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Comunismo y Socialismo en el Frente Popular Chileno:

Una perspectiva teórico-metodológica para el estudio de la historia sociopolítica *

Sebastián Sánchez González **

Introducción:

El presente artículo, tiene como objetivo general contribuir a repensar la historia sociopolítica, a través de una perspectiva crítica y propositiva sobre algunos de sus aspectos teórico-metodológicos. Esta propuesta, se fundamenta en algunos aspectos significativos que han sido expuestos en la Tesis de Grado Comunismo y Socialismo en el Frente Popular chileno: Sus diferencias ideológicas y su reflejo en las políticas sindicales 1 , donde se analizan las trayectorias y divergencias ideológicas entre el Partido Comunista y el Partido Socialista, entre los años 1933 y 1941, vinculándolas en sus relaciones con las políticas sindicales de ambos partidos. Esta tesis, se centra en gran medida en el período del Frente Popular chileno, como una nueva etapa del desarrollo democrático del país, así como un período distinto en la historia del movimiento sindical, debido a la irrupción del sindicalismo legal.

Dicha investigación buscó entre otros objetivos, ser un estudio histórico con nuevas perspectivas conceptuales y con una mirada crítico-analítica distinta a la historia política tradicional. Para lograr dicho objetivo, no se entendió a la política como una estructura cerrada, y por lo tanto, se buscó la forma de establecer sus relaciones con el resto de los componentes de la realidad nacional, así como también, los factores internacionales vinculados a la temática trabajada. De esta manera, la investigación articuló la historia política con temas propios de la historia de la ideas, como es el caso de las ideologías; el

* Artículo basado en la ponencia del mismo título, expuesta en la Primera Jornada de Estudiantes de Historia UDP; realizada en Santiago el día 23 de abril de 2008. ** Licenciado en Historia. Bachiller en Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Diego Portales. Asistente de Investigación y Docente de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Academia de Humanismo Cristiano. 1 SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Sebastián. Comunismo y Socialismo en el Frente Popular chileno: Sus diferencias ideológicas y su reflejo en las políticas sindicales (1933-1941). Tesis para optar al grado de Licenciado en Historia. Santiago: Universidad Diego Portales, 2007. Esta tesis hace parte de un proyecto de investigación en vías de edición, comprometido en el Programa Operativo Académico (POA) 2008; Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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sindicalismo –un tema principalmente abordado por la historia social–; y las doctrinas políticas. Además se incorporó al análisis, el aporte de la ciencia política, y principalmente la teoría democrática en sus debates más recientes; integrándose en una propuesta historiográfica, que esclarece ciertos fenómenos complejos de la realidad social y política chilena, presentándose analíticamente como una perspectiva de estudio sociopolítico.

En base a esta síntesis teórico-metodológica y a un uso ecléctico de fuentes (que van desde documentos oficiales de los partidos, artículos de prensa, entrevistas, memorias y fotografías, hasta sus himnos y emblemas partidarios), se pudo establecer que las pugnas sostenidas, entre comunistas y socialistas desde su interacción en el sistema político chileno, están marcadas por las diferencias ideológicas de dos partidos que comparten la misma doctrina marxista. Esto constituye, una forma de explicar la disputa de ambos partidos por la conducción del movimiento sindical, identificando que la principal divergencia ideológica entre PC y PS, se encuentra en su posición respecto del internacionalismo, donde los comunistas se orientan a través de lo que se definió como Internacionalismo Komintern; mientras los socialistas postulan un Internacionalismo nacional-americanista. Estas visiones de mundo, próximas pero controvertidas, ayudan a comprender porqué en un primer momento el PC opta por una posición sindical libre (ilegal), mientras que los socialistas se pliegan a los nuevos lineamientos del sindicalismo legal, normados por la puesta en vigencia del Código del Trabajo de 1931. Como también explican las tensiones existentes entre estos partidos, dentro de la CTCH y coalición del Frente Popular, que llevará a ésta última a su desintegración el año 1941.

