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La naturaleza es inagotablemente sostenible si cuidamos de ella

Como lo dice Heidegger: Podemos pensar que algunos esfuerzos establecidos desde las
corrientes ecológicas tienen su lugar en el amplio espectro de los discursos cientificistas
deudores de la metafísica de la época técnica. La posibilidad de construir un mundo que
abarque a todos los vivientes en un habitar integrado y dirigido bajo la luz de un "respeto
mutuo" se erige como una de las vías posible en el contexto de la sociedad humana que lucha
por el derecho y la protección no tan sólo de los nichos ecológicos, sino también de la
humanidad toda. [5]

Ante el hecho que profetizaba Oseas:

"Por eso, la tierra está en duelo, y se marchita cuanto en ella habita, con las bestias del campo
y las aves del cielo; y hasta los peces del mar desaparecen" (Os. 4,3).

Juan Pablo II nos indica:

Debemos considerar que la sociedad actual no hallará una solución al problema ecológico si no
revisa seriamente su estilo de vida. En muchas partes del mundo esta misma sociedad se
inclina al hedonismo y al consumismo, pero permanece indiferente a los daños que estos
causan. Como ya he señalado, la gravedad de la situación ecológica demuestra cuán profunda
es la crisis moral del hombre. Si falta el sentido del valor de la persona y de la vida humana,
aumenta el desinterés por los demás y por la tierra. La austeridad, la templanza, la
autodisciplina y el espíritu de sacrificio deben conformar la vida de cada día a fin de que la
mayoría no tenga que sufrir las consecuencias negativas de la negligencia de unos pocos.

Hay pues una urgente necesidad de educar en la responsabilidad ecológica: responsabilidad


con nosotros mismos y con los demás, responsabilidad con el ambiente. Es una educación que
no puede basarse simplemente en el sentimiento o en una veleidad indefinida. Su fin no debe
ser ideológico ni político, y su planteamiento no puede fundamentarse en el rechazo del
mundo moderno o en el deseo vago de un retorno al paraíso perdido.[6]

Y Benedicto XVI en su mensaje para la celebración de la jornada mundial de la paz, nos agrega:

"Juan Pablo II, en su Carta encíclica Centesimus annus escribe: « No sólo la tierra ha sido dada
por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien,
según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto,
debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado ". [7]

Respondiendo a este don que el Creador le ha confiado, el hombre, junto con sus semejantes,
puede dar vida a un mundo de paz. Así, pues, además de la ecología de la naturaleza hay una
ecología que podemos llamar « humana », y que a su vez requiere una « ecología social ». Esto
comporta que la humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre
presente la interrelación entre la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la
ecología humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio
ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa. Cada vez se ve más claramente
un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres. Una y otra
presuponen la paz con Dios. La poética oración de San Francisco conocida como el “Cántico del
Hermano Sol”, es un admirable ejemplo, siempre actual, de esta multiforme ecología de la
paz.[8]

Y agrega que es necesario:

“…cambiar los modos de vida y eliminar, de manera urgente, "las causas estructurales de las
disfunciones de la economía mundial". Ese cambio, incluye, "corregir los modelos de
crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente y un
desarrollo humano integral para hoy y sobre todo para el futuro". En ese sentido ha invitado a
los mandatarios de las naciones "más ricas" a "tomar las iniciativas necesarias para que los
países pobres, que a menudo poseen muchas riquezas naturales, puedan beneficiarse de los
frutos de sus propios bienes".[9]

NOTAS

[1] Ataliva AmengualChusmiza 1813-Las CondesSantiago de ChileFono: 56-2-325 4045Celular:


83013610Mail: ataliva@vtr.net

[2] El uso deliberado del adverbio "eminentemente" alude al reconocimiento que en las
relaciones entre sujeto y objeto siempre hay una relación biunívoca, pero también de que esa
biunivocidad no es equivalente en el conocer y el hacer.

[3] BUNGE, Mario. La investigación científica. Ed. Ariel, Barcelona, 1969, pág. 694.

[4] Definimos la eficacia como la capacidad de producir un efecto y la eficiencia como la


capacidad de producir un efecto en el menor tiempo, con el menor costo y de manera óptima.

[5] En "Construir, Habitar, Pensar" Martin Heidegger. "Ciencia y Meditación", en Filosofía,


Ciencia y Técnica. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1997.

[6] Paz con Dios Creador, paz con toda la creación. Por SS. Juan Pablo II

[7] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la
colaboración del hombre y de la mujer en la Iglesia y en el mundo (31 mayo 2004), Nº. 38.

[8] Mensaje de su Santidad Benedicto XVI para la celebración de la Jornada mundial de la paz.
31 de diciembre de 2006, nº 8
[9] Audiencia y discurso con los 175 embajadores acreditados ante el Vaticano. Ciudad del
Vaticano, 08 de enero de 2007.