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Universalizar la aristocracia:

universalizar la aristocracia
por una ética de las profesiones
ADELA C O RT I N A

Este texto de Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política en la


Universidad de Valencia, fue originalmente publicado en la entrega 75 (septiembre de 1997) de
la revista Claves de razón práctica, dirigida en ese entonces por Javier Pradera y Fernando Savater.
La doctora Cortina es bien conocida en Hispanoamérica por sus libros Ética mínima (1989),
Ética aplicada y democracia radical (1993) y Ciudadanos del mundo (1997).

redaron un título, sin méritos propios ni ga-


nas de hacerlos, o los que lo compraron por-
que, teniendo talegas, querían lucir también
en su haber blasones.
Por si poco faltara, el mundo mo-
derno trajo entre otras cosas, al decir de
54
Charles Taylor, el aprecio por la vida co-
rriente frente a las vidas heroicas, arries-
gadas, nobles, tan admiradas en las edades
antigua y media1. Un sutil utilitarismo reco-
rre las venas de la modernidad, para desespe-
Adela Cortina
ración de románticos, nietzscheanos y
orteguianos, devaluando las hazañas del ca-
El declive de la aristocracia ballero andante, poniendo en solfa la tarea
La aristocracia anda en losúltimos del héroe, desconfiando del revolucionario
tiempos de capa caída. Nacida allá en los al- byroniano. Incluso la aristocracia proletaria
bores de la civilización occidental como esa que Lenin identificaba con la vanguardia del
forma de organización política que consiste partido2 ha perdido terreno, y va quedando
en el gobierno de los aristoi, de los mejores, como máxima aspiración lograr una vida
ha venido a quedar con los siglos en un gru- sazonada con moderados placeres y con do-
po social que se asoma a las revistas del cora- lores mínimos, una vida empapada de goces
zón y hace las delicias de los aficionados a las sencillos y de bienes corrientes.
bodas sonadas y a los divorcios espectacula- El último intento de restaurar en
res. Ninguna relación guarda ya la hodierna Occidente una cierta aristocracia política
aristocracia con el gobierno, que es cosa de vino de la mano de la tan conocida y critica-
los más votados –que no elegidos– por el da teoría elitista de la democracia, que se pro-
pueblo. Ni siquiera se esmera en realizar sus- ponía de algún modo sintetizar lo mejor de
tanciosas contribuciones intelectuales o cul- ambas formas de gobierno3. Desde la men-
turales al acervo común, como en siglos cionada teoría, la democracia se convertía en
pasados. Los aristócratas ya no son, dicho un mecanismo para elegir representantes,
simplemente, los mejores. Son los que he- mecanismo consistente en dejar en manos

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del pueblo la elección entre las elites políticas contra, con tener el amigo oportuno en el
que compiten por su voto. Puesto que es el lugar oportuno4. 55
pueblo el que vota, se entiende que él es el A mayor abundamiento, la
que quiere a sus gobernantes, como es propio profundización en la democracia que izquier-
de una democracia; puesto que los más vota- das y derechas se propusieron como lema
dos surgen de las elites políticas que compi- vino a entenderse en muchos lugares como
ten por el poder, son los mejores quienes extensión de la voluntad de las mayorías a
gobiernan, y no la masa. De suerte que la cualesquiera decisiones, con lo cual se pro-
teoría elitista de la democracia aprovecha el dujo irremediablemente en todas las esferas
saber de los mejores en un gobierno querido de la vida social el pacto de los mediocres por
por el pueblo. el poder. Hospitales, universidades y otras
Sin embargo, las presuntas masas insti-tuciones de la sociedad civil se hicieron
no eran tan cándidas como suponían los teó- acreedores a las sarcásticas palabras que pro-
ricos de la democracia y fueron cayendo en la nunciara Heráclito de Éfeso hace ya 26 siglos:
cuenta paulatinamente de que los grupos en “Bien harían los efesios si se ahorcaran todos
competición –los partidos a fin de cuentas– y dejaran la ciudad a los adolescentes, ellos
no eran en modo alguno los mejores, no eran que han expulsado a Hermodoro, el mejor de
las elites políticas, sino ciudadanos bien co- los hombres, diciendo: que nadie de nosotros
rrientes las más de las veces y, en algunos sea el mejor y, si no, en otra parte y entre
casos, gentes para las que sería bien difícil otros”5. Los mediocres se hicieron con el po-
encontrar un empleo si no es a través de una der en distintos ámbitos sociales, como tan-
lista cerrada o por el viejo procedimiento del tas veces, y decidieron por mayoría que la
dedo. No hace falta ser el mejor para entrar excelencia es fascista y la mediocridad, de-
en el negocio de la cosa pública –vinieron a mocrática. Como si una democracia justa
sospechar las presuntas masas–, ni siquiera es pudiera construirse a golpe de endogamia,
recomendable a menudo serlo. Basta, por nepotismo, amiguismo y otras lindezas parejas.

