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y

ARTE

DE HABLAR
EN PROSA Y VERSO

POR

D. J O S E F GOMEZ H E R M O S I L L A

NDEVA E D I C I O N ANOTADA

a. : . -.i D . - P . M A R T I N E Z L O P E Z

28657

PARIS MEXICO
L I B R E R I A DE CH. B O U R E T L I B R E R I A DE CH. B O U R E T
2 3 , CALLE VISCONTI, 23 1 8 , C A L L E SAN J O S E E L R E A L , IS

1 8 7 7

Ece&ux (Sena). —Imp. M. y P.-E. Charaire. Propiedad del Editor.


ü M M i l i

NUESTRA SEÑORA.

scí'OUA :

Una obra destinada á promover en España el es-


tudio de las Humanidades, á establecer sólidamente
los principios de buen gusto en materias literarias,
á combatir las erradas opiniones que le han estra-
gado, á recordar y sostener las sanas doctrinas, á
FONDO
A- B. PWBL FC&0"L F "T&OO vindicar la memoria de nuestros clásicos injusta-
mente desacreditados por la ignorancia presuntuosa
de ciertos Aristarcos noveles, y á restituir su anti-
guo esplendor á la hermosa lengua de Garcilaso y
de Cervantes; j á quién podrá dedicarse con mas
justo título que á la augusta SOBERANA, que no solo
se ha declarado la protectora de las letras y de los
que las cultivan, sino que, estudiando con infatiga-
ble aplicación la lengua de su nueva patria, y h a -
El arte de hablar en prosa rj verso escrito por el s e ñ o r D . José
ciendo ele sus buenos escritores antiguos y moder- Gómez Hermosilla, en sí mismo lleva sobrada recomendación
p a r a captarse el favor del p ú b l i c o ; p o r tanto ocioso f u e r a
nos el aprecio que se merecen, no se desdeña de gastar el t i e m p o en elogios g r a t u i t o s .
adornar la real diadema con las flores del Parnaso? No hay d u d a que Hermosilla logró espresar con incompa-
rable dicha los v e r d a d e r o s principios de b u e n gusto en mate-
Dígnese pues V. M. de permitir que bajo sus aus- rias literarias, p e r o es innegable también q u e p o r demasiado
picios vea la luz pública esta obrita; la cual, si no satisfecho de la certeza, d e la claridad y d e la b o n d a d d e su
doctrina, se apasionó mas d e lo debido en las p r u e b a s , i n c u r -
lia salido de mis manos tan perfecta como yo quería, rió tal cual vez (muy pocas) en errores, mostró u n a nimiedad
i n j u s t a en la elección d e los modelos, y trató con un desden
ha sido dictada por el laudable deseo de contribuir
n a d a caritativo á cuantos retóricos le b a b i a n precedido en la
á la reforma de nuestros estudios en el importante escuela.
—-

ramo ae literatura. Un ejsmplo d e escusada p r e s u n c i ó n .


Dice Hermosilla en la página 3 1 4 del p r i m e r tomo d e su
« obra ( I) : La verdad es q u e la palabra griega battos signiiiea
« t a r t a m u d o ; y como los q u e lo son repiten d o s ó m a s veces
« l a s sílabas iniciales d e las palabras basta que r o m p e n á h a -
« b l a r , de aquí se llamaron batos á todos los q u e r e p e t í a n sin
SEÑORA T (i necesidad u n a m i s m a voz. Lo advierto porque los señores
" Enciclopedistas no lo sabían apesar de toda su erudi-
« don; y q u e r i e n d o d a r la etimología d e la p a l a b r a bato-
«logia, n o han hecho mas q u e repetir las inepcias d e Bato el
i de Círene y el pastor de Ovidio. »
A. L. R. P . de V. M.
su humilde vasallo 4. Se entiende que nos referimos á la compaginación qne lleva ¡a última edición
liecna por Don Vicente Salvá: esto mismo ha de teuerse presente respecto á las de-
más citas que estamparemos en este escrito.
JOSEF GÓMEZ HERMOSILLA.
de Cervantes; j á quién podrá dedicarse con mas
justo título que á la augusta SOBERANA, que no solo
se ha declarado la protectora de las letras y de los
que las cultivan, sino que, estudiando con infatiga-
ble aplicación la lengua de su nueva patria, y h a -
El arte de hablar en prosa rj verso escrito por el s e ñ o r D . José
ciendo ele sus buenos escritores antiguos y moder- Gómez Hermosilla, en sí mismo lleva sobrada recomendación
p a r a captarse el favor del p ú b l i c o ; p o r tanto ocioso f u e r a
nos el aprecio que se merecen, no se desdeña de gastar el t i e m p o en elogios g r a t u i t o s .
adornar la real diadema con las flores del Parnaso? No hay d u d a que Hermosilla logró espresar con incompa-
rable dicha los v e r d a d e r o s principios de b u e n gusto en mate-
Dígnese pues V. M. de permitir que bajo sus aus- rias literarias, p e r o es innegable también q u e p o r demasiado
picios vea la luz pública esta obrita; la cual, si no satisfecho de la certeza, d e la claridad y d e la b o n d a d d e su
doctrina, se apasionó mas d e lo debido en las p r u e b a s , i n c u r -
lia salido de mis manos tan perfecta como yo quería, rió tal cual vez (muy pocas) en errores, mostró u n a nimiedad
i n j u s t a en la elección d e los modelos, y trató con un desden
ha sido dictada por el laudable deseo de contribuir
n a d a caritativo á cuantos retóricos le b a b i a n precedido en la
á la reforma de nuestros estudios en el importante escuela.
—-

ramo ae literatura. Un ejsmplo d e escusada p r e s u n c i ó n .


Dice Hermosilla en la página 3 1 4 del p r i m e r tomo d e su
« obra ( I) : La verdad es q u e la palabra griega battos signiiiea
« t a r t a m u d o ; y como los q u e lo son repiten d o s ó m a s veces
« l a s sílabas iniciales d e las palabras basta que r o m p e n á h a -
« b l a r , de aquí se llamaron batos á todos los q u e r e p e t í a n sin
SEÑORA T (i necesidad u n a m i s m a voz. Lo advierto porque los señores
" Enciclopedistas no lo sabían apesar de toda su erudi-
« don; y q u e r i e n d o d a r la etimología d e la p a l a b r a bato-
«logia, n o han hecho mas q u e repetir las inepcias d e Bato el
i de Círene y el pastor de Ovidio. »
A. L. R. P . de V. M.
su humilde vasallo 4. Se entiende que nos referimos á la compaginación qne lleva ¡a última edición
liecna por Don Vicente Salvá: esto mismo ha de teuerse presente respecto á las de-
más citas que estamparemos en este escrito.
JOSEF GÓMEZ HERMOSILLA.
Silos Enciclopedistas replicaran— justifique V. esa verdad,
el trabajo de demostrar el verdadero fin de la atrevida crí-
—¿ con cuales pruebas concurriría Hermosilla hasta aclarar el
tica con que aquel buen señor enriqueció el fondo de su
origen de la palabra batios, y convencernos de que siempre y
librería, componiéndole de obras agenas; no atendiendo yo
siempre significó tartamudo? Supongamos que hubo un hom-
sino á los principios, y esto con la compostura, con la gravedad
bre llamado Battos (I) y que ese hombre fue tartamudo, que el
que ellos mismos me p i d i e r e n , ó b i e n , con la inocente
público quiso aplicar á su nombre el sello del vicio, ó sea del
malicia, con el buen h u m o r que comunmente, y aun apesar
impedimento con que se manifestaba el órgano de la voz de
nuestro, despierta en el ánimo, una creencia, un ademan,
aquel sugeto, y que con ese fin sacó de battos, batología; ¿se
una expresión, un hecho cualquiera que nos llegue con formas
diria por eso con exacta verdad que batios significa tartamu-
ridiculas ó disparatadas.
do? No tal. Góngora, poeta que no careció de cualidades sobre-
salientes, no significa entre nosotros — sutileza pueril, hin- Tras esa franca y leal declaración vengamos á los hechos, y
chazón, hipérbole estravagante, oscuridad presuntuosa, con- los lectores dirán imparcialmente si queda, ó no, mejorado el
cepto alambicado, etc., etc., y sin embargo todas esas cosas Arte de Hermosilla con descartarle de las notas que le puso
juntas damos á entender cuando aplicamos el adjetivo gon- Salvá, ó si acaso incurrí yo en un grave error no queriendo
gorino á las composiciones que parecen con la recarga de conocer con verdad mas principios que los que expuso el
afeites y adornos ridículos en que el célebre Góngora tuvo la primero.
desgracia de perderse. Ejemplos.
Pero apartóme de una cuestión que no ofrece provecho ni
Dice Hermosilla (pág. 28-29) que Jaureguí usó de espre-
Ínteres, y voy á decir á mis lectores, con la mayor concision
siones naturales en e l — A c a e c i m i e n t o amoroso h a s t a — m o -
posible, el porqué de esta nueva edición del Arte de hablar,
dera tu violencia acelerada; pero que e n — ó ya.
pues que, en cuanto al fondo, ha de ser poco mas ó menos el
que anda impreso y reimpreso por diferentes especuladores, Si el peso rehusar pretendes,
esto es, la obra admirable de nuestro Goinez Hermosilla. Déjame el alma y huye descansada

Soy de sentir que D. Vicente Salva dio á los preceptos de


Es una conocida sutileza, un pensamiento con algo de falso,
Hermosilla u n a interpretación falsa, y como por malo que sea
porque el alma no pesa, etc., etc.
un autor nunca deja de hacer algunos prosélitos, veo yo en
« No pretendo que el final del pasage de Jaureguí sea el
las opiniones de aquel suficiente-materia para que la juventud <t mas natural y claro, contesta Salvá, pero si á las muchas
inexperta llegue á desviarse de la verdadera escuela, ó cuando « dificultades que presenta la poesía, se agrega este nimio
menos para que dude de sus dogmas. « rigor, pocos habrá que no se retraigan de entrar en profe-
No pretendo que se me crea bajo palabra. Yo aduciré prue- « sion tan escabrosa y estrecha. »
bas en el curso de esta advertencia, y ellas dirán de donde / Nimio rigor es condenar lo falso cuando nada se opone al
parte el buen sentido c o m ú n ; pero me conviene decir antes, uso de lo verdadero!... Pero repárese que Hermosilla no
que como el señor Salvá pasó á la vida eterna, dejaré á otro arguye ahí contra la claridad, porque claro está el concepto
aunque no asi le parece á Salvá, le trata aquel d e — a l g o
4. Véase la nota que pongo c u la página 2"6.
falso y de conocida sutileza —sentencia de que no hubiera
un garrotazo (4), p o r ejemplo, ó del modo que lo entendió
podido prescindir sin destruir las sanas reglas de la lección
Salvá aunque n o acertó á esplicarse.
que estaba esplicando bajo este título — De la naturalidad Pecó .en lo irónico Hermosilla al encontrarse con unos ojos
de los pensamientos. verdes en la pág. 58, pero Salvá le aplicó la penitencia con
D e j a oficio bestial ( p á g . 3 1 ) que inclina al suelo u n a estrofa, no sé de quien, y con una autoridad que t a m -
Ojos nacidos para ver el cielo. bién se prendó de los verdes ojos de las hijas de Valencia.
Dejemos á cada cual con su gusto, y no nos metamos á dispu-
Contra ese pensamiento dice Hermosilla. — Si trabajar en
tar sobre colores, p o r q u e de ellos no hace gran caso la retó-
ana mina es oficio bestial, porgue inclina al suelo ojos na-
r i c a , en cuyas leyes se apoyó Hermosilla para condenar el
cidos para ver el cielo, también lo será cavar las viñas, segar
mal gusto, la hinchazón, la impropiedad y algarabía con que
las mieses, escardar las huertas y otras mil ocupaciones de la
retrató Balbuena á la hechicera Arleta. Y hubiera podido ha-
vida rústica; á lo cual responde Salva :
cerlo sin poner nada de su casa, sin mas que buscar otros
_ « De que se necesita bajar la cabeza para cavar las
ojos en — el buen humor de las Musas, diciendo con su
« viñas, etc., no se infiere que el poeta no p u e d a mirar como
autor:
« una degradación en el h o m b r e que cave una m i n a arras-
« trado de la sed del oro. Según este modo de discurrir tam- Llamarélos estrellas rutilantes
A las d e l mismo cielo semejantes
« poco se podria tachar de adulación y bajeza el que se doblase Mas ¿ q u é tienen q u e v e r ojos y estrellas
« la rodilla á un poderoso, p o r q u e sea u n acto de religión Si ellos s o n n e g r o s y d o r a d a s ellas?
« arrodillarse ante Dios. » Y cuando los llamara
Del firmamento oscuro d e t u cara
Hermosilla trata de enseñar aquí cuando es sólido el pensa-
Luceros zahareños,
miento, y cuando fútil. Da esta última calificación al racio- También para luceros son pequeños
cinio de Quevedo, y Salvá le defiende con desgracia tanta que Y si p o r menos bajo
de lo nimiamente fútil desciende en la comparación á un ma- Ahora los encajo
El título d e soles,
nifiesto sofisma. En efecto, ¿ q u é simil cabe entre un poderoso Son tramoyas d e cisnes españoles,
y un Dios autor de todo lo criado? Bajeza es ciertamente el Que siempre que celebran
arrodillarse ante un poderoso , mientras que con semejante Bellezas que requiebran
Les parece alabanza humilde y baja
acción no hacemos sino señalar el respeto que nos inspira la
Si 7io hurtan al cielo alguna alhaja.
majestad divina. Si el h o m b r e fue hecho á imagen y seme- Mas yo q u e p o r lo ronco y p o r el tizne
janza de Dios, aunque pobre, nada debe al rico; es tan hombre Tengo poco d e cisne,
como aquel, y se degrada á sí mismo siempre que se humilla y D i r é q u e son las luces d e t u frente
(Si ella m i s m a n o m i e n t e )
postra ante otro semejante suyo, por muy poderoso que este Dos enlutados ojos c o ndos niñas
sea. A mas de eso; ¿ q u é significa lo d e — e l que s¿ ¿oblase la De quien soncuatro párpados basquinas,
rodilla á un poderoso? Un tal equívoco n o m e parece el m a s Q u e c o n travieso estilo
Al sesgo m i r a n s i e m p r e y n u n c a al hilo, 3)
propio para arrojarse á la crítica de un libro intitulado : —
Arte de hablar en prosa y verso. Doblar la rodilla á un Perdóneseme la trivialidad.
pode oso puede hacerse de dos maneras muy distintas, de
De cuyas tiernas guardas
Son l a s pestañas picas ó alabardas; perros que Alalia creyó ver en sueños disputándose los despe-
H e r m o s o s pasadizos d e la vista dazados miembros de su madre. El — su lengua de ponzoña
Q u e puso el celestial y e t e r n o artista
E n m o n j a s , frailes, clérigos y legos,
se rodea, no expresa ni con cien leguas el — lingua est suj-
Para mirar, y ver si no son ciegos. fusa veneno— de Ovidio. El bañado de Hermosilla conviene
perfectamente al sujfusa, aun cuando quisiera decir el poeta
Y ciego, en efecto, es preciso estar, para oponer a Hermo-
latino que la lengua de la Envidia destilaba la ponzoña,
silla el licenciado Viana en la traducción que hace el primero pues claro está que un cuerpo bañado suelta gota á gota la
del retrato de la Envidia trazado por Ovidio en el lib. II de demasía del líquido que ha recibido. Sea, pues, en tal hipó-
los Metamorfóseos. tesis una gota de veneno mortal cada palabra de las que suelta
Dice Hermosilla (pág. 60). la lengua de la Envidia por estar en un baño de veneno, pero
Pálido rostro, cuerpo descarnado, si la veo rodeada de veneno, permitido es presumir que se la
Atravesada vista, negro diente, escapen algunas palabras sin ir envenenadas, como de un cer-
Hiél e n el corazón, lengua b a ñ a d a
co se escapan algunos sitiados, sin que los hieran las lanzas
En veneno mortal, risa ninguna
S i n o c u a n d o s e goza y s e s o n r í e enemigas.
Al verágenos males y dolores.
Si á t í s e p r e s e n t a r e ,
Y Viana vierte el mismo pasaje a s í : L o s o j o s , s a b i o , c i e r r a ; firme a t a p a
La oreja, si l l a m a r e ;
D e amarillez su rostro revestido, Si p r e n d i e r e l a capa,
F l a q u í s i m a e n los huesos, y a u n q u e vea
H u y e ; q u e s o l o a q u e l q u e h u y e , escapa.
Es su mirar ceñudo y retorcido.
D e a m a r g a liiel s u pecho v e r d e g u e a ,
Nótese, dice Hermosilla (pág. 125), qué mal efecto hace el
L o s dientes n e g r o s son, y d e esta guisa
Su lengua d e ponzoña s e rodea. juguetillo de voces capa, escapa, Iraido por el consonante;
N o s e hallará j a m a s e n ella risa á lo cual responde Salvá— « Juzgue el lector imparcial, si hay
Sino lo q u e d e ageno daño nace.
en esa estrofa resabio alguno de juguete de palabras. Mi pa-
¿Se p u e d e , pues, decir con verdad que el pasage de Ovidio ladar no alcanza á descubrirlo. »
ha perdido gran parte de su belleza en la versión hecha por Eso no puede provenir sino de que el paladar del crítico
Hermosilla, mientras que Viana conserva mejor que aquel el habia perdido ya el guslo, ó que nunca le tuvo tan delicado,
empaste del original? Así lo quiere Salva y semejante querer tan fino y esquisito, como era menester para descubrir el sabor
no me parece que prueba en favor del buen gusto, y mucho de las cosas.
menos de la concision. El flaquísima es un verdadero r i p i o ; Ni Hermosilla habla tampoco de juguete, porque bien sabia
— en los hw-sos se entiende el valor de aquella calificación; él que en castellano puro no se dice juguete sino juego de
pero en aquella frase así suelta no hay expresión poétiea, h u - palabras, y aun cuando empleó nuestro autor la voz jugue-
biera sido preciso honrarla con un adjetivo apropiado como el tillo, tan hija de juego como jueguecillo, no pudo usar de
descarnado que al cuerpo juntó Hermosilla, ó como el devo- semejante diminutivo sino para que mas resaltara la puerili-
radores ó voraces que Racine aplicó, con maestría tanta, á los dad del final escapa, no menos sublime allí de lo que parece
muy frecuentemente en boca de los payos de las montañas
Sin embargo al h a b l a r Hermosilla de la pureza de las cons-
de Burgos diciendo - El h o m b r e que tiene capa, es-capa, trucciones haciéndolo con el juicio que mantiene en todo el
curso de su o b r a , todavía le atrepella Don Vicente Salvá en
X mas feliz Salva cuando pregunta Hermosilla ¿qué
f o r m a gramatical, y n o quiero privar al lector de la muestra de
quiere decir una luz dó llueve el saber? (pág. -134), pues le semejante lección.
acomete el crítico con la siguiente punzada : Dice así Hermosilla ( p á g . -154).
« En esta como en todas las o b r a s de Gómez Hermosilla, se ¿De qué se ocupa V.? m e h a n preguntado algunas veces, y
« descubre que estaba m a s versado ( ¿ q u i e n ? ) en los autores p o r poco ocupado que estuviera siempre he respondido — DE
« griegos y latinos que en los castellanos, y que l.abia p r o f u n - nada.... para d a r á e n t e n d e r que los Españoles nos o c u p a -
« dizado poco las vicisitudes de nuestro lenguaje. Si asi no mos EN u n a c o s a , como EN leer, escribir, etc., y no DE a l -
« f u e r a ¿como podría ignorar que el maestro León uso el do g u n a cosa.
« a p o c o p a n d o el adverbio donde, las mas veces (siempre) ¿ P u e d e h a b e r gramático alguno que se atreva á levantar l a
« p a r a d e n o t a r el lugar en q u e se liace (ó s u c e d e ) la cosa, y voz contra esa regla? Únicamente para Salvá e s t a l a reservada
« algunas ( n i n g u n a con su simple forma) significando el d e tanta gloria — oigámosle :
« que p r o c e d e n ? » Aquí nos quiso decir {¿quien ?) la luz de « No h a l l o , dice, q u e la respuesta sea l a m a s castellana,
que dimana el saber, etc., etc. « p o r q u e tanto falta á la b u e n a sintaxis, el que r e s p o n d e —
Por decontado nada habla Hermosilla del dó y no a s e m e - « de nada, como el que p r e g u n t a — de que se ocupa usted.
j a n t e h o m b r e se le lia de suponer ignorando lo que es apocope, o La respuesta debiera ser — en esto ó en aquello, ó en n a d a ,
ni el valor de aquel adverbio. Hermosilla pregunta si el sor- <i si r e a l m e n t e no se tiene ocupacion a l g u n a , etc., e t c . »
ber puede Uover en parte alguna, en una luz, p o r ejemplo. ¿No es eso mismo lo que con mayor brevedad nos dejó d i -
R e s p o n d e r con que aquella frase equivale á — la luz de que cho Gómez Hermosilla? ¿ N o vió Salvá que nuestro autor r e s -
dimana el saber - es u n a suposición gratuita que a m a s de pondía D E NADA con conocimiento de c a u s a , y p a r a d a r á
trastrocar e n t e r a m e n t e el sentido de la perífrasis q u e nos ocu- e n t e n d e r que los Españoles nos ocupamos EN una cosa, y nunca
p a , no destruye en m a n e r a alguna la juiciosa objecion de Her- DE alguna cosa ?
mosilla. Repárese bien; León h a c e q u e el saber—llueva; Her- Comienzo á creer q u e Salvá, al e m p r e n d e r la edición del
mosilla p r e t e n d e que el saber no puede llover, y mucho menos Arle de hablar en prosa y verso, tenia las facultades intelec-
e n una luz..., Salvase a p r e s u r a á reconciliarlos haciendo q u e tuales a u n en peor estado del q u e él mismo nos anuncia d i -
el saber sea el llovido, p o r q u e también dimanar significa — ciendo en la pág. x x x i v de su prólogo :
p r o c e d e r , venir el agua de sus manantiales. « Aun cuando las observaciones añadidas á la presente edi-
Hay q u e convenir al cabo con Hermosilla q u e la perífrasis <i cion se resientan de mi falta de conocimientos para desem-
— La luz dó el saber llueve, es estudiada y oscura. Ü peñarlas d i g n a m e n t e , y de la delicadeza actual de mis
E n la nota que Salva p o n e á la página -139 no me d e t e n d r é , a facultades mentales ( I ) , ruego á los lectores de las nuevas
p o r q u e tengo dada en mi Gramática (3.* edición) la esplica-
cion de lo que se ha de e n t e n d e r p o r pasivo y por activo, y 1. Con esa misma receta echó á volar todas sus o b r a s , gramática, diccionarios, etc.
n o es este lugar muy adecuado para patentizar de nuevo d e s - e t c . ; y ¡así han salido ellasí..
propósitos g r a m a t i c a l e s d e a q u e l critico.
t repúblicas americanas (I) q u e las m i r e n , e t c . , etc., e t c . » Hermosilla encuentra en Virgilio u n a metáfora de mal gusto
Vamos mas adelante. Dice Hermosilla en la página 271 — (véase la pág. 276) y Salvá le sale al encuentro con este argu-
« Ya se ve que la semejanza que puede haber entre una cabeza mento :
« cuyos cabellos son rubios, y un techo dorado, es tan débil, « Como nosotros no vemos á Dios, nos parece mas propio
« q u e sin estudiada afectación nadie la llamará jamas dorado « que produzca las obras p o r un medio invisible, cual lo es el
(i techo (2). » « soplo, que no con las manos ó los demás miembros, de la

« Pocos habrá (3), dice contra eso Salvá, que al leer este h e r - « m a n e r a que nosotros lo hacemos [falsa es la consecuencia).

« moso pasage de Garcilaso, dejen de entender las metáforas « Así en las sagradas escrituras leemos que el soplo del Señor

« claras que contiene, ni de revestirse de los sentimientos de « anegó á los Ejipcios en el m a r . . . c o n f u n d e y hace perecer á

a dolor ( p a l a b r e r í a ) que á Nemoroso aquejaban recordando « los m a l v a d o s . . . congela las aguas y las deslie... y enciende

« la muerte de su amada pastora. Si alguno pudiera tener « el fuego del infierno. Si los paganos tenian u n a idea s e m e -

« d u d a en lo que significa poéticamente él dorado techo'dcs- « j a n t e á esa de sus divinidades (eso no es propio del Arte

« cribiéndose las partes ( ¡ q u é así se escriba en el arte de « de hablar) no es extraño que Virgilio diga q u e Venus INSU-

« hablar!...) de u n a linda Zagala, es imposible que no se la « FI.O (I) (no me (justa ese verbo ni nos hace falta tampoco,

a desvaneciesen los tres versos que preceden « vuelva pues á su patria) á su hijo Eneas todas las gracias
« corporales. »
L o s cabellos q u e v í a n Digo yo contra eso q u e es posible, y mas para el soberano
Con g r a n desprecio al o r o
Como á m e n o r tesoro, etc. »
SER, el anegar en el mar— el confundir y hacer perecer á
buenos y malos — el conjelar agua y desleiría ( p o r q u e hasta
Ni de intento se acertaría á delirar de un m o d o semejante. Tan en las botillerías se usa) y en fin, el encender el fuego como
malo e s — l o s cabellos que vian, como el — d o r a d o lecho, co- haya á la mano materia combustible. Presumo, y no sin f u n -
m o el oro que llovía (pág. 2 7 2 ) y como todo lo demás que d a m e n t o , que Gómez Hermosilla no se hubiera malquistado
allí r e p r e n d e nuestro autor. con Virgilio por cojerle con milagros á la m a n e r a de los que
Dice bien Hermosilla cuando en esa misma página se dis- cita Salvá; sí, la censura no es mas q u e p o r haberle cogido en
trae de su tarea con el siguiente desahogo : supuestos imposibles, pues eso de insuflar cabelleras, y luces
« Estos cabellos rubios han hecho decir tantos disparates de j u v e n t u d , y h o n o r e s alegres... no diré yo de V e n u s , sino
a á nuestros p o e t a s , que sería nunca acabar citar todas sus de nuestro mismo Dios, con valer y poder algo mas, no se con-
« estravagantes metáforas relativas á este objeto. » taría n u n c a con aplauso de las gentes. Por lo menos creo fir-
Quien se a p a r t a de lo n a t u r a l , de seguro se h a de precipitar m e m e n t e que el Dios que nosotros adoramos nunca se entre-
c lo extravagante.
Como Lope de Vega viviera, seguro e s que liabria hecho repetir á su diablillo
CT
1 . Ya comienzan por allá á conocer también el mérito de las producciones de ?PonS°n Kl'oruües barbara tan mente! Como lo dijo ya contra l o s a l i c m n a d o í |
facu tades mentales con amagos de insanas. dividir las palabras, y contra los que teman ia mama de prohmr loces'Moas. tY
2. Y aun cuando la semejanza fuera exacta seria preciso afiadir despues de Salvá tuvo la bondad de decirnos el significado de isócrono«? (v. p a g . ^
techo—puesto al reres; á no suponerle tejado. Algo mas importaba la traducción del insultó, porque ni aun en el Diccionario ta
3. Con <los que haya basta ya para que demos la razón á Hermosilla, porque la tino de esc autor está determinada con acierto.
primera condicion es que se cuide de expresar el pensamiento con claridad.
tuvo en retocar sus ooras: semejante hacer no es mas que de Cito ese hecho para que se vea que puedo abrigar un justo
maes trillos. resentimiento contra el autor del Arte de hablar, sin que por
Pasemos ahora al tomo segundo. eso deje de parecerme su doctrina admirable.
Al tratar Hermosilla de la Oratoria política debió sin d u d a » Fácil es demostrar, pone nermosilla en la página 63 que
cuadrar con sus ideas, esta (página 2 8 ) . a todas las expresiones notadas con letra bastardilla son de
« Mas cualquiera que fuese (la elocuencia popular) volvió a pésimo gusto, i) No lo parecerán tanto, replica Salvá, á
a áeclipsarse de nuevo poco despues del renacimiento d é l a s « todos los lectores lo de — Dos riendas en la cara, y no
« l e t r a s , porque habiéndose acrecentado, y muy felizmente « en la lengua; lo de — baraja de porfías, etc. »
« para los pueblos, la autoridad de los príncipes La réplica n o prueba mas que una cosa, y es, que hay gustos
« No olvide el lector, dice ahí Salvá, que esto se escribía estragados, incapaces por lo mismo de distinguir el color rá
<i en España en \826 bajo el suave reinado de Fernan- el sabor de las cosas. Dejemos las riendas á los caballos, y la
es do VII. » barajados tahúres, aun cuando parezca muy del gusto de Bal-
La observación es justa, pero no está en su lugar. Con h e - buena, contra quien dijo Martínez de la Rosa.— « Aun cuando
chos notorios que me acreditan de h o m b r e mucho mas ene- aquella (la relación) se descubra, es necesario que la voz que
migo del despotismo de lo que p u d o probar el señor Salvá se toma en sentido figurado no sea de suyo baja, ni sirva
mientras que le conocimos entregado á la política, yo no m e para expresar en su sentido propio una cosa innoble ó trividl»
hubiera atrevido á d a r sobre opiniones contrarias á las mias, despues de ver en una composicicm de Balbuena :
lo primero porque quien no es tolerante no puede ser liberal, El cielo e n ejes d e o r o volteando....
lo segundo porque n o hay cosa mas digna de respeto, en m i
Me parece que doy una caida cuando leo en los siguientes
sentir, que la f e , ya se ponga en lo religioso, ya en lo político,
y lo tercero porque disuena el que al h o m b r e que está expli- versos :
T e n l a i n c i e r t a baraja d e l o s d i a s
cando las bellezas del lenguaje, se le acometa exabrupto por-
Unos naciendo y otros acabando.
que voluntaria ó involuntariamente se le deslizó una expresión
También Salvá debiera haberse ahorrado el trabajo de de-
malsonante para oidos de bando ó partido contrario. Por
cirnos en la página 97 que isócronos quiere decir de igual
tanto presumo que nada perdía el lector con olvidar, ni nada
número de tiempos. Sea eso ú otra cosa, isócrono es voz que
con tener presente que aquello se escribia en España en -1826
anda con fortuna en todas las ediciones del Diccionario de
bajo el suave ó áspero reinado de F e r n a n d o ó de Manuel. Lo
nuestra Academia, y la caridad del crítico debió ir hasta creer
que al lector le importa es que el maestro le dé reglas ciertas,
que los lectores la conocían, y si él lo entendió de otra m a n e -
y que no salga un charlatan á distraerle durante la lección.
r a , mal hizo en no traducirnos desde el principio al íin c u a n -
Esa tan insulsa é impertinente piada ni aun en mí mismo
tas voces empleó Hermosilla en la explicación de su arte.
b a b r i a sido disimulable, y eso que Hermosilla fue el autor de
" I-It blando de la versificación castellana nos da nuestro a u -
mi ruina, haciendo que se me destituyera de mi empleo de se-
tor esta regla — (pág. 104 y siguiente).
cretario de la Junta de instrucción pública de Madrid, sin
« Lo que caracteriza nuestra versificación y la distingue de la
mas causa ni motivo que mi atrevida oposicion á la tiranía del
« antigua, es la rima, perfecta ó imperfecta. La p r i m e r a , l i a -
gobierno de Fernando VIL
« m a d a con propiedad rima ó consonante, consiste en que los « con que sean iguales (I), prohibiendo que lo sean t a m -
« versos que se corresponden entre sí, acaben con palabras, en « bien las consonantes. »
a las cuales la vocal acentuada, y todas las que se la siguen, Y es ademas gracioso el gusto con que se explica el crítico.
(i sean idénticamente las mismas. Así, son verdaderos c o n - Con que perdón y dolor sean asonantes se prueba precisa-
« sonantes, etc — La segunda, llamada asonancia, con- mente en favor de la regla de Hermosilla, porque estando
« siste en que las vocales de las dos últimas sílabas sean las en ón y en ór, y no siendo las consonantes n y r semejantes,
« mismas, á lo menos en valor. » y hallándose el acento en la o , hay asonancia tan perfecta
Sin duda tuvo fundamento Salva para corregir á Hermo- como en vence y detiene. Antes de censurar un punto que
silla poniéndole letras despues de las, porque debió tener no admitía un tan pobre remiendo mejor habría sido que
presente que si letra se llama la vocal, letra se llama igual- Salvá nos dejara explicado lo que él quiso entender en e l — ú l -
mente la consonante, y do este género de letras no se había timas de — « a p e s a r de no ser U N A S MISMAS LAS D O S V O C A L E S
hecho mérito. La frase estaba en Hermosilla manca, importaba últimas D E AMBAS D I C C I O N E S . En las voces perdón y dolor no
llenarla diciendo, como Salva — Y todas las letras que se la hay mas que cuatro vocales, es decir dos en cada dicción, y
sigan sean idénticamente las mismas. entrambas cuatro. Los adjetivos primero, segundo, tercero,
Mas es el caso que si el crítico acertó esta vez á corregir un ULTIMO,etc. no pueden expresarse, en nuestra lengua, sino para
pecado tan venial, cae inmediaíamente él mismo en otro mor- marcar una relación de orden, de tiempo ó de l u g a r . Pon-
tal en otro en que no puede incurrir ninguno que sepa gamos por ejemplo una fila de soldados; en ella n o habrá
leer. primero, ni segundo, ni último, si no es relativamente al pun-
Oigámosle : se trata de la rima imperfecta ó sea asonancia. to en que se coloca el que quiere comenzará contar, y entonces
« Tampoco esto es exacto porque asonantes son perdón y diría — uno, dos, tres, etc.; ó, p r i m e r o , segundo, tercero,
dolor á pesar de no ser unas mismas las dos vocales últi- cuarto, último, etc. Y si esto es innegable; ¿donde está el objeto
mas de ambas dicciones. » de relación que pudo motivar el últimas de Salvá, es decir,
Lo restante no hace mas que repetir, con muchas mas pala- donde tienen las primeras, las dicciones perdón y dolor?
bras que Hermosilla, lo mismo que*este nos dejó dicho. Yo no las veo, ni nadie los verá porque no hay mas vocales,
que e-ó y o-ó, últimas en ambas dicciones escojidas por el
¿Qué puede, en efecto, reprendérsele á nuestro autor, el no
crítico sin reparar que se le ordenaba contar desde la vocal
haber repetido lo Az—después de la vocal acentuada? ¿Para
acentuada. Digámoslo de una v e z ; no tenia Hermosilla nece-
qué esa repetición cuando sabemos que habla bajo el mismo
sidad de la lección, puesto que para prueba de su regla pone
punto de vista que al explicar la regla de la consonancia ?...
perla y sélva. '
Nadie ha tildado hasta ahora de inexacto á Martínez de la
Rosa por haber expuesto ese precepto del mismo modo q u e Continua luego Hermosilla observando lo que ocurre al
Hermosilla. recitar los versos con lo que se llama cesura, y dice el lugar
Oigámosle. — « Consiste pues la diferencia entre el conso- donde puede ( n o olvidar ese puede ) caber, para la mayor
« nante y el asonante en que el primero exige precisamente armonía de aquellos.
o que sean idénticas todas las letras desde la vocal acen-
I . Hace falta tauibiea ató e l — despues de la acentuada"! nadie lo dirá.
« tuada hasta el fin de la palabra, y el segundo se.contenta
Salva pretende (pág. -106) que nuestra poesía no reconoce bien .queremos pararnos en la sílaba n u , pero la necesidad,
semejante cesura (1). No perderé el tiempo notando los s u - etc., hace que no verifiquemos la pausa (cesura) basta haber
tiles argumentos con que presume derribar la opinion de pronunciado el be Y ¿para qué esa pausa ó cesura puesto
todos nuestros mejores poetas, p o r q u e desde que el crítico nos que no la reconoce nuestra poesía ?
dio la muestra de la escelencia y dulzura de su M u s a , en Tercer argumento. En el verso que sigue del mismo autor.
aquello de — En el oriente cárdeno aparece
Es cierto que n o encontrándosele
Las alhajas q u e robó, habría que hacer la pausa por esta razón, en la octava; pero
Sin justicia el r e y obró los que no admiten cesura sino basta la sétima, lo harán en la
A la m u e r t e c o n d e n á n d o l e ;
quinta á fin de sostener su principio. No cabe duda en. que si
perdió el derecho de voto en la materia, y basta se mostró la sílaba sesta es acentuada y final de dicción al mismo tiempo
en la mas crasa ignorancia de las leyes censurando la sen- hay que hacer en ella la detención ( c e s u r a ) / si no
tencia del rey, el cual condenó u n crimen justificado, y sin la reconoce nuestra poesía... como en este verso :

injusticia m a s q u e faltara lo que se llama— cuerpo del delito>. Sin fin amarillez, sin fin tinieblas
Y finalmente descubramos el embrollo con que Salvá baraja
Pero aun aquí, añade el crítico, h a n tomado los prosodistas
la cuestión.
la causa por el efecto cuando establecen que la sesta (I) ha
Hermosilla dice t e r m i n a n t e m e n t e que la cesura P Ü E D E C A E R
de ser la acentuada, si cae la cesura despues de ella; d e -
en esta, en aquella ó en la otra sílaba, y á ese decir responde
biendo p o r el contrario haber dicho, que si nos paramos en la
Salvá con que—nuestra poesía no reconoce semejante cesura,
sesta sílaba es — por reunise en ella el acento dominante y
y que tal sistema es absurdo. E s t e era el punto que el crítico
el fin de una dicción; de modo que concurren la entonación y
debiera haber justificado con hechos. Lejos de hacerlo así
EL S E N T I D O G R A M A T I C A L para hacer que marquemos con cierta
nos trae por primer a r g u m e n t o que los poetas de mas fino
detención (cesura) aquella sílaba. »
oido confiesan que al recitar el verso de Samaniego
Con nada de eso se ha demostrado que nuestra poesía no
F cuando ? cuando en todas las naciones,
reconoce la cesura; al contrario, todo ello prueba que la re-
se hace la mayor pausa despues de la tercera sílaba, aunque conoce. El critico n o se muestra con una inteligencia poética
la cesura está (si acaba Y. de decir que nuestra poesía no r e - muy despierta, y en ello no hay pecado, pero lo imperdonable
conoce cesura 1) en la sétima. es que, habiéndose dicho autor de una Gramática, haga al
Su segundo argumento es q u e cuando leemos este verso d o sentido gramatical responsable de la — cierta detención
que hacemos en amarillez.
Sancho Barbero,
¿Es de regla que no debamos detenernos hasta que el sen-
Asi cuando una nube tormentosa
tido gramatical nos lo ordene? si no se pudiera sostener

1. Y si no la reconoce ¿ á qué decimos e n la página 222 que él ha conocido poelas


que sin saber qué era CESCRA hacían escelentes verso« ? 4. Hermosilla n o lo dice; la doctrina e s que la cesura puede caer despues de la
Mientes Fabio cuarta, de la quinta, de la sesta, y de la sétima en los versos de once silabas, a u t
Que yo soy quien lo escribo y n o lo entiendo. ser sálicos en los cuales cae constantemente despues de ta <uinw.
Y partieron las dicciones
Con trastornos peregrinos;
semejante despropósito, y al recitar un verso, el uso y el gusto
Mas ya ¿quien licencia toma
nos obligan á hacer una pequeña pausa despues de tal ó tal Para vestir con el Cid,
dicción, aun,cuando el sentido gramatical 110 se descubra O para usar en Madrid
El traje que usaba Roma?
allí, ¿no es eso lo que se llama cesura ?
Ko hubiera sentado Salvá semejante'opinion si su oído h u - Donde creo yo que Hermosilla equivocó la lección es en el
biese tenido la finura necesaria para advertir el bellísimo acen- contexto de la página 162; y 110 porque á mí se me ocurren
to de nuestro Garcilaso en aquello de razones en contrario, pues ninguna alcanzo, sino porque Salvá
aboga en favor de la opinion de nuestro autor enseñándole
Cual suele el ruiseñor — con triste canto
Quejarse entre las hojas — escondido los doce romances del Moro espósito, con la inocente confianza
Del duro labrador — que cautamente, etc. de que sacude ÜN B Ü E X voleo, si no contra el romance ende-
¿Donde está ahí la cesura y adonde acaba el sentido gra- casílabo, cuando menos contra el martilleo de la asonan-
matical? Si el crítico hubiera leido atentamente el célebre cia, lo propio que condenó Hermosilla.
Metastasio, es probable que habría dejado en paz á Hermosilla, Dios nos libre esta vez de atribuir un fin interesado á la pa-
tanto en este como en otros muchos pasages. labrería que pone Salvá contra la doctrina de Hermosilla; sea
Y por si nos pudiese quedar alguna duda de la insopor- aquella palabrería p u r a , y simplemente parto de facultades
table dureza del oido del señor Salvá, pasemos á la página 115, mentales ya maleadas, como él mismo nos lo asegura, y en
donde al decir Hermosilla que un poela puede (en las inver- tal supuesto no nos estrañemos si tan vana y descompuesta-
siones) separar los demostrativos del sustantivo á que se re- mente acomete contra versiones quiméricas sin siquiera a d v e r -
fieren , le responde aquel — si que puede, pero solo por tir que pasa por entre realidades.
medio de alguna frase corta que sea equivalente á un Cuando Hermosilla observa á propósito de la comedia
adjetivo, como, v. g. | pág, 181), que en ella el poeta debe poner siempre la esce-
na en su pais y en su tiempo, entendió hablar de la come-
Ese tan digno de la virtud elogio
La de los contrarios valentía.... dia satírica, como evidentemente se desprende del final de la
página 182 donde se lee. — Pero en la (comedia) sentimental
¡ O h , y cual acertadamente habría aumentado y mejo-
de que luego hablaré, el lugar y el tiempo son tan arbitra-
rado el señor Salva las insulsas Academias del Jardín, com-
rios como en la tragedia, etc.
poniendo romances con inversión de frase corta y diciendo
¡ En qué se f u n d a , pues, Salvá para gritar t a n magistral-
como allí se dice
mente. — « El autor no tiene razón en esto aun cuando se
Una, si altiva, no vana
Garza, que en las de su abril limite á la comedia según él la entiende? ¿ E n q u é todavía ve-
Galas ostenta belleza mos con agrado las comedias de los autores mas acreditados
En el del amor país !.... de la antigüedad? Pues que se ponga hoy en el teatro un auto
¡ Qué musa tan melodiosa 1 sacramental, y veremos como le recibe el público. Aplaude
En vano, pues, dijo el príncipe de Esquilache, todavía y aplaudirá en adelante, los felices retratos de nuestros
Confieso que los latinos antiguos autores aun cuando vienen, (como lo dice el crítico
Usaron transposiciones,
Salvá) en un lenguage que empieza á ser anticuado. ¿Qué y tendremos en nuestro mismo pais? Por eso dijo con razón
tiene que ver el lenguage con el embeleso en que cae el espec- Hermosilla. — Póngase la escena en su pais y en su tiempo.
tador á vista de los vivísimos, y tal vez graciosos / c o l o r e s con En su tiempo, en efecto, porque no lijaríamos la vista con
que se le representa la codicia de un personage fantástico, ó mucho entusiasmo en un cuadro de costumbres que nos fueran
ya la inútil y burlada sagacidad de un marido zeloso? enteramenle desconocidas.
«¿Porqué no ha de poder (dice mas abajo Salvá) echar mano
Si saliera hoy La Hoz á las tablas diciéndonos de su mise-
« el poeta de un caso bien conocido de la historia sagrada, ó
rable—
a profana, nacional ó extraña, y aun de cualquiera de las fic-
Él vive en u n desvancillo, « ciones de la mitología, para ridiculizar el vicio de la adula-
Que aunque aposento le nombra,
El nicho d e S a n Alejo (i c i o n , los zelos i n f u n d a d o s , los sobresaltos que acompañan
Es c o n él sala espaciosa: « al que se afana p o r atesorar, y tantos otros asuntos que
Su comida e s t a n escasa « pueden sacarse de aquellas fuentes, para corregir la moral
Q u e si s e pesa p o r o n z a s
Ni á a u n a n a c o r e t a f u e r a a de los pueblos? » (I)
Colacion escrupulosa; Claro está. Para lo sagrado podia ponerse en las tablas el
Y a u n para ella r e c o r r i e n d o asunto de! esclavo de l'utitar vendido por sus h e r m a n o s , y
Las tiendas, como quien compra
perseguido tan descocadamente por aquella consabida.
Muestras d e legumbres pide
Y el precio d e las arrobas, Para lo profano, hermoso modelo del avaro, y del liber-
Y llenas las faltriqueras tino al mismo t i e m p o , nos prestaría el célebre Pinguang,
T r a e á casa d e esta f o r m a cuarto emperador de la China.
D e arroz, garbanzos, judías,
Lentejas y a u n zanahorias. Para lo mitológico lindísimo argumento el del héroe T e -
L u z e n las n o c h e s d e luna seo, aun cuando 110 hiciera mas que el ademan de matar (y esto
N o la gasla, y e n l a s otras para que fuera tragi-comedia) el Minotauro encerrado en el
Con pedazos d e encerado
laberinto de Creta; con tal, p o r supuesto, de que nos c o n -
(Del q u e e n los coches despoja)
Se alumbra m i e n t r a s se acuesta, tara franca y llanamente la perlidia de haber abandonado á la
Y con presteza tan pronta pobre Ariana (á pesar de aquel hilo que ella le prestó) ca-
P o r q u e a u n e s o n o s e gaste, sándose despues con su h e r m a n a Fedra.
Q u e p o r la calle s e afloja
Calzón, m e d i a s y zapatos; Desalado correría el público á escuchar esas y otras san-
Al subir desabotona deces.
E l j u b ó n , s u e l t a la c a p a ,
Y halla acabada su obra.... ele.
Como el crítico se muestra poco instruido en lo concer-
niente á la comedia, según la entiende Hermosilla, según h
¿Podríamos dejar de aplaudirle? ¿ N o veríamos ahí el vivo
retrato del miserable d e nuestra época? Y, no hubiera sido ¿Seria bueno pina corregir la moral de los Españoles un asunto del ,¡anleísmo
sin olvidar ellir.gam ni el yoni de los seeiarios d e \ i e b u u ? . . ¿Tendríamas v i r i n o e i
impropio que D. Juan d e La Hoz, nos hubiese llevado á Flan- mghm comentado por ¿oroa-trest ¿Nos c o n v e r t i r á .con mas brevedad e i o -
ronü de los sacerdotes egipcios? ¿ e l Kolpia de los í ? D l C ' 0 S . U l ® e ¿ a ^ £ l a m S
des, á Constantinopia ó al Misisipí, para que admiráramos Cartaginenses? ¿ e l Uranos de lus Griegos? ¿ A d u c i r mas lejos? Buena s e n a u m o -
la estampa de su D. Marcos, cuando tantos Marcos tuvimos . al mitológica cuando Sa'.vá nos la aconseja.
h a n entendido los verdaderos maestros, no será escusado con encantadora elegancia, y teniendo á sus pies un trofeo de
decirle que — instrumentos de música.
Comedia de caracter, es aquella que pinta y descubre el La alegoría dice ahí mas de lo que pudiéramos decir noso-
caracter de un particular, v. g. El Misántropo de Moliere, el tros en abono de la doctrina de Hermosilla.
Jugador de Regnard, etc Me parece haber probado suficientemente lo infundado de
Comedia de intriga ó enredo ; la que nos divierte con una la crítica con que el S r Salvá echó á volar el libro de Gómez
acción llena de enredos, multiplicando á cada paso los inci- Ilermosilla, pero todavía importa que digamos como el difunto
dentes, como el Matrimonio de Fígaro, de Beaumarchais, librero amplió la espresion de su doctrina en la advertencia
Comedia de costumbres, la que las pinta buscando sus á los apéndices y suplemento que siguen (pág. 21 o).
personages en los palacios, entre la grandeza, ó en las dife- Comienza diciendo que Hermosilla se reservó aquellos a p é n -
rentes clases de la sociedad. dices para probar mas y mas la certeza é invariabilidad de las
Comedia episòdica, aquella cuyas escenas no llevan, ni reglas; que para ello ha colocado la cuestión en los términos
necesitan un enlace rigoroso, como los Originales de Fagan, que mejor le ha parecido, á Gn de salir triunfante, y que de
ó el Mercurio galante de Boursault. principios ciertos ha deducido consecuencias que también lo
Comedia llorona, así llamada por lo patético de su tras- son, cuidando de mezclarlas con puntos muy disputables por
unto, es la Escuela de las madres, y el Ama de gobierno lo menos.
de La Chaussée. Sea entre otros el de las unidades contra las cuales se e s -
Comedia pastoral, la que pone su acción en boca de p a s - plica Salvá a s í :
tores , tal el Melicerto de Moliere. «Los que pretenden hacernos tragar (1) las insulsas unidades
No quiero hablar de la histórica porque el público no cor- citándonos á Aristóteles y Horacio, han olvidado que las dos
reria desalado á oirme, y menor de la heroica como así naciones que mejor conocen (2) los clásicos griegos y latinos,
llamó P. Corneille, á su D. Sancho de Aragón, género que no la Alemania é Inglaterra, nunca han querido dar entrada á
ha dado ni dará mucho dinero á los cómicos. las comedias ajustadas á los decantados preceptos del a r t e ;
Y al cabo, sea heroico, sea histórico , sea característico, que la Francia, donde Moliere, Racine y Corneille crearon una
episódico, etc. etc. el tema de ese género de composiciones, escuela nacional, va desviándose basta tal punto de las huellas
¿ no es evidente que, si vienen ellas con retratos de nuestro pais, de estos dramáticos, que el teatro francés, por excelencia,
y de nuestra época, han de interesarnos mucho mas, que sa- está casi siempre desierto , al paso que los parisienses corren
liendo con las estravagancías ó los caracteres de un pueblo ó desalados á comedias que no son ya sino cuadros sueltos,
de un siglo que nosotros no conocimos? pues sus actos no guardan la menor relación entre sí; y que
Pues eso es lo que aconseja nuestro autor, como que sabia nuestro pueblo, por mas que le prediquen los preceptistas, ha
lo que el crítico no llegó á aprender, esto es, q u e , iconològi- dado hasta ahora en la m a n í a , y lleva trazas de m a n t e n e r l a ,
camente h a b l a n d o — L a vieja que calzaba coturno, y vestía de que le divierte un drama (3), si hay en él fiel pintura de
á la cíngaro, representando de esa manera la comedia an-
tigua, la comedia moderna la destronó poniendo en su lugar 1. No cabe espresion mas noble.
2. ¿Donde eslá el sugelo de ese verbo, en naciones ó en clásicos?
la figura de una joven amable y graciosa, vestida y peinada 3. E n la manía de que le divierte un drama, es admirable.
- 2 6 - — 27 —

las costumbres (-I") y complicación ingeniosa de sucesos q u e parece poco á la nuestra. Pero p a r a m í es este (1) u n privi-
mantenga en espectativa el ánimo del público. Son ademas legio tan peculiar de los verdaderos partos del ingenio, que
poco consecuentes en n o aplicar al teatro los mismos p r i n c i - 6i bien estoy persuadido de que nuestras comedias famo-
pios, p o r q u e e x a m i n a n y admiran la inmortal obra de Cer- sas atraerán u n gran c o n c u r s o , m i é n t r a s p u e d a n ser e n t e n d i -
vántes. La r e p u t a n , y con f u n d a m e n t o , superior á cuanto h a das, no me cabe duda en q u e d e n t r o de cincuenta años n o se
dado á luz la imaginación de todos los escritores; la m i r a n representará ninguna de las de Moratin, á pesar de su regula-
como parto de u n a inspiración q u e se echa ménos en las demás ridad, buen diálogo y castigado estilo; y que á lo m a s se echa-
composiciones del m i s m o a u t o r ; confiesan que los h o m b r e s rá una que otra vez El café, que no es p o r cierto su m e j o r
i n s t r u i d o s , cuando leen el Telémaeo, por ejemplo, no tienen comedia. Moratin llegó á estinguir gran p a r t e de su ingenio
p o r imposible hacer algo q u e se le parezca, mientras humillan por la nimia observancia de las reglas, las c u a l e s , como u n a
sus cabezas delante de aquella producción s u b l i m e ; y m i r a n esponja que todo lo borra ( 2 ) , al p u r g a r de defectos sus d r a -
con desprecio á los criticastros que osan notar en ella los des- m a s , los ha destituido de las dotes q u e los hubieran p e r p e -
cuidos en q u e incurrió Cervántes (21, ocupado tan solo en eje- t u a d o en el teatro. Se leerán sin d u d a y se estudiarán como
c u t a r l a portentosa idea q u e llenaba su mente p o r e n t e r o : modelos de lenguaje correcto y de otras infinitas bellezas, á la
¿ p o r q u é pues no juzgar d e nuestras comedias p o r las mismas m a n e r a que estudiamos la Celestina y la Lena, y el n o m b r e
reglas? De ellas se a p a r t a n indudablemente algunos centenares, de Inarco aparecerá siempre al lado de los de Terencio y Mo-
de las de nuestro a n t i g u o teatro, ¿ciadas por otro lado de her- liere ; pero sus comedias no darán m u c h o provecho á los ac-
moso lenguaje y bella versificación, de una copia exacta de las tores. Moratin debió pronosticarse este resultado, puesto q u e
costumbres é ideas c a b a l l e r e s c a s , y de una t r a m a tan compli- reconocía, al hablar de las tragedias de Montiano, q u e « es u n a
cada q u e m a n t i e n e e m b e l e s a d o al espectador desde el principio verdad sabida que p u e d e n hallarse observados en u n d r a m a
hasta el fin, pues á cada escena se atraviesa u n incidente, q u e todos los preceptos, sin q u e p o r eso deje de ser intolerable
llama con mayor f u e r z a su atención y excita su curiosidad, á vista del p ú b l i c o ; » y al Burlador de Sevilla de Tirso de
para ver de q u é m o d o se desembaraza el autor de tantas difi- Molina lo calificó de « comedia que siempre repugnará la sana
cultades como va a m o n t o n a n d o . Esto hace que escuchemos crítica, y siempre será celebrada del pueblo (3).» El ingenio
todavía con placer a q u e l l a s composiciones, aunque su locucion pues y otras dotes son las q u e sostienen las obras literarias,
t o q u e ya en a n t i c u a d a ; p o r m a s q¡ue se falte á todas las reglas como lo experimentamos en el Don Quijote, mas apreciado
de la escuela francesa ( 3 ) ; á pesar de que hayan cesado,los sin disputa al p r e s e n t e , q u e cuando estaba en vigor la manía
abusos q u e ridiculizan , y las costumbres y preocupaciones á d é l o s libros caballerescos que Cervántes se propuso ridiculizar:
q u e a l u d e n ; y no o b s t a n t e q u e pertenecen á u n a época que se y lo mismo sucede con nuestras comedias del siglo XVII , cuya
celebridad todavía d u r a . Si las de Moratin desaparecen d e n t r e

E s decir, de aquellas costumbres propias del público espectador, porque si se le