El artículo quiere plantear y explicar estos cruces disciplinarios y metodológicos expuestos, presentando las perspectivas de análisis incorporadas dentro de la tesis, como una forma de repensar una dimensión teórico-metodológica, para contribuir a una nueva idea de historia sociopolítica. Estos planteamientos se desarrollan a través de la explicación del devenir y la trayectoria de la historiografía en el siglo XX y especialmente la evolución historiográfica de la historia política, para llegar a la propuesta de una historia más omnicomprensiva de los procesos complejos y multicausales de los fenómenos sociales humanos.

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Los nuevos planteamientos de la historiografía política:

Comenzaremos sosteniendo la necesidad, ya reconocida y aceptada, de replantear la historia política tradicional, abandonando algunos de los viejos paradigmas sobre esta disciplina (o subdisciplina) de la historia, que durante largo tiempo siguió vinculada a los legados de la historiografía positivista 2 . Bajo esta visión, su objeto esencial, era el estudio de la política en una visión restringida, principalmente vinculada al Estado y las instituciones, centrada en los hechos y con una mirada desde arriba, con gran énfasis en las hazañas de los grandes hombres como los estadistas o los generales; relacionándose en esa perspectiva, al estudio de la historia oficial o institucional 3 . No obstante, el estudio de la política implica también el estudio de lo político. Es decir, la necesidad de asumir el significado de concepciones de sociedad, persona, cultura, entre otras, para dar cuenta de la política como praxis, en cuanto la actividad que traspasa este quehacer en la cotidianidad de los pueblos. Lo anterior implica el reconocimiento de muchas otras temáticas obviadas por la historiografía política de corte positivista, así como la más tradicional.

Dentro de los temas de la política como praxis, podemos nombrar a manera de ejemplo, la dimensión del reconocimiento y rol de los actores políticos y sociopolíticos de una realidad histórica. Este es el caso de los partidos políticos y −en ciertos contextos o experiencias históricas− los sindicatos; temáticas centrales de la tesis enunciada. Pero como se expone en dicha investigación, no bastará reconocer y trabajar estos actores históricos sólo desde el rol que cumplen en la sociedad, sino también desde las visiones de mundo que los orientan en su rol social y político. Para esto es necesario identificar dos ámbitos del pensamiento político: las doctrinas y las ideas políticas, donde podemos identificar las ideologías. Por supuesto, debemos recalcar que dentro del plano del pensamiento, un estudio de lo político en la historia contemporánea, no puede entenderse sin la compresión del rol que juega la democracia no sólo como sistema político y de gobierno, sino también

2 No obstante, queremos dejar en claro que este objetivo no se adhiere a postulados como los de Julián Casanova, quien plantea que: “La vieja historia política se ha convertido en un cadáver al que muy pocos parecen respetar”. CASANOVA, Julián. La historia social y los historiadores ¿cenicienta o princesa?. Barcelona: Editorial Crítica, 2003. p. 39. Muy por el contrario, se busca abrir una perspectiva en la relectura de la vieja historia política y sus aportes, además de una complementación de dicho conocimiento desde nuevas perspectivas temáticas, metodológicas y teóricas.

3 Cfr. BURKE. Capítulo 1. Obertura: la nueva historia, su pasado y su futuro. En: BURKE, Peter (Editor). Formas de hacer Historia. Madrid: Alianza Universidad, 1996. p. 14-18.

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como un sistema de derechos y deberes para los ciudadanos, que definirá conductas y valores en los distintos contextos nacionales y socioculturales, especialmente en el mundo occidental.

De esta manera, como puede vislumbrarse en el párrafo anterior, buscar una nueva forma de abordar lo político, no sólo implica reconocer temáticas y problemáticas, sino también pensar en perspectivas teórico-metodológicas nuevas para dicho estudio. En este sentido, es necesario reconocer la importancia de la interacción de las distintas áreas de la disciplina histórica, como de la teoría política en los estudios histórico-políticos. Y dentro de ella, la trascendencia de los debates en torno a la teoría democrática y la significación que estos tienen para el estudio de las diversas problemáticas de la historia contemporánea.

