Sei sulla pagina 1di 176

Hernando Valencia Villa

C artas de B atalla
Una crítica del
constitucionalismo
colombiano
HERNANDO VALENCIA VILLA

Cartas de Batalla
(Ina crítica del constitucionalismo
colombiano

UNIVERSIDAD
NACIONAL DE COLOMBIA cerec
Cartas de Batalla
Ciña crítica del constitucionalismo
colombiano
Esta patria que no escogí por mi voluntad sino
que me la dieron hecha como usted la ha visto
que es, como ha sido desde siempre, con este
sentimiento de irrealidad, con este olor a mierda,
con esta gente sin historia que no cree en nada
más que en la vida, esta es la patria que me
impusieron sin preguntarme.

G abriel G arcía M árquez


El Otoño del Patriarca
RECONOCIMIENTOS

Este ensayo está basado eji la disertación presentada en


enero de 1986 a la Escuela dé Derecho de la Universidad de
Yale para optar al grado de jDoctor o f the Science o f Law
(J.S.D.). Su elaboración no hubiera sido posible sin la ayuda
financiera del Banco de la República, a través de la Fundación
para la Promoción de la Investigación y la Tecnología.
Quiero dejar testimonio de mi gratitud y reconocimiento al
maestro Robert M. Cover, profesor titular de historia del
derecho en Yale, quien falleció prematuramente el 18 de julio
de 1986, a los cuarenta y tres años de su edad, pocos meses
después de haber aprobado estte trabajo concebido y redactado
bajo su sabia y generosa orientación; a mi hermana Luzmaría
Valencia y a mi antigua secretaria Elsa Posso, quienes trans­
cribieron con paciencia benedjcüna los borradores en inglés y
en español, respectivamente; y a Francisco Leal, director del
Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de
la Universidad Nacional, y a Martha Cárdenas, directora del
Centro dejEstudios de la Realidad Colombiana, por su deci­
dido interés en la publicación del presente texto, cuya edición
ha recibido un aporte de la Fundación Ford.
Para Anria María, Felipe y Santiago
A la memoria dé Robert M. Cover
i limera edición: 1987 -

© Instituto.de Estudios Políticos


y Relaciones Internacionales - U. Nacional
Fondo Editorial CEREC
A. A. 58308 Bogotá - Colom bia
ISBN 958-9061-24-9 . .

Edición: Martha Cárdenas


Coordinación Editorial y Carátula: Hernán Darío Correa C.

Fotografía de la carátula: Anónim o. Jefe de! Batallón Figueredo


1900 C. Copia en albúmina 9.0 X 5.7 cm.
Tomada del libro H istoria de la Fotografía en Colombia
de Eduardo Serrano. Bogotá, M AM , 1983.

PreparacióXlitográfica: Servigraphic Ltda. Bogotá


Impresión: Presencia Ltda.

Serie textos No. 11


CONTENIDO

Introducción ............. 13

Primera Parte: La Gramática de la Guerra ............ 17

I: El Derecho como Contrato Social ........ .. 19


II: El Derecho como Guerra Ritual .................... 26
III: El Constitucionalismo en Colombia ........ .. 34

Segunda Parte: La Formación del Estado Nacional 53

IV: La Independencia como Problema


y como Proyecto .......... 55
V: La Estructura Bolivariana .............................. 75
VI: El Estilo Santanderista .................................... 91

Tercera Parte: Las Guerras Constitucionales .......... 103

VII: Las Cartas de Batalla: Las Constituciones .. 105


VIII: Batallas por la Carta: Las Reformas ............ 149
IX: El Culto del Orden ........ .. ^ ............................ 170
- - /
Bibliografía ............................ ■{.................................. 175
INTRODUCCION

Este ensayo, que pertenece tanto a la historia constitucional


como a la erítica del derecho, intenta responder a una doble
cuestión: ¿Por qué Colombia es la más antigua y estable repú­
blica constitucional en el universo autoritario o militarista de
los régimenes políticos latinoamericanos? ¿Y cuáles son las
características reales y no formales del constitucionalismo
colombiano? En otras palabras, ¿cuáles son los principales
aspectos dél proceso constitucional de Colombia desde el
punto de vista de una perspectiva crítica que consulte tanto las
complejidades dé la historia cuanto las astucias del derecho?
Al plantear tales interrogantes, el sentimiento que abruma al
intelecto es la extrañezá que produce ^ ab ig arrad a# contradic­
toria historia constitucional del país. Líe una parte, Colombia
es el únicp Estado hispanoamericano controlado por los mis­
mos p artidbsp olíticos desde 1849. En ninguna otra nación en
la región ha habido tantas codificaciones y enmiendas, ni un
discurso republicano tan proliferante. Más aún, a pesar de la
ley de hierro del pretorianismo que ha hecho de América
Latina la tierra del golpe de Estado permanente, Colombia ha
tenido más funcionarios electos, gobiernos civiles y estabilidad
institucional que cualquier otro país dentro del subcontinente.
De otra parte, y en contraste con los pocos y breves golpes de
Estado|(cinco cuartelazos o pronunciamientos entre 1830 y
1986, que abarcan seis años y medio en total), jColopabia ha
teñid(\once guerras civiles nacionales de 1811 aT958iSÍri contar
la interminable batalla constitucional que es el tema de este
trabajo. Y ha habido una elevada y crónica abstención electo-
ral, largos p eríod os de legalid ad m arcial desde 1944 y ¿un]
m ovim ien to guerrillero fragm en tad o pero no derrotad o que
d esafía al sistem a p o lític o d esd e hace casi cuaren ta a ñ o a E stos
y otros peculiares fen ó m e n o s y p ro ceso s requieren ex p lica ció n
en el c o n te x to de un régim en que aparece to d a v ía c o m o abierto
y civil. . . .
. Las estadísticas constitucionales son, en sí mismas, sorpren-
jdentesfjqüince constituciones nacionales entre 1811 y 1886, y
seseíffa y siete reformas entre 1886 y 1986. Estas cifras no dan,
empero, una idea cabal de la complejidad constitutiva de la
materia de Colombia: la actual codificación tiene cien años de
edad —es la segunda más antigua del hemisferio, después de la
norteamericana— y la trayectoria del Estado en punto a elec­
ciones y libertades es presumiblemente la mejor entre las
naciones de América Latina.]
Tales características, que hacen tan singular el proceso cons­
tituyente colombiano, deben ser analizadas por medio de un
enfoque crítico que combine herramientas históricas y jurídicas
y que se proponga deseod'ificar. y desconstruir.la historia y la
jurística a. la vez.' Por ello, el propósito de estas páginas es
doble: primero, plantear- una teoría alternativa d.ei derecho
visto como ingeniería política en el .sistema colombiano; y
segundo, restituir el conjunto de la evolución del discurso
constitucional del país, con especial atención ala formación del
Estado nacional y al proceso constituyente mismo. .
Basado en un ejercicio de crítica intelectual, y legal más que
en una investigación empírica, este es, de consiguiente, el tra­
bajo de un abogado académico dedicado a la teoría constitu­
cional más que la obra de un historiador o de un filósofo del
derecho. . ■
El texto está dividido en tres partes: .
. La primera parte recoge el marco teórico empleado como
perspectiva analítica para estudiar el despliegue histórico del
constitucionalismo liberal en Colombia. Se trata de presentar
una crítica de ias filosofías legales desde el punto de vista de una
noción estratégica o poiemoiógica del derecho que se opone a
la concepción consensual.o funcional que campea por doquier.
Mi visión del derecho como gramática de la guerra, sin
embargo, no es un esquema rígido sino un dispositivo diná-
mico.l<Porque la teoría, cómo solía decir Michel Foucault, es
una caja de herramientas que debe ser saqueada con entera
libertad. En cualquier caso, la historia y el derecho de la consti­
tución en Colombia se piensan y escriben en un estilo conformis­
ta y simplista, como si la evolución del país hubiera sido una
marcha triunfal del caos al orden y al progreso a través de una
complaciente superproducción normativa, y como si la situa­
ción actual de la nación fuera de incontenible avance hacia el
desarrollo y la democracia gracias a las bendiciones del obsti­
nado reformismo constitucional. Es mi convicción, por el con­
trario, que el proceso constitucional de Colombia, y el proceso
nacional en general, há sido mucho más complejo y conflictivo
que lo que la historiografía y la jurística tradicionales osarían
admitir, y que la ideología liberal ha jugado un papel intelec­
tualmente sofisticado iy políticamente productivo que no ha
sido explicado de manera satisfactoria aún. ’
La segunda parte tiene que yer con el proceso de construc­
ción nacional en el momento mítico, genesíaco, de la llamada
revolución de independencia, cuando la estructura y el estilo de
la nueva república fueron establecidos de modo perdurable por
los padres fundadores y especialmente por Bolívar y Santan­
der. Se examinan aquí las influencias intelectuales y los patro­
nes ideológicos que se. emplearon para edificar un Estado na­
cional bajo la forma de una república constitucional o
democracia representativa en el antiguo virreinato de la Nueva
Granada. :
La tercera y última parte contiene una sinopsis crítica de la
historia constitucional, por manera que las quince cartas del
siglo XIX y las seis principales éntre las sesenta y siete reformas
del siglo XX aparecen en el contexto del conflicto de fuerzas y
discursos que enmarca cada codificación y cada enmienda.
Este cuadro se completa con unas observaciones finales sobre
la dialéctica entre orden y violencia que parece ser la caracterís­
tica propia de la cultura cívica colombiana a lo largo de los
ciento setenta y seis años de vida independiente.
Tras esta nueva travesía por el laberinto, el desafío sigue
siendo el mismo: comprender las funciones reales del derecho,
más allá de las apariencias y las formulaciones del derecho.
“Hay que oír el estruendo de la batalla” en el cielo de las
constituciones.

New Haven, septiembre de 1985


Bogotá, junio de 1987 i
Primera Parte
LA GRAMATICA DE LA GUERRA

\
Capítulo I
EL DERECHO COMO
CONTRATO SOCIAL

__ El constitucionalismo es la provincia de las constituciones,


\esos mapas políticos que describen el territorio y las relaciones
de los individuos y los grupos que luchan entre sí por el recono­
cimiento y por la supremacía.; Tal región es lo que llamamos
Estado o régimen pqIíücoAy s u realidad cotidiana es poder,
poderes, relaciones defuerza, Estrategias y tácticas de interpre­
tación y manipulación de los intereses sociales, que compiten
entre sí y constituyen un conflicto regulado, una batalla pac­
tada. De ahí el propósito del constitucionalismo: administrar la
polémica materia de la vida cotidiana a fin de imponerle un
orden racional, un esquema normativo que despliega princi­
pios y procedimientos: de asignación de recursos y de solución
de conflictos a través de los múltiples niveles y sectores de la
sociedad. ■
Las cartas constitucionales o leyes fundamentales bien pue­
den ser obras de la razón y su lenguaje aparece con frecuencia
como el ejemplo arquetípico dél discurso racional que describe
las cosas como deben ser y nojcomo son. Pero su dinamismo
central, su energía esleí conflicto civil, la batalla social mucho
más que el contrato social. Y el'derecho mismo, a causa de su
textura abierta1, debe’ ser visto en lo sucesivo dentro de una
perspectiva estratégica opuesta a los enfoques contractualistas,
y funcionalistas aún dominantes en el reino de la jurística. De lo:I.

I. H. L. A. Hart, The Concept o f Law, Oxford University Press; Oxford,


1961, p. 121. j
contrario, no es posible dar cuenta del carácter complejo, ‘
heterogéneo, rebelde, de las reláciones sociales que el derecho
pretende concertar. Tan sólo mediante una nueva concepción íf;
del derecho y del constitucionalismo, que se abre paso ya enel “ í
ancho mundo de las ciencias humanas, parece factible captarla '
naturaleza intrínsecamente estratégica, es decir, posicional y
telacional, de lo social. ''\Á-
La|fiIosofía del derecho (o jurisprudencia como prudente- . f:
mente dicen los anglop arlantes) es ya un saber milenario como - í
que desde Grecia y Roma existe un discurso académico sobre la ^
ley y el orden, que son a la vez los dos grandes problemas de la ; ;
teoría y las dos principales herramientas de la práctica en el ;
dominio de la jurística. Y si hay un hiló conductor, hilo de
Ariadna, en el laberinto que constituyen las teorías del derecho .;
formuladas a lo largo de la historia occidental es precisamente
la noción de lo legal como un ordenador y nivelador de lo .
social, lo cual por suparte se percibe siempre como desordenado •
y desequilibrado. Este modelo, que podemos calificar de consen- .."
sual o funcional, en la medida en. que concibe el derecho como .
una forma armoniosa que vendría a introducir orden y método
en el informe materia social o como un sistema racional dé.
apaciguamiento y reducción del conflicto colectivo, subyace en la *
mayor parte de las doctrinas que pueblan las manuales y las . ;
cátedras de filosofía del derecho. En efecto, desde el idealismo ;
platónico hasta el neomarxismo, el liberalismo, el socialismo y
el positivismo,: las principales escuelas de pensamiento coinci­
den en afirmar o en no negar que lo jurídico es de naturaleza
ideal, que se opone por definición a lo real de la vida social y
que se propone como fin propio instaurar y administrar el "
mejor orden para lá rebelde realidad humana.
Un breve repaso histórico puede esclarecer nuestra hipótesis
crítica.
En la antigüedad clásica, la normatividad pertenece siempre
a un mundo necesario, que es el de las esencias o ideas puras en
Platón, el de la realidad razonada y razonable en Aristóteles, el
de los intercambios cívicos y mercantiles en la cultura romana o
el del sujeto moral heroico en Epicteto, Marco Aurelio y los
estoicos f u e esta suerte, lo jurídico es una instancia ideal o real :
pero siempre formal o racional, es decir, Construida por el:
hombre para servir ciertos propósitos altruistas, filantrópicos, e •
inducir así cambios en la realidad a la cual ise aplic^JTanto pará
el rey filósofo2 o el hombre del justo medio cuanto para el
•ciudadano de la república o el súbdito del imperio hay un orden
', metafíisico o ético o simplemente legal que difiere del orden
social en la medida en que el primero se inspira en ciertos
: valores superiores como el bien, la verdad, la belleza o la
justicia y el segundo se resiste en principio a incorporar tales
principios ordenadores y unificadores porque está hecho de
otra sustancia, de una esencia degradada o aleatoria que ha de
ser ennoblecida o regulada. He aquí el quid de la cuestiónJéT
deber ser, la intención dé modelar lo real a partir de un arque-
’tipo arbitrariamente escogidoj i^odría objetarse, en una pers­
pectiva kantiana que nopuedo rechazar, que esto es lo cualita­
tivamente humano, a saber, el ejercicio creativo de la libertad
para imponer una norma a la conciencia y gobernar la propia
vida según uri valor ético soberanamente adoptado por el
sujeto. 1
No se trata, sin embargo, del mismo problema. Lo que
intenta mostrarse en este punto es la dicotomía entre derecho y
sociedad, éntre orden jurídico y realidad histórica, siendo el uno
armónico y equitativo y racional y la otra caótica y desigual e
irracional,M ás profundamente, lo que alienta eñ el proyector
de los juristas clásicos, aún en el caso del escepticismo estoico,
es la idea-fuerza de lo que lo normativo es lo único que puede
ordenar el. precario arreglo que observa en la experiencia
humana corriente. Tal esquema básico sobrevive a los grandes
cambios históricos y se mantiene como el enfoque dominante
en la reflexión jusfilosófica de Occidente.
En la Edad Media, la. escolástica combina sabiamente el
realismo aristotélico, el mesianismo cristiano y el moralismo
estoico y produce una filosofía del derecho que si bien crítica
las legalidades terrenas en nombre de la legalidad celeste o
legitimidad y defiende por vez primera los derechos del pueblo
frente a las autoridades estata le sjde todos modos termina
reiterando la tesis según la cual la sociedad “empecatada” debe
ser redimida por el buen ordenamiento legal, que es aquel
inspirado en la revelación divina y promulgado por la gestión
ecli

2. La política autoritaria de Platón no es más que un desarrollo lógico de su


teoría de las formas o ideas puras pues tan sólo gracias a una estrictajerarquía de
clases y funciones la sociedad puede alcanzar su propia perfección, la cual se logra
ajustándose al patrón de justicia celestial que únicamente conoce el rey filósofo.

\
El j usnaturalismo del Renacimiento y del Barroco prolonga
esta línea de pensamiento con dos postulados fundamentales,
que constituyen, al decir de Umberto Cerroni, la prehistoria del
liberalismo;Te! individuo, es el centro de la vida social, y la
comunidad es una invención humana3/ Efe aquí provienen
tanio el individualismo anglosajón cuanto eh igualitarismo
francés y en general el romanticismo ético y político que. es la
verdadera matriz de todos los discursos contemporáneos sobre
el Estado. En este proceso,;Rousseau es probablemente la
figura dominante, en el sentido de que és el diseñador de la
arquitectura ideológica baio la cual viven hoy casi todos los
habitantes del planeta: la república o régimen representativo,'
fundado en la ficción jurídica de la soberanía nacional.
Antes, empero, conviene aludir a dos elaboraciones teóricas
de esta época, que Se apartan de la tradición pacifista que
.venimos reseñando y al mismo tiempo constituyen la formula­
ción inaugural de la tradición, estratégica que reivindica este
trabajo. Se trata del realismo macmiaveliano. que rio maquia­
vélico, y del pesimismo hobbesiano.
E Fel secretario florentino, de una parte, se advierte la pri­
mera tentativa de pasar del deber ser al ser en la reflexión sobre
ei Estado, con lo cual se establece la condición de posibilidad de
una ciencia política autónoma y, lo que es más pertinente para
nuestra indagación, se “descubre” el carácter bélico de la acti­
vidad política, que es lucha de intereses y no concierto de ideas.
competericia por el poder v no búsqueda del orden.
En. el pensador inglés, de otra parte, se halla la primera
exposición sistemática de la teoría del contrato social como
sustentación de un proyecto de república autoritaria, casi tota­
litaria, en el contexto de una"antropología pesimista cuyo
punto de partida es la agresividad humana como dinámica de la
convivencia. Aunque el autor de Lev.iatán opta por ei orden y
no por la libertad, en lo que constituye quizála elección moral
fundamental de toda la filosofía occidental, y postula por ello
un empleo indiscriminado, de recursos de poder para garantizar
la supremacía del Estado (el dios mortal, según su inmortal
definición), en últimas avala la noción del derecho como ins­
trumento de armisticio para la guerra que es la vida de relación
entre los hombres.

3. U. Cerroni, Introducción al Pensamiento Político , Siglo XXI Editores,


México, 1974, p. 52.
•1 . 1

.. ¿1 ciudadano de Ginebra es el mayor exponente de la teoría


.consensual del derecho puesto que lleva la idea del contrato
social a su delirio, lógico al postular la utopía liberal, que no es
otra cosa que una república disciplinaria basada en la transpa­
rencia de los corazones y en la identificación casi religiosa de las
voluntades de todos' con y en la mítica voluntad general o
voluntad nacional. Como doble heredero dpi jusnaturalismo y
del realismo maquiaveliano y hobbesiano, este pensador
“entimemático” según la fórmula de Schopenhauer4, que
arranca siempre de supuestos! tácitos u ocultos, funda la polí­
tica moderna al recomendar domo solución á la crisis moral de
la civilización europea un tipo de régimen en el cual las buenas
^ieyes se encargarían por sí solas de restablecer las buenas
Costumbres y de suscitar las buenas conciencias. Este volunta­
rismo jurídico, a su véz, está en la base de la ideología constitu-
cionalista liberal que alienta ejn las revoluciones burguesas del
siglo XVIII y en las guerras dejindependencia hispanoamerica­
nas del siglo XIX, y también en el origen del racionalismo
constructor que sustenta los! Socialismos contemporáneos. En
suma, el proyecto rusoniano ^s la auténtica, la suprema orto­
doxia del concepto cónsensual y pacifista de lo jurídico p orque
parte de la preniisa.de quéjéí contrato social es la fuente del
derecho y también y sobré tódjo porque llega a la conclusión de
que el derecho es el contrato social, de que ese derecho igualita­
rio, nivelador, democrático en su origen pero antidemocrático
en sus métodos y en su finalidad, es la voluntad general en
acción, la soberanía nacional convertida en Estado al cual han
de someterseytirios/y troyanos|5j ^
El caso del socialismo es Especial pues al lado de un proyecto
de sociedad para el cual un nuevo derecho resulta condición
ssine qua non, se observa tamibién una crítica de la ley como
ideología, que implica ya unaicierta duda metódica frente a la
norma, al menos en cuanto concierne al orden burgués. Existe,
por tanto, una contradicción! que se plantea de la siguiente
manera: en el antiguo régimen capitalista, el derecho es un
arma de la ideología: dominante ya que hace aparecer como
generales, o nacionales los intereses particulares o clasistas del
capital y como tal se trata de un elemento^uperestructural de la

4. Citado por Jean Starobinski, Jean Jacques Rousseau: La Transparencia y


el Obstáculo, Taurus' Madrid, 1983, p. 332.
5. Fernando Savatqr¡La, Tarea del Héroe, Taurus, Madrid, 1982, pp. 185-195.
. formación social que debe ser destruido o transformado; al
mismo tiempo, añade el discurso marxista clásico, en el nuevo i
régimen socialista es menester la llamada legalidad socialista o
ningún derecho en absoluto al ser sustituido el gobierno de los
hombres por la administración de las cosas. Así, en cuanto a '
la crítica del viejo orden, el marxismo se aparta de las teorías
funcionales y recupera los aportes de El Príncipe y Leviatán
para apuntar hacia una idea alternativa del derecho que se
inspira en el hecho de la polépiica social. De ahí la ley de la
lucha de clases como constante histórica, que es una de las
principales contribuciones del materialismo a las ciencias
humanas en los tiempos modernos, aunque, cómo advierte
lúcidamente Foucault, la mavor aooría del pensamiento de
Marx en cuanto teoría crítica de la sociedad consiste en dar más
importancia a los combatientes qué al combate, a las clases que
a su lucha6. En cuanto al diseño del nuevo orden, sin embargo,
el marxismo no ofrece elaboraciones confiables sobre el papel
de lo legal en el estadio postrevolucionario y el socialismo real
ha destruido ya cualquier ilusión acerca de la posibilidad de
instaurar y administrar un derecho democrático o de prescindir
de las leyes como dispositivos de control social y acceder a una
sociedad horizontal y abierta.
El positivismo, por fin, concibe lo normativo como una
forma vacía, de no im porta qué contenido, cuya supremacía
para estructurar y jerarquizar las relaciones intersubjetivas
depende tan sólo del respaldo que le brinda el Estado con todo
su arsenal de recursos de poder. Tanto en el formalismo alemán
(para Kelsen derecho ¿s lo que el Estado imponga como tal por
la fuerza de su impedían) como en el realismo norteamericano
(Holmes solía decir que el derecho es la profecía de lo que harán
los tribunales), se percibe una distancia ontológica entre norma
y relación, de suerte que la primera viene a teledirigir a la
segunda habida cuenta de ia disponibilidad tendencial de lo
real á ser modelado por lo legal7.
Con los riesgos inevitables de la síntesis didáctica, el pano­
rama precedente muestra cómo, salvo por las desviaciones
parciales de Maquiavelo, Hobbes y Marx, toda la gran tradi-

6. Miguel Morey (editor), Sexo, Poder, Verdad: Conversaciones con Michel


Foucault, Editorial Materiales, Barcelona, 1978, p. 259.
7. Oliver Wendell Holmes, La Senda del Derecho, Abeledo Perrot, Buenos
Aires, 1975, p. 21.
ción jusfilosófica de Occidente no es más que una larga refle­
xión sobre la ley y el orden en la cual la normatividad resulta
necesaria para gobernar una materia que le es ajena porque no
responde a la racionalidad finalista de lo jurídico. En este
sentido tiene razón Hegel cuando afirma que el Estado romano
es la prosa del mundo pues hay que admitir que la concepción
tradicional del Estado y del derecho vigente hasta hoy está
escrita en el lenguaje de Roma que es el idioma imperialista de
larazóny de la razón de Estado. En otros términos, puesto que
casi siempre se ha pensado el problema del todo desde arriba,
desde la montaña, desde el lugar del rey, resulta lógico que el
derecho se conciba como una herramienta todopoderosa del
espíritu o del poder para disciplinar, para meter en cintura la
insumisa energía humana. Por el contrario, si se intenta enfren­
tar la cuestión del orden (cuestión arquitectónica: cómo dispo­
ner del mejor modo posible las partes para asegurar así la
permanencia del todo) desde abaio. desde la llanura, desde el
lugar del ciudadano, quizá se abran nuevas perspectivas de
estudio e investigación para la jurística y empecemos a com­
prender. A comprender cómo funciona en realidad el derecho,
cuál es su función social efectiva y cuán separado se halla de la
conflictiva materia de qué está hecha nuestra convivencia.
Capítulo II
EL DERECHO COMO GUERRA RITUAL

El consenso, fundamento de todo orden social y de todo


régimen político y paradigma de todo discurso académico y
cientíñco sobre lo histórico y lo social desde el siglo de las luces,
está en crisis a nivel planetario. Tal crisis radica en que la
legitimación democrática del poder, la única que existe en
tanto coartada de los que mandan, así no sea más que nominal
o semántica en la mayoría de los casos, ya no permite ni pensar
ni administrar la sociedad contemporánea. Han transcurrido
más de doscientos veinte años desde la primera edición anó­
nima de El Contrato Social y nuestra común condición de
ciudadanos de los Estados nacionales modernos no nos ha
hecho ni ungpice^más contratantes de la organización política
que a Rousseau y sus contemporáneos. Tal vez sea tiempo de
escribir La Batalla Social.
En efecto, puesto que no hemos accedido a la comunidad
instituida en condiciones ideales u originales de igualdad y
nuestra calidad de contratantes del orden social no es en abso­
luto común o intercambiable, y puesto que lo que denomina­
mos derecho no es una estructura externa impuesta a la diná­
mica social en nombre de uno u otro imperativo, acaso nuestro
objeto de estudio esté constituido más bien por un tipo de
práctica polivalente que une y.separa a los individuos y a los
grupos a la vez y que traza en su movimiento el mapa de un
combate, el plano de una campaña, la estrategia y las tácticas
de una batalla perpetua: la de los seres humanos que luchan
consigo mismos y unos contra otros por el Reconocimiento y la
supremacía.
: Este novísima modelo de análisis de lo jurídico se ha habili­
tado entreuosotros gracias a los trabajos pioneros del filósofo e
historiador Michel Foucault, cuya microfísica del poder es una
de las teorías críticas de lo social y político más originales y
poderosas de nuestro tiempo. Pero la reflexión del autor de Las
Palabras y las Cosas y Vigilar y Castigar, pese a su formidable
aliento renovador en los terrenos de la filosofía moral y la
historia de las ideas, no ha conseguido borrar la imagen tradi­
cional del derecho como discurso del Estado que se vertería
desde arriba y desde afuera, jen forma unívoca y jerárquica,
sobre la heterogénea materia social, la cual, por su parte,
estaría hecha de relaciones de poder ambivalentes y proliferan­
tes. En el último de los textos citados, en el gran libro sobre la
cárcel, Foucault inaugura un tipo de análisis de las institucio­
nes de control social en la sociedad burguesa occidental que
debe calificarse de “genealógico”, en el sentido nietzscheano del
término, pues nos enfrenta quizá por vez primera con la mecá­
nica minúscula del poder capitalista,, lo que él llama “disci­
plina”, es decir, la dóminación consentida, contratada. Esta
nueva tecnología de poder, que “aumenta las fuerzas del cuerpo
(en términos económicos de utilidad) y disminuye esas mismas
fuerzas (en términos políticos de obediencia)”8, es presentada a
través de una historia intelectual del desarrollo discreto del
archipiélago carcelario en que ha venido a convertirse el
mundo liberal. Tal proceso hajsido posible merced a la genera­
lización y rutinización de técnicas políticas avanzadas, civiliza­
das, que no oprimen sino que explotan, qué no torturan sino
que examinan, que no segregan sino que normalizan. El
esquema panóptico que se eleya a la categoría de utopía con el
desarrollo de las redes disciplinarias consiste precisamente en
un funcionamiento capilar, celular, microfísico del poder, de
los poderes, de los discursos y jas fuerzas fa lo largo y.anphodel
espacio social:

La “disciplina” no puede identificarse ni con una institución ni


con un aparato. Es un tipo de poder, una modalidad para
ejercerlo, implicando todoj un conjunto de instrumentos, de
técnicas, de procedimientos, de niveles de aplicación, de metas;
es una “física” o una “anatomía” del poder, una tecnología [...]
Se puede, pues, hablar en total de la formación de una sociedad

8. M. Foucault, Vigilar y Castigar, Siglo XXI Editores, México ,1976, p. 142.


disciplinaria en este movimiento que va de las disciplinas cerra­
das, especie de “cuarentena” social, hasta el mecanismo indefi­
nidamente generalizable del “panoptismo”9.

Al subrayar el carácter bélico, polémico, del poder político en


el liberalismo y el capitalismo, sin embargo, Foucault excluye
al derecho:

Históricamente, el proceso por el cual la burguesía ha llegado


a ser en el curso del siglo XVHI la-clase políticamente domi­
nante se ha puesto a cubierto tras de la instalación de un marco
jurídico explícito, codificado, formalmente igualitario, y a tra­
vés de la organización de un régimen de tipo parlamentario y
representativo. Pero el desarrolle y la generalización d e los
dispositivos disciplinarios han constituido la otra vertiente,
oscura, de estos procesos. Bajo la forma jurídica general que
garantizaba un sistema de derechos en principio igualitarios
había, subyacentes, esos mecanismos menudos, cotidianos y
físicos, todos esos sistemas de micropoder esencialmente ini­
gualitarios y disimétricos que constituyen las disciplinas. Y si de
una manera formal el régimen representativo permite, que
directa o indirectamente, con o sin enlaces, la voluntad de todos .
forme la instancia fundamental de ía soberanía, las disciplinas
:dan, én la base, garantía de la sumisión de las fuerzas y de los
cuerpos. Las disciplinas reales y corporales han constituido el
subsuelo de las libertades formales y jurídicas^ El contrato bien
podía ser imaginado como fundamento ideal del derecho y del
poder político; el panoptismo constituía el procedimiento téc­
nico, universalmente difundido, de lacoerción. N o hacesádo de
trabajar en profundidad las estructuras jurídicas de la sociedad
para hacer funcionar los mecanismos efectivos, del poder en
oposición a los marcos formales que se había procurado. Las
luces, que han descubierto las libertades, inventaron también
las disciplinas [...]
Por regular e institucional que sea, la disciplina, en su meca­
nismo, es un “contraderecho” Y si el juridicismo universal de la
sociedad moderna parece fijar los límites ál ejercicio de los
podéres, su panoptismo difundido por doquier hace funcionar,
a contrapelo del derecho, una maquinaria inmensa y minúscula
a la vez que sostiene, refuerza, multiplica la disimetría de los
poderes y vuelve vanos los límites que se le han trazado. Las.
disciplinas ínfimas, los panoptismos de todos los días pueden
muy bien estar por debajo del nivel de emergencia de los gran-

9. M. Foucault, op. c it, pp. 218 y 219.


des aparatos y de las grandes luchas políticas. Han sido, en la
' " genealogía de la sociedad moderna, con la dominación de clase
que la. atraviesa, la. contrapartida política de las normas según
las cuales se redistribuía el poder101.

En eí pensamiento de Foucault, como resulta evidente, lo


{jurídico sigue siendo, a pesar de todo, un elemento formal y
pasivo, ajeno al materialismo y activismo de lo político. Y hay
que lamentarlo no sólo porque con ello nos priva del beneficio
de su inquietante perspectiva analítica en el conformista uni­
verso de los estudios legales, sino además porque por este
camino tiende a perpetuarse una visión del derecho que no
tiene ninguná capacidad explicativa de lo reaLJ““
Ha sido un intelectual latinoamericano, eTjurista peruano
Femando de Trazegnies, en un brillante ejercicio d ^ historia
legal que'es un verdadero teñir de forcé, quien le ha tomado la
palabra a Foucault y ha intentado esbozar una concepción
dinámica del derecho. A partir de una crítica de la matriz del
maestro francés y con aportes de su propia cosecha, Trazegnies
plantea sus “reflexiones sobre la polivalencia táctica del razo­
namiento jurídico” en un hermoso libro intitulado Ciríaco de
Urtecho, Litigante por Á m orn . Se trata de un estudio de caso
sobre un juicio de manumisión que tiene lugar en el Perú
virreinal de 1782 y que muestra como en un microcosmos
viviente todos los aspectos constitutivos de esa guerra reglada
que es el derecho: Ciríaco de Urtecho, un español pobre de
Cajamarca, pide al juez la emancipación de Diónisia Masíe-
rrer, una esclava de propiedad de Juan de Dios Cáceres, rico
mercader de la localidad, pues “se da el caso, su Señoría, que
esta su esclava es mi mujer”.
La historia es apasionante. Pero Trazegnies trasciende la
anécdota para presentarnos no sólo una visión espectral de la
sociedad colonial hispanoamericana de finales del siglo XVIII
sino también una teoría polémica del derecho.
En cuanto a lo primero, el proceso de Cajamarca enfrenta
dos instituciones centrales del orden virreinal: la familia y la
propiedad, el matrimonio y la esclavitud. Y toda la artillería

10. M. Foucault, op. cit, pp. 224-226.


11. Femando de Trazegnies, Ciríaco de Urtecho, Litigante por Amor: Refle­
xiones sobre la Polivalencia Táctica del Razonamiento Jurídico, Universidad
Católica del Perú, Lima, 1981.
de argumentos legales y de recursos procesales de que se valen
los actores del drama judicial és un maravilloso expediente en
manos del autor para reconstruir esa sociedad abierta y
cerrada, autoritaria pero tolerante que es el Perú inmediata­
mente posterior a la rebelión de Túpac Amáru. El libro recoge
la actuación judicial en su totalidad y examina con rigor los
discursos del juez, de las partes y de los peritos en su contexto
histórico y en su despliegue táctico; reconstruye el paisaje social
de la esclavitud y el material normativo de la época y, en fin,
descodifica con maestría todo el conflicto de poderes y saberes
en que el juicio de'amor y libertad de Ciríaco de Urtecho contra
Juan de Dios Cáceres consiste.
Respecto de lo segundo, el trabajo del profesor peruano
representa una contribución sustancial a una teoría estratégica
del derecho. Su reflexión comienza por enfrentar a Foucault
contra Foucault:

Aparentemente, toda la riqueza del análisis de Foucault..


, sobre el poder se detiene misteriosamente ante las murallas
infranqueables de una concepción tradicional del Derecho; el
efecto corrosivo de la perspectiva que Foucault propone no
logra disolver las estructuras rígidas de una idea de Derecho
anquilosada y mecánica. Mientras que las formas no jurídicas
del poder presentan en el pensamiento de Foucault una calei-
doscópica capacidad de maniobra replanteando continuamente
sus términos en enfrentamientos infinitesimales que se organi­
zan de abajo hacia arriba, parecería que el Derecho es conside­
rado únicamente bajo laform a de la Gran Represión impuesta
desde la cumbre política del poder: el fenómeno jurídico consti­
tuiría así una forma binaria.del poder administrada desde
arriba, que reduce las situaciones al juego de lo lícito y lo ilícito,
de la transgresión y el castigo12.

A renglón seguido, Trazegnies propone su nuevo enfoque:

El Derecho no es una “cosa'’sino un “espacio”donde suceden


cosas, no es una transcripción estática del Gran Poder sino un
lugar donde se definen los poderes a-través de múltiples escara­
muzas. En otras palabras, el Derecho no es el resultado del
poder sino una etapa de la formación del poder y de su perma­
nente cuestionamiento a través de. luchas microscópicas y d e '

12. F. de Trazegnies, op. cit., p. 15.


guerras mayores; no puede ser concebido como el festín de los
vencedores, como el acta de capitulación que se redacta dentro
del clima de paz!que sucejde a la victoriá; por el contrario, el
/ Derecho es la batalla misma, una batalla que no termina
nunca13. ‘1

.. El derecho es un juego cuyas reglas son manipulables por los


jugadores pero al mismo tiempo tales reglas están dotadas de
ciert a inmanencia» de una dinámica propia que se impone a los
. actores, en el sentido de que no hay nada decidido de ante­
mano, cualquier desenlace es posible, toda victoria es precaria,
toda derrota es reversible. T arito en el derecho público como en
el derecho privado, tanto en Iqs castigos como en los contratos,
el enfrentamiento de las partes en el litigio no presenta solución
de continuidad respecto del enfrentamiento de los individuos
en el mercado. Existe una diferencia de grado y no de natura­
leza. La situación fundamental es la misma:;sujetos que se atan
y desatan de mil modos, vínculos que se construyen y descons­
truyen incesantemente, toda ila realidad relacional que es la
vida social se torna eyentualmente “procesable” o “justiciable”
por el sistema dé conflicto controlado que ofrece o impone el
Estado a través de sudegalidad o la colectividad mediante sus
aparatos arbitrales.
En últimas, pues, la ley tíenej una textura abierta, es palabra y
no escritura, no “es” sino que “se hace”, se ccinstruye a través de
los innumerables,encuentros en los cuales se miden y se prueban
los poderes y los saberes con la mediación de las fórmulas
rituales, sustitutivas, que desd¡é los códigos y los contratos, los
tribunales y los pleitos, intentan administrar y hacer rentable la
plural polémica social. En estej orden de ideas, debe decirse que
no es propósito del derecho hacer la paz o cosa parecida. Su
finalidad es canalizar la energía agresiva y: competitiva de la
especie para extraer de su ejercicio controlado ciertos efectos
de poder y de saber. El derecho como sistema institucional de
solución de conflictos no excluye la violencia, ni garantiza la
equidad. Todo ello implica una serie de hipótesis de considera­
ción, algunas de las cuales pueden formularse de manera provi­
sional así: 1
.1. Si el derecho, como sugiere Trazegnies, es espacio y no
cosa, resulta más; relevante la decisión judicial que el principio

13. F. de Trazegnies, op. cit., p. 81;


legal y más plástica la norm a sustantiva que la regla procesal. .
¿Ésto supone, especialmente en Colombia donde la autoridad ’
«tribuida a las leyes equivale a un áuténtico fetichismo, conce­
lle r más atención a la jurisprudencia y a los conflictos de
jderechos que a la legislación y a la teoría procesal. Más aún, si
en el quehacer académico hay que desplazarse de la contempla­
ción de la normatividad a la interpretación de las batallas
legales, en la práctica legislativa, administrativa y judicial tam­
bién conviene orientar los esfuerzos hacia la materialidad de los
intereses en pugna y no hacia la formalidad de las jerarquías y
las instancias.
2. Si el aparato jurídico funciona entonces como una forma
ritual de la guerra entre individuos, clases, sexos, ideologías,
generaciones, regiones, partidos y otras provincias, ello se debe
a que hay una manera correcta, uná ortodoxia tanto como una
ortopraxis, de librar el combate. Dicho de otro modo, el con­
flicto qué instaura las relaciones y las estructuras de la vida
comunitaria no puede plantearse dé cualquier manera y no
debe rebasar cierto umbral que constituye el límite crítico del
sistema. Cuando tal cosa sucede, él régimen político se torna
ilegítimo en la medida en que las contradicciones sociales no
pueden ser procesadas adecuadamente por la máquina de la
justicia y la energía bélica de los distintos enfrentamientos de
fuerzas y discursos amenaza con hacer saltarla organización
misma. De esta suerte, el litigio cotidiano ha de tramitarse y
decidirse según ciertas reglas, formalidades y tradiciones que
no aseguran un resultado único, ni reproducen simplemente la
dominación de clase, sino que ofrecen terrenos de despliegue y
repliegue y armas de ataque y defensa a los diversos actores
sociales por manera que los desplazamientos y replantamientos
en las jerarquías políticas vigentes siempre forman parte del
plan de batalla de cada día. Tales estrategias y tácticas configu­
ran una gramática de la guerra, la gramática de la guerra que es
la sociedad.
3. Si lo jurídico, por fin, es casi por enteró un saber polé­
mico, el discurso del combate perpetuo que estructura, deses­
tructura y reestructura el orden entre los hombres, vale la pena
conceder más atención reflexiva e investigativa a los análisis de
contenido ideológico, las historias intelectuales, las arqueolo­
gías y genealogías y otras metodologías de idéntica estirpe que
esclarezcan el lugar y el carácter de las luchas legales en el
contexto socioeconómico y político en que nos ha tocado vivir,
lo mismo que la función moral y cultural que dichos duelos
cumplen en el hacerse de nuestra vida cotidiana. Por este
camino, es menester ocuparse más y mejor de los discursos, los
cuales “a igual que los silencios, no están de una vez por todas
sometidos al poder o levantados contra él [...] El discurso
transporta y produce poder; lo refuerza pero también lo mina,
lo expone, lo tom a frágil y permite detenerlo. Del mismo
modo, el silencio y el secreto abrigan el poder, anclan sus
prohibiciones; también aflojan sus apresamientos y negocian
tolerancias más o menos oscuras”14.

14. M. Foucault, Historia de la Sexualidad, I: La Voluntad de Saber, Siglo


XXI Editores, México, 1977,p. 123.
Capítulo III
EL CONSTITUCIONALISMO
EN COLOMBIA

Dentro de esta perspectiva estratégica resulta posible presen­


tar el proceso constitucional colombiano en cuatro de sus
aspectos principales: la historia constitucional propiamente
dicha, las constantes estructurales del régimen, la estrategia del
reformismo constitucional y el debate constitucional contem­
poráneo.

