dueño de la tierra, del mar y
del cielo’ cómo descansaba en paz. Había depuesto ese poder, y aseveraba: ‘No puedo yo de
mí mismo hacer nada’… Jesús confiaba en el poder del Padre; descansaba en la fe—la fe en
el amor y cuidado de Dios,—y el poder de aquella palabra que calmó la tempestad era el
poder de Dios.”—El Deseado de Todas las Gentes, p.302. Entonces Jesús no utilizó Su propio
poder en Sus milagros. El dependió del poder de Su Padre. Cuando sanó al paralítico, Dios le
dio poder a Su hijo para realizar ese milagro. También le dio poder a Su hijo para realizar
todos los demás milagros. Ver los Testimonios, vol. 8, p. 202. Únicamente en Su resurrección
le fue ese poder restituido, cuando Su propia deidad levantó de la tumba a Su durmiente
humanidad.
Jesús también dejó atrás la memoria de Su pre-existencia. Lucas 2:52 dice que Jesús crecía
en conocimiento y estatura. Para crecer en conocimiento, uno debe tenerlo escasamente y se
debe aprender. Por lo tanto Jesús, como hombre no pudo haber sido omnisciente, sabiendo
todas las cosas, o el aprendizaje hubiera sido imposible. “Las mismas palabras que él había
hablado a Israel por medio de Moisés, le fueron enseñadas sobre las rodillas de su madre.”
“Puesto que él adquirió saber como nosotros podemos adquirirlo… El que había hecho todas
las cosas, estudió las lecciones que su propia mano había escrito en la tierra, el mar y el
cielo”—El Deseado de Todas las Gentes , p.51. Gradualmente aprendió más acerca de Dios y
la salvación y los temas del evangelio. “El misterio de su misión se estaba revelando al
Salvador.”—Ibíd., p.58. Eventualmente comprendió quien era y que debía hacer.
Esto significa que Él no recordó lo que sabía antes de venir a la tierra. Está bien claro que Él
sabía todas las cosas antes de bajar a la tierra. “Antes de venir a la tierra, el plan estuvo
delante de él, perfecto en todos sus detalles. Pero mientras andaba entre los hombres, era
guiado, paso a paso, por la voluntad del Padre.”—Ibíd., p.121. Antes de venir a la tierra, Él
supo todo el ámbito de lo que pasaría al revelarse el plan de la salvación. Pero al vivir en la
tierra no supo lo que sabía antes de venir. En la tierra fue guiado por la voluntad del Padre.
En Marcos 13:32, Jesús dice, “Pero de aquel día y de la hora [de la segunda venida] nadie
sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.” Mientras estuvo en la
tierra, no supo cuando vendría de nuevo, porque el Padre no se lo había revelado. El Padre
había revelado muchas otras cosas que eran necesarias que Jesús supiera, pero el Padre no
le había revelado el tiempo de Su segunda venida. Durante Su vida en la tierra, Jesús no tuvo
el conocimiento acerca del futuro, excepto que el Padre se lo revelara.
“Cristo, en su vida terrenal, no se trazó planes personales. Aceptó los planes de Dios para
él, y día tras día el Padre se los revelaba”—Ministerio de la Curación, p. 380. “El Salvador no
podía ver a través de los portales de la tumba. La esperanza no le presentaba su salida del
sepulcro como vencedor ni le hablaba de la aceptación de su sacrificio por el Padre.”—El
Deseado de Todas las Gentes , p. 701. Justo antes de Su muerte, Jesús no sabía con
seguridad que resucitaría. En el principio había dicho que lo haría, porque Su Padre se lo
había revelado. Pero ahora cargando todo el peso del pecado, no estaba seguro que saldría
de la tumba o ni siquiera que Su sacrificio sería aceptado por el Padre, porque el pecado fue
una terrible carga que llevar. Quizás, sea importante que notemos aquí que Jesús murió sin
saber con certeza el resultado, pero dispuesto a confiar en Su Padre. Esto fue realmente el
costo de la expiación. Jesús temió a la posibilidad que la separación hubiera sido eterna.
Está claro que Jesús dejo atrás Su omnisciencia, saber lo que Dios sabe, cuando vino a la
tierra. Tenía que ser así, si Él viviría como un hombre. Obviamente Jesús también tuvo que
dejar Su omnipresencia. Él, como hombre, estuvo solamente en un lugar en cada momento.
También dejó atrás Su gloria. Isaías 53:2 dice que no había nada especial en su apariencia.
Dejó atrás la gloria que era Suya para poder vivir como hombre.
En resumen, Jesús puso a un lado muchos aspectos de Su deidad. No podía usar esos
aspectos de Su deidad que le hacían Dios. Debía vivir como hombre entre hombres. La
inactividad de Su deidad significa que esta estuvo inactiva durante la vida de Jesús como
hombre. Su deidad compartió el riesgo del fracaso y pérdida eterna, pero no le era permitido
hacer algo para prevenir tal consecuencia. Era el hombre Jesús quien tomaba decisiones y
actuaba. Ese es el tremendo riesgo de la encarnación.
Mientras que es propio decir que Jesús no dejó de ser Dios mientras fue hombre, Jesús
puso a un lado esos atributos que lo hacían Dios, para poder vivir como hombre. Dios no
puede ser tentado al mal, de acuerdo con Santiago 1, y Jesús fue verdaderamente tentado al
mal por Satanás. Por lo tanto, para el plan de la salvación era esencial que Jesús viviera como
hombre, únicamente con las habilidades naturales del hombre.

Jesús Tomó Nuestra Naturaleza Caída


Demasiada discusión se ha centrado sobre si Jesús tomó nuestra naturaleza caída o la
naturaleza de Adán antes de la caída. A pesar de que esto quizás parezca como especulación,
tiene implicaciones verdaderamente tremendas para el tipo de vida que deberíamos vivir día a
día. Entonces examinemos la evidencia.
Romanos 8:3 es una de las declaraciones clásicas a cerca de la encarnación de Jesús.
“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su
Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”
¿Qué significa exactamente ser en “semejanza de carne de pecado”? Hemos escuchado que
semejanza no significa igualdad.
Ya hemos estudiado algunas de las evidencias bíblicas referente a la verdadera naturaleza
humana de Jesús. Se despojó así mismo de aquellas cosas que lo caracterizaban como Dios.
Filipenses 2:7 dice, “sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho
semejante a los hombres;” La misma palabra griega es utilizada en ambos versículos. En
Romanos 8:3 está como “semejanza de carne de pecado.” (Énfasis en Itálica agregado.) Creo
que todos estamos de acuerdo que cuando Jesucristo vino a esta tierra Él se convirtió en un
hombre real. En efecto, el docetismo, una de las primeras herejías de la iglesia Cristiana,
enseñaba que Jesús realmente no se convirtió en hombre, sino que únicamente aparentaba ser
un hombre. Creían que cualquier cosa material provenía del mal y por lo tanto Jesús no podía
haber tomado un cuerpo físico. Fue en respuesta a esta herejía que Juan dijo (1 Juan 4:2) que
debíamos creer que Jesucristo vino en la carne—que Él era un ser humano de carne y hueso,
un ser humano real.
Ahora, si queremos entender que en Filipenses 2:7 hecho semejante a los hombres significa
“verdaderamente” hombre no simplemente “similar al” hombre, entonces ¿qué deberíamos
decir acerca de Romanos 8:3 donde encontramos la expresión, “semejanza de carne de
pecado”? El Expositores del Testamento Griego (“The Expositors Greek Testament”)
comentan sobre Romanos 8:3,4. “Pero el énfasis…es en la igualdad de Cristo hacia nosotros,
no en Su desigualdad;…lo que él [Pablo] quiere decir es que Dios envió a Su Hijo en esta
naturaleza la cual en nosotros está identificada con el pecado…La carne…en la cual el pecado
había reinado fue también esa [carne] en la cual la condenación de Dios por el pecado fue
ejecutada.” “La carne significa nuestra naturaleza humana corrupta.”—The Expositors Greek
Testament (Grand Rapids, Mich: Wm. B. Eerdmans Pub. Co.) 2:645, 646. Pareciera que si
interpretáramos semejanza en Filipenses 2:7 como nuestra naturaleza humana actual, entonces
debemos interpretar la palabra semejanza en Romanos 8:3 como la naturaleza pecaminosa
actual.
¿Qué creyó Elena de White en este punto? Quizás su declaración más definitiva es
encontrada en El Deseado de Todas las Gentes . “Habría sido una humillación casi infinita para
el Hijo de Dios revestirse de la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la inocencia del
Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil
años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la
herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos.
Mas él vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos el
ejemplo de una vida sin pecado.”—Página 32.
Aquí tenemos información substancial acerca de cómo y porqué Jesús se hizo hombre.
“Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de
pecado.” ¿Cómo aceptó esa humanidad? “Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de
la gran ley de la herencia.” Procede la siguiente pregunta lógica: ¿Cómo funciona esa ley?
¿Cuáles son los resultados del funcionamiento de esa ley? La siguiente oración aclara. “Y la
historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos.” Conocemos
bien a algunos de Sus antecesores. David y Rahab fueron dos de sus antepasados terrenales
¿Qué heredaron ellos? Creo que sabemos la respuesta a esta pregunta. La siguiente oración
dice, “Mas él [Jesús] vino con una herencia tal.” ¡Jesús vino con la herencia que David tenía!
David fue Su antecesor terrenal. Jesús acepto el funcionamiento de la gran ley de la herencia
de la misma forma que sus antecesores la aceptaron. Esta única declaración es una fuerte
afirmación de que el estado en el que nacemos fue el estado en que Jesús nació, en términos
de la herencia.
Quizás ayudaría un poco saber exactamente qué significa cuando hablamos de herencia.
“Ambos padres transmiten a sus hijos sus propias características, mentales y físicas, su
temperamento y sus apetitos.”—Patriarcas y Profetas, p. 605. “Las malas inclinaciones, el
apetito pervertido, la moralidad depravada, además de las enfermedades y la degeneración
física, se transmiten como un legado de padres a hijos.”—Ibíd., p. 314 “Estos son aquellos que
han heredado temperamentos y disposiciones peculiares.”—Traducido de Testimonies, Vol. 9,
p.222. “Él [el Padre] transmite temperamento irritable, sangre contaminada, intelecto debilitado
y una moral débil a sus hijos.”—Ibíd., vol. 4, p. 30,31. “Los padres quizás han trasmitido a sus
hijos tendencias a apetitos y pasiones.”—Ibíd., vol. 3, p. 567. “Malos rasgos de carácter
recibidos al nacer…”—Ibíd., vol. 5, p. 419. “Será bueno recordar que las tendencias de
carácter son transmitidas de padres a hijos.”—Ibíd., vol. 4, p. 439. “En tanto que Adán había
sido creado sin pecado, a la semejanza de Dios, Set, así como Caín, heredó la naturaleza
caída de sus padres”—Patriarcas y Profetas, p.68.
Si está claro que nosotros como individuos heredamos características, tendencias y rasgos
de carácter de la naturaleza caída que recibimos de nuestros padres, y si Jesús aceptó el
funcionamiento de la gran ley de la herencia, creo que la única conclusión posible es que Jesús
heredó una naturaleza caída. Si nosotros heredamos una naturaleza caída y Él aceptó los
resultados del funcionamiento de la gran ley de la herencia, entonces ¿qué debió Él haber
heredado? No existe evidencia que sugiera que Jesús heredó únicamente los resultados físicos
de la caída, como hambre, debilidad, sentirse sediento y moralidad, pero que Él no heredó
rasgos de carácter. Estas áreas no pueden ser separadas. Si la ley de la herencia era
operativa, operó en su totalidad. Si nosotros recibimos rasgos de carácter de nuestros padres,
entonces Jesús recibió rasgos de carácter de Su madre, puesto que ella era, en su totalidad,
una madre humana. Si nosotros no creemos que ella fue inmaculadamente concebida,
entonces creemos que ella tenía la misma naturaleza que cada ser humano posee.
