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Los que crearon la política cultural nazi no olvidaron tampoco el desprecio que el fundador del

Movimiento sentía por las facultades intelectuales del pueblo al que decía predestinado a
conducir a la conquista del resto del mundo:
"La amplia masa de un pueblo no está constituida por profesores ni diplomáticos. El escaso y
abstracto conocimiento que posee dirige sus sentimientos más bien a lo emocional (…). Por
otra parte, su opinión emocional es extraordinariamente estable: la fe resulta menos
destructible que el saber, el amor es menos cambiable que la estimación, el odio persiste más
que la antipatía (…), no le es afín a los conocimientos científicos, sino al fanatismo y, tal vez, a
una histeria que sí hace marchar a las masas.
El que quiera conquistar a las amplias masas, ha de tener la llave que abra la puerta de sus
corazones; y esta llave no es objetividad, o sea debilidad, sino voluntad y fuerza (…)".[21]
El 30 de enero de 1933 Hitler se convirtió en canciller del Reich. A partir de ese momento
comenzó, a escala nacional, la puesta en práctica de los planes previstos para iniciar el mayor
experimento de transformación cultural que jamás hubiese tenido lugar en una nación.
El antisemitismo se convirtió en la política oficial del Estado alemán. De inmediato, "(…) los
nazis celebraron su victoria con atropellos y ataques antijudíos, siendo sobre todo las
víctimas de la agresión, personas que integraban los círculos intelectuales".[22]
Los decretos del 4 y 6 de febrero restringían el derecho de reunión y la libertad de prensa. El 28
de febrero la Ley para la Defensa del Pueblo y el Estadolimitaba las libertades personales, de
expresión, el secreto epistolar y la inviolabilidad de domicilios. El 23 de marzo el Reichstag
legalizaba la dictaduraabsoluta del NSDAP. Al día siguiente se otorgaron plenos poderes a
Hitler. El 1ro de abril fue declarado un boicot contra los judíos alemanes, alentado por la
prédica de Julius Streicher, y garantizados por piquetes de las SA y las SS. El 10 de mayo,
apenas tres meses después del ascenso de Hitler al poder, tuvo lugar uno de los actos
"culturales" más bárbaros de toda la historia nazi: la quema de libros "judíos" en Berlín,
preludio de la "nueva cultura".
Desde el 6 de abril, la Oficina de Prensa y Propaganda de la Asociación Alemana de Estudiantes
había convocado una campaña nacional "Contra el espíritu no- alemán", que consistía en la
purga de libros indeseables mediante el fuego. A partir de ese momento, importantes figuras
del NSDAP publicaron artículos y utilizaron la radio para exacerbar los ánimos. El 8 de abril la
Asociación emitió una declaración con doce tesis, que evocaban las de Lutero, reclamando el
rescate de la pureza del lenguaje y la cultura alemana ante los efectos del "intelectualismo
judío", y proclamando a las universidades como centros del nacionalismo.
La quema de 25 000 libros que tuvo lugar el 10 de mayo en la Opernplatz de Berlín fue la etapa
inicial de una práctica aberrante que se prolongó durante un mes, teniendo como escenario a
otras 34 ciudades del país. En cada una de estas "ceremonias" se efectuaron marchas de
antorchas y las autoridades nazis pronunciaron discursos.
Para ser leído durante cada quema de libros, la Asociación de Estudiantes envió a las
universidades el llamado Juramento del Fuego, el cual pautaba el orden en que se debían
lanzar a las hogueras las obras escogidas.
Una lista de 110 autores de todo el mundo cuyas obras fueron quemadas incluye, entre otros,
a Carlos Marx, Ernest Hemingway, Stefan Zweig, Emile Zola, H. G. Weiss, Marcel Proust,
Sinclair Lewis, Lenin, Heinrich Heine, Albert Einstein, Jack London, Bertolt Brecht, Henri
Barbusse, Sigmund Freud, Frank Kafka, Thomas Mann y Robert Musil.[23] No en vano uno de
ellos, Heine, había vaticinado: "Allí donde se empieza quemando libros, se termina quemando
hombres".
Las bibliotecas y librerías alemanas, a partir de este momento, son sometidas a
un control constante y a purgas radicales. Un importante grupo de escritores, periodistas,
artistas, maestros y científicos alemanes, de primer nivel, se vio obligado a huir del régimen
que a tan bárbaras restricciones sometía la libertad de creación e investigación en su país.
La llamada "reforma universitaria", proceso mediante el cual se depuró a todos los profesores
y estudiantes "indeseables" por razones políticas, ideológicas o raciales, fue otro instrumento
en manos de Hitler y los nazis para consolidar la dictadura, en el terreno de la cultura y las
ideas.