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EL TRIUNFO

DE
LA RELIGIÓN
precedido de

DISCURSO
A LOS
CATÓLICOS
JACQUES LACAN

PARADOJAS DE LACAN
EL TRIUNFO
Lo que les enseña un análisis no se obtiene por ningún otro
camino, ni por la enseñanza, ni por ningún otro ejercicio es-
DE
piritual. Si n o , ¿para qué serviría? ¿Esto significa que hay que
callar ese saber? Por muy particular que sea de cada u n o , ¿no
LA RELIGIÓN
habría forma de enseñarlo, de transmitir por lo menos sus
principios y algunas de sus consecuencias? Lacan se lo pre- precedido de
guntó y respondió de distintas maneras. En su Seminario, ar-
gumenta a sus anchas. En sus Escritos, pretende demostrar, y
atormenta la letra a su antojo. Pero también están sus confe-
DISCURSO
rencias, sus entrevistas, sus obras improvisadas, donde todo A LOS
avanza más rápido. Se trata de sorprender las opiniones para
seducirlas mejor. Esto es lo que llamamos sus Paradojas. CATÓLICOS
¿ Q u i é n habla? Un maestro de sabiduría, pero de una sabidu-
ría sin resignación, una antisabiduría, sarcástica, sardónica.
C a d a uno es libre de trazarse una conducta según su parecer.
Esta serie, primero consagrada a inéditos, publicará a conti-
nuación fragmentos escogidos de la obra.

PAIDÓS
Buenos Aires - Barcelona - México
T í t u l o o r i g i n a l : Le triomphe de la religión (precédé de Discours aux
catholiques)
© É d i t i o n s de S e u i l , 2005
Cet ouvrage, p u b l i é dans le cadre du P r o g r a m m e d'Aide à la
P u b l i c a t i o n V i c t o r i a Ocampo, beneficie d u soutien d u M i n i s t è r e
francais des Affaires Etangéres et du Service de Coopération et
d'Action C u l t u r e l l e de l'Ambassade de France en A r g e n t i n e .

E s t a obra, e d i t a d a en el marco d e l P r o g r a m a de A y u d a a la Indice


Publicación V i c t o r i a Ocampo, cuenta con el apoyo del M i n i s t e r i o
de A s u n t o s E x t r a n j e r o s de F r a n c i a y del Servicio de Cooperación
y Acción C u l t u r a l de la E m b a j a d a de F r a n c i a en la A r g e n t i n a .

T r a d u c c i ó n de N o r a A. González

R e v i s i ó n de G r a c i e l a B r o d s k y
Nota 9
C u b i e r t a de Gustavo M a c r i

150.195 Lacan, Jacques Discurso a los católicos 11


CDD El triunfo de la religión : precedido de Discurso a
a
los católicos.- 1a e d . 2 reimp.- Buenos Aires : Aviso 13
Paidós, 2006.
1 0 4 p. ; 1 8 x 1 1 cm.- (Jacques Lacan en Campo I. Freud, en lo que se refiere a la moral, está
Freudiano)
a la altura de las circunstancias 17
Traducción de Nora González

ISBN 950-12-3652-8
II. ¿El psicoanálisis es constitutivo de una ética
1. Psicoanálisis 1. González, Nora, trad. II. Título a la medida de nuestro tiempo? 45

a
1 edición, 2005
a
El triunfo de la religión 67
2 reimpresión, 2006
Gobernar, educar, analizar 69
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibida, sin la au-
torización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones estable- La angustia de los científicos 73
cidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier
medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático. El triunfo de la religión 77
Ceñir el síntoma 82
© 2005 de todas las ediciones en castellano
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Defensa 599, Buenos A i r e s
e-mail: literaria@editorialpaidos.com.ar Acostumbrarse a lo real 90
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No filosofar 95
Queda hecho el depósito que previene la L e y 11.723
Impreso en la A r g e n t i n a - P r i n t e d in A r g e n t i n a
Indicaciones bibliográficas 101
I m p r e s o e n P r i m e r a Clase,
C a l i f o r n i a 1231, C i u d a d de Buenos A i r e s , en febrero de 2006
T i r a d a : 1500 ejemplares

I S B N 950-12-3652-8
Las dos piezas aquí reunidas, cuyo título elegí y cuyo tex-
to establecí, provienen de la obra oral de Lacan.
El «Discurso a los católicos» comprende las dos conferen-
áas pronunciadas los días 9 y 10 de marzo de 1960 en Bru-
selas, por invitación de la Facultad Universitaria Saint-
Louis, y anunciadas como «lecciones públicas». Lacan las
menciona en los capítulos XIII y XIV del Seminario La éti-
ca del psicoanálisis.
«El triunfo de la religión» proviene de una «conferencia
de prensa» mantenida en Roma el 29 de octubre de 1974, en
el Centro Cultural Francés, con motivo de un congreso. La-
can fue entrevistado por periodistas italianos.
Al final del volumen se encontrarán algunas indicacio-
nes bibliográficas.

Jacques-Alain Miller
Discurso a los católicos
Aviso

La perspectiva que inauguró Freud sobre la


determinación inconsciente de la conducta
del hombre conmovió casi todo el campo de
nuestra cultura. ¿Acaso esta se limitará en la
práctica analítica a los ideales de una normali-
zación, sorprendentes si se observa su difusión
vulgar? Sabemos que el doctor Jacques Lacan
propone a la comunidad de los psicoanalistas
la experiencia de una enseñanza muy exigen-
te sobre los principios de su acción. En el se-
minario en el que formó una élite de practi-
cantes y que conduce desde hace siete años en
el departamento del profesor Jean Delay, este
año llegó a las incidencias morales del freudis-
mo, creyendo que debía hacer caso omiso del
amparo de un falso objetivismo para presentar
objetivamente la acción a la que consagró su
vida.

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

Él considera, en efecto, que tal presenta- hombre del deber, volver sobre las ilusiones
ción es de interés público, y tanto más cuanto del altruismo, el libertino, reconocer la voz
que esta acción se juzga de manera privada. del Padre en los mandatos que su Muerte de-
De este modo, hoy se arriesga a introducir a ja intactos, el espiritual, reubicar la Cosa en
un auditorio sin formación en una mirada que torno de la cual gira la nostalgia del deseo.
apunta a su corazón mismo. Si el doctor Jac-
ques Lacan no cree que se pueda dejar única-
mente en manos de los religiosos el aparato de
dogmas en el que se determina el precepto
cristiano de nuestra moral, que implica la pri-
macía del amor y el sentido del prójimo, quizá
no deje de sorprender que Freud articule la
cuestión a su verdadera altura, y mucho más
allá de los prejuicios que le imputa una feno-
menología a veces presuntuosa en sus críticas.
De allí los subtítulos que nos presentó el doc-
tor Jacques Lacan para sus dos conferencias,
aunque se reservó el derecho de su libertad de
adaptación inmediata:
I. Freud, en lo que se refiere a la moral, está a la
altura de las circunstancias.
II. ¿El psicoanálisis es constitutivo de una ética
a la medida de nuestro tiempo?
Quizás el filósofo logre rectificar la posi-
ción tradicional del hedonismo, el hombre
sensible, limitar su estudio de la felicidad, el

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I

Freud, en lo que se refiere a la moral,


está a la altura de las circunstancias

Señoras, señores:
Cuando el señor canónigo Van Camp me
pidió, con las formas refinadas de cortesía que
lo caracterizan, que hablara en la Universidad
Saint-Louis de algo relacionado con mi ense-
ñanza, no encontré, ¡Dios mío!, nada más sim-
ple que decir que hablaría del mismo tema
que había elegido para el año que comenzaba
(estábamos entonces en octubre), a saber: la
ética del psicoanálisis.
Repito estas circunstancias, estas condicio-
nes de elección, para evitar, en suma, algunos
malentendidos. Cuando se viene a escuchar a
un psicoanalista, se espera en efecto oír una
vez más un alegato en defensa de esa cosa con-
trovertida que es el psicoanálisis, o incluso un
resumen de sus virtudes, que evidentemente,

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JACQUES LACAN D I S C U R S O A LOS CATÓLICOS

como todos saben, son en principio de orden en el campo de la cuestión ética teóricamente,
terapéutico. Esto es justamente lo que no haré y quizá también, ¡Dios mío!, por algunas de
esta noche. esas experiencias llamadas de juventud.
Me veo, pues, en la difícil posición de tener Pero, para abreviar, ya está en el psicoanáli-
que introducirlos casi en el medio de lo que sis desde hace el suficiente tiempo como para
elegí tratar este año para un auditorio necesa- poder decir que pronto habrá pasado la mitad
riamente más formado en esta investigación de su existencia escuchando vidas que se cuen-
de lo que pueden estarlo ustedes -sea cual fue- tan, se confiesan. Y él escucha. Yo escucho, y
re la atracción, la atención que vea marcada no soy quién para juzgar la virtud de esas vidas
en todos estos rostros que me escuchan- que desde hace casi cuatro septenarios escu-
puesto que quienes me siguen, lo hacen desde cho confesarse ante mí. Una de las finalidades
hace siete u ocho años. del silencio, que constituye la regla de mi escu-
Mi enseñanza de este año se focaliza preci- cha, es justamente callar el amor. No traiciona-
samente en el tema -que por lo general suele ré, pues, sus secretos triviales y sin igual. Pero
evitarse- de las incidencias éticas del psicoaná- hay algo que me gustaría testimoniar.
lisis, de la moral que este puede sugerir, presu- En este lugar que ocupo y donde deseo que
poner, contener, y quizá del paso adelante termine de consumirse mi vida, eso seguirá
(¡gran audacia!) que nos permitiría dar res- palpitando después de mí, creo, como un de-
pecto del dominio moral. secho en el lugar que habré ocupado. Se trata
de una interrogación inocente, si puede decir-
1 se así, o incluso de un escándalo que se formu-
la aproximadamente como sigue.
A decir verdad, quien les habla entró en el ¿Cómo es posible que esos hombres, esos
psicoanálisis lo suficientemente tarde como vecinos, buenos y simples, que fueron arroja-
para antes haber intentado -a fe mía, como to- dos a este asunto que la tradición nombró de
do aquel que se formó, se educó- orientarse diversas maneras, entre ellas existencia, última

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS C A T Ó L I C O S

que se introdujo en la filosofía, en este asun- nes razonan? Una de las más inquietantes apli-
to entonces de existencia, cuyo defecto sigue caciones de esta famosa recíproca es que lo
siendo para nosotros lo más probado, cómo que enseñan los profesores es real y tiene co-
es posible que estos hombres, soportes todos mo tal los mismos efectos interminables, inde-
de cierto saber o soportados por este, tanto terminables, que cualquier real, aunque esta
unos como otros, se abandonen hasta ser pre- enseñanza sea falsa. Esto es sobre lo que me
sas de la captura de esos espejismos por los interrogo.
que su vida, al desperdiciar la oportunidad, Acompañando el impulso de uno de mis
deja escapar su esencia, por los que se juega pacientes hacia un poco de real, me deslizo
su pasión, por los que su ser, en el mejor de con él sobre lo que llamaré el credo de tonte-
los casos, no alcanza más que esa pizca de rea- rías, del que no se sabe si la psicología contem-
lidad que solo se afirma por haber sido siem- poránea es el modelo o la caricatura; a saber:
pre decepcionada? el yo, considerado a la vez como función de
Esto es lo que me ofrece mi experiencia. síntesis y de integración; la conciencia, consi-
Este es el problema que transmito sobre el te- derada como la perfección de la vida; la evolu-
ma de la ética, y en el que reúno lo que cons- ción, considerada como el camino por el que
tituye en este asunto para mí, psicoanalista, adviene el universo de la conciencia; la aplica-
mi pasión. ción categórica de este postulado al desarrollo
Sí, lo sé, según la fórmula de Hegel, todo lo psicológico del individuo; la noción de con-
real es racional. Pero soy de los que creen que ducta, aplicada de manera unitaria para des-
la recíproca no es para despreciar, que todo lo componer hasta la necedad todo dramatismo
racional es real. Solo hay un ligero contratiem- de la vida humana. Todo apunta a disimular
po, ya que veo que la mayoría de los que están que nada en la vida concreta de un solo indivi-
atrapados entre uno y otro, entre lo racional y duo permite fundar la idea de ser conducida
lo real, ignoran este tranquilizador acuerdo. por una finalidad tal que la llevaría, por las vías
¿Me atreveré a decir que la culpa es de quie- de una conciencia progresiva de sí que sosten-

