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DEBATES SOBRE

EL BIENESTAR Y LA FELICIDAD

juan carlos oyanedel


camila mella
[editores]
Debates sobre el bienestar y la felicidad
RIL editores
bibliodiversidad
Juan Carlos Oyanedel
Camila Mella
(Comps.)

Debates sobre el bienestar


y la felicidad
338.983 Oyanedel, Juan Carlos et al.
O Debates sobre el bienestar y la felicidad / Com-
piladores: Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella.
-- Santiago : RIL editores, 2014.

232 p. ; 23 cm.
ISBN: 978-956-01-0083-2

1 desarrollosocial-chile. 2 chile-condiciones
económicas. 3. chile-condiciones sociales.

Debates sobre el bienestar y la felicidad


Primera edición: abril de 2014

© Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella, 2014


Registro de Propiedad Intelectual
Nº 239.317

© RIL® editores, 2014


Los Leones 2258
cp 7511055 Providencia
Santiago de Chile
Tel. Fax. (56-2) 22238100
SJM!SJMFEJUPSFTDPNrXXXSJMFEJUPSFTDPN

Composición, diseño de portada e impresión: RIL® editores

*NQSFTPFO$IJMFrPrinted in Chile

ISBN 978-956-01-0083-2

Derechos reservados.
Índice

Presentación ................................................................................... 9

Capítulo I
Contra la felicidad: Consideraciones críticas sobre el
enfoque político de la felicidad
Daniel Loewe................................................................................ 17

¿Por qué felicidad?


Wenceslao Unanue ........................................................................ 55

Felicidad, subjetividad y desarrollo


Pablo González ............................................................................ 77

Capítulo II
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»: Cuerpo, salud
y felicidad en Chile durante la presidencia de Sebastián Piñera
Iván Pincheira ............................................................................. 107

Reflexiones y controversias sobre salud mental, bienestar y felicidad


Marco Barrientos y Daniel Martínez .......................................... 129

Tensiones y contradicciones para el desarrollo del bienestar


subjetivo en la escuela
M. Ángeles Bilbao ....................................................................... 143
Bienestar subjetivo, calidad de vida y envejecimiento en Chile
Ximena Alvarado y Alejandro Plaza............................................ 161

Modelo de Urbanismo Social Preventivo:


En busca de un indicador de bienestar y felicidad en los barrios
Pilar Goycoolea, Jenny Lowick-Russell, Alejandra Ugarte,
Ana Lamilla y César Vergara....................................................... 179

¿Por qué las empresas no se ocupan del bienestar


de sus colaboradores?
Sylvia Kramp............................................................................... 201

Epílogo
La felicidad como vocación o el bienestar como profesión:
Una mirada a la economía política del bienestar y la felicidad
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella ........................................ 211

Sobre los editores ........................................................................ 225

Sobre los autores ......................................................................... 227


Presentación

El bienestar y la felicidad han pasado a ser parte del imaginario colec-


tivo y de las políticas públicas. En este sentido, para algunos, corres-
ponden a significantes vacíos; mientras que para otros, a palabras con
múltiples sentidos. Por otra parte, algunos sostienen que el bienestar y
la felicidad, simplemente, se tratan de una moda (y que, por tanto, ya
pasará); mientras que otros opinan que deberían engrosar el listado
de indicadores sociales con los cuales medir el nivel de desarrollo de
las sociedades (a la par de, por ejemplo, del Producto Interno Bruto).
A partir de lo anterior, es posible sostener que mucho se ha divul-
gado pero poco se ha debatido respecto al bienestar y la felicidad. En
efecto, es escaso lo que se ha dicho sobre los alcances de la incorpo-
ración de estos conceptos en las disciplinas científicas y en el campo
de las políticas públicas. Es de esperar que no haya debate: tanto sus
adherentes como sus detractores poseen sus respectivas trincheras y
campos de influencia.
La falta de un espacio de diálogo entre estas distintas interpretacio-
nes respecto al bienestar y la felicidad fue el diagnóstico que impulsó
la elaboración del libro que hoy usted tiene en sus manos. Entre sus
páginas, usted podrá hallar tanto a destacados adherentes como a no-
tables detractores. A cada uno de ellos, agradecemos su participación
y el tiempo dedicado en la redacción de sus contribuciones, desde sus
distintos campos de experticia. Asimismo, extendemos nuestros agra-
decimientos a la Universidad de Santiago y a Metalógica por el apoyo
económico que permitió la publicación de este libro. Finalmente, a
RIL Editores por gestionar y difundir el soporte en que estos debates
toman lugar.
A grandes rasgos, Debates sobre el bienestar y la felicidad se es-
tructura en tres capítulos principales:

9
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

En el primero de ellos, usted podrá encontrar distintas respuestas


a la interrogante: ¿son el bienestar y la felicidad el fin último de la
existencia humana y, por tanto, de los gobiernos?
6OBQSJNFSBSFTQVFTUBFTFMQSPWPDBEPSBSUÎDVMPEF%BOJFM-PFXF 
titulado «Contra la felicidad: Consideraciones críticas sobre el enfoque
político de la felicidad». En él, el autor califica a este enfoque como
«innecesario e indeseable» en el marco de las políticas públicas, debido
a que constituye un riesgo para dos principios superiores: la libertad
y la justicia social. Contrariamente a lo que dicta el sentido común
del marketing (político y social) asociado a la felicidad, el autor argu-
menta exhaustivamente que esta se asocia al mantenimiento del statu
quo de situaciones de opresión, limitando sus beneficios al campo de
la salud mental.
Una segunda respuesta, en pugna con el enfoque defendido en el
artículo predecesor, es la exposición de Wenceslao Unanue, titulada:
«¿Por qué felicidad?» En ella, el autor defiende a la felicidad como
piedra angular de la generación de un Nuevo Modelo de Desarrollo.
De la mano de experiencias como la del Gobierno Real de Bután y del
trabajo realizado por un conjunto de expertos internacionales para la
Organización de las Naciones Unidas, la búsqueda de la felicidad –tanto
a nivel individual como de las políticas públicas– es imprescindible para
generar las condiciones necesarias para el desarrollo de las sociedades.
Para cerrar este capítulo, Pablo González nos entrega una tercera
respuesta. En su artículo «Felicidad, subjetividad y desarrollo», expone
que la discusión respecto a la felicidad es pertinente en la medida en
que es indisociable de la expansión de las libertades y de la distribución
social del poder. En este sentido, es enfático al señalar que el bienestar
subjetivo no se agota en la propia experiencia, sino que su alcance
está en potenciar la capacidad de agencia de las personas. Por ende,
es necesario vincular a la felicidad a la esfera pública.
En el segundo capítulo, por su parte, usted hallará evidencias y
experiencias que discuten los alcances y limitaciones asociadas al bien-
estar y la felicidad, tanto desde la perspectiva de las políticas públicas
como de intervenciones privadas.
Una primera evaluación de la aplicación del enfoque del bienestar
y la felicidad en las políticas públicas, la realiza Iván Pincheira respecto

10
Presentación

al programa «Elige Vivir Sano». Ideado e implementado durante el


gobierno de Sebastián Piñera, dicho programa busca que las personas
decidan mejorar su calidad de vida, optando por seguir estilos de vida
más saludables. Sin embargo, para el autor, ello no es posible: «Elige
Vivir Sano» constituye un claro ejemplo del cambio del carácter pú-
blico de las políticas sociales por uno individualista y que desconoce
los determinantes sociales de la salud y la calidad de vida.
Siguiendo en el terreno de las políticas públicas, la salud mental
corresponde al segundo sector evaluado. Al respecto, Marco Barrien-
tos y Daniel Martínez exponen que el enfoque del bienestar ha de-
mostrado efectos positivos en el campo de los indicadores sanitarios,
especialmente en salud mental. Por consiguiente, en esta materia, las
políticas públicas debiesen hacerse cargo de los determinantes sociales
que mejoran la calidad de vida y la percepción del bienestar subjetivo,
abandonando el foco –predominante actualmente– de la enfermedad
y de las patologías psiquiátricas.
En el debate público, hoy la educación se ubica en una posición
destacada. Al respecto, María Ángeles Bilbao, en su artículo «Tensiones
y contradicciones para el desarrollo del bienestar subjetivo en la es-
cuela», nos permite incorporar el enfoque del bienestar en la discusión
sobre educación en Chile. Así, la autora rescata el rol de la escuela en
el bienestar subjetivo, y cómo las actuales desigualdades en materia
educativa se transforman no solo en brechas socioeconómicas, sino
que en diferencias de rendimiento académico, de calidad de vida, y
de desarrollo personal para el conjunto de la comunidad escolar. Por
ende, la promoción del bienestar subjetivo y social en las comunidades
educativas es central, si lo que se quiere es combatir las desigualdades
y potenciar el desarrollo del país.
Otro debate específico en el campo de las políticas públicas es el
que propone el acelerado proceso de envejecimiento que encara nuestro
país. En el cuarto artículo de este capítulo, escrito por Ximena Alva-
rado y Alejandro Plaza, se describen las percepciones que los adultos
mayores chilenos poseen sobre su bienestar subjetivo y su calidad
de vida. Analizando la Encuesta de Caracterización Socioeconómica
Nacional (CASEN) del año 2011, que por primera vez incluye una
pregunta referida a la satisfacción con la vida, los autores realizan un

11
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

primer diagnóstico de carácter nacional respecto a este tema en la adul-


tez mayor. Las conclusiones reafirman que pese a que los evidencia es
concluyente respecto a los beneficios del enfoque del bienestar subjetivo
en el proceso de envejecimiento, en Chile aún hay mucho por hacer.
Desde el campo de las intervenciones sociales gestionadas desde
FMNVOEPQSJWBEP 1JMBS(PZDPPMFB +FOOZ-PXJDL3VTTFMM "MFKBOESB
Ugarte, Ana Lamilla y César Vergara nos presentan el modelo de Ur-
banismo Social Preventivo. La inclusión del enfoque de la felicidad
en el campo de las políticas habitacionales busca humanizarlas. En
este sentido, afirman que es urgente y necesario avanzar en poner el
foco en las personas y en los procesos sociales que se gatillan en todo
desarrollo de un proyecto habitacional e instalación de un barrio.
Al respecto, nos relatan –en primera persona– su experiencia en la
Fundación Urbanismo Social, abocada a transformar el eufemismo de
«entregar soluciones habitacionales», en «apoyar la construcción de
barrios y comunidades».
Como cierre del segundo capítulo, Sylvia Kramp nos cuenta por qué
el bienestar y la felicidad no son un enfoque que haya logrado instalarse
en las empresas, a pesar que ha concitado el interés de la ciencia y de
las políticas públicas. Desde la experiencia en el mundo empresarial,
más que desde la recopilación de evidencia científica, la autora explica
que esta situación se debe, fundamentalmente a que, en Chile, la cul-
tura laboral es extremadamente autoritaria y supersticiosa respecto a
los determinantes de la productividad. Por ende, resulta difícil hablar
de bienestar en un contexto en que solo existe competencia e interés
económico, y que adolece de colaboración e innovación.
Finalmente, en el último capítulo, Juan Carlos Oyanedel y Camila
Mella, los editores del presente libro, resumen un marco general de
convivencia para detractores y defensores del enfoque de la felicidad y
el bienestar: este, sin lugar a dudas, tiene efectos y alcances importantes;
sin embargo, también trae consigo riesgos que no se deben desconocer
por ninguno de los bandos. La hipótesis defendida es que la satisfacción
vital es un indicador de integración social, y por tanto, una fuente de
información importante (pero no única) para el desarrollo de políticas
de gobierno. Por ende, si para las personas, «ser feliz» es una vocación;

12
Presentación

alcanzar el bienestar social es una profesión para quienes tienen la


responsabilidad de gobernar.
Esperamos que la lectura de este libro le parezca un debate. Es
probable que hayamos pasado algunas perspectivas por alto, mientras
que otras hayan recibido una explicación redundante. Sin embargo,
esperamos que el contenido inscrito en sus páginas lo invite a tomar
una posición –ya sea a favor o en contra– respecto al bienestar y a la
felicidad. En este sentido, lo invitamos a seguir debatiendo.

Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella


Marzo de 2014

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Capítulo I
Contra la felicidad: Consideraciones
críticas sobre el enfoque político de la
felicidad1

Daniel Loewe

Introducción
Los estudios empíricos de la felicidad están de moda. En gran medida,
ello se retrotrae a los desarrollos de la psicología positiva. Decisivos
han sido los datos obtenidos de estudios comparados extensivos sobre
niveles de felicidad, en los que se examina cómo esta se relaciona con
educación, participación política, ingreso, vínculos, actividades como
voluntario, entre otros.
Pero el interés en la felicidad no es exclusivamente académico.
Muchos autores proponen y defienden la conveniencia y necesidad de
utilizar los resultados de estos estudios para complementar inadecuados
o insuficientes índices tradicionales de desarrollo y bienestar (compare,
entre muchos: Layard, 2006; Diener at al., 2009; Frey, 2010). Las críti-
cas más evidentes apuntan a que el Producto Interno Bruto (PIB), y el
per cápita no darían cuenta apropiadamente del desarrollo o bienestar
de una nación. Por cierto, a menos que se sea un economista mediocre
es imposible no concordar con esta crítica. Pero la crítica va más allá
y apunta también a otros indicadores sociales objetivos de bienestar,

1
El siguiente artículo fue desarrollado dentro de las actividades del Centro de In-
vestigación en Teoría Política y Social de la Escuela de Gobierno de la Universidad
Adolfo Ibáñez. Una versión parcial y preliminar fue presentada y discutida en
VIII Banquete de Filosofía de la Feria del Libro de Guadalajara dedicado al tema
de la Felicidad, a la cual fui invitado. Mis agradecimientos a los organizadores y
discutantes del evento.

17
Daniel Loewe

como el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas2. Lo


que se requeriría es un índice de felicidad. Por una parte, este ayudaría
a enfocar la atención en el bienestar subjetivo como uno de los fines
más importantes de la sociedad. Por otra, serviría para informar a los
líderes políticos acerca de políticas públicas que nos acerquen a ese
fin (compare: Diener y Tov, 2006). Esta es la variante política de los
estudios empíricos de la felicidad, que en lo que sigue denominaré en-
foque político de la felicidad o política de la felicidad. La idea es que
los gobiernos pueden y deben fomentar la felicidad de los ciudadanos
mediante leyes, normativas y políticas públicas, en cuyo diseño deben
atender a los resultados de los estudios empíricos3.
La referencia a la felicidad es compleja. Es una palabra con una
larga tradición y múltiples connotaciones. Y estas connotaciones tam-
bién –aunque usualmente de un modo acrítico– subyacen a los nuevos
estudios de la felicidad. Una característica central del uso conceptual en
estos estudios empíricos, y que se ve reflejado en el enfoque político de
la felicidad, es su carácter subjetivo: el índice del bienestar del agente
corresponde a su nivel de bienestar relatado, y la agregación entre los
agentes se refiere al índice de bienestar de la clase focalizada. De acuerdo
al enfoque político de la felicidad, el horizonte rector de las políticas
públicas –o uno de ellos, si se opta por una posición pluralista– debiese
ser la promoción del bienestar subjetivo de los ciudadanos, entendido
como la maximización del bienestar –definido por referencia al nivel
relatado de felicidad– en cada grupo focal de políticas públicas. En este
sentido, aunque de un modo más sutil, esta estrategia coincide con la
de la doctrina radical utilitarista4.
Este artículo sostiene que el enfoque político de la felicidad es in-
necesario e indeseable. La crítica no se extiende a la utilización de los

2
&OPUSPTJUJPIFEJTDVUJEPFTUBTDSÎUJDBT -PFXF  

3
Este desarrollo se observa, aunque de modo incipiente, en Chile. La última CASEN
(Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional) incluyó por primera vez
la pregunta: «Considerando todas las cosas, ¿cuán satisfecho está usted con su
vida en este momento?». Y el año 2011, por solicitud del Gobierno, el estudio del
Programa de las Naciones Unidad para el Desarrollo incluyó la realización de un
informe acerca de la felicidad de los chilenos. Se espera establecer un termómetro
que mida el ánimo subjetivo en un momento determinado.
4
Recurriendo a Bentham (1948), la gran empresa del Gobierno consiste en promover
la felicidad de la sociedad mediante la administración de castigos y recompensas.

18
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

estudios empíricos de la felicidad en la determinación de estrategias


para ser feliz, o a su uso por parte de asociaciones o empresas para
generar ambientes de trabajo más amables. El objeto de la crítica es
exclusivamente su utilización política. De acuerdo a la tesis que de-
fiendo, el índice de la felicidad es inapropiado como horizonte rector
de las políticas públicas y del accionar del Gobierno. Por una parte,
el enfoque político de la felicidad conlleva una serie de riesgos que lo
hacen criticable desde, e incompatible con, el liberalismo político y su
entendimiento de lo político. Por otra parte, la oferta de los estudios
empíricos de la felicidad al desarrollo de políticas es más bien modesta.
El artículo refiere tanto a aspectos conceptuales como normativos.
(1) En primer lugar, me refiero al concepto de felicidad y lo contrasto
con el concepto en uso en las investigaciones empíricas de la felicidad.
(2) En segundo lugar, articulo tres razones contra el enfoque político de
la felicidad: (i) los límites a la libertad; (ii) la reducción de la pluralidad
de bienes y valores; (iii) y la disyunción entre felicidad y justicia. (3)
Finalmente, obtengo algunas conclusiones generales.

1. Felicidad: un concepto escurridizo


Tal como en sus días propusiera Jeremy Bentham, considerado el
padre de la doctrina utilitarista, los estudios científicos de la felicidad
sostienen su carácter medible. Citando a un connotado autor: «La
evidencia empírica acumulada sugiere la existencia de una dimensión
de felicidad singular y medible» (Argyle, 1989, p. 2). De acuerdo al
método utilizado, el nivel de felicidad de un individuo se establece en
relación a la evaluación que realiza sobre la calidad de su propia vida,
esto es, cómo le va al agente desde su perspectiva. Así, para conocer el
nivel de felicidad de un individuo, este debe dar cuenta de su percepción
de felicidad en una escala en relación a diferentes aspectos de su vida.
Ciertamente, hay buenas razones para cuestionar esta metodología
y así dudar de la adecuación de los relatos particulares en la medición
de la felicidad. Por ejemplo, la pertenencia cultural influye (Diener y
Suh, 2000). De acuerdo a ella, individuos tienden a exagerar su nivel
de felicidad –afirman un nivel mayor de felicidad al que ellos efectiva-
mente consideran que corresponde a su situación–, o a minimizarlo.

19
Daniel Loewe

Así, norteamericanos tienden a sonreír más y a afirmar una mayor


felicidad, porque es algo que se espera de ellos. Esto puede llevar a los
entrevistados a mentir: miembros de algunas culturas que se sienten
felices o miserables tienden a afirmar lo contrario si consideran que
su estado es culturalmente inapropiado (Wierzbicka, 2004). Algunos
entrevistados tratan de cumplir, o no cumplir, las expectativas que
suponen en el entrevistador. El nivel de felicidad que un individuo
relata, por lo general está fuertemente influenciado por disposiciones
de ánimo pasajeras tanto positivas como negativas. Incluso el orden
EFMBTQSFHVOUBTUJFOEFBJOáVJSFOMPTSFTVMUBEPTPCUFOJEPT 4DIXBS[
y Strack, 1999)5. De este modo, por ejemplo, si se pregunta a un grupo
de estudiantes sobre su felicidad, y luego acerca del número de citas
que tuvieron la semana pasada, no se establece ninguna correlación.
Pero si se invierte el orden de las preguntas, entonces surge una corre-
lación, ya que los estudiantes se enfocan en el número de citas al pensar
BDFSDBEFTVGFMJDJEBE 4USBDL .BSUJOZ4DIXBS[ 
"EFNÃT MPT
individuos carecen de univocidad de criterio de referencia al dar cuenta
de su felicidad. Me explico: si le preguntan su altura o su peso, usted
puede dar una respuesta objetiva (un metro ochenta de altura, setenta y
cinco kilos de peso, etc.). Y si le preguntan si usted es alto o bajo, usted
debe compararse con la media del grupo de referencia (una persona
alta en un sitio puede ser baja en otro). Pero si le preguntan cuán feliz
es, ¿cuál es su criterio de referencia? Hay muchas posibilidades. Entre
otros, lo que por observación sobre terceros consideramos es el nivel
de felicidad medio, o el de los individuos felices o infelices. Lo que
recordamos como felicidad o infelicidad en nuestra vida. Pero también
lo que deseamos (obtener o evitar), o incluso pensamos merecer. Al
establecer juicios acerca de nuestra felicidad es inevitable establecer
comparaciones, pero los criterios de comparación varían entre indivi-
duos, y probablemente haya múltiples criterios operando en cada uno.

5
A modo de ejemplo: si primero se pregunta a un individuo acerca de su nivel de
felicidad y luego acerca de la importancia de la salud en la felicidad, se obtienen
resultados diferentes a cuando se invierte el orden. La razón es que si un individuo
considera que la salud es importante para la felicidad, como la mayoría considera,
y luego se le pregunta acerca de su nivel de felicidad, tiende a afirmar un mayor
nivel de felicidad si es que se considera relativamente sano.

20
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

No me referiré a estas problemáticas metodológicas6. Los mismos


estudios empíricos intentan establecer métodos de validación –como
tests de confiabilidad, validez y consistencia– que permitirían evitar
y/o contrarrestar estos sesgos (compare: Frey y Stutzer, 2002; Diener,
Oishi y Suh, 1999). Por ejemplo, en ocasiones se recurre a métodos
conductistas para asegurar los resultados (individuos felices no solo
afirman serlo, sino que tienden a ser considerados como tales por ter-
ceros); o se establecen secuencias de preguntas en los estudios cuyos
resultados han de ser comparados; o se evita realizarlos en momentos
especialmente sensibles para el ánimo (debido a razones personales
o a acontecimientos colectivos –campeonatos de deporte, etc.–); o se
intenta focalizar las preguntas en espacios temporales acotados. Y ya
que las desviaciones tienden a disminuir al acrecentar el conjunto, el
problema de los criterios de comparabilidad disminuye al suponer que
están aleatoriamente distribuidos. Los grandes números ayudan. Sin
embargo, el método no explicita el objeto de estudio.

1.1. Taxonomía de la felicidad

La determinación del objeto de estudio (la felicidad) depende del uso


conceptual. Hay que explicitar el concepto de felicidad a la base de
los estudios empíricos. Para realizar esta tarea distinguiré, primero,
cuatro modos en que utilizamos la expresión «feliz» e «infeliz» en el
lenguaje ordinario (distinciones similares en: Nozick, 1991, cap. 10;
5BUBSLJFXJD[   4VNOFS    DBQ 
 /P QSFUFOEP EJTUJOHVJS
todos los modos en los cuales utilizamos la expresión, sino únicamente
cuatro centrales. Luego relacionaré, de manera concisa, algunos de
estos modos con diferentes tradiciones y entendimientos de la felici-
dad. Finalmente, los contrastaré con el uso conceptual de los estudios
empíricos de la felicidad
a) Objeto intencional (1). Un modo de referencia a la felicidad se
expresa cuando se es feliz con algo o acerca de algo. Característico de
este modo de ser feliz es la presencia de un objeto intencional: aquello
con lo cual o acerca de lo que se es feliz (un viaje, una promoción en el

6
Para algunas de estas y otras dificultades metodológicas, así como estrategias para
superarlas, compare Diener y Tov, 2006.

21
Daniel Loewe

trabajo, un premio, etc.). En este caso, el estado de la mente puede ser


completado con un objeto proposicional (ser feliz que el calentamiento
global sea solucionado, que nuestro equipo haya ganado el campeona-
to, etc.). En tanto tengamos una actitud positiva con respecto a estos
objetos, o los aprobemos, o gustemos de ellos, o los consideremos
como favorables, prácticamente cualquier estado del mundo puede ser
objeto de nuestra felicidad. En este caso, ser feliz es equivalente a estar
satisfecho o contento con algo. La felicidad implica un juicio acerca de
cómo un objeto particular nos satisface. Por el contrario, la infelicidad
implica que nuestros estándares no son satisfechos (mi equipo perdió,
y el calentamiento global solo empeora).

b) Sentimiento de felicidad (2). Un segundo modo de referencia a la


felicidad se da cuando experimentamos un sentimiento de felicidad. A
diferencia del modo recién expuesto, en este caso, primero, no reque-
rimos de un objeto intencional particular, y segundo, está presente un
sentimiento actual. Nuestra felicidad no tiene un objeto determinado
(salvo, quizás, nuestra vida en general), sino que uno es –es decir, uno
se siente– simplemente feliz. La sensación implicada puede ser de mayor
o menor intensidad. Puede ir desde una sensación de alegría moderada,
hasta alcanzar momentos de euforia, cuando, por ejemplo, sentimos
que todo es perfecto, que nada falta (estar aquí, respirar este aire, sentir
la presencia de la persona amada, etc.) Característico de este tipo de
sensaciones es la sensación de plenitud. Esto es, la sensación de no de-
sear nada más en ese momento. Recurriendo a Nozick: «Nada parece
faltar, la satisfacción es completa» (Nozick, 1991, p. 119). Por cierto
la incompletitud de la vida se abre paso rápidamente. Es quizás por
esto que, usualmente, estos estados no son de duración prolongada,
sino que episódicos –minutos, horas, días: momentos de felicidad en
nuestra vida, tan escasos como valiosos–. Por el contrario, la infelicidad
implica un estado de ánimo infeliz, un sentimiento de rechazo, que
puede llegar incluso a una sensación de depresión (característico de
ciertas formas de depresión es una sensación que no está intencionada
a un objeto determinado, sino que al mundo en general).
Este modo de ser feliz debe ser distinguido de una emoción, al
menos siguiendo el uso conceptual usual de las teorías cognitivistas.

22
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

De acuerdo a este entendimiento, las emociones deben incluir algún


tipo de evaluación que requiere facultades cognitivas más complejas
(compare: Salomon, 1988; Nussbaum, 2001; Roberts, 2003). Más
apropiadamente, el modo ahora explicitado puede ser entendido como
un estado de ánimo (mood en inglés; Stimmung o Gemüt en alemán)
optimista acerca de la propia vida y/o del mundo en general. Esto no
implica que en los seres con capacidades cognitivas más complejas, esta
sensación esté exenta de toda dimensión judicativa. Pero cuando está
presente alguna evaluación acerca de nuestras vidas, ella refiere al aquí
y al ahora: «Feelings of happiness and unhappiness are frames of mind
subject to fluctuation from day to day, rather than settled judgment
about the quality of our lives» (Sumner, 1996, p. 145).

c) Disposición a la felicidad (3). Un tercer modo se presenta cuando se


tiene una disposición –o personalidad– feliz. La sensación de felicidad
recién mencionada es episódica. Pero es posible tener una tendencia
arraigada (por naturaleza, socialización, o debido a procesos de re-
flexión profunda) a generar ese tipo de sensaciones positivas. Esto es lo
que comúnmente se denomina una disposición o personalidad feliz (o
ser, simplemente, una persona feliz). En lenguaje coloquial, individuos
con esta disposición tienden a considerar que el vaso está medio lleno
–y no medio vacío–. Por el contrario, hay individuos con disposiciones
o personalidades que tienden a producir sensaciones negativas. Este es
el caso de, por ejemplo, disposiciones melancólicas, malhumoradas,
o misantrópicas.

d) Evaluación de vida (4). Un cuarto modo de referencia a la felicidad


se presenta cuando se es (o se ha sido) feliz o se tiene (o se ha tenido)
una vida feliz. En este caso, ser feliz implica una actitud positiva hacia
la propia vida, la cual implica tanto elementos cognitivos, como ele-
mentos afectivos. En este sentido, si consideramos que las emociones
son estructuras complejas que incluyen elementos sensitivos, así como
otros fuertemente evaluativos, se trataría de una emoción. En todo caso,
una emoción compleja que requiere capacidades cognitivas superiores.
El elemento cognitivo refiere a la evaluación positiva de las condicio-
nes de la propia vida al contrastarlas con las propias expectativas o

23
Daniel Loewe

estándares. Una vida puede ser evaluada positivamente porque se han


alcanzado metas consideradas valiosas (se han satisfecho determinados
estándares, o necesidades, o deseos, o preferencias, etc.), o porque nos
encontramos en un camino que parece ser propicio para alcanzarlas
(similar: Nozick, 1991, p. 119).
Estas evaluaciones pueden referir a diferentes aspectos de la vida
(afectiva, laboral, familiar, creativa, etc.), y a distintas extensiones tem-
porales. En un extremo podemos encontrar evaluaciones que refieren
a aspectos singulares en una extensión temporal limitada. En el otro
extremo, encontramos evaluaciones que refieren a numerosos aspectos
en un período extendido de tiempo7. En este último caso, se puede
hablar de evaluaciones totales o globales de vida: ser feliz implica la
afirmación de las condiciones de nuestra vida, esto es, una evaluación
que nuestra vida considerada como un todo (es decir, descontando los
elementos negativos a los positivos) marcha bien, es satisfactoria. Esta
evaluación va acompañada por un aspecto afectivo, el sentimiento de
bienestar que acompaña una vida rica, que vale la pena, una vida con
la que (todo considerado) nos sentimos satisfechos, quizás, incluso,
realizados.

1.2. Hedonistas, aristotélicos y científicos de la felicidad

¿Qué miden los estudios empíricos de la felicidad? No hay una respues-


ta unívoca. Ellos apuntan a diferentes modos de ser feliz, usualmente,
de una manera poco rigurosa. Aquí es necesario un mayor trabajo
conceptual. El análisis filosófico tiene consecuencias para el desarrollo
de estudios empíricos. Después de todo, estos últimos se estructuran
en relación a distinciones conceptuales. Y si los conceptos son mal em-
pleados (o empleados de un modo poco riguroso), entonces el estudio
empírico muestra algo muy diferente a lo que sus autores suponen,
7
En sentido estricto aquí encontramos cuatro parámetros: evaluaciones de elementos
singulares delimitadas temporalmente (la vida laboral entre los años de vida 30 y 40,
por ejemplo), evaluaciones de elementos singulares durante una extensión amplia
de tiempo (mi vida afectiva, por ejemplo), evaluaciones de múltiples elementos en
períodos concretos (mi vida en general durante mi adolescencia, por ejemplo), y
evaluaciones de múltiples elementos a lo largo de toda una vida. Ciertamente, es
posible establecer infinitas evaluaciones en el espacio delimitado por los cuatro
parámetros.

24
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

o simplemente no muestra nada (colecciones de datos agregados en


razón de errores conceptuales).
En un extremo, los estudios empíricos identifican la felicidad con
los estados placenteros de la mente que acompañan al objeto intencio-
nal (1), o con los estados placenteros que corresponden a la sensación
de felicidad sin objeto proposicional (2). Por ejemplo, los trabajos de
Kahneman tienden a identificar la felicidad (también, la satisfacción
con la propia vida) con estados placenteros. Probablemente, este es el
uso conceptual predominante. En el otro extremo, se la identifica con
una evaluación –aspecto judicativo cognitivo– acerca de la vida como
un todo (3). Por ejemplo, en su psicología positiva, Seligman (2002) –en
su teoría de la felicidad auténtica– relaciona, parcialmente, la felicidad
con evaluaciones acerca de la vida: uno de los tres aspectos que com-
ponen la felicidad es meaning, que refiere a actividades valoradas, (los
otros dos aspectos apuntan a estados placenteros: emociones positivas
–entendidas como sensaciones– y engagement –entendido como flow–).
Sin embargo, incluso en este caso, el foco parece ser el aspecto afectivo
que acompaña a la evaluación: el vector de su teoría es la satisfacción
con la propia vida entendida como estado placentero8.
Estos entendimientos de la felicidad (estados placenteros de la men-
te y evaluaciones de la propia vida) se remiten a diferentes tradiciones.
Por una parte, al relacionar la felicidad con juicios evaluativos que
apuntan a la vida como un todo, los autores se acercan a las posiciones
descriptivas y normativas de la Grecia Antigua y de la ética de la virtud
que de esta se deriva. Por otra parte, al relacionar la felicidad con un
sentimiento de placer, el referente es el utilitarismo en su versión más
insostenible: la versión hedonista de Bentham. A continuación, me
referiré a las concepciones de felicidad de las tradiciones mencionadas
para, así, contextualizar la discusión acerca del objeto de los estudios
empíricos de la felicidad.
a) Placer y actividad. En los estudios empíricos psicológicos de la
felicidad es común la referencia al placer como índice de felicidad.
8
Es necesario mencionar que el aspecto cognitivo ha adquirido un rol cada vez más
central en su trabajo, al desarrollar su teoría desde una de la felicidad hacia una –por
él mismo denominada– teoría del bienestar (Seligman, 2011), incluyendo también
elementos de mayor objetividad (relaciones positivas y logros) en la ecuación del
bienestar y cambiando el norte desde la satisfacción hacia el florecimiento.

25
Daniel Loewe

Esta perspectiva coincide con el entendimiento de la felicidad de la


tradición utilitarista en su versión hedonista que identifica la felicidad
con el placer. De un modo general, denominaré a esta concepción de
la felicidad como placer. En el caso de Kahneman, esta relación es
explícita. Él refiere a la teoría de Bentham y su concepción de utilidad
(que él denomina experienced utility), y la considera la base de su
concepción de hedonic flow9. La pregunta debe apuntar entonces a la
naturaleza del placer.
Esta es una pregunta con una larga tradición. Y las respuestas
que se han articulado se diferencian especialmente en torno a dos
ejes: en el primer eje (i) el placer se concibe como un objeto unitario
(es decir, todo placer está hecho del mismo material) que solo varía en
dimensiones cuantitativas; (ii) o se concibe como un objeto plural que
admite variaciones cualitativas y, por tanto, no subsumibles entre sí. En
el segundo eje (iii) el placer se concibe como una sensación y, en este
sentido, exclusivamente como un estado de la mente; (iv) o como un
modo de direccionarse al mundo o incluso como un tipo de actividad.
La conocida respuesta de Bentham es que el placer es una sensa-
ción (iii) unitaria (i) que solo varía cuantitativamente en relación a su
duración e intensidad. Estas dos tesis están intrincadas entre sí. Pero
ambas son cuestionables. Partamos por (i). Ciertamente, las referencias
al placer son siempre experienciales. Pero no es plausible argumentar
que la multiplicidad de placeres presentes en la complejidad de la
experiencia humana solo se diferencia cuantitativamente. No parece
ser razonable –al menos en el sentido de chocar contra cualquier ex-
periencia– asumir que, por ejemplo, el placer culinario es lo mismo
que el placer de la contemplación estética y que, por tanto, únicamente
varían en intensidad y duración. Ambos placeres no se sienten igual, y
la diferencia no es reducible exclusivamente a la intensidad o duración.
Así, desde una perspectiva fenomenológica es razonable cuestionar que
el placer sea una sensación homogénea. El entendimiento homogéneo
lleva a un amalgamiento y distorsión de fenómenos mentales variados
9
La felicidad durante un período de tiempo se entiende como the sum of the mo-
mentary utilities over that period of time; that is, the temporal integral of momen-
tary utility. Los estudios en laboratorio del hedonic flow han sido centrales para
entender la relación entre la utilidad que se experiencia, y aquella que se recuerda.
(Kahneman y Krueger, 2006).

26
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

y probablemente incomparables –incluso en el sentido fuerte de la


inconmensurabilidad–10. Es posible que la tesis benthamita acerca de la
naturaleza homogénea del placer se haya visto influida por su principal
preocupación (que en algunas de sus aplicaciones sigue siendo la gran
fortaleza del utilitarismo11): la disminución del dolor o sufrimiento12.
Con respecto a (iii) –el placer es un sentimiento–, la posición de
Bentham, también, es cuestionable. A la base de la decisión entre (iii)
y (iv) se encuentra la pregunta acerca de si el placer es algo diferente
de su objeto. La respuesta de Bentham es que son diferentes: el placer
es una sensación particular singular producida por objetos diversos,
pero distinta a estos objetos. De ahí, se desprende la homogeneidad
del placer. Pero siguiendo a Aristóteles, esta posición es insostenible. El
argumento del filósofo griego es el siguiente (compare: Kenny, 1963,
p. 92): las acciones son mejor realizadas si van acompañadas por pla-
cer. Por ejemplo, el filosofar o el hacer música son actividades que se
realizan mejor si van acompañadas por el placer del filosofar o por el
placer de hacer música. Si el sentimiento del placer fuese algo singular
homogéneo distinto de la actividad, entonces cualquier actividad sería
mejor realizada si va acompañada por placer. Pero esto no parece ser
el caso. Las actividades pueden ser, incluso, impedidas por placeres de
otras actividades. Por ejemplo, la actividad de filosofar o de argumentar
no parece ser mejor realizada si es acompañada por el placer sexual. Si
esto es así, entonces, es un error sostener que lo que hace una actividad
placentera es que va acompañada por una sensación placentera.

10
Recurrir a la disposición a pagar, o a experimentos, para obtener un mínimo común
múltiple monetario que permita la comparabilidad no puede ser una alternativa
para los defensores de la política de la felicidad. Esto se debe a que estos métodos
están sujetos a una serie de críticas (sesgos en las decisiones, etc.) que los tornan
dudosos como métodos para establecer el bienestar de un agente. De hecho, los
estudios empíricos de la felicidad ofrecen una alternativa a estos métodos y sus
deficiencias. Si para argumentar a favor de la alternativa que ofrecen recuren al
mismo método que critican, y al que esperan ofrecer una alternativa, destruyen
su propio caso.
11
En vez de muchos, compare los trabajos de Peter Singer en el campo de la ética
animal (2001) y la pobreza global (1972, 2009).
12
Pero incluso en este caso limitado, la tesis no es razonable. Después de todo, por
ejemplo, un dolor de muelas parece ser algo cualitativamente distinto al dolor
por la muerte de una persona amada. No es casual que el principal referente de
Bentham es el dolor o sufrimiento físico y no el sufrimiento psicológico.

27
Daniel Loewe

Como es conocido, Aristóteles articula dos concepciones diferentes


acerca del placer13. De acuerdo a la primera, el placer es actividad no
impedida. De acuerdo a la segunda, el placer es una experiencia que vie-
ne con la actividad, pero que está intrínsecamente ligada a la actividad
y no puede, por tanto, ser perseguido por sí mismo sin la actividad: tal
como no es posible estar rebosante mediante maquillaje, sino que para
estar rebosante hay que buscar la salud, para conseguir el placer que
superviene a la actividad hay que llevar a cabo la actividad de modo
tal que esta sea completa o no sea impedida. La referencia al placer
parece ser adverbial: placer es un modo de realizar actividades, o un
tipo de conciencia de la actividad que se realiza. Por tanto, el placer no
es una sensación singular y homogénea que solo varía en intensidad
y duración, como propone Bentham, sino que varía cualitativamente
según la actividad que se realice14.

b) El flujo hedonista. Si estos análisis son correctos, los estudios em-


píricos de la felicidad que la identifican exclusivamente con un estado
de la mente placentero, no darían con su objeto. Esto se debe a que
lo relevante sería la actividad. Recurriendo a los modos de ser feliz
identificados con anterioridad, los estudios empíricos de la felicidad
que apunten exclusivamente a cómo lo individuos se sienten (porque
logran algo –objeto intencional–; o porque experimentan la sensación
entendida como estado de ánimo que refleja un juicio del aquí y el
ahora; o porque tienen una disposición a ser felices –por naturaleza,
13
Ética a Nicómaco, libros VII y X.
14
En este punto se distingue el hedonismo monista benthamita del utilitarismo de
John Stuart Mill. Según Mill, el placer no es homogéneo, sino que hay diferencias
de tipo (1962, p. 262). Es decir, las diferencias no son solo cuantitativas sino que
cualitativas. Para Mill, habría placeres que tienen un carácter cualitativo superior
a otros. Es por esto que afirma que «más vale ser un Sócrates insatisfecho que un
cerdo satisfecho». Como es conocido, Mill propone recurrir a jueces competentes
para dirimir entre placeres superiores e inferiores. Si bien es posible entender el
placer de naturaleza plural que propone Mill exclusivamente como una sensación,
una interpretación más apropiada es que para él, como para Aristóteles, el placer
se relaciona con la actividad (ya sea como actividad o como experiencia intrínseca-
mente relacionada con la actividad). Mill enumera la música, la virtud y la salud
como placeres mayores. En su interpretación, la simple agregación benthamita de
placeres que se distinguen solo en duración e intensidad debe ser abandonada en
razón de un cálculo mucho más complejo que tome en consideración el valor de
la actividad.

28
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

socialización o reflexión–), fallarían en la identificación de su objeto:


lo relevante para establecer la felicidad de cada individuo no sería su
placer experimentado, sino que la actividad realizada y la conciencia
de su realización.
Lo dicho lo podemos ejemplificar por referencia al Experience
Sampling Method (ESM), y el Day Reconstruction Method (DRM).
En el ESM, individuos son monitoreados durante el día. Ellos dan
cuenta regularmente de sus afectos (positivos y negativos) y del tipo
de actividad que están realizando en ese momento. En el DRM, los
individuos deben deconstruir el día anterior en bloques temporales
de actividades realizadas y dar cuenta de sus afectos en cada una de
ellas. Este método es menos intrusivo que el primero, además de ser de
menor costo. En ambos se pretende evitar los sesgos que traen consigo
las evaluaciones retrospectivas. Algunos resultados son conocidos. Por
ejemplo, que cuidar a los hijos está apenas por sobre las actividades
menos disfrutadas como hacer trabajo doméstico y viajar al y desde el
trabajo (Kahneman at al., 2004). Esto aplica sobre todo a las madres
que son las que todavía mayoritariamente se hacen cargo de los hijos
pequeños. La maternidad es sinónimo de cansancio, estrés y aislamiento
social. Como algunos entrevistados afirman, es una especie de infierno
en el paraíso.
Si es el caso de que estos estudios están correctamente realizados,
¿qué nos dicen? Simplemente, que para el individuo promedio o para
los individuos en la media, las actividades de cuidado de los hijos están
asociadas con estados mentales negativos. Pero no nos dicen que los
individuos sean infelices porque están cuidando a sus hijos (a menos,
claro, que queramos decidir la discusión por secretaría, definiendo
felicidad como placer –lo que, como vimos, es inapropiado–). Esto se
debe a que, contrariamente a lo que propone Kahneman (Kahneman
y Krueger, 2006), un índice construido sobre la base de una agrega-
ción de estados mentales producidos por episodios temporales no es
un índice de felicidad. Si lo que importa es la actividad realizada, me
atrevo a especular que en la mayoría de los casos el juicio acerca de la
importancia de la actividad realizada por parte de los individuos los
llevaría a considerar que, en un cierto sentido, están satisfechos por
realizarla. Y estar satisfecho por la actividad realizada es compatible

29
Daniel Loewe

con estados mentales de displacer. La felicidad como placer no es un


índice apropiado de la satisfacción de un agente. Ciertamente, podemos
identificar esta satisfacción (sobre la base de un juicio sobre la actividad
realizada) con la felicidad. Pero en este caso, aquella felicidad debe ser
distinta a la «felicidad como placer». La denominaré, «felicidad como
satisfacción».

c) Satisfacción con la vida. Un segundo tipo de estudios empíricos de la


felicidad parece apuntar a la evaluación de la vida. A diferencia de los
estudios que refieren a los estados mentales placenteros, en este caso
se apunta a juicios evaluativos que consideran múltiples aspectos, tales
como los estándares, principios, etc. del agente, y cómo estos han sido
satisfechos. Esto es lo que parece estar en la base (y no la agrupación
de estados mentales agradables) cuando se pide a los individuos que
evalúen la satisfacción con su vida como un todo. Sin embargo, esta
estrategia adolece de dificultades serias.
Una dificultad mayor es que si Aristóteles y Mill están en lo co-
rrecto, esto es un despropósito mayor: si el placer refiere directamente
a la actividad (no es un ente separado de la actividad), y si es plural y
no singular, no tiene sentido pedirle a una persona que agregue en una
evaluación acerca de su vida elementos tan dispares como las diferentes
actividades valiosas que componen su vida y a las que superviene algún
tipo de placer cualitativamente distinto en cada caso. Es el conocido
problema de las peras y las manzanas. De acuerdo a Martha Nussbaum,
este despropósito solo obtiene respuesta debido al respeto que la au-
toridad científica suele producir en los sujetos de estudio –como bien
demuestra el conocido experimento de Stanley Milgram–. Y el hecho
de que las personas respondan estas preguntas «hardly shows that this
is the way that they experience their life» (Nussbaum, 2012, p. 339).
Pero incluso obviando esta dificultad, hay una segunda aún más
relevante: ¿cuál es el objeto de la pregunta? ¿Es la felicidad como placer
o la felicidad como satisfacción? No está claro. En el caso de Kahne-
man, parece ser que no hay diferencia entre lo que busca identificar
esta pregunta y la cuestión del hedonic flow. Es decir, esta pregunta
apuntaría a la satisfacción de un agente entendida como la agrega-
ción de estados mentales placenteros. Pero esto es un despropósito.

30
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

Acabamos de examinar que es totalmente compatible afirmar que se


es feliz en razón de una evaluación de la actividad realizada (felicidad
como satisfacción) sin que haya estados mentales placenteros (felicidad
como placer). Y si esto es válido en relación a actividades particulares
(como cuidar a los hijos), lo es de un modo mucho más evidente en el
caso de evaluaciones acerca de la vida como un todo. La concepción
de Seligman parece ser, en este sentido, más apropiada. Su teoría de
felicidad auténtica implica tanto actividad valorada como emociones
positivas (Seligman, 2002). Así, su concepción ofrece espacio para
juicios evaluativos acerca de la propia vida que van más allá de los
estados mentales placenteros. Pero a pesar de estas ventajas, esta teoría
tiene una serie de dificultades. Mencionaré dos.
Primero: no es claro si Seligman se refiere a la satisfacción con la
propia vida o a las emociones positivas que acompañan esta evaluación.
Si es lo segundo, el problema es que no es evidente la relación entre las
emociones positivas, la actividad valorada, y la felicidad (Nussbaum,
2012). Quizás las emociones positivas a las que refiere Seligman no
se desprenden siempre de las actividades valoradas. Aristóteles, por
ejemplo, sostenía que si bien el placer puede seguir a la actividad (como
las mejillas rebosantes siguen a la juventud), se puede dar el caso de
que esto no suceda. Si esto es así, entonces las emociones positivas no
se desprenden siempre de las actividades valoradas. Podemos notar
lo señalado recurriendo a los cuatro modos de ser feliz que distinguí
anteriormente. Especialmente, a las relaciones entre los primeros tres
modos y el cuarto: la satisfacción con la propia vida. Ninguna de estas
relaciones implica necesidad.
En la relación entre (1) y (4) –feliz en relación a un objeto inten-
cional y feliz como juicio sobre la vida como un todo–, se puede dar el
caso de que podemos estar infelices con, o acerca de muchos objetos
o estados del mundo (mi equipo nunca gana la copa, y la destrucción
del mundo debido al calentamiento global parece indetenible) y, sin
embargo, considerarnos felices con nuestra vida como un todo. El caso
inverso también es válido: podemos estar felices acerca de variados
estados del mundo, y simultáneamente considerar que nuestra vida no
marcha o no ha marchado bien.

31
Daniel Loewe

La relación entre el modo (2) –sensación de felicidad– y el (4) es


psicológicamente cercana: ser feliz en forma global se relaciona con
sensaciones de felicidad periódicas como sus fuentes contingentes.
Sin embargo, no parece haber ninguna relación necesaria: una vida
puede ser considerada globalmente como feliz sin haber contado con
muchos momentos de sensación intensa de felicidad. Y una vida llena
de momentos intensos de felicidad puede ser considerada, de un modo
global, como insatisfactoria (quizás vivimos o hemos vivido engañados:
el amor de nuestra vida no era más que una ilusión; o quizás hemos
tenido muchos momentos de sensaciones de felicidad bajo la influencia
de drogas y de un modo global consideramos que esa vida es o fue
insatisfactoria).
La relación entre (3) –disposición a la felicidad– y (4) es más cer-
cana: una disposición feliz puede cumplir un rol funcional positivo en
la evaluación de nuestra vida como un todo (tanto por el modo como
una disposición feliz afecta la percepción de los momentos particulares
de nuestra vida percibimos los vasos medio llenos y no medio vacíos–,
así como por su función en la realización de las evaluaciones globales
y en la generación de las sensaciones de bienestar correspondientes).
Pero una disposición o personalidad feliz no es una condición necesaria
para tener una vida feliz en el sentido de felicidad como satisfacción:
individuos de carácter austero y severo pueden evaluar su vida como
un todo de un modo positivo15. Esto se debe a que la evaluación de
la satisfacción con la propia vida es un juicio que, si bien incluye
elementos afectivos, se basa sobre elementos cognitivos que refieren
a la evaluación positiva de la condiciones de la propia vida al contras-
tarlas con las propias expectativas o estándares. Es posible, así, que
consideremos ser felices (felicidad como satisfacción) porque hemos
vivido de acuerdo a los principios que consideramos importantes, y

15
Las relaciones entre estos tres modos de la felicidad y el ser feliz de un modo global
parecen ser más cercanas cuando imaginamos casos en los que esos tres modos
no se dan, o raramente se dan. Así, por ejemplo, parece ser psicológicamente
improbable que individuos que apenas hayan experimentado felicidad por algo
específico, o que no hayan tenido sensaciones de felicidad en su vida, o que tengan
una disposición o personalidad profundamente depresiva, o esos tres factores
juntos o alguna combinación de estos, realicen evaluaciones globales positivas de
su vida.

32
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

puesto que hemos realizado las actividades que, de acuerdo a estos


principios, debíamos realizar. Y es posible que esta felicidad no vaya
acompañada de elementos de placer. Citando uno de los momentos
kantianos de John Wayne en El Álamo, en ocasiones «un hombre tiene
que hacer lo que tiene que hacer». Y si hace lo que tiene que hacer, ha
desarrollado la actividad apropiada según sus principios, aunque al
hacerlo se transforme en un ser profundamente infeliz en el sentido
de felicidad como placer16. Incluso más: no es ni siquiera evidente que
una vida satisfecha implique en todos los casos emociones positivas
como aquellas a las que remite Seligman en su estudio de la felicidad.
Segundo: incluso si se da el caso de que la teoría refiere a la evalua-
ción de la propia vida (y no a las emociones positivas que acompañan
estas evaluaciones), resulta evidente que el juicio evaluativo no está
exento de sesgos que distorsionan su resultado. Como argumentaré en
la próxima sección en relación al enfoque de la política de la felicidad,
es absolutamente posible que nos consideremos satisfechos con nuestra
vida como un todo, porque, por ejemplo, hemos vivido según criterios
que consideramos valiosos, o hemos cumplido nuestras obligaciones,
y, que simultáneamente vivamos o hayamos vivido inmersos en situa-
ciones de injusticia, de opresión, de denigración, o de indignidad. Si el
objetivo de la teoría es el bienestar humano, entonces, es necesario ir
más allá no solo de las emociones positivas (que quizás se obtienen de
las actividades desarrolladas), sino también de los juicios evaluativos
particulares de los agentes. Lo que se requiere es alguna teoría norma-
tiva que estipule lo que se considera valioso independientemente de
los juicios evaluativos de los agentes (por ejemplo, mínimos materiales
EFTVCTJTUFODJBFO4IVF 
CJFOFTQSJNBSJPT FO3BXMT P
capacidades centrales, en: Nussbaum, 1988, 1993, 2000; Sen 1997,
1999). Algo de esto hay en los desarrollos del trabajo de Seligman desde
una teoría de la felicidad auténtica a una teoría del bienestar que tiene
como foco ya no solo la satisfacción de los agentes sino su florecimien-
to (Seligman, 2011), que él mismo asocia con aspectos objetivos (por

16
Ciertamente, al hacer lo que se tiene que hacer, supervienen también elementos
afectivos. Pero estos elementos no parecen ser bien recogidos con el concepto de
placer. Más bien, como la paz que se obtiene al saber que se ha hecho lo correcto,
que se ha vivido una vida valiosa, etc.