ensenasen costumbres del puebla tártaro, protaMeinente adelgazaría mucho la manía
de que le divierte un drama. Eso mismo pensai" Heruiosilla un poco mas airas.
2. hupfl-era la es P resi<m técnica, y la menos trivial absorte; o <leamos afinde
2. Y màxime cuando algunos d e aquellos crii,castras llevaron la presunción hasta que sepan nuestros lecRres que la esponja no s e ajusto con n o s ^ s bajo la condi-
d a r á Cervantes algunas lecciqnes de estilo... meanMeo. ¿ion de borrar, sino que nos dijo que con auxilio de sus.poros absorveua o chuparía.
3. ¿A cual escuela, á la de Molière, Ratine y Corneale, o i la desjuiciada de los
Hugo, Dumas, Sue, y o t r o s ? 3. No olvide el lector la sentencia de esa a u t o r i d a d .
de algunos años de la escena, como yo lo c r e o , en otra cosa fastidio. Si la examinasen sin prevención, hallarían que es su-
consistirá, y n o en que el género cómico solo sufra la pin- mamente varia ( I ) , que acaso (2) consiste en esto su principal
tura de los vicios y errores vigentes, según él lo sienta en la belleza, y que no nos agrada ménos por lo mismo el confuso
advertencia á La comedia nueva (I). y espeso verdor de una arboleda rústica, plantada sin o r d e n ,
No pretendo con estas reflexiones acriminar (2) á los que se que el (3) de una de calles alineadas, dividida en cuadros, cír-
conforman con las reglas del arte, ni quiero reducir toda la culos y otras figuras regulares, ni nos deleita ménos la encanta-
poética dramática á los dos axiomos, -1que las obras de dora variedad de los caprichosos jardines ingleses, que la de los
teatro solo piden ingenio, y 2.° que las reglas observadas formados con rigurosa simetría. Por grande que sea el mérito
por los estrangeros no son admisibles en la escena españo- del palacio de Cárlos V en la Alhambra de G r a n a d a , la aten-
la. Mis deseos qudarán satisfechos, si veo que algunos de ción del viajero se para mas detenidamente en los arabescos,
nuestros literatos se hacen ménos intolerantes (3); si llegan á techos incrustados y sus estalactieas (4), y en las afiligranadas
convencerse de que el enredo y complicación de una comedia labores de que a b u n d a el contiguo palacio de los reyes moros.
no escluyen la observación de las unidades (-i), según lo pa- En aquel celebra la sencillez, la grandiosidad: pero en el se-
tentizan La verdad sospechosa y algunas otras de Ruiz de gundo la encantan esas que los reglistas llaman contravencio-
Alarcon; si van conociendo que las de lugar y tiempo no son nes del arte. ¿ A quién, despues de haber visitado la gótica ca-
tan esenciales como la de acción; en una palabra, si empiezan tedral de Sevilla, sorprende la vecina Casa-lonja, uno de los
á dudar de la necesidad de atenerse á los cánones de los p r e - mejores monumentos del célebre Herrera? (5)
ceptistas, reconociendo que en el drama como en la epopeya,
No han estudiado por tanto á la naturaleza (6) los que se
puede sobresalirse por caminos muy diversos; que si fueron
obstinan en restringir á un n ú m e r o muy reducido los géneros,
escritores eminentes Taso y Moliere, no se encuentran á cada
en que pueden sobresalir el artista, el orador, el poeta, el es-
esquina un Ariosto ni un Shakespeare; y que no debemos
critor, siguiendo rumbos diversos y faltando á lo que en este
avergonzarnos de colocar nuestro Don Quijote al lado del
y otros tratados se denominan reglas invariables del arte.
Telémaco francés.
Las de la oratoria prescriben, por e j e m p l o , que se principie
Insensiblemente hemos demostrado (o) que el bueno ó mal captándose la voluntad de los oyentes, exponiendo los h e -
gusto no se fundan en todas las bases que le señalan Gómez chos, etc. e t c . ; y sin embargo Cicerón creyó (7) en la primera
Hermosilla y los esclusivamente clásicos, puesto que se ha visto Catilinaria, que produciría mas efecto su discurso, si desde
la poca solidez de algunas, y ahora vamos á ver que no aboga
tampoco por ellos la naturaleza, que nos recuerdan hasta el
1. Varia.... en sus obras, s í ; pero inmutable en sus leyes, como varias también l a s
voesias, y fijos los principios del arte.
2. Nada de acaso, ¿consisteen eso ó en lo de mas alia?
3. Se trata del verdor, estamos? Y siendo el verdor de una arboleda rüslica n o
Dijo BU disparate como Hermosilla. líenos agradable que el (verdor) de una (arboleda) de calles alineadas, queda e n t e n -
2. Muy en •vano fuera. dido que la cuestión se aparta cien leguas del punto capital.
3. Pues ¿qué tolerancia' mostró en sn vida el critico cuando siempre tnvo el látigo 4. ¿Pesó alguna vez el critico, ó mejor llegó i medir el volumen de aquellas c o n -
levantado contra autores muertos y vivos? creciones calcáreas? Yo creo que empleó esa voz sin conocer su significado: lo digo por
¡ Ah con que no dice mal la observancia de las unidades con el enredo y (el) el lugar á que la remite.
lease la — complicación de nna comedia ¿ e h ? 5. Todo eso ya nos lo tenia dicho Martínez de la Rosa.
5. Tan insensiblemente tabú sido que juro en cnanto i mi toca, n o haber distin- 6. Pues ¿qué dice la naturaleza? Ya se nos ha dado por guia y norma dos veces,
guido la tal demostración. y antes como ahora s e nos marcha como si fuera muda.
7. Pero ¿acertó ó no?
%
lue apostrofaba á Catilina preguntándole, « ¿ Hasta cuándo Quiero ir mas adelante. Es evidente que Salvá, poniéndose
« pensaba abusar de la tolerancia que con él tenia el pueblo de parte del público que aprueba, palmotea y corre desalado
« romano ? » Quousque tandem abutére, Catilina, patien- al teatro de la novedad desarreglada, acoje por bueno y
tiá nostra? Lo que á la oratoria, puede aplicarse al mismo aplaude lo que aquel aplaude, porque, no lo olvidemos, esas
lenguaje. El orden directo ó lógico de las frases y las palabras y no otras son las armas de que usa para combatir la d o c -
propias se conforman mas con lo que se llama n a t u r a l ; y no t r i n a del S r Hermosilla.
obstante preferimos de ordinario el inverso ú oratorio, y las Si pues el público es un juez tan atinado, y si tanto respeto
voces figuradas son las que comunican mayor gracia á la debemos á sus fallos, que vale mas violar los preceptos del
dicción.—» arte, que no apelar de aquellos al tribunal de los preceptistas
No voy mas adelante porque no quiero enmarañarme entre ¿ porqué Salvá olvida ese principio y t a j a , y hiende y hace
las cien mil encrucijadas de un laberinto t a l , precisamente trizas á nuestro autor, diciendo con soberano descoco :
cuando mas ganas tengo de perderle de vista. « En sus lugares respectivos he notado ademas otros puntos
Porque al cabo ¿qué se ha dicho ahí con fundamento para parciales en que m e separo del a u t o r ; todo en gracia d e los
destruir la doctrina de Hermosilla? Este espone reglas en su principiantes, y sin proponerme hacer la critica de la obra
calidad de artista; su crítico le habla de gusto. Se dice que el que publico, porque en tal caso hubiera principiado desde
teatro francés (en Paris) en el cual hablan Moliere, Racine, su titulo, el cual no me parece mas exacto que otros repudia-
Corneille y otros clásicos, está casi siempre desierto, al paso dos por Gómez Hermosilla en su prólogo. ( P á g . XXX del
que los parisienses corren desalados á comedias, que no son ya prólogo.)»
sino cuadros (I) sueltos. No es cierto eso, ni aun cuando lo Eso quiere decir que en la obra de Hermosilla todo es malo
fuera se habria probado contra el principio unitario. Lo que hasta su mismo título....
hay es que al teatro francés acuden los hombres de gusto, los ¿ H a s i l v a d o el público esa o b r a , puesto que un Salvá la
amantes de las bellezas del arte, minoría imperceptible en to- administra tan piadosamente esa cruda bofetada, é l . . . . admi-
dos los pueblos, minoría que abandona sin esfuerzo á la plebe rador del público que aplaude y corre desalado?
ignorante la escuela del desorden, de la inmoralidad, y del Veamos como el crítico abre las puertas de su prólogo en
lenguaje tabernario unas veces, libertino otras, y muy raras cuanto advierte que el libro de Gómez Hermosilla puede figu-
correcto. Y si no ¿en qué consiste la larga vida de Molière, de rar con provecho entre los artículos del comercio libreril.
Racine y demás guardadores de las reglas, saliendo hoy dia á Dice así.
las tablas, cuando las nuevas producciones dramáticas mueren
« De las obras que hasta el dia se h a n destinado entre nos-
todas ellas en mantillas? Ese público que desalado corre á
« otros, bajo diversos títulos, para d a r u n a nocion elemental
verlas v que compone una inmensa mayoría ¿porqué 110 jas
« á la juventud de las cualidades que han de adornar la buena
ciñe la corona inmortal?
« elocucion, y del modo de emplearla escribiendo, ya en pro.
« s a , ya en verso; NINGUNA ha logrado tan general acepta-
« cion, como la que ahora reproducimos. »
O serán triángulos presos. Eso lo ha de decir quien, con juicio y autoridad com-
petente, se ponga á traducir la voz francesa tableaux, definida hoy dia por los diccio- Es decir — Público, tú con tu general aceptación has sido
narisas franceses como nuestra Academia tiene definida la voz mutación aplicada ¡
los teatros. a un majadero; esa obra está tan llena de defectos que hasta
o el titulo es ramplón; no quiero empeñarme en p r o b a r l o , Y e s o ¿ q u é p r u e b a ? lo contrario de lo que Salvá presu-
« pero págame el trabajo d e haber inventado ese falso testi- me, esto es, que no siempre juzga con acierto el público que
« monio.— aplaude. ¿Quiso decir Moratin que se violasen los preceptos to-
¿Quiso probar Salvá que las unidades no están en la natu- dos ó alguno de ellos atendida aquella inconstancia? INi el
raleza ? Si tal fue su pretensión no lo sé, pero sí puedo decir mismo Salvá se declararía por la afirmativa, puesto en el
que ningún esfuerzo hizo para desempeñar ese p u n t o , ni a u n caso de poder respondernos.
c u a n d o le hiciera no habría logrado su intento. Y que hermanando el arte riguroso,
No se le arguye á Hermosilla sobre la unidad de acción, sí Con la libre y fecunda fantasía,
Su feliz invención ciña y reduzca
solo sobre la de tiempo y la de lugar. Pues tomemos en
A una acción, á un lugar, á un solo dia.
cuenta estas dos últimas para un ejemplo práctico y que no ( M A R T Í N E Z DE LA R O S A . )
sale del orden natural de las cosas. Y en otra parte ;
Supongámonos mentalmente en el siglo vigésimo sesto, y Mas á par de la edad, diestro matiza
espectadores de hechos q u e no ha mucho pasaron á nuestra La índole peculiar, el sexo, el grado
vista, esto e s , del destronamiento de Carlos X , del de Luis El siglo, la nación: y á un mismo tiempo
Nos copia, nos instruye y nos hechiza.
Felipe, d e la trágica m u e r t e de la duquesa de Praslin, etc,
etc, ¿qué diriamos en tal caso de quien, despreciando el arte Mas dejémonos de opiniones que no se apoyan sino en fa-
y la verdad histórica, nos llevara de aquí para allí e n t r e t e n i é n - llos vulgares, de continuo inestables, y siempre caprichosos,
donos ademas con una historia de -15 ó 20 años? ¿Cabe pues si los hombres de gusto delicado ven de un golpe que
la unidad de tiempo, ó la regla de las 7 2 horas que quiere desde el Montecristo de un D C M A S hasta llegar, no digamos
el Pinciano, en el recuento d e esas tan imprevistas catástro- al CID del gran Corneille, hasta la mas imperfecta produc-
fes? Pues no quebrantó esa regla el pueblo de París, que con ción dramática d é l a s de Tomás, hermano del último, hay que
menos de tres dias tuvo bastante para el enredo y desenredo andar cien mil leguas, el público que con tanto frenesí aplau-
del d r a m a . ¿ Cabe la unidad de lugar? Aquel pueblo desem- de, según nos lo dice Salvá, llega á ver por fin lo mismo que
peñó su tarea sin moverse de París. — Praslin se mostró vieron aquellos, ó si no lo ve tan á las claras, recoje su entu-
mucho mas diligente en la observancia de los tres preceptos. siasmo, da por bueno el juicio de los péritos en el a r t e , y
consiente sin esfuerzo que baje al eterno olvido la obra que
Examínese bien todo c u a n t o pasa de tejas abajo y se verá
ayer, por decirlo a s í , le acababa de arrancar inmerecidos
que esa, -y no otra, es la marcha natural de las cosas, que no
aplausos.
incurre en falla el que á ese orden se arregla para esplicar
Todos esos puntos, y otros que no quiero notar, porque se
su doctrina, sino aquel q u e le quebranta sin necesidad. Es-
va haciendo la tarea un poco fastidiosa, han sido de mucho
t ú d i e n s e , estudíense los d r a m a s de la naturaleza, ya que se la
provecho para el comercio de la librería, pero dañaron dema-
invoca, y se reconocerá el origen de las unidades.
siadamente á la lucidísima esposicion de la doctrina de Gómez
Dice Salvá, que Moratin reconocía al hablar de las tragedias,
Hermosilla, é importaba borrarlos, como dice Salvá, con la
de Montiano que es una verdad sabida que pueden hallarse
esponja de la crítica.
observados en un drama todos los preceptos sin que por
eso deje de ser intolerable á vista del público. Por igual motivo voy á borrar también en muy pocas pala-
tras—el Apéndice de aquel editor sobre la pronunciación Muestras de s u doctrina
y acción.
« Entiendo por pronunciación la inflexión y acento qua
Ya nos dijo acerca del asunto (pág. xxi de su prólogo) que
« debe dar á su voz el que en una reunión habla de repente,
ha compuesto su lección sobre la pronunciación, — extrac-
o dice lo que ha aprendido de memoria, ó lee algún papel. »
tando los preceptos de Quintiliano, como ya lo hahian h e -
P e r d o n o — d e repente—de memoria y algún papel, pero
cho Blair, Capmany, y todos los que h a n tratado acerca de
acuso á Salvá porque no supo definir la palabra pronuncia-
esta materia; mas q u e — n o habiendo hallado en ninguno de
ción, que es, gramaticalmente hablando — la espresion de
los tres (ni en los todos) regla alguna relativa al modo de leer
las letras, sílabas y palabras hecha con el sonido de la voz; y
en reuniones particulares ó públicas, h a tenido que apelar á
según los retóricos— la parte que modera y arregla el semblante
su propia esperiencia para las pocas ( r e g l a s ) que da sobre
y acción del orador ( D i c c i o n a r i o de la Academia espa-
este particular.
ñola).
O n o se extractaron los principios que dió Quintiliano acer-
La inflexión es, según esa misma autoridad, la elevación
ca de esta materia, ó si se extractaron no fueron reglas de
ó depresión que se hace con la voz, quebrándola ó pasando de
la esperiencia del crítico, las que él dice que nos da sobre
un tono á otro—y como es voz (siempre según la Academia)—
este particular, porque es la pronunciación la materia, y no
el sonido formado en la garganta y proferido en la boca del
es el particular otra cosa mas que la pronunciación.
animal en la voz del asno, que el vulgo llama rebuzno,
Ni habíamos menester tampoco de esa inocente, aunque
hay también inflexiones que no llamaría Saltá pronuncia-
mal aliñada confesion, para reconocer desde luego los límites ción.
de la hacienda propia del S r Salva, siempre llena de malezas,
Es el acento (otra vez según la Academia) en su propio y
siempre descuidada, y por lo mismo siempre sin fruto para
gramatical sentido — el tono con que se pronuncia u n a pala-
la escuela.
b r a , ya subiendo ó ya bajando la voz; pero en nuestra lengua
Ocho páginas llena con esa lección que sin inconveniente y otras vulgares se toma p o r — p r o n u n c i a c i ó n larga de las
puedo yo calificar de mímica, y confieso con ingenuidad que sílabas—y no es de presumir que el s* Salvá se propusiera
el maestro debió s u d a r sangre al componerla, aunque con la aconsejarnos que hiciésemos largas las sílabas breves.
satisfacción de poder decirse á sí mismo al ver todos sus miem-
Ya se supone que quien no acertó á definir la voz pronun-
bros ( incluso el pico) en tan rabiosa faena—soy por escelen-
ciación, menos acertaría con las reglas del buen pronunciar,
cia el Bululú de Bululus... ó . . . ues, pasados, presentes, y fu-
pero bien pudo Salvá errar en eso, y acertar en otras cosas,
turos.
como, v. g-, cuando en la lección de acción nos dice.
Y ni con todo eso quedó agotada la materia.—Para entrar en
« Por lo mismo que la BOCA es el conducto por donde sale
todos los,, pormenores, nos dice el crítico al fin de su obra,
la palabra (I), no se la ha de ocupar, mientras estamos hablan-
habríamos de llenar u n grueso volumen, desviándonos de la
d o , en los oficios poco limpios de E S T O R N U D A R , T O S E R , y
brevedad indispensable en toda obra elementar.
¡ E S C U P I R , I)
Y un volumen no menos grueso tendría que escribir yo, á
querer empeñarme en barajar las cien mil sandeces amonto-
1. Creí que uos iba á decir con la Academia - por dinie entra el alimento.
nadas en el apéndice del S r Salvá.
Hay en favor de esa doctrina aquello de
« Los pies no han de moverse en el sitio que ocupa el ora-
• fI
Quisque pro opibus wdificat « dor, sino para variar la postura de tener el uno algo mas
Equivalente á — C a d a uno estornuda como Dios le ayuda. «sacado que el o t r o ; pero no para apoyarse en cada uno de
Habia yo creído hasta ahora que el estornudo era un sacudi- « ellos alternativamente. Puede darse una patada contra al
miento violento y estrepitoso de lo que ofende la membrana «suelo en una irritación muy extrema. »
pituitaria, y que todo hombre de buenas narices tenia mucho ¡ Criminal fuera en verdad el orador que llevase el olvido de
andado para gozar el placer de aquella acción. Veo, pues, mi sí mismo, y de lo que debe á sus oyentes, hasta punto de apo-
engaño, y prometo la enmienda. yarse en uno de sus pies, á ya en ambos; su oratoria no to-
Creia yo igualmente que el toser era una acción del pecho lera tales licencias, basta que la vivifique y robuslezca con al-
para arrancar ó arrojar lo que le fatiga ó molesta, y lo creia guna patada, ó coz, de cuando en cuando, teniendo muy pre-
porque asi m e l ó tienen dicho todos los hombres inteligentes; sente que en cerrando esos paréntesis, está en la obligación
como me dijeron también que, aun cuando llegue á la boca de volver á su postura de bolero en punto al saque de los
parte del efecto, ó todo el efecto, de esta y de aquella acción pies.
no es la boca la que quiere ocuparse en esos oficios aborreci- No noto las otras mil giradas que acabó Salvá con todos sus
dos de toda criatura bien nacida, pero en los cuales cae tal vez miembros para que saliera su lección con cuantas perfeccio-
sin poderlo evitar, hasta el mas aseado orador. nes pedia el asunto, porque temo que los lectores se amane-
rarían demasiado, y que si con tales manera;«, modales ó ade-
El mal está en que el señor Salvá no nos dejó reglas para
manes, subieran á la tribuna, nos habían de parecer títeres.
imponer silencio á esos molestos y poco limpios interrupto-
Basta pues de acción, y en punto á pronunciación obsér-
res, de cuya violencia no pudo libertarse ni aun el mismo
vense á la letra los preceptos siguientes.
Cicerón.
« Los incidentes cortos de la oracion, que se colocan entre
Y pasando ahora de lo vivo á lo pintado, necesariamente
comas ó dentro de un paréntesis, se distinguirán bajando y de-
tendremos que admirar la siguiente pincelada.
teniendo un tanto la voz, la cual marcará con énfasis la pala-
«Las manos cesan cuando la voz, y señalan el objeto en que {
bra, que deseamos grabar con particularidad en el ánimo de los
« s e fija la vista, menos cuando desaprobamos, negamos una
oyentes. En esta sencillísima pregunta, Va vmd. hoy á la co-
« cosa, ó queremos mostrar nuestra aversión. Para lo primero
media ? varía enteramente el sentido, según la palabra en que
0 y segundo se cierna blandamente la derecha, y levantando
esforzamos y suspendemos algo la pronunciación. Si digo. Va
1 un poco el dedo índice, se la mueve con velocidad; y para vmd. hoy á la comedia? se me responderá: No puedo ir,
<t lo último sacamos las dos á la altura de la boca con las pal- porque he cedido mi luneta á un amigo. Si se pone el énfasis
« mas hácia f u e r a , » ¡ Qué postura tan l i n d a ! . . . en el hoy, ¿Va vmd. hoy á la comedia ? se contestará : No;
Me voy convenciendo de que habia en el maestro prendas • prefiero ir mañana. Y si en el último sustantivo, ¿Va vmd.
muy buenas para desempeñar, con acierto, una cátedra en fa.: hoy á la^ comedia? será esta ú otra semejante la respuesta:
Escuela de natación; cuando menos, ccnvéngase francamente • No, porque estoy convidado al Liceo. Pero puede haber ca-
en que el Sr Salvá habia estudiado con aprovechamiento el ac- sos en que todas las dicciones de un inciso hayan de ser en-
cionar d§ los topos. fáticas, y entonces es necesario aD05ar.se en todas ellas mas
que en las restantes de la cláusula, verbi g r a c i a : ¿ ...Ya vmd. probar ciertos puntos con oportunos ejemplos de algunos de
hoy á la comedia, cuando debiera estar asistiendo á su ma- nuestros mejores poetas, sin perjuicio de dejar intactos los
dre enferma, y tiene mas motivos para llorar que para di- que aquel tomó del inmortal D. Leandro M o r a ü n . ,
vertirse? (Salva pág. 80) ¡ Ojalá teisga yo el necesario gusto para elegir cctí acierto los
? Dos dias enteros he pasado hilándome los sesos para ver si modelos, y que sean todos ellos dignos de imitación.
podia alcanzar tal cual viso de variedad en el sentido de todas
esas preguntas, y al cabo salgo con que el vmd. vale lo m i s - París, 28 de febrero de 1830.
mo que el vmd; tanto el hoy como el hoy, y no menos á la
comedia, que, á la comedia. Puede que eso consista en la deli- P . MARTINEZ LOPEZ.
cadeza de mis facultades mentales. Advierto, sí, que el —
¿Va vmd. hoy á la comedia, cuando debiera estar asistien-
do á su madre enferma, y tiene mas motivos para llorar que
para divertirse ?...esú vertido en una forma muy impropia,
porque la figura llamada interrogación no es á propósito pa-
ra reprender ó afear, como ahí se hace, u n a acción verdadera-
mente reprehensible y que por su estrañeza conmueve el áni-
mo del que la vitupera. Acaso le pareciera á Salva la nota
interroga iva de igual valor que la interjectiva, porque esas
y otras suposiciones caben á vista de un tan extraño desorden
en la espresion de las ideas.
No olvidó Hermosilla, como indebidamente se dice, que ha-
bía reglas, ó formas propias para esplicar las pasiones del áni-
mo, ni desconoció tampoco que el hombre modula sus pala-
bras en muy diverso tono, según que habla de veras ó de
chanza, con seriedad ó ritjéndose, afirmativa ó irónicamen-
te; alegre ó triste, colérico ó tranquilo; ó según que pide, se
queja, se lamenta, amenaza, aconseja,persuade, etc. etc.;
solo que diestro observador de la naturaleza tuvo por muy es-
cusado repetir lo que ella misma nos inspira sin recurrir á las
incoherentes alharacas de ios retóricos adocenados.
Por lo mismo, la lección del S r Salva era innecesaria, y nos
lo dio con todos los caracteres de lo absurdo.
No abusaré mas de la paciencia del lector; solo quiero de-
cirle que- creo que no puede desmerecer la doctrina de nuestro
autor, aun cuando yo m e t o m e la libertad de esclarecer ó com-
ñas (1)? Letras humanas p u e d e convenir á t o d a s las cien-
cias y a r t e s q u e t r a t a n d e objetos p u r a m e n t e h u m a n o s .
Arte de escribir, título q u e dió Coridillac al t r a t a d i t o q u e
c o m p u s o sobre la m a t e r i a , n o seria del t o d o i m p r o p i o , si
ADVERTENCIAS n o p a r e c i e s e q u e limitaba el a r t e á las solas c o m p o s i c i o n e s
escritas, s i e n d o así q u e m u c h a s d e las a r e n g a s públicas
n o se e s c r i b e n . A d e m a s arte de escribir significa e n t r e
n o s o t r o s coleccion de reglas para escribir bien, e n el s e n -
1 1 1 £111©!* t i d o d e f o r m a r bien los c a r a c t é r e s m a t e r i a l e s q u e l l a m a -
m o s letras, n o e n el de h a c e r u n a b u e n a c o m p o s i c i o n
literaria.
3.* Las r e g l a s relativas á la elección d e las e x p r e s i o n e s
y á la c o o r d i n a c i o n d e las cláusulas e s t á n c o n t r a i d a s á la
l e n g u a c a s t e l l a n a , sin lo cual s e r i a n e n t r e n o s o t r o s d e
m u y poca utilidad ; y t o d a s Jas d e la p r i m e r a p a r t e e s t á n
i l u s t r a d a s con e j e m p l o s , ya latinos y castellanos, y a cas-
tellanos s o l a m e n t e , e n c u y a elección m e lie g u i a d o p o r
1 * Mi á n i m o , al escribir e s t a o b r a , n o ha sido a ñ a d i r á los principios s i g u i e n t e s . P a r a m u e s t r a s de bellezas h e
t a n t a s como e x i s t e n u n a Retórica y u n a P o é t i c a m a s , r e - escogido i n d i s t i n t a m e n t e los q u e m e h a n p a r e c i d o o p o r -
p i t i e n d o bien ó m a l lo q u e otros h a n dicho, y h a c i n a n d o t u n o s ; para h a c e r ver los d e f e c t o s , los h e t o m a d o d e a u -
sin d i s c e r n i m i e n t o fruslerías escolásticas q u e n a d a e n - t o r e s de p r i m e r o r d e n , p o r q u e los a d o c e n a d o s , q u e n a d i e
s e ñ a n . Mi o b j e t o h a sido e n t r e s a c a r d e los i n n u m e r a b l e s lee, n o p u e d e n influir en el b u e n ó m a l g u s t o d e la j u -
v o l ú m e n e s q u e se h a n escrito s o b r e la m a t e r i a d e s d e v e n t u d e s t u d i o s a , al paso q u e las faltas c o m e t i d a s p o r
A r i s t ó t e l e s acá, las pocas observaciones q u e m e r e c e n el e s c r i t o r e s d e m é r i t o suelen s e r i m i t a d a s p o r los p r i n c i -
n o m b r e de r e g l a s , p r e s e n t a r l a s c o n c i e r t a n o v e d a d , n a - p i a n t e s . P o r esta razón h e criticado a l g u n a vez e n t r e los
c e r l a s inteligibles á todos, y f u n d a r l a s e n p r i n c i p i o s i n - n u e s t r o s á C e r v a n t e s , Garcilaso, H e r r e r a , Leon y R i o j a .
Y a u n q u e L o p e d e Vega y B e r n a r d o d e B a l b u e n a n o
contestables : en s u m a , c o m p o n e r u n a obra m a s c o m p l e t a ,
p u e d e n s e r colocados en la m i s m a línea, los h e c e n s u r a d o
m e t ó d i c a , clara y filosófica q u e las p u b l i c a d a s hasta el
con f r e c u e n c i a p o r r a z o n e s p a r t i c u l a r e s . L o p e es la p r u e b a
día, la cual b a s t e ella sola para g u i a r a los e s c r i t o r e s e n s u s
m a s i r r e f r a g a b l e de q u e el h o m b r e d e m a y o r t a l e n t o ,
c o m p o s i c i o n e s , y á los lectores e n el e x a m e n y juicio d e
a u n q u e sea t a m b i é n m u y sabio y e r u d i t o , n o h a r á j a m a s
las a j e n a s . E l público dirá si lo h e c o n s e g u i d o . u n a composicion literaria p e r f e c t a , si i g n o r a ó q u e b r a n t a
2 > La h e i n t i t u l a d o Arte de hablar en prosa y verso, v o l u n t a r i a m e n t e las r e g l a s . Lope, si las h u b i e r a sabido
p o r q u e los o t r o s t í t u l o s con q u e h a s t a a h o r a se h a n d i s t i n - c o m o d e b e n s a b e r s e ( l o q u e y o n o c r e o , p o r m a s q u e él
g u i d o las de su clase, no son e x a c t o s . Retorica y Poética diga q u e al escribir, las encerraba con cien llaves), y las
n o p u e d e n significar mas q u e t r a t a d o s p a r t i c u l a r e s s o b r e h u b i e r a o b s e r v a d o fielmente, seria el p r i m e r p o e t a del
las c o m p o s i c i o n e s o r a t o r i a s y p o é t i c a s . Principios de li-. m u n d o . D o t a d o d e u n a i m a g i n a c i ó n viva, f e c u n d a y p i n -
teratura, e s d e m a s i a d o vago, p o r q u e la p a l a b r a literatura
d i c e m u c h o m a s q u e exposición de las reglas para com-
poner en cualquier género que sea. Bellas letras, buenas 1. S o hay respuesta para semejante pregunta tomada e n su sentido rigoroso, pero
1 el adjetivo bellas ni el buenas, no se aplica al suslantivo letras en su sentido material,
aras, el uso los h a c e t o l e r a b l e s ; p e r o en si m i s m o s s o n sino que atiende á aquella parte de letras 6 de literatura que va engalanada con cuan-
b s u r d o s . ¿ H a y a c a s o algunas letras feas o « z a t o , d e las tas bellezas calien en la composicion, sea en la poética, sea en la histórica, sea en la
elocuencia, y aun en la misma filosofia, siempre que esta revista formas dignas de
n a l e s se d i s t i n g a n estas con los e p í t e t o s d e bellas o bue- las tamas y tan sublimes materias en cayo examen entra.
4 . ' Las reglas p a r t i c u l a r e s n o van i l u s t r a d a s con e j e m -
t o r e s c a ; versado e n las ciencias, lleno d e varia l e c t u r a , p l o s , p o r q u e es imposible hacerlo, á n o escribir u n a d o -
s a b i e n d o quizá d e m e m o r i a los clásicos l a t i n o s ; c o n o - c e n a de abultados v o l ú m e n e s . ¿ C c m o d a r m u e s t r a d e
c i e n d o , a u n q u e p o r v e r s i o n e s , los g r i e g o s ; a p r o v e c h á n - a r e n g a s públicas, en q u e e s t é n observados los p r i n c i p i o s
d o s e d e los italianos, m a n e j a n d o con maestría la h e r m o s a d e la oratoria, sino c o p i a n d o e n t e r a s a l g u n a s o r a c i o n e s
l e n g u a c a s t e l l a n a ; h a c i e n d o sin e s f u e r z o f l u i d o s , dulces y políticas, forenses y s a g r a d a s ? ¿ C ó m o p r e s e n t a r d e c h a d o s
s o n o r o s v e r s o s ; y h a b i é n d o s e ejercitado con igual facili- d e u n a historia bien escrita, sin citar t e x t u a l m e n t e la Ca-
d a d e n t o d o s los g é n e r o s d e p o e s í a ; ¿ q u i é n p o d r í a s e r l e tilinaña ó la Jugurtina d e S a l u s t i o f ó a l g u n o s libros de
c o m p a r a d o , a u n e n t r e los a n t i g u o s , si t o d a s s u s p r o d u c - T u c í d i d e s ó de Livio? ¿ C ó m o o f r e c e r m o d e l o s d e e p o -
ciones e s t u v i e s e n m a r c a d a s con el sello d e l b u e n g u s t o ; p e y a s , t r a g e d i a s y c o m e d i a s , sin t r a n s c r i b i r al p i é d e la
es d e c i r , si e n t o d a s h u b i e s e o b s e r v a d o las reglas del a r t e / l e t r a la ]liada ó la Eneida; el Edipo d e Sófocles ó la Ala-
Sin e m b a r g o , ya p o r i g n o r a r e s t a s , ya p o r h a b e r l a s d e s - lia d e R a c i n e ; la Andria d e T e r e n c i o ó el Misántropo de
p r e c i a d o , n i n g u n a d e s u s c o m p o s i c i o n e s salió a c a b a d a y M o l i e r e ? E n los o t r o s g é n e r o s se p u e d e n copiar u n o ó
p e r f e c t a , p o r q u e en n i n g u n a s e c o n f o r m ó con las leyes m a s e j e m p l o s ; p e r o en ellos es c a b a l m e n t e d o n d e son
p a r t i c u l a r e s del g é n e r o á q u e r e s p e c t i v a m e n t e p e r t e n e c e n , m é n o s necesarios, Así los h e o m i t i d o , n o p u d i e n d o d a r l o s
y en t o d a s q u e b r a n t ó m a s d e u n a vez las g e n e r a l e s . B a l - en las d e m á s clases. H e d i c h o q u e en t o d a s ellas, p a r a
b u e n a n o p u e d e s e r n i a u n c o m p a r a d o con L o p e ; p e r o p r e s e n t a r ejemplos q u e i n s t r u y a n , es m e n e s t e r copiar
c o m o h a h a b i d o t i e m p o e n q u e á porfía se le h a n p r o d i - composiciones e n t e r a s ; p o r q u e a l g u n o s p a s a j e s s u e l t o s d e
g a d o los e l o g i o s y se le h a q u e r i d o d a r u n a r e p u t a c i ó n q u e Cicerón, verbi g r a c i a , ó d e V i r g i l i o , d a n sí idea d e u n
e s t á m u y l e j o s d e m e r e c e r , y c o m o los p r i n c i p i a n t e s t r o z o bien escrito e n su linea, p e r o n o d e la c o m p o s i c i o n
p u d i e r a n c o n f u n d i r lo p o c o q u e h a y d e b u e n o e n s u s t o t a l de d o n d e e s t á s a c a d o . No h a y n a d i e q u e n o haya
e s c r i t o s , con lo m u c h o q u e h a y d e m a l o ; m e ha p a r e c i d o a p r e n d i d o d e m e m o r i a a l g u n o s en los t r a t a d o s de Retórica
c o n v e n i e n t e p r e s e n t a r a l g u n o s d e los i n n u m e r a b l e s d e - y P o é t i c a q u e e s t u d i ó c u a n d o n i ñ o ; p e r o si d e s p u e s n o h a
f e c t o s d e estilo q u e á cada p a s o se e n c u e n t r a n e n s u s leido las obras á q u e p e r t e n e c e n , ¿ q u é idea t e n d r á n i d e
o b r a s , s e ñ a l a d a m e n t e en El Bernardo, q u e f u e la q u e e s t a s ni del g é n e r o en q u e e s t á n c o m p r e n d i d a s ? C u a n d o
t r a b a j ó con m a s c u i d a d o . E n c u a n t o á los e s c r i t o r e s m o - s e h a n estudiado ya las reglas g e n e r a l e s de toda c o m p o s i -
d e r n o s vivos ó m u e r t o s , m e h e a b s t e n i d o d e h a c e r c o m - c i o n , y se han visto e j e m p l o s en q u e estén ú o b s e r v a d a s
p a r e c e r á n i n g u n o ni p a r a b i e n n i p a r a m a l ; p o r q u e h e ó d e s a t e n d i d a s ; es necesario, al d e s c e n d e r á las p a r t i c u -
q u e r i d o q u e e n t o d o e s t e libro n o h a y a cosa a l g u n a q u e l a r e s , q u e el m a e s t r o haga l e e r c o m p o s i c i o n e s escogidas
p u e d a a t r i b u i r s e á p e r s o n a l i d a d ó e s p í r i t u d e p a r t i d o (1). en cada g é n e r o y clase, y e n s e ñ e á analizarlas y c r i t i c a r -
las ; haciendo n o t a r el artificio y plan d e toda la o b r a , y
í . E n la edición que de esta obra hizo Don Vicente Salvá en París, dice, con razón, cláusula p o r cláusula todas las bellezas y t o d o s los d e f e c -
e n este pasage lo siguiente. < Falta Hermosilla á esta parte de su p l a n , cuando hace t o s si los t u v i e r e . E s t e ejercicio, u n i d o al d e t r a d u c i r los
u n apasionado elogio de D. Leandro Moratin en el Suplemento, y destino no menos
que 83 pág. para copiar muchas poesías de este autor y el prólogo que las precede.» clásicos a n t i g u o s y al d e c o m p o n e r o r i g i n a l m e n t e , es el
Sí asi se hubiese esplicado e n todas las demás notas que puso en esta obra n o q u e f o r m a los b u e n o s e s c r i t o r e s ; p e r o es claro q u e n o
mas que para abultar su volumen, y en desmérito de la doctrina, nos hubiera ahorrado p u e d e h a c e r s e en la obra e l e m e n t a l q u e c o n t i e n e la t e o r í a
el disgusto de tener que escribir dos pliegos en defensa de principios que una manía
maldiciente trató de barajar por medio del embrollo. A Salvá 110 le correspondía afa- del a r t e . Está r e s e r v a d o á la viva voz d e u n p r e c e p t o r
narse para rebajar el saber de quien con gusto tan delicado supo dar á la Irene y hábil, la cual solo p u e d e suplirse en p a r t e p o r la a t e n t a
Clara (que corre con nombre del difunto librero) el mérito de que necesariamente h a -
bría calecido sin el auxilio de una pluma tan diestra y tan elegante. l e c t u r a d e un curso c o m p l e t o d e c r í t i c a ; p e r o p o r d e s g r a -
F u e ademas un atrevimiento inconsiderado, porque se espuso á que ««rmosilla le cia n o le hay todavía en n i n g u n a l e n g u a .
hubiera echado e n cara aquel tan lindo epigrama de Don Leandro.
Pobre Geroncio, á m i ver 5.* Mi intención p r i m e r a f u é n o t r a d u c i r los e j e m p l o s
Tu locura es singular;
¿Quien te mete á censurar latinos, r e n u n c i a n d o gustoso á q u e l e y e r a n m i o b r a los
Lo que no sabes leer*
q u e n o s u p i e s e n latín. Sin e m b a r g o , c o n s i d e r a n d o q u e Cada u n o d e e s t o s e s t u d i o s p i d e m u c h o t i e m p o , si s e h a
a u n los p u r o s r o m a n c i s t a s p u e d e n s a c a r d e ella a l g u n a d e llegar á s a b e r a l g o ; y n o p u e d e m i r a r s e c o m o acesorio
u t i l i d a d , m e h e d e t e r m i n a d o ai íin á a ñ a d i r la t r a d u c c i ó n , d e o t r o n i n g u n o . ¿ Q u é idea t e n d r á de t o d o s e s t o s p u n t o s
p i d i e n d o d e s d e a h o r a i n d u l g e n c i a en f a v o r d e las p o c a s e! q u e n o h a y a leido s o b r e ellos mas de lo p o c o , p o q u í -
mias q u e h a y en v e r s o . s i m o q u e trae" B l a i r ? F i n a l m e n t e , discusiones m e t a f í s i c a s
6. a E n los e j e m p l o s t o m a d o s d e a u t o r e s g r i e g o s , e j e m - s o b r e las s e n s a c i o n e s d e sublimidad y belleza, s o b r e el
plos q u e d e i n t e n t o n o h e m u l t i p l i c a d o , p o r q u e n o h e placer q u e c a u s a la b u e n a i m i t a c i ó n , a u n q u e sea d e cosas
q u e r i d o p e d a n t e a r l u c i e n d o mi tal cual e r u d i c i ó n e n e s t a d e s a g r a d a b l e s e n sí m i s m a s , y o t r a s c u e s t i o n e s d e igual
p a r t e ; doy t a m b i é n la t r a d u c c i ó n , p e r o n o copio el o r i g i - n a t u r a l e z a , v i e n e n b i e n en las o b r a s filosóficas á q u e p e r -
n a l . La razón es clara. La lengua g r i e g a se c u l t i v a t a n t e n e c e n ; p e r o en t r a t a d o s didácticos sobre el m e j o r m o d o
poco e n t r e n o s o t r o s , q u e la m a y o r p a r t e d e los l e c t o r e s n i d e hablar en p r o s a y verso, son c o m p l e t a m e n t e i n ú t i l e s ,
a u n p o d r í a n leer el t e x t o , y m u c h o m é n o s e n t e n d e r l e y p o r q u e d e t o d a s ellas n a d a se saca en limpio q u e s e a
c o m p a r a r l e con la versión. aplicable á la p r á c t i c a . Sin e m b a r g o , c o m o en l i t e r a t u r a se
7." l i e o m i t i d o varios t r a t a d o s q u e s e h a l l a n en a l g u n o s e m p l e a n á cada paso las e x p r e s i o n e s buen gusto, mal
a u t o r e s m o d e r n o s . l . ° Crítica de los p r i n c i p a l e s e s c r i t o r e s gusto, es n e c e s a r i o fijar su significación, y explicar c u á l
q u e se h a n e j e r c i t a d o e n cada clase d e composicion : es el g u s t o b u e n o y cuál el m a l o ; y así lo h e h e c h o e n u n
2.° historia d e estas m i s m a s slases, c o m o la O r a t o r i a , la a p é n d i c e . T a m b i é n h e d i s c u t i d o en o t r o la tan d e b a t i d a
D r a m á t i c a , e t c . , esto es, u n a noticia d e su o r i g e n , p r o - c u e s t i ó n s o b r e la n e c e s i d a d ó no n e c e s i d a d d e s a b e r y
g r e s o s y e s t a d o a c t u a l : 3." s i s t e m a s s o b r e la formación observar las reglas p a r a s e r b u e n e s c r i t o r ; p o r q u e la o p i -
m e c á n i c a d e las l e n g u a s : 4.° p r i n c i p i o s d e g r a m á t i c a n i o n negativa es c o m o u n a objeción g e n e r a l c o n t r a m i
g e n e r a l , y aplicación d e ellos á u n o ó m a s i d i o m a s p a r t i - o b r a y t o d a s las d e su clase, y e r a m e n e s t e r r e b a t i r l a .
c u l a r e s ; 5-° d i s e r t a c i o n e s filosóficas s o b r e el g u s t o , lo s u - 8 . " ' I l a b i a p e n s a d o n o e m p l e a r m a s t é r m i n o s técnicos
b l i m e , lo bello, los placeres d e la i m a g i n a c i ó n , e t c . Las q u e los m u y conocidos, y q u e h a n p a s a d o ya e n c i e r t o
razones q u e h e t e n i d o , son m u y o b v i a s , y á m i p a r e c e r m o d o á la l e n g u a c o m ú n , c o m o antítesis, ironía, metá-
c o n v i n c e n t e s . U n a cosa e s e x p o n e r las r e g l a s q u e d e b e n fora, etc.; p e r o h a b i e n d o r e f l e x i o n a d o q u e los j ó v e n e s
t e n e r s e p r e s e n t e s para c o m p o n e r en p r o s a y v e r s o ; o t r a e n c o n t r a r á n o t r o s m u c h o s en libros en q u e acaso n o e s t a -
aplicarlas al e x á m e n critico d e los a u t o r e s q u e m a s se h a n r á n bien d e f i n i d o s , h e d a d o á c o n o c e r y e x p l i c a d o la
d i s t i n g u i d o en a m b o s g é n e r o s . E s t e es u n r a m o a p a r t e ; y m a y o r p a r t e d e los u s a d o s p o r los retóricos, p a r a q u e se
t a n vasto, q u e p a r a ser t r a t a d o con la d e b i d a e x t e n s i ó n , e n t i e n d a n , c u a n d o se hallen e n los a u t o r e s .
p i d e u n g r a n n ú m e r o d e v o l ú m e n e s . L a crítica d e los c l á - 9.» E n c u a n t o al estilo d e e s t a o b r a , el público j u z g a r a
sicos g r i e g o s y l a t i n o s o c u p a los t r e s p r i m e r o s t o m o s d e l si es el q u e c o n v i e n e á las d e su clase : yo solo d i r é q u e ,
Curso de literatura de La Harpe, y e s m u y diminuta. sin d e s c u i d a r las o t r a s c u a l i d a d e s g e n e r a l e s , h e a t e n d i d o
¿ Q u é seria p u e s d e u n a q u e f u e s e m a s e x t e n s a , y á la p a r t i c u l a r m e n t e á la sencillez y c l a r i d a d , p o r q u e estas
c u a l s i g u i e s e l u e g o la d e los italianos, e s p a ñ o l e s , i n g l e s e s , d e b e n s e r las d o m i n a n t e s e n las c o m p o s i c i o n e s d i d á c t i c a s .
f r a n c e s e s y a l e m a n e s ? ¿ L e c u á n t o s t o m o s c o n s t a r í a ? Así, Así h e p r o c u r a d o q u e m i e s t i l o , sin s e r d e s a l m a d o ni
las pocas g e n e r a l i d a d e s q u e se hallan e n Blair, B a t t e u x , d e m a s i a d a m e n t e h u m i l d e , s e elevase m u y p o c o s o b r e el
D o m a i r o n , L e m e r c i e r y o t r o s , n a d a e n s e ñ a n , y solo s i r - t o n o f a m i l i a r ; y h e u s a d o con m u c h a e c o n o m í a d e las
ven para h a c e r p e d a n t e s . P o r la m i s m a r a z ó n n o d e b e n e x p r e s i o n e s f i g u r a d a s . S o b r e todo h e cuidado d e n o e m -
e n t r a r e n o b r a s d e esta clase, ni la h i s t o r i a d e cada e s p e - p l e a r c i e r t o l e n g u a j e q u e se ha h e c h o c o m o de m o d a en
cie d e c o m p o s i c i o n , ni t e o r í a s s o b r e l a formación d e las m a t e r i a s literarias, v consiste en el f r e c u e n t e uso a e m e -
l e n g u a s , ni principios d e g r a m á t i c a g e n e r a l , ni o b s e r v a - t á f o r a s t o m a d a s d e la p i n t u r a , ü n a q u e otra, r a r a , r a r í -
ciones p a r t i c u l a r e s s o b r e tal ó t a l l e n g u a d e t e r m i n a d a . sima, y b i e n escogida, p u e d e s e r o p o r t u n a y e x p r e s i v a ;
— i6 —
d a d a al m é t o d o d e e n s e ñ a n z a a d o p t a d o e n t r e n o s o t r o s .
p e r o el e m p l e o c o n t i n u o d e los t é r m i n o s t é c n i c o s color, -12* H a b i e n d o t r a b a j a d o esta obra para c o n t r i b u i r por
colorido, tintas, medias-tintas, claro-oscuro, sombra, to- m i p a r t e á los p r o g r e s o s del b u e n g u s t o , y n o para e m p e -
ques, frescura, y q u é sé y o c u á n t o s otros, ¿ c ó m o p u e d e ñ a r m e en c o n t i e n d a s literarias; m e a p r o v e c h a r e si d e las
d e j a r d e o s c u r e c e r la m a t e r i a , e n vez d e a c l a r a r l a ? ¿ Q u é c r í t i c a s q u e d e ella se h a g a n , p e r o n o « » p o n d e r e a n i n -
i d e a p u e d e n d a r t o d o s ellos d e las b u e n a s ó m a l a s cali- g u n a . Si la o b r a es lo q u e y o h e d e s e a d o q u e l u e s e , ella
d a d e s d e un escrito, al q u e n o e n t i e n d a d e p i n t u r a ? se d e f e n d e r á á sí m i s m a ; si es m a l a , n o la h a r í a n b u e n a
10. a R u e g o á mis lectores q u e n o se a p r e s u r e n á alabar t o d a s mis apologías.
ni á v i t u p e r a r m i o b r a , hasta h a b e r l a l e i d o t o d a ; q u e e n -
t o n c e s olviden q u e está escrita e n e s p a ñ o l , y s e figuren
h a b e r l a l e i d o en f r a n c é s , en italiano, e n inglés ó e n a l e -
m a n ; y q u e h e c h a esta s u p o s i c i ó n , n o n i e g u e n á u n c o m -
p a t r i o t a s u y o la i n d u l g e n c i a d e q u e u s a r í a n c o n u n
e x t r a n j e r o . T e n g a n t a m b i é n p r e s e n t e q u e la m a t e r i a d e
f j u e t r a t a , e s t á a g o t a d a , q u e en ella n a d a se p u e d e ya
i n v e n t a r , y q u e t o d o lo q u e p u e d e e x i g i r s e de u n e s c r i t o r ,
e s q u e la p r e s e n t e con a l g u n a n o v e d a d y con m a s filosofía
q u e s u s p r e d e c e s o r e s . E s t o , c o m o ya d i j e , es lo q u e m e
h e propuesto; y a u n q u e no m e lisonjeo de haberlo c o n -
s e g u i d o s i e m p r e , m e atrevo á e s p e r a r q u e m i obra n o s e r á
d e s p r e c i a d a p o r los i n t e l i g e n t e s i m p a r c i a l e s .
1 1 / P o r lo m i s m o q u e en el a s u n t o q u e h e escogido,
e s t á ya d i c h o t o d o ó casi t o d o , se deja c o n o c e r q u e el
f o n d o d e la d o c t r i n a e s t a r á t o m a d o d e o t r o s e s c r i t o r e s ; lo
c u a l n o q u i e r e d e c i r , q u e n o h a y a e n este libro a l g u n a
cosa m i a , q u e en v a n o se b u s c a r á en n i n g ú n otro. Y si
n o c i t o u n o p o r u n o t o d o s los q u e h e t e n i d o p r e s e n t e s ,
es p o r q u e n o c o p i a n d o n u n c a l i t e r a l m e n t e s u s e x p r e -
siones, basta h a c e r a q u í la d e c l a r a c i ó n d e q u e h e c o n s u l -
t a d o u n g r a n n ú m e r o , q u e seria p r o l i j o e n u m e r a r . Blair
es el ú n i c o q u e h e citado con f r e c u e n c i a , p o r q u e á v e c e s
h e empleado sus mismas palabras; y p o r q u e , siendo su
o b r a la m e j o r y m a s filosófica d e c u a n t a s se h a n p u b l i -
c a d o h a s t a el dia, e s la q u e p r i n c i p a l m e n t e lie d i s f r u t a d o .
N o o b s t a n t e s e verá q u e en toda la p r i m e r a pai te d e la
m i a es casi n a d a lo q u e h e t o m a d o d e la s u y a , e x c e p t o h e
el l i b r o I V ; q u e a u n e n la s e g u n d a , q u e es d o n d e le en
s e g u i d o mas d e c e r c a , h e a ñ a d i d o a l g u n o s a r t í c u l o s y
v a r i a d o los r e s t a n t e s ; y q u e en a m b a s m e h e s e p a r a d o d e
s u o p i n i o n e n varios p u n t o s , h e r e c t i f i c a d o a l g u n o q u e
o t r o descuido suyo, y notado sus omisiones. Sobre todo
h e procurado q u e mi obra fuese mas elemental, y por d e -
cirlo así, m a s didáctica q u e s u s Lecciones, y m a s a c o m o -
Sü DEFINICION. - PLAN BE ESTA OBRA.

Arte quiere decir coleccion de reglas para hacer ana cosa


bien, esto es, de modo que pueda servir para el uso á que la
destinamos. Así, arte de arquitectura, por ejemplo, es lo mis-
mo que coleccion de reglas para construir toda clase de
edificios con solidez y elegancia, con aquel grado de ornato
que pida la naturaleza ae cada uno, y con aquella distri-
bución interior que le convenga según el uso á que ha de
servir.
Reglas, en las artes, son ciertas leyes que prescriben al
artista lo que debe hacer, y lo que está obligado á evitar
I ' para que sus obras tengan toda la perfección posible.
Estas leyes no lian sido dictadas en esta ó en aquella época
por la autoridad ó el capricho de tal ó cual individuo de la
especie humana, en cuyo caso pudieran ser falsas y estar suje-
tas á variaciones arbitrarias. Son principios eternos y de eterna
verdad, fundados en la naturaleza misma de aquellas cosas que
son objeto de las artes; y de consiguiente son tan invariables
como la naturaleza.
Estos principios, aunque eternos, no fueron ni pudieron ser
conocidos en la infancia del linage humano y en los primeros
períodos de la civilización de las naciones, porque el hombre
no tenia entonces la instrucción necesaria para examinarlos y
asegurarse de su certeza; pero lo fueron luego que cierta por-
W
cion de individuos, á los cuales interesaba su conocimiento,
hubo adquirido suficiente ciencia para poder estudiarlos y com-
prenderlos. Y si todos los artistas no han trabajado siempre
desde entonces con arreglo á ellos, ha sido, ó porque no todos
saben aplicarlos, ó porque pasajeras y desgraciadas circuns-
tancias hacen á veces que se desconozcan, se desatiendan, y
aun se olviden por algún tiempo. Fácil me seria demostrar
esta se explica mejor el que las sabe que el que las ignora, el
cuanto acabo de exponer en orden á la naturaleza, verdad é que las observa que el que las quebranta. Sin embargo, como
invariabilidad de las que se llaman reglas en las artes; pero para el uso ordinario basta el hábito adquirido por la simple
esto me empeñaría en largas discusiones ajenas de este lugar. práctica, y seria reprensible afectación poner en el trato fami-
A su tiempo lo probaré hasta la evidencia. liar el mismo cuidado que ea aquellas alocuciones que piden
Ahora, contrayendo esta doctrina al arte de hablar, se ve ser trabajadas con esmero, solo en estas es necesaria la rigu-
que este no es otra cosa que una coleccion ó serie de princi- rosa observancia de los preceptos del arte, y solo á ellas se
pios verdaderos, inmutables, y fundados en la naturaleza aplicarán en esta obra.
misma del hombre, los cuales nos enseñan lo que debemos
De estas alocuciones que piden particular atención, unas se
hacer, y lo que nos es preciso evitar, para hablar de la
hacen de viva voz, y otras por escrito; unas en prosa, y otra?
manera mas acom odada al fin que nos proponem os.
en verso : y se dividen, como se verá á su tiempo, en un gran
Y como, en cualquiera ocasion y sobre cualquiera materia número de clases; pero todas ellas se comprenden bajo la de-
que un hombre habla con uno ó muchos de sus semejantes, nominación genérica de composiciones literarias. Se les d&
siempre se propone necesariamente dos objetos distintos, aun- este nombre, porque para ser perfectas, exigen, cuando son de
que subordinados entre sí, i comunicar sus pensamientos, extensión considerable, que su autor sea lo que llamamos un
para lo cual es menester que hable de modo que le entiendan hombre de letras, es decir, un hombre que haya cultivado su
aquel ó aquellos á quienes dirige la palabra : 2.° producir con talento natural con el estudio y la lectura.
su alocucion cierto efecto en el ánimo del que le oye, pues
Limitándonos pues á ellas, se deja conocer, sin que sea n e -
claro es que nadie comunica á otro sus pensamientos sino con
cesario probarlo, que entre las varias reglas á que deberán
algún motivo y proponiéndose algún tin; se deja conocer que
atender sus autores, unas serán comunes á todas, y otras pecu-
el arte de la palabra, considerado en toda su extensión, lia de
liares de cada clase, y que deberán exponerse con separación.
abrazar dos sistemas de reglas, ó dos tratados diferentes entre
sí, aunque el conocimiento de ambos sea necesario para hablar
completamente bien. El primero ( q u e supongo estudiado ya,
y se llama Gramática) contiene las reglas que debemos obser-
var para hablar de modo que nos entiendan, ó lo que es lo PARTE PRIMERA.
mismo, para hablar bien la lengua en que nos expliquemos :
el segundo, que es del que vamos á tratar, abraza las que pue- REGLAS COMUNES Á TODAS LAS COMPOSICIONES
den dirigirnos para hablar de la manera mas acomodada al fin
particular que nos proponemos en cada ocasion determinada; Una composición literaria, hágase de viva voz ó por escrito
es decir, para que nuestras alocuciones produzcan, ó á lo mé- y esté en prosa ó en verso-, es siempre una serie de pensamien-
nos sean capaces de producir, el efecto que deseamos : á cuyo tos, presentados bajo ciertas formas, enunciados por medio de
sistema conviene esclusivamente, como queda dicho, el título ciertas expresiones, y distribuidos en cierlo número de cláusu-
de arte de hablar. Pues a u n q u e la Gramática se define comun- las. De aquí se infiere que las reglas comunes á todas serán r e -
mente arte de hablar bien, esta definición no es exacta. La lativas, á los pensamientos, 2 o á las varias formas bajo las
Gramática bien entendida no es arte de hablar, sino arte de cuales pueden estos ser presentados, 3 o á las expresiones con
hablar una lengua (I). que deben enunciarse, y á la coordinacion de las cláusulas
en que estén distribuidos.
Las reglas que voy á exponer, deben tenerse presentes hasta
cierto punto, aun en la conversación; y es innegable que en
L I B R O PRIMERO.
DE LOS PENSAMIENTOS.
1. a Bacon dijo á ese propósito — la gramática e s la ley del discurso, la regla infalible
« de las lenguas, y aquel que n o la s a b e , renuncie á saber cosa alguna en toda su Cada una de las operaciones de nuestro entendimiento y de
> vida.»
esta se explica mejor el que las sabe que el que las ignora, el
cuanto acabo de exponer en orden á la naturaleza, verdad é que las observa que el que las quebranta. Sin embargo, como
invariabilidad de las que se llaman reglas en las artes; pero para el uso ordinario basta el hábito adquirido por la simple
esto me empeñaría en largas discusiones ajenas de este lugar. práctica, y seria reprensible afectación poner en el trato fami-
A su tiempo lo probaré hasta la evidencia. liar el mismo cuidado que ea aquellas alocuciones que piden
Ahora, contrayendo esta doctrina al arte de hablar, se ve ser trabajadas con esmero, solo en estas es necesaria la rigu-
que este no es otra cosa que una coleecion ó serie de princi- rosa observancia de los preceptos del arte, y solo á ellas se
pios verdaderos, inmutables, y fundados en la naturaleza aplicarán en esta obra.
misma del hombre, los cuales nos enseñan lo que debemos
De estas alocuciones que piden particular atención, unas se
hacer, y lo que nos es preciso evitar, para hablar de la
hacen de viva voz, y otras por escrito; unas en prosa, y otra?
manera mas acom odada al fin que nos proponemos.
en verso : y se dividen, como se verá á su tiempo, en un gran
Y como, en cualquiera ocasion y sobre cualquiera materia número de clases; pero todas ellas se comprenden bajo la de-
que un hombre habla con uno ó muchos de sus semejantes, nominación genérica de composiciones literarias. Se les d&
siempre se propone necesariamente dos objetos distintos, aun- este nombre, porque para ser perfectas, exigen, cuando son de
que subordinados entre sí, i comunicar sus pensamientos, extensión considerable, que su autor sea lo que llamamos un
para lo cual es menester que hable de modo que le entiendan hombre de letras, es decir, un hombre que haya cultivado su
aquel ó aquellos á quienes dirige la palabra : 2.° producir con talento natural con el estudio y la lectura.
su alocucion cierto efecto en el ánimo del que le oye, pues
Limitándonos pues á ellas, se deja conocer, sin que sea n e -
claro es que nadie comunica á otro sus pensamientos sino con
cesario probarlo, que entre las varias reglas á que deberán
algún motivo y proponiéndose algún tin; se deja conocer que
atender sus autores, unas serán comunes á todas, y otras pecu-
el arte de la palabra, considerado en toda su extensión, ha de
liares de cada clase, y que deberán exponerse con separación.
abrazar dos sistemas de reglas, ó dos tratados diferentes entre
sí, aunque el conocimiento de ambos sea necesario para hablar
completamente bien. El primero ( q u e supongo estudiado ya,
y se llama Gramática) contiene las reglas que debemos obser-
var para hablar de modo que nos entiendan, ó lo que es lo PARTE PRIMERA.
mismo, para hablar bien la lengua en que nos expliquemos :
el segundo, que es del que vamos á tratar, abraza las que pue- REGLAS COMUNES Á TODAS LAS COMPOSICIONES
den dirigirnos para hablar de la manera mas acomodada al fin
particular que nos proponemos en cada ocasion determinada; Una composición literaria, hágase de viva voz ó por escrito
es decir, para que nuestras alocuciones produzcan, ó á lo mé- y esté en prosa ó en verso-, es siempre una serie de pensamien-
nos sean capaces de producir, el efecto que deseamos : á cuyo tos, presentados bajo ciertas formas, enunciados por medio de
sistema conviene esclusivamente, como queda dicho, el título ciertas expresiones, y distribuidos en cierto número de cláusu-
de arte de hablar. Pues a u n q u e la Gramática se define comun- las. De aquí se infiere que las reglas comunes á todas serán r e -
mente arte de hablar bien, esta definición no es exacta. La lativas, á los pensamientos, 2 o á las varias formas bajo las
Gramática bien entendida no es arte de hablar, sino arle de cuales pueden estos ser presentados, 3 o á las expresiones con
hablar una lengua (I). que deben enunciarse, y á la coordinacion de las cláusulas
en que estén distribuidos.
Las reglas que voy á exponer, deben tenerse presentes hasta
cierto punto, aun en la conversación; y es innegable que en
L I B R O PRIMERO.
DE LOS PENSAMIENTOS.
1. a Bacon dijo á ese propósito — la gramática e s la ley del discurso, la regla infalible
c de las lenguas, y aquel que n o la s a b e , renuncie á saber cosa alguna en toda su Cada una de las operaciones de nuestro entendimiento y de
> vida.»
nuestra voluntad tiene su n o m b r e P a ^ c u l a r tafflójo-
fos; pero en literatura todas se comprenden bajoi la denomina CAPITULO PRIMERO.
cion general de pensamientos-, llamándose as i todo o que un
D E LA VERDAD DE LOS PENSAMIENTOS.
hombre quiere comunicar, cuando habla o escribe j a sean
las ideas que tiene de las cosas, ya los juicio q u e de e l l u t o
Un pensamiento puede ser conforme á la naturaleza de las
f o r m a d o , ya los varios afectos q u e estas ideas y estos juicios
cosas, ó no serlo. Si lo es, se dice que es verdadero : si no lo
h a n excitado en su corazon. ,, .... .11Pes0_ es, se dice que es falso. La regla relativa á estas dos cualidades
Los antiguos sofistas, y los retóricos e s c o l a a m a - es, que en toda composicion seria, los pensamientos sean
res. creyeron que se pueden d a r reglas pava d a lo pensa verdaderos, y que se desechen inexorablemente los falsos, por
intentos que deben entrar en u n a c o m p o .cion y d eron en brillantes que parezcan. Rien n'est beau que le vrai,« no
efecto muchísimas; pero todas mutiles. N i p o d t t w d ^ g hay belleza sin verdad », dice Boileau, y tiene mucha razón.
manera : el talento, cierta intrucc.on general y la Pero debe advertirse que la verdad exigida eu los pensamien-
oue exiia el género en que se escriba, suministraran siempie a tos no es siempre absoluta; en muchos casos bastará la rela-
los autores pensamientos o p o r t u n o s para llenar « ¡ ¡ c m f f ^ tiva. Por verdad absoluta se entiende la conformidad de los
ciones; pero sin aquellos tres requisitos todas'la:s rejas de los pensamientos con la naturaleza de las cosas, cuales existen
retóricos no les daran materiales p a r a componer u n a p a ^ n a (l) en realidad, ó han existido. La relativa es su conformidad
Esto es tan evidente, que detenerse a probarlo sena malg¡is con las cosas cuales deben ó debieron ser, admitidas las su-
l a r el tiempo. Así las únicas reglas útiles que pueden darse posiciones que es permitido hacer en ciertos casos. La verdad
acería d e T s p e n s a m i e n t o s , s o n r e l a t i v a s á l a « q u e t o absoluta es necesaria en las obras que se dirigen principal-
autor debe hacer entre los varios que se le ocurran tiempo mente á instruir : en las de entretenimiento, señaladamente
de componer; y estas son precisamente las que no. han •dado en las poéticas, basta por lo común la relativa. Así, por e j e m -
los retóricos ni antiguos ni m o d e r n o s , aun contando los m e plo, los pensamientos contenidos en los razonamientos que
joros. Blair ni siquiera h a tocado este punto tan capital en Virgilio pone en boca de Dido, son relativamente verdaderos,
toda composicion; y a u n q u e en algunas Retoricas, en var as porque son conformes á la situación moral en que el poeta la
obras de crítica y en un tratadito del P. ^ supone.
esparcidas unas cuantas observaciones; nadie hasta.ahora na La regla que acabo de dar es de continuo uso, y con ella so-
formado un sistema completo d e reglas para la elección de los la, si la tenemos siempre á la vista, evitaremos en nuestras
pensamientos. Sin embargo n o es difícil lijarlas observando composiciones muchas faltas en la parte de los pensamientos,
que la naturaleza misma de las relaciones que establece entie pues casi todos los que deben ser desechados, quedarán exclui-
los hombres el don precioso d e la palabra, exige que ios p e n - dos con solo examinar su verdad. Por lo mismo pues que es
samientos que se comuniquen unos á otros sean verdaderos, tan importante, parecía que todo autor la tendría presente al
claros, nuevos, naturalrs,sólidos y acomodados aliono ge- tiempo de componer, y que así era excusado recomendársela;
neral v dominante de la alocuciou en que se quiera introdu- pero la experiencia acredita que, no solo los escritores vulgares,
cirlos. Y es de notar, que las reglas que se deducen de este sino también los de mediana nota, pecan frecuentemente con-
principio, sobre importantísimas, son, como se vera, claras, tra ella, y que aun los mejores se descuidan alguna vez. Phnie
precisas, terminantes y de fácil aplicación. el mayor'pregunta : ¿Porqué en tiempo de nuestros abuelos
la tierra era mas fértil y fecunda? y responde : Porque
\ Sin erabatso es innegable que si bien e s esencialmente 'ibre el pensanncnto. m ellos mismos cultivaban sus campos, y la Herrase compla-
po eso dejado estar sujeto á ciertas leyes. Conocidas deben ser » cía en ser arada con rejas laureadas, y por hombres que
Condillac dice que - lia sido menester el trascurso de muchos siglos para al bn llegar habían obtenido los honores del triunfo. Gaudente Ierra
i tZ'lucir (ni aun se atrevió á decir reconocer) que el pensamiento pudiera estar su-
jeto á ciertas reglas- vomere laureato, et triumphali aratore (lib. \ 8, cap. 3). Ll
primer pensamiento tiene la suficiente verdad, pues en electo,
nuestra voluntad tiene su n o m b r e p a r t i ^ » tafflójo-
fos; pero en literatura todas se comprenden bajoi la denomina CAPITULO PRIMERO.
d o n general de pensamientos-, llamándose as i todo o queun
D E LA VERDAD DE LOS PENSAMIENTOS.
hombre quiere comunicar, cuando habílaoescnbe , a sean
las ideas que tiene de las cosas, ya los juicio q u e de e l l u t o
Un pensamiento puede ser conforme á la naturaleza de las
f o r m a d o , ya los varios afectos q u e estas ideas y estos juicios
cosas, ó no serlo. Si lo es, se dice que es verdadero : si no lo
h a n excitado en su corazon. ,, .... .11Pes0_ es, se dice que es falso. La regla relativa á estas dos cualidades
Los antiguos sofistas, y los retóricos e s c o l a a m a - es, que en toda composicion séria, los pensamientos sean
res. creyeron que se pueden d a r reglas pava d a lo pensa verdaderos, y que se desechen inexorablemente los falsos, por
niiéntos que deben entrar en u n a compo .cion y d eron en brillantes que parezcan. Rien n'est beau que le vrai,« no
efecto muchísimas; pero todas mutiles. N i p o d t t w d ^ g hay belleza sin verdad », dice Boileau, y tiene mucha razón.
manera : el talento, cierta intrucc.on general y la Pero debe advertirse que la verdad exigida eu los pensamien-
que exiia el género en que se escriba, suministraran siempie a tos no es siempre absoluta; en muchos casos bastará la rela-
los autores pensamientos o p o r t u n o s para llenar « ¡ ¡ c m f f ^ tiva. Por verdad absoluta se entiende la conformidad de los
ciones; pero sin aquellos tres requisitos todas l a r e ^ a s d e t o s pensamientos con la naturaleza de las cosas, cuales existen
retóricos no les daran materiales p a r a componer u n a p a ^ n a (l) en realidad, ó han existido. La relativa es su conformidad
Esto es tan evidente, que detenerse a probarlo s e m malg¡is con las cosas cuales deben ó debieron ser, admitidas las su-
l a r el tiempo. Así las únicas reglas útiles que pueden darse posiciones que es permitido hacer en ciertos casos. La verdad
acería d e T s p e n s a m i e n t o s , s o n r e l a t i v a s á l a « q u e t o absoluta es necesaria en las obras que se dirigen principal-
autor debe hacer entre los varios que se le ocurran tiempo mente á instruir : en las de entretenimiento, señaladamente
de componer; y estas son precisamente las que no. han •dado en las poéticas, basta por lo común la relativa. Así, por e j e m -
los retóricos ni antiguos ni m o d e r n o s , aun contando los m e plo, los pensamientos contenidos en los razonamientos que
¡ores. Blair ni siquiera h a tocado este punto tan capital en Virgilio pone en boca de Dido, son relativamente verdaderos,
t o d a c o m p o s i c i o n ; y a u n q u e en algunas Retoricas, en var as porque son conformes á la situación moral en que el poeta la
obras de crítica y en un tratadito del P. B o u h o u ^ s e h ^ l a n supone.
esparcidas unas cuantas observaciones; nadie hasta.ahora na La regla que acabo de dar es de continuo uso, y con ella so-
formado un sistema completo d e reglas para la elección de los la, si la tenemos siempre á la vista, evitaremos en nuestras
pensamientos. Sin embargo n o es difícil lijarlas observando composiciones muchas faltas en la parte de los pensamientos,
que la naturaleza misma de las relaciones que establece entie pues casi todos los que deben ser desechados, quedarán exclui-
los hombres el don precioso d e la palabra, exige que los p e n - dos con solo examinar su verdad. Por lo mismo pues que es
samientos que se comuniquen unos á otros sean verdaderos, tan importante, parecía que todo autor la tendría presente al
claros, nuevos, naturales,sólidos y acomodados aliono ge- tiempo de componer, y que así era excusado recomendársela;
neral v dominante de la alocuciou en que se quiera introdu- pero la experiencia acredita que, no solo los escritores vulgares,
cirlos. Y es de notar, que las reglas que se deducen de este sino también los de mediana nota, pecan frecuentemente con-
principio, sobre importantísimas, son, como se vera, claras, tra ella, y que aun los mejores se descuidan alguna vez. r i t m e
precisas, terminantes y de fácil aplicación. el mayor'pregunta : ¿Porqué en tiempo de nuestros abuelos
la tierra era mas fértil y fecunda? y responde : Porque
\ Sin erabatso es innegable que si bien e s esencialmente 'ibre el pensanncnto. m ellos mismos cultivaban sus campos, y la tierra se compla-
po eso dejado estar sujeto á ciertas leyes. Conocidas deben ser n cía en ser arada con rejas laureadas, y por hombres que
Condillac dice que - lia sido menester el trascurso de muchos siglos para al hnllegar habían obtenido los honores del triunfo. Gaudente Ierra
i tZ'lucir (ni a u n se atrevió á decir reconocer) que el pensamiento pudiera estar su-
jeto á ciertas reglas- vomere laureato, et triumphali aratore (lib. \ 8 , cap. 3). L1
primer pensamiento tiene la suficiente verdad, pues en electo,
que un propietario cultive él mismo sus campos, puede h a -
cerlos mas fértiles, porque los labrará con mas esmero; pero sabia si la carga que llevaba era inútil, ó n o ; ni se murió por
el segundo es evidentemente falso, porque la tierra ni se c o m - echarla de sí, sino por falta de alimento. \ no se diga que
place ni se enoja, ni á su fecundidad contribuye que el culti- Cardenio estaba loco, porque aquí se supone que habla en ra-
vador haya sido conducido en triunfo al Capitolio. Y aunque zón , ni que el Quijote es una obra jocosa, porque este pasaje
en composiciones oratorias y poéticas es permitido atribuir á es serio. Lo que hay que decir es, que Cervantes pagó también
las cosas inanimadas afectos de alegría, tristeza, ira, odio, tributo al mal gusto que iba ya introduciéndose, cuando el
amor, etc., no así en una obra de Historia natural, en que se escribió sus obras.
trata de explicar los fenómenos de la naturaleza con buenas Por ser este punto tan importante, y porque hasta ahora no
razones físicas, no con flores de retórica. Cicerón tiene t a m - se han señalado con bastante precisión los límites á que esta
bién alguno que otro pensamiento falso. Por ejemplo, p o n - ceñido el uso que puede hacerse de la verdad relativa; se hace
derando en la oracion pro Roscio Amarino lo terrible de la necesario fijarlos multiplicando los ejemplos, para que se vea
pena á que eran condenados en Roma los parricidas, que era hasta qué punto algunos poetas han abusado de lo que se llama
la de ser metidos vivos en un cuero, y bien cosido esle por to- licencia poética. Creyeron sin duda que en su calidad de hijos
das partes ser luego arrojados al T i b e r ; dice que los romanos de Apolo les era todo permitido; y si se les ocurría un pensa-
habian imaginado este suplicio, o porque si exponían los reos miento que á primera vista pareciese nuevo ó ingenioso, no se
« á las fieras, estas se harían mas crueles con su contacto : y curaban de que fuese verdadero ó falso, y le adoptaban sin
« si los echaban desnudos al rio, y este los arrastraba en su discernimiento. Para preservar pues á los jóvenes de que a c a -
« corriente hasta el m a r , los cadáveres de tamaños delincuentes so los imiten en lo que tienen de malo, les prevendremos que
« contaminarían sus aguas. » Majares nostri, dice, noluerunt la licencia de fingir concedida a los poetas no se extiende mas
feris corpus objicere, ne bestiis quoque, quce tantum scelus que á los hechos y sus circunstancias; cuidando sin embargo
atligissent, immanioribus uteremur : non sic nudos injlu- de que aquellos y estas, si no h a n existido, hayan podido exis-
men dejicere, tie, quum delati essent in mare, ipsum pol- tir, supuesta la religión ó la mitología que el poeta haya segui-
luerunt, quo ccetera, quce viólala sunt, expiar i putantur. do en su poema. Mas inventados ya los hechos y las circuns-
Estas dos razones son falsas, porque las cualidades morales, tancias, es menester que cuando el poeta habla ó hace que h a -
buenas ó malas, del hombre que es devorado por una fiera, blen sus personajes, ni él ni ellos digan absurdos contrarios a
no hacen á esta mas ni ménos cruel, ni el agua del mar se hace la sana razón ó á las leyes de la naturaleza. Por ejemplo, Ho-
impura, porque caiga en ella desnudo el cadáver de un facine- mero pudo inventar é inventó muchos sucesos que realmente
roso. Sin embargo, si hubieran sido estas las razones que los no hubo en el sitio de Troya, y aun los que en el fondo son
romanos habian tenido presentes para escoger aquel género de acaso verdaderos, los esornó con circunstancias fingidas que
castigo, el pensamiento de Cicerón no seria falso en rigor. Lo los realzasen y engrandeciesen; pero no dice jamas, ni hace
es, porque siendo otros los motivos de la ley, Cicerón dio por decir á sus héroes, sino lo que supuesto el hecho, es rigurosa-
tales dos hechos que carecen de verdad. Era entonces joven y mente verdadero.Yirgilio hizo lo mismo en casi toda su Enei-
abusaba de su ingenio, como él mismo lo reconoció y confesó da, y solo se descuidó en aquel pasaje del libro -I0,v. 3 9 3 , en
en^sus Tratados retóricos, hablando del aplauso que obtuvo que hablando de un guerrero á quien habian cortado de un
HR merecerlo este pasaje de su oracion. Nuestro Cervantes se reves la mano derecha, dice que « la mano cortada andaba
descuidó también en esta parte alguna vez. Contando Cardenio « buscando, ó echaba de ménos á su dueño, y que sus dedos
su historia [Quijote, parte i , cap. 2 7 ) dice : Y en entrando « ya moribundos se rebullían todavía, y meneaban y revolvían
por estas asperezas (las de Sierra Morena) del cansancio y de <i la espada que tenían empuñada ántes de recibir el golpe.»
la hambre se cayó mi muta muerta; ó lo que yo mas creo,
por desechar tan inútil carga como en mi llevaba. Lo primero Te decisa suum, Laride, dextera quarit,
Semianimesque micant digiti, ferrumque retractant.
es lo cierto, la segundo falso y falsísimo. La pobre muía no
Esto es no solo falso sino imposible, y no hay licencia poética
que autorice á decir que sucedió naturalmente lo que no pue- Ilablar quiere, n o hay lengua, el peso e x c e d e ;
Ni él puede huir ni el peso alijerarse.
de suceder en buena física. Si el poeta supusiese que esta es- Pues como tanta boca abierta quede,
pecie de milagro se verificó p o r la voluntad y disposición de La muerte quiere por la boca entrarse
algún dios, la cosa, a u n q u e históricamente falsa, seria poética- Detiénela la vida, y al encuentro
Aun no saben las dos cuál está dentro
m e n t e verdadera; pero referir él como naturalmente verifica-
do, lo que naturalmente no puede verificarse, fué no tener Esto no merece que yo m e detenga á criticarlo: cualquiera con
presente el incredulus odi de su amigo Horacio; fué un des- solo leerlo, conoce cuan falso es, cuán absurdo y cuán ridícu-
cuido de aquellos que, como dice este mismo, humana parum lo. Lo que sí debe observarse es que Lope, que copiaba é imi-
cavet natura. Para que no se dude de que lo fué, nótese que taba lo bueno y lo malo de los antiguos, tomó estos pensamien-
Homero, de quien Virgilio imitó el pasaje, se limitó á decir tos de Lucano. Describiendo este en el lib. m . de su Farsalia
(Iliad. lib. Y. v. 82) que la mano cortada cayó en el suelo un combate naval, y hablando de un romano que fué herido al
ensangrentada. E s t c e s saber contenerse dentro de los límites mismo tiempo por dos lanzas enemigas que le atravesaron el
que señala la severa razón ; esto es tener un gusto tan seguro pecho, dice que « la sangre estuvo perpleja, sin saber por cuál
y un tacto tan fino, que jamas se engaña, ni se equivoca, ni se « de las dos heridas saldría. »
desliza, ni se extravía : y este solo pasaje bastará para demos-
trar, si otras mil pruebas no hubiese, que Homero es el mode- Et stetit incertus flueret quo vulnere sanguis.
lo d e los modelos, á que no llegó su admirable imitador. Y poco mas abajo dice de otro cuyo cuerpo fué tronzado p o r
Ahora, si Virgilio padeció por distracción semejante descui- medio, que « l a muerte se detuvo largo rato en la parte en que
do, no debemos extrañar que nuestro Lope, muy de propósito, « están el pulmón y las entrañas; y despues de haber luchado
á sabiendas, y creyendo q u e hacia una gran cosa, buscase y « mucho con esta parte, al fin con gran trabajo se apoderó de
emplease pensamientos falsos de la misma clase que el de «los otros miembros. »
Virgilio. En efecto, en la Jerusalen, lib 11, hablando de una
doncella que toma una lanza para defender su honestidad At tumidus quo pulmo jacet, quo viscera fervent,
Uceserunt ibi fata diu; luctataque multum
dice: Ilac cum parte viri, vix omnia membra tulerunt.
Al moro q u e la t r u j o dio primero
Albricias con la p u n t a ; d e tal suerte, No será inútil prevenir que estos pensamientos de Lucano
Que viendo á las espaldas el acero,
Dudosa estuvo para entrar la muerte, aparecen aun mas falsos en la traducción de Jáuregui, el cual
Mirando el pecho abierto al golpe fiero, añadió algunos despropósitos que no hay en el original; como
Y el rojo humor q u e por la espalda v i e r t e ; cuando dice del segundo combatiente, que luego que su cuer-
Puesto que para e n t r a r se daba prisa,
Estuvo en las dos p u e r t a s indecisa. po fué partido por medio,
Toda su sangre entonces, desprendida
Esto es falso de toda falsedad. La muerte, que es un ser ab- Por toda vena, el piélago m a n c h a b a ;
stracto, ni ve, ni mira, ni está dudosa, ni se da prisa para Y la porcion buscando dividida
Del cuerpo y del espíritu, saltaba.
entrar, ni está indecisa entre dos puertas. Y aunque poética-
mente podemos personificarla, y ponerla en acción como si Esto no está en el latín, en el cual se dice solamente que
fuese un ente real y vivo, a u n entonces es necesario decir de a el alma (es decir u n a sustancia sutilísima, pero corpórea, que
ella cosas racionales, no disparates contrarios al sentido co- « es lo que los gentiles entendían por anima) la cual circula-
m ú n . Aun es peor la que se lee en el mismo Lope (lib. HÍJ. « ba por los diversos miembros, se halló interceptada por el
Refiriendo cómo el apóstata D. Remon murió en su lecho, opri- « agua » que estaba ya interpuesta entre las dos porciones de
mido y ahogado por un tristísimo sueño, añade que ya mori- cuerpo.
bundo
üiscursusque unimos diversa in membra meantis
Ase del pabellón, tira, y no puede Interceptus aquis.
Con ios abiertos brazos r e m e d i a r s e ;
Ya se ve que esto, si no es absolutamente verdadero, no es á Y ¿cómo, al tiempo de escribir, distinguiremos les pensa-
lo ménos tan falso como el que la sangre sallaba por el mai mientos verdaderos de los falsos? ¿Cómo podremos asegurar-
buscando la porcion dividida del cuerpo y del espíritu. # nos de que aquel que se nos ocurre es ó no conforme á la n a -
El Taso, escritor por otra parte de finísimo gusto y para mi turaleza de las cosas? Para esto no hay reglas: el estudio de
el tercero de los poetas épicos, tiene sin embargo algunos pen- esta misma nata raleza en general, y el del hombre en parti-
samientos falsos en su Jerusalen. Tal es este en el cauto octa- cular, son los que en cada circunstancia determinada nos e n -
vo, hablando de un guerrero, que aunque cubierto ya de mor- señarán á conocerlo.
tales heridas, siguió combatiendo todavía hasta el postrer Se ha prevenido en la regla general que la verdad absoluta
aliento : ó relativa, es una cualidad necesaria en los pensamientos, cuan-
do la composicion es séria; porque en las jocosas, al contrario
La vita no, ma la virtù sostenta el chiste de una ocurrencia consiste á veces en su misma false-
Quel cadàvere indòmito é feroce. dad, cuando se ve que su invención es hija del ingenio, no de
la ignorancia. Por ejemplo, Quevedo, hablando de la bajada de
La vida no, mas el valor sustenta Orfeo á los infiernos, dijo en tono jocoso :
Aquel feroz é indómito cadáver.
Al iniierno el tracio Orfeo
El P. Bouhours censuró este pensamiento como falso, ó mas Su m u j e r bajó á buscar,
bien como un vano juguete de palabras, que ó nada dicen, ó Que no pudo á peor lugar
Llevarle su mal deseo.
presentan un sentido absurdo y contradictorio. Muratori, á
fuer de buen italiano, le defiende, y para ello recurre á su me- Cantó; y al mayor tormento
Puso suspensión y espauto,
tafísica de las imágenes fantásticas; pero, por mas que diga el Mas que lo dulce del canto,
Sr. Muratori, la razón está por el crítico francés. Es necesario La novedad del intento.
probarlo. Que un poeta al representarse en su enardecida ima-
El triste Dios ofendido
ginación un héroe, que lleno ya de heridas, ó, como el Taso De tan extraño rigor,
dice, cuyo cuerpo está hecho ya una sola llaga (dudo que La pena que halló mayor
aun en italiano piaga y ferita sean sinónimos, y que puedan Fue volverle á ser marido.
emplearse el uno por el otro) le llame cadáver, es una hipér- Y a u n q u e su m u g e r le dió
bole muy natural y permitida; pero añadir que este cadáver Por pena de su pecado,
es indómito y feroz, y que ya no le sostiene la vida sino el Por premio de lo cantado
Perderla facilitó.
valor, es un concetto indigno de un hombre como el Taso. Si
ya no le sostiene la vida, será porque está muerto ; y si lo está, Estos últimos pensamientos son conocidamente falsos; p e r o en
ya no es indómito ni feroz, n i es capaz de valor, ni puede sos- u n a o b r a jocosa los h a c e t o l e r a b l e s el p l a c e r q u e n o s c a u s a
tenerse de pié, ni es nada mas que un cadáver. Y no hay fan- v e r las i n g e n i o s a s , a u n q u e f a l s a s , r a z o n e s q u e d a el p o e t a
tasías ni imágenes fantásticas que puedan representar como p a r a explicar un suceso, q u e contado seriamente no p o d i a
vivo y peleando al que realmente está muerto. admitirlas.
Muchos otros ejemplos de pensamientos falsos pudiera traer
tomados de autores nuestros y a j e n o s ; pero basten los ya cita- CAPITULO II.
dos. De pensamientos verdaderos no es necesario presentar
DE LA CLAKIDAD DE LOS P E N S A M I E N T O S
ninguno. En los buenos escritores lo son todos ó casi todos.
En los dos poemas de Homero, es decir, en mas de treinta mil Los pensamientos pueden ser tales, que aquellos á quienes
versos no hay un solo pensamiento falso. En lodo Uemóstenes se dirice la alocucion, los entiendan fácilmente y á primera vis-
no he encontrado ninguno, y en Virgilio y Cicerón acaso no t a ; enceste caso se dice que son claros. Si de una ojeada, p o r
hay mas que los indicados.
decirlo así, no es fácil entenderlos, sino que es menester d e - A ver á Circe en tanto mal dispuesto;
tenerse algún tanto á meditar para descubrir la relación y en- Que á quien grandes desdichas ha pasado,
lace de las ideas, se llaman profundos. Si aun con muy dete- La esperanza del bien le engaña presto.
nida meditación fuese difícil encontrar el sentido de un pensa- Este pensamiento es verdaderamente profundo, aunque no
miento, será este verdaderamente oscuro. Si la oscuridad pro- tan delicado como el anterior de Virgilio. Mas como en Lope
viene de que en él se han mezclado ideas que se debían pro- es muy raro que al lado de una cosa buena no se halle otra
poner separadas, se llama confuso. Si la confusion luese t a l , detestable, este feliz pensamiento está precedido de otros res-
que cueste mucho trabajo descomponerle para separar lo que pectivamente oscuros, confusos, embrollados y enigmáticos, ó
malamente se había confundido, será lo que se llama embro- por mejor decir, de una ininteligible algarabía. Queriendo al
llado. Si la oscuridad, confusion ó embrollo llegase a tal p u n - parecer describir la isla de Circe, dice a s í :
to , que aun haciendo un prolijo e x á m e n , no quedemos segu-
ros de haber acertado con el sentido, de modo que parezca no Cerca una isla el m a r Tirreno, al monte
que entendemos, sino que adivinamos el pensamiento ; tiene Opuesta donde en hierro, en bronce duro,
Eslérope feroz, desnudo Bronte
este el mayor grado posible de oscuridad, y se llama enigmá- Defensas labran al celeste muro.
tico. La regla en este punto es que en las composiciones des- Aquí el ardiente padre de Faetonte
tinadas á la común lectura, los pensamientos sean tan cia- A Circe t r u j o en plaustro mas seguro.
Si el agua del Eridano que inflama
ros como permita la naturaleza del asunto: que en las que Lámpara de cristal fué de su llama.
se dirigen á personas de cierta instrucción, no se desechen
los p r o f u n d o s , y que en todas se omitan los oscuros y con Habia dado Circe al rey su esposo
Veneno sin razón, en que descubre
mas razón los confusos, los embrollados y los enigmáticos. El alma de su pecho cauteloso,
De pensamientos claros no hay necesidad de citar ejemplos, Y el so¡ con ser tan claro, á Circe encubre.
Que la sombra de un h o m b r e poderoso,
porque en los escritores de primer orden lo son todos, hn Claro en linaje, mil delitos cubre;
Homero no hay ninguno que no lo sea: hay si alguna expre- Pues muchas cosas d e sufrirse duras
sión oscura para nosotros, porque siendo ya muerta la lengua La misma claridad las hace escuras.
griega, no podemos saber á punto lijo el valor exacto de algu- No le recibe en nítido palacio,
nas voces; pero el tondo del pensamiento siempre se compren Dorado signo que humillando el vuelo,
de á la primera ojeada. , Nueva eclíptica forma, nuevo espacio
Entre los peces de la mar y el cielo.
De pensamientos profundos puede ser muestra aquel her- Temió Circe el furor del rey sarmacio,
moso verso de Virgilio (lib. I de la Eneida). Llamando al claro sol q u e estaba en Délo;
Temióle con razón, porque sucede
Et non ignara mali miseris succurrere disco. Odio al amor, cuando el agravio excede.
Y como supe ya lo que son males,
Que habiéndose con ella desposado
Amparar se también al infelice. P o r hermosura humana y luz divina,
Semejantes pensamientos suponen un profundo conocimiento F u é quererle matar enamorado,)
Del ügnaje del sol bajeza indina.
del corazon h u m a n o ; y así hay mucho de esta clase en las obra? Un monte que pirámide elevado
de Tácito, el escritor mas profundo de todos los siglos. En lo El rostro de la luna determina
demás se hallan t a m b i é n de tiempo en tiempo. Lope en la Ufe Verde gigante al sol, bañado en plata,
De sus eclipses el dragón retrata.
(canto 1) tiene uno que puede llamarse tal. Hablando de F.uri
loco, enviado p o r Ulíses con otros cuantos soldados a recono Dejemos por ahora los otros defectos de este pasaje, el i n t e r -
cer la isla de Circe, dice que llegados al palacio de aquella semi r u m p i r la descripción para hablar del delito de Circe, el volver
diosa, sus ninfas los recibieron con fingidos halagos; y añade á continuarla para interrumpirla de nuevo, las frías moralida-
des de que está inoportunamente sembrado, la poca conexion
Su gente anima Euríloco engañado,
Donde del bien y el mal nace el tormento.
entre las ideas, la confusion que reina en todo él; y veamos Llévasme al lin por tan estrecha senda
solo si hay una persona racional, que pueda entender cómo Que das imperfección en el cuidado,
el agua del Erídano que inflamó Faetonte, pudo ser lámpara Donde apenas caber puede la enmienda.
de cristal de su llama; ni qué quiere decir que un dorado
Prescindamos de que toda esta metafísica sobre los zelos es im-
signo no le recibe en nítido palacio; y que humillando el
propia en boca de un pastor, que no se abrasa una vida ni un
vuelo, forma nueva eclíptica, nuevo espacio entre los peces
contento, y que verdugo de inmortal contienda es una expre-
del mar y el cielo ; ni qué significa un monte que pirámide
sión vacía de sentido; y dígasenos solamente qué puede signi-
elevado determina el rostro de la luna, y que siendo gi-
ficar aquello de que el zelo lleva al pastor por senda tan estre-
gante al sol, bañado en plata, retrata el dragón de sus
cha que le da imperfección en el cuidado; en el cual cuida-
eclipses. Para mí esto es jerigonza, y creo que lo será para
do, ó en la cual senda, apénas puede caber la enmienda. ¿Que
todos.
es dar imperfección en un cuidado ?
Mas no es Lope el único que así deliraba; lo mismo hacían
los demás de sus contemporáneos y los que le sucedieron.
Ulloa, despues de haber contado en su Raquel como el rey CAPITULO I I I .
Alfonso salió á caza, y ponderado lo impaciente que estaba por
DE LA NOVEDAD DE LOS PENSAMIENTOS.
volver á T o l e d o ; dice que entonces empezaba ya el verano, y
continúa con la siguiente octava: La combinación de ideas que ofrezca un pensamiento puede
Y a u n q u e la hermosa a m a n t e ver quisiera ser enteramente nueva, ó ya empleada p o r otro escritor: en el
El calor en la noche remitido; primer caso es nuevo, en el segundo común. Si lo f u e r e tanto
No deja su epiciclo, por esfera que anduviese hasta en la boca del vulgo, se llama vulgar; y
D e las divinas luces elegido,
Que, si no aljaba de las (lechas, era
si entre el vulgo mismo f u e r e tan trillado que con frecuencia le
Taller de los arpones de Cupido; repitan aun íos mas ignorantes, llega á ser lo que se llama
Con que todos los tiros son mortales trivial. La regla en esta parte es, que no solo sean nuevos en
Afiladas las armas en cristales.
si mismos, si ser puede, los pensamientos de cualquiera
Puede que alguno lo entienda; yo por mí confieso que n o composicion, sino que á los comunes, vulgares y triviales se
puedo ni aun adivinar, qué quiere decir que una persona les dé cierta novedad, añadiéndoles algunas ideas acceso-
enamorada no deja el epiciclo elegido por esfera de las rias no empleadas todavía.
divinas luces, ni cómo este epiciclo era, si no aljaba de las Veamos el modo de hacerlo, poniendo un ejemplo, que al
flechas, taller de los arpones de Cupido; y menos cómo to- mismo tiempo dé á conocer la diferencia que hay entre las va-
dos los tiros son mortales porque las armas están afiladas rias clases que acabo de distinguir. Todos hemos de morir.
en cristales. Entreveo que acaso el poeta quiso decir que Ra- Este es'un pensamiento trivial, porque frecuentísimamente le
quel no salia de su habitación durante la ausencia del rey, repiten aun las personas ménos instruidas. Lo mismo muere
que pensaba continuamente en sus amores, que lloraba etc.; el rico que el pobre. Este añade ya un contraste que le eleva
pero no estoy seguro de que esto sea verdaderamente lo que un poco sobre los rigurosamente triviales; pero no pasa de
intentó; y así estos pensamientos son para mí rigurosamente vulgar. La muerte no perdona al rico ni al pobre. Aquí por
enigmáticos. las 'ideas accesorias que excita la palabra perdonar, se p r e -
Balbuena en su Égloga XI dice por boca de un pastos zeloso: senta la muerte como un juez inexorable, cuyos decretos a l -
canzan á todos, y el pensamiento no es ya vulgar; pero es
Oh zelo! que del mismo amor nacido, común, porque ha sido mil veces empleado. « La muerte pá-
Es tu oficio abrasar vida y contento, «lid a llama igualmente á la puerta de las casas de los pobres
Y d e j a r el carbón mas e n c e n d i d o :
Eres muerte y dolor del pensamiento, « que á la de los alcázares de los reyes. »
Fiero verdugo de inmortal contienda,
Pallida mors teqno pulsat pede pauperum tabernas,
Regumque turres. fuere necesaria aquella especie de penetración que llamamos
ingenio, ó mas bien agudeza de ingenio, se les da á ellos
Este, común en el dia, fué nuevo en boca de Horacio, quien mismos el nombre de ingeniosos ó agudos. Si juntamente
con los contrastes de pauperum, regum; tabernas, turres, con el ingenio se requiere aquel particular discernimiento que
con el epíteto de pallicla dado á la muerte, y con la expresión s o l l a m a finura, el pensamiento se dice entonces fino; y si
cequo pulsat pede con que la personilica, supo hacer nuevo en ademas hubiere tenido parte en su hallazgo aquel cierto grado
cierto modo el pensamiento trivialísimo, todos hemos de mo- de sensibilidad que se nombra delicadeza, el pensamiento se
rir. El mismo Horacio le diversificó y rejuveneció, por decirlo llamará delicado. Como el ingenio, la finura y la delicadeza
así, de mil maneras en varios pasajes de sus obras, y los b u e - consisten en descubrir entre los objetos ciertas relaciones lije-
nos poetas, cuando hablan de la muerte, hallan siempre nue- ras, casi imperceptibles, y tales que no las hubiera percibido
vos modos de presentar las ideas relativas á un objeto tan co- un observador ménos atento , ménos perspicaz, ó ménos sen-
m ú n y conocido. Nuestro Rioja, verbi gracia, expresa en la epís- sible; si aquellas en que se f u n d a un pensamiento son dema-
tola A Fabio el pensamiento Antes de morirme con toda esta siado tenues , pasa este ya de ingenioso , lino ó delicado á lo
belleza y n o v e d a d : que se llama sutil; y si'alguno de estos lo fuere tanto , que
Antes q u e aquesta mies inútil s i e g u e
analizado escrupulosamente, apénasse descubra una lijerísima
De la severa m u e r t e dura mano, relación entre las ideas de que consta, degenerará en alambi-
Y á la común materia se la e n t r e g u e . cado : epíteto que se ha dado con bastante propiedad á los
pensamientos muy sutdes, porque en efecto se parecen á los
El mismo poeta en la canción A las ruinas de Itálica, ha-
tenuísimos y sutilísimos líquidos obtenidos por evaporación
biendo dicho primero sencillamente aquí nació Trajano,
en el aparato llamado alambique. La regla relativa á estas va-
y teniendo que repetir la misma idea de nacer, supo variarla
rias clases es la siguiente : En toda composicion los pensa-
de esta manera tan nueva como poética:
mientos deben ser naturales y no forzados; los obvios y f á -
Aquí de Elio Adriano, ciles, siendo por otra parte interesantes, son en general
De Teodosio divino, preferibles á los ingeniosos, linos ó delicados; pero los de
De Silio peregrino,
estas tres denominaciones, empleados con economía, no
Rodaron de marfil y oro las cunas.
son reprensibles sino cuando pasan ya á ser conocidamente
Mas adelante se verá el modo de dar novedad á los pensamien- sutiles o alambicados, ó cuando tienen algún otro defecto,
tos por medio de los llamados tropos y d e las p e r í f r a s i s : por como el de la oscuridad, de la cual están muy cercanos.
ahora pueden bastar estos pocos ejemplos, para que se forme Veamos ejemplos que la comprueben y expliquen. Garcilaso
de ello alguna idea. tiene en su tercera Égloga estos tan sabidos como hermosísi-
mos versos :
CAPITULO IV.
Flérida para mí dulce y sabrosa,
D E LA N A T U R A L I D A D DE LOS PENSAMIENTOS. Mas que la fruta del cercado a j e n o ;
Mas blanca que la leche, y mas hermosa
Los pensamientos pueden nacer del a s u n t o y tener con él Que el prado por Abril de flores lleno.
necesaria conexion, ó ser traídos de léjos y con cierta especie
Las dos comparaciones, mas blanca que la leche, mas her-
de violencia : los primeros son naturales , los segundos vio-
mosa que el prado lleno de flores, son dos pensamientos
lentos , forzados, estudiados. Si a d e m a s de ser naturales,
naturalismos en boca de un pastor, y ademas fáciles y ob-
fuere tan fácil hallarlos, que para dar c o n ellos baste un m e -
vios ; pero el primero, mas sabrosa que la fruta del cercado
diano talento, se llaman obvios, como q u e se presentan por sí
ajeno, sin dejar de ser natural, es verdaderamente inge-
mism >s; y también fáciles, porque parece que el encontrarlos
nioso. Lo e s , porque no á todos se les hubiera ocurrido la
no le ha costado al autor ningún esfuerzo. Si para hallarlos
observación, no muy obvia, aunque muy verdadera, de que
las cosas que poseen los demás, nos parecen mejores que las combate de la razón y de las pasiones. No la copiaré e n t e r a ,
que nosotros tenemos. porque es muy larga y cualquiera puede leerla en el original:
El mismo Garcilaso, en la Égloga I . , hace decir á un pas- péro para prueba citaré la primera estancia, que dice así
tor hablando de su r i v a l :
El aspereza d e mis males quiero
Y cierto no trocara mi figura Que se muestre también en mis razones,
Con ese que de mí se está r i e n d o ; Como ya en los electos se ha mostrado :
Trocara mi ventura. Lloraré d e mi mal las ocasiones,
Sabrá el m u n d o la causa por que muero,
Esto es lo que propiamente se llama fino. Aquello de Vir- Y moriré á lo ménos confesado.
Pues soy por los cabellos arrastrado
gilio, Égloga I I I , De un tan desatinado pensamiento,
Que por agudas peñas peligrosas,
Malo me Galatea petit, lasciva puella; P o r matas espinosas,
Et fugit ad salices, et se cupit ante videri.
Corre con Iijereza mas q u e el viento,
Pues á mí la traviesa Galatea b a ñ a n d o de mi sangre la carrera :
Me tira una m a n z a n a ; y en los sauces Y para mas despacio atormentarme.
Corre luego á esconderse, deseando Llévame alguna vez por e n t r e llares,
Que ánies de e n t r a r en ellos, yo la v e a ; A dó d e mis tormentos y dolores
Descanso, y de ellos vengo á no acordarme;
es delicado. Cuando en el libro 4" de la Eneida dice el mismo Mas él á mas descanso no me e s p e r a ;
poeta que Dido, atravesado ya el pecho con la espada, hace Antes, como m e ve d e esta manera,
Con un nuevo f u r o r y desatino
todavía esfuerzos para incorporarse, levanta al cielo sus m o r i - Torna á seguir el áspero camino.
bundos y errantes ojos, busca la luz, y al verla da un gemido,
ingemuitque repertá, esto último es profundo, fino y deli- Sin detenernos en lo de morir confesado, que ya han notado
cado. Dudo que en ningún escritor profano haya una cosa mas otros, tenemos aquí un pensamiento desatinado que arras-
tierna y mas felizmente imaginada. tra á un hombre por los cabellos, y corre con mas Iijereza
Para muestra de pensamientos que, sin llegar á ser sutiles, que el viento por agudas peñas peligrosas y por matas es-
muestran ya el estudio y trabajo del escritor y no son del todo pinosas, bañando la carrera con la sangre del arrastrado;
naturales; puede servir aquel terceto de Rioja en su citada y luego, para atormentarle mas despacio, le lleva alguna
epístola A Fabio. vez por entre flores á dó descanse de sus tormén, os y dolo-
¿ Será que pueda ver que me desvio
res; y en efecto el cuitado llega ya á no acordarsi de ellos;
De la vida viviendo, y que está unida pero el picaro pensamiento no le deja descansar mi ?ho r a t o ;
La cauta muerte al simple vivir mió ? al contrario, luego que ve como se va olvidando de us dolo-
res, torna á seguir el áspero camino con un nuevi furor y
Seria excesivo rigor condenar como sutiles estos dos pensa-
desatino. Y bien, toda esta intrincada metafísica ¿quiere decir
mientos; pero cualquiera ve, que sin haber en ellos verdadera
algo, traducida al lenguaje de la razón? Nada en suma : qua
sutileza, no son sin embargo de aquellos de los cuales dice
un enamorado teme unas veces, y espera otras; que ya deses-
Horacio, ut sibi quivis speret idcm. ( I ) ; y que, desviarse de
p e r a , ya confía. Y un pensamiento tan sencillo ¿puede sutili-
la vida viviendo, y cauta muerte unida al simple vivir,
zarse y alambicarse mas, que buscando las remotísimas y casi
huele no poco al aceite.
nulas relaciones que esta situación de los amantes puede tener
Para ver en una sola composicion una serie no interrumpida
con la de un hombre que fuese arrastrado de los cabellos por
de sutilezas y alambicamientos, léase la canción de Garcilaso
entre agudas peñas y espinosas matas, y á quien luego lleva-
que empieza : El aspereza de mis males quiero, en la cual
sen por entre llores y despues le volviesen al áspero camino?
todo es estudiadísimo, todo metafísica escolástica sobre el
¿Cuánto no es menester devanarse los sesos y alambicar las
ideas para encontrar alguna anología, si la h a y , entre esta si-
4. Que cualquiera crea poder hacer otro tanto.
tuacion física d& hombre arrastrado y la moral del amante que frecuentes en los enamorados, que el hallazgo de los pensa-
pasa alternativamente del temor á la esperanza, y de la espe- mientos que enuncian, no supone ningún esfuerzo ni d e m a '
ranza al temor? Como en este ejemplo las expresiones están to- siado estudio. Lo que sigue, es ya conocida sutileza, y ademai
madas en cierto sentido que se llama figurado, del cual se tiene algo de falso; porque el alma no pesa, ni el que la lleva,
tratará largamente en otra parte de esta obra, y ahora no se en sentido de ser el objeto constante de nuestro a m o r , de
tiene de él bastante noticia; daré otros ejemplos en que los nuestro cuidado etc., puede él dejarla, cuando se le antoje :
términos conserven su significación literal. Ademas, siendo nosotros seríamos en tal caso los que pudiéramos quitársela,
este punto de la naturalidad de los pensamientos muy impor- es decir, dejar de amarle, de pensar en él. Y aquí puede verse
t a n t e , y estando llenos varios poetas nuestros de conceptos prácticamente lo que ya queda insinuado, á saber, que casi
respectivamente sutiles y alambicados, no será inútil citar al- todos los pensamientos del mal gusto tienen por lo común alge
gunos otros, para que los principiantes aprendan á distinguir- de íalsos.
los de los obvios, fáciles y no estudiados.
CAPITULO V.
Francisco de la Torre, en la égloga Tírsis, d i c e :
DE I.A SOLIDEZ DE LOS PENSAMIENTOS.
Las aguas aumentaba
Con las que d e r r a m a b a
Tírsis cuitado, de quien es temida
Un pensamiento prueba lo que intenta el escrilor, ó no 1©
Mas que la muerte su cansaba vida, prueba : el primero es sólido, el segundo es lo que se llama
Cuya probada y rigurosa suerte fútil. No hay otro término para indicar que carece de solidez.
Le acrecienta la vida por la muerte. La regla sobre ambas clases es tan general é importante como
El pensamiento, Tírsis teme mas su cansada vida que su muer- la relativa á los verdaderos y falsos, á s a b e r , que todos los
te, es sutil; el otro, su suerte le acrecienta la vida por la pensamientos de una composicion séria deben ser sólidos,
muerte, es verdaderamente alambicado, es un refinamiento y que es preciso desechar los que bien examinados, sean
de la sutileza contenida en la tan sabida redondilla, verdaderamente f ú t i l e s , por mas que á primera vista nos
hayan deslumhrado por su brillantez ó novedad. En este
Ven m u e r t e tan escondida
Que no te sienta venir, punto es menester mucho cuidado, porque es fácil que el falso
Porque el placer de morir brillo de un pensamiento nos r engañe, como le sucedió mas de
No me vuelva á dar la vida. una vez á Cicerón. Por ejemplo, en la oracion que á la vuelta
d é su destierro pronunció en presencia del pueblo, se empeña
J á u r e g u i , en el Acaecimiento amoroso, hablando de una
en probar que debia mas á este por el beneficio que acababa
n i n f a , á la cual se la enredaron los cabellos en un sauce,
de hacerle, que á sus padres por el ser que de ellos habia r e -
cuando iba huyendo de un amante que la perseguía, dice por
cibido; y da por razón que cuando nació físicamente era pe-
boca de este :
queño , y cuando volvió del destierro nació ya varón consular:
Ella al sentir su estorbo, d e manera A parentibus, id quod necesse erat, parvus sum procrea-
Alzó la voz con alarido al cielo, tus; á vobis natus sum consularis. Este pensamiento es ver-
Que, porque m e n o s su dolor sintiera,
Sin la seguir, m e derribé en el suelo
dadero, claro y muy fácil de h a l l a r ; pero al mismo tiempo es
Diciéndole: « Ya, ninfa, no te sigo, fútil, y aun ridículo, porque no prueba lo que el orador in-
« Sino con sola el alma enamorada, tenta. Ni ¿cómo lo habia de probar? De que al nacer seamos
a El alma llevas y no mas contigo; pequeñilos, ¿ p u e d e acaso deducirse racionalmente ,^<]ue un
« Modera tu violencia acelerada :
« O ya, si el peso rehusar pretendes, beneficio que se nos hace en edad adulta, excede al de la exis-
« Déjame el alma y huye descansada.» tencia que debemos á nuestros padres; porque al recibirle so-
mos hombres hechos, y estamos condecorados con alguna di-
Hasta modera tu violencia acelerada, todo es n a t u r a l , pues gnidad? Y ¿pudiera c r e e r s e , si no lo viésemos, que en un
las expresiones, te sigo con el alma, el alma llevas, son tan
tuacion física d& hombre arrastrado y la moral del amante que frecuentes en los enamorados, que el hallazgo de los pensa-
pasa alternativamente del temor á la esperanza, y de la espe- mientos que enuncian, no supone ningún esfuerzo ni d e m a '
ranza al temor? Como en este ejemplo las expresiones están to- siado estudio. Lo que sigue, es ya conocida sutileza, y ademai
madas en cierto sentido que se llama figurado, del cual se tiene algo de falso; porque el alma no pesa, ni el que la lleva,
tratará largamente en otra parte de esta obra, y ahora no se en sentido de ser el objeto constante de nuestro a m o r , de
tiene de él bastante noticia; daré otros ejemplos en que los nuestro cuidado etc., puede él dejarla, cuando se le antoje :
términos conserven su significación literal. Ademas, siendo nosotros seríamos en tal caso los que pudiéramos quitársela,
este punto de la naturalidad de los pensamientos muy impor- es decir, dejar de amarle, de pensar en él. Y aquí puede verse
t a n t e , y estando llenos varios poetas nuestros de conceptos prácticamente lo que ya queda insinuado, á saber, que casi
respectivamente sutiles y alambicados, no será inútil citar al- todos los pensamientos del mal gusto tienen por lo común alge
gunos otros, para que los principiantes aprendan á distinguir- de falsos.
los de los obvios, fáciles y no estudiados.
CAPITULO V.
Francisco de la Torre, en la égloga Tírsis, d i c e :
DE I.A SOLIDEZ DE LOS PENSAMIENTOS.
Las aguas aumentaba
Con las que d e r r a m a b a
Tírsis cuitado, de quien es temida
Un pensamiento prueba lo que intenta el escritor, ó no 1©
Mas que la muerte su cansaba vida, prueba : el primero es sólido, el segundo es lo que se llama
Cuya probada y rigurosa suerte fútil. No hay otro término para indicar que carece de solidez.
Le acrecienta la vida por la muerte. La regla sobre ambas clases es tan general é importante como
El pensamiento, Tírsis teme mas su cansada vida que su muer- la relativa á los verdaderos y falsos, á s a b e r , que todos los
te, es sutil; el otro, su suerte le acrecienta la vida por la pensamientos de una composicion séria deben ser sólidos,
muerte, es verdaderamente alambicado, es un refinamiento y que es preciso desellar los que bien examinados, sean
de la sutileza contenida en la tan sabida redondilla, verdaderamente f ú t i l e s , por mas que á primera vista nos
hayan deslumhrado por su brillantez ó novedad. En este
Ven m u e r t e tan escondida
Que no te sienta venir, punto es menester mucho cuidado, porque es fácil que el falso
Porque el placer de morir brillo de un pensamiento nos r engañe, como le sucedió mas de
No me vuelva á dar la vida. una vez á Cicerón. Por ejemplo, en la oracion que á la vuelta
d é su destierro pronunció en presencia del pueblo, se empeña
J á u r e g u i , en el Acaecimiento amoroso, hablando de una
en probar que debia mas á este por el beneficio que acababa
n i n f a , á la cual se la enredaron los cabellos en un sauce,
de hacerle, que á sus padres por el ser que de ellos habia r e -
cuando iba huyendo de un amante que la perseguía, dice por
cibido; y da por razón que cuando nació físicamente era pe-
boca de este :
queño , y cuando volvió del destierro nació ya varón consular:
Ella al sentir su estorbo, d e manera A par entibas, id quod necesse erat, parvus sum procrea-
Alzó la voz con alarido al cielo, tus; á vobis natus sum consularis. Este pensamiento es ver-
Que, porque m e n o s su dolor sintiera,
Sin ta seguir, m e derribé en el suelo
dadero, claro y muy fácil de h a l l a r ; pero al mismo tiempo es
Diciéndole: « Ya, ninfa, no te sigo, fútil, y aun ridículo, porque no prueba lo que el orador in-
« Sino con sola el alma enamorada, tenta. Ni ¿cómo lo habia de probar? De que al nacer seamos
a El alma llevas y 110 mas contigo; pequeñilos, ¿ p u e d e acaso deducirse racionalmente ^ q u e un
« Modera tu violencia acelerada :
« O ya, si el peso rehusar pretendes, beneficio que se nos hace en edad adulta, excede al de la exis-
« Déjame el alma y huye descansada.» tencia que debemos á nuestros padres; porque al recibirle so-
mos hombres hechos, y estamos condecorados con alguna di-
Hasta modera tu violencia acelerada, todo es n a t u r a l , pues gnidad? Y ¿pudiera c r e e r s e , si no lo viésemos, que en un
las expresiones, te sigo con el alma, el alma llevas, son tan
Cicerón h a b í a m o s de hallar tales miserias? Pues allí mismo m e n t e probables; n u n c a le es permitido valerse d e conocidos
hay otras parecidas, y también las hay en el pasaje ya citado sofismas. Tales son todos los q u e se f u n d a n en la acepción
d e la oracion pro Roscio Amerino, en q u e habla del castigo equívoca de las voces, y sin embargo no hay cosa mas c o m ú n
de los parricidas. Véanse en el original. en los nuestros.
Y si Cicerón se dejó deslumhrar alguna vez por el ialso Pedro Espinosa, en la Fábula del Jenil tiene estos v e r s o s :
brillo de un pensamiento, ¿ q u é será de nuestros escritores,
q u e tan generalmente se descuidaron en esta parte de los pen- No da tributo Bétis á Nereo ;
Mas como amigo sus riquezas parte
samientos? Innumerables trozos pudiera c o p i a r , asi en prosa Con él, que esrexj de rios, y los reyes
como en v e r s o , en los cuales n a d a hay de s ó l i d o ; pero para A'o dan tributo sino ponen leyes.
ejemplo d a r é unos cuantos. Saavedra Fajardo, queriendo p r o -
b a r q u e el varón p r u d e n t e debe h a b l a r poco, dice ( E m p r e s a El p r i m e r pensamiento es f a l s o , p o r q u e el Bétis da tributo al
•H): Está ta lengua en parle muy húmeda, y fácilmente m a r , esto es, desemboca en él. El segundo, que es rey de rios,
se desliza, si no la detiene la prudencia; y en la Empresa es poéticamente verdadero en el sentido d e ser el mayor d e los
3 9 , p a r a p e r s u a d i r que conviene oir m u c h o , da esta razón : r i o s ; pues a u n q u e esto no sea materialmente cierto, s e m e j a n -
La naturaleza puso puertas á los ojos y la lengua, y dejó tes exageraciones son permitidas en poesía. ¡Mas, p o r q u e en
abiertas las orejas para que á todas horas oyesen. Que d e - esta acepción se le ha llamado rey, deducir luego q u e n o paga
bamos h a b l a r poco y oir m u c h o , p u e d e ser c i e r t o ; pero d e d u - tributo al m a r , porque los reyes no pagan tributo, es, n o un
cir esta obligación moral d e q u e la lengua esté en parte h ú m e - raciocinio sólido, sino u n pueril juguete de palabras.
da , y las orejas no tengan p u e r t a s , es discurrir con poquísima De la misma m a n e r a discurre Lope, cuando p o r h a b e r l l a -
mado sol á su q u e r i d a , sostiene q u e si esta se ausenta, a n o -
solidez. ,, , chece ; y si se presenta, amanece. Dice así en un soneto :
Quevedo en la silva A la codicia, hablando con u n o q u e
h a b i a ido á América á buscar f o r t u n a , y beneficiaba ya alguna Porque si amaneció cuando le vistes;
m i n a , le d i c e : Dejándole de ver, noche seria
En el ocaso de mis ojos tristes.
Mucho te debe el oro,
Si despues que saliste Con la misma solidez p r u e b a en otro soneto que, c u a n d o su
Pobre reliquia de naufragio triste, dama está ausente, n o deja d e verla, p o r q u e es sol, y al sol le
En vez de descansar del m a r seguro,
A tu codicia hidrópica obediente,
vemos desde cualquiera p a r t e . Estos son los tercetos:
Con villano azadón en cerro duro
Sangras las venas al metal luciente. Si de mi vida con su luz reparte
¿ P o r q u é permites que trabajo infame Tu sol los d'as; cuando verte intente,
Sudor tuyo d e r r a m e ? ¿Qué importa que me acerque ó que me aparte?
Deja oficio bestial que inclina al suelo
Ojos nacidos para ver el cielo. Donde quiera se ve su hermoso oriente;
Pues si ve desde cualquiera parle,
Quien es mi sol, 110 puedo estar ausente (1).
Si trabajar en u n a mina es oficio bestial, porque inclina al
suelo los ojos nacidos para ver el cielo, también lo será ca-
var las viñas, segar las mieses, escardar las huertas y otras mil 1. Mas de cuatro amantes habrán dicho en prosa á sus queridas lo que 110 s e disi-
ocupaciones d e la vida rústica, pues en estas también es nece- mula ñ Lope en eslos dos sonetos. Con tales cortapisas quedaría muy reducido el n ú -
mero de los poetas, y tal vez nos descartaremos de los que mas nos agradan. ¿ C u a n -
sario b a j a r la cabeza. Esto es cabalmente lo q u e se dice en las tos había á quienes guste la ficción poco antes criticada de Pedro Espinosa, de consi-
escuelas : argumento que prueba demasiado, nada prueba; derar al Bétis romo otro mar que contunde sus aguas con el Océano, para ponderar
que e s muy grande y caudaloso?
y p o r eso el raciocinio d e Quevedo carece d e solidez. Y a u n q u e
un poeta n o está obligado á emplear siempre argumentos de-
mostrativos, y le basta p o r lo c o m ú n q u e los suyos sean lijera-
mejante heroísmo. Por esta razón, Héctor, tomando en sus
CAPITULO VI. brazos á su hijo y dirigiendo á Júpiter en favor suyo la tierna
súplica que leemos en Homero, es un objeto puramente bello
DE LA C O N V E N I E N C I A D E LOS PENSAMIENTOS CON E L TONO
DE LA O B R A .
en el órdep "jioral; pero Guzman el Bueno, arrojando la es-
p a d a desde el muro de Tarifa para que degüellen al suyo, es
Ya queda indicado que los pensamientos (ademas de verda- en la misma clase un objeto sublime. Los pensamientos pues
deros, claros, nuevos, naturales y sólidos) deben ser también que nos presentan objetos bellos ó sublimes en el órdert físico
acomodados al tono general y dominante de la obra en que ó moral, toman ellos mismos la denominación de bellos ó
queremos emplearlos. Esto quiere decir que en aquellas que, sublimes.
aunque sérias, tienen por objeto principal el agradar, y no son Hé aquí á lo que se reduce esta debatida cuestión ; pero
de tono muy elevado, deben ser bellos; en las majestuosas, debo añadir lo siguiente. Para que un pensamiento sea verda-
grandiosos, y aun sublimes en los parajes que lo p e r m i t a n ; deramente sublime, no basta que lo sea el objeto que nos pone
y en las graciosas, chistosas, jocosas, burlescas, graciosos, á la vista; es necesario ademas que nos sea presentado de
chistosos, jocosos, burlescos respectivamente. Como todas es- modo que haga en nosotros una impresión tan fuerte y viva,
tas denominaciones se dan.á los pensamientos relativamente si ser puede, como la presencia del objeto mismo. Para esto
a la impresión que en nosotros producen, y esta idea de pura se requiere que la idea principal vaya acompañada de aquellas
sensación es u n a idea simple que no se puede descomponer en secundarias que mas puedan contribuir á fortificarla y real-
otras, no es posible dar de todos ellos mas definición que su zarla; y al contrario, que se omitan todas las que puedan con-
nombre mismo. Sin embargo, ya que algunos críticos han fundirla, oscurecerla ó debilitarla. Cómo esto haya do hacerse,
disputado tanto sobre cuáles son los que merecen el titulo de se entenderá mejor con ejemplos que con explicaciones m e t a -
sublimes, y cuáles el de simplemente bellos, diré en pocas físicas.
palabras lo que hav de útil en sus largas discusiones. Fr. Luis de León, en la oda que empieza, Cuándo será que
pueda, tiene este pasaje sublime:
Todos sabemos por experiencia que la vista de ciertos obje-
tos físicos, por ejemplo un jardín, produce en nosotros cierta ¿ No ves cuando acontece
impresión plácida y tranquila; y la de otros, verbi gracia, el Turbarse el aire lodo en el verano?
océano, un volcan, un profundo despeñadero, una tempestad, El dia se ennegrece,
Sopla el Gallego insano,
nos causa cierta respetuosa admiración, cierto asombro y ena- Y sube liasta el cielo el polvo vano :
jenamiento. A los primeros los llamamos bellos ó hermosos, y
Y entre las nubes mueve
á los segundos sublimes. De los objetos físicos hemos trasla-
Su carro Dios, lijero y reluciente.
dado luego estas denominaciones á los seres morales, y hemos Y horrible son conmueve:
llamado bellos á los que producen en nosotros una sensación Relumbra fuego ardiente,
apacible y deliciosa, semejante á la que nos resulta de ver un Treme la tierra, humillase la gente.
objeto físicamente hermoso; y sublimes á los que arrebatan y La lhma baña el lecho,
enajenan nuestro ánimo con una especie de admiración, pare- Envjatílargos rios los collados:
cida á la que .causan las sublimes esceios de la naturaleza Asi Su trabajo deshecho,
Lomeara pos anegados
entre la? virtudes pertenecen á la primeva clase las que no .-y Mrfan
'os labradores espantados.
piden esfuerzos extraordinarios, y á la segunda las que exigen
que el hombre se haga en cierto modo superior a s¡ mismo,
E f ^ s c r i p c i o n i n í i t a d a d e Virgilio (lib. V de las Geórgicas)
subyugando las inclinaciones mas poderosas de su corazon;
es sub/rne : y lo es el objeto descrito, una t e m p e s t a d :
porque los rasgos de aquellas nos interesan sí, pero no nos
¿ . las circunstancias que mas le realzan, están bien escogidas;
a d m i r a n ; y los de estas nos sorprenden y confunden, hacién-
oscurecerse el día, soplar el viento, levantarse al cíelo remoli-
donos sentir que nosotros no somos capaces de elevarnos a se-
nos de pojvo, horrible sonido del t r u e n o , fuego ardiente del
«c Los que en Flegra con brío furibundo
r e l á m p a g o , t e m b l a r la t i e r r a , pavor y abatimiento en ¡os « Ya os hicieron h u i r de rama en rama,
« Del horrible Briareo el bulto leve.
h o m b r e s , largos rios q u e b a j a n d e los collados, trabajo del l a -
« Que en cien brazos cien mazas juntas m u e v e .
b r a d o r d e s h e c h o , c a m p o s a n e g a d o s : 3." n i n g u n a de estas .deas
está d e b i l i t a d a c o n a c c e s o r i a s i n ú t i l e s : 4 o la i m a g e n , Dios « Dad á Nembrod por báculo su torre,
« Y por soldados cuantos hubo en ella :
•mueve entre las nubes su carro lijero y reluciente, es valen- « Nazca d e nuevo A n t e o , si se corre
t í s i m a y e l l a sola c o n s t i t u i r í a u n p e n s a m i e n t o s u b l i m e e n t o d o « De haber perdido su a r m a d u r a bella,
« Y sin que d e su madre aparte y b o r r e
€ l
« La grave estampa y la torcida huella ;
S p a s a j e P a d e b l F a ; . Luis d e L e ó n es m o d e l o en su l i n e a . « La que en su ayuda, si á sazón le viene,
V e a m o s o t r o d e B a l b u e n a , e n el c u a l , q u e r i e n d o s e r s u b l i m e , « J u n t e cuantos hermanos tuvo y tiene.
nos h a dado pura hinchazón y hojarasca en lugar de subli-
« Saque Jason sus Argonautas fieros,
m
« VUses, Telamón ; y el griego Aquíles
Todos los inteligentes h a n a d m i r a d o y con razon como u n « De nuevo multiplique compañeros,
ras«'o s u b l i m e <le h e r o í s m o l a a p o s t r o f e d e Avax e n H o m e i o « De leones hechos no d e hormigas viles
« Salgan d e Troya y Grecia los g u e r r e r o s ;
2 T I 1 7 , V. M 5 . . . 4 7 ) c u a n d o , h a b i e n d o e s p a r c i d o « Salgan Goliás, Sansón, y los suitles
J ú p i t e r ' s o b r e el c a m p o d e b a t a l l a u n a d e n s a y e s c u r a n l e b a « Judíos : salgan de Argos y Tébas
q u e l l e n a d e p a v o r á l o s g r i e g o s Ayax s e v u e l v e ü él y l e p u l e , « Los crueles campos y sangrientas grevas:
2 o s u f a v o r , n o la v i c t o r i a , n o l a v i d a , s i n o luz p a t a p e l e a r , « Salgan Héctor y Paris, salga Troilo,
diciéndole : « F.l liei ' f i d e o , el bravo Hipodemonte,
« El f u e r t e Alcídes.y el que en sabio estilo
Libra va, p a d r e Jove, á los aquivos « Venció d e Esünge el cavernoso monte ;
De niebla lan oscura, haz q u e v e a m o s : « T u r n o , Eneas, Mecencio, Adrasto, Egilo,
Serena el cielo, y á la luz del día « Teseo y la arrogancia de F a e t o n t e ;
Destruyenos á todos, si le place. « Y en su cruel h e r m a n d a d , que la ira atice,
« Rómulo y R e m o , Eteocle y Polinice.
E s t o e s v e r d a d e r a m e n t e s u b l i m e . Lo e s el o b j e t o ; á s a b e r el
v i l o r d e Avax á q u i e n c o n t a l q u e p u e d a p e l e a r , n o le a c o - « Salga mi antigua sombra Capaneo,
« Polifenio y los hijos de Vulcano :
b a r d a t o d o el p o d e r d e J ú p i t e r ; n o h a y K ^ s s e c u n d a r i a s q u e « Y por no hacer mas áspero rodeo
d e b i l i t e n ó d e g r a d e n la p r i n c i p a l ; n o h a y d e c l a m a c i ó n n o h a y « Ni el disgusto gastar el tiempo en vano,
p ron s n o h a y f a n f a r r o n a d a s , n o h a y h i n c h a z ó n n i n g u n a : « Bajad, cobardes dioses ; que no creo
« Que hay otro que esta clava d e mi mano,
t o d o está d i c h o c o n l a n o b l e s e n c i l l e z q u e c a r a c » H « Que si allá subo, y como aquí la atierra,
m e r o v le h a c e el p r i m e r o d e l o s p o e t a s y el m e o r d e t o a o s « Con todo vuestro cielo dará en tierra. »
los escritores proíanos. Pues b i e n , Balbuena, q u e r i e n d o imitar
e s t e p a s a j e , d i c e en su Bernardo (lib. 2 4 ) q u e M a r g a n t e , T a m a ñ o s dislates no merecen q u e me detenga á criticarlos.
Baste decir q u e e n H o m e r o h e m o s visto u n p o e t a juicioso, y
En impaciencia y voces turbulentas e n Balbuena v e m o s u n d e c l a m a d o r , u n loco, que delira q u e -
Bramando, vuelto al cielo, escupe y d i c e : r i e n d o s e r s u b l i m e : q u e Ayax e s u n v e r d a d e r o h e r o e , p o r
« Cobardes dioses, si a esas tan c o n t e n t a s
« Sillas que os suena el mundo no desdice c u y a b o c a h a b l a l a n a t u r a l e z a , p o r q u e d i c e lo q u e u n h o m b r e
« Él ser todos locura, y las afrentas d e v a l o r d e b i ó d e c i r s e g ú n las i d e a s d e s u t i e m p o e n l a s i t u a -
«Vengar queréis q u e ya en mi remo os h i c e , c i ó n e n q u e se h a l l a b a ; y M o r g a n t e e s u n f a n f a r r ó n c o b a r d e ,
« Si no sois solo palos y pinturas,
q u e desafía á unos muertos q u e n o podían admitir el duelo, y
« Y tienen de deidad vuestras figuras:
á u n o s dioses, de cuya existencia d u d a , ó por m e j o r decir, se
« Bajad todos á mí, ó volvéd al m u n d o b u r l a , y de los cuales p o r consiguiente n a d a t e m a que t e m e r .
« Cuantos en el t u v i e r o n nombre y fama Y ¿ q u é diremos d e su prolija, pueril y disparatada e n u m e r a -
« A Encelado el g i g a n t e , q u e el prolundo
« Valle de Etna r e c u e c e en viva llama,
cion? ¡ Y aquel Nembrod, que ha de traer p o r báculo nada
ménos que la torre de Babel 1 ¡A qué ridiculas extravagancias t u r a . En esta se dice, hablando de Alejandro (Macab., cap. I.)
conduce el olvido, digamos mejor, la ignorancia de los prin- que « la tierra enmudeció en su presencia : » siluit ierra in
cipios de buen gusto y de las reglas del arte! ¡Y todavía hay conspectu ejus : pensamiento verdaderamente sublime, p o r -
quien hable conira.ellas, y diga que no son necesarias! Ahí que no es posible dar mas alta idea del poder de Alejandro y
tienen la respuesta, v en mil ejemplos que pudieran citarse del universal terror que inspiraron sus conquistas, que di-
del mismo poeta y de varios otros de los nuestros. Concluiré ciendo la tierra enmudeció. Rioja pues le introduio o p o r t u -
este punto de la sublimidad con algunas advertencias impor- namente hablando de Trajano, y dijo :
tantes.
Aquí nació aquel rayo de la guerra,
^ C u a n d o presentamos el objeto sublime en una descrip- Gran P a d r e d e la patria, honor d e España,
Pió, felice, t r i u n f a d o r Trajano,
ción algo extendida, como la citada del maestro León, ó Ante quien muda se postró la tierra.
cuando hay reunidos varios pensamientos de esta clase, como
en el lamoso pasaje de la ¡Liada ( l i b . 20, v. 47 y siguientes) Y si hubiese acabado aquí, no podría darse rasgo mas sublime,
que omito por demasiado largo y porque se halla copiado en ni mas valientemente expresado, pues con toda la concision y
las Lecciones de BLiir; se llama esto pasaje sublime. Mas sencillez posibles realzó la idea misma del original con la acce-
cuando solo hay un pensamiento verdaderamente tal, conte- soria de se postró. Pero desgraciadamente la necesidad de lle-
nido en una expresión, se llama rasgo ó pensamiento su- n a r la estancia le obligó á desleír, por decirlo así, el pensa-
blime. Tales son, el tan alabado de Corneille, que muriese; miento, c o n t i n u a n d o :
el Medea superest de Séneca, copiado por el mismo Cor-
neille ; el fíat lux del Génesis, citado por Longino, y otros la tierra
varios que se hallan acotados en casi todos los tratados mo- Que ve del sol la cuna y la que baña
El Mar, también vencido, gaditano.
dernos.
El pasaje, aun con esta añadidura, queda todavía grandioso y
2.* En unos y otros, para que la sublimidad no desapa- magnífico; pero lo hubiera sido mas si hubiese acabado en la
rezca, es necesario que no haya nada de bajo, ni de trivial, ni palabra tierra. Porque descendiendo á dividir esta en oriental
de afectado en la expresión; pero en los simples rasgos se r e - y occidental, y designando la primera con la perífrasis, que ve
quiere también que no haya mas palabras que las absoluta- del sol la cuna; y la segunda con la de que es bañada por el
mente necesarias, y que la expresión sea sencilla y natural. Mar gaditano también vencido,• se contentó con ser ele-
En los pasajes algo extendidos se puede emplear un lenguaje gante, y tío aspiró á la verdadera sublimidad. Haga la prueba
mas pomposo, y añadir al pensamiento principal alguna ilus- el que quiera, no leyendo mas que hasta tierra, y suponiendo
tración, como esté bien escogida; en los simples rasgos cual- que allí acaba la cláusula; y si tiene gusto, sentirá cuánto
quier adorno ó adición los debilita. Por eso se ha notado que mayor impresión le hace la tierra toda postrada ante Tra-
Corneille debilitó el citado pensamiento, « que muriese » qu'il jano, que el oriente y occidente c o n c u ñ a d o s por sus armas.
mourut, añadiendo « ó que una heroica desesperación le so- Todo este cuidado es necesario al i:cm >o de escribir, sobre
fl corriese, » ou qu'un beau désespoir alors te secourut. todo en verso; y en estas, al parecer, pequeneces consiste el
Algunos franceses han querido defenderle; pero, digan cuanto secreto del arte.
quieran el buen gusto responderá que el beau désespoir es, 3. a Aquí no es posible enumerar y recorrer todos los objetos
como ellos dicen, recherché; que el secourut es débil, y que físicos y morales que pueden suministrar ideas sublimes y
el pensamiento, para haber conservado toda la sublimidad b e l l a s : la contemplación de la naturaleza para los primeros, y
con que empieza, debió acabar en mourut. Por la misma razón el estudio de la historia para los segundos son los mejores
m e parece que nuestro Rioja debilitó también un poco, no maestros. Tampoco m e detendré á indagar, cuál es en ellos la
tanto como Corneille, un rasgo muy sublime que tiene en su cualidad fundamental que causa en nosotros la sensación de
Hermosa canción A tas ruinas de Itálica, y tomó de la Escri- sublimidad o belleza; porque seria necesario entrar en largas
se pueden p r o p o n e r millones. Esta es u n a cosa clara y sen-
. iscusiones ajenas de este lugar, y d e m a s . a d o metafísicas para cilla, que los gramáticos y los retóricos lian hecho casi i n i n t e -
n n n r i n i a n t e s Los que quieran p r o f u n d i z a r estas cuestiones, ligible. Según ellos, es sí figura aquella cierta cosa en q ue se
E f f i S Ü í b L ) á B u r k e - pero l t o w - ¿ g g d i s t i n g ü e n o s pensamientos unos de otros, a u n prescindiendo
n d a c i r i o n e s son como ya se lia indicado, mas Dien uioboutas de las expresiones que los r e p r e s e n t a n ; y hasta aquí se h a n
curiosas que útiles. Porque M — , explicado >con exactitud; pero h a n embrollado la materia,
probase (cosa muy difícil) que el gran pode ^ a ^ t a e x t c i cuando han dado también el n o m b r e de figuras á todas las al-
sion el Delisro ó cualquiera otra cosa, es la luen e ae ia su teraciones hechas en lo material de las voces, en su p r o n u n -
ciación, sintaxis, coordinacion oratoria y significación; y
b U m i d a d ; nada h a b r í a i s adelantado p ^ T ^ Z Z
cuando h a n distinguido en consecuencia seis clases de figuras
mientes sublimes, ni para expresar os con toda su fueiza, que
llamadas de metaplasmo ó dicción, de prosodia, de sintaxis
es lo importante en el Arte de hablar. ó construcción, de significación, ó tropos; de palabra o
elocucion, y de sentencia ó estilo; pues cualquiera que sepa
lo que significan estos n o m b r e s , conocerá q u e solo las últimas,
e s decir, las de sentencia, deben llamarse figuras; que las de
L I B R O II. dicción, prosodia y sintaxis no son otra cosa que ciertas li-
cencias, esto es, trasgresiones de los preceptos gramaticales,
D E LAS V A R I A S FORMAS BAJO LAS CUALES PODEMOS PRESENTAR permitidas en ciertos casos : que las de significación son otra
LOS PENSAMIENTOS.
especie de licencia que á veces nos tomamos de variar la acep-
ción usual de algunas palabras : que las de elocucion no son
tampoco mas q u e ciertas maneras elegantes de combinar las

