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A Joe, un hombre que creó nuevas formas de experimentar las nuevas masculinidades

que llevaron a la liberación de personas de todos los géneros.

Capítulo 11

Contribuciones a la teoría social del


feminismo dialógico: dando voz a todas las mujeres

Ainhoa Flecha y Lídia Puigvert

La contribución de otras mujeres al giro dialógico en la sociedad

El feminismo es uno de los movimientos sociales más importantes que han surgido en
los últimos siglos. El hecho de que cuestione el patriarcado que caracteriza a nuestras
sociedades ha abierto la puerta a grandes cambios en todos los niveles: social, político,
cultural, legislativo y más. El feminismo ha demostrado el fracaso de la idea de que "las
cosas no pueden cambiarse" (Bourdieu, 1977; Bourdieu, 1999). Estas ideas se han
cuestionado tanto a partir del análisis de las acciones y los cambios promovidos por las
mujeres como a partir de las teorías sociales contemporáneas (Benhabib 1995; Butler
1993; Elstcr 1999; Freire 1997; Habcrmas 1987; Touraine 2006).

A comienzos del siglo XXI, casi todos los autores reconocen el papel fundamental que
las mujeres y el movimiento feminista han desempeñado como motor del cambio
durante el siglo XX. Sin embargo, este reconocimiento general no ocurre en la práctica
en la vida cotidiana de muchas mujeres. Aunque muchos hombres reconocen la
importancia de las acciones de las mujeres en general, este reconocimiento no se lleva a
cabo a través de sus acciones diarias y sus escritos. Al mismo tiempo, muchos hombres
y mujeres blancos del mundo anglosajón reconocen la importancia de todas las mujeres
como idea general, pero no tienen en consideración las culturas no anglosajonas y la
forma en que las personas de esas culturas viven sus vidas cotidianas.

Los medios de comunicación de todo el mundo han destacado la importancia de tener


un afroamericano como presidente de la primera potencia mundial. Nos han contado el
papel que jugaron Martin Luther King y el movimiento por los derechos civiles de los
años sesenta para que esto fuese posible. Sin embargo, los medios de comunicación no
han destacado el papel de Rosa Parks en la misma medida. Parks fue una mujer
afroamericana que años antes había lanzado el movimiento por los derechos civiles al
negarse a ceder su asiento en el autobús a un pasajero blanco. A través de sus acciones,
cuestionó las ideas racistas de aquellos tiempos y promovió el cambio social. Otro
hecho se ha mantenido oculto incluso en mayor medida: Rosa Parks estaba participando
en Highlander, un centro de educación popular en el que mujeres de diferentes culturas
sin titulación pudieron tomar sus propias decisiones en relación con sus vidas y con las
vidas de todas nosotras (Horton y Preire, 1991).

Como feministas, pensamos que todas las mujeres del mundo deberían tener voz en
nuestras sociedades y en nuestros propios movimientos de mujeres. No debemos aceptar
ser silenciadas por hombres o ser representadas por una minoría de mujeres de cierta
cultura o con cierto nivel educativo. En este capítulo, se destacan algunas de las
contribuciones hechas por mujeres del sur de Europa de diversas culturas y niveles
académicos. También se mencionan aquí los cambios que están creando tanto en la
práctica diaria como en el desarrollo teórico. Ignorar o silenciar esas contribuciones solo
puede ser perjudicial para ese otro mundo que las feministas pueden construir. Sobre la
base de ese reconocimiento, es importante señalar las características principales de las
diferentes corrientes existentes, así como sus contribuciones y limitaciones.

Feminismo, igualdad y modernidad tradicional

La primera ola de feminismo1 se basó en la noción de igualdad y, por lo tanto, se centró


principalmente en el logro de la igualdad entre mujeres y hombres en todas las áreas
sociales. Este movimiento, que derribó muchas de las barreras que afrontan las mujeres,
se enmarca en el marco de la modernidad tradicional. Las mujeres cuestionaron las
teorías y prácticas estructuralistas2 y lucharon por el cambio. El derecho al voto, la
promoción de la educación igualitaria, la incorporación de las mujeres al mercado
laboral o los derechos reproductivos fueron algunas de las principales demandas del
movimiento feminista.

