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En busca de los reyes aztecas

Dos ofrendas halladas en la vieja Tenochtitlan acercan más que


nunca a los arqueólogos a los restos de los antiguos gobernantes
mexicas
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Varios de los cuchillos hallados en las ofrendas del Templo Mayor de Tenochtitlán, en las excavaciones
arqueológicas que tienen lugar en la ciudad de México. Foto: Henry Romero (Reuters) | Video: Reuters
Pablo Ferri
México 26 MAR 2019 - 08:17 CET

A casi 500 años de la caída del Imperio azteca, los arqueólogos podrían estar cerca de las tumbas de algunos
de sus gobernantes. Nunca hasta ahora se han encontrado los restos de ningún tlatoani. Hace 60 años, un
grupo de académicos aseguró que una osamenta hallada en el Estado de Guerrero había pertenecido a
Cuauhtémoc, último rey de los aztecas. Una falsa alarma. Ahora, sin embargo, la pista podría ser buena.

El director del proyecto Templo Mayor, Leonardo López Luján, ha informado del hallazgo de varias
ofrendas junto al vetusto santuario azteca, centro espiritual del reino. En una han encontrado el esqueleto de
un jaguar vestido de guerrero, con un disco de madera tallada en la espalda, emblema de Huitzilopochtli,
dios de la guerra azteca, guardián de uno de los dos santuarios construidos en lo alto del templo, que llegó a
medir más de 40 metros.
Junto al jaguar han encontrado un atlatl, una especie de ballesta azteca que podía disparar lanzas a gran
velocidad. Además, han hallado corales, estrellas de mar, conchas marinas y los restos de una espátula
rosada, un ave parecida a los flamencos.

Los arqueólogos han rescatado además el esqueleto de un niño, vestido igualmente a imagen de
Huitzilopochtli, enterrado junto a varios cuchillos de pedernal, decorados con perlas y piedras preciosas.
Tanto el jaguar como el niño fueron sacrificados, presuntamente por cardiectomía, esto es sacándoles el
corazón, en clara ofrenda al dios de la guerra.

De las decenas de ofrendas encontradas en los trabajos de excavación en el Templo Mayor durante décadas,
algunas son sin duda espectaculares. Mención especial para la 174, rescatada en 2017. Los arqueólogos
encontraron entonces el esqueleto de un cachorro de lobo junto a 22 piezas de oro, elemento relativamente
extraño en el Templo Mayor. En 205 ofrendas descubiertas junto al santuario en más de 40 años, los
arqueólogos han hallado poco más de 600 gramos de este metal.

Pese a lo anterior, las dos ofrendas nuevas son sin duda las más espectaculares. Tanto por su contenido como
por lo que sugieren. Su ubicación hace pensar a los especialistas en los reyes mexica. Desde hace años,
Eduardo Matos Moctezuma, pionero en las investigaciones del Templo Mayor, especula con que los restos
de Ahuitzotl, predecesor de Moctezuma, el tlatoani que recibió a los españoles en 1519, estarían enterrados
allí.

Matos fue el primer director del proyecto de excavaciones del Templo Mayor, que empezó casi por
casualidad. Fue en febrero de 1978, cuando trabajadores de la compañía de la luz toparon con un enorme
pedrusco en el subsuelo del centro de Ciudad de México. Avisados, los arqueólogos llegaron al rescate,
percatándose de que no se trataba de una roca cualquiera. Era una representación de la Coyolxauhqui, la
hermana de Huitzilopochtli. El hallazgo inauguró una de las excavaciones más longevas que existen en
México.

Respecto a las tumbas de los gobernantes, López Luján, que descubrió hace unos años un pasadizo oculto
bajo una enorme losa a los pies del Templo Mayor, también ha señalado la teoría de los gobernantes. Desde
hace varios años, el arqueólogo dice que las cenizas de varios reyes podrían estar en dos cuartos que hay al
final de este túnel. Aunque siempre ha dicho que los tlatoanis allí enterrados podrían ser anteriores a
Ahuitzotl: Moctezuma I, Axayácatl o Tizoc.

Sería desde luego un gran hallazgo. El propio Matos compara la existencia de las tumbas de los reyes
aztecas con las de Tutankamón, en Egipto, el mausoleo de la dinastía Qin, en China, la tumba 7, en la vieja
ciudad mixteca de Monte Albán, en Oaxaca, o la tumba del rey maya Pakal, de Palenque. "Creemos que
encontraremos objetos de enorme valor en la medida en que sigamos profundizando", ha afirmado López
Luján en declaraciones a la agencia Reuters.

De acuerdo con los dichos de los cronistas del siglo XVI, los restos de varios gobernantes, incinerados al
morir, fueron depositados a los pies del Templo Mayor, junto a ofrendas de enorme valor, como las
encontradas ahora. A decir de López Luján, apenas han procesado una décima parte de las nuevas ofrendas,
por lo que las expectativas son altísimas.

Podría ocurrir que la conmemoración del quinto centenario de la conquista, comentada en voz baja a este
lado del Atlántico, coincidiera con el hallazgo de las cenizas de uno o varios tlatoanis. ¿Qué efecto tendría?
Parece difícil de prever. Con toda la ironía del mundo, el historiador Alejandro Rosas ha asegurado: "Es
curioso porque, ¿cómo conmemorar lo que hicieron los españoles sin que haya algo indígena que
conmemorar? Así pasó en 1947. Hallaron los restos de Cortés que fueron autentificados y, curiosamente,
poco después encontraron los de Cuauhtémoc que, finalmente, no eran tales".

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