33
Daniel Loewe

ejemplo, actividad social). Pero estos desarrollos son aún incipientes,


y ciertamente apuntan en una dirección contraria al entendimiento
subjetivo de la felicidad propio de los estudios empíricos de la felicidad.
Incluso dejando de lado el problema de la agregación de elementos
variados en una sola vida, el de la relación entre emociones positivas
y actividades, y el de los sesgos evaluativos de los agentes, surge la
cuestión relativa a qué es lo que miden los estudios empíricos de la
felicidad: si no es claro qué están preguntando los científicos de la
felicidad con sus encuestas sobre la satisfacción con la vida como un
todo, tampoco es claro qué están respondiendo los sujetos de estudio.
En el caso de la satisfacción de la vida como un todo: ¿están respon-
diendo que se sienten felices en el sentido de emociones positivas? ¿O
están respondiendo que se sienten satisfechos por la actividad valiosa
realizada, aun cuando esto último no vaya acompañado por emociones
positivas? Probablemente, algunos individuos responderán una cosa;
y otros, otra (compare: Nussbaum, 2012). Esto es relevante. Por una
parte, no es claro el conocimiento que los estudios empíricos de la
felicidad aportan (¿miden el placer experimentado por el agente, sus
emociones positivas, o su evaluación acerca de si en la vida vivida o
en aspectos de esta se satisfacen sus criterios valorativos?) Por otra
parte, y relevante para este artículo, si no es claro qué es lo que miden
es aún menos claro qué es lo que se desprende de ellos para el enfoque
de la política de la felicidad.

2. La política de la felicidad
Para el uso político de la felicidad son relevantes los datos que se ob-
tienen al cruzar los niveles de felicidad relatados agregados con datos
duros acerca de la constitución del mundo. Así, es posible utilizar un
índice de la felicidad en el diseño institucional y de políticas públicas
que aspiren a fomentarla. Algunos de los resultados de las investiga-
ciones de la felicidad son notables. Otros, respaldan con evidencia
empírica el sentido común. En lo que sigue, consideraré si el enfoque
político en la felicidad es una teoría política razonable. Antes, mencio-
naré concisamente algunos de los resultados más conocidos de estas
investigaciones:

34
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

Un estudio clásico realizado con ganadores de loterías (con una


media de 500 mil dólares) mostró que, pasada la euforia inicial, el
bienestar subjetivo de los ganadores no se diferenciaba del de los no
ganadores y que, en las tareas cotidianas, los primeros relataban niveles
inferiores de placer que con anterioridad al premio (Brickman, Coates
y Janoff-Bulman, 1978).
Las tasas de infelicidad presentadas por los desempleados invo-
luntarios, así como las tasas relativas a sus tendencias suicidas, son
significativamente más altas que las de los activos en el mundo laboral.
Este vínculo, también, se mantiene en el caso de países con sistemas
sociales que permiten controlar la pérdida de la renta asociada con el
desempleo. Por otra parte, los pensionados, a pesar de no estar emplea-
dos, dan cuenta de niveles de satisfacción ligeramente superiores a los de
BRVFMMPTBDUJWPTFOFMNVOEPEFMUSBCBKP 0TXBME "SHZMF 

El fuerte crecimiento económico sostenido durante décadas en Esta-
dos Unidos, Japón y Europa no alteró la proporción de individuos que
se consideran felices e infelices. Si bien en países pobres el crecimiento
de la renta se relaciona con un aumento de la felicidad, esta correlación
tiende a desaparecer con cada crecimiento adicional de la misma que
se produce luego de que la nación ha alcanzado un determinado nivel
de renta que permite satisfacer necesidades básicas17.
Si bien existe un vínculo positivo entre felicidad y nivel de renta
personal dentro de un país, es decir, la proporción de individuos que
se califican como felices es ligeramente superior en el caso de los más
ricos o que pertenecen a una clase social más alta (compare: Argyle,
1987), el vínculo es fuerte solo en el caso de los individuos con las
rentas menores en la sociedad y tiende a disminuir sensiblemente en
el caso de individuos con rentas más altas. Sin embargo, un fuerte
vínculo entre renta y felicidad se puede constatar nuevamente en la
clase de individuos con las rentas más altas (compare las referencias
del punto anterior).

17
Para estudios acerca de la relación entre crecimiento económico, renta y felicidad,
compare los trabajos de Easterlin (1974), así como entre muchos otros, Frey y
4UVU[FS 
0TXBME 
"HZMF 
%JFOFSZ0JTIJ 
*OHMFIBSU
(1996); Graham y Pettinato (2002).

35
Daniel Loewe

Suponiendo que la causación inversa no es metodológicamente


problemática para estos estudios (un tema al que pocos se refieren, una
gran excepción es Frey), es decir, si efectivamente cierto tipo de estados
del mundo se relacionan causalmente con ciertos estados de la mente
y no de modo inverso (por ejemplo, no es que el desempleo nos haga
infeliz, sino que los infelices suelen caer en el desempleo)18, este tipo de
estudios nos puede entregar informaciones novedosas para organizar
nuestra vida. Por ejemplo, si quiere ser feliz en el sentido explicitado
por lo estudios empíricos de la felicidad, y cree que corresponde al
promedio o se encuentra en la media, prefiera vivir en una propiedad
en las cercanías de su trabajo en vez de la periferia, aunque sea más
pequeña; invierta tiempo en su familia y en sus amigos; compromé-
tase como voluntario en actividades que promuevan el bienestar de
otros; trate de cultivar algún tipo de espiritualidad. Porque nos dan
informaciones novedosas, pero también refuerzan datos del sentido
común, estos estudios son útiles. Al momento de decidir acerca de
nuestra propia vida, pueden jugar un rol productivo en la realización
de nuestra felicidad. De igual modo, pueden entregar informaciones
relevantes para la organización de contextos laborales más amables.
¿Pero se desprende de esto que estos datos sean relevantes en el diseño
de las políticas públicas? En mi opinión, no. A continuación, presentaré
tres argumentos para limitar la pretensión política de los estudios de
la felicidad en ambas interpretaciones.

2.1. Los riesgos para la libertad

En ocasiones, la felicidad sería el resultado de un calce entre indivi-


duos (con sus deseos, predisposiciones, etc.) y sus circunstancias. Por
ejemplo, si soy un fanático del deporte y deseo que mi equipo gane la
copa (objeto proposicional), y este efectivamente lo logra, entonces se
da el afortunado calce que me hace ser feliz, aunque solo lo sea hasta
la próxima derrota. O si mi deseo es que mis hijos tengan perspectivas
para desarrollarse y progresar, y estos efectivamente las tienen, enton-
ces se da el calce feliz. Como vimos, en ocasiones la felicidad (como

18
Para una interesante y detallada discusión crítica compare Johns y Ormerod:
Happiness, Economics and Public Policy (2007).

36
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

placer) puede expresarse como un sentimiento actual de plenitud pa-


sajero sin objeto intencional. Tanto en el caso del objeto intencional
como en el del sentimiento de plenitud, una disposición a la felicidad
es funcionalmente productiva en su generación. De este modo, hay dos
estrategias posibles para las políticas públicas de la felicidad: (i) ellas
pueden apuntar a modificar a los individuos, en el sentido de apuntar
a modificar sus deseos y predisposiciones; o (ii) el enfoque político de
la felicidad, puede apuntar a modificar las circunstancias en que los
individuos se desenvuelven.
Examinemos la primera posibilidad. Si los estudios empíricos de la
felicidad están en lo correcto, se trataría de la más productiva. Esto se
debe a que, probablemente, una de las contribuciones más relevantes
de estos estudios es que «los factores externos son responsables sólo
de una parte diminuta de la variación de bienestar subjetivo» (Diener
y Oishi, 1999, p. 286), siendo una gran parte retrotraible a aspectos
genéticos y de socialización. No obstante, esto no debiese sorprender.
Después de todo, una disposición a la felicidad es un aspecto del carác-
ter y, como muchos otros aspectos del carácter, tiene una importante
carga genética y social19. No es extraño que el bienestar relatado por
cada agente tienda a la estabilidad durante el tiempo. De acuerdo a las
investigaciones sobre bienestar subjetivo de Lykken y Tellegren (1996)
desarrollados mediante el estudio de mellizos, el 80% de las diferencias
en satisfacción con la propia vida sería heredable, mientras que menos
del 3% sería explicado por el estatus económico social, la educación, el
ingreso, el estado marital o la participación en comunidades religiosas.
Esta estrategia no nos es desconocida. Tiene una larga tradición:
el estoicismo trató (como Aristóteles) de identificar la felicidad con el
ejercicio de la virtud. Pero a diferencia de Aristóteles, quien afirmaba
que la condición necesaria de la felicidad (entendida como excelencia o
florecimiento humano) era una cierta disposición de bienes materiales
(como salud), el estoicismo desligó la felicidad del mundo exterior:
la felicidad se encontraría dentro de uno mismo –por lo mismo, de
19
De acuerdo a los estudios de Pinker (2002), entre el 40% y 50% de la variación en
tipos básicos de personalidad (incluyendo aspectos como, introvertido o extrover-
tido, neurótico o estable, abierto a la experiencia o no, consensual o antagónico,
etc.) en una determinada población en cada unidad de tiempo está correlacionada
con diferencias genéticas.

37
Daniel Loewe

acuerdo a los estoicos, una vez obtenida, no se la puede perder–. A


diferencia de los estoicos, Epicuro –como Bentham– consideró que el
placer era algo diferente a la actividad. Pero a pesar de su fama como
doctrina voluptuosa, la estrategia epicúrea para alcanzar la felicidad
es un tipo de ascetismo práctico. Esto se debe a que esta doctrina en-
tiende placer como la satisfacción del deseo. Y ya que nuestro mayor
deseo es la eliminación del dolor, ya la ausencia de dolor es placer. Así,
al satisfacer de un modo simple nuestros deseos naturales necesarios
que apuntan a eliminar el dolor del hambre, la sed, etc., alcanzamos
el mayor placer (compare: Kenny, 2006: cap. 6).
En la actualidad encontramos un sinnúmero de estrategias que
apuntan a modificar a los individuos, sus deseos y disposiciones. Es lo
que aspiran a realizar, por ejemplo, los textos de autoayuda al enseñar-
nos a desarrollar disposiciones productivas para nuestra felicidad. No
hay nada que oponer a la generación de disposiciones para ser feliz y
al intento de algunos de guiarnos en este cometido. Es lo que podemos
denominar, de un modo general, un intento por vivir mejor. Aprender a
moderarse, como nos enseña el ascetismo práctico epicúreo; aprender
a encontrar sosiego y tranquilidad en el mundo interior, como nos
enseña el estoicismo; aprender a no perseguir siempre fatamorganas
(un ascenso, otro proyecto); aprender a controlar y modificar aspectos
de nuestro carácter y personalidad que hacen que nuestra vida sea
peor de lo que podría ser –peor en el sentido de hacernos infelices,
ya sea por la manifestación del aspecto del carácter que juega contra
nuestra felicidad o por las consecuencias que tiene esta manifestación
en el mundo–; aprender a desarrollar disposiciones optimistas hacia el
mundo (wishful thinking); o desarrollar la estrategia budista de neu-
tralización del deseo; o la estrategia de hacernos útiles y así relevantes,
y de este modo elevar nuestra autoapreciación, dándole un sentido a
nuestra vida. Todas estas son algunas de las estrategias para ser feliz.
Hay muchas más. Pero una cosa es la loable búsqueda de la felicidad
mediante cambios realizados por nosotros en nosotros mismos, qui-
zás con la guía de terceros, y otra cosa muy diferente es que el Estado
busque producir esas modificaciones en nosotros.
A modo de ejemplo considere el siguiente caso: los estudios de la
felicidad han demostrado que los individuos religiosos y con tendencias

38
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

espirituales son, en promedio, más felices que los que no lo son. Esto es
así, al menos en naciones en las cuales la religiosidad es mayoritaria20.
Estos resultados se han beneficiado de muy conocidos estudios acerca
de los beneficios neuropsicológicos de creer y rezar21. Si esto es así,
¿por qué no implementar políticas públicas que aspiren a fomentar la
religiosidad de los ciudadanos?
Examinemos la segunda posibilidad (la modificación de las cir-
cunstancias para que calcen con los deseos y predisposiciones de los
individuos). Esta estrategia parece más apropiada, ya que no parece
implicar una colisión con la libertad. Pero, nuevamente, se presenta
el riesgo de la coerción ilegítima. Esto lo podemos ejemplificar por
referencia a una propuesta de Bentham22, quien planteaba que la única
obligación moral consiste en maximizar la felicidad (como placer) del
mayor número.
Caminando por Londres, Bentham notó que la gran cantidad de
pordioseros disminuía la felicidad. Las personas duras de corazón se
indignaban al verlos; las de corazón blando, se entristecían. Y la gran
mayoría de los mendigos quería dejar de serlo. Bentham propuso fun-
dar un hogar de mendigos que les ofreciera servicios básicos. Para que
esto no implicase una carga, los mendigos mismos deberían trabajar
para solventar sus gastos en el hogar. Y para colocar los incentivos
donde corresponden, Bentham propuso que cualquier ciudadano podía
recoger mendigos en las calles y llevarlos, aun contra su voluntad, al
hogar, por lo cual recibiría un premio pecuniario. Evidentemente, parte
del trabajo de los mendigos debería destinarse a solventar ese premio.
De este modo, las personas de corazón duro ya no se enojarían, las de
corazón blando no se entristecerían, y los mendigos dejarían de serlo.
Las críticas a la maximización utilitarista de la felicidad son co-
nocidas (compare: Sen y Williams, 1982): si se trata de maximizar la
felicidad, los portadores de la felicidad (es decir, los seres humanos, y

20
El estudio de Snoep (2007) muestra que no hay una correlación significativa entre
religión y felicidad individual cuando las mediciones se realizan en países con bajas
tasas de afiliación religiosa, como Dinamarca y los Países Bajos, a diferencia de
países ampliamente religiosos como Estados Unidos.
21
Compare, por ejemplo, Schjoedt (2008, 2009).
22
En el escrito de Bentham: Pauper Management Improved (1798), en la referencia
de: Himmelfar, 1965.

39
Daniel Loewe

por extensión, otros seres sintientes) solo cuentan indirectamente. Así,


es posible, y en ocasiones mandatorio, sacrificar la felicidad de algunos
para maximizar la felicidad total o promedio. Que la maximización de
la felicidad puede implicar la violación de derechos fundamentales es
una obviedad (el mismo Bentham consideraba los derechos naturales
«sinsentidos sobre zancos»)23. En la nueva ciencia de la felicidad, la
referencia al utilitarismo es la excepción. O esta omisión es cálculo
(el utilitarismo es una doctrina fuertemente criticada), o ignorancia.
Pero no es necesario recurrir al utilitarismo benthamita para
ejemplificar el caso. Propuesta de políticas que amenazan la libertad
de los individuos las encontramos también en el enfoque político de
la felicidad. A modo de ejemplo: los estudios han demostrado que el
tiempo libre es importante para el nivel relatado de felicidad. ¿Por
qué no limitar legalmente el número de horas que un individuo puede
dedicar a actividades remuneradas?, lo que no es lo mismo que fijar
las horas de una jornada de trabajo. Además, los estudios empíricos
de la felicidad han dejado en claro que gran parte de la felicidad de los
individuos se remite a aspectos comparativos. Y estos aspectos se rela-
cionan con cultura, ideología y lugar. Por ejemplo, personas obesas en
Rusia reportan mayor felicidad que personas obesas en Estados Unidos
en comparación a personas no obesas (Graham y Felton, 2005). Este
es también el caso de la posición económica: más que la renta absoluta
es la renta comparada la que incide en nuestra felicidad, y también es
el caso del desempleo: si bien la falta involuntaria de trabajo es uno de
los grandes destructores de la felicidad, la pérdida de felicidad no es
tan alta si son muchos otros los que también están desempleados (Frey
y Stutzer, 2002). ¿Por qué no establecer cargas impositivas tales que
desincentiven el trabajo extra, de modo tal de reducir la desigualdad
y así elevar la felicidad que se desprende de la posición económica
relativa en la que se consideran los individuos? ¿Por qué no incre-
mentar simultáneamente el tiempo libre de los trabajólicos, disminuir
la envidia, y de este modo aumentar la felicidad general? Esta es una
23
Como Himmelfarb escribe por referencia al utilitarismo benthamita: «There was
no such thing as the ‘rights’ of paupers, for there was no such thing as rights at
all. There were only interests, and the interests of the majority had to prevail. The
greatest happiness of the greatest number might thus require the greatest misery
of the few» (1965, p. 235).

40
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

de las propuestas más connotadas que ha hecho carrera en el enfoque


político de la felicidad (compare: Layard, 2006).
El riesgo de limitar la libertad no es solo teórico. Considere uno
de los paradigmas de los nuevos estudios empíricos de la felicidad y
sus propuestas para implementar un enfoque político de la felicidad:
el Reino de Bután. Este reino ha saltado a la fama por su defensa del
paradigma alternativo de desarrollo hoy en boga: la felicidad interna
bruta. De acuerdo a este paradigma, el desarrollo de una nación no
estaría dado ni por el PIB, ni por el per cápita –en lo cual solo puede
tener razón–, pero tampoco por los Índices de Desarrollo Humano
de las Naciones Unidas, sino que por la felicidad entendida como un
estado subjetivo de la mente. Es decir, ni lo que tenemos, ni lo que
somos o alcanzamos, ni lo que podemos ser o alcanzar, sino que cómo
nos sentimos24.
En Bután se han dado resultados interesantes en comparación
con su entorno25. Claro que para disfrutar de los beneficios del welfa-
rismo de la felicidad en este reino, es mejor que usted sea budista (de
alguna de las dos ramas oficiales) a que sea cristiano, o protestante
o no creyente, y ciertamente, mucho mejor a que usted sea nepalí o
butanés de lengua nepalí, que hinduista26. Esto se debe a que si bien
Bután reconoció un día en honor a una fiesta hinduista y desde hace
algunos años se ha comprometido con la protección de las minorías,
también ha perseguido y expulsado sistemáticamente y durante años
a los inmigrantes nepalíes de larga data, quitándoles la posibilidad
de acceder a la nacionalidad butanesa y, en ocasiones, incluso la na-
cionalidad ya adquirida, transformándolos en apátridas que, si bien
24
Bajo el actual reinado, Bután pasó de ser una monarquía absoluta a una constitu-
cional. El sistema legislativo de Bután se organiza en torno a dos cámaras: la Baja
de elección popular –pero con un sistema tal que el partido opositor con más del
30% de los sufragios solo logró 3 representantes, comparados con los más de 40
que logró el partido oficial con dos tercios de los votos–; y la Alta con elección
indirecta de 20 representantes más 5 designados por el Rey.
25
Compare el reporte sobre las mujeres del mundo 2010 de las Naciones Unidas.
Recuperado de: IUUQTVOTUBUTVOPSHVOTEEFNPHSBQIJDQSPEVDUT8PSMETXPNFO
WW_full%20report_color.pdf
26
Sobre el trato a los inmigrantes nepalíes, compare el Country Reports on Human
Rights Practices for 2011, United States Department of State, Bureau of Democ-
racy, Human Rights and Labor. Recuperado de: IUUQXXXTUBUFHPWEPDVNFOUT
organization/186672.pdf.

41
Daniel Loewe

pueden disfrutar de la salud y la educación oficial –culturalmente


ideologizada–, no pueden participar en el proceso político. De hecho,
se considera que sus asociaciones políticas atentan contra el rey, y son,
por tanto, ilegales. En los años 90, fueron más de 90 mil los nepalíes
expulsados, en un reino que hoy no llega al millón de habitantes. La
ley hoy no reconoce el derecho de asilo ni de los inmigrantes. Ni qué
decir de aspectos propios de la libertad religiosa, como la expresión
pública (no la privada) del propio culto (hay solo una iglesia cristiana
en el país y se impide la construcción de otras), o el proselitismo, que
ha sido prohibido por decisión real. Y de acuerdo a la ley hay que vestir
trajes tradicionales si se encuentra en lugares públicos –una ley que se
ejecuta arbitrariamente por los representantes del orden–. En Bután,
la integridad cultural se entiende como un componente fundamental
de la felicidad interna bruta del país.
Tal como la propuesta de Bentham, la implementación del enfoque
político de la felicidad en Bután viola derechos fundamentales. Pero,
además, implica una limitación del pluralismo valórico: tal como el
mojigato que se siente ofendido por la vida libertina de su vecino, las
mayorías se pueden imponer a las minorías suprimiendo o haciendo
difícil la manifestación de valores alternativos, como los religiosos o
los sexuales. Baste señalar que en Bután las relaciones homosexuales
están penadas por la ley.
Si el primer caso (ejemplificado mediante el catequismo universal)
y el segundo caso (ejemplificado mediante la propuesta del hogar de
mendigos de Bentham, la de aumentar la carga impositiva y así dismi-
nuir el tiempo dedicado a actividades remuneradas al desincentivar el
trabajo extra, y las políticas culturales integristas de Bután) parecen
ser políticas inapropiadas, es probablemente porque se considera que
el valor de la libertad no es reducible a la felicidad. Es decir, aunque
el catequismo o los límites a las actividades remuneradas nos hicieran
efectivamente más felices, no se sigue de esto que la libertad pueda ser
restringida. Los riesgos del Estado paternalista (impedirme trabajar
en pos de mi propia felicidad) y perfeccionista (fomentar la religio-
sidad), pero también los riesgos del Estado totalitario (sacrificar mi
libertad de mendigo en pos de un valor superior: la maximización de
la felicidad agregada), están aquí presentes. Por esta razón, es curioso

42
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

que simpatizantes de corrientes más liberales propongan y celebren el


nuevo paradigma político de la felicidad.

2.2. El riesgo reduccionista

El enfoque político de la felicidad puede implicar reduccionismo. Los


seres humanos buscamos y apreciamos muchas otras cosas además
de la felicidad (entendida como placer, o como las emociones positi-
vas que pueden acompañar una vida satisfecha). Si esto es así, no es
evidente por qué las políticas públicas debiesen guiarse por un índice
de la felicidad, y tampoco es evidente –en las versiones pluralistas del
enfoque– por qué este índice debiese pesar más que otros en su diseño.
A modo de ejemplo extremo: si lo que debe guiar a las políticas
públicas es la generación de la felicidad, ¿por qué no implementar una
política pública de máxima eficiencia que haga que los ciudadanos
cambien su percepción del medioambiente, dispensando Diazepam
en el agua potable? Si esta política pública parece ser inapropiada, es
porque se considera que la búsqueda de estados mentales agradables
no es todo lo que valoramos en sí, o que la obtención de evaluaciones
positivas de satisfacción realizadas bajo sesgos inducidos no es algo
valioso.
Por el contrario, es razonable afirmar que hay pluralidad de bienes
y valores, y no hay razón para subsumir todos ellos bajo la felicidad del
agente. Por cierto, esta afirmación es cuestionada. El cuestionamiento
se basa sobre aquello que hace intuitivamente plausible el lugar central
que ocupa la felicidad en el enfoque político: el supuesto carácter te-
leológico (es decir, orientado a, o determinado por un fin o propósito)
de nuestro razonamiento. Vamos por parte. La felicidad juega dos roles
fundamentales dentro del pensamiento teleológico.
Por una parte, se relaciona con la motivación del agente y, de este
modo, sería parte integral de una teoría de la acción. De acuerdo a este
razonamiento, ante la pregunta: ¿por qué hago X? (estudio, trabajo
duro, escribo este artículo, etc.), cualquier respuesta que se articule
(para desarrollarme, para tener un buen pasar, para aprender, etc.) es
susceptible de ser nuevamente cuestionada: ¿por qué desarrollarte, tener
un buen pasar, aprender, etc.?) Y cualquier respuesta que se articule

43
Daniel Loewe

puede ser nuevamente cuestionada. Este ejercicio se puede repetir hasta


llegar a la última respuesta, al fin o propósito de su acción, es decir,
aquello que determinaría la motivación última y que no es objeto de
nuevos cuestionamientos: ser feliz.
Por otra parte, la felicidad tendría un rol teleológico en una teoría
normativa. De acuerdo a esta tesis, que ocupa un lugar central en el
pensamiento utilitarista, la felicidad es lo único que tendría un valor
positivo en sí. Todo lo demás es valioso o no, en la medida que fomente
u obstruya el alcance de la felicidad.
Estos dos roles de la felicidad están relacionados entre sí. El modo
de relación más conocido es afirmar, como Mill en su defectuosa prueba
del principio de la mayor felicidad del mayor número, que ya que la
felicidad es el fin último que persiguen los seres humanos, entonces
es el valor en sí mismo (Mill, 1962). O con sus palabras, el que la
felicidad sea deseada, la hace deseable. Evidentemente, como ha sido
muchas veces criticado, esta relación no se sostiene. Al menos no, en
tanto aseguremos que hay una distinción fundamental entre lo que es
y lo que debe ser, o entre hechos y normas.
Que la felicidad sea el fin último que motive no es convincente. Los
casos extremos son ilustrativos. Si cree en preceptos religiosos que exi-
gen grandes sacrificios (por ejemplo, ayunos prolongados, abstinencia
sexual, etc.), es decir, doblegar permanentemente su voluntad, ¿cumple
los preceptos porque cree que es lo que debe hacer –es el precepto que
hay que cumplir, porque quizás así lo estableció su dios–, o los lleva a
cabo porque quiere ser feliz? Imagine que llevar a cabo sus preceptos
implicase con certeza frustración, ansiedad, u otros estados negativos.
Si usted los cumple, ¿lo hace porque lo harán feliz? Ciertamente, usted
siempre podría responder así. Y la razón es evidente: no es falseable.
Sobre su motivación es siempre posible suponer un ulterior motivo
y no hay modo, al menos en sentido popperiano, de establecer una
aserción científica al respecto (Popper, 1959). Es lo mismo que sucede
cuando usted se pregunta si lo que motiva al filántropo es el altruis-
mo o el egoísmo. Pero es fenomenológicamente poco convincente
afirmar que el fin último de todas acciones, incluso aquellas que se
retrotraen a reglas y principios que compartimos, es la búsqueda de
la propia felicidad. En ocasiones puede tratarse de una acción heroica

44
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

o de sacrificio. O se puede referir a una acción que implique grandes


sufrimientos, es decir, estados mentales de displacer, o que incluso
impida modos de florecimiento valiosos. En todos estos casos resulta
implausible afirmar que lo que motiva al agente es su felicidad. Puede
ser que la felicidad concurra, como sostenía Aristóteles, como una
sensación que acompaña a la acción. Pero también puede ser que no
concurra, como el mismo Aristóteles notó: incluso una vida dedicada
a actividades virtuosas, en la ausencia de ciertos bienes, como la salud,
puede ser una vida miserable. Sea como fuese, la felicidad no parece
ser el motivo último de la acción.
Considere el siguiente caso27. Primer escenario: Juan quiere que
María le sea fiel, ella lo es, pero él cree que ella no lo es. Segundo esce-
nario: Juan quiere que María le sea fiel, ella no lo es, pero él cree que
ella lo es. El primer escenario se suele denominar «el infierno de los
idiotas»; y el segundo, «el paraíso de los idiotas». ¿Qué preferiría? ¿Ser
un Juan engañado que cree no serlo y es feliz, o un Juan no engañado
que se cree traicionado y es infeliz? No es trivial. Pero si considera que
no es evidente que haya que optar siempre por la felicidad, entonces
sostiene que esta no es lo único valioso. Hay ocasiones en que preferi-
mos una vida desgraciada pero, por alguna otra razón, más valiosa28.
Lo que está en juego es el valor de la propia vida. La pregunta acerca
del valor de la vida se relaciona, por cierto, con la pregunta acerca de
la felicidad: dentro del valor de la vida, la felicidad puede jugar un
rol. Pero es solo un rol entre muchos otros. El valor de la vida no se
reduce a la felicidad. Por esto es, al menos, curioso que simpatizantes
de corrientes conservadoras, que suelen proponer y sostener valores
superiores (como la transcendencia) celebren el paradigma reduccio-
nista del enfoque político de la felicidad.

27
Este caso, elaborado por Scanlon (1991), es una variación de un caso de Gibbard
(1986, p.169).
28
Citando a Gibbard: «La gente quiere cosas distintas al sentimiento de bienestar:
algunas veces ellos quieren venganza, otras veces fama póstuma, otras veces la
lealtad de los amigos o esposa, otras el bienestar de otros. Un marido celoso puede
incluso preferir un ‘infierno de los idiotas’ en el cual sus sospechas abundan pero su
mujer le es efectivamente fiel, a un ‘paraíso de los idiotas’ en el cual sus sospechas
sin aliviadas pero en los hechos él es engañado sin saberlo» (Gibbard 1986, p.169).

45
Daniel Loewe

2.3. La irreductibilidad de la justicia

Un problema central con el enfoque político es que felicidad no implica


justicia. Con otras palabras, el nivel relatado de felicidad no basta para
conformar un índice de bienestar que guíe políticas públicas justas. El
problema ha sido muy estudiado, así que lo trataré de un modo general.
Un modo de presentar este problema es por referencia al concepto
de «preferencias adaptativas» (Elster, 1983). Recurriendo a Esopo, una
preferencia es adaptativa si tiene la estructura de la fábula del zorro y
las uvas: el zorro quiere las uvas, pero, porque no las puede alcanzar,
las juzga agrias. Es decir, se adaptan las expectativas a las oportu-
nidades disponibles. Por cierto, todos nosotros adaptamos nuestras
expectativas a las oportunidades disponibles. No hay nada errado en
ello. Incluso puede ser una estrategia productiva para guiar nuestra
vida de un modo inteligente. Por ejemplo, si nos damos cuenta de que
no tenemos oído musical, es razonable desechar la ejecución musical
como carrera profesional. De este modo, se evitan frustraciones. Pero
esto se distingue de las preferencias adaptativas en sentido técnico.
Lo que las caracteriza es que el proceso de adaptación de las expec-
tativas a las oportunidades ocurre mediante un mecanismo causal no
escogido, es decir, sin nuestro control o conciencia. Por lo tanto, no
es equivalente a decidir racionalmente invertir las propias energías en
una carrera diferente a la musical. Al no alcanzarlas, el zorro no solo
decide seguir su camino lamentando su fracaso, como lo puede hacer
el músico frustrado, sino que juzga que están agrias. Las preferencias
adaptativas implican una distorsión en el proceso del juicio.
Constatar la existencia de preferencias adaptativas es de la mayor
relevancia si a lo que aspiramos es a diseñar e implementar políticas
públicas justas. Esto se debe a que en circunstancias de dominación
e injusticia, como, por ejemplo, desigualdades relativas a la raza, a
la casta, a la clase social o al género, la formación de preferencias
adaptativas es parte de una estrategia inconsciente de sobrevivencia.
Individuos acostumbrados a situaciones de escasez, o a ser objeto de
violencia, pueden tener un nivel alto de felicidad relatada, aunque vivan
situaciones de profunda injusticia. El fenómeno ha sido muy estudiado
en el caso de las mujeres (compare: Nussbaum, 2000). Como el escla-

46
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

vo feliz, todos aquellos que pueden alcanzar poco, a menudo, desean


poco. A modo de ejemplo: en el año 2010, el 68% de las mujeres en
Bután justificaba la violencia doméstica si es que olvidaban cocinar o
cuidaban mal a sus hijos29. Si le parece que aquí algo está mal, y que
habría que encontrar mecanismos para empoderar a las mujeres, en-
tonces es mejor que articule sus demandas en el lenguaje de la justicia,
porque el paradigma de la felicidad le diría algo muy diferente acerca
de lo que debe hacer.
Esta crítica también se puede realizar en el caso de disposiciones fa-
vorables. Podemos imaginar a un individuo con una disposición innata
a la felicidad. El pequeño Tim es pobre y paralítico. Sin embargo, bajo
cualquier estándar que se oriente de acuerdo al bienestar, el pequeño
Tim es feliz. Si en razón de su disposición innata a la felicidad, el pe-
queño Tim requiere de muy poco para alcanzar ese estado, entonces,
dispone de muchas oportunidades para ser feliz. Si la métrica de la
teoría es la felicidad, no habría obligaciones de justicia para compen-
sarlo y, así, subvencionar, por ejemplo, la adquisición de una silla de
ruedas. Pero esto no es razonable: el pequeño Tim necesita una silla de
ruedas para tener las capacidades de movilidad apropiadas (y, así, poder
alcanzar el funcionamiento correspondiente), independientemente de
si la necesita para ser feliz.
En este punto se aprecia con claridad cómo el enfoque político de
la felicidad promueve el mantenimiento del statu quo de situaciones de
opresión. Considere, por ejemplo, la referencia a las emociones que en-
contramos en los trabajos de Kahneman y su hedonic flow, pero también
de Seligman. En estos estudios, la felicidad se relaciona con emociones
positivas agrupadas que se contrastan con agrupaciones de emociones
negativas. Esto está lejos tanto del entendimiento clásico de las emociones
como de los mejores entendimientos actuales, al menos en su variante
cognitivista. Para Aristóteles, por ejemplo, la emoción debe ser apropiada.
Hay muchos casos en que la emoción puede no serlo. Considere, en este
caso, a la indignación. Esta emoción implica la creencia de que se ha
hecho un daño grave injustificado de un modo intencional, y que este

29
Ver: Country Reports on Human Rights Practices, United States Department of
State, Bureau of Democracy, Human Rights and Labor (2011). Recuperado de:
IUUQXXXTUBUFHPWEPDVNFOUTPSHBOJ[BUJPOQEG

47
Daniel Loewe

daño debe ser de algún modo reparado. Nuestro juicio, por tanto, puede
equivocarse de modos diferentes: puede ser que consideremos como
daño grave algo que no lo es (el ejemplo de Aristóteles: cuando alguien
olvida nuestro nombre); puede ser que nos equivoquemos en nuestra
apreciación del mundo y adjudiquemos intencionalidad al causante del
daño equivocadamente. O adjudiquemos responsabilidad a un actor
sin que lo haya sido. El juicio cognitivo de la emoción puede errar de
modos diversos, y si se equivoca, entonces la emoción no es apropiada.
Esto tiene consecuencias profundas al contrastarlo con el enfoque
político. El fin de la política pública no puede ser fomentar la felicidad
mediante un índice de emociones positivas. Estas pueden ser inapro-
piadas en la situación. Volviendo al caso en cuestión: en situaciones
de violencia u opresión, lo apropiado es desarrollar una emoción de
indignación, y es absurdo afirmar que la labor de las políticas públicas
debe ser fomentar las emociones positivas. De hecho, son estas emo-
ciones apropiadas las que subyacen a cualquier movimiento social que
aspire a cambiar un contexto que se considere como injusto. Felicidad
no es justicia. Incluso, en ocasiones se puede cementar en la injusticia.
No es razonable basar las demandas legítimas de los individuos sobre
índices de la felicidad. Por esta razón, es curioso que simpatizantes de
corrientes políticas de izquierda consideren que este nuevo paradigma
de la felicidad sea un desarrollo positivo.

Conclusiones
Cuando Alejandro Magno le preguntó a Diógenes el Cínico si podía
hacer algo por él, recibió una respuesta conocida y memorable: «Sí,
muévete que me estás tapando el sol». De acuerdo a la escuela cínica,
de la que Diógenes es uno de sus máximos exponentes, para ser feliz
no se necesita nada material.
Si los estudios científicos de la felicidad están en lo correcto,
Diógenes se equivocó. De acuerdo a la evidencia empírica nuestra,
felicidad no depende fuertemente de parámetros materiales externos.
Según dos de los autores más prolíficos e influyentes en estas investi-
gaciones, una de las contribuciones más importantes de estos estudios
realizados durante los últimos 30 años es que «los factores externos son

48
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

responsables sólo de una parte diminuta de la variación de bienestar


subjetivo» (Diener y Oishi, 1999, p. 286). Pero esto no implica que
no se relacione con ellos. De acuerdo a estos estudios, la felicidad del
promedio o la media de los individuos se relacionan, entre otros, con
su vida social y familiar, viajes más cortos entre casa y trabajo, con el
desarrollo de una vida espiritual o religiosa, con ayudar a otros, con
acceso al mundo laboral, oportunidades para nuestros hijos, contacto
con el medioambiente natural. Una política de la felicidad podría, en-
tonces, proponer el fortalecimiento y protección de la familia, cambios
urbanísticos, la implementación de oportunidades de participación
comunitaria, de desarrollo de inclinaciones espirituales, ya sean reli-
giosas o el contacto con la naturaleza. En cada caso, la justificación de
la política sería –como en el caso del utilitarismo– el incremento de la
felicidad total o del promedio.
Pero esto es un error intelectual con consecuencias políticas peli-
grosas. Esto no significa que argumentar contra el nuevo welfarismo
de la felicidad implique que estos aspectos no sean importantes. El
punto es otro: lo que los individuos merecen no puede depender de sus
niveles de felicidad. La libertad de los individuos no puede ser limitada
para hacerlos felices. Y la institucionalidad y políticas públicas deben
tener como norte la justicia por sobre la felicidad. Por ejemplo, que
el urbanismo debe tener en cuenta las necesidades y preferencias de
los individuos al establecer un plano regulador (en vez de considerar
solo las de las inmobiliarias, extendiendo la ciudad de un modo que
amenaza la calidad de vida y el medioambiente), no se retrotrae a
que así los ciudadanos serían más felices, sino al respeto debido que
implica asegurar ciertos bienes objetivos (estos pueden ser definidos
en modos diversos: en el enfoque en las capacidades, por ejemplo, se
trata de funcionamientos humanos valiosos) sin aceptar ciudadanías
de segunda clase. Y si pensamos –como yo lo hago– que es importante
diseñar políticas públicas que ofrezcan y fomenten oportunidades de
mantenimiento y contacto con el mundo natural, la mejor defensa no
es apelar a la felicidad que este contacto produce, sino que argumentar
en razón del enriquecimiento de la vida que estas oportunidades ofre-
cen (asumiendo las dificultades propias de cualquier perfeccionismo
soft): una vida valiosa que, como vimos, es distinto a una vida feliz. O

49
Daniel Loewe

argumentar en razón de la protección de los derechos de otros –por


ejemplo, animales no humanos o las generaciones futuras–, pero no
la felicidad del total o del promedio.
Hay al menos un aspecto en el cual la política de la felicidad sí
tiene algo que ofrecer para el diseño de políticas públicas: lo referente
a la salud mental. En este caso, es razonable argumentar que un índice
de felicidad puede servir, entre otros criterios, de guía en la elabora-
ción de políticas públicas que se focalicen en aspectos como ansiedad,
descontento crónico, o depresión. Sin embargo, el que en este contexto
acotado el enfoque político de la felicidad pueda ser efectivo y legíti-
mo, no implica que el foco deba ser el financiamiento de la cognitive
behavioral therapy o sus derivados, que son precisamente las terapias
que los psicólogos defensores del enfoque promueven y quieren ver
financiadas con fondos públicos (como ya se ha hecho en muchos ca-
sos). Por el contrario, el tipo de terapias debe considerar todas aquellas
que el estado del arte considere como apropiadas.
El enfoque político en la felicidad es una teoría política inapro-
piada. Independientemente del nivel de felicidad, los individuos tienen
demandas legítimas que deben ser tomadas en serio. Lo que el Estado
debe proveer no es nuestra felicidad, sino que un contexto social justo
y digno en el que podamos aspirar a realizarla30.

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Social Psychology, Vol. 36, (pp. 917-27).

30
En mi opinión, este contexto pasa por asegurar un mínimo en ciertas capacidades
fundamentales que permitan funcionamientos humanos valiosos, como propone
el enfoque en las capacidades desarrollado, entre muchos otros, por Martha Nuss-
CBVNZ"NBSUZB4FO -PFXF 
1FSPFTUBUFPSÎBFTEJGÎDJMNFOUFDPNQBUJCMF
con la política de la felicidad.

50
Contra la felicidad: Consideraciones críticas...

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54
¿Por qué FELICIDAD?

Wenceslao Unanue

1. La urgente necesidad de un NUEVO MODELO


DE DESARROLLO basado sobre la FELICIDAD y el BIENESTAR

La gran pregunta que hoy se está haciendo el mundo es cuál es el


camino al verdadero desarrollo. Desarrollo no es fácil de definir,
pero en resumidas cuentas es el proceso de expandir las posibilidades
de elección de las personas, con el objeto de que los seres humanos
puedan vivir –de forma plena– la vida que realmente les gustaría. En
este proceso, las sociedades deben ser capaces de satisfacer sus nece-
sidades presentes sin comprometer la capacidad de hacerlo con las
futuras. Por lo tanto, el verdadero desarrollo va mucho más allá del
mero crecimiento económico, el cual solo está focalizado en mejorar
las condiciones materiales de una sociedad. El verdadero desarrollo
debe apuntar a un cambio real en la calidad de vida de las personas,
de las comunidades, de las organizaciones, de los países y del planeta.
Lamentablemente, esta forma de entender y medir el desarrollo
no es la que impera actualmente en la mayor parte del mundo (Chile
incluido). Hoy, desafortunadamente, se impone una visión errada de
desarrollo, centrada en torno a lo material y a la maximización de la
producción como claves para mejorar la calidad de vida de las personas
y de las naciones. En este sentido, el Producto Interno Bruto (PIB) se ha
convertido en la medida internacionalmente más aceptada para evaluar
el progreso. De hecho, para considerar si un país es desarrollado o no,
solo se tienden a mirar sus indicadores de ingreso per cápita.
No hay duda de que el ingreso es importante, sobre todo cuando
nos enfrentamos a la pobreza extrema. Sin embargo, evidencia científica

55
Wenceslao Unanue

reciente muestra que a nivel individual (personas), la excesiva presión


que nos hemos autoimpuesto por lo material (incluido el «éxito»),
está llevando a Chile (y al mundo entero) a una encrucijada que está
colocando en serio peligro tanto nuestra calidad de vida personal, como
la convivencia social y la sustentabilidad del planeta. Además, a nivel
macro (país), el tener como principal indicador de calidad de vida el
PIB ha agravado esta situación. Hoy, a pesar del tremendo progreso
tecnológico y económico que hemos vivido en las últimas décadas, ni
Chile ni el mundo han sabido solucionar definitivamente los grandes
temas que hoy nos aquejan: la desigualdad, la pobreza extrema, el
aumento de enfermedades mentales y adicciones, la crisis climática, la
degradación del ecosistema, entre otros.
Por lo tanto, se hace urgentemente necesario un Nuevo Modelo de
Desarrollo. Tal como lo planteara el secretario general de las Naciones
Unidas, Ban Ki-moon: «El viejo modelo ha colapsado… y, por lo tanto,
ha llegado el tiempo de invertir en la gente» (Ki-moon, 2012). Hoy
necesitamos un nuevo modelo que incorpore indicadores y criterios
apropiados de calidad de vida, donde no solo se evalúe lo material
como sinónimo de progreso.
Una de las propuestas que más fuerza ha tomado en los últimos
años para modificar nuestro tradicional modelo de desarrollo basado
en el PIB y en lo material, es aquella que considera la capacidad de
las sociedades de ser felices (NDP Steering Committee and Secretariat,
2013). En este modelo, las políticas públicas juegan un rol clave a la
hora de colocar la búsqueda y potenciación de la felicidad y el bienestar
subjetivo como objetivos fundamentales del desarrollo de sus países. En
este sentido, es clave destacar dos aspectos centrales. Primero, que la
visión de felicidad planteada NO es una visión individualista y egoísta
de placeres momentáneos. Por el contrario, corresponde a una visión
de felicidad colectiva y social, definida como un profundo sentido de
harmonía con el mundo natural y con los demás seres humanos, donde
el altruismo y la compasión tengan un rol clave. En este modelo, la
verdadera felicidad se alcanza con una buena salud (mental y física), con
conocimiento y aprendizaje constante, con paz y seguridad, con justicia,
con igualdad y equidad, con comunidades interconectadas, con relacio-
nes significativas con otros y con nuestro entorno, con la valoración y

56
¿Por qué felicidad?

respeto por nuestra cultura y por nuestra raíces, con un buen gobierno,
y con el respeto y cuidado del medioambiente y de nuestra diversidad
ecológica. Por lo tanto, para los impulsores de un Nuevo Modelo de
Desarrollo, el verdadero progreso debería estar guiado por la búsqueda
tanto de un bienestar físico como mental, emocional y espiritual que
esté en harmonía con la naturaleza, y donde los seres humanos sean
capaces de desarrollar sus máximas capacidades y potencialidades.
En segundo lugar, el rol de las políticas públicas no puede ser obligar
autoritariamente a los ciudadanos a ser felices. Por el contario, deben,
simplemente, generar las condiciones necesarias para que las personas,
las comunidades, las organizaciones, y las naciones puedan florecer y
alcanzar sus máximas potencialidades, dando sustentabilidad tanto a
las presentes como a las futuras generaciones.
En un modelo como este hemos estado trabajando durante más de
dos años junto al Gobierno de Bután y a un grupo de profesionales de
todo el mundo. Producto del esfuerzo coordinado de un conjunto de
organizaciones internacionales y de diversas personas que creemos que
es posible construir un mundo mejor, hemos presentado recientemente
a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) un reporte (NDP
Steering Committee and Secretariat, 2013) que lleva por nombre Hap-
piness: Towards a New Development Paradigm (Felicidad: Hacia un
Nuevo Paradigma de Desarrollo). Este documento marca un gigantesco
hito en el involucramiento de Bután y de su grupo de colaboradores
(llamado IEWG, Grupo de Trabajo de Expertos Internacionales) respec-
to de la discusión mundial actual sobre la forma de entender y medir
nuestro desarrollo. Esperamos ser un real aporte a la construcción de
un mundo más sustentable, justo y feliz.

1.1. Algo de historia

En julio del 2011, en uno de los acuerdos más notables de las últimas
décadas, la Organización de las Naciones Unidas adoptó –por consen-
so del pleno de sus miembros (Chile incluido)– la resolución llamada
Felicidad: hacia un modelo holístico de desarrollo. En ella –resolución
inspirada en el modelo de desarrollo de Bután– se hace un llamado
formal y concreto a los gobiernos del mundo a colocar en el centro

57
Wenceslao Unanue

de sus políticas públicas la felicidad de sus habitantes. A partir de esta


resolución, Bután, con el apoyo de la ONU, organizó una reunión del
más alto nivel en la sede central de esta, a la cual asistieron más de 800
líderes internacionales del ámbito público, académico, espiritual, y de
la sociedad civil mundial. La Presidenta Bachelet –como representante
de ONU Mujeres – y otros renombrados expertos tales como el premio
Nobel Joseph Stiglitz y el fundador de la psicología positiva Martin
Seligman, fueron algunos de los invitados a presentar sus visiones sobre
felicidad. Luego de esta reunión clave, se le solicitó formalmente a Bután
liderar un proceso para repensar concretamente un Nuevo Modelo de
Desarrollo, donde la felicidad de los seres humanos, y el bienestar de
toda forma de vida sobre la Tierra, estuviesen en el centro del modelo.
A partir de ese momento, Bután formó un equipo de trabajo con un
grupo de profesionales de renombre mundial para que colaboraran en
la formulación de las bases de este nuevo modelo. Esto, con el objetivo
central de presentar, a mediano plazo, una propuesta a la ONU que
fuese discutida al más alto nivel nacional e internacional. Propuesta
que tendría como motivación central el que las personas, las comuni-
dades, las organizaciones y los países se involucrasen decididamente
en la construcción de un mundo mejor.
El grupo de profesionales invitados por Bután recibió el nombre
de International Expert Working Group (IEWP; Grupo de Trabajo de
Expertos Internacionales), el que finalmente llegaría a estar compuesto
por 71 destacados profesionales de diversas disciplinas (economía,
psicología, neurociencias, medioambiente, educación y filosofía, entre
otras).
Luego de un arduo trabajo, la propuesta ha sido recientemente
plasmada en un reporte (NDP Steering Committee and Secretariat,
2013) despachado al más alto nivel de la ONU. El reporte, orientado
a pensar en un Nuevo Modelo de Desarrollo (NDP) llevó por nombre
Happiness: Towards a New Development Paradigm (Felicidad: Hacia
un Nuevo Paradigma de Desarrollo). Dada la relevancia de sus conclu-
siones, y la atingencia para el momento que la humanidad está viviendo,
el reporte fue entregado al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon
(solicitándose circularlo con todos los estados miembros dentro de los
que Chile forma parte), al presidente de la sesión 68a de la Asamblea

58
¿Por qué felicidad?

General de la ONU, y al administrador de las Naciones Unidas. Este


reporte ha sido, además, presentado oficialmente en la ONU como un
medio de contribución a la agenda de discusiones sobre los Objetivos
de Desarrollo del Milenio post 2015.
En el reporte, en el cual tuve la oportunidad de participar, traba-
jamos con muchos de los expertos más reconocidos en el ámbito de
la felicidad y el bienestar a nivel mundial, pero también con grandes
personalidades del lado del desarrollo humano, del medioambiente, de
la economía ecológica, entre otros. Para nosotros fue todo un honor
estar en el mismo grupo de trabajo junto a un chileno tan destacado
como lo es Manfred Max-Neef, pero también junto a nuestros amigos
de Bután, y a diversos otros líderes mundiales tales como Ed Diener,
Matthieu Ricard, Martin Seligman, Alejandro Adler, David Susuky,
Richard Wilkinson, Kate Pickett, Sabina Alkire, Richard Davison,
%BOJFM(JMCFSU &OSJDP(JPWBOOJOJ +PIO)FMMJXFMMZUBOUPTPUSPTBT

1.2. Algunas propuestas concretas para un Nuevo Modelo de Desa-


rrollo

Dentro de las propuestas planteadas por Bután y el IEWG a la ONU


se encuentran las siguientes1:

a) El modelo tradicional, basado fundamentalmente sobre el PIB y lo


material, ha fracasado. Por lo tanto, es tiempo de dar paso a un nuevo
modelo, donde el capital humano sea más importante que el capital
físico y que el financiero. Hoy en día, es clave invertir en las personas.
Los grandes problemas que hoy prevalecen en la humanidad (pobre-
za, desigualdad, enfermedades mentales, crisis climática, degradación
ecológica, etc.) se enraízan en la incapacidad de reconocer que el PIB
está –en la actualidad– completamente obsoleto como única medida
de progreso. Por lo tanto, debe ser reemplazado por una medida más
holística de desarrollo, la cual debe estar basada sobre la felicidad.

1
Basado en NDP Steering Committee and Secretariat (2013). Es clave destacar que
las interpretaciones/traducciones del reporte vertidas en este documento son de
exclusiva responsabilidad de Wenceslao Unanue, miembro del IEWG. En este re-
sumen se presentan solo algunas de las propuestas. Más detalle se puede encontrar
en el reporte oficial.