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JACQUES LACAN D I S C U R S O A LOS CATÓLICOS

dría un desarrollo natural, al acuerdo consigo esta irrupción del descubrimiento en el sub-
mismo así como a la aprobación del mundo suelo le correspondió el advenimiento de una
del que depende su felicidad. verdad, la que concierne al deseo.
No es que yo no reconozca ninguna efica-
cia al fárrago de sucesiones colectivas de ex- 2
perimentaciones finalmente paliativas que se
concreta bajo el rótulo de la psicología mo- El deseo no es algo simple, no es elemen-
derna. Hay allí formas leves de sugestión, si tal, ni animal, ni especialmente inferior; es la
puede decirse así, que no dejan de tener efec- resultante, la composición, el complejo de to-
tos, y que pueden hallar aplicaciones intere- da una articulación cuyo carácter decisivo me
santes en el campo del conformismo, incluso esforcé por demostrar en el penúltimo térmi-
de la explotación social. Por desgracia, veo es- no de mi enseñanza —de lo que digo allí don-
te registro sin influjo para actuar sobre una de no me callo-, y quizá sea necesario que en
impotencia que no hace más que aumentar a algún momento les cuente por qué lo hago.
medida que se nos presentan mayores oportu- El carácter decisivo del deseo no consiste
nidades de poner en práctica dichos efectos. solamente en estar lleno de sentido, en ser ar-
Impotencia cada vez mayor del hombre para quetipo. Para ofrecerles un sondeo rápido, di-
alcanzar su propio deseo, y que puede llevar- ré que el deseo no representa una extensión
lo a perder su desencadenamiento carnal. de la psicología llamada comprensiva, ni un
Aunque este se encuentre disponible, el hom- retorno a un naturalismo micro-macro cósmi-
bre ya no sabe dar con el objeto de su deseo, co, a la concepción jónica del conocimiento,
y solo halla desdicha en su búsqueda, que vi- ni tampoco la reproducción figurativa de ex-
ve con una angustia que limita cada vez más lo periencias concretas primarias, como articula
que podría llamarse su posibilidad inventiva. actualmente un psicoanálisis llamado genéti-
Freud aclaró de repente en el nivel de la co, que llega a esa noción simplista de confun-
neurosis lo que ocurre aquí en las tinieblas. A dir la progresión de donde se engendra el sín-

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JACQUES LACAN D I S C U R S O A LOS CATÓLICOS

toma con la regresión del camino terapéutico, En efecto, hay en el inconsciente cosas sig-
para desembocar en una especie de relación nificantes que se repiten y que corren cons-
envolvente que se ovilla sobre sí misma en tor- tantemente a espaldas del sujeto. En cierto
no de una estereotipia de frustración en la re- sentido, es algo equivalente a lo que veía hace
lación de apoyo que une al niño con la madre. poco al venir hacia esta sala, a saber, esos car-
Todo esto no es más que apariencia y fuen- teles publicitarios luminosos que se deslizan
te de error. En cuanto aparece en Freud como en el frente de nuestros edificios. Para el clí-
un objeto nuevo para la reflexión ética, el de- nico resultan interesantes porque, en circuns-
seo debe situarse en la intención de este. tancias propicias, logran introducirse en lo
El inconsciente freudiano se caracteriza que es fundamentalmente de su misma natu-
por ser traducible aun allí donde no puede ser raleza: nuestro discurso consciente en el sen-
traducido, es decir, en cierto punto radical del tido más amplio, a saber, todo lo que hay de
síntoma -especialmente del síntoma histéri- retórico en nuestra conducta, que es mucho
co- que es de la naturaleza de lo indescifrado, más de lo que creemos. Dejo de lado el aspec-
luego, de lo descifrable, es decir, allí donde el to dialéctico.
síntoma solo está representado en el incons- Sobre este asunto me preguntarán qué son
ciente por prestarse a la función de lo que se estos elementos significantes, y yo responderé
traduce. que el ejemplo más puro del significante es la
Técnicamente, llamamos significante a lo letra, una letra tipográfica.
que se traduce. Se trata de un elemento que Una letra no quiere decir nada, dirán ustedes.
presenta estas dos dimensiones: está ligado Pero esto no necesariamente es así. Piensen
sincrónicamente a una batería de otros ele- en las letras chinas. Para cada una encuen-
mentos por los que se puede sustituir, y, por tran en el diccionario un abanico de sentidos
otra parte, está disponible para un uso diacró- que no tiene nada que envidiar al que res-
nico, es decir, para la constitución de una ca- ponde a nuestras palabras. ¿Qué quiere decir
dena significante. esto? ¿Qué pienso yo al darles esta respuesta?

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JACQUES LACAN D I S C U R S O A LOS CATÓLICOS

No lo que puede creerse, ya que esto quiere mo confirma la clínica, que nos los muestra
decir que la definición de estas letras chinas, hilvanándose en el discurso concreto y en to-
al igual que la de nuestras palabras, solo tiene do lo que se percibe de nuestra conducta
alcance para cierta cantidad de empleos. marcado por la huella del significante. Esto
Estrictamente hablando, un sentido solo conducirá a aquellos de ustedes que estén lo
nace de un juego de letras o palabras en la me- suficientemente advertidos a los orígenes mis-
dida en que se propone como modificación mos del psicoanálisis, a la interpretación de
de su empleo ya aceptado. Esto supone en pri- los sueños, del lapsus, incluso del chiste. A los
mer lugar que toda significación que adquiere otros, que saben más, les advierte en qué sen-
este juego participa de las significaciones a las tido se hace un esfuerzo de recuperación de
que ya estuvo ligado, por extrañas que sean nuestra información.
entre sí las realidades implicadas en esta reite- Pero ¡cómo! ¿Solo leeremos nuestro deseo
ración. Llamo metonimia a esta dimensión en estos jeroglíficos? No. Si consultan el texto
que constituye la poesía de todo realismo. Es- freudiano sobre los temas que acabo de men-
to supone, por otro lado, que toda significa- cionar (sueño, lapsus, incluso chiste), nunca
ción nueva solo se engendra por la sustitución verán articularse claramente el deseo. El de-
de un significante por otro, lo que constituye seo inconsciente es lo que quiere aquel, aque-
la dimensión de la metáfora, por la que la rea- llo que sostiene el discurso inconsciente. Por
lidad se llena de poesía. Esto es lo que ocurre eso, aquel habla. Por inconsciente que sea, no
en el inconsciente, y lo que l a c e que este sea está obligado a decir la verdad. Más aún, el he-
de naturaleza discursiva, si es que nos atreve- cho mismo de hablar le posibilita la mentira.
mos a calificar de discurso cierto uso de las es- El deseo responde a la verdadera intención
tructuras del lenguaje. de este discurso. Pero ¿cuál será la intención de
¿La poesía ya se realiza en este nivel? Todo un discurso en el que, en la medida en que ha-
nos da a entender que sí. Pero limitémonos a bla, el sujeto está excluido de la conciencia? Es-
lo que vemos, que son efectos de retórica, co- to planteará a la moral de la recta intención al-

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS C A T Ó L I C O S

gunos problemas inéditos, que a nuestros mo- ¿Habrá que concluir que hasta ser descifra-
dernos exégetas aparentemente todavía no se da esta es una verdad para nadie? ¿Qué pen-
les ocurrió abordar. sar de este deseo con el que la conciencia ya
Por lo menos, esto es lo que ocurre con ese no tiene nada que ver por saberlo tan incog-
tomista que, en tiempos ya remotos, no encon- noscible como la cosa en sí, pero al que sin em-
tró nada mejor para exponer la doctrina de bargo se lo reconoce como la estructura de
Freud a la distinguida consideración de los ca- ese para sí por excelencia que es una cadena
tólicos que evaluarla según el principio de la de discurso? ¿Acaso Freud no les parece más
experiencia pavloviana. Curiosamente, eso le accesible que nuestra tradición filosófica, por
valió recibir hasta la actualidad testimonios de conducirse correctamente respecto de ese ex-
satisfacción tanto por parte de aquellos a quie- tremo de lo íntimo que es al mismo tiempo in-
nes glosaba —a saber, los profesores de la facul- ternidad excluida?
tad de letras que tantearon su tesis´-, traiciona- Está excluida, salvo quizás en esta tierra de
ba, a saber, sus colegas psicoanalistas. Siento Bélgica largo tiempo sacudida por el espíritu
demasiada estima por las capacidades de mis de las sectas místicas, incluso de las herejías,
oyentes, literarias y psicoanalíticas, para pensar donde esto íntimo era objeto de prejuicios, no
que esta satisfacción sea distinta de la de un si- tanto de elecciones políticas como de herejías
lencio cómplice sobre las dificultades que plan- religiosas, cuyo secreto acarreaba a las vidas
tea verdaderamente el psicoanálisis respecto los efectos propios de una conversión, antes
de la moral. Parece que el incentivo de la refle- que la persecución mostrara que esta les inte-
xión sería observar que quizás a medida que resaba más que esa vida.
un discurso está más privado de intención pue- Presento una observación que no creo im-
de confundirse con una verdad, con la verdad, propio hacer en la Universidad en la que hablo.
con la presencia misma de la verdad en lo real, La coexistencia de dos enseñanzas que se
bajo una forma impenetrable. distinguen por ser confesional la una y no con-
fesional la otra constituye sin duda un progre-

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JACQUES LACAN D I S C U R S O A LOS CATÓLICOS

so que se refleja en la tolerancia. No estaría en San Pablo se detiene para decirnos: «¿Qué
el mejor lugar para objetarlo sobre todo por- diré entonces? ¿La Ley es pecado? ¿No lo es?
que nosotros mismos, en Francia, tomamos re- No obstante, solo tuve conocimiento del pe-
cientemente un camino semejante. Creo, sin cado por la Ley. En efecto, no habría pensa-
embargo, que esta distinción desemboca en do en la codicia si la Ley no me hubiera di-
una especie de mimetismo de los poderes que cho: "No codiciarás". Pero el pecado, al ha-
allí se representan, y que resulta de esto lo llar la oportunidad, produjo en mí todo tipo
que llamaré una curiosa neutralidad, de la que de codicias gracias al mandamiento. Y es que
me parece menos importante saber a qué po- sin la Ley el pecado no tiene vida. Ahora
der beneficia que estar seguro de que, en todo bien, yo estaba vivo hace tiempo sin la Ley.
caso, no juega en detrimento de todos aque- Pero cuando surgió el mandamiento, el peca-
llos con los que se aseguran estos poderes. do cobró vida, mientras que yo hallé la muer-
De este modo se generalizó una especie de te. Para mí, resultó que el mandamiento que
extraña división en el campo de la verdad. Pa- debía conducir a la vida conducía a la muer-
ra mí -y lo mínimo que puede decirse es que te, porque el pecado, al hallar la oportuni-
no profeso ninguna adhesión confesional-, dad, me sedujo gracias al mandamiento, y
una epístola de San Pablo es tan importante por él me dio muerte».
para comentar en moral como otra de Séneca. Me parece imposible para quien quiera
Pero no estoy seguro de que una y otra man- que sea, creyente o incrédulo, no verse con-
tengan lo esencial de su mensaje si no son co- minado a responder al mensaje que implica
mentadas en el mismo lugar. semejante texto y que se articula sobre un me-
En otras palabras, no creo que baste conno- canismo que es por otra parte perfectamente
tar un dominio como creencia, en la medida vivo, sensible, tangible para un psicoanalista.
en que sea así, para excluirlo del examen de los A decir verdad, cuando en uno de mis semi-
que se dedican al saber. Por otra parte, para los narios insertaba directamente mis palabras en
creyentes se trata precisamente de un saber. las de ese texto, mis alumnos no percibieron

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

que yo ya no hablaba sino en el tiempo de la esta bondad a reflexionar sobre sí misma, a sa-
audición musical, ese medio tiempo que hace ber, sobre los principios de cierto no querer.
pasar la música a otro modo sensible. Sea co-
mo fuere, el impacto que les causó la canción 3
de esta música me prueba que, más allá del lu-
gar del que vinieran, hasta entonces nunca Todos saben que Freud era un burdo mate-
habían escuchado el sentido de ese texto en rialista. ¿Cómo se explica entonces que no ha-
el nivel de su práctica donde yo lo llevaba. ya sabido resolver mediante el recurso clásico
Hay cierto descaro en la manera en que la del utilitarismo el problema sin embargo tan
ciencia se desembaraza de un campo cuya car- fácil de la instancia moral?
ga no se entiende por qué aliviaría tan fácil- Este recurso es, en suma, la costumbre en
mente. Asimismo, desde hace algún tiempo y la conducta, recomendable para el bienestar
demasiado a menudo para mi gusto, la fe deja del grupo. Es así de simple y además es ver-
a la ciencia el cuidado de resolver los proble- dad. La atracción por la utilidad es tan irresis-
mas cuando las preguntas se traducen en un tible, que vemos personas dispuestas a todo
sufrimiento algo difícil de maniobrar. por el placer de dar sus comodidades a quie-
Ciertamente, no me quejaré de que haya nes se les metió en la cabeza que no podrían
eclesiásticos que remitan a sus fíeles al psicoa- vivir sin su auxilio.
nálisis (en lo que hacen muy bien), lo que me Este es sin duda uno de los fenómenos
choca un poco es que creo que lo hacen acen- más curiosos de la sociabilidad humana. Pero
tuando que se trata de enfermos que sin duda lo esencial está en el hecho de que el objeto
podrán hallar algún bien aunque sea en una útil conduce increíblemente a la idea de
fuente, digamos, mala. compartirlo con el mayor número posible,
Si hiero algunas buenas voluntades, espero porque fue la necesidad del mayor número
de todos modos ser perdonado el día del Jui- posible en tanto tal lo que dio verdaderamen-
cio, porque al mismo tiempo habré incitado a te la idea.