En el estudio sobre la humanidad de Jesucristo de Harry Johnson, hace esta declaración: “El
Nuevo Testamento apoya la teoría que Jesús nació a la humanidad y tomó completamente la
naturaleza humana de María, y la deducción obvia es que parte de su herencia fue una
‘naturaleza humana caída.’ No existe evidencia que sugiera que la cadena de herencia entre
Jesús y Maria fue rota.” Este es el punto crucial. No hay evidencia que la cadena de herencia
fue rota. Lo que Cristo heredó fue lo mismo que nosotros heredamos.
Harry Johnson continúa diciendo, “El nacimiento de Jesús significa que Él penetró
completamente en nuestra situación humana, y que vino en la naturaleza humana como lo era
debido a la caída. …El peso de la prueba debe recostarse en aquellos que aceptan la doctrina
de una “debilidad heredada”, y aún sostienen que Jesús tomó la verdadera naturaleza humana
de Su madre pero sin heredar los resultados de la caída.”—Traducido de The Humanity of the
Savior (London: The Epworth Press, 1962), pp.44, 45 (La Humanidad del Salvador) El peso
de la prueba está con aquellos que dicen que hubo una interferencia en la herencia que María
transmitió a Jesús. La evidencia de la Biblia y el Espíritu de Profecía indican que Su herencia
fue la misma que la nuestra.
Cuando Jesús fue asediado por el tentador, las cosas no eran iguales a cómo fueron con
Adán. “Durante cuatro mil años, la familia humana había estado perdiendo fuerza física y
mental, así como valor moral; y Cristo tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad
degenerada.”—El Deseado de Todas las Gentes , p. 92. En Mensajes Selectos, libro 1,
páginas 267,268, encontramos virtualmente lo mismo. “Tomando nuestra naturaleza caída, Él
mostró en lo que se convertiría”—Ibíd., libro 3, p.134. Muchas veces Elena de White se refiere
a la naturaleza caída de Cristo, la condición caída, la naturaleza pecaminosa. Ver Primeros
Escritos, p. 150; Mensajes Selectos, libro 1, p. 267; La Historia de la Redención, p. 45. Ella
no insinúa que esto se le imputó a Él; dice que es suyo por experiencia. “La naturaleza de Dios,
a quien se le había transgredido su ley, y la naturaleza de Adán, el transgresor, se encontraron
en Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo del hombre.”—Traducido de Manuscript 141, 1901. “Fue
ordenado por Dios que Cristo tomara sobre sí mismo la forma y naturaleza del hombre
caído.”—Traducido de Spiritual Gifts, vol. 4, p. 115. Era importante que Cristo tomara ambos,
la forma y la naturaleza del hombre caído.
Si Cristo no hubiera descendido completamente a nuestro nivel, Satanás hubiera gritado
inmediatamente que se había cometido algo injusto, y nada en el nombre de la justicia hubiera
podido realizarse para responder a la pregunta básica del plan de la salvación. Ponerlo a Él
por encima de nuestra naturaleza, viviendo en la naturaleza de Adán, es oscurecer la
asombrosa victoria que ganó por nosotros.
“A pesar que Él tuvo toda la fuerza de la pasión humana, nunca cedió a la tentación para
hacer un simple acto que no fuera puro, elevado y ennoblecedor.”—Traducido de In Heavenly
Places, p. 155. Él experimentó la fuerza de nuestra pasión. Conoció nuestras debilidades.
Conoció nuestra postura. Nuestros sentimientos. “Adán fue tentado por el enemigo, y cayó. No
fue que hubiera pecado dentro de él que causó que cediera; porque Dios lo había creado puro
y recto, a Su imagen. El fue sin culpa como los ángeles delante del trono. No había en él
principios corruptos, tendencias al mal. Pero cuando Cristo vino a enfrentarse con las
tentaciones de Satanás, Él llevo la ‘semejanza de carne de pecado.’”—Traducido de Sings of
the Times, Octubre 17, 1900. Cuando Jesucristo tomó la semejanza de carne de pecado, no
fue la naturaleza de Adán, la cual era sin culpa como la de los ángeles ante el trono, sin
tendencias a hacer el mal dentro de él. Pero Jesús tomo la semejanza de carne de pecado.
“Sabe por experiencia lo que es la flaqueza humana, lo que son nuestras necesidades, y en
qué consiste la fuerza de nuestras tentaciones, porque fue “tentado en todo según nuestra
semejanza, pero sin pecado.”—Ministerio de la Curación, p. 47
¿En dónde descansa la fuerza de nuestras tentaciones? Seguro, adentro de nuestra propia
naturaleza la cual está inclinada hacia el mal. Él sabe por experiencia lo que eso significa.
“Cristo en realidad unió la naturaleza desagradable del hombre con Su propia naturaleza sin
pecado.”—Traducido de Review and Herald Julio 17, 1900. Note que unió la desagradable
naturaleza del hombre con Su naturaleza sin pecado. Era una naturaleza pura; una naturaleza
bella. Una naturaleza la cual automáticamente quiere hacer lo bueno no es una naturaleza
desagradable. Parece claro que tenemos una excelente evidencia en la Biblia y el Espíritu de
Profecía que dice que Jesucristo nació como nosotros nacimos, con las tendencias y actitudes
que nosotros recibimos.
Sin Tendencias al Mal
Pero existe otro aspecto de la humanidad de nuestro Señor. Jesús no fue exactamente de la
misma forma en que somos nosotros, porque él tuvo un Padre que fue el Espíritu Santo.
Elena de White da unas advertencias importantes. “Sea cuidadoso, extremadamente
cuidadoso de la forma en que medita en cuanto la naturaleza humana de Cristo. No lo ponga
delante de las personas como a un hombre con tendencias a pecar. Él es el segundo Adán. El
primer Adán fue creado puro, criatura sin pecado, sin una sola mancha de pecado sobre él; el
fue la imagen de Dios. Por el pecado su posteridad nació con tendencias heredadas a la
desobediencia. Pero Jesucristo fue el Hijo unigénito de Dios. Él tomó sobre sí mismo la
naturaleza humana, y fue tentado en todo como la naturaleza humana es tentada. Él pudo
pecar; pudo haber caído, pero ni por un momento existió en Él tendencia al mal. Fue acechado
con tentaciones en el desierto, como Adán fue acechado con tentaciones en el Edén.
“Nunca, en ninguna manera, deje la más mínima impresión sobre la mente humana que una
machan de, o inclinación a, corrupción descansó sobre Cristo…Que todo ser humano esté
sobre aviso de meterse en el terreno de hacer a Cristo del todo humano, como uno de
nosotros; porque no puede ser así” Traducido de los Comentarios de Elena G. de White,
Comentario Bíblico Adventista, vol. 5, pp. 1128, 1129. “El es hermano en nuestras debilidades
pero no en la posesión de pasiones similares a las nuestras. Como el Único sin pecado, su
naturaleza rechazaba el mal. El soportó pruebas y la tortura del alma en un mundo de pecado.”
– Traducido de Testimonies, Vol. 2, pp202. “El era un Intercesor poderoso y no poseía las
pasiones de nuestra naturaleza humana caída, pero estaba rodeado de nuestras mismas
debilidades.” – Ibíd., p. 509
Ahora debemos empezar por examinar el uso que Elena de White le da a la palabra
“tendencia.” La evidencia indica que ella usaba la palabra con diferentes tonos de significado
en diferentes contextos. Algunas veces tendencia podría referirse a tendencias naturales
humanas, tales como las que Adán tuvo antes de la caída, mientras que en otros casos podría
referirse a tendencias de la humanidad caída. Pero cuando Elena de White califica la palabra
tendencia con adjetivos tales como mal, pecaminoso, egoísta o mundano, ella se está
refiriendo a patrones de hábitos desarrollados.
Por ejemplo ella dice, “No debemos mantener ninguna tendencia pecaminosa.”—Traducido
de Ellen White comments, S.D.A. Bible Commentary, vol. 7, p. 943. Si tendencia se refiere a
un patrón de hábitos cultivados o elegidos, entonces es cierto que no necesitamos retener o
mantener esas tendencias pecaminosas. “La indulgencia, complacencia propia, orgullo y
extravagancia deben ser renunciados. No podemos ser Cristianos y complacer éstas
tendencias.”—Traducido de Review and Herald, Mayo 16, 1893. Estas tendencias son
claramente patrones de pensamiento escogidos. Podríamos hasta decir que una tendencia
pecaminosa se refiere a tendencias cultivadas. El punto crucial es que a una tendencia
pecaminosa se le permite que se desarrolle de nuestra tendencia heredada a hacer el mal.
Jesús nunca desarrolló tales tendencias pecaminosas.
Elena de White también utiliza la palabra pasión en diferentes formas. En algunos casos
pasión se refiere a deseos humanos aceptables adquiridos a través de la herencia natural. De
esta manera puede ella decir que Jesús acepto “toda la fuerza de la pasión de la humanidad.”
También utiliza la palabra pasión en un sentido más negativo, al referirse al desarrollo de
tendencias pecaminosas adquiridas a través de la corriente heredada. Jesús nunca obtuvo
tales pasiones. Una ves mas la distinción crucial está entre lo que es heredado al nacer, por lo
cual no somos culpables y por lo cual Cristo no fue culpable, y las tendencias pecaminosas y
pasiones las cuales los pecadores escogen desarrollar después del nacimiento, la cuales
Cristo nunca desarrolló.
Muchos se han preguntado porqué nosotros desarrollamos estas tendencias mientras que
Cristo no las desarrolló. Debe admitirse que este fue el período de la vida de Cristo (desde el
nacimiento a la edad donde ya existe responsabilidad) acerca de la cual tenemos muy poca
información en los escritos inspirados. Por lo tanto cualquier conclusión debe permanecer
relativamente tentativa. Algunos sugieren que los padres guiaron cuidadosamente el desarrollo
de la mente del bebé Jesús para que no fueran desarrolladas tendencias pecaminosas en Él.
Otra sugerencia es que la habilidad de discernir entre lo malo y lo bueno estuvo presente
desde muy temprano en el niño Jesús y era ejercitada para prevenir que se desarrollaran las
tendencias pecaminosas. Otra sugerencia es que no se pretendía que la infancia de Cristo
fuera el ejemplo para la humanidad; por lo tanto los eventos que ocurrieron durante Sus
primeros años no son temas relevantes en el gran conflicto. La sugerencia de la cual soy
partidario es que por Su nacimiento sobrenatural a través del Espíritu Santo, Él nació de la
manera en la que nosotros volvemos a nacer (nuestro nuevo nacimiento como hijos de Dios).
Porque el poder del Espíritu Santo estaba dirigiendo Su vida desde el nacimiento, él no
desarrolló hábitos o tendencias pecaminosas las cuales nosotros desarrollamos al nacer.

