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KAR!. TERZAGHI • l':ALPH B.

PECK

SEGUNDA
EDICION

MECANICA DE SOElOS
EN LA INGENIERIA PRACTICA

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1/

L 'EL ATENEO" S,A


www.freelibros.org
MECÁNICA DE SUELOS
EN LA INGBNIBRfA PRÁCTICA
MECÁNICA DE SUELOS
EN LA
INGENIERÍA PRÁCTICA
Po,
KARL TERZAGHI t
ProfUDr de la PT6ccia> de la lngenieria Cit:il,
UnlVffÑlad de Horoord
Cunfi:renciante y Ase.JOI" de ·fn�igaci6n en Ingeniería Civil
t'nii;ersidad de lUinois
.,
RALPH B. PECK
l'rofesor de lngenlerla de la.t Fundaciones,
Unit:enidad de lUinois

Ve,'1én españoLa

ORESTE MORETTO

SEGUNDA EOICióN

EDITORIAL «EL ATENEO», s. A.


BARCELONA • BUENOS AillES - CARACAS • UllA
Mixtco - MONTEVIDEO - Rfo DE JANEillO
Titulo ori,inal de la obr111:
SOJL MECHANICS IN ENGINEEIIJNG PRACTICE
Seco dn fflition
Copyright 0 1955 by Llbrerú. •El Ateneo• Editorial.
Ali ri¡h!s reseived. Authorized translation published
by John Wiley & Son,, ln .c , New Yorlc.
Copyright 0 1948, 1967 by John Wiley & Sons, ln c.
A.ll righ1srescrval.

Primeraedición.19S5
himffil rt/mprn16,i, /9S8
�nd11 rffmprnldn. /961
TttttnJ rr<mprn/611. /9611
C1111n11 fflmptti/611. 1911
Squodaedición.197)
Prl,,1m1 rdmprnl6n. 197$
Sti"lld" rdmprnl6n. 1976
T�rctra rtlmprnMn, /918

ISBN: 8◄,7021·020-J
Dq,ósitoLepl:B. ◄2.731-1978

Rexrvados iodos losckruhos.


Prohibidalanproduccióo1otalo pan:ial sioautorización
es rc itackleditor.

Printed in Spain lmprcsocnEspal'ia


IndWitrias Grificu M. Pareja - Montana, 16 - Barcelona
ADVERTENCU DEL TRADUCTOR

Traducir la 1egunda edición de ute llbro fue un compromUO adquirido


al encarar la primera y consolidado por la upecial deferencia, con.titkración
y amistad que me brindaran .su, autoru. Con el co,,er de lo, añoa han cam•
biado, empero, de una manera ,dngular ltU cfrcun.1tancfa.t en que hube de
duarrollar uta ve;:: dicha labor. Por un lado flJtá la menor dilpo!tibilldad
de tiempo, y por otro, la irresistible tentación -participada a IOJ autore.t­
de agregar comentarlo., a pie de prfglna, 1iemprc quP- la lectura del texto a.1í_
me lo sugería.
Salvé la diJponibilidad de tiempo con la ayuda que me brindilra la miara
Susana Centa, quien comparó la segunda edicftin ingle.ta con la traducción
de la primera para marcar dóNU había modiJicacionu, mecanografiar y com­
poner el borrador de la nuevo traducción, partiendo de una uerrión dictado
a un grabador y corregida a fin de ad«uarla a una redacción autellana.
Traducir de corrida, dictando, preunta para mí el inconveniente de una ten­
dencia a mantener una estr11ctura inglesa en lo redacción, la cual con /re•
e1umcia requiere en caslellano uña inversión de _frasu. Aun cuando al con'eglr
el dii,,iado traté de ,aloa, esa tendencia e, po.tible que en algunru lugares
lwya .sobrevivido una e.structu·ación inglesa mayo,- de la dueabU que, .sin
,acrificar el rig,nificndo, qulle un poco d,: fluidez a la lectura.
Controlé la tentacitn al comentarla, limitando /tu nota., del traductor
a aquella, aclaraciones que la en!eñanz,, unii;er,itario y la uperfencia pro·
fu/anal me han ido n::alando como l1:di,pemable1 para evitar cfrcun.rtan­
cialu interpretacione, antofadiUI-S y equivocada.,. Se adicionan también aira,
q11e reflejan 11na práctica in�enierll ligeramente di.ltinta de la preconizada
e11 el libro y qve, 1/11 allerar fundamento,, u de uso exteMldo en el ámbito
en que se deaarrolfa mi actiuidad profelionol. En edo, ca,o,, .ristemática­
menle, refiero ni lector a algu ..,is publicaciones de la., que soy autor o CO•
autor, dnnde ,e detallan &as diferenda,, puu ,oy en gran parte respon.table
de .ru gestación. A,imi,mo, se og·egan alguntU nbta, a pie de p6gina que
.rirven para actualizar el texto en los poco.s a1peclo1 en que, dude 1t1 apari­
ción, ha hnhúlo nmnce, muy �i�nificatlGOI.

ÜRESTE MORETI'O

Vicente López, 1972


PREFACIO DE U, SEGUNDA EDICIÓN

Cran parle del trabafo de reOOidn realizDdo para preparttr uta ,egunda
e ª
��t!:brc;mJ/��- ª;��ª ��!::.c';,": e':at1'�:i''� =fh �
amplitud de lo., cambie, y el doctor Terzaghi había preparado lo, borra-
't:,e;f;et;"i:����;,fa":;; ra; ;� ,:��::� fms;:::i:
i m e
1:m:;;;e:
bían sido obfeto de ro atención. Quien suscribe eate prefado ,e .riente
agradeddo de que dicha, página, reflejen, en la medida en que rutJt6
,mible, la cootribución de Terzaghl, p e ·o alÍ y todo lamenta y debe aceptar
la re,ponwbilidad por la., lncultabk, /imiwcione, que pudieron contener
y que no hubiesen &capado a la atencidn de aquél en ro cuidado,o y crítica
reoi.rión final del manwcrito.
En parl.icultu, el doctor Ter1Aghl preparó la, reol.rionu de lo, artículo,
,ob·e la utabilidad de talud.e, y lo, n:tenwa agregado, con referencia a
!:!�"�Ya'';,/U,:Y':j:'ia ���,;::}:�,,;'enOC:::W::a=.
dicho, agregado, pueden con.ritlerarae como la e.senda de ro pen,amlento
y ro erperiencia en la materia.
El ter:to ha rido complementada con referencia, y lista, de lectura,
selectas que pueden .reroir de guía bibliográfica. Se 110 adíclooado, ademcú,
un nueoo capítulo sobre ob,ervaciones del comportamiento en obra, para
ayudar al ingeniero en los método, por utllliar en la, medíclonu, un paso
que hace n la esencia mimla de la eficaz aplicación de lo m.ecónica de los
mela,,
El enorme crecimiento habido en la, últimas do, década, con ru-pecto
a la literatura sobre la mecánica de ,ueloa ha aumentado vaatamenle el pro­
hlema de ,eleccionar lo lnformoción que debía ,er incluída. Para concte•
tarlo, la, autora se han atenido al tratamiento ,eguido en el libro.
En la preparaci6n del manwcrlto, la ,eñora Jruephlne B. Hegenbart ha
,obrepasado ampliamente lo, límites de roJ debere, u.wale, de dactilágrafa.
Su incan,able ayuda le e, altamente reconocida aquf.
RALPH B. PEa
Urbána, ll/inoi,
F.nero (U 19ffl
PREFACIO DE LA PRIMERA ED1ClóN

La mecánica de suelo, originóse hace varias décadas ba;o el efecto de


la p,esi6n ejercida por la necesidad, a medida que lo, problemas prdclicos
que involucraban a los suel-Os crecfan en extensión y se hacia cada vez m6,
aparente que lo, instrumentos cienlíficos et. istentes para resolverlos resulta­
ban insuficientes. UM intentos para remediar esta situación empezaron casi
rimult6neamenle en Estados Unidns y en Europa y, dentro de un espacio
de tiempo relativamente breve, dieron origen a un con;unto enorme de in•
formación útil.
El hito inicial de este campo de la ciencia aplicada fue tan alenladOf'
que dude un principie se tuvo la impresión de que una nueva rama de la
ingeniería de las estructuras estaba en formación, así que la extensión y la
p,ofundicuul de las investigaciones teóricas aumentaron rápidamente, al mi.s•
mo tiempo que se desarrollaban métodos y técnicas e:rperimentales con un
alto gr-ado de refinamiento. Sin los resultados de estas inoestigaciones pro­
lijas y cuidadosas no hubiese sido posible desaTf"ollar un método racional para
resoloer- los problemas que plantea la ingenierfa de los suelos.
Inforturllldamente, la i11C&tigación en mecánica de suelo, tiene un efecto
psicológico que a oeces es nodvo, pues desvía lo atención de muchos in­
'vatigadores y profesores, los que olvidan las innumerables limitaciones que
la naturalez.a impone a la aplicación de soluciones matemálicas en la resolu­
ción de problema, de la ingeniería de los suelos. Como consecuencia de este
efecto, se ha querido dar cada cez má.t énfasis a la necesidad de 11tUizar
grandes refinamientos en la obtención de muestras y en la solución de esos
pocos problemas que pueden resolver.rn con exactitud, ofoidando que sólo
se obtienen solucion& exactas cuando los estratos de suelo son prcícttcamen­
te homogéneos y continuos en todas las direcciones horiwntales. Además,
como las investigaciones que conducen a soluciones emctas inoolucran la
uta1zací6n de métodos de muestreo y de en.sayo altamente especialluuins, se
fustifican séW en cosos ercepcionoks. En la gran mayoría de los caso,, no
,e necesita más que una precisión aproximada de los fen6mffl0s que se pro­
ducirán, precisión que si no puede efectuarse con medios simples, no se
puede hacer del todo. Si nn resulta posible efectuar una preoisión aprori•
mada, hay que observar el comporlamiento del suelo duranle la construccí6n
y modificar el proyecto, en caso de ser necesario, a la luz de estas observa•
cione.t. Est.os hechru constituyen conceptos básico, en la mecá,dca ck s,iefot
PllaAC1O DE U. PfUMD\A IJIICIÓN XI

y no puetkn aer ignoradM .rin duafinr 8UI propóritos. Ello, rigen el tf'Dta.
miento conceptual del contenido de este libra.
La PatUA.trata de la, prOJ}iedotiafirica, th b,uelo, y la Parle B
de la, t� de la mecánica de .tuelol. E,ta,.t do, parlu ami muy brlttlM,
pero contienen todo lo que lo, e.rtudiantu y el ingeriiel"o no upecializado
neceritan conocer en la actuaUdad con respecto II la mec6nlca de lo, .Ntlo.t.
La Parle C, que con,tituye la parte medular del libro, trota del arle de
obtener remltado, 8afufactorlol en la lngenferla th jundacionu, y de .tuelo,
en gennal, a tm costo razonable, a puar de la compltjidad de la utructura
de lo, utrato, naturalu de ruelo y de la, ineoitabl& laguna, que riempn
quedan en el conodmlento adquirido ,obre la, condk:ionu del .rubmelo.
Para alcam:ar este objetivo, el Ingeniero debe oaler.te de todos lo, método,
y recurro, que tiene a ,u di.,po.rici6n, incluyendo la teoria, la experiencia y
el eruayo de lo, melo.r. Empero, todo, esto, ret:f4rSOI no ,on de ningún be·
ne/fcio, a meno, de que sean utilJmdo, con cuidado.ta di.tcriminodón, ptW
pr4ctfcamente tado problemlJ a ,e,oloer en ute campo de la ciencia pre,enta
por lo meno, algún a.,pecto que no tiene precedenle.
En la Parte C, el utudlo de los problemas práctico, empina con un
namen crlffco de los métodos convencionale, 11 proligue luego pa.,o a paro
a describir el progre,o realiWo con la ayuda de lo, rmdtodo, ob1enldo,
con la lnv,e,Hgacfd'n en. mecdnfca de melo8. Por uta circt4n.8tancia, le acon­
ttfa que el fngeníero no upeciallzado empiece a leer el libro por la Parte C
y recurra a la, Partu A y B '6lo para referencia, 11 fin de utudiar aquello,
concepto, ton lo, cual& no uté familiarluuio. De otro modo ,e oeria obli­
gado a digerir una cantidad con.riderable del material canten.Ido en ute libro
ante., de que ducubra ,u función en el campo de su interú particular.
Lo.t detallu de lo, método, para ruol.oer lo8 problemas prdcHco! th,.
cripta, en la Parte C puetkn cam.bw- a medido que aumenta la �.
y alguno, pueden tomarle ob&oleto, en el tbmfno de poco, ailos, pue, no
.ron md.r que recurso, temporarios. No olmante, 1e conridera que el método
general, de ,ol.uci6n semicmplrlca, p,econi%0do tiene mérito, que ,on Inde­
pendiente, del tiempo.
Al final de coda artículo, el luto, encontrard en la Parte C una lúta
de referencial. Para ,u eleccf6n ,re dio prioridad a aquella, publfcaclonu
que por ,u noturalna incitan y demm>llan la tendencia a la ob.teroacl6n
cuidadosa e lnteligerite del comportamiento de la, estructura, en el terreno.
En relaci6n con tsfal referencia, debe hacene nota, que alguna., de la., di,.
cu.rione.t, y contutacion& a la, ml.tma.t, pueden contener Información m4.t
Importante que los artú:ulos originales.
Como el campo de accl6n de la ingeniena de los .Ntlor e, dema.rlado
amplio pera ,er cubierto en forma. adecuada en tm ,ola volumen, vario,
t6pícos lmpo,tantu, como 1er: camino,, aerop11e110, y t6nelel, han rido
e.rcluido,. En un apéndice, se han resumido alguna, referendo, brew, con­
cerniente, a uta, t6pico,.
Lo, primeros borradoru del original del Ubro fueron utudlados en for•
ma crltica por el profuor C. P. Si.ea, cuyo, comentarios ruultaron upe­
dalmente útile,_ Lo, autoru también agradecen la, .rugerencia8 de oorlo,
Xll PRD'AQO DE: LA PIUMDA IDICIÓN

ingeniero, uperimentad-OI que leyeron distinta, parte, del tnto. En pa r ­


ticular, agradecen a lo, ingeniero., A. . E . Cummlng1, O . K. . Peck !I F . E . Schmidt
por ,u utudio orítico de la Parte C, al Dr. R. E. Grim por rewat' d A.rtfcu­
k, 4 y a la Dra. Ruth D. Tenaghi por ,u ayuda en la ptepamci6n del Ar•
tículo63.
Toda vez que una tabla o una figura /tu tomada -en porte o en m
totalidad- de otra fuente, el heclw se menciona cuando la tabla o la figura
aparece en el tezto. ú» dibu¡& fueron reali%iUUlf por el profuor Flmer
F. Heate,, al cual lo, auto,e, están muy agrodecído, por .w tnterú en
cooperar en ute traba;o ,; por la habilidad con que lo, milmol fueron eje­
cutadcn.
KAfil. TERZAGJU
R.u.Ptt B. ha:
IN DICE

Parte L Propiedades f[sicas de los suelos .

Capítu1o l. Propiedades índice de los suelos . . .


l. Importancia práctica de las propiedades Indice ...
2. Principales tipos de suelos . 4
3. Tamaño y forma de las partículas de los suelos . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
4. Propiedades de los suelos formados de fracciones muy finas . 11
S. Análisis medñico o granulométrioo de los suelos . 18
6. Agregados de suelo 22
7. Consistencia y sensibilidad de las ardllas . 29
8. Clasificación de los suelos . 35
9. Req uerimientos mlnimos para una descripción adecuada de los
suelos 41

Capltulo 2. Propiedades hidráulicas y mecánicas de los suelos . 45


10. Significado de las propiedades hidráulicas y mecánicas de los
suelos . 45
11. Permeabilidad de los suelos . 45
12. Tensión efectiva, tensión neutra, gradiente hidráulico critico . 56
13. Compresibilidad de estratos confinados de suelo . 61
14. Consolidación de capas de arcilla . . . . . . . . . . . 82
15. Tensiones y defonn11ciones de los suelos . 86
16. Condiciones de rotura de los suelos . 99
17. Resistencia al corte de suelos no oohesivos 105
18. Resistencia al corte de suelos cohesivos llO
19. Efecto de las vibraciones sobre los suelos . . . lZ1

Capítulo 3. Drenaje de los suelos . 131


2Ó. Napa freática, humedad de suelo, fenómenos capilares . 131
21. Fonnas y tipos de drena}e . 136
XN

Parte II. Mecánica teórica de los suelos . 154

Capítulo 4, Hidráulica de los suelos .. 155


22. Alcance de los problemas hidráulicos . . 155
23. Cálculo de la filtración . 156
24. Sifonaje 169
2.5. Teoría de la con.mlidación . 172

Capítulo 5. Equilibrio p1ástico de los suelos . 182


26. Hipótesis fundamentales 182
27. Estados de equilibrio plástico . 185
28. Teoría de Rankine del empuje de las tierras . .. 191
29. Influencia de la rugosidad del muro en la forma de la superficie
de desli7.amiento 198
30. La teoría de Coulomb del empuje activo contra muros de sosteni-
mientos 200
31. Punto de aplicación del empuje . .205
32. Empuje pasivo en el caso de superficie$ de contacto rugosas . 2<T7
33. Capacidad de carga de zapatas de íundación poco profundas . . . 213
34. Capacidad de carga de pilares de fundación y de pilotes . 221
35. Estabilidad de taludes . 229
36. Estabilidad de diques de tierra ... .. .. .. . ... . . . . . ..... .. . . . .. 250
37. Empllje de la tierra contra entib.1ciones de cxc:J.vaciones a cielo
abierto 256
38. Efecto de arco en los !uelos . 262

Capítulo 6. Asentumientos y presiones de contacto . 264


39. Introducción 264
40. Presiones verticales en el suelo situado debajo de las zonas cargadas 266
41. Asentamiento de fundaciones . . 271
42. Presión de contacto y teoría de reacción de ·1a subrasante . 276

Parte III. Problemas de proyecto y la construcción 283

Capitulo 7. Exploración del suelo . 2&5


43.· Propósito y alcance di.- la exploración <lel suelo 2&5
44. Métodos de exploración del suelo ... 291
45. Programa para la exploración del suelo .. 328
XV

Capítulo 8. Empuje de tierras y estabilidad de !aludes . 3S7


46. Muros de sostenimiento . 35i
47. Drenaje de excavacíones . . . .. . . . . . . . . . . . . . 375
48. Entibación de excavaciones a cielo abierto . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . 389
49. Estabilidad de laderas y de taludes de desmontes y excavaciones . 409
50. Compactación de suelos . . . .. . . . .. . . ... . . . . . . .. . . . . . . 436
51. Proyecto de terraplenes, malecones y diques de tierra . . . .. . 446
52. Estabilidad de la base de terraplenes y diques de tierra . 454

Capltu1o 9. Fundaciones 467


53. Fundaciones de estructuras ,un
54. Fundaciones sobre zapatas 475
55. Plateas de fundación .. . . . 500
56. Fundaciones sobre pilotes . 521
57. Pilares de fundación . 553

Capítulo 10. Asentamientos debidos a causas no comunes . 567


58. Asentamientos debidos a los procesos constructivos ... . . . . . . . . 5lfl
59. Asentamientos producidos por la depresión de la napa . . . 577
60. Asentamientos causados por hu vibraciones . . 582.

C.pítu1o U. Presas y fundaciones de las presas . 586


61. Presas de tierra .. . 586
62. Presas de escollera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 596
63. Presas de honnigón fundadas sobre sedimentos . . . . . . . . . . 608
64. Supervisión de los embalses durante la construcción . . . . 620

Capítulo 12. Observaciones de comportamiento . 624


65. Propósito y amplitud de las observaciones de comportamiento . 624
66. Medición de desplazamientos . 629
ffl. Medición de empujes de tierra . . . 644
68. Medición de la presión de poros ...... . .. . ... .. 6.55
69. Registro de las observaciones cJe obra y del terreno 660
NOMENCLATURA

Los1imbol011que,e utiliuoene stelibroc:oacuerdan e n genenlooo IOllpropuestos


en 1941 por la Americau Soci ety of Civil En¡ineen (Soll Mulla.du N�. Ma­
nll&l of Engl.neermg Practice N� 22.) a uaque 1e han he<:bo alguna¡ u<.>epciones tuda -
que ,e cuuideró necesario evitar eonfosloues. En la lista qu e sig,.le, detpués del s!inbolo,
entrepadntes!s,telndieui -�.si esquela s time, y finalmente III IQIIlificado.

A(c:mt)=l...
A=ooefi cieotedepresiónde poro1 1W/J.,
A..(eml)=ire a de la basede un pllo te o pila r
A,=Úldice de úea,de uo saca te5tíg01
11, = (C1111/ka: ó cinl/¡m)
B (aD) :::ancho
=roeflcl ontede compresibilidad

�{znd���tevJ�
C(k g)=�rerultante
C.(kg)=adberenciatllta1
C,=indicedeC0111presi óndel1uelo enla nat11rale:r.a;coeficieotedere,::-...rrido
C.'=lndice de compresióndelruelo a masado
C,=índice de hinchamiento
C. = ooefic!enlede reco rr idocompenado (rotw'a por áfona;e)
c(lcg/aDI)=�
e(cm)= OOftSlantedela fórmula •�ng News"
e, (kg/c:mt) =cobesión como ordenada a l origen ffl arcilla s precomolidadas
c. (kg/cm•) = a dhettncla enttt suelo y pilo«!, pila r de Mldación, pared o table.tac.a
c. (cmJ/seg) = coeficientede COlllOlldación
D (cm) = tamañode gnino¡ pro fundidad;diámetro¡distancia en tre centrode ¡,i lotes
D,.( cm) = dlámelro o tamai\o efectivo

g� �ct!.:c::
=
d (cm)
d
:! !:i! :"�vo
ª

diinietrode \Dl pilote¡ dlstu1eill


E(k g/cml)=módulode elastiddad (Ji E ae refiete a un estado defirudo o a \Dl intervalo
de tensi ones,,e u&a11 subi ndloel)

i � 1n:ln� : �;.:ira:e��
vo e

E (lcg/cm) = fuerza normal en los la dos de \111& faja (a nÜisisde fftlbilidad)


E, (ltg/cml) :::módulo tangtmte inici al
•=rdacióndeY11doc
e(coulomb/CJDl)=cugaeMctricaunitaria
e,:::rdadóndevacíosmelestadombsuelto
e..,.:::ttlaelónde va cl011"en e lert1do milsdenso
e., = volumen de agua por unidadde volumen de ma teri a sólida ( para un suelo ulura&l
•·=•)
e,·=relacióndevacl01critlca
F(kg):::reacci6n;fuerzaresu ltan te
E'=ooefi del tede ,egurid.d
XVIII

/,(kg/aal)=swnade lafria:iónyll,dherenci, entreP.eloypilotl:!o pllar de fund..-ión


f=coefk:lente defricciónentresueloybue de un, estructura
,. (J/,e¡) = frecuencia n&tun.l (vibnclooa)
/, (U,ea:) = frecuilncia del Jmpolw (vibn.ciones)
C,=rebd6iiespaclo de'11'(! (drenaio)
H (on) =espesor de un estrato, e%Cepto cuando se refiere• una capa en co,uo\idaci6o.
En este caso, H
capaablerta
= espe$0r de una capa 11emi1bierta o un medio del eq:ie¡or de uM

H (cm)= altura de calda del martillo (hincade pilotes)


11,(cm)=aituncriticade untalud
h (on) =car¡ahldriulica
=
h,. (on) carga pie�trica
Ah (cm)=calda de potencial (hidriulU:.)
h,(on)=aitlU'ldea,censión.capilar;■lturacrílicade rotura pOl"sifon.a}e
h" (cm) = altura de saturación completa de un suelo drenado
h,. ca�tia, de rotuni por sifon&je tq:ún el cilculo b:uado ea el IMtodo de 1" U-
de,
h, =prellón relativa de vapor
h,.= humedtd relativa
I,=lndicede liquidez
I,.= tndlce plbtico

=o.'mnosi1)
f=¡n.dleoteh!driulico
L.= gradlentehldriullcocrílico
:: ��r= �,::�c�a�
K = reilción eatre la intensidad de la presión horiwntal y la de la pre$lón �rtical en un
mismo punto de una masa de 1uelo.
K. = coeficiente de la presilm lateral de 111 liern.s en reposo; es decir, valor de K pan. el
esbdo inici•l de equilibrio elblico
=
K. coeficiente del empuje ,divo de las ticríU
�=coeficientede] empuje pasivo de !u tieT,-s
= =
K (aal) permeahllid■d
K. (k¡JonS) coeficimle de retod6n de la lUbrasanle
k (on/aeg)=coeficiente de penneabilldad
k1 (cm/,eg) = coeficiente de perme■bllidad en dlreedón paralela a loa pla!IOI de estrati•
ficaclón
k,, (cm/se¡)=
ficacl6n
coeficiente de perm,t;11billdad en direccióu normal a los planos de estr,l.li•
==
k, (,;:m/,e¡) coeficlenffl de permeabilidad de an::llla amasada
ko' k, (kg/ml) coeficientes pan. calcular el empu¡e que se ejeroe sobre un muro de so1-

== t:m':,�=traco=i'..::ones
tenlmlento
k, (an/ie¡)=coeficientede penne,.bllldad en la dirección horiz.ontal
k, (cm/seg)=coefideotedeperme■billdad en la direccklP vertical
k,(an/,e¡)=coeficiente de penneabiUd,d electroosmótica
L (cm)= lon¡ihid de b. línea de recorrido; longitud
L,. = Hmite liquido
l(cm)=k,rigitud

:•�?,:! J: =
de cortes a delo abierto/
m. ( cml/kg 6 cml/gm) coeficiente de compresibilidad volumétrica
m� = coeficiente (,nálisis de est:abilld•d ,e¡íin ecuaciOO 35.11)
N = coeficiente sin dimeruión (N., N., y N. = coeficientes de ctpjidd,d de c■r¡a;
N, = coefi ic ente de estabilidad en la toorla de la estabilidad de taludes); número de
golpe1 para hincar la cuchan. sacamuestras durar,te la efecuclón de un ensayo n o r •
·mal d e penetración
. N,=valo r d e fluencia=tgt (45' +11>/2)
N, = Número de caldas de potenCU.I (red de filtración)
N, = número de canales de filtración (red de filtTación)
XIX
n= porosidad¡ 11úmero depllotes ea UD grupo
n.=reladóoentreladistanda delpunto de aplica,ción dela resultante del einpuje a l
bordemlerbdelaestrvc::tutadelOlteuimientoylaa ltun: total dema6ltima
", =
n.=factord.pdundidad (estabilidad de taludee)
flltenl:ldad de UD te:mmol:O

:n�::!1':�o hay electo de arco {muros de sostenimiento;


P= poromtaje de grauoe 111enores de untamaiío dado
:.(�f:!f:'
estadoaeuvodeRanktne)
P.
(!� .biert7fe acti� cualldo hay efecto de uoo (entibación de es:cavacioaes
P, (on) = NJN!taote de u

=-�
l fuerua de gnwidad IDbre una particu la
P, (kg/m)= empuje puiw. l'\iede dividirse en P/,que dependedel pe111 unitario del
ruek,,yen.P,",quedependede lacobesi6oyde al 90brecar¡•Pr"puede an,.vez
rficle
;: \�C:) �=.td�1':za'�ia:":
subdivldlne e o P. yP,, req,ect{vamente
de una partkula
P• .:::llmitop úl tioo

:,1'¡�;/: �'::.i7� :'t �te


p,, ., , (kg/cml) = tensiones prin cipales: mayor, intermedia ymeoor
p (kg/cml) = pralón efectiva (la. buTa puMe s,,r omitida); pres!Ól1 efectiva de la cu--
blerta, cua ndo s,e \111 en la upruióo c/p
P• (ltg/aal) = lntensld,.d del rmpuje a ctivo unitario
p, {kg/cml) =prulóo atrnodhica
p, (kg/cml) = pndlm de confinamiento; pn!Si6n hidrostitlcll triu!al
p. (kg/aaJ) = prai6a borhvatJ.I lllhre UD piaoo Yfftlw
{
p. kg/cml) .::: preslÓII Yeftlml ,obre UD plano borizoai.J
Po {kg/cmt) = pn,l>Óflcapilar
Pt (kglcml) = aumeuto dt, prul6n tobre un rquro detDStenimleato debido a wia lobeo.
cargaqpor unldad de•iea
p", (kg/m) = 1umento de presión ,obreu.u muro de ,ostenimi,mto debido a la IObro-
� q' por u nidad de loogltud pan.lela a la creta
p, (kg/aal) = pruilm de flltndóq
p. (kg/cml) = pral6nqueoonuponcle al pu:ato b, figura 22o
•=
.....
p. (kg/cml) = palón inicial; presión � como oon,ec,,,mda d, la cubierta de

� (:f::::�
p.' (kg/cmt) = rnh:ima pffSl6n d, consolidación 4"" actúa sobre el suelo eo la natu•
= blo de p,alón; trnsilm de con,nlld� pralón a.da! adicional eo

4,,_ (kg/,:mS)
Ap, (kg/cml) == ruiJtenr:ia deadhe�
difermcia de tensión m rotuno
4µ. (kg/ cm1) = valor fhw <k la difem>cia de tensión
Q (cm' o eint) = descarp. total en la unidad de tiem po
Q (kg)=c.w¡aoonoentrada
Q.(kg)=carga adtn.u:lb1'deunpilnte
=
Q, (kg) capacidad decarp de fal a l estática de UD pilote
Q• (kg ó q/m) = carp. critica de una zapata o � de fl1Ddaci6oque descansa en
Alelo denloofeli.stmte. Puededividine eo Q', debldt. al pe,o del suelo yQ", de­
blda a lacohesl6oyala 10brecarp. La capacidad de �deum. zapataéin:u.laT
se de:si¡na por Q,.; l a de una zapata cuadrada por Q,,
Q,' (kg ó kg/m) = carga critica JObre,ma upata o un pi u
c:ama eo suelo sudto o blando
l dt fu ndación que def-

Q,. (kg) = reslsteoda.de UD pilotea la penetración diDAmlca


Q, (kg) = fricdónlatenl(total)
=
Q, (kg) capacidad de carga a rotura de UD grupo depilotes
Q, (k&) = resislenda de punta de un piJote
c1e,:::..:,:a,�{mtri= �
XX

Q, (ka)= resiltfflclafrlccional dr UD piloteo pilude fundacl6a


Q, (kg) = Clrgll neta ad:111.11te m una zapatJi o pbtea de fund.ci6o; ali formada por
la ruma de la carga permanente neta, Q.., y de la 50brecar¡a propiamente dicha,
Q,. Carp11,1bre unpllote;e$tá formada por la JIIIIIJ. del esfuera) Qeftrddo por el
q (�a!.C:0/1:�%9; ! � por unidad de he&;
=
p,ai6n uíal auplemeataria (ensayo triuial)
q' (kg/cm o q/m) carp lioeal UDilorinemente distnbuida
q. (q/cml)=presi611 admisible del111W
( ) ea
Q• � º��:.O,� desi";:t � ::�7&° ;:';! J:· :r-u':�
circular ,e !dentiflt'I con q.,, pua una zapata cuadrada con q,, y para 1,1111. zap,:ta
obloogaconq..
q, (kg/cml)= capacidad do carga del W! s lo debajo de la punta o base de pilote opilar
de fundacl6n; resi.Jkocla a lapenetradóndel cono
q. (kg/cml) =rabteocla a la compreslót, ,implo
R= rdacloo eotre el lama1io de material de filtroy el ma ter:i-11 ¡a protegido
R (cm)=radlodelnfluenda de unpozo;l'Mliodecv.rvatun.deUDtalud deformado
r (em)= radio
,, (=l =radiodddreulodefrioei611 (esuobllldadde tllludes)
,, (cm)= radiode laespirlllogarilmica
S (kg/m) = remienda total al de&lizauúento entre la bue de UD dique y el subsuelo
S (cm)=ueotamlen o t ;penetracióndelpiloteb.ioelgolpe delmutillo
S, (cm)=compresión elistica te.npol'W del pilote b,,jo el golpe del D111rtll1o

t:ct::�
S, =gradode.saturacl{iu

,(kg/cml)=reslatencia a l c orte

=
,,(kg/cmt)=resistt::odialoorteraidual
T (kg/m) fuma de corle en al s caras de una ÍIJa (wlisisde estabilidad)
T(gra00$oeot!grad01)=tmrperaturl
T, (gm/cm)=teosl6n ruperficia l de un liquido
T, =(aeb)r de tlempo
l{seg)=tiempo
1 (kg/cml) =teoJi6o t:aog'-'Dcial

���de":i.J:C::; ��e 1::°u:o:ifl = D./D. ue

11(k&lcmt)=JObrep,ai6Qhidrostitn
11,( )
= �=�u:'8�presióahidrodjtnp.;inaerneatodela
.,. {kg/cml) = presl6o de poros cal1$ada pot 1,, diferencia de te1u:l6n 6p en un ema,.o
triuialnodrenado.


111 {kg/cml) = preri611depororeo el lllOIIJeotode la rot u ra en une11S11yotrlu:lalcoruo­

=
lidadonodrenado.
11, (kglcml) presióndel aire o de la fase gueosa (vapor de agua) contenida en un

11,. (kg/cml)= ensi


t ón r,eotra; preP6n delagua de b poros
V (cml) =volumen total
V, (cml) =�umentotaldevacios
o{cm/11tg)=Yeloddaddedescazga
o, (cm/,egJ = wlocklad de filtración
W {kg o kg/cm)=pe111
w. (kg)= pesodel Dlllrtillo de un martine et para pilotes
W,(kg)=pe111de1111plloti!
W,'(kg) = pe,oefectlvodelsuekinatural que ha sido sustituido por una ui:-ta o ID1
""00
w = amtenido de humedad en poráentodel pe111 del suelo �
% (cm)=profundidad
XXI

:.(c-m) =profundidad delas¡rietudetracción


u:::ángulo
a=facror de reducdón de la resistenciade laarctllaeocootactoconelfll$le de unpila,
deflllldaeión
Jl(grados) ='ngulodeltalud
y (gm/cm1)= peso unltario (sudo, agua y aire)
y' (gm/cml) = pe!iO unitario del nielo sumergido
( s d cuando toda el agua es remplmida por aire
�: f:!¡��, �1:° o�!:o d��:a
)
y, (gm/cml) = peso unitario de los elemeot0:1 .sólidos
A= incremento
'1 (kg/cm) = energia perdida durante la hinca de pilotes
l, (grados) = ,ogulo de fricción eotre suelo y 111Ut0: iDguJo eotre la teraióo resultante
yla nonnal alplaoo
t = base de los logaritmosneptrianol; deformación unltaria
11 (gm/cm2 seg)= viscoMad
6 (grados) =ángulo; ingulocmtral
¡¡.:::: ooeficiente de Poison, micrón
�= potencial de�locidad (red de filtración)
f> (grados)= tngulodefricci6nintema; e:u la ecuación de Coulomb, ángulo de íricdóo
intema
•••(grados)= ,l.ugulo de resistencia al corte correspondiente a la1 condiciones del en-
sayo consolldado oo drenado
♦, (gndos)=-'n¡ulode fricción entre partlculueo SU.lipuntos de contacto
♦, (grados) ::::,l.ngulo de resistencia al oorte ruidual
t, (grados)= ángulo de ,edrtencia al corte de la artillapreoonsolidada
1=coeficienteque rel1cionalapresi6ndeporos de lafa1e gaseosaylafee liquida
del suelo
Joga::::Jogaritmorieperiar,o (natural) dea
log..a ::::logaritmo decimal dea
� ::::distru:aclaab,medida a lo largo de una línea-,ta
ab = di1tandaab, medida a lo la:rgo da un arco
- 11itnifica: p a roximadamente igual a
15.3 indica: ecuación 3, artkulo 15. El número del articulo aparece en la cabecera de
laspágiDU
tenñ6n (kg/anl) = esf,ieno unitario en el Jentido m.ú amplio de la e,;pre$1ón: rom•
presión, tracd6n o esiueno bW¡endal
INTROOUCCION

Mecánica de Suelo., en lo lnger.ieria Pr6ctica se ha dividido en las tres


partes siguientes:
J. Propiedades Físicas de los Suelos.
11. Mecálllca Teórica de los Suelos.
III. Problemas del Proyecto y de la Construcción.
La Parte I trata de las propiedades físicas y mecánicas de probetas
homogéneas de suelos inalterados y de suelos amasados. Estudia aquellas
propiedades que sirven de criterios útiles para distinguir entre d diferentes
suelos, y da instrucciones para describir los suelos en forma adecuada. Tam-·
bién estudia aquellas propiedades de los suelos que estfo directamente re­
lacionadas con el comportamiento de las masas de suelo durante y después
de la comtrucci6n de las obras.
La Parte II provee al lector de un conocimiento elemental de las teorías
· que se necesitan para resolver problemas que involucran la estabilidad o la
capacidad de carga de los suelos, o bien que ataiien a la acción mutua entre
suelo y agua. A pesar de que todas estas teorías se basan en hipótesis radi­
calmente simplificativas respet'IO de las propiedades mecánicas e hidráulicas
de los suelos, cuando se aplican con propiedad, los resultados que se obtienen
con estos procedimientos aproximados son suficientemente exactos para la
mayoría de los propósitos prácticos.
La Parte III trata de la aplicación de nuestro conocimiento actual del
comportamiento ele los suelos y de las teorlas de mecánica de suelos al pro­
yecto y a la oonstrocci6n en el campo de las fundaciones y de la ingeniería
de los suelos.
Las propiedades físicas de los suelos podrían estudiarse muy bien en
un curso general sobre las propiedades de los materiales de construcción,
y las teorías de la mecánica de suelos constituyen una parte del panorama
general que abarca la mecánic-a teórica. Pero el proyecto y la comtrucci6n
de íundaciones y obras de tierra, que fonna la tercera y más extensa parte
de este libro, es un tema independiente, con características propias, pues
involucra métodos de razonamiento y de procedimiento que no tienen se­
mejanza con los utilizados en otras ramas de la ingenierla de las estructuras.
En otras especialidades, el ingeniero estudia el efecto que las fuerzas ejercen
sobre estructuras construidas con productos manufacturados, como ser el ace­
ro y el honnigón, o con materiales naturales seleccionados cuidadosamente,
como lo son la madera y la piedra utilizadas con ese propósito. Como W
XXN
propiedades de estos materiales pueden detenninarse con exactitud, los pro­
blemas que plantea el proyecto pueden casi siempre resolverse por aplicación
directa de la teoría, o de los resultados de ensayos sobre modelo.e:.
Por contraposición, toda manifestación o conclusión relativa al compor­
tamiento de los suelos en el terreno involucra muchas incertidumbres, y, en
casos extremos, los conceptos que gobiernan el proyecto no alcanzan a ser
m&s que crudas hipótesis de trabajo, que pueden estar Jetos de la realidad.
En estos casos, el riesgo de una falla total o parcial puede eliminarse sola­
mente con el uso de lo que podríamos llamar el procedimiento experimental,
basado en la observación del comportamiento real de la obra. Este proce­
dimiento se lleva a la práctica haciendo observaciones apropiadas del com•
portamiento de la obra desde el inicio de su construcción, a fin de descubrir
cualquier signo que indique que las condiciones reales divergen de las su­
puestas por el proyectista; en cuyo caso se modifica el proyecto o el método
constructivo, ajustándolo a dichu conditiones.
Estas consideraciones determinan el orden y el método de presentación
de los temas que se estudian en la Parte lll. En lugar de empezar con ins­
trucciones para aplicar los principios teóricos en el proyedo, la Parte lI{
trata primero la técnica a utilizar para obtener, en un lugar dado, datos
respecto de las condiciones del subsuelo por medio de perforaciones, aus­
cultaciones, muestreo y ensayos. A pesar de que esta exploración del terreno
requiere siempre mucho tiempo y trabajo, los resultados que se obtienen
dejan comúnmente mucho lugar para la interpretación personal.
Los capítulos siguientes contienen un estudio de los principios generales
a uti!i7.ar en el proyecto de muros de sostenimiento, diques de tierra y fun­
daciones. El comportamiento de estas estructuras depende principalmente
de las propiedades físicas de los suelos y de las condiciones del subiuelo.
Como nuestro conocimiento de las rondiciones del subsuelo es siempre in­
completo, es inevitable que exista cierta incertidumbre con respecto a la
validez de las hipótesis fundamentales que se utilizan en la confección del
proyecto. E.§ta incertidumbre requiere y recibe atención constnnte en la com­
posición de este libro. Tales disquisiciones no son necesarias en los libros
de texto que tratan de las otras ramas de la ingeniería estnictural, ya que
casi siempre se puede tomar como segura la exactitud de las hipótesis fun­
damentales relativas a las propiedades de los otros materiales comunes de
construcción.
PARTE 1

Propiedades físicas
de los suelos

La parte I está dividida en tres capltulos. El primero se ocupa de los


procedimientos comúnmente utilizados para diferenciar los distintos suelos
o distintos estados de un mismo suelo. El segundo, trata de las propiedades
hidráulicas y mecánicas de los suelos y de los métodos experimenta1es uti­
lizados para determinar valores numéricos representativos de esas propieda­
des. El tercer capítulo estudia los procesos físicos relacionados con el drenaje
de los suelos.
Capítulo 1

PROPIEDADES INDICE DE LOS SUELOS

AkT. 1 IMPORTANCIA PRÁCTICA DE LAS


PROPIEDADES INDICE

E n fundaciones y mecánica de suelos, más que en cualquier otra rama


de la ingeniería civil, es necesaria la experiencia para actuar con éxito. El
proyecto de las estructuras comunes fundadas sobre suelos, o de aquellas
destinadas a retener suelos, debe necesariamente basarse sobre simples
reglas empíricas, as! que éstas pueden ser utiliudas con propiedad sola­
mente por el ingeniero que posee un bagaje suficiente de experiencia. Las
obras de mayor vuelo, con características poco comunes, suelen jwtificar
la aplicación extensiva de métodos científicos en su proyecto, pero, a,menos
que el ingeniero a cargo de ellas posea una gran experiencia, no podrá
preparar inteligentemente el programa de ensayos requeridos ni interpretar
sus resultados en la forma debida.
Como la experiencia personal no llega nunca a ser lo suficientemente
extensa, el ingeniero se ve muchas veces obligado a basarse sobre informes
acerca de experiencias ajenas. Si estos informes contienen una descripción
adecuada de las pmdiciones del suelo, constituyen una fuente estimable cit.
_
conocimientos; de otro modo pueden conducir a conclusiones erróneas. En
efecto, en el dominio de la ingeniería de· las estructuras una descripción
de la rotura de una viga sería de poco valor, a menos que se incluyese, ade­
más de otros datos esenciales, un párrafo indicando si la viga se hizo de
acero o de fundición. En todos los anales antiguos sobre experiencias con
fundaciones, la naturaleza de los suelos es descrita simplemente con ténni­
N n
nos generales tales como "arena fina o "arcilla blanda , a pesar de que la
diferencia en Jas propiedades mecánicas de dos flrenas finas de distintas
localidades puede ser más importante y de mayores consecuencias que la
existente entre acero y fundición. Por esta ra:t.ón, uno de los principales
propósitos perseguidos en los esfuenos recientes para reducir los riesgos
inherentes a todo trabajo de suelos ha consistido en buscar métodos pan,
diferenciar los distintos tipos de suelos de una misma categoría. Las pro•
piedades en que se basa dicha diferenciación se conocen con el nombre de
propiedades índice y los ensayos necesarios para determinarlas, ensayos de
cla.rificación.
La naturaleza de cualquier suelo puede ser alterada si se lo somete a
un tratamiento adecuado. Por ejemplo, una arena suelta puede trasformarse
en densa si se la vibra adecuadamente. Por eso. el comportamiento de los
PROPIEDADES fND10 DI!. LOS SUELOS

suelos en el terreno depende no solo de las propiedades significativas de


los granos de su masa, sino que también de aquellas propiedades que �enen
su origen en el acomodamiento de las partlculas dentro de ella. De � que
resulte conveniente dividir las propiedades índice en dos clases: proptedadu
de lo, granos del suelo y propiemules de los agregados de suelo, Las prin•
cipales propiedades de los granos del suelo son la forma y el tamaño, y en
los suelos arcillosos, las características mineralógicas de las partículas más
pequeñas, Las propiedad. es mh significati�as de �os agregad_os de su�lo
son a su vez las siguientes: para los suelos sin cohesión, la denndad relativa
y, para los suelos cohesivos, la �asistencia.
El estudio de las propiedades de los granos y de los agregados d � suelo
va precedido, en el ordenamiento de este capítulo, por una de5<:ri�ón de
los principales tipos de suelos y seguido de una enumeración _ smtébca de
los requerimientos mínimos para una descripción adecuada de los suelos,
descripción ésta que debe fonnar parte de todo informe relativo a obser•
vaciones efectuadas en el terreno,

ART. 2 PRJNCJPALES TIPOS DE SUELOS


Los materiales que constituyen la corteza terrestre son clasificados por
el ingeniero civil, en fonna arbitraria, en dos categorías: suelo y roca. Se
llama suelo a todo agregado natural de partículas minerales separables por
medios mecánicos de poca intensidad, como agitación en agua. Por el con•
trario, roca es un agregado de minerales unidos por fuerzas cohesivas pode•
rosas y pennanentes. Como los términos "poderosas" y "pennanentes" están
sujetos a interpretaciones diversas, el límite entre suelo y roca resulta nece­
sariamente arbitrario, y existen muchos agregados naturales de partículas
minerales que son diHciles de clasificar. Para evitar confusiones, en esta
obra, el término suelo es aplicado solamente a aquellos materiales que en
forma incuestionable satisfacen la definición dada más arriba.
El ingeniero civil da generalmente por sobreentendida esta terminolo­
gía, pero no por ello resulta de uso universal. Para el ge6logo, por ejemplo,
el ténnino roca implica todo el material que constituye la corte-za terrestre,
sin considerar el poder de las fuerzas de cohesión que unen las partículas
minerales, mientras que el término suelo lo aplica solamente a aquella por•
ción de la corteza que constituye el suelo vegetal. Por ello, si el ingeniero
civil se ve obligado a utilizar informes preparados por personas ajenas a
su profesión, debe primero fijar el significado con que los términos suelo
y roca son utilizados.
Según cuál sea el origen de sus elementos, los suelos se dividen en dos
amplios grupos: suelos cuyo origen se debe. esencialmente, al resultado de
la descomposición física y química de las rocas, y suelos cuyo origen es
e�cialmente orgánico. Si los productos de la descomposición de las rocas
se encuentran aún en el mismo lugar de origen, constituyen un sueW residual;
en caso contrario, fonnan un suelo trasportado, cualquiera sea el agente de
trasporte.
AJIT. 2 PIUNCD'AU:S TIPOS DE SUELOS

En climas semiáridos o templados los suelos residuales son normalmente


firmes y estables y no se extienden hasta gran profundidad. En cambio,
e n climas calientes y húmedos, en particu1ar donde el tiempo de exposición
ha sido largo, estos tipos de suelos pueden extenderse hasta profundidades
de varias decenas de metros y ser fiJmes y estables; pero también pueden
componerse de materiales altamente compresibles que rodean bloques de
rocas menos alteradas (artículo 49). Bajo estas circunstancias llegan a set
la fuente de dificultades para las fundaciones y otros tipos de construcción.
Igualmente, muchos de los depósitos de suelo trasportados son blandos y
sueltos basta profundidades de varias decenas de metros y constituyen la
fuente potencial de serios problemas.
Los suelos de origen orgánico se han formado casi siempre in ritu, ya
sea como amsecueocia de la descomposición de vegetales -como en el caso
de Lu turbas-, ya sea por la acumulación de &agmentos de esqueletos
inorgánicos o de conchas de ciertos organismos. De allí que los suelos de
origen orgánico pueden ser tanto orgánicos como inorgánicos. No obstante,
la e:rpres:lón ,uelo orgánico se aplica generalmente a suelos trasportados,
producto de la descomposición de lu rocas, que contienen cierta cantidad
de materia orgánica vegeta] descompuesta.
Las condiciones de los suelos del lugar donde ha de construirse una·
estructura son comúnmente exploradas por medio de sondeos, perforaciones
o e.a:cavaciones a cielo abierto. El técnico que las efectúa examina las mues­
tras a medida que éstas son extraídas y las clasifica anotando el nombre
del suelo e indicando su compacidad, color y otras características. Estos
datos le sirven luego para preparar el perfil de la perforación, donde indica
cada capa de suelo por su nombre y proporciona las cotas entre las cuales
se eitiende. Los datos así obtenidos puedeo ser completados más tarde con
uo resumen de los resulta�os de eosayos de laboratorio efectuados sobre
muestras de lus suelos del perfil
A continuación se describen los suelos más comunes, coo los nombres
genera!mente utilizados para su clasificación en el terreno.
Lás arena, y las gravas o ripio, o cantos rodados son agregados sin cohe­
sión de fragmentos gr8.llulares o redondeados, poco o no alterados, de rocas
y minera1es. Las partículas menores de 2 milímetros se clasifican como
arena, y aquellas de mayor tamdo hasta 15 ó 20 centímetros, como grava
o ripio o canto rodado. Los fragmentos de rocas con diámetros mayores
se conocen a>mo piedroa-bolar, piedra.s-bochoa, rodado, grande.a, etcétera.
Los limo, inorgánico, son suelos de grano fino con poca o ninguna
plasticidad. Las variedades meno, plisticas consisten generalmente en
partículas más o menos equidimenskmales de cuarzo y, en algunos países,
se los distingue coo el nombre de poloo tk roca. Los tipos más plásticos
contienen un porcentaje apreciable de partlculas eo fonna de escamas y se
denominan limos pUaticru. A causa de su textura suave, los limos inorgáni­
cos son comúnmente tomados por arcillas, pero pueden distinguirse fácilmen­
te de éstas sin necesidad de efectuar ensayos de laboratorio. Si una pasta de
limo inorgánico saturado se sacude en la palma de la m8.llo, la pasta expele
suficiente agua como para producir una superficie brillante que, si la pasta es
PROPJEDAPES ÍNDICE DE LOS SUELOS

posleriormmte doblada entre los dedos, se vuelre nuevamente opaca. Este


simple procedimiento se C'01lOCe como m,ayo de � -
Después d e secada, l a pasta d e limo inorgánico e s frágil, siendo fácil
deqx,gar polvo de ella si se la frota con los dedos. Los limos son relativa­
mente impermeables, pero cuando se encuentran en estado suelto pueden
subir del fondo de una perforación o excavación oomo si fueran un espeso
fluido viscoso. Los suelos mú inestables de esta categoría se distinguen a
veces como arenas fluidas• muy finas.
Los limo, orgánico, son suelos de graoos finos más o menos plásticos,
con una mezcla de partículas de materia orgánica finamente dividida. A
veces contienen también fragmentos visibles de materia vegetal parcialmente
descompuesta o de otros elementos orgánicos. Estos suelos tienen colores
que varían de gris a gris muy oscuro, y pueden contener cantidades apre­
ciables de HzS, CO: y de otros productos gaseosos originados por descom•
posición de la materia orgánica, lo que les da un olor característico. Los
limos orgánicos tienen may alta oompresibilidad, y su permeabilidad es
muy baja.
Las ardlla.r son agregados de partículas microscópicas y submicroscó­
picas derivadas de la descompos:ición química que sufren los constituyentes
de lu rocas. Son suelos plásticos dentro de limites extensos en contenido
de humedad y cuaodo están secos son duros, sin que sea posible despegar
polvo de una pasta frotada con los dedos. Tienen, además, una permeabi­
lidad ertremadamente baja.
Las arcfllaa orgánica, son aquellos suelos de este tipo que derivan algu­
nas de sus propiedades fís:icas más significativas de la presencia de materia
orgánica finamente dividida. Cuando están saturados son generalmente muy
compresibles, y secos presentan una resistencia muy alta. Tienen colores
que varían de gris oscuro a negro, y pueden poseer un olor característico.
Las turba..t son agregados fibroros de fragmentos macro y microscópicos
de materia orgánica descompuesta. Su color varía de un castaño claro a
negro. Las turbas son tan compresibles que casi siempre resultan inade­
cuadas para soportar fundaciones. Si bien es cierto que se han desarrollado
varias técnicas especiales para construir terraplenes sobre depósitos de turba
sin correr el riesgo de que se hundan en el terreno, el asentamiento resul­
tante suele ser graode y continuar a un ribno decreciente por muchos años.
Si un suelo está compuesto de una combinación de dos clases distintas
de material, para identificarlo se utiliza el nombre del .material predomi•
nante como sustantivo y el del que entra en menor proporción como adjetivo
calificativo. Por ejemplo, arena limosa indica un suelo en el que predomina
la arena, que contiene una pequeña cantidad de limo. Una arcilla arenosa
es un suelQ con las propiedades de las arcillas, que contiene una cantidad
apreciable de arena.
AllT. 2 Pl\lNCIPALES nPOS DE SUELOS

Las propiedades de los agregados de granos de arena y grava se descri•


ben cuaHtativamente por medío de 1os términos suelta, medianamente den.ta
y densa. Los agregados de partículas de arcilla, por los términos dura, com·
pacta, medianamente compacta y bkmda. Estas características son gene•
ralmente estimadas en el terreno, mientras se efectúa la perforación, basándose
en varios factores que incluyen la facilidad o dificultad relativa para hacer
avan7.ar las herramientas de sondeo o para sacar muestras y la consistencia
de las muestras obtenidas. Como este método de estimación puede conducir
a una concepción muy errónea de las características generales del depósito
de suelo, toda vez que sus propiedades mecánicas puedan resultar impor•
tantes para el proyecto a rea1izar, su descripción cualitativa debe suplemen­
tarse con determinaciones cuantitativas de dichas propiedades. Estas deter­
minaciones requieren comúnmente la realización de ensayos de laboratorio
sobre muestras inalteradas (artículo 7), o bien ensayos apropiados en el
terreno (articulo 44) .
Para reducir los riesgos de errores en la correlación de los estratos
identificados en los sondeos es conveniente señalar, en su registro, el color
de los distintos estratos. El color puede, en ciertos casos, ser también una
indicación de que eJ:iste una diferencia real en las características del suelo.
Por ejemplo, si la capa superior de un estrato sumergido de arcilla es amari­
llenta o de color castaño y más compacta que la arcilla más profunda, la
diferencia de color suele significar que la capa superior fue temporaria­
mente expuesta al secado y a la oiidación. Cuando en un mismo estrato
de suelo hay diferencia de color de punto a punto, suelen utilizarse para
clasificarlo los términos moteado, jaspeado, manchado, etcétera. Los colores
oscuros y parduscos indican, en general, la presencia de materia orgánica.
Bajo ciertas condiciones geológicas especiales se fonnan suelos que
están caracterizados por uno o más rasgos peculiares, tales como la presencia
de una estructura debida a la existencia de agujeros dejados por rafees
edinguidas o una estratificación regular poco común. A causa de estas
características, tales suelos pueden ser fácilmente identificados en el terreno
y por ello han recibido nombres especiales. En lo que sigue, se dan las
definiciones y descripciones de algunos de estos materiales.
Las morenas son depósitos glaciares no estratificados de arcilla, limo,
arena, cantos rodados y piedras que cubren aquellas partes de la supedicie
rocosa que estuvieron bajo los hielos en los periodos de avance de los
glaciares.
Las tu/as son agregados finos de minerales y fragmentos de roca muy
pequeños, arrojados por los volcanes durante las explosiones, y que han
sido trasportados por el viento o por el agua.
Los loeu son sedimentos eólicos unifonnes y cohesivos, comúnmente
de color castaño claro. El tamaño de la mayoría de sus partículas oscila
entre los estrechos limites comprendidos entre 0,01 y 0,05 mm y su cohesión
es debida a la presencia de un cementante que puede ser de naturaleza
predominantemente ca1cárea o arcillosa. A causa de la presencia universal
de agujeros verticales continuos, dejados por las rafees ertinguidas, la per•
meabilidad en las direcciones horizontales es mucho menor que en la direc·
PROPIEDADES ÍNDICE DE LOS SUELOS

ción vertical. Ademis, e1 material se caracteriza por la capacidad de mante­


nerse estable en taludes casi verticales. Los depósitos vírgeoeJ no han sido
nunca saturados; si lo son, el cementante que mantiene la adherencia entre
las partículas se ablanda y la superficie del depósito puede sufrir un
asentamiento.
Loess modificad<» son aquellos loess que han perdido sus características
típicas por procesos geológicos secundarios, como: inmersión temporaria,
erosión y nuevo depósito, cambios químicos que originaron la destrucción
de la adherencia entre las particulas, o la descomposición qulmica de sus
elementos perecederos, como, por ejemplo, el feldespato. Por la descom•
posición química se produce el loeu-loam, caracterizado por una mayor
plasticidad que los otros tipo! de Joes5 modificados..
Las tierras diatomáceo., son depósitos de polvo sillcico fino, general­
mente blanco, compuesto total o parcialmente de los residuos de diatomeas.
El término diatomeas se aplica a un grupo de algas unice1ulares microscó­
picas de origen marino o de agua dulce, con la particularidad de que las
paredes de sus células son silícicas.
Marga es un término utilizado en forma vaga para identificar varios
tipos de arcillas marinas calcáreas compactas o muy compactas y de color.
verdoso.
El término caliche se aplica en algunos palses a ciertas capas de suelo
cuyos granos están cementados por cpbonatos calcáreos. Estas capas se
encuentran generalmente a poca profundidad y su espesor puede variar de
pocos centímetros a varios metros. Para su formación parece necesario un
clima semiárido.
Las tJTcllku laminadas consisten en capas alternadas de limo mediano
gris inorg6.nico y de arcilla limosa mb 05Cllfll. El espesor de las capas
raramente excede de un centímetro, aunque ocasionahnente se han eocon­
trado 16.minas más gruesas. Los elementos que fonnao las arcillas lamina•
das fueron trasportados a lagos de agua dulce por el agua proveniente del
deshielo, al terminar el periodo glaciar. Generalmente poseen, combinadas,
las propiedades indeseables de los limos y de las arcillas blancas.
Greda es un término popular con el cual se designa una wrledad grande
de suelos, pero que normalmente están constituidos por arcillas muy plb•
ticas, más o menos compactas, aunque a veces se incluyen dentro de esta
denominación hasta areniscas arcillosas, que como rocas entran en la categoría
de las rocas blandas.
To,c,a es el nombre dado en ciertos palses a una fuerte impregnación
ca1c6.rea de suelos de composición variable, en general limos de origen eólico•
fluvial, dando como resultado un material de composición .y resistencia tam­
bién variable, pero que regularmente tiene una grao proporción de cale:6.reo y
es muy compacto. A veces la tosca se presenta como incrustaciones ais1adas
de calc6.reo en una base de loeu-loam.
Las bentonitos son arcillas con un alto contenido de montmorillonita
(articulo 4). La mayoría de las bentonltas se formaron de la alteración
química de cenizas vold.nicas. En contacto con agua. las bentonitas secas
se esponjan mú que otros tipo! de arcillas secas, y saturadas se contraen
AftT. 3 T..u.lAAO Y POIIMA DE U.S PARTÍcuLAs 01: LOS SUELOS

mú tambi�. Los depósitos de bentonita son comunes en Nort�rica,


incluyendo Méjico. En la Argentina existen depósitos de dicho material en
el oeste del pats•.
Todos tos términos utilizados para la clasificación de los suelos en el
terreno abarcan una variedad más bien grande de materiales distintos y,
además, la elección del término para calificar su densidad o compacidad
depende demasiado del criterio de la persona que enmina el material. Por
ello, la clasificación de los suelos en el terreno es siempre má5 o menos
ioclerta e incorrecta. Datos má5 específicos pueden obtenerse solamente
con ensayos flsicos que proporcionen valores numéricos representativos de
las propiedades del suelo.
Los métodosa utilizar para la exploración del suelo y los procedi?nien­
tos a seguir para determinar vaJores nu�ricos promedio de sus propiedades
forman parte del programa de estudio para el proyecto y construcción de las
obras y son tratados en el capitulo 7, parte IU.

ART. 3 TAMARO Y FORMA DE LAS PARTfCULAS DE


LOS SUEWS
El tamaño de las partículas que constituyen los suelos varía entre aquel ·­
de un canto rodado y el de una molécula grande.
Los granos de un tamaño mayor de unos 0,00 milímetros pueden ser
en.minados a simple vista o por medio de una lupa, y constituyen la fraccidn
muygruua y lafraccíóngruuode lossuelos.
Los granos comprendidos entre 0,08 milímetros y 2 micrones ( 1 micrón
- 0,001 milímetro) pueden ser examinados con la ayuda del microscopio
y constituyen la fracción fintJ de los suelos.
Los granos menores de 2 micrones constituyen la fracción muy fina. De
éstos, los comprendidos entre 2 micrones y 0,1 micrón pueden ser distin­
guidos con el microscopio, aunque no se llegue a percibir su forma. Para
los granos menores de un micrón ésta puede ser determinada con el micros­
copio electrónico, e investigada su estructura molecular por medio de los
rayos X.
El proceso de separar un agregado de suelo en sus diferentes fracciones,
cada una consistente en granos de tamaños distintos, dentro de ciertos
limites, ,e conoce con el nombre de anó.Um mecdnico o anáUri,granulomitrlco.
Por medio del análisis granu1ométrico se ha encontrado que la mayoría de las
suelos naturales contienen granosde dus o más fracciones. Las caracterls•
ticu particulares de un suelo compuesto están casi enteramente determi­
nadas por las propiedades de la fracción má5 fina. En este aspecto, los
suelos son similares al hormigón, cuyas propiedades están determinadas
principalmente por el cemento, mientras que el agregado, que constituye
su mayor parte, actúa como inerte. El "'agregado" o parte inerte de un suelo

•Dei. u.ta de nombres de suelos lDduld,. en el te.to origina).ae han elim!Mdo


los nombres de "'hardpu.., "'lake marro "bo�" y ..adobe'", por 110 tener en ea5t1.Jlano
equ!valen19' de U90 corriente, ·agregando en su Inga, loa de ..gnida... y ..tosca... (N. thl T.)
10 PROPIEDADES iND1a: DE LOS SUELOS

compuesto forma entre el 80 y el 90 por ciento de su peso seco total, y la


parte decisiva o activa el resto.
Las fracciones muy gruesas, por ejemplo la grava, consisten en frag­
mentos de rocas compuestos de uno o más minerales. Los fragmentos pueden
ser angulares, redondeados o chat0.1. Pueden ser sanos o mostrar slgoos
de considerable descomposici6n, ser resistentes o delemables.
Las fracciones gruesas, representadas por las arenas, consisten en granos
compuestos por lo general de cuarzo. Los gr&11?5 pueden ser angulares o
redondeados. Algunas arenas contienen un porcentaje importante de esca­
mas de mica, que las hace muy elAstica.s o esponjosas.
En las fracciones finas y muy flnu cada grano está constituido gene­
ralmente de un solo minera]. Las partículas pueden ser angulares, en forma
de escamas y ocasionalmente con forma tubular, pero nunca redondeadas.
En algunos casos excepcionales, la fn.oción fina contiene un alto porcentaje
de f6siles poroSO!, como diatomeas o n.diolarias, que imparten al suelo pro.
piedades mecánicas poco comunes. En general, el porcentaje de partículas
escamosas aumenta en un suelo dado a medida que decrece e] tamaño de
sus fracciones.
Si el tamafio de la mayoría de los granos de un agregado de partfoulas··
de suelo está comprendido dentro de los límites dados para uoa de las
fracciones, el agregado constituye un ,uelo uniforme. Los suelos uniformes
de granos muy gruesos y gruesos son comunes, pero muy raramente se
encuentran suelos muy finos o coloidales de este tipo. Todas las arcillas
contienen elementos finos, muy fioos y coloidales y a veces hasta partículas
gruesas. Las fracciones más finas de las arcillas consisten príncipalmente
en partlculu con forma de escamas.
El predominio de partículas escamosas en la fracción muy fina de 10!
suelos naturales es una consecuencia de los procesos geológicos de su forma­
ción. La gran mayorla de los suelos deriva de procesos químicos que se
deben a la acción de los agentes climáticos sobre las rocas, las que están
constituidas, en parte, de elementos químicamente muy estables y, en parte,
de minerales menos estables. Los agentes climáticos trasforman los mine­
rales menos estables en una masa friable de partículas muy pequel'ias de
minerales secundarios que, comúnmente, tienen forma de escamas, mientras
que los minerales estables permanecen prácticamente inalterados. Es así
como el proceso de descomposición por los agentes climáticos reduce las
rocas a un agregado consistente en fragmentos de mioerales inalterados o
prácticamente inalterados, embebidos en una matriz compuesta principal­
mente de partlculas con forma de escama. Durante el trasporte por agua
que sigue a este fenómeno, el agregado es desmenuzado y sus elementos,
sujetos a impactos y al desgaste.
El proceso puramente mecánico de desgaste no alcanza a reducir los
granos duros y equidimensionales de minerales inalterad,,s en fragmentos
menores de unos 10 micrones (0,01 milímetro). En contraposición, las partí­
culas friables, constituidas por minerales secundarios con forma de escamas,
aunque inicialmente muy pequeñas, son fácilmente desgastadas y desmenu­
zadas en partículas aun menores. Esto explica por qué las fracciones muy
ART. 4 PROPIEDADES DE LOS SUELOS DE PRAOCIONa MUY FINAS 11

finas de los suelos naturales se componen principalmente de tal clase de


partículas.

ART. 4 PROPIEDADES DE WS SUEWS FORMADOS DE


FRACCIONES MUY FINAS

Cuando se rompe y desmenuza un trozo de cualquier mineral dividiéndolo


en partes o fracciones con granos de diferentes tamaiios, y se saturan las
fracciones, se encuentra que la fracción más fina exhibe propiedades que
están ausentes en la &acción más gruesa. Más aún, se observa que estas
propiedades dependen en gran mecUda de la naturaleza del mineral
La influencia que ejerce el tamaño de las partículas y la naturaleza
del mineral se puede explicar comparando algunas propiedades de las dife­
rentes fracciones de cuarzo con ciertas propiedades de sendas fracciones de
cuarzo y de biotita con granos de tamaños iguales. Si cada una de las frac­
ciones en que se ha dividido el cuarzo, constituidas éstas por granos de
buena cubicidad, es decir, sin partículas alargadas, se mez.cla con agua, se
agita y luego se pone a sedimentar, se observa que las porosidades de los
respectivos sedimentos están en relación directa con la finura de la fracción
de la cual partieron. En la fracción mt\s fina del conjunto, las partículas
más pequeñas permanecen en suspensión por muchas semanas. No obstante,
si se agrega a esta suspensión una gota de una solución que contenga uf\
dectrolito, la sedimentación comienza casi instantáneamente. Más aún, la
porosidad del nuevo sedimento es mucho mayor que la del sedimento más
suelto precipitado dentro del agua destilada. Estas observaciones indican
que cada partícula está sometida no solamente a la fue17.a de la gravedad
P.,. que tieode a provocar su descenso, sino que, además, también hay otras
fuerzas, cuya resultante se desigila por P., que tienen su asiento en la super­
ficie de las partículas y que interfieren el movimiento de las partículas
adyacentes. Se sabe que las fuen:as P• son de naturaleza eléctrica.
A medida que disminuye el diámetro D de los granos casi equidimen­
lionales de cuarzo, la fuerza P, que actúa sobre una partícula disminuye en
proporción a D1, mientras que la fuerza de superficie P. lo hace en propor­
ción a JYl. Por tanto, la relación entre P, y P0 decrece en proporción directa
con el diámetro D. Si, por ejemplo, un cubo de cuarzo con un volumen de
1 cm1 fuese divicUdo en otros menores con tamaño de 1 micrón, la relación
P,IP. disminuirla por el factor 1�. Por tanto, para cubos muy pequeños,
las fuerzas de gravedad se toman despreciables en comparación con las
fuerzas de superficie, las que, entonces, ejercen una influencia determi­
nante en las propiedades del agregado. Así es como, a pesar de que la
fracción gruesa de cuarzo es perfectamente no cohesiva, con la disminución
del tamaño de los granos adquiere una cantidad de coherencia que va en
aumento. No obstante, ni las fracciones más finas llegan a tener plasticidad
-esa propiedad de poder ser amasadas en pequeños cilindritos dentro de una
cierta amplitud en contenido de humedad- que caracteriza a muchos suelos.
Los granos de biotita, en contraste con los de cuarzo, se caracterizan
12 PROPIEDADES ÍNDICE DE·1,os SUELOS

por ser chatos. Para una partícula chata, en forma de lámina, la relación
entre volumen y superficie y, por consiguiente, la relación entre P, y P, es
relativamente mucho menor que la que tienen las partículas equidimensio­
na.les, de modo que la influencia del tamaño de los granos en la porosidad
y en las otras propiedades físicas del agregado resulta mucho más evidente.
Además de adquirir cohesión con la disminución del tamaño de los granos, el
agregado de partículas saturadas también adquiere un considerable grado
de plasticidad.
Las importantes diferencias que existen entre el comportamienlo de las
parúcu1as de cuano y de biotita tienen su origen en la diferente estructura
cristalina de los dos minerales. La estructura cristalina del cuano oonducc
a un hibito de buena cubicidad mientras que aquella de la blotita lo hace
a un Mbito chato. Se ha determinado que el hábito chato que exhiben
algu00$ minerales va invariablemente asociado a una estructura cristalina
foliada. Más aún, se ha encontrado que las fracciones más finas de los dife•
rentes minerales con estructura cristalina foliada también muestran propie•
dades algo diferentes, porque las características eléctricas de las superficies
de estas hojas dependen de la estructura cristalina particular que corres•
ponde a cada mineral
Práctk:amente todos los minerales de estructura foliada, presentes en Lis
fracciones más finas de los suelos, pertenecen a un grupo que se conoce
como mineralu arcillom,. La mayorla de los minera1es de este grupo se
puede clasificar en tres 5Ubgrupos conocidos por: las caaliniuu, las llito& y las
montmorllonita.r. Cada uno de ellos se caracteriza por una distribución de
,tomos que produce una carga eléctrica negativa en las superficies chatas
de los cristales.
Una partfoula simple de arcilla puede estar formada por muchas hojas
apiladas unas sobre las otras. Cada hoja tiene u n espesor definido, pero no
está limitada en .rus dimensiones perpendiculares a su espesor. Por ello, las
partículas de arcilla tienden ·a adquirir fonna de láminas o adoptar dispo­
siciones que asemejan terrazas chatas (fig. 4.1). Las superficies cha�as
llevan cargas eléctricas residuales negativas, pero los bordes rotos de las
láminas o de las tena:zas pueden ser asientos de cargas positivas o negativas,
según cuál sea el ambiente en que se encuentran.
En los problemas que interesan al ingeniero civiL las partículas de arcilla
están siempre en CGnlacto con agua. Las interacciones entre las partlculas de
arcilla, el agua y los minerales disueltos en ella son las re,ponsabl!S princi­
pales de las propiedades de los suelos compuestos por estas partículas.
El agua pura se compone príncipabneote de moléculas de H20, auoque
algunas de ellas siempre se disocian en iones de H+ y en Iones hidroxilos
OH-. Si hay impurezas., como ácidos o bases, éstas también se disocian en
catione5 cargados positivamente y anfooes cargados negativamente. La sal,
por ejemplo, se disocia en Na+ y en CI-. Como las superficies planas de los
minerales arcillosos llevan carga eléctrica negativa, los cationes. incluyendo
el H+ proporcionado por la propia agua, son atraídos hacia la superficie de
las partlcu1as. Se dice que dicho catión está ad8orbído. Los varios minerales
arcillOIOI difieren ampliamente en su propiedad de adsorber cationes; la
/lRT. 4 PROPIEDADES DE LOS SUELOS DE FMCClONES !rlUY FINAS ],']

Fir. 4.1. Miuoío1.,....r.ía e!,.,.,trónlc• de particula,¡ de cao'inila en himinn


•up�rpQeNU como tffTIIZIIL

capacidad apro�mada de intercambio de cationes ( expresada en términos


del número total de cargas positivas absorbidas por cada 100 gramos) de
diferentes minerales arcillosos, con partículas de tamaño semejante, se mues•
traen la tabla 4.1.

