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SEMINARIO DIOCESANO

“NUETRA SEÑORA DEL CARMEN”

ALUMNO: Christian Waldir Farro Pérez


PROFESOR: Héctor Maguiña Julca

RESUMEN. “APRENDER A
CREER” DE FRANCO ARDUSO
Curso de Teología Fundamental
INTRODUCCIÓN.

El cristiano es una persona que aprende a creer, día tras día, hasta el final de su vida. Las razones
de la fe son las razones en las que reposa la fe. Su acto de fe, tiene que ser intelectualmente honesto y
moralmente responsable.

1. ENTRE LA INDIFERENCIA RELIGIOSA Y EL RETORNO DE LA RELIGIÓN.

1.1. La problemática de la fe en el contexto cultural de nuestros días.

Los dos filósofos, Bobbio y Severino, aunque parten de diversos puntos de vista, afirman la
existencia de un corte entre la fe y la razón y de una alianza entre la fe y la intolerancia (violencia).
Hoy es más bien el tiempo de la indiferencia religiosa; pero se habla también de un «retomó de lo
religioso».

El teólogo alemán H. Zahrnt dice: «Un ateísmo cansino y una total indiferencia religiosa por un
lado, el anhelo de una fresca experiencia religiosa y una nueva religiosidad consciente por otro, y entre
estos dos puntos la fe cristiana: tal es la situación en la que hoy se encuentra el cristianismo».

El retomo de lo religioso es además problemático, porque muchas veces no se trata de una religión
amiga de la razón, ni de la fe cristiana, y a veces ni siquiera de Dios. 1 Pe 3, 15: “estar siempre
dispuestos a dar respuesta a quien os pregunte por el motivo de vuestra esperanza”, “pero con
mansedumbre y respeto”.

1.2. En busca de la racionalidad de la fe.

Conviene decir cuanto antes con claridad que, cuando hablamos de razón(es), no pensamos en la
«razón» del racionalismo orgulloso y autosuficiente, sino en la razón humilde y frágil de que está
dotado el ser humano.

Es razonable creer en Cristo, porque esa fe se apoya en fundamentos sólidos. Manaranche: «No
creemos por unas razones, pero tenemos razones para creer» ¿Hay razones suficientemente válidas y
sólidas para creer en Jesucristo?

P. Rossano llama «presupuestos epistemológicos para el acto de fe». En la Teología fundamental:


La fe demuestra su verdad a partir de su propio contenido, en cuanto que el logos cristiano está dotado
de sentido y de razón.

Tres sectores del saber humano en los que puede verificarse una confrontación y un control sobre
la legitimidad y la fundamentación de la fe cristiana: La historia, la filosofía y las ciencias humanas.
2. ¿QUÉ SIGNIFICA CREER?

«Yo creo»: es ésta la palabra primera y fundamental de un cristiano.

2.1. Creer: múltiples sentidos de una experiencia humana original.

 Creer en sentido débil (o impropio): En sentido débil, expresamos con el verbo «creer»
el mantenimiento de una opinión que no es ni mucho menos cierta y segura.

 Creer en sentido fuerte (o propio): cuando decimos, por ejemplo, a una persona
fidedigna y veraz: ¡yo te creo!, ¡creo en ti! El que cree, en el sentido fuerte de la palabra, acepta
un determinado contenido como real y verdadero en virtud del testimonio de alguien a quien
otorga su confianza.

 El creer, hecho humano universal: El creer y la fe constituyen una de las experiencias


fundamentales del hombre. No existe ningún hombre en la tierra que no parta de una fe original
o que no tenga fe, es decir, que no posea convicciones, certezas, creencias, persuasiones,
confianza, de lo que no tiene una total evidencia ni una demostración lógica constrictiva.

 «Al principio está la fe»: El hombre es depositario de una fe primordial que precede a
todas sus opciones explícitas y las hace posibles.

2.2. La fe en la Biblia

A) La fe en el Antiguo Testamento.