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En busca de la excelencia propia: satisfacer necesidades humanas con


Y, sin embargo, la necesidad de calidad. Lo cual exige de una empresa no sólo
una cierta aristocracia ha ido subiendo a la ser aceptable, no sólo una dorada mediocri-
palestra en los diferentes campos de la vida dad, sino también ser excelente.
social, al percatarse de que es imposible reali- Ciertamente, pocos años más tarde
zar con bien diferentes actividades si los que el libro de Aubert y Gaulejac, El coste de la
en ellas se integran y de ellas se excelencia, pretendió mostrar que una as-
responsabilizan no aspiran a alcanzar la cota piración febril a tan preciado valor puede
más elevada posible, no aspiran a ser exce- acabar con la salud del directivo que no vive
lentes. En efecto, en el año 1983, los norte- ni respira más que con esa meta7. De lo que
americanos Peters y Waterman publicaron era buena muestra a su vez un nutrido nú-
un libro que hizo fortuna en el ámbito em- mero de directivos que, por buscar la exce-
presarial. Su curioso título –En busca de la lencia sin mesura, engrosaban ya la clientela
excelencia– era suficientemente expresivo de de psiquiatras y psicoanalistas. El viejo con-
las aspiraciones de todo un mundo, el em- sejo aristotélico de buscar el término medio
presarial, preocupado por superar la medio- entre el exceso y el defecto seguía siendo
cridad y por situarse entre los mejores. De oportuno; sólo que también con Aristóteles
ahí que el texto recogiera las experiencias de cabía recordar que, en lo que a la virtud se
empresas excelentes, que son –a fin de cuen- refiere, más vale pecar por exceso que caer en
tas– las que obtienen una abultada cuenta de el defecto. Cuando, por otra parte, en mu-
resultados, muy superior, sin duda, a la me- chos casos la virtud no era sólo cosa de eleva-
dia6. El éxito del libro se debió a que un buen ción moral, sino de pura necesidad, de nuda
56
número de empresarios, deseosos de aumen- supervivencia, como la implacable realidad
tar su competitividad, se aprestaron a tomar no cesaba de mostrar. Porque la realidad
como ejemplo estas empresas excelentes para también se crea, pero sólo a partir de posibi-
obtener, ellos también, ganancias sustancio- lidades reales.
sas. Porque en el mundo del negocio una En el año 1994 –por poner un
empresa debe ser competitiva si quiere ejemplo– la Comisión Europea publicó el
permane-cer en el mercado a medio y largo Libro Blanco sobre Crecimiento,
plazo, generando nuevos clientes; debe ofre- competitividad y empleo, intentando con él
cer una relación calidad-precio tal que pueda sentar las bases del desarrollo sostenible en
seguir obteniendo el beneficio suficiente las economías europeas para hacer frente a la
como para llevar adelante la tarea que le es competencia internacional. A tenor de su
contenido, Europa debe alcanzar urgente-
mente dos metas: el crecimiento de los pues-
tos de trabajo y el fomento de la igualdad de
En el año 1983, los nor teamericanos Peters y
oportunidades. Pero para alcanzarlas, un
Waterman publicaron un libro que hizo for tuna en el medio resulta absolutamente indispensable:
aumentar la competitividad. Lo cual significa,
ámbito empresarial. Su curioso título –En busca de la entre otras cosas, potenciar el profesionalismo
excelencia– era suficientemente expresivo de las de quienes trabajan en el mundo de la em-
presa, apostar por la ca-lidad de los recursos
aspiraciones de todo un mundo, el empresarial, humanos y de los productos, buscar –en
preocupado por superar la mediocridad y suma– la excelencia. Porque, a fin de cuentas,
dos siglos después de haber visto la luz La
por situarse entre los mejores. riqueza de las naciones, venimos a convenir
con Reich en que la fuente principal de la

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riqueza de los pueblos es la cualificación de


