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¡HAY UN

REDENTOR!

REFLEXIONES DE PASCUA DE
REFLEXIONES DE PASCUA DE
FOTO DE PORTADA:
© Shutterstock / ninanaina

TRADUCCIÓN: Alicia Güerci Hotton, Grabriela De Francesco


REVISIÓN: Gabriela De Francesco, Luis Magín Álvarez
COORDINACIÓN EDITORIAL: Alicia Güerci Hotton
DIAGRAMACIÓN: Rebeka Werner

ESCRITORES:

Timothy L. Gustafson Amy L. Peterson Anne M. Cetas


Amy Boucher Pye David C. McCasland Russel Fralick
Cindy Hess Kasper

Excepto cuando se indique lo contrario, las citas bíblicas están tomadas


de las versiones: Reina-Valera © 1960, por las Sociedades Bíblicas en
América Latina. (En todos los casos, el nombre «Jehová» ha sido sustituido
por su sinónimo «Señor»); LA BIBLIA DE LAS AMÉRICAS © Copyright 1986,
1995, 1997 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.

Para la producción de los materiales de Ministerios Nuestro Pan Diario, se utilizan las
actualizaciones de la Nueva gramática, la Ortografía y el Diccionario de la lengua de la
Real Academia Española. Nuestro idioma es sumamente rico y variado, y su uso también
se ve afectado por regionalismos que cambian el significado de ciertas palabras, lo cual
podría hacerlas desconocidas o incluso ofensivas según el país. Por este motivo, si algún
término o expresión utilizados en este material es desconocido, despierta curiosidad o
incluso genera rechazo, por favor, consultar su significado en el Diccionario de la Real
Academia Española. Con gusto, responderemos a toda consulta al respecto.

© 2019 Ministerios Nuestro Pan Diario® • Todos los derechos reservados.


Impreso en EE.UU.
Spanish ODB Edition
introducción

A R T Í C U LO D E S TA C A D O

EL REDENTOR
QUE ÉL NECESITABA
Un error casi fatal ayudó a un soldado
a encontrar la redención de la Pascua

E l hombre había llegado a Europa en octubre


de 1944. Las primeras rondas de artillería se
habían encargado de arrancarle cualquier
idea romántica sobre el combate. Pero con el
tiempo, él y su pelotón se acostumbraron a los ritmos
erráticos de la batalla: breves estallidos de temor y
adrenalina seguidos de largos períodos de aburri-
miento. A medida que la lucha menguaba en el sector
de su unidad, el soldado se volvió impaciente.
Un día, mientras husmeaba por una estancia
abandonada, descubrió un par de esquíes apoyados
contra una pared. En ese momento, una ola de nos-
talgia lo transportó lejos de la batalla, lejos de la
soledad y de regreso en la nevada Península
A R T Í C U L O D E S TA C A D O

Superior de Michigan. Se sintió obligado a probar esos esquíes


a campo traviesa.
Solo…
En una zona de combate…
Mientras se deslizaba en silencio por el boscoso campo
belga, el soldado disfrutaba de su libertad. Al acercarse a un
claro, tuvo la imprudencia de entrar en el espacio abierto.
Entonces, una décima de segundo demasiado tarde, divisó una
imagen aterradora. Al otro lado del claro, el inconfundible
destello del cañón de una ametralladora sobresalía del tronco
de un árbol. Detrás del arma, el hombre reconoció el contorno
singular de un casco alemán.
¡Soy hombre muerto!, pensó en el momento aterrador que le
llevó detenerse. Entonces, se dio cuenta de que no era hombre
muerto. Y una segunda posibilidad horrenda invadió su mente:
Pasaré el resto de la guerra en un campo de prisioneros.
Su rifle seguía imprudentemente colgado de su espalda.
No se atrevía a extender la mano para tomarlo; apenas se
moviera, lo derribarían.
Se fueron sucediendo segundos agonizantes. Nada. Ni un
sonido, excepto por el silencio insoportable del bosque nevado.
Entonces, el cabo se dio cuenta de que no lo habían visto.
Despacio y con cuidado, el soldado retrocedió hasta la
atractiva seguridad de los árboles. El alivio y la euforia lo
inundaron apenas salió de la vista de la ametralladora.
Destrabando su arma, se preparó para completar su escape.
Pero entonces… el cabo Gustafson siempre había sido curioso.
¿Por qué está solo? ¿Dónde está el resto de su escuadrón?
Si todavía no me ha notado —razonó—, no se dará cuenta si me
escabullo por detrás de él… no si estoy en lo profundo del bosque.
Rodeando el claro con cautela, avanzó lentamente por
el bosque hasta encontrarse detrás del hombre con la ametra-
lladora. Con el arma en alto y el dedo sobre el gatillo, se apro-
ximó sigilosamente. Al ver la figura congelada del soldado,
lo entendió.
I N T R O D U C C I Ó N