1. LA HISTORIA CONSTITUCIONAL

El primer problema que plantea la tradición colombiana de


independencia nacional y gobierno republicano es él de los
períodos en los cuales tal proceso debe dividirse para facilitar la
descripción y la crítica. La vieja historiografía, dedicada casi
por entero a cantar las hazañas militares y las obras guberna­
mentales dentro de una visión conmemorativa y conservadora
de la evolución nacional, divide toda la historia republicana en
cinco etapas: a) la guerra de independencia contra España
(1810-1819); b) la República de Colombia, más conocida como
la Gran Colombia (1819-1830); c; la República de la Nueva
Granada (1830-1858); d) el período federal o federalista (1858-
1886); y e) la República de Colombia (1886-1887). El criterio
rector de esta división es constitucional en el sentido más
Superlíciai qei termino: cada etapa deriva su nombre y caracte-
rística distintiva dei nombre oficial del Estado o de la experien­
cia política preponderante (como en la guerra de independen­
cia o el experimento federal). En ambos casos, toda la rica
textura de los conflictos sociales, las diferencias regionales,, las
i expresiones culturales e incluso las escaramuzas políticas e
: ideológicas se ignora en beneficio de una imagen intencionada
■del país y de su continuo progreso bajo el-liderazgo ilustrado de
. los partidos políticos gobernantes, quejesultan ser los herede-
ros.legítimos de los padres fundadores.fYeste sesgo se confirma
por el énfasis dé la vieja historia en problemas nacionales y no
regionales y locales; en soluciones y no en problemas; en proe-
. zas jurídicas y militares y no en procesos y tendencias de
carácter económico,' cultural y social; en el progreso simple y
pacífico y no en la evolución' compleja y conflictiva15.}^
Más aún, cuand o la historia general se convierte enhistoria
constitucional las cosas empeoran. En los pocos trabajos dis­
ponibles, los de José María Sjamper y Manuel Antonio Pombo
y José Joaquín Guerra a finales del siglo pasado, y los de
Antonio José Rivadeneira Vargas, Eduardo Fernández Botero
y Diego Uribe Vargas en los últimos veinticinco años, las cartas
y sus enmiendas son presentadas en una forma mecanicista,
aparentemente descriptiva e linformativa, realmente apologé­
tica y conmemorativa16. Estas obras, en efecto, desde el texto
pionero de historia y exégesis constitucional de Samper, que
^ puede ser comparado a El Federalista en la tradición nortea­
mericana (Samper fue uno dé los dieciocho consejeros o dele­
gatarios que redactaron y aprobaron la última y actual codifi­
cación) hasta la comprensiva compilación de Uribe Vargas,
comparten todas la misma idea del constitucionalismo como
artesanía jurídica y dé las constituciones como instrumentos de
gobiernos y partidos para imponer el orden político y la paz
social a los contenciosos pero virtuosos colombianos. Ensarna,
la historia constitucional tradicional no es más que una cria­
tura del régimen, destinada aj generar una actitud de solidari-
— ScH(V'!>2.y j

15. Véase Darío Jaramillo Agudelo (Compilador), La Nueva Historia de


Colombia, Colcuitura, Bogotá, 1976 yen especial la Introducción del compilador
y la contribución de Jorge.Orlando Meló.
16. Veáse José María Samper, Derecho Público Interno de Colombia, 2 vols.,
Imprenta de la Luz, Bogotá, 1886; Manuel Antonio Pombo y José Joaquín
Guerra, Constituciones de Colombia, Imprenta de Echeverría Hermanos,
Bogotá, 1892; Antonio José Rivadeneira Vargas, Historia Constitucional de
Colombia, Editorial El Voto Nacional, Bogotá, 1962; Eduardo Fernández
Botero, Las Constituciones Colombianas Comparadas, 2 vols., Universidad de
Antioquia, Medellín, 1964; y Diego Uribe Vargas, Las Constituciones de
Colombia, 2 vols., Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1977.
dad y apoyo hacia las clases dominantes y sus partidos ?: ?'
gobernantes. •. -i. 1'
Las criticas precedentes no significan que la nueva historia Yí
constitucional por escribirse tenga que ser militante y partí-
dista, comprometida con lá defensa del nuevo orden, si lo hay; é ?
inconsciente de los juegos de guerra que tienen lugar en la arena ^
jurídicaJPoT el. contrario, una historiografía alternativa dél ¿
proceso constitucional debe ser políticamente consciente, obje- 'fr¿
tiva (que no neutral) y escéptica. Porque la tarea dg la filosofía ;
del derecho es la lucidez.!.
Dicho esto, hay que buscar un criterio nuevo para el manejo ; %
de los materiales que forman el constitucionalismo colom­
biano. 1 al cnteno, derivado de la historiamisma^es el proceso C ,
de construcción nacional, es decir, el esfuerzo de las clases ¿
dominantes y los partidos gobernantes para fundar y consoli- :;
dar un aparato institucional capáz de controlar a la totalidad
de la población sobre la, totalidad ,dél territorio del Estado- : •
nación o Estado nacional, en este caso medianie la importación .v
e imposición al país de la ideología del constitucionalismo ;
liberal o régimen republicano tal como ha sido administrada y r
prevalece en Estados Unidos y Francia desde la independencia ;
y la revolución, respectivamente. \
jE n realidad, el. acontecimiento central a lo largo de la histo-: .•
ria de Colombia durante los dos siglos pasados ha sido la V
edificación del Estado-nación o Estado nacional/lque es un
proceso colectivo, material y en movimiento y no un episodio ..
singular, formal y terminado, de tal suerte que todos los demás
aspectos de la vida social pueden ser referidos a él. En esta
perspectiva, de consiguiente, las constituciones y las reformas '
deben ser vistas como medios y fines a la vez, como resultados e
instrumentos de una empresa hasta ahora fru strad aja de hacer
que la vida cotidiana de los individuos y las instituciones en
Colombia sea un ejercicio democrático f^-o
Si el proceso de construcción nacional es ¿ntonces el hilo ...
conductor, la historia republicana dé Colombia puede arre­
glarse de modo que se distingan dos grandes etapasija} la
formación del Estado nacional, marcada por una sucesión de :
guerras civiles y cartas fundamentales que se extiende desde la :
Independencia en 1810 hasta la reunificación del territorio y la .
expedición de la actual constitución én í S86; y b) la consolida­
ción del Estado nacional, a través de losprocesos de industriali-j
zación, urbanización y modernización, hasta nuestros días j
2, LAS CONSTANTES ESTRUCTURALES

Las numerosas constituciones y reformas mencionadas bien


pueden ser la expresión de un estilo nacional, de una tendencia
cultural^hacia el discurso legal y la retórica republicana que se
; cementarán más adelante. Pero ellas muestran también la
extraordinaria resistencia del régimen frente al cambio consti-
. tucionál. Porque existen unas constantes estructurales que no
vhaúsido alteradas o desplazadas de la fábrica del Estado muy a
pesar del recurrente reformismo. Én la medida en que la estruc­
tura original permanece tras las sucesivas oléadas de estatutos y
enmiendas, quizá la clave para descifrar el mensaje de la carta y
dominar la gramática de la guerra se halle aquí, en estas perdu­
rables características:
i.; Republicanismo. Desde el umbral de la guerra de libera-'
ción nacional contra el Imperio español y a lo largo de su
búsqueda del orden y la estabilidad, Colombia ha apelado
siempre al liberalismo entendido como ideología oficial dejas
democracias representativas o repúblicas occidentales.jLa
influencia dominante recibida por los padres fundadores fue la
de las revoluciones norteamericana y francesa^ aunque puede
afirmarse que la segunda resultó más eficaz que la primera en la
. provisión de las herramientas que permitieron fundar el Estado
nacional bajo la forma de la república liberal en la mejor
tradición Continental, Más aún, se puede hablar de dos
liberalismos.
: El Uno viene de Atenas, la revolución gloriosa inglesa y la
independencia norteamericana, y se distingue por la libertad
individual dentro de un contexto de restricción gubernamental
y riqueza e ilustración sociales. Su retórica libertaria remite a
exitosos símbolos de prestigio como la Carta Magna, la Decla­
ración de Derechos, la constitución de Filadelfia, las obras de
Locke, Htime, Jefferson, Madison y las enseñanzas y hazañas
de Blackstone, Marshall, Lincoln y Roosevelt. En la tradición
anglosajona se trata, en efecto, de la única democracia posible,
la del constitucionalismo, el individualismo, la tolerancia reli­
giosa y la propiedad privada. El otro liberalismo, en cambio,
deriva de Esparta, Roma, el Renacimiento florentino, la Revo­
lución francesa y las guerras de independencia hispano ameri­
canas, y su rasgo característico es la disciplina de la ley vel orden
republicano bajo el dominio centralizado de la razón y del
derecho. Esta segunda tradición no es una negación de la
democracia liberal sino más bien, su traducción, autoritaria al V
modelo europeo continental y a los regímenes civiles latinoa--:
mexicanos. Ella también supone un esquema democrático dé
gobierno, pero aquí.la intervención estatal ha sido tem pranae
intensa, las libertades y garantías ciudadanas están encuadra- :
das por una. disciplina legal nacional y la vida política se
distingue más por el gregarismo y la solidaridad que por el
individualismo y e l egoísmo racional. Dentro de este libera­
lismo centralista, la lectura de Rousseau por los jacobinos
franceses y sus herederos intelectuales, los libertadores hispa­
noamericanos, muestra mejor que nixigún Otro proceso histó­
rico, el lado oscuro dé'lá luna libe ral !7.JEsto nos trae de vuelta .1
"“al republicanismo como constante del constitucionalismo
colom biano^
El régimen colombiano ha sido y es republicano debido a su
prolongada adhesión a la democracia representativa basada en
el principio activó de la soberanía nacional o indivisible, que
fue definida por Rousseau en El Contrato Social e instituida
por La primera república francesa en su constitución revolu­
cionaria de 1793. Dicha noción informa él sistema político
nacional en tanto el artículo 2 de la ley fundamental en vigor,
que no ha sido enmendado desde su adopción en 1886, dispone: :

La soberanía reside esencial y exclusivamente en la Nación, y de


ella emanan los poderes públicos., que se ejercerán en los térmi- *.
nos que esta Constitución establece.

Aquí radica la contradicción central de. la estructura consti- '


tucional del país. Según la cláusula transcrita, el poder de
fundar el Estado, es decir, la soberanía, y ios poderes públicos
derivados, como el poder de establecer la constitución y el
poder de reformar 1a. constitución, pertenecen a una sola insti­
tución, la rama.legislativa, y se ejercen más allá de ia zona de •
influencia del pueblo. Así lo confirma el artículo 105 de la
carta, igualmente inalterado desde 1886:17

17, Véase James. Miller, Rousseau: Dreamer o f Democracy. Yale University


Press, New Haven, 1984; David P. Jordán, The Revoíutionary Career o f Maxi-
milien Robespierre, The Free Press, New York, 1985; y mi La Constitución de
la Quimera: Rousseau y la República Jacobina en el Pensamiento Constitucio­
nal de Bolívar, Editorial La Caja de Herramientas, Bogotá, 1982.
¿ Los individuos de una y otra Cámara representan a la Nación
:;V ’ :'entera, y deberán votar consultando únicamente la justicia y ei
-" bien común. • .

' Ello significa qué la; capacidjad de establecer una organiza­


ción política soberana en Colombia radica en1la nación, pero la
nación como tal no puede actuar por sí misma sino tan sólo a
través .de la mediación del Congreso. Se establece, en conse­
cuencia, la tiranía de los representantes sobre los representa-
dos graciás a la irresponsabilidad política absoluta garantizada
‘aM'Senadores v representantes a la Cámara por el articulo T79
(también refractario al reformismo constitucional), el cual
define la relación política entre ¿lectores y elegidos como repre­
sentación y no como mandato puesto que los ciudadanos no
pueden imponer obligaciones a sus diputados18.
2. Centralismo. Si la naturaleza del régimen es republicana y
no democrática, la forma del Estado es centralista o unitaria
pues.el territorio nacional está dividido en departamentos o*
provincias que carecen de autonomía por cuanto están sujetos
al gobierno central. Al contrario del federalismo, el centra­
lismo opera de madera tal quéTsólo las autoridades nacionales
pueden ejercer las funciones estratégicas del Estadgf reformar la
constitución, aprobar las leyes, ¿stablecer los impuestos, adop­
tar el presupuesto, garantizar las libertades, etc.
En efecto, la primera decisión tomada, por los líderes que
firmaron el Acta de Independedcia de 1810 fue la de adoptar el
centralismo como fundamento del nuevo régimen republicano.
Dicha opción estuvo determinada por la necesidad estratégica
de enfrentar una eventual reconquista española, que constituyó
una preocupación central de los-padres fundadores de Colom­
bia durante más de veinte añps. Tenían razón. Hubo una
reconquista española entre 1815' y 1819, cuando fuerzas realis­
tas intentaron aplastar: el movimiento independentista y res­
taurar el virreinato en el norte d¿ América del Sur. Los patrio­
tas tuvieron éxito en rechazar a los realistas pero el centralismo
se mantuvo como rasgo, constitutivo del ente pblíticp en pro­
ceso de construcción.
El centralismo fue además una herencia del período colonial,
caracterizado por un sistema político burocratizádo y jerarqui-

18. Véase mi El Anticonstitucional: Introducción a la Critica de la Constitu­


ción Política, Ediciones Uniandes, Bogotjá, 1981, pp. 14-22
zado impuesto como una camisa de fuerza a la realidad hetero­
génea y Volátil de las colonias19. Y el centralismo se convertiría ,
en la cuestión más disputada por las élites dominantes del'
nuevo país, párticularmente durante tres períodos: la llamada
Patria Boba (1810-1815), cuando las provincias formaron,
pequeñas repúblicas y guerrearon entre sí bajo las banderas:
del centralismo y el federalismo, facilitando así la reconquista-
española; la Gran Colombia (1819-1830), cuando la primera
constitución nacional y republicana, inspirada en el modelo
. autoritario bolivarianó, fue impuesta en Colombia, Ecuador,: ■
Panamá y Venezuela, sellando de esta manera la suerte de la .
república extensa; y la época federal (1858-1886), cuando el.c
liberalismo radical conduce a la Confederación Granadina y' X
los Estados Unidos de Colombia y luego a la reacción conser­
vadora de la Regeneración, que restauró el Estado unitario.
mediante una política centralista, una guerra civil y una nueva :
constitución.. ■
3. Presidencialismo. De acuerdo con el paradigmático
ejemplo de los Estados Unidos tanto como la propia y precoz!
tradición hispanoamericana de liderazgo carismático.Colom-.
bia diseña una poderosa presidencia como institución axial ¡dé :
la república centralista. Y si bien el país no ha tenido tantos ; :
5 golpes de Estado y dictaduras militares como las restantes..
Paciones en la región, y la extendida tendencia hacia ia jefatura ; .
autocrática y populista ha sido transformada en un biparti- .
dismo disciplinario pero abierto, el omnipotente iefe de Estado ;
v de gobierno es con mucho la autoridad central.
Modelado en el cesarismo bolivariano y directamente ele­
gido desde 1910 (aunque hubo unaelección presidencial directa
en 1856). el presidente de Ta república es un monarca escogido
por voto popular cada cuatro años i Sus amplios poderes para
Sombrar ministros, embajadores, jefes de las entidades nacio-
5 nales y ¡gobernadores de los departamentos sin intervención
alguna del Congreso; imponer la ley marcial y la emergencia:
económica; expedir decretos con fuerza dé ley; intervenir en la !
, emisión monetaria y el ahorro privadoj y otras, facultades
^ hacen del presidente colombiano un rey electo. Y las constitu­
ciones del siglo XIX y las reformas a la Carta de 1886 no han ,~
hecho más que acrecer y fortalecer los poderes del cargo!

19. Véase Claudio Veliz, La Tradición Centrátistá de América Latina, Edito­


rial Ariel, Barcelona, 1984, especialmente .Cap. VII, pp; 141-161.
4. Confesionalismo. El descubrimiento de América fue una
hazaña española. Y una empresa religiosa. El papado confió a
España la evangelización de las Indias occidentales. Este pro­
yecto, patrocinado por el Estado y la iglesia, creó un nuevo tipo„
de imperio colonial caracterizado por la preocupación moral y
teológica de las autoridades metropolitanas por los pueblos
nativos de América Central y del Sur, lo cual explica a su vez la
singularidad del mestizaje hispanoamericano y el enorme
poderío de la jerarquía católica en la vida entera del subconti­
nente. La formidable influencia de la religión institucional en
Colombia, por tanto, viene de los tiempos coloniales cuando la
iglesia era a la vez una fuerza progresista en la educación délas
éiífeTvTapfoféccIón de los indios y los negros, y una coartada
legitimadora páralos intereses latifundistas y la incompetencia
burocrática. Durante la guerra de independencia y los primeros
años de la república, la iglesia jugó un papel ambiguo, apo­
yando a los realistas en unas provincias y combatiéndolos en
otras. Eventualmente, la jerarquía y el clero establecen una
.relación de trabajo con la emergente república de la Gran
Colombia y en julio 28 de 1824 se prom úlgala ley de patronato
eclesiástico por la cual el gobierno nacional asumía las prerro­
gativas anteriormente ejercidas por los monarcas españoles,
tales como la aprobación de nombramientos eclesiásticos y la
recolección de impuestos religiosos. Fue entonces cuando se
produjo la unión de la iglesia y el Estado, que dura hasta h o y ,f
conla notoria excepción del régimen federal que separó las dos
potestades mediante una ley expedida por el Congreso de la
Nueva Granada en junio 15 de 1853, la primera de su género en
América Latina. Empero, en 1887 se suscribió un concordato,
entre Colombia y el Vaticano con el fin de restaurar todos los
privilegios de la iglesia y dar al catolicismo el carácter de
religión oficial del Estado. Este arreglo continúa vigente y el
preámbulo del Código político, introducido en el llamado ple­
biscito de 1957, es del siguiente tenor:
En nombre de D ios, fuente suprema de toda autoridad, y con
el fin de afianzar la unidad nacional, una de cuyas bases es el
reconocimiento hecho por los partidos políticos de que la Reli­
gión Católica, Apostólica y Rom ana es la de la Nación, y que
como tal los poderes públicos la protegerán y harán que sea
respetada como esencial elemento del orden social y para asegu­
rar los bienes de la justicia, la libertad y la paz, el pueblo
colombiano, en plebiscito nacional, decreta...
Este retórico preámbulo ,puede ser visto como un pórtico
barroco construido según una arquitectura circular: Dios
funda el poder del pueblo; el pueblo se convierte en la nación y
reconoce a los partidos políticos autoridad para gobernar; los
partidos políticos confieren a la religión católica el carácter de
piedra angular del establecimiento; y la religión católica, titular
de la representación divina, bendice el orden así fundado,
constituido y gobernado. Desde el punto de vista práctico, el
resultado es la constitucionalización de los acuerdos del Frente
Nacional de 1956 y 1957, por los cuales los dos partidos políti­
cos tradicionales de Colombia, el Conservador y el Liberal,
convienen en cesar su guerra civil de más de diez años (la
llamada Violencia) y someter ai electorado una reforma consti­
tucional legitimadora del bipartidismo20.
5. Libertades Públicas.fEl constitucionalismo colombiano
desde sus orígenes ha reconocido a los ciudadanos un cierto
número de derechos y libertades^ Quizá el más remoto antece­
dente de esta arraigad a tradición es la traducción.en diciembre
de 1793 de la Declaración Universál de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano, de la Revolución francesa, por
Antonio Nariño, el llamado Precursor de la Independencia21.
Aun cuando la Declaración fue prohibida, la edición destruida
y Nariño encarcelado, el discurso de la revolución burguesa
sobre los derechos humanos empezó a permear los círculos de
criollos descontentos en la Santa Fe de finales del setecientos.
De estas élites surgirán, quince años después, la Declaración de
independencia y las primeras constituciones provinciales, que
incluyen ya disposiciones sobre derechos civiles. En la consti­
tución de El Socorro se proclaman los derechos de propiedad,
libertad y sufragio. Promulgado en agosto 15 de 1810 y descu­
bierto apenas en 1963, este documento extraordinario incluye
cláusulas revolucionarias sobre resguardos, tributos de indios y
estanco del tabaco22.
Con.todo, sin embargo, el punto de partida en la historia de
las libertades públicas en Colombia es el Título XII de la

20. Véase Fernando Guillén Martínez, La Regeneración: Un Estudio de Caso,


Universidad Nacional, Bogotá, 1974, pp.13, 58 y 59.
21. Véase Thomas. Blossom, Nariño: Hero o f Colombian Independence, The
University of Arizona Press, Túcson, 1967, p.9.
22. Véase Horacio Rodríguez Plata, La Antigua Provincia de El Socorro y la
Independencia, Biblioteca de Historia Nacioiial, vol. XCVIII, Bogotá, 1963.
constitución de Cundinamarcja de 1811, donde se garantizan la
libertad, la igualdad, la seguridad y la propiedad. La lista
, incluye también' la libertad de expresión, el principio de la
representación para la tributación, el derecho al sufragio y la
’’ garantía del debido procesó. Los textos posteriores amplían y
. .enriquecen el repertorio de derechos y garantías. Ha habido
avances y retrocesos:! en las constituciones; derechistas, como
las de 1843 y 1886^él estatuto de derechos (hoy el Título III de
; la carta) aparece ¡severamente restringido, con la mayoría de las
: libertades sujetas a la 1supervisión del gobierno a fin de preser-
• var el orden público y:la moral¡ cristiana;)y en las constituciones
izquierdistas, como las de 1853 y 1863, y én las reformas
progresistas, como la de 1936, el depósito de libertades se ve
mejorado con la adición de nuevas garantías y pocas limitacio­
nes para su ejercicio. En generál, puede hablarse de una progre­
sión entre la primera ley fundamental, la de Cundinamarca de
1811, y la última reforma ¡de consideración, la segunda
enmienda del Frente Nacional en 1968. Así, las libertades
políticas e individuales del siglo XIX, reconocidas únicamente
a la población masculina, letrada y propietaria de tierras o
rentas, se complementa con los derechos sociales y económicos
del siglo XX, otorgados ahor¡a (desde 1957) a todo nacional
colombiano o extranjero residente sin discriminación formal
alguna. .

3. LA ESTRATEGIA DEL REFORMISM O


CONSTITUCIONAL
i- «
Puesto que el proceso de construcción del Estado nacional ha
sido la realidad central en la historia constitucional de Colom­
bia, y. el republicanismo, el centralismo, el presidencialismo, el
confesionalismo y el otorgamiento de libertades públicas limi­
tadas han operado como las constantes estructurales del régi­
men a través de .la sucesión ¡de textos fundamentales, cabe
afirmar que el reformismo constitucional es un dispositivo
ideológico enderezado a prevenir el cambio social y producir el
consenso político:. Quince constituciones nacionales en setenta
y cinco años y sesenta iv siete, reformas cons titucionales en ciep.
anos ciertamente sugieren un ritmo de producción discursiva,
una “derechización” de' las- relaciones e instituciones sociales
casi imposible de superar. Los manuales de: historia constifiT
>cional, cuando no abiertamente orgullosos de una tal prolifera­
ción normativa, se muestran al menos convencidos de que ella^
constituye un logro de las clases dirigentes y. los partidos
gobernantes y de sus talentos jurídicos, y convicciones republi­
canas. Según esta misma lógica, la profusa serie de cartas y
reformas que atraviesa la evolución política nacional es vista
como él resultado de un atavismo c u ltu ra l—el autbprocla-
mado genio legal de los colombianos— -o como una secuencia
de reformas redentoras y soluciones providenciales a los com­
plejos problemas del p aís..
ÍM uy por el contrario, el reformismo constitucional opera
ijcomo úna eficaz estrategia de autolegitimación a través de la
Vcual los sectores dominantes han intentado crear un consenso y
han logrado prevenir un cambioJfSn efecto, la recurrente ape­
lación dél establecimiento al constitucionalismo como un
remedio para todos los males sociales ha sido un esfuerzo
permanente por contener y disolver la insurgéncia de los secto­
res populares y periféricos de la sociedad, preservar y asegurar
^ los intereses de los estratos superiores y céntrales de la pirámide
socialy, en últimas, conferir atodo el sistema una apariencia de--
legitimidad y racionalidad. Por este camino, los grupos directi- \
vos han tenido éxito hasta ahora en la medida en que las leyes;
. fundamentales y sus modificaciones han servido para evitar el
cambio político y social pues no ha habido revolución constitu-
cional en Colombia. Existe una relación inversamente propor- ■
cional entre el número y lá frecuencia de las cartas y enmiendas.
expedidas y adoptadas, y la calidad e intensidad de las trans-:
formaciones por ellas introducidas en la economía, la política, v
la cultura v la vida cotidiana de Colombia v los colombianos.

más su aparato normativo que Colombia, y probablemente


, ningún otro país latinoamericano ha cambiado menos sus insti-..."
' tuciones políticas que Colombia^En suma, el reformismo cons-
"fitucional es un operador del continuismo político y social.
Opera como un auténtico fetichismo jurídico, en el sentido de
que reifica los lazos intersubjetivos y los convierte en moneda
contractual, materia prima para la producción de poder qué es
a la vez capital político y valor ideológico. Y actúa también
como un verdadero machismo jurídico puesto que la mitoló- j
gica voluntad del constituyente y legislador se erige en una
instancia de enrarecimiento de todas las relaciones y de anula­
ción de todas las contradicciones.
■Pero si esta tecnología política de la superproducción nor-
í. mativáhá conseguido hasta ahora neutralizar las diversas ten-
Ctativas históricas de cambio social y poder popular, no ha
; logrado, en cambio, generar un consenso mayoritario favora­
ble al orden imperante. H asta tanto eí acuerdo político entre el
. Estado, y la sociedad civil haya de ser obtenido por medio del
■discurso constitucional, debe haber una reforma constitucional
. en la;agenda nacional. El mecanismo funciona, en consecuen­
cia, como un círculo vicioso: la próxima enmienda a la carta
—cualquiera que ella sea, como quiera que ella se haga, cuando
quiera que ella tenga lugar— será necesaria para que el poder
\ minoritario que nos gobierna intente legitimarse otra vez, con­
tra toda evidencia y contra toda esperanza. (
La consecuencia inmediata del reformismo constitucional en
tanto prevención del cambio social es el culto del orden .Estabi­
lidad institucional y continuidad política, que las más de las
veces se convierten en la defensa del orden por el orden mismo,
son los valores supremos, las deidades en la cultura cívica de los
gobernantes de Colombia. Y ello a su vez ha hecho de la
violencia, de la guerra civil tanto como de la guerra de guerri­
llas, una metodología política, una manera de hacer política y
de participar en el debate público. Aquí radica tal vez la clave
para descifrar esa coexistencia excepcional de la legalidad y la
violencia que distingue entre todos al régimen político colom-
. biano.

4. LA BATALLA CONSTITUCIONAL

Esta presentación sinóptica del constitucionalismo colom­


biano no sería completa sin alguna referencia a la batalla
constitucional misma. Porque las cuantiosas alteraciones y sus­
tituciones del código político no han servido sólo para desar­
mar movimientos populares y sortear crisis institucionales sino
también para trasladar al lenguaje ceremonial del debate
forense los conflictos de poder entre los órganos del Estado,
entre los partidos gobernantes y sus fracciones, y entre estas
instancias y los sectores dominados de la población civil. De
ahí la constitución como campo de batalla.
En la Colombia contemporánea, existen dos ejemplos per­
fectos del defecho como gramática de la guerra, de la jurisdic­
ción constitucional como una manera ritual, sustitutiva, de
guerrear.. Son las sentencias de 1978. y. 1981 por las cuales la
Corte Suprema de Justicia modificó su jurisprudencia de
sesenta años y declaró inconstitucionales las reformas consti­
tucionales de 1977 y 1979. por vicios de prpcedimiento en su
tramitación y formación. En razón de los principios comproy
metidos y del cambio radical en la interpretación constitucio-:
nal, estos dos casos merecen un examen detenido.
Como corresponde a la tradición del derecho civil, Colombia
tiene no sólo una constitución escrita sino también un proce­
dimiento rígido de reforma constitucional y un sistema de
jurisdicción constitucional o control de la constitucionalidad
de las leyes. Dentro de esta tradición, en efecto, la supremacía
de la ley fundamental debe ser asegurada puesto que sé trata del.
contrato social, fuente de todo poder y de todo derecho,. Ello se
consigue a través de la preservación de la estructura jerárquica
del orden jurídico, en cuya cúspide se halla la norma funda­
mental, la ley suprema del territorio, y de la aplicación de un
procedimiento especial para la adopción de las enmiendas a la
carta. Lo último ha sido siempre responsabilidad del legislativo
en su calidad de representante político de la población. Lo
primero, propuesto inicialmente por el Abate Sieyés en la
Revolución francesa, ha sido adscrito unas veces a congresos y
parlamentos y otras a tribunales y cortes. Desde la histórica
decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos en 1803,
cuando se acogió la opinión del presidente de la corporación
John Marshall sobre el caso Marbury vs. Madison, la tenden­
cia prevaleciente ha sido la de atribuir el control constitucio­
nal a la cúpula de la rama judicial del Estado. Tal ha sido la
tradición colombiana desde la constitución de 1853 en sentido
amplio y desde la reforma de 1910 en sentido estricto23.
En 1910, dos juristas liberales propusieron-a la Asamblea
Constituyente, convocada para restaurar el Estado de derecho
tras el autoritario quinquenio del general Rafael Reyes, un
nuevo sistema de control constitucional que es probablemente
la única contribución significativa del derecho colombiano, al
derecho occidental. La pieza maestra del esquema ideado por
Cltmaco Calderón"y Nicolás Esguerra es la llamada acción

23. Veáse Alfonso López Michelsen, Introducción ai Estudio de la Constitu­


ción de Colombia (1945)* 3a, edición, Universidad- de Santo Tomás, Bogotá,
1983, cap. XV, pp. 243-256; y Jaime Sanín Oreiffensteín, La Defensa. Judicial de
la Constitución, Editorial Temis, Bogotá, 1971.
.. pública o popular de inexequibilidad. Ejercitable por cualquier
ciudadano en cualquier tiempo, la acción pública no requiere
.interés de parte, ni supone juicio de hecho. Debe ser ejercitada
. ennombre del interésgeneraLy en defensa del orden jurídico, e
implica un juicio de derecho,! una pura confrontación norma­
tiva entre la constitución y una regla de inferior jerarquía que
resuelve la Corté Suprema de; Justicia por medio de una deci­
sión inapelable.ffodas las leyes del Congreso y los decretos del
gobierno con fuerza de ley pueden ser acusados de inconstitu-
cionalidád ante la Corte.(Y !la Corte tiene la obligación de
comparar la ley acusada con ijada uno de los doscientos veinte
artículos de la codificación vigente,, a fin de guardar su integri­
dad, según reza el articulo 214 , aunque el actor haya señalado
la violación de una sola o de otra diferente cláusula de la Carta.
Este mecanismo fue actualizado en 1945, cuando se dispuso
que los actos administrativos o decretos gubernamentales
ordinarios estuvieran sujetos ja control constitucional por vía
• de acción pública ante el Consejo de Estado, y en 1968, cuando
se estableció que los decretos legislativos (expedidos bajo
estado de sitio o estado de emergencia económica) y los proyec­
tos de ley fueran controlados por la Corte Suprema por vía de
revisión automática li oficiosa en un caso y objeción presiden­
cial en el otro.' ;
—JÍHasta 1978, empero,., la Corte Suprema en tanto tribunal
Iconstitucional rechazaba todá acción pública dirigida contra
reformas constitucionales en razón de que las enmiendas apro­
badas por. eí Congreso no erán leyes y escapaban, por tanto, a
su controífEsta inteligencia ele la naturaleza jurídica de los
proyectosde reforma constitucional (o actos legislativos, como
equívocamente los denomina! una tradición centenaria entre
nosotros) se inspiraba en la interpretación exegética o estricta
que hacía la Corte de su propia competencia en materia de
control constitucional. Dicha ¡competencia se gobierna por el
artículo 214 constitucional que autoriza al alto tribunal para
“decidir definitivamente sobré la exequibilidad de todas las
leyes”. ' • . : .j
Viene entoncesfa enmienda de 1977, que no era otra cosa que
una modificación transitoria para, convocar una pequeña
Asamblea Constitucional qué modernizara la justicia y la
administración departamentalj y municipal en lugar del Con­
greso, y que fue acusada antela Corte por violación del proce­
dimiento de reforma de la Carta que contiene el propio artículo
.2] 8 constitucional. La Corte, al revolueionár su jurispruden­
cia, admite la demanda ciudadana con el.argumento de qué esy
la expresión “todas las leyes” deben considerarse incluidos los^
actos legislativos y declara inexequible el Acto Legislativo No."
2 de 1977. por violación del artículo 218, toda vez que se;
intentaba delegar lo que el Congreso no puede delegar, a saber,
el poder de reforma de la Carta. La histórica decisión, profe­
rida en mayo 5 de 1978, sugiere.incluso que el pueblo en tanto
constituyente primario, al aprobar el plebiscito de 1957. prohi­
bió todo procedimiento de enmienda constitucional distinto
Sel consagrado en el artículo 2 1824.
El aparente bizantinismo del asunto no puede ocultar el
hecho de que en esa coyuntura se libra una enconada batalla
política entre el gobierno y la oposición en cuanto a la oportu­
nidad y a la orientación de las reformas administrativa y judi­
cial que permitieran lidiar con una situación económica y social .,..
en acelerado deterioro a lo largo y ancho de la nación. En tales
circunstancias, cuando la administración López Michelseri
propuso su peculiar remedio para la crisis,.se hizo evidente para
muchos que una amenaza constitucional sólo podía ser neutra­
lizada con una contra-ofensiva constitucional, transformando
un debate académico discreto en úna.confrontación política
abierta.^Porque si hasta entonces el discurso del reíormismo
constitucional había sido un arm a ideológica de las élites para
prevenir el cambio y producir la legitimidad, en adelante sería
también un terreno disputado, un dominio estratégico para;
librar grandes batallas en torno a las alternativas de opinión, dé ...
poder y de orden.l ‘
Este fue también el caso de la reforma de 1979, declarada .
inexequible por su tram itación inconstitucional en el Con­
greso. El Acto Legislativo No. 1 de 1979 era mucho más ambi- .
eioso que el instrumento anterior y la Corte Suprema de Justi­
cia tardó casi dos anos en juzgarlo y anularlo. El proyecto de la
administración Turbay Avala proponía una reorganización del .
legislativo y de la justicia en una perspectiva definidamente
autoritaria. De esta suerte, a lo largo de su trámite parlamenta- -
rio, la propuesta fue duramente criticada por la izquierda e ;
incluso por algunos sectores de los partidos gobernantes. Y la;;

24. La sentencia puede consultarse en Foro Colombiano, vol. XVIII, No ' ,;


107, Bogotá, mayo de 1978, pp. 408-473. ■
^drástica sentencia de noviembre 3 de 1981 consolidó la nueva
. -intérpretación de la Corte, confirmó la índole estratégica del
debate y reabrió una polémica nacional qué no ha concluido25.
Ésta vez, el mensaje de la Corte está dirigido hacia el funcio­
namiento central de la democracia representativa colombiana:
la irresponsabilidad política del Congreso como soberano en
funciones, que ha sido equivalente a un poder absoluto para
reformar la norma constitucional. Por vez primera en la histo­
ria nacional la Corte Suprema osa afirmar que los representan-
í tes del pueblo no son libres para ejercer su poder constituyente
porque existe un procedimiento propio y sólo uno para modifi­
car la ley fundamental. En otras palabras, la única regla que se
encuentra en él código político con relación a su propia altera­
ción es el procedimiento de enmienda del artículo 218. Y puesto
que dicha disposición es parte integrante de la codificación
suprema, puede ser violada y debe ser guardada por la Corte,
aun.contra la voluntad del soberano delegado o constituyente
constituido.
Ambas reformas fueron espontáneamente combatidas por
buena parte de la opinión pública desde el momento mismo de
súpresentación y, pese alas acusaciones de “dictadura judicial”
y “gobierno de los jueces” formuladas por los presidentes
López y Turbay y por muchos miembros del Congreso, su
declaratoria de inexequibilidad constituye una experiencia
decisiva para el país. Puesto que las enmiendas de 1977 y 1979
se consideraron inconsultas, superfluas y antidemocráticas, las
sentencias de 1978 y .1981 que las invalidaron fueron y son
vistas como fortificaciones, dispositivos de batalla en defensa
de los fueros dé los colombianos.
. Como resulta evidente, la batalla constitucional es un pro­
ceso abierto, inconcluso. Hasta ahora, la nueva jurisprudencia
de la Corte ha permitido evitar la recurrencia de un reformismo
constitucional incapaz de transformar las estructuras y las
relaciones de poder en Colombia. Pero los vientos de la juris­
prudencia pueden cambiar y el revisionismo jurídico como tal
no puede descalificarse como herramienta para cumplir la
misión histórica de promover la participación y el desarrollo
por medio civiles, civilizados.

25. El texto aparece en Jurisprudencia y Doctrina, vol. X, No 120, Bogotá,


diciembre de 1981, pp. 937-983.
Esta experiencia puede enriquecerse con el aporte dé la-
reflexión norteamericana contemporánea acerca del controL
constitucional (judicial reyiew) y la democracia. Para efectos dé :
esta discusión general, basta citar dos de las. contribuciones
más lúcidas sobre esta complej a cuestión, aún en tratándose de
una problemática tan singular como la colombiana.
Alexander M. Bickel escribía en 1962:

1 El control constitucional es una fuerza antimayoritaria en'


Ynuestro sistema [...] Es una institución disidente en la democra- ,
cía norteam ericana!...] Es el.poder de interpretar y aplicar la
Cons titución, en asuntos de la mayor trascendencia, contra los
deseos de una mayoría legislativa, la cual a su vez es impotente
para modificar ia decisión judicial26.

Esta formulación, del estado de la cuestión por el antiguo


profesor de Yále ilumina el crítico papel del contról constitu- ,
cional en Colombia tal como ha sido presentado atrás. Nada .
parecido existe en la bibliografía jurídica nacional pues aquí no
existe teoría crítica del derecho sino apenas ingeniería legal;
explicaciones empíricas de normas y procedimientos vigentes;
sin ningún contexto reflexivo e investigativo y sin ningún enjui- <•'
ciamiento histórico e ideológico.
Casi una generación después, John H. Ely ha refinado el
enfoque de Bickel sobre la dialéctica éntre democracia política ,
y control constitucional:

La función central y a la vez el problema central del control -


constitucional consiste en que una instiiución.que no es electiva
o políticamente responsable de un modo significativo, diga alos
representantes electos del pueblo que no pueden gobernar como
quieren27.

Otro tanto puede decirse sobre e! debate en torno a las


últimas reformas de la constitución colombiana. El profesor
Ely, a través de lo que denomina un “enfoque orientado hacia

26. Alexander M. Bickel, The Least Dangerous Branch: The Supreme Court
at the Bar o f Politics, Bobbs-Merriü, Indianapolis, 1962, pp. .16, 18 y 20. Mi
traducción.
27. John H. El,y, Democracy and Distrust: ,4 Theory o f Judicial Review,
Harvard University Press, Cambridge, 1980, p. 5. Mi traducción.
.••i'a-p^cipación ;y ell fortalecimiento.de la representación”,
f ofrece una respuesta:.

. T l a selección y asignaciónsde valores sustantivos se confía por


entero al proceso jpolítico mientras el documento constitucio-
; nal, en cambio, está principalmente comprometido con la equi-
- dad procesal para la soluciójn de conflictos individuales y con la
garantía de una amplia participación en los procesos, guberna-
;• mentales28. A
'i • ’ ’ i * ' •

Ésto quiere decir que, si bien habrá siempre una tensión


dialéctica entre control constitucional y democracia, la tarea de
la jurisdicción constitucional consiste en garantizar procesos
legítimos y no resultados legítimos29.
: En las secciones siguientes se discutirán la formación de la
democracia constitucional y el despliegue del reformismo cons­
titucional en Colombia, dentito de la perspectiva estratégica
presentada hasta aquí: ¡

28. J.H. Elv. op. cit., p. 87. Mi traducción.


29. Véase J.H. Elv, op. cit., p. 101. ¡
Segunda Parte
L A FORMACION DEL ESTADO
. . NACIONAL
Capítulo IV
LA INDEPENDENCIA COMO PROBLEMA
Y COMO PROYECTO

. 1 EI genio de la burguesía es la invención de la república)Tras


trescientos años de luchas, las clases medias urbanas imponen
en las.sociedades occidentales un nuevo paradigma de legiti­
midad política: la racionalidad!democrática encarnada en el
estado nacional. ~A través de una sene de complejos procesos
sociales, económicos y políticos, que tiene sus raíces en el
llamado Renacimiento carolingio, el orden burgués se dota
primero de una cultura racional-y secular, luego dp una econo­
mía acumulativa y expansiva, y por fiñde una política indivi-
dualizadora v normalizadora. jLas empresas históricas que
j cumplen la última étapa y confieren así credibilidad y respeta­
bilidad a la nueva hegemonía de clase son la Independencia
norteamericana y la Rqvolucióri francesa.
Si los arquetipos de dominación política de la antigueaad
clásica y la Edad Media fueroni'la ciudad-estado y la comuni­
dad universal, respectivamente; a partir del Renacimiento jl.
estado nacional constituye la forma prevaleciente d° ejercido
del poder político. Absolutista y monárquico en su fase forma-
tiva, el estado nacional se torna constitucionalista y republi­
cano en su fase de ascenso y consolidación, hacia finales del
siglo XVIII. Las relaciones de poder abandonan entonces la
verticalidad y la violencia que las caracterizan bajo el antiguo
régimen y adoptan en cambio 1.a horizontalidad y la coerción
legal que las marcará bajo la república liberal.
Existe una diferencia principal entre los procesos de cons­
trucción nacional del Viejo y eljNuevo Mundo desde el punto
de vista de la filosofía política. Los estados nacionales europeos
son la expresión jurídica y política de una evolución de varios
siglos, de una auténtica alquimia a través de la cual las relación
nes de parentesco y producción, las tradiciones lingüísticas y?
culturales, las creencias políticas y religiosas y otros vínculos y
valores se amalgaman para formar una nación, úna comunidad
nacional asentada en un territorio nacional. La unidad nació- ;
nal es entonces un subproducto de. un lento y prologando!
desarrollo histórico que se corona, por así decirlo, con li
construcción del estado nacioñal. -
Por el contrario, los estados nacionales americanos son el ;
resultado jurírico y político de un cambio súbito y violento, una;;
ruptura radical en la vida de la sociedad—lo que se ha llamado-i
v. fundación nacional o independencia nacional. Así, tanto en lá>
Revolución nortemericana cuanto en las guerras de indepen-"
dencia hispanoamericanas ¿1 proceso de construcción de la
nación como comunidad de lengua, íeyes y tradiciones ha sido
menos ‘‘natural”, en el sentido de que la unidad nacional no es .;
un subproducto de la evolución sino máj? bien una qriatqra de la
revolución.
Ello tiene que ver con la juventud de los países al igual qué; -
con su experiencia del colonialismo. Porque en los Estados
Unidos y en los países de América Latina hay un D ía de la .
Independencia, un comienzo absoluto en el tiempo que equi-: ;
valea un origen mítico del Estado, a una fundación legítima ;
para el régimen que organiza y ádministra a la población,,
nacional dentro del territorio nacional, en este caso por medio •.
de la ideología liberal'
Más aún, en la medida en que las clases y . los partidos
dirigentes proclaman su adhesión a los padres fundadores y a .
sus hazañas y enseñanzas, así sea en forma retórica, habrá una v
'• legitimidad básica para que el régimen desempeñe sus funcio­
nes, las autoridades ejecuten sus políticas y los ciudadanos
obedezcan las leyes.
La mitología de ía independencia nacional no es la única v
fuente de legitimación ideológica en la época de los E stados"
nacionales modernos pero es de importancia decisiva en asun­
tos constitucionales, por dos razones: Primero, éntre 1776 y
1789 existe un proliferante discurso sobre el papel central de las: ■
cartas constitucionales en todas las democracias y repúblicas -:
ya que es necesario que cualquier orden legal, que aspire a ser :
nacional y a la vez racional, cuente con un fundamento abso- •
luto, con una base indisputa^a e indisputable.tSegún esta tradi- , t
ción,la primera constitución goza del mismo carácter mítico de
~i la deciáración de .independencia o su equivalente y los docu-
f rinéiitos subsiguientes son encarnaciones del espíritu de los
padres fundadores, monumentos construidos por su virtud
primigenia, en la medida en que ellos reproducen la arquitec-
: tura originaria del.Esiado nacional.
- Segundo, la mitología de la independencia nacional sigue
. siendo indispensable para el.constitucionalismo a causa d e l’
déficit histórico de consenso o legitimidad que se observa en la
mayoría de los regímenes latinoamericanos. En efecto, todos
los Estados en lá región recurren una y otra vez al culto de los
. padres fundadores y a la glorificación del pasado nacional
cuando 1¿ gestión global de las instituciones y las autoridades
no es suficientemente buena para legitimarlas frente a la ciuda­
danía. Si la práctica estatal cotidiana resulta ineficaz ante las
expectativas y necesidades del pueblo, el gobierno apela enton­
ces a la retórica del patriotismo para generar así una atmósfera
de identificación emocional con los padres fundadores y la
fundación nacional dentro de la cual las contradicciones y los
problemas de hoy. puedan ser transferidos del nivel de la reali-
.. dad al nivelde la ideología y despojados así de todo su poten­
cial bélico! pís oportuno evocar aquí la definición de Claude
Lévi-Slrauss según ia cual un mito es una respuesta discursiva a
una contradicción extradiscursiva, una solución lógica a un
problema extralógico^En este sentido, puede decirse que el
constitucionalismo es también una mitología, un discurso
mítico, cuandoquiera y dondequiera opere como un lenguaje
para mistificar la realidad social.
.X’Puesto que la construcción del Estado nacional como repú-
'blica liberal es el acontecimiento central de la historia de
Colombia, y la independencia es la fuente mítica de legitimidad
de tal empresa, conviene discutir las principales características
del proceso nacional en tanto problema y en tanto proyecto, en
el momento de la fundación de la patria y antes de evaluar el
.perdurable legado de los padres fundadores mismos. Para ello,
es útil revisar la naturaleza de la independencia, algunas inter­
pretaciones de su sentido profundo, y el ambiente ideológico da
la emancipación, incluyendo la influencia norteam ericana/
1. ¿PROBLEMA O PROYECTO?

La historiografía tradicional ha hecho del 20 de julio de í 8ib :


una fecha mágica. La suscripción de la Declaración de Inde- •

vista como una clara y temprana manifestación de conciencia


nacional, profundamente anclada en el pueblo del tambaleante
virreinato. La jornada misma, centrada en torno a una Reyerta
causada,por el arribo de un enviado especial que pedía la ayuda
de las colonias para reaccionar ante la invasión napoleónica de
España 1, ha sido exagerada en sus efectos12.
lEn realidad,-no existía en 1810 un consenso en torno a la
^conveniencia o necesidad de romper con España y alcanzar la
independencia completaJSóíó un puñado de talentos locales
contaba con el saber y láí voluntad para proponer y perseguir la
autonomía absoluta respecto del maltrecho imperio español.
Entre ellos, Antonio Nariño fue el primero y el mejor. Y a desde
1793 había defendido con energía el derecho que asistía a los
colombianos para ejercer las libertades que acababa de pro­
clamar en Francia la Asamblea Nacional Constituyente. Había
estado exiliado y encarcelado en España por más de quince
años cuando ocurrieron los hechos de 1810 pero su presencia
galvanizó todo él episodio. Liberado poco después del motín de
Santa Fe, Nariño se convierte en el jefe del gobierno provisio­
nal de Cundinamarea y en uno de los líderes de la primera
mitad de la campaña libertadora, junto con Bolívar. Pero su
destino seguía siendo trágico. Fue capturado de nuevo durante
la reconquista y pasó cuatro años más detenido, en la prisión
real de Cádiz, hasta 1820. Cuando el J^recqrsor regresóla! país,

1. “Si la península íoerica no se hubiera visto en vuelta en las guerras napoleó­


nicas, sería casi inconcebible que en las Indias se* hubiera producido un movi­
miento de independencia, ni en la época en que ocurrió,, ni muchos años des­
pués’1; Claudio Véiíz, La Tradición Centralista de América Latina , Editorial
Ariel, Barcelona, 1984, p. 118.
2. Véase José Manuel Restrepo, historia de la Revolución de la República de
Colombia (1827), 6 vols.. Editorial Bedout, Medellín, 1970, que es el más
autorizado testimonio contemporáneo, sobre el período formaiivo de la república
y a la vez la fuente de la. vieja historiografía; Jesús María Henao y Gerardo
Arrubla, Historia de Colombia ( i 911), 2 vols., Academia Colombiana de Histo­
ria/ Plaza & Janés, Bogotá, 1984, que pertenece a la misma tradición y ha sido
texto oficial de enseñanza por muchos años; y John Lynch, Las Revoluciones
Hispanoamericanas 1808-1826y Editorial Ariel, Barcelona, 1983, cap. VII, pp.
255-298, que es el mejor manual universitario moderno sobre el tema.
Colombia la Grande había sido creada en el Congreso de
; Angostura de 1819 y estabá á punto de ser formalmente consti-
:tuidá en el Congreso dé Cúcutajde 1821. Y aunque fue elegido
í . vicepresidente del huevo. Estado y de su cuerpo constituyente,
Nariño renunció poco ¡después¡cuando.la emergente fracción
santahderista lo acusó de malversación de fondos durante su
gestión como tesorero Üe dieznios en 1794. Su defensa ante el
i Senado, presentada en sesiones Especiales entre abril 24 y mayo
15 dé 1823, desvirtuó todos l'os cargos y constituye desde
entonces una de las obras maestras dé la literatura forense
colombiana3. Amargado y enfermo, Nariño fue absuelto y
restituido en su curul cbn honokes pero solicitó y obtuvo per­
miso para dejar la capital y recobrar la salud en el campo.
.. Murió en Yillá de Leyva el 13 dejdiciembre de 1823^Laleyenda
dice que sus últimas palabras fueron: “Algún día, cuando ya
esté muerto, el mundo sabrá cuanto amé a ma.patria”J
Su tormentosa existencia impidió a Nariñó articular cabal­
mente su visión dé los problemds y las perspectivas de Colom­
bia colonial y republicana. Sin embargo, logró escribir algunos
textos muy significativos como: sú “Ensayo sobre un Nuevo
Plan de Administración en el Nuevo Reino de Granada” de
1797 y sus discursos ante el Colegio Electoral dé Cundinamarca
en 1813 y ante el Congreso de Cucutaen 1821. Más aún, en esta
última asamblea presentó un próyecto de constitución que fue
rechazado y es virtualmenté ignorado por constitucionalistas e
historiadores. Este extraordinario documento fue presentado
por su autor en. la sesión de mayo 29 de 1821, publicado en las
Actas del Congreso y réimpresojpor última vez en 1903, y es el
único texto jurídico redactado ppr Nariño como padre intelec­
tual de la Colombia independiente que fue4; Probablemente
concebido en prisión e intitulado “Proyecto de Constitución
para la República de los Estados Equinocciales de Colombia”,
tiene ciento cuarenta y cinco artículos y diseña un Estado
nacional extenso que abarca fos antiguos territorios de la
Nueva Granada (incluyendo a Pánamá y buená parte del istmo
:
3. Véase Antonio Nariño, Escritos Pblíticos, El Ancora Editores, Bogotá,
1982, pp. 103-156. ! ; '
4. Véase Eduardo Posada] y Pedro Ijbáñez (Compiladores), El Precursor:
Documentos sobre la Vida Pública y Pfivada del General Antonio Nariño,
Biblioteca de Historia Nacional, v o l II, Bogotá, 1903, pp. 518-534; y Libros de
Actas del Congreso de Cúcutá, Banco dejla República, Bogotá, 1971, pp. 95 ss.
centroamericano), Venezuela y Quito, y se organiza como una,
república unitariabájo un gobierno presidencialista. Sus notas í
principales son un amplio estatuto de derechos qué recógelas’:
libertades de la época, úna rusoniana definición de voluntad"
general y la rotación de los representantes de la nación; una
declaración de los derechos, de los pueblos, que es en verdad
una temprana formulación del llamado derecho internacional:
americano; y una detallada descripción del aparato estatal énla ■
cual sé hallan fascinantes innovaciones como el principio de que
los límites internos deben coincidir con las fronteras de las regio­
nes naturales, él establecimiento de un tribunal especial para
guardar la constitución y la participación del pueblo en la expedi­
ción de las nuevas leyes. En suma, se trata de un pintoresco pro­
yecto, empedrado de buenas intenciones y lleno del liberalismo .
romántico que fue siempre el rasgo distintivo de Nariñó.
Comparado con lá carta de la Gran Colombia, sancionada el :
30 de agosto de 1821, el borrador de Nariño no riñe con el
constitucionalismo de la época. Su rechazo, por tanto, sólo
puede ser explicado en términos políticos como una venganza
de los enemigos del Precursor desde la guerra civil de la Patria . 1
Boba, quienes habían combatido sus ideas centralistas y lo -; >
veían ahora como el rival dé Santander, líder de la fracción
federalista y futuro presidente de la república.
A pésar de su fallida propuesta constitucional, Nariñó plan-;
teó el problema.de la independencia con gran lucidez:

Dueños nosotros de estos riquísimos y fértiles países, llenos.


de los más santos ^laudables deseos-de mejorarlos, en lugar de; .
comenzar una reforma gradual'y meditada, abrazamos el par-
tido desesperado de quererlo todo destruir y edificar en un sólo
díayecerfam, vétera nova sint om n iafuz nuestra divisa; y como .'
las ideas que más se habían divulgado entre nosotros por el
ejemplo eran las de Norte América, el grito universal fue por
este sistema. Se dividió el reino en tantos Estados cuantas eran
antes las Provincias y Corregimientos [...].
Han corrido, no obstante, tres años, y ninguna provincia
tiene tesoro, fuerza armada, cañones, pólvora, escuelas, cami­
nos, ni casas de moneda; sóio tienen un número considerable de
funcionarios que consumen las pocas rentas que han quedado y .
que defienden con todas sus fuerzas el nuevo sistema que los .
. favorece5.