59
Wenceslao Unanue

En este sentido, se propone directamente reemplazar el PIB por un


indicador de felicidad societal y evaluar nuestro progreso a partir de
la capacidad que tengamos de mejorar en los aspectos recogidos por
este indicador.

b) El modelo e indicador mencionado en (a) debe recoger diversos


aspectos clave para el progreso de una sociedad. Por ejemplo, creemos,
que se debe seguir dando importancia a los aspectos materiales. Sin
embargo, debemos también incorporar nuevos elementos. Por ejemplo,
salud y educación deben ocupar un rol clave en el nuevo indicador
de progreso. Pero, además, nuestro modelo propone incorporar otro
tipo de variables que hasta ahora prácticamente ninguna sociedad lo
ha hecho explícitamente al definir y medir el desarrollo. Para noso-
tros, una sociedad debiera incorporar elementos tan relevantes para
la calidad de vida como:
(i) El uso del tiempo, es decir, de qué manera las personas logran
distribuir balanceadamente su tiempo entre el trabajo, la fa-
milia y amigos; la comunidad; el tiempo para ayudar a otros;
etc.
(ii) La vitalidad comunitaria, de qué manera las personas, las
familias y las comunidades forman lazos significativos; cómo
evoluciona la confianza y el capital social en un país; hasta
qué punto nos sentimos seguros y estables en la sociedad en
que vivimos; hasta qué punto le vemos sentido y/o propósito
de vida a lo que hacemos.
(iii) La protección del medioambiente y de la diversidad ecológi-
ca, de qué manera estamos protegiendo el medioambiente y
el ecosistema tanto para las actuales como para las futuras
generaciones.
(iv) La cultura y la resiliencia, por ejemplo, el respeto por la diver-
sidad cultural; el respeto por las tradiciones y por los pueblos
originarios; el respeto y la mantención de nuestra identidad
histórica; etc.
(v) El buen gobierno, de qué manera nuestra sociedad incentiva
la participación civil de los individuos y de los actores locales;
de qué manera promovemos una adecuada formación cívica

60
¿Por qué felicidad?

y política, junto con el interés en lo público; hasta qué grado


el gobierno es transparente y protege/fortalece la equidad y
la justicia social; de qué manera nuestro sistema de gobierno
se preocupa de una democrática y equitativa repartición del
poder a lo largo de toda la sociedad; y de qué manera nuestras
instituciones promueven y defienden la justicia.
(vi) El bienestar subjetivo, de qué manera nuestra sociedad protege
y promueve la felicidad individual, la salud mental, el sentido
de vida, la espiritualidad –que no es lo mismo que religiosi-
dad–, etc.

c) Debemos cambiar y reorientar nuestros hábitos y patrones de consu-


mo. El antiguo modelo –inspirado en la falsa premisa de que podemos
crecer ilimitadamente y que nuestros deseos serán siempre ilimitados–
está llevando a la destrucción del planeta y empeorando la calidad
de vida de los seres humanos. En este sentido, los ritmos de consumo
(sobre todo en los países desarrollados y de las personas más ricas)
deben disminuir drásticamente. Si este mantiene sus actuales ritmos de
crecimiento, se necesitarían 3 planetas el 2050 para absorber las necesi-
dades humanas. Por lo tanto, debemos enfatizar el cambio de nuestros
estilos de vida a modos sencillos donde prioricemos lo intrínseco y no
lo material. Debemos aprender a diferenciar «la necesidad» del «que-
rer/desear». Lo primero es sostenible; lo segundo, nos está llevando al
colapso, pues va más allá de lo que el planeta puede soportar. Por lo
tanto, debemos empezar a valorar la vida por sobre la riqueza material
y la acumulación. En este sentido, la educación posee un rol clave en
términos de formar personas y no consumidores. La educación debe
ayudar a formar personas que se sientan felices por el hecho de vivir,
de participar en una sociedad, y de disfrutar de sus potencialidades, y
no solo por los bienes materiales que puedan consumir. La educación
debe, por tanto, tener un rol clave en la formación de una sociedad
más sustentable, menos materialista y más feliz.

d) Para poder cambiar el antiguo paradigma de desarrollo basado


sobre el PIB y en lo material, y reemplazarlo por un Nuevo Paradigma
de Desarrollo –basado sobre la felicidad y el bienestar– necesitamos

61
Wenceslao Unanue

un profundo cambio en nuestros valores y en los que trasmite nuestra


sociedad. Por lo tanto, en el modelo propuesto, el altruismo y la gene-
rosidad deben ser valores clave de trasmitir y enseñar. La cooperación,
la lealtad, y la generosidad entre los seres humanos y el planeta (y no
su competencia) deben ser el motor del progreso y la fuente esencial de
satisfacción y felicidad en nuestras vidas. Diversas investigaciones han
mostrado los beneficios del altruismo tanto para el bienestar individual
humano como también para la justicia social, la paz, la disminución
de la pobreza y la sustentabilidad del planeta (Dambrun y Ricard,
2011; Ricard, 2013).

e) Tal como argumenta el famoso economista Manfred Max-Neef,


miembro del IEWG, en el nuevo modelo propuesto debe haber un
cambio fundamental en la relación economía –seres humanos– y
planeta. La economía debe comenzar a estar al servicio de los seres
humanos y del planeta, y no los seres humanos ni el planeta al servicio
de la economía, como ha tendido a suceder hasta ahora (Max-Neef,
Elizalde y Hopenhayn, 2010).

1.3. El impacto y el momento

Creemos firmemente que el momento no puede ser más oportuno para


reorientar los objetivos del desarrollo hacia la verdadera felicidad
humana y el bienestar planetario. Actualmente, existe un consenso
mundial creciente respecto de la necesidad y urgencia por un Nuevo
Modelo de Desarrollo. Es nuestro más sincero deseo que los esfuerzos
de la humanidad en su conjunto se dirijan hacia mejorar la calidad
de vida de las personas, de las comunidades, de las organizaciones,
de los países y del planeta, con el gran objetivo en mente de construir
una sociedad donde las más altas aspiraciones humanas puedan ser
cumplidas. En este sentido, estamos convencidos de que la búsqueda
de la felicidad –tanto individual como social– puede ser una ayuda
clave con miras a lograr tan preciado y necesario fin.

62
¿Por qué felicidad?

2. ¿De qué hablamos cuando hablamos de FELICIDAD?


La noción de felicidad jamás ha estado exenta de controversias (Mar-
tínez, Inanovic-Zuvic y Unanue, 2013). A modo de ejemplo: no es
extraño observar que, al menos en el lenguaje cotidiano, la felicidad
es constantemente asociada a una búsqueda hedonista del placer y del
disfrute de la vida. Sin embargo, la verdadera noción de felicidad va
mucho más allá. Cuando hoy en día hablamos de ella, nos referimos a
un real estado de florecimiento que refleja la actualización de las poten-
cialidades humanas, y que está en armonía con nuestras comunidades,
organizaciones, y con el planeta al que pertenecemos.
En un principio, la ciencia prefirió hablar de bienestar subjetivo
más que de felicidad. Esto, dada la dificultad para definir el concepto.
El bienestar subjetivo (Diener, 1984) correspondería a un constructo
multidimensional que reflejaría un sentido de plenitud con nuestras
vidas, tanto en términos afectivos (el cómo la persona se siente) como
cognitivos (el cómo esta persona evalúa su vida). Por lo tanto, una
persona feliz sería aquella que piensa que su vida va bien, pero que
además experimenta sentimientos en esta misma línea (Diener, 1984;
Diener, Scollon y Lucas, 2003).
El concepto de felicidad limitado meramente al bienestar subjetivo
(conocido como paradigma hedónico del bienestar) tampoco ha estado
exento de controversias. Como alternativa al paradigma hedónico del
bienestar subjetivo, el paradigma eudaimónico –propuesto originalmen-
te por Aristóteles– plantea que para alcanzar el bienestar y la felicidad
deberíamos ser capaces de vivir una vida de contemplación y virtud,
en armonía con nuestra propia naturaleza humana. En este sentido, la
felicidad vendría siendo el bien más elevado al que podríamos aspirar
(Aristóteles, 1985) y debería ser visto como el objetivo último de nuestra
existencia. Por lo tanto, la felicidad desde el paradigma eudaimónico,
estaría no solo en el placer instantáneo superficial, sino que sería un
proceso dinámico con miras a una vida de involucramiento en activi-
dades percibidas como significativas e internamente recompensatorias
(Ryan y Deci, 2001).
Recientemente, la nueva ciencia de la felicidad ha concordado en
que el verdadero bienestar y la verdadera felicidad debieran integrar

63
Wenceslao Unanue

ambos paradigmas (Seligman, 2011; Ryff y Keyes, 1995). En ese


sentido, la felicidad debiera venir tanto del sentirse bien (emociones
y pensamientos) como del funcionar bien (crecer personalmente; en-
contrarle sentido y propósito a la existencia, lograr un elevado nivel
de autonomía, poder autorrealizarse; construir relaciones significativas
con quienes me importan y a quienes les importo; alcanzar un impor-
tante sentido de logro; experimentar flujo e involucramiento (Delle
Fave, Massimini, y Bassi, 2001; Ryan y Deci, 2000; Ryff y Keyes,
1995). Un concepto de felicidad que incorpore todos los elementos
mencionados es el que actualmente ha recibido el nombre de «flore-
cimiento humano» (Ryff y Keyes, 1995; Seligman, 2011; Seligman y
Csikszentmihalyi, 2000).
Cabe destacar que tanto en los modelos occidentales como orien-
tales de desarrollo, la investigación transcultural ha demostrado que
la felicidad y el bienestar no se podrían lograr sin un vínculo con los
otros. Investigación reciente (Unanue, Vignoles y Dittmar, 2013b) ha
demostrado que uno de los principales determinantes de la felicidad
serían las relaciones humanas, a través de la cercanía afectiva con
nuestras familias, amigos, comunidades, y con la sociedad a la que
pertenezcamos (Layard, 2011; Layard, Clark y Senik, 2012). Por lo
tanto, la búsqueda de la verdadera felicidad no podría entenderse
solo como una individualista del placer y del goce, sino que muy por
el contrario: sería una búsqueda con otros y para otros, la cual debe
ir en armonía con nuestras organizaciones, nuestras comunidades y el
planeta al que pertenecemos.
Este concepto de felicidad individual y societal es la idea que hoy
queremos difundir y promover como el Nuevo Paradigma de Desarrollo
propuesto. Actualmente tenemos la urgente necesidad de buscar mo-
delos de desarrollo que incorporen sistémicamente a los seres vivos en
su relación armónica con los otros y con la naturaleza. Solo pensando
en nuestro bienestar y felicidad desde los otros, podremos ser capaces
de construir un modelo de desarrollo sustentable.

64
¿Por qué felicidad?

3. Los beneficios de la FELICIDAD: Lecciones de una nueva


ciencia2
Nuestro actual modelo de desarrollo, basado fundamentalmente sobre
la maximización del PIB y del consumo, ha acarreado innumerables
beneficios a la humanidad. Sin embargo, a pesar de que en las últimas
décadas el mundo ha experimentado los mayores avances tecnológicos
de su historia y, con ello, un inimaginado progreso económico, los ha-
bitantes de la Tierra nos estamos viendo enfrentados al menos a cinco
grandes dilemas que han puesto en tensión el futuro de la humanidad
(Gobierno Real de Bután, 2013).
Primero: la crisis medioambiental. El calentamiento global, la
disminución de la diversidad ecológica, y la degradación de nuestro
ecosistema se han convertido en los desafíos más importantes del pre-
sente siglo (Banco Mundial, 2013a). Además, como planeta estamos
consumiendo nuestros recursos naturales un 35% más rápido de lo
que pueden renovarse, lo que en pocos años podría llevarnos a una
crisis energética y ecológica irreversible (Agencia Internacional de
Energía, 2012).
Segundo: los elevados niveles de pobreza –a nivel local y mun-
dial– están afectando gravemente la legitimidad de nuestro modelo
de desarrollo. Si bien es cierto que la pobreza extrema ha caído desde
un 52% (1981) hasta un 22% (2008), desde el 2008 hasta la fecha no
se han seguido observando disminuciones significativas. Actualmente,
según el Banco Mundial (2013b), cohabitan en la Tierra más de 1.300
millones de personas en extrema pobreza (que viven con menos de US$
1 al día). En Chile, la cifra de pobres alcanza a aproximadamente 2.5
millones de habitantes.
Tercero: los vergonzosos niveles de desigualdad. Al año 2013
(Thinley, 2012), el 20% más rico de la población mundial consumía
el 86% de sus recursos, mientras que el 20% más pobre solo el 1.3%.
El 20% de los más ricos utilizaba el 58% de toda la energía del plane-
ta; mientras que el 20% más pobre, menos del 4%. El 20% más rico
producía el 63% de los gases con efecto invernadero; mientras que el

2
Sección que reproduce las importantes contribuciones de Martinez, Ivanovic-Zuvic,
y Unanue (2013).

65
Wenceslao Unanue

20% más pobre generaba solo el 2%. El 20% más rico consumía el
84% de todo el papel y poseía el 87% de los vehículos, mientras que
el 20% más pobre usaba menos del 1% de ambos. Además, a nivel
país, Chile es uno de los ejemplos más preocupante de desigualdad
socioeconómica (Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos, 2011a), ostentando el índice de Gini más alto dentro de
toda la OCDE y uno de los más elevados en el mundo.
Diversos defensores del modelo económico imperante han plan-
teado que las desigualdades serían inherentes a la condición humana
y, por lo tanto, deberíamos aprender a vivir con ellas. Sin embargo,
investigaciones sobre altruismo han demostrado lo equivocado de tales
argumentos (Ricard, 2006). Asimismo, ha quedado demostrado que
el peligro de las desigualdades no solo radica en la injusticia social
que conllevan, sino que además se asociaría a múltiples e indeseables
problemas sociales que estarían poniendo en riesgo la sana convivencia
y el futuro de nuestras democracias. A modo de ejemplo, Wilkinson
y Pickett (2011) han encontrado en sus estudios que a medida que
la desigualdad aumenta, también lo hacen la mortalidad infantil, los
homicidios, el número de prisioneros en las cárceles, el embarazo
adolescente, la obesidad y las enfermedades mentales. Igualmente, la
desigualdad haría caer la confianza, el bienestar infantil y las tasas de
innovación.
Cuarto: los graves problemas de gobernabilidad, junto a las con-
siguientes revoluciones civiles que hemos observado durante el último
tiempo en diversas naciones del globo (Egipto, Siria, entre otras), es-
tarían poniendo en serio riesgo la estabilidad democrática de nuestro
sistema de convivencia a nivel mundial.
Por último, las demandas por un mayor progreso material que
hemos visto durante las últimas décadas, habrían puesto una enorme
presión sobre la salud física y mental de la población. El crecimiento
económico acelerado de muchos países, como Chile, ha llevado a
que las «tensiones del modelo social» se traduzcan en la aparición
de síntomas psiquiátricos y psicosomáticos. Los individuos en estos
escenarios deben ofrecer soluciones biográficas a contradicciones sis-
témicas con un claro costo en su salud mental (Aceituno, Miranda y
Jiménez, 2013). Hoy en día, podemos observar aumentos sin preceden-

66
¿Por qué felicidad?

tes en las tasas de obesidad, estrés, depresión, suicidios, alcoholismo,


drogadicción, ansiedad, y automedicación a nivel mundial. Chile, por
ejemplo, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos (2011b), es la segunda nación que más ha aumentado su
tasa de suicidio (55%) en los últimos 15 años, siendo superado solo
por Corea del Sur. Además, nuestras tasas de depresión y obesidad no
están lejos de las de los países más enfermos del planeta.
Para la ONU, gran parte de estos dilemas tendrían su origen en la
forma en que hemos venido entendiendo y midiendo el «progreso».
Esto, debido a que hemos estado conviviendo con un sistema económico
donde su estandarte ha sido el crecimiento del PIB, mientras que el ser
humano ha pasado a segundo plano. Como consecuencia, hemos visto
un desmedido afán por promover un crecimiento económico ilimitado
en un planeta que, como ya sabemos, posee recursos finitos.
Afortunadamente, y como hemos visto con anterioridad, en la
actualidad existe un consenso internacional respecto de la necesidad de
un Nuevo Paradigma de Desarrollo. Actualmente, un modelo basado
exclusivamente sobre el crecimiento económico y el consumo se ha
hecho insostenible. En este sentido, han surgido voces de prestigiados
científicos mundiales (incluidos varios Nobel de Economía) que nos
han demostrado que, si bien es cierto que el crecimiento económico
puede ayudar a mejorar diversos indicadores de progreso material,
esto no se ha traducido en un progreso real de la calidad de vida de
las naciones. Por lo tanto, lo que necesitaríamos sería un paradigma
alternativo de desarrollo, donde la búsqueda de la riqueza material se
subordine a un modelo de sociedad sustentable, y donde el ser humano
y la sustentabilidad del planeta estén al centro de este.
En este sentido, para Bután, la ONU y diversas organizaciones
internacionales, los cambios que urgentemente el mundo necesita de-
ben estar basados sobre la felicidad. Esto, dado que la felicidad –tanto
humana como societal– sería el indicador que mejor puede reflejar
la calidad de vida de los individuos y el verdadero progreso de una
nación. Pero, además, porque se ha descubierto que la felicidad puede
ser parte de la solución a los cinco graves dilemas que el mundo está
enfrentando. Por ejemplo, más de treinta años de investigación cientí-
fica han demostrado que la felicidad tiene notables implicancias en la

67
Wenceslao Unanue

calidad de vida de la población y de sus habitantes. A nivel individual,


las personas más felices poseen menores niveles de ansiedad, estrés
y depresión; sus sistemas inmunológico y cardiovascular están más
protegidos; son menos propensos a la obesidad y a las adicciones, y
viven más años (Diener y Tay, 2012). Además, a nivel organizacional,
las personas más felices son más productivas, cooperativas y creativas,
lo que debería aportar a un mayor y mejor progreso social para ir en
ayuda de los más pobres. Finalmente, a nivel societal y planetario, las
personas más felices protegen más el medioambiente, ayudan de mejor
forma a mantener la paz social, y luchan con más fuerza por reducir
las inequidades y la pobreza.
Por lo tanto, potenciar la felicidad tanto de las personas como de
las comunidades, de las organizaciones y de los países, se ha transfor-
mado en un imperativo ético y moral para los seres humanos, para los
gobiernos y para las políticas públicas. Sin duda, un mundo más feliz
podría ayudar a disminuir la actual crisis medioambiental, la pobreza,
las inequidades, las adicciones, las enfermedades mentales y los riesgos
de inestabilidad democrática.
El desafío, por lo tanto, es cómo implementar este Nuevo Paradig-
ma de Desarrollo. A esta tarea gigantesca se ha venido abocando desde
hace decenas de años el Reino de Bután. De hecho, su rey ya en los años
70’ declaraba al mundo que para ellos era más importante la Felicidad
Interna Bruta (FIB) que el Producto Interno Bruto (PIB). A partir de
esa declaración, Bután se ha concentrado en evaluar y potenciar su
FIB, incluyendo indicadores de bienestar psicológico, distribución del
tiempo, vitalidad comunitaria, diversidad cultural y sustentabilidad,
como medidas de progreso social.
Siguiendo las recomendaciones y el ejemplo del modelo butanés,
en el año 2011, en un hecho histórico, la Asamblea General de las
Naciones Unidas y el pleno de sus miembros –incluido Chile– hizo
un llamado formal a la construcción e implementación de este Nuevo
Paradigma de Desarrollo basado en la felicidad (Organización de las
Naciones Unidas, 2001). Con esta declaración quedaría establecido
que la felicidad debería ser el objetivo central de los estados y de las
políticas públicas.

68
¿Por qué felicidad?

A partir de esta resolución del 2011, y a petición de la ONU, Bután


ha comenzado a liderar el proceso para la implementación de este Nuevo
Paradigma de Desarrollo. Para ello, ha convocado a un grupo de trabajo
de líderes mundiales –economistas, cientistas sociales, expertos en salud
mental, altos representantes de la sociedad civil, del mundo político y
espiritual– con el objetivo de abordar la tarea de generar las recomen-
daciones necesarias para implementar este nuevo modelo. Este cambio
de paradigma debería ser capaz de ayudar a reorientar las metas del
desarrollo hacia un modelo donde el ser humano y toda forma de vida
en la Tierra estén en el centro de las políticas públicas y de los objetivos
de las personas, las comunidades, las organizaciones y el planeta.
Este Nuevo Paradigma de Desarrollo deberá buscar, por lo tanto,
maximizar la felicidad humana y societal, aspirando a satisfacer nues-
tras necesidades físicas/materiales, emocionales, espirituales (sentido),
y relacionales de la mejor forma posible. Solo de esta manera, nuestro
nuevo modelo de desarrollo podrá ayudar a revertir el calentamiento
global, a proteger nuestro ecosistema, a disminuir la pobreza y las des-
igualdades, y a mejorar la salud mental de la población, llevándonos
a un estado de florecimiento pleno.
Probablemente, lo que están proponiendo Bután y la ONU ha sido
uno de los cambios más radicales que el mundo ha experimentado
en pos de su florecimiento y de la disminución de las injusticias, la
miseria, y del sufrimiento humano en toda su historia. Sin embargo,
a pesar de que parezca lejano, la evidencia muestra que el cambio es
completamente posible. Jamás la humanidad había contado con la
abundancia material ni con el avanzado conocimiento tecnológico que
tenemos en la actualidad. Solo debemos cambiar el foco y comenzar la
búsqueda de una felicidad sustentable. En este sentido, el reporte del
IEWG (NDP Steering Committee and Secretariat, 2013) presentado
al más alto nivel de las Naciones Unidas, y abordado al principio de
este capítulo, pretende ser un insumo clave para la implementación de
este nuevo modelo de desarrollo, y para la construcción de un mundo
más justo, feliz y sustentable.

69
Wenceslao Unanue

4. ¿Es posible incrementar el bienestar y la FELICIDAD?


El rol de las políticas públicas
Tal como lo proponen Unanue, Martínez y Von Wolfersdorff (2013),
el abordar políticas públicas para la felicidad implica necesariamente
preguntarse por lo apropiado de entregarle un rol activo a los estados en
estas materias. Opiniones a favor y en contra se han esgrimido durante
años. Sin embargo, lo primordial para evitar confrontaciones y debates
en un tema tan trascendente como este, es aclarar desde el inicio que lo
que se pretende está lejos de ser el solicitarle a los gobiernos tratar de
«forzar» u «obligar» a sus habitantes a ser felices. Muy por el contrario,
lo que esta línea de pensamiento argumenta, es que los estados tienen
un rol clave e ineludible en la generación de las condiciones necesarias
y de un marco regulatorio para que los habitantes, las comunidades,
las organizaciones, los países y el planeta puedan florecer y alcanzar
sus máximas potencialidades. Sin estas condiciones mínimas, difícil-
mente podremos lograr la tan anhelada felicidad individual y societal,
y mucho menos un mundo más justo, feliz y sustentable.
En ese sentido, y con el objetivo de poder diseñar políticas públicas
orientadas a incrementar la felicidad y el bienestar humano, cabría
preguntarse por los factores abordables desde el Estado que pudiesen
influir en nuestra real calidad de vida.
Diversas disciplinas académicas han contribuido al debate sobre
cómo generar las condiciones óptimas que permitan a los seres huma-
nos y al mundo florecer. Siguiendo un detallado análisis, el Reporte de
Felicidad Mundial (2012) estudió aquellos factores que más podrían
influir en el bienestar y la felicidad de las personas y del planeta.
Dentro de ellos, destacan significativamente el trabajo, la salud (tanto
mental como física), la educación, y la corrupción, entre otros. Como
un descubrimiento clave se encuentra, además, el hecho de que es
imprescindible que cualquier política pública orientada a estos fines
no solamente aborde la dimensión individual de estas variables, sino
que además su dimensión colectiva. Por lo tanto, cobra un valor tras-
cendental el fomentar el sentido colectivo, los valores, la confianza, el
altruismo y la vida en comunidad.

70
¿Por qué felicidad?

De esta manera, el gran rol de los gobiernos debe ser orientarse


a fomentar aquellos factores clave determinados por la literatura
científica. En este sentido, y tal como lo plantean Unanue, Martínez y
Von Wolfersdorff (2013), hoy deberían ser temas prioritarios para un
estado los siguientes:
1. Reconocer la búsqueda de la felicidad como un objetivo hu-
mano fundamental.
2. Introducir a nivel estatal indicadores que midan estas variables
tanto a nivel individual como societal.
3. Fomentar en nuestra sociedad (y sobre todo a través de nuestras
escuelas) los valores que se han visto influir más directamente
en el bienestar y la felicidad de la población. Valores tales como
la empatía, el altruismo, las relaciones de confianza, la parti-
cipación y cohesión social, la protección del medioambiente,
la honestidad y la solidaridad (entre otros) son clave a la hora
de pensar en construir una mejor sociedad.
4. Regular y delimitar la publicidad comercial infantil.
5. Lograr que la política pública urbanística, los sistemas de trans-
porte y las obras públicas incorporen el bienestar y la felicidad
de las personas como objetivo primordial del desarrollo.
6. Otorgar prioridad nacional a la promoción de la salud mental
en Chile.
7. Darle prioridad a las políticas públicas que abordan la dismi-
nución de la desigualdad y de las injusticias sociales.

En definitiva, los estados tienen un rol clave que cumplir a la hora


de generar las condiciones y los marcos regulatorios necesarios que
fomenten el bienestar y la felicidad. Su rol no es producir ciudadanos
felices, pues aquello sería casi imposible de cumplir. Su papel es más
simple y más concreto. Es un rol de proveedor de condiciones y de
capacidades, clave en la construcción de un mundo mejor.

5. Conclusiones
La palabra felicidad a nadie deja indiferente. Y puede ser por el simple
hecho de que, para muchos, resulta altamente invasiva. Sin embargo,
el hablar y medir la felicidad hoy es extremadamente necesario. Y lo
71
Wenceslao Unanue

es porque cuando hablamos de felicidad, empezamos a crear felicidad.


Y cuando empezamos a medirla, comenzamos a preocuparnos de ella
y a generar políticas públicas que la estimulen.
Tal como lo han demostrado decenas de artículos científicos, la
felicidad nos hace bien (Diener y Tay, 2012) dadas sus notables impli-
cancias en nuestra calidad de vida. A nivel individual, las personas más
felices poseen mejor salud. A nivel organizacional, las personas más
felices son más productivas, cooperativas y creativas. A nivel societal
y planetario, las personas más felices protegen más el medioambiente,
ayudan de mejor forma a mantener la paz social y luchan con más
fuerza por reducir las inequidades y la pobreza. Por lo tanto, la feli-
cidad es un ingrediente clave en la construcción de un mundo mejor
y un elemento indispensable del Nuevo Paradigma de Desarrollo
propuesto por Bután y su grupo de colaboradores ante las Naciones
Unidas. Paradigma que busca incentivar la capacidad de las socieda-
des de ser felices (NDP Steering Committee and Secretariat, 2013) y
que plantea que la verdadera felicidad se alcanza no solo con ingresos
apropiados, sino que también con una buena salud (mental y física),
con conocimiento y aprendizaje constante, con paz y seguridad, con
justicia, con igualdad y equidad, con comunidades interconectadas,
con relaciones significativas con otros y con nuestro entorno, con la
valoración y respeto por nuestra cultura y por nuestras raíces, con un
buen gobierno, y con el respeto y cuidado del medioambiente y de
nuestra diversidad ecológica.
Afortunadamente, en la actualidad existe un gran consenso inter-
nacional (no suficiente) respecto de la necesidad de instalar este Nuevo
Paradigma de Desarrollo tanto en la mente de los seres humanos y
de las organizaciones, como en las políticas públicas. Sin embargo, el
tiempo nos apremia. Por lo tanto, hoy en día necesitamos más y más
voces que con urgencia nos ayuden a difundir la extrema necesidad de
contar con este nuevo modelo de desarrollo. Pero, también, requerimos
voces que nos ayuden a difundir la urgencia de un cambio en nuestros
estilos de vida que nos lleve a vivir vidas más simples y sustentables.
Al fin y al cabo, y tal como lo planteó décadas atrás nuestro famoso
poeta Pablo Neruda: «La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto,
no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos».

72
¿Por qué felicidad?

Lograr entender este complejo principio de la vida humana es el


primer gran paso para alcanzar nuestra propia felicidad, pero tam-
bién para construir un mundo mejor. A este desafío hoy los estamos
llamando.

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75
Felicidad, subjetividad y desarrollo1

Pablo González

Introducción
El debate internacional sobre felicidad y desarrollo, que se ha insta-
lado también en Chile, a veces sorprende por su simplicidad, y hasta,
ingenuidad. Algunos participantes en este debate parecen haberse
dado repentinamente cuenta de que la vida no se trata solo de ganar
dinero, y que el desarrollo de los países no debiera únicamente buscar
aumentar la cantidad de bienes y servicios (llamaremos a este grupo
los «neoconversos»). Bien por ellos, ya era hora. Otros, en la vereda
opuesta, pero con la misma simplicidad, rechazan cualquier intento
de integrar mediciones «subjetivas», como si la subjetividad fuese un
fenómeno totalmente irrelevante para ser tomado en cuenta por las
políticas públicas.
En los albores de la Revolución Industrial, esta confusión no hu-
biese sido tan sorprendente: grandes masas desposeídas luchaban por
sobrevivir diariamente, y la única esperanza para aliviar su situación
era la expansión económica, que además ofrecía posibilidades sin
precedentes en la historia. El vertiginoso crecimiento económico que
siguió y la posibilidad que ofrecía la macroeconomía keynesiana de
promoverlo y estabilizarlo, llevó a plantearse que sería posible superar
la lucha por la sobrevivencia y garantizar a todos un estándar de vida
mínimo apropiado.
Es así como en 1930, en medio de la Gran Depresión, el mismo
creador de la macroeconomía, John Maynard Keynes, sostuvo que el
problema central de la humanidad era el desarrollo económico; sin
embargo, podía vislumbrarse un futuro donde este dejaría de serlo. En
1
El autor agradece el apoyo de CONICYT/ FONDAP/15130009.

77
Pablo González

ausencia de crecimiento de población y grandes guerras, gracias a la


acumulación de capital y el progreso técnico, en un siglo el problema
económico dejaría de serlo y el desafío sería qué hacer con el tiempo
conquistado para uno mismo: «Por lo tanto, por primera vez desde su
creación, el hombre se enfrentará a su problema real permanente –cómo
utilizar su liberación de las preocupaciones económicas, y ocupar el
tiempo libre que la ciencia y la acumulación de capital ganarán para
él, esto es vivir en forma sabia y agradable, bien vivir» (Keynes, 1963)2.
Keynes, además, critica a los grandes ricos de su época, una
avanzada de lo que sería la humanidad del futuro liberada de las pre-
ocupaciones del sobrevivir, por no ser capaces de «vivir bien»: «Estoy
seguro que con un poco más de experiencia vamos a utilizar la recién
descubierta abundancia de la naturaleza muy diferentemente a la forma
en que los ricos la usan día a día, y asignaremos para nosotros mismos
un proyecto de vida muy distinto al de ellos» (Keynes, 1963)3.
Qué opinaría de los ricos de hoy, cuando ya en aquella época, en
su aún más premonitorio ensayo –«Las consecuencias económicas de
la paz», que predecía cómo las condiciones económicas impuestas a
los vencidos en la Primera Guerra Mundial podían arrastrar al mundo
a una segunda guerra– sugería: «Aquí yace la principal justificación
del sistema capitalista. Si los ricos hubieran gastado su nueva riqueza
en sus propios placeres, el mundo habría encontrado intolerable tal
régimen. Pero al igual que las abejas, ellos ahorraron y acumularon
para el provecho de toda la comunidad» (Keynes, 1987)4.
No han llegado aún a Chile los tiempos de la abundancia absoluta,
pero el mejoramiento económico de los últimos años ha sido bastante
impresionante. Según la base de datos del Banco Mundial, a dólares
constantes de 2005, Chile pasó de alrededor de US$ 2.500 per cápita
en 1961 a casi US$ 9.500 en 2012. Gran parte de ese incremento ocurre
desde 1983, cuando el ingreso per cápita se situó por debajo de US$
2.900. Según la base de datos del Fondo Monetario Internacional, en
términos de PPA (Paridad de Poder Adquisitivo), Chile superó los US$
19 mil por persona. Otras variables relacionadas con el desarrollo

2
Traducción propia.
3
Traducción propia.
4
Traducción propia.

78
Felicidad, subjetividad y desarrollo

humano muestran incrementos igualmente notables. La expectativa


de vida se sitúa en 78,8, años, al igual que Dinamarca y por encima
de Estados Unidos5. El porcentaje de personas en el tramo de edad
entre 25 y 34 años con educación terciaria completa alcanza a 35%6,
el más alto de los países de ingreso medio, superando incluso a algunas
naciones desarrolladas7.
¿Se acerca el tiempo de ocuparnos respecto del uso que damos a
nuestro ocio, como hubiese querido Keynes, o de garantizar derechos,
como sugería Polanyi? ¿Cómo debe medirse el desarrollo? ¿Por el
uso que le damos a nuestro ocio o por los derechos que protegemos?
¿O por la felicidad que somos capaces de conseguir? En este breve
ensayo delineo algunas líneas exploratorias sobre cómo llegamos a la
confusa situación actual y algunos elementos que podrían ayudarnos
a entenderla.
La sección 1 rastrea en el tiempo la relación entre felicidad y eco-
nomía, mostrando cómo la búsqueda egoísta de maximizar el consumo
sustituye a la práctica de la virtud para lograr la buena vida. La sección
2 se pregunta si se debe volver a sustituir consumo por felicidad como
hubiese querido Bentham, argumentando que nuestro conocimiento ha
crecido mucho como para darnos respuestas tan simples. Por ejemplo,
según Amartya Sen, los espacios de evaluación del desarrollo deben con-
siderar (y actuar sobre) no solo las libertades y los funcionamientos para
alcanzar bienestar, sino también la libertad y los funcionamientos de lo
que él denomina «agencia». Asimismo, debe reconocerse la pluralidad
humana y la multidimensionalidad de lo que es valioso, por lo tanto,
es necesaria la deliberación sobre los medios y los fines del desarrollo,
la que no puede ser sustituida por el mercado o el juicio experto. La
sección 3 revisa la relación entre bienestar subjetivo y desarrollo, y

5
Al año 2008 o más cercano.
6
Con un crecimiento de 73% respecto a la década anterior.
7
No es este el momento de referirse a las debilidades sobre las que descansan esos
logros, pero no está de más consignar el desbalance externo, con el creciente déficit
de balanza de pagos, el endeudamiento internacional (aunque mayoritariamente
a largo plazo), el crecimiento de las exportaciones que desde 2007 ha descansado
fuertemente en aumentos de precio, la dependencia sempiterna de los recursos
naturales, el estancamiento de la productividad, la imperturbable desigualdad que
estructura nuestras relaciones sociales, y una tasa de inversión como proporción
de los ingresos del decil más rico, que es la mitad del Sudeste Asiático.

79
Pablo González

argumenta que este espacio evaluativo debe ser complementado por


medidas de bienestar psicológico y social, para tener una visión más
completa del estado de la subjetividad. La sección 4 especula sobre los
efectos de la lógica del mercado prevaleciente sobre la subjetividad en
su sentido más amplio, que abarca lo social. La sección 5 se pregunta
sobre el distanciamiento de la subjetividad y la política tradicional,
además cómo esto perjudica el desarrollo y cómo parece no haber sido
comprendido por los políticos.
Finalmente, se concluye que el desafío de Chile no es la felicidad
sino la expansión de las libertades y la distribución social del poder,
un desafío mayor que involucra no únicamente a nuevos derechos y
garantías, sino también riesgos, deberes y responsabilidades.

1. Felicidad y economía
¿Es importante la felicidad? A la mayoría de la gente le hace sentido
como un objetivo deseable para sus vidas. Según el Informe de Desa-
rrollo Humano (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo,
2012), casi la mitad de la población en Chile así lo considera. Sin
embargo, para otros, no lo es. Además, las interpretaciones respecto a
qué es la felicidad son variadas. Para algunos, los logros de sus hijos
representan la felicidad; para otros, el estar tranquilo. También, hay
quienes buscan cumplir sus metas, conseguir placer y pasarlo bien, y
quienes buscan una vida trascendente y con sentido. Es decir, hay una
pluralidad tanto respecto a si la felicidad es lo más importante como
en relación a lo que es «esencial» para ser feliz. Independientemente
de la definición que tengamos de felicidad, el consenso parecer ser que
esta es una aspiración vital, algo que deseamos para nuestras vidas.
Si la felicidad es tan importante, ¿a qué se debe el reciente interés
en el tema? Es decir, ¿por qué «antes» no era importante y ahora parece
serlo? En particular, si ahora estamos hablando de situar a la felicidad
como el fin del desarrollo, ¿cuáles enfoques estamos complementando
o buscando sustituir? Si las teorías del desarrollo precedentes no su-
ponían que los seres humanos buscaban la felicidad, ¿qué buscaban,
entonces? A riesgo de simplificar, las teorías del desarrollo predomi-
nante –basadas sobre la llamada economía neoclásica (o «moderna»,

80
Felicidad, subjetividad y desarrollo

según Samuelson)– suponen que el ser humano es racional, que busca


maximizar su interés personal expresado en términos de utilidad, que
depende del consumo de bienes y servicios; por lo tanto, el desarrollo
(la sociedad) debe perseguir maximizar el crecimiento económico: es
decir, la cantidad total disponible de bienes y servicios. En realidad,
se llega a esta maximización del crecimiento económico a partir del
supuesto de que las personas buscan la felicidad; pero en el camino,
esta desaparece como objeto y es reemplazada por el consumo. El con-
sumo sustituye la felicidad no porque la segunda no fuese relevante,
ni porque la sobrevivencia fue siempre el problema predominante de
la humanidad, como nos sugiere Keynes. No se trata de una omisión
de la felicidad en el centro de las preocupaciones humanas, sino de
una impostación, proceso que describo en detalle en González (2014)
y que resumo a continuación.
De hecho, la felicidad es una preocupación muy antigua de la
humanidad y un tema privilegiado por la filosofía clásica y por las
tradiciones espirituales antiguas. Sin embargo, el concepto de felicidad
que está puesto hoy sobre la mesa en los discursos sociales, e incluso
en algunos ámbitos académicos (particularmente en la economía) es
muy distinto al que prevalecía en épocas anteriores. Al mismo tiempo,
a comienzos del siglo XX, la felicidad había prácticamente desapareci-
do como tema. ¿Por qué cambió tanto el concepto y por qué hubo un
momento en que se perdió como objeto de estudio de la filosofía y, de
sus hijos modernos, las ciencias sociales, al punto de que hoy pareciera
un tema nuevo, que busca asirse de textos antiguos que la nombran
para mostrar cuán permanente, en realidad, es?
En su mirada del significado de felicidad en la Antigüedad, Sachs
(2013) y Duncan (2010), desde posiciones epistemológicas distintas,
remontan su mirada al menos hasta Aristóteles, para quien la clave
de la felicidad es practicar la virtud, que no solo conduce al bienestar
individual sino también a la armonía social. La polis debe organizar
sus instituciones para promover la conducta virtuosa. La virtud se
cultiva practicando el camino del medio, el control de las pasiones
por la razón. El enfoque aristotélico de la buena vida (eudaimonía)
incluiría: felicidad (buenos sentimientos y satisfacción con la vida),
autenticidad, desarrollo continuo, y vida con propósito. Aun antes, el

81
Pablo González

budismo propone un enfoque similar de comportamiento y pensamien-


to virtuoso a través de la imperturbabilidad, superar el sufrimiento a
través de no atarse al deseo. Cabe notar que en ambos enfoques no
hay nada que valore el egoísmo como motivación de la conducta, sino
por el contrario, Aristóteles (1985) sugiere que este debe ser moderado
por su opuesto, la generosidad; y en el budismo, el egoísmo sería una
motivación propia de un bajo nivel de conciencia, parte de las bajas
pasiones que se van mitigando al avanzar la mente hacia la iluminación
a través de la disciplina y la meditación. Lo mismo aplica respecto al
consumismo.
Esta aproximación a la felicidad, que la vincula a la virtud, pre-
dominó por largo tiempo en Occidente, junto a la importancia de la
salvación y la redención del pecado por medio de la conducta virtuosa.
Sin embargo, esto comienza a cambiar con el desarrollo económico.
Para colocar este cambio en perspectiva histórica, tengamos a la luz
que en los mil años que van entre 500 y 1500 DC, el tamaño de las
economías occidentales creció a un ritmo de 0,1%, es decir, se multiplicó
apenas entre 2,5 y 3 veces. Entre los años 1500 y 1700 la economía
se duplicó, y ya en el siglo XVIII, economías como la de Inglaterra
crecieron a una tasa récord de 1% al año. Esto, permite en esos cien
años una expansión equivalente a los mil años anteriores al «descu-
brimiento» de América (Ormerod, 1994).
Acompañando el despliegue de la tecnología y la producción,
hay cambios culturales fundamentales de la mano del protestantismo,
que comienza a considerar el éxito económico como un signo de la
salvación (Weber, 2003).
En este contexto de cambio económico y cultural comienza a
desarrollarse, como parte de la filosofía moral, el estudio de la econo-
mía, –con el pionero trabajo de Adam Smith (2011), La riqueza de las
naciones, publicado en 1776– y, posteriormente, el utilitarismo. En este
proceso, las concepciones éticas de la conducta comienzan a perderse
de vista y las teorías psicológicas –más allá del conductismo– nunca
son integradas. Adam Smith, sin ignorar aún los sentimientos morales
(cabe recordar que su otro menos citado libro es dedicado a este tema),
destaca que, gracias a la coordinación posibilitada por los mercados,
el interés personal es provechoso para producir riqueza, pues conduce

82
Felicidad, subjetividad y desarrollo

a la especialización (la principal causa del crecimiento económico de


la época). El famoso pasaje en que habla de «la mano invisible» es el
único en que se refiere explícitamente a la posibilidad de resultados
sociales beneficiosos del interés personal egoísta, algo que se acopló
muy bien al surgimiento de las empresas que maximizan beneficios.
Por otra parte, cabe destacar que Smith (2011) define como ob-
jeto de la economía el suministrar al pueblo un abundante ingreso o
subsistencia, o habilitar a sus individuos y ponerlos en condiciones de
lograr por sí mismos ambas cosas. Así, ya desde sus orígenes funda-
cionales, se asume que el objetivo de la economía es maximizar los
ingresos, aunque no se hable en ningún momento que este deba ser el
único propósito de las sociedades o los gobiernos. Tampoco se podía
prever una separación de la economía del campo más amplio de la
filosofía moral, sin lo cual probablemente se habría asegurado que los
distintos objetivos sociales se hubiesen mantenido en una perspectiva
más balanceada.
El punto de quiebre más profundo lo produce Jeremy Bentham
(1948), al introducir la felicidad hedonista (balance de placer y dolor
individuales) como objetivo (y móvil de la conducta) de las personas,
de lo que además colige que maximizar la felicidad del mayor número
debiera ser el objetivo de los gobiernos (lo que es un salto lógico de
proporciones siderales). Bentham no abandona la posibilidad de la
virtud porque esta aumenta la capacidad de placer, pero deja de ser
el móvil de la conducta, siendo reemplazada por la maximización del
egoísmo de los sentidos.
El concepto de utilidad de Bentham (felicidad egoísta de los sen-
tidos) fue sustituido gradualmente por una utilidad egoísta derivada
del consumo de bienes y servicios por los economistas-filósofos que
produjeron la llamada «revolución marginalista», como Jevons, Men-
HFS 8BMSBT &EHFXPSUI .BSTIBMM 1BSFUP 4MVUTLZ "MMFOF)JDLT6O
concepto clave en estos autores es la refutación de la teoría del valor
trabajo por una teoría del valor (y precio) de los bienes, basada sobre
el concepto de utilidad marginal del consumo y (desde Marshall) del
costo marginal de producción. La utilidad marginal es un concepto
desarrollado por Jevons, Menger y Walras en forma independiente,
que mide la satisfacción adicional (en este sentido es «marginal») que

83
Pablo González

se deriva del consumo de un bien, es decir, cuánto aumenta la utilidad


(puede leerse también felicidad) de un individuo por el hecho de con-
sumir una unidad extra del bien en cuestión. En esta teoría, el valor
(precio) de un bien es determinado por la utilidad marginal obtenida
por la última unidad consumida, en contraste con la utilidad total
derivada del consumo del bien. Esto explicaría, por ejemplo, por qué
el precio de los diamantes es mayor que el del agua, pese a lo esencial
que es esta última para la vida.
Marshall es claro en señalar que la utilidad marginal (determinante
fundamental de la demanda) no es la única determinante del precio
del bien (excepto en el muy corto plazo en que la oferta está fija), pues
este también depende de sus costos de producción (a los que también
se aplican conceptos marginalistas como las productividades margi-
nales físicas de los factores y su valor producto marginal, que resulta
de multiplicarlas por el precio del bien producido, y que determina, a
su vez, los precios de los factores productivos).
Estos autores no perdieron de vista que existen otras motivaciones
humanas aparte del cálculo del interés personal. Su argumento es más
bien que el interés personal es la motivación predominante en el ámbito
de los negocios, al que debe restringirse la economía. En particular,
el reconocido padre de la economía moderna, Alfred Marshall, por
ejemplo, en sus Principios de Economía:

La economía es el estudio de los hombres, sobre cómo viven,


se mueven y piensan en los asuntos ordinarios de la vida. Pero
se ocupa principalmente de aquellos motivos que afectan, más
poderosa y constantemente, la conducta del hombre en la parte
comercial de su vida. Toda (persona) lleva su naturaleza superior
con él en sus negocios, y, allí como en todas partes, está influen-
ciada por sus afectos personales, por sus concepciones del deber
y su reverencia por alcanzar nobles ideales (Marshall, 1931)8.

Así, para Marshall, en la esfera de los negocios predominaría un


cálculo de maximización de beneficios, sin negar que pueda existir una
enmarcación moral de este móvil de conducta. La maximización del
interés personal en los negocios no sería sinónimo de egoísmo, ya que

8
Traducción propia.

84
Felicidad, subjetividad y desarrollo

este refiere a otras esferas de la vida, aquellas donde se decide cómo


gastar estos beneficios.
Al mismo tiempo, la utilidad cardinal y aditiva, requerida por
Bentham para operacionalizar el objetivo que él sugirió para los go-
biernos, va siendo reemplazada por una utilidad ordinal a partir de
&EHFXPSUIZQPSFMDPODFQUPEFUBTBTNBSHJOBMFTEFTVTUJUVDJÓO QJFESB
fundacional de la teoría del consumidor moderna.
Cerca de la mitad del siglo XX, el propio concepto de utilidad
pierde toda importancia empírica gracias al «axioma de las preferencias
reveladas» de Paul Samuelson (1938). Con esto, la economía moderna
(como este mismo autor la denomina) se deshace completamente de
cualquier consideración de lo subjetivo, acercándose aún más a la as-
QJSBDJÓOEF.BSTIBMMZ&EHFXPSUIEFQBSFDFSTFBMBTDJFODJBTGÎTJDBT
Como guinda de la torta, en la evaluación social de proyectos (la rama
de la economía que busca determinar si un cambio social o una polí-
tica es conveniente o no), el criterio Kaldor-Hicks (1939) sugiere que
un cambio social o una política es eficiente si los que se benefician de
este pueden, en teoría, compensar a los que pierden, aun cuando esta
compensación no se produzca en la práctica. Para precios constantes,
esto sería equivalente a un incremento del Producto Interno Bruto,
justificando así la aplicación del método costo-beneficio a la esfera de
lo público, instrumental predominante hoy en Chile en la evaluación
de inversiones o de programas gubernamentales.
Asimismo, el salto lógico de Bentham se ha radicalizado aún más
con el uso del «agente representativo» en la teoría económica moderna,
que resume las «preferencias sociales» como la suma de las preferencias
de individuos idénticos. Gracias al uso de la maximización de utilidad
individual y colectiva (como suma de individuos idénticos), la econo-
mía comenzó a ser colonizada por las matemáticas y fue perdiendo la
conexión con la realidad en aras de la formalización.
No es de extrañar que en una profesión constreñida por estos
supuestos aparezca sorprendida por el «redescubrimiento» de la
felicidad, que parece iniciarse con el ahora muy citado trabajo de
Easterlin (1974), que da origen a lo que se denominó la «paradoja de
Easterlin», y el menos citado y cuestionador libro de Tibor Scitovsky,
The Joyless Economy (1976). La paradoja en cuestión remite a que el

85
Pablo González

crecimiento impresionante de los Estados Unidos (así como de otros


países desarrollados) en las últimas décadas no había sido acompañado
por incrementos en la felicidad de su población. Probablemente, esta
sea una paradoja solo para economistas, pues parecía poner en cuestión
los fundamentos de la disciplina: la felicidad basada sobre el consumo
de bienes y servicios. Comenzaron a surgir explicaciones, como la
adaptación desde la psicología (una vez internalizado el aumento del
nivel de vida, se vuelve al nivel inicial de satisfacción), o la pérdida del
capital social, desde la sociología. La economía «moderna», en todo
caso, sigue refugiada en sus edificios matemáticos, fundados sobre el
supuesto de que los seres humanos maximizan su utilidad (que no
interesa medir) del consumo egoísta de bienes y servicios, estando do-
tados de información y capacidad de procesamiento racional infinito.
Cabe preguntarse por el efecto que tiene en el tipo de sociedad que
construimos, el basar las políticas públicas en estos supuestos tanto
de comportamientos como de finalidades sociales.
En el otro extremo, algunos «neoconversos» invocan la necesidad
de producir aceleradamente políticas públicas para aumentar realmente
la felicidad de la población. Así, por ejemplo, el Reino Unido se ha
embarcado en la formación acelerada de diez mil psicólogos para
atender los problemas de salud mental que afectan a su población.
Más allá de la dudosa evidencia que sirve como base a estas políticas,
Duncan (2013) produce un impecable argumento para dudar, incluso,
de los motivos de este entusiasmo en el ámbito de la salud mental. Los
«neoconversos» parecen volver al utilitarismo clásico, recuperando
las hebras que se habían ido dejando en la historia de la impostación
de la felicidad por el consumo que acabamos de describir, pero igno-
rando casi todo lo que ha pasado en filosofía entre la publicación de
los trabajos de Jeremy Bentham y John Stuart Mill, incluso dentro del
propio utilitarismo, como, por ejemplo, la elocuente crítica de Karl
Popper, en The Open Society and Its Enemies (1947):

El reconocimiento que toda urgencia moral tiene su base en


la urgencia de sufrimiento o dolor. Sugiero, por esta razón, para
reemplazar la fórmula utilitarista «la mayor suma de felicidad
para el mayor número», o «Maximizar la felicidad», por la fór-
mula «La menor cantidad de sufrimiento evitable para todos», o

86
Felicidad, subjetividad y desarrollo

«Minimizar el sufrimiento». Tal fórmula puede, en mi opinión,


transformarse en uno de los principios fundamentales (pero no
el único) de las políticas públicas (el principio de «maximizar la
felicidad», en cambio, parece ser adecuada para una dictadura
benevolente). Debemos darnos cuenta que, desde el punto de
vista moral, el sufrimiento y la felicidad no deben ser entendidos
como simétricos, es decir: la promoción de la felicidad es, en
cualquier caso, mucho menos urgente que la prestación de ayuda
a los que sufren, y el intento de evitar el sufrimiento9.

