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¿Mensajes, videntes,

fenómenos extraordinarios?
Estos son los criterios para
distinguir los errores

ReL 31 enero 2013

Hay visiones llenas de errores


históricos; otras veces el vidente
no comprende el mensaje
recibido; a veces es el secretario,
el que escribe la revelación, el que
introduce errores.

En los años 70, el


padre Felix
Bourdier publicó
en francés una
guía de criterios
sobre fenómenos
extraordinarios en
la vida de fe,
recordando que "los errores son
posibles y reales. Afloran menos
frecuentemente en los casos de
santos que en la gente ordinaria que
no están muy avanzados en la
virtud; pero la gente debería saber
que los errores pueden suceder aún
con los santos. El Padre Poulain
nombra a 32 santos que fueron
engañados, en las páginas 355 y
356 en su Tratado sobre las Gracias
de la oración".

Recogemos aquí algunas de las


consideraciones del padre Bourdier
sobre visiones, revelaciones y
mensajes divinos o celestiales.

1. Cinco causas de errores


(a) Una revelación puede a
veces ser interpretada
incorrectamente por la persona
que la recibe, porque es
oscura, ya sea porque Dios no la
hace completamente conocida, o a
causa de las condiciones en las que
está implicada en la profecía o la
revelación (Ver San Juan de la Cruz,
Ascensión, Libro 2, cap. 19). Tal fue
el caso con San Pedro, quien al
escuchar una voz que le decía tres
veces: “levántate, mata y come”,
(Hech 10:13), pensó que era
cuestión de su comida y no una
orden para bautizar a los paganos.

(b) Cuando las visiones


representan escenas históricas,
muy a menudo lo que representan
es solamente aproximado y
probable. Por lo tanto, uno se
equivocaría al atribuirles una
exactitud absoluta, pero Dios no nos
engaña cuando Él modifica ciertos
detalles. Él hace esto por una razón,
a saber, para que comprendamos
mejor el pensamiento secreto que
ha ocultado en el misterio.

En efecto, ha habido revelaciones,


hechas a personas santas y
aprobadas por la Iglesia, que se
contradicen una con otra. Esto
demuestra la falta de prudencia
que es el intentar reconstruir la
historia por medio de las
revelacioneshechas a los santos.

(c) Puede ocurrir que durante una


visión, el espíritu humano
mantenga su poder de mezclar su
propia acción en cierto modo con
la acción divina; en tales ocasiones
será autoengaño atribuirle
puramente a Dios el conocimiento
que es así obtenido. En una ocasión
será el poder de invención el que
está en juego, y en otras serán
hechos o imágenes recogidas de la
memoria.

Aún aquellos que a menudo tienen


verdaderas revelacionespueden
volverse negligentes en el
cuidado del discernimiento y de
allí que puedan transmitir una
profecía falsa.

Además, los videntes a menudo son


llevados a atribuir falsamente a la
influencia divina, durante el éxtasis o
los momentos de intensa unión con
Dios, aquellas ideas que tienen que
ver con sus propios deseos e ideas
preconcebidas en cuestiones de
doctrina y de historia. La actividad
del propio espíritu de los videntes es
una de las principales causas de
error. Encontramos ejemplos
de visiones llenas de errores
históricos en los casos de Santa
Isabel de Schoenau, el Beato
Hermann Josef, Santa Hildegarda,
Santa Catalina de Ricci y María de
Ágreda, etc.

(d) Puede ocurrir que una revelación


verdadera pueda ser
involuntariamente alterada, luego
del acontecimiento, por el mismo
vidente; este peligro es muy grande
cuando la revelación escrita es muy
larga, y, sin embargo, fue recibido en
un modo casi instantáneo. En tales
casos no es excesivo decir que no
sólo no fueron dadas todas las
palabras por la revelación sino que
como el pensamiento en la
revelación no fue detallado, el
vidente, por sí mismo, lo desarrolló
posteriormente.

(e) Es también muy posible que


secretarios alteren el texto, sin
mala intención, y en buena fe
inserten sus propias elecciones de
expresión en él.

