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¿ SE

PUEDE

ESTAR

GORDO

POR

DENTRO?

Es posible. Quizá no te cueste abrocharte el cinturón y, sin embargo, la grasa acumulada en órganos y arterias indica sobrepeso. Avanza la investigación sobre obesidad, y trae hallazgos inesperados

Texto: MARIAN BENITO

esulta que lo impor- tante no se ve. Aunque resulte incómoda, la grasa subcutánea que palpamos no compro- mete nuestra salud tanto como la grasa visceral, es decir, la que se va depositando silenciosa alrededor de órganos vitales como hígado, riñones, páncreas o intestino, inclu- so aunque el vientre se mantenga plano. Es este tipo de gordura la que retiene la mayor atención en las últimas investigaciones y ayuda a encarar la enfermedad desde una óptica diferente. José M. Ordovás, pionero en nutrigenómica y director del Laboratorio de Nutrición y Genética de la Universi- dad de Tufts (Boston, EEUU), avanza la razón: “Sus consecuencias metabólicas son peores, ya que está asociada con más inflamación crónica o resisten-

METABOLOMA

Es el conjunto de las moléculas denomina- das ‘metabolitos’ que se pueden encontrar en una muestra de plasma sanguíneo. En el gráfico, el metaboloma de un voluntario. Según varían estos porcentajes, el metabo- loma será obeso o normal, independiente- mente del peso corporal.

47% GRASA

6% NUCLEÓTIDOS

6% PÉPTIDOS

2% XENOBIÓTICOS

29% AMINOÁCIDOS

4% COFACTORES Y VITAMINAS

2% ENERGÍA

PESO NORMAL + METABOLOMA OBESO

Resist. a la insulina

Riesgo genético

Eventos cardiacos

SOBREPESO + METABOLOMA OBESO

Resist. a la insulina

Riesgo genético

Eventos cardiacos

PESO NORMAL + METABOLOMA NORMAL

Resist. a la insulina

Riesgo genético

Eventos cardiacos

SOBREPESO + METABOLOMA NORMAL

Resist. a la insulina

Riesgo genético

Eventos cardiacos

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cia a la insulina, que son factores de riesgo para un gran número de enfermedades, incluyendo las cardiovasculares, la diabetes

o el cáncer”.

Uno de los hallazgos más recientes llega de la mano de

Amalio Telenti, profesor de

Genómica en Scripps Research

y coautor de un estudio que

indica que lo que confiere riesgo

a la obesidad no es el índice

de masa corporal (IMC), sino el metaboloma, es decir, los cambios que un aumento de peso puede producir en esas pequeñas moléculas denominadas ‘metabo- litos’ que se encuentran en una muestra biológica (ácidos grasos, aminoácidos, azúcares o vitami- nas, por ejemplo).

En Las bañistas Renoir tomó como modelo a Andrée Hessling, que después sería su esposa. Sigue los mode- los estéticos que le inspiró Rubens.

Un buen metaboloma

La investigación, publicada en la revista Cell Metabolism, usó el metaboloma y el genoma de más de dos mil individuos de TwinsUk, el mayor registro de gemelos de Reino Unido, para compararlo con su IMC duran- te una media de 13 años. Sus resultados sugieren que la forma en que reacciona el metaboloma de un individuo ante el exceso de

peso o una ingesta masiva de ca- lorías es más importante para la salud que la medición física de la obesidad mediante el IMC. Esto significa que algunas personas están genéticamente predispues- tas a tener un índice que encaja en las categorías de sobrepeso u obesidad, pero si su estilo de vida es saludable pueden presentar un buen metaboloma y una excelen- te salud. Y, al contrario, personas genéticamente predispuestas a un IMC normal, pero con malos hábitos, pueden sufrir desajustes muy dañinos en su salud. En EEUU este efecto se cono- ce como TOFI (por sus siglas en inglés, thin outside, fat inside), es decir, ‘delgado por fuera, gordo por dentro’. Se refiere a personas con estilos de vida poco saluda- bles en cuanto a dieta, ejercicio físico y otros hábitos. Los delga- dos clínicamente obesos mues- tran la vulnerabilidad del IMC como único criterio para medir la salud y predecir el riesgo de enfermedad, ya que no indica cómo ni dónde se almacena la grasa. Con esta referencia, un atleta de cien kilos de músculo y un individuo sedentario con ese mismo peso en grasa corporal po-

CUATRO TIPOS DE OBESIDAD

Al analizar los datos de 2.458

pacientes que se sometieron a

cirugía para perder peso, el in-

vestigador Alison Field clasificó

la obesidad en cuatro tipos.

