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UNIVERSIDAD PRIVADA ANTENOR

ORREGO
FACULTAD DE MEDICINA HUMANA
ESCUELA PROFESIONAL DE MEDICINA
HUMANA

Práctica No. 2 Ética y Deontología


Tema: ¿Qué gano si me porto bien?
 ALUMNO:
ROBLES NORABUENA, EDWIN JUNNIOR

 DOCENTE:

POMA GIL, ENRIQUE

 ASIGNATURA:

ETICA Y DEONTOLOGIA

TRUJILLO – PERÚ

2019
Práctica No. 2 Ética y Deontología
Tema: ¿Qué gano si me porto bien?

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

“¿Y qué gano si me porto bien?” Cuando un adolescente o un joven pregunta esto, quiere que le
demos un motivo para portarse bien, para vivir éticamente, para ver si realmente vale la pena no
seguir sus gustos sino lo que le dicen (o ya sabe) que es correcto.

Cuando es un adulto quien hace esta pregunta, quizá lo hace porque los golpes de la vida le llevan
a pensar que actuar honestamente no siempre produce felicidad. Incluso, porque cree que los
malos, con su aparente victoria y su sonrisa de triunfo, muestran que es posible ser felices en
medio del vicio y la injusticia

. Necesitamos demostrar que no hay verdadera felicidad sin vivir éticamente. Lo cual implica tres
cosas. Primero, tener una idea clara de lo que es la felicidad. Segundo, comprender bien lo que es
la ética. Y tercero, ver que el único camino para ser felices es vivir éticamente.

¿Qué es la felicidad? Alguno podría pensar que la felicidad coincide con satisfacer cualquier deseo
de las personas, o con vivir según las opiniones que están de moda. Entonces sería feliz el que
realiza sus sueños de pirómano, o el que abusa de los pobres a través de la usura, o los que
simplemente se contentan con escuchar mil veces la música de moda sin molestar a nadie y sin
dejar que nadie les moleste.

Intuimos que esta respuesta es muy insuficiente, pues si identificamos la felicidad con seguir
cualquier deseo, cualquier capricho, millones de personas que no logran lo que anhelan serán
infelices. A la vez, serían felices quienes llevan a cabo fechorías sin nombre, como los criminales o
los terroristas que “gozan” y aplauden cada vez que consiguen matar a víctimas inocentes.

La felicidad tiene que ser algo mucho más profundo y más noble. Según pensadores como Platón,
Aristóteles, san Agustín y santo Tomás, la felicidad sería el resultado de alcanzar la plenitud
humana. Es decir, consistiría en vivir de acuerdo con lo que significa nuestra naturaleza vista no de
modo parcial (caprichos, ocurrencias), sino de modo integral: con nuestra alma y con nuestro
cuerpo, con nuestras aspiraciones personales y con nuestra condición de hombres que viven en
sociedad y abiertos a lo eterno.

Estos grandes pensadores griegos y cristianos reconocieron que el hombre es sensible y espiritual,
“solitario” y miembro de un grupo, temporal y eterno, necesitado de bienes materiales y capaces de
prescindir de los mismos por motivos superiores. Su felicidad sólo es posible si alcanza su plenitud
en todos esos campos.
Definir así la felicidad no evita, sin embargo, un serio problema: cualquier vida humana está
continuamente sometida a imprevistos, en todos los niveles, personal y social, corporal y espiritual.
¿No era otro griego, Solón, quien afirmaba que no podemos llamar a nadie feliz mientras viva, sino
sólo cuando haya cerrado la historia de su existencia terrena?

Este problema nos hace mirar más allá de la muerte, y preguntarnos por lo que pueda haber detrás
de la frontera. De lo contrario, tendríamos que aceptar trágicamente que muchos hombres honestos
han sufrido enormes desgracias, mientras muchos malhechores presumen de aparentes “alegrías”.
Y que luego, unos y otros se pierden en la nada, como si no hubiese ningún juicio que pusiese las
cosas en su sitio, como si no existiese ningún Dios que llene de gozo a los buenos y que “castigue”
a los criminales irredentos.