No importa cual sugerencia sea adoptada referente a los primeros años de la vida de Jesús,
el tema central no debe ser oscurecido. Si la vida de Jesús debe tener algún significado como
ejemplo para nosotros, entonces es crucial que Él herede lo que nosotros heredamos. No
importa las decisiones que tome, no puedo cambiar mi naturaleza caída. No puedo tener la
naturaleza de Adán antes de la caída, no importa cuanto me rinda a Dios. Si la obediencia
perfecta de Jesús fue basada sobre el hecho de que Él tenía una naturaleza no caída,
entonces Él tuvo una ventaja que yo nunca podré tener. No obstante, si la obediencia perfecta
de Jesús fue basada sobre el control que le permitió ejercer al Espíritu Santo sobre su vida,
entonces yo también puedo escoger ese control para mi vida, y puedo vivir una vida de
obediencia total. Puedo tener esa “ventaja.”
El siguiente enunciado quizás sea un buen resumen de este punto. “Cristo no obtuvo la
misma pecaminosa, corrupta y caída infidelidad que nosotros poseemos, porque entonces no
habría podido ser la ofrenda perfecta.”—Traducido de Manuscript, 94, 1893. Es la infidelidad
lo que es el problema. La herencia no nos hace culpables, pero la decisión de ejercitar nuestra
naturaleza caída produce la culpa. Elena de White describe estos puntos juntos en una sola
oración. “Al tomar sobre sí la naturaleza del hombre en su condición caída, Cristo no participó
de su pecado en lo más mínimo...No debemos tener dudas en cuanto a la perfección
impecable de la naturaleza humana de Cristo.”—Mensajes Selectos, tomo 1, página 300.
Jesús tomó la naturaleza del hombre en su condición caída, pero Él nunca participó en el
pecado. Él nunca escogió de la forma que nosotros escogemos. Jesús fue el cordero de Dios
sin mancha con una naturaleza y cuerpo caído.
Harry Johnson, al referirse a la herencia que Jesús recibió, dice, “Cristo debió haberse
rebajado al nivel del hombre caído y aceptado la humillación voluntaria de descender al nivel al
cual el hombre había caído a través del pecado de Adán y a través de los pecados de las
generaciones subsecuentes…La humanidad no estaba en el estado de Adán antes de la caída,
y por lo tanto la respuesta usual de que Cristo asumió una naturaleza humana perfecta, la
naturaleza humana como Dios la creó originalmente, tiene el efecto de debilitar la fuerza del
paralelo. El hombre no estaba en el estado de Adán antes de la caída, y ya que este era el
caso, algo mucho más drástico se necesitaba si los efectos de la caída de Adán habían de ser
vencidos. Si había de venir “el segundo Adán a la batalla”, entonces Él debía descender a la
profundidad en la cual la humanidad había caído....y en Sí mismo levantar a la humanidad de
su profunda caída a un nuevo nivel de vida.” Jesús tenía que descender al nivel en el cual
encontró al hombre después de la caída, no al nivel en el cual Él originalmente había creado al
hombre.
Johnson prosigue, “Si Jesús asumió naturaleza humana perfecta intocable por la caída,
entonces significaría que Él no se pone lado a lado con el hombre y su necesidad…si Jesús
hubiera asumido ‘naturaleza humana no caída” hubiera habido un abismo entre Jesús y
aquellos a quienes Él representaría delante de Dios, el abismo creado por el pecado…Él se
paró al lado de los pecadores en el sentido que Él había asumido una naturaleza humana
afectada por la caída…Si Jesús asumió una naturaleza humana perfecta, Él cruzó el abismo
entre Dios y el hombre, pero aquel espacio entre el hombre caído y lo no caído aun necesitaría
un puente. Si, no obstante, Cristo compartió nuestra ‘naturaleza humana caída,’ entonces Su
trabajo mediatorio como Sumo Sacerdote crea el puente que cubre todo el abismo y une al
hombre caído en su desesperada necesidad de Dios. Es por razones de la salvación que se
necesita esta hipótesis acerca de la Persona de Cristo.” (Traducido de Harry Jonson, The
Humanity of the Saviour, London, The Epworth Press, 1962, pp. 87, 124, 125)
¿Cuál Fue La Acusación De Satanás?
Se ha dicho que la acusación hecha por Satanás en contra de Dios fue que el hombre no
caído, Adán, no podría obedecer la ley de Dios. Por lo tanto Jesús tenía que tomar la
naturaleza de Adán para probar que la acusación de Satanás estaba equivocada. Algunos
afirman que la acusación de Satanás no tenía nada que ver con el hombre caído, sino
únicamente con el hombre perfecto. Sostienen que Satanás declaró que el hombre perfecto no
podría obedecer la ley de Dios.
Sin embargo, el siguiente enunciado nos dice que la verdad es exactamente lo opuesto.
“Satanás, el ángel caído, había declarado que ningún hombre podía guardar la ley de Dios
después de la desobediencia de Adán. Y él afirmaba que toda la raza humana estaba bajo su
dominio.”—Mensajes Selectos, Tomo 3, p. 153. “Satanás declaró que era imposible para los
hijos e hijas de Adán guardar la ley de Dios, y de esta manera acusó a Dios de falto de
sabiduría y amor. Si ellos no podían guardar la ley, entonces había una error con el dador de
la ley.”—Traducido de Signs of the Times, Enero 16, p. 1896. ¿En quién estaba enfocando su
acusación? En el hombre caído—los hijos e hijas de Adán. Si ellos no podían guardar la ley,
entonces la ley de Dios era defectuosa. La acusación fue hecha respecto a nuestra habilidad
de guardar la ley. Elena de White prosigue: “Los hombres que están bajo el control de Satanás
repiten estas acusaciones en contra de Dios, al declarar que el hombre no puede guardar la
ley de Dios. Jesús se humillo así mismo, vistiendo Su divinidad con humanidad, para que Él
pudiera pararse como la cabeza y representante de la familia humana y por ambos, precepto y
ejemplo, condenar el pecado en la carne y hacer mentira las acusaciones de Satanás.” Si las
acusaciones de Satanás fueran que el hombre caído no puede obedecer la ley de Dios,
entonces la única forma en que Jesús podía hacer mentira esta acusación de Satanás era
probando que el hombre caído si podía obedecer la ley de Dios.
“Cristo guardó la ley, comprobando mas allá de cualquier controversia que el hombre
también puede guardarla.”—Traducido de Review and Herald, Mayo 7, 1901.
“Él vino a este mundo para ser tentado en todo como nosotros somos tentados, para
probarle al universo que en este mundo de pecado los seres humanos pueden vivir vidas que
Dios aprobará.”
“Satanás declaró que los seres humanos no podían vivir sin pecado.”—Ibíd., Marzo 9, 1905.
¿En dónde están los seres humanos que Satanás dijo que no podían vivir sin pecado? Están en
este mundo de pecado. Entonces la acusación de Satanás es en contra del hombre caído, que
él no puede obedecer la ley de Dios. Satanás está diciendo que nosotros, los que estamos
viviendo hoy no podemos obedecer la ley de Dios. Así que Jesucristo tenía que demostrar que
el hombre caído puede obedecer la ley. La acusación de Satanás y la respuesta de Cristo
involucran la naturaleza caída. Si la acusación de Satanás no fue únicamente en contra de
Adán pero en contra de nosotros, entonces el que Cristo hubiera tomado una naturaleza no
caída para nada hubiera sido suficiente en contra de la acusación de Satanás. Cristo tenía que
tomar naturaleza caída para confrontar la acusación de Satanás.
¿Cómo Fue Tentado Cristo?
Hebreos 4:15 dice que Jesús fue tentado en todo como nosotros somos tentados, y sin
pecado. Ser tentado en todo como nosotros significa que Él fue tentado de la misma forma en
que nosotros somos tentados. “Si tuviésemos que soportar algo que Jesús no soportó, en este
detalle Satanás representaría el poder de Dios como insuficiente para nosotros…Soportó toda
prueba a la cual estemos sujetos.”—Deseado de Todas las Gentes , p. 16. “Las seducciones
que Cristo resistió son las mismas que nosotros encontramos tan difíciles de resistir”—Ibíd., p.
91. ¿No son nuestros problemas básicamente egoísmo y orgullo y los deseos que vienen de
nuestra naturaleza caída? ¿No caemos a menudo por los deseos internos que nos desvían? Si
Jesús no tuvo ninguno de estos deseos, ¿pudo entonces ser verdad que Él fue tentado en todo
como lo somos nosotros?
“Cristo fue puesto a la prueba extrema, requiriendo toda la fortaleza de todas Sus facultades
para resistir la inclinación cuando estaba en peligro de usar Su poder para librarse del
riesgo.”—Traducido de Ellen G. White Comments, S.D.A. Bible Commentary vol. 7, p.930.
Note que Él tenía que resistir a la inclinación de utilizar Su poder. ¿De dónde vino esa
inclinación si no fue de adentro, de Sus propios deseos? ¿Porqué dijo Jesús, “Porque no busco
mi voluntad” (Juan 5:30), y “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad” (Juan
6:38)? ¿Por qué sería necesario decir esto si Su propia voluntad no iba a ser afectada por el
pecado de Adán? Pero si Su propia voluntad y Su propia inclinación eran parte de Su
naturaleza caída, entonces tiene sentido que Él pidiera que se hiciera la voluntad de Su Padre.
“La voluntad humana de Cristo no lo hubiera conducido al desierto de la tentación, para ayunar,
para ser tentado por el diablo. No lo hubiera llevado a soportar humillación, escarnio, reproche,
sufrimiento y muerte. Su naturaleza humana se echó atrás en todas estas cosas así como la
nuestra decididamente se echa atrás por ellas... ¿Para qué vivió Cristo? Para hacer la voluntad
de Su Padre.”—Traducido de Signs of the Times, Octubre 29, p.1894.
“Hemos permanecido demasiado en el hábito de pensar que el Hijo de Dios era un ser
exclusivamente tan exaltado por encima de nosotros que es una imposibilidad para Él entrar en
nuestras aflicciones y tentaciones, y que no puede comprendernos en nuestras debilidades
humanas. Esto es porque no tomamos en cuenta el hecho de su unidad con la humanidad. Él
tomó sobre sí la semejanza de carne de pecado, y fue hecho en todo aspecto como sus
hermanos.”—Ibíd., Mayo 16, 1895. Si Él verdaderamente vino para entrar en nuestras
debilidades y tentaciones entonces debe ser cierto que Él tomó todo lo que nos hace de la
forma que somos, para que Él entonces pueda mostrarnos la forma de vencer esas
debilidades y tentaciones. “Si no hubiera sido participante de nuestra naturaleza, no podría
haber sido tentado como lo ha sido el hombre. Si no le hubiera sido posible rendirse ante la
tentación, no podría ser nuestro ayudador.”—Mensajes Selectos, tomo 1, p. 477. En otras
palabras, Él debía vivir a nuestro nivel. Él debía vivir de la forma en que nosotros vivimos.
Jesucristo nuestro Salvador experimentó nuestros sentimientos. Experimentó nuestras
tentaciones. Supo que era querer ir en dirección equivocada. Supo que era sentir la tentación
de rebelarse en contra de Dios y esa tentación se originó dentro de Su naturaleza. Jesús debió
enfrentar la batalla como nosotros debemos hacerlo. Él debía “pelear la batalla como la debe
pelear cada hijo de la familia humana, aun a riesgo de sufrir la derrota y la pérdida eterna.”—El
Deseado de Todas las Gentes, p. 33.
¿Cómo venció Jesús?
Jesús venció al depender en el poder de Su Padre, a través de la comunión con Él. “Su
divinidad estaba escondida. Él venció teniendo naturaleza humana, dependiendo del poder de
Dios.”—Traducido de The Youth Instructor, Abril 25 , 1901. “La Majestad del cielo se hizo
cargo de la causa del hombre y con la misma ayuda que puede obtener el hombre resistió las
tentaciones de Satanás así como el hombre debe resistirlas.”—Mensajes Selectos, tomo 1,
p.295. “Y no ejerció en favor suyo poder alguno que no nos sea ofrecido generosamente.