Número tola! de caTgas pol'itivas


Mineral adsorbidas por 100 g (X 10")

Montmorilooita :J60..500
m,a 120-240
Caolinlta 20-90

Los iones adsorbidos no están unidos permanentemente al mineral ard·


Uoso y si, por ejemplo, una arcilla que contiene iones adsorbidos de Na +
es lavada con una solución de KCI, la mayor parte de los iones de Na+ se
remplaza por iones de K+. Este procedimiento se conoce como intercambio
de catione, o también como intercambio de baau.
14 PROPJZDAOD ÍNDICE DE LOS SUELOS

El agua adyacente a las caras negativamente cargadu de las partfoulas


minerales puede en s{ misma sufrir una a1teraci6n y sus moléculas organi­
zane en una disposici6n que viene determinada por la posición y la natu­
raleza de lo, cationes adsorbidos y, en cierta medida, por el espaciamiento
del entramado a:istalino del mineral arcilkl$0, Se dice, entoooes, que el agua
está adsorbida y tiene una estructura. El espesor de agua adsorbida varia
considerablemente con el tipo de mineral arcilloso y con las características
de los cationes presentes. Sus propiedades de adsorción no han s:ido todavía
adecuadamente lllvest:igadas, pero se sabe, no obstante, que puede ejercer
influeocia hnportante en las propiedades mecánicas de la masa de arcilla. Los
iones adsorbidos, conjuntamente con el agua adsorbida, oomtituyen el com­
plejo de ac:uorddn.
Los cationes adsorbido, por una particula mineral se encuentran en
movimiento permanente debido a la agitación térmica, Se distribuyen esta­
disticamente cerca de la superficie en un grupo que tiene su mayor densidad
de iooes en el inmediato contacto con la superficie y una densidad decre­
ciente coo la distancia, como indica la figura 4.2. Constituyen una zona

Jls, 4. 2. ReprMeatadón dla&>-amá,du de la dl.otribudo11 de ea"-­


Ñ,-een1a • aaa putje1WI de a,elUa eon c:arga 1uperíldal nepdn.

cargada positivamente o una capa que, conjuntamente con la supedicie car­


gada negativamente de la partícula, se conoce como la capa el.éctrica doble.
Las capas eléctricas dobles que rodean dos partículas adyacentes aproxima­
damente para1elas se repelen entre sí con una intensidad que depende en
gran parte de la naturaleza y concentración de los iones existentes en el agua.
Además de las repulsiones asociadu con las capas dobles, otros campos de
fuerza rodean las partícuJas cargadas. f:stos iocluyen fuerzas de atracción
como de repulsión. A pesar de que la naturaleza de los otro! campos de
fuena se conoce bastante bien, los factores que afectan la magnitud de ertaJ
fuer.zas no han sido analizados suficientemente, No obstante, la información
existente permite una interpretación ruonable, aunque grosera, de muchos
de los fenómenos observados y sirve para ilwtrar su complejidad.
Una de las consecuencias de las fuerzas asociadas con W ,uperf:lcles
de las partfoulas de arcilla es la e.structura que pueden desarrollar durante
ART. 4 PROPIEDADF.S DE LOS SUELOS DE FRACCIONES MUY FINAS 15

su sedimentación. Si se introducen partfoulas de arcilla en agua destilada, la


carga neg¡.tiva sobre cada partícu1a ca.usa ]a repulsión de cualquier otra
partícula que trate de aproximarse. Ninguna partícula se adhiere a la otra,
la fueru de gravedad sobre cualquiera de ellas permanece despreciable.
mente pequeña y las partículas sedimentan muy despacio o quedan en sus­
pensión mostrando movimiento browniano. En las aguas naturales que
contienen una suficiente concentración de electrolitos, como son las aguas
de las regiones con piedras calcáreas, las superficies de algunas de las par•
ticulas atraen y adsorben iones de signo opuesto. Tales partículas pueden,
entonces, ser atraídas por otras, acumularse en ílóculos, llegando éstos a ser
suficientemente grandes como para sedimentar en el fondo por efecto gra­
vitacional. Bajo ciertas circunstancias, especialmente si los bordes rotos
de las láminas que forman las particulas Uevan cargas positivas, las partfou•
bs del flóculo pueden poseer una esttuctura de contacto borde contra cara
(fig. 4.3a); en otras, los flóculos pueden componerse de partículas dispuestas
tsencialmente en una estroctura paralela (fig. 4.3b). Los sedimentos for•

lo/ lb/
Fl«. 4.S. (•) D:ltpoei,,� borde renlra ura de puticlWI, de ue1lla
de lof'ma lamlnn y rembln11e>Ofl de la mlama en ílóctotoe. (1,) Flócul011
de .,..eilh, en an.a dlqlotlelón paralela.

mados exclusivaffiente de minerales arcillosos suelen, por tanto, componerse


de grupos de flóculos de partículas de arcilla, los que, a su vez, están dis·
puestos en una estructura suelta, constituida ésta con flóculos, que tienen una
estructura borde contra cara, una estructura paralela o bien alguna otra
estructura intermedia. Sin embargo, como la mayoría de los sedimentos tam•
bién contienen particulas más gruesas, éstas alteran de una manera signifi­
cativa dicha disposición {articulo 18).
Si la presión que actúa sobre un sedimento aumenta por la adición de
auevos sedimentos o por la aplicación de una carga externa, el contenido de
ltwnedad del sedimento disminuye, las partículas se ven forzadas a aprolti•
mane entre sí y el suelo se dice que se conwlida. La mayor parte de la
mergla que debe gastarse para consolidar el sedimento se consume en pro•
ducir l_a rotura estructural de los flóculos y en el trabajo que es necesario
16 PROPIEDADES ÍNDICE DE LOS SUELOS

hacer contra las fuerzas de repulsión entre partículas; otra parte se emplea
en la defonnación elástica de éstu
Si se retira en cualquier momento la presión, manteniendo el suelo en
contacto con agua libre. el contenido de humedad y el volumen aumentan.
Este fenómeno se conoce como hinchamiento. Una parte de la energía recu­
perada como consecuencia del hinchamiento representa el trabajo realizado
por las fuerzas repulsivas para separar las part!culas; otra parte proviene de
la restitución elástica.
Las causas de la consolidación y del hinchamiento suelen ser distintas
para las diferentes fracciones granulométricas. Si se altera la presión que
actúa sobre una mezcla de arena gruesa y mica, por ejemplo, mucho de la
consolidación o del hinchamiento se debe a la deformación elástica o restitu­
ción de los granos. En las fracciones muy finas de los suelos, sin embargo, los
fenómenos asociados con las cargas eléctricas pueden predominar.
Si se pudiese someter a un único ílóculo de particulas de arcillas con
orientación paralela, como uno de los que se muestra en la figura 4.3b, a
una deformación tangencial de corte, la resistencia al desli7.amiento a lo largo
de las superficies situadas entre partículas sería extremadamente pequeña,
siempre y cuando las superficies de las partículas fueran planas. En realidad,
las partículas no son planas sino que poseen una configuración terrazad« que
supone algunas interferencias que desarrollan resistencia al corte. Si un sedi;
mento formado de muchos ílóculos, cada uno paralelo pero con orientación
diferente, íuese sometido al corte, se desarrollarla una resistencia considera•
blemente mayor debido a la interferencia entre flóculos. Si el sedimento
estuviese constituido de ílóculos que tienen una estructura borde contra
cara (fig. 4.3a), se produéirla U:na sustancial interferencia entre particulas".
Más aún, se ofrecería también resistencia a causa de la atiacción en los
contactos entre los bordes y las caras de las partículas. Las interferencias y
atracciones descriptas son responsables de la resistencia al corte del sedimento.
Si un sedimento natural se amasa a fondo, los flóculos en su mayoría
se deshacen y muchas de las partículas de arcilla se orientan fonnando
conjuntos casi paralelos. Como consecuencia, la resistencia al corte puede
decrecer sustancialmente. Se dice, por tanto, que la arcilla es tt11.ribl.e a una
alteración.
Ciertas arcillas marinas de los países escandinavos y de la parte oriental
del Canadá se caracterizan por tener una sensibilidad extraordinariamente
alta y son, por ello, identificadas como arcillas fT.uidas. Después de una alte•
ración, como puede ser un deslizamiento, estas arcillas toman las caracte­
rísticas de un fluido viscoso y comúnmente fluyen desplazándose en una
gran distancia (artículo 49). Su alta sensibilidad se atribuye a una reducción
de la concentración de iones de sodio en el agua de los poros como conse­
cuencia del lavado por lixiviación. Esta teoría está llpoyada en datos del te•
rreno, como así también en los resultados de experimentos de laboratorio.
Cuando se depositaron, las arcillas fluidas tenían sus huecos ocupados
por agua de mar, con un contenido sustancial de sal, en una concentración
que pudo haber alcanzado basta 3.5 g por litro. Los análisis químicos del
agua de los poros de cierto número de arcillu fluidas de Escandinavia han
AR'f', 4 PROPIEDADES DF: LOS SUELOS DE FRACCIONES MuY HNAS 17

demostrado que éstas contienen ahora muy poco o nada de sal mientras
que, en la misma localidad, el agua de los poros de otras arcillas marinas
similares, de solo moderada sensibilidad, posee considerable concentración
de sal. En general, entre las arcillas marinas de Escandinavia que se han
analizado, las menores sensibilidades van apareadas con los mayores conte­
nidos de sal (Skempton y Northey, 1952).
Si se agrega cloruro de sodio a una muestra amasada de arcilla fluida
y se la deja después reposar, la sensibilidad no aumenta en fonna signifi­
cativa. No obstante, si el contenido de sal de la arcilla amasada se separa
después por lixiviación, la arcilla se toma de nuevo altamente sensitiva { Ro•
senqvist 1946). El envejecimiento sin la adición de sal no está asociado con
un notable aumento de la sensibilidad.
Después que una muestra de una fracción muy fina de suelo ha sido
intensamente amasada, las posiciones de las partículas, una respecto de otra,
oo están necesariamente asociadas con el equilibrio de las otras fuen.as de
atracción y repulsión. Por lo tanto. las partículas pueden tender a rotar y
asumir configuraciones más estables a volumen inalterado. La resistencia
a1 corte puede aumentar paralelamente. El suelo exhibe así tixotropía.
Un fenómeno algo similar, conocido como sinéresis, hace disminuir len­
tamente la porosidad de la capa superior de muchos sedimentos frescos, a
wia velocidad que disminuye hasta que la capa se reduce a una pequeña
hacción de su volumen original. La contracción gradual no se puede explicar
ffl base a las fuer.tas de la gravedad. En algunas arcillas pnxluce una red
dt>fisuras capilares.
Como consecuencia de las múltiples repercusiones prácticas de los intrin­
cados procesos fisicoquímicos y de la gran demanda de arcillas con propie­
dades físicas específicas para propósitos industriales, se han realizado muchas
im-estigaciones durante las últimas décadas con respecto a la mineralogía
,. a la interacción entre partículas de arcilla y el medio que las rodea. Se
han hecho también muchas investigaciones para estudiar las relaciones entre
b procesos fisicoquímicos y las propiedades ingenieriles de los suelos arci­
losos. No obstante, para la mayoría de los problemas prácticos de la inge­
aieria, los beneficios que se obtienen de dichas investigaciones son todavía
-,y limitados a causa del gran número de factores responsables de las
iwopiedades significativas que posee la arcilla. La iníluencia combinada de
todas las interacciones fisicoquímicas se refleja en las propiedades índices
(artículo I), que son expeditivas y económicas de determinar. Una situa­
ción similar prevalece en la tecnología del honnigón.
Los procesos por los cuales el cemento Portland adquiere su resistencia
DI también intrincados e imperfectamente conocidos, pero a pesar de ello,
el hormigón es una rama ya antigua y bien establecida de la ingenieria ele
estructuras. Se basa sobre hipótesis que han sido derivadas de ensayos de
laboratorio, de carácter puramente mecánico, ejecutados sobre probetas ele
lionnigón, y algunas de sus propiedades, tales como el aumento de resistenci<1
a,o la el!lad, se desprecian. A pesar de ello, las teorlas elaborada5 con estas
hipótesis simplificativas son suficientemente exactas para los prnptisitos dr.
la práctica corriente.
18 PROPW>ADES ÍNDICE DE LOS SUELOS

1,eet...,.. ..,te«ionaclu
Loshitosprincipalesde1desam:illode las presentes ideas, relativas a la influencia
de la estructura y de los prota0$ fulooqulmlcos en las propiedades de los suelos de
granos finos, estm contenidos en las siguientes referencias dispuestas en Oroell cronológico:
Atterberg, A. (1911). "Oa the investigatlon of the physical properties of soils and. the
Terzaghi, K. (1925). "Structure and volwne of voids of soils", r!·
plasticity of cla}'I�, e-u alerml.n, lnt. Mltteilungtn für Boden�. vol. l, pai.g. 10.
10-13, ErdbourM-
_chanlk awf Botkflphyrikalirhn Grundlag11, A. Casagrmde, ,- � - ,..C,W
-
foundation engt -
4, pai.g. 168.
�. Jiwmal [/mlotl

ART. 5 ANÁLISIS MECANICO O GRANULOMtTRJCO DE


WSSUEWS
Méfodo, de análim

El r,.ropósito del análisis mecánico o análisis granulométrico es determi­


nar el tamaño de las partículas o granos que constituyen un suelo y fijar, en
porcentaje de su peso total, la cantidad de granos de distintos tamaños que
contiene. El método más directo para separar UD suelo en fracciones de
distinto tamaño consiste en hacerlo pasar a través de un juego de tamices.
Pero como la abertura de la malla más fina que se fabrica corrientemente
es de 0,07 mm, el uso de tamices está restringido al análisis de arenas limpias,
de modo que, si un suelo contiene partículas menores de dicho tamaño, debe
ser separado en dos partes por lavado sobre aquel tamiz.
La parte de suelo retenida por el tamiz es sometida al tamizado mientras
que, aquella demasiado fina para ser retenida por tamices y que ha sido
arrastrada por el agua, es analizada por medio de métodos de anUisis gra­
nulométricos por vla húmeda, basados en la sedimentación o en la levigación.
Los métodos para efectuar análisis granulométricos por vía húmeda están
basados en la ley de Stokes, que fija la velocidad a que una partícula esférica
de diámetro dado sedimenta en un líquido en reposo. En el método que se
utiliu comúnmente en mecánica de suelos de 20 a 40 gramos de suelo arci­
lloso o de 50 a 100 gramos de suelo arenoso, ,e mezclan con un litro de
agua, se agitan y se vierten en un recipiente. A intervalos de tiempo dados,
l
,UI.T, 5 ANÁLJsJS MECÁNICO O CRANULOMtnuCO DE LOS SUELOS

se mide la demidad de la suspensión por medio de un hidrómetro especial.

nivel se determina el e so
as
� �::��e/b¡�J:i:� u:�n::�:��ti:1::d:, ; C:�cu�:
de las partfculH menores
q ed

que
=:
de la ley de Stokes, mientras que con la densidad de la suspensión a dicho
p
19

ese tamaño, es decir,


el peso de las partículas que aún no han sedimentado por debajo del nivel

a:
en que se mide la-densidad. El e nsayo requiere varios días para su realización.
Por medio del análisis por vfa húmeda se pueden s eparar las partículas
del suelo hasta un tamafio de 0,5 micrones. Las fracciones más finas puede n
separarse utilizando una centrífuga, pero los resultados de métodos tan refi­
nados son de interés solo en relación con investigaciones de carácter cie ntffico.
La agitación en agua trasforma a muchas arcillas en suspensiones que
no están formadas por partlculas individuales sino por flóculos y, al efecto
de dividir dichos flóculos en granos individuales o sea dispersar el suelo, se
debe agregar al agua un agente defloculante. Los enores más comunes
que se cometen al efectuar análisis granulométricos por vía húmeda se
originan de una dispen.ión incompleta de las partículas del suelo.

"'�"''",O(mm}

rf/J·-·······-·--J· r·!
,100 .Q, b.

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lo'1 O (mn,J
Fic, 5. 1. RePNHnlMión aemilo,:ari1mka de los re,rullados
del anál;.i■ gnnWOmé1rleo.

Los resultados del análisis granulométrico por vía húmeda no son estric·
tarnente comparables con los obtenidos por tamizado, porque lo"s granos
no son nunca esféricos; los más pequeños tienen, por lo común, forma de
ncama�. Con el tamizado, lo qu� se mide es el ancho d� la partícula, mien­
tras que la dimensión que se obtiene· po� sedimentación es el diámetro de
ia esfera que sedimenta a la misina ·velocidad que la partícula, diámetro
que puede ser mucho menor que el ancho de ésta.
La forma más conveniente para representar el análisis granulométrico
la proporciona el gráfico semilogarítmico indicado en la figura 5. l. En
nte, las abscisas representan el logaritmo del diáme tro de las partículas, y
las ordenadas el porcentafe P en peso de los granos menores que el tamaño
iadicado por la abscisa. Cuanto más uniforme es el tamaño de los granos,
tanto· más inclinada es la curva; una línea recta ve rtical representa a un
polvo perfectamente uniforme.
La ventaja más importante de la representación semilogarítmica estriba
2lJ

en que lu curvas granulométricas de suelos de igual uniformidad tienen


formas idénticas, cualquiera sea el tamaño medio de sus partículas y eo
que, además, la distancia hori7.Cmtal entre dos curvas de la misma forma
es igual al logaritmo de la relación entre los tamaños medios de los granos
de los suelos representados.
La figura 5.2 muestra varias curvas granulométricas típicas. La curva
o es una del tipo más común y se asemeja a la curva de frecuencia normal,
que representa una de las leyes fundamentales de la estadística. Como la
granulometría es un fenómeno estadístico, se han querido utili:r.ar los ténni­
n;os y los conceptos de la estadística para describir los resultados de los
an!\isis granulométricos, pero tales refinamientos no son aplicables a la mecá­
nica pri.ctica de los suek>s.

-2 ,.o
Fls. 5.2. Curva• Jranulomitrir• tipicQ. (g) Cur•• de ÍN!<tuencl•
normal ¡ (b) y (e) curvu par■ IUel.o. que tierw:n írat'Clorlea nn.. y
,ruuu de di,tlnlfl uniformidad; (J) y (e) cunN cemp11e1ta,,

Si una muestra tieoe una granulometría como la indicada en la figura


5.2a, la unifonnidad de la fracción con granos mayores de D04 (correspon•
diente a P -= 50 % es aproximadamente igual a aquella de la fractj6n menor
de D$0. Si la granulometría se asemeja a la indicada en b, la mitad gruesa
de la muestra es relativamente unifonne, mientras que los tamaños de los
granos menores varfan entre limites extensos. Por el contrario, la curva repre­
sentada en e corresponde a un suelo en que la fracción más gruesa tiene
granos cuyos tamafios varían entre limites extensos y la mb fina es más
unifonne. Las curvas representadas en d y e corresponden a suelos con
granulometrías compuestas.
Las curvas granulométricas de suelos residuales de fonnación geológia.
All.T. 5 ANÁuslS MECÁNICO O C:I\ANULOMÉTIUOO DE LOS 5\/ELOS 21

reciente son comúnmente similares a la indicada en la figura 5. 2b. A medi­


da que la edad geológica de un suelo aumenta, el tamaDo medio de sus
graDOJ disminuye a causa de la descomposición de sus elementos, y la curva
granulométrica se hace mb suave (figura 5.2.a). Las curvas granulomé­
tricas de suelos maduros se asemejan a la indicada en la figura 5.2c, aunque
granulometrías similares a las representadas en b y e son también comunes
en los suelos de origen glaciar o fluvioglaciar. La ausencia de granos de
tamaño medio en suelos sedimentarios con curvas granulométricas como la
de la figura 5.z.d es común en las mC2.Clas de arena y grava que fueron
depositadas por ríos de corriente rápida que llevaban en suspensión un
exceso de sedimentos. Se dice que las gravas de este tipo están pobremente
graduadas. Se puede obtener también una curva como la de la figura 5.2d
si se mezclan los materiales de dos capas diferentes antes de realizar el
arJ.lisis mecánico. Una quebradura neta en la curva granulométrica puede
también indicar que el suelo ha sido fonnado por el depósito simultáneo
de los sedimentos trasportados por dos agentes distintos. Por ejemplo, nna
fracción del suelo pudo ser llevada por un río a un lago glaciar, mientras
que la otra fracción deriva del deshielo de bloques desprendidos del glaciar.
Se ve entonces que la fonna de la curva granulométrica puede ayudar a la
detenninación del origen geológico de un suelo y reducir as! el riesgo de
errores en la interpretación de los datos obtenidos mediante las perforaciones.

Repruenlaci6n abrffiada fU la 1ra,ud'ameiria


Cuando se tienen que proporcionar los resultados esenciales de los
análisis mecánicos de un gran número de suelos puede resultar conveniente
expresar las características granulométricas de cada suelo por medio de
valores numéricos indicativos de algún tamaño de grano característico y del
grado de uniformidad, o bien por medio de nombres o sír.ibolos que pun­
tualizan la fracción de suelo predominante. El procedimiento mb utilizado
es el conocido con el nombre de método de Allen Hazen. A raíz de un
grao número de ensayos realizados con arenas para filtros, Hazen (1892)
encontró que la permeabilidad de dichas arénas, en estado suelto, depende
de dos cantidades que denominó diámetro efectivo y coeficiente de unifor­
midad. El diámetro efectivo, D1o, es el tamaño de partícula que corresponde
a P -= 10 por ciento en la curva granulométrica, de modo que el 10 % de
la, partlculas son más finas que D10 y el 90 % más gruesas. El coeficiente
de unifonnidad U es igual a D.,,/D10 en que DMJ es el tamaño de particula
que corresponde a P = 60 por ciento.
Las experiencias de Hazen indujeron a otros investigadores a suponer,
en forma mis o menos arbitraria, que las cantidades D10 y U eran también
apropiadas para expresar las caracterlsticas granulométricas de los suelos
naturales de granulometrías mixtas, pero con el mejor conocimiento de las
propiedades de los suelos de granos finos se ha hecho evidente que las
características de éstos dependen principalmente de la fracción más fina que
P - 20 % y que puede resultar preferible seleccionar D20 y D111 como canti-
22 PIIOPIJ!DAX>.ES Ú-.'DJCE DE LOS sua.os

dades representativas. Sin embargo, las ventajas a obtener p:ir este cambio
oo son de importancia suficiente como para justificar la modificación de
una práctica bien establecida.
En el artículo 8 se describe el uso de slmbolos para indicar las c&TI.C•
teristicas granulométricas.

Leduru aeleeefonadu
Lasdiferenta:técnicuutiliudu pan. realiz.aranüuismed.nicosyotro1ema)'Olde
clasifie.elón M hallan descrit.N en Soil lating fo, fflginttn, T. W. Lambe (1951), New
York, John Wlley & Som, 165 �p.

ART. 6 AGREGADOS DE SUEW

lntrotlucci6n
El ténnino agregado se refiere al suelo mismo, en contraposición con
cada uno de sus elementos constituyentes. Cualitativamente, los agregados
de suelo pueden diferir en textura, estructura y coruistencla. Cuantitativa­
mente, pueden diferir en porosidad, densidad relativa, contenido de hume•
dad y de gas, y también en consistencia. Los datos cualitativos se obtienen
en el terreno por inspección visual y sirven como base para preparar los
perfiles de las perforaciones y obtener otras informaciones que permitan
describir la sucesión de los estratos del subsuelo. Los datos cuantitativos
se obtienen por medio de ensayos de laboratorio o ensayos In .ritu. Sin estos
datos, toda descripción de un suelo resulta inadecuada.

Textura, utructaro y con.,Utenda


El término Jeztura se refiere al grado de fineza y uniformidad del suelo
y se describe por medio de términos tales como harinoao, .tUOve, areno,o,
áspero, etcétera, según cuál sea la sensación que produce al tacto.
El término emudura se refiere a la forma en que las partículas se
disponen dentro de la masa del suelo.
Los suelos de granos ffnos pueden ser estables aun cuando cada partícula
no toque a varias de sus vecinas. Si no existen partlculas gruesas, el suelo
puede tener una eatructu,4 dispersa, en la cual todas las partículas están
orientadas paralelamente entre sí, o una estructura en castill-0 de naipe5
o estru.ctura floculema, en la cual muchas de las partlculas tienen contacto
borde contra cara (articulo 4). Si el !uelo consiste en un arreglo suelto de
niaoojos de partículas, independientemente de la disposición de las par­
tículas dentro de lós manojos, se dice que tiene una estructura en nido,
de abeja,J.
Casi invariablep¡ente, los suelos naturales de granos muy finos contienen
partículas más gruesas. Los graoos gruesos alteran las estructuras descritas,
de modo que éstas raramente se encuentran en la naturaleza. En algunos
casos los granos gruesos fonnan un �ueleto con sus intersticios parcial-
.'\flT. 6 AGREGADOS DE SUELO 23

mente llenos de un agregado relativamente suelto de los constituyentes más


linos del suelo. Esta disposición de las partículas se denomina estructura
en esqueleto y es, probablemente, la causa que explica la notable inesta­
bilidad de muchos suelos apenas cohesivos con partículas cuyos tamaños
están comprendidos entre 0,05 y 0,005mm (artículo 17). En las arcillas
blandas la inestabilidad de la estructura en esqueleto aparece disimulada
por la cohesión.
Algunos pocos suelos más bien excepcionales, que incluyen ciertas mar­
gas, consisten en una aglomeración de granos compuestos, relativamente
grandes, que forman a su vez un agregado de estructura granular o en nidos
de abeja. Los granos mismos están formados de un denso conglomerado
de partículas de limo o arcilla. Se dice que los suelos formados por dichos
conglomerados tienen una estructura en conglome,adO;S. Tal tipo de estruc­
tura se ha encontrado tanto en los depósitos de arcillas residuales como en
las sedimentarias. Los procesos geológicos responsables de su formación no
son todavía conocidos y pueden ser muy distintos para los diferentes suelos.
No obstante, la influencia de la estructura en conglomerados en las propie•
dades ingenieriles de los suelos es siempre benéfica. A pesar de que los
suelos con este tipo de estructura son muy compresibles, su hinchamiento
como resultado de la descarga es imperceptible, y el amamdo a contenido
de inalterado de humedad reduce su permeabilidad a una fracción pequeña
de la que tiene el mismo suelo ..in situ" (Tenaghi 1958b, Fitz Hugh et
al., 1947).
Todo sedimento contiene al menos un pequeño porcentaje de partícu­
las en forma de escamas o de discos. Cuando estas partículas sedimentan
de una suspensión, sus caras chatas tienden a mantener una posición hori­
zontal y, como consecuencia, en el sedimento dichas partículas estil.n orienta­
das mil.s o menos paralelamente a los planos horizontales. El aumento de
las presiones por el aporte de nuevos sedimentos acentúa más esta tendencia.
Cuando un sedimento contiene partlculas orientadas, se dice que presenta
i.sotropía trasversal.
La inspección visual de la estructura de los suelos de granos finos o
muy linos no es practicable, de modo que se debe juzgar sobre la base de la
porosidad y de otras propiedades del suelo. Las arcillas resistentes pueden
contener agujeros tubulares dejados por ralees de plantas que se extienden
hasta varios metros por debajo de la superficie, o bien pueden estar divididas
por fisuras capilares en fragmentos prismáticos o irregulares que se separan
tan pronto como la presión de confinamiento desaparece. Los movimientos
relativos de las paredes ele las fisuras producen pequeñas estrías y pulen
sus superficies, las que por su lisura reciben el nombre ele espe¡os de fricción.
El origen, naturaleza e importancia práctica de tales defectos en los estratos
de suelo se tratan en el capítulo 7, parte III.
El término consistencia se refiere al grado de adherencia entre las par­
tículas del suelo y a la resistencia ofrecida a las fuerzas que tienden a defor­
m.ir o a romper el agregado de suelo. La consistencia se describe por medio
de palabras tales como duro, resistente, f,á�il, friable, pegajmo, plástico
24 PROPIEDADES ÍNDJCE DE LOS SUELOS

y bland-0. Cuanto rná5 se aproxima un suelo a las características de las arci­


llas, tanto mayor es la variedad de estados de consistencia en que puede
presentarse. El grado de plasticidad se expresa a veces por medio de los
térmil'lO!I grtuO y rMgro. Una arcilla magra es poco plbtica, debido a la
presencia de una proporción grande de limo o arena. La consistencia de
las arcillas se trata con mayor extensión en el articulo 7.

Por�idad, �nkrtido de humedad y ¡,«,,o unitario


La porosidad n es la relación entre el volumen de vados y el volumen
total del suelo, entendiéndose como oolumen de vacío., aquella parte del
volumen total no ocupada por los granos. Si la porosidad se expresa en
porcentaje, se denomina porcelltafe de vacío,.
La relaci6n de vacío., e es la relación entre el volumen de los vados
y el volumen de los sólidos. Si

V - volumen total
V• • volumen total de vacíos,

"-i, (6.la)

(6.lb)

La relación de vacíes y la porosidad estilo relacionadas por las fórmulas:

e- " (6.2<,)
¡-=-;;
e (6.2b)
n = TTe
La porosidad de una masa estable no cohesiva de esferas iguales depeo•
de de la fonna en que éstas están dispuestas. En la disposición más densa posi­
ble, n es igual a 26 por ciento y en el estado más suelto a 47 por ciento. La
porosidad de un depósito natural de arena depende de la forma de sus
granos, de la unifonnidad del tamaño de éstos y de las condiciones de
sedimentación, y varía entre extremos que se extienden de .25 a 50 por ciento.
El efecto que la forma de los granos ejerce sobre la porosidad de los
agregados de suelo puede ser ilustrado mezclando varios porcentajes de
mica con arena angular uniforme. Si los porcentajes en peso de mica en
las mezclas se hacen iguales a O, 5, 10, 20 y 40 por ciento, las porosidades
resultantes, cuando las mezcla� son vertidas en forma suelta en un reci•
piente, alcaDZlil,D respectivamente a 47, 80, 70, 77 y 84 por ciento (Cilboy
1928). La porosidad de las arcillas naturales blandas, que oontienen un
AHT. 6 AC:M;CADOS DE SVELO

porcentaje apreciable de partículas lajosas, varía comúnmente entre el 30


y el 00 por ciento, pudiendo aun exceder el 90 por ciento. La gran influencia
que .sobre la porosidad ejerce la forma de los granos y el grado de unifor­
midad hace que la porosidad por sí misma no proporcione una indicación
de si un suelo es suelto o denso. Dicha información puede obtenerse solo
por comparación entre la porosidad de un suelo dado y las porosidades de
ese mismo suelo en sus estados más denso y más suelto posibles. El estado
de densidad de los suelos arenosos puede ser expresado numéricamente por
medio de la den,idod relativa D,, deíinida por la ecuación:

(6.31

en la que:
e, = relación de vacíos del suelo en su estado más suelto, estable;
e.1• = relación de vacíos en el estado más denso que puede obtenerse
en el laboratorio;
e - relación de vados del suelo natural en el terreno.

Para llevar una arena mediana o gruesa a su estado más suelto posible.
correspondiente a una relación de vados e 0, la arena es primero secada }'
luego vertida desde una altura muy pequeña dentro de un recipiente. Las
arenas finas y muy finas pueden, en ciertas circunstancias, ser llevadas a
su estado más suelto mez.clando una muestra con suficiente agua para tras­
formarla en una espesa suspensión que después se deja sedimentar. El valor
de eo es igual a la relación de vacíos del sedimento obtenido. En otros
casos, el estado más suelto se puede obtener depositando cuidadosamente
arena ligeramente húmeda, ele modo tal que las fuerzas capilares den lugar
a una estructura en nido de abeja, para elespués permitir el ascenso lentu
ele! nivel del agua a fin de producir el derrumbe de la estructura inestab!c.
El estado más denso se obtiene por vibración prolongada bajo una pequeña
carga vertical a uoa frecuencia de 20 a 30 ciclos por segundo.
La densidad relativa de la arena tiene un significado bien definido, y:i
que su valor es prácticamente independiente de la presión estática a q11e
el material está sometido. Depenele principalmente del proceelimiento utili­
-zado para sedimentario y compactarlo. Por el contrario, el grado de densi•
dad de las arcillas y de otros suelos cohesivos depenele en fonna primordial
de las cargas que éstos han soportado y, en algunos casos, de la velocidad
con que las cargas fueron aplicadas. Por ello el grado ele densielad de los suelos
cohesivos es reflejado en forma más clara por medio del lnelice ele liquidez 1,
(articulo 7).
El contenido de humedad w de un suelo se define como la relación
entre el peso del agua conteniela en el suelo y el peso ele] suelo seco, y
Ml e•presa comúnmente en porcentaje. En las arenas y otros suelos situados
por arriba de la napa freática, parte ele los vacíos pueden estar ocupados
.. PAOPIEOAl>ES Í!<,'DIO:,DE LOS $VELOS

por el aire y, si e,. representa el volumen de agua por unidad de volumen


de materia sólida, la relación:
'lo _ lOO e,. (6.4)
S, ( ) e

expresa el grado de aaturaci6n.


FJ grado de saturación de las arenas e, comúmneote descrito por medio
de los términos seca, húmeda, o mojada. La tabla 6.1 da una lista de tales
términos y de los correspondientes grados de saturación. La nomenclatura
a]ll indicada se aplica de preferencia a le.s arenas y suelmi muy arenosos, ya
que ciertas arcillas en un estado de desecación representado por S, - 90 9é
pueden ser tan duras que a primera vista serían clasificadas como secas.

T.W. 6.1

Condici6odelaaren1i Grado de saturación(%)

....
1-25
2<h50
,100
51-75

Las arenas gruesas situadas por arriba de 1a napa freática, por lo general,
están ligeramente húmedas. Las armu finas o limosas se hallan muy húme­
Wll, mojadas o saturadas. Las arcillas casi siempre están completamente
saturadas o casi saturad.115, salvo la capa .ruperticial que e5tá sujeta a las
variaciones de temperatura y humedad que se producen en las distintas
estaciones del año•. Si una arcilla contiene gas, éste se presenta en torma
de burbujas esparcidas por todo el material, burbujas que pueden estar
compuestas de aire que entró en el depósito durante su sedimentación o de
gas producido más tarde por procesos químicos tales como la descomposi•
ci6n de materia orgánk:a. El gas puede encontrarse bajo una presión sufi­
cientemente grande como para hacer experimentar a la arcilla un hincha­
miento enérgico, a C"Ontenido de humedad constante, cuando se dibninuye
la presión de confinamiento. La determinación del contenido de gas de
una arci11a es una tarea muy diflci� si no imposible, que requiere un equipo
especial, no siendo, desde ningún punto de vista, un ensayo de rutina.
ART, 6 AGREGADOS DE SUELO

El p,:30 unitario de un agregado de suelo se define como el peso del


agregado (suelo más agua) por unidad de volumen. Depende del peso de los
elementos. sólidos, de la porosidad y del grado de saturación. Puede calcu­
larse en la siguiente forma:

T•Ma 6,z•
r- Npecí./i«M •lt.olMro• ,le lo. •-- a,6lidot, mú i1",-"1<ln'N ,le lor ,,w.,.

,_ 2,32 Dolomita 2,87


""""=
Montmorillonita•• 2,,
2,'6
Aragonita
Biotita
2,9'
,1,0-3,1
lilita··
Caolinita
Clorl•
2,6
2,6
2,6-3,0
Augita
Homblenda
Umon!ta
3,2-3,4
3,2-.3,5
3,6
�66 Hematita hidratada 4,3±
,,
c-
T,lo, 2,7 Magnetita 5,17
Calcita 2,72 Hematita
Muscovita 2,&-2,9

y. = término medio de los pesos específicos absolutos de los elementos


sólidos.
y,. = peso es�fico del agua ,_ 1 gr/cm1
n = porosidad (expresada como una relación)
El peso unitario del suelo seco (S, =O%) es:
y, = (1- n) y. (6.5)
y el peso unitano del suelo saturado (S, = 100 %):
y = (1 - n) y, + ny.. = y. - n (y. - y.,,) (6.6)
La tabla 6.2 proporciona el peso específico absoluto de los principales
elementos que constituyen la parte sólida de los suelos. Para los granos de
arena, el término medio de los pesos especificos absolutos es generalmente
7,.6.S gramos por centímetro Cl1bico y para las arcillas varía entre 2,5 y 2,9
gramos por centímetro cúbico, con un término medio estadístico de 2,7.
En la tabla 6.3 se indican las porosidades y los pesos unitarios de suelo,
típfcos s.\turados, incluyéndose además pa,a los suelos arenosos su peso
unitario seco. Les pesos unitarios han sido calculados en base a un peso
�dfico absoluto Yo - 2,6.5 gramos por centímetro cúbico para los suelos
28

arenosos y de 2,70 gramos por centlmetro cúbico para las arcillas. Los
valores tabulados deben considerarse solo como aproximados y, en casos
prácticos, antes de efectuar los cálculos finales, hay que determinar expe­
rimentalmente el peso unitario del suelo en estudio.
r.w. 6.J
Po,.,,..M, reladó,. 4• _..,,. T� •NNrio ,
...... á,.;- ett f'flMo _,_

Conte- Peso IIDi-


Po� nido !ario
sidad Relación
de>'ados dehu-
Descripción del suelo
,�,
.
,.
m.i.d - - -

(:) ,v=•
1.mnauniforme,1ueha
!. Arena uniforme,dm•1
3.Arenagradu.Mla,iuelta
"40
º·"
0,1
"
32
1 9
1,43
1,75
1,59
1,89
2,00
1, 99
"'
.
0,67
◄ . Areno. gradUMU, derw 0,43 16 1,86 2,16

..
5. Morena gladaroon partleulu
de todo t&lnailo
6.Arcillaglaciarbl1nda " u
20
3 7
º"
0,6
" 9 2,12 2,32
1,77
2,<11
¡:=:i:c�i: teorginlea
9. An::ilb. blandamuyorginka
10.Berillmitablanda
" ,, 1,9
M
70
110
1 9'
1,59
1,43
1,2 7

w = ro11tellidodeh1,unedad cid ""'lou.t�, en por dento del pao del sudo seco.
y,= peso unitario del sueloseco.
y= peso unitarlo del,uelosaturado.

ProWemu
1
gramo!-�..:":���� e'i- ='J'::n. t,"
eo
h�� e1 =

==
e:specificoabsolutode los elementoss6lidosesde 2,7gramosporc,entímetrocúbico,¿cuil
es la relación de vados,la porosidad y el ¡>eJO unitario?
S<>luci6n: w=45,0%; e = l,22¡ n = 0,M; y = l,76 g/cm'.
2. Una muestn de ard.Ua muydura tiene en esb.do natural un peso de 12 9,1
gramos y un volumen de 56,4 centímetro, ai.bicos.. Unavez JeCada estufa,s u peso se
•� !!fr:,.":' J�.�¡ji:i! �=::
2

gr-.do de atunciói,?
oo
=n�� •
�v!_ ,�
2

Soluci6n: w= 6,3'1ó; •= 0,25; S.= 0,6 7.


3. Según detennin1cionesefectuaduen elteneno el peso unitarlodeunti:rnplffl
,
de arena esl800kg pormetroai.bioo ymoonifflldodeh�de8,6%. Determina•
d 0 62
:� :.,:=1:\ ;":::'m: �ch�
b,
:U-C:: =v:.!�� J!. b ::
e �¡ e en
=�re= deºv=. dei¡:�plhl�I�� �
Solucl6n:•=0$5;D,=0, 31.
�l ' º oenlim etro ai.bloo, .¡cuil
ART, 7 OONS!SlENCIA Y Sli:NSUllLIDAD Dli: LAS ARCILIÁS 29

es su��= =:�ir:�t1º esü. seca, 1550 kg. por metro cúbico. r,Cuál

Soluci&n, y= 1980 kg. por metro cúbico,


5. Por io.menión en mercurio se determinó que una muestra de arcilla limos.,, tenia
un volumen de 14,88 cen tímetro, cúbico,. Con el contenido natural de humedad sa �
es de 28,81 gamos y despu"5 de secada a estufa de 24,83 gramos. El pem especifico
absoluto del rr.aterial es de 2,70 gramos por centimetrn cúbico. Calcúlese la relación de
..-élos y e l grado de saturacióode la muestra.
Soluci&n, e= 0,82; S, = 70%.
6. Con los valores de las porosidades n de los suelos de la tabla 6.3, contrólense

�J:.:°:<.C:..
los valores del contenido de humedad w y del peso unitario y. Para los suelos l a 5. y, =
centímetro cúbico; para los sue los 8 a JO, y, = 2.70 gramos por

ART. 7 CONSISTENCIA Y SENSIBILIDAD DE I..AS ARCILLAS

Con,Utencio y ae,uibilulad de loa 11uelo11 inal.ierado,


La consistencia de las arcillas y de otros suelos cohesivos se describe
comúnmente con los términos blando, compacto, resistente y duro. La medi·
da cuantitativa más directa de la consistencia es la resistencia a la compre­
sión simple (no confinada) de muestras prismáticas o cilíndricas del suelo,
y la tabla 7 .1 proporciona los valores de dicha resistencia para varios grados
de consistencia •.
Las arcillas comparten con muchas otras sustancias coloidales la pro­
piedad de perder resistencia por ablandamiento cuando son amasadas a un
contenido inalterado de humedad. El ablandamiento de una arcilla amasada

Con,i•lenda ,I., f,u al'(:illc,, ..,tur,.,Itt, "" /undón de lá re•i.irnrin


a t.. comp,uió_.., IJimpl,,•

Consistencia

Muy b landa menos de 0,25


Blanda 0,25----0,5
Medianamente compacta 0,5-1,0
Compacta l,O -2,0
Muy compacta 2,0 -4,0
D,ra mayor de 4,0

• La resisten,cia a la compri:esión simp le resulta significativa en los suelos arcillu:,>s


saturados uniformes, como lo son, entre otros, la mayor!a de las arci!las mari nas d,.
origen glaciar. E�isten, _empero. muchos suelos arcillosos de otro origen ( residual, t<llieo­
fh1vial, etc.) en los que por falt a de uniformidad en su masa, porque contienen capitas

í:i::��: :. po� !ci� �:n!:!°:a:ta� 1:::�, �;Í


de arena o un sistema desarrollado de microfüuras, dicha resistencia no es necesariamente
ti n o
N
�\consistpnci� Pn el
JO PROPlEOADES fNDICE DE LOS SUELOS

se debe probablemente a dos causas distintas: a), la destrucción del orde­


namiento en que están dispuestas las moléculas de las capas adsorbidas, y
b), la destrucción de la estructura formada por las partículas durante el
proceso de sedimentación. Aquella parte de la pérdida de resistencia que
se debe al desordenamiento de las capas adsorbidas puede ser gradual­
mente recuperada si la arcilla permanece en reposo, a contenido de humedad
constanle, después del amasado. El resto, causado probablemente por una
alteración permanente de la estructw-a, es irreversible a menos que se reduzca
el contenido de humedad del suelo. La importancia que cada una de estas
partes tiene en la estructuración de la resistencia de las arcillas inalteradas
es muy distinta para las diferentes arcillas.
El término ,ensibiUdad se refiere al efecto que el amasado produce
sobre la consistencia de las arcillas ·saturadas, inclepenclientemente ele la natu­
raleza física de las causas del fenómeno. El grado ele sensibilidad es diferente
para las distintas arcillas y puede también diferir en una misma arcilla según
cuál sea su contenido de humedad. Si una arcilla es muy sensitiva, un desli­
zamiento de cualquier naturale?.a puede trasformarla en una masa de trozos
lubricados capaces de desUzar con un talud suave, mientras que un desli­
zamiento similar en una arcilla de baja sensibilidad, solo produce una defor:­
mación local. El cambio de consistencia producido por la alteración de una
arcilla sensitiva trae siempre aparejado un cambio de su permeabilidad.
El grado de sensibilidad S, de una arcilla saturada se expresa por la rela­
ción entre la resistencia a la compresión simple de una muestra inalterada y la
resistencia de la misma muestra después de amasada a contenido de hume­
dad constante, es decir:
1 s d a in
81
::;::: : � ::p:t:n ::!�e ;e J las::�a :!:::: (7. l)
Los valores de S, están comprendidos entre 2 y 4 para la mayoría de
las arcillas saturadas. Para arcillas sensitivas varían entre 4 y 8. No obstante,
existen arcillas extrasensibles con valores de S1 comprendidos entre 8 y 16,
habiendo lugares con arcillas que tienen una sensibilidad aún mayor, las que
se conocen como arcUla, fluidas. Estos altos grados de sensibilidad pueden
reconocer como causa una estructura en nido de abeja bien d<sarrollada, una
estructura en esqueleto, o bien el lavado por lixiviación de arcillas blandas
glaciares que fueron depositadas en agua salada y subsecuentemente emergi­
das por levantamiento ( articulo 4). Las arcillas fluidas de E¡,candinavia y. del
yalle de San Lorenzo en Canadá son de este tipo. En cambio, las arcilla�
extrasensitivas de la ciudad de México derivaron de la descompo5ición de
ceniza volcánica.
La resistencia de algunas arcillas saturadas después de amasadas puede
resultar tan baja como para imposibilitar la confección de una probeta, n
causa de que experimenta una deformación excesiva bajo su propio peso.
En tales circunstancias, el grado de sensibilidad S1 puede evaluarse �pa­
rando la resistencia, inalterada y amasada, determinada por otrós pro,.:edi-
ART. 7 OONSISTENCIA Y SENSIB!l.lJ)AD DE LAS ARCILLAS 31

miento� como ensayos con la veleta, también llamado el aparato de paletas


o molinete (articulo 44).

Con,�rendo de lo, ,uelo, omasodo,


Después que un suelo cohesivo ha sido amasado, su consistencia puede
ser variada a voluntad, aumentando o disminuyendo su contenido de hume­
dad. Así, por ejemplo, si se reduoe lentamente el contenido de humedad
de un barro arcilloso liquido, la arcilla pasa gradualmente del estado liquido
al estado plástico y finalmente al estado sólido. El contenido de humedad
a que se produce el paso de un estado al otro es muy distinto para las
diferentes arcillas de modo que puede ser utilizado para identificar y
comparar las arcillas entre si. Sin embargo, la transición d� un estado al
otro no ocurre en forma abrupta, tan pronto se alcanza un contenido de
humedad crítico, sino en fonna muy gradual. Por esta raz.ón. todo ensayo
para establecer un criterio con respecto a los límites que separan estados
de consistencia diferentes, lleva consigo algunos elementos arbitrarios.
E l método que ha resultado más apropiado a los propósilos del inge­
niero fue tomado de la agronomla y SC conoce como el método de Atterberg.
Los contenidm de humedad que corresponden a los límites entre los distintos
estados de consistencia se conocen también como límite, de Atte,-berg
(Atterberg 1911).
El Umlte líquido, L.., es el contenido de humedad, en porciento del peso
del suelo seco para el cual dos secciones de una pasta de suelo, con las
dimensiones indicadas en la figura 7. J, alcanzan apenas a tocarse sin unirse
cuando la t11.za que las contiene es sometida a1 impacto de un número fijo
de golpes verticales secos. Como la ecuación personal tiene una influencia
importante en los resultados del ensayo, se utiliza para ejecutarlo un apa.-ato
mecánico normalizado (A. Casagumde, 1932'!).
El límite plástico, P.., o límite inferior del estado plástico, es el contenido
<le humedad para el cual el suelo comienza a fracturarse cuando es amasado
en pcqu�ños cilindr.tos, haciendo rodar la masa de suelo entre la mano y
una superficie lisa.
Los informes de los resultados de énsayos de límite plástico deben
indicar también si los cilindritos antes de fracturarse eran muy resistentes,
como en el caso de las arcillas muy grasas; moderadamente resistentes, como
en el e-aso de las arcillas glaciares comunes; o débiles y esponjosos, como en
el caso de la� arcillas orgánicas y lu inorgánicas micáceas.

Fi•• 7. 1. <.:orte de I• u.u p•r• determi11ar �• límile liquldo ton I•


pasta de 1u•lo (..,..;., A. ('.a..•nnde).
32 PIIOJ'JEllADl!:s ÍND:CE DE LOS SUELOS

El Umite de contraccl6n. S.,, o límite inferior de cambio de volumen,


es el contenido de humedad por debajo del cual una pérdida de humedad
por evaporación no trae aparejada una reducción de volumen. Cuando el
contenido de humedad pasa por debajo del limite de contracción el suelo
cambia de color, tomándose más claro.
Lru contenidos de humedad comprendidos entre los límites líquido y
plástico se llaman contenidos de humedad de la wna pldnica del suelo y
la diferencia entre el limite liquido y el límite plástico, índice de plasticidad,
l.,,. A medida que el contenido de humedad de un suelo cohesivo se aproxima
m&s al limite inferior P.. de la zona plástica, mayor es su resistencia y com•
pacidad. La relación:

(7.2)

se llama índice de liquidez de suelo. Cuando el contenido de humedad es


mayor que el límite líqt.1ído, índice de liquidez mayor que 1, el amasado
trasforma al suelo en una espesa pasta viscosa. En cambio, si el contenido
es menor que el límite plástico, índice de liquidez negativo, el suelo no
puede ser amasado. La resistencia a la compresión simple de las arcillu
inalteradas uniformes con un índice de liquidez cercano a la unidad varía
comúnmente entre 0,3 y 1,0 kg/cm1; en aquellas con un índice de liquidez
cercano a O, dicho valor está comprendido, en general, entre 1 y 5 kg/cmt.
Además de los limites de Atterberg, el conocimiento de la rUfflencia
de la arcilla seca es útil para la identiíicación y comparación de los suelos
cohesivos. La resistencia de muestras de arcillas secadas al aire var:la entre
unos 2 y más de 200 kg/cm2 y un e�rimentador acostumbrado puede
clistinguir grados de resistencia muy bafo, baja, mediana, alta y muy alta
1..-uando loma un fragmento angular de suelo y lo aprieta entre los dedos.
Una arcilla tiene resistencia seca mediana cuando al apretar un trozo entre
los dedos éste puede reducirse a polvo solo con un gran esfuerw. Los
fragmentos de muy alta resistencia no pueden ser fracturados, mientras que
los de resistencia muy baja se desintegran muy fácilmente. Los fragmentos
deben obtene.-sc moldeando una probeta cilíndrica de unos 2 a 3 cm de
diámetro e igual altura, con una pasta de suelo con contenido de humedad
cercano al límite líquido. Después que la probeta se ha dejado secar al aire,
se rompe en pedazos y los fragmentos a examinar se seleccionan de la parte
interior de aquélla.

Grci/ko de l,u plutit:iaod�


Se ha observado (A. Casagranclt! 1932a) que muchas de las propiedades
de las arcillas y de los limos, como su resistencia seca, su compresibilidad,
su reacción a un ensayo de sacudimiento y su consistencia cerca del límite
plistico, pueden relacionarse con los limites de Atterberg por medio del
gráfico de la, pl&tlcfdodu (fig. 7.2). En este gráfico, las ordenadas repre­
sentan el Indice plástico l.. y las abscisas el correspondiente limite liquido L,..
AJIT. 7 OONSISTE.NCIA Y SENSlBILlDAD DE l.AS Al\ClU.AS 33

El gráfico está dividido en seis regiones, tres de ellas situadas por encima
de la línea A y las otras tres por debajo. El grupo al cual pertenece un
suelo dado viene determinado por el nombre de la región que contiene
el punto que representa los valores de L. e J. para dicho suelo. Todos los
puntos que representan las arcillas inorgánicas están situados por encima
de la línea A., mientras que todos los puntos que representan los limos
inorgánicos están situados por debajo, de modo que si se sabe que un suelo
es inorgánico puede ser clasificado con el simple conocimiento de los valo­
res de J,,, y L,,,. Sin embargo, los puntos que representan las arcillas orgá­
nicas están normalmente situados en la misma regi6n que les COJTesponde

llrm1, /iQ.,ido L.,


o 111 2tJ ,111 �o R1 611 70 � !JO ltJO
:J

, '-,-'---"4L...f--'--'--'----'-......L-'--
!lmH inwgdnlt'O• Limo• inN'fldnin,1 � m«Jiana
dlt!Jo_;.('Olnpr,s/bl/Ñ/od CO"'f)l't,ibi/idtnf
ylimolo,,µiniro,
Fts. 7. 2. Cr.i.Oeo de lu pluticld.de. (Hf'ln A. c-«rande).

a los limos inorgánicos de alta compresibilidad, y los puntos que representan


los limos orgánicos en la zona de los limos ino·gánicos medianamente compre­
sibles, pero este inconveniente es en general fácilmente salvable, ya que los
suelos orgánicos se distinguen por su olor característico y por ser además
de colores oscuros. En ca.sos de duda, se debe determinar el límite líquido
del material fresco y además el que le corresponde después de secado a
estufa. Si el secado a estufa disminuye el valor del límite liquido en un
30 % o más, el suelo puede usualmente ser clasificado como orgánico, aun
cuando en algunos casos otros componentes, como el mineral arcilloso halloy­
slta, se caracterizan también por bajar el límite líquido.
· Además, si un suelo inorgánico y otro orgánico están representados en
la figura 7.2 por el mismo punto, la resistencia del material seco es muy
superior en el caso del ruelo orgánico que en el inorgánico.
34 PROPIEDADES ÍNDlCE DE LOS SUELOS

La experiencia ha demostrado que los puntos que representan los resul•


tados obtenidos de diferentes muestras de un mismo estrato de suelo definen
una línea recta aproximadamente paralela a la linea A, y que, a medida
que aumenta el limite liquido de las muestras, aumenta también su plastici­
d11d y su compresibilidad •.

1:��
-11r'--L--'---J.-J.....L
,.

n•. 7.3. Lladón entre linilte Jiqulclo e Indice pllLfti,;ci, para •elo. tlpi.­
{9el'Ún A. C..,nnde).

La re!istencia del suelo seco en el ca.so de las arcillas situadas por


encima de la línea A aumenta de mediana, para muestras con límite liquido
menor de 30, a muy alta para muestraJ con límite líquido superior a 100.
Por el contrario, si la linea que representa un estrato está situada muy por
debajo de A, la resistencia de los suelos secos con limite liquido menor
de 50 es muy baja y solo llega a ser mediana para materiales con límites
líquidos del orden de 100 por ciento. Estu relaciones indican entonces que
� resistencia de suelos inorgánicos secos de diferentes localidades y que
• Debeenteodenequededosruebidtmtkol entodosb
l7 �/nicial do vados er m6s oon,pmthle aquel que tiene mayor
demú�tlXlll
� !qui-
N
tienen el mismo límite líquido aumenta en forma general con el índice
de plasticidad.
La figura 7 .3 muestra la ubicaci6n,. dentro del gráfico de las plastici•
dades, de varios tipos de arcillas bien definidas.
Las muestras ·que se requieren para efectuar los límites de Atterberg
no necesitan ser inalteradas, pero a pesar de ello y del estado aún elemental
de nuestro conocimiento de las propiedades de los suelos, de dichos ensayos
se �eden derivar una cantidad de datos esencia1es. Por ello, la investiga­
ción de relaciones estadísticas entre los límites de Atterberg y las otras
propiedades físicas de los suelos cohesivos constituye uno de los campos
más promisorios para el avance del conocimiento de la física del suelo, ya
que toda nueva relación bien establecida aumenta la extensión de las con­
clusiones que pueden derivarse de los resultados de dichos ensayos. Las
figuras 13.6 y 14.3 muestran dos relaciones útiles de este tipo.
1-turu�u
1
debe �A-e�������':t.e �:��t��\r�. PJt �(:ttt:ia)
d

vol. 13, pigs. Ill a 136.

ART. 8 CLASIF1CAClóN DE LOS SUEWS


Importancia práctitti 1H la d,uificadlm 1H loa ,uelo,
Desde el instante mismo en qtJ.e l;ls propiedades físicas de los suelos se
tornaron en un motivo de interés, se ha querido, con frecuencia, correlacio­
nar los resultados de simples ensayos de clasificación con las constantes del
suelo necesarias para reso_lver los problemas de la práctica. La mayoria de
estas correlaciones se remiten a las características granulométricas. No obs­
tante, los intentos para fundamentar sistemas de clasificación exclusivamente
en la granulometría )8Illás han conducido a resultados satisfactorios. Asi,
por ejemplo, las tentativas efectuadas para determinar el coeficiente de
permeabilidad de los suelos partiendo de los resultados del análisis mecáni­
co han fracasado -porque la permeabilidad depende. en gran parte, de la
forma de los granos, la cual puede ser muy diferente aun para suelos que
tengan granulometrías idénticas. Además, es generalmente más económico
y más exacto realizar un ensayo de permeabilidad que efectuar un análisis
mecánico.
Asimismo, se ha sostenido que la fricción interna de las arenas bien
graduadas compactadas es mayor que la que corresponde a arenas uniformes
en la misma condición. Si bien hay evidencias prácticas, por determina­
ciones efectuadas in fflu, que indican que esta aseveración quizá sea correc­
ta, hay que recordar que el ángulo de fricción interna de una arena ( véase
artículo 17) depende no solo de las características granulométricas sino
también de la forma de los granos y de la rugosidad de sus superficies. Así,
por ejemplo, los ángulos de fricción interna de dos arenas de granulometrías
idénticas pueden ser muy diferentes. La verdad es que hasta el presente
38 PROP1EDADE$ ÍN])1CE DE LOS SUEl.OS

no se ha obtenido ninguna relación bien definida entre granulometría y


6.ngulo de fricción interna. Los ensayos ejecutados para correlacionar las
earacterlsticas granulométricas de los suelos finos, como los limos y las arci­
llas, con la fricción interna, han !ido aún menos felices. La causa de estos
fracasos viene ilustrada en la figura 8.1.
La curva gruesa superior de la figura 8.1 representa lo que se conoce
como la curva de frecuencia gran11lamétrica de las arcillas glaciares del
sudeste de Canadá, dibujada sobre abscisas que representan los logaritmos
de] tamaño de los granos. El área de la faja rayada situada entre dos tamaños
cualesquiera, por ejemplo 2 micrones y 1 micrón, representa el porcentaje
de partículas de suelo comprendidas entre esos dos tamaños que existe en
el peso total de arcilla seca. El diagrama indica que la fracción macroscó­
pica (mayor de 0,06 milímetros) se compone esencialmente de cuarzo, como
ocurre en la mayoría de las arcillas. La fracción microscópica (0,06 a 0,002
milímetros) consta en parte de cuarzo y calcita, y en parte de escamas de
mica. El contenido de mica de erta fracción es muy diferente para las dis-

loo N 10 I 02 41 0024171
Tamaño lN tJIV"" den mkmm, (esrala kg./
Fir, 8.1. Gr■nulometria r eompoadón 1>1lneralódea de D1U1 areliÍa tilat:l•r 111■rin■
(�n R, E. Grbn),

tintas arcillas y tiene influencia decisiva sobre la compresibilidad y otras


propiedades del material. En el caso en consideración, la fracción colt)idal
(menor de 0,002 milímetros) se compone casi exclusivamente de montmo­
rilonita, pero en otras arcillas puede estar formada de caolinitas o !litas o
mezclas de éstas. Como las propiedades físicas de una arcilla dependen
en gran parte del tipo de mineral arcilloso que predomina en la fracción
cok,idal y de las sustancias presentes en sus capas de adsorción (artículo 4),
se ve que dos arcillas granulométricamente idénticas pueden ser muy dis­
tintas en otros aspectos.
A causa de estas circunsllmcias, solo en el caso de suelos de una misma
categorla y del mismo origen geológico -por ejemplo, todas las arcillas y
todH las arenas ubicadas en zonas limitadas-, se hao podido establecer
relaciones estadírt:iw bien definidas entre la granulometría y las propie­
dades físicas de los suelos, como su fricción interna. En tales regiones la
granulometrla puede ser y es utilizada como elemento de juicio para apreciar
las propiedades significativa., de los suelos, pero su extensión fuera de 1�
ART. 8 CLASlFICAC!ÓN DI! LOS SUELOS 37
límites indicados no es aconsejable, pues se corre el riesgo de cometer
errores importantes.
Como las propiedades de los suelos de granos íinos se pueden relacionar
de una manera general con su plasticidad, es preferible fundamentar su
clasificación en los limites de Atterberg que hacerlo en función de la granu•
\ometrla. La clasificación de los suelos mixtos que contienen tanto fracciones
gruesas como finas debe basarse no solo en las caracteristicas granulomé­
tricas de la fracción gruesa sino también en la plasticidad de las fracciones
finas y muy finas.

Cltui/icación btuada en la gra,uJometria


A pesar de sus limitaciones, las claslficaciones de suelos basadas en las
características granulométricas tienen amplio uso, especialmente para des­
cripciones generales o preliminares. En estos tipos de clasificación se acos•
tumbra asignarles nombres de suelos, tal como iimo- o -arcilla.., a hu dife­
rentes fracciones granulométricas. Las convenciones más ampliamente acep­
tadas se muestran en forma gráfica en la figura 8.2. Desde un punto

Log lll••J "'t ':"

4�'.::.+-•
'ftf/,11111, #tprlr dt<lto-&,ordlltl«co� ,n/f.JS##4WS- 04()()2- .Ji11
_,,.;�'-••Amir-o• l'r/'-hl,úr,"o. ol,ot,,,,-.,.;g;no/ ,;1�

FI,. 8.2. Cluifü:•dOn d,:, mr.loir hatada en la g.-1nulometri1:

de vista ingenieril, la clasificación del M.I.T. es preferible a las otras (Glossop


y Skempton, 1945). En muchos casos, los informes con respecto a la calidad
del suelo y a su comportamiento no incluyen más que el análisis granulo-­
métrico de la fracción gruesa y el porcentaje del total que pasa el tamiz
200, que abarca todas las partículas menores de 0,074 milímetros. La par­
tícula de tamaño 0.074 milímetros es un poco mayor de 0,06 milímetros,
que en la clasificación M.I.T., separa la arena fina del limo.
38

Todo sistema de clasificación basado solamente en la granulometría


puede c:ooducir a errores, pues Ju propiedades físicas de la fracción más
íina de los suelos dependen de otros factores ajeoos al tamaño de los granos
(�ase artículo 4). Por ejemplo, en funci6n de cua1quiera de las convencio­
nes comúnmente aceptadas que indica la figura 8 . .Z, un suelo formado de
granos de cuano de tamaño coloidal deberla ser clasificado como arcilla,
cuando en realidad no tiene el más remoto parecido con dicho material
Por eso si los términos "limo" o "'arcilla" son utilizados para indicar tamaños
de partlculas deben ir acompaña.dos de la pa]abra "tamaño" en expresiones
taJes como "partículas de tamaño de arcilla". Además, como las clasifica­
ciones granulométricas no han sido aún normalizadas, dichas expresiones
deben ir acompañadas de valores n�ricos que indiquen los limites del
tamaño de W particulas que abarcan.
Salvo pocas excepciones, los suek>$ oatura1es consisten en una mezcla
de dos o más fracciones granulométricas, de modo que, en función de su

fls, 8.3. Gráfico del P11hUc RMU para la duUkaelón de 1u.,1o11.

granulometría, un suelo natural puede identificarse con los nombres de sus


"'
componentes principales, tales como "'arcilla limosa" o iimo arenoso , o
bien se le puede asignar un símbolo que lo identifique con una de varias
mezclas normales de las distintas fracciones granulométricas.
La identificación de los suelos por medio de los nombres de sus elemen­
tos principales se simplifica con el uso de diagramas, como el adoptado
por el Bureau of Public Roads, figura 8.3 (Rose. 1924), en el c.uaJ cada uno
de los tres ejes coordenados sirve para representar una de las tres fracciones
granulométricas: arena, limo y arcilla. El diagrama está dividido en zonas
y a cada zona se le asigna un nombre. Las tres coordenadas de un punto
representan los porcentajes de las tres fracciones presentes en un suelo cual­
quiera y determinan la :zona a la cual pertenece. Por ejemplo, un suelo
mixto, compuesto de 20 por ciento de arena, 30 por ciento de limo y 50
ART. 8 CLASIFtC-'OÓN DE LOS SU0..0S 39

por ciento de arcilla, viene representado por el punto S y es clasificado


como arcilla.
La identificación de un suelo dado, por comparación con mezclas n o r ­
males, puede efectuarse rápidamente po r medio d e curvas graoulomébicas
tipo dibujadas eo papel trasparente en un grifico tipo. En ·dicho gráfico,
cada curva granulom6trica lleva un slmbolo de identificación. Para clasificar
un suelo real, se coloca el gráfico tipo sobre el papel en que ha sido dibu­
jada la curva g:ranulométrica y se le da al suelo el símbolo de la curva tipo
que más se parece a1 mismo.

SUtema unificado de cltuijko,ci.ón de •u.elo.


La naturaleu poco satisfactoria de la mayoría de los sistemas de clasi­
ficación condujo a una reYisión critica del problema (A. Casagrande, 1948)
y a la proposici6n del Sistema Unificado de Clasificación de Suelos, el que
fue adoptado por el cuerpo de ingenieros del ejército Je Estados Unidos,
por el U.S. Bureau of Reclamation y subsecuentemente por muchas otras
organizaciones de aquel país y del resto del mundo (U.S.B.R., 1963).
Según este sistema, los suelos se dividen en tres grupos principales: de
grano grueso, de grano fino y altamente orgánico (suelos-turbas).
Los suelos-turbas se reconocen fácilmente por las características anota­
das en el artículo 2. Para separar los suelos de granos gruesos de los de
granos finos se adopta el tamiz 200 (0,074 mm). En el terreno, la sepa­
ración se realiza observando si las partículas individuales pueden o no ser
distinguidas a simple vista. Si se juzga que más del SO% en peso del suelo
consiste en granos que pueden dimDguirse separadamente, aquél se consi­
dera de grano grueso.
Los suelos de granos gruesos se dividen en gravas (G) y arenas (S)
según tengan más o menos del SO % de granos visibles retenidos en el
tamiz N9 4 ( mayores de 1 mm). A su vez, cada uno de estos tipos de suelos
se divide en cuatro grupos:
W: bien graduador (coeficiente de uniformidad U > 4); limpkn
( < 5 % que pasa el tamiz 200: partfcu1as meoores de 0,074 mm).
P:pobremente graduadoa (con granulometría discontinua, o U < 4
para gl'llvas 6 6 para arena); limpiOJ ( < 5 % de partículas meno­
res de 0,074 mm).
C: bien waduado8; fflCioa ( >12 'JE, de partícuJas menores de 0,074 mm);
(i006 arcill.cMoc o plánicof (I,. > 7, ubicado por encima de la
línea A en el gráfico de las plasticidades).
F: pobremerne graduad0&; .rucio, ( > 12 % de partlculas menores
de 0,(174 mm); finru ltmoao.t o no plárticru (1,. < 4, ubicado por
debajo de la linea A en el gráfico de las plasticidades).

· Según su composición, estos tipos de suelos se representan con slmbolos


como GW y SP. Para los materiales limites se utilizan símbolos dobles.,
romo GW-CP.
40 PflOPJEDADi'.S Í.-ID:CE DE LOS SUELOS

Los suelos de granos finos se dividen en tres grupos: limos inorgánicos


(M), arcillas inorgánicas (C) y limos y arcillas orgánicos {O). Cada uno
de ellos se subdivide a su vez en los que tienen límites líquidos menor de
:SO% (L) o mayor de 50 % (H).
La distinción entre las arcillas inorgánicas C, los limos inorgbiicos M
y los suelos orgánicos O se realiza con el gráfico de las plasticidades modi­
ficado (fig. 8.4). Los suelos CH y CL se representan por puntos situados
encima de la línea A, mientras que a los suelos OH, OL y MH les corres­
ponden puntos por debajo de ésta. En cuanto a los suelos ML, exceptuando
algunas pocas arenas finas arcillosas, también vienen representados por pun­
tos situados debajo de la línea A.
Los suelos orgánicos O se distinguen de los inorgánicos M y C por su
olor característico y su color oscuro o, en casos dudosos, por la influencia
que el secado a estufa ejerce sobre el límite líquido (artículo 7).
"r-����r-�--;--,--,-,--,

Fir. 8.4. Gráfico modificado de la pfqdcidad, adaptado para &er 111rl;cado con la
c1..1nudón unificada de ,uc!o.. Loo ,uc'oo que se nhie,m en la wna ..,mbre•·
da .., .,.,ntldeun •uck,,. limitca y .., identifican u,ando do• ,imbo'o� (..,.,;., C
S. Bureau of R..cl11mation. 1963).

En el terreno, los suelos de granos finos se pueden diferenciar por su


resistencia seca, por su reacción ante un ensayo de sacudimiento o par su
rigidez cuando la humedad está cerca del límite plástico (artículo 7). Las
características pertinentes se indican en la Tabla 8.1, Los materiales limi•
trofes se representan con un slmbolo doble, como CL.ML.
El Sistema Unificado permite una clasificación digna de confianza sobre
la base de algunos ensayos de laboratorio poco costosos. Con experiencia,
también provee una base práctica para la clasificación visual en el terreno.
Como todos los procedimientos basados en la granulometría o en las propie•
dades de los suelos amasados, no alcanza a tomar en consideración las carac•
!erísticas de los materiales intactos .como se presentan en la naturaleza. Por
ABT. 9 REQVDUMJENTOS Ml'fDfO<'i PARA LA D&SO.a'OÓN DE LOS SUD.OS 4l

ello en la descripción de las propiedades ingenieriles de las masas o depósitos


de suelos solo puede servir como punto de partida.
T.W. a.1
CMN/icadón '• •.,..io. '• ,,.,..,., /lnoa. si.- '• d..i/icaclón Nni/k:ado

Cropo
Reacción al ensayo Rigidez en el
de ucudimiento limite plistico

ML
CL
OL
MH
CH
:Cº,m�r_baJa
muy baja• mediana
muy b.ja a mediana
alta• muy alta
....
ripicb. a�ta
nula o muy lenta

lenta a nula
nula
nul•
mediana

""
pequeña
pequeña a mediana
OH mediana a alta oul, • muy lenta pequeñlo a media.na

Lec:tvu .iemonad.u
El estudio definitivo de i. duiflcación de suelos como el de las bases para el
51.!:tema de Cluiflcacfóo Unificada de los Suelos están contenidos en Casagra,ñde A.,
"Cludflcalloo and ldenlificatlon nf solls�. Troni. ASCE, ( 1948), vol. 113, p!gs. 901,992.

ART. 9 REQUERIMIENTOS MJNIM0S PARA UNA DESCRIPOóN


ADECUADA DE WS SUEWS
En el articulo 8 se describieron procedimientos adecuados para dividir
los suelos en varios grandes grupos en función del tamaño de sus granos y
su plasticidad. Si el ingeniero conoce el grupo al cual un suelo dado per­
tenece, conoce eo forma muy general las caraclerísticas físicas más impor·
tantes del suelo en cuestión. Sin embargo, cada grupo incluye suelos con
una gran variedad de propiedades y como, además, un suelo determinado
puede presentarse en el terreno en formas muy diversas, a fin de poder
efectuar una distinción mlU precisa entre los distintos miembros de un mismo
grupo o los diferentes estados de un mismo suelo, es necesario recurrir a
datos suplementarios. A este efecto se pueden aplicar dos métodos: subdi­
vidir cada grupo principal, o bien agregar al nombre del grupo los valores
numéricos de las propiedades índice que le correspondan.
El primero de estos procedimientos resulta adecuado para clasificar
suelos situados dentro de zonas limitadas, en las cuales el número de suelos
diferentes, y de los estados de un mismo suelo, es reducido. Por ello, el
método es utilizado extensamente y con grandes ventajas por organizacionf's
locales, tales como los departamentos de caminos estatales de los Estad(!�
Unidos. Sin embargo, las proposiciones para establecer un procedimiento
universal de clasificación de suelos sobre esta base tienen muy poc·�� ¡,roba­
bilidades de éxito, ya que la terminología a utilizar sería tan comµleja 4ue
inevitablemente llevarla a la confusión.
Por el contrario, el segundo proc-edimiento puede utilizarse en forma
ventajosa en todas las circunstancias, siempre que el ingeniero elija aquella.�
42 PHOPJEDADf.S ÍNDICE DE LOS SUELOS

propiedades Indice que son indicativas de las características físicas esenciales


del suelo. A este efecto, la tabla 9.1 sintetiza las propiedades que se requie­
ren para la identificación adecuada de los varios tipos de suelos que fueron
descritos en el artículo 2. Después que el ingeniero ha establecido el tipo de
suelo que tiene entre manos, la tabla 9.1 Je indica los ensayos que debe
realizar y que le servirán de norma para distinguir los diferentes suelos de
igual tipo.
Con excepción de las morenas y las turbas, tocio! los suelos indicados
en la tabla 9.1 constan exclusivamente de granos gruesos, tales como la
arena y la grava, o exclusivamente de granos finos, del tamaño de las
partículas de limo y de arcilla. Los suelos que consisten en una mezcla de
granos gruesos y finos se consideran como compuestos. Para describir un
suelo compuesto es necesario detenninar primero la relación de vacíos e del
suelo natural, su contenido de humedad w y su granulometría. Se divide luego
el suelo en dos partes, una que contiene los granos mayores de unos 0,07 mm
(retenidos por la malla del tamiz 200) y la otra fonnada por el resto. A la
primera se la somete a los ensayos de clasificación prescritos para la arena
y la grava, y a la segunda a los que corresponden a los limos y arcillas.
Si con·los suelos presentes en una obra dada se efectúan ensayos que no
son los indicados en la tabla 9.1, los resultados de dichos ensayos deben ser
también incluidos en el infonne correspondiente. Como los estratos de suelo
raramente soo homogéneos, auo los aparentemente homogéneos no pueden
ser descritos en fonna adecuada, a menos que se hayan detenninado las pro•
piedades índice de varias muestras. El infonne debe también contener un
relato breve de Jo que se conozca con respecto a la historia geológica del
estrato.
La mayoría de las grandes organizaciones técnicas de ingenieros, tales
como las reparticiones dedicadas a caminos o a obras hidráulicas, poseen
laboratorios en los cuales los ensavos de clasificación se efectúan nonnal­
mente como función de rutina. Esios ensayos tienen tanta importancia que
debieran también ser efectuados por todo ingeniero dedicado a la mecánica
de los suelos, pues su realización lo familiariza con las propiedades de los
suelos con los que trabaja, aumentando mucho el valor de sus observaciones
en el terreno.
Después que un ingeniero haya ensayado personalmente varias docenas
de muestras de suelo de una localidad dada, llegará un momento en que
podrá estimar las propiedades de dichos ruelos sin necesidad de ensayo
alguno. Adquirirá también la habilidad de diferenciar distintos suelos o
estados de un mismo suelo que previamente había considerado idénticos.
Todo ingeniero debiera desarrollar el hábito de expresar su opini6n
sobre la plasticidad y granulometría de los suelos que examina, por medio
de valores numéricos, más bien que por medio de adjetivos. La granulome•
tría de una arena debe ser expresada por el valor estimado de su coeficiente
de uniformidad U = Deo/D10 (articulo 5), y no por las palabras "bien
graduada" o "pobremente graduada". El grado de plasticidad debe indicarse
por el valor estimado de su Indice de plasticidad J., ( articulo 7), y no por
las palabras "vestigios de plasticidad" o "muy plástica". E.!te hábito es tan
AJIT. 9 REQUEIUMIENTOS MÍNIMOS PARA LA DESCRlPCIÓN DE LOS SUELOS 43

Tc,&lo 9.1
lo.....,.
ll
D•CO. req11nid'0<1 para lo Uend/i«ldón 4.e

flesultados de los enuyosdeclasifü::ación


Información Genera
Muestras inalteradas•j Muestras alteradas

Tipo

1 ••
85

..
Greda'" ........ . - - - X I X
Arena,grava,ripio. X X - - X -
Limo inorgánico.
'
Umo orginico.
Arcilla ...........
A:r<:illa orgá.nica.
Turba ...
Morena ••...•.•..
Tufa de grauos fioos
l..oesli'" ··••··••·• - X 7
Loes:! modificado .
Marga .. - X X - X - I - - X X X
T= - X - - - X - - - X X -

=t: !:r=;,:�
'SI n o s e di�ponen muestras inalteradas o en tubos, utilícense las muestras obtenidas
en cuch111a uomial (vbue articulo 44).
'Si el olor es muy débil,calentar un pocola muestra: el calor lo intensifica.
opaca:
a
/�ie:: ���
a
�re:'ñad�:dadde�J�ª�i:;;\,,(�J;:!ª�
���"::1.
describa la sensación que le produoe (harinosa, su.ave, arenosa, áspera). Si las muestras
m f aspecto de las paredes
���:sf�r: ro;.!as�f:,:) ;•�::a
'Realloe un en,s¡¡.yo de sacudimiento, página 6. Describa sus resultados (intenso,
Jéhil, nulo), según la intensidad de los fenómen<:J5 observados.
• Dt,scriba la forma (angulat, roru, redonduda, bien redondeada) y las caracterls­
ticas mineralógicas de las partículas rnacrosoópicas únicamente. Las caracterimcas mioe-
;.!t�:ntili:" d s
e� �: !!:m �:¡: lu��ba �;=tosl de�=
p os
(f,J:.
a.l¡¡;o d<?SCOmpuesta II muy descompuesta: durl o friable). Si ••na arena oontiene escamas
44 l'ROPIEO,\DES ÍNDICE DE LOS SUELOS

importante que debiera ser promovido desde un principio por el profesor en


la clase, pues el uso de valores numéricos evita interpretaciones erróneas y
es un incentivo para controlar periódicamente el grado de exactitud de las
estimaciones. Sin dicho control, la habilidad para estimar las propiedades
puede perderse poco a poco, inadvertidamente.

de mica, indique �u porL�ntaje (poco, moderadam<cnte o muy mic><l.>t0). Tratándose de


turb1, !as propiedades de los granos se wfieren al tipo y esta?" de preservación de lo¡
remanentes raíbles de plantas, tales como fibras, ramitas y ho¡ as.

du � i�:.::
• Rompa por compresión un fragmento de suelo seco enh'e los dedos e indique su
a
� ��:aib��•::���n:1�:,:�i:tsustitúyase por ensayo de penetración
normal (arL 44) u otro ensayo equlvale nte.
• ApHquese solo a arcillas y limo fino wn un L'Onlenido de humedad mayor de l
límite
f1t5r!;!e la mue,tra en la forma indicada en la pág. 25.
,. Determínese utiliuu1do el método descripto en la pág. 25 para arenas o grova¡;

�=
paro otros materiales utilizando e! método de Proctor, pág. 440):'siguientft.
- ite liquido del
s¡�so;;d�;� t� s��l�� :Í :%g! ¡
co !e
:{;i� \� ��
e n
materl:l u d �] n e
,. Además del valor numérico del limite plástico, indique si 10$ dlindritos eran
dl,lrOS, firmes, medianos o débilell,
"Presente los resultados en la forma de un gráfico se mllogarltrnico, o bien por
medio de los valores D,,. y U= (art. 5) acompañados de ad}ctlvos que indi•

quen �I :r ��d� � tr!


e � ;:J: ::�5.;!�eciendo el materia! seco con
é
co n
HCJ. Describa. el resultado del enrayo (fuerte , débil o ninguna efervescencia).
estru;,,! �.l�:�;
de su inmersión en agua.
:h:�:•den� de"\!itt:: e en
; d:i �:,"<;�� ;;:;•u!:

,. A los datos sobre la textura, agrei{Ue una descripción de la estructura macroscó­


piadel loess, en especial de diámetro y distancia entre agujeros de raíces.
Capitulo 2
PROPIEDADES HIDRÁULICAS Y MECANICAS DE LOS SUELOS

ART. 10 SIGMFICADO DE LAS PROPIEDADES HIDRAULICAS


Y MECANICAS DE WS SUELOS
En el capitulo precedente se estudiaron las propiedades índice de los
suelos. Estas propiedades, que reflejan las características generales de un
suelo dado, sirven para indicar hasta qué punto suelos de distinto origen
pueden ser similares o no serlo. Sirven además de base para registrar la
experiencia constructiva y para utilizarla luego en obras futuras.
Se ha hecho notar que la mecánica de los suelos práctica está basada
principalmente en la experiencia. Pero debe también reconocerse que la
ingeniería civil no alcanzó mayor progreso hasta que el cúmulo de expe­
riencia adquirida no fue fertilizada con el aporte de la ciencia aplicada, que
tuvo por función revelar las relaciones existentes entre los fenómenos y
sus causas.
Para establecer estas relaciones fue indispensable investigar las propie­
dades Hsicas de los diferentes tipos de suelo, de la misma manera que, en
el estudio de la estabilidad de las construcciones, fue necesario investigar
las propiedades del acero y del hormigón. En la mayorla de los casos prác­
ticos, se considera que un acero o un hormigón están suficientemente des­
critos cuando se conocen la resistencia y el módulo de elasticidad. En el
caso de los suelos, el problema es algo más complicado y muchas veces es
necesario conocer varias propiedades distintas. De ellas, las más importan­
tes son: la permeabilidad, la compresibilidad, la resistencia a rotura, la resis­
tencia a la fluencia lenta y la relación tensiones-deformaciones. Dichas
propiedades se estudian en detalle en los artículos que siguen.

