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Usufructo, uso y habitación: trascendental cambio de función económica(*)(**), Por Urbaneja, Marcelo Eduardo - El

Usufructo, uso y habitación: trascendental cambio de función económica(*)(**), Por Urbaneja, Marcelo Eduardo - El Derecho, [275] - (04/12/2017, nro 14.321)

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Introducción

Cuando el actual Código Civil y Comercial de la Nación (CCCN) era todavía Anteproyecto, había señalado la visceral transformación que sobrevendría en la utilización del usufructo, el uso y la habitación(1). Para usar una expresión muy del gusto de sus autores, se trata de un "cambio de paradigmas".

Ya en vigor el nuevo ordenamiento, en diferentes disertaciones y publicaciones insistí en la marcada innovación que se había producido(2), que en apariencia había pasado desapercibida (y en parte sigue haciéndolo) en la comunidad jurídica.

Las XXV Jornadas Nacionales de Derecho Civil, que en octubre de 2015 se abocaron al análisis del usufructo y en las que la ponencia que presentara fue en parte receptada en las conclusiones, destacaron el nuevo marco jurídico de esta figura(3).

No obstante, el otrora desdibujado rol que les cupo desempeñar al uso y a la habitación dificultó su actual aceptación como institutos que reemplazan la función económica que la práctica argentina tradicionalmente delegó en el usufructo, acerca de la cual brego y advierto en ideas que, reelaboradas, destaco aquí(4).

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La función económica del usufructo con el código derogado

Como es sabido, el usufructo fue un derecho real que tradicionalmente, en la Argentina, quedó acotado al ámbito familiar. Si se tiene en cuenta que, de ordinario, la iniciativa provenía de parte de los padres (que pretendían transmitir la nuda propiedad a sus hijos y reservarse el usufructo), son evidentes los beneficios que proporcionaba a estos. Por este motivo, colocaremos la mirada en los transmitentes y su interés, a partir de su intención de beneficiar gratuitamente a los nudos propietarios, habitualmente, sus hijos.

Existían diversas instrumentaciones posibles, según la situación jurídica desde la cual se partía. Tanto podía donarse la nuda propiedad reservándose el usufructo como transmitirse el dominio pleno y simultáneamente constituirse usufructo, hasta una combinación de ambas(5).

En suma, las ventajas que proporcionaba a los padres conservar en su cabeza el usufructo, con la nuda propiedad en sus hijos, son diversas:

1) Por un lado, el usufructo brindaba a los padres la inejecutabilidad de su derecho, lo que les aseguraba que sus acreedores solamente podrían cobrarse de los eventuales frutos (v. gr., alquileres), pero nunca subastar el propio usufructo, por lo que podrían vivir en el inmueble hasta su fallecimiento. Naturalmente, el otorgamiento de un acto en fraude a sus acreedores habilitaba, a estos, la acción revocatoria.

2) Por otro lado, al extinguirse el usufructo por la muerte de su titular, los anteriores nudos propietarios adquirían de pleno derecho el dominio perfecto, sin que ello requiriera el trámite de ningún proceso sucesorio para ser probado documentalmente (dado que bastaba la partida o el certificado de defunción, el que inclusive podía –y puede– inscribirse en el registro inmobiliario sin necesidad de escritura pública –art. 36, decreto ley 17.801/68–).

3) Finalmente, el derecho de acrecer permitía que, en caso de ser ambos padres los usufructuarios, la extinción del derecho respecto de uno de ellos (habitualmente por fallecimiento)

implicaba su transmisión de pleno derecho al otro.

El uso y la habitación, en cambio, corrieron distinta suerte. Aunque compartían la extinción por causa de muerte y la inejecutabilidad, las oscuridades de sus respectivas regulaciones sumadas a las nulas ventajas que hubieran proporcionado frente al usufructo implicaron su total desuso, salvo la habitación del cónyuge supérstite a partir de su creación en 1974.