j s s s a s w g g g g s s expresiones; y que de todos modos nada tienen que ver seme-


jantes licencias ni elegancias con aquello que nos hace distin-
guir los pensamientos considerados en sí mismos que es lo
único á q u e racionalmente puede darse el n o m b r e de forma o
figura, p o r cierta analogía que tiene con lo que en los cuerpos
se llama con este n o m b r e . Por consiguiente, abaudonando a los
gramáticos sus licencias, ó si quieren, sus figuras de meta-
m ^ s s m m plasmo, prosodia y sintáxis; reservando tratar de los tropos
para cuando hablemos de las expresiones, porque en efecto no
son otra cosa q u e expresiones de cierta clase; y dejando las
elegancias de elocucion para el tratado de la composicion de
tan expresad*,y l o q u e e s mas e stas por unas las cláusulas, que es adonde pertenecen, solo debo hablar
ten de u n a s m.smas d e ^ y estén e i contenidos ahora de las verdaderas y legítimas figuras, que son las de sen-
tencia ó pensamiento.
v Z Pedro (afirmación), vino P e d r o ? (in-
6 Limitándome pues á estas, fácil es conocer q u e las diferentes
f ! ; a deas de que constan son idénticas, y lo son
formas bajo las cuales presentamos los pensamientos, resultan,
ó de su misma naturaleza, ó de la situación moral y la i n t e n -
f m B á s B s s - á ción del que habla. En efecto, estamos viendo á cada paso en
nosotros mismos q u e de distinta manera combinamos n u e s -
tras ideas; cuando queremos representar por medio del l e n -
guaje las imágenes de los objetos trazados en nuestra imagi-

s i ™
se pueden proponer millones. Esta es una cosa clara y sen-
. iscusiones ajenas de este lugar, y d e m a s . a d o metafísicas para cilla, que los gramáticos y los retóricos lian hecho casi ininte-
nrinriniantes Los que quieran profundizar estas cuestiones, ligible. Según ellos, es sí figura aquella cierta cosa en q ue se
E f f i S Ü í b L ) á B u r k e - pero l t o w - ¿ g g distinguen los pensamientos unos de otros, aun prescindiendo
ndaciriones son como ya se lia indicado, mas Dien u i o w u u » de las expresiones que los representan; y hasta aquí se h a n
^ t K d a s mas curiosas que útiles. Porque M — , explicado >con exactitud; pero h a n embrollado la materia,
probase (cosa muy difícil) que el gran pode ^ a ^ t a e x t e ^ cuando han dado también el nombre de figuras á todas las al-
sion el Delisro ó cualquiera otra cosa, es la luen e ac ia su teraciones hechas en lo material de las voces, en su pronun-
ciación, sintaxis, coordinacion oratoria y significación; y
bUmidad; nada h a b r í a i s adelantado ^ ¡ X ^ Z
cuando h a n distinguido en consecuencia seis clases de figuras
mientes sublimes, ni para expresar os con toda su fueiza, que
llamadas de metaplasmo ó dicción, de prosodia, de sintaxis
es lo importante en el Arte de hablar. ó construcción, de significación, ó tropos; de palabra o
elocucion, y de sentencia ó estilo; pues cualquiera que sepa
lo que significan estos nombres, conocerá que solo las últimas,
es decir, las de sentencia, deben llamarse figuras; que las de
L I B R O II. dicción, prosodia y sintaxis no son otra cosa que ciertas li-
cencias, esto es, trasgresiones de los preceptos gramaticales,
D E LAS V A R I A S FORMAS BAJO LAS CUALES PODEMOS PRESENTAR permitidas en ciertos casos : que las de significación son otra
LOS PENSAMIENTOS. especie de licencia que á veces nos tomamos de variar la acep-
ción usual de algunas palabras : que las de elocucion no son
tampoco mas que ciertas maneras elegantes de combinar las

j s s s a s w g g g g s s expresiones; y que de todos modos nada tienen que ver seme-


jantes licencias ni elegancias con aquello que nos hace distin-
guir los pensamientos considerados en sí mismos que es lo
único á que racionalmente puede darse el nombre de forma o
figura, por cierta analogía que tiene con lo que en los cuerpos
se llama con este nombre. Por consiguiente, abaudonando a los
gramáticos sus licencias, ó si quieren, sus figuras de meta-
m ^ s s m m plasmo, prosodia y sintáxis; reservando tratar de los tropos
para cuando hablemos de las expresiones, porque en efecto no
son otra cosa que expresiones de cierta clase; y dejando las
elegancias de elocucion para el tratado de la composicion de
ián expresad*,y l o q u e e s mas e stas por unas las cláusulas, que es adonde pertenecen, solo debo hablar
ten de unas m.smas d e ^ y esteu e i contenidos ahora de las verdaderas y legítimas figuras, que son las de sen-
tencia ó pensamiento.
v Z Pedro (afirmación), vino Pedro? (m-
6 Limitándome pues á estas, fácil es conocer que las diferentes
f ! ; n deas de que constan son idénticas, y lo son
formas bajo las cuales presentamos los pensamientos, resultan,
ó de su misma naturaleza, ó de la situación moral y la inten-
f m B á s B s s - á ción del que habla. En efecto, estamos viendo á cada paso en

SSfeSSSSSSs
nosotros mismos que de distinta manera combinamos n u e s -
tras ideas; cuando queremos representar por medio del len-
guaje las imágenes de los objetos trazados en nuestra imagi-
nación, y cuando deseamos enunciar simples reflexiones i
raciocinios: cuando hablamos en estado de tranquilidad inte porque, así como introducidas con oportunidad y estando bien
rior, y cuando desahogamos nuestro corazon haciendo sentii hechas, son el principal adorno de las obras en verso, y hasta
á los demás los varios afectos que nos agitan : cuando quere- cierto punto aun de las de prosa; así también, cuando están
mos comunicar un pensamiento abierta, franca y directa- f u e r a de su lugar ó hechas con poco gusto, son el borron mas
mente, y cuando deseamos presentarle con cierto disfraz y feo de cualquier composicion.
de una manera oblicua. De estos principios, cuya verdad no
m e detendré á probar porque me parecen evidentes é incon- Seres abstractos.
testables, resulta que las formas todas de los pensamientos se
Estos se describen enumerando sus causas y sus efectos. Así
reducen necesariamente á cuatro clases generales : \ l a s que
Cicerón ( p r o Marcello) para describir la gloria enumera sus
empleamos para dar á conocer los objetos en sí m i s m o s :
causas. « Es, dice, u n a brillante y muy extendida fama que el
2.* las que usamos para comunicar simples raciocinios: 3.* las
o hombre adquiere p o r haber hecho muchos y grandes servi-
que sirven para expresar las pasiones, y 4.' las que pueden
« cios, ó á los particulares, ó á su patria, ó á todo el género
adoptarse para presentar los pensamientos con cierto disfraz
« h u m a n o . » Gloria est illustris ac pervagata multorum et
ó disimulo, cuando así convenga. De esta clasificación resulta
magnorum, vel in suos, vel in patriam, vel in omne gemís
ademas con toda claridad lo que son las formas de los pensa-
hominum fama meritorum. Qué verdad! Ningún filósofo ha
mientos; pues se ve que en suma son ¿as varias modificacio-
definido mejor la gloria. Nótese la bien observada gradación,
nes que estos reciben de la imaginación, la razón, la si-
suos, patriam, omne genus hominum. En efecto, glorioso es
tuación moral y la intención del que habla.
ser útil á sus conocidos, amigos ó parientes, en suma, á vanos
individuos; pero mas lo es haber hecho grandes servicios a la
CAPITULO PRIMERO. totalidad de sus conciudadanos, y gloriosísimo hacérselos á to-
do el género humano. Cervánles en la tercera parte del Qui-
D E LAS F O R M A S P R O P I A S P A R A D A R Á CONOCER LOS OBJETOS.
jote, capítulo 9, copiando casi literalmente otro pasaje del
mismo Cicerón, describe la Historia individualizando sus efec-
Todas las de esta clase pueden reducirse á dos especies, por-
tos. « Es, dice, madre de la verdad, émula del tiempo, de-
que si el objeto es único, se le describe, si son varios, se enu-
pósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso
meran. La forma que en ambos casos toma el pensamiento,
de lo presente, advertencia de lo porvenir. El maestro Perez
se llama en consecuencia y con toda propiedad, en el primero
de Oliva, en el Diálogo de la dignidad del hombre, descri-
descripción, en el segundo enumeración.
bió también por los efectos la sabiduría diciendo : Esta nos
da en el ánimo templanza, alumbra al entendimiento, con-
ARTÍCULO PRIMERO.
cierta la voluntad, ordena el mundo, y muestra á cada uno
De la descripción y sus varias especies. el oficio de su estado. Esta es reina y señora de todas las
virtudes i esta enseña la justicia y templa la fortaleza; por
Consiste, como su nombre mismo lo indica, en que no con- ella reinan los reyes y gobiernan los príncipes, y ella halló
tentos con nombrar un objeto, le hacemos visible en cierto las leyes con que se rigen los hombres. v
modo individualizando sus propiedades y circunstancias. Los Acerca de estas definiciones oratorias basta prevenir que
objetos que se pueden describir, son : los seres abstractos no sean verdaderas y concisas; y que los efectos que se atri-
personificados, los objetos materiales inanimados, los hechos ó buyan al objeto definido, ó las causas que se le asignen, le
sucesos pasados, los acontecimientos futuros, las épocas del sean peculiares, ó no pertenezcan á otros. Tales son las dos
tiempo, los sitios, lugares ó parajes; el exterior de una perso- de Cicerón : la del maestro Oliva es algo defectuosa en esta
na verdadera ó ficticia, sus cualidades morales y las de u n a parte, porque*dice de la sabiduría cosas que convienen mas
clase entera. Daré ejemplos de todas estas varias descripciones, bien á la virtud en general y á la prudencia en particular, be
5.
nación, y cuando deseamos enunciar simples reflexiones i
raciocinios: cuando hablamos en estado de tranquilidad inte porque, así como introducidas con oportunidad y estando bien
rior, y cuando desahogamos nuestro corazon haciendo sentii hechas, son el principal adorno de las obras en verso, y basta
á los demás los varios afectos que nos agitan : cuando quere- cierto punto aun de las de prosa; así también, cuando están
mos comunicar un pensamiento abierta, franca y directa- f u e r a de su lugar ó hechas con poco gusto, son el borron mas
mente, y cuando deseamos presentarle con cierto disfraz y feo de cualquier composicion.
de una manera oblicua. De estos principios, cuya verdad no
m e detendré á probar porque me parecen evidentes é incon- Seres abstractos.
testables, resulta que las formas todas de los pensamientos se
Estos se describen enumerando sus causas y sus efectos. Así
reducen necesariamente á cuatro clases generales : \ l a s que
Cicerón [pro Marcello) para describir la gloria enumera sus
empleamos para dar á conocer los objetos en sí m i s m o s :
causas. « Es, dice, u n a brillante y muy extendida fama que el
2.* las que usamos para comunicar simples raciocinios: 3.* las
o hombre adquiere p o r haber hecho muchos y grandes serví-
que sirven para expresar las pasiones, y 4.' las que pueden
« cios, ó á los particulares, ó á su patria, ó á todo el género
adoptarse para presentar los pensamientos con cierto disfraz
« h u m a n o . » Gloria est illustris ac pervagata multorum et
ó disimulo, cuando así convenga. De esta clasificación resulta
magnorum, vel in suos, vel in patriam, vel in omne gemís
ademas con toda claridad lo que son las formas de los pensa-
hominum fama meritorum. Qué verdad! Ningún filósofo ha
mientos; pues se ve que en suma son ¿as varias modificacio-
definido mejor la gloria. Nótese la bien observada gradación,
nes que estos reciben de la imaginación, la razón, la si-
suos, patriam, omne genus hominum. En efecto, glorioso es
tuación moral y la intención del que habla.
ser útil á sus conocidos, amigos ó parientes, en suma, á vanos
individuos; pero mas lo es haber hecho grandes servicios a la
CAPITULO PRIMERO. totalidad de sus conciudadanos, y gloriosísimo hacérselos á to-
do el género humano. Cervántes en la tercera parte del Qui-
D E LAS F O R M A S P R O P I A S P A R A D A R Á CONOCER LOS OBJETOS.
jote, capítulo 9, copiando casi literalmente otro pasaje del
mismo Cicerón, describe la Historia individualizando sus efec-
Todas las de esta clase pueden reducirse á dos especies, por-
tos. « Es, dice, madre de la verdad, émula del tiempo, de-
que si el objeto es único, se le describe, si son varios, se enu-
pósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso
meran. La forma que en ambos casos toma el pensamiento,
de lo presente, advertencia de lo porvenir. El maestro Perez
se llama en consecuencia y con toda propiedad, en el primero
de Oliva, en el Diálogo de la dignidad del hombre, descri-
descripción, en el segundo enumeración.
bió también por los efectos la sabiduría diciendo : Esta nos
da en el ánimo templanza, alumbra al entendimiento, con-
ARTÍCULO PRIMERO.
cierta la voluntad, ordena el mundo, y muestra á cada uno
De la descripción y sus varias especies. el oficio de su estado. Esta es reina y señora de todas las
virtudes; esta enseña la justicia y templa la fortaleza; por
Consiste, como su nombre mismo lo indica, en que no con- ella reinan los reyes y gobiernan los príncipes, y ella halló
tentos con nombrar un objeto, le hacemos visible en cierto las leyes con que se rigen los hombres. v
modo individualizando sus propiedades y circunstancias. Los Acerca de estas definiciones oratorias basta prevenir que
objetos que se pueden describir, son : los seres abstractos no sean verdaderas y concisas; y que los efectos que se atri-
personificados, los objetos materiales inanimados, los hechos ó buxjan al objeto definido, ó las causas que se le asignen, le
sucesos pasados, los acontecimientos íuturos, las épocas del sean peculiares, ó no pertenezcan á otros. Tales son las dos
tiempo, los sitios, lugares ó parajes; el exterior de una perso- de Cicerón : la del maestro Oliva es algo defectuosa en esta
na verdadera ó ficticia, sus cualidades morales y las de u n a parte, porque*dice de la sabiduría cosas que convienen mas
clase entera. Daré ejemplos de todas estas varias descripciones, bien á la virtud en general y á la prudencia en particular, be
5.
mrazon de nuestro mancheqo, viéndose parar de aquella
ve q u e t o m a la palabra sabiduría en un sentido muy vago, y manera f Pío se diga mas, sino que fué de maneraque e
nhTde nuevo en los estribos, y apretando mas la espada,
n o precisa bien lo q u e es peculiar de ella, cou exclusión de las
en las do^manos, con tal furia descargó sobre el vizcaíno
otras p r e n d a s intelectuales y morales del h o m b r e .

Seres ú objetos materiales inanimados.

El m i s m o Cervantes, en el capítulo 1 6 , describe así gracio-


s a m e n t e la cama q u e á D. Quijote le dieron en la venta
cuando llegó apaleado por los yangüeses. Solo contenía, dice,
cuatro mal lisas tablas sobre dos no muy iguales bancos y bol y luego soltó los brazos, y la
un colchon que en lo sutil parecía colcha, lleno de bodo- rible golpe dió á correr por el campo, y a pocos corcoios
ques, que á no mostrar que eran de lana por algunas rotu- d Í
Í Z y ^ O r a c i o n e s , q u e ó h a c e n parte d e
ras, al tiento en la dureza semejaban de guijarro; y dos
sábanas hechas de cuero de adarga, y una frazada, cuyos u n a h f s t o r i a ó se I n s e r t a n en obras q u e no
hilos si se quisieran contar, no se perdería uno de la sujetas á las leves generales d e t o d a n a r r a c i ó n , d e las cuales se
cuenta. t r a t a r á m a s adelante.
Acerca de estas tampoco es necesario encargar sino q u e s e a » Sucesos f uturos.
fieles y animadas, es decir, que nos pongan á la vista el
objeto con tanta puntualidad, y le retraten tan al vivo que Cicerón en la 4 . ' Catilinaria, p r e s e n t a un bellísimo ejem-
nos parezca que le estamos viendo. Tal es la de Cervantes, y p l ^ d e esta especie de descripción, p i n t a n d o « n ^ u e n o
p o r ser esta tan b u e n a , es inútil citar otras. Malas se bailan a se h a b í a veriücado aun n llego a veril,curse, J
cada paso en los escritores q u e n o tuvieron t a n t a habilidad pa- dio d e Roma por los con urados. Dice a s i : « Me parece q u e veo
r a p i n t a r , como el a u t o r del Quijote. « á esta ciudad, la l u m b r e r a del orbe, alcázar de todas las n a -
Hechos ó sucesos pasados, sean verdaderos, sean fingidos. eiones a r d i e n d o de repente por todos lados, y a r r u i n a n d o -
T a m b i é n nos dará Cervántes u n modelo. En el capitulo 9 se mi imaginación m e representa m o n t o n e s de miseros c m -
describe así la batalla de D. Quijote con el vizcaíno : Puestas d a d a n i Tnsepultos entre l i s ruinas de la p a t r i a ; y estoy m -
y levantadas en alto las cortadoras espadas de los valerosos « r a n d o el semblante furioso de Cethego, loco ya d e alegr a a
y enojados combatientes, no parecía sino que estaban veros á vosotros degollados. » Vuleor mihi hanc urbem
amenazando al cielo, á la tierra y al abismo : tal era el videre lucem orbis terrarum, atque arcem omnium gen-
denuedo y continente que tenían. Y el primero que fue a mm, súbito uno incendio concidentem : cerno animo se-
descargar el golpe, fué el colérico vizcaíno, el cual fué dado Züáin patria miseros, atque insepultos acervos cirmm :
con tanté) fuerza y tanta furia, que á no volvérsele la espa- wrsatur mihi ant, aculo» a'spectus Cethegi elfror*nve£
da en el camino, aquel solo golpe fuera bastante para dar tra cade bachantis. Lástima es q u e en un pasaje vehemente,
fin á su rigurosa contienda y á todas las aventuras de mies- y en medio del verdadero lenguaje de u n a imaginación acalo-
tro caballero; mas la buena suerte, que para mayores cosas r a d a , tropecemos con aquella estudiada contraposicióni,
le tenia guardado, torció la espada de su contrario, de mo- pullá in patria insepultos acervos cwium, q u e eu la t r a -
do que aunque le acertó en el hombro izquierdo, no le hizo
duccion he cuidado d e evitar. ,
otro daño que desamarle todo aquel lado, llevándole de
Ya "e deja e n t e n d e r q u e esta especie de raptos, p o r los
camino gran parte de la celada con la mitad de la oreja,
cuales nos trasladamos en imaginación á ver y P-ntar sucesos
que toda» ello con espantosa ruina vino al suelo, dejándole
q u e aun no han llegado, no p u e d e n emplearse con o p o r t u m -
muy mal trecho. ¡Válame Dios, y quién será aquel que
buenamente pueda contar ahora la rabia que entró en el
dad y verosimilitud, sino cuando la fantasía del escritor se su- observará prácticamente la diferencia que hay entre un escri-
pone muy conmovida y acalorada. Tal es la situación en que t o r de fino y delicado gusto, y otro que no le tiene tan puro
Cicerón se hallaba cuando aventuró el que acabamos de ver. aunque por otra parte sea hombre de gran talento, agudo inge-
nio, y mucha doctrina. Este es nuestro Quevedo, que en la sil-
Una época del tiempo. va Al sueño, queriendo imitar este pasaje de Virgilio, d i c e :
Queriendo Virgilio hacer resaltar el estado de agitación en Con piés torpes al punto, ciega y fria,
que se hallaba Dido, al hacer los preparativos para quitarse la Cayó d e las estrellas blandamente
vida, describe la tranquilidad apacible de aquella fatal noche La noche tras las pardas sombras mudas,
Que el sueño persuadieron á la gente.
«n estos hermosísimos versos. Escondieron las galas á los prados,
Estas laderas, y sus peñas solas
ftox erat, et placidum carpebant fessa soporem Duermen ya e n t r e sus montes recostados.
Corpora per térras: silvceque, et sceva quierant Los mares y las olas
JEquora; eum medio volvuntur sidera lapsu, Si con algún acento
Cum taeet omnis ager; pecudes, pie taque volveres, Ofenden las orejas,
Quceque lacus late líquidos, quisque asp'.ra dumit
Rura ténent, somno posilce sub noele silenti, Es que entre sueños dan al cielo quejas
Lenibant curas et corda oblita laborum. Del yerto lecho y duro acogimiento
At non infeliz animi Phcenissa, etc. Que blandos hallan en los cerros duros.
Los arroyuelos puros
Se adormecen al son del llanto mió,
Era la noche y hora en que los astros
Están en la mitad d e su c a r r e r a ; Y á su modo también se d u e r m e el ric
Y los mortales en el orbe todo, Con sosiego agradable
Rendidos del trabajo á la fatiga, Se dejan poseer de tí (l) las flores;
De plácido repo«) disfrutaban. Mudos están los males,
El viento no agitaba las florestas, No hay cuidado que hable,
El turbulento mar estaba en calma, Faltan lenguas y voz á los d o l o r e s ;
Y en silencio los campos. Los ganados, Y en lodos los mortales
Y las pintadas aves, así aquellas Yace la vida envuelta en alio o l v i d o :
Que moran en las líquidas lagunas, Tan solo mi gemido
Como las que se albergan en terrenos P i e r d e el respeto á tu silencio santo, etc.
Erizados d e espesos matorrales,
En los brazos del sueño sus amores Omitiendo por ahora algunos descuidillos que se pueden notar
Olvidaban, } el hombre sus cuidados:
¡ Alto don d e la noche silenciosa! en este pasaje de Quevedo (y no es el peor que se halla en sus
No asi Dido infeliz, etc. obras) observaremos solamente, que aquello de que las peñas
duermen, es impropio. Por cierta razón, que á su tiempo ve-
E n la traducción de los últimos versos me he tomado alguna remos, se dice que duermen aquellas cosas que, estando ordi-
libertad, porque (sea dicho con todo el respeto que se merece nariamente en agitación, como las aguas corrientes ó lasólas
un poeta como Virgilio, y con toda la desconfianza que cual- del m a r , quedan alguna vez paradas ó quietas; pero las peñas,
quiera debe tener al criticarle) lo de lenibant curas, referido que nunca se mueven ni pueden ser agitadas por el viento^
á los animales, no es muy exacto; y estoy por creer que aquí ¿cómo han de dormir porque sea de noche? ¿No vió el buen
falta un verso, en el cual, volviendo á los hombres, dijese el Quevedo que tan dormidas están á las doce del dia, como á las
poeta que con el sueno olvidaban sus cuidados y reparaban sus dos de la mañana? ¿Y qué diremos de aquellos mares y aque-
fuerzas. Por esto lie dicho de ios animales, que mientras duer- llas olai, que entre sueños dan quejas al cielo, de que siende
men , olvidan sus amores, y he referido los cuidados al h o m - ellos blandos, hallan en los cerros duros un lecho yerto y un
b r e , que es de quien puede decirse con propiedad, que los duro acogimiento; lo cual, traducido en racional, quiere d e -
tiene y los olvida, mientras duerme. Sea de esto lo que fuere,
veamos ahora el mismo cuadro trazado por otro poeta, y se 1. Habla con el saetto. Nota del autor.
eir, que el mar estaba tan en calma, que solo se oia el lijero
ruido q u e sus mansas olas hacian en las penas de la orilla? entre sus innumerables y larguísimas descripciones no hay una
¿Puede alambicarse mas un pensamiento, o r e x p r ^ r s e co« sola que sea perfecta y oportuna, y esté ceñida á los límites
ñas afectación? Y en Virgilio ¿hay algo que:se parezca esto? que señalan el arte y el buen gusto. Al contrario, todas ellas
son ó intempestivas ó r e d u n d a n t e s ; y sus bellezaC si alguna
Nada. Las mismas ideas en el fondo con c u a n t a ^ » « J
tienen, están siempre mezcladas con notables defectos, ya en
verdad están expresadas! el borrascoso ^ e n calma los
los pensamientos, ya en la manera de expresarlos. Para que la
campos en silencio, los hombres que rendidos del trabajo
descripción de un objeto material sea buena, suponiendo que
gozan ya de placido reposo, los animales mismos entrega
esté introducida con oportunidad, ha de ser tal que un pintor
i s al descanso, la noche silenciosa, los astrcose^amüad
pueda por ella hacer un cuadro que represente el objeto des-
de su carrera; hé aquí un cuadro perfecto . el de Queveuo crito; y en efecto, tales son las de Virgilio, y las de los buenos
tiene algunos borrones. poetas. Pues si por este principio hemos de juzgar las de Bal-
buena, ¿cuál será la que pueda contentar á un hombre de buen
Edificios, sitios, paisajes.
gusto? ¿Qué pintor, por ejemplo, podrá representar en un
Descripciones de esta clase se hallan á cada paso en los poe- cuadro el castillo de la Fama por la descripción de Balbuena,
tas. Virgilio tiene en el libro i , la del puerto cerca de Ca tago, que empieza así?
adonde pasada la tormenta, llegó Enéas con p a n e de sus na Entre la tierra, el cielo, el mar y el viento
ves- en el vi. la de los Campos Elíseos, y en todas sus ornas Un s o b e r b i o castillo está l a b r a d o ;
o t m s va as que seria largo copiar; pero que todo poeta. debe Que a u n q u e d e huecos aires su cimiento
Y en frágiles palabras amasado,
leer Y releer Homero tiene muchas bellísimas por su c o n o - Basa 110 tiene d e m a y o r asiento
to,1 exactitud y sencillez, que igualmente o m O i ^ porque o El m u n d o , ni los cielos se le lian d a d o ;
L n n r t a n t e en este punto no es acumular ejemplos, sino p r e P u e s solo á él v su m u r a l l a f u e r t e
No h a podido escalar ni e n t r a r la m u e r t e .
TCmr^lOT ^ r i t o i ^ , particularmente á ^
den mucho de una manía muy común en los que » o l í a n t e ^ Dejemos las siete mortales octavas que siguen, que son del
ñci nn «usto tan puro como Virgilio y Homero la de querer mismo jaez, y en las cuales está mezclada la pintura de la Fa-
d e s c r i t o todosíos ol'jetos de q u e h a b l a n , creyendo que la poe-.
ma con la descripción de su palacio ó castillo; y dígasenos, si
s i i c o n s L t e e i i hacinar unas sobre otras sin discernimiento al- habrá en el mundo, no digo un pintor que pueda dibujar sobre
guno S l j E c h a d a s , inoportunas, monótonas y triviah- la tela, pero ni un hombre que pueda representarse en su ima-
simas' descripciones. Cuando uno de los grandes maestros nos ginación un castillo labrado entre la tierra, el cielo, el mar y
h a T e s c r t o v a p o r ejemplo, u n a verde y amena pradera es- el viento (¿Qué sitio será este? Serán los espacios imaginarios.),
inaltada de florés, rodeada dé frondosos y entretejidos arbo e cuyo cimiento es de huecos aires, y el cual está amasado en
o u e apénas dejan paso por e n t r e sus ramas a los ardiente frágiles palabras. Los mas disparatados sueños de un enfermo,
?ayos P deT ol íegada por las cristalinas aguas de un manso como Horacio llamó á extravagancias ménos absurdas, han de
arroYuelo etc etc., es inútil que los demás, siempre q u e h a - ser por necesidad mas concertados y coherentes, porque la
blen de prados, nos'repitan la misma descripción, ó j u e pro- imaginación mas delirante no puede forjar un objeto m o n s -
c u r a n d o variaría, la echen á perder con alguna anad.dura im- truoso, sino reuniendo parles materiales y visibles, de las
p e r t i n e n t e ó impropia. Boileau censuro ya juiciosamente en cuales podemos formar idea. Mas de un edificio amasado de
i T Z ^ o é t i e a M pueril manía de ^ e r e r f e c r ^ r ^ palabras y de un cimiento de aire hueco ¿quién se la f o r -
damente todos los objetos. Y aunque el aludía a hscuaeri y mará?
o r p o e t a é franceses! parece que habla ^ ¡ P ^
señaladamente de Balbuena en su B ^ m a r ^ N i n ^ n poeta an Descripción del exterior de una persona verdadera.
tiguo ni moderno ha tenido igual prurito de d e 0 c n b i r , pero
Es la de un h o m b r e , u n a m u j e r , un ángel, si se aparece en
Ya h e dicho que en Lope casi siempre se hallan mezcladas
forma h u m a n a , y aun los animales, aunque á estos no se pue-
bellezas, tal vez de primer orden, con faltas groseras que hoy
de dar en rigor filosófico el título de persona. Cicerón, en la
evitaría un principiante; efecto del mal gusto que dominaba
o r a d o n Post reditum in senatu, describe así el exterior del
en su tiempo. 8 Aquí tenemos otra p r u e b a y cada página suya
cónsul Gabinio, cuando se presentó al pueblo para apoyar la
las ofrece. Al lado de algunas bien entendidas pinceladas, co-
ley del tribuno Clodio, por la cual se desterraba á Cicerón.
mo pobladas cejas, ojos negros graves, híspida barba, rígi-
«Presentóse, dice, el respetable y majestuoso varón (ironía)
da y cerdosa; grueso y alto cuello; tenemos una f r e n t e que
« soñoliento, embriagado, débil y pálido por sus lascivos desór-
en la torre de Saladino es el mas alto muro; unos bigotes
B denes, el cabello bañado en olorosos ungüentos y rizado h á -
que amenazan á los ojos aunque son suyos, y la pedantesca
« cía la frente, los ojos cargados. los carrillos caidos, la voz bal-
observación hecha al paso de que la nariz corva se tenia en
« buciente como de un beodo, etc. » Primum processit (quá
Persia por hermosa, ó porque así era la de Ciro, ó porque es
auctoritate vir!) vini, somnii, stupri plems, madente
corvo el pico del águila, símbolo del Imperio.
coma, composito capillo, gravibus oculisjluentibus buccis,
En confirmación de lo que he dicho acerca de las descrip-
pressá voce et temulenta. Cervantes tiene en este género al-
ciones de Balbuena, copiaré otra suya. Es la de la hechicera
gunas bellísimas; por ejemplo la de Maritornes ( Q u i j o t e ,
Arleta, cuando por medio de sus encantos se muestra á Fer-
p a r t . i, cap. 16). Servia, dice, en la venta una moza astu-
ragut con el exterior de u n a sin igual belleza : está en el libro
riana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, de
vil, y dice a s í :
un ojo tuerta y del otro no muy sana. Verdad es que la ga-
llardía del cuerpo sup/ia las demás faltas; no tenia siete De poca edad y mucha hermosura
palmos de los piés á la cabeza, y las espaldas, que algún Niña de alegre gusto parecía;
La frente un claro cielo, en cuya altura
tanto le cargaban, la hacían mirar al suelo mas de lo que Sobre la nieve el sol resplandecía;
ella quisiera. Obsérvese que en esta descripción, por ser j o - De gentil cuerpo y agradable hechura,
cosa, y por serlo el tono de la obra, vienen bien algunas expre- El rostro del color que nace el dia,
La garganta gentil, y el blanco pecho
siones familiares y aun bajas, como cogote, tuerta, roma; De frescas rosas y jazmines hecho.
pero no seria lo mismo en una descripción seria, y en una
composicion que exigiese tono elevado. No es ni con mucho Dado al descuido un nudo en el cabello,
Donde el sutil amor quedó enredado,
tan perfecta, aunque tiene rasgos muy bellos, esta de Lope Para hacer lazos y marañas de ello
(Jerusalen, lib. n). Describe la persona deSaladino, y d i c e : Y el pensamiento atar al mas delgado ;
Dos arcos de un dorado y sutil vello,
De cien flechas y mas cada uno armado,
Adornada de un negro remolino Que van volando y dan en las entrañas,
Cual novillo feroz tostado y hosco, Al mover de las cejas y pestañas.
La frente, de un color trigueño oscuro, Dos mayos de azucenas y claveles
Era en su torre el mas soberbio muro. En un verano, son sus dos mejillas;
Sus dulces labios de coral, rieles
Pobladas cejas, ojos negros graves, Con que rie el placer por sus orillas :
Sangrientas niñas de color fogosa; De aljofarados dientes dos caireles,
Corva nariz (por Ciro, ó por las aves, Y en cada u n o un millón de maravillas:
Símbolo del Imperio, en Persia hermosa1; Verdes sus ojos, y sus luces bellas
Cercaba las mejillas insuaves Mil soles, que son poco mil estrellas.
Híspida barba, rígida y cerdosa ;
Los bigotes, que en punta se adelgazan. Aquí, á excepción de tres ó cuatro rasgos bien dibujados y
Los ojos con ser suyos amenazan.
que pudieran entrar en una buena descripción, todo lo de-
La gruesa boca alegre descubría mas es bambolla, hinchazón, mal gusto, impropiedad y alga-
Bien puestos dientes; grueso y alto cuello, rabía. Una frente que es un claro cielo, en cuya altura res-
Dispuesto cuerpo, y miembros que podia
La escultura medir del pié al cabello.
plandece el sol sobre la n i e v e , sin duda para decir, que sien-
do la frente blanca, el cabello era rubio ; un nudo dado en el Pintura de persona ficticia.
cabello, en cuyo nudo el sutil amor quedó enredado para ha-
cer lazos y marañas d" ello (la gramática exigía de el), y atar Así se llaman los seres morales y abstractos, como las virtu-
el pensamiento al mas delgado (¿Qué quiere decir esto.' ¿quien des, los vicios, la fama, el deleite, etc. , cuando les damos cuer
es el mas delgado?); unos arcos de vello, armados de cien He- po ó los personificamos. Tal es la bellísima pintura de la lama
chas y mas, unos labios que son rieles cou que el placer ríe en Virgilio, lib. iv de la Eneida, y tal esta de la Envidia en
por sus orillas; unos caireles de dientes, en cada uno de los Ovidio (lib-,ii d é l o s Metamorfóseos).
cuales hay un millón de maravillas; unos ojos verdes (Que her-
mosos serian!), cuyas luces bellas son mil soles (>;o era malo, Pallor in ore sedet, macies in corpore loto;
Nusquam recta acies; libent rubigine dentes;
si cada uno de ellos era un sol; pero mil? ¿quién podría re« Pectora feltevirent; lingua est suffusa veneno,
sistir tanta luz y tanto calor?), porque mil estrellas son p o c o : Risus abest, nisi quem visi movere dolores.
dos mejillas que son dos mayos de azucenas y claveles en un
Pálido rostro, cuerpo descarnado,
v e r a n o ; y lo demás que he omitido por evitar prolijidad; ¿es Atravesada vista, negro diente,
esto, no digo, describir poéticamente, pero ni siquiera hablar Hiél en el corazon, lengua bañada
como racional? Por el contrario, veamos todavía otra del in- En veneno m o r t a l , risa n i n g u n a ;
Sino cuando se goza y se sonríe
mortal Cervantes, que en el prólogo del Quijote describe asi Al ver ajenos males y dolores.
el exterior y ademan de un escritor pensativo : Muchas veces
tomé la pluma para escríbala (la prefación), y muchas la Pongamos ahora al lado de esta c o n c i s a y significativa p i n -
dejé por no saber lo que escribiría; y estando una suspenso tura varias de la misma clase que Lope reúne en el libro vu de
con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el su Jerusalen, y se verá lo que va de un verdadero poeta a un
bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría, en- amplificador de frases. Habla del consejo emdo.por Luzbelpa-
tró á deshora un amigo mió, etc. Hé aquí un cuadro acaba- r a impedir el arribo d é l o s cruzados a Palestina; y ^ e s p u e s d e
do, q u e un pintor puede inmediatamente trasladar á la t e l a ; decir que á su voz alzaron la frente los siete pecados capitales,
hé aquí lo que se llama describir con verdad y copiar la natu- los describe a s í :
raleza ; hé aquí el h o m b r e que tenia gran talento para descri-
La Soberbia en figura d e gigante,
bir, y que en esta p r e n d a y otras muchas de las que constitu- Armada de blasfemias y de voces,
yen un escritor, no conoce igual entre nosotros. Léanse tantas Se le puso colérica delante
descripciones de todas clases como hay en sus obras, y se verá Con mil sierpes voraces y veloces.
Cerradas las dos manos d e diamante,
que ninguno de nuestros autores de prosa ó verso puede com- La caduca Avaricia los feroces
petir con él en el talento de pintar. Por eso es el mejor y el Miembros movió d e u n lago de oro a r d i e n t e ,
primero de nuestros escritores. P o r q u e , no lo d u d e m o s , este lámalo de ambición eternamente.
arte de poner á la vista del lector los objetos con tanta verdad Hermosa, a u n q u e en figura de sirena,
y tan al vivo como si estuviesen presentes, es el secreto d e los De los pechos abajo cabra informe,
La Lascivia volvió la cerviz, llena
grandes maestros; es un talento raro y precioso, que no se De vivo azufre, al capitan enorme.
suple con relumbrones, palabrotas de pié y medio, y monstruo- La Envidia vil, á quien su propia pena
sas combinaciones de partes que no están, ni pueden estar L e dieron por castigo mas conforme:
Su mismo corazon, por dar oídos,
reunidas en la naturaleza, ni forman un todo recular. Estos Apartó d e sus dientes carcomidos.
fantásticos seres criados por una desarreglada imaginación,
son cabalmente la cabeza h u m a n a unida al cuello de caballo Gruesa, m e m b r u d a , colorada y fresca,
con plumas de varios colores, de que habla Horacio. El vientre grande, la garganta larga,
Se alzó la Gula que e n t r e carne y pesca
A un vaso bacanal la mano alarga.
Sacó por menor paga y mayor mengua
La frenètica furia que refresca Dos riendas en la cara, y no en la lengua.
* Colera requemada y liiel amarga,
Autor de extraordinarias opiniones
Paró la Ira : y solo la Pereza
Vano, hablador, baraja de porfías,
No levantó del suelo la cabeza. Tan lleno d e razón y de razones,
Que venciera con ellas un Golías,
Omitiendo aquí varias observaciones, que serán mas opor- Adulador, quimera de invenciones;
tunas en otro lugar, nótese únicamente la falta de gusto con Y por dar en privado aquellos días,
que están escogidos casi todos los rasgos característicos de los Y lingirse algo allí donde era nada,
vicios, y el tono burlesco con que están trazados algunos de Al rey acompañaba en la jornada.
los que pueden convenirles ; jocosidad incompatible con el to- Sobre semejante retrato nada hay que decir. Cualquiera ve
no serio, grave y majestuoso de la epopeya. Pero nótese t a m - que en todo él no hay mas rasgos buenos que cuatro, de in-
bién cuán feliz y vigorosa es la última piucelada, genio vasto, vano, hablador, adulador, que todo el resto es
« y solo la Pereza detestable, y que escribir de esta manera, no es como quiera
« No levantó del suelo la cabeza. no saber retratar las cualidades intelectuales y morales de un
hombre, es no tener sentido común. Fácil seria demostrar que
todas las expresiones notadas con letra bastardilla son de pé-
Descripción de las cualidades morales de un individuo.
simo gusto; pero esto seria malgastar el tiempo : ellas mismas
Cervantes, en el capítulo xni, parte i del Quijote, describió lo están diciendo.
así las de Grisóstomo. Este cuerpo, señores (dice su amigo
Ambrosio), que con piadosos ojos estáis mirando, fué depo- Descripción de las cualidades morales, no de un individuo
sitario de una alma en quien el cielo puso infinita parte de particular, sino de una clase entera.
sus riquezas. Ese es el cuerpo de Grisóstomo, que fué único
en el ingenio, solo en la cortesia, extremo en la gentileza, El griego Teofrasto escribió una obra entera sobre varios de
fénix en la amistad, magnifico sin tasa, grave sin presun- estos caractéres morales : los veinte y ocho que nos quedan es-
ción, alegre sin bajeza, y finalmente primero en todo lo tán trazados con maestría, y escritos con aquella sencillez y
que es ser bueno, y sin segundo en todo lo que fué ser des- naturalidad que admiramos en los escritores griegos del buen
dichado. Este retrato, que es bueno en boca de Ambrosio, por- tiempo. La Bruyere, el primero que entre los modernos publi-
que este habla y debe hablar el lenguaje de un estudiantón de có una obra de la misma naturaleza y con el mismo título,
aquel tiempo, no lo seria tanto en boca del autor y en una tiene muchos rasgos felicísimos, y que prueban un gran cono-
obra de otro género, porque parecería dibujado con demasiada cimiento del corazon h u m a n o ; pero en general hay demasiada
simetría y recargado de contrastes estudiados. Pero aun así po- sutileza y poca naturalidad en sus largas descripciones. Como
dría pasar por modelo al lado del siguiente de Balbuena. En el estos caractéres, trazados de propósito, son bastante extensos,
libro ni del Bernardo quiso hacer el retrato de un tal Altravi- d a r é para muestra algunos mas breves tomados de escritores
cio, personaje que n o vuelve á parecer en todo el poema; cir- nuestros. Cervántes, por ejemplo (en la Galutea), dice del
cunstancia p o r la cual, aun estando bien hecho, era inútil é zeloso : En siendo el amante zeloso ; conviene que sea, co-
inoportuno. Pero es como todas las descripciones suyas que mo lo es, traidor, astuto, revoltoso, chismero, antojadizo,
ya hemos visto, y otras muchas que pudieran citarse. Dice y aun mal criado. Y á tanto se excede la zelosa furia que
así : le señorea, que á la persona que mas quiere, es á quien mas
mal desea. Querría el amante zeloso que solo para él fuese
Venia en el servicio del rey Casto,
Altravicio, un fantástico mancebo,
su dama hermosa, y fea para lodo el mundo: desea que
De aguda presunción, de ingenio vasto, no tenga ojos para ver mas de lo que él quisiere, ni oídos
De antiguas vidas un archivo nuevo : para oir, ni lengua para hablar; que sea retirada, desabrí•
Momo d e habilidades, cuyo pasto
F u é siempre decir m a l , y de este cebo
da, soberbia y mal acondicionada : y aun a veces, apreta- aborrece. Este cuadro es verdadero, y está enérgicamente di-
do de esta pasión diabólica, desea que su dama¿emmra bujado. Solo fatiga un poco leer de seguida tantas cláusulas
Cualquier sombra le espanta, cualquiera nmenale turba, breves, cortadas y simétricas; pero este es el carácter, ó por
y cualquiera sospecha falsa ó verdadera le deshace mejor decir, el defecto general del estilo de Saavedra.
En el Hipólito y Aminla d e ü . Francisco Quintana se dice,
nuflo vanagloZsosson aquellos á quienes el viento dé la ARTÍCULO II.
jactancia levanta sobre sí mismosj los que f ^ a n ^ e
injustamente los veneren; los que favorecen ^osaduh«lo- Enumeración.
res: los que quieren enseñar, cuando para si no saben , to.
que intentan ser tenidos por doctos en o Por los varios ejemplos que he citado de toda clase de d e s -
den; los que se huelgan de que se crean de e os cosas gran cripciones, ha podido verse ya que estas se hacen, ó e n u m e -
des-los que en las palabras son tan graves que se escvr rando simplemente las partes, cualidades y circunstancias del
chan; los que son en prometer veloces y en dar limita- objeto, ó diciendo ademas algo de cada una de ellas. Mas
como se pueden enumerar también cosas que no sean rasgos
^ A c e r c a de estos caracteres se debe p r e v e n « - l o m i s m o que descriptivos, y decir algo de cada u n a de ellas; se han c o n s i -
derado estas dos formas como distintas de la descripción, y se
de los retratos de los individuos se d.ra en olio lugar, a s a b e |
distinguen con nombres particulares. La simple enumeración
que deben ser muy verdaderos ó
se llama enumeración de partes; la enumeración acompa-
naturaleza, no de pura imaginación; y quetMjawona,
ñada de atirmaciones ó negaciones sobre cada una de las cosas
por decirlo asi, de la clase retratada ^ ^ ^ T h l á- enumeradas, dis/ribucion.
suvas aue no puedan convenir a otra. El ultimo que ne c
3 1 ene algún defecto en esta parte. No así el siguiente de Simple enumeración.
s " en sus Empresas, en el cual hace el
n o de un individuo ó clase particular sino del 1hombre en ge Tal es entre otras de Cicerón la que en la segunda Catili-
n e r a l . Ya se deja entender que de los vicios naria hizo de todas las gentes de mala conducta que eran
oes de que habla, son excepciones honrosas » « j j » ^ amigos de Catilina; dice así: Quis tolá Italiá veneficus? quis
tuosos que saben r e f r e n a r sus pasiones. Es, dice el hombre latro? quis sicarius? quis parricida? quis testammtorum
el mas inconstante de los animales, a si y a ellos dañoso. subjector? quis circumscriptor? quis ganeo? quis nepos?
Con la edad, la fortuna, el Ínteres y a pasión va mu- quis adulter ? qtice mulier infamis? quis corruptor juven-
dando... Sabe disimular y tener ocultos largo ™ lutis? quis corruptus ? quis perditus? qui se cum Catiliná
afectos: con palabras, la risa y las lágrimas encúbre lo que non familiarissime vixisse fateatur? « Qué envenenador
Z T e n el latón; 'con la religión disfraza ^ designio^ « hay en toda Italia, qué salteador de caminos, qué asesino,
con el juramento los acredita, y con la mentira [osocuW. « qué parricida, qué falsificador de testamentos, qué estafador,
Obedece al temor y á la esperanza; los favores le hacen « qué disoluto, qué disipador, qué adúltero, qué m u j e r i n -
ingrato, el mando soberbio.... Escribe en cera los beneficio* te fame, qué corruptor de la juventud, qué joven voluptuoso,
que se le hacen; las injurias recibidas en marmol El « qué hombre perdido, que no conliese haber vivido con Ca-
amor le gobierna, la ira te manda. En la necesidad es hu « tilina en la mas íntima familiaridad?» No he traducido lite-
milde y obediente ; y fuera de ella arrogante y desprm* ralmente ganeo y nepos, porque los términos que exactamente
dor. Lo que en sí alaba ó afecta, le jaita. Se juzga fino en les corresponden en castellano, son bajos.
la amistad, y no la sabe guardar. Desprecia lo propio Cervántes hace en el prólogo del Quijote una muy buena
ambiciona lo ajeno. Cuanto mas alcanza, mas f^ea. ^ enumeración de las circunstancias que favorecen á un escritor,
las gracias ó acrecentamientos ajenos le consume la envi para que sus obras sean perfectas, y de que él carecía c u a n d o
dia. Ama en.los demás el rigor de la justicia, y en si compuso la suya, hallándose, como se hallaba, en u n a cárcel:
donde toda incomodidad tiene su asiento, y donde todo Las cerastas que engañan á las aves,
Víboras, esteliones y quelidros ;
triste ruido hace su habitación. El sosiego, dice, el lugar El basilisco, á quien las sierpes graves
apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los „ H u y e n ; los veneníferos enidros.
cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu,
Qué insufrible pedantería!
son grande parte para que las Musas mas estériles se
De la misma clase, pero mucho mas desatinada, pedantesca
muestren fecundas, y ofrezcan partos al mundo, que le
é indecente, es una de Balbuena en el libro x v i n del Ber-
colmen de maravilla y de contento.
nardo, cuando al describir la cueva del mágico Tlascalan,
No es de este gusto una enumeración de Lope en el libro i x .
hace un inventario de todas las baratijas que había en ella. No
de la Jerusalen. Contando cómo el mágico Majadal intentó
la copiaré por demasiado larga, como que tiene nada ménos
impedir á los Cruzados el desembarco en Palestina, poniendo
que sesenta y cuatro versos; porque hay en ella expresiones
á la entrada del puerto de Jope un barco lleno de animales
que ni aun como cita pueden entrar en esta obra, y p o r q u e
ponzoñosos, no perdió la ocasion de lucir su erudición; y así,
para muestra del gusto de su autor en materia de e n u m e r a -
despues de haber dicho, que Majadal
ciones basta la ya citada de Morgante. El que tenga estómago
y paciencia puede leerla en el original, y verá que desde que
con cien esclavos parte
Al monte de Seniz y Antipatrida, Apolo es Apolo y las Musas Musas no se ha escrito jamas en
En cuya sierra y campo los reparte, ninguna lengua cosa de tan depravado gusto. Y lo mejor es
Ya con encanto, ya con red tendida. que al catálogo de los utensilios mágicos sigue inmediatamente
P a r a que con industria, ingenio y arte
Toda serpiente venenosa asida, otro de las piedras preciosas que adornaban la cueva, ocupa
Hinchesen un navio, que la entrada siete octavas, y, si cabe, es peor que la antecedente, por los
Estorbara á Ricardo y á su a r m a d a : errores vulgares que contiene acerca de las virtudes ocultas y
milagrosas de ciertas piedras.
en lugar de pasar inmediatamente á referir que así se hizo, y
cómo los cristianos superaron este obstáculo, lo cual hubiera
Enumeración con distribución.
sido saber contenerse en los límites que prescriben las reglas
mas comunes de toda narración; se detiene á darnos la si- Esta, como he dicho, añade á la simple enumeración el
guiente lista de todos los animales venenosos que se conocen, afirmar ó negar algo de cada una de las cosas que se e n u m e -
y aun de muchos que nunca han existido sino en el país de las r a n . Así Cicerón, enumerando irónicamente en la oracion pro
fábulas, y d i c e : Milone todos los que habían sentido la muerte de Clodio, dice
de cada uno cosas distintas. Estas son sus p a l a b r a s : P. Clodii
Áspides, sapos, quencris, sipedones, mortem aiquo animo ferre nemo potest: luget sena tus,
Y d e Rindaco sierpes voladoras; mceret equester ordo, tola civitas confecta senio est, squa-
Víboras, hemorroidas, icneumones, lent municipia, afflictantur colonice; agri denique ipsi
Modites, de la arena m o r a d o r a s ;
Pórliros indios, hepas y dragones; tam beneficum, tam salutarem, tam mansuetum civem
Salpingas, d e la trompa i m i t a d o r a s ; desiderant. « Inconsolables están todos por la muerte de Clo-
Con doblada cabeza anfesiltenas, a dio : llora el senado, el orden ecuestre está lleno de tristeza.
Y salamandrias de veneno llenas. « y la ciudad entera traspasada de d o l o r ; los municipios se
« visten de luto, las colonias se afligen, y los campos mismos
¿, Dipsas y equidnos de cruel t e r r e n o ;
Natrices, crocodilos, angos, faras;
« echan de ménos á tan benéfico, tan útil y tan pacífico ciu-
Las culebras que dejan el veneno « dadano. »
Antes que beban en las fuentes c l a r a s ;
El cancro ponzoñoso, de piés lleno; Cervántes tiene también una buena distribución en el capí-
Los jáculos que vuelan como jaras, tulo 11, parte i . cuando dice : Hechas pues estas prevenciones
Los que el amor inspiran, los esquíneos no quiso (D. Quijote) aguardar mas tiempo á poner en
Que por los prados van corriendo á brincos;
efecto su pensamiento, apretándole a el o ¿ presamente que va á pasar de un punto á otro, o a inter-
tensaba aue hacia en el mundo su tardanza, según eran rumpir el que habia comenzado, ó á volver al que había in-
Tos , Z Z que pensaba deshacer, tuertos que endereza , terrumpido. A estas varias maneras d e presentar los pensa-
sinrazones ^ u e enmendar, abusos que mejorar, y deudas que mientos han dado los retóricos escolásticos los doctos nombres
de Antítesis, Concesion, Epifonema, Expolicion, Grada-
Sat
pa?a C e em P lear con oportunidad estas dos formas téngase ción, Paradoja, Semejanza ó Simil, Sentencia, Prolepsis,
nresente que la distribución supone mas tranquilidad en el Transición, Reyección y Revocación. Y aunque el saber
Tue habla Y la simple enumeración cierto grado de viveza y estos términos técnicos y las puerilidades que bajo estos títulos
Movimiento en la fantasía. Las circunstancias indicaran, al se enseñan en las Retóricas vulgares, de nada sirve en la prac-
S S cuál de ellas deberá preferir en cada caso, como tam- tica, no sucede así con algunas muy juiciosas observaciones
bién si^ convendrá ó no individualizar u n a idea general, e n u - que han hecho los buenos críticos sobre el modo y la ocasion
m e r á n d o l a s particulares que comprende porque esto i e de emplear cada u n a de estas formas. Las expondré pues,
W P «in discernimiento, conduce al estilo difuso o a B iatico. conservando los términos técnicos ya indicados.
E e e se pued d e c i r / e l defecto capital de cas, todos núes-
tíos poetas En cogiendo entre manos un Pensamiento ue Antítesis.
abrace una serie de ideas, ó un todo compuesto de muchas
f a r t e s no paran hasta haber individualizado probjamente Esta palabra griega significa literalmente contraposición, y
& ó haber hecho de todas estas u n a fastidiosa e n u m e - por eso se llama así con toda propiedad la forma que tiene
el pensamiento cuando se contraponen unas á otras ideas
ración. contrarias; ya estén expresadas por sola una palabra (1)
CAPITULO II. ya por una frase entera.
Son tantas las acciones y cualidades contrarias, esto es, que
p E t A S FORMAS P R O P I A S DEL QUE RACIOCINA ó DISCURRE.
se excluyen una á otra, como amar y aborrecer, temer y es-
No se comprenden bajo este título las formas lógica-del ra- perar; rico, pobre; vivo, muerto; duro, blando, etc., que
ciocinio conocidas en las escuelas con los nombres de silo- es imposible que no ocurran con frecuencia sus ideas. Pero
aismo entimema, etc. Aquí se trata de las formas oratorias como el detenerse á contraponerlas u n a á otra simétricamente,
aue emplea para presentar sus pensamientos un hombre que para que resalten mas, supone que el que habla, se halla en
d i s c u n e tranquilamente, y quiere mas bien mstru.r a los que
un estado tranquilo que le permite observar esta contraposición
k o y e n q u e conmoverlos é inflamarlos. Fácil es conocer que e n
y hacerla observar á los otros; es menester, por regla general,
este caso coordina simétrica y paralelamente sus ideas o p o - n o emplear estos formales contrastes en los pasajes patéticos, o
cuando se supone muy acalorada la imaginación de aquel en
n endo unas á otras laS qUe S U
° contranaS
J cuya boca se ponen. No se ha de entender esto tan literal-
varié é hipotéticamente lo mismo que se disputa para mente, que si alguna vez la naturaleza misma del pensamien-
Aprobar que aun concedido no le perjudica, hace reflexiones to pidiere esta contraposición, deje de hacerse aun en medio
sobre los hechos de que trata; insiste sobre aque los pensa- del fogoso lenguaje de la imaginación y las pasiones. Lo que
S o s que le parecen mas interesantes, vanandolos exten- se previene es únicamente, que por lo común esta forma es
S d o o s " ilustrándolos; observa escrupulosamente la gra- mas propia del razonamiento y de la reflexión; y sobre todo
dación I X s ideas, y las coloca en la debida progresión que en cualquier pasaje en que se halle, sea natural v no bus-
n i c a ¿or decirlo así la curiosidad de sus oyentes, y ejercita su cada con demasiado estudio. Así es muy oportuna, y nada
S / e n c i a w n inesperadas y aparentes paradojas; compara I
u n o s objetos con otros, haciendo sentir lo que tienen de seme-
4. Como cnan.lo dijo Cicerón - La licencia ha vencido al pudor, la andacia al mie-
do, la demencia á la razón, ele. También puede envolver todo H »
lame siembra su discurso de dichos graves y sentenciosos; g. - Orgullo y bajeza, fuerza y debilidad, grandeza y humildad, tal es e l hambre.
]
piene as objeciones que se le pudieran hacer; y dice e l ~ |
efecto su pensamiento, apretándole a el o ¿ presamente que va á pasar de un punto á otro, o a inter-
tensaba aue hacia en el mundo su tardanza, según eran rumpir el que habia comenzado, ó á volver al que liabia in-
Tos , Z Z que pensaba deshacer, tuertos endereza > terrumpido. A estas varias maneras de presentar los pensa-
sinrazones gife enmendar, abusos que mejorar, y deudas que mientos han dado los retóricos escolásticos los doctos nombres
de Antítesis, Concesion, Epifonema, Expolicion, Grada-
Sat
pa?a Ce em P lear con oportunidad estas dos formas téngase ción, Paradoja, Semejanza ó Simil, Sentencia, Prolepsis,
nresente que la distribución supone mas tranquilidad en el Transición, Reyección y Revocación. Y aunque el saber
Tue habla Y la simple enumeración cierto grado de viveza y estos términos técnicos y las puerilidades que bajo estos títulos
m o v i m i e n V e n la fantasía. Las circunstancias indicaran al se enseñan en las Retóricas vulgares, de nada sirve en la prac-
S S cuál de ellas deberá preferir en cada caso, como tam- tica, no sucede así con algunas muy juiciosas observaciones
bién si^ convendrá ó no individualizar una idea general, enu- que han hecho los buenos críticos sobre el modo y la ocasion
merando las particulares que comprende porque esto, s e de emplear cada una de estas formas. Las expondré pues,
W p sin discernimiento, conduce al estilo difuso o a B iatico. conservando los términos técnicos ya indicados.
E e e se pued d e c i r / e l defecto capital de cas, todos núes-
tros poetas En cogiendo entre manos un Pensamiento ue Antítesis.
abrace una serie de ideas, ó un todo compuesto de muchas
f a r t e s no paran hasta haber individualizado p r o b a m e n t e Esta palabra griega significa literalmente contraposición, y
& ó haber hecho de todas estas una fastidiosa e n u m e - por eso se llama así con toda propiedad la forma que tiene
el pensamiento cuando se contraponen unas á otras ideas
ración. contrarias; ya estén expresadas por sola una palabra (1)
CAPITULO II. ya por una frase entera.
Son tantas las acciones y cualidades contrarias, esto es, que
D£ t A S FORMAS PROPIAS DEL QUE RACIOCINA ó DISCURRE.
se excluyen una á otra, como amar y aborrecer, temer y es-
No se comprenden bajo este título las formas lógica,Í del ra- perar; rico, pobre; vivo, muerto; duro, blando, etc., que
ciocinio conocidas en las escuelas con los nombres de silo- es imposible que no ocurran con frecuencia sus ideas. Pero
aismo entimema, etc. Aquí se trata de las formas «ratonas como el detenerse á contraponerlas u n a á otra simétricamente,
aue emplea para presentar sus pensamientos un hombre que para que resalten mas, supone que el que habla, se halla en
d i s c u n e tranquilamente, y quiere mas bien instruir a los que
un estado tranquilo que le permite observar esta contraposición
k o y e n q u e conmoverlos é inflamarlos. Fácil es conocer que e n y hacerla observar á los otros; es menester, por regla general,
este caso coordina simétrica y paralelamente sus ^ s opo- no emplear estos formales contrastes en los pasajes patéticos, o
niendo unas á otras laS qUe S U
° contranaS
J cuando se supone muy acalorada la imaginación de aquel en
varié é hipotéticamente lo mismo que se disputa, para cuya boca se ponen. No se ha de entender esto tan literal-
Aprobar que aun concedido no le perjudica, hace reflexiones mente, que si alguna vez la naturaleza misma del pensamien-
sóbre los hechos de que trata; insiste sobre aque los pensa- to pidiere esta contraposición, deje de hacerse aun en medio
S o s que le parecen mas interesantes, vanandolos exten- del fogoso lenguaje de la imaginación y las pasiones. Lo que
S d o o s " ilustrándolos; observa escrupulosamente la gra- se previene es únicamente, que por lo común esta forma es
dación I X s ideas, y las coloca en la debida progresión mas propia del razonamiento y de la reflexión; y sobre todo
uica aor decirlo así la curiosidad de sus oyentes, y ejercita su que en cualquier pasaje en que se halle, sea natural v no bus-
S / e n c i a w n inesperadas y aparentes paradojas; compara I cada con demasiado estudio. Así es muy oportuna, y nada
unos objetos con otros, haciendo sentir lo que tienen de seme-
4. Como cnan.lo dijo Cicerón - La licencia ha vencido al pudor, la audacia al mie-
Jante siembra su discurso de dichos graves y sentenciosos; do, la demencia á la razón, ele. También puede euvolver todo H »
h e n e as objeciones que se le pudieran hacer; y dice e l ~ | g. - Orgullo y bajeza, fuerza y debilidad, grandeza y humildad, tal es e l hambre.
se muestra agradecida, suyo es el tiempo, y puede navegar á
tiene de violenta, aquella de Cervantes en el primer capitulo
su sabor; y replica el primero :
del Quijote, en que dice,que del poco dormir y mucho leer
se le secó (á este) el celebro. También son buenas, porque e E n t r e esa confianza y temor vivo :
pensamiento mismo las está pidiendo, las dos que contiene el Con la frialdad d e mi bajeza muero,
Con el calor d e su valor revivo.
último terceto del soneto de Arquijo A las estaciones. Dice
así: Qué lindas antítesis I y en boca de un pastor!
Oh variedad común! mudanza cierta!
Quién liabrá que en sus males no te espere ? Concesion.
Quién habrá que en sus bienes no te tema?
Consiste en conceder sencilla ó artificiosamente alguna
La naturaleza también de cada composicion indicará, si la cosa que á primera vista parece que nos perjudica; pero
antítesis que queremos e m p l e a r , es ó no o p o r t u n a ; y si con- dando á entender que aun concedida, tenemos otros me-
viene ó no al tono general y dominante de la obra. En este dios de defensa mas seguros y eficaces. .
punto es menester mucho cuidado : antítesis, que en compo- Las concesiones francas ó de buena fe solo vienen bien en
siciones jocosas vienen bien y tienen mucha gracia, serian im- pasajes t r a n q u i l o s ; las simuladas ó artificiosas pueden conve-
pertinentes en un escrito serio. Así, cuando Cervántes dice, en nir al lenguaje de las pasiones. Para que se vea en qué c o n -
el mismo pasaje citado, que á D. Quijote se le pasaban leyen- sisten estas, citaré una bellísima de Cicerón en l a n . liltpica:
do libros de caballerías las noches de claro en c l a r o , y los ñero para que se pueda sentir toda la gracia y fuerza que tie-
dias de turbio en t u r b i o ; y cuando en el capítulo n . dice n e , es necesario notar que habiendo hablado Cicerón pocos
que D. Quijote caminaba tan despacio, y el sol entraba tan dias ántes en el senado contra el cónsul M. Antonio, este, que
apriesa y con- tanto ardor, que fuera bastante á derretirle aquel dia no habia asistido al senado por indisposición, vino
los sesoo, si algunos tuviera : todo el mundo ve que estas an- al siguiente, é informado de lo que Cicerón había dicho con-
títesis, aunque estudiadas, convienen con el tono jocoso de la tra él. se quejó agriamente, insistiendo mucho en que Cicerón
obra. Al contrario, cuando Garcilaso ( É g l o g a i.), hablando en era un ingrato que habia olvidado el singular beneficio que le
tono serio y respetuoso con u n alto personaje, le d i c e : debia. Este decantado beneficio se reducía á que cuando Cice-
rón despues de la batalla de Farsalia se restituyo a Italia, An-
Luego verás ejercitar mi pluma
Por la infinita innumerable suma tonio, que mandaba en ella en nombre de Cesar, y proscribía
De tus virtudes y famosas obras, arbitrariamente á los que habían seguido el partido de Pom-
Antes que me consuma, peyo, no habia mandado matar á Cicerón, que había sido uno
Faltando á ti que á todo el mundo sobras;
de ellos. Cicerón responde primero directamente a este cargo
diciendo, que Antonio no habia tenido en aquella época a u t o -
cualquiera conoce que la antítesis de fallar y sobrar es no
ridad para mandar quitarle la vida, porque cuando el llego á
solo traída con violencia, sino también de mal gusto, como
Italia, tenia ya carta de César, en la cual este no solo no le
fundada en el pueril equivoquillo á que dan lugar las dos acep-
trataba como á enemigo, sino que le mantenía en todos sus
ciones del verbo sobrar, el cual significa haber de una cosa
honores y dignidades. Y despues de alegar otras vanas razo-
mas de lo necesario, y también aventajar, exceder, sobre-
nes apostrofa así al mismo Antonio para acabar de contun-
salir. En el dia es ya anticuado en esta acepción.
dirle : « Pero sea beneficio (el no haberme asesinado), puesto
Mucho mas estudiadas y ridiculas son estas otras de Bal-
<, que este es el mayor que p u d o hacer un salteador de caim-
b u e n a , en la égloga vi. Dice el pastor Ursanio que tiene un
o nos: ¿ e n qué puedes llamarme ingrato? ¿ \ c a s o n o debí Ia-
vaso de m a d e r a con tantas y cuantas labores (mezquina i m i -
« m e n t í r la ruina de la patria, por no parecer m g r a t o p a i a
tación de Teócrito), que le guarda para su zagala, y que ya á
« contigo? » Sed sit beneficium, quandoquidem majas ac-
regalársele : respóndele Tirseo, que el don es tan precioso
cipi á latrone nullum potuit; in quo potes me diceie %n-
que la pastora no podrá menos de estimarle, y que si en efecto
gratum? An de interitu reipublicce queri non debui, ne in
te ingratus yiderer ? Ya se ve que esta concesion es s i m u - Los trabajos del estudiante son estos : principalmente po-
lada y artificiosa; Cicerón no confiesa ni reconoce de buena breza, no porque todos sean pobres, sino por poner este
fe que debiese estar agradecido á M. Antonio por el supuesto caso en todo el extremo que pueda ser etc. Esta es una ver-
favor que este le echaba en c a r a ; pero se lo concede para pro- dadera concesion, y mas fina que si hubiese dicho : Se alega
barle, que aun en este caso era justo anteponer el bien p ú - la pobreza del estudiante. ¡So todos son pobres; pero su-
blico á los respetos particulares. pongamos que lo fuesen, tic.

t Esta concesion, aunque no franca y sincera, es sin embargo


seria y acomodada al tono grave del paraje en que se h a l l a , Epifonema.
que nada tiene de festivo ni chancero. Veamos una jocosa de
(esto es, exclamación final.)
Argensola el mayor. Parece que alguno se habia burlado de él,
porque la dama á quien servia, se pintaba; y él le responde Se llaman así las reflexiones con que á veces se concluye
en un bellísimo soneto, que aunque muy sabido quiero c o - la narración de algún hecho ó cualquier otro pasaje. Estas
piar a q u í ; porque él y otros tres del mismo autor son de los reflexiones son sugeridas ó por el simple raciocinio ó por a l -
mejores que tenemos en castellano. gún afecto; y así, las primeras pertenecen en rigor á las f o r -
mas de esta segunda clase, y las otras á las de la tercera; pero
Yo os quiero confesar, Don Juan, primero a u n q u e en realidad son distintas, reuniré aquí ambas espe-
Que aquel blanco y carmin de Doña Elvira
No tiene de ella mas, si bien se mira, cies, ya que tienen el mismo nombre.
Que el haberla costado su dinero. De una y otra clase ocurren ejemplos á cada paso en los
Pero también que me confieses quiero escritores. Virgilio tiene dos oportunísimas en el principio de
Que es tama la verdad d e su mentira, la Erieida, una en tono patético y otra de simple reflexión.
Que en vano á competir con ella aspira Preguntando en la invocación porqué J u n o habia perseguido
Belleza igual de rostro verdadero. tan encarnizadamente á un varón tan religioso como Enéas,
I Mas qué mucho que yo perdido ande exclama admirado :
Por un engaño tal, pues que sabemos
Que nos engaña asi naturaleza ? Tantee ne animis ccelestibus irce!
Porque este cielo azul que todos vemos, Tamañas iras en celeste pecho!
Ni es cielo ni es azul: ¡ lástima grande
Que no sea verdad lanu belleza! Y mas abajo, recapitulando los motivos que tenia Juno para
oponerse á su establecimiento en Italia, de los cuales el p r i n -
De concesiones francas y sinceras, como raras veces ocur-
cipal era haber sabido de los Hados que de los descendientes
r e n , es inútil citar ejemplos, y detenernos mas sobre este
del héroe troyano nacerían con el tiempo los que debian a r -
punto. Lo úuico que puede prevenirse es que todas ellas, fran-
ruinar á Cartago, su ciudad predilecta; concluye con esta tran-
cas ó simuladas, sérias ó jocosas, sean oportunas y natura-
quila pero sentenciosa reflexión :
les, y que el escritor no se afane por buscarlas. Si el asunto
y la serie de sus raciocinios las pidieren, ellas se le ocurrirán Tantee molis erat romanam condere gentem.
por sí mismas. Solo observaré que tienen mas gracia y fuerza ¡ Tan alta empresa y tan difícií era
y ocultan mejor el artificio, cuando no se expresan las fórmu- Fundar de Roma el poderoso imperio!
las, pero concedamos, supongamos por un instante, y otras
Cicerón tiene una epifonema llena de fuego en la segunda Fi-
semejantes; sino que se introducen como una proposicion in-
lípica. Despues de referir los escandalosos viajes que hizo An-
cidente ó un paréntesis. Tal es esta de Cervántes. En el cap.
tonio por la Italia, siendo tribuno del pueblo, en los cuales iba
37 de la p r i m e r a parte del Quijote, en el discurso que hace
delanle en medio de los lictores, y en una magnífica litera una
acerca de la preeminencia de las armas sobre las letras, d i c e :
bailarina, su m a n c e b a ; seguía luego Antonio en una especie
de birlocho, despues otro carruaje con los rufianes compane- y sus canas, de honor y llanto llenas,
Piden que deje el cuento comenzado,
ros infames de sus liviandades, y entre ellos c o n f u n d í a y co- I'or ver de sus delitos el proceso :
mo arrinconada la madre del t r i b u n o ; exclama Cicerón, indi- Que es obra santa consolar á un preso.
gnado de la indecencia con que este trataba a su madre, y
aludiendo á lo funesto que el habiasido ya y sena en adelante Puede darse mayor insulsez? ¿Con que hablar de la prisión del
á su patria : Oh! miseree mulieris jvcunditatem calamilo- conde de Saldaña, ochocientos años despues que sucedió, es ir
sam ! « Desgraciada m u g e r ! fecundidad f u n e s t a ! » Lease el p a - á consolar á un preso ?
saje entero en el original. n . . „
Expolicion, conmoracion ó amplificación.
Es necesario advertir, que muchas veces la reflexión senten-
ciosa con que termina un pasaje, está propuesta como una ra- La hay siempre que extendemos un pensamiento presen-
zón ó prueba de lo que se ha dicho; y entonces es mas fina, tándole bajo diferentes aspectos, ya variando la expresión,
porque se descubre ménos el artificio retorico. Tal es esta aa ya individualizando las ideas parciales de que consta, ya
Lope [Circe, canto 1). Refiriendo cómo Circe iba a tocar a acumulando otros varios que, aunque no materialmente
Dlíses con su vara para que correspondiese a su a m o r ; como idénticos,vienen á decirlo mismo. Introducida con o p o r t u -
él tiró de su espada, y cómo ella entonces recurrió al ruego y nidad y bien manejada, es grandiosa; pero si no se emplea
á las lágrimas, y él calmó su enojo; concluye asi el p a s a j e : con tino y discernimiento, degenera en lo que los griegos lla-
maban tautología y perisologia, dos defectos capitales cuya
De sus ruegos al fin vencido tarde diferencia se entenderá mejor con los ejemplos que con p r o l i -
Paró el rigor; que nunca fue sangriento jas explicaciones.
El hombre de sutil entendimiento.
De la amplificación, que consiste en repetir un mismo pen-
La reflexión es verdadera y oportuna, y pudo ponerla en for- samiento variando la expresión, tenemos un bellísimo ejemplo
ma de sentencia, diciendo : paró el rigor. Oh! nunca Jué en Homero [llíada, libro I, verso 286). Para cortar la disputa
san oriento, etc. Pero hizo mejor en enunciarla como simple entre Agamenón y Aquíles y sosegar sus ánimos irritados, ha-
causal de lo que acabaña de referir. No es tan feliz, aunque bía propuesto Néstor que aquel no quitase á este su cautiva, y
propuesta del mismo m o d o , otra que tiene poco antes. Hablan- este no se obstinase en rivalizar con el primero : á lo cual le
do de que los soldados de Ulíses r o m p i e r o n , creyendo que^con- responde Agamenón :
tenía grandes riquezas, un cuero en que Eolo le había dado
Anciano! en todo la verdad dijiste;
encerrados los vientos, dice : Pero Aquíles pretende sobre todos
Los otros ser, á todos dominarlos,
Rompen la piel, y por el aire vago Sobre lodos mandar, y como ge fe
Salen los vientos; porque coge vientos Dictar leyes á todos; y su orgullo
Quien siembra codiciosos pensamientos. Inflexible será.
Esta es u n a moralidad necia y de mal gusto, como f u n d a d a en Esta repetición de una misma idea, presentándola bajo cuatro
el equívoco que resulta de tomar la palabra vientos en el sen- aspectos diferentes de superioridad, dominación, mando y
tido literal y en el figurado. Todavía es peor, mas fría y mas supremo generalato, sería inútil, si fuese otra la situación del
ridicula esta de Balbuena (libro I del Bernardo). Describien- que h a b l a ; pero en el paraje en que está, es, atendidas todas
do el palacio y los jardines de Morgana, y habiendo dicho que las circunstancias, el lenguaje mismo de la naturaleza. Un
ya llegó á ellos Alcina; interrumpe la narración de su viaje, hombre vivamente herido de una idea insiste en 1 ella, no se
anuncia que va á hablar de otra cosa, y añade : cansa de repetirla; y no pareciéndole bastante enérgica la pri-
mera expresión, busca otras nuevas para enunciarla con mas
El triste y ronco son de las cadenas
De un conde por envidia aprisionado. fuerza, sobre todo si es la única razón que puede alegar en su
Aunque al rey sordas, porque son ajenas, defensa. Esta es puntualmente la situación de Agamenón. Lo
Ya mi música y voz han destemplado;
- Sin repetir materialmente un mismo pensamiento puede el
que mas le habia irritado, lo que mas vivamente había herido
escritor ilustrar alguno que le parezca interesante y extenderle
su amor propio, era que Aquíles no respetase su autoridad Su-
ó amplilicarle, desmenuzándole, por decirlo así, en muchas
p r e m a , y quisiese competir con él, como si fuese su igual en el
partes,, j acumulando otros que aunque convengan en la idea
ejército; y ademas esta falta de subordinación, si así puede
principal, contengan accesorias distintas: y esto, si se hace
llamarse, es el único pretexto especioso que tiene, para justi-
con maestría, es de maravilloso efecto en las composiciones
ficar el insulto que habia hecho á aquel héroe.' Por eso pues
oratorias. Cicerón es el mejor modelo en e s t a p a r t e , y de él se
insiste en ella y varía la expresión de cuatro modos diferentes,
pudieran citar muchos y bellísimos ejemplos; pero para que se
para apartar de sí la odiosidad y hacer que recaiga sobre Aquí-
vea en qué consiste esta amplificación de un mismo pensa-
les. Fuera de una situación semejante, la repetición de un
miento, basta aquel pasaje de la oracion pro Milone, en el
mismo pensamiento en otros términos es el defecto designa-
cual deseando en suma decir á Pompeyo, que si por temer á
do con el indicado nombre de tautología, palabra que signi-
Milon, hacia los preparativos militares que se advertían, debía
fica literalmente decir lo mismo. Tal es esta de Lope en el
de ser el tal Milon un enemigo muy terrible pues tantas pre-
libro XII de la Jerusalen, cuando para indicar que el sitio de
cauciones se tomaban contra é l ; extiende así el pensamiento,
Ptolomaida habia durado tres años, repite este pensamiento
« Si son contra Milon los preparativos que se advierten.» Si
con diez ó doce perífrasis diferentes diciendo
Milonem times;si hunc de tuá vitá nejarte, aut nunc cogi-
tare, aut molitum aliquando aliquid putas; si Italia; de-
Tres veces vieron flores las campañas;
Tres veces vió la tierra las espigas, lectus, si hcec arma, si capitolincB cohortes, si escubice, si
Y el trillo quebrantó las rubias cañas: vigilice, si delecta juventus, quie tuum corpus domumque
Tres veces reposó de sus fatigas_ custodit, contra Milonis impetum armata est, atque illa
El labrador, y vieron las montañas omnia in hunc unum instituía, parata, intenta sunt, etc.
De nieve coronadas sus cabezas
Con cintas de cristal rotas á piezas. « Si temes á Milon, si piensas que este ó medita ahora, ó lia
«i maquinado alguna vez, un atentado contra tu vida; si las
Tres veces engendró granizo el austro, « levas que se hacen en toda Italia, si estas tropas que rodean
El zéliro claveles y alelíes;
Quiso exceder la mar su antiguo claustro, u el foro, si las cohortes apostadas en el monte capitalino, si
Y durmieron las naves alfonsies; o los numerosos cuerpos de guardia repartidos por la ciudad,
Vió la luna el horóscopo del plaustro a si las patrullas que rondan toda la noche, si el lucido c u e r -
Treinta y seis veces nueva, y de rubíes o po de escogidos jóvenes que defiende tu casa y tu p e r s o n a ;
Cubrió oirás tantas su menguante cara;
Fénix q u e muere y nace, y nunca para. « si este, digo, lia sido armado para contener el ímpetu de Mi-
« Ion, y si aquellas otras precauciones que se han tomado se
El que primero vió el laurel, tres veces « dirigen contra este solo, etc. » Cualquiera que sepa en qué
Resplandeció en el Frigio vellocino;
Y en las frias escamas de los peces circunstancias fué pronunciada esta oracion, el formidable
Hizo su ardiente universal camino. aparato militar con que Pompeyo se presentó en el foro para
presenciar la vista de esta causa famosa, las extraordinarias
Este fastidioso repetir una misma idea con tantas expresiones precauciones que habia tomado con ocasion de la muerte de
diferentes, en nada se parece á la sencilla y brevísima varia- Clodio, y las sospechas que habia dejado traslucir de que Milon
ción de Homero, ni puede excusarse con la situacior. agitada intentaba algo contra su persona; conocerá cuán oportuno y aun
del personaje, p o r q u e aquí es el poeta el que habla tranquila- necesario era insistir sobre todos estos preparativos, y ampli-
mente. Esta afectación de manifestar que se sabe decir u n a ficar el pensamiento, si son contra Milon, recapitulándolos
misma cosa de m u c h a s y distintas maneras, es cabalmente lo tan detenida y circunstanciadamente.
que Boileau llama con gracia estéril abundancia. Las frases Mas fuera de este y otros casos semejantes, insistir mucho
notadas con bastardilla en el pasaje de Lope son ademas d e - sobre un mismo pensamiento, extenderle con prolijos p o r m e -
fectuosas bajo otros respetos.
llores, y sobre todo acumular muchos q u e , aunque variado
Débate alguna pausa mi tormento.
con nuevas ideas accesorias, vienen á decir en sustancia lo
mismo que los primeros; degenera ya en el otro defecto lla- Mira que es gran rigor; dáme siquiera
mado perisología, esto es, nimia verbosidad. Quevedo, p o r Lo que de ti desprecia tauto avaro,
. . . . . . . . . . « • • •
ejemplo, en la silva Al sueño ya citada con otro motivo, cae Lo que habia de dormir en blando lecho
visiblemente en esta falta. Toda la composicion bien analizada Y consagra el amante á su señora.
no contiene mas que estos dos pensamientos, sueño, yo no Dáme lo que desprecia de tí ahora
Por robar el ladrón, lo que desecha
puedo dormir: ven á darme algún descanso; pero fastidio- El que envidiosos /.elos tuvo y llora.
samente amplificados. Dice a s í : Quede en parte mi queja satisfecha,
Tócame con el cuento de tu vara :
Con aué culpa tan grave, Oigan siquiera el ruido de tus plumas
ueño blando y suave, Mis desventuras sumas;
Pude en largo destierro merecerte, Que yo no quiero verte cara á cara,
Que se aparte de mí tu olvido manso? Ni que hagas mas c;iso
Pues no te busco yo por ser descanso, De mí que hasta pasar por mí de paso,
Sino por muda imágen de la muerte. O que á tu sombra negra por lo niénos
Cuidados veladores
Ilacen inobediente© mis dos ojos
A la ley de las horas, Se le haga camino
No han podido vencer á mis dolores Por estos ojos de sosiego ajenos.
Las noches ni dar paz á mis enojos. Quítame, blando sueño, este desvelo,
Madrugan mas en mí que en las auroras O de él alguna parte, etc.
Lágrimas á este llano;
Que amanece á mi mal siempre temprano, Hé aquí u n a pura y purísima perisología, esto es, una in-
Y tanto, que persuade la tristeza útil y prolija variación de un mismo pensamiento, la cual,
A mis dos ojos que nacieron antes aun cuando no tuviese otros defectos, ya en las ideas ya en
Para llorar que para verte, ó sueño.
De sosiego los tienes ignorantes, las expresiones, baria que el lector mas desvelado se quedase
De tal manera que al morir el dia dormido, ó a lo menos bostezase, viendo tanto machacar s o -
Con luz enferma, vi que permitía b r e una misma cosa. Esto no es escribir con cuidado, es tirar
El sol que le mirasen en poniente.
sobre el papel todo lo que se sabe, ó se puede decir sobre una
m a t e r i a ; lo contrario precisamente de lo que hacen los b u e -
Hasta aquí el primer pensamiento, no duermo ó no des- nos escritores. Estos saben contenerse dentro de los justos lí-
canso, desleído como se ve en veinte y tres versos, y presen- mites, y no decir nunca ni mucho ni poco, sino lo que basta
tado bajo muchos aspectos que, a u n q u e variados en lo acce- p a r a c f fin que se proponen ; y este es uno de los principales
sorio, convienen en el fondo ; como el manso olvido del secretos del arte, fruto mas bien del talento que de las reglas.
sueño se apoderó de mi, los cuidados hacen inobedientes Porque, como estas no pueden descender á casos particulares,
mis ojos á la ley de las horas, las noches no pueden ven- no hay ninguna que diga hasta dónde se puede extender cada
cer mis dolores ni dar paz á mis enojos, antes que ama- pensamiento ; esto queda al juicio y buen gusto del escritor.
nezca estoy ya llorando, mi tristeza persuade á mis ojos Lo único que se puede decir en general es que no merecerá
que antes nacieron para llorar que para ver el sueño, mis el título de clásico el que no acierte á quedarse siempre en el
ojos están ignorantes de sosiego, e t c . Despues de la segunda punto preciso, mas allá del cual se peca ya por exceso. Por
estancia " e n la cual y parte de la t e r c e r a esta la ya citada des- eso decia con tanta razón Boileau, que
cripción de la noche, sigue el segundo pensamiento, extendido
también con toda esta prolusión : Quien no sabe callar, ni escribir sabe.
't
Es decir, que el que no acierta á omitir, entre lo mucho que
Dame, cortés mancebo, algún reposo,
No seas digno del nombre de avariento. siempre se ocurre, cuando uno escribe sobre materias que
tiene bien estudiadas, lo que no es absolutamente necesario De estas tan pomposas y oratorias gradaciones es menester
en aquel pasaje, es un declamador, n o un escritor juicioso. decir lo mismo que de las muy extendidas y simétricas antíte-
sis á saber, que el escritor no se afane por buscarlas, ni tas
Gradación ó climax. emplee sino cuando parezca que las está pidiendo la natu-
raleza tnisma del pensamiento: sobre lo cual no pueden
Consiste en presentar una serie de ideas en una progre- darse reglas particulares, porque su oportunidad depende de
sión tan constante de mas á ménos ó de ménos á mas, que
circunstancias locales, por decirlo así. f .
cada una de ellas diga siempre algo mas ó algo ménos
También debe advertirse que no se ha de contundir la gra-
que la precedente, según sea la gradación.
dación en los pensamientos con la concatenación de las frases,
Cicerón suministra un buen ejemplo de ambas en esta sola
de que se hablará en otro lugar, y que algunos llaman t a m -
cláusula de la primera Catilinaria. Nihil agis, nihil moli-
bién, aunque impropiamente, gradación o climax. Siempre
ris, nihil cogitas, quod ego, non modo non audiam, sed
que hay concatenación en las palabras, hay también gradación
etiam non videam, planeque sentiam. « Nada tratas, nada
en las ideas, pero no al contrario. Cuando se sepa que es con-
« maquinas, nada piensas, que yo no sepa, no vea, no adivi-
« n e . » Aquí hay, como se ve, dos gradaciones. La primera catenación, se verá que no la hay en las gradaciones que acabo
de mas á menos, porque en un conspirador es mas concertar de citar.
abiertamente el plan con sus compañeros, que tantear sus áni-
Paradoja.
mos en secreto, y esto es ya mas que pensar él simplemente lo
que ha de hacer. La segunda de ménos á m a s ; porque, tra-
tándose de la habilidad de un magistrado para descubrir una Consiste en ofrecer reunidas en un mismo objeto cualida-
conspiración, es menor mérito saber por sus espías lo que han des que á primera vista parecen inconciliables ó contradic-
tratado los conjurados en una junta, que seguir y observar él torias. Tal es, por ejemplo, la citada expresión de Boileau,
mismo los pasos del gefe, y esto al fin es ménos difícil que adi- estéril abundancia. Tal es también, y oportuna, esfa de F r .
vinarsus pensamientos. Toda esta fuerza y énfasis tienen aquí Luis de León, oda v n :
las enérgicas y precisas expresiones latinas, agis, moliris, co- ¿ Qué vale el no tocado
gitas; audiam, videam, sentiam;y este solo pasaje (sea di- Tesoro, si corrompe el dulce sueño,
cho de paso) probaria, cuando 110 hubiese otras razones, que Si estrecha el nudo dado,
el que no lee los clásicos en su original, puede hacer cuenta de Si mas enturbia el ceño,
Y deja en la riqueza pobre al dueño?
que no los conoce, aunque haya leido veinte traducciones, por-
que no siempre es posible expresar la fuerza que tiene cada que Arguijo repitió, en el soneto A la avaricia, diciendo, des-
palabra en el p a r a j e determinado en que se halla. Esta y pues de pintar el suplicio de Tántalo,
otras gradaciones semejantes, que consisten en la respectiva
correspondencia de las ideas con las circunstancias del asunto, ¿ Cómo de muchos Tántalos no miras
son mas finas que aquellas que en cierto modo se anuncian á Ejemplo igual? Y si codicias uno,
Mira al avaro en sus riquezas pobre.
sí mismas, tanto por la significación material de las palabras,
como por el orden progresivo en que están colocadas; por Bartolomé Argensola, en aquella bonita epístola que empieza,
ejemplo, la tan sabida del mismo Cicerón en la oracionv. con- Yo quiero, mi Fernando, obedecerle, tiene también u n a be-
tra Yerres : Facinus est vincire civem romanum, scelus llísima paradoja. Hablando del estilo sencillo, nalural y fácil,
verberare, prope parricidium necare. Quid dicam, i/, cru-
dice :
cem tollere?g Poner preso á un ciudadano r o m a n o , es un
• atentado; condenarle á la pena de azotes, un c r i m e n ; s e n - Este que llama el vulgo estilo llano
t tenciarle á muerte, casi un parricidio: ¿qué será pues, man * Encubre tantas fuerzas; que quien osa
Tal vez acometerle, suda en vano.
« dar que le crucifiquen? »
Y su facilidad dificultosa
También convida, y desanima l u e g o , cía de Roma, las hermosas vistas de Italia, e t c . ; se vale de
En los dos corifeos d e la prosa (1). esta feliz comparación : « Así como la salud causa mas pla-
Siendo muy fácil que esta m a n e r a de presentar los pensa- « cer al que acaba de salir de una grave enfermedad, que al
mientos degenere en conceptillos epigramáticos y en juegos de « que nunca estuvo e n f e r m o ; del mismo modo todas estas co-
palabras, es necesario prevenir que el uso de esta forma se tí sas deleitan mas, cuando uno ha carecido de ellas por algún
raro, y que cuando parezca algo estudiada, se añada una ex « tiempo, que cuando las disfruta sin interrupción » : sicut
presión clara y sencilla del mismo pensamiento. Así lo hizo bona valetudo jucundiorest eis, qui é gravi morbo recreati
Cicerón en aquel pasaje del tratado de amicitiá, en que, para sunt, quam iis, qui nunquam cegro corpore fuerunt; ita
probar cuánto vale tener buenos amigos, dice que los que lle-^ licec omnia desiderata magis, quam assidue percepta de-
gan á alcanzar .esta dicha,« a u n q u e se ausenten, están p r e s e n - ! lectant.
« tes, aunque sean pobres, abundan en riquezas, aunque sean ; También Fr. Luis de León, p a r a probar que la inocencia
o desvalidos, tienen mucho p o d e r ; y lo que es mas, aun des- suele triunfar de la calumnia, emplea oportunamente estos sí-
« pues de muertos, viven. » Absentes adsunt, egentes abun- miles.
dant, imbecilles valent, et, quod difficilius dictu est, mor- Si ya la niebla fria
tui vivunt. Como estas contradictorias pudieran parecer un Que al rayo que amanece, odiosa ofende,
Y contra el claro dia
juguete de voces, y los pensamientos falsos, cuida de explicar Las alas escurísimas extiende;
el sentido figurado en que toma las palabras, añadiendo : No alcanza lo que emprende
« tanto es lo que sus amigos los h o n r a n , tanto lo que de ellos Al tin y desparece,
« se acuerdan, tanto lo que sienten su pérdida. » Tantus eos Y el sol puro en el cielo resplandece:
honos, memoria desiderium prosequitur amicorum. Aun P o r mas q u e se c o n j u r e n
con estas precauciones y salvaguardias, las paradojas de esta El odio, y el poder, y el falso engaño;
Y ciegos de ira apuren
clase tienen siempre algo de concepto, y lo mejor es no em- L o propio, y lo diverso, ajeno, e x t r a ñ o ;
plearlas. Jamas le harán d a ñ o ;
Antes cual fino oro
Semejanza ó símil Recobra del crisol nuevo tesoro.

(llamada también comparación). Lástima que el consonante no le permitiese decir, nuevo