ART. ll PERMEABILIDAD DE WS SUEWS

Introducción
Se dice que un material es permeable cuando contiene vacíos continuos.
Como tales vados existen en todos los suelos, incluyendo las arcillas mis
compactas. y en todos los materiales de construcción no metálicos, compren­
didos el granito sano y la pasta de cemento, dichos materiales son permeables.
La- circulación de agua a través de su masa obedece también aproximada­
mente a leyes idénticas, de modo que la diferencia entre una arena limpia y
un granito sano es, en este concepto, solo una diferencia ele magnitud.
La permeabilidad de los suelos tiene un efecto decisivo sobre el costo
y las dificultades a encontrar en muchas operaciones constructivas, como lo
son, por ejemplo, las eicavaciooes a cielo abierto en arena bajo agua o la
velocldnd de consolidación de un estrato de arcilla blanda bajo el peso de
un tenaplén. Hasta la permeabilidad de uo hormigón denso o de una roca
sana puede tener importancia práctica, ya que el agua ejerce presión sobre
el material poroso a través del cual circula, y esta presión, que se conoce
con el nombre de preri6n de ¡;ltraci6n, puede llegar a ser muy alta. El con­
cepto generalizado y erróneo de que la arcilla compacta y el hormigón denso
son impermeables, se debe a que la cantidad de agua que escurre a través
del material es tan pequeña que, en el caso de superficies expuestas al aire,
ésta se evapora totalmente aunque la atmósfera esté muy húmeda y la super­
ficíe tiene aspecto de estar seca. Sin embargo, y dado que los efectos mecá­
nicos del escurrimiento son independientes de la velocidad de circulación del
agua, la ausencia de una descarga visible oo es una indicación de c¡ue no
existan presiones de filtración. Una manifestación notable de este hecho
ocurre a veces en excavaciones efectuadas en limos muy finos. A pesar de
que la permeabilidad es muy baja, una pequeña variación en la presión del
agua de sus poros puede resultar suficiente para trasformar una gran can­
tidad del material en una masa semillquida.

'411una, de/inicio-•. La ley de Darcy


Cuando el agua circula a través de un material permeable, el escurri­
miento se produce a lo largo de caminos que se desvían en forma errática,
aunque muy poco, de curvas que se denominan línea, de filtración. S.i las
líneas de filtración son rectas y paralelas, se dice que la filtración es lineal.

Fl,J. 11,1. Dl•inim• que lndiu el 1lplfie.do de ura• hldráutlu y J4, •lum,
o ura• plezomét.riea; p.n el �- del �ul'Timlento llnul del ..,.. • 1nvell de
■na muntr• de ..,elo.
,urr. 11 PU>,tltARlLIDAD DE LOS SUELOS 47

Los principios hidráuUcos que interesan en la filtración lineal están


a..trados en la figura 11 .1, donde los puntos a y b representan los extremos
ele una línea de filtración. En cada extremo se ha instalado un tubo piezo.
métrico para indicar el nivel a que el agua se eleva en dichos puntos. El
.ñoel del agua en el tubo colocado en b se llama nioel pieu,rnhrico en el
pmto b y la distancia vertical entre este nivel y el punto b es la altura o
carga piezomttrica en b. Si el agua se eleva al mismo nivel en los tubos
piezométricos colocados en a y b, el sistema se encuentra en reposo y no hay
fikr.lción, cualquiera que sea la diferencia de nivel entre los puntos a y b.
La filtración se produce solamente en el caso en que exista una dife,-encia
,-zométrica h entre a y b, diferencia que también se denomina carga hidráu•
lk:s de a con respecto a b. Debe hacerse notar que la diferencia piezomé­
bica es igual a la diferencia entre las alturas piezométricas de o y b, solo en
el caso en que no hay diferencia de nivel entre dichos puntos.
En la figura 11.1, a1 y b1 representan dos puntos situados al mismo
.ñoel en los tubos piezométricos colocados en a y b. Como el peso específico
del agua es y. (gr/cm*), la presión hidrostática en 41 es mayor que la presión
m b1 er. una cantidad y..,.h. La diferencia y.,.h entre la presión hidrostática
ai dos puntos situados al mismo nivel se denomina sobrepreaúJn hfdrostática
"! es la ·que provoca la circulación del agua a través del suelo. La relación:

(11.1)

m la que u es la sobrepresión hidrostática, se llama gradiente de presión


fgr/cm1 ) entre a y b. Por otro lado:

(11.2)

es el gradiente hidráulico. En el sistema métrico decimal i, e i son numéri­


camente iguales; la única diferencia estriba en que f no tiene dimensión
mientras que i, se expresa en gm/cm1•
La oeloeidad de descarga o es la cantidad de agua que circula en la
amdad de tiempo a través de una superficie unitaria perpendicular a las lineas
de filtración. En un material poroso, estadísticamente i.sótropo, la porosidad
de una sección plana es igual a la porosidad volumétrica n y, por consiguiente,
la oelocidad de filtración media º• por los poros del material es igual a la
fflocidad de descarga dividida por la porosidad. Toda vez que se hable de
w:locidad sin indicar otro calificativo, se entenderá que se trata de la velo­
cidad de descarga y no de !a velocidad de filtración.
La velocidad de descarga en arenas finas saturadas y en otros suelos de
granos finos también saturados, donde la circulación del agua no afecta la
estructura del material, puede ser detenninada casi exactamente por medio
de Ja ecuación:
(U.3l
48 PllOPIEDADF.S hlllK.'\t:Li�" 1 'lf.CÁNICAS DE LOS SUEL05

en la que r¡ (gr segundo/cm1 ) es la viscosidad del agua y K una constante


empírica denominada la permeabilidad. La viscosidad del agua disminuye
con la temperatura, como lo indica la figura 11.2, mientras que K {cent͕
metros al cuadrado) es una constante para un material permeable dado con
porosidad dada. El valor de K es además independiente de las propiedades
Físicas del líquido que filtra por el material De las ecuaciones 11.2 y 11.3
se obtiene que la velocidad de descarga es:

(11.4)

La mayoría de los problemas que enfrenta el ingeniero civil tratan de


la filtración del agua a poca profundidad, con muy poc;1. variación en la
temperatura del liquido, de modo que y. es prácticamente constante. Como
además, d<'nlr" 11,· ,.., r:me:o de temperatura 'I varía entre límites poco exten­
sos. es costumlm: sustituir ,·n la ecua91ón 11.-4, el valor:

{ll.5)

con lo cual
o - Id (11.6)
En ingeniería civil k se denomina como el coeficiente de penneabilitlad
y la ecuación 11.6 se conoce como la ley de Darcy (Darcy, 1&56).

1,8

,,, [\
";s..
"�
I'----.....
460 10 z,,
Tr�l'rllw-o a,,,,,..,c�
1-1•- 11. 2, Reh1clón enlre lempeHIUr'II y vi-idad del a1ua.

Debe tenerse bien en cuenta que la permeabilidad de un material poroso


viene expresada por K (cm1 ) y no k (cm/segundo), ya que el coeficiente K
es independiente de las propiedades del líquido, mientras que k depende,
ART. 11 PERMEABILIDAD DE LOS SUEl.OS 49

no solo de las propiedades del material poroso, sino que también de las del
líquido que circula. Por esta causa el uso del coeficiente k, tanto en este 1ibro
como en ingeniería civil en general, se justifica solo por razones <le conve•
niencia.
En una masa de suelo, los canales a través de los cuales circula el agua
tienen una sección trasversal muy variable e irregular. Por ello, la velocidad
real de circulación es extremadamente variable. Sin embargo, la velocidad
media obedece a las mismas leyes que determinan el escurrimiento del agua
en los tubos capüares rectos de sección constante. Sí la sección trasversal del
tubo es circular, la velocidad aumenta, de acuerdo con la ley O.e Poiseuille,
con el cuadrado del diámetro del tubo. Como el diámetro medio de los
vacíos de un suelo con una porosidad dada aumenta prácticamente en rela­
ción directa con el tamaño D de las partículas, es posible expresar k en fun­
ción de D tomando como base la ley de Poiseuille:
k = constante X D•
Para el caso de arenas sueltas muy uniformes para filtros (coeficiente
de uniformidad no mayor de 2), Allen Hazen obtuvo la ecuación empírica
siguiente:
(11.7)
en la que D10 es el tamaño efectivo en centímetros (véase artículo 5) y el
1
coeficiente C1 (-- -)vana entre 100 y 150. Como se ha hecho notar,
om seg
la ecuación 11.7 es aplicable solo al caso de arenas bastante uniformes en
estado suelto.

Corrupondencia entre la relación M t'OCio. y lo. permeabilidad


Cuando un suelo es comprimido o vibrado, el volumen ocupado por sus
elementos sólidos permanece prácticamente invariable, mientras que el volu­
men de los vacíos disminuye. Por lo tanto, !a permeabilidad del suelo tam­
bién disminuye. La figura 11.3 indica la influencia que la relación de vacíos
ejerce sobre la permeabilidad. Las abscisas representan la relación de vacíos,
y las ordenadas la relación k/ko.85 entre el coeficiente de permeabilidad k
del suelo a una relación de vacíos dada e y ese mismo coeficiente cuando
e = 0,85. La curva en trazos llenos es válida para arenas finas y medianas
limpias con graoos de buena cubicidad. Dicha curva puede ser expresada
matemáticamente por medio de varias ecuaciones simples, tal como la ecua­
ción de A. Casagrande, aún oo publicada:
k = l,4e2ko.ar. (11.8)
En problemas relacionados con fundaciones ra1 amenle se encuentran
aremls limpias del tipo indicado más arriba. Si la arena contiene un alto
porcentaje de partículas en forma de escamas, como son las partículas de
mica, la correspondencia entre e y k/kOtlls se asemeja a la indicada por la
curva punteada de la figura 11.3. Los suelOJ de granos firlO! siempre con­
tienen partículas en forma de escamu, pero como su proporción e, distinta
pan. lOJ diferentes suelos, las curvas que relacionan e y klk.,N son también
distintas.
Si un suelo contiene burbujas de aire, el tamaño de las burbuju dis­
minuye al aumentar la presión del agua, de modo que el coeficiente de per­

[ml
meabilidad aumenta con la carga hidráulica. En las arcillas que contienen
agujeros de rafees o fisuru abiertas, la circulación del agua trae casi siempre

i':
..i ,,,
¡41
_,,
"42 4-' Q.,6 {),4 /,Q
&/rtt;ó,rot,wr,i,,f!
�. ll.3. Rel■don enlft la penne■bllldad y l■ reladóJI de 1'Aciot de""ª
....,,., ,..,du■da (linu Uen■) y de 111'1 suelo - irlernenlOI _..._
(linea p11J1tead■).

aparejada una erosión interna y las partículas erosionadas van a llenar poco
a poco los pasajes má.s estrechos, con lo cual el coeficiente de permeabilidad
disminuye a un valor muy pequ!OO con respecto al valor inicial. Por ello, la
ley de Darcy no es válida más que en el caso en que el volumen y la forma
de lo, canales de escurrimiento son independientes de la presión y del tiempo.

Eruayo, th permaibilJdad
La figura ll .4 indica en forma esquemática los principales tip05 de apa­
ratos utilizados para determinar el coeficiente de permeabilidad de muestras
de suelos. El permeámetro con carga hidráulica. constante (o y b) es Indicado
para suelos muy permeables, mientras que el penneámetro con carga blddu­
lica decreciente (e) se utiliza en los suelos menos penneables. Para realizar
un ensayo coo cuaJquiera de estos aparatos, se establece una diferencia de
carga entre los extremos de la muestra y se hace circular agua a través
de la misma.
En el permeámetro de carga hidráulica constante (figura U .4a), se man•
tienen fijos los niveles del agua y se mide la descarga. En el permeámetro
de carga hidráulica decreciente (figura 11.-k), el agua pasa del tubo peque•
ño P de sección trasversal A.1 a la muestra de área At y de alli al recipiente V
de nivel constante. El coeficiente de permeabilidad k se calcula observando
AllT. 11 PEU.!&UnI,IDAD D& LOS .SUELOS 51

la velocidad con que el nivel del agua desciende en el tubo P mientras que
el nivel en el recipiente V permanece constante.
En los eosayo.s de permeabilidad, las fuentes más importantes de enor
experimental son: ·la formación de una pequeña capa de material fino en la
superficie de la muestra, que actúa luego como filtro, y la exi.steocia o for­
mación de burbujas de aire dentro de la muestra de suelo. Ambos fenómenos

(e)

t'l¡:. 11.4. C• 7 b). PermNmelnN de ura:• eon-.nte¡ (e) pc�m�1N> de urs■


hldraullu detredcnle.

reducen la permeabilidad. El error originado por la formación de un filtro


puede ser eliminado midiendo la pérdida de carga entre dos puntos situados
en el interior de la muestra, en la forma indicada en la figura 11. 4b.
El valor del coeficiente de permeabilidad determinado con los ensayos
arriba descritos depende de la temperatura a que se efectúa el ensayo, ya
que k (ecuación 11.5) es función de la densidad y.,. y de la viscosidad 11 del
agua. AmbaJ cantidades varían con la temperatura. No obstante, dado que
la variación de y. con la temperatura es despreciable en comparación con la
variación de 11, se puede calcular el coeficiente k para uoa temperatura cual•
quiera T por medio de la f6rmu1a:

(11.9)

En e�ta ecuación, derivada de 11.5, k1 es el coeficiente de permeabilidad


medido y 11• la viscosidad o la temperatura del ensayo.
Se acostumbra expresar k a una temperatura normal de 20"C y a este
efecto se dan en la figura 11. 2 los valores de TJ en función de la temperatura,
52 PIIOPIEDADES HJl:IRÁULICAS Y MECÁNICAS IIE LOS SUELOS

tomando como referencia 'lto para T - 20"C, a1 cual se le ha asignado un


valor uno.
La ecuación 11.9 fue derivada suponiendo que el coeficiente de visco­
sidad del agua es independiente de la porosidad del suelo y que varia con
la temperatura según la ley representada por la curva de la figura 11. 2. En
las arcillas, empero, la temperatura pareciera ejercer una influencia mayor
sobre la viscosidad que en el caso de suelos más gruesos. Además, la vis.
cosidad media del agua contenida en los poros de las arcillas aumenta
al disminuir la porosidad. Por otro lado, a una porosidad dada, la vis­
cosidad media aumenta durante cierto espacio de tiempo, después de ama­
sar una arcilla, aun en el caso de que la temperatura se mantenga cons­
tante. Estos hechos excluyen la aplicación de la fórmula 11. 9 en el caso de
arcillas y otros suelos de granos finos, aunque no invaliden la ley de Darcy,
expresada por la fórmula 11.6.
Si una arcilla es amasada a contenido de humedad constante, su coeíi­
ciente de permeabilidad generalmente disminuye del valor original k a un
valor menor fe.., Para la mayoría de las arcillas inorginlcas, la relación k/k,
no es mayor de dos. Para las arcillas org.6.nicas y algunas margas con estruc­
tura de conglomerado, dicha relación puede llegar a valores de 30 •.
En los suelos gruesos con granos de buena cubicidad, como las arenas
cuar:wsas, la correspondencia entre el coeficiente de permeabilidad k y la
relación de vados e puede expresarse con suficiente exactitud por medio de
una ecuación única como la 11. 8 o por una curva como la de traws llenos
de la figura ll.3. En este caso, para determinar el valor de k, se efectúa el
ensayo para un valor cualquiera e y deriva luego de la ecuación 11.8 ó de la
figura 11.3 los valores que correspondan a otras relaciones de vacíos. Por
el contrario, en el caso de las arenas micáceas y de 'prácticamente todos los
suelos de granos finos. el valor de k depende en gran parte del porcentaje de
elementos en forma de escamas y de otros factores que no dependen de la
relación de vacíos. Por esta ra7.Ón se ha dicho que la curva punteada de la
figura 11. 3 sirve solamente para ilustrar la forma general que la relación
k - e adquiere en tales casos, y no puede utilizarse en los cálculos. Si un
suelo es micáceo o contiene elementos finos o muy finos, la corre!pondencia
entre el coefkiente de permeabilidad y la relación de vados puede ser esta­
blecida solo por medio de ensayos directos, ejecutando por lo menos tres
ensayos de permeabilidad en tres probetas de suelo con relaciones de vaclos
muy diferentes.
La tabla 11.1 contiene datos relativos a los valores de los coeficientes
de penneabilidad de los distintos suelos y a los métodos más apropiados para
efectuar ensaym de permeabilidad en ellos.
1
• E.toa valores .se refieren e:s,>ecialmente I las arcilw de form,dón inarloa. Eriltt-P,
empero, algunas arcillas de otro origen, como residual, eólico o eólioo-fluvtal que, aun siendo
ni li
::;a!:�& :-�i � ;:�uu�r::� �-=rn�i:gf!:i:
akámar 'YllorM del ordeti de ID-" a 10-' an/,eg, eo CU)-O caso, de poder ser aiñuadu,
• D1lDD o por procedimientos meciDicm, como ,a la rompactadón, la re1ad6o meo­
cionada adquiere magn¡tu::la mucho m1.yoru, Uep.ndo a 1000 y aun mú. {N. dd T.)
T.W. ll.1

Coeficiente de permeabilidad k en cm/5eg (escala logantmiea)


,.__l,tli,l,N ,. ec,,i,l,ido-n� ,l,e ,l,re�Je ,l,e ro._.,.. •

10-• 10 1.0 10-' 10-' 10-• 10-• 10-" 10-• 10-' 10-• 10-•

Bueno PCM>le Pricticamenle impermeable


J
1 _I 1 1 1 1 1 1
Drena¡e 1
1

T 1 Crava limpia Arenu limpias y meulas lim- Arenu muy rmas, limo$ orginl001 e Sueb �hlm", e11
Z'
M�
pw de arena y grava. 1
::r.;cos. ��:O¿ ::da,
arcilla estntificaa._
I
por &T.��
zo na de ae.con,postd6n. :::

S:uelos ..impe�l;:¡.df1cadom por la,e�eta-


::16no po r desoomposld6n.•• 1

Determinól- Enu.yo directo del s11do ..In Jitu� por ensaym de bombeo,
d6n d irecl:i 1 Se requiere much, uperiencla, pero bien reama&» son bas- ¡
de lc tante euctos. ·

1 Penneimetro de carga hidriuliea oonstanle. No 1


se requiere mayor experiencia.
§
Determina­
dón lndi­
recta de k
:b:e�: t°:e:'.:s=ln.
ª H
!:l=da�
Permeámetro de carl(a hidriu- PenndmelTO de c:arl(a hidr,u- Penne.f.ll'lfltro de carg a hidriullc:a
1 li"' decreciente. No sere-1 lle. decrectenle. ResultadOI 1 decreciente. Resultadósderi:gupe

POI" cik:ulo partiendo de la curva J11:•anllk>�tric:a.


requiere mucha ��- Se reqlliere mucha
ular
-

Cileuloa: bu.dos en los en-


1

So'o aplicable en el cuo de renu


piN sin oo�ión.

• Según A. Cuagrande y R. E. Fadum (UMO) .


.. v•N.delT.dpiedepig. .52.
a y gravas lim-

I saym de oomolidac:ión. Re-


sultados buene>1.Senecesi-
tamuc:hauperiencia.

!:l
54 PBOPIEDADES HIDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

Permeabilidad de laa mua, e1tra1ificadtu de 1ueltH


Los depósitos de suelos trasportados consisten generalmente en capas
con diferentes permeabilidades. Para determinar el coeficiente de permeabi­
lidad medio de tales depósitos, se obtienen muestras representativas de cada
capa y se ensayan independientemente. Una vez conocid os los valores k
correspondientes a cada estrato individual, el promedio para el depósito
puede ser calculado en la forma siguiente. Sean:
k1, k2, • • k• .. coeficientes de permeabi lidad de los estratos;
H1, H2, ... H,. =- espesores de los estratos;
H .. H1 + H2 + ... +H. = espesor total del depósito;
k,
... =! �=r�g: ;:���� ;!afclom: iis ��:j:
d d
J� ::�
i t

tratiflcación (generalmente horizontal);


ku = coeficiente de permeabilidad promedio para la filtra­
ción del agua en sentido perpendicular a los planos de
estratificación (generalmente vertical).
Si el escurri miento es paralelo a los planos de estratificación, la velocidad
media de descarga es:
o - k1i = -¡j"[v1H1 + otH2 + ... +v..H,. ]
Más aún, desde que el gradiente hidráulico debe ser el mismo en todas
las capas:
k,4 - -j¡-[ k1IH1 + k2iH2 + ... + k,,iH,. ]

y k, - -j¡-[k1H1 + k2H2 + ... + k,,H,.] (11.10)

Para el caso de escurrimiento en sentido perpendicular a los planos d e


estratificación, llámense f,. i:¡ .•. i. Jc,s gradientes hidráulicos en las distintas
capas y h!H el gradiente total, igual a la pérdida de carga para todo el depó­
sito. La continuidad del escurrimiento requiere que la velocidad sea la mis­
ma en todas las capas, es decir:

además

de modo que
{11.11)
ABT, 11 PERMEABILIDAD DI!: LOS SUELOi s.;

Se puede demostrar en forma teórica que en todo depósito estratificado k11


es menor que k,.
De/e- con.ira la ero,ión

El ingeniero se ve muchas veces obligado a desviar la circulación natu•


ral del agua contenida en los suelos para enviarla a zanjas o pozos dis•
puestos al efecto o bien encau7.arla hacía conductos subterráneos situados
debajo de fundaciones. La desviación o eocauzamiento del agua por los
procedimientos mencionados se denomina drena;e ( véase articulo 21). Los
pozos de drenaje son comúnmente revestidos con caños perforados y los
conductos consisten en cañerlas con sus juntas abiertas o en caños perfo­
rados. Entre el suelo natural y los caños se coloca una capa de material
grueso para que actúe como filtro. Para que un filtro cumpla su cometido
en forma eficiente, su material debe satisfacer ciertas condiciones granulo•
métricas. Si los vacíos del material son mucho mayores que las partículas
más finas del suelo adyacente en contacto con el filtro, dichas partículas
son poco a poco arrastradas a los intersticios del mismo, terminando por
obstruir el escurrimiento del agua. Si por el contrario, los vados del filtro
son del mismo tamaño que los del suelo, el filtro p1,1ede ser poco a poco
lavado por arrastre hacia el conducto subterráneo. Ambas condiciones son
igualmente indeseables. Para evitarlas, el filtro debe estar formado de un
material cuya granulometría ha de ajustarse a ciertos requerimientos. Se
dice que tal tipo de material constituye un filtro del suelo que protege.
Los requerimientos esenciales que deben cumplir los materiales para
T"W.. 11.Z
Reque,.imienro. "cu'"plir por, t... m'™'riak1 • 1uiliscr pana /ihro (wgún USBR 1963)

Caracterlsticas delos materiales para filtro Ruónfl,.

Distribución granulométrlca uniforme


(U= 3 a4) 5 a 10
Bien graduado a pobremente graduado
(oo uniforme) granos subangulates 12 a 58 12 a 40

..
Bnm graduado a pobrt!mente graduado
{no uniforme) particuW angulares •• 30 6al8

D..delmaterial de filtro D,.delmaterial-defiltro


D.de] �•terial a ser protegido 11
'" = D,. del material a ser protegido
filtro se han dett:nninado por experimentación (Terzagbl, 1922, USBR, 1S47).
Se basan print·;palmente en la distribución granulométrica del filtro en rela­
ción con la 1\e los r.-,ateriales a ser protegidos y se resumen en la tabla 11.2.
Si un filtro separa un suelo gmcso de uno fino con tamaños muy dife­
rentes, par¡¡, cumplir con las exigencias requeridas por cada uno de ellos,
se deben usar materiales distintos. En estos casos, como es siempre deseable
reducir l.as pérdidas de carga debidas al escWlimicnto a través del filtro al
menor valor compatible con los requerimientos granulométricos, el filtro se
construye de varias capas. Cada una de estas capas satisface, con respecto
a la capa precedente, IBll condiciones indicadas en la tabla 11. 2, fonnándose
un filtro compuesto que se conoce como filtro graduado.
La descarga de agua en el límite entre un suelo grueso y un suelo fino
puede producir arrastre o erosión del material fino si la velocidad del agua
�s grande. La erosión generalmente comienza. con la formación de pequeños
manantiales en diferentes puntos del límite entre suelos, donde se inicia la
erosión de canales que poco a poco progresan hacia el interior del suelo
fino y hacia la zona de entrada del agua. El proceso se conoce como erosi611
retró�rada. Es una de las amenazas más peligrosas que existen para los
diques de embalse, siendo la causante de los desastres más catastróficos
ocurridos en tales tipos de obras (artlculo 63). Como la erosión no puede
producirse sin que una gran cantidad de suelo sea poco a poco lavada y
arrastrada, se controla en forma efe<:t:iva construyendo filtros en todas las
zonas donde exista alguna posibilidad de que se produu:an manantiales.
Proh:lem..
arena'in;:. 'Xi rs":'� r:ii� � f� :";�
1 r 1 n
C:1,:::. t;ue.:':'�. n
t
8: h1d�':
40 cm, por un �riodo de B segundos. La cantidad de a�ua �urrida fue de 400 gr.
C.lcúlese el coef!clente de permeabilidad para la relación de vados y temperatura
del ensayo.
Solucl&n: k = 1.03 an/aeg.

;r:e�:i�
2. Un es:lnto de arena consta de tres capas horizontaJes de igual espesor. El
;n���: r-;: 1�-�r;_,,1:r,7cu� ¡:i!°'reÍ:ci6� !n�
n-edio d..1.-strato,.nsentidóhorizoot,.l y enscnlidovm:ical?
e
�e �:birl:i
Solud6n: 23 • J.
3. Una muestra de arena graduada de partlculllS redondeadas tiene una �ladón
de vacíos �e 0,62 y un coeflcieote de permeabilidad de 2,5 X 10--' an/seg. Estime5t
elvalor ele k para el mismo materlal a un a relación de vacíos igual a 0,73.
Sr.iuci6n:k=3.S X J0-'crn/seg.

ART. 12 TENSlóN EFECI'IVA, TENSlóN NEUTRA, GRADIEflliTE


HIORAUIJCO CRfflCO
Te,uión e/eciim, le,ulón neulra
La figura 12. la indica la sección trasversal de una capa delgada de
suelo que cubre el fondo de un recipiente. Si se aplica una carga p, por
unidad de área, en la mperficie de la muestra, cubriéndola, por ejemplo,
ART. 12 TENSIONES EFECTIVA Y NEUTRA, GRADIENn: HIDRÁULICO CRÍTICO 57

con municiones de plomo, la relación de vacíos del suelo disminuye de


e0 a e,. La presión p produce también un cambio de las otras propiedades
mecánicas del suelo, como su resistencia al corte. Por esta razón dicha
carga se denomina 'P'esión efectiva y se designa con el símbolo p.
Ahora bien, si se llena de agua el recipiente hasta una altura h.., = p/y.,,
la tensión normal en una sección horizonta 1 de la muestra es también
aumentada en p, pero, a diferencia del anterior, el incremento de presión

Fl¡r, 12. l. Apa...10 para denmolrar I■ ,t;r.,rcnd■ o,nlrc pre..6n •Íerllva


pl'Hlón neu1....

debido al peso del agua no tiene infbencia apreciable alguna sohre la


relación de vacíos o cualquier otra propiedad mecánica del suelo. Por t-110.
la presión producida por la carga de agua se denomina presión neutrn. Se
dice que es nula cuando iguala a la presión atmosférica, de modo que la
presión neutra es igual a la altura piezométrica h., multiplit·iHfa pnr la
densidad del agua y.,, - J gr/cml.
11,. = y.,h., /l:!.1)

La presión normal total Jl en cualquier punto de una scccién a través


de un suelo saturado está formada, por tanto, de dos partes. U na purtc.
u,., actúa en el agua y en el sólido con igual intensidad en todas las direc­
ciones. Esta parte se conoce como la presión neutra o la presión de poros.
La parte restante ji =- p - u.. representa un excedente sobre la presión
neutra u.. y tiene su asiento exclusivamente en la fase sólida del suelo. Esta
fracción de la presión total se llama la presión efect.iw..
Un cambio de pre;ión neutra. que no implique un cambio simultáne:.i
de presión efectiva, no produce prácticamente variación alguna de volu­
men y no tiene influencia detectable en las condiciones de lensión que
conducen a la rotura, mientras que todos los efectos medibles de un
cambio de tensión, como la compresión, la distorsión, y una modificación
en la resistencia al corte se deben exclusivamente a variaciones en la tensión
efectiva p. Por ello, toda investigación de la estabilidad o del asentamiento
de ,una masa de suelo saturado requiere el conocimiento de amhas, la tensión
total y la neutra. Se concluye que la expresión:
p = p + 11 .., (12.2!
58 PROPIEDADES HIDIIÁVL!CAS Y MF.CÁN!C.U DE LOS SU'EL()6

es una de las fórmulas más importantes de la mecánica de los suelos (Ter­


ugbi, 1936b).
La parte inferior del recipiente indicado en la figura 12.lb contiene
un suelo saturado de peso unitario y. El nivel del agua alcanza una altura
H1 por arriba de la superficie del suelo, de modo que después de establecido
el equilibrio, la carga piemmébica o altura piemmétrica h., a una profun­
+
didad :a:: es igual a H 1 :a:: y la tensión neutra igual a:
u,. = (H1 + :a::)y ,. (12.3)
La tensión normal total es:
V - H1y,. + :a::y (12.4)
de modo que la tensión efectiva a la profundidad .:: resulta:
P- v-u..- H1r.. +=r-(H1 +.::) y. - z (y-y.) ... .::y' (12.5)
en la cual:
y'= y-y,. (12.6)
La cantidad y' se denomina peso uni!ario del ,uelo sumergido y es igual
a la diferencia entre el peso unitario y del suelo saturado y el peso espe­
cifico del agua y,. -= l g/cm1•

Gradiente hidrtiulico crítico


Al derivar la ecuación 12.5 se supuso que el agua contenida en los
vados del suelo se encontraba en reposo. Si, en cambio, el agua se encuentra
en movimiento y filtra a través de los poros, la ecuación 12.5 debe ser
sustituida por una expresión que contenga el gradiente hidráulico l.
El efecto que produce un gradiente hidráulico puede ser demostr9do

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y la deae•rJ• dt, •cu• por .,1 plano 1upuinr de I• .,..,na en el •par•W indica,\o en (•J•
AIIT, 12 TJ:NSIONES EFECTIVA Y NEU'IRA, CJ\ADIENTE HIDRÁULlCO CRÍTICO 59

por medio del aparato indicado en la figwa 12.2a, en la cual, A es un reci­


piente cilíndrico que contiene una capa de arena densa colocada sobre una
chapa perforada o criba. La capa tiene un espesor H y la boca del reci­
piente se encuentra a una altura HI sobre la superficie de la capa de arena.
La chapa perforada comunica con un recipiente B por medio de un tubo.
El nivel del agua en ambos recipientes A y B se mantiene constante, asl que
cualquiera sea el nivel del recipiente B, la presión total p en una sección
horizontal a una profundidad ,: debajo de la superficie de la arena es siem­
pre igual a p (ecuación 12.4). La correspondiente presión efectiva Pes
igual a:
P= p- u..
Por lo tanto, si la presión neutra del agua aumenta o disminuye en
Au.., la presión efectiva disminuye o aumenta en la misma cantidad:
ó¡i=-óu,. (12.7)
Mientras el nivel del agua de ambos recipientes sea el mismo, la presión
efectiva a la profundidad% permanece igual a p = zy' (ecuación 12.5). Si
se hace descender a1 recipiente B en una altura h, el agua filtra hacia abajo
a través de la arena por acción del gradiente hidráulico t = h/H. La presión
neutra a la profundidad H se reduce en la cantidad hy.,, = iHy,., y aquella
correspondiente a una profundidad cualquiel'l\, z se reduce proporcional­
mente en la cantidad hu., = izy,.,, de modo que la presión efectiva aumenta
en la misma cantidad.
Si por el contrario, se levanta el recipiente B en una altura h, la presión
neutra a la profundidad z aumenta en óu,.. = izy,. y la presión efectiva dis­
minuye al valor:
P=zy'-izy,. (12.8)
El aumento óu,. de la presión oeutra tiene como causa exclusiva el paso
del agua de los poros del estado estacionario al estado de filtración y origina
an cambio igual también a óu.,, eo la presión efectiva de la arena, cambio
que se denomina presión de fatración. Esta presión es producida por la
&icción entre el agua en movimiento y las paredes de los vacíos del suelo,
fricción que tiende a "arrastrar" dichas paredes. Si el agua circula hacia
abajo, la corriente "arrastra" en la misma dirección las partículas del suelo
'J aumenta la presión efectiva en la arena. Si el agua circula hacia arriba, la
&icción entre el agua y las paredes de los vacíos tiende a levantar los granos
del suelo. En este caso, cuando el gradiente hidráulico 1 de la ecuación
12.8 alcanza el valor:
(12.9)

k presión efectiva se hace igual a cero en tOOo punto de la masa de arena.


F.o otras palabras, la presión media de filtración se hace igual al peso de la
arena sumergida. El valor i� representa el gradiente hidrdulico critico.
60 PROPlEDADf.S WDRÁULJCAS 'i MECÁNICAS DE LOS fl1U05

La figura 12.2b ilustra el efecto mecánico de la fi1traci6n ascendente


del agua en las propiedades de la arena. En este diagrama, las abscisas
representan el gradiente hidráulico Y las ordenadas las descargas de agua Q
en la unidad de tiempo. La curva Oabc representa la relación entre la des­
carga y el gradiente hidráulico, cuando éste es gradualmente incrementado.
Mientras i es menor de t., la descarga aumenta de acuerdo con la ley de
Oarcy (ecuación 11.6), en proporción directa con i y el valor de k perma­
nece constante, lo que indica que la posición mutua de los granos de arena
permanece prácticamente inalterada. Pero, en el instante en que i se hace
igual a i., la descarga aumenta de repente como consecuencia de un aumento·
correlativo del coeficiente de penneabilidad (Tenaghi 1929a). Si sobre
la capa de arena descarn�aba un peso, éste se hunde como si la arena fuese
un líquido. Si se continúa incrementando l, la descarga aumenta nueva­
mente en proporción directa al gradiente hidráulico y el coeEiciente de per­
meabilidad retiene el valor alcan-zado inmediatamente despuh de excedido
el gradiente hidráulico critico. La menna de la descarga causada por una
reducción gradual del gradiente hidráulico desde un valor superior a i.,
viene indicada por la linea cbdO. Tan pronto como i se hace aproximada­
mente igual a l., la permeabilidad disminuye para permanecer después
constante nuevamente si i decrece aún más. Como la línea bdO está situa•
da por arriba de Oab, el coeficiente de permeabilidad que le corresponde
es mayor que el valor original, lo que sugiere que el hecho representado
por el escalón ab de la linea Oab trae consigo una reducción pennanente en
la densidad de la arena.
El fenómeno representado por la porción ab de la curva va acompañado
<le una agitación violenta y visible de las partlculas del suelo y por ello
se lo distingue como ebullición de la arena. En una excavación a cielo
abierto, la arena empieza a bullir toda vez que el agua subterránea asciende
hacia el fondo de aquélla con un gradiente hidráulico mayor que el valor
crítico i,.. Muchas veces se ha �firmado que la ebullición se produce solo
en ciertos tipos de arenas, conocidas como arenas fluidas, de modo que
resulta oportuno recalcar que dicho fenómeno ocurre en todas las arenas,
y aun en las gravas, tan pronto como el gradiente hidráulico se hace igual
a ic- El término arena fluida debe ser reservado para los miembros de un
pequeño grupo de arenas muy finas y muy sueltas capaces de trasfonnarse
en �fluidas" aun cuando el gradiente hidráulico del agua de filtración sea
menor del valor crítico y sin que exista una provocación externa perceptible.
Lo poco que se conoce con respecto a las características reales de las arenas
fluidas se estudia en el artículo 17.
La ebullición de las arenas comunes puede ser evitada construyendo
un filtro cargado sobre el área de la cual emerge el agua de filtración. Un
filtro bien proyectado no tiene prácticamente efecto alguno sobre las ten­
siones neutras del suelo, de donde se deduce que todo su peso sirve para
aumentar las tensiones efectivas y mantener las partículas de arena en su
posición original.
AJIT, 13 COMPU$IBWDAD l)g FSl'l\A.TOS CONYINADOS DI& 5UE.LO 6]

......,_
l. Una amia compuesta deelemeolm 16lidos o:m � específico 2,60 grpor
an cúbico tiee n UD& niba6n de adot
v e
d 0,572. c.kvleel pe:so u.ollario de la arena
$tta,de l aarenasatunday compani estos valores con el pesounitarioefectivode l a
ar e n asumergia d .
Soluci6n, Y• = 1,65; y = 2,02; y· = 1,02 gr/cm'.

!� :�.�rjo
2.Enunespe,odepósitodeanina mu yfi na, laoapa f reitlcaie�nlral
de el 1
u:� i::\at:,::J:·el � \(t
lo
;-c:nJb :. 7c:.i:
¡
l a p� vert1ca1dectiva sobre un plano homontal s i tuado .1,()() m dehiljo de a
l
JUpmiciei'
Solud6n, 0,52 kg/cm'.
S. Un estratou s mergiod dearcila l tieneun espesode
r 15 m. El contenido "'edio
de humedad e d llS rr.uestns tomada, e d l estratoes e
d l 54 por den o
t y el pesoespe­
cifü:oab&olu.llD de SW1 elementoli 161idosde2,78 g por crn'. Sedesea aber cuil n a l
prm6a W!l'tical efectiva en el fon o d del estraloorigin
, ada por el pe,o d
d mi m
s o.
Solucfón, 1,07 kg/an'.
4.Elpe:soespeclfiooab.olutode a
l pa
s t
r !culasdeu
aar
n enaesde2,66grpor
de e s . del
d n o
bi
n
;i i: :ti�&'..i
rosi
�• ;�,! h�:!�ico �J:�:!:� 1a
º
: d!1°

=� ::
es

Soluci6n, 0.IH; 1.05.


5. Ea un estrato de ud l al resistente .sanir.óo, de peso uni a
t ir o1750 kJ por

�:: .�1e1t>ec:,6e1U::r00.:� :�..::tmi��� ��h:��U:


va

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u
udd �li...\!! !;
'":1� ��
d oa
=��� �� :roiiub� � ,! c:;,: de :ere,�s�
ªS:
e
ua �:ha
antes de a
l ucavadóo se hubieraefectua
do unaperforación.
Solud6n: 6,10 metros por encima e
d l plano 1u
perior del ntutode arena.

ART. J3 COMPRESIBILIDAD DE ESTRATOS CONF1NADOS


DE SUELO

fotrodiu:ción
Si las zapatas de fuodación de un edificio se encuentran apoyadas direc•
lamente sobre una capa de arcilla blanda, es probable que sufran un asen•
tamiento excesivo y que quizás lleguen hasta a hundir se en el suelo. Con­
diciones tan desfavorables del suelo de fundación se perciben fácilmente,
de inodo que los proyectistas reconocen generalmente las posibles dificul­
tades y establecen sus fundaciones sobre pilotes o pilares que atraviesan la
capa blanda y descansan sobre estr atos firmes.
_
62 PROPIEDADES lUIIIIÁULIC.\S Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

Por el contrario, si debajo de UD espeso estrato de arena existe una capa


delgada de arcilla blanda, las consecueocias que puede traer la presencia
de dicha capa oo son tan f6ciles de prever. Antes del advenimiento de la
mecánica de suelos muchos ingenieros creían que el asentamiento de uoa
zapata dependla exclusivamente de la naturaleza del suelo situado inmedia­
tamente debajo de ella, de modo que si la arcilla blanda se encontraba
situada a más de 3 ó 4 metros por debajo de la cota de fundación, su exis­
tencia era comúnmente ignorada. Aun hoy hay ingenieros que olvidan tener
en cuenta su presencia, sin considerar que la consolidación gradual de la
arcilla por el peso del edificio puede originar asentamientos excesivos y no
unifonnes ( véase articulo 54).
A causa de la relativa frecuencia con que han apanicido a.sentamientos
oo previstos, originados por este tipo de situación, la compresibilidad de
los estratos confinados de arcilla ha recibido una atención creciente durante
las últimas décadas. Se han desarrollado, como consecuencia, lmtodos que
permiten calcular o estimar la magnitud y la distribución de los asenta­
mientos que se producen en tales casos específicos, de modo que si se
considera que éstos resultan excesivos, es siempre posible modificar el
proyecto de las fundaciones antes de iniciar su construcción.
J,.a adherencia y la fricción en los bordes de los estratos confinados de
arcilla impiden que éstos se expandan en sentido hori7.onta1; as! que los
datos necesarios para calcular los asentamientos causados por la compresión
de estratos confmados de arcilla pueden obtenerse efectuando ensayos sobre
muestras del material mantel'.lldas lateralmente confinadas•.

Fi,-. 13. l. Apal'llto para reallu,, enayoe de co,npreeión latl:l'alffl.fflte


eoníin■da tobre mue.trq de auelo.

Mh.odo .le e,uayo


El ensayo de compresión confinada ·o ensayo de consolidación se realiza
colocando una muestra de arcilla dentro de un aro, como lo indica la figu­
ra 13.1, y cargándola unifonnemente por la interposición de un disco rígido.
La compresión del suelo es medida utilizando un dial o comparador micro­
métrico. Si el suelo está saturado, la muestra se coloca entre dos piezas
porosas que permitan el escape del agua durante la compresión.
Los resultados del ensayo se presentan gráficamente indicando en escala
natural la relación de vados e en el eje vertical y la presión p en el eje
• Debe catendene que estos ensayo. .:,n en verdad �presentativos tolameni.. pan
estntos -1inados rel■tiv■mente delpdós rupeeto al tarn.ño de 1- fundacl6n. (N. d./ T.)
Al\T. 13 COMPRE'lIBILlDAD DE E.'ITRATOS CONFINADOS DI!: SUELO 63

horizontal. La curva resultante se denomina curva e-p. Es corriente también


dibujar tomando e en escala natural y p en escala logarítmica, y en este caso
se obtiene la curva e -log p. Como las dos formas de indicar las curvas de
consolidación tienen sus ventajas, en esta obra se utilizan ambos diagramas.
Antes de seguir adelante debe hacerse un distingo entre los suelos
considerados en su estado natural y aquellos en los que su estructura origi­
nal ha sido destruida por un amasado (véase artículo 7). Las partículas de
un suelo amasado alcanzan su posición final bajo el electo de un proceso
que involucra el desplazamiento de los puntos de contacto previamente
existentes entre las mismas, mientras que las partículas de un estrato natu•
ral han sido depositadas grano por grano, de modo que no es de utrañar
que las masas resultantes tengan estructuras muy distintas. Además, en un
depósito natural, las particulas de la mayorla de los suelos no han cambiado
sus posiciones relativas en cientos o aun miles de años, mientras que en un
sucio amasado o en un polvo mineral obtenido artificialmente, dichas posi­
ciones datan de solo pocas horas o días antes de realizarse el ensayo. Un
punto de contacto de larga duración puede dar lugar al desarrollo de una
cohesión molecular entre los granos, que no existe en el caso de suelos
amasados. Por estas razones, la correspondencia entre presión y relación de
vacíos para suelos amasados puede ser muy distinta de la existente en el
caso de suelos inalterados, así que se tratan separadamente.
Compredbilulad de minerale, triturado, y de ,uelo, ama,ado,
La figura 13.24 muestra varias curvas e-p típicas, y la Íigura 13.2b
las mismas curvas dibujadas en escala e-log p. Las curvas a, b y d de la
figura 13. 2a ilustran el efecto de la fomia de los granos sobre la compresi­
/h)
,

, <

b

'-.-- d

�=�1ª
oC, -, I(}
Prnid11 p e11 K9/r,ml
ad
:;.:Jr�/�., !:P�:aJ:t:- 1:.:ra"::.';;!��!) ���:"':";" 1Í:i::� {i.)�:
rni•mU ""''"H ...,p...,..,nlada� "" .,,..,ala O!-lo(i: p.
64 PflOPIEDADES K.DRÁUUC.U Y MECÁNICAS Dls LOS SUELOS

bilidad del suelo. La curva o conesponde a una mezcla de 80 por ciento


de arena y 20 por ciento de mica; la curva b al 90 por ciento de arena y
10 por ciento de mica y la curva d al 100 por ciento de arena. Todas las
muestras fueron previamente compactadas con una varilla metálica y luego
vibradas (Gilboy, 1928). Estas curvas demuestran que la compresibilidad
aumenta rápidamente al incrementarse el porcentaje de partículas en forma
de escamas. La figura 13.2a indica además que la inclinación media de la
curva d, de la arena densa, es mucho menor que la que corresponde a
la curva e de la misma arena en estado suelto, y que la relación de vados
de una arena suelta, aun bafo una presión muy grande, es mayor que la
que tiene la misma arena en estado denso bajo presión nula.
La figura 13.2a muestra también que la curva e-p, que conesponde
a una muestra de arcilla blanda amasada, es muy similar a la curva que se

!!.__
e, 1---é- " (l>J

)......
,K,

---......__
Q,7411 1,4 (O
1.11
Prnión p -�/hcrlb lc,g/

Fla. 13.3. <• r /,) R..ladOn enltt., r I' para en..r- • la eom-ion la1er•�
m.,n1eronllnada dean,,,.._

obtiene para una mezcla de 90 por ciento de arena y 10 por ciento de mica,
.con la diferencia de que la relación de vacíos de la arcilla bajo una presión
dada es mucho menor que la relación de vacíos de la mezcla arena-mica
bajo la misma presión.
Todas las curvas e -log p indicadas en la figura 13.2b tienen ciertas
caracterirticas en común: se inician con una tangente horizontal y proba­
blemente terminan con una tangente que es también casi horizontal, estando
lo� dos trows extremos unidos por una parte central bastante recta. Para
las arenas, la parte central es recta para presiones comprendidas entre apro-
ART. 13 COMPRle:SIBlUDAD DE ESTI\ATOS C,.JNFll'IADOS DE SUELO 6.5

rimadamente 10 y 100 kg por cm cuadrado, presión esta última a la cual


se inicia la trituración de los granos, Jo que origina un aumento en -la incli­
nación de la curva, Esta inclinación permanece desplles constante hasta
aproximadamente 1000 kg por cm cuadrado, a partir de cuya presión comien­
u. nuevamente a disminuir (Hendrom, 1963). La inclinación de la parte
media de las curvas obtenidas con las arcillas blandas amasadas disminuye
tan poco para presiones comprendidas entre 1 y 2000 kg por cm cuadrado
que las curvas pueden tomarse como líneas rectas en toda esta extensión
(Akagi, 1960). La parte media de las curvas obtenidas con mezclas de
arena y mica son prácticamente rectas para presiones comprendidas entre
1 y 10 kg por cm cuadrado. Más allá de esta presión, la inclinación de las
curvas disminuye hasta alcanzar una tangente casi horizontal.
Dos fenómenos más SOn de un interés especial en relación con la
compresibilidad de los suelos en general. J::stos son: la forma en que pro­
gresa con el tiempo la compresión y el cambio de volumen causado por la
remoción temporaria de la carga.
La figura 13. 3 ilustra sobre las relaciones entre tiempo y compresión
en el caso de arenas. En esta figura K1 representa la forma en que dismi­
nuye la relación de vacíos de una arena suelta cuando la presión aumenta
de manera continua y bastante rápidamente. Si se inteTTumpe el incre­
mento de la carga, la relación de vados sigue disminuyendo a carga cons­
tante, como lo indica el escalón vertical de la curva e-p y como lo muestra
además la curva e-tiempo conespondieote a dicho paso. Si después de una
ioterrupción se reanuda el aumento de carga a la misma velocidad anterior,
la curva Kr empalma suavemente hasta coofundirse con la curva que .�e
,
(o/ (b/

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0 2 4 € 0,/Jf CV l,O l(J
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Fil!• 13.4. Rel..:il>n en1re e y p Pª"' una mueo1ra denu, la1era'm•nle roníi0111:la.
eompue11UI ,f., 90 por eienlo d., arena y 10 pur rlenlo d� m..-a.
(16 PIIOP!EDADl:S HIDRÁULICU Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

hubiese obtenido si no hubiera habido interrupción alguna. La disminu­


ción en la relación de vados que se produce a carga constante es debida
a un retardo en el ajuste de la posioión de los granos a la nueva presión
aumentada.
Efectos similares que corresponden a causa idéntica se observan tam,
bién cuando una muestra de arcilla amasada es sometida a ensayo. En
este caso, sin embargo, dichos efectos vienen combinados con otro mucho
mh importante: el retardo producido por la baja penneabilidad de la arcilla.
A causa de este retardo, por el cual la deformación bajo una carga dada
necesita cierto tiempo para producirse, una curva e-p no tiene sentido
físico definido, a menos que cada punto corresponda a un estado para el
cual la relación de vacíos a carga constante ha alcanzado también un
valor constante.
La figura 13.3 muestra también el cambio producido en la relación
de vados cuaodo se retira temporariamente la carga. El efecto proveniente
de la remoción de la carga está representado por la curm de ducargo be;
y aquel que resulta de una nueva aplicación, por la curva. de recomp,e.ri6n
cd. En el caso de arcillas, be se distingue como la curoo. de hinchamiento.
El área comprendida entre la curva de descarga y la de recompresión es lo
que se conoce como un lazo de hi&Urui.t. Los lazos de histéresis para los
distintos suelOJ difieren solo por su inclinación y su ancho. En los diagra­
mas dibujados en escala aritmética son cóncavos hacia arriba, mientras que
en escala semilogaríbnica son cóncavos hacia abajo. La figura 13.4 muestra
un lazo de histéresis para una mezcla compuesta de 90 por ciento de arena
y 10 por ciento de mica. Los lazos de histéresis de las arcillas amasadas
son muy similares a éste.

.4renM inal1eradm

En la nahlraleza todas las arenas se encuentran más o menos estra­


tificadas. La compresibilidad de un depósito estratificado en la dirección
de los planos de estratiíicación es algo menor que en una dirección normal
a éstos. Además, la mayorla de las arenas naturales contienen al menos
algún vestigio de material cementante y, por arriba de la napa frdtica,
siempre contienen algo de humedad, factores ambos que producen cohesión.
Por otro lado, algunas arenas tienen en estado natural una densidad relativa
mayor de la que se puede obtener en el laboratorio por cualquier método
artificial que no sea la vibración. Otras arenas tienen en su estado natural
una estructura muy inestable que puede aproximarse en el laboratorio solo
preparando probetas extremadamente sueltas, con procedimientos especiales
(artículo 17). Estos hechos sugieren que la estructura de las arenas en la
naturaleza puede ser algo diferente de la que adquieren en muestras prepa­
radas en el laboratorio. Sin embargo, si las relaciones de vacíos de arenas
idénticas son las mismu en ambos casos, en general, sus compresibilidades
son también aproximadamente iguales.
AEIT. 13 COMPI\ESUIU.ID,\.I> l>E: Ufl\,\.T()S CONF1N"1l05 DE SUELO ff7

,.n:;ilw inalteNIIUU - .e,uitil!CU normalmenut eotuDlid.adtu


El estudio que sigue será limitado a aquellas arcillas que nunca estu·
vieron sometidas a una presión mayor que la que corresponde a su cubierta
actual, es decir, de la que soportan al presente por efecto de las capas
de suelo situadas sobre ellas. Tales areillas se conocen como normalments
t:anl0l.idad4a. La experiencia acumulada indica que el contenido natural de
llumed.ad w de las arcillas normalmente consolidadas se encuentra común•
mrnte cerca del límite líquido L.- Si w está muy por debajo de r_ la e x ­
a:pció n a l a regla s e debe e n general a que l a sensibilidad de la arcilla

Aprox. 0.f�0
\
�-�,,�,-P�o
. ---',­
Prl!sidn (esc toq)
IJ.S. RelMiona otre e y,. para una arcilla ele ..,,uibllidad ordinaria; K., para
la arell1a ama.-cla; IC., para I■ m..-... in■ltenda de ■n:W■ n, el lahora1orio:
K, p■r■ I■ ar,:111■ n, _....., nalur■I en el ten-eno.

(artículo 7) es excepcionalmente baja. Por el contrario, si w es mucho


mayor que L.. dicha excepci6n se debe, en general, a que la arcilla tiene
u.na alta sensibilidad. De cualquier modo, Ju arcillas normalmente conso­
lidadas son siempre blandu: hasta profundidades considerables.
Con el objeto de obtener datos con respedo a la compresibilidad de
un estrato confinado de arcilla normalmente con50lidada oo sensitiva situada
a una profundidad D, se ensaya una muestra inalterada del material, tomada
de "dicha profundidad efectuando una perforación. En la figura 13.5, las
coordenadas del punto a representan la relación natural de vacíos e0 de la
muestra y la presión efectiva Po a que el suelo a la profundidad D se encuen-
68 PROPIEDADES H!DRÁUUCAS Y M.fX:ÁNJCAS DE LOS SUELOS

tra sometido por efecto· del peso de la cubierta. La presi6n J)G es igu1I a
la suma del peso del suelo sumergido situado entre la profundidad D ·y la
napa freática y el peso total, suelo más humedad, del material situado por
encima de la napa.
Durante la toma de muestra, la presión que soporta la arcilla es reducida
a un valor muy pequeño, mientras que ru contenido de humedad permanece
casi inalterado. En la figura 13.5 este proceso viene representado por la
l!nea punteada aeo. Si la presión en la muestra es nuevamente aumentada
sometiendo el suelo a un ensayo de consolidación, la relación de vados de
las arcillas ordinarias de baja o mediana sensibilidad disminuye al aumentar
la carga, siguiendo la ley indicada por la línea K.. La parte curv11 de K,,.,
que representa la recompresión del material y es similar a la curva c:.d d.,
la figura 13.4b, empalma con una Hnea recta. La prolongación hacia arriba
de la parte recta de K. corresponde a la tangente db de la curva Ctd de la figura
13.4& e intersecta a la horizontal trazada por el punto a, figura 13.5, en el
punto b. La experiencia indica que, para arcillas nonna1mente consolidadas,
el punto b se encuentra siempre situado a la izquierda del punto a.
Si se toma la misma muestra de arcilla y mezclándola con agua se la
trasforma en una pasta espesa para consolidarla luego gradualmente, sorne•
tiéndola a cargas crecientes, se obtiene en el diagrama e-log p, la línea �
de la figura 13.5. Por debajo del punto e esta linea es casi una recta y, si
bien su inclínación es algo menor que la de la parte recta de K.., su prolon­
gación hacia abajo inter:secta la continuación de la parte recta de K. en un
punto f, que corresponde a una relación de vacios aproximadamente igual a
0.4eo (Schmertmann, 1953).
La linea de consolidación K, que representa la relación real entre e
y el log p en el terreno, debe pasar, como es obvio, por el punto a. A pesar
de ello, ninguna de las dos curvas de laboratorio, K. y K,., pasa por dicho
punto, resultando entonces evidente que la línea K puede solo ser determi­
nada por medio de una extrapolnción de los resultados obtenidos de los
ensayos de laboratorio. Como las dos Ilneas K,. y K, son rectas y se inter­
sectan aproximadamente a la altura e .., 0,4eo. parece razonable suponer
que la línea e-log p del suelo en el terreno sea también una linea recta que,
pasando por el punto a, al ser prolongada hacia abajo corte la ordenada
e - 0,4e, en el punto f. La línea así obtenida, se llama lír11:a de coruolida­
ción en el terreno.
Si no se dispone de muestras inalteradas, el punto f puede ser detenni­
nado con suficiente aproximación por medio de una linea e-log p para una
muestra amasada, K, de la figura 13.5, siempre que la carga sea llevada
por lo menos hasta 20 lcg por cm cuadrado.
El valor de la relación p./p0 entre las presiones representadas por las
abscisas de b y a, figura 13.5, indica hasta qué grado la estructura de la
muestra ha sido alterada. Los valores de esta relación oscilan entre 0,3 y
.0,7, con un término medio de 0.5, con la característica de que una dispersión
oonsiderable de valores es muy común aun para muestras tomadas con un
mismo sacamuestras de una misma perforación. Se deduce, por lo tanto,
que el valor de p./p¡, depende en gran parte de factores accidentales, tales
ABT, 13 COMFRESJBILIDAD DE lSTRATOS 00:."FINADOS ¡;¡; SUELO 69

como las variaciones en la semibilidad de la arcilla y de si la probeta ensayada


fue tomada de la parte superior, media o inferior del tubo saca.muestras.
Las líneas K de comolidación en el terreno (íig. 13.5) sirven de base
para el cálculo de los asentamientos de las estructuras situadas sobre estratos
confinados de arcillas normalmente comolidadas •. El peso de la estructura
o del terraplén, según sea el caso, incrementa la presión a que está somet ida
+
la arcilla desde p., al valor p0 óp y origina una disminución de la relación
de vados desde e 0 hasta e. Se puede, entonces, dentro del intervalo Po,
J)o+ óp , escribir:
e 0 -e = óe - a,.hp
El valor:
a.(cm1/gr) = (13.1)
i1:tgr-;c;1)
se llama coeficiente de CQfflpteribiüdod dentro del inter valo Po, Po Ap. +
Para UDa diferencia de presión dada, el valor del coeficiente de compresi•
bilidad disminuye a medida que la presión aumenta.
La disminución de porosidad 6n, por unidad de volumen original de
suelo, que corresponde a la disminución Ae , puede calcularse utilizando la
ecuación 8.2:
An -
1 �e•
donde e 0 es la relación de vacíos inicial. Re1ulta entonces:
ó.11 - 1 � e óp • m,Ap 113. .2)
0
en la cual:
c )
m.(cml/gr) = ª•i �•¡ � (13.3)
e
se denomina coejicíente de CQfflpreri�idad volumétrica y representa fo
compresión de la arcilla por unidad de espesor original bajo la influencia
de un aumento unitario de presión. Si Il es el espesor de una capa de arcilla
que se encuentra solicitada bajo una presión p, un aumento de presión /J.p

:�=
reduce el espesor del eilrato en el valor:
S - 11 · Ap · m, (1:,.4¡

00�01�<:: :i:i,� te
sl� :!=ti�
lo
C:�!:O:
im;ill,,, Si�portantoparacalcululosuentamientn.squeprod..aqu .cee
!� t
n lol s.,,;tratos
desuei.... 'luecum(l!en oon aa (l()ndición. En particulat, la aperiencia ha ido de·
t m
�� :�mi::ui�n::n,: •e�;ti;;:ia:i: �:a1":.�01: :::;::t, dr:1.;ti��l��:
,dcJgadares peetoal11DCho dea l fundaciónyqueseve50ir.etidaaunacargaqueeo
su espnor puede considerarse corno ulliforme1ree nt distribuida o biepoco
n vua
i ble.
En casos divenosp roporciona .,Judonel que pueden llegaar ser10lo grosen,menteapro­
J<imadu yaún muy alejadas de1' ttalida.d (N. d- T.)
70 PROPl:El>ADD HIDRÁULICAS Y MECÁNICI.S DE LOS S'JELOS

La lloea K, de consolidación en el terreno de las arcillas ordinarias, tieoe


en un diagrama semilogaritmico la forma de una línea recta,· como lo mdica
la figura 13.5,y puede ser expresada por la ecuación:

e= eo - C,log10 Po+ Ap (13.S)


P•
en la cual c. (coeficiente sin dimensión), llamado índice de compre.sí6n, es
igual a la tangente del ángulo de inclinación de la parte recta de K. Al
contrario de lo que ocurre con a. y m,,, que disminuyen rápidamente al aumen•
tar los valores de la presión Po, el coeficiente Ce es una constante y la ecua•
ción 13.5que la contiene es válida dentro de un intervalo grande de presiones.
En UD diagrama semilogaritmico, la curva de descarga, oomo la bc1 de
la figura 13.4b, es también bastante recta dentro de UD gran intervalo; así
que para una disminución de presión desde p a p - A p, dicha curva puede
ser expresada por la ecuación:
Ap
e - e1 + C,log1, :
Po
(13.Sa)

en la que C, (coeficiente sin dimensión), llamado índice de hinchamiento,


es proporcional al aumento de volumen que se origina cuando se retira la
carga que actúa sobtt la arcilla.

Po:
C.Ombinando la ecuación 13.5con las 13. l y 13.3resulta:

Ap
a. - � Jog11 (13.6)

Po:A p
m., - Ap(l C+ eo) g10
lo (13.7)

Sustituyendo en la ecuación 13.4 el valor de m,,, se obtiene la compre­


sión S que sufre el estrato confinado de arcilla normalmente consolidada:

(13.8)

Si la arcilla es amasada, su curva e-Iog p cambia de Ka K.-(fig. 13.5),


que es también una recta dentro de un intervalo extenso, y puede por tanto

Po!
set" expresada por la ecuación:

e - e0 - C.' log10 Ap
(13.9)

análoga a la ecuación 13.5. El slmbolo C.', que representa el Indice de com­


presión de la arcilla amasada, es igual a la tangente del ángulo de inclinación
de la parte recta de K.-.Sus valores para las distintas arcillas aumentan en
fonna consistente a medida que aumenta el límite líquido, como lo indica
ART. 13 COMPIIESlBU.JJ)AD DE ESTRATOS CONYINADOS DE SUELO 71

la figura 13.6. Las abscisas de los puntos indicados en el diagrama repre­


sentan el límite liquido L.,,, y las ordenadas los valores correspondientes de
C.' para las diferentes arcillas. Las muestras fueron elegidas al azar y pro­
vienen de diferentes partes del mundo, incluyéndose en el conjunto tanto
lu arcillas ordinarias como las enrasensitivas. Todos los puntos están situados
cerca de una linea recta de ecuación:
e:- o,rm (L.-10 %) (13.10)
en la cual L.. es el límite líquido expresado en por ciento del peso seco de
la arcilla. La dispersión de los valores reales de C.' con respecto a los deter­
minados por medio de la ecuación 13 .10 varía entre :!: 30 por ciento (Skemp­
lon, 1944).
Para una a.-cilla ordinaria normalmente consolidada de mediana o baja
sensibilidad, las lineas K,. y K son rectas en una gran e:rtensión de su desarro­
llo y los valores de c. que corresponden a la linea K de consolidación en el
terreno resultan aproximadamente iguales a 1,30 Ce' (ecuación 13.10), f'-5
dt>cir:
C, ~ 1,30 C,' - 0,009 (L.-10 %) (13.11)
Si se conoce el valor C. de un eslrato de arcilla, la compresión que
producirla una sobrecarga Ap puede calcularse por medio de la ecuación
13.8. Para arcillas normalmente consolidadas, el valor de C0 puede ser esti­
mado en forma aproximada utilizando la ecuación J3. U, de modo que puede
determinarse el orden de magnitud del asentamiento probable de una estruc­
tura situada sobre un estrato de arcilla de este tipo, sin necesidad de hacer
otros ensayos que la determinación de límites líquidos.

11� LtHifil
,,,, I!" ,,,, u .,, '""
Lhnif� /i(l{Hi/o(,{ .,_. _...;
,,,,, 14"

�'¡I 13.6. Rel■dOn '""'"' limile lí'lllido e indice de eomprHli.n p■H ■noill■s
■m■ud.■1. (Sq:,,11 A. '9:", Skempt,..., 19-14, -, otl'OL)

Ardllw, inalleradus _precon,olidadru


. Se <lk-e que una arcilla ha sido preconsolidada cuando alguna vez en
su l,istoria geológica ha estado sometida a una presión mayor de la que
resulta <le su cubierta actual. Esta mayor presión temporaria pudo haber
sido cuusada por el peso de estratos de suelo que fueron luego erosionados,
72 PROPIEDADES lllDflÁVLIC"'-S Y MECÁNIC"'-S DE LOS SUELOS

por el peso de hielo que m1h tarde se derritió, o bien por desecación debida
a que la arcilla estuvo temporariamente expuesta al aire. Si esta presión
mayor á.p0 fue menor de unos 4 kilogramos por centímetro cuadrado, la
arcilla puede encontrarse aún en estado blando; pero si fue mayor, la arcilla
es compacta.
La figura 13. 7 ilustra dos procesos geológicos que llevan a la precon-
50lidación de arcillas. Todos los estratos simados por arriba de la roca fueron
depositados en un lago cuando el nivel del agua se encontraba por e n ­
cima d e l a superficie actual del terreno alto. Luego parte d e los estratos
fueron erosionados y el contenido de humedad de la arcilla del estrato B
aumentó un poco en la woa erosionada (a la derecha en la figura), y
disminuyó considerablemente en la parte no erosionada (a la izquierda) a
causa del descenso de la napa íreMica. Con respecto a su cubierta actual,

Fl1. 13.7.
i=1
Roca
=dre
-·-:.;

lll•..-•m• que lndlu do1 pMC..- ,.-eoló�c°'" c:óndueen1ee � la


1>rtt0n1<>lld..,'6n d� an:111•&.

la arcilla de la derecha es una a-cilla blanda preconsolidada, mientras que


la de la izquierda es también blanda, pero normalmente consolklada.
A medida que el nivel freátioo descendía de su posición original a la
posición actual por debajo de la superficie del valle erosionado, los estratos
de arena simados arriba y abajo de la capa superior A. de arcilla drenaron
poco a poco el agua que contenía, y por lo tanto la capa A. se fue secando.
En el artículo 21 se demuestra que un proceso de desecación de esta natu­
raleza resulta mecánicamente eQuivalente a la consolidación bajo carga y
por ello se dice que la capa A. ha sido JJf'eccmaolidada por duecacWn.
Cuando un estrato de arcilla se forma por sedimentación en una exten­
si6n de agua sujeta a variaciones clclicas de nivel, las porciones más altas
de la superficie del sedimento pueden quedar al descubierto de tiempo
en tiempo. formándose en correspondencia con las mismas costras de arcilla
desecada. Cuando el nivel del agua vuelve a aumentar, estas costras son
cubiertas de sedimentos freseo5 y su contenido de humedad aumenta, pero
a pesar de ello permanece anormalmente bajo, fonnando capas o lentes de
arcilla preconsolidada entremezcladas con capas de arcilla nonnalmente
consolidada.
ART. 13 COMPRESIBILIDAD DE ESTRATOS OONFL"iADOS DE SUELO 73

Si una capa de arcilla resistente se encuentra situada sobre otra capa


de arcilla blanda de la misma naturaleu., salvo raras excepciones, la dife­
rencia en conwtencia provfene de que la capa superior ha sido preconsoli­
dada por desecación. Aún más: si la capa superior estuvo expuesta por
mucho tiempo a la atmósfera, es muy probable que haya sido decolorada
por oxidación. Por ejemplo, en Cbicago se encuentra una espesa capa de
arcilla blanda normalmente cousolidada de color grisáceo cubierta por una
capa resistente preconsolidada de arcilla amarilla y gris de un espesor com•
prendido entre 0,60 y 1,80 metros. En el sur de Suecia se han eocontrado
capas de arcillas glaciares preconsoHdadas situadas entre capas de arcilla
blanda normalmente consolidadas de la misma naturaleza. En algunos casos,
las costras resistentes se pueden haber formado sin emerger, por un proceso
de trasformación subacua o por intercambio de bases (Moum y Rosenqvfst.
1957).
En la íigura 13.8 se muestra por medio de diagramas dibujados en
escala aritmética la influencia que la preconsolidación ejerce sobre la corres•
pondencia entre presión y relación de vados. La figura 13.& representa
la relación entre e y p para la parte normalmente consolidada de la arcilla
del estrato B de la figura 13.7 y la figura 13.8b esta misma relación para
la parte preconsolidada del mismo estrato. En ambos diagramas el punto o'
representa el estado de la arcilla antes de que se iniciara la erosión, en cuyo
momento el nivel freático estaba situado por arriba del estrato A y la presión
unitaria efectiva sobre todo el estrato B era igual a po'. Como la erosién
estuvo unida a un descenso de la capa freática con poco cambio de la pre­
sión total que soportaba la parte izquierda del estrato B, la presión efectiva
,obre éste aumentó de J)G' a Po y el punto que representa el estado de la
arcilla (figura 13.&), se despla7.6 de a' hasta o.

fl¡r. 13.8. (■) Rc:ladón en1"1 e y p, en e! lffftno, pan una •rdl!.. normalnwnle
...,.,o.ldada: (bJ relariona ,:nlre r !' fl pan una arcilla •imilar pN"f"OnMlld.da.
74 PROPIEDADES HJDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS sun.0S

En la parte derecha del e�rato B, el descenso de la capa freática tuvo


ll Jar en forma simultánea l·un la crosirín de la mayor parte de la sobrecarga
y la presión efectiva disminuyó de p0' 11 p0 pasando la arcilla del estado
a' al estado b (fig. 13.6b), originándose solo un pequeño aumento de la
relación de vaclos.
Un aumento óp de la presión efectiva que soporta la parte normalmente
consolidada del estrato B, ocasionado por ejemplo por la construcción de un
gran edificio en el terreno alto, reduce la relación de vacíos de la arcilla
situada debajo de su fundación en la cantidad óe. (fig. 13.Sa), y la arcilla
pasa del estado a al estado d. Un incremento similar de la presión efectiva
sobre la parte preconsolidada del estrato B reduce la relación de vados en
&e, (fig. 13.8b), y la arcilla pasa del estado b al estado d.
Si se tomasen muestras alteradas de las dos partes del estrato B, se
tendría probablemente la impresión de que la arcilla precon.solidada es más
blanda que la normalmente consolidada pues el contenido de humedad de
la parte preconsolidada del estrato, en el momento de extraer la muestra, serla
apreciablemente maynr que el que le corresponde a la parte normalmente
consolidada. A pesar tlc esto, si óp es menor de aproximadamente un medio
de la diferencia p0' - 'Po. la compresión &e, del estrato preconsol!dado sed
mucho menor que la compres.ión áe. del estrato normalmente consolidado.
Esto se debe al hecho de que el punto que representa el estado en el terreno
de la arcilla normalmente consolidada se desplaza de a a d (fig. 13.Sa) en
la curva que indica la dinninución de la reladón de vacíos para una presión
que aumenta en forma constante; mientras que para la arcilla preconsoli•
dada lo hace en la curva de recompresión desde b hasta d (fig. 13.8b).
Ahora bien, como indican las figuras 13.3 y 13.4, la inclinación de la curva
de recompresión es mucho menor que la de compresión directa.
Haciendo ensayos de consolidación sobre muestras representativas, se
puede de1ivar alguna idea de la compresión que la parte preconsolidada del
estrato B experimentará bajo el peso del edificio. Sin embargo, debido pre­
cisamente a la preconsolidación, la curva e-p del suelo en el terreno suele
diferir notablemente ele la que se obtiene en ensayos de laboratorio. La
magnitud de esta diferencia depende del grado de alteración de las muestras.
Si la muestra está muy alterada, en el laboratorio la relación entre e y p
se asemeja a la curva empinada K, de la figura 13.8b. Si a las ordenadas
de esta curva les agregamos la distancia bg se obtiene la curva K,', que pasa
por el punto b que indica el estado de la arcilla en la naturaleza, pero aun
así, la experiencia demuestra que la curva K,' no tiene ninguna semejanza
con la línea bd que representa la consolidación en el terreno.
Cuando el ensayo de consolidación se efectúa sobre una muestra cuida­
dosamente cortada de una excavación reali:zada en el terreno, se obtiene
la curva K... Si a las ordenadas de esta c,1,\·,1 Sl' le-s agrega la distancia cb
se obtiene la curva K_• que pasa por b. Aunque la inclinación de K..' es
mucho menor que la de K,', se ha hallado que, si óp es menor de
más o menos la mitad de la diferencia pi - Po, la compresión de la arcilla,
calculada sobre la base de K..' es todavía dos a cinco veces mayor que la
compresión de la arcilla en el terreno. Por esta raz.ón, en arcillas precon-
ART, 13 COMPRESIBILIDAD DE ESTRATOS CONFINADOS DE SUELO 75

solidadas la extrapolación de los resultados de ensayos a las condiciones


reales del terreno es muy incierta, cualquiera sea el cuidado que se haya
tenido en la extracción de las muestras.
El cálculo, con la fórmula 13. 11, de la relación entre e y p para una
arcilla con un límite líquido dado, conduce a una curva que pasa por b y
es más empinada que K/. Las ordenadas de esta curva, medidas desde una
horizontal que pase por b, son por lo menos iguales al doble de las ordenadas
de K..', las que a su vez son de dos a cinco veces mayores que las de la
linea K' que indica la relación entre e y p en el terreno. Por ello, el uso de
la fórmula 13 .11 para estimar la compresibilidad de una arcilla preconso­
lidada, conduce a valores comprendidos entre 4 y 10 veces mayores que
los valores reales. Como, por otro lado, la misma ecuación proporciona
valores razonablemente exactos cuando se utiliza para arcillas normalmente
consolidadas, resulta obvio que la historia geológica de una arcilla, en lo
que respecta a las cargas que ha soportado en el pasado, es de extraordi­
naria importancia práctica.
En el caso ilustrado por la figura 13. 7, la presión máxima de consoli­
dación p0' puede calcularse en forma bastante exacta en función de las
evidencias geológicas. La geología y la fisiografía de la región puntualizan,
sin dejar lugar a dudas, que la superficie original del terreno estaba situada

Fig. 13. 9. Diagrama que muestra la construcción gráfica usada


comúnmente para determinar el va'or máximo de la presión de
consolidación (según A. Casagrande).

al mismo nivel o por encima del terreno alto actual y que, además, la napa
freática llegaba hasta muy cerca de dicha superficie original. Pero, si la
evidencia geológica no es tan clara o si la preconsolidación fue causada por
desecación o por el peso de una capa de hielo que se derritió sin dejar seña
alguna de su espesor, la estimación geológica de la máxima presión de conso­
lidación es muy incierta. En tales casbs, el único procedimiento que queda
para obtener por lo menos una idea general del valor de p0' consiste en
estimarlo en función de los resultados de ensayos de laboratorio.
Se han propuesto varios métodos para detérminar, en función de los
n:sultados de ensayos de laboratorio, el valor de la máxima presión de con­
!Dlidación. La figura 13. 9 ( A. Casagrande, 1936b), que representa la cur­
a e-log p de una muestra inalterada de arcilla, ilustra uno de los métodos
111ás utilizados. Por el punto e, en que la curva tiene el mínimo radio de
curvatura, se traza una linea horiwntal y una tangente a K.. La bisectriz
del ángulo o que forman estas dos rectas intercepta a la continuación de la
parte recta de K. en el punto d, cuya abscisa se supone que es igual a p¡.
El método indicado en la figura 13.9 se basa en la observación del
efecto que la carga y descarga tiene en la relación de vacío, de muestras
inalteradas de arcilla y provee una buena concordancia con la presión efec­
tiva resultante del peso de las capas sobrepuestas en depósitos que se
sabe que están nonnalmente consolidados, siempre que los ensayos se hayan
hecho oon muestras inalteradas de la más alta calidad. En los pocos casos
en los cuales la máxima presión de consolidación de una arcilla preronso.
lidada ha sido fehacientemente detenninada por evidencia geológica u otros
rnedios independientes, la concordancia entre la presión de consolidación
máxima real y la determinada por medio del procedimiento gráfico ha sido
bastante satimctoria, siempre y cuando las muestras utilizadas para los ensa­
yos de comolldación fuesen inalteradas.
Cuando una arcilla ha sido altamente preconsolidada, puede darse que
en un ensayo de consolidación no rrsulte posible incrementar la presión
mucho mú allá de la máxima pretión de preconsolidación y que la parte
recta del diagrama e -log p no quede bien definida. Sin embargo, cuando
la magnitud de la preconsolidación pennite determinar bien esta parte de
la curva, se puede obtener una mejor aproximación a la curva e-log p real
del suelo en el terreno por medio de un procedimiento gráfico debido a
Schmertmann, 1953. El procedimiento requiere descargar la muestra en
incrementos, después que se ha alcanzado la mh:ima presión del ensayo,
con el objeto de obtener una curva de descarga de laboratorio. La curva
de consolidación de laboratorio se representa por K.. en la figura 13.10. El
punto b representa la relación de vacíos e. y la prttión efectiva p. causada
por el peso de los estratos que cubren la arcilla en el terreno y que la solici­
tan antes del muestreo. La curva e-log p debe pasar por este punto
y la línea vertical define p'u como la máxima presión de consolidación
determinada por el procedimiento gráfico de la figura 13.9. La parte
de la curva real e-log p en el terreno, comprendida entre P• y p.', es
una curva de recompresión. Como en el laboratorio hay muy poca dife­
rencia en la inclinación de las curvas de descarga y recompresión, se supone
oue en el terreno la curva entre P• y p; es paralela a la curva de descarga
de laboralorio. Con esta idea se trua una línea que pase por b paralela
a cd. Su intersección con la vertical que pasa por p; se designa ú. Para
presiones superiores a p.', se supone que la línea recta áf representa el com­
portamiento en el terreno, donde f es la intenección de la extensión hacia
abafo de la parte empinada recta de K. y de la ordenada que corresponde
a e .. 0.4e .. Entre by á se b'aza una curva suave "como la indicada en la
figura 13.10.
Para los propósitos de la práctica es con frecuencia suficiente saber si
una arcilla es o no altamente preconsolidada. Esta decisión puede reaüzarse
mualmente sin necesidad de recurrir a la oonmucclón gráfica de la figura 13.9.
Si una arciDa es normalmente consolidada, los puntos b de la figura 13.5
se hallan invariablemente situados a la izquierda de los puntos a, de modo
.un', 13 00MPJ\ESIB1LIDAD DE ES'IRATOS CONFINADOS llE SUELO 77
qae si se han· ensayado varias muestras inalteradas de un estrato de arcilla y
11 todos los puntos b obtenidos de los ensayos están a la iu¡uierda de los a
el va1or de Po' es seguramente no mucho mayor que la presión que la arcilla
mporta en la actualidad, as! que el efecto que la preconsobdación pudiera
llmer sobre el asentamiento puede despreciar�- Si por el contrario, la presión
de precomolidación es mucho mayor que la presión actuaL por Jo menos aJgu.
mi,s de los puntos b están situados a la derecha de los a. En este caso, el asen•
tamiento de la estructura a construir sobre la arcilla será pequeño comparado