32 33
JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

Solo hay una cosa que produce dificultad, y tir, es la tradición de una condición la que, de
es que, sean cuales fueren los beneficios de la cierta manera, funda el sujeto en el discurso.
utilidad y la extensión de su reino, esto no tie- No podemos dejar de acentuar aquí esta
ne estrictamente nada que ver con la moral, condición cuyo carácter intenso me sorprende
que consiste primordialmente -como Freud que ningún comentador haya señalado: la re-
vio, articuló y nunca varió al respecto, a dife- flexión de Freud sobre la función, el papel y la
rencia de muchos moralistas clásicos, incluso figura del Nombre del Padre, como toda su re-
tradicionalistas, incluso socialistas- en la frus- ferencia ética, giran en torno de la tradición
tración de un goce, planteado como una ley propiamente judeocristiana y se articulan en-
aparentemente ávida. teramente con ella.
Freud pretende encontrar el origen de esta Lean ese librito donde culmina la refle-
ley primordial según un método goetheano, si- xión de Freud unos meses antes de su muerte,
guiendo las huellas aún sensibles de aconteci- pero que lo consumía, le preocupaba desde
mientos críticos. Pero no se equivoquen, la on- hacía muchos años, Moisés y la religión monoteís-
togénesis que reproduce la filogénesis no es ta. Este libro no es más que el término y la cul-
aquí más que una palabra clave usada para fi- minación de lo que empieza con la creación
nes de convicción omnibus. Lo onto tiene apa- del complejo de Edipo y continúa en ese tex-
riencia engañosa, porque no es el ente del indi- to tan mal comprendido y tan mal criticado
viduo, sino la relación del sujeto con el ser, si es- que se llama Tótem y tabú. Verán que la figura
ta relación es discursiva. El pasado del discurso del Padre que aparece concentra en ella el
concreto del linaje humano se encuentra allí, amor y el odio. Esta figura magnificada, esta
en la medida en que en el curso de su historia figura magnífica, tiene la marca de un estilo
le sucedieron cosas que modificaron esta rela- de crueldad activa y sufrida.
ción del sujeto con el ser. Así, salvo por una al- Se podría discurrir largo rato sobre lo que
ternativa a la herencia de los caracteres adqui- llevó a Freud a esta imagen, sobre las razones
ridos que en ciertos pasajes Freud parece admi- personales que lo condujeron a ella -a saber,

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS C A T Ó L I C O S

su grupo familiar, su experiencia infantil, su camino de la función del Padre. Esta constitu-
padre, el viejo Jacob Freud, patriarca prolífico ye, en efecto, un punto de viraje entre la pre-
y necesitado de una pequeña familia de la ra- servación del deseo, su omnipotencia -y no
za indestructible-, pero lo importante no es como se escribe no sin inconvenientes en cier-
hacer la psicología de Freud. ta tradición analítica, la omnipotencia del
En este sentido, habría mucho para decir. pensamiento-, y el principio correlativo de
Por mi parte, creo que esta psicología es más una prohibición, sostén de ese deseo puesto a
femenina que otra cosa, y veo la señal de esto distancia. Los dos principios crecen y decre-
en esa extraordinaria exigencia monogámica cen juntos, aunque sus efectos son diferentes:
que lo someterá a esa dependencia que uno la omnipotencia del deseo engendra el temor
de sus discípulos, autor de su biografía, llama de la defensa que se manifiesta en el sujeto, la
uxoriosa. En la vida corriente, veo a Freud prohibición expulsa del sujeto el enunciado
muy poco padre. Creo que solo vivió el drama del deseo para hacerlo pasar a Otro, a ese in-
edípico en el campo de la borda analítica. Co- consciente que no sabe nada de lo que sostie-
mo expresa Dante en algún lugar, él era la Ma- ne su propia enunciación.
dre Inteligencia. Tótem y tabú nos enseña que el Padre solo
Con respecto a lo que nosotros llamamos prohibe el deseo con eficacia porque está
-y de lo que les hablaré mañana por la noche- muerto, y —yo agregaré— porque él mismo no
la Cosa freudiana, esta es en primer lugar la lo sabe (no sabe que está muerto). Tal es el mi-
Cosa de Freud, a saber, lo que se encuentra en to que Freud propone al hombre moderno,
las antípodas del deseo-intención. Lo impor- en la medida en que el hombre moderno es
tante es determinar cómo descubrió esta Co- aquel para quien Dios está muerto (entiénda-
sa, y de dónde parte cuando le sigue la pista se, que él cree saberlo).
en sus pacientes. ¿Por qué Freud se adentra en esta parado-
La reflexión de Tótem y tabú gira en torno ja? Para explicar que el deseo solo será por
de la función del objeto fóbico y lo sitúa en el ello más amenazante, y la prohibición, enton-

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

ces, más necesaria y más dura. Dios está muer- Hay allí todo un detalle de la articulación
to y ya nada está permitido. El ocaso del com- clínica donde no puedo internarme ni arras-
plejo de Edipo es el duelo por el Padre, pero trarlos, aunque más no sea por razones de
conduce en definitiva a una secuela duradera: tiempo. Básteles saber que si hay algo que
la identificación llamada superyó. El Padre no Freud promueve al primer plano de la expe-
amado se vuelve la identificación que agobia riencia moral, es el drama que se juega en
con reproches a sí mismo. Esto es lo que nos cierto lugar que debemos reconocer —sea
muestra Freud al reunir con los mil hilos de su cual fuere la denegación motivada en Freud
testimonio un mito muy antiguo, que hace de- respecto de toda inclinación personal por el
pender la podredumbre entera de la Tierra de sentimiento religioso, por la religiosidad—
algo herido, perdido, castrado en un rey mis- por ser, pese a todo, ese donde se articula co-
terioso. mo tal una experiencia que Freud califica de
Es preciso seguir en detalle lo que repre- religiosa (lo que constituye ciertamente la
senta este peso de la función del Padre, e in- menor de sus preocupaciones), puesto que
troducir las distinciones más precisas especial- tiende a universalizarla, pero que sin embar-
mente entre lo que llamé la instancia simbóli- go articula en los términos mismos en que la
ca -el Padre que promulga, sede de la ley arti- experiencia religiosa propiamente judeocris-
culada donde se sitúa el resto de desviación, tiana la ha desarrollado y articulado histórica-
de déficit, en torno de lo cual se especifica la mente.
estructura de la neurosis- y, por otra parte, al- ¿En qué sentido le interesa a Freud el mo-
go que el análisis contemporáneo descuida noteísmo? Él sabe, al igual que alguno de sus
constantemente mientras que es sensible y vi- discípulos, que los dioses son innumerables y
vo para Freud, a saber, la incidencia del Padre cambiantes como las figuras del deseo, del
real, la cual, incluso buena, incluso benéfica, que son sus metáforas vivas. Pero no es esto lo
puede, en función de esta estructura, determi- que ocurre con el único dios. Si él busca su
nar efectos devastadores, hasta maléficos. prototipo en un modelo histórico, el modelo

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

visible del Sol, de la primera revolución reli- en el drama de la redención, donde este aten-
giosa egipcia, la de Akhenatón, es para juntar tado se vuelve patente -siempre según las pa-
el modelo espiritual con su propia tradición, labras de Freud-.
el dios de los diez mandamientos. Si subrayo estos rasgos esenciales de la doc-
Parece adoptar el primero al hacer de Moi- trina freudiana, es porque ante el coraje, la
sés un egipcio para repudiar lo que llamaré la atención, la manera de afrontar el verdadero
raíz racial del fenómeno, la psicología de la problema, me parece poco importante repro-
Cosa. El segundo le permite articular en su ex- charle a Freud no creer que Dios existe o in-
posición la primacía de lo invisible, en la me- cluso que crea que Dios no existe. El drama
dida en que caracteriza la promoción del vín- del que se trata se articula con un valor huma-
culo paterno, fundado en la fe y la ley, que no universal. Freud supera seguramente con
prevalece sobre el vínculo materno, que se holgura el marco de toda ética, por lo menos
funda en una manifiesta carnalidad. Estos son de las que pretenden no proceder por las vías
los términos que utiliza Freud. de la Imitación de Jesucristo.
El valor sublimatorio de la función del Pa- ¿Diré que la vía de Freud procede a la altu-
dre se subraya con los términos adecuados, al ra del hombre? No lo diré gustoso. Quizá ma-
mismo tiempo que aflora la forma propiamen- ñana puedan ver dónde considero que se sitúa
te verbal, hasta poética, de su consecuencia, Freud respecto de la tradición humanista.
puesto que él remite a la tradición de los pro- En el punto en que nos encontramos, veo
fetas la misión histórica de ir haciendo aflorar al hombre sobrede terminado por un logos que
en la historia de Israel, con el correr de los está en todas partes, donde también se en-
años, el retorno de un monoteísmo reprimido cuentra su ananke, su necesidad. Este logos no
por una tradición sacerdotal más formalista. solo no es una superestructura, sino que cons-
Este retorno, en suma, prepara en imagen, y tituye más bien una subestructura, puesto que
según las Escrituras, la posibilidad de la repe- sostiene la intención, articula en él la falta del
tición del atentado contra el Padre primordial ser y condiciona su vida de pasión y sacrificio.

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JACQUES LACAN D I S C U R S O A LOS CATÓLICOS

No, la reflexión de Freud no es humanista.


Nada permite aplicarle este término. Sin em- Como nos enseña la tradición antigua, la
bargo, es tolerante y de temperamento; es hu- moral tiene tres niveles, el del soberano bien,
manitaria -digámoslo— pese a los malos resa- el de la honestidad, el de lo útil.
bios de esta palabra en nuestra época. Pero cu- En el nivel del soberano bien, la posición
riosamente no es progresista, no ofrece nin- de Freud es que el placer no es el soberano
gún testimonio de un movimiento de libertad bien. No es tampoco lo que la moral rechaza.
inmanente, ni de la conciencia ni de la masa. Él indica que el bien no existe y que el sobera-
Es extraño, y por eso sobrepasa el medio bur- no bien no podría representarse.
gués de la ética contra el cual no podría por Freud no se propone hacer del psicoanáli-
otra parte sublevarse, no más que contra todo sis el esbozo de la honestidad de nuestra épo-
lo que ocurre en nuestra época, incluyendo la ca. Él está muy lejos de Jung y su religiosidad,
ética que reina en el Este, y que, como cual- que nos sorprende ver preferir en ambientes
quier otra, es una ética del orden moral y del católicos, incluso protestantes, como si la gno-
servicio del Estado. sis pagana, incluso una hechicería rústica, pu-
El pensamiento de Freud se distingue de dieran renovar las vías de acceso al Padre
esto. El dolor mismo le parece inútil. Cree que Eterno.
el malestar de la cultura se resume en lo si- Recordemos que Freud nos aportó la no-
guiente: tanto pesar para un resultado cuyas ción de que la culpabilidad encontraba sus raí-
estructuras terminales son más bien agravan- ces en el inconsciente, articulada sobre un cri-
tes. Los mejores son los que siempre exigen men fundamental, al que nadie puede ni tiene
más de ellos mismos. Déjense tanto a la masa que responder individualmente. La razón, sin
como a la élite algunos momentos de reposo. embargo, está en ella en lo más profundo del
¿En medio de tantas implacables dialécti- hombre, puesto que el deseo es sucesión de
cas no es esto una palinodia irrisoria? Espero lenguaje articulado, aun cuando no sea articu-
demostrarles mañana que no. lable.

