Sei sulla pagina 1di 12

"El diagnóstico y la evaluación psicológica en España: revisión y

perspectivas"

"Diagnosis and Psychological Assessment in Spain. A Review and New


Trends"

Coordinador: Alejandro AVILA


Comité Técnico: Alfonso BLANCO
Isabel CALONGE
María FORNS
María OLIVA MARQUEZ
María del Carmen MARTORELL
Carlos RODRIGUEZ SUTIL
Fernando SILVA
Colaboración: Mercedes TORRES
Ponencia marco en el 11 Congreso del Colegio Oficial de Psicólogos, Valencia, 1990.

ANTECEDENTES Y DESARROLLOS INICIALES DEL


PSICODIAGNOSTICO Y EVALUACION PSICOLOGICA

En opinión de Nelson y Hayes (1986), cada una de las eras destacables de la


psicología clínica, ha ido acompañada por su correspondiente etapa en
evaluación psicológica y, aún más, podríamos sostener que cualquier época
histórica ha sido subsidiariamente acompañada por unas determinadas
concepciones y usos evaluativos.

Esto es tanto como entender, en el sentido de Althusser (1966), que la cultura de


todos los tiempos, está constituida por un conjunto de sistemas estructurados que
es el conjunto de prácticas más o menos dominantes del momento (Hubner,
1983); quizá por ello, una aproximación basada en hitos o cambios de los usos y
maneras de la propia evaluación psicológica, demuestra, generalmente, ser
insuficiente.

Las modificaciones sucesivas, en cualquier campo de conocimiento desde luego


son debidos a ideas innovadoras, pero que, probablemente deben su éxito no a
que lo son sino a que se muestran armónicas con los componentes de un
determinado sistema general, cubren las necesidades del momento, no son
desafiantes para el sistema de valores imperante y, por tanto, se instalan en un
clima receptivo (Robinson, 1976). Como es sabido, puede entenderse incluso que
la aparición de nuevas prácticas o el impulsor del cambio es el cambio habido,
previamente, en el propio sistema socio-cultural (Kuhn, 1962).

Las magníficas revisiones sobre los antecedentes del psicodiagnóstico llevado a


cabo por distintos autores (v.g. McReynolds, 1975, 1985; Fernández-Ballesteros,
1980, 1981; Silva, 1982; Pelechano, 1988; Carpintero, 1989) ponen de
manifiesto, en primer lugar, que los aspectos, incuestionablemente relacionados
con la evaluación psicológica, están inveteradamente presentes en la historia y,
segundo, que muy claramente pueden identificarse las acciones encaminadas a la
descripción, la predicción y la clasificación. Estas prácticas, inspiradas por
concepciones y demandas muy diferentes, pueden entenderse como registros de
productos, relacionados con el quehacer de extraer conocimiento psicológico y,
por tanto, deben ser consideradas como medidas de archivo de las prácticas
epistémicas que roturan el campo de la Psicología, a través del tiempo.

La publicación del Dr. Juan Huarte (1530-1589), "Examen de ingenios para los
ciencias", es sin duda, la cita obligada como precursora de la evaluación
psicológica. Este precedente, sin embargo, no debe ser presentado, como si en
una España, con cinco siglos de importante desarrollo cultural, no hubiera
existido ninguna conceptualización sobre el análisis psicológico. Sin duda, la
decantación precedente de filósofos musulmanes y judíos, enmarca y fundamenta
ésta y otros muchas concepciones del XVI. Por ejemplo, es imposible no evocar
las concepciones sobre la perfección y la realización del hombre de Avempace
(1070-1138) o sobre la razón empírica de Ibn Tufayl (1105-1185); (vid. Asín
Palacios, 1942, 1945; y Guerrero, 1985).

