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Perspectivas

participativas
de intervención
social
Marisela Montenegro Martínez
Marcel Balasch Domínguez
Blanca Callen Moreu
PID_00141844
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 Perspectivas participativas de intervención social

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Índice

Introducción............................................................................................... 5

Objetivos....................................................................................................... 6

1. La lógica de las perspectivas participativas............................... 7


1.1. Definición del paradigma participativo ...................................... 7
1.1.1. Dimensión ontológica ................................................... 7
1.1.2. Dimensión epistemológica ............................................ 8
1.1.3. Dimensión metodológica .............................................. 8
1.1.4. Dimensión ética ............................................................. 8
1.1.5. Dimensión política ........................................................ 9
1.2. Principios fundamentales de las perspectivas participativas ....... 9
1.2.1. Problematización ........................................................... 9
1.2.2. Reflexividad .................................................................... 12
1.2.3. Empowerment................................................................... 14
1.2.4. Participación .................................................................. 16
1.2.5. La perspectiva participativa: el co-funcionamiento
de los principios fundamentales ................................... 21
1.3. Redefiniciones conceptuales ....................................................... 23
1.3.1. La vecindad como elemento articulador de la
convivencia .................................................................... 24
1.3.2. Inclusión perversa y subalterna ..................................... 25
1.3.3. Procesos participativos y perspectiva de género ............ 27

2. Intervención y evaluación desde las perspectivas


participativas...................................................................................... 29
2.1. Pre-intervención: demanda y negociación ................................. 29
2.2. Familiarización, mapeo y difusión del proyecto ......................... 32
2.2.1. Familiarización ............................................................... 32
2.2.2. Mapeo ............................................................................ 36
2.2.3. Divulgación del proyecto de intervención .................... 39
2.3. Constitución del equipo ............................................................. 40
2.3.1. Grupo promotor ............................................................ 41
2.3.2. Comisión de seguimiento ............................................. 44
2.4. Diagnóstico participativo ............................................................ 46
2.4.1. ¿Qué se quiere saber? ¿Cómo conocerlo? ...................... 47
2.4.2. Técnicas de recogida de información ............................ 48
2.4.3. Análisis y discusión de resultados ................................. 50
2.4.4. Puesta en común y devolución de los resultados .......... 52
2.5. Plan de acción ............................................................................. 53
2.5.1. Priorización y toma de decisiones ................................. 53
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2.5.2. Diseño del plan de acción ............................................. 55


2.6. Implementación del plan de actuación y evaluación ................. 60
2.6.1. Actuaciones de carácter participativo ............................ 61
2.6.2. Evaluación participativa ................................................ 70
2.7. Análisis de tres experiencias de intervención participativa ........ 74
2.7.1. El carácter participativo de la intervención ................... 75
2.7.2. Reflexividad y problematización del proceso
interventor ..................................................................... 76
2.7.3. Procesos de empowerment en la intervención ................ 78

3. Metodologías, procesos y técnicas de las perspectivas


participativas...................................................................................... 80
3.1. Límites y dificultades de la participación ................................... 80
3.2. Métodos y técnicas de dinamización participativa ..................... 83
3.2.1. Estrategias de planificación y animación de
reuniones ....................................................................... 83
3.2.2. Técnicas de dinamización de la participación ............... 88
3.3. Técnicas de información y comunicación .................................. 94
3.4. Epílogo: el alcance de las perspectivas participativas para la
intervención social ...................................................................... 97

Bibliografía................................................................................................. 103
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Introducción

El ámbito de la intervención social constituye un espacio social y profesional


que está fuertemente instituido. Sin embargo, como hemos visto, la matriz de
la intervención social no está dada de una vez y para siempre. No está defini-
tivamente cerrada ni totalmente definida. La intervención social se despliega
como un campo de fuerzas disímiles y antagónicas en el que agentes, prácti-
cas y discursos heterogéneos pugnan por establecer unos u otros significados
y prácticas en torno a la intervención social. Este es un ámbito en constan-
te debate en el que irrumpen prácticas y discursos que han puesto en duda
las formas de intervención social tradicionales. En este módulo, trabajaremos
las perspectivas participativas de intervención social, desde la definición del
paradigma participativo hasta las técnicas de dinamización grupal necesarias
para llevarlas a cabo, pasando por las fases recomendadas para su desarrollo.
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Objetivos

Como consecuencia de la apuesta realizada, que enfatiza la necesidad de re-


flexión sobre los fundamentos de las perspectivas de intervención social, se
plantean los siguientes objetivos:

1. Conocer los ejes fundamentales de las perspectivas participativas de inter-


vención social.

2. Comprender el papel de los principios básicos de las perspectivas partici-


pativas en la implementación de una intervención social.

3. Poder desarrollar un análisis comparativo entre las perspectivas de inter-


vención social tradicional y las participativas.

4. Conocer las fases de implementación de un proyecto de intervención so-


cial participativo.

5. Identificar la pertinencia de emplear diferentes técnicas, procesos y meto-


dologías en cada momento del proceso de intervención participativa.
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1. La lógica de las perspectivas participativas

Las perspectivas participativas, como iremos viendo, constituyen el paradig-


ma de intervención que ha emergido como consecuencia de las críticas reali-
zadas a las formas de intervención social predominantes, trabajadas en el mó-
dulo anterior. Se trata de un campo de conocimiento que busca generar prin-
cipios que permitan una praxis crítica con el statu quo teórico y metodológico.
Emerge, de este modo, una forma de intervención sobre los problemas socia-
les marcada por la preocupación por producir conocimientos para la transfor-
mación de las personas y sus entornos, definidos y dirigidos por esas mismas
personas –en relación con los equipos interventores– y no desde programas
que prescindan de la participación de sus destinatarios o beneficiarios.

1.1. Definición del paradigma participativo

Desde el paradigma de intervención mencionado, se inician modos de hacer


que redefinen los roles de los actores internos y externos, señalando el campo
compartido de su acción. Pronto, se comienzan a elaborar conceptos explica-
tivos y descriptivos con los que dar respuesta a las preocupaciones menciona-
das acerca de las formas de intervención social dominantes.

Este paradigma de intervención social puede sintetizarse, siguiendo las apor-


taciones de Montero (2004), en base a cinco dimensiones:

• Dimensión ontológica. Lectura recomendada


• Dimensión epistemológica.
Podéis ampliar la informa-
• Dimensión metodológica. ción sobre las dimensiones
• Dimensión ética. establecidas por Montero en
su trabajo:
• Dimensión política.
Montero, M. (2004). Introduc-
ción a la Psicología Comunita-
ria: Desarrollo, conceptos y pro-
1.1.1. Dimensión ontológica cesos. Buenos Aires: Paidós.

La naturaleza y definición del sujeto que produce conocimientos no se redu-


ce a un único conocedor proveniente de una única institución social, como
la ciencia, tal como sostenían las perspectivas tradicionales de intervención
social, sino que se reconoce el carácter de productor de conocimientos de los
miembros de las comunidades, de los grupos y de las organizaciones sociales.

Mientras la intervención tradicional ha tendido a considerar a las personas


intervenidas como sujetos aislados, pasivos y receptores de las actuaciones, las
perspectivas participativas redefinen este rol y apuestan por el trabajo�con-
junto�entre�diversos�agentes�sociales. Se entiende, de este modo, que el co-
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nocimiento no es privativo, no es una propiedad que únicamente poseen cier-


tas posiciones. Al contrario, se asume que desde cada posición social se poseen
y producen continuamente diversos conocimientos.

Por tanto, se abandona la consideración pasiva del rol�del�"intervenido" y se


promueve que los diversos agentes sociales involucrados en un ámbito espe-
cífico decidan qué y cómo se va a intervenir-investigar. Se entiende que no es
posible la intervención sin el consentimiento de dichos agentes sociales, y se
transforma el rol del interventor que deja de ser un "experto" y pasa a ser un
facilitador,�dinamizador�o�catalizador�del�proceso.

1.1.2. Dimensión epistemológica

Al no asumirse la distinción entre sujeto (experto) y objeto de conocimiento


(personas intervenidas), los conocimientos no se producen como un hecho
aislado de un único individuo o contexto académico, sino que son fruto del
establecimiento de relaciones epistemológicamente productivas entre distin-
tas posiciones sociales.

El conocer se da a partir de la confluencia de estas diferentes�posiciones que,


dada su heterogeneidad, aportan interpretaciones disímiles de los fenómenos,
siendo necesaria la discusión y negociación de las maneras de ver involucra-
das, para llegar a consensos sobre los elementos de la realidad que se están
analizando.

1.1.3. Dimensión metodológica

Los modelos empleados para producir tanto el conocimiento como las actua-
ciones tienden a ser predominantemente participativos. Al no separar sujeto y
objeto de conocimiento, aquellas posiciones que tradicionalmente eran deno-
minadas personas intervenidas pasan a ser también sujetos�de�conocimiento.
Por tanto, ya no es posible hablar de interventores e intervenidos en los tér-
minos de las perspectivas tradicionales, sino del establecimiento de relaciones
horizontales y dialógicas entre agentes internos y agentes externos.

Metodológicamente, la participación pasa a formar parte de todo el proceso


de intervención, siendo fundamental para la toma de decisiones sobre qué
asuntos o problemas abordar y cuáles son las formas más idóneas de atajarlos.

1.1.4. Dimensión ética

Remite a la definición del otro y su inclusión en la producción de conocimien-


tos, su participación en la autoría y propiedad del conocimiento producido,
así como sobre las decisiones sobre la acción que se tomen en el seno del pro-
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ceso participativo. La relación entre los distintos agentes sociales debe asumir
que el conocimiento y las decisiones surgen desde una pluralidad y diversidad
de modos de producirlos.

Asimismo, el aspecto crítico se expresa en la permanente reflexión acerca de


lo que se está haciendo, denominada reflexividad. Igualmente, se apuesta por
cuestionar aquello que es presentado como "la forma natural de ver las cosas",
denominado problematización.

1.1.5. Dimensión política

La finalidad del conocimiento producido, su aplicación y sus efectos se orien-


tan hacia la transformación de las relaciones de poder, de dominación y de
aquellas situaciones que contribuyen al mantenimiento de las desigualdades
sociales. A diferencia de la tendencia hacia la adaptación de las personas de-
finidas como problemáticas a las estructuras sociales, propias de las perspecti-
vas tradicionales de intervención social, las perspectivas participativas buscan
incidir en la transformación de las relaciones sociales asimétricas que generan
los problemas sociales.

1.2. Principios fundamentales de las perspectivas participativas

El desarrollo del paradigma de las perspectivas participativas ha producido un


conjunto de principios, de carácter general, que guían las formas mediante las
que se lleva a cabo la intervención social. A continuación, sintetizaremos las
características fundamentales de cada uno de los principios:

• problematización,
• reflexividad,
• empowerment y
• participación.

1.2.1. Problematización

Uno de los principios que rige la intervención participativa es la noción de


problematización. En la introducción, hemos discutido el efecto que los dis-
cursos científicos tienen a la hora de producir regímenes de verdad, sistemas
de enunciación que dan cuenta del mundo y nos revelan la "realidad tal co-
mos es". La capacidad de estos regímenes de verdad, propios del saber científi-
co, para producir los "problemas sociales", como hemos visto, logra que éstos
aparezcan ante nosotros con la fuerza de lo incontrovertible, lo verdadero, in-
yectándose en el tejido social, promoviendo determinadas visiones sobre qué
es un problema social, produciendo efectos de verdad que inciden en las nue-
vas construcciones y prácticas sociales. Ciertas nociones adquieren el estatus
de categorías naturales y pasan a formar parte de nuestro lenguaje común. Es-
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tas convenciones lingüísticas generan una serie de "evidencias" que, como los
problemas sociales, se imponen a nosotros con la fuerza de las cosas mismas,
parecen naturales; es decir se naturalizan.

La problematización implica, en cambio, no aceptar acríticamente las


explicaciones socialmente predominantes, así como poner en duda su
validez universal. Con el objetivo de disipar el carácter pretendidamente
natural de las formas en que ciertos problemas sociales han sido cons-
truidos, problematizar supone analizar críticamente los discursos, las
prácticas e instituciones sociales que, en diversos contextos sociohistó-
ricos, han contribuido a que cierto problema social haya sido definido
en unos términos y no en otros.

Como vimos en el módulo anterior, uno de los conceptos empleados para Ved también
definir los problemas sociales es la noción de pobreza extrema. Actualmente,
Podéis repasar la noción de
existe un amplio consenso y acuerdo social alrededor de la utilidad de este pobreza extrema en el suba-
concepto que es aceptado de forma incontrovertible. Considerar, en cambio, partado 1.2.1 del módulo "La
intervención social desde las
que el problema no radica en la pobreza, sino que la riqueza extrema es el perspectivas tradicionales".
auténtico problema social, nos permitiría cuestionar la "naturalidad" con la
que usualmente entendemos la pobreza, poniendo en entredicho la definición
arraigada que sostiene que es necesario erradicarla y, con esto, transformando
y haciendo complejo este concepto.

Problematizar es, entonces, cuestionar el carácter natural o esencial adjudica-


do a ciertos fenómenos, hechos o relaciones. Simultáneamente, al desechar
el carácter natural e inamovible de las explicaciones y conceptos socialmen-
te aceptados, problematizar implica poner de manifiesto la relación que los
conceptos comúnmente empleados en la intervención social mantienen con
determinados intereses políticos o sociales, el papel que estos conceptos de-
sempeñan en el mantenimiento de relaciones de poder.

Problematizar es llevar a cabo un proceso de análisis crítico de los fenómenos Lectura complementaria
y problemas sociales que cuestionan los discursos y explicaciones a las que
Podéis ampliar la informa-
se recurre habitualmente para dar cuenta de los mimos. Siguiendo a Ibáñez ción sobre la noción de la
(1996), problematizar implica un doble movimiento que, por un lado, con- problematización leyendo la
obra siguiente:
vierte en algo problemático, o susceptible de ser debatido, aquellas compren-
Ibáñez, T. (1996). Fluctuacio-
siones o explicaciones sobre determinados fenómenos sociales que hasta en- nes conceptuales en torno a la
postmodernidad. Caracas: Uni-
tonces dábamos por sentadas. Por otro lado, problematizar supone algo aún versidad Central de Venezue-
más importante que esto, ya que, sobre todo, implica lograr entender cómo la.

y por qué ciertas explicaciones han adquirido el estatus de evidencias, cómo


han logrado instaurarse, instalarse como si se tratara de evidencias; es decir,
desvelar el proceso mediante el cual dichas concepciones han llegado a cons-
tituirse como obvias, seguras, evidentes.
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En las páginas precedentes hemos puesto en duda, mediante la aplicación de


este principio, algunas de las máximas que guían la intervención social tradi-
cional. Pues bien, uno de los principios fundamentales de las perspectivas par-
ticipativas consiste, precisamente, en trasladar esta reflexión a las actuaciones
que, como interventores sociales promovemos, a los conceptos que maneja-
mos para aproximarnos al ámbito de la intervención o a los efectos que se
desprenden de nuestras explicaciones.

El principio de problematización deberá ser aplicado, por tanto, de forma Lectura complementaria
transversal a la totalidad de las fases de la intervención social. Para ilustrarlo
Podéis encontrar el ejemplo
recurriremos, tomando las aportaciones de Villasante y Montañés (2001), a un expuesto en:
ejemplo relacionado con el diagnóstico de la realidad sobre la que se quiere Villasante, T. y Montañés, M.
(2001). Algunos cambios de
intervenir. Cabe señalar, previamente, que este ejemplo no abarca la amplitud
enfoque en las ciencias socia-
del principio, sino que debe servirnos para comprender su relevancia en térmi- les. En T. Villasante, M. Mon-
tañés y J. Martí (Coord.), La
nos prácticos. Según este autor, las metodologías tradicionalmente empleadas investigación social participati-
para realizar el diagnóstico de la situación social presentan serias limitaciones va. Construyendo ciudadanía
1, pp. 73-117. Madrid: El Vie-
a la hora de abarcar la complejidad y las paradojas que tienen lugar en la vida jo Topo.
social contemporánea. Para explicarlo, recurre a un ejemplo que sintetizamos
a continuación.

Problematizar las metodologías

Imaginemos que, frente al reto de conocer la situación social en que se encuentran


algunos barrios periféricos (socialmente hablando), recurrimos al uso de la encuesta
para conocer la opinión que sus habitantes tienen en relación con la violencia que se
supone asola dicho territorio. La metodología diagnóstica objetivista de la encuesta
parte de un sistema de respuesta cerrada mediante el cual, muy probablemente, se
obtendría una mayoría de respuestas favorables al incremento de la presencia policial
en el barrio.

Si, en cambio, realizamos entrevistas abiertas en profundidad, podríamos encontrar-


nos con que la población no es partidaria del aumento de la policía, que la última
actuación policial en el barrio fue un desastre y que varios vecinos fueron víctimas de
cargas policiales injustificadas. Esta aparente contradicción obedece al hecho de que
los significados socialmente construidos en el barrio son múltiples aunque se refieren
a un mismo significante, o, lo que es lo mismo, que distintas personas utilizan la
misma palabra para referirse a cuestiones diferentes.

Nuestras prácticas conversacionales cotidianas ponen en evidencia la polisemia de


una misma palabra. Al emplear una metodología que se centra en cuantificar el nú-
mero de adhesiones que despierta un significante sin tener en cuenta los múltiples
significados que cada persona le infiere, estaremos eludiendo la relación connotati-
va que de toda palabra las personas realizamos. Así, al responder favorablemente al
incremento de la presencia policial, las personas encuestadas podrían estar manifes-
tando su voluntad de desmarcarse de los estereotipos de conflictividad social que so-
cialmente se tienen sobre su barrio; que ellas no pertenecen a dicho sector marginal
y delictivo del barrio y que las familias que lo habitan son favorables a los valores
de respeto y orden que regulan la convivencia de las personas en las sociedades de-
mocráticas.

Este argumento únicamente será cognoscible mediante una metodología que permi-
ta a las personas del barrio expresarse mediante sus propias palabras, fuera del rigu-
roso protocolo establecido por la encuesta. Por este motivo, la decisión de emplear la
metodología de la encuesta, acríticamente, por el mero hecho de haberse erigido en
el método de diagnóstico predominante, debe ser problematizada.

Así, recurrir a metodologías cualitativas de diagnóstico puede revelar cuáles son los
discursos socialmente construidos en torno a ciertas problemáticas, conocer los argu-
mentos y ayudarnos a entender qué es lo que subyace a la afirmación del incremen-
to de la presencia policial entre los habitantes del barrio. De este modo podríamos
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encontrar, por ejemplo, que lo que se desea es eliminar la droga del barrio, y que
cuando se habla de droga no se hace referencia estrictamente al consumo de sustan-
cias ilegales que pueden afectar a la salud de quien las consume, sino al deterioro
socioeconómico que padece el barrio, a la demanda de soluciones que mejoren el
maltrecho tejido social de la zona y la necesidad de encontrar vías para articular la
cohesión social.

Estos autores argumentan, finalmente, que aunque la policía se asocia con el orden
social, cuando el ordenamiento que la población necesita no lo proporciona preci-
samente la actuación policial, se hace necesario generar espacios de conversación,
medios que propicien la reflexión y el análisis de las contradicciones para facilitar,
así, la emergencia de significantes alternativos: espacios en los que los discursos de
los habitantes puedan ser expresados con sus propias palabras y debatidos conjunta-
mente. Probablemente, esta metodología permitiría que surgieran reivindicaciones
alternativas al aumento policial sin más, como por ejemplo el trabajo preventivo so-
ciomunitario encaminado a resolver los problemas de invertebración social.

1.2.2. Reflexividad

La primera consecuencia del hecho de problematizar los conceptos y las for- Lectura complementaria
mas de intervención social predominantes es la emergencia de la necesidad
Sobre la reflexividad, podéis
de interrogarse sobre las prácticas que llevamos a cabo como interventores so- leer la obra siguiente:
ciales. En este sentido, trasladando las aportaciones de Garay, Íñiguez y Mar- Garay, A., Íñiguez, L. y Mar-
tínez, L. (2001). Perspectivas
tínez (2001) al campo de la intervención social, denominamos reflexividad
críticas en psicología social:
a la revisión permanente de las formas de intervención social que queremos herramientas para la cons-
trucción social de nuevas psi-
promover. Para poder llevar a cabo este giro reflexivo, es imprescindible rom- cologías sociales. Boletín Psi-
per con la distinción sujeto�interventor/objeto�intervenido. De este modo, cología Social, 78, 57-78. Va-
lencia.
nuestra actividad profesional se convierte, igualmente, en objeto de análisis,
abriendo la posibilidad de construir los significados sobre aquello digno de ser
transformado de forma intersubjetiva.

La propia práctica de intervención se convierte en objeto de conocimiento, y


el análisis de la misma es llevado a cabo de manera conjunta entre todos los
agentes sociales implicados. Este análisis conjunto sobre el quehacer propio
de la intervención social es una forma de resistencia a los discursos dominan-
tes, un ejercicio de problematización. Así pues, según dichos autores, debemos
abogar por el rigor y la honestidad de nuestro trabajo como productores de
conocimiento y, por ello, nos vemos obligados a volver la mirada hacia nues-
tras propias prácticas en tanto que interventores sociales.

El giro reflexivo contribuye a poner, en el centro de la discusión y reflexión, a


la propia intervención social en la que aquellas posiciones autorizadas a emitir
un juicio sobre ella no sólo son las personas "expertas" en el ámbito, sino el
conjunto de agentes sociales involucrados en la problemática social sobre la
que se quiere actuar. Como consecuencia de este proceso reflexivo emerge, en
el seno de la intervención, un producto que, si bien está determinado por la
naturaleza de los objetos, los discursos y las explicaciones socialmente cons-
truidas, tiene un componente impredecible, creativo y localizado en el con-
texto en que acontece la acción. Es precisamente este componente de la refle-
xividad el que ha de propiciar que se modifique el conocimiento de partida de
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los fenómenos sociales. Al incorporar a otras posiciones, así como elementos


intersubjetivos de definición e intervención, es posible movilizar otros discur-
sos capaces de anular ciertas categorías socialmente predominantes.

La aplicación del principio reflexivo a la intervención social comporta la cons-


trucción de un conocimiento localizado en la cotidianeidad de los diversos
agentes sociales involucrados en su definición y garantiza, asimismo, el com-
promiso de que las diversas formas de conocimiento se conecten con acciones
y consecuencias localizadas en la problemática sobre la que se desea interve-
nir. Es en este sentido que la reflexividad debe entenderse más bien como una
cuestión práctica y no tanto como un ejercicio de metaconocimiento.

Las implicaciones políticas resultan obvias. Como dice Tomás Ibáñez:

"El psicólogo social se encuentra en la necesidad de interrogar permanentemente los co-


nocimientos que produce para saber cuáles son las formas sociales que contribuye a re-
forzar o a subvertir y para saber en definitiva cuáles son los intereses a que está sirviendo".

T. Ibáñez (1989, p. 115).

La reflexividad, como vemos, supone la adopción de un posicionamiento éti-


co que se orienta al establecimiento de relaciones horizontales entre el equipo
interventor (agente externo) y las personas con las que se interviene (agente
interno). Asimismo, implica la asunción de una perspectiva éticamente res-
ponsable con los conocimientos e intervenciones que se llevan a cabo. En este
sentido, el principio de reflexividad conduce a la adopción de un objetivo de
intervención ético basado en la horizontalidad y la reflexión crítica acerca de
las prácticas de intervención.

Finalmente, vale la pena señalar que la relevancia de la adopción de este po-


sicionamiento ético se aleja de la idea de un marco institucional estático de
referencia legal y ética que preestablece directrices reguladoras de la práctica
de la intervención. Mientras el marco institucional, que establece un conjunto
de pautas éticas y legales que regulan la actividad de todas las profesionales, es
elaborado por una instancia superior, trascendente y externa, habitualmente
el colegio de psicólogos o el Estado, el posicionamiento ético que se desprende
de la adopción del principio de reflexividad es de carácter inmanente, prácti-
co, localizado en la singularidad de cada intervención y contingente. En este
sentido, se considera que, en cada una de las prácticas de intervención, emer-
gen situaciones que no pueden resolverse de una vez y para siempre y que
deberán abordarse a partir de las relaciones que se crean in situ.

Ejemplo

Pensemos en los efectos éticos, de carácter inmanente y práctico, que se desprenden del
artículo 53 c) del Anteproyecto de Modificación de la Ley de Extranjería que sanciona
como falta muy grave, con la multa de 501 a 30.000 euros, "a quien promueva la perma-
nencia irregular en España de un extranjero. Se considera que se promueve la permanen-
cia irregular cuando el extranjero dependa económicamente del infractor y se prolongue
la estancia autorizada más allá del plazo legalmente previsto".
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 14 Perspectivas participativas de intervención social

Con la aprobación de esta ley, las personas o entidades que proporcionen cual-
quier prestación, atención o ayuda a estas personas será, por tanto, sanciona-
da. Esta regulación, generada por una instancia superior y trascendente, con-
lleva efectos éticos de carácter práctico, inmanente. La legitimidad ético-jurí-
dica de esta legislación ha sido puesta en entredicho desde diversas entidades
y asociaciones, las cuales han denunciado los efectos que tiene sobre estas per-
sonas: el hecho de despojar de cualquier tipo de ayuda material a las perso-
nas en situación irregular las arroja, irremediablemente, hacia una situación
de extrema precariedad. La adopción de un posicionamiento éticamente res-
ponsable, como vemos, excede la mera aceptación de las regulaciones éticas
o legales que se implementan por parte de instancias superiores y remite, en
cambio, a una reflexión de carácter práctico, contingente y localizado en la
especificidad de cada situación o problemática que debe afrontarse.

En síntesis, hablamos de reflexividad para referirnos a la práctica de


reflexión conjunta entre los diversos agentes sociales involucrados en
la problemática acerca de los efectos, implicaciones y consecuencias de
las actuaciones que llevamos a cabo.

1.2.3. Empowerment

En la literatura especializada en intervención participativa, la noción de empo- Lectura complementaria


werment ha sido traducida diversamente como potenciación o fortalecimiento
Podéis encontrar las aporta-
e, incluso, mediante el uso de neologismos como empoderamiento o bien apo- ciones de Montero en la obra
deramiento. Más allá de la discusión meramente terminológica, la prolifera- siguiente:
Montero, M. (2003). Teoría y
ción de conceptos empleados para definir este principio de intervención reve-
práctica de la psicología comu-
la el desacuerdo conceptual que subyace en las diferentes acepciones que ha nitaria: La tensión entre comu-
nidad y sociedad. Buenos Ai-
recibido el término. En este subapartado, seguiremos las aportaciones y discu- res: Paidós.
siones que nos ofrece Montero (2003) en relación con esta controversia.

Para entender la relevancia y especificidad de la noción de empowerment se


hace necesario señalar aquellas formas de concebir la intervención a las que
está respondiendo.

Así, mientras las perspectivas de intervención de carácter asistencialista tien-


den a considerar que las personas intervenidas se caracterizan por tener ciertas
limitaciones, carencias o debilidades sobre las que se interviene, la noción de
empowerment se focaliza en:

"la atención a la comunidad, en la organización de sus miembros y en su desarrollo, in-


sistiendo en la necesidad de la participación de las personas, en el apoyo a sus cualidades
positivas y en el fomento de sus capacidades, es decir, en el fortalecimiento de esos indi-
viduos y grupos para que logren por sí mismos transformaciones positivas que mejoren
su calidad de vida, acceso a los bienes y servicios de la sociedad a la cual pertenecen".

M. Montero (2003, p. 59).


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Este principio, como vemos, se aleja de la negatividad asociada a las personas


propia de las intervenciones asistencialistas tradicionales y pone el acento en
la función que la participación�y el trabajo�cooperativo�tienen a la hora de
transformar la desesperanza e inseguridad que pueden sentir aquellas personas
que se encuentran en situaciones problemáticas, para abordar activamente la
solución de los problemas que ellas definan.

Por este motivo, dicha autora nos alerta acerca de la aparición de acepciones
débiles de este principio que se alejan de la definición mencionada anterior-
mente. Así, es habitual encontrar, en la literatura especializada, el uso de acep-
ciones débiles de este concepto, ya sea en cualquiera en sus diversas acepciones
terminológicas, en que se diluye la potencia crítica del mismo. Vale la pena
señalar aquí dos�acepciones�débiles�que no deben confundirse con la noción
que hemos definido en este subapartado.

1) La primera acepción débil de empowerment afirma que este principio consis-


te en hacer poderoso o dar poder a alguien. Esta acepción no concuerda y no
debe confundirse con la definición de empowerment propuesta, ya que presu-
pone la existencia de una posición fuente de poder que lo otorga a discreción.
Esta acepción asume que se da poder según el arbitrio de alguien tan poderoso
que es capaz de empoderar a otro. Esta acepción se opone a la definición que
hemos formulado, ya que el poder es un logro alcanzado mediante la reflexión
y acción del conjunto de las personas involucradas en el fenómeno sobre el
que se quiere intervenir, y no un regalo o donación de un otro poderoso. Esta
acepción, como vemos, no sólo se aleja de la propuesta que se formula desde
las metodologías de intervención participativas, sino que, paradójicamente,
se asemeja a la concepción asistencialista de la intervención que asume, como
decíamos, que el papel del interventor social (agente dotado de poder y cono-
cimientos) es el de paliar las carencias y debilidades de las personas mediante
su capacitación (donación o regalo de ese poder a otro que no lo tiene).

2) La segunda acepción débil subraya que se trata de hacerse uno dueño de al-
go, ocupar o poner alguna cosa bajo su poder; ser capaz de dominar a su gusto
objetos o ideas. Esta acepción hace hincapié en el proceso individual mediante
el que una persona ejerce dominio sobre algún objeto o situación en función
de sus intereses. Esta acepción se opone, nuevamente, a la concepción fuer-
te que de este principio tiene la intervención participativa, ya que la adquisi-
ción del fortalecimiento se alcanza gracias a un proceso colectivo, al trabajo
conjunto entre diversos agentes sociales involucrados en el fenómeno y, por
tanto, no hace referencia a la capacitación personal e individual de personas
aisladas a las que se les dota de competencias, habilidades o conocimientos de
los que carecían antes de llevar a cabo la intervención.

Así pues, el principio del empowerment, desde las perspectivas participativas,


no responde a una concepción según la cual las personas son receptoras del
dominio, el control y la capacidad, sino que éste es un efecto del trabajo colec-
tivo. En este sentido, el fortalecimiento de las instituciones, entidades u orga-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 16 Perspectivas participativas de intervención social

nismos especializados en la intervención social tampoco conlleva ni asegura


el empoderamiento de los individuos a los que se dirigen sus programas. Por
eso, la noción de empowerment señala la necesidad de promover actuaciones
que desarrollen una ciudadanía fuerte, consciente y crítica, ya que, de lo con-
trario, se estará contribuyendo al predominio del clientelismo, la pasividad y
la dependencia del usuario en relación con los servicios que se le ofrecen.

Teniendo en cuenta los matices apuntados acerca de a qué nos referimos cuan-
do hablamos de empowerment, y sintetizando las aportaciones de Montero
(2003), existe un conjunto de condiciones que contribuyen al fortalecimiento
o potenciación de las comunidades en las que intervenimos:

• Generación de situaciones en las que las personas con las que se trabaja
se erijan en agentes de transformación de determinadas condiciones, con-
duciendo el proceso, tomando decisiones y ejecutándolas.

• Planificación de la actividad mediante un modelo de acción-reflexión-ac-


ción.

• Incorporación del mayor número de agentes sociales involucrados en la


problemática en la ejecución de las actividades. La participación es gene-
radora de compromiso y, al mismo tiempo, de fortalecimiento colectivo.

1.2.4. Participación

El último principio fundamental ya ha aparecido en diversas ocasiones a lo


largo de este subapartado, como hemos ido viendo. Vale la pena, sin embargo,
detenerse para definir qué se entiende por participación, así como discutir los
alcances y limitaciones con que nos enfrentamos al asumir una perspectiva de
intervención participativa. Al igual que sucedía con la noción de empowerment
es importante, en primer lugar, delimitar a qué nos referimos al hablar de
participación y mostrar aquellas acepciones débiles de esta noción.

En la actualidad, el término participación se usa recurrentemente en múltiples


esferas sociales. Así, se habla de participación política, participación ciudada-
na, procesos participativos, tecnologías participativas, etc. Sin embargo, los
significados que la noción de participación alberga en cada uno de sus usos
guardan entre sí enormes diferencias y connotaciones. Podemos afirmar, en
este sentido, que el significante participación ha alcanzado un grado tal de
polisemia que se ha llegado a vaciarlo de significado, de contenido. Es más, la
propia denominación "perspectivas participativas de intervención social" ha
sucumbido al uso indiscriminado de la noción y, en la literatura especializada,
es posible rastrear un sinfín de manuales, artículos, revistas, etc. en los que se
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 17 Perspectivas participativas de intervención social

denomina perspectivas participativas a aproximaciones de intervención social


enormemente dispares. Por este motivo, discernir qué significado atribuimos
a la noción de participación se ha convertido en una tarea acuciante.

Así, siguiendo a Montero (2004), la participación puede ser definida


como:

"Un proceso organizado, colectivo, libre, incluyente, en el cual hay una


variedad de actores, de actividades y de grados de compromiso, que está
orientado por valores y objetivos compartidos, en cuya consecución se
producen transformaciones [colectivas] e individuales".

M. Montero (2004, p. 229).

Dicha autora desglosa y expande la definición de participación, señalando


un conjunto de elementos cuya presencia en las intervenciones sociales es
indispensable para poder hablar de intervención participativa, que adaptamos
y sintetizamos a continuación:

• La acción conjunta y libre de un grupo que comparte intereses y objetivos.

• Un proceso que implica la producción e intercambio de conocimientos


entre agentes sociales heterogéneos.

• Acción socializadora que transmite, comparte y modifica patrones de con-


ducta.

• Colaboración. Es decir, labor compartida por el grupo en diferentes grados


de intensidad y el hecho de involucrarse.

• Correlación. Relaciones, ideas y recursos compartidos.

• Organizar, dirigir, tomar decisiones, efectuar acciones a fin de alcanzar las


metas establecidas conjuntamente.

• Existencia de patrones horizontales de comunicación entre la totalidad de


participantes.

• Reflexividad, capacidad para evaluar críticamente el trabajo hecho.

