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La Civilización Sumeria

La cultura sumeria (3.000-2.350 a.C.), es considerada la primera civilización urbana de la humanidad;


surge en el sur de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates y remonta sus orígenes a las culturas
neolíticas y, especialmente, a la cultura Uruk. En ella se pusieron las bases de la escritura cuneiforme
y de un panteón religioso que perdurará durante más de tres mil años, se establecieron unas
estructuras urbanas y estatales y mantuvo relaciones comerciales con tierras lejanas como Dilmun,
el Edén de los Sumerios. A este mundo cultural pertenecen las famosas Tumbas Reales de Ur, así
como el héroe Mesopotámico, Gilgamesh. Estos siglos terminaron con la aparición del primer
imperio, el Acadio, fundado por Sargón de Accad.
La Civilización de los Acadios

Los sumerios fueron los primeros en habitar la antigua región de Mesopotamia. Después de ellos
vinieron los acadios – alrededor de 2550 a.C. –, probablemente desde el norte de Siria. Los acadios
fueron en busca de tierra fértil y recibieron su nombre de la ciudad más importante del imperio:
Acad. La capital del imperio se hizo conocido como Akkad (actual Irak).

La cultura del pueblo acadio se basa en la construcción de ciudades, con la presencia de imponentes
templos y palacios. En general, el arte acadio contempla los dioses y animales. La escritura de este
pueblo era cuneiforme, transcribiendo varias obras literarias de los sumerios.
La Civilización de babilonia

El imperio babilonio se ubicaba en la parte centro-sur de Mesopotamia, con su capital en la ciudad


de Babilonia entre los años 1792 y 539 a.c. el cual se extendió también por las regiones de Sumeria
y Acad.

Las tradiciones de estos dos pueblos influenciaron notablemente a los babilonios y asirios, por ello
Babilonia se convirtió en un centro cultural poderoso de aquel tiempo. Sin embargo, a pesar de esta
influencia cultural, los babilonios no perdieron su lengua nativa, el acadio, el cual se mantuvo como
lengua oficial hasta la extinción del mismo.
La Civilización de los Asirios

El Imperio Asirio fue uno de los más grandes imperios de Oriente Próximo en la antigüedad, que
logró mantener su hegemonía durante más de un milenio hasta que su última capital, Nínive, fuera
arrasada en el año 612 a.C. La dureza con que los asirios trataban a los pueblos conquistados fue la
causa de que tanto babilonios como caldeos formasen una alianza para terminar con la opresión.
Los asirios eran grandes enamorados del arte y de la guerra, siendo una de las culturas más crueles
de la antigüedad.

El nacimiento de este imperio vino con el asentamiento de diferentes pueblos nómadas semitas a
orillas del río Tigris aproximadamente en el 1.250 a.C, donde fundaron la ciudad de Assur (en honor
a su dios) y la convirtieron en su primera capital, para poco después comenzar su expansión por
Mesopotamia. Su primer gran monarca fue Samsi-Adad I, quien en plena campaña expansionista
daría de bruces con Babilonia y su entonces gobernante Hammurabi, quien pronto cortaría las ansias
conquistadoras de los asirios. Más tarde, durante el periodo conocido como Mesoasirio el imperio
volverá a tratar de conquistar nuevos territorios mediante la guerra.
La Civilización de los Fenicios

La cultura fenicia se desarrolló durante 3,600 años. Esto es entre 3,200 años a.C. a 400 d.C. A partir
de entonces se fusionaron o evolucionaron hacia otras culturas tanto en Medio Oriente, norte de
África, sur de España e islas del Mediterráneo.

Fenicia nunca fue un sólo Estado, al contrario estaba formada por múltiples ciudades autónomas,
en ocasiones una más poderosa administraba o otras más. Sin embargo todos eran fenicios pues
compartían la misma cultura, esto incluye la organización política, social y económica, así como la
lengua, las creencias y las costumbres. Lo que dio identidad y cohesión a Fenicia fue la expansión de
una cultura en un espacio muy amplio, durante mucho tiempo y no un solo país, un solo gobierno y
una sola región, a diferencia de lo que ocurría en Egipto o Mesopotamia.

Los descendientes de los fenicios viven hoy en Líbano, Siria, Palestina y también en Jordania.
Además gran parte de la población de Chipre, Sicilia, Malta, norte de Marruecos y norte de Túnez
desciende de los fenicios. En Italia, Grecia, España y Portugal también hay descendientes de los
fenicios.
La Civilización de los Hebreos

La civilización hebrea procede de Palestina, una región situada entre el desierto de Arabia, Siria y el
Líbano. Al lado del Mediterráneo y bordeado por el río Jordán, Palestina llegó a ser conocida como
uno de los focos comerciales más importantes del mundo antiguo. Siendo una región habitada por
pueblos diferentes, Palestina fue el gran escenario de la ruptura histórica entre árabes y palestinos.

Los hebreos organizaron su población en diferentes clanes patriarcales parcialmente nómadas.


Estos grupos familiares se dedicaron principalmente al ganado vacuno a lo largo de los dispersos
oasis ubicados en el desierto de Arabia. La historia de los hebreos se inicia dos mil años antes de
Cristo y coexiste con otras grandes civilizaciones expansionistas de la época. La historia se centra en
los textos bíblicos del Antiguo Testamento, que describe la vida cotidiana, las costumbres y
creencias de los hebreos.

Fuertemente influenciados por el pensamiento religioso, el pueblo hebreo mantenía una creencia
monoteísta fundada en el culto del Dios Yahwéh. Siguiendo el liderazgo de los hombres designados
por Yahwéh, los hebreos se juzgaron a sí mismos como una nación santa que debía mantenerse y
expandir su población. Debido a esto, las familias eran muy extensas y la mujer tuvo que lidiar con
la función primordial de la crianza de sus hijos. Los hombres ocuparon puestos de liderazgo en la
administración de las tribus y las mujeres se prepararon para el matrimonio.
La Civilización Persa

Ocupando las tierras de la meseta iraní, el pueblo persa se estableció en la región alrededor de los
años 2000 a.C. En el camino de la civilización persa, observamos la formación de un Estado militar
de carácter eminentemente expansionista. En el 539 a.C., el rey Ciro I emprendió la conquista sobre
los babilonios. Después de esa victoria, otras regiones fueron controladas por ese pueblo.

Tras dominar toda Mesopotamia, los persas fueron capaces de extender sus fronteras del río Nilo
en Egipto hasta el río Indo en Asia. Conocido por su habilidad de aliarse políticamente a las élites
dominadas, Ciro I consiguió construir un gran imperio. Más tarde, tras su muerte, Cambises (hijo de
Ciro I) prosiguió el legado aumentando los dominios del pueblo persa.