los que en ellos trabajan, es la calidad de sus La cultura de masas presupone el fracaso de todo
recursos humanos8. Y así parecen reconocer-
lo los que exigen calidad en la enseñanza, intento de hacer de uno alguien interesante, lo que
calidad en los productos, calidad informati- significa hacer mejor que los otros. Y esto lo hace de
va, profesionalismo en el trabajo de médicos,
juristas, ingenieros y cuantos generan riqueza manera legítima, habida cuenta de que su dogma
material e inmaterial en un país. Cosas todas determina que sólo nos podemos distinguir de los
ellas que están fuera del alcance de los me-
diocres y sólo pueden lograrse si los profe- demás bajo la condición de que nuestros modos de
sionales aspiran a la virtud tal como la distinguirnos no supongan ninguna distinción real.
entendía el mundo griego: como excelencia
del carácter. Masa obliga.
En efecto, el término empleado
por Peters y Waterman recuerda el concepto
griego de virtud, en la medida en que el vir- llamadas a ejercerlas, sino únicamente las es-
tuoso era quien sobresalía, quien superaba la cogidas. Pero, además, de los nuevos miem-
media en alguna actividad. Y es aspirar a esta bros se exigía en los tres casos que
excelencia lo que exige cualquier actividad pronunciaran un juramento al ingresar, por-
profesional a quienes ingresan en ella como que la actividad a la que pretendían dedicarse
un requisito indispensable para acogerlo ya venía configurada por unas reglas y valores
como uno de sus miembros activos; no con- morales que el neófito debía aceptar si pre-
tentarse con la mediocridad, que es cosa de tendía ejercerla. Por otra parte, las tres profe- 57
funcionarios y de burócratas, sino aspirar a siones tenían de algún modo un carácter
esa aristocracia que ya no tiene que ser cosa sagrado, en la medida en que se dedicaban a
de unos pocos, sino de todos los que emplean intereses tan elevados como el cuidado del
parte de su esfuerzo en una actividad profesio- alma, del cuerpo o de la cosa pública9.
nal. Universalizar la aristocracia en cada una Más tarde, también se consideró
de las profesiones es la principal fuente de la como profesionales a los militares y a los ma-
riqueza de las naciones y de los pueblos, y rinos; pero, en cualquier caso, es en la Moder-
una exigencia de responsabilidad social. Pero nidad cuando las profesiones empiezan a
es también el único modo de hacer justicia a emanciparse de la esfera religiosa y a funda-
la naturaleza propia de las profesiones tal mentarse en una ética autónoma. Como bien
como han venido configurándose desde su muestra Max Weber, las palabras alemana
origen. Por eso una ética de las profesiones (Beruf) e inglesa (calling), que traducimos
requiere recordar cuál es la naturaleza y sen- por profesión, tienen a la vez el sentido de
tido de estas actividades sociales. vocación y de misión, y reciben el significado
que ahora les damos sobre todo a partir de la
El origen de las profesiones reforma protestante. En efecto, son los
El concepto de profesión, tal como reformadores los que, sin pretenderlo, sientan
ha ido acuñándose a lo largo de la historia, las bases para que pueda entenderse que la
tiene evidentemente orígenes religiosos. Cier- propia conducta moral consiste en sentir
tamente, en el nacimiento de lo que hoy lla- como un deber el cumplimiento de la tarea
mamos profesiones sólo tres se reconocían profesional en el mundo. Y es esta convicción
como tales: las de los sacerdotes, los médicos la que engendra el concepto a la vez religioso
y los juristas. Estas tres profesiones exigían y ético de profesión: el único modo de agra-
vocación, ya que no todas las personas eran dar a Dios consiste en cumplir en el mundo

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los deberes profesionales, por eso el profesio-


nal se entregará a ello en alma y cuerpo10.
Ahora bien, la conciencia de que es
1 Una profesión es, en princi-
pio, una actividad humana
social, un producto de la acción de personas
un deber moral ejercer la propia profesión concretas mediante la cual se presta un servi-
con pleno rendimiento va separándose pau- cio específico a la sociedad y se presta de for-
latinamente de la conciencia de que es un ma institucionalizada. Importa recordar que
deber religioso y cobrando autonomía. De una profesión es una actividad, porque fre-
suerte que es este deber moral el que va ins- cuentemente se olvida que la medicina, la
pirando el espíritu ético del capitalismo, por- docencia o la información son en primer
que tanto quienes desempeñan profesiones lugar actividades realizadas por personas, de
liberales como los que tienen por profesión forma que el nivel institucional, indispensa-
aumentar el capital interpretan sus tareas ble también sin dudas, cobra –sin embargo–
como la misión que deben cumplir en el todo su sentido de dar cuerpo a las
mundo, como la vocación a la que han de actividades.
responder. De ahí que dediquen todo su es- En lo que respecta al tipo de servi-
fuerzo a trabajar en ese doble sentido, y no cio que presta el profesional, tiene que reunir
buscando el interés egoísta, como suele creer- las siguientes características para que se le
se al hablar de los orígenes del capitalismo: considere propio de una profesión:
tanto el que ejerce una profesión liberal
como el que pretende producir riqueza, sien- a) El servicio ha de ser único, y por eso los
ten su tarea como una misión que deben profesionales reclaman el derecho de pres-
cumplir al servicio de un interés que les tras- tarlo a la sociedad en exclusiva, conside-
58
ciende. El profesional –como afirma Diego rando como intruso a cualquiera que desee
Gracia– es siempre “un consagrado a una ejercerlo desde fuera de la profesión.
causa de una gran trascendencia social y hu- b) Las prestaciones que de él puedan
mana”11. De ahí que el ejercicio de una profe- obtenerse han de estar claramente defi-
sión exija hasta nuestros días emplearse en nidas, de modo que el público sepa a qué
esa causa social –sanidad, docencia, informa- atenerse con respecto a esos profe-
ción, etcétera– que trasciende a quien la sir- sionales, es decir, qué puede esperar de
ve, integrándose en un tipo de actividad que ellos y qué puede exigirles.
tiene ya sus rasgos específicos. c) Pero también ha de tratarse de una
tarea indispensable, es decir, de un tipo de
Rasgos de una actividad servicio del que una sociedad no puede
profesional prescindir sin perder una dosis irrenun-
Ciertamente, son muchos los auto- ciable de salud (actividad sanitaria), for-
res que se han ocupado de estudiar los ca- mación (actividad docente), organización
racteres que ha de reunir una actividad de la convivencia (actividades jurídicas),
humana para que la consideremos como una información (actividad informativa), et-
profesión12. Pero aquí no nos interesa tanto cétera. Ésta es la razón por la que, sobre
hacer un recorrido por distintos paradigmas todo desde los inicios del Estado de bien-
como intentar esbozar uno que recoja el ma- estar, se exige que buena parte de los ser-
yor número posible de características para vicios profesionales puedan llegar a todos
entender lo que es hoy una profesión. Y en los ciudadanos.
este sentido podríamos decir que profesio-
nes son hoy en día aquellas actividades ocu-
pacionales en las que encontramos los
siguientes rasgos13:
2 La profesión se considera
como una suerte de vocación y
de misión; por eso se espera del profesional