• Aportar y recibir. Se aporta y a la vez se es beneficiario de los aportes hechos


por otros y, además, de la suma de todas las participaciones.

Criterios�de�demarcación�de�la�noción�de�participación
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 18 Perspectivas participativas de intervención social

La definición de participación ofrecida, como vemos, se aleja de aquellas acep-


ciones que emplean esta misma palabra para hacer referencia a intervencio-
nes sociales que, aunque incorporan a agentes sociales diversos en el proceso,
mantienen relaciones asimétricas entre cada uno de ellos.

No se ajustarían a la definición que hemos formulado: el empleo de procesos consulti-


vos no vinculantes en los que se evalúa la opinión que suscita entre la población una
propuesta de intervención o una actuación ya desarrollada; o bien el uso de encuestas
de valoración en las que se evalúa el grado de satisfacción de las personas en relación
con un servicio recibido.

En ambos ejemplos vemos que, mientras los agentes interventores están au-
torizados para desarrollar el diagnóstico de la problemática y las soluciones,
las personas "encuestadas" o "consultadas" o intervenidas no tienen capacidad
para decidir ni incidir en el curso del proceso. De este modo se mantiene una
relación asimétrica, no horizontal entre los agentes. Se mantiene una escisión
entre aquellos agentes sociales autorizados para la toma de decisiones y la eje-
cución de las actuaciones y aquellos otros agentes que tan sólo pueden expre-
sar su opinión sobre aquello que ya ha sucedido. La participación tal como la
hemos definido, en cambio, implica que la toma�de�decisiones se lleve a cabo
conjuntamente entre todos los agentes implicados.

Del mismo modo, aquellos proyectos de intervención social en los que se in-
cluye a diversos agentes sociales en el proceso de elaboración del diagnóstico
y en la delimitación de la problemática que se quiere intervenir, aunque re-
curren a ciertas dinámicas participativas, tampoco concuerdan con la defini-
ción formulada. En este caso, la participación de los agentes sociales queda
circunscrita a ciertas fases del proceso, mientras que la dirección, la toma de
decisiones y la ejecución de las actuaciones es llevada a cabo únicamente por
los agentes interventores.

Siguiendo las aportaciones de Sepúlveda, Báez y Montenegro (2008), podemos Lectura complementaria
establecer diversos tipos de participación en función de los grados de partici-
Podéis encontrar las aporta-
pación de los agentes sociales movilizados: ciones de estos autores en la
obra siguiente:
Sepúlveda, M., Báez, F. y
• Participación�manipulativa:�la participación es una simulación. Hay re-
Montenegro, M. (2008). No
presentantes de los diversos agentes sociales involucrados, pero sin poder. en la puerta de mi casa. Im-
plantación no conflictiva de
dispositivos de drogodependen-
• Participación�pasiva: los agentes sociales son informados de lo que va a cias. Barcelona: Grup IGIA.

pasar o de lo que ya pasó. Las reacciones que pueda suscitar la información


transmitida no se tienen en cuenta.

• Participación�consultiva: se consulta a los agentes sociales. Las organiza-


ciones externas definen tanto los problemas como las soluciones. Al ser
consultas no vinculantes, no se ofrece participación en la toma de decisio-
nes, y las opiniones sobre el diseño de las intervenciones no son tomadas
en cuenta.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 19 Perspectivas participativas de intervención social

• Participación�por�incentivos�materiales: la participación se circunscribe


a proporcionar recursos –por ejemplo, tiempo o mano de obra– a cambio
de alimentación, remuneración económica u otros incentivos materiales.

• Participación�funcional:�los agentes sociales participan para cumplir los


objetivos predeterminados relacionados con el proyecto. Esta participa-
ción ocurre después de que las decisiones importantes hayan sido tomadas.

• Participación�interactiva�y�autogestión: los agentes sociales participan


en el análisis conjunto, creándose nuevos grupos locales o fortaleciéndose
los ya existentes. Se tiende a emplear metodologías interdisciplinarias que
emplean un sistema de aprendizaje sistemático y estructurado. La toma de
decisiones se arraiga en un contexto local, despertando el interés de los
múltiples agentes sociales para participar. Esta perspectiva participativa al-
canza su máximo desarrollo cuando los agentes sociales toman iniciativas,
independientemente de las instituciones externas, con el fin de cambiar
la situación.

Retos�de�la�participación

La asunción de este principio de participación constituye uno de los elemen-


tos clave de las perspectivas participativas de intervención. Sin embargo, la
cuestión de la participación desencadena, a su vez, la emergencia de un con-
junto de retos, limitaciones y problemáticas que es necesario tener en cuenta.

1) En primer lugar, el hecho de que la participación de un conjunto hetero-


géneo de agentes sociales sea un principio fundamental de esta perspectiva
constituye, en sí mismo, un reto no exento de dificultades. Así, aunque se
considera indispensable la participación de esta multiplicidad�social, la in-
clusión efectiva de todos ellos no se produce automáticamente. A menudo,
la intervención social participativa se enfrenta con la dificultad inicial de que
dichos agentes no deseen formar parte del proyecto. En este sentido, dado que
la participación no siempre se da espontáneamente, es necesario implementar
actuaciones encaminadas a lograr, estimular, promover y dinamizar la partici-
pación social. En los próximos subapartados, se detallarán las técnicas y pro-
cesos que se proponen para alcanzar este objetivo.

2) En segundo lugar, la incorporación a la totalidad del proceso de interven-


ción social de una multiplicidad de agentes sociales relacionados con la proble-
mática que se quiere intervenir resuelve, parcialmente, las limitaciones propias
de la intervención social tradicional. En efecto, la metodología participativa
logra resolver el dilema que planteaba la escisión entre agentes interventores y
agentes intervenidos, según la cual mientras los primeros constituyen el cuer-
po de expertos encargados de identificar y definir las problemáticas, así como
de diseñar e implementar las actuaciones necesarias, los segundos son aque-
llos colectivos o individuos definidos como problemáticos y sobre los cuales
se implementan diversas actuaciones. Sin embargo, la mera adopción de esta
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 20 Perspectivas participativas de intervención social

metodología de intervención participativa, dicho de otro modo, el solo hecho


de incorporar diversos agentes a la totalidad del proceso participativo, no ase-
gura que, necesariamente, se logre problematizar los conceptos, categorías y
discursos socialmente naturalizados, se produzcan conocimientos críticos, ni
tampoco que las actuaciones se encaminen hacia la transformación social.

Tal como hemos expuesto en el subapartado dedicado a la problematización,


las explicaciones, conceptos, categorías y discursos producidos por el saber
"experto" se diseminan e inyectan en el tejido social promoviendo determina-
das visiones sobre qué es un "problema social". Estas explicaciones adquieren el
estatus de categorías naturales, se imponen con la fuerza de las cosas mismas,
se naturalizan y pasan a formar parte de nuestro lenguaje común, conforman
el imaginario social. En un sentido más amplio, el conjunto de instituciones,
normas y valores predominantes en un contexto sociohistórico dado confor-
man la matriz sociocultural mediante la que comprendemos e interpretamos
la vida social entre la que se incluye, obviamente, aquello que consideramos
que es digno de transformar y cuál es el bienestar deseable. Por este motivo,
una de las cuestiones de mayor calado que afrontan las perspectivas partici-
pativas es la tensión existente entre la necesidad de producir conocimientos
e intervenciones críticas orientadas hacía la transformación social y la pree-
minencia de determinados discursos, explicaciones y categorías que sostienen
relaciones de poder asimétricas (como por ejemplo el patriarcado, el racismo
o el capitalismo) presentes en un contexto social dado.

En este sentido, considerar que cualquier intervención que provenga de la


mera participación de diversos agentes sociales y no únicamente de los "agen-
tes externos" será generadora de transformación social crítica, estará obviando
que los contextos sociales que habitamos están ya permeados, imbuidos de
ciertas explicaciones y discursos con los que damos cuenta de nuestra realidad.
Dicho de otro modo, la participación no garantiza, por sí sola, la emergen-
cia de pensamiento crítico y transformador, sino que también puede producir
comprensiones estigmatizantes o reproductoras del orden social dado.

Para ilustrar esta cuestión, emplearemos el caso del efecto NIMBY en los con-
flictos de implantación de servicios de atención a usuarios de drogas (Sepúl-
veda, Báez y Montenegro, 2008).

El caso del efecto NIMBY

Los conflictos de implantación de servicios son aquellos acontecimientos en los que


se da una confrontación visible entre agentes sociales, en relación con la posibilidad
de instalar un recurso sociosanitario en un contexto determinado. Así, emerge una
movilización colectiva, ciudadana y participativa que se opone y obstaculiza su aper-
tura por considerar que dicho recurso puede ser peligroso o suponer un riesgo para
la comunidad en la que se quiere instalar. Esta reacción no pone en entredicho la
utilidad y necesidad del servicio en sí mismo, sino su localización en un lugar preciso.

Este conjunto de actitudes y comportamientos sociales de oposición se han denomi-


nado NIMBY (not in my back yard; 'no en el jardín de mi casa'). Se trata de un argu-
mento que señala: "En principio, bien, pero que no sea aquí". Este efecto, aunque
inicialmente fue vinculado a la oposición ciudadana a la instalación de proyectos
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 21 Perspectivas participativas de intervención social

relacionados con el ámbito medioambiental –industrias contaminantes, depósitos de


residuos peligrosos, etc.–, posteriormente se ha extendido a otras problemáticas so-
ciales relacionadas con la asistencia sociosanitaria dirigida a colectivos socialmente
considerados marginales, peligrosos o problemáticos, como el caso de los usuarios
de drogas. Las formas en que los agentes sociales entienden el ámbito del consumo
de drogas, así como las personas usuarias de sustancias, responden a determinados
imaginarios sociales que tienden a construir una imagen del fenómeno como un pro-
blema, categorizando a los consumidores como marginados-enfermos o como delin-
cuentes.

Sintetizando, los discursos socialmente predominantes asociados a las prácticas de


consumo tienden a estigmatizarlas, asociándolas a imaginarios sociales negativos en
relación con las personas que las realizan y con sus consecuencias. Este discurso pa-
tologiza el consumo, homogeneiza una gran variedad de prácticas y tipos de usuarios
bajo una misma imagen, redundando en una mayor vulnerabilización de quien lle-
va a cabo estas prácticas de consumo. Así pues, la percepción social que el conjunto
de agentes sociales del barrio pueden tener en relación con dichas personas, al estar
permeada y mediatizada por estos discursos estigmatizantes, patologizantes y crimi-
nalizadores, pueden predisponerlos a tener una actitud inicial de rechazo social hacia
las personas o colectivos usuarios de drogas.

Como vemos en el ejemplo, los procesos participativos no garantizan por sí


mismos la emergencia de pensamiento crítico, reflexivo y transformador si-
no que, incluso, pueden desencadenar movilizaciones acordes con la repro-
ducción de los discursos socialmente hegemónicos. Por tanto, al principio de
participación hay que unir los principios de problematización, reflexividad y
empoderamiento desarrollados anteriormente, para poder generar los espacios
de pensamiento crítico y de transformación social que persiguen las perspec-
tivas participativas de intervención social, aspecto que trabajaremos a conti-
nuación.

1.2.5. La perspectiva participativa: el co-funcionamiento de los


principios fundamentales

Hasta aquí, hemos desarrollado por separado cada uno de los cuatro principios
fundamentales de las perspectivas participativas. En el último subapartado,
hemos desarrollado el principio de la participación y hemos señalado algunos
de los retos a los que se enfrenta. Concretamente, hemos discutido el riesgo
que entraña depositar, únicamente en la participación de diversos agentes so-
ciales, la garantía de que las intervenciones que se llevarán a cabo generarán
propuestas orientadas a la transformación social, desde aproximaciones críti-
cas.

En efecto, la asunción de la perspectiva participativa de intervención


social desarrollada hasta ahora requiere del co-funcionamiento de todos
los principios fundamentales: problematización, reflexividad, empower-
ment y participación.

Así, no debe entenderse que éstos se aplican por separado ni que cada uno
responde a una fase concreta del proceso, sino que aquello que define esta
perspectiva de intervención es, precisamente, la interconexión�de�todos�ellos
durante�la�totalidad�del�proceso. Aunque, a medida que hemos ido desarro-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 22 Perspectivas participativas de intervención social

llando cada uno de estos principios, se ha puesto de manifiesto la fuerte vin-


culación existente entre todos ellos, no está de más explicitar el alcance de
dicha interconexión.

Del mismo modo que, al discutir el principio de la reflexividad, se enfatizaba


que éste no es un ejercicio de autoconocimiento que los interventores socia-
les realizan sobre sus actuaciones, sino que es una práctica que requiere de
la participación de agentes sociales heterogéneos y no sólo de las intervento-
ras sociales o los agentes externos, la participación tampoco hace referencia
a la mera incorporación de una multiplicidad de agentes sociales, sino que
requiere que dicho encuentro sea reflexivo y problematizador. Es decir, se ha-
ce necesario generar espacios de discusión y reflexión conjunta entre agentes
heterogéneos con el objetivo de analizar los motivos y las causas de las expli-
caciones que construimos en un primer momento para lograr articular com-
prensiones capaces de desactivar los discursos y comprensiones socialmente
naturalizados.

Con el objetivo de ilustrar, de modo práctico, la cuestión del co-funcionamien-


to de los principios fundamentales, seguiremos con el caso de los conflictos
de implantación de servicios de atención a usuarios de drogas. ¿Cómo puede
resolverse el dilema suscitado por este ejemplo? Tal como nos explican los au-
tores, el efecto NIMBY descrito se vincula con dos cuestiones clave.

1) En primer lugar, aunque ciertamente la movilización ciudadana y colectiva


responde a un proceso plenamente participativo, cabe señalar que éste surge
como respuesta o reacción del conjunto de vecinos del barrio a una acción
previa: la decisión a priori de implantar el servicio sociosanitario por parte
de instituciones externas al contexto como, en este caso, la Administración
pública desde la que se decide su ubicación. Es decir, la falta de participación
del conjunto de agentes involucrados en la implantación del servicio desde
el inicio del proceso. Así, los autores proponen que las instituciones desarro-
llen procesos participativos de tal modo que la implantación del servicio, su
ubicación exacta, las condiciones en las que se va a implantar, es decir, las
decisiones relevantes en relación con esta actuación estén participadas por la
totalidad de agentes sociales desde el inicio. De este modo, ponen de mani-
fiesto que la toma de decisiones desde posiciones externas al contexto corre
el riesgo de generar efectos contraproducentes, como el rechazo social no ya
al servicio en sí mismo, sino también al hecho de que como habitantes del
barrio no hayan podido participar en la decisión de implantar dicho servicio
en aquel contexto.

2) En segundo lugar, ante la demanda de implantación de un servicio socio-


sanitario específico es necesario, como hemos dicho, que se involucre una he-
terogeneidad de agentes sociales vinculados con el fenómeno. En el caso que
nos ocupa, además de la institución que desea instalar dicho recurso en el te-
rritorio, deben añadirse los agentes sociales del barrio o contexto local. Sin
embargo, esta composición sigue sin abarcar la heterogeneidad de actores y
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 23 Perspectivas participativas de intervención social

complejidad del fenómeno. Así, el conjunto de personas usuarias de sustan-


cias y potencialmente beneficiarias del servicio que se quiere instalar, también
deben incorporarse al proceso participativo. Este proceso participativo articu-
laría a una heterogeneidad de actores sociales con intereses y puntos de vista
dispares y, por tanto, promovería dinámicas de reflexión y problematización
conjunta. De este modo, las comprensiones y actuaciones que se desarrollen
en el seno de esta articulación social serán producto del encuentro productivo
y reflexivo entre actores heterogéneos. La tensión semejanza/diferencia que
se produce al entrar en contacto con posiciones sociales diversas modifica las
visiones de partida de cada uno de los agentes sociales convocados, llegándose
a acuerdos sobre cómo dar cuenta del fenómeno y qué actuaciones se quieren
llevar a cabo que no preexistían en el proceso participativo. Emergen, de es-
te modo, comprensiones problematizadas y reflexivas que favorecen la revi-
sión de los propios puntos de partida. Siguiendo con el ejemplo, al entrar en
contacto personas usuarias y vecinas, se soslayan y socavan las concepciones
iniciales acordes con los discursos homogeneizadores y estigmatizantes que
recaen sobre las personas consumidoras, al mismo tiempo que éstas pueden
comprender las preocupaciones que las vecinas pueden tener en relación con
la instalación del dispositivo, llegando a acuerdos que puedan ser satisfacto-
rios para las partes involucradas.

En síntesis, la asunción de la perspectiva participativa de intervención


comporta el co-funcionamiento de sus principios en cada una de las
fases de la intervención. Éstos permiten, por un lado, dotar de prota-
gonismo a los diversos agentes sociales relacionados con determinado
fenómeno y, por otro, generar procesos de reflexión y discusión crítica
sobre dicho fenómeno, llegando a respuestas creativas producto de la
emergencia de un conocimiento localizado, evitando los discursos so-
cialmente hegemónicos y proponiendo otras interpretaciones acordes
con las posiciones que se conectan.

1.3. Redefiniciones conceptuales

Al revisar las perspectivas de intervención tradicionales en el segundo módulo, Ved también


hemos visto que estas perspectivas se asientan en una amplia gama de concep-
Consultad el módulo "La inter-
tos de carácter general que funcionan como herramientas a través de las cuales vención social desde las pers-
se definen cuáles son las problemáticas sobre las que se quiere intervenir. Es pectivas tradicionales".

decir, se opera desde arriba hacia abajo. Al disponer de diversos conceptos teó-
ricos generales, es posible analizar y diagnosticar cada una de las situaciones
específicas sobre las que se quiere intervenir.

Las perspectivas participativas, como vemos, apuestan, en cambio, por una


actuación "desde abajo". Es decir, se parte de unos fundamentos que guían las
formas de intervención social a partir de las cuales se diagnostica el fenómeno
y se delimita la problemática. No se parte, por tanto, de conceptos teóricos a
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 24 Perspectivas participativas de intervención social

priori que den cuenta de los fenómenos que se van a trabajar, sino que las abs-
tracciones a las que se llega para definir el campo problemático son un produc-
to de la misma actividad y del proceso participativo. Aunque las perspectivas
participativas no proceden a partir de la aplicación de constructos teóricos ge-
nerados a priori, en cada una de las intervenciones se producen conocimientos
críticos de carácter local y situado, relativos al contexto específico en que se
interviene. Por este motivo, no tendría sentido hablar de una red de conceptos
o constructos teóricos preexistentes, ya que no están presentes como tales en
estas perspectivas. Sin embargo, vale la pena mostrar algunos de los concep-
tos que se han generado desde intervenciones participativas con el objetivo
de ilustrar el talante transformador que dichas comprensiones han albergado
en sus ámbitos específicos. A continuación, desarrollaremos tres ejemplos de
redefiniciones conceptuales producidas desde ciertos procesos participativos.

1.3.1. La vecindad como elemento articulador de la convivencia

El primer ejemplo de redefinición conceptual es fruto del proyecto "Participa- Lectura complementaria
ció dels col·lectius de persones immigrades en el Casc Antic" (Participación
Podéis consultar los porme-
de los colectivos de personas inmigradas en el Casc Antic), desarrollado por nores de este caso en el tra-
Ecoconcern (2003). bajo siguiente:
Ecoconcern (2003). Participa-
ció i immigració en contex-
tos pluriculturals. La situació
Participación de los colectivos de personas inmigradas en el Casc Antic del Casc Antic de Barcelona.
Finestra Oberta, 33. Barcelo-
Como parte de este proyecto de intervención participativa, se llevó a cabo un proceso na: Fundació Bofill.
de investigación ligado a la fase de diagnóstico de la problemática sobre la que se
quería intervenir en el barrio. En esta investigación, se puso de manifiesto que los
discursos que circulaban socialmente en el territorio del Casc Antic asumían que las
personas inmigradas estaban asociadas a procesos de degradación del barrio, como la
delincuencia, la inseguridad ciudadana o el menoscabo de la enseñanza de los cole-
gios públicos (que deben rebajar el nivel de exigencia para adaptarse a las carencias
del alumnado inmigrado).

La persona "autóctona", en cambio, era construida en oposición a la figura del in-


migrante, ocupaba una posición "normalizada" desde la cual se valoraba la figura in-
migrante en términos de anormal, diferente o bien inferior, favoreciéndose el surgi-
miento de la disimetría y confrontación entre ambas categorías sociales. Como con-
secuencia de esta investigación sobre los discursos que circulan socialmente en el
barrio, se concluyó que la reproducción de categorías identitarias fijas (autóctonos
frente a inmigrantes) relacionaba a cada una de estas categorías sociales con deter-
minadas características personales y homogéneas entre sí. De este modo, las formas
de vida asociadas discursivamente a la categoría inmigrante eran vistas como incon-
mensurables, impidiendo que pudieran establecerse puentes de comunicación entre
ambas categorías sociales.

Así pues, se propuso que, en lugar de asumir acríticamente estas categorías presentes
discursivamente en el barrio, que, a su vez, respondían a los significados sociocultu-
ralmente hegemónicos respecto de la inmigración –vista en la sociedad receptora co-
mo un problema social en sí misma–, se apostaría por su disolución con el objetivo de
desestabilizar las categorías "culturales" fijas. La propuesta no buscaba negar las dife-
rencias existentes entre las personas para crear una identidad única y universal, sino
proponer ámbitos sociales de diferencias múltiples, no binarias, fluidas y cambiantes.

Por este motivo, se decidió emplear el término vecindad frente a las categorías autóc-
tono o inmigrante a la hora de promover iniciativas de convivencia en el barrio. Para
el equipo de "Escenarios de participación ciudadana" de Ecoconcern, el concepto de
vecindad podría funcionar como punto nodal para la creación de iniciativas de con-
vivencia en el barrio, como base para indagar sobre los puntos en común que puede
tener un conjunto de personas por habitar un mismo espacio social. Este concepto
no busca crear una identidad homogénea que desplace las categorías identitarias al-
rededor del origen nacional, cuestionadas, sino que es propuesto como una forma
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 25 Perspectivas participativas de intervención social

de identificación precaria para pensar las relaciones en un territorio en un momento


dado. Lo que se propone es una categoría que, en vez de cerrar las posibilidades de
diálogo a partir de las diferencias inconmensurables de cada origen "cultural", tenga
como consecuencia la apertura de espacios de relación por su carácter abierto y con-
tingente.

La categoría de vecindad planteada de esta manera evitaría clasificar a las personas


a partir de su origen nacional, religioso o cultural –proceso de descentramiento de
identidades fuertes– e intentaría fijar puntos en común entre personas que viven en
un espacio más o menos delimitado geográficamente en un momento dado.

En este sentido, la categoría de vecindad no está necesariamente ligada a unas


características personales esenciales e inamovibles (como lo pueden ser la ca-
tegoría de colombiana, argelina, catalana o española), sino al hecho de com-
partir un espacio urbano con otras personas. De esta manera, esta categoría
está referida a unas formas de hacer, un estado contingente (que es el vivir en
esa zona y no en otra en un período determinado) y no a una característica
esencial y trascendente de las personas. Además, refiere a relaciones precarias
(que pueden crearse, desaparecer, negociarse) en el seno de la vida vecinal a
partir de la contingencia y fluidez de los flujos de personas que habitan, se
mudan, cambian, etc. a lo largo del tiempo en contextos urbanos específicos.

Por otro lado, la categoría vecindad, a diferencia de las categorías identitarias


basadas en el origen nacional, no implica necesariamente formas de homoge-
neidad entre las personas que habitan en el barrio, ya que alude a un punto
de encuentro en el entramado de la ciudad, y busca, por tanto, explorar las
tensiones de semejanza-diferencia que pueda haber entre diferentes habitan-
tes del barrio. Sin embargo, esta noción no puede ser pensada en abstracto,
separada de las realidades cotidianas de cada territorio. Al contrario, es nece-
sario pensar esta noción en el marco de procesos participativos en los que se
pueda crear el caldo de cultivo para la propia conformación de una categoría
de vecindad en la que quepan las múltiples diferencias entre las personas.

1.3.2. Inclusión perversa y subalterna

En las discusiones relativas a los conceptos de inclusión y exclusión social tra- Lecturas
bajados en el módulo "La intervención social desde las perspectivas tradicio- complementarias

nales", han ido apareciendo voces críticas respecto de este binomio. Ejemplo Para ampliar estas perspecti-
de ello son los conceptos de inclusión perversa y subalterna. Desde estas pers- vas críticas de intervención
social, podéis leer las obras
pectivas críticas de intervención social (Sawaia, 2002; Colectivo IOE, 2008), se siguientes:
argumenta que la noción de exclusión social omite o invisibiliza las situacio- Colectivo IOE (1993). "Inves-
tigación Acción Participativa:
nes que no excluyen a las personas de las formas de producción ni tampoco de Propuesta para un ejercicio
las relaciones de poder asimétricas asociadas a éstas. Esto es, ciertas personas activo de la ciudadanía."
Sawaia, B. (2002). O sofri-
están incluidas en dichas formas de relación a través de procesos de explota- mento etico-político como
ción o subalternidad. categoria de análise da dia-
léctica exclusão/inclusão. En
B. Sawaia (Org.), As artiman-
La inclusión�perversa pone el acento en las formas de "inclusión social" de has da exclusão. Análise psi-
cossocial e ética da desigualda-
ciertas personas o grupos sociales a partir de la negación de sus derechos so- de social (p. 97-118). Petrópo-
lis: Vozes.
ciales y ciudadanos. Este tipo de inclusión está definida por procesos de discri-
minación y explotación en el interior del propio sistema y, por tanto, afecta a
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 26 Perspectivas participativas de intervención social

personas que trabajan y viven en un contexto social –es decir, están "incluidas"
en dicho sistema– pero que sistemáticamente se ven abocadas a situaciones
de opresión (Sawaia, 2002).

La inserción�subalterna se refiere a las maneras en que algunos colectivos es-


tán incluidos en el sistema de manera que están en desigualdad de condicio-
nes con otros grupos sociales (Queirolo, 2005).

La inserción� social está condicionada por fenómenos de precariedad en el Lectura complementaria


empleo, poco acceso a los recursos socioeducativos y culturales de la sociedad,
Queirolo, L. (2005). Entre
condiciones residenciales de hacinamiento, incertidumbre respecto del futuro, ciudadanía, discriminación e
etc. integración subalterna. Jóve-
nes latinos en Génova. En G.
Herrera, M. Carrillo y A. To-
rres (Ed.), La migración ecua-
toriana: transnacionalismo, re-
Lo importante aquí es que las condiciones de discriminación en las que des e identidades (p. 397-429).
se encuentran ciertos colectivos tiene influencia en su inserción en el Quito: Facultad Latinoameri-
cana de Ciencias Sociales Se-
sistema social y que, más allá, de sus habilidades o competencias perso- de Ecuador.
nales, pertenecen a grupos sociales discriminados en dicho sistema.

El colectivo IOE (2008) toma este concepto y lo aplica a la comprensión de las


relaciones sociales que, actualmente, se dan en España en torno a la inmigra-
ción, a partir de procesos concretos de investigación-acción. Así, destacan que
en buena parte de los discursos de las personas autóctonas aparece la integra-
ción subalterna de la población inmigrada como un horizonte deseable:

"La inmigración sólo queda legitimada en la medida que beneficie a los intereses de la
población autóctona y se ajuste a las normas y costumbres vigentes en el país. En el
plano laboral deben aceptar los trabajos que los españoles reserven para ellos (economía
complementaria). En estas condiciones se acepta la presencia de inmigrantes, pero con
un estatuto de ciudadanía subordinada o de segunda clase ('primero los españoles')".

Colectivo IOE (2008, p. 7).

Con este concepto, se incide en la caracterización de las relaciones de poder


en la sociedad y las maneras en las que ciertas formas de orden social generan
procesos de opresión, explotación y discriminación. Así, la cuestión a discutir
y dilucidar no es tanto si las personas están en riesgo de exclusión social o no,
sino más bien de qué manera están "incluidas" socialmente, bajo qué paráme-
tros, en qué tipo de relaciones, etc. Desde el punto de vista de la intervención
social, ésta tendría que estar abocada a conocer, junto con las participantes,
estas condiciones de inclusión social y, a partir de aquí, colaborar en cuestio-
nar y transformar las relaciones de opresión presentes, para generar procesos
de equidad social y de igualdad de oportunidades para todos los habitantes de
cierto contexto social en un momento dado.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 27 Perspectivas participativas de intervención social

1.3.3. Procesos participativos y perspectiva de género

El ejemplo que exponemos a continuación, más que una redefinición concep- Lectura complementaria
tual, muestra los efectos y posibilidades que supone la incorporación de una
Podéis consultar los porme-
perspectiva de género en el seno de los procesos participativos. En efecto, el nores de este caso en la obra
caso que mostraremos pone de manifiesto la relevancia que la incorporación siguiente:
Flórez-Flórez, J. (2004). Una
de una perspectiva de género supuso para un proceso participativo desarrolla-
aproximación a la dimensión
do en el contexto latinoamericano. Concretamente, siguiendo las aportacio- del disenso de los movimien-
tos sociales: la implosión de
nes de Flórez (2004), nos centraremos en el Proceso de comunidades negras la identidad étnica en la red
en el contexto colombiano. "Proceso de Comunidades
Negras" de Colombia. Colec-
ción Monografías, 12. Caracas:
Programa Globalización, Cul-
Proceso de comunidades negras tura y Transformaciones So-
ciales, CIPOST, FaCES, Uni-
Este proceso participativo incorporaba múltiples organizaciones y agentes sociales versidad Central de Venezue-
que compartían el objetivo de defender el derecho a la identidad negra y al territorio, la.
la visión propia de futuro y ser parte de y participar en la lucha de otros pueblos ne-
gros alrededor del mundo. Las reivindicaciones de este conjunto de agentes sociales
estaban estrechamente vinculadas al territorio y la identidad cultural, en un sentido
que desbordaba los parámetros establecidos por la delimitación de territorio asociada
al Estado colombiano, contemplados por la Constitución Nacional de aquel país. Esta
apuesta, en conjunto con aquellas encaminadas a resignificar positivamente la iden-
tidad negra y a diferenciarla de otras identidades presentes en la nación (identidades
blanca, indígena y mestiza), constituyeron las políticas culturales del PCN desde el
año 1994.

Así, el uso del concepto de identidad étnica y comunidad étnica supuso una confron-
tación con el Estado y devino un hecho político: el movimiento logra legitimar a la
población negra como una comunidad étnica y, por tanto, contribuye a sentar las
bases para reivindicar el derecho a la permanencia y posesión de territorios colectivos
según prácticas ancestrales.

Sin embargo, según dicha autora, algunos años después de su fundación se inicia, en
el seno del PCN, un proceso reflexivo acerca del propio funcionamiento interno, y
comienzan a surgir algunas voces críticas que cuestionan el hecho de que, al antepo-
ner la defensa de la identidad negra, se estaban eludiendo los problemas de género.
Es decir, emerge en el interior del proceso una preocupación por ir abriendo espacios
para discutir y gestionar los disensos respecto a las relaciones de género en el interior
del proceso participativo.

En este sentido, el PCN, aun cuando despliega políticas culturales, por ejemplo, con-
tra el Estado, con el fin de revertir las relaciones de poder que sustentan la discrimi-
nación racial e impiden el reconocimiento político de la identidad negra, empieza
a preocuparse por el hecho de estar recreando, en el ámbito cotidiano, otras formas
de poder ancladas en categorías identitarias distintas a la étnica. Así, se inicia una
articulación con otros agentes sociales, como las redes feministas, que contribuye a
facilitar la expresión tanto del malestar con las asimetrías de género, como las posi-
bilidades de mejorar las relaciones de género en el interior del proceso participativo
y en su propia vida.

En el caso del PCN, Flórez argumenta que este proceso llevó a una implosión de la
identidad étnica, dando cabida a distintas experiencias vinculadas a las marcas iden-
titarias de género, clase, nivel de formación, lugar de procedencia, culto religioso,
orientación sexual, etc., permitiendo, sin dejar de anclar su lucha en la identidad
negra, poder atender también las maneras en las que otros ejes de discriminación
estaban operando en esta iniciativa. Todo esto, según la autora, da cabida a proce-
sos de subjetivación que acompañan y condicionan la construcción de la identidad
negra y, por tanto, permite abrir espacios de disenso, así como la oportunidad para
gestionarlos.

Con estos ejemplos de redefiniciones conceptuales, hemos querido mostrar


cómo, en procesos concretos de participación, es posible poner en cuestión
algunas de las concepciones arraigadas socioculturalmente sobre los fenóme-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 28 Perspectivas participativas de intervención social

nos sociales, para generar nuevas comprensiones, contextualmente situadas,


que las cuestionen y que generen formas de compresión críticas respecto de
las relaciones de opresión que atraviesan actualmente las sociedades contem-
poráneas.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 29 Perspectivas participativas de intervención social

2. Intervención y evaluación desde las perspectivas


participativas

En este segundo apartado del módulo, daremos cuenta de las maneras con-
cretas en las que se llevan a cabo los procesos de intervención social desde
las perspectivas participativas. El apartado está dividido en las diferentes fases
de la intervención. Haremos referencia, en primer lugar, al período anterior
a la intervención caracterizado por la demanda y su negociación. En segun-
do lugar, veremos las fases de la intervención propiamente dicha: familiariza-
ción, constitución del equipo, definición del campo problemático o diagnós-
tico participativo, la construcción del plan de actuación y la implementación
y evaluación de la misma. Cabe destacar que la secuenciación de las fases se
hace para facilitar la exposición del contenido de la asignatura, y que cada
proceso de intervención participativa difiere de los demás en cómo llevar ade-
lante estas etapas y, por supuesto, en cuanto a los contenidos concretos a tra-
bajar, justamente porque éstos no están dados de antemano, sino que se van
constituyendo en el propio proceso de participación. De este modo, estas eta-
pas y sus características no deben ser tomadas como recetas para la acción, si-
no más bien como una guía útil para llevar adelante procesos de intervención
social desde estas perspectivas y poner en práctica los principios desarrollados
anteriormente.

2.1. Pre-intervención: demanda y negociación

En la mayoría de las ocasiones, la intervención social es llevada a cabo en


respuesta a una demanda. Dicha demanda puede provenir de las personas o
colectivos afectados por alguna problemática social. No obstante, lo más ha-
bitual es que la demanda provenga de alguna institución, generalmente las
administraciones locales.

