Sei sulla pagina 1di 36

04-033-088

36 copias Historia del cristianismo


1. El mundo antiguo

Manuel Sotomayor y José Fernández Ubiña


coordinadores

E D
T O R A L TROTTA
UNIVERSIDAD DE 1/36
GRA NADA
Capítulo VII
CONSTANTINO Y EL TRIUNFO DEL CRISTIANISMO
EN EL IMPERIO ROMANO
José Fernándcz Ubiña
I /
2/36
1 329
¿q~
1
.s. .
1 -..
JOS~ fERNÁNDEZ UBIÑA CONSTANTINO y El TRIUNfO DEl CRISTIANISMO EN EL. IMPERIO ROMANO

CQp y I~ cabe~a » (El banqllete, 38). Esta visión crítica es la segui- 1. LA CONVERSiÓN DE CONSTANTINO
da hacia e! ano 500, or el historIador pagano Zósimo, que en su '.
Historia IItleva (I1,29-39) presenta a Constantino como un em e- 1.1. Los dioses de Constantino
radar siniestro, responsable del empobrecimiento del pueblo, del
desmante!amient? militar de las fronteras, de! abandono impío de A mediados del siglo III el Imperio romano sufrió tantas adversida-
las tradiCiones reI!glOsas y de una conversión supersticiosa al cristia- des y contratiempos que a punto estuvo de fragmentarse y desapa-
nismo, la única religión que le prometía el perdón de sus horrendos recer. Los cristianos fueron en ocasiones víctimas propiciatorias de
crímenes, en especial del asesinato de su segunda esposa, Fausta estas desgracias, pues en la mentalidad antigua _~u causa principal
y. de su primogénito Crispo, tenido con su primera esposa; Miner: era"Ia impiedad (que, en este caso, cometían a su juicio los cristia-
vma l . nos). De ahí que las medidas tomadas para superar la crisis, inclu-
El movimiento reformista y las luchas religiosas de la Europa so las de naturaleza aparentemente política, estuvieran teñidas de
moderna reavivaron las disputas en torno a este monarca y a las con- religiosidad. Las reformas del emperador Diocleciano (284-305),
.secuen:ias de su política. Para los católicos:.;a;i,;itts.eLeLgr.an principal artífice de la recuperación imperial a finales del siglo 1Il,
" campean del cflStlamsmo: "j;Íra IC!S..-¡aI:.O.t.~ ali~;~:bio,..su..r~i- ilustran bien esta mentalidad. A él se debe, en efecto, entre otras me-
; nado marca ~wttltlJlip del fm de laJ:spiritu da Ig~' y. I didas, la instauración del sisrema tetrárquico que, aun manteniendo
tr s o ació L l ' ,.pode e a ve ás des- la unidad del Estado, delegaba su administración en dos augustos
interesado al ación de la almas. Los historiadores ilustrados (el propio Diocleciano en la parte oriental y Maximiano en la occi-
y románticos de los siglos XVllI y XIX, de Gibbon a Burckhardt, no dental) asistidos por sendos césares (Galerio y Constancia Cloro).
pudieron escapar a estos esquematismos y escribieron páginas inol- Cuando los augustos abdicaron el año 305, su lugar y rango fue c..
Vidables, de lectura todavía hoy muy recomendable, sobre la deca- ocupado por sus respecti~' os césares, de manera que ese año Cons-
dencia moral de la Roma antigua y los intereses políticos de la con- tancia Cloro, padre de Constantino, fue nombrado augusto en la
versión de Constantino, a veces equiparado a un Maquiavelo de la mitad occidental del Imperio. Dado que el sistema no era dinásti-
Antigüedad que tu~o su contrapunto, helenista y pagano, en el jo- co, el lugar de los antiguos césares no fue ocupado por ningún fa-
ven emperador JuI!ano el Apóstata, héroe admirable de una causa miliar de los tetrarcas, sino por Maximino Daya en Oriente y Vale-
perdida. rio Severo en Occidente. De este modo, tanto Constantino como
Sumergirse en esta excelente tradición historiográfica sobre la Majencia (hijo de Maximiano) quedaron descartados de las altas
problemática de Constantino (la llamada Konstantinische Frage en esferas del poder: fue esto, como veremos, lo que arruinaría el ré-
honor a sus ilustres estudiosos de lengua alemana) es una aventura gimen tetrárquico.
apasionante que, siquiera superficialmente, debe correr toda perso- La tetrarguía no era solamente un sistema político y administra-
n.a mteresada en des:ntrañar los condicionamientos modernos que tivo sino también reli ioso: el augusto oriental asumía el rango de
tlgen la reconstrucclon del pasado. Pero aquí no podemos detener- J~ado tado or el dios ú iter) y e aCCidenta e e erculiüs
nos en este aspecto, sino para subrayar su carácter polémico, ya pre- (ado tado or Hércules). Esta teolo ía no fue a ena a a última ran
sente en las fuentes primarias, y advertir al lector de que pocas veces persecución contra eJ cristianismo, a gue se inICIO en icome ¡a eIL.
como ahora estará obligado a ser intérprete directo de la documen- febrero de 303, pero lo que ahora IffipOft.nle5tanl'- es¿¡üé--Con~- c..
tació.n disponible. y ~ forjars~ u.na concepción propia sobre los per- tantino se encontraba en esa ciudad y fue testi o directo de la vio-
sonaJes y aconteCImientos mas Importantes de la época. lencia desatada contra los cristianos, a los que llegó a atribuirse ~I
incendio del palacio imperial en que él mismo residía. N da sabe-
mos, sin embargo, de sus ideas reJi iosas, ni si sim atizó de alguna
manera con la suerte de los perse uidos. Prob:lb emente no pues a
fin de cuentas su padre era entonces tetrarca de Occidente. ,Pero
1. Ap~ndice documenr.1 1, pp. 384-385. tam oca debió identificarse con los re res ores, pues Constanc~
3/36
330 331
JOS! FERNÁNDEZ U81ÑA
muy especialmente cuando el dios Sol sea reemplazado por el dios
de 105 cristianos.
El em erador hizo conocer de inmediato su investidura caris-
mática y su nueva orientación religiosa mediante ne íricoCfeI
año 310, pronunciado en Tréveris por un autor anónimo que, pre-
sumIblemente, actuaba en esta ocasión como portavoz palaciego:
gOlo se c~gyieqe aquí en com1ñ~ro del príncipe, al que augura el l
tl1unto mua un remad~ ~m¡n sobre !!!!. i~perio universal. ~ás I
aún, su poder es un don dlvmo y una proyeccIón terrena el remo
celestial de Apolo. El discurso alcanza su clímax cuando narra cómo
el emperador vio en un templo de las Galias al propio Apolo, aCGm-
pañado de la Viaoria, que le ofreda unas coronas de laurel con el
presagio de treinta años de reinado en cada una. Embargado por la
emoción, o quizá por la adulación, el panegirista llega a decir que el
imperio universal de Constantino se iniciaba en ese preciso momen-
to, pues el emperador se había igualado al dios en juventud, alegría,
salud y belleza (Paneg. VII, XXI,3-6). Un dato cierto conviene ex-
traer de este encomio: l.a..vjá9l1Ae_~p~§I¡UUÜlo . que.aquLse.narr!l. es
la única oficialmente reconocida Y: propagada en un documento pú- L
biiCo. r.a ñúeva teólo -íÚ. - olíñe; será i - ~i;;eñte C!ifu ndida me:
,!j¡ijIre-múltiples emisiones monetarias que representan al empera-
dor con 105 atributos del dios solar o bien en su compañía y con las
leyendas So/i invicto comiti y So/ pacator. Es.... ues ba'o el am aro
de esta divinidad como Constantino decidió enfrentarse a Majencio
con el propósito de dominar en solitario toda la parte occidental del
Imperio.
1.2. La victoria de Puente Mi/vio y su cristianización
El enfrentamiento decisivo tuvo lugar a las puertas de Roma, dondb
estaba atrincherado ]v1aje.!!fi9 , el día en que éste se disponía a cele-
brar su sexto año de reinado (28 de oaubre de 312). Aconsei!!9o
por los aols.Jlim, cometió la imprudencia de plantear la batalla fue-
ra..de Las murall!lS de la ciudad, al otro lado del Tíber: las curtícfas
trQIl _de C ntino le infligieron una derrota a lastante ere-
ciendo Majmcio y mucho de sus soldados ahogados en el río, cuyo
frágil puente de madera, el famoso Puente Milvio, no resistió fa ava-
lancha caótica de fugitivos.
Lo más destacable en la política religiosa de Majencio es su cre-
dulidad supersticiosa y su actitud tolerante hacia los cristianos, a
qu ienes restituyó los bienes confiscados tras poner fin a las persecu-
332 333 4/36
JOS~ fERNÁNOEZ UBIÑA CONSTANTINO Y El TRIUNFO OH CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO

hecho pensar que Lactancio se limitó a cristianizar la prodigi osa pa-


rusía de Apolo en las Galias con el fin de equiparar a Cristo, en so-
licitud y poder, con el dios solar, que era por entonces el centro de
la teología constantiniana y objeto de especial veneración por sus
ejércitos galos.
De..ter·cierta esta hipótesis -y debe subrayarse que se trata sola~
mente 'de una hipótesis-, L~j1ru:iQ aludiría sencillame::!-:~~r~sto­
grama (*), formado por la superposición de las-letras gnegas mlcla-
les de Jesús Cristo (IX). Este símbolo había permitido a los cristianos
reconocerse con discreción, en tiempos de clandestinidad, pues se
confundía con una simple estrella de seis puntas y tambiénu. con los
rayos solares: es Eecisamente esa ambigüedad simbólica c;QILc:Lóios
Sol lo que podtia...e2Ipji9LeI intento de Lactancio ~.e~sQnali.zar. el
viejo cristograma (convirtiéndolo en crismón) y evitar así sus con-
notacIOnes paganas.
sus acer- Resulta. en todo caso, extraño que Eusebio de Cesare a c.\l.q;¡
tadas decisiones « racias a u . ación divina» (Pane . IX 4 5 . diga del mencigoadQ ~~n_su,Hislori~ eclesiástICa , a pesar
Esta idea volvemos a encontrarla poco después en a inscripción gra- de que modificó y amplió esta obra en vanas ocasiones ( a u tima so-
bada en el arco triunfal que le dedicó, junto al Palatino, el Senado y bre 325 de ue su versión de la ata a es aun mas loealizadora
el pueblo romano, donde también se atribuye tan decisivo triunfo a que la de Lactancia, como muestra este ragmento:
la «inspiración divina (instinctu dilJinitatis) y a la grandeza de su es-
A Constantino lo suscitó contra los impiísimos tiranos [Majencio )'
píritu» (CIL VI,1139; ILS 694).
Maximinio Daya] el Dios del uni,'erso y Salvador, y combatiendo
.,Ws cip;:ynstanci,as qye p~ . . nstla " deJa..victQ: como aliado suyo Majencia cayó en Rom. [u.] Lo mismo que, en
ri~1!e':!!:':..M!lyio nos ~on ...R\.Ies desconocidas. Lactancia, coetá- tiempos de Moisés, precipitó ." el mar los carros del faraó" [u .] así
neo de los aCQ¡¡recimi<:-ntQS, afirma, aludiendo a la vlsQera del e,n- también M.jencio y los lanceros de su escolt. se h""diero" como
frentamiento: ""a piedra (Ex 15,4-5) cuando, dando la espalda al ejército que ve·
nía de parte de Dios con Constantino, atravesaba el río [.. . ] Estas y
Constantino fue advkftido en sueño:; para que grabase en los escu- muchas más cosas parecidas cantó Constantino con sus obras al Dios
supremo, GlUS3 de su victoria, y entró en triunfo en Roma ) mientras
{ dos el signo celeste de Dios y entablase de este modo la batalla. Pone
en práctica lo que se le había ordenado y, haciendo girar la letra X todos en mos, le recibían como libertador, salvador y bienhechor
! con su extremidad superior curv.da en círculo, graba el nombre de (HE IX,9, 1-9).
Cristo en los escudos. El ejército, protegido con este emblem., toma
los .rmos. Los dos ejércitos chocan frente a frente [u.] El de Majen- Consciente de que su triunfo era fruto de la ayuda divin~ns­
cio es presa del pánico; él mismo inicia la huida y, .crastrado por lo tantino ordeQó,que enJa.mano_<k2 u propia estatua se coloc~~1
mos., se precipito en el Tiller (De mortib"s, 44,5 -9). trofeo de la pasión salvadora» Luna inscripció~luIl:!e_~~~a
-Con este signo sa!YadóililiLLa .Yu~str.a..cl\¡aad d~o .del~!~o»
El texto de Lactancia no permite precisar cuál fue el monogra- (HE IX,9,lO-11). Eusebio no da mas preCISIOnes en su HIstOria ecle-
ma que supuestamente Constantino hizo grabar en los escudos, pues siástica .sobre este emblema.
tanto puede aludir al célebre crismón (~), que se forma con las dos El silenciQ de Eusebio sobre el sueño constantiniano y sobre el
letras iniciales del nombre griego de Cristo (XP), como a un mono- símbolo grabado en los escudos su im2recisión sobre el si no sal-
grama cruciforme parecido a la cruz ansata (i'). Esta imprecisión ha vífico, es aún más sor rendente si tenemos en cuenta ue en su Vi a
5/36
334 335 .
JOse FERNÁNDEZ UBINA CONSTAN1 INO y II l "lvr.. ru LJlL 1...",1)I IA NI ~ I' \v 1: 1.. '- .... 1'1. '-"" ..... " .... . .... . '"
Una brga asto revestida de oro disponía de un largo brazo transver-
s.l colocado a modo de cruz; arriba, en la cima de todo, se apoyaba
sólidamente entretejida a base de preciosas gemas y oro una corona,
sobre la cual dos letr.s indicando el nombre de Cristo: la rho lEllor-
mando una ¡i ill.hacia el medio [... ] El emperador se sirvió ininte-
rrumpidamente de este s.lvífico signo como salvaguarda de cualquier
potencia hostil que se le opusiera, y ordenó que objetos similares a
éste fueran puestos al frente de sus ejércitos (VC 1,31).
Aunque Eusebio aseguraba en su Historia eclesiástica (IX,9,1)
qlJe Constantino era cristian0..ill!!.es de enfrentarse a Majenciot9l!e
fue el ro io Dios quien lo incitó al combate, en su biografía del
el!)perador afirma, en cambio, que fue esta apanción portentosa la
[...) vio con sUL Rf.Qp19s ojos,. m P-le.mui.~.lQ,...lli¡¡cJ:~<LiliQl un que le indujo a convertirse al cristbnismo, mostrando de inmediato
tI:Qko en fgrma de ctuh.g mstruido a base de luz al ue estaba J.Itli-
un profundo interés en conocer los pormenores de su doctrina:
dCHJ..na-inscripción Que rezaha: COIl éste vence [toutá n;~n e ori·
ginal griego ; hoc signo victor eris en su versión Iarin.]. El p;smo por
la visión lo sobrecogió a él y a todo el ejército, que lo .compañaba Estupefacto por la extraordinaria visión y reconociendo como bue-
en el curso de una m.rcha y que fue espectador de! portento. Y de- no no reverenciar a otrO dios que el que había visto, conv~.Jos.
iniciados en su doctrinas les ~~..llllim.era..es.e.;j¡p..Ly_~.u:íJ
cía qu~';,~!j~~;~s ~e ~e~tab~ ~esc~ncertado ~Ué ~odr¡;' era en.tido de! sigllQ..qYUe dejó ver en l~ visiq,n. Le dijeron que se
sesJgIlo ~ e i i ~ es ;3 e añdOl,'i:rp¡e':a:: l3,
lIe~ada de la noche. En sueños vio a Ctisto, Hi'o de Dios con e! sig- trataba del Dios hijo unigénito y sólo Dios, y que la señ.l aparecida
n " I
~.~~ f". o ~.A] 'U:, UOél yez se: - ~_ a era símbolo de la inmortalidad y constituía un trofeo· de la victoria
i~~~tZ;'d e:j~lCkse sirviera de él como de que Él se ganó cuando ottora vino a la tierra, y le'"aierbn . -conocer
uMaSt!On en las batallas contro lo~emigos . Lev.ntándose nad, los motivos de aquella venida, hociéndole una detalladi exposición
más despuntar e! alba, comunica a sus .migos el .rc.no. A conti· de la economía divina. Él, por su parte, co.ns.!f!~"pere!'t.ori-" .apli-
nuación, tras ha~r convocado a artesanos en e! oro y los piedras carse a la lectu~~.li2[9J.E.G:~ Asoció a su compañía a los
preciosas, se sienta en medio de ellos y les hace comprender la figu- sacerdotes de Dios como asesores, sosteniendo el parecer de que ha-
ra del signo que ordena reproducir en oro y piedras preciosas. En bíase de honrar al dios que contempló en la visión con todo tipo de
cierta ocasión, el mismo emperodor, yeso por especi.l favor de culto (Ve 1,32). .
Dios, nos dep.ró el honor de que lo contempláramos con nuestros
ojos (VC 1,28-30).
El prodigio narrado por Eusebio difiere bastante del que trans-
mitió Lactancio, debido probablemente a un desa rrollo propagan-
dístico y muy cristianizado de la leyenda. Por la misma razón, si el
signo descrito por Lactancio (y por el propio Eusebio en sU HE) era
equívoco, y hasta podía entenderse como una variante de la visión c..
de Constantino en las Galias, veinte años después, cuando Eusebio
escribe su vida de!!.mperado~g~.g!lO iE2P_re:.~<;>_X2 ~.V;-;;-~onVe~.
nd'!. e!1 un trofeo J~~'ll;!!\'pc",f!!~n~e cristiano, esto es, en el célebre la-
b'!!.If,!!._u.n v.~lhm! .~orp_na.d?~o ~ el :r..i_~!l..l~e asegura.&Jª-Y.L~a
y la v tona a qUienes lo portaban (Fernandez Ublña, 2000, 437 ss.).
Eusebio descn e Sü1Orí1licOn estas palabras:
336 337 6/36
CONSTANTINO Y El TRIUNFO DEL CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO
JOS~ FERNÁNDEZ U81ÑA

cia primigenia en la cristianización de la mitología constantiniana" es


decir, en la voluntad imperial de iluminar con esa epifanía victorio-
sa su compromiso con el cristianismo y con la Iglesia. t::!!L~~s
e de uién fue la iniciativa: sin un dese manifiesto de Constantino,
los cñsñañoTifr"óDab emente nóñábi:ían ·monopolizado eCiicirrenro:
pero su temprana popularidad ntre nos fieles siempre predispues-
tos a lo maravilloso parece traslucirse tanto en los relatos de Lac-
t~ y Eusebio como en los graffiti con las palabra-s hoc vinci que .
muchos peregrinos dejaron grabados en la basílica de San Pedro du-
rante los primeros años de su construcción, hacia 315-320. e
ue el simbolismo cristiano no esté resente u ocupe un lugar
marginal en el sistema monetario de Constantino no imp ica, en a -
so luto, Que éste viviese a" n al cristianismo. Por el contrartO e 11:
dudable que el emperador habíappudo víl,en el312~omo.muy_ tar­
dE., por re~a la h¡¡$=~.eJas _~QIl~~~¡¡'~ ~a
parece mily probable qU¡; ¡a!D9.itn ~ twtÜm decidido a sendrse.de
ell!!!owo rTéínenr,!$rrSheagor *.J!Lf!olítlq,ge reconciliación so-
cia Y-IEiglliSa:.J~g nt in embar o ue el mo-
narca no c6ñCjbió esta empresa con un sesgo exclusivista o fanático:
ql!E Crisw fuera su protector PO .excluí;u¡ue también lo fue.r~l
y OUOS diQse.s dd pa¡Heán romano .a los ue no se olvide él se-
gwca slrvl"e¡í"d'üdll1'áríl' o o su reinado como pontl ex maxlmus.
No es, por ello, paradójico que el Senado le concedIese este mulo
precisamente tras su victoria en Puente Milvio y que lo honrase con
la apoteosis tras su muerte . .

1.3. El acuerdo de Milán y su desarrollo legal

ef. Apéndice documental,


7/36
2. 2.5, pp. 388·389.