De lo anteriormente expuesto, nace la idea que no puede hacerse historia política, sin aplicar un marco teórico que involucre categorías de análisis político 4 , como la teoría de partidos, sistemas de partidos, alianzas políticas, distinción entre doctrinas e ideas políticas, estrategias y tácticas, etc. Como tampoco se puede hacer historia sociopolítica de partidos y sindicatos, sin considerar las distintas tipologías que existen de éstos como actores sociopolíticos (sindicatos institucionalizados como grupo de poder, sindicatos bajo esfera de influencia, etc.) y su inserción en contextos histórico-políticos determinados.

Estas ideas sobre el análisis histórico, podrían no parecer nuevas, aunque sin duda poco resueltas. Sabemos de antemano que los fenómenos humanos son complejos y multicausales, razón por la cual la interrelación del conocimiento sobre el ser humano, se vuelve un requisito ineludible para su estudio. Sin embargo, como dice una hermosa canción parece que por lo empírico se ha enloquecido la brújula. Desde mediados del siglo XX, se entendió el estudio de la historia como el estudio de los hombres en sociedad a través del tiempo, lo que implicaba analizar la historia desde lo social y en interrelación con las ciencias sociales que venían perfilándose desde comienzos de siglo. ¿Cuál ha sido el

4 Al igual que no podría hacerse historia de la educación sin conocimientos sobre los paradigmas y teorías educacionales, o historia económica sin manejar conocimientos sobre economía.

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devenir de dichas ideas?, ¿Cuál es su efecto en la historiografía actual? Es un punto fundamental al cual nos aproximáremos a continuación.

La historia política desde una perspectiva social:

Partiremos de un supuesto clave: para hacer historia política no basta un estudio exclusivo de lo político. La política no es una estructura cerrada. Al igual que el resto de los componentes de la realidad humana, posee interacciones ineludibles con otros ámbitos como lo social, lo económico, lo cultural, entre muchos otros. Los cuales conforman un todo complejo, cuya esencia en el tiempo, debiera ser el objeto de estudio de los historiadores.

Bajo esta perspectiva, es que en la tesis ya sucintamente expuesta, se buscó articular una perspectiva que involucrara en el estudio aspectos referidos a distintos ámbitos de la realidad social, no sólo en Chile, sino también en la perspectiva internacional. En esta óptica se entiende el análisis de los cambios sufridos por la estructura económica en la década del ´30, específicamente luego de la crisis de 1929. Por supuesto, el ámbito económico fue analizado principalmente en una perspectiva económico-política, dado que la crisis del ´29 no sólo repercute en la economía y el comercio, sino que trae consigo un gran número de implicaciones sociopolíticas. Es el caso de sus características de discontinuidad con el pensamiento económico anterior, dando fin a una época histórica, marcada por el capitalismo y liberalismo clásicos y sus ideas de laissez faire y laissez passer; dando paso a las ideas económicas del capitalismo keynesiano y las propuestas de un nuevo rol del Estado Benefactor. De este modo, observamos como una crisis económica, en este caso de carácter estructural, tiene una influencia clave en ciertos conflictos y propuestas a nivel sociopolítico. Sin duda, lo expuesto implica el reconocimiento de la necesidad de un enfoque historiográfico desde lo social, que analizaremos con más profundidad a continuación.

Como primera idea, debemos entender que estos sucesos del contexto internacional, tienen profundas repercusiones en el Chile de ese entonces, no sólo en una renovación del capitalismo, sino también una expansión y consolidación de la democracia. Sin duda, para

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poder establecer esas relaciones de los sucesos del contexto internacional en la realidad chilena, se necesitó articular analíticamente distintos ámbitos; tarea que sólo podía lograrse a través del conocimiento de la historia económica, de las ideas económicas y políticas, etc. Por supuesto, todo dentro de un gran marco social, donde todos estos aspectos se interrelacionan.

De acuerdo a lo anterior, debemos comprender que principalmente, hacia los años ´50, la historiografía se enfoca hacia lo social, basada en la influencia de dos paradigmas dominantes: los aportes de la Escuela de los Annales y el marxismo. En esta perspectiva, la historia fue definida como el estudio elaborado de las diversas actividades y creaciones sociales de los hombres en el tiempo. Para los seguidores del movimiento historiográfico de los Annales, la historia pasa a convertirse en “historia social”, forjando posteriormente el concepto y el anhelo de la llamada “historia total”. Esta historia total, debía valerse de todos los descubrimientos del género humano, realizados por economistas, sociólogos, psicólogos y demás cientistas sociales, para la comprensión de su objeto de estudio “los hombres en el tiempo” 5 . Mientras hacia los años ´50 y ´60, algunos jóvenes historiadores marxistas promovían el estudio de lo social desde abajo, también desde una perspectiva socio-científica 6 .

