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Universidad Nacional Autónoma de México.

Facultad de Filosofía y Letras.

Gral. Aureliano Blanquet.

1849- 1918

Un personaje entre las sombras.

Alumno: Pichardo Cruz Juan Carlos.


Índice.
Introducción
Capítulo I: Los primeros años.

 la segunda intervención francesa.

Capítulo II: Porfiriato.

 La guerra de castas.

Capítulo III: La Revolución mexicana.

 Su relación con Victoriano Huerta.


 La decena trágica.
 Lucha contra los revolucionarios.

Capítulo IV: Los últimos días del cancerbero huertista.

 Gral. Guadalupe Sánchez.


 la muerte del Gral. Aureliano.

Conclusión.

Introducción:
Entre los nombres más controversiales en la historia de México se
encuentra el del general Aureliano Blanquet. Un nombre que ha quedado
inmortalizado en el cuadro de deshonor nacional. Vaya, no se puede decir
que sobren los nombres en cuyo currículum se pueda presumir haber
mandado al otro mundo a un emperador y a un presidente en dos épocas
distintas de la historia mexicana con casi medio siglo de distancia entre uno
y otro. El nombre de don Aureliano Blanquet va hermanado al de Victoriano
Huerta y la Decena Trágica. Esta biografía se abordara un poco de la vida
de este infame personaje que murió irónicamente como sus enemigos.

Capítulo I: primeros años.

Aureliano Blanquet fue un militar que vio la luz por primera vez en
Morelia, Michoacán en el año de 1849 y encontró su fin en la Barranca de
Chavaxtla, Veracruz en 1918. La información sobre sus primeros años es
muy escasa para no decir que es casi nula, solo se tiene conocimiento de
que sus primeros estudios los realizó en el antiguo Colegio de San Nicolás
de Hidalgo, en la ciudad de Morelia, Michoacán. En 1877 ingresó
formalmente en el ejército como subteniente; aunque se dice que diez años
antes, como joven civil incorporado a la lucha contra la intervención
francesa, participó en el pelotón de fusilamiento de Maximiliano I de
México, Miguel Miramón y Tomás Mejía, realizado en el Cerro de las
Campanas en Querétaro. Y fue un militar leal al gobierno de Porfirio
Díaz hasta su fin.

 La segunda intervención francesa.

