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OPINION CRITICA SOBRE ERASMO DE ROTTERDAM.

De la urbanidad en las maneras de los niños (De civilitate morum puerilium)

La obra cuyo título se anunció previamente, consta de una serie de normas de


comportamiento en sociedad. El estilo del texto es muy elegante tanto en su
escritura como en el lenguaje. Contiene una dedicatoria para el hijo del príncipe
Veere. “Des. Erasmo de Rotterdam, al niño Enrique de Bogoña, del más alto linaje
y las más halagüeñas esperanzas, hijo de Adolfo, príncipe de Veere, salud.” Tiene
finalidad educar a los niños, esto como una estrategia para que puedan desde corta
edad comportarse y estos a su vez tanto en su juventud y en su edad adulta puedan
transmitir esa educación a las nuevas generaciones.

El autor de la traducción al español del texto parte de los siguientes


cuestionamientos: ¿es aún vigente lo que en el manual humanista de Erasmo de
Rotterdam se propone para niños que murieron hace cuatrocientos años? O si
¿puede enseñar algo a los niños de hoy?

A continuación, se enuncian fragmentos del contenido de la obra, se quiso


rescatarlos para ver que, para la Edad Media, tenía una gran importancia y más para
la realeza tomar en cuenta que es muy valioso el comportamiento de los niños
adultos en convivencia con los demás. Sobre todo, de la clase alta, que era también
un prestigio serlo, por lo tanto, debía verse reflejado en su comportamiento y en su
educación.

La primera parte del documento, aclara y anticipa todo el programa que el autor
presenta para la educación del niño, desde el ánimo con el que debe vivir y
presentarse, las artes, deberes y oficios, principios de urbanidad: “Ahora bien, el
cargo de formar a la niñez consta de muchas partes, de las cuales la que es tanto
principal como primera consiste en que el ánimo ternezuelo se embeba de las aguas
seminales de la divina piedad; la siguiente, que, tomando amor a las enseñanzas
liberales, las aprenda bien; es la tercera que se instruya para los deberes y oficios

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de la vida; la cuarta, que en seguida ya desde los primeros rudimentos se
acostumbre a la urbanidad en las maneras.”

En la primera parte, concretamente se enfoca en cómo debe verse el niño frente a


los demás, no mostrando cara triste, sino alegre: “Así pues, a fin de que el ánimo
bien compuesto del niño reluzca por doquiera (y reluce más que nada en el
semblante), sean los ojos plácidos, pudorosos, llenos de compostura”

- “Recoger en pañizuelos el excremento de las narices es decente, y eso,


volviendo de lado por un momento el cuerpo, si hay otros de más dignidad
delante. Si algo de ello se ha arrojado al suelo, al haberse sonado la nariz con
los dos dedos, ha de refregarse luego con el pie.”
- Si estando otros presentes sobreviene un estornudo, es urbano volver de lado
el cuerpo; después, cuando el ímpetu haya remitido, signarse la cara con la
señal de la cruz, y luego, quitándose el gorro, devuelto el «Salud» a los que
lo han pronunciado o debían haberlo hecho (pues el estornudo, del mismo
modo que el bostezo, quita de momento el sentido del oído), pedir perdón o
dar las gracias.
- La boca ni se la tenga apretada, que es propio de quien teme inhalar el aliento
del otro, ni abierta de par en par, que lo es de imbéciles, sino esté compuesta
con los labios besándose entre sí ligeramente.
- La limpieza de los dientes ha de cuidarse; pero blanquearlos con polvillo es
cosa de muchachas; refregarlos con sal o con alumbre, dañoso para la encía.
- Pueblerino es andar con la cabeza despeinada; rija en ello el aseo, no el
lustre, propio de muchachas.
- Retener la orina es dañoso para la salud; verterla en secreto es verecundo.
Los hay que aconsejan que los niños, comprimiendo las nalgas, retengan el
flato del vientre; pero por cierto que no es civilizado, por afanarte en parecer
urbano, acarrearte enfermedad.
- Sentarse con las rodillas desapartadas o con las piernas abiertas o torcidas
para fuera es de fanfarrones.

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- Resumidamente se ha hablado del cuerpo; ahora, de la indumentaria en
pocas palabras, por aquello de que el vestido es en cierto modo cuerpo del
cuerpo, y también por él es dado deducir la traza del espíritu.
- Cada vez que pases las puertas del templo, descubre la cabeza, y doblando
moderadamente las rodillas, vuelto el rostro a los sagrarios, haz saludo a
Cristo y a los Santos. Lo mismo ha de hacerse también en otras ocasiones,
ya en la ciudad, ya en el campo, cada vez que te viene al encuentro la enseña
de la Cruz.
- Algunos responden antes de que haya terminado su parlamento el que les
interpela; así sucede a menudo que, respondiendo lo que no viene al caso,
sea uno motivo de risa y dé ocasión al viejo proverbio (h)ámas ape ´itoun
«Hoces es lo que te pedía».
- En el dormitorio se alaba el silencio y la vergüenza; ya de por sí el griterío y
la charlatanería son indecorosos, mucho más en el lecho.

En la educación de la época, era muy importante le buena apariencia frente a los


demás, la enseñanza consta de contenidos que en la actualidad se les da poca
importancia. Además, se ve una educación muy religiosa, porque en una parte se
enseña a los niños a cómo pasar frente a un templo, con reverencia y de una manera
de respeto a Dios y Jesús Sacramentado. Muchas veces en los pueblos se educa aún
para que, al pasar frente a un templo, debe mostrarse cierta reverencia, son
vestigios de la educación religiosa que se le fueron transmitiendo a nuestros padres.
Se ve reflejado hasta en el lenguaje en expresiones como: “Si Dios lo permite”,
“Primero Dios”, “Dios te ayude”, “Que Dios te lo tome a bien” y otras muy comunes.

La educación que propone Erasmo de Rotterdam no es una educación superficial,


es un programa muy completo en el que se pretende enseñar desde cómo mostrarse
frente a los demás, como cuidar el cuerpo físico y cómo aprender a trabajar en
oficios, mismo que servirá para la vida.

Esto me ayuda a pensar la gran tarea que la educación tiene en la actualidad, y que
la doble finalidad de educar en el conocimiento, es decir, en el área intelectual y

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educar para la vida, en el comportamiento, en la personalidad, en el temperamento,
en las relaciones humanas, mismas que harán posible la sana convivencia en
sociedad consigo mismo y con los demás.