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Serie: Una visión de esperanza en un mundo hostil

Tema: ¡La salvación viene de nuestro Dios!


Lectura bíblica: Apocalipsis 7

7 Después de esto vi a cuatro Después de esto miré, y apareció una multitud tomada de todas
9

las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie
ángeles en los cuatro ángulos de
podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero,
la tierra. Estaban allí de pie,
vestidos de túnicas blancas y con ramas de palma en la
deteniendo los cuatro vientos para
mano. 10 Gritaban a gran voz:
que estos no se desataran sobre la
tierra, el mar y los árboles. 2 Vi «¡La salvación viene de nuestro Dios,
también a otro ángel que venía que está sentado en el trono,
del oriente con el sello del Dios y del Cordero!»
vivo. Gritó con voz potente a los
cuatro ángeles a quienes se les 11
Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, de los
había permitido hacer daño a la ancianos y de los cuatro seres vivientes. Se postraron rostro en
tierra y al mar: «¡No hagan daño tierra delante del trono, y adoraron a Dios 12 diciendo:
3

ni a la tierra, ni al mar ni a los «¡Amén!


árboles, hasta que hayamos La alabanza, la gloria,
puesto un sello en la frente de los la sabiduría, la acción de gracias,
siervos de nuestro Dios!» 4 Y oí el la honra, el poder y la fortaleza
número de los que fueron son de nuestro Dios por los siglos de los siglos.
sellados: ciento cuarenta y cuatro ¡Amén!»
mil de todas las tribus de Israel. 13
Entonces uno de los ancianos me preguntó:
5
De la tribu de Judá fueron —Esos que están vestidos de blanco, ¿quiénes son, y de dónde
sellados doce mil; vienen?
de la tribu de Rubén, doce mil;
de la tribu de Gad, doce mil; 14
—Eso usted lo sabe, mi señor —respondí.
6
de la tribu de Aser, doce mil; Él me dijo:
de la tribu de Neftalí, doce mil;
de la tribu de Manasés, doce mil; —Aquellos son los que están saliendo de la gran tribulación;
7
de la tribu de Simeón, doce mil; han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero.
de la tribu de Leví, doce mil; 15
Por eso están delante del trono de Dios,
de la tribu de Isacar, doce mil; y día y noche le sirven en su templo;
8
de la tribu de Zabulón, doce mil; y el que está sentado en el trono
de la tribu de José, doce mil; les dará refugio en su santuario. [a]

de la tribu de Benjamín, doce mil. 16


Ya no sufrirán hambre ni sed.
No los abatirá el sol ni ningún calor abrasador.
17
Porque el Cordero que está en el trono los pastoreará
y los guiará a fuentes de agua viva;
y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos.

Introducción
El domingo pasado Omar nos enseñó acerca del capítulo 6 de Apocalipsis. Este capítulo terminó con el 6to sello
que ha desatado lo que Juan llama “el gran día de la ira”.1 El Señor derramó su juicio sobre el mundo entero. El