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JACQUES LACAN

Ustedes sin duda me detendrán en este II


punto. Razón: ¿qué significa esto, hay lógica
donde no hay negación? Ciertamente, Freud ¿El psicoanálisis es constitutivo
lo dijo y mostró, no hay negación en el incons- de una ética a la medida
ciente, pero también es verdad, en un análisis de nuestro tiempo?
riguroso, que la negación proviene del incons-
ciente, como destaca tan bonitamente en fran-
cés la articulación de este no [ne] discordante
que ninguna necesidad del enunciado precisa
en absoluto. Je crains qu'il ne vienne [temo que
Su ilustrísima, señoras, señores:
venga], significa que temo que venga, pero
también implica hasta qué punto lo deseo. Evi- Ayer los dejé con una serie de juicios frag-
dentemente, Freud habla en el corazón de es- mentarios sobre Freud, sobre su posición en la
te nudo de verdad donde el deseo y su regla se ética, sobre la honestidad de su mirada.
dan la mano, en ese ello donde su naturaleza
Creo que Freud está mucho más cerca del
participa menos del ente del hombre que de
mandamiento evangélico «Amarás a tu próji-
esa falta en ser cuya marca lleva.
mo» de lo que acepta. Porque él no lo acepta,
Espero poder mostrarles lo que Freud nos lo rechaza por parecerle excesivo como impe-
indica sin pedantería, sin espíritu de reforma, rativo, si no se burla de este como precepto
y casi abierto a una locura que supera por mu- por sus frutos aparentes en una sociedad que
cho lo que Erasmo sondeó de sus raíces: este conserva el nombre de cristiana. Pero, de he-
acuerdo del hombre con una naturaleza que cho, se interroga sobre este punto.
misteriosamente se opone a sí misma, y donde Habla del tema en esa obra sorprendente
él querría que logre descansar de su pena al que se llama El malestar en la cultura. Todo está
encontrar el tiempo medido de la razón. en el sentido del «como a ti mismo», que ter-
mina la fórmula. La pasión desconfiada de

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JACQUES LACAN D I S C U R S O A LOS CATÓLICOS

aquel que desenmascara detiene a Freud ante mental, no es ese cuerpo cuyo batir y cuya pul-
este «como». Se trata del peso del amor. Freud sación escapan evidentemente a mi control, si-
sabe, en efecto, que el amor a sí mismo es muy no una imagen que me engaña al mostrarme
grande, lo sabe perfectamente por haber reco- mi cuerpo en su Gestalt, su forma. Este es be-
nocido que la fuerza del delirio surge de allí. llo, grande, fuerte, y lo es más aún por ser feo,
«Sie lieben ihren Wáhnen wie sich selbst» pequeño y miserable. Me amo a mí mismo en
(ellos aman su delirio como a sí mismos), escri- la medida en que me desconozco esencial-
bió. Y designó esta fuerza con el nombre de mente, solo amo a otro, a otro [autre] con una
narcisismo. Esta supone una dialéctica secreta a minúscula inicial, lo que explica la costum-
en la que a los psicoanalistas les cuesta orien- bre de mis alumnos de llamarlo el pequeño otro.
tarse. Es esta. Para que se comprenda, introdu No hay nada sorprendente en que no sea
je en la teoría la distinción propiamente metó- más que yo mismo lo que amo en mi semejan-
dica de lo simbólico, lo imaginario y lo real. te. No solo en la devoción neurótica, si indico
Sin duda me amo a mí mismo con la pasión lo que nos enseña la experiencia, sino tam-
viscosa con la que la burbuja vital se empuja a bién en la forma extensiva y utilizada del al-
sí misma y se hincha en una palpitación a la truismo, ya sea educativo o familiar, filantrópi-
vez voraz y precaria, si dejar de fomentar en co, totalitario o liberal, al cual con frecuencia
su seno el punto vivo desde donde su unidad se desearía ver responder como el estremeci-
reventará, diseminada por su propio estallido. miento de la magnífica grupa de la desafortu-
En otras palabras, estoy ligado a mi cuerpo nada bestia, el hombre no considera más que
por la energía propia que Freud ubicó como su amor propio. Sin duda este amor se detec-
principio de la energía psíquica, el Eros que tó desde hace mucho tiempo en sus extrava-
hace que los cuerpos vivos se enlacen para re- gancias, incluso gloriosas, por la investigación
producirse, y que él llama libido, moralista de sus pretendidas virtudes. Pero la
investigación analítica del yo permite identifi-
Pero lo que amo, en la medida en que hay
carlo con la forma del odre, con la desmesura
un yo donde me fijo por una concupiscencia

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

de la sombra de la que el cazador se vuelve la plantea la cuestión de una ética a la medida


presa, con la vanidad de una forma visual. Tal de un tiempo especificado como nuestro
es la cara ética de lo que articulé, para que se tiempo.
entendiera, con el término estadio del espejo. El discurso de la ciencia desenmascara que
Freud nos enseña que el yo está hecho de ya no queda nada de una estética trascenden-
identificaciones superpuestas a modo de ca- tal por lo que se establecería un acuerdo, aun-
pas; es una especie de guardarropas cuyas pie- que estuviera perdido, entre nuestras intuicio-
zas llevan la marca «de confección», si bien su nes y el mundo. La realidad física se revela en
combinación suele ser rara. Son identificacio- lo sucesivo como impenetrable a toda analo-
nes con sus formas imaginarias, y el hombre gía con cualquier tipo del hombre universal.
cree reconocer el principio de su unidad bajo Ella es plena y totalmente inhumana. El pro-
la forma de un dominio de sí mismo del que blema que se nos plantea ya no es el del cono-
es la víctima necesaria, ya sea o no ilusoria, cimiento o del «co-nacimiento», el de una «co-
porque esta imagen de sí no lo contiene en na- naturalidad» por la cual se nos confía la amis-
da. Si esta es inmóvil, solo su mueca, su flexi- tad de las apariencias. Conocemos lo que ocu-
bilidad, su desarticulación, su desmembra- rre con la Tierra y el cielo, uno y otro están va-
miento, su dispersión a los cuatro vientos, co- cíos de Dios, y se trata de saber qué hacemos
mienzan a indicar cuál es su lugar en el mun- aparecer en las disyunciones que constituyen
do. Todavía hizo falta mucho tiempo para que nuestras técnicas.
abandonara la idea de que el mundo se hizo a Digo nuestras técnicas, y quizás ustedes me
su imagen y reconociera que lo que encontra- corrijan: Técnicas humanas y al servicio del hom-
ba de esta imagen en forma de significantes bre. Por supuesto, pero alcanzaron un grado
cuya industria había empezado a salpicar el de eficacia en la medida en que su principio es
mundo era la esencia de este mundo. una ciencia que solo se desencadenó al renun-
Aquí aparece la importancia decisiva del ciar a todo antropomorfismo, aunque sea al
discurso de la ciencia llamada física, y lo que de la buena Gestalt de las esferas cuya perfec-

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS C A T Ó L I C O S

ción era la garantía de que fueran eternas y, Se trata de un sentido completamente dis-
también, al de la fuerza cuyo ímpetus se siente tinto de la palabra «representación» del de las
en el corazón de la acción humana. pinturas, Abschäumungen, donde se supondría
La nuestra es una ciencia de pequeños sig- que lo real realiza ante nosotros cierto tipo de
nos y ecuaciones, que participa de lo inconce- striptease. Además, Freud lo articula propiamen-
bible precisamente porque da razón a Newton te cuando para referirse a lo que está reprimi-
contra Descartes. No es casualidad que esta do no utiliza el término Vorstellung, aunque se
ciencia tenga forma atómica, ya que ha sido acentúe lo representativo en lo material del in-
estructurada por la producción del atomismo consciente, sino el de Vorstellungsrepräsentanz.
del significante. Nosotros no reconocíamos No me extenderé en este punto. No me de-
que estábamos habitados por ese atomismo so- leito aquí en ninguna construcción filosófica,
bre el que se quiso reconstruir nuestra psico- intento reconocerme en los materiales más in-
logía, contra el cual nos sublevamos cuando se mediatos de mi experiencia. Si recurro al texto
trata de comprendernos a nosotros mismos. de Freud para testimoniar esta experiencia, es
Por eso Freud partió de las hipótesis del ato- porque hay en este una curiosa conjunción
mismo psicológico, más allá de que pueda de- —más allá de lo que diga una crítica tan punti-
cirse o no que lo asume. Él no trata los ele- llosa como incomprensiva, como ocurre a los
mentos de la asociación como ideas que exi- que solo tienen en la boca la palabra «com-
gen la génesis de su depuración a partir de la prensión»-, un curioso acuerdo, a mi enten-
experiencia, sino como significantes cuya der, excepcional en la historia del pensamien-
constitución implica en primer lugar su rela- to, entre el decir de Freud y la Cosa que nos
ción con lo que se esconde de radical en la es- descubre. La lucidez que esto implica es evi-
tructura como tal, es decir; el principio de la dente, pero, después de todo, en conformidad
permutación, a saber, que una cosa pueda po- con lo que nos descubre, diré incluso que el
nerse en el lugar de otra y por esto solamente acento de conciencia puesto sobre tal o cual
representarla. punto de su pensamiento es aquí secundario.

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

Las representaciones ya no tienen nada de namiento efectivo, en cuanto Freud descubre


apolíneo. Poseen un destino elemental. Nues- en este la cadena de los efectos propiamente
tro aparato neurológico opera de modo que inconscientes.
alucinamos lo que puede responder en noso- Solo se percibió auténticamente la inver-
tros a nuestras necesidades. Quizá se trate de sión que, en el nivel del doble principio, im-
un perfeccionamiento respecto de lo que po- plica el efecto del inconsciente. Inversión o,
demos presumir de la forma de reaccionar de más bien, recusación de los elementos con los
la ostra protegida en su peñasco, pero su peli- que se suelen asociar estos principios.
gro radica en que nos pone a merced de un Al cuidado de la satisfacción de la necesi-
simple muestreo gustativo, si puede decirse dad se consagra la función del principio de
así, o palpatorio, de la sensación. Al final solo realidad, y especialmente lo que se vincula a
nos queda pellizcarnos para saber si estamos ello de manera episódica como conciencia, en
soñando. Tal es por lo menos el esquema que la medida en que la conciencia está ligada a
podemos dar de lo que se articula en el doble los elementos de lo sensorial privilegiado por-
principio que gobierna según Freud el aconte- que están interesados en la imagen primordial
cimiento psíquico, principio de placer y prin- del narcisismo. Inversamente, todos los proce-
cipio de realidad, en la medida en que allí se sos del pensamiento, que comprenden -iba a
articula la fisiología de la relación llamada na- decir comprometen- el juicio mismo, están
tural del hombre con el mundo. dominados por el principio de placer. Yacen
No nos demoraremos en la paradoja que en el inconsciente, de donde solo son sacados
constituye tal concepción desde el punto de por la verbalización teorizante que los extrae
vista de una teoría de la adaptación de la con- para la reflexión, cuyo único principio de efi-
ducta, en la medida en que esta dicta la ley del cacia es que ya están organizados, como seña-
intento de reconstrucción de cierta concep lamos ayer, según la estructura del lenguaje.
ción de la etología. Deberá verse lo que intro- La verdadera razón del inconsciente es que
duce, en este esquema del aparato, su funcio- el hombre sepa desde el origen que subsiste