Sea cual fuere la procedencia de la demanda, y teniendo en cuenta los princi-


pios de la intervención participativa mencionados anteriormente, sobre todo
los de problematización y reflexividad, es imprescindible interrogarse acerca
de para qué se interviene, cómo se interviene y cuáles son los objetivos que se
persiguen con la intervención. En este sentido, cabe preguntarse qué efectos
sobre las personas y el contexto puede tener la intervención que se va a llevar a
cabo, e iniciar un proceso de (auto)reflexión y negociación de la demanda que
se ha realizado, esto es, no asumir acríticamente los modos en que la demanda
ha sido formulada. Así, ante la recepción de una demanda de intervención
se abre un primer momento en el que deberán problematizarse y analizarse,
reflexivamente, los términos en que ha sido formulada. Estos principios vol-
verán a emplearse con posterioridad una vez constituido el equipo, con los
distintos agentes sociales que se incorporarán al proceso participativo.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 30 Perspectivas participativas de intervención social

Las demandas de intervención social pueden estar formuladas de modos par-


ticularmente diferentes. Cada uno de estos modos incorpora, necesariamente,
una visión sobre el problema, una manera particular de enunciarlo, de iden-
tificar sus causas, de señalar los aspectos que se consideran más relevantes,
etc. La problematización de los términos en que es formulada la demanda, así
como la reflexividad sobre los efectos que puede desencadenar la intervención
social que se llevará a cabo, implica un primer ejercicio de negociación de la
demanda.

Negociar los términos en que es formulada una demanda de intervención con


la institución demandante supone un proceso en el que se deben aclarar los
efectos sociales que generará la intervención.

Ejemplos

A modo de ejemplo, una intervención social sobre las condiciones de la población inmi-
grante puede contribuir a reforzar la integración de estas personas en el tejido social, pero
también puede contribuir a justificar políticas excluyentes y represivas.

Igualmente, una demanda de intervención formulada en términos de "intervención so-


bre el incremento de la criminalidad asociada al consumo de drogas" puede contribuir a
la estigmatización y criminalización de las personas consumidoras de sustancias ilegales
y, al mismo tiempo, invisibilizar los condicionantes socioeconómicos, las condiciones
de aislamiento social y de exclusión social en que se encuentran esas personas, o bien
las condiciones precarias y de pocos recursos de los entornos territoriales en que se en-
cuentran.

Como vemos, es probable que la demanda que se nos hace como equipo inter-
ventor venga formulada desde los parámetros, terminología y concepciones
propias de la intervención social tradicional. Así, es probable que la formula-
ción de la demanda asuma una perspectiva sectorial según la cual determina-
das personas o colectivos poseen ciertas características que son entendidas co-
mo limitaciones o carencias. En este caso, será necesario negociar y reformular
los términos de la demanda haciendo emerger el contexto social, el territorio
o los otros agentes sociales relevantes en la problemática. En resumen, es im-
portante no asumir acríticamente las maneras en que es formulada la deman-
da de intervención.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 31 Perspectivas participativas de intervención social

Intervención social en el ámbito del trabajo sexual

Pensemos, por ejemplo, en una demanda para intervenir en la inserción social del
colectivo de prostitutas. Si reordenamos esta formulación y apostamos por la inter-
vención social en el ámbito del trabajo sexual en un contexto específico, la forma
de abordaje de la problemática se desplazará. Mientras en la primera se focaliza la
demanda en la asunción de la categoría social prostitutas, y se considera que la pro-
blemática debe abordarse trabajando con estas personas al compartir determinadas
características, en la segunda se hace hincapié, en cambio, en considerar que la pro-
blemática responde a un ámbito temático: el trabajo sexual.

Esta práctica social, el trabajo sexual, emerge en un contexto o territorio específico.


Las prostitutas no son los únicos agentes sociales relacionados con esta actividad,
sino también los vecinos y comerciantes del barrio (tanto aquellos que se oponen
frontalmente al ejercicio de dicha actividad como los que no), los agentes locales de
policía o los propios clientes. En este caso, la intervención no incluirá únicamente
al colectivo de trabajadoras sexuales, sino al resto de agentes relevantes del contexto
social, pudiendo discutirse aspectos que, como la criminalización y estigmatización
social de dicho colectivo, no podrían abordarse si se hubiesen mantenido los térmi-
nos en que se formuló la demanda inicialmente.

La negociación de los términos en que es formulada la demanda deberá plas-


marse en la elaboración de un proyecto de intervención en que se redefina la
problemática sobre la que se va a intervenir y los objetivos generales. Fruto de
la reflexión y problematización de las explicaciones que, por ser socialmen-
te predominantes, emergen en primera instancia, se alcanza, finalmente, un
acuerdo satisfactorio con la institución demandante.

Otro elemento que debe tenerse en cuenta, a la hora de negociar la demanda


inicialmente, remite a la disponibilidad de tiempo y recursos. Las interven-
ciones participativas requieren llevar a cabo procesos de dinamización social
con el objetivo de involucrar a los agentes sociales relevantes en relación con
la problemática que se quiere intervenir. El proceso participativo, al incorpo-
rar a una heterogeneidad de agentes sociales, solicita disponer del tiempo y
recursos técnicos necesarios para promover la reflexión conjunta entre éstos.
Determinadas demandas u objetivos y, sobre todo, los recursos disponibles
para alcanzarlos, pueden ser demasiado ambiciosos para llevarlos a cabo desde
las metodologías participativas.

Por estos motivos es importante determinar, durante el proceso de negocia-


ción de la demanda, con qué potencialidades reales se parte y qué recursos
se deberán disponer para poder asumirla. Aunque esta cuestión pueda parecer
una obviedad, planificar desde el inicio qué recursos se necesitan para llevar
a cabo el proceso participativo constituye un tema enormemente relevante,
puesto que la falta de recursos económicos, técnicos, humanos o materiales
para implementar alguna de las fases del proceso podría truncar o echar a per-
der la totalidad del proceso.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 32 Perspectivas participativas de intervención social

2.2. Familiarización, mapeo y difusión del proyecto

En este subapartado, trabajaremos la primera fase de las acciones de interven-


ción desde las perspectivas participativas. Se trata del primer acercamiento al
espacio de intervención (territorio/barrio o ámbito temático que se trabajará
en un contexto dado), a partir de la demanda realizada y de su reinterpreta-
ción por parte del equipo de intervención.

Es de vital importancia que, al iniciar esta fase, el equipo interventor reflexio- Demandantes
ne sobre la posición que ocupa en relación al campo de intervención. Esto es,
Posibles demandantes son, por
reconocer desde dónde parte el proceso, en términos de origen de la demanda, ejemplo, una administración
las características de ésta y las implicaciones que tiene todo esto para empren- pública, la Universidad, agen-
tes sociales del territorio, etc.
der la intervención.

Asimismo, es importante reflexionar sobre las ideas y preconceptos que pueda Imaginarios sociales

tener el equipo en relación con el territorio o el ámbito temático a trabajar,


Ejemplos de imaginarios socia-
esto es, los imaginarios sociales que se tiene respecto de éstos. También es im- les son un barrio degradado,
en crecimiento o con muchas
portante conocer qué tipo de contactos anteriores han tenido los miembros potencialidades, etc.
del equipo con ese territorio o ámbito temático y, consecuentemente, la capa-
cidad de acceso que se tiene al campo en el que se va a intervenir. Finalmente,
se deben identificar las fortalezas y limitaciones con que se parte de antema-
no, aunque, obviamente, a lo largo del proceso participativo, y fruto de las
acciones que se vayan desarrollando, éstas estarán en constante redefinición.

2.2.1. Familiarización

La familiarización tiene como objetivo conocer el terreno en el que se realizará


la intervención. A través de la familiarización, el equipo interventor conocerá
las características de la población con la que se va a trabajar, el entorno social
en el que se insertará la acción y los agentes sociales más relevantes en este
entorno. Y, viceversa, las personas del contexto social conocerán al equipo in-
terventor y las primeras ideas referidas a la intervención a realizar. La familia-
rización, por tanto:

"Es un proceso sociocognoscitivo en el cual los agentes externos e internos inician o pro-
fundizan su conocimiento mutuo captando y aprehendiendo aspectos de la cultura de Lectura complementaria
cada grupo, a la vez que encuentran puntos de referencia comunes, evalúan los intereses
que mueven a cada grupo, desarrollan formas de comunicación, descubren peculiarida- Si queréis ampliar la informa-
des lingüísticas y comienzan a desarrollar un proyecto compartido". ción sobre la familiarización,
podéis leer la obra siguiente:
M. Montero (2006, p. 78). Montero, M. (2006). Hacer
para transformar. El método en
la psicología comunitaria. Bue-
En esta fase, entonces, es importante distinguir los grupos involucrados: mi- nos Aires: Paidós.
norías activas y líderes, grupos asociados, entidades, beneficiarias potenciales,
afectadas, etc. Se trata de hacer un acercamiento al lugar donde se realizará la
acción y el establecimiento de los primeros pasos de la relación entre agentes
externos y personas involucradas (Montenegro, Montenegro e Íñiguez, 2006).
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 33 Perspectivas participativas de intervención social

La familiarización es necesaria para establecer contacto con las personas, los Lecturas
grupos organizados, así como con la red de servicios públicos y privados (ONG, complementarias

cooperativas, empresas) existentes. Además, a partir de tomar contacto con di- Encontraréis más informa-
ferentes clases de personas, se puede descubrir quién tiene el tiempo, la moti- ción sobre los diferentes as-
pectos que conforman la fa-
vación, los recursos y las conexiones para llevar a cabo acciones futuras (Cortés miliarización en las obras si-
y Llobet, 2006). En este proceso, se debe tomar en cuenta la heterogeneidad guientes:
Cortès, F. y Llobet, M. (2006).
del espacio social con el que se está contactando ya que, tanto las caracterís- La acción comunitaria desde
ticas de los agentes sociales relacionados con un ámbito temático o presentes el trabajo social. En X. Úcar
y A. Llena (Coord.). Miradas
en un territorio, como sus posicionamientos respecto de los asuntos a trabajar y diálogos en torno a la acción
comunitaria, p. 131-156. Bar-
en el proceso a emprender, suelen contemplar muchas diferencias.
celona: Grau.
Montenegro, M. (2004). Co-
Así, siguiendo a Montero (2006), los requisitos y puntos claves de la familia- munidad y bienestar social.
En L. Cantera, J. Herrero, M.
rización son: Montenegro y G. Musitu. In-
troducción a la psicología co-
munitaria (p. 43-72). Barcelo-
• El carácter mutuo de la familiarización es imprescindible. na: EdiUOC.

• La familiarización contribuye a generar una trama de relaciones que es


básica para obtener la participación del mayor número y diversidad de
personas del contexto en el trabajo conjunto a emprender.

• Los primeros contactos con ciertos personajes o grupos clave no deben


delimitar la posibilidad de encuentro con otros grupos, ya que la actitud
del equipo interventor debe ser de apertura a todos los grupos del territorio
o ámbito temático que se está abordando.

• El equipo interventor debe sostener una postura ética respecto de las per-
sonas y grupos con los que se relaciona y, además, debe establecer su pos-
tura –inicial– sobre los temas que se van abordar en la intervención de la
manera más clara posible. Por esta razón, es necesaria la franqueza en los
comportamientos del equipo interventor, ya que esto será clave para la
solidez de las relaciones futuras.

Para realizar el proceso de familiarización, se disponen de las diferentes téc- Ved también
nicas de las ciencias sociales, que ya han sido explicadas, por lo que sólo las
Las técnicas de las ciencias so-
nombraremos brevemente: ciales se explicaron en el mó-
dulo "La intervención social
desde las perspectivas tradicio-
a)�Revisión�documental�de�fuentes�secundarias: registros de datos sociode- nales".
mográficos de la población, informes y memorias de los recursos e interven-
ciones realizadas, historiografía local, artículos y noticias en medios de comu-
nicación, etc.

b)�Observación�participante: compartir cotidianamente en ambientes clave


de potencial interés para, posteriormente, realizar valoraciones específicas de
ciertas situaciones o lugares.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 34 Perspectivas participativas de intervención social

c)�Técnicas�orales: individuales o grupales, en las que se pregunta a personajes


clave asuntos de interés para el proceso.

Durante la familiarización, el uso de todas estas técnicas permite la descrip-


ción de temáticas aún no claramente comprendidas por el equipo interventor.
Es relevante conocer las características de las relaciones sociales presentes en
el contexto, bien por medio de la observación de los espacios públicos en los
que las personas interactúan, bien preguntando a las personas entrevistadas su
relación con otros agentes sociales. Asimismo, se debe investigar cuáles son los
posicionamientos de las diferentes personas y grupos respecto de las temáticas
a abordar por la intervención, lo cual permite obtener una primera aproxima-
ción a las creencias, actitudes, percepciones, imágenes y discursos existentes.

También, es importante destacar que el proceso de familiarización debe con-


templar los principios de reflexividad y problematización. En el primer caso,
además de recopilar diferentes informaciones sobre el contexto en el que se va
a trabajar a través de las técnicas descritas, se debe realizar un análisis cuida-
doso de esta información. No bastará con conocer las opiniones y experiencias
de las personas (quedándonos en un nivel descriptivo), sino que también será
necesario comprender las condiciones y experiencias que hacen posible que
ciertos discursos emerjan y otros no. Es decir, cabe dotar a nuestra compren-
sión de la situación de un nivel explicativo y no meramente descriptivo, desde
una posición atenta a los prejuicios y estereotipos que el propio equipo pueda
tener respecto del contexto y de los asuntos a trabajar en la intervención. Esto
será indisociable de los procesos de problematización que debe llevar adelante
el propio equipo respecto de los discursos hegemónicos presentes en el con-
texto, tomando una actitud crítica sobre éstos y estudiando diferentes formas
de interpretación de los fenómenos trabajados.

Esta actitud crítica permitirá ir más allá de la indagación y el establecimiento


de contacto solamente con los agentes sociales que, a simple vista, parecen
estar relacionados con los temas a tratar, e intentar dar un vuelco a aquello
dado por sentado para abarcar otros agentes o aspectos que, en un principio,
pueden ser menos visibles.

Ejemplo

Si se nos pide trabajar con personas jóvenes para intervenir sobre sus conductas de con-
sumo de sustancias ilegales, además de preguntar a los servicios sanitarios o a grupos
de jóvenes organizados, también podríamos hablar con los dueños de los clubes de ocio
nocturno, frecuentar las fiestas y espacios de ocio de los jóvenes no organizados en gru-
pos o colectivos más institucionalizados (botellón, por ejemplo). Esto nos puede acercar
más a la realidad de estos jóvenes y evitar los procesos de estigmatización que, frecuen-
temente, se dan cuando se relaciona el consumo de drogas con acciones delictivas o de
marginación social.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 35 Perspectivas participativas de intervención social

Estos acercamientos de tipo metodológico son maneras en las que se imple-


mentan los principios explicados arriba y redundan en un conocimiento más
heterogéneo de la realidad sobre la cual se quiere intervenir, generando com-
prensiones más complejas y complicidades con diferentes actores, aspecto im-
portante para los estadios futuros de la intervención.

Para ilustrar las maneras en las que se puede dar un proceso de familiarización
de este tipo, recurriremos brevemente a una de las lecturas que forman parte
del material de la asignatura: "El encaje de los comercios extranjeros en el te-
jido comercial de acogida. Análisis de una experiencia de mediación comuni-
taria en Barcelona".

Lectura recomendada
El encaje de los comercios extranjeros en el tejido comercial de acogida

La demanda inicial fue la de realizar un proceso de mediación debido a cierto ma- Tenéis todos los pormenores
lestar percibido por el Ayuntamiento de Barcelona, en el tejido comercial del barrio de este artículo en:
del Poble Sec. Dicho malestar, en un primer momento, estaba asociado a la presencia Zegrí, M., Navarro, J. M. y
cada vez mayor de comercios regentados por personas extranjeras, cosa que provo- Aramburu, M. (2006). El en-
caba cierta incomodidad a algunos comerciantes del barrio. Ahora bien, frente a esa caje de los comercios extran-
demanda, el grupo interventor realizó un primer diagnóstico –que podemos asimilar jeros en el tejido comercial
a un proceso de familiarización, según lo explicado en este epígrafe– en el que se de acogida. Análisis de una
conocieron las características del comercio en la zona, a través de la ubicación de experiencia de mediación co-
dichos comercios y de entrevistas a diferentes personas que los regentaban. En este munitaria en Barcelona. Fun-
proceso, encontraron que no todos los comerciantes autóctonos sostenían el mismo dació Desenvolupament Co-
discurso de conflicto: mientras los regentes del comercio tradicional criminalizaban munitari. Migraciones, 20,
la presencia de los comerciantes extranjeros, otros comerciantes autóctonos que re- Madrid.
gentaban comercios "modernos" y de oferta internacional –y no "de toda la vida"–
no aducían los mismos argumentos e incluso sostenían que la diversidad de la oferta
comercial del barrio era positiva para sus propios negocios.

Por otro lado, también se encontraron ciertas coincidencias entre los comerciantes
extranjeros y los autóctonos tradicionales, siendo que en muchos aspectos compar-
tían valores asociados al trato cercano con la clientela, el ahorro o la inclinación a
no permitir la degradación del barrio.

De este modo, la polarización inicial que situaba a autóctonos y extranjeros como


agentes con intereses encontrados, fue puesta en cuestión a partir de corroborar, en
este primer acercamiento, que los intereses de ambos grupos no eran homogéneos
entre sí y que todos los participantes más bien podían tener intereses en común que
les llevaran a realizar acciones en conjunto, cosa que fue lo que se implementó en
las etapas posteriores de la intervención.

Con este ejemplo podemos ver cómo, aunque la panorámica inicial sugería que las
posturas de los diferentes agentes (autóctonos e inmigrantes) aparecían como irre-
conciliables y eran entendidos como homogéneos entre sí y con intereses, discursos
y prácticas enfrentados, después de un proceso de familiarización e indagación de las
características de la oferta comercial y de los discursos de los diferentes agentes clave,
la definición de la problemática fue reinterpretada. Además de los propios discursos
de las personas involucradas, el proceso participativo logró problematizar los sentidos
mayoritarios asociados a los problemas sociales que generan las personas inmigradas
en la sociedad receptora, reconfigurando el campo social y redefiniendo el problema
sobre el cual se iba a trabajar y, por ende, las maneras de abordarlo.

Este ejemplo, y otros muchos presentes en la literatura sobre perspectivas par-


ticipativas, muestran la importancia del proceso de familiarización que per-
mite complejizar la demanda inicial que se hace al equipo interventor y crear
las bases de la acción conjunta que se pretende emprender.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 36 Perspectivas participativas de intervención social

Finalmente, cabe destacar que, aunque el proceso de familiarización en la li-


teratura de las perspectivas participativas de intervención social siempre está
definido como el primer paso a realizar, en realidad se trata de un proceso
constante. Debido a que los contextos de intervención y los agentes sociales
relevantes para los procesos son dinámicos y cambiantes, el proceso de fami-
liarización se realiza durante todo el proceso de intervención.

2.2.2. Mapeo

El mapeo previo al proceso de intervención es un proceso que forma parte de


la familiarización tal como la hemos descrito. Sin embargo, hemos separado el
subapartado para poder dar cuenta de la complejidad que tiene en sí mismo.
El mapeo tiene dos vertientes:

• por un lado, es necesaria una ubicación geográfica de los elementos pre-


sentes en el entorno;

• por otro, una caracterización del mapa de redes sociales relacionadas con
los aspectos a trabajar en la intervención.

Ambos aspectos, como veremos, son indisociables cuando llevamos a cabo un


proceso concreto.

(1)
En el primero de los casos, se trata de ubicar geográficamente diferentes aspec- Observaciones, fuentes secunda-
rias y técnicas orales.
tos del entorno de trabajo (esto es aplicable tanto si se trabaja en un barrio, a
partir de diferentes necesidades o problemas, como cuando se trata de abordar
Ejemplos de elementos de
un ámbito temático, ya que éste siempre se trabajará en relación con un con-
un mapeo
texto físico específico). Se trata de, con ayuda de un mapa actualizado de la
zona, ubicar�los lugares�que puedan ser de interés�para la�intervención�que Pueden ser ejemplos de ele-
mentos la caracterización de
se realizará. Este mapa se hace a partir de las técnicas de investigación1 expli- los usos de diferentes espacios
públicos, la ubicación geográ-
cadas anteriormente y puede contener diferentes elementos. La definición de fica de los servicios públicos
y privados, los lugares de reu-
cuáles serán los lugares de interés para la construcción de los mapas geográ- nión informal de personas y
grupos clave, los espacios no
ficos está íntimamente relacionada con ubicar espacios y agentes relevantes transitados con frecuencia, etc.
para las temáticas a abordar y el proceso de intervención a emprender.

Los comercios del Poble Sec

En el caso del ejemplo trabajado antes, de los conflictos entre comerciantes del Poble Sec,
se generó un mapa de los comercios en la zona, especificando cuáles eran regentados por
personas autóctonas y extranjeras, que sirvió como una primera aproximación al estado
de la cuestión en la zona.

En el segundo caso, el mapa de redes sociales establece los agentes�sociales�de


interés�y sus�relaciones. Es un instrumento que nos va a permitir visualizar a
los actores y grupos sociales presentes en el contexto de la acción y trazar las
conexiones existentes entre ellos. Este mapeo está basado en el análisis�socio-
métrico, según el cual la caracterización de una contexto de acción es siempre
fruto de la actuación de diferentes sujetos sociales que, relacionados entre sí,
forman parte de una población o que conviven en un territorio. Un contexto
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 37 Perspectivas participativas de intervención social

concreto, por tanto, está constituido por personas, grupos, organizaciones so-
ciales e instituciones que son los actores reales de lo que acontece en dicho
contexto, ya que éste se configura a partir de la interacción de todos ellos.

Siguiendo a Garrido (2001), la interacción entre diferentes sujetos sociales se Lectura complementaria
da en el marco de estructuras de poder específicas de cada contexto, pero tam-
Para ampliar la información
bién influidas por contextos mayores, como la ciudad, la nación o las relacio- sobre el análisis de redes, po-
nes globales. Por ello, aunque diferentes sujetos referidos a un contexto de déis leer el trabajo siguiente:
Garrido, F. (2001). El aná-
acción o a un territorio se puedan sentir identificados con el mismo, entre
lisis de redes en el desarro-
ellos habrá conflictos, diversidad de necesidades, intereses y proyectos. Es im- llo social. En T. Villasante,
M. Montañés y P. Martín
portante, entonces, conocer la estructura reticular del contexto en el que se (Coord.). Prácticas locales de
desarrollará la acción de intervención, ya que tal estructura es un condicio- creatividad social. Construyen-
do ciudadanía 2 (p. 67-89).
nante fundamental de la formación de interés colectivo, de la definición de Madrid: El Viejo Topo.
objetivos, de la constitución de organizaciones y alianzas y de la planificación
y viabilidad de la intervención social desde las perspectivas participativas.

El análisis de redes busca conocer el sistema de relaciones que vinculan enti-


dades sociales diferenciadas (individuos, grupos, organizaciones o cualquier
otro tipo de entidad social susceptible de ser considerada un elemento). El
conjunto de vínculos entre dichas entidades sociales constituyen las redes so-
ciales. La estructura de la red, por tanto, vendrá determinada por las pautas
o regularidades en las formas de vinculación que emergen de los conjuntos
relacionales como consecuencia del análisis.

Resumiendo lo dicho, y siguiendo a Garrido (2001), los principios metodoló-


gicos que fundamentan el análisis de redes son:

• La estructura de las redes no es directamente observable en los datos, sino


que surge como resultado del análisis.

• En general, las relaciones son recíprocamente asimétricas, diferenciándose


en términos de contenidos y de intensidad.

• Los miembros de las redes se vinculan de forma directa e indirecta, y es el


conjunto del contexto estructural el que definirá una relación específica.

• Las redes creadas por la estructura no son arbitrarias.

• Las relaciones pueden vincular tanto a individuos como a organizaciones


o grupos.

(2)
El análisis de las redes es expresado, frecuentemente, a través de mapas socia- Administración pública, entida-
des privadas, grupos de población,
les. Para construir estos mapas sociales, el equipo investigador, a partir de to-
etc.
das las informaciones que se generan con la aplicación de las técnicas descritas
anteriormente, hará gráficos explicativos (sociogramas) sobre cuáles son estos (3)
De dependencia, colaboración,
desinterés, desconocimiento, en-
agentes2 y las relaciones3 entre ellos, que se señalarán físicamente a partir de frentamiento, etc.
símbolos usados en los propios mapas, mostrando dichas relaciones. Al hacer
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 38 Perspectivas participativas de intervención social

estos mapas, es interesante reflexionar sobre las dinámicas de relación presen- Observación
tes en el contexto social, así como sobre los elementos�"comunicadores" (per-
Dada la gran cantidad de lite-
sonas, grupos, etc.) que adquieren un peso importante en la conexión de unos ratura que existe sobre la con-
niveles con otros como, por ejemplo, el nivel asociativo como intermediario fección de mapas sociales, no
nos detendremos en las mane-
entre la población y las instituciones (Bru y Basagoiti, 2003). ras en las que se realizan estos
mapas, ya que nos interesa so-
bre todo ver cuál es la impor-
Una manera para establecer las relaciones sociales entre agentes presentes en tancia de éstos para la acción
de intervención.
el contexto es a través de lo que Villasante (1998) ha denominado analizadores
históricos. Éstos son eventos pasados que han influido, de manera decisiva, en
la vida en común de los sujetos sociales de un determinado contexto de ac- Ejemplo de analizadores
históricos
ción. Suelen consistir en un acontecimiento que rompió los hábitos cotidia-
nos y que los actores sociales de un contexto consideraron de alta relevancia Ejemplos de analizadores his-
tóricos en un territorio son un
social. El suceso (analizador) sirve como un elemento sobre el cual indagar la proceso de reforma urbanísti-
ca, la implantación de un re-
posición de los diferentes actores sociales con los que se trabaje y la relación curso controvertido o eventos
entre ellos. Debido, justamente, a que todos los actores sociales de un con- de conflictividad social docu-
mentados en los medios loca-
texto se vieron obligados a posicionarse respecto de ese suceso, el traerlo a la les.
memoria a través de una entrevista individual o grupal, o buscando fuentes
secundarias, mostrará las diferentes maneras en las que estos actores lo relatan
Lecturas
y viven en la actualidad, a través de lo cual quien investiga las redes sociales complementarias
puede percibir las semejanzas y diferencias entre las diferentes posiciones ex-
Sobre el tema de los analiza-
presadas. Por medio de las fuentes secundarias y las técnicas orales, se puede dores históricos, podéis leer:
acceder a los posicionamientos de los diferentes agentes sociales en relación Bru, P. y Basagoiti, M. (2003).
La Investigación-Acción Par-
con determinado analizador histórico, cosa que sirve para comprender tanto ticipativa como metodología
los discursos de los diferentes agentes como sus relaciones en el presente. Los de mediación e integración
socio-comunitaria. Comuni-
analizadores históricos, entonces, darán la pauta para conocer cuáles son los dad. Publicación periódica del
elementos de motivación, interés y movilización de diferentes sectores de la Programa de Actividades Co-
munitarias en Atención Prima-
población (Bru y Basagoiti, 2003), ayudando a crear el mapa de relaciones so- ria, 6.
ciales presentes en el contexto estudiado. Villasante, T. (1998). De las
redes sociales a las programa-
ciones integrales. Cuatro redes
Siguiendo a Martín (2001), para el análisis de las redes sociales es de especial para mejor vivir 2. Buenos Ai-
res: Lumen/Humanitas.
relevancia tomar en cuenta los siguientes elementos:

• La�intensidad�de�las�relaciones: las relaciones dominantes en cierto es- Lectura complementaria

pacio, débiles o fuertes, horizontales o verticales, etc.


Martín, P. (2001). Mapas so-
ciales: método y ejemplos
prácticos. En T. Villasante,
• La�densidad�de�las�relaciones: si aparecen o no conjuntos de relaciones M. Montañés y P. Martín
intensamente trabadas. La mayor o menor densidad de una red mostrará (Coord.). Prácticas locales de
creatividad social. Construyen-
los grados de cohesión social en el contexto, que puede aparecer entre do ciudadanía 2 (pp. 91-113).
Madrid: El Viejo Topo.
algunos, varios o todos los actores con los que se está trabajando.

• Los�elementos�centrales: son personas, grupos u organizaciones que man-


tienen relación con numerosos actores y el contacto entre éstos se man-
tiene a través de dicho elemento central; sirve como aglutinador de un
espacio densamente relacionado.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 39 Perspectivas participativas de intervención social

• Los� elementos� articuladores: son aquellos que, sin necesariamente ser


centrales, ocupan posiciones estratégicas para unir varios conjuntos o rear-
ticular la red.

• Los�conflictos�o�rupturas�de�la�red: referidas a las interferencias en las


relaciones entre grupos, y el carácter de estos conflictos.

• Los�espacios�sin�relacionar: aquellos espacios que en principio podrían


estar relacionados y que, sin embargo, no muestran ninguna relación. Por
ejemplo, si no encontramos relaciones de conocimiento y colaboración
entre diferentes entidades de servicios públicos en la red.

• Las� relaciones� indirectas: son aquellas en que se muestran relaciones


transitivas; esto es, de actores que se relacionan a través de otro elemento
de la red, pero no directamente entre ellos.

• Los�puentes�locales: son elementos que tienden a unir dos sectores o con-


junto de actores que, de otro modo, estarían desconectados.

También será importante conocer cuáles son los discursos que los diferentes
agentes sociales tienen sobre los fenómenos que se trabajarán en la interven-
ción a realizar, ya que esto nos dará una idea de los imaginarios e intereses
relacionados con el mismo y del grado de aceptación o rechazo respecto al
proceso de intervención. Cabe destacar, también, que aunque el mapeo está
ubicado principalmente en la etapa de familiarización, este es un proceso con-
tinuo a lo largo del proyecto de intervención, pues los contextos en los que
se realiza el proceso están en constante cambio: pueden surgir nuevos colecti-
vos, redes, servicios, actores o situaciones conflictivas en cualquier momento
(Sepúlveda, Báez y Montenegro, 2008).

2.2.3. Divulgación del proyecto de intervención

(4)
Otro aspecto a trabajar en esta etapa –y también frecuentemente utilizado en Producto de las entrevistas y ob-
servaciones hechas durante la fa-
otras fases del proceso, como veremos– es la difusión de las características del
miliarización y el mapeo.
proceso de intervención a llevar a cabo. En esta etapa inicial, al no estar com-
pletamente definidos los objetivos del proceso de intervención participativa,
será necesario dar a conocer, tanto a las personas con las que se tiene un con-
tacto personal4 como a otras personas del territorio o relacionadas con el ám-
bito temático en el que se trabaje, los rasgos generales que motivan la inter-
vención a realizar: la demanda�inicial y el marco�institucional�en el que se
ubica el proceso.

En este sentido, desde las perspectivas participativas, el imperativo de trans-


parencia cobra gran relevancia, ya que asegura la generación de relaciones de
confianza entre agentes sociales que, posteriormente, trabajarán en conjunto.
Para esto, es recomendable:
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 40 Perspectivas participativas de intervención social

• Apoyarse en la red o las redes sociales existentes en la comunidad.

• Basarse en mensajes claros y directos relativos a las características del pro-


ceso a emprender.

• Utilizar los medios de difusión social propios del entorno (redes sociales,
medios de comunicación locales, carteles en lugares públicos, etc.).

• Intentar llegar al máximo de población posible.

• Incluir aspectos de una situación de carácter festivo (clima alegre, cama-


radería, refrigerios, pica-pica, etc.).

Es importante que los espacios de difusión que se generen sean abiertos a los
intercambios entre los diferentes agentes sociales participantes. Además, la
evaluación de las estrategias que se van a utilizar para dar a conocer la infor-
mación sobre el proyecto de manera amplia se debe hacer en los contextos
específicos en los que se da la acción de intervención.

En resumen, el tiempo y la profundidad del proceso de familiarización, mapeo Ejemplo de la fuente de la


y difusión cambiará dependiendo de diversos factores, entre los cuales desta- demanda

can: el tiempo total destinado al proceso de intervención, los recursos dispo- Por ejemplo, si viene de acto-
nibles para el mismo, la fuente de la demanda, la definición de la demanda res del contexto donde se ha-
rá la intervención, será menor
realizada, el grado de conocimiento de los miembros del equipo interventor que si el equipo interventor es
llamado por agentes externos
del contexto y de las temáticas a abordar, etc. al contexto.

Sin embargo, es de vital importancia que este proceso de conocimiento mutuo


entre los agentes externos e internos sea exitoso, ya que de esto dependerá en
gran medida la consecución de las siguientes etapas del proceso.

2.3. Constitución del equipo

La propuesta de iniciar un proceso de intervención participativa puede pro- Lectura complementaria


venir de cualquiera de los agentes implicados, ya sea de la población, admi-
Colectivo IOE (1993). "Inves-
nistraciones públicas, equipos profesionales, voluntarios de la política social tigación Acción Participativa:
o de cualquier otra entidad. Sin embargo, siguiendo al Colectivo IOE (1993), Propuesta para un ejercicio
activo de la ciudadanía."
la dificultad estriba en extender la demanda hasta llegar a constituir un suje-
to colectivo lo más amplio y representativo posible de los diferentes agentes
sociales involucrados en un asunto o territorio. Más que de un sujeto perfec-
tamente definido desde el principio, se trata de un sujeto en proceso que se
transforma y refuerza a medida que avanza la intervención participativa o, al
menos, ése es uno de sus objetivos estratégicos.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 41 Perspectivas participativas de intervención social

El proceso de cristalización de lo que inicialmente es un colectivo difuso se


formaliza en la creación de agrupaciones estables de agentes sociales diversos
que se encargarán de llevar a cabo, conjuntamente, la intervención participa-
tiva. En concreto, suelen constituirse dos grupos con funciones y tareas dife-
renciadas: el grupo promotor y la comisión de seguimiento.