1 En el profeta Sofonías este gran día es presentado como el “Día de Yahvé”. Este es un día de juicio sobre todas las naciones y es un
evento cósmico. Sin embargo, otros profetas presentan el día del Señor como un día de liberación. En Apocalipsis 6 es juicio.
inicio del cap. 7 podría llevarnos a suponer que esto es lo que pasa inmediatamente después del sexto sello, sin
embargo, este cap. entra como un descanso, como un cambio de escena que sirve de interludio. Esto es muy
parecido a lo que sucede en los caps. 10 y 11 entre la sexta y la séptima trompeta. Es de este interludio que
vamos a hablar esta mañana. El sermón de esta mañana se titula: “La salvación viene de nuestro Dios”, tal como
dice el v. 10 porque precisamente este interludio nos habla de la salvación. El cap. 6 y el cap. 8 incluyen
secciones de destrucción a grande escala, pero justo en la mitad de ellos aparece la salvación del Señor. Aquí es
preciso recordar el tema general de nuestra serie de predicaciones: Una visión de esperanza en un mundo hostil.
Frank Thielman, profesor presbiteriano de NT, conecta la pregunta del final del cap. 6 “¿Quién podrá
mantenerse en pie?” con las descripciones de las multitudes en cap. 7.2
Tengo un proyecto muy ambicioso para esta mañana. Quiero darles una interpretación de los 144 mil sellados y
ver de qué manera están relacionados con la gran multitud de todas las naciones. Es ambicioso porque los
expertos en apocalipsis no logran ponerse de acuerdo sobre el tema y lo que voy a compartir con ustedes será
una de muchas opiniones. No quiero convencerlos de que yo tengo la razón, pero espero que Dios abra su
Palabra delante de nosotros y que su mensaje sea poderoso para transformarnos.
Cuando se escribe el libro de Apocalipsis, cerca del final del primer siglo, el único de los apóstoles que está con
vida es Juan. Él en su evangelio tuvo que explicar algunas sospechas que se tenían en cuanto a él y que estaban
relacionadas con la venida del Señor. En Juan 21:22 Jesús dijo. “Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo
vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme no más”. Esto dejó mucho para la imaginación de los cristianos y se pensó que
Jesús volvería mientras los apóstoles vivían. Sin embargo, los discípulos fueron martirizados y Juan está
anciano y necesitó aclarar el asunto. El v. 22 sirve para ese propósito, “Por este motivo corrió entre los
hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino solamente: «Si
quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?»”. Apocalipsis sirve mucho a este propósito de
consuelo y esperanza en la segunda venida de Jesús. Ya no son solo los discípulos los que están siendo
martirizados, ahora las iglesias son perseguidas, el cristianismo ha sido declarado una religión ilegal en el
Imperio y los que se niegan a practicar el culto imperial son asesinados. Pues bien, Juan escribe a la iglesia
diciéndoles que el Señor sí juzgará a los malos y que sus muertes serán vengadas. Pero la descripción de esta
venganza y juicio se convierte en una asombrosa narración de caos. En medio del caos surge la pregunta ¿Quién
podrá mantenerse en pie? Aquellos a quienes Dios decida preservar, porque la salvación viene de nuestro Dios.
Junto con los primeros lectores del Apocalipsis es bueno preguntarnos cómo nos dan esperanza estos relatos y
particularmente hoy, cómo el cap. 7 te da a ti esperanza y seguridad en Dios.
1. Tú y yo somos parte de los sellados (vv.1-8).
Resulta muy complicado encontrar cuál es el significado de los 144 mil sellados. Si quisiéramos
empeñarnos en limitarnos a la información que está consignada en estos versículos tendríamos que decir que es
el pueblo de Israel. A favor de esto podríamos argumentar la mención de los nombres de las 12 tribus,3 y el
conteo exacto de 12 mil de cada tribu que hace referencia a la totalidad de Israel.
Sin embargo, desde mi punto de vista y con el apoyo de varios expertos en NT, considero que estos 144
mil hacen referencia a todos los escogidos por Dios de todas las naciones del mundo. Para Juan, el pueblo
escogido de Dios es el conjunto de todos los que tienen fe en Jesús: judíos y gentiles, “11 Vino a lo que era
suyo, pero los suyos no lo recibieron. 12 Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el
derecho de ser hijos de Dios. 13 Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana,
2 Frank Thielman, Teología del Nuevo Testamento: síntesis del canon del Nuevo Testamento, trad. de Miguel Mesías (Miami: Vida,
2006), 697.