Más que profundizar en la propuesta de Popper, en la sección


que sigue resumo los elementos centrales de la crítica y propuesta
de Amartya Sen. No obstante, creo que es importante revelar que
la advertencia de Popper sobre la posibilidad de que la fórmula de
Bentham sea utilizada por una dictadura, aprehensión compartida por
Huxley en Brave New World (2008), está plenamente vigente hoy en
día. La preocupación de Popper por fortalecer las instituciones y los
valores democráticos no está presente en la economía «moderna» ni
en los «neoconversos», y el instrumental y recomendaciones formula-
das podrían ser útiles tanto a una democracia como a una dictadura.
Alejarse de esto requiere un marco conceptual que reconozca el papel
esencial de las libertades, lo que comienza con el quiebre profundo
RVFQSPEVKP FOMBUSBEJDJÓOMJCFSBM MBPCSBEF3BXMT Una teoría de
la Justicia (1971), para formalizar nuestras intuiciones sobre la «falta
de completitud» del utilitarismo, y que es retomada, en forma inde-
pendiente, en las obras de Amartya Sen y Martha Nussbaum (1993),
que desarrollan desde distintos puntos de partida, la teoría o enfoque
de las capacidades (capabilities).

2. El lugar de la felicidad en el desarrollo


La psicología positiva ha desarrollado programas y técnicas para
ayudar a personas y organizaciones a alcanzar mayores niveles de fe-
licidad o bienestar subjetivo individual. Sin embargo, sus autores son
cuidadosos a remitirse a los espacios privados, llegando, a lo más, a
abarcar a organizaciones que contratan sus servicios para fines espe-

9
Traducción propia.

87
Pablo González

cíficos, como mejorar la convivencia, el aprendizaje, la resiliencia, o la


recuperación post traumática.
El problema se presenta cuando pasamos de la búsqueda de la
felicidad por cada persona, un asunto esencialmente privado, que se
desenvuelve en espacios de intimidad con los seres queridos o en la
relación entre un terapeuta y un paciente que elige libremente (que
es un asunto donde no caben objeciones morales, excepto los cues-
tionamientos usuales al determinismo de la elección), a las filosofías
políticas que intentan hacer de la felicidad un fin social, y estructurar
instituciones y políticas públicas para perseguir ese fin, y que muchas
veces se visten de una asepsia moral que contravienen desde sus su-
puestos fundacionales.
Por supuesto, entre estos dos extremos, hay múltiples situaciones
que, siendo menos radicales, ya plantean problemas. Por ejemplo,
cuando una organización jerárquica, como el ejército o una empresa
privada tradicional, contrata los servicios de un psicólogo positivo
para mejorar el bienestar de su personal, quizás como medio para
aumentar su productividad, y aun cuando un buen consultor sabrá
evitar imponer su fin deseable al resto de los miembros de la organi-
zación, caben dudas sobre la neutralidad moral de esta intervención.
Por ejemplo, la aplicación de determinados instrumentos de selección
de personal, ¿no evitará la contratación de personas que han tenido
un evento traumático reciente (como la viudez) porque no estará a
tono con el estado de ánimo de la organización? Este tipo de dilemas
morales, y muchos otros relacionados con su efectividad y eficiencia,
son los que debe enfrentar continuamente todo tipo de intervención
en organizaciones.
Si la felicidad fuese el único fin, el fin supremo, este tipo de dilema
NPSBMOPTFQMBOUFBSÎB1FSPOPMPFT OJQVFEFTFSMP3BXMT 

rechaza la posibilidad que tal fin exista y Nozik (1974) muestra que la
vida humana debe tener otras características para que pueda conside-
rarse como tal, de lo contrario nos conectaríamos a la «máquina de la
felicidad» donde solo tendríamos experiencias subjetivas agradables10.
Esta es la debilidad más importante de los enfoques teleológicos: no
10
Popularizado en la película Matrix: Morfeo pregunta a Neo si quiere tomar la
píldora roja o la azul, y más adelante se reitera cuando el traidor vende a sus com-

88
Felicidad, subjetividad y desarrollo

es posible reducir los fines de la vida humana a un único fin, como lo


hace el utilitarismo (la felicidad), o la economía neoclásica enraizada
en el utilitarismo (la producción de bienes y servicios, cuyo aumento
provocaría más felicidad). Para estructurar instituciones y políticas se
requiere una teoría que permita dar cuenta de la diversidad de fines
valiosos, la pluralidad humana, y que sea respetuosa de las libertades,
y de la democracia. Sin pretender formular una teoría completa de
la justicia, Amartya Sen entrega una con estas características, que
permite resituar la felicidad en un contexto más amplio, como un fin
entre muchos.
Amartya Sen desarrolla su propuesta buscando superar algunos
EFGFDUPTEF3BXMT FOBCJFSUBDSÎUJDBBMVUJMJUBSJTNPZBMBFDPOPNÎB
«moderna» y desafiando el libertarismo de Nozik. La teoría de las
capacidades (capabilities, concepto que no existe en castellano) desa-
rrollada por Sen –y en forma independiente por Martha Nussbaum–
descansa en dos conceptos fundamentales, las «capacidades» y los
«funcionamientos»: «De acuerdo con el enfoque de las capacidades,
los conceptos de bienestar, justicia y desarrollo deben ser conceptua-
lizados, entre otras cosas, en términos de capacidades de las personas
para funcionar, es decir, sus posibilidades reales de emprender las
acciones y actividades que quieren realizar, y para ser quienes quieran
ser» (Sen, 1992, p. 197)11.
Al colocar el énfasis en las capacidades, es decir, en las libertades
para alcanzar ciertos «funcionamientos» (logros), se puede tomar en
cuenta que los recursos o la riqueza pueden generar funcionamientos
muy distintos dependiendo de características personales y de la socie-
dad en que vivimos. Así, por ejemplo, una bicicleta puede producir
distintas calidades del transporte dependiendo si sabemos utilizarla
o tenemos alguna discapacidad (factores personales de conversión) o
si existen ciclovías, si los automovilistas respetan a los ciclistas, si la
ciudad es plana, o si el ambiente está contaminado (factores ambien-
tales o sociales).

pañeros de lucha, cansado de vivir en las condiciones difíciles del exterior, a cambio
de volver a conectarse a la Matrix solo con experiencias agradables garantizadas.
11
Traducción propia.

89
Pablo González

En abierto desafío al utilitarismo y la economía, Sen critica las pre-


GFSFODJBTDPNPFTQBDJPFWBMVBUJWPQBSBMBKVTUJDJB"MJHVBMRVF3BXMT 
rechaza que exista un problema de justicia cuando una persona es más
«infeliz» que otra con los mismos bienes primarios. Para ambos es el
goce igualitario de libertades lo que está moralmente primero, no la
evaluación subjetiva de este acceso. Uno de los argumentos centrales
de Sen es el de las «preferencias adaptativas», es decir, las personas
se van adaptando a su situación, incluyendo la carencia de medios y
derechos; por ejemplo, los esclavos pueden ser felices, pero esto no
reduce el problema moral causado por esta situación. La irrelevancia
de los derechos y las libertades, o su reducción a un medio para la feli-
cidad, es lo que repugna del utilitarismo de Bentham (y su impostación
económica, el consumo), y que incluso utilitaristas como Popper han
denunciado como funcionales a una dictadura.
Sen (1992) va más allá y argumenta que el espacio evaluativo no
solo debe considerar las libertades y funcionamientos para alcanzar
bienestar; sino también, las libertades y funcionamientos de ser agente
de la propia vida, esto es, perseguir los propios fines, puedan ser o no
valorados por un observador externo. En este contexto, ¿cuál es el
lugar de la felicidad en esta teoría de las capacidades y de la agencia?
Para Sen, la felicidad no es más que un funcionamiento complejo: «Los
funcionamientos relevantes pueden variar de las cosas más elementales
como ser adecuadamente nutridos, estar en buen estado de salud, evi-
tando la morbilidad evitable y la mortalidad prematura, etc., los logros
más complejos, como ser feliz, tener respeto a sí mismo, tomando parte
de la vida de la comunidad, y así sucesivamente» (Sen, 1992, p. 39)12.
¿Significa esto que la felicidad es irrelevante? Para nada. No
deja de tener interés el estudio de sus determinantes y consecuencias,
como es importante estudiar el hambre, el respeto, la exclusión, la
nutrición, la salud, o la mortalidad prematura. Es decir, lo resitúa no
como fin supremo, sino como uno entre muchos otros posibles. Es un
funcionamiento entre muchos, que confluyen con las capacidades para
conformar el espacio de evaluación que denominamos «bienestar». En
contraposición, existe otro espacio de evaluación que Sen denomina la
«agencia», y que se sitúa al mismo nivel que el bienestar.
12
Traducción propia.

90
Felicidad, subjetividad y desarrollo

Mahatma Gandhi, Nelson Mandela o Martin Luther King fueron


capaces de grandes sacrificios de su «bienestar» por un bien que iba
más allá de sí mismos, en beneficio de toda la humanidad, tanto de
los oprimidos como de los opresores, que se degradaban a sí mismos
con esa violencia. Lo que Sen denomina «agencia» es precisamente esa
capacidad de perseguir los propios fines, los que no siempre coinciden
con el propio bienestar (objetivo o subjetivo). Por supuesto, alguien
podría argumentar que eso los hacía más felices para seguir sosteniendo
el punto que existe un objetivo único y que este, además, moviliza la
conducta. Es posible que una persona tenga esa evaluación estrecha,
pero ¿por qué no es capaz de entender que esto no aplica a todos los
seres humanos?
Poder «ver» al otro, lo que los otros quieren, sienten, valoran, po-
nerse en su lugar, es una importante capacidad que varía entre distintos
seres humanos. Algo tiene que ver con eso el desarrollo de conciencia
y el desarrollo moral. Sen (1977) considera que la «simpatía» o el al-
truismo pueden ser fácilmente integrados dentro del análisis utilitarista.
Lo que no es posible acomodar es el «compromiso», lo que más tarde
retomará como la «obligación moral del poder»: cuando una persona
está en posición de mejorar el mundo, tiene una obligación moral de
hacerlo. Si una persona se está ahogando porque cayó a un lago y no
sabe nadar, el experto nadador tiene la obligación moral de acudir en
su ayuda, aunque el agua esté fría y esté vestido con su mejor traje de
etiqueta, aunque quien se ahoga sea su acreedor o le caiga mal. Es decir,
se espera que el experto nadador salve la vida del otro ser humano
aunque esto no aumente su felicidad. Siddharta llevó a un extremo
esta obligación moral hacia todos los seres que sienten, permitiendo
que una tigresa hambrienta lo devorara para salvar la vida de ella y
de los pequeños que amamantaba.

3. Felicidad y subjetividad
En definitiva, la felicidad no es un buen resumen del bienestar de una
persona, que se compone de otros funcionamientos valiosos y de ca-
pacidades. Además, el bienestar no es el único espacio evaluativo que
debemos considerar, pues está también la agencia. Puede ser un objetivo

91
Pablo González

de la conducta, pero no es su único móvil. Levantado el supuesto de pre-


ferencias egoístas para acomodar el altruismo y la simpatía por otros,
Sen reconoce, además, al menos, la obligación moral del poder, que no
puede ser explicado por un set de preferencias ordenado y transitivo.
La felicidad queda así desdibujada como fin. Pero, retomando la
introducción a la sección 2, son muchas las personas que lo consideran
el objetivo más importante de sus vidas. Asimismo, un ejecutivo de
Gallup aventuró en una conferencia internacional, que su medición
de satisfacción vital era uno de los pocos indicadores que se deterioró
fuertemente antes de que comenzara la Primavera Árabe. Así, es un
objetivo importante y al mismo tiempo uno de sus indicadores sería
capaz de mostrarnos estados de la subjetividad que podrían derrocar
gobiernos. ¿Es la felicidad o el concepto más amplio de bienestar sub-
jetivo un buen resumen de los estados de la subjetividad?
En el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2012)
respondimos en forma negativa. La experiencia subjetiva no se agota
en la experiencia y el juicio que yo tengo sobre mi vida, como quisieran
los totalitarios de todo signo. A las personas les importan los otros,
desean el respeto de ciertos valores, y tienen una experiencia concreta
y un juicio de la sociedad y del mundo en que viven.
Los que se manifiestan por alguna causa pública –como la edu-
cación, el medioambiente o contra los transgénicos en Chile– no se
movilizan porque están insatisfechos con sus vidas, aun cuando algunos
podrían estarlo. La protesta social tiene que ver con una molestia con
aspectos más o menos específicos del funcionamiento de la sociedad. Y
esto puede estar totalmente disociado de la «felicidad» de cada cual. De
hecho, en el Informe de Desarrollo Humano (Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo, 2012) encontramos un grupo mayoritario de
personas que estaban muy satisfechas con sus vidas, pero muy molestas
con la sociedad. Se puede discutir que los indicadores para medir lo
segundo pueden no haber sido los más apropiados, pues referían a la
propia experiencia de oportunidades personales, pero claramente hacen
referencia a una dimensión social que está ausente cuando se responde
únicamente respecto al bienestar subjetivo individual.
En psicología, el concepto de bienestar subjetivo es complemen-
tado por el de bienestar psicológico (más próximo a la eudaimonía) y

92
Felicidad, subjetividad y desarrollo

el concepto de bienestar social. El bienestar social «es una valoración


que hacemos de las circunstancias y el funcionamiento dentro de la
sociedad» (Keyes, 1998, p. 122), y está compuesto por las siguientes
dimensiones:

1. Integración social. La evaluación de la calidad de las relaciones


que mantenemos con la sociedad y con la comunidad.
2. Aceptación social. Estar y sentirse perteneciente a un grupo, a
una comunidad; con confianza, aceptación y actitudes positivas
hacia los otros (atribución de honestidad, bondad, amabilidad,
capacidad), y aceptación de los aspectos positivos y negativos
de nuestra propia vida.
3. Contribución social. Sentimiento de utilidad, que se es un
miembro vital de la sociedad, que se tiene algo útil que ofrecer
al mundo, y que lo que uno aporta es valorado (autoeficacia
en Bandura).
4. Actualización social. Confianza en el futuro de la sociedad,
en su potencial de crecimiento, desarrollo y capacidad para
producir bienestar.
5. Coherencia social. Conocer y entender el mundo en el que se vive.

Este espacio más amplio de la evaluación subjetiva es importante


para entender qué ocurre en Chile hoy.

4. Los desafíos de la subjetividad


Según el libro y el documental canadiense The Corporation (2003), las
grandes corporaciones se comportarían como psicópatas. Los gerentes
de las corporaciones deben anteponer el lucro a otras consideraciones,
con el resultado nada sorprendente de que los comportamientos de
muchas organizaciones rayan en la psicosis. Otros autores, como Jon
Ronson (2011), nos alertan sobre la valoración que se da en el mundo
de los negocios a rasgos y comportamientos psicopáticos.
La necesidad de un cambio en los valores es prefigurada con no-
table claridad por John Maynard Keynes, en el ensayo citado al inicio
de este capítulo:

93
Pablo González

Vamos a ser capaces de librarnos de muchos de los principios


seudo-morales que nos han colgado durante doscientos años,
por los que hemos exaltado algunas de las más desagradables
cualidades humanas en la posición de las más altas virtudes.
Seremos capaces de permitirnos el lujo de atrevernos a valorar el
dinero en su justo valor. El amor al dinero como una posesión –a
diferencia del amor al dinero como un medio para los goces y las
realidades de la vida– será reconocido como lo que es, un morbo
más bien repugnante, una de esas propensiones semi-criminales,
semi-patológicas, que le entregamos con un estremecimiento a
los especialistas en salud mental. Todo tipo de costumbres so-
ciales y prácticas económicas, que afectan a la distribución de la
riqueza y de las recompensas y sanciones económicas, que ahora
mantenemos a toda costa, pese a lo desagradables e injustas que
puedan ser en sí mismas, porque son tremendamente útiles para
promover la acumulación de capital, vamos a tener la libertad,
por fin, de desprendernos de ellas (Keynes, 1963)13.

Adam Smith y Alfred Marshall no alcanzaron a visualizar los


riesgos para la virtud y la cohesión social del mercado desregulado. Sí
lo hicieron John Maynard Keynes y Karl Polanyi (2011). Chile es uno
de los países del mundo en donde el mercado ha penetrado con mayor
fuerza el tejido social. Está incluso en las pensiones, en la educación y
en la salud. En todos los sectores, el móvil central es el lucro y, a nivel
personal, es la motivación que se ensalza. ¿Cuál es el indicador prin-
DJQBMRVFOPTJOGPSNBFMTJUJPXFCXXXGVUVSPMBCPSBMDM &MQSPNFEJP
y la distribución de las remuneraciones, seguido de la empleabilidad.
No interesan las competencias que se requieren, el tipo de trabajo
RVF SFBMJ[BO MPT FHSFTBEPT 4V SFFNQMB[BOUF BDUVBM XXXNJGVUVSP
cl) incluye testimonios de egresados (sin mucho orden aparente, lo
que hace difícil buscar) y declaraciones generales sobre la importancia
de la vocación, pero ninguna posibilidad de asociar, por ejemplo, un
test de vocación con las carreras apropiadas, para las que sí pueden
encontrarse las remuneraciones. Así, se espera que el móvil central de
la decisión sea el beneficio económico de la carrera.
El afán de ganancia lleva a algunos a llamar por teléfono simu-
lando ser policías, informando del accidente sufrido por un familiar,

13
Traducción propia.

94
Felicidad, subjetividad y desarrollo

intentando extraer los nombres de quienes habitan la casa. Si esto se


limitara a la esfera de la estafa criminal, que nos lleva a desconfiar de
los desconocidos, el problema estaría bastante acotado a estar alerta.
Pero el temor al abuso va mucho más allá. La opinión pública siente
especialmente indefensión frente a los abusos de la empresa, el actor
más fuerte de la cadena, tanto respecto a los trabajadores que contrata
como a los consumidores que sirve, y en esto los temores se expanden
como reguero de pólvora. Corre el rumor de que en una clínica privada
se hacen costosos tratamientos contra el cáncer que son totalmente
inútiles. ¿Es posible? ¡Qué miedo! Las asimetrías de información
abundan, especialmente, en el área de la salud. Frente al robo de las
tarjetas de crédito, los bancos les cobran a sus clientes las compras
que realizan los ladrones. Queda la natural sensación de que el robo
no lo hace quien hurtó la tarjeta, sino el banco. Para qué hablar de las
cuentas corrientes abiertas con cédulas de identidad robadas. ¿Algún
incentivo hizo que el ejecutivo no reparara que la foto del carnet no
coincidía con la del portador del mismo? Un programa de televisión
nos muestra que la mayoría de los servicios de reparación pretenden
engañarnos a la hora de arreglar un electrodoméstico. Más tarde nos
informa que nos venden aceite de quemar, que en Europa está prohibi-
do, para el consumo humano. No podemos tener seguridad ni siquiera
de lo que comemos. La carne de vacuno estaría llena de antibióticos
para que las vacas no se enfermen, producto de la sobreexplotación
a la que son sometidas para sacarles leche. La sensación es que la
empresa privada hace lo que sea, con tal de obtener ganancias. En
Chile, y probablemente en el resto de Latinoamérica, esto viene con el
agravante de que la ganancia debe ser rápida, quizás en memoria del
sueño del Conquistador. La forma más rápida de ganar es la estafa,
seguida de la colusión para subir los precios.
La desconfianza generalizada impone enormes costos económicos
y sociales. En la esfera económica aumenta los costos de transacción,
disminuye los intercambios mutuamente beneficiosos, impone la nece-
sidad de contratos con múltiples precauciones y garantías e incrementa
la necesidad de fortalecer instituciones para velar por su cumplimiento.
Disminuye la posibilidad de coordinarnos, acrecienta la cantidad e
intensidad de los conflictos y reduce la probabilidad de resolverlos.

95
Pablo González

¿Qué hay detrás de la desconfianza? En el informe de la OCDE So-


ciety at a glance (2011)14, se muestra una relación lineal negativa entre la
confianza (medida como el porcentaje de personas que expresa mucha
confianza en las otras personas) y la desigualdad (medida según el coefi-
ciente de Gini) de los países. Los países escandinavos son los con mayor
confianza interpersonal (en torno al 90%) y con menor desigualdad. En
el otro extremo aparecen México y Turquía (confianza en torno al 20%).
Chile no aparece, porque tanto su confianza (13%) como su desigualdad
están fuera del rango definido para los ejes del gráfico.
Así, pues, la desconfianza se relaciona con la desigualdad. Un
ejemplo del efecto combinado de ambas aparece en el libro que le valió
el premio Nobel de Economía a Elinor Ostrom, donde analiza casos
de comunidades organizadas a través del mundo que administran en
forma eficiente recursos de uso común (contrariamente a lo que enseñan
los libros de texto de microeconomía hasta hoy). Esto, que funciona
en países tan diversos como España y Japón, descansa en valores,
cultura, instituciones consuetudinarias y, sobre todo, en confianza. La
desconfianza y la desigualdad explicarían por qué, según la autora, los
arreglos no funcionan en sus casos latinoamericanos.
Con todo, la mayor parte de las empresas no actúa así. Miles de
emprendedores están intentando a diario, realizar su visión para me-
jorar el mundo. Pero las manzanas podridas, como las llamó George
W. Bush, no nos dejan ver el conjunto. ¿Se darán cuenta las manzanas
sanas de que los abusos de unos pocos no le hacen bien al capitalismo
en su conjunto, deslegitimando todo? Recordemos la privatización del
agua en Bolivia y la indignación que fue incubando O el abuso de la
elite en Venezuela, que desencadenó el chavismo.
Pero lo cierto es que tampoco la empresa pública lo hace mucho
mejor. La contaminación del río Loa no es mejor ni peor que la conta-
minación de Freirina o Pascualama; y en el primer caso ni siquiera se
pudo detener. ¿Es solo la búsqueda de ganancias? ¿Se puede resolver
esto con más regulación o con más Estado? Valdebenito (2012) nos
muestra casos en los que el Estado abusa de su poder y genera heridas
profundas en los ciudadanos, especialmente en los más pobres y ex-
cluidos. Imposible dejar de mencionar las heridas sin reparación que
14
El próximo informe sale durante marzo 2014.

96
Felicidad, subjetividad y desarrollo

afectan nuestra memoria y conciencia colectiva, perpetradas por agentes


del Estado: la «pacificación» de La Araucanía, la represión que afectó
desde sus inicios al movimiento sindical, los detenidos desaparecidos
cuyos restos aún no han sido hallados.
¿Cómo se evita todo lo anterior? No basta con la competencia
perfecta, ya que mercados muy importantes están dominados por
grandes actores, incluso corporaciones multinacionales, con poder no
solo sobre los estados más débiles (especialmente cuando representan
un porcentaje alto de la demanda laboral), sino incluso sobre los más
desarrollados. Pero condiciones competitivas ayudan: el temor de per-
der clientes y las ganancias asociadas a atraerlos pueden motivar que
las empresas se preocupen de ofrecer un servicio de calidad. Cuando
no hay oferta alternativa donde recurrir, el consumidor está más ex-
puesto al abuso. Lo mismo ocurre con el trabajador. Recordemos que,
en Chile, dos tercios de los trabajadores dependientes tienen temor a
perder el trabajo porque consideran difícil encontrar otro.
Tampoco basta solo con la transparencia si no hay acceso a me-
canismos que permitan resarcimientos en caso de que se muestren
abusos documentados, y esta falta de acceso puede deberse a costos
demasiado elevados para los usuarios. De hecho, los costos asociados
a los procesos judiciales llevan a la mayoría de las personas naturales
a intentar evitarlos en lo posible, excepto cuando hay daños muy
grandes, como ocurre en los casos criminales. Dicho sea de paso, estos
costos de transacción del sistema judicial contribuyen a la creación de
una sensación de desbalance de poder y de privilegio de los actores
corporativos, puesto que, por el volumen de causas y de recursos que
manejan, son los que más recurren a llevar a tribunales a sus deudo-
res. Esto crea la falsa impresión de que el sistema judicial favorece a
los ricos y poderosos. En todo caso, la transparencia también ayuda,
ya que al menos permite conocer lo que está pasando al interior de
las organizaciones. Tiene el costo de crear expectativas altas, como lo
muestra la citada tesis de Valdebenito (2014), porque los mecanismos
de transparencia no son resolutivos.
Competencia económica y transparencia no bastan, porque la
clave está en las enormes asimetrías de poder, y en el autoritarismo y
maltrato que penetra cada esfera de las relaciones sociales. Vivimos en

97
Pablo González

una sociedad autoritaria que nos maltrata desde antes del nacimiento
hasta después de la muerte. Comenzamos con un parto en que se niega,
en la mayoría de los establecimientos hospitalarios, el derecho a parir
como ellas quieran y a formas alternativas de manejo del dolor (tales
como tina de parto), haciendo casi obligatorio el uso de anestesia.
Y se recurre en exceso a la cesárea: es decir, no elegimos ni siquiera
el momento para nacer, y a una serie de procedimientos en el parto
normal, que lo desnaturalizan, desde la inducción a la episiotomía. Al
ver la luz nos recibe un médico que nos examina antes de entregarnos
a nuestra madre y padre, no habiendo ninguna necesidad de hacerlo
en ese momento que debiera ser sagrado, una ceremonia del inicio del
amor familiar centrada en el recién nacido. En cambio, los doctores
son los protagonistas y los que llevan los ritmos del nacimiento, lo que
significa que los tiempos deben limitarse y acomodarse a sus agendas.
En los establecimientos hospitalarios los recién nacidos son separados
de las madres, casi por la fuerza, con el pretexto de que ellas deben
descansar y que ellos estarán bien cuidados. Difícil, cuando hay una
enfermera para atender a decenas de recién nacidos. Se les da con gran
facilidad relleno, ni hablar cuando son hospitalizados, porque en este
caso los «protocolos» dificultarán seguir con el amamantamiento.
Como si el personal de salud ignorara que la recuperación del niño o
niña será mucho más rápida con el apego de los padres y que, por el
contrario, sin este apoyo será sometido a una situación de gran estrés
innecesario. Luego habrá quienes aconsejarán a los padres dejar llorar a
los niños para que se duerman solos; y otros, que dirán que la fórmula
debe reemplazar a la leche materna. Habrá también quienes impedirán
que un niño o niña sea amamantado cuando lo requiera. Y así, podría
seguir enumerando los maltratos y abusos del poder a través de nuestro
ciclo de vida, hasta el momento que caemos, nuevamente, en manos
del circuito hospitalario, que luchará por mantenernos con vida aún
a costa de nuestra vida. Entonces, nuestros parientes enfrentarán las
funerarias y los mil trámites que ocasiona la muerte, en un momento
en que quisieran estar tranquilos y siendo consolados.
A mi juicio, todas las experiencias negativas narradas hasta ahora
tienen en común el problema de la distribución social del poder. La
única forma de avanzar hacia una mejor experiencia de lo social es

98
Felicidad, subjetividad y desarrollo

mediante una sociedad civil fuerte, que pudiese oponerse a los abusos.
El hecho de que la mayoría de los chilenos haya seguido comprando
en las grandes cadenas de farmacias15, pese a su colusión sancionada
y publicitada por todos los medios de comunicación (aún los menos
proclives a hacerlo), nos muestra que esto está lejos de ser una posibi-
lidad real. Solo la sociedad organizada –por ejemplo, en fuertes asocia-
ciones de consumidores que puedan interponer demandas colectivas,
o en centrales sindicales efectivas que logren negociar más allá de la
empresa individual– puede convertirse en un balance efectivo del poder
concentrado en una elite económica y política cerrada.
El temor en la elite es al descontrol de las demandas sociales y la
incapacidad de responsabilidad de esos nuevos actores potenciales.
La elite se ha relacionado históricamente con el resto de la sociedad
en clave de disciplinamiento, y ha mantenido el «orden» a través de
acuerdos cupulares. El «oscuro peso de la noche» que, hasta el mo-
mento, ha sido exitoso en llevarnos a las puertas del desarrollo, pero
también ha mantenido el poder concentrado en grupos determinados
y en Santiago. Este temor no es infundado. El dilema es cómo se pro-
fundiza la democracia sin destruirla, cómo se distribuye el poder y se
toman decisiones que importan sacrificios.

5. Política y subjetividad: el problema de la


legitimidad
Relegitimar la política requiere cambios mucho más profundos que
elecciones primarias o elección directa de gobiernos regionales. Para
esto, es necesario entender, primero, cuáles son las causas profundas
de la falta de confianza de los ciudadanos en la política tradicional,
sus representantes e instituciones. Sus consecuencias no se limitan a
una esfera distante que puede aislarse sin que importe demasiado:
están en juego nuestro bienestar cotidiano y nuestras posibilidades
de futuro. Como concluye Philip Pettit, jugando a partir de la famosa
frase de Clemenceau sobre la guerra y los militares: «La democracia es

15
Quizás favorecido por la inexistencia de leyes adecuadas, que obliguen a los la-
boratorios y a los grandes intermediarios mayoristas a tratar de la misma forma
a las farmacias independientemente de su tamaño.

99
Pablo González

demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos»


(Pettit, 2004, p. 64).
Un elemento es el mal funcionamiento de la política tradicional a
los ojos de la gente. Se ha mencionado que la política ha sido ejercida
de forma que los ciudadanos se sienten «excluidos» de la construcción
colectiva del mundo. Muchos perciben que los políticos se acuerdan
de ellos solo al momento de las elecciones. Los van a ver a sus barrios,
a sus casas, y les prometen soluciones que muchas veces no pueden
cumplir, propias de un Estado clientelar que ya no existe. Al parecer
no les creen. A los electores se les ofrecen rostros y slogans vacíos, y
programas sin contenido (especialmente en las parlamentarias y munici-
pales, en las presidenciales al menos hemos visto algunos titulares). Por
el contrario, la competencia parece girar en torno a imágenes erigidas
por un relato publicitario más que político.
Ahora hay primarias, pero a la medida de lo posible, más bien
restringidas a los miembros de la elite. Existe escasa competencia y
reemplazo en la representación política: de ella solo se sale si se da un
generoso paso al lado. No se trata de desperdiciar la experiencia y los
talentos por una decisión cupular, como ocurrió cuando se intentó que
«nadie se repitiera el plato», o ampliar el número de parlamentarios
para que entren rostros nuevos16. Se trata de abrir el «mercado político»
y de que «el pueblo» decida.
Por otra parte, el Estado ya no solo no es clientelar (lo que es un
gran avance), sino que ha desaparecido de la vida de mucha gente.
Las clases medias se topan con él únicamente para pagar el Impuesto
al Valor Agregado (IVA) o acceder a una atención mediocre (aunque
costo-efectiva) en el sistema de salud.
Ligado a esto, está la privatización de la vida social y la mercan-
tilización de diversas esferas. Las personas encuentran al mercado en
todo, incluso pensiones, salud o educación: saben que los descuentos
de su sueldo financian, en parte, utilidades de grandes conglomerados;
pagan cuotas de financiamiento compartido en una escuela particular
subvencionada o aranceles de una universidad de cuya calidad tienen

16
El aumento de los cupos es una solución que se ha planteado en Chile, para que
quienes ya están no tengan que salir, si se introdujese una cuota mínima de mujeres
en el Congreso.

100
Felicidad, subjetividad y desarrollo

algunas dudas. Los «sectores vulnerables» reciben beneficios que no


han pedido y por cuya forma no se les ha preguntado: alguien decide,
por ejemplo, el tamaño y distribución de sus casas (y eso que esa po-
lítica incluye, en teoría, su participación –ver Subercaseaux 2013–).
En muchos casos, la libertad de elección, ese bien tan preciado (si no
lo entiende así, lo invito a leer los primeros capítulos de Viajes con
Heródoto), no es más que una ficción.
Tampoco hay espacios deliberativos ni de voz, esa alternativa a la
libre elección que es tan consustancial a la política democrática. De
hecho, en Chile los ciudadanos no saben deliberar, tanto que algunas
políticas públicas contemplan programas de «habilitación ciudadana»
(el nombre lo dice todo). Los contenidos, incluso de lo público, los
deciden los expertos o el mercado.
El control de los principales medios de comunicación restringe aún
más el debate público. Hace desaparecer ciertos temas y pone otros en
forma desmedida. Una prolongada huelga de hambre versus los affaires
de una vida vacía. El abandono de las universidades estatales versus
la violencia de los encapuchados. Preocupa la creciente polarización
de esos medios que han cerrado crecientemente los espacios para el
equilibrio de ideas, acotando todavía más la posibilidad de espacios
de deliberación genuinos.
Hay, por cierto, grupos y personas que se sienten ultrajados todos
los días. Porque son excluidos por su forma de hablar, de vestir, el lu-
gar donde viven, o sus preferencias sexuales. A diario, son alentados a
tener lo que no pueden pagar y después son perseguidos por las deudas
acumuladas. Sufren maltrato del jefe o de la pareja cuando son adultos,
y de los padres cuando son niños. Viven en casas y barrios indignos,
donde hasta da susto caminar. Todos los días.
A esto podríamos añadir la descentralización, la inseguridad, la
desconfianza en el otro, en fin. Y la desigualdad… la desigualdad en
todos los planos, comenzando por el jardín infantil y la escuela, el
acceso a la educación superior y al mercado laboral, la desigualdad
que, dicen, es la base de los vínculos heridos, la inseguridad, y la falta
de respeto.
Convengamos que hay algo que no anda bien. ¿Cómo se sale de
este atolladero? Dos grandes economistas han reflexionado –lejos del

101
Pablo González

paradigma tradicional (y por eso son pocos los economistas que en


Chile los conocen)– sobre estos temas. Karl Polanyi (2011), fundador
de la antropología económica, nos dice que el mercado desregulado
trastoca las relaciones sociales; y la sociedad naturalmente genera
contra-movimientos tendientes a restablecer lo social y las relaciones
que no se basan sobre la utilidad y el intercambio. El problema no es
solo la falta de competencia, ni siquiera el mercado en sí; la dificultad
es la naturalización que de él se hace en desmedro de la polis. Ya sa-
bemos que no hay libertad sin mercado. Pero tampoco hay libertad si
no nos atrevemos a poner al mercado al servicio del ser humano y sus
fines. Y esto no es tarea del mercado, sino de la política.
Por otra parte, Douglass North y sus colegas, John Wallis y Barry
Weingast (2009) nos sugieren que ningún país (sin petróleo) ha su-
perado los US$ 20 mil per cápita sin antes transformar los derechos
de las elites en derechos impersonales para todos los ciudadanos. A
la vez, ha de crear un sistema político competitivo donde se produce
destrucción creativa, no por reacomodos dentro de la elite, sino por
la emergencia de nuevos y empoderados actores sociales. A esto mis-
mo apunta el reciente best seller de Acemoglu y Robinson (2012), de
sugerente título: ¿Por qué fracasan los países?
«Una sociedad civil fuerte», parecen sugerirnos todos estos autores,
es a la política lo que el mercado competitivo es a la economía. Y la
política debe ser competitiva… y hacer su trabajo.
En resumen, mi impresión es que lavar las heridas de la subjetividad
que se han ido acumulando requiere ampliar las libertades y el poder
de agencia de las personas, y la deliberación de los asuntos públicos,
para darle contenido a las nuevas obligaciones y responsabilidades
morales que, nos recuerda Sen (2009), surgen del poder. Algo que aún
la elite no parece dispuesta a aceptar ni menos a promover, lo que puede
ser a la larga, según las experiencias de algunos de nuestros vecinos,
extremadamente costoso, y echar por la borda todo lo avanzado.
Dentro de este contexto, la felicidad ha resistido en la esfera privada
desvinculada de lo social, a veces asociada con el consumo y con la
resignación frente a la falta de agencia, es decir, de capacidad colectiva e
individual para moldear el mundo. Sin duda no estaría de más fundarla
sobre un camino verdadero y trabajar sobre sus determinantes, como

102
Felicidad, subjetividad y desarrollo

sin duda es deseable que las personas lo hagan sobre ambas esferas
de sus vidas, bienestar y agencia, que se refuerzan mutuamente. No
obstante, a mi juicio, el problema de Chile, hoy, no es la felicidad, sino
esta subjetividad social, estas memorias rotas y divididas, la falta de
legitimidad y la desconfianza, no haber sabido –por el momento– le-
vantar puentes para distintas miradas y construir entre todos el futuro.
«Quizás mi única noción de Patria», nos decía Mario Benedetti
en medio de la noche oscura, «sea esta urgencia de decir nosotros».

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104
Capítulo II
Programa gubernamental «Elige Vivir
Sano»: Cuerpo, salud y felicidad en Chile
durante la presidencia de
Sebastián Piñera1

Iván Pincheira

Hoy quiero aprovechar esta última cuenta pública para reconocer que
hemos cometido errores. Pero también para asegurar que siempre
hemos actuado de buena fe y entregando lo mejor de nosotros mis-
mos con un solo norte: mejorar la vida de los chilenos y facilitar su
camino hacia una mayor felicidad.
(Sebastián Piñera, Cuenta Pública a la Nación, 21 de mayo 2013)

Introducción
Durante la presidencia de Sebastián Piñera, la felicidad se ubicó re-
sueltamente al centro de la acción gubernamental, siendo un motivo
continuamente reiterado dentro de diversas alusiones del Primer Man-
datario. Así, en torno a las nociones de «calidad de vida», «bienestar»
o «satisfacción» se aglutinan en gran medida los sentidos que guían las
prácticas de gestión gubernamental. La felicidad, entonces, se instala
como un concepto que acompaña un amplio campo de iniciativas de
gobierno.
A este respecto, por ejemplo, una de las acciones de Estado que
serán acompañadas por discursos referidos a la «felicidad», la «satis-
facción» y el «bienestar», será la política de entrega de bonos, cheques
y vouchers. Al darnos cuenta de la articulación existente entre la insti-

1
Agradezco a FONDECYT, proyecto N°3130602, por el apoyo brindado al des-
arrollo de mi investigación postdoctoral. El presente artículo es producto de esta
investigación.

107
Iván Pincheira

tucionalidad estatal y los sectores privados de la economía, podemos


advertir que en Chile es la entrega de bonos, cheques o vouchers unas
de las modalidades privilegiadas para la gestión de aquella condición
emotiva que es la felicidad (Pincheira, 2012).
Ahora bien, en relación al desarrollo de políticas públicas tendien-
tes específicamente –en su concepción, formulación e implementación–
al logro de la felicidad, es en el ámbito de las políticas de salud donde
nos encontramos con una experiencia paradigmática. Nos referimos al
programa «Elige Vivir Sano», caso sobre el cual indagaremos, ya que
es aquí donde se hace evidente la relevancia asignada al significante
«felicidad» durante el gobierno de Sebastián Piñera.
Encabezada por la ex Primera Dama, Cecilia Morel, esta acción de
gobierno fue planeada como una política de carácter interministerial
en alianza con sectores privados. Propendiendo a mejorar la calidad de
vida y el bienestar, persigue generar cambios conductuales profundos,
esperando lograr que los chilenos modifiquen sus hábitos de compor-
tamiento para potenciar un mejor desarrollo físico y mental. De este
modo, se busca que los chilenos sean «más felices».
En estas circunstancias, utilizando como estrategia metodológi-
ca la descripción de distintos discursos y prácticas surgidas desde el
ámbito estatal, nos adentraremos en la caracterización de los prin-
cipales aspectos que definen al programa «Elige Vivir Sano» (EVS).
Nuestro recorrido se iniciará con una indagación de los antecedentes
nacionales e internacionales a partir de los cuales se sustenta. Luego,
nos concentraremos en el proceso que llevará a «Elige Vivir Sano» a
dotarse de una institucionalidad reconocida constitucionalmente. Será,
precisamente, a través de la ley que crea el Sistema «Elige Vivir Sano»
que revisaremos los principales contenidos, definiciones y objetivos de
este proyecto. Una vez reconocido su marco institucional, pasaremos
a examinar las acciones emprendidas en el marco de este programa.
Finalmente, nos detendremos en las críticas suscitadas por el presente
plan de gobierno por parte de distintos actores políticos.
La tesis del presente artículo es considerar a «Elige Vivir Sano»
como un mecanismo concreto dirigido a la gestión gubernamental de
la felicidad desde el campo de las políticas públicas de salud. En efecto,
a través de una apelación constante a emociones de carácter positivo

108
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

se despliega una serie de acciones que se inclinan a lograr profundos


cambios conductuales en la población chilena. De este modo, son el
cuerpo y las emociones el terreno declarado de intervención guber-
namental; posicionando, a su vez, un conjunto de técnicas diseñadas
para producir cambios conductuales que lleven a un mejor desarrollo
físico y mental. En definitiva, tendiente al logro de estos objetivos, se
hace evidente la incorporación de elementos propios de la estrategia
del gobierno neoliberal.

1. Antecedentes: El problema global de las


enfermedades crónicas no transmisibles
En el transcurso de la última década, el Ministerio de Salud ha ve-
nido recopilando información sobre enfermedades no transmisibles
y sus principales factores de riesgo. Para ello, desde el año 2003 se
ha desarrollado la Encuesta Nacional de Salud, instrumento que ha
proporcionado información relevante para la planificación y progra-
mación sanitaria chilena. En estos términos, la realización periódica
de esta encuesta consolida a este instrumento como una herramienta
importante para la vigilancia epidemiológica nacional. Por ejemplo,
la Encuesta Nacional de Salud del año 2003 aportó a la justificación
y evaluación de programas preventivos de salud, tales como la elabo-
ración del Sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES), también
conocido como Plan AUGE2.
Según indica el Departamento de Salud Pública de la Pontificia
Universidad Católica de Chile, organismo encargado de la realización
de la segunda Encuesta Nacional de Salud, lo que se persigue a través
de estos informes estadísticos es: «Optimizar el uso de los recursos
nacionales, proponiendo un diseño estratégico de los contenidos a
incluir en esta versión, con una visión de futuro que permita el mayor
impacto en planificación sanitaria y, en consecuencia, en el nivel de
salud y calidad de vida de los chilenos» (Ministerio de Salud, 2010, p.
5. Las cursivas son nuestras).

2
El AUGE-GES es un mecanismo fijado por Ley para priorizar garantías en la pre-
vención, tratamiento y rehabilitación de enfermedades específicas que representan
el mayor impacto de salud en la ciudadanía.

109
Iván Pincheira

De un total de 46 indicadores a partir de los cuales se evalúa el


estado de salud de los chilenos, podemos destacar los siguientes: presión
arterial elevada, estado nutricional, diabetes, tabaquismo, consumo
excesivo de sal, déficit de vitaminas, problemas cardiovasculares, se-
dentarismo, síntomas respiratorios crónicos, deterioro cognitivo del
adulto mayor, problemas de visión, problemas de audición, falta de
actividad física, consumo de alcohol y drogas, problemas psicológicos
de la salud.
Si bien es complejo intentar una conclusión a un estudio tan ex-
tenso y que abarca tantos y diversos tópicos de salud; a partir de la
Encuesta Nacional de Salud (2009-2010) se nos informa que uno de los
principales resultados obtenidos remite al elevado nivel enfermedades
crónicas que presenta la población chilena adulta. Esta situación, lejos
de disminuir, ha ido aumentando en el transcurso de los últimos años.
Dichos resultados, se vinculan con los objetivos de nuestra exposición
en la medida en que justifican la implementación del programa guber-
namental «Elige Vivir Sano» y cuya promulgación se enmarca en la
«Estrategia Nacional de Salud para el Cumplimiento de los Objetivos
Sanitarios para la década 2011-2020».
Ahora bien, en la presentación del documento anterior se sostiene
que la Encuesta Nacional de Salud (2009-2010) entrega un panorama
preocupante: las enfermedades crónicas no transmisibles representan
ya el grueso de la carga de salud en el país; además de asociarse a
hábitos que suelen adquirirse tempranamente (en la infancia o en la
adolescencia). En efecto, las elevadas tasas de tabaquismo, la obesidad,
la vida sedentaria, la hipertensión arterial, la diabetes, la depresión,
la tasa de suicidio, el consumo patológico de alcohol, entre otros, ge-
neran un panorama en el cual se puede prever que la «generación del
Bicentenario» será, probablemente, víctima de algunos de estos hábitos
o dependencias en el mediano o corto plazo.
En la misma presentación de la Estrategia Nacional de Salud (2011-
2020), se expuso que el fenómeno de las enfermedades crónicas pone
en riesgo el desarrollo del país y la posibilidad de que sus ciudadanos
cumplan sus proyectos de vida. Por consiguiente, el Presidente Piñera
lo catalogó como prioridad para el Estado y la ciudadanía, por tanto,
el Gobierno se ha enfocado en convocar a diversos actores a través

110
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

del programa «Elige Vivir Sano», el cual ha sido descrito como «im-
prescindible» (Gobierno de Chile, 2011a).
Cabe señalar que la preocupación gubernamental por el carácter
epidémico que han adquirido las enfermedades crónicas no transmi-
sibles, es un fenómeno de alcance global. Así, por ejemplo, en la De-
claración Ministerial aprobada en la serie de sesiones del Alto Nivel
del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, en 2009, se
solicitó tomar medidas urgentes para la prevención y el control de
estas patologías. También, existen iniciativas regionales que apuntan
hacia este mismo sentido, entre las cuales destaca: la Declaración de los
Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad del Caribe, titulada:
«Unidos para detener la epidemia de las Enfermedades Crónicas No
Transmisibles», aprobada en septiembre de 2007; la Declaración de
Dubái sobre la Diabetes y las Enfermedades No Transmisibles Cróni-
cas en la región del Medio Oriente, aprobada en diciembre de 2010;
y la Conferencia Ministerial Mundial sobre Modos de Vida Sanos y
Lucha contra las Enfermedades No Transmisibles, celebrada en Moscú
durante el 2011 (Organización de las Naciones Unidas, 2011). Es en
este contexto general en donde se encuentran los fundamentos para
la creación del «Sistema Elige Vivir Sano».

2. Historia de la Ley: Acerca de la creación del


Sistema «Elige Vivir Sano»
Al ser una iniciativa impulsada desde la Presidencia de la República,
el Sistema «Elige Vivir Sano» fue presentado oficialmente en una cere-
monia celebrada el día jueves 17 de marzo del 2011. El lanzamiento se
realizó en el Colegio Estrella Reina de Chile, un «establecimiento que
se ha destacado por incorporar prácticas de vida sana en su quehacer
cotidiano» (Elige Vivir Sano, 2011a). En dicha ceremonia, la ex Pri-
mera Dama, Cecilia Morel, sostuvo que «Elige Vivir Sano» ofrece una
multiplicidad de iniciativas y posibilidad para que los chilenos opten
por una vida más sana, con mayor bienestar físico y emocional, y que
les permita mayor plenitud y felicidad. En sus palabras: «Una vida
sana influye no solo en nuestro estado físico, afecta también nuestro
estado de ánimo, repercute en las relaciones con los demás y previene

111
Iván Pincheira

enfermedades físicas y psicológicas. Hoy los invito a construir un Chile


más pleno y feliz. Porque el compromiso no solo es nuestro, también
depende de cada uno de ustedes. Los invito a tener una buena vida, los
invito a que elijan vivir sano» (Elige Vivir Sano, 2011a).
Como se mencionó anteriormente, «Elige Vivir Sano» es parte de
la Estrategia Nacional de Salud (2011-2020), la cual se compone de 50
metas sanitarias, de las cuales 16 son metas del programa en cuestión.
Entre estas, se encuentran: disminuir la prevalencia de la obesidad
infantil, aumentar la prevalencia de la actividad física en jóvenes, e
incrementar las comunas con áreas verdes (Godoy, 2012, p. 27).
En estas condiciones, asumiendo ser un complemento esencial
para la consecución de los objetivos sanitarios de la década, luego de
casi dos años de funcionamiento, en diciembre del 2012 se inició el
trámite legislativo conducente a proporcionar un marco institucional
que permita convertir a «Elige Vivir Sano» en una política de Estado
permanente. En el primer trámite constitucional, a través del mensaje
del Ejecutivo (Biblioteca del Congreso Nacional, 2013), S.E., el Presi-
dente de la República, comenzó a señalar que en Chile se da la siguiente
paradoja: se tienen excelentes indicadores de expectativas de vida,
baja mortalidad materno-infantil, y se ha superado la desnutrición.
Sin embargo, se desarrollan hábitos que no contribuyen a una vida
sana, en referencia a los antecedentes proporcionados por organismos
internacionales como la Organización Mundial de la Salud, el Foro
Económico Mundial, y la Organización para la Cooperación y el Desa-
rrollo Económicos, los cuales indican que la obesidad y la inactividad
física son los mayores retos del siglo XXI, al ser las principales causas
de las enfermedades crónicas no transmisibles.
Para el caso de Chile, las cifras arrojadas por la Encuesta Nacional
de Salud (2009-2010) y la Encuesta de Caracterización Socioeconómica
Nacional (Casen, 2011), este tipo de enfermedades representan un 83%
de las muertes, constatando que los sectores más pobres y vulnerables
son quienes están mayormente expuestos a sus riesgos. Asimismo, el
porcentaje nacional de personas que presentan sobrepeso, obesidad,
u obesidad mórbida asciende al 66,7%. Según nivel socioeconómico,
mientras en el primer quintil de ingresos, la obesidad y el sobrepeso
representan el 16,6%; en el quinto quintil de ingresos, este porcentaje

112
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

disminuye a solo un 7%. En este sentido, el nivel educacional de las


personas también es una variable destacada al momento de analizar
los riesgos de salud: el exceso de peso en aquellas con menos de 8 años
de educación es del 81,7%; mientras que entre quienes cuentan con
más de 12 años de educación, es del 63,3%. Del mismo modo, en el
primer grupo el sedentarismo equivale al 96,9% y la presión arterial
elevada al 51,1% de la población; en el segundo grupo, estas categorías
ascienden al 82,2% y al 16,7%, respectivamente3.
En este contexto, el Presidente sostuvo que «Elige Vivir Sano»
agrupa y ofrece una multiplicidad de iniciativas y posibilidades para que
optemos por una vida con mayor bienestar y felicidad. Dicho proyecto,
hoy programa gubernamental, fue definido como «ambicioso», ya que
aspira a cambar hábitos de manera transversal, pues está dirigido a
todos los chilenos, sin distinción social ni cultural. Asimismo, fue cata-
logado como «integral», porque nuevos estilos de vida se traducirían
en una mejor salud física y mental, lo que implicaría un cambio en
la salud psicosocial de nuestra población. De este modo, su misión es
ser una iniciativa preventiva, positiva y práctica que ayude a generar
hábitos saludables, en cuanto política de Estado que trascienda más
allá del gobierno de Sebastián Piñera. Así, se espera contribuir a una
nueva cultura: la cultura de la vida sana.
A través de esta iniciativa, el Ejecutivo sostiene que el Estado de
Chile incorpora las recomendaciones de la Declaración Política de la
Reunión de Alto Nivel de Prevención y Control de Enfermedades No
Transmisibles, desarrollada por la Organización de las Naciones Uni-
das en 2011. Asimismo, integra los lineamientos de la Declaración de
Valparaíso de la Cumbre de las Américas y el Caribe sobre Prevención

3
Estas cifras, las cuales establecen que las variables sociales influyen en el desarrollo
de este tipo de enfermedades, serán una de las razones que justificarán que el pro-
grama EVS no sea parte del Ministerio de Salud, sino que se incorpore al Ministerio
de Desarrollo Social. Así lo hará ver el titular de dicha cartera ministerial, Joaquín
Lavín, cuando este proyecto de ley sea discutido en el Congreso: «[Joaquín Lavín]
indicó que este Sistema se radica en el Ministerio de Desarrollo Social, primero,
porque la obesidad y el sobrepeso se han convertido en importantes problemas
sociales, estando además más presentes en la población más vulnerable, y segundo,
porque el Ministerio de Desarrollo Social tiene las herramientas necesarias para
coordinar las acciones del sistema y para evaluar su implementación. (Biblioteca
del Congreso Nacional, 2013, p. 23).