-- -- ___ r __ _
),_

Po Pd
Pr�skin r�sc. log J
l-1s, 13.10. Cc,n.truec,ión p-áíka par• .,.,1n..r la r,.lación que
"•lote en el terrenoenlree 11' 1'9"" •n• an,II'• pn,ron,nlidaiia
C•�l'Un Schmer1man, 1953).
CIOD el calculado en función de los resultados de ensayos, pues la relación entre
la cUTVas de consolidación en el laboratorio y en el terreno, para una arcilla
de este tipo, se asemeja a la que exjste entre las curvas K.' y K" de IR figu�a
13.8b.
Si parte de un estrato de arcilla oormalmente consolidada ha sido pre­
cx,nsolidado por desecación, el contenido de humedad de las capas preconsoli•
dadas es relativamente bajo, de modo que la situación y el espesor de estas
c,apu puede deducirse del perfil de contenidos de humedad. Cuando se hace
el cálculo de asentamiento, las capas preconsolidadas pueden frecuentemente
aiponerse incompresibles.
.hdllu i-.lteradtu estriue,uidwu
Para las arcillas inalteradas ordinarias la curva K.. del diagrama e -log p,
(6g. 13.5) es apromn&damente parabólica. En cambio, para las arcillas
mrasensitivas tiene la fonna indicada por K. en la figura 13.11. Pennane('('
prácticamente horizontal hasta que la presión sobre la muestra se aproxima
o excede en algo la presión efectiva P• que soporta en el terreno, a partir
de cuyo instante se torna hacia abajo de una manera bastante abrupta. A
medida que la intensidad de la presión aumenta, la inclinación de la curva
de nuevo decrece apreciablemente harta que al final pasa a constituirse en
una linea recta inclinada K,. La prolongación hacia arriba de la tangente
a la parte empinada de K., en su punto de inflexión e intercepta a la hori­
zontal que pasa por e. en el punto b'.
SI el depósito de arcilla extrasensitiva fuese nonnalmente consolidado y
la muestra perfectamente inalterada, podría esperarse que b' coincidiese con
el punto a, que tiene por coordenadas (p., e.). Si la muestra fuese lige­
ramente aherada, b' debiera situarse hacia la izquierda de a. Teniendo en
cuenta estas condiciones, la construcción de un edificio que contribuye solo
con un muy pequeño aumento a la presión p. debiera ser seguida de un
dramático asentamiento de la ohm. En la realidad se ha encontrado que,
en general, es posible Incrementar la presión desde p. a un valor mayor
p. + Ap. sin que se produzca un asentamiento desproporcionado, pero que
para valores de A, que exceden Ap., el comportamiento corresponde al que
se obtiene de una curva e--log p por lo menos tan empinada como lo es
la parte mis vertical de la porción superior de K.. (fig. 13.11). La facultad
de una arcilla e:rtraseruitiva de sostener sin mayor asentamiento una presión
que exceda la presión existente en el terreno puede ser, en algunos ca.sos,
una consecuencia de un ligero grado de preconsolidacl6n simílar al tratado
en el apartado anterior. Por otro lado. puede ser la consecuencia del des•
arrollo de fuerzas de adherencia entre las partículas de arcilla ( artículo 4).
Por ello, la fuerza Ap• se denomina, a veces, ruistencia de adherencia (Ter•
'Z8ghi 1941a).
Cuando se puede estimar esa resistencia de adherencia, es dable apro­
ximarse a la curva K en el terreno de la siguiente manera. La parte recta
Inferior de K.. se extiende hacia abajo hasta el punto f sobre la ordenada
6 - 0,4e11- El punto b se sitúa en la Une8 e = e0 a un valor de p igual a
Po + dp¡. Finalmente, se traza una linea vertical por el punto f que
Intercepta a la horizontal que pasa por e = e0 en el punto A. La curva K
se construye de tal manera que, para cualquier valor de e, la relación entre
la distancia horiwntal que va desde K hasta fA y la distancia horizontal que
va desde K.. hasta fA sea igual a:
� bA
Ti". VA
En algunas localidades, como la ciudad de Méjico, la resistencia de adhe­
rencia puede estimarse bastante bien sobre la base de la experiencia de obra.
· Pero si no se puede hacer una estimación fehaciente, es preferible suponer
que los puntos b y b' coinciden.
La línea K.. puede obtenerse únicamente ensayando una muestra inalte•
rada. Si la muestra se encuentra muy alterada o ha sido amasada y meu:lada
con suficiente agua para trasformar la arcilla en una parta espesa, la curva K,
AllT. )3 OOMI'RESIBlIJDi\D DE FSIRATOS OONFINADOS DE SUELO 79

del material amasado se parece en todos sus a.sp,,'Ctos a la Clllva K,. (fig. 13.5)
de las arcillas ordinarias, siendo prácticamente recta sobre una gran extensión
de su desarrollo. Su inclinación es algo menor que la de la tangente K, a la
parte inferior de la línea K. de la figura 13.11. En otras palabras, la alterad6n
de la estructura de la arcilla destruye las propiedades responsables de la fuerte
flexión que tiene la línea K. por debajo del punto b de la figura 13. ll. Por
ello, los datos necesarios para coDStruir la línea de consolidación en el terreno
de las arcillas extrasensitivas pueden obtenerse únicamente realiz.aodo ensayos
de consolidaci6n sobre muestras inalteradas. Afortunadamente, utilizando saca­
testigos a pistón con tubos de pared delgada ( artícu1o 44) se obtienen, con
frecuencia, muy buenas muestras inalteradas de arcillas extraseositivas, porque

,,
a 6 tli A

,¡,
Pre.sit:in (e.K./og.J
FI,". 13.U. Rdackma entn • -, I' pan, ardlla e:,:trQenolthQ.
F;., eJ lahonloriot K, •muad•, K, ln.t1.,...dri. En .,1 l"'"""noen su
Mtadon•lural,K.

el suelo en el borde cortante del sacatestigos está tao completamente amasado


que virtualmente no ofrece resistencia a la penetración, ya que, a medida que
el tubo sacatestigos se introduce en el terreno, se forma una delgada vaina
protectora de suelo casi sin fricción que rodea al corazón no distorsionado.
. Si la arcilla es extrasensitiva, la inclinación de la parte superior de la
curva K de consolidación en el terreno puede ser varias veces mayor que la
de la cuiva K, del suelo amasado. Para tales arcillas, el método aproximado
de calcular la compresión de una capa sobre la base de la ecuación 13.11
80 l'IIOPLl!l)ADES HJDBÁULICU Y J.fECÁNIC.U DE LOS svn.os

proporciona simplemente un limite Inferior, pues la consolidación real puede


llegar a ser varias veces rnperior. Afortunadamente, estos tipos de arel•
Ua son más bien raros. Involucran las arcillas de origen volclni:co de
la ciudad de Méjioo, ciertos tipos de arcillu marinas del sudeste de Cana­
dá y de los países escandinavos y varios tipos de arcillas altamente orgáni•
cas. Si una arcilla tiene un límite liquido mayor del 100 por ciento, o bien
si su contenido natural de humedad a una profundidad de 5 a 10 metros
debajo de la superlicie es mayor que el llmite líquido, o tambiéD si contiene
un porcenta}e grande de materia orgbtica, es probable que tenga como
caracterlsticas de consolidación las indicad u por la figura 13.11. La sensi­
bilidad S, ( ecuación 7 .1) de estas arcillas es siempre mayor de 4, mientras
que para arcillas ordinarias es menor. Si la sensibilidad de una arcilla es
mayor de 8, es casi seguro que tiene lu caracterlstica5 de consolídación
ilustradas por la figura 13.ll.
Re,umen de lo. méiodo, para dderrn.inar la compre,lbUldad de
edraio. n41i,rale, de arcllla
Si el suelo situado debajo de una estructura oontiene capas de arena
o arcilla compacta que alternan con otras de arcilla blanda, la compresi­
bilidad de los estratos de arena y de arcilla compacta puede despreciarse.
La compresibilidad de las capas de arcilla depende principalmente
de dos factores: el limite líquido del suelo y la magnitud de la mh.ima
presión que ha actuado sobre la ucilla desde que fue depositada. Si esta
presión nunca ha excedido a la presión efectiva que hoy le impone la
cubierta, se dice que el material es normalmente consolidado; en caso con­
trario, que es preconsolidado.
La compresibilidad de una capa de arcilla normalmente consolidada
con un límite líquido conocido puede estimarse en forma aproximada por
medio de la fórmula emplrica 13.11, siempre y cuando la arcilla no tenga
propiedades raras. Pero si la arcilla tiene un límite líquido mayor de 100,
o si su contenido de humedad a una profundidad de 5 ó 10 metros es mayor
que el límite liquido, o bien, si contiene un alto porcentaje de materia
orgánica, la oompresibilidad de la capa puede resultar muchas veces supe­
rior a la calculada con la fórmula 13.11. Por ello, si debe construirse un
edificio eocima de una capa de arcilla de este tipo e:rcepcional, es acon­
sejable determinar su compresibilidad por medio de ensayos de coosolida­
ción sobre muestras ina1teradu.
La compresibilidad de una arcilla preconsolidada depende no solo del
límite liquido del rnelo sino que también de la relación óp/(p,.' - p0),
en la que óp es la presión que la estructura agrega- a la presión e:dstente
Po. y Po' es la máxima presión que ha actuado sobre la arcilla en su historia
geológica. Si esta relación es menor del 50 por ciento, la compresibilidad
de la arcilla rnele ser del 10 al 25 por ciento de la que corresponde a una
arcilla similar normalmente consolidada. Al aumentar esta relación, el efecto
que la preconsolidación ejerce sobre la compresibilidad de la arcilla dismi­
nuye y, para valores mayoreo. del 100 por ciento, la influeocia de la precon­
solidación sobre el asentamiento puede despreciarse.
AJIT, 13 COMPlll:SlBWDAD DE UJ'RATOS O)NFlNADOS DE SUELO 81

La precomolidación de una arcilla puede deberse: al peso de estratos


de suelo que fueron eliminados por erosión, al peso de hielo que luego se
derritió, o a la desecación. Si se debe a una cargo. que fue eliminada, la
sobrepresión que actuó sobre el suelo fue la misma en todos los puntos
de una linea vertical que penetra en el subsuelo, pero si se debe a la dese­
cación, la sobrepresión probablemente dismiouyó hacia abajo a partir de la
superficie expuesta a la evaporación, y el espesor total de la capa precon­
solidada puede no eiceder de un metro o dos •.
La compresibilidad de mantos de arcilla altamente preconsolidados es
generalmente insignificante y puede despreciarse, a menos que el ingeniero
se vea precisado a coostruir sobre un espeso estrato de arcilla compacta
una estructura muy grande y pesada que sería dañada hasta por un asenta­
miento dilerencial moderado. En este caso, si el problema justifica un cálculo
de asentamiento, deben efectuarse ensayos de consolidación sobre muestras
inalteradas extraídas de prefereocia de excavaciones a cielo abierto. La

_
fuente y la importancia de los errores involucrados en los cálculos de asenta­
mientos basados en Jos resultados de ensayos sobre tal tipo de muestras
se trataron en la página 74.
......
l. Un estnto de lll'cilla oon un límite
,50 me 5 00
liquido
u
promedio de 45 por ciento tiene
:Í: f�U:tn! por �¡o de� su���cles Q � S::. • na
El ro::1n':t�!
humedad de la .'.ll'ci.lla es del 40 por ciento y el peso especifiro de las partículas M'.idas
2,78 gramos por centlmetro cúbico. Entre la superfide y la arcilla, el subsuelo oons.iste
f
nac
��do �!.!o 1a":::. es t l�g � meteo
u ni tros
��:t�r !.ri:do�ru:�:
evidencia geoJógica, se sabe que la arcilla es nonnalmente consolidada. El peso del

=
edificio a construir sobre la arena aumenta la presión existente mbre l a arcilla en l,2 ki
por centimetro cuadrado. Calcúlese el asentamiento pron-.edio del edificio.
So/uci6n, 28 centlmetros.
2. El estrato de arcilla B de la figura 13.7 tiene un es�r de 7,50 metros y
e
ª
:J;� : 1':sl'!;:S d�f r!7�10ª,5�=�:ta:
0 d;I
4 m
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1:�;1i;::!
!:'tlrr�Í. ¿:
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:; !'1at':a°':i �i:s
e a11
::u�aÍ";°o�J¿.1.:01:;t l,so �r :!:m�dei:�:i:rflci t �
arcilla está cub ierta por un estrato de arena que tiene el mismo peso unitario qoe .-1

�t= �:m=�al= d!
del problema anterior. CaJcúlese la márima presión de roruolidación para la rr.itad
derecha del estrato.
Solud6n, 4.S kg por centímetro cuadrado m ayor que la presi6n 'I"" soportl\ rn
la actualidad.
E 18 de
d estr!io Je 'í� kg �: !�í':ie�· �U:�d:� Jj n
f;�� li(;�i
82 PBOPUCDADES HIDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS 5Um..OS

�dela m:illa u del -45 pot ciento. Uljl datos relati- al espesor del estrato
y a la pos_lcilm del lugu,on los mbmos del problema 2. El contenido de humedad

inf:;:!
J:i !;!t!::'?i �1:tro
�delaardlla esdeJ 35¡,ordento y el �\IJlÍtario de las puticulas J61idu
c-ó.bfco. Estímense los límites superiores e
Solucl6ri: No mú del 25 por dento de SS oentlmetros, o tea 8,8 oesitimetros y
probablemente no meno. del 10 por ciento de 35 centlmetro5, es decir, WIOli 3,5 oenlimetros.

ART. 14 CONSOUDAOON DE CAPAS DE ARCILLA


En el artículo anterior se hizo mención a la lentitud con que se desarrolla
la compresión de una arcilla, cuando se aumenta la carga que la misma
soporta. En una pequeña parte, esta lentitud se debe a un ajuste gradual
en la posición de los granos. ajuste que se produce tanto en arenas como

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n.. 14, l. D11poátln> p•n c1�.._1r..- 61 form• rn«ánk• cónio M pro.:for�


la CCIDIIOlidaclón,

en arcillas. Pero en arcillas, la causa principal tiene como fuente la muy


ba]'a permeabilidad que estos suelos poseen, razón por la cual se necesita
mucho tiempo para que, con el aumento de presiones, el agua excedente sea
drenada y se restablezca el equilibrio en este aspecto, La disminucl6n gra­
dual del contenido de humedad a carga constante se denomina conwlldación.
El efecto mecánico de la lentitud con que, a ralz de la baja permea·
bilidad, se desarrolla la compresión de una capa elástica sometida a una carga
Alrr. 14 C0N90UDACIÓN DE CAPAS DE Al'ICll.LA 83

constante puede demostrarse con el dispositivo indicado en la figura 14. l.


2ste consiste en un recipiente cilíndrico provisto de una serie de pistones
separados por resortes. El espacio entre pistones se halla lleno de agua y
los pistones están perforados. Cuando sobre el pistón superior se aplica
una presión unitaria p, en el primer instante, la altura de los elásticos per­
manece inalterada, pues no ha habido tiempo suficiente para que salga el
agua situada entre los pistones y, como los elásticos no pii.eden sostener
carga a meoos que su altura disminuya, en dicho primer instante, toda la
carga es soportada por una sobrepresión hidrostática h1y. - p del agua.
En este momento, el agua en todos los tubos piezométricos alcanza la altura
uniforme h1•
Después de trascurrido un corto tiempo t1, parte del agua del primer
compartimento habrá salido. pero los compartimentos inferiores estarán aún
prácticamente llenos. La disminución de volumen del compartime nto supe•
rior va acompañada de una compresión del conjunto superior de elásticos,
de modo que éstos empiezan a sostener parte de la presión p al mismo
tiempo que la presión del agua en el compartimento disminuye. En los
compartimentos inferiores las condiciones permanecen aún inalteradas. En
este instante, los niveles del agua en los tubos piezométricos están situados
sobre una curva t, que se confunde con la horizontal a la altura h1• La
compresión o disminución de espesor del conjunto de pistones y resortes es en
este momento igual a S1• Toda curva, como la t1 que une los niveles piewmé­
tricos en loJ tubos en un instante dado, se denomina una i.t6crona. Con el
trascurrir del tiempo, los niveles del agua en los tubos siguen decrecieodo
para adoptar posiciones como la indicada por la curva f2 hasta que final­
mente, después de un tiempo muy largo, la sobrepresióo hidrostática se
hace muy pequeña y la compresión final adquiere el valor S - s.. Para
una arcilla, la compresión final es función de la altura del estrato y viene
determinada por la fórmula 13.4. La relación:

u(%) - � (14.1)

representa el grado de consolidación ai tiempo t.

. Fi•· 14.2. C..r...a úem¡,o..couoolidaclun. l,q Ión- llena. N!ptto.totaff dlch■


rela.dón pv• el 111eeallQmo Indicado ea 1■ fi.ur■ 14.1. La,, lineu punte■d■1,
p,,r■ on■ muQlra de ardlla con c■r■eterialc-1 de eon-lid■elón 1imilarH
(.....n ,\. C.-a■,...nde).
La velocidad de con.solldaci6n de un sistema de pistooes y resortes puede
calcu1arse sobre la base de los principios de la hidráulica. Las curva.1 llenu
de las figuras 14. 2a y b representan la re1ación entre e1 grado de consolida-..
clón y el tiempo trascurrido desde la aplicación de la carga para un sistema
de este tipo.
La velocidad de consolidación de una muestra de arcilla puede deter­
minarse en el laboratorio por medio del ensayo de compresión confinada
descrito en el artículo 13. Hasta un grado de consolidación del 80 por cieoto,
la forma de las curvas experimentales tiempo-consolidación es muy similar
a la que tienen las curvas que corresponden a los sistemas eJásticos-pistooes,
pero a partir de dicho punto, en lugar de tender a una asíntota horizontal,
las curvas de las arcillas continúan con una suave inclinación, como lo indican
las líneas punteadas de la·fli¡¡:ura 14.2.
En el gráfico semilogarítmico (fig. 14.2.b) las lineas punteadas pueden
ser rectas o bien ligeramente curvas. La ioclinación media de la porción


¡,,1·• r----i---+----+----, +


.if 10-'f--i---·•.•
, �·'-+--+-------<
.
l'
].-r,,,._-,,,---,,-,,....-,,,,---,,.._,,,
[/,,,ikli��,HJ"c,tt/;,

l-'la·. 11.3. Reltocti,.,, eall'e lin,llr'•iiq.WO y c:oc,Íideale de eo,>eolid-.don.,....


•uau.. lnallend• ele udlla.

punteada es nmy diferente para las distintas arcillas. Para las arcillas orgá­
nicas la inclinación inicial puede ser casi tan grande como la de la curva
llcr>a, La consolidación progresiva, representada por las curvas llenas, se
co11oce 1..-omo consolidación primaria, mientras que la representada por la
· di,ttancia w:rtical entre las curvas llenas y las punteadas, como efecto secun­
daria. El efecto secundario es probablemente una coruecueocia del hecho
ele que la compresión de una capa de arcilla está asociada con el desliza•
ART. l4 CONSOLIDACIÓN DE CAPAS DE AltCll..LA 85

miento mutuo entre granos. Como la adhereacia entre granos deriva de la


existencia de capas de agua adsorbida con una muy alta viscosidad ( artículo
4), la resistencia de estas capas a la deformación tangencial demoraría la
compresión, aun cuando el retardo en tiempo proveniente de la baja per•
meabilidad de la arcilla fuese despreciable. En el sistema de pistones y
resortes a los cuales corresponde la consolidación primaria, la demora en
compresión se debe solamente a la resistencia al rápido escape del agua
excedente.
En los suelos inorgánicos el ritmo de los asentamientos originados por
el efecto secundario varía entre casi O y aproximadamente 2 centlmetros
por año. A ¡:esar de que el efecto secundario se puede observar y medir
durante la ejecución de los ensayos de consolidación, los resultados de los
varios intentos realizados para predecir el asentamiento de estructuras de
tamaño natural provocado por el efecto secundario, utilizando para ello los
resultados de laboratorio, todavía no han proporcionado resultados consis­
tentemente satisfactorios.
Resultados de ensayos de consolidación efectuados sobre muchas mues­
tras de arcilla han revelado la existencia de varias relaciones simples. Para
una arcilla dada, el tiempo necesario para alcanzar un grado de consoli­
dación dado aumenta en proporción al cuadrado del espesor de la capa y,
para capas de igual espesor, dicho tiempo aumenta en propordón lineal
con el valor m,,/k, en el que m,, es el coeficiente de compresibilidad volu•
métrica (fórmula 13.3), y k el coeficiente de permeabilidad. La relación:

c�(cm1/seg) = .!. ...!.


m. y.
(14.2)

se conoce como el coefic'ente de coruolldación. Con la disminución de la


relación de vacíos tanto k como m., disminuyen rápidamente, pero la rela­
ción kim,, es bastante constante dentro de un intervalo grande de presiones.
El valor de e� para las distintas arcillas disminuye de una mane;a general
con el límite líquido, como lo muestra la figura 14.3, en la cual, las abscisas
representan valores del límite líquido y las ordenadas los valores correspon­
dientes del coeficiente de consolidación de muestras inalteradas de arcilla
bajo presiones normales comprendidas entre l y 4 kg por centímetro cua­
drado. La figura muestra que el coeficiente de consolidación de arcillas
con un mismo límite líquido varía dentro de límites extensos.
Si se retira la presión que actúa sobre un estrato de arcilla, por ejemplo,
excavando un pozo o un túnel, la expansión volumétrica de la arcilla común­
mente no empieu hasta después de una semana o más de haber terminado
la excavación. Asimismo, en alguoos pocos casos se ha observado que la
consolidación de tales estratos por la acción de cargas impuestas no se inicia
sino después de algunas semanas de haber aplicado la carga. Estos retardos
((lle experimenta la arcilla para reaC"Cionar bajo el efecto de un cambio de
tensión, así t.Jmo también el efecto secundario y la influencia que la mag­
nitud del incremento de presión tiene sobre c.,, no se pueden explicar por
metlio del simple concepto mecánico en que se basa la teoría de la conso-
88 PI\Of'lEDADES HIDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

lidaclón de modo que sus características y las condiciones bajo las cuales
se producen solo pueden investigarse por observación directa.
A pesar de las simplificaciones radicales que implica, la teoría de la
consolidación sirve a un propósito útil, pues permite, en base a los resultados
de ensayos de laboratorio, hacer por lo menos un cálculo aproximado de la
velocidad con que se producirá el asentamiento originado por la consoli­
dación. Por esta raz.6n, dicha teoria se presenta en forma breve en el
artículo 25 de la parte 2.

Problema
l. Los resultados de un ensayo de consolidación sob!ll una muestra de arcilla
con WI espesor de 2 centímetros i ndican que la mitad de la consolidación tol.al ,¡e
pnxluee durante tos primeros 5 minutos. En condiciones similares de drenaje, ¿cuinto
tardaría un edificio construido encima de una capa de la misma arcilla, de 3,60 metros
.= para experimentar la mitad de su asentamiento total? (Desprecie el efecto
: :j.
Solucl6n: 1 = 112 días.
2. La relación de vaclOS de la ar cilla A disminuyó de 0,572 a 0,505 por un ombio
d 0 8 e1 m n d
:a=� �:J; de1¡: :�· c:n.1::;t
B de 0�:12 a d,51;. i ru:;::r de ��:· 1�
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relación entre ID! coefi ci e ntes de penneabilidad de A y de B?
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Soludón,:n a l.
3. El subsuelo en que está construido un edificio coruiste en un espeso depósito
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por arriba y por abajo, al canza el 80 por ciento de la consolida ción en una hora. ;.Cuánto
tiempo se necesitará para que el estrato de arcilla alcance un grado de consolidación
del SO por clentoP
Solucl6n: t=600días.

ART. 15 TENSIONES Y 0EFORMAOONES DE LOS SUELOS

Consideracione, pi'áciico,

Las relaciones entre tensiones v deformaciones determinan en los suelos


el asentamiento de las estructuras' soportadas por éstos, como asimismo el
cambio de presión o empuje provocado por pequeños movimientos de los
muros de sostenimientos u otros elementos de soporte o de retención.
Cuando el asentamiento de una fundación se debe esencialmente a la
consolidación de estratos de suelo situados entre capas de materiales relati­
vamente incompresibles, ·aquél puede ser calculado o estimado como se
explica en el artículo 13. Sin embargo, este procedimiento simple es válido
solamente cuando la deformación· hori:zontal de las capas compresibles es
·despreciable en compaJ"ación con m deformación vertical. En todas las
otras condiciones la aplicación local de cargas causa un desplazamiento de la
masa de suelo en todas las direcci_ones y las propiedades tensión-deformación
AKt". 15 TENSIONES V DEFORMACIONES DE LOS SUl:LOS 87
que determina el desplaum.iento son demasiado complejas para ser expresada$
en la forma de relaciones cuantitativas para ser utilizadas en el c6lculo de
los asentamientos. Por ello, las estimaciones fehacientes de asentamiento
pueden hacerse solamente sobre la base de experiencia lograda en observa­
ciones que se refieren al asentamiento de otros edificios soportados por
suelos similares. No obstante, como las posibilidades son pequeñas para
que una fundacióo propuesta tenga las mismas dimensiones que una e:ds­
tente, aun uoa estimación basada en la experiencia requiere un conoci­
miento de las influencias que sobre el asentamiento ejercen el tamaño del
área cargada, la profundidad de la fundación y otros factores. Estas iníluen­
cias se gobiernan en gran parte por las relaciones generales que existen
entre tensiones y defonnaciones en los suelos.
La relación enb'e tensiones y defonnaciones es mucho más compleja
en los suelos que en los materiales de construcción manufacturados, como
el acero, por ejemplo. Mientras que para el acero dicha relación puede
ser descrita adecuadamente, para muchos propósitos ingenieriles, por medio
de dos constantes que expresan el módulo de elasticidad y el coeficiente
de Poisson, los valores correspondientes para los suelos son función de
la tensión, la defonnación, el tiempo y varios otros factores. Aún más, para
los suelos, la detenninación experimental de esos valores es mucho más
dificil. Las investigaciones necesarias se llevan a cabo usualmente por medio
de ensayos de compresión triaxial.
lh,cripd6n del aparaio iria.dal
En un ensayo triarial. uw, muestra cilindri<:.i de suelo se somete a una
presión hidrostática de confiuamiento. igual en todas las direcciones, cono­
cida L-omo presión de cá11wru. a la cual se agrtga una presión axial que

=
puedtl ser variada independienttmente de la anterior.
Los elementos esencial<:s dtl uparato triaxial Sil muestran en forma
esquemática en la figura 15.1. La superlide cilin<lrica de la muestra se
cuhn: con una membrana <le guma sellada a un pe<le�tal en la parte inferior
y 11. una cabeza en la parte su¡itrlor. El (:Onjunto está contenido en una
p,.,..;,¡,,_;,.,

>'ilC. IS. l.
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A"P.•A

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Di11,-ram■ que ilu1lr■ 1<1lwe l■,. unw:1eri.du1 princlp■le.


del ■p11r11lotrl■.d■I.

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88 PROPIEDADES lllDRÁUWCA5 Y Mn:ÁNIC.U DE LOS SUEL05

dmara, deDtro de la cual se puede admitir agua bajo cualquier presión


deseada; presión ésta que actúa lateralmente en la superficie cillndrica de
la muestra a través de la membrana de goma y verticalmente a través de la
cabeza. La carga axial adicional se aplica por medio de un pistón que pasa
a través de la tapa de la cámara.
Un disco poroso colocado contra la base de la muestra está comunicado
con el exterior por medio de una tubería, de modo tal que, a través de esta
conexión, se puede medir la presión del agua contenida en los poros de la
muestra si no se permite su drenaje. Alternativamente, cuando se permite
el drenaje a través de la conexión, se puede determinar la cantidad de agua
que pasa al interior o al exterior de la muestra durante el ensayo. Las
deformaciones verticales de la probeta, que se producen con el incremento
de las cargas, se miden por medio de un dial micrométrico.
Un eosayo corriente tiene usualmente dos etapas: primero, aplicación
de la presión de cámara, y segundo, adición de la carga axial.

Comporlamienlo bajo ,la pre,ión inicial de con/inam�nlo ,.ulr�tático


La muestra que corresponde a la figura 15.2a se supone completamente
consolidada bajo la presión de cámara p,. conocida como la presión inicial
de coruolidación. Se somete luego a una presión de cámara instantánea p..
Si las líneas de drenaje del aparato están abiertas para que la muestra
pueda drenar libremente, el agua es expelida del suelo y el volumen de la
muestra decrece por un proceso de consolidación. Cuando la muestra está
inicialmente saturada, la disminución de volumen por unidad de volumen
li V/V se produce como lo indica la figura 15.2b, en la cual e1 tiempo se
ha dibujado en escala aritmética, o bien como indica la figura 15. 2c, donde
está indicado en escala logarítmica. La velocidad del cambio de volumen
se produce de acuerdo con las leyes de la consolidación, tomando debida
cuenta de las condiciones particulares de bordes asociadas con la disposición
del ensayo. Se observa, por lo común, que la consolidación secundaria es
relativamente pequeña cuando la presión de confinamiento es hidrostática,
lo cual puede deberse a que no hay aplicadas tensiones tangenciales externas
en este tipo de solicitación.
Si la muestra está saturada solo parcialmente, una parte del cambio
de volumen se produce en forma casi instantánea, por compresión del aire
de los poros. El resto del cambio de volumen va asociado con la expulsión
de agua, aire o ambos.
En cambio, cuando antes de aplicar la presión de cámara 14 se cierran
las lineas de drenaje, éste no resulta posible y, si la muestra está saturada,
se observa que la presión de poros se hace igual a la pres-ión de cámara
aplicada p,, como lo muestra la figura 15.2d, y el cambio de volumen es
igual a cero, figura 15.2e. Sin embargo, si la muestra esta parcialmente
saturada, el cambio de volumen se produce igual, a causa de b compresión
del aire, y la presión de poros corres-poodientes es meoor que para el mismo
suelo en condiciones 1aturadas. No obstante, para valores mayores de la
ART. 15 l'Y.NSJONES Y DEFORMACIONES DE 1.0.� SU!sl.OS 89

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■obn la probeta; (6) 7 (e) Ui■mln■ricn .!e wo'um.-n c,11 fu...-'6n tk' •�mpo
cuando.., permite el drenaje; (11) E,, ftCal.■. ■rlt,....llr■, (r) �.:.., e,w:■1■ lo«•
rí1mic■¡ (') P!fflun de poro■, eon,o um, fundOn de la pre,;lón unUO)l'me¡
(■) ffitmlnueión de wulumen en fundjn del 11empo ru■111lo no .., pe<'mlle
c,ldren■je.

presión de cámara p,, el aire se comprime en mayor magnitud y una mh


grande fracción del aire libre se disuelve en el agua de los poros. Para cierto
valor p3, todo el aire libre se disuelve, con lo cual la muestra se torna satu­
rada. Para ese estado, la inclinación del diagrama (fig. 15.2d), que repre­
senta la relación entre la presión de poros y la presión de cámara, se hace
igual a la que le rorres¡;onde a un material saturado. La relación entre la
presión de poros u., causada por una presión hldrostática de confinamiento
J¼, y la pre-1ión p3 se conoce como el c(leficiente de pre.rlifo de poro, B
·\Skempton 1954). es decir que:
B- � (15.1)
p,
Resulta evidente que el valor del coeficiente de presión de poros B
para un suelo inicialmente saturado es igual a l. Para suelos parcialmente
saturados el valor de B es menor que la unidad.
Si una muestra de arcilla normalmente consolidada de baja sensibilidad
fuese trasformada en el aparato triaxial en una arcilla ertrasensitiva, la
-posterior aplicación de la presión de c,mara causarla el derrumbe de su
estructura metaestable, con lo cual el coeficiente de presión de poros B
subirla a un valor mayor que la unidad. Este tipo de trasfonnación podría,
por ejemplo, producirse por lavado de las sales que contiene una probeta
de arcilla marina (artículo .f) después que ha sido consolidada bajo una
presión hidrosú.tica de confinamiento p�

C-.lldone, drenoda. y no drenMO,


Las característicu tensión-deformación de los suelos, como sus relacio­
nes presión-volumen, dependen mucho de que el contenido de agua pueda
o no ajustarse al estado de tensión (A. Casagrande, 1934). Se reconocen
dos condiciones extremas: la condlci6n drenada, para la cual el cambio de
tensión se aplica tan lentamente, respecto de la capacidad de drenaje del
suelo, como para que no se produzca ningún exceso de presión de poros, y
la condlci6n no drenada, durante la cual las- tensiones se cambian tan rápi­
damente, con respecto a la posibilidad que el suelo tiene para drenar, que
no se produce disipación alguna de la presión de poros. Estas condiciones
extremas raramente se realizan lntegramente en el terreno. Son, empero,
Hciles de producir en el laboratorio y, por representar condiciones limites,
constituyen guías valiosas para entender el comportamiento de las masas
de suelo.

En,ayo drenada ron aumento de la pre,ión axial


Los ensayos en los cuales se permite la total disipación de la presión
de poros se conocen como ensayos drenadot. En un ensayo drenado se
permite primero consolidar o expandir la muestra libremente bajo una pre­
si6n hidrostática de confinamiento p, (flg. 15.3a), hasta que dicha presión
de cámara se ha trasformado totalmente en una presión efectiva Pi que
soporta la estructura granular del suelo. Las deformaciones asociadas con
la tensión p. provienen solamente de un cambio de volumen y. para un mate­
rial isotrópico, son iguales en todas hu direcciones. No se representan en la
figura 15.3.
Tao pronto se ha coocretado la consolidación bajo jj3, comienza la parte
final del ensayo. La tensión axíal se aumenta por pequeños incrementos, o
a un ritmo suficientemente pequeño, como para que no se produzcan pre•
siones de poros apreciables dentro de la probeta. Para arenas sueltas o
arcillas normalmente consolidadas de baja scusibilidad, la relación entre la
deformación axial y la diferencia de presión axial Ap se muestra por medio
de la línea llena de la figura 15.3b. Los correspondientes cambios de
volumen se representan con la linea curva llena de la íigura 15.3c. El volu-
ART, }5 TENSIONES Y DE�'ORMACIONES DE LOS SUELOS 91

men decrece continuamente con el aumento de Ap y se aproxima a un valor


límite. Las relaciones para una arcilla de alta sensibilidad son las que mues­
tran las curvas punteadas.
Si se realiza un ensayo similar sobre una muestra de arena densa o una
arcilla altamente preconsoHdada, la curva tensión-defonnación que corres­
ponde a un aumento de presión axial Ap tiene la fonna indicada en la

r,,
),l_.. 15.3. CompoM•miento de una probt:la triaxlal ...,unda .,.,•ntlo o.t:
Jn,.remt:nl• I• renairln ven;.,.1 á,p. (a) Ten,ione• pri,..,,ipale. que •f:IÚan
,;vbre I• ,,...,het•¡ (b) 1 (e,) 1>;1.,...,,...¡• de len,i:jón 7 umhlo de vnlumt:11 en
rundún do, 111 do,formui6.n .-.pc,,,iflu par• •rt:n• auc,ha 7 an:11111 normal­
mcnlo, nm110lid•d•1 (,l) 1 (e) Dllerencl• de lt:nt<lón y umb;o de vol.,mr.n
.,.,,.,.,,.;;,., ,t.,la d..tu..m..,Mln npetí(iup.11no a......ad-7 •ttllla •lta-
mrntep.--..n.,.11d•ff•.
92 PftOPIED,\DE'i HIDRÁULICAS Y Yll!.CÁNICAS DI:: LOS SlJU.OS

figura 15.3d. La curvi. que representa el cambio de volumen (fig. 15.38)


es notablemente diferente de aquella que corresponde a una arena suelta
o a una arcilla nonnalmente consnlidada (fig. 15.3c). El volumen decttce
algo durante los primeros incrementos de carga, pero, con el incremento
de la deformación, la mue!b'a aumenta de volumen y, para defom,aciones
grandes, éste es mayor que el volumen inicial. a pesar de que la muestra
se ha acortado en la dirección vertical. La tendencia del volumen a aumen­
tar bajo un incremento de la tensión axial se conoce como dllatancia.
Resulta evidente que existe un valor particular intem,edio de la densidad
relativa de una arena, situado entre los estados denso y suelto, para el cual
la arena va a experimentar, en condiciones drenadas., un muy pequeño cam­
bio de volumen. Cuando la relación de vados para grandes defonnaclones
es idéntica a la que e.rlstía antes de la aplicación de la diíerencla de tensión
axial, se dice que la arena tiene una relación de vacíos critica (A. Casa­
grande 1936a). El significado de la relación de vacíos critica se trata en
el articuJn 17.
La razón que explica esta diferencia en las características del cambio
de volumen de los materiales puede visualizarse fácilmente trat6.nd'ose de
arenas. SI una arena está en un estado suelto, una distorsión tiende a provo­
car el deslizamiento relativo de sus granos para adoptar una posición
mb apretada. Por el contrario, si los granos de arena est6.n ya inicialmente
en una disposición muy apretada, no se puede producir una distorsión de
la muestra sin un incremento de la distancia entre los centros de sus particu­
las, a menos que los granos individualmente se rompan. Para Ju arcillas,
J05 fenómenos relacionad05 con el cambio de volumen son al�o mb com­
plejos. No obstante, se concibe que la estructura de una arcilla blanda tenga
características tales como para que sus granos puedan ser f6.cilmente des­
plazados a una posición m�s compacta, mientras que se puede pensar que
en una arcilla altamente preconsolidada las partículas est6.n tan apretadas
entre sí como en una arena densa. Por ello, en este caso, la distorsión está
asociada con un aumento de volumen.
La inclinación de la tangente ( tensión/defomiación) en el punto de
origen de las curvas b y d de la íi_gura 15.3 se denomina módulc tangente
inicial E, de la probeta. Para pequeñas diferencias de presión, Ap, la rela­
ción tensión-deformación de los suelos se aproxima bastante a la de un
material perfectamente e16.stico y homogéneo con módulo de elasticidad Ei,
aunque su valor, para todos los suelos, aumenta con la presión de consoli-
dación fic de acuerdo con la relación:
(15.2)
La figura 15.4 muestra esta relación para arenas, donde se puede ver
que, para las arenas sueltas, el coeficiente C es prácticamente independiente
de jj. y aproximadamente igual a 100, mientras que, para las arenas densas,
·dicho coeficiente es alto para valores de ji. bajos y decrece con el aumento
de p., Para las arcillas., este tipo de relaciones para el estado drenado no
son todavfa conocidas.
ART. 15 TENSIONES Y DEFOII.MAClONES DE LOS SUE!.O!I 93

Fi�. 15.4. Reladón para •r-en• enlft .,1 módulo 1 ...,.,.,1., lnld•I y I• pre­
áón hkl..-.iitk:• trini•l (Nltri,n A. Scheicll11).

EMO:yo, co,uolitlado, no dre,.,.Jm con munento ele ln pr�•ión tuiffl


· Un ensayo en el cua1, después que la muestra ha sido inicialmente
llevada a equilibrio hidrostático bajo la presión de confinamiento pa, no se
permite la disipación de presión de poros, se conoce como un ensayo eotaso­
Jidado no dreñado. Cuando se efectUa un ensayo de este tipo sobre una
muestra inicialmente saturada de arena suelta o de arcilla blanda no sensi­
tiva, los rcsultadm son similares a los que iodk:an las curvas llenas de la
figura 15.Sb a d. La, curvas punteadas se refieren, en cambio, a arcillas
de alta sensibilidad. Después de pennitir el drenaje para que la muestra
ó d º c rr e
�:� �tJ�:�� �!!�J:! : ;r:it�°::!� �: �• fp � ;; �: f��
continua o por incrementm, se obtiene la relación entre la diferencia de
tensión Ap y la deformación específica que muestra la figura 15.Sb.
Más aún, a medida que la deformación especifica aumenta, la presión
de poros u,, asociada con la diferencia de tensión Ap, aumenta como lo mues­
tra la figura IS.Se. La relación entre la presió n de poros u. producida por
la diferencia de tensión. y la diferencia de tensión misma se conoce com:>
el coeficünte d,: pr&Wn d11 poro, A (Skemptnn. l�-4). t'S dec-ir que :

(15..'l)

La relación entre A y la deformación específica se puede derivar de


las curvas de las figuras 15.Sb y 15.Sc y se muestra en la figura 15.Sd. En
la mayorla de las arenas sue ltas y de las arcillas normalmente consolidadas
no sensitivas, para bajas deformaciones específicas, el valor de A es menor
que uno, pero aumenta con é.!tas hasta alcanzar aproximadamente la unidad,
par,i. maritenerse, para dcfnnnaciones crecientes, en este valor a través de la
mayor parte del ensayo. En cambio, en arenas extremadamente sueltas y en
arcillas e:rtrasemitivas, la aplicación de la diferencia de la tensión uial puede
tender a causar el derrumbe de la estructura metaestahle del material. Se
� l'ROl'IEIMDt:S IUOH.\ULK;,1.S Y '.\tt.:CÁ�ICAS Die: LOS SUELOS

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d• ó,p de 1.,.uión urtlc:al. (•) Tenalon.,. pri11dp•!.,. que ac1ú•t1 sob.-., I•
pnibet•; (b),(e) )" (d) UUettnel•delet1tlón,pt-edón ele pol'O!I :rc,oeflden­
leele pn:.lóa ele JlONM A eemo íunclon.,. de I• deíonnaclón npedíic■ par•

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· ueo• 1neh-, udU■ norm■lmenleeentollel■d■: (e), (/)-, (1") Dlíettnci■
de kfllion. pratlón ele poro. r c:oehden1e de -ptflión de pon,e A rolllO fun­
et- de la clelw-macJón esperilka pan •�• de.,. -, ucill• ■lt■mente
_
ART. 15 TENSJOi,,'ES Y DEFORMACIONES DE LOS SUELOS 95

obtienen en este caso las líneas punteadas de las figuras 15.Sb ad y el valor
de A puede exceder la unidad ( artículo 18).
Cuando se realizan ensayos tria.Iiales consolidados no drenados sobre
una arena densa o una arcilla altamente preconsolidada, los resultados <iue
se obtienen son similares a los que se representan en las figuras 15.Se a g. La
primera muestra la relación entre la diferencia de tensión axial Ap y la
deformación específica. En c1;anto a la presión de poros, para pequeñas
deformaciones específicas, suele aumentar positivamente, pero, para defor­
maciones mayores, tiende a disminuir y tomarse negativa con respecto a la
presión ahnosférica (fig. 15.51). La disminución de presión de poros va
asociada con la dilatancia del suelo. Sin embargo, como no se puede produ­
cir un cambio de volumen porque el drenaje de la muestra está impedido,
la tendencia a la absorción desarrolla una deficiencia de tensión en el agua
contenida en los poros.
El ooefJcieote de presión de poros Á que corresponde a esta situación tiene
valor positivo para bajas deformaciones especificas, pero disminuye con el
aumento de la deformación y se puede tomar negativo (fig. 15.5g), En este
respecto, el comportamiento de materiales densos o preconsoliclados difiere
radicalmente del que corresponde a los materiales sueltos o normalmente
consolidados. Para la relación de vacíos crítica, una muestra de arena ensa­
yada en condiciones no drenadas experimenta un cambio de presión de
poros muy pequeño o despreciable.
La inclinación de la tangente al origen de la curva llena o de la curva
punteada de la figura 15.5b representa el m�dulo tangente inicial E,. para
el ruelo en estado consolidado no drenado. Durante un ensayo consolidado
no ·drenado de una muestra de arena suelta o de una arcilla normalmente
consolidada, la presión de poros permanece positiva durante to<lo el ensayo.
Si se representan en la misma escala, la cur\'a tensión-deformación llena de
la figura 15.Sb es más achatada que la correspondien!e curva 11nm de la
fi�ra 15.3b. En cambio, para arena densa o arcilla ¡irecimsolidada (fig.
IS.Se), la curva es más empinada (¡ue la rorrespondieote curva ele 1:-t
figura 15.3d.
Como consecuencia. en la figura 15. 4, que representa la rPlacicin cutre
la presión de confinamiento y los valores de E;, la curva <ll' F.,. parn arena
suelta estarla situada por debajo de la linea E, de ésta. mientras <¡ut>, para
arena densa, se situaría por endma de la línea E, �·orresp,.ndicntl'
Si al final de su consolidación inicial baju la presión de ,�mfinamicnto
p3, una probeta no está saturada, el cierre de las conexiones de drenaje
antes de aplicar la presión .externa ..\p no impide el cambio de volumen, a
causa de que se comprime el aire contenido en ella. .-\ medida que la dife­
rencia de tensión aumenta, la presió11 de poros también lo hace, no sólo
en el agua sino también en el aire contenido en los hueros. 1 .a relación
entre la presión que se desarrolla en el aire y la que se produce en el agua
·es compleja, y la medida por separado de la presión del aire y del agua
contenida en los poros no es todavía un procedimiento de rutina. La rela­
ción tensión-deíormaci/m clepende en una mrdida considerable del grado
96 PIIOPJEDADES HlDIIÍ.ULICAll Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

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.....traa iípicu ele udlla lnal........_ (lineu llea•) y unaaaclu (tínea,
parueadu).
inicial de saturación. Para los suelos compactados, dicha relación se ve
también influenciada de una manera significativa por el método de com•
pactación (Seed et al 1900}.

E,uaya ,h eomprftÍÓn ,imple

Cuando una probeta saturada. de arcilla que ha sido completamente


consolidada bajo la presión de confinamiento p1 se retira de la cámara tr i ·
axial. la presión p , s e remplaza por una presión capilar P t d e igual interuidad
(ecuadón 21.4) y, como consecuencia, tanto el contenido de agua como
las tensiones efectivas en la a.rci.lla permaoecen prácticamente inaJteradas.
Por tanto, si la probeta es luego sometida a un ensayo de compresión simp�
los resultados que se obtienen son prácticamente idénticos a Los que arroja
un ensayo normal de compresión consolida.do no drenado ejecutado con el
mismo material
Cuando la arcilla de que se trata ha sido normalmente consolidada
en el terreno, la presión de consolidación horizontal P1 es siempre algo
menor que la presión vertical p. que aquélla soporta. La relación P.IP. parece
estar situada alrededor de 0,6 para arcillas poco plásticas y 0,8 para arcillas
muy plásticas. Por tanto, si se recupera una muestra perfectamente inalte•
rada, las tensiones efectivas iniciales en su periferia se remplazan por una
presión hidrostática capilar igual en todos los sentidos con una inte111idad
aproximada:
,,. ""l/3(P.+2P,) = o,7a0,9ji. (15.4)
Por ello, los resultados de un ensayo de compresión simple, ejecutado
con una muestra perfectalnente inalterada, son aproximadamente los mis•
mos que se obtienen en un ensayo consolidado no drenado ejecutado con la
miJma muestra bajo una presión de confinan\iento p. (ecuación 15.4). Esta
relación toma posible obtener información relativa a las características
tensión-defonnación de una arcilla bajo condiciones consolidadas no drena­
das sin recurrir al aparato triuia.l. La figura 15.6 muestra resultados típi­
cos. Las curvas llenas indicadas en las figuras 15.6a y 15. 6b correspond,n a
las curvas llenas de la figura 15.5b ad, mientras que las curvas llenas de la
figura 15.6c y d corresponden a las punteadas de la figura 15.Sb y d •.
Si los ensayos representados por las curvas llenas de la figura 15.6 se
repiten sobre las mismas probetas después de ser amasadas con un conte­
nido de humedad constante, se obtienen las curvas punteadas. La diferen•
cia entre las ordenadas de las curvas llenas y las que corresponden a las
curvas punteadas iodica el grado de sensibilidad de la arcilla, seg-ím se
define en el artículo 7.
Se puede ver que la inclinación de la curva tensión-deformación para
una muestra inalterada de arcilla de baja sensibilidad decrece continua­
mente con el aumento de la deformad6n como aquella de la curva llena
de la figura 15.5b, mientras que para arcillas altamente sensitivas la pen­
diente permanece casi constante hasta que se llega al punto rotura ( curva
punteada en la figura 15.5b). Se concluye que las arcillas altamente sensi­
tivas se comportan en estado inalterado como materiales frágiles, pero que
al ser amasadas adquieren la consistencia de líquidos muy viscosos.

Rel.done, ,.-ióNe/ormadón bojo con.dldona de ien.l6n mriable,


En la práctica de la ingenierla, la carga que actúa sobre los suelos
situados debajo de la mayoría de las estructuras. varia periódicamente entre
un valor Inferior y otro superior, como lo son aquellos correspondientes al
peso propio y al peso propio más la sobrecarga. Tanto los ensayos de
laboratorio como la experieoda hao mostrado que la reducción y subsecuente
reaplicacióo de la tensión en un suelo de cualquier tipo va asociada con un
aumento de deformación especifica como lo indica la figura 15. 7 para una

,oo�-�-----.-----.----,

Fla-- 15.7. � entn 1eruiót1 7 delonnadón -.enkaJ.,. pan .,...•


..,._ 11alíorme modenclamente denu tomeúd• ■ un■ urp ffl1kal ,.
pelld■ (aep.n n-dt-on, 1963).

probeta confinada de una arena relativamente densa. No obstante, la mag•


nifud del aumento disminuye al incrementarse el número de ciclos de
tf.'llSión. Por ello, al calcular el asentamiento final de W estructuras que
soportan cargas muy variables, oomo los elevadores de granos o las
,urr. 16 CONDICIONES DE ROTURA DE LOS SUELOS 99

vías grúas. las consecuencias que acarrean las variaciones de carga deben

�=
ser consideradas especialmente.

1-1urq .elecdonacla,,
Andreseu, A. y N. E. SimoDS (1960), �NOIW1'gian triaxial equipmeut and technique",
Procudingr ASCE Ruearch Confntncc on Sh«u Stmagth o/ Cohuwtl Solu, pigs.
695-709. Diu:usión wbre equipos especialiu.dN y prooedimlentos para ensayos

e:
trluiales.
Bisho�2�J.,ºLo���1�� :;-;:;,�-:' 50�
técnicas y resultados típicos.

ART. 16 C0NDIO0NES DE ROTURA DE WS SUEWS

Oiafrtnna de rolara de Mohr y ecuación de Coulomb


Los suelos, como la mayoría de los materiales sólidos, rompen por
tracción o por corte. Lal tensiones de tracción pueden causar la abertura
de grietas que, bajo algunas circunstancias de importancia práctica, son
indeseables o dañinas. Pero en la mayoría de los problemas de ingeniería
solo la resistencia a rotura por corte merece ser considerada.
La rotura por corte comienza en un punto de una masa de suelo, cuando
en alguna superficie que pasa por dicho punto se alcanza una combinación
critica entre la tensión nonnal y la tangencial o de corte. Se han desarrollado
varios tipos de dispositivos para determinar e investigar el valor que adquie•
re esta combinación crítica bajo distintos estados de solicitación. Por el
momento, el más usado es el aparato triuial descrito en el artículo 15. Como
con este aparato solo se pueden aplicar tensiones principales sobre la super•
ficie externa de la probeta, el estado de tensión en cualquier otro plano
que no sea uno de los planos principales debe ser determinado indirec­
tamente.
De acuerdo con los principios de la mecánica, la tensión normal y la
tangencial en un plano perpendicular al plano de la tensión principal inter­
media, e inclinado en un ángulo a cualquiera respecto del plano sobre el
que actúa la tensión principal mayor (fig. 18.la) vienen dadas por las
siguientes ecuaciones:
p = lh(p, + Pa) + ½(p, - p;,) cos 2o (16.l)
t = ½(pi - Pa) sen 2o (16.2)
En un sistema de coordenadas (fig. 16.lb) cuyo eje horizontal corres­
ponde a las tensiones normales y el vertical a las tensiones tangenciales o
de corte, dichas ecuaciones representan puntos situados sobre una circun•
ferencia con centro en el eje de abscisas, representación ésta que se conoce
como el diagrama de Mohr. Se pueden también escribir expresiones simi­
lares para las tensiones normales y de corte que actúan sobre planos que
rontienen la tensión principal intermedia, estando rus componentes deter-
}(l(J PROPIEDADES HlDflÁVLICAS Y Mu:ÁNICAS DE LOS SUELOS

oo·-; fP,+P.,J
O'O•J(;,-p,)

tf 0'1--�-a+--���---+---­
A Tensiónnof'lff/71,p

¡

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lól

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Tensiónnomtt1t,p o·

-��lr�-:·;d
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Fif, 16. l, Di•sram• de Mohr y en...l..ente de roeura. <•J Ten.tione.


prindpa&,,,, y plana lnelln•do oobre el q11e Htoi.n J.q tentionea norma•
1- y 1•...-eoid•lee JI y 1; (6) Circuníerr...,i• de lenaiona; (e)- Enw,(•
..ente de rotura de un• lerie de, dft:unEerencia1 de rotura; ('J R,1JH.lón
�- loa .ínploa a y f,
AIIT. 16 CONDICIONO DE R01VRA DE LOS SUELOS 101

minadas por las coordenadas de los puntos contenidos por las circunferen­
cias dibujadas en punteado en la figura 16.lb. Como en el ensayo triaxial
usual la tensión principal mayor actúa en la dirección vertical y la presión
de cámara es a la vez tensión intennedia y menor, el diagrama de Mohr se
reduce a la circunferencia exterior que corresponde a las tensiones princi­
pales mayor y menor p1 y p3• Esta circunferencia se conoce como la cir­
cunferencia de ten.rionu.
Las coordenadas de todo punto, como el D, situado sobre la circunfe­
rencia de tensiones, representan la tensión nonnal y la de corte que actúan
sobre un plano especifico, inclinado de un ángulo a con respecto a la
dirección del plano sobre el que actúa la tensión principal mayor. De la
geometría de la figura se observa que el ángulo al centro AO'D es igual
a 2 a.
Siempre que las tensiones principales p¡ y p, corresponden al estado
de rotura d� una probeta, por lo menos uno de los puntos de la circunfe­
rencia de tensiones debe representar una combinación de tensión nonnal
y de corte que conduce a 1a rotura en algún plano a través de ella. Más
aún, si las coordenadas de dicho punto fuesen conocidas, la inclinación del
plano sobre el cual se produce la rotura podría ser detenninada por el
conocimiento del ángulo a.
Cuando se cooducen una serie de ensayos y se dibujan, para cada uno
de ellos, las circunferencias de tensiones que corresponden al estado de
rotura, al menos un punto de cada circunferencia representa la combina­
ción tensión normal y de corte asociada con la rotura. Si el número
de ensayos awnenta iodefinidamente y el material es homogéneo e isótropo,
resulta evidente que la envolvente de las circunferencias de rotura ( figura
16.lc) representa el lugar geométrico de los puntos asociados con la rotura
de las probetas. La envolvente se conoce como la linea ch rotura o la
lfnea de rainencia intrínseca y, para un material dado, depende de las
condiciones específicas que corresponden a la serie de ensayos ejecutados.
De la geometrla de la figura 16.ld se puede ver que para cualquier
circunferencia de rotura:

Por consiguiente, el ángulo entre el plano en que se produce la rotura


y el plano de la tensión principal mayor es:

(16.3)

En general, la linea intrínseca de rotura obtenida de una serie de


ensayos, ejecutados con un suelo dado, bajo un conjunto también dado de
condiciones, es curva. No obstante puede con frecuencia ser aproximada
por una línea recta de ecuación:
, =e+ p tg ,f, (16.41
102 PROPIEDADES HJllRÁUL!C.-.S Y MECÁNICAS DE WS SUELOS

Esta expresión se conoce como la ecuación de Coulomb •. En ella el


símbolo t, que representa la tensión de corte, se remplaza por ,, conocida
como la residencia a la rotura o la resistencia al corte, a causa de que los
puntos de la linea intrínseca se refieren específicamente a estados de tensión
asociados con la rotura.

EllCliuu:ión th e y ,t,
Las ecuaciones 16.3 y 16.4 son válidas solamente si tg ,t, tiene el
mismo valor para cualquier sección plana que pasa por un punto dado del
material solicitado. Si los vacíos de un suelo isotrópico están ocupados
solamente por aire bajo presión atmosférica, esta condición se satisface. En
cambio, si están ocupados con un líquido bajo una tensión u,., una parte
de p de la presión p (ecuación 16.4) la soportan los componentes sólidos,
los que exhiben un valor definido del parámetro tg ,t,, mientras que la
diferencia p - 'P = u.. la soporta el liquido que tiene tg ,t, = O. La relación
f,/u... es distinta para las diferentes secciones que pasan por un mismo
punto, de modo que la ecuación y la interpretación física precedente de la
linea de rotura de Mohr son válidas solo en la coodición de que p en las
ecuaciones 16.1 a 16.4 se remplace por la tensión efectiva P - p - u_ con lo
cual:
, = e+ (p - u..) tg ,f , = e+;; tg .t, (16.5)

•tri=
Ecuación que se designa como la ecuación revisotkJ de Coulomb (Ter­
zaghi, 193&).
Cuando las abscisas del diagrama de Mobr representan presiones efec­
tivas ¡; y la línea de rotura es una recta, la inclinación de dicha línea se

• Pan definirla líne. de resistend.l intrínseca se ne.:esitau un mínimo de dos y de


tr¡!e�;:onesT��=tnM;�i:t!ls�ln��� ��

�==�,e:
�n tres mue!ltru iguales de un mismo material o tresprobetas de una misma muestra.
No obstante, utilíundo una mAqulna de ens.yo co11 deformaeiÓII controlada , en todoslos

=���:
suelos cuy• curva temión-defonnadón tiene unpico mblmo ,como el de la fig. 16.2 (b),
espos.iblerealizarlostresensayosconunasol&muestrapara lo cual solo es indispensable
do
��•es�C: no� J:'�q�Ü��
o
d!JoiÍ:6 !1
º
f;� ';'_:
ello, tan pro11f0 como i!p adqllie� una tendencia a disminuir, ,e da por terminado el
ensayo y &e Inicia otro aumentando p, pua repetir elproceJO. Según l& &pmeocia del
e
: : ,�
a r I
t�:1 :�== rocJd �/:, te orm �: �
b

�=::
rocabland.a ,incluidoslaaren.ay lagrava.Duranle losensayos,elminúan avec,esplanos
potenciales defraeturadelaprobeta que ,enprinclpio,la debilitaran pan los �yos
siguientes,pero debido a que 1a Jlne. real dé resistencia Intrínseca es curva como lo
indica la fig. 16.1 (e), el ,ngu!o 11 varia 0011 1apresión de confinamiento p, de modo
1 a l
'"��:¡¡iJ ��i�. �=� se osllev��i: �a '::eni': r:�1;:i
� � g-�;�/s!:.
Lw par6m6tfW de
,�LRo!t'������\;' �':l.:';_
oblenldoa partir de � en.,ayo, ucolonoda,, 2º Ccmgr. Pan. de
corle a
0;

Mee. de Suelos y Cimentaelones, Brasil,1963, Vol. II,p,g. 123.


AAT. 16 CQ1',"l)ICIONES DE !IO'IVAA DE LOS SUELOS 1()3

conoce usualmente como el ángulo de re.rinencta al corte + del material y


la intersección al origen para P ::: O se llama comúnmente la cohesión. Los
materiales que satisfacen estrictamente estas condiciones se denominan
materialu plmtic0$ ldealu. Sus características de corte se definen por medio
de dos parámetros: e y +.
El valor de ♦ de la ecuación 16.5 se supone una propiedad del mate­
rial. Pero en realidad la parte p tg .¡. de la resistencia al corte representa
el resultado combinado de dos componentes muy diferentes. Un compo•
nente es ¡; tg ♦,, e n el cual ,¡,1, el ángulo de fricción entre las partículas en
sus puntos de contacto, depende de la composición de las partículas y del
líquido que ocupa los vacíos {Hom y Deere, 1963). Prácticamente no se
necesita defonnación alguna para movilizar esta parte de resistencia al corte.
La segunda componente, mucho más importante, depende de la fonna de los
granos y del grado de trabaión de las partkulas situadas e n correspondencia
con la superficie de d eslizamiento. Su magnitud es una función de la densidad
relativa o del índice de liquidez del mate rial. La moviliución de este
componente está asociada con el clesplaumiento por rotación relativa de
las partículas y requiere por tanto una deformación considerable. Más aún,
una vez que se ha desarrollado una superficie de desliumiento, el despla­
.umiento subsiguiente supone un grado de trabazón entre los granos situa­
dos en correspondencia con la superficie de deslimmiento, cada vez menos
íntimo del que existía en el instante en que se inició la rotura. En los suelos
cohesivos, la rotura está además comúnmente ligada a una disminución de
6 s e te
�: �!i:! 1� ��;o�u !f:: ;l d:li:;�;��� ;a
e
ta;��: lt n
:� :a di:��:�
permanente de la resistencia al corte a lo largo de la superficie de rotura.
Este hecho e�plica las características engañosas respecto de la aparente
estabilidad de aquellos taludes en los cuales ya se han producido desliza­
mie ntos con anterioridad.
En la mecánica de suelos, la solución matemática de prácticamente todos
los problemas de estabilidad va precedida de la determinación experimental
de los valores de e y ♦, con el subsecuente remplazo del suelo real por un
material plástico Ideal al cual se le asignan los parámetros de corte e y �­
Estos remplazos suponen la hipótesis de que ambos e y + son indepen·
dientes de la deformación e implican que los suelos no rompen hasta que
la tensión de corte en todos los puntos de una superficie potencial de desli­
zamiento continua alcanza el valor s definido por la ecuación 16.5. Las
roturas de este tipo se llaman simultdnetu. La curva tensión-deformación
obtenida del ensayo triaxial de un material plástico ideal que exhibe rotura
simultánea se parece, por tanto, a una de las mostradas en la figura 16.2a.
Se dice que la rotura se produce cuando la diferencia de tensión alcanza
el valor ó.p, y no hay por ello ambigüedad con respecto a la posición de la
linea de rotura dibujada en base a las tensiones efectivas.
En contraste, la curva te nsión-deformación de un suelo real suele exhibir
un pico máximo ó.p, que se produce para una pequeña deformación { fig.
16.2b), a partir del cua1 el valor de ó.p que la probeta puede soportar dis­
minuye, para alcanzar, con grandes deformaciones, un valor menor Ap. cono-
104 PROPIEDADES HIDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

cido como la re.ristencia final. La posición de la linea de rotura depende


entonces de cuál de los valores !J:p se considera para representarla. A los
valores picos de tlp le corresponde la curva superior de la figura 16.2c. Por
el contrario, si resultase de interés considerar el límite inferior de la resis•
tencia al corte, sería del caso construir la línea de rotura de los valores
finales.
Toda ve-z que el material se caracteriza por una curva tensión-deformación
que exhibe un pico, hay poca probabilidad para que se den las condiciones

--
necesarias para llegar a una rotura simultánea, pues, aun en un material

1 ,,:v-
·"¡,,,Dº' '
t


Pdormodo"n

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7

th mor,on

PNJi<innormofe/«ti.-o,,P
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Fis, 16,2, (o) C11rv• 1�ón-ddormaeióo pan un material pl.iolieo idW con
rou,ra 1lrnuluío:,..a1 (b) CurH ten,ión-deformadón para an 1uelo real,
mo.1.-.ndo la ml11eneia pleo o mUlma -, la linal; (e) Llnea, de romra
tiple-■ pa.-. la !'ffblencla pleo y I• linal de un mbmo 1uelo,

homogéneo, las deformaciones a lo largo de la superficie potencial de desli­


.7.8.miento no suelen ser uniformes. Como consecuencia, el suelo a lo largo
de parte de la superficie de deslizamiento puede estar ejerciendo su resis·
tencia pico mientras que el resto solo desarrolla un valor menor. En condi­
ciones extremas, como se dan, por ejemplo, en las arcillas extrasensitivas,
Al!.T. 17 llESlSTENClA AL (X)RTE DZ SUELOS NO OOll&!IIVO$ 105

IID8. pequefia deformación tangencial puede resultar suficiente para reducir


la resistencia al corte a a una pequeña fracción de su valor pico (fig. 15.flc),
Por ello, la rotura de una masa de arcilla e.nnuensitiva suele comenzar por
on punto, en el que la tensión de corte se torna igual as (ecuación 16.5)
y desde ese punto extenderse al resto de la superficie potencial de rotura.
Las roturas de este tipo se dice que son progruitw. Invalidan los resulta•
dos de los cálculos basados en la hip6tesiJ convencional de la rotura simul­
tinea.
A causa de estas diferencias entre los suelos reales y los ideales, los
cálculos de estabilidad basados en resultados de ensayos y en la ecuación
16.5 son estrictamente válidos solo para el material plástico ideal que
sustituyó al suelo real. Las consecueocias prácticas de las diferencias obser•
w.das entre los suelos reales y sus sustitutos ideales deben ser compensadas
00D un coeficiente de seguridad adecuado. La importancia de las diferen•
das depende del tipo de suelo y, para un suelo dado. de su historia de carga.
El único suelo real que se comporta casi exactamente como su equivalente
plástico ideal es la arena limpia no cohesiva con una relación de vaCÍOll
próxima al valor crítico.
Con respecto a sus características de corte, los suelos reales se dividen
comúnmente en dos categorías; suelos no cohesivos, como lo son las gravas,
arenas y limos DO plásticos, y suelos cohesivos, como las arcillas y los limos
plást:lcos. Los suelos no cohesivos se tratan en el artículo 17, y los suelos
cohesivos en el artículo 18.

=';J"'�
l.eduru..Jea:k>nadM
lifflkel, D. J. (1960), '"Tho $heu 1trengtb of Ntwaled remolded clays-, Proadtng, ASCE
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tendones.

i°"f�i:ss�� �-=oeklea5i:·
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9
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ment of oohesioo and frictlon witli uial strain in Ntunted cobeslve ,otls- Procudin.,,
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Vol. 16, P'P· 91-128.

ART. 17 RESISTENOA AL CORTE DE SUEWS NO COHESIVOS


Areno, y fimo• lnor1ánko l
Las características de corte de las arenas y de los limos inorgánicos,
• meoos que el suelo sea eJCcepcionalmente suelto, pueden representarse
bastante bien con la ecuación 17 .1:
a-(p-u,.)tg,t,-jitg,¡. (17.1)
Los depósitos naturales de arena y de limo pueden encontrarse en
cualquier estado intermedio comprendido entre "' i.nt>lto y t>I (!M1,<;o. De-
106 PROPIEDADES HIDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

pendiendo principalmente de la densidad relativa, el valor de 4> varía entre


extremos bast&Pte amplios. La distribución granulométrica y la forma de
los granos tamfüén influyen sobre el valor de 4>. La tab.l a 17 .l proporciona
valores representativos para presiones efectivas p menores que 5 kg/cm1•
Tablo 17,l
Yaloru npre.en«ui'IIOI de,¡, para ann., y liltlN

Areoa, graoos redondos, uniformes


Arena, granos aogulares, bleo graduados
Gni.vas arenosas
Arena limon
Limo ioorgí.ni<»

Como la mayor parte de la resistencia al corte proviene de la trabazón


entre granos, los va1ores 4> no se diferencian apreciablemente para el
suelo seco o húmedo.
Cuando la presión ji aumenta de unos 5 a unos 50 kg/cm1, los valores
de 4> disminuyen gradualmente en unos 10° . Esta disminución va asociada
con un aumento del porcentaje de granos que rompen por aplastamiento
a medida que se aproDIIla el estado de rotura.
En la figura 15.3c y e se destaca la tendencia de una arena suelta a
disminuir de volumen, y de una arena densa a dilatar durante el corte. La
permeabilidad de una arena muy fina y de un limo saturados es tan baja
que la aplicación rápida de una tensión de corte va asociada con un tempo­
rario aumento de la presión de poros u., (ecuación 17 .1) si el suelo es
suelto, o de una temporaria disminución de u.., si el suelo es denso. Para­
lelamente, la resistencia del suelo decrece o aumenta temporariamente. Por
ello, si se hincan pilotes, por ejemplo, en uno de estos materiales en estado
saturado y suelto, los pilotes encuentran solo una pequeña resistencia, que
prácticamente es independiente de la profundidad, mientras que si el mismo
material está en estado denso los pilotes pueden llegar pronto a rechazo.
Si la arena o el limo está en relación de vacíos critica (artículo 15), la
presión de poros u.., y por consiguiente la resistencia al corte, permanecen
prácticamente constantes. Por ello, cuando existen condiciones que toman
posible la aplicación rápida de una tensión de corte, para evitar una reduc­
ción de resistencia, se considera comúnmente aconsejable compactar los
terraplenes de arena o de limo hasta una relación de vacíos menor que el
valor critico. Teniendo en cuenta que la relación de vacíos critica dismi­
nuye algo con el aumento de la preslón de confinamiento, se necesita una
mayor compactación para alcanzar este propósito debajo de las funda­
ciones fuertemente cargadas o de los terraplenes altos que debajo de car­
gas menores.
ART. 17 RESISTENCIA AL CORTE DE SUEI.OS NO COllESIV06 107

Lieuación eaponlaneo '1 arena. JlulJaa Hrdaderaa


En algunas localidades se han encontrado arenas finas que son tan
sueltas que una pequeña alteración, como un choque débil, causa una impor•
tante disminución de volumen a presión constante p (ecuación 17.1). Si
esta disminución se produce debajo del nivel freático, va precedida de un
aumento temporario de u.. a un valor casi igual a p, con lo cual f, =- p - u..
se toma C8Sl igual a cero y la arena fluye como un líquido viscoso. Este
fenómeno se conoce como licuaci6n espontánea y ha ocurrido tanto en
terraplenes artificiales de arena suelta como en depósitos naturales. Ejem­
plos de rotura de taludes en depósitos naturales ( verdaderas arenas Jluú:las)
se dan en el articulo 49.
La experiencia indica que la licuación espontánea más común ocurre
en las arenas finas limosas. Este hecho, combinado con el comportamiento
observado de las verdaderas arenas fluidas, sugiere que el agregado formado
por los granos de arena posee una estructura metaestable, es decir, que la
estructura es estable solamente porque existe alguna influencia estabilizante
suplementaria. Un depósito de arena limpia bajo agua es estable, aun cuando
sea suelto, porque los granos ruedan a posiciones estables. En una arena
capaz de licuación espontánea, algún agente debe interferir en este proceso.
Si un depósito artificial de arena húmeda se coloca por encima del
nivel freático, el agente que interfiere está formado por las películas de
humedad, las que producen una cohesión aparente suficiente para impedir
que los granos rueden hasta las posiciones estables. Este proceso y sus cou•
secuencias han sido reproducidos en el laboratorio ( Ceuze 1948, Bjerrum
et al., 1961). Los experimentos también indican que la densidad relativa
de la are.,a fluida verdadera es mucho menor que aquella que corresponde
• la relación de vacíos crítica.
La arena limpia que se deposita bajo agua, aun cuando esté suelta,
tiene una estructura estable, pero cuando en cambio sedimenta juntamente
con limo puede desarrollar una estructura metaestable. Las depresiones
entre los granos de arena en la superficie del sedimento se llenan parcial­
mente de limo suelto, que impiden a los granos de arena alcanzar posiciones
estables. La subsecuente consolidación bajo una presión estática, sin defor­
mación lateral, es resistida por la fricción en los puntos de COntacto entre
los granos de arena. No obstante, si se produce un deslizamiento en los
puntos de contacto, por ejemplo debido a un choque con una intensidad
que excede en cierto valor límite, la estructura metaestable se derrumba y
la licuación se produce. La rotura resultante aparece como progresiva,
empezando en un punto y prosiguiendo como una reacción en cadena.
Si debajo de la base de una estructura o de un dique de tierra existe
una capa de arena verdaderamente fluida, es evidente que ésta constituye
una fuente potencial de peligro. Pero en un depósito natural de arena es
muy diflcil detectar la existencia de una estructura metaestable, a causa
de que ésta se derrumba durante el muestreo y subsecuente trasporte. No
obstante. la experiencia sugiere que las arenas verdaderamente fluidas pueden
producirse en capas, o en grandes lentes, entre otras capas de arena mode-
108 PROPIEDADES HIDI\ÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

radamente densas o sueltas. Se originan, probablemente, como consecuencia


de variaciones periódicas en el contenido de limo del agua túrbida que
trasporta la arena al lugar de deposición. Por ello, si un dique debe �r
construido sobre una espesa capa de arena suelta, la arena debe ser com•
pactada como se describe en el artículo 50, porque puede contener zonas
de arena fluida verdadera.

UclUICÍ6n bajo inverlión de len.i6n o de thformación


En el articulo 15 se puntualizó que cada reducción y reaplicación de
tensión va acompañada de un aumento de deformación, a pesar de que la
magnitud del aumento aminora en cada ciclo. Si el suelo está saturado y se
impide el drenaje, cada reducción y reaplicación .de tensión o deformación
va iguálmente acompañada de un incremento de presión de poros cuya
magnitud también decrece progresivamente con hs ciclos.