5. Antonio Nariño, op. cit., pp: 62-63.


: Ésto decía en 1813 ante el Colegio Electoral de Cundina-
; marca. Ocho años más tarde, durante su breve gestión como
■ vicepresidente de la Gran Colombia, se dirigió al Congreso de
;Cúcuta con idénticá clarividencia sobre la tarea de la eman­
cipación:

Las circunstancias dé nuestra transformación política son de


una naturaleza-poco comunes. A l tiempo de romper las cadenas
, de bronce que nos unían a la España, hemos tenido que destruir
su gobierno, sus odiosas leyes y su régimen administrativo; de
aquí resultó que nos cargamos con la ardua empresa de conver-
tim os de repente en militares, en políticos, en legisladores,
cuando antes no éramos más que esclavos; y lo más asombroso
es que nos encontramos reducidos a nuestras propias fuerzas,
sin haber hasta ahora un solo pueblo de la tierra que nos proteja
ni nos ayude en tamaña obra. Cuando los americanos ingleses
sacudieron el yugo de su M etrópoli, sólo pelearon por su inde­
pendencia, pero conservaron su organización interior, y la
Francia y la España los protegieron y los auxiliaron6.

Aquí puede advertirse una severa crítica de la influencia del


federalismo nortemericano y también una aguda conciencia de
la naturaleza de la independencia. Para Nariño, ella no es un
proyecto sino un problema, no es un sueño sino una tarea. El
trabajo por hácer, en consecuencia, es muy difícil. Se trata de
construir y desarrollar un sistema enteramente nuevo de
instituciones, normas y autoridades con el propósito de llenar
el vacío creado pór la ruptura violenta del vínculo colonial.
Este concepto dél vacío ideológico e institucional como el
principal, si no el único, resultado de la guerra de liberación
nacional no se halla en el texto de Nariño pero puede inferirse
de su contexto. Y constituye la clave para leer entre líneas en la
historia de la independencia colombiana.
Más allá de los procesos colectivos de la guerra, de la movili­
zación popular y de la vida cotidiana durante los catorce años
que. van desde el Acta de Independencia de Santa Fe en julio 20
de 1810 hasta la última y decisiva batalla de Ayacucho en
diciembre 9 de 1824, este período/ormativo plantea una cues­
tión constitutiva, constitucional:J¿cómo llenar el vacío generado
por el corte del cordón umbilical con la metrópoli y el rechazo

6. Antonio Nariño, op. cit., p. 91.


del orden colonial? De hecho, tal es la preocupación que preside
la obra y el pensamientq de Bolívar el padre de la patria, como
veremos más adelante* .

2. LLENAR EL VACIO

No exi.ste bibligrafía histórica o jurídica sobre el problema de


la independencia colombiana tal como acaba de plantearse. Al
contrario, la tradición.académica se ha dedicado a embellecer,
mistificar.o enrarecer el proceso de formación dél Estado riacio-
. nal de tal modo que pueda ser visto como una epopeya, como
una hazaña ejemplar del patriotismo heroico y del republica­
nismo sin tacha. ' '
La única excepción es tal vez el argumento elaborado por
Alfonso López Michelsen en los años cuarenta, cuando.solí a ser
un brillante constitucjonalista, acerca del significado de la sus­
titución ideológica e institucional operada por la independen­
cia polí tica en Hispanoamérica. En su Introducción al Estudio de
la Constitución de Colombia, cuya primera edicióndata de 1945,
el expresidente alude ai famoso debate que propusieron a fines
del siglo XIX Miguel Antonio Caro y Carlos Holguín sobre la
oportunidad de la emancipación, y deplora la quiebra de la
tradición intervencionista colonial producida por la prematura
implantación del liberalismo anglosajóny su Estado abstencio­
nista. Así, el saludable proteccionismo metropolitano, que es­
taba comprometido en la defensa de los aborígenes y eventual­
mente se tradujo en la Legislación Indiana, ese monumento de
compasión y sabiduría único en la historia de los imperios
ultramarinos, fue reemplazado a comienzos del ochocientos
por un pernicioso liberalismo manipulado por los nuevos inte­
reses mercantiles-fCas. instituciones españolas sirvieron a l a .
realidad nacional mucho más eficazmente que las estructuras
liberales de estirpe anglosajona y francesa que las sustituyeron
a partir de 18 lCyDe esta suerte, “el estado nodriza,.tutor de los
indios, dispensador de la cultura, creador de riqueza y poderío,
iba a ser definitivamentetaherrojadotpor los organismos pro­
pios de todas las revoluciones burguesas europeas”, es decir,
s por el Estado gendarme de la nueva clase dominante^jEsta

7. Alfonso López Michelsen, op. cit., p. 282.


: quebrantada tradición del Ejstado interventor sólo sería .re­
cuperada por ¡a segunda república liberal a través de su celebra­
da Revolución en M archa (1934-1938), que fue, como se sabe,
: un audaz experimento reformista y modernizador muy próxi­
mo al New Deal de los Estadjos Unidos.
. El politólogo norteamericano Samuel P.iHuntington sostie­
ne una teoríasimilar: T ; :

Las fuentes del^pretorianismo^atinoaméricano se encuentran


en la falta de unanerencia de instituciones políticas del período
colonial y en el esfuerzo por introducir, en la sociedad altamente
oligárquica de la América Latina del siglo XIX, las instituciones
s»republicanas de clase media de Francia y :Estados Unidos8.

^La importación de'institucijones constituye ent'onces la causa


histórica del autoritarismo endémico del continente^ Nuestro
"pecado origmai me adoptar ideas, estructuras y normas ajenas
. e imponerlas a una realidad mestiza e insumisa, que ha perma­
necido inestable y conflictivaíhasta nuestros días en la medida
en que sus condiciones materiales no encajan dentro de las
formas imperantes del Estado y del derecho.
Uná tercera interpretación del síndrome del vacío ofrece
quizá mejores elementos de juicio que las dos precedentes. Se
trata de la reflexión de Norbeét Lechner a partir de la distinción
entre dominación y hegemonía planteada por Antonio Grams-
ci. El gran pensador marxistajitaliano distinguía dos funciones
principales en el Estado: la dominación, que es el control físico,
corporal, de la población dentro del territorio, usuálmente por
medios militáres y policivos; y la hegemonía, que es el control
intelectual y moral del pueblójen la nación a través de la ideolo­
gía constitucional y legal. Todo Estado es siempre dominante
pues de lo contrario no podría sobrevivir como ente autosufi-
ciente. Pero un Estado.puede ho ser hegemónico y sin embargo
prevalecer por la fuerza. En tal evento, sepresenta una crisis de
hegemonía pues el Estado es lincapaz de producir un discurso
eficaz que confiera legitimidad a las clases dirigentes y a los
partidos gobernantes y haga; de unas y otros representantes
consentidos de toda la comunidad. •

8. S. P. Huntington, El Orden Político en las Sociedades en Cambio, Editorial


Paidos, Buenos Aires, 1972. p. 214.
El estado organiza, más allá de la dominación, un orden ético’
que expresa las tareas asumidas por la dirección político-
cultural de un grupo social com o la voluntad colectiva. Es decir,
el estado es verdadero cuando expresa la razón desarrollada
históricamente por determinada sociedad, razón social repre­
sentada por la hegemonía de una clase. El estado está en crisis
cuando sólo “existe”. La crisis del estado consiste en la senara-
. ^ción entre dóminación'y hegemonía, es la dominación despro­
vista de hegemonía [...] Espacio social y espacio estatal no
coinciden: No existe una sociedad civil relativamente homogé­
nea, que abarque todo el territorio y relacione toda la, población
entre sí La realidad és definida por el poder, lo que es, lo es
.. por la fuer?a. N ó por la fuerza de la razón sino por la confronta­
ción de distintas rationalidades. Enjugar de una razón social,
qué interiorizada por todos fúnda el orden común, se da una
pugna de distintas racionalidades,, qúe se decide por transaccio­
nes y,dada lainestabilidád delpómpromisp^ en definitiva, por la
■ A t A K ri A y

El politólogo chileno afirma que los Estados nacionales his­


panoamericanos viven una permanente crisis de hegemonía
desde su fundación a causa de la contradictoria pero funcional
relación que existe entre lá esfera social y cultural heterogénea y
la esfera económica dependiente. .
La. dialéctica que vincula a la sociedad de clases y clientelas
con la cadena mundial imperialista ha producido un Estado
ilegítimo, inestable e ineficaz, que tiende a ser autoritario, y
militarista. En la historia latinoamericana y colombiana dicho
proceso se presenta de modo que .

en la conformidad entre ei orden tradicional deúna sociedad


jerárquica y el orden capitalista de la economía mundial, el
estado sé constituye como contradicción entre un contenido
oligárquico y una forma democrática [...] En las relaciones
exteriores el liberalismo en cuanto a soberanía de las partes es
contradicho por la dependencia económica. En las relaciones
internas, él liberalismo.en cuanto a democracia es contradicho
por la dominación oligárquica910.

9. N. Lechner, La Crisis del Estado en América Latina, El Cid Editor, Cara­


cas, 1977, pp. 36, 37, 59 y 60.
10. N. Lechner, op. dt., p. 45. .
:: >De aquí puede deducirse que la importación e imposición de
das instituciones burguesas para llenar el vacío de la indepen­
dencia resulta decisiva para comprender y trascender a la vez la
retórica del constitucionalismo en la historia nacional colom­
biana. De este modo, nuestra hipótesis sobre la iniciación del
proceso de formación del Estado-nación y sus secuelas será
ampliada en la discusión de los proyectos bolivariano y santan-
derista y de las constituciones y reformas mismas.

3. EL CLIMA IDEOLOGICO

El funcionamiento de este dispositivo ideológico —la impor­


tación institucional— puede apreciarse mejor en el ambiente
intelectual del período formativo del Estado nacional. Al abor­
dar el complejo problema de las influencias ideológicas, Gor-
don S.Wood, uno de los mayores historiadores norteamerica­
nos, escribe:

La actividad intelectual en una cultura no es un flujo unilate­


ral entre las grandes mentalidades y los destinatarios pasivos; se
trata más bien de un discurso, de un complejo conglomerado de
intercambios intelectuales que parece un mercado y envuelve
muchos participantes que intentán manipular las ideas en circu­
lación para explicar, justificar, atribuir o dar sentido a lo que
sucede en tom o su y o 11. '

Este mercado de intercambios intelectuales, no importa cuán


primitivo tenida cuenta de la temprana etapa de desarrollo,
era una realidad en la Nueva Granada de 1790 y 1800. Nariño
solía hablar de la atmósfera litigiosa de la sociedad colonial
tardía, hacia 1797:

fuña de las enfermedades más destructoras de este reino es la


manía de los pleitos, que junto a la lentitud y embarazo de los
procesos y al pillaje de los escribanos, etc., causa un atrasq
increíble en la fortuna de los particulares [...]/ 1

11. Gordon S. W ood, Reseña Bibliográfica de “Explaining America: The


Federalist” por Garry Willis, The New York Review o f Books, New York,
marzo 20 de 1981. Mi traducción.
«f •• . •. .

. Homero habría encontrado aquí en qué emplear su fecunda '^


imaginación, si hubiera querido limitarse a cantar las guerras de"
los particulares12.

Este notable fragmento no sólo sustenta mi concepción del


derecho como guerra ritual sino que también ofrece una idea
cabal acerca del carácter contencioso de la Colombia prelibe-
ral, pues se trata de un aspecto que no se entiende sin cierto
relativo grado de cultura y educación ya que ía apelación al :
litigio en lugar de la violencia es un indicador de civilización.
El clima de opinión estaba, con mucho, dominado por los .,
acontecimientos épicos que tuvieron lugar en los Estados Uni­
dos y Francia después de 1776 y 1789, respectivamente. Ya en
1795, en efecto, un informe oficial del gobierno colonial de
Santa Fe al rey de España acusaba a Náriño de fraguar la
revolución neogranadina con base en la constitución de Fila- .
delfial3..Fue precisamente en esta la llamada Ciudad del Amor
Fraternal, cuatro años más tarde, donde apareció la primera
edición en francés de la Carta a los Españoles Americanos, del ■
exjesuita peruano Juan Pablo Vizcardo y Guzmán. Este revolu­
cionario manifiesto incluía elogiosas referencias a las nuevas .
instituciones norteamericanas y francesas, beligerantes aJüsio- .
nes a la escuela jusnaturalista y a la tradición hispánica de
libertades municipales, y una significativa exaltación de la rebe­
lión comunera de 1781 en la Nueva G ranada14. Y este último
episodio, a su vez, fue una de las primeras experiencias de
insurrecciónpopuiar enteramente originadaenelsector rural de
las colonias y provocada, al menos en parte, por la reforma
tributaria borbónica. Brutalmente reprimidos tras un engañoso
armisticio con el arzobispo virrey Cabañero, y Góngora (las
famosas Capitulaciones de Zipaquirá, que constituían un ver­
dadero contrato social), los labriegos y las amas de casa que
. formaban Ja base del movimientoI .
tenían un sentimiento
*
de

' '
12. A. Nariño, op. eit., p. 33.
13. Carta de la Real Audiencia de Santa Fe al Rey de España de enero 19 de
1795, citada en Javier Ocampo López, La Independencia de los Estados Unidos
de América y su Proyección en Hispanoamérica. Instituto Panamericano de
Geografía e Historia* Caracas., 1979, p. lo.
14. Rubén Vargas Ugarte, La Carta a ios Españoles Americanos de Juan
Pablo Vizcardo y Guzmán, CIMP, Lima, 1954, pp..i05 y 110-111.
-autonomía y de justicia que h a c e de ellos los verdaderos precur-
de la independencia15. j

P les circunstancias de injusticia, tributaria, pleitos prolife-


s, literatura panfletaria y ¡descontento popular configura-
: ban .un medio muy volátil dentjró del cual empezó a gestarse lo
que podría llamarse una psicología socialindependentistaffla-
cia 1809 o 1810 no existía aún t|n proyecto nacional como tal, y
en este sentido el Acta de Independencia de Santa Fe fue apenas
un alegato en pro de¡ una m ayor participación criolla en la
burocracia colonial tanto como una protesta contra la invasión
napoleónica de la península ibérica. Y la jornada misma no fue
más que una asonada. (Había, empero, una conciencia nacional
en gestación, una: conciencia creciente de la necesidad-de repu­
diar el viejo orden español, cón su corrupción eániquidad y
reemplazarlo con el nuevo régimen que acababa de ser erigido
por las burguesías triunfantes en Norteamérica y Europa Occi-
• dental. Debe decirse, "en consecuencia, que no hubo elección
libre del modelo liberal de la democracia constitucional para
Henar el vacío institucional producido por el proceso de la
independencia. Porque el paradigma republicano estaba ahí,
como mito dominante en el clima de opinión de la época, como
alternativa privilegiadla para fundar el Estado nacional y dotar­
lo de una regla de derecho. En otras palabras, cuando
los líderes del movimiento suiigido del 20 de julio sintieron la
necesidad de buscar un curso alternativo de acción, inmediata­
mente después de su rechazo jdel antiguo régimen, se vieron
obligados a adoptar el arquetipio liberal de régimen constitucio­
nal puesto que el mercado de ideas de comienzos del siglo XIX
no ofrecía opción distinta de la' democracia representativa si de
asegurar dominación y hegemonía en .el espacio, nacional se
trataba.
Porsüpuesto, hay que esperar hasta 1819 o 1821 para encon­
trar las primeras articulaciones de un proyecto constitucional
nacional para Colombia y aún entonces cabe preguntar si una
propuesta tal fue formulada de manera que pudiese ser com­
prendida y compartida por los más entre los colombianos. De
otra parte, hegemonía ideológica del modelo liberal en este
j • •

i 5. Véase David P. Leonard, The Comunero RebeHion o f New Granada in


¡781: A Chaplerin TheSpanish Questfor Social Justice, üniversity of Michigan
Press, Ann Arbor, 1951; y Pablo Cárdenas Acosta, El Movimiento Comunal de
1781 en el Nuevo Reino de Granada♦Editorial Kelly, Bogotá, 1960.
umbral del proceso de edificación nacional no significó inme-> :5; •. emancipación las constituciones y leyes propias de una repúbli-
diata o completa adopción del aparato normativo e institucioíi .,ca federal17.
nal correspondiente. . .. ,
J L a escogencia forzada dei republicanismo como la formé . Del limbo al cielo: tal fue el proceso de emancipación parala
[para el Estado nacional en construcción supuso dos tareas mayor parte de los líderes políticos y militares del siglo pasado.
concretas a cargo de ía dirigencia emergente: evaluar laheren- García.del Rio y Samper, como antes Nariño, sostenían que el
cia colonial y distinguir éntre las dos tradiciones liberales de la ;. orden colonial repudiado era completamente malo mientras
"époga,. que el orden republicano adoptado o más bien importado e
En tanto el gesto originario del país, por así depirlo, fue de impuésto era enteramente bueno, aunque a la vez fueron muy
rechazó, la imaginación colectiva de cara a la herencia colonial i • conscientes de las inadecuaciones de las nuevas instituciones.
en el momento de la guerra de liberación nacional era igual- •; : De igual modo, estos autores exhibían una adhesión nominal al
mente negativa. En 1829, Juan García del Río observaba: modelo federal norteamericano, que se convirtió en el punto de
referencia en materia normativa durante la guerra de indepen­
1 Los elementos de la confederación americana existían antes. dencia! Con posterioridad al Congreso de Cúcuta de 1821, el
de la guerra de la independencia, supuesto que lás diversas -paradigma fue en cambio el régimen revolucionario francés
localidades, que niás tarde constituyeron la Unión, eran gober-, V isegún la versión boHvariana. {Conforme a la distinción hecha
nadás separadamente y por leyes distintas [...] Nosotros no entre el liberalismo inglés y norteamericano, libertario y federa­
poseíamos ninguna de estás ventajas. Todos, habíamos sido lista, y el liberalismo francés, disciplinario y. centralista, el
regidos por unas mismas leyes; nuestra escasa población estaba . /segundo parece haber sido la regla general a lo largo de nuestra
derramada en desiertos inmensos, dividida,en clases heterogé-; /historia^[Por ahora, sin embargo, vale la pena subrayar la
neas, difíciles de manejar, separada en intereses, viciada por la,, . temprana influencia ejercida por la constitución estadouniden-
superstición, degradada por la tiranía; empobrecida por la qpi£-
^ión, encenagada en la ignorancia1®. íí ; sé en Colombia.
Haciendo eco a García del Río v Samper. Bemard Moses. un
Esta sombría descripción es confirmada sesenta años des­ distinguido experto norteamericano en historia hispanoameri-
pués por José María Samper, el primer historiador constitudo .cana,.escribía en los años viente:
nal de Colombia:
En las colonias españolas de América del Sur, el partido
El gobierno general nunca llegó a tener la eficaz autóridáá político que defendía los principios democráticos no tenía expe­
necesaria para organizar la administración pública en toda la T riencia democrática, ni tradiciones democráticas; era democrá­
parte libre del país, ni menos para asegurar la defensa de la obra tico por convicción, por decisión, no por instinto [...] Los líderes
nacida de la revolución. Una sociedad compuesta de muy heteK. 1 de las colonias apoyaron el movimiento de emancipación pero
rogéneos elementos (un reducido número de españoles peninsú- : en su opinión libertad no significa democraciallTi Bolívar, ni
lares, otro mayor de españoles criollos, y otro muy considerable v San Martín querían establecer un gobierno democrático en las
de indios abyectos, negros esclavos y mestizos diversos); socie­ colonias liberadas^...] Cuando las colonias inglesas se indepen­
dad compuesta de poco más de lin millón de almas, difundida en•’ - dizaron, tenían gobiernos con todas sus dependencias en funcio­
un territorio de 140 millones de hectáreas, sin vías de comunica­ namiento; y dichos gobiernos, que habían surgido tanto de la
ción, ni industria, ni comercio, ignorante por extrem o, y que ■: costumbre cuanto de la legislación, continuaron en operación.
súbitamente salía del limbo del régimen colonial para pasar al ■’ ’plÜbs colonos españoles, en cambio, tenían ante sí un mundo
cielo de la independencia republicañaJüña sociedad com o ésta, : "•; 1vacío en el cual su imaginación creadora podría moverse libre-
decimos, mal podía practicar desde los primeros días de su . mente.jEn éstas circunstancias, lo extraordinario no es que

16. Citado por J. Ocampo López, op. cit., p. 48. 17. J. M. Samper, op. cit., vol. 1, p. 114.
hubier a una considerable variedad de proyectos, sino que vieran
la luz tan pocas ensoñaciones políticas1*.'

Aunque la comparación entré Bolívar y San. M artín no es


justa, pues mientras el uno era un republicano, el otro era ün
monárquico, Moses tiene razón al subrayar ei constraste entre
Colombia y los Estados Unidos en lo concerniente a la tradi-“
ción que sustentaba los procesáis de formación nacional y desa­
rrollo constitucional en uno y otro caso.
Hemos mencionado ya la preocupación burocrática de las
autoridades virreinales por la popularidad de la constitución de
Filadelfia entre los granadinos hacia 1795. Catorce años más
tarde, en vísperas del llamado Grito de Independencia, Camilo
Terres y Tenorio, en una carta a su tío, un altó funcionario de la.
Real Audiencia de Quito, hablaba de la ley fundam ental ñ o r-;
teamericana como “la más sabia bajo el cielo”19. A finales del
mismo año, Torres publicó su famoso Memorial de Agravios
contra la Ju n ta Central de Regencia de España, en el cual
protestaba por la exigua representación política ofrecida a las
colonias en las Cortes que acababan de convocarse, pues mien­
tras la metrópoli tendría treinta y seis diputados, los territorios .
de ultramar sólo contarían con nueve.
En 1811, Miguel de Pombo, otro ingenio criollo que compar-:
tía el entusiasmo de Torres con él federalismo norteamericano,
publicó la primera traducción al español de las leyes fundamen­
tales de los Estados Unidos, a saber, la Declaración de Indepen­
dencia de 1776, los Articules de Confederación de 1777 y la
Constitución de 1787. Sü versión está precedida de un discurso
preliminar sobre el sistema federal que es una exaltad a.apología
del régimen estadounidense. Pombo pensaba que “el pacto
federativo, el más sabio de cuantos los hombres pudieron in­
ventar, es para la política lo que ei sistema de Newton es para la
física”20. Y proponía que cada una de las provincias neograna-
dinas proclamara y abrazara ei sistema surgido de “la heroica y

18. B. Moses, The Intellectuál Backgroimd o f The Revolution in South


America ¡810-1824, Tha Híspanle Society of America, New York, 1926, pp. 48 y
135. Mi traducción.
19. Carta a Ignacio Tenorio, de mayo 29 de 1809, citada por J. Ocampo
López, op. c.it., p. 21.
20. Citado por J. Ocampo López, op. cit., p. 38.

7A
f gloriosa revolución de. América del Norte” como modelo para
Ivíonnar nuestra propia república federal21.; !
;:: Aparentemente, la encomiástica presentáción de los testos
V; fundacionales norteamericanos que hizo Poinbo resultó estra­
tégica para la expedición del jActa de Confederación de las
; Provincias Unidas de la Nueva iGránadadel 27 de noviémbrédé
. 1811, que es la segunda carta eá la tradición nacional y la única
: que muestra la influencia directa del constitucionalismo de la
: América inglesa. Redactada por Torres* en la forma de un
tratado internacional, el Acta de Confederación reproducía la
estructura de la prim era constitución norteamericana, es decir,
los Artículos de Confederación de las trece colonias propuestos
ennoviembre 15 de 1777. y ratificados en marzo 1 de 1781. Sin
perjuicio de volver sobre sus cjaracterísticas, por ahora puede
decirse que esta notable norma tuvo una fugaz existencia toda
vez.que fue la bandera de la fjracción federalista en su lucha
contra la fracción centralista durante la guerra civil de la Patria
Bobaentre 1811 y 1813. Una gikerra dentro d,e otra guerra, este
conflicto señala la iniciación dé dos peculiares tradiciones co­
lombianas: el enfrentamiento civil como metodología política y
el constitucionalismo como guerrilla ideológica.
Más aún, esta guerra civil inaugural (el parfido centralista de
Nariño se impone en 1813 y dirige la república naciente hasta la
reconquista española en 18161) sitúa en el centro del debate
público la cuestión territorial, vista por Alfonso López Michel-
sen en una reciente coriferencialcomo “la constante del derecho
públLo en Colombia”. El anljiguo presidente añade que “el
federalismo es el hilo qonductojr de la problemática de nuestro
derecho público”, que; “el mayor problema administrativo de
Colombia es la debilidad econpmica de las regiones” y que la
transferencia de las tierras baldías y las minas de los viejos
estados federales al Estado nacional reconstituido, ordenada
por la carta de 1886, ha sido “la más grande expropiación sin
indemnización en;la historia colombiana”22.
Al responder a Xorres y a Pombo, Nariño escribía en 1811 en
su periódico La Bagatela:, i

21. Citado por J. Ocampo López, op. cit., pp. 29,30 y 36.
22. A. López Michelsen, “Reencuentro con el Federalismo”, Lecturas Domi­
nicales de El Tiempo, Bogotá, septiembre 29 de 1985, pp. 4 y 5.
ÍLa constitución de los Estados Unidos es la más perfecta que
(hasta ahora .sé conocer una constitución tan. perfecta para ser ?
*adoptada exige luces, virtudes y recursos que nosotros lio teñe-
.«»ós* luego no estamos en el caso de aplicárnosla23.

Dos años después, luego d e .su victoria sobre el partido r


federalista de Torres y Bombo, el Precursor advertía al Colegió -i.
Electoral de Cundinamarca:

_ 1 ¿Si nos otros nos hemos de perder con nuestras bellas Constitu-.:
iciones, por qué no hemos de abrazar otro sistema que, aunque J
"menos liberal, nos pu ed aji lo menos poner a cubierto de los
males que nos esperan?24* * .

Bolívar mismo, al dirigirse al encargado de negocios, de los


Estados Unidos en noviembre 26 de 1826 para agradecer a la '
familia Washington que le había regalado un retrato del primer ?
presidente, “el más santo de los hombres”, decía:

i iL os Estados U nidos de América, han sido y son el pueblo


■Jmodeló: ellos que reúnen la mayor suma de dicha social al poder
1 que da el orden, al poder que da la libertad, [ellos] fueron los(
\ prim er^ qpe nos ensañaron el sendero, de la independencia23.

Todos estos testimonios de la época revelan la presencia -


activa del régimen septentrional en la cultura cívica colombiana:y:
de 1810 a 1830, aunque esta supuesta influencia haya sido •
principalmente retórica por cuanto el primer proyecto federal
fue derrotado muy pronto y el debate inicial sobre la distribu­
ción deí poder éntre las provincias fue zanjado por la fuerza^ y
no por el derecho o el consenso, eá.favor del centralismo26. -
De otra parte, respecto de los intercambios entre los líderes •
mismos es bien sabido qué Bolívar y Washington eran herma- .

23. Citado por J. Ocampo López, op. cit., p. 66.


24. A. Narino, op. cit., p. 65.
, 25. Citado por J. Ocampo López, op. c it, p. 63.
26. Aparentemente, ei Acta de Confederación de las Provincias Unidas de la .
Nueva Granada de 1811 fue la única constitución latinoamericana directamente .
inspirada en los Artículos de Confederación de 1777. Víctor Andrés Belaúnde, en
su Bolívar y el Pensamiento Político de la Revolución Hispanoamericana (Edi­
ciones Cultura Hispánica, Madrid, 1959), p. 53, dice que al menos tres constitu­
ciones posteriores se calcaron sobre la carta de Filadelfia de 1787*: la venezolana
de 1811, la mexicana de 1824 y la centroamericana de 1825.
S nos^masones, al igual que Franklin y Nariño, en tanto la
iffrancmasonería era la saciedad secreta más prestigiosa y a la
|;yez el movimiento político más avanzado de Occidente entre
;: 1750 y 18502X. Y existe evidencia del sincero interés de los
-i dirigentes norteamericanos Alexander Hamilton y Henry Clay
:- por ayudár a las colonias hispanoamericanas en su liberación2728.
Tal vez el episodio más significativo de las relaciones colombo-
. estadounidenses durante la época de la guerra de independen-
•..ciafue la frustrada expedición de Francisco Miranda en 1806.
; El.venezolano, comparable sólo a Nariño en sus precoces es-c
fuerzos por obtener la emancipación de los países latinoameri­
canos^ viajó extensamente en busca de apoyo para la causa
. independentista y adelantó intensas negociaciones con los go-
-biemos británico y norteamericano en tal sentido. Su proyecto
/ consistía en una incursión naval de ocho mil hombres, destina­
da a desembarcar en la costa norte de Suramérica y financiada
por Gran Bretaña y. Estados Unidos. Hamilton, coautor de la
constitución de Filadelfiá y de El Federalista y secretario de
Estado en la presidencia dé Washington y de guerra en la
presidencia de Adams, simpatizaba con él plan de Miranda
para invadir y controlar el corafón del imperio español en
'América, pero su trágica muerte én 1804 frusto la iniciativa, al
. menos durante la administración de Adams. En 1806, durante
la administración de Jefferson, la expedición fue precipitada­
mente preparada y lanzada, casi sin ayuda de Washington y
Londres, de tal suerte que la flota se perdió y la mayor parte de
los expedicionarios fue capturada por los españoles al desem­
barcar en la costa venezolana. En realidad, ni Gran Bretaña ni
Estados Unidos quisieron arriesgar nada en esta aventura,
como lo reconoció el presidente Adams en sus cartas a The
Boston M oming Adviser en 1815. La Gran Bretaña invocó sus
intereses comunes con España y los Estados Unidos, su política
de neutralidad. En consecuencia, el asalto definitivo, contra el
poderío español en el continente tendría que esperar doce años.
En cualquier caso, Colombia La Grande fue la primera entre

27. Véase Franpois Furet, Pensar la Revolución Francesa, Ediciones Petrel,


Barcelona, 1980, pp. 209 ss.
28. Véase Lilis Cuervo Márquez, Independencia délas Colonias Hispanoa­
mericanas: Participación de la Gran Bretaña y los Estados Unidos, Editorial
Selecta, Bogotá, 1938, vol. I., pp. 215-314.
las nuevas repúblicas hispanoamericanas cuya independencia'*-
fue reconocida por el gobierno norteamericano29. .*.£
La cuestión de si la experiencia constitucional norteameriea-X
na jugó un papel clave en el diseño del régimen político colom­
biano es un problema de atmósfera, de clima de ^opinión, muy,
difícil de aprehender y casi imposible de medir; Pero hubo
influencia normativa, y no porque Nariño, Bolívar y Santander
estuvieran irresistiblemente sometidos a la atracción ejemplar ,
de los ideólogos y las ideologías de Europa y los Estados
Unidos, sino más bien porque la mitología política de su tiempo-
gravitaba en torno a París y Filadelfia y determinaba un mode-'
lo de orden estatal que resultó estratégico para el proyecto
nacional hispanoamericano30.

29. Véase Richard Backus y Phanor Éder, A Guide lo the Law and Legal
Úierature o f Colombia, The Library of Congress, Washington, 1943, p. I.
30. Existe otra* tradición olvidada acerca de las fuentes ideológicas de ia
emancipación. Se tráta de la tesis, defend ida por juristas católicos y conservado­
res en la década de 1950-1960, según la.cual “las ideas generadoras de la Indepen­
dencia no derivaban ni de la Revolución francesa, ni del Calvinismo, sino tenían
estirpe escolástica. Eran ia vieja idea medioeval de ia supremacía de ta ley; la
superioridad del derecho natural sobre el positivo; la soberanía popular; el origen
contractual de la autoridad; el derecho de resistencia contra la ley injusta y la
rebelión contra la tiranía”: Jesús María Yepes, “La Evolución del Pensamiento
Constitucional de la América Latina (1810-1830)”, Boletín de Historia y Anti­
güedades, voL XLVUl, No. 561, Bogotá, julio de 1961, p. 384.
Un artículo anterior afirma incluso que “las declaraciones americanas de
derechos (Bills of Rights), especialmente las de Virginia (1776) y Massacbussetts
(1780), surgidas en la lucha contra las tendencias absolutistas de Jorge III [...] se
inspiran en Locke, Burlanaqui y también directamente en la tradición escolás­
tica, y reafirman, en gran parte, la doctrina cristiana de los derechos naturales y
no solamente ideas de la filosofía de las luces': Leopoldo Uprimny, “Capitalismo
Calvinista o Romanticismo Semiescolástico de los Proceres de ia Independencia
Colombiana?”, Uniyersiias. No. 5, Bogotá, febrero de 1953, p. 14L*

7/t
Capítulo Y
LA ESTRUCTURA b o l iv a r ia n a

\L ¡ l independencia fue ainte todo;una solución militar para un


problema militanjlibrar una guerra para expulsar las institucio­
nes y autoridades españolas del suelo americano. Tras diez años
de combates, sin embargo, la tajrea política dé llenar el vacío
' generado por él rechazo del orden colonial permanecía iricon-
elusa; Él mayor mérito dé Bolívares haber planteado de mane­
ra moderna —en términos de Estado-nación, de unidad nacio-
. nal y orden central—. esta cuestión fundamental y haber
propuesto para ella una; respuesta afirmativa y perdurable. De
ahí su papel protagónico en la historia de Colombia.
El caudillo venezolano fue elj primero y el mejor entre los
padres fundadores en darse cuenta de que el problema principal
que encaraban era; el hecho de que no había úna nación con
base en la cual pudiera construirse un Estado y menos aún
constituirse y gobernarle una república. La tarea por hacer, de-
consiguiente, era doble: primero,¡cqnstruir el Estado antes de la
nación, y segundo, extraer la nación del Estado. Puesto que no
existían naciones en las sociedades altámente: heterogéneas y
jerarquizadas de comienzos del siglo XIX en Hispanoamérica,
era imperativo importar e imponer las formas europeas y ñor-*1
teamericanas de Estado-nación y democracia constitucional a
fin de proporcionar unidad nacional, orden político y estabili­
dad legal, a las colonias Hberadas; posteriormente, una vez que
los nuevos aparatos institucionales estuviesen establecidos y en
funcionamiento, tanto la integración cultural y económica
cuanto la vinculación al territorio serían factibles. Y, como
resultado de todo ello, podría alcanzarse un régimen repubÜca-7;
’ no legítimo. i... . ■.':-0
Con el propósito de superar “esa batalla de cástas y clases"r
que ha caracterizado la historia política de las sociedades sura-7
mericanas” —escribe el historiador y biógrafo de Bolívar, Iníf
dalecio Lievano Aguirre-^, él Libertador opta por “dar al
.orden social un fundamento político que no fuera enteramente
dependiente ae aquellas radicales divisiones sociales’^ 1. ~ : .
Tal fue no solamente la intuición maestra de Bolívar sino ;
también su elección moral fundamental y su gesto político ;
supremo. Más allá de la leyenda, lo que queda vivo del Liberta­
dor no es su carrera romántica de guerrero y estadista, ni sus .
logros notables pero desiguales como escritor y pensador. Lo
que permanece vigente de Bolívar es su proyectó mesiánico de .
una república disciplinada y virtuosa para Colombia y los
colombianos.

1. ROUSSEAU EN EL PODER

Cómo señalamos atrás, Jeán Jácques Rousseau es el princi- •


pal diseñador de la arquitectura política qué sustenta los regí­
menes contemporáneos, a saber, el sistema representativo fun­
dado en la ficción de soberanía nacional. Más aún , el.
pensamiento político y la inventiva constitucional durante la
Revolución francesa (1789-1799) y especialmente durante lá
república jacobina (1792-1794) estuvieron bajo el influjo del
fascinante y paradójico autor de Zas Confesiones. Y tanto
Rousseau como el jacobinismo, a su vez, tuvieron un impacto
profundo en Bolívar, que aprendió las primeras letras en ¿1
Emilio y perfeccionó su educación europea asistiendo a la coro­
nación de Napoleón en Saint-Clouden 1804, cuando la Revolu­
ción se transforma en el Imperio.
El párrafo inicial de El Contrato Social reza así:

Quiero averiguar si en ei orden civil puede haber alguna regla


de administráción legítima y segura, tomando a los hombres tal
i como son y a las leyes tal com o pueden ser: trataré de unir31

31. I. liévano Aguirre,- Bolívar, Ediciones El Liberal, Bogotá, 1950, p. 477.


. siempre en esta indagación lo q ue el derecho permite con lo que
'prescribe el interés, a fin de que la justicia y la utilidad no se
hallen separadas32. w

La primera frase denuncia ya el eár£ápr estratégico de toda


la empresa: como portavoz de la pequeña burguesía rátneáí,
Rousseau intenta construir y desarrollar una nueva teoría sobre
la legitimidad del poder, esto es, una evaluación critica de la
vieja doctrina de la monarquía teocrática y a la vez una coarta­
da normativa para la nueva clase dominante. En este sentido, su
libro no es un tratado de ciencia política sino más bien un
manual de ideología legal y política de Estado. El objetivo de
este breve y devastador ensayo, probablemente el más influyen­
te texto constitucional jamás escrito, es el diseño de una nueva
tecnología política y no la descripción o explicación d é la
reaü35dr----— — '
. La segunda frase, por otra parte, muestra Claramente las d os
tradiciones teóricas que|Rousseau trata de amalgamar en una
nueva síntesis: “derecho” y “justicia” de la escuela del derecho
natural e “interés” y “utilidad” de la escuela de la soberaníaj[El
filósofo suizo es heredero de la escolástica y de Locke y Hume
tánto como sucesor de Maquiavelo y HobbesfSu pensamiento
es un intento de dar al interés la dignidad del derecho y a la
utilidad la dignidad de la virtud. Por algo Kant lo llamó el
Newton de la moral. I
El Contrato iSocm/lleva a sus límites la teoría que se encuen­
tra en Hobbesjel pacto político no es una experiencia histórica
sino una necesidad lógica pues la nueva sociedad liberal debe
tener unafundamentación racional, es decir, un origen jurídico. |
En la medida en que la voluntad general es la legítima expresión"
de la moral natural, puede haber, debe haber una completa y
definitiva delegación de poder de cada uno de los contratantes
en el soberano:

Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su


poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y nos­
otros recibimos corporativamente a cada miembro como parte
indivisible del todo [...}|A1 no estar formado el soberano más
que por los particulares que lo componen, no tiene ni puede

32. J.J. Rousseau, Del Contrato Social. Discursos, Alianza Editorial,


Madrid, 1980, p. 9.
tener interés contrario al suyo; por consiguiente, el pqdersobe-
rano no tiene ninguna necesidad de garantía respecto a.los.;
súbditos, porque es im posible que el cuerpo quiera perjudicar a"
todos sus miembros, y luego veremos que no puede peijudicár a ;
ninguno en particular .E l soberano por el solo hecho de serlo, es';
siempre todo lo q u ellebe seri>L^

’JÑo hay duda dé que la república contractual tiene un origen/


popularjP ero el resultado es el despotismo de la voluntad
general, la dictadura de los representantes de la nación sóbre la
nación representada. Así, lo que empieza como la más radical
aventura democrática en la tradición intelectual de Occidente
termina en una oclocracia, una república máyoritaria pero .
autoritaria en la cuai .

quien rehúse obedecer a la voluntad general será obligado a


ello por todo el cuerpo: lo cual no significa sino que se le
forzará a ser libre; porque esa es la condición, que, dando a
cada ciudadano a la patria, le garantiza de toda dependencia ;
personal; condición que constituye el artificio y el juego de la
máquina política3334.

Este discurso iluminado se convierte eventualmente en una


apoteosis de la voluntad, general en nombre de la voluntad
general misma. En tanto Rousseau aspira a ofrecer una alterna-:
tiva radical al viejo orden m onárquico y teocrático por medio
de su república disciplinaria y su disciplina republicana, hace
una afirmación de la superioridad moral de la nueva soberanía
nacional o indivisible que resulta ápodíctica en su mésianismo:

La voluntad general es siempre recta y siempre tiende a la


utilidad; pero no se deduce que las deliberaciones del pueblo
tengan siempre la misma rectkudJSíempre se quiere el propio
bien, pero no siempre se ve: jamás se corrompe al pueblo, pero .
con frecuencia se le engaña, y sólo entonces es cuando él parece
querer su maJy\..] La voluntad general es siempre recta, pero el
juicio que la guía no siempre es esclarecido. Hay que hacerle ver
los objetos tal cual son, a veces tal cual deben parecerle, mos­
trarle el buen camino que busca, garantizarle de la seducción de
las voluntades particulares, acercar a s.us ojos lugares y tiempos,

33. J.J. Rousseau, op. cit., pp. 23 y 25.


34. J.J. Rousseau, op, cit., p. 26.
,v equilibrar el atractivo de las ventajas presentes y sensibles con el
p e lig r o de los males;alejados ¡y ocultos. Los particulares ven el
í. bien que rechazan;, él público quiere el bien que no ve. Todos
" tienen igualmente necesidad de guias: hay que obligar a unos a
• conformar sus. voluntades a sju razón; hay que enseñar al otro a
..conocer lo que;quiere. :De lad luces públicas resulta entonces la
' unión del entendim iento y dejla voluntaden él cuerpo social; de
ahí el exacto concurso de las partes y finalmente la fuerza mayor
. del todo. He aquí de donde nAce la necesidad déun legislador35

Cincuenta y siete años después, Bolívar, eLautoproclamado


legislador de Colombia, sé dirige al segundo 'Congreso Nacio­
nal de Venezuela en Angostura en su característico estilo ruso-
niano. La asamblea ha sido convocada para constituir los
recién liberados territorios del norte de Suramérica, que se
convertirán en las llamadas repúblicas bolivarianas. Y el dis­
curso de febrero 15 de 1819 ¡es, en verdad, una propuesta
mesiánica de “una república indivisible y centralizada” funda-
. da en una concepción paternalista de la autoridad:

■»La libertad, dice Rousseau, es un alimento suculento, pero de


. Vdifícil digestión. Nuestros débiles conciudadanos .tendrán que
enrobustecer su espíritu mucho antes que lógren digerir el salu-
. dable nutritivo de la Libertad36. ’

El argumento se perfecciona con la postúlación de un régi­


men unitario cuyo centro de gravedad es un parlamento inamo­
vible:
. .■ ■i
Si el Senado en lugar de spr electivo fuese hereditario, sería en
mi concepto la base, el lazo:, el alma de nuestra República. Este
cuerpoen las'tempestades pblíticas pararíalos rayos del Gobier­
no y rechazaría las olas papulares. Adietó al Gobierno por el
ju sto interés de su propia Conservación, sé opondría siempre a
las invasiones que el pueblo intenta contra la jurisdicción y la
autoridad de sus M agistrados. Debem os confesarlo: los más de
Los hombres; desconocen sus verdaderos intereses y constante-
■ m ente procuran asaltarlos en manos de: sus Depositarios: el
individuo pugna contra la masa y la masa contra la autoridad37.