k
Tal vez no tengamos historias literales de guerra, pero la
mayoría de nosotros puede identificarse con el terror de
rozarse con la muerte. Estas experiencias suelen dejar en claro
lo que importa en la vida.
Aquel día invernal, al descubrir la muerte de su enemigo,
el cabo Gustafson entendió de una manera nueva que estaba
vivo. Volvería a contar esa historia, y muchas otras, durante
toda su larga y plena vida. Contó sobre la herida por esquirla
que recibió y sobre sus negociaciones con Dios mientras la
artillería pesada hacía temblar el suelo debajo de sus pies.
«Señor —había dicho aquel día—, iré a ese seminario bíblico
donde Mamá quiere que asista. ¡Tan solo sácame de esta situa-
ción!». Desde aquel día, sus perspectivas sobre Dios adquirie-
ron una mayor importancia. Dios se fue volviendo más
personal para él. Más relacional. Y un día, el muchacho cum-
plió su promesa y asistió al seminario bíblico.
Sin embargo, décadas más tarde, mientras estaba acos-
tado en una camilla de hospital, sabía que sería imposible
retirarse a la seguridad del bosque. Ya no le quedaba ningún
escape emocionante; ningún giro inesperado en la trama; nin-
guna liberación dramática. Al parecer, la muerte por fin lo
tenía en el blanco de la mira. No obstante, mientras hablaba
con su familia, el anciano fue sumamente reconfortado por su
fe en Jesús. Esto le dibujó una sonrisa en el rostro e iluminó
con alegría sus ojos.
¿El deseo de estar con Jesús es apenas una ilusión, un
deseo sentimental que inventamos para hacernos sentir
mejor? ¿Es acaso una mera manera de hacerle frente a la pers-
pectiva de despedirse para siempre de todo lo que amamos?
Dicho de manera sencilla, ¿vale de algo la fe de aquel
anciano?
Jesús mismo sabía que enfrentaría la muerte, y se lo dijo a
sus seguidores muchas veces. Les declaró: «Yo soy el buen
A R T Í C U L O D E S TA C A D O

pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, de igual


manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre [al decir
“Padre”, se refería a Dios el Padre], y doy mi vida por las ovejas»
(JUAN 10:14-15).
¿Por qué Jesús tuvo que sacrificar su vida?
Este es el gran giro en la trama. Jesús haría algo que noso-
tros no podíamos hacer. Dijo: «yo doy mi vida para tomarla de
nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia
voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para
tomarla de nuevo» (vv. 17-18).
Esta es la excelente noticia de la historia que Jesús nos
relata: ¡Él conquistó la muerte por nosotros! Como Él vive,
nos ofrece una vida rica y plena con Él aquí en la tierra y en
la vida venidera también. Jesús nos da una esperanza real y
significativa.
Justo antes de morir, Jesús les dijo a sus discípulos: «En la
casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo
hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros»
(JUAN 14:2). Y añadió: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre sino por mí» (v. 6).
Pero a los discípulos les costaba entender lo que Jesús
estaba diciendo. Incluso después de que resucitó de los muertos,
no lo creyeron. Al menos, al principio. Un relato histórico de la
resurrección narra cómo algunas mujeres visitaron la tumba el
domingo por la mañana y la encontraron vacía: «Y aconteció
que estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron
junto a ellas dos varones en vestiduras resplandecientes»
(LUCAS 24:4). Los hombres les preguntaron: «¿Por qué buscáis
entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resuci-
tado» (vv. 5-6). Pero cuando las mujeres regresaron y les contaron
a los discípulos esta hermosa noticia, «a ellos estas palabras les
parecieron como disparates, y no las creyeron» (v. 11).
Con el tiempo, creerían, pero en aquel entonces, todo
informe de la resurrección les parecía demasiado bueno como
para ser cierto.
I N T R O D U C C I Ó N

k
Sin embargo, no se llega al Domingo de Resurrección sin
el Viernes Santo, la Pascua… la terrible parte de la historia
donde mataron a Jesús. La escena resume nuestra condición
humana en toda su fealdad. Cuando los soldados romanos
clavaron a Jesús sobre una cruz, Él oró: «Padre, perdónalos,
porque no saben lo que hacen» (LUCAS 23:34). ¿Cómo respondie-
ron estos soldados a su trato increíblemente misericordioso?
Echaron suertes por sus ropas. Mientras tanto, los líderes que
habían orquestado la muerte de Jesús, se burlaban de Él. Lo
mismo sucedía con muchos en la multitud que estaban allí
para presenciar el espectáculo (vv. 34-38).
Sin embargo, después de que Jesús murió, el oficial
romano a cargo de la crucifixión tuvo un cambio de actitud. El
registro informa que «glorificaba a Dios», diciendo:
«Ciertamente, este hombre era inocente» (v. 47). No solo eso,
«todas las multitudes que se habían reunido para presenciar
este espectáculo, al observar lo que había acontecido, se vol-
vieron golpeándose el pecho» (v. 48). Ellos también tenían sus
dudas sobre lo que acababa de suceder.
Sin embargo, quizá la imagen más fascinante de humani-
dad se ve en el contraste de reacciones de dos criminales
igualmente culpables crucificados uno a cada lado de Jesús.
Los dos se estaban burlando de Él (VER MATEO 27:44), cuando de
repente, uno de ellos reconsideró. «¿Ni siquiera temes tú a
Dios a pesar de que estás bajo la misma condena?» —le dijo un
criminal al otro—. «Y nosotros a la verdad, justamente, porque
recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste
nada malo ha hecho» (vv. 40-41). Después, se volvió a Jesús y le
dijo: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino» (v. 42).
¡Eso fue todo! Para ese hombre moribundo, era demasiado
tarde para cualquier penitencia. No podía hacer restitución
por sus crímenes, y tampoco nada para salvarse. Ni siquiera
pidió que lo perdonaran. Pero sí tuvo un cambio genuino de
A R T Í C U L O D E S TA C A D O