Estas demandas son ahora derechos que han sido alcanzados por muchas mujeres, pero
no para la mayoría, que aún permanecen invisibles. Esta distribución desigual de los
resultados del feminismo se debe al hecho de que, durante la modernidad tradicional, la
capacidad de acción y reflexión de todas no se consideraba igual. Por el contrario, una
minoría se consideraba la dueña de la verdad. Este fue un arreglo asimétrico que tuvo
muchos logros, pero terminó ofreciendo beneficios para una minoría que a menudo se
olvidaba de aquellas que aún no habían obtenido sus derechos básicos. Por ejemplo,
muchas cosas que afectan a todas las mujeres fueron decididas por una minoría que se
consideraba que tenía la capacidad y la necesidad de decidir en nombre de todas las
mujeres.

Sin embargo, debemos reconocer la importancia de las mujeres que, ante la oportunidad
de cuestionar las desigualdades entre hombres y mujeres, optaron por hacerlo y crearon
transformaciones estructurales. Debido a sus acciones, las mujeres de hoy están
presentes en foros públicos. Además, muchas mujeres participan en movimientos
sociales, pueden dar su opinión en el hogar, tomar decisiones sobre su sexualidad,
ocupar todo tipo de posiciones en el mercado laboral, tomar decisiones políticas, etc.
También es cierto que la búsqueda de igualdad en muchas ocasiones ha supuesto el
abandono de valores y actitudes consideradas femeninas y que se consideraron
limitaciones en lo que respecta a lograr la igualdad. Por lo tanto, la feminidad y la
maternidad, por ejemplo, fueron cuestionadas porque fueron vistas como
manifestaciones de opresión, y se mejoró el modelo de mujeres independientes.

La principal contribución del feminismo desarrollada en el marco de la modernidad


tradicional fue la defensa de la igualdad de derechos. Por otro lado, su peor limitación
fue ignorar las diferentes identidades de las mujeres. El discurso feminista tradicional
dejó a muchas mujeres que no encajaban en el discurso dominante en los márgenes del
movimiento, generando así un discurso homogéneo, sin diálogo con otras culturas. A
las "otras mujeres" (aquellas sin educación universitaria, que pertenecen a minorías
culturales o que no pertenecen a la cultura occidental) no se les dio un lugar dentro de
este discurso. Las mujeres por las que luchaban eran académicas, blancas y
occidentales, y por consiguiente, esto dejó a todas las mujeres que no encajaron en este
molde fuera del movimiento (Mernissi 1993; Anzaldua 1991).

Feminismo, diferencia y la crisis de la modernidad

La crisis de la modernidad abrió un espacio para cuestionar el feminismo de la igualdad.


En este contexto, durante la segunda mitad del siglo XX, surgió la segunda ola de
feminismo. Fue en oposición a la primera ola y representó un desplazamiento de la
modernidad tradicional a la posmodernidad. Inicialmente, este feminismo enfatizaba
fuertemente la noción de diferencia entre hombres y mujeres y las diferencias entre
mujeres.

Según sus partidarias, el feminismo de la primera ola fue un movimiento para mujeres
blancas privilegiadas que promovieron una imagen ideal de mujer basada en un modelo
masculino y confundieron la igualdad con la homogeneidad. En contraste, el feminismo
de la segunda ola defiende la idea de enfatizar valores femeninos como la maternidad y
la belleza.

Este énfasis en la diferencia conduce a una desfragmentación del movimiento y, en


consecuencia, a su desactivación política. Si cada mujer es única y diferente de las
demás y la atención se centra en la experiencia individual de la feminidad, entonces la
organización de demandas compartidas y movimientos sociales se vuelve difícil, o
incluso imposible.