La Segunda intervención francesa en México, fue el segundo conflicto


armado entre México y Francia. Tuvo lugar después de que el gobierno
mexicano, encabezado por Benito Juárez, anunciara la suspensión de los
pagos de la deuda externa en 1861. Maximiliano de Habsburgo llegó al
puerto de Veracruz en la famosa fragata Novara, el 28 de mayo de 1864,
entre el júbilo y algarabía de los conservadores, pero no del pueblo jarocho
que mostró indiferencia, lo que originó que ante la pobre recepción de su
imperio, Carlota Amalia derramara lágrimas de frustración y de pena. Pero a
la llegada a otras ciudades, las recepciones fueron muy jubilosas y de gran
algarabía, lo cual se expresó especialmente en Puebla y en la Ciudad de
México. La travesía a la Ciudad de México le ofreció un panorama distinto:
un país herido por la guerra y profundamente dividido en sus convicciones.
En un corto período de tiempo, Maximiliano se enamoró de los hermosos
paisajes de su nuevo país y de su gente. Mientras, las tropas francesas
continuaban peleando en territorio mexicano. Maximiliano comenzó a
construir museos y trató de conservar la cultura mexicana, lo cual queda
como una de sus grandes contribuciones como emperador. La emperatriz
Carlota comenzó a organizar fiestas para la beneficencia mexicana a fin de
obtener fondos para las casas pobres. Para principios de 1867 el imperio de
Maximiliano prácticamente llegaba a su fin. En junio de 1867, Blanquet era
un joven sargento de 19 años militante del Ejército Republicano que capturó
a Maximiliano en Querétaro, El joven sargento fue comisionado para vigilar
al emperador prisionero y lo más probable es que haya escuchado y acaso
recibido sus últimas voluntades. el 19 de junio fue el día de la ejecución del
emperador Maximiliano quien se levantó en la madrugada y su criado Tüdos
le ayudó por última vez a vestirse. Usaba una camisa blanca, chaleco,
pantalón oscuro y una levita larga. Después de confesarse con el canónigo
Manuel Soria y Breña, pasa a escuchar misa a la capilla del convento con
los otros prisioneros.
A las 6:30 de la mañana el coronel Miguel Palacios se presenta en el pasillo
con una fuerte escolta de sus hombres. “Estoy listo”, señalo el archiduque
austriaco con buen temple. En la calle, tres carruajes que habían sido
alquilados los esperaban. Parten rumbo el cerro de las Campanas. En el
trayecto los custodian tropas del Ejército del Norte. Al frente va un
escuadrón de caballería de los Cazadores de Galeana y detrás marcha todo
el 1º Batallón de Nuevo León. Más de cuatro mil soldados del ejército
republicano han sido desplegados formando un cuadro al pie del cerro de
las Campanas. Los coches llegan al lugar poco antes de las 7:00. La
mañana ya ha despuntado y está radiante. “Es un bello día para morir”, dice
Maximiliano.
Con paso firme, los tres sentenciados se colocan frente a un tosco muro de
adobe, levantado precipitadamente el día anterior por tropas del Batallón de
Coahuila. A manera de despedida, Maximiliano da un fuerte abrazo a sus
generales y pide a Miramón que se coloque en medio: “General, un valiente
debe de ser admirado hasta por los monarcas”. Después, dirigiéndose a los
presentes, alza la voz y dice: “Voy a morir por una causa justa, la de la
independencia y la libertad de México. Que mi sangre selle las desgracias
de mi nueva patria. ¡Viva México!”.
Al amanecer de aquel 19 de junio de 1867 se formó el pelotón de
fusilamiento, el pelotón constaba de tres escuadras de siete tiradores cada
una; una para cada prisionero. Su jefe es el capitán Simón Montemayor, de
22 años, originario de Villa de Santiago, Nuevo León. Como una petición
especial, el emperador solicitó que se escogieran buenos tiradores y que
apuntaran al pecho; así que sólo experimentados sargentos integran su
pelotón de ejecución: Jesús Rodríguez, Marcial García, Ignacio Lerma,
Máximo Valencia, Ángel Padilla, Carlos Quiñones y Aureliano Blanquet. Los
soldados preparan sus mosquetes; son rifles Springfield de un solo tiro,
fabricados en Har-per’s Ferry, Virginia, EUA.
En el Cerro de las Campanas. Maximiliano iba al centro, pero como un
reconocimiento a la gallardía del Campeón de Dios, cedió el sitio de honor a
Miguel Miramón. El austriaco se colocó a la derecha y a la izquierda quedó
Tomás Mejía.
Maximiliano tuvo antepenúltimas, penúltimas y últimas voluntades. Quería
ante todo asegurarse que su cuerpo llegaría a Viena inmaculado, para ser
recibido por su madre, la Emperatriz Sofía y su hermano el emperador
Francisco José. Por ello pidió de la manera más atenta que por favor no
fueran a dispararle a la cabeza.
El capitán Montemayor mantiene su espada en alto. De golpe la deja caer y
al rasgar el aire se oye el grito “¡Fuego!”. Una descarga cerrada, uniforme,
estruendosa, cruza el espacio por encima de las tropas republicanas y los
reos caen al suelo. La última voluntad de Maximiliano fue cumplida a
medias. Cierto, los soldados no le tiraron a la cara, pero algunos dispararon
un poco más abajo del corazón. El pelotón estaba muy cerca de los
ajusticiados. Los tres cuerpos cayeron sobre la tierra queretana, pero aún
no habían muerto. Dicen que la descarga había sido tan cercana, que sus
uniformes militares ardían en llamas. Llegó entonces el momento de los
tiros de gracia. El emperador Maximiliano se retorcía en el suelo y emitía
algún quejido incomprensible, cuando el joven sargento Aureliano Blanquet,
el mismo hombre que 46 años después mandaría a la muerte a Madero y a
Pino Suárez, se acercó fusil en mano a rematar al desgraciado vienés.
Aureliano sí respetó la última voluntad de Maximiliano. Apuntó su fusil al
corazón del moribundo y descargó un único y certero tiro que acabó de una
vez por todas con su vida.