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La disminución de la utilidad del usufructo

y el correlativo surgimiento del uso y la habitación

A) Introducción

Mirado nuevamente desde la óptica de quienes donan, el CCCN ha alterado sustancialmente la utilidad de cada una de estas figuras. Si bien los tres derechos siguen extinguiéndose por la muerte del titular (arts. 2152, inc. a], 2155 y 2159), la otra característica que los identificaba, la inejecutabilidad, sufrió una marcada variación.

B) La ejecutabilidad del usufructo. La ineficacia

del régimen de vivienda para eludirla

El usufructo es ahora subastable, aunque el CCCN ofrezca aquí otra de sus reiteradas inconsistencias. Por un lado, el art. 344, inc. e), indica que el usufructo es inejecutable, excepto en

el caso del art. 2144. Este último se limita a señalar la posibilidad de ejecutar el usufructo que tienen los acreedores del usufructuario, sin establecer presupuestos para llevarla a cabo. Cabe concluir, entonces, que el art. 344, inc. e), queda neutralizado: el usufructo es ejecutable en todos los casos, conforme los principios generales del incumplimiento.

Con todo, hay que señalar que es absolutamente improbable que alguien adquiera en una subasta el usufructo, dado que está destinado a extinguirse no solamente cuando fallezca el propio adquirente, sino cuando muera el primitivo (art. 2142, que, según interpretación sistemática que la doctrina avala, se predica también del adquirido en subasta –art. 2144–). Lo que, en cambio, es probable que ocurra es que un acreedor pretenda ejecutar el usufructo con el único propósito de disuadir al usufructuario deudor al pago. Inclusive, si no fuera incentivo suficiente para el pago, puede ese mismo acreedor adquirir en la subasta el usufructo y compensar su crédito.

De esta manera, el usufructuario podrá perder su derecho y no ya, como en el régimen precedente, solamente los frutos. En consecuencia, los registros inmobiliarios que no anotaban embargos sobre el usufructo (como el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) deberán ahora admitirlo para viabilizar la posterior subasta. Volveré sobre el punto en el apartado siguiente.

Acaso pretenda eludirse la subasta del usufructo a través de la afectación al régimen de vivienda.

En este sentido, las ya citadas XXV Jornadas Nacionales de Derecho Civil se pronunciaron a favor de admitir que el usufructuario pueda afectar el inmueble al régimen de vivienda (postura que voté), naturalmente, si se reúnen los requisitos pertinentes. Cabe señalar que no se trata, como lo admiten muchos registros inmobiliarios, de la afectación en conjunto del nudo propietario con el usufructuario, declarando que todos ellos conviven y designándose todos ellos beneficiarios. Lo que el simposio señalado estableció es que los recaudos deben exigirse exclusivamente en cabeza del usufructuario, sin necesidad de establecer como beneficiario al nudo propietario ni requerir de este ninguna característica en particular.

Siendo la primordial característica de este régimen la inejecutabilidad (art. 249 del CCCN), podría pensarse que su utilización, vinculada al usufructo en los términos descriptos, brindaría resultados equivalentes al régimen actual del uso y la habitación en este aspecto.

Como veremos, si bien esa conjunción de usufructo y vivienda atempera los efectos de la ejecutabilidad, no los suprime y por eso no resulta suficiente para equipararse a la nueva función

económica de estos clásicos derechos de disfrute.

En primer lugar, entre los requisitos de la afectación a vivienda está la imposibilidad de ser titular de más de un inmueble afectado en un ciento por ciento a vivienda (art. 244, último párrafo). Proyectando la idea votada en las citadas XXV Jornadas, cabe colegir que, quien es titular del ciento por ciento del usufructo de un inmueble afectado a vivienda, no podrá serlo de otro en las mismas condiciones.