En la última década del siglo XX surgió la tercera ola del feminismo en Estados Unidos
(Walker 1995; Findlen 1995). Dentro de esta ola se pueden identificar dos tendencias
muy diferentes: las corrientes posmodernas y las corrientes dialógicas (Beck-
Gernsheim, Butler y Puigvert, 2003).

Aquellas tendencias que se centran en enfatizar las diferencias o en disolver las


categorías de género a partir de enfoques posmodernos como los de Foucault (1992) o
Derrida (1989) se incluyen en la categoría de corrientes posmodernas. A lo largo de este
tiempo, ha sido posible presenciar el surgimiento de una serie de grupos que, a pesar de
tener intereses muy diferentes (movimientos de lesbianas, grupos de lactancia materna,
grupos de mujeres jóvenes), comparten un énfasis en la individualización y en resaltar
experiencias personales, al margen de cualquier organización política. Esta corriente
destaca el concepto del ideal de diferencia (que ya se subrayó en la segunda ola).
Algunas autoras incluso creen que no podemos hablar del feminismo de la tercera ola
como un movimiento social, porque hay tantos tipos de feminismo como mujeres (Karp
y Stoller 1999).

Junto con el feminismo de primera ola, todas estas contribuciones basadas en


diferencias se construyeron desde la perspectiva de las mujeres anglosajonas, dejando
de lado los logros significativos de otras partes del mundo. No se tuvieron en cuenta las
contribuciones de otras mujeres de diferentes orígenes, culturas, clases sociales y
niveles académicos. Esntre estas mujeres se encontraban, por ejemplo, las mujeres del
sur de Europa, América Latina, India, África y otros países. En una dirección muy
diferente, en las últimas décadas también hemos sido testigos del surgimiento de
corrientes dialógicas basadas en el principio de la igualdad de las diferencias.
Feminismo, igualdad de las diferencias y el giro dialógico en las sociedades

Aunque algunos autores posmodernos sostienen el fracaso de los principios de la


modernidad para desacreditar el papel de la acción humana y limitar así el poder del
cambio social, otros autores defienden las posibilidades de la modernidad que aún no se
han explorado y dan la bienvenida a una "segunda modernidad" o "radicalización de la
modernidad" en la que los procesos que están sin terminar y que han proporcionado
muchos beneficios a la humanidad se radicalizan.3 Estos logros sociales (el trabajo que
está intentando redefinir la modernidad) tuvieron lugar debido a la aparición en los
tiempos modernos de un sujeto social que era capaz de cambiar realidad social.

Algunas autoras definen esta radicalización de la modernidad como un giro dialógico


(Flecha, Gómez, Puigvert, 2003). El diálogo afecta a todos los campos de la vida
pública y privada, alcanzando relaciones sociales y personales. Las personas deben
tomar decisiones todos los días porque deben afrontar nuevos desafíos y sus roles no
están establecidos. Las personas toman estas decisiones junto con las otras a su
alrededor. Esta orientación dialógica de la sociedad conduce a la generación de
enfoques teóricos basados en el diálogo que supera la modernidad tradicional y, al
mismo tiempo, rechaza las perspectivas posmodernas.

La vida cotidiana de las mujeres también ha llevado el feminismo internacional al


debate dialógico. El feminismo dialógico es un enfoque teórico que supera tanto el
feminismo de la igualdad (modernidad tradicional) como el feminismo de la diferencia
(pensamiento posmoderno). El feminismo dialógico se construye a través de la
pluralidad de todas las voces de las mujeres, que, en igualdad de condiciones, deciden lo
que quieren y cómo desean lograrlo. Todas las mujeres que participan en las luchas
cotidianas por sus derechos y por la igualdad están generando procesos de creación de
significado, especialmente cuando ellas mismas están a cargo de sus propias
interacciones. Estas vidas llenas de luchas no han sido visibles en la teoría feminista.
Además, muchas mujeres nunca se han sentido identificadas con las demandas de las
feministas hegemónicas. El feminismo no tenía sentido para ellas porque no podían
verse a sí mismas como mujeres reflejadas en las reclamaciones de estas mujeres
(Hernández y Rehman, 2002).