3 A pesar de que no aparecen los nombres de las tribus en orden, de que falta Dan, de que Leví aparece como tribu, de que José
aparece como tribu, el AT nos provee una cantidad considerable de listas de las tribus y cada una es diferente, cf. Carballosa,
Apocalipsis, 150-152.
sino que nacen de Dios (Jn 1:11-13). En Jesús se cumplen todas las promesas hechas a Israel y todos los que
tiene fe en él forman el nuevo Israel. Para el apóstol Pablo también es claro que “6 Ahora bien, no digamos que
la Palabra de Dios ha fracasado. Lo que sucede es que no todos los que descienden de Israel son Israel. 7
Tampoco por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos. Al contrario: «Tu descendencia se
establecerá por medio de Isaac». 8 En otras palabras, los hijos de Dios no son los descendientes naturales; más
bien, se considera descendencia de Abraham a los hijos de la promesa. (Ro 9:6-8)” y “4 De hecho, Cristo es el
fin de la ley, para que todo el que cree reciba la justicia (Ro 8:4).
Estos argumentos son suficientes para suponer que Juan no está pensando en el Israel físico, sino en el
nuevo Israel. Ya en Apocalipsis habíamos visto los 24 ancianos que eran representantes de la totalidad del
pueblo del nuevo pacto. En 14:3, 4 se nos da un detalle extra de los 144 mil y es que fueron comprados de la
tierra. Pablo utiliza el mismo termino para referirse a los creyentes de Corinto como comprados por la sangre de
Cristo.
Espero que hasta aquí estén siguiendo mi argumentación. Los 144 mil son todos los creyentes. La
pregunta con la que terminó 6:17 era ¿Quién podrá mantenerse en pie? Pues los sellados por Dios son los que se
mantienen. Y no por ellos mismos, por Dios que detiene el desastre para sellarlos.
El conteo de estos 144 mil por tribus nos recuerda los censos del AT en preparativos para la guerra. Sin
embargo, hay un elemento más de comparación con respecto al orden de las tribus. En Jueces 1:2 y 20:18 Israel
le pregunta a Dios qué tribu debe ir a la pelea primero y la respuesta es Judá. En ambos casos Dios había dado
la victoria antes de la batalla. Si el paralelo es correcto y este conteo alude a un censo para la guerra, nos
encontramos, los creyentes, como el ejército de Dios.
a. El sello nos hace diferentes a los que son marcados por la bestia
Más adelante, en 14:1 se nos específica cuál era el sello que se ponía en la frente de los 144 mil. Es el
nombre de Dios y del Cordero. Esto definitivamente es para todos los creyentes y no solo para Israel. Lo
grandioso de esto es que marca una línea divisoria entre dos tipos de poblaciones: Los sellados con el nombre
de Dios y del Cordero y los que reciben el nombre de la Bestia.
Ser sellado por Dios definitivamente comunica un propósito especial para el creyente. Ya vimos que es
sellado porque fue comprado por Dios, le pertenece a él. Ahora que se ha certificado su pertenencia autentica al
pueblo de Dios debe servirle, “Son los que siguen al Cordero por dondequiera que va” (14:4). Son el ejército de
Dios que se moviliza para cumplir con la voluntad de su comandante. No me cabe duda que esta tarea tiene que
ver con la formación de una multitud incontable a partir del v. 9.
2. La multitud de todas las naciones, tribus y lenguas
Aquí tenemos que hacer una transición obligada por el mismo Juan. Los 144 mil están en la tierra, pero
la multitud que ve a partir del v. 9 está delante del trono y delante del cordero. El cambio de escenario salta a la
vista y por lo tanto lo que tenemos ahora es una visión de un evento que aún no ha sucedido. Ahora nadamos en
aguas inciertas y Juan nos narra lo que vio más allá de nuestra comprensión.
a. Cómo se formó esta multitud
Si logré convencerlos con la explicación de los 144 mil, en medio de mi argumentación dije que en
Jesucristo se cumplen todas las promesas hechas a Israel. Pablo en Romanos afirma que Cristo es la
descendencia de Abraham y en quien se cumple la promesa de ser una descendencia como las estrellas del cielo
y como la arena del mar: incontable. De modo que esta multitud de creyentes ha sido el resultado de la
predicación del ejército que Dios compró y selló. Las vestiduras blancas nos recuerdan al sumo sacerdote Josué
en la visión del profeta Zacarias. Dios limpia la inmundicia del sacerdote y lo viste de blanco. Recordemos que
en los vv. 1-8 Dios había detenido todos los poderes destructores de los cuatro ángeles mientras sellaba a su