lustre ó brillo, que era la expresión precisa y exacta : la de
Consiste en expresar formalmente que dos objetos son se- tesoro no lo es.
mejantes entre sí. Los ejemplos o c u r r e n con frecuencia. Pero 2." Los que se traen para hacer sensible una idea abstracta,
como en el uso de los símiles es fácil caer en algunos defec- ó para ilustrar y hermosear algún objeto. Tales son estos dos
tos, y efectivamente han caido e n ellos aun escritores de p r i - bellísimos de Rioja en la epístola moral ya citada.
mer orden, es necesario dar a l g u n a s reglas para evitarlos, ob-
I Qué es nuestra vida mas que un b r e v e dia
servando primero que los símiles s o n de dos clases. Dó apenas nace el sol, cuando se pone
\ L o s q u e sirven para proba r algún hecho por su seme- En las tinieblas d e la noche f r i a ?
janza, ó mas bien, su analogía c o n otro. Así Cicerón, en 1E
I ¿ Qué es mas q u e el heno, á la mañana verde,
oracion Post reditum, ad quintes, queriendo probar, que Seco á la tarde ?
despues que había vuelto de su destierro, le eran mas gratas
todas las cosas de que ántes d i s f r u t a b a , sin conocer lo que va- Este último m e recuerda otros dos de Jorge Manrique, y n o
lían, como la compañía de sus a m i g o s , el lujo y la maguiticen- quiero omitirlos, porque Son singularmente felices y delicados
Dice a s í :
¿ Qué se hizo el rey Don Juan?
I . Demóstenes y Cicerón. Nota del autor. Los Infantes de Aragón
En cuanto á lo primero bastará decir por punto general, que
¿ Q u é se h i c i e r o n ? símiles formales y expresos no se introduzcan enpa-
Qué f u é d e tanto g a l a n ? %SpaMico porque esta forma es propia del lenguaje
¿. Qué f u é de t a n t a invención
Como t r a j e r o n ? S u i l o de la reflexión, no de la agitación de as j « j-
L a s justas y los torneos, nes Esta regla es muy capital. Para expresar vivamente los
' Paramentos, bordaduras afectos se pueden emplear algunas metáforas, sm.embargo de
Y cimeras
q u e estas, como luego veremos, son comparaciones m p h c i t a s ;
¿ F u e r o n sino d e v a n e o s ?
¿ Q u é f u e r o n sino verduras pero nunca símiles formales circunstanciados y extendidos.
De las eras ? Estos vienen bien en boca del escritor; nunca, o r a r í s i m a v e ,
L a s dádivas desmedidas, en la de los personajes. Blair h a censurado con razón a a l g u -
L o s edificios r e a l e s nos poetas dramáticos ingleses, que pusieron en boca d e los
L l e n o s d e oro,
L a s vajillas t a n febridas, interlocutores en situaciones de mucha agitación largas y es-
L o s E n r i q u e s y reales tudiadas comparaciones. ¿Qué diria pues de los nue ro que
Del t e s o r o ; en sus comedias famosas rara vez f i a r o n a dar a los uyos
L o s j a e c e s y caballos
el verdadero lenguaje de las pasiones? Infinitos ejemplo pu-
D e su gente, y atavíos
Tan sobrados; dieran citarse; pero los omitiré, porque todavía h a b r a q u e to-
¿ D ó n d e i r e m o s á buscallos? car este punto en o t r o lugar. . „„„,„„.
¿ Q u é f u e r o n sino rocíos
De los prados ? En cuanto á lo segundo pueden bastar las siguientes reglas.
1.» Los símiles no se deben tomar de objetos que tengan
Qué fino y delicado es comparar lo deleznable de las gran- una semejanza demasiado cercana y
dezas h u m a n a s á la verdura de las eras que tan en breve se cual los comparamos. Cuando para hacer g t t f la c o n f o i m -
marchita; y al rocío de los prados que se deshace a los primeros dad de dos objetos, se buscan tan semejantes q u e t o d o ; vean
rayos del sol! Estos son dos símiles con que pudieran honrarse que no pueden menos de serlo, el escritor muestra como .dice
Homero y Virgilio, ó el tierno Anacreonte. Ahí Si todos n u e s - Blair, q u e tenia poco ingenio. Asi cuando ^ « o n continua
t r o s poetas hubieran continuado escribiendo con esta amable el mismo crítico, compara el árbol del Paraíso con el árbol
n a t u r a l i d a d , nuestro Parnaso seria el primero entre todos los de Pomona, ó á Eva con una Dríada o ninfa del bosque,
modernos. ¡ Y esta composicion se escribió quizá antes del des- apenas recibimos placer; porque cualquiera ve que un ár-
cubrimiento de la imprenta, y de todos modos hace mas de bol por precisión se ha de parecer a otro árbol y una mu-
350 años 1 ¡ Y si se exceptúa alguna que otra palabra anticuada ger hermosa á otra que también lo sea. Pero aun esto no es
hoy, como la de febrida, parece que se escribió a y e r ! ¡ P o r - tan malo como comparar el color de u n ahogado en el agua
q u é fatalidad los italianos, ya que nos dieron su hermosa v e r - con el de otro, ahogado también, a u n q u e por distinta causa,
sificación, nos comunicaron también el mal gusto de las s u t i - como lo hace nuestro Lope (la Jerusalen, h b . ni.) en el p a -
lezas y conceptos! ¡ Y porqué nuestros buenos ingenios se saje ya citado, en q u e cuenta la muerte del apostata D. Re-
emplearon casi exclusivamente, á imitación suya, en cantar m o n porque, muriendo ambos de sofocacion cualquiera adi-
eternos, insípidos y sofísticos amoríos! Pero volvamos á los sí- vinaría sin que el poeta se lo dijese, que quedarían con el ros-
miles. tro amoratado. Dice a s í :
De los primeros, es decir, de los q u e se traen para p r o b a r
algún hecho p o r analogía, se volverá á h a b l a r , cuando en el No d e o t r a s u e r t e q u e en el h o n d o T a j o
artículo de la elocucion pública se trate de las varias clases de El q u e se a h o g a , al c o m p a n e r o asido
Q u e p r o c u r a escaparse y con t r a b a j o .
pruebas q u e emplean los oradores. Solo pues resta indicar las S e e n r e d a m a s hasta q u e d a r vencido
reglas relativas á los puramente ilustrativos. Estas recaen : L o s d o s s e t u r b a n , y viniendo a b a j o
1 s o b r e la situación en que deben emplearse, y 2.° sobre la P i e r d e n e n las a r e n a s e l s e n t i d o ;
naturaleza de los objetos de que deben tomarse.
Hasta que envuelta en agua tragan juntos dro hubiese sido correspondido; si él hubiera estado muy se-
La muerte, y quedan sin color difuntos.
guro del de Angélica; si no hubiese temido ni olvido ni desde-
Así quedó R e m o n tan n e g r o y feo, etc. n e s ; podria, a u n q u e con alguna violencia, ser comparado al
príncipe que dentro de su fuerte alcázar eslá seguro de todo
Las ediciones dicen dolor; pero es claro que Lope escribió
insulto. Pero si precisamente Angélica no le q u e r í a ; si él no
color, porque si no, ni h a b i t a comparación, ni vendría al caso tenia ni aun esperanza de ablandar su dureza ; ¿qué puede
lo de tan negro y feo, ni la circunstancia de que los ahogados haber de común entre este estado y la tranquila seguridad del
en agua mueren sin dolor podría convenir a la muerte del príncipe encerrado en su torre? Se deja entrever que Balbuena
apóstata, el cual espiró entre las mayores ansias y congojas, quiso decir que la imágen de Angélica estaba tan fielmente re-
según refiere Lope. . tratada en su imaginación, como las de los objetos lo están en
2.» Tampoco deben fundarse en semejanzas demasiado re- el cristal ó en el agua, y tan profundamente grabada que nada
motas. La razón es clara. La semejanza entre los objetos com- podria borrarla. Mas cuando al hacer la comparación del agua
parados, ha de ser, sino tan obvia que no nos cause placer y del espejo, que bien expresada podria ser exacta, dice que el
ninguno el descubrirla, á lo menos tan sensible que tampoco cristal y la fuente muestran detras de un muro trasparente
tengamos que atormentarnos para comprenderla. Una buena su limpio y casto seno; y cuando para dar á entender, á lo
comparación ha de tener s i e m p r e algo de ingeniosa, y ha de que p a r e c e , que la impresión que hizo en su corazon la vista
presentar cierta relación y analogía entre dos objetos que al de Angélica, no se borrará jamas, dice que un casto amor se
parecer no tienen entre sí ningún punto de contacto; pero, ve gozando en su ánimo dobles despojos, y está en sus ojos,
como ya se dijo en otra parte, estos pensamientos ingeniosos así como un príncipe está seguro y ajeno de lemor en su al-
no lo han de ser tanto que degeneren en sutilezas. Una compa- cázar. ¿Quién podrá descifrar este mas que alambicado y enig-
ración no es un enigma. ¿Quién podrá pues aprobar, entre mático concepto? De qué despojos gozaba? ó ¿cómo podía es-
muchas que pudieran citarse de nuestros poetas, ¡as siguientes tar seguro v ajeno de temor un amante que, despues de decir
de Balbuena? Orimandro, rey de Persia, está exjihcando su á su amada con veinte comparaciones que luego copiaré, que
amor á la famosa Angélica, y entre otras frialdades, muy i m - teme su ira y que sin embargo la sirve fiel, pero que ella le
propias en boca de un amante apasionado, cuyo lenguaje d e - aborrece; concluye así sus lindos requiebros?
biera ser todo de fuego, amplitica pomposamente dos compa-
E n t r e estas muertes vivo, y de esla suerte
raciones, en las cuales, ademas de ser ajenas de la situación, Tu aspereza m e está martirizando :
es imposible ver la semejanza que hay entre los objetos de Mi esperanza en los brazos d e la muerte
donde las toma, y el otro á que las aplica. Son e s t a s : Ya entrevive, y no vive agonizando,
Muriendo por'los gustos d e quererte, etc.
No con mayor lealtad el cristal puro,
Ni sosegada f u e n t e e n valle a m e n o . 3.' No deben ser demasiado comunes y trilladas. A ella
Detras mostró del trasparente muro faltan ordinariamente los poetas medianos y los ingenios esté-
A los ojos su limpio y casto s e n o ; riles. ¡No pudiendo hallar nuevas semejanzas entre los objetos,
N i , en torreado alcázar, mas seguro
Príncipe f u é de sobresalto a j e n o ;
y formar símiles no empleados todavía, se limitan á copiar
Que en mi pecho se vió, y está en m i s ojos, servilmente los que encuentran en Homero, Virgilio y otros
Gozando un casto a m o r dobles despojos. poetas de primer orden : símiles en su origen felicísimos, pero
(Bernardo, lib. IV.)
*>.,
tan sabidos ya, que un lector medianamente versado en la lec-
¿Qué semejanza puede t e n e r un amor casto que se vio en un tura de lo." clásicos conoce desde la primera palabra, de dónde
pecho, y está en unos ojos gozando despojos dobles, con las están tomados y á qué se reducen. Y aun si los copiasen con
imágenes de los objetos reflejadas por el cristal ó por el agua, y fidelidad y los aplicasen bien, tendrían el mérito de la b u e n a
mucho ménos con un príncipe que vive seguro y ajeno de t e - elección ; pero de ordinario, al apoderarse de ellos como por
mor en un alcázar torreado ? Si á lo ménos el a m o r de Oriman- juro de heredad, los echan á perder, los recargan de inútiles
accesorias, y los aplican á objetos a los cuales, ó no convienen de aquellos, no puede esta ser sentida ni apreciada. ¡Cuantas
absolutamente, ó solo les convienen traídos por los' cabellos. de este «éuero se hallan en varios de nuestros poetas, que por
Por ejemplo, bien conocido es aquel hermoso símil de Virgi- ostentar erudición, a n d a n siempre á caza de epiciclos, cen-
lio , en que para pintar la actividad con que se trabajaba en tra orbei esferas y otros objetos astronomicos 1 No citaré
edificar á Cartago, cuando llegó Eneas, compara la multitud ninguna ahora , porque, habiendo de volver á tratar extensa-
de obreros empleados en levantar aquellos suntuosos edificios m e n e este p u n t o , cuando hable de la m e t á f o r a , cuyas reglas
y el bullicio y ruido que se oía por todas partes, al trabajo en cuanto á esto son las mismas que las de las comparacio-
de las abejas en la primavera cuando sacan los enjambres y nes, los ejemplos que allí se citen, p o d n m servir para estas
labran sus panales. Por lo mismo no le c o p i a r é ; pero sí la Soló añadiré con Blair, que los poetas modernos pecan en esta
débil y mezquina copia hecha por nuestro Cristóbal de Mesa parte, cuando, por copiar á los antiguos, repiten sin discerni-
en su poema de las Navas de Tolosa. Hablando en el canto III miento sus símiles tomados de leones, tigres, serpientes y
de los preparativos de defensa que hicieron los moros en el otros animales, bastante comunes entonces, para que todo
castillo de Calatrava, cuando los cristianos se acercaban para lector pudiese conocer fácilmente, en qué se parecían al objeto
sitiarle, objeto ya mucho m é n o s g r a n d i o s o que la fundación con el cual los comparaban. Hoy dia no es lo mismo, porque
de una nueva y gran ciudad, dice : los lectores, que suelen n o haber visto vivas semejantes a l i -
mañas, no tienen idea de sus propiedades, su modo de c o m -
Corren á su labor, de la manera bcitir eic >
Que suelen las abejas con cuidado, s ' En las composiciones serias y majestuosas los sími-
En la nueva dorada primavera,
Varias flores coger por bosque y prado; les jamas se han de tomar de objetos bajos ó ignobles; pero
Que esta, y aquella, y la otra va lijera es de notar que, como la bajeza ó dignidad de los obielos de-
De la miel al oculto oficio amado,
Por vencer la que mas solícita obra: pende en mucha parte de los usos y costumbres dominantes
Hierve el trato, ellas bullen, y anda la obra. en cada siglo, varios símiles de Homero y de Virgilio que
ahora uos parecen bajos, fueron muy nobles en la sencilla an-
Tómese cualquiera el trabajo de cotejar este símil con el ori- tigüedad. Sin embargo, no negaré que los dos padres de la
ginal latino, y verá cuánto mejor hubiera sido no copiarle, epopeya hubieran hecho mejor en no comparar, el primero a
que estropearle tan lastimosamente. IJlíses con una morcilla, y el segundo á la reina Amata con
4." El objeto, de donde se lome el símil nunca debe ser u n a peonza. ..
desconocido, ó tal que pocos puedan observar su exactitud. 6.* Aun siendo los símiles claros, oportunos y bien es-
No debe confundirse esta regla con la segunda. Un objeto cocidos, no se prodiguen con demasía, ni aun en verso; y
puede ser muy familiar y conocido, y sin embargo la seme- sobre todo, jamas se acumulen muchos para ilustrar un
janza que se quiere hallar entre él y el otro que se le compara, mismo objeto. Uno bueno basta. Como en este punto yerran
puede, ó no existir absolutamente, ó ser muy débil y casi i m - también con frecuencia varios de nuestros poetas, daré un
perceptible. Contra las comparaciones fundadas en tan lijeras ejemplo señaladísimo de estas malamente amontonadas com-
semejanzas, aun entre objetos muy comunes, se estableció la paraciones de un solo objeto con muchos, y son las ya indi-
regla s e g u n d a ; la presente manda evitar toda comparación d e cadas de Balbuena. Sigue Orimandro enamorando a Angélica,
un objeto con otro que debamos suponer desconocido de los y dice:
lectores ú oyentes. Tales son las operaciones manuales y las Bien sabes que tu ira la lie temido
herramientas, de los oficios, los objetos de ciencias y artes, y Cual verdugo el cuchillo y brazo alzado,
Cual violencia de principe ofendido,
en general todas las cosas de que solo puede juzgar cierta clase Cual pequeño bajel al mar airado.
de personas. Semejantes símiles son siempre oscuros, aun Cual vulgo en nuevos bandos dividido
cuando la semejanza que haya entre los objetos comparados Cual avariento golpe desusado,
Cual tirano cruel gente alterada,
sea en sí misma muy g r a n d e ; porque siendo desconocido uno Cual sagaz capitan geule emboscada.
Y q u eentre estos temores t e h e servido Quid non mortalia pectora cogis,
Cual siervo al Ínteres aficionado, Auri sacra fames ?
Cual pretensor en corte entretenido,
Cual á juez dudoso h o m b r e culpado, ¿A qué no obligas los mortales pechos,
Cual paje nuevamente recibido. Maldita sed del oro ?
Cual por conjuro espíritu apremiado;
Ti por comparación mas »justada,
p
Cual nuevo amante á dama disgustada. De dichos y respuestas célebres, por lo profundo del pensa-
miento, hay un gran número en el tratado de Plutarco intitu-
Y tú por esto me has aborrecido, lado Apotegmas de los lacedemonios, y en otros libros de
Cual á cruel enemigo declarado, esta clase. De adagios ó proverbios vulgares tenemos también
Cual labrador á un avariento ejido,
Cual noble pecho á un eorazon hinchado, nosotros varias colecciones, y todo el Quijote es un rico alma-
Cual á competidor favorecido, cén, donde se encuentran innumerables de todas clases. Lo
Cual ánimo ambicioso h o m b r e privado, único que hay que prevenir en este punto es que las senten-
Cual prolija visita alma enfadada,
Y' á libres ojos dama recatada. cias morales no se derramen con profusion en las compo-
siciones poéticas, y aun en las de prosa; y que los adagios
Esto es lo que se llama abusar de la paciencia del lector, bur- propiamente tales se eviten en composiciones sérias y de
larse de é l , insultarle. Dejemos aparle la bajeza de algunos tono elevado, porque son jocosos, ó á lo ménos del lenguaje
de estos símiles, como el del paje nuevamente recibido, y la familiar.
prolija visita, y concluyamos ya este p u n t o , previniendo que
Prolépsis, revocación, reyeccion y transición.
dos objetos pueden muy bien compararse, aunque no sean se-
mejantes en sí mismos; bastará que lo sean sus efectos. De La prolépsis consiste en prevenir ó refutar de antemano
este género es la semejanza en que se funda aquel símil tan alguna objecion que pudiera hacerse contra lo que se aca-
delicado de Osian, citado y justamente alabado por Blair : La ba de decir. La revocación, en anunciar que se vuelve al
música de Carril era como la memoria de las alee/rías pa- asunto despues de alguna digresión. La reyeccion ó remi-
sadas, agradable y triste al alma. Ya se ve que la música sión, en declarar que el escritor se abstiene por entonces de
patética y la memoria de las alegrías pasadas no son objetos tratar algún punto, pero indicando que hablará de él en
semejantes en sí mismos, pero lo son sus electos, porque am- otra parte. La transición, en anunciar que se va á pasar á
bas dejan en el ánimo cierta impresión mezclada de tristeza y otro punto. Si en ella se indican los dos, el que se acaba y
de placer. el que se empieza, se llama transición perfecta : si solo se
expresa el punto que se va á tratar, se llama imperfecta.
Sentencia. No daré ejemplos de estas fórmulas oratorias, porque son
harto conocidas, y ni aun hablaría de ellas, si no fuera nece-
Así se llama cualquiera reflexión profunda y luminosa, sario prevenir, I o que las prolépsis, reyecciones, revocacio-
cuya verdad se funda en el raciocinio ó en la experiencia. nes y transiciones formales solo vienen bien en obras di-
Si es puramente especulativa, se llama principio; si se dirije dácticas y en composiciones oratorias, porque en ellas es
á la práctica toma el n o m b r e de máxima; si el dicho senten- necesario á veces hacer remisiones á otros parajes, prevenir
cioso no es del mismo que h a b l a , sino tomado de algún otro, alguna objecion, y anunciar expresamente que se va á tratar
se dice apotegma ; si es vulgar, adagio ó proverbio. de otro p u n t o ; pero en los otros géneros es mejor que se pase
No es necesario citar ejemplos. De dichos sentenciosos, ya insensiblemente de un punto á otro, se vuelva de una digre-
p u r a m e n t e especulativos, ya encaminados á la práctica, pue- sión sin advertírselo al lector, y se refuten, sin decir que se
den serlo los aforismos morales citados en las Epifonemas, y hace, las réplicas que á este pueden ocurrirse!« contra nuestra
varios otros que de tiempo en tiempo ofrecen los buenos poe- doctrina : 2 o que ninguna de estas fórmulas puede em-
tas, como aquel de Virgilio : plearse en composiciones poéticas sérias: regla que n c t u -
nistre reglas seguras, para que no equivoquen el verdadero
vieron presente algunos de nuestros épicos. Ercilla, en su
tono de las pasiones, sustituyendo á su irresistible elocuencia
Araucana, concluye siempre sus cantos anunciando que por
la vana declamación.
entonces suspende la narración, y que la continuara en el si-
Cómo se expliquenJiJsJioiabres agitados^^Pi^una_pa£Íon__
guiente. Bal buen a lo hace aun peor, porque dentro de un
reál,To püette-observar cualquieraT^sta_eñ la conversación
mismo canto corta frecuentemente el hilo; nos advierte de
ordmdriá^TjmTpefsona vivaménte^^ñmcwíc[a7¿a¿/a^ no solo
ello, y nos convida para oir el resto en otra parte. I n o y otro
con cuantos la r o d e a n , sino c o n l o s ausentes,,y~hasta con los
imitaron en esto al Ariosto ; pero esta era precisamente la
objetos maTñTTiat^^ exclama ; sustituye á
parte en que no debieron imitarle. Homero y Virgilio, en los
cuales no hay una sola transición formal, y m u c h o menos re- la' expresión d ? M otrá~marfuerte \ekjrgei% invierte ctor-
vocaciones y reyecciones, eran los modelos que debieron p r o - deñ lógTcd'~de~las'tiiem~pd.v3, conservar~el~del intereTácfúaT;
ponerse. expone con viveza y ardor lo que desea; supone vida, mo-
vimiento é inteligencia en todos los seres; interrumpe él
CAPITULO III. discurso, dejando incompleto el sentido de sus frases; afirma
con juramentos, tal vez imposibles, lo que dicen sus pala-
DE LAS FORMAS P R O P I A S P A R A E X P R E S A R LAS PASIONES.
b r a s ; pregunta, aun cuando nadie haya de responder; y si se
queja de sus desgracias, parece que se complacería en que se
Un escritor francés (I) h a dicho con verdad, que en una agravaran, para tener motivos mas fundados de quejarse.
riña de verduleras se pueden aprender las figuras mejor que A estas diferentes maneras de expresar con verdad y viveza los
en las escuelas de retóricos, porque en efecto, estos no han afectos, lian dado los retóricos los nombres de apostrofe, con-
inventado las maneras de hablar á que llamamos figuradas; minación, deprecación, exclamación, corrección, hipér-
lo que han hecho, ha sido clasificarlas y ponerlas nombres ri- bole, histerología, optacion, prosopopeya, reticencia, im-
dículos y altisonantes las mas veces. I.a naturaleza de las ideas posible, interrogación y permisión. Los recorreré por ó r -
que deseamos expresar y la situación en que nos hallamos, son den alfabético, diciendo en cada uno lo mas importante de
las que nos inspiran, no solo los pensamientos, sino las for- saberse.
mas mismas que les convienen ; el arte nos sirve para evitar
los defectos, que acaso pudiéramos cometer, empleándolas Apostrofe.
intempestivamente. Así, en órden á las de esta tercera clase, Consiste en dirigir la palabra, no al auditorio ó al lec-
si los autores de las composiciones literarias hubieran de ex- tor, con quien respectivamente se está hablando, cuando
presar en ellas siempre sus propias pasiones, nada habría que se arenga ó escribe, sino á alguna otra cosa particular, ya
enseñarles en cuanto á las formas que mejor cuadran a sus sea á una persona verdadera, viva ó muerta, ausente ó
pensamientos, porque en este caso la naturaleza que sugiere la presente, ya á los seres invisibles, ya á los abstractos, ya á
idea, sugiere también el modo mas eficaz de comunicarla. Pe- objetos inanimados. Nada mas común en el lenguaje de las
ro como^ellos están por lo general muy tranquilos cuando es- pasiones : los ejemplos ocurren á cada paso; y solo hay que
criben, y solo se revisten artificialmente de los afectos que de- advertir, que cuando el apostrofe es a cosas inanimadas ó á
sean inspirar á sus lectores, es necesario que el arte les sumi- entidades abstractas, hay ademas la personificación, de que
luego se hablará.
i . • D n m a r s a i s ; y lo propio vino á q n e r e r decir De Brellev cuando o y e n d o j a
conversación de nuos payos, e s c l a m ó : « m e avergüenzo, e n verdad, d e haber gaslado Conminación.
, tantos aiios e n el estudio d e la elocuencia, cuando advierto e n estos h o m b r e s u n a
« c i e r t a retórica de genero mucho m a s persuasivo y m a s elocuente q u e e l u e tonas Consiste en amenazar á uno con castigos ó males terri-
i n u e s t r a s retóricas artificiales.» . , 1 „ i „ i ™ w m i
E s o mismo notan y d e eso misino s e a v e r g ü e n z a n igualmente todos ios n o m o r e s q u e , bles, próximos é inevitables, á fin de intimidarle. En los
como HérmosiUa, saben lo que s e d i c e n . Que los m a e s t r o s t e n g a n , p u e s , por necii, agitados razonamientos que sugieren la ira, la memoria de
por escusada, la nota que Salvá puso e n l a página 103, p o r q u e ni e n esta ni t e l pro.ogo
á que nos r e m i t e , hay cosa alguna capaz d e invalidar lo que v a á decir n u e s u o autor alguna injuria, los zelos y otras grandes pasiones, son comu-
sobre las formas propias para expresar las pasiones.
nistre reglas seguras, para que no equivoquen el verdadero
vieron presente algunos de nuestros épicos. Ercilla, en su
tono de las pasiones, sustituyendo á su irresistible elocuencia
Araucana, concluye siempre sus cantos anunciando que por
la vana declamación.
entonces suspende la narración, y que la continuara en el si-
Cómo se e x p h q u e n J j j s J i o i n b r e s agita^s_por_una_pa^gn__
guiente. Bal buen a lo hace aun peor, porque dentro de un
reál, lo püette-observar cualqui e n H ^ t a _eñ la conversación
mismo canto corta frecuentemente el hilo; nos advierte de
ordmdriá^TjmTpefsona vivaménte^^ñmovíc[a7¿a¿/a^ no solo
ello, y nos convida para oir el resto en otra parte. I n o y otro
con cuantos la r o d e a n , sino c o n l o s ausentes,,y~hasta con los
imitaron en esto al Ariosto ; pero esta era precisamente la
objetos IñaTñTT^ exclama ; sustituye á
parte en que no debieron imitarle. Homero y Virgilio, en los
cuales no hay una sola transición formal, y m u c h o menos re- lá" expresión d ? M otrá~marfuerte \ekwgei% invierte ctor-
vocaciones y reyecciones, eran los modelos que debieron p r o - deñ lógíco~de~lm^ideur^^ conservar~el~del intereTácfúaT;
ponerse. expone con viveza y ardor lo que desea; supone vida, mo-
vimiento é inteligencia en todos los seres; interrumpe él
CAPITULO III. discurso, dejando incompleto el sentido de sus frases; afirma
con juramentos, tal vez imposibles, lo que dicen sus pala-
DE LAS FORMAS PROPIAS PARA EXPRESAR LAS PASIONES.
b r a s ; pregunta, aun cuando nadie haya de responder; y si se
queja de sus desgracias, parece que se complacería en que se
Un escritor francés (I) h a dicho con verdad, que en una agravaran, para tener motivos mas fundados de quejarse.
riña de verduleras se pueden aprender las figuras mejor que A estas diferentes maneras de expresar con verdad y viveza los
en las escuelas de retóricos, porque en efecto, estos no han afectos, han dado los retóricos los nombres de apostrofe, con-
inventado las maneras de hablar á que llamamos figuradas; minación, deprecación, exclamación, corrección, hipér-
lo que han hecho, ha sido clasificarlas y ponerlas nombres ri- bole, histerología, optacion, prosopopeya, reticencia, im-
dículos y altisonantes las mas veces. I.a naturaleza de las ideas posible, interrogación y permisión. Los recorreré por o r -
que deseamos expresar y la situación en que nos hallamos, son den alfabético, diciendo en cada uno lo mas importante de
las que nos inspiran, no solo los pensamientos, sino las for- saberse.
mas mismas que les convienen ; el arte nos sirve para evitar
los defectos, que acaso pudiéramos cometer, empleándolas Apostrofe.
intempestivamente. Así, en orden á las de esta tercera clase, Consiste en dirigir la palabra, no al auditorio ó al lec-
si los autores de las composiciones literarias hubieran de ex- tor, con quien respectivamente se está hablando, cuando
presar en ellas siempre sus propias pasiones, nada habría que se arenga ó escribe, sino á alguna otra cosa particular, ya
enseñarles en cuanto á las formas que mejor cuadran a sus sea á una persona verdadera, viva ó muerta, ausente ó
pensamientos, porque en este caso la naturaleza que sugiere la presente, ya á los seres invisibles, ya á los abstractos, ya á
idea, sugiere también el modo mas eficaz de comunicarla. Pe- objetos inanimados. Nada mas común en el lenguaje de las
ro como^ellos están por lo general muy tranquilos cuando es- pasiones : los ejemplos ocurren á cada paso; y solo hay que
criben, y solo se revisten artificialmente de los afectos que de- advertir, que cuando el apostrofe es á cosas inanimadas ó á
sean inspirar á sus lectores, es necesario que el arte les sumi- entidades abstractas, hay ademas la personificación, de que
luego se hablará.
i. • Dnmarsais; y lo propio vino á qnerer decir De Brellev,cuando oyéndote
conversación de nuos payos, esclamó: « me avergüenzo, en verdad, de haber gastado Conminación.
, tantos afios en el estudio de la elocuencia, cuando advierto en estos hombres una
«cierta retórica de genero mucho mas persuasivo y mas elocuente que el ue tonas Consiste en amenazar á uno con castigos ó males terri-
i nuestras retóricas artificiales.» .
Eso mismo notan y de eso mismo se avergüenzan igualmente tonos ios nomoresque, bles, próximos é inevitables, á fin de intimidarle. En los
como HérmosiUa, saben lo que se dicen. Que los maestros tengan, pues, por necii, agitados razonamientos que sugieren la ira, la memoria de
por escusada, la ñola que Salva puso en la página 103, porque ni en esta ni el pro.ogo
á que nos remite, hay cosa alguna capaz de invalidar lo que va á decir nuesuo autor alguna injuria, los zelos y otras grandes pasiones, son comu-
sobre las formas propias para expresar las pasiones.
tes? Vtinarn tibi istam mentem dii immortales donarenti
nísimas estas amenazas, aun cuando no hayan de verificarse. « Pero qué digo? á tí abatirte ningún reves? tú corregirte ja-
Así es tan oportuna y patética la conminación que Virgilio « mas? tú resolverte á huir? pensar tú en un destierro? ¡Ojalá
pone en boca de Dido , enfurecida al ver que Enéas la aban- « que los dioses inmortales te inspirasen esa i d e a ! » Léase
donaba ( E n e i d a , lib. i v . vers. 3 8 1 ) : todo el pasaje, y se verá cuán propio es este lenguaje supuesta
la situación en que se hallaba Cicerón.
I, sequere Italiamventis, pete regna per undas;
Spero equidem mediis, si quid pía numina possunt,
Supplicia hausurum scopulis, et nomine Dido Deprecación.
Scepe vocaturum. Sequar atris iipiibus absens;
Et, cum frígida mors anima seduxerit arlus; Consiste, como el nombre lo d i c e , en sustituir al simple
Omnibus umbra locis adero; dabis improbe panas. razonamien!o las súplicas y los ruegos. El mismo Cicerón
Audiam; el hwc manes veniet mihi fama sub irnos. tiene una bellísima, en la oracion pro Dejotaro. Aunque es-
Vete pues, y camina en seguimiento taba seguro de que sus argumentos desvanecerían la acusa-
De esa Italia e n t r e fieros aquilones; ción intentada contra su cliente, sobre haber querido ase-
Y surcando las ondas, ambicioso sinar á Cesar, cuando este pasó por sus estados y se h o s -
Busca donde r e i n a r . Mas.... sí, lo espero,
Si algo pueden los númenes piadosos, pedó en su palacio; sin e m b a r g o , conociendo que lo que mas
En medio los escollos el castigo le perjudicaba, no era la calumnia que se le habia levantado,
Hallarás d e tu b á r b a r a perfidia, sino el resentimiento que César podia conservar de que hubiese
Y á Dido muchas veces por su nombre
En vano llamaras. Abandonada, seguido el partido de Pompeyo, trata de aplacar su enojo con
Yo te perseguiré, d e humosa tea esta tierna y patética súplica: Hoc nos primum metu, Ccesar,
La mano a r m a d a ; y cuando ya la fria perftdem, et constantiam, et clementiam tuam libera; ne
Muerte arrancado d e los miembros haya residere in le ullam partem iracundia} suspicemur. Per
El ánima infelice; en todas parles
T e n d r á s mi sombra pavorosa al lado, dexteram te istam oro, quam regí Dejotaro hospes hospiti
Y así, perjuro, pagarás lu c r i m e n . porrexisti; islam, inquam, dexteram non tam in bellis,
Yo lo sabré en el Orco, y esla nueva et in prceliis, quam in promissis, et fide firmiorem. « Ante
Consolará mis manes afligidos.
« todo, oh Cesar, líbranos de este temor (te lo pido por tu inal-
« terable lealtad y tu clemencia), y no nos quede ni aun sos-
Corrección.
« pecha de que pueda conservar tu eorazon la mas pequeña
« parte del antiguo resentimiento. Te lo ruego también por
Consiste en corregir lo mismo que se acaba de expresar.
« esa tu diestra, que como huésped alargaste á Deyotaro
Este modo de hablar resulla de que, cuando estamos agitados
« cuando te hospedó en su c a s a ; esa diestra, digo, mas firme
de alguna pasión, la p r i m e r a idea nos parece d é b i l ; y como
« en cumplir lo que una vez prometiste, y en no faltar á la
que la desechamos, para sustituir otra mas fuerte. Tal es la
a palabra dada, que invencible en las guerras y combates. »
situación en que se debe suponer al que habla, para que esta
figura no sea inoportuna, fria y aun ridicula. Exclamación.
Cicerón las tiene bellísimas: sirvan de ejemplo las siguientes
de la primera Catilinaria. I£stá aconsejando á Catilina que Es, por decirlo así, el grito de las pasiones, ó la expresión
renuncie á sus proyectos, pues ve que están descubiertos, que viva de los afectos del eorazon, como el temor, la espe-
vuelva en s í , que m u d e de conducta, que salga de Roma y ranza, la alegría, etc., y es fácil conocerla, porque c o m u n -
suponga, si quiere, que va desterrado, como j a lo andaba di- mente va acompañada de alguna de las interjecciones, como
ciendo, para hacer odioso al mismo Cicerón; pero inmediata- o h ! a h ! ay! etc. Es inútil citar ejemplos : á cada paso se e n -
mente se corrige de este modo enérgico : Quamquam, quid cuentran ; pero no lo es prevenir á los principiantes que lo pa-
loquor ? te ut ulía res frangal ? tu ut unquam te corrigas? tético de un pasaje no consiste en que se le recargue de estu-
tu ut ullam fugam medilere? ut ullum tu exilium cogi-
diadas exclamaciones. Si no lo es por e f o n d o de lo pen a - atque consistunt. Esta exageración es aqui o p s r t u n s , - 1 p o r -
mientos inútil será que el autor se esfuerze a sup ir la taita que haciendo el elogio de la poesía, es muy natural tomar su
de fuego' con muchos ay.'ay me! mísero! triste! infeliz! lenguaje, y 2.° porque es una alusión á lo que la fábula cuenta
malhadado! y otras vanas halaracas, con que d e Orfeo'y de Amfion, á saber, que con su lira hacia este andar
tores quieren hacer creer, que están ardiendo en v vas llamas las piedras, y amansaba aquel las fieras: hechos fabulosos que
cuando su corazon está helado, ó lo que dicen, es una grandí- en poesía se suponen verdaderos.
sima frialdad. Sin embargo, a u n e n poesía tienen las hipérboles ciertos
Hipérbole. límites que no es permitido traspasar; pero que algunos poetas,
llevados de su ardiente imaginación, traspasan con frecuencia.
Consiste en atribuir á algún ^ ^ ^ Z t f l f r Z l Así Ulloa en su Raquel, hablando del valimiento y gran poder
en rigor le corresponde, pero no en tan alto O^do como de esta h e b r e a , d i c e :
supone el que habla. Esta es u n a especie de ilusión producida
Poco piensa d e sí, cuando consiente
po? las pasiones, y que solo puede pasar, ™ d o suponemos Humilde adoracion d e los mortales,
al interlocutor en el delirio q u e ellas inspiran. Asi, l a regla Si no pasa con ánimo insolente
para juzgar de la oportunidad d e las hipérboles es a de Q u m - A gobernar los astros celestiales.
Si la cansan las noches, obediente,
t i l i a n o , á saber, qu'e aunque lo que se diga ^ a i n — l De Neptuno á los líquidos umbrales,
para el que lo oye, no lo sea para el que toAee.Por tan o O se detiene el sol, ó lo parece;
aunque son permitidas en pasajes tranquilos como en l a , Si la cansan los dias, no amanece.
descripciones, es menester que', aun entonces e l o b j to de que
se h a b l a , sea en sí mismo nuevo, grande, P O » s o de rn - Esto no es engrandecer un objeto abultando moderadamente
nera que la admiración que excite, pueda bacer en la nnag su t a m a ñ o , que es lo permitido en las hipérboles; es hacerle
nación el mismo efecto que u n a pasión njuy violenta E a monstruoso, diforme y extravagante.
figura es g r a n d i o s a ; pero necesita ser empleada con mucho Otros muchos ejemplos pudiera citar, tomados de nuestros
S a d o , porque s i n o es muy n a t u r a l , degenera en conocida poetas de segundo o r d e n , porque en sus composiciones se
hallarán no pocas hipérboles gigantescas, ó mas bien colosales,
como si todos ellos se hubieran desaüado, para ver cual sabia
^ t o o n ' t i e n e alguna que o t r a , que sale ya de los límites desatinar mas en este p u n t o ; pero los omitiré por evitar pro-
prescritos por la razón y el buen gusto. Por e j e m p l o , en a lijidad, y solo daré dos de Lope en su Circe. Hablando del
oración v. contra Venes, d i c e , que s¿ hablara dé las cruel- caballo de Troya dice Eurícolo (canto \ . ) .
dades de este pretor, no ya delante de hombres sino de las
bestias; y lo que es mas, en algún desierto delante de las Castigo f u é también en p a r t e alguna
De haber entrado los troyanos muios
rocas y las piedras; hasta estos seres mudos e inanimados Con invención tan alta, q u e la luna
se conmoverían al oirías. Esta es u n a hipérbole q u e , intro- Temió su sombra en sus cristales puros.
ducida con cierta p r e c a u c i ó n , pudiera p a s a r e n poesía; pero
no en una oracion judicial, p u e s si en estas es permitido exa- y en el canto n dice también Ulíses, hablando del peñasco que
gerar algo los crímenes del acusado, nunca tanto que el p e n - Polifemo tiró contra su n a v e :
samiento resulte f a l s o , como aquí sucede. Para que se vea y tan feroz le arroja
cuánto cuidado es necesario tener con lo que permite o no ei Que la cara del sol retira y moja.
género d é l a composicion, observemos que la misma hiperboie
De este jaez son casi todas las suyas, y las de sus émulos y s e -
es buena en aquel pasaje d e la oracion pro Archia en que
dice que no solo las fieras, sino hasta las soledades y las penas cuaces. . ,
son sensibles á la a r m o n í a del c a n t o : Saxa et soliludmes Téngase presente que no deben confundirse.con las hipér-
voci respondent; bestice sa>pe immanes cantu jlectuntur, boles sugeridas por la pasión, las estudiadas y reflexivas exa-
geraciones, ya en m a s , va en m e n o s , empleadas por los ora- enim ne scelerate dicam in te, quod pro Milone dicam pie)
dores en los tribunales, cuando para acriminar ó disculpar las utinam P. Clodius non modo viveret, sed eliam pmtor,
acciones, llaman crimen atroz á lo que tal vez es un delito cónsul, dictator essetpolius, quam lioc spectaculum vide-
ordinario, ó flaqueza y debilidad á horribles atentados, hijos rem. «Ojalá hiciesen los d i o s e s (perdona, oh patria, pues temo
de la mas relinada malicia. Estas exageraciones y excusas p u e - (i no sea un crimen contra tí proferir lo que en favor de Milon
den ser tolerables en semejantes discursos, porque los jueces « me inspira mi cariño) ojalá Publio Clodio , no solo viviese,
reducirán las cosas á su verdadero valor; pero fuera de este « sinotque fuera también pretor, cónsul, dictador, y que no
caso es menester no decir nunca mas ni menos de lo que exige « viesen mis ojos un espectáculo tan triste.» Nótese el bellí-
la rigurosa verdad. Sin embargo, no se crea que se alta a eüa simo apostrofe á la p a t r i a , y una especie de finísima c o r r e c -
en esas hipérboles ó exageraciones que podemos llamar de ción en las palabras contenidas en el paréntesis; y nótese t a m -
convenio, admitidas y usadas hasta en la conversación, verbi bién la bien observada gradación de p r e t o r , cónsul, dictador.
gracia, mas lijero que el viento, mas pesado que el plomo, Adviértase que cuando se manifiesta deseo de que á otro le
hace un siglo que estoy esperando, y otras infinitas que a suceda algún mal, la optacion tiene en términos del arte el
fuerza de repetirse, han llegado á ser unas como formulas r e - nombre de imprecación; y cuando nos le deseamos a n o s -
cibidas, en las cuales todo el m u n d o , cuando las oye, hace la otros mismos, el de execración. Ejemplos : en la oración pro
rebaja conveniente para que la idea quede exacta. Dejotaro, indignado Cicerón de que un esclavo de aquel
buen rey se hubiese presentado como uno de sus acusadores,
Histerología. prorumpe en esta imprecación : Dii te perdant, jugitive.
« Los dioses te c o n f u n d a n , vil esclavo. » Cervántes pone en
Consiste, como lo indica su nombre (que literalmente signi- boca de Sancho una graciosa execración, cuando D. Quijote
fica locucion prepóstera) en decir primero lo que según el le dice que el mal que le habia causado el bálsamo de F i e r a -
orden lógico de las ideas, y siguiendo el de tiempo, debería brás, le venia de no ser armado caballero: Si eso sabia vuesa
decirse lo último; como cuando Virgilio dice: Moriamur, et merced, replicó Sancho, ¡ mal haya yo y toda mi paren-
in media arma ruamus, «Muramos y arrojémonos en medio tela! ¿para qué consintió que le bebiese?
de las armas enemigas. » Este desorden en las ideas es efecto
de u n a pasión vehemente, que absorbiendo toda nuestra aten- Permisión.
ción , no nos permite cuidar del orden lógico de los pensa-
Consiste en dar á otro licencia para que nos haga males
mientos ; y así solo es permitido en aquel que habla agitado
mayores que los que ya se nos han hecho y de que nos esta-
de alguna gran pasión. Tal se supone á Enéas, en el momento
mos quejando, convidándole á ello con cierto despecho
en que Virgilio pone en su boca las palabras citadas. Fuera de
amargo. Ya se ve que este es el lenguaje de la i r a . de la rabia
semejantes casos este trastorno de las ideas seria un defecto.
y de la desesperación, y que solo puede emplearse en el acceso
de estas pasiones. '
Optación.
El pastor Aristeo en Virgilio [Geórgicas, libro i v . , verso 321)
Consiste en manifestar vivos deseos de alguna cosa, y dirige á su madre Cirene un discurso, cuyos cuatro últimos
ella misma está diciendo que es efecto de las pasiones. Tal es versos contienen un buen ejemplo de esta figura. Se queja de
la ya citada de Cicerón: / Ojalá los dioses inmortales te inspi- que habiéndosele muerto sus abejas de h a m b r e y enfermedad ,
rasen esa idea ! y tal es otra llena de ternura en la oración su madre Cirene (siendo ella diosa, y habiéndole tenido á él de
pro Milone. Hablando del dolor que le causaba ver á Milon Apolo) le abandone en semejante cuita; y despues de otras p a -
acusado como reo de pena capital; Milon, á quien él. debia téticas exclamaciones con que la echa en cara su indiferencia,
tantas obligaciones; Milon , que sin el suceso casual de la dice q u e , si no está c o n t e n t a , destruya también sus árboles,
muerte de Clodio iba á ser electo cónsul etc., dice: Utinam mieses, vinas y ganados; la convida á e l l o , y como que se lo
dii immortales fecissent {pace luá, patria, dixerim; metuo permite, en estos términos:
Ouin aqe, et ipsa manum felices erue silva. «sulado. » Scio quam tímida sit ambitio, quantaque, et
Fer stabulis inimicum ignem, atañe tnterfice messes, quam sollicita cupiditas consulatus.
Ure sata, et validam in vites molire bipennem, Las prosopopeyas de segundo grado, es decir, aquellas en
Tanta mece si te ceperunt tatdia laváis.
que introducimos seres inanimados obrando como si tuvieran
Si n o estás satisfecha, por tu m a n o vida, son ya mas fuertes, y no pueden emplearse, sino en
Arranca m i s lozanas arboledas,
Cual enemigo incendia mis establos, composiciones que exijan cierto grado de elevación, parti-
La mies destruye, los sembrados q u e m a , cularmente si son de prosa. La poesía las admite aun en ge-
Y el hacha de dos filos poderosa neres fáciles y de no elevado tono, como en las epístolas y dis-
Contra la tierna vid esgrime airada, cursos. Así es oportuna y bellísima esta de Rioja:
Si te es tan enojoso e l n o n o r mío.

Esto alude á que los árcades le veneraban como á una deidad, La codicia, en las manos de la suerte,
Se arroja al mar, la ira á las espadas,
porque les babia enseñado el arte de la agricultura. Y la ambición se rie de la muerte.
Prosopopeya ó personificación. Aquí están personificadas la codicia, la suerte, la ira y la
ambición, seres abstractos; pero el poeta, no contento con
Consiste en atribuir cualidades propias dé los seres ani- darles simples epítetos propios de los objetos animados, los
mados y corpóreos [particularmente de lo* hombres) a ÍM pone en acción, con tal oportunidad y valentía, que Horacio
inanimados, ü los incorporeos y a los «bjtractos. VejM mismo, si volviese al mundo y escribiese en castellano, podría
definición resulta que son cuatro los grados de la prosopopeya. honrarse con este terceto, en que todo es poético, todo perfecto,
V cuando simplemente se dan á objetos inanimados o incor- todo del mejor gusto.
póreos epítetos que solo convienen á los animados y corpóreos. En prosa es también valentísima una de Cicerón en la citada
2 o cuando se introducen los inanimados, obrando como si t u - oracion pro Milone. Habiendo probado que las leyes romanas
vieran vida: 3 o cuando se les dirige la p a l a b r a como si pudiesen permitían alguna vez matar á un h o m b r e , como al ladrón noc-
entender lo que les decimos; y 4 o cuando los introducimos Ha- turno, y aun al de dia si iba a r m a d o , y en otros varios casos,
blando ellos mismos. . ^„rrpn concluye así su razonamiento: Quis est igitur qui, quoquo
Ejemplos de personificaciones de la p r i m e r a clase ocurren modo quis interfectus sit, puniendum putet, curn videat
hasta en la conversación ordinaria, c u a n d o damos a las cuali- aliquando gladium nobis ad occidendum hominem ab ipsis
dades en abstracto epítetos, que en rigor s o l o convienen ai porrigi leqibus? « ¿Quién habrá pues que juzgue que si un
sugeto en que se hallan : como si decimos que la ignorancia « hombre ha sido muerto, de cualquier modo que sea, se ha de
es atrevida, que la avaricia es insaciable, y otras e x p r e - « castigar necesariamente al matador, cuando está viendo que
siones semejantes; en las cuales hay a d e m a s , como luego ve- « alguna vez las mismas leyes nos ponen la espada en la mano
remos, traslación de significado. Estas lijeras personificaciones « para cometer una muerte? »
suponen tan poca agitación en el que h a b l a , que pueden Mi- Las de tercer grado suponen ya tan acalorada la imaginación
trar sin violencia en la composición minos elevada, con del que habla y tan conmovido su ánimo, que jamas pueden
tal que no se vea que han sido buscadas con demasiado es- tolerarse en prosa, á no ser en pasajes muy patéticos de
tudio. Cicerón tiene entre otras una m u y n a t u r a l , en la oración composiciones oratorias. Tal es una que Cicerón aventuró en
pro Milone. Demostrando lo absurdo d e que Milon hubiese la misma oracion. Hablando del paraje en que se verificó la
intentado asesinar á Clodio en un tiempo en q u e , estando ya muerte de Clodio, apostrofa á los collados y bosques de Alba,
casi seguro de ser nombrado cónsul, n o era posible que ei cuya santidad habia violado aquel en cierto m o d o , levantando
mismo quisiese perder, cometiendo un c r i m e n , el fruto de todo inmensos y lujosos edificios en terrenos que la religiosidad de
lo que había trabajado para ganarse el afecto del pueblo; dice los siglos anteriores habia respetado. Vos, ó Albani tuntuli
« yo mismo sé por experiencia cuan tímida es la ambición, y atgue lucí, vos imploro et obtestor, etc. « A vosotros invoco,
« cuán llena está de sustos y zozobras l a pretensión del con-
• -

« collados y bosques de Alba, á vosotros os pongo por testi- paseado contento y alegre; y luego se ve obligado á sepa-
« gos, etc. » Véase todo el pasaje en el original. Alguna otra rarse de ellos, especialmente si sabe (ó teme) que no ha de
tene en la misma oracion, aunque ménos fuerte, como el apos- volver á verlos; apenas puede dejar de tener el mismo sen-
trofe á la patria que ya hemos visto ; pero están en pasajes ve- timiento que si dejara unos amigos antiguos. También era
hementes y patéticos, lin poesía son mas frecuentes estas muy natural entre los gentiles, aunque por otrá'razon, que el
apostrofes á objetos inanimados ; mas siempre se requiere que que llegaba nuevamente á un pais, saludase con respeto á las
sean dictadas por alguna gran pasión, señaladamente la del fuentes, rios, valles y árboles que se ofrecían á su vista. Todos
dolor y de la tristeza. Cuando nuestro ánimo está vivamente estos objetos eran para ellos sagrados, porque estaban bajo la
conmovido por afectos tiernos, melancólicos recuerdos é i m - protección especial de algún genio, ninfa ó deidad; y así salu-
presiones dolorosas, hablar entonces con las cosas que tienen darles era lo mismo que adorar á los númenes sus protectores
relación con las que fueron otro tiempo objeto de nuestro ca- ó guardianes.
riño y de nuestra t e r n u r a , es hablar el lenguaje de la n a t u r a - Las de la cuarta clase son mas atrevidas aun, y así en prosa
leza. Así no puede darse una cosa mas tierna, y mas propia de solo vienen bien en arengas públicas de mucho aparato, y
la situación, que la apostrofe de Dido á la espada y demás ob- sobre asuntos muy importantes. Tales son los dos razonamien-
jetos que habían sido de Enéas : , tos que Cicerón pone en boca de la patria en la primera Cali-
linaria, uno dirigido á Catilina y otro al mismo Cicerón. El
. Dulces exuviœ, dum fata deusque sinebant, primero es muy natural; el segundo no lo es tanto, porque en
Accipite hanc animam, meque his exsolvite curis. él se descubre un poco el artificio retórico. En las composicio-
O dulces prendas, mientras que los hados nes poéticas muy elevadas, como las odas heroicas, pueden
Y dios lo permitieron; esta vida, introducirse con frecuencia.
Recibid, y acabád con mi tormento. Para emplear con oportunidad la personiGcacion, téngase
presente lo ya indicado : á saber, que debiendo ser dictada p o r
También es muv natural en Milton la apostrofe con que Eva se
alguna pasión, jamas se introduzca en pasages enteramente
despide del Paraíso al tiempo de dejarle, y en Sófocles la de
tranquilos, sino en aquellos en que la persona que habla, se
Filoctétes á los puertos, promontorios y penas de Leamos,
supone mas ó ménos conmovida, según sea la personificación
cuando va á salir de esta isla : véanse en la obra de Blair. Se
que se quiere poner en su boca. Para las de primer grado bas-
mojantes despedidas, que á primera vista pudieran .mrars
ta una lijera agitación en el ánimo, ó cierta exaltación en la fan-
como violentas, afectadas é hijas del estudio del escritor, pa e
tasía, producidas ambas por lo interesante del asunto. Para las
cen sin embargo inspiradas por la misma naturaleza si se m
segundas se requiere ya una pasión mas fuerte, pero no tan
troducen con oportunidad. Porque no solo en los poetas, sin
vehemente ni profunda como en las de tercer orden. Las del
en la vida real se ven personas que, estando para morir s
cuarto suponen un grande entusiasmo, que arrebate y enajene
despiden patéticamente del sol, de la luz y de o s o t r o s o b ^ t o
la imaginación del orador ó del poeta. Si las prosopopeyas no
insensibles que las rodean. Así parece tan natural y tan sen
se emplean con esta oportunidad, serán á los ojos de un l e c -
cilla aquella apostrofe de Fedra en Ráeme :
tor juicioso pura y vana declamación.
Soleil ! je te viens voir pour la dernière fots. Ademas es menester también tener presente que, aun sien-
do la situación favorable para usar de personificaciones, no se
A verte vengo, ó sol, la vez postrera.
pueden personificaren escritos serios cosas inanimadas que n o
• Fsto se funda, como observa muy bien el indicado Blair en tengan en sí cierta dignidad, sobre todo si se las dirige la pa-
nue i Z mucho tiempo ha estado uno acostumbiado labra. Una persona, afligida por la m u e r t e de un padre ó de
Urta clasede objetos, los cuales han hecho en su magm un amigo, puede muy bien hablar con su cadáver, como si este
cionuna irñpres io n fu eri e, como à la casa en que lia vivid fuera capaz de escucharle, porque el dolor que le causa su pér-
f Z Z c h o años, a los campos 6 bosques por donde se ha dida, produce en cierto modo y autoriza esta especie de ilu-
— m -

sion; pero hablar con la mortaja, es, como dice Blair, una
frialdad que ne puede nacer del corazón. estas señaladas palabras : Sed stomachari desinamus. « Pero
a este nuestro Magno... Mas dejemos esto, bueno solo para in-
También es conveniente no prolongar demasiado las apos-
« comodarse uno. » La expresión latina stomachari es mas
trofes á objetos inanimados. La pasión inspira ciertamente al-
enérgica; pero literalmente traducida, es baja. El Quos ego...
guna vez un deseo casi irresistible de hablar con ellos, y decir-
sed motos prcestat componere fluctus, e n el d i s c u r s o d e N e p -
les algunas tiernas y cortas expresiones de dolor ó de cariño;
t u n o á los vientos ( lib. I de la Eneida) es otra reticencia o p o r -
pero entrar con ellos en una larga conversación, ni la n a t u r a -
t u n a y enérgica.
leza lo sugiere, ni el gusto lo aprueba.
Concluiré lo perteneciente á las personificaciones añadien- Imposible ó adi'naton.
do, para que se entiendan los términos técnicos, que cuando
se introduce hablando una persona verdadera, pero ya muer- Es u n a especie de juramento, y consiste en asegurar que
ta, llaman á esto algunos idolopeya, como si dijéramos, per- primero se trastornarán las leyes de la naturaleza en el
sonificación de la sombra ó imagen de alguno; y que suele orden físico ó moral, que se verifique ó deje de verificarse
referirse también á la prosopopeya el artificio, con que los o r a - un suceso.
dores ponen algún razonamiento en boca de una persona verda- Así dice Virgilio en su primera Égloga por boca de Títiro
dera y viva : Así lo hace Cicerón, pro Roscio Amerino, supo- #
Ante leves ergo pascentur in wthere cervi,
niendo que el reo apostrofa con vehemencia á los acusadores, Et freta destituent nudos in littore pisces ;
y les dice : Patrem meum, cum proscriptas non esset, ju- Ante, pererralis amborum finibus, exul,
gulastis; occissum, in proscriptorum numerum retulistis; Aut Ararím Parthus bibet, aut Germania Tigrim ;
Quam nostro illius labatur pectore vultus.
me domo mea pervim expulistis; patrimonium meumpos-
sidetis: quid vultis amplius ? « A mi padre, sin que hubiese Primero pacerán lijeros gamos
« sido proscripto, le degollasteis, y despues de muerto le p u - En la etérea región, y á las orillas
Sus peces dejara la mar en seco ;
<1 sisteis en la lista de proscripción; á mí me habéis arrojado Primero, abandonando sus confines,
« violentamente de mi casa, y poseéis mi patrimonio; ¿ q u é Del Sona beberá prófugo el Parto,
« mas queréis?» Sin embargo, téngase entendido que, cuando Y el Germano del Tigris; que del pecho
Mio se borre su celeste imagen.
solo se refiere un razonamiento fingido de persona verdadera
y viva, no hay en rigor prosopopeya; hay la otra forma que El Taso imitó, variando oportunamente los ejemplos, este p a -
los retóricos llaman dialogismo, de que luego se hablará. saje de Virgilio, diciendo p o r boca de Silvia :
Quando io dirò, pentita, sospirando,
Reticencia. Queste parole ch'or tu fingi ed orni
Come à te piace, torneranno i fiumi
Consiste en dejar incompleta una jrase ya comenzada, Alle lor fonli, è i lupi fuggiranno
Dagli agni, ¿7 veltro le timide lepri;
sin acabar de enunciar el pensamiento. Esta repentina in- Amerà l'orso il mare, è'I del fin l'alpi.
terrupción del discurso no puede parecer n a t u r a l , sino en un {Aminta, acto I, escena i.)
acceso violento de ira, de espanto ó de otra pasión, y por tanto
no debe emplearse sino en semejantes situaciones. Así Cicerón, Pasaje, que como todo el resto de esta pastoral, tradujo nues-
hablando (en una carta) de los proyectos ambiciosos de César, tro Jáuregui en verso suelto con toda la fidelidad y exactitud
de la destreza y actividad con que se preparaba á ponerlos en que va á verse, diciendo :
ejecución, de la indolente seguridad de Pompevo, de su necia Cuando yo, arrepentida y suspirando,
presunción, y de la lentitud de sus preparativos, y empezando Esas palabras diga
á hacer el paralelo entre la conducta de ambos por esta frase, Que tú finges y adornas á tu gusto,
At noster hic Magnus, interrumpe indignado su discurso con Hácia sus fuentes volverán los rios;
Huirá el hambriento lobo del cordero,
bierno del Estado tú has sostenido siempre los intereses de
El galgo de la liebre; amará el oso los enemigos, yo los de la patria. Se debe suponer que en el
El mar profundo y el delfín los Alpes. original, cuya enérgica concision es imposible conservar, tiene
Aquí el original está traducido casi palabra por palabra, y sin mucha mas gracia este pasaje.
embargo queda muy bien en castellano. No hay mas que las
lijeras alteraciones de haber suprimido el epíteto de tímidas CAPITULO IV.
que el Taso da á las liebres, y haber dado el traductor los de,
D E LAS FORMAS QUE S I R V E N P A R A P R E S E N T A R LOS P E N S A M I E N T O S
•profundo al mar, y hambriento al lobo; buenos epítetos para
CON CIERTO D I S F R A Z 6 DISIMULO , CUANDO ASÍ CONVENGA.
el fin que se propone el poeta.
Interrogación. En las composiciones literarias, y hasta en la conversación
familiar, es necesario á veces hablar de objetos, ó torpes, ó
Consiste en hablar preguntando, no para que realmente asquerosos, ó ignobles en sí mismos, y de ideas que, si bien
nos respondan, sino para dar mas fuerza á lo que decimos. nada tienen de indecentes, no conviene por ciertos respetos
Si á la pregunta añadimos nosotros la respuesta, se llama sub- que se enuncien directamente. En ambos casos, léjos de que
yeccion. _ . debamos comunicar abierta y francamente los pensamientos,
De simples interrogaciones no es necesario citar ejemplos . se hace preciso presentarlos con cierto disfraz y de una mane-
á cada paso se hallan en todo género de escritos. De subvec- ra oblicua, que no dejando duda sobre su verdadera inteligen-
cion puede serlo entre otros aquel pasaje de Cicerón, pro cia, no muestre sin embargo los objetos en toda su deformi-
Lege maniliá, en que respondiendo al argumento, con que dad, ó de un modo desagradable á los oyentes ó lectores. Hay
Catulo habia combatido la ley propuesta, á saber, que no con- también ocasiones en que al escritor le conviene llamar la
venia hacer novedades contra los antiguos usos; enumera por atención hacia alguna cosa de que entonces no t r a t a ; pero que
preguntas y respuestas todas las novedades que ya se babian tiene con su asunto cierta conexion que importa recordar ó
hecho en otras ocasiones, y en favor del mismo Pompeyo. hacer sentir como de paso. La naturaleza sugiere en todos es-
Quid enim tam novum, dice, quam adolescentulum, pri- tos casos ciertos rodeos é inocentes artificios para insinuar lo
vatum, exercitum difficili reipublicie tempore conficere? que no queremos decir abiertamente; y el hombre mas ilitera-
Confecit, etc. «Qué mayor novedad que la de que un joven, y to los está empleando toda su vida sin saber qué son figuras de
« entonces simple particular, levantase un ejército por su retórica, así como el villano caballero de Moliere, hablaba
« cuenta y en tiempos tan difíciles? — Pompeyo le levan- prosa sin saberlo. Porque como ya he observado, las varias
« tó etc. » maneras que hay de presentar los pensamientos, maneras á
Debe advertirse que algunos dan el nombre de subyeccion a las cuales se ha dado el nombre de formas ó figuras, por
una serie de pensamientos, en la cual cada uno de estos va cierta analogía que tienen con lo que se llama forma ó figura
acompañado de otro correlativo que le sirve de ilustración ó de los cuerpos, no son invención de los retóricos : son modifi-
de causal, ó contrasta con él bajo cualquier respeto que sea. caciones del pensamiento, que resultan de su naturaleza, ó de
Como esta forma es la que se emplea en los paralelos, citaré, la situación moral y la intencion-del que habla. Así en el caso
porque es muy bello, el que Demóstenes hizo entre su vida presente los retóricos no han inventado las maneras oblicuas
pública y la de Esquines, en la famosa oracion pro Corona. de comunicar los pensamientos; lo que han hecho, ha sido
Dice a s í : Fuiste maestro de niños, yo concurría á la escue- buscar nombres lécnicos con que distinguirlas unas de otras, y
la: fuiste ministro subalterno en las iniciaciones, yo era hacer despues algunas observaciones sobre el modo de em-
iniciado : fuiste danzante, yo costeaba las danzas: fuiste plearlas. Estas observaciones pues son las que indicaré breve-
amanuense del secretario en las juntas públicas, yo era el mente bajo los títulos en que se hallan distribuidas; pues aun-
orador que hablaba al pueblo : fuiste tercer galan, yo era que algunos de ellos no están muy bien escogidos, se hallan
espectador: hiciste mal tu papel, yo le silbaba: en el go- 8..
bierno del Estado tú has sostenido siempre los intereses de
El galgo de la liebre; amará el oso los enemigos, yo los de la patria. Se debe suponer que en el
El mar profundo y el delfín los Alpes. original, cuya enérgica concision es imposible conservar, tiene
Aquí el original está traducido casi palabra por palabra, y sin mucha mas gracia este pasaje.
embargo queda muy bien en castellano. No hay mas que las
lijeras alteraciones de haber suprimido el epíteto de tímidas CAPITULO IV.
que el Taso da á las liebres, y haber dado el traductor los de,
D E LAS FORMAS QUE S I R V E N P A R A P R E S E N T A R TOS P E N S A M I E N T O S
•profundo al mar, y hambriento al lobo; buenos epítetos para
CON CIERTO D I S F R A Z 6 D I S I M U L O , CCAXOO ASÍ CONVENGA.
el ün que se propone el poeta.
Interrogación. En las composiciones literarias, y hasta en la conversación
familiar, es necesario á veces hablar de objetos, ó torpes, ó
Consiste en hablar preguntando, no para que realmente asquerosos, ó ignobles en sí mismos, y de ideas que, si bien
nos respondan, sino para dar mas fuerza á lo que decimos. nada tienen de indecentes, no conviene por ciertos respetos
Si á la pregunta añadimos nosotros la respuesta, se llama sub- que se enuncien directamente. En ambos casos, léjos de que
yeccion. _ . debamos comunicar abierta y francamente los pensamientos,
De simples interrogaciones no es necesario citar ejemplos . se hace preciso presentarlos con cierto disfraz y de una mane-
á cada paso se hallan en todo género de escritos. De subvec- ra oblicua, que no dejando duda sobre su verdadera inteligen-
cion puede serlo entre otros aquel pasaje de Cicerón, pro cia, no muestre sin embargo los objetos en toda su deformi-
Lege maniliá, en que respondiendo al argumento, con que dad, ó de un modo desagradable á los oyentes ó lectores. Hay
Catulo habia combatido la ley propuesta, á saber, que no con- también ocasiones en que al escritor le conviene llamar la
venia hacer novedades contra los antiguos usos; enumera por atención hacia alguna cosa de que entonces no t r a t a ; pero que
preguntas y respuestas todas las novedades que ya se babian tiene con su asunto cierta conexion que importa recordar ó
hecho en otras ocasiones, y en favor del mismo Pompeyo. hacer sentir como de paso. La naturaleza sugiere en todos es-
Quid enim tam novum, dice, quam adolescentulum, pri- tos casos ciertos rodeos é inocentes artificios para insinuar lo
vatum, exercitum difficili reipublicce tempore conficere? que no queremos decir abiertamente; y el hombre mas ilitera-
Confecit, etc. «Qué mayor novedad que la de que un joven, y to los está empleando toda su vida sin saber qué son figuras de
« entonces simple particular, levantase un ejército por su retórica, así como el villano caballero de Moliere, hablaba
« cuenta y en tiempos tan difíciles? — Pompeyo le levan- prosa sin saberlo. Porque como ya he observado, las varias
« tó etc. » maneras que bay de presentar los pensamientos, maneras á
Debe advertirse que algunos dan el nombre de subyeccion a las cuides se ha dado el nombre de formas ó figuras, por
una serie de pensamientos, en la cual cada uno de estos va cierta analogía que tienen con lo que se llama forma ó figura
acompañado de otro correlativo que le sirve de ilustración ó de los cuerpos, no son invención de los retóricos : son modifi-
de causal, ó contrasta con él bajo cualquier respeto que sea. caciones del pensamiento, que resultan de su naturaleza, ó de
Como esta forma es la que se emplea en los paralelos, citaré, la situación moral y la intencion-del que habla. Así en el caso
porque es muy bello, el que Demóstenes hizo entre su vida presente los retóricos no han inventado las maneras oblicuas
pública y la de Esquines, en la famosa oracion pro Corona. de comunicar los pensamientos; lo que han hecho, lia sido
Dice a s í : Fuiste maestro de niños, yo concurría á la escue- buscar nombres técnicos con que distinguirlas unas de otras, y
la: fuiste ministro subalterno en las iniciaciones, yo era hacer despues algunas observaciones sobre el modo de em-
iniciado : fuiste danzante, yo costeaba las danzas: fuiste plearlas. Estas observaciones pues son las que indicaré breve-
amanuense del secretario en las juntas públicas, yo era el mente bajo los títulos en que se hallan distribuidas; pues aun-
orador que hablaba al pueblo : fuiste tercer galan, yo era que algunos de ellos no están muy bien escogidos, se hallan
espectador: hiciste mal tu papel, yo le silbaba: en el go-
en los autores, y es menester saber lo que significan. No daré
sin embargo la lista de todos los que se leen en los tratados Vendrá la temerosa
escolásticos : hablaré de aquellos solamente que designan cier- Noche, de nieblas y de vientos llena
tas maneras linas é ingeniosas de enunciar indirectamente los Marchitará la rosa
Purpúrea, y la azucena
pensamientos. Nevada mustia tornará de amena.
Estas son llamadas Alegoría, Alusión, Dialogismo, Dubi-
Aquí hay varias alegorías; pero no todas buenas. La contenida
tación, Extenuación, Parresia, Perífrasis, Pretermisión
é Ironía. en la segunda estrofa, que en suma significa antes que seas
vieja, es enteramente de mal gusto : \ p o r q u e llamar á una
Alegoría. r u b i a cabellera dorada cumbre de relucientes llamas de oro,
es impropio é h i n c h a d o ; y 2." porque lo de que cuando ya
De esta volveré á hablar, cuando trate de las expresiones de esté húmeda y argentada, esto es, cana, quedará inútil te-
sentido figurado; pero aunque pertenece á estas, en cuanto se soro consagrado al errante y Jijo coro (el de las estrellas), es
toman las palabras en una acepción secundaria, es al mismo una estudiadísima y oscurísima alusión á la cabellera de Bere-
tiempo una de las maneras de presentar los pensamientos con nice trasformada en constelación : alusión que pocos de los
cierto disfraz, y por consiguiente una de las formas que con lectores entenderán. La de la última estrofa, la cual quiere d e -
esta mira podemos dar al discurso. La oda x i v del libro i . de cir, vendrá la vejez, y marchitará la flor de tu belleza, es
Horacio O navis etc. es una bellísima alegoría en la cual, bajo bastante clara y natural, y está bien sostenida.
la imagen de un bajel, hace ver el poeta á los romanos los
males que les amenazaban, si Augusto dejaba el gobierno. Alusión.
Nuestro Francisco de la Torre tiene una bastante buena imita- Consiste en llamar la atención hácia alguna cosa que en-
ción de ella en la suya que empieza : Tirsis! ah Tirsis! y tonces no se nombra, lo cual se consigue empleando cierta
merece ser leida; pues aunque no llega á la perfección del expresión que indirectamente, y en virtud de la conexion
modelo, n o es de lo peor que hay en nuestro Parnaso. No tras- de las ideas, excite aquella que se quiere recordar. Así cuan-
lado aquí ni una ni otra, porque son demasiado largas; y para do Cervántes dice que D. Quijote, hallándose ya al anochecer
ejemplo citaré otras mas cortas del mismo la Torre, lín la oda cansado y muerto de hambre, y mirando á todas partes por
que empieza, Mira, Filis, exhortando á esta á que goze de la ver si descubría algún castillo ó alguna majada de pastores
vida miéntras es joven, funda sus consejos en varios símiles, adonde recogerse y donde pudiese remediar su mucha necesi-
y concluye a s í : dad, vio no lejos del camino una venta, que fué como si viera
una estrella que á los portales, si no á los alcázares de su
Agora que el oriente redención le encaminaba; alude manifiestamente á la estrella
De tu belleza reverbera, agora de los tres Magos. Cuando F r . Luis de Leon en la oda x i u . ,
Que el rayo trasparente
De la rosada aurora hablando de lo peligroso que es mirar y escuchar á una mujer
Abre tus ojos y lu frente dora; hermosa, dice así :

Antes que la dorada Si á ti se presentare,


Cumbre de relucientes llamas de oro, Los ojos, sabio, cierra; firme alapa
Húmeda y argentada, La oreja, si llamare;
Quede inútil tesoro, Si prendiere la capa,
Consagrado al errante y fijo coro: Huye; que solo aquel que huye, escapa:
i
en el siprendiere la capa, alude visiblemente á la historia
Que apenas se restaura del casto Josef. Nótese de paso qué mal efecto hace el j u g u e -
lil contento pasado, tillo de voces capa, escapa, traído por el consonante.
Como el dia de ayer y el no gozado.
Las alusiones pueden hacerse á algún pasaje de la historia
ó de la fábula, á hechos, usos, costumbres y dichos de los enamorarse, y se decia á sí mismo : Si yo por malos de mis
particulares, á sus nombres propios, y á una palabra, c u a l - pecados, ó por mi buena suerte, me encuentro por ahí
quiera que sea. Seria tan prolijo como inútil traer ejemplos con algún gigante, como de ordinario les acontece á los
de todas estas especies de alusiones; las ya citadas, que son caballeros andantes; y le derribo de un encuentro, ó le
relativas á hechos históricos, bastan para que se vea en qué parto porcia mitad del cuerpo, ó finalmente le venzo o le
consiste esta forma. Solo debo prevenir, que en obras de es- rindo; ¿no será bien tener á quien enviarle presentado, y
tilo grave y elevado deben referirse á objetos nobles; que que entre, y se hinque de rodillas anle mi dulce señora, y
las que se refieren á nombres propios, y en general á las diga con voz humilde y rendida : Yo, señora, soy el gi-
palabras, solo pueden entrar en las cartas y en composi- gante Caraculiambro, señor déla ínsula Malindrania, a
ciones tijeras y jocosas, corno los epigramas; y sobre todo, quien venció en singular batalla el jamas como se debe
que cualquiera que sea la alusión, y cualquiera que sea la alabado caballero D. Quijote de la Mancha, el cual me
obra en que se emplee, sea siempre clara y fácil de adivi- mandó que me presentase ante la vuestra merced, para que
nar. Contra esta regla importante pecan también frecuente- la vuestra grandeza disponga de mí á su talante? Igual-
mente los mas de nuestros poetas, los cuales, por ostentar mente hermoso es el otro soliloquio que poco despues pone
erudición, andan como á caza de remotísimas y oscurísimas en boca de Don Quijote en su primera salida, cuando supone
alusiones. Acabamos de ver un ejemplo en la del bachiller la que por el camino iba hablando consigo mismo y diciendo :
Torre á la cabellera de Berenice, y como ella pudiera a c u m u - ¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, etc. Véase
lar aquí millares; pero no es necesario. No hay mas que abrir en el original.
por donde se quiera las obras de Lope, Balbuena, Quevedo, También suele referirse al dialogismo, aunque en realidad
Calderón y otros, y se encontrarán á cada paso. Sin embargo, es una especie de preterición, el artificio de que á veces se
alguna vez tienen una que otra alusión feliz y bien expresada. valen los oradores, para decir ciertas cosas sin que parezca
Tal es esta de Lope en la Jerusalen, lib. x v m : que las dicen; cuyo artificio consiste en que, aun hablando en
su n o m b r e , hacen el discurso hipotético, diciendo que si se
N o llore d e Baldac sobre los ríos
hubieran hallado en tales ó cuales circunstancias, hubieran
El cautivo Israel tristes m e m o r i a s
De la dulce Sion, n i d e q u e c u e l g u e dicho esto ó aquello, ó que si se hallan, lo d i r á n ; o que lo h u -
La lira al sauce el babilon, s e h u e l g u e . bieran dicho ó lo d i ñ a n , si no los hubiesen contenido o con-
tuviesen tales respetos etc. De esta especie de dialogismo, que
Aquí, como que habla de Jerusalen, alude felizmente á las
es la mas fina y oratoria, tenemos un excelente ejemplo en la
tiernas expresiones del salmo Super flumina Babylonis. Es-
arenga que Livio pone en boca de Catón el censor, cuando se
tos cuatro versos son hermosos; nada hay en ellos que sea fal-
trató de revocarla ley dada durante la segunda guerra púnica,
so, afectado ó de mal gusto : la alusión es noble y oportuna.
para que las matronas no pudiesen tener alhajas de oro y plata
sino basta cierta cantidad. Las romanas, que ya habían tomado
Dialogismo.
el gusto al l u j o , llevaban á mal esta prohibición, y sabiendo
Consiste en referir textualmente un discurso fingido de que aquel día se iba á tratar de si convenia ó no levantarla,
persona verdadera, pero viva, ausente ó presente, que ha- pasadas ya las fatales circunstancias que la habían motivado,
bla con alguna otra, verdadera también y viva. Si habla salieron de sus casas, y recorrieron las calles pidiendo a cuan-
consigo misma, se llama soliloquio. tos ciudadanos encontraban que revocasen la ley. Catón, que
De una y otra clase hay un excelente ejemplo en aquel pa- era cónsul aquel año, y al venir al foro, había observado es e
saje graciosísimo, en que Cervantes s u p o n e que D. Quijote, escandaloso desorden de las matronas, dice, tocando este
limpias ya sus armas, hecha del morrion celada, puesto n o m - p u n t o , en su elocuente discurso sobre que se mantenga a ley
bre á su caballo, y conlirmádose á sí mismo, se dió á entender Nisi me verecundia majestatis, et pudoris singularum
que no le faltaba otra cosa sino buscar una d a m a de quien magis, quam universarum tenuisset, ne compellatce a con-
sule viderentur, dixissem: Qui hic mos est m publicum d m sobre lo que debe hacer ó decir, cuando en realidad
proeurrendi, et obsidendi vias, et viros alíenos appellan- lo tienr ya resuelto; porque si verdaderamente esta dudosa,
di? Islud'-'psum suos quccque domi rogare non potuistis? n o hay artificio ni disimulo, pues no hace mas que manifestar
Aut blandiores in publico, quatn in privatofet alienis, f r a n c a m e n t e lo que pasa en su interior.
quarn vestris estis? Quamquam ne domi quidem vos, si Adviértase que como la duda real, esto es, la p e r p l q i d a d
sai juris finibus matronas contineret pudor, quce leges hic é irresolución sobre el partido que debe tomarse en alguna
rogarentur, abrogarenturve, curare decuit. « Si los respe- ocurrencia extraordinaria é imprevista, es efecto del estado de
(i tos debidos á su dignidad y el temor de sonrojarlas, mas turbación en que nos ponen las pasiones; debe miraise ía
« bien á eada una en particular que á todas en c o m ú n , n o dubitación como forma propia de estas, cuando se pone en
« rae hubiesen detenido, porque el pueblo no viese que el boca de alguna persona que se introduce hablando por proso-
o cónsul las reprendía, las hubiera dicho : ¿qué costumbre es popeya ó dialogismo, ó como personaje histonco ; pero si na-
« esta de presentarse así en público, de llenar las calles, y de bla el orador ó el escritor, es una verdadera ficción de que se
« pararse á hablar con hombres que no son vuestros maridos? vafe, para presentar su pensamiento con cierta disimulada
« ¿No pudo cada u n a hacer esa misma súplica al suyo allá en finura, que le da mas fuerza. . .
« lo interior de su casa? ¿O sois acaso mas afables en público No puede citarse mejor ejemplo de las primeras que el prin-
u que en secreto, y mas con los ajenos que con los propios ? cipio de la arenga que Livío pone en boca de Escipion, c u a n -
« Sin embargo de que ni aun en vuestra casa, si las matronas do, al hablar por la primera ve/, con los soldados que d u r a n t e
« se contuviesen dentro de ios límites que las prescribe el su enfermedad se habían amotinado y rebelado contra sus l e -
« pudor, debisteis curaros de saber qué leyes se iban á e s t a - gítimos gefes, les dice : Ad vos quemadmodum toquar, nec
« blecer aquí ó á revocar.» Esta es una manera muy fina de consilium, nec oratio suppeditat, quos, ne quo nomine
dirigir una amarga reprensión á las romanas sin que parezca quidem appellare debeam, scio. Cives ? qui a patria vestra
que lo hace; y por este ejemplo se puede conocer en qué con- deciistis. An milites ? qui imperium auspiciumque tia-
siste este artificioso fingimiento que, como se vé, es cosa muy buistis, sacramenti religionem rupistis. líos tes? cor por a,
distinta de la prosopopeya. Esta especie de preterición y el ora, vestitum, habüum civium agnosco: Jacta, dicta, con-
dialogismo propiamente tal son de grandioso efecto en la o r a - silia, ánimos liostium video. « Al hablar con vosotros ni ra-
toria, si se manejan bien y se emplean con la debida opor- c zones encuentro ni palabras, pues ni aun se como llamaros.
tunidad. « Ciudadanos? habéis desertado de vuestra patria. Soldados.'
Debe advertirse que, si el dialogismo es u n a figura particu- « habéis faltado á la religión del j u r a m e n t o , nombrando otro
lar en aquellas obras en que el autor habla siempre en su « eeneral y militando bajo otros auspicios que los nuos. Lne-
n o m b r e , deja de serlo en aquellas en que él no habla n u n c a , <r migos? reconozco en vosotros las personas, los rostros, el
como en las poesías d r a m á t i c a s ; ó él habla unas veces y otras « traje y el exterior de r o m a n o s ; pero veo que los hechos, los
los personajes que introduce, como en las mixtas. Lo mismo « dichos, los proyectos y la conducta son de enemigos de
debe decirse de las obras didácticas ó filosóficas compuestas o R o m a . » Aquí hay al mismo tiempo una bellísima subyec-
en diálogo, como las de Platón, Luciano etc.; pues en estas y cion. Cuando la dubitación se prolonga bastante, como en este
en aquellas la f o r m a general es el diálogo mismo. Tampoco pasaje y en otro al principio de la segunda Filípica de Cice-
hay verdadero dialogismo en las arengas directas ó indirectas rón, el cual puede servir de ejemplo para las dubitaciones ar-
que los historiadores ponen en boca de ciertos personajes tificiosas, se llama en términos técnicos suspensión o susten-
porque unas y otras, siendo lo que deben ser, se pronuncia- tación. Mas siendo imposible, y ademas inútil, determinar
ron en realidad, á lo ménos sustancialmente. cuántas frases ha de tener una dubitación para que se llame
ya suspensión, no me detendré mas en estas fruslerías esco-
Dubitación. lásticas; y solo advertiré que, como las dubitaciones o susten-
taciones un poco largas son figuras de grande aparato, debe
Consiste en que la persona que habla, se manifieste du-
usarse de ellas raras veces. Por regla general, no teniendo
que decir cosas extraordinarias ó inesperadas, es mejor • Dice a s í : O clementia admirabilem, atque omni laude,
no introducirlas; porque no puede haber cosa mas ridicula prcedicatione, litteris, monumentisque decoramlam! M. Ci-
que picar vivamente la curiosidad del auditorio ó del lector", cero apud te defendit alium in eá volúntate non fuisse, in
para salir al cabo con una frialdad ó una cosa muy sabida. quá se ipsum confitetur fuisse; nec tuas tacitas cogitalio-
nes extimescit, nec quid Ubi, de alio audienli, de se ipso
Extenuación ó atenuación. occurral reformidat. Vide quam non reformidem: vide
guanta lux liberalilatis el sapienliie tuce mihi apud te di-
Consiste en rebajar artificiosamente las buenas ó malas * centi oboriatur. Quantum potero voce contendam, ut hoc
cualidades de algún objeto, no para que el oyente ó lector populus romanus exaudiat. Suscepto bello, Ccesar, gesto
te tengd por tan pequeño como decimos, sino al contrario etiam ex magna parte, nullá vi coactus, judicio, cic vo-
para que le aprecie en su justo valor, aun cuando nosotros lúntate ad ea armaprofeclus sum, guce erant sumpla con-
se le representemos menor. Regularmente se hace sustituyen- tra te. a ¡Oh clemencia admirable, digna de ser ensalzada con
do a la afirmación positiva la negación de lo contrario : cómo <¡ todo género de alaban/as, encomios, escritos y m o n u m e n -
si, para dar á entender á uno que se le ama, se dice que no « tos! Cicerón sostiene en tu presencia que otro no siguió un
se le aborrece; ó para llamarle hermoso, se dice que no es (i partido que confiesa haber seguido él mismo, y no teme lo
feo, y otras expresiones semejantes que ocurren con frecuen- « que puedes pensar tú en lo interior del cora/.on, ni se aco-
cia aun en la conversación ordinaria. En efecto, á veces la « barda considerando lo que al oirle hablar por otro, se te
modestia, el respeto debido á los oyentes, y otras considera- « puede ocurrir sobre su conducta. Mira cuán léjos estoy de
ciones nos obligan á emplear estas especies de fórmulas, de las « acobardarme por esta reflexión ; mira qué confianza me ins-
cuales hago mención por esto precisamente, porque son uno « piran, cuando hablo delante de t í , tu bondad y tu p r u d e n -
de los recursos <¡ue se pueden emplear para conservarla d e - « cía. Cuanto pueda, esforzaré la voz para que todo el pueblo
cencia en el estilo, ó lo que los antiguos llamaban el eufemis- « romano oiga lo que voy á decir : César, emprendida la
m vio, de que á su tiempo t r a t a r é ; y también porque oportuna- « guerra civil y estando ya muy adelantada, fui yo de mi pro-
mente introducidas tienen mucha gracia. ¡ Cuánta no tiene, « pia voluntad, por mi propia opinion, y sin que nadie m e
por ejemplo, el Nec «?« adeo informis, de Virgilio 1 « violentase, á unirme con el ejército que militaba contra tí.»
El que sepa todas las circunstancias que concurrían en la causa
Parresia de Ligario, conocerá cuán oportuna es esta especie de valen-
tonada en boca de Cicerón, porque sirve para hacer resaltar
Consiste en aparentar que uno se excede diciendo alguna
todo lo ridículo y odioso de la acusación intentada contra su
cosa, de que parece debía ofenderse aquel mismo á quien
cliente de que había sido pompevano, cuando lo habían sido
se habla. Se dice que esto ha de hacerse con fingimiento y
también el mismo Tuberon que le acusaba y Cicerón que le
estudio, porque si la libertad que uno se toma es franca y sen- \
defendía.
cilla, no hay fingimiento ni disimulo, pues, como va observó ?
Quintiliano, ¿ q u é cosa hay menos artificiosa ó disimulada que j
la verdadera franqueza? Quid minus figuratum quam vera Perífrasis ó circunlocución.
libertas.' Esta especie de ficción se ve admirablemente en 1
aquel pasaje de la oracion pro Ligario, en que Cicerón para Consiste en sustituir á una idea particular y circuns-
A c u s a r a su cliente de haberse quedado en África siguiendo al cripta otra genérica y vaga; pero que, atendidas las cir-
parecer el partido de Pompeyo, se acusa á sí mismo de h a - cunstancias, dé á conocer suficientemente el pensamiento
berle seguido también, acriminándose con la mayor fuerza, y que se desea comunicar. Se recurre á las perífrasis para dis-
privándose hasta de las razones que pudiera alegar en su fa- frazar ideas desagradables ó ménos decentes, y para presentar
vor, si fuese reconvenido. Le copiaré, porque es hermosísimo. con novedad las comunes y demasiado trilladas. Fuera de estog
dos casos, es un verdadero defecto.

L
De las que á veces es necesario emplear para disfrazar ideas
desagradables y suavizar lo q u e la expresión directa puede t e - i Preterición.
n e r de duro ó chocante, hay un buen ejemplo en aquel p a s a j e ) i
Consiste en fingir que se pasa en silencio ó se omite al-
de la oración pro Milone, en el c u a l , debiendo Cicerón r e f e - i
guna cosa que al mismo tiempo se está diciendo expresa-
rir que Clodio liáhia sido m u e r t o por los esclavos de Milon e n /
mente, ó á lo ménos con bastante claridad, y de un modo
la r i ñ a , en que casualmente se vieron empeñados con los d e B
que, aunque indirecto, no deja duda sobre lo que se quiere
Clodio, y previendo que la confesion seca de le mataron*po-'
dar á entender.
dría parecer demasiado d u r a , emplea una circunlocución, que
sin decirlo formalmente, lo da á entender con bastante clari- Así Cicerón, pro lege Maniliá, teniendo que hablar de una
dad. Fecerunt id, dice, serví Milonis, ñeque imperante, ñe- gran derrota sufrida por las armas romanas en la guerra con-
que sciente, ñeque prcesen/e domino, quod snos quisque tra Mitrídates, y presintiendo que á su auditorio no le seria
senos in tali re. j,acere voluisset. « Hicieron los esclavos de muy grata una narración circunstanciada de aquel desgraciado
« .Milon. sin que su amo se lo mandase, lo supiese, y ni a u n . suceso, le pide permiso para pasarle en silencio, como hacían
« lo presenciase, lo quo cual _viiera hubiera deseado que hicie-' los poetas que celebraban las victorias de ltoma; pero con una
«»sen los suyos en i p m l caso. » expresión indirecta, que al mismo 'iempo ofrece el ejemplo
de una buena perífrasis, dice lo bastante, para que se vea
De las perífrasis introducidas para ennoblecer ideas d e m a - cuan grande habia sido la derrota padecida. Sinite hoc loco,
siado trilladas, ó evitar t é r m i n o s vulgares, habrá ocasion de quirites, sicut poetai solent, qui res romanas scribunt, prce-
tratar mas por extenso, c u a n d o se hable de la diferencia entre terire me nostram calamitatem; quce tanta fuit, ut eam
el lenguaje poético y el prosaico. Mas, para que desde ahora ad aures Luculli, non ex prtelio mintáis, sed ex sermone
se forme alguna idea de ellas, daré un ejemplo de Fr. Luis d e rumor afferret. « Permitid, romanos, que al llegar á este pun-
León, en ePcual se verán d o s , una buena, y otra que no lo es « to, haga yo lo que los poetas que celebran nuestras hazañas,
tanto. Dice en la oda x n á D. Oloarte, intitulada La noche « y pase en silencio nuestra d e r r o t a ; la cual fué tan grande
serena, estrofa xi y x n . « que llegó á los oidos de Lóculo, no por algún aviso que re-
tí cibiese del ejército, sino por el público rumor que circulaba
Quien mira el i ; r a n concierto
De aquestos resplandores etornales, « en las conversaciones. » Esta circunlocución quiere decir,
Su m o v i m i e n t o c i e r t o , que todos cuantos se hallaron en la batalla quedaron muertos
Sus pasos d e s i g u a l e s , ó prisioneros.
Y e n [>r p o r c i o n c o n c o r d e t a n i g u a l e s :
1R0XU
La luna c ó m o m u e v e
L a plateada r n é d : i , y va e n pos d e ella Sus varias especies.
J.n luz do el saber llueve,
Y la t/rartosh estrella
De amor l a s i g u e r e l u c i e n t e y b e l l a , etc. Consiste en atribuir á un objeto cualidades contrarias á
las que tiene; pero de modo que se conozca que no le con-
Las expresiones notauas c o n bastardilla contienen dos p e r í - vienen realmente, sino ántes bien las opuestas Esto se deja
frasis poéticas para d e s i g n a r l o s planetas Mercurio y Yénus, conocer por el tono de voz en el que habla, y por el contexto
la ultima es .tara y de b u e n gusto, la graciosa estrella de y demás circunstancias en el que escribe. La ironía toma dife-
amor; la p r i m e r a , ' / a luz do d saber llueve, es estudiada y rentes nombres, según el modo y la intención con que se usa.
oscura, y no se cómo se l e p u d o escapar á Fr. Luis de León. Y aunque nada se hubiera perdido en que no se hubiesen dis-
¿Qué quiere decir una luz do Hueve el saber? ¿Ni cómo el tinguido tantas especies de ironía, dando á cada una un nom-
saber puede llover en pai t e a l g u n a , y mucho ménos en u n ; bre particular, ya que estos existen en los libros, los recorreré
luz? brevemente, así para que no se extrañen cuando se encuen-
verdadero ó fingido. Algunos ejemplos aclararán la diferencia
entre todas estas clases de ironía.

Antífrasis.

Para entender bien en qué se fundan estas, que á primera


vista parecen absurdas (porque en efecto ¿ q u é cosa mas a b -
en tingir que se vitupera o reprenae , b r a
surda al parecer que dar á un objeto un nombre que indique
cualidades diametralmenle opuestas á las suyas?), es menester
mas finura, delicadeza y grac a se nal > r
saber que los antiguos tenían á mal agüero dar á ciertas divi-
que M . ¡ ¡ . - g tomadas S e B »n s„e- nidades maléficas, ó encargadas de tristes ministerios, n o m -
bres que recordasen su malignidad ó sus desagradables ocu-
paciones. Por esta razón, como las furias eran según su mi-
tología las que atormentaban á los malos despiies de muertos,
y los agitaban aun en vida con terrores, sueíios y visiones es-
pantosas ; en voz de darlas un nombre que indicase este f u -
nesto ministerio, las llamaban las Euménides, esto es, las
benévolas, así como daban al barquero del infierno, siendo

ES^ÉlfeS tan feo como nos le pintan los poetas, el nombre de Carón,
que quiere decir gracioso. Por el mismo principio al mar Ne-
gro, cuyas orillas estaban habitadas por naciones bárbaras que
degollaban á los extranjeros, si por acaso, ó ignorando la
suerte que les aguardaba, aportaban á ellas, le llamaron el
Ponto-Euxino, como si dijésemos, donde los forasteros ha-
llan buena acogida. Todavía volveré á hablar de esta supers-
tición de los antiguos, cuando trate del eufemismo; pero s é -
pase desde ahora que es muy importante tenerla p r e s e n t e , al
traducir los autores griegos y latinos, porque si no, podemos
hacerles decir cosas que en nuestra lengua sean un disparate,
ó á lo ménos queden oscuras para casi todos los lectores. Nos-
otros tenemos también nuestras antífrasis, como cuando lla-
mamos pelón al que no tiene pelo, y otras.

Asteísmo.