GRUPO I

IMC: 25

CIRUGÍA: poco beneficiosa

Bajos niveles de lipoproteínas de alta densidad, el llamado ‘colesterol bueno’, y niveles muy altos de glucosa en la sangre (98% del grupo eran diabéticos).

GRUPO II

IMC: ≈25

CIRUGÍA: muy beneficiosa

Conductas alimentarias desordenadas. El 37% tenían un trastorno por atracón, el 61%, pérdida de control con el picoteo, y el 92% indicaron que comían sin hambre.

En 1995, investiga-

dores de Nueva York

descubrieron en

estos ratones el gen

de la obesidad.

UN 30% DE LAS PERSONAS CON UN PESO DENTRO DE LO NORMAL SON METABÓLICAMENTE OBESOS

Las figuras en 3D caminando ilustran la diver- sidad del cuerpo humano, desde la anorexia hasta la obesidad.

drían compartir el mismo IMC. “Habitualmente la obesidad se ha definido en base a lo que lla- mamos ‘índice de masa corporal’, pero esta es una medida que a nivel individual define pobre- mente el estado de sobrepeso u obesidad de una persona”, explica Ordovás. Un estudio de la Clínica Uni- versidad de Navarra detectó que algo más de un 30% de quienes se clasifican como peso normal y sano son realmente obesos con

un mayor riesgo de diabetes y accidente cerebrovascular, y que un 80% de las personas que, según el mismo índice, presen- tan sobrepeso son realmente obesas. Si el IMC ofrece una tasa de error tan alta, ¿cómo medir entonces la cantidad de grasa visceral? Esta es, según Ordovás, la cuestión: “Habría que recurrir a técnicas de imagen como el CT- SCAN o el MRI, que son costo- sas en tiempo y dinero. Estamos buscando biomarcadores que nos permitan dar, de manera más rápida y económica, con el tipo de obesidad de un individuo”.

La genética no manda

El estudio de Telenti ha descu- bierto también que la genética no está tan presente en la obesidad como se esperaba, ya que no hay

patrones tan diferentes entre obesos y no obesos como para ser predictivos. Solo en el caso de la obesidad extrema sí se ha deter- minado que la mutación MC4R desempeña un papel fundamen- tal en la regulación de la ingesta de alimentos. Para los autores, la conclusión más relevante es que la evaluación del metaboloma y el genoma sienta las bases para seguir estudiando la obesidad desde la heterogeneidad, ahora que sabemos que existen al me- nos 49 metabolitos asociados a un aumento de la grasa que se alma- cena detrás de la pared abdomi- nal y que pone en jaque nuestra salud. “Observándolos, se podría predecir el grado de obesidad de un individuo con una exactitud cercana al 90%”, concluyen. A Ordovás no le cabe duda de que un mejor entendimiento del tipo de obesidad ayuda a conocer el riesgo de enfermedad cróni- ca de un paciente y también a distinguir un asunto cosmético

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Es distinto si has sido obeso desde niño que si es algo que se produce de adulto, por atracones incontrolados

de un problema de grasa visceral que lleva a cuadros más graves. “Sin embargo, esto todavía no ayuda a identificar el programa de pérdida de peso más adecua- do y exitoso para cada individuo, ya que requiere el conocimiento del genoma y del microbioma, entre otras cosas”.

A quién sirve la cirugía

En la Universidad de Brown (EEUU), un grupo de inves- tigadores están analizando esa heterogeneidad para empezar a atajar la pandemia y han utili- zado los datos de 2.458 adultos sometidos a cirugía bariátrica (LABS) para diferenciar, según su evolución, hasta siete tipos de obesidad, algunos de los cuales trastornan la trayectoria meta- bólica que nos mantiene sanos.