Como hombre, hizo frente a la tentación, y venció en la fuerza que Dios le daba.”—Deseado de
Todas las Gentes, p. 16
Recuerde que el poder de la naturaleza perfecta de Adán no nos es ofrecido a nosotros.
Eso sería un poder grandioso en la batalla contra del pecado. Para Adán era natural hacer lo
correcto. Para nosotros es natural hacer lo incorrecto. Los impulsos son totalmente diferentes.
Si el poder de la naturaleza de Adán hubiera sido ejercitado por Jesús, ese hubiera sido un
poder grandioso que a nosotros no nos es ofrecido generosamente. “Si Cristo hubiera tenido
poder especial que el hombre no tiene el privilegio de poseer, Satanás se hubiera valido de
este argumento.”—Mensajes Selectos, tomo 3, p. 157.
La victoria de Jesús es extraordinaria, no porque siendo Dios actuó como Dios, sino porque
siendo hombre no actuó como todos los hombres. Jesús en naturaleza de hombre vivió una
vida que Satanás dijo no podría vivirse. El aspecto asombroso acerca de la vida de Jesús fue
que Él vivió una vida supuestamente imposible de vivir. Si Jesús hubiera vivido un vida sin
pecado en cualquier nivel diferente a nuestro nivel caído, la pregunta “¿Qué prueba eso?”
nunca hubiera sido respondida.
“En nuestras conclusiones, cometemos muchos errores por nuestros puntos de vista
erróneos a cerca de la naturaleza humana de nuestro Señor. Cuando damos a Su naturaleza
humana un poder que no es posible que el hombre obtenga en sus luchas con Satanás,
destruimos la totalidad de Su humanidad.”—Traducido de Ellen G. White Comments, S.D.A.
Bible Commentary, vol. 7, p. 929. Simplemente no está a nuestra disposición el poder de la
naturaleza de Adán. La advertencia es clara, que al dar a la naturaleza de Cristo algún poder
que nosotros no podemos poseer, destruimos la totalidad de Su humanidad. “El Señor
demanda ahora de cada hijo e hija de Adán…que le sirvan en la naturaleza humana que
poseemos ahora…Jesús…pudo únicamente guardar los mandamientos de Dios de la misma
forma en que la humanidad los puede guardar.”—Ibíd. ¿Cómo podemos guardarlos?
Ciertamente no con la naturaleza de Adán. Solo los podemos guardar con la naturaleza que
poseemos ahora—naturaleza caída. Y Jesús guardó los mandamientos de Dios de la misma
forma en que nosotros debemos guardarlos. Jesús venció así como nosotros debemos vencer.
La victoria de Jesús fue la victoria de depender en Su Padre. Él venció a través de una
entrega y oración diaria. Vea el Deseado de Todas las Gentes, página 330. “Dependía
enteramente de Dios, y en el lugar secreto de oración, buscaba fuerza divina, a fin de salir
fortalecido para hacer frente a los deberes y las pruebas.”
“Como hombre, suplicaba al trono de Dios, hasta que su humanidad se cargaba de una
corriente celestial que conectaba a la humanidad con la divinidad. Por medio de la comunión
continua, recibía vida de Dios a fin de impartirla al mundo. Su experiencia ha de ser la
nuestra.”—Ibíd., P. 330.

Cuando Jesús vino a esta tierra, aceptó la naturaleza humana con todo lo que eso
representa, pero Él diariamente se sometía al control del Espíritu Santo. Fue lleno de poder de
lo alto, y ese poder dirigía cada paso de Su vida, cada acto y palabra. Vivió Su vida en total
armonía con la voluntad de Dios.
Obviamente este entendimiento de la naturaleza de Cristo tiene implicaciones evidentes para
nosotros. “Así también hemos de vencer nosotros como Cristo venció.”—Ibíd., P. 354. “En Su
humanidad, se sostuvo de la divinidad de Dios; y esto tiene el privilegio de hacer cada miembro
de la familia humana.”—Traducido de Signs of the Times, Julio 17, p. 1897. Cada miembro de
la familia humana puede tomar parte de la divinidad de Dios así como lo hizo Cristo. Él no hizo
algo que nosotros no podamos hacer. “Jesús no reveló cualidades ni ejerció facultades que los
hombres no pudieran tener por la fe en él. Su perfecta humanidad es lo que todos sus
seguidores pueden poseer si quieren vivir sometidos a Dios como él vivió.”—Deseado de
Todas las Gentes , paginas 619, 620. “La obediencia de Cristo hacia su Padre es la misma
obediencia que se requiere del hombre…Él no vino a este mundo a dar la obediencia de un
Dios menor a un Dios mayor, pero como un hombre a obedecer la santa ley de Dios, y en este
sentido Él es nuestro ejemplo. El Señor Jesús vino a nuestro mundo, no a demostrar lo que
Dios puede hacer, sino lo que un hombre puede hacer, a través de la fe en el poder de Dios
que brinda ayuda en cada emergencia.”—Traducido de Ellen G. White Comments, S.D.A.
Bible Commentary, vol. 7, p. 929.
“Cristo vino a vivir la ley en su carácter humano, exactamente de la misma manera en que
todos pueden cumplirla en la naturaleza humana si hacen lo que Cristo hizo.”
“Se ha hecho abundante provisión para que el hombre finito y caído pueda relacionarse de
tal manera con Dios que, gracias a la misma Fuente por la cual Cristo venció en su naturaleza
humana, el hombre pueda resistir firmemente toda tentación como lo hizo Cristo.”—Mensajes
Selectos, tomo 3, p. 146 “se aferró del trono de Dios, y no hay hombre o mujer que no tenga
acceso a la misma ayuda a través de la fe en Dios. El hombre puede ser partícipe de la
naturaleza divina.” “Así se combinan la divinidad y la humanidad.”—Mensajes Selectos”, tomo
1, p. 426. “Es el privilegio de cada creyente llegar a poseer la naturaleza de Cristo, una
naturaleza muy por encima de la que Adán perdió por su transgresión.”—Alza Tus Ojos , p. 17.
“Cristo…vino a esta tierra a vivir la vida de obediencia que Dios requiere que nosotros
vivamos.”—Traducido de General Conference Bulletin, 1901, p. 481. “Justamente lo que tu
puedes ser Él lo fue en naturaleza humana.”—Traducido de Ellen G. White, Letter 106, 1896.
“Su vida testificó de que en base a la ayuda del mismo poder divino que Cristo recibió, es
posible que el hombre obedezca la ley de Dios.”—Mensajes Selectos, tomo 3, p. 149.
Nuestro Salvador y Señor es ambos, nuestro Substituto y nuestro Ejemplo. Él da ambos, la
seguridad del perdón y el poder para vivir sin pecado. Ha demostrado que no necesitamos vivir
más en rebelión. Jesús probó que con Dios lo imposible es posible. La encarnación fue el
mayor riesgo de Dios y Su mayor victoria en el conflicto cósmico con Satanás. Por esto
nuestro futuro brilla de esperanza.
Por la victoria de Cristo en nuestra naturaleza caída, el camino está ahora preparado para
que Dios haga lo imposible en nosotros, quienes compartimos con toda la humanidad la
naturaleza caída. Lo que es totalmente imposible desde un punto de vista humano quizás sea
simplemente la oportunidad de Dios de conseguir una vez más lo imposible.
CUATRO
La Imposibilidad
para el Hombre—
Posibilidad para
Dios
Perfección parece ser una palabra problemática en estos días. ¿Qué es lo que realmente
significa? Lo primero que deberíamos decir es que perfección es el resultado final de la
justificación por la fe. No es el método ni el fundamento de la justificación por la fe. Es la
conclusión del proceso de justificación y santificación.
Algunos creen que no es espiritualmente saludable enfatizar el tema de la perfección.
Sugieren que hablar de perfección o de no pecar es peligroso porque le quita la gloria a Cristo
y les roba a los cristianos la seguridad de la salvación, al punto de que la venida de Jesús es
temida en lugar de bienvenida.
Un estudiante en una de mis clases en Pacific Union College escribió un resumen muy claro
acerca de esta actitud hacia la perfección. Indicó que la perfección es imposible de definir sin
definir el pecado, puesto que perfección es la ausencia de pecado. Puesto que hemos nacido
al pecado, nuestro problema son los malos deseos que hemos heredado, los cuales hacen
imposible que hagamos otra cosa mas que pecar hasta la segunda venida de Cristo. Hasta un
cristiano totalmente entregado tendrá malos pensamientos sugeridos por su entorno debido a
su naturaleza pecaminosa, y esto lo hará menos que perfecto. Declaró que la vida sin pecado
de Cristo fue producida por la naturaleza no caída. Cristo no es nuestro ejemplo porque no
comenzó a nuestro nivel por lo tanto no se debe esperar que nosotros finalicemos en Su nivel.
La conclusión de este estudiante fue que la perfección será posible únicamente cuando nuestra
naturaleza pecaminosa sea cambiada en la segunda venida. Puesto que somos pecadores por
naturaleza, no podemos dejar de pecar en esta vida.
¿Se da usted cuenta como las decisiones acerca de la naturaleza del pecado y la naturaleza
de Cristo afectarán las decisiones en todas las áreas de la justificación por la fe? Si las ideas
que he resumido son verdad, entonces deberíamos redefinir una gran mayoría de lo que
hemos creído y enseñado por muchos años en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Si estas
ideas no son verdaderas, entonces necesitamos saber el porqué no lo son. Necesitamos volver
a examinar la evidencia.
Definiciones
Es crucial que definamos pecado, sin pecado y perfección tan cuidadosamente como sea
posible. Si el significado principal de pecado es pecado por naturaleza, entonces nos
convertimos en pecadores cuando nacemos a este mundo. No obstante, si el significado
principal de pecado es un carácter pecaminoso, entonces somos pecadores por lo que
escogemos después de ser capaces de escoger entre lo bueno y malo. Si pecado es nuestra
naturaleza, entonces no tenemos control sobre él, y somos pecadores por naturaleza. Pero si
el pecado es nuestro carácter, entonces tenemos control sobre las elecciones que hacemos, y
somos pecadores por elección.
Sobre las mismas bases, si ser sin pecado significa una naturaleza sin pecado, entonces
esto es posible únicamente en la segunda venida de Cristo, porque mantenemos nuestra
naturaleza pecaminosa hasta ese día. No obstante, si ser sin pecado significa un carácter sin
pecado, entonces es posible lograrlo cuando sea que decidamos no pecar. Nuestra definición
de pecado es el factor determinante. Si nos referimos a la naturaleza cuando usamos la
palabra pecado, entonces no puede existir perfección sino hasta la segunda venida de Cristo.
Si nos referimos al carácter cuando usamos el término pecado, entonces perfección de
carácter es una posibilidad antes de la segunda venida de Cristo.
Con estas definiciones en mente, analicemos la palabra perfección. Hay por lo menos cuatro
definiciones de perfección que son relevantes. La primera es perfección absoluta. Algunas
veces se dice que nosotros como seres humanos nunca podremos ser absolutamente
perfectos. Esto es correcto, porque perfección absoluta describe a Dios mismo. No hay otra
perfección absoluta. De manera que, perfección absoluta no es posible para los seres creados
—ni para los seres humanos ni para los ángeles. “La perfección angelical falló en el cielo. La
perfección humana falló en el Edén”—Traducido de Our High Calling, p.45.