2. Las cinco causas de la falsedad


de un mensaje
Es posible que un mensaje no sólo
contenga errores por las cinco
causas que hemos listado arriba
sino que también puede ser falso en
sí mismo por las siguientes causas:
(a) Puede ocurrir que la persona que
dice que ha recibido
revelaciones sea un mentiroso y lo
haga de mala fe.

(b) Una persona puede inventar


cosas en buena fe, o como
resultado de una ilusión, o
proviniendo de un cierto
desorden de la memoria que
consiste en creer y recordar ciertos
hechos aún cuando tales hechos
nunca han ocurrido.

(c) Una persona puede


ser engañada por su propia
imaginación o por su propio espíritu
si ellos son muy vívidos.

(d) El demonio puede dar


revelaciones o visiones falsas,
como en el caso de Nicolás de
Rheims en el siglo XVII. También
puede el demonio producir una
alineación de los sentidos de la
persona en un intento de fraguar un
éxtasis divino. Pero este caso es
extremadamente raro y casi no
conocido y ciertos ejemplos pueden
ser citados.

(e) Una revelación puede ser


lainvención de fraguadores. Las
profecías políticas a menudo
pueden ser obra de ellos, estando
motivados por intereses políticos o
de dinero, o por el deseo de mofarse
del público. Tales profecías abundan
en épocas de revueltas políticas o
religiosas.

Una característica sospechosa, que


es notable en las modernas
profecías políticas, es que nunca
instan a las personas a luchar contra
la perversión y no indican ningún
medio serio para resistirlos; en
cambio dicen que el mundo
cambiará de improviso, por un
milagro, sin una anterior conversión
de corazón y moral.

Vamos a estudiar qué acciones


deben tomarse.

3. Estudiar si la persona da signos


divinos
Esto significa que es necesario
examinar si el vidente está
absolutamente seguro de la
naturaleza sobrenatural de sus
revelaciones, y si él o ella obra
milagros o da profecías.

Si la respuesta es afirmativa las


revelaciones vienen de Dios y no del
maligno o la naturaleza. Veremos
abajo si la estigmatización puede ser
un signo divino.

Pero las revelaciones van en


realidad raramente acompañadas
por tales signos divinos
decisivos; por lo tanto es necesario
llegar a un juicio siguiendo las reglas
de prudencia, y luego de analizar las
razones a favor y en contra. Para
hacer esto, uno debe estudiar al
individuo, la razón de ser de las
revelaciones y sus circunstancias
concomitantes, y los efectos de la
revelación.

Algunas personas proponen


que debería probarse que ni el
demonio ni nuestras ideas
personales han tenido influencia
en la acción de Dios, pero este
procedimiento sólo difiere del
anterior que hemos esbozado en el
modo en que se clasifica la
información y en que se sacan las
conclusiones.

4. Estudiar a la misma persona


(a) En primer lugar, ¿cuáles son sus
cualidades y defectos? ¿Es la
persona sincera, desde el punto de
vista físico, intelectual y moral?
¿Está mentalmente equilibrada?
¿Dotada de sano juicio? ¿Exagera o
inventa? Está debilitada por
enfermedad, vigilias o ayunos?

Si las respuestas son favorables es


probable que no exista razón para
temer las principales causas de
error.

(b) ¿Qué tipo de instrucción ha


recibido esta persona? ¿Qué
lecturas ha hecho? Es necesario
asegurarse que el conocimiento que
se dice ha sido revelado no haya
sido extraído de libros o
conversaciones de teólogos, como
fue el caso de Santa Hildegarda.

(c) ¿Qué progreso ha hecho la


persona en virtud desde las
revelaciones? El punto más
importante a saber es si la persona
ha progresado mucho, luego de las
revelaciones; si es así, entonces hay
una gran probabilidad a favor de lo
sobrenatural; de lo contrario, las
revelaciones deben ser
consideradas como sospechosas.