2.3.1. Grupo promotor

Este sujeto inicial, que se constituye después de un primer acercamiento al Lecturas


contexto por parte del equipo interventor (familiarización, mapeo y difusión complementarias

del proyecto), recibe diferentes nomenclaturas en la literatura sobre perspec- Sobre el grupo promotor y
tivas participativas de intervención social: sus diferentes nomenclatu-
ras, hay una amplia literatu-
ra:
• Grupo promotor-GP (Colectivo IOE, 1993), Cortés, F. y Llobet, M. (2006).
La acción comunitaria desde
el trabajo social. En X. Úcar
• Grupo de Investigación Acción Participativa-GIAP (Martí, 2000), y A. Llena (Coord.). Miradas
y diálogos en torno a la acción
comunitaria, p. 131-156. Bar-
celona: Editorial Grau.
• Comité de Acción Comunitaria-CAC (Sepúlveda, Báez y Montenegro,
Martí, J. (2000). La investi-
2008), gación acción participativa.
Estructura y fases. En T. Vi-
llasante, M. Montañés y J.
• Grupo Motor-GM (Cortés y Llobet, 2006), etc. Martí (Coord.). La investiga-
ción social participativa. Cons-
truyendo ciudadanía 1 (p. 73-
117). Madrid: El Viejo Topo.
Los autores coinciden en definir esta agrupación como un grupo�mixto,
formado por el equipo interventor y las personas del territorio o del
Lectura complementaria
ámbito temático sobre el que se trabaja, que tiene por objetivo participar
de forma activa en el día a día del proceso de intervención. Este grupo Montenegro, M. (2004). Co-
está integrado, además de por el equipo interventor, por personas del munidad y bienestar social.
En L. Cantera, J. Herrero, M.
colectivo afectado, instituciones públicas y privadas del contexto social Montenegro y G. Musitu. In-
troducción a la psicología co-
donde se inscribe la intervención, entidades vecinales y demás personas munitaria (p. 43-72). Barcelo-
que voluntariamente se quieran unir a la acción (Colectivo IOE, 1993). na: EdiUOC.

Las características de este tipo de grupo, su composición y su duración, de-


penderá de cada situación y contexto de ejecución de la intervención social
(Sepúlveda, Báez y Montenegro, 2008), por lo que la valoración de cómo con-
formarlo tendrá que estar en consonancia con ese contexto.

Es importante destacar que este tipo de grupo implica una forma de participa-
ción continuada en el proyecto de intervención social y, por lo tanto, tiene
las características de los procesos participativos. Debe ser inclusivo y volunta-
rio, esto es, se requiere que el grupo esté abierto a la incorporación de perso-
nas que deseen hacerlo. Tiene carácter dinámico, en el sentido de que variará
dependiendo del propio proceso (incorporaciones, des-incorporaciones, cam-
bios en las frecuencias de asistencia por parte de algunas personas, etc.). Se
da como una forma de organización social en la que están presentes procesos
de diferenciación de roles, tareas, estructuras de decisión y responsabilidades.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 42 Perspectivas participativas de intervención social

Se mueve en función de metas que quiere alcanzar y, finalmente, promueve


procesos de democracia participativa, esto es, busca generar relaciones de ho-
rizontalidad, diálogo y toma de decisiones conjuntas (Montenegro, 2004).

En este sentido, este espacio se puede constituir como espacio de diálogo y de


búsqueda de consenso crítico entre las participantes, a partir de estimular la
capacidad para que las personas involucradas hagan suyo el proyecto. Se trata
de tomar en cuenta la parcialidad de cada una de las posiciones de los agentes
sociales y de generar un espacio en el que los diferentes conocimientos, posi-
cionamientos, intereses, etc., puedan ser expresados y discutidos en el grupo
como manera de llegar a acuerdos para la acción.

Para lograr la conformación del grupo promotor, frecuentemente, el equipo Ved también
interventor debe tener un papel más activo de motivación y organización gru-
En el apartado 3 de este mis-
pal (aunque, dependiendo del contexto concreto, también este papel lo pue- mo módulo, señalamos algu-
den llevar a cabo agentes locales organizados). El proceso de contacto de agen- nas técnicas útiles para la ope-
ratividad de estas y otro tipo
tes sociales se hace sobre la base del conocimiento producido en el proceso de reuniones.
de familiarización y el mapeo que se ha hecho en la etapa anterior. Y, a partir
de aquí, se invita a los agentes sociales identificados a una o varias reuniones
amplias de negociación e implicación con el proyecto. Para estas reuniones, se
deben buscar formas organizativas ágiles de funcionamiento con el fin de que
sean operativas y lleguen a acuerdos concretos que permitan seguir trabajando
conjuntamente. Cabe destacar que el papel de promoción inicial que asume
el equipo interventor debe irse transformando, paulatinamente, de modo que
el protagonismo se reparta entre los diferentes actores sociales involucrados.

(5)
Una vez implementado el grupo promotor5 (GP), el resumen de sus funciones De ahora en adelante, abreviare-
mos grupo promotor con la sigla
serían: GP.

• Ayudar a crear las condiciones técnicas y políticas favorables para el desa-


rrollo de la intervención social.

• Realizar el diagnóstico de la situación inicial.

• Desarrollo del plan de acción de la intervención.

• Desarrollar estrategias para la consecución de la planificación.

• Identificar recursos existentes y buscar otros recursos posibles para desa-


rrollar la acción.

• Vincular todas las fases de la intervención con la comunidad más amplia


(bien sea territorialmente o en relación con el ámbito de trabajo definido).
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 43 Perspectivas participativas de intervención social

Una vez implementado el grupo promotor, siguiendo a Martí (2000), la fre- Ved también
cuencia de las reuniones del grupo variará dependiendo del volumen de tra-
En el apartado 3 de este mó-
bajo y la disponibilidad de tiempo con el que se manejen sus participantes, dulo se apunta la utilidad de
aunque, frecuentemente, se realizan reuniones semanales o quincenales. Este algunas de estas técnicas, co-
mo el empleo de espacios vir-
autor también recalca la importancia de llevar un registro de todas las reunio- tuales de discusión y escritura,
para los procesos participati-
nes realizadas (actas) y que éstas estén disponibles públicamente. Asimismo, vos.
se pueden emplear espacios virtuales de discusión y escritura conjunta de do-
cumentos como, por ejemplo, chats, fórums, páginas wiki, etc., todo depen-
diendo de las necesidades y habilidades de los miembros del grupo.

Respecto del grupo promotor, el Colectivo IOE (1993) presenta una serie de
recomendaciones que, según su experiencia, es importante que se sigan para
su mejor funcionamiento:

a) El GP debe procurar la mayor transparencia informativa hacia los agentes


sociales del contexto donde se realiza la acción, y potenciar todos los cauces
posibles de participación e implicación. Para esto, se pueden utilizar tanto
técnicas presenciales (reuniones, carteles informativos, etc.) como las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación (páginas web, blogs, redes
sociales virtuales).

b) El GP debe analizar los acontecimientos que se producen en relación con


el proyecto de intervención, ya que pueden ser reveladores de diferentes plan-
teamientos, expectativas y formas de comunicación que es preciso tener en
cuenta como un componente central de la intervención participativa.

c) El GP debe aprovechar los recursos materiales y humanos de las redes ins-


titucionales –públicas y privadas–, pero velando siempre para que tal cosa no
limite o anule –mediante fórmulas de cooptación– la independencia y el pro-
tagonismo del propio grupo.

d) En el interior del GP son también frecuentes las diferencias derivadas de la


diversa posición social de los participantes y de las motivaciones que les indu-
cen a participar. La fórmula para abordar exitosamente todo esto es el autoa-
nálisis permanente y abierto entre los participantes, dando una importancia
central al propio proceso de participación (reflexividad).

e) El GP no puede quedar excluido del campo de estudio sino que, desde el


principio, debe asumir el compromiso de analizar los conflictos que se produ-
cen como un elemento más, y no secundario, del proceso de investigación
puesto en marcha.

En el seno de este grupo, se deben dar procesos de conocimiento mutuo de


las diferentes posiciones de los agentes presentes. Aunque dichas posiciones,
opiniones e intereses varían en el tiempo, conviene revisar periódicamente
las mismas y generar espacios de discusión franca y abierta para el éxito del
proceso. Como hemos dicho anteriormente, el proceso de reflexividad se da
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 44 Perspectivas participativas de intervención social

cuando diferentes posiciones dialogan entre sí, de manera que se contrastan


los conocimientos que se tienen desde estas posiciones, y éstas, a su vez, al
ponerse en diálogo se transforman. De este modo, emerge un conocimiento
nuevo sobre el entorno, justamente a partir del proceso de argumentación y
discusión en el seno del GP. Asimismo, este proceso de discusión en el seno
del grupo da paso a la problematización de los significados asociados al pro-
ceso de intervención; ya que se tenderá a complejizar las interpretaciones del
fenómeno, viendo diferentes aristas del mismo a partir los posicionamientos
diferenciales sostenidos por los diferentes agentes sociales involucrados inclu-
yendo, por supuesto, a los miembros del equipo interventor.

De nuevo, los comerciantes del Poble Sec

En el ejemplo que hemos citado de la intervención de mediación realizada con co-


merciantes del barrio de Poble Sec de Barcelona, se creó un grupo promotor con per-
sonas de diferentes orígenes nacionales y que tenían negocios en diversas ramas del
comercio del barrio. Este grupo promotor diseñó un proyecto de dinamización del
comercio en el barrio a partir de las experiencias de cada una de estas posiciones. Así,
lo que en un principio del proceso era entendido –sobre todo por los comerciantes
tradicionales del barrio– como un problema de convivencia, en relación con la pre-
sencia de comerciantes extranjeros, se transformó en una definición de la problemá-
tica que hacía hincapié en el entorno, el poco dinamismo del comercio local y la
necesidad de atraer a más clientes a los comercios del barrio.

En esta experiencia, se trabajó hacia la creación de una nueva historia compartida


entre los diferentes agentes involucrados, para lograr un proyecto común que diese
respuesta a las diferentes problemáticas e ideas de solución que emergían del trabajo
en conjunto de personas de origen autóctono y extranjero.

Vemos así la importancia de que, en el grupo promotor, se den espacios de


diálogo que problematicen las interpretaciones arraigadas socialmente sobre
los problemas sociales y se redefinan a partir del contexto local donde se ubica
la acción de intervención.

2.3.2. Comisión de seguimiento

En algunas ocasiones, además del grupo promotor se establece la creación de Lectura complementaria
una comisión de seguimiento. Ésta no estaría encargada de llevar a cabo el
Basagoiti, M. y Bru, P. (2000).
trabajo cotidiano de la intervención social, aunque tiene una finalidad común: "Mira quién habla". El traba-
profundizar en el análisis de la realidad y en la construcción colectiva de líneas jo con grupos en la IAP. En T.
Villasante, M. Montañés y J.
integradoras de actuación (Basagoiti y Bru, 2000). Martí (Coord.), La investiga-
ción social participativa. Cons-
truyendo ciudadanía 1 (p. 119-
Esta comisión, frecuentemente, está conformada por el equipo interventor, 136). Madrid: El Viejo Topo.
miembros del grupo promotor, representantes del tejido asociativo del con-
texto de trabajo y representantes de la Administración (políticos y técnicos).
Asimismo, su creación puede darse o bien al principio de la acción de inter-
vención (al realizarse la demanda) o bien una vez puesta en marcha la acción
(después de la creación del grupo promotor). Tanto su composición como el
momento de la acción en la que se conforma es variable, dependiendo de las
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 45 Perspectivas participativas de intervención social

características de la demanda, el tipo de problema que se pretende abordar,


los objetivos de la intervención a llevar a cabo, los recursos de los que se dis-
pone, etc.

En el caso de la atención a asuntos de alta sensibilidad social, como puede


ser la puesta en marcha de un dispositivo de atención a usuarios de drogas,
la comisión de seguimiento tiene gran importancia, ya que puede funcionar
como un organismo de legitimación de la acción participativa frente a acto-
res sociales que poseen puntos de vista estigmatizantes sobre dichos servicios
(Sepúlveda, Báez y Montenegro, 2008).

Los objetivos principales de esta comisión son, por un lado, hacer un segui-
miento de la acción de intervención, ya que se le informa regularmente sobre
el proceso y, en este sentido, funciona como un interlocutor válido con el cual
el grupo promotor puede discutir el proyecto que se está llevando a cabo, y
por otro, servir de organismo de difusión de la acción hacia otros agentes so-
ciales no directamente involucrados con el proyecto, como pueden ser otras
administraciones públicas, medios de comunicación, consejos sectoriales (ju-
ventud, inmigración, etc.), ejerciendo de bisagra para conectar la iniciativa
con redes formales e informales que no están presentes en el proyecto. Muchas
veces, la comisión de seguimiento también sirve de enlace con la institución
demandante a través de reuniones periódicas con ésta, para discutir sobre los
avances del proceso.

En concreto, siguiendo a Martí (2000), los objetivos de la comisión de segui-


miento son:

• Funcionar como un espacio de discusión, seguimiento y reorientación de


la intervención participativa, planteando y debatiendo los puntos de vista
de los representantes institucionales y asociativos en torno al tema tratado.

• Debatir y negociar propuestas concretas que se generen en la acción co-


tidiana. Sirve, de este modo, para dar una visión de exterioridad relativa
al proyecto y contribuye a los procesos de reflexividad involucrados en la
acción.

• Generar alianzas con diferentes agentes sociales, para lograr mayores gra-
dos de coherencia con el proyecto y, en ocasiones, promover la viabilidad
éste.

Usualmente la comisión de seguimiento se reúne de manera periódica (por


ejemplo, bimensualmente), después de algunos pasos importantes de proyecto
como el diagnóstico, la elaboración del plan de acción, algunas actuaciones
clave o la evaluación final de la intervención. Sin embargo, es importante
hacer notar que la comisión no debe interferir en el día a día del trabajo que
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 46 Perspectivas participativas de intervención social

se está realizando, ya que está pensada en términos de acompañamiento de la


acción, más que de toma de decisiones concretas sobre el plan de acción o la
ejecución de la intervención.

2.4. Diagnóstico participativo

El diagnóstico�participativo es una etapa fundamental de la interven-


ción desde las perspectivas participativas. Se trata de un proceso�de�in-
vestigación –en el que participan tanto agentes externos como inter-
nos, a través del liderazgo del grupo promotor– destinado a obtener in-
formación sobre las necesidades, problemas e intereses del contexto de
intervención, así como de los recursos presentes en el mismo, con el fin
de generar conocimiento útil para la acción.

Así pues, tiene carácter de proceso dirigido por unos objetivos que se han ve-
nido definiendo en las diferentes etapas previas al mismo. Tomando en cuenta
la demanda inicial (y su proceso de redefinición y negociación), los resultados
del proceso de familiarización y mapeo, y las posiciones e intereses discutidos
en el seno del grupo promotor y en la relación de éste con la comisión de
seguimiento, se generan los objetivos concretos de qué se quiere conocer, por
qué y cómo. Dado que el diagnóstico participativo viene a complementar las
informaciones que se han ido adquiriendo a partir del trabajo de familiariza-
ción y mapeo hecho anteriormente, toda la información generada en las eta-
pas anteriores a la constitución del grupo promotor debe ser compartida en el
interior del mismo, para poder valorar y diseñar los pasos del diagnóstico.

El diagnóstico participativo, entonces, es una investigación situada, enraiza-


da en el territorio o ámbito de actuación en la que se desarrollará la interven-
ción y que busca conocer los significados socialmente compartidos en dicho
contexto y las tramas relacionales de los diferentes agentes sociales que cons-
truyen estos significados. Se precisa, básicamente, obtener información sobre:
necesidades o problemas sociales del contexto, motivación o actitud hacia el
tema de interés y recursos sociales (solidaridad, riqueza económica, trabajo
disponible, tejido asociativo presente, etc.).

Se parte de la base de que es necesario obtener información sobre las experien-


cias de las personas que desarrollan su acción en el territorio o ámbito temá-
tico en el que se quiere trabajar, bien sean usuarias, beneficiarias potenciales,
representantes de las administraciones con competencia en ese contexto, téc-
nicas que trabajan en él, líderes comunitarios, representantes de grupos orga-
nizados, etc., ya que se considera que la experiencia y conocimiento de estos
agentes es de vital importancia para comprender la complejidad social invo-
lucrada en el contexto en el que se actuará.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 47 Perspectivas participativas de intervención social

Generalmente, para planificar un diagnóstico participativo se elabora un pro-


yecto de investigación en el que se incluyen los siguientes puntos:

• Demanda inicial y justificación de la investigación.

• Objetivos que se quieren alcanzar.

• Diseño general, en el que se proponen las fases a seguir y las técnicas a


utilizar.

• Cronograma o tiempo que se dedicará a esto, así como responsables de las


tareas a realizar.

• Una primera prospectiva de análisis del material.

Ahora desglosaremos los diferentes momentos de la definición del diagnóstico


participativo y algunos aspectos que consideramos relevantes en cada uno de
ellos.

2.4.1. ¿Qué se quiere saber? ¿Cómo conocerlo?

El proceso de diagnóstico participativo pretende establecer el campo proble-


mático sobre el que se trabajará en las fases siguientes de la intervención. Se
busca generar información sobre el tipo, la magnitud y el ámbito en que se
presenta el problema. Aunque éste puede mutar con el tiempo, el diagnóstico
participativo busca hacer una fotografía del mismo, para desde allí poder ac-
tuar. También, como hemos dicho antes, es importante hacer una valoración
de los recursos disponibles para afrontar el problema que se quiere resolver.

El hecho de que el diagnóstico participativo busque conocer los recursos de los


que se dispone para enfrentar las problemáticas parte de la premisa fundamen-
tal de las perspectivas participativas referida al carácter activo de las personas
del contexto o territorio respecto de la solución de sus propias problemáticas.
El principio de participación asume que individuos, grupos, organizaciones e
instituciones tienen recursos que son útiles para el trabajo, no solamente re-
cursos materiales sino también recursos de conocimiento, de motivación, de
organización etc. Al respecto, Montero (2006) afirma:

"Nunca hay que hacer énfasis en las carencias sin hacer énfasis, al mismo tiempo, en las
capacidades y potencialidades de las personas que integran la comunidad. No se trata de
ocultar las carencias sino de atacarlas desde sus fortalezas y no desde sus debilidades".

M. Montero (2006, p. 91).


CC-BY-NC-ND • PID_00141844 48 Perspectivas participativas de intervención social

Ejemplo

Si se pretende trabajar en la definición del campo problemático en un territorio (barrio),


entonces el diagnóstico participativo deberá establecer cuáles son las necesidades sentidas
presentes y los problemas sociales percibidos por sus habitantes, los posicionamientos
que tienen diferentes agentes sociales sobre qué fenómenos son de mayor importancia
para mejorar la calidad de vida de ese entorno, cuál es el estado ideal al que se gustaría
llegar y con qué recursos –públicos y privados– se cuenta para todo ello. Por otra parte, el
diagnóstico participativo también deberá establecer los recursos que no están presentes
de modo que, en la elaboración del plan de acción, se puedan generar estrategias de
búsqueda de estos recursos, a partir de los ya existentes.

Cada proceso participativo tendrá su propia definición de qué es lo que se Lectura complementaria
quiere conocer a través del diagnóstico a partir de, como hemos dicho, las
Sánchez-Vidal, A. (2008). Psi-
decisiones que se tomen en el seno del GP. Los elementos comunes que se cología Social Aplicada. Ma-
deben considerar para la fase de recogida de la información, según Sánchez- drid: Pearson Educación.

Vidal (2008), son:

• Seleccionar la unidad o nivel social: unidad precisa de investigación. De-


limitar el territorio o ámbito temático que se considere idóneo para la in-
dagación.

• Determinar el contenido de información necesaria: qué es exactamente lo


que se quiere saber.

• Elegir métodos adecuados: elegir los métodos que se aplicarán, su perti-


nencia en relación con los objetivos de investigación y las personas res-
ponsables de las diferentes tareas.

2.4.2. Técnicas de recogida de información

Una vez delimitados los objetivos de la investigación, será necesario definir y


construir las técnicas de recogida de la información. Un primer paso para ello
es hacer una rápida conceptualización de las problemáticas a tratar.

Ejemplo

Si se está trabajando en el ámbito temático de la juventud, habrá que trabajar en el seno


del grupo que se entenderá por personas jóvenes y explorar, en la bibliografía existente,
cuáles son las principales perspectivas de estudio en ese campo. Asimismo, convendrá
saber, por ejemplo, cuáles son las políticas actuales sobre juventud en el ámbito regional,
estatal y/o continental, así como los planes de actuación más generales en dicho ámbito.
Este primer paso puede orientar al grupo en la construcción de los instrumentos de in-
vestigación pero, en ningún caso, sustituirá las informaciones que se recojan en el propio
diagnóstico participativo.

En relación con las técnicas a utilizar, la decisión dependerá de los objetivos


decididos anteriormente, ya que algunas de ellas serán más pertinentes que
otras.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 49 Perspectivas participativas de intervención social

Ejemplo

Si se necesita obtener información que pueda considerarse como representativa de un


barrio o territorio, tendría que aplicarse la técnica de la encuesta en todo el sector defi-
nido para la intervención, a partir de una muestra representativa y, así, conocer cuán ex-
tendidas son las necesidades que se ubiquen, cómo afectan a diferentes grupos sociales y
con qué recursos se cuenta para su posible solución. Si, por el contrario, se buscar ahon-
dar en aspectos concretos de alguna problemática especialmente conocida por algunos
agentes sociales, será preciso realizar entrevistas en profundidad o establecer discusiones
o foros presenciales –o virtuales– con ciertos grupos sociales, para conocer en detalle la
incidencia de la problemática.

Como hemos dicho antes, los métodos cualitativos son de especial interés en
las perspectivas participativas porque logran captar los significados que tienen
las personas y grupos en relación con un fenómeno concreto. Estos significa-
dos, usualmente diversos, una vez conocidos y analizados, pueden dar pistas
tanto de las maneras en las que en ese contexto concreto se define aquel fe-
nómeno como de las posibles vías de solución.

En todo caso, desde las perspectivas participativas se afirma que la combina-


ción de técnicas cuantitativas y cualitativas es posible, siempre y cuando esto
esté acordado por parte de quienes participan en el proceso, en este caso, el
GP que lleva adelante el diagnóstico participativo; sin olvidar que el objetivo
fundamental de la investigación diagnóstica es conocer los significados que
los agentes sociales tienen sobre el tema a abordar, para generar conocimiento
útil para las acciones posteriores de la intervención participativa.

Una vez decididas las técnicas a utilizar, se procederá a la elaboración de los


guiones para aplicar estas técnicas: preguntas de la encuesta, guiones de entre-
vista o grupos de discusión, pautas de observación, etc., así como la selección
de personas o grupos a encuestar y entrevistar o los espacios a observar. Estas
decisiones técnicas deben ser coherentes y reflejar los objetivos de la investi-
gación y la información que se quiere extraer de cada una de las técnicas a
utilizar.

Más allá de las técnicas concretas que se aplicarán, en un proceso de interven-


ción participativa se debe procurar que las personas del GP y, en general, cual-
quier persona del contexto que lo desee, pueda participar en la definición de
qué es lo que se quiere conocer y a través de qué métodos hacerlo. Sabemos
que el conocimiento que tienen los agentes locales de cualquier intervención,
a partir de su experiencia, es de mucho valor para establecer las maneras en
las que es más idóneo recoger información sobre el entorno, los problemas
que definen las personas como más relevantes, las maneras en las que los en-
tienden, las relaciones con otros agentes sociales, los recursos de los que se
disponen, etc., por lo que una investigación diagnóstica que se base en los
conocimientos compartidos de los agentes externos (equipo interventor) y los
agentes internos (en este período, representados por los miembros del GP, pero
en el que se pueden incorporar para llevar a cabo estas tareas otras personas o
grupos) es imprescindible para la definición del campo problemático.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 50 Perspectivas participativas de intervención social

Aún más, se deberá promocionar que las tareas de definición sobre las técnicas
de recogida de la información como de la aplicación de las técnicas mismas
(entrevistas, observaciones, etc.) no sea responsabilidad exclusiva del equipo
interventor, ya que esto trae como efecto una separación entre experto y no
experto, propia de las perspectivas tradicionales de intervención social y per-
judicial para el carácter participativo de la acción. Aplicar las técnicas decidi-
das en el grupo puede ser una oportunidad para compartir conocimientos di-
versos sobre cómo hablar con las personas, observar la realidad, etc., ya que
cada una de las personas involucradas tendrá algo que aportar en esta fase del
diagnóstico.

Incluso en caso de que sea necesario, es recomendable realizar talleres de for- Ejemplo
mación en técnicas de investigación, como por ejemplo la entrevista o los gru-
En una entrevista es difícil re-
pos de discusión, de modo que las personas que están participando se apro- gistrar las impresiones que
pien de estos conocimientos y los lleven a la práctica, ya que el propio proce- quien entrevista recoge de esa
interacción (gestos, tonos y
so de recopilación de información es en sí mismo una forma de intervención expresión no verbal), que en
general proveen también de
y, además, muchas de las informaciones relevantes de estas técnicas no que- una información de alta rele-
dan siempre recogidas en los registros que se hacen (transcripciones, diarios vancia para los procesos de
participación que se quieren
de campo, etc.). promover.

En resumen, la incorporación de diversos agentes sociales del contexto


de trabajo en esta fase de recogida de información es de suma impor-
tancia para, por un lado, involucrar a estas personas en el proceso par-
ticipativo en general y, por otro, para que la información no registra-
da formalmente por las técnicas de investigación pueda ser compartida
con el resto de participantes.

2.4.3. Análisis y discusión de resultados

Cuando se han obtenido los registros de las aplicaciones de las técnicas, se está
en posesión de material "en bruto" producto de su aplicación: grupos de en-
cuestas, transcripciones de entrevistas o grupos de discusión, diarios de campo
de las observaciones, etc.

Todo este material debe seguir un proceso de análisis y discusión. Esto se hace,
generalmente, en el seno del GP en un primer momento y, posteriormente,
también se discute con la comisión de seguimiento.

Para hacer esto se debe leer todo el material de forma concienzuda, sistema-
tizar los principales elementos relevantes referidos a los objetivos de la inves-
tigación, discutir en el seno del grupo los elementos definidos y producir ex-
plicaciones sobre estos resultados. Se trata de desagregar la información rele-
vante en términos de los problemas y necesidades nombrados (sus formas de
enunciación, su incidencia, las causas que se aducen, las consecuencias que se
perciben), las vías de solución de los mismos (apareando las soluciones pro-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 51 Perspectivas participativas de intervención social

puestas a cada problema o necesidad que se ha identificado) y los recursos


con los que se cuenta en el contexto para implementar dichas soluciones. Es
necesario, asimismo, contextualizar los resultados con otras informaciones o
datos existentes sobre los fenómenos encontrados, triangulando toda esta in-
formación para extraer conclusiones claras del material recogido.

Es importante destacar que, en este período, se deben promover los procesos de


reflexividad y problematización que hemos ido viendo durante todo el proce-
so, mediante la participación de los diferentes agentes comprometidos con la
acción de intervención. Así, los resultados que son recogidos y analizados son
reinterpretados a la luz de las diferentes posturas de los agentes involucrados,
así como de la demanda inicial. Será necesario hacer un proceso de problema-
tización de los resultados encontrados, ya que muchos de los significados que
hayan aparecido durante el diagnóstico pueden responder a estereotipos fuer-
temente arraigados sobre los fenómenos tratados. Es entonces tarea del GP, en
ocasiones acompañado de la comisión de seguimiento, poner en cuestión los
resultados, analizarlos en términos de las diferentes explicaciones que se creen
producen estas situaciones problemáticas, yendo más allá de lo evidente, para
pasar a ver lo subyacente en las definiciones realizadas.

Como vimos en apartados anteriores (por ejemplo, con el concepto de inclu- Ved también
sión perversa), en ocasiones se trabaja en términos de colectivos incluidos y
Podéis repasar la noción de in-
excluidos o en riesgo de exclusión, sin tener en cuenta que algunas veces se clusión perversa en el subapar-
trata de procesos de inclusión perversa o subalterna, en la que ciertos colec- tado 1.3.2 de este mismo mó-
dulo.
tivos están incluidos en el sistema social a través de la negación sistemática
de sus derechos. Desnaturalizar lo dado por sentado es una tarea que requiere
espacios de discusión y que busca generar explicaciones no hegemónicas de
las actuales relaciones de opresión y explotación. Por este motivo, provee de
una apertura para interpretaciones que generen conocimientos críticos con las
relaciones de dominación presentes. Esta tarea de análisis crítico en ningún
caso es una "traición" a los datos que vierte el diagnóstico, sino que supone un
esfuerzo analítico de comprensión del contexto de trabajo, para profundizar
en las transformaciones necesarias para atajar las situaciones que emergen en
cierto contexto social.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 52 Perspectivas participativas de intervención social

2.4.4. Puesta en común y devolución de los resultados

La devolución de los resultados del diagnóstico participativo es un pa-


so imprescindible en el campo de las perspectivas participativas de in-
tervención social (Montero, 2006). Se trata de hacer público un conoci-
miento que, al venir del contexto de trabajo en el que se está realizando
la intervención, debe volver a éste para permitir procesos de debate so-
cial. Se deben difundir los resultados obtenidos del diagnóstico a todas
las personas del contexto de actuación que puedan estar interesadas en
conocerlos.

En primer lugar, se generará un informe, cuya autoría corresponde al GP, que


pueda ser distribuido en todo el contexto de la acción. Frecuentemente, este
informe incluye:

• Finalidades de la investigación, esto es, las grandes líneas de acción a las


que responde el diagnóstico.

• Objetivos generales y específicos, que incluye la justificación de cómo y


por qué se ha reorientado la demanda inicial.

• Resultados del diagnóstico, organizados en torno a los fenómenos encon-


trados y el análisis de sus causas e impactos, así como de los recursos iden-
tificados.

• El diseño de investigación que se utilizó (cómo se llegó a esos resultados,


el tiempo que se utilizó para lograrlo).

• Conclusiones, proponiendo ideas claras sobre los aspectos más importan-


tes del estudio y dando claves para pensar el plan de acción futuro.

La devolución de este informe al territorio o ámbito temático correspondiente Divulgación presencial


se puede hacer de diversas formas. En primer lugar, colocar en algún lugar de
Dar a conocer dicho informe
fácil acceso el informe en sí, por ejemplo, en la página web del proyecto y a partir de medios de comu-
abriendo espacios –como foros o listas de correo electrónico– en los que las nicación locales, talleres, char-
las, etc., que promuevan el
personas puedan opinar sobre el mismo. encuentro, la interacción y la
discusión entre colectivos, fo-
mentando el debate abierto
El informe realizado también sirve para difundir el trabajo que se está reali- sobre los resultados del diag-
nóstico.
zando en relación con otros agentes sociales que están fuera del contexto de
actuación como, por ejemplo, administraciones públicas no directamente in-
volucradas, medios de comunicación de masas, organizaciones sociales, etc.,
dando a conocer el trabajo realizado y promoviendo ya líneas de actuación
futuras respecto de este contexto más amplio.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 53 Perspectivas participativas de intervención social

Finalmente, cabe comentar, siguiendo a Martí (2000), que la importancia de Lectura complementaria
la devolución reside en que, por una parte, refiere a un punto de llegada para
Martí, J. (2000). La investiga-
la información exploratoria producida hasta el momento, siendo en sí mismo ción acción participativa. Es-
un logro de la iniciativa participativa propuesta, y, por otra, que la propia dis- tructura y fases. En T. Villa-
sante, M. Montañés y J. Mar-
cusión de los resultados del diagnóstico sigue generando más información: tí (Coord.), La investigación
enriqueciendo, matizando o discutiendo las conclusiones extraídas, recogien- social participativa. Constru-
yendo ciudadanía 1 (pp. 73-
do nuevos posicionamientos sobre los temas tratados y perfilando el campo 117). Madrid: El Viejo Topo.
social y rediseñando las redes sociales. Por esta razón, las diferentes estrategias
de devolución deberán registrarse, ya que proveen de información relevante
para las futuras fases de la intervención participativa.

Todo este proceso de difusión le da fortaleza al proceso de intervención, sien-


do que a través de la comunicación de los resultados de la investigación diag-
nóstica personas que aún no habían participado en la acción se pueden sen-
tir motivadas a hacerlo, dando pie a nuevas incorporaciones en el equipo de
trabajo o nuevas alianzas con actores estratégicos para llevar adelante las pró-
ximas fases del proceso.

2.5. Plan de acción

Una vez definida claramente la problemática sobre la que se intervendrá me-


diante el diagnóstico participativo, será necesario diseñar un plan de acción
que guíe en todo momento la ejecución posterior. En esta fase, se ordenará
de manera lógica y sistematizada el proceso de trabajo cuya consecución nos
permitirá alcanzar los objetivos marcados. Más concretamente, se trata de lo
siguiente:

Hay que valorar las necesidades diagnosticadas, las soluciones que ha-
yan podido emerger y los recursos disponibles, para concretar los resul-
tados que se esperan alcanzar mediante el diseño detallado de un plan
de trabajo donde se especifiquen y distribuyan las tareas a realizar. Di-
cho proceso incluirá los mecanismos de control necesarios para realizar
un seguimiento evaluativo que permita reordenar y mejorar la actua-
ción en función de los imprevistos y de las acciones previamente reali-
zadas.

Los dos momentos básicos que constituyen esta fase de la intervención son: la
priorización de aquellas problemáticas o necesidades sobre las que se actuará
y el diseño del plan de actuación que luego se ejecutará.

2.5.1. Priorización y toma de decisiones

El diagnóstico participativo realizado previamente habrá generado un análisis


integral y problematizador de la situación o contexto donde se actuará. Va-
liéndose de este análisis y de información adicional acerca de los recursos eco-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 54 Perspectivas participativas de intervención social

nómicos y humanos disponibles, el equipo promotor deberá reflexionar para


decidir, colectivamente, cuáles de los problemas y necesidades detectadas se
abordarán en la intervención (en ocasiones, también este proceso se discutirá
con la comisión de seguimiento). Dado que los recursos y el tiempo de que
se dispone suelen ser limitados, se generan espacios de discusión en los que
se explicitan los criterios y argumentos fundamentales que permitirán decidir
las intervenciones más convenientes para la comunidad, teniendo en cuenta
el contexto general de la actuación. Esta toma�de�decisiones se basa entonces
en hacer compatible la urgencia y relevancia de las problemáticas detectadas
con la viabilidad y factibilidad del plan de acción. Siguiendo la propuesta que
hacen Sepúlveda et al. (2008), los elementos a considerar serían, por un lado,
la frecuencia o extensión del problema, su evolución en el tiempo, la percep-
ción y opinión de los afectados y su gravedad y repercusiones sociales y, por el
otro, la capacidad institucional para apoyar y hacer frente a la problemática,
los conocimientos y aptitudes del equipo y de los agentes del contexto, y los
bienes, servicios, personal y financiación disponibles para el equipo promotor.
Esta discusión valorativa también habrá de condicionar las formas en que se
evalúe el plan de actuación y sus resultados.

