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AL.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.

·
Or.·. de Cd. Mex. 30 de Septiembre del 2016 E.·. V.·.
RESP.·. LOG.·. SIMB.·. MUY LEAL, BENEMÉRITA, ILUSTRE Y FIRME, PERSEVERANTE, INCORRUPTIBLE,
CELOSA DEFENSORA DEL SIMBOLISMO LIBRE. “EVOLUCIÓN DOS” Núm. 52
JURIS.·. A LA M.·. R.·. G.·. L.·. “VALLE DE MÉXICO” DE AA.·. LL.·. y AA.·. MM.·. DEL R.·. E.·. A.·. A.·.

VEN.·. M.·.
QQ.·. HH.·. PRIM.·. Y SEG.·. VIG.·.
QQ.·. HH.·. PAST.·. MAST.·.
QQ.·. HH.·. VIS.·.
QQ.·. HH.·. TODOS EN SUS DIFERENTES GRADOS Y JERARQUÍAS --- S.·. F.·. U.·.

“Personajes Masones en la Historia de México - Porfirio Díaz”


Héroe o Villano?

(José de la Cruz Porfirio Díaz Mori; Oaxaca, 1830 - París, 1915) Es el nombre de este militar y presidente
(o dictador) mexicano del cual procede la designación de todo un periodo de la historia moderna de México: el
Porfiriato (1876-1911). Y el mismo sufijo ya sugiere lo que fue: una férrea dictadura personalista y paternalista
que reprimió toda oposición y anuló la libertad de prensa.

Como los monarcas del antiguo despotismo ilustrado, Porfirio Díaz pensaba estar sirviendo a su país al
dotarlo, después de medio siglo de guerras y convulsiones, de la paz y estabilidad imprescindibles para el
progreso económico, social y cultural. Ciertamente logró, aunque a sangre y fuego, la pacificación del país y su
despegue en muchas áreas. Pero, hacia el final de su mandato, su política había abierto una enorme brecha
entre ricos y pobres; y en 1910, su decisión de mantenerse en el poder prendió la mecha de la Revolución
mexicana.

Huérfano de padre desde los tres años, Porfirio Díaz ingresó en el Seminario de Oaxaca para seguir la
carrera eclesiástica, pero pronto cambió de opinión. Cursó estudios de leyes en el Instituto de Ciencias y Artes,
donde fue discípulo del futuro presidente liberal Benito Juárez, quien impartía derecho civil; en adelante sería
seguidor suyo en lo político. Ingreso al grupo masón al que pertenecía Benito Juárez, la "Logia Simbólica
Independiente Número 2" del Rito Nacional Mexicano llegando a obtener el grado 33. El Instituto fue clausurado
por orden del presidente Santa Anna en 1854. Ese mismo año intervino en la Revolución de Ayutla y apoyó al
General Juan Álvarez para derrocar a Antonio López de Santa Anna.

Poco después, Porfirio Díaz ingresó en el ejército, y su carrera militar fue meteórica. En la guerra de
Reforma (1858-1861), conflicto civil en el que se enfrentaron conservadores y liberales, apoyó la causa liberal.
La guerra concluyó con la victoria de los liberales y llevó a la presidencia a Benito Juárez (1861); finalizada la
contienda, Porfirio Díaz fue ascendido a general y elegido diputado.

Apenas un año más tarde tomó de nuevo las armas contra la invasión francesa (1862-1863) y la
coronación de Maximiliano I (1864-1867) como emperador de México. Fue jefe de brigada en Acultzingo en abril
de 1862 y ese mismo año participó en la batalla de Cinco de Mayo al lado de Ignacio Zaragoza. En 1867
protagonizó una brillante acción militar en Puebla: tras sitiar la ciudad, realizó un asalto sangriento y rápido
contra las tropas del emperador Maximiliano, que se refugiaron en los cerros de Loreto y Guadalupe.

Sin perder tiempo, avanzó hacia la capital de la República y la tomó el 2 de abril de 1867, hecho que fue
de gran trascendencia militar, pues adelantó la caída del Imperio de Maximiliano y el triunfo de Juárez.
El prestigio y popularidad ganados en esta última campaña lo dejó en situación de optar a la presidencia;
pero el Congreso prefirió a Benito Juárez en 1867 y lo reeligió en 1871. En noviembre del mismo año Porfirio
Díaz lanzó el llamado Plan de La Noria, en el que se pronunciaba contra el reeleccionismo y el poder personal y
a favor de la Constitución de 1857 y de la libertad electoral; la sublevación fracasó y Díaz hubo de abandonar el
país.