Se utiliza varios verbos:

La raíz fundamental es ‘aman (de donde viene nuestro amén), que significa estabilidad y
seguridad derivadas del hecho de apoyarse en alguien con abandono y confianza. El verbo
he’emin (de la raíz ’aman), «creer» se usa para significar «una relación con Dios que incluye a
todo el hombre, en la totalidad de su comportamiento exterior y de su vida interior».

Weiser, «para el Antiguo Testamento la fe es siempre reactio del hombre a la actio primaria
de Dios. En conclusión: creer, para el Antiguo Testamento, significa abandonarse
confiadamente a Dios y tener-por-verdade- ra su palabra. Pero el acento recae sobre la entrega
confiada del hombre a Dios, sobre la ’emunah de la que habla M. Buber.

B) Creer en el Nuevo Testamento.


En el Nuevo Testamento, el verbo «creer» (pisteuo) y el substantivo fe (pistis) son las
expresiones más importantes y más densas para caracterizar las relaciones del hombre con
Dios. En los sinópticos: «creer significa no contar ya con uno mismo, sino únicamente con
Dios»

Pero se da un uso específicamente cristiano de pistis-pis- teuo, referido a lo que se ha


realizado en Cristo para la salvación de los hombres, y que proclama la predicación cristiana
(el kerygma). En los escritos de san Pablo, el verbo pisteuein significa muchas veces acoger
como real y salvífico el hecho de la resurrección de Jesús. En los escritos de san Juan es
significativo el hecho de que los verbos «creer» y «conocer» tienen muchas veces el mismo
objeto: Jesús en cuanto Hijo de Dios.

2.3. A modo de conclusión

No existe contraposición entre la ’emunah de los hebreos y la pistis de los cristianos.

3. LA FE COMO CONFIANZA Y COMO CONOCIMIENTO

En nuestros días se está caminando hacia la superación de las unilateralidades confesionales y de la


contraposición tan conocida, según la cual la fe objetiva y doctrinal en «algo» representaría la
concepción católica de la fe, mientras que la fe experiencial y «subjetiva» del protestantismo sería fe
en un «tú».

3.1. La fe según los protestantes y los católicos.

A partir del siglo XVI, se fueron separando cada vez más en su manera de concebir la fe. Por un
lado, el protestantismo puso el acento en la fe como acto de confianza y de abandono en manos de
Dios; por otro, el catolicismo asignó una gran importancia al contenido de la fe, a sus artículos, al
aspecto intelectual-cognoscitivo del creer y a la función del magisterio a la hora de determinar la recta
profesión de fe y el dogma.

E. Brunner decía que los protestantes creen en alguien, en un tú, mientras que los católicos creerían
en algo, en una doctrina.

A) El protestantismo: la salvación no como participación de la vida eterna, sino como perdón de


la culpa, la fe se presenta como confianza en la promesa y en la misericordia de Dios y como
convicción de estar uno personalmente justificado.

B) El catolicismo: la teología católica intentó reaccionar contra el «subjetivismo» protestante


acentuando la objetividad de los contenidos de fe que hay que profesar de forma ortodoxa, su aspecto
intelectual y doctrinal, la función-del magisterio en la proposición y en la defensa de la fe ortodoxa.
Vaticano I (1870), que acentuó en su más alto grado, sin embargo, la dimensión objetiva y doctrinal
de la revelación y de la fe.
C) Hacia la integración: superación de las unilateralidades confesionales y de la contraposición
tan conocida, según la cual la fe objetiva y doctrinal en «algo» representaría la concepción católica de
la fe, mientras que la fe experiencial y «subjetiva» del protestantismo sería fe en un «tú».

3.2. Estructura del acto de fe.

Comprende múltiples aspectos y dimensiones. ¿Cuál es la estructura del acto de fe, su dinámica
profunda? El primer elemento estructural de la fe cristiana puede comprenderse a partir de la analogía
con la experiencia humana de la fe-confianza.

El núcleo de la fe cristiana está en la confianza y en el abandono en el Dios de Jesucristo, y encuentra


su formulación en la expresión «¡Yo creo en ii!». Creer en Dios, el fiarse de él, supone necesariamente
la aceptación de lo que él ha hecho por nosotros, de lo que él ha dicho, de lo que nos exige.