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Después de la cirugía, el segui- miento se realizó tras 30 días, seis meses, un año y, posteriormente, anualmente hasta el séptimo año. Los investigadores se centraron en cuatro clases o subtipos de obesidad. El grupo I se caracteri- zó por diabetes con tasas bajas de lipoproteínas de alta intensidad. El II, por trastornos alimentarios y altas tasas de atracones. El III, mixto. Y el IV, por obesidad extrema con inicio temprano y un IMC alto. Los adultos de este último grupo perdieron un promedio del 25% (hombres) y 30% (mujeres) de su peso inicial durante tres años. Los del II y III tuvieron pérdidas de peso signifi- cativamente mayores y la cirugía resultó más beneficiosa que en el resto. Los datos confirman que ser delgado y metabólicamente

El crecimiento del tejido adiposo es más evidente en pacientes con obesi- dad visceral y es causa de enfermedad.

obeso es más peligroso que un sobrepeso a la vista. En este tipo de delgados obesos no se necesita balón intragástrico ni ninguna otra intervención, pero sí un tratamiento personalizado para mejorar la salud. Lo que los autores quieren mostrar es esa multiplicidad de la obesidad, cuyo estudio puede entorpecerse si se considera que todas las personas por encima de un límite de IMC padecen una enfermedad homogénea con una tasa de éxito similar en los trata- mientos. Al comprender mejor los subtipos de obesidad, con sus distintos rasgos, comportamien- tos y factores de riesgo, podría- mos acercarnos a un modelo de medicina de precisión. ¿Se pueden extrapolar estos datos a la obesidad en general?

CUATRO TIPOS DE OBESIDAD

Después del procedimiento ba-

riátrico, los hombres perdieron

alrededor del 25% del peso; las

mujeres, el 30%, pero fueron

los pacientes de los grupos II

y III los que más se beneficia-

ron de la operación tres años

más tarde.

GRUPO III

IMC: 25

CIRUGÍA: muy beneficiosa

Metabólicamente, casi nor- males, y niveles muy bajos de desórdenes alimenticios (7% comían sin hambre).

GRUPO IV

IMC: ≈32

CIRUGÍA: poco beneficiosa

Personas obesas desde la infancia. Índice de masa corporal más alto a los 18 años, con un promedio de 32, en comparación con un promedio de 25 para los otros tres grupos.

Rosado, no lo cree así: “Los datos sugieren, no indican, que los re- sultados en lo referido a pérdida de peso podrían estar en relación con las características del pa- ciente antes de la intervención quirúrgica. No son extrapolables

a la obesidad en general. No tie-

nen en cuenta la influencia de la actividad física en los resultados

a largo plazo, y la posibilidad de

cambio, durante el seguimiento, de patrones de conducta alimen- taria, por ejemplo”. Pero a los investigadores les interesaba saber cómo mejo- raban estos pacientes en otras enfermedades asociadas a la obesidad (hipertensión, diabetes

II, riesgo hepático, etc.). “Recien- temente presentaron los datos tras siete años de seguimiento

y evaluaron la remisión de las

comorbilidades en función de los distintos subtipos. En cualquier caso, la mayor tasa de éxito, inde- pendientemente de la estrategia elegida en la intervención, se con- seguirá si se corrigen las causas que contribuyeron a la obesidad para favorecer la adherencia a los hábitos de vida saludable”. En ello hace también hincapié Joan Vendrell, jefe de Endocri- nología y Nutrición del Hospital Universitario Juan XXIII y codi- rector del Instituto de Investiga-

ción Sanitaria Pere Virgili. “Lo que está claro es que, sin un au- mento del aporte calórico, difí- cilmente se produce obesidad. No obstante, entender los me- canismos que [la] inducen y los que perpetúan las alteracio- nes metabólicas que se produ- cen es esencial en el diseño de las estrategias terapéuticas”. Aclarar cuáles son los mecanis- mos que nos hacen engordar es

prioritario. La obesidad ha alcan- zado proporciones alarmantes a nivel mundial: unos 650 millones de adultos y 350 millones de niños (42 millones menores de cinco años). Cada año mueren, como mínimo, 2,8 millones de personas por obesidad o sobre- peso. Son los últimos datos de la OMS, que alerta de que lo que antes se consideraba un proble- ma de países con rentas altas, hoy es un mal global. Ya no hay excu- sa para frenar la pandemia. Q

Un relieve del templo de la reina Hatshepsut, en Egipto. La figura femenina destaca por sus proporciones.

El cuerpo de las maniquíes refleja la evolución de los cánones de belle- za impuestos en cada época.