Un método sencillo para evaluar la viabilidad de las acciones y guiar así su Lectura complementaria
priorización es la confección de una matriz�MAPP (método Altadir de plani-
Podéis encontrar la matriz
ficación popular) propuesta por Matus (1994). Dicha matriz consta de cuatro MAPP en la obra siguiente:
columnas donde se especifican: Matus, C. (1994). Método
MAPP: Método ALTADIR de
Planificación Popular. Caracas:
1) Las diferentes causas que operan en la situación problemática detectada. Fundación ALTADIR.

2) El nivel de impacto que estas causas tienen sobre la necesidad o problema


detectado (si es alto, medio o bajo, lo cual nos informará sobre la urgencia e
importancia de la actuación).

3) La posibilidad o no de actuar sobre esas causas (lo cual sintetiza la viabilidad


de la acción).

4) La obligación o no de actuar sobre esas causas (lo que sintetiza la relevancia


que otorga el equipo a la actuación sobre esa causa).

El análisis comparativo de todos estos elementos ayudará a dilucidar la prio-


ridad de las acciones a poner en marcha.
Matriz MAPP para un cultivo

Otra forma de valorar la viabilidad y conveniencia de las actuaciones (y, por (6)
Condiciones internas negativas,
tanto, de priorizarlas y tomar decisiones sobre cómo y en qué orden interve- como por ejemplo, restricciones de
tipo presupuestario o de recursos.
nir) es mediante la realización de una matriz�DAFO. Esta técnica sociológica,
aunque se explicará de manera detallada más adelante, consiste en hacer una (7)
Condiciones externas negativas,
valoración colectiva acerca de los condicionantes que operan sobre la futura como por ejemplo, la aparición de
actuación. Como el nombre de la técnica ya indica, se tratará de analizar cuá- colectivos contrarios al plan de ac-
ción.
les son las debilidades6, amenazas7, fortalezas8 y oportunidades9 que definen
el campo de actuación. La explicitación de estos cuatro factores permitirá vi-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 55 Perspectivas participativas de intervención social

(8)
sibilizar los recursos disponibles y las posibles dificultades que operarán sobre Condiciones internas positivas,
como por ejemplo, las habilidades
el plan de actuación, favoreciendo la toma de decisión acerca de qué acciones
y capacidades del equipo promo-
son prioritarias, teniendo en cuenta, a su vez, su viabilidad. Se tratará entonces tor.

de planificar el trabajo y la actuación a partir de las fortalezas y oportunidades,


(9)
tratando de revertir o eludir las debilidades y amenazas del grupo promotor. Condiciones externas positivas,
como por ejemplo, las posibles
alianzas o situaciones coyunturales
Ved también favorables.

Podéis encontrar una explicación más amplia de la matriz DAFO en el apartado 3 de este
módulo.

(10)
Independientemente de cuáles sean los métodos adoptados para decidir la Equipo interventor, técnicas
que trabajan en el contexto, posi-
priorización de las actuaciones, las perspectivas participativas apuestan por
bles beneficiarias, líderes comuni-
realizar este debate en el seno del equipo promotor conformado por agentes tarios, etc.

heterogéneos10 y también en reuniones con la comisión de seguimiento. De


este modo, se trata de generar una discusión colectiva donde se expliciten las
diferentes experiencias, comprensiones, intereses, recursos y potencialidades
asignables a cada posición implicada. La coordinación y valoración conjunta
de la viabilidad sobre la base de estos elementos permitirá identificar los re-
cursos y apoyos disponibles, así como los potenciales, para lograr la consecu-
ción de la actuación y, al mismo tiempo, otorgará validez y legitimidad social
a la propuesta.

Esta forma de trabajar promueve la adherencia e implicación de los agentes


convocados en el GP y contribuye a su aceptación por parte de los diferentes
colectivos que componen el contexto de actuación. Es importante también
que este proceso sea validado por la entidad que ha hecho la demanda de
intervención puesto que, como efecto, habrá sido indefectiblemente transfor-
mada. Este paso, a su vez, proporcionará viabilidad a la propuesta que emerge
del proceso participativo, que necesitará del apoyo de la entidad demandante
para llevar a cabo los pasos sucesivos de la intervención.

La toma de decisiones propia del proceso de priorización adquiere, así, un ca-


rácter estratégico en tanto que trata de hacer sostenible la propuesta que se
hace para fundamentar el plan de actuación. El hecho de discutir, de forma
abierta y participativa, este tipo de decisiones permite reconocer entre sí las
diferentes posiciones que conviven en el grupo promotor y favorece su cohe-
sión, convirtiendo este elemento en una fortaleza más del proceso de inter-
vención.

2.5.2. Diseño del plan de acción

Una vez priorizadas las problemáticas a abordar, y valorada la viabilidad de la


propuesta de intervención, será necesario operativizar las actuaciones que se
pondrán en marcha.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 56 Perspectivas participativas de intervención social

El diseño del plan de acción consistirá en organizar, gestionar y controlar una


serie de actividades y tareas que conduzcan a conseguir los resultados previa-
mente marcados dentro del tiempo, presupuesto y requerimientos estableci-
dos. El producto de esta planificación será un documento de trabajo que ser-
virá como guía de la intervención y en él se estipulará la secuencia temporal
de actividades y tareas a realizar por las personas responsables asignadas.

Básicamente, se trata de operativizar los objetivos, asignar y distribuir los re-


cursos disponibles y organizar las acciones cuya ejecución permita alcanzar-
los. La planificación debe ser diseñada de manera tan detallada y minuciosa
que, en caso de imprevistos, el equipo promotor sea capaz de identificar con
precisión aquello que se debe cambiar. Esto permitirá incluir modificaciones
concretas y muy acotadas sin necesidad de afectar a la estructura general del
plan de acción.

Esta etapa de planificación requerirá:

1) Definir detalladamente los objetivos de la intervención en función


del diagnóstico y la priorización previas.

Una definición realista de los objetivos y metas a alcanzar facilitará su conse-


cución y, como efecto, la aceptación y legitimidad social de la intervención
por parte del contexto de actuación. Los objetivos y propuestas de actuación
deben ser prácticos y viables y tan eficaces como sea posible. Para ello, deben
justificarse según las informaciones y conclusiones generadas durante las fases
de familiarización, mapeo, diagnóstico y priorización.

2) Descomponer los objetivos generales en objetivos específicos y asig-


narles un grupo estructurado de actividades y tareas básicas cuya ejecu-
ción permita alcanzarlos fácilmente.

La elaboración de objetivos y las tareas para alcanzarlos deberá tener la máxi-


ma coherencia entre sí, precisando lo más posible qué tareas son útiles para
qué objetivos. La consecución de estas metas más específicas, al mostrar resul-
tados progresivos y tangibles, reforzará las expectativas del equipo promotor
y facilitará la implicación y el compromiso paulatino de la comunidad.

3) Asignar estos grupos de tareas a los recursos humanos y materiales


del proyecto, definiendo claramente las relaciones, la secuenciación y
la temporalización que se establecen entre ellas.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 57 Perspectivas participativas de intervención social

Además de la confección de un cronograma que estipule el tiempo asignado a


cada tarea, en este momento de la planificación se distribuirán las tareas entre
el máximo número de participantes. Al mismo tiempo, también se asignará
una persona o grupo responsable de la supervisión e integración de las mismas.
En este sentido, hacer una intervención sostenible pasa por distribuir adecua-
damente las tareas, evitando que pocas personas se encarguen de muchas ac-
tividades. Mediante esta asignación de tareas también se facilita el empode-
ramiento de quienes participan, generando oportunidades de aprendizaje y
ampliación de sus conocimientos previos y, además, se proyectan espacios de
participación efectivos y concretos. El hecho de llevar a cabo una intervención
desde perspectivas participativas implica fomentar la responsabilidad compar-
tida en el trabajo entre todo el grupo promotor y, en un plano más general,
entre los agentes sociales implicados en el territorio o ámbito temático en el
que se esté trabajando.

En ocasiones, se planificarán actuaciones para las que se necesita cierto cono-


cimiento técnico, como pueden ser, por ejemplo, conocimientos sanitarios es-
pecíficos. Si dentro del equipo promotor se cuenta con estos conocimientos
y, siguiendo el ejemplo, hay algún profesional del mundo sanitario en él, se
pueden plantear procesos de autoformación del grupo liderados por esta per-
sona, de modo que todo el equipo tenga unos conocimientos mínimos para la
acción. En el caso de que se planifiquen actividades para las que no se cuenta,
dentro del grupo, con los conocimientos o experiencia suficientes como sue-
len ser, por ejemplo, los procesos de contabilidad y administración de recursos
económicos, se puede buscar personas externas al equipo para que realicen
estas tareas o bien producir procesos de formación con estas personas para
que miembros del grupo promotor las puedan hacer. En todos los casos –au-
toformación, delegación o formación– es importante tomar en cuenta estas
cuestiones en el proceso de planificación porque habrá que reservar el tiempo
y los recursos para poder llevarlos a cabo durante la actuación.

La metodología propuesta por Sepúlveda et al. (2008), para sistematizar las


actividades en función del tiempo y de los responsables asignados, es nueva-
mente el MAPP, una simple matriz donde se muestran en siete columnas:

• las causas y problemas a abordar, o los objetivos que se buscan alcanzar;

• las acciones correspondientes que tratarán de darles respuesta;

• las tareas en que se descomponen estas acciones;

• la persona o grupo responsable;

• las personas o grupos que cooperan en su ejecución;

• la persona o grupo encargado de su evaluación y correcta consecución;


CC-BY-NC-ND • PID_00141844 58 Perspectivas participativas de intervención social

• el tiempo asignado a la realización de cada tarea.

(11)
La forma de organización social habitual para distribuir y ejecutar las activi- Como por ejemplo, economía,
comunicación, relaciones institu-
dades de manera co-responsable es el trabajo por comisiones. Así, si anterior-
cionales, etc.
mente veíamos cómo el grupo promotor (compuesto por el equipo interven-
tor y agentes sociales del contexto de actuación) impulsaba la intervención, (12)
Como por ejemplo, recabar
apoyado por una comisión de seguimiento que colaboraba supervisando el nuevos fondos, difundir el proyec-
to, contacto con otros agentes so-
trabajo desde una posición más periférica, ahora, para la planificación de la ciales, etc.
actuación y su posterior ejecución, se necesitará ampliar el número de agentes
participantes en forma de comisiones de trabajo. Dichas comisiones se orga-
11 12
nizarán según los temas que traten o las tareas que realicen.

La organización interna de estas comisiones será lo suficientemente autónoma Ved también


para avanzar adecuadamente en sus objetivos y tareas particulares, pero tam-
Las tecnologías de la informa-
bién se necesitarán mecanismos y momentos integradores y de convergencia ción y la comunicación (TIC)
dedicados a la conexión de sus resultados con los del resto de comisiones, y de se explican en el apartado 3 de
este módulo didáctico.
todas ellas con el grupo promotor. Desde una perspectiva participativa se fo-
menta que, siempre que sea posible, las comisiones de trabajo se compongan
de miembros representantes de cada una de las diferentes posiciones implica-
das en la intervención: desde miembros de la comunidad, hasta agentes de la
Administración, técnicos interventores o, en caso necesario, expertos contra-
tados externos a la comunidad. Parte del trabajo fundamental de estas comi-
siones es relacionarse con aquellos agentes y entidades externas a la comuni-
dad que proporcionan los recursos necesarios para llevar a cabo las acciones
planificadas. En este sentido, operan como interlocutores entre el contexto
amplio de acción y el grupo promotor, entre el momento de la ejecución y el
momento de la reflexión valorativa. Esto significa que deberán comunicarse y
transmitir la información necesaria para que se pueda dar, de manera constan-
te y fluida, un proceso de intervención de carácter reflexivo. Las tecnologías
de la información y la comunicación (TIC), que serán explicadas más adelan-
te, constituyen una herramienta clave para dotar de accesibilidad, rapidez y
horizontalidad a este proceso de comunicación.

4) Estimar el presupuesto a partir de la identificación de los recursos


económicos disponibles y buscar recursos alternativos que aseguren la
sosteniblidad de la iniciativa.

Para definir adecuadamente el presupuesto de la intervención, se partirá de


la valoración previa de la viabilidad de la intervención, dado que en aquel
momento se explicitaron los recursos (económicos, humanos, materiales y de
infraestructura) disponibles,�potenciales y necesarios. El análisis de la com-
binación de estos tres tipos de recursos habrá de traducirse en un presupuesto
realista y suficiente que garantice la consecución de la actuación. El hecho de
que el diseño del plan de acción se lleve a cabo de manera colectiva, entre una
heterogeneidad de posiciones y grupos existentes en el entorno de actuación,
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 59 Perspectivas participativas de intervención social

facilitará la sostenibilidad del mismo en tanto que se amplía la cantidad y va-


riedad de recursos potenciales. Lo cual revertirá en el proceso de autonomiza-
ción de la comunidad respecto al grupo promotor y, en un plano más gene-
ral, respecto a las instituciones. Esto significa que gestionar la economía de
un proyecto de intervención no implica únicamente organizar y distribuir los
recursos disponibles, sino también abrir el abanico a la ampliación de nuevos
recursos que permitan, en caso necesario, ampliar o reforzar las actuaciones.

5) Establecer los mecanismos de control y evaluación del proceso de


intervención.

La planificación de la acción también contempla el establecimiento de mo-


mentos y mecanismos evaluadores de la progresión de la ejecución. Esto per-
mitirá corregir la planificación en espacios de discusión-reflexión colectiva a
medida que se van ejecutando algunas de sus acciones o a medida que las con-
diciones y circunstancias se modifican por su efecto o de manera imprevista
(Sepúlveda et al., 2008). La evaluabilidad del proyecto dependerá de la siste-
matización y operacionalización previas y hará referencia no sólo a los resul-
tados obtenidos, una vez finalizada la intervención, sino a todo el proceso eje-
cutivo en forma de seguimiento. Una forma habitual de evaluar el proceso es
mediante la creación puntual de una comisión evaluadora compuesta por una
heterogeneidad de grupos representativos de la comunidad y expertos en la
materia (científicos-profesionales o experienciales-informales). La perspectiva
participativa en la evaluación de la intervención insiste en tratar de generar los
canales necesarios para que las diversas posiciones que componen la comuni-
dad puedan hacer explícita su valoración particular del proceso. Esto implica
crear mecanismos de evaluación suficientemente accesibles y adaptables a las
particularidades y condiciones de los grupos implicados.

Ejemplo

Combinando herramientas como la constitución de asambleas periódicas, encuestas po-


blacionales, foros de comunicación electrónica o una dirección de correo a la que se pue-
da acceder permanentemente para transmitir las valoraciones.

6) Difundir el plan de actuación entre la comunidad con el fin de ser


evaluado y validado.

La planificación consensuada entre el grupo promotor y los agentes sociales


externos al proceso es crucial para garantizar el apoyo necesario a la hora de su
posterior ejecución. Para lograr este consenso y aceptación por parte del con-
texto más amplio, será necesario difundir y dar a conocer el plan de actuación
y defender las actuaciones previstas ante diferentes foros (de tipo comunita-
rio, institucionales, financieros, de profesionales, etc.). Asimismo, se incorpo-
rarán aquellas propuestas que surjan de esta puesta en común valorativa. Su
valoración conjunta entre todos los agentes nombrados permitirá identificar
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 60 Perspectivas participativas de intervención social

algunos problemas o recursos que se hayan podido pasar por alto y que ahora
aparezcan ante la exposición de un plan más detallado. El propósito de este
momento es ahondar en la idoneidad y validación técnica, política y comuni-
taria del proyecto, y recabar la legitimidad y los apoyos necesarios para hacer
viable la intervención, de un modo sostenible y en los plazos marcados. Para
ello, se buscará sumar y generar alianzas entre aquellos actores que manifies-
tan estar a favor de la propuesta, promoviendo su participación e implicación,
y revertir las oposiciones a través de mecanismos y técnicas de información y
comunicación como es la persuasión y la argumentación.

Este diseño del plan de acción se aleja de la propuesta formulada por las pers-
pectivas de intervención tradicionales, en tanto que, como vemos, otorga cen-
tralidad a la reflexividad y la problematización sobre el propio trabajo de in-
tervención, procurando, simultáneamente, el empoderamiento de la comuni-
dad durante el proceso de trabajo. La planificación de la actuación debe ha-
cerse con rigurosidad, detalle y alto grado de operacionalización, de modo que
el resultado sea una programación sistematizada y organizada de cada etapa
constitutiva de la intervención.

2.6. Implementación del plan de actuación y evaluación

La puesta en marcha del plan de actuación significa implementar la planifi-


cación, ejecutando las acciones y tareas proyectadas en los términos en que
han sido estipulados. Como explica Montero (2006), el logro de estas tareas
repercutirá en el grupo y personas ejecutantes y operará como estímulo refor-
zador de la participación y generador de satisfacción. Esto, a su vez, facilitará
y potenciará la obtención de la meta final que se quiere conseguir con la in-
tervención. Sin embargo, dado el carácter dinámico, complejo y dialéctico del
proceso de intervención participativo, esta ejecución habrá de ser revisada y
evaluada de manera continuada para poder ajustarse a las exigencias, eventua-
lidades y transformaciones que presente el contexto de acción más inmediato.

La puesta en marcha de este plan requiere un equilibrio entre la incorporación


de cambios parciales y puntuales, especialmente en relación con las tareas y
actividades planificadas, y el mantenimiento de los objetivos y metas gene-
rales que sirven de guía para su implementación. Para lograrlo, es necesario
establecer mecanismos y espacios de discusión entre todos los agentes impli-
cados, especialmente los agentes clave relacionados con el contexto de actua-
ción, que sirvan para valorar y evaluar el proceso de intervención, tanto en el
momento de finalización como a lo largo de su ejecución.

La estrecha interrelación de estos dos procesos, ejecución y evaluación, mate-


rializa el principio fundamental de la reflexividad en la intervención ya que,
a partir de los diferentes puntos de vista sobre el proceso y su valoración, se
generará una reflexión crítica sobre la propia práctica que obligará a redefi-
nir algunas de las actuaciones posteriores. Asimismo, la combinación de estos
dos momentos ayudará a la comunicación y coordinación del trabajo de las
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 61 Perspectivas participativas de intervención social

comisiones y servirá para integrar los resultados parciales que, por exigencias
del modo en que fue planificada la intervención, permanecían separados. Esto
servirá para mejorar la viabilidad del proyecto a través de su seguimiento y
control, facilitará la toma de decisiones inmediatas y futuras e incrementará
la eficacia y eficiencia de la intervención.

En último término, este ejercicio iterativo de acción-reflexión-acción nos per-


mitirá conocer si las actuaciones implementadas se adecuan a los objetivos
marcados; es decir, si las transformaciones sociales que se debían conseguir
con la intervención se van logrando, y también nos proveerá de conocimiento
significativo y relevante para futuros proyectos de intervención social.

A pesar de que la evaluación es un ejercicio continuo que acompaña al proceso


de intervención a lo largo de todo su desarrollo, optamos por presentar, en
primer lugar, las actuaciones de carácter participativo que se ejecutan según
los planes de actuación para, luego, en un segundo momento, mostrar cómo
realizar un proceso evaluativo desde las perspectivas participativas.

2.6.1. Actuaciones de carácter participativo

Las actuaciones de tipo participativo se caracterizan, básicamente, por


el hecho de que responden a un proceso de trabajo de�carácter�partici-
pativo, en el que se implican a los diversos agentes el contexto, y por-
que su idoneidad y adecuación a la hora de diseñarlas e implementarlas
se decide desde una perspectiva�crítica, en base a criterios analíticos
que incorporan la reflexividad y problematización sobre el contexto de
actuación y el propio trabajo interventor.

Es por ello que no tiene sentido ofrecer un inventario estandarizado de posi-


bles actuaciones, porque su diseño e implementación son inextricables de las
condiciones y particularidades que operan en el contexto concreto de inter-
vención. Por esta razón, optamos por trabajar de manera inductiva y ofrece-
remos tres ejemplos concretos de actuación donde, en primer lugar, se especi-
ficará el contexto y la problemática a la que responden para, en un segundo
momento, centrarnos en la explicación de su pertinencia y en los efectos psi-
cosociales que se desprenden de ello.

En este sentido, nos interesa resaltar cómo, a partir de estas actuaciones con-
cretas, se materializan los principios fundamentales que caracterizan a las in-
tervenciones participativas.

Caso 1: actuación sobre los conflictos interculturales en servicios


sociales

El primer ejemplo es una intervención participativa de tipo territorial. Nos encon-


tramos en un barrio en el que cohabitan una gran cantidad de personas de orígenes
nacionales y étnicos diversos y comparten unos mismos servicios. Sin embargo, se
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 62 Perspectivas participativas de intervención social

observan procesos de conflictividad social o de falta de convivencia. Los principales


relatos recogidos muestran una particularidad relevante en esta formulación general:
la dificultad en el uso de los servicios territoriales por parte de las personas de origen
extranjero. Éstas perciben procesos de discriminación social, especialmente cuando
acuden a los servicios públicos y privados presentes en el territorio, en los que con-
sideran que no reciben un trato igualitario.

Desde estos mismos servicios se reporta la falta de participación de estas personas


y, en concreto, la dificultad de entendimiento mutuo entre el personal técnico de
los servicios y las personas inmigradas. El diagnóstico participativo realizado arroja
diferentes puntos acerca de la nula o deficiente convivencia entre las personas de di-
versos orígenes, siendo especialmente acuciante este caso que comentamos. Según el
análisis realizado, se interpreta que este caso no es aislado con respecto a los servicios
territoriales y a la relación que se establece ente éstos y sus beneficiarios. Por el con-
trario, se observa que responde a una dificultad extendida en el territorio relativa a
las relaciones interpersonales entre personas de origen nacional y de otros lugares del
mundo. Esto lleva a la conclusión de que, además de atacar el asunto específico de
los servicios, también es necesario producir actuaciones más amplias en el territorio
que atajen las dificultades de falta de comprensión y reconocimiento mutuo.

Frente a la problemática general presentada, el grupo promotor de la intervención se


propone, en primer lugar, generar una mesa de trabajo intercultural. Para la confor-
mación de esta mesa, se invita a diversos agentes que se considera pueden ser claves
para emprender acciones de transformación social. Como resultado de la convocato-
ria, la composición de la mesa sería la siguiente: un representante de la asociación de
dominicanos del barrio y uno de la asociación de personas del Magreb (grupos con
mayor presencia en el barrio), un representante de la asociación de vecinos, dos per-
sonas de los servicios presentes en el territorio, un miembro del grupo de fútbol del
barrio (grupo en el que hay personas de diferentes orígenes culturales) y dos miem-
bros del grupo promotor. Se considera que ocho personas para la mesa de trabajo es
un número que, por su tamaño, puede ser operativo para tomar decisiones acerca de
las actuaciones concretas que se llevarán a cabo. A través de diferentes técnicas de
trabajo grupal (ved el apartado 3 de este mismo módulo para más detalle), la mesa
genera tres actuaciones que consideran que, conjuntamente, puede dar una respuesta
integral al problema detectado.

1) Una primera�actuación trabaja la dificultad en la comunicación intercultural en-


tre servicios y personas inmigradas. Así, se propone organizar un taller participati-
vo dirigido al personal técnico que trabaja en los servicios donde se defina cuáles
son las condiciones necesarias para ofrecer servicios socioculturalmente pertinentes
y adecuados a la población del territorio. Dicho taller se diseñará y llevará a cabo
por miembros de la mesa de trabajo intercultural, y para realizarlo, se contactará e
invitará a los representantes de un total de nueve servicios del barrio. Este taller se
desarrolla en dos partes, como se muestra en la siguiente tabla:

Desarrollo del taller

La primera parte consta de una sesión de Esta segunda parte consiste en otra sesión
dos horas en la que se recogen las apre- de tres horas de trabajo en la que se traba-
ciaciones de las técnicas de cada servicio jan los siguientes temas:
sobre el trabajo con personas de origen • Estereotipos referidos a los diferentes
extranjero. En ella, pueden expresar libre- colectivos inmigrantes, mostrando la
mente sus incomodidades y dificultades enorme heterogeneidad que existe.
relacionadas con la atención a estas perso-
nas. Después de la primera ronda de sesio- • Metodologías para comprender la de-
nes iniciales, el equipo de la mesa intercul- manda de las personas que van al ser-
tural se reúne para valorar cuáles son los vicio en términos de situaciones vita-
discursos más generalizados y producir el les únicas, en las que habrá que tomar
diseño de la segunda parte del taller. en cuenta aspectos como el género, la
edad, la situación familiar y la trayecto-
ria migratoria de la persona que se va
a atender.

• Técnicas de mediación intercultural en


la que se trabaja la atención a la diver-
sidad, a partir de distintos estilos co-
municativos y sus características, enfa-
tizando la actitud cercana y solidaria.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 63 Perspectivas participativas de intervención social

Una vez realizado el taller, las personas valoran su utilidad y eficacia, y esta valoración
es discutida en el seno de la mesa.

2) Una segunda�actuación derivada de la primera consiste en buscar el apoyo de una


mediadora�intercultural. Además de su actuación puntual en el taller sobre herra-
mientas interculturales, realizado por las personas de la mesa, se solicita su asesoría
continuada a los diferentes servicios en materia de mediación intercultural. Para es-
to, la primera acción es buscar recursos, a través de la demanda desde el grupo pro-
motor a la Administración local, para poder contratar a una persona que haga estas
funciones, al menos, durante seis meses. Al cabo de este tiempo, se valorará dicha
actuación y su continuidad.

3) Una tercera�actuación surgida de la mesa de trabajo tiene un carácter más am-


plio y busca generar un clima de sensibilización hacia la convivencia intercultural
más allá de los servicios presentes en el territorio. Se trata de la realización de una
exposición�de�fotografías que recojan diferentes imágenes del barrio y que mues-
tren la diversidad presente en el territorio, tratando de no caer en los estereotipos
de los diferentes orígenes culturales y enfatizando, más bien, el uso común que las
diferentes personas dan a los espacios del territorio. Los miembros de la mesa están
encargados de recoger diferentes fotografías entre vecinos y amigos, y después reali-
zar una selección de éstas tomando como criterios su calidad y adecuación al objeti-
vo de la actuación. Dos o tres personas de la mesa (diferentes a aquellas encargadas
del taller) se encargan del montaje técnico de la exposición: generar ampliaciones
de las fotos escogidas, buscar los espacios de exposición (centros cívicos, escuelas del
barrio, servicios públicos y privados del territorio) y organizar la instalación. Se trata
de una exposición situada en múltiples localizaciones de manera que los habitantes
no tengan que desplazarse a un "lugar de exposición", sino que conviven con ellas
en sus lugares habituales de paso.

A todas estas actuaciones se les da difusión, incidiendo en el hecho de que todas


ellas forman parte de una acción conjunta ideada y realizada a partir de la mesa
intercultural y dirigida a la mejora de los procesos de convivencia en el barrio. A través
de la página web del proyecto comunitario, trípticos y folletos, se dan a conocer estas
actividades al resto del territorio.

Con este ejemplo, podemos ilustrar algunos de los principios participativos de


la intervención que permean las actuaciones.

1) En primer lugar, es necesario resaltar que estas actuaciones buscan dar res-
puesta a una problemática detectada a partir del diagnóstico�participativo,
referida a la dificultad de entendimiento mutuo entre personas de diversos
orígenes culturales. Esta dificultad es interpretada no como una falta o caren-
cia de las personas inmigradas ni de las personas autóctonas, sino como un
producto de los imaginarios presentes en la sociedad marco. Dichos imagina-
rios y comprensiones establecen una diferencia tajante entre estos dos grupos,
generando una escisión que los construye como homogéneos en su interior
(todos los nacionales son iguales entre sí y todos los latinoamericanos, marro-
quíes, etc. también) y diferentes con los otros grupos (inconmensurabilidad
de la relación entre ellos).

Desde esta actuación no se opera mediante intervenciones individualizadas,


sino que se busca atajar la problemática en términos de los contextos de acción
donde se dan estas relaciones. La actuación sobre los servicios busca que las
personas que se relacionen en el interior de ellos puedan entenderse y comu-
nicarse, de modo que se ataca tanto la discriminación sentida por las personas
que asisten como la incomodidad que las técnicas de los servicios perciben. Se
busca un entendimiento mutuo a partir de los saberes de los diferentes agen-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 64 Perspectivas participativas de intervención social

tes involucrados. La actuación referida al mediador intercultural busca dotar


de recursos a los servicios, ya que, a partir de sus propios relatos, se pone de
manifiesto la necesidad de recibir el apoyo de alguien especializado para poder
franquear la problemática definida. La acción de sensibilización busca generar
un clima de entendimiento en el barrio, puesto que se asume que, aunque el
problema se presenta en el espacio de los servicios de manera más acuciante,
también se necesitan acciones que involucren a todas las personas del barrio
en pro de la convivencia.

2) En segundo lugar, vemos que estas actuaciones surgen del trabajo�partici-


pativo. La mesa de trabajo en la que está presente una diversidad de actores,
tanto por su procedencia nacional como por su posición en el tejido asociativo
del barrio, se crea como un espacio donde comenzar a trabajar los estereotipos
mutuos a través del esfuerzo para lograr metas en común. Esta participación,
por tanto, ya genera una transformación de la situación problemática al ve-
rificar la capacidad de trabajo conjunto de estas personas. Además, también
produce empowerment en tanto que los miembros del grupo adquieren control
y poder sobre las acciones a realizar, vertiendo sus conocimientos en las pro-
pias actuaciones realizadas.

3) Asimismo, la acción�de�sensibilización a través de fotografías que muestran


la diversidad del barrio y la capacidad de las personas de utilizar los espacios
comunes conduce a una redefinición del problema de la convivencia dado que
muestra los espacios donde, efectivamente, se da la convivencia pacífica entre
personas de diferentes orígenes. Al mismo tiempo, sirve para problematizar
los�significados referidos a que el problema social a tratar es la inmigración y
para generar espacios de conocimiento mutuo. Así, estas actuaciones generan
procesos de bienestar para la población del territorio, al tiempo que –dado
que dichas actuaciones están realizadas a partir de los propios conocimientos
de las personas que participan– se adaptan a las características (en términos
de actores, recursos y peculiaridades) del propio territorio de implantación,
fomentando por sí mismas procesos de convivencia intercultural.

Caso 2: de nuevo, la actuación sobre el consumo de sustancias en el


contexto del ocio nocturno

Retomamos ahora uno de los ejemplos que hemos venido empleando a lo largo de
los materiales: la intervención sobre el consumo de sustancias en el ocio nocturno.
Recordemos que, ante la preocupación por el consumo de sustancias en el contexto
del ocio nocturno, se implementa una intervención participativa a partir de la cual,
después de llevar a cabo las fases de familiarización y constitución del equipo, se con-
forma el grupo promotor constituido por empresarios promotores del ocio, personal
sanitario y de seguridad, usuarios de ocio nocturno, administraciones de los locales
y entidades promotoras de prácticas de reducción de riesgo.

El diagnóstico realizado revela que el consumo de sustancias en el ocio nocturno


(legales e ilegales) es una práctica común, y que las políticas públicas encaminadas
a erradicar su consumo han tenido muy poco efecto sobre las prácticas sociales de
consumo. El proceso de diagnóstico participativo concluye que la problemática que
se quiere abordar requerirá llevar a cabo actuaciones en el contexto del ocio noctur-
no, interpretado como aquel espacio social, arquitectónico, simbólico y material en
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 65 Perspectivas participativas de intervención social

el que se entremezclan personas, sustancias (legales e ilegales), espacios de ocio y di-


ferentes actores sociales.

El plan de actuación diseñado se orienta, consecuentemente, hacia la implementa-


ción de actuaciones específicas en el contexto del ocio nocturno y no sobre las per-
sonas consumidoras de sustancias. Cada uno de los agentes sociales involucrados de-
berá responsabilizarse de la ejecución de pequeñas actuaciones; la suma de éstas al-
canzará la intervención integral que se busca.

Así, las personas encargadas de implementar las actuaciones en los espacios de ocio
nocturno serán los que se muestran en la siguiente tabla:

Personas encargadas de implementar las ac-


tuaciones en los espacios de ocio nocturno

Los promotores del ocio nocturno llevan a cabo pequeñas acciones de reducción
de riesgos en sus locales: estos actores se en-
cargan de garantizar que no se exceda el aforo
permitido en sus locales, mejorar los sistemas
de ventilación y permitir el acceso al agua co-
rriente en los lavabos.

El personal de seguridad vinculado al ocio nocturno recibirá formación


en primeros auxilios con el objetivo de poder
ofrecer atención sanitaria básica.

Las entidades de reducción de riesgos se comprometen a realizar salidas nocturnas


puntuales a los espacios de ocio nocturno en
las que instalarán pequeños stands informati-
vos con flyers e información útil en consumo
responsable y reducción de daños.

Los usuarios de ocio nocturno contribuirán, a su vez, a fomentar la incorpo-


ración de prácticas de consumo responsable
entre su grupo de iguales.

Los responsables de la Administración se encargarán de instalar bancos públicos en


local la zona de ocio para favorecer que las perso-
nas dispongan de un espacio exterior donde
poder descansar o tomar el aire.

Como vemos, en la actuación descrita cristaliza un conjunto de temáticas sub-


yacentes al ámbito de intervención en salud y consumo de sustancias.

1) En primer lugar, la actuación llevada a cabo cuestiona la distinción, habi-


tualmente aceptada, entre sustancias legales e ilegales. Así, se considera que
las acciones deben incidir en la reducción de riesgos derivados de la interco-
nexión entre factores humanos, técnicos, arquitectónicos y psicoactivos. Esta
actuación evita focalizar�la�problemática únicamente en las sustancias y, a su
vez, pone en duda y problematiza la relevancia o utilidad de distinguir entre
sustancias "legales e ilegales" a la hora de llevar a cabo la actuación.