Porfiriato.
 La guerra de castas.
Un capítulo importante en la historia de los mayas, tal vez el más
significativo en la cronología reciente, se conmemora cada 30 de julio al
cumplirse un año más de la confrontación social que llevó a los mayas de
las regiones del sur y oriente de Yucatán a enfrentarse al gobierno estatal,
la también llamada “La Guerra de Castas” entre indígenas mayas y
mestizos y criollos.

Aunque los orígenes de esta rebelión maya que inició en 1847 son muy
complejos, se puede hablar por una parte de la dominación colonial que
padecieron durante varios siglos, basado en una ideología racial de
superioridad blanca e inferioridad indígena.

Durante la guerra de Castas Aureliano Blanquet ostentaba el rango de


capitán primero de infantería, es en este mismo conflicto donde este
personaje comenzaría a construir su reputación de sanguinario y de
acuerdo a al escritor e historiador Paco Ignacio Taibo II en su libro
Temporada de Zopilotes: "De él se contaba que después de la campaña
de Quintana Roo desollaba a los rebeldes mayas les cortaba la cabeza y los
abandonaba en la tierra quemada por el sol, además de otras atrocidades”1.

En este conflicto tuvo pequeñas participaciones, pero por muy pequeñas


que estas fueran le sirvieron para que años futuros él pudiera ascender al
rango más alto.

La revolución mexicana

 Su relación con Victoriano Huerta.


 La decena trágica.
 Lucha contra los revolucionarios

El nombre de don Aureliano Blanquet va hermanado al de Victoriano Huerta


y la Decena Trágica. Blanquet para estos momentos ya era un veterano

1
TAIBO II, Paco Ignacio (2009). Temporada de zopilotes, México, editorial planeta, pp.89.
general de 64 años. fue nombrado por Huerta ministro de Guerra y Marina
en 1913 cargo que ocupo hasta julio de 1914, No se sabe si Blanquet haya
sido tan alcohólico como Huerta, pero lo cierto es que le hacía compañía en
sus borracheras. Entre vasitos de coñac, Aureliano divertía a su jefe con
anécdotas de la Guerra de Intervención, o más concretamente de la muerte
del Emperador Maximiliano.

Su odio por los revolucionarios se manifestó desde mediados de 1911 en


Puebla, en 1913 tuvo una intervención directa y fundamental en la decena
trágica. Cuando el 19 de febrero de 1913 se encargó de materializar la
traición del usurpador de Huerta. Con sus propias manos, en el sentido más
literal de la expresión, Blanquet fue el encargado de aprehender a Francisco
I. Madero en las escaleras de Palacio Nacional. Con sus brazos se encargó
de sujetar al chaparrito presidente quien todavía alcanzó a asestar
tremendo cachetadón al general a quien espetó en la cara: “es usted un
traidor”. Blanquet encerró a Madero en un cuartucho de intendencia (donde
compartió catre con el vicepresidente Pino Suárez y el artillero diplomado
Felipe Ángeles) de donde saldría tres días después para morir asesinado.
La noche del 22 de febrero de 1913, mientras Huerta y el embajador
estadounidense Henry Lane Wilson festejaban en la Embajada el
aniversario el natalicio de George Washington, Blanquet sacó a Madero y a
Pino Suárez del cuartucho y ordenó al mayor de rurales Francisco Cárdenas
que los llevara a la penitenciaría de Lecumberri. Aunque en múltiples
sesiones espiritistas Madero había sido advertido por la ouija sobre su
muerte cruel y prematura, no se sabe si el chaparrón de Parras haya tenido
tiempo de pedir una última voluntad. En cualquier caso, es poco probable
que haya podido hacerlo minutos antes de su muerte, pues el mayor
Cárdenas lo bajó del carro en los llanos de San Lázaro y le dio un par de
tiros en la nuca cuando estaba de espaldas.

