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Domingo 3 de marzo de 2019

Serie de predicaciones: Cosas de iglesia: nuestra formación


Tema: La comunidad de creyentes: Fe y Praxis
Lectura bíblica: Hechos 2:37-47
37 Al oír esto, compungidos de corazón, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles:
Hermanos, ¿qué haremos? 38 Y Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de
vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del
Espíritu Santo. 39 Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los
que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame. 40 Y con muchas otras
palabras testificaba solemnemente y les exhortaba diciendo: Sed salvos de esta perversa
generación. 41 Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se
añadieron aquel día como tres mil almas. 42 Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas
de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración.
43 Sobrevino temor a toda persona; y muchos prodigios y señales eran hechas por los

apóstoles. 44 Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común;
45 vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la

necesidad de cada uno. 46 Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan
en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios y
hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que
iban siendo salvos.
Hechos 2:37-47 LBLA

Introducción:
El libro de los Hechos nos narra los inicios de la iglesia cristiana. Este es el quinto sermón
de la serie de predicaciones sobre este libro y ya hemos visto la promesa de la llegada del
Espíritu, lo que esta venida significaba para los discípulos y los primeros efectos en ellos.
El domingo pasado oímos acerca del sermón de Pedro y la transformación que la gracia de
Jesús produjo sobre él para que llegara a ese punto.
Ilustración: Esta lectura me recuerda el pasaje de Juan 6 donde Jesús le ha llamado la
atención a las personas que lo siguen porque han estado desenfocados. Luego del llamado
de atención la reacción de las personas es similar a la del pasaje de Hechos: ¿Qué debemos
hacer para poner en práctica las obras de Dios? (6:28) fue la pregunta de las personas. La
respuesta de Jesús es similar a la de Pedro: “la obra de Dios es que crean en el enviado de
él”. Los resultados fueron diferentes. En el pasaje de Hechos se adhieren como tres mil
personas, pero en el pasaje de Juan muchos de sus discípulos dejaron de seguirlo (6:66). Sin
embargo, es allí donde Pedro pronunció una de sus frases más célebres. Jesús les dijo a los
doce: ¿Quieren irse ustedes también? ...Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida
eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios. (6:68-69)
La similitud es notoria y el contraste es escandalizante. El propósito es igual en ambos
contextos: reconocer a Jesús como Señor y que ese reconocimiento los conduzca, de
inmediato, a acciones distintivas y propias de un nuevo grupo social: la iglesia.
Propósito del sermón: El mensaje de hoy trata de los efectos que produjo el sermón de
Pedro y un vistazo a la comunidad de creyentes que llegaría a llamarse iglesia. El impacto
de la predicación del Cristo glorificado fue tal que las personas acudieron ansiosas para
saber cómo debían responder ante semejante mensaje. Arrepentirse y bautizarse eran cosas
que iban de la mano. El arrepentimiento es interno, pero el bautismo era la señal visible de
la convicción interna. Los que tomaran la decisión de arrepentirse y bautizarse recibirían el
perdón y el don del Espíritu que es para todos aquellos a quienes el Señor quiera llamar. El
papel fundamental del Espíritu Santo en el pasaje que estudiamos hoy es formar una
comunidad que se ama y crece en el conocimiento de Jesús. De esta porción del libro de
Hechos aprendemos que ser iglesia es mucho más que asistir semanalmente al templo, es
mucho más que llamar a otras personas “hermanos”, es mucho más que cantar, que
ofrendar; ser iglesia es encarnar el significado del evangelio y ponerle pies a nuestra fe.
I. Contexto:
Esta primera comunidad de creyentes estaba conformada por judíos, en su mayoría, de la
diáspora. Los lugares que se mencionan en 2:9-11 dejan ver el alcance que logró la
dispersión de los judíos luego de la desaparición del reino del Norte en el siglo 8° y la
destrucción de Jerusalén en el siglo 6° a.C. Cuando Nehemías se propuso la reconstrucción
del templo y la ciudad muchos judíos regresaron, pero la mayoría quedó dispersa. A esos se
les llama los judíos de la diáspora.
El relato de esta mañana nos está presentando una población de judíos ajena a todos los
eventos que sucedieron en Jerusalén y ajena a Jesús mismo. Estos son judíos que ya no
están relacionados con el arameo y mucho menos con el hebreo, sus lenguas maternas son
las de los países donde nacieron sus abuelos y padres. Tienen varias generaciones viviendo
lejos de Israel. Pero su tradición de adorar cada año en Jerusalén se mantenía intacta. Pero
esto debemos entenderlo en contexto. La fiesta era anual, pero no significaba que todos los
judíos de la diáspora pudieran asistir cada año a Jerusalén ya que la gran mayoría tenía
como objetivo, por las dificultades de los viajes, ir por lo menos una vez en su vida a
Jerusalén. Estos judíos de la diáspora no están muy relacionados con el judaísmo de
Jerusalén y sus expectativas mesiánicas no contienen un tinte político tan cargado como el
que vemos en los evangelios. Por esto es que el mensaje cristiano puede tener una acogida
tan significativa entre esta multitud.
Esta es la razón por la cual encontramos dos conversiones masivas de personas y a su vez la
oposición de judíos al cristianismo. Los opositores son los judíos de la región y los judíos
más distantes a Jerusalén se muestran más abiertos a escuchar el mensaje de Cristo.
II. ¿Cuál es tu respuesta frente al mensaje del evangelio?
¿Cuántas veces te has sentido compungido al escuchar una predicación? ¿Cuántas veces has
pensado que necesitas cambiar tu condición luego de escuchar la Palabra de Dios? Si tu
respuesta es ninguna o pocas veces, déjame decirte que algo anda mal. Pero si tu respuesta
es muchas veces o todas las veces, entonces debo preguntar ¿Algo cambió? ¿Si trabajaste
para que se produjera el cambio? Si tu respuesta es negativa, algo anda mal también.
La predicación del evangelio debe producir la necesidad de una respuesta. En el pasaje que
estamos estudiando la respuesta era arrepentirse y bautizarse, pero en otros contextos la
respuesta puede ser, a parte de esa, humillarnos más a Dios, discipular a alguien, trabajar en
algo, perdonar a alguien, amar a alguien, etc.
No podemos ser seres indiferentes al llamado de la Palabra de Dios y no podemos, los
predicadores, dejar de predicar la Palabra de manera que sea relevante para nuestros
contextos y desafiante para nuestra comunidad de fe.
Pedro predicó y no tuvo que hacer una invitación para que las personas pasaran al frente o
para que se pusieran de pie y repitieran una oración… La multitud corrió a él. El mensaje
había sido claro y contundente y la produjo una respuesta inmediata. El desafío es doble en
esta sección. A los predicadores nos invita a evaluar el contenido de nuestros sermones y a
los oyentes los invita a abrir bien lo oídos durante la predica para escuchar a Dios
invitándolos a hacer algo diferente a lo que están acostumbrados a hacer. Si no podemos
hacer esto ¡“apague y vámonos”!
III. ¿Te sientes parte de esta comunidad?
Los judíos que aceptaban a Jesús como Mesías no dejaban de ser judíos, y mucho menos
dejaban de ser practicantes del judaísmo. Cuando leemos el libro de Hechos puede
parecernos que el cristianismo era una nueva religión, pero en el primer siglo no fue así. El
judío que reconocía a Jesús como su Mesías solo asumía una forma diferente de
comprender las Escrituras y sumaba a su práctica de adoración a Dios (judaísmo) unas
nuevas reuniones donde aprendía la doctrina de los apóstoles y los sacramentos que ellos
aprendieron de Jesús: entre ellos la Santa Cena que celebraremos en un momento.
Sentirse parte de la comunidad significaba un compromiso absoluto con cada uno de los
miembros de ella. La sociedad del primer siglo no se definía individualmente sino
colectivamente. El valor de una persona dependía por el grupo o los grupos sociales a los
cuales pertenecía. No existían frases como: “él verá que hace” o “allá él y aquí nosotros”,
pero sí existían pensamiento como “todos en la cama o todos en el piso”.
Sentirte parte de esta comunidad significa que tienes que aprender a amar a todos los
miembros de ella. Sentirte parte de esta iglesia significa que debes hacer cosas que
procuren el bienestar y el buen nombre de ella. Sentirte parte de esta comunidad significa
que te sometes al señorío de Jesús porque él es el Señor de esta iglesia.
a. Nosotros esperamos que no se convierta en una utopía el modelo de
comunidad cristiana que hemos leído hoy. Por el contrario, esperamos que
acciones como “la canasta de amor” nos ayuden a encarnar el amor y que el
compartir con lo miembros de la iglesia me ayude a conocer sus necesidades
y a sentirme responsable por satisfacer esas necesidades.
Un compromiso a ese nivel será lo que garantizará que tengamos el favor del
pueblo, que los vecinos hablen bien de nosotros, que otros quieran
experimentar este amor y que se manifiesten los milagros más importantes
del universo: vidas cambiadas, familias restauradas, hijos reconciliados con
sus padres, ladrones, viciosos, prostitutas y demás pecadores arrepentidos.