actitud. Reconoció a Jesús por lo que es y sencillamente le


pidió que se acordara de él.
Las palabras de Jesús desde la cruz al hombre condenado
conllevan un poder que destroza la muerte: «En verdad te
digo: hoy estarás conmigo en el paraíso» (v. 43). Aun desde la
cruz, Jesús redimió a ese hombre indigno. ¡Esta es la clase de
amor que el Señor tiene por cada uno de nosotros!

k
De regreso en la sala del hospital, el viejo soldado se sen-
tía cada vez más cansado. Como siempre había amado estar al
aire libre, se sentía frustrado al tener que estar confinado a
una cama. Con una mano, estrujaba distraído sus mantas, y
con la otra, se aferraba a un libro gastado cuyas palabras ya no
podía distinguir con claridad.
El penúltimo día de la vida de mi padre, tomé su Biblia
y empecé a leérsela. Elegí una sección que habla de la muerte… y
de la resurrección. Cuando empecé a leer esas poderosas pala-
bras, él se reclinó en silencio y descansó. Sus manos dejaron de
aferrarse a las mantas de la cama. Escuchaba en calma y con paz.
Nuestros cuerpos terrenales son plantados en el suelo
cuando morimos, pero serán levantados para vivir para
siempre. Nuestros cuerpos son enterrados en
quebrantamiento, pero serán levantados en gloria. Son
enterrados en debilidad, pero serán levantados en
fortaleza. Son enterrados como cuerpos humanos
naturales, pero serán levantados como cuerpos
espirituales (1 CORINTIOS 15:42-44).
No es ninguna ilusión. La historia es real. Como Cristo
vive, el cabo Gustafson pudo entrar a una realidad sin más
guerras ni despedidas… sin más muerte. La muerte no logró
dar en el blanco después de todo.
TIM GUSTAFSON
MINISTERIOS NUESTRO PAN DIARIO
10
M E D I TA C I O N E S D E

Los siguientes devocionales tienen


como propósito ayudarte en tu vida espiritual.
Cada artículo se ha seleccionado para ayudarte
a entender más sobre el amor de Dios por ti.

Esperamos que a través de estas páginas,


encuentres ánimo, consuelo y paz verdadera
para esta época de Pascua.
Día 1 ¿QUÉ CLASE DE PAZ OFRECE JESÚS?

Perfecta paz

U
na amiga me dijo que durante años, había buscado
paz y satisfacción. Junto a su esposo, estableció un
negocio exitoso y pudo comprar una casa grande,
ropa elegante y joyas costosas. Sin embargo, ni estas
posesiones ni su amistad con personas influyentes pudieron
satisfacer su anhelo de paz interior.
Entonces, un día, cuando se sentía depri- Juan 14:27
mida y desesperada, una amiga le contó La paz os dejo,
la buena noticia de Jesús. Así descubrió mi paz os doy…
al Príncipe de paz, y su comprensión de
la paz verdadera cambió para siempre.
Después de cenar por última vez con
sus amigos (JUAN 14), Jesús les habló de esta paz, al prepararlos
para lo que pronto sucedería: su muerte, su resurrección y la
venida del Espíritu Santo. Al describir una paz distinta a cual-
quier cosa que el mundo pueda dar, el Señor quería que descu-
brieran cómo encontrar una sensación de bienestar aun en
medio de las dificultades.
Más adelante, cuando el Jesús resucitado se les apareció a
los aterrados discípulos, los saludó diciendo: «Paz a vosotros»
(JUAN 20:19). Ahora podía ayudarlos —y ayudarnos— a entender
cómo descansar en lo que Él hizo por nosotros. A medida
que lo hacemos, descubrimos una seguridad mucho mayor que
nuestros sentimientos siempre cambiantes.  AMY BOUCHER PYE

Jesús vino a traer paz a nuestras vidas


y nuestro mundo.
LECTURA BÍBLICA PARA HOY Juan 14:25-31

25
Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26 Mas el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará
en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os
recordará todo lo que yo os he dicho.
27
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el
mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
28
 Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si
me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy
al Padre; porque el Padre mayor es que yo. 29 Y ahora os lo he
dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis.
30
No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el
príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí. 31 Mas para
que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me
mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí.