El demonio no puede llevar a las


almas a practicar virtudes sólidas
de una manera verdadera y
duradera. Por engaño él puede
fingir alentarlos por un tiempo pero
terminará en exageraciones y
peculiaridades; bajo su influencia,
las penitencias serán incrementadas
hasta el punto de arruinarle la salud,
y serán acompañados de
desobediencia; la pureza de
conciencia degenerará en
escrúpulos, la humildad en
desaliento; el celo se volverá
indiscreto, y seducirá al alma
sacándola del estado presente y la
lanzará a aventuras que terminarán
en un callejón sin salida.
(d) ¿Ha hecho la persona
predicciones y todas han sido
claramente expresadas y hechas
realidad sin tener que invocar a
sutilezas de interpretación? Cuando
una sola predicción aislada se ha
hecho realidad, existe una sola
probabilidad de que es divina ya que
pudo haber sido lanzada al azar, y el
demonio puede conjeturar
muchos eventos futuros a la luz
del patrón usual marcado por las
voluntades divinas y humanas en
circunstancias similares.

Si las profecías no se cumplen y no


hay serias razones para creer que
son condicionales, se presumirá que
no son divinas. “y si dices en tu
corazón:¿cómo reconoceremos la
palabra que no ha dicho Yahvé? Si
el profeta habla en nombre de
Yahvé, y no sucede ni se cumple
la palabra, es que Yahvé no ha
dicho tal palabra; el profeta lo ha
dicho por presunción; no le tengas
miedo” (Dt 18:21-22).

(e) ¿Qué gracias extraordinarias de


unión con Dios cree esta persona
que recibió previamente y cuál es su
juicio acerca de ellas? Aparte de los
casos excepcionales, estas gracias
son sólo concedidas cuando la
persona está avanzada en la
maneras de orar.
(f) ¿Le han sido enviadas grandes
pruebas antes o después de las
revelaciones? Por ejemplo,
enfermedad, contradicciones,
fracaso, y retrasos en llevar a cabo
ciertos emprendimientos en los
cuales la persona tenía puesto su
corazón. Si la respuesta es
afirmativa, es un buen signo porque
la vida de los santos está llena de
estas pruebas, y es imposible que
las gracias extraordinarias no
sean acompañadas por cruces;
son una marca de la amistad con
Dios. Si no hay cruces, la revelación
es sospechosa.

La prueba más común de estos


favores extraordinarios es que la
gente, si escucha acerca de ellos,
adopta una actitud escéptica u
hostil. Las críticas y dudas son
una excelente ocasión de prueba
para juzgar la humildad del
vidente, su paciencia y su
confianza.

(g) ¿Ha tomado la persona las tres


precauciones indispensables para
evitar ilusiones? A saber: el miedo a
ser engañado, apertura a un
director espiritual y no haber
deseado las revelaciones.

Está claro que creerse preservado


de las ilusiones es justo la
disposición necesaria para tenerlas.
Asimismo, no estar dispuesto a estar
abierto y considerarse un buen juez
en la materia es favorable a las
trampas del enemigo, quien no
quiere que se le descubran sus
trampas. Finalmente, una revelación
debería ser generalmente
considerada como sospechosa si ha
sido deseada.

5. El estudio de la revelación en sí
(a) ¿Es el texto verdaderamente
auténtico? ¿O ha habido algunas
correcciones o aún supresiones de
ciertas expresiones y de ciertos
pasajes, como inexactos u oscuros?

(b) ¿Concuerda totalmente la


revelación con el dogma y con las
enseñanzas del la Iglesia, así como
también con las afirmaciones ciertas
de la historia y de la ciencia?

“Yo no considero una revelación


como verdadera a menos que no
haya absolutamente nada en contra
de la Sagrada Escritura y de las
leyes de la Iglesia que estamos
obligados a seguir”, dice santa
Teresa en su "Vida" (cap. 32, pág.
354).

(c) ¿Contiene alguna enseñanza o


es acompañado de alguna acción
contraria a la decencia o a la
moral? San Juan de la Cruz dijo:
“Una de las trampas del mal espíritu
es divulgar los pecados de otro con
tanta falsedad como aparente luz.
Su fin es difamatorio”.