3.3. Creer en - creer que

La fe cristiana abraza estructuralmente dos elementos esenciales: es una relación de confianza entre
Dios y el hombre (un creer en, la fides qua creditur); también en un credere Deum y un credere Deo,
creer algo y Creer a alguien.

Para la fe son esenciales los dos aspectos: el personal y el de contenido: la fe cristiana es al mismo
tiempo un creer en el Dios de Jesucristo y un creer que Dios se manifiesta y se da a los hombres como
salvador en Cristo.

 El elemento eclesial. La fe es algo personal y comunitario al mismo tiempo.


 El aspecto totalizante: la fe por su naturaleza tiende a informar y a determinar toda la vida del
creyente.

4. EL CONTENIDO CENTRAL DE LA FE, O LA ESENCIA DEL CRISTIANISMO

4.1. El núcleo central de la fe cristiana.

Nos preguntamos si en la revelación que Dios hace de sí mismo y en la fe que la acoge se da un


núcleo absolutamente primario que confiera unidad al todo. La concentración en lo esencial no
significa reducción o eliminación de los contenidos de la fe.

4.2. La narración bíblica.

Para descubrir cuál es el contenido central de la fe, los cristianos se dirigen a los textos fundantes
que constituyen los escritos bíblicos. Israel habría contestado narrando su historia, en la que había
podido experimentar la fuerza liberadora de YHWH, su protección, su fidelidad, su ley.
El tema central que confiere unidad a todas las peripecias históricas que nos narra el Antiguo
Testamento es el de Dios Salvador que se cuida de su pueblo: se le manifiesta, lo elige, lo guía,
establece un pacto, da la ley, envía los profetas, etc. El nuevo testamento anuncia la irrupción
escatológica de Dios en la historia mediante su Hijo Jesucristo.

4.3. En busca de la esencia del cristianismo.

¿Qué es la salvación? Para un cristiano es inevitable la referencia a Jesucristo.

 El cristianismo gnóstico: el hombre posee una chispa de origen divino que le hace
consustancial con la divinidad suprema; esa chispa, cayó prisionera de un cuerpo de tinieblas. El
potencial gnóstico vive en el olvido de su origen divino: tan sólo la gnosis, un conocimiento
revelado que le viene de arriba y que le ofrece una figura de salvador, es capaz de recordarle este
origen divino y le permite salvarse de esta manera.

 El cristianismo ético: Jesús es un maestro sublime de moral, un maestro coherente que


pone en práctica lo que predica.

 El cristianismo de la experiencia religiosa: la teología liberal del siglo XIX y


comienzos del XX, que ve a Jesús y al cristianismo como la realización de la religión en su esencia.

4.4. El mensaje de Jesús es inseparable de su persona

Aspectos interesantes de la figura de Jesús: como su poder terapéutico, su potencial de liberación,


su solidaridad con los últimos, etc.

5. EL CRISTIANISMO ES UNA FE

5.1. El cristianismo es, ante todo, una fe.

a) En el cristianismo se trata, en primer lugar y esencialmente, de recibir, de acoger, de


descubrirse absolutamente amados.

b) Uno se hace cristiano «escuchando»: la fe se deriva de escuchar (Rom 10,9) la buena


nueva, la palabra de Dios que se ha verificado en la historia.

c) El cristianismo es, ante todo, una fe que conlleva la necesidad de expresarse en formas
religiosas.

d) La fe no es visión: A veces el creyente es considerado como una persona para la que


todo está claro y que siempre tiene una respuesta para todas las preguntas.
e) La existencia cristiana debería ser una existencia vivida bajo el signo de la gratitud y de
la acción de gracias (o eucaristía).

5.2. El cristianismo es la nueva alianza.

El que cree en Jesucristo muerto y resucitado de entre los muertos, gracias al don de su Espíritu,
entra en relación filial con Dios, haciéndose «hijo en el Hijo». El Occidente cristiano subrayó sobre
todo el hecho de que por medio de Cristo el hombre ha sido liberado del pecado y de la muerte. El
Oriente cristiano, por el contrario, puso el acento en la obra de Cristo como divinizador del hombre.