En segundo lugar, aparece una diferencia insalvable. Según el art. 249, el régimen de vivienda es inoponible a acreedores de causa anterior a la afectación, lo que no ocurre en el uso ni en la habitación, que no pueden ser ejecutados por ningún acreedor, sin importar su fecha. Reiteramos que siempre existirá la posibilidad de revocar el acto por el que se adquiera o reserve el uso o la habitación si se reúnen los requisitos de la acción de fraude (art. 339), mientras que, en el caso de la vivienda, basta con la causa anterior.

C) La inejecutabilidad del uso y la habitación

El uso y la habitación siguen siendo inejecutables (arts. 744, inc. e], 2157 y 2160). Respecto del uso, al señalar el art. 344, inc. e), que "solo" puede "ejecutarse en los términos" del art. 2157, interpretándose este último a contrario sensu, los acreedores solamente podrán subastar los frutos cuando no se limiten a las necesidades del usuario y su familia. Por lo tanto, siendo esta la única excepción a la inejecutabilidad, cabe concluir categóricamente en la imposibilidad de subastar el derecho en sí.

No obstante, el registro inmobiliario bonaerense, desoyendo esos claros mandatos legislativos y hasta incomprensiblemente citando el art. 2157 como apoyo, señala que el uso es subastable (orden de servicio 45/2015).

Lo adecuado debió haber sido señalar que el uso podrá embargarse, tal como sostiene ese registro respecto del usufructo a través de la DTR 13/2010. En este sentido, el antiguo usufructo y el actual uso tienen en común que ninguno de ellos puede subastarse, pero sí puede hacérselo con los frutos que generan. Siempre defendí que, a consecuencia de esta circunstancia, correspondía admitir el embargo del antiguo usufructo (y, por ende, hoy del uso), dado que entre esos frutos se encuentran los alquileres, y la anotación resulta ser la única manera de poner en conocimiento del locatario que el derecho de su acreedor ha sido embargado. Además, esa anotación es la que

impide que el usufructuario (y, reiteramos, hoy el usuario) proceda, sin más, a la renuncia o transmisión del usufructo, perjudicando a sus acreedores(6).

No hace falta añadir que (al igual que antes), ante un acto en fraude a sus acreedores, estos podrán revocarlo y, así, lograr la ejecución.

D) Características fundamentales del uso y la habitación

Las imprecisiones de la legislación abrogada acerca de estos institutos no se hallan replicadas en el CCCN.

Entre los aspectos novedosos, ya no resulta imprescindible que se encuentren ligados a las "necesidades del usuario y su familia", como predicaba el derogado art. 2948 del cód. civil (extensible a la habitación por el último párrafo de la misma norma). No obstante, como en ambos derechos subsiste la imposibilidad de ser constituidos a persona jurídica, se presume que la intención no expresada por el legislador es continuar manteniéndolos en el ámbito familiar (pues inclusive se replica alguna mención tangencial a la familia en el uso).

De esta manera, la función económica de cada uno de estos derechos aparecerá significativamente reformulada. El antiguo usufructo encuentra hoy que la figura que más se le asemeja, desde el abordaje normativo, es el uso, y desde la real utilización en la Argentina, la habitación.

Para así concluir, recordamos que lo más frecuente es que quien terminaba siendo usufructuario era, hasta el otorgamiento del acto, el dueño o su cónyuge.

Subsistirá la utilización obligada del usufructo en los casos absolutamente marginales en los cuales se pretenda que el usufructuario sea una persona jurídica, pues ni el uso ni la habitación la admiten como titular (arts. 2154 y 2158).

Fuera de ese supuesto, el usufructo se circunscribirá a la adquisición onerosa, pues es de suponer que quien paga por el uso y goce pretenderá las mayores prerrogativas posibles. No obstante, como ya señalamos para la subasta, muy difícilmente alguien pagará por la adquisición de este derecho, pues el fallecimiento del titular originario ocasionará la extinción (art. 2142).