338 ·339
Josl fERNANOEZ USIÑA CONS TANTINO y El TRIUNFO DEl CRISTIANISMO EN El IMPE RIO ROMANO
si recordamos que en ella se preveía un desarrollo legislativo más de-
tallado para.compensar los daños causados a los cristianos durante
los años de persecución:
Poco después de su victoria en Puente Milvio, quizá en febrero
del 313, Constantino se reunió con su cole a Licinio en MIl án p~ra
abordar los temas contenciosos que enturbiaban las relaciones con
el tetrarca oriental, Maximino Daya, quien llevaba entonces una po-
lítica ex ansionista sobre los dominios del difunto Galerio (en me-
noscabo de los derec os y am IClones e IClmo y onstantlno)
y que, además, había reiniciado de forma oÍlclOsa la persecución
contra los CrIStianos. LOs acuerdos alcanzados en Mil án, que se se-
llaron con el matrimonio de Licinio y Constancia (hermanastra de
Constantino), contemplaban el derrocamienro de Maximlno, cu-
yos domin ios asarían en su ma oría a Licinio, y una olítrcarefi-
giosa favorable al cristianismo, en la que se preveía no s6 o e fin
de la ersecución en Oriente sino tambll!n la devolucl neto as
las ro iedades confiscadas. El pacto alcanzado beneficia a, de en-
trada, a Constantino, que e una manera im ícita veía reconoci-
da su autori a so re as posesiones del derrotado Majencio (Ita-
lia y Africa), a las que también podía haber aspirado legítimamente
Licinio.
---¡s; este acuerdo milanés no nos ha llegado ningún documento
directo. La información más com leta proviene de las epistulae o
cartas circulares ue Licinio envió a os o erna ores onenta es tras
derrotar a Maximino, y más concretamente e a que se IZO pUDTi-
(.. ca en Nicomedia el 13 de junio de 313, cuya copia literal latina nos
ha transmitido Lactancio (De mortibus, 48,2-12 3) y de la que tam-
bién se ha conservado la traducción al griego realizada por Eusebio
(HE X,5,4-14). Esta carta ha sido tradicionalmente conocida como
«edicto de Milán", aunque, en rigor, tan célebre «edicro" no exisre,
y sería dob~e inexacto atribuírselo exclusivamente a Constan-
tino. La epistula citada de Licinio (también llamada «edretO e i-
comedia,,) sí precisa que fue en Milán donde ambos emperadores
concertaron.su política rel igiosa y que ésta tenía como principio bá-
sico «conceder a los cristianos y a todos los demás la facultad de
practicar libremente la religión que cada uno desease". La circular
termina ordenando que se restituyan a la Iglesia, sin dilaci6n y en su
integridad (lo que el derecho romano conocía como restitutio in in-
tegrum), los edificios y propiedades confiscados durante la persecu-
3. Véase Apéndice documental 2. 1, pp. 385·387. 4. Apéndice documental 2.2, p. 387.
8/36
340 341
JOS~ FERNÁNDEZ U81ÑA
CONSTANTINO Y El TRIUNFO DEL CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO

crupuloso de esta orden (Eusebio, HE X,S,lS-17) . En la se nda s


Constantino transmitió a este mismo obernador,Jllunad.o_Anulin.o,
su decisión de ue los c1éri os de la Iglesia católica uedasen exen-
tos de servicios y car as úblicas. Esta vez el emperador justificó su
orden con argumentos de naturaleza política y religiosa, pues dice
estar convencido de que el respeto al poder divino trajo siempre
grandeza y prosperidad a Roma, mientras que el menosprecio a ese
poder le causó grandes peligros. Por esta razón, deseaba que los clé-
rigos pudiesen dedicarse sin estorbo y de manera exclusiva a su tras-
ce e te misión de servicio a la religión y,..lLll.aY.és de ella,~a­
do Eusebio, HE X,7,1-2).
Como la i lesia de África estªba eQ.ese..momento..di\'idida.en-dos
facciones irreconciliables (la ue residía Ceciliano la gue encab~­
zaba Donata obispos ambQS.~ CWago), el emperqdo tenia,.que
d cidir a ciláLde ellas b.eneficiaban sus Rfivilegios. Sobre esta im-
portante cl\'estión volveremos más adelante, pero retengamos ahora
que Constantino se pronunció por la facción de Ceciliano, a la que
denomina «católica» (un adjetivo que también reivindicaban los do-
natistas), --ª-p-esar de ue l s e u· dore de onato eran más nume-
rosos y de que todavía ninguna instancia eclesiástica había decidido
quién era el obis o legítimo de aquella ciudad. En otras palabras, la
política de privilegio hacia los clérigos exigió precisar quiénes reu-
nían esa condición y, en caso de conflicto, el emperador se sentía au-
torizado a decidir por su propia cuenta y sin contar con la Iglesia.
Todas las facciones cristianas aceptaron en princi io ese a el arbi-
tral del rínci e... en tanto sus decisiones les fuesen favorables. En
este contexto debe entenderse la carta que por las mismas fechas, en
la primavera del 313, escribió Constantino al citado Ceciliano, la
primera por cierto que un emperador dirige a un obi sp06. En ella le
hace saber su deseo de ayudar económicamente a los clérigos de las
iglesias católicas de África, Numidia y Mauritania, y a este fin pide
a Ceciliano que le acuse recibo del dinero que se le ha enviado a tra- 1.4. La guerra contra Licinio y su dimensión religiosa
vés del director general de las finanzas africanas y que lo distribuya
siguiendo las instrucciones contenidas en un documento elaborado La grave crisis política y militar que sufrió la parte occidental del Im-
por el obispo Osi o de Córdoba. El emperador le comunica además perio tras la muerte de Constancio Cloro, cuando media docena de
que, si falta algún dinero, se ponga en contacto con el procurator rei contendientes luchaban por el poder, hizo que los tres emperadores
privatae, un tal Heráclides a quien el propio Constantino ha orde- legítimos (Galerio, Diocleciano y Maximiano) se reuniesen en Car-
nado que dé sin vacilación a Ceciliano cuanto éste le pida. Y asegE.- nuntum (Panonia) el año 308 para buscar una solución a ese estado e
de anarquía. Entre sus acuerdos, que sirvieron de poco, destaca el
5. Ap~ndice documental 2.3, pp. 387·388.
6. Ap~ndice documental, 2.4, p. 388.
9/36
7. CI. Apéndice documental 2.8, p. 390.

342 343
JOsE. FERNÁNOEZ USIÑA CO N STANTINO y H T RIU N f O OH CRI ST I A NI ~ H O lN t:.L I Hl" t KII... .... .... . ... .. ....
nombramiento de Licinio como augusto (en sustitución del fallec ido bus, 47,1-7. Cf. en el mismo sentido las apreciaciones .de Eusebio,
Severo), con jurisdicción sobre Panonia y Nórico. Constantino no HE IX,l 0,3ss.).
recibió con agrado estos acuerdos porque lo rebajaban al rango de Siendo a dueño de toda la arte oriental de 1m erio Licinio si-
césar, pero las circunstancias le volvieron a ser propicias tras la gu iófiefalas tradiciones religiosas romanas, en especial al culto so-
(. muerte de Galerio el año 311 : Licinio se E!QP.uso entonces e Ran- lar, como muestra la célebre inscripción de Salsovia (Esciria) en la
dirse or las rovincias de éste ambición ue también com artía 1 que él y su hijo ordenan al ejército celebrar anualmente la festividad
césar oriental Maximino Day~ esta dis uta ermitió a o ami=. del Deus Sanctus Sol (Dessau, ILS 8940). Pero ello no fue en menos-_
n.lL lanificar sin obstáculos la ~erra contra M j.eJKio. Aunque no e su oHtica de tolerancia con los cristianos, hacia los cuales
consta ningún pacto escrito, de hecho se formó una alianza militar tomó en ocasiones medidas de favor, según prueoa la reconstrucción
entre Licinio y Constantino por un lado y Majencia y Maximino por y solemne dedicación de la catedral de Tiro en los años 316-317,)a c.
otro. El triunfo de Constantino sobre Ma' encio 312L de Licinio celebración de concilios (Ancira, Neocesarea, Alejandría ... ) y los elo-
c. sobre Maximino (313) dejó el 1m erio en manos deJQs ~cedores, gios de Eusebio (HE X,3,1; 4,16; 4,60; 9,2), quien todavía consi-
la pane occidental Rara e Rrimer~LY la orierual RaLa e segunA9. dera a este emperador, junto a Constantino, como un fiel defensor
El protocolo de Milán, antes analizado, y el matrimonio de Li- de Cristo, amigo de Dios y enemigo del paganismo.
cinio con Constancia selló el pacto entre ambos. En un princiP-Lo, Las relaciones entre ambos aug~,-'l u a b' . na an el oder
también Licinio llevó a cabo una política de favor hacia el cristia- único del 1m erio no tardaron en deteriorarse y los cristianos hu-
I]ismo, cuyos adeptos, muy numerosos en Oriente, no dudaron en bieron de tomar anido or uno u otro. Muchos de ellos, en nú-
apoyarle en su guerra contra Maximino. Tras su victoria, ya se ha mero creciente o taran or Constantino, cu as medidas en avor
visto, ordenó mediante epístolas a los gobernadores provinciales8 dt;J r.' . eran in duda más"'yentaLosas gllS-las de Licinio. Por
que nadie fuese perseguido por razones religiosas y que de inmedia- esta razón al estallar la erra abierta entre ambos, es ecialmente
to se devolviesen a la Iglesia los bienes que le habían sido confisca- cruenta en los años 320-324 éste no ocultó su desconfianza acia e
dos durante la persecución. Los cristianos supieron apreciar estas los cristianos y..!.o mó tantas medidas Qreventivas contra ellos que al-
medidas, y tanto Lactancia (De mortibus 1; 45-52) como Eusebio ~nos pudieron hablar de una auténtica persecución. Licinio, en
(HE lX,9; X,2,2) lo equiparan a Constantino en su defensa de la fe. efecto prohibió las reuniones conciliares, los expulsó de su corte y
De hecho, su victoria sobre Maximino fue idealizada de modo simi- del ejército les ne ó el derecho a celebrar culto en ueblos ciu-
lar a la de Puente Milvio, considerándola un triunfo propiciado por dades, no así en el camp.o (Eusebio, HE X,8,9-10; VC 1,52-54; n,l).
Cristo. El relato que hizo Lactancia de la batalla decisiva en Carn- Algunas de estas medidas son desconcertantes, por ejemplo, prohi-
e pus Erge~rca d;-Adrianópolis (30 de abril de 313~a len bir que hombres y mujeres rezaran juntos, que éstas f~esen instrui-
esta visión providencial de la histoIja: mientras el tetrarca perseguI- das por obispos (sí podían serlo por otras mujeres) o gisponer que
dor invocaba la ayuda de Júpiter y le prometía exterminar a los cris- el culto se celebrase en campo abierto ... por la mayor pureza del aire
tianos, un ángel se apareció en sueños a Licinio y le aseguró el triun- (VC 1,53). No obstante, el ro io Eusebio reconoce que el emper~-
fo militar si se encomendaba al Dios supremo en una oración. Tras d se limit' « ~ Lla.j dea_de_r.esuciJ.a RJ ución» (HE
reproducir su contenido, probablemente el primer canto de guerra X,8,18), era salE do q~muchos cristianos se mantuvieron fieles a
cristiano, Lactancia afirma que la plegaria fue transmitida en nume- !,icinio, entre ellos el obispo arriano de la capital, E\!sebio de Nico-
rosas copias a los oficiales para que éstos la hiciesen memorizar a la media, de' quien algunos católicos llegaron a sospechar que fue el
tropa. Acto seguido, todos al unísono)' precedidos por el empera- instigador de las medidas licinianas contra los ortodoxos (Teodore-
dor, la entonaron tres veces consecutivas antes de entrar en comba- to, HE 1,2ss.20). Más clara parece la actitud de Constantino, que
te: la victoria que obtuvieron fue tan aplastante que pareció como si tomó decididamente partido en favor de los cristianos y asumió su
el dios cristiano entregase en hol ocausto a sus enemigos (De /I1 orli- d.d .ensa como casus be/li de la erra contra Licinio, según ex uso
e « i so a la asamblea de los santos» (Oratio ad sanctorulll
8. Apéndice documentall.1, pp. 3 85-38 7. coelum), .pronunciado en una iglesia dU!:!!!1te la Pascua del año 323
. -!.
- 10/36
344 _o . 345
....-:
jOH fERNANOEZ U81ÑA CONSTANTINO y El TRIUNFO DEl CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO

e.. o 324, en el que hizo públicas sus creencias subordinacionistas, afir- Poca verosimilitud podemos conceder a esta leyenda, pero ilus-
mó su misión rovidencial atribuyó a C iSt ' . Olullilit.ar.es y tra bien hasta qué punto el emperador Licinio se había desprestigia-
ase uró el casti o divino ara los im íos, Eusebio incorporó este do entre los cristianos. Como contrapunto, la fi ura de Constantino
discurso (cuya autenticidad ha sido muy conrrovertida) como anexo se agigantaba con el paso del tiempo hasta convertirse en su único
al libro cuarto de su Vita Constantini (d. IY,32), aunque algunos ma- defensor. El hal de a t'dad e em ieza a rodearlo era fruto SIn
nuscritos lo reproducen como si formara un quinto libro. duda de la za amería ro ia de ane iristas cortesanos ero no
Dado el ambiente religioso en que se iniciaron las hostilidades, es menos cierto ue Constantino, tras una carrera militar trufada_ e
no sorpren e que, tras a errota efinitiva e LiciOlo en Crisópolis éxitos se creía a sí mismo un elegido de Cristo, iñvencible bajo la
c- (18 de se tiembre de 324 los apologetas cristianos lesen un time prote~ción del labarum y responsable delñáiiteñer la ortodoxia .y
teológico a la guerra satanizaran al perdedor y exaltaran al triunfa- ~¡:¡ i a clerical. En esta creencia yjvirá el em erador los últimos
dor como un rOte ido de Dios. Esta tergiversación de los hechos a~u vida, aquellos en u~ gobe.!:!!.ó en solitario y tomó las de·
obligó a una reconstrucción tendenciosa del pasado, sobre todo de cisiones más trascendentales para consolidar el trlun -2- e CrIstIa-
aquellos acontecimientos en los que Licinio había sido halagado nismo y de la Iglesia.
como gran campeón del cristianismo. Sirva de ejemplo la Historia
eclesiástica de Eusebio, cuyo capítulo 9 del libro X se iniciaba con
una frase encomiástica que fue suprimida en la edición definitiva de 2. LA POLITICA RELIGIOSA DE LA MONARQulA CONSTANTINIANA
esta obra: «a Constantino y Licinio los suscitó el Salvador, y cuando
los dos amigos de Dios se alzaron contra los impiísimos tiranos [... ) 2,1. La fe de Constantino y su dimensión política
Dios combatía como aliado de ellos». De igual modo, en el capítulo
10 de este mismo libro se suprimió su título original (<<De la victo-
ria de los emperadores amigos de Dios»), y así otros elogios a Lici-
nio contenidos en los libros finales de esta Historia (HE VIII,13,14;
IX,9,1; 10,2; 11,8).
Aun.q .

s nos obli a a ser recavidos en cuanto a su ia i la. ta


precaución afecta también a la leyenda de los cuarenta solJados de
Sebaste (Armenia) que, por negarse a sacrificar, fueron condenados
a morir de frío, desnudos y a la intemperie, en una noche gélida.
Para quebrar su resistencia, los pusieron al lado de una piscina con
agua caliente en la que podían zambullirse quienes decidiesen apos- Si alguien examinase los acontecimientos que alguna vez han sido,
tatar. Sólo uno lo hizo, al que Dios castigó con una muerte súbita, constataría que todos cuantos fundaron sus acciones sobre la base de
siendo además reemplazado por un guardia que se convirtió al cris- la justicia y de la bondad, llevaron a buen término sus empresas [... ]
Por el contrario, todos los que menospreciaron la justicia o no reco-
tianismo en ese momento. Al día siguiente, los cuarenta héroes fue- nocieron al Omnipotente, a muchos de sus ejércitos los vieron su-
ron incinerados y sus reStOS arrojados a un río. No obstante, los fie- cumbir y todas sus confrontaciones bélicas concluir en la derrota
les lograron rescatar algunas reliquias que, auténticas o no, acabaron m:ís ignominiosa r¡C 11,25·26).
recibiendo culto en diversos lugares del Imperio: Gregario de Nisa
se enorgullecía de poseer algunas (PG 46, 773-788; Basilio, PG 31,
507-526), mientras que el historiador eclesiástico Sozomeno (HE
IX,2) afirma que otras fueron encontradas en Constantinopla gra-
cias a las visiones de Pulqueria, hermana de Teodosio 11.
11/36
346 347 .
JOS~ FERNÁNDEZ UBINA CONSTANTINO Y El TRIUNfO DEL CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO
dados de sus emple~ ilitares o de sus rangos nobiliarios. Se insis-
te en la inmediat.eY total devolución e los ienes confiscados, sea
directamente al perjudicado o a sus herederos o, si faltan éstos, a la
iglesia, a la que también pertenecen los lugares de culto a los márti-
res. Como puede apreciarse, esta restitutio in inte rUin va bastante
más allá de los acuerdos de Milán~
En el se ndo edicto, diri ido a todos los orientales C n, 8:
60) reitera su concepción teológica de la historia y se encomiffid¡ul
Dios santo ue llevó sus ejércitos a la victoria y en cu o nombre de-
sea instaurar la paz y a armonía social.
A pesar de que laspalabras de Constantino tienen un tono cate-
quético más propio de un predicador que de un monarca (no en
vano Eusebio denomina didaskalia al último edicto), 1.!Lpensamien- Los donatistas g!!Lpodían razonablemente sentirse los verda-
to reli ioso an vo e todo momento una dimensión política mu ~ deros r presentante$ de...líl_J,gI.e..sia pidieron a ConstantinQ Qu.c....r.e-
acentuada, al igual que siempre la tuvo la vieja piedad romana. En cQnsiderase sus decisio~te trató entonces de solventar el EEo-
cierto modo lo ue el em erador se ro one es gue la nueva reli- - bl~ n dos concilios el de Rjlma Joctu!>re de 31 }) y el de Arlés e
gión cumpla las funciones institucionales que siem re asumió e~­ u conclusiones no fueron ace tadas por los donatistas, e
ganismo y ue los clérigos ocupen, en consecuencia..sl vacío dejado aunque eran conscientes de que estOS sínodos gozaban de la misma
or las vie' as ma istraturas sacerdotales. Esta mentalidad de la que autoridad que los tribunales imperiales. Conviene recordar que los
participaban también muchos fieles por ser la ideología dominante padres reunidos en Arlés acordaron, entre otras cuestiones, exco-
de la época, ex lica en buena medida la orientación cultual que mulgar a los desertores del ejército (can. 3): era la primera vez que
toma definitivamente el cristianismo, cada día más identificado con la Iglesia se pronunciaba institucionalmente sobre esta materia y su
las manifestaciones externas del Qoder y más¿ Iejado de IaSencillez decisión rompía no sólo con una vieja tradición pacifista, sino tam-
eyangélica de sus orígenes. bién con las tendencias antimilitaristas arraigadas en el norte de
África, donde poco antes habían sido ejecutados varios cristianos
2.1.1. El caso donatista por su negativa a enrolarse o permanecer en filas. Para algunos his-
toriadores modernos, con este canon belicista la Iglesia vendió su
Esta concepción imperial del cristianismo se puso ya de relieve du- alma al Imperio en agradecimiento servil por las prebendas recibi-
rante el conflicto donatista, cuyos pormenores serán analizados en das. Para orros, simplemente prueba su alianza explícita y sus inte-
el capítulo siguiente. Aquí nos limitaremos a recordar que se trata de reses mutuos. Lo que sí puede afirmarse con certeza-es que oco des-
un roblema disci linario rovocado or la elección de Ceciliano pués rinci ios del 317 ante el desacato donatista, el em erador "-
( como obis o de Cartago el año 311 o 312. Una mayoría de fieles los condenó como cismáticos y ordenó la confiscación de sus bienes
impugnó eSJa elecciQ!Ly_consagró obis o a Donato. La controversia e i lesias en beneficio de los católicos. Pero la represión fue inútil,
se extendió vertiginosamente or todo el norte de AfriZ hl en mu- porque su resistencia heroica y la inminencia de la guerra contra Li-
chas de sus ciudades las comunidades cristianas se dividieron en dos cinio obligó a Constantino a emitir un edicto de tolerancia (mayo de
facciones. En las zonas más romanizadas los cecilianistas fueron ma- 321) que, en el fondo, sI! onía un triunfo flara los donatistas y con- G
yoría. Pero la ma or arte de África en es eciallas re iones de 120- solidó su hegemonía en Africa del Norte. El emperador pidió, no obs-
bJación númida bereber, se inclinó or los donatistas. El problema tante, moderación a los católicos y les confirmó su disfrute en exclu-
coincide ~ con los acuerdos de Milán y. el inicio de la política siva de los privilegios clericales (CTh XVI ,S,l, año 326).
ck_C.Qo.~antino en favor del c1erQ. Como ya hemos visto, el empe-
r no dudó en reconocer como única i lesia católica a iOS¡)3rti- 9. Apéndice documental 2.4, p_ 388.
12/36
348 349
C ONS T A NTINO '( El TR IU NF O DEI. CRI STI A NISMO EN El IMPERIO ROM A NO
JOS~ FER N ÁNOEZ U8 1ÑA

El cisma donatista quedó circunscritO a esta región y Constantino


no volvería a ocuparse de él, nI siquIera tras su vIctoria sobre Licinio.
Ello pudo deberse a ~ or estas fechas un nuev y.Jllás...pcligwso
conflicto, el arriano, enfrentaba a las comunidades cristianas~z
en las provincias orientales y por motivos de hondo calado teológico.