¿CÓMO ME RECONFORTA JESÚS
Día 2 CUANDO DUDO?

La muerte de la duda

C
atalogar a Tomás como «el discípulo que dudó»
(VER JUAN 20:24-29) no es justo. ¿Cuántos habríamos creído
que nuestro ejecutado líder había resucitado? Debe-
ríamos llamarlo «Tomás el valiente», ya que demostró
una valentía impresionante mientras Jesús disponía intencio-
nalmente los hechos que llevarían a
su muerte. Juan 20:25
Cuando murió Lázaro, Jesús había Si no viere en sus
dicho: «Vamos a Judea otra vez» (JUAN 11:7), manos la señal de los
lo que generó una protesta de los discí- clavos, y metiere mi
pulos: «Rabí, ahora procuraban los dedo en el lugar de
judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?» los clavos, y metiere
mi mano en su
(v. 8). Fue Tomás quien dijo: «Vamos tam-
costado, no creeré.
bién nosotros, para que muramos con
él» (v. 16).
Las intenciones de Tomás eran más nobles que sus accio-
nes. Cuando arrestaron a Jesús, huyó con el resto de los discí-
pulos (MATEO 26:56), y dejó que solo Pedro y Juan acompañaran al
Señor ante el sumo sacerdote. Solamente Juan acompañó a
Jesús durante todo el camino hasta la cruz.
Aunque había sido testigo de la resurrección de Lázaro
(JUAN 11:38-44), Tomás no podía creer que el Señor crucificado
hubiera conquistado la muerte. Solamente al verlo resucitado,
pudo exclamar: «¡Señor mío, y Dios mío!» (JUAN 20:28). La res-
puesta que quitó las dudas de Tomás es inconmensurable-
mente consoladora para nosotros: «Porque me has visto,
Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creye-
ron» (v. 29).  TIM GUSTAFSON

La duda sincera busca la luz; la


incredulidad se conforma con la oscuridad.
LECTURA BÍBLICA PARA HOY Juan 11:1-16

1
Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de
Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
2
 (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la
que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con
sus cabellos. 3 Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús:
Señor, he aquí el que amas está enfermo.
4
Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte,
sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea
glorificado por ella. 5 Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y
a Lázaro. 6 Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó
dos días más en el lugar donde estaba. 7 Luego, después de
esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez.
8
Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos
apedrearte, ¿y otra vez vas allá?
9
Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda
de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero el
que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él. 11 Dicho
esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy
para despertarle.
12
Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.
13
 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos
pensaron que hablaba del reposar del sueño.
14
Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto;
15
 y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que
creáis; mas vamos a él.
16
Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos:
Vamos también nosotros, para que muramos con él.


¿POR QUÉ PUEDO ACERCARME
Día 3 A DIOS CON CONFIANZA?

La Vía Dolorosa

D
urante Semana Santa, recordamos los últimos días
antes de la crucifixión de Jesús, incluido el largo
camino que recorrió hasta la cruz por las calles de
Jerusalén. En la actualidad, la ubicación más proba-
ble de este camino se conoce como la Vía Dolorosa.
Sin embargo, el escritor de Hebreos
veía el camino que Jesús tomó como algo Hebreos 10:10
más que un sendero de dolor y tristeza. En esa voluntad
Esa vía de sufrimiento que el Señor reco- somos santificados
rrió voluntariamente hasta el Gólgota mediante la ofrenda
abrió para nosotros «el camino nuevo y del cuerpo de
vivo» a la presencia de Dios (HEBREOS 10:20). Jesucristo hecha una
vez para siempre.
Durante siglos, el pueblo judío había
buscado entrar en la presencia de Dios
mediante el sacrificio de animales y el cumplimiento de la ley.
Pero la ley era solo una «sombra de los bienes venideros»,
porque «la sangre de los toros y de los machos cabríos no
puede quitar los pecados» (vv. 1, 4).
El recorrido de Jesús por la Vía Dolorosa lo llevó a su
muerte y resurrección. Como resultado de su sacrificio, somos
hechos santos al poner nuestra fe en Él para el perdón de
nuestros pecados. Aunque no podemos cumplir la ley a la per-
fección, sí podemos acercarnos a Dios sin temor, con la plena
confianza de que somos bienvenidos y de que nos ama (vv. 10, 22).
El sendero de dolor de Cristo nos abrió un camino nuevo y
vivo hacia Dios.  AMY PETERSON

El sacrificio de Cristo fue lo que Dios


quería y lo que nuestro pecado requería.
LECTURA BÍBLICA PARA HOY Hebreos 10:1-10

1
Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes
venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca
puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen
continuamente cada año, hacer perfectos a los que se
acercan. 2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los
que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más
conciencia de pecado.
3
Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los
pecados; 4 porque la sangre de los toros y de los machos
cabríos no puede quitar los pecados. 5 Por lo cual, entrando en
el mundo dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo.
6
Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7
 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está
escrito de mí.
8
Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y
expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las
cuales cosas se ofrecen según la ley), 9 y diciendo luego: He
aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo
primero, para establecer esto último. 10 En esa voluntad somos
santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo
hecha una vez para siempre.