5.3. El cristianismo aguarda en la esperanza la resurrección de los muertos y la vida del


mundo venidero.

En el credo anunciamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero. La


esperanza cristiana apunta a la persona de Cristo, el Resucitado. El potencial de esperanza que la fe
cristiana fundamenta en la resurrección de Cristo irradia además en la vida de aquí abajo.

5.4. El cristianismo es seguimiento místico, profético y político de Jesucristo.

Jesús llamaba a los hombres a convertirse, a creer, a seguirle, a hacerse discípulos suyos. Es
preciso llevar una vida moral y espiritual. En efecto, el seguimiento de Cristo asume la oración y la
acción, el espíritu y el cuerpo, el trabajo y el ocio, la reflexión y la responsabilidad social, el gozo
y los males injustificables, la atención al prójimo y el gusto por la belleza.

La dimensión mística sirve para indicar la pasión por Dios, el hecho de sumergirse en él con un
abandono total. La mística cristiana es mística de la participación.

5.5. El cristianismo existe como Iglesia.

«Nosotros creemos», indica que la fe cristiana no es una aventura solitaria, sino un hecho social,
comunitario. En resumen: en su fe, el creyente se ve remitido a la comunidad de los creyentes a la
que se incorporó con el bautismo, comunidad que en el lenguaje cristiano se llama «Iglesia».

6. LA FE CRISTIANA Y SUS RAZONES

6.1. Razones de la fe y motivo de la fe

El motivo de la fe, para usar la expresión del concilio Vaticano I, es la AUCTORITAS IPSIUS
DEI REVELANTIS, la autoridad de Dios. La fe es, ante todo, un creer a Dios (credere Deo), es
decir, creer sobre el fundamento del testimonio de Dios mismo.

El creyente no puede ni debe creer a la ligera, ya que es un sujeto humano dotado de exigencias
de honestidad intelectual y de rectitud moral respecto a los actos que realiza.
Las razones de la fe son necesarias para garantizar su carácter razonable, es decir, su honestidad
intelectual y su rectitud moral, pero no constituyen su motivo formal, que se deriva únicamente del
testimonio de Dios en Jesucristo

6.2. La fe es una adhesión a Dios «conforme con la razón».

Veamos las enseñanzas del vaticano I:

a) La fe, como respuesta libre del hombre surge del testimonio autoritario de Dios.
b) La fe es un acto que trasciende las capacidades naturales del hombre.
c) El acto de fe, por ser un acto humano libre, no puede ser realizado por el sujeto sin que
éste sea consciente de las razones que hacen plausible su decisión.
d) El Vaticano I, con la finalidad de garantizar el carácter razonable del acto de fe, concede
una gran importancia a los signos externos de credibilidad, particularmente a los milagros
y a las profecías.
e) El Vaticano I define que el hombre, a través de los signos externos de la revelación, puede
obtener un conocimiento cierto del hecho de la revelación mediante un procedimiento
racional.
f) «evidente credibilidad de la fe cristiana».

g) El Vaticano i no ha definido que el hombre pueda llegar a un conocimiento cierto del hecho
de la revelación a través solamente de las fuerzas naturales, sin la iluminación de la gracia

6.3. Las razones de la fe en él catolicismo y en el protestantismo.

La teología protestante se interesa mucho menos que la católica por la racionalidad del creer.
Los reformadores del siglo xvi no concedían mucho peso a los signos externos de la revelación,
reconociendo prácticamente como único signo válido el testimonio interior del Espíritu Santo.

Es verdad que las «razones de la fe» no producen la fe. La fe se enciende frente a un testimonio
vivo, en contacto con unas personas que nos hacen percibir su belleza.

7. LAS RAZONES DE LA FE (I)

7.1. Una «vía negativa» de aproximación a la fe cristiana.

«Creer, ¿por qué no?». Se invita al interlocutor a no rechazar sin más .ni más la fe cristiana, a no
dejarse llevar de prejuicios y ser víctima de lugares comunes, a preguntarse seriamente si no será
quizá la fe el camino justo.