El feminismo dialógico se caracteriza fundamentalmente por la radicalización de los


principios de la modernidad y por la confianza en el papel que desempeñan las acciones
de todas las mujeres para cambiar el curso de la historia. La lucha por la radicalización
de los procesos democráticos llevada a cabo por el feminismo dialógico implica el
establecimiento de una definición unificada de mujer en el mundo, una en la que todas
las mujeres formen parte, es decir, una definición inclusiva que tenga en cuenta las
diferencias de género y se oponga a la homogeneización. Por lo tanto, el feminismo
dialógico parte del principio de la igualdad de la diferencia, un concepto de igualdad
que incluye el respeto por la diversidad. El diálogo igualitario entre diferentes mujeres
hace posible superar el etnocentrismo que llevó al feminismo de la igualdad, que no
incluía las diferencias, así como a superar el relativismo que llevó al feminismo de la
diferencia. Ambos tipos negaron la oportunidad de establecer un diálogo entre las
personas para alcanzar un consenso y coordinar sus acciones basándose en la
solidaridad.
El feminismo dialógico, a través de esta igualdad de las diferencias, busca la igualdad
para todas las mujeres sin limitar sus oportunidades. La diferencia es la cuestión clave
que permite a todas las mujeres establecer un diálogo necesario para que reclamen el
mismo derecho a ser diferentes. Por lo tanto, esto se desvincula de cualquier intento de
homogeneizar. Todas las mujeres contribuyen a través de sus experiencias y su cultura a
la teoría feminista.

Algunas contribuciones del sur de Europa para superar la violencia de género

En 1936, se produjo una profunda revolución social en el bando democrático de España


que luchó contra el golpe militar de Franco. En este contexto, comenzó uno de los
movimientos feministas más difundidos y más significativos de la historia. El
movimiento "Mujeres libres" tenía veinte mil miembros solo en Barcelona y en otras
partes de Cataluña, y la mayoría de ellos eran mujeres jóvenes de clase trabajadora.
Muchos autores han destacado la importancia de esta revolución social (Chomsky,
Orwell y muchos otros) y también la importancia de este movimiento de mujeres
(Ackelsberg 2005; Ruiz, en prensa). Sin embargo, sus contribuciones no han sido
reconocidas por la teoría social o feminista y lo mismo ha ocurrido con muchas otras
contribuciones del sur de Europa y otras partes del mundo.

Dos de las contribuciones hechas por las partidarias de Mujeres Libres actualmente
están dando sus frutos. El primero es la importancia que concedió a las voces de las
mujeres que no tenían títulos académicos, como de hecho ocurría con la mayoría de
ellas, incluidas las líderes. El segundo es la posición profundamente libertaria que
profesaron con respecto a la libertad sexual. Enfrentadas a conceptos que vinculan la
libertad con las relaciones que implican represión, como la prostitución o las relaciones
sexuales con hombres violentos, Mujeres Libres luchó por el fin de la prostitución y por
la libertad de experimentar su sexualidad intensamente con personas que no eran
violentas de ninguna manera. Ambas contribuciones están relacionadas con los dos
puntos clave de este capítulo. El primero es el surgimiento del movimiento "otras
mujeres" en Barcelona. El segundo son las conquistas en la lucha contra la violencia de
género y contra las definiciones hegemónicas de masculinidad y feminidad. Las cuatro
secciones que siguen —que tratan sobre el movimiento de las "otras mujeres", las dos
leyes y el lenguaje del deseo— desarrollarán más los dos puntos clave.

El movimiento de las "otras mujeres".