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

en una relación de ignorancia, lo que significa hipotético en la medida en que ese sujeto de-
que el acontecimiento psíquico del hombre saparece, se desvanece -fading del sujeto, y no
implica una primera división por la cual todo término- bajo la estructura significante. La
aquello en lo que este repercute -sea cual ruc- intención muestra, en efecto, que esta estruc-
re el capítulo en el que se lo ubique: apetito, tura ya está allí antes que el sujeto tome la pa-
simpatía y, en general, placer- deja fuera y labra y se haga con ella portador de alguna
contornea la Cosa a la que está destinado todo verdad o pretenda algún reconocimiento. La
lo que él experimenta en una orientación del Cosa es, pues, lo que en el ser vivo, quienquie-
significante ya predicativo. ra que fuere que habite el discurso y se pro-
No saqué todo esto del Entwurf, ese «Pro- nuncie en palabras, marca el lugar donde pa-
yecto de psicología» descubierto en los pape- dece porque el lenguaje se manifiesta en el
les de la correspondencia de Freud con Fliess. mundo. De este modo aparece el ser en todos
Allí resulta claro, ciertamente, pero solo cobra los lugares donde el Eros de la vida halla el lí-
valor si se muestra el esqueleto de una refle- mite de su tendencia unitiva.
xión que se despliega en una práctica indiscu- Esta tendencia a la unión está en Freud en
tible. La estrecha relación que Freud muestra el nivel orgánico, biológico, como se dice. No
de lo que llama la Wissbcgierde, lo que en ale- tiene sin embargo nada que ver con lo que
mán es muy fuerte, la cupido sciendi, que habría aprehende la biología, última en llegar de las
que decir en francés l'avidité curieuse [la curio- ciencias físicas. Este es un modo de captura
sa avidez], con la inflexión decisiva de la libi- erotizado de los principales orificios del cuer-
do, es un hecho masivo que se refleja en mil po. De allí la famosa definición freudiana de
rasgos determinantes en el desarrollo indivi- la sexualidad, de la que se quiso deducir una
dual del niño. pretendida relación de objeto llamado oral,
Esta Cosa, sin embargo, no es en absoluto anal, genital. Esta noción de relación de ob-
objeto y no podría serlo, debido a que su tér- jeto conlleva una profunda ambigüedad, has-
mino solo surge como correlato de un sujeto ta una confusión pura y simple, porque da a

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

un correlato natural un carácter de valor, ca- confirmaba que había sin duda en última ins-
muflado en una referencia a una norma de tancia algo irremediablemente equivocado
desarrollo. en la sexualidad humana.
Con tales confusiones la maldición de San Se entiende entonces por qué Ernest Jones,
Mateo respecto de los que recogen nuevos en el artículo necrológico que le tocó hacer de
bultos para cargar con ellos las espaldas de los quien era el maestro más apasionadamente ad-
otros afectaría a quienes autorizan en el hom- mirado, no pudo dejar -cuando, en realidad,
bre la suposición de alguna tara personal en el era partidario declarado de una Aufklärung de-
principio de la insatisfacción. cididamente antirreligiosa- de situarlo, por su
Freud, mejor de lo que lo hizo siempre concepción del destino del hombre, bajo el
con el correr de los siglos la casuística onto- patrocinio de, según escribe, los Padres de la
lógica, detectó los motivos de la degradación Iglesia.
de la relación amorosa, que refirió primero Más aún. Si Freud imputa a la moralidad
al drama del Edipo, es decir, a un conflicto sexual el nerviosismo reinante en la civiliza-
dramático que articula una división más pro- ción moderna, no pretende siquiera tener una
funda del sujeto, una Urverdrägung, una re- solución para proponer en general para lo-
presión arcaica. Por lo tanto, dando lugar a la grar una mejor disposición de esta moralidad.
represión secundaria que obliga a separarse a El objeto recientemente imaginado por el
las corrientes que él distingue como las de la psicoanálisis como medida de la adecuación
ternura y el deseo, Freud nunca tuvo sin em- libidinal, mostraría por su tipo toda una reali-
bargo la audacia de proponer una cura radi- dad como modo de relación del sujeto con el
cal de este conflicto inscripto en La estructu- mundo. Relación voraz, relación retentiva, o
ra. Si él destacó, como nunca antes lo había incluso -como se expresa con un término que
hecho ninguna caracterología primitiva ni lleva la marca de una intención moralizante
moderna, lo que designó como los tipos libi- con la cual, debe decirse, la defensa del psi-
dinales, fue para formular expresamente que coanálisis en Francia creyó tener que adornar

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

su primera parranda- relación oblativa, que falo en el producto del alumbramiento, más
se revelaría el acontecimiento idílico de la re- allá de que este deba o no tenerlo.
lación genital. Pero, ¡ay!, ¿corresponde al psi- Este tercer objeto, el falo, separado de la
coanalista reprimir la perversión profunda dispersión osiriana a la que aludíamos hace
del deseo humano en el infierno de lo prege- poco, desempeña la función metonímica más
nital connotado de regresión afectiva? ¿Le co- secreta según se interponga o se reabsorba en
rresponde regresar al olvido la verdad reco- el fantasma del deseo. Debe entenderse que
nocida en el misterio antiguo, que «Eros es este fantasma está en el nivel de la cadena del
un dios negro»? inconsciente, lo que corresponde a la identifi-
El objeto del que nos valemos no traza cación del sujeto que habla como yo en el dis-
más que una burda imputación de los efectos curso de la conciencia. En el fantasma, el suje-
de frustración que el análisis se encargaría de to se siente como lo que él quiere en el nivel
atemperar. El único resultado es camuflar se- del Otro [Autre], esta vez con A mayúscula, es
cuencias mucho más complejas, cuya riqueza decir, en el lugar donde él es verdad sin con-
y singularidad parecen sufrir un extraño ciencia y sin recursos. Allí se realiza en esta au-
eclipse en cierta utilización ortopédica del sencia espesa que se llama el deseo.
análisis. El deseo no tiene objeto, salvo, como mues-
El papel singular del falo en la profunda tran sus singularidades, aquel accidental, nor-
disparidad -busco aquí un equivalente del tér- mal o no, que llegó a significar, ya sea en un
mino inglés odd- de su función, la función vi- relámpago o en una relación permanente, los
ril, se sitúa en la duplicidad de la castración confines de la Cosa, es decir, de esa nada en
dominada por el Otro, cuya dialéctica parece torno de la cual toda pasión humana estrecha
sujeta al pasaje por la fórmula «él no es sin te- su espasmo de modulación corta o larga y de
nerlo», mientras que la feminidad, sometida a retorno periódico.
la experiencia primitiva de la privación, termi- La pasión de la boca más apasionadamen-
na anhelando hacer existir simbólicamente el te atiborrada es esa nada donde, en la anore-

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

xia mental, el deseo reclama la privación en ¿Solo he logrado introducir en su espíritu


el lugar donde se refleja el amor. La pasión las cadenas de esta topología que pone en el
del avaro es esa nada a la que se reduce el ob- centro de cada uno de nosotros este lugar
jeto encerrado en su adorado cofrecillo. ¿Có- abierto desde donde la nada nos interroga so-
mo lograría satisfacerse la pasión del hombre bre nuestro sexo y nuestra existencia? Este es
sin la cópula que conjuga el ser como falta y el sitio donde tenemos que amar al prójimo
esta nada? como a nosotros mismos, porque en él este lu-
Por eso, si la mujer se contenta, en secreto gar es el mismo.
para sí misma, con aquel que satisface a la vez Seguramente, nada está más cerca de noso-
su necesidad y esta falta, el hombre, que busca tros que este lugar. Para que se entienda, to-
su falta en ser más allá de su necesidad, con to- maré prestada la voz del poeta que, sean cua-
do mejor asegurada que la de la mujer, en- les fueren sus acentos religiosos, los surrealis-
cuentra aquí la vertiente de una inconstancia tas reconocieron como uno de los suyos entre
o, más exactamente, de una duplicación del sus mayores. Me refiero a Germain Nouveau,
objeto, cuyas afinidades con lo que hay de fe- quien firmaba Humilis.
tichista en la homosexualidad fueron muy cu-
riosamente trabajadas por la experiencia ana- Hermano, oh dulce mendigo que cantas a todos los
lítica, aunque no siempre justamente y bien vientos,
reunidas en la teoría. Amate como el aire del cielo ama al viento.
No deben pensar, sin embargo, que sitúo a
la mujer como más favorecida en el camino Hermano, al conducir los bueyes por los montículos
del goce. Sus dificultades tampoco faltan y son de tierra,
probablemente más profundas. Pero no es Amate como en los campos la gleba ama la tierra.
nuestro objetivo tratarlas aquí, aunque deba
abordarla pronto nuestro grupo con la cola- Hermano que haces el vino con la sangre de las
boración de la Sociedad holandesa. uvas de oro,

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

Amate como una cepa ama sus racimos de oro. mo un momento decisivo de su descubrimien-
to- la ambivalencia por la cual el odio sigue co-
Hermano que haces el pan con corteza dorada y mo su sombra todo amor por ese prójimo que
miga, es también para nosotros lo más extranjero.
Ámate como en el horno la corteza ama la miga. ¿Cómo no hostigarlo entonces con pruebas
que hagan salir de este el único grito que po-
Hermano que haces la ropa, alegre tejedor de paño, drá hacer que lo conozcamos? ¿Cómo Kant no
Amate como en él la lana ama el paño. ve con qué tropieza su razón práctica, burgue-
sa, por erigirse en regla universal? El carácter
Hermano cuyo barco surca el azul verdoso de las
endeble de las pruebas que presenta solo tie-
olas,
ne a su favor la debilidad humana, de la que se
Ámate como en el mar las mareas aman las olas.
sostiene el cuerpo desnudo que un Sade pue-
de darle, el goce desenfrenado y para todos.
Hermano tañedor de laúd, que casas alegremente
Haría falta allí algo más que sadismo: un amor
los sonidos,
absoluto, es decir, imposible.
Ámate como sentimos que la cuerda ama los sonidos.
¿Resulta que aquí está la clave de esta fun-
Pero en Dios, hermano, debes saber amar como a ti ción de la sublimación en la que estoy dete-
mismo niendo a quienes me siguen en mi enseñanza?
A tu hermano, y, sea quien sea, que sea como a ti De diversas maneras el hombre intenta arre-
mismo. glarse con la Cosa: en el arte fundamental,
que la representa en el vacío del jarrón donde
se fundó la alianza de siempre; en la religión,
Este es el mandamiento del amor al próji- que le inspira el temor a la Cosa y lo hace man-
mo. Desconcertado por su invocación, Freud tenerse a justa distancia; en la ciencia, que no
tiene razón en detenerse en este punto, porque cree en ella, pero que hoy vemos confrontada
la experiencia muestra -y el análisis articula co- con la maldad de la Cosa.

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JACQUES LACAN DISCURSO A LOS CATÓLICOS

El Trieb freudiano, noción primera y más incluso entre quienes podrían parecer los me-
enigmática de la teoría, tropezó, para gran es- jor preservados.
cándalo de sus discípulos, con la forma y la Me contaron que hay seminarios donde se
fórmula del instinto de muerte. Esta es, sin hace la psicología de Cristo. ¿Qué significa?
embargo, la respuesta de la Cosa cuando no se ¿Se trata de saber por dónde podía atraparse
quiere saber nada de ella. Ella tampoco sabe su deseo?
nada de nosotros. Yo enseño algo cuyo término es oscuro. De-
¿Pero no hay allí también una forma de la bo disculparme: me empujó a ello una necesi-
sublimación en torno de la cual el ser del dad imperiosa, de la que lo que me hizo apa-
hombre, una vez más, gira sobre sus goznes? recer aquí ante ustedes no es más que un pe-
¿Esta libido de la que Freud nos dice que nin- queño momento, que los ayudará, espero, a
guna fuerza en el hombre es ya susceptible de comprender.
sublimarse no es acaso el último fruto de la su- Pero no me alegra estar aquí. Mi lugar no
blimación con la que el hombre moderno res- es este, sino la cabecera del lecho donde mi
ponde a su soledad? paciente me habla.
Por eso, que el filósofo no se levante, como
¡Que la prudencia me preserve de avanzar ocurrió con Ibn Arabi, para venir a mi encuen-
demasiado rápido! tro prodigándome las marcas de su considera-
Protejamos las leyes, que son lo único que ción y su amistad, para finalmente abrazarme
nos permite encontrar el camino de la Cosa. y decirme: Sí.
La Cosa está circunscripta por las leyes de la Por supuesto, como Ibn Arabi, le responde-
palabra. ré diciéndole: Sí Y su alegría aumentará al
Les planteé la pregunta que está en el cora- constatar que lo habré comprendido.
zón de la experiencia freudiana. Tal vez lo hi- Pero al tomar conciencia de lo que habrá
ce locamente porque las trampas de la domi- provocado su alegría, deberé agregar: No.
nación psicológica están apenas descubiertas

64 65
El triunfo de la religión
GOBERNAR, EDUCAR, PSICOANALIZAR

—¿Por qué dice usted que el psicoanalista está


en una posición insostenible?