Sin duda, el asumir al ser humano en sociedad como objeto de la historia, implica asumir un concepto amplio de lo social. En este sentido, al entender a los hombres como seres gregarios, se da por entendido que sus relaciones se dan dentro de un marco social, en el cual surgen diversos sistemas de actitudes, relaciones de poder y formas de intercambio; que se traducen a su vez en diferentes estructuras culturales, políticas y económicas, entre otras. La historiografía se moverá entonces dentro de un marco social a nivel macro – entendido como una estructura social englobante–, dentro de la cual se desarrolla a su vez una estructura social específica, referida más bien a las diversas formas de estratificación en las que se generan las relaciones humanas, lo que se traduce en el surgimiento de sujetos

5 Utilizando la expresión de Marc Bloch en: BLOCH, Marc. Introducción a la Historia. 2ª Edición. México:

FCE, 1994.

6 Cfr. MOREYRA, Beatriz. La historia social más allá del giro cultural: algunas reflexiones. Cuadernos de Ideas. N° 10. Santiago: Ediciones UCSH, 2007. p. 9-10.

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y actores sociales. De este tipo de reflexiones, es donde emergen muchas de las ideas que refuerzan el concepto de lo político como lo connatural al ser humano en su dimensión social; lo que implica distinguir entonces la política como la praxis de esas relaciones connaturales de lo político, traduciéndose en distintas formas de organización política, que buscan alcanzar el poder dentro de una comunidad.

De estas relaciones humanas, surgen también ciertas organizaciones sociales y por supuesto actores sociales −como es el caso de los sindicatos− que han abordados principalmente por la historiografía social. No obstante, si entendemos también lo social, como un marco de las relaciones humanas dentro del que coexisten otras estructuras, entenderemos por ejemplo, que esos actores sociales no pueden ser entendidos, sin asumir su condición de interrelación con lo económico, lo político, lo cultural u otras realidades.

Sin duda, esta visión de la historiografía desde lo social, implica que lo político – entendido como parte de esa realidad− deberá ser entendido en una visión amplia e interrelacionada. Sin embargo, ¿Por qué es necesario volver a plantear esta idea como un supuesto del trabajo histórico, si desde mediados del siglo XX dicha idea ya se entendía como propuesta?. Al parecer la idea de la construcción historiográfica, no corrió por los carriles adecuados como para dar el salto cualitativo necesario en la disciplina y especialmente dentro de la política. Esto principalmente por tres aspectos: la idea de la historia social como “historia total”, la fragmentación de la disciplina debido a los vínculos con las ciencias sociales y el rechazo de los Annales a la historia política; problemas que analizaremos a continuación.

La interdisciplinariedad dentro de la historiografía: aportes al estudio sociopolítico Más allá de la discusión de si la historia es o no es una ciencia social, lo que es absolutamente ineludible, es que ella en cualquiera de sus opciones teóricas, necesariamente da cuenta de lo social. En este sentido, el cambio a la visión social de la historia, implicó también la búsqueda de una complementariedad con otras ciencias que se abocaran al estudio de lo social. En esta perspectiva, uno de los grandes aportes de la Escuela de los Annales y el marxismo, fue mostrar lo fructífera y necesaria que era la

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interacción entre la historiografía y las ciencias sociales. De aquí, que las ideas de lo interdisciplinario, lo multidisciplinario y lo transdisciplinario comenzaron a formar parte del lenguaje y la práctica de los historiadores, como lo hicieron también en el resto de las ciencias sociales.

Metodologías y conceptos de las ciencias sociales, fueron incorporados a los estudios históricos. No obstante, el rechazo de la Escuela de los Annales a la historia política, no sólo hizo que ésta quedara, en cierto sentido, relegada como una mera expresión del positivismo; sino que además, hizo que aquellos que siguieron cultivando la historiografía política quedarán aislados, casi hasta finales del siglo XX, de los aportes que las ciencias sociales –y en especial de la ciencia política– entregaban al estudio de la teoría y práctica los fenómenos políticos en sus diversas manifestaciones.