Ya con el cargo de Secretario de Guerra y Marina, como tal, se encargó de


dirigir la campaña contra el constitucionalismo desde la renuncia de Manuel
Mondragón, a mediados de 1913. Su carrera militar la realizó por riguroso
escalafón y en 1913 llegó a la cúspide, cuando obtuvo el grado de General
de División. Al triunfo de Venustiano Carranza, su oposición al
constitucionalismo y su participación en la muerte del Presidente Francisco
I. Madero le impidieron permanecer en México.

El viejo Aureliano fue testigo y actor de más de medio siglo de historia


patria, pero la fortuna no lo sonrío demasiado. Su ministerio de Guerra y
Marina duró apenas un año, antes de que el gobierno de Huerta fuera
derrocado. Se fue exiliado a La Habana, pero regresó al país en 1918,
acompañado de Félix Díaz, el sobrino de Porfirio, para acaudillar una
rebelión contra Carranza.

Los últimos días del cancerbero huertista.

 Gral. Guadalupe Sánchez.


 la muerte del Gral. Aureliano Blanquet.

El general Guadalupe Sánchez fue un militar mexicano que participó en


la Revolución mexicana. En 1910 se adhirió al maderismo y secundó el
movimiento rebelde en su región; alcanzando el grado de capitán. Tras
el asesinato de Francisco Madero, se unió al movimiento constitucionalista.
Militó en las filas de la División de Oriente, bajo las órdenes del
general Cándido Aguilar, donde se destacó como uno de los principales
jefes. En 1914 fue delegado de la Convención de Aguascalientes en
representación del general Antonio Portas. A finales de 1914 y principios de
1915 derrotó a las fuerzas revolucionarias de Higinio Aguilar, Pedro
Gabay y Constantino Galán, que operaban en la región del Cofre del Perote
y del Pico de Orizaba.

¿Por qué se menciona este nombre? pues es el nombre del hombre que el
15 de abril de 1918 descubrió y persiguió al general Aureliano Blanquet,
quien era enemigo del Ejército Constitucionalista. Durante la persecución, el
general Blanquet cae de la barranca de Chavaxtla (en el estado de
Veracruz). Pocos días después de haber iniciado su campaña
contrarrevolucionaria. Los soldados carrancistas decapitaron su cadáver y
se mandó su cabeza al Puerto de Veracruz, donde se exhibió por varios
días.

Conclusiones:
Para entender a un personaje tan infame como lo fue Victoriano Huerta sin
entender al hombre que estuvo detrás de él. Aureliano Blanquet era
conocido como el cancerbero de Huerta ¿por qué se le apodo así? una
respuesta simple servirá pues él era el perro guardián de Huerta ya que le
ayudaba a protegerse de diferentes opositores, sin la ayuda de este general
Victoriano Huerta jamás habría llegado al poder,

Aureliano Blanquet fue un personaje que la historia nacional lo tacho de ser


un traidor, a pesar de ser un militar que lucho por defender a su nación de
una intervención extranjera, Aureliano Blanquet la vida le sonrio
ingratamente. Para algunos fue la escoria del régimen porfirista, después
fue llamado cancerbero de un chacal llamado Victoriano Huerta y para otros
fue un símbolo de lealtad y de gloria nacional.
Archivo de la sedena Fotografía del general Aureliano Blanquet 1911
Casasola, foto del cadáver del General Aureliano Blanquet.

Fotografía del pelotón de fusilamiento del Emperador Maximilano. autor


desconocido
Gabinete de Victoriano Huerta.

Bibliografía:

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¿Cancerbero del traidor Victoriano Huerta o militar leal? (2ª edición).
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militar leal?: Aureliano Blanquet (1848-1919)

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