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Coherencia entre fe y vida

Frase del Papa Francisco del domingo 14 de abril:


“Me viene ahora a la memoria un consejo que San Francisco de Asís daba a sus hermanos:
predicad el Evangelio y, si fuese necesario, también con las palabras. Predicar con la vida: el
testimonio. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre
la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia.”

Lucas 4, 31-37:

El Evangelio nos dice que Jesús hablaba con autoridad, pero del tipo de autoridad que no es
dominante o imperativa1, sino de la que tiene una persona cuando en su vida existe una
unidad total, una coherencia entre lo que dice y lo que vive o hace.
El Papa Juan Pablo II decía que la misión que tenemos como cristianos es proclamar el
Evangelio con la Palabra, pero sobre todo con la coherencia de vida. Sólo así serán testigos
creíbles de la esperanza cristiana y podrán difundirla a todos.
La coherencia Relación lógica entre dos cosas de modo que no se produce contradicción ni
oposición entre ellas. En la vida cristiana sería la relación o unión que debe existir entre la fe y
la vida, entre aquello sobre lo que creemos del Señor Jesús y de su Evangelio, y el modo del
cómo vivimos en lo cotidiano. En esta coherencia está el secreto de la santidad, a la que Dios
nos llama a cada uno de nosotros, en nuestro propio estado de vida. Por ello es tan importante
que de la fe en la mente y en el corazón pasemos a la fe en la acción.

COHERENCIA ENTRE FE Y VIDA


Un cristiano coherente es aquél que sostiene con sus obras lo que cree y afirma de palabra y se
muestra y lo evidencia en sus actos. Así, los principios tomados del Evangelio, orientan su
conducta y su pensamiento, su piedad y afectos, y se reflejan en la acción práctica. Esta
coherencia la vive no sólo cuando las cosas se le presentan "fáciles", sino también cuando es
puesto a prueba o cuando las situaciones menos favorables sofocan su vida.
Un cristiano incoherente con su fe y condición de bautizado, en cambio, es aquél cuyas obras
contradicen abiertamente lo que sostiene con sus palabras, lo que dice creer y lo que en su
corazón anhela en lo más profundo de su ser. Es, por ejemplo, aquél que dice: "soy creyente,
pero no practicante", es decir, lo que llamamos un "agnóstico funcional", un bautizado que -
aunque a veces va a Misa y reza algo de vez en cuando- actúa del mismo modo como lo hace
un hombre que no cree en Dios, que no conoce la fe.
Incoherentes somos también nosotros, quienes nos hemos encontrado con el Señor Jesús y
nos esforzamos por llevar una vida cristiana seria, cuando negamos con nuestras obras las
enseñanzas del Evangelio, cuando no hacemos lo que a otros predicamos o exigimos.
¡Ciertamente, todos, más o menos, tenemos algo de incoherentes!

 Como seguidor de cristo ¿qué aspectos de la vida cristiana crees que demuestran
coherencia?

DIFICULTADES PARA VIVIR LA COHERENCIA CRISTIANA


Llamados a ser santos, experimentamos múltiples dificultades para realizar esta vocación, en
nuestra fragilidad o en nuestra débil voluntad o incluso ante nuestra inclinación al mal, a los
malos hábitos o vicios de los que, muchas veces, es difícil despojarse. No es raro experimentar

1
Imperativo: que exige u obliga.
momentos, en nuestro camino, donde terminamos por hacer un mal que no queremos o
dejamos de hacer el bien que nos habíamos propuesto realizar. El apóstol Pablo reconoce en sí
mismo esta incoherencia como «al pecado que habita en mí». Y es este, que nos lleva a
experimentar y sufrir tantas veces esta división dentro de nosotros mismos, dificultándonos
vivir en la coherencia entre la fe que profesamos y nuestra vida.
También encontramos esa dificultad por la oposición a la vida cristiana en los rasgos de la
cultura en que vivimos. Este flujo negativo se nos presenta como un reto que nos puede
perseguir y, a veces, con intensidad, termina por alterar la simbiosis existente entre la palabra
de Jesús y nuestra fe y pensamientos. Siendo tal el grado de afección que incluso caemos en la
idea de actuar "como los demás" para para encajar en algún grupo social, y en los peores casos
terminaos asimilando criterios antievangélicos y viviendo de acuerdo a ellos.