Cuando Lucifer comenzó a sugerir que Dios era injusto, casi de la mitad de las huestes
angelicales que le escuchó pensó que quizás él tenía razón. Entonces Dios sostuvo un concilio
celestial en el cual presentó la verdad acerca de Jesucristo como Dios en su totalidad,
mostrando por lo tanto que los desafíos de Lucifer no tenían fundamento. Ver Patriarcas y
Profetas, p.14. Luego de ese concilio aproximadamente un tercio de los ángeles se unió a
Lucifer y fueron echados fuera del cielo. (La referencia se encuentra en inglés en Testimonies
volumen 3, pág. 115)
Esto significa que un número significativo de los ángeles que habían escuchado a Lucifer y
habían pensado que él quizás estaba en lo cierto cambiaron de parecer. Por lo tanto, no
podemos utilizar el término perfección absoluta para describir a estos ángeles quienes
cambiaron su forma de pensar a cerca de Dios y Lucifer. De hecho, los ángeles no estuvieron
totalmente convencidos de que Dios estaba en lo correcto y que Satanás estaba equivocado
sino hasta la cruz. Fue hasta entonces que eliminaron totalmente de Satanás todo su afecto.
Ver El Deseado de todas las Gentes, pág. 707. Seguramente entonces, es justo decir que
perfección absoluta no es un término que podemos aplicar cuando discutimos el tema
justificación por la fe, puesto que ni siquiera aplica a los ángeles, sino únicamente a Dios.
La segunda definición de perfección es perfección de naturaleza. Nuestra naturaleza
pecaminosa será eliminada únicamente a la segunda venida de Cristo, después de la cual no
habrá más incitaciones pecaminosas internas. Así que, naturaleza perfecta, la cual involucra la
eliminación de la tentación que viene de adentro de la persona, ocurrirá únicamente en la
segundo venida de Cristo. No podemos experimentar naturaleza perfecta antes de este evento.
No obstante, si nuestra definición de pecado y sin pecado se enfoca en el carácter,
entonces podemos discutir los significados de perfección que serían alcanzables para nosotros
hoy. Hay por lo menos dos aspectos del carácter que pueden ser descritos por las palabras
perfecto o perfección. El primero es rendir el carácter. Esto ocurre en el momento de la
conversión, cuando rendimos nuestras vidas completamente a Cristo. En ese momento somos
contados perfectos en Cristo. Nuestra perfección está completa en ese momento, pero solo
estamos comenzando a caminar con el Señor. Estamos completamente rendidos al punto en
que comprendemos nuestra condición y la voluntad de Dios para nosotros. Dios aceptará una
entrega total de todo lo que sabemos acerca de nosotros en ese momento. Por lo tanto,
nuestra entrega de carácter o el rendir nuestro carácter, es perfecta porque es contada como
perfecta por Dios.
Pero hay otro concepto que debemos examinar—madurez de carácter. Si creemos que el
pecado está sobre la base de la elección, entonces debemos también creer que podemos
elegir no pecar. Madurez de carácter es simplemente la madurez de la cosecha en la vida del
individuo. Estamos madurando en Cristo cuando ya no escogemos pecar más en contra de
Dios. Escogemos no rebelarnos y eso puede ocurrir en cualquier momento. Si Jesucristo en
verdad vive en nosotros a través del proceso de justificación y santificación, entonces Él
controla nuestra vida, y nosotros no pecamos porque Cristo no peca. Cristo no hace algo que
no esté en armonía con Su voluntad. Cuando pecamos, estamos escogiendo el control de
Satanás. Estamos escogiendo dejar que Satanás opere en nuestra vida.

Este concepto puede ser expresado de una simple pero clara manera. Cristo entra—el
pecado sale. El pecado entra—Cristo sale. No podemos tener a Cristo y al pecado reinando
sobre el trono de la vida al mismo tiempo. Cristo no aceptará un corazón dividido. En un
carácter maduro Cristo está en control total, y por lo tanto no estamos escogiendo acciones
rebeldes. Estamos escogiendo no rebelarnos en contra de Dios en pensamiento, palabra o
acción. Lo que estamos haciendo es enfocarnos en lo que Dios puede hacer, no en lo que yo
puedo hacer. Podríamos hablar por horas acerca de las imposibilidades del hombre caído,
pero ¿Por qué no hablar de las posibilidades de Dios? ¿Por qué no podemos hablar de lo que
es posible?
En referencia a nuestras definiciones, las definiciones que son más importantes para nuestro
estudio son aquellas categorías sobre las cuales ejercitamos control. Si creemos que el
pecado es por elección, entonces también creeremos que tenemos la capacidad de escoger
obedecer. Podemos escoger rendirnos y creer en madurez. Porque Cristo provee el poder
para la victoria, un carácter sin pecado es posible para todos los cristianos entregados. Así
que, la perfección, cuidadosamente definida, es una realidad. No una imposibilidad. Las áreas
en las cuales nosotros ejercitamos control son las que debemos estudiar.
El nuevo nacimiento trae perfección en Cristo, la cual es siempre suficiente para la salvación.
Somos salvos sobre la base de esa entrega. El problema es que interrumpimos nuestra
entrega a Dios. El poder de Cristo que habita en nosotros no cambia, pero nuestra entrega a
Él no es constante. Es esta interrupción la que debería cesar, porque deberíamos dejar que
Cristo nos controle todo el tiempo. El factor variable es la consistencia de nuestra entrega. El
poder de Cristo es constante, pero nuestra relación flaquea algunas veces.
Seguro, tendremos una naturaleza caída hasta que Cristo venga. Pero podemos decidir no
escoger nada en contra de la voluntad de Dios. Podemos tener un carácter sin pecado
poseyendo una naturaleza pecaminosa. Aquí vemos la importancia vital de un entendimiento
correcto respecto a la naturaleza de Cristo. Si Cristo venció las sugerencias de su naturaleza
caída bajo el control del Espíritu Santo, entonces el mismo método está disponible para
nosotros. No obstante, si Cristo no tuvo nuestra naturaleza, entonces el método no está claro.
Es importante que recordemos que la culpa no es imputada por nuestra naturaleza, sino
únicamente por las decisiones que tomamos y el carácter desarrollado.
Perfección en la Biblia
Judas 1:24 expresa una verdad muy importante acerca de lo que Cristo puede hacer. “Y a
aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su
gloria con gran alegría.” ¿Puede Cristo guardarnos sin caída? Judas bajo inspiración dice que
Él es poderoso para guardarnos sin caída. Así que, caída no es una realidad inevitable en
nuestras vidas. Cristo es capaz de guardarnos sin caída. En Filipenses 4:13 encontramos otro
enunciado que debemos tomar seriamente. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” ¿Es
todo posible en Jesucristo? ¿Realmente es cierto que la victoria sobre el pecado es posible?
Segunda de Pedro 2:9 dice, “sabe el Señor librar de tentación a los piadosos.” Entonces no
es necesario que cedamos a la tentación, porque Él puede librarnos de la tentación. No
necesitamos librarnos a nosotros mismos de la tentación, Dios puede. Él proveerá la salida si
nosotros tenemos la voluntad de salir. Primera de Corintios 10:13 agrega, “No os ha
sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser
tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la
salida, para que podáis soportar.” Dios ha prometido que Él no permitirá que ninguna tentación
que venga sea tan fuerte para nosotros, que haga nuestra caída inevitable. Esto significa que
la salida está disponible para cada tentación. No existe ninguna tentación que nos venga que
haga el pecado inevitable. Dios ha prometido que si confiamos en Él, Él nos mostrará la salida
para cada tentación.
Primera de Pedro 2:21,22 declara, “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo
padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo
pecado, ni se halló engaño en su boca;” Sabemos que Cristo vivió una vida sin pecado, pero
algunas veces no queremos reconocer el hecho de que Él es también nuestro ejemplo,
exhortándonos a seguir Sus pisadas. Por supuesto, esto asume que Cristo nació de la misma
forma en que nosotros nacemos, sintiendo nuestras tentaciones y experimentando nuestros
deseos. Si todo eso se cumplía en Él y Él no pecó, entonces Él puede ser un ejemplo para
nosotros.
Primera de Juan 3:2-9 es un pasaje significante que se relaciona con nuestra posición
después de nuestra conversión. “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha
manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos
semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en
él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Todo aquel que comete pecado, infringe
también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar
nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo
aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia
es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde
el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel
que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y
no puede pecar, porque es nacido de Dios.” Si estamos en Cristo, no nos estamos rebelando
en contra de Él, y rebelión es pecado. Si permanecemos en Él, no pecaremos, porque Él no
peca en nosotros. Aquí regresamos a nuestra previa declaración que Cristo no peca.
Entonces, si permanecemos constantemente en Cristo, Él no estará pecando en nosotros. Así
que, no nos estaremos rebelando ni en pensamiento, palabra o acción siempre y cuando
permanezcamos en Él.
Encontramos una declaración magnífica en Apocalipsis 3:21. “Al que venciere, le daré que
se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su
trono.” El modelo para vencer es Jesucristo, y nosotros debemos vencer así como Él venció.
Ciertamente, debemos depender de Su fortaleza y poder, pero se mantiene como cierto que
debemos vencer como Él venció. Segunda Corintios 10:5 es otra declaración clásica.
“derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y
llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.”
El ideal de Dios para nosotros es que traigamos todo pensamiento cautivo a Cristo. No
únicamente los pensamientos positivos, pero aun los negativos, para que Él controle todos
nuestros pensamientos y todas nuestras actitudes. Gálatas 5:16 agrega, “Digo, pues: Andad
en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Si el Espíritu Santo está en control, no
cederemos a los deseos de nuestra naturaleza. No necesitamos caer y fallar constantemente,
una y otra vez. La promesa en las Escrituras es que podemos vencer y que podemos ganar
victorias continuas en la lucha en contra de la carne.
Perfección en el Espíritu de Profecía
Elena de White habla poderosa y claramente sobre el tema del crecimiento a la madurez
espiritual. “Nosotros podemos vencer. Sí; entera y completamente. Jesús murió para
proveernos de una salida, para que venzamos cada temperamento malo, cada pecado, cada
tentación y así podamos por fin sentarnos con Él.”—Traducido de Testimonies, vol. 1 p. 144.
Por favor note que cada pecado debe ser vencido. Pero deberíamos recordar al leer estas
declaraciones que nosotros vencemos, no por nuestras propias fuerzas, sino únicamente al
rendirnos al poder de Dios, al permitirle a Jesús permanecer en nosotros constantemente. “Si
te pararas bajo la pancarta ensangrentada del Príncipe Emmanuel, fielmente cumpliendo Su
servicio, no necesitas nunca ceder a la tentación; porque Uno que está a tu lado es capaz de
guardarte sin caída.”—Traducido de Our High Calling, p. 19. Que maravillosa declaración. No
necesitamos nunca ceder a la tentación. ¿Por qué? Porque Uno que está a nuestro lado es
capaz de guardarnos sin caída. El poder de Dios es más fuerte que el poder de Satanás. Si lo
mantenemos a Él constantemente sobre el trono de nuestro corazón, nunca caeremos.
“No hay excusa para el pecado. Un temperamento santo, una vida semejante a la de Cristo,
es accesible para todo hijo de Dios arrepentido y creyente.”—El Deseado de todas las
Gentes, página 278. Pero regresemos al contexto escrito antes de esta declaración. Elena de
White habla acerca del ideal elevado de Dios, aun más elevado que cualquier pensamiento
humano pueda alcanzar, para Sus hijos y se refiere al mandamiento de Jesús de ser perfectos
como el Padre en los cielos es perfecto. Dice que este mandamiento es una promesa y que
Dios quiere que seamos completamente libres del poder de Satanás.
