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El Amor de Dios para un Mundo que Perece


Jn. 3: 16

Introducción:
Juan 3: 16 es el epítome del evangelio: Una declaración concisa del bendito
esquema de la redención. En el que tenemos:

1. El gran diseño contemplado por Dios.


Que el ser humano “no se pierda, mas tenga vida eterna”
a) Está implícito el estado de perdición del hombre.
Esto queda ampliamente establecido por otras declaraciones
de las Escrituras. “El pecado entró en el mundo por un hombre,
y por el pecado la muerte” (Ro. 5: 12) Todos los hombres viven
por naturaleza en incredulidad, por tanto, son hijos de ira y ya
condenados.
El estado de perdición del hombre incluye:
1. La tendencia del cuerpo a la desintegración. “Está
establecido para los hombres que mueran una sola vez”
“Pues polvo eres, y al polvo volverás”.
2. La presente muerte espiritual del alma. Muertos en delitos
y pecados. La imagen del Dios desfigurada. Las facultades
de la mente alienadas de Dios. El resultado es inquietud y
dolor. No hay paz.
3. La exposición del alma a los dolores amargos de la muerte
eterna. “El alma que pecare, esa morirá”
b) Lo que Dios contempló en el esquema de la salvación.
1. La restauración del alma a la vida y a la imagen de Dios.
2. La resurrección del cuerpo a la semejanza de Cristo por el
poder del Espíritu.
3. El gozo de la vida eterna en el mundo venidero.
Notemos,

2. El medio mediante el cual Dios llevó a cabo su glorioso


diseño.
Dio a su Hijo Unigénito. Observemos:
a) La persona.
“Su Hijo Unigénito” “Su compañero” Aunque adoptó la forma
de siervo, Él era igual a Dios (véase He. 1: 2; Fil. 2: 6-8)
Observemos,
b) Dio a su Hijo.
Lo hizo mediante promesas, en tipos, sombras y sacrificios,
proféticamente, y al fin se hizo realidad en el cumplimiento del
tiempo: “Envió a su Hijo...” (Gá. 4: 4)
c) El fin para el cual dio a su Hijo.
Para tomar la naturaleza humana, para cumplir con la ley, para
revelar las doctrinas del evangelio, para ser el ejemplo de su
pueblo, para derramar su sangre en propiciación por los
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pecados y así morir en lugar de los transgresores, y luego


resucitar para justificación de los pecadores, y para ser para
siempre el mediador de su iglesia.
d) Las personas por las que dio a su Hijo: Todo el mundo.
“Nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado
al Hijo, el Salvador del mundo” “ Y él es la propiciación por
nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino
también por los de todo el mundo” (Jn. 1: 29; 2 Co. 5: 14; 1 Jn.
4: 14; 2: 2) Notemos,

3. El modo divino mediante el cual todo hombre obtiene el


beneficio de este don.
“Para que todo aquel que en él cree...” Observemos,
a) El modo establecido es la fe.
”Que en él cree” Eso da testimonio de nuestra culpa, desdicha
y peligro. De su misericordia y de la habilidad y disposición de
Cristo para salvar. Reconoce a Cristo en su oficio como
Mediador, dependiendo única y completamente de Él para
nuestra aceptación y vida eterna.
b) El alcance de este camino.
“Para que todo aquel” Abarca a todas las razas, colores y
países. Incluye todos los grados de culpabilidad, y todas las
tendencias morales. Abarca a todo aquel, excepto el incrédulo
obstinado e impenitente.

4. La gran causa original del don incomparable de Dios al


mundo.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo”
La causa era su amor gratuito, generoso, no solicitado y soberano.
Se habla del grado de este amor, no determinado, porque solo es
conocido por la mente divina en toda su riqueza y grandeza, y
aparece expresado por la frase “Porque de tal manera” No seremos
capaces de percibir en toda la eternidad el significado y alcance de
esta expresión.
Es un amor tan alto como el cielo, tan profundo como la perdición
humana, tan ancho como el universo, y tan duradero como la edad
eterna que viene.

Aplicación:
1. El estado caído de nuestro mundo y su condición de perdición.
2. Las buenas noticias que proclaman el evangelio: El amor y la
misericordia hacia nosotros.
3. El acceso fácil que Dios ha provisto para nuestra salvación, no por
obras, sino por fe.
4. El fracaso de los que perecen, “Para que todo aquel que él cree...
tenga vida eterna”.

Conclusión: