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El otro como

diverso

Antropología

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Contexto histórico: el período
de entreguerras
Con la llegada del siglo XX el capitalismo se encontró no sólo afianzado en
los países que le dieron origen, sino, también, en otros que estos mantenían
como colonias (India, China, Pakistán, Sudáfrica y otros), semicolonias o con
economías dependientes de ellos. Sin embargo, ese afianzamiento del
capitalismo con sus ansias de expansión de mercados o de territorios
proveedores de materia prima, desencadenará la creciente disputa entre las
naciones más desarrolladas. Así, Inglaterra, Francia y Alemania entraron en
colisión, no sin arrastrar a otros países en el conflicto que se denominó la
Primera Guerra Mundial acaecida en 1914.
¿Qué pasó?¿Cómo explicar una guerra de tal magnitud y con tantas muertes
en pleno territorio europeo, cuna del Positivismo y de la expresión más alta
del intelecto humano?¿Cómo explicar tanta crueldad e irracionalidad entre
blancos y cristianos si esas eran características de los
“salvajes”, “primitivos” o “bárbaros” y no de los “civilizados”?¿Qué falló en
el esquema del pensamiento científico que garantizaría la construcción de
una sociedad regida por leyes tan precisas y perfectas como las del Universo
o la naturaleza? ¿Cómo presentarse ahora, ante aquellos pueblos
“subdesarrollados” e “incivilizados” como exponentes del estadio “más
evolucionado” de la humanidad?‟
Allí, el pensamiento evolucionista trasladado al estudio de lo social y lo
antropológico, como tantos otros (el de la Física newtoniana frente a la de
Einstein), entra en crisis y se debilita. Será el momento para una nueva
construcción de la imagen del otro, del semejante o diferente. En este
naciente construcción encontraremos a quien podríamos considerar como
el padre de la Antropología; Bronislaw Malinowski.
Malinowski plantea a la Antropología como el estudio de la diversidad
humana. En ella no hay pueblos, culturas u “otros” inferiores o menos
evolucionados que otros. En su pensamiento no hay grados, estadios, etapas
o períodos, solo diversidad. El hombre, anatómicamente es uno y se destaca
por la diversidad, por lo tanto, no está circunscripto a una linealidad o
continuidad fija de evolución de la cultura o determinado como pensaba
desde un punto de vista etnocéntrico, el evolucionismo.
La teoría de la diversidad de Malinowski es efecto de su respeto por ese
“otro” diverso y su crítica o alejamiento del etnocentrismo.
Surge como una nueva mirada sobre el “otro” construido, a partir de las
conceptualizaciones previas de finales del siglo XIX, que estipularon la
diferencia entre las culturas.

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Figura 1

Pero la puesta en cuestión de las teorías científicas y la crítica a conceptos y


definiciones que no puede dar respuesta a los nuevos interrogantes que
plantea la realidad obliga a re-pensar el objeto de estudio.
Un cambio de la mirada implica una reflexión respecto a la manera de definir
la cultura, entender las diferentes maneras que las sociedades se plantean
resolver los problemas y la forma de denominar a ese “otro” cultural,
semejante y distinto que tiene costumbres, creencia, tradiciones igual que
la cultura de pertenencia del observador, el antropólogo en este caso, que
tiene costumbres, creencias y tradiciones que son sólo diversas respecto al
observado.
La crítica hacia una mirada prejuiciosa que caracterizó la forma de mirar al
otro desde la perspectiva evolucionista implicó una posición absoluta de
“unos” con respecto a “otros” que posibilitó la construcción de la diferencia
donde unos eran “superiores” con respecto a los otros, que eran
“inferiores”.
En esta perspectiva el paradigma de la diversidad produce un acercamiento
a partir de relativizar la mirada del otro partiendo del respeto por la
diversidad cultural. Desde este paradigma, no se ve al otro cultural desde
otros parámetros culturales, ajenos a los de la sociedad en cuestión, sino
desde los patrones culturales propios de cada sociedad. Esta nueva manera
de entender al “otro cultural” teórica y metodológicamente produjo el
denominado relativismo cultural.

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Figura 2

La cultura es concebida entonces como una totalidad integrada y no como


una sumatoria de partes inconexas. La idea es que las partes tienen una
función y un sentido en el todo; cada cultura es vista como individual y
particular, se trata entonces, de considerarla como un todo evitando la
comparación de las culturas entre sí. La noción de totalidad es clave para
aceptar que cada cultura es única y comprender la diversidad de las culturas.
A partir de esta idea, se considera que el otro es diverso pero equivalente,
revalorizando de esta manera a las diferentes culturas.
Sobre estos aportes realizados por Malinowski, avanza Lévi-Strauss, quien
contribuye a relativizar las categorías de calificación y clasificación usadas en
las descripciones comparativas de los pueblos. Al despojar a la “civilización
(occidental, europea, blanca y cristiana) como única propietaria de la lógica
(cualidad intelectual del estadio “superior” de la evolución humana), Lévi-
Strauss la democratiza, es decir, se la atribuye a toda la condición humana.
Con Lévi-Strauss ese otro, semejante y diferente, ese “incivilizado”,
“salvaje”, “ilógico” o “primitivo”, aparece no sólo regido por reglas o leyes
como los “civilizados”, “lógicos” y “evolucionados”, sino inmerso y atenido a
esas reglas en sociedades que se conocen fundamentalmente como
“ágrafas”. Es decir sociedades sin escrituras ni códigos jurídicos.
Quedó en evidencia que Lévi-Strauss contribuyó a afianzar la construcción
de ese otro, semejante y distinto iniciado por Malinowski como diverso, al
valerse del material aportado por la Lingüística y no el de la Biología como
lo hizo su antecesor, Lévi- Strauss elaborará una imagen del otro diverso
pero, también del otro del lenguaje, lo que es decir, del otro de la
arbitrariedad y la convencionalidad.

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Así entonces, Lévi-Strauss amplía conceptualmente una lógica de reflexión
sobre las sociedades que estudia el antropólogo y extiende la mirada iniciada
por Malinowski aportando elementos críticos ante los intereses subyacentes
en las concepciones etnocentristas y evolucionistas. Para la difusión de esa
imagen del otro, semejante o diferente construida por Lévi-Strauss,
contribuyeron los espacios académicos del mundo que emergió de la
Segunda Guerra Mundial. Esa demostración de alta capacidad de muerte,
destrucción e “irracionalidad” de la “civilización” blanca, europea y cristiana
movilizó la crítica tanto como relativizó los valores, la cultura y las imágenes
construidas del “otro”, semejante o diferente.

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Referencias
Sanchez Fernandez, JO. (2014). Antropología. España: Alianza Editorial- Versión E
book.