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que se entregue a ella e invierta parte de su que sus profesionales poseen en exclusiva
tiempo de ocio preparándose para cumplir cuando parece que el médico posee ese tipo
bien esa tarea que le está encomendada. A de saber en mayor grado. Determinar ese
diferencia de las ocupaciones y oficios, que saber específico es hoy uno de los retos de la
pueden tener un horario clara-mente delimi- enfermería.
tado, el profesional considera indispensable
tener una preparación lo más actualizada
posible para poder ejercer bien su tarea; de
ahí que dedique también parte de su tiempo
6 Los profesionales reclaman un
ámbito de autonomía en el
ejercicio de su profesión. Obviamente, el pú-
de ocio a adquirir esa preparación. blico tiene todo el derecho a elevar sus pro-
testas y debe ser atendido. Pero no es menos

3
Ejercen la profesión un con
junto determinado de personas
a las que se denomina profesionales. Los pro-
cierto que el profesional se presenta en socie-
dad como el experto en el saber correspon-
diente y, por tanto, exige ser el juez a la hora
fesionales ejercen la profesión de forma esta- de determinar qué forma de ejercer la profe-
ble, obtienen a través de ella su medio de sión es la correcta y qué formas de ejercerla
vida, y se consideran entre sí colegas. son desviadas.
Esta doble peculiaridad de cual-

4
Los profesionales forman con
sus colegas un colectivo que
obtiene, o trata de obtener, el control
quier profesión (el hecho de que el consumi-
dor tenga todo el derecho a exigir y el
profesional, el de enjuiciar sobre su correcto
monopolístico sobre el ejercicio de la profe- ejercicio) hace necesario establecer un difícil
sión. Es en este sentido en el que se tacha de equilibrio entre ambos lados, evitando caer 59
intrusos a los que carecen de las certificacio- en dos extremos igualmente desafortunados:
nes académicas correspondientes y se les creer que las demandas del público han de
prohíbe oficialmente ejercer la profesión. atenderse sin tener en cuenta el juicio de los
expertos, o bien regular las actividades profe-

5
Se accede al ejercicio de la
profesión a través de un largo
proceso de capacitación teórica y práctica, es
sionales atendiendo sólo a los expertos. Tener
en cuenta ambos lados es indispensable. Por
ejemplo, en cualquier juicio sobre una pre-
decir, a través de unos estudios claramente sunta negligencia profesional resulta cada vez
reglados de los que depende la acreditación o más necesario que el juez esté también espe-
licencia para ejercer la profesión. Estos estu- cializado en la profesión correspondiente
dios deben ser específicos, recibir a su térmi- para poder tener un criterio a la hora de juz-
no algún documento oficial acreditativo gar. En caso contrario, juzgará por aparien-
(diploma, licenciatura) y ser sólo dominados cias y los profesionales se verán obligados a
por los miembros de esa profesión determi- tomar medidas a menudo superfluas pero
nada. aparentemente necesarias. Fenómenos como
Este es uno de los grandes proble- éste explican en buena medida el progreso de
mas en profesiones como el periodismo, en la medicina defensiva, que exige un extraor-
las que resulta sumamente discutible que dinario derroche de dinero y energías (prue-
quien ha estudiado la carrera de Ciencias de bas innecesarias, radiografías inútiles) pero
la Información esté más preparado para in- parece en ocasiones la única forma de cubrir-
formar y opinar que algunas personas cultas, se las espaldas frente a posibles denuncias y
dotadas de una pluma ágil. Y también en frente al fallo de un juez inexperto en sanidad.
ámbitos como la enfermería, donde resulta Por eso, tradicionalmente, los cole-
difícil de-terminar el cuerpo de saber técnico gios profesionales promulgan códigos de la