En este aspecto específico, volvemos a reiterar, que un estudio de lo político en la época contemporánea, implica necesariamente un conocimiento del desarrollo de la idea democrática y los sistemas políticos en las distintas sociedades. Así como en el caso de un estudio como el presentado en Comunismo y Socialismo en el Frente Popular, de otras categorías más específicas como las estructuras de mediación política (como los partidos políticos u otros grupos de interés), de donde se deriva la teoría de partidos y los sistemas de partidos. Pero también otros conceptos analíticos como los actores políticos, doctrinas e ideologías políticas, e instituciones (como el Estado). Temas que principalmente han sido desarrollados y sistematizados en los últimos años por la ciencia política; disciplina cuyo objetivo general es tomar en cuenta el comportamiento político efectivo y observable de las personas y las sociedades, así como de sus estructuras y procesos.

Sin embargo, para la historiografía en general, estos cruces interdisciplinarios con las ciencias sociales hacia mediados del siglo XX, comenzaron a generar una fuerte fragmentación de la disciplina, por el surgimiento de subdisciplinas temáticas, que iban más allá de las clásicas diferenciaciones en la temporalidad de los estudios históricos. Distinciones que si bien es cierto, aumentaron la especificidad del conocimiento,

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fomentando métodos más rigurosos y niveles más profesionales, generaron una atomización del conocimiento histórico.

Esta situación, era ajena a los postulados de los fundadores de los Annales. De hecho, Febvre y Bloch se opusieron con tenacidad a la tendencia a fragmentar el cuerpo de la historia en “especialidades” independientes y paralelas, optando por la necesidad de una síntesis global (la historia total, que denominaban social) 7 . Para los seguidores de los Annales, toda historia era historia social. Tenían razón en un sentido, el objeto de la historia era a grosso modo, el estudio de las relaciones de los hombres dentro de un marco social; dentro del cual –como hemos mencionado− existen distintas expresiones.

Pero un estudio de esas realidades sociales totales, era sin duda, utópico como construcción de un solo historiador o un grupo de historiadores. Sin embargo, este fue el paradigma imperante, especialmente en la segunda mitad del siglo XX. Esta visión se expresa en los postulados de muchos historiadores, y también explica porqué en 1970, el historiador británico y cercano al marxismo, Eric Hobsbawm, hace su proclama sobre los alcances interpretativos de la historia social, entendida como el estudio de las totalidades sociales 8 . Más recientemente hay que hacer referencia a las afirmaciones de Peter Burke, en el sentido que si bien su opción a estado dentro de las concepciones de una historia cultural, su aspiración a una “historia total” sigue siendo, un anhelo intimo 9 . Lo entendemos, en la perspectiva que la fragmentación de la historia, no debiera tener como resultado, el rechazo a entender los grandes procesos, donde esa historia particular encuentra su mejor sentido.

En la línea de las anteriores reflexiones, debemos referirnos a los efectos que tuvieron las ideas acerca de la “historia total”, así como las de interdisciplinariedad y especificidad en los historiadores. Como primer punto, el impulso hacia una historia estructural o serial, llevó a los historiadores a ignorar la singularidad de la experiencia individual, así como las maneras en que se crea la vida social a través de expresiones como

7 Cfr. CARDOSO, Ciro. La historia como ciencia. Centroamérica: EDUCA, 1975. p. 15.

8 MOREYRA, Beatriz. Op.cit. p. 7.

9 Véase la entrevista a Peter Burke, realizada por Pablo Marín en La Tercera, sábado 22 de septiembre de

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la política y la cultura 10 . Por otra parte, la interdisciplinariedad y la especialización, llevaron a manera de ejemplo, a que los historiadores económicos comenzaran a hablar en gran medida, el lenguaje de los economistas; así como los historiadores sociales gran parte del dialecto de los sociólogos y los antropólogos sociales. Pero, como identificó Burke, cada vez los historiadores se entendían menos entre ellos mismos 11 ; generándose barreras entre las distintas subdisciplinas de la historia, alejándose en cierto en sentido de la “historia total”. La historia se encontró así, vacilante entre su tendencia a la totalidad y la tendencia contraria hacia la fragmentación, especializándose prácticamente en varias subdisciplinas autónomas, y por lo tanto, con escaso diálogo entre ellas.