“La intervención del tentador no ha de ser tenida por excusa para cometer una mala acción.
Satanás se alegra cuando oye a los que profesan seguir a Cristo buscando excusas por su
deformidad de carácter. Son estas excusas las que inducen a pecar.” A la luz de estos
pensamientos, Elena de White dice que no hay excusa para pecar. ¿No estamos acaso en
peligro cuando ponemos excusas cuando decimos, “Peco todos los días. No puedo hacer nada
sino pecar. Es mi naturaleza pecar. Pecar es inevitable.”? ¿No hacemos que Satanás se llene
de júbilo cuando ponemos excusas por nuestro carácter deformado? No hay excusa para el
pecado. Ciertamente tenemos una excusa de haber nacido en un mundo pecaminoso y de
haber heredado una naturaleza caída, porque no tenemos otra opción ni control sobre eso,
pero sí tenemos otra opción y control para el pecado. Esto es lo que Elena de White quiere
decir cuando se refiere a perfección y ser sin pecado.
Elena de White nos dice que si estamos sometidos a Dios como Cristo lo estuvo, podemos
poseer su perfección humana. Ver El Deseado de todas las Gentes, pág. 631. “Ni siquiera por
un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros.”—El Deseado de
todas las Gentes, página 98. Es realmente un concepto maravilloso el que no tengamos que
ceder a la tentación ni siquiera en pensamiento si estamos siendo controlados por Jesús. “La
vida que vivió Cristo en este mundo, hombres y mujeres pueden vivirla con Su poder y bajo Su
instrucción. En su lucha con Satanás pueden ellos contar con toda la ayuda que Él tuvo.
Pueden llegar a ser más que vencedores en Él, quien los amó y se entregó así mismo por
ellos.”—Traducido de Testimonies, vol. 9, página 22. Ya hemos visto que Cristo no tuvo algo a
su disposición que nosotros no tengamos. Su poder provino del control del Espíritu Santo
sobre Su vida, y nosotros podemos poseer ese mismo poder si nos sometemos a Dios como
lo hizo Él. (Mas detalle al respecto en el capítulo “¿Cómo vivió Cristo?”)
Cristo vino a esta tierra a mostrarnos que podemos obedecer la ley de Dios si dependemos
del poder de Dios como Él lo hizo. “Esa vida producirá en nosotros el mismo carácter y
manifestará las mismas obras que manifestó en él. Así estaremos en armonía con cada
precepto de su ley.”—El Discurso Maestro de Jesucristo, página 68. Estas declaraciones
dejan claro (1) que la ley de Dios puede ser obedecida y (2) que la obediencia es posible
únicamente a través del poder dinámico de Dios que controla a la naturaleza débil y
pecaminosa, la cual poseemos por heredad.
La siguiente declaración señala uno de los propósitos de la encarnación. Cristo vino con
nuestra débil, caída naturaleza para mostrarnos que no debemos desanimarnos por haber
heredado una naturaleza caída. Él comprobó para motivarnos que si la humanidad es
controlada por la divinidad no hay necesidad de pecar en la vida. “El Salvador llevó sobre sí los
achaques de la humanidad y vivió una vida sin pecado, para que los hombres no teman que la
flaqueza de la naturaleza humana les impida vencer. Cristo vino para hacernos “participantes
de la naturaleza divina,” y su vida es una afirmación de que la humanidad, en combinación con
la divinidad, no peca.”—El Ministerio de la Curación, página 136. “Cristo vino a esta tierra a
vivir una vida de perfecta obediencia, para que el hombre y la mujer, a través de Su gracia,
puedan también vivir una vida de perfecta obediencia. Esto es necesario para su salvación.”—
Traducido de Review and Herald, marzo 15, 1906. Todo lo que Cristo hizo, incluyendo su
obediencia perfecta, está a la disposición de todos aquellos que deseen utilizar el mismo
método que Él utilizó para vencer.
Elena de White es bien explícita al decir que la causa de nuestros fracasos y pecados
descansa sobre nuestra propia voluntad y no sobre nuestra débil naturaleza humana. (Ver “Un
Poder que Transforma y Eleva,” Palabras de Vida del Gran Maestro, pág 70) “Mediante el
plan de redención, Dios ha provisto medios para vencer cada rasgo pecaminoso y resistir cada
tentación, no importa cuán poderosa sea.”—Mensajes Selectos, tomo 1, página 95. Es un
concepto recurrente en sus escritos que cada tentación puede ser resistida por el poder de
Cristo. Si en realidad cada tentación puede ser desechada por la voluntad, entonces el
resultado inevitable será que dejaremos de pecar.
El concepto de vivir sin pecar es precisamente el enfoque de las tres siguientes
declaraciones. El poder que proporciona Cristo al habitar dentro de nosotros es más fuerte
que cualquier tentación a pecar. “No te acomodes en la silla de Satanás y digas que es
imposible, que no puedes dejar de pecar, que no hay poder en ti para vencer. No hay poder en
ti apartado de Cristo, pero es tu privilegio tener a Cristo habitando en tu corazón por fe, y Él
puede vencer el pecado en ti, cuando tu cooperas con Sus esfuerzos.”—Traducido de Our
High Calling, p. 76. “A cada uno que se rinda completamente a Dios es dado el privilegio de
vivir sin pecado, en obediencia a la ley del cielo”—Traducido de Review and Herald, Agosto
28, 1894.
Elena de White enfatiza que Dios requiere perfección moral. Nunca debemos bajar el
estándar por nuestras tendencias heredadas y cultivadas hacia el pecado. De hecho,
imperfección de carácter es pecado y debe ser corregido. Cuando la persona comience a
caminar hacia la perfección del carácter esto se manifestara así mismo en “perfección en
acción.” Ver Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 268. Algunos han tratado de hacer una
separación entre la relación con Dios y el comportamiento, afirmando que se puede tener una
relación con Dios a pesar de tener un mal comportamiento. Debería estar bien claro que
cuando los deseos y motivos del corazón están en armonía con la voluntad de Dios, las
acciones harán lo mismo.
Al escribir acerca de los eventos finales de la historia de este mundo, Elena de White fue
bien específica al decir que el pueblo de Dios estaría ganando victorias sobre pecados
personales. “Pero antes de que venga ese tiempo [la segunda venida], todo lo que sea
imperfecto en nosotros será quitado. Toda envidia, y celos, y malas sospechas, y todo plan
egoísta, habrán sido eliminados de la vida.”—Mensajes Selectos, tomo 3, página 488. Esta
declaración prueba de forma concluyente que el pueblo de Dios no estará pecando antes de la
segunda venida de Cristo, como algunos afirman. Hasta los motivos y sentimientos
pecaminosos serán vencidos por el poder de Cristo antes de la segunda venida.
Sabemos que hemos llegado a un principio extremadamente importante en nuestro estudio
sobre el tema de la perfección. ¿Por qué es la perfección importante? ¿Qué prueba? “La
misma imagen de Dios se ha de reproducir en la humanidad. El honor de Dios, el honor de
Cristo, están comprometidos en la perfección del carácter de su pueblo.”—El Deseado de
Todas las Gentes, pagina 626. “El honor de Cristo debe sostenerse completamente sobre la
perfección del carácter de su pueblo escogido.”—Traducido de Sings of the Times, Noviembre
25, 1897.
El propósito de la perfección del carácter no es para que podamos ser salvos. La Salvación
ya ha sido alcanzada al rendir el carácter al momento de la justificación. La perfección tiene
que ver con la credibilidad de la palabra de Dios. Dios ha afirmado que Su ley es razonable y
puede ser obedecida. Satanás ha cambiado esta afirmación, y la decisión final no ha sido
presentada.
El pueblo remanente de Dios tendrá un papel que jugar en la vindicación de la credibilidad de
Su palabra. De hecho, Dios vindicará Su propio nombre dándole a Su pueblo el poder divino
necesario para obedecer Su ley perfectamente. “Si ha habido un pueblo en necesidad de un
constante incremento de la luz de cielo, es el pueblo que, en estos tiempos de peligro, Dios ha
llamado a ser depositarios de Su santa ley y para vindicar su carácter ante el mundo.”—
Traducido de Testimonies vol. 5, p. 746. “¿Cómo será este mundo iluminado, sino por las
vidas de los seguidores de Cristo?” “El pueblo de Dios debe reflejar al mundo los brillantes
rayos de Su gloria.” “Dios a enfatizado claramente que espera que seamos perfectos, y
porque espera esto, ha hecho provisión para que seamos partícipes de su naturaleza divina.”—
Traducido de Review and Herald, Enero 28, 1904. Así que, el desarrollo de la perfección de
carácter en el pueblo de Dios es crucialmente importante para la resolución final del gran
conflicto entre Cristo y Satanás. De hecho, la razón de enfatizar el concepto de la perfección
del carácter del pueblo de Dios en los últimos días quizás sea el tema en cuestión resumido.
Será totalmente imposible para cualquiera de nosotros recibir el sello de Dios mientras
tengamos defectos de carácter. No puede haber ninguna mancha o defecto en el templo de
nuestra alma. (La referencia se encuentra en inglés en Testimonies, vol. 5, p. 214). “Ahora,
mientras que nuestro gran Sumo Sacerdote está haciendo propiciación por nosotros, debemos
tratar de llegar a la perfección en Cristo. Nuestro Salvador no pudo ser inducido a ceder a la
tentación ni siquiera en pensamiento...Satanás no pudo encontrar nada en el Hijo de Dios que
le permitiese ganar la victoria. Cristo guardó los mandamientos de su Padre y no hubo en él
ningún pecado de que Satanás pudiese sacar ventaja. Esta es la condición en que deben
encontrarse los que han de poder subsistir en el tiempo de angustia”—El Conflicto de los
Siglos, página 680, 681.
Un concepto importante en nuestro estudio de la perfección es que esta nunca es estática.
La perfección no tiende a cero. “Jesús, considerado como un hombre, fue perfecto, y aun
creció en gracia…Hasta el cristiano más perfecto debe incrementar continuamente en
conocimiento y amor a Dios.”
“Jesús se sienta como el refinador y purificador de Su pueblo; y cuando Su imagen esta
perfectamente reflejada en ellos, ellos son perfectos y santos, y están preparados para la
traslación. Un gran trabajo es requerido del cristiano. Somos exhortados a limpiarnos a
nosotros mismos de toda inmundicia de carne y espíritu, perfeccionando la santidad en el
temor de Dios.”—Traducido de Testimonies, vol.1, páginas 339, 340.
La perfección es crecimiento. Aun cuando el Cristiano maduro ya no se esta rebelando en
contra de Dios, habrá mucho que aprender acerca de Dios y de sí mismo. El desarrollo será
un proceso continuo, aun por la eternidad. Cuando la rebelión es eliminada de la vida y el
Cristiano ya no cede más a los falsos halagos de Satanás, el crecimiento del carácter será
fenomenal conforme el Cristiano avanza hacia adelante en perfección.
Se ha dicho a veces que Elena de White nunca dijo que seríamos sin pecado antes de la
segunda venida. Los dos enunciados siguientes son bien claros acerca del estado sin pecado
previo a la segunda venida. “Todo el que por fe obedece los mandamientos de Dios alcanzará
la condición sin pecado en que vivía Adán antes de su transgresión.”—En Lugares
Celestiales”, página 146; ver también El Comentario Bíblico Adventista, volumen 6. Este
extraordinario enunciado dice que alcanzaremos la condición sin pecado en la que Adán vivió
antes de su transgresión. Obviamente esto significa que Elena de White está usando la
definición sin pecado que tiene que ver con el carácter. Ella se refiere a que podemos tener un
carácter sin pecado, no a una naturaleza sin pecado.