La obra de Huarte, contextualizada en un mundo desmembrado por las


expulsiones y sesgado en sus quehaceres por prejuicios religiosos y sociales, trata
de proponer otra vía en orden a una mejor adecuación de los sujetos a las tareas y
"sugirió, al decir de algunos, los elementales principios del sistema del célebre
Gall fundador de la frenología moderna, y por tanto fue nuestro autor de los
primeros que, anticipándose algunos siglos a los modernos fisiólogos,
pretendieron basar en el íntimo consorcio de lo físico con lo moral, el
conocimiento de las aptitudes morales e intelectuales de los individuos" (Prólogo
de los editores a la edición de Biblioteca Clásica Española, Barcelona, 1884). Así
puede resignificarse aún hoy esta obra, profundamente enraizada en el
mentalismo e innatismo, al mismo tiempo que es una muestra de procedimientos
descriptivos.
Pero la época inmediatamente posterior al siglo XVI, optará por otra alternativa
distinta a la que puede representar al examen de los ingenios, para adecuar las
distintos competencias a las aptitudes; en un mundo fuertemente marcado por los
castas (por emplear el concepto de Castro) y por la contrarreforma, la educación
de los élites fue el modelo elegido por la Compañía de Jesús, de firme y duradero
impacto en nuestro país y cuyo programa supuso "un serio conocimiento de los
ciencias y de las letras y un inteligente empleo de la psicología. (Jiménez, 1971,
pág. 219).

No obstante, el dogmatismo fue cerrando puertas dentro y fuera de la


Universidad mientras que, desde los planteamientos naturalistas del
renacimiento, el discurso racional de la lógica aristotélica escolástica se veía
contestado por el reduccionismo sensista (Telesio y Montaigne, entre otros) sin
más repercusiones internas que algunos intentos, desde luego brillantes, de
reactualizar el legado tradicional, como es el caso de Suárez. Así se inhibió el
desarrollo de la investigación natural; los portadores del pensamiento moderno
simplemente ya no estaban aquí (v.g. Sánchez o Espinosa). El lenguaje
descriptivo retomo el protagonismo apoyado por el empirismo de Hobbes, Locke
y Hume, a través de modelos asociacionistas y mecanicistas y por los desarrollos
matemáticos de los siglos XVII y XVIII, para, a través, de los concepciones
fenomenistas (Galileo y Newton), dar lugar al positivismo del XIX.

La decantación progresiva de estas corrientes, como es sabido, supone una


remodelación general del sistema en extremo notable: presenta la propuesta del
conocimiento, análisis y síntesis de los fenómenos como objeto de estudio;
asume la apariencia o manifestación de la realidad en la experiencia humana y da
lugar al desarrollo de la metodología científica. Cuando se restaure el discurso
racionalista (Descarte y Leibniz), tendrá que apoyarse seriamente en el Método,
para restablecer la seguridad del conocimiento y distinguir las verdades de hecho
y las verdades de razón. A pesar del intento integrador kantiano, el eje
empirismo-racionalismo se establecerá como el tópico insoslayable desde donde
va a ser planteado todo la problemática de la explicación científica.

En este discurrir, ni el florecimiento de instituciones de carácter


extrauniversitario del período ilustrado, ni el importante esfuerzo de Feijoo para
preparar la reforma, consiguieron paliar una larga historia de crisis en la que
tuvieron cabida la desaparición del sistema colegiado universitario y la pérdida
de autonomía de los centros. El siglo XVIII, concluye, como es sabido, con un
período de reformas generales (1770-1780), de los que, por supuesto, no estuvo
exento el ámbito educativo.
Con la centralización de la enseñanza, los sucesivos Planes de Quintana y
Calomarde y, finalmente, la Ley de Instrucción Pública de 1857, está el marco
preparado (si se admite esta expresión presentista), para que vuelva a tomarse la
educación de los jóvenes, como una tarea de máximo prioridad, como en otro
tiempo lo hicieran los jesuitas.

A finales de la centuria, con uno importante crisis de la metafísica idealista se


produce un cierto impacto social del positivismo (vid. Núñez, 1975)
paralelamente a la influencia de la filosofía Krausista, fundamentalmente a través
de Sanz del Río, conocedor de la filosofía de Krause. Inspirados en dichos
doctrinas, Sanz del Río, junto con Salmerón y Giner impulsan el movimiento de
renovación ya en 1890, aunque no sin dificultades, entre las que se encuentran la
separación de Sanz del Río de su cátedra de Filosofía del Derecho y el expediente
a González Serrano, autor del primer libro de la Psicología Experimental escrito
en Español.