Conclusión:
El Señor añadirá a esta comunidad los que van siendo salvos. Eso no significa que no haya
que predicar y que ellos serán atraídos de forma milagrosa. Significa que hacer eso es
predicar el evangelio. La proclamación del evangelio no es una dicotomía, una división
entre palabras y acciones. Por el contrario, es la suma de ambos esfuerzos. Mientras hablas
usa tus manos y mientras usas tus manos habla.
La vocación que hemos recibido de parte de nuestro Señor Jesús es tan fuerte que debemos
correr, debemos sacudirnos el pasivismo, debemos gritar en oración: Señor, no quiero
seguir haciendo lo mismo, no quiero seguir perdiendo la oportunidad de vivir el evangelio.
Dame manos que hagan y boca que hable.

Quiero que nuestra respuesta ante este sermón sea orar a Dios para que me movilice, para
que me enseñe a trabajar con lo que me ha dado. Y si se le olvidan estas dos, que no se le
olvide esta: ore a Dios para que le enseñe a amar al que tiene a su derecha, al que tiene a su
izquierda, al que tiene al frente, al que tiene atrás, a las personas que están aquí. Pero no
amar de sentir algo bonito por ellos, es amar para que se sienta responsable de ellos y para
que se preocupe por ellos y para que se esfuerce para que todos tengamos todas las cosas en
común. ¿Tú tienes que comer? ¿Tienes qué vestir? ¿Tienes techo y servicios públicos?
Procura que todos tengan todas las cosas en común.

La gracia de Dios sea con todos ustedes.