Día 4 ¿CUÁNTO ME AMA DIOS?

Grito de triunfo

H
ace poco, leí sobre Aron Ralston, un excursionista
que quedó atrapado solo en el fondo de un remoto
cañón. Con escasas posibilidades de que lo encontra-
ran y casi sin fuerzas, tuvo que tomar medidas drás-
ticas para sobrevivir. En un momento de dolor insoportable,
dio un grito agónico y de triunfo, ya que
se había liberado y tendría la posibilidad Juan 19:30
de escapar y seguir viviendo. … Consumado es…
Aquellos que presenciaron la crucifi-
xión de Jesús vieron sus horas de agonía
y lo oyeron clamar en alta voz: «Consumado es», mientras
entregaba su espíritu (JUAN 19:30). Sus últimas palabras desde la
cruz no fueron una exclamación de dolorosa derrota, sino un
grito de triunfo, porque había completado todo lo que el Padre
lo había enviado a hacer.
Cuando Jesús murió, participó de todo lo que nosotros
debemos experimentar. Pero mucho más allá de eso, hizo lo
que ninguno de nosotros puede hacer: pagó el precio por
nuestros pecados, para que podamos ser perdonados y tener
vida eterna por medio de la fe en Él.
«Consumado es» fue el grito de victoria del Señor Jesucristo,
porque ahora, a través de Él, podemos escapar del poder del
pecado, vivir y ser libres.
Gracias al sacrificio del Señor por nosotros y su victoria
sobre el pecado, podemos llamar el día de su muerte Viernes
Santo.  DAVID MCCASLAND

Jesús murió para que nosotros vivamos.


LECTURA BÍBLICA PARA HOY Juan 19:28-37

28
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba
consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese:
Tengo sed. 29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre;
entonces ellos empaparon en vinagre una esponja,
y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.
30
 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es.
Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
31
Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la
pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz
en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran
solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las
piernas, y fuesen quitados de allí. 32 Vinieron, pues, los
soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo
al otro que había sido crucificado con él. 33 Mas cuando
llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron
las piernas. 34 Pero uno de los soldados le abrió el costado
con una lanza, y al instante salió sangre y agua. 35 Y el que
lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe
que dice verdad, para que vosotros también creáis. 36 Porque
estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura:
No será quebrado hueso suyo. 37 Y también otra Escritura
dice: Mirarán al que traspasaron.


¿QUÉ CAMBIO PRODUCE ENTENDER
Día 5 EL REGALO DIVINO DEL PERDÓN?

La corona del Rey

N
os sentábamos alrededor de la mesa y cada uno agre-
gaba un mondadientes al disco de poliestireno que
estaba delante. En las semanas previas a la Pascua,
cuando cenábamos, creábamos una corona de espi-
nas, donde cada palillo representaba algo que habíamos hecho
ese día, de lo cual estábamos arrepenti-
dos y por lo que Cristo había pagado el Mateo 27:29
castigo. Así, noche tras noche, asimilá- Y pusieron sobre su
bamos nuestra culpabilidad y la necesi- cabeza una corona
dad que teníamos de un Salvador. Y tejida de espinas…
además, cómo nos libró Jesús mediante
su muerte en la cruz.
La corona de espinas que obligaron llevar a Jesús fue parte
de un juego cruel de los soldados romanos antes de que lo
crucificaran. También le pusieron un manto real, y le dieron
una vara —como el cetro de un rey— que después usaron para
golpearlo. Se burlaron de Él, llamándolo «Rey de los judíos»
(MATEO 27:29), sin darse cuenta de que sus acciones se recordarían
miles de años después. Jesús no era un rey común, era el
Rey de reyes cuya muerte, seguida de su resurrección, nos da
vida eterna.
El Domingo de Resurrección, celebrábamos el regalo del
perdón y la nueva vida, reemplazando los mondadientes con
flores. ¡Qué gozo sentíamos al saber que Dios había borrado
nuestros pecados, y nos había dado libertad y vida para siem-
pre con Él!  AMY BOUCHER PYE

La corona de espinas se convirtió


en una corona de vida.
LECTURA BÍBLICA PARA HOY Mateo 27:27-31

27
Entonces los soldados del gobernador llevaron a
Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la
compañía; 28 y desnudándole, le echaron encima un
manto de escarlata, 29 y pusieron sobre su cabeza una
corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e
hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo:
¡Salve, Rey de los judíos! 30 Y escupiéndole, tomaban la
caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Después de haberle
escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos,
y le llevaron para crucificarle.


¿QUÉ REVELAN LA PASCUA Y LA NAVIDAD
Día 6 SOBRE EL AMOR DE DIOS POR MÍ?

¡Feliz Navidad!