No obstante, a pesar de las resistencias, la contestación a la enseñanza tradicional


continúa y en el 1876 nace la Institución Libre de Enseñanza, sostenida por
krausistas y krausistas positivistas (vid. Núñez, 1975): Simarro, Salmerón,
Azcárate, Bornes, Viqueira y los hermanos Giner de los Ríos, entre otros. La
Institución ejerció una notable influencia bajo la que se crea el Museo
Pedagógico, sede del primer laboratorio de Psicología Experimental, dirigido por
Barnés y La Residencia de Estudiantes en 1910.

El trabajo de Giner de los Ríos sobre Psicología Filosófica en 1874 y sobre


fisiología e introducción del modelo de Wundt en 1877, preparan el camino de
regreso a la Universidad del nuevo enfoque que cristaliza en la creación de la
cátedra de Psicología Experimental, ocupado por Simarro en 1902. Bajo la
influencia de Simarro se desarrollarán los trabajos de Viqueira y los de
Rodríguez Lafora, y Achúcarro (discípulos de Alzheimer y Kraepelin) en el
Patronato Nacional de anormales y en el Laboratorio de Psicología fisiológica,
respectivamente.

Así quedaban trazados las líneas del futuro desarrollo de la Psicología y de la


Evaluación psicológica, partiendo de un marco filosófico que había asumido "...la
necesidad de comenzar toda indagación filosófica y científica por una indagación
psicológica que le sirviese de cimiento". (Lafuente, 1980, pág. 146). Dada la
importancia que adquirió la investigación en instituciones psiquiátricas
(Neuropático de Carabanchel, Frenocomio de Ciempozuelos, etc.), así como la
investigación sobre deficientes mentales, más la importancia de la
psicopedagogía, la adaptación y el desarrollo de instrumentos de evaluación o
diagnóstico se iba a ver notablemente favorecido, en paralelo con la creación de
centros, institutos y patronatos.

Fundamentalmente podemos distinguir por un lado, la atención recibida por las


técnicas para la medición de la energía física e inteligencia: Introducción de la
obra de Binet-Simon y otros instrumentos de medición por Ballesteros (1911);
creación de instrumentos de medición psicopedagógica, etc., y, por otro lado, la
utilización casi masiva de técnicas proyectivas, tanto en ámbitos escolares como
clínicos.

En 1925, Sacristán publica su primer trabajo divulgativo sobre la técnica de


Rorschach y Emilio Mira publica dos estudios, uno descriptivo y otro sobre el
valor de la prueba. Inmediatamente se introduce la investigación con niños
normales y anormales (Juarros y Soriano, 1929) y, al año siguiente, en el VI
Congreso Nacional de Psicotecnia de Barcelona, Lafora dedica su ponencia al
método Rorschach. Durante los primeros años de esa década, algunos centros
públicos, como el Frenocomio de mujeres de Ciempozuelos (Madrid) y el
Frenocomio Provincial de Málaga, se convirtieron en importantes centros de
investigación, en los que son encomiables el rigor científico, el carácter
vanguardista de sus objetivos de investigación y sus críticas metodológicas.

Se ha iniciado una entusiasta actividad "...para emprender la interesante y urgente


labor de explorar las características nacionales y regionales de nuestro país".
(Juarros, 1934, pág. 323), sin embargo, es en el contexto clínico donde se
producen el mayor número de investigaciones, tales como los de Prado y Linares
Mozo (1932) sobre estados paranoides y parálisis progresivas, la de Sempaw
(1933) con sujetos epilépticos y la de Bustamante (1934) con neuróticos
obsesivos. Pero también se realizan notables trabajos en otras áreas como dan
buena muestra los análisis estadísticos correspondientes a niños de ocho a trece
años (Linares, 1932), el trabajo realizado con delincuentes juveniles por Prados
(1934), (Citados por Serrate, 1980).

Naturalmente los propósitos manifestados por Juarros y todos estas líneas de


trabajo quedan interrumpidos en 1936 y muchos de los miembros de esta escuela
de buenos maestros, reanudaron su trabajo en otros países.