7.2. El modelo del testigo autorizado.


Dios ha hablado a los hombres a través de su enviado autorizado, Jesucristo. En efecto, si Dios
habla a los hombres mediante un testigo acreditado por él, hay que dar por descontado tanto el
perfecto conocimiento como la veracidad de Dios, ya que él ni se engaña ni nos engaña.

En el modelo del «testigo autorizado» se concede una gran importancia al argumento de los
milagros. El modelo del «testigo autorizado» presenta, junto con una corrección formal y unas
instancias justas relativas al «Jesús histórico», algunos límites: un concepto de revelación formal,
histórico y doctrinal, y una clara separación entre el hecho de la revelación y sus contenidos.

7.3. El modelo antropológico

El «modelo antropológico» se presenta de acuerdo con diversas perspectivas: algunos intentan


articular antropológicamente los contenidos de la revelación; otros se esfuerzan por hacerlos
filosófica y psicológicamente plausibles; otros se preocupan de explicitar el sentido y la legitimidad
antropológica de todo lo que, en último análisis, entiende la revelación cristiana.

a) Kart Rahner: se pregunta por las condiciones de posibilidad presentes en el sujeto


humano con vistas a la comprensión y la eventual aceptación de la propuesta de la fe cristiana.
El hombre, además, tal como existe de hecho, está destinado a la gracia, es decir, a la
participación en la vida misma de Dios.

b) Bernhard Welte: intento muy sugerente de explicar filosóficamente la posibilidad


humana del creer, su significatividad y su estructura. La fe específicamente cristiana es posible:

 Sobre la base de la confianza original que da fundamento a la existencia.


 Sobre la base de la fe explícita en Dios
 Sobre la base de la fe entre los hombres
 El mensaje de Jesús es interesante para el que experimenta íá necesidad de redención

c) La confrontación entre las diversas antropologías y la cuestión del sentido

La teología fundamental ha atribuido gran importancia la confrontación entre la visión


cristiana del hombre y otras concepciones, con la finalidad de mostrar que sólo el cristianismo
es capaz de ofrecer ese «algo más», esa propuesta de un «sentido último» al que aspiraría el
hombre con todas las fibras de su ser.

d) La cuestión del sentido

En sustancia el hombre es esencialmente un ser que busca, que interroga. J. Alfaro dice: el
hombre ha sido puesto en el mundo a la búsqueda de sí mismo y de su porvenir. Es preciso dar
una respuesta cristiana.

8. LAS RAZONES DE LA FE (II)


8.1. Crisis del modelo antropológico.

a) Críticas a partir de la teología.

La fe cristiana -se observa en ocasiones- no puede reducirse simplemente a ser una respuesta
a las preguntas del hombre. La fe es también ruptura y desconcierto de la pregunta. Jesús es
designado como «signo de contradicción» ya en el Nuevo Testamento (Le 2,34).

El lenguaje de la cruz, como escribía san Pablo a la joven comunidad de Corinto, es


«escándalo para los judíos, necedad para los griegos» (1 Cor 1,23).

b) ¿Fe de la necesidad y del deseo?

Una contraposición entre una apología basada en la necesidad y la otra en el deseo. No se


puede concebir la fe en términos de utilidad. El cristianismo no busca una forma de
autorrealización narcisista.

c) Críticas a partir de la situación cultural de nuestros días.

Contragolpes de la moderna situación cultural: Se ha visto en el problema del sentido «el


lugar de la fe». Hoy no se da solamente un «conflicto de interpretaciones, sino la exaltación de
la diferencia y de la imposibilidad de reconciliar las interpretaciones, la afirmación del principio
de la negatividad y de la insignificancia.

8.2. Búsqueda de alternativas al modelo antropológico

a) El modelo kerigmático.

El «modelo kerigmático», consiste en el puro anuncio de la palabra de Dios, indiferente al esfuerzo


de las mediaciones culturales y prescinde de las estructuras humanas. La palabra de Dios tendría en
sí misma tal eficacia y tal fuerza que ella misma crearía las estructuras de acogida en las personas
susceptibles de conversión

b) Reaccionar contra el irracionalismo y el fundamentalismo.