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profesión con la intención de El privilegio terapéutico se


autorregularse y resolver los inserta en el ámbito de lo que se ha llamado
posibles conflictos antes de la tesis separatista en el ámbito profesional,
tener que acudir al juzga- tesis según la cual los profesionales de deter-
do. Obviamente, este minados campos están autorizados en oca-
modo de proceder puede siones, incluso obligados, a conculcar las
surgir de motivos normas de la moral común precisamente
corporativistas, en la medi- porque así lo exige el ejercicio mismo de su
da en que el cuerpo profesio- profesión. El profesional debe alcanzar una
nal pretenda cerrar filas e meta y ello le obliga a contravenir normas,
impedir cualquier juicio externo. Pero obligatorias para el sentir común, como se-
también tiene una base en la realidad que no ría, en este caso, la de comunicar al afectado
conviene olvidar: la de que es positivo que la verdad disponible. Como es obvio, este
los profesionales tomen conciencia de las tipo de privilegios debe tratarse con suma
exigencias de su profesión y sean los prime- responsabilidad, manteniendo tales actuacio-
ros en desear dignificarla. Para eso, sin em- nes sólo como excepciones muy justificadas,
bargo, no basta con asumir códigos y no como norma o como excepción sin jus-
deontológicos; es necesario incorporar tam- tificación suficiente14 .
bién un código ético que no se preocupe sólo Aunque la política no sea una pro-
de las re-gulaciones sino de los bienes y fines fesión, conviene aquí puntualizar que la
que la profesión persigue. weberiana ética de la responsabilidad políti-
ca, razonable por los cuatro costados, puede,
60
7 Lógicamente, al afán de auto
nomía corresponde el deber de
asumir la responsabilidad por los actos y téc-
sin embargo, abonar una tesis separatista
para determinadas actuaciones ilegales, que
caen en ese pozo oscuro de los fondos reser-
nicas de la profesión. Deber en el que convie- vados. Y conviene recordar este punto por-
ne especialmente insistir porque va siendo que no hay en tales casos autorización moral
urgente complementar el tiempo de los dere- ninguna para tales excepciones y privilegios.
chos con el de las responsabilidades, el de las Como bien dice Elías Díaz, recogiendo tam-
reivindicaciones con el de las prestaciones. bién el sentir de Francisco Tomás y Valiente15,
Justo es que los profesionales reclamen sus cualquier intento de justificar una transgre-
derechos; pero igualmente justo es que asu- sión de la legalidad por parte de un gobierno
man la responsabilidad por el correcto ejerci- democrático se apoya en una sinrazón, y no
cio de su profesión. Tanto más cuanto que en en una razón de Estado.
el ámbito de determinadas profesiones, como
es el caso de la médica, existe un tipo de re-
serva autorizada en relación con la informa-
ción que debe darse a los afectados. Este tipo
8 De los profesionales se espera
que no ejerzan su profesión
sólo por afán de lucro, ya que se trata de un
de reserva recibe en medicina el nombre de tipo de actividad encaminada a favorecer a la
privilegio terapéutico, y consiste en la autori- colectividad. En este sentido, conviene distin-
zación para no revelar al paciente determina- guir muy claramente entre el fin de una pro-
dos datos cuando el médico piensa que el fesión, el bien objetivo que con ella se
conocimiento de los mismos puede retrasar persigue y por el cual cobra su sentido, y los
el proceso de curación, obstaculizarlo o bien intereses subjetivos que persiguen las perso-
deteriorar la calidad de vida del paciente sin nas que la ejercen. Evidentemente, el interés
obtener a la vez un beneficio suficiente en de una persona a la hora de ejercer su profe-
términos de salud. sión puede consistir exclusivamente en ganar

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un dinero, pero el fin de la profesión no es son las profesiones, modificándola por nues-
ése; de ahí que no tenga más remedio que tra parte para adaptarla a lo que precisamos.
asumir el fin y los hábitos que la actividad Por praxis (acción) entiende
profesional exige. Aristóteles, a diferencia de la poíesis (produc-
ción), aquel tipo de acción que no se realiza
Estructura de una para obtener un resultado distinto de ella
actividad profesional misma, sino que tiene incluido en ella su
Como ya hemos comentado, una propio fin. También a este tipo de acción
actividad profesional es, en principio, una denomina Aristóteles praxis télela, es decir,
actividad social en la que cooperan personas acción que tiene el fin en sí misma, a diferen-
que desempeñan distintos papeles: los profe- cia de las praxis áteles, cuyo fin es distinto a la
sionales, los beneficiarios directos de la acti- acción por la que se realiza18.
vidad social (clientes, consumidores, MacIntyre, por su parte, modifica
pacientes, alumnos, etcétera), otros estas distinciones y entiende por práctica una
estamentos implicados (proveedores de un actividad social cooperativa que se caracteri-
hospital, competidores en el za por tender a alcanzar unos bienes que son
caso de una empresa, etcéte- internos a ella misma y que ninguna otra
ra) y, por supuesto, la socie- puede proporcionar. Estos bienes son los que
dad en su conjunto, que ha de le dan sentido, constituyen la racionalidad
dictaminar si considera esa activi- que le es propia y, a la vez, le pres-
dad necesaria, o al menos beneficiosa, tan legitimidad social. Por-
y si piensa que se está ejerciendo de un que cualquier
modo satisfactorio para ella. En este sentido actividad hu- 61
no deja de ser curioso que en países demo- mana
cráticos ignore la ciudadanía que, en sus paí-
ses respectivos, existen fábricas de armas, que
tales armas se venden con pingües beneficios
y con conocimiento de los gobiernos, y que el
tan alabado pueblo soberano ande en ayunas
de tales negocios. Cuando lo bien cierto es
que las actividades empresariales que se desa- cobra su sen-
rrollan en una país precisan legitimación tido de perse-
pública16. guir un fin que le
Y reanudando el hilo de nuestra es propio; y además,
exposición, utilizaremos en principio para cualquier actividad so-
analizar la estructura de las actividades socia- cial necesita ser aceptada
les el modelo que MacIntyre propone17 y que en la sociedad en la que se
resulta de suma utilidad, aunque él no esté desarrolla, necesita estar social-
pensando al exponerlo en las actividades mente legitimada.
profesionales. En efecto, MacIntyre sugiere Trasladando esta caracte-
aprovechar el concepto aristotélico de praxis, rización a las actividades profesionales,
modificándolo, para comprender mejor de- podríamos decir que el bien interno de la
terminadas actividades sociales cooperati- sanidad es el bien del paciente; el de la
vas; y nosotros, por nuestra parte, empresa, la satisfacción de necesidades
utilizaremos su modificación de la praxis humanas con calidad; el de la docencia, la
aristotélica para interpretar más adecua- transmisión de la cultura y la formación de
damente ese tipo de actividades sociales que personas críticas. Quien ingresa en una de