2.1.2. La querella arriana

[... ] no faltó ningún obispo al festín imperial. El evento resultó de


una grandiosidad superior a cualquier intento de descripción: dorí-
foros y hoplitas, con las hojas de sus espadas desenvainadas, en círcu-
lo, velaban en guardia los aCcesos al palacio, por en medio de ellos,
pasaban libres de temor los hombres de Dios, y se internaban en lo
más íntimo de la mansión. Después, mientras algunos se tendían jun-
to a él, otros se recostaban en los lechos de madera, instalados a am-
bos costados. Uno podría imaginarse que se estaba representando
una imagen del reino de Cristo, y que lo que estaba ocurriendo un
«sueño era, que no la realidad. [...] Y desde entonces preponderó en
todos un sentir en sintonía con el emperador \VC IIl,15 .21).

Esta última afirmación es retórica y Eusebio lo sabía muy bien,


pues las tesis arrianas siguieron dividiendo a las iglesias de Oriente,
lO. Ap~ndice documental 2.5, pp. 388·389. muchas de las cuales se negaron a aceptar el trinitarismo niceno (en
11. Ap~ndice documental 2.6, p. 389. 13/36

350 351
JOS~ FERNÁNDEZ UalÑA CONSTANTINO y EL TR I UN f O DEL CRIST I ANISMO EN El IMPER I O ROMANO
especial el término homoousion o consubstancialidad del Padre con sino instrumento de la divinidad
el Hijo) y se identificaron con los postulados subordinacionistas que c deber de servicio a la I lesia. De este modo, Constantino asu-
consideraban al Hijo inferior en mayor o menor grado al Dios Padre. me una naturaleza esiánica y un P.ªRel so renatura en a nlstoria
No od mas tratar a uí en detalle la evolución religiosa de Cons- de la salvación. Y su reino prefigura la gloria eterna, pues es la ima-
tantino en estos últimos años, caracterizada. or su akamiento ¡:>ro- gen especular del reino celestial presidido por Cristo. Estas ideas se
gresivo de los acuerdos de Nicea y, al mismo tiem~_ or su vincu- reproducen y enriquecen en los restantes capítulos (11-18) de los
lación a la teolo ía subordinacionista moderada ue re resentaban, Laudes, donde Eusebio, además de justificar la erección de la basíli-
enq~, sus consejeros Eusebio d .comedia y: Eusebio de Ce- ca jerosolimitana alrededor de la tumba del Salvador, reitera la mi-
sarea. Pero nuevamente se debe subrayar que también en este perío- sión divina encomendada a tan generoso príncipe.
do el e~perador se dejó guiar por su idea obsesiva de que la armo- Constantino murió el 22 de mayo de 337, domingo de Pente~·
nía social y política del Imperio no era posible sin la unidad de la costés tras ser bautizado or Eusebio de Nicomedia. SI en e pasa-
Iglesia. Su evolución espiritual no fue, pues, producto de una..refle- do hubo reyes que soñaron igualarse a los oce ioses del Olimpo,
xión personal, sino, sobre todo, del fiasco qu supuso Nice.a,...y-cieJa él fue enterrado en la iglesia constantinopolitana de los doce Após-
consi uiente necesidad de re ararlo mediante el erdón de los clé- toles como si fuera el apóstol decimotercero.
r.igos excomulgados exiliados.
Este viraje teológico de Constantino tampoco trajo la az ar- 2.2. Los prilJilegios eclesiásticos y el elJergetismo imperial
que los arrianos se apresuraron a recuperar el terreno perdido y se
empecinaron en deshacerse a toda costa del principal baluarte nice- 2.2.1. El ardo clerical
no de las iglesias orientales el obispo Atanasia oe Alejandr!a. Los
objetivos de esta envalentonada iglesia arriana, apoyada ahora por
C. el emperador, se alcanzaron en c ncir de Tiro (3351, ue exco-
mul ó a Atanasia y. rehabilitó a Arria. Eusebio de Cesarea, que se
esmera en parangonarlo con el de Nicea, incluso en su desarrollo
formal, reproduce la carta del emperador a los padres sinodales ins-
tándoles a superar sus desavenencias y a cumplir escrupulosamente
sus edictos 01C IV,42). Según este historiador, Constantino les pidió
poco después que, sirviéndose del transporte oficial, se trasladasen
a Jerusalén, donde fueron agasajados con «suntuosos banquetes y
convivales festines» 01C IV,44) y, tras la clausura del sínodo (<<el más
grande que sepamos», afirma Eusebio en su VC IV,47), el empera-
dor y los obispos celebraron la consagración del templo del Santo
Sepulcro, ocasión en que Eusebio com uso la obra Laudes CC!!'s-
tantini, donde se incluye su célebre ane írico Triakontaeterikós
(Laudes, 1-10) que meses después volvería a pronunciar en Cons-
( tantino la a finales del 335 o a en 336 de nuevo ante el em e-
radar y como conmemoración de sus tricennalia 01C IV,46). Fue en
este anegírico donde Eusebio ex uso de manera más detallada- su
cance ción teoló ica de la historia del Im¡:>erio, se ún la cual,
Constantino, vicario y prot~gjdo del Lógos a quien debe todos sus
triunfos, cumple su voluntad en la tierra del mismo modo que el Dios
Hijo cumple la del Padre en los cielos. El emperador no es, pues,
14/36
352 353
JOS~ FERNÁNDEZ UBIÑA CON STANTINO '( El TRIUNFO DEL CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO

cos no fuesen forzados a articiRar en tales sacrjfjcios (CTh XVI,2,S)


y. otra del año 326 precisaba que los herejes y cismáticos no podían e
beneficiarse de estas inmunidades (CTh XVI,S,l). Este problema se
dio a menudo en e! norte de Africa, donde muchas ciudades domi-
nadas por los donatistas no reconocían al clero católico: para evi-
tar que éste fuera obligado por los cismáticos a servir en las curias
se promulgaron diversas leyes que impedían estQ~ abusos sobre los
católicos (CTh XVI,2,l-2, año 313 13 ; XVI,2,7, año 330) .
. No fueron éstos los únicos privilegios del c1ero_ Constantino
concedió a la Iglesia caRacidad Rara recibir donaci~~ herencias,
y una le de! 321 le itimaba éstas aunque e! testador no hubiese res- (
peta.d.o-.loUormalismos legales (CTh XVI,2,4; Eusebio, VC IV,26) .
No sabemos si este emperador otorgó inmunidad fiscal a los bienes
eclesiásticos, pues se discute si la ley que recoge este privilegio (CTh
XI,l,l) se aprobó en 315 o 360. Pero las comunidades cristianas sí
recibieron de Constantino e! derecho a manumitir esclavos dentro
de las iglesias, según consta en sen as eyes mg¡{las a los obisR9S
Protógenes de Sérdica (CJ 1,13,1, año 316) y Osio de Córdoba (CTh cG
IV7 1 C I 13 2, año 321 14 ).
A los obis os se les otor ó también autoridad 'udicial la llama-
da audientia e iseo alis, ue obli aba a los jueces a reconocer esta
potestad clerical y a dejar que los ciudadanos reso viesen sus mglOs
ante e! obisRO (CTh 1,27,1, año 318 o 321). En 333 Constantino au- c.e..
torizó el recurso a esta instancia episcopal si una de las partes lo re-
clamaba (Constituciones sirmondianas, 1). Aunque algunos empera-
dores intentaron limitar su alcance (CTh XVI,2,23, año 376, reduce G
su competencia a asuntos religiosos) , la ePiseopalis audientia presti-
gió notoriamente la figura de! obispo, al punto de que algunos se hi-
cieron cristianos para poder ser juzgados de manera rápida y barata.
Según cuenta su biógrafo, Agustín pasaba mañanas enteras juzgando
y a veces hasta dedicaba a ello e! tiempo de la siesta (Posidonio, Vida
de Agustín 19).
Quizá ue a citar a uí una última medida de Constantino en fa-
vor de la misión cristiana: el 3 de marzo de 321 eci ió ue e les
Sotis fuese festivo (CJ Ill,12,2; CTh II,B,l). La medida afectaba a la
vida económica y judicial, pero no a los trabajos agrarios, y supuso
ló icamente un es aldarazo decisivo al calendario cristiano. Aunque
Eusebio ya habla en su Vida de Constantino (1 ,1 -2 Je! día do-

13. Cf. Apéndice do<:umenta14.3 y 4.4, pp. 391-392.


15/36
12. Apéndice do<:umental 2.3, pp. 387-388. 14. Apéndice documenta14.2, p. 391.

354 355
JOU FERNANDEZ U!IÑA CONSTANT INO Y El TRIUNFO DEL CRI5TIANI5MO EN El IMPERIO ROMANO
minicaPs y los concilios de Elvira (can. 21) y de Sérdica (can. 10) de la ciudad, en la vía que conduce a Ostia, se construyó la basílica de
dominicas, hay que esperar al año 3KRara encontrar la ex resió San Pablo, aunque se discute que sea una fundación constantiniana,
dies dominicus en .!! n texto leg.!.l (CTh VIII,S,3 y XI,7,13), si bien en pues en lS23 fue destruida por un incendio y las excavaciones apre-
estas leyes se dice que asr llamaban los ancestros a ese día. suradas que precedieron a su reconstrucción sacaron a la luz la gran
obra de finales del siglo IV, pero mur poco de época anterior. La au-
2.2.2. El evergetismo imperial sencia de testimonios literarios o arqueológicos seguros explica
igualmente las incertidumbres sobre los posibles orígenes constanti-
Constantino también prestó ayuda económica a la I lesia y financió nianos de otras iglesias romanas, como la basilica Apostolorum (hoy
la construcción y mantenimiento e numerosos edificios de culto, de San Sebastián, en la Via Appia), la basílica de San Pedro y ~ar­
destacando a este res ecto su acruación en Roltla, Tierra Santa y_ celino, en Via Labicana, la martirial de San Lorenzo en la Tiburtina
Constantinopla. o la de Santa Inés en la Nomentana. Nin . n edificio cristiano de cui-
Roma, capital del Imperio, fue una de las primeras ciudades be- ta se levantó en el área del foro hasta el si lo VI ha ue es erar al
neficiadas por el evergetismo constantiniano. La generosidad impe- siglo si iente ara constatar la transformación de un tem lo a a-
rial supuso, de hecho, el inicio de la cristianización topográfica de la no el Panteón) en iglesia cristiana (Santa María ad Martyres).
Urbe, a pesar de que por aquellas fechas los fieles no debían de so- No es fácil cuantificar la ayuda imperial en este campo, pero su
brepasar ellO por ciento de la población. De este modo, Roma, que importancia, que fue en aumento, está fuera de toda duda: el Liber
llevaba años reivindicando la primacía eclesiástica, se dotó de unos Pontificalis (34-35) habla de cuantiosas donaciones imperiales para
edificios de culto sencillos y grandiosos que podian ostentar exte- el sostén y decoro de las basílicas romanas; en una carta que Cons-
riormente esas pretensiones hegemónicas. La iniciativa del príncipe tantino escribió, tras su victoria sobre Licinio, a Eusebio de Cesarea
fue tan importante que eclipsó en su protagonismo a la comunidad le pedía que hiciese saber a los obispos, presbíteros y diá ~.<>nos
romana y a sus obispos, aunque éstos debieron de jugar un papel
destacado en el programa edilicio de la dinastía constantiniana y, que pongan todo su celo en los edificios de las iglesias, 'en reparar las
más aún, en el proyecto de exaltación iconográfica del apóstol Pe- existentes, en realizar obras de ampliación y en construirlas de nueva
dro, representado desde ahora como el Moisés de la cristiandad. planta allí donde lo requiera el caso. Tú mismo, y los demás por ru
La primera manifestación de este evergetismo fue la basílica intermedio, solicitarás lo necesario de los gobernadores o del prefec-
Constantiniana, hoy de Letrán, que se concibió como i lesia cate- to del pretorio. A ellos, en efeero, se les ha cursado orden de ser ob-
dral residencia de los a as. uizá sea una rueba más de la ru- secuentes, con toda diligencia, a I~ demandado por ru santidad.
dencia con ue el rínci e favorece al cristianismo que ésta fuese la
Ú . a fundación intra muros, si excepruamos la iglesia e a anta
Según afirma el propio Eusebio Orc11,46), esta orden fue de in-
Cruz de Jerusalén, construida en la residencia de la augusta Helena, mediato puesta en práctica. Este mismo autor asegura más adelante
a manera de capilla palatina. Los demás edificios constantinianos se que el emperador se desvelaba pensando cómo beneficiar a las igle-
levantaron extra muros. El más relevante fue el Vaticano, construi- sias con roda tipo de donativos (Ve IV,27-27 16 ).
do_e.ll..honor del a11' s Pedro sobre una necrópolis e inicial rñeñte Uno de los ca ítulos más eleb e S./:.a..p.olúic3.S41asmó_en
concebido como una basílica martirial. Debido a los desniveles del los lu ares santos de Palestina. Entre 326 330'-ª.Petición de su de-
terreno donde se' asientan sus cimientos, fue necesaria una obra gi- vota suegra, Eutropia, Constantino ordenó ue se constru ese una
gantesca de acondicionamiento que duró varios años. Las fuentes basílica junto a la encina de M,a.m.hLé.,(J:iehuSn).,lugar..dnnde..bahitó
sólo ermiten ase rar ue estaba acabada durante el pontificado de Abraham r a la sazón «manchado por cultos idolátricos » (VC m,52).
Liberio (352-366)•• ero Rrobablemente comenzó a utilizarse, aun sin Las constru cci ones más imp.or.ta.Il.t.cLy_p-o.p.uJar.es_s.eJ.exantar.on..-no_
terminar, antes de la muerte de Constantino. Fuera de las murallas de ob.s.tante, en..Je,r.usalén, ciudad especialmente venerada por Helena,
15. Apéndice documental 2.8, p. 390. 16. CI. Apéndice documental 2.S, p. 390.
16/36
356 357
JOS~ FERNÁNOEZ UBIÑA CONSTANTINO y EL TRIUNFO D EL CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROHANO

v la madre del emperador, que allí acudió en peregrinación el año 326. na, la nueya capital se convirtió de inmediato en paradigma de ciu-
Una leyenda tardía (el primer testimonio es del 395: Ambrosio, De dad cristiana:
obitll Theodosi, 41) y poco verosímil aseguraba que la augusta en-
contró la Vera CrtlX, el madero donde fue crucificado Jesús, y que Resuelto :l distinguir con singular prez la ciudad que lleva su nom-
milagrosamente pudo distinguirlo de las cruces pertenecientes a los bre la hermoseó con muchísimos oratorios, con grandiosos santua-
dos ladrones. rio~ dedic.dos a los m1rtires, y otras edificaciones soberbi», no sólo
Parece cierto, sin embargo, que Constantino atendió todas las en los suburbios, sino en el centro de b ciudad; con estas obras enal-
solicitudes maternas en favor de esta ciudad santa, aunque debe re- tecí. b memoria de los mirtires, al mismo tiempo que consagraba
su ciudad .1 Dios de esos mirtires. Impregnado por completo de sa-
G cordarse que Helena murió poco después, entre 327 y 329. La cons-
biduría divina, consideró justo purgar de toda idobtría aquella ciu-
trucción más importante fue el martyrillm levantado en el emlllaza- d.d que por decisión suya sobresaldrí. llevando su propio nombre,
miento de la se ultura resurrección de--1esús,_ lugar entonces de modo que en ningún lugar de ella hubiera rastro alguno de esta-
ocupado por las ruinas de un templo de Afrodita. Eusebio describe ru» de los pretendidos dioses que solían ser objem de culm en los
los avatares de esta construcción, la basílica del Santo Sepulcro, a la templos, ni altares ensuciados con impuros regueros de sangre, ni
que se colmó de donativos para que fuese la más hermosa deI 'mun- víctim.s devoradas por el fuego, ni festividades demoní.cas, ni nin-
do (VC 1lI,25-40!7). Los tr~bajgs duraron unos diez años y I ~ cere- guna otra cosa a b que pudiera est.r .cosrumbr.d. la gente supers-
e.. m.PJlliuieJiu!~~, e sell iembr del 33 e hiz coincidir con ticioso (Ve IlI,48) .
losjricennalia deConstantino y con la clausl!!:!! <i~concilio de TIro.
Al igual que ocurre con la basílica de San Pedro en Roma, la del San- 2.3. La cristiallización del Imperio y SI/S límites
to Sepulcro plantea numerosos problemas de orden cronológico y
sobre sus etapas de reconstrucción y ampliación, a pesar de los nu- Constantino representa en la historiografía eclesiástica el nacimien-
merosos documentos que nos han llegado sobre ambas. to de los christiana tempora en que todavía vivimos. Esta exaltación
Bajo Consrantino se inició también la construcción de una basí- no hizo sino reafirmarse con sus detractores, que vieron en su obra
lica en el Monte de los Olivos, y de otra, aún más popular, en Be- una quiebra irreparable de la espiritualidad evangélica de los prime-
lén, sobre la grura donde se suponía que nació Jesús. Según Eusebio ros tiempos. Estos juicios, que surgen ya en vida del emperador, no
(VC I1I,41), el emperador se propuso en ambos casos "pe rennizar la están exentos de razón, pues, evidentemente, su política cambió ra-
memoria de su madre, que tanto bien hizo al género humano». Tam- dicalmente la situación de la Iglesia, de sus fieles y de su clero. Nun-
bién sabemos or este historiador QJ,!4.P-ara fi a ciar ese obra~e ca antes en la historia de Roma se habían promulgado tantas leyes
expoliaron numerosos tem los paganos de Oriente! aunque Eusebio en beneficio de una religW...u2-R ede Ilor tanto, sor¡:¡render q~
presenta este sagueo como una empresa beatífica del príncipe con- una caterva de ambiciosos acudiera a la Iglesi e u ca de romo-
tra las su ersticiones ~anas (VC 111,54). La basílica de la Nativi- ciÓn social o de las_prebendas clericales (Eusebio, VC IV,54 ,2). Pero
dad sería reconstruida siglos más tarde por Justiniano, aunque sin al- es menester subrayar ue nada de esto su onía la cristianización le-
terar su esquema original. na del Imllerio ni de las creencias P.Q ulares.
Constantinopla.J!.ndación del monarca y nueva capital del Im- Uno de los as ectos más controvertidos es la re ercusión ue
perio, fue otra de las ciudades más a raeiadas llar e KQgrn¡na gJldo tener el cristianismo en la legislación de estos años. Muchos his-
constructor de Constantino, como testimonian la iglesia catedral de t ¡adores dan Ilor se ura una cristianización general de las leyes y
Santa Irene y la de los Apóstoles. Ésta debe su nombre a que fue pla- c.Qstumb@, acomp!ñada de las E.rim~s med~as legales contra el pa-
nificada como un martyritlln que acogería en el futuro las reliquias ganisr:!l9~tas apreciaciones parecen avaladas por algunos pasajes e
de los apóstoles y la sepultura de Constantino (VC IV,58-60) . Aun- la Vita COllstalltini, por los reproches tardíos de Zósimo y por algu-,
que el emperador respetó lo esencial de la tradición religiosa roma- nas leyes de la época. Sin embargo, nada permite calificar al cristia-
nismo de religió i ial del Estado expresión, por otra parte, ana-
crónica), ni a lar en estas fechas de ersecuciones anti ag~. Otra
17/36
17. ef, Apéndice documem,l 2,7, pp. 389·390,

358 359
CONSTANTINO y EL TRIUNfO DEl CRI 51'I ANISMO lN El IMPt KIQ RQMANO
JDsl FERNANDEZ UBIÑA
cosa es que gracias al cristianismo se afianzaran las viejas tendencias el palacio y el hipódromo fueron los auténticos centros de la vida
henoteístas y humanistas de los círculos intelectuales y filosóficos del pública de divertimento o ular el em erador no se olvidó de
mundo clásico, en especial los de inspiración estoica y neoplatónica. llevar a cabo las procesiones, sacrificios ceremonias tradicionales.
.S e e ta cuestión be hacer las si uientes observaciones: Algunos de estos ritos inaugurales fueron presididos por e1pagano
. .a) La conversión de Constantino su uso ind da le - ffi,e.,..s.u..ale- Sópatros y, al parecer, por el joven hierofante Agorio Pretextato, de
Jamlento de. algunas costumbres paganas, como muestra en particu- familia romana. Por cierto que poco después una hambruna asoló la
lar su negativa (seguramente en 326) a subir al ca itolio de Roma ciudad y el primero fue decapitado ipor utilizar sus artes mágicas
el expo io e a gunos temp OsUlzá semi abandonados ara cons- para encadenar los vientos e impedir que llegase la flota annonaria!
tr\lir o decorar basílicas cristianas_ C I1I,54J...Apesar de ello Cons: (Eunapio, Vidas de filósofos y sofistas, 463).
tantino no .¡;¡romQ)gó ning!Jna le .s.Q!ltra el aganismo, es decir, con- b) Sobre la moralización de leyes y costumbres, quizá convenga re.
tra la religIón tradICIOnal romana, de la ue él fue hasta su muerte cordar que afectaron bien poco al propio Constantino, qUIen nada
el sumo ontífice. Esta realidad no queda en entredicho por las le- hizo Bara evitar la ejecución de sus enemi os anentes m~s :
yes que prohibían la práctica de la haruspicina en casas particulares ~(su cuñadol, CrisR (su hijQ)..,Y. Fausta su es osa. a muer-
(. (CTh IX,16,1-2, año 319) y los rituales privados de magia (CTh t~ de 1~.Qos últimos el año 326, acusados según unos de adulterio e
c. IX,16,3, años 317-319). La religión romana era política por natura- y..segúlLOtros_du.o-ufabulación p. lítica, fue decisión ersonal suya.
leza (de ahí que sus sacerdotes fuesen una especie de magistrados de Es cierto, sin embargo, que en estos años se dulcificaron algunas
losagrado) y estas mismas leyes (d. además CTh XVI,10,1, año 321) penas y se prohibieron costumbres crueles. Se ha citado, a este res-
afirman que tanto la haruspicina como la magia podían practicarse pecto, la sustitución de las condenas al anfiteatro por el trabajo
en rituales públicos y para conjurar desgracias colectivas, como el forzado en minas (CTh Xv, 12, 1, año 325) y, sobre rodo, la ley que e
rayo o las malas cosechas. En otras palabras, Constantino condenó intentaba mejorar el régimen de prisiones y atajar los abusos de los
la llamada superstitio (magia negra y prácticas similares realizadas a carceleros, para lo cual se aconsejó que los presos en espera de juicio
esc?ndidas y, a menudo, con propósitos criminales) a la par que pro- no fuesen aherrojados con las esposas que penetraban hasta los hue-
tegla las ceremonIas tradICIonales, beneficiosas para el pueblo y la sos (pero sí con cadenas), que pudieran ver la luz solar y que no pe-
res publica. Recuérdese que con este fin también se legalizó el cris- reciesen por las torturas, pues estO sería lamentable si se tratase de un
tianismo en el edicto de Sérdica. inocente y no suficiente -se afirma- si fuese culpable (CTh IX ,3,1,
Esta actitud prudente del emperador volvemos a constatarla con año 320). Otras leyes regularon los castigos brutales que sufrían los
o~asión de la fundación y consagración de Constantinopla. La deci- esclavos fugitivos, aunque todas especifican que ei amo nada tenía
slOn de crear una nueva capital debió tomarla tras su victoria sobre que temer si éstos morían por las cadenas y los azotes recibidos
Licinio, pues en el lugar elegido para la misma, la antigua Bizancio, (CTh IX,12,1-2, años 319 y 326), y también se prohibió separar a e
G fue proclamado césar su hijo Constancia en nO"iembre de 324. Tras las familias de esclavos en caso de venta de las tierras donde traba- e
varios años de obras intensas, Constantinopla fue consagrada el 11 Jaban (CTh 11,25,1, años 334 o 325).
e de mayo de 330. Ya hemos señalado la importancia de las basílicas Más ue en el es íritu evangélico, esta legislación se inspira, y
cristianas construidas allí, pero los cultos \' los edificios ¡;¡aganos no e astantes li itaciones en el i earlo umaOlsta Y L uestO- en
. uedaron or ello relegados: baste recordar que el símbolo de la ciu- práctica Ror em erado res anteriores, Sólo en dos ! mbitos legales pa-
dad fue una hermosa columna coronada por una estatua de Apolo, r~c_e evidente l<Linfluencia cristiana: en primedygar, sobre las rel; -
a manera de efigie imperial, a cuyos pies se decía que estaba ente- ciones con eljl!.daísmo, a proRÓsitO' de lo ~ I se prohibió que un
rra~o d Pal/adion (estatua de Atenea que Eneas sacó de Troya y que cristiano fuese esclavo de judíos, (Eusebio, VC IV,27 18 ) y se castig§
haCIa invencIble a la CIUdad que la poseyera). Aunque Eusebio se es- con la hOg!Jera a quien im idiese ue un 'udío se convirtiera al cris-
fuerza en presentar la consagración de la capital como otra grandio- tianismo o tolerase que un cristiano se hiciera judío (CTh XVI,8,1, e
sa manifestaCIón de la fe constantiniana, lo cierto es ue siguieron
abIertos los tem plos a anos Artemisa Airodita Fortuna, el Sol. .. ), 18. Apéndice documental 2.8, r . 390.
360 361 18/36
JOS~ FERNÁNDEZ U6tÑA CONST ANTIN O Y El TRIUNFO Del CR ISTI ANISMO EN El IHPERIO ROMANO

año 315 O 329); en segundo lugar, sobre el matrimonio 3. EL N ACIMIENTO DE LA HIST ORIOGRAFÍA CRISTI AN A
d r cen estacarse as siguientes dis osiciones: e real Ó
e valor de los compromisos esponsalicios (CTh m ,5,2, año 319), algo Al igual que había acaecido en Grecia y Roma, cuya literatura histó-
que también aprobó el canon 54 del concilio de Elvira; b) se prohi- rica maduró al calor de sus victorias respectivas sob re persas y car-
( bió al marido tener una concubina en el hogar (CJ V,26, 1, año 326); tagineses, la historia de inspi ración cristiana nació con el triunfo
e) el divorcio sólo se permitía en circunstancias determinadas, seS!Ín constantjniano en Puente Milvio. Los cristianos hicieron suya esta
c.. una ley del 331 (CTh m,16, 1), esto es, ue el marido fuese un ho- victoria v se convencieron de que la humanidad e_ntraba en una nue-
mlcl a, un ec icero o un estructor de tumbas, o la mujer una va époc~ que vería cumplidas las promesas de su dios. Y lo creyeron
a u tera, nechicera o alca ueta;d ) la política «natalista» de Augy.s- tan firmemente que su historiografía, a pesar de su carácter novel,
G to~ ue siem re incum lida fue formalmente 'd 120 fue la única realmente meritoria durante toda la dinastía constanti-
(Eusebio VC IV,26 19 .d Le.JIlMO_<l-lLe...a...p.ar.tir...Ji eru.u nceUos_solre- niana. La de inspiración clásica, tanto griega como latina, quedó
ros o solteras y...lru.J:asado.s..sUl-.hijoS-IlO_set:ian- discr-i.minades...(CTh eclipsada, con apenas excepciones, hasta finales del siglo IV, cuando
Vm,16,1). El posible espíritu cristiano de estas leyes quedó, una vez el Imperio cristiano entró en crisis y algunos se preguntaron si ésta
más, equilibrado por otras en favor del matrimonio tradicional, no era el justo castigo divino por el abandono de los cultos paganos.
como la que prohibía a la mujer libre casarse o simplemente c0ha- La reacción cristiana, liderada por la obra renovadora de Agustín,
bitar con esclavos, bajo amenaza de ser ella misma y sus hijos eScla- y la ya insanable debilidad del pensamiento historiográfico greco-
( vizados (CTh IV,12,l, año 314; CJ V,5,3,' año 319), o la que conde- romano permitieron al cristianismo superar este desafío pasajero y
naba a muerte a la esposa que cometiese adulterio con uno de sus seguir protagonizando durante siglos las especulaciones sobre el de-
G esclavos (CTh IX,9,1, año 326). ' venir histórico.
El talante moderado de la política religiosa de Constantino pue- Antes de Constantino apenas hay nada en la literatura' cristiana
de sin embargo, calificarse e renova or y asta aerevoliRi'lm:rtio que podamos catalogar en el género histórico. Dos razones, al me-
por ue en la ráctica supuso una situación de favor para los cris- nos, podrían explicar esta carencia: en primer lugar, porque el men-
tianos, hasta entonces marginados o perse uidos como enemi os del saje originario del cristianismo, de naturaleza apocalíptica, no tenía
Estado de la sociedad. Por esta razón, aunque los coetáneos paga- interés por otro pasado que no fuera el descrito por Dios en los li-
nos no expresaron ni protesta ni sorp'resa ante estil¡ nueva o lOca, los bros bíblicos. Y en segundo lugar porque, ante el menosprecio cul-
cristianos sí apreciaron enseguida las ventajas que conlle"a a com- rural del mundo clásico, los cristianos intentaron hacerse respetar
e partir la fe del rínci e. Prueba de ello es a InscnpClon e ano 25 mediante a 010 ías no historias ue reiv' nd'caban ca dici ' a-
procedente de Orcistus (Frigia), cuyos habitantes pidieron al empe- rual de buenos ciudadanos. Además, por ser una secta nueva, como
rador que otorgase a su aldea el rango de cillitas, haciéndole saber, le reprochaban sus adversarios, ninguna anti üedad odían reivin-
entre otros méritos, que todos sus habitantes eran «segui dores de la dicar como propia fuera del judaísmo.
muy santa religión» (Dessau, ILS, 6091). Con el mismo argumento El único atisbo de pensamiento histórico cristiano podría en-
Maiuma, el puerto de Gaza, aseguró su estatus de ciudad indepen- contrarse en su literatura de tipo escatológico (que hacía cálculos so-
diente, tomando el nombre de Constantia, y el suburbio de Antara- bre e! tiempo de la parusía y e! fin de! mundo) o polémico (que ela-
dus logró igualmente independizarse con el nombre de Constantina boraba listas de obispos para demostrar la raigambre apostólica de
(Iones, 876-877 y 1363). Estos testimonios muestran con fidelidad determinadas sedes). Se trataba, claro está, de obras sin más preten-
cómo se había extendido entre la cristiandad (y quizá entre todos los sión que fortalecer la fe de los creyentes, pero en estos humildes an-
coetáneos) la sensación de vivir una época nueva. ·Sin este senti- tecedentes arraiga el fuerte sentido teológico que los cristianos del
miento de cambio no se explicaría tampoco el ímperu de la histo- siglo IV darán a sus obras históricas, interesadas ante todo en desve-
riografía cristiana que ahora ve la luz. lar el destino del hombre: Lactancia, por ejemplo, se esfuerza en
demostrar el final des raciado de los perseguidores, y use -la que
19. Aptndice documental 2.8, p. 390. Constantino era ima en vicario de Cristo en a tierra. ste provl-
19/36
362 363
JOU FERNÁNOEZ UBIÑA CONSTANTINO Y El TRIUNFO DEl CRISTIANI SMO EN El IMPERIO ROMANO
dencial en la expansión del cristianismo. Por su defensa apasionada
de la paz y de la unidad del género humano, Lactancio nos parece
un personaje sorprendentemente moderno, al que quizá no se com-
prendió bien en su propio tiempo y hubo por ello de esperar al Re-
nacimiento para ver reconocidos sus méritos literarios y humanistas.
Hacia 317, ya anciano, fue llamado a Tréveris para encargarse c:
de la e.ducación de Crispo, ijo oe onstantmo. ue entonces cuan-
do acabó sus Instituciones el E ítome O edicl6 abr viad
mismas y el más célebre de sus escritos, Sobre la muerte de los per-
seguidores (De mortibus persecutorum), un opúsculo terrible que re::
crea placenteramente la agonía de los emperadores anticristianos, de
Nerón a Galerio, sin que Dios escuche sus lamentos desesperados ni
se deje conmover por su arrepentimiento y conversión postrera,
pues e! deseo divino era mostrar «su poder en la aniquilación de los
3.1. Lactancio enemigos de su nombre» (1,8). Tanta crueldad innecesaria, que se
hace extensiva a familiares inocentes -mujeres e hijos- de los per-
De origen africano, Lacrancio era ya un reputado maestro cuando seguidores, ha hecho dudar, sin más razones convincentes, de que
Diocleciano le honró con la cátedra de retórica latina en Nicomedia. fuese Lactancio el autor de tan macabro relato.
Su conversión al cristianismo se produjo probablemente en esta ciu- Momigliano (1989, 95) vio en este escrito la prueba de que «los
dad, pero ello no le hizo ingresar en la clericatura, como era usual ganadores se hicieron conscientes de su vicroria con un repentino sen-
entre los intelectuales conversos de la época, ni distanciarse de la li- timiento de venganza y resentimiento», y pensaba que no se trata de
teratura profana. El virtuosismo narrativo de este "Cicerón cristia- un testimonio aislado, sino que formaba parte de una corriente de
no», como gustaban llamarle sus admiradores del Renacimiento..ÍYL pensamiento cristiano decidida a tomar el poder en el Imperio roma-
mu sUQerior a sus méritos escasos como teólogo y filósofo, desta- no: sin esta voluntad, afirma, no habría nacido la historiografía cris-
cando no tanto por su originalidad como por su labor de compila- tiana. Sobre la muerte de los perseguidores es, en todo caso, un libelo
dor y erudito. Poco después de iniciarse la gran persecución dejó su tendencioso y plagado de errores, or ue su autor, muy conservaao r
cátedra y regresó a Occidente. u rosenatorial se afana en identificar a os uenos em era ores c<;? n
E;n:re su primeras obras destaca Las instituciones divinas, inicia- a uellos ue respetaron al Senado y a la Iglesia. Los malos, por con-
(; da en tiempo de persecucIón (h. 304), que constaba de siete libros y tra, serían los perseguidores de uno y otra.--un ~ este prejuicio,
estaba dirigida a un público pagano culto. Su contenido es muy va- carente de base histórica, nos obli a a utilizarlo con recaución, su
riado, aunque su objetivo es presentar el cristianismo como una..doc- valor historio ráfico no uede menos reciarse orque en él aparecen
trina superior (por su naturaleza revelada) a la sabiduría Qrofana, algunos elementos específicos de las historias escritas por cristianos:
«refutar a los enemigos antiguos con todos sus escritos y quitar a los el prototipo de perseguidor, el destino espeluznante de los impíos, el
enemigos futuros toda posibilidad de escribir o responder» (V,4). sentido providencial de los acontecimientos y el gusto por conservar
Los tres primeros libros rebaten los errores del politeísmo y de la fi- documentos oficiales que interesaban a la historia de la Iglesia.
losofía, el cuarto muestra la verdad enseñada por Cristo, el quinto y
sexto explican la justicia que éste trajo al mundo, y el séptimo, de 3.2. Eusebio de Cesarea
carácter escatológico y dedicado a Constantino (lo que hace pensar
que lo escribió después de Puente Milvio), especula sobre e! milenio Con este obisQo se abre la edad de oro de la patrística griega y~
mesiánico. Siguiendo la tradición conciliadora de la apologética, cri- descubre un nuevo énero literario, la historia eclesiástica. Pocas
tica la VIolenCIa del Impeno romano, pero le asigna un pape! provi- personas pueden igualarl¡ en c onocimientos y, aún menos, en su ca-
364 365 20/36
-.
e as; $
JOS~ FERNÁNDEZ USIÑA CONSTANTINO Y El Til,IU NFO DEl CRISTIANISMO EN El IHPERI O ROHANO