 Nuestra vida cristiana se extiende más allá de ir a misa o al grupo, entonces ¿dónde
crees que habitan esas situaciones o cosas que afectan nuestra coherencia, y cómo
crees que deberíamos afrontarlas para ser fieles a la palabra de Dios en nuestra
cotidianeidad?

HACIA UNA COHERENCIA CADA VEZ MAYOR


La coherencia implica, sin duda, un esfuerzo de nuestra voluntad, Es preciso trabajar con
dedicación para que nuestra conducta esté perfectamente coordinada, así, el ser y el hacer, y,
el pensamiento y la acción, coincidan en todas y cada una de nuestras actividades diarias, no
obstante, aunque parezca difícil, no debemos abrumarnos o desalentamos. Se trata de vivir en
un sano realismo: la incoherencia, a mayor o menor, la experimentamos todos y nos
acompañará mientras estemos como peregrinos en este mundo. El primer paso hacia una vida
de mayor coherencia es aceptar con humildad y sencillez esta verdad, y a partir de allí buscar
reducir cada vez más la distancia que hay entre nuestra mente y corazón, nutrida de la fe,
sostenida por la esperanza y animada por la caridad, y nuestras acciones cotidianas; entre
nuestras palabras y obras; entre la fe y la vida. Para ello, hay que poner medios concretos para
ir ganando en hábitos de coherencia y avanzar así, poco a poco, hacia un estado de una cada
vez mayor coherencia. Así, con la fuerza que nos viene del Señor y el apoyo que encontramos
en la comunidad, nos iremos acercando cada vez más al horizonte de plena coherencia que
descubrimos en el Señor Jesús y en su Santísima Madre.

COHERENCIA Y APOSTOLADO
Estoy llamado a ser un apóstol. Cada cual, en su puesto y lugar, desde el propio estado de vida,
nuestra misión es la de anunciar el Evangelio, transmitir al Señor y hacer partícipes a muchos
otros del don de la reconciliación que Él nos ha traído. Ello implica necesariamente que yo
mismo me esfuerce por ser el primero en acoger y vivir el Evangelio con máxima coherencia.
El Concilio Vaticano II ha enseñado que, con frecuencia, «la incoherencia de los creyentes
constituye un obstáculo en el camino de cuantos buscan al Señor». La incoherencia afecta,
según el grado, nuestro propio testimonio, y puede tomar estéril la Palabra que estamos
llamados a proclamar y transmitir. Tomar conciencia de la necesidad de ser coherentes con la
fe que predicamos para que el apostolado sea fecundo y eficaz es una fuerte motivación en el
camino cotidiano de nuestra propia santificación.
En este empeño tengamos en cuenta aquél dicho que reza: "Las palabras mueven, el ejemplo
arrastra". Y es que «cuanto más se refleje Cristo en nuestra vida, tanto más mostrará la
atracción irresistible que él mismo anunció hablando de su muerte en la cruz: "Cuando yo sea
elevado sobre la tierra, atraeré a todos hada mi".
¡Cuánto apela, cuestiona, mueve los corazones, por la firmeza, paz y seguridad que transmite,
el testimonio de una persona que es coherente con el Evangelio ¡Cuántos al verlo, al verla,
feliz, radiante, dicen: "yo quiero eso para mí", "yo quiero ser así"! Y así el cristiano coherente
se convierte en un excelente apóstol, porque irradia el gozo y la plenitud que nos dan el llevar
a Cristo muy dentro. ¡Cuanto más eficaz es el anuncio del Evangelio cuando las palabras se ven
respaldadas por el testimonio luminoso de una vida cristiana coherente!

 ¿Qué propuestas puedes dar para que podamos ser más coherentes en nuestra vida,
en la comunidad y en el grupo?