Destaco que no soy el primero en decirlo.


Antes lo dijo alguien en quien, pese a todo, se
puede confiar en lo que respecta a la posición
del psicoanalista, a saber, Freud.
Freud extendía el rasgo de ser insostenible
a algunas otras posiciones, entre ellas, la de
gobernar. Lo que significa que una posición
insostenible es justamente aquello hacia lo
cual todo el mundo se precipita, puesto que
nunca faltan candidatos para gobernar. Ocu-
rre lo mismo en el psicoanálisis, donde los
candidatos no faltan.

69
J A C Q U E S L A C A N EL T R I U N F O DE LA RELIGIÓN

«Analizar», «gobernar», y Freud agregaba: ción, una compilación dirigida por Jean Châ-
«educar». teau. que era alumno de Alain. Aún no lo ter-
Aquí los candidatos faltan aun menos. Es in- miné. Al leer este libro sensacional que empie-
cluso una posición reputada como ventajosa. za con Platón y sigue con algunos pedagogos,
Quiero decir que no solo no faltan candidatos, se percibe que lo que constituye el trasfondo
sino tampoco gente que recibe el sello, que es- de la educación es cierta idea de lo que se ne-
tá autorizada para educar. Esto no quiere decir cesita para hacer hombres -como si fuera la
que tengan la más mínima idea de lo que signi- educación lo que los hiciera-.
fica educar. La gente no se da muy bien cuenta A decir verdad, no es obligatorio que el
de lo que pretende hacer cuando educa. Se es- hombre sea educado, ya que él realiza su edu-
fuerzan, sin embargo, por tener una vaga idea, cación solo. De una manera u otra, se educa.
pero raramente reflexionan sobre el tema. Hace falta que aprenda algo, que sude la gota
El signo de que hay, pese a todo, algo capaz gorda, y los educadores son personas que
de inquietarlos por lo menos de vez en cuan- creen poder ayudarlo. Piensan incluso que hay
do es que suelen ser víctimas de una cosa muy un mínimo para dar a fin de que los hombres
particular que solo los analistas conocen ver- sean hombres, y que esto pasa por la educa-
daderamente bien, a saber, la angustia. Son ción. No están en absoluto errados: se necesi-
presa de la angustia cuando piensan en lo que ta, en efecto, cierta educación para que los
significa educar. Existen un montón de reme- hombres lleguen a soportarse entre sí.
dios contra la angustia, en particular cierto En relación con esto, está el analista.
número de «concepciones del hombre», de lo Gobernar y educar se distinguen conside-
que es el hombre. Aunque nadie se dé cuenta, rablemente respecto de analizar, puesto que
la concepción que puede tenerse del hombre es algo que se hace desde siempre. Y esto pro-
varía enormemente. lifera. No se cesa de gobernar, no se cesa de
Hace muy poco tiempo me interesé en un educar. El analista, por su parte, no tiene nin-
muy buen libro que se relaciona con la educa- guna tradición; es un auténtico recién llega-

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JACQUES LACAN EL TRIUNFO DE LA RELIGIÓN

do. De modo que entre las posiciones imposi- La llegada del analista a su propia función
bles se encontró una nueva. No resulta espe- permitió iluminar de soslayo lo que son las
cialmente cómodo para la mayoría de los otras funciones. Dediqué todo un año de semi-
analistas sostener esta posición cuando no se nario a explicar la relación que se desprende
tiene más que un siglo tras de sí como refe- de la existencia de esta función completamen-
rencia. La novedad refuerza el carácter impo- te nueva que es la función analítica, y de qué
sible de la cosa. modo esta aclara las otras. Esto me condujo a
Los analistas, a partir del primero de ellos, mostrar articulaciones que no son comunes. Si
descubrieron esta posición, y se percataron fueran comunes, las funciones no diferirían.
muy bien de su carácter imposible, que refle- Mostré cómo puede manipularse esto, y de ma-
jaron en la posición de gobernar y en la de nera muy simple, gracias a cuatro pequeños
educar. Como se encuentran en el estadio del elementos que cambian de lugar y giran. Esto
despertar, percibieron que tanto la gente que termina produciendo cosas muy interesantes.
gobierna como la que educa no tienen ningu-
na idea de lo que hace, lo que no les impide
hacerlo, e incluso no demasiado mal. Después LA ANGUSTIA DE LOS CIENTÍFICOS
de todo, se necesitan gobernantes, y es un he-
cho que los gobernantes gobiernan. No solo Hay algo de lo que Freud no había habla-
gobiernan, sino que esto satisface a todo el do, porque para él era tabú, a saber, la posi-
mundo. ción del científico. Se trata asimismo de una
posición imposible, solo que la ciencia no tie-
—Volvemos a Platón. ne aún la menor idea, y esta es su suerte. Re-
cién ahora los científicos empiezan a tener cri-
Sí, volvemos a Platón. No es difícil volver a sis de angustia.
Platón. Platón dijo gran cantidad de trivialida- Sus crisis de angustia no son más importan-
des y, naturalmente, volvemos a ellas. tes que cualquier otra crisis de angustia. La an-

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J A C Q U E S L A C A N E L T R I U N F O D E L A R E L I G I Ó N

gustia es algo completamente fútil, cobarde. menos provisional. Se pensó que había que re-
Pero es divertido haber visto últimamente a al- flexionar un poco más antes de seguir avan-
gunos de los científicos que trabajan en labo- zando con algunos trabajos sobre las bacterias.
ratorios completamente serios alarmarse de ¡Qué alivio sublime sería, sin embargo, si de
repente, avoir les foies, lo que significa en fran- pronto nos viéramos ante una verdadera plaga
cés «tener miedo», y pensar: «Supónganse que salida de manos de los biólogos! Sería verda-
un día, después que las hayamos convertido deramente un triunfo. Significaría que la hu-
en un instrumento sublime de destrucción de manidad habría llegado verdaderamente a al-
la vida, viene un tipo y saca del laboratorio to- go: su propia destrucción. Se vería allí el signo
das estas bacterias con las que hacemos cosas de la superioridad de un ser sobre todos los
tan maravillosas». demás. No solo su propia destrucción, sino la
Todavía no ocurrió. No lo lograron. Pero destrucción de todo el mundo viviente. Sería
comienzan a tener una leve idea de que po- verdaderamente el signo de que el hombre es
drían fabricarse bacterias resistentes a todo, capaz de cualquier cosa. Pero esto produce, de
que ya no se podrían detener, y que probable- todos modos, un poco de angustia. Todavía no
mente limpiarían de la faz de la Tierra todas llegamos a eso.
esas porquerías, en particular humanas, que la Como la ciencia no tiene la menor idea de
habitan. Entonces, de pronto experimentaron lo que hace, salvo cuando surge este ligero ac-
una crisis de responsabilidad y embargaron ceso de angustia, seguirá cierto tiempo. Y pro-
cierto número de investigaciones. bablemente debido a Freud a nadie se le ocu-
Quizás esta idea no sea tan mala, quizá lo rrió siquiera decir que era tan imposible tener
que hacen podría ser muy peligroso. No lo una ciencia que diera resultados como gober-
creo. La animalidad no descansa. No son las nar y educar. Pero si de todos modos se lo pue-
bacterias las que nos liberarán de todo eso. Pe- de apenas sospechar es por el análisis.
ro ellos tuvieron una crisis de angustia típica, El análisis es una función todavía más im-
y se lanzó una especie de prohibición, por lo posible que las otras. No sé si usted está al co-

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JACQUES LACAN EL T R I U N F O DE LA RELIGIÓN

rriente, este se ocupa muy especialmente de lo ligero remolino. Uno de mis alumnos, que ha-
que no anda bien. Por eso, se ocupa de esa co- bía asistido durante todo el año a mi semina-
sa que conviene llamar por su nombre -debo rio sobre la angustia, vino a verme entusiasma-
decir que hasta ahora soy el único que la lla- do, hasta tal punto que me dijo que había que
mó con este nombre-: lo real. meterme en una bolsa y ahogarme. Me amaba
Esta es la diferencia entre lo que anda y lo tanto que esta era la única conclusión posible
que no anda: lo que anda es el mundo, y lo para él. Le grité palabras injuriosas y lo eché
real es lo que no anda. El mundo marcha, gi- fuera, lo que no le impidió sobrevivir e inclu-
ra en redondo, es su función de mundo. Para so unirse finalmente a mi Escuela.
percibir que no hay mundo, a saber, que hay Ya ven cómo son las cosas. Las cosas están
cosas que solo los imbéciles creen que están hechas de extravagancias. Quizás este sea el
en el mundo, basta destacar que hay cosas que camino por el que puede esperarse un futuro
hacen que el mundo sea inmundo, si me per- del psicoanálisis -haría falta que este se consa-
miten expresarme de este modo. De esto se gre lo suficiente a la extravagancia—.
ocupan los analistas, de manera que, contra-
riamente a lo que se cree, se confrontan mu-
cho más con lo real que los científicos. Solo se EL TRIUNFO DE LA RELIGIÓN
ocupan de eso. Están forzados a sufrirlo, es de-
cir, a poner el pecho todo el tiempo. Para ello —Usted dijo hace poco: «Si la religión triunfa,
es necesario que estén extremadamente aco- es porque el psicoanálisis habrá fracasado». ¿ Cree
razados contra la angustia. Ya es algo que por que hoy se va al psicoanalista como antes se visita-
lo menos puedan hablar de la angustia. ba al confesor?
Cuando hablé de ella hace tiempo, en
1962-1963, en el momento en que tuvo lugar La pregunta no podía faltar. Esta historia
en lo que llaman el psicoanálisis francés la se- de la confesión es agotadora. ¿Por qué cree
gunda escisión, esto produjo algún efecto, un que la gente se confiesa?

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JACQUES LACAN EL T R I U N F O DE LA RELIGIÓN

—Cuando uno va al psicoanalista, también se tenderá, y la religión tendrá entonces muchos


confiesa. más motivos aún para apaciguar los corazones.
La ciencia, que es lo nuevo, introducirá mon-
¡De ninguna manera! No tiene nada que tones de cosas perturbadoras en la vida de ca-
ver. En el análisis, se empieza por explicar a la da uno. Sin embargo, la religión, sobre todo la
gente que no están allí para confesarse. Este es verdadera, tiene recursos que ni siquiera po-
el principio de nuestro arte. Están allí para de- demos sospechar. Por ahora basta ver cómo
cir cualquier cosa. bulle. Es algo absolutamente fabuloso.
Se tomaron su tiempo, pero de pronto com-
—¿ Cómo explica el triunfo de la religión sobre el prendieron cuáles eran sus posibilidades fren-
psicoanálisis ? te a la ciencia. Será necesario que den un sen-
tido a todas las perturbaciones que introduzca
De ningún modo por medio de la confe- la ciencia. Y sobre el sentido conocen bastante,
sión. El psicoanálisis no triunfará sobre la reli- ya que son capaces de dar sentido a cualquier
gión, justamente, porque la religión es inago- cosa: un sentido a la vida humana, por ejem-
table. El psicoanálisis no triunfará, sobrevivirá plo. Se formaron para eso. Desde el comienzo,
o no. todo lo que es religión consiste en dar un sen-
tido a las cosas que antes eran las cosas natura-
—¿Está seguro de que la religión triunfará? les. No es porque las cosas se volverán menos
naturales, gracias a lo real, que se dejará sin
Sí. No solo triunfará sobre el psicoanálisis, embargo de segregar sentido. Y la religión da-
también lo hará sobre un montón de otras co- rá sentido a las pruebas más curiosas, esas en
sas. Ni siquiera se puede imaginar lo poderosa las que los propios científicos comienzan a ex-
que es la religión. perimentar un poquito de angustia. La reli-
Hace instantes hablé de lo real. Por poco gión les encontrará sentidos truculentos. Basta
que la ciencia ponga de su parte, lo real se ex- ver cómo interpretan hoy, cómo se actualizan.