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11ón de eim■r■ ff mantiene eo,..t■nte en 1 kl'/eml (aepin Seed y I-. 1966),
ART. 17 RESISTENCIA AL 00RTI: O::; SUELOS NO COHESIVOS 1()9

Si se coruolida en el aparato triarlal una probeta de arena suelta satu•


rada bajo una presión de confinamiento p. y luego. a presión de cámara
constante, con drenaje impedido, se hace alterar la tensión uial entre
'P• + l!i.p y P• - l':!.p, cada alteración ,:,roduce un incremento /':!.u de la pre•
sión de poros en el interior de la probeta ( fig. 17 .1 ). Después de un mímero
de alternancias, el valor de u., se toma igual a la tensión efectiva Pe que
existía antes de que la carga ciclica comenzara, con lo cual la probeta pierde
su resistencia y no tiene más capacidad para mantener su forma. La repen·
tina pérdida de resistencia y rigidez corresponde a la licuación de la arena.
Si se repite el ensayo con la misma arena en un estado denso, los valores
de u,. se incrementan de una manera similar, excepto que los incrementos
de /':!.u son mucho meoores por ciclo y el número de ciclos necesarios para
producir la licuación se aumenta grandemente. Un aumento en la presión
de consolidación pe, manteniendo las otras variables i�uales, incrementa el
número de ciclos requeridos para producir la licuación, mientras que el
aumento en /':!.p tiene un efecto opuesto (Seed y Lee, 1866). Un compor•
tamiento similar ocurre si se imponen a la probeta alternancias de defor.
mación en lugar de alternancias de tensión.
Las masas de arena uniforme suelta relativamente fina, situadas debajo
del nivel heático, son susceptibles de licuación durante un te1Temoto, espe•
cialmente si su duración es suficientemente larga como para que ocurran
un gran número de oscilaciones que impliquen la repetición de inversiones
de deformación tangencial de gran magnitud. Después que un terremoto
violento se ha mantenido durante un tiempo suficiente, una capa suelta
situada a una moderada profundidad puede llegar a licuarse, con lo cual
el agua excedente subirá a la superficie, con frecuencia en consonancia con
la formación de borbotones de arena espaciados más o menos a igual dis·
tancia. La arena situada por encima de la zona licuada se ve entonces
sometida a un gradiente hidráulico ascendente y también pierde su rcsis·
tencia al corte, con lo cual las zapatas que soporta pueden hundirse en el
terreno (IISEE, IS65). Es menos probable que las arenas densas tiendan
a la licuación bajo estas circunstancias a causa de que la duración de" la
mayoría de los terremotos violentos no es suficientemente larga como para
llegar al número requerido de repeticiones.
Los terraplenes de arena suelta y los depósitos naturales de arena satu•
rada pueden licuar, aun cuando no posean una estructura metaestab!e,
bajo la pequeña provocación de débiles vibraciones o de unos pocos cho•
gues repetidos. Uno Je estos terraplenes constitula la porción agua arriba
de un -dique, con un núcleo vertical de arcilla, situado entre una presa de
embalse de hormigón y la margen derecha del valle del río. El talud tenía
una altura de unos lS m; su inclinación disminuía de 2:1 en la cresta a 4:1
al pie. La arena, de la cual el 80 % de los granos estaba comprendido
entre 0,3 y 1,5 mm, fue volcada en capas irregulares por encima del nivel
freático, en un estado húmedo s.in compactación. El talud resultó estable
durante el primer llenado del embalse y un subsecuente descenso de su
nivel de 1,5 m; permaneció estable cuando los contratistas comen7.aron a
practicar voladuras para demolPr la ataguía agua arriba, situada a una dis-
110 PftOPIEDADES HTDIIÁUf.lC'.AS Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

tancia de aproximadamente 150 m. Pero la intensidad de las cargas fue gra•


dualmente aurneotaodo y unos 8 a 10 minutos después de que la última
carga fuese explotada, el talud comenzó a fallar en la unión entre el dique
y la presa de hormigón. En el térmioo de unos 20 segundos el movimiento
se extendió a toda la longitud del talud, llegando a una distancia de aproii•
madamente 75 m desde el punto inicial. La arena se desparramó sobre el
fondo del embal11e como una espesa solera y dejó la mayor parte del borde
agua aniba del núcleo de arcilla sin soporte.

ART. 18 RESISTENOA AL CORTE DE SUEWS COHESIVOS


Árcill'" lnaliertlafU normnlmente corl#olldarla ,h baja
n moderoda Un#ibilidad
Los resultados de ensayos triaxiales drenados· sobre suelos cohesivos nor­
malmente consolidados se pueden expresar con exactitud satisfactoria por
medio de la ecuación de Coulomb, con e = O. As!:
, = jitg.; (18.1)
El valor de ,; para estos materiales, amasados o en estado inalterado, está
relacionado con el índice de plasticidad. Se pueden estimar valores aproxl•
me.dos con la ayuda de la figura 18.1, a pesar de que la dispersión, para la
mayoría de las arcillas, puede ser del orden de 5° (Bjerrum y Simons, 1960).
Sin embargo, para una arcilla con un limite liquido de 49.6 % proveniente
de la ciudad de Méjico, se obtuvo un valor excepcionalmente alto de .¡. - 47°
{Lo, 1962). Resulta de ello aparente que la relación estadística representada
por la figura 18.1 no es ele validez general y debe, por tanto, ser usada con
precaución.
En condiciones corrientes ele la práctica, la baja penneabiliclacl ele las
arcillas retarda mucho el drenaje y, como consecuencia, la presión de poros
"• asociada con las fuerzas que tienden a romper el material pueden no
AJIT. 18 RESISTENCl.4. AL CORTE DE SUELOS COHESIVOS 111

F�. 18.l.
1:BfllJ
0 i?0 40 60
/nd� p/4ish"co (¾J
80 100

Relati,in enlre el án,sulo � en eondiclones drenada• e índlee


p!Qtko pal'II 11ttillu de ..,no.lbWdad mediana a baja.

llegar a disiparse con rapidez. Como las presiones de poros asociadas con
el corte son posjtivas (fig. 15.5c) la resistencia indicada por la ecuación
18.1 puede requerir un largo tiempo para desarrollarse, pues el lapso nece•
sario para la dis.ipación de dichas presiones está gobernado por las carac­
terísticas de consolidación y las dimensiones de la masa cohesiva ( artículos
14 y 25).
Las condiciones asociadas con una falta completa de drenaje pueden
aproximarse ejecutando ensayos triaxiales consolidados no drenados { artícu
lo 15). Los resultados de tales ensayos, en los cuales p1 y¡;, son las tensiones
efectivas principales de rotura. se representan por la circunferencia de rotura
E de la figura 18.2a. Esta circunferencia es tangente a la línea intrínseca
definida por la ecuación de Coulomb:
, - ji tg 4> (JB.I)
En el momento de la rotura, la presión de poros positiva u1 actúa por
igual en todas direcciones (véase la figura 18.2a). Por tanto, las tensiones
principales totales de rotura son:
Pi = Pi + u, {18.2)

1'3 = Pa + u, �18.3)

La circunferencia de rotura, en términos de tensiones totales, es por


tanto la A. Tiene el mismo diámetro que la circunferencia E, pero está
desplazada hacia la derecha en una distancia A,!1,p1 igual a la presión
de poros u, inducida en la muestra en el instante de la rotura.
Si, utilizando una misma arcilla, que es inicialmente consolidada bajo
diferentes presiones de cámara p3, se realizan varios ensayos no drenados,
la envolvente de rotura de las circunferencias obtenidas, expresadas en tér•
minos de presiones totales, es también aproximadamente una línea recta que
p&sa por el origen (línea punteada de la figura 18.2a) y tiene por eeuación:
(18.4)
112 PROPIEDADES HIDRÁULICAS Y MEC,h,nc.u DE l.OS SIJELOS

en la cual +- conocido 001110 el ángulo de resistencia al corte consoli­


dado no drenado, es apreciablemente menor que ,;. La relación entre .¡. y
.¡.,. viene detenninada por el valor de la presión de poros inducida por la
diferencia de tensión p1 - Pa en el momento de la rotura. Para arcillas
nonnalmente consolidadas, de baja a moderada sensibilidad, este valor es
aproximadamente igual a la diferencia de tensión misma.
Debe hacerse notar que la circunferencia de rotura para un ensayo
dado tiene el mismo diámetro. se dibuje ésta en ténnino de tensiones efec•
livas o de tensiones totales. Las presiones de poros actúan con igual inten­
sidad en todas las direcciones; por tanto, el incremento de presión de poros·
es el mismo para la presión mayor como para la menor. Esta conclusión

,,,_J
"'
Tensión m,rtrl(I/. p

Fla", 18.2. (■) Reeull■do. de enuy- con...lld■doo no drenado& de una


arcilla norm■lmen1e eon.oHdadll de 11eaaUtilldad modentdll; (b) Diqram•
qae Uiulr• la l'.Ondielón • = O.
AJIT. 18 USISI'ENClA AL CORTE DE SUZLOS cmttSIYOS 113

conduce a un ccmoepto ertremadamente útil. conocido· como la condición


♦ - O. Eo la figura 18.2b, la circunferencia en traz.o lleno E es la circuo­
ferencia de tensiooes efectivas de la figura 18.2a. A su vez, la circunferencta
A, dibujada representando las tensiones totales, corresponde a un ensayo
consolidado no drenado en el cual la pretión de poros al empezar es igual
a cero y al tenninar igual a u,. Pero, si después de la consolidación inicial
bajo la presión de confinamiento p¡, se hubiese incrementado la presión de
cámara en uoa cantidad adicional "• sin permitir el drenaje.. la presión de
poros Inicial en la muestra hubiese sido igual a "• y la presión de poros
final igual a u. + u,. En tirminos de tensiones totales, la oorrespondiente
circunferencia de rotura hubiese sido la B de la figura 18.2b. A pesar de
ello, la circunferencia de teosiooes efectivas todavía seguirla siendo la E.
Como la elección del cambio de presión de cámara "• fue arbitraria, se
concluye que si varias muestras son primero consolidadas bajo la misma
presión de confinamiento Ps y después ensayadas en condiciones no drena­
das bajo distintas presiones de confinamiento, la línea de ruptura con res­
pecto a ten.rionu totalu es horizontal. Esta línea puede considerarse como
un caso especial de la ecuación de Coulomb. que se distingue por la
circunstancia de que s = e y f> - O, razón por la cual se la conoce como
la condición f> - O (Skempton, H148). Teniendo en cuenta que un ensayo
de compresión simple no es en definitiva más que un ensayo triaxial en el
cual la presión total principal meoor p¡ es igual a cero, círculo C en la íigura
18.2b, la resistencia al corte para la condición f> =- O se puede detenninar
por medio de un ensayo de compresión simple desde que:
• - e - ½q. (18.5}
Cuando se trata con suelos saturados de permeabilidad muy baja, como
lo son la mayoria de las arcillas y de los limos, hay muchos problemas prác­
ticos en los cuales se puede suponer que el contenido de humeJad del
suelo no cambia por un tiempo relativamente grande después de la aplica­
ción de la carga. Es decir que, por cierto tiempo, prevalece la condición no
drenada. Más aún, sl se extrae una muestra conservando su contenido de
humedad y se en•ya sin permitir que el mismo cambie, tanto la compre­
sión simple como la triaria� con presión de cooíinamiento Ps + u., proveen
un valor de la resistencia del suelo con respecto a tensiones totales que es
aproximadamente igual al valor e, como se deduce fácilmente de la ecuación
18.5 dentro de las limitaciones impuestas por la ecuación 15.4. Por ello, y

= �:::
como consecuencia del concepto ; - O, el ensayo de compresión simple
adquiere una importancia inusitada •.
Cuando en problemas que Involucran depósitos de arcillas saturadas se
presentan condiciones que van a ser controladas por la resistencia no dre-

. tado �c�re:-� � ::.1:1� =.ut�:':soct::.1 �


nd

dadu, ho�l:neat, y unifonnes. Ea lu arcilla, �lid,,das. la nirlencia de un IL'ltema


de micro flroru Ultemu invalida a - io. resultados y exige recurrir a e,ua)'OS trlulaln
no drenados pan obtener vaha representativos. Naturalmente. el e-nsayo nn f'S 1plK'11h1e
• lu ueillu no at,.,ndu. (N. dal T.)
Jl4 PftOPm!)Al)l;S WDRÁUUCAS Y MECÁNICAS DI!: LOS SUl!:1.0S

nada del materia), con frecuencia se pueden usar ventajosamente otros tipos
de ensayos expeditivos para evaluar la cohesión c. Los más importantes son
los ensayos con el aparato de paletas, también llamado la t;eleta o el molinete,
aparato éste que se halla esquematizado en la figura 44.17 y que se utili:za
con el equipo que se describe en el articulo 44. En el laboratorio se usan
también veletas similares de tamafío menor, especialmente para investigar la
resistencia de muestras de arcilla muy débiles o de arcillas amasadas. Entre
ellos el más conveniente, por sus particularidades, es el aparato manual deno­
minado torvane (Sibley y Yamane, 1965) (fig. 18.3). Las veletas que lo

/el

lb)
Fi•• 18.3. Veleta rnanu•I '"lo"'•11e" p•r• dc1"'min•r 1• ...,.;.,-da al corte
de ,r,ateriaJ,,., pa.-. loa cu.lea •=c. (•) Vb1a l•1crel ¡ (b) Vht• de lq p..
lelq dnde ebejo.

constituyen se introducen dentro del suelo por empuje y luego, aplicando


un momento torsor, que se mide con un resorte calibrado,- se hace rotar el
conjunto hasta que la arcilla rompe !l:imultáneamente a lo largo de una
superficie cillndrica que circunscribe las veletas y la base de dicho ciliodro.
EJ valor de la cohesión e se lee directamente en el indicador del re.rorte
calibrado, de modo que, cuando resulta aplicable, por medio de este apara­
tito es dable practicar un examen rápido y detallado de la variación del valor
de e para un conjunto grande de muestras (véase fig. 45.5).
All.T. 18 RESISTI:NCI..\ AL CORTE t>K SUJ:l.Olil COHESIVOS 115

En la parte JU de este texto se desarrollan varios ejemplos del uso del


concepto ,; = O como criterio de medida de la resistencia al corte de arcillas
saturadas.
Cuando una arcilla normalmente comprimida se consolida bajo una
presión hidrostática de confinamiento p1 y luego se lleva a rotura en condi­
ciones no drenadas, la circunferencia de Mohr que la representa. en términos
de tensiones totales es la A de la figura 18. 2a. El radio c de esta circunfe­
rencia mide la resistencia al corte para la condición ,; = O. De la figura
18.4a, por geometría se deduce:
e b
p3 +e =e
y por lo tanto
e = seo !p,....
p;- 1-sen!p,....
relación ésta que, para una arcilla dada, es una constante. Ha llevado a la
idea (Skempton, 1957) de que debe existir una relación similar entre la
resistencia al corte no drenada de depósitos naturales de arcillas normal­
mente consolidadas, determinada ésta por medio de ensayos de compresión
simple., de ensayos triaxiales no drenados, o de ensayos con el aparato de
paletas, y la presión efectiva que el suelo soporta a la profundidad de la
cual proviene, por efecto del peso de los depósitos sobrepuestos. Se há
encontrado que, para un depósito normalmente consolidado, esta relación,
que se designa por c/f,, es realmente una constante, siempre y cuando e.l
índice de plasticidad sea aproximadamente el mismo en todo el espesor del
depósito de que se trata. Más aún, también se ha encontrado que los valores
e/¡, que le correspooden en el terreno a varios depósitos, o bien a zonas
relativamente homogéneas de depósitos diversos, están íntimamente C(>rrela­
cionados con el índice plástico, como lo indica la figura 18.4b. Como todas
las relaciones estadísticas, la de la figura 18.4b encierra la posibilidad de
que aparezcan excepciones, pero la evidencia existente basta el presente
muestra que la relación allí indicada es aplicable a un amplio rango de tipos
de arcillas sedimentarias.
La relación e/¡;, estimada por medio de la figura 18. 4b, toma posible
una evaluación grosera de la resistencia al corte no drenada de los dep6�itos
normalmente consolidados, sobre la base de los resultados de los limites de
Atterberg. A la inversa, si la resistencia no drenada ha sido determinada
por ensayos independientes, la comparación con los valores obtenidos sobre
la base de la figura 18.4b puede servir de índice para indicar si la arcilla
está normalmente consolidada o preconsolidada.

Arcilltu e.dra,en,itif!al y arcilla. fluida.


La mayoría de los depósitos naturales de arcilla están formados por
meu:las de partículas más o menos bien graduadas, con tamaños intermedios
entre aquellos que corresponden a la arena fina y a la arcilla, y constituyen
116 PJIOPIEOADES HJDR.ÁULIC,\S Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

fonnaciunes relativamente poco sensitivas. En cambiu, los suelos que con­


sisten principalmente en partículas de tamaño de arcilla, con una estructura
borde a cara o bien una estructura en flóculos (artículo 4), suelen experi•
mentar una apreciable disminución de resistencia cuando son amasados y
exhibir, además. por lo menos una sensibilidad moderada. Más aún, hay
algunos depósitos naturales de arcilla que están formados por una mezcla
de µarticulas de arena fina uniforme y de arcilla, en los cuales, cuando
sedimentaron, la deposición simultánea de las partículas en forma de escama
de la fracción más fina y de los granos equidimensionales de arena interfi•
rió con el rodamiento de estos últimos granos e impidió que alcanzaran
disposiciones estables. Por consiguiente, si los granos de arena se tocan entre
sí, su COflfiguración puede ser tan metaestable como la que corresponde a
las verdaderas arenas fluidas. No obstante, los intersticios entre los granos
de arena están ocupados por un material con partículas de lamaiio de arcilla,

0.1

O ,--",c-,,=--�'c---cc-c,=---,�c,�'c'---!���'c--n ,ºa•
O /O ,O ,o ,_ ,o ED ,o IIQ 90 KJ() ,¡
Indice plti,Nco 1.,
(ó/
FI•• 18,4. (•) 01-,.ranu, d., "ohr de rou1ra que mu"1ra la íorm• de
deln-min•r la relHlún enlu e 7 ;;. pani an f'n ..yo eon90lld.do no dn"?
n..lo; (I>) Corrapondend• e,.t•di&1IC11 f:ftlre I• relación clj' 7 el íncUe.
plútko <•rún Sk....,p1on, 1957).
AHT, 18 IU'.SlnENClA AL COtlTI!: Di!: SUELOS COHESIVOS 117

el que adquiere, como resultado de los procesos físico-qufmlcos conocidos


por tiiotropía y sinéresis, una resistencia apreciable a medída que progresa
la sedimentación. Como consecuencia, aun cuando la arcilla es sensitiva,
no por ello emibe las propiedades de las verdaderas arenas fluidas. En
muchos aspectos, la traruición que va desde una arena suelta a una arena
: e fl e arte en la distancia que separa las
: � :n:: y = �� �bfü:S.
La rotura de las arcillas extrasensitivas, a seme}anza con la que se pro­
duce en las verdaderas arenas fluidas, parece ser progresiva. Pero en lugar
de trasformarse totalmente en un líquido viscoso, las arcillas extrasensitivas
rompen en pedazos relativamente sólidos, que flotan en un líquido viscoso
que puede desplazarse en el fondo de los valles aJcanzando distancias de
varios ldl�. con una velocidad que llega basta 15 1cm por hora. Un
testigo, que tuvo la desgracia de estar parado sobre uno de los pedazos
sólidos durante uno de los deslizamientos, describió gráficamente las carac­
teristicas del material con las siguientes palabras (Terzaghi, 1950):
" ...después de llegar al fondo fui desplazado en tal forma que en un
momento dado me encontré mirando hacía atris, enfrentando lo que había
sido la cumbre de la barranca. . . La corriente tenia la apariencia de un
enorme torrente de tierra arcillosa mojada rodando rápidamente. . . En
ningún momento hubo una rnperficie Usa ni tampoco apariencia uniforme,
como en un verdadero liquido. A pesar de que rodé dentro y sobre la masa
por algún tiempo, mi ropa no llegó a mojarse seriamente ni alcanzó a emba­
rrarme ... pues fui desplazado harraoca abajo fuera de la zona afectada por
la rápida sucesión de de1T11mbes en rebanadas de material que se produce
en las cercanías de la punta del deslizamiento ... Resultó posible, por medio
de pequeños saltos, cruzar gateando ru superficie y llegar al terreno sólido
a1 costado del deslizamiento ,in alcanzar a hundirme má! allá de mis tobillos".
Las arcillas fluidas son materiales normalmente consolidados de origen
marino, que difieren de las otras arcillas extra.sensitivas porque han adquirido
su presente grado de sensibilidad en dos etapas: primero, durante su sedi­
mentación y, segundo, mucho más importante, por lixiviación después de emer­
ger por eocíma del nivel del mar en la forma que se describe en el artíet1!0
4. En estado inalterado dichas arcillas son tan frágiles como cualquier otra
arcilla ertrasensitiva. La falla de un talud constituido por este tipo de mate­
riales comienza comúnmente al pie, para continuar hacia arriba en rotura
progresiva, aun cuando la inclinación del talud sea muy suave. En el artículo
49 se tratan ejemplos de este tipo de roturas y del torrente de barro que
involucran.

Arcilliu precon.aoll,Jada. buocia.


La figura 18. 5a ilustra sobre las características de resistencia al corte
de las arcillas precon.solidadas en 'condiciones drenadas. La linea recta Od
representa la envolvente de rotura correspondiente a la resistencia máxima o
ftSisteocia pico de muestras de arcillas normalmente consolidadas. Considé­
.ae ahora que se consolidan un número de muestras idénticas bajo una
118 PROPIEDADES HIDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE 1,0S SUELOS

l..
+--- ---,
- �:_ _______ TMsionf10l"'l"ll(1/,p
(b/
Flr. 18.5, (•) DI.......,• de rotura eneondldon" dr-enad.. para ar­
ellla prec:on1<1lldada haot.a Pt'1 (I,) Uneu de n>lvl'fl thnpll(�da, pan
la mian• ardlla.

misma presión de confinamiento p,, para luego ser sometidas a distintos


estados de solicitación. Si una de dichas muestras se ensaya en condiciones
drenadas, aumentando la presión vertical, la tensión en el plano de rotura
en el instante en que ésta se produce viene representada por el punto a de
la circunferencia de tensiones A, de modo que la tensión .normal en el plano
de rotura es J).'. La circunferencia A. conesponde a una muestra normal­
mente consolidada.
Si, en cambio, se permite que una de las muestras que ha sido previa-
. mente consolidada a la presión ¡,. expanda bajo una presión de cámara J
menor PJ', y se ensaya luego en condiciones drenadas, la resistencia de la '
muestra,representada por la circunferencia B excede la del suelo nonnalmen- ·
te consolidado ensayado en las mismas condicione!I. La envolvente de rotura ·
AllT. 18 RESISTESCIA AL CORTE DE <;VU.O.S OOHCSIV06 119

aa'b para tales condiciones de solicitación se encuentra por encima de la


línea Oo que representa material normalmente consolidado. La curba aa'b
se COITesponde con la curva de descarga be, del diagrama e-log p de la
figura 13.4-.
. Si, por otro lado, varias muestras son primero consolidadas bajo la
presión ¡,,, después descargadas a presión nula permitiendo que expandan
libremente y consolidadas al fin nuevamente bajo presiones crecientes antes
de realizar el ensayo drenado, se encuentra que, para presiones de consolida­
ción menores que p0', la línea de rotura se sitúa como lo indica la linea infe­
rior ba, ligeramente por deba;o de la curva de descarga y, para presiones ma­
yores, se torna casi idéntica a la Unea de rotura 0d que caracteriza a la arcilla
normalmente consolidada. La Unea inferior bo se corresponde con la curva
de recompresión del diagrama e-log -p de la figura 13.4.
Como una primera aproximación, hasta la presión p0', las curvas de
descarga y recarga. aa'b y ba de la figura 18.5b, se pueden remplazar por
una linea recta de ecuación:
S - C1 + Ji tg <f,1 (18.6)
Se observa experimentalmente que para una arcilla dada, el ángulo <f,1
es aproximadamente constante, mientras que el valor C1, conocido como la
cdzutón m«ltda como ordenado ol origen, depende de po'. .Para presiones
mayores que Po', la opresión:
(18.7)
vuelve a ser aplicable.
Teniendo en cuenta que para la mayorla de las arcillas el valor de C1
es muy pequeño y <f,1 .solo ligeramente menor que <(,, .se comete un pequeño
error, que se encuentra del lado de la seguridad, cuando se considera que la
ecuación 18.7 es aplicable para todos los valores de p. Por.ello, la resistencia
de uiaa arcilla moderadamente preconsolidada e intacta, solicitada en condi­
ciones drenadas, no difiere en fonna significativa de aquella que le corres­
ponde a la misma arcilla nonnalmente consolidada.
En contraste con lo que se acaba de manifestar, en condiciones no·
drenadas, la resistencia de una arcilla precomprimída puede ser mayor o
menor que la resisteocia drenada, dependiendo del valor de la relación de
preconsolidación. Si la relaciób de preconsolidación estA comprendida en el
rango que va de 1 hasta aproximadamente 4- a 8, el volumen de la arcilla
tiende a disminuir al ser sometida a la acción de corte, y la resistencia no
drenada, a semejanza de lo que ocurre en las arcillas nonnalmente consoli­
dadas, es menor que la resistencia drenada. Por el contrario, para relaciones
de prec:onsolidación mayores de aproximadamente -4 a 8, el volumen tiende a
aumentar, con 1o cual la presión u,, disminuye y la resistencia no drenada
supera el valor que adquiere en condiciones drenadas. Para relaciones de
·preconsolidación muy altas la diferencia puede ser muy grande. No obstan­
te, las fuertes presiones de poros oegativu asociadas con altas relaciones
de preconsolida�n tienden a absorber agua dentro de la masa de suelo y
causar SU expansión, con lo cual la resistencia se reduce. Por esta razón, DO
se puede c:onfiar en la resistencia no drenacla de tales suelos. Más aúr:i, en
la mayoría de los problemas pricticos, la aplicación del concepto ♦ - O
para una arcilla preconsolidada puede conducir a resultad0.1 que ,e encuen­
tran del lado inseguro mientras, por el contrario, para las arcillas normal­
mente consolidadas. la tendencia norinal hacia su consolidación que é.rtu
tienen lleva hacia errores que se manifiestan en dirección conservativa. Por
las razones expuestas, ei:cepto cuando la relación de preconsolidación no
excede posiblemente de 2 a -4, el concepto ;, - O no debiera ser usado para
arcillas pn,consolidadas_
Las arcillas altamente preoonsolidadas y los esquistos arcillosos suelen
e.:hibir a1tas resistencias pico, aun cuando sean emayadu en condiciones
totalmente drenadas, debido a la fuerte adherencia que se ha desarrollado
entre sus partlculas (artículo -49). No obstante, después que se ha formado
una superficie de deslizamiento y provocado un extenso resbalamiento, se
destruy"I la adherencia de las partlcu1as a lo largo de dicha superficie, asu­
miendo éstas, además, en su c:orrespondencia, una orientación que favorece
la disminución de la resistencia al corte del suelo. La resistencia final, des­
pués de un desplazamiento muy largo bajo condiciones totalmente drenadas,
se conoce como la residencia reridual (Skempton, 1964). No puede ser inves­
tigada ron los ensayos triuiales convencionales debido a que la magnitud
del deslWlllliento es en estos casos relativamente restringida. Se requlettn
ensa)'OS de c:orte directo especiales o dispositivos para ensayar al corte por
torsión, que permitan reproducir en magnitud dichos desplazamientos (Hae­
íeli, 1950). La resisteocia al corte residua1 se puede expresar como:
,, - p tg �. (18.8)
donde � varía entre unos 30 º para arcillas que tienen índices de plasticidad
bajos y una pequefia fracción de partlculu de tamaño arcilloso hasta valores
tan pequeños como lo son 5 a 12° para algunas de las arcillas altamente plás­
ticas con un gran porcentaje de partículas de tamaño arcilloso ( < 0,002 mm).
A causa de la casi completa destrucción de la estructura de la arcilla natural
a lo largo de la superficie de deslizamiento, es posible que los valore5 de �
sean Independientes de la historia de solicitación que baya tenido la arcilla
y que, por tanto, pueda ser determinado con suficiente apro:dmadón utili­
zando probetas amasadas (Skempton, 1964).

.4rdlla prttoruolüloda. /Uurada,

=���
La continuidad· de las arcillas altamente preconsolidadas est6. común­
mente interrumpida por una malla de fisuras capilares. SI la presión media
que actúa sobre .esas arcillas se ve reducida, sea por excavación o por procesos
geológicos, cotñn una erosión, la resistencia al corte disminuye a solicitación
tangencial constante y puede finalmente llegar a ser tan pequeila como
e 1
�/���n:, r:n:t!:de ��jj:S
e
C:! o��«:"f�ta!::
tal tipo de materiales se puede producir muchos años después que se han
practicado.. .
El mecanismo por el cual se produce el ablandamiento se explica en el
artículo 4,9. Cua1quiera sea el instante que se considere, . la resistencia al
corte de la arcilla aumenta rápidamente con la profundidad por debajo
de la superficie. Después que se produce un deslizamiento, el material
situado por debajo de la nueva superficie expuesta com. ien� a ablandar Y el
proceso continúa hasta que se produce un nuevo deslizanueoto. Por tanto,
las laderas de los valles formados en tal tipo de arcillas se veo expuestos
al deslizamiento superficial intermitente de sus masas inclinadas desde. el
momento mismo en que dichos valles se originan y el proceso no tennma
hasta que el ángulo de los taludes así formado se torna compatible con la
conslstencla más blanda que la arcilla puede alcanzar. Es a través de este
mecanismo que los taludes se hacen cada vez más chatos. En algunas regio•
aes, como lo es, por ejemplo, el valle del rlo Saskatcbewan al sw de Sas­
katoon en Canadá, todavia se producen deslizamientos sin provocación alguna
en taludes que se levantan con una Inclinación de l vertical cada 15 hori­
wntal. El problema de determinar las caracterlsticas de resistencia al corte
de tales arcillas para propósitos de proyecto no ha sido aún resuelto ( Peter­
,on et al, Uleo)•.

Componamienlo a rotara de la, urnpkn,n coMlitHM


Por las razones que se explican en el artículo 50, los terraplenes cohesi­
vm: se colocan y compactan generalmente a un contenido de humedad que
está cercano al limite plútico. Los procesos de excavación, truporte y
compactación destruyen completamente la estructura original del suelo de
modo que el comportamiento del producto terminado se asemeja al de una
arcilla amasada moderadamente preconsolidada. Los valores de 4> en con­
diciones drenadas dependen principalmente del índice de plasticidad y
pueden ser estimados por medio de la figura 18. l. Para la mayoría de los
propósitos' prácticos e] valor de e puede considerarse igual a cero.
SI en el terreno la arcilla se satura, su resistencia, de acuerdo con la
ecuación de Coulomb revisada, se toma una función de la presión de poros.
Las investigaciones que se realizan para determinarla son idénticas a aque•
llat que se efectúan con las arcillas preconsolidadas inalteradas. Cuando el
grado de compactación es ta1 que la arcilla tiende a consolidar bajo la carga
• la cual va a estar sometida y cuando, además, la velocidad de disipación
de la presión de poros es lenta con respecto a la velocidad de carga, se
puede utilizar el concepto de (/, .,. O. En cambio, si la arcilla tiende a
�andir bajo su carga, o lo hace como con.secuencia de la tensión de corte
• Como se e:.plk:a mN arriba, la ma.ntfestac:161, es cierta cuando el !Imite del equl­
libdo.llep por relajadón o dismla� de tendones normales con. upansión del material,
ODmo ocurre en un talud natural o artlfidal, pero que IIO es aonnalmente aplleable cuando

:r::
el e,I� lmpliai \UI incremento de d.k:1i.:. lenlloaes, t"ODlO ocurre OOD una fundación
�j
;:iuc1m:i':,:ti���·J; casos, s, v que exist,a
lo otras Influencias,
122 PROPlEOADE!l HIDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

ltº � -�--�-----�
tt
¡,+ --f----,--
- ---::,,..-<j=::::_--+------l
l ;¼�¡:=--=-=-=+--=-'-::t't/-=-�-
1 ºº!,-- -�,-----'�t�-"'"-,t�,--�M
Tensión normr:,I lofq/.pf�/bl�)
"-· 11.6. Li- ,t,. ...,,.,,.� ,.b,,.nidu - ien,a� no d..-nadot die
9NI &Pdlla n,qn "'" 1r,-,,..1nn <lr lrn,inn<!"I totalt!! PflH "ª"°" .,..,t...
iniria1.,,.,1.,.-1w-ación.

a que se ve sometida. los r,:,i.;ultadns de los análisis basados en la condición


,; = O serían demasfado optimistas.
Cuando el relleno pennanece no saturado. la ecuación de Coulomb
.-evuada,
(16.5)
sigue siendo aplicable como una aproximación, pero la presión de poros
tiene valores diferentes en el aire y en el agua contenida en los mismos. Si "•
denota la presión en el aire o fase gaseosa y u,,, la presión en el agua o fase
liquida, la ecuación 16.5 puede escrib� de la siguiente manera (Bisbop,
Alpan y otros. 1900; Slcempton, 1961a):
• = e+ [p - u, - )!. (u.. - u,)] tg;, (16.6)

donde el &ctor x _depende de las características del suelo y del grado de


saturación. Para suelos saturados x =- 1,0 y para suelos perfectamente secos
x - O. Teniendo en cuenta que las técnicas para medir u, y u,. o para valuar
el factor ·x son complejas y limitadas todavía al campo de la investigación,
es corriente en la práctica investigar la resistencia de los suelos parciabnente
saturados por medio de ensayos triaxiales en los cuales se miden solamente
las tensiones totales, tratando dé duplicar en el laboratorio condiciones de
ensayo qlle se acerquen lo más posible a las que se anticipan en el terreno.
La_ figura 18.6 muestra ]os resultados de cuatro series de ensayos no drena•
d� realizados sobre muestras de arcillas iDOrgánicas de tipo CL (Casagrande
y Hinchfeld, 1960) que pueden considerarse como tfpicos. Las muestras
fueron inicialmente compactadas a la misma densidad seca. En cada serle
e1 nivel búclal de saturación S, (ecuación 6.4) fue constante, aun cuando
distinto para las diferentes series. Todos los ensayos se efectuaron con dre­
naje impedido, tanto bajo la presión hldrostática de confinamiento, como
AJIT, }8 RESISTENCIA AL COflTE DE SUELOS COHESIVOS 123

durante la subsecuente aplicación de la diferencia de presión vertical. Se ve


que la resisteocia de las muestras en las series que tienen el más ba¡o grado
!:at� :;u�;� j� �s(!�:n�
ra ó
!� :°:•efmr:y!u�d��:¡�fa�d! :�:�
e

y que la Hnea do:i rotura es marcadamente curva. A medida que aumenta el


grado inicial de saturación, las correspondientes líneas de rotura ocupan
sucesivamente posiciones más bajas en la figura 18.6.
En una muestra parcialmente saturada, que se ensaya en condición no
drenada, con el awnento de la presión el volumen de aire disminuye de
acuerdo con la ley de Boyle. MIU aún, al aumentar la presión, aumenta la
solubilidad del aire en el agua y por tanto, en cualquier serie de ensayos
realizada con muestras que, inicialmente, tienen el mismo grado de satura•
ci1ín, ést,e disminuye con el aumento de la presión total que actúa sobre la
.mueltra o bien con la presión norm. a l total que se desarrolla en el plano
de fractura. SI después de alcanzada una cierta presi6n todo el aire se
disuelve ea el agua, la muestra se toma saturada y la línea de rotura con
respecto a presiones totales se hace horizontal (!X)ndiclón • - O). Es por
]24 P!IOPIEDAOF-'l HIDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

ello que todas las líneas de rotura de la íigura 18.6 se aproximan a asíntotas
horizontales, para alcanzar la condición 4> - O a presiones nonnales, que
están en relación inversa con el grado de saturación iniciaL
Un terraplén compactado se coloca ordinariamente en una condición
parcialmente saturada. La resistencia en el momento de la compactación
depende, para un procedimiento de compactación dado, del contenido de
humedad con que se coloca el suelo, como lo ilustra la figura 18. 1a, que
muestra los resultados de ensayos no consolidados no drenados realizados
sobre una arcilla limosa. No obstante, si el terraplén se toma total o casi
totalmente saturado, la resistencia puede variar significativamente con res­
pecto a la que tenía en el momento de ser colocado, como bien lo demuestra
la figura me11cionada. Las relaciones que ejemplifica la figura 18. 7 difieren
grandemente para distintos suelos, y para un mismo suelo dependen de los
dííerentes procedímientos de compactación utilizados (Seed et al., 1900).
También dependen de si el cambio de humedad se produce con o sin varia­
ción de volumen del sucio.
Debido a la naturaleza compleja de los fenónicnos asociados con la
resistencia al corte de los suelos parcialmente saturados, se 11ecesita una
experiencia considerable para seleccionar el procedimiento de ensayo apro­
piado para medir su resistencia e interpretar los resultados.

Fluencia lenta ("crHp")


Cuando la tensión de corte que actúa sobre una muestra de arcilla es
menor que cierto valor conocido como reri.dencia de fluencia lenta o "c,eep",
la arcilla se defonna durante la aplicación de la tensión tangencial y poste­
riormente durante un corto tiempo sin que, empero, experime11te más tarde
deformación progresiva. Por el contrario, si se excede la resistencia de íluen-

�!�s�! ��l:e��i co�s!�:�f/7n��i;�¡: d�l: ��k,ckJ!J°fe j;o:��


t ª ª ti es

ción de íluencia lenta requiere un equipo especial, como por tjemplo, un


aparato anular de corte por torsión, en el cual el iirea de la superficie de
rotura no disminuye con el aumento de la defonnación tangencial. La figura
18.& muestra Tos resultados de una investigación semejante realizada sobre
una arcilla amasada, altamente plástica y preconsolidada bajo condiciones
drenadas (Hvorslev 1937, 1960). En esta Investigación, la relación e11tre el
tiempo y la deformación tangencial se determinó para cada incremento de
tensión de corte. Las defonnaciones que se produjeron durante las primeru
100 hs después de la aplicación de cada incremento, incluida la respuesta
inmediata al cambio de tensión, no están dibujadas; solo se muestran las
defonnaciones ocurridas subsecuentemente. Resulta evidente que la velocidad
de deformación por fluencia lenta aumenta con el increme11to de la tensión
tangencial. La rotura, evidenciada en este caso particular por una rotación
continua a velocidad constante, se produjo con una tensión tangencial de
0,5 kg/cm1•
Cuando el área de la superficie de rotura disminuye con el aumento
de deformación, la velocidad de deformación, bajo una tensión tangencial
ART. 18 RESISTENCIA AL COR1'E DE SUELO� CO�IVOS 125

,o.-�-- -
��
t ... ,;, t ,. •JS
P,. •.'6 P,. •!l

180 ?lO l60


,.,,,po.,.11arq1tJrsp,,,f,1Hqplirorba,,pa �p,mn,invlos�dlt�l/1�
(O} /t,/
fla:, 18.8. f•J Relaeión entre deformaelOn angular y tieinpo, obte·
nlda de un ..nuro dn,nada de tonion de una ardl'a pl.oíatica QOnJ>al.
mente ooneolidada y amasada (.e¡¡:Ün Hvon'e�, 1937); {b) Re•aeiO"
erolN defornu,cióa unitaria y tiempo pan1 mueetru ldin1ie.. de arcll'a
Inalterada de Chlu,:o de baja p!a11lcidad, cn-■.yadu en cendlcionn no
dl"Cnadaa a la eompreoion Ñmplc.
dada, suele acelerarse después de alcanzar un valor casi constante, con lo
cual la rotura se produce de una manera repentina. La figura 18.8b, que
ilustra este fenómeno, representa los resultados de ensayos de compresión
simple realizados en condiciones no drenadas con muestras inalteradas idén­
ticas de una arcilla de baja plasticidad proveniente de Chicago.
La relación que existe entre la resistencia de fluencia lenta y la resis­
tencia pico no ha sido aún investigada en detalle. Para algunas arcillas no
sensitivas parece llegar a ser tan baja como 0,3, mientras que para las arcillas
frágiles puede resultar del orden de 0,8. La existencia de tensiones que
exceden la resistencia de fluencia lenta ha ejercido una influencia importante
en el movimiento lateral progresivo de algunas estructuras, como muros de
sostenimiento y estribos de puentes.
Yeloddad de caria
En todos los ensayos convencionales de corte, la rotura se alcanza gene­
ralmente en pocas horas o días. En algunos suelos el valor de s disminuye
al hacerlo la velocidad de aplicación de la carga en la forma que lo muestra
la figura 18.9 para ensayos no drenados (Casagrande y Wilson, 1951). El
conocimiento de este hecho condujo a la sospecha de que la. resistencia de
dichas arcillas puede también disminuir a tensión constante con el aumento
del tiempo de aplicación de dicha tensión. Esta posibilidad requiere consi­
deración cuando se deben seleccionar valores admisibles de la resistencia
al corte para analiuu problemas de estabilidad.
126 PROPIEDADES HJDRÁUI.ICAS Y MECÁN'JCAS DE LOS SUD.OS

'·º

A--lb«bc,.-«Hi,,i<o /.,•llf•,f(JJ()
B-Atrlllod<c-Jrl'd'Jl'l,-.t. ..
12';1t'•Jl;P.•11
e--,.,,,,,,..,,,_
0-llr6//oo\,lli>J�ippi L,. •94; W•5J; P., •JI

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I 10 100 1000 /0,000 1,000::,c-1'
T-po <!n>p/«nloparoal«mmrlu,.,l11,., - ,n/,ru!,;,J (,rs<.lt,$}

Fls. 18.9. R.,.i.,end• no d...,nada de, 1uelot arcill-en fondón del


tiemp o empleado para alunur I• rotur• comparad• con la ...,.;.1encia
obtenida cuando ..-n ello "" emplea un minuto (aesúo C....gnnde ,
Wilaou,1951),

.....,_
l.Los resultados de una8erie deensayos drenados$0bre unaarcilla111agravienen
P en c
: :!j;!::: c:t¡;! :r:ri�� J:"na�ec::6�.;;e:¿ �� :: ;ebct"':t�
una presión hidrostátiea de confinamiento de Z k;iClll• y despOO.'I aumentando la carga
..i je
� k;icm�:: cx:: Jeia5;!i"t:de
1

presión deporos A,? ¿Cuü es el valor de 9,.?


�!':.· m
¿�uAl :'5!j
ara
::e,:
� coefid:::: t
Soluci6n, 0,64; 18,l º

2 kg/�/t.�nd :e!e� �et 0 p:�:� � ���"'� l! f=� ¡��ª�


arci a

:10��esOO:&J7do��c;�-l�:, �::�:"J: :
poros en la probeta sometida a la 00111preslón simple?
E
:!.;
la �¡�';!!t�Ja�r2�u d:
Soluci6n: 1,15 kglcm' negativa
de
l ti!i.Y�1�to
u
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% wi-= :i�� :.=:7: 1ftt;:!tt. li!:n:"se
d 0
1n:;:J:
�:. Serot':!:{: b�.:.��r.:i�t�: �;j!t'!<; :���

i�=
.:"m� Y,!
¿Cuü es la prob.ble resistencia a la compresión simpledel material?
Soluci6n: Aproximadamet1!8 0,55 kg/cm'

�rrcsi�
4. Sobre wia muestra de areilla amasada se realium dos ensayos tria.tialesconso­
lidados no dttnados. Una d8 las probetas seconsolida bajo una presión de cimaro. de
�.f:1�! J:�U:c� � :e la�:;:
ón
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ª

ª de 4
�=:· d

�o;1�� au::Jde ::n::::i d:t10 P:, p: íf; a la •!7���


cuynlmtantedesarrollo.!apresiónde
da

igual a2,7fg/cm'.¿Culiles son1osvaloresde


9.. yde♦ queUTOjanloaemayos?
poros

Solucioo:15,5"y30º
l.eeturq .elerdonadq
Elestado actual delronocurdcntoconrespectoa la resistencia alcorte de los
• 5ue1os oohes:ivm fue analizado dunuil8 u.o congreso que se tituló HReuarch Confe,enu
on Shear Strmgth of Coh&l" Sollr" rcali7.ado por la ..American Society of Chil Engi-
ART. J9 EFECm DE LAS VllIBAC!ONES SOBRE LOS SUELOS 127

neers" en el Estadu de Colorado, en junio de 1960. Los anales de la conferencia


oonticnen muchas ooi,tribuciones Utiles, entre las cuales se destacan la.s 5iguientes por su
io:laclón directa con el tema desarrollado en el Art. 18.
Bi5hop, A. W., J. Alpan, C. E. Blight, and l. B. Donald. Fack>n contTOiling the dren¡,th
o/ partly ,a/urated cohesfoe aoik, pág. 500.
Bishop, A. W., L. Bjemun. The relevance of !he triaml tell to the 1>0lutlon of 11:lbilily

Bjerr��t�� r,f

t�7 .Simons. Compat-iaon of 1Mlr drength chamctemtie, of normally
con,o/ldated cla!P, pág. 7ll.
Casagrande, A. and R. C. Hirschfeld. Streu-deformotion an ltrenglh characteri.stia of o
e/ay compacted to a con.dant dry unit we>ght, pág. 359.

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Seed, •�,.:\'. K�i:::t:fi
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SimoJ, t.ªr· Comprehen$1ve intleftigoticns of the shear .trength of an und#lurbecl


Simon�'?t';"rt�fe!r·J:¿,,oonwlida11on the shear 11,e,igth characúmftiU o/ an
7

77
undi.Jturhed Oslo clay, 4 págs.
011

ART. 19 EFECTO DE LAS VIBRACIONES SOBRE WS SUEWS


Es de conocimi):•uto general que las vibraciones producidas por la hinca
de pilotes, por el tránsito, o por el funcionamiento de máquinas, general•
menten aumentan la densidad de la arena y producen un asentamiento de su
superficie. Muchas veces se dañan edificios como consecuencia de los asen­
tamientos, originándose con frecuencia juicios civiles contra los causantes de
las vibraciones. Por otro lado, las vibraciones proveen el medio más eficaz
para compactar terraplenes de arena o densificar estratos naturales de arena
suelta antes de construir fundaciones sobre ellas ( véase artículo 50). Se ve.
por lo tanto, que el efecto que producen las vibraciones puede ser nocivo o
ventajoso, pero que siem¡1re merece atención.
El aparato que se indica esquemáticamente en la figura 19. la ( Hertwig
et al., 1933) ha sido utilizado para investigar cuáles son los factores que
iníluyen en el efecto de compactación producido por las vibraciones. Consta
de un plato de apoyo y de dos pesos iguales excéntricos que giran en direc­
c'iones 9puestas. La fuerza ejercida sobre el terreno por el plato de apoyo
es igual a la carga estática, debida al peso del aparato, más la fuerza pulsátil,
cuya máxima intensidad iguala a la fuerza centrífuga de los dos pesos excén•
tricos. El número de revoluciones de los pesos excéntricos por unidad de
tiempo se denomina la frecuencia y se expresa en ciclos por segundo. La
distancia vertical máxima que recorre el plato de apoyo desde su posición de
equilibrio se denomina la amplitud de las vibraciones que el mismo experi­
menta. La amplitud es máxima para una frecuencia dada (fig. 19.lb), fre­
cuencia é.sta que es aproximadamente igual a la frecuencia natural fo del
_ vihrador más la porcic'm de suelo sujeta a vibración.
El término frecuencia natural se refiere a las vibraciones que se originan
en u11 cuerpo con limites bien definidos cuando 5e lo somete a un impulso
{mico. Si el impulso es periódico, la amplitud de las vilnacione.s fon.adas
128 PRQ\>11,:DAOE.'> HIDttiUL\{'.AS y .,n:c:Ásic:,s DE L{lS .�Uli:LOS

Fi@• 19. J. (u) Priw::ipio en que ,;,e b&1• el ..,;brador de .,u,,J,,-; (b) relulón enlre
íreeuendM y amplitud de I•• ..,;i;radone.¡ (e) relación enlre íirecaencla y •11e1uamien1o
d.- ¡., ba..., ,1.,1 •·lbrador (se.,in A, H,-rtwi,IJ et al., 1933),

que se originan aumenta a medida que la frecuencia fi del impulso se acerC'.i


a la frecuencia natural del cuerpo, de modo que para frecuencias cercanas
a ésta, la amplitud es máxima. Este fenómeno se denomina re.sonancia, y
en la figura 19.lb está representada por el pico de la curva.
La tabla 19.1 contiene valores de la frecuencia natural o de resonancia
de un vibrador como el indicado en la figura 19.l, c-uando se opera con él en
diferentes tipos de �uelos y rocas blandas {Lorcnz, 19.'34). Se utilizó un vibra­
dor que pesaba 2.700 kg y tenía una superficie de contado de l mt. Dichos
valores se obtuvieron aumentando progresivamente la frecuencia del impulso
hasta producir la resonancia.

Tablu 19.1

Suelo o roca Frecuencia. delos


por segundo

Relleno suelto uu
Relleno artificial, dt:nso, de escorias de carbón mineral 21.S
Arena mediana butante densa 24.1
Afflna bien graduada muy densa 26.7
Grava fina densa 28.1
Roca calcirea blanda 30.0
Arenisca 34.0
ART. 19 UECIO DE LAfl \'IIIRACIOSl'..S SOIUlE LOS SUELOS 129

La frecuencia natural depende no solo de las propiedades del suelo sino


tambié en cierto grado, del peso y de las dimensiones del vibrado . Estas
variantes han sido investigadas por el U.S. Corps of Engineen en dos series
n, r

de ensayos, una de ellas sobre arcilla limosa cohesiva y la otra sobre una
arena no cohesiva. El peso del vibrador y su base varió entre 5.850 y
29.250 kg; el diámetro de las áreas cargadas entre 1.5 y 4,8 m y la superficie

: :�!:: :i:���n�= (J�


t
tr
��t\�;st�:!:i�r i:/:x�e�Wo
considerablemen e el rango de las variables correspondientes, pero no difie•
t
ren fundamentalmen e de aquello, que se muestran en la figura 19. l. Sin
s
embargo, si se utiliza el mismo equipo para suelo distintos, la frecuencia
natural o de resonancia aumenta a medida que se incrementa la densidad
y disminuye la compresibilidad del suelo. Este hecho se ha utiliudo exten•
t
samente para de erminar el grado de compactación de terraplenes artificiales
t s
y para comparar la eficacia de distin os método de compactación.
Si se hace funcionar un vibrador sobre una capa de arena, el material
situado debajo de la placa de apoyo se compacta. Para impulsos de frecuen•
cia constante, el tamaño de la 1.ona de compactación aumenta a una velocidad
que disminuye con el tiempo. El tamaño final de l a zona compa<.1ada depen•
s
de de la intensidad de los impulsos periódicos ejercido por el vibrador )'
ts
de la densidad inicial de la arena. Más allá de los lími e de e ta zona. la s
t
densidad de la arena permanece prácticamen e inal erada. t
Como el vibrador descansa en la superficie del suelo que compacta, se
produce un asentamiento del aparato. Si la frecuencia del impulso se aumen•
t t
la gradualrñen e, el asentamien o del vibrador aument a en la forma que In
indica la figura 19.lc, donde puede apreciarse que cuando e aproxima a s
t
la frecuencia natural o de resonancia, el asen amiento aumenta rápidamen te
y alcam.a valores muchas veces superiores a los producidos por una carga
s
estática de la mi ma magnitud que la fuerza pulsátil. La wna de frecuencias
dentro de la cual se produce el mayor asentamiento se denomina uma crítica
de frecuencias. Esta zona parece extenderse entre valores comprendidos entre
V. y l Y. veces la frecuencia natural del suelo.
s
Cuando una máquina que produce vibracione con frecuencia com· s
t
prendidas dentro de la zoca crít ica se encuen ra fundada sobre una capa
s t
de arena, u asentamien o es muchu veces mayor del que resultaría por
la acción de carga, estáticas equivalentes. La frecuencia de las vibracioues
producidas por las pequeñas pero inevitables excentricidades de las par­
s
tes giratorias de las turbina de vapor se encuentra dentro de la zona
t
cri ica de las arenas {véase artículo 60). Por ello, las fundaciones de lurbina�
s s s
de vapor situadas sobre arenas ueltas ufren a entamientos excesivos. a
menos que la arena sea compactada artificialmente antes de construir la
fundación. Cualquiera que sea el suelo de fundación, es aconsejable tomar
s
prc..-cauciones e peciales para reducir lo más posible la iimplitud de la vihra­ s
ciones forzadas.
· El efecto que las vibraciones producen sobre las arcillas es mucho menor
que en las arenas, porque la cohesión entre las partícula., se opone al de pla· s
s t
u.miento de los granos. No ob tan e, hasta una arcilla hlancla sr ('On�licla
13() PROPIEDADES HIDRÁULICAS Y MECÁNICAS DE LOS SUELOS

un poco cuando está continuamente sujeta a vibraciones intensas de frecuen­


cias pró,:imas a la frecuencia natural del material
En realidad, las vibraciones oscilan no solo verticalmente sino en varias
otra.s formas, cada una de las cuales pueclen caracterizarse por una frecuencia
natural o de resonancia diferente. Los movimientos resultantes son muy
complejos y no pueden predecirse con euctitud., aun cuando en algunos
casos muy simples puede deducirse la frecuencia natural o de resonancia
con cierta apro:Omaci6n (Barkan, 1962; Lysmer y Richard, 1966).
Un fenómeno similar de resonancia puede ser inducido montando un
vibrador adecuado en el extremo superior de un pilote. El sistema se utiliza
para hincar pilotes, en cuyo caso el vibrador se opera a la frecuencia natural
de las vibraciones longitudinales que transitan por el propio pilote, con lo
que éste penetra fácilmente en el terreno (ASCE, 1961) •.

•Loshina,pilotesavibración10nrnuyeficaoesparallll<.trpenetrarpilotesy ta ­
b1esbiau en arena, perornuy poco efiden t:et o mdicaoes en lim o y ardlla. (N. d d T.)
Capítu1o 3

DREN.',JE DE LOS SUELOS

ART. 20 NAPA FREATICA. HUMEDAD DEL SUEW,


FENÓMENOS CAPILARES

De/iniciolU!I

Se denomina nivel de l.a napa freática al lugar geométrico de los niveles


a que alcanza la superficie del agua en pows de observación en libre comu­
nicación con los vacíos del suelo �in situ�. El nivel de la napa freática puede
también ser definido como el lugar geométrico de los puntos en que la tensión
oeutra u,. en el suelo (articulo 2) es igual a cero.
Si el agua conleruda por u n suelo n o estuviera sujeta a olra fuena que
la gravedad, el material situado por encima de la napa se hallaría seco. En
realidad, en el terreno, el suelo se halla completamente saturado hasta cierta
distancia por arriba de la napa, y parcialmente saturado encima de este
nivel, a partir del cual se dice que está húmedo.
Si la parte inferior de una masa de suelo seco se pone en contacto con
el agua, el líquido rube por los vados hasta alcanzar cierta altura por encima
del nivel libre. Este ascenso del agua se ·atribuye a la ten.ri6n ,uperficial
que se desarrolla en la zona límite entre el aire y el agua. En esta zona, el
agua se encuentra en un estado de tensión comparable al que se desarrollarla
en una membrana de goma tendida y unida R las paredes de los vacíos del
suelo, con la diferencia de que la tensión superficial del agua no resulta
afectada por una contracción o extensión de la película que separa el agua
y el aire.
Los conceptos básicos relacionados con las acciones moleculares que
producen la tensión superficial son temas que se hallan aún en discusión.
A pesar de ello, la existencia de tensiones de tracción en la pellcula super•
ficial ha sido probada fuera de toda duda hace mb de un siglo, y l a inten­
sidad de las mismas ha sido medida por métodos distintos con idénticos
resultados.

A�reruión del agua en iulm, copilan,


El fenómeno de la ascensión capilar puede demostrarse sumergiendo
en agua la parte inferior de uo tulxi de vidrio de diámetro muy pequeño,
11ue rf'<"ibe el nombre de tuho capilar. Al ponerlo en contacto con el agua.
132

{al (h}

•·1•. 20.1. (f>) �-•·•·••sF-u ,1,•1 •<irn• .-n un lubo u11i1H, (b) .,.1.do
,1,. l<'n•if,n ,l�I ••n• ,.n 11n 1ubo .-•pilH.

l.1 atrat-<:ióu moll'(;ul.ir entre el ,·idriu �- el agua se combina tvn la tensión


superficial y hacr ,\S<'t'nder t•l agua dentro del tubo hasta una altura ho por
encima <lt·l nivd del agua libre , figura 20. la). La altura h� se denomina
ollura de a.sce11siri11 caµUar. La s11pt'rfide superior del agua, dentro del tubo
capilar, toma la forma de una ca\1dad cóncava, llamada menisco, que se une
a las paredes del tubo formando con el mismo un ángulo de contacto a.
El valor de u dt>pcndc del matt·rial de la pared d�l tubo y de las impureu.s
que lo cubren. Para tubos de ,·idrio con paredes químicamente limpUU o. es
igual a O", asi qut- el agua aSC'"it'nde en los mismos a la mayor altura com­
patible con el diámetro del tubo y con la tensión superficial del agua, Si
las paredes del tubo no están limpias. n tiene un valor comprendido entre
Oº y 90 º , de modo que la ascensión capilar es menor. Finalmente, si las
paredes del tubo se hallan cubiertas de grasa, n es mayor de 90ª y el menisco
se sitúa por debajo del nivel del agua. Este fenómeno se atribuye a que las
moléculas de agua y de grasa se repelen.
Si se deoola con T, la tensión superficial expresada en gramos por
centímetros y y. el peso unitario del agna, el equilibrio requiere que:
h,.11r1y,,, - 211rT.cosu

(l'JJ.l)

El valor T. disminuye un poco con el aumento de temperatura. A la


temperatura ambiente alcanza aproximadamente 0,075 gramos por centlme­
tro y y.,, es igual a un gramo por cenllmetro cúbico. Por lo tanto,

h.(cm) - i! cos a (l'JJ.2)


, )
ART, 20 �APA FltF.ÁTICA, Ul''-lEl).\D Dt::I. Sl:'f'.U>, J."F.'.'.Ó:lolt:,oi; CAPIL,\RE.'i 133

Por arriba del nivel del agua libre, la presión hidrost.Itka 11.,. ejercida
por el agua es negativa, y para una altura ::; es igual a
·u,. ,.-z·:,,, (20.3)

A,cen,.ión ctrpilar del afua en lo, ,uelo,


En contraste con lo que ocurre en tubos capilares, los ·\'al·Íos continuos
de los suelos y de la mayoría de los materiales porosos tienen ancho variable
y se comunican entre sí en toda dirección constituyendo un enrejado de \'aCÍos.
Si este enrejado es invadido desde abajo por el agua, su parte inferior se
satura completamente. En la parte superior, el agua sólo ocupa los vados
mil pequeños, pues los mayores permanecen llenos de aire.
La ascensión del agua a los vacíos de una arena seca por efecto capilar
puede demostrarse en el laboratork:> con el ensayo indicado en la figura
20,2.a. Se vierte arena en un lubo vertical con una malla perforada en e-1
fondo, y luego se coloca esle fondo en contacto con el agua. Por ascensión
capilar, parte de la arena se satura y adquiere un color oscuro. Hasta una
altura hN por encima del nivel del agua, la arena se halla completamente
saturada y entre h., y h� está parcialmente saturada, en la forma quc lo indica
la figura 20.2b. La altura h0 se llama allura de ascen.ti6n capilar. La i.:urva
de la figura 20. 2c indica la velocidad con que la superficie de la zona hí1me•
da se acerca a la posición de equilibrio correspondiente a la altura h,..
A medida que disminuye el tamaño efectivo, tambieo lo hace el tamaño
de los vacíos y aumenta la ascensión capilar. La altura h, (en centÍmNms)
es aproximadamente igual a

(c0.4)
h. - e;1Q

en la cual e ..s la relación de vacíos, 0 1 u (centímetros) el ta111:1..:o cíet·tivo


de Allen Hazen (artículo 5), y C (centímetros cuadrados) es una constantt·
empírica que depende de la forma ele los granos y de las impurezas super•
ficiales. Su valor varía entre 0,1 y 0,5 centímetros cuadrados. Sin c11ibargu.
debe tenerse en cuenta que la permeabilidad disminuye c-tiando decre,..- ('1

fls. 20.2. A11tt11aón upllar del._.,. en •nn• ...,•.


134 DRENAJE DE J.OS SUELOS

:,¡/Od
111,,
í "'�
:.¡:,¡� dr(.,__.,""""",_¡..¡
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iog.
1,q 41 4111 ;;,,

Flg. 20.3. Reladón entN tamaño de flnno de polvo de cuan.o uniforme r allun de
ueenaión capilar en un periodo de 24 horaa (ae¡¡:ún A. AUerber¡r, 1908).

tamaño efectivo y esto reduce la velocidad de ascensión capilar, de modo


que la altura a que asciende el agua en un tiempo determinado, por ejemplo
24 horas, adquiere su máximo valor para un tamaño de grano intermedio.
En la figura 20.3 las abscisas representan el logaritmo del tamaño del grano
de un polvo uniforme de cuarzo compactado denso, y las ordenadas la
ascensión capilar en 24 horas. La ascensión máxima se alcanza para un
tamaño de grano igual aproximadamente a 0,02 miUmetros. Para un periodo
de 48 horas, el tamaño óptimo sería algo menor.

Sifonaje capilar

Las fuerzas capilares hacen ascender el agua contra las fuerzas de la


gravedad no sólo en el caso de tubos capilares o de columnas de vacíos en
suelos secos, sino que también dentro de canales angostos abiertos o de
acanaladuras en forma de V. Lo expuesto puede demostrarse con el dispo•
sitivo indicado en la figura 20.4. Si el punto más alto está por debajo del
nivel a que la tensión supe_rficial puede levantar el agua, ésta irá pasando
por la ranura en V y poco a poco vaciará el recipiente. Este proceso se
conoce como sifonaje capilar, y se produce también en los vacíos. de un
suelo. Como ejemplo, puede verse el cUO'de la figura 20.5, en que el agua
circula por encima de la cresta del núcleo impenneable del dique a pesar
de que el nivel del agua libre está por debajo de dicha cresta. El sifonaje
capilar causaba una pérdida de I.7CO litros por minuto por encima del
núcleo impermeable de los diques laterales situados sobre una longitud
de 20 kilómetros del canal entre Berlín y Stettin, en Alemania. El núcleo
impermeable llegaba hasta una altura de 30 centímetros sobre el nivel del

- .....

�.
FiJI'.. 20.1. Corrienle r.apilar por Fl¡i. 20.5. Corriente eapilar 10bre el ná­
""" rMIIHrM t,n, -m• dt, "· e(..., im�rmeable de un dique de tien"a.
AJIT, 20 NAPA nu:ÁTICA, HUMJ!l)AD DEL SUUO, f'ENÓME>.'JOS CAPJ.LARES 135

agua. Cuando los núcleos se elevaron en 40 centlmetros, la pérdida se


redujo a menos de 400 litros por minuto.

Humedad ducondnua da ,udo

Entre las alturas h,e y he (véase figura 20.2a), una parte de los espa•
cios vacíos se haUa ocupada por canales continuos de aire, y el resto por
hilos de agua. Como estos hilos de agua son también continuos, la tensión
en el agua hasta la a1tura h� se halla gobernada por la ecuación 20.3. Pero,
si la arena solo está humedecida, las partículas de agua no se comunican
entre si y la ecuación 20. 3 no es aplicable.
El agua contenida en una arena humedecida se denomina humedad de
contacto, porque cada gota de agua rodea un punto de contacto entre dos
granos en la forma en que lo indica la figura 20.6. La tensión superficial en
el límite de separación entre aire y agua acerca los granos del suelo con una
fuerza P, llamada p1"uión de contacto. La resistencia de fricción producida
por la presión de contacto da lugar a un efecto similar a la cohesión, es
decir, que desarrolla cierta cohesiói'I entre los granos ( véanse figuras 21. 3o
y b ), pero si se sumerge el su�lo, se elimina la tensión superficial, desaparece
la presión de contacto y la arena se desintegra.
El efecto mecánico de cohesión debido a la presión de contacto depenc':e
de la densidad relativa de la arena. Si la arena es densa, la cohesión aurnen;·a
a tal punto su resistencia al corte, que taludes \·erticales de bastante altura
permanecen estables sin soporte lateral alguno.
Si por el contrario, wia arena húmeda ha sido depositada en forma suel­
ta, por ejemplo, por volcamiento sin compactación, la cohesión impide que
las partículas del suelo se asienten a posiciones estables, de modo que
reduce la capacidad de carga de la arena casi a cero. El volumen <le una
arena en estas condiciones puede ser superior en un 20 ó 30 por ciento al
de la misma arena seca en estado también suelto. Este fenómeno se dis­
tingue a veces con el calificativo de abultamiento. Como las fuerzas que
mantienen los granos en posiciones inei;tables son extremadamente peque­
ñas, el fenómeno descripto solo puede producirse en los primeros decímetros
mperiores (30 a 60 cm) de una capa de arena. Si dicha arena se moja,
\a porosidad se reduce a la que tiene la misma arena seca o saturada en
estado suelto, ya que la saturación elimina la tensión superficial del agua.

f'li, 20.6. Fiaeru1 prodacldu por la hum..dad de t,unl11clo.


13/l DRENAJE DE WS SUELOS

Errorea �omune,

Como las causas físicas que producen el movimiento capilar del agua
en los suelos no son tan evidentes como las que originan el escurrimiento
gravitacionaL se han deslizado varios errores en ciertas publicaciones téc­
nicas. Se ha aseverado, por ejemplo, que el agua no puede ascender en un
tubo capilar a una altura mayor que en el caño de una bomba de succión
(10 metros). La altura a que el agua puede ser elevada por succión depende
de la presión atmosférica y es independiente del diámetro del tubo, mien­
tras que la altura de ascensión capilar es independiente de la presión atmos­
férica y aumenta al disminuir el diámetro del tubo. Es, por lo tanto, evi­
dente que dichos fenómenos no tienen nada en común. En el vado· es impo•
sible levantar el agua por succión, mientras que la altura de ascensión capilar
es la misma que a la presión atmosférica.
Se ha dicho que la mayor parte del agua contenida en una arena fina
no puede escurrirse o filtrar por efecto gravitacional, porque es retenida en
la arena por atracción molecular. Esta opinión resulta incompatible con el
bien conocido hecho de que el espesor de la capa de agua retenida por la
atracción molecular del sólido no e:,¡cede 0,1 micrón. Más allá de esta dis­
tancia, el agua tiene propiedades normales y puede desplazarse libremente
como si estuviera en un conducto. La cantidad de agua retenida en la dis­
tancia de 0,1 micrón de la superficie de los granos de una arena saturada
resulta despreciable frente al total del agua de saturación, de modo que
desde el punto de vista práctico puede considerarse que toda el agua está
en estado normal y participa en la filtración gravitacional.

Probleznq
l. ¿Cual es la ascensión capilar en una arena muy fina cuyo tam•ilo efectivo es
Igual a 0,05 trilimetros y su relación de vacíos igual a 0,6?
Solucl6n: entre 33 y 165 centímetros.
2. La resistencia a la compresión simple de una arena fina densa y húmfide.
alcanza a 0,2kg por centímetro cuadrado y su ,ngulo de fricción interna es i�ual a 40".
esi tri
r::is���alad:':":;�::!s�� j� :::\fti�:d �ia:iJF productr �
So/ucl6n:0,056kgporcentímetrocuadrado.

ART. 21 FORMAS Y TIPOS DE DRENAJE

Propó,ilo y método. de drenaje


El drenaje se utiliza en la práctica siempre que resulte deseable elimi­
nar presiones de filtración, reducir el peligro a la acción nociva de las
heladas, o aumentar la resistencia al corte del suelo por reducción de las
tensiones neutras (véanse artículos 12 y 17). Consiste en deprimir la napa
freática por debajo de la base de la masa de suelo que requiere protección
o refuerzo.
AllT. 21 FORMAS Y TIPOS DE DRENAJr 137

• Para deprimir la napa hasta una profundidad dada es necesario esta­


blecer, por debajo de este nivel, un sistema de colectores ubicados dentro
de perforaciones, galerías o zanjas. El agua fluye del suelo hacia los colec­
tores de los cuales se elimina por bombeo o por otros medios apropiados.
El gradiente hidráulico que se produce en las paredes de los colectores
es muy alto y las partículas más finas del suelo son poco a poco arrastradas
al colector, a menos que sus paredes sean protegidas por medio de filtros,
los que consisten en mallas metálicas, o se forman con arena o grava zaran­
deada. Las aberturas de las mallas metálicas deben ser aproximadamente
iguales al tamaño Dso del suelo natural con el que se encuentran en contacto
( De() = tamaño de la malla por la cual pasa el 60 % del suelo). Los filtros
de arena o grava deben satisfacer los requerimientos granulométricos espe­
cificados en la parte final del artículo 11.
Las perforaciones para drenaje van corrientemente protegidas con tubos
camisa metálicos, que en su extremidad inferior llevan un trozo de caño
perforado o filtro, que queda en contacto con el estrato acuífero. Si el caño
camisa tiene un diámetro menor de 2 ½ pulgadas, el ¡:ozo se distingue con
el nombre inglés well point. Cuando las perforaciones son de poro diámetro,
el bombeo se efectúa simultáneamente en varias perforaciones interconec­
tadas por medio de un tubo colector de cabeza. Si el diámetro de la perfo­
ración es mayor de 30 centímetros, se suele bombear el agua por medio de
un tubo de succión de mucho menor diámetro y el espacio entre este tubo
y las paredes de la perforación se rellena con arena gruesa o con grava. En
estos casos la perforación recibe comúnmente el nombre de po:w filtro. El
filtro anular de arena o grava sirve de sustituto a la camisa. Las zanjas
colectoras y las galerlas consisten usualmente en conductos con juntas
abiertas. embebidos en arena o grava que satisface los requerimientos gra­
nulométricos de un filtro.
En el caso de arenas, parte del agua drenada que fluye a colectores
es remplazada por aire ( drenaje por invasión de aire). Los suelos de granos
muy finos, por el contrario, permanecen saturados y el volumen de vacíos
disminuye en una cantidad igual a1 volumen de agua expelida ( drenaje
por consolidación).
El drenaje de cualquier tipo de suelo se puede también proclucir por
evaporación desde la superficie expuesta a la atmósfera, proceso que se
denomina drenafe por desecación. Según cual sea el tipo de suelo, dicho
drenaje puede originarse por invasión de aire, por consolidación o por inva­
sión de aire precedida de consolidación.
Los suelos muy finos pueden también ser drenados haciendo pasar por
los mismos una corriente eléctrica. Este tipo de drenaje se conoce romo
drenaje por electroósmosia. Asimismo, cuando se somete la parte superior
de una masa de suelo muy fino a temperaturas inferiores a OºC, el materi:tl
absorbe agua de las capas inferiores, la que se acumula en la zona superior
y contribuye a la formación de capas de hielo. Se puede entonces decir que
el suelo de las capas inferiores está sujeto a drenafe por congelación, sin
olvidar, sin embargo, que hay acumulación de agua en las capas con�eladas.
138 DRF.SAJF. DF. LOS SUE.t.05

Por otro lado, la presión de filtración del agua que escurre consolida el
suelo situado debajo de la z.ona de congelamiento.
Las .secciones que siguen contienen una descripción de los diferentes
tipos de drenaje.

Drenaje por ira�


El valor mínimo a que puede reducirse el contenido de humedad de
un suelo, cuando el mismo se halla sujeto al drenaje por g:ra\'edad, se llama
capacidad de retenci6n de agua del suelo. Para obtener valores numéricos
que sirvan de comparación sobre la capacidad de retención de agua de los
diferentes suelos se utilizan varios procedimientos de laboratorio. En a\gu.
nos de estos procedimientos, conocidos como métodoa gravitacionales, se
hace drenar el suelo bajo el único efecto de la gravedad. En otros, llamados
mitodo, por .n,cci6n, la fuerza de la gravedad es incrementada sometiendo
al vacío la base inferior de la muestra o a presión su base superior. En un
tercer tipo, llamado método centrifugo, las fuerzas de la gravedad son
remplazadas por fuerzas de inercia de mayor intensidad.
Si se conoce la capacidad de retención de agua de un suelo, como asi­
mismo la relación de vados después del drenaje y el peso especifico absoluto
de las partículas sólidas, se puede calcular el grado de saturación S, ( por
ciento} (véase artícu1o 6), y la relación espacio de aire c•. La Telaci6n
upado de aire o gTado de aireación se define por la ecuación:
)
e� -
i
es;:c�: :a:o ª:al - l - s,;: (21. l)

Las curvas A y B de la figura 21. l representan la relación espacio de


aire en función del tamaño efectivo para diferentes fracciones de suelo que
fueron drenadas utilizando dos métodos distintos. Los datos para dibujar
la curva A fueron obtenidos sometiendo muestras saturadas al drenaje por
succión, aplicando por 2 horas vacío a la base inferior de muestras de 10 cm
de altura. La curva B representa los resultados de los ensayos efectuados
por el método centrifugo, en el cual l:u muestras fueron sometidas durante
2 minutos a una fuena Igual a 18.000 veces la gravedad (Lebedeff 1928).
En el laboratorio, el drenaje de la arena bajo la influencia de la grave­
dad continúa por años a un ritmo decreciente, aun en el caso de arena
gruesa. La figura 21. 2.a representa el estado de dos muestras de arena
después de 2,5 años de iniciarse el drenaje. En ambas muestras, la relación
espacio de aire aumentó tanto más ripidamente cuanto más alejada de la
napa se encontraba la capa de suelo considerada (véase figura 21.2b),
pero aun después de dos años y medio, la relación espacio-aire segula
aumentando en ambas muestras (King 1899).
En el terreno, todo proceso de drenaje por gravedad va periódicamente
acompañado de la incorporación de agua proveniente de las lluvias o del
deshielo, cuyo efeci:o sobre el contenido medio de humedad del suelo depen­
de no solo de la cantidad de agua iooorporada y de la evaporación, sino que
---
AIIT. 21 FORMAS Y TIPOS DE :>RENAJE 139

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Fig. 21 . 1. Relación entre tamaño de «'"""° y i,:rado de IÜffM:IÓn deepui. dc,I


drenaje. La curva ,I fue obtenida por el melodo de •Uttión; la cana B por el
mé1odo de la centrifugación; la cana C por med!don"" en el t.,.....,no (A, _,jn
Zunkrr, 1930¡ B, llq'Ún Lebedeíf. 1923).

también en gran parte de detalles de la estratificación del terreno. La expe­


riencia in<lica que la relación espacio de aire del suelo en el terreno es
prácticamente independiente de su elevación sobre la napa freática, lo que
está en contradicción con lo encontrado en el laboratorio, d,mde dicha rela­
ción aumenta al alejarse el suelo de la napa, según lo indica la figura 21.2b.
Por ello, no hay una correspondencia definida entre la capacidad de reten­
ción de agua del suelo después de drenado en el laboratorio y la misma capa­
cidad de retención en el terreno. Esto puede verse comparando las curvas de
laboratorio A y B con la curva C de la figura 21.1. La zona sombreada alrede­
dor de la curva C representa la relación espacio de aire en función del tamaño
efectivo para varios suelos después de ser drenados por gravedad en el terre­
no bajo condiciones climáticas similares a las existentes en la parte cenlral­
este de los Estados Unidos de Norteamérica. En regiones con condiciones
climáticas distintas, observaciones similares pueden conducir a curvas muy
diferentes, pero en ningún caso es de esperar que las curvas obtenidas en
el terreno tengan con las de laboratorio más que una semejanza en su forma
general.
Afortunadamente, tratándose de construcciones de ingeniería, la can­
. tidad de agua drenada de un suelo muy pocas veces tiene importancia, ya
que resulta de mayor significado conocer los efectos mecánicos que produce
el drenaje y el tiempo necesario para obtenerlos.
140

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,l..,.nadH Jur•nu, 2.,5 añ°' en el lal:oratorio (serún Kins, 1899).

l'elocldad y e/t>t:to ,lel drenaje por graMdad


Como se dijo con anterioridad, los suelos pueden drenarse bombeando
de pozos filtros, captando estratos acuíferos por medio de galerías, o des­
viando el agua hacia zanjas de drenaje. Cualquiera sea el método de dre­
naje, el tiempo que se requiere para drenar el suelo es siempre un factor de
la mayor importancia.
Los métodos teóricos existentes para calcular la velocidad de drenaje
por invasión de aire son aún poco satisfactorios. Por ello, para calcular el
tiempo necesario para drenar un estrato de arena, el ingeniero debe basarse
principalmente en la experiencia. El drenaje de un estrato de arena gruesa
limpia, por bombeo de pozos filtros espaciados no más de 12 metros entre
sl, puede comúnmente completarse en unos pocos días ( drenaje muy rápi­
do). En arena muy íina, por el contrario, la misma operación puede tardar
varios meses ( drenaje lento). Los métodos existentes para drenar suelos y
las condiciones para su buena aplicación se tratan en el artículo 47, y los
asentamientos que pueden producirse al deprimir la napa se estudian en
el artículo 59.