35. J.J. Rousseau, op. c it, pp. 35 y 45.


36. S. Bolívar, Escritos Políticos, Alianza Editorial, Madrid, 1979, p. 98.
37. S. Bolívar, op. cit., p. 108.
El Libertador se transforma entonces eít Legislador: su a ltó
cúción anuncia un proyectó de constitución, que se ha perdido;;;!
pero que fue rechazado por la Asamblea de Angostura, y untó
propuesta de un Poder M oraiy^jna cuarta potestad cuyo domitó
nio sea la infancia y el corazón de los hombres, el espiritó^
público, las buenas costumbres y la moral republicana”3^ Tal;
propuesta, también repudiada por los congresistas, quienes la :í
consideraron “como de muy difícil establecimiento y en los:?
tiempos presentes absolutamente impracticable”3 839, constituye ;
uno de los dos borradores de estatuto fundamental redactados ?
por Bolíyar, qu$ se qonsérvan, El otro es la constitución bo- ;
liviana;;
Antes de ver el despliegue del constitucionalismo bolivariano:
en el proyecto del Poder Moral de 1819 y el código boliviano de -;
1826, sin embargo, es necesario describir de manera general la
empresa histórica dél caraqueño.
Gracias ásu educación política, a su experiencia europea y id7
paradigma de legitimidad que transporta eíclima de opinión de
su tiempo, Bolívar se impone una misión mesiánica con relá- .:
ción a las colonias hispanoamericanas. Ifarea redentora que.;-
busca sus fuentes de energía y sus títulos de autoridad en
Montesquieu y Bonaparte, en la revolución parlamentaria bri?-;.
tánica y la guerra de independenciariorteamericana, y especial- ; '
mente en Rousseau y la Revolución francesa. Empresa salvado-; .
ra, en suma, que a través de un proceso de edificación nacional' u
se fija la. misma meta que los hombres del 93 en Francia: la
fundación de una república disciplinada y virtuosa, calcada
sobre el modelo romano, en los Andes sudamericanos. f~~
Apologistas y no críticos, los bolivarianos, que son legión,
han discutido interminablemente acerca de la formación inte­
lectual del Libertador. Se ha repetido que don Simón Rodrí­
guez Carreño, su primer preceptor, utilizó el Emilio para dirigir
la educación del célebre, pupilo; qué tanto Julia o La Nueva
Eloísa (la legendaria novela epistolar del moralista suizo) cuan­
to los escritos de Julio César y Plutarco constituyeron sus
tempranas lecturas; y que todos los grandes textos del siglo de
las luces acompañaron al héroe liberal en sus viajes y campañas.

38. S. Bolívar, op. cit., p. 117.


39: S. Bolívar, Doctrina del Libertador, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1979,
¿o importante! es comprobar que Bolívar es un rusoniano puro:
en su extenso epistolario, plagado de referencias eruditas a los
clásicos griegos y latinos; en su obra militar y de gobierno,
atravesada de parte a parte por una aguda conciencia de su
vocación histórica al liderazgo y a la salvación de la patria; y en
su estilo personal, mezcla de racionalismo y romanticismo, en
estos y en otros aspectos salta a la vista el designio optimista y
voluntarista que el ciudadano de. Ginebra aportó a su siglo.
Siete años antes de Angostura, en el Manifiesto de Cartagena de
diciembre 15 de 1812, Bolívar no sabe aún que ya escribe para sí
mismo, cuando analiza las causas del fracaso ,de la primera
república venezolana:

Los códigos que consultaban nuestros magistrados no eran los


que podían enseñarles la ciencia práctica del gobierno, sino los
que han formado ciertos buenos visionarios que, imaginándose
repúblicas aéreas, han procurado alcanzar la perfección políti­
ca, presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano. Por
manera que tuvimos filósofos por jefes, filantropía por legisla­
ción, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados40.

Estas proféticas palabras, que terminarán describiendo con


irónico rigor la inventiva constitucional de su autor, encierran
una contradicción. ¿Por qué éste constitucionalista romántico
enjuicia con tanta severidad el constitucionalismo romántico
de sus propios contemporáneos? Porque en esta primera etapa
de su carrera, Bolívar es ante todo un rebeldé, un crítico, y su
discurso posee; por tanto, la lucidez de los ideólogos de la
Ilustración cuando cuestionan el antiguo régimen o de Marx
cuando describe la mecánica dél naciente capitalismo indus­
trial. En cambio, durante su fase de agente de la nueva legitimi­
dad, el Libertador emplea una retórica normativa casi religiosa,
que recuerda la del jacobinismo cuando predica la virtud o la
del marxismo cuando defiende la ortodoxia. Existe, de consi­
guiente, una solución de continuidad entre la crítica científica
deí viej o orden y la defensa ideológica del nuevo orden, contra­
dicción en la cual suelen incurrir los protagonistas de todos los
grandes procesos de cambio social, como lo señalan reiterada-

40. S. Bolívar, Escritos..., p. 48


mente los sociólogos del fenómeno revolucionario41, Bolívar
no es ajeno a esta constante. v X\ ;':
Así, cuando el caudillo venezolano presenta su proyecto dpi'.'
Poder Moral al Congreso de Angosiura en 1819 ya su constitu- ’
cionalismo es de carácter aéreo, quimérico.
El proyecto consta de cuarenta y dos artículos y desarrolla -
una de las ideas centrales de la pedagogía política jacobina,
inspirada en el capítulo VII del Libro IV de El Contrato Social:
el establecimiento de una agencia de control de la moralidad <
pública, que actúe en nombre del soberano y garantice la
transparencia de las prácticas sociales42. La imposición deesta
moral, formal puesto que viene definida por el poder político y
se expresa en el hierático de la ley, está justificada por razones
de Estado. Es la virtud sancionada por la coerciónJ“Si hay
alguna violencia legítima, es aquella que se emplea en hacer a
los hombres buenos y, por consiguiente,felices”43. ^ X
La potestad ortopédica imaginada por Bolívar radica en un
cuerpo de cuarenta y un miembros denominado. Areópago, a.
semejanza del supremo- tribunal ateniense, que ejerce “una
autoridad plena e independiente sobre las costumbres políticás. .
y sobre la primera educación” (Sección la. artículo 1). Distri- •
buidos en dos Cámaras, de Moral y de Educación, “los miem­
bros del Areópago se titularán padres de la patria, sus personas.
son sagradas, y todas las autoridades de la República; los
tribunales y corporaciones les tributarán un respeto filial” (Sec. .
la. art. 7). .•
La Cámara de Moral dirige la opinión de esta virtuosa repú­
blica, premiando con el honor y castigando con el oprobio (Sec.
2a. art. 1). Sus decisiones son “apelables” ante la opinión y la
posteridad y en sus juicios no admite otro “acusador” que el
escándalo, ni otro “abogado” que el buen crédito (Sec. 2a. art.
3). Adicionalmente, este parlamento ético organiza la policía
moral, encargada de censurar a posteriori todos ios textos que
se publiquen, y elabora tablas estadísticas de las virtudes y los
vicios (Sec. 2a. arts. 5,10 y 11), La casuística del articulado sería.

41. Véase Jean Baechler, Los Fenómenos Revolucionarios, Ediciones Penín­


sula, Barcelona, 1974 y André Decouflé, Sociología de las Revoluciones, Edito­
rial Proteo, Buenos Aires, 1968.
42. J.J. Rousseau, op. cit., pp. 129-131.
43. Carta de Bolívar a Guillermo White. de mayo 26 dé 1820, citada en S.
Bolívar, Doctrina..., p. 151.
: cosa de broma si no tuviéramos la certeza de que el Libertador
.. legisla para la Nueva Esparta cjon una seriedad absoluta.
• La Cámara de Educación, pjor su parte, está encargada de
inculcar a los niños, desdé su Nacimiento hasta los doce años,
“ideas y sentimientos de honor 'y probidad, amor a la patina, a
las leyes y al trabajo, respeto a los padres, a los ancianos, a los
magistrados y adhesión al gobierno” (Sección 3a. arts. 1 y 7).
iLasémejanza de estas cláusulas con las Instituciones Republica­
nasde Saint Just resulta sorprendente: se trata, al fin y al cabo,
de la misma didáctica djel poder,; de idéntico orden de disciplina
y .virtud. El paralelismo es tan extremado que el órgano de
expresión del Areópagb se denomina Monitor, al igual que el
periódico oficial de la Convención revolucionaria francesa.
Más allá de estos detalles, empero, él fondo de la cuestión es
la clarividencia con la cual Bolívar sugiére quéfífn moral formal
np hay política realjA l referirse a la Cámara de Moral del
Áreópagó, el Libertador revela la pieza maestra de su máquina
de patriotismo: “La política no le concierne sino en sus relacio-
. nes con la moral” (Sección 2a. art. 5). La política no es otra cosa
que la moral del cuerpoiy la morkl no es otra cosa.que la política
del alma. En el corazóhde esta cultura infectada de platonismo
que es la nuestra, hay que destruir el.dualismo que alimenta la
servidumbre voluntaria: la moral y la política constituyen ape­
óos las dos caras de la moneda qpe compra nuestra libertad, Los
dos nombres del poder que rotura el campo de nuestra concien­
cia..

2., ROMA EN [LOS ANDES

Si el primero de los borradores constitucionales de Bolívar


fracasó debido a su radicalismo ¡y a la coyuntura adversa en que
fue presentado, el segundo se abrió paso siete años más tarde.
En agosto de 1825, la Asamblea! General de los Departamentos
del Alto Perú declara su voluntad de romper con el dominio
colonial de Buenos Aires, erigiSrse en estado soberano bajo el
nombre de República Bolívar y pedir al Libertador la redacción
de una constitución para el nuevo país.
La respuesta de Bolívar es entusiasta y triunfalista. Sus cartas
de la segunda mitad dei 1825 y la primera mitad de 1826 mani­
fiestan no sólo un vivo interés en la tarea sino además una
agresiva confianza en su capacidad para llevarla a feliz término.
El mismo día de la publicación del proyecto en Lima escribe
.^ucre, su heredero político: :.

T odós recibirán está constitución com o el arca de la alianza y-


como la transacción de la Europa con la América, del ejército
con el pueblo, de la democracia con la aristocracia y del impena
con la república..Todos me dicen que mi constitución va asier él
gran móvil de nuestra reforma social44. :

No es posible concebirjmesianismo políticoimayor. ,

Precedido de un Mensaje al Congreso de Bolivia, .el proyecto:/'


es enviado a Chuquisacá, la nueva capital, y en noviembre 19 de
1826 se adopta como primera constitución del país. El texto
tiene un éxito considerable pero fugaz en el continente: tras la /
edición príncipe de Lima, en las semanas siguientes aparecen ;
reimpresiones en Bogotá, Caracas, Quito y Buenos Aires y
traducciones al inglés en Londres por el poeta ecuatoriano José :
Joaquín Olmedo y al francés en París gracias a Benjamín;
Constant yal marqués de Lafayette. Al mismo tiempo, Bolívar
lanza una ofensiva diplomática para persuadir a los gobiernos',
de los países liberados de implantar su ley fundamental como
estatuto de una confederación, andina que incluiría a.Colombiá. ;
(Venezuela, Panamá, la Nueva Granada y Ecuador), Perú, y
Bolivia. A través de su enviado especial Antonio Leocadio:
Guzmán4546remite una circular én procura de adhesión en la cual :
sostiene:'

En ningún pacto de tos gobiernos representativos veo tanta


libertad popular, tanta intervención inmediata de los ciudada-.
nos en el ejercicio de.lá soberanía y tanta fuerza en el ejecutivo ..
como en este proyecto. En él están reunidos todos los encantos
de la federación, toda la solidez del gobierno central; toda la
estabilidad de los gobiernos monárquicos: Están enlazados to- '
dos los intereses y establecidas todas las garantías4®.

44. S. Bolívar, op. cit., p. 147.


45. Quien publica una temprana e ignorada apología del proyecto: Antonio
Leocadio Guzmán, Ojeada al proyecto de constitución que el Libertador ha :
Presentado a la República Bolívar, Imprenta Republicana Administrada por
José María Concha, Lima, 1826.
46. S. Bolívar,Doctrina..., p. 244.
'¿He aquí lo que podría llamarse la seducción de la codifica-
cjóh. . -
'Empero, las gestiones encaminadas a la adopción del proyec­
to bolivariano resultan infructuosas. Salvo en Bolivia misma y
jen el .Perú, donde rige cerca de un año, la constitución es
rechazada en todas lasnaciones emancipadas de manera airada
y polémica, para desmayo y frustración de su redactor. En
Colombia, la sugerencia del Libertador es interpretada como
uná imposición tiránica47, muy a pesar del llamado Compromi­
so de Tocaima, 'dé.-1-827, a través del cual Santander intenta
negociar la adhesión colombiana al proyecto a cambio de la
supresión del ejecutivo.vitalicio y déla represión del separatis­
mo venezolano por el presidente titular48. Y la crisis se acentúa
en 1828, cuando la Convención Constituyente d^ Ocaña repu­
dia lá carta boliviana y la propuesta de la confederación andina,,
y las facciones bolivariana y santanderista abren hostilidades
éntre sí. Como resultado, el Libertador expide su Decreto
Orgánico de la Dictadura, que es un golpe de Estado constitu­
cional, y el grupo de Santander atenta contra su vida en la
conspiración septembrina. Respecto de este trágico episodio
debe recordarse que, irónicamente, la idea del tiranicidio surge
de una de las llamadas Sociedades de Salud Pública que por
entonces proliferan en Bogotá49. Y la confusión ideológica es
tan grande que Luis Vargas Tejada,, un oscuro poeta del
grupo acusado de atentar contra el presidente de la Gran
Colombia, llama “facción jacobina” al grupo de Bolívar y
“despotismo oclocrático” a su política para Bolivia50. El jaco­
binismo o autoritarismo liberal era y aún es un arma de doble
filo, que permite ejercer el poder y a la vez socavarlo.

47. Véase la “Representación dirigida al Presidente General Simón Bolívar


por los Magistrados de Colombia y algunos otros ciudadanos reclamando la
conservación y.obediencia de la Constitución de 1821” de noviembre 14de 1826,
en El Libro de Oro de Santander, Academia Colombiana de Historia/ Plaza &
Janés, Bogotá, 1983, pp. 227-246. Este texto se atribuye a Vicente Azuero.
48. I. Liévano Aguirre, op. cit.,.pp. 440-446.
49. I. Liévano Aguirre, op. cit., p. 482. Vale la pena anotar que el carácter
“robespierrista” de la dictadura boliviana ha sido ignorado por los historiadores
colombianos, bolivarianos y antibolivarianos por igual.
50. Véase I. Liévano Aguirre, Razones Socioeconómicas de la Conspiración
de Septiembre contra el Libertador, Biblioteca Venezolana de Historia, Caracas,
1968, p. 36.
Veamos ahora las fuentes y características de la constitución ^
boliviana. Aparentem ente, la inspiración provino del Senador
consulto de Term idor del año X (1801), que sanciona la repúbli- ;
ca imperial napoleónica, y de la constitución haitiana de 18045152.;
Estas cartas, como se sabe, son emblemáticas de la repúblicay
la presidencia imperiales resultantes de la Revolución francesa '
Alexis de Tocqúeville nos h a enseñado que existe una coheren-;
cia profunda á través de todo el proceso revolucionario bur­
gués, de Luis XVI a Robespiefre y a Napoleón, por cuanto el
hilo conductor es la centralización administrativa del Estado
nacional merced a la sustitución del despotismo monárquico
por el despotismo dem ocrático^ De allí que la contribución de -
la Revolución francesa a E u ro p a y Occidente sea la disciplina
republicana y la república disciplinaria.
De esta suerte, al diseñar su república “mandada hacer a
m ano”, Bolívar le da un carácter napoleónico. El documento,
que consta de diez títulos, veintiún capítulos y ciento cincuenta,
y dos artículos, prescribe una república centralista, una presi-.
dencia vitalicia y una vicepresidencia hereditaria, un legislativo
tricameral de elección indirecta y restringida, una declaración .
de derechos y un dispositivo de legalidad marcial.
El Estado se divide en cuatro poderes: electoral, legislativo,
ejecutivo y judicial (art. 8). La soberanía se atribuye al pueblo ;
pero su ejercicio corresponde a los poderes públicos (art. 7).",
Esto significa que el régimen es indirecto o representativo
puesto que se establece la cascada de usurpaciones en que la
democracia constitucional consiste.
El poder electoral aparece como la base de tal estructura y
reside en un Colegio ó Cuerpo Electoral compuesto de un
elector por cada diez votantes (árts. 19 y 22), Está encargado de
elegir a los legisladores, postular a los candidatos para los
empleos administrativos, judiciales, y eclesiásticos de nivel a
medio e inferior, adm inistrar la ciudadanía y en general repre­
sentar a los ciudadanos ante las cámaras (art. 25). El derecho a
votar y constituir así el órgano electoral pertenece a los ciuda­
danos, es decir, a todos los bolivianos por nacimiento o por
naturalización, incluyendo a los antiguos esclavos y a los nacio­
nales hispanoamericanos, con tres restricciones generales: ser

51. Véase S. Bolívar E s c r i t o s p. 33 y D o c t r i n a pp. 233-234.


52. F. Furet, op. cit.} p. 201.
■casado o tener más de 21 años dé edad, saber leer y escribir, y
)ítener empleo o profesión o renta;(arts. 10, 13 y 15).
; Eí.poder legislativo sé distingue p or la división en tres cáma­
r a s y el carácter vitalicio de los censores. Como el Areópago de
>1.819, el legislativo boliváríano está basado en el Senado roma­
no,legislatura paradigmática si las hay. Senadores, Tribunos y
- Censores, son elegidos pór el Cuerpo Electoral y sus funciones
comunes incluyen el nombramiento del presidente por la pri-
tmera vez, la confirmación del vicepresidente, el juzgamiento de
: los altos funcionarios y el otorgamiento al presidente de facul­
tades para “la salvación del Estado” en caso de guerra o peligro
extraordinario (arts. 29 y 31).
La Cámara de Tribunos, comjo las otras dos, tiene treinta
miembros y equivale a la cámara ¿aj a, de diputados o represen­
tantes, de los parlamentos modernos. Se encuentra a cargo de
las leyes relativas ál gasto público, los impuestos, las obras
públicas, la administración regional y local, y la política exte­
rior (arts. 42 y 43). '
La Cámara de Senadores o Senado debe legislar sobre admi­
nistración de justicia e intervenir én la designación de magistra­
dos y jueces, gobernadores y alcaldes, y dignatarios eclesiásti­
cos (arts. 46 y 47). ' j ;
A diferencia de los Tribunos y .los Senadores, que desempe­
ñan sus funciones durante cuatro y ocho años, respectivamente,
los treinta Censores sohjelegidosjde por vida. Sus estratégicas
responsabilidades incluyen velar por el cumplimiento de la
constitución y las leyes, :acusar; ante el Senado a los altos
funcionarios de la administración con la notoria excepción del
presidente, y regular la economía, la educación, la cultura y las
libertades de expresión y. prensa (arts. 50, 52 a 57 y 59). Puede
verse aquí la resonancia del Poder Moral propuesto al Congre­
so de Angostura. ;
La rama ejecutiva está dispuesta de tal modo que hay una
separación entre el presidente copio jefe de Estado y el vicepresi­
dente como jefe de la administración, de acuerdo con la tradi­
ción británica. A pesar dé la violenta reacción que produce esta
presidencia imperial y dinástica en el subcontinente, conviene
aclarar que Bolívar no la propone para sí sino para Sucre. Pero
tras el asesinato de su heredero político a mediados de 1830 y la
propia muerte del Libertador unós meses después, el Congreso
boliviano suprime la polémica institución de la presidencia
vitalicia.
objetivo estratégico es tornar aceptable e incluso deseable la-
guerra del Estado contra la sociedad. .
En cualquier caso, la experiencia de larepúblicafundadapor í
el Libertador es ejemplar: con el más alto índice de despotismo
militar del continente y el próximo golpe de Estado gravitando
ominosamente como una espada de Damocles sobre su pueblo
condenado, Boliviaes el mayor fracaso del Constitucionalismo
criollo porque pretendió ser su mayor triunfo. La Roma de los
Andes, la república del aire, el país de las quimeras de ese
Rousseau en el poder que fue Bolívar, es un sueño imposible,
Pero los sueños se convierten en quimeras y las quimeras se
convierten en constituciones y las constituciones sirven para
gobernar a los pueblos.
En Colombia, entretanto, no ha habido constitución bolivia­
na sino Constitución bolivarianá, la constitución bolivariana
que el país ha tenido desde 1819. Desde entonces, Bolívar es el
mítico padre de la patria cuya sola invocación ritual actúa
como un operador de legitimidad para los partidos y los regí­
menes hechos a su imagen y semejanza o herederos sin beneficio
de inventario de su despotismo filantrópico.
I

Capítulo VI
EL ESTILO SANTANDERISTA

Si la estructura constitucionhl. de Colombia es bolivariana


—liberal pero autoritaria, autoritaria pero liberal—, su estilo es
santanderista. Ello quiere decir ¡que el método con el cual ha de
administrarse el régimen centralista y presidencialista fundado
y constituido por el liderazgo mésiánico de Bolívar es el estable­
cido por este astuto abogado y político granadino durante sus
dos administraciones: como vicepresidente y presidente encar­
gado de la Gran Colombia entre ;1821 y 1827, y como presidente
titular de la Nueva Granada entre 1832 y 1837. Tal método
consiste en una sutil manipulación de las formas y normas
legales con propósitos ideológipos, un rentable manejo de la
constitución y las leyes como una retórica de orden y unidad, un
nominalismo jurídico que everitualmente se;convierte en un
culto nacional: el culto del legaiismo y del constitucionalismo.1

1. EL HOMBRE ÓE LAS LEYES


' i• -
Francisco dé Paula Santander fue grancolombiano tan sólo en
el sentido geográfico del término! pues había nacido en la Nueva
Granada y nunca creyó ¡en el sueño bolivariano de una repúbli­
ca extensa que incluyera a Ecuador y Venezuela. Fue el princi­
pal granadino en el estado mayor de Bolívar, dominado por los
militares venezolanos, y se convirtió en vicepresidente de la
Gran Colombia en el Congresio de Cúcuta-de 1821. En la
medida en que el Libertador pasó buena parte de la década de
1820 a 1830 en el Perú y Bolivia, dedicado a laconclusión de la
guerra contra España,. Santander se desempeñó hasta 1827^
como presidente encargado de. la nueva república; A diferencia d
de Bolívar, no era un guerrero profesional, ni tenía un tempera-.'
mentó romántico. Fue, por el contrario, el funcionario público 5;!
por autononiasia, un hábil administrador y un brillante aboga-
do muy dado a la negociación políticá y a la exégesis literal de í:
las leyes. Puede decirse que Sántánder encarna, quizá de mañe-i, j
ra paradigmática, las características del constitucionalismo y:;•)
del liberalismo colombianos como han sido planteadas aquí.
Hacia 1810, Santander era apenas un joven oficial de provin­
cia al servicio de Bolívar. Tras la batalla de Boy.acá, a mediados v
de 1819, que liberó casi todo el territorio néogr anadino,se •'
colocó a la cabeza de los dirigentes colombianos y logró está- .:;
blecerse como sustituto de Bolívar.primero y como su rival y
enemigo principal después. A resultas de la crisis desatada por'
la constitución boliviana en 1826 y por la Convención de Oca-
ña, el Decreto Orgánico de la Dictadura .y la conspiración;
septembrina en 1828, Santander fue destituido de la vicepresi­
dencia y expulsado del país por Bolívar después de un dudoso :
proceso y de casi un año de prisión. Conviene recordar que la
•.ordalíai de Santander se debió a su aparente vinculación alv
complot para asesinar al Libertador y restaurar la constitución' -;
de 1821. Si bien la bibliografía disponible no es de fiar, parece
que Santander conocía el proyecto del tiranicidio por anticipa- ;
do y no participó en él; sin embargo, no hizo nada para evitarlo
o denunciarlo.
Santander estuvo exiliado entre 1829 y 1832, tiempo durante
el cual falleció Bolívar y se desintegró la Gran Colombia g ra d a r;
al exitoso separatismo venezolano y ecuatoriano. Fue elegido
en ausencia primer presidente de laÑueva G ranadayen 1833se
encontraba ya al frente de su segunda administración. Conclu­
yó su período en 1837 y, tras un breve ejercicio como senador y
caudillo de las pendencieras facciones de las cuales surgirían ,
poco después los partidos políticos llamados tradicionales,
murió en 1840.
Llamado por Bolívar el Hombre de las Leyes y el Organiza­
dor de la Victoria, en virtud de sil devoción por la legalidad y
sus talentos administrativos, Santander ha ocupado un lugar
central en la historiografía colombiána como.el más autorizado
exponente de la voluntad originaria déla nación para gobernar-,
se conforme a derecho. Contra múltiples obstáculos, incluso
contra el constitucionalismo carismático y despótico de Bolí-
•var, Santander representa el arquetipo del modelo colombiano
de;democracia constitucional, el cual, según los historiadores
convencionales e ideólogos del partido liberal, forma una tradi­
ción aparte en América Latina54.
En realidad, Santander encarnó una reacción a la propuesta
boHvariana de una república centralizada y disciplinaria para la
Nueva Granada, Colombia e Hispanoamérica. Dicha reacción
fue nacionalista y federalista a la vez, y contó con el apoyo de
los burócratas dé Santa Fe y de los mercaderes y terratenientes
,de provincia en toda la Nueva Granada. En comparación con el
de Bolívar, el proyecto constitucional de Santander era menos
autoritario, más permisivo en materia de derechos civiles y
política económica, y más abierto, en el sentido de que la
división del trabajo entre el gobierno nacional y los gobiernos -
provinciales era más beneficiosa para estos últimos que el
esquema unitario y vertical favorecido por el Libertador y en
buena parte acogido por la constitución de Cúcuta. No había,
por supuesto, oposición estratégica sino táctica entre los mode­
los constitucionales de los dos padres fundadores. Ambos eran
diferentes versiones del mismo discurso liberal proveniente de
las mismas fuentes europeas y norteamericanas.
• Igualmente, parece cierto que Santander tuvo éxito en la
organización de la estructura de un gobierno nacional que
proveyera no sólo los recursos y suministros para concluir y
ganar la guerra de. independencia, sino además los servicios
públicos para atender a la población civil.
Su mayor preocupación en tal sentido fue el desarrollo de un
sistema de educación pública que consideraba estratégico para
la consolidación de la república en la Nueva Granada y de su
proyecto constitucional en particular55.
En cuanto concierne a este ensayo, empero, el rasgo distinti­
vo de Santander como estadista es su estricta adhesión a la
legalidad:

La cualidad específica por la cual Santander es admirado


fervientemente por los liberales colombianos de hoy es su devo-

54. Véase Julio Hoenisberg, Santander ante la Historia, 3 vols., Imprenta


Departamental, Barranquilla, 1969.
55. El mejor estudió de la gestión del Hombre de las Leyes es David Bushnell,
El Régimen de Santander en la Gran Colombia, 3a. edición, El Ancora Editores,
Bogotá, 1985.
ción estricta por la legalidad constitucional. Existe sin.duda algd .- ::i
de ficción, como también de realidad, en la frase que define ¿V;
Santander como el Hombre de las Leyes, puesto que erá capaz ,• r
de pasar los límites légales cuando convenía á sus propósitos. / ?
Ningún gobernante de una república naciente, a la que faltaba : :
todo precedente de gobierno constitucional, habría dejado de .
hacerlo. En otras ocasiones se parapetaba tras tecnicismos lega- l
Ies para escapar a la crítica ,que surgía cuando no lograba* :
resolver oportuna y puntualmente algún problema urgente; una - .
de sus excusas favoritas consistía en alegar que una medida
específica solo podía ser tomada con el consentimiento expreso,
del Congreso56.
Santander comparte esta fe en el derecho por el derecho ,
mismo con Rousseau y especialmente con Jeremy Bentham, el ;
filósofo y jurista inglés que se constituyó en el centro de la
polémica intelectual colombiana entre .1820 y 1870 y quien
“creía en la eficacia total de las leyes, creía que las instituciones,
y los modos de vida podían ser creados y moldeados por las
leyes apropiadas”37.
Esta creencia, sostenida por Santander y por la mayoría de
los dirigentes del país hasta hoy, ayuda a explicar porqué un .
pensador europeo se convirtió en una autoridad jurídica en la
Nueva Granada y en toda Hispanoamérica, como ya ha sido
documentado58. Porque el legalismo o voluntarismo legal no es
sólo una especie iluminada y mesiánica de activismo, y ref ormis-
mo por parte de muchos líderes, jueces y educadores, sino .
también un cierto tipo de coartada general para su gestión
global mientras toman decisio nes y hacen leyes para la comuni­
dad.
El legalismo santanderista es entonces una herramienta ideo­
lógica que confiere a la tarea gubernamental una apariencia de
legalidad y racionalidad (en tanto la adhesión formal a las
reglas escritas, de acuerdo con el mito racionalista imperante,
suscita por su sola virtud el reinado de ía justicia entre los
hombres) y que permite así legalizar ios intereses dominantes e
ilegalizar los intereses dominados. 4 {
- { I Ivtfí'VvWa ***"
V jp n ilí'
56. D. Bushnell, op. cit., pp. 62-63.
57. Miriam Wiliiford, Jeremy Bentham bn Spanish America, Lousiana State
University Press, Baton Rouge, 1980, p. XIII.-
58. Véase M. Wiliiford, op. cit., y Theodora McKennan, Santander and thé
Vogue of Benthamism in Colombia and New Granada, Ph. D.. Dissertatiou,
Loyola University, Chicago,. 1970.
, . Ni qué decir, tiene que el quito santanderista de la legalidad
- como encarnación suprema de la democracia constitucional es
, üna de las fuentes ¡principales d¡e la estrategia del reformismo
- • normativo q[ue las. élites colombianas han empleado desde el
v . período formativo del Estado nacional para preservar el statu
quo y legitimar su dominio. Y ello obedece a que el Hombre de
• las Leyes, al igual que ©1 Libertador, ha sido metamorfoseado
por la vieja historiografía en uní semidiós, en el santo patrono
: del partido liberal e incluso de lajrepública misma. Un historia­
dor contemporáneo ha desenmascarado este mecanismo ideo­
lógico de la^siguiente ¡ ¡

Los partidos liberal y conservador en Colombia se nutren con


el mito de su ‘origen: derivain éste de los héroes como si la
conciencia de mediocridad, de vacilación y de falta de perspecti­
va dé los conductores presentes tuviera que ser legitimada origi­
nariamente por Bolívar y Santander. El mito sirve así para
justificar una práctica que se¡valida a posteriori, en forma de­
ductiva,. con postulados reales o supuestos, emanados de los
fundadores de la "nacionalidad”, de la patria y por tanto válidos
porque proceden de' éstos y se confunden con aquélla59.
! ' • i . :
Aunque ninguno de los dos tuvo nada que ver en la funda­
ción fáctica de los partidos tradicionales, Bolívar y Santander
han sido endiosados ppr conservadores y liberales a fin de
: legitimar así su gestión histórica mediante la apropiación del
prestigio mítico de los i padres fundadores. En este sentido
puede afirmarse que el Estado colombiano tiene una estructura
bolivarianay ún estilo santanderista, es decir, un marco autori­
tario y un carácter legalista o un esquema rusoniano y jacobino
y una manera benthamista.

2. LA BATALLA P E BENTHAM
’i ■.
Tal vez se entienda mejor el legalismo santanderista al ofre­
cer un panorama de la enorme influencia ejercida por Bentham
sobre laNueva Granada y Santander en lo quebn investigador
• : .1 i'

59. Alvaro Tirado Mejía, “Colombia: Siglo y Medio de Bipartidismo”, en


Mario Arrublaet al., Colombia Hoy, Siglo XXI Editores, Bogotá, 1978, p. 102.
venezolano ha llamado “la batalla de Béntham en Colóm-
,’bia”6061.
Durante el último tercio .de .su larga vida, de. 1808 a 1832; él:
utilitarista inglés dedicó su prodigiosa, inventiva a proponer-!
constituciones, códigos, leyes y sistemas penitenciarios a Espa- ,
ña y en especial a lo que él denominaba “Ultramaria”; las !
antiguas coloniás españolas en el Nuevo Mundo. Centenares de í:
cartas y docenas de proyectos muestran np sólo las numerosas ^
amistades que Bentham tenía entre los.líderes españoles e his^f
panoamericanos63, sino también sus incansables esfuerzos por >
implantar su racionalismo jurídico én Ultramaria. Dcdieóya-
rios años a su proyecto de un canal interoceánico a través ijeí
istmo centroamericano, el canal Íunctiana, lo mismo que ásü;
propuesta de codificación, que sería un comprensivo cuerpo de::
leyes forjado pór este autoproclámadó legislador para los nue-; .
vos territorios liberados de América. .
Con todo, en ninguna parte resultó tan exitosa y perdurable !
'la filosofía legal de Bentham como en Colombia, en especial
después de 1824 y gracias a su mayor discípulo a este lado del
Atlántico: Santander. ‘ . , “
La primera mención del jurista inglés en Colombia fue hecha
por Nariño en su periódico La Bagatela en 1811, a través dé la í
reproducción de un artículo sobre libertad de prensa tomado
por José M aría Blanco White de los manuscritos de Benthamy .
originalmente publicado en El Español, el periódico londinense
del heterodoxo español62. ..
Después d éla rebelión de Riego en España^ el pensamiento '
liberal, incluyendo las doctrinas utilitaristas, alcanzaron una
influencia sin precedentes en América puesto que las nuevas
repúblicas estaban ansiosas de impulsar su proceso de forma­
ción nacional y particularmente de modernizar sus leyes civiles ■
y penales63. Ramón Salas, un profesor de la Universidad deó

60. Armando Rojas, “La Batalla de Bentham en Colombia”, Revista de


Historia de América, No. 29, México, junio de 1950, pp. 37-66.
61. Gaspar de Jovellanos y José María Blanco White en España; José del
Valle en Guatemala; Simón Bolívar y Francisco Miranda en Venezuela; Fran­
cisco de Paula Santander, Antonio Nariño y Ezequiel Rojas en Colombia;
Bernardo O’Higgins en Chile; y José de San Martín y Beriiardino Rivadavia én
Argentina.
62. Véase A. Rojas, op. c it, p. 38 y Germán Marquíiiez; Benthamismo y
Antibenthamismo en Colombia, Editorial El Búho; Bogotá, 1983, p. 13. ;.
63. T. Mckennan, op. cit., pp. 87 y 88.
¡•¡Salamanca, publicó entonces en París en 1823 los siete volúme­
nes de su traducción de los Tráités de Legislation Civil et Pénale,
■ él texto francés elaborado por el suizo Etienne Dumont con
¿base en los manuscritos inéditos de Bentham. En 1824, los
/Tratados circulaban ya en la Gran Colombia y en 1825 fueron
¡ establecidos como texto oficial en las facultades de derecho por
medio de un decreto de noviembre 9 firmado por Santander
como presidente encargado.
"listo era, por supuesto, parte de una estrategia más amplia
con la cual el gobierno de Santander buscaba implantar una
' educación pública, racional y secular, en un país sujeto todavía
. aí poderoso influjo de la iglesia católica, que por su paite veía
■ en el benthamismo una doctrina foránea y peligrosajLa cues­
tión de los textos devino así otro campo de batalla para las
- fracciones bolivariana y santanderista que ya se hallaban en
■ pugna. El conflicto sería prolongado y decisivo. Porque desde
entonces los colombianos han manifestado una notable pro­
pensión a enfrentarse por cuestiones educativas (textos, méto­
dos, programas, títulos) y a transformar escuelas, colegios y
universidades en terrenos estratégicos del Estado, la iglesia, ios
partidos y la oposición extraparlamentaria. Ello no obsta para
que hoy pueda decirse que el régimen ha abdicado casi entero
i¡de su responsabilidad de educar a la población en provecho de
la iglesia y los- educadores privados y en desmedro de los
hábitos de obediencia que corresponde inculcar al Estado.
Por Ley de octubre 3 de 1826, se estableció un Plan General
de Estudios, inspirado en las leyes españolas de 1813 y 1821, las
cuales a su vez se basaban en el Informe de Condorcet para la
Asamblea francesa de 1792. El artículo 168 de la ley ratificaba
los Tratados de Bentham en su calid ad de texto oficial para los
cursos de Principios de Legislación Universal y Derecho Civil y
Penal, que constituían las asignaturas básicas del curriculum
legal.
Entonces, en medio de una violenta polémica sobre Bentham
entre Vicente Azuero, uno de los mejores juristas del país y
quizás el más cercano colaborador de Santander, y un sacerdote
católico, el padre Margado, el Libertador regresó a Colombia y
¡reasumió la presidencia. Una de sus primeras decisiones fue
proscribir el uso de los textos utilitaristas en las escuelas de
derecho por medio de su decreto de marzo 12 de 1828. Esta
medida fue reiterada poco después de la conspiración de seg^
tiembre en una carta circular enviada por el Secretarip^á^
Interior a los gobernadores provinciales: el curso dé Principios.,
de Legislación Universal fue suprimido,. Benthamfue prohibi-í
do y el Plan de Estudios de Santander fue. calificado como una.,
de las causas del frustrado tiranicidio. ,
Este solo episodio es suficiente para comprender por qué el
benthamismo sería motivo de conflicto en los decenios siguien­
tes entre los herederos del Libertador y los herederos del Hom­
bre de las Leyes, es decir, entre el partido conservador y el-
partido liberal. En efecto, durante su segunda administración,
Santander restableció la enseñanza del derecho según Bent--
ham, por medio de una ley aprobada por el Congreso de.la
Nueva Granada en mayo 29 de 1835. Y. en 1836 tuvo lugar el
más importante debate sobre las ideas del jurista británico
cuando se enfrentaron, de un lado, un periódico de Popayán
donde escribía José Manuel Restrepo, el antiguo Secretario del
Interior de Bolívar, y del otro uu periódico de Bogotá donde
escribía un colaborador anónimo, que pudo ser Vicente Azue-.
ro, el redactor de la carta de 1821, o Ezequiel Rojás, el fundador
del partido liberal en 1848, Irónicamente, ambas publicaciones
respondían al mismo nombre: El Constitucional.
Tras la guerra civil délos Supremos, de la cual surgirán de
algún modo los partidos tradicionales, hubo un gobierno boli-
variano que adoptó una reforma educativa abiertamente dere­
chista. Ella aseguraba la más ampüa intervención de la iglesia
católica en las escuelas y los colegios e incluía la proscripción de
los libros de Bentham.
La prolongada guerra ideológica en torno al benlhamisno
tuvo sus últimas batallas entre 1865 y 1875, cuando los liberales
estaban en el poder y la educación pública regresó a la agenda
nacional. El Estado tenía una estructura federal y el país vivíala
edad de oro de la cultura nacional durante el. siglo XIX64. Se
publicaron entonces, entre 1868 y 18.73, ocho obras de reflexión
que colocaron a Bentham en el ojo del huracán otra vez y lo
hicieron el caballo de batalla de las tensas relaciones entre el
gobierno liberal, comprometido en una campaña de radicales
reformas, y la oposición conservadora, resuelta a restaurar a

64. Véase Jaime Jaramillo, “Etapas y Sentido de la Historia de Colombia”, en


Mario Arrubla et al., Colombia Siglo XXI Editores, Bogotá, 1978, pp.
46-49.
í Colpíübia como un país centralista, jerarquizado y paterna­
lista6?.-; ; •
S víEI débate sobre el utilitarismo pasó a un segundo plano con
líafcaída del sector federalista ¡del partido liberal, el llamado
: Olimpo Radical, hacia. 1880, y desde entonces permanece como
r una cuestión académica. j
Cr En suma, la singularidad de ja preponderancia benthamista
en la vida cultural y política del país a lo laijgo de casi todo el
Vsiglo XIX sólo puede ser explicada si se considera el servicio
‘ estratégico que la jurística utilitarista prestó a las élites neogra-
nadinas: •¡

Los escritos de Bentham llegaron a Colombia inicialmente a


. través de los conductos parálelos del liberalismo en el poder y
del liberalismo en el exilio djs España. En los últimos años de la
guerra de independencia, fiieron recibidos con interés por los
lideres republicanos, quienes se hallaban continuamente ame­
nazados por los peligros del la anarquía y ja aniquilación y se
sentían obligados a poner lalsupervivencia nacional por encima
dejn.libertad. i
Durante los años siguientes, el utilitarismo probaría ser una
valiosa fórmula para el reducido e ilustrado grupo que pretendía
crear una nación moderna en C olom bia/C on grandes masas de
la población;que parecían de educación y entendían mal las
nuevas metas nacionales, los líderes republicanos temían las
implicaciones de la soberanía popular. Los primeros Tratados
de Bentham, escritos en un período en el cpal era indiferente a
los problemas constitucionales pero estaba k favor del despotis­
mo ilustrado, resultaban muy seguros en éste aspecto pues
condenaban toda tendencia! anárquica. En esta misma época,
dirigente? conservadores, incluyendo voceros de las ciases po­
seedoras y aún de las órdenes religiosas, aprendieron a citar las
defensas de la seguridad y la propiedad que eran parte de los
Tratados de Legislado,p de Bentham6566.

65. Los libros fueron nlosofia Moral(1868), de Ezequiel Rojas; Estudio sobre
ei Utilitarismo (1868) y. Cartas al señor Doctor Ezequiel Rojas (1868), de Miguel
Antonio Caro; Las Sirenas;(1869), de José Joaquín Ortiz;.Refutación de Las
Sirenas ( ¡ 370), de Angel María Galán; Información sobre Textos (1870), Fran­
cisco Eustaquio Alvarez; Ciencia de la Legislación (1873), de José María Samper;
y Conversaciones Filosóficas (1873), de Medardo Rivas. Los textos de Rojas,
Galán. Alvarez y Rivas eran benthamistas; los de Caro y Ortiz, antibenthamistas;
el de Samper. una tentativa de transacción entre ambas escuelas. Véase G.
Marquínez, op. cit., pp. 7-38 y 215-223.
66. T. Mckennan, op. cit., p. 330. !
Parque Bentham no creía én la democracia. Supensamiento, V
directamente entroncado en el.positivismo autoritario de Hob- ;,:.í
bes, ofreció a Santander y sus sucesores una filosofía racionalis- s- í
ta y una ética burguesa fundadas ambas en el valor supremo de -'
la seguridad. Estuvo siempre dispuesto a sácrificar la voluntad : >>
popular a la utilidad pública pues para él la mayor virtud de un ;V
sistema constitucional y legal debía ser la calculabilidad, la y
previsibilidad, de acuerdo con su aritmética moral67. Esta legar •
lidad racional y secular que el filósofo británico proponía para, y'
Ultramaria cpmo instrumento de modernización y progreso y ;.::
a la vez como dispositivo contra la igualdad económica y la
participación política no era otra cosa que recelo de la demo-.
cracia, miedo a la democracia. Y no Otro ha sido el ethos de la V
clase dirigente colombiana a lo largo dé toda nuestra historia.
El Hombre de las Leyes escribía a José Manuel Restrepo e n .
1821:

Me gusta mucho la opinión de usted de que si dejamos a los


pueblos en absoluta libertad, volveremos a la antigua desastrosa
anarquía, y que es preciso hacerlos libres contra su voluntad; tál X
ha sido el principio que me ha dirigido para refrenar un poco lá .
libertad de los súbditos [...] He creído y creo siempre que es
primero arrojar a los españoles del país de cualquier modo y a ’
costa de medidas irregulares y aún injustas, si no hay otras, y /
enseñar al pueblo a obedecer ciegamente, y que después es entrar .
en adoptar todas las instituciones liberales de un pueblo verda­
deramente libre68.