Como las ironías de esta especie se extienden regularmente


p o r todo un pasaje bastante largo, y ademas su uso es muy
r a r o , no copiaré ninguna literalmente ; pero para que se e n -
tienda lo que s o n ; extractaré la que cita la Enciclopedia. Es
Si no atribuyendo a otro ^ ^ ^ ^ ^ " ^ ^ „ a i q u i e r otro medio una carta de Yoiture al famoso Condé, entonces duque de
Enghien, en la c u a l , dándole la enhorabuena de una victoria
que había ganado, le dice con festiva urbanidad, que la gente

zarie, retiii^ndo directa ó indirectamente un discurso su^o


d o r nuestro en ocasion en que aquel monarca le dijo muy aca-
está incomodada de ver que un joven y novel capitán
lorado, porque nuestra corle no accedía á sus propuestas:
haya tenido tan poco respeto á unos generales antiguos y
Pues bien, yo iré á Madrid, dando á entender que conquis-
Henos de canas, que les haya tomado tantos cánones, y les taría la España. No hay inconveniente, respondió el emba-
haya hecho huir vergonzosamente, etc., etc. Puede verse en jador, en tono irónico y maliciosamente burlón : también
el artículo asteísmo de la Enciclopedia, o en las obras mis- estuvo en Madrid Francisco I. Lo cual era recordar á
mas de Voiture. Luis xiv la prisión de un predecesor suyo, suceso vergonzoso
Carientismo. para la Francia.

El mejor ejemplo que puede citarse es una muy fina y aguda Sarcasmo.
espuesta del Gran duque de Alba. Se había dicho y aun im-
De estos hay varios en Homero y Virgilio, que es inútil co-
preso , que en la batalla del Elba ganada por Carlos V, en la
piar, porque no son para imitados. Estos dos grandes poelas,
cual se halló el duque, se l i b i a renovado el prodigio de p a -
líeles pintores de las costumbres de sus personajes, ponen con
rarse el sol como en los dias de Josué. Algún tiempo despues,
mucha propiedad en boca de algunos de ellos amarguísimas y
pasando el duque por Paris, le preguntó el rey de Francia si
atroces ironías, con las cuales insidian á los enemigos que aca-
habia habido tal milagro; y aquel, que al parecer no lo creía,
b a n de vencer. Mas, como esta costumbre de burlarse del ene-
no respondió directamente, pero lo dio a entender sin com-
migo muerto ó moribundo era todavía en aquellos sidos h e -
prometerse : Señor, respondió, yo estaba aquel día tan ocu-
roicos un resto de la primitiva barbarie, haría mal hoy el
pado con lo que pasaba en la tierra, que no tuve tiempo
poeta que, tratando de guerras acaecidas en siglos mas civili-
de observar lo que pasaba en el cielo.
zados, prestase á sus guerreros el lenguaje feroz v brutal de los
Cleuasmo. héroes de la litada. En aventuras de los siglos caballerescos
seria tolerable hasta cierto p u n t o , porque las costumbres
Virgilio suministra un buen ejemplo del primer caso en él tenian todavía mucho de groseras ; pero en los modernos seria
libro xi de la Eneida, cuando Turno, en su respuesta a Dran- impropio, y envilecería al héroe en cuya boca se pusiese.
ces, atribuye irónicamente á este las hazañas que él había he-
cho. Dice a s í : Mimésis.
Proinde tona elnquio, solitum tibi; meque timoris
Arque tu. Dranee, tot quando slragis acervos Cicerón las tiene muy graciosas, en Luciano las hay admi-
Tener oruiri lúa dextra dedit, passimque trophans rables, y en los poetas cómicos de todas las naciones son f r e -
Insignis agros. cuentes'; pero Cervantes nos ahorra el trabajo de buscarlas
T r u e n a por tanto en elocuentes voces, fuera de casa, porque en su Quijote se encuentran varias, las
Corno sueles hacerlo, y d e coiiarde mas oportunas y felices que pueden desearse. Sirva por todas
Ule acusa, oh D r á n c e s ; puesto que tu diestra
D e cadáveres teucros ese campo
la que pone en boca de Sancho, cuando desengañados él y su
Dejó sembrado, y tu valor publican amo de que eran de batanes los golpes que tanto miedo les
Erigidos en él tantos trofeos. habían causado (se entiende á Sancho, porque D. Qu jote no le
conocía), dice que este enmudeció y pasmóse de arriba abajo,
Del secundo tiene también otro en el lib. x , cuando Juno y continúa : Miróle Sancho, y vio que tenia la cabeza incli-
pregunta irónicamente, si ella habia sido causa de lo que pre- nada sobre el pecho con muestras de estar corrido. Miró
cisamente era obra de Vénus, á quien hablaba, esto es, del también DbQuijote á Sancho, y viòle que tenia los carrillos
robo de Elena* hinchados y la boca llena de risa, con evidentes señales de
Diasirmo. querer reventar con ella ; y no pudo su melancolía tanto
con él, que á la vista de Sancho pudiese dejar de reírse. Y
De esta clase es la respuesta que dió á Luis x i v . un embaja-
como vio Sancho que su amo había comensado,solio la
pre<a de manera que tuvo necesidad de apretarse las luja- LIBRO III.
das con los puños, por no reventar riendo. Cuatro veces
sosegó, y otras tantas volvió á su risa con e mismo ímpetu, D E LAS EXPRESIONES.
que primero, de lo cual ya se daba al diablo D Quijote; y
mas cuando le oyó decir como por modo de fisga: has de Se llama expresión en general ta imitación ó representa-
sabeJ , ó Sancho amigo, que yo nací, por querer del cielo, ción de un objeto; y contraída á la de los pensamientos por
en esta nuestra edad de hierro, para resucitar en cdala medio del lenguaje oral, se llama así el signo total de una
dorada ó de oro : yo soy aquel para quien están guardados idea, ya conste de una sola palabra, ya de muchas.
los peligros, las hazañas grandes, los valerosos Jechos; y Las reglas para hacer una buena elección entre las varias
ñor aguí fué repitiendo todas ó las mas razones que D. Qui- que pueden ocurrírsenos al tiempo de hablar ó de escribir,
jote dijo la vez primera que oyeron los temerosos golpes. unas son comunes á todo género de expresiones, otras, pecu-
Para conocer toda la gracia que tiene esta burla que Sancho liares de aquellas, en que una ó mas palabras se toman en
hace de su amo, repitiendo sus palabras, imitando su tono de cierta acepción secundaria que se llama sentido figurado;
voz y remedando su ademan, léase lo que antecede. porque á este uso de las palabras en una significación que no
es la literal y primitiva, le han dado también los retóricos,
Estas son, entre las muchas figuras que han distinguido los
aunque impropiamente, como ya n o t é , el título de figura.
retóricos, las que mas importa conocer para saberlas manejar,
pues de su buen uso depende en gran parte la belleza del es-
tilo Para emplearlas con discernimiento y oportunidad puede CAPITULO PRIMERO.
bastar lo que sobre cada una de ellas se ha dicho en orden a la
situación en que se debe suponer al que las usa; pero a mayor R E G L A S G E N E R A L E S P A R A LA ELECCION DE LAS E X P R E S I O N E S .
abundamiento añadiré algunas reglas generales.
• Para que una expresión sea completamente buena, ha de
•I a En el uso de las figuras, es necesario atender siempre
reunir todas estas cualidades. lia de ser pura, correcta, propia,
á lo que permiten ó no el genio de la lengua, y la practica
precisa, exacta, concisa, clara, natural, enérgica, decente, me-
délos bunios escritores. . . . 0 lodiosa ó grala al oído, y acomodada á la naturaleza de la idea
2. a Han de ser oportunas, atendidas las circunstancias
que representa.
de persona, lugar,tiempo, situación, etc.
3.* Han de ser acomodadas al género en que se escribe, y ARTÍCULO PRIMERO.
al tono general y dominante de la obra. Pureza.
A 3 Deben serlo igualmente al fin que se propone el que
habta.es decir, que han de ser acomodadas para producir La pureza de las expresiones es su conformidad con el uso,
el efecto que desea. . n„.i„f árbitro, legislador y norma del lenguaje, como le llama Ho-
5 a Deben convenir sobre todo al pensamiento particulai racio.
que se enuncia bajo aquella,forma ; esto es, deben presen- Para asegurarnos de que una expresión es p u r a , debemos
tarle con toda la claridad, fuerza, energía y gracia que sea examinar cada palabra de por s í , y su combinación, cuando
hay varias; ó lo que es lo mismo, para que una expresión sea
^ A d e m a s es menester no repetir una misma muchas pura , es necesario que lo sean los términos de que conste, y
la manera de combinarlos ó su construcción, y que en esta y
veces, porque la monotonía en las formas es una de las cosas
en las acepciones de aquellos se huya de todo neologismo.
mas fastidiosas y molestas para los lectores u oyentes.
Pureza en los términos.
Examinada cada palabra de por sí, ó es actualmente usada,
como vio Sancho que su amo había comentado, solio la
pre<a de manera que tuvo necesidad de apretarse las luja- LIBRO III.
dos con los puños, por no reventar riendo. Cuatro veces
sosegó, y otras tantas volvió á su risa con el mismo ímpetu, DE LAS EXPRESIONES.
que primero, de lo cual ya se daba al diablo D Quijote; y
mas cuando le oyó decir como por modo de fisga: has de Se llama expresión en general ta imitación ó representa-
sabe) ó Sancho amigo, que yo nací, por querer del cielo, ción de un objeto; y contraída á la de los pensamientos por
en esta nuestra edad de hierro, para resucitar en cítala medio del lenguaje oral, se llama así el signo total de una
dorada ó de oro : yo soy aquel para quien están guardados idea, ya conste de una sola palabra, ya de muchas.
los peliqros, las hazañas grandes, los valerosos Jechos; y Las reglas para hacer una buena elección entre las varias
voraqui fué repitiendo todas ó las mas razones que D. Qui- que pueden ocurrírsenos al tiempo de hablar ó de escribir,
jote dijo la vez primera que oyeron los temerosos golpes. unas son comunes á todo género de expresiones, otras, pecu-
Para conocer toda la gracia que tiene esta burla que Sancho liares de aquellas, en que una ó mas palabras se toman en
hace de su amo, repitiendo sus palabras, imitando su tono de cierta acepción secundaria que se llama sentido figurado;
voz v remedando su ademan, léase lo que antecede. porque á este uso de las palabras en una significación que no
es la literal y primitiva, le han dado también los retóricos,
Estas son, entre las muchas üguras que han distinguido los
aunque impropiamente, como ya n o t é , el título de figura.
retóricos, las que mas importa conocer para saberlas manejar,
pues de su buen uso depende en gran parte la belleza del es-
tilo Para emplearlas con discernimiento y oportunidad puede CAPITULO PRIMERO.
bastar lo que sobre cada una de ellas se lia dicho en orden a la
situación en que se debe suponer al que las usa; pero a mayor REGLAS GENERALES PARA LA ELECCION DE LAS EXPRESIONES.
abundamiento añadiré algunas reglas generales.
• Para que una expresión sea completamente buena, ha de
•I a in el uso de las figuras, es necesario atender siempre
reunir todas estas cualidades. lia de ser pura, correcta, propia,
á lo que permiten ó no el genio de la lengua, y la practica
precisa, exacta, concisa, clara, natural, enérgica, decente, me-
délos buenos escritores. . . . 0 lodiosa ó grata al oído, y acomodada á la naturaleza de la idea
2. a Han de ser oportunas, atendidas las circunstancias
que representa.
de persona, lugar, tiempo, situación, ele.
ARTÍCULO PRIMERO.
3 . a Han de ser acomodadas al género en que se escribe, y
al tono qeneral y dominante de la obra. Pureza.
A 3 Deben serlo igualmente al fin que se propone el que
habla.es decir, que han de ser acomodadas para producir La pureza de las expresiones es su conformidad con el uso,
árbitro, legislador y norma del lenguaje, como le llama Ho-
el efecto que desea. . n„.i„f
racio.
5 a Deben convenir sobre todo al pensamiento particular
Para asegurarnos de que una expresión es p u r a , debemos
que se enuncia bajo aquella forma; esto es, deben presen-
examinar cada palabra de por s í , y su combinación, cuando
tarle con toda la claridad, fuerza, energía y gracia que sea
hay varias; ó lo que es lo mismo, para que una expresión sea
^ A d e m a s es menester no repetir una misma muchas pura , es necesario que lo sean los términos de que conste, y
la manera de combinarlos ó su construcción, y que en esta y
veces, porque la monotonía en las formas es una de las cosas
en las acepciones de aquellos se huya de todo neologismo.
mas fastidiosas y molestas para los lectores u oyentes.
Pureza en los términos.
Examinada cada palabra de por sí, ó es actualmente usada,
— 154 —

A no Si lo e s , se llama u s u a l , corriente ó castiza; si n o , enérgicas; esto no es razón suficiente para usarlas, cuando ya
ÍZitada. En este caso, ó fué usada en «tro tiempo, pero ya nadie las usa. En poesía y en escritos jocosos de prosa pro-
dejó de s e r l o , v se llama anticuada; ó no ha sido empleada drá aventurarse una que otra; pero en composiciones se-
rias no poéticas será mejor abstenerse de todas las verda-
S S * corrientes solo hay que p r = deramente anticuadas. Se dice- verdaderamente anticuadas,
n „ e no se les dé la significación que en o ra lengua tienen porque muchas que no lo son y corren peligro de serlo, gracias
fus equivalentes, sino aquella que el uso les ha jalado en al abuso que emplea en su lujiar otras ménos castizas, no solo
la nuestra Así, por ejemplo, el participio unido, unida, del no hay inconveniente en usarlas, sino que al contrario se debe
S S e s palabra muy usual y muy castellana; pero s, se procurar emplearlas, siempre que se p u e d a , para que no lle-
emplease en la acepción d e / t o n o , igual terso o ^ d e n d O guen á olvidarse del todo. Tengan sin embargo presente los
como un traductor del Telémaco que desde ta¡™ta*<™n jóvenes q u e , cuando se les autoriza á emplear en poesía pala-
limo se descubría el mar unido como un c n ^ a / eria un bras anticuadas, 110 se les quiere decir que llenen todas sus
ga icismo de significación. El verbo juntar ya t r a n s . t . v o 3 u ^ páginas de agora, maguer, tristura, y otras de esta clase. El
género de arcaísmo que conviene á la poesía, no consiste tanto
i r una cosa á ó con o / , « , ya recíproco 0 frenar en el uso de palabras rigurosamente anticuadas, como en el
es voz muy pura en su acepción ordinaria de unn o agiegar prudente y moderado empleo de ciertas terminaciones anti-
una cosa á otra; pero en el sentido d e d « « « guas de los verbos, y en el de ciertas voces en una significa-
quien se va siguiendoé incorporarse con e l , e t a m b n e g a l ción anticuada h o y ; pues como aquellas terminaciones y estas
cismo - es el joindre quelquun. Dedicar, en el sentido de acepciones rancias se hallan consignadas en los antiguos
ofrecer consagrar, etc., es muy castellano; pero en el de poetas, porque en su tiempo eran usuales, han venido á tras-
t una co a objeto de otra, es galicismo. Cuando un francés formarse en otras tantas locuciones poéticas, que es permitido
dice de una cosí ó persona que elle est vouee a l indigna, y útil conservar, para dar en lo posible al lenguaje de las
Hon, nu mépris, etc., nosotros en este caso d e c i m o s , que es Musas cierto carácter que le aleje mas y mas del pedestre y
objeto de la indignación ó del desprecio. humilde de la prosa. Así, por ejemplo, se dirá muy bien : de-
En orden á las anticuadas, a u n q u e en realidad es sensible _) cirte hé por te diré, darte han por te darán, atender por
que por el capricho, la moda ó la inev.table a cracion ue esperar, pesadumbre por peso, y otras semejantes; pero esto
todas las lenguas padecen con el curso de los siglos, se hallen con mucha parsimonia.
ya en esta clase muchas palabras nuestras muy expresivas y En las acepciones anticuadas es menester examinar, si la
voz ha recibido otra que pueda hacerla equívoca ó presentar
/

/ spsfiililsiii
l i s l s s f e s ^ g l ' f i s ]
alguna idea t o r p e , en cuyo caso es necesario abstenerse de
emplearla en la antigua significación , porque ó parecería que
se juega con las palabras, ó se ofendería el pudor de los lecto-
res. La naturaleza de esta obra no permite citar aquí las pala-
bras que han recibido en tiempos modernos acepciones obsce-
la de A n t o n i o , asi como d i n a m o s - yo j u n t o mi brazo 6 mi m a n o , e t c . , con e i , n a s ; cualquiera las adivinará fácilmente. También, al emplear
la d e A n t o n i o . . „ una voz anticuada, es preciso ver. si la lengua tiene adoptada
2 V m a s sensible aun el que la Academia misma olvide y descebe las voces anticua-
ya en su lugar otra igualmente buena. En este caso no hay
necesidad de emplear la antigua, porque con esto no se con-
seguiría enriquecer el h a b l a , sino recargarla inútilmente. Por
e j e m p l o , el uso ha sustituido al adjetivo hermanal otro mas
latinizado fraternal, que dice exactamente lo mismo, y es tan
lleno y sonoro como a q u e l ; y así decimos siempre amor fra-
d e m i a con mas apego a l trabajo que la q u e e n la actualidad n o s n j e í
por consiguiente queda también es en castellano, como todos
los nombres griegos de la misma terminación, Sócrates, D e -
^ r s ^ A S s s s s s ' s i s : móstenes, Temístocles, etc.
se nos quitaseel/™<m>«1 y ( En cuanto á las que se sacan del propio fondo de la lengua
se nos diese e f — £ £ £ í ^ ^ esto puede hacerse, ó por derivación, ó por composición. Por
derivación se hace una palabra nueva, cuando de un primitivo
p j i / C m H ^ ' V o S s p S a s M M o prueba,y
usual se deduce un derivado que hasta entonces no ha estado
anuí es donde c o n v i e n e ' í a c e r esta advertencia, que las deci- en uso. Por ejemplo, de muchos adjetivos en ible, able, al, il,
siones del uso cuando es constante y general, son por lo co- no se usa el sustantivo abstracto en idad, verbi gracia, de des-
S
l n f u n l a t e ' e n razón, V no tan eapnchosas « n a o general- tructible, destructibilidad; y a s í , cualquiera de eslos que se
mente se cree. Así en nuestro caso, ¿poique Da pre e n u o u forme é introduzca, será una palabra nueva por derivación.
Saüni/.ado fraternal al mas castellanizado hermanal? Por ser Tampoco debemos emplear sin necesidad estos derivados;
cons«uiente y conservar la analogía con paternal maternal, pero como son sacados de la lengua m i s m a , y respecto de
cons e u . e n e r i g 0 rosos derivados que d e - muchos es lástima que 110 se usen, no se requiere tan absoluta
í k f d e ^ c r s T d e p ' d ^ madre*, hijo ? Porque padral urgencia como para la adopcion de voces extranjeras. Cuando
Z l X m h sorf voces' de muy dura y áspera p r o n u n - h e citado la palabra destructibilidad h e puesto un ejemplo
hipotético, porque ni yo ni nadie puede decir afirmativamente
C
W a s palabras nuevas hay que distinguir las que son s a c | que no se ha empleado todavía. Pero, suponiendo que así sea,
he querido decir que usándose otras muchas de su clase, y es-
-Sthnc tando deducida de un primitivo usado, y formada según la mas
rigurosa analogía, no habría inconveniente en usarla, si fuese
necesario para expresar con toda precision la idea que r e -
oue é quiere comunicar; y que su terminación sea la que presenta.
ZXilTeUaract rde la lengua á la cual se quiere hacer Como esta hay innumerables, y es absurdo y ridículo acusar
adópta las. I t o último es muy necesario tenerlo p r e s e n t en de neologismo al autor, porque tales voces no se hallan en los
el dk porque obligándonos los continuos p r o c e s o s que Ifa- diccionarios. No existe todavía en el m u n d o , y acaso 110
e n a s ciencias naturales & adoptar muchas palabra; extran- existirá nunca, un diccionario que contenga todas las voces de
ieras consagradas va como términos técnicos en los paibes una lengua, y mucho ménos todas las derivadas que con
d o n d e s e han hecho los nuevos descubrimientos, es necesario buena analogía se pueden deducir de los primitivos ya recibi-
á lo ménos que sepamos castellanizarlas. Y no solo es necesario dos. 2.° El neologismo consiste, como veremos, no en estas
teñe r e st e c u idado, cuando se adoptan palabras absolutamente felices deducciones que enriquecen las lenguas, sino en la
nueTa sino cuando hay que usar alguna extranjera de c u | manía de querer alterar las significaciones autorizadas por el
nuipr ríase aue sea De otro modo el escritor se expone .1 ha- uso, ó, mudar los accidentes gramaticales de algunas voces. Lo
cerse S a l como lo h a n sido á los ojos de los inteligentes que sí importa mucho al formar los derivados, es cuidar de
ios que han hablado del Poliéucles de Corne.lle y del poeta que su terminación sea la que exige la analogía de otras seme-
Tsa^les Va se v e : hallaron en francés Pobjevcte, Esch„le, jantes, y no guiarse por alguna que otra excepción. Por ejem-
f n ? o haciéndose cargo de que estas voces,son o r n a m e n t e plo , al deducir el sustantivo abstracto de desiructible debe
L i o - a s no se detuvieron á examinar como se l e . m m a n en decirse, como he indicado , destructibilidad y no destructi-
S n e í y en latin , y qué terminación les corresponde al pasar bles; pues, aunque de doble se diga doblez, lo común y ge-
de este al castellano. Si hubieran hecho este examen hubieran neral es terminar estos abstractos en ad ó idad, cuando vienen
visto aue terminándose ambas en griego en o;, y en latín u s , de adjetivos en al, el, able, ible, como de leal, lealtad; de
d e b e n ser en castellano Polieucto y EsquileUVo asi el nombie fiel, fidelidad¡ de afable, afabilidad; de incorruptible,
del orador Esquines: este acaba en griego en en latín y
incorruptibiUdad. Lope de W ^ ^ g S o l taheño, patiestevado, patituerto, boquirubio, boquiabierto,
formó en el pasaje que ' l ' l ' ' ^ boquihundido. Pero no se crea por falta de nuevos com-
gía, un mal derivado, llamaban tablas puestos no tenemos y no pueden hacerse hermosísimos versos.
y eso que esto ultimo estaba ya en uso y Los mejores de Garcilaso, León y Rioja no contienen ninguno,
los ,er-
alfonsinas las de Alfonso el Sabio. U * v e na ni les hace falta. Si pudiésemos formarlos con tanta facilidad
m e .
como los griegos y latinos, seria m e j o r ; pero no pudiendo
sos con que debía consonar a t l u f '
hacerlo, es menester suplir esta falta, como la de la declinación
nester hacer las naves f ^ ^ h m ™ ^ c u a n d o en una
Por composición se f o r m a n pal bras nuevas, y las pasivas, con otras gracias de estilo, no con invenciones
s e reúnen dos o mas que l'a a o n n no « ^ se estrambóticas. Boileau, Racine, La Fontaine, sin nuevos com-
puestos y solo con palabras usuales, hicieron sonoros y felices
separadas, v. gr. si de los Y rf o« « , , « t a seria una
v e r s o s , en cuanto lo permitía su pobrísima, monótona y nada
formase por primera vez el d o hondi compuestos
armoniosa lengua: la castellana, mas rica, mas variada y mas
palabra nueva por composicion . D e semeja ' 0
suave que aquella, presta todavía mas recursos á quien la sabe
puede decirse lo que de «as ^ ^ ^ d e prosa,
manejar.
son tolerables sino en ^ ' ^ ^ ¿ ^ n o se píesta á
Hasta aquí he hablado de los compuestos de dos adjetivos, o
pero siempre en corjo n u m e e l gri ¿go y el
de un sus'antivo y un adjetivo, ó de dos sustantivos; pero no
estas composiciones con tantai docuioao^ C O m- de los compuestos de preposiciones separables ó inseparables,
l a t i n , y es un empeno_ «ecio quere introoucir ¿ a cl a u r a como ante, re, in, des, etc. En cuanto á estos hay mucha mas
puestos que repugnan a su genio.A s i , a pesar « libertad para introducirlos de nuevo, con tal que se conserve
p o p u l a r que Lope tuvo d u T t r e d e ^ e r t o , no han P o- bien la analogía: son casi como los nuevos derivados. Así,
ha conservado m u c l i o t i e m p o despues d e mué , ^
aunque acaso en ningún escritor del siglo x v i se hallarán las
dido sostenerse sus J t 0 e s belicosos)
palabras inmoral, desmoralizar, desmoralizado y otras, no
su fluctisona materia (el gu ¿ m .
debemos tener reparo en usarlas, porque son compuestas de
h e r m a n o s , sus g e m í f e r o s ^ o t r o s ' que in-
otras ya usuales, y están bien formadas. Por esto no censura-
6r//«ro austro, su ^ m ^ r o s emb e ^ ^ i como
ría yo á quien formase el nuevo compuesto despremiar ; pero
sí al que le emplease en la acepción de no premiar. Los com-
puestos de la partícula inseparable des i n d i c a n , por la fuerza
que esta tiene en el latín de donde está tomada, que á una cosa
se la priva de una cualidad ó ventaja que ántes tenia. Así, des-
tronar es quitar el t r o n o ; destruir es derribar lo que estaba
cirio asi, que se la a ñ a d a n nuevos Jeras. 1 e s i o a u , , ^ edificado ó s í ruido (si hubiera este simple en castellano), des-
quiciar sacar de quicio, descubrir quitar lo que cubría etc. Por
olra palabra componente sea osada
„ # # e r o ; porque sr n,i u n a »r o a lo iu s e ^ ^ consiguiente despremiar debería significar quitar á uno el
premio que ya liabia recibido; pero no negarle el que podia
pretender, ó al que tenia derecho. Y aunque desamar, desa-

^-aw^Sasrtrl morado y algún otro no conservan la rigurosa significación de


privar de cosa que se tenia, y equivalen á la simple negación
no amar, no estar enamorado, como esta es una excepción,
no debe arreglarse por ella la significación del compuesto des-
premiar, sino por la analogía general. Y si no, véase qué ridi-
sar, siendo bien f o r m a d o ; muchos serian i ^ ^ t o j ^ l o s
culo seria d e c i r : La Academia despremió tal composición,
tellano son por desgracia bajos y p ^ ^ ^ ' odrian
para decir, no la premió, ó no la adjudicó el premio.
pocos que la lengua h a adoptado y ^ " ^ T ^gnancia.
acaso formarse otros que admitiese ^
Tales son los de cejijunto, o j i n e g r o barbiponiente,
construcciones traspirenaicas. Pedro se acercó de mi y me
Pureza en las construcciones. dijo etc. Aquí todas las palabras son castellanas, pero no lo
es la construcción del verbo acercarse, porque nosotros deci-
Una expresión puede constar de términos que sean todos mos acercarse á, no acercarse de; sin embargo de que con
muy castizos, y sin embargo la manera de combinarlos, o su el adverbio cerca, va bien el de, y se dice perfectamente, Pe-
construcción puede ser ó anticuada, ó propia de una lengua dro se puso cerca de mi. De qué se ocupa vrnd.? m e han pre-
extranjera De las construcciones anticuadas debo decir lo que guntado algunas veces, y por mas ocupado que estuviese, siem-
de las voces sueltas, á saber, que alguna puede sentar bien p r e he respondido, De nada, para dar á entender que los es-
en poesía y en escritos jocosos de prosa; pero en cuanto a pañoles nos o c u p a d o s en una cosa, como en leer, escribir, etc.
las extranjeras no es lo mismo, es menester evitarlas abso- y no de alguna cosa. Los españoles nos paseamos por el prado
lutamente. Y como la mayor parte de los galicismos tan - ó en el prado, pero no sobre el p r a d o ; y sin embargo he oido
muñes en el d i a , consisten en estas construcciones de extran- traducir el Calypso se promenait sur les gazons fleuris,
jía ' m e detendré un poco en esta parte, y citare algunos « Calipso se paseaba sobre los floridos céspedes; » y 110 sé si
ejemplos. Ya á los antiguos, que habían cultivado las lenguas está así en alguna de las traducciones impresas del Telémaco.
italiana y francesa, se les escapó alguno que otro ítalianismo o Sabido es que para expresar el deseo de que una cosa suceda,
galicismo de construcción, ó quisieron introducirlos, en lo cual usamos del .presente de subjuntivo del verbo que expresa
n o deben ser imitados. Garcilaso en la Egloga i. dice: aquella acción ó estado que deseamos, anteponiendo ojalá
qué, ojalá solo, ú omitiendo una y otra voz; y que los france-
Cosa p u d o b a s t a r á t a l c r u e z a ? ses usan de su verbo pouvoir, poniendo en infinitivo el otro
que expresa la acción objeto del deseo. Por e j e m p l o ; cuando
Construcción conocidamente italiana : en español era preciso
nosotros decimos, Ojalá llegue un dia en que los hombres se
h a b e r dicho, ¿ qué cosa pudo bastar? Cervantes hace también amen todos como hermanos; un francés diría, Puisse-l-U
a u e D Ouüote diga á Sancbo : Comilon que tú eres!^cuando arriver ce jour heureux. Y es de notar que aunque los fran-
el castellano pedia : Qué comilon eres! Acaso lo lnzo de inten- ceses ponderan tanto la exactitud y precisión lógica de su len-
to para ridiculizar algún galicismo ya introducido en su tiem- gua, y en efecto es nimiamente precisa, sin embargo, en estas
po • entonces, léjos de ser una falta, seria una gracia; si no, locuciones es mas exacta la nuestra. Cuando decimos, verbi
es un lijero descuido. Balbuena en su Egloga v dice por boca gracia, Dios me dé consuelo, paciencia, etc. no deseamos
de un pastor : que Dios pueda darnos estas cosas; claro es que puede y en
Yo q u i e r o a h o r a d e esta b l a n c a c e r a aquel momento mismo está pudiendo : lo que deseamos es que
R e m e n d a r m i z a m p o n a ; t ú . Carillo, efectivamente nos las d é ; y así es mucho mas exacto decir,
P r é s t a m e , si querrás, tu podadera: Dios me dé tal cosa, que no, Puisse le ciel m'accorder telle
donde si querrás, es decir, el si con futuro de indicativo, es chose.
otra construcción francesa : el castellano p e d i a , si quieres. En castellano no se usa el artículo con las interjecciones; y
Como estos descuidos son raros en los antiguos, y solo he cita- decimos simplemente Impostor! Pérfida! el francés lo pone
do estos pocos para que se vea que alguna; aunque rara vez, constantemente, diciendo, L'imposteur, Laperfidet
los padecieron, no añadiré mas ejemplos tomados de ellos;
que harta cosecha nos ofrece nuestro siglo, en el cual vemos Neologismo.
con dolor que cada dia se va llenando la lengua de inusitadas
Aun suponiendo que los términos de que conste una expre-
sión, sean usuales, y la construcción gramatical no sea ni a n -
. XV n , e suena m a l l a v o z , pero ¿porqué n o extranjera como lo decimos t«u ticuada, ni extranjera, puede ser aquella reprensible : I o Si á
m n r h a mas propiedad derivando naturalmente la palabra d e extranjero, cuyo equna-
E S t í n S c r e o q b e sea ni pneda ser extranjo bueno para sacar extranjía, a s . como. <W algún termino se le quiere hacer significar lo que no significa
mió T a K ele.-. E l que con mas veneración s e r i n d e á la estricta observan-
c i a de las leyes, aquel e s el mejor legislador.
• n pnm,m naMo de la acepción literal, porque de plemenlo directo ú objetivo, ó hablando con relación á las l e n -
€ nla a c e p on com m Ha 10 v i n t r o d u c i r » las
guas que tienen casos, un acusativo de persona ó cosa, distin-
135
^ i ' I e v a r í a n los accidentes gramaticales de a guna ta de la que hace la acción, ó que se pone en n o m i n a t i v o ; y
nuevas. 2 si se v a u a u ¡v ¡ ¿ imnortante, Y «O hatier
que esto no puede liacerse con los intransitivos. Por ejemplo,
en castellano se dice que el verbo matar es transitivo,' y morir

SS3H»¿a««?
intransitivo, y que así con el primero se puede decir, yo te ma-
f r l r S ^ ^ é r ^ to, y con el segundo no se puede decir, yo te muero. Y a u n q u e
este punto de los intransitivos ó neutros, y aun el de la teoría
general de los verbos, no están todavía bastante (ilosólicamente
?r' r ^ a al rne detendré á explicar con alguna exten- analizados y explicados en las mejores Gramáticas generales, y
d
n ié consiste' á comprobarlo con algunos ejemplos hay quien niegue hasta la existencia de los tales intransitivos ó
S
p n r n n n t o ^ o primero, sabido es que en castellano los ad- neutros; sin embargo, no siendo de este lugar discutir estas
cuestiones gramaticales, dejaremos que los admitan ó los dese-
chen y expliquen su sintaxis como quieran, y nos atendremos
a i u u M a al P » - « ^ X C d S S e n t e ó „ al hecho de que en castellano no podemos decir, yo te muero,
como decimos, yo te mato; y venga esta diferencia entre a m -
bos verbos de lo que se quiera. Y como el verbo morir hay
otros muchos, gemir, suspirar, sollozar, palpitar, etc., pues
así como nadie dice ni ha dicho hasta ahora, y de esto estoy
dificultoso <A que o, usa de mucho artificio, bien seguro, yo te muero, nadie debe decir tampoco, yo te gi-
mo, te suspiro, te sollozo, te palpito. Y aunque con el verbo
i ™ ^ ' / l Ouerer t e T despojarlos de esta acepción constante J
e gemir, que es de esta clase, Lope de Vega, que en su Gato-
-Vnfm; a c S a de que los adjetivos latinos en o « tienen
yjmhÍPTI la nmis m a sígn iI ic a ci o n abundancial; y empeñarse, maquia (si la Galomaquia es suya) se burlaba y con mucha
también la ^ d l a d e asimilativos ó posesivos, razón, de los que decian pestañear asombros y guiñar pas-
S 7 n empeBo absurdo 1 ntieran pues de aquí los jóvenes «,ue mos, dijo en su Circe (canto i) gemir arrullos; esto solo
pn h lengua de Garcilaso y de Cervantes no se P ^ d e de r, prueba que Lope se olvidó de sus principios y cayó en la mis-
Zlldad selvosa, por selva solitaria; victoriosa ™ortan<H m a falta que censuraba en otros; y así nadie le ha imitado, ni
xfor vttoZ lue ha ocasionado muchas muertes; nema se le debe imitar. Por estar r a z ó n , en buen castellano no se
S ^ f p o r 9 a l t u r a nevada; musgoso verdor por m puede decir reir esencias, y ménos reir muertes, palpitar so-,
tusao) eco montañoso, por eco tan grande o t«nbU«M bresaltos, tú enmudeces el cariño, por haces que el cariño
una montaña; adereza montañosa, por montana aspera, enmudezca, esto es, no alce su voz; esto ó aquello enmude-
Iwjow verdor, \<or verdes hojas; selvosa espesura , por sefe ció la esperanza, para dar á entender que la vista de tal ó
espesa /laberinto montuoso, por monte tan intrincado* cual objeto ha debilitado ó ha hecho perder la esperanza
que se tenia. Y no se crea que estas son quisquillas de g r a m á -
en marañado como un laberinto. ,
ticos ; son cosas graves en materia de lenguaje, porque si cada
En o r d e n á l a s e g u n d a manera de innovar en el l e n g u a j , ^ uno pudiese variar arbitrariamente la significación de las voces
terando los accidentes gramaticales de los v e r b o s ; para qu y sus accidentes gramaticales, y esta licencia se generalizase,
vea en qué consiste y cuan reprensible es este abuso, recordar llegaríamos á no entendernos unos á otros, y la lengua se haría
c i e r t a s nociones gramaticales que acaso no tendrán presenta una ¿jerigonza que dé un año á otro variaría de genio y de ca-
S entendidas algunos lectores. En la gramatica se dice que rácter. Entiendan pues los principiantes que, cuando se les e n -
hay verbos activos y pasivos, y que de los primeros u n o s ¿ cargaque sus expresiones sean nuevasy originales, se les quiere
transitivos v otros intransitivos ó neutros, como los llamaban decir que ya con buenas traslaciones de significado, ya con la
los antiguos; que con los transitivos se puede j u n t a r un corn-
il
feliz aplicación d e los epítetos, ya con nuevas pero juiciosas , ¡Qué feliz y qué nuevo es llamar á la corte antigua colonia
combinaciones de las voces, traten de ennoblecer las palabras de tos vicios, y á los pretendientes augures de los semblantes
mas usuales. listo es lo que Horacio qu.so dar a entender del privado! Así es como se hacen expresiones nuevas que el
gusto pueda a p r o b a r , no con monstruosas combinaciones
cuando dijo :
opuestas al genio de la lengua. Tenga entendido todo escritor,
Dixeris egregie, notum si callida verbum, que si estas caprichosas invenciones son nuevas, es porque el
Reddiderit junctura novum. buen gusto las ha reprobado siempre.
Hablarás bien, si artificioso enlace
Nuevas hiciere las antiguas voces. ARTÍCCLO I I .
Y así lo saben h a c e r les buenos escritores; porque el1 dar á las
expresiones este aire de novedad, es uno de los grandes secre- Corrección.
tos del arte. Por e j e m p l o , ¿ q u é voces m a s u s u a l e s puedc iaber
Son correctas las expresiones cuando en lo material de las
que las de campo, soledad, musito, collado? Sin embargo, palabras, y en su concordancia y régimen, se observan
j qué nuevas parecen en aquellas expresiones de Rioja en la puntualmente las reglas gramaticales.
canción A las ruinas! En orden á lo material de las palabras, nosotros no tenemos
Campos de soledad, mustio collado. en poesía la misma libertad que los griegos y latinos, los cua-
les, no siempre ni tan arbitrariamente como se cree, pero en
Pero qué h a hecho el poeta? ¿Ha variado la acepción etimoló- muchos casos y bajo ciertas condiciones, podian quitar ó aña-
gica ó los accidentes gramaticales de alguna voz? Ha dicho dir á los vocablos letras y aun sílabas enteras, ya en el princi-
lamposa soledad, ó mustiedad col/adosa? l e m a verdadero pio, ya en el medio, va en el lin; trastornar e¡ orden en que
b u e n V i s t o ; v teniéndole, conociaque la elocuencia poética no comunmente se escribían sus elementos, y separar en los com-
consiste en ridiculas extravagancias. ¿Qué hizo pues para ha- puestos las dos palabras componentes. Nosotros, qui Musas
b l a r con pureza y novedad al mismo tiempo? Nada mas que I cólimus severiores', no tenemos autoridad para tanto; y solo
unir campos con soledad por medio de la preposición de,.imi- en un corto número de voces es permitido alterar lo materia!
tando el lenguaje de la Escritura, ya anteriormente autorizado de las sílabas, y decir en poesía dó, por donde; enderredor,
en castellano, y d a r á collado el epíteto de musitó l e ordi- por alrededor; coránica, por crónica; ¡ngalaterra, por In-
n a r i a m e n t e se aplica á las flores y a los prados. Como e> glaterra; y esto porque semejantes voces se pronunciaron y
ejemplo s e p o d i a n citar miles, en los cuales se v e n a n hermosa* escribieron así en otro tiempo : de suerte que esto es mas bien
expresiones f o r m a d a s con palabras usuales, y que el autor, sin un arcaísmo, que una verdadera licencia poética. Así no me
alterar en n a d a lo gramatical ni la significación, supo darlas ei i detendré mas por ahora en este punto,del cual se hablará en
aire de novedad que pide Horacio, con solo haber sabido ner- ¡ otra parte.
manarlas en una feliz combinación. Adviértase que en el verso j En cuanto á las concordancias de sustantivo y adjetivo poco
de Rioja todos los términos, ménos el de mustio, están tonu- hay que prevenir, porque no hay excepciones. Con los n o m -
dos en su acepción literal; pero hay otro medio de dar nove- bres constantemente masculinos ó femeninos no podemos j u n -
dad á las expresiones, tomando los términos comunes en signi- tar los artículos y adjetivos, sino en la terminación que con-
ficación trasladada. Y aunque de este modo de enriquecei y viene a su género; y jamas se podrá decir la hombre buena,
hermosear el estilo hablaré despues largamente, sin embargo, el mujer malo. Solo en algunos femeninos que empiezan con
para muestra citaré este otro pasaje del mismo Rioja, en a ; a, y son disílabos ó trisílabos esdrújulos, se puede j u n t a r el a r -
epístola moral :
Triste de aquel que vive destinado Con una poesia mucho menos libre.
A esa antigua colonia de los vicios,
Augur de los semblantes del privado.
bueno, de malo, de útil. Siguiendo esta analogía, los demos-
tfculo masculino : el alma, el Africa. Tamb trativos este, esta, esto; ese, esa, eso ¡aquel, aquella, aquello.
cuantos como mar, puente, margen, a los c u a k s sieuao tienen, como se ve, una tercera terminación en o, que se em-
masculinos «ñas veces y femeninos otras, puede el poeta ha- plea, cuando se refieren á un objeto cuyo nombre no se ex-
X d é l o ú otro g é l e r o según 2 presa. Así decimos : Esto que acabo de'contar á vmd. ; Eso
ó /a mar estaba en calma. Sin embargo, a palabra w a ? , uní que se cuenta por ahí : Aquello que contaron ayer. El uso
da con ciertos epítetos, no puede usarse « ^ ^ g ^ » pues, que no es tan caprichoso como se cree comunmente, ha
preciso decir : el mar Océano el mar l i m dado también al pronombre de tercera persona, el, ella, su ter-
Rojo, el Mediterráneo, y no, la mar ^egra,m i.tm cera terminación ello en el caso recto, \ la de lo en los obli-
etc. En general, mar, con adjetivo que e n s a os te m.nac.o cuos sin preposición, precisamente para que se refiera á la del
nes, suena mejor masculino, mar articulo y de los demostrativos, y se diga con toda exactitud :
Esto que acabo de contar, lo he leído en una historia fide-
digna : Eso que se cuenta por ahí, no lo crea vmd. : Aquello
que contaron ayer, tenga] o vmd. poruña paparrucha. lié

mmm
w<¿o, y no, procelosa, de.; y ^ ® ^ t « aquí el verdadero uso de la terminación lo del pronombre el,
ella. Su destino es el de indicar la relación del verbo, no con
un objeto determinado cuyo nombre sea masculino, y para que
se diga : ¿Ha visto vmd. ásu amigo Don Antonio? Sí, se-
ñor, lo he visto; sino la relación del verbo con un objeto cuyo
F a concordancia de los pronombres no puede 1 abe. dif-
nombre no se ha expresado, v se diga : Vio vmd. lo que suce-
dió ayer en el prado? Si, señor, lo vi. Por eso se refiere tam-
bién á unn proposicion entera que hace veces de nombre. Por
ouieren imponer como ley inconcusa, que basta por a o ejemplo, si al decir : ¿Cuándo conoceremos que el abuso de
S o s de la terminación lo, cuando ^ ^ ^ T s ne los placeres nos enerva ? se añade : ¡Ah, no lo queremos co-
AtA vorbo v «e refiere á un sustantivo masculino, es necewiiu nocer, ó, no queremos conocerlo : este lo se refiere á la pro-
p r e v e n i r ! l o s jóvenes q u e observen P « * — ^ ^ posicion, el abuso de los placeres nos enerva , la cual unida
esto prescribe la real Academia, y digan .• JJJ p o r medio de la conjunción que al verbo conoceremos, forma
fae/ron, le prendió y le castigo; y n o , lo premio y " el complemento directo de este, ó el acusativo, ó como quiera
Ó Y esto no es precisamente porque la Academia lo 1 aya e llamarse. Por esta misma regla se usa del lo, cuando este pro-
tablecido, sin embargo de que su autorida s o « ^ nombre se refiere á un adjetivo concertado con un sustantivo
rpsnetable sino p o r q u e tiene razón, y dice Dien, y ^ i masculino, como en estas dos proposiciones. Se cree que los
es f undado en la mas rigurosa y filosófica analogía que neos son Je/ices ¡pero están muy lejos de seño. La razón es,
e ta. El artículo castellano tiene tres t e n r n n a c i o n e ^ e P < | p o r q u e este lo está en lugar de la proposicion primera. Es
juntarse con los nombres masculinos, como si se dijese : los ricos están muy lejos de ser eso que de
ámigo; la para los femeninos, /a p e d i a ^ ellos se cree; y así se usa de este singular lo, aunque el felices
tercera /o que no es masculina ni femenma, y que po. tanto, este en plural. En suma, según la analogía de la lengua cons-
no habiendo en castellano nombres que no ^ , J tantemente observada en los demostrativos y en el artículo es-
de estos dos géneros, n o p u e d e juntarse ^ pecificativo, le y lo no son dos casos oblicuos de la termina-
v o ; pero se j u n t a con los a d j e t i v o s , para m d c a r q u e esto ción masculina del pronombre d t la tercera persona, sino dos
refieren á un objeto vago é indeterminado cuyo n o m b r e j f t terminaciones distintas, masculina l a primera y neutra la se-
expresa. Así se dice, lo bueno, lo malo, lo útil ctc , c*w g u n d a ; así como en el caso recto ó nominativo lo son el y ello,
un objeto, cualquiera q u e sea, al cual conviene la calidad o* pues de este cabalmente se forma el lo en los u s o s oblicuas,
vea vmd. a D." N. dígala vmd., rueguela; mas bien que dí-
quitándole la primera sílaba, lo mismo que de ella se forma gale, ruégue/<?, etc., ó las, si está en plural. Y esto no es un
la, suprimiendo también las dos primeras letras (I). capricho ó descuido del que habla ó escribe, es que la analo-
Esto me parece claro, evidente é indisputable; y querer dar-" gía le fuerza en cierto modo á explicarse así. Porque, si se dice:
nos el lo también para masculinos, es querer privar a la len- El juez prendió á un jitano, le tomó declaración, y le
gua de cierta finura que la enriquece y la hace muy precisa en condenó a muerte, ¿ n o está pidiendo la analogía que se diga,
ciertos casos. Yo sé, y la Academia lo advierte, que nuestros prendió á una jitana, la tornó, declaración, y la condenó A
autores antiguos no siguieron en este punto una regla u n i f o g la galera? (I) ¿Porqué, le tomó declaración y la condenó?
m e ; que los escritores andaluces usaron casi siempre del lo e. ¿Porqué en dativo la terminación masculina, y en acusativo la
el acusativo refiriéndose á nombres masculinos, y que los ca m femenina? Repito que esta no es mas que la opinion de un par-
lellanos usan del le por lo general aunque también alguna vez ticular, y que en todo caso vale mas seguir la de la Academia;
pusieron lo en inuales circunstancias. Pero esto solo prueba pero la lie indicado por si esta quiere acaso tenerla presente
que en su tiempo el uso no se habia declarado todavía de una cuando haga nueva edición de su Gramática.
manera positiva : hoy es ya constante entre los escritores no En cuanto á la pequeña anomalía que aun así tendríamos
andaluces que saben la lengua. De todos modos yo respeto las en el plural en cuyo acusativo, cuando se refiere á nombres
opiniones ajenas; y si alguno persiste todavía en decir que masculinos, se usa de los, y en el dativo de les, los loitas,
ayer fue á buscar á D. N. y lo vio ó lo encontroen la cali cuando se fundan en ella para sostener que en singular se ha
de la Montera; en hora buena, allá se las haya con su lo : 1 de usar lo para los acusativos y le para dativos masculinos,
que yo le suplico es que á los que no sean de su modo de pen no han observado que las terminaciones neutras en o del artí-
sar, no los acuse de que ponen un caso por otro. culo, de los tres demostrativos y del pronombre de tercera
lie dicho que sobre el modo de usar los pronombres se si persona, no pasan del singular, y que así en el plural no hay
gan las reglas de la real Academia. Sin embargo, si valiese m ya inconveniente (2) en distinguir el acusativo del d a t i v o , di-
voto, rae atrevería á proponer que respecto del pronombre de ciendo : El juez prendió á los ladrones, les tomó declara-
tercera persona se usase para el dativo femenino de singular ción, y los condenó á presidio; pero sí le hay en decir : El
la v para plural las, y no le y les, y se dijese. El juez pren torero se encaminó hacia el toro, y lo mató de ta primera
dió a la jitana, y la tomó declaración , a las jllanas, y la estocada. Porque este lo equivale á , mató el loro • y así
tomó declaración, y así en todas las frases, en que el pro como expresando el artículo no se puede decir, mató lo toro
nombre esté en dativo, singular ó plural, y se refiera a sus sino mato el toro; así tampoco puede decirse buscó al toro y
tantivo femenino. La regla de la Academia, que en efecto ob lo mato. Lo, tanto en el artículo, como en el pronombre (que
servan muchos, es que se diga : le tomo, les tomo declaración,
y en todo caso su autoridad tiene mas peso que mi opinión.
No obstante, he observado que el uso no es uniforme, y qu
m e n ' i o N 0 á n , l ¡ 0 ^ 1 ¡ I 0 , m e i C ? n c e j a n t e doctrina y con razones d e bastante fonda-
muchas veces, no solo en conversación sino aun en lo escrito, mento, a mi ver, la comban en m í Gramática Véase la tercera edición* Aaul n o dar*
se dice refiriéndose á un femenino, como a señora . Cuanuc u aeCiaiaeton lomada a eih — ; y la condeno — e s - ella la condenada Va ime
qniere Hermosilla analogia para las personas, no está demás que nos "tros l a ¡ n v o a u e
F a q n e i i a s c o m o ' á c i t a s ? ^ " 0 ' ' l l U e ' ° S " r e C C p l ° S C ° " t a n l a exacHtud'cíebin a l c a S z «
1 . Son incontestables esos preceptos por mas que con f r e c n e n m t a n a
quebrantado Martínez de la liosa, Salva y otros. Hay m a s , la a p h w c i o n del neaito p r t & S & n T * ' S ® ! S ° semejante caso, porque debió decir el a u t o r - «
a u n objeto determinado del g é n e r o mascul.no puede (lanar e n rnuchasocaMoncs a i f l libre arbiiifn ¡i® Z t , , r a t a u
? ü r . l , , c l P 1 0 n ? m ' s o - >' " o conviene dejarle abierto
Claridad d e la esnreMon, como ya lo noté e n mi Gramatica francesa 110 menos q n e c „ a d a ? r ¿ Q " e h l l , B 'era dicho flerniosilla de un escritor d e nornh e
la eli n a S a f o r u n o que m e parece despropósito, ó embuste s o emne raep r . S L V ^ n " V J ' T / T 1 1 ' 6 d l ° X ' « » ™ « - l e s lomó declaración, v les
á p r e m i u r - i quien ha dicho eso ? - y que se me responde - Manuel- rcplittiw elBSdeí ari!? lomó ^ Oue ese escritor había quebrantado las re-
TO con un - tío lo creo nada diría d e e x a c t o : ¿ á quien s e relieve e s e ¡o ? tóo £l dan™ ípfo S qüe C°" SU~n0 lmy y wowenienle en distinguir el acusa-
2 L " , ó al sugelo que la dijo? Está bien el lo para el primer « o ^ idi
p0r
supuesto que e l pn-cepto está e n confundirlos, cosa bien
censal le el le para el s e g u n d o , porque solo así podemos distinguir perfectamente « S o caanto d i M . 6,110 m
'd°C m ° semueslra de
Hermosilla
S e n d o al edPad de la cosa e n cuestión d e con l V ' e , a C l d a i 1 ± 1 U C n ^ a l e n l t
mía ha hecho, pues, muy ¡nal tomando el ¡o ¡ e l le por swonuao» o equivalentes.
en suma es el artículo mismo variado en sus terminaciones perfección al estilo. En efecto, la construcción puede no ser
cuando hace de pronombre) es siempre u n a terminación neu- ni anticuada ni extranjera, y ser todavía incorrecta : -i° Si se
tra, que no pasa del singular, y que por tanto en todo este , ha omitido una preposición que debió expresarse.* Por e j e m -
nunca puede ponerse como masculina. En el plural donde ya * plo, en el verbo perdonar se construye con á la persona á la
no existe, no es lo m i s m o ; y es una variedad preciosa que ¿ cual se perdona algo, y desde el Padre nuestro aprendemos
haya los para acusativo, y les para dativo. ISo sé si me e n g a - | i' 4 e c i r : asi como nosotros j)erdonamos á nuestros deudo-
fio, pero me parece evidente que el lo nunca puede ser mas- :¡ res. Por consiguiente el omitirla seria una lijera incorrección.
cuíino. Otra p r u e b a : si con los demostrativos la terminación o fc 2.° Si se pone una preposición p o r otra, aunque en eslo no se
neutra nunca se refiere a u n sustantivo masculino, y nadie •• imite una locucion extranjera; verbi gracia, si con el veibo
hasta ahora cuando le han presentado dos sombreros, p o r j abocarse, que pide con, pues decimos, abocarse con alguno,
ejemplo, y le han preguntado : Cuál elige vmd.? ha respon- se usase á, y se dijese, abocarse á Pedro. 3.° Si dos ó mas ver-
dido : Elijo eslo, sino este : ¿ p o r q u é , cuando le preguntan : bos q u e se construyen con preposiciones diferentes, se refieren
Eligió vmd. ya sombrero? ha de responder : Sí ya lo elegí? á una sola: por ejemplo, el verbo sitiar, ó la frase poner sitio,
¿Porqué en este pronombre la terminación o ha de ser mas- ¡ se construyen con á, y el verbo apoderarse con de. Seria pues
culi na y no en los otros? Dónde está la analogía? ¿Que fun- incorrecto decir : Aníbal sitió y se apoderó de Sagunto. En
damento puede tener esta anomalía tan descomunal ? .No in- este ejemplo la incorrección salta á los o j o s ; pero en muchas
sistiré mas sobre una cuestión puramente gramatical, y por ocasiones no es tan visible, y aun escritores de mérito suelen
tanto ajena de esta obra, en la cual se supone ya ventilada. Si cometer esta falta.
la he tocado, es porque todavía no la he visto bien discutida
Esto es lo único que en esta obra, que supone estudiadas ya
en ningún libro.
las reglas gramaticales, puede decirse en orden á la corrección.
En el régimen de los nombres, pues los nuestros no tie- Así, terminaré este artículo advirtiendo que los defectos rela-
nen como en latin varias inflexiones ó desinencias para indicar tivos á las construcciones gramaticales son siempre graves, si
sus diversas relaciones con las otras palabras de la oracion, y proceden de ignorancia; pero que á veces, aun sabiendo las
aquellas se enuncian por medio de las preposiciones de, a, reglas de sintáxis, quebrantamos alguna, ó por inadvertencia,
para, diciendo de Pedro, á Pedro, ó para Pedro, donde el ó porque nos creemos autorizados para ello. Lo primero se
latino diria, Pelri, Pelro; no puede haber dificultad. Sin em- llama descuido, lo segundo licencia. Tal es esta de F r . Luis
bargo, como al nombre que en latín estaría en acusativo le de León (canción A nuestra Señora, estrofa m ) :
juntamos la preposición á , si es nombre de persona o cosa
Y m i s ojos, c o b r a n d o m u c h a l u m b r e ,
personificada, v no se la juntamos cuando es de cosa no per- Pasmaron del engaño,
sonificada, y décimos, Amo á Dios, á mi prójimo, a m pa- En q u e andan los que rigen la alta c u m b r e
dre; pero n u n c a , Amo á la gloria, á la virtud, sino la glo- Del m u n d o á quien adoran.
ria, la virtud; puede ocurrir alguna duda, porque hablán- Aquí, como se ve, omitió el p r o n o m b r e recíproco se, necesa-
dose de seres abstractos, no siempre es fácil distinguir si los rio al verbo pronominal pasmarse de algo, licencia tolerable
consideramos como personificados ó n o . Así, no se puede e s - en un poeta como Fr. Luis de León : en otro de inferior nota
tablecer u n a regla general, constante y uniforme sino respecto seria reprensible. Las reglas en orden a los descuidos y á las
de las personas verdaderas, porque nunca es permitido decir licencias son las siguientes :
amo Pedro, amo Juan; respecto de las cosas no la hay.
\ .a Los descuidos solo pueden ser disculpables con estas
En cuanto á la construcción de los verbos con las preposi- tres condiciones: \ .a que recaigan sobre reglas de poca im-
ciones, aunque evitando , como se ha prevenido, las anticua- portancia : 2* que aun así no se cometan sino en aque-
das y extranjeras, se tiene ya mucho adelantado para escribir llas obras que por su naturaleza se acercan al tono des-
correctamente, añadiré sin embargo, que esta cualidad de a cuidado y libre de la conversación: 3. a que con ellos gane
corrección es distinta de la pureza, y añade un grado mas ue algo el estilo en sencillez y naturalidad. Sin estas tres con-
diciones, todo descuido en materia de corrección es una ver- cia no tenemos un buen diccionario etimológico de la lengua
dadera falta. castellana (i), ni un tratado completo de sus sinónimos; pon-
2. a Como las licencias, ó sean las voluntarias trasgresiones dré un ejemplo para que se forme alguna idea de lo que son
de las reglas, son de dos clases, unas autorizadas ya por el uso estos, el cual al mismo tiempo hará ver en qué consisten, y en
con el nombre de figuras de construcción, y otras nuevas, qué se diferencian, la propiedad, la precisión y la exactitud.
porque hasta entonces nadie se ha tomado la libertad de usar- Los tres verbos dejar, abandonar, desamparar, convienen
las ; téngase presente que estas solo pueden ser tolerables en en el fondo de su significación, ó expresan la misma idea fun-
poesía; y aun allí para aventurarlas en corto número, es damental de apartarse, separarse, desprenderse, desasirse
menester que el poeta haya alcanzado jta con otras obras de alguna cosa , y por esto se llaman sinónimos; pero cada
la autoridad de tal: y que en la prosa no son permitidas uno designa una especie distinta de separación y desprendi-
licencias verdaderamente nuevas; pero sí es muy permiti- miento. Dejar designa al desasimiento en general, sea de co-
do y necesario emplear las ya usadas, ó las figuras gra- sa propia ó a j e n a , sea para siempre ó temporalmente; aban-
maticales. Los que con supersticiosa nimiedad huyen cuanto donar añade la circunstancia de propiedad y p e r p e t u i d a d ;
pueden de emplear semejantes licencias, aun cuando las auto- desamparar indica ademas la de negar á la cosa que dejamos
rice el uso de los buenos escritores se distinguen de estos por y abandonamos, el amparo y la protección que estamos obli-
el título de puristas. gados á darla. Se ve pues que no se puede usar indiferente-
mente de estas tres palabras, y que según los casos será pre-
ARTÍCULO ra.
ciso preferir una ú otra. Así del que sale de su patria á viajar,
Propiedad, precisión y exactitud. pero con intención de volver á ella, se dirá que la deja, por-
que se va por algún t i e m p o ; pero no se dirá bien que la aban-
Una expresión, aun siendo pura y correcta, puede enunciar dona, porque no la ha dejado para siempre, ni ha renunciado
no la idea que queremos, sino otra distinta; puede enunciar á los derechos que en ella pueden competirle. Del que en efecto
aquella misma que intentamos, pero no completamente; ó la deji para siempre, se extraña y toma otra n u e v a , se dirá
puede enunciarla j u n t o con alguna circunstancia que no la bien que abandona la p r i m e r a ; pero no se podrá decir en
convenga en aquel caso. La propiedad se opone al primer rigor que la desampara, si él por su profesión no está obli-
defecto, la precisión al segundo, la exactitud al tercero. Por gado á defenderla. Esta expresión cuadraría exactamente al
eso he reunido estas cualidades del estilo, porque todas tres militar que en tiempo de paz se marcha para siempre á país
son relativas á lo completo ó incompleto de las expresiones. Se extranjero. Digo, en tiempo de paz, porque si fuese en tiempo
ve pues que la propiedad consiste en que estas no represen- de guerra, baria algo mas que desamparar su p a t r i a ; seria un
ten una idea distinta de la que querernos; la precisión en desertor ó un traidor, según las circunstancias. Ahora, para
que no la enuncien en términos genéricos que convengan que se vea en qué consiste cada una de las tres cualidades de
también á otras, y la exactitud en q u e no la presenten mas que estamos t r a t a n d o , supongamos q u e , hablándose del sim-
completa de lo que es en realidad. Para reunir estas tres ple particular, que cuando no está Obligado á prestar ningún
cualidades no hay mas regla que u n a , y es que se estudie m u - servicio á su patria, sale de ella y se establece para siempre en
cho la lengua en que se ha de escribir, y se tenga bien cono- otro país, se dijese que ha sacrificado su patria; la expresión
cido y fijado el valor etimológico y usual de todas sus voces, seria impropia, porque la palabra sacrificar significa una idea
y señaladamente de las que se llaman sinónimas. Porque, es-
tas significan, s í , una misma idea fundamental; pero cada
una de ellas la expresa con alguna diversidad en las circuns- V X f s ? ! ) s n r ^ ° e n la parle metafórica, disparalado e n la lójica, m n v poco brillante
f n ta mosobea. La Academia espadóla ha probado, s o b r e t o d o en la ultima edición d e
tancias : y si no se tienen bien deslindadas estas diferencias, su Diccionario, que tiene e n poco la gloria, que no le importa nada que nuestra lengua
y a y í perdiendo poco a poco, por negligencia d e sus tutores, ios tantos tesoros con que
es fácil decir algo mas ó algo ménos de lo que en rigor inten- ta enriquecieron nuestros a b u e l o s , en una p a l a b r a , que á la manera de ambicioso
tamos. Como este es un punto importantísimo, y por desgra- mercader, busca e l logto precisamente donde ei amor propio no debiera buscar ma?
q u e faina.
distinta de la de apartarse, separarse, etc. Si se d i j e s e s i ^ l e - n ú m e r o de espectadores que caben en sus diferentes partes.
níente que la ha dejado, la expresión no sena ya en rigor im- Se ve pues que si dijésemos, hoy hay Consejo lleno, esta voz
p r o p i a ? pero s e r i a ' v a g a , porque presenta s i , l a i d e a q u e n o seria etimológicamente i m p r o p i a , pues expresaría exacta-
aüeren os pero no completamente, pues no dice si ha dejado mente que asisten al Consejo todos los individuos que tienen
su patrfa para siempre si ha renunciado á ella. Si se dijese derecho de asistir. Sin embargo, como para esta y otras frases
'a expresión no s e n a vaga sino al semejantes el uso ha consagrado exclusivamente la otra forma
pleno por razones que seria prolijo explicar, es impropio de-
contrario, demasiado circunscripta, y por lo m i s m o i n e x a c j t a ;
cir, Consejo lleno, Audiencia llena, claustro lleno. De aquí
núes no es exacto decir que desampara una cosa el q u e antes
se infiere q u e los q u e han dicho, q u e en ninguna lengua hay
ñ o la amparaba, ó á lo ménos no tenia obligación de a m p a -
dos palabras perfectamente sinónimas, 110 se han explicado
S e i á pues en el caso propuesto la expresión pro-
con loda la exactitud que se requiere en estas materias. Han
nia orecisa : v exacta? La de, ha abandonado su patria. Déte
debido decir que hay muy pocas voces (I) que según su valor
a d v e r t i r s e q u e ^ a u n q u e teóricamente la falta de propiedad y la
etimológico y usual sean completamente sinónimas ; pero que
de e a ütud se distinguen muy b i e n , estas dos cual,dades po-
muchas, que lo s o n , atendida sida su etimología, 110 se pue-
sitivas sif confunden en el uso, y no se dice de una expresión
den poner indistintamente una por o t r a , porque el uso h a
nue es propia, si al mismo tiempo 110 es exacta.
q consagrado uno de los dos sinónimos para cierta clase de
Como este es uno de los puntos mas capitales en el arte d e
ideas, y el otro para otras. Por ejemplo, el adjetivo insano,
hablar pues quizá la mayor dificultad que hay es la de hallar
insana, que literalmente quiere decir nosano, puede signifi-
s ^ m p r e y en cada caso particular la expresión propia para la
car, según su valor etimológico, lo mismo que enfermo; pero,
idea aue queremos expresar, daré todavía otros ejemplos de
como el uso emplea este último para designar la no-sanidad
e x n r S n e s defectuosas en esta parte. De l a s q u e a un tiempo
física, y el primero para la no-sanidad intelectual ó moral;
son propias, precisas y exactas, no es ya necesario c i a r otros
seria impropio emplear este, cuando se trata de e n f e r m e d a -
h u e v o s En odos los trozos de nuestros buenos au ores que lie
des del cuerpo, y aquel cuando se habla de las del espíritu.
presen lado hasta aquí como dechados de otras bellezas, son en
Así nadie dice : mi padre está insano, para dar á entender
e e S propias y muy propias las expresiones. Mas como lie
que tiene alguna indisposición física; y al contrario, nadie ha
dicho que para hablar con propiedad, es necesario tener bien
dicho tampoco hasta a h o r a , guerra enferma, furor enfermo,
conocido el valor etimológico y usual de las voces, y acaso no
en las expresiones en que se da á la guerra y al f u r o r el epí-
iodos tendrán bien entendida su diferencia explicare es e
teto insanos, para significar que no obran ó no se gobiernan
punto que es importante, antes de pasar a citar ejemplos de
por las reglas de la sana razón, etc. Lo mismo debemos decir
expresiones impropias : lo cual servirá también para que e
del adjetivo funeral. Este no debe emplearse sino cuando se
vea po - ué algunos términos que citaré como impropios, lo
habla de cosas que tienen relación con la muerte ó los fune-
son, sin embargo de que según su valor et-molog.co podían
rales de a l g u n o ; y así se dice bien, pompa funeral, funeral
representar la idea que el autor quiso expresar con ellos. Lleno
lamento, l'sarle pues como sinónimo de funesto, fatal, di-
v í e n o son dos términos rigurosamente sinónimos por su eti-
ciendo, verbi gracia, golpe funeral, funeral misterio, por,
mología ó mas bien son una misma palabra v a n a d a n u c a -
golpe, misterio fatal, y, funeral respuesta, funeral secreto,
m e n t e ! el modo de escribirse. Por c o n t e n t e , bajo ambas
p o r , funesta respuesta, funesto secreto, es aplicar con i m -
formas su valor etimológico es el mise?',, y bajo ambas expre-
propiedad el adjetivo funeral, pues aunque tiene la misma
san idénticamente la misma idea, á 5 : b e r , la de que una cosa
significación radical que funesto, como derivados ambos de la
que puede recibir dentro de sí otra ú otras, tiene ya toda aque-
voz latina funus, no podemos emplear indistintamente uno por
Ha c a n t i d a d , ó todo aquel número que puede contener Asi
otro, porque no tienen la misma acepción usual. El primero
decimos, un vaso Heno de agua, esto e s , en el cua se h a
echado toda la cantidad de agua que permite su capacidad el
teatro estaba lleno de gente, esto es, que en el había lodo el I. II n'y a pas de SYKONTNES parfaits dans les langues, dijo mucho a n t e s Lumotle.
se emplea en sentido literal, y el segundo en el trasladado o seamos comunicar, y ademas la enuncia con solo aquellas
metafórico por cosa triste ó dañosa, esto es, que puede acar- palabras que sean necesarias para su cabal inteligencia,
e a r males, desgracias, etc. Al contrario hay ciertos sinónimos se dice que es concisa; pero si contiene alguna ó algunas
de uso si puedo explicarme así, que pueden emplearse uno otras no necesarias, se llama redundante. Debiendo las pala-
por otro, aunque por el valor gramatical de sus terminaciones bras de una expresión corresponder respectivamente á las par-
haya entre ellos alguna líjéra diferencia. Tales son por ejem- tes del pensamiento que enuncian, es evidente que si hay r e -
plo gratitud y agradecimiento. Aunque por la diferente de- dundancia de palabras, la habrá también de pensamientos par-
sinencia de ambos se pudiera asignarles diverso va or, y decir ciales en el total que la expresión representa. Y pues ya se ha
ciue el primero enuncia con mas precisión el turnio, y ei se- prevenido por punto general que no se introduzcan de aquellos
gundo la acción de agradecer, sin embargo en e uso se con- sino los necesarios,' parecía que no era necesario hablar de la
funden casi siempre, y se dice indiferentemente, lleno de gra- concision de las expresiones, porque en rigor no puede haber
titud, ó lleno de agradecimiento. En estos casos, que a ta en estas redundancia, si no la hay en las ideas que expresan.
verdad son raros, el oido es el que escoge. Sin embargo, como al tiempo de escribir, atendemos mas á
Ademas de la impropiedad ó inexactitud que puede hacer los signos que vamos empleando, que á lo que signilican; y ya
en las expresiones, por haberse empleado equivocadamente por cuidar del número y armonía de Ja cláusula, ya porque
los sinónimos de etimología ó de uso, pueden ser también nos parece que no queda bien expresada la idea con una sola
aquellas vagas é inexactas por mala elección de voces que no palabra, añadimos otras no necesarias; es preciso advertir que
son sinónimas, pero que no expresan con precisión y exactitud semejantes añadiduras deben cercenarse. Porque si á veces se
la idea que se quiere comunicar. Por ejemplo, en la Egloga puede sacrificar algún tanto de concision en favor de la armo-
i s de Balbuena, dice I r s a n i o á Tirseo : nía y numerosidad de la frase, esto se entiende en aquellas
obras que tienen por objeto principal el deleitar, como las
N o lo t e n d r é , pastor, m a s e n c u b i e r t o :
Así el cielo me ponga de su mano
poéticas ; pero en las que se dirigen á instruir, como las d i -
En el punto y compás de mi concierto. dácticas, vale mas sacrificar la melodía á la concision que no
U n r o s t r o v i , Carillo, s o b e r a n o , etc.
al contrario. En las obras mismas en que es mas necesaria la
armonía, la falta de concision ha de ser muy poco seisible.
Aquí no hay mal uso de sinónimos; pero hay u n a expre-
Téngase presente que la precisión y concision en las expre-
sión muy vana! la de, el cielo me ponga en el punto y com-
siones, aunque algunos las hayan confundido, son cosas abso-
pás de mi concierto, para decir el cielo me restituya la paz
lutamente distintas. Ambas voces, como derivadas de los ver-
v el sosiego que he perdido. Las voces punto, compás y con-
bos latinos prcecidere, concidere, compuestos de caído, con-
cierto son de tan lata significación y se pueden aplicar a tan-
vienen en la idea fundamental de cortar; pero cada una indica
tos objetos, ya literal, ya metafóricamente, que seria dilici
diversa especie de cortadura, si puedo explicarme así. La pre-
adivinar lo que el autor quiso significar aquí con ellas, si ei
cisión quiere decir que se ha escogido el término que mejor
mismo no hubiese expresado con mas precisión un pensa-
determina el objeto, le circunscribe, le corta y le separa de
miento semejante, diciendo en la Egloga v :
otros con los cuales pudiera confundirse. La concision signi-
Canta Pastor, q u e el cielo soberano fica, que la expresión no contiene mas signos que los necesa-
Al regocijo y al placer perdido rios para representarle, aunque estos por otra parte sean acaso
Te vuelva, c o m o p u e d e , de su m a n o .
vagos. Esto es tanta verdad, que á veces la expresión mas con-
Esto es explicarse con exactitud. cisa es también la mas vaga; y al contrario, las demasiada-
mente precisas y circunstanciadas suelen ser por lo mismo re-
ARTÍCULO IV.
dundantes' ün ejemplo lo demostrará: si hablando del triunfo
Concision. de los romanos, dijese yo que el triunfador iba en un magní-
fico carro, etc., y llevaba una cosa en la cabeza; la expresión
Si una expresión presenta exactamente la idea que de-
pueden ser en extremo concisas, y sin embargo la obra entera
sera prolija y difusa si está recargada de pensamientos t o ne-
cesar,os.-o s, muchos de ellos están presentados de varias
n
^ S , ' f e r e n t e S - ' a S f r a s e s d e 0 v i d i o «o« bastante concisTs
y su estilo es sin embargo r e d u n d a n t e , porque gusta de variar
un mismo pensamiento. Séneca afectó todavía mas l a c o n c ion
en las frases, y no obstante es nimio y prolijo muchas veces
p o r q u e en cogiendo entre manos una i d e a , no 7a defa í á

immim
ra S a Z : , t T t 0 SU r Í C
? T8ÍnaCÍOn ¿
pKtíí
trelejidas mas can otras, la expresioin nada tendría M , j S i l ! y Yar aWa de cien
' maneras diferentes. E n

immmi
el pasaje de Quevedo que dejo citado como ejemplo del defecto
«amado q u e e s cabalmente el de amplincar d e -

0 de
rentes s i ^ e S " ™<*os ^ d o T d i t
cada
; / - «na de por sí las expresiones, en
S r J o V f í í r a r e d u n J d ; 1 D C Í a ; P e r o e l [ odo es difuso y
,a er ins,stldo
KmienTnf k , tanto el autor sobre dos sol o í
S ra e o s - J í a b e r l f presentado bajo tantos aspectos dife-
ta ll ia de [
mas dif, f a l f ° ' ' ; ope, copiada allí mismo es todavía
mas d i f u s a , y aunque no hay quizá una expresión que en sí
y
? J e 0 0 f u e s e m u ? bnena si estuviese
68 d fUS
sola'bastaba. ^ ' °' P ° r q U e ha
* düce
> cuaild
o una

ARTÍCULO V .

Claridad.