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JACQUES LACAN EL T R I U N F O DE LA RELIGIÓN

—¿El psicoanálisis se volverá una religión? giones es algo verdaderamente horrible. Hay
una verdadera religión y esta es la cristiana.
¿El psicoanálisis? No. Por lo menos, es lo Solo se trata de saber si esta verdad resistirá, a
que espero. Quizá se vuelva efectivamente una saber, si será capaz de segregar sentido de mo-
religión, por qué no, pero no creo que ese sea do tal que nos ahoguemos verdaderamente
mi sesgo. El psicoanálisis no surgió en cual- bien en él. Ciertamente lo logrará porque tie-
quier momento histórico. Surgió correlativa- ne recursos. Ya hay montones de cosas prepa-
mente a un paso fundamental, a cierta avanza- radas para ello. Interpretará el Apocalipsis de
da del discurso de la ciencia. San Juan, cosa que muchos ya intentaron, y
Les diré lo que dije sobre el tema en mi hallará una correspondencia de todo con to-
breve informe, el asunto ese que cavilé para do. Esta es incluso su función.
este Congreso: el psicoanálisis es un síntoma. El analista, por su parte, es algo completa-
Solo falta comprender de qué. Claramente, mente distinto. Se encuentra en un momento
forma parte de ese malestar en la cultura del de muda. Durante un momento, se percibió lo
que habló Freud. Lo más probable es que no que era la intrusión de lo real. El analista sigue
nos quedaremos allí percibiendo que el sínto- allí. Está allí como un síntoma. Solo puede per-
ma es lo más real que existe. Nos segregarán durar como síntoma. Pero ya verá que se cura-
sentido a pedir de boca y esto alimentará no rá a la humanidad del psicoanálisis. A fuerza de
solo a la verdadera religión, sino a un montón ahogarlo en el sentido, en el sentido religioso,
de falsas. por supuesto, se logrará reprimir este síntoma.
¿Entiende? ¿Se le prendió una lucecita en
—¿Qué significa «la verdadera religión»? sus entendederas? ¿No cree que la mía es una
posición mesurada?
La verdadera religión es la romana. Inten-
tar meter todas las religiones en la misma bol- —Escucho.
sa y hacer lo que se llama historia de las reli-

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EL T R I U N F O DE LA RELIGIÓN
JACQUES LACAN

Escucha, sí. ¿Pero capta algo que se parez- tación de los sueños no se vendió mucho cuan-
ca a lo real? do apareció, y en quince años quizá se com-
praron trescientos ejemplares. A Freud le re-
—Escucho, tomo nota, y luego me tocará hacer sultó muy difícil introducir en el pensamien-
una especie de resumen. to de sus contemporáneos algo tan específico
y a la vez tan poco filosófico como el incons-
¿Hará un resumen? ¡Tiene suerte! En efec- ciente. No se trata de que haya tomado de ya
to, saque de esto lo que pueda. En el psicoaná- no sé quién, de Herbart, la palabra Unbewuss-
te, que no era en absoluto lo que los filósofos
lisis hubo un momento semejante, un relám-
llamaban «inconsciente». Esto no tenía nada
pago de verdad, lo que en modo alguno forzo-
que ver.
samente dura.
Yo me esforcé por demostrar cómo se espe-
cifica el inconsciente de Freud. Poco a poco
CEÑIR EL SÍNTOMA
los universitarios habían logrado digerir lo que
Freud, por otra parte con mucha habilidad, se
—Sus Escritos son muy oscuros, muy difíciles. había esforzado por volverles comestible, dige-
Alguien que quiere comprender sus propios proble- rible. Freud mismo se prestó a la cosa al querer
mas leyéndolos, se encuentra en un profundo des- convencer. El sentido del retorno a Freud es
concierto, incómodo. Tengo la impresión de que el re- mostrar lo que hay de decisivo en lo que Freud
torno a Freud es problemático, porque su relectura de había descubierto, y que hacía entrar en el jue-
los textos freudianos vuelve más complicada aún la go de una manera completamente inesperada,
lectura de Freud. porque era verdaderamente la primera vez
que se veía surgir algo que no tenía estricta-
mente nada que ver con lo que alguien hubie-
Quizá se deba a que muestro lo que el pro-
ra dicho antes. El inconsciente de Freud es la
pio Freud dedicó mucho tiempo a meter en
incidencia de algo completamente nuevo.
la cabeza de sus contemporáneos. La interpre-

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JACQUES LACAN EL TRIUNFO DE LA RELIGIÓN

Y además voy a decirle una cosa que carac- prenderlos. Y como no se los comprende, se lo
teriza mis Escritos. sigue intentando. No lo hice a propósito para
No escribí mis Escritos para que se los com- que no los comprendan, fue una consecuen-
prenda, los escribí para que se los lea, lo que cia de las cosas. Yo hablaba, daba clases muy
no es en absoluto lo mismo. De hecho, con- coherentes y muy comprensibles, pero como
trariamente a lo que pasó con Freud, hay in- solo las transformaba en escritos una vez por
cluso bastante gente que los lee. Ciertamente año, el resultado era un escrito que, en rela-
tienen más lectores que los que tuvo Freud ción con el caudal de lo que había dicho,
durante quince años. Al final, por supuesto, constituía un concentrado completamente in-
Freud logró un éxito enorme de ventas, pero creíble, que es preciso poner en el agua como
lo esperó mucho tiempo. Yo nunca esperé na- las flores japonesas para verlo desplegarse. Es-
da parecido. Para mí fue una sorpresa total ta comparación tiene su valor.
que mis Escritos se vendan. Nunca entendí co- Ya escribí hace mucho tiempo que es bas-
mo ocurrió. tante habitual que en diez años uno de mis Es-
Compruebo, en cambio, que aunque no se critos se vuelva transparente. ¡Incluso usted, es-
los comprenda, provocan algo en la gente, co- timado amigo, comprendería! En diez años,
mo observé a menudo. Es completamente mis Escritos, incluso en Italia, incluso traduci-
cierto que durante algún tiempo no compren- dos como lo están, les parecerán moco de pa-
den nada, pero esto les produce algo. Por eso, vo, lugares comunes. Porque hay algo bastan-
me vería llevado a creer que, contrariamente a te curioso, y es que incluso escritos muy serios
lo que se imagina afuera, se los lee. Suele ima- se vuelven finalmente lugares comunes. Ya ve-
ginarse que la gente compra mis Escritos y no rán, en muy poco tiempo encontrarán a Lacan
los abre. Es un error. Los abren e incluso los en cada esquina. Como Freud, ¡vamos! Todos
trabajan, y hasta se matan haciéndolo. Eviden- se imaginan que leyeron a Freud porque
temente, cuando se empiezan mis Escritos, lo Freud circula por todas partes, en los periódi-
mejor que se puede hacer es intentar com- cos, etcétera.

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JACQUES LACAN EL T R I U N F O DE LA R E L I G I Ó N

Verán que también a mí me ocurrirá, como dida de lo que es lo que llamo en mi discurso
puede ocurrirle a cualquiera si se empeñan en el parlêtre.
ello -si se hicieran cosas un poco más ceñidas, El parlêtre es una manera de expresar el in-
ceñidas en torno de un punto completamente consciente. El hecho completamente impre-
preciso que es lo que llamo el síntoma, a saber, visto y totalmente inexplicable de que el hom-
lo que no anda-. bre sea un animal parlante, saber lo que es,
En un momento de la historia hubo bas- con qué se fabrica esta actividad de la palabra,
tante gente ociosa para ocuparse muy espe- es el tema sobre el que intento echar alguna
cialmente de lo que no anda y dar una fór- luz con lo que les contaré en este Congreso.
mula de «lo que no anda» en estado nacien- Está muy ligado a ciertas cosas que Freud con-
te, si puedo decirlo así. Como expliqué hace sideró como sexualidad. En efecto, existe una
instantes, todo esto volverá a girar en redon- relación, pero esto se vincula con la sexuali-
do, todo se ahogará en las mismas cosas, las dad de una manera muy particular.
más repugnantes entre las que conocimos Eso es. Ya verá. Conserve este librito en su
desde hace siglos, y que naturalmente se res- bolsillo y reléalo en cuatro o cinco años, ¡verá
tablecerán. cómo se chupará los dedos!
Para eso fue pensada la religión, para cu-
rar a los hombres, es decir, para que no se den
cuenta de lo que no anda. Hubo un pequeño EL VERBO HACE GOZAR

relámpago -entre dos mundos, si puedo ex-


presarme así, entre un mundo pasado y un —Según lo que entendí, para la teoría lacania-
mundo que se reorganizará como un sober- na, en la base del hombre no está la biología o la fi-
bio mundo futuro-. No pienso que el psicoa- siología, sino el lenguaje. Ya lo había dicho San
nálisis detente ninguna clave del futuro. Pero Juan: «Al principio era el Verbo». Usted no agregó
habrá sido un momento privilegiado durante nada al respecto.
el cual se habrá tenido una bastante justa me-

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JACQUES LACAN EL T R I U N F O DE LA RELIGIÓN

Yo agregué un poquito. que las luces sean moderadas. La luz en sí es


Estoy completamente de acuerdo con que absolutamente insoportable. Por otra parte,
«Al principio era el Verbo». ¿Pero antes del nunca se habló de luz en el siglo de las Luces,
principio dónde estaba? Esto resulta verdade- se habló de Aufklärung, «¡Traiga una lampari-
ramente impenetrable. Está el evangelio de ta, por favor!» Ya es mucho, más incluso de lo
San Juan, solo que hay también otro asunto que podemos soportar.
que se llama el Génesis, y que no está en abso- Yo estoy a favor de San Juan y de su «Al
luto desligado del Verbo. Se juntó ambos di- principio era el Verbo», pero es un principio
ciendo que el Verbo era cosa de Dios Padre, y enigmático. Significa lo siguiente: para este
que se reconocía que el Génesis era tan verda- ser carnal, este personaje repugnante que es
dero como el evangelio de San Juan al respec- un hombre medio, el drama solo comienza
to, que con el Verbo Dios creó el mundo. Es cuando el Verbo está en el asunto, cuando es-
una cosa curiosa. te se encarna, como dice la religión, la verda-
En la Escritura judía, la Escritura santa, se dera. Cuando el Verbo se encarna las cosas
ve claramente para qué sirve que el Verbo ha- empiezan a andar francamente mal. Ya no es
ya estado no al principio sino antes del prin- en absoluto feliz, ya no se parece en lo más mí-
cipio. Ocurre que, como estaba antes del nimo al perrito que mueve la cola, ni tampoco
principio, Dios se creyó con el derecho de ha- al buen mono que se masturba. Ya no se pare-
cer todo tipo de amonestaciones a las perso- ce a nada. Está devastado por el Verbo.
nas a las que hizo un regalito, del tipo pio-pio, Yo también pienso que es el principio. Us-
como se llama a los pollitos. Él enseñó a Adán ted me dice que yo no descubrí nada, y es ver-
a nombrar las cosas. No le dio el Verbo por- dad. Nunca pretendí descubrir nada, todas las
que sería una empresa demasiado importan- cosas que tomé las saqué de aquí y de allá.
te, le enseñó a nombrar. No es gran cosa Y después, sobre todo, figúrese que tengo
nombrar, es algo hecho a la medida humana. alguna experiencia en este oficio sórdido que
Los seres humanos no piden más que eso, se llama ser analista, donde aprendo mucho al

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JACQUES LACAN EL T R I U N F O DE LA RELIGIÓN

respecto, y el «Al principio era el Verbo» cobra —¿No habría que, por el contrario, liberar al
más peso para mí. Le diré una cosa: si no hu- hombre de lo real? Entonces el psicoanálisis ya no
biera el Verbo, que, hay que decirlo, los hace tendría razón de ser.
gozar, ¿por qué volvería conmigo toda esa gen-
te que viene a verme, si no fuera para disfru- Si lo real se vuelve lo suficientemente agre-
tar una porción de Verbo? Yo lo percibo desde sivo...
ese ángulo. Es algo que les causa placer, se re-
gocijan. Sin eso, ¿por qué tendría clientes, por —La única salvación posible ante este real que
qué estos volverían tan regularmente durante se volvió tan destructivo es escapar a lo real.
años? ¡Se da cuenta!
Para el análisis por lo menos, es verdad, al ¿Rechazar completamente lo real?
principio está el Verbo. Si no estuviera, no veo
qué diablos haríamos juntos allí. —Una esquizofrenia colectiva, de alguna ma-
nera. En consecuencia, el fin del papel del psicoa-
nálisis.
ACOSTUMBRARSE A LO REAL

Esa es una manera pesimista de represen-


—Si las relaciones humanas se volvieron tan tar lo que creo que sería más simplemente el
problemáticas porque este real es tan invasor, agresi- triunfo de la verdadera religión. Rotular la ver-
vo, obsesionante, no haría falta... dadera religión como esquizofrenia colectiva
es un punto de vista muy especial, sostenible,
Todo lo que tenemos hasta ahora de real es estoy de acuerdo, pero muy psiquiátrico.
poco frente a lo que siquiera se puede imagi-
nar, porque justamente lo propio de lo real es —No es este mi punto de vista, yo no hablé de re-
que uno no se lo imagine. ligión.