(d) ¿Es la revelación útil bajo el


punto de vista de la salvación
eterna? Se puede estar seguro de
que las revelaciones no son de
origen divino cuando el objetivo es
simplemente hacer conocer temas
vulgares que no tienen utilidad
alguna para el bien de las almas.
Dios no dará lugar a una revelación
para satisfacer la curiosidad, sino
sólo por un motivo grave.

Por lo tanto, y a pesar de sus


escenarios aparentemente
religiosos, se debe tener como
cuenteras aquellas personas que,
en el nombre de algún espíritu
celeste, están prontas a responder
cualquier consulta que se les haga a
cualquier hora y en cualquier lugar,
sobre temas tales como
nacimientos, casamientos, juicios,
enfermedades y resultados de
acontecimientos políticos.

Una revelación también debería


considerarse sospechosa cuando
su único fin es aclarar una
cuestión disputada de teología,
historia o astronomía. Debería
comprenderse claramente que la
salvación eterna es lo único
importante a la vista de Dios. San
Juan de la Cruz dice que “por el
resto, su intención es que los
hombres recurran a medios
humanos” (Ascenso, Libro 2, cap.
22).

La revelación debería también


considerarse sospechosa si, aunque
muy buena, es lugar común y puede
ser encontrada en libros de ascética.
En tal caso es probable que el
vidente, sin darse cuenta, esté
repitiendo lo que ha aprendido en su
lectura, o aún está siendo abusado
por el demonio, que quiere ganar su
confianza para conducirlo en una de
sus audaces trampas.

Si las revelaciones o las visiones son


muy numerosas, esta circunstancia,
tomada en sí misma, no es signo
desfavorable, porque considerarla
desfavorable sería condenar a un
montón de santos.

Por otra parte, si las revelaciones


son largas y numerosas y no
contienen nada falso, deshonesto o
fútil, puede concluirse, con
probabilidad, que no vienen del
demonio, porque de otro modo él
estaría fracasando en su objetivo ya
que no es posible que el demonio se
oculte por mucho tiempo.

(e) Cuando las actitudes, gestos,


palabras y circunstancias que
acompañan a la visión son
examinados en detalle, aún en el
caso de personas que son muy
razonables y de buena educación
¿es la revelación conforme a aquella
dignidad y seriedad que es
apropiada a la Divina Majestad, o
contrariamente está caracterizada
por peculiaridades, comportamiento
grotesco, convulsiones, ...?

Muchos autores aseguran que el


demonio nunca tendría permiso para
tomar la forma de una paloma o de
un cordero en sus apariciones
porque estos son los símbolos del
Espíritu Santo y de Cristo. Pero esta
doble aserción está contradicha por
los hechos. Así, santa Francisca
Romana vio un día al demonio que
tomaba la forma de un cordero, el
cual se llegó hasta ella y se echó
suavemente a los pies de la santa;
ella lo reconoció y el demonio se
transformó en un lobo furioso.

En otra ocasión vio siete demonios


que aparecieron como siete
corderos blancos, declarando que
simbolizaban los siete dones del
Espíritu Santo; pero nuevamente los
reconoció y se cambiaron en lobos
intentando atacarla.

La celebrada Magdalena de la Cruz,


que obró prodigios por medio de la
acción del espíritu del mal, un día vio
al diablo aparecérsele en la forma de
una paloma.

(f) Durante y después de la


revelación, ¿qué paz o qué
inquietud experimenta la
persona? Éste es uno de los más
importantes medios de
discernimiento. Con personas de
buena voluntad la acción del buen
espíritu se caracteriza por dar paz,
gozo, seguridad y valor, excepto,
quizás, en el primer instante.

La acción del demonio, por lo


contrario, produce efectos
diametralmente opuestos: cuando
actúa sobre personas de buena
voluntad produce, excepto, quizás,
en el primer instante, inquietud,
tristeza, desaliento, agitación y
oscuridad.

Por consiguiente, se sigue que el


estado de paz o de falta de ella de la
persona da un medio incuestionable
para distinguir las verdaderas
revelaciones de las falsas, cuando
una de estas características está
bien definida.