E
n la mañana del Domingo de Resurrección, cuando
entraba a la iglesia, vi a una amiga y la saludé: «¡Feliz
Navidad!». Rápidamente, me corregí: «Quiero decir,
¡Feliz Pascua!».
«No se puede tener la una sin la otra», dijo sonriendo.
¡Es verdad! Sin Navidad, no habría
Pascua. Y sin la resurrección, este sería Juan 11:25
tan solo otro día más. De hecho, ni Yo soy la
siquiera estaríamos en la iglesia. resurrección y la
La Navidad y la Pascua son las cele- vida; el que cree
braciones más alegres del año para el en mí, aunque esté
cristiano. En la primera, celebramos la muerto, vivirá.
encarnación (Dios que se hace carne y
viene al mundo). «Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito…» (JUAN 3:16).
En la segunda, celebramos la resurrección de Jesús. «No
está aquí, sino que ha resucitado», dijo el ángel (LUCAS 24:6).
Desde el comienzo de los tiempos, estos dos días han estado
inextricablemente unidos en el plan maestro del Padre. Jesús
nació para morir por nuestros pecados y conquistar la muerte,
para que pudiéramos vivir.
¿Cuál es más importante? ¿La Navidad, el nacimiento del
niño Jesús? ¿O la Pascua, la muerte y la resurrección del hom-
bre, el Hijo de Dios? Ambas son esenciales y una clara eviden-
cia del amor del Padre por nosotros.
¡Feliz Navidad! ¡Y Feliz Pascua!  CINDY HESS KASPER

Navidad y Pascua, dos capítulos


del mismo Libro.
LECTURA BÍBLICA PARA HOY Juan 3:13–18

13
Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el
Hijo del Hombre, que está en el cielo. 14 Y como Moisés
levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que
el Hijo del Hombre sea levantado, 15 para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
16
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado
a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no
se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a
su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el
mundo sea salvo por él.
18
El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya
ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del
unigénito Hijo de Dios.


¿CÓMO ME DA LA RESURRECCIÓN
Día 7 DE JESÚS UNA ESPERANZA ETERNA?

Adiós por ahora

M
i nieta Allyssa y yo tenemos una rutina cuando nos
despedimos. Nos abrazamos y empezamos a llorar
con sollozos dramáticos durante veinte segundos.
Luego, nos separamos y decimos simplemente:
«Hasta luego», y nos vamos. A pesar de nuestra sonsa prác-
tica, siempre esperamos volver a ver-
nos… pronto. 1 Ts. 4:13
Pero a veces, separarnos de aquellos … no os entristezcáis
a quienes amamos puede ser difícil y como los otros que
doloroso. Cuando Pablo se despidió de no tienen esperanza.
los ancianos de Éfeso, «hubo gran llanto
de todos; y echándose al cuello de Pablo,
le besaban, doliéndose en gran manera por la palabra que dijo,
de que no verían más su rostro» (HECHOS 20:37-38).
Sin embargo, la mayor tristeza se produce cuando la
muerte nos separa y decimos adiós por última vez en esta vida.
Es algo impensable. Nos afligimos. Lloramos. ¿Cómo enfrentar
la angustia de no volver a abrazar a quienes amamos?
Aun así… no nos entristecemos como los que no tienen
esperanza. Pablo escribe sobre un reencuentro futuro de los
que «creemos que Jesús murió y resucitó» (1 TESALONICENSES 4:13-18),
y declara: «el Señor mismo con voz de mando, con voz de
arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo», y los
ya muertos más los que aún vivan nos reuniremos con nuestro
Señor. ¡Qué reunión maravillosa!
Y lo mejor de todo: estaremos con Jesús siempre. Esto sí
que es una bendita y eterna esperanza.  CINDY HESS KASPER

Al morir, los hijos de Dios no dicen


«adiós», sino «hasta luego».
LECTURA BÍBLICA PARA HOY 1 Tesalonicenses 4:13-18

13
Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de
los que duermen, para que no os entristezcáis como los
otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que
Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús
a los que durmieron en él.
15
Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que
nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida
del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque
el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y
con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en
Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos,
los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente
con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así
estaremos siempre con el Señor. 18 Por tanto, alentaos los
unos a los otros con estas palabras.


¿CUÁN IMPORTANTE ES RECORDAR
Día 8 LA PODEROSA GRACIA DE DIOS?

¡Mucho más!

H
ay una declaración que escuché en un culto de Pas-
cua, que siempre recuerdo: «Más fue lo que se ganó
con la resurrección de Jesús que lo que se perdió con
la caída». ¿Se ganó más de lo que se perdió? ¿Puede
ser esto cierto?
Cada día, experimentamos el daño
causado por el pecado que entró en nues- Romanos 5:20
tro mundo. La codicia, la injusticia y Mas cuando el
la crueldad encuentran sus orígenes en la pecado abundó,
decisión de Adán y Eva de seguir su pro- sobreabundó
pio camino en vez del de Dios (GÉNESIS 3). El la gracia.
legado de su desobediencia ha pasado a
cada generación. Sin la intervención de Dios, estaríamos en una
situación desesperada. Pero Jesús venció el pecado por medio
de su cruz y conquistó la muerte con su resurrección.
La victoria de Cristo se celebra en Romanos 5; pasaje al
cual suele llamarse capítulo del «mucho más» en el Nuevo
Testamento, donde Pablo contrasta la devastación causada
por el pecado con el poder restaurador de la gracia de Dios. En
cada caso, la gracia supera las consecuencias del pecado.
Llegando a una gran conclusión, el apóstol afirma: «Mas
cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así
como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine
por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor
nuestro» (5:20-21).
No importa cuánto hayamos perdido personalmente por
causa del pecado, hemos ganado muchísimo más por medio de
la victoria de la resurrección de Cristo.  DAVID MCCASLAND