El argumento de Santander evoca los discursos de Bolívar y


Rousseau. Se trata del mismo sueño político, el del liberalismo
autoritario y el autoritarismo liberal: una sociedad transparen­
te, legible en cada una de sus partes; una ciudadanía disciplina­
da, atravesada de un extremo a otro por la ubicua mirada deí

67. Véase J. Bentham, Fragmento sobre el Gobierno, Aguilar, Madrid, 1973,


p. XV.
68. Roberto Cortázar (ed), Cartas y Mensajes de Santander, Librería Volun­
tad, Bogotá, 1956, v o l.'lll, p. 10.
69. Michel Foucault escribía: “Pido disculpas a los historiadores de la filosofía
por esta afirmación pero creo que Bentham es más importante para nuestra
sociedad que Kant o Hegel. Nuestras sociedades deberían rendirle un homenaje
pues fue él quien programó, definió y describió de manera precisa las formas de .
poder en quévivimos, presentándolas en un maravilloso y célebre modelo de esta
sociedad de ortopedia generalizada que es el Panóptico, forma arquitectónica

a 0 N SlA
í -poder o por la sabia vigilancia de la voluntad general. Es la más
•4 auténtica ingeniería política69. El benthamismo fue una inge-
^ niería política pará Santander y las dos primeras generaciones
de liberales colombianos. El legalismo santanderista fue una
/ ingeniería política, que sirvió para establecer la dinámica y el
" estilo de la Nueva Granada. Y el reformismo constitucional,
que seguiremos ahora en su despliegue múltiple y en su polise-
.r. mía táctica, ha sido y aún es la suprema ingeniería política en el
contexto colombiano.

que permite un tipo de poder del espíritu sobre el espíritu”. M. Foucault, La


Verdad £ las Formas Jurídicas, Gedisa, Barcelona, 1980, p. 98.
Y en otro lugar: “Béritham es el complemento de Rousseau. ¿Cuál es, en efecto,
el sueño rusoniano que ha animado a tantos revolucionarios? El de una sociedad
transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no existan
. zonas oscuras, zonas ordenadas por los privilegios del poder real o por las
prerrogativas de tal o cual cuerpo o incluso por el desorden; que cada uno, desde
el lugar que ocupa, pueda ver el conjunto de la sociedad; que los corazones se
comuniquen unos con otros, que las miradas no encuentren ya obstáculos, que la
opinión reine, la de cada uno sobre cada uno [...] Beñtham es a la vez esto y todo
lo contrario. Plantea el problema de la visibilidad pero pensando en una visibili­
dad totalmente organizada alrededor de una mirada dominadora y vigilante.
Hace funcionar el proyecto de una visibilidad universal, que actuaría en provecho
de un poder riguroso y meticuloso. Así, sobre el gran tema rusoniano —que es en
alguna medida el lirismo de la revolución— se articula la idea técnica del ejercicio
de un poder ‘omnicontemplativo* que es la obsesión de Bentham. Los dos se
unen y el todo funciona: el lirismo de Rousseau y la obsesión de Bentham”: M.
Foucault, “El Ojo del Poder”, en Jeremy Bentham, El Panóptico, Las Ediciones
de la Piqueta, Madrid, 1979, p. 15.
' •' <
Tercera Parte
í • i _

LAS GWERRAS
CONSTITUCIONALES
‘ V . .
' ’ - ••
Capítulo VII
CARTAS DE BATALLA:
LAS CONSTITUCIONES

En orden a rastrear el proceso de construcción nacional en el


despliegue del discurso constitucional e, inversamente, para
exponer la dinámica del reformismo normativo como guerrilla
ideológica ¿n la búsqueda de la continuidad política y la estabi­
lidad institucional, se presenta en esta sección una restitución
crítica de la historia constitucional de Colombia.
La siguiente narrativa, sin embargo, no pretende ser un
recúehto completo de los fenómenos y procesos que forman la
historia legal de la república colombiana y menos aún una
historiografía alternativa que explique todas las contradiccio­
nes y mistificaciones que se hallan en la tradición jurídico-
política nacionál. Dicha tarea debe ser un esfuerzo colectivo e
interdisciplinario de largo aliento, hasta ahora eludido por los
intelectuales colombianos, y este trabajo no es más que una
contribución personal a la crítica de la retórica constitucional
en sus propios términos.
El.objetivo estratégico de esta tercera y última parte es, de
consiguiente, dar un sentido a las características reales del
constitucionalismo en Colombia (lo que hemos llamado el hilo
conductor, las constantes estructurales, la herramienta del re­
formismo preventivo y la polémica constitucional misma) tal
como pueden ser extraídas de los materiales legales e históricos
por medio de la crítica ideológica. Con base en la idea del
derecho como gramática de la guerra y en la visión de la
independencia como la creación del Estado antes de la nación y
sin la nación, de una manera autoritaria y legalista, nuestra
revisión histórica muestra cómo las cartas del siglo XIX y las
reformas dei siglo XX constituyen un interminable conflicto
civil, la guerra del país contra sí mismo.
En este capítulo veremos las continuidades y discontinuida­
des en la secuencia de quince ,constituciones que marca el
proceso de formación nacional de la Independencia a la Rege­
neración. En este escenario polémico, cada carta trata de preva­
lecer sobre la anterior a través de la formulación de un nuevo
arreglo de herramientas legales y recursos políticos que la
fracción dominante pueda usar como autoridad.le'gítima contra
las otras fracciones y también contra la mayoría de la pobla­
ción. De esta suerte, a lo largo de tres cuartos de siglo, los
c ó í^ o s políticos batallan entre sí y a través de ellos el país
batalla contra sí mismo y contra su pueblo en la búsqueda
quimérica de la ley fundamental perfecta, del pacto definitivo
que asegure el orden y la unidad de la patria. En la historia
constitucional tradicional, tal .legro fue y aún es la constitución
unitaria de 1886 con la cual el problema de la formación del.
Estado nacional quedó aparentemente resuelto y la moderniza­
ción de la sociedad civil supuestamente comenzó. Es mi opi­
nión, por el contrario, que la última constitución nacional, que
ha sobrevivido hasta nuestros días, no es el resultado final de la
búsqueda progresiva del mejor sistema normativo sino más
bien un arreglo provisional surgido de una victoria política y
militar, un esquema contingente que ha sido presentado como
una estructura ideal y eterna para Colombia.
De igual modo, durante lós siguientes cien años todos los.
esfuerzos de los políticos y gobernantes han estado enderezados
hacia la preservación de la precaria (en términos de su sanción
mayoritaria y de su virtualidad pacificadora) pero eficaz (en
términos de su adaptabilidad política) arquitectura dé poder
diseñada por Núñez y Caro en 1886. Las sesenta y siete en­
miendas y entre ellas los seis reajustes mayores del código del
Estado, en consecuencia, han intentado preservar dicha fábrica
al precio de hacer de Colombia una sociedad políticamente
bloqueada. Tal será el tema de los capítulos VIII y IX.
A través de la edificación del Estado nacional, Colombia tuvo
quince constituciones generales o nacionales:, dos (en 1811)
durante la guerra de independencia (1810-1819); cinco (en 1819,
182i, 1828 y 1830) durante la Gran Colombia (1819-1830);
cuatro, (en 1831, 1832,1843 y 1853) durante la Nueva Granada
(1830-1858); tres (en 1858, 1861 y, 1863) durante la federación
(1858-1886); y una, la últimajy actual carta, la de. 1886, en el
umbral de la Regeneración (1:886-1903).

1. LAS CONSTITUCIONES DE LA INDEPENDENCIA


j
Poco después del levantamiento del 20 de julio de 1810 en
Santa Fe de Bogotá, el liderazgo neogranadino emergente se
dividió en dos fracciones enfrentadas: el partido centralista,
dirigido por Nariño alrededor de la Junta Suprema que había
emitido la Declaración de Independencia; y el partido federalis­
ta, acaudillado por Torres y organizado en el llamado Congre­
so de las Provincias Unidas dejla Nueva-Granada. Este conflic­
to territorial se tradujo no sólo en la guerra civil de la Patria
Boba sino también en las dos constituciones, del período, la
carta de Cundinamarca y el ¡Acta de Confederación de las
Provincias Unidas de la Nuevja Granada, expedidas ambas en
1811. Los grupos en pugna representaban intereses diferentes
—los centralistas hablaban por los burócratas y abogados de la
capital al paso que los federjalistas tenían la vocería de los
terratenientes y comerciantes de provincia— pero apelaron ala
misma estrategia: el constitucipnalismo, y formularon sus opi­
niones divergentes en constituidones discrepantes1.
Al fracasar a comienzos de 1811 una tentativa de negociación
entre centralistas y federalistas, los primeros transformaron la
Junta Suprema de Santa Fe en el Colegio Constitucional de
Cundinamarca, que sancionó (a primera ley de leyes de Colom­
bia el 30 de marzo de 1811. Redactada por Jorge Tadeo Lozano
y Luis Eduardo de Azuola, tiene catorce títulos y trescientos
cuarenta y dos artículos y esjla más extensa y prolija en la
historia del país. Característica principal es el reconocimiento
del entonces exiliado rey de;España, Fernando VII, como
soberano de la nueva entidad (I, 4 y III, 1). Pese a ser una
monarquía constitucional y una provincia soberana, es decir,
pese a no tener forma republicana y carácter nacional, Cundi­
namarca presenta la mayoría de los rasgos del constitucionalis­
mo decimonónico temprano:!la división del Estado en tres
ramas o poderes (I, 12), el recpnocimiento de derechos civiles

1. Véase en general J. M. Samper. op. cit., vol. I, pp. 46-121 y D. Uribe Vargas,
op. cit., vol. 1, pp. 55-75.
(XII, 1 a, 10), incluso ¿lecciones indirectas (V llíj, y la adopción V
de un sistema semijudicial de defensa de la constitución (I,-9). .';
, • • __ ___ ■ i _____ . . 'i , t • ____ * * e __ j .‘ ,j ■ ' n i * _ • .. ’.’ í.

nece a lo que ha sido denominado unión personal de Estados o.;


Estad o de Unión pers onál: Un régimen independiente que reco­
noce como su soberano, al menos ceremonial, al jefe.de Estado
de otro régimen independiente, como sucede hoy en la Comuni- ;
dad Británica de Naciones. Én cualquier caso; la carta cundina- .
marquesa establece un jefe de gobierno,'el Presidente de la
. Representación Nació nal, .si acaso el monárcaespañolno podía :
. venir a góbérnar la.provincia en persona (1^ 6). No pudo, por
supuesto, y Lozano: se convirtió en el gobeinante interino de
Cündinamárcá dürantéla corta vigencia de láley fundamental.
Otras características son: ¿1 reconocimiento del catolicismo
como la religión dé la nación en una precoz manifestación del
carácter confesional del Estado •colombiano (I,. 3 y II, i); la
definición de una poderosa presidencia qué puede vetar las
leyes y promover la suspensión de las normas constitucionales
en caso de amenaza gravé contra la seguridad nacional (V,
23-30 y 53); ¿1 establecimiento de audiencias publicas para
juzgar la gestión de los exfuncionarios del Estado (V, 39); la
abolición de la tortura y el reconodmiénto de las garantías del .
debido procesó (VII, 35 y 37 a 45); y la mejor definición del.
buen ciudadano en el derecho constitucional colombiano: “N o .
es buen ciudadano él que no es buen hijo, buen .padre, buen.
hermano, buen, amigo, buen esposo’4(XIII, 4).
Aunque formalmente monárquica, la. constitución cundina-
marquesa de 18ll expresa realmente la volúntad del liderazgo
de la provincia central de autodeterminarse. En todo casó,
después de qué Nariño, quien acababa de regresar de su primer
cautiverio y había sido designado alcalde de la capital, derrotó
a Lozano y fue elegido presidente de Cundinamarca por la
Representación Nacionál, la carta fué reformada dos veces, en
julio 18 de 1812y enjúliq 13 de 1815. Én la primera ocasión; se.’
■ . adoptó la estructura republicana y el restó del texto permaneció
como en la versión original,.salvo que está vez tres pequeñas
provincias adhirieron a él. En la segunda fecha, se aprobó un
Plan de Reforma, que era una mera revisión administrativa. .
Entre tanto, la facción federalista convocaba el Congreso de
las Provincias Unidas de la Nueva Granada. En noviembre 27
de 1811 la segunda carta nacional fue prom ulgada..^ Acta, de
Confederación era una estructura constitucional dentro de un
pacto o tratado, negociado y suscrito por los representantes
■de cinco provincias (Ántioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona y
:Juhja), que discrepaban del centralismo de Cundinamarca en
•tanto estaban aparentemente más expuestos a la influencia del
federalismo norteamericano que sus compatriotas y rivales de
; la provincia central!
~ =•Comparada con los Artículos de Confederación de los Esta­
dos Unidos, el Acta de Confederación de la Nueva Granada.
. muestra una notable semejanza.. Aunque la primera es más
.breve que la seguñdá (siete artículos en un casó y setenta y ocho
én el otro), existen sorprendentes similaridades.
Él documento colombiano, como el norteamericano, es una
constitución provisional, una carta transitoria, tenida cuenta
de las dos guerras simultáneas que se libran entonces: la una
entre patriotas y realistas y la otra entre centralistas y federalis­
tas. Este hecho fue reconocido por Camilo Torres y Tenorio, el
autor de la carta, toda vez que en eipfeámbulo y en el artículo 60
sé afirma que habrá un estatuto definitivo para proteger los
intereses de las Provincias Unidas. Dicho estatuto no fue expe­
dido pero hubo tres enmiendas, al Acta de 1811: la reforma del
Acta Federal, de septiembre 23 de 1814, por la cual se creó un
triunvirato para gobernar la Confederación; el Reglamento
Legislativo sobre Gobierno: de las Provincias Unidas de la
Nueva Granada, de octubre 21 de 1814, por el cual se fortalecie­
ron los poderes del ejecutivo colegiado; y la Reforma del
. Gobierno General de las Provincias Unidas, de noviembre-15
de 1815, por la cuál se estableció el cárgo de presidente de la
Confederación.
Él Acta, como los. Artículos treinta años antes, empieza con
el nombre de la nueva entidad (artículo 1) e incluye una cláusula’
de poderes intersticiales o residuales (artículo 7), equivalente al
artículo II de la primera carta de las trece colonias y caracterís­
tica de los códigos federales: todo poder que no se haya delega­
do expresamente en el gobierno general, pertenece a las provin­
cias mismas. .
Respecto del status de las provincias, el Acta recurre al
principio áélutipossidetisjuris, que Bolívar propondría a Sucre
en una carta de 1‘825-como criterio para fijar las nuevas fronte­
ras de los territorios liberados. La regla, como se sabe, consiste
en tomar las fronteras de las antiguas colonias como punto de
referencia para establecer los límites nacionales y provinciales
entre y dentro de las nuevas, repúblicas hispanoamericanas' ^
(artículo 2). ’
Como los Artículos de 1781, el Acta de 1811 diseña: W":;
régimen federal centrado en un Congreso todopoderoso pero.' *
desarticulado que puede designar autoridades ejecutivas p ño%
(artículos ÍO y 57). La mayoría de las cláusulas, que no están j
sep aradas en títulos o capítulos, tienen que ver con este legislar .;
tivó impotente.
Hay en la carta federal otros Easgps dignos de mención; una
énfatica afirmación de independencia absoluta (artículo 5) y de
creencias republicanas (artículo 6), aspectos én ios cuales-él;
Acta de. Confederación representa un avance con relación a la :
constitución monárquica y provincial dé Cundinamarcá; el . ’
reconocimiento de las antiguáis leyes españolas como normas'
aplicables hasta tanto no se.expidieran nuevas disposiciones.' .:
para las mismas materias (articulo 72); y unjconsoicuoSilencio . ~
en punto a libertades públicas.. .
Durante este sobresaltado período,.hubo otras constitucip- ;
nes provinciales: lasde El Socorro, de agostó Í5de 1810;Tunja,
de diciembre 9 de 1811; Antiaquia,.de marzo 21 de 1812 y julio.
12 ele 1815; Cartagena, de junio 15 de l 812; Pamplona, de mayo .
22 de 1815; Mariquita, de junio 21 de 1815; y Néiva, deagostó
31 de 18152. Estas ocho cartas, si bien ricas en novedades
jurídicas y veleidades/políticas, no merecen mención especial én.
un. estudio corno éste por dos razones: porque todas ellas
siguieron el camino.de los documentos inaugúrales y divergen» .
tes de 1811, y p orque tuvieron muy pocos efectos prácticos, si es
que tuvieron alguno, debido a las guerras de la época: la guerra /
constitucional, la guerra civil y la guerra de independencia. Más .
aún, cualquier apariencia de gobierno autónomo y con mayor .
razón cualquier carta constitucional provincial o nacional que ' •
pr oclamara la independencia de la Nueva Granada y la sobera­
nía de los neogranadinos; desaparecieron con la violenta recop- '
quista española.
Podría argumentarse, como lo hizo Sampér hace cien años, ;
que. la causa dé la emancipación nacional estuvo a punto dé. :. •
perderse debido al credo federalista de la mayoría de nuestros
padres fundadores én provincia por la época en que el imperio
contrataca:

2. Los textos completos aparecen en D . Uribe Vargas,, op. cit., vol. I, pp. . .:
301-673. . •
Seguramente: la causa principal de tantos infortunios residió
. en el error, en quede jtan buem .fe incurrieron nuestros próceros,'
, de implantar en la naciente rep ública el régimen fed eré, imitán­
dolo de la U nión Norteamericana. Én aquel"conjunto de trece
antiguas coloniias de ¡origen mi íy particular y habituadas a tener
gobiernos propios, la federación nohabía sido sblamente posi­
ble, sino lógicamente! necesaria.. Todo la indicábacom o la forma
adecuada para dar a ^independencia su plená confirmación y a
la república democrática su mejor desarrollo. N o así en los
pueblos de la América Latina,, donde los elementos y.caminos de
la colonización habían sido totalmente diferentes, y donde era
imposible, por tanto, pasar repentinamente cié la dura y estricta
centralización colonial á la soltura del régimen democrático y
republicano, implantado conforme al sistema colonial, en el
seno de muy deficientes, pobires e ignorante^ poblaciones. De
nada sirviéron las máshermq'sas teorías, las| más filantrópicas
constituciones^ los más benévolosgobiernos,: ni elinás abnega­
do patriotismo?.

: Independientemente déla cauáa, íaconsecuéhcia de la Patria


Boba no admite discusión:, los líderes neogranadinos, cuando
tuvieron que escribir constituciones de nueto, optaron por
otros paradigmas de dominación y hegemoníájcomo larepúbli-
ca.discip linaria jacobina en el caso de Bolívar y la legalidad
utilitaria benthámista en el caso de Santander. Y sin embargo,
el proyecto federal tendría una segunda oportunidad sobre la
fierra, cuarenta y cinco años, después, y el beligerante constitu­
cionalismo de los años independientes se convertiría de todas
maneras en un perdurable legado: ' ' \

Todo lo que;podía haber dp radical y de conservador en una


constitución republicana está combinado enrías constituciones
de la llamada Patria ¡Boba; y ppede afirmarse con seguridad que,
cada Vez que en el flujo y reflujo de nuestra política de revolucio­
nes y reacciones, nuestros liberales y nuestros conservadores se
han dado a la tarea de redactajr y expedir nuevas Constituciones,
no han hecho, ‘d esde 1821 hasta el presente, nada nuevo: Todo
ha podido ser copiado, literalmente, de aquellas constituciones
primitivas, obras dél candor filosófico de miestros grandes pa­
tricios4. i ■ : ' ;

3. J.M. Samper, op. cit, p. 116.


4. J.M. Samper, op. d t.‘,p'. 120.
2. LAS CONSTITUCIONES DE LA GRAN COLOMBIA >:

El segundo Congreso Nacional de Venezuela tuvo dos sesio-}


nes en el año de 1819 y ambas en A ngostura.D urante 1¿ ‘
primera, celebrada en febrero, la réducida asamblea escuchó el
famoso discurso en él cual Bolívar propuso su república exteri- ¿
sa, su patria grande, y con el cual sometió dos proyectos consti- '■
tucionales. Las deliberaciones fueron suspendidas cuando Bolí-
var y su estado mayor reanudaron la^ operaciones militares ei}..
el corazón de la Nueva Granada;
La segunda sesión se abrió en noviembre de 1839 con una.
representación ampliada y cuando el balance del poder militar
en el norte de Suramérica era claramente favorable para los
patriotas. El Í7 de diciembre fueexpedidala Ley Fundamental
de la República, de Colombia, también conocida como Ley <
Fundamental :de Angostara: la primera verdadera carta nació- ;;
nal y republicana en ía historia colombiana y uño de los cinco .
textos fundamentales de fa Gran Colombia. Era, sin embargo,..
una ley provisional pues el Congreso. Géneral de Colombia fue
convocado para el primer día del año;subsiguiente en Cúcuta.,
Desde entonces, ¿1 derecho público interno reserva el apelativo /
de ley fundamental para toda eafta temporal.
La Ley de Angostura tiene catorce artículos y se abre con uná vi
fórmula solemne: . . . . ..... - -

El Soberano Congreso dé. Venezuela, a cuya autoridad han ..


. querido voluntariamente sujetarse los pueblos de la Nueva Gra- •.
nada recientémente liberados por las armas de la república [.„] ..
;/'• decreta:'. • _ .•
Artículo 1. Las Repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada>:
quedan desde este día reunidas en una sola bajo el título glorioso ' .
de República de Colombia.

Aunque bolivariana en esencia, la idea de la república am­


pliada tiene dos precedentes casi olvidados: la misión enviada
por la Junta de El Socorro a Caracas ,a fines dé 1810 y comien­
zos de 1811, y el tratado Lozano-Cortés de Madariaga, suscrito
en mayo 28 de 1811 entre los gobiernos provisionales de Cara-
cas y Santa Fe y concerniente a una Alianza y Federación de los
dos territorios5. . ..

5. D. Uribe Vargas, o p .x it, yol. I, pp. 75 y 76.. . . .


Además de la unión de las repúblicas, la Ley Fundamental
éstáblece un poder ejecutivo tanto para Colombia como para
sus tres departamentos (artículos 4 y 6). Convoca al Congreso
General un año después y dispone que lá constitución definitiva
se forme con base en la Ley Fundamental misma (artículos 8 y
9). .
Después de Angostura y antes de. Cúcuta, el gobierno provi­
sional dé la nueva república expidió varios decretos, entre los
cuales se destáca el de enero 11 de 1820 por el cual se declaraba
abolida la esclavitud. Muchos atribuyen su autoría a Bolívar,
que era abolicionista declarado6. El Congreso de Cúcuta, sin
embargo, aprobó apenas una ley de libertad de vientres o
partos, y la esclavitud sobrevivió hasta 1851.
La asamblea de. Cúcuta, integrada por sesenta y un represen­
tantes de los tres departamentos grancolombianos, sólo pudo
instalarse en mayo de 1821. Y el 12 de julio proclamó una Ley
Fundamental de lá Unión de los Pueblos de Colombia, que es
una ratificación de la Ley de Angostura y al mismo tiempo una
anticipación de la carta permanente que constituía el único
objeto de la reunión..
La Ley de Cúcuta consta igualmente de catorce artículos,
siete de los cuales son idénticos a los de la Ley de Angostura. Y
sin embargo, esta vez el lenguaje es más audaz y más claro: el
documento anuncia lá reunión de la Nueva Granada y Vene­
zuela en “ün solo cuerpo de nación” y “bajo el pacto expreso de
que su gobierno será ahora y siempre popular representativo”
(artículo 1). Más aún, el artículo 3 establece que:

La nación colom biana es para siempre e irrevocablemente


libre e independiente de la monarquía española y de cualquiera
otra potencia o dominación extranjera. Tampoco es, ni será
nunca, ¿1 patrimonio de ninguna familia ni persona.

De igual modo, según el artículo 7, el presente Congreso debe


formar la constitución de la república conforme a las bases
mencionadas y a “los principios liberales que ha consagrado la
sabia práctica de otras, naciones”.. Otras cláusulas; atañen a lá
consolidación de la deuda pública de las antiguas colonias, que
sería uno de los problemas más complejos que afrontaría San-

6. El texto aparece en J.M. Samper, op. cit., vol. X, pp. 131-134.


tánder (artículo 8)7; y a la erección de una nueva ciudad
capital, lo cual nunca ocurrió (a rtícu lo 10).
La esperada constitución fue redactada por un Comité en el;:
. cual las figuras dominantes eran Vicente Ázuéro y José Manuel;;
Restrepo. La contribución del prirpero resultó decisiva, según
el segundo8. Estos dos personajes —el principal santaiideristay ;
el principal bolivariano, el primerconstitucionalista y el primer .
historiador, la eminencia gris de Santander y el Secretario del
Interior de Bolívar— trabajaron juntos en el primer código
político completo del país y quince áñós más tarde se enfrenta­
rían en la celebrada polémica Sobre Bentham entre El Constituí
cional de C undinam arcay E l Constitucional de Popayán.
Esta tercera carta del periodo y. quinta de la historia fue
expedida en agosto 3Q de 1821. Tiene ciento noventa y un
artículos en diez títulos y es la prim era que puede ser calificada
de nacional y republicana, a la vez completa y permanente.
Com paradas con ella, las cuatro cartas precedentes —los dos
instrum entos provinciales de 1811 y las dos leyes preparatorias •
de la Gran Colombia— no son más que ensayos generales,.
ejercicios preliminares de política constitucional. Sin embargo,.
a pesar de su nominalismo y voluntarismo, tales documentos
sirvieron para crear un espacio, definir; un lenguaje, foijar una
estructura y no sólo para el aparato institucional sinottambién
p a ra la batalla normativa. L a constitución de Cúcuta está
entonces basada en los textos anteriores y en la constitución ...
española de Cádiz9.
Los títulos I y II definen los fundamentos del régimen: la
nación, los nacionales, el territorio y el gobierno. El artículo 1
reproduce la vibrante declaración de libertad e independencia
de la Ley Fundamental de la Unión de los Pueblos de Colombia
citada antes. El artículo 2 establece una délas constantes estruc­
turales y radica la soberanía en la nación. .El artículo 8 divide el
territorio en departamentos, provincias, cantones y parroquias.
El artículo 9 establece que el gobierno de Colombia es popular
representativo. Y el ártíeulo 10 dispone que el pueblo sólo está
autorizado para ejercer una atribución derivadá de 1¿ sobera­
nía, a saber, intervenir en las elecciones primarias, con lo cual se
fu n d a una república y no una democracia.

7. Véase D. Bushnell, op. cit., cap. VIII, pp. 141-157.


8. Véase T. Mckennan, op. cit., p. 103. .
9. Véase D . Uribe Vargas, op. cit., vol. I, p. 85.

1íA
K; El Título III diseña u|n elaborado sistema dé elecciones indi-,
2 rectas que restringe aún más lá ya restringida párticipación
; : popular en elfuncionamiento cotidiano del nuevo régimen. Son
' ■sufragantes únicamente los varojnes casados o mayores de vein-
' tiún años, que sepan leer y escribir y tengan propiedad o
negocio o practiquen una¡ profesión (artículo; 15).
■ El Título IV describe (un legislativo bicameral facultado para
expedir leyes en todos lós campos (artículo 55,). El Senado está
‘ formado por cuatro senadores por cada uno de los departamen­
tos y la C ám ara de Representantes se compone de un número de
. diputados que es proporcional alia población de cada provincia
(artículos 84 y 93) j Adijcionalmente, la Cámalra alta tiene una
función judicial alipascj que la Cámara baja tiene una función
instructora (artículos 89y 97). E|n esta materia, sin embargo, la
regla clave es el articulé 64 que dice que los senadores y repre­
sentantes tienen caráctep nacion^ly no departamental o provin­
cial. Tal postulado de jirrespoiisabilidad congresional sé en­
cuentra vigente hoy eii el artícjulo 105 constitucional, como
señalamos arriba. j ] í
El poder ejecutivo de la Gran Colombia, de acuerdo con el
Título V de la constitución de Gúcuta, reside ren un presidente
elegido por las asamblejas electorales de las provincias para un
período de cuatro años;|la reelección está prohibida después del
segundo término consecutivo (artículos 34,105 y 107). El presi­
dente tiene amplias facultades, incluyendo la ley marcial, pero
debe oir el dictamendel Consejo de GobiémO|¡ integrado por el
, vicepresidente, loscincó secretarios de Estado y un ministro de
la Alta Corte de Justicia (artículos 113 a 128j 133 y 134).
El Título VI tiene qiue ver con la justicia, cuyos aspectos
destacados son: una. Alta Corte.dé Justicia cok cinco ministros
o magistrados, cortes isuperiores pata los departamentos y
juzgados inferiores para las provincias y los cantones (artículos
140,143, 147 y 14^).
La organización interior de la república está arreglada de tal
modo que departamentos y provincias son meras divisiones
administrativas, sin podjer decisorio alguno y totalmente depen­
dientes del gobierno nacional ejn Bogotá. En; efecto, el Título
VII dispone que los intendentes departamentales y los goberna­
dores provinciales’seani de libre Inbmbramienío y .remoción del
presidente y que las administraciones territoriales y sus autori­
dades estén subordinadas a la nación (artículos 151 a 153).
Todos los glosadores de la carta de Cúcuta concuerdan en que
M*
tal es el problema central de Colombia la Grande: su extremado
centralismo10*. Y no sólo el centralismo político, que quizá
estaba justificado por la trágica experiencia de la reconquista, o;
era inevitable por la pesada herencia de la colpnia, sino además
el centralismo administrativo, que fue repudiado por Quito y
Venezuela desde los orígenes de la república extensa. A pesar de;
una ley expedida por el Congreso en 1825 para transferir algu­
nas facultades de la nación a los departámentos y las provin­
cias, esta rígida centralización se mantuvo como el rasgo distin-:
tivo déla Gran Colombia y fue la causa principal del fracaso del;
sueño boliyariano:

En realidad, las razones para.la creación de una Colombia


unida deben buscarse esencialmente en una com binación transi­
toria de factores: ante, todo, estaban las exigencias de la guerra
con España y la voluntad personal dé Bolívar sum ada a su
prestigio. Por lo demás, la Gran Colom bia era aceptada com o
un noble ideal, pero las necesidades esenciales a que ella respon­
día podían ser igualmente satisfechas, si no mejor, por la organi­
zación política de unidades Racionales más pequeñas11.

Jaime Jaramillo Uribe otrece afortunada síntesis del proble-


na:

La unión de los tres estados nunca había sido sólida y durante


los años de la guerra se mantuvo gracias al prestigio v la volun­
tad del T.ihertadnr Las economías, las estructuras sociales y los
antecedentes históricos de las tres naciones eran muy diferentes.
La Nueva Granada, centro del antiguó virreinato, poseía una
economía mineral, con elementos manufactureros de alguna
consideración. La población, casi igual a la mitad de la Gran
Colombia, era mestiza casi en su totálidad, pues él elemento
indígena puro era relativamente poco (alrededor de ciento trein­
ta mil indígenas, en un total aproximado de un m illón ochocien­
tos mil habitantes) y.lo mismo ocurría con los esclavos. Además,
tenía un numeroso grupo de núcleos urbanos donde se había
desarrollado una incipiente clase dirigente capaz de exigir parti­
cipación política y burocrática en la conducción del Estado. En
Venezuela, en cambio, una fuerte econom ía agrícola de planta­
ciones, trabajada con numerosa mano de obra esclava, producía

10. Véase J.M. Samper, op. cit., vol. I, pp. 152-154 y D . Uribe Vargas, op. d t.,
al. I, pp. 88-89. -
13. D. Bushnell, op. dt-, p. 423.
, géneros párala exportación, especialmente cacao. El Ecuador,
con mayoritária población indígena y economía artesanal y
agrícola, tenía sus intereses vinculados al comercio que se hacía
por el puerto de Guayaquil. Las comunicaciones entre las tres
• ' regiones fueron difíciles durante la colonia, de manera que a
pesar de la vecindad geográfica las tres regiones se desarrollaban
aisladamente. Estos factores diferenciales crearon un fuerte
sentimiento regional que a la postre se convertiría en conciencia
nacional. A todo ello se agregó la tendencia disgregad ora que
favorecía los intereses de caudillos y^gamonalesjlocales12.

Determinar si el centralismo constitucional produjo la desin-


. tegración de la Gran Colombia o si ello obedeció a que las
diferencias nacionales no se plegaron al supranacionalismo
bolivariano es una cuestión de especulación histórica. No obs­
tante, tras la secesión venezolana y ecuatoriana en 1830, la
Nueva Granada se obstinó en su propio centralismo. Y el país
tiene hoy un problema regional tan ignorado e insoluble como
el problema nacional de la Gran Colombia.
En cuanto al resto de la carta, el Título VII (curiosamente
denominado “Disposiciones Generales”) contiene un amplio
catálogo de derechos (artículos 156 a 184), el Título IX regula el
juramento de los empleados y, por fin, el Título X gobierna la
aplicación de las leyes antiguas y la interpretación y reforma de
la constitución.. La última sección merece algún comentario.
Al igual que el artículo 72 del Acta de Confederación de-1811,
la constitución grancolombiana incluye una convalidación ge­
neral del derecho colonial en su artículo 188, en un gesto de
pragmatismo jurídico que aplazó la adopción de una legisla­
ción liberal hasta 1850, aproximadamente.
El Congreso tiene la facultad de interpretar y reformar la
carta cuando lo estime conveniente, según los artículos 189 y
190, pero en la cláusula final, que Benthain llamaba la regla de
infalibilidad o inmutabilidad y que provenía al parecer de la
constitución de Cádiz de 1812, se difería cualquier enmienda
por diez años13. Así, el artículo 191 no sólo niega lo que el
artículo 190 afirma sino que se convierte en motivo de una
discusión erudita primero y de un conflicto político luego entre
bolivianos y santanderistas. En efecto, esta norma fue el campo

12. J. Jaramillo Uribe, op. cit., p. 31.


13. Véase T. Mckennan, op. cit., p. 107.
de batalla en la lucha por el poder durante los años 1827 y 182$
cuando los hombres del presidente intentaban imponer la cons­
titución boliviana mientras los.hombres del vicepresidente tra­
taban de promover una Convención Constituyente varios, años
antes del término previsto por el artículo 191. Porque ambas
facciones estaban descontentas con la constitución de 1821: el
grupo de Bolívar porque no era bastante autoritaria y el grupo
de Santander porque no era bastante federalista. Al final, $e
llegó a una precaria transacción y la Convención fue convocada
en Ocaña para comienzos del año 28.
La asamblea de Ocaña fue incapaz de expedir una nueva
carta o de reformar la que regía y cuando levantó sus sesiones,
en junio de 1828, la república estaba aún más dividida. La
pugna entre la mayoría santanderista y la minoría bolivariana
se agudizó con la discusión de un proyecto, de constitución
presentado por Vicente Azuero el 21 de mayo de 1828. El.
proyecto era una versión federalista del texto de Cúcutá, tenía
trescientos quince artículos y es otra de las constituciones perdi­
das que los profesores y tratadistas han ignorado durante mu­
cho tiem po14.
El desenlace de Ocaña, como señalamos antes, fue trágico:
Bolívar expidió el Decreto Orgánico de la Dictadura, la facción
santanderista intentó asesinar al Libertador y el Hombre de las
Leyes fue desterrado por varios años.
Durante la abortada constituyente, el gabinete ministerial de
Bolívar gobernó al país pues tanto el presidente como el vice­
presidente estaban ausentes de la capital y separados de sus
funciones: el primero estaba en Bucaramanga, siguiendo las
turbulentas sesiones a través de una red de espías, y el segundo
estaba en Ocaña, actuando como convencionista a pesar de su
investidura vicepresidencial. Cuando la asamblea se clausuró
con el retiro de ía minoría bolivariana, el gabinete y el intenden­
te de Cundinamarca promovieron una junta de notables que
tuvo lugar en Santa Fe el 13 de junio y de la cual surgió un
manifiesto que pedía al Liber tador salvar la patria. Apárente­

l a El texto íntegro, junto con su exposición de motivos', aparece en Gui­


llermo Hernández de Alba y Fabio Lozano y Lozano (compiladores), Docu­
mentos sobre el Doctor Vicente Azuero, Imprenta Nacional, Bogotá, 1944, pp.
373-420. Algunos fragmentos aparecen en Oscar Delgado (editor), Antología
Política [de] Francisco de Paula Santander y Vicente Azuero , Colcultura,
Bogotá, 1981 pp. 357-364.
mente, otras poblaciones siguieron el ejemplo de Bogotá y el
/ presidente titular se sintió con Respaldo suficiente como para
declararse dictador a la manera ijomana, Entonces, a la manera
. colombiana, expidió un “decretó que debe servir de ley consti­
tucional del Estado hasta el año de 1830”.
y j Firmado el 27 de agosto de 18j28, el Decreto Orgánico perte-
1 nece a una categoría especial dentro de la historia y el derecho
de la constitución colombiana. Fue un acto de arbitrariedad y
su sola adopción derogaba la constitución de Gúcuta, que era la
norma en vigor aunque se encontrara bajo fuego cruzado. Y los
. acontecimientos que sobrevendrían (la conspiración septem­
brina, el destierro de Santander! las rebeliones regionales y, en
últimas, la disolución de la Gran Colombia), fueron tanto un
resultado de la entropía política!de la repúblipa extensa cuanto
una consecuencia de la desdichada decisión del Libertador. Y
sin embargo, el Decreto Orgánico era una regla autolimitante
que Bolívar bien podríano haber expedido. En cierto modo, era
una paradójica confesión de culpabilidad en un romántico
autoritario (“También yo soy liberal. Nadie lo creerá, sin em­
bargo”) que quiso creer en la democracia y el derecho hasta el
final. 1
Él texto está precedido de ocho considerandos y consta de
veintiséis artículos agrupados en seis títulos.: Las justificaciones
presentan, en un lenguaje terso é impersonal, las grandes expec­
tativas anteriores a la reunión de Ocaña y el desencanto general
posterior a la fallida asamblea. Bolívar afirma entonces que el
pueblo lo ha encargado de “la Sjuprema Magistratura para que
consolide la unión del Estado, restablezca la paz interior y haga
las reformas que sé consideren necesarias”. Puesto que “el voto
nacional se ha pronunciado unjánime en todás las provincias”,
asume el poder supremo de la rdpública como Libertador Presi­
dente. •; • 1
El Decreto concentra todas lás funciones relevantes en el jefe
del Estado y establecer un Consejo de Ministros y un Consejo de
Estado para asistir ah presidente (artículos 1, 2, y 8), lo cual
implica la supresión de la vicepresidencia y ;del Congreso. La
organización interior se modifica: los departamentos se trans­
forman en prefecturas y los intendentes en prefectos, dentro de
un centralismo cesarista (árts. l i a 14). Las normas sobre
administración de justicia las: expide el Consejo de Estado
(artículo 16). Y el ampüo repertorio de derechos ciudadanos de
) . ... ..... . . . .- ......................... . . ..
la cart§ dé Cúcuta se reduce a úna brevey-pálida lista (ártículosí ¿
17 a 2 4 )i; ■ . ' VV--- ' ' >'
Las dos últimas cláusulas son notables: el ártícúlo 25 corrige^
la omisión del constituyente de 1821 y.declara que “él Gobierno •;J
sostendrá y protegerá la religión católica, apostólica, romana . -:
como lá religión de los colombianos” y el artículo 26 confiere.
rango constitucional al Decreto y convoca a .una reunión de la
Representación Nacional en enero 2 de 1830 para dar una .
nuevá norma fundam éntala la república. En consecuencia, él V
documento;implica que él cuerpo constituyente debe ser ún '-''J
organismo .denominado de la.misma forma que el legislativo en •
la constitución cundinamarqúesa d e -181 i y limita su propia . s
vida normativa hasta la instalación de dicha asamblea, dieciséis '
meses'más tarde.:
Esté excepcional instrumento estuvo vigente como estatuto •
superior desde mediados dé 1,528 hasta principios de 1830: En >. .
1829; entretanto, hubo dos ocurrencias importantes qüe acele^; .-.
rarón la crisis final de la Gran Colombia. Fueron ellas las ;
extravagantes negociaciones adelantadas por el gabinéte de .
Bolívar ante varias cortes europeas con el propósito de conser. •
guir un príncipe coronado que gobernase n Colombia como , .
una monarquía constitucional, y la rebelión republicana del
general José María Córdoba, quien se levantó en armas por la. v
traición gubernamental con las creencias constitucionales del ;
país en que elproyecto de la monarquía consistía. Córdobá fue
asesinado por un aventurero irlandés a sueldo del gobierno y la
ideá del Imperio de los Andes fue desautorizada por el propio
Bolívar al advertir el celo excesivo con el cual sus ministros ,
habían interpretado su proyecto autoritario' para Colombia.
Este episodio ha sido ignorado por la mayoría de nuestros,
historiadores; quizá porque ilustra mejor que ningún otro el
delirio mesiánico de Bolívar y sus seguidores, en vísperas de la
muerte del Libertador y del colapso de la patria grande.
La quinta constitución gráncolombiana y séptima nacional, :
que tuvo muy reducida vigencia, si es que tuvo alguna, fue
expedida en abril 29 de 1830 por la Representación Nacional
que había convocado Bolívar en el Decreto Orgánico. Fue el
canto de cisne del sueño’bolivariano y lá fuente de inspiración
do la carta de 1886. La reunión del cuerpo constituyente fue tan
apacible que Bolívar lo calificó de Congreso Admirable. Había
treinta y Un diputados de la Nueva Granada, diez del Ecuador y
siete de Venezuela. La mayoría estaba presumiblemente identi-
fícada con el presidente pues la facción santanderista había
desaparecido desde los hechos del año 28 y el Libertador había
abandonado hasta cierto punto su política cesarista. Todo esto
ayuda a explicar el carácter moderado de la efímera constitu­
ción.
- . Cuidadosamente redactada, la carta de 1830 fue una respues-
.ta trágicamente tardía a la reivindicación federal que se levanta­
ba por doquier en la Gran Colombia. Más breve y más liberal
que la dé Cúcuta, habría sido un código eficaz si la patria
grande no hubiera resultado un proyecto impracticable por las
circunstancias y razones anotadas.
Tiene ciento sesenta y cuatro artículos (veintisiete menos que
la de 1821) dispuestos en .doce títulos y si bien diseña una
república unitaria y presidencialista con un legislativo bicame-
ral, un sistema electoral indirecto y un estatuto de libertades
controladas, incluye varias innovaciones que merecen glosarse
por separado15. En primer lugar, la constitución del Congreso
Admirable eleva la ley de patronato eclesiástico de 1824 a
canon constitucional de tal manera que el gobierno aprueba los
nombramientos clericales y recaudá los impuestos religiosos
(artículo 7)’ •
Segundo, el período presidencial se extiende a ocho años y se
prohibe la reelección inmediata (artículo 83).
Tercero, el Consejo de Estado inventado por Bolívar en 1828
se instituye como órgano consultivo (articuló 95 a 99) y se crea
una nueva autoridad: él Procurador General de la Nación o
Jefe del Ministerio Público (artículos 100 a 103).
Cuarto, se fortalecen los gobiernos regionales y locales al
establecerse cámaras de distrito y concejos municipales. Estos
cuerpos administrativos, formados por elécción indirecta, pue­
den postular al presidente candidatos para las gobernaciones
provinciales, las prefecturas departamentales y las cortes de
apelación (artículos 126 a 134).
Quinto, el Título XI (ahora adecuadamente intitulado “De
los derechos civiles y de las garantías”) presenta una declara­
ción de derechos singularmente comprensiva y progresista.

15. En lo sucesivo, puesto que el texto de 1830 establece un marco institu­


cional que se encontrará reproducido en la mayoría de las constituciones y
reformas posteriores* presentaré tan sólo los cambios sustanciales respecto del
esquema precedente.
Finalmente, el procedimiento de enmienda constitucional se;’-.'
aclara y mejora haciéndolo, un. antecedente directo del sistema ..
actual: una propuesta aprobada por el. Congreso en dos perío-;
dos de sesiones (artículos 160 a 162). Pero se establece úna,,
notoria excepción en la forma de una prohibición absoluta o' ;
disposición intangible: “El poder que tiene el Congreso para
reformar lá Constituci6n.no se extiende a la reforma del gobier-/
no, que será siempre republicano, popular, representativo, al- f
tentativo y responsable” (artículo! 64), • / '.
p C o n esta quimérica norma, que desafía la realidad y la lógica ..
Vpor igual, terminan la carta de 1830 y Colombia la Grande, u
Dentro del mes siguiente a la sanción del instrum ento, Vene-r ;;
zuela y Ecuador proclamaron su independencia de Colombia y •
el departamento central del régimen fallido volvió a ser una %
nación, la Nueva Granada, la. futura Colombia. Esta transí- :
ción, sin embargo, no se Cumplió sin conflicto.