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JACQUES LACAN EL T R I U N F O DE LA RELIGIÓN

No, no habló de ella, pero considero que lêtres que sexuamos como mujer. Aquí se pier-
1

sus palabras confluyen de manera sorprenden- den radicalmente los estribos. Esto es inclu-
te con aquello de lo que partí, a saber, que la so lo que especifica eso que solemos llamar
religión, a fin de cuentas, bien podía arreglar ser humano. En este punto, no hay ninguna
todo esto. De todos modos, no es necesario oportunidad de conseguir nada nunca, es de-
dramatizar demasiado. Debemos poder acos- cir, de lograr la fórmula, algo que se escriba
tumbrarnos a lo real. científicamente. De allí la proliferación de
El síntoma no es aún verdaderamente lo los síntomas, porque todo se aferra ahí. Por
real. Es la manifestación de lo real en nuestro eso Freud tenía razón en hablar de sexuali-
nivel de seres vivos. Como seres vivos, estamos dad, ya que para el parlêtre la sexualidad es
carcomidos, mordidos por el síntoma. Esta- desesperanzada.
mos enfermos, eso es todo. El ser hablante es Pero el real al que accedemos mediante
un animal enfermo. «Al principio era el Ver- formulitas, el verdadero real, es algo comple-
bo» dice lo mismo. tamente distinto. Hasta ahora solo tenemos
Pero lo real real, si puedo decirlo así, el como resultado gadgets. Se manda un cohete a
verdadero real es ese al que podemos acce- la luna, tenemos la televisión, etcétera. Eso
der por un camino completamente preciso nos come, pero nos come mediante cosas que
que es el camino científico, el camino de las remueve en nosotros. Por algo la televisión es
pequeñas ecuaciones. Ese real es justamente devoradora. Ocurre que, a pesar de todo, nos
el que nos falta por completo. Estamos del interesa. Nos interesa por cierto número de
todo separados de él. ¿Por qué? Debido a al- cosas completamente elementales que po-
go que nunca llegaremos a dominar. Por lo drían enumerarse, de las que podría hacerse
menos es lo que creo, aunque yo no haya po- una breve lista. Pero, finalmente, uno se deja
dido nunca demostrarlo en absoluto. Nunca
1 . E n f r a n c é s : les pédales sont radicalement perdues, q u e asi-
llegaremos a dominar la relación entre esos
m i s m o p u e d e leerse c o m o : «los m a r i c a s e s t á n r a d i c a l m e n t e
parlêtres que sexuamos como varón y esos par- perdidos». [ N . de la T.]

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JACQUES LACAN
EL T R I U N F O DE LA R E L I G I Ó N

comer. Por eso no me cuento entre los alar- —«Fe», «foro», «feria», son juegos de palabras.
mistas ni entre los angustiados. Cuando nos
hartemos, eso se detendrá, y nos ocuparemos Son juegos de palabras, es verdad. Pero, co-
de las cosas verdaderas, a saber, de lo que lla- mo sabe, yo concedo mucha importancia a los
mo religión. juegos de palabras. Creo que esta es la clave
del psicoanálisis.
—[...] Lo real es trascendente [...]. En efecto,
los gadgets nos comen.
NO FILOSOFAR
Sí. Yo, por mi parte, no soy muy pesimista.
Habrá un taponamiento del gadget. Su extra- —En su filosofía...
polación, que hace converger lo real y lo tras-
cendente, me parece un acto de fe.
Yo no soy en absoluto filósofo.

—Se lo pregunto, ¿ hay algo que no sea un acto —Una nozione ontologica, metafísica del
de fe?
reale...

Eso es lo horrible, siempre estamos en la No es en absoluto ontologica.


feria.
—Usted toma una noción kantiana de lo real.
—Yo dije «fe», no dije «feria».
Pero no es en absoluto kantiana. Esto es al-
Esa es mi manera de traducir «fe». La fe es go sobre lo que incluso insisto. Si hay noción
la feria. Hay tantas fes, fes que se meten en los de lo real, esta es extremadamente compleja, y
rincones, que, pese a todo, eso solo se dice por esta razón no se la puede captar de una
bien en el foro, es decir, la feria. manera que implicaría todo. Sería una noción

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JACQUES LACAN EL T R I U N F O DE LA R E L I G I Ó N

increíblemente anticipadora pensar que haya Ciertamente, aquí perdemos por completo
un todo de lo real. Mientras no lo hayamos ve- los estribos. Como estamos situados en un
rificado, creo que vale más evitar decir que lo punto preciso del tiempo, ¿cómo decir lo que
real sea de alguna manera un todo. sea a propósito de una ley que, según Poinca-
Llegó a mis manos un breve artículo de ré, ya no sería una ley? Pero después de todo,
Henri Poincaré sobre la evolución de las leyes, ¿por qué no pensar también que quizás un día
que seguramente usted no conoce; es inhalla- podamos saber un poquito más sobre lo real?
ble, es algo de bibliófilo. É m i l e Boutroux, que -siempre gracias a los cálculos-. Auguste Com-
era filósofo, se preguntó si no podía pensarse te decía que nunca se sabría nada de la quími-
que también las leyes tenían una evolución. ca de las estrellas, y resulta que, curiosamente,
Poincaré, que era matemático, se indignaba aparece una cosa que se llama espectroscopio,
absolutamente ante la sola idea de esta evolu- que nos enseña cosas muy precisas sobre la
ción, puesto que el científico busca justamen- composición química de las estrellas. Enton-
te una ley en tanto que no evoluciona. Resulta ces, hay que desconfiar, porque aparecen co-
muy raro que un filósofo sea más inteligente sas, lugares de pasaje absolutamente insensa-
que un matemático, pero aquí, casualmente, tos, que seguramente no se podían imaginar, y
un filósofo planteó un problema fundamen- de ninguna manera prever. Esto hará quizá
tal. ¿Por qué, en efecto, las leyes no evolucio- que un día tengamos una noción de la evolu-
narían, mientras pensamos el mundo como al- ción de las leyes.
go que ha evolucionado? Poincaré sostiene fir- En todos los casos, no veo por qué lo real
memente que lo propio de una ley es que, sería por esto más trascendente. Se trata de
cuando es domingo, se puede saber no solo lo una noción muy difícil de maniobrar, que
que ocurrirá el lunes y el martes, sino también hasta ahora solo se manejó con extrema pru-
lo que ocurrió el sábado y el viernes. Pero no dencia.
se entiende en absoluto por qué lo real no ad-
mitiría una ley que se mueve. —Es un problema filosófico.

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JACQUES LACAN EL T R I U N F O DE LA RELIGIÓN

Es un problema filosófico, es verdad. Hay en Me esfuerzo por decir cosas que se ajusten
efecto pequeños campos donde la filosofía to- a mi experiencia de analista. Esta experiencia
davía tendría algo para decir. Desgraciadamen- es algo limitado. Ninguna experiencia analíti-
te, es bastante curioso que la filosofía presente ca puede pretender apoyarse en la suficiente
tantos signos de envejecimiento. Bueno, Hei- cantidad de gente como para generalizar. Yo
degger dijo dos o tres cosas sensatas. Pero de intento determinar con qué un analista puede
todos modos hace mucho tiempo que la filoso- sustentarse a sí mismo, delinear lo que impli-
fía no dice nada que interese a todo el mundo. ca de aparato mental riguroso la función de
Cuando produce algo, dice cosas que interesan analista, indicar de qué barandilla hay que sos-
a dos o tres personas. Y después eso pasa a la tenerse para no sobrepasar su función de ana-
Universidad, y entonces está perdido, ya no hay lista. Cuando se es analista, siempre estamos
la menor filosofía, ni siquiera imaginable. tentados de patinar, deslizamos, dejarnos des-
Alguien me atribuyó hace poco cierto kan- lizar en la escalera sobre el trasero, y esto es,
tismo, de manera totalmente gratuita. Nunca sin embargo, muy poco digno de la función de
escribí más que una cosa sobre Kant, mi breve analista. Es preciso saber permanecer riguro-
escrito «Kant con Sade». Para decirlo todo, ha- so, de manera de no intervenir más que de
go de Kant una flor sádica. Nadie le prestó forma sobria y preferentemente eficaz. Inten-
ninguna atención a este artículo. Un buen to dar las condiciones para que el análisis sea
hombre lo comentó en alguna parte, ni siquie- serio y eficaz. Parecería que lo que digo reper-
ra sé si se publicó. Pero nunca nadie me res- cute sobre cuerdas filosóficas, pero no es asi
pondió sobre este artículo. Es verdad que soy en lo más mínimo.
incomprensible. No hago ningún tipo de filosofía; descon-
fío de ella, por el contrario, como de la peste.
—Como se trató lo real como trascendente, yo ci- Si hablo de lo real, es porque me parece una
té al pasar la «cosa en sí», pero no es una imputa- noción radical para anudar algo en el análisis,
ción de kantismo. pero no es la única. Está también lo que llamo

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JACQUES LACAN

lo simbólico y lo que llamo lo imaginario. Me Indicaciones bibliográficas


aferro a esto como uno se aferra a tres cuerdi-
tas que son las únicas que me permiten mi flo-
tación. Propongo esto también a los otros, por
supuesto, a aquellos que quieren seguirme, «Discurso a los católicos»: al recordar en su
pero ellos pueden seguir a un montón de Seminario, el 23 de marzo de 1960, las lecciones
otras personas que no dejan de ofrecerles su que acababa de dar en Bruselas, Lacan las llama
ayuda. con estas palabras, «mi discurso a los católicos»
Lo que más me asombra es seguir teniendo (Séminaire VII, p. 211, Seuil, 1986). Se publicaron
a mi lado tanta gente. No puedo decir que yo de éstas dos versiones sucesivas en Quarto, órga-
haya hecho algo para retenerlos. No me aga- no de la Escuela de la Causa Freudiana en Bélgi-
º
rré de sus faldones. No temo en absoluto que ca (n 6, 1982, pp. 5-24, y nº 50, invierno de
2
la gente se vaya. Al contrario, me alivia cuando 1992, pp. 7-20).
se van. Pero, en fin, a los que están conmigo «El triunfo de la religión»: tanto los títulos
les sigo reconociendo, sin embargo, que me como los subtítulos son de J.-A. Miller. Una pri-
devuelvan algo de vez en cuando que me dé la mera versión del texto apareció en el boletín in-
sensación de que no soy completamente su- terior de la Escuela Freudiana de París, Les Lettres
3
perfluo en lo que enseño, que les enseño algo de l'École nº 16, 1975, pp. 6-26.
que les sirve.
Les agradezco por haberme interrogado
durante tanto tiempo.

2. Una primera versión española de estas lecciones se pu-


blicó en la revista Uno par uno, Buenos Aires-Barcelona, Eolia,
1994, nº 38 y 39. Traducción de Miquel Bassols. [N. de la T.]
3. Este texto se publicó por primera vez en español en Ac-
tas de la Escuela Freudiana de París. VII Congreso, Roma, 1974. Bar
celona, Petrel, 1980. Traducción de Italo Manzi [N. de la T.]

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