113
Iván Pincheira

de Obesidad y Enfermedades Crónicas No Transmisibles, realizada en


el Congreso Nacional en 2011.
En estas condiciones, dicho proyecto comenzó el trámite consti-
tucional para que la institucionalidad y el presupuesto requerido por
el «Sistema Elige Vivir Sano» quedasen establecidos como Ley de la
República. En efecto, el proyecto fue ingresado con carácter de «suma
urgencia», y fue aprobado por unanimidad tanto en la Cámara de Di-
putados como en el Senado. De este modo, el 14 de mayo de 2013 se
promulga la Ley N°20.670 –que crea el «Sistema Elige Vivir Sano»– en
una ceremonia encabezada por el entonces Presidente Sebastián Piñera,
y la Primera Dama, Cecilia Morel.

3. Contenidos de la Ley Nº 20.670 que crea el «Sistema


Elige Vivir Sano»
Respecto a los contenidos de la Ley N°20.670 que crea este Sistema,
en su artículo 1º se declara que tiene por objeto promover hábitos y
estilos de vida saludables para mejorar la calidad de vida y el bienes-
tar de las personas. Para dichos efectos, se entenderá por «hábitos» y
«estilos de vida saludables» a aquellos que propendan y promuevan
una alimentación saludable, el desarrollo de actividad física, la vida
familiar y las actividades al aire libre, como también aquellas conductas
y acciones que tengan por finalidad contribuir a prevenir, disminuir o
revertir los factores y conductas de riesgo asociados a las enfermedades
crónicas no transmisibles.
En este punto debemos detenernos para considerar un aspecto
importante para los intereses de este artículo: a saber, el reconoci-
miento legal de la felicidad como uno de los objetivos de las prácticas
de gobierno. Establecida como Ley de la República, en el artículo 1º
de la Ley N°20.670, al contemplarse «mejorar la calidad de vida y el
bienestar de las personas», el Gobierno chileno asume constitucional-
mente que las emociones, en general, y la felicidad, en particular, son
objeto de gestión gubernamental. En efecto, «el programa apunta a
cambiar los hábitos, apunta a cambiar la mentalidad, y en definitiva
busca contribuir a un cambio cultural» (Elige Vivir Sano, 2013), sos-
tuvo Cecilia Morel durante la ceremonia de promulgación de la ley.

114
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

Acá estriba, nos parece, la relevancia de «Elige Vivir Sano» para los
estudios en felicidad y bienestar: a través del cambio de hábitos que
conlleven a un cambio cultural, este programa de gobierno no sola-
mente pondrá en marcha una política pública en función de fomentar
las capacidades para que las personas logran «ser felices», sino que,
además, lo establecerá constitucionalmente.
Ahora bien, volviendo sobre el análisis de la ley que nos convo-
ca, se fija al Ministerio de Desarrollo Social, a través de la Secretaría
Ejecutiva «Elige Vivir Sano», como responsable de la administración,
coordinación y supervisión de dicho Sistema. Sobre la base de este
marco institucional, las políticas, planes y programas que sean parte
de «Elige Vivir Sano» serán elaborados y ejecutados sectorial o inter-
sectorialmente, por los distintos órganos de administración del Estado.
En cuanto a los detalles de los objetivos perseguidos por el Sistema
«Elige Vivir Sano», el artículo 4° especifica:
1. Fomento de la alimentación saludable, lo cual consiste en la
promoción de la educación en aquellos hábitos alimentarios
tendientes a mejorar la nutrición integral y la disminución del
sobrepeso.
2. Promoción de prácticas deportivas, entendido como el fomento
del ejercicio y la actividad física como elementos fundamentales
de la salud y el bienestar.
3. Difusión de las actividades al aire libre, vinculada a la promo-
ción de los beneficios que tiene la realización de acciones en
las cuales exista contacto con la naturaleza.
4. Actividades de desarrollo familiar, recreación y manejo del
tiempo libre, tendientes a fortalecer la familia y a facilitar el
desarrollo de actividades dirigidas al esparcimiento y al ejer-
cicio de disciplinas lúdicas o deportivas.
5. Acciones de autocuidado, que impliquen el desarrollo de ha-
bilidades que permitan optar por decisiones saludables que,
incorporadas a las prácticas cotidianas, mejoren la calidad de
vida del individuo, de la familia y de su comunidad.
6. Medidas de información, educación y comunicación, tendientes
a difundir, incentivar, y promover el desarrollo de hábitos y
prácticas de vida saludable.

115
Iván Pincheira

7. Contribuir a disminuir obstáculos que dificultan el acceso a


hábitos y estilos de vida saludables de las personas más vul-
nerables.

Finalmente, la Ley indica que el Ministerio de Desarrollo Social


podrá celebrar convenios con municipalidades, otros órganos de la
administración del Estado, o con entidades privadas para el funcio-
namiento y financiamiento del Sistema «Elige Vivir Sano». Respecto
a los convenios con entidades privadas con fines de lucro, se establece
que estas deberán asegurar el cumplimiento de los estándares en ma-
teria de publicidad, promoción y responsabilidad social empresarial,
garantizando así la posibilidad de dar por terminados dichos acuerdos
al constatarse el incumplimiento de los mencionados estándares.
Siguiendo con nuestro recorrido, es necesario analizar la serie
de acciones que han sido impulsadas desde «Elige Vivir Sano» con el
objetivo de proporcionar mejoras en la «calidad de vida y bienestar»
de los chilenos. Adelantándonos a las conclusiones de nuestro estudio,
es posible plantear que dichas medidas apuntan a lograr estimular a
los individuos, de tal manera que sean ellos mismos los responsables
de asegurar las condiciones que les permitan alcanzar la felicidad.
De esta forma, asumiendo que el Estado no puede resolver todos los
problemas, se animará a los individuos a reconocer que son ellos los
principales responsables de sus propias vidas.

4. Acerca de los ejes de acción del Sistema «Elige Vivir


Sano»
De acuerdo a lo dispuesto en la letra f) del artículo 4° de la Ley
N°20.670, en donde se determina que uno de sus objetivos será im-
plementar medidas de comunicación que promuevan el desarrollo de
hábitos y prácticas saludables de vida, el Sistema «Elige Vivir Sano»
DVFOUBDPOTVQSPQJBQÃHJOBXFCXXXFMJHFWJWJSTBOPDM"MBCSJSFTUF
sitio, nos encontramos con una información pormenorizada de las
actividades desarrolladas por el Sistema, en el marco de los cuatro
ejes del programa, a saber: «Come sano», «Mueve tu cuerpo», «Vive
al aire libre», «Disfruta a tu familia».

116
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

En el documento titulado «¿Qué es elige vivir sano?», publicado en


este sitio web, nos encontramos con la definición de cada una de estas
áreas de trabajo. Así pues, concordantemente con lo establecido en la
Ley N°20.670, se señalará que el programa posee los siguientes objeti-
vos, los que se traducen en cuatro compromisos de acción específicos:
1. Fomentar la alimentación saludable, lo cual significa comer
todo tipo de alimentos en proporciones moderadas y que apor-
tan nutrientes que sirven para fortalecer la salud y aumentar
la productividad.
2. Potenciar la actividad física, con el objetivo de mejorar el
rendimiento y desarrollo físico, lo cual contribuye al bienestar
mental y social.
3. Difundir los beneficios de realizar actividades en familia, indi-
cando que esta corresponde a la red de apoyo social más cer-
cana de cada individuo. Asimismo, se considera potenciadora
de la vida sana, siendo un espacio para el desarrollo personal
al brindar estabilidad emocional, social y económica.
4. Promover el contacto con la naturaleza, el respeto al medio
ambiente y la vida al aire libre, indicando que cuando gozamos
todo lo que nos ofrece la naturaleza podemos darnos cuenta
de la relevancia que esta tiene para una vida saludable.

Ahora bien, el diagnóstico a partir del cual se justifican y sustentan


los objetivos del programa «Elige Vivir Sano» señala que, «lamenta-
blemente Chile no es un país saludable» (Elige Vivir Sano, 2011). Por
tanto, buscando revertir esta situación, la apelación a la noción de
«bienestar» y de «felicidad» se constituirá en un aspecto movilizador
sobre el que sustentan los compromisos de acción recién señalados.
Una experiencia que nos permite graficar lo anterior, es la rese-
ñada en un artículo publicado en el Diario Austral a fines del mes de
abril de 2012. Allí, se informa que en la ciudad de Valdivia se celebró
el «Día Internacional de la Actividad Física», cuyo lema fue «Todos
juntos por una vida activa y feliz». Tal como señalara el Secretario
Regional Ministerial (Seremi) de Salud de la zona, el tema buscó en-
fatizar los estilos de vida más sanos, en donde el cambio de actitud es
el inicio de una mejor calidad de vida. De esta manera, se reunieron

117
Iván Pincheira

en el Gimnasio Municipal de Valdivia cerca de 2.500 niños y niñas


de diferentes establecimientos educacionales, comprometidos por un
cambio conductual para disminuir el sedentarismo, la obesidad y las
enfermedades crónicas no transmisibles.
En el cumplimiento de las metas comprometidas en el programa
para cada uno de los cuatro ejes, se involucran los siguientes ámbitos:
«Política pública», «Alianza público-privada», «Marketing social-
concientización» y «Trabajo en terreno», los cuales se describen a
continuación:
En relación al ámbito de «Políticas públicas», asumiendo ser un
complemento de la Estrategia Nacional de Salud (2011-2020), ante
la pregunta «¿Qué hemos hecho?» se señala lo siguiente: (1) Se ha
informado a través de 10 mil afiches en colegios y consultorios, en
los cuales también se ha distribuido el libro 20 razones para comer
en familia. (2) Se ha educado en hábitos, a través de la realización de
guías educativas para colegios, el Programa de Alimentación Escolar
(PAE-JUNAEB), y se ha construido infraestructura deportiva nueva
en colegios. (3) Se ha regulado y normado el consumo de alimentos,
como por ejemplo, a través de la ley de etiquetados y la restricción a
la publicidad.
Respecto al ámbito de la «Alianza público-privada», que busca
conectar al Estado con el mundo privado, se señala que: (1) Se han
establecido convenios con empresas, tales como Cencosud, SMU Uni-
marc, Ideal, Luchetti, Carozzi, Universidad Santo Tomás, Pepsi-Cola,
CCU y VTR. (2) Se han proporcionado patrocinios institucionales. Por
ejemplo, se han otorgado más de 120 patrocinios «Elige Vivir Sano» en
actividades tanto del sector público como privado. (3) Se han alentado
buenas prácticas, tales como la instalación de espacios saludables en
escuelas (quioscos «Elige Vivir Sano») y la capacitación en empresas
con apoyo del team «Elige Vivir Sano».
Respecto al ámbito del «Marketing social», que busca avanzar
desde el cambio cognitivo al conductual, se indica que: (1) Se han
realizado giras nacionales «Chile en Movimiento» (que en dos años,
han recorrido más de 50 ciudades). (2) El team «Elige Vivir Sano» ha
estado en terreno, con más de 50 actividades mensuales; implemen-
tándose, también, el team «Elige Vivir Sano en Verano» con más de

118
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

500 mil participantes cada año. (3) Se ha lanzado la campaña «Elige


Vivir Sano Bailando» con más de mil personas. (4) Finalmente, se ha
DPOTPMJEBEPMBQSFTFODJBFOSFEFTTPDJBMFT 8FCNJMWJTJUBT5XJUUFS
25.137 seguidores / Facebook: 244.193 fans).
En relación al ámbito de «Trabajo en terreno», que pretende co-
nectar al Estado con las comunidades, se especifica entre las principales
actividades: (1) Intervenciones urbanas tales como clases de spinning,
desayunos saludables y «bailatón». (2) Seminarios regionales «Elige
Vivir Sano en tu Barrio», en ciudades como Iquique, Concepción y
Temuco. (3) Manual de capacitación para gobiernos regionales y mu-
nicipalidades, así como también a miembros de comunidades escolares,
líderes comunitarios y dirigentes de juntas de vecinos.
En definitiva, en cuanto a los resultados, la directora de «Elige
Vivir Sano», Pauline Kantor, sostuvo que el programa ha llegado
directamente a millones de personas, de diversos sectores de la socie-
dad (Diario Financiero, 2014). Según los resultados de la Encuesta
«Elige Vivir Sano» del año 2012, se indica que a través de campañas
nacionales en medios de comunicación masivos, se ha contribuido a
la concientización del 83% de la población respecto a los temas de
bienestar y vida saludable. Asimismo, el 80% de los entrevistados con-
sidera que «Elige Vivir Sano» es un programa «bueno o muy bueno».
Del mismo modo, el 40% de los encuestados que señala haber tenido
alguna relación con «Elige Vivir Sano» sostiene haber cambiado, al
menos, un hábito. Además, se precisa que entre los años 2009 y 2012,
el sedentarismo en Chile se redujo en 3,7 puntos, es decir, que 500 mil
chilenos que antes no realizaban actividad física, hoy la practica 3 o
más veces por semana.
A partir de lo anterior, Pauline Kantor considera a esta iniciativa
como una innovación, en términos de cómo se administró y gestionó
desde el ámbito público y privado (Diario Financiero, 2014). Sin em-
bargo, añade, hay mucho por hacer, especialmente a nivel escolar en
donde es necesario generar una verdadera revolución mediante una
nueva mentalidad. En este contexto, plantea que la continuidad del
programa en la administración de la Presidenta Michelle Bachelet es
clave para revertir los altos índices de obesidad y sedentarismo y, en

119
Iván Pincheira

consecuencia, el alto número de muertes causadas por las enfermeda-


des crónicas.

5. Críticas al Sistema «Elige Vivir Sano»


A partir de lo revisado hasta este punto, hemos podido apreciar algunos
de los aspectos más significativos del programa «Elige Vivir Sano».
Por ende, a continuación, nos concentraremos en diferentes críticas
realizadas en su contra en las discusiones suscitadas en el hemiciclo del
Parlamento y de los argumentos emergidos desde el discurso académico.
En ambos casos, es posible advertir que las críticas se concentran en
torno a los rasgos liberales que contiene esta iniciativa de gobierno.
En primer lugar, desde el ámbito parlamentario, la aprobación
unánime de la ley que da origen al Sistema «Elige Vivir Sano» no estuvo
exenta de comentarios críticos. Durante su discusión en la Cámara Alta,
el senador Ricardo Lagos Weber señaló que pese a que «Elige Vivir
Sano» parte desde la base de que todos tenemos libertad para elegir
qué comemos, cómo nos comportamos, o cuál es nuestra actitud ante
la vida; la experiencia indica que hay determinantes sociales de gran
importancia a la hora de actuar: «En consecuencia, las posibilidades de
elegir vivir sano son a veces más un eslogan que una realidad. Porque
si con 1.500 pesos es factible llenar el estómago con comida chatarra
y para recibir una alimentación sana y equilibrada –con verduras,
frutas, en fin– se necesitan 4.000, más allá de sus buenas intenciones,
el padre o la madre no tienen alternativa» (Biblioteca del Congreso
Nacional, 2013, p. 111).
El mismo senador advirtió que el financiamiento compartido
(público y privado) genera tal atracción que muchas grandes empre-
sas decidieron aportar recursos con el objetivo de obtener beneficios
tributarios. Por tanto el problema que podría generarse es que si estas
empresas deciden retirar su apoyo monetario, es el Estado quien de-
berá hacerse cargo: «Todo lo cual generará un déficit y obligará a que
recursos que podrían destinarse a la atención primaria de salud, por
ejemplo, vayan a ‘Elige Vivir Sano’, que (reitero) ya no será un pro-
grama, sino una ley permanente ¡y un tremendo legado...! He dicho»
(Biblioteca del Congreso Nacional, 2013, p. 113).

120
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

Otra de las alocuciones críticas con algún aspecto de EVS, fue


emitida por el senador Carlos Bianchi en relación a que el programa
envuelve un deseo, un anhelo, pero choca con una realidad: es decir,
mucha gente, más allá de querer vivir sano, no puede alimentarse como
querría hacerlo. Esta situación, según el parlamentario, se haría evidente
en el caso de los adultos mayores, pues ellos no tienen la posibilidad
de elegir vivir sanamente.
Ellos quieren vivir sanamente; quieren prolongar su vida; quieren
contrarrestar las enfermedades que les genera la mala alimentación
derivada de su precaria situación económica, pero, debido a las pen-
siones que reciben, no tienen la opción de vivir en esa forma. ¡Viven
con lo que pueden! ¡Comen lo que pueden! Y una vez al mes se juntan
en los tecitos, en los bingos, donde hay pancito, quequito, en fin; y lo
que sobra se lo llevan a su casa» (Biblioteca del Congreso Nacional,
2013, p. 116).
Al respecto, el senador Guido Girardi sostuvo que los más pobres
corresponden al sector más vulnerable: presentan mayor cantidad de
infartos, de accidentes vasculares, de diabetes, de obesidad, que sus
pares de mayores ingresos. Por consiguiente, el senador señaló que
se requiere una política integral que considere otro tipos de medidas,
tales como: obligar a realizar actividad física a todos los estableci-
mientos educacionales a lo menos tres veces por semana, elaboración
y promulgación de una ley que norme la publicidad de etiquetado
nutricional, regular la venta de comida chatarra, asignar impuestos a
los alimentos ricos en grasas, determinar subsidios a frutas y verduras,
invertir en infraestructura urbana de manera de hacer de la ciudad un
espacio amable para realizar actividad física, entre otras. En sus propias
palabras: «Estamos muy lejos de poder afirmar que la política ‘Elige
Vivir Sano’ va a resolver algún problema. Ello sucederá, en cambio,
si de verdad existe decisión de enfrentar los intereses económicos que
están detrás, de tocar intereses poderosos» (Biblioteca del Congreso
Nacional, 2013, p. 119).
En síntesis, las principales objeciones planteadas por estos parla-
mentarios destacan que «llevar una vida sana» no es una cuestión de
elección personal, sino que las desigualdades económicas son un factor
determinante. Desde la investigación académica se realizarán lecturas

121
Iván Pincheira

afines. En un artículo titulado «¿Puede usted elegir una vida sana?»,


de los investigadores María Luisa Marinho y Álvaro Jiménez (2013,
septiembre 3), se plantean que nuestros modos, estilos, o condiciones
de vida y trabajo (es decir, aquello que se conoce como «determinantes
sociales») tienen una fuerte influencia sobre nuestra salud. Sin embargo,
una concepción restringida de estos «determinantes» ha concebido
programas y políticas de salud, exclusivamente, en términos de modi-
ficaciones de «hábitos y comportamientos individuales»: en efecto, los
problemas de salud se conciben como si fueran el resultado de la (falta
de) voluntad de las personas. Por consiguiente, tales programas tienen
un efecto limitado, puesto que ante todo es necesario comprender los
mecanismos por los cuales las conductas están influidas por el entorno
y condiciones sociales.
Siguiendo con el artículo citado anteriormente, se señala que la
adopción de un modo de vida saludable (por ejemplo: alimentación
equilibrada, ejercicio físico, abstinencia de tabaquismo, etc.) está aso-
ciada a condiciones socioeconómicas que no se resuelven con la mera
promoción de responsabilidades individuales. Por ello, se considera
que «Elige Vivir Sano» realiza una agresión simbólica al promover una
campaña que aconseja comer 5 porciones de frutas y verduras al día,
cuando el valor de dichos alimentos equivale al 53% del ingreso per
cápita mensual de quienes pertenecen al primer quintil socioeconómico.
Por otro lado, hacer ejercicio tampoco está al alcance de todos.
Pedirle realizar activada física a alguien que trabaja 10 horas diarias
y utiliza 2 horas más en transportarse hacia/desde el trabajo no solo
desconoce la realidad que esa persona vive, sino que además ignora
la injusticia social en la que se halla: esa persona no tiene la libertad
de elegir un estilo de vida más saludable (Marinho y Álvarez, 2013,
septiembre 3).
En definitiva, el artículo concluye que los comportamientos de las
personas no son libremente elegidos, sino que son moldeados por una
serie de factores que van más allá de su voluntad. En este sentido, la
importancia de la libertad para elegir un estilo de vida más sano solo
puede ser afirmada una vez que los individuos tienen la posibilidad de
elegir comportamientos más saludables dentro de las opciones que la

122
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

sociedad –en su conjunto– le presenta. En otras palabras: fundamental-


mente, se trata de un problema de responsabilidad social, no individual.
De manera similar, en el artículo titulado «¿Realmente podemos
elegir vivir sano?», Matías Goyenechea (2013, marzo 26) sentencia
que el programa «Elige Vivir Sano» parte desde la premisa de que
existe igualdad de condiciones para elegir un estilo de vida saludable,
algo que resulta ser falso. Según el autor, este anuncio pasa por alto
la evidencia existente en epidemiología social respecto a los determi-
nantes sociales de la salud a lo largo del siglo XX. En efecto, el foco
no está en las decisiones del individuo, sino que en su contexto social
y cómo este afecta su salud: «Elige Vivir Sano oculta la realidad bajo
el marketing (una realidad en la que familias completas viven con
sueldos miserables) sin hacerse cargo de generar herramientas para
cambiar esta situación. Al contrario: nos genera la falsa idea de que
todos podemos elegir, cuando, en realidad, un porcentaje muy menor
de ciudadanos tiene ingresos suficientes como para hacerlo» (Goye-
nechea, 2013, marzo 26).
Junto a lo recién señalado, el autor se refiere a la discusión sobre el
financiamiento de este programa. Teniendo presente que el desfinanciado
sistema de salud chileno cuenta con precario recursos, indica lo siguiente:

El presupuesto de la Subsecretaría de Salud Pública desti-


nará 400 millones de pesos en «acciones ligadas al programa
EVS». Otra fuente de recursos proviene del Fondo Nacional
de Investigación y Desarrollo en Salud de donde se desembol-
sará 50 millones de pesos, de un fondo que cuenta con poco
financiamiento y está centrado en la investigación científica en
salud. Otra fuente de financiamiento proviene de empresas del
retail y otras (Paulmann, Saieh, Luksic), lo que permite que este
programa gaste recursos sin un control adecuado, además de
servir para quienes realizan las donaciones, quienes obtienen
importantes exenciones tributarias por donar recursos, además
de obtener propaganda gratuita gracias al gobierno» (Goyene-
chea, 2013, marzo 26).

De acuerdo con este autor, promover estilos de vida saludable debería


hacerse aumentando los recursos destinados a la Atención Primaria de
Salud (APS), específicamente a la promoción, actividad que correspon-

123
Iván Pincheira

dería efectuar en y con la comunidad, con la participación activa de los


consultorios. En este sentido, precisa, se ha demostrado a nivel mundial
que los países que fortalecen la Atención Primaria de Salud (APS) tienen
mejores resultados, mayor equidad y generan costos menores.
Finalmente, por nuestra parte, una vez que hemos citado algunas
de las críticas que han sido formuladas desde los ámbito legislativo y
académico, y en tanto ya hemos conocido los principales aspectos desde
los cuales se constituye el Sistema «Elige Vivir Sano», concluiremos
nuestro recorrido, proporcionando un panorama más general que nos
permita –esperamos– entender esta política pública en un concierto de
disposiciones más amplio. Desde esta perspectiva, se busca evidenciar
los rasgos neoliberales de la mencionada política de gobierno.

6. Conclusiones
A partir de la conformación del Sistema «Elige Vivir Sano», pode-
mos constatar la estructuración de una política pública directamente
diseñada para potenciar capacidades que les permitan a las personas
alcanzar niveles superiores de «felicidad». Participando de los esfuerzos
tendientes a prevenir los factores y conductas de riesgo asociados a las
enfermedades crónicas no transmisibles, se sancionará constitucional-
mente que la «calidad de vida» y el «bienestar personal» sean materia
de política pública.
Ahora bien, al momento de proporcionar un panorama general
que permita entender esta práctica estatal, de inmediato podemos
advertir que en la implementación de «Elige Vivir Sano», la apelación
recurrente al concepto de felicidad hace parte de las vigentes «políticas
del individuo» (Merklen, 2013). De este modo, junto con debilitar las
protecciones y derechos sociales, este tipo de políticas se concentran en
la producción de un sujeto que asuma la responsabilidad de asegurarse
frente a diferentes tipos de riesgos (Castel, 2004). Por consiguiente, lo
anterior lleva a los sujetos a establecer prácticas de autoaseguración
a través de una relación calculadora y prudente con el futuro: «nuevo
prudencialismo», le denominará O’Malley (2006). De esta forma,
será una obligación personal el dar pasos activos para asegurar una
adecuada calidad de vida (Rose, 2007).

124
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

El Presidente Piñera afirmó, en el acto de promulgación de la ley que


crea el Sistema «Elige Vivir Sano», que si bien el Estado debe ayudar a
crear oportunidades, el principal responsable de nuestras vidas somos
«nosotros mismos». A ello, agregó que esperar que el Estado resuelva
todos los problemas no es solo una posición muy cómoda, sino que
además una orientación incorrecta: «El mejor médico es cada uno de
nosotros mismos. El que mejor puede cuidar nuestra salud, somos
nosotros mismos. Por eso, el programa ‘Elige Vivir Sano’ lleva esta
cultura de la prevención y de la vida sana directamente a las personas,
a que cada uno se haga responsable de su propia vida y de su propia
salud» (Biblioteca del Congreso Nacional, 2013, p. 199).
Conectada a una extendida cultura psicológica de la autoayuda
(Stecher, 2013; Papalini, 2010; Illouz, 2007), las modalidades contem-
poráneas de gestión gubernamental de la felicidad (materializadas,
por ejemplo, en el Sistema «Elige Vivir Sano») son coherentes con las
políticas neoliberales de individuación: bajo la lógica de la privatiza-
dora de los «bienes comunes» (Negri, 2012), tenderá a un proceso de
«desinstitucionalización» de aquellos espacios que habían sido dise-
ñados para ser garantes del acceso igualitario a sistemas de protección
social (Kessler, 2013).
En este mismo sentido, el carácter neoliberal del tratamiento del
concepto de «felicidad» por parte del programa «Elige Vivir Sano» se
manifiesta, también, en la alianza establecida entre el aparato público
y sectores de la empresa privada. Ligadas a la industria alimentaria,
son varias las compañías que adquieren la calidad de «socias» de este
programa gubernamental. En el contexto de un sistema de salud pública
en crisis, a la empresa privada se le concede un lugar privilegiado en
la promoción de una vida saludable que sea garantía de una vida feliz.
Es así como, encuadrada dentro de la práctica de la Responsabilidad
Social Empresarial –operación de marketing que busca posicionar una
imagen de marca mediante la instalación de servicios básicos u otros
aportes a la comunidad– y con el fin de acceder a exenciones tributa-
rias, las empresas logran posicionarse en el actual contexto en donde
el Estado ha abandonado sus antiguas funciones de seguridad social.
En estas circunstancias, bajo la gestión coarticulada en Estado y
mercado es posible observar cómo hoy en día se gobiernan las conduc-

125
Iván Pincheira

tas de los ciudadanos. Desde esta modalidad de gobierno, se alentará


a los individuos a que se habitúen a desarrollar sus comportamientos
en un escenario en que ya no existen derechos sociales garantizados.
Lo anterior, se encuentra en concordancia con los principios del neo-
liberalismo, enfatizando en la responsabilidad individual al momento
de garantizar su futuro bienestar. En este sentido, las acciones llevadas
a cabo desde «Elige Vivir Sano» serán complementarias con la lógica
del «capital humano» (Foucault, 2007): en definitiva, constituye un
dispositivo de gobierno que, incentivando la autonomía y el empren-
dimiento, buscará que cada cual se transforme en un empresario de
sí mismo.
Con todo, vamos a concluir que a través de la utilización de la
noción de «felicidad» como recurso motivacional, además de hacer
frente a la pandemia de las enfermedades crónicas no transmisibles, el
Sistema «Elige Vivir Sano» propiciará, también, la formación de un tipo
de sujeto particular: mediante el entrenamiento constante de hábitos,
deberá hacer frente a las condiciones estructurales de inseguridad y
precarización que caracterizan el modelo de desarrollo vigente en Chile.
Para finalizar, no podemos dejar de destacar el reiterado llamado
que tanto el Presidente Piñera como su esposa han hecho para que la
administración de Michelle Bachelet continúe con esta política de Es-
tado. En esta dirección, a propósito de los resultados de la «Encuesta
Nacional de Opinión Pública sobre Calidad de Vida y Vida Sana»
(2013), se puede afirmar que el 88% de los entrevistados señalaron que
el programa «Elige Vivir Sano» debe continuar durante los próximos
gobiernos. Al respecto, Cecilia Morel sostuvo que: «Yo creo que esta
política pública implica una muy buena noticia para los chilenos. Le
dejo la invitación a la próxima administración a que continúe con
esta política que ha sido bien evaluada. La encuesta demuestra que
los chilenos piden que siga para ayudarlos a elegir vivir sano» (Elige
Vivir Sano, 2014).
Sin duda que ante el alarmante aumento de las enfermedades
crónicas no transmisibles se requieren medidas que puedan respon-
der adecuadamente a esta grave situación. En estas circunstancias,
se hace indispensable una acción integral que cuente con una sólida
base institucional que reconozca y apunte hacia los determinantes es-

126
Programa gubernamental «Elige Vivir Sano»...

tructurales en materia de salud pública. Por este motivo es necesario,


entonces, considerar los serios cuestionamientos planteados al Sistema
«Elige Vivir Sano». Programa estatal que, siendo uno de los legados
del gobierno de Sebastián Piñera, se caracterizará por ser una política
pública de marcado sello neoliberal.

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Iván Pincheira

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128
Reflexiones y controversias sobre salud
mental, bienestar y felicidad

Marco Barrientos y Daniel Martínez

Introducción
Actualmente existen en Chile varios artículos que han presentado inte-
resantes evidencias y reflexiones sobre la relación entre salud mental,
bienestar y felicidad. En estos documentos se plantea que la propia
definición y comprensión de la salud mental incorpora necesariamente
la pregunta por el bienestar y la felicidad, y que, consecuentemente,
la salud mental de los chilenos presenta grandes déficits (Martínez y
Zamora, 2013).
Los antecedentes anteriores evidencian que las políticas de salud
mental chilenas cuentan con un apoyo presupuestario deficitario en
relación a países desarrollados o en comparación con otros campos
de la salud (Valdés y Errázuriz, 2012). Asimismo, indican que hay
vivencias de un malestar social nacional que se expresa en una salud
mental dañada (Aceituno, Miranda y Jiménez, 2012), y que el fomento
del bienestar o la felicidad tiene implicancias –directas y positivas– con
una mejora de los indicadores sanitarios en general y de salud mental
en particular (Diener y Tay, 2012).
En este capítulo presentaremos algunas evidencias y reflexiones
sobre las controversias que se suscitan al intentar instalar en las políticas
públicas y en las iniciativas personales, programas que promueven la
salud mental con un enfoque prioritario en el bienestar y la felicidad.

129
Marco Barrientos y Daniel Martínez

1. Políticas públicas para la promoción de salud


mental, bienestar y felicidad
Como se ha señalado, el cuerpo de evidencia existente relaciona los
conceptos de salud mental y felicidad al menos desde dos perspectivas.
La primera, parece demostrar que la experiencia de insatisfacción o
malestar en la sociedad chilena se expresa en un lenguaje que pone
relevancia en los problemas de salud mental, impactando de este
modo y por diferentes vías, en la identificación de elevados niveles
de problemas epidemiológicos en este campo (Aceituno, Miranda y
Jiménez, 2012; Martínez y Zamora, 2013). Por otra parte, se observa
evidencia que muestra que elevados niveles de bienestar subjetivo im-
pactan en mejores indicadores sanitarios, incluyendo los problemas de
salud mental (Diener y Tay, 2012; Martínez y Zamora, 2013). Se trata,
entonces, de la existencia de un interesante continuo entre bienestar
subjetivo y salud mental.
Se ha entendido el concepto de bienestar subjetivo como la ope-
racionalización del concepto general de felicidad (Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo, 2012), cosa que puede describirse
en palabras de Diener (1984) de la siguiente manera:

El bienestar subjetivo, a menudo llamado «felicidad» en la


terminología del lego, se refiere a la sensación de bienestar en
las vidas de las personas, tanto en los pensamientos como en los
sentimientos. El bienestar subjetivo incluye la satisfacción con la
vida, el matrimonio, el trabajo, y otros ámbitos importantes tales
como la salud, así como los sentimientos y experiencias como el
placer, el disfrute, la alegría y el amor. Alto bienestar subjetivo
también incluye bajos niveles de miedo, ira y depresión. Así, una
persona con alta percepción de bienestar subjetivo experimenta
satisfacción con su vida, se siente agradable la mayor parte del
tiempo, y sólo experimenta sentimientos negativos ocasionales.
En suma, el retrato de una persona feliz es una persona que
piensa que su vida va bien y experimenta sentimientos que son
congruentes con esta evaluación (Diener y Tay, 2012, p. 3).

Asumiendo la existencia de este continuo y entendiendo que el


mismo opera bidireccionalmente, puede entenderse que el logro de
mejores niveles salud mental está determinado por la promoción

130
Reflexiones y controversias sobre salud mental, bienestar y felicidad

de mejores niveles de satisfacción subjetiva en la población. De este


modo, una política de salud pública en salud mental debería incluir,
en su formulación y ejecución, un énfasis importante en la promoción
de la salud y en el abordaje de determinantes sociales que tiendan a
mejorar la percepción de bienestar subjetivo de la población. A nuestro
parecer, si bien estos elementos están declarados en la actual política de
salud mental chilena (Ministerio de Salud, 2000), lo son de manera no
protagónica y en la práctica no se fomenta ni se financia su ejecución.
El sector público no aborda la salud mental como salud, sino como
enfermedad. La política de salud mental (Ministerio de Salud, 2000)
define una serie de seis problemas o patologías a abordar: depresión,
esquizofrenia, trastornos hipercinéticos, drogas y alcohol, Alzheimer
y violencia intrafamiliar. No obstante, si bien estas se asumen desde
un continuo que va desde la promoción a la rehabilitación o con un
enfoque que fomenta los abordajes de tipo comunitario, en la práctica
se concentran en las acciones más habituales del sector, esto es: el diag-
nóstico y el tratamiento de la enfermedad. De hecho, la mecánica de
financiamiento de la mayor parte de los dispositivos sanitarios en esta
materia, una modalidad denominada Pago por Prestaciones Valoradas
(PPV), reduce el pago a la ejecución de actividades clínicas sobre un
grupo definido de diagnósticos psiquiátricos. Esto limita la acción de
los equipos de salud mental, disminuyendo la ejecución de acciones
preventivas o promocionales de la salud o del bienestar subjetivo, a
iniciativas locales, sustentadas en el esfuerzo y compromisos personales
de los profesionales y técnicos, quitando tiempo a otras actividades
de tipo clínico que constituyen el centro de la acciones evaluadas, que
son las que comprometen los recursos destinados al desarrollo de los
programas.
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, los actuales
recursos destinados por los diferentes países a la salud mental y a la
psiquiatría alcanzan una cobertura cercana al 60% de la prevalencia a
nivel mundial. Lo anterior, justifica comprensiblemente, en una primera
aproximación, la generación de políticas centradas en el diagnóstico
y el tratamiento. Sin embargo, a nuestro entender, el desarrollo de las
mismas solo apunta hacia la estabilización del problema en el futuro,
sin contribuir a objetivos más permanentes e integrales, que promuevan

131
Marco Barrientos y Daniel Martínez

el bienestar subjetivo de las personas. En este sentido, parece evidente


que de no mediar un cambio de mirada en cómo se aborda la salud
pública –enfatizando prácticas que fomenten el bienestar, la calidad de
vida y vínculos más saludables–, estas tendencias epidemiológicas no
lograrán revertirse, dado que la aparición de la enfermedad supera am-
pliamente la capacidad de respuesta del sistema sanitario. Se requiere,
entonces, profundizar en un estilo de trabajo que encare el ambicioso
objetivo de modificar patrones generales de conducta, interacción y
cambio social, cuestiones que el sector salud no puede abordar sino
mediante el trabajo conjunto con otros sectores del Estado.
En la medida que la política pública de salud mental siga cen-
trando su foco en la enfermedad y no en la salud, no se fomentarán
acciones destinadas a generar mayores grados de desarrollo del capital
humano, incluyendo abordajes que impliquen mejoras en el grado de
satisfacción con la vida al modo de lo expuesto por Diener (Diener,
1984; Diener y Tay, 2012).
La corriente cultural principal del sector salud sigue estando domi-
nada por la metáfora de «la enfermedad de base biológica» y por los
esfuerzos técnicos especializados para su tratamiento. Puede suponerse
que este enfoque dominante es el que brinda el soporte epistemológico
a los planificadores a la hora de plantearse una política determinada.
Una prueba de ello es la recientemente publicada Estrategia Nacional
de Salud (ENS) (Ministerio de Salud, 2012) que fija una serie de ob-
jetivos estratégicos que guiarán las acciones del sector salud hasta el
año 2020. Estos, en su mayoría, están orientados hacia la superación
de patologías específicas. En lo concerniente a salud mental, la ENS
define que debe trabajarse para «disminuir la prevalencia de disca-
pacidad en personas con enfermedad mental», en atención a que los
problemas neuropsiquiátricos acumulan la mayor cantidad de «años
de vida ajustados por discapacidad» perdidos (Discapacity Adjusted
Life Years, que se ha traducido como AVISA) en el país (Ministerio de
Salud, 2008).
A partir de lo anterior, afirmamos, entonces, que la corriente
cultural principal del sector carece de un cuerpo teórico de suficiente
peso que le permita conceptualizar y llevar a la práctica acciones sis-
temáticas orientadas a mejorar el bienestar de la población, aportando

132
Reflexiones y controversias sobre salud mental, bienestar y felicidad

al desarrollo de una política salud mental robusta que se centre en la


promoción del bienestar y la felicidad, tanto individual como colectiva.
Pese a lo anterior, existe en el sector lo que puede denominarse
una «corriente cultural emergente» que en los últimos veinte años ha
venido ganando espacio en las políticas sanitarias: primero, de la mano
del desarrollo de planes de promoción de salud; y luego, trayendo al
discurso los elementos del enfoque de Determinantes Sociales de la Sa-
lud (DSS), particularmente implementado en el terreno de la Atención
Primaria de Salud (APS) durante la instalación del Modelo de Atención
Integral, impulsado con fuerza desde la reforma sanitaria del año 2005.
El modelo de DSS enfatiza los elementos sociales y contextuales
como factores intermedios determinantes de la salud de las personas,
dentro de los cuales, aspectos como el nivel educacional y finalmente
la posición social se destacan como factores claves que impactan en el
nivel de salud (Marmot y Wilkinson, 1999; Benach y Muntaner, 2005).
Al parecer, este mecanismo de acción está mediado por la percepción
de las personas respecto del control sobre el ambiente y la vida coti-
diana, y el consiguiente nivel de estrés que ello implica (Salazar, 2009).
Desde esta dimensión comprensiva, la autonomía percibida como la
capacidad de tomar las propias decisiones y tener el control de la vida,
se levanta como uno de los pilares del bienestar desde la Teoría de la
Autodeterminación (Ryan y Deci, 2011). En términos sintéticos, la
evidencia muestra que personas con mejor posición social sostienen
niveles superiores de salud y de bienestar subjetivo. De este modo, el
campo propio de la acción sanitaria se desplaza hacia otras formas de
acción social que permitan disminuir las diferencias «injustas y evi-
tables» presentes en el entramado social (Benach y Muntaner, 2005).
Si bien estos elementos forman parte del discurso sanitario con-
temporáneo en Chile, ocupando por ejemplo, uno de los siete objetivos
estratégicos de la ENS –destinado a reducir las inequidades en salud
de la población a través de la mitigación de los efectos que producen
los determinantes sociales y económicos de la salud– en la práctica, se
observa que no se priorizan como acciones legítimas de los equipos
de salud y no se financian, al constituir prácticas que no se identifican
con acciones específicas medibles del sector.

133
Marco Barrientos y Daniel Martínez

Otra expresión de este limitado estado de desarrollo se refiere,


específicamente, al campo de las políticas de salud mental. En el año
2011, el Departamento de Salud Mental de la Subsecretaría de Salud
Pública del Ministerio de Salud, hizo circular un documento borrador
(Ministerio de Salud, 2011) de lo que se suponía sería la revisión de la
política imperante que data del año 2000. Dicho documento introdu-
cía una nueva definición de la salud mental vista desde la perspectiva
positiva que destacaba:

La salud mental es un estado de bienestar en el cual el indi-


viduo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las
presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructí-
feramente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.
La perspectiva positiva concibe la salud mental como el estado
de funcionamiento óptimo de la persona y, por tanto, define que
hay que promover las cualidades del ser humano y facilitar su
máximo desarrollo potencial (Ministerio de Salud, 2011, p. 7).

Además, el documento adaptaba un modelo del Canadian Institute


for Health Information, en el que se proponía una definición de salud
mental que partía no solo desde la presencia o ausencia de síntomas
psiquiátricos, sino desde el agregado de un nuevo eje conceptual que
diferenciaba la «Salud Mental» de la «Pobre Salud Mental». Al respec-
to, únicamente la primera es caracterizada en términos de percepción
de bienestar subjetivo, entendida como «la habilidad para disfrutar de
la vida, enfrentar los eventos vitales, experimentar y expresar bienestar
emocional y espiritual, resonancia o involucramiento con la sociedad
y respeto por la cultura, la equidad, la justicia social y la dignidad
personal» (Ministerio de Salud, 2011).
Al ser el enfoque de aquel documento coherente con una mirada
integral que podría trazar relaciones más directas con acciones sani-
tarias destinadas a lograr mejores niveles de bienestar en la población,
sin mediar explicaciones el proceso de discusión colectivo se detuvo a
principios del año 2012. Coincidentemente, se observó que la Unidad
de Salud Mental de la Subsecretaría de Redes Asistenciales ponía un
énfasis destacado en la implementación de acciones en el ámbito de la
psiquiatría legal, en una mirada que priorizaba los nexos con la polí-

134
Reflexiones y controversias sobre salud mental, bienestar y felicidad

tica de seguridad pública. Nuevamente, a nuestro juicio, la corriente


principal del sector salud centrada en la enfermedad se imponía por
sobre la mirada del desarrollo de la salud mental y el bienestar.
Se hace evidente que las políticas sanitarias se despliegan en el con-
texto social y cultural contemporáneo en Chile, propio de sociedades
que avanzan hacia la modernización, lo que implica la inclusión de un
discurso que releva la autonomía individual por sobre distintas formas
de entramado social (Aceituno, Miranda y Jiménez, 2012) y donde las
personas aspiran a encontrar la felicidad en su proyecto personal, en
su vida familiar o en su hogar, con una marcada desconfianza frente a
las instituciones y la comunidad que se hace cada vez más desconocida
(Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2012).
En este contexto, la experiencia de los equipos de salud es la del
contacto con un usuario que exige atención y solución a sus problemas
desde la lógica del consumo y la provisión de servicios, sin considerar-
se copartícipe de su salud. Consecuentemente, los equipos sanitarios
intervienen desde el patrón complementario, asumiendo ellos respon-
sabilidades que van más allá de los actos técnicos para situarse en la
responsabilidad sobre el estado de salud y el cambio de comportamiento
de las personas atendidas. Resulta difícil para el sector, entonces, asu-
mir un estilo de relación que no esté basado sobre la autoridad y la
jerarquía; aportando, así, al estancamiento de patrones de interacción
que potencialmente podrían contribuir a un mayor grado de bienestar.
El desarrollo de políticas sanitarias se ha mostrado particularmente
sensible a acoplarse con este estilo cultural, sin intentar decididamente
generar prácticas beneficiosas a mediano o largo plazo, que pudieron
ser impopulares en lo inmediato. Y surge la pregunta de ¿por qué
esto es así? Lo que aquí hemos llamado «corriente cultural no domi-
nante» –o, desde la esperanza, «corriente emergente»– acumula una
masa crítica capaz de interpelar las prácticas habituales del sector: las
ideas planteadas resultan obvias, epidemiológicamente razonables y
hasta políticamente correctas. Entonces, ¿por qué no se toman cursos
de acción más decididos que se traduzcan, por ejemplo, en aumentos
presupuestarios o modificaciones de las mallas curriculares de las
profesiones de la salud en esta línea?

135
Marco Barrientos y Daniel Martínez

Las respuestas a las interrogantes anteriores, tal vez, están en los


ya viejos preceptos cibernéticos de análisis de las relaciones sociales
(p.e. Bateson, 1971). En este sentido, un cierto grado de desasosiego
–o, francamente, patología mental– contribuye a la estabilización
del conjunto de los acuerdos sociales, incluyendo: la mantención de
las inequidades existentes en la actualidad; o bien en la idea de que
resaltar un discurso centrado en la patología mental contribuye a la
amortiguación del malestar social (Aceituno, Miranda y Jiménez, 2012;
Martínez y Zamora, 2013). Otra interpretación trataría que, quizás,
simplemente refleje el hecho de que dadas las formas de relación de la
política imperante (una suerte de analogía del mundo del consumo),
las decisiones en el ámbito de lo sanitario no puedan sustentarse en
miradas de mediano plazo que impliquen, eventualmente, transforma-
ciones que puedan resultar diferentes a las expectativas de la población
y del modelo de desarrollo imperante.
Sea como sea, estas dinámicas emergentes deben observarse con
optimismo. El sistema sanitario actual vive un momento de transi-
ción cultural que ha mostrado un decidido desarrollo científico en los
últimos veinte años, enfatizando modos de conceptualizar y operar
que pueden hacer viable, en el mediano plazo, la implementación de
políticas de salud mental que superen la sola noción de «patología psi-
quiátrica» y promuevan acciones que favorezcan el logro del bienestar
y la felicidad en la población.

2. La imperfecta felicidad
La felicidad, dialécticamente, contiene a su contrario, la infelicidad, que
se le cruza gatunamente para dificultarle su andar. El libro Felicidad en
la Infelicidad (Marquard, 2006), nos plantea que: «Lo humanamente
posible no es la perfecta felicidad, sino la imperfecta felicidad, la feli-
cidad en la infelicidad. La pregunta por la felicidad se torna irreal si
se le separa de la pregunta por la infelicidad, porque para los hombres
no existe la felicidad sin sombras» (Marquard, 2006, p. 11).
Si el ser humano y la sociedad son imperfectos, hay que pensar
la búsqueda de la felicidad desde esta imperfección, es decir, no hay
que soñar con una felicidad inmaculada que siempre estará por venir,

136
Reflexiones y controversias sobre salud mental, bienestar y felicidad

sino en una cotidiana, de carne y hueso, que surja día a día en una
mundana resurrección. Desde esta mirada es importante integrar en
un continuo la felicidad y la infelicidad, el bienestar y el malestar, la
salud mental y los trastornos psiquiátricos, ya que solo incluyendo las
diferentes realidades podremos hacernos cargo de la pregunta por el
bienestar y la felicidad del ser humano en cuerpo, mente y en aquello
que algunos llaman alma.

3. Más feliz que perro con dos colas… más infeliz que
perro con tres colas
La perfecta felicidad, como modelo social imperante en una sociedad
de consumo, puede llevarnos obsesivamente a la imposibilidad de
disfrutar plenamente lo vivido frente a la angustia de lo faltante o la
incomodidad de la imperfección. Más aún, si esa aspiración tiene una
demanda de consumo interminable, siempre nos llevará a querer y a
exigir más felicidad. Debemos ser conscientes de no transformar nues-
tra felicidad en un objeto externo de consumo, que siempre necesita
más para vitalizarse. Cuando el consumo nos consume, la felicidad
comienza a utilizar una línea de crédito que nos puede llenar de deudas
el bienestar futuro.
Si la inequidad se nos aparece como un doloroso problema social,
esta también puede expresarse en la dificultad para ser feliz. Biológica-
mente, los estudios de gemelos univitelinos, explicitados en el modelo
de los determinantes de la felicidad (Lyubomirsky, 2008), proponen que
un 50% de esa y las denominadas «emociones positivas», son trans-
mitidas biólogicamente, evidenciando que las personas nacemos con
una inequidad emocional, la cual define que para algunos individuos
sea temperalmente más fácil o díficil ser feliz.
Asimismo, la evidencia nos muestra en el Informe de Desarrollo
Humano del año 2012, titulado «Bienestar subjetivo: el desafío de
repensar el desarrollo» (Programa de las Naciones Unidas para el Desa-
rrollo, 2012), que los modelos de desarrollo y los determinantes sociales
influyen en la posibilidad de ser feliz. Entre sus principales resultados,
se constata que las personas de los niveles socioeconómicos más altos
(ABC1) presentan mayores grados de bienestar y satisfacción con la

137
Marco Barrientos y Daniel Martínez

vida, tanto a nivel general como en relación a dimensiones específicas,


en comparación con los grupos menos acomodados (D y E).
Los antecedentes previos nos llevan a reflexionar que en la bús-
queda de la felicidad, el compensar nuestras necesidades básicas nos
puede ayudar a sentirnos más satisfechos con nuestras vidas y a tener
mayores niveles de bienestar. Sin embargo, si no colocamos límites a
nuestros deseos de consumo y posesión, podemos confundir nuestro
bienestar y felicidad, con el placer y la adaptación hedónica de la po-
sesión material. Ya nos advertía Erich Fromm: «Vivimos en un mundo
de placeres sin alegría» (Fromm, 2007, p. 66).
En el escenario del consumo, surge la pregunta: ¿cuánto y qué
será suficiente para ser feliz? Sin pretender responder cabalmente esta
pregunta, es preciso trasladarnos desde el paradigma de los determi-
nantes biológicos y sociales, hacia el ámbito de la salud mental. Sin
lugar a dudas, cuidar y promover una buena salud mental individual
y relacional es parte de nuestro mayor capital social para poder sen-
tirnos felices.
El Canadian Institute for Health Information destaca que:

La investigación muestra que indicadores de salud mental


positiva, tales como satisfacción con la vida, ánimo positivo y
bienestar psicológico, se asocian a múltiples y diversas varia-
bles de felicidad y calidad de vida, tales como: sentimientos de
amistad, confianza hacia terceros, vecinos o la policía; menor
mortalidad y niveles más bajos de presión arterial; mayor resis-
tencia al estrés y menor declinación intelectual en la edad ma-
dura (Estrategia Nacional de Salud Mental: Un Salto Adelante,
Ministerio de Salud, 2011, p. 7).