Hay muchos que están convencidos de no se debería renunciar demasiado aprisa a la cuestión del
sentido como punto de enganche para la fe. Aun con las reservas que ya hemos señalado, me parece
que la cuestión del sentido puede y debe seguir siendo el «lugar de la fe», o al menos el lugar en que
puede surgir el interés por la fe

c) ¿Nuevas oportunidades para la fe cristiana en la situación contemporánea?


La situación de nuestros días busca nuevas oportunidades a la fe cristiana y a sus razones. Otros
piensan que la situación contemporánea ofrece a la fe oportunidades positivas.
d) ¿Del nihilismo al Absoluto?

En el terreno mismo del nihilismo de nuestros días, ¿no podría brotar una nueva experiencia
religiosa, preludio de un posible encuentro con la figura de Jesucristo? La experiencia actual de la
nada podría, por tanto, tener una salida positiva hacia la trascendencia y transformarse incluso, en
una nueva experiencia religiosa.

e) Una fe sin defensas que se hace compañera del hombre.

La fe sería relativamente indiferente con respecto a la situación cultural de una época


determinada, y las acrobacias hermenéuticas para hacer plausible el cristianismo deberían rendirse
frente a la experiencia de una fe que se hace compañera de los hombres.

9. LAS RAZONES DE LA FE: J. B. METZ Y H. URS VON BALTHASAR

9.1. El modelo de la teología política de J.B. Metz.

J.B, Metz, ha hecho notar sobre todo por su proyecto de una nueva teología política que
ha de ser entendida, ante todo, como un correctivo crítico frente a la teología contemporánea,
que estaría caracterizada por una tendencia muy fuerte a «privatizar» el hecho cristiano y los
contenidos de la fe.

La nueva teología política, además de la tarea de desprivatizar el mensaje cristiano, intenta


asumir una tarea positiva que consiste en determinar de una forma nueva las relaciones entre
la religión y la sociedad, entre la Iglesia y la comunidad humana, entre la fe escatológica y la
acción social.

Para evitar equívocos, Metz precisa que la praxis de la fe se realiza en el «seguimiento


místico-político», que no puede reducirse ni a la pura interioridad ni a una concepción
exclusivamente humanístico-política.

9.2. El modelo «estético» dé H. Urs von Balthasar.

En el intento de hacer creíble el mensaje cristiano a los hombres se han seguido hasta ahora
dos vías principales: la vía cosmológica y la antropológica.

La vía cosmológica -típica, por ejemplo, de los Padres de la Iglesia- pone el cristianismo
sobre el trasfondo de un mundo concebido como algo sagrado y en el marco de la religión
natural; la vía antropológica, el hombre tiene en definitiva necesidad del cristianismo y tiende
a él con un anhelo secreto. Las dos vías sirven de instrumento interpretativo cosmológico o
antropológico para explicar la comunicación gratuita que Dios hace de sí mismo al hombre.

Von Balthasar propone una tercera vía, llamada «vía estática», que intenta responder a esta
preocupación: ¿cómo puede percibirse la «forma» de la revelación divina, sin tener que reducirla
por ello a la medida, las dimensiones y las leyes del hombre? Responde von Balthasar. la
experiencia estética y la del amor auténtico son, de suyo, experiencias no reductivas, libres de las
manipulaciones impuestas por las exigencias proyectivas del sujeto.

10. UN CONOCIMIENTO POR CONNATURALIDAD.

10.1. Entre el fideísmo y el racionalismo.

Quizá no sea nunca posible «explicar» de forma adecuada por qué cree una persona. La
dificultad nace del hecho de que en el creer entran en acción la obra de Dios, que desde dentro
invita al hombre a la fe, y la libertad humana, con su capacidad de aceptación o de rechazo.

La búsqueda de una solución que evite los escollos opuestos del fideísmo y del racionalismo
ha dado lugar, en la teología del acto de fe, a teorías que intentan establecer las relaciones
correctas que se dan entre las razones de la fe (o motivos de credibilidad), por un lado, y el
motivo de la fe, por otro.