De.ecación de •uelo•
Si se expone un trozo de arcilla al aire, el agua que contiene el suelo
se desplaza del interior hacia la superficie donde se evapora. Durante este
proceso. la arcilla se hace más y mú resistente hasta que finalmente deviene
muy dura. El momento en que cesa la evaporación depende de la hwnedad
relativa del aire circundante, ya que, de acuerdo con las leyes de la física,
A.RT. 21 POflMA.S Y TIPOS U DflENAJ! 141

el agua se evapora en toda zona de separación entre agua y aire, salvo que
la humedad relativa sea como mlnimo igual a cierto valor que es función
de la temión a· que está sometida el agua. La humedad relativa h,,. se
define como la relación entre el peso de vapor de agua que enste en el
aire a una temperatura dada y la máxima cantidad de vapor que puede
contener el aire a la misma temperatura. En climas húmedos, la humedad
relativa varía comúnmente entre 0,15 y 0,95, alcanzando excepcionalmente
a 0,99. Cuando la humedad relativa del aire en contacto con la superficie
libre del agua es menor que uno, el agua se evapora hasta que la humedad
del aire se haga igual a uno, o bien hasta el secado completo. Si el agua se
halla bajo tensión, la evaporación cesa para una humedad relativa menor
que uno. Este valor menor h, se designa prerión relativa de vapor. Para
temperaturas comprendidas entre 10º y 30ºC y para presiones relativas dc
vapor comprendidas entre 0,7 y uno, la relación entre la tensión neutra ,i,.
del agua y la presión relativa de vapor h, puede expresarse en forma
aproximada por la ecuadón:
u,.( kg/cm1 ) -= - 1500( l - h,) (21.2)
Por ejemplo, para h, - 0,90, u,. =- - 150 kg por centímetro cuadrado,
es decir, que si la tensión neutra de un trozo de arcilla expuesto al abe es
igual a 150 kg por cm cuadado, el contenido de humedad de la misma no
permanece constante a menos que la humedad relativa del aire circundante
sea igual a 0,90. Si la presión relativa de vapor es menor, la arcilla sigue
perdiendo agua por evaporación; si es mayor, el agua se condensa en la
superficie del suelo produciendo un hinchamiento de la arcilla hasta que la
tensión del agua desciende al valor determinado por la ecuación 21. 2. Este
hecho puede ser utilizado para calcular la tensión del a_s:ua contenida en
materiales porosos de granos finos, como lo son las arcillas.
Si de un tubo capilar de radio r (centímetros) se evapora agua, la
curvatura del menisco y la tensión u,. del agua aumentan hasta que u,.. se
hace igual a - h,:y,.. Sustituyendo h. de la ecuacién 20.2, se llega a:
,lS cms)
u.-s (gm/cm1 ) .,. - O y;:::; cosa (21.3)

Una evaporación mayor origina un descenso del agua dentro del tuh:,
capilar conservándose constante la tensión neutra. Un proceso similar se
produce cuando los suelos se secan. En efecto, al principio el valor de u,.
aumenta hasta alcanzar el mayor valor compatible con el tamaño de los
vados en la superficie del suelo. Una evaporación mayor hace penetrar
aire en el suelo cambiando su color de oscuro a claro. Al principio de esta
seg\lnda etapa, el contenido de humedad del suelo es igual al límite de
contracción (véase artículo 7), pero con su progreso la tensión neutra u.
puede aún aumentar, ya que los meniscos de agua se retiran a las acanala.
duras y rincones más angostos de los vados.
La evaporación no cesa hasta que la presión relativa de vapor h, (ecua•
ción 21.2) se hace igual a la humedad relativa h,..
142 DRENAJE DE WS SUELOS

El agua remimente en el suelo seco constituye lo que se denomina hume­


dad de contacto en el articulo 20. Después de secados al aire, el contenido de
humedad de los suelos varia desde casi cero para arena limpia hasta 6 6 7
por ciento para las arcillas típicas. En este estado, las arenas limpias son
materiales sin cohesión, mientras que las arcillas resultan muy duras. En
los casos mencionados la relación espacio de aire varía entre uno y 0,8.
Si una probeta de suelo secada a estufa se enfría en contacto directo
con la atmósfera, su contenido de humedad aumenta. El agua que las
partículas de suelo toman de la abnósfera se llama humedad higrosc6pica.
La cantidad de humedad higroscópica que puede absorber una probeta dada
depende de la temperatura y de la humedad rela•iva del aire y, en general,
aumenta a medida que disminuye el tamafio de las partículas. E.n arenas
es despreciable, en suelos limosos es muy pequeña, aunque suficieote para
producir uo hinchamiento. En arcillas puede ser superior al 5 por ciento
de su peso seco.
Cuando una probeta de arcilla secada al aire es calentada hasta una
temperatura algo superior al punto de ebullición del agua, su contenido
de humedad decrece ligeramente. Asimismo, algunas de las propiedades
de la arcilla sufreo cambios que parecen permanentes y que vienen refle­
jados eo una variación persistente en los límites de Atterberg. Un aumento
mayor de temperatura, hasta alcanzar varios centenares de grados centf•
grados, produce la fusión de los granos en sus puntoo de contacto dando
lugar a una cementación potente y permanente que proporciona a la arcilla
las características de un material sólido. La trasformación de mezclas de
arena•arcilla en ladrillos se produce de una manera similar.
La velocidad con que se evapora el agua en la superficie de probetas
de arcilla sometidas a condiciones de exposición constantes disminuye a
medida que decrece el contenido de humedad. En el limite líquido, la vele,.
cidad de evaporación es aproximadamente igual a la existente en un espejo
de agua libre. Para un espejo de agua libre, la velocidad de evaporación
depende de la temperatura, de la humedad relativa y de la velocidad del
viento. En los Estados Unidos de Norteamérica, el área de más baja eva•
poración para grandes espejos libres de agua se encuentra en la zona de los
grandes lagos. donde la velocidad de evaporación varía de 400 a 500 mili•
metros por año. Hacia el oeste y hacia el sur de esta zona, diC'ha velocidad
aumenta gradualmente y alcanza a 1.800 millmetros en el sudoeste de Texas
y sudeste de Nuevo Méjico. En la parte central del Imperial Valley, Cali•
fornia, se han medido valores que alcanzan a 2.300 milímetros anuales.
Aun cuando una muestra de arcilla recubierta de parafina se almacene
en una cámara húmeda, la arcilla gradualmente se contrae y separa de su
envoltura de parafina. Esta contracción indica que existe un escape de agua
a través de los poros invisibles aunque continuos de la parafina.
A medida que disminuye el contenido de humedad de una arcilla ea
.desecación, la velocidad de evaporación también disminuye debido a que la
tensión del agua contenida en los poros aumenta. Según la ecuación 21.a
este aumento de tensión lleva aparejada una disminución de la presióa
relativa de vapor, disminución que ejerce sobre la velocidad de. evaporacióa
ART. 21 FORMAS Y TIPOS DY. DRENAJE 143

a h;_¡medad relativa constante, el mismo efecto retardador que un aumento


de humedad relativa tiene sobre la velocidad de evaporación de un espejo
de agua libre,
Por debajo del límite de contracción, la velocidad de evaporación sufre
un nuevo retardo, ya que la humedad relativa del aire en los vacíos es
siempre mayor de la que existe en el aire libre y que la evaporación cesa
en el momento en que la presión relativa de vapor en los poros se hace
igual a la humedad relativa del aire. Si la humedad relativa del aire aumenta,
el contenido de humedad de la arcilla aumenta también levemente.

Efedo de la de,ecación ,obre la re,iAlencia tu la. ,uelo,


Mientras un suelo se está desecando, se desarrolla cierta tensión en el
agua de sus poros, tensión que aumenta a medida que disminuye el conte•
nido de humedad. Como la tensión normal total en una sección dada del
suelo permanece constante y es igual a la suma de las tensiones neutra y
efectiva, el incremento de tensión en el agua de los poros lleva aparejado
un aumento equivalente de la tensión efectiva. A medida que la desecación
progresa, la tensión del agua aumenta de cero a -u.. y simultáneamente lii,
tensión superficial produce una presión efectiva triaxial:
P• = -u,. (21.4)
Esta presión se coooce como presión capilar y aumenta la resistencia
al corte rápido del suelo en un valor:
f:,,s=pttg,f> (21.5)
donde ,f> representa el .ángulo de fricción interna de la arena o el valor
consolidado no drenado del ángulo de resistencia al corte de las arcillas.
En el límite de contracción, el aire invade los vacíos de la probeta y
la humedad del suelo deja de ser continua. La tensión del agua que queda
en la arcilla produce presiones de contacto (véase figura 20.6), las que
originan resistencia al corte. Sin embargo, debido a la discontinuidad del
agua contenida en los poros, la relación entre tu y u,. ya no es más gober­
nada por las ecuaciones 21.3 y 21.5.
Debido a la presión capilar, aun los materiales sin cohesión alguna,
tales como las arenas finas limpias, pueden temporariamente adquirir las
cáracterísticas de los materiales cohesivos. Ensayados a la compresión sim­
ple, no confinada, demuestran tener resistencia, pero como este tipo de
cohesión desaparece al sumergir los suelos, se identifica como cohesión
aparente.
El contenido de humedad a que se desarrolla la máxima resistencia a la
compresión simple q. de un suelo en desecación depende principalmente
de su granulometrfa. . Esta maniíestación viene ilustrada en la figura 21.3,
f(Ue muestra el efecto que sobre la resistencia a la compresión simple de
tres suelos distintos ejerce la disminución del contenido de humedad como
co11sccucnda lle la desecación. El contenido de humedad en el límite de
,.. DRENAJE DE LOS SUELOS

, (aJ."',-."""""'
: ¡,_¡,._
•s.

1
t
,,,'-------="--'
t'i(I, 21.3. Res.i1tw<l• • t. o:ompreekin llitl'lp1e de vario. .uelOI Nl1l eontenW...
de humedad Q1u1doa .,.... endm■ del límite de eontnffió• y par■ diatinu.. estado,,
d.-, de,oec,ffión por debajo de dleho límlle (b ., e, .,..in A. Anttbers, 1916).

contracción está identificado en la figura por la notación s_ Para valores


de w menores que S.,, el grado de saturación (ecuación 6 .4) es apro:rima­
damente igual a lOOw/S,..
Para una arena fina perfectamente limpia y humedecida ron agua des­
tilada (fig. 21.Ja), q. es máximo para un grado de saturación de aproxi­
madamente el 80 por ciento. Una desecación mayor reduce en última ins­
tancia q. a cero. Empero, si los intersticios se llenan con agua corriente,
sus impurezas son precipitadas durante la evaporación y se forma una capa
continua muy fina que se adhiere a los granos y los conecta en rrus puntos
de contacto. De esta manera, la arena adquiere durante la última etapa de
la desecación una leve cohesión en la forma en que lo indica la curva
punteada de la figura 21. 3a.
La figura 21.3b indica la relación entre w y q. para el caso de una
arena fina limosa. La resistencia aumenta regularmente hasta el límite de
contracción, en cuyo punto, al ser invadida por ai�e la probeta, se produce
una ligera disminución basta que el grado de sa�ción alcanza aproxima­
damente el 10 por ciento. Desde este punto en adelante la resistencia vuelve
a aumentar y sobrepasa el valor alcanzado en el límite de contracción
(Atterberg, 1916). Para las arcillas (fig. 21.3c), el desecado por debajo del
Hmite de contracción va siempre acompañado de un aumento creciente de
resistencia.
ARJ. 21 FORMAS Y nros DE OflL""AJE 145

Duecación en el ierreno
En la naturaleza se produce desecación en los suelos siempre que su
superficie no se eocuentre bajo agua en forma permanente. Debido a la
desecación periódica, la cohesión laparente de las arenas muy finas limosas
puede llegar a ser bastante importante. El agua de lluvia no llega a desalo­
jar más que una pequefia parte del aire contenido en los vacíos y la cohesión
sobrevive periodos lluviosos de larga duración. Por ello, estos suelos han
sido confundidos, particularmente en las zonas áridas y semiáridas, con rocas
blandas. Sin embargo, si se llega a inundar la superficie, la cohesión des­
aparece gradualmente y el suelo puede desintegrarse.
La desecación de una cata de arcilla blanda progresa muy lentamente
de la superficie expuesta hacia abajo y da lugar a la formación de una
costra que se hace más y más espesa con el COJ"Jer del tiempo. Si esta cos•
tra es posterionnente tapada por nuevos sedimentos y permanentemente
inundada, forma una capa de arcilla resistente preconsolidada situada en­
tre dos estratos de arcilla normalmente consolidada (articulo 13). Espesas
capas de arcilla blanda pueden ser consolidadas haciendo circular aire seco
caliente por un sistema de túneles de ventilación, pero este procedimien!o
muy raras veces resulta económico.
En zonas semiáridas, como ser el oeste de Texas, la desecación de
arcillas en la estación seca progresa hasta profundidades que alcanzan los
6 metros (Simpson, 1934), quebrándose el suelo como consecuencia de las
grietas de contracción que se p,oducen. Durante la época de lluvias, el
agua penetra en las grietas y la arcilla se hincha originando un levanta­
miento importante de la superficie del terreno. Debajo de las zonas cubiertas
por edificios, la pérdida de humedad por evaporación es mucho menor que
en las zonas adyacentes. Por ello el contenido de humecla:l de la arcilla
situada debajo de las superficies cubiertas aumenta por muchos a�os a velo­
cidad decreciente y produce una elevación de la parte central de las mismas,
respecto a sus bordes exteriores. El valor de esta elevación es práctica­
mente independiente del peso de los edificios y su efecto es muy similar al
producido por asentamientos desiguales. Bajo condiciones clim:hicas des­
favorables, la elevación en ciertos suelos puede, con el tiempo, suterar lm
30 centímetros.
Si el subsuelo de un edificio con calefacción central descansa sobre
arcilla, la humedad del suelo puede evaporane por los vacíos del honnigón
originando una contracción de la misma, que se separa del piso de hormi­
gón dejándolo sin su soporte. El efecto pernicioso puede evitarse cubrienrlo
la superficie de la arcilla con una capa. bituminosa antes de colocar el
hormigón.
Dedeimienlo o deiinu1ración tk •uelo, seco., por el 01ua
Cuando una probeta de arcilla 5eCll se sumerge rápidamente en agua
(fig. 21.4), la zona exterior de la misma se satura atrapando aire en la zona
interior. La presión del aire origina una tracción en el esqueleto sólido y
146 DRENAJE DE LOS SUELOS

puede producir la rotura por tracción en una superficie cualquiera, como


la ab. Este fenómeno da lugar al desldmiento o a la duintegración del
suelo, siendo la causa que origina la erosión progresiva de los taludes de
arcilla no protegidos.

Dré-je por electrOÓ.mo•i,


Si en un suelo saturado se introducen dos electrodos y se hace pasar
una corriente eléctrica entre ellos, el agua del suelo migra del polo positivo
(ánodo) hacia el negativo (cátodo). Si el cátodo constituye un pozo filtro,
el agua que llega al mismo puede ser removida por bombeo.
El movimiento del agua se debe a que (véase artículo 4) la superficie
de las part!culas de suelo llevan una carga eléctrica negativa. Esta carga
atrae hacia las partículas los iones positivos, fonnándose una pellcula de
agua positivamente cargada como conse<:uencia de la preponderancia de
iones de este signo. Aunque no hay un límite neto entre el agua positiva•
mente cargada y el agua neutra, para los propósitos que aqul se persiguen
se pueden considerar capas bien definidas con cargas distintas (fig. 21.Sa),
y que se conocen como capas eUctricas dobles. Los iones positivos concen­
trados en el agua cercana a las partlculas de suelo son atraídos por el
electrodo negativo y repelidos por el positivo. Por ello, la capa positiva,
junto con la columna de agua neutra que ella rodea, migra hacia el cátodo.
El escurrimiento de agua producido por la corriente eléctrica se denomina
electroó.rmo.ris.
Debe notarse que la velocidad de escurrimiento es constante en toda
la sección de la columna encerrada por las capas eléctricas dobles, fenómeno
que está en contraposición con el escurrimiento gravitacional en tubos capi­
lares, donde la velocidad aumenta de las paredes hacia el centro del tubo
como lo indica Ta figura 21.Sb.
La velocidad o (centímetros por segundos), a que escurre el agua en
un rubo cilíndrico por efecto de la electroósmosis, viene dada en fonna
aproximada por la ecuación:
(21.6)
donde:
e (coulombs/cm1) = carga eléctrica por unidad de área ele las pare­
des del tubo.
E (voltios) - diferenci(!, de potencial eléctrico entre los extre­
mos del rubo.
d (centímetros) =- espesor dé la capa eléctrica doble.
ll (gramos segundos/cm1) = viscosidad del agua.
l (centímetros) = longitud del rubo.
Para tubos constituidos de un material dado, dentr� de Wl rango rela­
tivamente pequeño de temperatura, e, d y 1J son aproximadamente constantes
y la ecuación 21. 6 puede escribirse de la siguiente manera:
V= k,i, (21.71
,'IIT. 21 FOtU,US Y TIPOS DE DRD/,'JE 147


�kt
,an,,_,,
Fi6. 21.4.
,..n
Diap'ama 1¡ue il..an có- .e pnwl-e el deeldmie1110
de la •�•• eu,ndo .,. ■umeraida en q,aa.

en el cual k1 se denomina el coeficienJ.e de permeabilidad electroonnótica


e 11 es gradiente de potencial E/l (voltios/cm). El coeficiente de permea­
bilidad electroosmótica se expresa como una velocidad de escurrimiento
(cm/seg) bajo un gradiente de potencial del voltio/cm. La ecuación 21.7
es aplicable a un grupo de tubos capilares de ancho constante. Representa,
no obstante, al menos en forma cruda, la velocidad de escurrimiento electro­
osmótica a través de los suelos, aun cuando sus vaCÍM varían en tamaño
de punto a punto. Es análoga a la ecuación 11. 6 que representa el escu­
rrimiento del agua bajo la influencia de un grodiente hidráulico.
En contraste con el coeficiente de permeabilidad hidráulico k, que
varía entre límites muy extensos, dependientes del tamaño de los vados
del suelo y por consiguiente de la granulometría, el coeficiente de permea­
bilidad electroosmótica es casi independiente de la granulometrla. Para la
mayoría de los suelos está comprendido en el rango qur se extiende de 0,4 a
0,6 X 10-' cm/seg. Es por ello que en los suelos de granos finos, como
los limos, que no pueden ser drenados en forma efectiva por gravedad, la
clectro6smosis puede resultar particulannenle ventajosa ( L. Casagrande,
1849, 1962).

r·.r·-�!. fi!7·
� :!"'r;:
Tan pronto como se aplica un potencial eléctrico a un suelo, el agua

PorlrN-inN..
IIIWA.��n/
� f•i

k�i-�."
L_,__ •
1 º
•1
"'-¡;;;;¡;,¡

·•·1a, 21.5. Di■jlr■m■t que llu■tran .obre la di(erenr:i■ que e.J.1e, (1,,) entre el
......ummienlo del ■rw• en tubo■ opll...,.. y en sudo., pl'Ovoeada por una Hr,:■
hidraulic■ ¡ (e) y el _..rrimiento oripn■do por una "'IN"l'iente déetriea.
14¡¡ D!l&...-AJE DE LOS SUELOS

comienza a fluir hacia el cátodo. De inmediato se producen presiones de


filtración (artículo 23) que, si están dirigidas contra la cara v;puesta de una
excavación, pueden aumentar grandemente su estabilidad. Se e%J>lica así que
la estabilización de taludes o cortes en suelos limosos saturados resulte una
de las aplicaciones más comunes de la electroósmosis (articulo 47).
La aplicación de un potencial eléctrico a un suelo de grano fino com­
presible, como una arcilla, conduce a la eq,ulsi6n de agua por los cátodos
y. en consecuencia, a la consolidación de la arcilla. Esta consolidación trae
aparejada, por.un lado, un aumento de resistencia y, por otro lado, Induce la
formación de grietas y fisuras, especialmente cerca de los inodos. Los
bocios se corroen a medida que los iones metálicos son trasportados hacia
el suelo. El depósito de estos iones, como asimismo el remplazo de los
iones de baja valencia por aquellos que aportan cargas mayores, conduce a
cambios permanentes en los limites de Atterberg y en otras características
físicas de los suelos. Los fenómenos füicoquímicos involucrados en estos
cambios son complejos y todavía no se entienden bien.

E/uto nocivu de lU3 helndtu y /ormn de pNtoenirlo


S! se hiela el agua contenida en los poros de una arena o de una grava
limpia sah1rada. la estructura del suelo pennanece inalterada. La conge­
lación solo aumenta el volumen de cada vacío en un 9 por ciento por efecto
de la expansión del agua contenida en el mismo.
Si por el contrario se hiela un suelo saturado de granos finos, el conge­
lamiento origina la formación de capas de hielo limpio orientado paralela­
mente a la superficie expuesta a bajas tempenturas. El espesor de cada
capa de hielo puede aumentar hasta alcanzar varios centlmetros y el suelo
sujeto al congelamiento adquiere lu caracterlsticas de un material estrati­
ficado compuesto de capas alternadas de suelo y hielo limpio (Taber, 1930).
Aun cuando se han realizado muchas investigaciones sobre la mecl.nlca
molecular oue rie:e la formación de los lentes de hielo y sobre la intensidad
<le las fuerau desarrolladas, no se tiene aún un conocimiento cuantitativo
lle! fenómeno (Yong y Warkentin, 1966). Se conocen, no obstante, cu1les
son las condiciones que conducen a su formación y la manera de prevenirlas
(A. Casagrande, 1931; Beskow, 1935). ·
Las capas de hielo se forman solo en suelos de graoos finos. El tama&>
crítk.1> que marca el límite entre los suelos 1t1_ietos a la formación de capas
de hielo y aquellos libres de este feo6meno depende de la uniformidad del
material En suelos perfectamente uniformes, las capas de hielo no se fot­
man a menos que sus granos sean menores de 0,01 milímetros. Los suelos
menos uniformes deben· contener un mínimo del 10 por ciento de granos
menores de 0,02 milímetros. .Para que se formen capas de hielo en suelos
grnduados se requiere, en general, que los granos de tamafto menor de 0,02
millmetros formen un mínimo del 3 por dento del total. En !_os suelos con ·
�-os del 1 por ciento de granos 01enore5 de 0,02 mm no se forman capas
de l1iclo en ninguna de las circunstancias que se dan en el terreno.
La figurR 21.6·representa tres probetas clllndricas de limo fino saturado.
ART. 2J FORMAS Y TI.POS &E DRENAJE 149

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■bletto en ""° c,err■do, por medio de un■ c,apa de ar-en■ .:ru"a que ln1nrep1a
la ...-..nde>n ,:apl'ar hada la zona he•■<f■•

La probeta a está rodeada de aire, mientras que las partes inferiores de


b y e están sumergidas en agua. Las partes superiores de todas las probetas
se mantienen a una temperatura inferior al punto de congelamiento. En la
probeta a el agua gue forma las capas de hielo proviene de la parte inferior
Je la misma, de modo que ésta se consolida como si su parte superior
estuviera e11.puesta a la evaporación. El crecimiento de las capas de hielo
probablemente continúa hasta que el contenido de humedad de la parte
inferior de la probeta se reduce al limite de contracción. Como toda el
agua que integra las capas de hielo proviene en este caso de la misma
probeta, se dice que la probeta forma un .ristema cerrado. Ei aumento de
volumen que se origina en un sistema cerrado no e1cede del incremento
de volumen del agua contenida en el mismo, y varía entre 3 y 5 por ciento
del volumen total.
En b, el agua que se requiere para la formación de las primeras capas
de hielo también proviene al principio de la ¡:arle inferior de la probeta,
la que por lo tanto se consolida. Pero, a medida que la consolidación pro•
gresa, se establece paulatinamente una corriente de agua libre que va del
recípiente hacia el suelo hasta que se alcanza un equilibrio entre la cantidad
de agua que engruesa las capas de hielo y la que entra al suelo por la parte
inferior. Una probeta en tales condiciones constituye un .mtema abierto y
las capas de hielo que se forman en el mismo aumentan, al menos teórica­
mente, en fonna indefinida.
El sistema abierto representado por la muestra b puede trasformarse
en un sistema cerrado intercalando una capa de material grueso entre la
zona de congelamiento y el espejo de agua, en la fonna en que lo indica la
figura 21. 6c. Como el agua no puede atravesar por capilaridad la capa de
material grueso, la parte superior de la probeta e constituye un sistema
cerrado.
En la práctica se encuentran sistemas abiertos tocia vez que la distan·
cia entre el borde inferior de la zona de congelamiento y la napa freática
es menor que la altura de ascensión capilar del suelo. Como el agua que
150 DJI.ENAJr; DE LOS SUELOS

migra de la napa es remplazada por nuevos aportes, las capas de hielo


crecen en forma continua durante los períodos de congelamiento y la super•
ficie del terreno situado arriba de las mismas se levanta. Este fenómeoo se
conoce como hinchamiento por congelaci6n, y su valor puede alcanzar, aun
en climas relativamente moderados como el de New England, E.U.A., valo­
res que sobrepasan los 15 centímetros. Por otna parte, como el espesor de
las capas de hielo es fiel reflejo de las variaciones de la permeabilidad del
suelo, el hinchamiento por congelación comúnmente no es uniforme. Los
caminos pavimentados colocados sobre moas de congelamiento están expues­
tos a la rotura no solo por el hinchamiento, sino que, aún peor, el deshielo
trasforma el suelo en una masa de bano sobresaturada sin resistencia algu­
na, creando una situación más perjudiciaJ que la anterior.
La tendencia a la formación y crecimiento de capas de hielo aumenta
rápidamente con la disminución del tamaño de los granos. Por otro lado,
la velocidad a que el agua fluye hacia la wna de congelación disminuye en
un sistema abierto, al disminuir dicho tamaño. Por ello, es razonable esperar
que la coodición mÁs desfavorable se produu:a para suelos de granos inter­
medios. La experiencia ha demostrado que, en efecto, las mayores difi­
cultades se producen en los limos finos y en las mezclas arena-limo algo
más finas que aquellos sucios cuya ascensión capilar en un periodo de 24
horas es un máximo (véase figura. 20.3). En una masa de suelo con una
granu1ometría dada y que forma un sistema cerrado, la velocidad de creci­
miento de )'5 capas de hielo aumenta con la compresibilidad del material.
F.n climas húmedos con inviernos severos la acción de las heladas origi­
na cambios de volumen similares a los que se producen en regiones semi­
áridu con veranos calientes, como ocune en el centro de Te� No solo
daña los caminos, sino que también desplaza muros de sostenimiento (véase
artículo 46) y levanta las fundaciones. Insertando una capa de grava entre
el más alto nivel de la napa y el límite inferior de la zona de congelación, la
masa de suelo se trasforma de un sistema abierto a uno cerrado y el hincha­
miento por congelación puede, en general, restringirse entre límites tolerables.
Problemu

=: �
º
ciento��uE�':fl es�� !n:i'y d� =�d=t� : 1: ��cu�
a n
2,70 gnmos por centlmetro c6bioo. Ca1culu la rebdóo espacio de aitt.
Soluci6n,0,40.
2. Un.a muestra inalterada de arcilla muy blanda se mantle11e en una cámara
húmeda dn prote«:ión alguna. La arcilla re haoe cada vez mú reshtente, hasta que al
&
m rw
��r sucenr::=�� ti !'.:m�t=n�:1utr:�
1"lstencla al corte de la ardlla es igual a 20•. ¿Ciúl es la humNl1d relativa del 1i1e de
b cámara húmeda?
Soluc16n,0.9936.
Leetun....Lec:don.dq
Casagrande, A. ( 1931). "Discussion, A uew ti*"°'}' ol frost he.ving", l'rocttdffll!.1 dd
Hlghway Ruea,ch Board, Vol. 11, P'V- 168-172.
ART, 21 t'OR'.'.IAS Y TIPOS DE DRENAJE 151
PARTE 11

Mecánica teórica
de los suelos

La mecánica teórica de los suelos trata, -ocialmente, de las acciones


mutuas entre suelo y agua (Capítulo 4), del estado de equilibrio límite de
los masas de suelo ( Capítulo 5) y de las deformaciones producidas por W
fuerzas externas (Capítulo 6). Como las constantes del suelo que aparecen
en las fórmulas finales de estas teorias se deducen tomando el ténnino medio
de los valores obtenidos de ensayos de laboratorio sobre muestras mb o
menos representativas, o bien se estiman en base a la experiencia adquirida,
dichas teorías no deben considerarse más que como instrumentos Útiles solo
para efectuar c-.ílculos groseramente aproximados. Algunas de las teorias,
t'Omo las que tratan del asentamiento de bases de fundación en suelos no
estratiíicados, tienen por objeto servir únicamente como elementos de juicio
en el proceso de establecer reglas semiempíricas basadas en la experiencia.
La inevitable falta de certu.a con respecto al valor real de las c o ns ­
tantes del suelo y de l a s hipótesis fundamentales en q u e se basan l a s teorías,
conduce a la conclusión de que, en Ju mismas, la simplicidad es mis Impor­
tante que la exactitud. Si una teoría es simple, cualquier desviación de las
hipótesis consideradas en la mifflla puede ser fácilmente tenida en cuenta
en la práctica y previstas sus consecuencias. Por el contrario, una teoría
complicada no sirve ningún propósito práctico hasta que sus resultados han
sido condensados en wáficos o tablas, de modo de hacer factible su rápida
aplicación para las diferentes condiciones que se deseen estudiar.
En esta obra se consideran en detalle solo las teorías simples. Para los
casos excepcionales, en los cuales se justifican los refinamientos teóricos, el
lector debe consultar la extensa literatura existente al respecto.
Capítulo 4
HIDRÁULICA DE LOS SUELOS

ART. 22 ALCANCE DE WS PROBLEMAS HIDRAULICOS


La interacción <;ntre el suelo y el agua que escurre a través de su masa
influye en la solución de varios grupos de problemas de la ingeniería de
los suelos. Un primer grupo se refiere al cllculo de la cantidad de agua
que filtra hacia una eicavación abierta para la construcción de una obra,
o de la cantidad de agua embalsada que se perderá por filtración a través
de un dique o su fundación (articulo 23). Un segundo grupo trata de la
iníluencia que la penneabilidad ejerce sobre la velocidad con que drena
el agua de un estrato de arcilla cargada (artículo 25). Un tercer grupo se
ocupa del efecto que las presiones de filtración ejercen sobre la estabilidad
de taludes y fundaciones.· Como los temas de este último grupo también
involucran la consideración del equilibrio de masas de suelo, su tratamiento
se remite al Capitulo 5 "'Equilibrio plástico de 1os suelos",
La solución teórica de cada uno de estos problemas se basa en la hipó­
tesis de que la masa de suelo por donde escurre el agua es homogénea e
está compuesta por unos pocos estratos homogéneos con límites bien defi­
nidos. Hipótesis similares se hacen al derivar las teorías que estudian el
empuje de tierra, la estabilidad a rotura y el asentamiento, pero tratándose
de problemas hidráulicos la importancia práctica de tales hip:'.ltesis es fun-
dameotahneote diferente. ·
El empuje, la estabilidad y el asentamiento dependen solo del ténnillO
medio de los valores de las propiedades del suelo involucradas y, por lo
tanto, aun una gran dispersión _con respecto al ténnino medio tiene pocas
consecuencias prácticas. Tratándose de problemas hidráulicos, por el con­
trario, detalles geológicos aparentemente insignificantes pueden ejercer una
iníluencia decisiva, tanto sobre el volumen de la filtración como en la dis­
tribución de las presiones de filtración producidas en el suelo. Los ejemplos
que siguen ilustran estas manifestaciones.
Si un espeso depósito de arena contiene algunas pocas capas delgadas
de limo fino denso o de arcilla compacta, la presencia de estas capas no
tiene prácticamente efecto alguno sobre el empuje que la arena ejerce
contra la entibación de una excavación a cielo abierto practicada por encima
de la napa, o sobre la capacidad de carga de la arena, o bien sobre el
asentamiento de una estructura que descansa en la misma. Por ello, en tal
tipo de problemas la presencia de tales capas puede ignorarse, teniendo poca
156 HIDRÁULICA DE UIS SUt:LOS

importancia que hayan pasado inadvertidas al hacer la investigación del


!ubsuelo.
Por el contrario, en cualquier problema práctico que trate de la filtra•
ción de agua en arena, por ejemplo desde agua arriba a agua abajo de una
hilera de tablestacas, la presencia o ausencia de delgadas capas de suelo
relativamente impermeables es de importancia decisiva. Si una de las capas
es continua y está situada por encima del OOrde inferior del tablestacado,
dicha capa intercepta casi toda la filtración.
Si las capas son discontinuas resulta imposible estimar su influencia
sobre la cantidad y dirección de la filtración sin conocer el grado de conti­
nuidad Este grado de continuidad no puede determinarse por ningún medio
pnietico y, a decir verdad, es posible que las perforaciones no lleguen ni
!iquiera a hacer sospechar la presencia de estas capas.
Tocio estrato natural de suelo y todo terraplén artificial contienen
inclusiones de material con penneabiUdad excepcionalmente baja, o excep­
cionalmente alta. Su presencia es muy difícil de detemrinar, y la posición
de los limites horizontales de estas inclusiones solo puede ser objeto de
conjeturas. Por ello, la diferencia entre la realidad y los resultados obtenidos
de toda investigación que involucre la filtración de agua a través del suelo
puede resultar muy importante, cualquiera sea el cuidado y el detalle con
que se haya explorado el subsuelo. Esto no significa que la Investigación
del subsuelo no deba realizarse, pues en ese caso el ingeniero estaría librado
completamente al azar. Por ello, ta buena ingeniería e.xige seguir el siguiente
procedimiento frente a los problemas hidráulicos: el proyecto se ejecuta fun­
. dáodose en los resultados de una investigación hidráulica bien realiz.ada,
pero teniendo el cuidado de que durante todo el período de la construcción
y, ri es necesario, durante varios años posteriores, se efectúen observaciones
en la obra para determinar si, y hasta qué punto, las condiciones hidráulicas
reales del subsuelo difieren de las supuestas. Si las observaciones indican
que las condiciones reales son menos favorables que las que se previeron, el
proyecto debe modificarse a la lu-z de los nuevos conocimientos. Por medio
de este procedimiento, que es ilustrado por varios ejemplos en la parte 111,
ha sido posible evitar muchos desastres en el caso de diques.

ART. 23 CALCULO DE LA F1LTRAOóN


Relacio-. �molu
En el análisis que sigue, se supone que la filtración de agua por el suelo
obedece a la ley de Darcy (ecuación 11.6) y que el suelo está constituido
por un material relativamente incompresible tal como arena, arena limosa
o limo.
Para calcular la cantidad de filtración por tales suelos es necesario
determinar la intensidad y la disbibución de las tensiones neutras, conocidas
· usualmente como las BtJbv,eaíonQ o JJf'uionel del agua de ltn poro,. Estas
tensiones pueden determinarse construyendo una red de líneas de corriente
y de líneas equipoteociales, red que se conoce como la red de filtración
AllT, 2J CÁLCuLO DE L-\ FILTIVr.OÓS 157

Fi¡c. 23. l. (11) Filuadón del •11'.a& por debajo de la pwita de una fila \Ul.iea de
1..1,1,.,,,.,.,.. en """n• honu,,.;nea; (b) praioneo hidro.tátic,.. aetaanteo en lu cuall'O
earaa del .,¡,.m,.nlo de arena indicado en C•).

y que representa la filtración del agua en un suelo incompresible (Forch­


hcimer, 1917). Para ilustrar el método, se calcula a continuación la cantidad
<le agua que por filtración pasa al interior <le un recinto estanco construido
dentro de un lago con el tablestacado indicado en la figura 23. la. Se supone
c¡ue la fila de tablestacas es impenneable y que las mismas han sido hin­
cadas, basta una profundidad D, en un estrato homogéneo de arena de
espesor Di . que descansa sobre una base horizontal impenneable. Se supone,
adcml1s, <¡ue la carga hidráulica h1 (véase artículo 11) se mantiene cons­
tante. El agua que entra en la arena del lado agua arriba recorre caminos
rurvos que se llaman líneas de corriente, una de las cuales se ha marcado
con flechas y denominado AB.
La figura 23.lb muestra en escala mayor un elemento prismático del
estrato permeable, cuyas dimensiones en el plano del dibujo son iguales a
dr y dz. y en el plano normal a éste, igual a dr¡.
Llamando:
v.. ""' componente de la velocidad de descarga en la dirección hori­
:rontal,
i,. = 'oh/¾, el gradiente hidráulico en la dirección horizontal,
Vz e i., = 'iJh/3z, estos mismos valores para la dirección vertical,
h ... la Cilrga hidráulica en el punto ocupado por el elemento,
la cantidad total de agua que entra al elemento en la unidad de tiempo es
igu:il a:
Vs dzdr¡ + v.d:tdy

1.a <Jue sale del elemento:

v.dzd_y -l- 3:: dx4zdy + v.dxdy + ;:-- dzdxdy


158 UWRÁULJCA DE LOS SUELOS

Si el liquido es incompresible y el volumen de vacíos ocupados por el


agua pennanece constante, la cantidad de agua que entra al elemento debe
ser igual a la que sale del mismo, es decir, que:

(v.dzdy+ �• dxdzdy + v,dxdy + � dzdxdy)


- (v,. dzdy + v,dxdy) =- O
de donde:

(23.1)

La ecuación 23.1 se conoce como la condicí6n de continuidad para la


filtración del agua paralelamente al plano XZ. Tanto el agua como el suelo
son compresibles, al menos en pequeña medida, así que la filtración en los
suelos no satisface estrictamente la condición de continuidad. No obstante,
tratándose de problemas prácticos, esta discrepancia puede comúnmente,
aunque no siempre, ser ignorada.
Combinando la ecuación 23.1 con la 11.6, se obtiene:

v., = ki. = k: y v.-kiz ""' k:

De estas ecuaciones es fácil ver que las velocidades v., y º• pueden

.. ..
considerarse como derivadas parciales con respecto a :r y a z. de la expresión:
• - kh

conocida como potencial de velocidad. Sustituyendo los valores:

Va-- Y º• =
a; az

en la ecuación 23.1, se obtiene:


32,i, aii�
()xi + az.t = o (23.2)

expresión conocida como la ecuación de Laplace y que gobierna la filtración


de cualquier fluido incompresible a través de un material poroso también
incompresible, cuando la misma puede considerarse bidimensional Gráfi­
camente, la ecuación puede representarse por dos conjuntos de curvas que
se intersectan en ángulo recto. Uno de los conjuntos oonstituye las líneaa
tk fluencia. o líneas tk corriente, el otro las líneas equipotenciales. En todos
los puntos de una misma linea equipotencial, el agua asciende en un tubo
piez.ométrico hasta un mismo nivel piezcmétrico (artículo 11). Los filetes
de agua, por otro lado, recorren los caminos indicados por las líneas de
corriente, es decir, qúe se mueven en una dirección normal a las lineas
equipotenciales.
ART. 2:3 cÁLCULO DE U t·ILnACIÓ� 159

En el problema indicado en la figura 2:3. la, el fondo del lago, es decir,


la superficie de la arena agua arriba, forma una de las líneas equipotenciales.
La superficie agua abajo del manto de arena forma otra línea equipotencial.
Asimismo, la superficie superior del estrato impermeable constituye una
línea de corriente. Estas líneas constituyen las condiciones hidráulicas de
borde del problema. Resolviendo la ecuación 2:3. 2 de modo que cumpla
estas condiciones de borde, se obtienen los datos necesarios para construir
la red de filtración indicada en la figura 23. la. La faja situada entre dos
líneas de corriente adyacentes se denomina canal de filtración, y la parte
de canal limitada por dos líneas equipotenciales un campo. Resulta con­
veniente construir las líneas equipotenciales de modo que la diferencia de
los niveles piezométricos entre dos líneas equipotenciales adyacentes cua­
lesquiera sea constante. Esta diferencia se denomina caída de potencial ilh.
Si h1 es la carga ludráulica total y Nd el número de caídas de potencial
(N, = 18 en la figura 2:3.lo), la caída de potencial es igual a:

ilh - � (23.3)

Construida la red de filtración, la tensión neutra en cualquier punto


situado dentro de la red, tal como el punto C de la figura 23.la, puede
determinarse fácilmente haciendo el razonamiento siguiente: Si no hubiera
filtración, es decir, si la superficie del terreno agua abajo fuem absoluta­
mente impermeable, la presión neutra en C serla igual a la suma de la carga
hidráulica h1 +�+ h,,. Empero, como consecuencia de la filtración, hay
una pérdida de carga entre la superficie agua arriba y el punto C, y como
además dicho punto está situado sobre el borde derecho de la decimosexta
caída de potencial y N, = 18, la pérdida de carga que se busca es igual a
16hi /18. Por lo tanto, la presión del agua en el punto C es igual a:
u,. "" (h1 + h� + lt, - T5"" 11 1 ) y,,,
La parte
(h 1 - -{¼- h,) y,. = hy,,,
que se, origina por efecto exclusivo de la filtración de agua se dennmina
wbrepresión hidrostática.

Cólculo de la jillración y de fo pre,ión de Jiltradón


Con el objeto de derivar las ecuaciones para calcular la cantidad de
filtración, se analiza el campo indicado por el área sombreada de la figura
23.la. La longitud de sus lados en la dirección de las líneas de corriente
es igual a a, de modo que denlTo del campo el gradiente hidráulico es
igual a:
100

y la velocidad de descarga:

v = ki = k�=-¾i;

Si se considera que el a.ocho del campo, medido normalmente a las


líneas de corriente, es igual a un valor arbitrario b, la cantidad de agua que
circula por el campo, por unidad de longitud de tablestacado, es:

AQ=lw=k �¼
Para simplificar los cálculos, las redes de filtración se construyen de
modo que b = a, es decir, de modo que cada campo sea un cuadrado. En
este caso se obtiene:
AQ=k�-k� (23.4)
aN, N,

*
Si N1 es el número total de canales de filtración {N1 - 9 en la figura 23.la),
la filtración Q por unidad de ancho del tablestacado y en la unidad de
tiempo es:
Q = N,ó.Q =kh1 (2.3.5)

Utilizando esta ecuación puede calcularse fácilmente la filtración después


de haber construido la red correspondiente.
La sob�presión hidrostática total sobre el elemento cúbico de lado a es:
agua arriba:
a2 X 15dhy,.
y agua ahajo del mismo elemento:
a2X14Ahy.,
La diferencia entre estas dos presiones
h
p, = atAhy,,, = tr � y,.

es trasferida del agua a los granos de suelo. Como : es igual al gra­


diente hidráulico i, y a1 es el volumen del elemento, el agua ejerce sobre
el suelo una fuerza igual a:
p. = iy,. (23.6)
por unidad de volumen.
· Esta fuerza se conoce como presión de filtración. Tiene la dimensión
de un peso específico y, en cualquier punto, su línea de acción es tangente
a las líneas de corriente.
161

Comtr1"CWn tk la red th jilJradón


Los datos que se requieren para dibujar la red de filtraci6o pueden
obtenerse resolviendo la ecuación 23.2, pero la solución no es practicable
a menos que las condiciones de borde sean muy simples, requerimiento que
no se cumple en la mayoría de las esbucturas hidráulicas. Las redes de
filtración de dichas estructuras pueden también obtenerse por varios méto•
dos experimentales, pero el procedimiento más conveniente y más econó­
mico consiste en construir gráficamente la red de filtración por tanteos.
Los pasos a seguir en esta construcción gráfica. se indican en la figura
23.2, en la que el diagrama (a) representa una sección trasversal de un
dique vertedero con una pantalla de tablestacas. Antes de iniciar la cons­
trucción de la red deben euminarse las condiciones hidráulicas de borde
del problema y detenni.nar su efecto sobre la forma de las lineas de corriente.
En la figura 23.2a, la superficie del terreno agua abajo y agua arriba
representa lineas equipotenciales. La base del dique junto con las caras
de la pantalla representan la linea de corriente superior y, la base del estrato
permeable, la linea de corriente inferior. Las otras lineas de corriente se
hallan situadas entre estas dos, y sus fonnas deben ir en transición gradual
desde la forma de la línea superior a la inferior. Por otro lado, todas las
líneas de corriente deben empezar y terminar con una tangente vertical, es
decir, ser nonnales a las superficies del terreno, tanto agua abajo como
agua arriba.
El primer paso, al construir la red, consiste en dibujar varias curvas
suaves que representen líneas de corriente (curvas llemu de la figura 23.2b)
y que satisfagan las condiciones anteriores. Se construyen luego varias líneas
e<Juipotenciales que inlersecten en ángulo recto a las de corriente y de modo
que los campos resulten aproximadamente cuadrados. Se obtiene as! una
primera aproximación grosera de la red de filtración.

��

--�- ·. ·.
_ .. ·_· ·.·_. _·.· ..
. . . ,,-
,'
�a' / \
�·1,i:. 23.2. p._ ■ ..,,uir par■ constndr out■ ftd de fllu-aeMJit. (a) Settion
m,..-.,..,.a/ 111 dique r 111 ....ir■lt> p,,rme■hle¡ (b) re.uh.ado. del primer l■nlco
1•�r11 �011�1r11ir l■ ""d de, fi:1r...,iUn; (e) ...,.uh■do. de 1■ corTeCCIOn de la red
inJlr11J11 t:n (b); (fl) red de Jlllraclón fin■L
162 11m11.Auuc.1. 1>t-.: uis sunos

El pr6ximo paso consiste en examinar cuidadosamente la red de fil­


tración construida para identificar los defectos más visibles. En el primer
tanteo que indica la figura 23. 2b, las líneas de corriente y las ei:¡uipoten­
cialcs se intersectan aproximadamente en ángulo recio, pero varios de los
t-ampas no son aún cuadrado:'i. Para concgir este deft•t:lo se dibuja una

/'Wa/o ,;'lJpe,-=ók
Fla-. 23,3. Ahradon en aren• homosinu por debajo de la ba,oe de un diq11
de horml1ón. (Ses,l,n A. Cuasr•nde, 193S o).
ART. 23 cÁLCULO DE LA nt.Tl\AQÓS 163

nueva red tratando de que los campos se aproximen más a cuadrados y se


prosigue con este procedimiento de ajuste hasta obtener una red satisfac­
toria. La red que se obtiene está representada en la figura 23.2c. Como paso
fina1 se rubdividen los campos de la figura 23.2c y la red resultante se
ajusta hasta que cada campo sea un cuadrado. Se obtiene así como resultado
final la figura 23.2d, en la cual se subdividió cada campo de la figura
23.2c en cuatro, y se eliminaron los pequeños errores remanentes.
Para todo propósito práctico, una red de filtración puede considerarse
satisfactoria tan pronto como los campos dibujados se aproximan bastante
a la forma de cuadrados, pero aun redes aparentemente inexactas dan resul­
tados notables por su exactitud.
Las figuras 23. 3 y 23.4 pueden servir de guía para construir redes de
filtración que satisfagan distintas condiciones hidráulicas de borde. La red
de la figura 23.4a contiene una línea que representa la superficie dd agua

Fil!'. 23.4. Flhrachin • Ira.,.:, d, un dlque homo1.:n- im■,:inario ror,�1i1ui,I.,


de are,,• muy fin■ limpl■•
164 HIDRÁULICA DE LOS SUELOS

libre, y que está situada enteramente dentro del medio poroso. A lo largo
de esta superficie, la distancia vertical entre pares adyacentes de líneas
equipotenciales es una constante igual a M,
Toda red de filtración se construye en la hipótesis de que el suelo de
un estrato dado, por donde filtra el agua, es uniforme en su permeabilidad.
En realidad, en los estratos de suelos naturales, la permeabilidad varía de
punto a punto, especialmente a lo largo de líneas normales a los limites·
del estrato. Por ello, la diferencia entre una red de filtración crudamente
esquematizada y otra exacta es comúnmente pequeña, comparada con la
diferencia entre la fluencia del agua en el suelo real y la que indica la red
de filtración exacta La universalidad de esta circunstancia hace que los refi­
namientos en la construcción de redes de filtración, como los estudios deta­
llados sobre modelos, no se justifiquen desde el punto de vista práctico.
El uso de modelos, basados en la analogía entre la filtraci6n de agua
en medios porosos y la fluencia de electricidad en conductores, ofrece un
medio conveniente para construir una red de filtración como la de la figura
23.4a, que contiene tma superficie de agua libre. No obstante, el armado
del eqWpo necesario es laborioso y no se justifica, a menos que deban tra­
zarse muchas redes de filtraci6n de este tipo.

La /ihración en ,uelo, con i,o,ropía rraawr,al


Las redes de filtraci6n indicadas en las figuras 23.1 a la 23.4 se cons•
truyen en la hipótesis de que el suelo es isótropo desde el punto de vista
hidráulico, pero en la naturaleza toda masa de suelo se halla más o menos
estratificada. Por ello, como se dijo en el artículo 11, la permeabilidad
media k1, en la direcci6n paralela a los planos de estratificación, es siempre
mayor que la permeabilidad media k11, en sentido norma1 a dichos planos.
Para construir una red de filtraci6n en tales suelos estratificados, se
sustituye el suelo real por un material homogéneo que tiene permeabilidades
horizontal y vertical iguales, respectivamente, a k1 y k11• Un medio con tales
propiedades se dice que posee isotropía tro.tversal. La construcción de la
red de filtraci6n de un medio homogéneo con isotropía trasversal se efectúa
en la siguiente forma: tomando una escala horizontal reducida, menor que
la vertical e igual a ésta multiplicada por Y ku/ k1, se dibuja una secci6n ver­
tical que intersecte al medio permeable paralelamente a la dirección de la
filtraci6n. Para esta sección deformada se construye la red de filtraci6n
corno si el medio fuese is6tropo y luego se aumentan las dimensiones hori•
zontales de la misma multiplicándolas por Vkdk11• La filtración se obtiene
sustituyendo

en.la ecuaci6n 23.5, con lo que resulta, por unidad d e ancho:

Q - h1 !iJ...Vk,k11
N, (23.7)
,on. 23 CÁLCUUJ DE LA )"lLTI\ACJÓS 165

Fi�. 23,5. C.,11.1rm·riim ,l., la red de íihr.eóón c11ando loto coeílcienlu de p,:r•
uwMhilidMd ,i,,¡ o-•lruon ,l.-, areno, M>n diotintoa en ""ntido horizenUI y vfl-tic.91,
(u) .Wd:in ddnrm•d■; (b) ..,,.dón verdadera.

El procnlimi1·11to descripto se halla ilustrado en la figura 23.5. Como se


lia <lcsarwlh.dn (Sarnsioc, 1!1311 partiendo de conceptos puramente mate­
mátk-os sin hiplltesis sirnplifi11,tiva alguna. los n,sultados que se ohtie1wn son
tan exactos como lo fueran la ley e.le Darcy y los valores de k1 y k11 que entran
en el cálculo.
El valor medio e.le k, es considerablemente mayor que el de k11 para
t·asi todos los sucios naturales, pudiendo fa relación entre ambos variar entre
aproximadamente 2 y varias cr·ntenas. Lo peor es que no existe me<lio algnno
para clcterminar exactamente esa relación para un depósito dado. Por ello
t>s ac:onscjablc dibujar dos o !res redes de filtración, una basada en el mayor
valor probable de k,/�11 y la otra basada en el menor valor probable. Al
seleccionar estos valores debe re<.-ordarse que k¡/k11 no puede ser memn
que uno ni mayor 4ue la relación entre los coeficientes de permeabilidad
de las C'apas más y menos permeables. .Para el proyecto se tiene en cuenta
la re<l de filtración que representa las condiciones más desfavorables o bien
se toman precauciones para que clurante la construcción se determine si la
clifcrenda entre las condiciones reales de filtración y las r¡ue se previf'ron
se halla ele! laclo <le la seguridad.

""illrm:ión hacia un único pou,


Lu figura 2-'3.& es una sct-ción vertical de un pozo de radio r0 que
atraviesa y llega hasta la base <le una capa permeable horizontal situada
c,ntre depósitos impenneablcs. La capa tiene un espesor H0 y un coefidente
1lc pcrmeahilida<l unifom1e de valor k. Bomlieando un caudal t·1mst:mte Q
/!asta ol,tencr un f..'Slado de ec1uilibrio, la altura del agua en el pozo, con res­
pecto ul fonclu de la capa permeable, baja desde H1 hasta II y en las perfora­
ciones <le ubscrvadón, situadas a una distancia r, desde HI hasta h. Se supone
(JUI' el agira fluye hacia el pozo en forma hori:amtal y r.i.di,1I. El escurrimiento
166 IUDllÁULICA DE LOS SUELOS

total a través de los límite, definidos por cualquier sección cillndrica de


radio r se obtiene aplicando la ecuación ll .6:

Q - kl A - k -#f. 2MHo
J''..!!!..
integrando resulta:

Q
,, r
J
= 2:t1f0k
11


dh

.. 2..-rH0k(h1 - hi)
Q (23.8)
lng,¾

o bien, si se bombea para e\'aluar k:


Q 't
k = (23.9)
2.-..Ho(h1 - h.) log,r,

La permeabilidad put..-de determinarse de manera más exacta midiendo


las alturas h, y h2 que corresponden a los radiOli r1 y r1 (articulo 44). No
obstante, se puede hacer una estimación grosera considerando que h, = H
parar, =- r0 y . que, para un valor grande de r2'"" R, h2 se acerca a H¡. La
dimensión R, conocida como radto de influencio del pozo, representa la
distancia a partir de la cual el nivel del agua permanece prácticamente
horizontal. No necesita ser conocido con exactitud, pues se requiere que
R/r0 aumente multiplicado por diez para que el lof, R/r0 solo se duplique.
Por ello, si se conoce al menos el orden de magnitud de R, el valor de k
puede estimarse sin la necesidad de disponer de perforaciones de observación.
Si, en cambio, el pozo ¡:enetra hasta el fondo de una capa permeable
abierta, figura 23.6b, el nivel de la napa íreática en correspondencia con
las paredes del pozo no puede deSC'ender hasta el nivel a que ha bajado
el agua dentro del mismo debido a que una cantidad considerable del flujo

. Fls. 23.ó. Dl•gram• que llu••ra el �urrlnolen10 del ••u• h..,;. el


pozo dur•nte un N>..yo de bombeo. (11) Cu•ndo el nl�e1 pie11oOmc1ri..,..
.,.u; por """lm• de b Hpa permHble: (I>) CQndo I• •aperllde libre
del ..
u. flt.i d...,,.,.. ele l11 npa permHble.
AI\T. 23 cÁLCULO DE LA FILTRACIÓN 167

entra en el pozo a través de la superficie libre expuesta de altura H,. La


descarga a través de un pozo de este tipo fue evaluada por vez primera por
Dupuit (1863) en la hipótesis simplificativa de que H, = O (curva pun­
teada en la figura 23.6b) y que, además, para cualquier radio r el gradiente
hidráulico que causa el escurrimiento horizontal hacia el pozo es igual a
la pendiente de la curva de filtración supuesta en corrcspondcnda con el
radio f". Con estas hipótesis:
Q - kiA = k � 211:rh

= nk(h2Z -h,2)
Q (23.10)
bg,....:!...
,,
de donde

k = :it(h2' � h1Z)
log
, ¾ (23.11)

Para las condiciones de borde: h, = H para r, .,, r0 y h2 = H, para


r�-... R:
= :itk(H¡I - H2)
Q (23.12)
log, �

Tanto la teorla (Boreli, 1955) como la experimentación (Babbitt y


Caldwell, 1948) han demostrado que la ecuación 23.12 conduce a valores
fehacientes de Q aun cuando H se reduzca a cero. Por el contrario, la dife­
rencia entre las ordenadas h1 y h¡' de Ja. curva de escurrimiento de Dupuit
y aquella que se obtiene tomando debida cuenta de la presencia de la super­
ficie de descarga H, se torna significativa para distancias al pozo menores
de unos 1,0 a 1,5 H1 y aumenta rápidamente a medida que la di�ancia
al pozo disminuye y también a medida que decrece H.

Pr-oblemH

::,��";!�
l. La arena eu que se apoyan los diques indkados en la figura 23.3 tiene una
t7drL.i����=I �7,� �:,,��i=Ía�rdif:1;
segundo Po• metro de dique?
�íltr��Ón �:::;s
Solución.- (a) 1,05 X IO-'; {b) 1,05 X llr'; (e) l,75 X 10-';
(d) 0,79 X 10-' metros cúbicos por segundo por metro.
2. Estimese la subpresión,enexceso a la eilitenleagua abajo. en el punto n,eJ;Q
de la base de hormigón de los diques del problema l.
Solución: (a) 4,50; (b) 2,75; (e) l,70; (d) 0,80metros de carga hidr8.ulio.
· 3. El subsuelo en que está fundado el dique de la figura 23.3b contiene una
capa horimotal de limo de 2,5 centímetros de espesor que iotersecta la fila de lablestaca�
a wrta distancia de la punta de las mismas. No hay medios para detectar la presencia
de esta capa pm ninguno de los métod05 prktico,, de e�ploración. El roeficitnte de
168 HIDRÁULICA DE LOS SUELOS

s de n se do
�� j��t x it!, ��� �n;e:;�_ f:. �:.:,tr; e'!��
total del manto de arena alcanza a 16,50 metrosyla punta de las tablestacas se hali.. a
7,50 metros del limite inferior del estrato de arena. Se d�: a) una descripción de
cómo se podria,valorar la influencia que la capa de limo ejerce sobre la filtración, supo­
niendo que la e11pa et continua; b) una desaipción del efecto de las posibles disoontinui­
dades de la capa sobn la filtración; e) saber cómo puede de�nninarse a priori el grado
de COPtmuidad de la capa de limo.
Solución: (a) La capa de limo tiene el mismo efecto que resulta de aumeatar·eJ

}!!,,���:1=do�
espesor de la capa de arena de 16,50 a 66,SO metros, y la penetración del tablestacado de
9 a 59 metros. Por ello, la pérdida por filtración podría calculane dibujando la red
defiltración pan estas<xmdiciooes licticia:1. Como la socción libre situada debajo de las
puntas de las tablestacas es pequeña comparada con la longitud que las mismas adquieren
en el diagruna ficticio, la phmda de agua calculada con esta red de filtración solo
alcanuuia UDa pequeii.a fracción de la que resulta cwmdo no existe la capa de limo;
ru"� 1 ci
cd's!n!i: :e: 1:n: dee�:r�: h�tii.,trca.S\:!:
�:=:J°:Ot�:Ouoo':.
11
a�
oorresponde a la capa continua; (e) no es posible.

63.6b !:f� 1�•


1
:::::. i:t=. 1':'sui�t:
e" la ba.,e del dique en rorrespondencia ron el paramento interno de la parte alta
delasección.
Solucf&n: 1,03 X 10-' m'/seg/m: 19,00 metros de agua.
5. El coeficiente medio de permeabilidad de la arena situada deba;o del dique
indicado en lafigura 23.5 es de 16 X 10-' centímetros por segundo en la direcd6"
horiwntal y 4 X 10-• centímetros ¡,or segundo en la direccióa vertical ¿Cuil.l es b
pérdida de ñltraci6n por metro si la carga hidráulica alcanza a 9 metros?
Solucl6n: 1,8 X lo--' metros cúbicos por segundo.
6 . C:11:istruir la red de filtración del dique indicado en la figura 23.Sb -p.n un
r
;•� 1 t� ��:!ie�
X
se
!��!��� ?:i_ El diq�!: ��
en l

25 metros, el espesor ria capa permeable alca=,,. a 11,60 metros, la longitud de lu


/e
tablestacas es de 8,90 m yla carga hidr,ulica es de 9,15 metros. ¿Cuál es la pérdida
porfiltración por metro de diquei' C,ompan, este valor con la phdida por filtración en
el mismo dique si k = 12 X 10-' centímetros por segundo e" cualquier direccl6.,.
Soluci6n: 2,74 X JO-'; 2,06 X lo--' metroscúbicos por metro.
7. Aproximadamente, ¿cuál es la intensidad de la sobrepresión hidrostática horl•
wntal contra el paramento izquierdo del tablestacado de la figura 63.& en la punta de
las tablestacas?
Soluci6n: 1,28 kg por c,e.,timetro cuadrado.

Casagrande, A. (1935b) ...Seepage through dams", Toumal NflW EnglandWaterWo,b


A.1-wciation, Vol. 51, N9 2, ptgs. 131-172. Reimpreso en Contribuoot1.f to ,cnl me­
chanic., 1925.1940, Boston Society of Civil Engineers, 1940, y en el Harvatd
Unloefflty Sol! Mechanic& Sme.r N9 5. Una clásica presenbción del método de \u
redesdefiltraciónys115aplicaciones.
Los siguientes tratados se refieren a aspectos avanzados del cálculo de las
filtradones:
o ,
� ��;,��:1�-J��R°!im�-�Ed':':t ��94�� Y rk
uska

Polubarinova-Kochioa, P. Ya (1962). J'1Mory of gow>d � �- Traduddo cW


ruso por J.M. R. deWiest, PrinoetonUniversityPress,613 Jrags.
lllrr. 24 SIFONAJZ 169

ART. 24 SlFONAJE
Definición de tifo-je
Muchos diques fundados sobre suelos han roto por la formación, apa•
rentemente instantánea, de un túnel o sifón de descarga debajo de la base
del dique y dentro del suelo de fundación. La erosión, causada por el torrente
de agua que se produce, aumenta rápidamente el ancho y la profundidad
del túnel o sifón hasta que, en un momento dado, la estructura, que ha
quedado en el aire, rompe en fragmentos y es arrastrada por el torrente.
La fonna de rotura descripta se conoce como ro(ura por rifonafe.
Las roturas por sifonaje pueden tener su origen en dos procesos distintos.
En uno de ellos es el producto de la socavación o erosión subterránea que
�� inicia en la zona agua abajo cerca del pie del dique o en algún plano de
sediml!r.t.ación (artículo 63). La rotura se produce tan pronto como la punta
de la galería de erosión alcanza el fondo del embalse. La forma de gestación
de este tipo de sifonaje, que se describe en el artículo citado, hace imposible
todo estudio teórico del mismo.
En el otro proceso, el sifonaje tiene su origen en el levantamiento instan•
táneo de una gran masa de suelo situada agua abajo, en las cercanías del
pie del dique. Una rotura de este tipo se produce solo cuando la presión de
filtración del agua que circula hacia arriba en el suelo situado al pie del
dique se hace mayor que la presión efectiva del suelo.
Las roturas de la primera ca.tegoria se denominan rotura., por erosión
aubten-ánea, las de la segunda roturas por levantamiento. En lo que sigue
solo se estudian las roturas por levantamiento; la erosión subterrinea se trata
en el artículo 63.
La magnitud y la distribución de la sobrepresión hidrostática se deter­
minan por medio de la red de filtración. En el artículo 23 se hizo notar
que la red de filtración teórica nunca es idéntica a la que representa la
filt�ación del agua en el suelo real y que en ciertos casos ambas redes pueden
no tener parecido alguno. Por ello, los resultados de investigaciones teóricas
sobre los efectos mecÁnicos que produce la filtración deben servir solo como
una guía y una base para planear instalaciones apropiadas para la observa•
ción du_rante y después de la construcción.

Sifonaje por letian&omien.10


La figura 24. la, que representa una sección vertical de una pared de
. un recinto constituido de tablestacas, ilustra la forma en que se produce el
sifonaje por levantamiento. Hasta una profuodidad h1, por debajo del nivel
de agua, el suelo situado fuera del recinto consiste eo grava gruesa, grava
que dentro del recinto ha sido ell'.cavada. La grava descansa en una capa
170 HlDRÁIJLICA DE LOS SUELOS

de arena unifonne. La pérdida de carga que se produce a través de la


grava es tan pequeña que puede despreciarse. Lo que se desea en este
caso es calcular el coeficiente de seguridad F, respecto del sifonaje, después
que el recinto ha sido desagotado por bombeo hasta el nivel de la capa
de arena.
Para ello deben considerarse previamente las condiciones hidrostáticas
en el momento de la rotura. Cuando se achica y disminuye el nivel del
agua que ocupa el recinto, el agua del e�terior filtra hacia abajo en la arena
situada a la izquierda de las tablestacas y hacia arriba en la arena situada
a la derecha, introduciéndose en el mismo. La sobrepresi6n hidrostática en
una sección horizontal tal como la Ox (íig. 24.lb) reduce la presión efectiva
que actúa sobre dicha sección. Si la presión efectiva medi11 que actúa sobre
y por encima de la zona delimitada por el plano Ox, y situada cerca de las
tablestacas, se hace igual a cero, el agua que filtra por la arena puede ende­
rezar y ensanchar los canalículos por donde circula, sin que el suelo ofrezca
ninguna resistencia. Este prnceso aumenta la permeabilidad de la arena
situada cerca de las t:i.blestaC'as, como se explka en el articulo 12, y desvía
una mayor parte de la filtración hacia esa zona. La superficie de la arena
entonces se levanta ( véase figura 24. la) y finalmente entra en ebullición,
ron lo cual una me1.cla de agua y arena. provenientes de agua arriba del
tablestacado, se desplaza por el espacio dejado debajo de las tablestacas y
avanza hacia la zona en que empezó la ebullición del material.
Por medio de ensayos sobre modelos (Terzaghi, 192.2) se ha encontrado
que el levantamiento de la arena se produce dentro de una distancia D/2,
a partir de la! tablestacas, es decir, que la rotura se inicia dentro de un
prisma de arena de altura D y anche D/2. En el instante de la rotura, la
presión vertical efectiva sobre cualquier sección horizontal considerada en
dicho prisma es apro;,rimadamente igual a cero. Asimismo, la presión lateral
efectiva sobre las caras del prisma también es aproximadamente igual a
cero. Todo esto significa que el sifonaje se produce tan pronto como la
sobrepresión hidrostática en la base del prisma se hace igual al peso efectivo
de la arena sihlada encima de dicha base.

F1,. 24 .1. Uao d• la red de li11rael,6n para determJnar d eoelielenlc, de, ee•urid•d
de, una fl'• de iabJ.,.laeH en arena eon .-..pedo •I 1iíonaje. (•) Red de, Ohrfflón;
(6) ÍUffU1 que, aetúan tt1. la�• en la u,n• de le.,.nlamlerllo polnÑ:ial.
AJIT. 24 SJFOSAJE 171

Para calcular la sobrepresión hidrostática es necesario construir la red


de filtración. Con ella (fig. 24.la) puede fácilmente determinarse la inten­
sidad de esta presión a la profundidad D, en cualquier punto de la base
del prisma, utilizando el procedimiento descripto en el articulo 23. En la
figura 24.lb estos valores se hallan representados por las ordenadas de la
curva C, referida al eje horizontal que pasa por O. Dentro de la distancia
D/2, a contar desde las tahlestacas, la .sobrepresión hidrostática en la base
del prisma tiene un valor medio igual a y.Ji. y la fuerza ejercida por la
misma sobre la base es U .. --} Dy.}i•. La rotura por sifonaje se produce

vez igual al peso sumergido W' - +


tan pronto como U se hace igual ni peso efectivo de la arena, que es a su
D2y'. Por consiguiente, el coefi­
ciente de seguridad con respecto al sifonaje es igual a;
u,.,>
En forma similar se puede calcular el coeficiente de seguridad en el
caso de un dique con una pantalla de tablestacas.

CompellMICiÓn de la ,ubpruión por medio de filtro,· cargado,


Si el coeficiente de seguridad contra rotura por sifonaje es demasiado
pequeño, puede 'aumentarse colocando encima del prisma Oafe ( fig.
24.lb) un filtro invertido de peso W. La presencia del filtro no altera
la sobrepresión hidrostática U, pero aumenta el peso efectivo del prisma de
\V' a W' + W. Aumenta, por lo tanto, el coeficiente de seguridad de F
(ecuación 24.1) a:
F' =\V+ \V' (2C?.J
u
El efecto estabilizador de los filtros invertidos cargados se ha demos­
trado repetidamente. tanto en modelos e:1:perimcntalt.-s como en estruc­
turas protegidas de este modo. Para ser efectivos, los filtros deben ser
suficientemente gruesos como para permitir la salida libre del agua, pero
también tan finos como resulte necesario para impedir el escape de las
particulas de suelo por sus poros. El proyecto de filtros que satisfagan
ambos requerimientos se estudia en el artículo ll.
Problema,
l. En I• figura 2◄.I la carga hidriulica 11, es igual a 7,50 metros. Las t.able,tacu
1r 0 ª ª
!�
fs: k; ;; m�o;úbI'co'. ,:.�AI � �1 f�:,a:�n�e:ti�º
1
•umcntar el coeficiente de seguridad al slfonaje hasta 2,5?
�r:• ª
S: !:,�:,tPª�:
Soluci6n, 1630 kg por metro cuadrado.
2. La capa de arena indicad.a en el problema l rontieDI: un �nle de arciila
demuiado delgado para ,.,.- de,cubierto durante los .ondeos, pero dt- suficiente espe-
Hmt\ÁULlCA llE \.OS SUELOS

ART. 25 TE0RlA DE LA C0NSOLIDAO0N


Forma en que ,e prad- la co,ualúJad6n
Si se aumenta la carga que actúa sobre una capa de suelo poroso satu­
rado compresible, como ser una arcilla, la capa se comprime y expulsa agua
de sus poros. Este fenómeno se denomina consolidación (articulo 14). Du­
rante la consolidación, la cantidad de agua que entra en un elemento horizon·
tal de suelo es menor que la que sale del mismo, de modo que la condición
de continuidad expresada por la ecuación 23.1, en que se basa la teoría de
la filtración, no le es aplicable.
La tensión o presión unitaria que produce la consolidación se denomina
tensión o presión de Con5olidadón. En el instante en que se aplica la carga,
la presión de consolidación viene casi enteramente resistida por el agua
que llena los poros del suelo (véase artfcu1o 14), de modo que, al iniciarse
el fenómeno, existe en la arcilla una sobrepresión hidrostática casi igual
a la tensión de consolidación. Con el correr del tiempo, la sobrepresión del
agua disminuye, con lo cual aumenta la presión efectiva. En cualquier punto
de la capa que se consolida, el valor u de la sobrepresión hidrostática en un
momento dado puede determinarse por medio de la ecuación 12.1 expresada
en la siguiente forma:
u = y..,h (2.5.1)
en la cual h es la carga hidráulica con respecto al nivel de la napa &eát:ica
situada encima de la capa que se consolida. Después de mucho tiempo, la
sol-,represión hidrostática u se hac:e igual a cero y toda la presión de conso­
liclación se trasforma en presión efectiva trasmitida de grano a grano.
Si se denomina Ap a la presión de consolidación en un punto dado, el
equilibrio requiere que:
Ap-Aji+u (2.5.2)
en la que A'f, representa aquella parte de la presión de consolidación que,
en un instante dado, se trasmite de grano a grano y u es la sobrepresión
hidrostática que corresponde al mismo instante.
Como en la ecuación 25. 2 Ap es una constante, el progreso de la conso­
lidación en un punto dado puede visualizarse ohservando la variación de u·
ARl'. 25 TEORÍA DE LA CONSOLIDACIÓN !73

Fil'• 25 .1. Diq:r•m• que il,utn la con90lidWOn de 11n• up•


eompl'fl;ble de •ttilla.

en dicho punto o, teniendo en cuenta la ecuación 2.5 .1, viendo cómo varia h
por medio de un piezómetro imaginario colocado en el mismo.
La figura 25. l ilustra sobre la consolidación de una capa compresible
situada entre otras dos de arena. Debido a la construcción de un gran
edificio o a la instalación de un terraplén sobre la superficie del terreno, la
capa compresible se ve sometida a una presión de consolidación /:,,.p. Se
supone que la capa puede dremu libremente por sus límites superior e
inferior y que. dentro de la misma, el agua fluye solo en la direcdón vertical.
Se supone, asimismo, que la tensión de consolidación Ap es cnnstante en
toda la altura de la capa.
Se puede estudiar la forma en que progresa la consolidación observando
el nivel del agua en una serie de piezómetros colocados, como lo indica
la figura 2.5.1, sobre una recta vertical que atraviesa la capa. Como la
sobrepresión hidrostática es independiente de la posición de la napa freática,
se supone que la misma se halla en correspondencia con el límite superior
de la capa compresible. Si se disponen los piezómetros de mo<lo que las
distancias horizontales 1-2', 1-3', etcétera, sean iguales a las verticales 1 -2,
l 3,
- et<.-étera, en la forma en que lo indica la figura, la curva que da el
!ugar geométrico de los niveles de agua en los piezómetros en un instante
dado n,presenta la uócrcma de ese instante (véase artículo 14). El gra­
diente hidráulico i a cualquier profundidad d debajo de a es igual a la pen­
diente de la isócrona a una distancia horizontal d a partir de a. Más aún,
si la pendiente en un punto de la isócrona está dirigida hada arriba y hacia
la derecha, el escurrimiento del agua en ese punto se realiza hacia arriba.
La distribución inicial de la sobrepresión hidrostática que actúa en una
sección vertical cualquiera de la capa de arcilla viene representada por la
reda horizontal de, situada a una distancia Ap/y. por encima del nivel del
HIDRÁULICA OE J.0S SUD.OS

agua libre. Esta recta horizontal constituye la isócrona inicial. Según Jo


explicado en el artículo 14, la consolidación de una capa de arcilla se inicia
en la superficie de drenaje y prosigue de la misma hacia el interior. Por
ello, en los primeros momentos de la consolidación, los niveles piezomé­
tricos de la parte central de la capa se hallan aún en el estado inicial, mien­
tras que hacia los bordes han disminuido en la forma en que lo indica la
isócrona C 1• Con el tiempo, todos los niveles piezométricos baJan, alcan­
zando posiciones como las indicadas por la curva Ci en la que siempre la
sobrepresión hidrost6.tica en el centro es mayor. Finalmente, después de
largo tiempo, toda la sobrepresión hidrostática desaparece y la isócrona
final viene representada por la horizontal ac.
La figura 25. 2 muestra las isócronas que se producen con distintas
condiciones de consolidación. Si el estrato que consolida puede drenar libre­
mente tanto en su superficie superior como en la inferior, la capa de suelo

d
• f•J
'

r�::t ....
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·.. -��"':\,:,,, � ¡;· .<·:;•
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..,,. ";
H

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Fi,:. 25.2. J.cí,.ron•• qHe repreHnt•n el pro,- del• eonoolid•eión de una upa
Jd.,.,J de •ttill• bajo dlferenlea rondldonea de dttaaje r di1tlnlH ÍOrn,u de
di11rlbudón de I• prnN>n .,enical de _.,Hdadón. (Sepn TttU11hl r Fri:>tleh).
ART. 25 TEORÍA DE U CONSOUDACIÓS' 175

se denomina una capa abierta y su espesor se denota por 2H. Si el agua


puede drenar solo por una superficie., la capa se denomina .emlobierta, y
su espesor se deoota por H. En la figura 25.2, las capas identificadu por
a, b, e y e son abiertas, mientras que las d y f son semiabiertas.
La figura 25.2a es una reproducción simplificada de la figura 25.l, en
la que no se indican los tubos piezométricos. El diagrama representa la
consolidación de una capa abierta de arcilla bajo la influencia de una tensión
unüorme en todo el espesor de la misma.
Si la capa que se consolida es bastante espesa con respecto al ancho
del área cargada, la presión de consolidación debida a1 peso de la estructura
decrece con la profundidad en forma similar a la iodicada por la curva C.
de la figura 40.3. Haciendo la hipótesis simplificativa de que la presión
disminuye linealmente con la profundidad, la isócrona inicial puede repre­
sentarse por la línea ds de la figura 25. 2b y las presiones de consolidación
en la parte superior e inferior de la capa son respectivamente iguales a
Ap1 y Ap,.
Si el estrato que se consolida es muy espeso comparado con el ancho
del área cargada, la presión óp, será tan pequeña con respecto a óp, que
se podrá, con suficiente aproximación, suponer igual a cero. Las isócronas
que corresponden a este caso se hallan indicadas en la figura 25.2c para
una capa abierta y en la figura 25.2d para una semiabierta. Es interesante
notar que la consolidación de la capa semiabierta de la figura 25. 2d origina
el hinchamiento temporario de la arcilla situada en la parte inferior.
Las figuras 25.2e y f ilustran sobre la consolidación de capas de arcilla
artificia1es construidas por refutado. Se supone que la napa se halla a la
altura de la superficie superior de la arcilla y que la consolidación que se
produce durante la conrtruccióo es despreciable. El terraplén indicado en
la figura 25.2e descansa sobre un estrato de arena (capa abierta), mientras
que el de la figura 25. 2/ descansa sobre un estrato impermeable { capa semi•
abierta). En el momento inicial, f - (', todo el peso sumergido del suelo
(y' por unidad de volumen) es soportado por el agua y la presión de conso•
lidación aumenta de cero en la superficie a Hy' en la base. El resultado
final de la consolidación es el mismo para ambas capas, pero la diferencia
de fonna de las isócronas pan. estados intermedios de consolidación indica
que la velocidad con que se alcanza el estado final es muy distinta.