Ningún demérito surge para la utilización del uso y la habitación a raíz del art. 1551. A su vez, si la donación "comprende cosas que forman todo el patrimonio del donante o una parte sustancial de este, solo es válida si el donante se reserva su usufructo, o si cuenta con otros medios suficientes para su subsistencia". En primer lugar, y como ya he señalado(7), es jurídicamente incomprobable, al momento de la donación, la situación descripta del donante. Y, en segundo, a la reserva de usufructo cabría añadir las de uso o habitación, pues si bien es cierto que el reenvío normativo de los artículos 2155 y 2159 se orienta a los artículos 2129 a 2153, que es la regulación central del usufructo, lo cierto es que ambos derechos permiten morar en el inmueble, lo cual implica un "medio suficiente para su subsistencia", en lenguaje de este artículo 1551. Además, en el caso del uso, se pueden percibir los frutos y constituir derechos personales, siempre con la "extensión del uso y goce" que determine el título constitutivo (art. 2154).

E) Diferentes instrumentaciones para coronar

un resultado similar al precedente

Centrándome ahora en el nuevo escenario abierto para el uso y la habitación, cabe considerar que, como en los contratos habituales nacía de los transmitentes la voluntad de beneficiar gratuitamente a los que serían nudos propietarios, ellos eran quienes buscaban el mayor resguardo posible de las facultades que conservaban sobre el inmueble.

Sustentado en esta mutación de los rasgos de los derechos en danza, para impedir el desplazamiento del inmueble en virtud de la subasta por los acreedores, ahora los donantes deberán reservarse el uso o la habitación.

En este mismo sentido concluyeron las 39ª Jornadas Notariales Bonaerenses (Mar del Plata, 2015), en el tema 14, en las que expuse como disertante designado.

En este marco, la modalidad decididamente más frecuente es la donación de nuda propiedad con reserva de uso o habitación, con determinadas variantes instrumentales cuando la titularidad dominial corresponde a uno solo de los cónyuges-donantes, para poder llegar al resultado procurado.

Como anticipé, debe ponerse de resalto que al uso resultan aplicables las normas sobre usufructo,

a salvo de disposiciones específicas (art. 2155). A la misma conclusión se llega con respecto a la habitación, pues remite a la regulación del uso (art. 2159), también exceptuando los preceptos específicos.

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Particularidades acerca del objeto

El contrapeso de las ventajas que ambos derechos ofrecen se encuentra en que el objeto resulta más restringido que en el usufructo que admite un inmueble sin ninguna restricción.

En el uso resulta imprescindible establecer "la extensión del uso y goce", pues de lo contrario se considerará que existe usufructo (art. 2154), lo que acarreará la ejecutabilidad que se pretende eludir (art. 2144).

La idea se concatena con la definición que establece que el uso y goce se tendrá "en la extensión

y con los límites establecidos en el título". El término "límites" que utiliza esta primera oración, pero

no la segunda, podría significar una errática evocación del capítulo 4º, del Título III, del Libro IV, del CCCN que debe descartarse (pues resulta atinente a todos los derechos reales).

En suma, amparados en las incongruencias del legislador, cabe concluir que el precepto analizado alude a la limitación de facultades materiales, puesto que las jurídicas se hallan enmarcadas por el art. 2156.

Con esta lectura, existen dos maneras de estipular el uso y goce del usuario para que no se repute un usufructo y, entonces, poder gozar de la procurada inejecutabilidad.

En primer lugar, y aquí amparados en los principios generales (art. 1883) y en la propia definición del uso (art. 2154), puede establecerse que el objeto será una parte materialmente determinada del inmueble.

En segundo lugar, la "extensión del uso y goce" puede consistir en la determinación de la cantidad o calidad de frutos que corresponderán al usuario, reduciendo las pautas del art. 2141. Claro que esta alternativa solo será posible si el inmueble produce frutos (los que en inmuebles urbanos serán alquileres). En cambio, si el inmueble es utilizado por el usuario para morar y no produce frutos naturales ni industriales, es muy probable que en sede judicial un acreedor del usuario, con intención de subastar el derecho, obtenga un pronunciamiento que, basado en los arts. 333 y 384 (pese a la ambigüedad de este último), determine que pese a que en el contrato se estableció que al usuario le correspondería una cantidad determinada de frutos, en rigor, la inexistencia de ellos esterilizó los efectos del pacto acerca de la "extensión del uso y goce" y se estaría en presencia de un usufructo.