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estas actividades no puede proponerse una ciudadanos y lectores, presentan paulatina-


meta cualquiera, sino que ya le viene dada y mente tales exigencias, pero también quienes
es la que presta a su acción sentido y legiti- trabajan en la profesión: enfermeras, médi-
midad social. De donde se sigue que dentro cos, proveedores. Con ninguno deben reali-
de ese ámbito, como afirma Aristóteles, “deli- zarse prácticas humillantes, a ninguno debe
beramos sobre los medios”, no sobre los fines tratarse sin respeto19.
o bienes últimos, porque éstos ya vienen da- Lo cual significa que, aunque el fin
dos. No podemos inventar los fines de las de la profesión, como tal, sigue siendo el
actividades profesionales, porque ya proce- mismo, y que a quien ingresa en ella le viene
den de una tradición que conviene conocer a ya dado, el tipo de relaciones humanas me-
fondo, estudiando su historia. La tarea de diante las cuales se alcanza esa meta, el tipo
quien ingresa en una profesión no consiste, de actitudes, ha cambiado notablemente. Y
pues, en idear metas totalmente nuevas, sino esto exige que los profesionales derrochen
en incorporarse a una tarea de siglos o de capacidad creativa, inventiva rigurosa, para
décadas –a una tradición profesional– y en alcanzar la meta de su profesión de una forma
integrarse en una comunidad de colegas que acorde con la conciencia moral de su tiempo.
persiguen idénticas metas. Por eso conviene ir dilucidando qué hábitos
Es en este sentido en el que algu- concretos han de ir incorporando los profe-
nos representantes del actual movimiento sionales para alcanzar los fines de la profe-
comunitarista critican duramente a la Mo- sión, de qué actitudes han de ir
dernidad y a la Ilustración por haber querido apropiándose para realizar el bien interno,
olvidar las tradiciones, las comunidades y los habida cuenta de que nos encontramos en
62
fines ya dados, abogando por una autonomía sociedades que han accedido al nivel
desarraigada. El comunitarismo hodierno posconvencional en el desarrollo de su con-
nos recuerda, por contra, que nacemos en ciencia moral20. Porque alcanzar los bienes
comunidades concretas y nos integramos en internos propios de una práctica exige a
actividades sociales ya legitimadas por fines quienes participan en ella desarrollar deter-
muy determinados, configuradas desde tradi- minados hábitos; es decir, adquirir mediante
ciones. Ahora bien, esto es cierto pero sólo en repetición de actos la predisposición a ac-
parte. Porque si es verdad que las distintas tuar en un sentido determinado: en el senti-
profesiones tienen una larga historia, tam- do, en este caso, de realizar los bienes
bién lo es que han ido modulando sus metas, internos de la profesión. Esos hábitos han
matizando la forma de ejercerse, modificando recibido tradicionalmente el nombre de vir-
las relaciones entre los colegas y también las tudes, expresión que conviene entender en el
relaciones con los destinatarios de la ac- sentido que tenía en la Grecia clásica como
tividad profesional. Y tales modulaciones se areté, como excelencia del carácter.
han debido a razones diversas, como, por El virtuoso en una profesión, como
ejemplo, al aumento de la capacidad técnica ocurre con un maestro del piano o el violín,
humana, pero sobre todo al cambio de con- es el que pretende alcanzar en ella la excelen-
ciencia moral social. En efecto, las actividades cia y huye de la mediocridad, de la medianía.
profesionales se van desarrollando en el seno Lo cual no significa optar por la carrera de
de sociedades cuya conciencia moral va evo- una competencia con los demás profesiona-
lucionando en el sentido de que las personas les; porque aunque un mínimo sentido de la
reclaman un mayor respeto a su autonomía, justicia nos exige reconocer que en cada acti-
exigen que se respeten sus derechos, piden vidad unas personas son más virtuosas que
que se les deje participar en las decisiones otras, lo exigible a cualquier profesional es
que las afectan. Pacientes y consumidores, que intente ser lo más competente posible,