En 2001, Judith Butler quedó impresionada por una mujer romaní que habló en una
charla sobre personas romaníes. Butler pudo escucharla porque las organizadoras de la
conferencia habían invitado no solo a mujeres académicas (mujeres con títulos
universitarios), sino también a otras mujeres de diferentes orígenes y con diferentes
experiencias. Después de la conferencia, Butler reconoció que "dentro de su lucha,
Emilia se pregunta cómo deberían cambiar las escuelas para que su cultura esté incluida
y representada. Por un lado, los gitanos están obviamente marginados, pero Emilia
lucha constantemente contra esta situación. Creo que esta es una experiencia notable de
empoderamiento; no sabe leer, pero tiene mucho que decir y hacer ". A partir de esa
experiencia, Butler defendió la inclusión de todas las voces (Beck-Gernsheim, Butler, &
Puigvert 2003: 147).

Ha surgido un nuevo discurso feminista como resultado del giro dialógico, y que ha
llevado a estas mujeres a crear diferentes espacios de solidaridad que pueden guiar a las
académicas en la dirección hacia la cual debe dirigirse el feminismo en el siglo XXI.
Estos movimientos han planteado una serie de problemas que han obligado a las
feministas académicas a avanzar hacia la modificación de nuestros debates teóricos.
Muchos grupos de mujeres que habían sido silenciadas durante años se han hecho
visibles y han pedido que se escuchen sus voces y que tengan un espacio en los diversos
movimientos feministas. Ahora se están reorganizando a nivel mundial para superar las
barreras sexistas (estos grupos incluyen, por ejemplo, la "Marcha mundial de las
mujeres", las "Mujeres de negro" y las mujeres de FACEPA). Algunos de estos grupos
se llaman a sí mismos "otras mujeres" para resaltar el hecho de que, hasta ahora, solo
una minoría de las mujeres ha tenido voz en los espacios sociales y que las voces de la
mayoría de las mujeres han sido silenciadas (incluso en movimientos de mujeres).
Afirman que ellas, las "otras mujeres", han sido tratadas por las académicas como si
fueran de segunda clase, y han tenido que someterse a los modelos de aquellas que están
en la primera clase, de las académicas que han hablado por ellas.

Las "otras mujeres" son todas aquellas mujeres que han sido excluidas de nuestros
discursos y luchas feministas porque no son académicas o porque pertenecen a minorías
culturales y no a culturas occidentales. En otras palabras, la gran mayoría de las mujeres
están excluidas a la hora de establecer prioridades y de tomar decisiones sobre los temas
escogidos por el movimiento, porque las académicas y las mujeres occidentales fueron
las que lo hicieron. A pesar de sus esfuerzos por participar en debates internacionales,
estas "otras mujeres" se enfrentan a muchas barreras porque no pertenecen al grupo
hegemónico. Sin embargo, también es cierto que, cada vez con mayor frecuencia, la
comunidad científica internacional está reconociendo sus contribuciones. Por ejemplo,
durante una conferencia en Barcelona en 1997 en la que participó Habermas, un grupo
de mujeres sin educación universitaria y de diferentes culturas decidieron ir a
escucharlo. Frente a las miradas de desprecio y la risa humillante de quienes se
consideraban más aptos para escucharlo, una de estas mujeres levantó la mano y le
preguntó sobre su punto de vista sobre los derechos laborales de las mujeres. Las
manera no académica de expresarse de la mujer provocó la risa de la audiencia,
compuesta principalmente por profesores y estudiantes universitarios, a lo que ella
respondió rápidamente: "No hablo como una intelectual, pero sé lo que estoy diciendo".
Habermas respondió: "Esa es una pregunta brillante y crítica", sorprendiendo a los que
previamente se habían reído de ella. No esperaban una respuesta tan contundente a
favor de su pregunta ni que la trataran en igualdad de condiciones (De Bottom, Puigvert
& Sánchez, 2005: 22).

Lo que debemos hacer ahora es formular y crear espacios para el diálogo entre mujeres
de todo el mundo. Las mujeres académicas, las no académicas, aquellas que pertenecen
a cualquier grupo cultural o minoritario y que tienen experiencias y pasados diferentes
deben ser incluidas. Juntas, podemos reorientar la democracia hacia un feminismo que
abarque todo el rango de nuestras diversas experiencias e intereses.
Legislación contra la violencia de género

Como resultado de la presión del movimiento feminista, en 2004, el gobierno español


aprobó la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de
Género4 (1/2004 de 28 de diciembre). Esta ley es la primera en Europa y ha llevado a
avanzar en la lucha por la erradicación de la violencia de género.