3. LAS CONSTITUCIONES DE LA NUEVA GRANADA

I Hasta aquí hemos visto los agitados comienzos del constitu- ,


icionalismo colombiano: siete cartas en veinte años y una joven
[ tradición de gobiernos formalmente legítimos varias véces que-
¡ brantada y desafiadapor conflictos civiles. Estos primeros años
son testigos.del llenado del vacío por medio de la form ación de
un Estado nacional en una.antigua dependencia ultram arina
devastada por la guerra y asediada por la retórica republicana, ,
y luego en una precaria Unión de países que se debate entre la
conspiración y el despotism af- ""— *•
Y sin embargo, la nacm nnotchocheasmo qúe balbucea. Los
próximos cincuenta y cinco años van a ser tiempos de experi^
mentación social, cambios económicos y luchas legales. Los
veintiocho años que correspondería la Nueva G ranada colom­
biana, por así decirlo, son decisivos por dos razones: durante
dicho lapso (de 1830 a 1858), el país tiene . que entenderse
consigo mismo, dentro de sus propios límites, y la m inoría
dominante se divide en los dos partidos tradicionales o gober­
nantes y propone su primera estrategia coherente de autolegiti-
mación o proyecto de hegemonía en la llam ada crisis del medio
siglo (1847-1854). Cuatro constituciones rigen eh este período:
la Ley Fundamental de la Nueva Granada de 1831 y las tres
constituciones neogranadinas de 1832, 1843 y .1853.
1 .
/ > 7
v 'Mientras Bolívar renunciabaja la presidencia y tomaba el.
i>jctóiino del exilio y la muerte, uno de sus generales, el venezola- .
. no Rafael Urdaneta,. declaró la guerra contra Domingo Calce-
do, el presidente encargado, y poco después; lo: depuso para
- convertirse en gobemarite.cfefac to de una república qüe ya no
. incluía ni á Venezuela ni a Ecuac or, El usurpador gobernó a la
Nueva Granada de septiembre d i 1830 a abril de 1831 cuando,
f sitiado por una opopcióp. unánime, negoció la jdevolución de la
• presidencia á Caicedo ¡a trayé.^ del. misterioso1Acuerdo de
Apuío. En mayo 7 de 1831., Caicpdo invocó la constitución del
Congreso Admirable para convcjcar una Convención de Dipu-
. tados délos departamentos.neogfanadinos —Ántioquia, Boya-
cá, Cauca, Cundinamarca, el Istjmo. y Magdalena-^ que diera
>una nueva carta a la república. ' .
- La Ley Fundamental del Estado de la Nueva: Granada fue
expedida el 17 denoviem bre d¡e 1831. Se trata de un breve
instrumento que declara que “las provincias del centro de
Colombia forman iin Estado con el nombre de Nueva Grana­
da” y que tal entidad ;será constituida y organizada por la
propia Convención (artículo 1). Adicionalménte, el estatuto
apela al principio del utipossideiis juris para fijar las fronteras
(artículo 2), manifiesta su buena voluntad ¿acia Venezuela
(artículos 4 y 5), y reconoce la déuda pública én la proporción
que correspónda al nuevo, Estadio (artículo 6):
En diciembre 15 de 1831, la Convención prqjduj o. un Decreto
Legislativo sobre Gobierno Provisional, de la Nueva Granada
que ordenaba la observancia de¡ la constitución de 1830 hasta
tanto no sé adoptara otra, que la sustituyese, y garantizaba la
continuidad de las autoridádes en ejercicio. iLa Convención
también eligió a Santander, quien a la sazón se hallaba en
Nueva York de regreso de su exilio europeo, como primer
presidente constitucional ;del nuevo régimen ;p ara el período
1832-1837. i' . I . i
Cuando el. Hombre dé las Leyes se repatrió como presidente
electo y líder indiscutiblé.de la cláse dirigente,.la Convención ya
había aprobado la.constitución permanente anunciada por la
Ley Fundamental de 1¿31. Sancionada en febrero de 1832, la
carta es una copia, casi ¡idéntica de la que había elaborado el
Congreso Admirable en 1830, salvo en un.aspecto: la adminis­
tración territorial.;Una vez m^s bajo la influencia de Vicente
Azuero y de un joven y talentoso jurista de nombre Florentino
González, los departamentos son reemplazados por las provin­
cias ytlas cámaras, provinciales y los concejos municipales son ’
investidos de amplias facultades para intervenir en los nombra-. *»
mientos de gobernadores y jueces y en las elecciones de señad o-;-
res y representantes; para promover él progreso y él bienestar; y, ;,
para supervigilar 1¿ administración de los asuntos públicos, ó
(artículo 160). Otras características del estatuto son la supre-v
sión de la Procuraduría General dé la Nación, la adopción dé

graneolombianos eri tántono fuesen incompatibles con la cons-


titución^misma (artículos 198,109y219).
- I La segunda administración de Santander estuvo marcada
/ por una circunstancia negativa: la ausencia de Bolívar. El vacío *
| de poder dejado por el Libertador fue ocupado entonces por el
* Hombre de las Leyes y su círculo interior de abogados y buró-
. cratas, muchos de ellos Ebrepensádores y masones, hasta el
puntó de que lafacciónbolivarianadesápareció por ún tiempo
y la única oposición que la administración hubo de afrontar fue
uña conspiración militár sofócádaeñ 1834. Diecisiete personas
fueron sumariamente juzgadas, condenadas y fusiladas en uno
de los más debatidos episodios d e'la gestión santanderista
durante la Nueva Granada. j[ r~rrr^
En.general, la administración se dedicó a la educación públi­
ca y al fomento agrícola. Constituye una tradición afirmar que
las primeras grandes plantaciones de café y tabaco; dos renglo­
nes que serán los pilares del comercio exterior de. Colombia* se
establecieron en estos años con ayuda oficial.
Santander entregó la presidencia en 1837. a su antiguo vice­
presidente José Ignacio de Márquez, quien fue elegido para
gobernar hasta 1842. Durante su oscuro mandato, surgió Una
división burocrática en el seno del ministerio, qüe se reflejó
también en la clase dirigente en general: el conflicto entre
bolivarianos o ministeriales y. antibolivarianos o antiministe­
rialeslfi. Los primeros estaban a la derecha de Santander y eirán
leales a Márquez;.los segundos estaban a la izquierda de San­
tander y se oponían a Márquez, especialmente por la. reticencia
del presidente a incrementar la devolución dé poderes a los

, 16. Véase Fránk Safford, Aspectos del siglo X IX en Colombia, Ediciones


- Hombre Nuevo, Medellin, 1977, pp. 153, 199: y “Formación de los Partidos
Políticos durante la Primera mitad del siglo X IX ”, en Varios, Aspectos Polé­
micos de la Historia Colombiana del Siglo XIX, Fondo Cultural Cafetero,
Bogotá, 1983, pp. 11-28.
gobiernos regionales y locales, como proponían los federalis-
• tas. Santander mismo, en ese entonces líder del Senado, estuvo
detrás, de la oposición a su sucesor, hasta su muerte en 1840.
Entretantp, en otro desarrollo sin relación aparente, en el sur
del país estalló la guerra civil cuando la administración M ár­
quez clausuró cinco conventos y los destinó a la instrucción
pública.. Lo que se inició entonces como la Guerra de los..
Conventos se convirtió muy pronto en la Rebelión de los Supre­
mos, cuando el motín instigado por la iglesia fue empleado por
los contenciosos herederos de Santander, los líderes emergentes
de la Nueva Granada, no sólo para combatir al gobierno sino
también y sobretodo para tratar de ocupar el vacío de poder
dejado por e f último de los padres fundadores. Esta tercera
guerra civil fue ganada (si es que una guerra civil puedé ser
ganada) por el ¡gobierno en 1841, tras tres años de violencia.
Pero los Supremos (Obando, López, Mosquera y Herrán) no
sólo sobrevivieron sino que además lograron tom ar las riendas
del poder durante los siguientes veinticinco años17.
En la medida en que la guerra civil fue atribuida a la constitu­
ción de 1832 y en particular al desequilibrio que ella generó
entre las poderosas provincias y el débil ejecutivo nacional, una
nueva carta erá de rigor. Tal fue, al menos, el argumento
esgrimido por el siguiente presidente, Pedro Alcántara Herrán,
al proponer una revisión completa del código político al Con­
greso de la Nueva Granada. Más aún, tal ha sido el pretexto
para las más de las constituciones y reformas. Empero, aunque
la carta sea vista como causante del conflicto, ello no quiere
decir que la guerra civil sea descartada como expediente lícito
. para zanjar las diferencias. Muy por el contrario.
Herrán, el primero de los Supremos en llegar a la presidencia,
simpatizaba con los ministeriales de la administración de Már­
quez, que profezabari ideas derechistas. En la reforma educati­
va qué.precedió a la nueva constitución, Bentham fue prohibi­
do otra vez, muchas escuelas y colegios se confiaron a la iglesia

17. Alvaro Tirado Méjía ha demostrado que los Supremos eran parientes
entre sí. En cualquier casó, todos ellos provenían de la rica provincia del Cauca,
probablemente la única en el país que tenía una economía de plantación basada
en la esclavitud. Los cuatro fueron coroneles y generales en las últimas batallas
de la guerra de independencia, luego se convirtieron en hacendados y final­
mente en políticos y presidentes. Este tipo de trayectoria ha sido desde entonces
muy común entre los miembros de la élite colom biana.'
. .... .

y á las órdenes religiosas; y los programas y textos de estudio •


fueron purgados de su orientación racionalista y secular. ' ‘
La nueva constitución, redactada por Mariano Ospina Ro-'
dríguez, autor de la reforma educativa y cofundador del partido.
conservador en 1849, fue expedida en abril 20 de 1843.
Reproducía el texto de. 1832 en la mayoría délos aspectos, '
aunque es más breve (ciento setentay dos artículos en compara­
ción con los doscientos diecinueve de áquélla), más sobria y
más sabía pues remitía a las leyes del.Congreso las regulaciones
específicas en muchos asuntos estratégicos que hasta entonces
eran gobernados por la carta misma- Restringe drásticamente
los poderesde las cámaras-de provihcia-y convierte a los gober-
nadoreS provinciales en agentes personales del presidente (ar­
tículos 131, 132,135 y 139). Se observan además dos innovacio­
nes formales, que tend rán señalada importancia en los años por
venir: el establecimiento de.un designado por el Congreso para
suceder ai-presidente y al vicepresidente en caso de ausencia
(articuló 99) y la introducción del término “acto legislativo”
para denominar un proyecto dé reforma constitucional (artícu­
lo 1 7 0 ) , . '
En los demás aspectos, la tercera constitución dé la Nueva
Granada implicaba la continuidad de la estructura estatal insti­
tuid a por los instrumentos anteriores.
La cuarta y última carta de este período fue adoptada diez
años después, en 1853. En elinteryalo tuyo lugar uno de los más
críticos procesos de cambio social y económico en la historia de
Colombia: la llamada crisis del medio siglo. Lá principal carac­
terística de la crisis, que se extiende aproximadamente entre
1847 y 1854, es la emergencia de una nueva clase social —los
comerciantes. y exportadores de materias primas dél sector
agropecuario— que crea su propia fuerza política —el partido
liberal—, que consigue el control del gobierno y entroniza una
nueva élite —el Olimpo Radical— y que lanza un ambicioso
conjunto de reformas con miras a terminar la guerra de inde­
pendencia desmantelando las instituciones coloniales. Esta se­
rie, de cambios conduciría al país al capitalismo, al liberalismo
radical o radicalismo a la colombiana, y al federalismol8. .

18. Véase en general Luis Ospina Vásquez, Industria y Protección en


Colombia , Editorial Santa Fe, Medellín, 1955; Luis Eduardo Nieto Arteta,
Economía y Cultura en la Historia de Colombia , Editorial La Oveja Negra,

¿ ¿ T ''
En. el ferreno constitucional y de acuerdo con nuestra hipóte­
sis de trabajo isobre el uso del reiormismo jurídico como estrate­
gia ideológica para la prevención del p.oder'popular y la pro­
ducción de hegemonía estatalj la crisis del medio, siglo no fue
más que el resultado de la primara tentativa para modernizar la

capitalista, preliberal o prerrepjublicano que hubiera permane­


cido en la fábrica social cuarenta años después de romper el
vínculo colonial. P icha tentativa puede calificarse de proyecto
de hegemonía o estrategia de autolégitimáoíón. Más aún, si
resulta posible plantear esta historia entera en términos de una
búsqueda de continuidad, y estabilidad por medio delreformis-
mo constitucional, ello se debjs a que la mayor parte de las
cartas establecidas y reformadas comparten (algunos denomi­
nadores comunes que permitenjagruparlas en tres grandes pro­
yectos de hegemonía o estrategias dé autólegitimación. Ha
habido, en efecto, un proyecto lijberal, un proyecto conservador
y un proyecto liberal-conservador o frentenacionalista. El pro­
yecto liberal es formulado por eí Olimpo Radical en la crisis del
medio siglo, aunque sufre un ensayo general en las dos adminis­
traciones de Santander, y se plantea de nuevo en la República
Liberal de 1930 a 1946. El proyebto conservador tiene sus.raíces
en los gobiernos de Bolívar, Márquez y Herirán, pero sólo se
despliega en la Regeneración ((1886-1903) yien la República
Conservadora (1903-1930) y otrja vez en la llamada Hegemonía
Conservadora, entre l94ó y 195^. El proyecto del Frente Nacio­
nal, precedido por todos los gobiernos de coalición bipartidista
(1854,1880,1910, ¡1930 y 1946) fes la ideologíá dpminante en el
régimen cólombiáno desde. 195?. . '•
Dicho de otro modo, tan sólo,alrededor dé 1850 existen las
condiciones materiales para imponer desde el Estado y a través
del derecho lo que Fernando de |Trazegnies llama una moderni­
zación tradicionalista, es decir, íin proceso dé actualización de
la estructura social promovido j>or el liderazgo tradicional sin
el beneficio de una revolución niveladora, ni siquiera de un
mercado nacional:!

Bogotá, 1970; William McGreevey, Historia Económica cié Colombia, Edicio­


nes Tercer Mundo, Bogotá, 4976; G em ido Molina, Las Ideas Liberales en
Colombia, vol. I, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1970;'y Germán Colmena­
res, Partidos Políticos y Clases Sociales en Colombia; .Universidad de los
Andes, Bogotá, 1968. 2
* Mientras la modernización capitalista se produce desde aba-f¿?
jo, por la presión de la burguesía— algunas veces de m¿nera?¿£;
violenta como en Francia^ otras por medio .de' un armisticiú$*¿
previo, sustitutivq de la guerra social,com o en Inglaterra— c á e l a s
Perú la modernización se hace desde arriba, sin crear uná búr- K :^
guesfa como tal. sino a través dé ün .estrato intermedio que es' '; í>
ideológicamente parasitario de la aristpcrácia [...) Así, p a r it á ^ :
liderazgo tradicional, resulta neeésario preservar eí coritroldél %'■*
acceso a las nuevas ideas; esto a su. vez exige mantener patrones
tradicionales de. vida para las mayorías, nacionales. E implica . ; . ;
también que .se elimina la posibilidad d e creár un mercado''-,
interno y que en consecuencia, se.pospone la industrialización!
La solución económica natural ai problema es entonces pródu- V-
cir para el comercio exterior1:9.. . • '/-V;.?

Tal fue precisamente el casó cóii la generación que. llegó al,


gobierno en 1849: acometió úna modernización .tradicioná-;
lista con el propósito de vincular ál país a la división internar.. '
cional del trabajo2? y reorganizar al ínismo tiempo el Estado '
según la fórmula federál. Ambos objeti vos servían los intereses ...
délas oligarquías regionales en ascenso, que se dedicaban cada >
vez más al comercio y a las exportaciónes y se afiliaban al recién
fundado partido liberal. .
Elfactor desencadenante de la crisis fue la-adopción en 1847 .:
de una nueva política económica de libre cambio por la admi- :
nistración de Tomás Cipriano de Mosquera, quien sucedió, a
. Herrán de 1845 á 1849; El Secretario deHacienda era entonces •
Florentino González, autor o coautor de tres constituciones
(las de 1832, 1853 y 1858),: quien ofreció ál Congreso el ;
siguiente argumento para el famoso decreto del libre cambio: •

Debem os ofrecer a la Europa las primeras materias y abrir la


pueijta a sus manufacturas, para facilitar los cambios y el lucro .1920

19. F. de Trazegnies, Las Tribulaciones de la Idea:.Preocupaciones en Tomo


a la Idea del Derecho en el Perú Republicano, del Siglo XIX, mimeo, Bogotá,
. 1982, pp. 12 y 13. .
20. “La división internacional del trabajo Consiste en que unos países se
especializan én ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy
llamamos América Latina, fue precoz: sé especializó en perder desde los
remotos tiempos en que los europeos del Renacimientose abalanzaron a través
. del mar y le hundieron los. dientes en la garganta”: Eduardo Galeano, Las
Venas Abiertas de América Latina, 5a. edición, Siglo XXI Editores, México,
1973,p. 3. . '
que traen consigo, y para proporcionar al consumidor, aprecio
cómodo, los productos de la industria fabril Riqueza no se
•obtiene sinb.produciendo cosas que se puedan vender con utili­
dad, como nuestros tabacos, nuestros azúcares, nuestros añiles,
el café, el cacao, el algodón, las maderas preciosas, el oro, la
plata, y el cobre [...] Para sacar a este país de la senda tortuosa
de las rutinas, pata encaminarlo por la vía amplia y recta de los
principios21.

Esta nueva-política tuvo un impacto devastador en la eeo-


. nomíá artesanal o de subsistencia que el país tenía en tanto la
; producción interna de alimentos y artesanías no pudo hácer
frente a lá ruinosa competencia de las manufacturas importa­
das de Europa. Como resultado, los artesanos se movilizaron
contra el gobierno y empezaron a organizar los primeros sindi-,
catos en lá historia nacional, las llamadas Sociedades Demo­
cráticas, que jugarían un papel decisivo en la arena pública erj.
los años por venir22.
A mediados de 1848, en un periódico de Bogotá llamado El
A viso. Ezequieí Roias^nublicó un artículo intitulado “La
Razón denúV óto”, considerado como el acta de fundación del
partido liberal. El discípulo de Bentham y jurista santanderista
ofrecía un credo ideológico para los nuevos mercaderes y polí­
ticos radicales: abolición de la esclavitud; libertad absoluta de
imprenta y. de. palabra; libertad religiosa; libertad de ense­
ñanza; libertad de industria y comercio, incluso de armas y
, municiones; desafuero eclesiástico; sufragio universal, directo
y secreto; supresión de la pena de muerte y dulcificación de los
: castigos; abolición de la prisión por deudas; juicio por jurados;
disminución de las funciones del ejecutivo; fortalecimiento de
las provincias; abolición de los monopolios, los diezmos y los
censos; libre cambio; impuesto único y directo; abolición del
ejército; expulsión de lós jesuítas23.
Esta plataforma doctrinal, en la cual se advierte lainfluencia
del romanticismo.político y del primer socialismo europeos,
• sirvió no sólo para catalizar el liderazgo ascendente del Olimpo

21. F, González, “En Defensa del Sistema de Librecambio” (1847), en


Gonzalo España (Comp.), Los Radicales del Siglo XIX: Escritos Políticos , El
Ancora Editores, Bogotá, 1984, pp. 40, 41 y 43.
22. Véase Miguel Urrutia, Historia del Sindicalismo en Colombia, Editorial
La Carreta/Universidad de los Andes, Bogotá, 1976, caps. I-III, pp. 25-67.
23. Citado por G. Molina, op. cit.,.p. 26.
R.adical sino también para conseguir la victoria en la elección
presidencial de 1849! Poco después de la posesión de José
Hilario López, otro de los Supremos, como primer presidente'
liberal y partidista de la república, dos dirigentes del grupo
derrotado publicaron un “Ensayo sobre los Partidos Políticos
enla Nuevá Granada” en La Civilización de Bogotá, en agosto
de 1849. De esta guisa, Mariano Ospina Rodríguez y José ;
Eusebio Caro fundaron el partido conservador. Su artículo, al
contrario del de Rojas, no incluía un programa ideológico sino
apenas una crítica del ideario liberal y una invitación a respal­
dar la ley y él orden y a restaurar la auténtica tradición colom­
biana, a saber, la política bolivarianá24.
Ca naturaleza profunda de los partidos tradicionales colom-
/bianos está determinada hasta cierto puntó por su peculiar
•creación. Esta invención por la prensa, en efecto, con su apa­
rente espontaneidad, constituye una fundación verbal, una
creación retórica, que se refleja en su comportamiento histó­
rico a través de una política oratoria y una conducta camaleó-
nica, y especialmente en su manera inorgánica pero funcional
de hacer política. Porque ellos han sido y son todavía maquina­
rias electorales y no organizaciones de masas, coaliciones de
intereses y no formaciones de clase, clientelas burocráticas y no
comunidades democráticas.
En este cambiado y canroiñnte contexto de bipartidismo
emergente y descontento popular, la administración liberal de
López decretó varias importantes reformas que culminaron
con una nueva, constitución que las sancionaba y que a la vez
abría la puerta al federalismo. En efecto, en 1850 los resguardos
indígenas y el estanco ó monopolio dél tabaco fueron suprimi­
dos y en 1851 la abolición de la esclavitud y la separación entre
la iglesia y el Estado fueron decretadas25. .
Cuando el general José M aría Obando, el último de los
Supremos, asumió la presidencia de la Nueva Granada para el
período de 1853 a 1857, la cuarta caita del período estaba ya
lista para ser sancionada.
Ello ocurrió en mayo 20 de 1853. Compuesta apenas de
sesenta y cuatro artículos y negociada por los grupos en que se
hallaba a la sazón dividido el partido gobernante (Gólgotas o

24. Véase D . Uribe Vargas, óp. cit., vol. I., ppi 127-128.
25. Estas últimas dos medidas provocaron una rebelión conservadora sofo­
cada por el gobierno en 1851. Fue la cuarta guerra civil desde 1810.
O •
izquierdistas y Draconianos o. derechistas), la constitución ha
sido calificada dé centro federal o profederal por cuanto
supone la primerai ruptura significativa con la tradición hasta
entonces dominante de centralismo, presidencialismo, patro­
nato eclesiástico, derechos civilés limitados, elecciones indirec­
tas y restringidas y política económica proteccionista. Manuel
Murillo Toro,, líder del Olimpo Radical y coautor de la carta,
describía el movimiento reformistaque llegaba a su apogeo con
el texto recién ádoptadp como i a anticolonial.
Desde el preámbulo!, donde se invoca p o r igual a “Dios,
Legislador del Universp” y al pueblo, en una¡ ecléctica combi­
nación dé deísmo masónico y socialismo ¡temprano de la
segunda Revolución francesa de 1848, la constitución contiene
muchas innovaciones que hacen de ella no sólo el preludio de la
¿tapa federalista sino también y sobre todo el ¡más audaz expe­
rimento de democracia]constitucional en la historia del'país.
Los cambios afectan; principalmente los Capítulos I, VII y
VIII referentes á. derechos civiles, poder judicial y régimen
municipal, respectivamente. El Capítulo I, qije incluye el; esta-
tuto de derechos niás libertario tiasta la fecha!,. se abre con una
enfática declaración: !

El antiguo virreinato de la Nueva Granada, que hizo parte de


la antigua República de Colombia, y posteriormente ha for­
mado la República de la Nueva Granada, se constituye en una
República democrática, libré;soberana, independiente de toda
potencia- autoridad ó dominación extranjera, y que no es ni
será nunca el patrimonio de ninguna familia ni persona (artí-
culo 1).;

La diferencia decisiva entre eslta cláusula y el artículo 3 de la


Ley Fundamental de Cúcuta de; úlio 12 de 1821 y sus imitacio-
nes en los sucesivos estatutos es el adjetivo “democrático”. Es
ésta la primera y la última vez qule el astuto liderazgo partidista
ha osado definir el régimen colombiano como juna democracia.
Por supuesto, ni esta pi ninguna otra declaración normativa
tiene el poder de democratizar un sistema ¡social injusto y
bloqueado. Pero la min'oría gobernante siempre ha descrito la
nación como una ;república o un Estado de derecho, y los
redactores de la carta, d e.1853<querían honrar sú palábra, al
menos con un esfuerzo incomparablemente mayor que el de sus
predecesores y sucesores juntos.
/X
• Las libertades publicas incluyen el derecho a sufragar diréc-I
tamente por presidente y vicepresidente, magistrados de la
Corte Suprema, Procurador General,, senadores, representan- ■.
tes y gobernadores d e las provincias, que se ©torga a todos los; v
varones casados ©mayores de veintiún años, sin otras restric^, l'
ciones (artículos 3 y 13). Todas las demás garantías sérecono-
cen de manera igualmente ilimitada. . . ?
El Capituló VII establece, por so parte,.que los magistrados y
fiscales de los tribunales son elegidos por voto popular (ar-. ;
tículo 44); A la Corte Suprema se le confíala ánulación de las
ordenanzas municipales contrarias ¿ la constitución^ con lo .'
cual se restaura el precedente delaeonstitucióncundinam ar-.
quesa de-1811 {artículo 4.2). Y se restablece la. Procuraduría
General de la Nación (artículo 45).
Con todo, el centro de gravedad del estatuto, y del proyecto ’
hegemómco liberal, ¿sel CapítuloVIII que gobierna él régimen.;
municipal. Como reacción a la carta de 1843, cada provincia
queda dotada de “poder constitucional bastante para disponer
lo que juzgue conveniente a su organización, régimen y admi­
nistración interior” (artículo 48). Gobernadores y legislaturas :
provinciales son dé elección popular (artículo 50). Y las seccio- (
nes se rigen por sus constituciones en tanto ellas estén confor­
mes con el gobierno general y la constitución nacional.
José M aría S amper dice qué más de treinta cartas provincia- :
les fueron expedidas entre 1853 y 1854 y las clasifica en Cuatro =
tipos: conservadoras, moderadas, liberales y radicales. Entre .
las últimas,, las de El Socorro y Vélez deben mencionarse en .<
razón de sus audaces ümovaciones: mientras la una garantiza á
los menesterosos el derecho a la asistencia pública y establece
cabildos abiertos para su propia reforma, ia otra reconoce el .
sufragio femenino. El gran exégeta añade que ninguna m ujer.
de la provincia de Vélez hizo uso de su nueva libertad dé
votar26. •
El movimiento hacia el pleno federalismo y hacia el libera­
lismo económico apenas había empezado pero las contradic­
ciones políticas al interior del partido liberal y entre las Socie­
dades Democráticas y elgobier.no se resolvieron en un golpe de
Estado a principios de 1854. El general-José- M aría Meló,
comandante de la guarnición de Bogotá y Draconiano declá-

26. J. M. Samper, op. cit., y o l I, pp! 226-228!.


rado, depuso ai presidente Obando, también liberal derechista,
en un cüartelazoinéruento que tuvo lugar en la madrugada del
17 de abril» Se hadicho que este es el único golpe de Estado con
apoyo pppulár directo en Joda nuestra historia27. El hecho es
que Meló tenía amplio apoyo entre los artesanos de la capital y
que el objetivo estratégico de su efímero gobierno fue restaurar
el proteccionismo .económico y defender las artesanías contra
lo que veía como una trágica equivocación de las tres adminis­
traciones anteriores y de los Gólgotas..Meló fue derrocado én
noviembre de 1854 por ú n a coalición de liberales y conservado­
res que lo desterró,juzgó a Obando ante el Senado por indigni­
dad en él ejercicio de la presidencia y escogió a Manuel María
Mallanno, un. conservador caucano, como vicepresidente y
presidente encargado hasta el término del mandato en 1857.
Con esta primera coalición bipartidista sé cerró la crisis del
medio siglo, Lo que siguió fue la constitucionalización del
federalismo y el liberalismo radical.
La moraleja de esta parte de nuestra historia es que, apenas
cinco o seis años después de su fundación, los partidos gober­
nantes superaron sus diferencias y apelaron a la estrategia de la
coalición para hacer causa común contra un enemigo externo
que amenazaba su dominio sobre el Estado y la sociedad civil en
Colombia. La experiencia de 1854 constituye, pues, un prece­
dente normativo: el éónservatismo y el liberalismo sé relacio­
nan a través de una oscilación pendular por cuanto pasan de
una guerra civil a una coalición electoral y gubernamental y de
un Frente Nacional a u n conflicto armado en la medida en que
el balance dé fuerzas y poderes entré ellos y la probabilidad de
los procesos dé cambio social y poder popular se alteren o se
mantengan estáticos. Cuando están solos, sin competidores a la
izquierda o a la derecha o cuando el movimiento popular se
encuentra bajo control, los partidos tradicionales luchan entre
sí, aún hastaía guerra civil (la nación ha tenido once conflictos
armados de carácter bipartidista entre 1811 y 1957). Por el
contrario, cuando no están solos, cuando existen rivales en el
exterior del sistema o cuando el movimiento popular está fuera
de control, las dos fuerzas se alian y forman un frente común

27. Véase Orlando Fals Borda, Las Revoluciones Inconclusas en América


Latina 1809-1968, Siglo X X I Editores, M éxico, 1968 y Gustavo Vargas Martí­
nez, Colombia 1854: Meló, los Artesanos y el Socialismo, Editorial La Oveja
Negra, Bogotá, 1972. ,
para.su supervivencia en la dirección deí Estado, que ha termi­
nado por confundirse con la súpervivénciadel Estado mismo
(ha habido seis experiencias de coalición bipartidista de natura-;
leza preventiva o restauradora entre 1¿54 y 1957)2? .. ¡ '

4. LAS CONSTITUCIONES FEDERALES

La cuarta y última Constitución neogranadina no consiguió


crear la democracia política pero introdujo en lá estructura
jerárquica de la sociedad colombiana úna fuerza centrífuga que
condujo al país al federalismo y permitió así quelas bligarquías
provinciales de comerciantes y agroexportadóres realizaran
sus intereses estratégicos. El experimento radical fue, en conse­
cuencia, el resultado de una opción racional del. liderazgo
liberal y no un accidente o un acto de Dios, como han sugerido
los historiadores conservadores.que dominaron el panorama,
intelectual nacional después de 1880 y fabricaron una Leyenda
Negra en torno al Olimpo Radical y a su gestión histórica. En
otras palabras, en tanto el proyectó federalista fue derrotado
por la Regeneración en los campos de batalla de las armas y de
las constituciones, fueron los vencedores quienes, escribieron la
historia del liberalismo radical entre 1858 y 1886 presentándola
como anárquica, caótica y otros epítetos del mismo j a e j. El
hecho es, sin embargo, que fue un presidente conservador,
apoyado por un legislativo conservador, quien adoptó el fede­
ralismo formal y material como nueva estructura estatal para la
Nueva Granada éñ 1858.. Más aún, los conservadores se lucra- ;
ron del federalismo, en lo económico y en lo político, de la
bonanza tabacalera y de la devolución de poderes a las regio­
nes, tanto como los propios liberales. No importa cuán román­
tico o utópico pareciera entonces o parezca ahora, para ellos o
para nosotros, el liberalismo r adical fue la estrategia ideal para
gobernar la Colombia de 1850 y 1860 desde el punto de vista de
los dirigentes políticos, económicos y culturales del país2829.
Las tres cartas del periodo, las de 1858,1861 y 1863, pueden
verse como cristalizaciones progresivas del proyecto liberal de

28. Véase F. Guillén Martínez, La Regeneración: Primer Frente Nacional,


Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1986. .
29. Véase J. Jaramillo Uribe, op. cit., pp. 46-49.
hegemonía, que;quería remodelar él Estado para hácerlo lio
sólo federal sino además, laicp, libertario yj librecambista.
. Bajo la constitución de. 1853 hubo treintáiy cinco provincias.
A principios de 1855- algunas de ellas lograron agruparse en
unidades superiores llamadas estados soberanos y .conseguir
del Congreso leyes especiales que sancionaron dicho status. Tal
fue el caso de las proyincias de Panamá, Azuero, Veraguas y
Chiriquí que formaron el estado soberano de Panamá, precoz
en su vocación secesionista. En 1856, Antioquia obtuvo el
mismo régimen, y parafines de 1857 muchás de.las provincias
se habían transformádo en estados soberanos dentro de un
Estado unitario. En ¡estas circunstancias, i cuando Mariano
Ospina Rodríguez inició su mandato como nuevo presidente
constitucional de la Nueva Grjanada3(ren abril de 1857, el país
afrontaba una crisis constitucional de primera magnitud: la
república centralista albergabá cinco estados soberanos y vein­
titrés provincias dentro, del mismo marco institucional.
Por medio de ¡ún acto legislativo que facilitaba la reforma
constitucional y luego de qué catorce de las veintitrés provin­
cias manifestaron su ¡acuerdó con un cambio .de régimen, el
Congreso de la Nueva Granada aprobó la ^constitución de la
Confederación Granadina en inayo 22 de 1858.
Atribuida a Florentino Goiizález, el abogado del libre cam­
bio quién a la sazón se ¡desempeñaba como Procurador General
de la Nación, la ¡carta establece un sistema federal en ocho
capítulos y setenta y un artículos. Sus principales característi- :
cas se refieren a laform a del Estado y del gobierno, los derechos
civilesy elcontrol constitucional. i
Aireconqcer la federación cómo un hechoicumplido, el texto
establece ocho estados soberanos: Antioquiá, Bolívar, Boyacá,
Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá y Santander
(artículo 1). Los estados cuentan con una cláusula de poderes30

30. La elección presidencial de 1856, la única directa en todo el siglo XIX,


fue ganada por el fundadorjy jefe del-partido conservador a pesar de la amplia
dominación liberal que se dbserva duj ante estos años. Esta paradoja quizá se
explique tenida cuenta del carácter m ral y religioso ¡de la ciudadanía que
entonces hizo su debut como electorado. Mientras el sistema electoral se
mantuvo indirecto, ios liberales,, queprevalecían en la burocracia y las capas
ilustradas, conservaroriel control del gobierno;.mas cuándo se removieron los
intermediarios, ios conservadores, qué eran fuertes en el sector rural y conta­
ban con el aparato ideológico de la Iglesia católica, ítomaron la iniciativa
política y ganaron la presidencia. | I
Xfesiduales o intersticiales, similar a la pécim á Eñmiendaideiá;,
constitución norteamericana (artículo 8). Y el gobierno general;
tiene una jurisdicción limitada (artículo 15), ..
. De acuerdo con el precedente fijado por la carta de 1843, el
presidente debe ser reemplazado, cuando falte, por tres desig-
nados del Congreso, cuyo únicamisión es suceder al .titular dél
ejecutivo en sus faltas (artículo 42)/'.’. •\
El poder judicial puede suspender los. actos .de las legislátu-'.
ras de los estados por motivos de inconstitucionalidad y pasar­
los al Senado para su renovación o confirmación (artículo 50).
La declaración de derechos, recogida en los artículos 56,57 y.
58, conserva su carácter libertario y progresivo, que es uno de
los rasgos distintivos del credo político del Olimpo Radical.
En los demás aspectos, el documentó sigue el esquema insti­
tucional establecido cinco años antes.
El federalismo estaba, al fin, , en vigor. Al promulgar el
código de ía Confederación, el expresidente Mosquera, qué
ahora presidía el Congreso, dijo: “Hoy termina la revolución
iniciada el 20 de julio de 1810: han triunfado por. fin nuestras
virtudes cívicas”31.
Mosqueraniismo, sin embargo, no estaba satisfecho de que
el régimen federal, ese viejo sueño de Camilo Torres y Tenorio
y Francisco de Paula Santander, estuviera administrado por el
partido centralista. El, que representa como ningún otro
colombiano el prototipo del caúdillo sudamericano, se las
ingenió entonces para ásumir el control de la Confederación:
siendo presidente del estado del Caúca; se levantó en armas
contra el gobierno general que había invadido el estado de
Santander y depuesto a su presidente: y que había decretado
varias medidas sobre elecciones,.hacienda y orden público, las
“cuales eran calificadas de inconstitucionalesY tiránicas por los
insurrectos. La guerra civil se extendió a todo él país y tras un
año de combates, en julio 8 de 1861, Mosquera entró triunfante
a Bogotá en lo que constituye hasta ahora el único levanta­
miento armado ganado por los rebeldes en la historia nacional.
El federalismo iría aún más lejos. |__ _
El nuevo gobernante prometió colocar Otra véz a la ñación
en la ruta del liberalismo y para ello convocó un Congreso de
. Plenipotenciarios de los Estados; Al mismo tiempo, expidió

31. Citado por D .U ribe Vargas, op. cit.,. vol. I, p. 145.


I/'.
una serie de decretos que radicalizaron la política imperante:
expulsión de los jesuítas;- tuición de cultos; desamortización
de bienes de manos muertas o ¿xpropiación del latifundio
eclesiástico; erección de.Bogotá como distrito capital; y adop­
ción de Estados Unidos de Colombia como nuevo nombre de la
república. Estas medidas agravaron el conflicto entre liberales
y conservadores y también éntre la fracción mercantil y las
. otras fracciones del bloque en el poder. Particularmente desa­
fiante fue la confiscación de los fundos improductivos de la
iglesia católica que los empresarios liberales querían incorpo-
. rar.al mercado como tierras productivas para los cultivos de
exportación. De esta suerte, el liderazgo radical podría Socavar
también la base de poder del partido rival.
El Pacto de Unión fue acogido por los plenipotenciarios de
los estados en septiembre 20 de 1861 como una constitución
provisional que legitimara el poder de Mosquera y asegurara la
transición' a una fase superior del federalismo. Sus cuarenta y
seis cláusulas acentúan el esquema de la carta de la Confedera­
ción. Se incrementan los poderes de los estados y se reducen los
del gobierno generad (artículos 4,. 15 y 34). Se prevén nuevas
constituciones tanto a nivel federal como a nivel estadual (ar­
tículo 5). Se difiere a los estados la legislación electoral y la
elección presidencial vuelve a ser indirecta (artículos 20 y 22).
Los estados de'Antioquia y Panamá, que no habían suscrito el
Pacto, son admitidos como miembros de los Estados Unidos de
Colombia (artículo 37). Una novena entidad territorial, el
Tolima, se añade a la Unión, y en la mejj or tradición bolivariana
se propone a Ecuador y Venezuela su vinculación al régimen
federal (arüculos.40 y 41). Finalmente, se formaliza el nuevo
statús de la capital (artículos 42 y 43).
En la misma fecha, sé suscribe un Pacto Transitorio por el
cual se reconoce a Mosquera como presidente provisorio hasta
la próxima Convención Nacional.
A causa dé los problemas generados por la guerra civil, la
Convención Nacional sólo pudo instalarse a comienzos de 1863
en Rionegro, la población donde se había promulgado en
marzo 21 de 1812 la primera constitución de la provincia de
Antioquia y que daña su nombre a la decimocuarta ley fun­
damental colombiana.. Setenta y dos. diputados sesionaron
entre febrero y mayo y produjeron no sólo la más radical de las
cartas federales sino también la obra más original del constitu­
cionalismo colombiano. A despecho de lás acusaciones de
anarquía organizada que le formularon los creadores de ía .
Leyenda Negra sobre lá experiencia federal, la constitución de /
Rionegro rigió durante mucho más tiempo que cualquiera otra, ;
anterior: veintitrés anos, de 1863 a 1886.
1 Una tradición apócrifa dice que algunos liberales colombia­
n o s le hicieron conocer la carta de Rionegro a Víctor Hugo
poco después de su adopción. Y el gran poeta romántico fran-, .
cés, quien era entonces una de las figuras cimeras del libera-.'
lismo republicano en Europa, dijó: “Pero esta es una constir
tución para ángeles’J
Y lo era. En ningún otro código político es tan manifiésta
como en éste lacreencia desmesurada en el poder déla palabra .
escrita para cambiar ía realidad social. Lo que resulta, más
significativo aún, a diferencia de las demás cartas anteriores y
posteriores, la de los Estados Unidos, de.Colombia de mayo 8;
de 1863 es la codificación de una doctrina, él liberalismo, radi- ;
cal, en su forma más pura. No hay transacción entre posiciones,
enfrentadas, ni combinación dé ideologías, como en los ins­
trumentos precedentes ó en las enmiendas subsiguientes, con la
posible excepción de la reforma de 1936 que es precisamente
una reedición del modelo de liberalismo, avanzado de 1863. Si >.
las constituciones grancolombianas y neógranadinas son .cam- .
pos de batalla, ello obedece a que son compromisos, arreglos .
estratégicos, de ideologías, fuerzas políticas e intereses económi­
cos en conflicto. Las constituciones federales, en cambio, y en
especial el estatuto.de Rionegro son terrenos de lucha en un
sentido diferente: ellas plantean un desafío doctrinal a sus.
adversarios (el partido conservador, la Iglesia católica, los
terratenientes) al hacer del código del Estado ün producto,
partidista y transform ar así todo el debate político en un duelo
por una nueva ley de leyes. La norm a fundamental puede ser
inaplicable o estar desaplicada pero la oposición debe conver­
tirse no sólo en gobierno sino también en constitución para
prevalecer en el largo plazo. La única legitimidad que eísistema
político reconoce és la del constitucionalismo; Más allá de los
múltiples lenguajes de la conspiración y la.violencia, la lucha
entre los partidos políticos y las clases sociales que ellos repre­
sentan debe escribirse en la gramática de la guerra.
Por estas, razones, lá constitución de Rionegro. planteó al
país más problemas que los que ella podía resolver. En efecto,
la secularización dé la sociedad, la liberalización de las prácti- .
cas sociales y el establecimiento de una política económ ica.
1 ji ^ í j Ií .
permisiva (el Estado gendaijme) eran metas excesivamente
ambiciosas para la Colombia de 1860. Y la energía invertida en
alcanzarlas hizo, aún más complicada la 'situación pues no
existía un escenario nacional donde pudiera* responderse de
manera unificada al activismo de la administración, sino ape­
nas teatros regionales; dónde muchas batallas y cartas tendrían
lugar. Y así fue: hubo; más dé cincuenta guerras civiles provin­
ciales (y dos nacionales) y euárenta y dos constituciones esta-
. duales mientras la carta de 18|63 estuvo vigente32.
Ante todo, los noventa y trejs artículos del documento persi­
guen la secularización. soci4l radical desdé el preámbulo
mismo, que es el único que no invoca el nombre de Dios sino el-,
del pueblo como fuente de autoridad. Las comunidades einsíi-
tuciones religiosas son decláralas incapaces!de adquirir bienes
raíces, y se prohíben ios bienes inenajenables y las obligaciones
irredimibles (artículos 6 y 7). Se garantiza la libertad religiosa
absoluta (artículo 15)1 Y se establece la inspección o tuición de
cultos por el gobierno! (artículo 23)..
La liberalización dé las prácticas sociales se asegura por
medio del federalismo;radical y de las libertades públicas ilimi­
tadas. Lo primero puede advertirse en la devolución de nuevos
poderes a los estados, tjales-coralo la guarda dél orden público en
sus territorios y la aplicación! del derecho! de gentes en los
conflictos civiles;(artículos 19 y 91); la anulación de actos
federales por las legislaturas de los estados (artículo 25); y la
confirmación de i los nom bram ientos presidenciales por e l .
Senado (artículo 51). Lo segundo aparece.principalmente en el
famoso ártículo 15 sobre derechos civiles, que incluye la aboli­
ción de la pena de-muerte, la reducción de la; pena de prisión a
un máximo de diez años y el otorgamiento de la libertad de
tener armas y municiones y de comerciar* con ellas. Otras
g a ra n tía son la prohibición ¡de Ja retroactividad de la ley
(artículo 24) y él reconocimiento del derecho ciudádáno a pedir
la suspensión por la Córte y la Revocación por el Senado de los
actos legislativos estaduales por razones, de incónstitucionali-
dad (artículos 14 y 72)1 - j
En cuanto.al establecimiento del Estado gendarme, las reglas
que declaran abolido el latifundio eclesiásticó (artículos 6 y 7)
también cúmpleme! propósito de ampliar él mercado de la

32. J. M. Samper; op. cit., vol. 1, p. 296.


tierra y permitir á los comerciantes liberales la inversión de las
' ganancias provenientes de las exportaciones ágrícolas en la.;
adquisición de las antiguas propiedades religiosas, los llania- j
dos bienes dé manos muertas. '
Adicionálinente, la Convención de Rionegro redujo eD
período presidencial a dos años, a fin de evitar la perpetuación.:
de Mosquera en el poder.(artículo 79) y creó un procedimiento"
de reforma tan rígido que la carta.se tornó “pétrea” (artículo
; 92). Por desgrácia, el llamado Gran Genéral ocupó la presiden­
cia dos veces más por decisión del Congreso y la orgullosa .
constiución déí Olimpo Radical no fue reformada sino dero­
gada como consecuencia de la guerrá civil de 1885. v

5. LA CONSTITUCIÓN DE 1886

Cuando el proyecto liberal de hegemonía pierde la iniciativa


política debido a la agudización de las querellas intestinas
dentro y entre los estados, y la sustentación económica debido
a la crisis del mercado mundial del tabaco, las fracciones hasta
entonces dominadas de las clases dominantes (los liberales
derechistas, los conservadores y lalglesiajform ulan unaestra?
tegia alternativa que denominan, la Regeneración y colocan en
la presidencia a Rafael Núñez, el mejor político del país desde
Santander, para ejecutarla.
La Regeneración es una restauración. No es una creación
sino úna reacción. Es un movimiento puramente reaccionario
enderezado no sólo a desmantelar el Estado federal y su consti­
tución radical sino también a restaurar la estructura original
del régimen construido por Bolívar: el edificio del centralismo,
el presidencialismo, la religión oficiai,el proteccionismo eco­
nómico y el autoritarismo en materia de libertades públicas. En
consecuencia, sus modelos de perfección constitucional són las
cartas grancoloinbianas de 1821 y 1830 y el tercer estatuto
néogranádirio de 1843. En este sentido, puede afirmarse que la
constitución fraguada e impuesta por Núñez y por Caro, su
■ jurista de cabecera, no es más. que una versión mejorada de
- tales textos, con el solo y dudoso benefició de una política
mucho más autoritaria para aplicarla. La última y actual co­
dificación es tan regresiva que resulta lícito incluso-hablar de
quince cartas distintas y una sola constitución verdadera.
jp
V"e LRegenerador, la figura maquiavélica por antonomasia en
fia historia política nacional, era un talento provinciano que
hizo una brillante carrera burocrática en el partido liberal
durante las décadas de 1850 y 1860. lira s \m período como
diplomático en Liverpool, regreso a los Estados Unidos de
Colombia para rectificar lo que consideraba una trágica rup­
tura. de la unidad nacional. En 1878, siendo presidente' del
Congreso y lídér de la derecha liberal, el sector llamado Inde­
pendiente, Núñez dio posesión a Julián Trujillo, el último
presidente del Olimpo Radical, y planteó su programa de res­
tauración con característico dramatismo: “Regeneración
administrativa fundamental o catástrofe”33.
. Eios años más tarde, con el apoyo electoral de la mayoría
conservadora^ dé su propia fracción liberal, que formaron una
coalición bajo el nombre de Partido Nacional, el Regenerador
inició la primera de sus cuatro administraciones con una polí­
tica centralizaidora que se tradujo en la cre'ációh de un banco
central y la adopción .dé úna norma que trasladaba la guarda
del orden público de los estados soberanos al gobierno general
(Ley 19 de mayo 8 de 1880). Hubo una administración de
transición entre 1882 y 1884y Núñez fue elegido presidente por
el voto de la mayoría de los estados gracias a la coalición
regeneradora. Durante su segundo mandato, intentó hacer
aprobar una enmienda constitucional que extendía el período
presidencial a cuatro años y centralizaba varias funciones
estratégicas en el gobierno de la Unión a fin de enfrentar la
grave coyuntura económica34 y lá beligerante, actitud de las
Sociedades Democráticas y del Olimpo Radical, ahora en la
oposición. Pero la reforma abortó y no sólo porque la carta de
Rionegro exigía unanimidad en el Senado sino además porque
los radicales se levantaron en armas contra el gobierno de
Núñez35.
A mediados de 1885, la victoria gubernamental sobre los
insurgentes era tan aplastanté que el presidente declaró: “La

33. Citado por D . Uribe. Vargas, op. cit., vol. I, p. 168. Véase én general
Indalecio Liéváno Aguirre, Rafael Núñez, Colcultura, Bogotá, 1977.
34. “Las exportaciones colombianas que en 1875 habían sido de US$29.9
millones bajaron a US$7.3 millones en 1885. Entre 1879 y 1881 el precio de la
quina de exportación cayó en un 80%”: A. Tirado Mejía, op. cit., p. 126.
35. Véase Gonzalo España, La Guerra Civil de 1885: Núñez y la Derrota del
Radicalismo, El Ancora Editores, Bogotá, 1985.
Constitución délos Estados Unidos de Colombia ha dejado de
existir”, y, en una calculada m anióbrá, apeló entonces al
. mismo expediente empleado por M osquera después de su vic­
toria militar sobre lá administración Ospina en 1861: convocó
un Consejo Nacional de Delegatarios de los nueve estados,
soberanos “para deliberar sobre los términos en que debería
procederse a la reforma de la constitución” El Decreto 594 de
septiembre 10 de 1885 dispuso además que los gobiernos esta-
dúales, cinco de los cuales estaban controlados por el gobierno
general, enviaran cada uno dos delegatarios de las dos fuerzas
gobernantes (los conservadores y los liberales independientes)
para iategrar el nuevo cuerpo constituyente.
Este Consejo-Nacional de Delegatarios fue instalado por el
Regenerador en noviembre 11 de 1885. Los nueve conservado­
res y los nueve liberales nuñistas acordaron muy pronto redac­
tar una nueva carta con base en el proyecto.centralista y autori­
tario de la Regeneración. Pero antes trataron de asegurar una
aprobación plebiscitaria de su eventual creación. El 30 de
noviembre expidieron entonces un Acuerdo sobre Reforma
Constitucional que contenía dieciocho bases de reforma y. un
; procedimiento de ratificación para lá futura carta fundada en
tales bases. El gobierno envió el Acuerdo á los Concejos Muni­
cipales de todo el país, en los cuales la coalición del Partido
Nacional era mayoritaria, y a mediados de diciembre de 1885 la
Corte Suprema declaró que las bases de reform a habían sido
aprobadas por el pueblo de Colombia. Con esta refrendación
formal, los delegatarios integraron una Comisión de Reforma
Constitucional de cinco, miembros para preparar el borrador
del nuevo estatuto según las bases aprobadas.. .
El Acuerdo de 1885 ha sido visto desde entonces como la
fundamentación auténtica de la actual república, en el sentido
de la plataforma doctrinal sobre la cual descansa el edificio
constitucional entero y que no podría ser alterada sino por una
revolución, una indeseable revolución36.
Las bases de reforma, que constituyen efectivamente la
estructura básica de la constitución de 1886, eran las siguientes:
soberanía nacional e indivisible; divisiones territoriales de

36. Véase Rodrigo Noguera Laborde, Constitución dé la República de


Colombia y sus Antecedentes Documentales desde 1885, Universidad Jave-
riana, Bogotá, 1950.
carácter meramente administrativo; orden público al cuidado
de. la nación; legislación civil, penal, comercial, electoral, de
minas y de procedimiento a cargó de la dación; instrucción
pública nacional; rélijgión oficial; libertad religiosa limitada;
libertad de pensamiento; las demás libertades “con razonables
limitaciones”; pena capital para delitos militares y atroces; un
Senado que asegure lá estabilidad institucional y una Cámara
de Diputados que represente! al pueblo; un presidente y un
vicepresidente elegidos1 por sufragio restringido e indirecto
para un período de seis añós;| poder ejecutivo para vetar los
proyectos de ley; libre nombramiento y remoción de los agentes
del ejecutivo; un Consejo de Bstado como duerpo consultivo;
un poder judicial independiente y una Corte Suprema vitalicia;
y un poder electoral independiente. .
Adicionalmenté,. los delegíjtarios asumieron los poderes
legislativos y reeligieron al presidente en ejercicio para el nuevo
período de 1886 a 1892. . j
\ La Comisión de Reforma Constitucional estuvo formada
j^lpor seis delegatarios y ¡deliberó! de diciembre ¡del 885 ajufio.de
1886. Se presentaron tres proyectos: éT*aé José M aría Samper,
federalista moderado; el de Serjgio Arboleda,! conservador; y el
de César Medina; liberal. Lasjtres propuestas;, sin embargo,
fueron desechadas por¡ la Comisión, que estaba dominada por
Caro, el gran reaccionario y hombre de confianza de Nuñez .
dentro del Consejo] EÍ¡ solo redactó un nuevo borrador, inspi­
rado en las constitucipnes de 11830 -y 1843 y en las bases de
reforma, con la aprobación tá c ip del Regenerador. Después de
varias semanas de¡ debates y negociaciones en el seno del Con­
sejo, durante las cuales el áspeiro y draconiano texto de Caro
fue moderado con algunas contribuciones libérales de Samper,
la última constitución fue sancionada el 5 de agosto de 1886.
Otra leyenda apócrifa dice que cuando el flamante docu­
mento era firmadp, Cárlos Calderón Reyesi, delegatario por
Boyacá, exclamó “Hemos aprobado una constitución monár­
quica”, el autor, délegatario poi Panamá, replicó al punto: “Sí,
pero desgraciadamente electiva”. ;
Las características principales del extenso (doscientos diez
artículos) y prolijp instrumento corresponden a los Objetivos
^estratégicos de la Regeneración y a las constantes estructurales
ael proceso constituyente en general. Son ellas: la reunificación
dél territorio, la consolidación del presidencialismo, el regreso
' ' 1 : ■ ' 'i
al confesionalismo y el restablecimiento del autoritarismo. ^
Vale la pena considerarlas en álgun detalle-.. . . ■
Lá restauración del centralismo se lógró.a través de la transa .
formación de los estados en departamentos ó divisiones admi- ^
nistrativas despojadas de toda facultad significativa, y a través /
de la concentración de las funciones decís oriás. en la nación y e n . ..
él ejecutivo: La fórmula acuñada por Garó paira explicar la r
nueva relación de fuerzas era centralización política y descen­
tralización administrativa. Estb se traduce en el artículo 1, que
proclama que la nación colombiana se reconstituye corno . V
república unitaria, y en el artículo 2 , que declara que lá sobera­
nía reside esencial y exclusivamente en lá nación. Como com- i;
plemento, el artículo 4 afirma que los departamentos y sus
bienes forman el territorio y éste ..pertenece únicamente a la
nación. En consecuencia, se.estableee el principió del dominio ; ;
eminente de la república respecto dé todás las propiedades y .
rentas de los antiguos estados (artículo 202).
El fortalecimiento del ejecutivo es lina consecuencia necesa- .
ria del retorno al centralismo. Sí rio hay más que uri soberano ,
dentro del territorio (la nación), sólo puede haber un poder en
.el Estado (el presidente). El jefe del Estado es elegido por asam­
bleas electorales departamentales para un periodo de seis años
y tiene amplias atribuciones con relación a la administración, al
legislativo y a la justicia (artículos-114,118,119y 120). Cuenta
además con la discreción de decretar el estado dé sitio en caso
de guerra exterior o conmoción interior (artículo 121): Y la .
responsabilidad presidencial se limita a los eventos dé violencia
electoral, obstrucción de las corporaciones públicas y alta trai-
ción (artículo 122). Esta última norina, no im porta cuán insufi­
ciente o nominal, fue una victoria de Samper sobre Caro quien
quería y propuso en su versión original un presidente absolu­
tamente irresponsable p a ra la república.
La vuelta al Estado confesional es una dé las piedras torales
de la arquitectura constitucional de Caro. El preámbulo invoca
otra vez él nombre de Dios, “fuente suprema de toda autori­
dad”, y el artículo 38 estatuye que la religión católica es la de la
nación por ser “esencial elemento del orden social”. Otra regla
faculta al gobierno para “celebrar convenios con la Santa Sede.
Apostólica afinde arreglar las cuestiones pendientes y definir y
establecerlas relaciones entre lapotestad civil y la eclesiástica”
(artículo 56). Un año después, en efecto, se suscribió el Con­
cordato entre Colombia y el Vaticano. Con una revisión mayor
en 1973, rige desde; 1887 y desde.éntonces confiere a la Iglesia
privilegios tributarios, reconoce una jurisdicción eclesiástica :
paralela, otorga efectos civiles al matrimonio canónico y
encarga al clero y a las órdenes religiosas del manejo de buena
parte de la educación primaria y secundaria y de los territorios
donde habitan las comunidades indígenas. En su lúcido estudio
sobre la Regeneración, Fernando Guillén Martínez escribe:

El concordato asegüra al Estado colombiano el servicio


obsecuente, constante, ubicuo, eficaz e incansable del clero
colombiano como agente socializador, portador dé los viejos
valores “hacendarios?’ en un medio social que cambia y ame- .
naza con la desintegración de su modelo. Y ello por una remu­
neración relativamente modesta. Esto es lo que ha permitido,
más qué otro factor cualquiera, que la estructura socioeconó­
mica de la nación cambie de manera dramática y acelarada a lo
largo de un siglo, sin que simultáneamente cambien sus estruc­
turas de poder ni las imágenes míticas de consenso colectivo,
creando, un caso excepcional en la historia de América Latina37.