A partir de lo anterior, es posible sostener que un mal estado de


salud mental no solo se asocia a trastornos como el estrés y la depre-
sión, sino que, también, a relaciones sociales, familiares y laborales
deficitarias, una mala evolución en las enfermedades físicas, mayor
prevalencia de conductas de riesgo asociadas al abuso de alcohol y
otras drogas, y menores expectativas y calidad de vida.
La salud mental es mucho más que la ausencia de enfermedad. Por
ejemplo, algunas personas no tienen síntomas de enfermedad psiquiá-

138
Reflexiones y controversias sobre salud mental, bienestar y felicidad

trica alguna pero, aun así, poseen una salud mental deficitaria. A su
vez, existen personas que, teniendo una enfermedad psiquiátrica severa,
pueden gozar de un buen nivel de salud mental y se declaran «felices»,
si su enfermedad es bien tratada tanto profesional como socialmente.
Por consiguiente, la salud mental no puede ser relegada exclusiva-
mente al ámbito sanitario, sino que debe ser considerada en todas las
políticas públicas: las decisiones que afectan al país debiesen incorporar
siempre la pregunta sobre los posibles efectos en la salud mental de
las personas y de la comunidad. Al respecto, ¿cuál ha sido el peso de
la salud mental en las grandes decisiones de Chile? ¿El Departamento
de Salud Mental, el Ministerio de Salud, las sociedades científicas, han
sido consultadas sobre los posibles efectos de las grandes decisiones
políticas y económicas en la salud mental de la población? La respuesta
es clara: la salud mental NO ha sido valorada como un eje estratégi-
co del desarrollo con sentido, ni como una necesidad cuantificable y
evaluable de la convivencia humana.

4. No sé lo que quiero, ¡pero lo quiero ya!


No solo necesitamos cuidar y tratar a las personas enfermas; sino que,
por sobre todo, debemos preocuparnos de no hacer que las personas
se enfermen. Contemplamos con desolación cómo se ha ido instalando
un modelo de desarrollo, donde la consigna del «24/7» no deja tiempo
para el descanso, para compartir con nuestros seres queridos ni para
disfrutar (sin culpas) de momentos de felicidad. Este modo de desa-
rrollo, que define el crecimiento a partir del trabajo y el consumo, nos
expone a un nivel de demanda y exigencia que nos termina enfermando.
No queremos repetir las elevadas cifras que los diferentes indicado-
res de salud mental ni la alta prevalencia de licencias médicas requieren
para mantener los estándares de un crecimiento despreocupado de la
salud mental (Martínez y Zamora, 2013). En cambio, sí queremos
preguntarnos: ¿hay formas de crecimiento y desarrollo que cuiden más
la salud física y mental de las personas? La respuesta es que estamos
convencidos de que sí.
Nos preocupa ver habitualmente en la consulta de salud mental y
en la vida cotidiana, cómo las personas desconocen las emociones que

139
Marco Barrientos y Daniel Martínez

presentan, no sabiendo cómo manejarlas ni cómo convivir con las de


otros. Pareciera que nos hace falta urgentemente una «alfabetización
emocional y relacional», que nos enseñe a vivir y a compartir los afec-
tos, y las emociones positivas y negativas.
Un modelo de sociedad de consumo que niega y externaliza las
necesidades emocionales de las personas y que busca soluciones rápi-
das frente a la carencia de tiempo, termina generando respuestas de
automedicación para las expresiones sintomáticas, sin dar soluciones
definitivas a los temas de fondo. Frente al desconocimiento emocio-
nal interno y a la falta de tiempo, las personas tendemos a somatizar
nuestras emociones, somatizando y materializando nuestros malestares.
Como respuesta a esta realidad, consultamos a médicos especialistas
en salud física, quienes nos tratan con fármacos que buscan contener
y disminuir nuestro malestar emocional somatizado. Otros, buscarán
diferentes respuestas y seguirán el camino de la automedicación o del
uso compulsivo de gratificantes externos como la comida, las compras
o el alcohol y otras drogas, para calmar rápidamente esa ansiedad. Es
así como en esta forma de desarrollo, al no estar validadas las necesi-
dades de tiempo y de espera, nos hemos acostumbrado a buscar rápidas
respuestas externas, sin tener aún claras las preguntas internas, como
lo gritaba Sumo: «No sé lo que quiero, pero lo quiero ya».
Otra expresión dolorosa de este analfabetismo emocional y de
la ausencia de tiempo para «ser», es la posibilidad de que frente a la
anulación de la sana expresión emocional surjan: por un lado, respues-
tas tipo acting out, cargadas de violencia y descontrol; mientras que,
por otro lado, se van atrofiando las capacidades de sentir y modular
los afectos, apareciendo funcionamientos psicopáticos o polarizados.
Frente a este modelo donde «el tiempo es dinero», surge la necesi-
dad de proponer un modelo en el que «el tiempo es vida y crecimiento
humano». El tiempo es el espacio finito donde podemos desplegar
nuestras necesidades y potencialidades, por lo que debemos destinar
un espacio permanente en nuestra agenda para: dormir y descansar,
entretenernos, convivir con otros, trabajar y/o estudiar, y satisfacer las
necesidades y los placeres imprevistos. El modelo de desarrollo que
buscamos obliga darnos el tiempo para estar bien y desarrollar una
buena salud mental. Necesitamos la libertar personal y la posibilidad

140
Reflexiones y controversias sobre salud mental, bienestar y felicidad

social de regalarnos aquellos «5 minutos más» de libertad y autonomía,


para seguir disfrutando lo deseado y para enfrentar adecuadamente lo
impredecible. Todo esto requiere una decisión personal que valorice
humanamente el tiempo, y un modelo de desarrollo que respete las
diferentes necesidades de tiempo de las personas y de la comunidad.
Para finalizar, queremos realzar que nuestra principal riqueza como
país somos las personas, quienes tenemos la capacidad de redescu-
brirnos y reinventarnos para desarrollar la mejor versión de nosotros
mismos. Para ello, necesitamos urgentemente priorizar y cuidar nuestra
salud mental tanto individual como colectiva.

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142
Tensiones y contradicciones para el
desarrollo del bienestar subjetivo
en la escuela

M. Ángeles Bilbao

Introducción
En los últimos años, ha habido un gran interés por comprender cientí-
ficamente qué hace a las personas alcanzar niveles óptimos de bienestar
subjetivo y de felicidad. El estudio del bienestar subjetivo es actualmente
un mandato de organismos internacionales como la Organización para
la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de
las Naciones Unidas (Organización para la Cooperación y Desarrollo
&DPOÓNJDPT )FMMJXFMM -BZBSEZ4BDIT 
EBEBMBSFMFWBODJB
que este tiene para lograr políticas cercanas al sentir de la gente y que
favorezcan la salud mental positiva de sus pueblos, el desarrollo social
y, en último término, la democracia. En efecto, el bienestar subjetivo
es comprendido como una valoración general que hacen las personas
respecto a tres ámbitos: «Sobre su vida, los acontecimientos que su-
ceden a ellos, sus cuerpos y mentes, y las circunstancias en que viven»
(Diener, 2006, p. 400).
A pesar de la constante preocupación por lo que funciona mal
en nuestras vidas, la mayoría de las personas buscamos ser felices y
RVFMPTEFNÃTUBNCJÊOMPTFBO )FMMJXFMM -BZBSEZ4BDIT 
-BT
investigaciones han demostrado que el bienestar subjetivo es funda-
mental para mantener una salud mental positiva y disminuir los efec-
tos devastadores que tienen las enfermedades mentales, la anomia, la
NBSHJOBMJEBETPDJBMZMBQPCSF[B ,FZFT ,FZFT )FMMJXFMM 
-BZBSEZ4BDIT %JFOFS -VDBT 4DIJNNBDLZ)FMMJXFMM 

143
M. Ángeles Bilbao

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2012). Es por


esto que el desarrollo de las habilidades personales y colectivas, que
permiten sustentar el bienestar subjetivo a lo largo de la vida, debe ser
un objetivo central de nuestras sociedades y, de manera primordial, de
los sistemas educacionales.
Dentro de los componentes del bienestar subjetivo, se encuen-
tra la satisfacción global con la vida, las emociones experimentadas
cotidianamente (positivas y negativas), el vivir una vida con sentido,
el bienestar psicológico (Ryff y Keyes, 1995) y la evaluación de la
vivencia de los aspectos sociales que marcan la vida de las personas
,FZFT ,FZFTZ-ÓQF[ )FMMJXFMM -BZBSEZ4BDIT 

Parte importante de los estudios que se han realizado sobre el bienes-
tar subjetivo en la niñez y la adolescencia, muestran que un espacio
vital para lograr esto lo encontramos en la experiencia construida en
la comunidad escolar (Rosenbaum y Ronen en Keyes, 2013; Venning,
Eliott, Kettler y Wilson, en Keyes, 2013; Casas y Bello, 2012; Cumm-
ins, Eckersley, Van Pallant, Vugt y Misajon, 2003; Adler, 2013; López,
Ascorra y Bilbao, 2014; Bilbao y otros, 2014). Contradictoriamente,
al ser la niñez el momento de nuestras vidas en que tenemos menos
presiones y más posibilidades para construir cimientos para una buena
experiencia vital, los estudios en Chile muestran que existen grandes
dificultades para promover un desarrollo positivo dentro de la escuela
(López, Bilbao y Ascorra, 2014; Bilbao, Oyanedel, Ascorra y López,
2014). Además, la brecha educativa en la calidad actual del sistema
escolar, evidenciada en la distribución del rendimiento académico, se
replica en la calidad de ambiente escolar (López y otros, 2012). En
efecto, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) (2012), estas capacidades se encuentran distribuidas en una
gradiente con diferencias significativas entre los grupos más acomoda-
dos económicamente y los de menores recursos. Es decir, para el caso
de Chile, las escuelas privadas entregan mejores posibilidades para
desarrollar sostenidamente un buen bienestar subjetivo que las escuelas
municipales o subvencionadas. Si la escuela es ese espacio institucional
fundamental para determinar la incorporación de los y las niñas a su
cultura y a la sociedad, instancia principal donde se desarrollarán estas
competencias que posibilitan vivir con felicidad nuestras vidas desde

144
Tensiones y contradicciones para el desarrollo del bienestar...

la niñez hasta la muerte, parece una necesidad urgente detenernos a


comprender las tensiones y contradicciones existentes en el contexto
escolar.

1. Bienestar subjetivo
El bienestar subjetivo en la actualidad es estudiado, más allá de la
vivencia individual, como una forma de comprender mejor la forma
en que las políticas públicas alcanzan y transforman positivamente las
WJEBTEFTVTDJVEBEBOPT %JFOFSZPUSPT 1/6% )FMMJXFMM 
Layard y Sachs, 2013). Por ello, la preocupación por las condiciones
de vida –tanto objetivas como subjetivas– debe ser una prioridad de
la sociedad en su conjunto, como garantía de una maximización de
las potencialidades de sus miembros (PNUD, 2012).
Los estudios del bienestar subjetivo, según los lineamientos de la
OCDE (2013), incluyen tres aspectos: la afectividad (positiva, negativa
y balanza de afectos), la evaluación global de la vida (satisfacción con
la vida y con dominios de la vida), y el sentido de la vida (percepción
de vivir una vida con sentido y propósito, y buen funcionamiento
psicosocial). Los primeros dos aspectos han sido tradicionalmente
desarrollados por la perspectiva hedónica como los estudios de la
felicidad, mientras las perspectivas del funcionamiento psicológico en
torno a vivir una vida con sentido, propósito y participación social se
vinculan con la tradición de la eudaimonía (Vásquez y Hervás, 2008).
En esta última, se ha enfatizado la importancia del desarrollo de la
potencialidad humana y el conocer los mecanismos subyacentes que
sostienen en el tiempo el bienestar subjetivo.
Los estudios del bienestar subjetivo han puesto en relieve la impor-
tancia de las emociones positivas. En particular, el clásico artículo de
Baumeister, y otros. (2001) sobre el impacto de los hechos negativos,
deja en claro que estos nos afectan más duraderamente que los hechos
positivos, a pesar de que los últimos sean más frecuentes. Por ello, los
autores señalan que para mantener una vivencia satisfactoria de la
vida, debe experimentarse un mayor número de emociones positivas
que negativas. En el mismo sentido, los sujetos más felices declaran
experimentar alrededor de cuatro hechos positivos por uno negativo,

145
M. Ángeles Bilbao

mientras que los menos felices no llegan a reportar dos positivos por
uno negativo (Diener y Oishi, 2005). Ya muchos años antes, Fordyce
(1983) propuso varias reglas para la felicidad, las cuales facilitarían
el tener una mayor satisfacción con la vida: por un lado, se lograría
a través del desarrollo de nuestra inteligencia socioemocional, procu-
rando tener vivencias placenteras, disminuyendo la rumiación de los
problemas y los enojos; y por otro lado, aumentando nuestra vida
social y relaciones interpersonales significativas.
Carol Keyes, junto con sus colaboradores, propone al bienestar
social como elemento fundamental para la mantención del bienestar
subjetivo, definido como la evaluación de nuestro funcionamiento
social y de la sociedad en general, pilares de la salud mental positiva
(Keyes, 1998; Keyes y López, 2005; Keyes, 2013). El bienestar social,
por ende, es un pilar complementario al bienestar psicológico, que
aporta a la construcción de una vida con sentido y al propósito de
tener relaciones significativas con otros y de sentirnos pertenecientes
de manera relevante a un mundo social (Keyes, 1998, 2013).
Por lo tanto, el bienestar subjetivo tiene un componente hedónico
nuclear –en términos de los aspectos emocionales y cognitivos que
permiten a la persona evaluar su nivel de bienestar global (Diener,
2006)– y un componente en lo eudaimónico –relacionado con el
desarrollo personal, la evaluación personal del funcionamiento psico-
lógico y social–, que incluye las posibilidades de autodeterminación,
la proyección al futuro y la construcción de sentido vital (Vásquez y
)FSWÃT ,FZFT )FMMJXFMM -BZBSEZ4BDIT 
5PEPT
estos aspectos son parte de los objetivos fundamentales transversales
del sistema escolar chileno, el cual define: «La educación es el proceso
de aprendizaje permanente que abarca las distintas etapas de la vida
de las personas y que tiene como finalidad alcanzar su desarrollo es-
piritual, ético, moral, afectivo, intelectual, artístico y físico, mediante
la transmisión y el cultivo de valores, conocimientos y destrezas» (Art.
2. Ley 20.370. Ley General de Educación). Por lo tanto, ¿qué explica
que estos objetivos no estén alcanzándose, particularmente en nues-
tras escuelas públicas? Esta es una de las grandes contradicciones que
enfrenta actualmente el sistema escolar.

146
Tensiones y contradicciones para el desarrollo del bienestar...

2. Bienestar social en la escuela


Diversas investigaciones realizadas en Chile sobre el entorno escolar,
presentan un desalentador panorama sobre las relaciones al interior de
la escuela, con cifras alarmantes sobre la violencia al interior de esta.
El Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (2005) realizó
un estudio en el cual destaca la existencia de altas tasas de agresión en
la convivencia por parte de alumnos (87%) y docentes (92%). Cifras
oficiales del Ministerio de Educación (2011) indican que 1 de cada 4
estudiantes afirmó haber sido víctima de acoso o bullying. Estos estu-
dios, centran la discusión en variables más bien individuales, arrojando
altas tasas de agresión entre pares y profesores (por ejemplo, amenazas y
acosos), mostrando cómo esta situación afecta el proceso de aprendizaje
(Fundación Paz Ciudadana, 2005; Ministerio de Educación, 2011). Por
su parte, la discusión política se ha focalizado en los mismos factores
individuales negativos, expresado, en un conjunto de leyes punitivas
para sancionar a las escuelas por estas situaciones de violencia entre
pares y de mala convivencia1.
Sin embargo, en la última década, estas problemáticas han comen-
zado a ser discutidas incorporando lineamientos que superan la foca-
MJ[BDJÓOFOMBTFYQFSJFODJBTJOEJWJEVBMFTZDPHOJUJWBT 0MXFVT 
Hoglund y Leadbeater, 2007), reconociendo la influencia de factores
contextuales y socioafectivos, con los cuales la escuela establece una
relación de interdependencia (Bronfenbrenner, 1979; Berger y Lisboa,
2009; Khoury-Kassabri, Astor y Benbenishty, 2009). Esto significa que
para comprender el bienestar y el malestar dentro de una comunidad
escolar, debemos mirar las relaciones entre sus integrantes, tanto al
interior de cada grupo (estudiantes, niveles, docentes, directivos, apo-
derados, etc.) como entre ellos.

3. Apoyo social y cohesión como articuladores


Una de las líneas de estudio en este sentido ha sido la del «apoyo social
percibido», la cual considera las relaciones íntimas de los sujetos, demos-
trando los efectos directos que este tiene en la salud mental positiva y el
1
Ver detalles en Ley sobre Calidad y Equidad de la Educación 20.501, Artículo 1°,
N°4.

147
M. Ángeles Bilbao

bienestar (Gottlieb, 1981; Blanco y Díaz, 2006; Keyes y López, 2005;


Gracia y Herrero, 2006; Keyes, 2013). En esta línea, Gracia y Herrero
(2006) aportan que la percepción de apoyo comunitario se encuentra
íntimamente relacionada con el buen ajuste psicológico de los miembros
de la comunidad escolar; el cual, a su vez, influye en la percepción que
tengan sobre esta y los recursos disponibles para el bienestar comunitario.
Por su parte, los postulados de Keyes y sus colaboradores (Keyes, 2013;
Keyes y López, 2005) han mostrado sistemáticamente la relevancia que
tiene la percepción del bienestar social para un buen funcionamiento
psicológico. Así, los bajos niveles y la pobre calidad del apoyo social
comunitario serían algunas de las fuentes que explican el malestar en la
comunidad escolar. En este sentido, las escuelas que tienen un sistema
relacional que limita la formación de vínculos fuertes, puede impactar
de manera significativa en problemas individuales de salud mental, y, a
nivel social, en climas sociales violentos o anómicos.
Respecto a esta temática, desde una perspectiva sociológica, los
procesos de marginalización de ciertas comunidades se relacionan con
la ruptura de redes sociales de pertenencia y la pérdida de seguridad de
los contextos locales (Cartel, Giddens y Gueco, 2013). Por lo mismo, una
escuela que vive este tipo de procesos de marginalización, consecuente-
mente, lograría no solo pobres desempeños académicos, sino que también
bajos niveles de bienestar subjetivo entre sus miembros, climas escolares
más violentos y una mayor percepción de malestar escolar (Benbenishty
y Astor, 2005; López, Ascorra y Bilbao, 2014). Ejemplo de esto son los
resultados de un estudio sobre el malestar en la escuela realizado por
López, Ascorra y Bilbao (2014), el cual encontró que el mayor predictor
del nivel de victimización entre estudiantes es la violencia verbal que
reciben de sus profesores. Sin dudas estas agresiones suelen ser mutuas,
en tanto los estudiantes también agreden a sus profesores, y esto tiende
a generar un mal ambiente en la sala de clases, «bandos» al interior de la
escuela y, por lo tanto, una baja cohesión social al interior de la misma.

4. Ambientes positivos
En contraparte, varios estudios realizados en Chile han demostrado el
efecto virtuoso que tiene un ambiente escolar positivo (Adler, 2013).

148
Tensiones y contradicciones para el desarrollo del bienestar...

En particular, uno realizado sobre los resultados de las pruebas PISA


2009 (López y otros, 2012) –que buscó analizar el efecto del ambien-
te escolar en la relación, ya conocida, entre nivel socioeconómico y
resultados académicos (Bellei, 2013)– encontró un efecto mediador
significativo del ambiente escolar. La metodología del estudio consistió
en un análisis secundario de los cuestionarios dirigidos a estudiantes,
apoderados y directores que acompañaron la aplicación de la prueba
PISA 2009, lo que derivó en la creación de un índice multi-informante
de la calidad del ambiente escolar, denominado «Índice de Ambiente
Escolar» (IAE). Este incluyó las dimensiones de valoración positiva
del establecimiento, apoyo de profesores, autonomía, participación
y expectativas positivas de los estudiantes y sus familias, y fue cons-
truido considerando su peso explicativo en el rendimiento educativo.
La correlación entre el ambiente escolar y el rendimiento educativo
fue entre 0,33 (para Matemáticas y Ciencias) y 0,35 (para Lenguaje).
Los resultados del modelo de ecuaciones estructurales indicaron
que las variables que mayor peso de regresión ejercen sobre el rendi-
miento escolar son: el nivel socioeconómico de la familia (medido como
ingreso anual familiar), nivel socioeconómico de la escuela (entendido
como dependencia educacional) y selección académica. No obstante,
el ambiente escolar también tiene un efecto significativo sobre el ren-
dimiento escolar: cuando el primero aumenta una desviación estándar,
el rendimiento PISA en Matemáticas aumenta en 0,17 la desviación
estándar. Al estudiar esta relación segregando por dependencia, en una
regresión jerárquica, se encontró que el efecto mediador de IAE es más
relevante para los establecimientos municipalizados. Los resultados
muestran que al incorporar IAE a la regresión, la varianza del modelo
explica: en escuelas privadas, un 5,7%; en subvencionados, un 15,1%;
y en municipalizados, un 20,5%; siendo en todos un aporte estadísti-
camente significativo en el cambio de R2.
Siendo las escuelas municipales las que muestran mayores niveles
de malestar, expresados en la alta percepción de violencia escolar, estos
resultados refuerzan la conclusión sobre la relevancia de invertir en el
trabajo sobre el clima escolar y en mejorar la convivencia de toda la
comunidad escolar (López y otros, 2012).

149
M. Ángeles Bilbao

Los postulados de Keyes (1998) sobre el bienestar social aportan


una mejor comprensión de los procesos que participan de este efecto.
Así, se entiende que los componentes sociales del bienestar subjetivo
asociados al sentido de pertenencia e integración social, se reflejan en
ámbitos de la vida tales como: la resolución de problemas en conjunto,
la percepción de seguridad que entrega la integración social, y la com-
prensión del contexto social en el que se vive (Keyes, 2013). Por su parte,
la confianza en los otros, el poder beneficiarse de estos recíprocamente,
y el creer en un futuro auspicioso de la sociedad, representada en el
mundo de la escuela, dan sentido y motivación para seguir adelante
ante las dificultades y para creer en las capacidades propias para el
desarrollo de nuestro potencial. De esta forma, se sostiene cómo el sen-
tido de pertenencia a la escuela, particularmente para sus estudiantes,
puede aportar significativamente a construir una autoimagen positiva,
a una evaluación más favorable de la propia vida, a buscar perpetuar
estas relaciones positivas en el tiempo y a multiplicarlas en los distin-
tos contextos y a través de los múltiples roles sociales (Blanco y Díaz,
2006; Cárdenas y otros, 2012; Huebner, 2004; Casas y otros, 2012).
Aunque hay evidencia contundente que muestra la relevancia de
generar comunidades escolares que fomenten el bienestar subjetivo
de sus miembros, las investigaciones indican que esto sigue siendo un
gran desafío para las escuelas.

5. Inclusión para el logro del bienestar en la escuela


Ciertamente, el objetivo de entregar educación inclusiva para todos
los niños y niñas (atendiendo a sus necesidades y particularidades) e
incorporar las diversas culturas familiares a la comunidad escolar, es
nuevo para el sistema educacional. Y las escuelas, generalmente, señalan
como uno de sus mayores problemas, la gran diversidad con la cual
tienen que lidiar. Sin embargo, como plantea Sapon-Shevin (2011),
este fenómeno llegó para quedarse: «La inclusión consiste en crear
una sociedad en la que todos los niños, niñas y sus familias se sientan
bienvenidos y valorados» (Sapon-Shevin, 2011, p. 105). Esta sería
una de las estrategias claves para alcanzar buenos niveles de bienestar
subjetivo y salud mental en una comunidad escolar.

150
Tensiones y contradicciones para el desarrollo del bienestar...

Diversos estudios respecto al sistema escolar chileno demuestran


que, en la actualidad, se realiza una alta selección de los estudiantes
y/o de sus familias para ingresar a un establecimiento (Bellei, 2013;
López y otros, 2013). Por tanto, como resultado, la composición de las
comunidades escolares es altamente homogénea. En consecuencia, las
y los estudiantes –que a lo largo de su desarrollo van buscando auto-
nomía y el desarrollo de su identidad– podrían encontrarse con fuertes
resistencias al interior de sus escuelas, como una forma de mantener el
control que ejerce la cultura escolar. Así, en este tipo de contextos, se
torna casi imposible trabajar por la inclusión y fomentar el desarrollo
particular de cada uno de los miembros de la comunidad escolar.
Las comunidades escolares inclusivas buscan, por definición, va-
lorar la heterogeneidad de sus miembros, tanto de estudiantes, como
de docentes, apoderados y funcionarios (Sapon-Shevin, 2011). Esto
aportaría en el desarrollo del potencial de cada uno de ellos en favor
del fortalecimiento de la comunidad, confiando en las capacidades de
cada uno en el enriquecimiento de todos los demás y en la construc-
ción de una sociedad democrática. Ahora bien, en concreto, la escuela
inclusiva requiere desarrollar estrategias al interior del aula que favo-
rezcan la participación activa a favor de los procesos de aprendizaje,
promoviendo el buen trato y la empatía verdadera entre los estudiantes
y los docentes.
Estas comunidades escolares necesitan ir más allá; requieren salir
del ensimismamiento y participar de la vida de la sociedad, comenzando
por el barrio y las instituciones con las que colaboran (Blanco, 2005;
Benbenishty y Astor, 2005). Ejemplo de la relevancia de participar como
escuela en la comunidad más extensa, se puede encontrar en un estudio
reciente, realizado para comprender los aspectos del apoyo social que
explicarían el malestar (Álvarez y Fernández, 2014). En este, el alto
malestar se relacionó a discursos negativos respecto al apoyo social que
recibía la escuela, lo cual inducía a sus miembros a marginarse, llevando
a desvincular a la escuela de su entorno, y limitando los ámbitos sociales
del bienestar para toda la comunidad escolar. Al contrario, la escuela
con bajo malestar desarrollaba una valoración positiva y sentido de
pertenencia al contexto en el que se encontraba situada.

151
M. Ángeles Bilbao

A partir de lo anterior, es posible sostener que las comunidades


inclusivas generarían una vivencia interna para sus miembros de ser
valiosos no solo para sus amigos más cercanos; sino que para la so-
ciedad a través de las actividades que la escuela realiza con distintos
actores de su red de apoyo social. Es decir, las comunidades inclusivas
fomentarían el desarrollo del bienestar subjetivo y social de sus miem-
bros al favorecer el sentido de pertenencia de todos, las relaciones de
confianza entre ellos, el compartir una cultura de diversidad común y
orientarse juntos hacia un futuro auspicioso para todos (Keyes y López,
2005; Zubieta y Delfino, 2010; Sapon-Shevin, 2011).
La inclusión y la educación multicultural, centran su interés en
mejorar los procesos de aprendizaje, entregando un escenario que posi-
bilita alcanzar mayores niveles de desarrollo a todos los niños y niñas,
al ir incorporando la comprensión de la complejidad del mundo que
la diversidad trae al aula (Sapon-Shevin, 2011). Por su parte, además,
no puede haber inclusión sin establecer como base el buen trato entre
todos: es decir, climas de aula y de ambiente escolar que promuevan
el respeto, las relaciones de confianza, la colaboración, el manejo no
violento de los conflictos, y un acceso a enseñanza diferenciada según
las necesidades de cada uno. Si bien las vivencias de violencia y malos
tratos son comunes en la experiencia escolar, la apuesta de la inclusión
promueve la ayuda mutua y un buen clima escolar, en el cual todos los
miembros de la comunidad saben que pueden recurrir a otros para pedir
ayuda y no dejando pasar estos hechos con injusticia (Sapon-Shevin,
2011; Benbenishty y Astor, 2005; López, Ascorra y Bilbao, 2014). Al
hacer esto, necesariamente debemos preguntarnos por los otros, preo-
cupándonos del bienestar no solo personal sino que, también, del de los
demás. Es por esto que las escuelas inclusivas aportan a la construcción
de un pensamiento más complejo en sus estudiantes, poniéndole rostro
a los problemas que de otra forma parecen muy lejanos o inexistentes.
Al estudiar escuelas con altos niveles de bienestar, varios de estos
elementos antes mencionados aún los encontramos en el contexto
chileno, que todavía no ha logrado estos procesos de inclusión. López
y otros (2012), destacan la experiencia de aquellas que trabajan en
torno a un Proyecto Educativo compartido por toda la comunidad.
Este proyecto tiene una fuerte orientación valórica, que imprime y

152
Tensiones y contradicciones para el desarrollo del bienestar...

exige un alto compromiso por parte de los estudiantes, apoderados,


profesores y directivos, convirtiéndose en un programa formativo y
transformador de la vida de los participantes. Sin embargo, esto no
ocurre por azar, sino que responde a una gestión de la escuela que pone
en el centro la gestión de valores, que opera de manera transversal a
la gestión curricular y pedagógica, tomando acciones orientadas a
construir comunidad. Esto se observa en una fuerte relación entre el
cuerpo de profesores, administrativos y auxiliares, los estudiantes y los
apoderados. Así, el proyecto formativo es potenciador del desarrollo, al
comprender a todos los miembros de la comunidad como portadores
de habilidades, conocimientos, fuerza e ideales; los desafían en grandes
sueños; y se centran más en el desarrollo de las personas y profesionales,
que en el control y castigo. Por otro lado, relevan la participación de
los distintos actores y el compromiso y responsabilidad por las acciones
asumidas. Asimismo, se observa un interés y esfuerzo por mantener
la estabilidad de los profesores y potenciar su profesionalización. Se
deja de lado la tradicional forma de gestión centralizada y verticalista,
hacia un liderazgo de tipo distribuido.
Estos hallazgos los comparten otros estudios que han revisado
experiencias exitosas en convivencia escolar (Sánchez, Carvajal, Huerta
y otros, 2011). Para ello, cabe preguntarse ¿qué es una buena práctica
de convivencia escolar?, tomando como punto de inicio la definición
actual de la Política de Convivencia Escolar de Chile, que dice: «Se
entenderá por buena convivencia escolar la coexistencia armónica de
los miembros de la comunidad educativa, que supone una interrela-
ción positiva entre ellos y permite el adecuado cumplimiento de los
objetivos educativos en un clima que propicia el desarrollo integral
de los estudiantes»2.
A partir de lo anterior, en términos generales, se destacan tres
elementos comunes a las escuelas chilenas que han sido exitosas en su
convivencia escolar: la construcción de una visión compartida sobre
la convivencia; la gestión escolar democrática y participativa; y el
sentido de autonomía en los procesos de gestión (Sánchez, Carvajal,
Huerta y otros, 2011). Por lo tanto, visto desde las relaciones entre
2
Párrafo primero, artículo 16 A, modificación a LGE incorporada por Ley Violencia
Escolar N°20.536.

153
M. Ángeles Bilbao

pares hasta la relación de la escuela con la comunidad, incorporar a


todos los actores con sus particularidades es un elemento crucial a la
hora de transformar la escuela en ese espacio de desarrollo integral
que todos esperamos.

6. Conclusiones
La escuela siempre ha sido un espacio fundamental para el desarrollo
de la salud mental de las personas, que puede ayudarnos a florecer
como todo lo contrario. En este sentido, las escuelas que tienen la po-
sibilidad de crear sistemas relacionales que potencien la formación de
vínculos fuertes y significativos, impactando en prevenir o disminuir
los efectos de problemas individuales de salud mental, así como en la
construcción de una cultura de paz, climas sociales positivos, de con-
fianza y seguridad, que favorezcan, en último término, la construcción
de una sociedad democrática.
A pesar de la alta desigualdad socioeconómica que vivimos en
nuestro país –donde no solo los logros académicos están inequitativa-
mente distribuidos, sino también los niveles de bienestar subjetivo–, la
evidencia empírica confirma la posibilidad de revertir esta situación.
Aun en un contexto de alta segregación social y educativa, la literatura
respalda que la escuela puede «hacer una diferencia», a través de la
participación democrática de la misma, en contacto con la sociedad,
y del mejoramiento del ambiente escolar.
Ahora bien, cabe señalar también que las variables del ambiente
escolar –como el bienestar social escolar, la percepción del bienestar de
los docentes, y la calidad del clima escolar y de aula– poseen un efecto
significativo en el logro educativo. Por lo tanto, el tomar en serio la
evidencia es un llamado urgente para las políticas escolares. Por un lado,
como punto de inicio, se deben favorecer todas las prácticas de inclusión
de la diversidad al interior de la escuela, pasando por la creación de
herramientas didácticas que favorezcan la sensibilización y el trabajo
de los docentes en aulas heterogéneas. Por otro lado, comprender que la
experiencia de «disfrutar» en lo cotidiano la comunidad es importante
para todos los miembros de la comunidad escolar. En efecto, pasarlo
bien y sentirse perteneciente a una comunidad escolar, en la que puedo

154
Tensiones y contradicciones para el desarrollo del bienestar...

influir con mis propios intereses y características, debería ser uno de


los objetivos por lograr en cada escuela. Junto con lo anterior, se han
de poner en acción las lecciones sobre gestión de la convivencia que ya
muchos han propuesto (Campos, Montecinos y González, 2011). Sin
lugar a dudas, el lograr escuelas que promuevan el bienestar subjetivo
de toda su comunidad, traería múltiples beneficios a todo nivel.
Actualmente, a nivel mundial existe un consenso sobre la impor-
tancia de prevenir la violencia escolar, mejorar la calidad de vida y la
convivencia en las escuelas. Sin embargo, persiste la disyuntiva sobre
cómo lograrlo. A la luz de los resultados de expuestos por la literatura,
resulta evidente que las políticas de tolerancia cero o aquellas que focali-
zan la acción en castigar a los estudiantes (por bullying) o a las escuelas,
no logran este objetivo. Muy por el contrario: traen como consecuencia
una mayor segregación y exclusión social de las minorías (Araos y Co-
rrea, 2004). Siguiendo el modelo social-ecológico (Benbenishty y Astor,
2005), no es posible comprender el bienestar subjetivo de los miembros
de la comunidad escolar, sin observar las formas de interacción entre
estos actores (tanto dentro como fuera del aula), y sin comprender cómo
esta es propiciada desde la gestión organizacional del sistema escolar en
términos institucionales y estructurales. Todo apunta a demostrar que
las escuelas pueden hacer una diferencia significativa en el desarrollo
integral de los estudiantes al fomentar su bienestar subjetivo. La clave
está en la promoción de las variables subjetivas (psico-socio-afectivas),
las que podrían entregar una salida a la desigualdad existente que, hoy,
se traduce en la segregación socioeconómica del sistema educacional.
En este sentido, será fundamental la promoción de ambientes
escolares saludables, que favorezcan el desarrollo integral de los es-
tudiantes, en el marco de una cultura escolar que se preocupa de la
calidad de vida de toda su comunidad. Esto repercutirá, a su vez, en
los logros académicos de los estudiantes, así como en alcanzar buenos
niveles de salud mental y bienestar subjetivo de toda la comunidad
escolar, y, por lo tanto, del país.

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159
Bienestar subjetivo, calidad de vida
y envejecimiento en Chile

Ximena Alvarado y Alejandro Plaza

Introducción
Según el XVIII Censo de Población y Vivienda, los adultos mayores
representan el 14% de la población (Instituto Nacional de Estadísticas,
2014), bordeando los 2,4 millones de habitantes. Para el año 2050,
este porcentaje se duplicará –ascendiendo al 28% (Instituto Nacional
de Estadísticas, y Comisión Económica para América Latina, 2005)–
lo que se traduce en que de cada 4 personas, habrá 1 con 60 años o
más. Lo acelerado del proceso, hace del envejecimiento en Chile un
fenómeno sin precedentes, si se compara con otras sociedades y mo-
mentos históricos
El proceso de envejecimiento es el resultado de la convergencia
de dos fenómenos interrelacionados: la transición demográfica y la
transición epidemiológica. La primera, es el resultado del aumento
de la esperanza de vida y del descenso de la fecundidad; mientras que
la segunda, es producto del cambio de los patrones de morbilidad y
mortalidad durante los últimos cincuenta años según sexo y edad. A
partir de lo anterior, hoy nacen menos chilenos pero, a la vez, estos
viven más. A su vez, hoy los chilenos mayormente padecen enfermeda-
des crónicas no transmisibles y degenerativas, entre las que destacan
los factores de riesgo cardiovascular. A partir de lo anterior, la tercera
edad es hoy la etapa más larga y concentra la mayor proporción de
la población chilena (Servicio Nacional del Adulto Mayor, 2011). Sin
embargo, «los cambios físicos, psicológicos, y sociales asociados al
proceso de envejecimiento hacen de los adultos mayores un grupo
social vulnerable» (González, 2010, p. 370).

161
Ximena Alvarado y Alejandro Plaza

Ante este escenario, es preciso reconocer que el envejecimiento


conlleva, muchas veces, la pérdida de autonomía, limitando la parti-
cipación activa de los adultos mayores en la sociedad, de realizar acti-
vidades cotidianas, y de mejorar su calidad de vida (Expansiva, 2008).
Por consiguiente, ante este aumento demográfico, se hace necesario
pensar las políticas públicas vinculadas con la calidad del proceso de
envejecimiento. En este sentido, el Gobierno de Chile ha lanzado el
Plan Integral de Envejecimiento Positivo (Servicio Nacional del Adulto
Mayor, 2011), cuyos principales objetivos son: proteger la salud fun-
cional de las personas mayores, mejorar su integración en distintos
ámbitos de la sociedad, e incrementar sus niveles de bienestar subjetivo.
No es trivial que, desde la política pública, se interrelacionen
conceptos tales como envejecimiento, bienestar subjetivo y calidad
de vida. Si se considera que la transición demográfica se asocia a una
epidemiológica, es posible señalar que, en el mediano plazo, las enfer-
medades crónicas degenerativas afectarán a un mayor porcentaje de
la población, debido a que aumentará el número de adultos mayores.
De este modo, el envejecimiento trae consigo: por un lado, que el or-
ganismo no responda del mismo modo a las patologías y condiciones
ambientales que lo amenazan; y por otro, la pérdida de autonomía y
de integración de los adultos mayores (Expansiva, 2008). Sin embargo,
una manera de prevenir que estas situaciones acontezcan es privilegiar
políticas que se orienten en torno a la calidad de vida del proceso de
envejecimiento, ámbito en el cual el bienestar subjetivo juega un rol
fundamental.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la calidad de
vida puede ser definida como «la percepción individual de la posición
en la vida en el contexto de la cultural y sistema de valores en el cual
se vive y su relación con las metas, expectativas, estándares, e intere-
ses» (WHOQoL GROUP, 1995, p. 41). En términos operativos, este
concepto suele centrarse en indicadores objetivos (como el estado de
salud o el nivel de condiciones de vida); sin embargo, de su definición
también puede entenderse la inclusión de elementos subjetivos respecto
a distintas dimensiones de su vida. En efecto, con el objetivo de ampliar
el espectro evaluativo e incluir indicadores comprensivos de este pro-
ceso, la OMS llamó a la acción para cambiar las actitudes, políticas,

162
Bienestar subjetivo, calidad de vida y envejecimiento en Chile

y planes en torno al envejecimiento. Es aquí donde la perspectiva del


bienestar subjetivo toma relevancia.
El bienestar subjetivo refiere a las evaluaciones que las personas
realizan sobre su vida, las cuales pueden ser juicios respecto a la satis-
facción con su vida, basadas sobre sus sentimientos, incluyendo estados
de ánimo y emociones (Diener y Chan, 2010). De este modo, es una
categoría heterogénea, que combinan las perspectivas aristotélicas de
felicidad «hedónica» y «eudaimónica»: la primera, define al bienestar
como la presencia de afecto positivo y la ausencia de afecto negativo;
mientras que la segunda, refiere a vivir en forma plena y a dar reali-
zación a las capacidades humanas más valiosas (Ryan y Deci, 2001).
En este contexto, la literatura señala que el bienestar subjetivo es
un detonante de la salud y la longevidad (Comisión para el Estudio
y la Promoción del Bienestar en América Latina, 2012). En efecto, en
relación al proceso de envejecimiento la evidencia es concluyente: «Si
bien la mayoría de los estudios señalan que la salud aumenta la satis-
facción con la vida, los hallazgos también sugieren que la satisfacción
con la vida es detonante de la buena salud (Cohen y Pressman, 2006;
Diener y Chan, 2010)» (Comisión para el Estudio y la Promoción del
Bienestar en América Latina, 2012, p. 54). Asimismo, se ha demostrado
que el bienestar subjetivo reduce la posibilidad de padecer enferme-
dades cardiovasculares, a la vez que tendría una relación positiva con
MBFTQFSBO[BEFWJEB #MBODIáPXFSZ0TXBME %JFOFSZ$IBO 
2011) y una relación negativa con problemas de salud mental (Floren-
zano y Dussaillant, 2011). A su vez, cambios en el bienestar subjetivo
se traducen en cambios fisiológicos y de participación social (Calvo y
Martorell, 2008).
En suma, hoy es necesario desarrollar investigaciones y políticas
que vinculen los desarrollos en calidad de vida y en bienestar subjetivo
en los adultos mayores, que progresivamente se van constituyendo
como un sector etario importante, y que la política no puede dejar
de lado. En este sentido, el presente artículo constituye un primer
esfuerzo por dar a conocer un panorama general de las características
del bienestar subjetivo y calidad de vida en la población de 60 y más
años en Chile.

163
Ximena Alvarado y Alejandro Plaza

1. Caracterizando al bienestar subjetivo de los


adultos mayores chilenos
En el último tiempo, Chile se ha inscrito entre los países que han
incorporado en las estadísticas oficiales la medición del bienestar sub-
jetivo. En efecto, por primera vez, en la Encuesta de Caracterización
Socioeconómica Nacional (Casen) del año 2011, se incorporó la escala
de Cantril (también conocida como «Overal Life Satisfaction») que
consulta por la satisfacción global por la vida, preguntando por: «Con-
siderando todas las cosas, ¿cuán satisfecho está usted con su vida en
este momento? En una escala de 1 a 10 donde 1 significa que usted está
‘completamente insatisfecho’ y 10 significa que está ‘completamente
satisfecho’. ¿Dónde se ubica usted?».
Esto constituye un primer esfuerzo en la exploración de las decla-
raciones de bienestar subjetivo de la población chilena, permitiendo
realizar análisis con niveles de alta confiabilidad y representatividad.
Por consiguiente, desde esta perspectiva, es posible considerar a la
Encuesta Casen 2011 como una línea de base, que permitirá moni-
torear la evolución de este indicador a través del tiempo; tal como lo
confirma la inclusión de este ítem en su versión 2013 (cuyo proceso
de levantamiento terminó hace solo algunos meses).
A continuación, se presenta el análisis descriptivo de este indicador
para el grupo de la población que, al momento de la encuesta, tenía
60 años o más, correspondiente a 31.438 casos (donde el 44,2% son
hombres y el 55,8%, mujeres). Específicamente, se abordan las varia-
bles vinculadas a descripción sociodemográfica y a temas de salud y
calidad de vida.

2. Descripción general
En Chile, a nivel general, las personas de tercera edad alcanzan un pro-
medio de satisfacción vital de 7,0, siendo un valor levemente inferior a
la media de la población general que es de 7,2 puntos (Oyanedel y otros,
2013). No obstante, en el Gráfico 1, la mayoría de los encuestados de
tercera edad reporta un grado importante de satisfacción global con
la vida, en consideración con que el 59% se sitúa con una nota de 7 o
más dentro de la escala de 1 a 10.

164
Bienestar subjetivo, calidad de vida y envejecimiento en Chile

'ƌĄĮĐŽϭ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƉĂƌĂĞůƚŽƚĂůĚĞůĂŵƵĞƐƚƌĂ;ƉŽƌĐĞŶƚĂũĞ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

ŽŵƉůĞƚĂŵĞŶƚĞƐĂƟƐĨĞĐŚŽ 22%
9 8%
8 ϭϰй
7 ϭϲй
6 ϭϱй
5 ϭϲй
4 5%
3 3%
2 2%
ŽŵƉůĞƚĂŵĞŶƚĞŝŶƐĂƟƐĨĞĐŚŽ ϭй

Fuente: Casen 2011

En cuanto a la distribución de la satisfacción global según edad,


se observa en el Gráfico 2, que los segmentos con edades más longevas
(80-89 años y 90 o más años) reportan mayor nivel de satisfacción
con la vida respecto a los dos rangos anteriores (60-69 años y 70-79
años). Estos resultados van en relación con otras mediciones (Treas,
Lippe y Chloetai, 2011), en donde se observa que los extremos etarios
(jóvenes y adultos mayores) declaran mayor satisfacción, mientras
que alrededor de la mitad de la vida (cerca de los 40 años) el nivel de
bienestar alcanza su nivel más bajo (la curva adopta la forma de «U»),
FMFNFOUP DBSBDUFSÎTUJDP EFM DJDMP WJUBM EFM CJFOFTUBS #MBODIáPXFS Z
0TXBME 


165
Ximena Alvarado y Alejandro Plaza

'ƌĄĮĐŽϮ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶƌĂŶŐŽĞƚĂƌŝŽ;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

7.3 7.3

ϳ͘ϭ

ϳ͘Ϭ

ϲϬͲϲϵ ϳϬͲϳϵ ϴϬͲϴϵ ϵϬŽŵĄƐ


Fuente: Casen 2011

Según sexo, los niveles de satisfacción con la vida difieren tanto a


nivel general como en los tramos etarios. A nivel general, las mujeres
(con un promedio de 6,9) declaran niveles significativamente inferio-
res que los hombres (con un promedio de 7,2), tal y como se reporta
en anteriores investigaciones (Treas, Lippe y Chloetai, 2011). No
obstante, al disgregar los datos por rango etario –como aparece en el
Gráfico 3– se puede apreciar que los hombres reportan mayores niveles
de satisfacción que las mujeres solo hasta el rango de 70 a 79 años.
Esta tendencia se revierte en el rango 80-89 años, donde las mujeres
reportan niveles de satisfacción en promedio de 7,3 y los hombres
niveles de satisfacción de 7,2. Ya en el rango de 90 o más años esta
tendencia se acentúa, en donde las mujeres alcanzan en promedio 7,5
de nivel de satisfacción vital, mientras que los hombres descienden a
una media de 7,0. Estas brechas a nivel de ciclo vital probablemente
están relacionadas con la calidad de vida asociada a la especificidad
de cada sexo en edades tardías.

166
Bienestar subjetivo, calidad de vida y envejecimiento en Chile

'ƌĄĮĐŽϯ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶƐĞdžŽLJƌĂŶŐŽĞƚĂƌŝŽ;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

ͻ ,ŽŵďƌĞ „ DƵũĞƌ

7.5

7.3 7.3

ͻ 7.2
ϳ͘ϭ
ϳ͘Ϭ

6.9 „ 6.9

ϲϬͲϲϵ ϳϬͲϳϵ ϴϬͲϴϵ ϵϬŽŵĄƐ


Fuente: Casen 2011

En cuanto a las zonas residenciales, el Gráfico 4 registra que la


media de satisfacción vital es significativamente mayor en las zonas
urbanas (promedio 7,1) que en las zonas rurales (promedio 6,8). Sin
embargo, para el nivel de este análisis, no es posible determinar si
estas diferencias se explican a partir de variables socioeconómicas,
territoriales o demográficas.

167
Ximena Alvarado y Alejandro Plaza

'ƌĄĮĐŽϰ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶnjŽŶĂĚĞƌĞƐŝĚĞŶĐŝĂ;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

ϳ͘ϭ

6.8

hƌďĂŶĂ ZƵƌĂů
Fuente: Casen 2011

Asimismo, en el Gráfico 5 es posible distinguir que el promedio de


la escala de satisfacción vital en la tercera edad difiere entre las regio-
nes del país, mostrando las puntuaciones más altas en las regiones de
Aysén y Magallanes (ambas con un promedio de 7,4); y las más bajas
en las regiones del Maule (promedio 6,4) y de La Araucanía (prome-
dio 6,6). Estos resultados están probablemente relacionados con que
las primeras son regiones extremas en donde, a nivel general, hay un
fuerte sentido de comunidad y autonomía. Y a su vez, las segundas
corresponden a regiones que registran los mayores niveles de pobreza
y de segregación urbana en sus capitales. Estos datos guardan relación
con lo reportado por Oyanedel y otros (2013), donde a nivel general
los valores por regiones se mantienen.

168
Bienestar subjetivo, calidad de vida y envejecimiento en Chile

'ƌĄĮĐŽϱ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶƌĞŐŝſŶĚĞůƉĂşƐ;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

ƌŝĐĂLJWĂƌŝŶĂĐŽƚĂ ϳ͘Ϭ
>ŽƐZşŽƐ ϳ͘Ϭ
ZĞŐŝſŶDĞƚƌŽƉŽůŝƚĂŶĂ 7.2
DĂŐĂůůĂŶĞƐLJůĂŶƚĄƌƟĐĂŚŝůĞŶĂ 7.4
LJƐĠŶ 7.4
>ŽƐ>ĂŐŽƐ 6.8
>ĂƌĂƵĐĂŶşĂ 6.6
şŽşŽ 6.9
DĂƵůĞ 6.4
>ŝďĞƌƚĂĚŽƌĞƌŶĂƌĚŽKDz,ŝŐŐŝŶƐ ϳ͘ϭ
sĂůƉĂƌĂşƐŽ 7.3
ŽƋƵŝŵďŽ 7.2
ƚĂĐĂŵĂ 7.2
ŶƚŽĨĂŐĂƐƚĂ ϳ͘ϭ
dĂƌĂƉĂĐĄ ϳ͘ϭ

Fuente: Casen 2011

2. Aspectos socioeconómicos del bienestar


Teóricamente, los ingresos deberían predecir niveles más altos de bien-
estar subjetivo, en la medida de que poseer más recursos dota a las
personas de mayores capacidades para alcanzar sus metas. En relación
BMBQJSÃNJEFEFOFDFTJEBEFTEFàDJUBSJBTEF.BTMPX FMJOHSFTPQSPWFF
ventajas en términos de asegurar desde las necesidades fisiológicas y
de seguridad, hasta las de autorrealización. Sin embargo, Easterlin
(1995) precisó que las diferencias de ingreso proveen mayores niveles
de bienestar subjetivo en la medida de que existe una comparación entre
pares o cercanos (vecinos, amigos, compañeros de trabajo, etc.), por lo
que mientras más alto se perciban en la escala social, más felices son.
A partir de lo anterior, en el caso de Chile, al presentar altos niveles
de desigualdad social, el factor económico cobra suma importancia
para entender la desigualdad que se genera a nivel del bienestar global
entre los adultos mayores.
El Gráfico 6 presenta diferencias significativas en los niveles de
satisfacción vital en cada quintil de ingreso autónomo familiar1. El
1
El ingreso autónomo, también llamado ingreso primario, se define como todos los
pagos que recibe el hogar como resultado de la posesión de factores productivos.

169
Ximena Alvarado y Alejandro Plaza

quintil V (de mayor ingreso) obtiene un promedio de 7,6 de nivel de


satisfacción vital, mientras que el quintil I (de menor ingreso) obtiene
un promedio de 6,5. A nivel general es posible observar que los pro-
medios de satisfacción vital según quintil corresponden a una línea
ascendente, es decir, la satisfacción con la vida aumenta en la medida
que se asciende de quintil de ingreso. Sin embargo, es preciso señalar
que la diferencia de satisfacción vital reportada entre los quintiles I y
V entre los adultos mayores (1,1 puntos) es menor a la reportada por
la población general (1,5 puntos) (Oyanedel y otros, 2013).