El objetivo general es erradicar la violencia de género utilizando sus causas como punto
de partida; en otras palabras, eliminando las situaciones de desigualdad que la causan.
Esta ley establece las siguientes acciones:

1. Fortalecer la diversidad preventiva entre los ciudadanos, brindando a las autoridades


públicas instrumentos efectivos para cumplir con este objetivo en educación, servicios
sociales, áreas relacionadas con la salud, y publicidad en los medios de comunicación.

2. Establecer los derechos de las mujeres víctimas de violencia de género, que deberán ser
exigibles a través de las autoridades públicas. Esto es para garantizar que tengan un
acceso rápido, transparente y efectivo a los servicios prestados.

3. Mejorar la provisión de servicios de información, atención, asistencia en caso de crisis y


servicios de recuperación integral que cumplan al menos con los estándares mínimos
requeridos de acuerdo con los objetivos de esta ley. Además, establecer un sistema para
coordinar los servicios existentes de manera efectiva a nivel autonómico y municipal.

4. Garantizar las condiciones de empleo, tanto en el sector privado como en el público,


que concilien los requisitos contractuales con las circunstancias de las trabajadoras o
funcionarias que sufran violencia de género.

5. Garantizar los derechos económicos de las mujeres víctimas de violencia de género para
facilitar su integración social.

6. Establecer un sistema integral de protección institucional mediante el cual la


Administración General del Estado, a través de la Delegación Especial del Gobierno
para la Violencia contra las Mujeres, junto con el Observatorio Estatal de Violencia
contra las Mujeres, promueva políticas públicas diseñadas para ofrecer protección a las
víctimas de la violencia de género.

La Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género es la


primera ley específica en España que aborda la violencia contra las mujeres y, por lo
tanto, es un paso importante hacia su erradicación. Uno de sus principales logros es la
introducción de medidas para ser introducidas en la educación, con un claro enfoque en
la prevención de la violencia.

En relación con la atención prestada a las víctimas, una de las medidas más importantes
promovidas por la ley es la creación de Tribunales de Violencia contra las Mujeres, que
emplean a profesionales con capacitación específica en violencia de género. Entre otras
iniciativas destacables se encuentra la creación de un subsidio para las víctimas de
violencia de género o la garantía de conservar su empleo en caso de que tengan que
abandonar su hogar.

A pesar del progreso significativo que representa la creación de esta ley, también tiene
algunas limitaciones, que han sido cuestionadas por las organizaciones de mujeres y las
organizaciones sociales. Una de sus principales limitaciones es el hecho de que define la
violencia de género como la violencia contra las mujeres por parte de sus cónyuges
actuales o anteriores o por los hombres que mantienen o han mantenido una relación
afectiva similar, con o sin convivencia. En consecuencia, cualquier forma de violencia
que ocurra entre personas que no han estado involucradas en ningún tipo de relación
afectiva o sexual no se considera sujeta a esta legislación. Por ejemplo, no tiene en
cuenta la violencia en citas, y conduce a la paradoja de que un hombre que agrede
sexualmente a su ex cónyuge sea juzgado en los Tribunales de Violencia contra las
Mujeres, pero si ataca a una mujer desconocida en la calle, sea juzgado en los tribunales
ordinarios. Por lo tanto, su víctima no se beneficiará de ninguna de las medidas
establecidas en esta ley.

