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Escuela de Ciencias del Lenguaje

Licenciatura en Lenguas Extranjeras Inglés-Francés


Psicolingüística
Juliana Osorio 1530088

Adquisición del Lenguaje. El Principio de la Comunicación

En este texto se explora la adquisición del lenguaje, el proceso en el cuál un niño pasa de
la simple emisión de sonidos al descubrimiento de un código; y los factores internos y externos
relacionados con este proceso. Se estudian datos que abarcan desde el nacimiento del bebé hasta
los 14 meses, iniciando en la etapa prelingüística hasta el comienzo de la etapa lingüística.

El lenguaje y sus funciones

En el texto se define el lenguaje cómo la capacidad del ser humano para expresar su
pensamiento y comunicarse. Se resaltan dos funciones del lenguaje, la comunicación, entendida
como el intercambio de informaciones y la representativa, que es aquella donde el emisor elabora
mensajes relacionados con su entorno o con objetos externos al acto comunicativo.

Aspectos del desarrollo integral del niño que influyen en el proceso de adquisición del
lenguaje

Se destacan tres aspectos del desarrollo como necesarios para la adquisición del lenguaje:
a. Proceso de maduración del sistema nervioso, correlacionándose sus cambios
progresivos con el desarrollo motor en general y con el aparato fonador en particular.
b. Desarrollo cognoscitivo que comprende desde discriminación perceptual del
lenguaje hablado hasta la función de los procesos de simbolización y pensamiento.
c. Desarrollo socio-emocional, que es el resultado de la influencia del medio
sociocultural, de las interacciones del niño y las influencias recíprocas.

Las etapas y sus características

Etapa prelingüística

La etapa prelingüística (0-10 meses) se caracteriza por el uso del aparato fónico y
auditivo cómo ejercicio físico sin valor comunicativo, durante esta etapa ocurre un desarrollo y
entrenamiento de dichos órganos a través de vocalizaciones reflejas, gorjeo y juego vocal.
Gracias a las reacciones de su entorno a dichas manifestaciones el bebé se da cuenta que puede
utilizarlas cómo instrumento comunicativo. A partir de observar las reacciones ante ciertas
manifestaciones sin sentido el bebé comienza a ejercitarlas de manera intencionada utilizándolas
como una forma de “llamado”, el bebé entiende que este conjunto de sonidos tendrán una
respuesta externa y por eso los repite.
Se establece tres funciones básicas para este período:
a. Ejercitación articulatoria y auditiva: primero, sólo exploratoria de diversos sonidos;
luego, también voluntaria o intencional respecto al sonido que se quiere emitir o
captar.
b. Identificaciones y diferenciaciones fónicas
c. Respuesta al entorno fónico

Esta etapa está divida en tres subetapas, Prebalbuceo, balbuceo y balbuceo reduplicativo.

Prebalbuceo
Vocalizaciones reflejas y gorjeo (0-2 meses)

Durante estos primeros dos meses el bebé emite tres tipos de sonidos, vocalizaciones
reflejas, caracterizadas por la agudeza de sus sonidos, gorjeos, cuya emisión característica es
“ajo” y exteriorizaciones sonoras como el llanto. Aquí se ejerce un primer ejercicio de
comunicación ya que el bebé utiliza el llanto para expresar dolor, hambre y comunicar sus
necesidades, y a medida que éstas sean cumplidas comenzará a usarlo intencionalmente.

Durante esta etapa también empieza a reconocer personas y voces, llama la atención con
sonidos e imita gestos.

Balbuceo
Juego Vocal (3-6 meses)

A partir de esta etapa el bebé pasa de emitir sonidos aislados con carácter exploratorio a
emisiones voluntarias e intencionales y empieza a realizar identificaciones y diferenciaciones
articulatorias y auditivas. Afianza los sonidos guturales y los repite constantemente. Al llanto se
le unen los gritos y un sonido similar al ronroneo como instrumentos de comunicación,
expresando más allá de necesidades, estados de ánimo.

Además denota respuesta ante su entorno y emisiones fónicas y reacciona ante elementos
de la lengua tales como la entonación y el timbre de voz, comportamiento que muestra un
desarrollo de las facultades receptoras.

Se destacan los siguientes como principales vehículos prelingüísticos en esta etapa:


a. Los contactos oculares o actividades visuales en las que sigue con la mirada al adulto,
provocando una respuesta.
b. Los gestos o actividades mímicas y de expresión facial, entre las que destaca la sonrisa.
c. Las expresiones corporales o actividades motoras, como el movimiento de los brazos o
piernas para llamar la atención de los que le rodean.
d. Vocalizaciones, gorjeos, sonidos guturales y fonaciones.

Según Piaget, durante esta etapa el niño toma conciencia de que los sonidos que produce
tienen un efecto en su entorno y de esta manera aprende a comunicarse, estableciendo una
conexión entre estos fenómenos.
Balbuceo reduplicativo
Imitación de sonidos (6-10 meses)

Después de los gorjeos el bebé comienza a emitir sonidos principalmente vocálicos y con
estos aparecen secuencias iterativas, lalaciones o grupos repetitivos, que consisten en la emisión
de sonidos mediante el redoblamiento de las sílabas.