Un
tula f e?presi°n' cuand0
° f r e c e * solo sen-
d$ íer
aideníZ 2 * ** ^ d i d o por aquellos á
J e ;
Í Z Z l . , ?SCUm' CUand0
P'lede suced*r V™ «que-
U m S Í m d
biaua a Z ' T ™', ° ú n i c o ' *e ^ c a óam-
oigua la que ofrece dos ó mas á un tiempo. La claridad

siSÉfeSSS!^ « c a n d a d y ambigüedad de las expresiones Resulta, ó de qué


los términos que se emplean son respectivamente c aros os-

ISESSSii
curos equívocos; ó de que la relación de unos con o ros'es á
e s t T ú l ü m r f f ? n S U C 0 0 r d i n a c i 0 » - ^ la que pro ví e l e
esta ultima se hablara, cuando se trate de la composición de

palabr^s mi~mas ° i r, , ^m t a n rd 0 ^ ™ 0 8 l a ^ de las


v a m o s á encargar que se omitan todas las expresiones y pala- S n o n n v . ^ r s á esta, se ve que toda expre-
n inútiles ' no se crea que repetimos una cosa ya dicha A n n
l c 5 S P r d V l e ¡ a r d e s e r e n t e n d i d a p o r los
h a d a r e m o s de las frases \ voces oratoriamente m u t , ^ aq e 0
; ^ V a , 0 , r d ? , l 0 S términos; que toda la que reúne
de las que lo son consideradas como signos de las i d e a s , d e S6r Clara e n sí
Dalahrís flíio t misma; y que si las
cual como selia visto, es cosa muy diversa. palabras, que por otra parte expresan las ideas con propiedad
Tamnoco se debe confundir la concision de las expresiones
con lo mas ó minos difuso del estilo. Todas las de un escuto
... n < 1 hubiesen de ser necesariamente inteligibles p a r a
y e
? , r a u e " o f e n d e m o s on el círculo ideal de n u e s t r o s uros. Tómese cualquiera el trabajo de recorrerlas, y hallará
aquellos q u e compren d e ) a claridad u n a c u a - in larguísimo catálogo d e ininteligibles versos q u e seria largo
í f f l i ^ S ^ a q u lias P e r o c o m o a veces s u c e d e q u e las itar. Allí verá q u e Colorobo, por ejemplo, es una estrella q u e
helad d i s t m t a d e aqueu n 0 s e r entendidas por ; stá en la constelación de O r i o n , y acotado el Almugesto de
palabras m a s e x M t a s J pro, f. ^ ^ ^ d e e„a 'olomeo. Y ¿ q u i é n si no es a s t r ó n o m o , lo s a b r í a , si el poeta
aquellos a este caso debemos usar de io lo hubiese explicado en su nota? Hallará dado á la Virgen
con s e p a r a c i ó n , y p w e n u q u e e cuando sean 1 epíteto de Cristótocos, voz greco-teológica muy buena para
e x p r e s i o n e s f P ^ * ™ son las in Concilio, pero que está muy fuera de su lugar en un p o e m a
ménos e n t e n d i d a s p o r aquellos á quienes p i c o ; y hallará q u é no hallará? ¿Quién puede dar idea
le todo el pedantismo con q u e están afeados pasajes p o r o t r a
£ e \ a b l a W A t i ^ s ° ' a s e s pueden reduciíse: 4 , l a s ^ c « :
»arte m u y poéticos? Y n o es solo en la Jerusalen; en todas
2.» las « 0 6 2 « ó cultas: 3.* las equivocas. as demás obras suyas reina el mismo mal gusto. En la Circe,
>or ejemplo (canto i . ) , tiene esta o c t a v a :
Términos técnicos.
Ya la discordia por mujer nacida,
SP l l a m a n así los que están consagrados determinadamente De la hermosura fácil y el deseo,
En sangre, en fuego y en furor teñida,
1 esparcido el cabello meduseo,
De la llama falal de la encendida
Misera Troya, en hombros de Apoaeo.
Vestida de una nube polvorosa,
Miraba la tragedia laslini"«a.
d e r a n , o a lo mcuu dia a l g u n o s e s c r i t o r e s , q u e e n

En hombros de Apogeo p o r desde lo alto del cielo, es expre-


™ F ? P a r a e f I, ue 110 a t i e n d a de astronomía, q u e serán
,as, todos los q u e la lean. Y al fin en esta octava de Lope no
dÍreraos de
ete Estostérminos serán alguna vez los mas precisas fle Balbuena Z t " 1 * ° ° ™ ' ' "«a
m o , etc., e i c . " , . . . n 0 s e n d o en obras cien- de ddo ot r e s a í u a l h a y u n s r a n m i m e r ° . y a excepción
. f,° q u e ya han pasado al lenguaje vulgar los restan-
tilicas, es ii t . ra e común de loslectoies. , o l o ? r 5 S S Í V a ? e , f e r - e s e r v a d o s á í a astronomía ó á T a a s -
- - t a s , sea m j i j W * e s p creidü e la poesía
rologra j u d . c i a n a ? El mágico Malgesi hace en el libro AVI,

consiste en bailar como energúmenos y en un lenguaje q u e ac o Í T S vfDtííÍCa d d C¡C,


° ^ de sus
consté-
a c i o n e s (ío e u a í ya es e n si m i s m o u n a ridicula p e d a n t e r í a e n
S f n u e d a e n t e n d e r , l l e n a r o n sus c o m p o s i c i o n e s p o é t i c a s d e un poema épico , y h a b l a n d o de la a d m i r a b l e m á q S de"
t i r m ino s técnicos, va de astronomía, ya de náutica ya de otras I mundo y de la infinita sabiduría de su Autor, dice q u e este
e l u d a s v aítes que debían s u p o n e r ignoradas de la mayo
r t ^ D P s u s lectores; pero ellos querían p a s a r ' p o r hombres 1 fielni w n e ! i a S , l a b r Ó ' alli
movimientos
m u v l eidos ' b u s c a b a n d e i n t e n t o las ocasiones de lucir su Líelos» luces, planetas, conjunciones,
muy leíaos, jerUsalen tantas ex- bignos, centro, epicic los, detrimentos,
Puntas, gozos, caida, exaltaciones,
¡ 2 m \ a p o r l o S n d i t o de las alusiones á p u n - lasas, orbes, apogios, decrcmentos
tos poco conochlos de mitología ó de historia , ya por d uso 1 A ni1?«8'Cursos' vucltMS
- estaciones,
Aspe, tos, rayos, auges, deferentes,
i n o p o r t u n o de voces técnicas, q u e conociendo el mismo q u e j Climas, ruedas, esferas y ascendientes.
sus lectores no entenderían muchas c o s a s , tuvo q u e pone, a
u n c r e c i d S u i o número de nota» p a r a explicar los pasajes o s -
para hacer de los inteligentes, diciendo como el mismo Bal-
buena (lib. v.):
Las puertas adornadas d e festones,
De islriadas columnas y d e lazos,
Frisos, triglifos, ménsulas, cartones,
do etc ; y entónces se pueden nombrar algunas cosas con sus Acroterias, metopas, y cimazos,
De oro y estuco pinas y artesones,
Frontispicios y bellos lagrimazos :
Y en las bóvedas y altos lacunarios,
,Varios florones y mosaicos varios.

Y si algún latino usó de la voz lacunar, que corresponde al


lacunario de Balbuena, es porque aquella era usual en el len-
Orion, las Pléyadas, el guaje c o m ú n ; y no lo dudará el que haya leido á Juvenal, y se
acuerde de aquel hemistiquio, doctus speclare lacunar.

rnrnmm
son bastante conoc.das aun del ^ f ' J s 0 ' ' , e e S a r b
los nom-

s s a W M
del c a m p o ; pero se guardaron muy b n ^ emplea ^ Voces cultas ó sábias.

Se llaman así las que, aun no siendo exclusivamente pro-


pias de una profesion particular, sin embargo, por ser
tomadas de alguna de las lenguas muertas que llamamos,
sábias, como el griego y el latín, no pueden ser entendidas
sino por las personas que saben dichas lenguas. De estas
voces sábias es claro que debe abstenerse todo escritor; pero
debe advertirse que para que un término sea rigurosamente
su respectiva lengua como Balbueua en castellano ( b b . x m . ) . culto, no basta que pertenezca á una lengua sabia, porque
del austro u n negro torbellino entonces lo serian infinitos de la lengua castellana que los ha
La triste nao acometió d e lado, _ tomado de la latina. Es menester ademas que no estén adop-
Con que el árbol mayor al agua vino tados en el lenguaje común y no hagan parte de la lengua, ó
P o r la firme carlinga ^ t r o n c a d o á lo ménos que sean poquísimo usados.
Rompió el vaivén dos curvas camino.
De una amura el bauprés quedo colgado, Cuánto mal gusto reinó en esta parte en casi todos los es-
Kola la triza, y fuera de engaste critores nuestros del siglo x v n . y principios del x v m . , lo sa-
El cuadernal, roldanas y el guindaste.
ben hasta los niños que han oido hablar de la secta de los
culteranos ó cultos ; y el que quiera ver hasta qué punto llegó
Porque conocían que casi todos sus lectores ^ j a m n lo q u
la extravagancia, y cómo esta pasó de los escritos hasta la con-
significaban en sus idiomas los términos tecmcos equi alen
versación ordinaria, no tiene mas que leer la culta latiniparla
á l o s castellanos carlinga, amura, bauprés, triza, cuadei
de Quevedo, y la comedia de Calderón No hay burlas con el
amor. En esta verá que los guantes se llamaban quirotecas, y
í S t E L también de edificios, y i vece
que para decir una dama á su hermana que no se acercase,
los b e n V pero especifican aquellas partes solamente
descr
decia: (í

cuyos nombres han pasado ya al lenguaje usua como fach


No te apropincues á mí,
das, columnas, puertas, ventanas, techos a r s o ^ a t m Que empañarás el candor
De m i castísimo vulto.
Y para decir que no la reconocía por hermana suya, porque
estaba enamorada ó tenia novio, daba esta razón diciendo: De A q u í l e s P i r r o imitación valiente,
Perpetra entre sus aras tal ofensa.
P o r o u e no quiero lener Perpetrar crímenes ó delitos puede pasar en boca de un abo-
Hermana libidinosa. gado ; y aun estos si tienen buen gusto no emplean semejantes
Así no me detendré mas en este p u n t o , y también porque voces latinizadas; pero en un poeta es imperdonable.
aquella ridicula jerigonza ha desaparecido ya casi del todo; y
n
solo daré algunos ejemplos de escritores, que aunque en ge- Palabras equívocas.
neral no se contagiaron de este mal gusto, y aun se burlaban
de los cultos, cayeron alguna vez en lo mismo que reprendían. Se llaman así las que pueden entenderse en dos sentidos,
Tal es Lope, que censuraba el culteranismo de Góngora, y sin ó porque ellas mismas tienen varias significaciones distin-
embargo en su Jerusalen, lib. x v . , d i c e : tas,ó porque hay otras en la lengua que, escribiéndose y
pronunciándose de la misma manera, tienen sin embargo
Osorio tiene en tanto con heridas un significado muy diverso. Las primeras no tienen mas
Mortales á sus pies á Orfin y á Ctorio,
Y la tierra d e partes divididas nombre que el genérico de equívocas, las segundas se llaman
D e Diomédes parece el diversorio; homónimas. La palabra compan a, por e j e m p l o , es simple-
mente equívoca, porque significa varias cosas: -Io la acción de
lo cual en lenguaje h u m a n o quiere decir, que se parecía á la estar juntas ó reunidas dos ó mas personas: 2° la totalidad
casa ó al establo de aquel Diomédes de la fábula, que mataba misma de las personas r e u n i d a s : 3" una parte de un regi-
á los huéspedes que llegaban á su palacio y echaba los cuerpos miento. La de amo es homónima, porque hay en la lengua
despedazados á sus caballos. dos, esto e s , amo sustantivo (lo mismo que señor ó dueño), y
Jáuregui, Farsalia, lib. m . , dice: amo primera persona del verbo amar: las cuales, escribién-
dose y pronunciándose del mismo m o d o , son distintas e n t r e
Volando cubren la superna esfera
Las astas, y cayendo, la marina. sí, significan cosas muy diversas, se derivan de distintas raíces,
se diferencian por los accidentes gramaticales, y solo por una
La voz superna es rigurosamente c u l t a , como enteramente casual combinación han resultado materialmente las mismas.
latina y no adoptada en el uso común ; la usual era superior La regla respecto de ambas, es que nunca se introduzcan en
ó celeste. También lo es la de insaturable, que Diego Mejía las expresiones para jugar con el vocablo, ó forinar lo que
usó en su traducción de las Heroidas. En la de Safo dice esta llamarnos equívoco, á no ser en obras jocosas. Por serlo el
hablando de su hermano : Quijote, son muy graciosos y oportunos varios equívocos q u e
de tiempo en tiempo se permitió su a u t o r ; como c u a n d o , al
Y agora pobre humilde, insaturable,
hablar del arriero que para dar agua á su recua iba á quitar
la no culta hubiera sido insaciable. Debe notarse que algunas de encima de la pila las armas de D. Quijote, sin hacer caso
voces no son en rigor cultas, porque se usaron en otro tiempo m de las voces que este le daba para que no las tocase, dice (p. -I.
y se conservan en ciertas fórmulas particularmente del f o r o ; c. 3.): A'o se curó el arriero de estas razones (y fuera mejor
pero como están ya desterradas del lenguaje usual por dema- que se c u r a r a , porque fuera curarse en salud), ánles tra-
siado latinizadas. tampoco pueden emplearse fuera de aquellas bando de las correas las arrojó gran trecho de sí. Donde,
fórmulas. Tales son perpetrar, impetrar, y algunas otras que como se ve, juega con las dos significaciones del verbo curarse.
casi pueden llamarse técnicas. Así solo deben usarse eis las Lo mísi«n hizo con igual gracia con las dos de la palabra tru-
frases á que el uso las tiene consagradas, como, impetrar una chuela, que son la de trucha pequeña y la de abadejo cuando
bula del papa. Por tanto es reprensible Lope, cuando en la tig preguntándole el ventero á D. Quijote, si por ventura comería
Circe, canto i . , dice i su merced truchuela (es decir, bacalao) respondió el a n d a n t e :
Como haya muchas truchuelas, podrán servir de una trucha.
jantes, sino sílabas pertenecientes á distintas voces; pero r e u - por piel de varios colores, como la de algunos caballos, diciendo
nidas forman el mismo sonido que las de otra voz. Por ejem-
así [Jerusalen, lib. x v i ) :
plo, con vino, convino. De estos y de todos es menester decir
lo mismo que de los rigurosos equívocos, á saber, que son un I s m e n i a , m i e n t r a s esto r e f e r i a
puerd juguetillo de palabras que solo puede entrar raras M a n r i q u e , asiendo del arzón la m a n o
veces en composiciones jocosas. % Subió veloz en Rosuflor (1), m á s pia
Q u e s u d u e ñ o al r e n d i d o c a s t e l l a n o ;
Por esta razón es oportuno el siguiente equívoco formado P o r q u e de los remiendos q u e tenia,
con dos homónimos perfectos, y empleado por Alcázar en unas H a b e r hecho en su piel vestido sani
redondillas jocosas en que describe su género de vida, y entre Pudo naturaleza, q u e procura
T a l vez en los defectos la h e r m o s u r a .
otras cosas dice :
Salido e l sol por o r i e n t e ) Quién no ve cuán indigno es esto de u n a epopeya? Pues en
D e rayos acómpañado, la misma jugó también otras varias veces con homónimos, ya
Me dan un huevo pasado
P o r a.^ua, b l a n d o y c a l i e n t e ;
perfectos, ya de solo oído. Por ejemplo en el lib. n , hablando
Con dos tragos del q u e suelo de unos cristianos que fueron muertos par los sarracenos a
L l a m a r yo n é c i a r d i v i n o ; orillas del mar de Tiro, dice:
Y á quien o t r o s l l a m a n vino,
P o r q u e n o s vino del cielo.
T r i u n f ó e l martirio allí j u n t o al mar Tirio.
Mas no siendo la obra tal que permita estas jocosidades, es
Cuando uno halla en un poema épico, es decir, en una com-
menester no introducir en una misma cláusula semejantes ho-
posicion que pide la mayor seriedad, elevación, nobleza y
mónimos, porque aun cuando el autor no quiera hacer e q u í -
majestad en el estilo, tan pueriles y bajas chocarrerías, no
voco, parecerá que lo intentó. Por esto no quisiera yo encon-
puede ménos de experimentar una santa colera, al ver tan i n -
trar en la oda del maestro León al licenciado Grial, la homo-
dianamente p r o f a n a d o , por decirlo a s í , el santuario de las
nimia que hay en la estrofa siguiente:
Musas. También Balbuenaen su Bernardo tiene vanos homo-
-
El tiempo nos convida nimo's de la misma calaña que los de Lope. Asi en el Ub. i v . ,
A los estudios nobles; y la fama dice que á su h é r o e , estando d u r m i e n d o ,
G r i a l , á la subida
Del sacro m o n t e llama, Parécele h a b e r visto u n a doncella,
Do no podrá s u b i r la postrer llama. De u n su e n e m i g o , sin por q u é , afligida;
Y q u e e r a el e n e m i g o t a l , q u e en e l l a
Donde ademas d e q u e el tono serio de la oda no permite cosa El gusto tiene puerto d e su vida :
Que el querella causaba su querella,
que pueda ni oler siquiera á juego de voces, como lo parece
Y el ser a m a d a la h a c e d e s a b r i d a , etc.
aquí el haber reunido la lercera persona llama con el sustan-
tivo llama, que son dos rigurosos homónimos; hay también el No daré mas ejemplos de equívocos ni h o m ó n i m o s ; pero ántes
defecto de emplear este último para designar, á lo que parece, de terminar este p u n t o , advertiré que aun en obras jocosas
los ingenios limitados, los poetas de ínlimo grado, que no se use de esta graciosidad con mucha economía; que
pueden subir al Parnaso; porque llamarlos postrer llama, es, cuando se introduzcan tengan tanta sal como los que he-
como se verá en otra parte, metáfora oscura y forzada. Yo bien mos visto de Cervantes, y que nunca se acumulen michos
creo que Fr. Luis de León no quería jugar con la palabra, y juntos, porque fastidian muy prowío.Quevedo, por ejemplo,
que le obligó á ello el consonante; y por esto es ménos cul- abusó tanto del equívoco, que hoy ya nadie lee sin hastio u n a
pable que Lope, que de inlento juega con el equívoco que r e - serie de ellos tan continuada como la siguiente :
sulta de los homónimos piterminación del adjetivo pío, por
piadoso, y pia, femenino también de otro adjetivo pio,pia,
1. N o m b r e d e uua yegua. Ñola del Autor.
Los diez años de mi vida mi» los franceses llaman reeherchées, esto e s , traduciendo
Los he vivido hacia atras,
Con mas grillos que el verano,
Cadenas que el Escorial.
Mas alcaides he tenido f Z v Z Z S d i a l s , para denotar que se descubre en
Que el castillo de Milán,
Mas guardas que el monumento, ellas el estudio que costó su hallazgo.
Mas hierros que el Alcorán, l a s r e d a s para escribir con naturalidad son i r e s . - i . »
Mas sentencias que el Derecho,
Mas causas que el no pagar, „ o D » sobre cosas que el escritor
Mas autos que el dia del Corpus, cidas, de que esté bien persuadido, y que le ' f f 6 ™ ^
Mas registros que el misal,
Mas enemigos que el alma,
Mas corchetes que un gaban,
Mas soplos que lo caliente,
Alas plumas que el tornear.

SSsstesaggSS
Uno ó dos podian pasar y t e n e r gracia; pero tantos juntos ¿ á
quien no empalagarán?
Concluiré lo perteneciente á la claridad de las expresiones,
añadiendo que aun sin haber en ellas términos técnicos, cultos de emplearla, para y i premuna cornbi-
o equívocos, pueden ser oscuras; ó porque el escritor, no con-
cibiendo claramente la ¡dea que quiere comunicar, se explica
con oscuridad, ó por la mala elección de las perífrasis.

ARTÍCULO V I . de buen gusto: ^ c a ^ a o U o f ^ T e r a de íllos pa-


alitaliano, y ; « examen. Yo bien sé que
Naturalidad. reciere ridicula, desecliesesinm feralmente
cada lenguai tiene sus idgotismos que111 u s 0 autoriza
Aunque las expresiones que retinen las cualidades que lleva-
suenan mal en las otras qu- e n ¿ U q|j u(J.
mos ya recorridas, suelen ser también naturales, es necesario
ciertas expresiones de sentido tigur^ao excepciones.
sin embargo considerar la naturalidad como cualidad distinta;
porque en rigor, aun teniendo aquellas, puede faltarles esta.
Se llaman pues naturales las expresiones, si teniendo las » M ^ s a ^ í S f i ñ s
demás circunstancias de que se ha hablado y hablará, aña-

-s
den á este mérito el de ser tales que el lector ú oyente juzga
que á él mismo se le hubieran ofrecido, y que al autor tío
le ha costado trabajo el encontrarlas. siones son ó no d e buen gusto. Lo pe l e ñ e r a « v c¡uk
Siendo esta la verdadera idea de lo que se llama naturali- corrección, p r o p i e d a d , ^ ^ ^ ^ S a una larga
dad en el estilo, es claro que carecerá de ella toda expresión l e n g u a ; lo restante es común a odas.. fcg P io
en la cual, ó por lo desusado de las palabras, ó por el modo disertación ; pero es forzoso omitirla porque , a
de combinarlas y colocarlas, ó p o r el aire de importancia que e n t r a r en una infinidad de pormenores que nos distrae v
se da a cosas que no lo m e r e c e n , ó por la elección de voces mucho tiempo de nuestro asunto.
muy escogidas, ó por un no sé q u é , mas fácil á veces de sentir
que de explicar, se descubre visiblemente el trabajo y esfuerzo
que ha costado su invención. Semejantes expresiones son las
ARTÍCULO Vil. separación ninguna cualidad s u y a ; en cuyo caso es claro que
no merecen el título de epítetos. Por ejemplo, esta expresión,
Energía. el cuerpo humano, es el signo total de la idea que repre-
Para que una expresión sea buena, es menester que á todas senta ; y el adjetivo humano está empleado por necesidad,
las cualidades ya explicadas añada la de ser enérgica, esto es, p o r q u e no hay en la lengua una palabra que por sí sola signi-
la de presentar las cualidades mas interesantes del objeto; fique el objeto que llamamos cuerpo humano, ó cuerpo del
y no como quiera, sino de cierta manera capaz de producir hombre. Mas si se añadiese, el cuerpo humano, máquina
en el animo una impresión viva y fuerte. De aquí se infiere admirable, esta última frase seria un verdadero epíteto desti-
que débil, lo contrario de enérgica se dirá de aquella expresión, nado á hacernos observar en el objeto llamado cuerpo huma-
que ó no presente las cualidades mas interesantes del objeto, no cierta cualidad, la de ser admirable su mecanismo. Tam-
ó lo haga con cierta languidez incapaz de producir una poco son verdaderos epítetos los adjetivos que expresan el
impresión fuerte y viva. Conocida la naturaleza de la energía, atributo de las proposiciones, verbi gracia, en esta, el hombre
y visto que consiste en expresar con cierta fuerza las cuali- es mortal; porque no están destinados á hacer resaltar indi-
dades de los objetos; es evidente que se conseguirá : em- rectamente y como de paso una cualidad particular, que es lo
pleando oportunamente aquellas partes de la expresión que que constituye el epíteto, sino á designar la que por una afir-
indican las cualidades de las cosas, no en abstracto, sino como mación positiva y directa atribuimos á un objeto. Hago estas
inherentes a las cosas mismas; á cuyas partes de la expresión advertencias, porque ninguna de estas cosas ha sido explicada
total Jlamamos adjuntos ó epítetos, palabra griega que quiere hasta ahora en los tratados de retórica, y se cree generalmente
decir sobre-puesto; y 2.° introduciendo palabras que formen que epíteto y adjetivo son una misma cosa. Tan lejos están
lo que se llama imagen. de serlo, que muchas veces hay epíteto sin que haya en la
frase ningún adjetivo, como en esta, Escipion, el rayo de la
guerra; y otras, los adjetivos no lo son, como en las citadas
Epítetos. arriba, listo supuesto, veamos las reglas que deberemos tener
Si la naturaleza de estos consiste, como he dicho, en expre- presentes para emplear con acierto los verdaderos epítetos;
sar una cualidad, cuya idea queremos excitar separadamente punto muy capital en materia de estilo. Son las siguientes :
de fas otras que excita el nombre solo del objeto; y si, como -I a Han de ser oportunos é interesantes; lo cual quiere
se s a j e desde la gramática, podemos expresarla ó con un ad- decir que h a n de expresar cualidades que tengan relación di-
jetivo solo, o con alguno acompañado de una modificación recta con el punto de vista, en que por entonces se considera
mas o menos larga, ó con otro sustantivo que entonces llaman el objeto á que se aplican. Para entender bien esta regla, es
ios gramáticos caso de adposicion, o con algún complemento necesario tener presente lo que se dice en la lógica, á saber,
indirecto, o finalmente con una proposición entera de las que que en toda proposición el sugeto se refiere al a t r i b u t o ; p o r -
laman incidentes; es claro que en rigor podría darse el nom- que de esto se infiere que no deberá añadirse á uno ni o t r o ,
bre de epíteto a cualquiera de estas cuatro maneras de expre- sino lo que pueda hacer mas sensible su mutua relación. Por
sar las cualidades de los objetos. Sin embargo, como en lite- ejemplo, si yo dijese : El hombre amante de la verdad no
ratura no se llaman por lo común epítetos sino los adjetivos debe dar oídos á tos aduladores; habría caracterizado opor-
o sotos o modificados, y los sustantivos de adposicion, solo tunamente al hombre de quien hablo, con respecto á lo que
serán de estas clases los que cite en los ejemplos; pero cuanto digo de é l , porque el epíteto, amante de la verdad, con que
cíe ellos se d i g a , puede también aplicarse á los complementos le cali, co, contribuye á hacer ver porqué no debe dar oidos
y a as proposiciones incidentes. Advierto no obstante que los á los aduladores. Mas si yo dijese : Un hombre ricamente ves-
adjetivos no son siempre epítetos. A veces, unidos á un sus- tido « o debe, etc. el epíteto estaria mal escogido, y la propo-
tantivo, expresan la idea total del objeto, y no indican con sición entera seria ridicula, poique el estar rico ó pobremente
vestido, nada tiene que ver con que uno escuche ó no á los
que le adulan. Semejante epíteto es como se ve i n o p o r t u n o , bello. No se crea por esto que todos los epítetos de n o m e r o
porque uo hace mas clara la relación entre el sugeto y el atri- son de esta clase; por lo común son felicísimos y sobremanera
b u t o Por este ejemplo se puede entender suficientemente lo enérgicos : ni se confundan tampoco estos pocos, que són ver-
nue prescribe esta primera regla : regla importantísima, como daderamente inoportunos, con algunos otros suyos, que a u n -
luego se verá, para la buena elección de los tropos o expre- que hoy pueden parecerlo, no lo eran en su tiempo. Hablo de
siones de sentido figurado; pero que aun respecto de las p a - los epítetos que constantemente da á ciertas divinidades y a
labras tomadas en su acepción iiieral, es de continuo uso Y cierfos h é r o e s , como á Juno la de los blancos brazos, o de
si por sola ella hubiésemos de calificar v a n o s epítetos que los los grandes ojos; á M i n e r v a la de los ojos garzos; a A p o l o el
escritores adocenados emplean casi siempre, y aun los buenos flechador; á Diómedes el valiente; á Héctor el impetuoso; a
alguna vez, veríamos inmediatamente que no están usados Llíses el astuto, etc. Estos eran en su tiempo una especie de
con la oportunidad d e b i d a ; q u e , léjos de hacer enérgica a sobrenombres ó apellidos, si puedo decirlo así, con que se
expresión, la debilitan; y que, en vez de hacer mas clara la distinguían ciertos dioses y ciertos héroes : tal es el pius
idea del objeto, la oscurecen. Jateas el religioso Enéas, de Virgilio. Observaré de paso que
Nadie admira mas que yo á Homero : la veneración que me algunos de H o m e r o , que traducidos literalmente según el va-
inspira su nombre, toca ya en u n a especie de idolatría litera- lor etimológico d é l a p a l a b r a , parecen ridículos, como el que
ria y ya h e dicho que para mí es el mayor poeta y. el primero da muchas veces á los griegos diciendo, los de buenas grebas,
entre los escritores profanos. Sin embargo me es preciso con- no lo son de n i n g u n a m a n e r a , si se traducen como se debe.
fesar, q u e algunos de sus epítetos pecan contra esta primera La palabra griega que corresponde á aquella expresión caste-
regla' y de consiguiente son .ociosos en el paraje en que se ha- llana, está tomada en sentido figurado, y se cometen en ella,
llan Por ejemplo, cuando se habla de la nave que va surcan- como dicen los retóricos, nada ménos que dos tropos a un
do los mares, cualquier epíteto que tenga relación con el mo- tiempo. Primero las grebas, parte de la a r m a d u r a , se toman
vimiento, que es á lo que entonces atendemos, como m e r a , por la a r m a d u r a entera, y la palabra quiere decir los de buena
veloz, lijeru, etc., es oportuno, porque es relativo a la cuali- armadura, los bien armados; y luego, antecedente p o r con-
dad suya que consideramos en aquel momento. Mas tratán- siguiente, esta expresión se emplea por la de belicosos, aguer-
dose de naves que están sacadas á tierra (y así estaban las de ridos, v así es como debe traducirse. Y si Monti, antes efe po-
los griegos durante el asedio d e Troya), llamarlas entonces nerse á traducir la lliada, hubiera aprendido todo el griego que
veloces, como frecuentemente lo hace Homero, es emplear se necesita saber para traducirla bien, no hubiera dicho en ita-
mal este epíteto en aquellas circunstancias. Cuando se hable liano, / colhurnati aclie.i,«los aqueos que gastan coturnos »,
de su tamaño ó capacidad, vendrá bien el de hondas; pero como si se tratara de algunos actores trágicos. Uno de los moti-
calificarlas con este adjetivo, cuando nada se dice que tenga vos de que Homero no sea tan estimado como merece, es que
relación con aquella cualidad, lo cual también hace Homero se le juzga por la versión latina, la cual expresa literalmente,
algunas veces, será añadir una calilicacion conocidamente in- no la significación poética y figurada de las voces, sino su valor
oportuna. Lo mismo debe decirse de otro epíteto que da fre- etimológico. Traduciendo así, no hay autor en el m u n d o que
cuentemente á los griegos, los de larga cabellera. Hablando no parezca ridiculo en muchos casos. Si el arrecía aunbus
de ellos en contraposición á los bárbaros que no se dejaban de Virgilio se tradujese en castellano, las orejas empinadas, o
crecer el cabello, es oportuno. Pero cuando en el libro 11 dice tiesas, ó derechas, que es lo que etimológicamente significan
que Agamenón mandó á los heraldos que convocasen a los las palabras auribus arrectis, ¿quién no miraría como baja y
aquivos de larga cabellera, para llevarlos al combate; cual- chabacana esta expresión? I'uesasí es como se traduce o r d i -
quiera conoce que este epíteto ninguna relación tiene con el nariamente á Homero, y se le hace decir, Juno la de los ojos
objeto de la llamada, porque p a r a empeñarlos á combatir du- de buey. Pero él no dijo ni quiso decir tal bajeza. La palabra
rante la inacción de Aquíles, que era la grande dificultad que griega significa s í , según las radicales de que se compone,
había que vencer, nada importaba que tuviesen largo el ca- ojos de buey; pero en la acepción usual esto q u e n a decir ojos
el oro, la plata, y otros capaces de pulimento, se dice muy
grandes, rasgados, hermosos, epíteto, que como se ve, nada
bien que son brillantes, lucientes, porque en esto se diferen-
tiene de ignoble. Volviendo ya á la regla; si en Homero halla-
cian de los que no pueden ser abrillantados; pero seria muy
mos alguno que otro epíteto inoportuno, fácil es conocer que
vago llamarlos extensos, pesados, porque estas son propieda-
no faltarán en otros escritores no tan buenos como é l , y que
des comunes á toda !a materia. Del mismo modo en las cuali-
abundarán en los de inferior clase. Ocioso pues será citar ejem-
dades morales de los personajes vale mas no calificar á estos
plos de los nuestros, y señaladamente de los poetas del siglo
con epítetos, que darles los genéricos de famosos, claros,
x v i i . Abranse por cualquier parte sus obras, y no se habrán
ilustres, y otros de que abundan los poetas; á no ser en a l -
leido dos páginas, sin haber hallado algunos epítetos inopor-
guna particular situación, en que los pongamos en paralelo
tunamente empleados.
con otros á quienes no convienen aquellas denominaciones.
2.a Los epítetos han de ser propios, es decir, han de ex- También de estos se encuentran algunos en Homero.
fresar cualidades que convengan al objeto á que se apli-
can. Aunque esto entra en la propiedad general de las expre- 4 . a ¡So han de ser repugnantes al objeto á quien se dan;
siones, es necesario observarlo con mas cuidado en orden á ó lo que es lo mismo, no han de expresar cualidades
los epítetos, porque es muy fácil emplear algunos defectuosos que repugnen á su naturaleza, ó sean contrarias á la idea
por esta parte. Así, en la pintura de los vicios hecha por Lope que excita su nombre. Por ejemplo, no hay nadie que al
que cité en otro lugar, noté con bastardilla varios epítetos im- leer las palabras dolor, pesar, riesgo, sepulcro ó tumba, no
propios : \ ° « La soberbia en figura de gigante, armada de vea en estos objetos algo de triste, funesto y desagradable, y
« blasfemias y de voces. » Representada la soberbia como un que por consiguiente, si los considera personificados, no los
gigante, no se puede decir con propiedad que está armada de vea bajo un aspecto deforme, espantoso, horrendo, y para d e -
blasfemias y de voces, porque éstas, y tómese la voz en sen- cirlo de una vez, que no se los figure como cosas feas. Darles
tido propio ó figurado, no son armas de gigantes. En sentido pues el epíteto de hermosos, es darles uno que no solo no les
propio, lo es la clava ; en el figurado la arrogancia. En este, conviene, sino que les repugna. A lo ménos yo creo que hasta
las blasfemias pueden serlo de un impío, y las voces de una ahora nadie se ha figurado el dolor, el pesar, el riesgo y la
verdulera. 2.° « La caduca avaricia los feroces miembros mo- sepultura como cosas bonitas y lindas.
« vió.» El epíteto de caduca, dado á la avaricia, es propio y 5. a Los epítetos no han de ser inútiles, esto es, no han
feliz, porque esta es comunmente la pasión de los viejos; pero de expresar una cualidad cuya idea excite el nombre solo
el de feroces dado á sus miembros, es impropio por esta mis- del objeto; á no ser en algún caso, en que esta cualidad
ma razón, á saber, porque representada como un viejo cadu- sea precisamente la que convenga hacer resaltar. Porque
co, sus miembros pueden ser deformes, feos, descarnados, entonces, siendo esta la idea, sobre la cual queremos que se
pero no feroces; este epíteto conviene mas bien á la juventud fije la atención del oyente ó lector, ho hay inconveniente en
robusta. Y ademas, prescindiendo de que esté ó rto represen- hacer de ella la materia de un epíteto, ántes conviene para
tada ya la avaricia como un decrépito, la ferocidad no es el prolongar y fortificarla impresión. Por e j e m p l o , cualquiera
carácter propio del avaro, sino del cruel, del violento, del que ha visto nieve, sabe que esta es siempre y necesariamente
iracundo : el avaro mas bien es tímído y de ánimo apocado, blanca, y que al oir su nombre se le excita j u n t a m e n t e con la
que feroz. 3.° Tántalo de ambición tampoco es propio de la idea del objeto la de su blancura. Será pues superfluo que á la
avaricia. Esta y la ambición son cosas distintas, y casi incom- nieve se dé el epíteto de blanca. Este no es extraño al punto
patibles. La primera es sed de riquezas, la segunda de hono- de vista en el cual se considera la cosa, no es impropio, no es
r e s ; y de ordinario, p o r conseguir estos se sacrifican aquellas. vago, y ménos r e p u g n a n t e ; pero es inútil, á no ser que, tra-
tándose de la blancura de la nieve, sea esta la idea que con-
3. a Ao han de ser vagos, esto es, no han tje expresar
venga. reforzar. Por esta razón, yo no condenaría, como Blair,
cualidades, que aunque convengan de algún modo al ob-
el piala canis albicant pruinis de Horacio, p o r q u e , i n t e n -
jeto, sean también comunes á otros muchos, sino aquellas
tando mostrar cómo blanquean los prados cubiertos de rocío,
que le sean peculiares. Por ejemplo v de ciertos cuerpos, como
expresar entonces que el r o c í o , es blanco, no me parece una se diria igualmente bien, rugosa y avara vejez, porque las
verbosidad insulsa. Mas razón tiene Blair, cuando critica el arrugas nada tienen que ver con la avaricia. Para dar u n
liquidi fotiles, de Virgilio; porque aunque el agua pierde al- ejemplo positivo, que acabará de hacer palpable la verdad de
guna vez la fluidez, su estado ordinario es el de estar liquida, esta regla (que no se hallará en ningún libro, y sin embargo
particularmente si la suponemos manando ó corriendo en una no deja de ser cierta, certísima y muy importante) recordaré
fuente ; y cualquiera lo sabe y lo conoce, sin que el poeta se un pasaje de Quevedo ya citado con otro motivo, y es la des-
lo diga. Homero tiene también epítetos superfluos. Y si en los cripción de la noche. Allí noté con bastardilla vanos epítetos
dos príncipes de la poesía se encuentran, ¿ q u é sera en los en cuya elección no tuvo presente el poeta este principio, y
demás poetas, y sobre todo en la adocenada turba de los ver- aquí es la ocasion de probar porqué no hizo bien en r e u m r -
sificadores ? , los. Allí d i c e :
6.a Aun teniendo todas las circunstancias indicadas, Con piés torpes al punto ciega y fría
no se acumulen nunca muchos sobre un mismo objeto, á Cayó de las estrellas blandamente
no ser que de intento se haga la enumeración de sus cua- La noche, tras las pardas sombras mudas etc.
lidades ; y en caso de que convenga calificarle con dos, Cieqa y fría : cada uno de estos dos epítetos es bueno en sí
expresen ambos cualidades análogas. Este es un punto deli- mismo, y ambos han sido dados á la noche por los mejores
cado, que pide alguna explicación ; pero con ella y los ejem- poetas, pero en diversas ocasiones; mas asi reunidos, debili-
plos se entenderá fácilmente. Entre todas las cualidades de u n tan la impresión que baria uno solo, y este debió escogerse
objeto hay unas que son análogas entre s í , y otras que no según la cualidad que se queria hacer resaltar. Si era Ja oscu-
tienen m u t u a conexion. Por ejemplo, el viejo es generalmente ridad, venia bien cieqa; si el fresco que ordinariamente se
débil, t í m i d o , suspicaz, avaro, desconfiado, irresoluto, etc.: siente durante la noche, entonces, fría. Reuniendo los dos,
todas estas cualidades le convienen perfectamente, y de cada se distrae nuestra atención, y no sabemos sobre cual de
u n a de ellas podrá hacerse materia de un epíteto en su r e s - aquellas cualidades debemos fijarla con p r e f e r e n c i a ; y esto,
pectiva ocasion, según lo que del viejo se d i g a ; pero entre to- porque no tienen necesaria conexion, pudiendo la noche ser
das ellas unas son análogas entre sí y otras no. Débil y tími- oscura sin ser fria, y fría sin ser oscura. Otra cosa s e n a , si se
do son análogas, y la segunda es como consecuencia de la pri- dijese húmeda y fria : en este caso la idea se refuerza, p o r -
m e r a ; pues el viejo teme á los d e m á s , porque siente que le que el frescor es consecuencia de la h u m e d a d . Lo mismo debe
faltan las fuerzas para defenderse. Tímido y avaro no lo son, decirse de los otros d o s , pardas y mudas, respecto d e las
no tienen conexion necesaria, porque la avaricia en el viejo s o m b r a s : uno solo bastaba. Véase al contrario cuan bien Her-
no nace precisamente de la timidez, sino de otro principio, á manados e s t á n , y p o r decirlo así, c u á n conspirantes son los
saber, de que sabiendo por su larga experiencia cuánto valen siguientes de Rioja en la epístola A Fabio :
las riquezas, tiene gran placer en adquirirlas, y le es duro des-
No sazona la f r u t a en un momento
prenderse de ellas. Contrayendo estos principios á la aplica- Aquella inteligencia, que mensura
ción de los epítetos, es claro : - I q u e si bien al viejo le pue- La duración d e todo á su t a l e n t o ;
den convenir los indicados, seria ridículo dar un catálogo de Flor la vitaos primero, hermosa y pura,
todos ellos, á no ser que se haga la enumeración para delinear Luego materia acerba y desabrida,
el carácter de la vejez : 2.° que al emplear mas de uno, es Y perfecta después, dulce y madura.
menester elegir los que expresan cualidades análogas, y que La flor es hermosa, porque es pura; la fruta no sazonada es
m u t u a m e n t e se refuerzan, no los inconexos y divergentes. Así desabrida, porque es acerba • y ya en sazón es dulce, porque
so podrá decir muy bien, pálida y triste vejez, porque estos está madura. Esto se llama saber hermanar los epítetos. Para
dos epítetos expresan ideas q u e mutuamente se fortifican, que acaso no se crea que estas son inútiles y metafísicas suti-
pues la palidez es indicio de que la fuerza vital está ya muy lezas, copiaré lo que dice Blair con otro motivo. Censura a
disminuida, y á este estado es consiguiente la tristeza, pero n o aquellos escritores que, por no concebir con precisión sus
pensamientos, acumulan para expresarlos palabras superfluas- de su afectada sublimidad. (Tom. i v . pág. 33.) Esto no se
y a ñ a d e : La imagen que nos ponen delante, se ve siempre lia de entender tan literalmente, que no pueda emplearse un
doble, y ninguna imagen doble es distinta. Cuando un epíteto ,vporque otros le hayan empleado : no hay acaso uno
autor me habla del valor de un héroe en un dia de batalla, que no lo baya sido ya. Lo que se quiere decir es, que se
ta expresión es precisa y le entiendo completamente. Pero procure darles alguna novedad sustituyendo al adjetivo ya muy
si por el deseo de multiplicar palabras, quiere alabar su usado otro que lo sea ménos, y diciendo , por ejemplo , par-
valor y fortaleza, en el momento en que junta estas pala- das sombras, en lugar de opacas; asoladora g u e r r a , en vez
bras comienza á vacilar mi idea. Quiere expresar con de sangrienta; potente, por poderoso, etc.
mas fuerza una calidad; pero expresa dos, que á la ver- 8. a ¡So se multipliquen demasiado los epítetos, particu-
dad son distintas. El valor hace frente al peligro, la for- larmente en la prosa; y así en esta como en los versos, no
taleza arrostra la pena. La ocasion de ejercer cada una se distribuyan con monótona simetría y bajo una misma
de estas calidades es diferente; é inducido á pensar en las forma, como hacen algunos que á cacki sustantivo le d a n
jS' fuando solamente me debiera presentar á la vista una constantemente un adjetivo, para que le sirva de lacayo. En
ele ellas, hace inconstante mi vista, é indistinta la idea los que sean necesarios convendrá variar la expresión, de mo-
del objeto. (Traducción castellana, tomo i. pág. 246.). Así, do que unos sean adjetivos solos, y otros adjetivos modifica-
Jo que en esta parte dice Blaír de las cualidades expresadas dos ; y ya sustantivos de adposicion, ya proposiciones inciden-
con sustantivos, deberá decirse igualmente de las expresadas tes. Observando todas estas reglas no podrá ménos de hacerse
con adjetivos; porque si él censura con razón al que reúne u n a buena elección de los epítetos; p u n t o , como lie dicho ,
dos, bastante analogas entre sí, como el valor y la fortaleza muy importante.
con mas razón se deberá censurar al que reúna dos que no Jo Ahora, para que se vean en un solo ejemplo epítetos que
sean tanto y mas aun si son totalmente inconexas. Por esta reúnen todas las calidades indicadas en las reglas, copiaré un
razón añadiré q u e , si alguna vez pueden aplicarse dos epítetos soneto de Lupercio Argensola. Al parecer, había soñado que
a un solo objeto (tres ó mas nunca deben entrar sino en enu- se le habia muerto alguna persona de su c a r i ñ o , y hablando
meraciones formales), cuando ambos se refuerzan mutuamente con el sueño, le dice :
del modo que queda explicado ; lo general es no dar nunca a
Imágen espantosa de la muerte,
un objeto mas q u e uno solo, escogiendo entre todos los que Sueño cruel l n o t u r b e s mas mi pecho
puedan convenirle el mas interesante en Ja ocasion en que se mostrándome cortado el nudo estrecho,
emplea, es decir, el q u e mas relación tenga con la situación Consuelo solo d e m i adversa suerte.
en que se considera entonces la cosa calificada, como se pre- Busca d e algún tirano el m u r o fuerte,
v De jaspe las paredes, d e oro el l e c h o ;
vino en la regla p r i m e r a .
O el rico avaro en el angosto lecho,
7. a Aun siendo buenos en si mismos los epítetos, eví- Haz que temblando con sudor despierte.
tense, sisón demasiado comunes y como de fórmula. Esta El uno vea el popular tumulto
regla es de Blair, el cual observa juiciosamente que hay cier- R o m p e r con furia las herradas puertas,
O al sobornado siervo el hierro oculto.
tos epítetos generales, los cuales, aunque parece realzan
la significación de la palabra á que se apiñ an, la dejan Y el otro sus rique/.as descubiertas
^ embargo indeterminada; y en fuerza de ser triviales Con llave falsa, ó con violento insulto;
Y déjale al amor sus glorias ciertas.
íZl n en f le^U(,Je Poético, son ya enteramente in-
Examinemos uno por uno todos los epítetos que contiene este
sípidos. De esta clase son discordia bárbara, envidia odio-
bellísimo soneto, y veamos cuán bien aplicados están. Ima-
sa , jefes poderosos, guerra sanguinaria, opacas sombras, es- gen espantosa de la muerte : epíteto propio y muy propio
Z Z J e m h GS> y 0 l r 0 s , m i l d e l a m i m a apéele que á veces del sueño, porque en efecto este es la única cosa que nos da
Z T T ° S r n T ,0S buenos P°etas> V de abundan alguna idea de la no existencia. Y aunque con decir«010 imá-
los de segundo orden, poniendo en ellos lodo el misterio
gen de la muerte, se calificaba bastante el sueño, añadiendo
al sustantivo imagen el adjetivo espantosa, el epíteto entero
se bace mas enérgico. Sueño cruel: otro epíteto dado a sue-
ño con toda oportunidad, porque habla de él en cuanto le h a - p i n t o r amulo para S a r a « . Cuan-
bla afligido; y personificándole, debe representarle como un
personaje cruel que se complace en atormentarle. Nudo es-
trecho : epíteto no inútil, porque la palabra nudo no excita
s f f ^ j a g s c g g h . í
suficientemente la idea de apretado, pudiendo aquel ser flojo.
Muro fuerte, tampoco es inútil, p o r q u e aunque la idea de
m u r o envuelve la de resistencia y f u e r z a , como esta es la que
aquí tiene relación directa con la circunstancia de ser el muro
de un tirano, conviene reforzarla é insistir en ella. Las dos
circunstancias de que las paredes son de jaspe, y el techo de
oro la fortifican aun mas. Rico avaro : epíteto necesario, por-
Easaaiiá
que el rico, si no es avaro, no sentirá, hasta el punto de tem-
blar con sudor, la pérdida de sus riquezas; y el avaro, si es i s s s s a a g
pobre, tampoco se incomodará tanto, como si tuviese mucho lar. En o r d e n á lo s e g u n d o se v e t a m b i é n
que perder. Angosto lecho : este epíteto que en un solo rasgo de que se trata es material en si mismo las P a l a b a s q
pinta el mal trato que se dan los avaros, la sordidez con que compongan la expresión, podrán estar ®
viven etc., no solo es bueno, es felicísimo, poético y sobre propio, y por consiguiente que las m i a g e n e s o n c o a d , s _
manera enérgico. « Romper con furia las herradas puertas,» de las metáforas. Finalmente, es claro y i e j m n v ^ V
circunstancia y epíteto que m u t u a m e n t e se fortifican y que de ser enérgica sin que forme imagen, pues lo sera s i e m p e
pintan cuan grande debe ser el sobresalto del tirano, al soñar
que el pueblo atumultuado acomete á su casa con tal furia,
que no bastan las herradas puertas para impedirle la e n t r a d a .
Sobornado siervo, hierro oculto n o pueden ser mas o p o r t u -
nos para lo que se trata, que es del temor de un tirano. Ya se maldades que Clodio meditaba y
biese quedado muerto en el encuentro con M d o n c o n g a en
sabe que los que usurpaban el p o d e r supremo en las antiguas
repúblicas, que son de los que habla el poeta, estaban siem- estos términos : Q u a m o b r e m . í f t í n t e l e n d o en
clamaret T. Annius etc. o Por tanto, si Mdon ten enüo en
p r e temiendo que un siervo sobornado los asesinase. Llave
falsa, violento insulto : circunstancias bien escogidas; son «la mano la espada ensangrentada, e t c . » En esta cía s u i a n a y
los dos medios de robar. Me h e detenido á hacer este prolijo u n a valiente imágen en la
exámen, para que se vea cuánto h a y que estudiar y admirar nens; pues un hombre que tiene en la mano una espada en
en una composicion bien escrita, p o r corta que sea. sangrentada, es, como se ve, un objeto que se puede pintar.
Supongamos qué Cicerón hubiese dicho, post ™r<e>n P. C/o
Imágenes. di , « despues de la m u e r t e ^ Clodio » aquí no ^ m ^ r n a
g e n , pues aunque pudiera pintarse un hombre m to
Quizá no hay en literatura una palabra de mas continuo uso puede pintarse el objeto d e s - n a d o por la palabra pos signo
que la de imágen, pero quizá tampoco hay otra de mas vaga de u n a relación, es decir, de una idea abstracta. De este oio
significación y"tan mal definida. Unos creen que las imágenes ejemplo r e s u l t a : lo p r i m e r o , que para que• ^ ^
consisten en los epítetos, otros las confunden con las metáfo- forme imágen, es menester que no haya en ella p a l a d a a ^ u n a
ras, otros entienden por imágen u n a expresión enérgica, y que signifique ideas abstractas ú objetos invisibles, y 10
gundo, que puede haber imagen sin metáfora, pues la que decentes; las que son contrarias á la buena crianza, groseras-
y l a s q u e ofenden el pudor, torpes; en cuyas tres especies
acabamos de ver es literal ó de sentido propio. En cuanto a
puede haber varios grados y darse á cada uno su denomina*
que puede también ser una expresión enérgica sin formar 01011
particular; pero seria inútil prolijidad. Algunos de nues-
imágpn, 110 hay mas que recordar aquellas enérgicas palabras
tros escritores se descuidaron en esta parte. Los ejemplos lo
que Virgilio pone en boca de nido, improperando á Enéas su r
probaran. *
perfidia : Nec Ubi divaparens; generis nec Dardanus auc-
ior, perfide.
Expresiones indecentes por excitar ideas desagradables
Ni es t u m a d r e una diosa, ni desciendes, ó asquerosas.
P é r f i d o ! d e l linaje esclarecido
De D á r d a n o Muchos pasajes pudiera copiar de autores nuestros de prosa
f n m W i descuidaron en esta parte, y no tuvieron reparo en
No cabe mas energía : son palabras de fuego, por decirlo asi.
Sin embargo, no forman imágen, porque una negación no se rnaní ^ r 0 1 1 ? US T b r e s p r o p i o s , o s ó , ° a n o s d e I cuerpo l m -
3 :,ones n o
puede pintar. Que las imágenes propiamente dichas c o n u i - mas culreiWp . '«uy l i m p i a s ; pero seíia yo
buven admirablemente á dar energía á las expresiones, queaa rinnil '' s , f n . P a ? e l e m P l 0 copíase sus inmundas ex-
demostrado con la citada de Cicerón. ¿Cuanto mas energico ¿ar t a n t ' n 1 ' S ° ° ? í ' ' e u n P a s a J' e d e B a I b u é n * que, sin lle-
es, con la espada ensangrentada en la mano, que, después otra nintnr'a H a ? a a b r a s q r e x c i t a n i d e a s algo puercas. Es
de la muerte de Clodío? Así, no daré mas ejemplos, m me ver á F e r n * p n tt0 di ' T f t deS,iedl0 el e n c a n t 0 se

extenderé mas sobre este p u n t o ; y también, porque todavía E b e r d S l ! n SL1 deformidad. El poeta, despues de
n a c e r dicho que aquella mágica había sido
volveré á tocarle, cuando hable de la diferencia entre el len-
guaje poético y el prosaico. En su florida edad de agrado y gusto,
Aunque altiva en su trato y desfíonesta,
ARTÍCULO TUI. Continúa así :
Decencia. Mas el tiempo, que todo lo consume,
Lo que se ha dicho de la claridad y energía se ha de tener Viáll ÍSfé C0m0 e n olras - e n s u s cos
™•
viole males q u e cuente, años que sume
presente y observarse, cuando las ideas que deseamos c o m u - £ferias de las perlas y las rosas; '
nicar son tales, que no puede haber inconveniente en nom- Quedándose tan vana, que presume
,n Cden s e r al usto
brar cada cosa por su nombre. Pero cuando se trata de cosas ,' S apetitosas
L a s f r u n a d a s a r r u g a s y lagañas (*)
asquerosas, ó que puedan ofender el respeto debido a las per- De los
Pinedos ojos sin pestañas.
sonas, y sobre todo el pudor, léjos de escoger la expresión
mas clara y enérgica, debemos al contrario explicarnos con Tirando de la edad cuanto
( d 1 en,
mas pudo
F? E r P° J ' d e l afeite, '
alguna oscuridad, dejando ver en una luz muy confusa lo que El turbio rostro le dejó sañudo,
expuesto á las claras podría parecer ménos decente a unos Y
Y PelI débil
T K T cuerpo,5
" ' de eno
¿estilando
raíces nudo, 'aceite,
oidos delicados y puros, cuales debemos suponer los de los ton a s V1V3S m e n i o r ¡ d , d j ¡ ' .
oyentes ó lectores. Como este principio no es de retorica, sino gartir d e n u e v a s a í / t t o , y i e ? £ l l e '
dé moral y buena crianza, solo añadiré que, si en las expre- Que en reumas trueca el uso dé sus días.
siones se tiene cuenta con el respeto debido á las costumbres
y con las atenciones que exige la civilidad, conservan la deno-
minación general de decentes; pero que si faltan a esta ,-egla,
toman n o m b r e s particulares, según el modo con que la q u e -
b r a n t a n . Así, las que excitan ideas asquerosas, se llaman m - ¿ S Ü S .C S V / S s e ,ee,flí
i pero e s evidente q u e B a l b n e n a

42
el buen gusto. Por ejemplo, cuando Cicerón, acusando á Vér-
que familiar * r res, juega con el significado literal de este apellido que es el de
mas
verraco, y con el equívoco que resulta de la homonimia del
E s apetitosas arrugas y lagañas de los ^ ;ioneS
verbo verro, verris, venere, que significabarrer; y cuando
Z J d e la edad; y ^ ^ / ^ ¿ S S , en la segunda Filípica insiste tanto en las borracheras de An-
iqué,8ÜO tonio, y describe tan enérgicamente sus comilonas, nombran-
rancia, hasta de los primeros elementos del a . t e !
" do co'n su nombre propio la consecuencia de sus hartazgos;
esto es ya demasiado. Demóstenes y Esquines se dicen t a m a -
Expresiones groseras. ^ ñas injurias uno a o t r o ; pero no llegan á tanta bajeza.

Góngora labuena Expresiones torpes ó que ofenden el pudor.


los nuestros se olvidaron alguna ez de lo qu o ^ ^
crianza. En su canción i / [o de Las comedias de Aristófanes tienen m u c h a s ; en Petronio y
Marcial abundan, en Catulo no f a l t a n ; Horacio y Juvenal se
Inglaterra, apostrofa a esta Ua, y dice . olvidaron también alguna vez del respeto que se merecen las
O ya Isla católica y p o t e n t e , buenas costumbres; nuestro Quevedo de cuando en cuando, y
su imitador Torres en varios pasajes, señaladamente en los
K ^ l ^ é á i c o , . Sueños morales. Pero ya se deja conocer que en u n a obra
g c o S d e r fortaleza J « * * « J ^
como esta, destinada á andar en manos de la juventud, no se
A h o r a condenada a i n f a m i a e t e r n a
1 pueden citar ejemplos d e semejantes faltas. Así solo advertiré

iH^fer
P o r la que te gobierna q u e , aun en obras satíricas y burlescas, es necesario abste-
nerse de toda obscenidad; y la advertencia no es inútil, por-
que no hace todavía muchos años que nuestros saínetes y
nuestras tonadillas abundaban de equívocos, que incomoda-
ban á cuantos conocían las reglas que la decencia dicta a todo
Oh reina torpe! Reina no, ma» loba el que escribe para el público (I), y mas aun para el teatro,
Libidinosa y fiera- adonde concurren personas de ambos sexos y de todas edades.
es grosero. A u n a reina i = Las perífrasis y atenuaciones de que he hablado ya, y los t r o -
m u j e r , solo por serlo, se la debe i r a » _ elevado pos de que luego hablaré, son de grande auxilio para presen-
particularmente en una compos.cion se a y a tar disfrazadas las ideas asquerosas ó torpes, si alguna vez es
tono lírico, como P<*> 1
preciso tratar de objetos que puedan excitarlas.
tampoco trato muy b.en a la m aunque enemigo,
otro debieron conocer q « ^ ® puede disculpar-
ARTÍCULO IX.

Melodía ó suavidad.
d e su tiempo. t a m b i é n de escritores griegos Cuando ta expresión hace en el oído una impresión
Largos ^ S S t l ^ ^ S e s , los cuales no e r a n agradable, decimos q u e es melodiosa ó suave; y cuando, al
y romanos, señaladamente üe u » ' d ian unos a
cierto muy escrupulosos e n e s t a p a r t , yr ^
1 . Me admira que el S ' Salvá haya violado abiertamente ese consejo al emprender
otros las mas groseras m u r i » . tfro o sabe;_y la edición del Diccionario de n u e s t r a Academia, estampando, como estampó e n él, todas
da nos enseñarían sino el hecho q u * w a o p a r t e dis- las espresiones torpes que la decencia condena y reprueba. La inmoralidad, la r e l a j a -
ción , ni la desvergüenza, n o h a n m e n e s t e r d e maestros, lo que importa es que p a -
porque siendo esto común en u - m p o esL ^ ^ ya de rezcan maestros para mostrar ¡ a s enormes faltas d e aquellos vicios, y las limestas con-
secuencias que siempre atraen á los que les siguen.
Ucencia, les imponía
contrario, es ingrata la que produce, la llamamos dura ó seivar una de aquellas, lo haga así el escritor. Pero téngase
áspera: epítetos que propiamente significan ideas relativas a entendido q u e , si se sabe manejar la lengua, este caso o c u r -
las sensaciones del tacto ; mas, por no haber otros, los apli- rirá pocas veces.
camos también á las del oido. El que una expresión suene ARTÍCULO x.
agradablemente, puede provenir de tres cosas : -I . a de que las
palabras de que consta, sean por sí mismas y por su combi- ' Conformidad de las expresiones con el tono de la obra
nación fáciles de pronunciar, en cuyo caso conserva el nombre
genérico de melodiosa ó suave: 2. a de que sus diferentes Como atendiendo al tono dominante de las composiciones,
partes estén distribuidas con cierta proporcion musical que se se dividen estas en nobles y familiares, dos grandes clases,
llama ritmo ó número, y por tanto la expresión total toma que luego se subdividen en varias especies; se han dado los
el nombre de sonora ó numerosa; y 3. a que las palabras, mismos nombres á la^ expresiones, considerada su c o n f o r m i -
por la naturaleza de los sonidos, ó por la cantidad de las sila- dad con el tono de un escrito. La nobleza pues de una expre-
bas, tengan cierta analogía con los objetos que representan; a sión resulta de que sus palabras no sean demasiado comu-
cuya cualidad se da el nombre de armonía imitativa, ó sim- nes, sino de aquellas que son usadas por las personas de
plemente de armonía, y á la expresión que la tiene el de ar- fina educación y elevada clase, cuando hablan de asuntos
moniosa. Para expresar la falta de alguna de estas tres cir- serios é importantes; y la familiaridad, por el contrario,
cunstancias, no hay mas que los términos genéricos de dura, de que sean usuales entre la dase media de la sociedad,
áspera, desagradable, etc. Lo perteneciente al ritmo y á la en la conversación ordinaria, y en materias de poca im-
armonía se explicará, cuando se trate de la composicion de portancia. Según que las expresiones son propias de las ín-
las cláusulas, porque allí es su lugar : ahora solo podemos timas clases del pueblo, loman los nombres de bajas, vulga-
decir algo de la melodía ó suavidad general de las expresio- res, triviales, chabacanas, tip que sea posible lijar exacta-
nes. Para conseguirla es menester evitar : mente los límites de estas denominaciones, porque no es fácil
• I L a repetición de unas mismas sílabas, ó como vulgar- saber á punto fijo, cuándo una expresión, saliendo de la es-
mente se dice, el sonsonete, esto es, el martilleo que resulta fera de familiar, toca ya en la de vulgar. Así basten estas
de que estén juntas ó muy inmediatas dos ó mas palabras generalidades, y la regla de que, en escritos elevados y serios,
consonantes, como dos adverbios en mente, ó dos tales que la como en las arengas, historias etc. no se usen expresiones
última ó últimas sílabas de la que precede sean idénticas con conocidamente familiares, y menos las bajas, vulgares y
la primera ó primeras de la que sigue, verbi gracia, nave ve- triviales; y que en todas se eviten las chabacanas, á no
loz. La falta en esta parte se llama cacofonía, palabra griega ser que de intento se trate de imitar el lenguaje del ínfimo
que literalmente significa mal-sonancia.' vulgo, que es quien las usa, porque regularmente pecan con-
2.° La concurrencia de muchas vocales; porque como para tra la pureza de la l e n g u a , como el eslógamo, hespital, etc.
pronunciarlas distintamente, es menester abrir mucho la bo- de nuestros Manolos.
ca, resulta lo que en latín se llama hiatus, el cual siempre Tampoco están exentos de faltas en esta parte algunos de
es ingrato al oído; verbi gracia, Iba á Andalucía. nuestros escritores, como se verá por unos cuantos ejemplos
3.° La reunión de consonantes ásperas, ó de difícil pronun- que daré, entre muchos mas que pudiera traer. El tantas veces
ciación, como la r, la j , la z; verbi gracia, error remoto. citado Balbuena, que en su Bernardo parece se propuso dar-
Estas tres reglas, señaladamente la úliima, tienen las e x - nos un dechado de todos los defectos imaginables en m a t e r o
cepciones que veremos, cuando se trate de la armonía; en lo de estilo, no quiso dejar de señalarse y distinguirse, acaso en>
demás son generales, y no admiten mas restricción que la que t r e todos, por la bajeza del suyo. Todo el poema, que no tiene
á las cualidades secundarias imponen las capitales, es decir, la ménos de cuarenta mil versos, está escrito, á excepción de al-
propiedad, la exactitud, la claridad y la e n e r g í a ; y es, que si guno que otro pasaje muy r a r o , en lenguaje familiar, que
en algún caso f u e r e necesario sacrificar la suavidad para con- muchas veces decae hasta la mas baja trivialidad. Por ejem-
pío, en el lib. m queriendo bacer el retrato de un moro ber- cabeza , y que el tiempo, su médico, viendo que ningún em-
berisco llamado Fracaso (el nombre no es muy á r a b e , pero plasto provechoso
esto es lo de menos) dice :
Sus yerbas pueden dar y sus legumbres
Era Fracaso un moro berberisco, Que el gusto encienda y resucite el brío,
De grueso cuerpo y ánimo doblado, P o r q u e son frias y su mal es frío;
En rostro sierpe, en ira basilisco,
En vista torpe, en lengua libertado i la aconseia que viaje; y allí verá tantas otras majaderías y
Cuba de alegre vino; q u e el morisco sandeces^ que á no verlas uno impresas, parecería imposible
Que en esto se desmanda, es consumado;
V á la sazón, sobre un frison polaco. aue hubiesen ocurrido á nadie. ,
Hecho venia, recien comido, un Baco. Concluiré lo perteneciente á las expresiones observando
Dejemos lo de ánimo doblado p o r doble, esto es falso, trai- que cuando alguna añade á las otras buenas cual.dades la de
dor. etc.; lo de torpe en la vista, y libertado en lengua, y la nobleza, se dice que es elegante; y cuando ademas con J »
nótese lo de cuba de alet/re vino, y lo de venir, recien co- un pensamiento para cuya explicación parecía difícil hallar
mido, hecho un Buco; lenguaje que no dista mucho del de u n a que las reuniese todas, se dice que es feliz.
u n a t a b e r n a ; v, repito, en una e p o p e y a !
En el lib. x tiene una insulsísima alegoría, que el llama CAPITULO II.
artiliciosa fábula, sobre el origen del deleite ; y queriendo dar
á entender por q u é medios el a m o r se insinúa en la voluntad, REGLAS PECULIARES DE LAS EXPRESIONES DE SESUDO FIGURADO.
dice que para esto trata de f o r m a r un ocioso escuadrón de
ociosos pensamientos, y continúa : Es un hecho constante que todas las palabras de una lengua
fueron primitivamente instituidas o en ella, o eniaqpeUa d e
Este quiere formar, q u e á la victoria donde las ha tomado, p a r a , designar un solo o je o r
Con él hallar no piensa i m p e d i m e n t o :
Deja la libre tierra de su gloria,
cuando fué necesario darle á conocer por medio de un signo
Y va sin ella sobre el blando viento vocal; entendiéndose por objeto ó ser no so amen e los cu r -
En amistad de sola la m e m o r i a , pos, ino también sus movimientos, los efectos que e to p o -
Verdugo cruel d e un t r i s t e pensamiento, ducen, etc., en suma todos los seres y fenómenos que llegamos
Huciendo mil potajes al sentido,
Amargo el mas sabroso y desabrido. á conocer por cualquier medio que sea Ls tambien con tan o
que en todas las lenguas muchas palabras pasan de e>ta p r i -
Mucho se ha dicho del amor, bajo mil formas se le ha per- mitiva significación á otra secundaria, o P«r uso g e n e r a o a
sonil'irado; pero á nadie sino á Balbuena se le ha ocurrido el voluntad de los escritores; es decir, que habiendo s.gn licado
hacerle cocinero. También él lía sido el primero que ha l l a - al principio un solo objeto, lian pasado despues constante-
mado á la ausencia (allí mismo) mente á significar otro ú otros, ó pasan en algunas ocasiones.
Cuando pues una palabra se emplea para designar aquel oh-
De los sueños d e amor la pesadilla.
jeto á cu\ a significación fué primitivamente destinada, se dice
No abusaré mas de la paciencia de mis lectores. El que guste, que se toma en sentido propio; y cuando se usa parai desi-
puede ver por sí mismo dicha ai tiliciosa fábula, y verá lo úl- gnar otro distinto de aquel primero, se dice que esta tomada
timo de la extravagancia, de la b a j e / a . de la ignorancia de to- en sentido figurado. Y á este uso de las palabras en una si-
do, v el gusto mas detestable que baya tenido j a m a s , no digo gnificación secundaria, es á lo que se da el nombre de tropo,
un poeta épico, sino el último y mas infeliz coplero. Allí vera palabra griega que literalmente designa la acción de dar u n a
que la ausencia sirve á la voluntad comidas frias, d é l o cual vuelta á un objeto físico, esto es, la de ponerle en una^d lec-
y de lo frió de la posada, /» estraga el gusto cierta tibieza ción distinta de aquella en que ántes estaba r o r q u c ha pa e -
acompañada de frió y calentura, y dolores de estómago y cido que tomar una voz en un significado diverso del que re-
pío, en el lib. m queriendo bacer el retrato de un moro ber- cabeza , y que el tiempo, su médico, viendo que ningún em-
berisco llamado Fracaso (el nombre no es muy á r a b e , pero plasto provechoso
esto es lo de menos) dice :
Sus yerbas pueden dar y sus legumbres
Era Fracaso un moro berberisco, Que el gusto encienda y resucite el brío,
De grueso cuerpo y ánimo doblado, P o r q u e son frias y su mal es frío;
En rostro sierpe, en ira basilisco,
En vista torpe, en lengua libertado; la aconseia que viaje; y allí verá tantas otras majaderías y
Cuba de alegre vino; q u e el morisco sandeces^ que á no verlas uno impresas, parecería imposible
Que en esto se desmanda, es consumado;
V á la sazón, sobre un frison polaco. aue hubiesen ocurrido á nadie. ,
Hecho venia, recien comido, un Baco. Concluiré lo perteneciente á las expresiones . o b s e r v a n d o
Dejemos lo de ánimo doblado p o r doble, esto es falso, trai- que cuando alguna añade á las otras buenas cualidades la de
dor. etc.; lo de torpe en la vista, y libertado en lengua, y la nobleza, se dice que es elegante; y cuando ademas con J »
nótese lo de cuba de alegre vino, y lo de venir, recien co- un pensamiento para cuya explicación parecía difícil hallar
mido, hecho un Buco; lenguaje que no dista mucho del de u n a que las reuniese todas, se dice que es feliz.
u n a t a b e r n a ; v, repito, en una e p o p e y a !
En el lib. x tiene una insulsísima alegoría, que el llama CAPITULO II.
artificiosa fábula, sobre el origen del deleite ; y queriendo dar
á entender por q u é medios el a m o r se insinúa en la voluntad, REGLAS PECULIARES DE LAS EXPRESIONES DE SESUDO FIGURADO.
dice que para esto trata de f o r m a r un ocioso escuadrón de
ociosos pensamientos, y continúa : Es un hecho constante que todas las palabras de una lengua
fueron primitivamente instituidas o en ella, o eniaqpeUa d e
Este quiere formar, que á la victoria donde las ha tomado, para, designar un solo o je o r
Con él hallar no piensa impedimento:
Deja la libre tierra de su gloria, cuando fué necesario darle á conocer por medio de un signo
Y va sin ella sobre el blando viento vocal; entendiéndose por objeto ó ser no so amen e los cu r -
En amistad de sola la memoria, pos, ino también sus movimientos, los efectos que e to p o -
Verdugo cruel de un triste pensamiento, ducen, etc., en suma todos los seres y fenomenos que llegamos
Haciendo mil potajes al sentido,
Amargo el mas sabroso y desabrido. á conocer por cualquier medio que sea Ls tambien con tan o
que en todas las lenguas muchas palabras pasan de e>ta p r i -
Mucho se ha dicho del amor, bajo mil formas se le ha per- mitiva significación á otra secundaria, o por uso ipnera o a
sonifirado; pero á nadie sino á Balbuena se le lia ocurrido el voluntad de los escritores; es decir, que habiendo s.gn ücado
hacerle cocinero. También él ha sido el primero que ha l l a - al principio un solo objeto, h a n pasado despues constante-
mado á la ausencia (allí mismo) mente á significar otro ú otros, ó pasan en algunas ocasiones.
Cuando pues una palabra se emplea para designar aquel ob-
De los sueños de amor la pesadilla.
jeto á cuj a significación fué primitivamente destinada, se dice
No abusaré mas de la paciencia de mis lectores. El que guste, que se toma en sentido propio; y cuando se usa parai desi-
puede ver por sí mismo dicha ai tiliciosa fábula, y verá lo úl- gnar otro distinto de aquel primero, se dice que esta tomada
timo de la extravagancia, de la b a j e / a . de la ignorancia de to- en sentido figurado. Y á este uso de las palabras en una si-
do, v el gusto mas detestable que haya tenido j a m a s , no digo gnificación secundaria, es á lo que se da el nombre de tropo,
un poeta épico, sino el último y mas infeliz coplero. Allí vera palabra griega que literalmente designa la acción de dar u n a
que la ausencia sirve á la voluntad comidas frias, d é l o cual vuelta á un objeto físico, esto es, la de ponerle en una^d lec-
y de lo frió de la posada, /» estraga el gusto cierta tibieza ción distinta de aquella en que antes estaba Porque¡ha pa.e-
acompañada de frío y calentura, y dolores de estómago y cido que tomar una voz en un significado diverso del que re-
cibió en su institución, tenia alguna semejanza con la acción depende de que las impresiones que recibimos simultánea-
de poner un cuerpo en una situación diversa de la que tenia. mente, ó en tiempos muy inmediatos, se unen y enlazan, es
Pero es de advertir, que como algunas palabras, habiendo pa- decir, se colocan las unas cerca de las o t r a s ; como igualmente
sado de su primera significación á otra secundaria, llegan á
se juntan las que son semejantes entre sí, aun cuando la haya-
usarse exclusivamente en e s t a ; en tal caso la segunda viene á
mos recibido en épocas muy distantes una de otra. Como, se-
ser en cierto modo propia, v por tanto no se dice ya que
gún veremos luego, este mutuo <mlace de las ideas es el f u n -
hay tropo, aun cuando le hubo al tiempo de la primera tras-
damento de que las palabras hayan pasado ó pasen de u n a
lación.
significación á otra, es necesario tener bien entendido este
Acerca de los tropos hay que determinar su origen, sus es- principio de lógica; lo cual es fácil reflexionando en el ejem-
pecies, sus ventajas y las reglas para su uso; cuatro puntos plo propuesto. Pues aunque ignoremos, como en efecto igno-
que será necesario explicar con alguna extensión, porque te- r a m o s , el por qué y el cómo están unidas y enlazadas las i m -
niendo, como tienen, íntima relación con la filosofía del len- presiones simultáneas, sucesivas y semejantes, e¡ hecho es que
guaje, son mas importantes de lo que comunmente se cree. lo están, y esto nos basta para lo que aquí buscamos.
Pero antes, para que pueda entenderse lo que sobre ellos hay Acerca de la importancia relativa de las ideas, que se hallan
que decir, se hace indispensable dar algunas nociones preli- como enlazadas entre sí por uno de los tres principios indica-
minares, recordando ciertos principios de lógica, relativos al dos, á saber, por coexistencia, sucesión ó semejanza; cons-
enlace y conexión que las ideas tienen entre s í , á su i m p o r - tando por lo dicho que cuando recibimos la impresión total
tancia relativa, y á las clasificaciones que el hombre ha hecho de un objeto recibimos igualmente las parciales de sus cuali-
de todos los objetos, á medida que los ha ido conociendo y dades, partes y circunstancias; cualquiera puede haber obser-
examinando; principios que no todos los lectores tendrán pre- vado también, que entre estas hay á veces una que atrae
sentes ó bien entendidos,. mas nuestra atención, como entre las cualidades, el color, la
figura, el tamaño ú o t r a ; entre las partes, las que primero se
ARTÍCULO PRIMERO.
presentan á la vista, ó las que están destinadas á tal ó cual uso
particular; entre las circunstancias, la materia, el lugar, etc.;
Nociones preliminares. y 2.° que al recordársenos este grupo de ideas coasociadas, se
presenta siempre á la imaginación con mas viveza, y con cierta
En cuanto al enlace de las ideas, cualquiera, por poca preferencia, la de aquella cosa que mas nos interesó, cuando
edad que tenga, habrá observado ya muchas veces que al recibimos la impresión total, y señaladamente la de aquella
acordarse de una cosa que ha visto, se acuerda también, 1.° parte, cualidad ó circunstancia que tiene mas relación con el
de todas sus partes, cualidades y circunstancias, del lugar en uso, fin ó efecto á que atendemos en aquel instante. Un ejem-
que la vio, de otras que la rodeaban, etc : 2.° de lo que le plo lo probará. Reflexione cualquiera sobre sí mismo, y se
sucedió antes y despues de verla ; y 3." de otras que ha visto convencerá, de q u e , en los varios edificios que ha visto,
semejantes a aquella, aunque haya sido en distintos tiempos y ha encontrado siempre en cada uno cierta cosa que ha llama-
lugares. Por ejemplo, cuando uno se acuerda de una flor que do su atención con mas particularidad que las restantes; en
vio en un j a r d í n , se le recuerdan sus cualidades y circunstan- uno la materia, verbi gracia, si es de m á r m o l ; en otro u n a
cias olor, color, tamaño, etc.; el jardín en que estaba, y lo parte determinada, como las torres de que está flanqueado; en
que le sucedió al ir y al venir, suponiendo que fueron cosas aquel la figura, en este la elevación, y así respectivamente; y
capaces de llamar y fijar su atención, porque si no, su impre- 2.° de ^ue, en consecuencia de esta atención preferente que
sión sena tan débil que ya se le h a b r a b o r r a d o . Y si se d e t i e - le mereció aquella cosa que mas le chocó en cada uno, se le
ne a contemplar separada alguna de las cualidades d é l a flor, recuerda su idea con mas viveza que las restantes, al acordarse
verbi gracia, su figura, se le recuerdan también otros objetos, del edificio mismo.
que en esta parte son parecidos al que entonces examina. Esto En orden al modo con que los hombres h a n clasificado los
/