Juárez falleció en 1872, y una amnistía concedida entonces permitió a Díaz regresar a México. Tras la
muerte de Juárez, la presidencia recayó en Sebastián Lerdo de Tejada. Cuando en 1876 Lerdo de Tejada anunció
su propósito de presentarse a la reelección, Porfirio Díaz se rebeló de nuevo (Plan de Tuxtepec); esta vez
consiguió expulsar a Lerdo de Tejada y accedió a la presidencia.

El Porfiriato (1876-1911)

Un año después, en 1877, el Congreso lo declaró presidente constitucional. En este primer mandato
(1876-1880), Porfirio Díaz fue coherente con las ideas que había defendido: impulsó una reforma de la
constitución en la que se introdujo el veto expreso a las reelecciones presidenciales consecutivas, y, concluido
su periodo, pasó el testigo al general Manuel González (1880-1884). Durante el gobierno de González fue
ministro de Fomento y gobernador de Oaxaca.

Finalizado el mandato de González, Porfirio Díaz presentó de nuevo su candidatura a la presidencia (la
constitución sólo vetaba las reelecciones consecutivas) y salió elegido. Tomó posesión del cargo el 1 de
diciembre, y tres años más tarde promovió una enmienda, que fue aprobada por el Congreso, al artículo 78 de
la Constitución, la cual le acreditaba para una nueva reelección; en 1890 promulgó una nueva reforma de dicho
artículo para hacer posible la reelección indefinida, lo que le permitió permanecer en el poder hasta 1911.

Todo ello fue posible porque Porfirio Díaz, ejerciendo su poder omnímodo, había ido reduciendo las
instituciones políticas liberales a una mera farsa democrática: ordenó la eliminación de todos los adversarios
políticos posibles, y la prensa fue sometida o perseguida cuando intentaba mantenerse independiente. Puede
afirmarse que, a partir de 1890, Porfirio Díaz gobernó al margen de la Constitución, y prescindió de la división
de poderes y de la soberanía de los estados. El Congreso, sumiso a sus deseos, modificaba las leyes según sus
caprichos y le confería facultades extraordinarias a su conveniencia; existía un partido único y los sufragios eran
puro trámite (algo muy parecido a lo que yo he observado desde mi nacimiento con los últimos gobiernos
mexicanos).

El pueblo mexicano estaba hastiado del desorden y la guerra, y Díaz se propuso imponer la paz a toda
costa. México no contaba con fondos ni tenía capacidad crediticia porque no había pagado sus deudas con
puntualidad, así que había que atraer al capital extranjero; el problema era que nadie invertiría en México si no
había estabilidad y paz. Con una política de mano dura, Porfirio Díaz trató de eliminar las diferencias de
opiniones sobre asuntos políticos, y se dedicó a mejorar el funcionamiento del gobierno. "Poca política y mucha
administración" fue el lema de aquel tiempo.

La paz no fue total, pero Díaz consiguió mantener el orden mediante el uso de la fuerza pública. Policías
y soldados persiguieron lo mismo a los bandoleros que a los opositores. Gracias a esa nueva situación de
estabilidad, aumentó la demanda de trabajo y se hizo posible el desarrollo económico; el país contaba con
recursos y los empresarios podían obtener buenas ganancias.

Sin embargo, con el paso del tiempo se hizo evidente que la prosperidad era sólo para unos pocos. Creció
el descontento por la miseria en que vivía la mayor parte de la población, y amplios sectores sociales tomaron
conciencia de que Díaz llevaba demasiado tiempo en el poder. Cada vez fue más difícil mantener el orden: en
los últimos años del Porfiriato reinó un clima de represión en el que la fuerza de las armas se utilizaba con
violencia creciente. De ello dan muestra la torpeza con que se negociaron y la dureza con que se reprimieron
las huelgas de Cananea (1906), en Sonora, y de Río Blanco (1907), en Veracruz, así como el modo en que se
persiguió a los periodistas que criticaban al régimen y a cualquiera que manifestara una opinión que no fuese la
oficial.