Nuestro pecado es grande; la gracia de


Dios es más grande.
LECTURA BÍBLICA PARA HOY Romanos 5:12-21

12
Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un
hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó
a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. 13 Pues
antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde
no hay ley, no se inculpa de pecado. 14 No obstante, reinó la
muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron
a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del
que había de venir. 15 Pero el don no fue como la transgresión;
porque si por la transgresión de aquel uno murieron los
muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia
y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.
16
 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que
pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo
pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas
transgresiones para justificación. 17 Pues si por la transgresión
de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida
por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la
gracia y del don de la justicia.
18
Así que, como por la transgresión de uno vino la
condenación a todos los hombres, de la misma manera por
la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de
vida. 19 Porque así como por la desobediencia de un hombre
los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la
obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.
20
Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas
cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; 21 para que
así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia
reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo,
Señor nuestro.


¿LA PROMESA DE JESÚS DE VIDA ETERNA
Día 9 SE HA VUELTO PERSONAL PARA MÍ?

Nuestra esperanza viva

L
a mañana siguiente a la muerte de mi mamá, estaba
leyendo Juan 6 y hablaba con el Señor acerca de mi
tristeza. Cuando llegué al versículo 39, Él susurró pala-
bras de consuelo a mi triste corazón: «Y esta es la
voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me
diere, no pierda yo nada, sino que lo
resucite en el día postrero». El espíritu 1 Pedro 1:3
de Mamá ya estaba con el Señor, pero yo Dios […] nos hizo
sabía que un día, ella resucitaría y recibi- renacer para una
ría un cuerpo nuevo. esperanza viva,
Mientras seguía leyendo, noté otras por la resurrección
tres veces en Juan 6 en que Jesús decía de Jesucristo de
los muertos.
que en el día postrero, resucitaría a su
pueblo de entre los muertos. Luego,
repitió esta verdad a aquellos que lo habían estado escu-
chando desde hacía mucho tiempo, así como siguió repitién-
dola en mi corazón aquel día.
Nuestra esperanza de la resurrección se cumplirá cuando
Jesús regrese. «En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a
la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resu-
citarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados»
(1 CORINTIOS 15:52). Después de la resurrección, los creyentes en
Jesús recibirán sus cuerpos nuevos y sus recompensas por su
servicio fiel (1 CORINTIOS 3:12-15; 2 CORINTIOS 5:9-11).
La resurrección es la esperanza viva del creyente en Cristo.
¿Tienes tú esa esperanza?  ANNE CETAS

El Cristo resucitado vendrá del cielo


para llevar allí a los suyos.
LECTURA BÍBLICA PARA HOY Juan 6:39-54

39
Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que
de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo
resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del
que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree
en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
41
Murmuraban entonces de él los judíos, porque había
dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42 Y decían: ¿No
es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros
conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?
43
Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros.
44
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le
trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en
los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo
aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. 46 No que
alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste
ha visto al Padre.
47
De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida
eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Vuestros padres comieron
el maná en el desierto, y murieron. 50 Este es el pan que
desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.
51
 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno
comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré
es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
52
Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo
puede éste darnos a comer su carne?
53
Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la
carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida
en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.


¿CÓMO PUEDEN AYUDAR A MI VIDA
Día 10 EL AMOR Y LA PAZ DE JESÚS?

En casa con Jesús

«N
o hay lugar como el hogar». Esta frase refleja
un anhelo profundo de tener un lugar para
descansar, para estar y al cual pertenecer.
Jesús habló de este deseo de echar raíces
cuando después de haber cenado por última vez con sus ami-
gos, mencionó su inminente muerte y
resurrección. Prometió que, aunque se Juan 14:3
iría, volvería a buscarlos. Además, les Y si me fuere y os
prepararía un lugar… un lugar donde preparare lugar,
vivir. Un hogar. vendré otra vez, y os
Pudo hacer este lugar para ellos —y tomaré a mí mismo,
para nosotros— al cumplir con los requi- para que donde
yo estoy, vosotros
sitos de la ley de Dios, cuando murió en también estéis.
la cruz como el Hombre sin pecado. Les
aseguró a sus discípulos que si se tomaba
el trabajo de crear este hogar, volvería indudablemente a bus-
carlos y no los dejaría solos. No tenían por qué temer ni preo-
cuparse por sus vidas, ya fuera en la tierra o en el cielo.
Podemos encontrar consuelo y seguridad en las palabras
de Jesús porque creemos y confiamos en que Él se nos ade-
lantó para prepararnos un hogar celestial y que vivirá con
nosotros (VER JUAN 14:23). No importa en qué clase de lugar físico
vivamos, nuestro hogar está con Jesús, su amor nos sostiene
y su paz nos rodea. Con Él, no hay lugar como el hogar.
 AMY BOUCHER PYE