No basta, desde luego, con suponer y “esperar” que exista otra vida para completar la idea de
felicidad: sobre un punto tan importante hace falta la máxima certeza posible. La misma filosofía ha
ofrecido buenos argumentos para mostrar que el hombre es un ser inmortal, que la muerte no
absorbe a quienes llegan a la tumba. Argumentos, hay que reconocerlo, que no todos aceptan, pero
eso no les priva de validez. También hay quienes piensan que la violencia puede ser usada cuando
a uno le beneficia, y no por ello la idea contraria deja de ser verdadera y defendible desde un punto
de vista simplemente racional.

Podríamos decir, como una primera conclusión, que la felicidad consiste en la plenitud integral del
hombre. Una plenitud que le permite desarrollar armónicamente sus distintas dimensiones, sea
como persona individual, sea como persona en sociedad, sea en el tiempo, sea en la eternidad.
Cuando la plenitud se consigue, somos felices. En el cuerpo y en el alma, con los bienes materiales
y con los amigos verdaderos, con las satisfacciones de una vida plena que pone orden a tendencias
no siempre orientadas a lo bueno, y que acrecienta las potencialidades espirituales de quienes
buscan lo noble, lo bello

Lo anterior nos pone ya en camino para buscar una definición de lo que sea la ética. Si la felicidad
consiste en lograr esa plenitud integral a la que todos estamos llamados, la ética no podrá ser un
conjunto de normas, leyes o costumbres que nos aparten de ese objetivo, sino que tiene que
orientarnos necesariamente a conseguir una meta tan valiosa.

Por desgracia, a lo largo de los últimos 300 años se han elaborado teorías sobre la ética que han
dejado de lado un profundo y serio estudio sobre el hombre. En vez de reconocer las dimensiones
fundamentales que componen la naturaleza humana, se han limitado a analizar deseos,
sentimientos, estados psicológicos de las personas.

En este contexto, algunos han afirmado que es bueno aquello que nos llena de una satisfacción
más o menos profunda, que es malo aquello que nos provoca inquietudes o sentimientos de fracaso.
Si aceptásemos esto, habría que reconocer que hay tantas visiones éticas como ideas pasan por
las cabezas y los corazones de millones de seres humanos que viven de modos muy distintos entre
sí.

Otros autores, más que fijarse en el sujeto que actúa, han elaborado sus teorías éticas con la
mirada puesta en la sociedad. Según estas teorías, son los demás, los otros, esa “mayoría” que
aprueba o condena lo que hacemos, quienes imponen costumbres y normas, quienes dicen lo que
es bueno o lo que es malo. Lo cual lleva a un sinfín de problemas, pues a lo largo de los siglos y a
lo ancho del planeta, las normas han sido y son sumamente diferentes. Para los antiguos griegos y
romanos era algo aceptable el eliminar a los niños defectuosos, el hacer esclavos a los vencidos,
el ver a la mujer como alguien inferior y sometido. Para muchos modernos, el aborto es visto como
un “derecho”, e incluso un deber, cuando se trata de evitar el nacimiento de hijos no deseados. Y
los ejemplos se podrían multiplicar casi hasta el infinito.

Ni el subjetivismo ni el sociologismo nos llevan a comprender lo que es la ética. Entonces, ¿qué es


la ética? En su definición más profunda, es una disciplina que nos ayuda a orientar nuestros actos
libres en orden a conseguir, en la medida de lo posible, la realización completa de nuestra
humanidad. Aunque tengamos que sacrificar algún deseo no muy loable, aunque tengamos que
enfrentarnos a las ideas de los que viven a nuestro lado.

Esta definición se apoya en una antropología integral: una antropología que no deje de lado lo
corpóreo, como en ciertas corrientes “angelistas”. Ni tampoco lo espiritual, como en los
materialismos que han querido sofocarnos durante más de 200 años, y que no acaban de
desaparecer en las cabezas de algunos pensadores que se declaran “iluminados” en medio de la
oscuridad de sus dudas y sus errores.