“Cristo ha dado cada provisión para la santificación de Su iglesia. Ha hecho abundante
provisión para que cada alma posea tal gracia y fortaleza que será mas que vencedora en la
batalla contra el pecado…Vino a este mundo y vivió una vida sin pecado, para que en Su poder
Su pueblo también pueda vivir una vida sin pecado. Desea que ellos al practicar los principios
de la verdad muestren al mundo que la gracia de Dios tiene poder para santificar el
corazón.”—Traducido de Review and Herald, Abril 1, 1902. Note que el contexto de este
enunciado es la santificación y la ininterrumpida batalla en contra del pecado. En este tiempo
de la preparación antes del cierre de gracia, durante el proceso de santificación, podemos vivir
vidas sin pecado. Claramente Elena de White no tiene temor de decir que podemos vivir una
vida sin pecado, así como Jesús vivió una vida sin pecado en este mundo. Una vez más esto
asume que al decir vida sin pecado se refiere a carácter sin pecado.
Una cosa no será transformada en la segundo venida de Cristo—el carácter. Nuestros
rasgos de carácter, desarrollados durante este tiempo de prueba, no serán cambiados por la
resurrección. Tendremos las mismas disposiciones en el cielo que habremos desarrollado en la
tierra. Puesto que el carácter no es cambiado en la segunda venida, es de vital importancia
que la transformación del carácter suceda diariamente ahora. Ver El Hogar Adventista, pág.
13.
No sea que este estándar elevado pueda desmotivar a cualquier Cristiano sincero, tenemos
la promesa de que lo que sea que Dios espere de Sus hijos lo va a proveer por Su gracia.
“Nuestro Salvador no requiere lo imposible de ninguna alma. No espera nada de sus discípulos
para lo cual no esté dispuesto de que puedan realizarlo. No si junto con su orden no les
concediera toda perfección de gracia a aquellos sobre los que confiere un privilegio tan
elevado y santo. . . Nuestra obra es esforzarnos para alcanzar, en nuestra esfera de acción, la
perfección que Cristo en su vida terrenal alcanzó en cada aspecto del carácter. El es nuestro
ejemplo.”—La Maravillosa Gracia, página 230. Aquí vemos claramente el consejo de que
debemos depender de Cristo para que nos perfeccione. Él es el que nos perfeccionará. No
podemos perfeccionarnos a nosotros mismos. Debemos ver a Cristo como nuestro Ejemplo y
seguir el plan que Él ha diseñado.
Algunos se han preguntado porqué la discusión sobre la naturaleza de Cristo debiera ocupar
el tiempo y energía de los estudiantes de Biblia de hoy. Quizás estas declaraciones muestren
la importancia del tema. “Dios requiere de Sus hijos perfección de carácter.” “Quizás digamos
que es imposible para nosotros alcanzar el estándar de Dios; pero cuando Cristo vino como
nuestro sustituto y fianza, era un ser humano…Con Su divinidad cubierta por humanidad, vivió
una vida de perfecta obediencia a la ley de Dios.” “Como Cristo vivió la ley siendo humano, así
debemos hacer nosotros si nos tomamos del Fuerte para obtener fortaleza.”—Traducido de
Signs of the Times, Marzo 4, 1897.
¿Ve que importante es entender la naturaleza que Cristo tomó y el método que usó para
obedecer? “A nadie se le impide alcanzar, en su esfera, la perfección de un carácter
cristiano…Dios nos invita a que alcancemos la norma de perfección y pone como ejemplo
delante de nosotros el carácter de Cristo. En su humanidad, perfeccionada por una vida de
constante resistencia al mal, el Salvador mostró que cooperando con la Divinidad los seres
humanos pueden alcanzar la perfección de carácter en esta vida. Esa es la seguridad que nos
da Dios de que nosotros también podemos obtener una victoria completa.”—Los Hechos de
Los Apóstoles, pág. 425.
Si la naturaleza de Cristo fue diferente a la de nosotros, o si Él utilizó un método diferente al
que nosotros podamos utilizar para vencer el pecado, seguramente sería visto mas allá de
cualquier razonamiento la posibilidad de que podamos hacer lo que Él hizo. Porque Su
naturaleza fue la nuestra y Su método el nuestro, tenemos esperanza de una victoria total en
nuestras vidas. Él nos mostró como hacer de lo imposible algo posible, a través de Su poder y
animados por Su ejemplo. “En su vida y carácter, no sólo revela el carácter de Dios, sino las
posibilidades del hombre”—Mensajes Selectos, libro 1, p. 410. “El vino para cumplir toda
justicia y, como cabeza de la humanidad, para mostrarle al hombre que puede hacer la misma
obra, haciendo frente a cada especificación de los requerimientos de Dios…Todo el que se
esfuerza, puede alcanzar la perfección del carácter.”—La Maravillosa Gracia, capítulo La Ley:
Norma de Dios.
Elena de White era bien estricta al reprobar a aquellos que negaban la posibilidad de vivir
una vida en perfección de carácter. “Se requiere obediencia perfecta, y aquellos que dicen que
no es posible vivir un vida perfecta declaran a Dios injusto y mentiroso.”—Traducido de
Manuscript 148, 1899. Fueron dos las razones por las cuales ella insistió en la necesidad de
creer en la posibilidad de una perfección: Primero, por el peligro psicológico de excusar
pecados personales, y segundo por la necesidad de guardar en lo más profundo de la mente el
poder de Cristo para dar la victoria sobre cualquiera y sobre todos los pecados personales. “El
amar y consentir pecado, es amar y consentir al autor del mismo, al enemigo mortal de Cristo.
Cuando ellos [el pueblo de Dios] excusan y se aferran a la perversidad del carácter, dan a
Satanás un lugar en sus afecciones, y le rinden homenaje.”—Traducido de Our High Calling, p.
231. “Aquel que no tiene una fe suficiente en Cristo para creer que Él puede guardarlo de
pecar, no tiene la fe que le dará la entrada en el reino de Dios.”—Traducido de Review and
Herald, Marzo 10, 1904.
Estas son declaraciones típicas de Elena de White en el área de la perfección y vida sin
pecado. Constantemente ella habla acerca de cómo vencer y afirmar que no necesitamos
ceder a la tentación. Declara que podemos, a través de la dependencia en el poder de Dios,
vencer como Él venció. Él nos mostró como, y podemos seguir sus pisadas. Una y otra vez
Elena de White dice que podemos vivir una vida de obediencia a Dios, y cómodamente utiliza el
término sin pecado al utilizarlo en este contexto.
La pregunta que muchos parecen estarse preguntado hoy es, ¿Ha alguien alguna vez
alcanzado esta perfección de carácter? Elena de White responde, “El piadoso carácter de este
profeta representa el estado de santidad que deben alcanzar todos los que serán “comprados
de entre los de la tierra” (Apocalipsis 14:3) en el tiempo de la segunda venida de
Cristo.”—Patriarcas y Profetas, página 77. Ella describe que Enoc encontró necesario vivir en
un tiempo cuando la contaminación moral a su alrededor era abundante, pero su mente estaba
en Dios y en las cosas celestiales. Su rostro estaba iluminado con la luz que brillaba en el
rostro de Jesús. La atmósfera que respiraba estaba contaminada de pecado y corrupción, y
aun así vivió una vida de santidad y no tuvo que ver con los pecados prevalecientes de la
época. La referencia se encuentra en inglés en Testimonies, volumen 2, p. 122.
Aparentemente Enoc escogió no pecar. El escogió poner su vida en armonía con la vida de
Cristo en una época en la cual las cosas estaban tan mal como nunca antes la han estado en
la historia del mundo.
“Algunos pocos en cada generación desde Adán resistieron cada artificio y se mantuvieron
en pie como nobles representantes de lo que le era posible al poder del hombre ser y hacer…
Enoc y Elías son los mejores representantes de lo que la raza humana puede ser si desean, a
través de la fe en Jesucristo. Satanás estaba preocupado en gran manera porque estos
nobles, hombres santos estaban sin mancha de pie entre la contaminación moral que los
rodeaba, con un carácter justo y perfecto y fueron contados por dignos de ser trasladados al
cielo. Así como se mantuvieron firmes con poder moral y rectitud noble, venciendo las
tentaciones de Satanás, no los pudo traer bajo el dominio de la muerte. Se jactó que tenía el
poder para vencer a Moisés con sus tentaciones, y que podría estropear su carácter
intachable y conducirlo al pecado de tomarse la gloria que le pertenecía a Dios para él mismo
delante del pueblo.”—Traducido de Review and Herald, Marzo 3, 1894.
Aparentemente había algo especial acerca del carácter que desarrollaron Enoc y Elías antes
de ser trasladados. Ellos, en efecto, escogieron resistir al pecado por el poder de Dios. Luego
encontramos esta bella declaración, “Y en nuestros días también hay Enocs.”—Palabras de
Vida del Gran Maestro, página 267.
¿Deberíamos Afirmar que Somos Perfectos?
La respuesta de Elena de White a esta pregunta es muy clara. “Cuanto más cerca estéis de
Jesús, más imperfectos os reconoceréis, porque veréis más claramente vuestros defectos a la
luz del contraste de su perfecta naturaleza. Esta es una evidencia de que los engaños de
Satanás han perdido su poder.”—El Camino a Cristo, páginas 64, 65. Cuanto más nuestra vida
se pongan en armonía con Jesús, menos vamos a darnos cuenta de lo bueno en nosotros.
Cuanto más cerca estemos de Su ideal, más indignos nos sentiremos. “Cuanto más nos
acerquemos a él y cuanto más claramente discernamos la pureza de su carácter, tanto más
claramente veremos la extraordinaria gravedad del pecado y tanto menos nos sentiremos
tentados a exaltarnos a nosotros mismos.”—Hechos de Los Apóstoles, página 448.
Entonces, ¿deberíamos proclamar que somos perfectos y sin pecado? “Aquellos que están
verdaderamente buscando la perfección del carácter Cristiano nunca consentirán el
pensamiento de que son sin pecado.”—Traducido de The Sanctified Life, página 7. “No nos
jactaremos de nuestra santidad…No podemos decir “Soy sin pecado,” hasta que este cuerpo
vil sea cambiado y transformado a Su cuerpo glorioso.”—Traducido de Signs of the Times,
marzo 23, 1888. “Cuando el conflicto de esta vida esté terminado,…cuando los santos de Dios
sean glorificados, entonces y únicamente entonces será seguro declarar que somos salvos y
sin pecado.”—Ibíd., Mayo 16, 1895.
Estos pasajes se refieren al hecho de declarar que estamos sin pecado, al pensamiento en
nuestra mente de que somos sin pecado. Por favor note que únicamente cuando seamos
glorificados será seguro declarar que somos salvos. De manera que hay una diferencia entre
ser salvo y declararnos como salvos.
Si esto es cierto, ¿podría haber una diferencia entre estar sin pecado y declararnos sin
pecado? “Ninguno que declare santidad es realmente santo. Aquellos quienes están
registrados como santos en los libros del cielo ni se han dado cuenta del hecho, y son los
últimos en jactarse de su propia bondad.”—Traducido de The Faith I live By, página 140. Aquí
tenemos evidencia clara de que aquellos a quienes Dios llama santos nunca van a declararse
santos, mostrando que puede haber una diferencia entre ser sin pecado y declararse sin
pecado.