Jesús nos prepara un lugar para vivir allí


eternamente.
LECTURA BÍBLICA PARA HOY Juan 14:1-4

1
No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed
también en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas
hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues,
a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os
preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo,
para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4 Y sabéis a
dónde voy, y sabéis el camino.


introducción

U N P E N S A M I E N TO F I N A L

RESCATADO

H abía un joven alpinista que era tan seguro


de sí mismo que creía que no necesitaba
nada ni a nadie. Por cierto, no necesi-
taba a Dios. Pero una noche, se encontró
al borde de un acantilado escarpado, a 300 metros del
suelo del valle, sin su soga, con su mejor amigo per-
dido y posiblemente muerto, en medio de una lluvia
torrencial y la noche oscura como boca de lobo que lo
envolvía. Todos sus puntos de apoyo se habían per-
dido, y sin esperanzas de sobrevivir, se enfrentó cara
a cara a la certeza de que estaba a punto de morir.
Entonces, la roca sobre la cual estaba parado empezó
a caerse, y supo que le quedaban segundos de vida.
No estaba preparado para morir, y en medio de
su desesperanza, este hombre incrédulo y arrogante
clamó a Dios, pidiéndole que lo salvara. Necesitaba
a un Dios que pudiera mover los cielos y la tierra (un
Dios todopoderoso); un Dios que estuviera dispuesto a hacerlo
por alguien que ni siquiera creía en Él (un Dios compasivo,
amoroso y perdonador). Además, necesitaba un Dios que
actuara rápido, sin que él tuviera que ganarse su afecto.
Necesitaba a un Dios celoso y apasionado en su amor por él;
un Dios que se interesara en él como persona.
Sin duda, yo no habría ayudado a una persona como esa,
pero gracias a Dios, Él no es como yo, porque sí lo ayudó. Lo sé
porque ese hombre era yo. Le pedí a un Dios en el que no creía
que me rescatara, y mientras
bajaba de la montaña, me soste- No estaba preparado
nía de una soga que no podía
ver. Después, Él me guio por para morir, y en
una roca empinada en medio de medio de su
absoluta oscuridad, abriéndome
paso a través de granito carco- desesperanza, este
mido y una cascada, hasta que hombre incrédulo y
llegué al suelo… ¡sin un solo
rasguño! Esto no es simple-
arrogante clamó a
mente improbable; ¡es imposi- Dios, pidiéndole que
ble! (Pregúntale a cualquier lo salvara.
alpinista). Sin embargo, mi Dios
es el Dios de lo imposible.

Dios es todopoderoso y su amor no tiene fin


Solo el Dios de la Biblia tiene poder y amor infinitos (VER
JOB 28–39; 1 JUAN 4:7-21). Ninguna otra religión o sistema de fe pue-
den afirmar tal cosa. Es lo suficientemente poderoso como
para mover cielo y tierra, y nos ama tanto que envió a su Hijo,
Jesús, a dar su vida por nosotros.
Dios es santo y su estándar es la perfección (MATEO 5:48;
1 PEDRO 1:15-16). Todas las cosas malas que cada persona ha hecho
en la historia de la humanidad —nuestros pecados— nos han
separado de Él. Necesitamos que alguien pague por nuestros
errores, porque nosotros mismos no podemos saldar la deuda
(ROMANOS 3:10, 23).
Dios envió a Jesús a este mundo a rescatarnos del pecado y
restaurar nuestra relación con Él. Jesús vivió una vida perfecta
sobre la tierra y soportó la muerte en la cruz para pagar por
nuestros pecados (JUAN 1:1-14; 3:16). Cuando le pedimos perdón a
Dios, Él coloca toda nuestra culpa sobre Jesús y nos viste de su
justicia, para que podamos pararnos frente a un Dios santo en
limpieza y pureza (ROMANOS 3:24-26; 5:8-9; 2 CORINTIOS 5:21). Este es,
por cierto, un acontecimiento increíble, nacido del amor más
grande que se haya conocido y pagado con el sufrimiento
más terrible que podamos imaginar.

Clama a Dios
¿Necesitas que te rescaten? Admite ante el Señor que eres
pecador y que no puedes salvarte a ti mismo. Puedes hacer una
oración como esta para aceptar su regalo gratuito de salvación
que promete perdón y vida con Él para siempre.
Señor, Jesús, reconozco ante ti que soy pecador y que
necesito tu perdón. Creo que derramaste tu preciosa
sangre en la cruz y moriste por mis pecados. Te pido que
me perdones por mi pecado y transformes mi vida, para
que pueda darte gloria y honra solo a ti.

RUSSEL FRALICK,
AUTOR DE OVER THE TOP [EN LA CIMA], DE DISCOVERY HOUSE.
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