pacidad para percibir y narrar las transformaci ones de su tiempo. cinio, pero en este período no se analiza metódicamente la expansió n
Hubo, al menos, dos cIrcunstancIas que debieron de allanarle el ca- del cristianismo, sino que se trata más bien de una imptesionante com-
mino: en primer lugar, la excelente biblioteca que rí enes había ¡:>ilación de acontecimientos y documentos fundamentales. Por eso se
delado en Cesarea, enriquecida luego J2QLcl.pr.e~híteto..:· máLtix..Eán- ha dicho con no poca razón que la obra debería nrularse «Materiales
fdo, mae~~ro de Eusebio. E.n segundo lugar, su prolongada y estre- para una hisroria eclesiástica». La empresa carecía, en roda caso, de
cha relaclOn con ConstantinO, sobre todo a partir del 320, como precedentes dignos de mención, como subraya el propio Eusebio,
prueban las cuatro carras que conservó del propio emperador (VC por lo que podía adverrir con cierto orgullo que debió «abordar el
111,52,61; JV,35,36) y los tres discursos que pronunció en su pre- tema como quien emprende un camino desierto y sin hollar» (1,1 ,3 ).
sencIa (VC J,I; JV,33.46). . Nada hay aquí, por otra parte, que nos recuerde el género his-
P eviamente sufrió la ersecución tetrár uiea debiendo refu 'ar- tórico inventado por los griegos, donde pre\'alecía la búsqueda de
se en Tiro y la Tebaida para salvar la vida. Su nombramiento como causas, las indagaciones étnicas y constirucionales, los discursos in-
e obispo de Cesarea, ciudad donde probablemente nació hacia el 263 ventados y la predilección por las guerras contemporáneas (de don-
e coi nc~dió con I~ promu~gació~ de los acuerdos de Milán en 313 y po~ de deriva que el testimonio principal sea el de militares y testigos
cosanos despues se verla 1m IIcado en la controversia rovocada or oculares). Eusebio no inventa discursos y recopila innumerables tes-
Amo. con quien simeatizaba, siendo or ello excomul ado. Sus ¡: _ timonios escriros, muchos de los cuales se han conservado gracias a
tentos de hallar una vía media en Nicea fracasaron, aunque decicfió él. Lo ambicioso de su proyecro recuerda las Antigüedades ¡l/días de
fIrmar el credo a robado en este concilio ara com lacer a Consran- Flavio Josefa, que sin duda le sirvió de modelo. Pero la originalidad
tino ;-de quien sería consejero y confidente, como gusta dejar ver en de su obra está fuera de duda y él mismo era consciente de ello : el
su celebre V,ta Constantini, escrita rras la muerte del emperador. protagonista es el conjunto de la nación cristiana, y sus empresas te-
Entre sus obras de carácter histórico cabe destacar la Crónica nían una dimensión rrascendental, en especial la resistencia sobre-
e elaborada sobre el 303. donde pule las concepciones cronológic~ humana a las persecuciones y el triunfo rotal de la verdade ra doctri-
de sus predecesores cristianos, en particular las de Julio Africano, na sobre las herejías. Tales hazañas hubieran sido imposibles sin la
elImmando las especulaciones milenaristas propias de este género. asistencia divina, porque sus poderosos enemigos -paganos, judíos,
Su f~nalIdad era demostrar ue la reli 'ó n judía, prolongada en el herejes- contaron siempre con la ayuda de Satanás. La victoria final
CristianIsmo, era la más antigua, ero su éxito fue me iocre. e ne- de la Iglesia culminó con su gran héroe, Constantino, que encarna en
cho, sólo se h~ conservado en una versión armenIa y, parCIalmente, su persona este doble triunfo sobre el paganismo y la herejía.
en I~ traducclOn lanna de Jerónimo,. quien, a su vez, la amplió y ac- La Historia eclesiástica ruvo un éxito e ectacular, conoció va-
tualIzó desde el año 325 al 378. rias ediciones e infi nidad de copias y traducciones ( e a I que ayan
a más célebre meritoria de Eusebio es indudablemente pervivido numerosos manuscriros). Rufino llevó a cabo la versión la-
su Historia eclesiástiCE.,. en la que se propuso tin~n el 4Q3 Y le añadió dos nuevos libros, que analizan los acon- e
tecimientos hasta el año 395. Los mejores continuadores griegos de
[... ] consignar las sucesiones de los santos apóstoles, el número y l. . ueron Sócrates el Escolástico Sozomeno, Teodoreto y el
magmtud de los he~hos registrados. por la historia eclesiástica y los arriano Filostor '0 cu as res ectivas Historias eclesiásticas a arcan
que en eUa sobresa"eron en el gobIerno de las iglesias más ilusrres con li eras diferencias el si lo IV JI el primer tercio e v, y apenas
[... ] y también q~iénes y cuántos y cu:índo, sorbidos por el error, se
modifican lo esencial del mérodo y estrucrura consagraaos por el
proclamaron a SI mISmos Introductores de una malUamada ciencia
[ ... ] y las desventuras que se abatieron sobre la nación judía así como historiador de Cesar ea. Incluso la metodología histórica moderna es
el número, el cadcter y el tiempo de los ataques de los paganos con- deudora suya en no poca medida, sobre todo en el valor que conce-
tra la divina doctrina (1,1,1-2). de a los documemos escritos y a la constatación de su fiabilidad.
En Los mártires de Palestina Eu sebio nos legó su testimonio per-
Los diez libros que comprende este magno esrudio abarcan desde sonal sobre la persecución en esta region urante os anos ,
la constitución de la Iglesia hasra la victoria de Constantino sobre ü- y ya hemos visto el carácter encomiástico de su Vita Constantilli,
21/36
366 36 7
JOH FERNÁNOEZ UBIÑA CONSTANTINO y El TRIUNfO OH CRISTIANISMO EN El IMPERIO RO M ANO
I
i
i
i
i
i
I
i
3.3. Los inicios de la hagiografía i
i
i
i
i
i
ue se mantuvo i
roda su vida en la vanguardia de la lucha contra los arrianos. De su i
ingente obra sólo mencionaremos la Vida de sall Antollio, que Jme-
de considerarse el acta fundacional de este nuevo género histórico,
de tan brillante y prolongado futuro. Escrita aloco de morir en
/ 356 o 357) el célebre ermitaño, la popularidad de su biografía fue
inmediata, tanto en Oriente como en Occidente, donde se difundió
(' en la versión latina de Evagrio, realizada hacia 375 . Atanasio pudo
inspirarse en los prototipos paganos de "hombres santos», como Pi-
tá oras A o onio e Tiana, que a canzaron as cimas e a sa , - MAPA 7. El mundo cristiano en ei siglo IV. Fuente: P. F. Esl,r «d.), The Early Chris·
duría y de la perfección humana según los criterios de la paideia tian World, Rourledge, London, 2000, p. 476.
clásica. Pero Atanasio nos habla de una santidad distinta, que no se
adquiere con la reflexIó n filosófIca, SInO en la búsqueda Incansable
22/36
368 369
JOS~ FERNÁNDEZ UBIÑA CONSTANTI NO Y El TR IUNf O DEL CRISTIANISMO EN EL IMPE R IO ROMANO

de Dios, en la soledad del desierto, superando tentaci ones demonía- dad y en todas las instituciones del Imp erio. Así lo prueba, entre_
cas y curtiéndose en un ascetismo sobrehumano. Este Frototipo de Otros testimonios, la popularidad de los símbolos cristianos, cu yo
santidad, ideal espirirual de todo buen cristiano, será en_arnado por o se eneraliza en monedas e inscripciones funerarias : Constante
un elevado número de monjes, obispos y ermitaños, a cuyas tumbas y Magnencio acuñaron piezas de bronce en cuyos reversos aparece
o lugares de retiro acudirá el pueblo fiel en busca de remedio para el crismón entre las letras alfa y omega, lo que prueba la plena CriS-
sus enfermedades, iluminación para cualquier otra adversidad o me- tianización de la simbología constantiniana, y no menos explícitas
diació n ante los poderes celestiales. La santidad reemplaza así a la fi- son las monedas de Vetranio que representan al emperador soste-
losofía como camino de perfección. Por eso, a partir de ahora, en un niendo el labarum y la leyenda Hoc signo victor3 ris. Tan profunda
mundo dominado ideológicamente por el cristianismo, las biografías cristianización del Estado de la sociedad ex lica el fracaso de la re-
de héroes, emperadores, capitanes o filósofos dejan su lugar a las de acción de Juliano en favor del paganismo, converti o ya en una cau-
estos personajes singulares, auténticos sucesores espirituales de los s~édito que a enas interesaba a un puñado de nostálgicos.
mártires, que vencen a los demonios y cumplen insólitos milagros
con la asistencia de Dios. Como se verá en el capírulo XII, al que re- 4.1. La división del Imperio y la política contra paganos,
mitimos para conocer más detalles y textos sobre esta temática....la... judíos y donatistas
Vida de an Alltoni ruvo e ccidente u rincipal contra unto e
la Vita Martini, de ulp'icio Severo, y, en menor medida en otras vi- te...eL.d.eceni03-40:3.i0..eUm er.io..esru",O-r. artido entre Cons-
das de santos escritas p'or erónimo y otros Padres de la Iglesia, to- tancio y Cons~te,_ arriano el primero y católico el segundo, en con-
das las cuales fueron un acicate y un reflejo de la intensa vocación sQ.nan.¡:ia..s;.on el s nti.t..ln.ayo i . de as iglesias orientales y occi-
eremítica y monástica que conoce en este tiempo el cristianismo. den.tal.es..res. nte. Esta desavenencia doctrinal no fue óbice
p . s e o c ' ncidieran en una común anim~d-
versión hacia el PM:anismo, cu os rituales privados fueron prohibi -
4. LA HERENCIA DE CONSTANTI NO d s p. texto de contaminació JL!!!ágiq (CTh XVI,10,2-3, años
341 y 342 2 °). No obstante, quedaron libres de persecución los tem- e
plos que, situados extramuros de las ciudades, patrocinaban fiestas
y espectáculos, i • n em erador renunció a su condición de ¡:>on-
tífice máximo ni al balo religills..Q..q~gaba a su ersona el cul-
to.imperial.
No ha constancia de reacciones ero sí
de al nos extremistas cnstlanos ue ensaban lIe ado el momento
de acabar definitivamente con la religión tradicional. El mejor re-
presentante de esta tendencia beligerante fue Fírmico Materno, que
hacia el 350 escribió a Constante y Constancia el panfleto De erro- v
re profanarum religionum, pidiéndoles que aniquilasen sin contem-
placiones los culto~ p~anos, una misión honorable que el propio
Dios habría reservado a ambos príncipes (De errore 20,7). Su alega-
to, primer testimonio cristiano en pro de la guerra santa, advierte a
los emperadores sobre la inutilidad de su política tolerante, pues
ninguna ayuda pueden esperar de unos dioses que no son sino de-
monios impotentes. Sólo al Dios cristiano, afirma, deben la victoria

20. Apéndice doc umental 6.2 )' 6.3, p. 395.

23/36
370 371
JOU fERNÁNDEZ UBIÑA CONSTANT I NO Y EL TRIUNfO DEL CRISTIANISMO EN EL IMPERIO ROMANO
y la grandeza del Imperio (ibid., 28-29). No sabemos en Q.Y.Úne.di:: e! daño que ocasionaba a las despobladas curias. De hecho, la citada
da Constancio ( ues Constante muere a enas ublicado De errore) ley de! 349 precisaba que los hijos de los clérigos no podían seguir
se dejó convencer por este escrito, que sin duda leyó, pero lo cier- al servicio de la iglesia si estaban sujetos a responsabilidades curia-
to es que e! emp- d endureció a artir de estas fecha i- les, y el mismo emperador, Constancio, estipuló años después que
das re resivas contra e! a anismodlrohibiÓ' todos los sactifki.Qs, sólo los obispos fueran plenos beneficiarios, mientras que presbíte-
diurnos nocturnos _ ordenó cerrar los temp-los bajQJ;1ena cap-ital ros y diácQnos, especialmente aquellos de los que decuriones y pue-
(CTh XVI,10,4.6, esta última rubricada junro al césar Julian021). blo sospechasen una actitud fraudulenta al hacerse clérigos, estarían
También los judíos fueron hosti ados en estos años, como ya lo obligados a ser sustituidos en las curias por sus hijos O un pariente
fuero"ñ""bajo Constantino, aunque todavía estamos muy lejos de los cercano (al que entregarían dos tercios de sus bienes) o en caso cQ.n-
C- excesos antisemitas de siglos venideros: una ley de! 339 les prohibJa. trario la propia curia les expropiaría esos dos tercios de propieda-
tener esclavos cristianos casti ándolos con la ena de muerte si los des (CTh XII,1,49, año 361).
circuncidaban CTh XVI,9,2), y otra ley de! mismo año sancionaba Los clérigos fueron también..exOlLe.ad_o ulda...ohligación de al-
e con i ual ri or los matrimonios entre una cristiana un judío (CTh b~gaL!!Q as en sus casas de otras car as extraordinarias (munera
XVI,8,6). Recuérdese que e! canon 16 de! concilio de Elvira también sordida): CTh XVI,2,8.2.10, años 343 Y- 3 . Una le del 357 (CTh ce.
prohibía los matrimonios mixros de cristianos con judíos o herejes. XVI,2, 14) hacía extensivos estos privilegios a sus viudas e hijos. Los
Posteriormente, Constancio y uliano promulgaron unale: q.w:..cas- clérigos que se dedicaban al comercio quedaron igualmente exentos
tigaba con la confiscación de sus bienes al cristiano ue se convir- de pagar el impuesto (/ustralis col/atio) que recaía sobre esta activi-
e ti.es.uLj.u.daism.o...(CTh XVI,.a.,7, año 357). dad (CTh XVI,2,10 y 14). Se habían promulgado ya tantas leyes
L;u-ep-resión más cruel ins irada o consentida or muchos obis- otorgando, ampliando o limitando prebendas clericales, que hubo
pos católicos, recayó sobre los donatistas, que asumieron heroica- momentos en que ni los propios obispos sabían a ciencia cierta de
te su condición de i lesia ~guida, propagaron el culto fer- qué privilegios gozaban: los reunidos en e! concilio de Rímini (359)
voroso a sus mártires y reaccionaron cuando pudieron con actos de entablaron un debate sobre la condición fiscal de las tierras perte-
no menos crueldad, contando para ello con la ayuda inestimable de necientes al clero y acordaron pedir al emperador que quedasen li-
los circumcel/iones, campesinos pobres y endeudados que extendie- bres de todo tipo de tributos y gravámenes. Constancio les respon-
ron e! terror entú los sectores más acomodados, incluyendo algu- dió con un edicto en e! que ratificaba las exenciones clericales de
nos potentados donatistas. El odio e! es anto de esta lar a perse- cargos públicos, de la lustra lis col/atio y de munera sordida, pero no
<;;.. cución (343-348) dejarían secuelas imborrables en la sociedad y en . así de impuestos para sus propias tierras, las cuales, a diferencia de
el cristianismo norteafricano. El triunfo final de los católicos, basa- !las que pertenecían a la Iglesia, estaban sometidas al régimen ordi-
do en la coacción y en e! apoyo de! Estado, no fue sino un espejis- nario de tributación (CTh XVI,2,15).
mo, como demostró e! derrumbe definitivo de esta iglesia, una de las Este em erador se mostró más com laciente en lo referente a
más prestigiosas de Occidente, ante la llegada de los arrianos ván- los priv"legi s "urídic s del clero, y e! año 355 decidió ue las acu- e
dalos primero y de los musulmanes después. saciones contra los obisp.2.t.fuesen vistas Eor un tribunal episco al
(CTh XVI,2,12). Esta concesión liberaba a estos Ere!ados de las in-
4 .2. Privilegios clericales y conflictos doctrinales sidias civiles p_eL~ ra a un nue o medio de represión re-
Rresalia a las facciones clericales, que llevaban años enfrentadas y
anhelaban su mutua desaparición.
El decenio de regencia com anida entre Constancia y Constan-
teJ340-350)j.nte.K~pecialmente a la historia de! cristianismo Ror
c. la división de sus iglesias en dos grandes blo ues el subordinacio-
nista de Oriente.y e! niceno de Occidente cada uno de los cuales ca-
21. Apéndice documental 6.4, p. 395. noci ' tendencias i ternas e importancia desi !!lII. Los entevesados
24/36
372 373
CONSTANTINO y EL TRIUNFO DEl CRISTlANISHO EN EL IMPERIO ROMANO
JOS~ FERNÁNDEZ UBIÑA

pormenores teológicos y disciplinarios de sus disputas y el protago- Roma, dado que también diversas sedes orientales eran fundaciones
nismo en las mismas de los propios emperadores serán analizados en apostólicas y al cabo allí nació l' predicó el mismo Jesús (por eso se
el capítulo siguiente. Aquí nos limitaremos a destacar las circunstan- proponía la autOnomía de las iglesias orientales y occidentales, a se-
cias históricas en que se desenvolvieron y sus hitos más relevantes. mejanza de lo que acaecía en el ámbitO político), y 2) la consiguien-
En este sentido, llama la atención, en primer lugar, cómo la poli ti- te ratificación de las excomuniones pronunciadas por el concilio de
zación del conflicto eclipsó las iniciativas eclesiásticas, especialmente TIro contra Atanasio y otros nicenos a los que Roma, vulnerando la
las de Roma, y redujo el papel jugado por teólogos y obispos. Ello se tradición eclesiástica y el respeto debido a las resoluciones sinodales,
vio bastante favorecido por la mediocridad moral e intelectual de los había admitido en comunión.
dirigentes eclesiásticos, pues la mayoría de los grandes líderes de la Una delegación de! sínodo antioqueno se dirigió a Occidenté
época de Constantino murieron antes de mediados de siglo sin de- Ilara informar al propio Constante de sus acuerdos, pero éste quizá
lar sucesores de su talla, y de este modo las decisiones de mayor ca- p..teS~ por Osio, e! papa Julio y el exiliado Atanas io, ~lill...a
lado comenzaron a fraguarse con mucha más frecuencia en la corte recibirlos y acordó con su hermano Constancio la convocatoria de
imperial que en las curias episcopales. un concilio g a érdica el año 343. Aprovechándose de su su- e
Un hecho no menos Ilam¡¡tjyo esJ.a..n~e.si.dad de queJ.aJgl.esia perioridad numérica y de la debilidad política de Constancio (ago-
(nicena o arriana a la ue a a los monarcas se dotase de un cre- biado por la guerra persa), los occidentales impusieron en este síno-
ue le si vi a a a dis i !mir al clero ortodox lI.C..
do sus criterios doctrinales y disciplinarios, cavando de este modo
recaen las prebendas y los .privilegios antes señalados) del herético una fosa insalvable con sus hermanos orientales (Fernández Ubiña,
(asimilado a los sectores políticamente desleales). Esta circunstancia 2000a, 463 ss.). El triunfo de la iglesia occidental se escenificó con el
favoreció en principio a Constante, que regía un Occidente mayori- r· asi a sede de Ale"andría en ocrubre del
tariamente católico e identificado con el credo de Nicea. La unidad l16.,..¡:j¡¡dad en la que entró a la manera de los emperadores en las C.
rellgiosaoe esta arte del 1m erio venía acom añada de su maY..Qr ciudades vencidas y tras haber logrado ~p ropio Constancio se
fortaleza olítica militar ues Oriente había de hacer frente a las humillara pidiéndole Ilersonalmente su re reso.
amenazas peE as Y sus iglesias aunque hostiles a Nicea,_no lograron Cuando el triunfo del nicenismo parecía inevitable, Constante en-
elaborar un credo común. El esfuerzo más fructífero en este sentido contró la muerte a manos del usurpador Magnencio el año 350, y poco e
¿ lo llevó a cabo e! concilio de Antioquía de! año 341 ue elaboró va- después ( e 53 éste se suicidaba tras ser derrotado or ons- <-
rias fórmulas de fe conciliatorias y dio a conocer una con carácter tancio. quien, de este modo. se veía repentinamente dueño único y
. ·al (el Ilamad~gundo Credo de Antioquía)--;;n la gue se con- absoluto de! Imllerio. Había sonado la hora de la revancha arriana .
denab.•mJ¡¡umSde Arrio,Jlo se mencionaba e! con fiTttivo térmiM
homoousios se afirmaba la creencia en Dios Padre y 4.3. Constancio y el triunfo arriano

en Jesucristo, su Hijo, Dios unigénito, or el u se hizo todo en- Como su padre Constantino, también Constancio vio en su fulguran-
gendrado por el Padre antes de los Á~, Dios de Dios, entero de ~e carrera militar el destino providencial que Dios le había asignado,
entero, único de único, ptrfecto de perfecto, rey de rey, Señor de Se- sobre todo tras su victoria en Mursa sobre MagnenciQ (&pti.emhre
ñor, palabra viviente, sabiduría viviente, luz verdadera, camino, ver· !k.lli) De ahí que incluso superase a su padre en la obsesión por c.
dad, resurrección [... ) imagen perfecta de la divinidad, sustancia, vo- lograr la paz eclesiástica, y si aquél se proclamó «obispo de los de
luntad, poder y gloria del Padre (KeJly, 1980,321).
fuera», él se hiciera llamar «obispo de los obispos» (episcopus epis-
Esta declaración, sostenida en textos bíblicos, será el eje de otros coporum), responsable supremo de la Iglesia como ya lo era del Im-
credos orientales y su ortodoxia no fue Iluesta e duda ni siqulera perio. Convencido, pues, de que su voluntad era canon indiscutible
¡:>or los nicenos más recalcitrantes. Pero a este Símbolo se sumaron, de verdad Constancio se hizo rodear de obis os con los ue a mé-
entre otras, dos decisiones conciliares que Occldente no estaba d¡s- nudo debatía temas teológicos -más como entretenimiento áut"ico
puest eptaI.i... 1~ativa a reconocer la_llrimacía ecuménica d ~ que como reflexión espiritual-, y que constituyeron una especie de
25/36