Con las definiciones de ética y de felicidad que acabamos de esbozar en cierto modo ya estamos
en vías de entrever el nexo entre ética y felicidad. Si la felicidad consiste en la plenitud del vivir
humano, y si la ética nos ayuda a orientar nuestros actos hacia esa plenitud, entonces la ética nos
debería llevar a ser felices. Es decir, quien vive éticamente se pone en marcha para vivir plenamente
su condición humana, y en la medida en que lo logra alcanzará la deseada felicidad.

Aquí, sin embargo, hay que reconocer de nuevo que un sinfín de obstáculos nos separa de la meta.
De modo especial, podemos fijarnos en dos aspectos ya en parte mencionados anteriormente.

El primero consiste en la fragilidad de nuestro cuerpo. Vivimos una existencia temporal en la que la
enfermedad, los imprevistos, los peligros de todos los días, ponen en juego nuestra integridad física
y nuestras posibilidades de llevar a cabo aquello que desearíamos hacer.

Si una madre o un padre anhelan cuidar a sus hijos y se enferman, la debilidad del cuerpo les aleja
de su deseo paterno. No podrán mostrar su amor y su generosidad con aquellos actos con los que
antes atendían a cada hijo. La pena profunda que experimentan nace de ese sentirse impedidos,
“fracasados”, ante un deseo vehemente, profundo, noble.

En segundo lugar, constatamos la fragilidad de nuestra voluntad. Hay momentos en los que vemos
con claridad que un acto nos conviene, que es bueno, que beneficia a otros. Luego, el cansancio,
la pereza, el miedo al fracaso o a las críticas, nos acorralan, y no hacemos aquello que deberíamos
y que nos habíamos propuesto.

Los casos son infinitos. Un señor que se había comprometido a visitar a un amigo enfermo termina
la tarde en el bar junto a sus amigos. Un joven que estudia medicina y tiene que pasar un examen
vuelve a suspender porque prefirió ir a la discoteca en vez de dedicar la tarde para hacer sus
deberes universitarios. Un político sabe que esta decisión le quitará votos pero beneficiaría al país,
y al final prefiere ceder al miedo y opta por otra decisión más cómoda que le permita
mantenerse en el poder aunque a la larga provocará muchos males sociales. Estos y
otros miles de ejemplos muestran la debilidad que nos asalta, sea por miedo, sea por
intereses turbios, sea por otros factores.

Por eso, el camino hacia la felicidad está lleno de baches, de accidentes, de fracasos.
Unos, que escapan a nuestro control. Nos llegan, previstos o imprevistos, y parecen
truncar proyectos profundamente acariciados. Otros, que pudimos haber evitado, y no
lo hicimos porque no quisimos o no supimos vencer perezas, deseos de placer o
ambiciones de poder, porque nos dejamos esclavizar por un “triunfo” aparente

. Al mirar hacia atrás, y al ver nuestro presente, pensamos: ¡qué difícil resulta llegar a
la plenitud humana! Parece un camino lleno de insidias, parece que no hay posibilidad
alguna de ser felices. Sin embargo, quien es capaz de orientarse siempre hacia el
bien, quien forma su conciencia y la sigue gustosamente, quien antepone la verdad y
la justicia a cualquier interés egoísta, podrá quizá no realizar algunos de sus sueños...
Pero sentirá en su corazón que, a pesar de todo, ha querido hacer el bien, y ello
produce una felicidad profunda, que permite brillar en una cama de dolor, en un campo
de exterminio, en una casa mientras se vive abandonado por familiares y amigos, con
una luz que es propia de almas grandes.

Esa luz nos lanza hacia lo eterno, descubre que existe un Dios que no es indiferente
a la vida de sus hijos. Un Dios que acompaña a los débiles, levanta a los caídos,
ayuda a los necesitados, consuela a los tristes, da la felicidad a los buenos, los justos,
los sinceros, los limpios...

Vale la pena vivir a fondo los principios éticos. Vale la pena construir la vida no según
el capricho del instante, sino según aquello que no pasa. Vale la pena arriesgarse a
aparentes fracasos en el tiempo, cuando lo eterno llena de esperanza y da una
felicidad profunda que inicia aquí abajo e ingresa, de un modo que aún no
vislumbramos plenamente, en el cielo.

Actividades

1. Explique la diferencia entre lo ¿qué es la felicidad y lo que no es felicidad? A travésde un


cuadro de doble entrada.