Logros e injusticias

Durante el dilatado mandato de Porfirio Díaz se realizaron obras importantes en varios puertos, y se
tendieron 20.000 kilómetros de vías férreas cuando al inicio de su extendida administración solo eran poco
menos. Las líneas de ferrocarril se trazaron hacia los puertos más importantes y hacia la frontera con los Estados
Unidos de América para facilitar el intercambio comercial.

También sirvieron para facilitar la circulación de productos entre distintas regiones de México, y como
medio de control político y militar. El correo y los telégrafos se extendieron por buena parte del territorio
nacional. Se fundaron algunos bancos, se organizaron las finanzas del gobierno, se regularizó el cobro de
impuestos y, poco a poco, se fueron pagando las deudas. De gran significación fue la recuperación del crédito
nacional en el mundo entero; la hacienda pública registró sobrantes por primera vez desde la independencia.

Se fomentó igualmente la explotación de los recursos petrolíferos del país mediante inversiones
extranjeras, inevitables al no contarse con los recursos económicos y tecnológicos para emprender
perforaciones e instalar refinerías. Se reanudó y mejoró asimismo el laboreo de minas, y la minería vivió un
periodo áureo: en 1901 México era el segundo productor de cobre en el mundo. La industria textil se desarrolló
con capital francés y español y favoreció el establecimiento en el país de poderosas instituciones financieras
francesas; en los estados de Puebla y Veracruz se construyeron grandes fábricas de hilados y tejidos. Puede
hablarse también de una era de prosperidad en la ganadería y en la agricultura, que progresó espectacularmente
en Yucatán, en Morelos y en La Laguna, con vastas producciones de henequén, caña de azúcar y algodón.

México tuvo un crecimiento económico nunca visto, pero, como poca gente tenía dinero para invertir o
podía conseguirlo prestado, el desarrollo sólo favoreció a unos cuantos mexicanos y a los extranjeros. Los
capitales foráneos, principalmente estadounidenses, pudieron cobrar la deuda externa, pero también se
hicieron con el control del petróleo y de la nueva red ferroviaria con sus inversiones. La desigualdad entre los
muy ricos, que eran muy pocos, y los muy pobres, que eran muchísimos, abrió una profunda brecha en la
sociedad mexicana. El despojo de las tierras a los campesinos indígenas en favor de los grandes latifundistas
nacionales y extranjeros fue sistemático; se formaron así enormes latifundios, los indígenas perdieron muchas
tierras, y la mayor parte de los habitantes del campo tuvieron que ocuparse como peones en las haciendas.

Con todo, se hicieron grandes esfuerzos por extender la educación pública (si bien con mayor atención
a las ciudades que al campo), lo que permitió que se educaran más niños; cada vez más mexicanos pudieron
seguir estudios superiores y se empezó a formar en todo el país una clase media de profesionales y empleados
públicos. Se enriqueció la vida cultural con nuevos periódicos, revistas y libros escritos e impresos en México;
los teatros presentaban compañías y actores europeos, y se extendió el cinematógrafo. La vida intelectual tuvo
hitos importantes. Justo Sierra inauguró la Universidad Nacional. José María Velasco plasmó en cuadros
maravillosos el esplendor del paisaje mexicano; Saturnino Herrán pintó una impresionante serie de cuadros con
gente del pueblo y con alegorías a la mexicanidad, y José Guadalupe Posada logró vigorosos grabados con
escenas de la vida diaria.

Del Porfiriato a la Revolución Mexicana


En 1908, Porfirio Díaz concedió una entrevista al periodista norteamericano James Creelman, en la cual
afirmó que México ya estaba preparado para tener elecciones libres. La noticia llenó de optimismo a una nueva
generación que quería participar en la vida política de la nación. Surgieron así varios líderes y partidos políticos,
y se escribieron libros y artículos que discutían la situación del país y la solución de sus problemas.

Uno de esos líderes fue Francisco I. Madero. Había estudiado y viajado fuera de México, pues venía de
una familia de hacendados y empresarios, y no tenía dificultades económicas. Madero fundó el partido Anti
reeleccionista, del que se postuló candidato; después se dedicó a viajar por todo el país para explicar sus ideas
políticas, algo que no se veía desde los tiempos de Juárez. Madero se hizo muy popular y despertó grandes
esperanzas de cambio.