2) La actuación descrita considera que tampoco debe focalizarse la acción só-


lo en las personas potencialmente consumidoras de sustancias. Se opta, en
cambio, por intervenir sobre el contexto del ocio nocturno de manera inte-
gral, holística y descentralizada. Esta actuación se aleja de las intervenciones
tradicionales de carácter sectorial, personalizado y centradas en el individuo,
evitando victimizar y criminalizar a estas personas. La responsabilidad por la
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 66 Perspectivas participativas de intervención social

reducción de riesgos se distribuye entre los distintos agentes involucrados en


el ocio nocturno. Las personas usuarias del ocio devienen así un agente activo,
transformador y co-responsable de la gestión de la problemática.

En términos prácticos, la simetría y horizontalidad con que se relacionan los


agentes involucrados trae por efecto una mayor adherencia, implicación y
compromiso con el proyecto de intervención. Dado que las perspectivas par-
ticipativas reconocen el protagonismo y la agencia transformadora a quienes
antes eran meros objetos de intervención, como vemos en la actuación, este
reconocimiento será aprovechado para tratar de incorporar sus propias pers-
pectivas, intereses y valores en la planificación de la intervención. La asunción
de actuaciones específicas, por parte de los distintos agentes sociales involu-
crados, contribuye a que todos ellos se hagan partícipes del proceso, reapro-
piándoselo.

3) La aplicación del principio de empowerment a la actuación descrita se expre-


sa en la promoción de la co-responsabilidad y agencia de las personas en la
transformación de sus propias condiciones de vida. Esta actuación, como ve-
mos, se contrapone a las intervenciones de carácter asistencialista que infan-
tilizan a los usuarios al relegarlos a meros receptores de una ayuda o capacita-
ción, abordando la actuación de manera individualizada. Este enfoque corre
el peligro de provocar inseguridad y desesperanza al convertir a las personas
en objeto pasivo de una acción externa, por un lado, de la que no se partici-
pa, y por el otro, que no combate directamente las causas de la problemática.
Ahondar de forma propositiva en sus fortalezas y cualidades, desde una pers-
pectiva colectiva, y no tanto en sus carencias o debilidades, favorece la auto-
gestión y el afrontamiento responsable de las problemáticas que afectan a una
población. Así, proponer acciones que atiendan a la comunidad, que conec-
ten entre sí experiencias particulares, que recojan sus propuestas e iniciativas
y que sean respetuosas con las formas organizativas que ya existen implica re-
conocer su competencia y legitimidad como agente de transformación social.
Esta implementación de las actuaciones repercutirá en el fortalecimiento y
empoderamiento de los colectivos participantes.

4) La actuación descrita tiene por objetivo divulgar, dar a conocer y comu-


nicar al conjunto de la sociedad una forma de concebir y actuar en relación
con la temática del consumo de sustancias claramente alejada de las perspec-
tivas abstencionistas tradicionales, que abogan por actuaciones encaminadas
a erradicar el consumo de sustancias. Las actuaciones propuestas en el ejem-
plo, en cambio, despliegan una interpretación del fenómeno según la cual el
consumo no es un hecho aislado y estático, homogéneo a todas las personas y
situaciones en las que ocurre. La comprensión que se promueve desde ellas es
que éste siempre se da en un contexto que lo condiciona y particulariza. Así,
más que negar o pretender erradicar la relación entre consumo de sustancias
y ocio nocturno, se considera que es preferible actuar para reducir los riesgos
asociados al consumo (de sustancias ilegales pero también legales) mediante
la responsabilización de todos los agentes involucrados. La presencia de estas
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 67 Perspectivas participativas de intervención social

actuaciones, en contextos sociales específicos, es generadora de comprensio-


nes e interpretaciones del fenómeno alternativas y, por lo tanto, está expre-
sando, comunicando y transmitiendo una forma particular de entenderlo.

Caso 3: actuación de empoderamiento y advocacy respecto de la


diversidad funcional

El tercer ejemplo que planteamos es de una intervención participativa referida a un


ámbito temático. El contexto que enmarca la intervención es el de una demanda que
proviene del coordinador de entidades de servicios a personas discapacitadas y sus
familiares que, ante la próxima aprobación de la ley que regulará las acciones en este
campo, decide emprender un proceso de intervención que pueda aportar significa-
dos diferentes a los presentes en el anteproyecto de ley. Para esto, pide a un equipo
técnico que lidere la intervención. Este equipo, una vez familiarizado con el ámbito
temático, promueve la creación de un grupo promotor conformado por profesionales
que trabajan en el área, personas con discapacidad y familiares (cuidadores informa-
les). Realizado el diagnóstico participativo, este grupo emprende las actuaciones.

En el diagnóstico emerge, como aspecto central que preocupa a los agentes sociales
involucrados en este contexto, el asunto de los servicios de atención a personas con
discapacidad. Éstos se perciben como claramente insuficientes e inadecuados. Insu-
ficientes, porque muchas de las personas discapacitadas, que deberían recibir una
atención profesionalizada pública, están siendo atendidas por familiares –en su ma-
yoría mujeres de la familia– que deben dedicar su tiempo a estas tareas y que no se
ven reconocidas ni económica ni socialmente por esta labor, asunto que, a su vez,
genera en estas cuidadoras problemas de cansancio, irritabilidad y malas relaciones
con la personas cuidadas. Inadecuados, porque, en los casos en los que las personas
discapacitadas reciben atención pública ésta tiende a ser de tipo asistencial y proto-
colizada, esto es, no se tiene en cuenta la voluntad de quien es atendido y establecen
relaciones que "infantilizan" a la persona beneficiaria.

Además, mediante el diagnóstico, se observa que los agentes involucrados perciben


que estas cuestiones no están siendo atendidas en el anteproyecto de ley, por lo que
ven un futuro poco prometedor en materia sociosanitaria.

Estas dos características de la atención a las personas con discapacidad es interpreta-


da, desde el grupo de trabajo, como consecuencia, por un lado, de los imaginarios
sociales que se tienen sobre las personas discapacitadas, consideradas como incapa-
ces para la toma de decisiones de manera autónoma y con poco que aportar para la
sociedad en general. Y, por otro, como consecuencia de la percepción mayoritaria de
que estas personas son una carga social, por lo que los recursos que se otorgan para su
atención son escasos y claramente delimitados a aquellas necesidades vitales básicas
(sin tener en cuenta otro tipo de necesidades sociales, culturales y de participación
política que puedan tener). Esta visión estigmatizadora de la discapacidad, entonces,
relega frecuentemente la atención o el cuidado que necesitan estas personas a las re-
des privadas de solidaridad, debido a la falta de recursos de atención idóneos, gene-
rando estados de indefensión para ellas y sus familias.

Ahora bien, frente a esta construcción de la situación problemática, el grupo promo-


tor emprende varias acciones que buscan incidir en los diferentes niveles establecidos
del problema.

En primer lugar, se realiza una actuación de carácter amplio –esto es, que busca in-
cidir en la sociedad en su conjunto– que tiente como objetivo problematizar el sig-
nificado mayoritario sobre la discapacidad, asociado al estigma de la "carga social"
y, en contrapartida, mostrar la diversidad presente en el interior de la categoría "per-
sona discapacitada". Para esto, se toma el concepto de "diversidad funcional" actual-
mente utilizado por algunos grupos movilizados respecto de esta temática, según el
cual todas las personas son diversas funcionalmente, esto es, se asume que todas las
personas tienen unas capacidades que otras no tienen, por lo que la idea misma de
"persona discapacitada" es una categoría que estigmatiza ciertas diferencias funcio-
nales frente a otras. De este modo, aun asumiendo la necesidad de ayuda que puedan
tener estas personas en algunos aspectos de sus vidas (al igual que otras consideradas
"capacitadas"), se enfatiza sobre todo la autonomía que desean estas personas para
tomar decisiones sobre sus propias vidas y que éstas no estén determinadas por los
circuitos de atención a los que acuden.

Se entiende que esta redefinición de los términos, al tratar con los significados que
constituyen el problema, redundará en un cuestionamiento sobre los (pocos) recursos
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 68 Perspectivas participativas de intervención social

que son asignados al tema, sobre el tipo y pertinencia de dichos recursos y sobre
los escasos espacios de participación que hay para que las propias personas afectadas
puedan opinar sobre los mismos.

Para lograr este proceso�de�problematización, se diseña una campaña con un dis-


curso claro y contundente trabajado en el seno del grupo que se irá difundiendo por
diversos medios. De aquí se derivan algunas acciones a realizar:

Acciones a realizar

Asistencia a programas de radio y tele- en el que se discutan los significados asocia-


visión dos a la categoría "discapacidad" y se cuestio-
nen los aspectos del anteproyecto de ley que
mantienen la idea infantilizadora de estas per-
sonas.

Realización de un comunicado de explicando la postura del grupo, que se dis-


prensa tribuirá a los medios de comunicación escrita
de alcance estatal.

Generación de un documental dirigido a una amplia audiencia, donde se


puedan visualizar las diferentes situaciones
vitales de personas a partir de su diversidad
funcional, así como testimonios de agentes
sociales relevantes en el campo.

Construcción de una página web del grupo en el que se hagan públicos los co-
municados y documentos de trabajo, con es-
pacios de foro en el que diferentes personas
puedan participar.

Por otro lado, se realiza una serie de acciones encaminadas a incorporarse en los
espacios de discusión de las políticas públicas. En concreto:

Acciones en el ámbito de las políticas públicas

Participar del Comité consultivo en mate- Para esto, se pide a dicho comité la incor-
ria de dependencia poración de alguna persona pertenecien-
te al grupo, de modo que esté presente en
las discusiones sobre los documentos que
servirán para asesorar a quienes han de
redactar la ley. Gracias a la presión social
que se ha conseguido a través de los me-
dios de comunicación masiva, y a los con-
tactos que tienen los miembros del grupo
con instancias institucionales relacionadas
con el asunto, se logra que esta persona
participe. Ésta actuará en representación
del grupo, trayendo a las reuniones perió-
dicas las discusiones del comité, para ge-
nerar respuestas conjuntas por parte del
equipo.

Entrada en el Parlamento para exponer la En este caso, se hace una petición formal
problemática al Parlamento para exponer el caso que
ocupa, haciendo llegar las demandas de
este grupo.

Con estas dos acciones, se pretende influir directamente en la confección de la ley


que regirá este sector a partir de la participación activa de los agentes relevantes en
este contexto de acción. A través de esta acción, se busca generar un marco legal más
adecuado desde el punto de vista de las personas afectadas y encontrar recursos pú-
blicos que sean suficientes en cantidad y que sean adecuados a las necesidades de las
diversas personas que los necesiten. En concreto, se busca generar que una ley que
permita la autonomía de las personas consideradas "discapacitadas", y que dé cabida
a intervenciones posteriores que tomen en cuenta la opinión de éstas y de los cuida-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 69 Perspectivas participativas de intervención social

dores en los servicios a financiar. Un ejemplo de esto puede ser la figura del asistente
personal. El grupo promotor considera que esta persona no debe tener asignadas de
antemano y por ley las tareas que deberá realizar, sino que es preferible que éstas se
acuerden con la persona con diversidad funcional a la que va a atender, según las
necesidades específicas de ésta. Así, se reivindica que la relación entre el asistente
personal y la persona con diversidad funcional debe mantenerse en un plano de ho-
rizontalidad y negociación conjunta de las tareas a realizar; además, éstas no deben
circunscribirse a cubrir las necesidades consideradas básicas y vitales, sino también
aquellas de carácter social o cultural.

1) Las cuatro acciones de la campaña en los medios de comunicación tienen


como objetivo generar un impacto mediático al hacerse todas al mismo tiem-
po y colocar la discusión conceptual y de recursos en el centro de la agenda
de medios de comunicación y entes institucionales. Para todo esto, evidente-
mente, se deberán buscar recursos económicos y contar con la participación
activa de los miembros del grupo promotor, acompañados de personas que
puedan colaborar de manera puntual en estas acciones.

(13)
2) Las dos actuaciones en los espacios de discusión de las políticas públicas Como la creación o reforma de
marcos legales, planes de actua-
buscan atajar la problemática definida a partir de la incidencia de la acción en
ción, etc., y su cumplimiento e im-
el campo de las políticas públicas13. La forma de lograrlo sería a través de la plementación efectivas.

creación de opinión pública y la puesta en marcha de procesos de influencia


que tuvieran por efecto la sensibilización de la ciudadanía y de los líderes po-
líticos involucrados en la toma de decisiones políticas y legislativas. Así, la in-
tervención social no se limitará al contexto de actuación más inmediato ni su
objetivo se centrará en el bienestar de un grupo de personas en particular, sino
que tratará de amplificar estas transformaciones locales elevándolas hacia un
plano político más general, el cual asegure su sostenibilidad en el tiempo y su
aplicación en toda la ciudadanía. Esto es lo que, en la literatura especializada,
lleva el nombre de advocacy.

En términos generales, se entiende por advocay aquellas actividades que


tienen por objeto influir en el proceso de políticas públicas. Es decir,
siguiendo la revisión conceptual que ofrece Sepúlveda et al. (2008), se
trataría de aquel proceso de cambio social y transformación dirigido
a democratizar las relaciones de poder en la sociedad, asegurando que
los grupos minoritarios participen en las decisiones públicas a través de
estrategias de empowerment que fortalecen a la ciudadanía y al Estado
democrático, tales como las que hemos descrito.

Consiste en incidir en la agenda política y en la creación de estructuras insti-


tucionales y mecanismos procedimentales de toma de decisiones que sean más
democráticos, transparentes y abiertos a las necesidades e intereses colectivos.
Como hemos visto, las acciones de advocacy, que promueven y defienden una
causa con el fin de crear algún tipo de incidencia política, exigen llevar a ca-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 70 Perspectivas participativas de intervención social

bo un plan de acción estratégico, generalmente a largo plazo, fundamentado


en profundos análisis de la problemática a abordar y en el establecimiento de
objetivos claros y precisos que faciliten la comunicación con la ciudadanía.

2.6.2. Evaluación participativa

La evaluación de la intervención apunta tanto a la revisión y análisis reflexivo


de las actuaciones implementadas como al proceso de trabajo que le dio lugar.
Esto implica que, considerando el proceso de intervención desde un enfoque
cíclico y no lineal, la evaluación se despliega a lo largo de todas sus fases, es-
tableciendo un seguimiento ajustado y continuo. A través de este proceso, la
práctica interventora será confrontada y cuestionada debido al establecimien-
to de un continuum iterativo entre la evaluación, la reflexión, la corrección y
la acción. En el caso de las perspectivas participativas de intervención, será
necesario valorar los procesos de familiarización, la constitución del equipo, el
diagnóstico participativo, el diseño del plan de acción, su ejecución y también
el hecho de dar por terminada la intervención.

Básicamente, el mecanismo que atraviesa la evaluación de estos mo-


mentos consiste en una recogida sistemática de información, un aná-
lisis exhaustivo de la misma, una difusión de los resultados obtenidos
y una retroalimentación sobre la acción que permita reajustarla, mejo-
rarla y adaptarla a las eventualidades y transformaciones que afectan al
contexto concreto de actuación.

Exceptuando el proceso de familiariazación, cuya evaluación se da por parte


del equipo interventor a través del análisis del material recogido y de la valo-
ración de su alcance, todas las demás etapas de un proceso participativo deben
ser evaluadas en el seno del GP y en diálogo con la comisión de seguimiento.

La evaluación que se realiza sobre la constitución�del�equipo es una valora- Composición del grupo
ción reflexiva que hace el propio grupo sobre sí mismo y que se da a lo largo
Los aspectos que se tendrán
de todo el proceso de intervención. En este caso, es especialmente relevante en cuenta al hacer la valora-
tomar en cuenta la composición del grupo, la operatividad del grupo, es decir, ción del grupo son: qué perso-
nas están formando parte del
su agilidad en la toma de decisiones y el cumplimiento de las responsabilida- equipo, si éstas representan o
no diferentes agentes sociales
des asignadas, y el clima interno del equipo. Para acceder a estas cuestiones, presentes en el contexto de
es importante dedicar momentos al análisis de las relaciones interpersonales actuación, y si hace falta invi-
tar a otros personajes clave pa-
en el interior del equipo y atender a las actitudes, creencias y percepciones ra el proyecto de intervención.

que aparecen entre los participantes. Especialmente relevante es aquella infor-


mación que permita evaluar las relaciones de poder y las asimetrías entre los
agentes involucrados en la intervención, y también la que facilite detectar las
condiciones que dificultan la horizontalidad en la participación.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 71 Perspectivas participativas de intervención social

En cuanto al diagnóstico�participativo, la evaluación pertinente remite a va- Clima interno del equipo
lorar los conocimientos adquiridos mediante su ejecución en relación con la
Para valorar el clima que vive
información recabada: su interés, pertinencia y utilidad, y si ésta es suficiente el grupo, se tendrán en cuenta
o no para desarrollar el plan de acción futuro. Además, se deberá prestar aten- los signos de implicación o de-
simplicación de los miembros,
ción a los aprendizajes que se han generado en el trabajo conjunto de quienes la emergencia de conflictos y
las valoraciones sobre el pro-
hayan participado en esta acción. En esta etapa, también será importante va- pio grupo.
lorar la rigurosidad y comunicabilidad del diagnóstico realizado. Así, además
de incluir en el proceso evaluativo a todas aquellas personas comprometidas
directamente con el proceso de diagnóstico, también se convocarán, a través
de diferentes espacios y medios, a todos los agentes que puedan valorarlo y
aportar algún tipo de conocimiento sobre el mismo. Para ello, es importante
informar, de manera clara y accesible, a otras personas del contexto de actua-
ción no directamente involucradas con el fin de ampliar la participación y
valoración en los debates que se abran.

Esta comunicación socializadora se dirigirá a una audiencia amplia que inclui- Ved también
rá al público en general, a las profesionales locales y a los organismos institu-
Para realizar el proceso de co-
cionales competentes en ese contexto. Este proceso es de suma importancia, municación de la forma más
ya que de ello dependerá el conocimiento que tengan de estos resultados otros adecuada, remitimos a la lec-
tura del apartado 3, donde se
agentes interesados del contexto de actuación, lo cual facilitará su implicación mostrarán algunas técnicas de
información y comunicación
en el proceso y el fomento de un proceso participativo más amplio en etapas de carácter participativo.
posteriores de la acción.

En relación con el plan�de�acción, la evaluación consistirá en valorar la capa-


cidad de éste de plasmar las líneas de actuación que se quieren llevar a cabo
de manera clara y operativa. También se tendrá que vigilar que las tareas es-
tén repartidas de una manera idónea entre las personas involucradas, que las
acciones que se propongan puedan generar procesos de participación futuras,
y que los recursos disponibles y a conseguir estén adecuadamente calculados.
Este plan también puede ser valorado por agentes externos al proceso que se
consideren relevantes por el hecho de ser capaces de ofrecer una mirada crítica
y propositiva sobre el plan de acción, como pueden ser líderes comunitarios,
profesionales del área, personas de las administraciones públicas, etc.

Finalmente, en relación con las actuaciones que se realicen, la valoración de- Ved también
be tener en cuenta tanto el resultado de las actuaciones como el propio pro-
Algunos de los procedimientos
ceso participativo, procesos evidentemente entrelazados entre sí. En el primer descritos se pueden consultar
caso, se trata de analizar el desarrollo de la actuación, observando el modo en en el subapartado 1.3, dedica-
do a la evaluación, del módulo
que ésta es implementada, los obstáculos y oportunidades que van aparecien- "La intervención social desde
las perspectivas tradicionales",
do con su despliegue y los efectos previstos e imprevistos. Además, también sin olvidar que aquéllos se de-
se busca analizar la eficiencia y eficacia de la intervención, esto es, comparar ben aplicar a través de consen-
so generado en el proceso par-
los resultados obtenidos con los medios y las acciones invertidas y valorar el ticipativo.

logro de los objetivos previamente marcados. La evaluación deberá permitir,


CC-BY-NC-ND • PID_00141844 72 Perspectivas participativas de intervención social

asimismo, conocer el impacto de la intervención sobre los discursos y prácti- Agentes relacionados con
cas cotidianas. Todos los conocimientos generados a través de la evaluación las actuaciones

poseen un carácter altamente pragmático y utilitario, dado que ésta es un pro- Algunos ejemplos de agentes
ceso que revierte en la toma de decisiones y en la mejora de la actuación. Para relacionados son los beneficia-
ros de la acción, las técnicas
lograrlo, es necesario que se involucre en este proceso a una heterogeneidad de servicios, o incluso las per-
sonas que frecuenten un espa-
de agentes relacionados con las actuaciones implementadas, aunque no par- cio público que haya sido usa-
ticipen activamente del proceso participativo. do para una actividad progra-
mada.

Para realizar el proceso valorativo de las actuaciones se aplican diferentes téc-


(14)
Especialmente, las técnicas de
nicas de investigación social14, como las nombradas a lo largo de los materiales tipo cualitativo, como son las en-
de la asignatura, y, a partir de éstas, se genera un análisis de los resultados. trevistas y las observaciones.

Otra forma de sistematizar y ordenar la información acerca de las actuaciones


realizadas es mediante la realización de fichas de actividad. En ellas se trata de
operativizar, de la forma más detallada posible, los términos y condiciones en
que fueron ejecutadas, en referencia al tiempo y recursos destinados, al desa-
rrollo de su ejecución y las dificultades aparecidas, a los resultados obtenidos,
a la satisfacción de las personas beneficiarias, al impacto generado o a los lí-
mites que presentan.

Siguiendo con el caso de las actuaciones en la reducción de riesgos en consumo de sus-


tancias en el contexto del ocio nocturno, supongamos que, en la fase de diagnóstico, se
llevan a cabo entrevistas en profundidad con promotores del ocio nocturno, así como
con usuarios de dichos contextos de ocio para conocer sus opiniones, discursos y valo-
raciones y prácticas de consumo en relación con este ámbito. Pues bien, una vez finali-
zada la actuación, para poder evaluar el impacto que ha tenido, será conveniente volver
a contactar con las mismas personas para realizar, de nuevo, entrevistas en profundidad
y conocer si aquellos discursos, opiniones y prácticas de consumo se han transformado
después de haber llevado a cabo la actuación.

Una vez recabada toda la información necesaria, el análisis del proceso de eva- Ved también
luación de las actuaciones se da, como hemos comentado, en el seno del equi-
La técnica del DAFO se ex-
po promotor y a través de reuniones con la comisión de seguimiento. Para plicará detalladamente en el
esto, en ocasiones, se pueden evaluar los efectos y el impacto de la actuación apartado 3 de este módulo.

mediante una comparación entre el momento inicial y el momento de finali-


zación, a través de la técnica del DAFO. Esta técnica permitirá valorar las difi-
cultades, amenazas, fortalezas y oportunidades a las que se enfrenta el proceso
una vez realizada la intervención.

En cuanto a los aspectos referidos al proceso participativo de las actuaciones


implementadas desde una perspectiva participativa, se deben evaluar aquellos
aspectos y mecanismos que promueven un trabajo desde procesos, efectiva-
mente, participativos. Esto significa que, además de los aspectos que ya co-
mentamos anteriormente, se tratará de obtener información acerca del núme-
ro y características de los participantes en las actividades propuestas y sus va-
loraciones. Por tanto, frente a aquellas evaluaciones tradiciones de tipo direc-
tivo en las que sólo intervienen grupos expertos profesionales (muchas veces
externos a la propia comunidad), desde las perspectivas participativas se trata
de implicar, en esta acción, a diferentes agentes sociales. La objetividad de los
conocimientos producidos no reside entonces en la independencia y exterio-
ridad de los evaluadores, sino en la multiplicidad de opiniones y experiencias
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 73 Perspectivas participativas de intervención social

generadas a partir de la cercanía con el proceso. De este hecho se desprenden


importantes consecuencias para el tipo de informaciones que se busca evaluar
y para los agentes que son convocados a este ejercicio valorativo: además de
las informaciones habituales acerca de la ejecución de las actuaciones y sus
resultados, también interesará recoger información significativa acerca de la
valoración, las percepciones y los significados que los participantes atribuyen
a las actuaciones realizadas y, por otro lado, como ya comentamos, interesará
convocar tanto a las personas directamente implicadas en las actividades co-
mo a aquellas otras que, aun periféricamente, también dispongan de alguna
experiencia y opinión al respecto.

Por otro lado, dado que el tipo de intervenciones descritas en este módulo
están basadas en el propósito de favorecer el empowerment de los agentes so-
ciales del contexto en que se realiza la actuación, la evaluación del proceso de
trabajo también habrá de dar cuenta de cuáles han sido los procesos que han
fortalecido a los agentes sociales locales y de qué manera éstos han adquirido
mayor grado de control y poder sobre su entorno a partir del proceso empren-
dido. Además, esto significa que los agentes del contexto no únicamente han
de beneficiarse de las actuaciones implementadas, sino también del proceso
participativo en el que han colaborado e invertido esfuerzos. Como apunta-
mos en el módulo "La intervención social desde las perspectivas tradicionales",
además de las actividades habituales que ya implica el diseño y ejecución de
un plan de acción, la evaluación de proyectos se presenta como un espacio
privilegiado para el fortalecimiento y la promoción de la participación previa.
Uno de los motivos es que el hecho de tomar parte en el momento en que se
dan cuenta de los logros, aprendizajes y desafíos del proyecto sirve para reco-
nocer el trabajo realizado y estimular hacia nuevas acciones.

Al igual que ocurría con el diagnóstico participativo, será necesario realizar


una difusión de la evaluación final del proceso de intervención. Para lograrlo,
es necesario ofrecer una información clara y accesible a toda la diversidad de
agentes sociales involucrados con el proceso. Dado que éstos incluyen desde
grupos de profesionales a ciudadanos, organizaciones sociales o administra-
ción e instituciones sociales, la transmisión de la evaluación habrá de tener en
cuenta los diferentes registros comunicativos y adaptarse a ellos. Esto exigirá,
probablemente, generar distintos tipos de materiales adaptados a los diversos
contextos de recepción.

Además de este tipo de materiales de difusión de tipo secundario, la evalua-


ción de las actuaciones y del proceso de intervención se materializará en un
informe final que recoja los aspectos más relevantes del proceso, las conclu-
siones principales y una serie de recomendaciones y propuestas de cara a in-
tervenciones futuras. Esta devolución de información permitirá, en el futuro,
depurar las formas y procesos de intervención e incorporar nuevas propuestas
de actuación que tengan en cuenta todo el conocimiento generado. Estos co-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 74 Perspectivas participativas de intervención social

nocimientos y experiencias pasarán, así, a formar parte tanto del bagaje disci-
plinar que sostiene a la intervención social como de la historia local del con-
texto de actuación.

2.7. Análisis de tres experiencias de intervención participativa

Para ver en detalle cómo se concretan las intervenciones sociales de tipo par-
ticipativo, nos basaremos en las lecturas del material didáctico de la asignatura
que acompañan este documento. A través de éstas, ofrecemos un análisis de
tres experiencias en las que se describe cómo, desde un marco institucional,
se incide en la transformación de ámbitos como la economía, la convivencia
vecinal o la cultura. Concretamente, se trata de intervenciones que operan
sobre: a) la economía y gestión presupuestaria; b) la convivencia en torno a
actividades comerciales; c) la transmisión de conocimientos y la producción
cultural.

Acordes a los principios que describíamos al inicio del módulo, estas experien-
cias muestran, a través de sus acciones, diversas formas de organizar y poner
en marcha planes de actuación mediante el empleo de técnicas y herramientas
de participación distintas.

En primer lugar, en este subapartado haremos una breve presentación de la


lectura (lo cual no exime de una lectura atenta de los textos) para pasar, pos-
teriormente, a un análisis de las mismas en términos de los principios estable-
cidos para las intervenciones participativas:

1) El carácter participativo de la intervención.

2) La reflexividad y problematización del proceso interventor.

3) Los procesos de empowerment en la intervención.

Presentación de lecturas

1) Ganuza, E. (2003). Los presupuestos participativos en Córdoba. En Ernesto Ganuza


Fernández. Democracia y presupuestos participativos, 115-134.

En esta primera lectura, se explica una experiencia de presupuestos participativos en


la ciudad de Córdoba. Recuperando la historia y la metodología ya ampliamente ex-
tendida de los presupuestos participativos, se nos explican los pasos llevados a cabo
y las técnicas empleadas (de tipo participativo, como asambleas o votaciones) para
definir de manera colectiva, entre un grupo de ciudadanas, las acciones y bienes a los
que se destinará parte de los presupuestos municipales. Este tipo de metodologías y
propuestas participativas cada vez están más extendidas y forman parte de la agenda
de muchos Gobiernos municipales. Tanto es así que estamos asistiendo a una pro-
gresiva tecnificación y estandarización de un proceso que, en origen, se definía de
manera abierta y participativa. Hoy en día, la protocolización establece toda una me-
todología ampliamente detallada y organizada sistemáticamente en diferentes fases
que son seguidas por esta experiencia de intervención, como se muestra en la lectura.

2) Zegrí, M., Navarro, J. M. y Aramburu, M. (2006). El encaje de los comercios ex-


tranjeros en el tejido comercial de acogida. Análisis de una experiencia de mediación
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 75 Perspectivas participativas de intervención social

comunitaria en Barcelona. Fundació Desenvolupament Comunitari. Revista Migracio-


nes, 20. Madrid.

Este segundo artículo explica una experiencia de intervención comunitaria centrada


en la mediación intercultural del tejido comercial de un barrio. El objetivo de esta
actuación era gestionar una serie de conflictos que se estaban dando, en un momen-
to dado, entre comerciantes autóctonos e inmigrantes. A partir de una demanda por
parte del Ayuntamiento de Barcelona, un equipo de investigadoras-interventoras po-
ne en marcha un proceso de mediación comunitaria intercultural constituido, en un
primer momento, por un diagnóstico de la situación. También detalla las actuaciones
que se realizaron a partir de este grupo promotor, en relación con la dimanización del
comercio local del barrio y sus efectos. El texto analiza de manera reflexiva el proceso
de constitución del grupo promotor que lideró la mediación, y plantea algunos lími-
tes de las intervenciones sociales de tipo comunitario que se dan dentro del marco
de las instituciones municipales.

3)Banco Común de Conocimientos (Platoniq).

El tercer texto es una compilación de la página web donde se explica la experiencia


del Banco Común de Conocimientos (BCC). Financiado por instituciones del ámbito
de la cultura, esta iniciativa promueve de manera creativa la educación mutua a tra-
vés del intercambio y producción colectiva de conocimientos cotidianos de carácter
eminentemente práctico. Como respuesta a la mercantilización del conocimiento y
a la monopolización de los grandes medios de comunicación, el BCC busca aprove-
char la expansión de las nuevas tecnologías e Internet para generar nuevas formas de
producción, aprendizaje y participación ciudadana. A partir de encuentros en espa-
cios públicos donde se materializan las experiencias de intercambio, como talleres,
juegos, consultorías o demostraciones en directo, se pretende compartir y mejorar
los conocimientos producidos, al tiempo que se fomenta la cohesión social entre los
participantes.

Consultar en: www.bancocomun.org/wiki

2.7.1. El carácter participativo de la intervención

Todas estas experiencias se enmarcan en la perspectiva participativa que he-


mos venido explicando hasta ahora, puesto que la delimitación de la proble-
mática a solventar, la definición de los agentes interventores y la planificación
y ejecución de sus actuaciones incorporan los principios reguladores relativos
a los procesos participativos. Así, a pesar de que la demanda inicial y la finan-
ciación de la intervención partan desde organismos institucionales (ayunta-
miento, Gobierno autonómico), la problemática es redefinida y abordada des-
de la implicación activa de todos los agentes que operan en el contexto de
intervención.

a) En la primera lectura se observa cómo, por ejemplo, todo el proceso de de-


cisión –en términos organizacionales y metodológicos– para la distribución
del presupuesto referente a infraestructura se realiza desde un marco de ac-
tuación denominado "autoreglamento" que ha sido diseñado por las propias
participantes. Esto significa que el propio grupo decide, de manera autoges-
tionada, los términos en los que se relacionará y tomará las decisiones refe-
rentes a la actuación concreta: la distribución del presupuesto. Además, dicho
reglamento, de acceso público, es revisado anualmente con el fin de asegurar
su aprobación por parte de todos los agentes implicados y, al mismo tiempo,
adecuarse a las particularidades del momento y de la población afectada por
estas decisiones económicas.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 76 Perspectivas participativas de intervención social

(15)
b) En el segundo texto, el motivo inicial de la intervención, que es el conflicto Comerciantes de diferentes orí-
genes nacionales y con diferente
de los comerciantes autóctonos hacia los comerciantes extranjeros –explicita-
nivel de arraigo comercial en el ba-
do por organismos institucionales, y apoyado por un sector de la población– es rrio.

reformulado a la vista del diagnóstico inicial. Fruto de ello, se consigue com-


plejizar el análisis y reconducir la problemática hacia propuestas de actuación
no criminalizadoras hacia el colectivo inmigrante a través, justamente, del
proceso participativo, que cuenta con la implicación de todos los sectores del
comercio del barrio. Además, es el grupo promotor, compuesto por agentes
15
representativos de las diferentes posiciones en torno a la problemática, quien
define el plan de actuación que se implementará.

(16)
c) En el tercer texto, aunque la propuesta inicial parte desde un grupo de pro- Gestores culturales y expertos
16 en desarrollo tecnológico.
fesionales , enseguida se abre al público la evaluación de esta acción y, ade-
más, se promueve la incorporación de personas que lo deseen a las comisiones
de trabajo para llevar adelante el proyecto. Esta ampliación del equipo a través
de la difusión de la iniciativa sirve para ampliar el número de colaboradores
y evaluar, modificar y mejorar las estructuras que conforman inicialmente el
BCC (Banco Común de Conocimientos). Dado que uno de los objetivos de
esta actuación, al igual que ocurría en la mediación comunitaria del segundo
caso, es la autogestión del proyecto y la autonomización respecto del equipo
de interventores, este paso de ampliación del grupo promotor redunda en la
sostenibilidad económica, temporal y organizativa de las actuaciones.

Por tanto, para las tres experiencias relatadas, lo que comienza siendo una de-
manda y un marco de actuación claramente institucionalizado, acaba siendo
un proceso autogestionado y susceptible de ser modificado por los agentes del
contexto de actuación, que incluye fundamentalmente al grupo de personas
afectadas o interesadas por la problemática o asunto a trabajar.