'ƌĄĮĐŽϲ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶƋƵŝŶƟůĚĞŝŶŐƌĞƐŽĂƵƚſŶŽŵŽĨĂŵŝůŝĂƌ
;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

7.6

7.3

ϳ͘Ϭ
6.9

6.5

I II III IV V

Fuente. Casen 2011

3. Salud y bienestar
Como ya fue planteado anteriormente, la salud en adultos mayores
es fuertemente potenciada por aspectos vinculados a su calidad de
vida tanto física como mental. Ambas dimensiones se retroalimentan
mutuamente. Esto se condice con la relación entre satisfacción global
y la evaluación (en un rango de notas entre 1 y 7) que atribuyen los

Incluye sueldos y salarios, ganancias del trabajo independiente, la autoprovisión


de bienes producidos por el hogar, rentas, intereses, pensiones y jubilaciones.

170
Bienestar subjetivo, calidad de vida y envejecimiento en Chile

encuestados a su estado de salud actual. Es posible observar en el Grá-


fico 7, que los promedios más altos de satisfacción global se alcanzan
en las mejores evaluaciones que recibe el estado de salud actual. De
este modo, la media más alta se encuentra en un estado de salud con
nota 6 (7,7); y la más baja, en la nota 2 (5,3).

'ƌĄĮĐŽϳ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶŶŽƚĂĚĞϭĂϳĚĞĞƐƚĂĚŽĚĞƐĂůƵĚĂĐƚƵĂů
;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

7.7 7.6
7.2
6.5
6.2
5.4 5.3

ϭ 2 3 4 5 6 7

Fuente: Casen 2011

La Encuesta Casen 2011, además, consiga el padecimiento de al-


gún tipo de dificultad de salud prolongada en el tiempo. Al respecto,
en el Gráfico 8 se puede apreciar que las personas que no han tenido
ninguna condición de larga duración reportan altos niveles de satis-
facción vital, junto con personas que padecen de sordera o dificultad
para oír (ambas con un promedio de 7,2). Por otro lado, aquellas que
padecen dificultades mentales, intelectuales o psiquiátricas, son quienes
reportan menor nivel de satisfacción con la vida, con promedios de
5,2 y 5,8, respectivamente.
Lo anterior, se condice con lo planteado por Florenzano y Dus-
saillant (2010), quienes demostraron que el estado de salud mental
es uno de los predictores más potentes de satisfacción con la vida: en
efecto, las dificultades psicológicas disminuyen la probabilidad de ser

171
Ximena Alvarado y Alejandro Plaza

feliz en 38 puntos porcentuales, mientras que quienes tienen proble-


mas intelectuales poeeen una probabilidad de ser felices de 16 puntos
porcentuales por encima de quienes cuentan con puntajes normales.

'ƌĄĮĐŽϴ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶĚŝƐĐĂƉĂĐŝĚĂĚ;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

EŽƟĞŶĞŶŝŶŐƵŶĂĐŽŶĚŝĐŝſŶĚĞůĂƌŐĂĚƵƌĂĐŝſŶ 7.2

ĞŐƵĞƌĂŽĚŝĮĐƵůƚĂĚƉĂƌĂǀĞƌĂƷŶƵƐĂŶĚŽůĞŶƚĞƐ 6.6

^ŽƌĚĞƌĂŽĚŝĮĐƵůƚĂĚƉĂƌĂŽşƌĂƷŶƵƐĂŶĚŽĂƵĚşĨŽŶŽƐ 7.2

ŝĮĐƵůƚĂĚŵĞŶƚĂůŽŝŶƚĞůĞĐƚƵĂů 5.2

ŝĮĐƵůƚĂĚƉƐŝƋƵŝĄƚƌŝĐĂ 5.8

DƵĚĞnjŽĚŝĮĐƵůƚĂĚĞŶĞůŚĂďůĂ 6.4

ŝĮĐƵůƚĂĚİƐŝĐĂLJͬŽĚĞŵŽǀŝůŝĚĂĚ 6.5

Fuente: Casen 2011

Siguiendo en la línea anterior, en el Gráfico 9, es posible observar


que –justamente– de las personas que declaran tener alguna enferme-
dad, las con depresión obtienen el promedio más bajo de satisfacción
vital (5,9) en comparación con el resto. Luego, le siguen las personas
que tienen dificultades de salud oral y odontológica (6,0), y problemas
renales o digestivos (6,2)

172
Bienestar subjetivo, calidad de vida y envejecimiento en Chile

'ƌĄĮĐŽϵ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶƉĂĚĞĐŝŵŝĞŶƚŽĚĞĞŶĨĞƌŵĞĚĂĚ
;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

KƚƌĂĐŽŶĚŝĐŝſŶĚĞƐĂůƵĚ 6.7

WƌŽďůĞŵĂƐƌĞŶĂůĞƐŽĚŝŐĞƐƟǀŽƐ 6.2

ĞƉƌĞƐŝſŶ 5.9

ŝĂďĞƚĞƐ ϳ͘ϭ

ĄŶĐĞƌ 6.7

ŶĨĞƌŵĞĚĂĚĞƐKĐƵůĂƌĞƐ 7.2

ŝĮĐƵůƚĂĚĞƐĚĞƐĂůƵĚŽƌĂůLJŽĚŽŶƚŽůſŐŝĐĂ ϲ͘Ϭ

ŶĨĞƌŵĞĚĂĚĞƐZĞƐƉŝƌĂƚŽƌŝĂƐ 6.9

ŶĨĞƌŵĞĚĂĚĞƐĂƌĚŝŽǀĂƐĐƵůĂƌĞƐ ϳ͘Ϭ

Fuente: Casen 2011

4. Participación social, asociatividad y bienestar


De igual forma, el nivel de asociatividad que tienen las personas, es
decir, su participación en agrupaciones o colectivos, generan diferencias
en la satisfacción vital. Al respecto, en el Gráfico 10 se observa que
quienes sostienen participar en, al menos, una organización, se decla-
ran con una mayor satisfacción vital (promedio 7,2), que aquellos que
afirman no participa en ninguna (promedio 7,0).

173
Ximena Alvarado y Alejandro Plaza

'ƌĄĮĐŽϭϬ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶƉĂƌƟĐŝƉĂĐŝſŶĞŶĂůŐƵŶĂŽƌŐĂŶŝnjĂĐŝſŶ
ŽŐƌƵƉŽŽƌŐĂŶŝnjĂĚŽ;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂϭĂϭϬͿ

7.2

ϳ͘Ϭ

^ş EŽ

Fuente: Casen 2011

Además, entre quienes participan en alguna organización, quienes


declaran mayores niveles de satisfacción son aquellos que forman parte
de alguna agrupación ideológica o corporativa, en voluntariados, y en
agrupaciones juveniles o de estudiantes (cada una de ellas con un pro-
medio de 7,9, respectivamente). Por otro lado, es posible apreciar que
las personas que afirman ser parte de grupos de identidad cultural y de
grupos de autoayuda en salud, manifiestan los menores niveles de sa-
tisfacción con la vida (con un promedio de 6,5 y 6,6, respectivamente).

174
Bienestar subjetivo, calidad de vida y envejecimiento en Chile

'ƌĄĮĐŽϭϭ
^ĂƟƐĨĂĐĐŝſŶŐůŽďĂůƐĞŐƷŶƟƉŽĚĞŽƌŐĂŶŝnjĂĐŝſŶĞŶƋƵĞƉĂƌƟĐŝƉĂ
;ƉƌŽŵĞĚŝŽ͕ĞƐĐĂůĂĚĞϭĂϭϬͿ

EŽƉĂƌƟĐŝƉĂĞŶŶŝŶŐƵŶĂŽƌŐĂŶŝnjĂĐŝſŶŽŐƌƵƉŽ ϳ͘Ϭ
ŐƌƵƉĂĐŝſŶŝĚĞŽůſŐŝĐĂŽĐŽƌƉŽƌĂƟǀĂ 7.9
'ƌƵƉŽƐĚĞĂƵƚŽĂLJƵĚĂĞŶƐĂůƵĚ 6.6
'ƌƵƉŽƐĚĞǀŽůƵŶƚĂƌŝĂĚŽ 7.9
ŐƌƵƉĂĐŝŽŶĞƐĚĞĂĚƵůƚŽŵĂLJŽƌ 7.3
ŐƌƵƉĂĐŝŽŶĞƐĚĞŵƵũĞƌĞƐ 7.4
ŐƌƵƉĂĐŝŽŶĞƐũƵǀĞŶŝůĞƐŽĚĞĞƐƚƵĚŝĂŶƚĞƐ 7.9
'ƌƵƉŽƐĚĞŝĚĞŶƟĚĂĚĐƵůƚƵƌĂů 6.5
ŐƌƵƉĂĐŝŽŶĞƐĂƌơƐƟĐĂƐ 7.3
KƌŐĂŶŝnjĂĐŝſŶƌĞůŝŐŝŽƐĂŽŝŐůĞƐŝĂ 7.5
ůƵďĚĞƉŽƌƟǀŽŽƌĞĐƌĞĂƟǀŽ ϳ͘ϭ
:ƵŶƚĂƐĚĞǀĞĐŝŶŽƐƵŽƚƌĂŽƌŐĂŶŝnjĂĐŝſŶƚĞƌƌŝƚŽƌŝĂů 6.9

Fuente: Casen 2011

5. Conclusiones
En Chile, todavía queda mucho por discutir acerca de las políticas
enfocadas en la tercera edad, y más aún, en las políticas relacionadas
con el bienestar subjetivo y calidad de vida para este grupo etario.
El análisis descriptivo realizado a partir de la escala de bienes-
tar subjetivo de la Encuesta Casen 2011, permite establecer que los
adultos mayores poseen una media de satisfacción vital de 7 puntos,
promedio levemente inferior al obtenido a nivel de población general
(7,2). Asimismo, es posible establecer que la satisfacción con la vida
en la tercera edad también es desigual a nivel de sexo, ingresos, región,
zona de residencia, estado de salud, condición de salud y participación
social. En este sentido, son particularmente relevantes las diferencias
en la satisfacción vital asociadas a ciertas condiciones de salud y par-
ticipación social. Así, y de acuerdo a lo señalado por la literatura, la
presencia de alguna enfermedad psiquiátrica, mental, o intelectual es
central al momento de evaluar la calidad de vida de los adultos mayores.
En suma, es relevante considerar que hay elementos que pueden
atenuar los efectos de la salud física en la satisfacción (como vivir con

175
Ximena Alvarado y Alejandro Plaza

seres queridos, tener acceso a servicios de salud, entre otros). Estos


elementos están relacionados con la autopercepción de salud y satis-
facción vital, por lo que en la planificación de las políticas enfocadas al
bienestar, se hace necesario promover su desarrollo a nivel de la salud
mental e integración social de los adultos mayores.
En un contexto de transformación de las estructuras poblacionales
en el país, hoy se hace preciso prestar atención a la información que
está detrás de las estadísticas, puesto que revelan necesidades y temas
sociales vigentes, pero además, fenómenos que se producirán en el fu-
turo a raíz de esta situación. Esto último es fundamental al minuto de
diseñar y evaluar políticas públicas útiles acordes a la realidad nacional.
Finalmente, la salud necesariamente deberá abordarse desde en-
foques multidisciplinarios, en los que confluyan tanto las familias, la
sociedad civil y el Estado, promoviendo condiciones y estilos de vida
saludables a nivel de las regiones, la ciudad, la escuela, el hogar y el
trabajo. Condiciones necesarias para mejorar la calidad de vida no
solo de los adultos mayores, sino que de la sociedad en su conjunto.
Solo ahí, Chile alcanzará verdaderamente el desarrollo.

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177
Modelo de Urbanismo Social Preventivo:
En busca de un indicador de bienestar y
felicidad en los barrios

Pilar Goycoolea, Jenny Lowick-Russell, Alejandra Ugarte,


Ana Lamilla y César Vergara

El 90% de los habitantes de barrios mal diseñados, alejados, sin servicios


ni áreas verdes sienten miedo y vergüenza del lugar en el que viven y
un 64,5% abandonaría sus viviendas sociales si pudiera.
(Rodríguez y Sugranyes, 2005)

Introducción
Si bien los avances de la política de vivienda presentan resultados
meritorios respecto a cubrir el déficit habitacional, no se ha logrado
implementar una mirada integral que articule todos los factores invo-
lucrados en desarrollar y hacer amable la convivencia en el barrio. Por
ello, la autoridad ha tenido que volver, años después, a los conjuntos
habitacionales construidos para reparar o incluso demoler cuando los
barrios son calificados como «irrecuperables». De esta manera, el sueño
de la casa propia se transforma en una pesadilla y el barrio soñado en
un gueto, potenciando la exclusión social y segregación de las familias
más vulnerables, aquellas que recurrieron al Estado en busca de apoyo.
Entonces, ¿por qué no prevenir invirtiendo antes de que esto
ocurra? ¿Por qué la excesiva preocupación e inversión en la calidad
de la construcción y no en el desarrollo de capital social que permita
que estos barrios sean sostenibles en el tiempo? Y, más aún, ¿por qué
esperar a que se deterioren para volver a invertir en el barrio? ¿Cómo
logramos que las personas se sientan orgullosas de su barrio, tanto así
que recomienden a otros vivir allí?

179
Pilar Goycoolea et al.

La búsqueda de respuestas a estas interrogantes y la experiencia


en terreno ha permitido que Fundación Urbanismo Social1 desarrolle
un modelo propio llamado «Urbanismo Social Preventivo», en donde
el centro son las personas, considerando que la vivienda constituye
solo un medio y no el fin de los proyectos. El diagnóstico sobre el cual
se inspira dicho modelo remite a que la política de vivienda en Chile
ha acotado las soluciones habitacionales principalmente al hecho de
contar con una vivienda; sin embargo, esta es una visión restrictiva
que ignora elementos centrales del bienestar en los espacios privados y
públicos vinculados al barrio. La vivienda digna, además de la calidad,
involucra también el derecho de sentirse parte y disfrutar del lugar que
se habita; a convivir y a crecer en relación con otros –personas, familias
y organizaciones– donde participativamente sean capaces de llevar
adelante sus proyectos e intereses; a sentir en los barrios protección y
seguridad; a conectar con vecinos y pobladores, en la razonable búsque-
da de vivir más felices. A partir de ello, como Fundación, adoptamos la
felicidad como eje de nuestra intervención y estamos comprometidos a
mejorar nuestro modelo de Urbanismo Social Preventivo, midiéndolo
bajo esta perspectiva. 
Junto a expertos del Programa de Estudios Cuantitativos y Opi-
nión Pública de la Universidad de Santiago de Chile (PEC-USACH),
se confeccionó y validó un cuestionario. Con el apoyo de la escuela
de Trabajo Social de la Universidad Santo Tomás, dicho instrumento
fue aplicado a modo de experiencia piloto a fines de 2013, en uno de
nuestros primeros proyectos habitacionales basados sobre el modelo
de urbanismo social, ubicado en la comuna de Rancagua, Región del
Libertador Bernardo O’Higgins.

1
Fundación Urbanismo Social es una organización sin fines de lucro creada el 2007
por un grupo de jóvenes profesionales motivados por construir barrios donde las
familias se sientan felices de vivir. Desarrolla sus proyectos mediante un modelo
de Urbanismo Social Preventivo que detona procesos sociales participativos y
sostenibles, a partir de una intervención física. Ha construido 2.000 viviendas
para familias vulnerables –1.300 de ellas para damnificados del 27F–, ha asesorado
a 5.000 trabajadores en la postulación a subsidios habitacionales y actualmente
está presente en varias regiones del país con diversos proyectos de vivienda, barrio
y ciudad. Para desarrollar los proyectos de vivienda social, la Fundación tiene rol
de EGIS y forma parte de la institución bajo el nombre de Fundación Gestión
Vivienda.

180
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

Los primeros resultados de la medición del modelo indican que


se producen diferencias importantes entre los que recomiendan vivir
en un barrio en relación a aquellos que no lo hacen. Lo mismo ocurre
cuando se indaga sobre las relaciones de ayuda, los vínculos entre las
personas y sus redes, lo cual da luces respecto de lo que podría ser
más importante para una persona y su familia a la hora de decidir
mantenerse y proyectarse en un lugar. El fortalecimiento del capital
social de las comunidades, antes y después de la entrega de la vivienda,
es fundamental para garantizar la sustentabilidad de un barrio y el
bienestar de las personas que viven en él.
Apostamos por el bienestar y la felicidad humana y prevenir el
deterioro de los nuevos barrios de vivienda social. Estas materias
están fuera del tapete de la discusión de las políticas públicas, o son
insuficientemente tratadas. Proponemos que sean incluidas para abrir
el debate y superar la discusión sobre «soluciones habitacionales» y
avanzar hacia «la construcción de barrios donde las personas se sientan
felices de vivir».
En las siguientes páginas nos proponemos relevar algunas proble-
máticas de la política habitacional chilena, que argumentan la decisión
de la Fundación para dar un giro en el foco y crear un modelo de in-
tervención centrado en las personas. Se proponen, finalmente, algunos
temas que creemos deben entrar en el debate para mejorar y fortalecer
la política habitacional e incluir en ella definitivamente a los nuevos
barrios de vivienda social.

1. El problema
Abundan las críticas y elogios a la política y modelo de viviendas
sociales en Chile. Entre estos dos polos los matices son innumerables,
las discusiones prosperan, los debates se acaloran, y la bibliografía
rebosa. Sin embargo, algunos temas que, a nuestro juicio, son obvios
y prácticos, no parecen ser de interés de los grandes pensadores en
esta materia, pero sí adquieren sentido para quienes deben operar en
terreno dicha política y modelo. Repasemos brevemente cuatro temas.

181
Pilar Goycoolea et al.

1.1. La opción por cubrir el déficit habitacional: ¿Qué pasó con el


ritmo y calidad de la respuesta?

El año 2013 se estimaba que el déficit habitacional en Chile fluctuaba


entre las 400 mil y 500 mil unidades2, para familias con un promedio
de 3 integrantes3 que requieren de aporte monetario de terceros, par-
ticularmente del Estado, para acceder a una «solución habitacional».
Nuestro país ha logrado producir una gran masa de viviendas
sociales de forma sostenida en las tres últimas décadas. El mecanismo
financiero de este sistema se basa sobre el mecanismo de subsidios
habitacionales, creados a fines de los 70, aplicados de forma masiva
a partir de mediados de los 80, y cuya consolidación se produjo en la
década de los 90, estando aún vigente. El principal objetivo de esta
política ha sido –y sigue siendo– la reducción del déficit habitacional
acumulado, mediante la aplicación de mecanismos que faciliten el
acceso a la vivienda en propiedad para las personas en situación de
pobreza y vulnerabilidad (Sugranyes, 2005).
Con el tiempo, fue necesario perfeccionar el sistema, y así surgió
la Nueva Política Habitacional (NPH 2006-2010), bajo el prisma de
superar el tradicional rol proveedor del Estado e incluir la participación
del sector privado como gestor de proyectos (formulación, desarrollo
y ejecución). De esta manera, se dio origen al Fondo Solidario de Vi-
vienda (FSV), un programa de tercerización inédito; y, en este marco,
también nacieron las Entidades de Gestión Inmobiliaria Social (EGIS),

2
Para abordar el déficit habitacional existen en Chile 12 tipos de subsidios habita-
cionales. Dos modalidades para comprar viviendas, dos para construir y tres para
repararlas o ampliarlas. A eso se suman cinco modalidades para mejorar el entorno
y los barrios en que están ubicadas. El actual Gobierno (de Sebastián Piñera) sugiere
que para abordar el déficit habitacional se debe mantener un ritmo de entrega de
45.000 subsidios al año de clase media, 40.000 de grupos vulnerables, 5.000 de
segunda oportunidad, 15.000 de arriendo y otros 80.000 de mejoramiento (Mi-
nisterio de Vivienda y Urbanismo, 2013a).
3
El crecimiento económico, patrones culturales, la incorporación de la mujer al
trabajo y otras variables han producido que los núcleos familiares sean cada vez
más pequeños en las últimas décadas. En 1992, el promedio era de cinco inte-
grantes; en 2002, bajó a cuatro; y al 2013 se redujo a tres, de 2,7 a 2,9 personas
por hogar. Eso significa que si en 1992 éramos 100 personas y cada familia tenía
cinco miembros, se necesitaban 20 casas. Hoy, si somos 100 personas, requerimos
33 casas. Eso explica, en parte, que el MINVU calcule el déficit habitacional entre
400.000 y 500.000 unidades (Ministerio de Vivienda y Urbanismo, 2013a).

182
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

concebidas como agentes colaboradores del Ministerio de Vivienda y


Urbanismo (MINVU). Son estas quienes organizarían la demanda y
desarrollarían una oferta inmobiliaria para los sectores vulnerables
del país. Se esperaba lograr con este nuevo actor una mayor eficiencia
y eficacia en la aplicación de la política habitacional, cuyos pilares se
orientaron a reducir el déficit de viviendas sociales, mejorar la calidad
y promover la integración social.
El balance realizado por el Estado durante el año 2011, tras cinco
años de instalada la Nueva Política Habitacional, indica que (SUR,
2011)4:
r Permitió cubrir el crecimiento poblacional y disminuir la mag-
nitud real del déficit en un 2%.
r Fue efectivo el esfuerzo por mejorar la focalización de los
subsidios hacia la población más vulnerable (primer quintil de
ingresos), pero, sin contribuir a la integración social o forma-
ción de barrios heterogéneos socialmente. Ello, debido a que
la probabilidad de éxito de los proyectos depende de captar
la mayor cantidad de individuos con mayor vulnerabilidad.
r Se incrementó en exceso la demanda a instancias de las EGIS,
pero la velocidad de producción de soluciones habitaciona-
les no mostró la aceleración esperada, permaneciendo una
colocación de algunas modalidades de subsidios inferiores al
100%. Con esto, se produce un desequilibrio entre la cantidad
de subsidios entregados y la de «soluciones habitacionales»
efectivamente concretadas.
r Se aumentó en poco más de un 30% el metraje de las viviendas
subsidiadas para construcción, aparejado con el incremento de
los montos subsidiados para inmuebles y compra de terrenos.
Si bien los beneficiarios muestran satisfacción con la vivienda,
la calidad de las localizaciones no ha tenido el efecto esperado,
dado que el subsidio de localización es enteramente interna-
lizado por los privados. Además, los barrios continúan, en
4
Investigación del funcionamiento de las entidades de gestión inmobiliaria y social
en la política habitacional. A solicitud del MINVU, se realizó un estudio a través
de una encuesta de percepción a beneficiarios sobre el rol de las EGIS (899 casos,
con una representatividad nacional de 97% de confianza y error de estimación
del 5%).

183
Pilar Goycoolea et al.

muchos casos, siendo direccionados a zonas periféricas –pues


allí se maximiza la plusvalía del suelo–, donde el equipamiento
y servicios disponibles no están preparados para satisfacer la
demanda de nuevos vecinos y la consecuente ampliación de co-
bertura (ejemplo: servicios de salud, comerciales, entre otros).
r Sobre el 70% de los beneficiarios declaran satisfacción con
la calidad de las «soluciones habitacionales», considerando
funcionalidad y calidad constructiva de los inmuebles. Este
aspecto ha mejorado con el tiempo, sin embargo, persisten
algunas patologías en diferentes etapas del proceso construc-
tivo, tales como: errores de diseño y falta de detalles en planos
y especificaciones técnicas de los proyectos; deficiencias o
debilidades en la reglamentación y normativa; uso de mate-
riales inadecuados o mal aplicados; falta de supervisión de las
obras e inspecciones técnicas deficientes; falta de competencia
laboral en la ejecución de las diferentes partidas (Ministerio de
Vivienda y Urbanismo, 2004). Finalmente, las familias se sien-
ten más satisfechas que antes con su «solución habitacional»,
pero esto ocurre considerando, por lo general, retrasos en el
plazo original de entrega de las viviendas, un gasto mayor al
presupuestado por las familias (especialmente allegadas o que
arriendan antes de obtener su casa), demoras en la resolución
de problemas detectados en la post-venta, entre otros, que
han venido a incrementar también los gastos del Estado para
resolver estos «eventos».
r Sobre el 25% de los beneficiarios está más lejos de las oportu-
nidades urbanas. El 24% incrementó los costos de acceso a las
oportunidades urbanas y el 48,4% de hogares perdió su acceso
a redes de apoyo: familia y amistades. En nuestra experiencia,
los datos revelan una cuestión compleja porque las personas,
en general, no solo buscan una «solución habitacional», sino
que un lugar donde instalar «su hogar», en un buen barrio
donde puedan establecer vínculos y redes que les permitan
proyectarse en el territorio y acceder a los mismos derechos a
«habitar» que los ciudadanos con mayores ingresos.

184
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

La falta de sintonía con las necesidades reales de las personas y sus


familias se mantiene pese a los cambios implementados a la política
habitacional en los últimos cuatro años –tales como el aumento a 12
tipos de subsidios y cambio de EGIS a Entidades Patrocinantes (EP),
mejoras en la post-venta, entre otros–, puesto que su objetivo central
sigue siendo la disminución del déficit habitacional, especialmente, en
la etapa de reconstrucción post-terremoto del 2010. Tomando en con-
sideración lo que planteamos anteriormente, con este foco volvemos al
problema central: la sustentabilidad de los nuevos barrios de vivienda
social cuando no se promueve el fortalecimiento del capital social, que
le permita a la comunidad contar con la autonomía necesaria para
mantener y mejorar su barrio en el tiempo.

1.2. Sobre la inversión social y participación de las familias en el pro-


ceso

Los decretos que regulaban y actualmente norman (Decreto Supremo


N°74 y Decreto Supremo N°49, respectivamente, del Fondo Solidario
de Vivienda, FSV) el acompañamiento a las familias (pre y post entrega
de las viviendas sociales) especifican las características que debe tener
un nuevo barrio para que este se sostenga autónomamente en el tiem-
po: identidad, integración, seguridad, autonomía, entre otros rasgos.
Si bien compartimos los objetivos establecidos en ambos decretos,
ejecutarlos es una tarea que requiere superar con creces los recursos,
acciones y tiempo estipulados.
Las actuales Entidades Patrocinantes (anteriores EGIS), son las
responsables de realizar esta labor a través de Planes de Habilitación
Social (PHS), actuando como intermediarios de la oferta de subsidios,
demanda de potenciales postulantes y las empresas constructoras. Ac-
tualmente, las constructoras también pueden hacerse cargo del acom-
pañamiento social de las familias para promover su participación en
todo el proceso. Pero ¿podrá una constructora, enfocada en la calidad
de la construcción, dedicar el tiempo y recursos necesarios, y contar
con los equipos profesionales idóneos para lograr, exitosamente, la
habilitación social de cada uno de los barrios en los que trabaja?

185
Pilar Goycoolea et al.

En este contexto, los recursos son insuficientes para desarrollar


el Plan de Habilitación Social. A modo de ejemplo: para desarrollar
el plan de acompañamiento durante 30 meses, tiempo que tarda un
proyecto habitacional desde la postulación a subsidios hasta la post-
venta (sin considerar los atrasos en el proceso), a un comité habita-
cional compuesto por 100 familias, el decreto estipula un pago total
promedio de 7,35 Unidades de Fomento (UF) por familia. Es decir, el
Estado considera que $5.700 (0,245 UF) mensuales por familia son
suficientes para contratar equipos multidisciplinarios de profesionales
y administrativos, mantener la innumerable documentación vigente, y
realizar todas las actividades con la comunidad (asambleas, visitas a te-
rreno, capacitaciones sobre copropiedad, ampliación, post-venta, entre
otras) que se requieren para fortalecer la organización comunitaria y
la instalación en el barrio. Tomando en cuenta la inversión del Estado
en infraestructura, se calcula que lo que se destina a la inversión social
constituye como máximo un 2% del presupuesto para el desarrollo del
proyecto. Esta proporción es incoherente e insuficiente para promover
la sustentabilidad del barrio desde el ámbito social.
Para lograr el objetivo propuesto se requiere un profundo compro-
miso y duplicar los esfuerzos que se realizan actualmente. Está claro
que es necesario crear estrategias distintas a las solicitadas por los
Servicios de Vivienda y Urbanización (SERVIU), y seguir trabajando
con las familias después de entregada la vivienda con el fin de evitar el
deterioro de los barrios, pues «esperar» el desgaste implica una doble
inversión en el largo plazo. Hasta el momento, el trabajo con los nuevos
barrios de vivienda social no está financiado por las políticas públicas.
Si bien el Decreto Supremo N° 49 destina recursos para esta etapa,
estos se hacen insuficientes, ya que se prorratea el presupuesto inicial a
la cantidad de meses de trabajo, mermando los recursos considerados
para la etapa previa a la entrega de la vivienda. Por consiguiente, lo
anterior causa que sea aún más difícil para cualquier EP desarrollar el
PHS con la calidad necesaria para lograr los objetivos que se solicitan.
Por otra parte, bajo el modelo de gestión basado sobre actores
intermediarios, muchos de los afanes puestos en la política habitacional
resultan operacionalmente impracticables por las dificultades de moni-
toreo que tiene el Estado. En este contexto, si bien no son defendibles

186
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

los problemas de reputación de los actores intermediarios (EGIS-EP) o


de las constructoras, cabe señalar algunas constataciones (SUR, 2011):
r Los actores intermediarios no logran desplazar del imaginario
social el rol crucial del SERVIU y de las constructoras en las
responsabilidades últimas del proceso de tener casa propia.
r Las deficiencias en el sistema de incentivos estimulan, o bien, no
logran evitar que estos actores intermediarios –principalmente,
entidades con fines de lucro– desarrollen una gestión centrada
en los objetivos de las constructoras y los dueños del terreno,
en vez de representar los intereses y necesidades de las familias
que buscan vivir en un nuevo barrio.
r Construir viviendas sociales no es un buen negocio para las
empresas constructoras. El sistema de incentivos y pago del
Estado exige que las constructoras cuenten con un sólido res-
paldo económico, que solo las grandes empresas sostienen y
que, además, no están interesadas en desarrollar proyectos de
vivienda social. Mientras no se aborde esta situación junto a
una revisión de la burocracia, la velocidad de la producción
de «soluciones habitacionales» no logrará ir al ritmo de la
demanda.
r El afán por que las familias participen en la elección de terrenos
o se sientan involucradas desde un principio en el diseño de los
proyectos habitacionales, es un fracaso. Los proyectos están
generalmente prediseñados y los terrenos elegidos respondien-
do a cálculos de rentabilidad. Esto se agudiza en períodos de
«burbuja inmobiliaria».
r Los actores intermedios no han mantenido informada a la
comunidad de postulantes. Finalmente, ha sido la propia ac-
ción de los colectivos de allegados de campamentos y de todos
aquellos con carencia habitacional, la que ha movilizado la
información.
r En cuanto a la ejecución de las «soluciones habitacionales»,
los actores intermediarios han tenido escasas posibilidades de
realizar una fiscalización neutral, especialmente si el proyecto
ha sido diseñado por ellos mismos.

187
Pilar Goycoolea et al.

r Los actores intermediarios cumplen, en general, con las forma-


lidades del PHS, sin embargo, en la etapa final la tendencia es
desligarse del proceso de cierre, de post-venta y uso efectivo del
inmueble, quedando las constructoras a cargo de los procesos
administrativos y legales.

Para hacer un trabajo bien hecho, la inversión y formalidades


establecidas en el PHS son insuficientes, más aún, en la etapa post-
entrega de las viviendas. Las familias pasan por un período de ajuste
y adaptación que dura, a lo menos, un año desde que logran instalarse
en su nueva vivienda, reconocen el territorio, se adaptan al pago de
servicios, resuelven problemas de post-venta, acceden a sus escrituras,
logran acceder a servicios básicos, reconocen a sus vecinos, y comienzan
a vivir en comunidad, entre otros. Más aún, el tiempo que las familias
requieren de ajuste y adaptación aumenta cuando las acciones del PHS
antes de la entrega de vivienda no han sido de la mejor calidad.

1.3. Sobre la segregación… y lo que finalmente ocurre con las personas

El fenómeno de la segregación no puede ser desvinculada de los fenó-


menos estructurales, tal como señala Mella (2011):

Los estudios empíricos muestran que en Chile, antes de la


década de los 80’, la segregación de los grupos pobres no tenía
los efectos de desintegración social que muestra actualmente
debido a la centralidad de integración social en el modelo político
de mediados de siglo XX. No obstante, hoy las manifestaciones
de los cambios en el patrón tradicional de segregación urbana
se traducen en aspectos objetivos, tales como el aumento de la
pobreza urbana que denotan los resultados de la Encuesta CA-
SEN 2009; y en aspectos subjetivos, tales como la prevalencia
de estigmas territoriales (Mella, 2011, p. 11).

La demanda de los pobladores por estar mejor ubicados en la ciu-


dad es generalizada. La demanda de la «casa propia» ha evolucionado
hacia la búsqueda de habitar en las redes y oportunidades que entrega
la ciudad. De allí, la lucha por evitar su migración hacia la periferia
y no salir de las comunas donde se encuentran instalados; donde,

188
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

además, tienen sus trabajos y acceso a servicios que también tiene la


población con mayores ingresos. Ejemplo de esto es la localización «no
fortuita» de la toma de Peñalolén y todos los campamentos instalados
al interior o cercanos a las ciudades más grandes y pobladas del país.
Complementariamente, los estudios encargados por el Ministerio de
Vivienda y Urbanismo, revelan que más de la mitad de las familias
beneficiarias de vivienda social manifestaban preferencia por los cam-
pamentos antes que por sus nuevas casas, no solo por la localización,
sino que fundamentalmente por las relaciones sociales, los vínculos
de mayor solidaridad que se establecían entre las familias y la mejor
organización social (Ministerio de Vivienda y Urbanismo e Instituto
de la Vivienda, 2002).
Algunos autores argumentan que no existen impedimentos cul-
turales, sociológicos ni económicos para reducir la segregación, la
cual podría ser abordada al contar con políticas de suelo orientadas
a la integración socio-urbana (Sabatini y Brain, 2008). No obstante,
lo cierto es que las actuales políticas de suelo han provocado, con el
tiempo, la transformación de algunos barrios de viviendas sociales en
verdaderos guetos estigmatizados por problemas sociales, algunos más
graves que otros, donde la gente ya no quiere vivir. Tal es el caso, por
ejemplo, de «Bajos de Mena» en Puente Alto o «Las Viñitas» en Cerro
Navia, donde la solución de la mala calidad de las viviendas, diseño
del barrio, junto con los problemas sociales allí existentes, terminó
en la decisión extrema de demoler luego de trasladar las familias a
otros nuevos barrios de viviendas sociales o brindar subsidios para la
compra de inmuebles usados en una localización seleccionada por la
propia familia.
El estudio realizado por SUR (2011), indica que el 90% de los
habitantes de barrios de vivienda social señala que estos están inco-
rrectamente diseñados, alejados, con mala localización, sin servicios
ni áreas verdes, sienten miedo y vergüenza del lugar en el que viven y
un 65% abandonaría sus viviendas sociales si pudiera (Rodríguez y
Sugranyes, 2005). Asimismo, el miedo, la desconfianza, y el malestar
con su hábitat son obstáculos para generar sociabilidad, vínculo, e
integración social (Segovia, 2005). Claramente, este panorama se aleja
notablemente de los resultados esperados por la política de vivienda,

189
Pilar Goycoolea et al.

y más aún, del sueño de la casa propia de las familias que requieren
del apoyo del Estado para obtenerla.
Esta situación hace que las personas pierdan la esperanza y la
confianza en los sistemas, en sus propias capacidades, que se genere
desintegración, disminución, o eliminación del tejido social, inactivi-
dad, escasa validación de las bases, llevando a que los líderes reduzcan
su actividad y se desgasten. Se observa fragilidad de las relaciones
cotidianas, inexistencia de sentidos y proyectos compartidos, todo lo
cual fortalece el temor, la inseguridad, la desconfianza en el otro, en la
posibilidad de influir como actores sociales y en el futuro. El sentir de
las personas muchas veces se expresa física y espacialmente, pues en
algunos barrios (a menos de 1 año de construidos) se pueden observar
viviendas o sedes comunitarias deterioradas o abandonadas, pasajes,
calles y espacios públicos con escaso mantenimiento, acumulación de
basura, iluminarias deterioradas, juegos infantiles y bancos destruidos,
escaso movimiento de sus habitantes por las calles, y poca o nula uti-
lización de los espacios públicos.
El resultado es que estos barrios se terminan calificando como
«barrios deteriorados», con habitantes que quieren abandonarlos y
que difícilmente recomendarían a otros vivir allí. El tratamiento para
ellos ha sido la implementación de programas para el mejoramiento
de sus condiciones sociales y materiales, atendiendo a los síntomas –lo
cual ya es caro– sin intervenir las condiciones estructurales previas
que los generan.
A fin de cuentas, el problema se reduce a la «clasificación» de los
barrios, las posibilidades de intervención, y a los movimientos de inver-
sión. Sin embargo, la preocupación por lo que más debiera importar,
«lo que sucede con las personas», termina siendo un dato de la causa.

1.4. Los barrios nuevos: Invisibles ante las políticas públicas

Las políticas públicas vinculadas a materia de vivienda en Chile y sus


recursos se orientan principalmente a cubrir el déficit habitacional,
abordar dificultades sociales y de materialidad de las viviendas de
barrios deteriorados; o bien, a financiar la demolición de conjuntos
habitacionales cuando las viviendas y barrios son irrecuperables y se

190
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

requiere trasladar a las familias a nuevas viviendas sociales. La preo-


cupación legítima –aunque discutible– sobre los problemas actuales de
barrios deteriorados, invisibiliza la importancia de actuar y desarrollar
programas preventivos en barrios nuevos, con el objetivo de potenciar
el capital social y económico invertido por parte del Estado, en las
propias familias y privados.
Conforme a los datos oficiales del Ministerio de Vivienda y Urba-
nismo (2013b), en los últimos tres años, en el contexto de la recons-
trucción, se han entregado 84 mil viviendas nuevas en seis regiones del
país5. Desde el momento en que se entregan, las familias aumentan
considerablemente su puntaje en la Ficha de Protección Social, lo cual
significa que «nominalmente» dejan de ser pobres o vulnerables; y se
asume, además, que constituirán barrios nuevos que, inicialmente, no
presentan dificultades. El resultado es que se transforman en barrios
y familias invisibles a las políticas y programas sociales dirigidas a su-
perar situaciones de pobreza y vulnerabilidad, porque pasan a integrar
el grupo de aquellos que la han logrado superar. Sin embargo, estas
familias requieren de oportunidades para continuar mejorando sus
circunstancias y estabilizar sus avances. Es reconocido que la pobreza
no es estática, y su dinamismo hace que familias no pobres pasen a
engrosar rápidamente las filas de familias que sí lo son, por circunstan-
cias laborales, de salud, entre otras (Aguilar, 2012). Esta condición de
vulnerabilidad afecta, particularmente, a familias que van conformando
los nuevos barrios de vivienda social y que, en su mayoría, han sido
allegadas o provienen de campamentos, cuyos ingresos no son altos
y, principalmente, dependen de un miembro del grupo familiar que si
se enferma o pierde su trabajo deja a la familia completa sin recursos
para su subsistencia. Estas personas, que van conformando los nuevos
barrios de vivienda social, «no cumplen los requisitos» y son las que
nominalmente quedan fuera de la política y programas dirigidos a
población pobre y vulnerable.

5
Según la misma fuente, el estado de avance de reconstrucción señala un total de
222.000 soluciones habitacionales, de las cuales 186.000 indica como entregadas
(84%), 34.000 en construcción (15%) y 2.000 por iniciar (1%). Particularmente,
de las viviendas entregadas un total de 84.000 corresponden a casas nuevas y
102.000 a reparaciones en las Regiones de Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins,
Maule, Bíobío y La Araucanía.

191
Pilar Goycoolea et al.

Es necesario ser enfáticos: los barrios nuevos de vivienda social


son «tierra de nadie». Por un lado, no cumplen requisitos exigidos en
los programas del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, porque son
barrios nuevos y se asume que después de la «entrega de llaves» está
resuelto el problema habitacional. Por otro lado, tampoco cumplen con
los requisitos de pobreza y vulnerabilidad que exigen los programas
del Ministerio de Desarrollo Social. Además, no existen programas
preventivos masivos estatales para evitar caer en la pobreza. O sea,
mientras los ministerios se enfrascan en discusiones bizantinas para
decidir a «quién le corresponde», las familias de nuevos barrios de
vivienda social se quedan, literalmente, «sin nadie a quién recurrir».
Prevenir siempre es mejor y más barato que curar. Este precepto
opera a todo nivel y no escapa a materias de vivienda, barrio y ciudad.
Por lo tanto, no es aceptable que los nuevos barrios de viviendas sociales
deban esperar que el laboratorio socioeconómico opere naturalmente
para saber si en dos, cinco, o diez años más se conviertan en barrios
que «cumplen» con los requisitos para ser considerados «deteriorados»,
y por tanto, tomados en cuenta por programas de mejoramiento de
barrio, o simplemente, sea necesario trasladar a la gente y demolerlo.

2. Nuestro intento por poner el foco en el lugar


correcto
En seis años de experiencia como Fundación, hemos aprendido que la
tarea no termina cuando se entrega la vivienda a las familias. Hasta
este momento se ha realizado una gran inversión económica y social,
pero este capital activo puede perderse si no seguimos trabajando
con la nueva comunidad de vecinos hasta que el barrio cuente con
herramientas para facilitar su participación comunitaria, integración
al entorno, fortalecer su identidad y contar con elementos base para
ser una comunidad autónoma. Por ello, Fundación Urbanismo Social
ha desarrollado un modelo Urbanismo Social Preventivo que permite
continuar trabajando con las comunidades después de la entrega de
las viviendas, y por un lapso aproximado de 3 años.
Nuestra Fundación se creó con el deseo de construir viviendas
sociales de gran calidad para las familias, con diseño y construcción

192
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

de calidad, buena localización, y fortaleciendo la organización social,


al involucrar fuertemente a las propias familias en todo el proceso.
Poco a poco fuimos cayendo en cuenta de que cuando las personas
hablan de «vivienda» en realidad están hablando de «hogar», dando
cuenta del deseo de habitar un buen barrio donde poder vivir feliz con
su familia y proyectarse.
De esta manera, nuestra Fundación pasó de ser un referente en
la construcción de viviendas sociales de calidad –con el nombre de
Fundación Gestión Vivienda– a replantearse un cambio de misión
institucional y, en consecuencia, de nombre –a Fundación Urbanismo
Social– que diera cuenta de esta misión: construir barrios de vivienda
social donde las familias se sintieran felices de vivir, sobre la base de
un modelo que tenga como centro a las personas.
El modelo propuesto toma en consideración que las intervenciones
físicas detonan procesos de desarrollo físico y social sostenibles, al
promover la participación y el fortalecimiento del capital social. De
esta manera, se explica que la entrega de la vivienda –u otras inter-
venciones físicas en los barrios y la ciudad– sean el principio y no el
fin de un desarrollo permanente de la calidad de vida de las personas
que habitan los barrios, sobre la base del fortalecimiento de la auto-
nomía de sus comunidades. De allí, que la vivienda, el equipamiento
y los altos niveles de calidad en la infraestructura física, pasen a ser
una herramienta.
Por otra parte, declarar en nuestra misión el concepto de felicidad
fue una decisión compleja. Los adjetivos de «alocado», «hippie», «li-
viano», «ingenuo», «poco serio», «mesiánico», «demagogo», fueron
los más amables que nos adjudicamos durante el proceso. Pero, ¿de
qué estábamos hablando cuando declaramos que queremos que las
personas se sientan felices de vivir en sus barrios? ¿A qué nos referimos
con felicidad en este caso?
Queríamos revertir las cifras que entregó el estudio de SUR (2011)
que revelaron que la mayoría de los habitantes de vivienda social
sienten miedo y vergüenza del lugar en el que viven o abandonaría
sus viviendas si pudieran. Por el contrario, deseábamos que el fruto de
nuestro trabajo produjera el efecto inverso: que las personas se sintieran
felices de vivir en su barrio al punto de recomendar a otros vivir ahí.

193
Pilar Goycoolea et al.

Buscamos a los expertos y los encontramos. Ellos nos orientaron


para determinar los resultados concretos que esperábamos lograr
con nuestra apuesta de modelo y trabajo, y construir un instrumento
cuantitativo para su evaluación. Así, desarrollamos y validamos una
encuesta durante el segundo semestre de 2013, a través de revisión
bibliográfica, realización de grupos focales y la ejecución de pretest6.
A medida que avanzaron las discusiones, fue adquiriendo mayor
sentido lo que veníamos haciendo y deseábamos hacer como Funda-
ción en materia de barrios. Por otra parte, estábamos entregando una
justificación técnica a nuestra inversión –humana y económica– para
continuar trabajando con dirigentes y familias de los nuevos barrios
de vivienda social, aun después de la entrega de sus viviendas. Este
proceso fue un ejercicio para poner el foco en el lugar correcto.
Realizamos una experiencia piloto de evaluación del modelo en el
barrio Punta del Sol de la comuna de Rancagua7, con cuya comunidad
hemos trabajado desde que presentaron la necesidad de resolver su
situación habitacional, y con quienes hemos permanecido realizando
acciones físicas y sociales hasta poco más de un año después de la
entrega de sus viviendas (por ejemplo: ampliación de áreas verdes,
realización de talleres, etc.).
Algunos resultados preliminares indican que el 90,3% de los en-
cuestados recomendaría a amigos o cercanos vivir en el barrio, y que
el 93,1% pretende seguir haciéndolo en ese barrio en los próximos 5
años, no solo por la imposibilidad legal de hacerlo –porque se trata de
viviendas sociales con subsidio del Estado– sino porque se proyectan
como familia viviendo allí, esperan permanecer en el barrio por un
largo tiempo, y son optimistas acerca de su futuro. Existe cerca de un
9,7% que no recomendaría a otros vivir en el barrio, sin embargo,

6
El trabajo fue desarrollado por el Programa de Estudios Cuantitativos y Opinión
Pública de la Universidad de Santiago; equipo compuesto por Camila Mella y
Alejandro Plaza, bajo la dirección y conducción de Juan Carlos Oyanedel.
7
Se realizó una investigación de línea base para evaluar los resultados de la interven-
ción a partir del modelo de Urbanismo Social Preventivo creado por la Fundación.
El instrumento fue aplicado a jefes/as de hogar, tipo censo. El levantamiento general
estuvo a cargo de la Fundación junto a los alumnos de la cátedra de Metodología de
Investigación Social, cuyo docente es Claudio Henríquez, de la carrera de Trabajo
Social de la Universidad Santo Tomás. Para formar a los alumnos en esta labor, se
utilizó la metodología de aprendizaje-servicio e inclusión en la malla curricular.

194
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

respecto de aquellos que sí lo hacen, no presentan diferencias signi-


ficativas respecto de la alta satisfacción en cuanto a los servicios e
infraestructura disponible, al entorno y a su propia vivienda. Es decir,
la recomendación de su barrio a otros pone el acento en la calidad de
las relaciones sociales que los vinculan con sus vecinos. Las diferencias
importantes entre los dos grupos (los que recomiendan y los que no
recomiendan), se producen cuando se indaga sobre las relaciones de
ayuda, vínculo entre las personas y redes. El 52,9% de las personas que
no recomiendan el barrio perciben que no cuentan y no conocen alguien
del barrio que pueda apoyarlas para resolver situaciones domésticas
o de emergencias. En tanto, solo el 21% de los que recomiendan el
barrio tienen esta misma percepción.
Estos resultados dan luces respecto a qué es relevante para una
persona y su familia a la hora de querer mantenerse y proyectarse en
un lugar. Considerando todo lo expuesto anteriormente (las mejoras
hechas a la política habitacional), estamos de acuerdo en que la lo-
calización del barrio y la calidad de las viviendas son fundamentales.
En nuestro caso, no trabajamos con barrios mal localizados o cuyas
viviendas sean de mala calidad, pues consideramos estos factores como
un «desde» y, «desde allí para arriba» postulamos –y la encuesta lo
constató– que la calidad de las relaciones que establece una comuni-
dad son las que influyen finalmente en el bienestar y felicidad de las
personas que la constituyen.
Al indagar sobre el sentido de comunidad y capital social, los
entrevistados/as, en general, señalan que para ellas/os es importante
construir y sentirse parte de su barrio. Sin embargo, el diagnóstico de
capital social muestra una cohesión débil entre los vecinos. En este
sentido, por ejemplo, destacan que los miembros de sus familias y
otros parientes juegan un rol central en constituir redes de apoyo, en
detrimento de sus vecinos. Del mismo modo, se aprecia una falta de
organizaciones en el barrio –políticas o culturales– que representen a
los vecinos y les permita involucrarse. Estos antecedentes ponen en
alerta respecto de los tiempos y procesos que las comunidades requieren
para consolidarse y constituir vínculos, los que podrían ser, finalmen-
te, factores decisivos en la proyección de las familias en el barrio y el
desarrollo del mismo. Al respecto, cabe señalar que antes de obtener

195
Pilar Goycoolea et al.

la vivienda, las familias trabajan colectivamente por el «sueño de la


vivienda propia», aspecto que los mantiene juntos, organizados por un
objetivo común, con posible identidad colectiva y sentidos comunes.
Al obtener la vivienda, desaparece el motivo y la gente suele ocuparse
de su vivienda «hacia adentro» –lo cual es muy legítimo–, por lo que
tiende a dispersarse y a quedar sin un nuevo sueño colectivo por el
cual luchar. Este espacio de tiempo, es el que la Fundación plantea
que no debe subestimarse y que requiere de acompañamiento, porque
luego de la entrega de la vivienda las percepciones y tolerancia de lo
que realmente estoy dispuesto a compartir cambia.
Una cosa es «pensar» en la vivienda y el barrio, y otra cosa es
«vivir» allí. Los PHS incluyen temas de «cómo sueño mi barrio»,
definición del reglamento de copropiedad, mantención y uso de los
espacios comunes, entre otros; que son extemporáneos para quienes no
han habitado el barrio aún y que requieren de procesos más complejos
que la sola ejecución de un par de talleres, encuestas y asambleas, o
mesas técnicas con dirigentes. Las familias solo logran dimensionar y
evaluar estos factores cuando la convivencia humana está operando,
cuando se juntan los niños a jugar en los espacios comunes, cuando el
vecino estaciona el auto en el lugar que no le corresponde, o cuando
la música suena fuerte hasta altas horas de la noche. Todo eso ocurre
desde el minuto que recién se instalaron en la vivienda; por tanto, es
imposible que antes se asimile su real dimensión. Todo esto nos indica
la necesidad de continuar trabajando en los nuevos barrios, y creemos
prudente hacerlo por un lapso de tres años.
Para conocer la calidad de los barrios que se están construyendo
con recursos del Estado, el parámetro más sencillo es preguntarle a los
propios residentes si recomendarían a otros, sus cercanos y amigos, vivir
allí. Si ya tenemos el parámetro que los residentes de un barrio deterio-
rado, antes de los cinco años –o, en el peor de los casos, al año–, ya no
quieren habitarlo (porque se sienten avergonzados, tienen miedo, o se
irían a otra parte si pudieran), que el 90% de los habitantes de Punta
del Sol recomiende su barrio nos motiva a seguir probando el modelo.