¿Deberíamos declarar ser sin pecado? La declaración de ser sin pecado nunca será hecha
por aquel quien está en armonía con la voluntad de Dios, porque cuanto más cerca estamos de
Dios, menos sentimos el deseo de declarar algo a cerca de nosotros mismos. Sentiremos
rendir todo a los pies de la cruz—nuestra gloria, orgullo y lo que sea que hayamos obtenido.
Quizás existan, aun en nuestros días, aquellos quienes están tan en armonía con la voluntad de
Dios que no se están rebelando ni en pensamiento, palabra o acción. Pero ellos serán los
últimos en declarar su condición.
El Cierre del Tiempo de Prueba
Si verdaderamente creemos que existe un cierre para tiempo del tiempo de prueba y que
Dios demostrará algo especial después del cierre del tiempo prueba, entonces parece que
debemos creer también en la madurez completa de carácter, lo cual significa vivir sin ceder a
los deseos pecaminosos. Después del cierre del tiempo de prueba “ya no habrá en el santuario
sacerdote que ofrezca ante el trono del Padre las oraciones, sacrificios y confesiones de
ellos.”—Primeros Escritos, página 47. “También vi que muchos ignoran lo que deben ser a fin
de vivir a la vista del Señor durante el tiempo de angustia, cuando no haya sumo sacerdote en
el santuario. Los que reciban el sello del Dios vivo y sean protegidos en el tiempo de angustia
deben reflejar plenamente la imagen de Jesús.” “Pero ya no habrá tiempo para ello ni tampoco
Mediador que abogue por ellos ante el Padre.”—Ibíd., p. 71. “Los que vivan en la tierra cuando
cese la intercesión de Cristo en el santuario celestial deberán estar en pie en la presencia del
Dios santo sin mediador. Sus vestiduras deberán estar sin mácula; sus caracteres, purificados
de todo pecado por la sangre de la aspersión. Por la gracia de Dios y sus propios y diligentes
esfuerzos deberán ser vencedores en la lucha con el mal.”—El Conflicto De Los Siglos, página
478.
Habrá una diferencia en el cielo después del cierre del tiempo de prueba, en que no habrá
ministerio sacerdotal ejercido por Jesús. No habrá Intercesor, Mediador, rogando por la causa
de los pecadores delante del Padre. Ahora esto no significa que el poder de Jesús que habita
en Su pueblo en la tierra será removido. Pero el ministerio sacerdotal del perdón finaliza al
cierre del tiempo de prueba. “Durante ese tiempo terrible, los justos deben vivir sin intercesor,
a la vista del santo Dios.”—Ibíd., página 671. “En ese terrible momento, después que terminó
la mediación de Jesús, los santos tuvieron que vivir sin intercesor en presencia del Dios
santo.”—La Historia de La Redención, página 423. El fin del trabajo de intercesión de Cristo
significa que no habrá más perdón para los pecados después del cierre del tiempo de prueba.
Si el ministerio del perdón de los pecados cesadota de cesar, entonces parece imperativo que
no haya más pecados provenientes de aquellos quienes han sido sellados por Dios luego del
cierre del tiempo de prueba. Solo podemos ser perdonados si Jesús está intercediendo por
nosotros y perdonando nuestros pecados.
Creo que la razón principal del corto retraso antes de la venida de Cristo durante la cual no
hay Mediador es para dramatizar delante el universo la realidad del poder completo de Dios
sobre el pecado en la vida de aquellos de quienes su voluntad está totalmente y para siempre
unida con la Suya. Algunas de las mimas personas quienes inicialmente traicionaron su
confianza sagrada al estar de acuerdo con Satanás en que era imposible obedecer la ley de
Dios van finalmente a demostrar que realmente no hay excusa para el pecado. El cierre de
prueba jugará una parte importante en la demostración final que Dios hará delante de Su
universo: que, indudablemente, es posible para el hombre caído obedecer la ley de Dios, la
cual es justa, buena y santa.
Si vamos a tomar seriamente las admoniciones bíblicas de vencer, la realidad del cierre del
tiempo de prueba, y el desafío a los 144,000, entonces también debemos tomar seriamente la
verdad de vivir sin pecado. Por lo tanto, debemos recordar que cuando estamos discutiendo
perfección, estamos hablando del objetivo—el resultado final. Nuestro enfoque necesita estar
en la justificación y santificación, porque este es el método por el cual se recibe la salvación.
Jesús perdona nuestros pecados. Viene a nuestras vidas con poder y victoria. Cuando nos
enfocamos en justificación y santificación, el resultado final de nuestro objetivo proseguirá
naturalmente. Será el resultado natural de dejar que Dios haga Su trabajo completo en
nuestros corazones. Como el atleta que al correr en la competencia se enfoca en las últimas
yardas recordando que son el final de la carrera, así el cristiano se enfoca en Su relación con
Cristo hoy mientras recuerda que hay un objetivo al final de la carrera.
Resumen de la Perfección Bíblica
Primero, debemos estar bien claros en lo que no es la perfección. Si entendemos que es
perfección, debemos estar completamente alejados de aquellos conceptos que están en
oposición con la doctrina bíblica de la perfección. Creo que la mayoría de las objeciones a la
doctrina de perfección están basadas sobre malos entendidos sobre su concepto. La
perfección nunca es absoluta, ni ahora ni después de la venida de Cristo. La perfección nunca
es la igualdad con Dios. No significa falta de debilidad o libertad de la tentación. No significa
estar exentos de enfermedad o la ausencia de errores mentales o físicos. Ninguno que sea
perfecto en su caminar sentirá jamás que es perfecto.
El término perfeccionismo tiene una connotación negativa en muchas mentes. Estrictamente
hablando, no debería haber algo negativo con la palabra, porque esta simplemente describe
una creencia en la perfección. Pero en muchas mentes, perfeccionismo describe una extrema
y distorsionada vista de la perfección. El perfeccionismo, en este sentido negativo, enfatiza un
punto absoluto mas allá del cual no habrá mas desarrollo. Esta creencia de hecho, se origina
de la filosofía Griega en lugar de la Biblia Este enfoque distorsionado del perfeccionismo se
enfoca en la calidad del hombre, la cual puede existir independientemente de la presencia de
Cristo en él.
No queremos estar involucrados en una perfección extremista porque es un legalismo
centrado en el yo, un legalismo que coloca al yo en el trono del corazón una y otra vez y quita
a Cristo del control de la vida. Motiva a forzar la obediencia, entonces la persona se vuelve
obediente por los esfuerzos propios. Este perfeccionismo extremista es extremadamente
peligroso, así como también lo es la doctrina de la imperfección, la cual permite que la
pecaminosidad e impotencia del hombre cubra las promesas de Dios para el pecador
arrepentido a través de otorgarle el poder de la presencia del Espíritu Santo.
Dudar que la perfección es un objetivo realista es dudar del poder viviente para lograrlo, el
cual Dios ha prometido. La imperfección no reconoce a Jesús como el completo Substituto y
Ejemplo del hombre, quien demostró que la ley de amor de Dios puede ser guardada y que el
hombre puede ciertamente ser un vencedor aquí y ahora. Creo que la doctrina bíblica de la
perfección es diferente de ambos extremos de perfeccionismo e imperfección.
Habiendo descrito lo que no significa la perfección, creo que es necesario decir que significa
perfección. Perfección significa estar en una relación tan cercana con Cristo que el individuo
cesa de responder a las insinuaciones internas o externas a pecar. Perfección significa una
entera cooperación con Cristo. Significa una continua muerte y renuncia al yo y a la voluntad e
inclinación independiente. La perfección es el rechazo total al egoísmo y el orgullo. Es la fusión
de la voluntad del hombre con la de Cristo para que el Espíritu Santo tenga ultimadamente
todo el control. Es un ejercicio no quebrantable de la fe la cual mantiene al alma pura de
cualquier mancha de pecado o deslealtad hacia Dios. Se refiere al dinámico crecimiento del
estilo de vida de la persona quien refleja la vida de Jesús, para que no ceder más a la rebelión,
a los deseos pecaminosos. Perfección es tener el carácter de Cristo, combinando una relación
con Dios como Cristo la tuvo, con las cualidades de carácter que Él manifestó. Es vivir una vida
de madurez espiritual, llena de los frutos del Espíritu y sin pecado. Si la perfección es
entendida correctamente, la veremos en términos de madurez de carácter, lo cual significa que
viviremos en armonía con la voluntad de Cristo. Él mora dentro de nosotros, y esto impedirá
que la rebeldía, los deseos pecaminosos ganen el control.
A pesar que esta doctrina parece estar clara en el Nuevo Testamento y en los escritos de
Elena de White, el pensamiento de algunos de que Dios no requiere de su pueblo un carácter
sin pecado antes de la traslación esta bien grabado en la mente. Quizás estas malas
interpretaciones de lo que Dios está tratando de decir a Su pueblo no son intencionales, o
quizás ni siquiera son concientes. Este error comienza con la mala interpretación del concepto
de pecado y cómo vivió Cristo como hombre, y está perpetuado en las malas interpretaciones
de justificación por la fe. Vea pues que si Jesús fue únicamente el Sustituto del hombre pero no
su Ejemplo, entonces el desafío de hacer lo que Él hizo es inmensurablemente reducido. “De
ahí que trate constantemente de engañar a los discípulos de Cristo con su fatal sofisma de que
les es imposible vencer.”—El Conflicto de los Siglos, página 544.
Correctamente entendida, la justificación por fe en el contexto del poder de Dios para
guardar al hombre sin caída es convincente, dinámica y una fuerza positiva en la vida de la
persona. Conociendo bien sus propias debilidades cuando está separado del poder de Dios, el
hombre de fe ahora ve que puede lograr en su vida, y encuentra el gozo más grande al vivir
una vida victoriosa. Entonces el mensaje Bíblico se convierte excesivamente simple. “Jesús lo
hizo, y a través de una dependencia con Dios, Yo también puedo. Puedo vivir a través de la fe
en mi Padre celestial.” En esta experiencia estaremos viviendo sin pensamientos rebeldes en
ninguna área de nuestra vida. Habremos alcanzado la perfección de carácter teniendo una
naturaleza caída que aun puede cometer pecado. No tendremos mas incursiones ocasionales a
la tierra de la indulgencia propia. Siempre diremos No como Jesús dijo No a todas las
tentaciones. Al silencio de la última y persistente pregunta a cerca de que quizás Jesús fue sin
pecado porque Él era Dios, la última generación probará más allá de la sombra de la duda que
hombres y mujeres con naturaleza caída pueden vivir sin pecado. Esta demostración final
contribuirá a vindicar el carácter de Dios, Su gobierno, justicia y misericordia—y el gran
conflicto estará bien cerca de su final.
¿Podemos aceptar este desafío? “Cristo tomó la humanidad y cargó con el odio del mundo
para poder mostrar a los hombres y las mujeres que podían vivir sin pecado, que sus
palabras, sus acciones y su espíritu podían ser consagradas a Dios. Podemos ser perfectos
cristianos si manifestamos este poder en nuestras vidas.”—Alza tus Ojos, página 301; énfasis
agregado. Dios ha prometido que Él puede dar la victoria sobre todo pecado. Por esta
promesa, la perfección bíblica nunca debería ser un tema desalentador; en su lugar debería
ser el prospecto más glorioso que nunca antes se haya presentado delante del pueblo de Dios.
Dios, en verdad, puede guardarnos sin caída.