2.7.2. Reflexividad y problematización del proceso interventor

A diferencia de las actuaciones que describíamos en el módulo "La interven-


ción social desde las perspectivas tradicionales", asociadas a un enfoque fuer-
temente individualizador y sectorializado de las problemáticas, estas tres ex-
periencias operan desde una perspectiva en la que se da importancia al con-
texto en el que emergen las problemáticas, utilizando para esto un enfoque in-
tegral, trabajando, al mismo tiempo, aspectos locales y particulares con otros
de tipo estructural. De este modo, estas experiencias huyen de los efectos de
victimización o culpabilización de las personas definidas como "intervenidas".
Todas ellas buscan, como respuesta a la problemática identificada, transformar
aquellas cuestiones estructurales que sitúan a determinados colectivos o po-
blaciones en posiciones de inferioridad o marginalidad social.

a) Así, la primera lectura explica cómo, a través de la participación de la ciuda-


danía en la gestión presupuestaria municipal, se incide en la transformación
del sistema político de democracia representativa por el que una minoría de-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 77 Perspectivas participativas de intervención social

fiende los intereses de toda la población. Se apuesta, en cambio, por el modelo


de una democracia participativa, ya que, a través del propio proceso de trabajo,
se logran ampliar las cotas de participación en un tema concreto, como son los
presupuestos municipales de infraestructuras y, como efecto, se ahonda en el
grado de democratización del sistema de gobierno y gestión de la ciudad. Esto
demuestra que la gestión de la vida pública no necesita recaer, únicamente,
en una minoría "experta" política o técnica para ser efectiva y responder a los
intereses de la mayoría.

b) En el segundo texto, observamos claramente cómo se huye de una posi-


ble intervención en la que, a priori, ya se ha señalado a un colectivo como
problemático y fuente de conflictividad social: los comerciantes inmigrantes.
Frente a posibles actuaciones que cayeran fácilmente en una culpabilización
de este grupo de personas, colaborando con la discriminación social de la que
son objeto en la sociedad receptora, se optó por enfocar la actuación en un
contexto amplio de tipo barrial, a través del trabajo con los diferentes comer-
ciantes del barrio. De este modo, la problemática central se definió, desde la
heterogeneidad de posiciones involucradas en el grupo promotor, a partir de
una perspectiva estructural que buscó los puntos en común entre diferentes
comerciantes, problematizando la escisión entre "autóctonos" e "inmigrantes".
Así, en vez de optar por intervenciones que ahondaran en la diferencia, signi-
ficándola negativamente, se apostó por un trabajo de mediación que recons-
truyó los vínculos e intereses comunes para así fortalecer todos los comercian-
tes del barrio, a partir de su heterogeneidad de posiciones. De este modo, lo
que comenzó formulándose como problema, gracias a un arduo trabajo refle-
xivo y problematizador en el seno del grupo promotor, acabó convirtiéndose
en la pieza clave para el éxito de la actuación.

c) La tercera experiencia todavía elude más claramente la perspectiva indivi-


dualizante y estigmatizante de algunas intervenciones tradicionales, dado que
su actuación no se concreta en individuos que deban ser intervenidos ni sobre
ningún colectivo específico, definido como problemático. Mediante la crea-
ción de una plataforma tecnológica virtual de acceso público, se ofrecen los
medios necesarios y se crean los canales básicos de transmisión de informa-
ción para que se pueda dar una producción y un libre intercambio de cono-
cimientos de manera autogestionada. Partiendo de la idea de que las perso-
nas, cotidianamente, ya generan conocimientos de carácter práctico y útiles
para otras personas, se crean las condiciones materiales que posibilitarán es-
tos ejercicios de educación mutua bajo condiciones no comerciales o lucrati-
vas. Es decir, frente a las habituales actuaciones de capacitación que definen
a los colectivos intervenidos en términos de carencia y los forman de manera
individual y unidireccional, aquí se interviene a partir de sus capacidades y
habilidades y se define a los participantes de manera propositiva, como "edu-
cadores" potenciales. Esta problematización de la intervención en el campo de
la cultura trae consecuencias para la propia disciplina: mediante la puesta en
marcha y uso del Banco Común de Conocimientos, se cuestiona la propia re-
lación interventor-intervenido (homóloga a la de experto-lego) que atraviesa
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 78 Perspectivas participativas de intervención social

el campo disciplinar, la producción cultural se hace autónoma respecto a los


centros monopolísticos de poder (en términos económicos, epistémicos y de
legitimidad) y se reconoce a la ciudadanía como agente válido y con potencia
para la transformación social en este ámbito concreto.

2.7.3. Procesos de empowerment en la intervención

(17)
Para finalizar este análisis comparativo señalaremos que, independientemente Recordemos: la distribución de
17 un presupuesto, la mediación co-
de los respectivos objetivos sectoriales que se plantean estas tres intervencio- munitaria en la actividad comer-
nes, todas ellas fortalecen a los participantes implicados y, más ampliamente, cial de un barrio o el intercambio y
transmisión de conocimientos.
a las personas que interactúan en estos contextos de actuación mediante el
reconocimiento de los agentes sociales como agentes legítimos con capacidad
para transformar y gestionar su realidad.

a) La primera lectura explica cómo, además de invitar a la participación a or-


ganizaciones institucionalizadas o formalizadas, como es el caso de las asocia-
ciones de vecinos, también se procuró una participación universal y directa
invitando e implicando en la propuesta a ciudadanos no asociados en ningu-
na entidad. Esto, por un lado, generó un reconocimiento y fortalecimiento de
las redes participativas ya existentes y, por otro, la implicación de la población
en cuestiones de interés general como son los gastos municipales. El hecho
de que el proceso de trabajo se desplegara progresivamente "de abajo arriba",
del distrito al barrio y del barrio a la ciudad, también garantizó que la toma
de decisiones recogiera las opiniones y particularidades de la ciudadanía de
base y las elevara a instancias representativas superiores. Este reconocimiento
de la actuación, es decir, el hecho de hacer vinculantes las tomas de decisio-
nes más locales y verlas reflejadas en las políticas públicas municipales, que
luego afectarán a la población (lo que hemos denominado advocacy) favorecía
el empoderamiento colectivo de aquellos participantes que intervinieron en
el proceso.

(18)
b) En el segundo caso, aunque de manera más difícil dado que se había de Comerciantes autóctonos e in-
migrantes.
superar una serie de prejuicios iniciales entre los distintos colectivos que ope-
raban en el contexto, también se logró fortalecerlos y empoderarlos. En el in-
terior del equipo promotor, y a través de la producción de una "nueva historia
compartida", se reconstruyeron los lazos y vínculos relacionales entre las los
diferentes colectivos de comerciantes del barrio. Así, canalizando y poniendo
en evidencia los puntos de vista que se compartían sin saberlo, se suavizaron
las diferencias y anularon los estereotipos que sostenían los prejuicios de par-
tida. Esto tuvo por efecto el reconocimiento mutuo de todas las partes impli-
cadas18 como agentes válidos de intervención y, en consecuencia, el fortaleci-
miento de la red de comerciantes del barrio, favoreciendo un proceso de agre-
gación social. Este trabajo en el interior del equipo promotor se trasladó a la
comunidad local de comerciantes y se tradujo en una mayor capacidad de di-
namización del tejido comercial del barrio. Así, aquello que desde la deman-
da inicial era definido como fuente de problemas y potencial objeto de inter-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 79 Perspectivas participativas de intervención social

vención, pasó a ser un elemento clave para la revitalización y fortalecimiento


del tejido social y económico del barrio, produciendo procesos de empodera-
miento de las participantes.

c) En el caso de la tercera experiencia, este propósito de dar lugar a procesos de


empowerment de las poblaciones implicadas en el contexto ya se rastrea en la
misma definición del problema: ante la mercantilización y tecnificación pro-
gresiva de los flujos de información y la producción de conocimientos, se pro-
pone una actuación que nace, desde sus inicios, como un "campo de acción
colectiva" para la protección de todo conocimiento y producto cultural con-
siderados, por definición, como bienes colectivos. Es decir, la formulación y
propuesta de intervención incorpora una crítica a la distinción tradicional en-
tre personas legas y expertas (especialmente vehiculada por procesos de mer-
cantilización), y apuesta por una comprensión de la ciudadanía que la valida
como experta y legítima productora de conocimiento. El hecho de que se bus-
que generar conocimientos de carácter cotidiano y con un fuerte componente
experiencial es otra forma de reconocer la "experticia" particular que detenta
toda persona y combatir, de paso, las desigualdades de poder, conocimiento y
legitimidad que separa a los interventores de los intervenidos en las interven-
ciones tradicionales. Por otro lado, este proceso de educación mutua, a través
del intercambio de conocimientos entre participantes, también contribuye a
procesos de empowerment tanto individuales como colectivos.

La razón es que se incide en la cohesión social de esta comunidad de aprendi-


zaje virtual generada alrededor del proyecto y, en términos generales, se pone
de manifiesto que los procesos de aprendizaje informal poseen la potencia, es
decir, son una vía legítima y útil para transformar algunas de las relaciones
de poder que atraviesan el ámbito educativo y de conocimiento. En términos
prácticos y de actuación, la posibilidad de generar cápsulas de conocimiento
de forma totalmente autoproducida y sin depender del equipo promotor (fa-
cilitado por la mediación tecnológica) también redunda en la autonomización
de las participantes. El proceso de trabajo y la planificación a través de la cual
se despliega la actuación ahonda en este aspecto: así, aunque inicialmente se
constituyó un grupo de expertos que operaron como asesores tecnológicos y
filosóficos del proceso, el proyecto piloto se difundió presencialmente en nu-
merosas ocasiones, y se publicó en Internet para abrirlo así a posibles colabo-
raciones. Para poder implementarlo, el proceso de trabajo se organizó de ma-
nera cooperativa y en base a una estructura que distribuía las responsabilida-
des entre los diferentes participantes y comisiones autoorganizadas (células).
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 80 Perspectivas participativas de intervención social

3. Metodologías, procesos y técnicas de las


perspectivas participativas

Hasta ahora, hemos revisado las fases que deben contemplar los procesos de
intervención de las perspectivas participativas. Hemos explicado la relevancia
que, desde estas perspectivas, se otorga a la participación de una heterogenei-
dad de agentes, a la hora tanto de diagnosticar y definir las problemáticas so-
ciales como de diseñar o evaluar las actuaciones que se quieren implementar
para la transformación social. La participación constituye, por lo tanto, el eje
central alrededor del cual se despliega la intervención.

Ahora bien, la participación no es algo que esté dado de antemano, no suce-


de sin más, sino que es algo que se aduce, se alcanza. Para conseguir llevar
a buen puerto un proceso participativo, es necesario sortear un conjunto de
problemáticas y limitaciones relacionadas con la participación en sí misma. El
objetivo de lograr la participación de múltiples agentes sociales puede verse
amenazado por una serie de factores de orden diverso que deben tenerse en
cuenta. Así, desde las perspectivas participativas, se entiende que la participa-
ción constituye un reto que afecta a cada uno de los momentos del proceso. En
las fases iniciales del proyecto, como hemos visto, deberán planificarse estra-
tegias de difusión y promoción de la participación. En las fases de diagnóstico
y planificación de la actuación, igualmente, deberán llevarse a cabo procesos y
técnicas de dinamización grupal. Asimismo, el éxito de la evaluación también
dependerá de la incorporación en las discusiones valorativas del máximo de
experiencias y opiniones acerca del proceso implementado.

Antes de conocer qué metodologías, procesos y técnicas podemos emplear pa-


ra aducir la participación, vale la pena detenerse para esbozar los factores que
pueden incidir en la limitación de la participación.

3.1. Límites y dificultades de la participación

Uno de los primeros retos que afronta cualquier intervención participativa Lectura complementaria
remite al escepticismo y desconfianza que estas perspectivas de intervención
Podéis ampliar la informa-
suscitan entre los sectores académicos partidarios de las perspectivas de inter- ción sobre la participación le-
vención tradicionales. Tal como apunta Subirats (2001), las resistencias y cues- yendo la obra siguiente:
Subirats, J. (2001). Nuevos
tionamientos en relación con la participación se apoyan en un conjunto de
mecanismos participativos y
argumentos sobre la eficacia y viabilidad de la participación: democracia: promesas y ame-
nazas. En J. Font Ciudadanos
y decisiones públicas (p. 33-
• La�participación�hace�lento�el�proceso:�al incorporar un mayor número 42). Barcelona: Ariel.

de personas con puntos de vista diversos, la toma de decisiones requiere


mucho tiempo, complicándose el avance del proceso.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 81 Perspectivas participativas de intervención social

• La� participación� encarece� el� proceso:� la participación incrementa los


costes de la intervención, ya que implica aceptar la heterogeneidad de pun-
tos de vista, modificar constantemente los proyectos y, consecuentemen-
te, el encarecimiento de costes.

• La�participación�no�añade�valor�a�las�decisiones�tomadas:�la participa-
ción de personas legas, carentes de conocimientos sobre temas complejos,
no contribuye a que la toma de decisiones mejore significativamente.

• La�participación�provoca�particularismos:�cada agente social involucra-


do actúa en defensa de sus intereses particulares. Se pierde así el sentido
de defensa del bien común.

Asimismo, la participación también ha sido cuestionada en relación con las


características que presenta la ciudadanía en las sociedades contemporáneas
actuales, que no desea ni tiene interés en formar parte de procesos participa-
tivos. En este sentido, se argumenta que la ciudadanía, de hecho, no quiere
participar y que no desea implicarse en un proceso complicado y fatigante
en el que se exigen ciertos compromisos. Se afirma que, cuando se participa,
siempre es de forma muy inconstante, impidiendo el buen funcionamiento
del proceso, dados los flujos irregulares de asistencia y participación. También
se sostiene que las personas dispuestas a participar siempre son las mismas. La
asimetría en los conocimientos y en el grado de experiencia política provoca
que sólo una minoría de la ciudadanía esté potencialmente capacitada y dis-
puesta para participar y que, precisamente, esta minoría sea la que siempre
está presente en dichos procesos, motivo por el cual no puede aceptarse como
representante del conjunto de la población.

El segundo conjunto de retos vinculados con la participación remite a cues- Lectura complementaria
tiones que han sido formuladas desde la experiencia acumulada en las propias
Montero, M. (2003). Teoría y
intervenciones de carácter participativo. Al ser inherentes a la propia perspec- práctica de la psicología comu-
tiva, profundizan en los debates y tensiones presentes en estos procesos. Tal nitaria: La tensión entre comu-
nidad y sociedad. Buenos Ai-
como apunta Montero (2003) los procesos participativos se enfrentan a un res: Paidós.
conjunto de obstáculos:

a)�La�presencia�de�personas�con�capacidad�de�liderazgo�en�el�seno�del�pro-
ceso�participativo: aun cuando estas personas puedan ser individualmente
efectivas, si el liderazgo se ejerce con autosuficiencia y egocentrismo, se tien-
den a establecer relaciones unidireccionales entre los puntos de la red inter-
ventora y organizaciones sociales de carácter fuertemente centralista. Esto im-
pide la participación del resto de actores sociales y puede bloquear el proceso
participativo.

b)�La�desconfianza: la articulación de agentes sociales heterogéneos, en un


proceso participativo, reúne a un conjunto de personas diversas que pueden
desconocerse mutuamente. El intercambio recíproco entre dos personas en
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 82 Perspectivas participativas de intervención social

un plano de igualdad requiere un trabajo previo de generación de lazos de


confianza que, si no logra alcanzarse, puede amenazar el devenir participativo
del proceso.

c)� La� historia� previa: en otros casos, en cambio, las relaciones adversas o
las luchas de poder previas al proceso participativo existentes entre grupos,
organizaciones o personas del ámbito o territorio en el que se quiere llevar a
cabo el proceso suponen una contrariedad que deberá remediarse.

d)�La�desesperanza�aprendida:�algunos de los agentes sociales relacionados


con la problemática sobre la que se quiere intervenir, al haber experimentado
previamente fracasos continuos para transformar la situación problemática,
pueden encontrarse en una situación de desesperanza aprendida. Al estar con-
vencidos de que no existen estrategias que puedan resolver la problemática,
ni lograr la transformación social, desconfían de las posibilidades que pueda
albergar un nuevo proceso y rehúsan participar.

e)�La�rigidez�organizativa:�algunos ámbitos de actuación, o también algunos


territorios, han tendido a delegar históricamente la resolución de las proble-
máticas a determinadas personas u organizaciones que se han encargado de
resolverlas con un mínimo de participación del resto de agentes sociales. Al
haberse asumido y naturalizado históricamente que esta responsabilidad co-
rresponde a unos pocos agentes, se dificulta la asunción de nuevos modos de
intercambio participativo que incluyan a otros agentes sociales.

Como se puede apreciar, algunos de los factores mencionados para argumen- Ved también
tar el escepticismo y la desconfianza, en relación con las perspectivas partici-
Los factores para argumen-
pativas, han sido ya abordados. Sin embargo, vale la pena matizar aquí que tar el escepticismo y la des-
la participación no supone un incremento tal del número de participantes confianza, en relación con las
perspectivas participativas, fue-
en el proceso que lo convierta en ineficaz o inoperante. Recordemos que, en ron tratados en el apartado 2
de este módulo didáctico.
el subapartado dedicado a la constitución del equipo, se explicó que estará
conformado por un grupo reducido de agentes heterogéneos que asegure su
capacidad operativa, denominado grupo promotor. Igualmente, mientras se Ved también
cuestiona la idoneidad de la participación de la ciudadanía, lega y carente
Concretamente, la constitu-
de conocimientos, las perspectivas participativas apuestan por la hibridación ción del equipo se ha tratado
en el subapartado 2.3 de este
de posiciones sociales y agentes heterogéneos. Se asume que cada uno de los módulo didáctico.
agentes sociales involucrados posee un conocimiento específico de la proble-
mática fruto de su experiencia particular. La articulación de posiciones hete-
rogéneas es productora de conocimientos y actuaciones. Desde las perspecti-
vas participativas se asume, por lo tanto, que el conocimiento no es una pro-
piedad que poseen sólo algunas posiciones sociales autorizadas para llevar a
cabo la intervención, sino que cada posición aporta conocimientos parciales
y situados, cuya articulación permitirá un diagnóstico y una actuación más
integrales sobre la problemática.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 83 Perspectivas participativas de intervención social

No obstante, para alcanzar un proceso participativo con capacidad operativa,


de calidad e integrador será necesario tener en cuenta el conjunto de elemen-
tos que podrían deteriorarlo. A continuación, expondremos algunas propues-
tas metodológicas y técnicas orientadas a minimizar las probabilidades de que
estas problemáticas puedan emerger.

3.2. Métodos y técnicas de dinamización participativa

La apertura de espacios de trabajo conjunto entre agentes sociales heterogé-


neos, más concretamente, entre personas con recursos, conocimientos y po-
tencialidades diversas, requiere un trabajo de organización, estructuración y
sistematización de estos encuentros. Esta labor tiene un doble objetivo de ca-
rácter general: por un lado, nos permitirá garantizar que el grupo participativo
esté cohesionado, que sus componentes mantengan relaciones horizontales y
de colaboración, así como que todos sus componentes logren hacerse partíci-
pes y se apropien del proceso; por otro lado, la organización de las sesiones de
trabajo deberá facilitar la consecución de los objetivos que se persiguen.

En este sentido, la tarea de dinamización y catalización de las reuniones su-


pone promover y contribuir a que el grupo alcance las metas previstas en el
proyecto de intervención, concretamente, a desarrollar las fases de diagnósti-
co de la problemática e implementación y evaluación de las actuaciones de la
intervención participativa. La participación no se reduce a la mera reunión de
un grupo heterogéneo de agentes en un mismo proceso, sino que implica, a
su vez, ofrecer herramientas y recursos al grupo para que pueda llevar a cabo
esta tarea.

En síntesis, la estructuración y organización de las sesiones de trabajo


se orienta tanto a promover la adherencia de las personas a la totalidad
del proceso participativo, como a facilitar la tarea que se llevará cabo.

En este subapartado, sintetizaremos algunas metodologías y técnicas que pue-


den ser útiles para la dinamización de la participación. En primer lugar, ex-
pondremos algunas estrategias de planificación y animación de las reuniones
de carácter general y, a continuación, mostraremos algunas técnicas de dina-
mización de grupos que pueden ser útiles en el transcurso del proceso parti-
cipativo.

3.2.1. Estrategias de planificación y animación de reuniones

La tarea de dinamimización y animación de reuniones puede dividirse en tres


fases: planificación, dinamización o moderación, finalización de la reunión.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 84 Perspectivas participativas de intervención social

Planificación de la reunión

Desde las perspectivas participativas de intervención, se establecen un con-


junto de fases que deberán llevarse a cabo: constitución del equipo, definición
del campo problemático, plan de actuación, implementación de la actuación
y evaluación. En cada una de estas fases deberán alcanzarse determinados ob-
jetivos, cada uno de los cuales requiere una planificación de las reuniones
distinta. Igualmente, según como esté operando el proceso participativo, será
necesario incidir en aquellos aspectos que no estén desarrollándose adecua-
damente. Un grupo muy activo, en el que la mayoría de las personas parti-
cipantes tienda a intervenir mucho, deberá dinamizarse con un estilo marca-
damente diferente a la forma en que se trata a un grupo poco participativo
donde los silencios son frecuentes. Para afrontar cada una de estas situaciones,
se deberán planificar las reuniones: decidir qué actividades se llevarán a cabo,
establecer los objetivos que se quieren alcanzar, decidir mediante qué técnicas
de dinamización grupal podremos optimizar su funcionamiento, etc.

Para planificar una reunión participativa, deberemos definir,�priorizar


y temporalizar los objetivos que pretendemos alcanzar con dicho en-
cuentro.

La delimitación de los objetivos debe incorporar aquellas cuestiones y temas


que, ineludiblemente, queremos abordar durante la reunión, así como aque-
llos otros auxiliares que sólo serán abordados si se dispone de tiempo. Es decir,
deberemos establecer un orden�de�prioridades entre los objetivos y delimitar
claramente los que son prioritarios y los que consideraremos secundarios.

Dado que no podemos predecir cómo va a desarrollarse la dinámica participa-


tiva, establecer un orden de prioridades nos permitirá flexibilizar la dinamiza-
ción de la reunión. La jerarquización de los objetivos evita que las reuniones
se precipiten o atropellen por la presión que puede suponer la falta de tiempo
para cumplir con todos los planificados de antemano, o bien que al alcanzarse
el objetivo prioritario con mayor antelación de la prevista tenga que darse por
finalizada la reunión sin haber hecho uso de todo el tiempo disponible.

En caso de que se quiera dedicar la reunión a un único objetivo que de por sí


es muy amplio, deberemos definir y precisar claramente el tema que se quie-
re abordar en la reunión. A partir de la definición general del tema, deberán
desglosarse los aspectos, cuestiones o asuntos en que se subdivide el mismo.
Finalmente, deberemos planificar la distribución del tiempo que se le va a de-
dicar a cada uno de los objetivos que se quieren alcanzar. Aunque el tiempo
dedicado a cada aspecto no puede ser totalmente controlado, establecer una
temporalización orientativa puede favorecer la dinámica. El hecho de que las
personas participantes conozcan el tiempo aproximado que se le va a asignar
a un tema o tarea favorece, a su vez, que las intervenciones sean más precisas.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 85 Perspectivas participativas de intervención social

Es posible que, en función del momento del proceso participativo en que nos Ved también
encontremos, consideremos apropiado dedicar una sesión a implementar al-
Las técnicas de dinamización
guna de las técnicas de dinamización de la participación que veremos más de grupos se tratarán en el su-
adelante. En este caso, también deberemos planificar y preparar esta sesión bapartado 3.2.2 de este mó-
dulo didáctico.
teniendo en cuenta los requerimientos de cada técnica.

Igualmente es probable que, en función de la evolución del grupo participa- Posibles dificultades
tivo, hayamos detectado que la dinámica interna del grupo presenta algunas
Algunas dificultades que pue-
dificultades. Según cuál sea la limitación o dificultad en que se encuentra el den surgir en los grupos son:
grupo, deberemos planificar qué estilo de moderación y dinamización puede la falta de participación, parti-
cipación atropellada, procesos
ser el más apropiado. Por eso, al margen de la planificación de los objetivos, de liderazgo grupal que anu-
lan al resto de participantes,
deberemos ser conscientes, antes de entrar en la reunión, de qué estilo de di- etc.
namización queremos adoptar.

Dinamización o moderación de la reunión

Hasta ahora, hemos expuesto aquellos aspectos que deben trabajarse con an-
terioridad al momento en que se llevará a cabo la reunión. A continuación,
expondremos brevemente los aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora
de dinamizar o moderar una reunión participativa. En primer lugar, expon-
dremos las funciones básicas que debe asumir la figura dinamizadora y, segui-
damente, los estilos de dinamización adecuados a cada momento o estado del
proceso participativo.

La figura�moderadora deberá asumir las siguientes tareas:

a)�Presentación�de�la�reunión:�en primer lugar, deberá exponerse breve y cla-


ramente al conjunto de las personas participantes el contenido de la reunión.
En este sentido, podemos exponer el motivo de la reunión, la temática que se
va a abordar, sus contenidos fundamentales y sus límites.

b)�Delimitación�de�los�objetivos:�a continuación, deberán exponerse los ob-


jetivos que se quieren alcanzar: aquellos que son prioritarios y aquellos que se
consideran secundarios. Se explicará el tiempo aproximado que se le dedicará
a cada uno de los aspectos que quieren trabajarse, y se expondrá sucintamente
qué tipo de aportaciones se espera de las personas participantes.

c)�La�dinamización�o�moderación�de�la�participación: esta tarea requiere


la adopción de un estilo de dinamización flexible, adaptado a cada momento
del proceso participativo.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 86 Perspectivas participativas de intervención social

d)� Clausura� y� conclusiones� de� la� reunión:� el último tramo de la reunión El/la secretario/a
deberá destinarse a sintetizar y recoger las cuestiones alcanzadas durante la
Una estrategia sencilla para lo-
sesión. Para ello, es importante organizar y ordenar las ideas que han ido sur- grar que sea el grupo partici-
giendo en diversos bloques temáticos. La clausura de la reunión deberá reflejar pativo el encargado de plas-
mar las conclusiones y acuer-
qué objetivos de los que se habían previsto al inicio han sido alcanzados. Con dos de la reunión en el infor-
me consiste en designar a un
el fin de tener constancia de los acuerdos, conclusiones y objetivos alcanzados secretario o secretaria, distin-
durante la sesión, es conveniente redactar un informe en el que quede cons- to en cada reunión, encargado
de realizar dicha tarea.
tancia escrita de los mismos. Sin embargo, esta no debe ser una función que,
necesariamente, asuma la figura moderadora. Como ya hemos comentado, es
crucial que las personas se hagan partícipes del proceso, se responsabilicen y
se sientan activas en relación con el espacio de encuentro. Por este motivo, es
recomendable que la tarea de redacción del informe, aunque puede ser pun-
tualmente asumida por la persona moderadora o dinamizadora, sea asignada
a los propios participantes.

Al margen de las funciones o tareas descritas hasta ahora, el cometido princi-


pal de la figura moderadora es el de estimular�la�participación. No se trata
de una tarea sencilla, si tenemos en cuenta las diversas problemáticas descri-
tas anteriormente en relación con la participación. Las personas que ejercen
un liderazgo excesivo, la timidez inicial de los participantes o los momentos
de estancamiento o bloqueo del grupo son algunos de los aspectos que debe
gestionar la figura dinamizadora. Para resolver estas cuestiones, pueden apli-
carse un conjunto de técnicas de dinamización. Estas técnicas suelen desarro-
llarse en una o dos sesiones y deben planificarse con anterioridad. Otra forma
de afrontar estas problemáticas, por parte de la figura dinamizadora, es adop-
tando algunas estrategias y estilos de moderación concretos en función del
problema que emerja en el transcurso mismo de la sesión. A continuación,
sintetizamos algunos de los recursos que pueden emplearse para estimular la
participación.

En ocasiones, el grupo o algunas personas se mantienen en silencio por timi-


dez o miedo a intervenir. Una estrategia para romper el hielo consiste en di-
rigirse a estas personas y formularles�una cuestión, asegurándonos de que es
muy sencilla�para evitar que puedan sentirse peor en caso de no saber qué res-
ponder. Después de su intervención, podemos reforzarla para que adquieran
mayor confianza y seguridad. Esta estrategia puede ser útil para reducir la asi-
metría que se genera entre las personas que participan con mayor frecuencia y
aquellas que casi no intervienen. Igualmente, deberemos interrumpir aquellas
intervenciones que se conviertan en monólogos. Podemos recurrir a la cues-
tión de la limitación del tiempo para informar a la persona interrumpida de
que ajuste sus intervenciones a un tiempo determinado que no podrá exceder.

En otros casos, el grupo simplemente esta bloqueado, no sabe por dónde con-
tinuar y se estanca. Aparece el silencio, pero éste no es debido a la timidez
de los participantes, sino a que el desarrollo de la reunión ha alcanzado un
punto muerto. Cuando esto ocurre, es recomendable adoptar un estilo más
directivo, más asertivo. En este caso, en vez de lanzar o proponer los temas de
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 87 Perspectivas participativas de intervención social

manera general, podemos optar por dirigirnos a una sola persona y formularle
una cuestión para estimular su respuesta. Asimismo, podemos recapitular las
cuestiones que se han trabajado, reordenarlas y replantearlas al grupo intro-
duciendo un enfoque que resulte estimulante. Otra estrategia algo más arries-
gada consiste en provocar al grupo, de tal modo que sea inevitable reaccionar.

Por el contrario, podemos encontrarnos con un grupo muy participativo, ac-


tivo y propositivo. En función del tipo de problemática o de la dinámica con-
creta que se esté produciendo en el seno del grupo, el moderador deberá variar
su estilo comunicativo. Si el grupo es asertivo, deberemos adoptar un estilo
menos directivo. En este caso, será importante no interrumpir las intervencio-
nes antes de tiempo y saber esperar el momento adecuado antes de redirigir
la discusión o abrirla a otros aspectos. También habrá que preocuparse por ga-
rantizar el mantenimiento de los turnos de palabra y prestar atención a quien
no está participando suficientemente para facilitar que pueda incorporarse a
la interacción.

Al margen de la gestión de las problemáticas intragrupales, la dinamización


de la sesión deberá preocuparse por facilitar que el grupo alcance los objetivos
previstos al inicio. Por lo tanto, la dinamización de la reunión deberá emplear
algunos recursos que contribuyan a lograrlo.

Una de las estrategias a las que se puede recurrir consiste en exhortar al gru-
po para alcanzar la meta prevista. Para ello, deberemos realizar intervenciones
que alienten la reflexión y problematización de los temas discutidos. Para lo-
grarlo, será importante formular cuestiones que puedan contribuir a pulir los
argumentos, a no asumir acríticamente la interpretación inicial de la cuestión,
o bien a detenerse en la evaluación de otros factores que no se estén tomando
en consideración. Asimismo, deberemos recordar puntualmente al grupo el
tema o aspecto que se quiere abordar en la sesión cuando se aprecia que la dis-
cusión se está desviando excesivamente del objetivo planteado inicialmente.

Finalmente, podemos optar por reformular las intervenciones de los partici-


pantes, recoger las ideas principales y sintetizarlas. Esta estrategia contribuye a
que el grupo se concentre en la tarea de concretar lo que se haya discutido pre-
viamente. Es probable que nuestro ejercicio de síntesis no sea compartido por
todas las personas y que intervengan para matizar o puntualizar el resumen,
logrando, de este modo, que las intervenciones giren hacia la concreción, evi-
tando que se dispersen o se divague en exceso. En este caso, realizaremos una
breve intervención en la que se señalan los puntos abordados, las cuestiones
que han ido emergiendo y el momento en el que se encuentra la sesión, seña-
lando el horizonte hacia el que debe dirigirse.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 88 Perspectivas participativas de intervención social

3.2.2. Técnicas de dinamización de la participación

Al margen de la adopción de ciertos estilos de dinamización de las sesiones, la


figura moderadora puede emplear un conjunto de técnicas de dinamización
de grupos que pueden contribuir a fomentar la participación, así como a lograr
los objetivos del proceso.

A continuación, siguiendo las aportaciones de Naiper y Gershenfeld (1975), Lectura recomendada


sintetizamos algunas de estas técnicas.
Para profundizar en las técni-
cas de dinamización de gru-
La entrevista periodística pos, podéis leer la obra si-
guiente:
Naiper, R. y Gershenfeld, M.
El uso de esta técnica puede ser especialmente útil cuando nos encontramos (1975). Grupos: Teorías y expe-
en las fases iniciales del proceso participativo. Uno de los retos que enfrentan riencia. México D. F.: Trillas.

los procesos participativos es la desconfianza existente entre las personas, así


como la historia previa de relaciones adversas entre grupos u organizaciones
presentes en un mismo territorio o ámbito. Estas situaciones pueden desenca-
denar hostilidad o pasividad en el seno del grupo. Por este motivo, es impor-
tante que, antes de iniciar su andadura, el grupo dedique una sesión a enfren-
tarse a los prejuicios y conductas que puedan mermar su buen funcionamien-
to. Con esta técnica, será posible trazar un diagnóstico del grupo (no de las
personas que forman parte de él) haciendo explícitos los temores y preocupa-
ciones de partida. Esta técnica tiene el objetivo de establecer un ambiente de
honestidad y horizontalidad entre las personas participantes.

Implementación�de�la�técnica

Se escoge al azar a un grupo reducido de personas y se les asigna el papel de Batería de preguntas
"reporteros". Se separa a las personas designadas como reporteras del resto del
¿Por qué estás aquí?, ¿qué es-
grupo y se les explica que cada una de ellas representa a un periódico diferen- peras obtener del proceso par-
te. El objetivo de cada periodista es entrevistar a un número equivalente de ticipativo?, ¿tienes alguna re-
serva por estar en el grupo?...
personas para conocer de la mejor manera las actitudes de éstas hacia el grupo Al margen de los motivos ex-
plícitos por los que se celebra
y, como efecto, el punto de donde éste parte. Los nombres de las personas este proceso, también es inte-
entrevistadas no deberán tenerse en cuenta. Su objetivo como reporteros es resante preguntar: ¿tienes al-
guna meta oculta que te gus-
entrevistarlas para elaborar un pequeño informe del grupo sin mencionar la taría mencionar?, o ¿qué te
gustaría obtener durante el
fuente de la que extraen la información. Para llevar a cabo las entrevistas, se proceso participativo?
propone a los reporteros una batería de preguntas que pueden utilizar en las
entrevistas.

