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15/3/2019

La estética de Kant | αναρχια

¡Estudiar y aprender para al pueblo defender!

La estética de Kant

Immanuel Kant (1724-1804), nació en Königsberg, es considerado uno de los filósofos más importantes de la modernidad y es un gran representante del idealismo alemán. Se formó en un hogar pietista, la

cual es una tradición religiosa que mucho sintoniza con la teoría de la sensibilidad 1 , por lo cual, se guía en gran medida por esta teoría y por su puesto, por los pensamientos e ideas surgidas en la ilustración. Kant afirmaba que las sensaciones agradables o desagradables se suscitan más gracias a la sensibilidad particular de cada hombre que a las condiciones externas, porque cada hombre sólo es feliz al satisfacer lo que sus propias sensaciones le piden.

¿Qué es lo bello para Kant? Para resolverlo, Kant se refiere a la representación, no tratando de entender al objeto para conocerlo, sino utilizando la imaginación respecto al sentimiento de placer o dolor. Su juicio pues, no es lógico, es estético, entendiendo que su base determinante no puede ser más que subjetiva. Es decir, se debe tener conciencia de la representación del objeto, y unirla a la sensación de

satisfacción, para lo cual, no hace falta el conocimiento del tal objeto 2 .

Tal satisfacción debe ser desinteresada, definiendo como interés, el deseo de la existencia del objeto. Durante la Ilustración, autores como Hume redujeron la belleza a la utilidad y al interés, es decir, relacionaban la belleza con todo lo que a su propietario podía causarle placer. Era pues mero interés a la

posesión 3 . Kant es uno de los autores que se contraponen a este interés estético. Cuando se quiere determinar si algo es bello, no se requiere darle importancia a su existencia, sino a la contemplación que le damos y la satisfacción que nos causa tal contemplación. Por tanto, para determinar si algo es bello debe bastar con saber si la mera representación del objeto va acompañada en quien contempla de satisfacción, aun si le es completamente indiferente la existencia del objeto representado. Esto, según Kant, porque cuando se mezcla el interés, el juicio es parcial y no un juicio del gusto.

Por la misma situación, Kant diferencia lo bello de lo agradable y de lo bueno. Definiendo como agradable a lo que place a los sentidos en la sensación. Cuando un objeto es declarado agradable, expresa un interés mediante la sensación. La satisfacción proporcionada por lo agradable presupone

entonces, la relación de su existencia con la afectación que pueda dar a quién le agrada 4 . Es decir, lo agradable agrada por interés, y como lo bello no es bello por interés, para Kant lo agradable, no es lo bello.

Respecto a lo bueno, Kant lo define como, lo que por medio de la razón y por el simple concepto, place. Se puede decir que es útil o bueno para algo cuando place como medio, y bueno en sí cuando place en sí

mismo; pero en ambos casos hay un fin o un interés. Por lo tanto, tampoco lo bueno es lo bello 5 . Para

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definir si algo es bueno se debe tener un conocimiento del objeto, y como ya se mencionó anteriormente, lo bello no requiere tal conocimiento.

Entonces, tanto lo bueno como lo agradable se relacionan con el interés y el deseo. Es decir, no sólo la representación del objeto genera placer, sino también la existencia de éste, mientras que en el juicio de lo bello sólo importa la contemplación, y si el objeto representado existe o no, no importa porque aún así sigue satisfaciendo. Llámese pues agradable a lo que deleita inmediatamente, es decir, que no requiere de reflexión sino solamente de la sensación; bello a lo que place, y que depende de la reflexión sobre la contemplación de la representación del objeto; y bueno a lo que es aprobado, es decir, que también requiere de reflexión, pero una reflexión dirigida a la utilidad. Entonces, Kant concluye de estas tres formas de satisfacción, que la del gusto en lo bello es la única satisfacción libre. Pues de la inclinación en lo agradable, la complacencia en lo bello y la estimación en lo bueno, la complacencia es la única desinteresada.

Pero también hay que distinguir lo bello de otra categoría estética, lo sublime, el cual, al igual que lo bello, genera satisfacción desinteresada en quien lo contempla, y ambas son, placeres originados por el juicio del gusto que pronuncia Kant. Lo sublime suele representar cosas grandiosas, impresionantes o conmovedoras de la naturaleza, en casos unidas al terror, a lo noble o a la magnificencia. Es decir, lo sublime place, pero tal placer lo transmite infestado de asombro y respeto. Ejemplos de representaciones sublimes son: La muerte, la noche, el tártaro, entre otros. Lo sublime puede acompañar al placer de cierto terror o melancolía; en algunos casos, meramente de un asombro tranquilo, y en otros, un

sentimiento de belleza extendido sobre una disposición general sublime 6 .

Lo bello por otro lado, en vez de conmover, encanta. A diferencia de lo sublime que es siempre grande, lo bello puede ser pequeño y aún así, complacer. El día es un ejemplo de representación bella, el cuerpo de una mujer, las hermosas flores, todos agradan de una manera bella que se diferencia mucho de la satisfacción obtenida por las representaciones sublimes asombrosas.

Ambos conceptos, bello y sublime, requieren del desinterés para poder diferenciarse lo de agradable y de lo bueno, y son para Kant, las dos categorías estéticas que requieren para satisfacer, simplemente de la contemplación y no del objeto representado. Cuando tal satisfacción en la contemplación se consigue de una manera subjetiva y desinteresada, se puede decir que es un juicio estético del gusto.

Sin embargo, hay claras criticas a la estética kantiana, a la subjetividad y al desinterés. Según Theodor W. Adorno, el desinterés a la obra de arte le aleja del efecto inmediato que la satisfacción quiere conservar, lo cual prepara la quiebra de la supremacía de esa satisfacción. Dice que, al desinterés propio

del arte tiene que acompañarle la sombra del interés más salvaje 7 . Y en esta situación, estoy de acuerdo con Adorno, ya que, cómo podría complacernos una obra de arte por la cual mostramos desinterés. En todo caso tendríamos que mostrar un cierto interés por ella (a lo que Adorno llama el interés más salvaje), para hacer esa reflexión de la que habla Kant y conseguir así la satisfacción obtenida por la contemplación de la representación del objeto. De otro modo, dice Adorno que el desinterés puede convertirse en indiferencia.

En este caso, la obra de arte debe quedar sometida a un cierto tipo de interés si requiere la contemplación. De lo contrario, todos pasaríamos por alto las obras u objetos bellos y no podríamos satisfacernos con su belleza. Lo cual Kant niega con el concepto de libertad y autonomía de las obras de arte en lo que no sea propio del sujeto. Así, deja al arte desposeído de todo contenido y en su lugar