Y las tácticas autoritarias, por fin, regresan a la ley suprema


en dos áreas: libertades públicas y democracia política. El
capítulo de derechos aparece severamente restringido y las más
de las garantías no son derechos sino concesiones (artículo 19a
. 52). Lo que es peor, en muchos casos las libertades se reconocen
no sólo dentro dé los límites de la ley sino también según los
criterios de la moral cristiana y el orden público, cualquiera que
sea el significado de tales expresiones. Quizá la clave de este
esquema disciplinario se encuentra en una curiosa regla, la
última del Título Tercero de la.carta del 86, que reza así:

Las disposiciones del presente Título se incorporarán en el


Código Civil.como título preliminar, y no podrán ser alteradas
sino por el acto reformatorio de la Constitución (art. 52).

En principio, esta norma parece antitécnica e irrelevante


puesto que en la tradición «accidental la constitución ocupa la
máxima jerarquía dentro de un sistema legal nacional y, por
tanto, todos los demás niveles y sectores del derecho están
subordinados a ella. En el proyecto de Núñez y Caro, sin

37. F. Guillén Martínez, op. d t., p. 93.


/•fr
embargo, el artículo 52 cumple una función vital: establece una
relación de dependencia entre la constitución y el Código Civil,
entre el código del Estadoy el código de. la sociedad civil, según
la cual el último es la verdadera ley suprema del territorio. Bajo.
un régimen-liberal, que administra úna economía capitalista y
reproduce una' sociedad de clases, no . podría ser de otra
manera: el estatuto de los privados es el elemento invariante de
la estructura social. La historia puede esclarecer el argumento:
cuando en 1873 el Olimpo Radical puso en vigor el Código
Civil panameño pará.que gobernara las relaciones familiares y.
mercantiles a todo lo largo y ancho de la república federal, no'
estaba haciendo otra cosa que reproducir el código napoleó­
nico de 1804 en su versión chilena de 18553S, Desde entonces, es
. decir, por más de un siglo el Código Civil colombiano no ha
sufrido alteración cualitativa alguna a pesar de la profusión de
- constituciones y. leyes expedidas y enmendadas en el mismo
lapso. La contradicción es sólo aparente:.todo eambia.para.que
todo siga igual. Todo puede modificarse salvo el eje reférencial
de la legalidad burguesa, el conjuntó-de reglas que hacen posi-
bles y legítimas a la vez las relaciones jurídicas de propiedad y
las relaciones económicas de apropiación, necesarias para lá
formación y reproducción del sistema social. Por ello, el texto
original de la actual constitución dispone que la declaración.de
derechos del capítulo tercero se inscriba én el pórtico del código
civil, de tal manera que las libertades de todos queden atadas y
bien atadas a los derechos contractuales y reales de los menos.
La generalidad de la constitución cede el paso a la particulari­
dad del Código Civil, '
En cuanto a la democracia política, la última carta hace
honor á su fama de autoritaria. Puesto que la soberanía reside
únicamente en la nación y la nación actúa solamente por la
mediación del Congreso, el sistema electoral está enderezado, a
preservar la democracia sin participación. Así, el sufragio
directo y masculino se otorga para elegir concejales municipa­
les y diputados departamentales. Los electoresdepartamenta-
les y los representantes a la Cámara son elegidos por ios varo­
nes alfabetos y propietarios. Los senadores son elegidos por los

38. Véase el hermoso apólogo “Corpus Iuris. Cívilis” en Pedro Gómez


Valderrama, Más Arriba deí Reino , Editorial Pluma, Bogotá, 1980, pp.
209-212.
c
diputados departamentales. Y ^1.presidente y el vicepresidente
son elegidos por los electores departamentales (artículos 172 a
175). Esta cascada-de lusurpacjones concluye con la peculiar
noción del. sufragio colmo función que recoge el axtículo.179,
intacto desde .1886: .1 -
• *: • .’
El sufragio' se ejerce como función constitucional. El que
sufraga o elige no.impone obligaciones-al candidato,, ni confiere
- mandato al funcionario, eiecto. .•

A despecho de los principios^ solía decir Proudhon, el dele­


gado del soberano sera siempre el dueño del ¡soberano39.
En últimas, la Regeneración ¡y su constitución pretendieron
haber restauradó-la unidad nacjional y solucionado así el pro­
blema más gravédel país. La verdad es que la rígida centraliza­
ción del poder y del tenritorio administrada pqr Núñez y codifi­
cada por Caro no resuelve ejl problema de la unidad; lo
suprime40. Porque Colombia tjene todavía' un conflicto pen­
diente entre centro y provincias, entre centralismo y regiona­
lismo, que no ha sido; afrontado de manera efectiva por las
políticas estatales y que no puedle ser resuelto mediante manda­
tos constitucionales o Iniciativas capitalinas. I
Aquí termina, el prinier ciclj) de la desmesurada empresa
iniciada por Bolívar y ¡Santander: la construcción del Estado
nacional cómo democracia conjstituciónál cuando y donde no
existían ni nación, ni jciudadanía. Núñez y¡ Caro fueron de
alguna manera el Libertador yj el Hombre dje las Leyes de su
generación, el estadistaiy el consjtitucionalista puyo iluminado y
mesiánico. voiuntarismp jurídico diseñó, una perdurable arqui­
tectura de poder que no haheclio ni democráticos, ni pacíficos
el país y sus habitantes hasta jahora. Y sin :embargo, con la
constitución regeneradora se alcanza un equilibrio inestable
pero funcional, al: menos en elj sentido de que se asegura un
marco general para el discurso constitucional; En los años
siguientes, se presenta^ enmiendas o reformás a la estructura
básica forjada en í 886 don los materiales de l|82l, 1830y 1843.

39. Citado por Bertrand de Jouvencí. El Poder, Editora Nacional, Madrid,


1974, p. 142. ! ' '
40. Lo propio cabe decir dfel supuesto! problema de la abstención electoral: el
voto obligatorio no lo resuelve;ío suprime.
La batalla, legal continúa en nuéyos campos, más tácticos er
tanto el país avánza hacia nuevas y más complejas etapas y
formas de modernización, a medida que. entra en el siglo XX y'
se transforma en una sociedad urbana del mundo subdesa­
rrollado. ' . .
Capítulo VIII
BATALLAS POR LA CARTA:
LAS REFORMAS

Cada una de las constituciones del siglo XIX fue la conse­


cuencia de un? guerra y la causa de otra. Cada una de las
reformas del siglo XX ha sido la consecuencia de un conflicto y
la causa de otro. Pero de las constituciones a sus reformas (o
más bien a las reformas de la última carta) algo cambia: la lucha
partidista se «convierte en lucha de clases y lás estrategias y
tácticas del combate constitucional se adaptan a los tiempos.
Lo que es más relevante, tras dos períodos de dominio de
partido, en los cuales se tratan de aplicar otra vez los proyectos
ideológicos del Olimpo Radical y de la Regeneración a una
cambiada y cambiante Colombia, una tercera estrategia de
hegemonía o aútolegitimación, la del bipartidismo exclusivo y
excluyente, debe ser propuesta e impuesta. De los sesenta y
•siete actos legislativos o instrumentos equivalentes expedidos
entre. 1894 y 1986, hemos seleccionado las seis reformas mayo­
res tenida cuenta de los ajustes que introducen en la fábrica de
1886 y de la importancia de la batalla social que traducen en el
lenguaje ritual del derecho público. Son ellas: las reformas del
Quinquenio de Reyes (1904-1909) y de 1910, que tienen lugar
durante la República Conservadora (1903-1930); las reformas
de .1936 y 1945 o de la República Liberal (1930-1946); y las
reformas de 1957 y 1968 o del Frente Nacional (1957-1986)4!.
Según Edward Conrad Smith,41

41. Los diez actos legislativos aprobados por la Asamblea Nacional


tuyente (ANAC) entre 1952 y 1957 fueron invalidados por el plebiscitaÓe^957.
Y los Actos legislativos No. 2 de 1977 y 1 de 1979 fueron declarados in§xequi-
James Madison presentó el 8 de junio de 1789 una serie de
proyectos de enmienda constitucional a la Cámara de Repre­
sentantes. Aspiraba a-que ellos se incorporaran en-los lugares
apropiados del texto de la constitución norteamericana, pero
Roger Sherman persuadió al Congreso que los agregara al final
del documento de suerte que cada enmienda triunfara o fraca­
sara por sus propios méritos cuando fuese sometida a la ratifi­
cación de las legislaturas estatales42.

Las reformas constitucionales colombianas son “madiso-


nianas” y no “shermanianas” por cuanto ellas siempre se han
insertado en lugares apropiados del texto fundamental y no al
final de él. Este problema formal puede ser de importancia
. decisiva si se considera que buena parte del prestigio, mítico de
la constitución estadounidense cómo el más antiguo y dura­
dero de los códigos políticos proviene de la imagen popular de
la. carta de Filadelfia como un texto intacto e intocable, uñ .
documento virginal. Por el contrario, el dudoso prestigio que
rodea a la constitución colombiana puede ser. atribuido, al
menos en parte, a su apariencia de colcha de retazos, agravada
por el reiterado reformismo pero hasta ahora inevitable en
tanto el tipo “madisoniano” de enmienda se mantenga como
una costum bre normativa. En lo que atañe a la prosodia consti­
tucional, de consiguiente, puede afirmarse que las reformas
“shermanianas” generan dos niveles de derecho constitucional,
el texto original y las adiciones sucesivas, mientras que las
reformas “madisonianas” producen un continuo de discurso
constitucional, la estructura básica con las actualizaciones
entretejidas.
La digresión precedente tiene sentido, pues de 1886 en. ade­
lante no hay cartas que batallan entre sí sino enmiendas en
conflicto y referidas al mismo texto básico, de tal manera que el
carácter estratégico de la institución constitucional, su natura­
leza de terreno polémico, se hace cada día más evidente y más
importante.

bles por la Corte Suprema de Justicia en 1978 y 1981, respectivamente, según se


dijo en el Capítulo III. En tal virtud, hay sólo cincuenta y cinco enmiendas
válidas'.
42.' E.C. Smith, The Coñstitution o f the United States, Barnes and Noble
Books, New York, 19-79, p. 16. Mi traducción.
> I. LAS REFORMAS DE LA :
: REPUBLICA CONSERVADORA

Bajo el imperio de la nueva constitución1,la Regeneración se


hizo aún más autoritaria en su tratamiento de la sociedad civil y
especialmente de la. creciente oposición liberal. Las sucesivas
administraciones hasta el fin del siglo recurrieron una y otra
vez a las disposiciones transitorias de la carta y en particular al
célebre Artículo K que faculta al ejecutivo para “prevenir y
reprimir los abusos de la prensa”. Gracias al ambiente permi­
sivo y al desarrolla cultural jy educativo del período federal, la
prensa era por entonces el último bastión;del radicalismo. La
tercera administración Núñéz obtuvo del Congreso un estatuto
de seguridad nacional, la Lby 61 dé 1888, llamada Ley de los
Caballos por Fidel Cano puesto que trataba a los adversarios
del régimen como si fuesen ¡animales.- ■ i
Esta tendencia continuó jbajo la desafortunada presidencia
de Caro de 1892 a Í898, duránte la cual se presentó la frustrada
rebelión liberal de 1895 qjie presagiaba;un enfrentamiento
generalizado entré la coalición conservadora, y la oposición
radical. En efecto, el trágico clímax de este oscuro período de
intolerancia y dogmatismo Se presentó en 1899 cuando la lla­
mada Guerra de los Mil Días, asoló al país. Esta desastrosa
confrontación, la más.largajy destructiva de las guerras civiles
que devastaron a Colombia! a lo largo del siglo XIX, se exten­
dió de octubre 17 de 1899 aj junio 1 de 1903. Unos meses más
tarde, el 3 de noviembre, el jdepartamentode Panamá declaró
su independencia de Colombia, con la manifiesta intervención
de los Estados Unidos y iras, medio siglo de negligencia y
descontento43.
En estas penosas circunstancias, un prestigioso empresario y
militar conservador fue elegido presidente de 1904 a 1910 con el
mandato de reconstruir el jpaís. Pero Rafael Reyes, aunque
tomó algunas decisiones importantes en asuntos monetarios y
realizó grandes inversiones en obras públicas, dirigió una
administración aútocrática y reformó la carta del 86 acen-
tuando sus peores ¡aspectos Poco después de su posesión y en
medio de un enconado de bate parlamentario acerca de un

43. Véase Eduardo Lemaitre, Fánamáy su Separación de Colombia, Banco


Popular, Bogotá, 1974:
/
fraude electoral que.involucrará al nuevo mandatario,. Reyes .
convocó una Asamblea Constituyente que muy pronto clau-
suró el Congreso y se lanzó a un frenesí reformista que duró
cinco años y se tradujo en veinte actos legislativos. La reforma .
del Quinquenio de Reyes fue, por tanto, la obra de un cuerpo
autocrático a través de un procedimiento-autocrático y la
mayoría de sus normas se enderezaba a legitimar el despotismo
presidencial y a incrementar y perpetuar la dominación deí
ejecutivo. En tal sentido, casi todas ellas son hoy irrelevantes y
no tanto porque la contrarreforma de la Unión Republicana las
derogó en 1910 cuanto porque sancionaban uno de los gobier­
nos más cesaristás de la historia dél país.
La reforma comprende diez actos legislativos decretados por
la Asamblea Constituyente en 1905, dos en 1907, tres en 1908 y
cinco en 1909, y ochenta y seis artículos en total, que con
frecuencia se oponen entre sí. En breve, se eliminan la vicepre­
sidencia y las dos designaturas; se suprime el Consejo de
Estado; las Asambleas departaméntales se transforman en
Consejos Administrativos; se hace flexible el hasta entonces
rígido procedimiento de enmienda constitucional y se encarga
dicha función a la Constituyente de bolsillo; se subordinan las
administraciones regionales y locales, al ejecutiva; y se prolonga
el período presidencial a diez años en tanto Reyes permane­
ciera en el cargo. .
Probablemente la única contribución positiva del Quinque­
nio al progreso de la estructura, constitucional es la regla de
representación de las minorías ¿principio .de la representación
proporcional, que diversifica la.población política de las cor­
poraciones públicas como Concejos Municipales, Asambleas
Departamentales, o Consejos Administrativos y Congreso
Nacional (Acto Legislativo No. 8 de 1905, artículo 4). Pero las
Asambleas y el Congreso eran inoperantes y Reyes introdujo la
nueva regla con el único propósito de atraer al gobierno a Un
sector del liberalismo. .
Para 1909, había habido una conspiración debelada y una
tentativa frustrada de asesinato contra el autócrata. Más aún,
los sectores mayoritarios de los dos partidos formaron la coali­
ción de la Unión Republicana para deponer a Reyes. Al verse
sitiado, el presidente renunció el 13 de marzo y abandonó, el
país. Un gobierno bipartidista provisional se instaló entonces y
una nueva constituyente fue convocada a fin de restaurar el
estatuto de 1886 con algunos ajustes y avances fundamentales
acordados por la Unión Republicana.
Esta segunda enmienda, que es en realidad una contrarre­
forma, tiene la apariencia de una pequeña carta que contiene
alteraciones a muchas instituciones constitucionales. Es el
Acto Legislativo No. 3 de abril 8 dé 1910 y consta de setenta
artículos. Se advierten tres propósitos principales: la modera­
ción del centralismo, lá regulación del presidencialismo y el
enriquecimiento de las.libertades públicas.
El primer objetivo se logra por medio del restablecimiento de
las Asambleas Departamentales como entidades de elección
popular con cierta autonomía administrativa (artículos 48 y
5244). Se fortalecen los Concejos Municipales (artículos 61 y
62) y los ciudadanos quedan facultados para desafiar los actos
de Asambleas y Concejos que los agravien (artículos 58 y 64).
El segundo propósito se cumple a través de significativas
mejoras en la institución presidencial: el presidente es elegido
directamente para un término de cuatro años y se prohíbe su.
reelección inmediata (artículos 25 y 28). Se establece la respon­
sabilidad presidencial absoluta (articuló 29). En caso de ausen­
cia, el jefe del Estado debe ser reemplazado por dos designados
nombrados por el Congreso, retomando así la curiosa tradi­
ción iniciada en 1843 (artículo 26). Ninguno de sus actos, salvo
el nombramiento y la remoción de los ministros, es válido sin la
ratificación del respectivo ministro (artículo 30). Y el estado de
sitio se modifica de suerte que el presidente no puede derogar
las leyes sino tan sólo suspenderlas cuando son incompatibles
con la ¡guarda del orden público y mientras dure la perturba­
ción; igualmente, los decretos legislativos se hacen transitorios
y no permanentes (artículo 33).
El tercer aspecto puede verse en la abolición de la pena de
muerte (artículo 3), la adopción del principio de la representa­
ción para la tributación (artículo 6), la confirmación de la
representación de las minorías (artículos 14 y 45), la invención
de la acción pública de inexequibilidad y la generalización del
control constitucional (Art. 41) y la creación de la justicia
administrativa (artículo 42).
Finalmente, el Acto Legislativo No. 3 de 1910 da al Congreso
la capacidad de sesionar cada año por su propia iniciativa y de

44. En lo sucesivo, citaremos los artículos de cada acto legislativo que


modifican la constitución del 86.
reformar la carta por medio del trámite tradicional de las dos
legislaturas ordinarias o vueltas que introdujo el Congreso
Admirable en 1830 (Árts. 8 y 70).
En general, aunque el período que va de la separación de
Panamá en 1903 al comienzo de la República Liberal en 1930 es
conocido como la República Conservadora y lo fue en muchos
aspectos, la enmienda de 1910 fue en verdad muy progresista en
su concepción y sus efectos. La carta de la Regeneración no fue
restaurada sino mejorada y civilizada. Este arreglo duraría
algún tiempo, hasta finales del decenio de 1920.
Para entonces, Colombia empieza su entrada en el siglo XX
y la modernización del país, aplazada por tanto tiempo, pone al
orden constitucional en un predicamento sin precedentes. El
discurso del cielo está a punto de arrostrar su más crítico
desafío desde 1850.

2. LAS REFORMAS DE LA REPUBLICA LIBERAL

Colombia era una sociedad rural, con una economía agrí­


cola, hasta finales de la década del veinte y principios de la
década del treinta. Se inicia entonces el despegue del desarrollo
capitalista con las primeras fábricas modernas que se abren en
Bogotá y las capitales provinciales, las primeras organizaciones
sindicales y revolucionarias que actúan dentro del naciente
proletariado, las grandes obras de infraestructura física que
acomete el gobierno con los recursos provenientes de la indem­
nización de Panamá, las primeras inversiones extranjeras en la
industria petrolera y las nuevas ideas socialistas, social demo-
crátas y Keynesianas que nutren a una nueva generación de
activistas y reformadores dentro del partido liberal45.
Durante la última administración de. la República Conser­
vadora, entre 1926 y 193Ó, la crisis social, económica y política
abrumaba a la nación: las huelgas obreras y los motines estu­
diantiles recibieron la respuesta de la violencia oficial y la
creciente oposición liberal articuló un proyecto de moderniza­
ción del Estado y la constitución que eventúalmente condujo a
la victoria en la siguiente elección presidencial y recuperó algo

45. Véase M. Arrubia et al., Colombia Hoy, Siglo XXI Editores, Bogotá,
1978, pp. 52-220.
de lácreativida¡d democrática del Olimpo Radical a lo largo de
los cambios y cpnflictosjdel decenio de 193G a 1940.
En este turbulento escenario se inició en 1930 la República
Liberal. Tras haber derrotado a un conservatismo débil y divi­
dido que habíá resultadjo incapaz de lidiar con la crisis dé la
. modernización, la primera administración liberal presidida por
Enrique Olaya! Herrera ¡hizo algunos ajustes en la legislación
laboral y recibió el respaldo incierto del partido derrotado. En
1934, el partido gobernante era suficientemente fuerte para
gobernar por sí solo, esta vez bajo la dirección de uno de los
más brillantes e influyentes estadistas* colombianos: Alfonso
López Pumarejo, quien presidió dos administraciones, de 1934
a 1938 y de 1942 a 1945. Durante su primer mandato, condujo
la llamada Revolución én Marcha, uní audaz experimento de
reformismo jurídico muy vecino al New Deal norteamericano
que concluyó con las enmiendas constitucionales de 1936 y
1945. !•
. Banquero de carrera!, López Pumarejo era un talentoso
comunicador, que hizo un exitoso uso político de la radio,
como Franklin Deiano Roosevelt, y un lúcido estratega, que
entendió mejor que ninguno de sus contemporáneos que la :
amenaza del cambio social y del poder: popular sólo podía ser
desarmada con una contrarrevolución preventiva lanzada
desde el gobierno. Bajo ¡las influencias ejemplares de la repú­
blica de Weimar de l919¡ y de la república española de 1927, la
Revolución en Marcha propuso al moyimiento obrero y a los
partidos tradicionales un nuevo Estado nodriza o intervencio­
nista dentro de la vieja jestructura de la república católica y
unitaria de Nüñez y Caijo. Después de. significativas reformas
en los terrenos tributario, educativo, agrario y laboral, el pri­
mer gobierno ¡de López Pumarejo obtuvo de un Congreso
dividido una novedosa enmienda a la constitución.
Redactado por los hombres del presidente —las audacias
menores de cuarenta años— y especialmente por Darío Echan-
día y Carlos Lozano, el Acto Legislativo No. 1 de agosto 5 de
1936 es la reforma más “ideológica” que ha tenido la carta de
1886 pues afecta el estatuto de libertades públicas. Casi todas
las demás enmiendas tienen que ver con el Estado de derecho, la
organización y funcionamiento de las ramas del poder público.
Con base en los modelos de la Alemania social demócrata y la
España republicana y eñ las ideas del economista inglés John
Maynard Keynes y el.jurista francés León Duguit46, la reforma
de 1936 moderniza la posición dél Estado frente a la sociedad
civil en general y a las clases trabajadoras en particular e .
incluye nueVas libertades económicas y sociales en el Título
Tercero de la ley de leyes.
La nueva política del régimen puede verse en la misión
constitucional, del Estado según la define el artículo 9 de la
reforma y 16 de la codificación vigente en el umbral de la
declaración.de derechos:

Las autoridades de la República.están instituidas para prote­


ger a todas las personas residentes en Colombia, en sus vidas,
... honra y bienes, y para asegurar el cumplimiento-délos deberes
sociales del Estado y dé los particulares.

Este postulado se completa con el. artículo 11 (hoy artículo


32) que introduce por vez primera la noción de intervención del
Estado en el mercado con el fin de racionalizar la economía y
dar al trabajador la protección que en justicíale es debida. Esta.
famosa institución, originada en la gran crisis del sistema capi­
talista en 1929 y tomada en éste caso de la constitución espa­
ñola de 1931, ha sido vista por muchos juristas colombianos
como una revolución en sí, el signo de un cambio cualitativo
por el cual el viejo Estado'gendarme se transforma en el noví­
simo Estado intervencionista47- En 1¿ práctica, no existe dife­
rencia sustancial entre las dos etapas del mismo Estado capi­
talista y liberal. Antes, de 1936, cuando no existía una
herramienta intervencionista en la constitución, hubo inter­
vención máterial del gobierno en la economía48- Y después de
1936, cuando ya hay un dispositivo interventor en la carta, la

46. Una glosa contemporánea poco conocida hoy pero muy.influyente


entonces es Juan Francisco Forero, Crítica del Derecho Constitucional: Expo­
sición Sistemática del Derecho Constitucional de León Duguit, Editorial.
Minerva, Bogotá, 1935. La idea central del constitucionalismo deíprofesor de
Bordeara es que no hay derechos subjetivos sino obligaciones sociales del
Estado.
47. Para una discusión más amplia, véase mi El Anticonstitucional, pp.
47-52. Para el punto de vista tradicional, véase D. Uribe Vargas, op. cit., vol. I,
p. 227 y Hugo Palacios Mejía, La Economía en el Derecho Constitucional
Colombiano, Biblioteca Anif de Economía, Bogotá, 1976, vol. I., cap. V., pp.
220-273. .
48. De 1821 a 1847, la política económica dominante fue el proteccionismo;
de 1847 a 1886, fue el libre cambio; y de 1886 a 1930, otra vez ei proteccionismo.

/
regulación estatal del mercado no ha sido necesariamente
mayor o mejor que antes. Porque las funciones económicas del
Estado en una formación capitalista —mucho más en una
dependiente y subdesarrolladá como la colombiana— no están
sujetas a una regla constitucional, sino a los arreglos estratégi­
cos y tácticos entre las clases y sus fracciones y entre los
partidos políticos y los grupos de presión.
En cuanto a la declaración de derechos, se reconocen nuevas
libertades económicas y sociales: derecho de huelga y derecho a
la asistencia pública (artículos 16 y 20, hoy artículos 18 y 19).
Adicionalmente se restauran las libertades de conciencia, de
enseñanzá y de reunión (artículos 13,14 y 20, hoy 41,44 y 53). Y
el trabajo se define como una obligación social especialmente
protegida por el Estado (artículo 17).
El artículo 10 del Acto Legislativo No. 1 de 1936 versa sobre
las cuestión más debatida de la reforma constitucional de la
Revolución en Marcha: la propiedad privada. La nueva norma
garantiza él sagrado derecho burgués pero lo sujeta a “la utili­
dad pública” y “el interés social” definidos por el legislador.
Por ello, añade el actual artículo 30, “la propiedad es una
función social que implica obligaciones”. Esta avanzada
noción, violentamente contestada por todos los sectores con­
servadores del país, fue empleada por la administración López
Pumarejo como fundamento de. la reforma agraria decretada
por la Ley 200 de 1936, el primer ensayo de su especie en la
historia colombiana.
Debido a la prohibición de la reelección inmediata, el tercer
período presidencial de la República Liberal correspondió a
Eduardo Santos, propietario de El Tiempo, principal diario
del país, quien presidió la llamada “pausa administrativa” entre
1938 y 1942. López fue reelegido para el término 1942-1946.
Pero el líder liberal estaba cansado y enfermo y su segunda
administración fue una pesadilla política —hubo acusaciones
públicas de corrupción contra el presidente y su primogénito, el
futuro presidente Alfonso López Michelsen, y un frustrado
golpe militar— y terminó prematuramente con lá renuncia de
López Pumarejo en 1945. El designado Alberto Lleras
Camargo concluyó el desafortunado período y presidió las

El nuevo elemento en la crisis de los años treinta no estaba, por tanto, en la


política económica, ni en el Estado, sino en el mercado, en la sociedad civil: la
clase obrera.
elecciones generales de 1946 en las cuales el dividido partido
liberal fue derrotado por el reunificado partido conservador.
Uno de los pocos temas de su agenda que López Pumarejo y
Lleras Camargo consiguieron aprobar del Congreso en 1945
fue. una nueva enmienda que era un complemento técnico del
paquete ideológico de 1936.
Inspirada en algunas características del sistema norteameri­
cano como los departamentos de la rama ejecutiva y los. comi­
tés del Congreso, el Acto Legislativo No. 1 dé febrero 16 de
1945 es. una reforma de mediano alcance, orientada hacia una
puesta al día déla organización administrativa en una perspec­
tiva presidencialista.
La autoridad presidencial se fortalece con la, supresión del
segundo designado para reemplazar al jefe del Estado, el des­
plazamiento de la iniciativa legislativa a. la administración en
materias económicas, la creación de los llamados departamen­
tos administrativos como ministerios técnicos, y la definición
de las Fuerza Armadas como no deliberantes y no votantes
(artículos 8,10, 33 y 74)..
Respecto del legislativo, se crean comisiones permanentes en
ambas cámaras, atendiendo a una división del trabajo según el
contenido de los proyectos de ley (artículo 10). Y la cámara,
baja recibe la atribución de nombrar al Controlar General de la
República, encargado de la vigilancia dé la gestión fiscal de la
administración (artículos 93 y 94).
Una importante innovación en materia de control constitu­
cional consiste en el establecimiento de la revisión de lós actos
administrativos ante la jurisdicción contencioso-adminis-
trativa por vía de acción pública o ciudadana (artículos 41 y
42).
La reforma de 1945, finalmente, da el penúltimo, paso antes
del reconocimiento del auténtico sufragio universal, es decir,
dispone que todos los funcionrios electivos (el presidente, ios
senadores y representantes, los diputados y los concejales) sean
directamente elegidos por todos ios ciudadanos varones mayo­
res de veintiún años, sin otra restricción distinta del sexo (ar­
tículo 76).
Durante la breve dominación conservadora, de 1946 a 1953,
el país vivió una de sus peores épocas a causa de la última
guerra civil, la llamada Violencia, que devastó la nación entre
finales de los años cuarenta y principios de los años sesenta, y
también debido a la dictadura de Rojas Pinilla (1953-1957),

inicialmente patrocinada ppr los partidos tradicionales como
un medio de detener la Violencia.
Este terrible período coincluyó con un armisiticio y una
enmienda de-la:carta por la cual se adoptó el bipartidismo
obligatorio en todos los niveles y sectores dei Estado colom­
biano. Y lo que es más importante, los partidos gobernantes
aprendieron una lección, tal vez la lección de su vida, aunque al
precio de trescientos mil múertos y una tierra devastada49.

3. LAS REFORMAS DEL FRENTE NACIONAL

Como Olaya Herrera en 1930, el primer presidente del régi­


men conservador iniciado ¡en 1946, Mariano Ospina Pérez,
. trató de organizar una coalición bipartidista denominada
Unión Nacional para hacer^frente a una deteriorada situación
heredada de la República Lijberal y agravada por la orientación
derechista de'la nueva administración. El 9 de abril de 1948 un
violento motín urbano estalló en Bogotá cuando Jorge Eliécer
Gaitán, el formidable demagogo de la izquierda liberal, fue
asesinado en una' calle de] la capital mientras sesionaba la
Conferencia Panamericana! de la cual surgiría eventualmente
la Organización dé Estados] Americanos. La cólera popular se
enseñoreó por doquier y las ¡relaciones entre los partidos alcan­
zaron pronto su más:bajo ni|/el desde la Guerra de los Mil Días.
La sociedad colórhbiana se deslizaba otra vez hacia un con­
flicto civil generalizado.
Un año y medio después, el 9 de noviembre de 1949 el
presidente OspinaPérez clausuró manu militari el Congreso y
el partido liberal apeló entonces a la oposición extraparlamen­
taria y favoreció la formación de las primeras guerrillas rurales.
Una guerra civil Ínter partidista empezó a convertirse así en un
proceso indiscrimado de lucha clasista y bandidismo popular
que duraría más dé una décáday cambiaría por entero el mapa
político de la Colqmbia contemporánea. Caracterizada por su
barbarie, la última guerra civil tuvo muchas causas. Entre ellas
se destaca, de:acuerdo con la hipótesis de Francisco Posada, la
frustración de los campesinos a resultas de'las grandes expecta-

49. El estudio clásico es Orlando Fals Borda, Germán Guzmán Campos y


EduardoUmaña Luna, La Violencia en Colombia, 2 vols., Ediciones Tercer
Mundo, Bogotá, 1962.:
tivas de reforma agraria que la República Liberal no pudo o no
quiso satisfacer50.
En tal contexto, Laureano Gómez, el ardiente orador de la
derecha conservadora, fue elegido.presidente para el período
1950-1954 tras una votación de la cual el liberalismo estuvo
ausente. El nuevo jefe del Estado,.que tenía simpatías fascistas,
siguió el precedente del ¡Quinquenio, de Reyes y convocó una
Asamblea Constituyente, la., tristemente célebre ANAC, para
reformar la carta de tal modo que el gobierno pudiese lidiar con
la Violencia. En diciembre 9 de 1952, el Congreso aprobó el
Acto Legislativo No . 1 que autorizaba la reunión de la Asam-.
blea. Y a comienzos del año siguiente, la administración
Gómez presentó una propuesta de enmienda basada en el
Estado corporativo de la Italia de Mussolini, lá España de
Franco y especialmente el Portugal dé Oliveira Salazar. Dicho
proyecto, preparado por una comisión conservadora y some- •
tido a una Asamblea conservadora, incluía restricciones al
sufragio, censura previa de prensa, proscripción del comu­
nismo, supresión de la.acción pública de inexequibilidad, nue­
vos privilegios para la iglesia católica y un Senado integrado
por delegados de los gremios patronales y de los grupos de
presión. " -
Poco después de que el regresivo proyecto había sido presen­
tado y la ANAC, pesé a su homogeneidad ideológica, se veía en
dificultades para considerarlo, el partido liberal y una fracción
del partido conservador auspiciaron el golpe de Estado del 13
de junio de 1953, encabezado por el comandante del ejército,
general Gustavo Rojas Pinilla. La mayoría de la dirigencia
nacional pensaba que sólo una fórmula pretoriana podía salvar
a la patria de la Violencia, como eufemísticamente se denomina
todaví a a la guerra social de. los años cuarenta y cincuenta. Y la
. retórica de la época muestra que el golpe de Rojas fue ante todo
un golpe de opinión de la clase dominante.
El nuevo gobernante obtuvo de la ANAC tanto la legitima­
ción de su mandato como un número de actos legislativos
referentes a la perpetuación del régimen militar. Entre ellos, la
única excepción digna de mencionar es el Acto Legislativo No.
.3 de 1954 por el cual se garantiza el sufragio femenino en todo el

50. F. Posada, Colombia: Violencia y Subdesarrollo i Universidad Nacio­


nal, Bogotá, 1968.
país, por primera vez en nuestra historia. Pero el nuevo derecho
no seríá ejercitado hasta la restauración del régimen civil.
Las élites tradicionales habían cometido un trágico error: la
Violencia empeoró y el gobierno de Rojas se convirtió en una
dictadura militar desembozada. A principios de 1956, la mayor
parte de la clase política estaba en la oposición y se fraguaba
una tregua para la guerra entre los partidos y sus clientelas.
Los Acuerdos de Benidorm y Sitges en 1956 y el Pacto del 20
de marzo en 1957, suscritos por los expresidentes Lleras
Cámargo y Gómez y respaldados por los políticos, ios empre­
sarios y las organizaciones cívicas, propusieron un Frente
Nacional para reconciliar al país y restaurar el sistema consti­
tucional por medio de un plebiscito. Más aún, tales instrumen­
tos y las fuerzas que los sustentaban aparentemente persuadie­
ron al dictador de entregar el poder en manos de una Junta
Militar acordada por los partidarios conservadores de Rojas y
la coalición en ciernes. El hecho es que el 10 de mayo de 1957
Rojas abandonó la presidencia y el país sin haberse resistido a
la oposición general como hubiera podido.
La Junta de cinco miembros gobernó al país entre mayo 10
de 1957 y agosto 7 de 1958, cuando asumió el primer presi­
dente electo del Frente Nacional, Alberto Lleras Camargo.
Durante el breve gobierno de transición, los acuerdos políticos
bipartidistas fueron transformados en un proyecto de reforma
constitucional expedido por medio de un decreto de estado de
sitio y sometido a la refrendación popular en el plebiscito de
diciembre 1 de 1957.
El referéndum, en sí mismo la mayor votación en la historia
electoral del país y la primera con participación femenina, fue
una experiencia excepcional. Se trata de la única intervención
directa del pueblo colombiano —el llamado constituyente
primario—»en una decisión constitucional de trascendencia. Y
sin embargo, el pacto bipartidista sometido y aprobado por la
población fue y es antidemocrático púesto que no sólo legitimó
la restauración del bipartidismo minoritario y ahora exclu-
yente sino también prohibió cualquier nueva apelación al
poder constituyente primario. Una forma extraordinaria de
legitimación para la crisis extraordinaria que la nación afron­
taba, el plebiscito de 1957 es el movimiento inaugural del tercer
proyecto de hegemonía al cual los partidos gobernantes han
recurrido para permanecer en el poder con algún tipo de san­
ción popular. Ni el radicalismo liberal, ni el autoritarismo
conservador, cada uno por su lado, resultan suficientes para
prevenir la guerra civil o evitar que ella se convierta en lucha de
clases y a la vez modernizar y pacificar un país joven que
empieza a desobedecer. El pacto frentenacionalista es el verda­
dero sueño político de la burguesía colombiana desde 1854.
Pero a causa de las ensoñaciones constitucionales han sido
necesarios cien años de soledad para someter a la población
nacional a su férrea disciplina.
La enmienda plebiscitaria aparece como un “texto indivisi­
ble” que contiene tres elementos principales: un. nuevo preám­
bulo para la carta, el mismo pórtico barroco que glosamos en el
Capítulo III; la ratificación de la constitución de 1886 con
todas sus reformas, salvo las aprobadas por la Constituyente de
1952 a 1957; y el sistema del Frente Nacipnal. En una sola
jugada maestra, de consiguiente, las viejas élites civiles reco­
bran las riendas del gobierno, restauran su dominio patricial
transformado ahora en un ambicioso monopolio del poder y
reparan la quebrantada tradición del constitucionalismo con
una avalancha de respaldo electoral que tiene el doble efecto de
justificarlos y cubrir el vergonzoso decenio anterior con un
manto de olvido. Peor aún, otra vez en nombre dé los sagrados
valores de la continuidad y la estabilidad, el orden y la unidad,
el pueblo no se da cuenta de que el precio que tiene que pagar
por haber sido llamado a refrendar la restauración frentena­
cionalista es demasiado alto: no actuar otra vez como constitu­
yente primario.
En efecto, la penúltima norma de la reforma de 1957 ordena
que “en adelante las reformas constitucionales sólo podrán
hacerse por el Congreso, en la forma establecida por el artículo
218 de la Constitución” (artículo 13 del Decreto Legislativo
024.7 de 1957). Ello convierte en revolucionaria cualquier ape­
lación al pueblo y confirma la sospecha de que en un sistema de
soberanía nacional o indivisible como el colombiano prevalece
la discreta tiranía de los representantes sobre los representados.
El Frente Nacional mismo es un dispositivo monopolístico
por el cual las dos fuerzas políticas comparten las posiciones y
responsabilidades gubernamentales mediante tres mecanis­
mos: alternación presidencial, paridad burocrática y coopta­
ción judicial (artículos 2,4 y 12). Así, todos los cargos públicos
de las tres ramas del Estado deben ser provistos con militantes
conservadores y liberales y en cada elección durante los
siguientes dieciséis años los votantes no pueden elegir sino a
aquellos candidatos en tunjo para la presidencia y de la coali­
ción bipartidista para las corporaciones públicas {Congresos,
Asambleas y Concejos), i
Adicionalmente, la primara enmienda del Frente Nacional
reconoce el derecho a elegir: y ser elegidas a todas las mujeres
colombianas (artículo 1) cómo si la ANAC bajo Rojas no lo
hubiera hecho ya en 1954. i
En 1959 y 1960, la reforma fue complementada por dos actos
legislativos por los cuales sé extienden la alternación presiden­
cial hasta 1974 y se; restringe! el estado de sitio, respectivamente.
Después de dos. administraciones casi enteramente dedica­
das a la pacificación del secjtor rural, operación que eliminó el
bandidismo pero;fomentó; la guerrilla ideológica, el tercer
gobierno del Frente Nacional, estuvo, presidido por Carlos
Lleras Restrepo, un discípulo de López Pumarejo, que dirigió
una administración activista y emprendió una amplia reforma
de la maquinaria institucfthral.
A diferencia de las reformas de mediados del siglo XIX y de
la Revolución en Marcha de los años treinta, que fueron con­
trarrevoluciones preventivas, la última reforma constitucional
de consideración'fue uná reorganización tecnomática del
Estado y especialmente del ejecutivo y de la presidencia. Tras el
restablecimiento autoritario del orden público, que había que­
dado en entredicho como consecuencia del colapso parcial del
Estado generado por la Violencia51, la administración Lleras
Restrepo propuso una modernización económica del país a
través de la llamada sustitución de exportaciones y una actuali­
zación de la carta por medio del Acto. Legislativo No. 1 de
diciembre 11 de 19(58. j
Aprobada por el Congreso luego de un largo y agitado
debate (que tardó tres años en lugar de los dos habituales,
suscitó una renuncia presidencial y supuso un complejo pro­
ceso de negociaciones entre las fracciones de la coalición
gobernante), la reforma de; 1968 incluye revisiones a setenta y
cuatro de los doscientos dieciocho artículos de la carta de 1886,
tal como había sido codificada por el Consejo de Estado en
1945. Tales alteraciones reconocen un común denominador: el
fortalecimiento de un presidencialismo tecnocrático, casi auto-

51. Véase Paul Oquist, Violencia, Conflicto y Política en Colombia, Insti­


tuto de Estudios Colombianos, Bogotá, 1976.
crático, como nota distintiva del sistema constitucional de
Colombia52. . .
' H ay tres aspectos dignos de mención en 1¿ enmienda de 1968:
la consolidación de la presidencia, el. llamado desmonte del
Frente Nacional y la modernización de los gobiernos regiona­
les y locales.
Bajo., la influencia de la Quinta República francesa y en
particular de la poderosa institución presidencial forjada por
De Gaulle en la constitución de 1958, los autores de la
enmienda53incrementan las atribuciones del jefe del Estado en
varios sectores estratégicos: la intervención estatal en el mer­
cado se hace obligatoria y se extiende a todos los aspectos del
proceso económico (artículo 6, hoy artículo 32); se instituye la
planificación económica, imperativa para el sector público e
indicativa para el sector privado, y se vincula a la intervención
económicá estatal (articuló 14, hoy. artículo 80); la iniciativa
legislativa en materias económicas, financieras y monetarias se
radica en cabeza del ejecutivo (artículo 13, hoy artículo 79); el
presidente queda facultado para intervenir en la emisión mone-
tariay el ahorro privado (artículo 41, hoy artículo 120, ordinal
14); y se crea el estado de sitio económico, el llamado estado de
emergencia económica y social, a discreción del presidente
(artículo 43, hoy artículo 122). En términos de política econó­
mica, estas innovaciones tienen que ver con una nueva fase del
desarrollo capitalista a, nivel continental. Y en términos de
estrategia política, las relaciones entre el Estado y la clase
empresarial continúan, ahora más que nunca, gobernadas por
la misma dinámica pendular inaugurada por las élites y sus
partidos en 1854.
El desmonte del Frente Nacional no afecta más que uno de
los tres mecanismos del bipartidismo plebiscitario, el de la
paridad burocrática, y sólo en parte.. Los otros, la alternación
presidencial y la cooptación judicial, no son tocados por la
reforma. El uno permanecerá en vigor hasta 1974, ,C01P.° lú,
habían dispuesto las enmiendas de 1957 y 1959, y el otro

52. Véase Luis Garlos Sáchica, La Reforma Constitucional de 1968, Edito­


rial Temis, Bogotá, 1969 y Hernando Yepes Arcila, La Reforma Constitucio­
nal de 1968 y el Régimen Político Colombiano, Imprenta Departamental,
Manizales, 1974.
53. Carlos Lleras Restrepo, Jaime Vidal Perdomo, Carlos Restrepo Piedra-
hita, Alfonso López Michelsen y Alfonso Gómez Gómez.
sobrevive hasta hoy como la regla imperante en materia de
nombramientos y promociones en la rama jurisdiccional. No
existe, por tanto, desmonte sino apenas reducción parcial del
control bipartidista sobre el. legislativo en la medida en que las
corporaciones electivas se abren a la competencia democrática
en dos etapas: los Concejos Municipales y las Asambleas
Departamentales desde 1970 y el Congreso Nacional desde
1974 (artículo 50, hoy artículo 172). Pero la paridad biparti­
dista sigue vigente en el ejecutivo y en la justicia.
Con relación a los ministerios y departamentos administra­
tivos en la cúpula del gobierno, empero, la enmienda de 1968
ofrece una nueva versión de la paridad bipartidista que es un
ejemplo perfecto de regla polémica, de una norma surgida de la
disputa burocrática y presupuestal entre los partidos y al
. mismo tiempo enderezada a zanjarla. Se trata del artículo 41,
que corresponde hoy al parágrafo del ordinal primero del ar­
tículo 120 y dispone que.:

Para preservar, después de la fecha indicada [agosto 7 de


1978], con carácter permanente el espíritu nacional.en la Rama
Ejecutiva y en la Administración Pública, el nombramiento de
los citados funcionarios se hará en forma tal que se dé participa­
ción adecuada y equitativa al partido mayoritario distinto al del
Presidente de la República.

