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Universidad Sergio Arboleda

Facultad de Filosofía y Humanidades


Seminario de Kant
Shannon Karin Muñoz Vergara

La felicidad y el amor propio en Kant

A partir de la exposición de la felicidad que Kant realizó en sus dos obras: Critica de la
razón práctica y Fundamentación para una metafísica de las costumbres, se hará un
análisis sobre la importancia de la felicidad para la moral en Kant, contrario a las críticas
del rechazo de Kant hacia la felicidad, a partir de las obras ya mencionadas agregando:
La religión dentro de los límites de la razón, escrita igualmente por Kant. Además, se
estudiará el concepto del amor propio o egoísmo en Kant junto a la exposición que
Esquirol realiza del mismo en su libro: La penúltima bondad. Ensayo sobre la vida
humana. Pues, considero puede tener una interpretación distinta donde se discutirá si el
amor propio en algunos casos podría dirigir al hombre a ser bueno, y no a alejarlo.
El concepto de felicidad en Kant es una de las partes más criticadas de su filosofía por su
carácter negativo que le otorga el autor, hasta el punto como se cree de rechazarla, debido
a que los imperativos categóricos que se rigen bajo el principio de la felicidad terminan
por ser acciones cuyas intenciones parten del amor propio, donde el sujeto determina el
desear de la voluntad a la satisfacción de sus inclinaciones, que buscan poseer el objeto
de sus deseos o evitarlos, en caso de que lo repugnen. Este tipo de actuar no solo es
egoísta, sino que convierten al hombre en un animal, un ser no libre que no puede dejar
de seguir sus deseos pues depende de la experiencia, esto quiere decir de la materia de los
objetos para satisfacer sus deseos, para ser feliz. A pesar de lo anterior, Kant no estaba en
contra de la felicidad, más bien de las acciones que aparentan serla, que adoptan más la
esencia de placeres efímeros y materiales, lo anterior se tratará más adelante en el texto.
La filosofía kantiana entre muchas cosas tiene un carácter riguroso y sistemático, pero en
algunas otras considero que incluso Kant, se dio cuenta que la vida no puede ser medida
solo por la moral, aquello que podemos racionalizar pues el hombre se mueve hacia fines
que conoce, así como hacia algunos otros que poseen ese mismo carácter nouménico, si
puede ser una palabra, de la naturaleza humana que, completamente, es inalcanzable.
Para comenzar, Kant al dar inicio a la primera y segunda critica en sus respectivos
contextos, deja de lado la experiencia que abarca como ya se dijo, lo contingente y
particular, para encontrar conceptos puros o una ley universal; con la felicidad no se puede
hacer lo mismo, pues esta proviene para Kant de lo material, de poseer lo que deseamos
y de repudiar lo que nos desagrada. Según el filósofo alemán en la Critica de la razón
práctica: “Ser feliz es necesariamente el anhelo de todo ser racional pero finito y por tanto un
inevitable fundamento de determinación de su facultad de desear (…) un problema, que le ha
plateado su naturaleza finita misma porque tiene necesidades” (p. 42) La anterior cita es uno de
los muchas formas como Kant se refiere a la felicidad según Portilla (2015), en realidad,
Kant no tiene un solo concepto para lo que es la felicidad, con esto de antemano se va a
dejar por un momento la felicidad como generalmente se cree Kant la ve, como amor
propio para partir de la cita previamente expuesta como la felicidad como la satisfacción
de las necesidades. Todo ser vivo debe satisfacer unas necesidades básicas para poder
vivir armoniosamente, en el hombre estas necesidades no solo se reducen a comer, dormir
o reproducirse sino también a ser parte de una sociedad, amar y ser amado, etc. Llevadas
de la mano de la razón toda necesidad puede satisfacerse sin que necesariamente
conviertan en dependiente al hombre si se considera su importancia respecto a nuestro
bienestar únicamente, pero descarriladas impuestas como una prioridad no por su
necesidad sino por el placer que acarrean llevan al hombre a actuar de manera errónea.
La felicidad dentro de los parámetros de la primera forma no fue vista como mala para
Kant, al contrario, fomentaba en el hombre el deseo de acercarse más al bien. Portilla
(2015) cita a Kant (1981) que dice respecto a lo anterior:

no puede ser puesto, como se suele declarar comúnmente, en la sensibilidad del


hombre y en las inclinaciones naturales que proceden de ella. Pues, además de que
éstas no tienen ninguna relación directa con el mal (más bien dan la ocasión para
aquello que puede mostrar la intención moral en su fuerza, para la virtud), nosotros no
tenemos que responder de su existencia (ni podemos; porque, en cuanto que son
congénitas, no nos tienen a nosotros por autores), y sí, en cambio, de la propensión al
mal, la cual, en tanto que concierne a la moralidad del sujeto, y por consiguiente se
encuentra en él como ser libremente operante, tiene que poder serle imputada como
algo de lo que él tiene la culpa. (p. 06)

