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Bryan Gustavo Amagua Victores Política

Reseña: Nota histórica de una polémica incesante.

De acuerdo con el fragmento del texto de Mardones J. (1982), la cientificidad de las


ciencias sociales es un punto un tanto polémico dentro de la comunidad científica por las
vicisitudes de su metodología, dado que hay posturas que abogan para que esta se adapte a las
usadas en las ciencias naturales, mientras que otros consideran que se debería trazar un camino
propio, guardando cierta autonomía frente a los métodos utilizados en los demás campos del
saber.

No obstante, el autor considera en primer lugar tomar en cuenta a las dos tradiciones más
relevantes dentro de la filosofía del método científico. La primera es la tradición aristotélica
basada en la explicación teleológica y la galileana, que se apoya en la explicación causal. Cabe
recalcar que, si bien estas tradiciones toman el nombre de estos pensadores, eso no quiere decir
que estas corrientes están basadas dogmáticamente en los postulados de estos personajes, más
bien, de lo que se tratan son de diferentes planteamientos sobre las propiedades que deberían
tener las explicaciones para que sean consideradas científicas.

Aristóteles planteó que la observación era fundamental para la explicación científica.


Para él, tenían que acontecer dos procesos, el primero era la inducción, que partía de la
observación en hechos concretos para conseguir principios explicativos. A continuación, se
procedía en deducir los enunciados en base de las premisas incluidas en los principios
explicativos, a esta fase la llamó deducción. Los fenómenos tendrían cuatro causas: formal,
material, eficiente y final. Las explicaciones teleológicas o finalistas eran consideradas como
científicas para Aristóteles.

La tradición Galileana apareció en el siglo XVI durante el renacimiento. La ciencia tenía


como objetivo establecer leyes naturales que posibilitaran el dominio de la naturaleza por el
hombre. La vieja lógica aristotélica-escolástica iba siendo reemplazada por una recuperación de
la tradición pitagórica-platónica que ponía el énfasis en las formulaciones matemáticas que en las
explicaciones físicas cualitativas. Por tanto, se arrinconaban las diversas complicaciones
empíricas para pasar a emplear conceptos ideales y abstractos basados en la matemática, dando
lugar a las hipótesis causales, con apego a tendencias mecanicistas.

23/11/2018
Fue la revolución francesa lo que motivó el aparecimiento de las ciencias sociales, de la
mano de pensadores como Ranke, Comte, Spencer, Marx, entre otros. Con la crisis del antiguo
régimen, se hizo evidente la necesidad de conocer el modo de organización social mediante la
comprensión de la naciente sociedad moderna capitalista.

De este modo, las ciencias sociales se acomodaron a una de las dos tradiciones de la
ciencia. Por un lado, los positivistas representados por Comte y J.S. Mill, se apoyaron en la
corriente galileana de la ciencia, intentando imitar a las ciencias naturales en su metodología y
explicaciones causales. Tiempo después surgió el positivismo lógico el cual postulaba que solo
los enunciados sometidos a la lógica y la verificación empírica podían ser considerados como
científicos. Surgió paralelamente el racionalismo crítico de Karl Popper, que, si bien estaba
dentro del positivismo, este se basaba en la falsificación de postulados.

El anti-positivismo se apoya en parte de la lógica aristotélica de la ciencia. Weber,


Simmel, Droysen, Rickert, entre otros comparten un rechazo a las pretensiones del positivismo, a
su monismo metodológico, al canon ideal hacia la física-matemática, al afán predictivo y
causalista. La postura crítica hacia el positivismo, hecha por la Escuela de Frankfurt les seguiría,
de la mano de Horkheimer, Adorno, Marcuse, Fromm, etc. El fin de este grupo era analizar la
sociedad occidental capitalista, siguiendo una línea hegeliana-marxista, para brindar una teoría
de la sociedad que provoque cambios trascendentales para lograr una sociedad buena, humana y
racional.

Bibliografía

Mardones, J. M., & Ursua, N. (1982). Nota histórica de una polémica incesante. En
Filosofía de las ciencias humanas y sociales: materiales para una fundamentación científica (pp.
15–38). Barcelona: Fontamara.