Tras la guerra civil, a medida que se van recuperando las condiciones de trabajo,
se recogen los aportaciones de Binder y se reinician algunos estudios relativos a
la evaluación de la personalidad, paralelamente a los trabajos de validación de
algunos técnicas (Tranque, 1942). En 1944, hace su aparición una obra
interrumpida en el 36: "El Psicodiagnóstico de Rorschach" de Salas, obra de
especial resonancia y que sin duda influyó en el incremento de los trabajos
realizados mediante la aplicación de esta prueba (Garmendia, 1946; Serrate,
1947; 1949; 1951).

En 1946 José Germain fundo la "Revista de Psicología General y Aplicada". Al


año siguiente Emilio Mira y López publica su obra "Orientación Profesional",
cuyo interés ha llegado hasta nuestros días (se está preparando una reedición
actualizada).

Con la creación en 1948 del Departamento de Psicología Experimental en el


Consejo Superior de Investigaciones Científicas, organizado por José Germain -
en el que participan entre otros Mariano Yela, José Luis Pinillos y Miguel
Siguán- y el Instituto Nacional de Psicología y Psicotecnia, podemos entender
que se ha producido la restauración de la psicología científica y aplicado y
comienzo nuestra historia reciente.

La evolución del Psicodiagnóstico: Del énfasis en los técnicas de evaluación al


estudio del Proceso evaluativo.

A partir de 1950 se van a suceder los hitos de un proceso que -lento pero
progresivamente van a delimitar y propiciar el floreciente desarrollo actual del
Diagnóstico y la Evaluación Psicológica en España. En 1952 se constituye, bajo
la iniciativa de José Germain, la Sociedad Española de Psicología, exponente de
la consolidación y evolución de la Psicología Científica en nuestro país. En el
mismo año se reorganiza el Instituto Nacional de Psicología Aplicada y
Psicotecnia, y Miguel Siguán publica "las pruebas proyectivos y el conocimiento
de la personalidad individual", primera obra de conjunto en castellano el
Psicodiagnóstico mediante métodos proyectivos.

En 1953 se crea "a partir del grupo del CSIC- la Escuela de Psicología y
Psicotecnia en la Universidad Complutense de Madrid, primera formalización de
la enseñanza universitaria de la Psicología en España, con la inclusión de la
disciplina de "Psicodiagnósticos". Pocos años después (1956) Mariano Yela
publica su obra "Psicología de las aptitudes" y al año siguiente es nombrado
catedrático de Psicología Experimental.

1963 señaló el inicio de los congresos nacionales de psicología organizados por


la SER, en los cuales los trabajos sobre Diagnóstico y Evaluación Psicológica
van o ser tópico frecuente y en ocasiones prioritario.

Entre 1964 y 1966 Juan Masana -en Barcelona- y Antonio Colodrón -en Madrid-
desarrollan las primeras aplicaciones de la Terapia de Conducta en España.
Mientras, la perspectiva tipológico-constitucional se va a plasmar en la obra de
Pinillos, López Piñero y García Ballester "Constitución y Personalidad"
publicado en 1966.

En 1968 se crea en Madrid y Barcelona, dentro de la licenciatura en Filosofía y


letras, la Sección de Psicología, de la que van a surgir los primeros licenciados.
La disciplina de Psicodiagnóstico va a quedar incluido entre las materias
fundamentales de la especialidad.

El creciente interés sobre los tests, y las controversias generadas por los
procedimientos evaluativos se plasma en la XVI Reunión Anual de la SEP (1972)
que fue dedicado monográficamente al tema "Sentido y Límites de la
Prospección y Medido Psicológicas". En ese mismo año Alvarez Villar publicó
su obra "Psicodiagnóstico Clínico" primera obra monográfica que bajo ese título
se publica en España, y en 1975 los editores españoles de tests publicaron
conjuntamente la obra "Tests empleados en España", modestamente inspirada en
los anuarios de Buros. Lamentablemente esta obra queda como única y ya
obsoleta opción para acceder al conjunto de los instrumentos de evaluación
disponibles en España. Aunque la enorme complejidad actual del panorama de
instrumentos de evaluación no lo erige en tarea fácil, es de especial interés
sistematizar el acceso a tan amplio volumen de instrumentos y técnicas, y el
Colegio Oficial de Psicólogos podría destinar recursos para llevar a cabo esta
necesaria obra.

