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CAPÍTULO III: CONVERSIÓN Y RECONCILIACIÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

La experiencia de la conversión puede producirse en virtud de unos resortes íntimos que


impulsan al hombre a rechazar y corregir sus errores, es una experiencia religiosa, movida
por una llamada divina. Una de las formas utilizadas en la Sagrada Escritura para expresar el
amor de Dios y su voluntad de salvar a los hombres. El tema de la conversión en la Biblia
hay que situarlo desde dos referencias fundamentales, una dice relación al pecado, en cuanto
realidad que justifica o determina la llamada a la conversión, y la otra se refiere al perdón
que Dios ofrece al pecador arrepentido y que abre la conversión a la esperanza. Ambas
referencias tienen una fuente común, que es el amor misericordioso del Padre.
El fundamento del mensaje bíblico sobre la conversión está en el Dios de la Alianza. El
mensaje que Dios envía a su pueblo, a través sobre todo de los profetas, se dirige a denunciar
las infidelidades que el pueblo comete contra su Señor y a despertar y reavivar en los
creyentes la esperanza en las promesas de salvación.
LA CONVERSIÓN, COMO LLAMADA DE DIOS
La conversión en la Biblia es en primer lugar una llamada en la que Dios manifiesta a los
hombres su deseo de vivir en paz y comunión con ellos. Si Dios llama al hombre o éste se
siente llamado por Dios, es porque entre Dios y el hombre existe una base de relación y de
recíproco interés. El lenguaje que Dios emplea para comunicarse con el hombre es
lógicamente un lenguaje humano, a través del cual se proyecta una imagen antropomórfica
de Dios.
Las formas literarias con que se expresa el mensaje de la conversión, son muy variadas y
pueden a veces parecer contradictorias. Una imagen utilizada frecuentemente por los profetas
para revelar el amor gratuito, generoso y misericordioso de Dios, es la del Esposo. Otras
expresiones se inspiran en la imagen de Dios Padre, que está siempre dispuesto al perdón, a
la paz y a la reconciliación, que corrige a su pueblo como un padre a sus hijos y se apiada
siempre de ellos. Los sentimientos de Dios hacia su pueblo se expresan a veces en un lenguaje
maternal, que utilizan con gran destreza algunos profetas.
El "poema del amor divino" de Oseas desarrolla la imagen del niño Israel, a quien Dios ha
llevado en brazos y por el que sufre dolor en sus entrañas cuando se vuelve a los ídolos. En
Isaías, el amor de Dios se compara directamente con el de una madre: "¿Puede una madre
olvidarse de sus criaturas, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella te olvide,
yo no te olvidaré".
EL PECADO EN EL MENSAJE DE LA CONVERSIÓN
El pecado es una categoría eminentemente religiosa, que sintetiza y apropia todo lo que hay
de mal moral en el mundo y en el hombre. Lo primero a destacar en este concepto, es que se
trata de una realidad muy relevante en la existencia humana, porque amenaza la libertad del
hombre y afecta al destino mismo de la humanidad. El pecado de Adán y Eva tiene en la
Escritura un valor simbólico y ejemplar. Es una falta de desobediencia al mandato divino, a
causa de la cual llega la desgracia a la humanidad. Es una falta imputable al hombre. En él
se contempla sobre todo la razón "religiosa" del mal moral, que tiene en cuenta la voluntad
divina. El rechazo de Dios significa el abandono de aquel que es la fuente de todo bien y
constituye, por tanto, un mal trascendental para el hombre.
Esta concepción religiosa del pecado no excluye, sin embargo, el reconocimiento de otras
dimensiones de la moralidad, como aquellas que se refieren a los deberes para con el prójimo,
a sus derechos, bienes e intereses. Por otra parte, las leyes y prescripciones sociales, que
tratan de regular la conducta religiosa de los judíos, han de interpretarse dentro del contexto
sociocultural en que se redactan y teniendo en cuenta el carácter de su contenido.
La ley mosaica tiende a abarcar todo aquello que la tradición oral o escrita de los judíos
conserva y transmite como voluntad divina. Con frecuencia se denuncian los pecados de una
forma general o global, como faltas de infidelidad a Dios. De esta manera se pone aún más
el acento en el carácter religioso del pecado, que fundamentalmente consiste en faltar a las
exigencias de la Alianza, a la fe y confianza en Dios, a su ley y a todo lo que ésta abarca en
cuanto a deberes y prácticas religiosas. Para el creyente judío, el pecado es la única realidad
que puede desbaratar los proyectos divinos sobre el triunfo y la prosperidad de Israel.
La terminología hebrea sobre el pecado es extraordinariamente rica y amplia. En la literatura
judeo-palestinense, sobresale también el vocablo, hoba ("deuda"), que llega incluso a