FELICIDAD NO FELICIDAD
Consiste en la plenitud integral No basta suponer que exista otra
permite desarrollar armónicamente vida para completer la idea de
sus distintas dimensiones, sea como Felicidad, para un punto tan
persona individual, sea como persona importante hace falta la maxima
en Sociedad. certeza.

2. ¿Está de acuerdo con el griego Solón, quienafirmabaquenopodemosllamaranadie


feliz mientrasviva,sino sólo cuandohaya cerrado la historiadesu existencia
terrena?
No, aún no está comprobado que exista vida después de la muerte, además no
podemos esperar hasta el final de nuestras vidas para buscar la felicidad.
Debemos tratar de alcanzar la plenitud como personas, actuando bajo la
disciplina de la ética para tratar de alcanzar la felicidad aun sabiendo que
existen previsto e imprevistos en la vida diaria.

3. Intente definir qué es la felicidad desde la perspectiva del autor?

La felicidad consiste en la plenitud integral del hombre. Una plenitud que le


permite desarrollar armónicamente sus distintas dimensiones, sea como
persona individual, sea como persona en sociedad, sea en el tiempo, sea en la
eternidad. Cuando la plenitud se consigue, somos felices. En el cuerpo y en el
alma, con los bienes materiales y con los amigos verdaderos, con las
satisfacciones de una vida plena que pone orden a tendencias no siempre
orientadas a lo bueno, y que acrecienta las potencialidades espirituales de
quienes buscan lo noble, lo bello.

4. ¿Qué otras teorías hablan sobre la felicidad?


 La felicidad budista. Según el budismo (Buda nació en el año 480 a.C.), la
felicidad sólo se alcanza en el estado de «nirvana», es decir, cuando el alma ya
se ha librado de todo deseo. Cosa que se logra por medio de ciertas técnicas de
meditación y después de las necesarias reencarnaciones. El budismo invita a
llevar una vida so¬bria, armoniosa y virtuosa, sin excesos de ningún tipo. No es
más feliz el que más tiene, sino el que desea menos cosas.

 La vida buena según Aristóteles. la felicidad humana sólo se puede lograr


desarrollando al máximo nuestras capa¬cidades de todo tipo (morales,
intelectuales, artísticas, etc.), es decir, practicando las virtudes o excelencias,
especialmente la prudencia. Sólo la persona prudente puede acertar con la
conduc¬ta adecuada para cada situación, obteniendo así el máximo de feli-
cidad posible en el conjunto de la vida. En este orden de cosas, Aristóteles
propone como ideal de vida la contemplación, es decir, el estudio de las
verdades filosóficas y científicas.

 La propuesta hedonista de Epicuro. La felicidad consiste en gozar


inteligentemente de los placeres de la vida, evitando el dolor. Así, recomienda
gozar de los placeres con moderación, y cultivar especialmente la amistad, la
lectura, la conversación y otros placeres semejantes, puesto que no suelen
tener consecuencias desagradables.

 Para el estoicismo El único camino que conduce a la felicidad consiste en ser


capaz de no alterarse por los altibajos de la fortuna. Los es¬toicos creían
firmemente en el destino, en que la Naturaleza ha dis¬puesto sabiamente todo
cuanto ha de suceder. En consecuencia, proponen aceptar de buen grado todos
los acontecimientos, sin que perturben la tranquilidad de ánimo: la felicidad es,
según esto, un estado de imperturbabilidad, una paz interior que se alcanza
con el ejercicio del autodominio.
 Para el cristianismo El componente fundamental de la felicidad es el
encuentro amoroso con Dios y con el prójimo. El egoísta, el que utiliza a las
demás per¬sonas en su propio provecho, acaba siendo desgraciado. Mientras
que el que se abre a Dios y a los demás hombres, los quiere por sí mismos y
vive solidariamente, alcanza la felicidad. Una felicidad que se prolonga en la
vida eterna, puesto que Dios es amor.