Volviendo a nuestra historia reciente, en ese mismo año (1975) Vicente


Pelechano funda en las Islas Canarios la revista "análisis y Modificación de
Conducta" pionera en España de la evaluación e intervención conductual y este
mismo autor realiza la primera sistematización de contenidos propios de la
disciplina de " Psicodiagnóstico", en unas Unidades Didácticas publicados por la
UNED.

1980 será un año trascendente, con la creación en España, por la ley, del Colegio
Oficial de Psicólogos, primera asociación profesional de psicólogos de rango
estatal. En ese mismo año -y partir de él- las publicaciones sobre Diagnóstico y
Evaluación Psicológica se van a suceder fructíferamente. La dotación de cátedras
de psicodiagnóstico va a consolidar la enseñanza e investigación de la disciplina,
que serán ocupados por María Eugenia Romano (fallecida en 1987), Rocío
Fernández-Ballesteros, Fernando Silva y Alfonso Blanco. 1980 es también el año
en que Rocío Fernández-Ballesteros publica la primera obra en España que
aborda de forma detallada los aspectos teórico-conceptuales del
Psicodiagnóstico, y al año siguiente, junto a José Antonio I. Carrobles la primera
obra colectivo sobre "Evaluación Conductual" en España. A estas obras seguirán
numerosas publicaciones que han demarcado teórica, metodológicamente o a
través de los diferentes instrumentos, las direcciones actuales del
Psicodiagnóstico y Evaluación Psicológica: Silva (1982), Fernández-Ballesteros
(1983), Blanco (1986), Avila (1987o), y Pelechano (1988), entre otras muchas
contribuciones destacables.

A partir de 1982 la actividad investigadora y aplicada es constante, y


probablemente sus principales aunque no únicos- exponentes sean los dos
Congresos de Evaluación Psicológica (Madrid, 1984 y 1987) organizados por la
Sociedad Española de Evaluación Psicológica y sus promotores, así como la
aparición de la Revista "Evaluación Psicológica/Psychological Assessment". El
desarrollo de las especialidades dentro de los estudios de la licenciatura en
Psicología ha propiciado igualmente una mayor especialización y la potenciación
de la vertiente aplicada en Diagnóstico y Evaluación Psicológica en los diferentes
contextos de intervención.

La delimitación conceptual, metodología y aplicaciones del Diagnóstico y


Evaluación Psicológica fue abordado ya en sendas reuniones de profesores de
psicodiagnóstico procedentes de las diferentes universidades españolas,
celebrados en 1981. El Psicodiagnóstico o Evaluación Psicológica fue entonces
definido (intentando aunar lo básico de los diferentes perspectivas teóricas y
metodológicas) como "El proceso de análisis científico que, partiendo de datos
múltiples y confluyentes y a través de la descripción, comprensión y, en su caso,
explicación de la Conducta de un sujeto o grupo humano, tiene como objeto la
intervención, en términos de predicción, orientación, modificación o
experimentación". Superada la tradicional reducción del psicodiagnóstico a sus
instrumentos, a través del cual se dan sus diferentes aspectos metodológicos. Este
sentido procesual va a caracterizar ya de forma inequívoca a la Evaluación (véase
Silva, 1988). Un proceso que se caracteriza con las peculiaridades necesarias
para adaptarlo a los diferentes contextos de la intervención psicológica, por los
siguientes aspectos y contenidos:

a) Incluye al Evaluador, al Evaluado y a lo Evaluado.

b) Se articula en diferentes tareas, que suelen corresponderse con distintas fases


del proceso:

1. Especificación del problema o de la demanda que origina la intervención.

2. El análisis y valoración del problema o demanda mediante técnicas de


evaluación específicas.