10.2. Las dos teorías de la génesis de la fe.

Tenemos dos teorías:

 Teoría moderna: Piensa que el hecho de la revelación es objeto de demostración científica,


y que esta demostración pertenece al ámbito de los preámbulos de la fe.

 Teoría antigua: Esta teoría, que intenta salvaguardar el carácter religioso y misterioso del
acto de fe liberándolo del rígido marco lógico en el que se intenta encuadrarlo

10.3. Teoría moderna y teoría antigua del acto de fe.

En la teoría moderna:

a) El juicio de credibilidad proporciona la evidencia del hecho de la revelación.

b) La credibilidad se establece sobre la base de unos procedimientos que quieren ser


rigurosamente racionales y demostrativos.

c) De todo ello se sigue que queda demostrado el hecho de la revelación

En la teoría antigua:

a) No se habla de evidencia del hecho de la revelación, sino de credibilidad.


b) En el proceso que conduce al juicio de credibilidad se ve fuertemente implicado el
sujeto humano.

c) Todo el proceso que lleva a la fe se desarrolla por completo bajo el influjo de la


iluminación de la gracia.

10.4. Un modelo de conocimiento: la connaturalidad.

La teoría antigua se basa en un conocimiento que regula gran parte de las certezas en que se
basa nuestra experiencia. Por ejemplo, el conocimiento y a la relación de confianza entre
amigos y a las personas que se quieren. La certeza se trata de un conocimiento experiencial que
es llamado conocimiento por connaturalidad.

10.5. La iluminación divina en el acto de fe.

La teoría antigua de la fe que hemos escogido asigna un papel decisivo a la gracia y a la


iluminación divina en el camino que conduce al acto de fe. Para fundamentar la adhesión segura
no bastan los motivos ciertos de la credibilidad. La iluminación de la gracia y los signos
externos de credibilidad se integran para producir una única certeza, que es precisamente la de
la fe

10.6. John Henry Newman.

Newman sentía la preocupación de defender la fe de los ignorantes mostrando que su


asentimiento de fe era correcto y hasta formal. En el teólogo inglés es fundamental la distinción
entre el asentimiento nocional y el asentimiento real. La teología es el terreno de los
asentimientos nocionales, mientras que la vida concreta de la fe se traduce en asentimientos
reales.

10.7. Pierre Rousselot.

En primer lugar, Rousselot habla de «signos», en vez de hablar de «figura», con el riesgo de
evocar la yuxtaposición entre signo y mensaje cristiano y figura de Cristo. Para Rousselot la
capacidad sintética del espíritu humano sigue siendo, unilateralmente, una capacidad del
dinamismo subjetivo del hombre sostenido por la gracia.

Por tanto, el pensamiento de Rousselot -esto es al menos lo que yo pienso- podría prestarse
a dudosas lecturas psicologizantes del proceso de la fe, con insistencias no siempre claras y
luminosas en el aspecto afectivo del conocimiento en general y del conocimiento de la fe en
particular.

10.8. Para una pedagogía de la fe.


La fe es cuestión del sentimiento y del corazón, más que de la inteligencia. Los buenos
razonamientos pueden desbrozar el terreno de prejuicios, pueden contribuir al correcto
planteamiento de los problemas y sirven para discutir las objeciones, sin embargo conocer a
alguien significa siempre acogerlo con amor y simpatía.

CONCLUSIÓN

¿Hay razones suficientemente válidas y sólidas para creer en Jesucristo? ¿Es razonable y
convincente la opción de creer en sentido cristiano?

La fe es un terreno delicado, en el que sólo se puede entrar «de puntillas». La fe es gozo,


pero también es lucha. «El error del cristianismo -ha escrito un historiador de nuestros días- ha
sido haber considerado que la transcendencia era ya algo adquirido, siendo así que hemos de
descubrirla día a día y hora tras hora». «No existe la salvación en ningún otro. En efecto, no.se
les ha concedido a los hombres ningún otro nombre bajo el cielo, por el que estemos destinados
a salvamos» (Hch 4,11-12).