A pesar de las quejas recurrentes de liberales y conservado­


res, las cuatro últimas administraciones han estado sometidas a
la racionalidad frentenacionalista por cuanto, abstracción
heeha del partido al cual pertenece el presidente de turno, el
presupuesto y la burocracia se dividen aún entre las dos fuerzas
gobernantes y sus clientelas cautivas en forma aproximada­
mente paritaria. Y el desempeño electoral de la izquierda,
consistentemente pobre a lo largo de los últimos veinte años,
ha contribuido a legitimar el carácter formalmente abierto del
régimen colombiano.
El tercer aspecto de la reforma que amerita alguna crítica es
la modernización de la administración territorial. De acuerdo
con la tradición centralista, los gobiernos regionales y locales
no son más que agencias administrativas del gobierno nacio­
nal, que carecen de todo poder decisorio, La enmienda de 1968
crea nuevas instituciones para el mejoramiento de aquellas
entidades: juntas administradoras locales en el nivel municipal
y asociaciones de municipios y áreas metropolitanas en el nivel
provincial y departamental (artículos 61 y 63, hoy artículos 196
y 198). Estas nuevas formas, no obstante, no han tenido el
desarrollo legal, reglamentario y práctico que merecen y no
están orientadas a la devolución de poder a la población sino
más bien a la aplicación de la racionalidad gerencial al sector
público, que fue uno de los temas predilectos del presidente de
entonces.
Finalmente, existe un aspecto separado de la segunda
reforma frente nacionalista que constituye un avancé objetivo y
que no guarda relación directa con el fortalecimiento del ejecu­
tivo dentro del Estad o'y de la presidencia dentro del ejecutivo.
Se trata de la reorganización del control constitucional.
Los artículos 71 y 72, hoy artículos 214 y 216, distribuyen
entre la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado la
competencia para conocer de la constitucionalidad de todas las
decisiones normativas del Estado, así: la primera juzga los pro­
yectos de acto legislativo y de ley, los actos legislativos, las leyes
y los decretos con fuerza de ley, y el segundo juzga los actos
administrativos en general, en asocio de los tribunales adminis­
trativos departamentales. Adicionalmente, a la Corte se atri­
buye la revisión oficiosa o automática de los decretos legislati­
vos expedidos por el gobierno bajo estado de sitio o de
emergencia. Y se crea la Sala Constitucional en la Corte, para
preparar ponencias o proyectos de sentencia con base en los
cuales decide la Corte en pleno.
Este reajuste, junto con un cambio generacional, tuvo
mucho que ver con las radicales decisiones de mayo de 1978 y
noviembre de 1981 por medio de las cuales la Corte Suprema
declaró inaplicables por inconstitucionales las reformas de 1977
y 1979.
Aún hoy, no se sabe con certeza por qué la administración
Lleras Restrepo fortaleció tanto a la Corte como tribunal
constitucional. El hecho es que, al interpretar el artículo 214
reformado en 1968 de manera creativa, la Corte ha asumido un
protagonismo estratégico en el proceso político nacional y ha
puesto de manifiesto la naturaleza profunda de campo de
batalla que tiene la carta fundamental.
En teoría, el reformismo constitucional por el Congreso
puede ser visto en la Colombia de hoy como una metodología
válida para hacer el cambio social por medios.civilizados. En la
práctica, sin embargo, esta incansable apelación al cielo, al
cielo de las constituciones»; debe ser cuestionada y desaconse­
jada hasta tanto opere como una herramienta para simular la
participación y el desarrollo y preservar en realidad un régimen
minoritario que habla y escribe el mejor discurso legal de la
tierra. Por ahora, eL último refugio de la democracia es el
guardián de la constitución!, una institución no electiva y políti­
camente irresponsable que en cualquier caso ha contribuido
más que ninguna otra autoridad a la crítica y limitación de los
poderes discrecionales del legislativo y del ejecutivo. La actual
política constitucional colombiana ofrece una respuesta clara a
la cuestión formulada por Alexander Bickel y John Ely acerca
de la naturaleza antidemocrática o contramayoritária del con­
trol constitucional: mientras el pueblo siga siendo el convidado
de piedra del proceso constituyente y las ramas legislativa y
ejecutiva recurran una y olira vez al reforínismo constitucional
como estrategia sustitutiVa de la apertura y el cambio del
régimen, resulta crucial para el páís contar con una jurisdicción
constitucional activista e independiente que combate el autori­
tarismo con la retórica fórjense.
Después de la reforma d;e 1968 y la anulación de las enmien­
das de 1977 y 1979, las últimas revisiones vigentes de alguna
trascendencia son las de 1975, 1977 y 1986.
El Acto Legislativo No. ;1de 1975 reduce la mayoría de edad
de los veintiuno a los dieciocho años y amplía así la población
políticamente activa del país. Y sin embargo, tal avance debe
ser visto como una concesión y no como una conquista pues los
nuevos contingentes juveniles que han acrecido el electorado
no han hecho hasta ahora más participativa una sociedad en la
cual cerca dél sesenta por ¿iento de los votantes potenciales ha
estado ausente de las urnas a lo largo de los últimos cuarenta
años54. ;
El Acto Legislativo Ncj. 1 de 1977 complica el anticuado
sistema de sucesión presidencial, caracterizado desde 1843 por
un designado del Congreso sin funciones permanentes en lugar
de un vicepresidente electivo, al adicionarlo con el llamado
ministro delegatario, quien debe reemplazar al presidente
cuando éste tealiza visitas !de Estado fuera del territorio nació-

54. Véase mi “Una Atenas sin Sócrates: Sufragio y Analfabetismo en


Colombia”, Nueva Sociedad, Nó. 38, Bogotá, septiembre-octubre de 1978, pp.
111-120. I
f
nal;* en sus otras ausencias o faltas; el jefe del Estado debe ser
reemplazado por el designado.
' Y el Acto Legislativo No. 1 de 1986 establece la elección
popular de los alcaldes municipales por períodos; bienales, a
partir de 1988. Se trata de otro progreso puntual del sistema,
que debe ser. examinado en el contexto de la dominación bipar­
tidista y de la cantidad y calidad de democracia política que
existe realmente a nivel local.
Con posterioridad a las. valientes decisiones de la Corte
Suprema, el reformismo constitucional se ha hecho más local,
más puntual. Pero persiste. Hay uno o dos Actos Legislativos
en trámite. Hay siempre un proyecto de reforma constitucional
en la agenda del gobierno de turno, hasta tanto la actual
relación de fuerzas favorezca a la coalición gobernante. Pero la
batalla social se libra hoy en otro escenario, por doquier: la
violencia endémica del proceso nacional y constitucional de '
Colombia no se expresa ya en el conflicto bipartidista o en el
bandidismo popular. Ahora asume la forma de una generali­
zada guerra de guerrillas55.
La oposición extraparlamentaria comprende dos tradiciones
separadas de rebelión armada56y se ha convertido en el mayor
desafío para la dominación y hegemonía de las élites reinantes y
su coalición gobernante en lo que va corrido del siglo y proba­
blemente en toda la historia del país. Hasta ahora, a lo largo de
los años setenta y ochenta, las últimas administraciones han
sido incapaces dé suprimir la crítica de las armas contra el
establecimiento liberal y conservador. Y sin embargo, los alza­
dos en armas han sido incapaces de derrocar al gobierno o de
movilizar a la población .civil en su favor. Esta situación.de
indefinición en la lucha conduce al país a un callejón sin salida

55. Véase Gonzalo Sánchez, “La Violencia in Colombia: New Research,


New Questions”, Hispanic American Historial Review, vol. 64, No. 4, Novem-
ber 1985, pp. 789-807. •
56. Laprimeraprocededelas guerrillas liberales y el movimiento de autode­
fensa campesina de los años cincuenta y forma hoy el grupo mayoritario: las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), vinculadas de algún
modo al partido comunista. Lasegundatradición incluye varios grupos meno­
res, diferenciados por divisiones doctrinarias, que fueron creados por estudian­
tes y profesionales revolucionarios a mediados y finales de los años sesenta con
base en la experiencia cubana y según patrones ideológicos mucho más rígidos
que los de las FARC; este sector alberga grupúsculos maoístas, troskistas y de
otras provincias del leninismo.
aparente: el gobierno no quiere correr riesgos abocando la
democratización y modernización de la sociedad y no puede
apelar de nuevo al tradicional reformismo constitucional
debido a la naturaleza radical y global del desafío que afronta el
régimen político; y la oposición no quiere concurrir a un debate
electoral decidido de antemano y no puede insistir en su actual
escalada terrorista sin provocar el autoritarismo, la militariza­
ción y el golpe de Estado.
En tal contexto, ¿qué tiene que decir el texto? No ha habido
aún una respuesta constitucional al bloqueo político producido
por la lucha guerrillera, y la Corte Suprema, en su condición de
guardián de la carta, permanece distante, como si no estuviera
en el ojo del huracán.
Capítulo IX
EL CULTO DEL ORDEN

Desde el punto de vista constitucional, Colombia es hoy una


socied ad bloqueada, una nación sitiada por la retórica republi­
cana cuyo liderazgo parece ser incapaz o carecer de voluntad
para compartir el poder del Estado y abrir las avenidas del
desarrollo económico y la modernización democrática, aunque
no fuera más que para cumplir sus propias promesas desde ía
guerra de independencia y no para realizar el sueño liberal.
Al término de esta travesía crítica por las provincias en
guerra del constitucionalismo colombiano, a lo largo de la cual
nuestra metodología ha sido una búsqueda socrática debajo y
más allá de las formulaciones y realizaciones del discurso jurí­
dico durante el proceso de formación nacional, pueden
extraerse las siguientes conclusiones, tanto para resumir las
páginas precedentes cuanto para estimular la reflexión y la
discusión:
1. Contra la creencia subyacente de muchas escuelas de
pensamiento jurídico, el derecho no es la paz sino la guerra, la
guerra ritual. Y el dominio del derecho es el dominio de un
saber polémico, una retórica estratégica, una gramática de y
para la guerra civil que es la vida cotidiana.
2. En la historia constitucional colombiana, una hipótesis tal
puede ser verificada de manera paradigmática en la medida en
que el proceso de construcción nacional ha sido reducido a y
absorbido por la tradición constituyente, y la tradición constitu­
yente no ha sido más que una batalla interminable entre élites y
partidos, cartas y enmiendas;
3. La derechización de: la realidad, y especialmente el refor-
mismo constitucional para prevenir el cambio y generar el con­
senso, se despliega a partir de la fundación nacional, la cual se
asegura por medio, de la importación e imposición del constitu­
cionalismo y-el republicanismo continentales;
4. El problema de la independencia —llenar el vacío ideoló­
gico e institucional generado por la ruptura del vínculo
colonial— se convierte en un proyecto: construir el Estado
antes de la nación y sin la; nación y luego extraer la nación del
Estado, según el esquema, de Bolívar. Esto, a su vez, debe
hacerse a través del discurso normativo, de acuerdo al legado
de Santander; i
5. Las quince constitucibnes nacionales del siglo XIX y las seis
principales entre las sesenta y siete reformas constitucionales
del siglo XX (reformas “madisonianas” o incorporadas y no re­
formas “shermanianas” o.ádicionadas) pueden agruparse en tres
familias ideológicas o proyectos de hegemonía: el proyecto libe­
ral (1853-18S6 y 1930-I946Í); el proyecto conservador (1886-1930
y 1946-1953); y el proyecto; liberal-conservador o frentenaciona-
Hsta (1854, 1880,1910, 1930,1946 y 1957-1986);
6. A pesar o a causa de esta abirragada tradición constitucio­
nal, el sistema político ha permanecido en lo esencial inalterado a
lo largo de los cientos seterita y cinco años de vida independiente
y gobernado por los. mismos grupos sociales y fuerzas políticas,
que han desarrollado un culto nacional a la estabilidad institu­
cional y al orden público; j
7. El cuito del Orden, al apelar sin tregua y sin pausa al círculo
vicioso del reformismo constitucional y bloquear así el acceso del
pueblo y dé terceras fuerzas al Estado, ha transformado a
Colombia en una sociedadiviolenta, que recurre una y otra vez a
la guerra política.(lucha bipartidista, bandidismo popular, gue­
rrilla ideológica) en busca de participación en la distribución de
poder, recursos,! oportunidades y responsabilidades para
todos57. Y sin embargo, esta dinámica ayuda a comprender por

57. Un autorizado^ elocuente ejemplo de la resonancia del conflicto intes­


tino que constituye el hilo conductor de la historia nacional aparece en la
última novela de Gabriel García Márquez, El Amor en los Tiempos del Cólera
(Editorial La Oveja Negra, Bogotá, 1985), en la cual se encuentran nueve
referencias directas a las diez gjuenas civiles del periodo 1810-1903 en las
páginas 54, 67, 101, 105, 194* 262, 356, 365. y 458, más una alusión a Víctor
Hugo y la constitución angélica de Rionegro en la página 223.
I

qué el país no ha tenido una tradición significativa de caudillismo


¿ militarismo, a diferencia del resto de Hispanoamérica, amenos
que se acepte que el formalismo jurídico es tan sólo una forma
sublimada de caudillismo58; ..
8. Como una fortificación en este campo de batalla, la Corte
Suprema de Justicia interpreta la codificación vigente en el
sentido de que los poderes discrecionales sean recortados, los
gestos autoritarios sean reducidos, las libertades públicas sean
ampliadas y las tendencias progresistas sean sustentadas. El
control constitucional es, por tanto, una de las pocas avenidas
que permanecen abiertas a la iniciativa comunitaria y que se
encuentran relativamente libres de prejuicios bipartidistas y
patronalistas, al menos por ahora;
9. Irónicamente, sin embargo,,esta critica del constituciona­
lismo colombiano no puede concluir con,la propuesta de una
nueva reforma y menos aún de una nueva constitución, en tanto
una u otra sean vistas como un deus ex machina, como una
solución providencial para los complejos problemas del desarro­
llo democrático que aboca la nación, y
10. Una antigua tradición, traída al Nuevo Mundo por los
cronistas de Indias y heredada por las élites ilustradas de Colom­
bia, sostiene que la retórica legal derivada de las artes notariales y
forenses tiene el poder de la verdad para escribir la historia e
incluso para cambiar el mundo59. En el centenario de la carta de
1886, tal es la mentalidad dominante tras los ejercicios apologéti­
cos en curso. Pero la mej or manera de celebrar la constitución es
buscar la verdad en otra parte, no en la constitución sino en la
gente, no en el derecho sirio en la vida. Porque la verdad es de este
mundo.
Sobre laentradadel Palaeio de Justicia de Bogotá, asolado el7
de noviembre de 1985 en la más infame batalla de que se tenga
memoria en Colombia, están inscritas estas palabras pronuncia­
das por Santander en el umbral de la república: “Colombianos,
las armas os han dado independencia. Las leyes os darán
libertad”.

58. Véase Rogelio Pérez Perdomo, El Formalismo Jurídico y sits Funciones


Sociales en el Siglo XIX Venezolano, Monte Avila Editores, Caracas, 1978, pp.
106 y 107.
59. Véase Roberto González Echevarría, “Cien Años de Soledad: The Novel
as Myth and Archive”, en Modern Language Notes, vol. 29, No. 2, 1984 y
Rafael Núñez Lagos, El Documento Medieval y Rolandino: Notas de Historia,
Editorial Góngora, Madrid, 1951.

1
Hasta hoy, las armas han proliferado y las leyes han sido
empleadas como armas. Y la herencia de los colombianos es
violencia. Para librarnos de nosotros mismos y de nuestras nece­
sidades, para evitar otros cien años de soledad y tener una
segunda oportunidad sobre la tierra, debemos luchar por la
imaginación política en lugar del reformismo constitucional, por
la democratización y el cambio en lugar de la continuidad y el
orden a cualquier precio.
BIBLIOGRAFIA,

Academia Colombiana de Historia,: Conferencias en Homenaje al


General Francisco de ¡Paula Santander, Imprenta Nacional,
Bogotá, 1940. i
Academia Colombiana de Hjistoria, £ / Libro de Oro de Santander,
Plaza & Janés, Bogotá; 1983.
Academia Colombiana de Historia, Antecedentes de la Constitución
de 1886, Plaza & Janés, Bogotá, 1983.
Aguilera Miguel, La Legislación y el Derecho en Colombia, Historia
Extensa de Colombia, vol. XIV, Ediciones Lerner, Bogotá,
1965» .; :
Aragón, Arcésio, Nociones de Derecho Público Interno, Imprenta
Departamental, Popaypn, 1921.
Arrubla, Mario et al., Colombia Hoy, Siglo XXI Editores, Bogotá,
1978. : :
Backus, Richard, A. y Eder, Phanor J.,A Güide to the Law and Legal
Literature o f Colombia\ The Library of Congress, Washington,
1943. ; j
Becker, Cari L., The Heavenly City of the Eighteenth Century Philoso-
phers,. Yale University ífress, New Haven, 1932.
Bejarano, Jesús A. (ed.), El Siglp XIX en Colombia Visto por Historiado­
res Norteamericanos,. Editorial La Carreta, Bogotá, 1977.
Belaúnde, Víctor Andrés, Bolívar y el Pensamiento Político de la Revo­
lución Hispanoamericana, Ediciones Cultura Hispánica, Ma­
drid, 1959. i
Belloc, Hillaire, Róbespierrej\Editorial Juventud, Barcelona, 1969.
Bentham, Jeremy, Él Panóptico, Las Ediciones de laPiqueta, Madrid,
1979, i
Bickel, Alexander M., The Least Dangerous Branch: The Supreme
Court at the Bar o f Politics, Bobbs-Merrill, Indianapolis, 1962.
Blossom, Thomas, Nariño: Hero o f Colombian Indepéndence, Univer-
sity ofÁrizona Press, Tucson, 1967.
Bolívar, Simón, Doctrina del Libertador, Biblioteca Ayacucho, Cara­
cas, 1979.
Bolívar, Simón, Escritos Políticos, Alianza Editorial, Madrid, 1979.
Bolívar, Simón, Proyecto de Constitución para la República Boliviana
(Lima, 1826), Academia Nacional de la Historia y Lagovén S.A.,
Caracas, 1978,
Bushnell, David, El Régimen de Santander en la Gran Colombia, El
Ancora Editores, Bojgotá, 1985.
Camacho Roldán, Salvador, Santander, Academia Colombiana de
Historia, Bogotá, 1978. .
Camus, Albert, El Hombre Rebelde, Editorial Losada, Buenos Aires,
1973.
Cárdenas Acosta, Pablo, El Movimiento Comunal de 1781 en el Nuevo
Reinode Granada, Editorial Kelly, Bogotá, 1960.
Caro, Miguel Antonio, Estudios Constitucionales, Biblioteca Popular
dé Cultura Colombiana, Bogotá, 1951.
’ Carpentier, Alej o, El Siglo de las Luces, Círculo de Lectores, Barcelo­
na, 1970.
Cassirer, Emst, The Question o f Sean Jacques Rousseau, Indiana Uni-
versity Press, Bloomington, 1975. .
Castro, Jaime (ed.), Constitución Política de Colombia, Fundación
Friedrich Naumann/Editorial La Oveja Negra, Bogotá, 1982.
Castro, Jaime, Elección Popular de Alcaldes, Editorial La Oveja Negra,
Bogotá, 1986/
Cerroni, Umberto, Introducción al Pensamiento Político, Siglo XXI
Editores, México, 1974.
Clausewitz, KarI von, De la Guerra, Editorial Mateu, Barcelona,
1972. . .
Collier, Simón, “Nationality, Nationalism, and Supranationalism in
the Writings of Simón Bolívar”, en Hispanic American Historial
/teview, vol. 63, No;T, February 1983. . .
Constaín, Alfredo, Elementos de Derecho Constitucional, Editorial
Temis, Bogotá, 1959.
Copete Lizarralde, Alvaro, Lecciones de Derecho Constitucional Co­
lombiano, Ediciones Lemer, Bogotá, 1960..
Cover, Robert M., Justice Accused: Ántislavery and the Judicial Pro-
cess, Yale University Press, New Haven, 1975.
Cuervo Márquez, Luis, Independencia de las Colonias Hispanoamerica­
nas: Participación de la Gran Bretaña y de los Estados Unidos, 2
vols., Editorial Selecta, Bogotá, 1938.
Davis, Robert H., Historical Dictionary o f Colombia, The Scarecrow
Press, Metuchen, 1977..
Della Volpe, Galvano, Rousseau y Marx, Ediciones Martínez Roca,
Barcelona, 1969.
Deipar, Helen, Red Against Blue: The Liberal Party in Colombian
Politics 1863-1889, The University of Alabama Press, University,
1981.
Díaz Uribe, Eduardo, El Clientelismo en Colombia: Un Estudio Explo-
: ratono, El Ancora Editores, Bogotá, 1986.
Ely, John Hairt, Democracy and Distrust: A Theory ofJudicial Review,
Harvard University Press, Cambridge, 1980.
España, Gonzalo (comp.), Los Radicales del Siglo XIX: Escritos Políti­
cos, El Ancora Editores, Bogotá, 1984.
España, Gonzalo, La Guerra Civil de 1885: Núñez y la Derrota del
Radicalismo, El Ancora Editores, Bogotá, 1985.
Fals Borda, Orlando, Las Revoluciones Inconclusas en América Latina
18Ó9-1968, Siglo XXI Editores, México, 1968.
Fals Borda, Orlando et al., La Violencia en Colombia, 2 vols, Ediciones
Tercer Mundo, Bogotá, 1962.
Fernández Botero, Eduardo, Las Constituciones Colombianas Compa­
radas, 2 vols, Universidad de Antioquia, Medellín, 1964.
Forero, Juan Francisco, Critica del Derecho Constitucional: Exposi­
ción Sistemática del Derecho Constitucional de León Duguit,
Editorial Minerva, Bogotá, 1935.
Foucault, Michel, Vigilar y Castigar: Nacimiento de la Prisión, Siglo
XXI Editores, México, 1976.
Foucault, Michel, Historia de la Sexualidad, I: La Voluntad de Saber,
Siglo XXI Editores, México, 1977.
Foucault, Michel, La Verdad y las Formas Jurídicas, Gedisa, Barce­
lona, 1980.
Freyre, Gilberto, Casa Grande y Senzala, Biblioteca Ayacucho, Cara­
cas, 1977;
Furet, Franfois, Pensar la Revolución Francesa, Ediciones Petrel, Bar­
celona, 1980.
G’aleano, Eduardo, Las Venas Abiertas de América Latina, Siglo XXI
Editores, México, 1973.
Gallón Giraldo, Gustavo, Quince Años de Estado de Sitio en Colombia
1928-1978, Editorial América Latina, Bogotá, 1979.
Gallón Giraldo, Gustavo, La República de las Armas: Relaciones entre
Fuerzas Armadas y Estado en Colombia 1960-1980, Cinep, Bogo­
tá, 1983.
García, Antonio, Colombia: Esquema de una República Señorial, Edi­
ciones Cruz del Sur, Bogotá, 1977.
Gnecco Mozo, José, La Reforma Constitucional de 1936, Editorial
ABC, Bogotá, 1938.
González Echevarría, Roberto, “Cien Años de Soledad: The Novel as
Myth and Archive”, en Modern Language Notes, vol. 99, No. 2,
. 1984.
Grimsley, Ronald, La Filosofía de Rousseau, Alianza Editorial, Ma­
drid. 1977.
Guillén Martínez, Femando* El Poder Político en Colombia, Editorial
Punta de Lanza, Bogotá, 1979! .
Guillén Martínez, Fernando, La Regeneración: Primer Frente Nacio­
nal, Carlos Valencia Editores, Bogotá,. 1986.
Guzmán, Antonio Leocadio, Ojeada al Proyectó de Constitución que el
Libertador ha Presentado a la República JBolivar, Imprenta Repu­
blicana, Lima, 1826. . -
Hart, H.L. A;, The Concept o f Law, Oxford University Press, Oxford,
1961.
Henao, Jesús María y Arrubla, Gerardo, Historia de Colombia, 2 vols.
Academia Colombiana de Historia/Plaza & Janés, Bogotá,
1984.
Hernández de Alba, Guillermo y Lozano y Lozano, Fabió (comp.),
Documentos sobre el Doctor Vicente Azuero, Biblioteca de Histo­
ria Nacional, vol. LXXI, Bogotá, 1944. . ...
Hernández Rodríguez, Guillermo, La Alternación ante el Pueblo como
Constituyente Primario, Editorial América Libre, Bogotá,
1962.
Hoenis.berg, Julio, Santander, el Clero y Bentham, Editorial ABC,
Bogotá, 1940.
Hoenisberg, Julio, Santander ante la Historia, 3 vols., Imprenta De­
partamental, Barranquilla, 1969.
Holmes, Oliver Wendell, La Senda del Derecho, Abeledo Perrot, Bue­
nos Aires, 1975.
Huntington, Samuel P., El Orden Político en las Sociedades en Cambio,
Editorial Paidós, Buenos Aires, 1972.
Jaramillo Agudelo. Darío (comp.), La Nueva Historia de Colombia,
Colcultura, Bogotá, 1976.
Jaramillo Uribe, Jaime (comp.), Antología del Pensamiento Político, 2
vols., Banco de la República, Bogotá, 1970.
Jaramillo Uribe, Jaime, El Pensamiento Colombiano en el Siglo XIX,
Editorial Terais, Bogotá, 1974.
Jaramillo Uribe, Jaime, La Personalidad Histórica de Colombia y otros
Ensayos, Colcultura, Bogotá, 1977.
Jaramillo Uribe, Jaime (ed.), Manual de Historia de Colombia, 3 vols.,
Colcultura, Bogotá, 1980.
Jordán, David P., The Revoiutionary Career o f Maximilien Robespie-
rre, The Free Press, New York, 1985. .
Jouvenel, Bertrand de. El Poder, Editora Nacional, Madrid, 1974.
Kairys, David (ed.), The Politics o f Law: A Progressive Critique,
Pantheon Books, New York, 1982.
Kantorowicz, Ernst H., Los Dos Cuerpos del Rey: Un Estudio de
Teología Política Medieval, Alianza Editorial, Madrid, 1985.
Leal Buitrago, Francisco, Estado y Política en Colombia, Cérec/ Siglo
XXI Editores, Bogotá, 1984.
V

Lechner, Norbert, La Crisis del Estado en América Latina, El Cid


Editor, Carácas, 1977;
Lechner, Ñorbeit (ed;), Estadby Política en América Latina, Siglo XXI
Editores, México, 198j.
Legendre, Pierre, El Amo,r deí\Censor: Ensayo sobre el Orden Dogmáti­
co, Editorial Anagrama, Barcelona, 1979.
Legendre, Pierre, El Discurso Jurídico: Perspectiva Psicoanalítica
y otros Abordajes Epistemológicos, Hachette, Buenos Aires,
1982. ;
Leonard, David P., The Comunero Rebellion o f New Granada in
1781: A Chapter in the-Spanish Questfor Social Justice, Uni­
versity'of Michigan Press, Ann Arbor, 1951.
Liévano Aguirre, Indalecio, Razones Sociecoriómicas de la Conspira­
ción de Septiembre contra elLibertador, Biblioteca Venezolana
de Historia, Caracas, 1968.
Liévano Aguirre, Indalecio, Los Grandes Conflictos Sociales y Políti-
- eos de Nuestra Historia, 2 vols., Ediciones-Tercer Mundo, Bogo­
tá, 1972. ' j
Liévano Aguirre, Indalecio, Rafael Núñez, Colcultura, Bogotá, 1977.
Liévano Aguirre, Indalecio, Bolívar, Editorial La Oveja Negra, Bogo­
tá, 1981. |
López Michelsen, Alfonso, La Estirpe Calvinista de Nuestras Institucio-
. nes, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá; 1966.
López Michelsen, Alfonso, Ihtroducción al Estudio de la Constitución
de Colombia, Universidad de Santo Tomás, Bogotá, 1983.
Lynch, Dennis O., Legal Roles in Colombia, Scandinavian Institute of
African Studies/ International Center for Law in Development,
Uppsala/New York, 1981.
Lynch, John, Las Revoluciones Hispanoamericanas 1808-1826, Edito­
rial Ariel, Barcelona, ¡1983.
MacGreevey, William, Historia Económica de Colombia, Ediciones
Tercer Mundo, Bogotjá, 1976.
McKennan, Theodora, Santander and The Yogue o f Benthamism in
Colombia and New Granada, Ph. D. Dissertation, Loyola U ni-
versity, Chicago, 1970,
McWhinney, Edwárd,.Constitution-Making: Principies, Process, Prac-
tice, University of Toionto Press; Toronto, 1981.
Madrid-Malo, Mario, Diccionario de Derecho Público Colombiano-,
Legis,Bogoíá, 1984.
Marichal, Juan, Cuatro Fases de la Historia Intelectual Latinoamerica­
na 1810-1972, Fundación Juan March ./ Cátedra, Madrid, 1978.
Marquínez, Germán (eomp.)j Benthamismoy Antibenthamismo en Co­
lombia, Editorial El Búho, Bogotá, 1983.
Means, Robert C.:, UnderdeVelopment and The Development o f Law:
Corporations and Corporation Law in Nineteenth Century Colom­
bia,The University ofjNorth Carolina Press, Chape! Hill, 1980.
Meló, Jorge Orlando (comp.), Orígenes de los Partidos Políticos.en.
Colombia, Coleultura, Bogotá, 1978. ' ' .
Merleaú-Porty, Mauricé, Humanismo y Terror, Editorial La Pléyade, :
Buenos Aires, 1968. ;
Michels, Roben, Los Partidos Políiicos. Un EsiudioSociológico délas
Tendencias Oligárquicas de la Democracia Moderna, 2 vols.,
Amorrortú Editores, Buenos Aires, 1969.
Milíer, James, Rousseau: Dreamer o f Democracy, Yale University
Press, New Haven,-1984. •
Molina, Gerardo, Las Ideas Liberales en Colombia, 3 vols., Ediciones
Tercer Mundo, Bogotá,,1970-1977,
Morey, Miguel (ed.), Sexo, Poderi Verdad: Conversaciones con Michel
. Foucaúlt, Editorial Materiales* Barcelona, 1978. ;
Moses, Bernard, Constitution o f The Répiiblicof Colombia, American
Academy of Political and Social Science, Philadelphia. 1893.
Moses Bernard, The IntellectuqlBackgroimd o f the Revolution in South
America 1810-1824,'Th.t Hispanic Society of América, New
York, 1926.' >
Naranjo Villegas Abel, Morfología de la Nación Colombiana,
Historia Extensa de Colombia, vol. XXII, Ediciones Lemer,
Bogotá, 1965.
Nariño, Antonio, Escritos Políticos¿ El Ancora Editores, Bogotá,
1982.. .
Nieto Arteta, Luis Eduardo, Economía y Cultura en la Historia de
Colombia, EditorialLa Oveja Negra, Bogotá, Í970.
Núñez, Rafael, La Reforma Política, 8 vols., Biblioteca Popular de
Cultura Colombiana, Bogotá, 1950. .
Nüñez, Rafael, Escritos Políticos, El Ancora Editores, Bogotá, 1986.
Núñez Lagos, Rafael, El Documento Medieval y Rólandirvo; Notas de
Historia, Editorial Góngora, Madrid, 1951.
Ocampo López, Javier, El Proceso Ideológico de la Emancipación,
Universidad Pedagógica y Tecnológica,. Tunja, 1970.
Ocampo López, Javier, La Independencia dé los Estados Unidos y su
Proyección en Hispanoamérica, Instituto Panamericano de Geo­
grafía e Historia, Caracas,. 1979.
Oquist, Paul, Violencia, Conflicto y Política en Colombia, Instituto de
Estudios Colombianos, Bogotá, 1976.
Ospina Vásquez, Luis, Industria y Protección en Colombia, Editorial
Santa Fe, Medellín, 1955.
Pacheco, Juan Manuel, La Ilustración en el Nuevo Reino [de Gra­
nadal, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 1976.
Palacios,Marco, El Café en Colombia1850-1970: Una Historia Econó­
mica, Social y Política, EÍ Colegio de México/El Ancora Edito­
res, Bogotá, 1983.
Palacios, Marco (comp.), La Unidad Nacional en América Latina: Del
Regionalismo a la Nacionalidad, El Colegio de México, México,
1983. . .
Palacios Mejía, Hugo, La Economía en el Derecho Constitucional Co-
- lombiano, 2 vols., Biblioteca Anif de Economía, Bogotá, 1976.
Parra Pérez, Carraciolo, Bolívar: Contribución al Estudio de sus Ideas
Políticas, Editions Excelsior, París,1928.
Parks, E. Taylor, Colombia and The United States 1765-1934, Duke
. University Press, Durham, 1935.
Paz, Octavio, El Ogro Filantrópico, Editorial Joaquín Mortiz, México,
1979.
Pérez, Francisco de Paula, Derecho Constitucional Colombiano, Edi­
ciones Lerner, Bogotá, 1962.
Pérez Escobar, Jacobo, Derecho Constitucional Colombiano, Editorial
Horizontes, Bogotá, .1977.
Pérez Perdomo, Rogelio, El Formalismo Jurídico y sus Funciones Socia­
les en el Siglo X IX Venezolano, Monte Avila Editores, Caracas,
1978.
Pérez Perdomo, Rogelio, Los Abogados en Venezuela: Estudio de una
Elite Intelectual y Política 1780-1980, Monte Avila Editores,
Caracas, 1981.
Plato, The Republic, Penguin Books, Middlesex, 1974.
Pombo, Manuel Antonio y Guerra, José Joaquín, Constituciones de
Colombia, 2 vols., Imprenta de la Luz, Bogotá, 1911.
Posada, Eduardo e Ibáñez, Pedro (comp.), El Precursor: Documentos
sóbrela Vida Pública y Privada del General Antonio Nariño,
. Biblioteca de Historia Nacional, vol. II, Bogotá, 1903.
Posada, Francisco, Colombia: Violenciay Subdesarrollo, Universidad
Nacional, Bogotá, 1968.
Poulantzas, Nicos, Estado, Poder y Socialismo, Siglo XXI de España
Editores, Madrid, 1979.
Rabinow, Paul (ed.), The Foucault Reader, Pantheon Books, Nev/
York,, 1984. •
Restrepo, José Manuel, Historia de la Revolución de ¡a República de
Colombia,-6 vols., Editorial Bedout, Medellín, 1970.
Restrepo Piedrahita, Carlos, 25 Años de Evolución Político-
Constitucional 1950-1975, Universidad Externado.de Colom­
bia, Bogotá, 1976.
Rivadeneira Vargas, Antonio José, Historia Constitucional de Colom­
bia 1810-1978, Editorial Horizontes, Bogotá, 1978.
Rodríguez, Gustavo Humberto, Ezequiel Rojas y la Primera Repú­
blica Liberal, Editorial ABC, Bogotá, 1970.
Rodríguez Plata, Horacio, La Antigua Provincia de El Socorro y la
Independencia, Biblioteca de Historia Nacional, vol. XCVIII,
Bogotá, 1963..
/
Rojas, Armando, “La Batalla de Bentham en Colombia”, Revista de
Historia de América, No. 29, México, 1950.
Rojas Hurtado, Fernando» El Estado en los Ochenta: Un Régimen
Policivo? Cinep, Bogotá, 1980.
Rousseau, Jean Jacques, Del Contrato Social. Discursos, Alianza Edi­
torial, Madrid, 1980.
Rousseau, Jean Jacqués, Escritos de Combate, Ediciones Alfaguara,
Madrid, 1979.
Saa Velasco, Ernesto, Teoría Constitucional Colombiana,Universidad
del Cauca, Popayán, 1976.
Sáchica, Luis Carlos, La Reforma Constitucional de 1968, Editorial
Temis, Bogotá, 1969.
Sáchica, Luis Carlos, Constitucionalismo Colombiano. Editorial Te-
mis, Bogotá, 1978.
Sáchica, Luis Carlos, El ControldeConsiitucionalidadysus Mecanis­
mos, Universidades Simón Bolívar, Libre de Pereira.y de Mede-
üín, Bogotá, 1978.
S áchica; Luis Carlos, Esquemapara una Teoría del Poder Constituyen­
te,Editorial Temis, Bogotá, 1978.
Sáchica, Luis Carlos, Derecho Constitucional de la Libertad: Dere­
chos y Deberes de la Persona, Libreríadel Profesional, Bogotá,
1980.
Safford, Frank, Aspectos del Siglo X IX eri Colombia, Ediciones Hom­
bre Nuevo, Medellín, 1977.
Saint Just, Louis de, Discours et Rapports, Editions Sociales, París,
1957.
Salazar Parada, Gilberto; El Pensamiento Político dé Santander, Libre­
ría Voluntad, Bogotá, 1969.
Samper, José María, Derecho Público. Interno de Colombia, 2 vols.,
Imprenta de la Luz, Bogotá, 1886.
Sánchez, Gonzalo, “La Violencia in Colombia: New Research, New
Questions”, Hispanic American Histórica! Review, vol. 64, No. 4,
1985.
Sanín Greiffenstein,-Jaime, La Defensa Judicial de la Constitución,
Editorial Temis, Bogotá, 1971.
Santander, Francisco de Paula, Escritos Políticos, El Ancora Editores,
Bogotá, 1983.
Savater, Fernando, Invitación a la Etica, Editorial Anagrama, Barcelo­
na, 1982.
Savater, Fernando, La Tarea del Héroe, Taurus, Madrid, 1982.
Savater, Fernando, Panfleto contra el Todo, Alianza Editorial, Ma­
drid. 1982.
Sieyés, Enmanuel, Qué es él Tercer Estado?, Aguilar, Madrid, 1973.
Smith, Edward Conrad, The Constitution o f the United States, Bar-
nes and Noble Books, New York, 1979.
Starobiiiski, .Jean, Jean Jacques. Rousseau: La Transparencia y el Obs­
táculo, Taurtís, Madrid;, 1983.
Talmon, J.L., Los Orígenes ele la Democracia Totalitaria, Aguilar,
México, 1976.
. 1' • '•
Tascóii,Tulio Enrique, Derecho Constitucional Colombiano, Editorial
Minerva, Bogotá, 1939|.
Tejada, Francisco Elias de, El 'Pensamiento Político de los Fundadores
de Nueva Granada, Escuela de Estudios Hispanoamericanos,
Sevilla,' 1955; j '
Tocqueville, Alexisde, El Antiguo Régimen y la Revolución, Ediciones
Guadarrama, Madrid, ¡1969'. .
Trazegnies, Femando de, La Idea de Derecho en el Perú Republicano del
Siglo XIX, Universidad Católica del Perú, Lima, 1980.
Trazegnies, Fernando de, Ciríaco de Uttecho, Litigante p o r Amor:
Reflexiones sobre la Polivalencia Táctica del Razonamiento Jurí­
dico, Universidad Católica del Perú, Lima, 1981.
Trazegnies, Fernando de, Las\Tribulaciones de. la Idea: Preocupaciones
en Torno a la Idea del Derecho en el Pem Republicano del Siglo
XlX. 'ááxneó, Bogotá,] 1982.
Tribe, Laurence H., God Save This Honorable Court: How the
Choice o f Supreme Court Justices Shapes our History, Ran-
dom House; New York, 1985.
Uprimny, Leopoldo, “Capitalismo Calvinista ó Romanticismo Se-
miescolástico de los Proceres de la Independencia Colombia­
na”?, Universitas, No. 5, Bogotá, 1953.
Uprimny, Leopoldo, El Pensamiento Filosófico y Político en el Congre­
so de Cúcuia, Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1971.
Uribe Vargas, Diego, Xas Constituciones de Colombia, 2 vols.. Edicio­
nes Cultura Hispánica, Madrid, 1977.
Urrutia, Miguel, Historia délSindicalismo, en Colombia, Editorial La
Carreta/Universidad jde los Andes, Bogotá, 1976.
Valencia Villa, Alejándro, El Pensamiento Constitucional de Miguel
Antonio Caro, mimeo, Bogotá, l985.
Valencia Villa, Hernando et al., El Derecho de Resistencia a la Opre­
sión, Editorial Visiótj, Bogotá, 1973.
Valencia Villa, Hernando, |£Z Anticonstitucional: Introducción a la
Crítica de la Constitución Política, Ediciones Uniandes, Bogotá,
1981. :
Valencia Villa, Hernando, La Constitución de la Quimera: Rousseau y
la República Jacobinp en el Pensamiento Constiitucional de Bolí-
var. Editorial La Caja de Herramientás, Bogotá, 1982.
Vargas Martínez, Gustavo1, Colombia 1854: Meló, los Artesanos y el
Socialismo, Editorial La Oveja Negra, Bogotá, 1972.
Vargas Ugarte, Rubén, Lagarta a los Españoles Americanos de Don
Juan Pablo Vizcardó y Guzmán, CIMP, Lima, 1954.
! ( !
t OI
A' Varios, Aspectos Polémicos dé la Historia Colombiana del Siglo XIX,
,■ Fondo Cultural Cafetero, Bogotá, 1983.
' Vázquez Carrizosa, Alfredo, El Poder Presidencial en Colombia: La
Crisis Permanente del Derecho Constitucional, Enrique Dobry
Editor, Bogotá, 1979.
Vélez, Fernando, Datos para la Historia del Derecho Nacional,
Imprenta del Departamento, Medellín, 1891.
Veliz, Claudio, La Tradición Centralista de América Latina, Editorial
Ariel, Barcelona, 1984.
Veyne, Paul, Cómo se Escribe la Historia. Fóucault Revoluciona la
Historia, Alianza Editorial, Madrid, 1984.
Vovelle, Michel, Ideologías y Mentalidades, Editorial Ariel, Barcelona,
. - 1985..
Willifórd, Miriam, Jereniy Bentham.;on Spahish America: An
Account o f His Letters and Proposals to the New World, Lousia-
na State University Press, Baton Rouge, 1980.
Yepes, Jesús María, “Lá Evolución del Perisamieiito Constitucional
de la América Latina (1810-1830)”, Boletín de H istoriayANti-
güedades, vol. 48, No. 561, Bogotá, 1961.
Yepes Arcila, Hernando, La Reforma Constitucional de 1968 y el
Régimen Político Colombiano, Imprenta Departamental, Ma­
riÍzales, 1974.
Impreso en los talleres de
Editorial Presencia Ltda.
Calle 23 No. 24-20
Bogotá, Colombia.