Sin embargo, la complejidad del objeto de estudio de la historia, hace necesario entrar en una nueva etapa, más allá de la especialización y los necesarios aportes interdisciplinarios, que siguen siendo indispensables; también va más allá de la búsqueda de una utópica “historia total”. En esta perspectiva, es necesario entrar a una nueva etapa de síntesis dentro de la historiografía como ciencia social (o como disciplina según otros), más allá de los prejuicios o reservas de algunas tendencias. Logrando una interdisciplinariedad dentro de nuestra propia disciplina.

Esta nueva interdisciplinariedad quiso verse reflejada en la tesis expuesta, la que aunque encontrándose muy vinculada a la historia política (inseparable de lo social), suma muchos otros aspectos pertenecientes a otros ámbitos de la historiografía, como la historia social propiamente tal y la historia de la ideas. Por supuesto también estableciendo nexos interdisciplinarios con la ciencia social que se le encuentra más cercana: la ciencia política.

En esta perspectiva, se entiende que para analizar al Partido Comunista y al Partido Socialista, como troncos fundamentales de la izquierda marxista, y sus relaciones con el sindicalismo, en una perspectiva teórica de interrelación partidos-sindicatos, no bastaba entender los elementos de la teoría política o doctrina de los partidos, sino sus visiones de

10 Cfr. Ibid. p. 11.

11 Cfr. BURKE, Peter. Op.cit. p. 35.

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mundo expresadas en sus ideologías y como éstas se enfrentaban con la realidad sindical 12 . Esta visión se encontraba lejos de una historia política vista dentro de las bases institucionales y las estructuras de gobierno, a la vez que se alejaba de las historias de partidos y movimientos políticos en su sentido tradicional. Además de esto, el abordaje de la ideología de los partidos y sus relaciones sociopolíticas, desde la mirada de la construcción democrática, nos permitió evaluar su significación en cuanto a la expresión de valores, conceptos y conductas de una definición ciudadana, que busca construir un nuevo modelo de sociedad, perfilada desde su ideología.

Con respecto a lo anterior, debemos entender, que incluso el estudio de la “totalidad” histórica que buscaban los Annales, partía del supuesto que en toda sociedad humana los hombres desarrollan actividades de diversa naturaleza (económicas, sociales, culturales, políticas, etc.), las que si bien constituyen niveles diferenciados, se integran dentro de una misma realidad. Y en este sentido, como lo plantea el historiador Pelai Pagés:

“Conocer las sociedades humanas significa conocer los mecanismos de influencia que existen entre estas manifestaciones sociales en su globalidad. Significa también conocer los mecanismos de influencia que existen entre estas manifestaciones: la interacción permanente entre las realidades económicas, políticas o culturales. Significa, por último, conocer la dinámica de la evolución de las sociedades” 13 . Esto implica necesariamente una mirada mucho más omnicomprensiva de sus fenómenos históricos, por supuesto en nuestro caso, siempre dentro del enfoque social de la historia política.

Hacia una visión omnicomprensiva de la historia:

Si asumimos que los fenómenos humanos son complejos y multicausales, desprenderemos que, sin romper con la especificidad, debemos dejar de pensar y estudiar

12 La aplicación de esta perspectiva nos permitió, por ejemplo, comprender el viraje del PC desde el sindicalismo libre al sindicalismo legal, luego del VII Congreso de la Internacional Comunista. Sin duda su visión de mundo en la línea Internacionalismo Komintern, implicaba adherirse a los virajes estratégicos y tácticos de la Internacional, que incluía la alianza con organizaciones e instituciones “burguesas” como el sindicalismo legal, que antes del año 1935-36, era considerado contrario al sindicalismo revolucionario como el de la FOCH. Por su parte, el PS con mucha más libertad de acción con respecto a la aplicación de sus tácticas, no tuvo reparos en asegurarse un lugar importante en los nuevos sindicatos legales, mucho antes que el PC aceptara dicha táctica. 13 PAGÉS, Pelai. Introducción a la Historia: Epistemología, teoría y problemas de método en los estudios históricos. Barcelona: Barcanova, 1983. p. 19.