374 375
JOS~ fERNANDEZ UBIÑA
CONSTANT IN O y El TRIUNfO OH CRISTIANISt:'0 EN El IMPER.IO R.OMANO
sínodo palaciego permanente (el llamado syllodos elldemoussa) que 5. L~ REACCIÓN PAGANA DE JULIANO EL ApÓSTATA
L durante diez años, basta su muerte en 361, elaboraría diversos credos
que serían ratificados, sin apenas oposición, en una serie de concilios Durante su infancia y juventud, Juliano, huérfano de padre y madre,
orientales y occidentales de los que se da información detallada en el recibió una estricta educación cristiana bajo la supervisión atenta de
capítulo siguiente. Fue éste sin lu ar a dudas, uno de los dece.!!ios maestros arrianos y del propio Constancio, que procuró además te-
más negros de la historia de la Iglesia. Los poc~ espíritus íntegros nerlo apartado de toda actividad política. Su temprana afición por
q;;-;C;Saron lantar cara al despotismo teológico del emperador, los estudios clásicos (Misopogon, 22) no pareció dañar su fe ni si-
c Atanasio Hilario de Poitiers UCI er e ag lan SIO de quiera tras su nombramiento y destino como césar en las Galias (no-
Córdoba hasta ROCO antes de morir 22, no dudaron en identificarlo viembre de 355), donde, aparte de sus inesperados éxitos militar-es c.
c el Anticristo y. en zaherir sin contem laciones a los cientos de y administrativos, dio muestra de fidelidad a la política religiosa de
prcl.a.dJ Que e habían vendido al rínci~J)or unas monedas. ~e Constancia, como bien prueba su apoyo el año 356 a los arrianos en c.
oro un lote de tierra o una sede e isco~ el emperador -escnbla el concilio de Béziers (que acordó la excomunión y exilio de los cató-
apenado Hilario- «no nos azota la espalda sino. que nos acaricia el licos Rodanio de Tolosa e Hilario de Poitiers) o la puesta en práctica
vientre [... ] no nos corta la cabeza con la espada SinO que nos mata el de la ley que prohibía los sacrificios idolátricos (CTh XVI,l 0,2 23 ).
alma con su oro» (Liber in Constantium imperatorem, 5). No era re- Aparentemente, tampoco su proclamación como augusto en febrero
tórica. Hasta Juliano el Apóstata, que contemplaba atento la políti- de 360 supuso cambio alguno en este ámbito. Por el contrario, sabe- e.
ca religiosa de Constancia, se sentía escandalizado por la ambición mos que en enero de 361 celebró la Epifanía en una iglesia de Vien- e
y venalidad del clero (Ep. 115). Los concilios de Arlés (353), Milán ne -siendo precisamente éste el primer testimonio galo sobre tal
e (355), Sirmium (357), Seleucia-Rímini (359) y ConstantinoEla (360) festividad-, si bien es cierto que, según advierte Amiano Marcelino
\ son los hitos más imp,ortantes de esta historiailegradante del e ISCO- (XXI,2,4-5), Juliano ya había apostatado en secreto y con este gesto
.,y pado. apenas enderezada Ror la fidelidad a Nicea de un puñado de hipócrita sólo pretendía ganar para su causa el apoyo de los cristianos.
obis os fieles (enviados normalmente al exilio) y por las buenas In-
~iones de algunos orientales que aún confiaban en encontrar una 5.1. Los proyectos políticos y religiosos de Juliano
fórmula de fe en la que se reconocieran fraternalmente todas las Igle-
sias. No fue posible. Pero también ahora la muerte inesperada del Al no ser reconocido au usto por Constancia, Rri avera de
emperador, en noviembre de 361, frustró las perspectivas de un 361 uliano. ue se consideraba em erador le ítimo or su erre-
triunfo arrollador del arrianismo y puso súbitamente de relieve el n-;;Cia a la dinastía constantiniana, se dirigió con sus tropas a Orien-
gran desprestigio de sus partidarios como enemigos redomados de la te decidido a revalidar sus derechos con las armas. Ya sabemos que el
libertad eclesiástica y sumisos servidores del cesaropaplsmo Impenal. enfrentamiento no llegó a produc~ por ~ Constancio murió eil
Antes de fallecer, Constancia nombró sucesor a Juliano, sobrino noviembre de ese año tras nombrar sucesor a Ju liano. Poco después,
de Constantino, que se había salvado milagrosamente, siendo casi \In el nuevo emperador hacía su entrada triunfal en Constantinopla.
(, bebé de la masacre de Constantinorua en septiembre de l) 7. Todos J:ue entoru;es cuaW.-9 Juliano ex puso úblicamente sus roY.,ec-
conocían su esmerada educación cristiana, sus dotes militares y su tos revolucionarios de restauración social y religiosa, que justificará
amor al estudio: «unos aman los caballos, otros los pájaros y otrOS las teiterada~te por un expreso mandato de los dlOse5.A5r o Ilizosa-
fieras: yo, desde niño, estoy poseído por un terrible deseo de poseer b~ or e-em lo en su Discurso contra el cínico Herades escrito en
libros> escribe en su Epístola 107. Su enfrentamiento a ConstanclO marzo de 362, donde describe en forma de parábola el desprecio a (;.
hacía C:Sperar el restablecimiento de la toleranci,a relig~osa, pero nadie los dioses y laS injusticias consumadas por sus antecesores (<<todo se
podía entonces imaginar que su secreta devo~n hacia los dlo;;es pa- llenó de crímenes y desorden [.. _] arruinados los santuarios, levanta-
ganos l() convertiría g e inmediato en .!L.más célebre e los apostatas. ron nu evos sepulcros y reconstru yeron otros anti guos »). Ante tal es
22. Apéndice documental 3, p. 391. 23. Apó o¿ice docum ental 6.4, p_ 395_
26/36
376 377
CONSTANTINO Y EL TRIUN FO DEL CRISTIANISMO EN EL IMPERIO ROMANO
JOS~ FERNÁNDEZ U81ÑA

níln opiniones encontradls, :1sí como de numerosos fieles que esta-


ban también en desacuerdo y les aconse jó que olvidaran sus diferen-
cias y que no había problema alguno para que cada cual, sin ningún
temor, tuviera sus propias creencias. El objetivo final de esta dispo-
sición erJ que, JI Jurnent:1r bs discrep:1ncilS gracias a la permisivi-
dad, no tendría que temer luego a un grupo único, pues slbía por
experiencia que ninguna fierl es tln peligrosa plra los hombres
como los propios cristianos entre sí.

Con la misma intencionalidad anticristiana debe entenderse su


a o o al 'udaísmo ,mu en articular a la reconstrucción delrem-
p de e usalén ... un proyecto frustrado en sus inicios por sorpren-
demes movimientos telúricos (Ep. 134 Y 89; Amiano, XXIII,1,3).
Los resulrados fueron menos satisfactorios de lo que el empera-
dor eSReraba ues los cristianos tomaron conciencia e pe igro y
redoblaron los esfuerzos por superar sus diferencias. La impaciencia
de uliano se tradu 'o en un recrudecimiento de su política religIOsa,
ya abiertameme anticristiana, desde e verano e -Jb2, cOlnClalendo c..
con su estancia en Amioquía, ciudad en la que preparaba una gran J
incursión militar contra los persas. En junio de ese año a robó el cé-
lebre edicto ue exigía a los rofesores un com ortamiemo unas
cree'lcias acordes con el paganismo. Los cristianos quedaron así
aRartados de la docencia H . El emperador hizo saber su voluntad de
que también fueran excluidos de los gobiernos rovinciales de los
tribunales del 'ército (Rufino, HE 1,33; Sozomeno V,3; Sócrates,
HE 3,13; Juliano, Ep. 83) . La represión se cebó especialmeme en los
obispos y ciudades que, desobedeciendo las órdenes imperiales en
favor del paganismo, se reafirmaban en sus convicciones cristinas:
en agosto de ese año escribió a los habitantes de Bostra (Arabia) ani-
mándoles a que expulsaran al obispo (Juliano, Ep. 114), en octubre
exilió de nuevo a Atanasia y la misma suerte corrió el obispo Eleu-
sios de Cízico (Sozomeno, HE V, 15), Constantia de Palestina perdió
su autonomía y quedó sometida a Gaza, confiscó los bienes de la igle-
sia de Edesa (Ep. 115), privó del rango de ciudad a Cesarea de Ca-
padocia porque todo el pueblo era cristiano (Sozomeno, V,4; Libanio,
Oro XVI,14) y, en fin, si hemos de creer a este mismo historiador (So-
zomeno V,3) llegó a negar asistencia militar a Nísibe, asediada por los
persas, mientras sus habitantes, cristianos en su totalidad, no retor-
nasen al paganismo.
Con decretos sen~illos y claros ordenó que se abrieran los templos,
que se llevaran vlCtlmas a los altares y que se restituyera el culto a
los dl.o.ses. Para que la efectividad de esta disposición fuera mayor,
24. Apéndice do<:umcntal 5.3, p. 394.
permitió la entrada en el palacio a algunos obispos cristianos que te-
27/36
378 379
JOS~ fEI\NÁNOEZ UBIÑA CONSTANTINO y EL TRIUNFO DEL CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO
5.2. La resistencia cristiana elevado encarecimiento dc los prccios y un profundo malestar social.
Ni las importaciones masivas de grano ni la ley de precios (Misopo-
Los cristianos no sólo fortalecieron su unidad ante el temible desafío gon, 41) bastaron para superar la crisis y las hecatombes piadosas
de uliano sino ue a menudo defendieron violentamente sltLigle- (que luego consumían los soldados hasta el hartazgo y la borrache-
sias sus ideas. En algunas ocasiones, fue precisamente esta reacción ra) no hacían sino aumentar el descontento de los cristianos, que
nada pacífica lo que desató la ira y la represalia del emperador. Por eran mayoría en la ciudad (Amiano, XXII,12,6). Buscando la bene-
eso él se lamenta constantemente de que los galileos (así solía llamar volencia divina, Juliano quiso reconstruir el templo de Apolo situado
a los cristianos) no supieran agradecerle sus medidas humanitarias y en el valle de Dame (a unos seis kilómetros de Antioquía) y purificar
tolerantes y recurriesen a la sedición abiena, promoviendo la agita- el lugar alejando de allí las reliquias del mártir Babilas. La indigna-
ción y el desorden entre el pueblo (Ep. 115). Era un reproche fun- ción de los cristianos y su hostilidad al emperador se hizo entonces
dado, pues muchos cristianos reconocieron sin empacho que la ani- tan patente que, días después (octubre de 362), cuando ardió el tem-
madversión del monarca no dio lugar a ninguna persecución, sino plo de Apolo, Juliano no dudó en culparlos y, aunque carecía de
que buscaba la destrucción del cristianismo comprando voluntades pruebas, ordenó en represalia cerrar y saquear la iglesia catedral de
y corrompiendo a los fieles con cargos y lisonjas (Rufino, HE 1,33). la ciudad (Misopogon, 15; Amiano, XXII,13,1-3). A partir de aho-
Pero no eran menos los clérigos y fieles que soportaban mal la rea- ra, la expedición persa se vio como una especie de macabra ordalía :
pertura y reconstrucción de los viejos templos y, menos aún, tener su éxito supondría el éxito de los dioses paganos y el recrudeci-
que devolverles los adornos o materiales expoliados en años ante- miento de la hostilidad contra los cristianos; su fracaso, por contra,
riores. En Cesarea de Capadocia, por ejemplo, donde tiempo atrás el descrédito de Juliano y de su idolatría. Y hubo, al parecer, fanáti-
habían sido demolidos diversos templos paganos, los cristianos de- cos «galileos» que no se recataron de expresar públicamente su de-
cidieron ahora derruir el único que quedaba en pie, dedicado a la seo de verlo pronto derrotado y muerto.
diosa Fortuna. Fue entonces cuando reaccionó Juliano pidiendo a
los helenos (así solía denominar él a los paganos) que defendieran 5.3. Fracaso y muerte de Juliano
con más energía sus templos, condenando a las iglesias de la ciudad
a una multa de 300 libras de oro y ordenando que los clérigos fueran La historiografía racionalista vio en Juliano una reacción luminosa
inscritos como soldados y los demás fieles borrados del censo (Sozo- de sabiduría y libertad frente al Imperio obtuso y opresor instaura-
meno V,4 y 11). También los cristianos de Pesinunte fueron represa- do or Constantino. Esta percepción parece un a a, pues a fíñCle
liados por sus desmanes contra el culto a la Madre de los dioses (Ep. cuentas así es como el propio Juliano se ve a sí mismo en algunos de
84; Gregorio Nacianceno-, Oro Y,40), y el propio emperador escribió sus escritos y así es como gustan valorarlo los historiadores paganos
a los de Bostra para censurarles su oposición violenta a las leyes, pro- del Bajo Imperio, en especial Zósimo. Pero habría, sin embargQ,---~
movida por los clérigos, y advertirles que serían castigados si persis- matlzarla_ Sobre todo or ue el pensamiento filosófico helenista
tí:m en esa actitud. La situación debió ser allí tensa en extremo, pues del emp-erador se ase ej a uV_ROCO al de las figuras p-aradi má-
Juliano exhorta a sus partidarios «a que no cometan ninguna injusti- ticas ue él ismo decía imitar como Marco Aurelio Ale'andro
cia contra la masa de los galileos y a que no les ataquen ni injurien .. Magno Heráclito o Platón. Entre lo que luliano pretendía ser y lo
(Ep. 114). Y, en fin, la represión antes citada de Cízico sólo se pro- ue realmente fue cabe a reciar creo al menos tres contradiccio-
dujo cuando el obispo y los fieles de la ciudad, que ya habían des- nes que pueden servirnos de guía para valorar sus ideales y su obra
truido diversos templos paganos y ahora se oponían a su restaura- como estadista:
ción, tramaron una sedición contra el monarca (Sozomeno, V,15). al Se declara consta!l.1e.lIl.eme filósofo y. mame de la verdad,
Uno de los más graves momentos de tensión lo protagonizó el pero no duda en afirmar su misión Qrovidencial a la ue había sido
propio Juliano durante su estancia en Antioquía el verano de 362. destinado or los dioses desde su más tierna infancia. Filosofía y
La concentración de tropas en la ciudad, la ambición de los especu- providencialismo son concepros mal avcnidos que Juliano no acertó
ladores y la sequía que sufría la región circundante supusieron un a conciliar, pues el misticismo irracional, propio del neoplaronismo
28/36
380 381
JOS~ FERNÁNDEZ USIÑA CONSTANTINO Y EL TRIUNFO DEL CRISTIANISMO EN EL IMPERIO ROMANO

de la época, dominó de tal modo su conducta pública y privada que or otras dos ra-
a menudo se comportaba como un crédulo supersticioso e inculto,
devoto apasionado de la teúrgia y de las ceremonias menos edifi-
cantes del paganismo (idolatría, hecatOmbes, ritOs adivinatOrios en
los que él mismo mataba a las vícrimas y aparecía con sus manos en-
sangrentadas ... ), tal y como le reprochan sus admiradores Libanio
(Or. XII,80-82) y Amiano 25 • Más que filósofo, Juliano fue un ilumi-
nado con evidentes resabios de fanatismo, un hombre al cabo muy
de su tiempo, que tal vez hubiera sido, sin su apostasía, el mejor de
los emperadores cristianos o tal vez, sin su muerte prematura, el
peor de los perseguidores.
b Su religiosidad ue él define con el término -helenismo» .-Í!!e
tremendamente atíp-ica....ílilido ista!illami.em deJa...r.digi.ón te prematura.
clásica (clIy.o.s..ri.tos estaban siemll e al e icio del Estado _ a su wc:gunda _Ilr' ncilla az -n el fracaso d Juliano fu la forta-
p ximidad a las religiones orientales (interesadas en la salvación del leza del cristianismo, su sólida organización interna (que él desea
hombre). Recordemos que Juliano se despreocupó de Occidente y imitar), su di az i t d i a e es'tados (a la ma-
de Roma y que en esta parte del Imperio su obra apenas dejó hue- yoría de los cuales las iglesias locales asegurab:m comida, hospedaje
lla. Más que un pagano a la manera clásica. Juliano fue un devoto y sepultura, cosas tOdas que Juliano confiesa echar de menos entre
de reli iones sur idas fuera del 1m erio, de los cultos solares de pro- los paganos28 ), su implantación, en fin, en las altas instancias del Es-
ce.dencia sjria, de los misterios frigios de a Gran a re, e os ri- tado, en la administración, el ejército y los gobiernos provinciales y
tuales iniciáticos de Mitra, dios venido del enemigo persa. Para un locales. Hasta la cultura estaba ya tan marcada por el cristianismo
griego o un romano, la religión no es óbice para el cuiaado y dis- qu~rQJ1iQJuliano Ruede llamarse a sí mismo helenis9...Y defen-
frute del cuerpo, ni implica en absolutO el descontrol psíquico. Ju- sor del helenismo a sabiendas de ue estos términos se han devalua-
liano, en cambio, se sometió a una ascesis rigurosa (Misopogon, 4 y do y aluden sobre todo a las p)'ácticas religiosas del asado 1. a su mi-
7 26 ) porque deseaba ard ientemente encontrar a Dios, -colocarse QQ!Í¡l de adeptos. Aunque ni siquiera a los cristianos les gustara esta
completamente fuera de sí mismo y darse cuenta de que se es un ser identificación (Gregario de Nacianzo, Oro IV,S), helenismo y paga-
divino y mantener la inteligencia de forma infatigable e inamovible nismo empezaban a ser términos sinónimos.
en los pensamientos divinos, impolutOs y puros, despreciando en El 27 de iunio de 363, en el frente persa uliano cayó atravesa- <...
cambio todo lo relativo al cuerpo y juzgándolo, como HeráclitO, ®...¡l.P.L.U.W.a.nu...que nadie supo si procedía del enemigo o de un
más inmundo que basura» (Discurso contra el cínico Herac/es, 20) . cristiano resentido. En su lecho de muerte, según cuenta Amiano
e) Siendo un enemi o irreconciliable del cristianismo se ro u- (XXV,3,16ss.), confesó partir en paz y sin miedo (pues «tan cobarde
so ani uilarlo mediante la constitución de una contra-iglesia agp.- es quien desea morir cuando no es el momento como quien lo re-
na, cJ)n..llnª--jer¡¡rqu~clericjll calcada de los cristianos, con sus co- chaza cuando es oportuno»), satisfecho de haber gobernado con mo-
rrespondient~ doctrinas, dogmas ética rácricas piadosas. Juliano deración y en interés de Roma. Antes de expirar, aún tuvo tiempo
rendía así un homenaje involuntario a sus antiguos hermanos de fe de dialogar brevemente sobre la nobleza del alma con dos amigos fi-
y venía a reconocer su superioridad organizativa, teológica y mo- lósofos que lo acompañaban . Tenía treinta y dos años de edad. Los
raF7. Era también a la postre, el anuncio de su propio fracaso. - cristianos celebraron su muerte con alborozo y nadie se atrevió a
elogiar su figura hasta mucho después. Quizá Juliano presintiera ya
esta soledad del derrotado cuando meses atrás escribía:
25 . Apéndice documental 5.1, p. 393 .
26 . Apéndice documental 5.1, p. 393.
27. Apéndice documental 5.2. 1 y 5.2.2, pp. 393·394. 28. Apéndice documental 5.2.2, p. 394.
29/36