Si el hombre fuera una criatura hecha únicamente para seguir sus instintos entonces los
hombres se dejarían llevar por los impulsos y la razón, la segunda sería un simple ayuda
para poder comprender el objeto de nuestro deseo y ya. Sin embargo, el hombre posee
razón, aquella que contraria estas leyes de la naturaleza a las que se ve llamado, la razón
no está dada en el hombre como un adorno sino como constructora del camino a nuestro
fin como seres racionales, el cual es diferente al de simples animales guiados por sus
instintos, la razón nos dirige hacia un fin diferente, por así decirlo, uno de la misma
naturaleza que la razón misma. Aun así, no se trata de racionalizar el actuar como si el
hombre fuera un robot que cumple ordenes, la ley moral universal que determina a la
voluntad en tanto la forma del objeto, no basta con que sea comprendida, sino que se debe
querer, es hacer el deber por el deber porque se quiere también la máxima, pues se necesita
un motor que impulse en el hombre el respetar y ordenar su acción según la ley moral.
Un caso que Kant (1841) expone para explicar lo anterior, es mediante el amor propio
donde considero, puede verse como Esquirol (2018) lo plantea en su obra, como el refugio
donde cada hombre debe cuidarse primero para poder después ayudar a los demás, no se
puede esperar bondad hacia los que nos rodean si no conozco de antemano la bondad para
mí mismo. El problema es, como con todas las emociones humanas, que oscilan entre una
línea muy delgada de la moral, en un instante pueden llevar al hombre a ser egoísta que
es lo que Kant teme, y en otro, hay un abandono completo del sujeto.

Las disposiciones de la humanidad pueden ser comprendidas bajo el título de


amor propio, ciertamente físico, pero tendiendo a la comparación; que es una
operación que requiere la intervención de la razón; es solamente, por medio
de la voz de la comparación que el hombre se juzga como feliz o
desafortunado. De este amor propio proviene nuestra inclinación a adquirir un
valor en la opinión del otro, no obstante, sin ambicionar algo más alla de la
igualdad, y a no conceder a nadie superioridad sobre nosotros. Esta inclinación
produce necesariamente después de sí, la constante aprehensión que los otros.
(p.19)

¿Qué pasaría si la felicidad fuera un concepto universal? Claramente sería un concepto


más fácil de comprender, no sería tan ambiguo como es actualmente, pero perdería toda
la importancia que el hombre le da. Que la felicidad sea algo contingente y particular
como Kant (1975) la ve, creo que demuestra nuestra libertad en algún sentido pues
podemos elegir el objeto de nuestro deseo, y eso nadie puede hacerlo. No puede ser un
concepto a priori que simplemente descifremos, la práctica es fundamental porque es
donde finalmente toma cuerpo todas las leyes morales, las emociones, la felicidad.
Considero que la felicidad real para Kant, es una síntesis como el trabajo de la razón con
respecto a las ideas que une y le dan forma a todos los conceptos para poder encaminar
todo esto hacia un fin del hombre, que es Dios para Kant. La felicidad es una síntesis de
acciones que se deben realizar siempre, algo que al igual que la moral, es lo que pone el
límite entre el animal y el hombre, requiere un constante sacrificio si va encaminada hacia
el bien que interiormente cada hombre desea, no por un si …por tanto, sino porque es al
fin y al cabo el mayor bien de todos.

Bibliografía
1. Esquirol, J (2018) La penúltima bondad. Ensayo sobre la vida humana.
Barcelona, España: Acantilado.
2. Kant, I. (2002) Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Madrid,
España: Alianza, S. A.
3. Kant, I (1975) Crítica de la razón práctica. Madrid, España: Espasa-Calpe, S.A.
4. Thorpe, L (2015) Kant’s dictionary. New york, USA: Bloomsbury.
5. Kant, I (1871) La religión dans le limit de la raison. Paris, Francia: Caprelet