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los hechos históricos como si fueran realidades autónomas y desconectadas. Posiblemente se podría pensar que esta visión es un retroceso a la utopía de la “historia total”. Pero en definitiva, debemos comprender que la historia total la construimos todos, y no sólo los historiadores, cuando nos acercamos al estudio del pasado; aportando –y aquí parafraseamos a Toynbee– un pequeño grano de arena al conocimiento histórico. Más aún, en una mirada más específica, no debemos dejar limitado el estudio y la comprensión de un fenómeno histórico, por restricciones superfluas entre subdisciplinas históricas.

Como plantea la historiadora Beatriz Moreira, es necesario evitar todas las formas de reduccionismo, insuficientes en el campo socio-histórico 14 . Lo que implica en cierto sentido, un rechazo a lo que Lynn Hunt llama una “practica historiográfica hegemónica” 15 . ¿De qué servirán historias hegemónicas cuando debemos analizar los fenómenos históricos desde la interdisciplinariedad? Sin duda, no de mucho. Lo importante es lograr distinguir las necesidades metodológicas de interdisciplinariedad con las ciencias sociales y dentro de la propia historiografía, como herramientas necesarias para abordar la complejidad y multicausalidad de los fenómenos humanos.

Estas opciones no sólo estarán referidas a análisis diacrónicos de la historia, sino también a las perspectivas de los análisis sincrónicos, donde se encuentran la mayoría de los estudios monográficos referidos a situaciones o momentos específicos de la historia. Éstos deben ser entendidos, como estudios temáticos acotados y específicos, pero sin duda omnicomprensivos de los fenómenos suscitados en su especificidad de análisis. Esto no implica que creamos que sea posible agotar las perspectivas de una investigación en un solo trabajo. Sin embargo, si se plantea como objetivo lograr entender los fenómenos más profundamente, con distintas metodologías, articulaciones temáticas y teóricas, estaremos no sólo más cerca de visiones diacrónicas, sino también de la visión omnicomprensiva de la historia. De esta forma, sincronía y diacronía se plantean como desafíos ineludibles para el trabajo del historiador.

14 Cfr. MOREYRA, Beatriz. Op.cit. p. 35.

15 Cfr. HUNT, Lynn. (Editor). The New Cultural History. Berkeley: University of California Press, 1989.

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Conclusiones:

En síntesis, a través de ciertos aspectos de la tesis de grado trabajada, hemos expuesto algunas perspectivas teórico-metodológicas para desarrollar una mirada de la historia sociopolítica. Dentro de éstas, hemos identificado en primer lugar un replanteamiento de la historia política tradicional, ahora enfocada desde lo político y desde la política. De acuerdo a esta visión, entendemos como segundo aspecto, el asumir la historia política desde una perspectiva social, lo que nos deriva –como tercer punto− a una necesidad de complementación de los estudios histórico-políticos con las ciencias sociales (especialmente la ciencia política) y con las subdisciplinas historiográficas; lo que en suma, nos lleva a plantear una visión mucho más omnicomprensiva de la historia, desde los estudios sociopolíticos.

Luego de la exposición de estas perspectivas teórico-metodológicas para la historia sociopolítica, debemos entender que sin duda, el estudio del Partido Socialista y el Partido Comunista en el Frente Popular, está lejos de ser una historia general y completa acerca de la relación de estos dos partidos políticos marxistas en Chile. Pero con una visión integradora de diversas temáticas, se acercó a comprender ciertos fenómenos complejos de su interacción en la realidad nacional. A lo que se sumó también, la articulación analítica de la Historia de Chile, desde la perspectiva del contexto internacional. Esto más allá de los “panoramas” internacionales, o los “marcos históricos”; sino más bien, entendiendo la importancia del contexto internacional como variable analítica ineludible de los procesos nacionales. En el caso de la investigación llevada a cabo, destaca el rol de los cambios internacionales de los años treinta, en el nuevo paradigma económico (conocido como keynesianismo); el nuevo rol del Estado (el Estado Benefactor); el surgimiento y rol del fascismo y el nazismo, como amenazas a la democracia; y la táctica de Frente Popular, emanada del VII Congreso de la Komintern. Esto lo vincula a sus efectos en las relaciones entre comunistas y socialistas, sus propuestas políticas y la formación de la coalición pluripartidista del Frente Popular chileno.

