Sei sulla pagina 1di 5

Introducción

Antes de concebirse o emplearse el término "filosofía" aparece Heráclito de Éfeso el


nombre "filósofo": "Conviene que los hombres filosóficos sean sabedores de muchas cosas".
Según la tradición, fue Pitágoras quien dio a la palabra su significado conceptual. Cuestionado
si era sabio (sophos), habría contestado que sabios lo eran los dioses y que él sólo era amante
de la sabiduría (philosophos). El término filosofía procede de las palabras griegas (philein,
amar, aspirar, y sophia, sabiduría). "Filosofía" significa pues, aspiración a la obtención de la
sabiduría.
La filosofía es importante para la vida humana, en nuestro acto más simple filosofamos,
en el rezo, al concebir un verso, pensando sobre nuestro problemas, el acto de admirar desde
el ápice de nuestro interior. Filosofía para todos y para nadie, está a la disposición de los que
en el ejercicio de reflexión hasta los que ignoran el placer del pensar, nos inunda desde que
nacemos, nos servimos de ella.
Filosofía: Lo útil de lo inútil

Sapere aude.
Inmanuel Kant.

El término ‘’filosofía’’ ha adquirido históricamente significados muy distintos, según


las inclinaciones de los diversos filósofos. Sin embargo, todas estas definiciones son más
apropiadas para la concepción que tenían los antiguos griegos, posteriormente los filósofos
renacentistas y de la época moderna, que la acepción que tuvo en la Edad Media y que tiene en
la actualidad. Durante el Medioevo estuvo subordinada a la teología que es la ciencia de Dios
según los escolásticos, y se orientó fundamentalmente hacia la reflexión sobre las cosas de la
naturaleza y de la vida humana, confundiéndose con lo que más adelante serían las ciencias
naturales.
En nuestra época, la filosofía ha perdido parcelas de conocimiento a medida que la
ciencia avanza y se desarrolla en numerosas especialidades. Por otro lado, existe un margen
para asombrarnos e interrogarnos, para reflexionar sobre la vida y el universo, y en ese margen
el pensamiento filosófico sigue vigente, porque pensar es, como escribe la filósofa alemana
Hannah Arendt, "La más elevada y quizá la más pura actividad de la que es capaz el hombre".
(Arendt, 2009, p.9). Filosofar es importante, no se limita a los salones de clase, se ve reflejado
en la vida cotidiana, en la literatura, en el arte, en el cine, en el diálogo con otra persona, con
uno mismo.
Tanto Platón como Aristóteles, señalaron que la filosofía empieza con la admiración, la
perplejidad o el asombro hacia lo que nos rodean, en este sentimiento radica la conciencia del
no saber. La filosofía nace de la interrogación precisamente pretende penetrar hasta los
cimientos de todo, es una interrogación absoluta, radical, para que sea honesta, hay que poner
en duda los conocimientos previos adquiridos y someterlos a un examen crítico, de hecho, en
buena parte, lo que conocemos como filosofía occidental es precisamente una discusión
constante sobre las grandes cuestiones que plantearon los filósofos griegos, empezando con
itinerario de cuestiones y respuestas; iniciaron un diálogo que aún perdura.
Pero la filosofía occidental es un camino hacia la filosofía, la filosofía como tal, tiene
una visión totalizadora, va más allá de la tradición filosófica. Según Jaspers la filosofía es
‘’aquella concentración la cual el hombre niega a ser el mismo al hacerse participe de la
realidad’’. (Jaspers, 1970, p. 4). La filosofía en este sentido es una dimensión básica y la
encontramos por todos lados, en las convicciones, en los refranes, en los mitos, etc. A grandes
rasgos (en el plano general) estos serían los elementos más importantes que forman parte de la
filosofía, no obstante, actualmente no se consideran suficiente, ya que la necesidad de
comprensión de la filosofía viene asociada a otra pregunta: ¿para qué sirve la filosofía?
Normalmente esta pregunta comprende de dos sentidos; el primero y más común está
relacionado con su utilidad, y utilidad en un sentido muy concreto.
La pregunta remite inmediatamente a la interpretación con el fin de obtener un beneficio
o provecho de la filosofía, lo cual se espera una respuesta que se asocie en el sentido útil,
instrumental y perecedero como la naturaleza de una herramienta o las ciencias que tienen un
objeto de estudio un elemento morfo y metamórfico. Cabe decir que la filosofía en sí misma
no sirve para nada. O como bien dijo Wilde, ‘’todo arte es completamente inútil’’ (Wilde, 2014,
p.7). Se suele considerar que, si se instrumentaliza la filosofía, ésta deja de ser filosofía. Sin
embargo, si alcanzamos un uso práctico, en su utilidad genérica, es especialmente buena, pero
esconde prejuicios por la sociedad. La filosofía es inevitable en el ser humano, todo el mundo
afronta una actitud hacia la vida, y tal actitud seguidamente se encuentra en el acto del pensar,
que subyace en el modo de filosofar. Esa necesidad de filosofar se reivindica para legitimar la
utilidad de la filosofía, sobre su inutilidad.
La cuestión es si somos conscientes de dichas observaciones, si hemos llegado a esa
actitud de forma autónoma, reflexiva y crítica, una filosofía consciente nos mantiene
despiertos, nos invita a reflexionar sobre las carencias o decadencias sobre lo desconocido, y
la magnificencia del mundo que se nos presenta. En definitiva, nos anima a pensar por nosotros
mismos. Esta puede ser una tarea ardua, Deleuze decía que: ‘’ La filosofía sirve para entristecer,
porque nos hace conscientes de la bajeza del pensamiento, de la cara más vergonzosa del
mundo en el que vivimos, pero a la vez también nos convierte en seres libres’’ (Deleuze, 2006,
p.59). En este sentido la filosofía no solo es importante, es necesaria.
Una de las preguntas que intrigaron a muchos filósofos fue la que concibió Heidegger:
¿Por qué existe el ente, y no, más bien nada? (Heidegger, 2006, p.150). Alude también al mismo
cauce interrogatorio que se formuló Leibniz, la respuesta a esto es condenatoria, el hombre es
un ser finito, pero filosofa para inmortalizarse, sin embargo, se pregunta por la finitud, la
afronta, no la niega. El argumento de contingencia que Leibniz sustrae es que, si el universo
no existe necesariamente, existe contingentemente; es decir, que su existencia descansa en un
ser no contingente. Como el hombre se angustia, cuando la angustia le revela al hombre que su
destino es la nada, la idea de la nada hace que el hombre sea nada durante mucho tiempo. Tiene
la grandeza de saber que muere y seguir viviendo, de preguntarse por la totalidad de la realidad.
Nuestro pensamiento es situado y temporal, abierto a miles de posibilidades, porque el
hombre es posibilidad. Esa densidad ontológica del ser, le garantiza pensarse. No hay nada más
revolucionario que dudar de todo, de las verdades, de los ideales impositivos, de uno mismo.
La filosofía es peligrosa en manos de quienes quieren despertar, por eso es importante. La
filosofía es importante pues, es el lugar donde todos los saberes son pensados. Filosofando nos
damos cuenta de la negación de la alteridad que subyace en la sociedad civil, vedada de un
potente pensamiento tradicional centralizado en tendencias impositivas de carácter trivial. No
hay que buscar esa administración de forma que se economice el pensamiento racional, por lo
contrario, hay que superar esa cuestión, fomentar y no soslayar todos los espacios por pensar y
si no existe, crearlos, esa es la invención filosófica.
Evidentemente desde que nacemos hacen de nosotros algo, nos introducen lenguaje,
pensamiento e ideales, todo eso que nos condicionan, pero a partir de algún momento tenemos
que ser responsables de nosotros mismos porque somos lo que elegimos ser. Esta es la grandeza
de la filosofía, entender estas problemáticas que requiere coraje, que nada ni nadie nos ahorre-
lo que muchos creen- la terrible tarea de pensar. Por último, la filosofía es importante porque
solo filosofando nos damos cuenta de la naturaleza de nuestra libertad. La filosofía nos lleva a
reflexionar sobre temas como el nacionalismo, el cosmopolitismo, la democracia, la ciencia, el
arte, el lenguaje, el poder, el feminismo, la meritocracia, la cultura, derechos, deberes, las
estructuras sociales, la dignidad, sabiduría, la verdad, la mentira, el amor, la belleza o el bien
y el mal.
Dicen que la filosofía nos conduce a un embrollo gigante, pero al conocer las ideas de
las y los grandes genios del pensamiento podemos ver más lejos, en un estado de
alumbramiento constante y auténtico. La filosofía nos libera de las cadenas de los prejuicios,
nos mantiene lúcidos y críticos.
Conclusiones