 El utilitarismo (que nace en el siglo XVIII) sostiene que lo moralmente correcto


es fomentar el ma¬yor placer posible para el mayor número de seres dotados
de sensibilidad, tanto personas como animales. Los utilitaristas en¬tienden que
la felicidad incluye una gran variedad de experiencias agradables, entre las
cuales destacan las relaciones amistosas y los actos altruistas, que tienen su
raíz en el sentimiento de simpatía.

 La felicidad como autorrealización en libertad. Las éticas con¬temporáneas de


inspiración kantiana (Rawls, Apel, Habermas, etc.) consideran la cuestión de la
felicidad como un asunto de autorrea¬lización personal, que cada cual ha de
resolver atendiendo a sus propias capacidades, deseos y posibilidades.
Cada cual ha de hacerse libremente -sin amenazas ni presiones ex¬ternas- un
proyecto de vida más o menos realista, y luego intentar llevarlo a cabo. En ese
proyecto de vida personal se pueden incluir distintos valores

5. ¿Qué es la ética? ¿Y cuál es su fundamento según el autor?

Es una disciplina que nos ayuda a orientar nuestros actos libres en orden a
conseguir, en la medida de lo posible, la realización completa de nuestra
humanidad. Aunque tengamos que sacrificar algún deseo no muy loable, aunque
tengamos que enfrentarnos a las ideas de los que viven a nuestro lado.

6. ¿Hay alguna relación entre la ética y la felicidad?


Si, la felicidad consiste en la plenitud del vivir humano, y si, la ética nos ayuda a
orientar nuestros actos hacia esa plenitud, entonces la ética nos debería llevar a
ser felices. Es decir, quien vive éticamente se pone en marcha para vivir
plenamente su condición humana, y en la medida en que lo logra alcanzará la
deseada felicidad.

7. ¿Qué obstáculosquemencionaelautorparalograr nuestrarealizaciónofelicidad?

Son muchos pero son más relevantes dos:


 Consiste en la fragilidad de nuestro cuerpo. Vivimos una existencia
temporal en la que la enfermedad, los imprevistos, los peligros de todos
los días, ponen en juego nuestra integridad física y nuestras
posibilidades de llevar a cabo aquello que desearíamos hacer
 la fragilidad de nuestra voluntad. Hay momentos en los que vemos con
claridad que un acto nos conviene, que es bueno, que beneficia a otros.
Luego, el cansancio, la pereza, el miedo al fracaso o a las críticas, nos
acorralan, y no hacemos aquello que deberíamos y que nos habíamos
propuesto.

8. Elabore un ensayo sobre el artículo ¿Qué gano si me porto bien?

El objetivo principal en la mayoría de personas es llegar a ser felices, poder


poseer “eso” a lo que a menudo llamamos felicidad. Pero no todos llegan a
comprender la profundidad de llegar a alcanzar la felicidad y algunos, la mayoría,
sienten y piensan que la felicidad se logra a medida de que uno tenga más
posesiones en su haber. Entonces, que es la felicidad y lo más importante, como
podemos lograr alcanzar esta felicidad tan anhelada. En primer lugar, debemos
separar el concepto de felicidad con el hecho de poder obtener cualquier deseo
banal o algún capricho. "a felicidad es algo más profundo, la felicidad se logra al
alcanzar una plenitud en todos los campos, ya sean espiritual, personal social# la
felicidad se logra cuando vivimos de un modo integral. Ahora que ya sabemos
que es la felicidad, debemos preguntarnos que hacer para poder alcanzarla. "a
respuesta es simple, la felicidad se logra a través de la ética, es decir que viviendo
éticamente podemos alcanzar la felicidad completa. Como sabemos, la ética es
un conjunto de normas, leyes o costumbres que nos ayudan a orientar nuestras
acciones de personas humanamente completas. Finalmente, podemos concluir
diciendo que la %tica es el camino que nos lleva a ser felices. )in embargo a lo
largo de ese camino que deseamos seguir existirán varios obstáculos, ya sean
debido a la fragilidad de nuestro cuerpo o nuestra voluntad, pero debemos saber
levantarnos ante estos obstáculos y arriesgarnos ante los posibles fracasos que
se puedan venir porque al final nos quedara la satisfacción de saber que vivimos
de una manera justa y correcta y alcanzaremos la felicidad plena