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que se esfuerce por alcanzar un grado de ex- De la excelencia a la


celencia en aquellas aptitudes que son reque- mediocridad: miseria de la
ridas para alcanzar el bien interno de la burocracia
práctica en cuestión. Y que no expulse a los Tomando de nuevo el concepto de
mejores, para poder brillar él, como cuenta práctica al que nos hemos referido, recuerda
Heráclito que hicieron con Hermodoro los MacIntyre que con las distintas actividades
efesios, quebrando el sentido de la justicia y se consigue también otro tipo de bienes a los
secando las fuentes de la riqueza social. Y, sin que llamamos externos, porque no son los
embargo, como dijimos al comienzo de este que les dan sentido pero también se obtienen
artículo, el discurso de la excelencia, de los al llevarlas a cabo. Estos bienes son comunes
mejores, parecía extinguido hace bien poco a la mayor parte de las actividades, y no sir-
en buena parte del mundo profesional, un ven, por tanto, para especificarlas, para dis-
mundo conforme con cumplir unos míni- tinguir unas de otras. De este orden son
mos indispensables pero rara vez dispuesto a bienes como el dinero, el prestigio o el poder,
llegar a los niveles más elevados. ¿Qué había que se consiguen con la sanidad y la infor-
ocurrido? mación, con el deporte o la investigación,

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universalizar la aristocracia

estos casos en la pérdida de vocación, en la


renuncia a la excelencia.
Corrupción, en el más amplio sentido de la palabra,
Como bien recuerda Diego Gracia,
significa “cambiar la naturaleza de una cosa volviéndola al profesional le es inherente ejercer la vir-
tud física, que consiste en ser competente en
mala”, privarla de la naturaleza que le es propia,
las habilidades propias de la profesión, y la
pervir tiéndola. La corrupción de las actividades virtud moral, que lo predispone a emplear
siempre esas habilidades en un buen sentido,
profesionales se produce –a mi juicio– cuando aquellos en el sentido que exige la profesión para
que participan en ellas no las aprecian en sí mismas prestar su servicio a la sociedad. El profesio-
nal, por tanto, debe aspirar tanto a la exce-
porque no valoran el bien interno que con ellas se lencia física como a la excelencia moral, ya
persigue y las realizan exclusivamente por los bienes que una profesión no es un oficio ni una
simple ocupación. Sin embargo, la
externos que por medio de ellas pueden conseguirse. burocratización de buena parte de las profe-
siones ha destruido en muy buena medida la
aspiración a la excelencia porque, desde una
perspectiva burocrática, el buen profesional es
con la docencia o la jurisprudencia. Obvia- simplemente el que cumple las normas lega-
mente, no existe ningún problema en que un les vigentes, de forma que no se lo pueda
profesional, además de intentar alcanzar los acusar de incurrir en conductas negligentes;
bienes internos de su profesión, perciba a el buen profesional es, desde esta perspectiva,
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través de ella unos ingresos, logre un poder el que logra ser irreprochable desde el punto
social, y se gane un prestigio si es excelente. de vista legal22. Actitud que se hace suma-
Lo que, en cambio, desvirtúa cualquier pro- mente clara en el caso de la funcionarización
fesión es el hecho de que quienes la ejercen de las profesiones que, por una parte, tiene la
cambien los bienes internos por los externos: ventaja de permitir al profesional trabajar
olviden la meta por la que la profesión cobra con la tranquilidad de saberse respaldado por
sentido y legitimidad social y busquen única- un sueldo, pero es, a la vez, una tentación
mente dinero, prestigio o poder. En ese caso, para los de poca vocación, que se conforman
las profesiones se corrompen de forma inevi- con no ser excesivamente negligentes para
table. cubrir los mínimos legales.
Corrupción, en el más amplio sen- Para lograr la perfección legal exigi-
tido de la palabra, significa “cambiar la natu- da por el ethos burocrático basta con cubrir
raleza de una cosa volviéndola mala”, privarla unos mínimos de permanencia en el centro
de la naturaleza que le es propia, pervirtién- correspondiente y de atención a la clientela,
dola. La corrupción de las actividades profe- trátese de alumnos, pacientes, o de otra suer-
sionales se produce –a mi juicio– cuando te de beneficiarios de una actividad profesio-
aquellos que participan en ellas no las apre- nal. Si a ello se añade el tradicional
cian en sí mismas porque no valoran el bien corporativismo que reina en algunas profe-
interno que con ellas se persigue y las reali- siones, la inconfesada complicidad entre los
zan exclusivamente por los bienes externos profesionales que los lleva a defenderse mu-
que por medio de ellas pueden conseguirse. tuamente ante las denuncias, aunque sólo
Con lo cual esa actividad y quienes en ella fuera por poder obtener la misma ayuda de
cooperan acaban perdiendo su legitimidad los colegas en caso de recibir una denuncia,
social y, con ella, toda credibilidad21. Ahora es claro que con cubrir unos mínimos el pro-
bien, la raíz última de la corrupción reside en fesional queda bien resguardado frente a

