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Un comerciante es la persona que se dedica habitualmente al trabajo que también

ayuda en la economía. También se denomina así al propietario de un establecimiento


de comercio. En derecho mercantil, el término comerciante hace alusión a su materia
de estudio subjetiva, es decir, a las personas que son objeto de regulación específica
por esta rama del Derecho. En este sentido, son comerciantes las personas que, de
manera habitual, se ocupan en alguna de las actividades que la ley considera
mercantiles («actos de comercio»). La habitualidad constituye un elemento esencial de
la definición: no toda persona que realice un acto de comercioocasional (por ejemplo,
quien compra en una tienda) se constituye en comerciante, sino que sólo es
considerado comerciante desde la perspectiva del Derecho Mercantil quien se dedique
al comercio de forma habitual.

Ejercicio de la actividad comercial[editar]


El ejercicio de una actividad comercial no está sujeto a ningún requisito específico
distinto al que podría exigir el ejercicio de cualquier otra actividad. En este sentido, el
artículo 4.1 de la Ley 17/2009, sobre el libre acceso de las actividades de servicio y su
ejercicio, establece literalmente que «los prestadores [de servicios] podrán
establecerse libremente en territorio español para ejercer una actividad de servicios, sin
más limitaciones que las establecidas de acuerdo con lo previsto en esta Ley»,
mientras que el apartado 2 del mismo artículo establece que «cualquier prestador
establecido en España que ejerza legalmente una actividad de servicios podrá ejercerla
en todo el territorio nacional».
De acuerdo con el 3.1 de la citada Ley 17/2009, servicio es «cualquier actividad
económica por cuenta propia, prestada normalmente a cambio de una remuneración,
contemplada en el artículo 50 del Tratado de la Comunidad Europea». El artículo 50 del
Tratado de la Comunidad Europea,8 establece que son actividades de servicios las
siguientes:

 las actividades de carácter industrial;


 las actividades de carácter mercantil;
 las actividades artesanales;
 las actividades propias de las profesiones liberales.
Es decir, una actividad de servicio es cualquier actividad de carácter industrial,
mercantil, artesanal o profesional remunerada y por cuenta propia, lo que equivale a la
tradicional definición de acto de comercio en el Derecho Mercantil español. Las
prestaciones de servicios, o lo que es lo mismo, la ejecución de actos de comercio con
carácter habitual, o dicho de otro modo, la actividad empresarial, resulta en
consecuencia de libre acceso en España en todo el territorio nacional, sin más
limitaciones que las que se pudieren establecer en la citada Ley 17/2009. Todo ello
resulta coherente con el reconocimiento constitucional de la libertad de empresa, 9 del
mandato implícito para la liberalización de los servicios contenido en los artículos 52 a
54 del Tratado de la Comunidad Europea, y de la garantía de la libertad de empresa
recogida en el artículo 16 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión
Europea.
Los extranjeros y las compañías constituidas en el extranjero podrán ejercer el
comercio en España con sujeción a las Leyes de su país, en lo que se refiera a su
capacidad para contratar, y a las disposiciones del Código de Comercio, en todo cuanto
concierna a la creación de sus establecimientos dentro del territorio español, a sus
operaciones mercantiles y a la jurisdicción de los Tribunales de la nación.10 En
particular, los comerciantes (personas físicas o jurídicas) de otros países de la Unión
Europea, están sujetos al artículo 12.1 de la Ley 17/2009, conforme al cual «los
prestadores establecidos en cualquier otro Estado miembro podrán prestar servicios en
territorio español en régimen de libre prestación sin más limitaciones que las
establecidas de acuerdo con lo previsto en esta Ley». En este sentido, y respecto a las
personas físicas y jurídicas de terceros países de la UE, resultan aplicables los
principios generales de libertad de establecimiento y de prestación de servicios
consagrados en los artículos 43 y 49 del Tratado de la Comunidad Europea, que
traspone la Directiva de Servicios.
España llevó a cabo la transposición a su ordenamiento interno de la Directiva de
Servicios a través de la promulgación de la Ley 17/2009, de 23 de noviembre, sobre el
libre acceso a las actividades de servicios y su ejercicio. De conformidad con dichos
principios, las actividades de servicio (es decir, empresariales o, tradicionalmente, de
comercio), no podrán estar sujetas a autorización, salvo excepcionalmente y cuando se
cumplan las siguientes condiciones:11

 no discriminación;
 necesidad: el régimen de autorización deberá estar justificado por una «razón
imperiosa de interés general»;
 proporcionalidad.
La Administración, no obstante, podrá sujetar el ejercicio de cualquier actividad de
comercio (empresarial) al cumplimiento de una obligación de previa comunicación o de
declaración responsable. Con carácter general, salvo las excepciones previstas en la
Ley,12 toda actividad cuya realización esté condicionada a la previa obtención de una
autorización, o la realización de una comunicación o declaración responsable previa,
podrá ejercitarse con carácter indefinido en todo el territorio nacional.
En cualquier caso, cualesquiera requisitos a los que se supedite el acceso a una
actividad de servicios o su ejercicio deberán ajustarse a los siguientes criterios: 13
a) no ser discriminatorios; b) estar justificados por una razón imperiosa de interés
general; c) ser proporcionados a dicha razón imperiosa de interés general; d) ser claros
e inequívocos; e) ser objetivos; f) ser hechos públicos con antelación; g) ser
transparentes y accesibles.
En ningún caso estos requisitos podrán basarse en la nacionalidad del prestador de los
servicios,14 podrán prohibir al prestador estar establecido en varios Estados miembros
de la UE,15 podrán obligar al prestador a tener su establecimiento principal en territorio
español,16 podrán exigir condiciones de reciprocidad con otro Estado miembro de la
UE,17 podrán supeditar la prestación del servicio al cumplimiento de cualquier requisito
de naturaleza económica,18 podrán exigir la intervención directa o indirecta de
competidores dentro del procedimiento de autorización, 19 podrán exigir la constitución
de garantías o suscripción de seguros con una entidad establecida en territorio
español,20 o, por último, podrán exigir haber prestado la misma actividad con
anterioridad en territorio español o haber estado inscrito en cualquier registro al
efecto.21