La filosofía no es una especie de adorno imprescindible ahora que existe la ciencia


técnica y avanzada, o que es una disciplina cultivada por eruditos encerrados en torres de marfil
que piensan sobre temas abstractos y estériles que no conducen a algo importante. Todas las
cuestiones fundamentales para que el hombre elija su destino como los derechos humanos, la
democracia, o los principales sistemas políticos y sociales, son producto de la filosofía.
Su objeto de estudio es el bien, el mal, la justicia, la igualdad, el amor, la muerte, como
debemos de conciliar el interés particular con el bien público. Sin la filosofía sería difícil
detectar las falacias, los dogmas, o las creencias infundas, porque en el ejercicio intelectual se
acostumbra a dialogar o debatir constantemente, esta actitud abierta también de gran utilidad
en nuestra vida cotidiana. Se evita ser pensado, y se opta por pensar por sí mismo.
Bibliografía

Saisó, P., Aguilar, E., & Samadhi, I. (2011). Filosofía. C.D México: Pearson Education.

Arendt, H. (2009). La condición humana. Buenos Aires: Paidós.

Jaspers, K. (1970). La filosofía. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Deleuze, G. (2006). Nietzsche y la filosofía. Barcelona: Anagrama.

Wilde, O. (2014). El retrato de Dorian Gray. Buenos Aires: Ediciones Lea.

Heidegger. M. (2006). ¿Qué es la metafísica? Buenos Aires: El Cardo.