3. Formulación de hipótesis.
4. Valoración de los hipótesis y adopción de decisiones.

5. Establecimiento de un plan de intervención, y

6. Valoración y seguimiento de la intervención realizado.

La errónea identificación exclusiva del Psicodiagnóstico con valoraciones


basadas en criterios psicodinámicos, ha sido argumento frecuentemente
esgrimido para oponer al Psicodiagnóstico Tradicional la llamada Evaluación
Conductual. El llamado psicodiagnóstico tradicional ha dependido de diversas
condiciones (propiedades de los instrumentos; tipos y características de los
criterios; niveles de inferencia de las valoraciones y predicciones, etc.) y quizá ha
carecido hasta épocas recientes de modelos integradores que delimiten la
evaluación como proceso en el contexto de la intervención psicológica. En
cambio la evaluación conductual nace como un conjunto de planteamientos
teórico-metodológicos y sólo más tarde se interesará por los instrumentos de
evaluación, en un intento de recuperar para sí la fundamentación y
procedimientos psicométricos. Así puede apreciarse entre nosotros en lo reciente
obra de Silva (1989). Mientras tanto los procedimientos psicométricos y
proyectivos han continuado -lento pero inequívocamente- su proceso de
renovación metodológica y de referencia a modelos, a la luz de planteamientos
de muy variada cuña, entre los más destacables los modelos basados en la teoría
de la decisión. Y todo ello junto a innovaciones metodológicas como los
supuestos por el énfasis en el estudio de casos con diseños experimentales y
métodos multivariados (N=1) y la utilización del ordenador para numerosos
aspectos de la evaluación, incluyendo los modelos de Inteligencia Artificial.

La práctica del Psicodiagnóstico en España ha seguido, tardío, pero quizá mucho


más abruptamente, las mismos tendencias que se han dado en los países del
entorno anglosajón. Entre los más destacables están las siguientes:

a) Abandono inicial del uso privilegiado de los tests clásicos (psicométricos y


proyectivos) ante los expectativas despertadas por la intervención en Psicología
Comunitaria y Psicología de la Salud, a cuyos fines evaluativos, con frecuencia,
aquellos instrumentos no sirven.

b) Utilización indiscriminada de cuestionarios -con frecuencia meras


traducciones, en un contexto de evaluación conductual sin reparar, al menos
inicialmente, en los problemas metodológicos que plantean.

c) Mantenimiento reactivo en sectores de la clínica de la praxis más tradicional


del psicodiagnóstico de orientación dinámica: Utilización de baterías de tests,
entre los que se encuentran algunos tests proyectivos de problemática
fundamentación (tests gráficos, cuestionarios desiderativos) cuya utilización
como tests es casi siempre inadecuado ante los exigencias psicométricas
mínimas. Los clínicos suplen las carencias de los tests con su experiencia y
capacidad valorativa mediante otros procedimientos (sobre todo supliendo con la
observación las carencias de los tests).

Tras las reacciones iniciales (tanto rupturista como conservadora) se produce una
vuelta del interés por la evaluación: La decepción progresiva ante los límites y el
reducido alcance de muchos de los problemas hace que la evaluación vuelva a ser
un recurso fundamental. La posibilidad de combinar un mayor énfasis y rigor
descriptivo con las estimaciones predictivas, y la necesidad de evaluar los efectos
de las intervenciones, ha tendido a la consolidación de los planteamientos
evaluativos. Esta tendencia converge con la importancia que tiene el desarrollo
de una dirección integradora en Psicodiagnóstico, aspecto que subrayan, entre
otros, Fernández-Ballesteros (1983), Calonge (1987), Avila (1987) y Avila y
Rodríguez Sutil (1987).

Un problema destacado han sido y son los, con frecuencia, deficientes


procedimientos seguidos en España en la adaptación de tests y cuestionarios
diseñados en otros países y contextos. Estas deficiencias provienen tanto de los
responsables de las adaptaciones como "en ocasiones" de los propios autores o
sus representantes comerciales, que al amparo de los derechos de autor han
impedido más de una vez, y con instrumentos destacados, la mejora de versiones
nacionales, que pioneros en su momento, tienen en la actualidad un dudoso valor.
Este estado de cosas no ha facilitado precisamente el buen desarrollo de una
evaluación psicométrica de calidad en España, abundando lo que Pelechano
(1988), no sin cierto humor, llamo "Traducciones excesivamente libres "de los
cuestionarios de personalidad y sus manuales. Constatamos la necesidad de
desarrollar en España unas "Normas para Tests Psicológicos" que sirvan de
modelo de referencia en lo que respecta a construcción, adaptación y utilización
de tests, aspecto que es foco de atención prioritario por parte del Colegio Oficial
de Psicólogos para los próximos cuatro años.