3. Algunos temas que creemos deben entrar en el


debate

196
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

A modo de cierre, nos gustaría plantear algunos temas que, desde


nuestra experiencia como Fundación, debiesen entrar en el debate
respecto a la política habitacional vigente en nuestro país. Más que
conclusiones, les invitamos a debatir en torno a los desafíos de los
nuevos barrios de vivienda social.

3.1. Incluir a los nuevos barrios de vivienda social como un compo-


nente de la política habitacional

Los nuevos barrios de vivienda social son la caja negra y engranaje


olvidado de la política de vivienda, que hoy exige ser puesto en lugar
crítico de inversión. En lo social, se requieren planes técnicos y de
habilitación social más extensos que permitan a las familias superar
la etapa de ajuste y adaptación en el nuevo territorio. Ello, debe ser
materia de la política de vivienda, o al menos, ser considerado en la
coordinación de las diversas políticas de protección social, para no
traspasar la responsabilidad a los gobiernos locales.

3.2. Poner realmente a las personas en el centro de la discusión en


materia de vivienda social

La opción por destinar todos los esfuerzos en cubrir el déficit habita-


cional –por cierto básica– institucionalizó el excesivo foco puesto en
lo físico, a excusa de que la «vivienda» constituye la «solución habita-
cional». Tanto tiempo con el foco puesto en el «dispositivo» ha dejado
bajo el mantel la discusión sobre qué otorga efectivamente sostenibi-
lidad a un barrio (las personas y no las cosas). Esto no es discurso. Es
preciso realizar un cambio radical y profundo sobre qué hacer y cómo
hacerlo para abordar el problema habitacional (déficit y calidad). Las
«personas», sus características, historias y preocupaciones, deben ser
el punto de arranque para el análisis y construcción de soluciones, y
no tan solo la preocupación por las características y condiciones de las
«viviendas». Esta preocupación debe traducirse, obviamente, en una
mayor inversión en lo social, para contar con profesionales y técnicos
en las EGIS-Entidades Patrocinantes, y en los SERVIU, con capacidad
y tiempo para desarrollar los diagnósticos, vincularse efectivamente

197
Pilar Goycoolea et al.

con la gente, realizar Planes de Habilitación Social (considerando pre


y post entrega de vivienda y acompañamiento posterior), incluyendo
la etapa de ajuste e instalación de las personas en su vivienda y barrio,
que dura un año en promedio.

3.3. Las intervenciones físicas detonan procesos sociales y su alcance


no debe subestimarse

La creación, construcción, o remodelación de la infraestructura de un


barrio o de un área dentro de este, no es solo un hecho físico, sino que
uno que incide sustancialmente en los modos de vida, pensamiento y
acción de sus pobladores. Nosotros lo consideramos un «Caballo de
Troya» para instalarnos en un lugar a trabajar con las comunidades
y construir participativamente un tejido social. De otro modo, las in-
tervenciones se convierten en estructuras vacías, que nada reflejan el
desarrollo humano y que terminan destruidas o subutilizadas.
Por ello, la discusión sobre los metros construidos, el diseño, el
espacio público y el equipamiento son tan relevantes, y no pueden ser
medidos solo por las posibilidades económicas, sino que han de formar
parte de una discusión política, del tipo de desarrollo humano que el
país desea. Las posibilidades en este campo son infinitas, e implica
el despliegue de infraestructura y recursos que facilitan en diferentes
formas el acceso a la cultura, la recuperación o creación de espacios
para reunión de los ciudadanos, zonas para la convivencia y vínculo
entre los niños, jóvenes, adultos y personas mayores, hombres y mu-
jeres, etc. Nadie debe quedar fuera. La inclusión de la comunidad que
habita el lugar que se está interviniendo físicamente en el proceso de
diseño y construcción, es fundamental para generar una integración
con identidad en el espacio a partir de la infraestructura física. Solo
así, la infraestructura tiene sentido para quienes la usarán.

3.4. Incluir nuevos factores de análisis para el desarrollo de


políticas públicas de barrios de vivienda social

198
Modelo de Urbanismo Social Preventivo...

El bienestar y felicidad humana son temas que debieran estar incluidos


en el desarrollo de cualquier política pública. En ningún caso creemos
que sea labor del Estado proveer, particularmente, felicidad. Pero sí le
corresponde ocuparse de suministrar un contexto justo y digno en el
cual las personas podamos aspirar a realizarla. Hoy todavía las políti-
cas públicas habitacionales están enfocadas en lo cuantitativo y en la
calidad de la construcción; por tanto, es urgente y necesario avanzar
en poner el foco en las personas a quienes están destinadas y hacerse
cargo de los procesos sociales que acompañan todo el desarrollo de
un proyecto habitacional e instalación de un barrio. Considerando
que más de la mitad de los habitantes del planeta viven en ciudades
–cifra que aumenta sostenidamente cada año– los barrios y la ciudad
se convierten en uno de los espacios más relevantes para pensar en el
bienestar y la felicidad, pues es allí donde permanecemos en nuestra
vida cotidiana.

Referencias
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199
Pilar Goycoolea et al.

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200
¿Por qué las empresas no se ocupan del
bienestar de sus colaboradores?

Sylvia Kramp

Introducción
Tal como su nombre lo sugiere, el bienestar subjetivo se refiere a la
valoración que las personas hacen respecto a su propia vida, de ma-
nera general o de cualquiera de sus múltiples dimensiones, tales como:
su salud, su trabajo, su familia, su barrio, su país, etc. En los últimos
años se ha generado un gran interés por comprender este fenómeno,
promoviéndose la investigación tanto sobre las causas como sobre los
efectos asociados al bienestar subjetivo.
En relación a lo anterior, se ha demostrado que el bienestar se en-
cuentra relacionado con la satisfacción con el trabajo. De este modo,
por ejemplo, se ha comprobado que quienes están cesantes se declaran
menos satisfechos con su vida que quienes son trabajadores activos.
Incluso, la literatura señala que trabajadores informales han reportado
satisfacción respecto a algunas características de su trabajo, a pesar de
las condiciones de precariedad en que lo llevan a cabo: así, se valoran
positivamente aspectos como la autonomía y la libertad. Asimismo, la
satisfacción con el trabajo se relaciona significativamente con la edad,
de tal manera que las personas mayores reportan menores niveles de
bienestar laboral.
La evidencia científica en torno al bienestar subjetivo es limitada,
sin embargo, ha generado gran interés en diversas partes del mundo.
Así, por ejemplo, destacan iniciativas como el Índice de Desarrollo
Humano (por parte del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo) y el Índice Nacional de Felicidad (por parte del Gobierno
Real de Bután). Incluso, la Organización para la Cooperación y el De-

201
Sylvia Kramp

sarrollo Económicos (OCDE) –selecto grupo de países al cual Chile se


enorgullece de pertenecer– creó el Índice para una Vida Mejor.
Ahora bien, lo que la literatura ha demostrado y lo que las políticas
públicas han incorporado, aún no parece interpelar a las empresas con
el mismo ímpetu. En efecto, en Chile, lo que ha llamado la atención de la
ciencia y la política, no ha convocado ni removido con la misma fuerza
al mundo del trabajo, ya sea desde la perspectiva de los empleadores
o de los trabajadores. ¿A qué se debe este fenómeno?
A continuación, se abordan algunas razones (desde la experiencia
en el mundo empresarial más que desde la evidencia científica) que
explicarían por qué las empresas no se ocupan del bienestar subjetivo
de sus colaboradores. Como es de esperar: existen responsabilidades
compartidas, tanto de parte de los empleadores como de los trabaja-
dores. En efecto, en Chile, el bienestar subjetivo difícilmente se insta-
lará en la medida en que nuestra cultura laboral esté marcada por el
autoritarismo antes que por el liderazgo.

1. La versión de los empleadores


En primer lugar, la gestión y promoción del bienestar subjetivo es
considerado un gasto –y no una inversión– por parte de la mayoría
de directivos y gerentes. En este sentido, muchos de ellos desconocen
que altos niveles de bienestar subjetivo se asocian a un incremento en
la productividad, a una mayor retención de talentos (disminución del
turnover), a mejoras en el clima laboral.
Esta situación, más que a una negación de los efectos del bienestar
subjetivo en el plano laboral, se debe a que directivos y gerentes no
cuentan con estudios o indicadores válidos y confiables que demuestren
dichos efectos. Asimismo, es imposible siquiera que exista un incentivo
en la innovación en esta materia: actualmente, las empresas son ren-
tables con la forma de relacionarse que tienen con sus colaboradores,
¿por qué, entonces, directivos y gerentes, debiesen preocuparse por
cambiarla?
En segundo lugar, ¿cuál es la característica de la actual relación
que las empresas establecen con sus colaboradores? Más que velar
por la gestión y promoción del bienestar subjetivo «en el trabajo», las

202
¿Por qué las empresas no se ocupan del bienestar...

divisiones de Recursos Humanos comprenden este enfoque desde la


perspectiva de la generación de beneficios «fuera de él». Lo anterior,
a su vez, origina dos efectos principales: por un lado, se concentra
en la esfera del consumo y del tiempo libre (por ejemplo: entrega de
descuentos en multitiendas, entrega de gift cards, o el establecimiento
de un día de «ropa informal» para olvidar corbatas y zapatos de taco
alto a favor de zapatillas y jeans. Por su parte, los más innovadores
regalan media hora en el lugar de trabajo u horas libres en el día de
cumpleaños).
Por otro lado, lo anterior sucede porque no se segmenta a los
colaboradores de acuerdo a su edad, intereses, sexo, o ciclo de vida,
con lo cual algunos no pueden utilizarlos y otros tantos no se sienten
identificados (por tanto, no quieren usarlos). Por consiguiente, hace
falta incorporar una mirada desde el marketing, y no tan solo desde
la psicología.
Ahora bien, en tercer lugar, muchas empresas que sí consideran la
perspectiva del bienestar subjetivo han desarrollado algunas acciones de
acuerdo a la moda o a temas que puedan tener un riesgo reputacional
para la compañía. De esta manera, por ejemplo, cada vez más empresas
han transformado al 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) en
una verdadera «fiesta institucional», en la cual se invierten cuantiosos
recursos en la organización de cenas de celebración (que incluyen desde
animador hasta la contratación del grupo musical nacional de moda).
En cuarto lugar, siguiendo en el ámbito de las empresas que sí con-
sideran la perspectiva del bienestar subjetivo, la experiencia demuestra
que este ha sido limitado a la organización de una encuesta anual de
clima laboral. Evidentemente, una encuesta no basta para poder iden-
tificar los factores relacionados con el bienestar, por consiguiente, es
insuficiente para realizar un diagnóstico veraz a partir del cual diseñar
e implementar un plan de intervención. Por consiguiente, ante la falta
de periodicidad y seguimiento de resultados de dichas encuestas, las
acciones que se toman desde direcciones y gerencias son solo un refle-
jo del momento o llegan en forma tardía: si bien existen mediciones
periódicas (a pesar de que su frecuencia sea inapropiada), lo que no
hay son planes de trabajo que apunten a una mejora.

203
Sylvia Kramp

En quinto lugar, la inexistencia de planes de mejora que imple-


menten intervenciones sobre la base de resultados de mediciones pe-
riódicas, se vincula a dos razones: por un lado, se cree que gestionar
el bienestar en la empresa puede ser una «pérdida de tiempo», una
distracción para la realización de las funciones diarias, un riesgo para
la productividad. Por otro lado, existe el mito de que la gestión y la
promoción del bienestar subjetivo se asocian a un «alto costo», en la
medida en que implicaría la contratación de servicios (coaching, por
ejemplo) y el destinar parte de la jornada laboral a actividades ajenas
a las laborales (por tanto, nuevamente la productividad estaría en
riesgo). En esta interpretación, si bien la inversión en tiempo y dinero
puede llegar a ser significativa, no se han sopesado de la misma forma
los costos asociados a la pérdida de un talento o al contar con cola-
boradores poco productivos.
Las situaciones presentadas en los puntos anteriores se vinculan
con factores políticos y culturales. Por un lado, el enfoque de respon-
sabilidad social empresarial se ha centrado en el exterior en detrimento
del interior de la empresa. En este sentido, se olvida que para que las
empresas desarrollen una contribución activa y voluntaria al mejora-
miento social, estas mismas deben, primero, asegurar el bienestar de sus
propios colaboradores. Resulta imposible (o extremadamente difícil)
que una empresa esperara mejorar su productividad, y su situación
competitiva y valorativa, sin velar cuestiones tales como la seguridad,
la salud, el clima laboral, y el desarrollo humano y profesional de sus
colaboradores. Por otro lado, la cultura laboral en Chile es innegable-
mente autoritaria: se trabaja jerárquica y competitivamente; en lugar
de trabajar a favor de liderazgos y sobre la base de la colaboración.
De este modo, la relación entre gerentes, directivos y trabajadores es
vertical; se trabaja desde arriba hacia abajo, sin preguntar a los colabo-
radores su opinión respecto a cuestiones que les atañen directamente.
Al mismo tiempo, la relación entre gerentes y directivos, muchas veces
es competitiva al interior de una misma empresa: nadie «quiere salir
mal en la foto», por lo tanto, se cree que el bienestar se gestiona úni-
camente comunicando lo que se ha hecho por ellos y no escuchando
a los colaboradores.

204
¿Por qué las empresas no se ocupan del bienestar...

En definitiva, además de desconocimiento, existe un temor a es-


cuchar a los trabajadores, y a no poder manejar ni responder a sus
inquietudes. Aún el estilo empresarial se basa sobre la autoridad y no
sobre el liderazgo, privilegia la productividad y los grandes números,
en lugar del respeto por el otro y por su vida. La relación es asimétrica
y los deberes y derechos son hacia la empresa. En efecto, en muchas
empresas se ven prácticas de las altas gerencias que atentan contra la
vida personal (carga de trabajo, no hay respeto por los horarios, etc.).
Sin embargo, en esta relación, las responsabilidades son compartidas
(mas no ecuánimes): los colaboradores también lo permiten.

2. La versión de los trabajadores


En primer lugar, es preciso señalar que desde la perspectiva de los tra-
bajadores, la gestión y promoción del bienestar en el trabajo tampoco
ha sido un área que haya concitado mayor interés. Sin desestimar, por
ningún motivo, la importancia de los derechos laborales (a los cuales
debiese incorporarse la perspectiva del bienestar), los sindicatos suelen
centrar su interés en lo económico. Por consiguiente, aún son reactivos
al respecto, y difícilmente es posible generar trabajo colaborativo entre
la empresa y los sindicatos.
En este sentido, una cultura de trabajo autoritaria y jerárquica es
característica de la relación tanto entre empresa y trabajadores, como
entre los mismos trabajadores. Por ende, en segundo lugar, así como las
empresas no trabajan el bienestar por falta de mediciones serias (que
ayuden a derribar «los mitos de la productividad»), los colabores que
velan por ellas tampoco han sentido que tengan el derecho a solicitar
el bienestar a sus empleadores. Evidentemente, una cultural laboral
autoritaria limita las posibilidades de reflexión y acción al terreno del
temor y de la costumbre.
Al respecto, no es de extrañar que en las empresas chilenas prime
el statu quo y la propensión a la innovación sea un bien extremada-
mente escaso (y una ventaja inconmensurable para las empresas que
se han atrevido). No es de extrañar, entonces, que aún las relaciones
laborales se regulen por cuestiones tales como «el sacrificio», «el
callar para sobrevivir en una empresa», y «el mantener el bajo perfil

205
Sylvia Kramp

para permanecer». Por consiguiente, en tercer lugar, la promoción del


bienestar en las empresas es, también, un tema generacional, tanto en
la plana directiva como en la de trabajadores. Para las generaciones
mayores resulta de perogrullo velar por la «satisfacción en el trabajo»,
en la medida en que los salarios y reajustes son los criterios más impor-
tantes a negociar en la empresa. Sin embargo, las nuevas generaciones
de trabajadores valoran otras cosas. Aquí es donde el dicho «vivir
para trabajar» se cambia por el «trabajar para vivir». Por tanto, no
es azaroso que la incorporación de la perspectiva del bienestar en las
empresas no solo pase por el convencimiento de directivos y gerentes,
sino que también por el del conjunto de colaboradores.

3. Conclusiones
Difícilmente el mejorar las condiciones laborales en cualquier empresa,
no sea un objetivo (o, al menos, deseo) para todos los que trabajan
en ella. Sin embargo, en Chile, nuestra cultura laboral es altamente
jerárquica y autoritaria; por ende, el clima organizacional en el cual
se trabaja generalmente es tenso, mermando tanto la producción de
las empresas como la salud (física y mental) de sus colaboradores. En
este contexto, el bienestar es una perspectiva auspiciosa para romper
con este statu quo; sin embargo, aún es visto con suspicacia (o aún
desconocido) por parte de empresarios y trabajadores.
La literatura ha demostrado los efectos positivos de promover
y gestionar el bienestar subjetivo en contextos laborales: aumenta la
productividad, disminuye la rotación laboral, mientras mejora el cli-
ma organizacional y predispone a la innovación. No obstante, dichos
hallazgos –que han cautivado a la ciencia y a las políticas públicas–
aún no son incorporados al mundo empresarial con la misma fuerza
y convicción. Ello porque, culturalmente, en Chile nos enseñan que
trabajar debe ceñirse a seguir instrucciones, en lugar que a potenciar
el desarrollo personal y profesional. Es consenso nacional afirmar
que somos mejores obedeciendo que dirigiendo; mientras que quienes
dirigen, confunden el liderazgo con la autoridad. Por ende, tanto las
empresas como las personas que trabajamos en ellas, tenemos la res-
ponsabilidad de romper este statu quo.

206
¿Por qué las empresas no se ocupan del bienestar...

En resumen, es posible concluir que pensar en el bienestar a nivel


de las empresas es un tema que el mismo mundo empresarial (y laboral,
en su conjunto) debe comenzar a explorar seriamente, debido a que
serán las nuevas generaciones quienes nos lo van a exigir. Para ello, es
menester: en primer lugar, trabajar en la generación y validación de
indicadores y estudios serios que permitan a los empleadores visualizar
el resultado de su inversión en bienestar subjetivo (y, así, derrumbar el
«mito de la productividad»). En segundo lugar, contar con gerencias,
directores, y jefaturas que fomenten el trabajo colaborativo, facilitando
espacios de trabajo basados sobre la confianza y no la competencia.

207
Epílogo
La felicidad como vocación
o el bienestar como profesión:
Una mirada a la economía política del
bienestar y la felicidad

Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

Introducción
Uno de los mayores avances en el desarrollo de las ciencias sociales ha
sido el paso desde el foco en los aspectos negativos a aquellos positi-
vos en el estudio de la conducta humana. En el caso de la psicología,
esto ha significado el paso desde la psicopatología hacia el bienestar
humano, lo cual se conoce como psicología positiva. En el plano de
las políticas públicas, esta tendencia se ha manifestado en el paso de
los indicadores basados sobre necesidades (principalmente básicas,
objetivas y mayormente insatisfechas) a uno que apunta a fortalecer
capacidades, entendidas estas como las posibilidades de las personas
de ejercer su libertad a través del ser y el hacer cosas.
En este marco, una de las principales apariciones en el lenguaje
público es el de conceptos como felicidad o bienestar subjetivo, sin
que ello lleve aparejada una discusión respecto a sus alcances o, más
aún, respecto de sus contenidos normativos. En este libro hemos visto
cómo existen diferentes aristas para la comprensión del bienestar y
la felicidad, tanto desde un punto de vista práctico (¿para qué nos
sirven el bienestar y la felicidad?) como filosófico (¿son el bienestar y
la felicidad el fin último de la existencia humana?).
No obstante, hay un tercer elemento respecto al bienestar y la
felicidad que es difícilmente abordado, que es su estructura de control
y gestión, en definitiva, su economía política.

211
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

1. Bienestar subjetivo, felicidad y satisfacción vital


El bienestar subjetivo, o la evaluación subjetiva que las personas
hacemos sobre nuestra vida, posee una doble dimensión: en primer
lugar, es una evaluación respecto a las decisiones que hacemos sobre
nuestra vida y, a la vez, es una evaluación respecto a la forma en que
experimentamos dichas decisiones. En este sentido, se trata de una
evaluación tanto cognitiva como emotiva de las circunstancias que
nos ha tocado vivir. De acuerdo a la tendencia dominante en esta área,
se encuentra constituida por tres dimensiones asociadas: los afectos
positivos, los afectos negativos y la satisfacción con la vida (Diener y
Suh, 1997; Pavot y Diener, 1993).
En psicología, existe una clara distinción respecto a este tipo de
fenómenos. A aquellos pasajeros y relacionados con la experiencia
sensible, se les denomina «emociones»; mientras a aquellos fenómenos
que además de emociones involucran un componente cognitivo, se les
denomina «actitudes». Las emociones positivas frecuentes constitui-
rían la felicidad, entretanto el componente cognitivo de esta sería la
satisfacción vital. Mientras las emociones son pasajeras y poseen una
gran fuerza en un tiempo y espacio concretos (inclusive, dominando
la voluntad), las actitudes moldean dicha voluntad, haciéndonos más
o menos proclives al desarrollo de determinados comportamientos a
lo largo del tiempo.
Al panorama anterior, la sociología aporta que la satisfacción vital
es una actitud formada a través de procesos de socialización. De este
modo, es entendida como una evaluación global del individuo sobre
la calidad de su vida ante sus circunstancias (Seligson y otros, 2003).
Esta evaluación puede ser tanto global o puede referirse a ámbitos de
aplicación específicos, tales como las relaciones sociales que se ejercen,
los bienes que se poseen, o la salud de la que se goza (Huebner, 2004;
Seligson y otros, 2005).
Podemos imaginarnos el bienestar subjetivo como la relación entre
satisfacción vital y felicidad, de forma similar a la situación del mar
en una bahía. La satisfacción vital sería el nivel del mar; y las olas, las
emociones positivas y negativas. Si bien el bienestar subjetivo es diná-

212
La felicidad como vocación o el bienestar como profesión...

mico, los individuos poseen niveles de satisfacción vital que tienden a


ser estables a lo largo del tiempo.

2. Identidad social y bienestar subjetivo


Una de las teorías más aceptadas sobre el proceso de formación de la
identidad es la teoría de la identidad social. Ella propone que las per-
sonas se motivan por el deseo de desarrollar y mantener una imagen
favorable de sí mismas (Tyler y otros, 1999), lo que se logra por medio
de la participación en grupos. Esta imagen de sí mismo se compone de
un «yo personal» (características idiosincrásicas de la persona), y un
«yo social» que refleja características del grupo de pertenencia. Sobre
la base de esta teoría, las personas van a tratar de mejorar su situación
como grupo en relación con otros grupos. Turner y Onorato (1999) en
una extensión de esta teoría, sugieren que es difícil separar la identidad
personal y grupal, dado que el individuo es parte de un proceso dinámi-
co de autocategorización (autoestereotipo), que refuerza las similitudes
al interior de los grupos y amplifica las diferencias entre estos.
Lo anterior, analizado desde un punto de vista social, implica la
existencia de diversos grupos interactuando y generando categorías
de forma dinámica, creando clasificaciones basadas sobre su propio
desarrollo como grupo y en valoraciones colectivas respecto a grupos
de los cuales quieren diferenciarse. De esta forma, dicho proceso crea
estructuras de desigualdad de distinto tipo. Por ejemplo, algunas de ellas
pueden tener un origen en el reparto de bienes, en el estilo de Marx, o
en diferencias en los modos de vida, en el estilo de Weber. Sin embargo,
independientemente de su origen, dichas estructuras se implementan a
través de patrones de relaciones sociales desiguales.
Indudablemente, estas desigualdades relacionales poseen efectos
para el individuo. Uno de los enfoques más utilizados es la «teoría del
grupo-valor», que sugiere que las expectativas relacionadas a justicia
o a modelos de distribución de bienes o prestigio social son afectadas
por el estatus percibido por los individuos pertenecientes a un grupo
determinado (Lind y Tyler, 1988). De acuerdo a los autores, las personas
con un estatus social definido (alto o bajo) tendrán preocupaciones
principalmente sobre justicia distributiva (respecto a los resultados

213
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

del reparto de bienes o de las sentencias de tribunales), mientras que


aquellas con un estatus menos claro, tenderán a enfocarse en la justicia
procedimental, poniendo el centro en lo justo del proceso que lleva al
reparto de bienes o a una sentencia determinada.

3. Bienestar subjetivo, integración y exclusión social


De acuerdo al modelo propuesto por la teoría de la identidad social,
la propia constitución de esta implica un proceso dinámico de distin-
ciones, que permite a los individuos formar su identidad por medio
de las interacciones y membresías en los grupos sociales entre los
cuales transitan; asociándose a aquellos que –de acuerdo a su propia
percepción– les permitan tener una mejor percepción de sí mismos.
En este sentido, no es extraño que entre los analistas se evalúe a los
indicadores de bienestar subjetivo como reflejo de dimensiones más
profundas, como la integración social.
Lo anterior, supone desafíos claros desde la perspectiva de la po-
lítica social. En primer lugar, implica la posibilidad de transitar entre
distintos grupos sociales. Sin embargo, cabe preguntarnos si eso es hoy
posible. La respuesta, probablemente, sería no. Una de las áreas donde
esto ha generado mayor eco es en el ámbito de la educación.
Chile posee uno de los sistemas educativos más segregados del
mundo (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos,
2011; Valenzuela y otros, 2013). Esta segregación se manifiesta tanto
en las diferencias socioeconómicas de las familias, como en el logro
diferencial en pruebas estandarizadas. (UNESCO-OREALC 2010;
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, 2010).
Investigaciones recientes (Oyanedel y otros, 2014) indican, también, la
existencia de diferencias significativas en el bienestar subjetivo reporta-
do por niños y niñas de acuerdo a la dependencia del establecimiento
educativo en el que se educan y al nivel socioeconómico de los mismos.
Demás está decir que una escuela segregada facilita los procesos
de constitución de identidades basadas sobre la alteridad y exclusión,
permitiendo que un proceso de formación para la integración social,
como es el objeto de la educación escolar, se desvirtúe convirtiéndose
en un semillero de desigualdades.

214
La felicidad como vocación o el bienestar como profesión...

Las personas lidian con estas desigualdades en la forma de rela-


cionarse con los otros en la vida cotidiana. En rigor, en todo momento
los individuos se encuentran clasificando a los demás y contrastando
su identidad. No obstante, salvo hechos traumáticos, son pocas las
ocasiones en que una interacción genera efectos de largo plazo. La
desigualdad es reafirmada de forma permanente en las relaciones so-
ciales, recordándoles a los integrados «lo integrados» que están; a los
excluidos, «lo excluidos» que están; y a todos que nuestras identidades
están permanentemente en juego1.
En la psicología, la teoría de la disonancia cognitiva (Festinger,
1957) señala que las personas, con tal de no dañar su autoimagen, son
capaces de ajustar la información que procesan con el objeto de validar
sus propias percepciones respecto al mundo en el que se desenvuelven.
En la misma línea, la teoría de la justificación del sistema (Jost, 2001)
propone que aquellas personas pertenecientes a grupos de bajo estatus
social, buscarán justificar dicho estatus por medio del desarrollo de
distinciones que les permitan compensar su posicionamiento social
diferencial (por ejemplo, «ser pobre, pero honrado») sin abordar las
razones de su estatus bajo. Esta característica de los sesgos cognitivos
ha sido encontrada también en el área del bienestar subjetivo (Concha
y otros, 2012).
La noción de que tanto la satisfacción como la insatisfacción (o
malestar, si le agregamos un componente emocional) con los ámbitos
de la vida es resultado de procesos de interacción social, se vincula
con mantener el orden o llevar al conflicto social (y de paso, con los
objetos de estudios clásicos de la sociología). Desde la perspectiva de
Weber –en la cual el orden social se basa sobre la creencia en la legiti-
midad del mismo– a la idea gramsciana de hegemonía –en la cual un
grupo adoctrina a otro en la creencia de un orden injusto a través del
control de la cultura– la noción respecto a que no son las diferencias,
sino las percepciones de los sujetos sobre las mismas las que generan el

1
Una de las interacciones reseñadas por la literatura como capaz de generar efectos
de largo plazo es la relación con la autoridad, por ejemplo, con la policía. Tyler y
Huo (2002) señalan que la autoridad, como representante de la sociedad, actúa
como barómetro del estatus del individuo en la sociedad. En este sentido, una
interacción no percibida como justa (igualitaria) por parte del individuo será un
elemento disruptivo respecto al valor que este entrega a sus grupos de pertenencia.

215
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

conflicto o mantienen un orden, ha sido un tema recurrente. Lo extraño,


ahora, es considerar a la satisfacción y a la insatisfacción como una
posibilidad de integración y no solo desde la perspectiva del malestar.

4. Los riesgos del bienestar subjetivo


La satisfacción con la vida (o con ámbitos de esta) está fuertemente
asociada a los modos de vida de las personas. Estudios recientes como
el Informe de Desarrollo Humano 2012 (Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo, 2012) muestran algo que ya sabemos: el bien-
estar subjetivo significa distintas cosas para diferentes personas. Uno
de los resultados más interesantes del estudio es aquel que demuestra
dicha afirmación por medio de la pregunta respecto al significado de la
felicidad. Mientras los niveles socioeconómicos más altos presentaron
una mayor proporción de casos en las categorías de «tener una vida
con sentido trascendente» (18%) o «realizar los objetivos y metas de
la vida» (25%), aquellos pertenecientes a los grupos más vulnerables
se inclinaron mayormente por la alternativa «vivir tranquilo sin ma-
yores sobresaltos» (45%) (Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo, 2012, p. 19).
La idea de gobernar para el bienestar subjetivo trae consigo ries-
gos. El más evidente es, sin duda, el de homogeneizar, asumiendo que
el bienestar subjetivo es igual para todas las personas. Esto implicaría
asumir que existe un camino único al bienestar subjetivo, en el mis-
NPTFOUJEPRVFQBSB3PTUPX 
FYJTUÎBVODBNJOPÙOJDPIBDJB
el desarrollo económico2. En este marco, las intervenciones masivas
y estandarizadas tendrán, como camino lógico, la renovación de las
mismas estructuras de desigualdad en los niveles de bienestar subjetivo
que tuvieron por objeto remediar.
El segundo riesgo es justo el inverso: entender el bienestar subje-
tivo exclusivamente desde el individuo. La evidencia disponible señala
que la identidad de las personas se forma y fortalece por medio de su
pertenencia a diversos grupos. Poner el foco en el bienestar subjetivo
individual impide tener, a nivel de políticas públicas o de intervencio-
2
No obstante, es necesario destacar que, al igual que en la economía, existe eviden-
cia respecto al funcionamiento de determinadas intervenciones para aumentar el
bienestar subjetivo.

216
La felicidad como vocación o el bienestar como profesión...

nes de gran escala, una visión amplia para identificar modalidades de


intervención3. No obstante, a nuestro juicio, existe un riesgo mayor a
los ya mencionados: considerar el bienestar subjetivo como fin último
de la vida.

4.1. Bienestar como fin

"CSBIBN.BTMPX VOBEFMBTHSBOEFTWPDFTEFMBQTJDPMPHÎB QSPQV-


so que existe una jerarquía de necesidades humanas, que van desde
aquellas denominadas «fisiológicas» (comida, sueño, etc.) a aquellas
MMBNBEBTEFjBVUPSSFBMJ[BDJÓOv-BWJTJÓOEF.BTMPX SFTQFDUPBMB
idea de una jerarquía de necesidades, ha servido como base conceptual
para el desarrollo de modelos de indicadores sociales. De este modo,
por ejemplo, el modelo de necesidades básicas insatisfechas –utilizado
para medir las condiciones de vida en América Latina– posee en su
base esta noción. En este modelo, el bienestar subjetivo aparece como
un fin inalcanzable, como la satisfacción permanente de las diversas
OFDFTJEBEFT RVFEFBDVFSEPBMNPEFMPKFSÃSRVJDPEF.BTMPX QPESÎB
ser aumentado infinitamente en la medida que apunte hacia la auto-
rrealización.
&OOVFTUSBNFUÃGPSBNBSÎUJNB FOFMNPEFMPEF.BTMPX MBTQFSTP-
nas pueden tener niveles similares de bienestar en distintos niveles de la
jerarquía de necesidades. Solo significarán cosas diferentes para ellos.
Para quienes estén en dicha bahía con un yate, la satisfacción estará
dada por la idea de conocer otros parajes y navegar –«trascender»,
según el PNUD–, mientras que para aquellos arriba de un humilde bote
inflable el bienestar estará dado por no volcarse, o «estar tranquilo sin
mayores sobresaltos».
Sin embargo, en este enfoque no vemos evaluación alguna respecto
al valor del bienestar subjetivo. Todos podemos tener bienestar, solo
que lo tendremos a nuestra manera y de acuerdo a nuestras posibili-
dades. Es decir, podemos buscar el bienestar subjetivo en la pobreza
y en la riqueza, pero será diferente, ni bueno ni malo, solo diferente.
No podemos estar de acuerdo con esta perspectiva.

3
Actualmente, existe en el país una floreciente industria del coaching, que justamente
apunta hacia el individuo como unidad básica de intervención.

217
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

4.2. Bienestar como medio: Capacidades

Existe una segunda forma de ver el bienestar subjetivo, ya no como


fin en sí mismo, sino como un medio para el ejercicio de otros valores,
como la libertad. Amartya Sen (1979), en su ya clásica descripción
de las capacidades, las define como el conjunto de oportunidades
de elección, es decir, como el conjunto de libertades que poseen los
individuos para llevar a cabo funcionamientos (cosas que logra una
persona: ser y hacer) valorados por ellos. En este sentido, el logro de
los funcionamientos deseados –en otras palabras, el ejercicio de la
libertad por medio del desarrollo de capacidades– se convierte en el
foco u objetivo del desarrollo.
En este marco, la potencia del bienestar subjetivo como elemento
catalizador de funcionamientos es decir, como facilitador del ejercicio
de la libertad, es relevante. La evidencia disponible muestra que el
bienestar subjetivo está asociado a una serie de elementos socialmente
deseables, tales como: una menor prevalencia de enfermedades físicas
(Lyubomirsky y otros, 2005; Pressman y Cohen, 2005; Feller y otros,
)PXFMMZPUSPT %BWJETPOZPUSPT 
ZNFOUBMFT 4JO
y Lyubomirsky, 2009; Werner-Seidler y otros, 2013; Korn y otros,
2013), mayor esperanza de vida (Diener & Chan, 2011; Lacruz y otros,

NBZPSMPHSPFEVDBUJWP -ZVCPNJSTLZZPUSPT 0VXFOFFM
y otros, 2014; Nickerson y otros, 2013), mayor creatividad (Dolan y
Metcalfe, 2012), mayor productividad laboral (Oishi, 2012; Diener y
otros, 2002; Koivumaa-Honkanen y otros, 2004; Csikszentmihalyi,
0TXBMEZPUSPT 
ZVOBNBZPSUFOEFODJBIBDJBDPOEVDUBT
prosociales (Aknin y otros, 2011; Priller y Schupp, 2011).
El bienestar subjetivo permite ser y hacer, incluso a costa de des-
igualdades de origen. El bienestar subjetivo –pese a que se base y se
reproduzca en continuas interacciones que afectan de forma desigual a
los individuos, poniendo en juego su identidad y su estatus permanen-
temente–, permite a los individuos reducir sesgos cognitivos asociados
a sus situaciones de desigualdad, dejándoles ejercer sus libertades.
En caso contrario, se corre el riesgo de no permitir a los individuos
desarrollar sus capacidades. Por ejemplo, Callender y Jackson (2005)
señalan para el caso inglés, que aquellos estudiantes provenientes de

218
La felicidad como vocación o el bienestar como profesión...

niveles socioeconómicos más bajos son más propensos a no acceder a la


educación superior debido al temor al endeudamiento, aún controlado
por logro educativo. Creemos que el bienestar subjetivo puede hacer
una diferencia en estos casos de sesgos cognitivos, aportando al ejercicio
de la libertad y a potenciar la capacidad de «agencia» de las personas.

5. Conclusiones: ¿Cómo gobernar el bienestar


subjetivo?
Creemos que gobernar el bienestar subjetivo requiere una toma de
posición clara respecto al rol que este juega en relación a valores como
la justicia y la libertad. En este sentido, creemos que el bienestar sub-
jetivo es efectivamente un concepto y una herramienta valiosos, y que
la satisfacción vital es una actitud que puede y debe ser desarrollada.
La evidencia da cuenta de un abanico de asociaciones de la sa-
tisfacción vital con elementos socialmente deseables; sin embargo, es
también clara respecto a las diferencias de esta en relación a la estruc-
tura social. Nuestra hipótesis es que la satisfacción vital es un indicador
de integración social y, por ende, es útil como fuente de información
para el desarrollo de políticas públicas. No obstante, esta no puede
ser considerada la única carta de navegación. Esto, implica resignificar
el bienestar subjetivo desde una perspectiva de integración social, es
decir, desde una perspectiva que incluya derechos (basados, por ejem-
QMP TPCSFNÎOJNPTZKFSBSRVÎBTBMFTUJMPEF.BTMPX
ZFMEFTBSSPMMPEF
capacidades para el ejercicio de la libertad y de la capacidad de agencia.
En este marco, la gestión del bienestar subjetivo implica tanto el
reconocimiento de la igualdad de los individuos (por medio de la no
discriminación) como el reconocimiento del igual valor intrínseco de
los grupos por parte del Estado. Esto, puede desarrollarse a través de
facilitar la organización social, y mediante un activo fomento de la in-
tegración de los grupos más favorecidos (por ejemplo, por medio de la
eliminación de políticas de segregación en establecimientos escolares).
Otra propuesta para la integración social –denominada Nudge– es
la de Thaler y Sunstein (2008). Estos autores señalan que, en algunos
casos, es razonable forzar a los individuos a seguir un determinado
programa o política en la medida que les beneficie, siempre y cuando

219
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

posean la libertad de decidir salir del mismo. Un ejemplo de este tipo


de política es el actual mecanismo de donación de órganos. Hasta hace
algunos años, muy pocas personas donaban órganos, lo que implica-
ba desigualdad en el acceso a los mismos en caso de necesidad de un
trasplante. Sin embargo, actualmente, todos los ciudadanos somos
donantes salvo que, explícitamente, especifiquemos lo contrario por
medio de una declaración notarial.
Otra propuesta para la integración social mediante un formato
de paternalismo liberal es el modelo de transferencias condicionadas.
Este se basa sobre la generación de un plan de acción con las familias
o individuos a intervenir, estableciéndose un modelo de cumplimiento
de metas asociadas a transferencias de recursos. El objetivo de este tipo
de programa es poner un marco temporal a la intervención, así como
monitorear el cumplimiento de los objetivos de la misma. Un ejemplo
de políticas de este tipo es el programa Puente, en el que las familias
poseen un «juego» que plantea distintas etapas que terminan en el fin
de la intervención (lo que implicaría la salida de la familia de la pobreza
o el uso eficiente de las ayudas sociales por parte de dicha familia).
Por cierto, no se escapan de esta labor las autoridades, quienes
juegan un rol crucial: su rol es de barómetro, ya que pueden indicar a
los individuos y grupos su posición en el entramado social. Si para las
personas la felicidad es una vocación, para quienes tienen la responsa-
bilidad de gobernar, el fomento del bienestar subjetivo en las políticas
de integración social es parte de su profesión.

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223
Sobre los editores

Juan Carlos Oyanedel


Sociólogo de la Universidad de Chile. Máster y DEA en Educación y
Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Barcelona (España).
Doctor en Derecho, Criminología y Política Criminal de King’s Co-
llege London (Reino Unido). Actualmente, es director del Programa
de Estudios Cuantitativos y Opinión Pública de la Universidad de
Santiago, e investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad
del Desarrollo. El foco de su carrera ha estado en la investigación cuan-
titativa. Es investigador principal del proyecto FONDECYT 3140025:
«Estimating the effects of Criminal Procedure Reform in Confidence
and Trust in Criminal Justice System in Latin America (1995-2013)».
A la fecha, ha participado en más de 10 investigaciones realizadas con
fondos competitivos (FONDECYT, FONIDE, FNSP).

Camila Mella
Socióloga y Diploma en Métodos Estadísticos para la Investigación
y Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad de Chile. Ac-
tualmente, es investigadora del Programa de Estudios Cuantitativos y
Opinión Pública de la Universidad de Santiago de Chile. En octubre
de 2014, comenzará sus estudios en el Doctorado en Política Social en
la Universidad de Oxford (Reino Unido).

225
Sobre los autores

Alejandra Ugarte
Periodista de la Universidad Andrés Bello, diplomada en Análisis
Táctico de Inteligencia Comunicacional en la Universidad Mayor, y
diplomada en Cultura y Sistemas Organizacionales en la Universidad
de Chile. En los últimos 10 años ha realizado investigaciones en ma-
teria de personas mayores y se ha desempeñado como periodista en la
Intendencia Metropolitana de Santiago y jefa de comunicaciones del
Instituto Nacional de Normalización (INN). Es miembro del equipo
gestor de Arquitectura Film Festival Santiago, cuyo objetivo es promo-
ver el debate público sobre urbanismo y ciudad. Desde el año 2011 es
la Jefa de comunicaciones de la Fundación Urbanismo Social.

Alejandro Plaza
Licenciado en Sociología de la Universidad de Chile. Actualmente, es
asistente de investigación del Programa de Estudios Cuantitativos y
Opinión Pública de la Universidad de Santiago.

Ana Lamilla
Dirigente social y asesora de la Fundación Urbanismo Social. Ha sido
líder en la coordinación de acciones para la obtención de recursos y
compra de terrenos de nuevo barrio de vivienda social para 170 fa-
milias de campamento, así como la gestión con instituciones públicas
para el diseño, desarrollo e implementación del proyecto habitacional
Antumalal, en la comuna de Renca. Cuenta con más de 10 años de
experiencia acompañando y asesorando a comités habitacionales en
Santiago y otras regiones del país, y capacitando a líderes y familias
para su organización y crecimiento en torno a la vivienda y desarrollo
de barrios.

227
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

César Vergara
Arquitecto de la Universidad del Bío Bío y candidato a Magíster Hábitat
Residencial de la Universidad de Chile. En los últimos 5 años, se ha
desempeñado como subgerente técnico para el desarrollo de proyectos
de vivienda social en la organización Desarrollo Urbano Limitada, y
como arquitecto para la coordinación y evaluación de proyectos inmo-
biliarios en la empresa Ámbito Sur S.A. Ingresó el 2011 a Fundación
Urbanismo Social para desempeñarse como director de Gestión Vivien-
da, propiciando altos estándares de calidad técnica y de propuestas al
proceso de reconstrucción tras el terremoto y tsunami del 27F.

Daniel Loewe
Licenciado en Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Doctor en Filosofía de la Eberhard Karl Universität de Tübingen (Ale-
mania). Actualmente, es profesor investigador de la Escuela de Gobier-
no de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI). Sus áreas de especialización
son la filosofía política, filosofía moral y ética, con énfasis en teorías
igualitarias, multiculturalismo, ética del medioambiente y teorías de
justicia internacional. Además, es miembro del Research Center for
Politicial Philosophy de la Universidad de Tübingen y del International
Center for Ethics in the Sciences de la misma casa de estudios, así como
del Centro de Investigación en Teoría Política y Social de la Escuela
de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez. Actualmente, lidera el
proyecto FONDECYT sobre Ética del Medioambiente (1120736).

Daniel Martínez
Médico psiquiatra de la Universidad de Chile. Director del Instituto del
Bienestar y presidente del directorio de la Fundación para el Bienestar
y la Felicidad en Chile. Actual director de Psiquiatría de la Sociedad de
Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile (SONEPSYN), cargo
que también desempeñó entre los años 2008 y 2010. Miembro de la
agrupación mundial Action for Happiness y del proyecto Felicidad de
Aconcagua Summit. Además, es integrante del Programa de Autocui-
dado de Conductas Adictivas de Estudiantes Universitarios (PADEU-
UC) y del Centro de Estudios de Adicciones (CEDA) de la Pontificia
Universidad Católica de Chile desde el año 2005.

228
Sobre los autores

Iván Pincheira
Sociólogo de la Universidad de Concepción. Magíster en Estudios
Latinoamericanos de la Universidad de Chile. Doctor en Estudios
Americanos por el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Uni-
versidad de Santiago de Chile. Actualmente, desarrolla el proyecto
FONDECYT Postdoctoral N° 3130602: «Las políticas del miedo. Un
estudio sobre la gestión gubernamental de las emociones en el Chile
de la Postdictadura (1990-2015)» en el Departamento de Sociología
de la Universidad de Chile. Sus principales líneas de investigación son:
movimientos sociales, juventud, gubernamentalidad y sociología de
las emociones.

Jenny Lowick-Russell
Asistente Social de la Universidad Tecnológica Metropolitana, especia-
lizada en gerontología en la Pontificia Universidad Católica de Chile
y en la Universidad Autónoma de Madrid (España). Ha desarrollado
investigaciones y publicaciones en materias de abuso, discriminación y
maltrato, aportando al desarrollo legislativo y de políticas en favor de
las personas mayores. Se ha desempeñado como consultora de Celade/
Cepal y Flacso, y cuenta con 20 años de experiencia en cargos directivos
de organismos públicos nacionales y fundaciones, dirigiendo equipos
humanos, desarrollando planes y programas en materias de personas
mayores, derechos humanos, personas en situación de calle, mujeres
en situación de vulnerabilidad. Desde enero de 2013 es la directora de
Gestión Barrios de la Fundación Urbanismo Social.

Marco Barrientos
Psicólogo acreditado como psicoterapeuta, terapeuta familiar y de
parejas, con formación en el Instituto de Terapia Familiar de Santiago
y Magíster en Psicoterapia de la Universidad Mayor. Actualmente, se
desempeña en la Unidad de Atención Primaria del Servicio de Salud
Metropolitano Norte, es docente y miembro del equipo clínico del
Instituto de Terapia Familiar de Santiago y docente del programa de
Magíster de Psicología Clínica de la Universidad de Valparaíso. Desde
hace 20 años se dedica en forma ininterrumpida a la práctica psicote-

229
Juan Carlos Oyanedel y Camila Mella

rapéutica en el campo de la terapia de pareja, la terapia familiar y el


tratamiento de personas con problemas por uso de sustancias.

M. Ángeles Bilbao
Psicóloga de la Universidad de Chile. Doctora en Psicología de la
Universidad del País Vasco (España). Egresada del Magíster en Salud
Pública –Promoción de la Salud–, de la Escuela de Salud Pública de
la Universidad de Chile. Actualmente, es secretaria académica y coor-
dinadora de los Diplomados en Actualización en Fundamentos y Di-
seño de Intervenciones Psicosociales y en Psicología de la Emergencia
y Desastres, de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad
Católica de Valparaíso. El foco de su carrera ha sido la medición del
bienestar y su promoción en distintos contextos, tales como el mundo
laboral y educacional. Más detalles de su trabajo en educación pueden
FODPOUSBSTFFOMBQÃHJOBEF1"$&4 XXXQBDFTDM
)BQBSUJDJQBEPFO
múltiples congresos científicos y en 8 proyectos competitivos (FONDEF,
FONDECYT, FONIDE).

Pablo González
Ingeniero comercial de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Doctor en Economía de la Universidad de Cambridge (Reino Unido).
Actualmente, es director académico del Centro de Sistemas Públicos,
perteneciente al Departamento de Ingeniería Industrial de la Universi-
dad de Chile. Fue coordinador del Informe sobre Desarrollo Humano en
Chile del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
entre 2007 y 2013. Sus áreas de interés son las políticas educacionales,
la economía institucional y la evaluación del desarrollo.

Pilar Goycoolea
Ingeniera comercial de la Pontificia Universidad Católica de Chile,
especializada en marketing y economía en países subdesarrollados
en la Universidad de Otago (Nueva Zelanda). Se ha desempeñado en
el ámbito público como directora nacional de Programas y Gestión
Regional de Fundación para el Desarrollo y Promoción de la Mujer
(PRODEMU), creando modelos de intervención, dirigiendo la ejecución
de los programas y equipos humanos de 52 provincias en las 15 regio-

230
Sobre los autores

nes del país. Cuenta con 10 años de experiencia de trabajo voluntario


y directo con personas en situación de vulnerabilidad. Desde octubre
de 2012 es la directora ejecutiva de la Fundación Urbanismo Social,
institución en la que ha incorporado el concepto de felicidad en los
barrios, a partir de la construcción de un modelo propio de Urbanismo
Social Preventivo.

Sylvia Kramp
Posee más de 28 años de experiencia laboral dedicados a las asesorías en
Marketing, Recursos Humanos y Modelos de Gestión (Productividad).
Actualmente, es jefa de desarrollo y conocimiento División Consumo
en el Banco de Chile.

Wenceslao Unanue
Ingeniero comercial, psicólogo y Magíster en Economía de la Pontificia
Universidad Católica de Chile. Magíster en Psicología Social Aplicada
y Doctor en Psicología Económica de la Universidad de Sussex (Reino
Unido). Actualmente, es profesor e investigador de la Escuela de Nego-
cios de la Universidad Adolfo Ibáñez y director de la Fundación para
el Bienestar y la Felicidad. Además, es representante de la International
Association for Research in Economic Psychology, y miembro de The
British Psychological Association, y de Action for Happiness. Forma
parte del Grupo de Trabajo de Expertos Internacionales (IEWG) que
se encuentran colaborando junto al Gobierno de Bután y a la Orga-
nización de las Naciones Unidas en la implementación de un Nuevo
Paradigma de Desarrollo basado en la felicidad y el bienestar.

Ximena Alvarado
Enfermera de la Universidad de Chile. Diplomada en Psicología Posi-
tiva por parte del Instituto Chileno de Psicología Positiva. Candidata
a Doctora en Enfermería de la Universidad Andrés Bello, cuya tesis
(en desarrollo) es «Bienestar Subjetivo y Envejecimiento en Chile».
Cuenta con más de quince años de experiencia en coaching, bienestar
y crecimiento personal.

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Este libro se terminó de imprimir
en los talleres digitales de

RIL® editores
Teléfono: 2223-8100 / ril@rileditores.com
Santiago de Chile, abril de 2014
Se utilizó tecnología de última generación que reduce
el impacto medioambiental, pues ocupa estrictamente el
papel necesario para su producción, y se aplicaron altos
estándares para la gestión y reciclaje de desechos en
toda la cadena de producción.
E l bienestar y la felicidad han pasado a ser parte del imaginario
colectivo y de las políticas públicas. No obstante, es poco lo
que se ha dicho respecto de los alcances de la incorporación de
estos conceptos en las disciplinas científicas y en el gobierno de
la sociedad. La felicidad gana terreno como objeto de marketing,
como objetivo de políticas públicas, e incluso como inspiración de
campañas políticas.
¿Son el bienestar y la felicidad una moda? ¿Son una forma de
controlar a los ciudadanos? ¿Cuáles son sus alcances o su aplica-
bilidad real en planes y programas públicos o en intervenciones
privadas?
En este libro un conjunto de destacados autores se da cita para
mirar el bienestar y la felicidad desde distintas perspectivas, discu-
tiendo sus alcances, limitaciones y, más importante, tomando una
posición a favor o en contra de la felicidad.

ISBN 978-956-01-0083-2