míe luego veremos se llamó en latín anima, se compren-


objetos que se Ies han ido presentando en la naturaleza, a u n - zon que meco d e a n i m a l e s . e s decir,

que es cosa sabida de bis que lian estudiado lógica, no será S i S ^ s series particulares se formó, despues otra mas
inútil explicarlo aquí también en favor de los que no la hayan 2xtem -k a ' ^ a c 0 I npreiidiese todas, y se la considero como
estudiado ; ó no lo h a y a n entendido bien, ó no lo tengan pre- un nuevo todo imaginario, al cual se dio el nombre de am-
sente. Si examinamos la naturaleza, es decir, el conjunto de Z / com también se observó alguna conformidad e r i r é
seres materiales que nos rodean, veremos que c a d a ' u n o de varios de los géneros mismos, se formaron de ellos o ras cla-
ellos está separado de los otros y se distingue de ellos en al- S p e r i S i otros géneros mas u n i v e r s a s y d e es os otro
guna cosa, aunque nosotros no "podamos notar siempre y en nnpvós basta parar en el supremo y universalismo, que es ei
todos sus respectivas diferencias. Considerado cada uno de por S S a d o c o n f a palabra sedente el cual a b m a o c h ^ ^ e
si y en cuanto se distingue de los demás, se dice que es un existe ha existido v puede existir de cualquier modo que sea.
individuo: y no hay duda en q u e , sí se pudiera descubrir y D e a q u f roviene que una Case que se considera como g t a o
señalar en cada uno de estos individuos aquello en que se dis- respecto de las especies que comprende, viene a ser ella misma
tingue de otros que se le p a r e c e n , se hubiera podido dar á ca- una especie respecto de otro genero mas elevado, « s i , ta pa
da uno de ellos un nombre particular. Mas como esto es abso- K L « / , q u e es genérica respecto de ^ ^ f ^
lutamente imposible respecto de muchos que á la vista parecen en que se han distribuido todos los seres a n . m a d o s v . e n e a s e r
enteramente semejantes, y p o r otra parte seria inútil y emba- específica respecto de la palabra cuerpo, que designa todos los
razosa tan prolija nomenclatura, hemos tomado el partido de seres materiales, así animados como inanimados
nombrar con un solo n o m b r e todos aquellos individuos que
oirecen a los sentidos cualidades semejantes y uniformes. Un En eslos tres hechos, enlace o concx.on de ciertas ideas,
ejemplo Jo liara palpable. No hay duda en q u e , si examináse- importancia relativa de algunas de ellas en cada caso particu-
mos atentisimamente todos los caballos, veríamos que no hay lar, y clasificación mental de los objetos, esta fundada, como
dos tan parecidos que no se distingan en alguna cosa, como el vamos á ver, toda la teoría de los tropos. Ellos explican su ori-
coior de la piel, la altura y mil otras circunstancias. Por con- gen, en ellos se funda su clasificación, y de ellos se deducen
siguiente, si tuviésemos Ínteres en distinguirlos unos de otros, sus ventajas y las reglas para usarlos con oportunidad.
podríamos dar a cada uno su nombre particular, como en
efecto se les da muchas veces, cuando importa no equivocar- ARTÍCULO I I .
los. I ero como fuera de un caso semejante, seria mas embara-
n
Origen de los tropos.
5P Í X V n "T,ia |H 0lÍjid;,d
' > daraos a
to(Ios el nombre
e
„ ? f T Pues 1,an
"acido las clasificaciones Cicerón. Quintiliano v otros retóricos antiguos redujeron á
0mbrCS h a n h e c h 0 d e t o d o s los
han • seres que dos los m 'tivos que tuvieron los hombres para dar a una mis-
COn Cer
n l o J n S í i® ° 1 ' y l 3 S « ' ' f r a c c i o n e s con que se lian re- m a palabn. dos ó mas significaciones, la necesidad y el pla-
E f n n ° m t ? e n e S d G t 0 d ° ! l o s 'ndividuos á quienes dan el cer (I). Otro*, han añadido la imaginación, las pasiones y la
e
mÓ ' 1 C 0 m 0 " " t o d o i d e a l compuesto de partes h o - ignorancia mi.-ma de los hombres. Y no hay duda en que t o -
dmut a L y ^ r ; CUya ,olalidad
^ r e u n i ó n de indivi- das estas cosas han contribuido y contribuyen a la formación
a b s t n c r i i ? « S , C a 6 1 n ° m b r e d e esPecÍG- l i a n d o de una y al empleo del lenguaje figurado , pero, bien examinado el
bien pnfrp «i a^m ' c o m o . v a i i a s de estas especies tienen tam-
,8Una £emCJanza se ha
r ! , ' formado de todas las que 1. La palabra facer está ahí en on sentido m u y v a s o . Pudieron decir verdad C a e -
maS extensa
que £ l & 3 t T ' ó u " nuevo todo ideal ron; Quintil taño y los demás retóricos qu ,coroo a q u e l b * . se lij .ron e n « o s , ..s w í ¡ -
e j e m 1 0 d e s u e s d e h a b e r for tos pero tampoco se engañaron los que con J.-J. Rousseau atribuyeron a las l
mido 1? í « r S i'' P ' P - origen de los tropos. A las exigencias .le las pasiones debió -ni duda el b o f f l ^ « e e n -
Pa Cia
como Z t ; ' n ° e S p e c i e s d e c a b a , l o s > ^ o n e s , etc., eueiHro de la palabra, comn debió comenzar á e x p r e s a r l a s por medio ^ ^ - o s e s u -
1 0 8 mula.lo por el placer con que ellas mismas le convidaban, fcn tal hipótesis, lamuiea
r s " pon venían en tener sus indi iduos nosotros tenemos al placer por uno de los motivos que dieron origen 4 los u o p o s .
un principio interior de acción y movimiento, que por la r a -
que todasel,as no
son mas que la necesidad
í n m h * i l v e r s , l i c a d a ' s é g u n los diferentes efectos que el materiales que conocemos ya por los sentidos. De este hecho
lira n ' l e n ' d o y t i e n e < l u e P r o d u c i r P ° r medio de la pala- se infiere que cuando los hombres tuvieron que hacer visibles
¡¡ . u c c °nsiguiente, podemos señalar la necesidad como la en cierto modo por medio del lenguaje los seres inmateriales,
í n , í n C w , ( ' " e h a d a d o 0 r í g e n a l s e i l l i d o figurado. Para p r o - se vieron precisados á darles cuerpo, por decirlo así, atri-
Dasl; a
^ " ' recorrer brevemente las varias y sucesivas alte- buyéndoles por analogía algunas de las cualidades sensibles d e
raciones quo lia recibido y recibe en todas las lenguas el sen- los objetos corpóreos, porque de otra manera no hubieran s i -
tido primitivo de las palabras. do entendidos por los otros hombres con quienes hablaban.
i n < í i v ; r i f m 1 i d 0 1 i m p 0 s i b , e ' c o m o f I u e d u observado, dar á cada Para esto no tuvieron otro arbitrio que el de dar á los objetos
niiploii , a n a t u r a ! e z a «n nombre particular, es evidente inmateriales los mismos nombres que significaban ya las cosas
m e s a l p a s o f u e fl| sensibles, con las cuales creyeron que tenían aquellos alguna
K ' l e r o n conociendo varios que se
ía «ó ¡' ° n t r e s í ' s e v i e r o n e n , a necesidad de extender á semejanza ó analogía. Podría en efecto demostrarlo examinan-
r a el
¡,„; ' ® • nombre que habiau dado al primer individuo do una por una las palabras que en nuestra lengua y en otra
que conocieron en ella; lo cual fué ya emplear el signo de una cualquiera designan seres espirituales, bajo cuya denomina-
jucai por el de otra. Como boy no conocemos positivamente ción general se comprenden no solo los objetos reales verda-
? P n m i t i v o s d e ninguna lengua , pues la mas po- deramente incorpóreos, sino también las abstracciones que el
"Ll, ¡ a mfinitamente variada y alterada, pondremos un hombre ha formado de las ideas materiales que recibe por los
ejemplo hipotético para que se vea esta primera alteración, sentidos, y de las cuales ha hecho otros tantos seres ideales,
que necesariamente recibió el significado de los nombres. Su- imaginarios, intelectuales y morales; pues todos estos n o m -
pongamos que la palabra león sea en efecto la que Adán em- bres tienen según el modo con que se consideran. Pero como
pleo para designar el animal que hoy conocemos con este nom- esto seria demasiado largo y el hecho es constante, concluiré
n i e . LS claro que aquella voz en el principio no pudo ser mas este punto con dos observaciones necesarias.
que un nombre propio, porque nuestro primer padre, al in-
La primera es, que entre las palabras que de significar ob-
W n T ¡ ' n ° á T S m C O n e l l a i a P r i m e r a v e z mas que aquel jetos materiales pasaron luego á significar también los que n o
r , r c D I I ' a , 1 ° q u e t e n i a Presente, y al cual q u e d a poner lo son, unas han perdido su primera significación, conservan*
™ L S u P ¡ ) n 8 a m , o s c I"e el mismo Adán vio sucesivamente do solo la segunda, la cual por consiguiente ha venido á ser-
Minii 8 Ks ev,dente
' > por lo que dejamos dicho, que h a - las en cier.'o modo p r o p i a : tales son las palabras espíritu,
llándolos semejantes, dio á lodos el mismo nombre de león alma, entendimiento; y otras han conservado ambas; tal es,
que había dado al p r i m e r o ; y lié aquí á este nombre propio por ejemplo, la palabra corazon, la cual habiendo significado
i n f o r m a d o ya en apelativo, es decir, que habiendo significa- primeramente la entraña material conocida con este nombre,
entera C1P
' ° " " S O l ° i n d i v i d u 0 ' P a s ó a significar la especie pasó, por la razón que luego se dirá, á designar la parte moral
del hombre, las pasiones, algunas disposiciones del ánimo, el
2 esla
r¡ ;°A necesidad, que podemos llamar gramatical, se valor y otras mil cosas, cuyas significaciones secundarias con-
añad o otra que pudiese decirse ideológica; pues resulta de serva, pero sin haber perdido la primera.
S ™ a i d C C ' ! i ' l a s i d e a s > P a r a c u 5' a expresión fué nece- La segunda es, que muchas palabras han sido trasladadas
sa. o no ya hacer de nombres propios apelativos, sino lo que d e los objetos materiales, no á los espirituales, sino á otros
e mas, hacer que la palabra que significaba objetos de una igualmente materiales y de muy distinta especie. Tal e s , por
c ase pasase a significar los de otra muy distinta ; y este fué ejemplo, «a palabra hoja, que habiendo significado primera-
mente una parte de los vegetales conocida con este n o m b r e ,
sirfnf't«°i P a S ° i q U G d l 6 r 0 n l a s , e n § u a s ol']iS;!das P O ' - n e c e - pasó á designar otras cosas, materiales s í , pero de muy dis-
, ; ; , T 0 Ü ° S S a b ? P ' , r experiencia propia que no podemos tinta naturaleza, como las porciones iguales de papel de que
reduen imagen las ideas de las cosas inmateriales, sino (¡ ai- se compone un l i b r o , la parte acerada de las espadas y s a -
rándonoslas corporeas y semejantes á algunos de los objetos 1 les, etc. En este caso, es decir, cuando las varias signiücacio-
— 218 —

nes de una palabra son todas de objetos materiales, es á veces siones que el frío examen de la meditación ; empleamos para
difícil distinguir cuál de ellas es la primitiva; pero para cono- designar las cosas, no sus nombres propios, sino los d e a q u e -
cerlo, téngase por regla general, que será la de aquel objeto llas accesorias que mas fuertemente nos conmueven. En esto,
que primero debieron conocer los hombres. Así en el ejemplo. ¡ como se ve, procedemos impelidos del vehemente impulso que
propuesto, como debieron ver árboles mucho tiempo ántes de entónces experimentamos de comunicar á los otros las ideas,
tener libros, es indudable que la palabra hoja signilicó las de n o de cualquier modo, porque esto no nos satisface, sino <on
aquellos ántes que las de estos. Esta traslación de una signifi- ¡ la misma fuerza y energía, y por decirlo así, con el mismo
cacion material á otra que igualmente lo es, debió su origen á j colorido con que en aquel momento se presentan á nuestra
la necesidad, lo mismo que la trasformacion de los nombres! imaginación. Esta especie de necesidad es la que mas ha ex-
propios en apelativos; y aun en rigor puede decirse que es la tendido el uso del lenguaje figurado, pues lo que es una nece-
misma cosa, pues si una palabra llegó á signilicar dos cosas.; sidad verdadera y muy real en el que habla agitado de u n a
tan distintas, como son las hojas de los árboles y unos p e d a - pasión violenta, ha venido á ser una necesidad facticia en el
zos de papel, fué porque considerando en las primeras la c u a - que ha tenido que imitar el Ivnguaje vivo, animado y pinto-
lidad de ser delgadas y planas, se extendió aquella voz á de-- resco de la imaginación y de las pasiones. Y como esto es esen-
signar en general todos los objetos que las reunían, cuando n o cialmente propio de los poetas y oradores, de aquí es que se
ofrecían otras mas interesantes, por las cuales mereciesen ser ha mirado como exclusivamente reservado á ellos el lenguaje
n o m b r a d a s ; y en esto no se hizo mas que seguir el impulso figurado ; pero en realidad se extiende á todo género de escri-
de la necesidad, ahorrando palabras nuevas, siempre que con tos. Porque entre todos los asuntos que pueden ofrecerse,
las ya inventadas se pudo dar á entender suficientemente lo apénas hay uno en que no tengan alguna parte la imaginación
que se quería decir. y las pasiones, en que de consiguiente no sea necesario imitar
3." A estas dos especies de necesidad, que pueden llamarse mas ó ménos su lenguaje.
de la lengua mas bien que del escritor debe añadirse la de Resumiendo ya todo lo dicho sobre el origen de los tropos,
esle para conocer completamente lodo lo que ha dado origen resulta :
al sentido figurado. Para entender en qué se funda esta nece- • I Q u e los hombres han sido guiados en este punto, como
sidad del escritor, es menester recordar lo que ya dejamos ob- en todos, por la necesidad, y que es de tres clases la que los
servado, á saber, I q u e un objeto nunca se nos presenta solo h a obligado á dar varias significaciones á una misma palabra :
é independiente de los demás, sino rodeado y dependiente de \ . a la que hemos llamado gramatical, por la cual se ha e x -
oíros muchos, con los cuales tiene siempre alguna relación ; tendido la significación primitiva desde un solo individuo á
porqu • es todo ó p a r t e , precede ó sigue, es causa ó efecto, es toda la especie entera, y aun á otras clases distintas 2 . a la
ó no semejante á o t r o , y á lo ménos coexiste con algunos en que liemos llamado ideológica, porque es la que lia obligado
un mismo lugar : 2.° que las ideas de los que tienen entre sí á trasladar los nombres de los objetos materiales á los i n m a -
ciertas relaciones, están como entizadas unas con otras : 3.° teriales ; y 3 . a la que por lo dicho podemos llamar moral, la
que juntamente con la idea principal del objeto que contem- cual hace que los signos de las ideas coasociadas se sustituyan
plamos, se nos recuerdan también otras varias de las acceso- u n o s por otros.
rias ó coasociadas,• y 4.° que muchas veces alguna de estas 2.° Que la significación secundaria, que algunas palabras
accesorias es para nosotros mas interesante que las otras, y h a n tomado constantemente en virtud de la primera, ha lle-
por tanto se presenta á la imaginación con cierta preferencia. gado á ser ya la suya propia.
De esle enlace pues de las ideas y de este fenómeno intelec- 3." Que sucede lo mismo con aquellas q u e , habiendo sido
tual, que como dijimos, cualquiera puede haber observado en trasladadas desde los objetos materiales á los que no lo son>
sí mismo, resulta q u e cuando hablamos agitados de alguna han perdido su primera significación.
pasión, y en aquellos movimientos repentinos en que la ima- - 4 Q u e aunque unas y otras pudieran en rigor llamarse
ginación acalorada tiene mas parte en la elección de las expre- tropos, y lo fueron en su principio, ni se las da ya este n o m -
— m -

b r e , ni son de las que ahora tratamos, sino aquellas que con- Sinécdoque.
servando su primera significación, toman constante ó pasaje-
ramente otra secundaria. Tales son muchas de las trasladadas Esta palabra griega significa literalmente comprensión; y
por la segunda especie de necesidad, y todas las de la tercera. se designa con ella este primer tropo, porque entonces el
Esto supuesto, veamos ya cuántas especies de tropos debe- nombre de un objeto que comprende otros, se emplea por el
rán admitirse; previniendo ántes, para que acaso no se con- de alguno de estos, como cuando el nombre de un género se
f u n d a n dos cosas muy distintas, que no es lo mismo ser un pone por el de alguna de las especies contenidas en é l , ó el de
término propio, que estar tomado en sentido propio. Lo pri- una especie por el de alguno de los individuos. Pero por lo
mero quiere decir que expresa bien la i d e a , y esté él tomado dicbo es claro que deberá usarse para designar todas las tras-
en la acepción que se quiera ; lo segundo, que está tomado en laciones fundadas en la relación de coexistencia, aun cuando
su acepción primitiva. Así, por ejemplo, cuando usamos la pa- no haya rigurosa comprensión; traslaciones que se verifican
labra corazon, para d e s i g n a r l a parte moral del hombre, es de los modos siguientes :
propia y propisima, porque expresa perfectamente la i d e a ; \ E l nombre de un todo se pone por el de alguna parte;
pero no está tomada en su primitiva acepción, pues en esta y al contrario, el de una s o l a p a r / e por el del todo. Ejemplo
no designa mas que la entraña material que se llama así en de lo primero, cuando decimos : el hombre ha sido formado
nuestra lengua. de barro, y otras expresiones semejantes, en las cuales se ve
que la palabra hombre, que ordinariamente significa el com-
ARTÍCLLO I I I . puesto total de cuerpo y a l m a , designa ahora el cuerpo solo,
pues de otro modo serian falsas. De lo segundo, cuando deci-
Especies de los tropos. mos : Tantas velas han salido de Cádiz, en lugar de tantos
navios: en cuyo caso la palabra vela, nombre de la parte de
Constando ya por lo dicho que el sentido figurado se f u n d a un navio, se emplea por la de barco, buque ó embarcación,
en la conexion que tienen e n ' r e sí la idea del objeto primiti- nombre del objeto total de que hablamos.
vamente designado por las palabras y la del otro ú otros á que 2.° El género por la especie y al contrario. Ejemplo de lo
se extienden ó trasladan, y que esta conexion se forma entre primero, cuando la pálabra mortal, epíteto genérico que con-
las impresiones simultáneas, sucesivas y semejantes, ó como viene á todos los animales, se emplea para designar los hom-
los filósofos se explican, por coexistencia de lugar, por inme- bres solos. De lo segundo cuando decimos: Fulano no en-
diata sucesión de tiempo y por semejanza de cualidad; es evi- cuentra dónde ganar el pan; en cuya expresión y otras se-
dente que no puede haber mas que tres especies de tropos, en mejantes, la palabra pan, nombre de una especie particular
cada u n a de las cuales se distinguen luego, para mayor clari- de alimento, designa todo alimento en general, y aun todo lo
d a d , varios modos de verificar la traslación. La primera com- necesario para subsistir.
p r e n d e tos que se fundan en la relación de coexistencia, es 3.° La especie por el individuo, y al reves ; ó , hablando
decir, que á ella pertenece toda traslación en que las palabras gramaticalmente, el nombre apelativo por el propio, y al con-
pasen á significar uno ó mas objetos distintos del p r i m e r o , d trario. Lo primero se verifica cuando, por el ejemplo, los ape-
consecuencia de hallarse enlazada la idea de este con la de lativos, orador, poeta se ponen por los propios, Cicerón,
aquel ó aquellos, por h a b e r sido simultáneas las impresiones Virgilio : lo s e g u n d o , cuando el nombre propio Mecénas se
que las p r o d u j e r o n ; y se llama sinécdoque. La segunda abraza emplea por el apelativo protector. Como los retóricos han for-
todas las traslaciones verificadas en virtud de la conexion que mado de este modo de traslación, que indudablemente perte-
resulta entre las ideas p o r la sucesión de orden ó de tiempo, nece á la sinécdoque, un tropo distinto que llaman antono-
y se llama metonimia. La tercera contiene las que se fundan masia, observaré de paso, para que se vea cuán inexactas é
en la semejanza, y es la llamada metáfora. inconsecuentes h a n sido sus clasificaciones, que en rigor la
misma traslación hay en t o m a r la especie por el individuo y
este por aquella, que en poner el género por la especie y esta tiene talento, juicio, etc., y al contrario, entre nosotros que
por a q u e l ; pues es innegable que el género es respecto de las consideramos el corazon como centro de la fuerza, y por con-
especies subalternas, lo mismo exactamente que cada especie siguiente del valor, la traducción literal tiene corazon, signi-
respecto de los individuos que contiene. Sin embargo, los r e - fica que uno tiene, no talento, sino valor. Esta observación es
tóricos han caido en la inconsecuencia de referir la traslación muy necesaria para traducir con acierto los autores antiguos.
de género por especie, y al reves, a l a sinécdoque, y de h a - 7.° El signo por la cosa significada. Aquí se refiere el
cer un tropo distinto de la de especie por individuo, ó al uso de indicar, i .D las disnidades y las personas que las obtie-
contrario, nen por sus distintivos ó insignias, como entre nosotros a di-
4." El plural por el singular, y al reves. Por la primera gnidad real por el cetro, la cardenalicia por el capelo, la j u -
empleamos frecuentemente el pronombre de plural nosotros diciaria por la toga, etc.; y entre los romanos el consulado y
(ó nos en las fórmulas y decretos) por el de singular yo. Por l a pretura por las fasces: 2.° las naciones p o r su escudo de
la segunda es también común decir en singular, el español, armas, como la España por el león, etc.; y 3.° las divinidades
el francés, etc., aun cuando se quiere designar muchos, ó del paganismo por sus atributos ó símbolos, como Neptuno por
iodos los individuos de estas naciones. En seguida de este ej etc.
uso de sustituir uno por otro el singular y el p l u r a l , ponen 8.° El abstracto por el concreto, esto es, el nombre ab-
los retóricos la traslación que llaman de número determinado stracto de una cualidad por el adjetivo que la expresa como
por indeterminado, como cuando decimos : Mil veces he existente en algún sugeto. Así decimos: La ignorancia es
visto, dicho, hecho, etc., por Muchas veces; pero si se exa- atrevida, para expresar que los ignorantes son atrevidos: en
minan bien estas expresiones, se verá que en ellas no hay ver- cuya locucion y en todas las de su clase, hay ademas, como ya
dadero tropo, sino una especie de exageración ó hipérbole. se dijo, una especie de personificación, por la cual, dundo una
5.° La materia de que un? cosa es formada, por la cosa como existencia material á los seres abstractos, les atribuimos
misma, como cuando decimos, el acero por la espada. cualidades que en rigor solo se hallan en los seres reales.
6.° El continente por el contenido, ó lo que es lo mismo, Estos modos de traslación, de los cuales unos se atribuían
el nombre del lugar ó paraje donde se halla una cosa por el hasta ahora á la sinécdoque ó á la metonimia, y otros consti-
de la cosa misma. Así los nombres Francia, Italia, España, etc. tuían tropos distintos, deben todos referirse á la sinécdoque,
se emplean para designar los habitantes de estos países. Aquí porque en ellos el signo propio de una idea se emplea p a r a
se refiere comunmente el uso de dar á algunos artefactos el designar otra, con la cual está enlazada p o r el principio de co-
nombre de la ciudad, villa ó provincia donde se fabrican, como existencia, ó en virtud de la simultaneidad de las impresio-
cuando se llama hcimburgo, rúan, etc. el lienzo fabricado en nes. En efecto, es claro que los nombres del todo y de la parte,
aquellas ciudades; pero en rigor estas expresiones no son tro- del continente y del contenido, de la cualidad y del sugeto en
pos, sino elipsis autorizadas por el uso, y equivalen á la expre- que se halla, de la materia y de la cosa que con ella se hace,
sión plena, lienzo fabricado en lfamburgo, Rúan, etc. Lo de las insignias ó símbolos de una persona y de su di-nidad, se
mismo debe decirse de estas expresiones, beberse una botella sustituyen uno por otro ; porque, estando tan unidas en nues-
de vino; apurar la taza ó el vaso, y otras semejantes. No tro ánimo las ideas de todas estas cosas como lo están entre si
son realmente tropos, sino licencias de sintaxis. En consecuen- en la naturaleza las cosas mismas, se nos presenta u n a de ellas
cia de este uso de poner el nombre del lugar, donde una cosa en ciertas ocasiones con preferencia á su correspondiente, por
está ó reside, por el de la cosa misma, los de aquellos órganos razones que luego indicaré. No será inútil prevenir, para que
corporales, que bien ó mal se consideran como asiento ó resi- se vea por qué pertenecen á este primer tropo las traslaciones
dencia de las potencias del alma y de las pasiones del hombre, de esta clase, que el tomarse el género por la especie, esta por
se toman por las potencias y pasiones mismas. Así porque los el individuo, y el plural por el singular, ó al contrario, es en
antiguos miraban el corazon como el asiento de la prudencia, sustancia lo mismo que poner el todo p o r la parte, o al reves,
del juicio, del talento, la expresión latina habet cor significa, pues los géneros, las especies, los individuos y los números
son respectivamente todos y partes en el orden lógico ó meta-
fis;co, y sus ideas siguen en su enlace y relaciones las mismas
leyes que las de los objetos físicos. parte de las acepciones secundarias, pero constantemente usua-
les, de las voces.
2.° La causa por el efecto, y este por aquella. De uno y
Metonimia. otro tenemos ejemplo en estas dos expresiones castellanas,
Vivir de su trabajo, y, Ganar el pan con el sudor de su
Esta palabra griega, 'traducida en u n a sola castellana, signi-
trasnominación, esto es, la acción de nombrar una cosa rostro. En la primera, que quiere decir, mantenerse con la
que es antes con el nombre de otra que es despues, y al con- ganancia que produce el trabajo, se toma este, causa produc-
t r a r i o ; y conviene muy bien á las traslaciones de la segunda tiva de la ganancia, por la ganancia su efecto; y en la segunda,
ciase, en las cuales el signo de una idea se emplea por el de que vale tanto como ganar con el trabajo lo necesario para
otra con la cual está enlazada por la ley de inmediata s u c e - vivir, se designa el trabajo, causa del sudor, por el sudor mis-
sión es decir, porque fueron sucesivas las impresiones que las mo, efecto del trabajo.
p r o d u j e r o n . Los modos de verificar la traslación en este tropo 3.° El inventor por la cosa inventada. Aquí se refieren
r
son e s t o s : las expresior.es poéticas en que los nombres de las divinidades
gentílicas se ponen, por les de aquellas cosas que, según
- I E l antecedente por el consiguiente, y al r e v e s ; es
la opinion vulgar, habían i n v e n t a d o ; y 2." por los de otras,
aecir, el nombre de una cosa que según el orden de la n a t u -
de las cuales se las creia n ú m e n e s tutelares. Por la primera
raleza, o según las instituciones humanas, antecede á otra, por
especie de traslación, en lenguaje poético Céres significa el
el de esta misma, y al contrario. Según el orden inmutable de
pan, Baco el vino, etc.; y por la segunda Marte se toma por
ta naturaleza, y por la necesidad mas absoluta, primero es
la guerra, Anfdrite, por el mar, etc.
-Aistir que perecer o dejar de existir., primero es vivir que mo-
3.° El autor por sus obras. Así decimos comunmente, Leo
S 5 n T ? V U ? i ü S l a t ¡ n o s ' p a r a d e c i r <I ue u n a cosa h a b ¡ a á Cicerón, Virgilio, etc., por, Leo las obras de estos escri-
deC an existió
! nn £ i - ' ' > & f ™ > o m o en esta expre- tores; pero es de advertir que no todas las expresiones en que
2 1 deVr,r?, í 0 : *«« Itium, et ingens gloria Dardani- para designar un libro, se n o m b r a su autor, son verdaderos
S ; n F u e " , o n > y I a gloria de los hijos de Dárdano ; » y tropos; a k u n a s son simples elipsis. Tal es esta, Tengo un
c u a n d o para denotar que un hombre había muerto, decían : Cicerón de Dos-Puentes, la cual no es mas que una elipsis
xvla > Í e S ' \ í 0 c u a J literalmente significa « gozó de la de esta construcción plena, Tengo un ejemplar de las obras
r o c ú V n T n t ' 1 r a n t e f e d i n t e P ° r ^ consiguiente. Al contra- de Cicerón, impresas en la ciudad de Dos-Puentes.
en a É
• X í í f ° ( J í l dice : P o ü almot aris- 5.° El instrumento con que se hace alguna cosa, por la
entendor H V d e S P , u e s d e a , S u n a s « P » * » , » queriendo dar á manera de. hacerla, ó por la persona que la hace. Asi, t . '
el anlppor'lpifie l ' r S d V a l S u n o s . a » ^ toma el consiguiente por porque los antiguos escribían con un punzón llamado en cas-
h S í í r * ™ hay
P ' ' i m e r o sinécdoque de tellano estilo, esta palabra se toma por la manera misma de
Ja p a i t e po. el todo, pues arista no significa la espiga entera escribir, ó de manifestar los pensamientos por escrito; y 2.*
6 6lIa
S K e X ' 1 , k c ¡ r ' u n a d e aq uellas hébritas que porque nosotros escribimos con plumas, ademas de decir co-
e m . nnr í f § r ™ ° ; Y ba
T I a ™*"»¡mia de tomar as mo en el primer caso, fulano tiene buena pluma, esto e s ,
espigas por los anos, metonimia f u n d a d a en que en cada año escribe b i e n , tomamos la pluma por el escritor m i s m o , d i -
« í r i S ^ r D C m a n e r a q u e P a s a P o r todas estas Meas ciendo, verbi gracia, Plumas muy elocuentes han trata-
esu e f t e r n o ^ T ^ ^ P ° n e n , a « r a n a z o n d e ^ «""«es, do de esta materia, en lugar de decir, Escritores muy elo-
coechV• i * ? ' , T , Un
^ e n t e r 0 C O r r i d o d e s d e Ia
ameno cuentes. ''
VeCeS haya n u e v a s es
- P ' S a s ' 'antos anos Obsérvese que de estos cinco modos los cuatro últimos no
nanran pasado. Nótese que a este uso de poner el si«no de una son realmente mas que variedades del primero, pues el inven-
dea consiguiente p o r el de su antecedente, se debénTa mayo? tor y la cosa inventada, el autor y sus obras, el instrumento y
lo que con él se h a c e , no son, como se v e , mas que causas y
primero se llama, como dije en otro lugar hacer una compa-
efectos de diferentes clases, y toda causa y efecto son un a n - ración, porque no es otra cosa que traducir al lenguaje el acto
tecedente y un consiguiente; porque toda causa precede, á lo del entendimiento llamado comparación; y lo segundo es ca-
menos en orden, á su efecto, y este se sigue á ella. Sin e m - balmente lo que llamamos metáfora. Se ve p u ^ q i m esta n o
bargo los he indicado con separación, para que no se extrañe consiste en otra cosa que en dar á un objeto el nombre de otro
lo que en los autores se lea sobre estas traslaciones, ni se crea con el cual tiene alguna semejanza, y que es un snml e x p r e -
que son distintas de las metonimias. * sado en una forma compendiosa. Se supone que el un. objeto
Obsérvese también que del modo de antecedente por consi- es tan semejante al o t r o , que sin hacer expresamente la c o m -
guiente hacen algunos un tropo particular, que llaman meta- paración entre ellos, como' en el símil f o r m a l R e p o n e r
lépsis; pero ya se ve cuán inútilmente. el nombre del uno en luaar del nombre del o ü o . Asi por
cuanto lo que hace un Ministro en el orden político cuando
Metáfora. por sus acertadas providencias impide que una nac.on d e c a p a
d e su poder y gloria, es enteramente parecido a lo q«e ^ . o b -
Esta palabra significa literalmente traslación. Y aunque jetos materiales llamados columnas hacen respecto de los edi-
este es un nombre genérico que se da, como hemos visto, d ficios en el orden mecánico; damos a un buen M. rastro_el
toda acepción de las palabras en un sentido que no es riguro- nombre de columna, y decimos que es la c ^ m n a de f da-
samente el suyo propio, conviene sin embargo con mas pro- do; porque el denuedo con que un guerrero se n
piedad á las de la tercera especie, es decir, á aquellas en que su enemigo en un combate, es muy semejante a la .ntrep dez
se da á u n a cosa el nombre de otra con la cual tiene alguna con que un león se arroja sobre la presa que quiere tevorar,
semejanza. La razón la daré mas adelante : ahora veamos en damos á aquel el nombre de león, etc., etc., pues los ejem-
qué se fundan y cómo se forman las traslaciones llamadas me- plos ocurren á cada paso. . ,
táforas, las mas usuales y mas importantes de todas. P
En la metáfora no hay ni puede h a b e r vanos m o * « de ve-
^a be dicho, y la experiencia lo acredita, que las ideas de rificar la traslación, porque siempre c o n s . s t e en susUtun al
los objetos que tienen entre sí alguna semejanza, están unidas signo de una idea el de otra semejante ; pero se P»eden d
y enlazadas en nuestro ánimo de un modo que para nosotros t L u i r tres variedades. I / Si en una frase no hay mas que u n
es tan desconocido como constante es el hecho. La experiencia solo término metafórico, como en la citada t m ^ u e n M a i f r o
nos demuestra igualmente, como dejamos observado, que en es la columna del Estado, la metáfora se a n i a , » ^
virtud de esta conexion de las ideas, cuando nos acordamos hubiere dos, tres, ó mas con otros de s.gn.hcacion literal, co
de un objeto, se nos recuerdan también otros que se le pare- mo en esta, Un Ministro es la columna que ^ t i e n e el edi -
cen, y señaladamente aquellos que le son semejantes en la cio del Estado, la metáfora sera continuada. 3 Si todos los
cualidad ó circunstancia determinada, que en aquel instante d e un frase son metafóricos, verbi gracia, C M ^ n a
c o n t e m p l a m o s . También es un hecho que esta presencia si- nue sostenía el edificio, tendremos ya una verdadera alego-
multánea d e las dos ideas hace que necesaria y aun involunta- Tía Fstas se diferencian de las metáforas continuadas, porque
riamente observemos aquello en que convienen ambos objetos. en ella las expresiones pueden entenderse tanto en el sentido
Finalmente es constante, que muchas veces, cuando hablamos propio como ePn el figurado; al paso que en las metáforasj con-
de un o b j e t o , necesitamos dar á conocer, 110 solo el objeto tinuadas h s palabras de significación literal que se mezclan
mismo, sino también la semejanza que hemos observado entre con las metafóricas, determinan necesariamente su significa-
el y el otro q u e se le parece; porque esto servirá para que se ción • Por esto, si en lugar de decir, Cayo la columna que
ie conozca m e j o r , viendo lo que tiene de común con otro que sostenía el edificio, se dijese, Cayó la ^umiMWMÍ*-
ya no es conocido. nia la nación, esta última palabra, que no puede designar un
Ahora b i e n , esto puede hacerse de dos m a n e r a s ; ó diciendo edificio material. hace ver al instante que la columna que la
expresamente que una cosa es semejante á otra bajo tal ó cual sostiene, no puede ser tampoco material, ni la caída el moví-
aspecto, o p o n i e n d o el nombre de esta por el de aquella: lo
™ento físico á que damos este nombre. AI contrario, en las Oh son, oh v o / ! siquiera
alegorías solo por el contexto y demás circunstancias se viene Pequeña parte alguna descendiese
en conocimiento de su verdadero sentido, pues la expresión por En mi seniido, y fuera
si sola es tan verdadera en el propio como en el ligurado. De D e sí el alma pusiese,
Y toda en tí, oh amor, la convirtiese!
aquí resulta que de las alegorías algunas pueden ser equívocas,
ele las metáforas ninguna, si por otra parte los términos están Conocería d ó n d e
bien escogidos, y la cláusula bien construida. Sesteas, dulce esposo, y desatada
De esla prisión, adonde
La oda de Fr. Luis de León /I la vida del cielo, que e m - Padece, á tu manada
P'eza Alma región luciente, seria enteramente alegórica, si Viviera j u n t a , sin vagar errada.
n o hubiese mezclado con los términos metafóricos varias ex-
presiones de sentido propio, que no dejan ya duda de que el Cualquiera puede conocer que algunas palabras, coma las del
° e la oda entera es ligurado. Dice a s í : alto bien, aplicadas á la montaña, y las del gozo fiel, u n i -
das á las de vena, determinan el sentido figurado de ambas,
porque no bay ninguna montaña material que se llame del
Alma región luciente,
P r a d o d e bien andanza, que ni al hielo, alto bien, ni la vena del gozo puede ser arroyo ó fuente de
Ni con el rayo ardiente agua verdadera. Nótese sin embargo que esta mezcla del s e n -
Falleces, fértil suelo, tido propio con el ligurado no es aquí un defecto; toda la oda
Producidor eterno de consuelo:
es bellísima. Lo que hacen las dos expresiones citadas y las
otras señaladas con bastardilla, es quitar á la composicion el
De púrpura y de nieve
Florida la cabe/.a coronado, carácter de rigurosa alegoría y dejarla en metáfora simple-
A dulces pastos mueve, mente continuada; pero a u n q u e bastante larga, está bien sos-
Sin honda ni cayado, tenida en todas sus partes. , ,
El b u e n pastor en tí su hato amado.
Ahora puede ya conocerse lo que antes se indico, a saber,
Él va, y en pos dichosas que á la metáfora conviene, con mas propiedad que á los otros
L e si uen sus ovejas, dó las pace dos tropos, el nombre de traslación. En efecto, si examina-
Con inmortales rosas, mos las sinécdoques y metonimias, veremos que en ambas la
Con flor que siempre nace,
Y cuanto mas se go/.a, mas renace.
significación de las palabras se extiende ó se limita, pero no
se traslada enteramente. F.n ambas la palabra que se dice tras-
Y dentro á la montaña ladada , designa en todo ó en parte el objeto que suele desi-
Del alto bien las guia, y en la vena gnar en su acepción literal; lo cual no se verifica en las m e -
Del gozo fiel las baña, táforas. En estas la palabra que empleamos, para expresar u n a
Y les da mesa llena,
P a s t o r y pasto él solo, y suerte buena. idea distinta de la que ella primitivamente significa, designa
aquella tan exclusivamente, que solo respecto de ella puede
Y d e su esfera cuando ser verdadero lo que se e n u n c i a ; y asi con razón se dice en-
L a c u m b r e loca altísimo subido tonces que las palabras, perdiendo su acepción ordinaria, to-
El s o l , él sesteando, man momentáneamente otra : lo cual no sucede en las sinéc-
D e su halo ceñido.
Con d u l c e son deleita el santo oido. doques y metonimias, en las cuales no pierden la suya total-
mente. Por ejemplo, cuando por sinécdoque decimos, Tantas
Toca el rabel sonoro, velas han salido de Cádiz, la palabra vela designa todavía
Y el inmortal dulzor al alma pasa, la parte de un navio así llamada, y es cierto que las velas lian
Lon que envilece el oro,
salido del p u e r t o ; pero designa ademas las otras partes y el
Y ardiendo se traspasa,
Y lanza e n aquel bien libre de tasa. buque entero. Cuando por metonimia decimos, vivir de su
trabajo, esta palabra significa ahora mas de lo que significa
ordinariamente, pues no significando en su acepción literal ,,na sinécdoque de la materia por la cosa q u e de ella se h a c e ,
mas que la acción de trabajar, designa ahora también la g a - l o mismo se verá en cuantos ejemplos puedan citarse. S . e m -
nancia que de tal acción nos resulla, en lo cual está el t r o p o ; preTa traslación será entre objetos coexistentes, consiguientes
pero se ve claramente que aun aquí significa todavía la acción
de trabajar, y que en electo esta nos procura lo necesario para
vivir. Al contrario, cuando por metáfora llamamos á un Minis- Ó

mmm
I T s S s ' o r a t o r i a dicen que se c o m e t e , cuando una p a l a -
tro la columna del listado, la voz columna no significa ya un
cilindro ó rollo de m a d e r a , ó de p i e d r a , que es el objeto q u e
designa tomada en su acepción literal, sino el hombre que go-
ellos, y en sentido literal respecto
bierna bien un listado. Esta es una observación no indiferente
p a r a entender la naturaleza de los tropos.
Concluyamos ya este artículo, recorriendo todas las cosas
que los retóricos vulgares han contado como otras tantas espe-
cies de tropos distintas de las tres anteriores; para que se vea
que las otras q u e ellos a d m i t e n , ó no son verdaderos tropos,
ó están comprendidas en alguno de los tres. Son las siguientes: otra cosa que la cualidad general del
Antonomasia, Metalépsis, Alegoría, Alusión, Hipérbole,
estilo q u e hemos llamado decencia, y ^ M » " » ¿ ¿ ¿ J
Descripción ( q u e ellos llaman Hypotyposis), Atenuación,
Perífrasis, Ironía, Hipálage, Onomátopeya, Silépsis ora-
toria, Catacresis y Eufemismo. Ya hemos visto que las tres
primeras se reducen respectivamente á la sinécdoque, á la me-
tonimia y á la metáfora, y que las seis siguientes son figuras t z s & m ¿ « S S ? Í S s S K
EílSSSHSis
y 110 tropos. La hipálage todos saben q u e es una licencia ó
figura de sintaxis, y la onomatopeya veremos luego, tratando
de la armonía, q u e es la cualidad que tienen algunas palabras
de imitar por los sonidos de que constan, el ruido de algunos ras desagradables ó ménos decentes. Asi, cuando lemistocies,
c u e r p o s ; cosa q u e nada tiene que ver con el sentido en q u e se al oroDoner á los atenienses que desamparasen la ciudad no
t o m a n . Así solamente puede quedar alguna d u d a respecto de empleó porque le parecieron demasiado duros, los términos
la catacresis, la silépsis y el eufemismo; pero con solo explicar griegos' equivalen tes á los de abandonar
lo que se entiende por estos nombres, se verá que no son es- les diio Que la depositasen en manos de tos dioses, n s o d e
pecies nuevas de tropos, sino ciertos modos de usar los tres ya u n eufemismo, e n ' q u e se emplea la metommia El « d o con
explicados. n u e Natan reprendió á David su p e c a d o , f u e un e u f mismo
Se llama catacrésis, voz griega que literalmente quiere en q u e lúzo uso de la alegoría. Cuando los griegos llamaban
decir abuso, el empleo q u e se hace de una palabra, cuando Fumérúdes-i las Furias, y Carón al barquero de infierno
se la destina á significar una idea, para la cual no hay nombre expresiones que son conocidos eufemismos, se servían como
propio en la lengua. Por e j e m p l o , hemos visto á n t e s , que no va se h a dicho de la figura llamada antífrasis. Las perífrasis
teniendo en castellano nombre propio las porciones iguales de Atenuaciones ya he Indicado también que son muy o p o r t u -
papel de que se c o m p o n e un l i b r o , las llamamos hoja i, q u e n a s p a r a conservar el eufem.smo; y lo m i s m o debe dec.rse de
es propio de las de los árboles; pero es claro que s i , como los términos vagos, de los equívocos y de las ala j u n e s R e p e
d i j i m o s , esta traslación se ha fundado en la s e m e j a n z a , será tiré con este motivo lo que ya dije tratando d e l a s a n ™ S :
una m e t á f o r a ; y s i , como otros quieren , en que con las hojas á saber que al traducir los clasicos antiguos, es necesario te
d e ciertos árboles se f o r m a r o n eu otro tiempo los libros, será n e r siempre á la vista su eufemismo, para entender y traducir
bien ciertas expresiones; y daré otra nueva prueba.
^.' Por medio de los tropos, en el mismo espacio de
Los griegos, y sus imitadores los romanos, tenian á mal tiempo, en que con palabras tomadas en sentido literal
agüero hablar de la muerte en sus ceremonias religiosas, y aun excitaríamos una sola idea, excitamos dos; una expresa-
en las juntas populares, porque estas eran precedidas de sa- mente enunciada, y otra simplemente sugerida. Para con-
crilicios, Iustraciones y otros actos de religión; y en conse- vencerse de ello no hay mas que sustituir á una expresión figu-
cuencia, para indicar esta idea, se valian de ciertas expresio- rada otra equivalente, pero literal; y se verá cómo de los dos
nes vagas y perifrásticas que ellos entendían muy bien, porque objetos que nos presentaba la primera, desaparece inmediata-
estaban ya consagradas por el u s o ; pero que traducidas l i t e - mente el uno. Por ejemplo, si cuando decimos, Un buen
ralmente á las lenguas vulgares nada quieren decir para n o s - Ministro es la columna de la nación, dijésemos que hace de
otros. Así Cicerón, prometiendo en su primera Filípica e x - modo que ella no pierda su independencia política; veríamos
plicarse con toda libertad sobre los proyectos de Antonio, y sí al Ministro, y lo que hace en favor de la nación, y aun esto
queriendo decir que si esta su franqueza le costaba ia vida, no con tanta claridad; pero desaparecían el edificio y la co-
como era muy de t e m e r , dejaría á lo ménos un monumento lumna que le sostiene, y el juicio comparativo de la seme-
de su amor á la p a t r i a ; indica oscuramente la idea, si pierdo janza que hay entre la nación y un edificio, entre la columna
la vida, con esta expresión vaga, « Si algo me sucediere », Si que mantiene este, y el Ministro que gobierna aquella.
quid mihi humanitus accidisset; y el traductor que la vierta 2.° Los tropos contribuyen á hacer mas claras las ex-
literalmente, dejará en tinieblas á los lectores, si no saben que presiones en que se emplean oportunamente. En efecto, su
aquel algo no es n a d a ménos que ser proscrito y degollado, principal ventaja es la de darnos una idea mas clara del o b -
ó asesinado clandestinamente. Lo mismo sucede con aquel pa- jeto que la que tendríamos, si se empleasen palabras tomadas
saje tan famoso de Demóstenes, también en su primera Filí- en significación literal. Esto es evidente respecto de aquellas
pica, en el cual echa en cara á los atenienses su carácter f r i - que por medio de palabras que literalmente designan objetos
volo y novelero, pues hallándose la patria en peligro, se e n - materiales, nos ponen á la vista los inmateriales y abstractos;
tretenían en andar por los corrillos preguntándose unos á pues es bien claro que sin el auxilio de los tropos, ni aun os-
otros : Hay alguna noticia? ha muerto Filipo?— No, pero curamente podríamos comunicar semejantes ideas espirituales.
está enfermo. A lo cual replica con vehemencia el o r a d o r : Y Mas aun respecto de los mismos objetos sensibles, que á veces
qué os importa ? Si este Filipo muriese, bien pronto forma- designamos con palabras trasladadas, es indudable que estas
ríais vosotros mismos otro Filipo. La expresión literal del nos dan de ellos una idea mas clara que la que podría darnos
original que corresponde á la castellana, si muriese este Fi- su nombre propio. Cómo se verifique, lo conocerá fácilmente
lipo, es si algo padeciere; pero ya se deja conocer que en el que observe cuánto contribuyen á aclarar é ilustrar las ideas
castellano es menester traducir el pensamiento, no las p a l a - principales las acesorias bien escogidas, y cuánto mas claras
bras materiales; claras en griego para los atenienses, porque son las impresiones determinadas que las vagas y c o n f u s a s ;
eran una especie de fórmula en que estaban convenidos, y porque verá que los tropos sirven precisamente para excitar,
oscuras para nosotros, que no teniendo la misma superstición juntamente con la idea principal, aquellas accesorias que me-
que ellos, no las empleamos en iguales casos, ni podemos jor la caracterizan relativamente al punto de vista en que la
darlas igual valor. consideramos en aquel momento, y de este modo hacen mas
determinada y circunscripta la impresión del objeto. Por la
ARTÍCULO I V . misma razón,
Ventajas de los tropos. 3.* Contribuyen admirablemente á la energía del estilo,
porque consistiendo esta en presentarnos de una manera viva
Entre las grandes ventajas que nos proporcionan los tropos
y animada las cualidades mas interesantes de los objetos, es
para expresar los pensamientos con toda la energía, precisión
claro, por lo que acabamos de indicar, que ninguna expresión
y claridad, que en muchas ocasiones no hallaríamos en el sen-
podrá proporcionarnos mejor esta ventaja, que aquella en la
tido propio de las palabras mas bien escogidas, las principales
son las siguientes:
c u a l , por una feliz traslación de significado, presentemos un
objeto en el punto de vista mas acomodado, para que resalten tienen. En el Pallida mors, etc. hay 1 . M a sinécdoque de
las cualidades que queremos hacer notar con particularidad. Sracto por concreto en el epíteto pallida dado a la muer-
4. a Dan también á las expresiones una concision, que fe 2 » o t r a sinécdoque de la parte por el lodo en el turres
p o r q u e esta palabra no significa d i as f r e sc amente de
sin ellos no podrían tener las mas veces. Si no, véase cuánto
mayor n ú m e r o de palabras seria necesario para expresar en que están flanqueados los alcázares, sino el edificio entero |
términos literales el pensamiento contenido en esta expresión 3 0 varias metonimias de antecedente por consiguiente^
metafórica. El odio público se oculta bajo la máscara de la detendré á explicarlo, y verán los principiantes cuan o .enen
adulación. Un largo discurso seria necesario, dice Condillac, que estudiar para entender bien los clasicos. E pasaje de lío-
para expresar este pensamiento con palabras tomadas en su L i o , traducido literalmente, dice : La muerte pa t a con
acepción literal. igual pié da golpes á las tiendas de y a
5.* Enriquecen el lenguaje y le hacen mas copioso, pues res dé los reyes ; pero dejado así nada d i n a en castellano Ls
multiplicando el uso de las palabras, y dándolas nuevas signi- pues necesario saber lo siguiente : 1 ° L a m u e r ^ s e r ^
ficaciones, nos proporcionan modos de expresar todas las ideas to que en realidad no existe, pues solo es una mera P ™ c > o n
é indicar sus mas tijeras diferencias; lo cual no siempre p u - está aquí personificada y presentada bajo la imagen de u n a
diera hacerse con palabras tomadas en su literal acepción. muier válida 2." Ya personificada, se dice de ella que da
X c r n f m á las Sendas de los pobres y á l a s t o r ^
6. a Dan dignidad y nobleza al estilo, porque como las
ios Veres; pero para entender l o q u e esto quiere decn, es pi e-
palabras tomadas literalmente son tan comunes y familiares,
ciso saber que los romanos no llamaban con la mano smo con
necesitamos recurrir á las acepciones secundarias y figuradas,
el pió^á la puerta de una c a s a , cuando e s t a b a cerrada y q u e -
cuando queremos dar al estilo el tono elevado y majestuoso
rían que les abriesen, y de consiguiente que el cequ> Pulsat
que exigen ciertas composiciones.
pede debe traducirse del mismo modo llama ^kas tiendas
7." Le dan también belleza y gracia. Esto es tan evi-
etc. 3 « La palabra taberna en su acepción literal ordinal la
dente, que no necesito probarlo con razones y ejemplos; y ni
propia y primitiva solo significa en latín tienda donde se
aun haria esta observación, si no debiera notar con este mo-
S alguna cosa; pero como no eran los grandes señores
tivo cuan pobre y mezquino es lo que sobre los tropos se halla
^ caballeros los que vendían al público sino gentes do ín-
en los retóricos vulgares. Todos ellos declaran que solo hablan
fima clase, pasa á significar aquí (antecedente por
de los tropos, porque estos adornan el discurso ; y este parece
casa ó habitación humilde. A." Turres, n o m b r e de una parte
ser el único servicio para el cual los reconocen útiles. Sin em-
del alcázar, está, como se lia d i c h o , por el
bargo, ya hemos visto cuántas otras cosas mas hacen que ador-
5 ° Todavía hay una especie de hipalage, pues en i calidad para
n a r el lenguaje.
llamar, no se daba golpes á toda la casa, ni a todo el palacio
8. a Como ya se indicó nos son de grande auxilio para dis-
ni á las torres de este, sino á las puertas; y en rigor lógico
frazar, cuan 'o conviene hacerlo, ciertas ideas tristes, de-
Horacio debió decir, como en la Sátira I . pulsat ostia [ta-
sagradables ó contrarias á la decencia. Casi todas las expre-
siones que empleamos en este caso, son de sentido figurado; bernarum et turrium); pero hablando poéticamente supr»-
y sin este no siempre podríamos conservar la decencia, p o r - mió la palabra ostia, y puso en acusativo el a / , e m f l S y « J -
que los otros medios que tenemos para ello, no alcanzan a l - res, que lógicamente deberían estar en genitivo. lodaya
gunas veces. hay mas. Ya tenemos entendido que La muerte pálida del
mismo modo llama á la puerta de las humildes casas de
9. a Son el principal recurso que tenemos para dar no- los pobres que á la de los alcázares de los reyes; pero s
vedad a las ideas mas comunes. Recuérdense los ejemplos no sabemos que esta acción de llamar á la p u e r t a , esta aquí
que cite en el libro p r i m e r o , hablando de la novedad de los por la de entrar que es la consiguiente, y esta por otra t a m -
pensamientos, y se verá que toda la que tienen los pasajes de bién consiguiente, la de coger y llevarse á la persona que e s a
Horacio y de Rioja allí copiados, se debe á los tropos que con- d e n t r o , no habremos entendido completamente el pensamiento
de Horacio, que en suma es el de que La muerte lo mismo propiedad ó naturalidad lo que ganaba en conc.sion, s e n a
se lleva al rico que al pobre. Nótese que algunos de estos mejor no emplearla, á no hacerla necesaria la decencia, a a
tropos pueden conservarse en la traducción, pero 110 todos. cual ceden todas las otras. Esto se entiende siempre que la
Asi podremos d e c i r : La pálida muerte del mismo modo, ó falta de claridad, propiedad etc. que resultase, fuera conside-
igualmente, llama á la puerta de las humildes casas de rable; pues no siéndolo, bien se puede á veces sacrificar algún
los pobres que á la de los alcázares de los reyes; pero no tanto una cualidad determinada, cuando otra gana mucho en
podremos conservar la palabra pié, ni la sinécdoque torres; este sacrificio. , . .
ni en rigor omitir la palabra puerta suprimida en el l a t í n ; 3 a Toda traslación debe ser acomodada al asumo ae
porque ni nosotros llamamos con el pié, ni en castellano se que se trata, al tono de la obra y á la situación moral en
dice bien llamar á la casa, sino á la puerta, ni la sola voz que se supone al que la usa. Sera acomodada al asunto si
torres indicaría claramente la idea de palacio.' contiene ahuma circunstancia que no pueda convenir a otro.
En el primer ejemplo de Rioja, este p o e t a , para dar nove- Tal es aquella sabida expresión figurada de Luis x i v . , cuantío,
dad al pensamiento, personificó la muerte bajo la imagen de para dar á entender que con entrar á reinar en España la casa
un segador; y en este supuesto llamó por metáfora á la vida de Borbon reinante en Francia, cesarían las disensiones y
mies, y a la acción de quitarla segar. En el segundo empleó guerras que por espacio de mas de dos siglos habían dividido
el consiguiente, rodar la cuna., por el antecedente estar en á las dos naciones,, dijo : Ya no hay Pirineos í expresión fe-
ella, y este por el de nacer; pues claro es que para que á un liz, por cuanto no puede convenir a las rivalidades de Fiancia
niño le mezcan en la cuna, es preciso que esté en ella, y para con otra nación que no sea la española. Sera acomodada al
esto es indispensable que haya nacido. tono de la obra, si en las majestuosas y serias no se toman de
objetos jocosos y burlescos, ó al contrario. Por ejemplo m u -
chas de las que oportunamente emplea Cervantes en el Qui-
ARTÍCULO V.
jote, serian ignobles en una obra de distinta naturaleza f i n a l -
Reglas para el uso de los tropos. mente será acomodada á la situación moral de la persona si
solo presenta imágenes é ideas, que en aquel caso han podido
Las cuatro primeras son comunes á todas las traslaciones, y debido ocurrirse al personaje en cuya boca se pone. Asi b e -
la quinta solo comprende las sinécdoques y metonimias, las nelon para enunciar un mismo pensamiento vario oportuna-
restantes son propias de las metáforas.
mente la expresión figurada, según lo exigía la s i t u a m n de las
personas que hace hablar. Habiendo llegado l e l e m a c o a l a
Reglas comunes á todas las traslaciones. isla de Calipso, le p r e g ú n t a l a diosa quien es y por que acon-
a
-1. Toda traslación de significado que no produzca al- tecimientos habia venido á parar a su isla; y Telemaco all res-
guno de los efectos indicados, es decir, que no haga la ex- ponderla que era hijo de Clises y que había corrido diversos
presión mas clara, concisa, enérgica, decente, noble, ó países para tomar noticias de su padre añade : Pero que di-
agraciada es por lo mismo inútil, y descubre visible- lo? quizá él á esta hora yace sepultado en los profundos
mente la afectación del escritor. Por consiguiente debe pros- abismos del mar. Mas Calipso, en su replica, para enunciar a
cribirse, como contraria á la naturalidad de estilo; cualidad misma idea, usa de esta otra expresión figurada :Su bajel,
tan importante que sin ella los mas brillantes adornos no son despues ele haber sido el juguete de los vientos, fue sepul-
a los ojos del buen gusto mas que hinchazón y hojarasca. tado en las olas. Ya se deja conocer que la circunstancia, des-
- No basta que la traslación produzca alguno de es- pues de haber sido el juguete de los vientos no pudo m de-
tos ejactos : es menester ademas que lo que gane con ella bió ofrecerse á la imaginación consternada de felemaco, asi
una cualidad del estilo, no lo pierda alguna otra. Así, aun como la de, yace sepultado en los profundos abismos ^
suponiendo que p o r medio de una traslación se hiciese la mar, no pudo ser natural en Calipso; porque ,-como observa
N expresión mas concisa, si p o r otra p a r t e , perdiera en claridad, muy bien Condillac, no es natural que siga con su vista hasta
— 239 —

el f o n d o del m a r un b a j e l en q u e sabe q u e n o está Clises. gno de u n a idea el de otra coasociada, es p o r q u e esta tiene
4 * Y la m a s i m p o r t a n t e . Consistiendo toda traslación en m a s relación q u e las restantes con la cualidad ó circunstancia
¡poner el signo de una idea por el de otra con la cual esta q u e entonces consideramos en el objeto de q u e se trata. T é n -
enlazada, es necesario que aquella idea cuyo nombre sus- gase cuidado con esta regla. \ o se halla en las Retóricas, p e r o
tituimos al de la otra, sea en las circunstancias determi- es m u y i m p o r t a n t e p a r a usar bien de los tropos.
nadas en que hablamos, la que primero deba presentarse
á la imaginación, la mas interesante de todas las coaso- Regla particular de las sinécdoques y metonimias.
ciadas, y la que tenga relación mas directa con la cuali-
dad ó circunstancia, que principalmente consideramos en- Respecto de estos dos t r o p o s , ademas de las reglas g e n e r a -
tonces en el objeto de que se trata Así ¿ p o r q u e es leliz y les q u e acabamos de ver, es preciso que la traslación que
o p o r t u n a la sinécdoque q u e emplea Cicerón en la p n m e r a . C a - empleemos, esté autorizada por el uso. Esta observación es
tilinaria, c u a n d o al d e s c r i b i r l o s estragos q u e haría Catilina, muy necesaria, p o r q u e si no la tenemos p r e s e n t e , podemos
si entraba con su ejército en R o m a , dice : « l o s techos a r d e - cometer m u c h o s errores al t r a d u c i r d e u n a l e n j u i a á otra. Cada
r á n , » teda ardebunt? Porque al representarle su i m a g i n a - una tiene admitidas y autorizadas ciertas sinécdoques y m e t o -
ción el incendio d e la c i u d a d , veia salir las llamas por lo alto nimias q u e la o t r a no conoce, y q u e p o r tanto no es p e r m i -
d e los techos, y así esta parte es á la que entonces atiende p a r - tido e m p l e a r . También es necesario observarla aun en las com-
ticularmente, la sola casi q u e tiene á la vista y distingue con posiciones originales en n u e s t r a p r o p i a lengua, porque aun en
claridad. Y s e g u r a m e n t e n o se acordaba en aquel m o m e n t o , ellas no está á nuestro arbitrio extender la significación l í e l a s
sino muy en c o n f u s o , d e los cimientos, las paredes, las salas y palabras por sinécdoque ó m e t o n i m i a , sino cuando el uso lo
gabinetes, en s u m a de las otras partes d e los edificios ; ni m e - permite. Pero es de n o t a r q u e el uso p u e d e declararse de dos
nos pensaba en su f o r m a , en su color, ó en otras cualidades y m a n e r a s en favor de una traslación de esta clase; la u n a , a u -
circunstancias, n a d a interesantes por entonces. Y ¿ p o r q u e el torizándola f o r m a l m e n t e y contraída á la voz misma q u e e m -
mismo Cicerón, h a b l a n d o , en la oración pro Milone, de q u e pleamos, como la que h e m o s visto en la palabra velas; y la
P o m p e y o había tenido q u e encerrarse en su casa, para no ser otra, cuando en general tiene aprobadas otras s e m e j a n t e s ,
víctima de los f u r o r e s de Clodio, usa de esta expresión : janua a u n q u e tal vez ninguno baya hecho la aplicación á la p a l a b r a
se, ac parielibus, non jure legum, judiciorumque texit, d e t e r m i n a d a q u e deseamos usar en sentido figurado. En este
esto es. « t u v o q u e defenderse con la puerta y las p a r e d e s , n o segundo caso, siempre que la acepción secundaria que d a m o s
« con la protección de las leyes y la autoridad de los t r i b u n a - á una palabra por sinécdoque ó metonimia, sea clara y acomo-
« l e s ? » ¿ P o r q u é , digo, n o m b r a la p u e r t a y las p a r e d e s , y n o dada al caso particular en q u e deseamos emplearla, puede te-
el techo, el umbral ú otra p a r t e , ó el edificio mismo? P o r q u e , ner cabida, a u n c u a n d o no esté individualmente consagrada
considerando la casa como un asilo contra el f u r o r y la violen- p o r el uso, con tal q u e este tenga autorizadas otras análogas.
cia de un faccioso, ve la p u e r t a y las paredes que eran las p a r - P o r ejemplo, como ya está a d m i t i d o en castellano designar las
tes q u e impedían la e n t r a d a y resguardaban al q u e estaba d e n - dignidades por sus distintivos, es claro que, a u n cuando nadie
t r o , y no hace caso del t o d o , ni d e las otras partes q u e n i n - haya designado hasta a h o r a la de capitán general por la i n s i -
guna" relación t e n í a n con la defensa y seguridad del q u e h a b i - gnia de los tres bordados, podrá hacerse en circunstancias
taba la casa. De otro modo se h u b i e r a explicado, si hubiese oportunas. Pero es necesario advertir q u e esta libertad de i n -
considerado esta como un r e s g u a r d o , no contra los insultos de troducir nuevas sinécdoques ó m e t o n i m i a s , n o se extiende á
los h o m b r e s , s i n o contra la lluvia. E n t o n c e s , lo p r i m e r o q u e variar las ya usadas. Así, a u n q u e p o d a m o s tomar la parte p o r
h u b i e r a visto y lo que d e consiguiente hubiera n o m b r a d o p r i - el todo en casos en q u e todavía no se haya hecho, diciendo,
m e r o , habría sido el techo. Lo mismo se puede observar en verbi gracia, quilla p o r navio, en circunstancias en q u e esta
t o d o s los e j e m p l o s citados, y en cualquiera otro en q u e la tras- parte tenga relación con el uso particular á q u e a l e n d e m o s ;
lación sea o p o r t u n a . En todas se verá q u e si sustituimos al si- no podemos sustituir el n o m b r e quilla por el de velas en las
— m —

expresiones en que el uso h a consagrado este exclusivamente. dan que toda esta astronómica algarabía quiere decir, que la
Por tanto si alguna vez podemos decir, p o r ejemplo, Los ma- joven se desmayó y perdió el color, al ver al Saladino! Pero
res de América tienen bien conocidas las quillas españo- era menester aprovechar el equivoquillo de Sol, y q u e Blanca,
las, para d a r á entender que nuestros navios frecuentan m u - pues era h e r m a n a de Sol, fuese luna; y siendo luna',-era f o r -
cho aquellos m a r e s ; no podremos decir del mismo m o d o , zoso que padeciese eclipse, y que el persa fuese el dragón en
Tantas quillas han salido de Cádiz. Esto no es por un ciego cuya cabeza se verificase a q u e l : y ya se ve, la luna debió q u e -
respeto que debamos tener al uso, sino porque este, que es dar sin luz alguna, ¡morque el cuerpo opaco opuesto p o r
mas racional y menos caprichoso de lo que c o m u n m e n t e se diámetro al cuerpo luminoso, causa negra sombra al me-
cree, ha empleado en tales expresiones el n o m b r e de aquella dio dia. Ello, tratándose de un eclipse de l u n a , m í j o r hubie-
parte q u e mas directamente excita la idea de la cualidad á ra sido suponerle á media n o c h e ; pero el consonante necesi-
q u e entonces atendemos. Tales son las velas respecto del mo- taba ia, y fué menester que la luna se eclipsase al medio dia.
vimiento. Risum teneatis?

Reglas particulares de las metáforas. Regla segunda.

Regla primera. No basta que el objeto de donde se toman, sea conoci-


do : es menester ademas, que sea capaz de engrandecer y
El objeto de donde se tomen, ha de ser de aquellos de que realzar el otro á que le aplicamos. No hay cosa tan opuesta
tienen noticia los oyentes ó lectores. A esta regla faltan los al buen gusto, como t o m a r las metáforas de u n objeto mas
que en obras destinadas a la común lectura ó en discursos po- bajo y envilecido que el otro que se trata de i l u s t r a r ; defecto
pulares, como los s e r m o n e s , toman sus metáforas de objetos en que también caen con frecuencia algunos poetas. Así Lope
de ciencias , oficios y bellas artes. Semejantes objetos son n e - [Jerusalen, libro x v i . ) dice, h a b l a n d o del amanecer
cesariamente desconocidos á la m a y o r parte de los oyentes ó
Corrió la aurora la cortina á Febo,
lectores, y de consiguiente, las expresiones en que se emplean Y salió de su puerta al teatro humano;
tales metáforas, tienen el vicio de oscuras, como todas aquellas Y dándole la tierra aplauso entero,
e n que se introducen términos técnicos, a u n q u e estos conser- Representóle un acto soberano.
ven su signilicacion literal. No es posible degradar mas un objeto tan magnífico como la
Ya se h a b l ó de este p u n t o , t r a t a n d o de las comparaciones. salida del sol, que presentando á este bajo la imágen de u n
Así ahora d a r é un solo ejemplo de metáforas defectuosas poi farsante que sale á las tablas á hacer u n papel de comedia, y
esta parte, para que se vea cuán ridiculas parecen en obra; á la aurora bajo la del metesillas q u e le descorre la cortina
destinadas á la común lectura. L o p e (Jen/salen, lib. 11) ha- para que salga. En el lib. x v i n . dice t a m b i é n :
blando de dos h e r m a n a s llamadas Blanca y S o l , que fueroi
hechas cautivas y llevadas á la presencia del Saladino, dice d< c u a n d o el alba
la p r i m e r a : Corre e n l a c u a r t a e s f e r a las cortinas
De la cama d e l s o l etc.
Blanca, hermana de Sol, como la luna,
Eclipse de sus rayos padecía;
Aquí ya por fin la aurora n o es metesillas de teatro, pero es
Que, del persa dragón en la importuna un ayuda de cámara que entra á d e s p e r t a r á su amo el sol, y
Cabeza opuesta, el resplandor perdía. le corre las cortinas de la cama, para que vea Ja luz. Pero si
Triste y hermosa está sin luz alguna; aquel es el que la d i f u n d e ¿ p a r a q u é necesita de camarero que
Que causa negra sombra al medio diat
Opuesto, por diámetro enojoso, le descorra las cortinas de la c a m a ? Y si la aurora no es otra
El cuerpo opaco al <xterpo luminoso. cosa que la luz misma del s o l , q u e empezamos á ver mucho
ántes de que este astro se descubra sobre el horizonte, ¿ q u é
1 Cuántos h a b r á n leido y leerán la Jerusalen, que no entie puede signilicar en el lenguaje de la razón que el alba corre las
cortinas de su cama ? Aquí puede verse otra prueba de lo que Regla cuarta.
se dijo tratando de la verdad de los pensamientos, á saber,
que, como diceBoileau, rien n'estplus beau que le vrai, no No basta que los objetos de donde se toman sean cono-
hay belleza sin verdad. cidos, nobles y decorosos: es necesario sobre todo* que la
En la Circe, canto n . , tiene también esta otra metáfora to< semejanza que haya entre aquel de quien se toman, y
mada de objeto ignoble. Habla Polifemo con su manso, y en- aquel á quien se aplican, sea grande y fácil de descubrir.
tre otras cosas le dice : Por parte de la semejanza pueden las metáforas ser defectuo-
sas de dos m a n e r a s : -I . a si no hay realmente entre los dos ob-
¿ Quién primero que vos, por las orillas jetos la semejanza que se supone, en cuyo caso la metáfora se
De estos arroyos, los dejó afeitados
De blancas y doradas manzanillas, llama impropia; y 2. a s i , a u n q u e haya alguna, es débil ó
Con el hocico y dientes atilados ? muy vaga y genérica; en cuyo caso se dice que la metáfora es
oscura, violenta, dura, forzada ó estudiada. Daré varios
La acción de pacer el ganado es por sí misma mas noble que
ejemplos de metáforas viciosas p o r alguno de estos dos capí-
la de afeitar; y así esta metáfora, en lugar de ennoblecer,
degrada. tulos, porque es punto muy esencial.

Regla tercera. Metáforas impropias.

No solo en asuntos serios, elevados y majestuosos, pero No una sino muchas, y de las m a s disparatadas que p u e -
aun en los jocosos, humildes y sencillos, las metáforas den verse, nos ofrecen las dos primeras octavas del lib. v. de
nunca se han de tomar de objetos que puedan excitar en la Jerusalen de Lope. Quiere dar á entender, á lo que parece,
el ánimo ideas asquerosas ó torpes; y aun tratando de e n - que la natural elevación del pensamiento h u m a n o produce la
vilecer un objeto, se debe cuidar de no ofender la delicadeza ambición en los pechos generosos, y dice :
y el pudor de los lectores ú oyentes, como ya se enseñó por
Sobre el confuso pensamiento humano,
punto general respecto de todas las expresiones, tanto figura- Nemrod de la bajeza de la tierra,
das como no figuradas. Por eso Cicerón reprendía á un orador F o r m a el deseo un apacible llano,
que habia llamado á su contrario, estiércol de la curia, ster- En los peñascos de una blanca sierra:
Aquí levanta un edificio en vano,
cus curiai. Quamvis sit simile, dice, tamen est deformis Que el paso á la quietud del alma cierra,
cogitatio similitudinis. « Aunque entre ambos objetos haya El propio amor, tan alto, q u e aun el viento
o alguna semejanza, es desagradable haber de pensar en ella.» Mira inferior su basa y fundamento.
Por la misma razón Horacio se burlaba de un poeta, que para
Son sus piedras congojas importunas,
d a r á entender que nevaba, habia dicho: « J ú p i t e r escupe Sus pavimentos penas y cuidados,
nieve cana sobre los Alpes» Júpiter cana nive conspuit Al- Y d e imaginaciones sus colunas,
pes. Y sin embargo Lope, que seguramente habia leido á Ho- Los capiteles d e dolor labrádos.
Las paredes d e engaños, y en algunas
racio, no hizo caso de su juiciosa censura, pues en la Circe, Los Césares romanos retratados,
canto i . , hablando de las peñas que los Lestrigones tiraban á Y aquellos ambiciosos, cuya suerte
las naves de llíses, d i c e : Llevó de las coronas á la m u e r t e .

No escupe celestial artillería De este edificio vil


Mas balas d e granizo, que la fiera
Gente peñas al mar. Salió furiosa la ambición lijera, etc.

En donde, ademas de que toda la metáfora es impropia y está Imposible parece que en tan pocas líneas se hayan insertado
mal sostenida, el término escupe, el cual presenta una idea tantos disparates. Llamar al pensamiento Nemrod de la ba-
asquerosa, es precisamente el mismo censurado por Horacio, jeza de la tierra y sitio sobre el cual forma el deseo un apa-
cible llano en los peñascos de una blanca sierra, y en cuyo
Estos cabellos rubios h a n hecho decir tantos disparates a nues-
llano levanta el amor propio un edificio tan alto, que el
tros poetas, que seria nunca acabar citar todas_sus extrava-
viento tiene debajo de él su basa y fundamento .-llamará
gantes metáforas relativas á este objeto; y solo añadiré la si-
las congojas piedras de este edificio, á las penas y cuidados
guiente de Góngora en uno de los sonetos :
sus pavimentos, á las imaginaciones columnas, y decir que
los capiteles están labrados de dolor, y las paredes de en- Miéntras q u e con gentil descortesía
gaños; no es como quiera emplear metáforas impropias, sino Mueve el viento la hebra voladora
delirar como un frenético. ¿Qué semejanza hay ni puede haber, Que la Arabia en sus venas atesora.
Y el rico Tajo en sus arenas crxa.
o suponerse, entre las congojas y las piedras, entre los cuida-
dos y los pavimentos de un edificio, entre las imaginaciones y Lo cual quiere decir, miéntras el viento mueve
las columnas, entre los dolores y la materia de un capitel, y cabellos, esto es, miéntras eres j o v e n ; pero esto lo s hemos
entre los engaños y los cascotes, ladrillos ó guijarros de que se porque el contexto del soneto lo da a e n t e n d e r ; que si no, di-