Esta paradoja mencionada anteriormente fue muy destacada por algunas autoras
feministas de Barcelona y también por la Plataforma Unificada contra la Violencia de
Género en Cataluña. Esta inclusión de puntos de vista feministas aseguró que, a
principios de 2008, el Parlamento catalán aprobase la Ley del Derecho de las Mujeres
a Erradicar la Violencia Machista6. Esta ley promueve la acción en los campos de
investigación y educación y en la sensibilización sobre la violencia machista, así como
su prevención y detección. Esta ley supera algunas de las limitaciones de la Ley
española. Cuando se redactó la ley catalana, hubo una mayor participación de los grupos
feministas, que tuvieron la oportunidad de asesorar y modificar el texto mientras se
escribía. Como resultado de este proceso participativo, en su artículo 4, el texto final
incluyó la siguiente declaración: "la violencia machista se considera como tal,
independientemente de si el autor tuvo una relación matrimonial, afectiva o familiar con
la mujer, o si fue su compañero."

La socialización preventiva de la violencia de género: el lenguaje del deseo —el


lenguaje de la ética.

Mis padres me dicen que me case con un buen chico, y yo realmente les escucho. Hasta
que me tenga que casar, me divierto con chicos malos.

Esta afirmación, encontrada en una popular revista juvenil, resume claramente la


separación entre el lenguaje de la ética y el lenguaje del deseo (Flecha, R. 2008:
Puigvert, 2008); la división entre lo que sus padres le dicen que haga (lenguaje de la
ética) y lo que ella hace (lenguaje del deseo). El primero se refiere al lenguaje utilizado
principalmente por los padres y las escuelas, que quieren educar a los niños de una
manera no sexista. El segundo es el habitual que se encuentra en los medios digitales
preferidos por los propios adolescentes y jóvenes. El primero se enfoca solo en lo que es
"bueno" y "ético", pero no tiene en cuenta la socialización de los jóvenes en la violencia
y el vínculo de la violencia con lo atractivo. Algunas corrientes del feminismo
académico basan su planificada socialización no sexista solo en este lenguaje de la
ética, tratando de hacer que los niños sean "buenos" (no sexistas, no violentos). Al
hacerlo sin incluir el lenguaje del deseo en su análisis, no se dan cuenta de que están
haciendo que "lo bueno" sea menos atractivo y "lo malo", más atractivo. La
investigación sobre la socialización preventiva llevada a cabo en el sur de Europa
(Oliver & Valls 2004; Duque, Puigvert & Valls, 2008) ha aclarado que la violencia de
género disminuye cuando las personas actúan teniendo en cuenta tanto el lenguaje de la
ética como el del deseo. Es la única forma de evitar que los "malos" (los sexistas o los
violentos) tengan éxito en los patios de recreo, las calles y los clubes nocturnos.

Investigadores internacionales describen la conexión entre el amor y las formas de


violencia (Yassour Borochowitz y Eisikovits, 2002) o las conexiones entre la
delincuencia y la participación romántica entre los adolescentes en los que concluyeron
que la delincuencia aumenta los resultados de las citas al hacer que el delincuente sea
más atractivo para las parejas potenciales (Rebellon y Manasse, 2004). La contribución
de nuestro trabajo en el sur de Europa para superar la violencia de género tiene dos
aspectos diferentes: un enfoque en la conexión entre el atractivo y las definiciones
tradicionales de masculinidad (que incluye sexismo y violencia) y la forma en que la
separación entre el lenguaje del deseo y el lenguaje de la ética perpetúa esta relación
entre el atractivo y las definiciones tradicionales de masculinidad. Llevar a cabo análisis
y discusiones basadas en el lenguaje de la ética no ayuda a superar la violencia de
género a menos que se complementen con el lenguaje del deseo. Para hacerlo es
necesario incluir en nuestros debates la pluralidad de voces, realidades y enfoques de
todas las mujeres (mujeres jóvenes, mujeres ancianas, mujeres de diferentes orígenes,
culturas, experiencias y, por supuesto, algunas con el lenguaje del deseo y otras con el
lenguaje de la ética). La inclusión de esta pluralidad de voces no solo superará el debate
hegemónico sino también la violencia de género. Necesitamos la pluralidad de voces
para rechazar el sexismo y la violencia y rechazarlo de tal manera que no le parezca
atractivo a nadie.