pueblo, esto significa que el pueblo de Dios avanza protegido por Dios y allí se cumple la promesa de Mt.
28:20: El Señor está con nosotros en el cumplimiento de la Gran Comisión.
Un detalle más que es valioso resaltar son las palmas que sostiene la multitud. Probablemente esta es
una alusión a la fiesta de los tabernáculos que se celebraba en Israel. Esta fiesta tenía el propósito de recordar la
liberación de Israel de Egipto y el cuidado de Dios en medio del desierto. En el lugar donde no había alimento
ni agua, Dios había provisto todo para su pueblo. Por eso em medio de la Gran Tribulación Dios se presenta
como el que extiende su tabernáculo sobre la multitud y los sostiene.
b. La multitud ha sufrido el martirio
Quizá la mención de un ejército inmediatamente transmite la imagen del poderío militar y armamentista.
Sin embargo, Juan, queriendo prevenir cualquier confusión que motivara a sus lectores a levantarse en una
guerra contra el Imperio aclara que la multitud es martirizada (v.14).
Esta sección de los vv.9-17 está llena de contrastes preciosos.
 Vencer por medio del martirio
En 14:4 los 144 mil “Son los que siguen al Cordero por dondequiera que va”. Esto no solamente
significa seguirlo por el camino hasta el destino, sino que implica el compromiso absoluto con la causa. Jesús
los compró con su sangre, de modo que ellos deben estar dispuestos a dar sus vidas a aquel que los compró. El
compromiso es radical y Juan en su evangelio ya lo había mencionado (Jn 6:60ss). Jesús invitó a sus seguidores
a comer su carne y beber su sangre, o sea, a participar de toda la experiencia de abrazarlo a él como Señor, sin
embargo la multitud dijo: “esto es muy duro, nadie puede oir esta palabra” y muchos dejaron de ser seguidores.
Estar comprometido con Jesús es estar dispuesto a morir
 Emblanquecer ropas con sangre
Esta es la clave que nos permite saber que la multitud es la que ha compartido los sufrimientos de Cristo.
Esta figura no hace referencia a la purificación de los pecados, sino a la participación en los sufrimientos de
Jesús porque ellos siguen al Cordero a donde quiera que este va.
 Un cordero, el animal más débil de la manada, es el que pastoreará
Esta es la figura más gloriosa de todas las que encuentro en el cap. 7. Quiero que se imagine conmigo un
corderito como el de la imagen. Si las ovejas en general son consideradas torpes e indefensas, cuánto más lo
sería un corderito. Pero Juan utiliza esta figura inesperada para decirnos que aquel al que el mundo ha
considerado débil es realmente el más poderoso. No es cualquier Cordero, es el que está en medio del trono, es
el Cordero que fue inmolado, es el Cordero que se hizo débil para poder reconciliar la humanidad con Dios. Por
su debilidad nos redimió y por eso es poderoso, es tan poderoso que cuando se buscó alguien digno de abrir los
sellos, solo él pudo hacerlo.
3. ¿Y esto qué tiene que ver conmigo?
Quise invertir un tiempo considerable del tiempo de esta enseñanza en tratar de explicar los detalles del
cap. 7 porque no quería quedar con una deuda con ustedes y porque sé que a medida que comprendemos lo que
Juan nos presenta, en nuestro interior vamos captando el mensaje del Señor. Ahora quiero aterrizar el mensaje y
lo voy a hacer con tres implicaciones que tiene para nosotros este cap. El tema del sermón de hoy es “La
salvación viene de nuestro Dios”. A lo largo del mensaje hemos visto que Dios nos ha sellado y nos ha llamado
como su ejército, pero no somos un ejército violento, somos un ejército destinado a cumplir los propósitos de
Dios. Uno de esos propósitos es predicar la Palabra y lograr que en el día final haya una multitud parada, con
ropas blancas, con palmas, que logró seguir en todo a su Señor y celebra la liberación. Todo esto se logra hacer
porque Dios tiene poder para detener el poder destructor, porque nos selló, y porque él escogió salvarnos.
a. Solo los que Dios ha sellado pueden estar de pie en el día de la ira.
El v.9 nos dice que la multitud está de pie delante del trono y del Cordero. Esta multitud está de fiesta
delante del Señor, pero la victoria que nos retrata Juan no es lo que esperaríamos. Es una victoria obtenida
mediante haber perdido.
Apo 13:7-10 – También se le permitió hacer la guerra a los santos y vencerlos, y se le dio autoridad sobre toda
raza, pueblo, lengua y nación. 8 A la bestia la adorarán todos los habitantes de la tierra, aquellos cuyos nombres