El bebé también comienza a imitar sonidos y a emitir secuencias iterativas en las cuales
se transmiten valores a través de la entonación, la longitud y la intensidad de las mismas.

Entre los 7 y los 10 meses, gracias al desarrollo motriz que experiencia el bebé durante
esta etapa, ocurre un cambio progresivo en las interacciones madre-hijo, de la modalidad de
demanda a la modalidad de intercambio y reciprocidad. Durante esta edad el bebé realiza
vocalizaciones espontaneas vocálicas y consonánticas, incluyendo sílabas y diptongos.

En este momento llegamos a la constitución del signo lingüístico, o la preconstitución.


Cuando hablamos del signo lingüístico se entiende que nos situamos en un plano oral, este es un
paso previo, en el que el signo se constituye en el plano de la comprensión, ya que el bebé
relaciona un significante emitido por un adulto con un significado concreto, demostrando esta
relación no de forma oral pero si con una muestra de comprensión, como el señalar el objeto de
manera constante. Esto demuestra una relación entre significante y significado, prueba de que ya
se ha constituido el signo lingüístico. Alrededor del octavo mes reconoce gran cantidad de
significantes y los identifica con una imagen concreta.

Hacia el final de los nueve meses hay manifestaciones no lingüísticas como principio de
otras denominadas lingüísticas; en el texto se distinguen dos tipos, las secuencias iterativas,
como exploración articulatoria, y las señales fónicas basadas en la perfección imitativa, las
onomatopeyas.

El bebé aprende a relacionar las onomatopeyas con el objeto, esto no implica un proceso
comunicativo pero sí una relación significativa, ya que hay una relación clara entre la emisión
fónica y un significado concreto. Lo cual es un ejemplo del comienzo del establecimiento de la
relación que sienta las bases de la comunicación pero no es parte de un sistema apto de
comunicación humana, por lo cual hace parte de la etapa prelingüística y es visto como un
antecedente del sistema que se formará en la etapa lingüística.

Etapa Lingüística

Durante la etapa prelingüística todavía se encuentran emisiones fónicas de carácter


exploratorio que van aumentando en complejidad, ahora encontramos más oraciones en cuanto a
cantidad, variedad y longitud.

Este periodo se caracteriza por la utilización del lenguaje con intenciones comunicativas,
la adquisición de sus elementos y la forma de combinarlos para que tengan un significado y una
función.
Se divide en dos fases, la constitución del signo con carácter oral y la evolución del signo
hacia la palabra.

Constitución del signo con carácter oral


(10-12 meses)

Tras la aparición del significante cambia el tipo de emisiones que el bebé produce, ya que
se centra en reconocer los rasgos distinticos de los sonidos, reduciendo su repertorio fónico. Esta
etapa se denomina “estadio germinal”, etapa en la que el bebé descubre la función significativa,
la emisión fónica se convierte en significante y se asocia a un contenido o significado. Este
momento se reconoce cómo la constitución del signo.

Las características principales de este período son:


- El carácter global de las manifestaciones lingüísticas (Alarcos) o la elementalidad
más rigurosa (Millán Chivite).
- No existen ni la primera ni la segunda articulación
- El mensaje es un signo indivisible en signos más pequeños
- El carácter opositivo de los sonidos.

Durante esta etapa el niño realiza una simplificación del lenguaje adulto dado que aún no
posee todas las aptitudes necesarias para la expresión oral. Estos primeros significantes tienen ya
significados concretos, así como funciones diferenciadas, ambos condicionados por el contexto
situacional.

Evolución del signo hacia la palabra


(12-14 meses)

En esta etapa se mantienen las características mencionadas anteriormente aunque


aplicadas a más emisiones. Emisiones que se van acercando a los elementos lexicales del sistema
adulto.

A partir del primer año encontramos una ampliación de significantes que aumentan tanto
en número de silabas como en combinatorias. El bebé empieza a producir secuencias de sonidos
que se acercan a las palabras, comenzando su desarrollo lexical y contando con un repertorio de
3 a 5 palabras. Empieza a utilizar las formas fonéticamente convencionales aunque todavía no les
atribuye el mismo significado debido a su escaso repertorio lexical.

Entre los 13 y los 14 meses empieza la etapa holofrásica, en la que emite frases de una
sola palabra o elementos con varios significados. A esta edad hay un incremento en la
denominación y la indicación o señalización va acompañada de la palabra que se refiere al
objeto, apoyándose aún en los gestos.

Conclusiones

La necesidad humana de comunicarse surge desde el primer mes de vida. Es esta


necesidad junto con los estímulos externos lo que permite el desarrollo de las capacidades para la
adquisición del lenguaje. Entre más estimulación de sus padres y familiares reciba más
fácilmente podrá establecer relaciones de significante y significado, la calidad de la relación
adulto-niño es decisiva para la adquisición del lenguaje.