Si el inmueble no se alquilará ni generará otros frutos y por su reducido tamaño resultara dificultoso establecer el uso sobre parte materialmente determinada del inmueble, la única alternativa para evitar que se considere un usufructo, si el inmueble está construido, es constituir habitación. En este caso, sus facultades jurídicas estarán reducidas.

En la habitación, el inmueble debe estar "construido" (art. 2158), calificación que, ante el objetable silencio del Código, debe delegarse en las normativas locales y sus potestades de reglamentar lo atinente a la superficie de los inmuebles (art. 228).

Debe advertirse que, si el inmueble no se reputara "construido", la constitución del derecho real será nula (art. 1884, que entre los componentes de la "estructura" señala a los elementos, y el objeto es el primordial de ellos). Además, y aunque la doctrina haya guardado silencio al respecto, se ingresará en el campo de la conversión del art. 384 y concordantes que ya mencionamos.

Resta, aún, determinar el alcance de la expresión "casa", que, adecuadamente eliminada de la definición precedente (art. 2948, cód. civil), inconcebiblemente reaparece en el art. 2161. Se señala allí que, cuando el derecho del habitador "reside solo en una parte de la casa que se le señala para vivienda", su contribución al pago de impuestos, tasas y contribuciones será proporcional a la parte ocupada.

El interrogante del intérprete es la relación que media entre un "inmueble construido" y una "casa", pudiendo ensayarse distintas respuestas que en su tiempo sugerí(8).

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Impacto en los donantes de la nuda propiedad

Estas instrumentaciones resultan atractivas para los usuarios o habitadores (antiguos dueños), por las diferentes prerrogativas de las que gozarán:

a) La posibilidad de habitar el inmueble sin injerencia de terceros, ni siquiera de los nudos

propietarios que no pueden expulsarlos ni tampoco pueden pretender cohabitar con ellos.

b) El derecho de acrecer que se extiende hasta el último de los usuarios o habitadores que

sobreviva esa posibilidad de habitar sin interferencias ajenas.

c) En el uso, la posibilidad de obtener frutos civiles, como el alquiler, por su sola decisión (si bien la

extinción de la locación junto con el uso desalentará a los futuros inquilinos si no cuentan con el compromiso de los nudos propietarios de respetar la duración pactada con los usuarios).

d) La extinción por muerte que permite la inmediata adquisición del dominio pleno por los hasta

entonces nudos propietarios, sin necesidad de proceso judicial ni otorgamiento de escritura pública.

No obstante, los dueños deben ponderar ciertas circunstancias que derivarán de su transformación en usuarios o habitadores, entre las que cabe computar las siguientes:

a) La imposibilidad de transmitir la habitación o de constituir derechos reales y personales (art.

2160). El uso, según sostengo y desarrollo en el apartado siguiente, podrá transmitirse, aunque no se podrán constituir derechos reales por el usuario.

b) La imposibilidad de alterar físicamente el inmueble (más allá de reparaciones o mejoras) o de

modificar su destino o explotación.

c) La imposibilidad de hipotecar "el uso" o "la habitación", por lo que se dificulta la obtención de

créditos.

d) La imposibilidad de ejecutarlo judicialmente (solo puede hacérselo con los frutos en el caso del

uso), lo que en los hechos no permite computarlo como parte del patrimonio, a los efectos de una garantía personal.

e) El régimen de responsabilidad por los gastos vinculados a la cosa, dado que el principio general

es que solamente algunos corresponden a los usuarios o habitadores (arts. 2146 y 2147).