Para llevar a cabo la dinámica, la persona dinamizadora subdivide al grupo


en conjuntos de unas pocas personas, procurando disolver las "camarillas" y
separar a las personas que han llegado juntas a la reunión o a las que se cono-
cían de antemano. Se explica a todos los grupos que van a ser entrevistados
por un periodista de la prensa local y que es importante que cooperen para
proporcionarle la información que necesitan. Se les explicita que no se men-
cionarán sus nombres y que pueden expresarse libremente.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 89 Perspectivas participativas de intervención social

Una vez finalizadas las entrevistas, los reporteros sintetizan la información y


elaboran un pequeño informe que presentan al grupo. Dado que no será po-
sible escuchar todos los informes, se explica a los reporteros que sólo podrán
presentar la información que no haya sido mencionada anteriormente por
otro reportero. Después de que todos los reporteros hayan intervenido y for-
mulado las líneas generales del informe, la persona dinamizadora recuerda al
grupo los objetivos del proceso participativo y los relaciona con los informes
de los reporteros, de manera que se hagan explícitas las cuestiones que puedan
suponer una amenaza para el proceso. A continuación, se abre un espacio de
discusión sobre uno o dos de los temas aparecidos en los informes. De esta
forma, las personas participantes pueden expresar sus miedos, sentimientos
y expectativas en relación con el grupo, explicitándose aquellos aspectos que
deberían modificarse para poder llevar a buen puerto el proceso participativo.

La lluvia de ideas (brainstorming)

La lluvia de ideas es una técnica útil para la promoción y estimulación de la


producción de ideas novedosas o creativas. Esta técnica podrá emplearse en
diversos momentos del proceso participativo. En cualquier caso, debemos te-
ner en cuenta que genera apertura y favorece la irrupción de sugerencias y so-
luciones nuevas y diferentes. Por este motivo, es aconsejable emplearla en los
momentos�más creativos�del proceso y, en cambio, su uso es desaconsejable
en aquellas fases en que se busca un cierre o consenso grupal.

Igualmente, esta técnica, al promover de manera radical la libre expresión de


cualquier idea en muy poco tiempo favorece la participación horizontal y re-
duce la posibilidad de que se monopolice el proceso por parte de unos pocos
participantes.

Implementación�de�la�técnica

Aunque esta técnica apuesta por minimizar las consignas y constricciones en


las intervenciones de los participantes, para obtener un buen resultado es ne-
cesario delimitar y transmitir claramente a los participantes cuál es la temática
o problema sobre la que se va a llevar a cabo la tormenta de ideas.

Antes de iniciar la sesión, se explica a los participantes que deberán formular


la mayor cantidad de ideas que se les ocurran sin atender a la plausibilidad,
aplicabilidad, ni racionalidad de la idea expresada. Deberán expresarse libre-
mente, sin valorarla excesivamente. No habrá turnos de palabra y cada uno
formulará su idea en cuanto se le ocurra. Se enfatiza que lo que se busca es
obtener la mayor cantidad de ideas y que no se atenderá a su calidad. Única-
mente se observarán tres normas de funcionamiento:

1) Las intervenciones deben ser muy breves, puesto que el tiempo que se des-
tinará para la lluvia de ideas será limitado.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 90 Perspectivas participativas de intervención social

2) No se podrán realizar intervenciones que valoren, critiquen o evalúen las


de los demás.

3) Es importante que las intervenciones intenten asociar algunas de las ideas


ya formuladas entre sí, o bien vincular una idea propia con alguna de las ya
mencionadas.

Unas pocas personas del grupo se encargarán de anotar las ideas que se va-
yan comentando. Supongamos que los encargados de registrar las ideas son
tres personas. La primera anotará la propuesta formulada en la intervención
inicial, la segunda anotará la siguiente intervención, y así sucesivamente, de
modo que al final se obtendrán tres hojas con el mismo número de ideas.

Una vez finalizado el tiempo destinado a la lluvia de ideas, deberá procederse


al análisis del proceso. Para ello, se divide a las personas en tres grupos (tantos
como el número de hojas donde se han recopilado previamente las ideas) y
cada uno de ellos se encarga de analizar las ideas anotadas. En esta fase, se
indica a los grupos que deberán, ahora sí, evaluar si las ideas son plausibles, se
ajustan a las necesidades reales del proceso, son originales y se pueden llevar
cabo. De este modo, cada grupo deberá descartar ideas o eliminar las que sean
improcedentes, integrar propuestas similares y, después de haber aplicado es-
tos criterios, decidir y escoger tres de ellas.

Las ideas que han cristalizado en los tres grupos se ponen en común en una
sesión plenaria en la que se evalúa y discute el alcance de los resultados del
análisis que ha generado cada grupo.

Philips 66

Esta técnica permite trabajar y llevar a cabo tanto una discusión como un pro-
ceso de toma de decisiones. Es de gran utilidad en la tarea de hacer partícipes a
la totalidad de personas involucradas en el proceso, eludiendo que se impon-
gan aquellas argumentaciones producidas desde posiciones más experimenta-
das o con mayor poder en el seno del grupo. Igualmente, agiliza aquellas reu-
niones en que es muy importante reducir las disputas y alcanzar acuerdos o
propuestas concretas.

Implementación�de�la�técnica

La figura moderadora presenta el tema que se quiere abordar o discutir de ma-


nera clara y sintética. Se divide el grupo en pequeños subgrupos, asegurándo-
nos de que sean heterogéneos, separando a las personas que ya se conocen
entre sí o bien mantienen posturas cercanas. Habitualmente, cada grupo es-
tá formado por seis personas, aunque este número es más bien orientativo y
deberá adaptarse a cada situación específica. Cada grupo discute el tema en
cuestión en un período de tiempo breve. De nuevo, aunque habitualmente se
otorgan seis minutos al grupo, este tiempo es orientativo. El funcionamien-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 91 Perspectivas participativas de intervención social

to de cada grupo será el siguiente: se elige a una persona coordinadora que


controlará el tiempo e informará al grupo cuando se esté llegando al final del
plazo previsto. Asimismo, esta figura anotará las conclusiones a las que llegue
el grupo. El grupo procederá escuchando la opinión de cada uno de los miem-
bros y, posteriormente, se discutirán y valorarán las opiniones hasta alcanzar
un consenso en el que se sinteticen las conclusiones a las que llega el grupo. A
continuación, la persona coordinadora de cada grupo expone las conclusiones
en una sesión plenaria.

Reunión de discusión

Para describir esta técnica sintetizaremos las aportaciones de Lorenzo y Martí-


nez (2001). Esta técnica puede ser útil cuando, en el seno del proceso partici-
pativo, coexisten opiniones�confrontadas. A menudo, esta situación puede
estancarse y revierte negativamente en el proceso participativo. También es
frecuente que, cuando emergen opiniones confrontadas, la discusión se estan-
que en la expresión polarizada de las diferencias, impidiendo profundizar en
las cuestiones de peso que sostienen cada una de las opiniones.

Es común que cada una de las opiniones desconozca las motivaciones y argu- Lectura complementaria
mentos de las otras al haberse enquistado la mera expresión del desacuerdo
Podéis obtener más informa-
mutuo. Por este motivo, cuando se quieren conseguir argumentos o análisis ción sobre la reunión de dis-
de mayor profundidad es recomendable confrontarlos para sacar a la luz las cusión en el trabajo siguien-
te:
diferencias reales existentes entre cada opinión y así fortalecer los argumentos
Lorenzo, A. y Martínez, M.
de cada una. Ante ello, las reuniones de discusión no buscan llegar a una so- (2001). Asambleas y reuniones.
Madrid: Proyecto Editorial
lución o consenso, sino que su objetivo es hacer visibles y desplegar las argu- Traficantes de Sueños.
mentaciones que sostienen cada una de las posiciones, favoreciendo la solidi-
ficación, producción y validación de sus argumentos.

Implementación�de�la�técnica

En primer lugar, es necesario precisar cuáles son las opiniones confrontadas.


Supongamos que, en el seno del grupo, existen tres opiniones: una está a favor
de llevar a cabo cierta actuación, la otra considera que no debe llevarse a cabo
dicha actuación de ningún modo, y una tercera opinión considera que debería
llevarse a cabo la actuación descartando uno de sus elementos. Las tres opi-
niones están fuertemente confrontadas. Cada persona se sitúa en el grupo con
el que se siente más cercano. Los tres grupos trabajan por separado, buscando
aquellos argumentos y razones que hacen más defendible su opinión.

Una vez finalizado este proceso, se vuelven a crear grupos mixtos, formados
cada uno de ellos por personas representativas de cada opinión o posición.
Cada uno de estos grupos deberá establecer qué argumentos de cada una de
las posiciones son más específicos, están más matizados o son más sólidos.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 92 Perspectivas participativas de intervención social

A continuación, cada persona vuelve a su grupo original. En este momento, el


grupo perfecciona los argumentos que se consideran más sólidos y consisten-
tes para convencer a los demás. Finalmente, cada grupo escoge a un portavoz
que defenderá y desarrollará, públicamente, los argumentos que sostienen su
opinión y se defenderá de los demás. La dinámica no está diseñada para llegar
a acuerdos, sino para favorecer la producción y contraste de argumentos, es
decir, para aclarar el significado y los elementos que sostiene cada postura.

Juego de roles (role-playing)

La técnica del juego de roles es enormemente útil para problematizar los pre- Lectura complementaria
juicios, estereotipos o estigmas asociados a determinadas categorías sociales.
Sobre el juego de roles, po-
Tal como apunta Birkenbihl (1990), esta técnica contribuye a evitar que se déis leer:
emitan juicios superfluos sobre otras personas y sus comportamientos, a com- Birkenbihl, M. (1990). Forma-
ción de formadores. Madrid:
prender que, ante una problemática dada, nunca existe una solución absolu-
Paraninfo.
tamente correcta, a observar que cada agente social comprende la situación de
manera distinta de acuerdo a la experiencia particular de su posición, a constar
que la mayoría de los prejuicios son injustificados, y a aprender a deshacerse
de las explicaciones dominantes acerca de ciertas categorías sociales.

Implementación�de�la�técnica

El juego de rol se basa en la representación de una escena. En primer lugar,


deberá describirse la situación que se va a representar, los personajes de la es-
cena y el objetivo de la representación. Es recomendable que la escena plantee
una situación problemática en la que cada personaje defiende una postura,
o bien en la que los personajes tienen objetivos e intereses contrapuestos. A
continuación, el grupo delimitará los papeles de los personajes: qué es lo que
deben representar, cuál es el cometido de cada uno, etc.

Una vez delimitada la escena y los papeles de los personajes, se escoge a los ac-
tores y actrices que la representarán, procurando que los papeles que se les asig-
nan les obliguen a representar y defender posturas que no comparten. Después
de asegurarnos de que las personas entienden el papel que deben representar,
se inicia la representación y se destina un tiempo límite para desarrollarla. Es
importante que los intérpretes improvisen y recreen la situación planteada y
que, a su vez, sean coherentes con los personajes asignados y se ajusten a ellos.

Los componentes del grupo que no protagonicen ningún papel deberán ano-
tar las impresiones e interpretaciones que les sugiera la escena representada.
La figura dinamizadora de la técnica deberá recalcar al grupo que opera como
público que, una vez finalizada la escena, se llevará a cabo una discusión de
lo sucedido y que, por lo tanto, serán los encargados de analizarla desde una
mirada exterior. Finalmente, se abre un espacio para la discusión e interpreta-
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 93 Perspectivas participativas de intervención social

ción de la escena que constituye, de hecho, el momento de mayor relevancia


de la técnica, puesto que deberán discutirse y analizarse las motivaciones por
las que se justifica la reacción de cada personaje ante la situación planteada.

DAFO

Como veremos, el DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades), Lectura complementaria


más que una técnica, es un método de análisis de carácter prospectivo, eva-
Para ampliar la información
luativo o indagatorio. Este método, ampliamente difundido en la actualidad, sobre la técnica del DAFO,
es implementado en ámbitos muy diversos. A continuación, sintetizaremos la podéis leer la obra siguiente:
Gil, M. (2001). Planificación
mecánica del DAFO siguiendo las aportaciones de Gil (2001), que ha discutido
estratégica: "Método DAFO".
y analizado su aplicación en el ámbito de la intervención social participativa. En T. Villasante, M. Monta-
ñés y P. Martín. Prácticas loca-
les de creatividad social. Cons-
El método DAFO constituye una buena herramienta para los momentos de truyendo ciudadanía/2 (pp.
171-190). El Viejo Topo: Ma-
mayor apertura del proceso participativo. Este método permite ordenar la in- drid.
formación extraída en un cuadrante sencillo que la organiza, en función de
las potencialidades y limitaciones que vislumbra el grupo participativo. Este
método permite al grupo visualizar los aspectos positivos y negativos tanto del
funcionamiento y composición del grupo como de los elementos que le son
externos. Asimismo, contribuye a hacer visibles tanto los recursos actuales de
los que se dispone como aquellos potenciales que podrían alcanzarse. Este mé-
todo ayuda a exponer y comprender las circunstancias que rodean al proceso.

"En síntesis, el DAFO es una herramienta para la 'racionalización operativa de las técnicas
e informaciones a usar en un proceso [participativo] siguiendo los criterios de un cua-
drante que clasifica la información obtenida cualificadamente en función de si se refie-
re a 'circunstancias internas del colectivo', tanto negativas (debilidades) como positivas
(fortalezas) o a las 'circunstancias externas al colectivo', tanto negativas (amenazas) co-
mo positivas (oportunidades)".

T. Villasante (2001, p. 179).

Cada una de estas circunstancias, como vemos, constituyen factores de riesgo


(debilidades y amenazas) o bien factores de éxito (oportunidades y fortalezas).
El cuadro permite visualizar aquellas circunstancias internas que son actuales,
es decir, la situación en la que se encuentra el grupo, aquello con lo que cuen-
ta, lo que se tiene o de lo que dispone (debilidades y fortalezas). Igualmente,
el cuadro representa las potencialidades externas, es decir, aquellas situacio-
nes que pueden afectar al grupo en un futuro, cuestiones que pueden llegar a
suceder o a concretarse, tanto aquellos "paisajes ideales" como las "pesadillas
odiosas" (amenaza y oportunidades).

Implementación�de�la�técnica

Teniendo en cuenta esta clasificación, la matriz del DAFO se estructura del


siguiente modo:
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 94 Perspectivas participativas de intervención social

Matriz DAFO Negativas�(fac- Positivas�(fac-


tores�de�riesgo) tores�de�éxito)

Circunstancias�internas�actuales Debilidades Fortalezas

Circunstancias�externas�poten- Amenazas Oportunidades


ciales

Teniendo en cuenta los principios y ejes fundamentales del método DAFO,


el grupo deberá rellenar cada una de las cuatro casillas centrales (amenazas,
fortalezas, debilidades y oportunidades). Para llevar a cabo esta dinámica, se
explica al grupo el significado de cada uno de los conceptos y se les pide que
rellenen las casillas con las circunstancias que crean convenientes. Finalmente,
se obtendrá un listado elaborado conjuntamente que proporcionará al grupo
una lectura de los factores de riesgo y de éxito, así como de las circunstancias
internas actuales y las externas potenciales.

Esta representación gráfica de la situación en que se encuentra el grupo facilita


el posicionamiento y la toma de decisiones estratégicas en la planificación y
ejecución de las actuaciones. No obstante, esto no se deriva de la mera aplica-
ción del DAFO, sino que requerirá una futura sesión en la que, si se conside-
ra oportuno, podrán emplearse algunas de las técnicas descritas anteriormen-
te (brainstorming, Philips 66, etc.). El objetivo de estas técnicas será discutir
y analizar los conocimientos adquiridos gracias a este método, con el fin de
diseñar y consensuar las acciones pertinentes que solventen los problemas ac-
tuales detectados o reduzcan el riesgo de aparición de problemas futuros. La
aplicación del DAFO para la evaluación final de la intervención y su compa-
rativa con los resultados obtenidos de su aplicación, en el momento inicial del
proyecto, nos permitirá establecer un análisis de los resultados y el impacto
obtenido con la intervención.

3.3. Técnicas de información y comunicación

En todo proceso participativo, se generan flujos de comunicación que necesi-


tan ser gestionados. Así, tanto en la divulgación e información a los agentes
sociales del plan de acción y sus contenidos y actuaciones, como en el estable-
cimiento de relaciones y vínculos entre el equipo promotor y otras entidades,
grupos o personas externas al proceso durante el desarrollo de la intervención,
se requerirá hacer uso de diferentes técnicas de información y comunicación.

Además de esto, las perspectivas participativas de intervención han desarro-


llado un conjunto de principios clave encaminados a facilitar los procesos co-
municativos. Así, siguiendo las aportaciones de Sepúlveda, Sáez y Montenegro
(2008), se considera que en la gestión de la comunicación es recomendable:

• Apoyarse en las redes y recursos existentes en el territorio, comunidad o


ámbito en el que se despliega la iniciativa. Así, es importante realizar una
prospección de los recursos comunicativos existentes en el entorno. Se
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 95 Perspectivas participativas de intervención social

trata de conocer el entorno para aprovechar los espacios existentes y evitar,


en la medida de lo posible, duplicar los canales de información.

• Utilizar los medios de difusión propios del ámbito o entorno en el que


se quiere generar la comunicación. En este sentido, debemos conocer qué
medios son los más apropiados o utilizados habitualmente por el ámbito
en el que se circunscribe la intervención participativa y hacer uso de los
mismos.

• Utilizar estrategias de animación sociocultural.

• Procurar maximizar el alcance de la comunicación que queremos estable-


cer, de acuerdo con sus objetivos específicos. Escoger los medios adecua-
dos para llegar al conjunto de la sociedad cuando deseamos dirigirnos a
ella, pero también cuando la audiencia a la que nos queremos dirigir es
más específica, local o contextual. No todos los medios serán adecuados
para cualquier acción comunicativa.

• Hacer uso de dinámicas lúdicas o festivas de clima agradable que faciliten


el acercamiento e interés por aquello que queremos comunicar.

Las técnicas y medios que podemos emplear para llevar a cabo un acto co-
municativo son diversas y su uso dependerá del objetivo comunicacional. Po-
demos recurrir a:

• Asambleas.

• Salidas puerta a puerta.

• Stands de difusión en espacios públicos.

• Difusión de información en los medios de comunicación local (radios, pu-


blicaciones locales, boletines, etc.).

Al margen de los sistemas de comunicación tradicionales, las perspectivas par-


ticipativas, al promover la generación de espacios de trabajo conjunto y llevar
a cabo acciones comunicativas, pueden apoyarse igualmente en diversas TIC
virtuales, las cuales resultan enormemente útiles a la hora de facilitar la comu-
nicación intragrupal, optimizar la ejecución de tareas o establecer contactos
con agentes sociales u organizaciones ajenas al proceso participativo.

Aunque la principal y más común "herramienta" de trabajo empleada en los


procesos participativos son las reuniones presenciales, la reciente irrupción
de un conjunto herramientas virtuales, así como la eventual aparición futura
de otras, exige a las perspectivas participativas prestar una especial atención
a la utilidad que puedan tener para optimizar la ejecución de actividades y
la acción comunicativa. En este sentido, lamentablemente, las perspectivas
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 96 Perspectivas participativas de intervención social

participativas no han logrado aún explorar suficientemente el alcance y la


potencialidad que el uso de estas herramientas podría suponer para optimizar
y agilizar los procesos participativos. A continuación, citaremos sólo algunas
de estas herramientas, así como la pertinencia de su uso en el seno de los
procesos participativos. Esta lista no se agota aquí, sino que debe leerse como
una apertura que invita a explorar y fortalecer en el futuro la relación entre
estas herramientas virtuales y las perspectivas participativas.

1)� Programas� de� gestión� de� tareas� o� proyectos: esta herramienta permite
hacer visible al grupo participativo las tareas que se deben llevar a cabo en cada
momento, las personas responsables de su ejecución y los recursos asignados,
así como la evolución de su implementación y la del proyecto de intervención
en global.

2)�Agenda�virtual�grupal:�uno de los aspectos que requiere más tiempo del


que puede parecer a simple vista es el establecimiento de las fechas en las que
se celebrarán las reuniones presenciales o los plazos de ejecución de cada tarea.
Esta herramienta permite gestionar, virtualmente, el establecimiento de las
fechas y plazos de forma ágil y sencilla. Su uso reducirá el tiempo que suele
destinarse, al final de las reuniones presenciales, a programar estas cuestiones.

3)�Foros�de�discusión:�la apertura de foros virtuales de acceso para las parti-


cipantes permite continuar el intercambio de ideas y el trabajo conjunto de
manera asincrónica y no presencial. Igualmente, permite trabajar sobre dife-
rentes temáticas de forma modular, combinando foros destinados a las cues-
tiones generales con otros en los que se abordan temas específicos. La flexibi-
lidad que proporciona esta herramienta favorece una mayor participación, ya
que no queda circunscrita únicamente a los espacios de encuentro presencial.
También reduce la sensación de pérdida de contacto con el proceso de trabajo
en aquellos participantes que no han podido asistir a alguna reunión.

4)�Listas�de�distribución�de�correo:�probablemente, es la herramienta que


presenta un mayor uso. Facilita la comunicación entre las personas del grupo,
de uno a muchos, y el envío rápido de documentos.

5)�Gestor�de�documentos:�se trata de espacios virtuales de almacenamiento


de información, accesible y modificable por parte de todas las participantes.
Esta herramienta permite al grupo compartir un espacio en el que ordenar y
acceder a los archivos generados a lo largo del proceso de trabajo.

(19)
6)�Tikiwiki:�espacio virtual de trabajo colaborativo destinado a la elaboración Informes, actas, conclusiones,
decisiones alcanzadas, etc.
y confección de documentos. A menudo, la preeminencia de la presencialidad
obliga a dedicar algunas reuniones a la elaboración de los productos grupa-
les19. El uso de esta herramienta podría agilizar y descentralizar este proceso al
llevarse a cabo desde una plataforma de trabajo virtual, asincrónica, y accesi-
ble a todos los participantes.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 97 Perspectivas participativas de intervención social

7)�Chats: esta herramienta de comunicación sincrónica puede emplearse para


realizar reuniones virtuales, en el caso de que surjan dificultades para encon-
trarse presencialmente.

8)�Web�2.0:�esta herramienta permite al grupo participativo difundir y divul-


gar su proyecto al resto de agentes sociales y al conjunto de la sociedad. Asi-
mismo, favorece el intercambio comunicativo con los agentes exteriores, ya
que esta herramienta permite que los contenidos sean interactivos, puesto que
pueden ser creados y modificados tanto por los participantes del grupo como
por personas ajenas al proyecto.

9)�Redes�sociales�virtuales:�esta herramienta permitiría establecer y mantener


el contacto con agentes sociales heterogéneos y, al mismo tiempo, hacer visible
el proyecto entre la red de participantes, colaboradores y grupos o personas
afines. Además, teniendo en cuenta su adopción masiva entre la población y el
enorme impulso y sofisticación de las que están siendo objeto, pues han sido
mejoradas con todo tipo de aplicaciones y recursos informáticos, la aplicación
de este tipo de herramientas para procesos de intervención está ampliando la
capacidad y el impacto de las actuaciones de maneras que aún no podemos
predecir.

3.4. Epílogo: el alcance de las perspectivas participativas para la


intervención social

Una vez llegados a este punto, podemos ver con perspectiva los aportes de
las corrientes participativas en el campo de la intervención social. Dichas co-
rrientes establecen sus principios fundamentales a partir de dos grandes ejes
de trabajo: por un lado, la relación entre el equipo interventor y las personas
intervenidas y, por otro, la producción de conocimiento crítico sobre la reali-
dad social en la que se interviene.

En el primer caso, frente a las perspectivas tradicionales de intervención social Conocimientos y recursos
que establecen una relación de verticalidad entre profesionales, considerados
Todos los agentes sociales que
como expertos para conocer e intervenir sobre los problemas sociales, y bene- participan en el proceso parti-
ficiarias de la intervención, consideradas como personas legas que poco tienen cipativo aportan conocimien-
tos y recursos sociales, organi-
que aportar para el conocimiento de aquello que les rodea, las perspectivas zativos, económicos, cultura-
les, etc.
participativas, al asumir que los diferentes agentes sociales de un contexto de
acción poseen conocimientos y recursos para la definición tanto de problemas
como de soluciones en dicho contexto, buscan generar espacios de diálogo y
debate conjunto entre equipos de intervención y personas intervenidas. Esto
se refleja, mayoritariamente, en los principios de participación y empodera-
miento que guían estas perspectivas, que establecen que mediante el trabajo
conjunto entre agentes externos e internos, en la toma de decisiones relativas
a todo el proceso de intervención, se pueden alcanzar mayores grados de con-
trol y poder de las personas sobre sus propios entornos.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 98 Perspectivas participativas de intervención social

En el segundo caso, a través de la generación de conocimiento crítico, se bus- Ejemplos


can interpretaciones de la realidad circundante encaminadas a la transforma-
Ejemplos de relaciones de do-
ción de las relaciones de dominación presentes en las sociedades contemporá- minación son la precariedad
neas, ya sean en forma de explotación, opresión o discriminación. Los princi- laboral, el racismo, la homo-
fobia, el estigma social hacia
pios de reflexividad y problematización, propios de las perspectivas participa- ciertos colectivos, etc.
tivas, apuntan a la creación de espacios de debate donde, a partir de la hete-
rogeneidad de las posiciones sociales de quienes participan, se complejicen las
interpretaciones naturalizadas, se cuestionen las relaciones de poder y emer-
jan formas de comprensión y acción orientadas hacia un horizonte ético y
político de transformación social.

Estos principios pueden ser observados a partir de la lectura atenta del material Lectura recomendada
de la asignatura "Moving communities: a process of negotiation with a Gypsy
Crespo, I., Lalueza, J. L., y Pa-
minority for empowerment" que adjuntamos en el anexo. En este artículo, a llí, C. (2002). Moving com-
través de la descripción detallada de la relación que se va estableciendo entre el munities: a process of nego-
tiation with a gypsy mino-
equipo de interventores de la universidad y los miembros de una comunidad rity for empowerment. Com-
gitana, se ponen en cuestión temas centrales en la intervención social como munity, Work and Family 5, 1,
49-66.
son la producción de conocimiento, los vínculos sociales y afectivos entre los
agentes implicados o la confianza y el respeto hacia "los otros" agentes de co-
nocimiento. El análisis reflexivo que se ofrece en este artículo muestra el pro-
ceso de negociación necesaria entre investigadores y miembros de la comuni-
dad, y cómo fue construyéndose poco a poco la relación de trabajo entre estos
dos grupos. Lo que comenzó como un intento de estudiar a la comunidad gi-
tana, se transformó progresivamente en una investigación-acción participati-
va dentro de un contexto dialógico y en un proyecto desde y con los miembros
de dicha comunidad.

Por otro lado, la propia concepción de "diferencia cultural" fue puesta en cues-
tión durante todo el proceso. Desde una postura de homogeneización de los
grupos culturales –tanto payos como gitanos– sostenida por ambos grupos (ca-
da grupo entendía al otro grupo como "representante" de su cultura), se pasó
a una concepción de lo cultural mucho más abierta y compleja, en la que se
ponía el énfasis en las transferencias de conocimientos y hábitos de algunas
personas a otras, poniendo de manifiesto la no pureza y flexibilidad de los
hechos culturales. Asimismo, a través de este proceso, se trabajó en la consti-
tución conjunta de un programa educativo que, sin ser una imposición de la
mayoría social paya a la minoría gitana, promoviera espacios de educación no
formal adaptados a esta comunidad.

En este ejemplo, se muestra el co-funcionamiento de todos los principios de


las perspectivas participativas: participación, empowerment, reflexividad y pro-
blematización que, en su accionar concreto, generaron un trabajo conjunto
que sirvió de base para poner en marcha las actuaciones y proyectos comuni-
tarios descritos en el texto.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 99 Perspectivas participativas de intervención social

Ahora bien, las perspectivas participativas no están exentas de limitaciones.


En este apartado, hemos visto algunas de las críticas que se formulan a las
perspectivas participativas de intervención social, dando respuesta a éstas. Sin
embargo, aquí pretendemos ver las limitaciones de carácter más general que
se desprenden de dichas perspectivas:

La legitimidad de emprender un proceso participativo desde el marco


de la intervención social y el alcance de los procesos participativos de
intervención social.

En relación con la primera cuestión, desde las perspectivas tradicionales de in-


tervención social están claramente establecidas las formas de legitimidad que
se dan a la acción interventiva. Esta legitimidad viene dada por la capacidad
que se atribuye socialmente a los expertos para conocer e intervenir en la rea-
lidad. De ahí que, desde este punto de vista, introducir cambios en la vida de
las personas no sólo sea legítimo, sino también necesario. Porque se entiende
que los profesionales conocen las maneras más adecuadas por las que es posi-
ble alcanzar mayores grados de calidad de vida en las personas intervenidas.
Además, dado que la intervención social es usualmente financiada por orga-
nismos públicos que, como representantes del Estado, que a su vez representa
a la ciudadanía, han de atajar los problemas considerados de interés público,
los profesionales en los que se delega esta actividad se ven imbuidos de una
responsabilidad social que les obliga a utilizar sus conocimientos en pro del
bienestar de la población.

Ahora bien, desde las perspectivas participativas, las formas en las que se ha
de justificar la intervención son diferentes, ya que se cuestiona la legitimidad
otorgada a agentes externos para inmiscuirse en la vida de otras personas. La
razón de ello es que no se considera su conocimiento como privilegiado res-
pecto del de las personas intervenidas. Es por este principio fundamental que
se hace necesario que las personas y grupos de los contextos en los que se tra-
baja participen en los procesos de intervención. Pero, entonces, surge la cues-
tión de cómo se justifica y legitima el hecho de que los equipos interventores
"inviten" a las personas a ofrecer sus recursos a un proyecto que está origina-
do sobre la base de una demanda que no siempre viene vehiculada por las
necesidades expresas de estas mismas personas. Además de la responsabilidad
pública que implican los procesos de intervención social, es necesario enton-
ces realizar un proceso de reflexión acerca de la legitimidad que detenta un
equipo interventor para promover un proceso participativo.

Para que estos procesos cobren legitimidad social, desde nuestro punto de vis-
ta, se deben crear espacios de co-responsabilidad entre administraciones pú-
blicas, equipos interventores y personas de las comunidades, hacia la búsque-
da de soluciones de los problemas por ellas sentidas. Esto es, se torna impres-
cindible una participación plena de los agentes, es decir, una participación
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 100 Perspectivas participativas de intervención social

en términos de toma de decisiones que sean vinculantes para las vidas de las
personas y no una mera consulta o participación funcional subordinada a la
toma de decisiones realizadas desde instancias diferentes a las del contexto
local. Así, la concepción de participación que subyace a las perspectivas par-
ticipativas, como también hemos dicho con anterioridad, es una concepción
que implica tomar en cuenta seriamente la acción de los agentes involucrados
y generar espacios reales de construcción conjunta de conocimiento y acción,
ya que, de otro modo, carece de legitimidad para realizarse. Si se sostiene, co-
mo es el caso, que las personas deben apropiarse y empoderarse respecto de su
entorno, entonces, éstas deben desarrollar la capacidad de organizarse y actuar
sobre él, al tiempo que los poderes efectivos en una sociedad deben permitir
que esta participación influya, efectivamente, en la vida pública del entorno
de la intervención. Se trata de dar un vuelco a los principios de las perspectivas
tradicionales en las que el marco institucional, las administraciones públicas
y los profesionales ejercen el poder de definir las situaciones problemáticas y
las soluciones, para reorientarse hacia una democracia participativa en la que
aquello que surge de los procesos participativos tenga efectos concretos sobre
los entornos donde se interviene.

En cuanto al segundo punto, el alcance de las iniciativas de intervención desde


las perspectivas participativas, aunque haya un protagonismo de las personas
y grupos involucrados en los procesos de intervención social, estos procesos
indefectiblemente se encuadran en una demanda que, aunque sea redefinida
en diferentes momentos de la intervención, usualmente tiene un carácter ins-
titucional que la delimita, dibujando las fronteras de lo que se puede y no se
puede hacer en el proceso concreto de actuación. La intervención social está
entonces delimitada por ese marco institucional de actuación que permite que
ciertas transformaciones sociales sean posibles y otras no.

Veamos, por ejemplo, el caso del trabajo participativo en torno a la temática de la convi-
vencia entre comerciantes de diferentes orígenes nacionales realizado en el Poble Sec de
Barcelona: aunque en este proceso se logró que estas personas trabajasen conjuntamente
y que se mermaran los significados discriminatorios hacia el colectivo inmigrante que
había con anterioridad al proceso participativo, siguen existiendo ciertas condiciones
sociales que es imposible atacar desde el punto de vista de la intervención social. Es el
caso, por ejemplo, de los límites legales que, a través de la ley de extranjería actualmente
vigente en el Estado español, se imponen a la población inmigrante. Este hecho las sitúa
en clara desventaja respecto de las personas autóctonas y las hace vulnerables, colocán-
dolas en situación de inclusión subalterna en la sociedad de recepción.

Estas condiciones más generales de discriminación y opresión que hemos vis-


to en el ejemplo son prácticamente imposibles de abordar desde el marco de
actuación de la intervención social, dado que remiten a otros espacios de de-
cisión fuera de los contextos locales de actuación, tales como la formulación
de leyes o de políticas públicas. Frente a estos condicionantes, sólo la acción
política –mediante procesos de denuncia y movilización social o de presión
social a los legisladores– puede incidir en la promoción de cambios y transfor-
maciones de gran calado que, mutando las condiciones de partida, redunden
en procesos de reconocimiento y convivencia ciudadana. Esta limitación es de
difícil resolución, y quizás excede el propio campo de la intervención social.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 101 Perspectivas participativas de intervención social

Sin embargo, no se debe perder de vista este tipo de acciones de carácter colec-
tivo ya que, para una transformación amplia de las condiciones de opresión
actualmente presentes en las sociedades contemporáneas, se hace urgente y
necesario desarrollar en paralelo múltiples vías de actuación, de carácter críti-
co, que puedan ir incidiendo en la generación de relaciones sociales alterna-
tivas a las existentes.
CC-BY-NC-ND • PID_00141844 103 Perspectivas participativas de intervención social

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