382 383
CONSTANTINO Y EL Tkl UNfO DEl CRISTIANISMO EN El IHPERIO ROMANO
JOH FEkNÁNOEZ UBIÑA
El pueblo, que en su totalidad ha escogido el ateísmo [= cristianis- lIas quince estadios más allá de las antiguas; adornó el hipódromo incorp~­
mo), me odio porque ve que persevero en los preceptos tradiciona- rándole el templo de los Dioscuros y colocó en aquél el trípode de Delfos,
les de lo religión, los poderosos porque se les impide vender todo o trípode que porta consigo la imagen misma de Apolo; erigió dos templos
precio elevado, )' todos por defender sus bailarines y teatros (Miso- donde albergar imágenes, en uno la de Rea, madre de los dioses, y en el otro
pOgOll, 28). una Fortuna de Roma; y construyó casas para algunos senadores; alejado de
la guerra y entregado a una vida de molicie, se dedicó a realizar repartos de
comIda entre el pueblo de Bi",ncio, repartos de los que éste ha continuado
beneficiáiídose hasta hoy en rua ...
Facilitó a los bárbaros la penetración en el tetritorio sometido a los ro-
manos [... ) cuando quitó de las fronteras la mayor parte de las tropas para es-
APÉNDICE DOCUMENTAL tablecerla~ en las ciudades, que no necesitaban protección; con ello cargó _
aquellas CIUdades que VIvían rranquilas con los perjuicios que acarrea la pre-
sencia de los soldados -por lo cual la mayor parte de ellas ha quedado de-
1. Visión crítica del pagano Zósimo sobre la personalidad Slerta-, enervó a la tropa, entregada a los espectáculos yola molicie y, en
y la política de Constantino una palobra, puso los cimientos y plantó lo simiente de la ruina que hasta
hoy se prolonga en los asuntos públicos. Una vez que llevó a cabo todas es-
Cuando todo el poder quedó en monos de Constantino, no ocultó éste por tas cosas, siguió Constantino derrochando los impuestos en obsequios in-
más tiempo su narurol vile"" sino que diose a obrar en todo a su plocer. justificados a gente inmerecedora de el los, con lo cual resultaba gravoso a
Practicaba aún los ritos ancesrrales, peto más que por respeto, por utilidad. los conmbuyentes y enriquecía a hombres incapaces de prestar servicio al-
Por lo mismo rozón prestaba oído a los adivinos, 01 haber comprobado que, guno. Fue él, asimismo, quien impuso el pago de oro y pbta a todos cuan-
respecto. todas los empresas que coronó con éxito, le habían predicho la tos se ocupaban del comercio en cualquier lugar de lo tierra, incluidos los
verdad. Mas cuando, lleno de lo mayor jactancia, llegó a Roma [julio del más pobres y las meretrices; de suerte que las madres llegaron a vender a
326), creyó que había de hacer estreno de su impiedad comen",ndo por los sus hijos, y los padres a conducir a sus hijas al prostíbulo, compelidos a va-
primeros fundamentos. En efecto, como su hijo Crispo, quien había sido lerse del trabajo de éstas para aportar dinero a los recaudadores del crisár-
honrado con la dignidad de césar, incurriese en la sospecha de mantener tra- giro [impuesto -en oro y plata-) [... ) Censó los haciendas de los clarísimos y
to íntimo con Fausta, su ffiJdrasrra, I~ quitó la vida sin 3t~nder para nada 3. las gravó con una contribución a la que él mismo puso el nombre de follis.
los dictados de lo narurale",. Dado que la madre de Constanti no, Helena, Con tajes impuestos dejó exhaustas a las ciudades. Y al mantenerse esta exi-
se dolía ante tamaña desgracia y lIevab. malla muerte del muchacho, Cons- gencia incluso después de su muerte, quedaron b mayoría de ellas desiertas
tantino, como para consohula, remedia este mal con un mal mayor. Pues or- de habitantes (Zósimo, Historia llueva n, 29-39. Trad. de J. M . Candau) .
denó "Ientar desmesuradamente un baño en el que sumerge a Fausta hasta
sacarla cadáver. Con tales hechos en la conciencia, además de violaciones de 2. La política constantinialla en favor del cristianismo
juramentos, se dirige a los sacerdotes, de quienes reclama purificación de sus
faltas. Y cuando le dicen que no conocen remedio alguno que pueda purifi- 2.1. El llamado .Edicto de .\jilán_ (313)
C>r semejantes atrocidades, un egipcio que, llegado a Roma de Iberia [¿Osio
de Córdoba?), se había convertido en persona familiar para las mujeres de Licinio entró en Nicomedia y el 13 de junio del 313 ordenó que se hiciese
palacio, aseguró en presencia de Constantino que lo doctrina de los cristia- pública una circular que había entregado al gobernador sobre el restableci-
nos suprimía cualquier yerro y aportaba el mensaje según el cual los impíos miento de la Iglesia, en estos términos:
que tomaban parte en ella quedaban al instante purificados de cualquier fal- «Habiéndonos reunido felizmente en Milán [¿febrero de 313?) tanto
ta . Constantino, recibiendo con la mayor complacencia semejantes palabras, yo, Constantino Augusto, como yo, Licinio Augusto, y habiendo tratado so-
abandonó las creencias ancestrales para acogerse a lo que le proponía el egip- bre todo lo relativo al bienestar y a la segur.idad públicas, juzgamos oporru-
cio; y dio inicio a su impiedad entrando en desconfianza de la adivinación ... no re~lar; en primer lugar, entre los demás asuntos que, según nosotros,
Al no poder soportar los insultos que prácticamente todos le dirigían, benefICiaran a la mayoría, lo relativo a la reverencia debida a la divinidad',
se dedicó a buscar una ciudad de igual categoría que Roma con el propósito a saber, conceder a los cristianos y a todos los demás la facultad de practi-
de erigir en ella una residencia imperial [... ) Impresionado por la situación car libremente b religión que cada uno descase, con la finalidad de que todo
de lo ciudad de Bizancio, resolvió engrandecerla cuanto fuese posible y ade- lo que hay de divino en la sede celestial se mostrase favorable y propicio tan-
to a nosotros como a todos Jos que están bajo nuestra autoridad. Así, pues,
cU:1r1a p:ua sede imperial. TrJs construir un foso circular, b ciñó con mura-
30/36
384 385
JOst:. FERNÁNDEZ UBIÑA
CONSTANTINO Y El TRIU N FO DEL CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO

con critcrio sano y recto, hemos creído oporruno tomar la decisión de no rc- mas expresado m:ís arriba, el fJ.\'or divino que nos asistc y que en can, grJ-
husar a nadie en absoluto este derecho, bien haya orientado su espíritu a la ves circunscancias hemos experimentado, actúe siempre de mancr~ prospe-
religión de los cristianos, bicn a cUJlquier otra religión que cadJ uno crea la -. ra en nuestras empresas con el consiguiente bienestar genefJ\. A fm de ,quc
más apropiada para sí, con el fin de que la suprema divinidad, a quien rendi- puedan llegar los términos del decreto, muestra de nuest.ra benevolenCia, a
mos culw por propia iniciativa, pueda prestarnos en toda circunstancia su fa- conocimiento de todos, debeds ordcI1Jr su promulgJClOn y exponerlo con
yor y benevolencia acostumbrados. Por 10 cual, cOllvit:ne quc tu excelencia público en todas partes para que todos lo conozcan, de modo que nadie
sepa que nos ha parecido bien que sean suprimidas todas las restricciones con- pueda ignorar esta manifestación de nuestra bcnev,olencl~:>.
tenidas en circulares anteriores dirigidas a tus negociados, referentes al nom- Una vez publicadas estas circulares, recomendo tamblen de palabra que
bre de los cristianos y que obviamente resultaban desafortunadas y extrañas a los luga.res de culto fuesen restituidos a su. siru~ción_primitiva . ASÍ, pues,
nuestra clemencia, y que desde ahora todos los que deseen observar la reli- desde el momento de la destrucción de la IgleSia [23 de febrero del 303]
gión de los cristianos lo puedan hacer libremente y sin obstáculo, sin in- hastl el de su restauración paSJron diez años y cuatro meses más O menos
quietud, ni molestias. Hemos creído oportuno poner en conocimiento de tu (Lactancio, Sobre la ",uerte de los perseguidores, 48. Trad. de R. Teja).
diligencia esta disposición en todos sus extremos, para que sepas que hemos
concedido a los propios cristianos incondicional y absoluta facultad para prac- Carta de Constantino a Anulino, gobernador de Á(rica procol/s/llar,
ticar su religión. Al constatar que les hemos otorgado esto, debe entender tu /lrgiél/dole a que devuelva los biel/es confiscados a 1,J Iglesi,J católic.,
excelencia que también a los demás se les ha concedido licencia igualmente
((ebrero 313)
manifiesta e incondicional para observar su religión cn orden a la conserva-
ción de la paz en nuestros días, de modo que cada cual tenga libre facultad de Salud estimadísimo Anulino. Es costumbre de nuestra benevolencia lo si-
practicar el culto que desee. Hemos actuado así para no dar la apariencia de guicn~c: que nosotros no sola.mente queremos que ~o se cause dal~o a lo qu.e
mantener la mis mínima restricción con algún culto o alguna religión. precisamente pertenece al derecho ajeno, sino que mcluso se resurUYl, CStl-
nAdem:ís, hemos dictado, en relación con 105 cristianos) la siguiente dis-
madísimo Anulino. .
posición: los locales en que anteriormente acostumbraban reunirse, respec- De ahí que queramos que, JI recibir ~sta carta, si, e,n cada ciud~d o i~­
to a los cuales las cartas enviadls anteriormente a tu negociado contenían duso en otros lugares, algunos de estos bienes perteneclan a la IgleSia cato-
cierras instrucciones, si alguien los hubiese ldquirido con anterioridad, bien lica de los cristianos y ahora los detent,n o bien ciudadanos o bien Otras
comprándoselos al Fisco, bien a cualquier persona privada, les deben ser gentes, harás que dichos bienes sean restituidos inmediatamente a las nm-
restituidos a los cristianos sin reclamar pago o indemnización alguna y de- mas iglesias, puesto que hemos decidido que preCisamente aquello que las
jando de lado cualquier subterfugio o pretexto. Asimismo, quienes los ad- dichas iglesias poseían antes sea restituido a su derecho.
quirieron mediante donación, los deben restituir igualmente a los cristianos Por consiguiente, ya que tu santidad está comprobando que la orden de
a la mayor brevedad posible. Además, si aquellos que los adquirieron me- este nuestro mandaco es evidentísima, apresúrate a que todo, ya sean huer-
diante comprl o donación rccbmln alguna indemnización de nucstr:J. be- tos, casas o cualquier otra cosa que pertenezca al derecho de las dichas igle-
nevolencia, deben dirigirse al Vicario parl que, mediante nuestra clemencia, sias les sea restituido lo más rápld,mente pOSible, de suerte que llegue a no-
se les atienda. Todos estos locales le deben ser devueltos a la comunidad tici~ nuesCra que ha.s aplicado a est;} nuestra orden la más escrupulosa
cristiana por intermedio tuyo sin dilación alguna. obediencia (Eusebio, HE X,S,IS-17. Trad. de A. Velasco).
»Por otra parte, puesto que es sabido que los mismos cristianos poseían
no sólo los locales en que solían reunirse, sino también otras propiedades
2.3. Nueva carta de Constantino u Anulillo. ordenJ"do que los clérigos
que perteneCÍan a su comunidad en cuanto persona jurídica, es decir, a las partidarios del obispo Cecilial/o de Cartago (/lesm eximidos
iglesias, y no a personas físicas, cambién éstas, sin excepción, quedan in- de (/lncio"es públicas (primavera del 313)
cluidas en la disposición anterior, por lo que ordenar:Ís que, sin pretexto ni
reclamación alguna, les sean dcvueIt3S a estos mismos cristianos, es decir, a Salud estimadísimo · Anulino. Como quiera que, por una serie de hechos,
su comunidad y a sus iglesias, de acuerdo con las condiciones arriba ex- apare~e que la. religión en que se conserva el supremo respero al santísim~
puestas, a saber: que quienes las devuelvan gratuitamente, según hemos dis- poder del ciclo, cuando ha sido despreciada, ha sido causa de grandes peli-
puesto, pueden esperar una indemnización por parte de nuestra clemencia. gros para los asuntos públicos, y, en cambio, cuando se la ha admitido y s:,
En todo lo referente a la susodicha comunidad cristiana, deberás mostrar tu la ha preservado legalmente, ha proporcionado al nombre romano grandl-
eficaz mediación para que nuestro decreto se cumpla con la mayor rapidez sima fortuna y a todos los lSuntOS de los hombres una prospef1(lad sm?ular
posible, a fin de que también en este asunto se muestre la preocupación de -pues esto es obra de los beneficios divinos-, he d~cldldo, estlmldlSlmo
nuestra clemencia con la paz pública. Todo esto se hará para que, según he- Anulino, que aquellos varones que con la debida santidad y con la famllia-
31/36
386 387
CONSTANTINO Y El TRIUNfO Del CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO
JOS~ fERNANOEZ UBIÑA
ridad de esta ley están prestando sus servicios personalmente al culto de 10 dad; en segundo lugar, restaurar y reconstruir el cuerpo común de la pobla-
divina religión reciban la recompensa de sus propios trabajos. ción, que se hallaba como aquejado de una grave herida. Al apuntar a estos
Por esta razón, aquellos que dentro de la provincia a ti encomendada dos blancos, atende al primero con el ojo secreto de la reflexión, e intenté
están prestando personalmente sus servicios a esta santa religión en la Igle- enderezar lo segundo con la fuerza del poder militar, consciente de que si
sia católica, que está presidida por Ceciliano, y los que acostumbran a lla- yo lograba establecer, según mis ruegos, una común armonía de sentimien-
mar clérigos, quiero que, sin más, y una vez por todas, queden exentos de tos entre todos los servidores de Dios, la administración general de los 'asun-
toda función pública civil, no sea que por algún error o por un extravío sa- tos de Estado se beneficiaría de un cambio que correría parejo con los píos
crílego se vean apartados del culto debido a la divinidad; antes bien, están pareceres de todos ..• ¿Cuál es mi consejo? En primer lugar, no se debería in-
aún más entregados al servicio de su propia ley sin estorbo alguno, ya que, terrogar por tales temas, o responder, una vez planteados. Pues ¿cómo uno
si ellos rinden a la divinidad la mayor adoración, parece que acarrearán in- va a ser capaz de comprender con exactitud o de interpretar con propiedad
contables beneficios a los asuntos públicos (Eusebio, HE X,7,1-2). la magnitud de unos dogmas tan grandes y tan en demasía abstrusos? (Eu-
sebio, Vida de Constantino n, 65-69. Trad. de M. Gurruchaga). _.
2.4. Carta de Constantino a Ceci/iano, obispo de Cartago,
haciendo donación de dinero a las iglesias (principios del 313) 2.6. El Credo de Nicca
Constantino Augusto a Ceciliano, obispo de Cartago. Puesto que en todas Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de todas las cosas,
las provincias, particularmente en las Áfricas, las Numidias y las Mauritanias, visibles e invisibles.
me plugo que se otorgase algo para sus gastos a algunos ministros señalados y en un solo Señor jesucristo, el Hijo de Dios, engendrado por el Pa-
de la legítima y santísima religión católica, he despachad? una carta para el dre, unigénito, o sea, de \3 sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz,
perfectísimo Urso, director general de las finanzas de Africa, indicándole Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial
que se las arregle para abonar a tu firmeza tres mil (olles . (homoousion) con el Padre, por quien todo fue hecho, en el cielo y en la tie-
Tú, por consiguiente, cuando acuses recibo de la indicada cantidad de rra, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó y se encar-
dinero, manda que este dinero se reparta a todas las personas arriba men- nó, se hizo hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió a los cielos, vol-
cionadas conforme al documento que Osi o te ha enviado. Pero si te enteras verá a juzgar a los vivos y a los muertos.
de que falta algo para cumplimiento de este mi plan relativo a todos ellos, Yen el Espíritu Santo.
deberás pedir sin reparo a Heráclides, el procurador de nuestros bienes y a los que dicen que hubo un tiempo en que no existió, que no exis-
(procurator reí privatae), lo que sep3S que es necesario, ya que, hallándose tió antes de nacer y que comenzó a existir de la nada, y a los que afirman
aquí presente, le di órdenes para que se preocupase de pagarte sin la menor que el Hijo de Dios es de una hipóstasis o sustancia diferente o que está su-
vacilación, en el caso de que tu firmeza le pidiese algún dinero. jeto a alteración o cambio -a éstos la Iglesia católica y apostólica los ana-
y como quiera que tengo informes de que algunos hombres de incons- temiza- (versión de j . N . D. Kelly, 1980,259).
tante pensamiento esrán queriendo apartar al pueblo de la santísima y cató-:
lica Iglesia con perverso engaño, sabe que he dado órdenes parecidas al pro-, 2.7. Constantino y los Lugares Santos
cónsul Anulino [d. supra, 5,15] y también al vicario de los prefectos,"
Patricio, que se hallaban presentes, para que, entre todo lo demás, dediquen Se le ocurrió pensar que era su deber hacer que el benditísimo lugar de la
también a esto la debida preocupación y no se permiran el descuidar tal resurrección del Salvador en jerusalén llegara a ser eximio y venerable. Al
asunto. Por lo cual, si vieres que algunos hombres así persisten en esta lo- punto, pues, ordenó construir un edificio dedicado a la oración, concibien-
cura, acude sin la menor vacilación a los jueces antedichos y preséntales este do el proyecto no sin el concurso divino, antes bien, inducido por el mismo
asunto para que ellos, como les mandé cuando estaban presentes, los con- espíritu del Salvador [... ] Y al obispo Macario que por entonces estaba al
viertan al buen camino. frente de la comunidad de jerusalén envió un escrito, expresándose en estos
Que la divinidad del gran Dios te guarde por muchos años (Eusebio, términos: Es preciso que tu solicitud disponga y provea de toda cosa nece-
HE X,6,1-5). saria, de tal modo que la basílica no sólo tesulte mejor que las de otro sitio,
sino también las restantes partes del conjunto se configuren de tal manera
2.5. Carta de Constantino a Aleiandro, obispo de Aleiandría, y Arria que todo lo que pueda haber de eximia belleza en cualesquiera urbes sea
(septiembre/octubre de 324) derrotado en parangón con esta construcción [... ] Éste fue, pues, el templo
Me propuse, en primer lugar, hacer converger en una sola pauta de com- [= basilica del Santo Sepulcro] que el emperador erigió como palmario tes-
portamiento las opiniones que todos los pueblos sustentan sobre la divini- timonio de la resurrección del Salvador, haciéndolo esplénd ido en todos sus
32/36
388 389
JOSt FERNÁNOEZ UBIÑA CONSTANTINO Y El TRIUNFO DEl CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO

elementos con lujoso equipamiento de rey. Lo adornó con nurnerosísimos 3. Carla de Osio de Córdoba al emperador COl/slal/cio (ca. 355)
monumentos votivos de indescriptible belleza, a base de oro, piJta y piedras
preciosas de distintas closes [... ] Osio al emperador Constancio, salud en el Sef.or: yo confesé a Cristo ya
Cuando tuvo conocimiento de que otros lugares esraban allí ennobleci- una vez, cuando tu abuclo MJximian o suscitó 1.1 persecución . Y si tú me
dos por contar con la presencia de dos cuevas místicas, los ornamentó tam- persiguieres, pronto estoy a padecerlo todo, antes que derramar sangre ino-
bién con opima largueza [... ] Inmediaramente hizo consagrar dos templos al cente y ser traidor a la verdad. De ningún modo puedo aprobar tu con-
Dios ante quien se había prosternado, uno junto a lo cueva d el Nacimiento ducta, ni tus escritos, ni tus amenazas. Deja de escribir semejantes cosas;
Cen Belén], el otro sobre el monte de lo Ascensión [monte de los Olivos]. no pienses como Arria [... ] No te entrometas en los asuntos eclesiásticos,
Esta es, pues, la manera en que el emperador realizó en la provincia pales- ni nos mandes sobre puntos en que debes ser instruido por nosotros. A ti
rina los notables obras que se han descrito, y al erigir, en las restantes, más te dio Dios el Imperio; a nosotros nos confió la Iglesia. Y así como el que
iglesias de nueva plonta, las ennobleció en una escala más imponente que la te robase el Imperio se opondría a la ordenación divina, del mismo modo
anterior (Eusebio, Vida de COl/stal/til/o 111,25-48). guirdate tú de incurrir en el horrendo crimen Ce adjudicarte lo que toca a
la Iglesia. Escrito esti: Dad al César lo que es iUi César, y a Dios lo que es
2.8. Otras medidas de COl/stal/tillo en favor del cristial/ismo y de la Iglesia de Dios (Mt 22,21). Por lo tanto, ni a nosotros es lícito tener el Imperio en
la tierra, ni tú, ¡oh, rey!, tienes potestad en las cosas sagradas (Atanasia de
Estableció la ley de que se considerara como un día especialmente apto para Alejandría, Historia ananorum. 44. Trad. de E. Flórez y Z. Garda Villada).
la oración al que en verdad es primero y principal de lo semana, es decir, el
día del Señor y de la salvación [... ] En consecuencia, prescribió a todos los va- 4. Privilegios del clero
sallos del Imperio romano dedicar al descanso el día consagrado al Salvador".
Tras haber invitado en cierta ocasión a unos obispos a un banquete, emi- 4 .1. Cf. supra texto 2.3 (Eusebio, HE X,7,1-2) .
tió la opinión de.que él también era obispo, expresindose con estas palabras:
.Mientras vosotros sois obispos de lo que está dentro de lo Iglesia, yo he sido 4.2. El emperador Constantino Augusto al obisFO Osio. Si alguien con pia-
constituido por Dios obispo de lo que esti fuera ...... De aquí que, con buen dosa intención concediese la merecida libertad 3 sus esclavos en el seno de
acuerdo, ordenara con ininterrumpidas leyes y disposiciones no sacrificar a la iglesia, deberá considerarse que se otorga con d mismo derecho con que
los ídolos, no encargarse oráculos, no erigir simulacros, no celebrar ritos se concedía la ciudadanía romana siguiendo las íormalidades establecidas.
ocultos, no contaminar las ciudades con cruentas luchas de gladiadores. Pero es Nuestro deseo que esto sólo se haga en presencia de los obispos (sub
Antiguas leyes castigaban a los carentes de prole con la supresión del de- adspeclu antislitum). Ademis, si los clérigos conceden la libertad a sus pro-
recho de sucesión de los bienes familiares. Era ésta una ley atroz para los que pios esclavos, les permitimos que el disfrute pleno de tal libertad no se Otor-
no tenían hijos, pues los sancionaba con una pena como si fueran criminales. gue solamente a la vista de la iglesia y del pue:,lo religioso, sino también
Una vez derogada, otorgó el derecho de suceder a los que les correspondía. cuando las libertades se concedan como última ' ·oluntad o se ordene darlas
Dispuso también por ley que ningún cristiano fuera esclavo de los ju- oralmente, de manera que [los esclavos] reciban la libertad directamente el
díos; pues no era justo que los que han sido rescatados por d Salvador es- día de la publicación de la voluntad, sin necesidad de ningún otro testigo o
tén sometidos al yugo de lo esclavitud por quienes mataron a los profetas y intérprete legal (CTh 4 .7 .1; CJ 1.13,2, 18 de abril del año 321).
al Señor: si algún cristiano era encontrado en esta situación, al uno se le de-
jaría libre, y al otro se le castigaría con multa pecuniaria. Ratificó con su au- 4.3 . El emperador Constantino Augusto a Octa,iano, gobernador de Luca-
toridad las sentencias de los obispos dictadas en los sínodos [... ] pues afir- nia y Bruzio. Quienes consagran su servicio religioso al culto divino, es de-
maba que los sacerdotes de Dios merecían mis crédito que cualquier juez. cir, los llamados clérigos, deben quedar dispensados de todas las cargas pú-
Daba, de manera particular, a los iglesias de Dios lo mis que podía, re- blicas, con el fin de qlle la malicia sacrílega de alguna gente [¿los donatistas?]
partiendo ya fincas, ya trigo para lo manutención de gente sin recursos, ni- no les aparte de los servicios divinos (crh XVI,2.2, 21 de octubre de 313).
ños huérfanos y mujeres viudas. Acopiaba además con gran cuita enormes
cantidades de ropa para los desnudos e indigentes. Pero con diferencia tri- 4.4. El emperador Constantino Augusto [a un destinatario desconocido].
butaba una mayor estima a los que habían consagrado sus vidas a la filoso- Hemos tenido conocimiento de que los clérigos ¿e la Iglesia católica son ve-
fía divina (Eusebio, Vida de COl/slal/lil/o, IV;18-2S) . jados por una facción de herejes hasta tal punto que se ven gravados con
ciertas designaciones exigidas por la costumbre de la administración en con-
29. La ley aquí cirada sobre el descanso y fesdvidad dominical se encuentra re- tra de los privilegios que les han sido concedidos. Conviene, pues, que si tu
cogida en el Código de justiniano, 1Il,12,2. gravedad encuentra a alguien vejado de este mo':o nombre a otro para. sus-,
33/36
390 391
JOsE FERNÁNOEZ U&IÑA CONSTANTINO Y EL TRIUNFO DEL CRISTIANISMO EN EL IMPERIO ROHANO
tituide y en adelante las personas que pertenecen a la mencionada religión 5 . juliatto el Apóstata
sean protegidas contra tales ultrajes (CTh XVl,2,1, 31 de octubre de 313.
Trad. de R. Teja). 5.1. Semblanz,2 del emperador
4.5. Los emperadores Consuncio y Constante Augustos a todos los obispos Juliano destacaba por 13 brillantez de sus acciones y por su majestad innata.
de las diversas provincias. En orden de que las organizaciones al servicio de Según piensan los sabios, las virtudes fundamentales son cuatro: modera-
las iglesias puedan compleurse con una gran multitud de gentes, se conce- ción, prudencia, justicia y valor, a las que se añaden otras virtudes adquiri-
derá inmunidad fiscal a los clérigos y acólitos y serán protegidos contra la das: el conocimiento del arte militar, la autoridad, la fortuna y la liberali-
exacción de los servicios públicos forzosos de baja categoría; de ningún dad. Pues bien, todas ellas fueron cultivadas por Juliano con afán constante.
modo estarán sometidos a los pagos fiscales . Igualmente la exacción de ser- En primer lugar, destacó por una castidad tan intachable que incluso
vicios para el mantenimiento de las postas suplementarias habrá de cesar. después de perder su esposa, no prestó atención alguna a lo sexual [... ) Esta
Esta indulgencia la concedemos a sus esposas, hijos y siervos, hombres y mu- sobriedad iba desarrollándose cada vez más, a lo que se añadía su modera-
jeres por igual, porque mandamos que también sigan estando exentos de im- ción en la comida y en el sueño. Su dieta y la frugalidad de su mesa eran
posiciones fiscales (Cfh XVI,l,10, 26 de mayo de 353. Trad. de J. J. Sayas). dignas de admiración. De hecho, a veces se le veía comer de pie, como los
soldados, un alimento escaso y pobre. Y después de quehaceres agotadores,
4.6. El mismo Augusto [Constancio) y César Uuliano) a Tauro, prefeCto del se refugiaba en el estudio de las letras ...
Pretorio. En el sínodo de Ariminium (Rímini, 359), cuando se sostuvo una Sus faltas se resumen brevemente. Era de carácter algo inconstante,
discusión relativa a los privilegios de las iglesias y de los clérigos, se elabo- pero esto lo corregía con un severo autocontro!. Era bastante hablador y de-
ró un decreto a este efeCto, a saber, que las unidades de tierra sometidas a masiado aficionado a los presagios. Inmolaba innumerables víctimas, con lo
tributo que resulten pertenecer a la Iglesia sean liberadas de cualquier ser- cual podría pensarse que, si hubiera vuelto de la guerra contra los partos,
vicio público obligado y que se vean libres de cualquier entorpecimiento. habrían escaseado los bueyes. Orgulloso con los aplausos del vulgo, busca-
Nuestra sanción, dada anteriormente, viene a rebatir este decreto. ba sin cesar alabanzas, y este deseo de popularidad le llevaba con frecuen-
Pero a los clérigos y a aquellas personas a quienes un uso reciente ha cia a tratar con gente indigna (Amiano Marcelino, Historia, XXV,4.1-17.
empezado a llamar «sepultureros» debe ser concedida exención de servicios Trad. de M. L. Hmo) .
públicos obligatorios de naruraleza baja y del pago de tasas, si, por razón de
llevar un negocio de muy pequeña escala, tuvieran que adquirir comida y 5.2. Ideales espirituales de juliatto
ropas pobres para sí mismos. Sin embargo, aquellos otros cuyos nombres es-
taban incluidos en el registro de comerciantes en el momento en que los pa- 5.2.1. Los dioses no son culpables de la pobreza, sino que nuestra insacia-
gos de tasas fueron oficialmente hechos, asumirán las tareas y pagos de ta- bilidad de poseedores es también causa para los hombres de una suposición
sas de los comerciantes en la medida en que entraron con posterioridad en falsa sobre los dioses [... ) Hay que compartir, pues, con todos los hombres,
la condición de clérigos. . pero con los buenos de forma más liberal, y con los pobres lo que baste para
En lo que respecta a los clérigos que poseen propiedades fundiarias, sin su necesidad. Yo afirmaría incluso, aunque diga una paradoja, que sería san-
embargo, Vuestra Sublime Autoridad decretará no solamente que de ningu- to hacer partícipes de vestidos y alimentos también a los enemigos, porque
na manera ellos puedan eximir a las unidades de tierras imponibles de Otros damos al ser humano y no a un carácter determinado . Por ello creo que este
hombres del pago de las tasas, sino también que dichos clérigos sean obli- cuidado debe también aplicarse a los que están encerrados en la cárcel [... )
gados a realizar pagos fiscales por las tierras que ellos mismos poseen. Pues La revelación de los dioses dice que cuando Zeus ordenaba el universo ca-
en verdad ordenamos a todos los clérigos, en la medida en que son terrate- yeron unas gotas de sagrada sangre desde el ciclo y brotó el género huma-
nientes, que asuman los pagos provinciales de los débitos fiscales, especial- no: de esta manera, todos somos parientes, procedemos de un solo hombre
mente desde el momento en que en la Corte de Vuestra Tranquilidad otrOS y de una sola mujer... .
obispos procedentes de zonas de Italia, así como los venidos de Hispania y Al observar las imágenes de los dioses, no creamos que son de piedra
África, han estimado que esta regularización es muy justa y que, además de .ni madera ni, por supuesto, que ellas son los dioses mismos, porque tam·
eSaS unidades imponibles de tierra y de la declaración fiscal que correspon- poco decimos que las estatuas de los emperadores son los propios empera-
de a la Iglesia, todos los clérigos deben ser requeridos para realizar todos dores. Todo el que ama al emperador contempla con gusto la estatua del
los servicios públicos obligatorios y para proporcionar transporte (CTh emperador, y todo el que ama a su hijo contempla con gusto la de su hijo,
XVI,2,15, 30 de junio de 360. Trad. de J. J. Sayas) . y todo el que ama a su padre la de su padre; por tamo, todo el que ama a
Dios mira con gusto las imágenes de los dioses, reverenciando y temblando
34/36
392 393
JOSE FERNÁNOEZ U81ÑA CONSTANTINO y El TRIUNFO DEL CRISTIANISMO EN El IMPERIO ROMANO

a un tiempo ante los dioses invisibles que lo contemplan [... ] Que nadie, 6 . La persecución del p.;g.llJismo durante la dinastía constantinialla
pues, deje de creer en los dioses, al \o·cr có mo llguno s insultan sus im5genes
y templos Uuliano el Apóstata, Cart.' S9b, 290-295 . Trad. de J. Garda y 6.1. Edicto de Constantino
I~ Jiménez) .
El emperador Constantino al pueblo. Prohibimos .3 los hilrúspiccs, a .105 sa-
5 .2.2. El helenismo todavía no marcha como cabía esperar por culpa de cerdotes y J. quienes tienen la costumbre de practicar estas ceremOnIas q~e
nosotros que lo profesamos. ¿No vemos que lo que m;s ha contribuido al entren en las casas privadas o franqueen la morada de otro, aunque sea baJO
crecimiento de! ateísmo es la humanidad con los extranjeros y la previsión pretexto de amistad; se les castigad si desprecian esta~ey. Pero aqu:"os que
sobre el enterramiento de los muertos y la fingida gravedad de vida? De consideran que esto es útil, que frecuenten los templos y altares publicas, y
cada una de estas Cosas creo que debe~os ocuparnos nosotros de verdad. que celebren los ritos a los que est;n acostu.mbrados; puesm que nosotros
Convence a los sacerdotes de la Galacia de que sean diligentes, o sep;ralos no prohibimos que se celebren en pleno dla las ceremonias tradiCionales
de su sagrada función si no se aproximan a los dioses con sus mujeres, hijos (CTh IX,16,2, año 319).
y servidores, sino que toleran que sus criados, hijos o esposas galileas pre-
fieran el areÍsmo a la veneración de los dioses. Exhona al sacerdote a no acu- 6.2. Edicto de Constancia
dir al tearro, ni beber en las tabernas, ni ponerse al frente de algún arte o
trabajo vergonzoso y censurable, y a los que le obedezcan hónralos, pero a El emperador Constancia Augusto a Madalianus, vice prefecto del pretorio
los que te desobedezcan destitúyelos. Establece en cada ciudad abundantes [vicario de África] . Que cese la superstición, que sea abolida la locura de los
hostales para que disfruten de nuestra humanidad los extranjeros. De dón- sacrificios. Que quien intente celebur sacnfiCJOs contra la ley del dIVIno
de sacads el dinero he pensado lo siguiente: he ordenado que cada año se príncipe nuestro padre y contra la presente orden, se_a castigado. En el con-
entreguen para toda Galacia 30.000 modios de grano y 60.000 xestas de sulado de Marcellinus }" Probmus (CTh XVI,IO,2, ano 341).
vino; de ello hay que gastar el quinto en los pobres que est;n al servicio de
los sacerdotes, y el resto repartirlo a los e:\:u3njeros y a los que mendiguen 6.3. Edicto de Constancia y Constante
de nosotros. Pues es vergonzoso que entre los judíos ni uno mendigue y que
los impíos galileos alimenten adem;s de a los suyos a los nuestros, mientras Los emperadores Constancia}" Constante a Catullinus, prefecto de la Ciu-
que los nuestros se vean que est;n faltos de a~-uda . Enseña a los partidarios dad_ Aunque toda superstición deba ser completamente extirpada, quere-
del helenismo a contribuir con sus impuestos a estos sen'icios Uuliano el mos, no obstante, que los templos que estén situados extramuros p~rma ­
Apósrata, Carta 84, dirigida a Arsocio, supremo sacerdote de Galacia) . nezean intactos y sin daños. Pues como algunos de éstos han dado oflgen a
la celebración de juegos )' espect5culos de circo o concursos (agones), no
5.3 . La ley escolar conviene que sean demolidos, ya que gracias a ellos se ofrecen al pueblo ro-
mano festividades de distracción tradicionales. Dado en las calendas de no-
5.3.1. Es conveniente que los maestros y profesores sobresalgan primera- viembre, bajo el consulado de Constancia Augusto por tercera vez y Cons-
mente por sus costumbres, luego por su elocuencia. Pero, como yo no pue- tante Augusto por segunda "ez (CTh XVI,IO,3, año 342).
do estar en persona en cada ciudad, ordeno que todo e! que quiera enseñar
no se bnce a este oficio repentinamente ni a la ligera, sino que, aprobado 6.4. Edicto de Const.mcio Augusto y Juliano César
por e! juicio del senado municipal, se haga acreedor del decreto de los de-
curiones con la aprobación conjunta de los mejores. Y este decreto se had Constancia Augusto y Juliano César. Ordenamos que sean castigados con la
llegar hasta mí para ser estudiado, de manera que con un cierro honor de pena capiral quienes hagan sacrificios o adoren a las ídolos (CTh XVI, 10,6,
año 356).
mayor rango nuestros juicios estén presentes en las enseñanzas de las ciu-
dades (CTh XIII,3,5; C] X,53,7, junio de 362. Trad. de J. Garda y P. Ji-
ménez)_
BIBLIOGRAFÍA
5.3.2. Impuso leyes nada opresoras, con excepción de unas pocas, entre las
que podemos citar aquel injusto edicto que impedía impartir sus enseñan- Fuentes
zas a los rétores y gramáticos cristianos, a no ser que volviesen al culto de
los dioses tradicionales (Amiano, XXV,4,20_ Cf. XXII,10,7. Trad. de M: L. Amiano Marcclino, HistorU _ Ed . y trad_ de M.' lo Harto, Akal, Madrid,
Hato). 2002.
35/36

394 395
JOS! fERNÁNOEZ U! I ÑA CONSTANTINO y El TRIUNfO DEl CRISTIANISMO EN El IMP ER I O ROMANO
Eusebio de Ces.re., Historia edesiástica, 2 vols. Texto, tr.d. y nO!3s dc Fern:índez Ubiña, J., 2000a: .Osio de Córdoba, el Imperio y lo Iglesia del
A. Vebsco Dclg.do, BAC, M.drid, 1973. siglo IV.: Gerión 18,439-473.
Euscbio de Ces. re., Vida de Constantino. Tr3d. de M. Gurruch.g., Grcdos, Frend, W. H. c., 1986: The Riso o( Christianity, Darton, Longm.n and
M.drid, 1994. Todd, London.
Eusebio dc Ces3rca, In Praise o( Constantine. A Historieal Study and Ne", Gaudemet, J., 19119: L'Église dans /'Empire romain (N-V si¿des), Si rey, P3ris,
Translation o( Eusebius' Trice",úal Orations. Tr3ducción de H. A. Dra· '1958.
ke, Universiry of Californio Press, Berkeley, 1979. . Gibbon, E., 1984: Historia de la deeadettcia y ruina del Imperio romano,
Eusebio de Ces3rca, Sobre los mártires de Palestina, en Actas de los márti- Turner, Barcelona (orig. inglés 1776 ss.).
res. Trad. de D. Ruiz Bueno, BAC, M.drid, 1975, pp. 902-940. Jones, A. H. M., 1986: The Later Roman Empire, 284-602: A Social, Eeo-
Juliano, Contra los galileos. Cartas y (ragmentos. Testimonios. Leyes. In- nomic, and Administrative Survey, The Johns Hopkins Universiry Press,
ttod., t!3d. y not.s de J. G3rcí. Blonco y P. Jiménez G.zopo, Gredos, Baltimore (Oxford, '1964).
Madrid, 1982. Kelly J. N. D., 1980: Primitivos credos cristianos, Secretariado Trinit;-~io,
Juliano, Discursos, 2 vols. Introd., trad. y not.s de J. Garcí. Blanco, Gre- Salamanca.
dos, Madrid. 1982. Mayeur J.-M., Pietri, Ch. y L., Vauchez A., Venard M. (eds.), 1995 : Histoi-
Lactancio, Sobre la muerte de los perseguidores. Trad. y notas de R. TejJ, re du christianisme 2. Naissance d'une chrétienté (250-430), Desdée,
Gredos, Madrid, 198. Paris.
Panegiristas latinos. Inrtod., trad. y notas de F. de P. Samar.nch, Aguibr, Millar, F., 1977: The Emperor in Ihe Roman World, Duckworrh, London.
Madrid,I969. Momigliano, A. (ed.), 1989: El conflicto mtre el pagallismo y el cristianis-
Sócrates, Historia ecclesiastiea, PG 67, cols. 29-872. llro en el siglo N, Alianzo, l>hdrid.
Sócrates, Chureh History (rom AD. 305-439. Inttod., trad. ingl. y notas de
A. C. Zenos, NPNF 11, Michigan, 1983.
Sozomeno, Historia ecdesiastiea, PG 67, cols. 844-1630.
Sozomeno, Church History (rom AD. 323-415. Introd ., trad. ingl. y nOtas
de Ch. D. Hamanft, NPNF 11, Michigan, 1983.
Teodoreto de Ciro, Historia ecelesiastiea, PG 82, cols. 882-1280.
Teodoreto de Ciro, The Ecelesiastieal History. Trad. ingl. de Ph. Schaff y
H. Wace, NPNF 111, Michigan, 1983.
Zósimo, Historia nueva. Inttod., trad. y notas de J. M. Candau, Grcdos,
Madrid, 1992.
Estudios modemos
Baynes, N. H., 1972: Constantine the Great and the Christian Church, Lon-
don, '1929.
Bonamente, G. y Fusco, F. (eds.), 1992-1993 : Costantino il Grande. Dol-
/I'Antichitá a/l' Umanesimo, Universita degli Studi di Macer3!a.
Bruun, P., 1997: ..The Victorious Signs of Constantinc: A Rcappraisal .: The
Numismatic Chronide, 157,41-59.
Ilurckhardt, J., 1982: Del paganismo al cristi.mismo. La époea dé Constan-
tino el Grande, FCE, Madrid (ed. al., '1 853 ).
Drake, H. A., 2000: Constantine and the Bishops. The Politics o( Intoleran-
ce, Thc Johns Hopkins University Press, Baltimore/London.
Esler, P. F. (ed.), 2000: The Ear/y Christian v;.'orld, 2 vols., Routledge, Lon-
don .
Fcrn:índcz Ubiña, J., 2000: Cristi,11l0s y milií.1res. La Iglesia antigl<a ante el
ejército y la guerra, Edicioncs de la Universidad de Granada.
396 397 36/36