Por supuesto, esta propuesta está lejos de encontrarse completa, mucho falta por descubrir en cuanto a las posibilidades de integración metodológica y teórica para abordar

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estos fenómenos. Un ejemplo claro de esto, sería abordar el ámbito de la cultura política de los partidos, los sindicatos y sus dirigentes, lo que implicaría ahondar mucho más la investigación desde el área de la historia cultural. Otro punto que debe esclarecerse y profundizarse, es la visión de la idea democrática de los partidos marxistas, así como la identificación más precisa de su rol dentro de la construcción democrática del país; lo que nos plantea la necesidad de articular la teoría democrática en una perspectiva histórica.

Sin duda, otro de los problemas ineludibles que nos plantea esta visión, son los que presentan los distintos debates teóricos y metodológicos dentro de la historiografía, pero principalmente los suscitados dentro de las demás ciencias sociales. Por ejemplo, aún falta mucho por ver y discutir sobre las nuevas perspectivas del análisis político dentro de la ciencia política, más allá de los “clásicos” que fueron utilizados en la investigación. Sin embargo, estos problemas y consideraciones, no se plantean como escollos insalvables, sino más bien como desafíos orientadores.

De esta manera, y de acuerdo a lo expuesto, es el momento de establecer sinergias, no sólo con las demás ciencias sociales, sino también con las subdisciplinas historiográficas. Logrando de esta manera, cada vez en mayor medida, un conocimiento más completo y acabado de los fenómenos sociales, de los hombres en el tiempo. Por esta razón, el trabajo investigativo entre socialistas y comunistas, que se encontraba fuertemente relacionado a la historia política, fue pensado en vistas de la interacción de esa estructura política, en conjunto con el resto de los componentes de la realidad nacional e internacional, formulándose más allá de un estudio político, en un estudio sociopolítico, de una realidad en la cual el concepto, se vuelve inseparable.

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Bibliografía:

BURKE, Peter (Editor). Formas de hacer Historia. Madrid: Alianza Universidad, 1996. BURKE, Peter. La Revolución Historiográfica Francesa. Barcelona: Gedisa, 1993. CARDOSO, Ciro. Introducción al trabajo de la investigación histórica. Conocimiento, método e historia. Barcelona: Editorial Crítica, 1981. CARDOSO, Ciro. La historia como ciencia. Centroamérica: EDUCA, 1975. CARR, E. H. ¿Qué es la historia?. 7ª Edición. Barcelona: Seix Barral, 1978. CASANOVA, Julián. La historia social y los historiadores. ¿Cenicienta o princesa?. Barcelona: Editorial Crítica, 2002. HUNT, Lynn. The New Cultural History. Berkeley: University of California Press,

BLOCH, Marc. Introducción a la Historia. 2ª Edición. México: FCE, 1994.

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MARROU, H. I. El conocimiento histórico. Barcelona: Editorial Labor, 1968. MOREYRA, Beatriz. La historia social más allá del giro cultural: algunas reflexiones. Cuadernos de Ideas. N° 10. Santiago: Ediciones UCSH, 2007. PAGÉS, Pelai. Introducción a la Historia: Epistemología, teoría y problemas de método en los estudios históricos. Barcelona: Barcanova, 1983. RAMA, Carlos. Teoría de la Historia. Introducción a los estudios históricos. 3ª Edición. Madrid: Editorial Tecnos, 1974. SÁNCHEZ, Sebastián. Comunismo y Socialismo en el Frente Popular chileno: Sus diferencias ideológicas y su reflejo en las políticas sindicales (1933-1941). Tesis para optar al grado de Licenciado en Historia. Santiago: Universidad Diego Portales, 2007.

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