no han sido escritos en el libro de la vida, el libro del Cordero que fue sacrificado desde la creación del mundo. 9
El que tenga oídos, que oiga. 10 El que deba ser llevado cautivo, a la cautividad irá. El que deba morir a espada,
a filo de espada morirá. ¡En esto consisten la perseverancia y la fidelidad de los santos!
No sé si esto le transmite esperanza, pero este es un mensaje de esperanza. Dios está con nosotros, él
desplegó su tabernáculo, se puso sobre nosotros como un techo que nos protege del hambre, de la sed, del sol,
del calor.4 Pero hay que leer bien. Somo pastoreados por el Cordero, el Cordero que entiende cuál es el camino a
la victoria, un camino que se transita con muchas luchas, luchas que no se comparan con la gloria venidera: los
manantiales de aguas de vida. Pero podemos caminar, podemos llorar, podemos gritar, porque a nuestro lado
está Dios secando las lagrimas que el sufrimiento nos pueda causar. Particularmente me consuela saber que
cuando sufro no es porque Dios se alejó de mí, o porque me está castigando (haciendo las salvedades obvias que
mi desobediencia pueda acarrear), por el contrario es un Dios tan cercano y tan comprensivo que se identifica
con mi dolor y me seca las lágrimas, me da una palmada en la espalda y me dice, “continuemos”.
b. Dios nos invita a no tener miedo
No tener miedo no significa no sentir nada. Significa que en toda circunstancia sepamos sentirnos
acompañados del Señor. Todas las turbulencias que relata Apocalipsis son permitidas por el poder soberano del
Señor. Él le permitió a la Bestia hacer guerra contra sus santos y vencerlos. Creo que esto choca con nuestras
aspiraciones de seguridad y paz, pero debemos recordar que nuestra aspiración más grande debe ser la de una
corona de espinas y una cruz. Y quizá de forma más atrevida, tal como la tradición nos cuenta, decir como
Pedro: “crucifíquenme boca abajo porque no soy digno de morir de la misma forma que lo hizo mi Señor”. Pero
debemos recordar que en esto se demuestra la perseverancia y fe de los santos5 (13:10).
c. El pueblo de Dios lava sus ropas con la sangre del Cordero, o sea, participan de todas las
experiencias de su Cordero.
Participar de todas las experiencias del Cordero es la gloria que se nos ha prometido. Él lo dijo en los
evangelios: “si esto le hicieron al árbol verde, ¿qué harán con el seco?”. Pero a parte de esto hay una forma en la
que también participamos de la unidad con Cristo y es contribuyendo a que esa multitud de todas las naciones,
tribus, pueblos y lenguas sea formada y esté de pie delante del Cordero. Ese es nuestro llamado y es solo
realizando este llamado que realmente experimentaremos los sufrimientos. Si no participas en la reconciliación
de la humanidad con Dios entonces no serás parte del ejército que Dios selló. Ahora, es necesario aclarar que
todos no están llamados a obedecer a Dios haciendo las mismas cosas. Unos son misioneros en Medio Oriente
donde exponen sus vidas, otros son misioneros en grandes empresas donde goza de aire acondicionado. El
punto es que todos debemos vivir en misión. Unos plantan iglesias, otros ayudan con el aseo de la iglesia; unos
predican en las calles, otros oran por los que predican en las calles; unos viajan por los pueblos llevando la
Palabra; otros con sus ofrendas permiten que estos viajes sean posibles. El punto es que toda la iglesia debe
estar en Misión y emblanqueciendo sus vestiduras en la sangre del Cordero.

4 Esta figura recuerda a Israel en el desierto: maná para comer, agua de la peña, columna de nube en el día, llama de fuego en la
noche.

5 El término es pistis que se traduce por fe.


Imagínese conmigo cómo sería lo que escuchó Juan. Una multitud, muchas culturas, muchos idiomas y
todos gritando alabanzas a Dios y al Cordero. Carlos Wesley dijo una vez, “Ojalá tuviera mil lenguas para
cantar las alabanzas de mi maravilloso Redentor”… Oremos de esa manera, Señor, concédenos llevar tu
evangelio a TODOS, concédenos trabajar para que en esa multitud vestida de blanco con palmas en las manos
hayan miles de colombianos, y que dentro de esos miles de colombianos haya una cantidad considerable de
paisas que vengan de la gran tribulación y que hayan lavado sus vestiduras y las hayan emblanquecido en la
sangre del cordero.
Que Dios nos ayude, que nos dé valor y que sepamos vivir como los que tienen el nombre de Dios y el
Cordero escrito en su frente. La gracia de Dios esté con todos. Amén.