Sin embargo, hay que considerar


también la acción del propio espíritu:
es posible que este espíritu pueda
introducirse en una revelación
cuando tiene lugar durante un
período de profundo recogimiento y
de gran paz que viene de Dios.
Consecuentemente, el sentido de
paz no es suficiente por sí mismo,
para probar que todo es divino; sólo
lo hace probable.

(g) ¿Conmina la revelación a


empresas específicas como una
nueva devoción, la construcción
de un santuario, la creación de una
obra para la que no hay suficientes
recursos, una nueva congregación?

Si éste es el caso, la obra debería


ser examinada para ver si es buena
en sí misma, en conformidad con el
pensar de la Iglesia; útil, y de una
utilidad que explique la necesidad
para que se haya usado un medio
tan excepcional como una
revelación; oportuna, es decir, si
responde a una nueva necesidad, y
si puede causar daño a cualquier
otra obra que sería mejor apoyar.

A este respecto, el Cardenal Pitra ha


dicho: “Está totalmente permitido
desechar tales revelaciones, aún si
han sido aprobadas, cuando se hace
por razones sólidas y cuando sobre
toda la doctrina contraria está
establecida por documentos y
experiencia incuestionable”.

Se debería advertir que las


revelaciones de mujeres son
probablemente falsas cuando, a
través de este medio, buscan dirigir
a clérigos y jerarcas y enseñarles
cuando hablan sobre autoridad.

(h) Finalmente, ¿han sido las


revelaciones expuestas a la
prueba del tiempo y de
discusión? Sin esta condición
ninguna revelación puede ser
considerada como fuera de
cuestión, a pesar que no haya
recibido ningún juicio desfavorable.

6. ¿Es la estigmatización un signo


divino?
La respuesta debe ser afirmativa si
los estigmas son duraderos,
incorruptibles y sin supuración o
infección; si no pueden ser curados
con medicación y apósitos, aún
cuando a veces sanan; si sangran
abundantemente y periódicamente a
las horas, días o fiestas litúrgicas de
la Pasión de Cristo; si son
producidas en personas de virtudes
heroicas; y si muestran todas las
características de su origen
sobrenatural cuando sus efectos y
distintas circunstancias son
examinados.

Pero la respuesta podría ser


negativa si las heridas no poseen las
garantías arriba enumeradas;
porque la autosugestión, el fraude y
el demonio pueden a veces producir
heridas que son aparentemente y
superficialmente similares a un
verdadero estigma.

Sin embargo, tales casos son muy


raros y no soportan un examen
crítico y el paso del tiempo, que
resulta en ser rápidamente
desenmascarados y condenados.

La cuestión fue tratada en el


Congreso de Avon del 17 al 19 de
abril de 1936, y sus discusiones y
conclusiones fueron informadas en
la entrega de Octubre de 1936 de
Carmelite Studies.

Fue también excelentemente


resumido en el segundo volumen del
P. Garrigou Lagrange, Los Tres
Caminos de la Vida Espiritual, de la
página 775 y siguientes (de la
edición inglesa).

Finalmente, debería advertirse que


la gran mayoría de teólogos,
psicólogos y doctores, concuerdan
todos en la opinión arriba expuesta,
y no aceptan argumentos
insubstanciales de los pocos
doctores que mantienen que es
posible producir estigmas por
autosugestión.

7. Estudiar los efectos producidos


por la revelación
En el volumen II de su trabajo, Los
tres edades de la vida espiritual (pp.
325, 796- 798), el Padre Garrigou
Lagrange da unas pocas y buenas
indicaciones sobre cómo uno
debería examinar la cuestión. En la
práctica es suficiente formular una
sola pregunta:
Sí o no, ¿la revelación ha
producido buenos frutos de
gracia?