Calculo ele la fflociaotl. de eo,uDluloci6n


Para calcular la velocidad y el grado de consolidación U por ciento
(ecuación 14.1) para los caso, ilustrados por la figura 2.5.2, se hacen las
siguientes hipótesis simplificativas:
l. El coeficiente de permeabilidad k (ecuación 11.6) es constante en
cualquier punto del estrato que se consolida y no varia con el progreso
de la consolidación.
2. El coeficiente de compresibilidad volumétrica m. ( ecuación 13.3)
es también constante en cualquier punto de la capa que se consolida y no
varia con el progreso de la consolidación.
176 HIDR.Á111.1rA nr. ws �"UELOS

3. El drenaje del agua se produce solo siguiendo líneas verticales.


4. La lentitud con que se produce la compresión tiene por causa exclusiva
la baja permeabilidad del material. E1 efecto secundario, que se estudió en
el artículo 14, no es considerado.
La figura 25.3tl representa un corte vertical de una delgada capilll
horizontal de espesor dz considerada dentro del estralo en consolidación.
La velocidad del agua que fluye por la dicha capita es igual a v y la diferen­
cia de presión hidrostática entre su borde inferior y superior es l ()11/¾) d;;.
La ley de Darcy ( artículo 11) e:dge que:
v "" Id ""' - k : = - k : -� (25.3)
..
Si la capa fuera incompresible, la cantidad de agua que sale de la
misma sería igual a la que entra, y podríamos entonces escribir:
o (25.41
!;;-
condición que es idéntica a la condición de continuidad expresada por la
ecuación 23.1. Pero al consolidarse un estrato compresible, la cantidad de
agua que sale del mismo en la un¡dad de tiempo es mayor que la cantidad
que entra, siendo esta diferencia igual a la dis� inución de volumen del

fa)

Flg. 25. 3. (a) Sf«lón vertlul de un elemenlO del,:ado de una upa en to>nlfO•
lidad(,n, .-n la qu• H lndkan Ju preoiGntt hldníulieq 61 los bordN del �lemenlo:
(b) eorte vttdnl por la e■pa de arelll• en eont0Udaeión, donde K indican la,
eondidonN hidráulica• de borde.
177

estrato, de modo que, utilizando la ecuación 13.2, podemos escribir, para


un estrato de espesor unitario:

� .. m. ac:;>

Como Ap es constante, la ecuación 2.5.2 conduce a:


'(Ap) "'
-
a¡- -y

Combinando esta ecuación con la 2.5.3, se obtiene:


3o 3u k ar-u
ff•
l
¾; 3t y.,3z1

(25.5)

La ecuación 25.5 es la ecuación diferencial que define todo proceso


de consolidación en que el drenaje se produce lineaJmente. La misma puede
simplificarse recordando que:
c.(cm1/seg) - (25.6)
y.,(gr/!�)�(�/gr)
El coeficiente c. es el codiciente de consolidación (ecuación 14.2).
Sustituyendo:
(25.7)

La solución de esta ecuación debe obedecer las condiciones hidráulicas


de borde, las que dependen de la carg11 y de las condiciones de drenaje,
en la forma en que lo indican k>s diagramas de la figura 2.5.2. Las condi­
ciones de borde que determinan la consolidación de una capa semiabierb
por la acción de una presión unifonne pueden servir de ejemplo. Según
lo indica la figura 25.3b, las condiciones de borde son las siguientes:
( 1) Para t = O y para cualquier distancia z a contar de la capa imper­
meable, la sobrepresión bidrostática es igual a !J.p.
(2) Para cualquier tiempo t, en la superficie de drenaje :t - JI, la
_o¡ohreprcsión bidrostática es igual a cero.
(3) Para cualquier tiempo t, en la superficie impermeable (:t.,, O). el
¡tr:ldiente hidráulko es igual a cero {3u¡az - O).
178 HIDIIÁULICA VE LOS SllF.LOS

(4) Después de un tiempo muy largo, la sobrepresi6n hidrostática es


igual a cero para cualquier valor de ;z:.
Combinando la ecuación 25. 7 con las condiciones de borde se obtiene
el grado de consolidación U por ciento para cualquier valor de t. La ecua­
ción de U por ciento tiene la forma;
U% - f(T,) (25.8)
En esta expresión:
r� --¡f¡t (25.9)

es un número sin dimensión que se denomina el factor de tiempo. Como


en la ecuación 25.8 las constantes del suelo y el espesor de la capa com­
presible intervienen solo en la combinación representada por el factor de
tiempo T.., que es un número sin dimensión, el valor U% = f(T9) es el
mismo para cualquier capa que se consolide en idénticas condiciones de
carga y drenaie. Por ello, utilizando la ecuación diferencial 25.7, se lo
ha determinado para todas las condiciones posibles de importancia prác­
tica y los resultados se han dispuesto en forma de gráficos y tablas. Por
medio de estas tablas y gráficos puede resolverse cualquier problema de
la práctica, sin la necesidad de otro cálculo que el que se requiere para
determinar TP, con la fórmula 25.9. La figura 2.S.4 representa las solu­
ciones para los problemas ilustrados por la figura 25.2, gráficos que deben
utilizarse según las instrucciones siguientes:
Para toda capa abierta (espesor � 2H) la relación entre U por ciento
y T. viene dada por la curva C1 , cualquiera sea la inclinación de la isócrona
cero de, es decir, que dicha curva representa la solución de todos los
problemas de consolidación ilustrados por las figuras 2.5.2a, b, c y e. Si
la isócrona cero es horizontal, es decir, si la presión de consolidación se
distribuye unifonnemente en todo el espesor de la capa, la curva C1 también
representa la consolidación de una capa semiabierta de espesor H. El ejem­
plo que sigue ilustra la forma de utilizar el gráfico (fig. 25.4a).
El coeficiente de consolidación de una capa de espesor 2H (fig. 25.4)
es igual a c. y se desea determinar el tiempo t para el cual el grado de
consolidación de la capa, debido a la carga impuesta por un edificio, se
hace igual al 60 por ciento.
De la ecuación 25.9 se obtiene:
H'
t=T.­
c,
y de la curva C1 (fig. 25.4a) para un grado de consolidación del 60 por
ciento, T. = 0,28. Sustituyendo:
t = 0,28-f (25.10)
AIIT. 25 TI:OIÚA DE LA COSSOUDAC!Ó� 17!)

\ {o)

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/achlr w lfrlltflO TI' /'heo/11 lo,j

Fig. 25.4. Relación efllre el Íacltlr de tiempo y el l!,::rado de eonM>!ida,,Jón. E


(a) el Íaeltlr de tlenipo "I.IÍ dibujado en Meala arl1mé1ie■ y en (b) en e&,,a!,,
logarítmica. Las.,..,..... C,, C, y C, N>rreaponden a diíerenln N>ndidon.,,, de urlJ:•
y d�aje, que l<ln, rNl)eelivamente, Jq de lu flpras25.2 •• tl y/. (Sel(Ún Terzal(hl
y Fri>lfrh, J93fó).
180 IIIDftÁOIJCA DE LOS SUELOS

cualquiera sea 1a inclinación de la isócrona cero. Si la isócrona cero de


una capa de arcilla semiabierta de espesor H es horizontal, e] grado de
consolidación de la misma después de un tiempo t (ecuación 25.10) tam·
bién será igual a1 60 por ciento.
Si la presión de consolidación de una capa semiabierta disminuye de
!J.p, en la parte superior a cero en su borde inferior, del modo que lo indica
la figura 25.2d, la relación entre U y Tv viene dada por la curva C2 y si,
por el contrario, disminuye de cero en la parte superior a Ap1 en el borde
inferior (fig. 25.2f), es la curva e, la que proporciona la relación antedi­
cha. Para casos de distribuciones de presiones intermedias entre las ante•
rieres, resulta suficientemente exacto determinar 1os valores buscados por
interpolación.
La figura 25.4b representa las curvas C., C2 y C! dibujadas en coor­
denadas semilogaótmicas, las que resultan más convenientes para pequeños
valores de U, pues se obtienen datos algo más exactos. La CUIVa semilo.
garltmica C1 es igual a la dibujada en trazos llenos en la figura 14. 2b.
A raíz de las hipótesis simplificativas indicadas al iniciar este análisis,
el cllculo de la velocidad a que se produce el asentamiento tiene el carácter
de una estimación grosera. La divergencia más importante entre la teorla
y la realidad se ha denominado, en el artículo 14, como efecto secundario.
Según la teoría de la consolidación, la curva tiempos-asentamientos deberfa
apronmarse a una asíntota borizontaL mientras que en la realidad termina
como una tangente inclinada en la forma en que lo indica la figura 14.2.a. Al
presente resu1ta imposible predecir con seguridad el asentamiento secun•
dario sobre la base de resultados de ensayos. La experiencia indica que el
asentamiento secundario de edificios fundados en arcillas normalmente
consolidadas varia, durante las primeras décadas posteriores a la construc•
ción, entre 3 y 12 millmetros por año. Se han observado, sm embargo,
como excepción, asentamientos del orden de 2,5 centímetros por año.
Es evidente que los resultados de los cálculos de asentamientos no
serán ni aproximadamente correctos, a menos que las condiciones hidráu­
licas de borde supuestas se hallen en concordancia con las reales existentes
en el terreno. Pequeñas capitas continuas de arena o limo, situada; dentro
del estrato de arcilla, actúan como capas de drenaje y aceleran la conso­
lidación, mientras que simples lentes de los mismos materiales no tienen
mayor efecto. Cuando las perforaciones indican que un estrato de arcilla
contiene capitas de arena o limo, es corriente que el ingeniero no •pueda
determinar si dichas ca.pitas son continuas o no, En estos casos, la teoría
de la consolidación solo puede utili7.arse para determinar valores límites,
superior e inferior, de la velocidad de consolidación. La velocidad real
permanece desconocida hasta que la misma se detennina en la estructura
construida•,
• La presencia de C:11.pitas d�ll8Jlles poco espaciadas es de uoa ocurreocia frecuente
en formaciones de origen fluvial o deltaico, Por:cuyo IJ!Otivo la velocidad de OODSOlidact6n
puede ser muy r,pidit. en tales tipos de arcilla, cualquiera sea el espesor del "5trato.
(N. da T.)
ART, 25 Tl'.OIÚA DE U OON!IOLIDACJÓN 181

Más aún. en realidad, el agua contenida en la arcilla situada debajo


de u.na fundacióo cargada no solo drena eo las direcciooes verticales sino
que también lo hace en direcciones horizontales o inclinadas, lo que invo­
lucra la consolidación trídimensional de la capa que se considera. Algunos
casos de consolidación tridimensional para condiciooes de borde y estado
de solicitación relativamente simples están resueltos (Biot, 1941; Gibson y
McNamee, 1963). Para com;l.iciones más complejas se pueden obtener solu­
ciones por medio de métodós numéricos (Abbot, 1960; Gibson y Lum, 1953).

.....,.._
l. De una capa de arcilla de fl metros de espear situada entre do. estraloll de
ateoa, "" obtuvieron vuiu muestru representt.tivas, que ens.)'8:du a ooDSOlid..ción,
dieron pan c. un valor medio de 4,92 X 10-' cendmebvs cuadrados por segundo. Un
edifido comtruido encima de la car aume.11t6 la. temión vertical media sobre la misma
y el edificio empezó a a,mtaf'se, ¿Cuántos díu 1011 necesarios para que prodmca la
mitad delueiitamieu.tntntal?
Solucl6n:423diu.
2. Si la capa de arcilla del problema 1 oontiene una delgada capita de drenaje,
situada a 1,50 metrm de 1u borde superior, ¿c:uintos dlu"' requerirían pan alcanuu la
mitad de la oomolidadónP

=�e:.
Solud6n: 238 diu.
3 9 90
rooosa in.;1:m:�,':..,
�� de��a �•1� =-:trm :!mU::..�
segundo. La temión de 00N01idaclón a kl largo de una recta vertical "' 1upone <¡ue
vana u.nifonnemente de 1.111 mhimo en la parte 1uperi_or a oero eo la bue rocosa.
Cuin
¿�blede
�au:anma.
d 4:���T1aaii-3! �":'��
Solud6n: fl,2; 4,75 at\ol.
Leeturu�u
En las rdereocias que siguen III encuentran toh.::iones para la consol!daclón d.!
masas de 1uekl 0011 dif�tes ClOl>d.icioms d.! borde.
Terughi, K. y O. L. Frillicb (1936). TheOIW dff Set:wn¡¡ oon Ton.rchlchten (Teoría
ca
Gray,� 1-:'S:�:!�us =.:!kh:2; �=us°iatr:•J� �preaible
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B�r•/09'8f.��l!; � ,t!_� :12


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lfl, Ptrte 1, pigr. 115-127.
Capítulo 5
EQUILIBRIO PLASTICO DE LOS SUELOS

ART. 26 HIPóTESIS FUNDAMENTALES


El presente capítulo trata de la presión lateral o empuje de las tierras
sobre estructuras de retención, tales como los muros de sostenimiento o
las entibaciones de excavaciones a cielo abierto; de la resistencia de las
tierras al desplazamiento lateral; de la capacidad de carga de los suelos,
y de la estabilidad de los taludes. Los problemas de este tipo solo
requieren la determinación del coeficiente de seguridad respecto a rotura,
y su solución se obtiene comparando dos conjunto., de fuerzas: las que tien­
den a producir la rotura y las que tienden a impedirla. Esta operación
se llama cáJculo de la estabilidod. Para hacer un cálculo de la estabilidad
se necesita determinar la posición de la superficie potencial de desliza­
miento y computar o estimar la resistencia a lo largo de dicha superficie.
La resistencia unitaria s al deslizamiento depende no solo del tipo
de suelo sino también de la presión normal efectiva p - u,. en la super­
ficie de deslizamiento y de un número de otros factores que se han tratado
en los artículos 16 a 18. La selecdón del valor apropiado de s que corres­
ponde a un problema particular requiere experiencia y criterio. No obs­
tante, se puede obtener corrientemente una aproximación razonable utili­
zando una de las siguientes expresiones:
s = (p -u,.) tg 4>, para arenas sin cohesión (17.1)
s =e+ (p-u..) tg,f,, expresión que representa crudamente
la resistencia de las arcillas preconso­
lidadas y la de los suelos arcillosos no
saturados (16.5)
, - ½ q. - e, para arcillas normalmente consolidadas y otros
suelos arcillosos saturados cuando prevalece la
condición no drenada (4> = O) (18.:5)
Las arcillas resistentes presentan comúnmente un conjunto de fisuras
capilares que hacen que las condiciones de su estabilidad dependan en
gran parte de la duración y del grado de exposición a los agentes climá­
ticos que las mismas hayan experimentado (véase artículo 43). Por esta
razón, tales suelos están fuera del alcance de un estudio teórico.
183

En esta obra, cada problema de estabilidad es resuelto primero para


el caso de una arena seca (u,. ... O) sin cohesión, para la cual es aplicable
la ecuación 17 .1, y después para un material cohesivo que obedece a la
ley de la ecuación 16.5. Cuando el lector se sienta capacitado para resolver
problemas en los que intervengan estas dos ecuaciones, podrá también resol•
ver fácilmente problemas similares referentes a arenas parcial o totalmeate
sumergidas y asimismo para aquellos que involucren arcillas saturadas bajo
la condición no drenada.
En una masa de arena parcialmente sumergida en agua en reposo, la
tensión neub"a u,. a cualquier profundidad z debajo de la napa freática es
igual a:
u.. = y.,,z
Esta tensión reduce el peso unitario efectivo de la arena situada por
debajo de la napa del va1or y al y' ( peso unitario de la arena sumergida,
ecuación 12.6). Por consiguiente, si un cálculo de estabilidad involucra
una capa de arena parcialmente sumergida, el cálculo se realiza en forma
similar al caso de arena seca, tomando como única precaución la de rempla­
zar para la parte de arena bajo agua el peso unitario y por el y'.
La presión que una masa de arena parcialmente rumergida ejerce sobre
una estructura de sostenimiento es igual a la suma de la presión o empuje
de la arena, calculada en la forma que se acaba de indicar, más toda la
presión del agua. Sin embargo, si el agua no está en reposo, sino que filtra
a través de los vados del suelo, el procedimiento descrito debe ser corregido
para tener también en cuenta la presión de filtración efercida por el agua
en escurrimiento. La presión originada por el escurrimiento del agua en
los suelos se trata en los artículos 35 y 36.
Considerando ,¡, .., O, la ecuación 16.5 puede ser reducida a la 18.5,
oue representa aproximadamente la resistencia al corte de las arcillas blandas.
de modo que las expresiones teóricas derivadas de la ecuación 16.5 se ptie:!en
usar en muchos problemas de importancia práctica que se refieren a hs
arcillas saturadas de consistencia blandas a medias. Se debe subrayar, no
obstante, que los cálculos basados en estas expresiones son estrictamen•e
aplicables solo si el contenido de agua de la arcilla permanere constante,

Fig. 26.1. Diav•m• de Mohr de rutuu p•r• el r•M rn que lp


linea envolvente Muna r,,ela.
184 EQUILIBIIIO PLÁSTICO DI! LOS SUELOS

d�bléndose hacer ootu, ademú, que deben tenerse en cuenta los cambios
que se pudieran producir con el tiempo en la estabilidad del elemento que
se anallia. El efecto del tiempo puede predecirse en algunos casos estimando
las modificaciones que experimentarán las presiones de poros, pero usuaJ­
mente solo es dable tenerlo en cuenta de una manera general en base al
conocimiento de las propiedades físicas del suelo. Algunos de los efectos
producidos por el tiempo se tratan en el articulo 18 y otros en la Parte III.
La condición de rotura expresada por la ecuación 16.5 se correspoode
oon el diagrama de Mohr, cuando se supone que la llnea de resistencia
intrlnseca es una recta (fig. 26.1). Por consiguiente, en el instante de la
rotura, existe una relación definida entre la presión principal mayor JJi. y la
menor p,, que se deriva por geometría como sigue:
P1+d=OA+AB= OA (l+sen♦)
Pt+d-OA-AB-= OA (l+sen♦)
De estu npresíones resulta:
I+sen ♦ l+sen ♦
PI _ Pa I-sen♦ +d( 1-sen.;_ 1)

pero como:
005
d-c •-c�
sen ,t, sen 4'
se obtiene:
I+sen,p
P1-P•1-sen.,.
+2c /l+sen,t,
'Vl-sen,d,

p¡ - p, tg1 ( 45º + t) + 2c tg (45 + {)


º

Llamando:

N, - tg' (45º + t) (26.1)

resulta: p,.=p.N,+2c.JNi (26.2)


La cantidad N• es conocida como el oolor de fluencia. Si e - O,
p, - ,,.,,, (26.3)
y ai; - º·
(26.4)
ART. 'Zl ESTADOS DB EQVD.lBllto PLÁsnoO 185

l. Se somete a ensayo triuial una muestra de vena deDR ,e,;:.. Se� que el

���-� !�:r�1i.rn;r:l&i�
��s�:· r!:u!
-,
pttsión principalme1111r es de
Solua6n, 8 kg/cm'.
2. Resolver el problema l en la hlp6te:si.s de que la &reDI tiene una pequeña
cohesión Igual a 0,10 kglcm'.
Soluc'6n, 8,4 kgtcm•.
3. LaresistePeiaalcortedeuosueloestidetermmadaporlaecuaeión:1=c+p
tg •· Se reallzan doa eosayos trianales ,olm e l material. En el primero la presión de
tt!�i �!�f:'�n=� �{g� ::1,.�n:1.dew!=
adidonaf de 10,5 l:gtcm'. ¿Qui valores de e y ♦ corresponden a estos resultadc:J.P
Soluc'6n,0;87•.

ART. 27 ESTADOS DE EQmUBRIO PLASTICO

Con�pltn J�nJala
Una masa de suelo está en utado ds equilibrio pld,tico s:i cada punto
de l a misma se encuentra al borde de la rotura. Ranlcine ( 1857) investigó
los estados de tensión correspondientes a aquellos estados de equilibrio
plástico que se producen simultáneamente en todos los puntos de una masa
semünfinita de suelo sujeta solo a su propio peso. Los estados de equilibrio
plástico similares a los considerados por Ranldne se denominan utadcu de
equUibrio plástico de Ronkine. La consideración de los estados de equilibrio
de Ranlcine, aplicables a una masa semiinfinita, tiene como propósito prin­
cipal servir de introducción a estados más complicados de equilibrio plás­
tico, que son los que tienen importancia práctica.
Los estados de equilibrio plástico de Rankine están representados en la
figura 9:7. l. En ella, AB representa la superficie horizontal de una masa
semiinfinita de arena sin cohesión de peso unitario y, y E un prisma de arena
de base unitaria y de altura :.:. Como el prisma es simétrico con respecto a
cualquier plano vertical, la presión normal en la base
p. = y% (27.1)

es una tensión principal y las presiones p,, normales a las caras verticales,
son tamb�n tensiones principales.
Según lo establecido en la ecuación 26.3, en un material sin cohesión,
la relación entre las dos tensiones principales no puede exceder el valor
186 EQUlLlBJIIC" PLÁSTICO DE LOS SUELOS

La presión vertical Pv de la ma_o;a de arena indicada en la figura 'l:l. la

f.-
puede ser tanto la tensión principal mayor como la menor, es decir, que la rela-
ción K =- puede adquirir cualquier valor entre los límites:

KA = �'"'k =tg1 (45° -f) (2i.2)

(27.3)

En una arena en reposo, depositada por la naturaleza, o bien artifi­


cialmente por el hombre, K adquiere un valor Ko intennedio entre K,. y
KP, de modo que:
(27.4)

El valor Ko es una constante empírica que se denomina coeficiente


de la presión lateral de las tierras en reposo y cuya magnitud depende de
la densidad relativa de la arena y del proceso de formación del depósito.
Si este proceso no involucró la compactación artificial por apisonado, Ko
tiene valores cercanos a 0,50 para arenas sueltas y a 0,40 para arenas densas.
El apisonado en capas puede aumentar dichos valores hasta 0,80.
Para que el K de una masa de arena pueda pasar del Ko del suelo
en reposo a cualquier otro valor, es necesario que toda la masa experimente
un movimiento de expansión o de contracción en el sentido horizontal.
Como e! peso de la arena situada sobre un plano horizontal cualquiera
no sufre con este movimiento cambio alguno, la presión vertical p. no se
altera. Por el contrario, la presión horizontal p, = Kp. disminuye si la
masa se ell'.pande, y aumenta si se contrae.

Fi11. 27. I. (• r b) Dia11r■ma1 que t-epl'ftenlan el.,.,.do


11e1ivo de Rankine en
una mu• Hmiinfinila de aréna; (e y d) loe mismo. diagrama■ para <el ftlado
paoivo de Hankin..,.
ART. <J:l ESTADOS DE EQUll.urn10 PLM,-1co 187

Cuando la masa se expande, dos secciones verticales cualesquiera ab


y cd. se separan y el valor de K disminuye hasta que alcanza el valor K4
(ecuación 27.2). En ese preciso momento, la arena entra en el estado
activo de Rankine y a una profundidad cualquiera z, la presión horizontal
se hace igual a:
(27.5)

El valor K,,_ se denomina el coeficient.e del empuje activo de las tieTTas.


La figura 27.lb indica para este estado la distribución de las presiones
sobre las caras y la base de un elemento cualquiera E. Una mayor expan•
sión de. la masa de arena no produce efecto alguno sobre el valor de p,
(ecuación 27.5), pero da origen a un deslizamiento a lo largo de dos
conjuntos de superficies planas como las indicadas a la derecha de la
figura Zl. la y que, según lo establecido en la ecuación 16.3, intersectan la
dirección de la tensión principal menor con un ángulo de 45° + ,t,/2. Como
esta tensión principal es horizontal, en el caso del estado activo de Rankine,
los planos de deslizamiento fonnan con la misma un ángulo de 45° + V,/Z.
El conjunto de rectas formadas por las trazas de los planos de deslizamie-nto,
sobre una sección vertical paralela a la dirección de la expansión, se deno­
mina esquema de W1 deslizamientos.
Una compresión horizontal de toda la masa de arena produce un mo­
vimiento de ab hacia cd, como lo muestra la figura <J:l.lc y, como conse­
cuencia, la relación K = p�IP� aumenta. Tan pronto como K se hace igual
a Kp (ecuación <J:1.3) se llega al estado parivo de Rankine y, a una pro­
fundidad cualquiera :t, la presión horizontal alcanza el valor:
p� = Kpp� - Kpy:t - y-r.N• (27.6)

en la que K P es el coeficiente del empu;e parivo de las tieTTas.


Como la tensión principal menor del estado pasivo de Rankine es
vertical, las superficies de deslizamiento se elevan fonnando un ángulo de
45 ° -cf,/2 con la horizor,tal, como lo muestra la figura 27 .le.
Los estados activos y pasivos de Rankine constituyen los dos estados
límites del equilibrio de las arenas. Todo estado intennedio, incluido el
estado de reposo, se denomina e.rtado de equilibrio elástico.

E11ado1 locale, de equilibrio pltútico


Los estados de Rankine ilustrados en la figura 27 .1 se producen cuan,
do todo el material de una masa semiinfinila de arena se comprime o e,rpan
de uniformemente, y se denominan estadru generales de equilibrio pláslicn
En un estrato real de arena no es posible producir un estado general de
equilibrio plástico, a menos de que el mismo derive de fenómenos geoló­
giCOs, como ser la compresión horizontal de la base rocosa de una <:apa
de arena por fuerzas tectónicas. Efectos locales, tales como el desplaza­
miento de muros de sostenimiento, no producen cambio radical alguno en
las tensiones interiores de la arena, salvo en lu cercanías inmediatas a la
íuente de los fenómenos. El resto de la masa de arena permanece en estado
de equilibrio elástico.
Los estados locales de equilibrio plástico pueden derivar de procesos
de deformación muy distintoJ. A ru vez, los estados de tensión resultantes
en la :rona plástica y la forma misma de dicha :moa dependen preponde­
rantemente del tipo de deformación que los causa y del grado de rugosidad
de la superficie de rontacto entre el suelo y la estructura de sostenimiento.
Estos factores ronstítuyen las condicione, de deformadén y las condfcwne,
de borde, y sus influencias prácticas están ilustradas en las figuras 27.2
y 27.3.
La figura 27.'JA representa un corte vertical de un catón prismático
de una longitud I igual a la distancia entre las secciones ab y cd de la
figura 27. L SI en el cajón se deposita arena por un procedimiento similar
al que dio lugar a la formación de la masa semiinfinita repre5entada en
la figura 'n .1, las tensiones internas de ambas masas, mientras permanez.
can en reposo en estado de equilibrio elástfoo, serán idénticas.
Para cambiar el estado de la mua semünfinita de arena de la figura
'!7.la y llevarla del reposo al estado actiw de Rankine, es necesario tras­
ladar la sección vertical ah en una distancia d1• Si se desea hacer lo mismo
con la arena contenida en el cajón de la figura 27 .2a, será necesario tllm­
bién desplazar la pared ab en la misma distancia, ya que así lo requiere
la condición de deformación. A medida que la pared ab (fig. 27.2a) se
desplaza, la altura de la masa de arena decrece y su longitud aumenta.
Esto crea movimientos relatiws entre ta arena y todas las superficies de
,'RT, 'J:l ESTADOS DE EQUILIBRIO PLÁs'noo 189

las caras del cajón en contacto con la misma y produce, si las superficies
son rugosas, tensiones tangenciales verticales y horizontales. Como en el
estado activo de Rank.ioe las tensiones tangenciales en dichos planos son
nulas, este estado no es posible a menos de que las caras y el fondo del
cajóo sean perfectamente lisos. Este requerimiento constituye la condición
de borde necesaria para que la masa de arena del cajón pueda alcanzar el
estado activo de Rank:ine. Si se satisface, dicho estado se alcanza tan
pronto como ab llega a la posición a1b1. La CK¡>ansión unitaria del suelo
es ento� d¡/J. Cualquier movimiento adicional de la paml dará lugar
a un desplazamiento de las partlcu1as de suelo según dos conjuntos de
superficies, indicadas en lineas punteadas en la figura 27. 2a, sin que por
ello cambien las tensiones internas de la masa.
Si la pared ab es perfectamente lisa pero la base del cajón es rugosa.
la arena situada entre la pared ab y la superficie potencial de deslizamiento
be puede deformarse libremente de la misma forma que lo harla si la base
fuese lisa. Las tensiones internas en el resto de la arena no resultan mate•
rialmente modificadas, pues la. fricción a lo largo de la base impide que
!e produu:a la deformación requerida. Por lo tanto, un desplaumiento
hacia afuera de la pared ab produce un estado activo de Rankine sola•
mente dentro de la cuna abe. Como el ancho de la cuña aumenta de cero
en la base a un valor 11 en la superficie, la e�ansión unitaria d,/1 que se
requiere para producir un estado activo se alcanza tan pronto como ab
pasa a la posición oi'b (fig. 27.2a}. tsta es la coodición de deformación
necesaria para este caso. Si la pared ob se desplaza mb allá de a1 'b, la
cuña de suelo se .mueve a lo largo de un plano de deslizamiento be, que
forma con la horizontal un ángulo de 45° + .¡./2.
Si las paredes y la base del cajón son perfectamente lisas, y se empuja
la pared ab contra la arena, toda la masa pasa al estado pasivo de Ran�ne
( fig. 'Et. 2b) tan pronh, como la pared haya recorrido una distancia d,. En
este caso, los planos de deslizamiento forman un ángulo de 45 º - .¡./2 con
ln horizontal.
Si la pared ab del cajón es perfectamente lisa y su base rugosa, el
estado pasivo de Rankine se produce solamente dentro de la cuña abe.
La transición del estado elástico a1 plástico no se produce hasta que ab
se haya desplaudo hasta o m:í.s allá de �'b.

. FI•. 27.3. Kotuni d,: I• •- lih•Mia dittri1 del par&fflflllO ""'"Kili 100 d,: u11
muro J., -t•nil<Uf:nto, -,uan<k, no °"' ulid'att la -,ondidUn de ddOf'madón para
r.' r.>itado aelivo de Rank.lne. (•) Corte tralY� •• para..-to in1en,o; (1,)
empuj,: ronlra ,:l muro.
100 LQUlLIB!UO J>L.ÁmCO DE WS SUELOS

F'41, 27. 4. ROlun dele..,.,n• 1itu.ade deU'.i1delpanmen o t veo-ticel lioodeun


mpro cuando no"ati•f- I■rondidó d,.n defonnklópa:ra
11 ele.Lado pUlvode
R■nkine (a)
. Cortetran..,.era apaumen
ll roln1emo¡(b) empuje conl.rll el mllr<>,

Si la pared del cajón puede desplazarse hacia afuera solamente por


giro alrededor de su arista superior, como lo indica la figura 'l:1.3, la masa
de arena rompe por corte a lo largo de una superficie de deslizamiento
curva tan pronto el giro se hace perceptible, ya que las deformaciones que
ooa arena puede ex¡:erimentar, compatibles con un estado elástico de
equilibrio, son muy pequeñas. A pesar de esto, la arena situada entre la
pared y la superficie de corte o deslizam!ento no alcanza el estado activo
de Rankine, pues la parte superior de la pared no puede desplazarse y, por
consiguiente, no se satisfacen las condiciones de deformación necesarias.
Investigaciones teóricas y experimentales, relativas al tipo de rotura
resultante cuando la pared gira alrededor de su arista superior, han llevado
a la conclusión de que la .ruperficie de d�lizamiento se inicia en el punto b
(fig. 9:1. 3a), con un ángulo de 45° + ,f,/2, para curvarse luego hacia
arriba y cortar la superficie horizontal del terreno con un ángulo recto. La
parte superior de la cufia dé desliumiento permanece en estado de equi­
librio elástico, hasta que la zona inferior de la misma haya pasado por
oompleto al estado de equilibrio plástico. La distribución de las presiones
debidas al empuje tiene en este caso forma parabólica (fig. T7.3b), y no
triangular como en la íigura 9:7. lb.
Investigaciones similares relativas al giro hacia adentro de la pared
por su arista superior (fig. 9:l.4a) han indicado que la supeificie de desli­
zamiento se inicia en b con un ángulo de 45" - ,f,/2, y que también inter­
secta a la superficie horizontal del terreno en ángulo recto. La distribución
de presiones que corresponde a este caso está indicada en la figura T7 .4b.

1-hlru �...._,,
Unadiscw:ióne g e n del
a
r l a1plicacióndelatn1riade al piastickh,dae:stadosde
iml u rob w da
:;�� � �.1'::ni. ;;,�o:!iG�v-�1= s� :1_,.de� tra:
ducido del ruso alln 1g 6. porD. H. Jooes y A. N. Sehofield, London, llutterwt1rth1,
23'Tpigii.

�-ellCU�4il,-�111cb e n llamen, B. (1985): A."-',


� .....,.,., C,openh,gen. Telmlsh t'o,-lag. �71 p4gs.
of,,...,,
MModoa matern6t1C01pan resolver problemu complejm de � Jlml..,.
far.._,
ART. 28 Il:ORl.+. DE ILA.ll."l:JKE DEL EMPUJE DE LAS TIERRAS 19}

ART. 28 TEORtA DE RANKINE DEL EMPUJE DE LAS TIERRAS

Empu� con.ira muro, de ,o,renimiemo


Los muros de sostenimiento tienen una función idéntica a la de las
caras verticales del cajón iodicaclas en la figura f!T.2. El suelo adyacente
al muro, que según sea el caso forma parte de un terraplén o es tierra de
relleno, se deposita siempre después de construido el muro y, a medida
que se procede a esta operación, el muro sufre alguna deformación bajo
el efecto ele la presión creada. El valor final del empuje depende no solo
de la naturaleza del suelo y ele la altura del muro, sino también ele la mag­
nitud de la deformación o desplazamiento que el mismo sufre. Si el muro
no se deforma o desplaza, es probable que la presión de la tierra retenga
para siempre un valor cercano al que le corresponde al mismo suelo en
reposo (artículo 27). Sin embargo, tan pronto como el muro empieza a
sufrir defonnaciones que lo desplazan en una magnitud suficiente, aun<iue
compatible con su estabilidad, se satisfacen automáticamente las condicio­
nes de deformación para que el suelo adyacente pase del estado de reposo
al de equilibrio plástico. Por esta ra:r.ón, para ser estable, un muro de sos­
tenimiento que puede deformarse o desplazarse debe tener un coeficiente ele
seguridad adecuado respecto de los esfuerzos emergentes del empuje activo,
oo siendo necesario, para determinar su estabilidad, la consideración de
empujes mayores.
A pesar de que la superficie de contacto con el suelo de todos los
muros de sostenimiento es rugosa, se pueden obtener valores aproximados
del empuje suponiendo que la misma es lisa, de modo que en este artículo
se considera por hipótesis una superficie de contacto lisa. Los mélodos para
obtener valores más exactos son tratados en los articulos subsigu'entes.

Empuje actir,o de ,uelo, ,in cohe,ión. Muro, de paramento


interno i;erlicol lito
Si el paramento interno del muro ele 505tenimiento es vertical y per­
fectamente liso y si la superficie límite de la arena que fonna el terraplén
es horirontaJ, la magnitud y distribución del empuje sobre el mismo son idén­
licru; a las determinadas en el caso del plano ficticio ab de la figura f!T. la.
En este caso, el empuje puede ser calculado con las fórmulas ya deducidas.
En la realidad no eiisten muros con paramentos perfectamente lisos.
A pesar de ello, en ra:r.ón de su simplicidad, las ecuaciones derivadas en
función de esta hipótesis son utilizadas con frecuencia para calcular el
empuje contra muros y otras estructuras reales sometidas al empuje ele
tierras. Se demuestra más adelante que la rugosidad del paramento intemo
del muro reduce comúnmente el empuje activo y aumenta el empuje pasivo,
así que, como regla general, el error que acompaña dichos cálculos está
del lado de la seguridad.

192 EQUILIBRIO PLÁSTICO DE W:i SUELOS

F&,-. 18.l. Ro1


.
..... de la ar,ena liraad• delnt de un mul'O de _.enlmlento en
aonlUever¡ la eondle6on de deíormHioa pan el ,eatado aell..o de R•nklne • eui
c,omplelamente ..u.rKha.

La hipótesis de paramento interior perfectamente liso es casi estricta­


mente conecta en un caso de consJderable importancia práctica. Este caso
está ilustrado por la figura 28.1, y comprende a los muros en L y en T
con solera inferior. Si el muro se deforma o desplaza por la acción del
empuje, la arena rompe por corte a To largo de dos planos de deslizamiento
que arrancan del pie del mismo con un ángulo de 4.Sº + ,;/2. Dentro de
la cuña u{ ·formada, la arena está en el estado activo de Ranldne y no
existen tensiones tangencia.1es en el plano ab que pasa por el pie del muro.
El empuje sobre este plano es idéntico entonces al que existiría en el caso
de un muro perfectamente liso.
Si la arena está perfectamente seca, el empuje unitario a una pro/un,
didad %, contra un paramento liso, viene expresado por:
1
p¡-yz N, (27.5)

La presión aumenta linealmente con la profundidad como lo indica el


triángu1o abe (fig. Z7.2a), y el empuje total sobre el muro es:

(28.1)

El punto de aplicación de P.,. est! sihlado a una altura H/3 ,obre el


ple del muro.
Si el muro es desplazado a una posición a2'b (fig. S!7.�), la presión
p¡ de la tierra toma los valores correspondientes al estado pasivo de Raakine:
(27.6)

+
y el empuje total viene dado por:

P,. "" Í/ p,th =- yff1N., (28.2}


AJIT. 28 TEORÍA DE I\ANUNI'! DEL EMPUJE DE LAS nEllRAS 193

Empuje acd110 en el ca.o de arena parcialmenu ,wnerffda q­


,oporla ..,... ,obrecarfa uni/orm,tJ
En la figura 28.2a, la recta ab representa el paramento interno perfec­
tamente liso de un muro de altura H. El peso unitario efectivo de la arena
seca es Y• y el de la arena sumergida es y' (véase articulo 12); el peso unita­
rio del agua es y., La superficie horizontal del terreno soporta una sobre­
carga uniformemente distribuida q por unidad de área. El nivel de la napa
freática está a una profundidad H1 debajo de la cresta del muro.. Los ángulos
de fricción interna de la arena seca y de la arena sumergida se suponen
iguales a � para ambas.
Si el muro se desplaza de la posici6n ab a la posición a1 'b, la presión
sobre su paramento interno dWl'linuye, del empuje unitario de la tierra en
reposo, al empuje unitario activo de Ran1dne. Al final del artículo 28 se
demuestra que el efecto total que la presión del agua de los: poros ejerce
sobre las tensiones efectivas que actúan en la arena puede ser tomado en
cuenta considerando para su peso unitario el peso y' del material sumergido
(ecuación 12.6). Hasta la profundidad H1, el empuje del suelo está repre­
sentado por el triángulo aoe de la figura 28.2.b. A una profundidad cual­
quiera a::' por debajo de la napa freática, la presión vertlca.l efectiva en una
sección horizontal está dada por:·
p.. - H,y + Zy'
y el empuje unitario activo de Ranlcine, según la ecuación 27.5, es igual a:

(28.3)

El empuje total efectivo por debajo de la napa freática viene dado entonces
por el área bced de la figura 28.2h. A este empuje debe agregarse el origi­
nado por el agua:
194 EQUILIBRIO PLÁsTico DE W:S SUU.05
l"rr..,•11v.p,,r le
'"º
:;:," "" cl,,la.w; (b)

\[J\ ¡1,SJl.-,,,.f.w;
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(a)
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Fi,..,28.3. Holur■delaan:il!a1it11adadetr.í.1delpu1rnentoin1unoH110r •·erlica1


de..., mlll'O de _,enimiento. nando H eatl1fa« al condición� deformación
¡Nora el empuje acllw:,, (a) Corle ,,......,.,..1 al paramento intemo¡ e•> en,puj"
contra el muro.

que actúa en la parte inferior be del paramento y que está representado por
el triángulo def en la figura 28.2b.
Si el terraplén soporta una sobrecarga uniformemente distribuida q
por unidad de bea, la presión vertical efectiva p. aumenta, a cualquier
profundidad, en dicho valor q, y el empuje activo unitario de Rankine
aumenta en:
("1.5)

En la figura 28.2b, el empuje producido por la sobrecarga q está repre•


sentado por el área aefihg.

Empuje actillo J41 ,uelo1 cohe,ioo.. Muro de pora�nlo lnrerno


vertiMl li.,o
En la figura 28.3a, la recta ab representa el paramento Interno liso de
on moro en contacto con un suelo cohesivo de peso unitario y, cuya resis­
tencia esU. definida por la ecuación:
s =e+ p tg 4>
que, de acuerdo con lo dicho en el artículo 26, es aplicable por lo menos
como primera aprolimación a suelos cohesivos Seco5 o húmedos situados
por encima de la napa freática. En tales suelos, la relación entre las tensio­
nes principales eltremas viene definida por la ecuación:
(26.2)
donde p1 y Pa son, respectivamente, la tensión principal mayor y la tensión
principal menor y
(26.1)
ART, 28 TI:OIÚA DE M.t..;J.,"'!E DD.. EMPUJE DE LAS TIEIUIAS 195

es el valor de fluencia. En el artículo 18 se demostró también que, sea cual


fuere el valor de e, las superficies de deslizamiento siempre intersectan la
dirección de la tensión principal menor con un ángulo de 45" + if,/2 (ecua­
ción 26.2).
Si el paramento interno del muro es liso y la superficie del teneno
es horizonta� la presión principal vertical a una profundidad z es P• = yz.
Antes de que el muro sufra desplazamiento, el empuje es igual al que corres•
ponde a la tierra en reposo. En este estado, la presión horiz.ontal p1 es la
tensión principal menor. Un desplazamiento hacia fuera del muro, hasta
alcanzar o sobrepasar la posición o.i'b, reduce p1 al valor que le corresponde
en el estado activo de Ranl<lne y, si se 1ustituye p. = pi ... y. )' P•- pa en
la ecuación 26.2, se obtiene:
(28.6)

Esta tensión está representada, para cualquier profundidad z, por la


distancia entre las rectas ah y cd de la figura 28.3b.
A una profundidad:
(28.7)

la tensió� P• se hace igual a cero. Para profundidadt:S menores que Zo el


empuje contra el muro es negativo, siempre que no se produzca una grieta
entre el mismo y el suelo. El empuje total es igual a:

P.. -foH p1d z-+ yH'i-2cv H (28.8)


N,

Si el muro tiene una altura:


H - 11, - f v''Fi; = 2z. (28.9)

la presión total es igual a cero. Por consiguiente, según la teoría, si la altura


de un corte vertical es menor que He, no necesita soporte alguno. En la
práctica, la altura mb:ima que un corte vertical puede alcanzar sin necesidad
de soporte es algo menor de He. debido a que este valor corresponde al caso
en que existe un muro adherido al suelo y el empuje unitario varía de
- 2L:J\IN, en la superficie a + 'k/,.r¡;; a una profoodidad H., mien­
tras que, ea el caso de un oorte sin muro, la tensión horizontal en la cara del
mismo es nula en todos los puntos (véase articulo 3.5).
Para,¡.= O (artículo 18), N = 1

con lo cual:
P,. = 1/. yH1 - 2cH '.28.10)
196 EQUlLlBRIO PLÁSTICO DE WS SUELOS

H. = f (28.ll)

Como no siempre el suelo se adhiere al paramento, se considera comó:n­


mente que para ruelos cohesivos el empuje activo contra muros de sosteni­
miento es igual a la presión total representada por el área bdt, igual al
área cdtl:i menos el área oebd2 (fig. 28.3b). Por consiguiente;

P¿ = -}-rH1½-2cH �+� (28.12)


y

=+
Para�= O,
P'- ylf2-2cH+ � (28.13)

Empuj8 pa.titlo de lo, ,...elo, coMlit101, Muro, de paranw,a.t.o


inurno "6tit:al li,o
Si la cara ah del muro o bloque que soporta el suelo y su sobrecarga
uniforme es empujada hacia el mismo, romo lo indica la figura 28.4a, la ten­
sión principal horiwntal P• alltllenta y se hace mayor que p,. Tan pronto como
ab alcanza o sobrepasa la posición 01'b, que representa la condición de
deformación para el estado pasivo de Rankine, se satisfacen las condiciones
para que se produzca la rotura (ecuación 2.6.2). Como P• representa la
tensión principal mayor, se puede sustituir p1 = p1 y p0'"' p1 "" yz + q en la
ecuación 26.2 y se obtiene:
p.= yzN� + 2c .,¡-¡¡; + qN., (28.14.)
La presión P• puede ser considerada en dos partes. Una de ellas,
P•' = yzN.,
aumenta como la presión hidrostática en relación lineal con la profundidad.
En la figura 28.4.b, la tensión P•' está representada por el triángulo c1Mi
con un área:
Pr' = 1/r yfflN., (28.15)
El punto de aplicación de P,: está situado a una distancia H/3 del punto
b, y su valor representa el empuje pasivo de un material sin cohesión con un
ángulo de fricción interna ,¡. de peso unitario y.
La segunda parte de P• el!:
p.'' - 2c v-w,;·+ qN.,
Esta presión es independiente de la profundidad y está representada por la
altura del rectángulo abc1d2 de la figura 28.4b.
ART. 28 TEORÍA DE RA:-.'Xl!I.E DEL EMPUJE DE LAS TilllRAS 197

Fla:, 28.4. Rotun, de la arel.lla .tillada detrú del pan,menlO lnleft>n Tfltiea.l 1
IUOO de un muro, enando se, alld'ace la --Udón pan. el empuje p••ho. (a) Corte
,,...,NMJ al paramento i.ntenlO¡ (b) empuje .obrr el mara.

La presión total es igual al área del rectángulo, es decir:


P/' = H (2c VN. + qN,.) (28.16)
El punto de aplicación de P,." está situado en la mitad de la altura ah y,
como la ecuación 28.16 no contiene el peso unitario y, P,." puede ser calcu­
lado suponiendo que el suelo no tuviera peso alguno.
De las ecuaciones 28.15 y 28.16 se deduce que el empuje pasivo total
es igual a:
P,. = P,.' + P,." "" 1¡1 yH1N,. + H (2c -..f1i; + qN,.) (28.17)
Según lo demostrado, P,. puede ser calculado por medio de dos opera•
ciones independientes. Se ca1cula primero P,.' suponiendo que la cohesión
y la sobrecarga son nulas (e - O, q ""' O). El punto de aplicación de P,.'
está situado en el tercio inferior de H. Se determina luego P,." suponiendo
que el peso unitario del suelo es igual a cero ( y '"" O). El punto de aplica­
ción de P,." está situado en la mitad de H.
En los artículos que siguen, este procedimiento simple se utiliza repe­
tidamente para determinar el punto de aplicación del empuje pasivo en

·--
suelos cohesivos. La subdivisión de P,. en dos parles P,.' y P,." es estricta­
mente correcta solo cuando el paramento interno de la pared es vertical y

Í:��=
perfectamente liso. Para cualquier otra condición, el procedimiento es
únicamente aproximado.

1. Un mllJ'O de paramento inlemo li,o vertical de 3 metros de alto SO$liene una


:S"';: 1800 ka;;;�b=-;��� f��::1� ���:i:
te

aprorimadamente el empuje total si el muro no puede desplaurse; si el muro puede


desplazarse lo suficiente como para sati.daoer lu condfdones del estado actiYO de
. R•nlóne?
Solución: 3240 a 4050 kg por m; 2100 kg por m.
2. El nivel de la napa frd.tica detris del muro indicado fll el problema l se
levanta hasta una elevación de 1,20 m por debajo de la cresta del mismo. El pllfl) uni•
198 EQUU.1111110 PLÁsnoO DE !.OS SUELOS

::��!c��t�i :'�gi1�:: �o:1nx!!,i;;:i =b�¡�;:11; ::r�}•1a00:!:ó; �Í


11

agua oontra el muro? ¿A qu6 .,Jtura de la base pan la restiltante de e$\e empu¡e tota1?

So/ución:3410kgpor m; 0,85 m .
3 . ¿Cuil seria e l vlllor del empuje tota l de Rankine en e l <:UO del problema l
d la mau el,,, attna 10p0rb. una IObrecarga uniformemente disbibuida de 2000kg por
m. cuadrado? ¿A qu6 altura de la base del muro actúa 4 resultante del empuje?
So/uci6n: 3670kgporm; l,21 m.
4. El espacio comprendido entre dos muros con �tos lisos ha Pdo llenado
con arena de peso unitario 1800kg por m cúbloo. Las fundaciones de los muros están
��da.:,: U::, :,er;;,e !°:�:;n;d!1In•�=:: ':"1�:�: :;•:�ta�a��
superfide del relleno rl!'Y<! para dq,ositarsobre ella lingotes dt, acero, cuyo peso es de
1500 kilogramos por metro cuadrado. Si el ooeflciente de la presión laten.! de la
en = º ° el empuje tota1 rontn b muros a11tes y
� d:,:S:pi:.Zn de ¡! �?
Solud6n.- 9110 kglm; 11550 kg/m.
m b n vo
unita!· l� k:'°porm=trod:.l'i': �� =:n �:o:tot� !itin:!, �.='.
El valor de ♦ es igual a oero. ¿Cuil es el empule total de Ranktne? 1.A q� distancia
de la ba!le del muro se encuentra la resultante de dicho empuje? ¿A qu6 profundidad
el empuje unitario es Igual a cef'O?
Solucl6n:2100Jcg/m;0.36metros;l,11�-
tl. En una •�:.J.listic;, de pe,o unitario 1900 Jcg por metro cúbico, te .,f«tu(¡
una eraivaci6n con &°S:t verticales sin apuntalu. Cu■ndo b e.cavad6n habla llepdo
,..
: � oJ'."'�:I v��'7e
Solool6n:0,26kg/cm".
t� ¡: a�?bó. SI ,e supone que

7. IJ;.:i mur(l liso vertical de 6 metros de altura es empujado OOllln llJla masa de
::��ór: w: �::b,11:'�• � � .z Ó Ol: ;:15:n�:.e:, c:!dr.t� :-� 1� Jj
n u n

peso unltaricJ del •uelo es de 1920 k.1t por metro cúbico y ·su wperficle ,oporta wia
soh.-ecarga uniforme de 1000 lcg p0f metro cuadrado. ;_Ct.'1 es el empufe pulvo total de
Ranlcine y la disbmc:ia de 1a bue del muro a la rm,ltante de dicho empuje? Detaml­
nese , ade""5, el empuje uni tario en la bue del muro.
Soluci6n:99700Jcg/m: 2, 4 2m;263.fOlcglm'.

ART. 29 INFLUEN□A DE LA RUGOSIDAD DEL MURO EN LA


FORMA DE LA SUPERF10E DE DESLIZAMIENTO
El muro esquematizado en la figura 29.la es idéntico al de la figura
27 .Za, con la única diíerencia de que su paramento interno es rugoso. E1
terraplén es de arena limpia. Si el muro se desplaza a1ej!ndose del terra­
plén, la cuña de deslizamiento se asienta y la aren.a, en la superficie de
contacto con el muro, se despla:ia hacia abajo. El movimiento relativo entre
arena y muro desarrolla íuerzas de fricción que inclinan la resultante del
empuje activo en un ángulo ll con respecto a la normal al muro. Este ángulo
se denomina ángtJlo de frlccwn entre fflelo y muro y se considera positivo
·cuando la reacción del muro tiene una componente vertical dirigida hacia
arriba (fig. 29.la). Tanto los estudios teóricos (Ohde, 1938) como los
eirperimentales han iodicado que en este caso la superficie de deslizamiento
ART. 29 INFLUENCIA DE LA RUCOSWAD DEL MUJ\O EN LA SU!'. DE DESUZ, 199

be consta de una porción inferior curva, seguida de una línea recta. Dentro
de la zona adc de la cuña de desliumiento, el esquema de los deslizamientos
es idéntico al que corresponde al estado activo de Ranldne (fig. 27.2a),
mientras que en el área adb consiste en dos conjuntos de líneas curvas.
Si el muro se desplaza hacia abajo con respecto al suelo, por ejemplo,
por la acción de una fuerte carga en su cresta, el valor de b se hace negativo
y la curvatura de la parte inferior de la superficie de deslizamiento se in­
vierte, como lo indica la figwa 29. lb.
Cuando el muro se desplaza hacia el terraplén, su movimiento es resis­
tido por el empuje pasivo. Si el peso del muro es mayor que la fricción
total entre la arena y el paramento interno, la arena se levanta con respect:,
al muro y la reacción de la resultante del empuje pasivo forma un ángulo b
con la oonnal a1 mismo. La componente tangencial de esta fuerza tiende
a impedir el movimiento hacia arriba de la arena. En estas condiciones se
considera que bes positivo (fig. 29.lc). Se puede ver en la figura que la
porción recta de la superficie de deslizamiento está inclinada de un ángulo
de 45 ° - <f,/2 con respecto a la hcrizontal y que, dentro del triímgulo
isósceles ad.e, el esquema de los desliz.amientos es idéntico al indicado en la
figura 'Z7. 2b, es decir que en dicha zona el material se encuentra en el
estado pasivo de Rankine. Dentro del área adb los dos conjuntos de líneas
que fonnan el esquema de los deslizamicntfü wn t·urvas.
Si el peso del muro es menor que la Jricción entre are11a y parilmento
interno, el ángulo que fonna la normal a dicho paramento <:On la reacción
de la resultante del empuje pasivo es menor que � Finalmente, si el mu. .:;
está sometido a la acción de una fuerza vertical hacia arriba igual a la suma
del peso del muro y de la fricción del mismo con la arena, la resultan;c del
empuje pasivo está orientada como lo indica la figura 29. ld, y el ángulo b
se considera negativo. En este caso, la curvatura de la parte curva de la
superficie de deslizamiento se encuentra invertida.

29. l, EMJUemu de loa detlizamlen101 que te produeen pur ru1,m, ,l., l,o
•r.,n• itltuad. detrit d,e,I p•nmento ,·ertlul r\11(080 de un "'""''·
000 EQUll.lBRIO Pt.ÁsnCO DE LOS SUELOS

Las condiciones de deformación necesarias para que se produzcan los


estados de equilibrio plástico representados por los esquemas de las figuras
29. la y b exigen que cada uoo de los elementos hori2ontales de la cuña
experimente un alargamiento mínimo, y las mismas condiciones de defor­
mación, en los casos de las figuras 29. le y d, requieren que cada elemento
horizontal sufra una cierta contracción mínima. Estas exigencias son equi•
valentes a las que se necesitan para que se prod,ucan, en el caso de para­
mentos lisos, los estados activos y pasivos de Rankioe que fueron ilustrados
en las figuras � -2a y b.

ART. 30 LA TEORIA DE COUWMB DEL EMPUJE ACTIVO


CONTRA MUROS DE SOSTENDIIBNTO
lntrodu«ión
Como los paramentos internos de los muros de sostenimiento reales son
siempre má.s o menos rugosos, las condiciones de borde para la validez de
la teoria de Rankine raramente son satisfechas, de modo que los cálculos
basados en dicha teoría encierran generalmente un error apreciable. La
mayor parte de este error puede evitarse utilizando la teoría de Coulomb
(Coulomb, 1776).
El método de Coulomb puede ser adaptado a cualquier condición de
borde. Su único inconveniente consiste en la necesidad de efectuar una
simplificación con respecto a la fonna de la superficie de deslizamiento.
El error producido por esta hipótesis simplificativa es, sin embargo, gene­
ralmente muy pequeño, comparado con el que resulta utilizando la teoría
de Rankine. Cuando las condiciones de borde son las mismas que se requie­
ren para satisfacer la teoría de Rankine, ambas teorías dan valores idénticos.
La teoría de Coulomb, como la de Rankine, está basada en la hipótesis
de que el muro puede desplazarse hasta más allá de la posición a1b indi­
cada en la figura 29. la y de que el agua contenida en los poros del suelo
no ejerce ninguna presión de filtración de importancia. Se sobreentiende,
además, que también se supone que las constantes del suelo que aparecen
en las ecuaciones tienen valores definidos que pueden ser determinados.

Teoría de Coulomb
La superficie de deslizamiento que se origina detrás de un muro de
sostenimiento real es ligeramente curva, como lo indican las figuras 29.la
y b, pero, al efecto de simplificar los cálculos, Coulomb supone que es un
plano. El error introducido con esta hipótesis es muy pequeño.
En la figura 30. la se indican las fuerzas que actúan sobre la cuña de
deslizamiento, cuya superficie límite inferior se supone arbitrariamente cons­
tituida por un plano cualquiera be1. La cuña abe1, de peso W1, está en
equilibrio con la reacción al empuje P1 y la reacción F1 en el plano de desli­
umiento. La reacción F1 está inclinada en un ángulo ♦ con respecto a la
normal a bc1, ya que se supone que en dicho plano se movlllza toda la
ART. 30 TEOIÚA DE C'OULOMII DE.L EMPUJE ACTIVO 201

resistencia a fricción del material Si el muro déscansa sobre una fundación


sólida, la fuerza P1 está inclinada de un ángulo+ b con respecto a la normal
al paramento interno del muro, como lo indica la flecha llena. S� al con­
trario, existe la posibilidad de que el muro se asiente más que el terraplén,
el ángulo ll de fricción entre muro y suelo puede resultar negativo, y la
resultante P1 actúa como lo indica la flecha en punteado. Como se conocen
la magnitud y dirección de W1 y además, la dirección de las otras dos
fuerzas, el valor del empuje P1 puede obtenerse gráficamente por medio de
un polígono de fuerzas (fig. 30.lb). Pero la superficie be,, elegida arbitra­
riamente, puede no ser la superficie real de deslizamiento, así que se deben
efectuar determinaciones similares de los empujes P1, Pa , etcétera, para otros
planos bc:i, bci, etcétera (no indicados en la figura). El más grande valor
ele P así obtenido representa el valor del empuje activo PA•

Co,utrucción irófico de Culmann


Culmann (1875) ideó un método expeditivo para efectuar las construc­
ciones gráficas descriptas en el apartado precedente. Como primer paso
(fig. 30.lc), se traza una recta bS por el pie del paramento interno del

,
(o}

' w,
(b

�'
,-:;-,

l'i.-. 30.1. (,i r b) Diagnunu que rep.--tan lu hipót.,..;,, en qu., ..,, ha.a la
leor:a de Couk,mb de! empuj., ae1l.-o; (t:) método g'1Ífi.:o de Culmarin para
deh,rminar el empuje de arena,
202 EQCLl.111RIO l'LÁSri:co DE LOS S\1ELOS

muro, que forme un ángulo ♦ con la horizontal Esta recta se conoce como la
línea de pendiente, ya que representa la peooiente natural del suelo. Se
traza Juego la línea de lo, empufu bC... colocada por debajo de la línea de
pendiente y formando con la misma el ángulo 6 igual al que forma la verti•
cal con la linea de acción del empuje P, (fig. 30.l). El ángulo 8 depende
del ángulo 6 de fricción entre muro y suelo y de la inclinación o del para•
mento interno del muro.
Para determinar el empuje P1 , ejercido por el suelo situado dentro de
la zona delimitada por un plano de deslizamiento arbitrario bc1, es necesario
computar primero el peso W1 de la cuña de suelo que, en cualquier escala
conveniente, es luego representado sobre la línea bS. Se obtiene asl el
punto d1, por el cual se traza la recta d1e 1 paralela a bL. Como el triángulo
e 1d,b (fig. 3C.lc) es semejante al polígono de fuenas de la figura 30.lb,
la distancia d1e 1 es igual al empu¡e correspondiente a la superficie de des­
lizamiento be,. Para determinar el empuje activo PA, se repite la construc­
ción para diíerenles planos be,, bes, etcéte·ñt, y los puntos 61 , ei, e,, etcétera,
que se obtienen, son unidos por medio de una curva C, conocida con el
nombre de curva de Culmann. Se traza la tangente a la curva C paralela
a bS y la distancia ed representa el empuje P�. La superficie real de desli­
zamiento pasa por el punto e.

Empu� producido por una carra lineal


La figura 30.2 representa la sección trasversal de un muro que sos­
tiene una masa de arena con superficie límite inclinada. A lo largo de una
línea paralela a la cresta del muro y a una distancia ac' de la misma, la
superficie de la arena soporta una carga q' por unidad de longitud.
El procedimiento para determinar el empuje activo es en este caso
esencialmente el mismo que el ilustrado en la figura 30. lc, con la única
diferencia de que cuando el plano de deslizamiento encierra la carga q',
en la cufía, la distancia a tomar sobre la Hnea bS debe ser proporcional al
peso de la arena, que constituye la cuña de deslizamiento, más la carga
lineal q' (véase figura 30.2).
Si la superficie límite de la arena no lleva sobrecarga, la curva C de
Culmann (curva en punteado de la figura 30.2) correspondería a la curva
C de la figura 30.lc. En el caso de que exista una sobrecarga lineal q'
aplicada en un punto é, la curva de Culmann consta de dOJ partes. La
parte situada a la izquierda del plano be' es idéntica a la C, ya que las
cuñu limitadas por planos a la izquierda de dicho plano no llevan sobre­
carga. Hacia la derecha de be' la curva de Culmann está situada por arriba
de la curva C, como lo indica la curva C' de la figura 30.2, ya que toclu las
cuñas encierran la carga q'. Por consiguiente, la curva completa de Culmann
consiste, a la i7.quierda de be', en la curva C y, a la derecha, en la curva
C', presentando una discontinuidad en el plano be' que pasa por el punto
de aplicación de la sobrecarga lineal.
Si la sobrecarga está situada a la iz.quierda del punto c2, el empuje
activo viene dado por la distancia máxima entre la curva C' y la recta bS,
ifJ:±:
ART. 3() TEORÍA DE OOULO�B DEL EMPUJE ACTIVO 203

d,<,
,,.
1

\¿
flc. 30.2. Mitodo Jriílco de Culm•nn p•n dt:tfffflin•r .-1 .,..,puje que ejen:•
un relleno de •ren• qut ,ooport• un• .-atkll liu.-al.

medida paralelamente a la recta hL Cuando la sohrt·l·ar.ita ncti'1a en cual­


quier punto entre a y e'', la m¡1yor distancitl l·S rf"r•" � ,·l d,·.�lizamirnto se
produce a lo largo del plano be" que parn por e". l..1 dist:111da d"e.. -
de - fe" representa la parte 6PA del tmpuje dt'h¡tln ,1 1:i snhn•(.·;uga ideal q'.
Las ordenadas de la curva K (íig. 3C.:?J. rrfrridas :1 la superficie del
terraplén, representan los valores de 6P.1 que (.'OITt'S¡Jt1111l1•n a (listintas posi­
ciones de la sobrecarga q'. Entre a y e". K t'S un:1 liiwa H'l'l:1 ¡umlela a la
supeñicie del terraplén ya que, entre esos dos p1111tos. \P, t'li indt"pt>ndiente
de la posición de q'.
Cuando la sobrecarga q' está situada más alJ;i tlt• ,·". ¡•11 b 1Misición e,
por ejemplo, la curva de Culmann co11�tíl dt> la lim•,, pu11tr:ub C :1 la i:z.¡uier­
da de /x; y de la línea llena C' a la drrrdrn. El rnlor 111i,in111 i!,· /'., viene
dado por el segmento d�e3, el plnno de fractura p.:sa por ,·I 11111110 e:i c
intersecta la su¡:erficie del terraplén en d pu11tu d,· ,1plirndo11 dt• q'. Si el
punto de aplicación de q' se desplaza hacia la d1•rt'l·h,1. d rnlur 1lt \P,
disminuye, como lo indican las ordenadas ele la cun·a 1-. / fil!.. · 30. 21. ·,. St'
hace ce:ro cuando q' alcanza la posición e�•·
Finalmente, si la línea de acción de q' se eocuentm PU 1·/. d ,·,11,ir del
empuje e{d,' determinado con la curva C' es igual ul •�1lor r,/ ,¡111• n·pn•st•nta
dicho empufe cuando la sobrt'Clrga es nula. Si q' se dcsplaz.1 .1 la daech.1
de e,', el empuje determinado con C' se hace menor que t·d. Pur ronsiguicn•
te, cuando la sobrecarga lineal actlla a la derecha de e/, no tiene cf('('tO
alguno sobre el empuje activo y la superficie de deslizamit'nlo ad(. uit>re la
misma posición be que tiene en el terraplén descargado. Cuanto 111ayor sea
la sobrecarga lineal q', tanto más alejado del muro se encuentra e_.'; es dttir,
que la distancia dentro de la cual la sobrecarga influye sobre el empuje
·depende de la magnitud de la misma.
El procedimiento de Culmann se utiliza principalmente en los casos en
que el muro es de paramento interno quebrado, o cuando el terrnpll-n tirnc
204 EQUILIBRIO PLÁsTICO DE LOS SUELOS

Flg. 30.3. O... llpot de «rlÍfii,os pan obtener loe coeílelenlN p,,ra el eiiku.lo
del empuje 11ctivo [(o) aesún O. S:,Hert, 1929].

forma irregular o lleva sobrecarga. Si un muro vertical sostiene un terraplén


no cohesivo con superficie límite horizontal, es más sencillo obtener el valor
de P"" por medio de gráficos preparados para este caso. La figura 30. 3

..........
representa dos tipos de gráficos de esta naturaleza.

h;r:1J: t!:fn�!1 =�
1. Un muro de ,ostenimiento vertical de 6 metros de a1tura sostiene uo terraplái
no oohedvo de pe.� unitario 1800 kg por metro cúbico. La superficie límite del terrapl&i
W; :Íf1°rn��•enC: � �:C, ��-p!�
h
medio del mttodo de CulmaDn determínese el empuje activo total contra el muro.
Solucsdn: 15.000 kg/m,
2. Un muro l. de solera Inferior tiene un alma de altwa igual a 11 metros
Slll·oontar la so1era. El muro, de secdón simétric. con respecto a su eje vertica1, 10Stiene
una pila oo cohes:iva de materialdehlerro. Trene 1,80metros de ancho en la cresta y
3,60metros en su uni6n oon la solera. Desde un punto situado eu su paramento Interno
1 1,20metrosde la cresta, l a superficie límite de la pila de iniDeTal se·Jevanla C011 UD
=�� Si=
ART, 31 PUNTO DE APLICACIÓN DEL EMPUJE 205

!lk!u; ;:1� i.3!�J.J


ángulo de 35• oon respecto • la horizontal, hasta wia altun mhima de 20 metros
�b;,,Jan:=;;,C��l=� º
el empuje amtra el alma del muro debe ser resistido por medio de tirantes de se-Cción
cuadrada de 7,5 centimetros de lado, solidtados a una tenslÓII de 1900 kg por centímetro
cuadrado,¿cuilesla disl&Dda entretir&Dtesrequerida?
Solucldn: 73.000 kg/m; l,50 metros.
3. Un muro vertical de 5,50 metros de altura IIOStieoe un tenaplén DO cohesivo

t � �:Sl�:J.por me��i: }: 1de��


1e
J:��1: �
de ;o& kg por metro, �la cresta y situadas a distancias de 2,◄0 y J,95 metros
de la misma, respectivamente. Calcúlese el empuje total contra el muro y determlnese la
distancia hori7.0ntal, a partir del paramento Interno, r. que el plano de desluamiento inter­
secta la superfü:ie del terraplm.
Solud6n: 9500 kg/m: 3,95 metros.
4, Un muro de 4,60 metros de altura, de paramento interno vertical, es apenas
•uficiente pan sostener Wl terraplén de arena de ,uperficie limite boriwntal, de peso
=:u:· a! �º�;,!"
ni
� ::"i!JS:.k!,� decú� Ykti!r ¡ 1:�:g!
tro 1
:::iei : ¡;
e f R

cresta, y5e desea saberc,i.6.1 es la dirtincia horizontal mínima entre muro y sobrecarga,
a fin de que no $0 inen:mente el empuje sobre el muro.
Solución: 5 metros.

empu;·,:..:� �:�:se
Soluci6ru 1300 kg/m.
de
J �!1¡;�¡= :-�:e:•e tc;'oose.td:ta"'� 30��
tud

ART. 31 PUNTO DE APLICACIÓN DEL EMPUJE


El procedimiento descripto en el artículo 30 pennite determinar la mag•
nitud del empuje tota1, siempre que su dirección sea conocida, pero no
proporciona información alguna sobre su punto de aplicación. Para obtener
esta información, Coulomb supuso que todo punto del paramento interno
del muro representa el pie de una superficie potencial de deslizamiento.
Por ejemplo, el punto d de la línea curva ab de la figura 31. la representa
el pie de la superficie potencial de deslizamiento de. El empuje P, sobre
ad puede ser calculado por medio del método de Culmanra descripto en el
artículo 30. Si la profundidad del pie de la superficie potencial de desliza­
miento es incrementada de z a z + dz., el empuje aumenta en
dP, = p,dz
en la que p, es el empuje unitario medio en el incremento dz. PoL con­

- 1"
siguiente:
p,t (31.1)
200 EQUILIBIUO PLÁsTIOO DE LOS SUELOS

Por este procedimiento se puede determinar la distribución del empuje


unitario, calculando p.1. para distintas profundidades. Conocida la distribu·
ción, sie puede encontrar el punto de aplicación de la resultante por un
método gráfico o analítico, teniendo en cuenta que, en todos los puntos, p,,,
forma un ángulo l'l con la normal al paramento interno del muro.
Este método es más bien complicado, así que en la práctica se utilizan
procedimientos aproximados. Por ejemplo, en la figura 31. la, el punto de
aplicación 01 se sitúa aproximadamente en el punto de intersección de la
recta 001, paralela a la superficie de deslizamiento be y que pasa por el
centro de gravedad O de la cuña abe de deslizamiento, con el paramento
interno del muro.
Las figuras 31. lb y e ilustran un método simplificativo para estimar
la posición del punto de aplicación del empuje adicional l!.P'-, producido
por una carga lineal q'. Las rectas be, be'', etcétera, corresponden a las
rectas be, be'', etcétera, de la figura 30.2. Si q' está situada entre a y
e" (fig. 31.lb), se traza b' e' paralela a la superficie de deslizamiento
be'' y a' e' paralela a la línea de pendiente bS (véase Hg. 30.2). El punto
de aplicación de !:i.P,i, se encuentra en el tercio superior de a' b'. Si q' está
situada entre e" y <!:i, se traza a' e' paralela a bS, y el punto de aplicación
de tJ.P,1 se encuentra en el lerdo superior de a'b, como lo indica la figu­
ra 31.lc.
Todos estos procedimientos están basados en la hipótesis hecha por
Coulomb de que todo punto del paramento interno representa el pie de
una superficie potencial de deslizamiento. La hipótesis es correcta en el
caso de muros de sostenimiento, pues ningún muro de este tipo puede ceder
sin antes desplazarse de modo tal que se cumplan las condiciones de defor­
mación del estado plástico. Coulomb no especificó, sin embargo, esta condi-
,un-. 32 EMPUJE PASrvo EN SUPDIFICll'3 DE CONTACl"O l'IUCOSAS 2IJ7

ción de deformación, asi que la teoría fue con frecuencia utilizada para
calcular el empuje activo contra estructuras de sostenimiento que no cum­
plen con esas condiciones, tales como las entibaciones de excavaciones a
cielo abierto (véase artículo 37). Ahora bien, como los resultados de los
cálculos no concordaban con la realidad, muchos ingenieros experimentados
llegaron a la conclusión de que la teoría no era del todo correcta. Por ello
es necesario desta,car que, si se satisfacen las condiciones de deformación
para su validez, la teoría de Coulomb es tan satisfa1.toria como lo pueda
ser cualquier otra teoría de la ingeniería de estructuras.

Problema,
l. ¿A qu� dUtancia del pie del alma del muro de sostenimiento del problema 2
{arUculo 30) actu. la resultante del empuje?
Solución: 3,30 metros.
2. Detenni- la áefclón de lu te$ultaoles pardales de los empujes debido:; 1 Ju
:"<b'°:; Up=
a
��m � r�d=:/)), suponiendo que la influencia de
a
So/ud6n: 3 melri>e:, 2 metros.

ART. 32 EMPUJE PASIVO EN EL CASO DE SUPERFICIES DE


CONTACTO RUGOSAS

Definición
E n su sentido más amplio, se entiende por empuje pasivo la resistencia
que una masa de suelo opone a su desplazamiento cuando es solicitada por
una fuerza lateral. El elemento que ejerce dicha fuerza lateral puede estar
constituido por la foodación de un muro de sostenimiento, por la cara exte­
rior de la parte enterrada a un tablestacado, o por un bloque de mampos­
tería u hormigón, como ser, el estribo de un arco cargado. Puede también
estar formado por una masa de suelo que ejerce una presión horizontal,
como consecuencia de la carga vertical que la misma soporta, como ¡:or
ejemplo, la masa de suelo que soporta una base o zapata de fundación. Es
decir, entonces, que la estabilidad de casi todos los muros de sostenimiento
y la capacidad de carga de todas las fundaciones poco profundas dependen
en algún grado del empuje pasivo, de modo que el estudio de dicho empuje
es de mayor importancia práctica.
El plano de separación entre el objeto que ejerce el empuje y el suelo
se llama superficie de contacto. Coulomb calculó el empuje pasivo, en el
caso de superficies de contacto rugosas, tomando como premisa la hipótesis
simplificativa de que la superficie de de.dizamient:i era plana ( véanse figuras
32.la y b). Con esta hipótesis, el error que se origina se encuentra siempre
del lado de la inseguridad. Si ll es pequeño, la superficie de deslizamiento
es en realidad casi plana y el error es tolerable, pero si & es grande, el error
es excesivo y el método de Couk>mb no debe ser utilizado.
208 EQUILIB1UO Pl.Á.STICO DE LOS SUELOS

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Flg. 32.1. (• r b) Oiapamq qae �p.-entan lu hipót,_. r11 que.., i,..., I•
teori• de Coalomb del empuje pa1iYV; (e) rr,íflco para olttener loa coeOdenla
plln el dilc11lo del empaje puivo.

Teoría de Coulomb del empuje pa,it10 tk la, crrenaa


El valor del empuje pasivo de Coulomb puede ser detenninado gráfi­
camente utilizando el método de Culmann. El procedimiento es idéntico
'al descripto en el artículo 30, con la diferencia de que la inclinación de la
recta bS (fig. 30.lc) debe tomarse de modo que forme con la horizontal
un ángulo f' hacia abajo.
La figura 32. lc indica la influencia que el ángulo de fricción 6 ejerce
sobre el valor del empuje pasivo de Coulomb. El gráfico indica que el
empuje aumenta rápidamente al acrecentar el valor del ángulo de fricción
entre suelo y muro. Si 6 es mayor de (/1/3, la superficie de deslizamiento
es fuertemente curvada ( fig. 29. le) y por lo tanto, el error debido a la
hipótesis de Coulomb aumenta rápidamente. Para & .,. 4>, dicho error
puede alcanzar basta el 30 por ciento. Por ello, para & mayor de 4>/3 debe
tomarse en C"Uenta la curvatura de la superficie de deslizamiento.