Pero el éxito de su campaña lo convirtió en un peligro para el gobierno de Porfirio Díaz, y poco antes de
las elecciones de 1910 fue detenido en Monterrey y encarcelado en San Luis Potosí. Allí recibió la noticia de que
Díaz, una vez más, había sido reelegido para la presidencia. Mediante el pago de una fianza salió de la cárcel,
aunque debía permanecer en la ciudad. Sin embargo, a principios de octubre Madero escapó a los Estados
Unidos de América, donde proclamó el Plan de San Luis.

En ese documento, Madero denunció la ilegalidad de las elecciones y desconoció a Porfirio Díaz como
presidente. Se declaró él mismo presidente provisional, hasta que se realizaran nuevas elecciones; prometió
que se devolverían las tierras a quienes hubieran sido despojados de ellas, y pidió que se defendiera el sufragio
efectivo y la no reelección de los presidentes. También hizo un llamamiento al pueblo para que el 20 de
noviembre de 1910 se levantara en armas y arrojara del poder al dictador.

El ejército de Porfirio Díaz, que había mantenido la paz durante décadas, parecía muy fuerte, pero en
realidad era débil frente al descontento general. En sólo seis meses las fuerzas maderistas triunfaron sobre las
del viejo dictador. La acción definitiva fue la toma de Ciudad Juárez por los revolucionarios Pascual Orozco y
Pancho Villa, que se habían unido a Madero. En esa misma ciudad, en mayo de 1911, se firmó la paz entre el
gobierno de Díaz y los maderistas. Porfirio Díaz renunció a la presidencia (que pasó a ocupar Francisco I. Madero
tras ganar las elecciones) y salió del país rumbo a Francia, donde murió en 1915. Sus restos descansan en el
cementerio de Montparnasse en Paris.

Orden, paz y progreso.

Porfirio Díaz logró durante 30 años de gobierno la anhelada paz en el país, concilio rencillas partidistas,
se congració con el clero y dio fin a la inestabilidad política. México se modernizó, comenzó el crecimiento
económico, se favoreció la inversión extranjera, se reactivó la minería y la industria, abrieron los bancos y las
compañías de seguros; y las regiones aisladas del país comenzaron a comunicarse con miles de kilómetros de
vías de ferrocarril.

En palabras de Díaz: “México pasó de la anarquía a la paz, de la miseria a la riqueza, del desprestigio al
crédito y del aislamiento internacional al reconocimiento universal“.

Obras y gobierno
Si se tiene en mente el retraso de siglos que acarreábamos con respecto a los países occidentales, no
puede menos que admirarse el progreso que se alcanzó con Díaz. Se continuó con la obra de los ferrocarriles de
ir extendiendo líneas en diversas partes del país.

Díaz veló por conservar un equilibrio (en cuantía, en áreas de inversión) entre los norteamericanos y los
europeos. La agricultura comercial, la minería y la industria crecieron a tasas envidiables. La inversión extranjera
fluía de manera productiva. En cuanto a materia educativa, aunque no muy grande, se tuvieron buenos
resultados. Se fundaron escuelas normales, se creó la Secretaría de Instrucción Pública (luego Secretaría de
Educación Pública), bajo la dirección de don Justo Sierra. Se reorganizó la Universidad Nacional. Se llegaron a
tener unas 12,000 escuelas primarias, de gobierno y particulares. Se tendió la red de telégrafos, se estableció
un expedito sistema de correos, se crearon nuevas ciudades y puertos, se equilibraron los presupuestos, se
consolidó la antigua deuda externa, se acreditó al país en los mercados financieros. Al mismo tiempo, contra el
dogma liberal puro, se avanzó en la nacionalización de los ferrocarriles. La obra más importante del porfirismo
fue la red ferrocarrilera que de 578 kilómetros existentes, pasó a ser, en mayo de 1911 de más de 20,000
kilómetros.

Con una serie de atinadas medidas administrativas, el ministro Limantour logró realizar grandes obras,
tanto en la República como en la Ciudad de México: se construyó el canal de desagüe, el Hospital General, el
Teatro Nacional, el Palacio de Correos y el de Telégrafos, el Palacio Legislativo, el Monumento a la Revolución,
se hicieron escuelas, se dio impulso para la electrificación del país y se construyó la Presa Necaxa, la que en
aquél tiempo era la presa más grande del mundo.