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Rasgos comunes del uso y la habitación

Veamos algunas particularidades atinentes a ambos derechos:

a) El uso no requiere establecerse en función de las "necesidades" del titular "y su familia",

aunque, si el uso de los frutos se limita a ellas, estos no podrán ser ejecutados (art. 2157).

b) El carácter vitalicio es esencial e implícito (arts. 2140 y 2152, inc. a]). Sin embargo, pueden

incorporarse plazo o condición resolutorios que operarán aun cuando el usuario o habitador esté vivo al momento de ocurrir el evento respectivo (art. 2136). Por supuesto que su fallecimiento antes de acaecido el hecho resolutorio también implicará la extinción. Cuando el constituyente es un superficiario (si se admite esa posibilidad como algo sustentado en el art. 2132), la extinción de la superficie acarreará la del uso o habitación (arts. 2125 y 2136). Lo propio, naturalmente, ocurrirá si

quien lo constituyó era, a ese momento, dueño revocable (arts. 1967 y 1969).

c) No puede constituirse de manera sucesiva para que alguien comience a ser titular cuando

culmine el derecho de un usuario o habitador anterior (art. 2132, párr. 2º).

d) Las personas jurídicas no pueden ser usuarias ni habitadoras (arts. 2154 y 2158).

e) La habitación es intransmisible (art. 2160). Acerca del uso, la conclusión resulta controvertida.

Algunas opiniones se manifestaron por la negativa, enancados en la prohibición de constituir derechos reales (art. 2157). Entiendo, muy por el contrario, que el argumento es endeble y que el CCCN brinda sólido fundamento contrario en el art. 1124, inc. a), tesis que difundí al iniciarse la vigencia de la legislación imperante(9).

f) Con el mismo alcance esencial e implícito se presenta el carácter divisible (art. 2132). Permite constituirlo por parte indivisa, y es el que sustenta el régimen del derecho de acrecer como elemento accidental. En cuestión polémica por otro lamentable silencio del CCCN, pienso que ambos derechos admiten la pluralidad de titulares(10).

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Diferencias entre el uso y la habitación

Si ambos derechos se distancian del usufructo, fundamentalmente a través de su inejecutabilidad, también exhiben diferencias entre sí que ameritan su consideración para cada situación en particular.

Ya se aludió recurrentemente a la cuestión del objeto.

Fuera de él, destacamos la posibilidad de percibir los frutos de parte del usuario (art. 2157), prerrogativa de la que carece el habitador (art. 2158, a contrario sensu). Por lo tanto, si el inmueble produjera frutos, en este último caso, corresponderían al nudo propietario.

También se distancian en materia de facultades jurídicas, pues el usuario puede constituir derechos personales (art. 2156), mientras que el habitador no (art. 2160).

Además, no existe uso de constitución legal o forzosa (arts. 1894, 1896 y 2133), lo que sí ocurre con la habitación del cónyuge y conviviente supérstite (arts. 1894, 2383 y 527).

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Conclusiones

Del nuevo contexto normativo surge con nitidez que quienes pretendan donar sus bienes a allegados, pero continuar viviendo en el inmueble transmitido sin riesgo a ser desplazados de este por la ejecución de sus acreedores, deberán hoy reservarse el uso o la habitación y no el usufructo.

La alternativa que sugiero no es plenamente equiparable al supuesto de la reserva de usufructo y simultánea afectación al régimen de vivienda, pues, además de la necesidad de llenar una serie de requisitos, la inejecutabilidad no es total (art. 249).

Naturalmente, todas estas instrumentaciones estarán siempre expuestas (como antes) a la revocación por fraude a los acreedores, cumplidos que sean sus presupuestos.

Bibliografía

Urbaneja, Marcelo E., Práctica notarial de contratos usuales, 2ª ed., Buenos Aires, Astrea, 2017.

– Código Civil y Comercial de la Nación. Comentado, anotado y concordado, Eduardo G. Clusellas (coord.), Buenos Aires, Astrea, 2015, t. 7.