absorber a los demás vocablos. El pecado produce una "deuda" ante Dios.
MEDIOS PARA ALCANZAR EL PERDÓN
Se proponen los medios para alcanzar el perdón o la piedad divina. Estos consisten
principalmente en el reconocimiento y la confesión del pecado, la ofrenda de sacrificios y las
prácticas penitenciales. Estas últimas se reducen sobre todo a oraciones, ayunos y signos
externos de dolor y compunción.
Estas últimas obras de caridad y piedad son medios personales, no culticos, que sirven para
la expiación de los pecados y ayudan a la reconciliación con Dios si van acompañadas de la
conversión sincera del corazón, como piden los profetas. Las abluciones y purificaciones
rituales son también una forma de práctica penitencial. Más importancia tienen entre las
prácticas penitenciales judías los sacrificios expiatorios ofrecidos por los pecados personales
o del pueblo. Estos sacrificios tienen lugar con ocasión de calamidades o necesidades
públicas y van unidos a oraciones, ayunos y otras obras de penitencia.
CONFESIÓN, ARREPENTIMIENTO Y COMPASIÓN
Las confesiones de pecados y fórmulas varias que expresan verbalmente la conciencia de
culpa, la esperanza y el deseo del perdón, son en el Antiguo Testamento el mejor y más vivo
ejemplo. En el libro de Nehemías, los hijos de Israel confiesan reiteradamente los pecados
de sus antepasados y los levitas pronuncian una larga fórmula de confesión. Pero es sobre
todo en los Salmos donde estas confesiones se formulan con mayor entonación lírica,
sinceridad religiosa y riqueza de sentimientos. Los salmos de contenido penitencial son en
unos casos lamentaciones y súplicas de carácter público.
Determinados salmos han sido destacados, tanto en la tradición judía como cristiana, por su
profundo espíritu de contrición y esperanza, como fórmulas litúrgicas especialmente aptas
para expresar a Dios el dolor y arrepentimiento por los pecados.
Si el mensaje bíblico de la confesión encuentra su punto de arranque en el amor
misericordioso de Dios, no se reduce a denunciar el pecado y a llamar al arrepentimiento en
orden a reparar la "deuda" contraída ante Dios y el daño inferido al prójimo, sino que mira
también al horizonte de las promesas divinas. Para el creyente judío, la salvación es la
manifestación del poder de Dios en favor de su pueblo.
Para el profeta Jeremías, las metas de la llamada a la conversión están en la "novedad" de un
corazón conforme al sentir de Dios, de una alianza que sitúe la ley en el interior del hombre,
de una Jerusalén reconstruida. Isaías anuncia la justicia y la salvación, unos cielos nuevos y
una tierra nueva.
Las divisiones entre Judá e Israel hacen recordar a los profetas los pecados de uno y otro
reino, anunciando el perdón y la unión entre las naciones hermanas. Si Dios se muestra
misericordioso con su pueblo, los creyentes judíos deberían sentirse misericordiosos unos
para con otros. Sin embargo, la ley del "tallón" se limita a exigir la moderación en la forma
de manifestar la venganza contra las injurias recibidas.
Abrahán, el padre de los creyentes, se manifiesta en todo momento como un hombre de paz,
que evita toda rencilla con los suyos o con los extranjeros. La literatura sapiencial insiste en
el amor fraterno hacia todos, incluido el enemigo.
LA CONVERSIÓN, CAMINO DE SALVACIÓN
Si la conversión del hombre arranca en la Biblia de una llamada de Dios, el movimiento de
conversión consiste en una vuelta hacia Dios. La imagen que predomina en el lenguaje
bíblico sobre la conversión es la del "camino de la vida".
En la llamada a volver a Dios late el mensaje de que en Dios está el origen de la vida del
hombre, la fuente de todo bien y el principio de la salvación, es decir, se contiene el mensaje
fundamental de la fe religiosa y bíblica. De acuerdo con este mensaje, sólo hay dos caminos
para el hombre: el que le conduce hacia un destino de bien, y el que le aleja de aquel que es
la fuente de la vida y lo conduce a la muerte.
Muerte y vida son dos conceptos bíblicos que reflejan perfectamente la contraposición entre
dos caminos, dos orientaciones opuestas de la conducta humana, una dirigida hacia Dios y la
otra apartada de Él.
La conversión, en último término, es una llamada y una advertencia que Dios dirige al
hombre para que éste busque el camino de la felicidad, de su salvación en "alianza" con Dios,
en relación de amistad y confianza con aquel que se revela como Padre del hombre, Señor y
amigo de la vida.
SEMINARIO DIOCESANO DEL SEÑOR DE
TABASCO Y NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

ETAPA DE TEOLOGÍA

CAPÍTULO III: CONVERSIÓN Y RECONCILIACIÓN EN EL ANTIGUO


TESTAMENTO

Presenta el seminarista
JULIO MATEO ÁLVARO HERNÁNDEZ

Profesor:
PBRO. GASPAR FCO. BAEZA VÁZQUEZ

Materia:
RECONCILIACIÓN Y UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

Villa Parrilla, Centro, Tabasco