(a) El principio de discernimiento es


dado en los Evangelios. Nuestro
Señor dice:

“Guardaos de los falsos profetas,


que vienen a vosotros con disfraces
de ovejas, pero por dentro son lobos
rapaces. Por sus frutos los
conoceréis. ¿acaso se recogen uvas
de los espinos o higos de los
abrojos? Así, todo árbol bueno da
frutos buenos, pero el árbol malo da
frutos malos. Un árbol bueno no
puede producir frutos malos, ni un
árbol malo producir frutos buenos
(Mt 7:15-18).

A la luz de este principio, que “el


árbol debería ser juzgado por su
fruto”, podemos juzgar qué espíritu
mueve al alma favorecida. Uno debe
mirar los resultados de su influencia
y compararlos con lo que el
Evangelio nos dice sobre las
principales virtudes cristianas;si
estas virtudes son
incrementadas, es un signo de
que es un buen espíritu, sobre
todo si estos frutos están
perdurando; aquellos, ciertamente,
quienes están animados por una
mala intención no pueden
permanecer escondidos por mucho
tiempo.

(b) Los verdaderos místicos y los


extáticos también producen frutos.

Con ellos, siguiendo las


revelaciones u otros fenómenos ,
hay siempre un desarrollo en su
comprensión de los temas divinos,
los que tienen que ver con la vida
interior, la vida de la Iglesia, y de
todo lo que atañe a la salvación o
pérdida de las almas; hay también
un constante incremento en el amor
hacia Dios, y una devoción al
prójimo que se evidencia en los
trabajos que hacen y que finalizan
exitosamente.

Sus fundaciones perduran con


frecuencia por siglos; tal fue el
caso de San Francisco de Asís,
Santa Teresa, y Santa Catalina de
Siena quien a pesar de morirse a los
32 años, y de no saber leer ni
escribir, no obstante, por un largo
tiempo, jugó uno de los papeles más
importantes en los asuntos de su
tiempo, en particular al proteger el
regreso del Papa a Roma.
Con los místicos verdaderos hay una
idea dominante que se subordina a
las otras, en perfecta armonía con
ellas como por ejemplo: el
pensamiento de la naturaleza del
Todopoderoso y de Su amor, el
deseo de responder a Su amor por
encima de todo, la pasión por la
salvación de las almas, la búsqueda
de la unión divina, etc.

En La Psicología de los Místicos,


Montmorand, quien es un no
creyente, escribe en las páginas 20
y 21:
“Los verdaderos místicos son
personas prácticas de acción, no
personas de razonamiento y
teoría. Saben cómo organizar, y
tienen el don de mando. Son muy
capaces en resolver asuntos. Las
obras que fundaron han sido viables
y duraderas; la coronación de su
obra maestra parecería tener buen
sentido, un buen sentido que no es
perturbado por ninguna
exaltación mórbida o imaginación
desordenada, y la cual es
acompañada por una muy rara
fuerza de penetración”.

(c) Así es cómo el mismo autor


describe los frutos de los
falsificadores y especialmente de los
histéricos: “con los falsificadores e
histéricos en particular, la
inestabilidad se incrementa o
crece, y con ella el disimulo y la
mentira. Finalmente, se vuelven
completamente dominados por una
sensibilidad caprichosa".

Trabajos de Referencia
Además de los trabajados ya
mencionados en el texto, el autor
también enumera las siguientes
autoridades que el lector puede
consultar sobre el tema. Algunos de
ellos, sin embargo pueden estar
disponibles en francés.
En primer lugar, hay tratados
detallados del Padre Scaramelli;
páginas 311 a 418 del libro Gracias
de la oracióndel Padre Poulain
(Graces d´Oraison); y las lecciones
24 y 25 del libro Teología Espiritual
del Padre Guibert.

Existen también más estudios


condensados en Dictionnaire du
Catholicisme, cols. 874 to 877;
páginas 321 a 328 del libro Iniciación
de los Ejercicios del Padre Albert
Valensin; y los números 953 al 957 y
1281 a 1285 del Manual de
monseñor Tanquerey. Finalmente
hay excelentes reglas de San
Ignacio en sus Ejercicios y aquellos
contenidos en laImitación de Cristo,
libro 3, capítulos 54 y 55.