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Obras de Platón.

Actualmente se puede afirmar, que poseemos todas las obrass de Platón mencionados
por los antiguos:

Aristófanes de Bizancio (h.250-180) hizo la primera distribución en cinco trilogías.

Dercíljdes (s.II-I a. J.C.) y Trasilo de Mendes (fall. 36 p. J.C.); los dividieron en nueve
tetralogías, en las que figuran mezcladas obras auténticas y falsas.

a) Autenticidad:

En el siglo pasado la crítica fue excesivamente severa; y en muchos casos arbitraria.

Interpretaron el contenido doctrinal en base a esquemas trazados más o menos a priori;


y rechazaban todo lo que no se ajustaba a sus ideas preconcebidas; los críticos pusieron
en tela de juicio la autenticidad de la mayor parte de los Diálogos.

Apenas quedó alguno libre de objeciones:

Ast redujo a catorce el número de los auténticos.

Schaarsmidt, a nueve.

Windelband, Ueberweg, Socher y Huit pusieron en duda el Parménides, el Sofista y el


Político.

Pero ninguno fue tan radical como Krohn, que redujo a la República la obra auténtica de
Platón.

La crítica moderna fue más moderada, admitiendo la autenticidad de la mayor parte de


las obras atribuídas a Platón.
Como norma general se aceptan todos los Diálogos admitidos por los antiguos;
exceptuando tan sólo los que por su estilo o por su contenido doctrinal aparecen
claramente rechazables.

Los criterios adoptados, unos son externos, como: la tradición y el testimonio de los
autores antiguos; y otros internos, o sea el contenido doctrinal, la coherencia de unos
Diálogos respecto de otros, la disposición artística, el lenguaje, estilo y vocabulario.

Solamente quedan excluidos como falsos los siguientes:


Axíoco, Sobre lo justo, Sobre la virtud, Demódocos, Sísifo, Eryxias, Alción y las
Definiciones.

Se consideran muy dudosos: Alcibíades II, Hiparco, Los Rivales, Los Amantes, Teages,
Minos (aunque su doctrina es netamente platónica); Clitofón (menos dudoso), Epinomis
(breve apéndice a las Leyes, atribuido a Filipo de Opunte).

De las trece Cartas que se conservan se consideran auténticas la VII y la VIII; y


probables las II, III, VI y XIII.

b) Cronología.

Más difícil todavía es la cuestión de precisar la cronología; cuya importancia es muy


grande para apreciar el desarrollo del pensamiento platónico.

En el siglo pasado, hasta Lewis Campbell (1867), prevaleció el método doctrinal.

El orden cronológico de los Diálogos se establecía haciéndolo depender de esquemas


trazados a priori; en que una idea central debería haberse ido desarrollando conforme a
etapas previstas.

El resultado fue que a cada Diálogo se le asignaron las fechas más diversas; conforme al
criterio adoptado por cada autor.

Actualmente se ha llegado a conclusiones bastante unánimes en cuanto “a la


distribución general en varios grupos netamente destacados; aunque subsistan todavía
imprecisiones, acerca del orden concreto en que deben sucederse cada uno de los
Diálogos en particular.

Criterios Externos.

Los criterios adoptados han sido unos externos, como son:

1. ) los testimonios de los autores antiguos, que son muy escasos; y de los cuales
sólo hay uno cierto, respecto de las Leyes, que todo consideran como obra de la
vejez de Platón;
2. ) las alusiones de los mismos Diálogos a personas o hechos históricos de fecha
conocida, las cuales son muy pocas e inciertas, agravadas por la libertad que
Platón se permite de situar sus personajes fuera de su cronología real (como
sucede con Parménides);
3. ) la dependencia de Platón respecto de las obras de otros autores
contemporáneos (v.gr., Aristófanes, que figura en el Banquete; Isócrates, cuyo
panfleto contra Sócrates data de 393);
4. ) las polémicas mantenidas con ellos (Cfr., las alusiones del Sofista a los
megáricos).

Criterios Internos.

Más positivos en resultados han sido los criterios internos, tales como:

1. ) el análisis del contenido doctrinal de cada Diálogo; que permite apreciar el


desarrollo del pensamiento platónico sobre temas concretos;
2. ) las referencias de unos Diálogos a otros, que son muy escasas; pues solamente
se pueden señalar como ciertas las de la República en el Timeo y en las Leyes, la
del Teeteto al Sofista, la del Sofista al Político, y la del Timeo al Critias;
3. ) las variantes en la disposición artística de cada Diálogo;
4. ) las diferencias de empleo de la forma narrativa y la forma dramática
(Teichmüller);
5. ) las diferencias de estilo y vocabulario, que distingue los Diálogos tempranos
de los de la época más avanzada;
6. ) el cuidado de evitar el hiato (Blass);

En el siglo XX, ha sido renovada la doble cuestión de la autenticidad y cronología de la


obra platónica por J. Zürcher en forma mucho más radical; estableciendo la tesis de que
la redacción del Corpus academicum no es obra personal de Platón; sino de Polemón,
tercer sucesor suyo en la Academia.

A Platón solamente corresponderían algunos esbozos de los diálogos menos importantes


(Apología, Critón, los dos Hippias, Hiparco y algún otro); pero la redacción de las
obras del Corpus academicum, tal como actualmente lo poseemos; habría sido realizada
entre los años 300-270.

El motivo que habría impulsado a Polemón, a llevar a cabo esta refundación de la obra
de su antecesor; hacia quien profesaba la mayor veneración; habría sido porque el fondo
científico del platonismo había quedado retrasado en relación a los avances de la
filosofía hacia el año 300.

Tanto el Peripato (por obra de Teofrasto) como la Stoa; y el Kepos tenían un vigor que
contrastaba con la penuria de la Academia.

Polemón se propuso poner el platonismo «al día»; para lo cual no vaciló en tomar a
manos llenas lo que le pareció más conveniente de los peripatéticos; estoicos, epicúreos
y científicos de su tiempo; a fin de incorporarlo a los Diálogos y subsanar de este modo
las deficiencias de su maestro.
En esta labor, que duró por lo menos veinte años; Polemón tuvo gran cuidado de
conservar el estilo y la escenografía histórica; dejando en la penumbra o encubriendo
bajo el nombre de personajes contemporáneos de Platón otros personajes y
acontecimientos posteriores.

En virtud de esto, la obra personal de Platón queda reducida al mínimo; y, en cambio,


adquieren categoría de auténticos los Diálogos que hasta ahora habían sido rechazados
como falsos.

Los argumentos de Zürcher son variados:

1.°, lenguaje y estilo;

2.º, estado de la ciencia hacia el año 300 y comparación con la del tiempo de Platón;

3.°, comparación y dependencia entre estoicismo, epicureísmo y platonismo;

4.°, comparación de la problemática del Corpus academicun y del Corpus peripateticum


entre 310-290;

5.°, episodios y alusiones que sólo pueden explicarse situándolos hacia el 300.

En su última obra, Zürcher fue mucho menos erudito que en la dedicada a Aristóteles.

Quizá por confiar excesivamente en las conclusiones establecidas en ésta; las


afirmaciones más sorprendentes se suceden apoyadas en pruebas debilísimas o
arbitrarias.

La tesis general no llega ni siquiera a la verosimilitud.