Leyes sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo

En 2004, el gobierno español introdujo una modificación en el Código Civil que


permitía el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Esta ley finalmente fue aprobada
por el Parlamento en junio de 2005. Como resultado de esta reforma, dos hombres o dos
mujeres pueden unirse en una relación formal, y este matrimonio tiene la misma
naturaleza e implica los mismos deberes y derechos que cualquier otro matrimonio.
Estos incluyen derechos de herencia derechos de adquisición de residencia y derechos
de divorcio y adopción, entre otros. El matrimonio entre personas del mismo sexo y,
más específicamente, el derecho de estas parejas a adoptar hijos, han encontrado una
fuerte oposición. A pesar de esta oposición, las encuestas de opinión reflejaron que, en
2004, el 66 por ciento de los españoles apoyaba la legalización del matrimonio entre
personas del mismo sexo, y el 48 por ciento estaba de acuerdo con el hecho de que
deberían tener los mismos derechos que cualquier otra pareja en relación con la
adopción de niños.8

A través de este proceso, España, un país con una fuerte tradición católica, se convirtió
en el tercer país del mundo en reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo
igual que el matrimonio heterosexual (después de los Países Bajos y Bélgica).

A lo largo de la historia, los movimientos de mujeres en el sur de Europa han hecho


importantes contribuciones al desarrollo de la teoría y la práctica feministas, que con
frecuencia han sido silenciadas por el discurso hegemónico blanco anglosajón. En el
contexto de la revolución social en España de 1936, el movimiento de Mujeres Libres
ya había comenzado, y fue uno de los movimientos más significativos y generalizados
en la historia del feminismo. Entre sus muchas contribuciones importantes, se destaca
en este capítulo su contribución a la democratización de los movimientos de mujeres y
la lucha contra la violencia de género. Aunque sus voces habían sido silenciadas por el
discurso hegemónico, sus acciones proporcionan un punto de referencia rico e histórico
para algunos de los sucesos y teorías más importantes de la teoría y la práctica
feministas en el siglo veintiuno.

Fue en Barcelona donde una extraordinaria autora feminista, Judith Butler, descubrió el
enorme significado del movimiento "otras mujeres". Sus impresiones quedaron
reflejadas por las palabras que nos escribió: "Fue una experiencia hermosa y
conmovedora, y me cambiará a mí y a mi trabajo [...] me habéis hecho recuperar mi
sentido más básico de por qué el trabajo feminista es urgente, conmovedor, inspirador
"(Judith Butler, comunicación por correo electrónico, 2001).

El feminismo dialógico y las "otras mujeres" democratizan nuestro movimiento porque


insisten en la importancia de que se escuche a todas las mujeres sin discriminación
alguna debido a su cultura o nivel de calificaciones académicas. De esa manera,
cuestionan a las feministas académicas que a veces han ahogado sus voces. Nuestras
voces a menudo han sido las únicas que se han escuchado en la sociedad en general y en
los propios movimientos de mujeres. Cuando estas mujeres están unidas, pueden hacer
oír su voz en todos los espacios políticos, académicos y sociales.

Las voces de las "otras mujeres" han permitido un progreso considerable en la teoría y
en la práctica para superar la violencia de género. Sin estas voces, no habría sido posible
para un país con la tradición católica de España convertirse en el tercer país del mundo
en aprobar por ley el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin estas voces y sin la
teoría feminista dialógica, la legislación actual contra la violencia de género no habría
sido posible. En el caso de Cataluña, esta legislación no solo incluye la violencia de un
compañero o ex-pareja, sino también la violencia de en las citas y cualquier tipo de
violencia de género. Sin embargo, este progreso legislativo se ha realizado
conjuntamente y a través la investigación sobre la socialización preventiva de la
violencia de género. Esta investigación garantiza que muchos jóvenes puedan liberar, no
solo su lenguaje de la ética sino también su lenguaje del deseo, del control patriarcal
que tan a menudo ha relacionado la sexualidad con el poder y la violencia.