Por lo que hace a su saldo de sangre, Porfirio Díaz no fue, ni remotamente, el mayor asesino de nuestra
historia. Los crímenes que refieren J. K. Turner y otros críticos (Valle Nacional, "Mátalos en caliente", Río Blanco,
Tomóchic) son ciertos y deplorables, pero la medalla de oro en esa práctica no la tiene Porfirio Díaz sino el otro
Díaz de nuestra historia reciente (Ordaz), varios caudillos de la Revolución y los presidentes sonorenses. Frente
a la matanza de chinos en Torreón, las barbaridades de Villa, los fusilamientos de todas las facciones, la Cristiada,
Topilejo y Tlatelolco, Porfirio Díaz fue, casi, un alma de la caridad.

De acuerdo con una encuesta realizada por Juristas Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),
Porfirio Diaz se ubica como el tercer mejor presidente de México desde la restauración de la República a la
fecha, Hasta el momento, el general y estadista mexicano Lázaro Cárdenas del Río, quien gobernó de 1934 a
1940, encabeza la encuesta, seguido del abogado y político mexicano Benito Juárez, presidente de 1857 a 1872.
En las posiciones subsecuentes se encuentran: Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, cuyo período de gobierno fue
de 2006 a 2012, y Francisco I. Madero González, presidente de 1911 a 1913, quienes se ubican en la cuarta y
quinta posición, respectivamente.

5 cosas buenas que haría Porfirio Díaz como presidente actual


Porfirio Díaz fue un presidente malo, según la historia oficial. Pero la historia la escriben y la enseñan, a su modo,
los vencedores. En la percepción de la mayoría, no se le ve el lado bueno. Sin embargo, sería interesante ver
que el general tuvo logros muy importantes durante su administración. ¿Qué cosas haría si fuera hoy
presidente?

Recortes presupuestales

Siguiendo su lógica de "Poca política y mucha administración", Díaz haría recortes a programas sociales.
Aportando solo los recursos necesarios, se evitarían patrañas como la desviación de recursos, que es el pan de
cada día en secretarías como la de Desarrollo Social y la de Salud.

Es probable que los sindicatos parásitos no existirían, habría mano dura con ellos.

Alto interés en la ciencia y la tecnología

Muchos recursos estarían destinados a la ciencia y a la tecnología, y no se diga a la educación. El gobierno actual
no destina ni el 8 % del PIB. Probablemente Díaz estaría más interesado en este asunto por lo que invertiría más
en este rubro, pero eso sí, sería duro con los maestros revoltosos, pondría énfasis en los planes de estudio para
que no se rezagaran y estuvieran al día con las expectativas internacionales, entre otras medidas.

El petróleo sería privado

Díaz sería llamado "entreguista" o "vendepatrias" pues seguramente el petróleo ya sería privado, lo cual sería
una buena medida pues en términos de la gasolina que adquirimos, nada mejor como la competencia para
equilibrar los precios y hacerlos accesibles. Se acabaría el monopolio de PEMEX y su sindicato; en su lugar habría
una amplia gama de empresas de las que el usuario podría escoger.

Liberalización económica y muchas relaciones diplomáticas

Don Porfirio sabría que las empresas traen progreso y creación de empleos, por lo cual no habría tantas trabas
para el emprendimiento como las hay hoy. Habría mercancías de todas las partes del mundo pues las relaciones
diplomáticas con el mundo entero ya estarían finiquitadas, y de igual manera, el mundo conocería a México por
sus productos de exportación, emanados de empresas mexicanas en su totalidad, trayendo más prestigio para
el país y colocándolo como una potencia.

Meritocracia

Únicamente los mejores estarían en su gobierno. Recordemos que Díaz era asesorado por un grupo de
intelectuales llamados "Los Científicos", con personajes como Yves Limantour, Matías Romero y Justo Sierra.
Quizás si fuera presidente en estos tiempos, estaría influido por las mejores mentes y podría tomar las mejores
decisiones.

Es cuanto

A.·.M.·. Antonio Jesús Marzuca Hernández.

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