Pero todo ello dentro de el énfasis en resaltar la importancia de fomentar el


diseño y la construcción de instrumentos españoles, propios de cada clase de
necesidad de evaluación y preparados para los distintos contextos socio-
culturales y lingüísticos (Castellano, Catalán, Gallego y Vasco, entre otros).

El quizá excesivo énfasis polémico habido sobre las diferentes perspectivas


escolásticas en evaluación será probablemente sustituido por la tendencia a la
consolidación, renovación y ampliación de perspectivas para los diferentes
modelos y procedimientos conductuales y cognitivos, y planteamientos
metodológicos interdisciplinares como la valoración de programas coexistirán al
menos, y quizá puedan enriquecerse mutuamente. El estudio de casos será quizá
un punto de encuentro para todas las aproximaciones. Como señala Calonge "...
parece resurgir el interés por el Psicodiagnóstico dentro del campo de la
Psicología Clínica, y, en contra de lo que podía esperarse en la pasada década, las
técnicas de evaluación llamados "Tradicionales" mantienen un alto nivel de
utilización y entrenamiento académico" (1987; pág. 109).

Mientras se vienen desarrollando estos fenómenos de transición y cambio, el


Psicodiagnóstico y la Evaluación Psicológica se ha abierto a nuevas áreas de
aplicación e instrumentación; entre ellas, las más destacables son: a) La
evolución neuropsicológica; b) La evaluación de ambientes y contextos; c) La
evaluación de acciones, planes y programas; d) La evaluación forense; e) La
evaluación específica en el proceso de rehabilitación físico y sensorial; f) La
evaluación de organizaciones. Las dos primeras serán abordadas específicamente
en esta ponencia. Esbozaremos brevemente las restantes.

Las nuevas y crecientes necesidades de valoración de las acciones, planes y


programas desarrollados en múltiples niveles de las políticas de salud y servicios
sociales ha resaltado la importancia de esta vertiente de la evaluación psicológica
y psicosocial. Desde la valoración de programas de intervención comunitaria
específica (p.e. las que lleva a cabo el INSERSO en Residencias de Ancianos) a
aquellos que intentan medir el impacto medio ambiental (p.e. Impacto de la
Implantación del Tren de Alta Velocidad), pasando por los campos de aplicación
más tradicionales (valoración de programas educativos; valoración de
tratamientos) todos estas aportaciones y aplicaciones están representando un área
de desarrollo metodológico de primera magnitud (Fernández-Ballesteros, 1985).

Las necesidades valorativas que se dan en el contexto jurídico han estructurado


una nueva vertiente: la Evaluación Psicológica Forense, con aplicaciones
múltiples para dar respuesta a situaciones muy variados (véase p.e. Avila,
1986d), de entre los que destacamos como ejemplo: Valoraciones periciales de
todo tipo (de interés para las acciones civiles y penales); Selección y formación
de policías; Valoración de testimonios; Valoración de la Competencia Civil;
Clasificación y valoración penitenciaria; y posiblemente en un futuro próximo la
valoración de jurados y el apoyo a la toma de decisiones por jueces y jurados.

Dentro de la importante área de intervención que representa la rehabilitación


física y sensorial, la evaluación psicológica ha venido a ocupar un papel central.
La relevancia que tiene la valoración de discapacidades y minusvalías tanto para
su correcta identificación como para el desarrollo de cualquier plan rehabilitador,
ha generado el desarrollo de planteamientos e instrumentación de nuevo cuño,
con aportaciones específicamente españolas. En este congreso pueden apreciarse
algunas de ellas.

Finalmente -pero sin la pretensión de haber agotado las innumerables áreas o


especialidades de aplicación- destacar la importante renovación habida en los
planteamientos evaluativos en Psicología del Trabajo y de las Organizaciones.
Estas vertientes aplicadas, las de mayor tradición en evaluación psicológica, han
ofrecido un panorama de coexistencia de muy diferentes modelos y técnicas de
evaluación orientadas a las múltiples exigencias de evaluación que se dan en el
campo de la empresa: Selección de personal, formación de personal, valoración
de tareas, clima organizacional, diseño organizacional, valoración
organizacional, entre otros. La existencia, en este mismo congreso de un área
dedicado a este ámbito de intervención, nos ha relevado de la compleja tarea de
revisar los innumerables desarrollos habidos en ella.