– Causas de adquisición y de extinción del usufructo en el Código Civil y Comercial de la Nación, ED, 265-554.

– Usufructo y Uso y habitación, en Análisis del Proyecto de nuevo Código Civil y Comercial 2012,

Informe especial de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos

Aires, El Derecho, 2012.

– Usufructo inmobiliario: aspectos notariales y registrales, en Usufructo. Aplicaciones civiles y comerciales, Rubén Augusto Lamber (dir.), Buenos Aires, Heliasta, 2011.

VOCES: DERECHO CIVIL - CÓDIGO CIVIL Y COMERCIAL - DERECHOS REALES - DERECHO DE PROPIEDAD - DOMINIO - USUFRUCTO - USO Y HABITACIÓN

(*) Nota de Redacción: Sobre el tema ver, además, los siguientes trabajos publicados en El Derecho: Extinción de usufructo por no uso, por Marcelo Eduardo Urbaneja, ED, 239-300; Derechos reales: ¿solamente se puede constituir el derecho real de usufructo por escritura pública?, por H. Domingo C. Cura Grassi, ED, 259-565; Legados de usufructo, uso, habitación y renta vitalicia en el nuevo Código Civil y Comercial. Diferencias y semejanzas con el Código Civil, por Lidia Beatriz Hernández, EDFA, 62/-8; El art. 1277 del cód. civil. Omisión del consentimiento de la cónyuge. Nulidad de la constitución del usufructo. Responsabilidad del escribano, por Oscar M. García Arnó, ED, 264-118; Reflexiones acerca de la prohibición del art. 2133 del Cód. Civil y Comercial referida al usufructo judicial, por H. Domingo C. Cura Grassi, ED, 264-888; Causas de adquisición y de extinción del usufructo en el Código Civil y Comercial de la Nación, por Marcelo Eduardo Urbaneja, ED, 265-554. Todos los artículos citados pueden consultarse en www.elderecho.com.ar. (**) El autor es Profesor de Derecho Civil de cuarto año (Derechos Reales), de Derecho Societario, de Instituciones de Derecho Comercial, de la Carrera de Notariado y de la Maestría en Derecho Civil Patrimonial (Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina). Autor de libros e investigaciones publicadas en diferentes revistas, y trabajos presentados y laureados en variados simposios jurídicos, en los que también se ha desempeñado como Coordinador nacional y Coordinador provincial. (1) Urbaneja, Marcelo E., Usufructo y Uso y habitación, en Análisis del Proyecto de nuevo Código Civil y Comercial 2012, Informe especial de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, El Derecho, 2012, págs. 603/607 y 609/610, respectivamente. (2) Urbaneja, Marcelo E., en Código Civil y Comercial de la Nación. Comentado, anotado y concordado, Eduardo G. Clusellas (coord.), Buenos Aires, Astrea, 2015, t. 7, pág. 421. (3) Urbaneja, Marcelo E., Causas de adquisición y de extinción del usufructo en el Código Civil y Comercial de la Nación, ED, 265-554. (4) Urbaneja, Marcelo E, Práctica notarial de contratos usuales. 1, 2ª ed., Buenos Aires, Astrea, 2017, pág. 271 y sigs. (5) Ver la primera edición de nuestra obra Práctica notarial de contratos usuales, Buenos Aires, Astrea, 2014, pág. 223 y sigs. (6) Urbaneja, Marcelo E., Usufructo inmobiliario: aspectos notariales y registrales, en Usufructo. Aplicaciones civiles y comerciales, Rubén Augusto Lamber (dir.), Buenos Aires, Heliasta, 2011, págs. 225/247. (7) Urbaneja, Marcelo E., Práctica notarial…, cit., págs. 238 y 239. (8) Urbaneja, Marcelo E., Código Civil…, cit., t. 7, comentario al art. 2158. (9) Ibídem, págs. 418 y 419. (10) Urbaneja, Marcelo E., Práctica notarial…, cit., pág. 284 y sigs.