EDICIÓN 1 ■ 2006
nuevas corrientes intelectuales

cualquier problema legal. Sin embargo, es (coord.): Ética y legislación en enfermería, Barcelo-
preciso distinguir entre la legalidad y la ética, na, MacGraw-Hill, 1997.
entre el ethos burocrático y el ethos profesio- 10 Max WEBER, La ética protestante y el espíritu del
nal. Las leyes exigen un mínimo indispensa- capitalismo, Península, Barcelona, 1969, págs. 81 y
ble para no incurrir en negligencia; un ss.
mínimo que, en el caso de las profesiones, 11 D. Gracia, “El recto ejercicio profesional: ¿cuestión
resulta insuficiente para ejercerlas como exi- personal o institucional?”, en Quadern CAPS, núm.
ge el servicio que han de prestar a la socie- 23 (1995), pág. 94.

dad. De ahí que la ética de la profesión pida 12 Ver, por ejemplo, además de los trabajos ci-tados en
notas 10, 11 y 12, T. PARSONS, Essays on Sociological
siempre mucho más que el cumplimiento de
Theory, The Free Press, Glencoe, 1954; M. WEBER,
unos mínimos legales: que exija de los profe-
Economía y sociedad, FCE, México, 1964; J.
sionales aspirar a la excelencia. Entre otras
GONZÁLEZ ANLEO,‘“Las profesiones en la so-
razones, porque su compromiso fundamen-
ciedad corporativa”, en J. L. Fernández y A. Hortal
tal no es el que los liga a la burocracia, sino a
(comps.): Ética de las profesiones, Uni-versidad Co-
las personas concretas, a las personas de car-
millas, Madrid, 1994, págs. 21-34
ne y hueso, cuyo beneficio da sentido a cual-
13 Ver para estas características J. GONZÁLEZ ANLEO,
quier actividad e institución social. Son
op. cit.
tiempos, pues, no de repudiar la aristocracia, 14 Para una excelente exposición de la historia y conte-
sino de universalizarla; no de despreciar la nido de esta tesis, así como para una intere-sante crí-
vida corriente, sino de introducir en ella la tica de la misma, ver: A. GEWIRTH, “Professional
aspiración a la excelencia. Ethics: The separatist Thesis’”, en Ethics, Nº 96
(1986), págs. 282-300.
1 Charles TAYLOR, Fuentes del yo (parte tercera), 15 F. TOMÁS y VALIENTE, A orillas del Estado, Tauros, 65

Paidós, Barcelona, 1996. Madrid, 1996.


2 H. DUBIEL, Was heisst Neokonservatismus?, Suhr- 16 A. CORTINA, J. CONILL, A. DOMINGO, D. GAR-
kamp, Frankfurt, 1985, pág. 108. CÍA MARZÁ, Ética de la empresa, Trotta, Madrid,
3 P. BACHRACH, Crítica de la teoría elitista de la 1994.
democracia, Amorrortu., Buenos Aires, 1973. 17 A. MACINTYRE, Tras la virtud, Crí-tica, Barcelona,
4 A. CORTINA, La moral del camaleón, Espasa-Calpe, 1987, cap. 14.
Madrid, 1990, cap. 8 (“Amicus Plato”). 19 A. CORTINA, Ética aplicada y democracia radi-cal,
5 HERÁCLITO de Éfeso, DK 22 B 121, citado por F. sobre todo parte III (“Los retos de la ética apli-cada”).
Cubells en “Los filósofos presocráticos”, en Anales 20 Al nivel en que decidir la justicia de una norma su-
del seminario de Valencia, 1965, pág. 307. pone tener en cuenta a todos los afecta-dos por ella,
6 T. J. PETERS y R. H. WATERMAN, En busca de la tratándolos como fines en sí mismos, e intentando
excelencia, Folio, Barcelona, 1990. que la norma satisfaga intereses universalizables
7 N. AUBERT y V. GAULEJAC, El coste de la exce- 21 A. CORTINA, “Ética de la sociedad civil: ¿un antídoto
lencia, Paidós, Barcelona, 1993. contra la corrupción?”, en: Claves de Razón Práctica,
8 R. B. REICH, El trabajo de las naciones, Vergara, Ma- núm. 45 (1994), págs. 24-31; también en F. Laporta
drid, 1993. y S. Álvarez (eds.), La corrupción política, Alianza,
9 D. GRACIA, “El poder médico”, en Varios: Cien-cia Madrid, 1997.
y poder, Universidad Comillas, 1986, págs. 141-174. 22 D. GRACIA, “El recto ejercicio profesional: ¿cuestión
Ver también A. CORTINA, cap. 6 en Pilar Arroyo personal o institucional?”, op. cit., pág. 95 y ss.

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