Empuje po,ivo en el ca.o de ,uela, cohe.ieo,


,\ los efectos de estudiar los métodos para determinar el empuje pasivo,
sin la necesidad de fijar una ruperficie plana de deslizamiento, se resuelve a
continuación el problema indicado en la figura 32. 2.. En dicha figura, ab re-
ART. 32 EMPUJE PASIVO EN SUPERFICllS DE CONTACl'O RUGOSAS 209

presenta la superficie de contacto empujada hacia una masa de un suelo


cohesivo ideal, cuya resistencia al corte viene expresada por la ecuación:
s-c+ptg,¡. (16.4)

La superficie del suelo es horizonta1, el ángulo de fricción entre suelo


y paramento interno del muro es 6, y C. es la fuerza tota1 de adherencia
entre muro y suelo. Por otra parte bde es la superficie real de deslizamiento,
que consta de una parte curva bd y una recta de. Según lo indicado en el
artículo 29, el suelo situado dentro del triángulo isbsceles ade se encuentra
en el estado pasivo de Rankine y, por consiguiente, las tensiones de corte
en la sección vertical df son iguales a cero, de modo que el empuje P, sobre
la misma es horizontal. Este empuje P• puede ser ca1culado por medio de
la ecuación 28 .17.
La masa de suelo abdf se encuentra entonces sometida a las siguientes
fuerzas: su peso propio W, el empuje P,, la resultante C de la cohesión a
lo largo de bd. la adherencia c. en la cara ah la resultante F de las tensiones
norma1es y de fricción en la superficie bd, y la resultante P,. de las compo­
nentes normal y tangencial del empuje pasivo.
Como el punto de aplicación de P, no es conocido, se utiliza el proce­
dimiento aproml'lado indicado al final del artículo 28 y remplaza P,. por dos
fuerzas P,' y P,". Ambas fuerzas forman un ángulo b con la normal a la
superficie de contacto. La fuerza Pp' está en equilibrio con el peso de la
masa abdf y las fuerzas de fricción debidas a dicho peso, mientras que P,''
está en equilibrio con la cohesión en la superficie de deslizamiento y la
fricción debida a las fuerzas que no dependen del peso de la masa de suelo.
La fuerza P,' tiene su punto de aplicación en el tercio inferior de ab, mien­
tras que P,." se aplica en el centro. Conocidos los puntos de aplicación y las
direcciones de ambas fuerzas, éstas se pueden calcular en forma indepen­
diente y su resultante representa el empuje total Pr.
Los métodos existentes para determinar la forma real de la superficie
de deslizamiento son tan complicados, que no resultan adecuados para la
aplicación práctica. Se pueden, sin embargo, obtener resultados suficiente­
mente exactos si se efectúa la hipótesis simplificativa que considera fa

Fi¡r. :JZ. 2. Dlq:nm• que n:praenla la. hip61esi, en que se ltua la leoría d 1
empuje pa.oivo eoatr• panmenlOII de ronl11<:lo r<IJ-.
"º EQUILIBIIIO PL.ÁmOO DE LOS SUELOS

porción b:l de la superficie de deslizamiento como un arco de círculo o como


una espiral logarítmica de ecuación:
,,..,of,, ... (32.1)
Se considera a continuación que la parte curva de la superficíe de
deslizamiento tiene la fonna de una espiral logarítmica. Como esta espiral
es tangente a la recta de en el punto d, su centro debe estar situado sobre
la recta aD (fig. 32.2), que forma un ángulo de 45º - 4>/2 con la hori­
zontal De la ecuación 32.1 surge que todos los radios vectores de la espiral
fonnan un ángulo ,¡, con la nonnal a la curva en el punto ele intersección.
Como ,¡, es el ángulo de fricción interna del material, la resultante dF de la
tensión normal y de la fricción, correspondiente a cualquier elemento dife­
rencial de la superficie de deslizamiento, fonna también un ángulo ,¡, ron
la nonnal al elemento y, por consiguiente, su dirección coincide con la del
radio vector al centro de la espiral. Por tanto, todas las fuerzas elementa­
les dF pasan por el punto O, así que la resultante F de todas las fuerzas
normales y de fricción que actúan sobre bd también pasan por el punto O.
Para calcular Pp' (valor de PP si e - O) se elige arbitrariamente una
superficie de deslizamiento bd1 e1 (fig. 32.3a), que consiste en una espiral
logarítmica bd1 de centro 01 y en una línea recta d i e, que forma con la
horizontal un ángulo de 45º - ,f,/2. El empuje necesario para producir el
deslizamiento sobre esta superficie se designa P1'. Se calcula luego la fuerza
P,1', con punto de aplicación en el tercio inferior de fid 1, utilizando la
ecuación:
P,1',.. 1/,yff,1'N1
y finalmente se toman mom-entos de las fuerzas P1', P,1' W1 y F1 ' con respecto
a 01, Como el momento de F1 ' es igual a cero:
P,'l1 = W1l, + P,1'l1

(32.2)

El valor de P1' es dibujado a escala a partir del punto fi . obteniendo


el punto Ci '- Se efectúan cálculos similares para otras superficies de desli­
zamiento elegidas en forma arbitraria y, por los puntos C' obtenidos, se traza
una curva P'. Si el suelo no tiene cohesión {e - O), la segunda componente
Pp" del empuje pasivo PP es igual a cero y el valor de PP viene representado
por la ordenada mínima de la curva P', es decir, por el punto C'. La super­
ficie de deslizamiento en este caso pasa por el punto d situado sobre aD
en la proyección vertical de C'.
Si el suelo tiene cohesión, se debe calcular también Pp" (valor de Pp
si y = O). Para calcular P1", correspondiente a la superficie de deslizamiento
AJ'IT. 32 EMPUJE PASIVO EN SUPEIIFICI� DE CONTACl"O RUCOS.-\S 211

arbitraria bd1e1, hay que considerar primero ·1as fuerzas que intervienen
en el cálculo (véase figura 32.3b). El valor de P,1" se obtiene hacicn<lo
y"" O, q.., Oy H = H,1 en la ecuaci6n 28.16:
P,¡'' = 2cH•1 V"N;
El punto de aplicaci6n de esta fuerza está eu el Ci!ntro de d,f,.
La influencia de la cohesión sobre la superficie bd, puede cakubrse

Flg. 32.3. Mé1odo de • • ""PI.-.! logU'itmiu pu• I• d,1....minadón de• •n1pujr,


pa,,ivo. <•) Fuera.• 1e11er .,., e"""I• en el alculo ¿e I• eomponenle ¡J,:bid& al
PNO del 1uelo, no con,id�rando la �heaKJn¡ (b) íuer::,.q a 1cner en _c_uenla en .,,
eiilculo de t. eomponen1e debida a t. fri«ión ra la eoh.,.1011, no consldnan,I.,.el
peeo del lllelo; (d dia1rama que Indica romo ee h•ce el a1eulo del ·mom!nlo
debido• la eohMRn.
212 f.QUILIBIUO PLÁSTICO DE LOS SUELOS

considerando un elemento de longitud d, (fig. 32.3c). La cohesión en d.r

.:a:�
es cdt y el momento con respecto a 01 :

dM. = rcthcos 4> = ,e cos,; = crldll

El momento de la cohesión total sobre bd1 es entooces:

M�1 - fo'' dM.. - :


2 t ,;
(r11 - r0*) (32.3)

Como la fuena F1" pasa por 01, tomando momentos con respecto a este
punto, se obtiene:

dt: donde:

Pi'' - t[Mo1 + P,i"11 - c. lt] (32.4)

El valor de P 1" se dibuja a escala (fig. 32.3a) partiendo del punto C,'.
Como Pi' y P1" representan las fuerzas necesarias para vencer las dos partes
de que está compuesta la resistencia total al deslizamiento a lo largo de la
misma superficie bd1ei, la ordenada del punto C1 representa la fuen:a totBl
requerida. En forma similar se obtienen los valores de P" pitra otras super•
ficies arbitrarias de deslizamiento, uniéndose luego los puntos C, así obteni­
dos por medio de una curva P. El empuje pasivo Pp lo ,�a la ordenada mfni­
ma de dicha curva, y la superficie de deslizamiento pasa p...� el punto de aD
que se encuentra en la proyección vertical del punto C. U presión total
en la superficie de contacto es igual a la resultante de P, y de la fuerza de
adherencia C•.
La forma real de la parte curva de la superficie de deslizamiento es
intermedia entTe un arco de clrculo y una espiral; pero, como la diferencia
entre ambas curvas es pequeña, el error resultante de remplazar la curva
real por un circulo o una espiral es despreciable. Comparaciones efectuadas
entre los resultados obtenidos con el método exacto y los métodos aproxi­
mados descriptos demuestran que éstos dan valores del empuje pasivo que
son al menos tan exactos como los que se obtienen para el empuje activo
calculado por el método de Coulomb, que supone una superficie de desli­
zamiento plana en lugar de la real que es ligeramente curva.
Los estudios realizados precedentemente se basan en la hipótesis de
que la masa de suelo en contacto con el paramento interno es empujada
hasta una posición situada más allá de a1b1 (fig. 32.2). Si la parte superior
de la superficie de contacto no llega a desplazarse hasta a1bi . la superficie
de deslizamiento es curva en tocia su longitud y solo la parte ·inferior .de
la ·masa de rucio pasa al estado pasívo de Ranldne. Si por el contrario, la
parte inferior no llega a desplazarse hasta o1b1, es el suelo situado en sus
inmediaciones el que no alcanza el estado de equilibrio plástico. En estos
AJrr. 33 CAPAClDAl> DE CAIICA DE ZAPATAS DE YUNDACIÓN P<XX) PROF. 213

casos, el empuje pasivo total y su distribución en la superficie de contacto


dependen del tipo de restricciÓD impuesto al movimiento de dicha superficie
de contacto.

......,_
igual�- u�::;:tt:h� =
ri
::, �.3:• �t valor der. debe tun1use
27 _
2. Calcule por el imtodo de la espiral logarítmica el emJ)\lje pa5ivv total contn
unasuperlkieverticaleuoontactoooaunrdleDDdellttDaoonsuperliCW!libmhol'Wltltal.
:;.:t��o� D�11eoo tiene�����Y(k
l
�tr
ángulo de fricción Interna de 36º. Para facilitar la utili7.ación
f
OO: trooocit;c:i : ..':
n ue

la espiral oorutrui<I.
en el problema 1,la resoluci6ngriflcadebe efectuarse utilizando papel tra,;pa�nte.
Solud6n: 25CUXXI kg/m,

�• �� �
all
1:!YV�� m
��.rtt � ,�fm���,_i� et�
2

adherenci.l mtn, el sudo y la superficie deoontactoes también de 0,25 kg por eentí•


u

metro cuadndo. Determine, arun1$mo, el punto de aplicación de P�.


Solud6n, 370.000 kg/m; 2,40 m sob� la base.
4. Calcule el v alor del empuje pasivo eq el caso del problema 2,en la hipótesis
de una superficie de desllumlento plana.
Solud6n: 290.000 kg/m.

Lcd...,.. Kle«6onlldu
Tahlu: para empujes puivv y activv de suele., aplicables a ma�riales con frie•
eión. eohesi6n o ambos, y para diversos ángulos de fricción entre muro y sucio fueron
publicadas por Caquot, A. y ICerúel, J. { 1948) bajo el tltulo: Table, for the ca/culatkm
����la �z2' ;!�':"'1 ,
datiom miducido del
�"'::"� "f.��':.
ART. 33 CAPACIDAD DE CARGA DE ZAPATAS m,; FUNDACIÓN
POCO PR0FUNDAS
Hipóte,i, JundamenuJ.e,
Cuando se aplica una carga sobre un área limitada de la superficie del
su�Io, la superficie sufre u n asentamiento. La relación entre el asenta­
miento y la carga unitaria o presión media sobre el suelo puede represen­
tarse por una curva d e lo, asentamiento., (fig. 33.l). Si el suelo es b1utante
denso o compacto, la curva de los asentamientos es similar a la curva C1 y
la abscisa q, de la tangeDte vertical a la misma representa la capacidad de
carga del suelo. J>or el contrario, si el suelo es más bieD suelto o blando, la
curva de los asentamientos puede ser similar a la curva C, y la capacidad de
carga no estar bien definida. En estos casos se toma generalmente como
capacidad de carga la abscisa q,' del punto en que la curva de los asenta­
·m.ientos se hace muy empinada y recta.
En la práctica, las cargas son trasmitidas al suelo por medio �e zapatas
o bases de fundación como la que iodica la figura 33.2. Las bases o z..patas
214 EQlJWBRIO PI.ÁS'nOO DE LOS SUELOS

1M4
1' "''"
B• Ar1Clloo1Pta.rq.oola
F',a. 33.l. Rebdón enlN: ln1enlid•d de la eara:a 'J uen1amiento de 1HI• zapata
,oob..., •uelo dcnoo o n>mpadado (C,) y 110bre ,u.,lo 1n1ello o blando (C,).

pueden ser co11tinuas, es decir, de forma rectangular muy alargada, o indivi­


duales, en cuyo caso tienen forma cuadrada, rectangular o circular, Se llama
carga crítica a la carga por unidad de longitud de z.apata continua, o a la
carga total de una zapata individual, a la cual el suelo que la soporta rompe
o falla. La distancia desde el nivel del terreno o superficie del suelo a la
cota de fundación se denomina profundidad de la fundación, D,, y una
zapata cuyo ancho B es igual o mayor que D1 se considera como una
fundación poco profunda. En el cálculo de fundaciones poco profundas,
el peso del suelo situado por encima de la cota de fundación puede ser
sustituid() por una sobrecarga uniforme:
q - yD, (33.1)
Esta sustitución simplifica el problema y solo introduce un error que
es de poca importancia y que se encuentra del lado de la seguridad, pues
la carga resultante del cálculo es algo menor que la real.

E111ado1 de equilibrio plá.tico originado• en el 1uelo 1i1uado


debajo d� aapatm condnum
Los rerultados de investigaciones matemáticas relativas al estado de
equilibrio plástico r¡ue se desarrolla debajo de las zapatas continuas no son
del todo satisfactorios, pues no se ha encontrado aún una solución general
que satisfaga rigurosamente la ecuación 16.5 y además tome en cuenta
el peso del suelo, la influencia de la profundidad de la sobrecarga D, y la dis­
tribución real de las fuerzas verticales y horizontales en la base de la zapata.
Más aún, las teorías existentes suponen comúnmente que el volumen del
suelo no cambia cuando se alcanza la carga crítica. Estas limitaciones no
resultan empero de importancia práctica seria, debido a que la exactitud
alcanzada, aun en las soluciones aproximadas, está limitada por nuestra
habilidad para evaluar las propiedades mecánicas del suelo que deben lntro•
duclrse en las fórmulas, más bien que por defectos de las teorías.
ART, 33 CAPACIDAD DE CARG... DE ZAPATAS !'·E FUND,V::!ÓN POCO PROI'. 215

Fi.,. 33.2. Corte• travQ de un■ ir.■p■I■ continua poco proíundL

Se pueden deducir las siguientes conclusiones generales de los estudios


tcJricos. Si la base de una zapata continua descansa en la superficie de un
suelo sin peso propio que posee cohesión y fricción, éste rompe como lo
mue5tra la figura 33.3a por fluencia plástica a lo largo de la superficie
compuesta fedei/1 La región así delimitada puede ser dividida en cinco

zonas, una marcada I y dos pares de zonas marcadas U y III. Debido a la


fricción y a la adherencia entre el suelo y la base de la zapata, la zona 1
permanece en estado elástico y actúa como si fuese parte de la zapata y
penetrase en el suelo como una cuña. Sus límites se levantan con un ángulo
de 45 °+ ,¡,/2 respecto de la horizontal. En las zonas II y III se desarrollan
sendos esquemas de deslizamientos, de los cuales los de las zonas III son
idénticos a los que corresponden al estado pasivo de Ranldne {artículo 27),
de modo que se encuentran delimitadas por líneas rectas con una pendiente
de 45 º - ,¡,/2 respecto de la horizontal. Las zonas II, situadas entre I y
111, se denominan zonas de corte radial, porque uno de los conjuntos de
líneas que forman sus esquemas de deslizamiento están constituidas por
rectas radiales, cuyo origen se encuentra en el borde exterior de la base
de la fundación. Las líneas del otro conjunto son espirales logarítmicas con
sus centros situados en el mismo punto de origen de los radios. Se deduce
que la capacidad de carga por unidad de área (Prandtl, 1921) es igual a:
q, = N,c {33.2)
en la cual c es la cohesión y N,, conocido como factor o coeficiente de 00•
pacidad de carga, depende solamente de ,¡,, resulta igual a:

N. =col(/> [ t"ta:• tgt (45" + +)-1] (33.3)

Si la superficie del terreno soporta una sobrecarga unifonnemente dis·


tribuida q, el esquema de los deslizamientos permanece igual y la capacidad
de carga es incrementada en la cantidad N0 q (Reissner, 1924), siendo:

N, = E"11' •tg2 ( 45 °
1 +-f) (33.4)

De modo que resulta:


Ne = COI 4' (N0 - 1) (33.5)
216 EQUlLIBIUO PÚ.STICO DE LOS SUELOS

Si .¡, = O, las espirales se toman arcos de círculos y los correspondientes


valores de N0 y N,, se hacen igua1es a (2 + :n:) y 1, respectivamente. Por
tanto, para una zapata situada sobre la superficie del terreno:
q4 = (2 + n) e = 5,14 e = 2,57 q. (33.6)
en la cual e es la cohesión no drenada (condición 4> = O) y q,. la resistencia
a la compresión simple. Para .¡, - 0° , el esquema de los deslizamientos y
la ecuación 33.6 permanecen válidos incluso cuando el peso del suelo no
sea igual a cero.
La mitad derecha de la figura 33.3a muestra la deformación del suelo
situado dentro de las wnas de desplaumiento plástico, pudiendo observarse
que las zonas 111 son comprimidas latera1mente. Su superficie se levanta
y tennlna en los costados de la base de la fundación en un barde vivo, que
da la impresión de que el suelo hubiese sido punzonado.
Si el suelo no es cohesivo pero posee fricción y peso, el esquema de
los deslizamientos está representado por la figura 33. 3b. Los limites de las
zonas elásticas I son curvas y las dos ramas de las mismas se intersectan
en el punto d con un ángulo de 90° - ,t,, mientras los limites de y de1 de
las zonas II empalman suavemente en d con los límites de la zona l. En
las zonas II las líneas radiales son curvas, mientras que en las zonas 111 el
esquema de los deslizamientos de nuevo correspollde exactamente al que
se desanolla en el estado pasivo de Rankine. No se ha encontrado aún
una solución general rigurosa para la capacidad de carga bajo estas condi­
ciones, pero e:risten soluciones que contemplan casos particulares ( Lundgren
y Mortensen, 1953).

Método• opro:cimodo• poro calcular la capacidad de carfa de


MpaltU continua,
Los melas rea1es poseen peso y en general exhiben tanto cohesión como
fricción interna. Los planos de apoyo de la mayoría de las zapatas están
situados por lo menos a una corta distancia por debajo de la superficie del
terreno circundante. No existen métodos rigurosos para computar la capa­
cidad de carga bajo estas circunrtancias, pero para propósitos prácticos son
suficientes los aproximados.
Cuando se excede la capacidad de carga real de una zapata de funda­
ción, el suelo falla a lo largo de una superficie de rotura similar a la señalada
por fede¡f1 en la figura 33. 3. No obstante, es poco probable que la superficie
real de rotura coincida con cualquiera de las dibujadas en la figura 33. 3
para materiales idea1es. En los métodos aproximados se supone que la capa­
cidad de carga se obtiene en general por la suma de tres componentes, que
se calcu1an en forma separada y que representan, respectivamente, las contri­
buciones de: 1) la cohesión y la fricdón de un material sin peso que no
lleva sobrecarga; 2) la fricción de un material sin peso que soporta una
sobrecarga q aplicada en la superficie, y 3) la fricción de un material con
peso que no soporta sobrecarga. Cada componente se calcula en la hipó­
tesis de que la mperficie de los deslizamientos es la que corresponde a rus
AJIT. 33 CAPACIDAD DE CAJIGA DE ZAPATAS DE FUNDACIÓN POCO n()F. 217

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FI,, 33.3. Lhalta de la zo.na de equilibrio pJ..tlco dapué, de la ro1ur■ del


fllelo ,imado dea..Jo de una upat• contlnu•.

condiciones específicas, las que difieren entre sí. Se obtienen por tanto super­
ficies de deslizamiento distintas, que a su vez discrepan de la superficie
real de rotura que se desarrolla en el material natural. El error es sin embargo
pequeño y se inclina hacia el lado seguro.
El valor aproximado de la capacidad de carga está dado por la ecuación:
+
q4 = cN, yD1N, + 1/• yBVl (3.1.7)
en la cual N0 y Nv son, respectivamente, los fact<Jres de capacidad de carga
relativos a la cohesión y a la sobrecarga, y pueden ser evaluados con las
ecuaciones 33.5 y 33.4, La sobrecarga se halla representada por el peso
por unidad de área yD1 del suelo que rodea la zapata. El factor de capacidad
de carga N., considera la influencia del peso del suelo. Todos los factores
de capacidad de carga son cantidades sin dimensión que dependen solo de 4>.
C.Omo no hay disponible una solución teórica para evaluar N., se usa
una aproximada, en la cual los límites curvos ad y bd de la zona elútlca abd
(fig. 33,3b) se remplaza por lineas rectas (íig. 33.Jc) con inclinación 'I'
F.;;.-pecto de la horizontal. El peso unitario del suelo es igual a y. En el
momento de la rotura la presión en cada una de las superficies ad y bd es
igual al empuje pasivo P,., Como el deslizamiento se produce a lo largo de
estas caras, la resultante de la presión pasiva actúa con un ángulo 4> res­
pecto de la nonnal de cada cara, Despreciando el peso del suelo situado
dentro de abd, el equilibrio de la zapata en sentido vertical requiere que:
Q - 2P,.cos (\11-4>)
218 E(,_>ll!LIP.1\10 l'l.ÁS'íJCO DE LOS SIJfil.OS

La presión Vértical media, correspondiente a la capacidll.d de carga


media, es por tanto:
1/·, = � ..
2
:p
cos (' IJ - </>) (33.8)

El problema se reduce, entonces, a determinar el empuje pasivo Pr


(articulo 32) cuyo punto de aplicación está situado en el tercio inferior de ad.

!�
lntroduciendo el símbolo:
N.,, = cos ("'-</>) (33.9)

en In ecuación 33.8 se obtiene:


q,, = 1/i yBN-, (33.10)

c.-omo tercer término de la ecuación 33.7.


Como el factor de capacidad de carga N., es una cantidad sin dimensión
y depende solo de ,t,, sus valores pueden calcularse de una vez por todas
con los métodos que se explican en el artículo 32, pero, recordando que se
desconoce la inclinación '\ji, dichos cálculos deben repetirse para varias incli­
naciones "1 hasta obtener el mínimo de N7 que corresponde a cada valor
de ,¡,. Los resultados son conservadores, pero concuerdan bien con los obte•
nidos para casos particulares con los procedimientos más avanzados (Me•
yerhof, 195.5). Los valores de Meyerhof se representan en el gráfico de la
figura 33.4 juntamente con los obtenidos para N0 y N0 con las ecuaciones
33.5 y 33.4. El gráfico facilita grandemente el cálculo de la capacidad
de carga.
El suelo cede en la fonna indicada en la figura 33. 3c solo cuando es
suficientemente denso o resistente como para que la curva de asentamiento
resulte similar a la C1 de la figura 33.1. En �so contrario, la zapata se
hunde en el terreno antes de que el estado de equilibrio plástico se extienda
más allá de e y e1 (fig. 33.3). La curva de asentamiento no tiene
en tal situación un punto definido de rotura y se asemeja a la curva C2
de la íigura 33.1. Se puede en estos casos obtener un valor aproximado
de la capacidad de carga Q, de una base continua suponiendo r¡ue la cohe•
sión y fricción interna del suelo son iguales a dos tercios de los valores que
les corresponden en la ecuación de Coulomb, es decir, que:
e' = 1/i e (33.lla)

tg .,,. = % tg.,, (33.llb)


Si se toma como ángulo de fricción interna a ,t,' en lugar de ,¡,, los
coeficientes de capacidad de carga adquieren los valores N/, N/ y N.,' que
vienen dados por las curvas punteadas de la figura 75. La capacidad de
carga se obtiene entonces de la ecuación:
q', = 'facN .' + yD1 N/ + 1/, yBN.,' (33.12)
ART. 33 CAPACIDAD DE CAIICA DE ZAPATAS DE FUNDACIÓN POCO PROF. 219

Faja c<trgoda, andto 8


Carga por �nidad de d.- de, zapata
Abtur,i por cort. g.¡,era.l q,.. •cfl, + -,0,14 • J 18N,
J?orur,i po,r:ort.kxtÚ q�•/c�•10¡N:,+; ,BN�
Ztlpdfa cu«drad<i, ª"Di" 8
(tUga. -tfan• Vn •/..2cN, •-rDrN,•O,,h6N,
,,,.

60 SI) «J 30 20 ID D 2(). -,O 60 40


fffhru,t.N,yNq J.U 100 loti/mesd,N,
Fil'. 33.4. GriOco que muesin la ttladcin enlre ,_ y loa codielenle. �
capaeldad de cara••

La experiencia ha indicado que, aun en el caso de fundaciones cargalbs


uniformemente, la rotu�a del suelo siempre se produce por rotación de la
zapata, que se hunde inclinándose por una de sus aristas. Este hecho no
i!JValida, empero, el razonamiento precedente; solo demuestra que no existen
suelos perfectamente uniformes. Con el incremento de la carga, el asenta­
miento aumenta mucho más rápidamente en la zona de suelo más débil
que en el resto. Debido a la inclinación, el centro de gravedad de la estruc­
tura se desplaza hacia la parte más débil y aumenta la presión sobre la
misma, mientras que la presión sobre las zonas más resistentes disminuye.
Estos hechos, prácticamente, excluyen la posibilidad de una rotura sin que
se produzca la rotación de la zapata.

Capacidad· de carta de !fllp<ltna de longitud finita


El razonamiento expuesto precedentemente se refiere exclusivamente a
las bases o zapatas continuas. Para calcular la capacidad de carga de zapatas
aisladas de sección cuadrada o circular solo se han resuelto rigurosamente
algunos casos especiales, con soluciones que requieren el uso de procedi­
mientos numéricos. No obstante, sobre la base de estos resultados y recu­
rriendo a experimentos, se ha deducido la siguiente ecuación semiempírica,
que proporciona la capacidad de carga q,,,. de una zapata circular de radio
r <¡ue descansa sobre un suelo denso o resistente:
q,, = l,2cN. + yD1Nv + 0,6yrN, (33.13)
EQUII .tlRLO l'L,hT!CO DE LOS SUF.LOS

En el caso de una zapata cuadrada, B X B, situada sobre suelo denso


o resistente, dicho valor viene expresado por:
+
q,. = l,2cN� yD1Nv 0,4yBN-, + (33.14)
Los valores de N vienen dados por las abscisas de las curvas llenas de la
figura 33.4.
Cuando prevalece una condición 4> = O y el suelo tiene cohesión, la
capacidad de carga en la superficie llega a:
q"' = q,. = 6,2c = 3,lq� (33.15)
valor que es considerablemente mayor que el de q, = 5,14c de la ecuación
33. 6. Por otro lado, si e = O y D1 ... O, la capacidad de carga q., por unidad
de área es considerablemente menor que el q4 que corresponde a una zapata
continua con un ancho igual al diámetro de la zapata circular.
Cuando 4> _, O y e > O, el aumento de capacidad de carga unitaria
producida por la sobrecarga yD1 es íntegramente compensada por el peso
del suelo eJ:cavado para la construcción de la zapata, Por ello, es conve­
niente manejarse con la capacidad de carga neta:
(33.16)
En realidad, como la resistencia de la arcilla situada por encima del
nivel de apoyo de la :r.apata no es realmente nula, la capacidad de carga
neta aumenta ligeramente con el incremento de D1• Para valores de D1/B
que no elcedan de 2,5, Skempton (1951) propuso la siguiente elpresión
simple para la capacidad de carga neta de una zapata rectangular de ancho
B y longitud L:
q,...,. = Sc( l +0,2-j-)( 1 + 0,2 {-) (33.17)

Resulta evidente que el valor de N. se ha redondeado de 5,14 a 5.


Si el suelo es bastante suelto o blando, los valores de N deben rem•
plazarse por los valores N', obtenidos de las curvas punteadas de la figura
33.4, y la cohesión ·e por e' (ecuación 33.lla) •

...........
l. Calcule la capacidad de carga por nidad de irea de una bue oonlir1ua de
2,40 metros de ancho situada SiOhre un suelo upara el cual e = O,ZO kg por centimetro
adrad
cu
7
\:
�\�: l �/1a"1;�':\�gy re�': :� �n�t/:t=�'�C:
oo

�por la ecuaci6u •=e+ p tg f. La profundidad de la oota de fundación es

��=
1,80 metros.
Sokd6n: .f,l kg/cm".

3 me!s �¡:do�:�cida:i! ::f: Cs.4�!t•r.9�!oo, 3, \lD4 la

d�=d:
�f:!Jo��1:' �'t7�tºcli:_ 1,
1a ��
so 00 y .f,
50 metros. El
Sofudón,12;17;2-1;36;481:g/cm".
ART, 34 CAPACIDAD DI': CARCA or; PILARES DI': f'\!NDAOÓN T Df: PILOTES 2.2J

E
POT .,;tro �t��eet,� u:n �i 1: ::; !b.�1::�ll� � �; i�.ili
::'t;:k,r t :;t1c;.8Sed::'1:'i: cu!6: el��1o�'1en;ede�l�:,,:1 :=�-ª carga
! 1

Soluciórl:39".

=::: ;1°q! 111c:f: � unauJ�¡:o::==:��


4. Úlltllaattnadensasinoohesioodepesounitariol800kitpormetroc,ibico
ect
:U�
La rotun del suelo ,e produJ: al Jle ,:,rcarga al ,valor de 8000 kg. ¿Cuil seria la
t' cu1.dn.da de 1,50 metros de largo
::!° � j;_� � en elV: mo :::::S'ª
da is
Solución:~ 11 kg/cm'.
5. Uoa estructurl. fue construida IObrtt una solera de fwtdación de 30 X 30
melrol. L& 101ml dmc&maba en la superficie del ten-eoo sobn: Wll. aopa uniforme de
arcilla blanda q"" M! utendl.t. huta """ � de .f.5 melrol y cuando el
� ;:rta�•t':�ti:r_,om:T::!:t�C:U:!-:1 �_::u;:::�
e de la w'1Í..: Dada la gran profundidad de la_._ de eqwlibrio pUstioo se puede
despreciar la oomolid.aci6n de la arcilla prodldd.a 1.ntes de la rotura y 1u¡)on,:r "dem&>
que• =O.
Soluci6n: 0,36 •g1cm•.
l.ec,tarQ .elei:donadu
Meyerbof, C. C. (1951). 'íbe ultimate bearing aopadty of Ioundations�, Ceo�nique
1!, pl,gs. SOl 1. 3.U. Contiene solucioDeJ teórleu 1.prorimlida. � f1.llldaciona pro­
fundu y pooo p--ofundu oompleme,:,tadq COD e11$1.)"0S IOb"1 modeb.
e
Sk mpto�� � (:��:.
l)
�P'f'J': 1:ys�':teofla
• = O; influencia de la oompresibilifc¡ eo 1, capacidad de carga.
'1:.!"::
Meye•!;'1•�·
Jtim���;i:!�=: of?!:i:t!.s�=h�;:7ie;,;.�:�
c
2.f.2. Revisión del artículo de 1951 en v1$11. de acontedmieolol p011teriores.
SokolOV$1d, V. V. (19e0). Stlúb of .oil inedia. London, Butterwortlu, 237 págs.
�Je:;ai� � equilibrio crítico, 0011 soluciunet; pa.-. prohlemas

H�l :�/=� � �e:u:�u;.,z ���u��=:'�i�


rnen del esllldo ,ctu,,1 de b �IUl'Oib teóri00/1.

ART. 34 CAPACIDAD DE CARGA DE PILARES DE FUNDACIÓN


Y DE PILOTES
Defillkionu
Se llama pilar de fundación a un eleméoto esbelto prismático o cüío­
drico de mampostería u hormigón que, a.travesando un estrato pobre, tras­
fiere una carga a otro estrato mejor más profundo. Un pilote es. en esencia,
up pilar muy esbelto que trasfiere una carga por su extremo inferior a un
estrato firme, o bien que lo hace por fricción, repartiéndola en el suelo
circundante. La relación existente entre la carga que trasmite un pilar o
222 EQ\IWlllUO PLÁSTICO DE LOS SUELOS

un pilote y el a.sentamiento resultante es muy similar a la existente para


el caso de zapatas. La curva carga-asenlamiento se acerca a una tangente
vertical, o bien a una tangente inclinada, cerno en el caso indicado en la
figura 33.l. La definición de capacidad de carga para el caso de un pilar
o un pilote es idéntica a la dada cuando se trata de la capacidad de carga
de las zapaW (artículo 33).
Capacidad tk carra de pilare, de /arwl«ión dlúulri.co,
De la carga total que soporta un pilar de fundación una parte se tras·
míte directamente al suelo situado inmediatamente por debajo de su base
y la restante se trasfiere a la masa circundante por fricción y adherencia'
entre la superficie lateral del pilar y el suelo. En el momento de la rotura,
la carga que soporta un pilar que ha alcanzado una profundidad D, puede
expresarse como:
Q, = Q, + Q, - q,A, + '=f,D, (34.1)
en la cuaJ q, es la capacidad de carga por unidad át-ea del suelo situado
debajo de la base, A., el área de la base, r el radio del pilar cillndrico y f,
el valor medio, en el momeoto de la rotura, de la resultante de la friccióo
y de la adherencia por unidad del área de cootacto eatre la superficie lateral
del pilar y el suelo. Se lo distingue comúnmeate como la fricci6n lateral.
La rotura del suelo situado debajo de la base no se puede producir sin
el desplazamiento de por lo menos una parte de la masa en que está embe­
bido, la que efectúa un movimiento hacia afuera o bien hacia afuera y
hacia arriba. en las direcciones indicadas por las flechas curvas de la figura
34 l. Si el suelo situado dentro del espesor D1 es apreciablemente mucho
mh compresible que el situado debajo de la base, los desplazamientos

FI,,, 34. l. Ñ-tt6ón veni<cd por el «nlro de pllat de fond..-tofl <cilíndriN>.


.urr. 34 CU'ACIDAD DE CARCA DE Pll.ARES DF. FUNDACIÓS Y DE PILOTES 223

produceo, dentro del espesor D1, teosiODeS tangenciales despreciables. Como


consecueocia, la influencia qlle ejerce el suelo circundante es idéntica a
la que corresponde a una .sobrecarga con una intensidad igual a yD,. En
casos semejantes, los factores de capacidad de carga pueden tomarse direc­
tamente de la [igura 33.4 y q, se puede considerar igual a q4r o q,.. (ecua•
ciones 33.13 ó 33.14). Por otro lado, si el suelo es homogéneo, las tensiones
tangenciales inducidas en el mismo por encima del nivel de la base, como
consecuencia de los desplazamientos mencionados, tienen dos efectos signi­
ficativos: pueden alterar el diagrama de los deslizamientos en tal forma
que los factores de capacidad de carga (fig. 33.4) no resulten más aplica•
bles y, además. pueden alterar la intensidad de la presión vertical en el
•..ielo en cortespondencia con la base del pilar. Este último efecto parece
ser más importante y debido a esta circunstancia el término yD1N, (ecua­
ciooes 33.13 y 33.1•) debe ser remplazado por la ezpresión p,.N, en la
cual p. es la intensidad real de la presión vertical efectiva en la adyacencia
inmediata del pilar, al nivel de la fundación, en el momento en que la
rotura de la misma .se produce (Vesic, 1963).
En la realidad, el estado de tensiones cerca de la base de un pilar de
fundación entertado profundamente en el momento en que se produce la
rotura es muy complejo y todavía no bien comprendido. Experimentos en
gran escala realizados con arenas homogéneas (Vesic, 1963, y Kerisel, 1964)
han indicado que para valores D,/2r mayores de aprorimadamente 5, la
resistencia Q., de la base no aumenta más en proporción directa con
la profundidad, según resultarla del ténnino yD,N,, y que, por otro lado,
para D,/2r mayor de aprontnadamente 15, la resistencia de la base penna­
oece aproximadamente constante e independiente de la profundidad D,. Estos
hallazgos sugieren que para valores de D1/9.r mayores de aproximadamente
15, la presión p., pennanece pricticamente constante con el aumento de la
profundidad, y depende solamente de ,;. En arcillas homogéneas, bajo la
condición ♦ - O, la resistencia neta de la base por unidad de área perma­
nece prácticamente constante para valores de D,/<u mayores de apro:icima­
damente 4 y puede tomarse igual a 9c (Skempton, 1951).
El segundo término del segundo miembro de la ecuación 34.1 contiene
la fricción lateral f•. El valor f. se considera generalmente como igual a la
suma de los dos ténninos:
,. - c.+ J)l tg ll (34.2)
en la cual c. es la adherencia por unidad de área entre el pilar y el suelo,
J)11 es el término medio de la presión horizontal en la superficie vertical en
el instante de la rotura y ll es el ángulo de fricción entre pilar y suelo. Los
valores de e, y ll pueden en ciertos casos ser determinados aproximadamente
por ensayos de laboratorio. No obstante, ambas cantidades dependen, entre
otros factores, del método de instalación. Además, el estado de teo.siones
en la superficie de contacto es descooocido y tan complejo como el que.
está asociado con la presión vertical P•· Por ello, /1 es comúnmente y con
preferencia estimado sobre la base de datos empíricos derivados de obser­
vaciones realizadas en el terteno (artículo 57).
224 EQUlLLBlUQ PLÁsrlOO DE LOS SUELOS

Capacidad. de cor,a tu ltn pllou.


Como los pilotes son esencia.Jmente pilares de fundación esbeltos, su
capacidad de carga también puede estimarse con la ecuación 34.1. La
cantidad Q,, se llama resistencia de punta. Si es mucho más grande que
Q, el pilote se dice remtente de punta. Por el contrario, si Q, es relativa•
mente insignificante, se dice que el pi1ote es un ,,aote de fricdón.
La principal diferencia entre pilotes y pilares de fundación estriba en
el método que se utiliza para instalarlos. Los pilares se instalan excavando
el suelo, mientras que los pilotes, constituidos generalmente por cuerpos sóli­
dos o por camisas cilíndricas cerradas en su extremo inferior, se hincan
despluando el suelo que atraviesan. Ocasionalmente, la hinca se facilita
removiendo parte del suelo que ha de desplazar el pi1ote por medio de
una inyección de agua o bien haciendo una perforación guía, pero el volumen
de suelo retirado con estos procedimientos es, comúnmente, pequeño en
comparación con el volumen de los pilotes.
Cuando los pilotes se hincan a través de un material compresible basta
alcanzar un basamento firme, utilizando la ecuación 33 .13 puede obtenerse
el limite inferior de la resistencia de punta Q. de los pilotes de sección
circular, y con la ecuación 33 .14, la de los �ilotes de sección cu.adrada. En
cambio, si los pilotes se instalan dentro de una masa de material no cohesivo
homogéneo que se extiende por debajo de su punta, las ecuaciones 33.13 y
33.14 pueden sobreestimar la resistencia de punta, como se deduce de lo
explicado en el apartado anterior. La capacidad de carga de los pilotes
resistentes por fricción depende de la fricción f, entre pilote y suelo (véase
ecuación 34.l) cuya determinación mediante ensayos de laboratorio es
aún más imprecisa que tratándose de pilares, ya que el cálculo de las ten­
siones producidas por el desplazamiento parcial o total del suelo durante
la hinca del pilote se halla fuera de las posibilidades del análisis matemá­
tico. Por ello, la capacidad de carga Q, de los pilotes resistentes por fric­
ción puede detenninarse solo por medio de ensayos de carga en el terreno,
o bien, en fonna menos exacta, en función de valores empíricos de f.,
como los que se dan para los principales tipos de suelos en el artículo 56.
En aquellas ciudades donde se usan extensamente pilotes resistentes por
friccl6n, los valores de f, derivados de la experiencia local son comúnmente
bastante buenos.

Fórmultu M hinco
J.a capacidad de carga Q, de un pilote resistente de punta puede, bajo
ciertas circunstancias (ver artículo 56), ser aproximadamente Igual a la
resistencia Q,, del suelo contra la penetración rápida del pilote bajo el
efecto del impacto del martillo del martinete. Existe al menos una posi­
bilidad te6rica de estimar Q,,, llamada remtencio dinámica del pll.ote, en
función de la penetración media S del mismo bajo el efecto de los ú1timos
golpes, siempre que el peso Wn del martillo y su altura de calda H sean
AJO', J4 C\J'ACIDAJ) U C'.AJICA DE PJLAB.ES DE FUNDACIÓN Y Df: Pll.OTl:S 225

conocidos. Esta posibilidad se ha traducido en muchos esfuerzos para


calcular la capacidad de carga por medio de la información asl obtenida,
esfuenos que han dado como resuJtado las llamadas f6mwla, de hinca.
En lo que sigue, se estudian los conceptos fundamentales e n que están
basadas dlchas fórmulas.
El trabajo que ejecuta el martillo al caer es igual a WRH, y el que�
requiere para hacer penetrar el pilote en una longitud S contra una reslJ.
tencia Q,. es igual a Q,.S. Si todo el trabe.jo ejecutado por la caída del
martillo sirviera para aumentar la penetración del pilote, se podria escribir:

de donde:
Q -= W;H
.,

&ta es la fórmula de Sanders, publicada en 1850, Los valores que se


obtienen COD la misma son excesivos, pues parte de la energ(a del martillo
es convertida en calor y aloorbida por defonnaciones elásticas.
Cuando se supone que todas las defonnaciones y las pérdidas de energla
se producen simultáneamente con la aplicación' de golpe de martillo, es
decir, cuando se ignóra la existencia de ondas de tensión en el pilote, se
puede escribir:
(34.3)
en la cual 4 representa la energía perdida y no disponible para causar la
penetración del pilote. Si no se produjese penetración alguna y toda la
energ{a de hinca se consumiese en compresión elástica de pilote, la energía
gastada serla:
W,,H,.. 1/,Q,.S.
en la cual s. es la comp,esión elistica del pilote.
Tenieni:l.o en cuenta que:
s. - �,,;
Jesuita:

(34.4)
Si se supone que la pérdida de euergia está constituida solamente por
la deformación elástica del pilote y que ademú no es influeocUlda por la
penetración de su punta, la ecuación 34.3 se trasforma en la siguiente:

W,H- Q.,S + Q., { - Q.,( S +{)


de donde resulta:
(34.5)
228 EqUiUBJl.1O PLÁSTICO DE LOS SUELOS

Esta expresión se conoce como la fórmula danesa y los estudios esta­


d,sticos realizados con la misma muestran que debe utilizarse con un factor
de seguridad igual a 3 (SOTensen y Hansen, 1957)•.
Se han hecho numerosos intentos para tomar en cuenta las restantes
pérdidas de energía. Algunos de ellos han dado como resultados exptesiones
y procedimientos muy complicados. No obstante, teniendo en cuenta que
los métodos basados en la ecuación 34.3 son fundamentalmente erróneos
debido a que ignoran los aspectos dinámicos del fenómeno (Cummings,
1940), las fórmulas complicadas no poseen ninguna de las ventajas inhe­
rentes a las simples. Los méritos relativos y la confiabilidad de cualquier
fórmula de hinca solo pueden ser juzgados a base de comparaciones con
resu1tados de ensayo de carga,
La fórmula danesa posee el mérito de la simplicidad y se ha encon­
trado que es de confiar para un amplio rango de condiciones (Agershou,
1962). Janbu (1953) propuso una forma ligeramente más refinada para la
fórmula danesa, haciendo intervenir un ajuste semiempírioo que permita
tener en cuenta las variaciones en la relación Wp/Wa de los pesos del pilote
y de la masa del martinete que produce su energía••. Se puede expresar
de la siguiente manera:
(34.6)
donde:

[ �1
K. - C, 1 + '\J 1 + 2c,si"" (34.7)
ART, 34 CAPACIDAD DJ;; CAl\CA DI!: PJLARES DE FUNDACIÓN Y DE PIJ.OTES 'lZl

en la ecuadón 34. 7 el coeficiente empírico:


c. = 0,75 + 0,15 :: (34.8)

Estudios estadísticos (artículo 56) indican que la fórmula de Janbu


debe ser usada con un factor de seguridad de 3 y que el coeficiente real
de seguridad es probable que no sea menor de 1 ,75 ni mayor de 4,4 (Flaate,
1964).
La fórmu1a Englneering Newa (Wellington, 1888), ampliamente usada
en Norteamérica, es similar en forma a la ecuación 34.5 excepto que el
término que contiene la compresión elástica del pilote se remplaza por la
constante e, de modo que:

Q,. - :¡�
Wellington consideró la cantidad e como una penetración adicional de
la punta del pilote, que se hubiese producido en caso de no existir pérdidas.
Lo evaluó en base a los datos empíricos que pudo tener a ru disposición y
concluyó que e es aproximadamente igual a 2,5 cm para pilotes hincadoJ
con un martillo de caída libre y 0,25 cm para pilotes hincados con un mar­
tillo a vapor. Como se dio cuenta de que esta estimación encerraba mucha
incertidumbre, propuso que la capacidad de carga admisible Q. por pilote
no excediese 1/6 de la calculada como carga de rotura Ql•• De esta f,onna
obtuvo:

Q. - -¼- Q,. = T :'�� w


= ; .;: (34.9)

Esla fórmula se la conoce como Engineering News.


Los estudios realizados para evaluar el grado de exactitud de la ecua­
ción 34.9 (Agershou, 1962; Flaate, 1964) han demostrado conclusivamente
que no hay ninguna relación satisfactoria entre la capacidad de los pilotes
determinada por ensayo de carga y la calcula!;Ia con la ecuación 34. 9. Por
cada 100 pilotes ensayados hay 2 cuya capacidad de carga puede ser menor
de 1,2 ó más de 30 veces el valor calculado con la fórmula en la hipótesis
de un coeficiente de seguridad 6. No hay manera de predecir para un
pilote dado cuál va a ser su capacidad de carga real dentro de este rango.
En vista de esta sih.l.ación, el uso de la fónnula Engineering News no puede
ya justificarse más•.
Un método fuodamentalmente más satisfactorio para el desarrollo de
fórmulas de hinca es la adaptación de la teoría del impacto longitudinal
de barras (Glanville y otros, 1938; Smith, 1960; St;reosen y Hansen, 1957).
Los cálculos son complejos y no pueden aún ser condensados en relaciones
suficientemente simples para uso práctico. Además, no se han establecido
EQUILIBIUO PLÁSnC() DE LOS SUU.0S

tcxlavfa las limitaciones del procedimiento por medio de comparaciones sufi­


cientes entre las capacidades de carga predichas y medidas. Por ello, por
ahora, el proyectista de una fundación con pilotes resistentes de punta debe
elegir entre varias alternativas, Puede usar una de las fórmulas dinámicas
menos objetables, tal como la danesa o la de Janbu, a riesgo de hincar
dos o tres veoes más pilotes de los que la fundación requiere; puede estimar
la resistencia de punta en base a una fórmula estática (eruación 34.1) a
riesgo de sobreestimar la capacidad. particularmente si los pilotes son largos
y están embebidos en arena densa, o bien recurrir al gasto de hacer ensayos
de carga en el terreno sobre pilotes de tamaño natural La última alterna­
tiva suele involucrar procedimientos especiales para pennitir la evaluación
de la resistencia de punta separadamente de la fricción lateral (artfou1o 56).
La justificación de los ensayos de carga depende del tiempo disponible y
de la relación entre el costo de los ensayos y el del total de la fundación •.
AIIT, 35 E.rrAllJLID,W DE TALUDES 229

:{:�:'( r:. i;,�=1a�:e!a :�:de��=-


dad estaba aquí en
Soluctón: 19.5 toneladas . (No se efectuó lllllgún ensayo de carga, ya que d
ta;
���:-ue f� �b:r � t t:=:nd en os
t ba e l Si�
ireaocupadaporlaarenasuelta.),
4. El J.:'!e del problem• 1 tenla 21 m de 1ongj_tud y 111 módulo de elasticidad
¿Cuil seria su capacidad de carga según lafórmula holandesa
;i. ��..i. dek�:i�?
Solución:280tooeladas; 190toneladu.
l.«1..,.. eeleiedon.d..
Uno delosclási001 de lamecánica de rudos es �Dynamie pile drivingfonnulas''
deCummings, A. E. (1940): Joumal Borian Societ!f <>f Cwll Engmu,,, 1940, 9:T, pigs .
6-27. Pu blicado lllmbl� en Contributioru fo ,oíl mechan/ca 1925-1940, Boston Society
of Civil Engioeen 1940, _pjgs. 392-413.

ART. 35 ESTABILIDAD DE TALUDES


lntrodu«ión
Se denomina ch.dbamiento a la rotura y al desplazamiento del suelo
situado debajo de un talud, que origina un movimiento hacia abajo y hacia
afuera de toda la masa que participa en el mismo.
Los deslizamientos pueden producirse casi de todas las maneras con­
cebibles: lenta o rápidamente, con o sin provocación aparente. General­
mente se producen como conS«:uencia de excavaciones o socavaciones en el
pie de un talud. Hay casos, sin embargo, en que son originados por la
desintegración gradual de la estructura del suelo, desintegración que, ini­
ciándose en fisuras capilares, termina por dividir la masa de suelo en frag•
mentos angulares. En otros casos se producen como consecuencia del
aumento de la presión del agua que llevan algunas capas excepcionalmente
permeables, o bien por efecto de choques que licuan el suelo situado debajo
del talud (artículo 49). Dada la extraordinaria variedad de factores y de
procesos que pueden ser causantes del origen de los deslizamientos, como
regla general, la estabilidad de los ta1udes DO puede determinarse por medio
de análisis teóricos. Los cálculos de estabilidad basados en ]os resultados
de ensay� de suelos merecen confianza solo cuando las condiciones espe­
cificadas en las diferentes seociones,de e¡ste artículo son satisfechas estricta•
mente. Pero aun en este caso debe siempre recordarse que la presencia
en el subsuelo de discontinuidades oo reveladas por las perforaciones. como
ser sistemas de fisuras capilares, residuos de viejas superficies de desliza­
miento, o del gadas lentes de arena· aculfera, pueden invalidar por completo
los resultados de los cálcuios.
Ttd.udu en arena seca sin cohesión
Un talud en arena limpia es estable, cua1quie'ra sea su altura, siempre
que el ángulo tl entre el talud y la horizontal sea igual o menor que el
ángulo de fricción interna de la arena en estado suelto. El. coeficiente de
<#>
230 EQU!LlHIIIO PJ.ÁSTICO DE LOS SUELOS

seguridad del talud con respecto a su desliumiento puede expresarse por la


relación:
(35.1)

Cualquiera sea su altura, la existencia de taludes con ángulos de incli­


nación mayores de ,t, es una imposibilidad en caso de arenas limpias.
Como muy pocos suelos naturales son absolutamente no cohesivos, en
lo que resta de este articulo solo se tratan taludes en suelos cohesivos.

Caracl4?,úrico, generale1 de lo1 de1limmiento1 en 1uelo1


oohedtJOI homogéneo,
Un suelo cohesivo cuya resistencia al corte viene expresada por la
ecuación:
s =e+ p tg 4>
puede permanecer estable con un talud vertical, aunque solo sea por cierto
tiempo, siempre que la altura del mismo sea algo menor de He (ecuación
28.11). Si la altura sobrepasa H.,, el talud no es estable, a menos que su
ángulo � sea menor de 90º.. Cuanto mayor sea la altura, tanto menor debe
ser el ángulo � hasta que, para una altura muy grande comparada con He.
el talud es inestable, a menos que el ángulo � !ea igual o menor que �-
La rotura de un talud en material cohesivo va comúnmente precedida
de la formación de grietas de tracción, que se producen detrás del borde
superior del mismo, en la forma en que lo indica la figura 35.l. La fuerza
que produce las grietas, en el caso de un talud vertical, es la representada
por el triángulo acede la figura 28.3b. La fonnación de grietas es, tarde o
temprano, seguida de un deslizamiento a lo largo de una superficie curva,
como la indicada en linea llena en la figura 3.5.1. Generalmente, la super­
ficie de deslizamiento tiene su máxima curvatura en la parte superior, la
minima en el centro, v una curvatura intennedia en su extremo inferior.
La cnn·a. por lo tanto,· se acerca a un arco de elipse.
Cuando la rotura se produce a lo largo de una superficie de desliza­
miento que intercepta al talud en su pie, o más arriba (véase figura 35.2a),
el <leslizamiento se conoce como una rotura por el talud. Si por el contrario,

Jo'ir.35.l. Oeíorn,a<:ión que seprodu(e(on la rotura de un talnd.


ART. 35 ESTABILIDAD DE TALUD[.$ 2.'31

2'- (o) 7n.Hri7l·7.,


, (b)

-/F¡;- ,- _
H
p
b

!Ja,efin,�
Fiir. 35,2. PO<ilclón dd drculo cúloo p■r■: (a) rolura por cl ,.,'ud: (h) rot11ra
por !■ b■,... (Scgún V.. Fcllcniu,,, 1927).

el�uelo situado debajo del nivel del pie del talud no tiene suficiente resis­
tencia para soportar el peso del material situado encima del mismo, h,
rotura se produce a Jo largo de una superficie que pasa a cierta distancia por
debajo de dicho pie. La figura 35.2b indica este tipo de rotura. que SP
conoce como una rotura por la base.
En los cálculos de estabilidad, la curva que representa la superficie real
de deslizamiento se remplaza por un arco de cín.ulo o por una espiral
logaritmica. Cualquiera de estos dos procedimientos tiene un grado de
aproximación semejante al que tiene la hipótesis de Coulomb, que esped­
fica que la superficie de deslizamiento de la masa de suelo que soporta un
muro de sostenimiento es plana (artículo 30). En nuestro caso solo se
utilizará el circulo como sustituto de la superficie real de deslizamiento.

Prop6silo de los cálculos de estabilidad


En la práctica, los cálculos de estabilidad sirven para volver a proyectar
taludes que se han derrumbado, o bien para detenninar, antes de iniciar la
obra, los ángulos de talud adecuados a los requerimientos de seguridad
especificados.
Durante la construcción, suelen a veces producirse roturas locales de
los taludes de desmontes o de terraplenes. Dichas roturas indican que el
valor medio de la resistencia mínima al corte ha sido sobreestimado y,
como constituyen en realidad ensayos de corte en gran escala, ofrecen una
oportunidad excelente para valorar la resistencia mínima real, y evitar
nuevos accidentes en la obra cambiando el proyecto en función de los
nuevos datos. El procedimiento a see:uir consiste en determinar, por me­
dio de perforaciones o excavaciones, la posición de la superficie de desli­
zamiento, computar los pesos de las distintas partes de la masa que tendió
a producir o a oponerse al desli7.amiento, y calcular la resistencia media al
corte $ del suelo que resu1ta necesaria para satisfacer las condiciones de
equilibrio.
Cuando se debe calcular un talud en una región donde no se han pro­
ducido deslizamientos, es necesario estimar o determinar la resistencia al
corte. media 8 del suelo antes de iniciar la construcción. Los métodos para
determinar la resistencia al corte se estudiaron en los artículos 17 y 18.
Una vez fijado s, el ángulo del talud puede detenninarse por teoria en
"32 l:QUILlllll.lO PLÁsTIOO DE LOS SUELOS

forma que satisfaga la seguridad requerida. Resulta obvio que este método
es utilizable solo en los casos en que las condiciones del suelo penniten deter­
minar 8 con cierta euctitud poi medio de ensayos adecuados.

Cálculo de la re,úrenc:la al corte partiendo de lo, dol.o, qru u


obtieMn de de,liMunutntm ocurrido,
El método que se utiliza para determinar la resistencia media al corte
de los suelos, en función de los datos que se pueden obtener de desliu­
mientos ocurridos, viene ilustrado por la figura 35.1. .Por medio de medi­
ciones en el terreno, se obtiene la profundidad z., de las fisuras de tracción
y la forma de la superficie de deslizamiento. La linea de deslizamiento se
sustituye luego por un arco de círculo de radio r y de centro O. El equilibrio
requiere que:

de donde:
W1l1-W�l,
s -
------;::;=;;:;
r d1e:i
W1 es el peso de la masa de ruelo akfe, que tiende a producir la .rotura, y W,
el peso de la masa kbd¡ f, que tiende a resistirla.
Si la forma de 1a superficie de deslizamiento no puede sustituirse, aun
en forma aproximada, por un circulo, el procedimiento a seguir debe modi­
ficarse de acuerdo c:on lo que se indica bajo e] subtitu1o de superficies de
deslizamiento compuestas.

Procedimiento para determinar la eatobUidad de tolude,


Cuando se debe investigar si un talud dado en un suelo de resistencia
conocida es estable se necesita determinar el diámetro y la posición del
dreulo que representa la superficie por donde se va a producir el desliza­
miento. Este circulo, conocido como círculo critico, debe satisfacer la con­
dición de que la relaci6n entre la resistencia al corte del suelo a lo largo
de la superficie de deslizamiento y las fuerzas tangenciales que tienden a
producirlo constituye un mínimo. La investigaci6n, por lo tanto, pertenece
a la categoría de los problemas de máximos y mínimos ejemplarizados por
la teoría de Coulomb (artículo 30) y la del empuje pasivo (artículo 32).
Una vez determinados el diámetro y la posici6n del circulo crítico, el
coeficiente de seguridad F con respecto a rotura se calcula con la relaci6n
(véase figura 35.1):
� (:l.5.2)
F=�
W1l,-W2�
donde r es el radio del circulo crítico y d1e2 la longitud de la superficie de
deslizamiento.
AIIT. 35 ESTABILIDAD l>E TALUDES 233

A seme}QDZIL con el empuje pasivo, la estabilidad de un talud se inves•


tiga por tanteos, salvo en casos simples en que puede determinarse por mé•
todos analhioos. Cuando se procede por tanteos, se eligen varios círculos
como probables superficies potenciales de deslizamiento. Para cada circulo
se detennioa F (ecuación 35.2). Su mlnimo valor representa el coeficiente
de seguridad con respecto al deslizamiento, y su circulo, el circulo critico.
Las soluciones analíticas se pueden utilizar solo excepcionalmente
para calcular el coeficiente de seguridad, debido a que están basadas en
hipótesis muy simplificativas. Son muy útiles, sin embargo, como guias para
estimar la posición del centro del drculo critico y determinar el tipo proba•
ble de rotura. Sirven, además, pan juzgar si un talud dado es tan seguro
que no deja duda, si está en el caso contrario y resu1ta evidente que es
inseguro, o bien si se trata de un caso dudoso. Si se trata de un caso dudoso,
debe calcularse el coeficiente de seguridad con el procedimiento que se
tennina de describir.
Las soluciones analíticas están basadas en las hipótesis siguientes. Hasta
cierta profuodidad por debajo del ple del talud, el suelo es perfectamente
unlfonne. A esta profundidad, el suelo descansa sobre un estrato mis resis­
tente, llamado la baae firme, que no es penetrado por la superficie de des­
lizamiento. Se supone que el talud es plano y que se halla situado entre dos
superficies planas horimntales, en la forma en que lo indica la figura 35. 2.
Finalmente, se desprecia el debilitamiento que originan las fisuras de trac•
ción, ya que el mismo es mú que compensado por el margen de seguridad
usual. Las secciones que siguen contienen un resumen de estas soluciones.

Talude, en arcillo blando


La resistencia unitaria media al corte • de la superficie potencial de
deslizamiento en una arcilla blanda homogénea saturada bajo condiciones no
drenadas (4> - O) (articulo 18) es aproximadamente igual a un medio de
la resistencia a la compresión simple q. de la arcilla. Este valor, por razones
de brevedad, se denominará la cohesión c. Es decir:
'- i¡,q. -e (18.5)

Conocido c, la altura. crítica H. de un talud con ángulo de Inclinación �.


puede expresa.ne por la ecuación:
·H. - N,� (35.3)
y
En esta ecuación, el coeficlent11 th estabilidad N, es un número sin dimen•
si6n cuyo valor depende solo del ángulo � del talud y del factor de pro•
fundid.ad n. (flg. 35.2b), que expresa la profundidad a que la arcilla des­
cansa sobre una base firme. Si se produce · una rotura por el talud, el
CÍl"C'Uio crítico generalmente es un círculo th pie, que pasa por el pie b del
talud (flg. 35. .2a), excepto cuando la base firme está situada muy cerca
del ple b, en cuyo caso puede producirse por un circulo de talud, tangente
EQUJUllll.lO Pl.ÁsTICO DE: WS SUELOS

a la base firme y que intercepta el talud por encima de b. Este tipo de


rotura no está indicado en la figura 35.2. Cuando se produce una rotura
por la base, el circulo critico se denomina círculo tkl punto medw, debido
a que su centro está situado sobre una recta vertical que pasa por el punto
medio m del talud (figwa 35.2b). El circulo del punto medio es tangente
a la base firme.
El tipo y la posición del círculo critico a lo largo del cual se produce
la rotura dependen del ángulo ¡i del talud y del factor de profundidad fl4.
La figwa 35.3 contiene una síntesis de los resultados obtenidos al respecto
por medio de investigaciones teóricas. Según esta figura, la rotura de todos
los taludes con un ángulo mayor de 53º se produce por un círculo de pie.
Si ¡i es menor de 53° , el tipo de rotura depende del valor del factor de
profundidad n, y, para valores bajos de n" también del ángulo ¡i del talud.
Si n, es igual a 1, la rotura se produce por un circulo de talud y, si n, es
mayor de 4, el talud se desllza por un circulo del punto medio, tangente a
la base firme, cualquiera sea el valor de ¡i. Cuando n,s tiene un valor inler•
medio entre uno y 4, la rotura se produce por un circulo de talud si el
punto que representa los valores de fl4 y ¡i se halla por encima del área
sombreada de la figura 35.3. Si el punto se halla dentro del área sombreada,

�� 101---+--+---+-+--t--+­


s,1----t---+------t-+--t--+-tl-�llc-7
��
�•1---+--+---+-+--t--+-f­
;
t ,f--+-+----t-+ h��
-
t
1 61--+-+----t----b�G-f=,,...4-----.,1'--4
!
� 5

Yalorn a't-1 d�ulo drl r<1l11d j9


J;¡II'• 35, 3, Relulón p.n, material llin írledOn enlre el án.,ulo del 111Hd � y el
co,fldenlc, alabiUdad N, pan difer-en1es y••- di,I íaetor de proíundidad n,.
(Sel"in D. W.Taylo.-, 1937).
,urr. 35 ESTAIIILIDAD DE TALUDES 235

el circulo critico es un círculo de pie. Por último, si el punto se encuentra


por debajo de dicha área, el talud rompe por un circulo del punto medio
tangente a la base firme.
Dados los valores del ,ngulo fl del talud y del factor de profundidad
ll4. el coeficiente de estabilidad N, (ecuación 3.5.3) puede obtenerse sin
cáJculo alguno utilizando la figura 3.5.3. El valor de N, determina la altura
critica H, del taJud.
Cuando la rotura se produoe por un círculo de pie, el centro del círculo
critico puede determinarse trazando los ,ngulos a y 2 9, en la fonna que lo
indica la figura 35.2a. Los valores de a y I para diferentes ángulos P del
talud pueden obtenerse de la figura 35.4.a:. Cuando la rotura se produce
por un circulo del punto medio tangente a la base finne, la posición del
circu1o critico viene determinada por la distancia horizontal n,H que va
del pie del talud al circulo ( ffase figura 3.5. 2b). Los valores de n.,, para
distint:01 valores de p y n,,, pueden obtenerse del gr6Hco de la figura 35.4b.
SI la arcilla situada debajo de un talud consta de varias capas con dife-
236 l'.QUlLl81110 PiJ.s-nco DE LOS SUELOS

rentes cohesiones mediu C1 , Ot. etcétera, o si la superficie de terreno es


iriegular (véase figura 3.5.5), el centro del circulo critico debe detenninarse
por tanteos. Resulta obvio que la mayor parte de la superficie real de
deslizamiento estará situada dentro del estrato más blando, de modo que los
clrcub de tanteo deben satisfacer esta condición. Si •Jna de las capas
superiores es relativamente blanda, la presencia de la base firme a cierta
profundidad puede no influir en el problema, ya que la parte más profunda
de la superficie de deslizamiento se sitúa enteramente dentro del estrato
más blando. Si, por ejemplo, la cohesión e, del segundo estrato de la fi­
gura 35.5 es mucho menor que la cohesión c1 del estrato inferior, el círculo
critioo se toma tangente al borde superior del tercer estrato en lugar de
serlo a la base firme.
Para cada circulo de tanteo se calcula la ienslón de corte media t que
debe actuar a lo largo de la superficie de deslizamiento para poder balan­
·cear la diferencia entre el momento de deslizamiento W 1l1 y el momento
resistente W1l,. El valor de tes igual a:
,_ W1J1--:......W�
'ab
En ha.se a los valores c1, Ot, ca. etcétera, conocidos, se calcula el valor
medio de la cohesión e del suelo a lo largo de la superficie de deslizamiento.
El coeficiente de seguridad contra el deslizamiento es entonces!

F-f (35.4)

El va1or de F ,e anota en el centro del circulo.


En la misma forma y adoptando varios círculos de deslizamiento de
tanteo se determinan otros.valores de F que se anotan en los centros de sur
círculos respectivos. Se trazan luego curvas de nJ�l de iguales valores de F
(véase figura 35.5), las que pueden considerarse como las curvas de nivel
de una depresión. El centro del circulo crltico se halla en el fondo de la
depresión, y F-. es el coeficiente de seguridad del talud con respecto a
rotura.
Si no resulta evidente cu,t de las dos capas distintas constituye la base
firme, para definir el drcuJo crítico, se debe proceder por tanteos conside­
rando separa�nte cada posibilidad para determinar el respectivo Fa1•. 'El
d e base firme que controla la rotura
;:a:i :��ci!:ed�'�¿¿:i �u�.
Tnltule, en 1q.elo1 COR ooMfll»I y frkd6n inter,w
Si la resistencia al corte del suelo puede expresarse aproximadamente
con la ecuación:
'-J+ptgrf,
la estabilidad de swi taludes es analli.able con el procedimiento que Uustra
la figura 35.&. Las fuerzas que actúan sobre la masa en dr,dizamienlo son:
ART. 3.5 ESTABILIDAD DE TALUDES

su peso W, la resu1tante C de las fuerzas de cohesión y la resultante F de


las fuerzas normales y de fricción que se desarrollan a lo largo de la super­
ficie de deslizamiento. La resultante C de la cohesión es paralela a la
cuerda de e igual a la cohesión unitaria e multiplicada por la longitud L
de la cuerda. La distancia % que media entre el centro de rotación y C se
determina con la condición:
Cx = cLx- cde,
donde:
x�°J;r/L
La fuerza C es, por lo tanto, conocida. El peso W también es conocido.
Como las fuenas, C, W y F están en equilibrio, la fuerza F debe pasar por
el punto de intersección de W y C, es decir, que la magnitud y posición
de F pueden determinarse construyendo un polígono de fuerzas.
Si el coeficiente de seguridad es igual a uno, el talud está en el limite
del equilibrio. En esta condición cada reacción elemental dF de la figura
35.Ba ·debe fonnar un ángulo .¡, con respecto a la nonnal al círculo de
deslizamiento y ser, por lo tanto, tangente a un drculo, llamado círculo de
fricción, cuyo radio es igual a:
r1 = rsen,¡.
y que tiene su centro coincidente con el centro del círculo de deslizamiento.
La línea de acción de la reacción resultante F es tangente a un cl.�culo de
radio algo mayor que r1 pero, como una aproximación conveniente, se supo­
ne que, para un roeficiente de seguridad igual a la unidad, la resu1tante F
es también tangente al circulo de fricción. El error que se introduce es
pequeño y se halla del lado de la seguridad.
Para un valor dado de 4>, la altura critica del talud que rompe por un
. circulo de pie viene expresada por la ecuación:
H0 - N,�
y
238 EQUWBRIO 1•LÁsTJOO DE WS SUELOS

,<
\
\

d,Circulo
F m,
' · " ;,
i�
;
>

�/' d :,, J(
C

'..\/
• ,

Ya/OJ'P., rMá.,ut,,Nll,lud¡S

Fla, 35.6, Rotura dr ••luda, t:n m.1terialee que tienen .,.,he,dón y íricdÜn;
(•) · diq.,.m• que llul<lr■ el m,•1odo del drculo de fricción¡ (b) reladot, enln
el ,ínsulo fl del t•lud y el �íieienle de aubllldad N. pan ••"'- .,alora de •
(Sqún D. W. Tarlor, 1937).
AIIT, 35 ESTABII.IDAD D& TALUDES 239

que es idéntica a la 35.3, excepto de que N. no solo depende de 6 sino


que también de ,;. La figura 35.6b indka la relación entre � y N. para
distintos valores de ,;. Para un valor dado del ángulo � del talud, N.
aumenta primero lentamente y luego más rápidamente con el incremento de �­
Cuando � - ,f,, N• se hace infinito.
Todos los puntos situados sobre las curvas de la figura 35.8b COITes­
ponden a roturas por círculos de pie, ya que la teoría ha demostrado que la
posibilidad de una rotura por la base no existe, a menos que el valor de ,t,
sea menor de aproximadamente 3° . Por ello, si en un suelo bastante homo­
géneo se ha producido un desluamiento por la base, puede concluirse que
el valor de ,f, del suelo, medido en términos de tensiones totales en el
momento de la rotura, era cercano a cero,

Tnlude, frretulo� en ,ueio, no u.nifor_,


Si el ta1ud tiene una superficie iITegular de modo que no puede ser
representado por una linea recta, o si existe la posibilidad de que la super­
ficie de deslizamiento pase a través de varios materiales con diferentes
valores de e y ,f,, la estabilidad se puede analizar convenientemente utili­
zando el mhodo de la, fajtU, De acuerdo con este procedimiento se elige
un círculo tentativo (fig. 35. 7a) y la masa deslizante se subdivide en un
número de fajas verticales l, 2, 3, etc. Cada faja, como la N9 2 indicada en
la figura 35.7b, está solicitada por su propio peso W y por las fuerzas de
corte T y nonnales E en sus caras laterales y por un conjunto de fuerzas en
su base, las que incluyen la fuerza de corte S y la fuerza normal P. Las
fuerzas que actúan en cada faja, como las que solicitan el conjunto de la
masa, deben satisfacer las condiciones de equilibrio. No obstante, dado que
las fuenas T y E dependen de la deformación y de las características tensión-

lb/
Fla,. 35. 7. Mlttodo de l,u (ajq para invMIJar la1 condldonu de equUibriu dr
ia!Dda I01u..i... endma del ni"f:I lrúriro. (•) RelHiona fr<>,...;lrirH pua unil
,uperfkie de dallum'eoro ci,,:.tlar¡ (/,) [.,.,...,., qae ..-tUan -bre una laja 1i-
plea, -mola 2 N1 (a).
240 EQUILIBRIO PLÁSTICO DE LOS SUELOS

deformación del material que desliza, no pueclen ser evaluadas rigurosa­


mente, aunque sí aproximadamente con suficiente exactitud para propósitos
prácticos.
La mil.s simple de estas aproximaciones consiste en suponer estas fuer­
zas iguales a cero. Bajo estas circunstancias, si todo el círculo tentativo está
situado por encima de la napa freática y no hay sobrepresiones de poros, el
equilibrio del conjunto de la masa deslizante requiere que:
rIW sen«= rl:S (3.5.5)
Si, es la resistencia unitaria al corte a lo largo de 1, resulta:

S= 1f f
1 = co! 0 (35.6)

¡• por tanto:

(35.7)

de lo cua1 se deduce:
:E(sb/cos a)
F= (35.8)
YW sen o
La resistencia unitaria al corte a, empero, está determinada por:
s - e +P tg ef,
donde p es la tensión normal que actúa en la superficie de deslizamiento 1.
Para evalm.rp se debe considerar el equilibrio vertical de la faja (fig. 3.5.7b),
de la cual se obtiene:
W=�sen n+Pcosa

P P cosa W S
sena (35.9)
p .. T=- b-""b-b

Por tanto:

s - e+ (f -f sen u) tg + = e+ ( f-f tga ) tg +


y de donde:
s = e+ (W/b) tg + (35.10)
l + (tga tg+)IF
si se llama:
g
; +)cosa
tga
m.-(1+ (35.11)
/t.RT. 35 ESTAtllLID/t.D DE TALUDES 241

resulta:
Y,[e + (W/b) tg ,;] b
f - """' m. (35.12)
l:Wsena
La ecuación 35.12, que produce el coeficiente de seguridad F para el
circulo tentativo que se está analizando, contiene en el segundo ténnino
la cantidad m. {ecuación 35.11), que es a su vez una función de F. Por
ello, la ecuación 35.12 debe ser resuelta por aproximaciones sucesivas en
las cuales se adopta un valor F - Fi, que se usa en el cAlculo de m. para

" /M!lftz/g,
mr1.•COJt;1.+-,-

0 l0 20 JO
o:(0,wt,I)
fa/

/<cj, º
No. o.

:Z:(8;

½ffi F-�

'"
Pr,"in,r lrmlrJo, r. -
}.;(4)

r,.. 35.B. Cálftalo doe! -ridente de .e,:,,ridad de un talud par■ 1L1U1 ..,pa-flcle
de de.liumlento drntl■r d�do la, foenu entre f■ju. (■) Crifko par■ ev•
lu■r el eoelleieate m0 ¡ (6) dltpO■idOn tabular del dlealo,
242 EQUILIBRIO l'L�STIOO DE LOS SUELOS

t·i,:, 35.9, Miaodo de lae r■ju para un.a 1upe.-fide de de.liumiénlo cittul■r
cuando el u,lud allÍ pard•l�nle 111m�OO. (•) Rcladonea 1eo�rieq pan .....,
tllperfide dnular; (b) Íuel'UII que 11erii■n tobre un■ Caja típOH como la 21 (e)
poligono de f...,...,.. p...., la faja 2 euando M eon.Jderan IOdae lq íuenu; (d) pu­
lilfono de íuenu para la faja 2 ca.ando.., .,,,,..,lderan T y E que actü■n 1111bre 1..
carulatualeo ..,., irualea a cero.

calcular F. Si el valor de F difiere eo fonna significativa de F1, el cálculo


se repite. La convergeocia e.t muy rápida. Los cálcu1os se facilitan con el
uso del gráfico de la figw-a 35.Ba, del cual se pueden obtener valores de m.
(Janbu y otros, 1956), y además recurriendo a un arreglo tabular para el
cálculo como lo indica la figura 35.Bb,
Teniendo en cuenta que los cálculos esquematizados en la figura 35.8
se refieren solamente a un circulo tentativo, éstos deben repetirse para otros
círculos hasta que se obtiene el mínimo para el va1or F .
E n general, e l talud suele estar parcialmente sumergido y además se
desarrollan presiones de poros a lo largo del circulo tentativo (fig. 3.5.90).
La magnitud de las presione$ de poros depende de las condiciones del
problema. En algunos casos éstas pueden ser estimadas por medio de
una red de filtración ( articulo 23), por medio de ensayos de suelo, o en
base a observaciones realizadas en el terreno. Si el niVt!I de la superfi.!ie
del agua externa se deoota por A - A, el peso W de la faia (fig. 35.9b) se
puede escribir como:
W=w.+w.+:r.by. (35.13)
en.la cual w. es el peso de la parte de la faja situada encima de A - A,
W• es el peso sumergido de la parte sihiada por debajo de A - A y :r.by.,
es el peso de un volumen de agua igual al de la porción sumergida de la
ART. 35 ESTABILIDAD DE TALUDES

faja. Si toda la faja está situada debajo del nivel freático, como la faja 5
(fig. 35.9a), el peso del agua situada encima de la faja debe ser incluido
en la expresión zby_. La presión de poros en el punto medio O de la base
de la faja es igual a zy., + u, donde u es la sobrepresión de poros con
respecto al nivel externo del agua. Si el nivel del agua externo A - A está
ubicado por debajo de 0' en la base de la faja (fig. 35.9b), la presión de
poros en (Y es h/y.., donde h es la altura hasta la cual el agua sube en un
piezómetro en O'. Si la presión de poros se debe a capilaridad, h es
negativa.
Teniendo en cuenta que las fuerzas que actúan sobre una faja están
en equilibrio, éstas pueden ser representadas por un polígono de fuerzas
(fig. 35.9c). La fuerza normal P consta de una componente efectiva P',
de la fuerza ul causada por la sobrepresión de poros, y de las fuerzas zly,.
causada por la presión hidrostática del agua con respecto a A - A. La
resistencia t a lo largo de la superficie de deslizamiento es igual a:
, 1 _ 1 '
t = F =-p(c+,ng 4>) = F [ e+ ( -zy., -u ) tg 4> l (35.14)
1
de donde:
s- t 1 -½[el+ {P-:dy.,-ul) tg 4>] ... 7(cl + P' tg <f,)
(35.15)
El equilibrio de momentos de todo el desliumiento con respecto al
centro del círculo tentativo requiere que:
�(w.+w,+wy.,) rsena"" �S • r+1;1 y..,tfl-a1

=½ t (el+ P' tg,t,) r + ½y..,d2a, (35.16)

Teniendo en cuenta que el agua situada debajo del nivel A - A está en


equilibrio resulta:
(35.17)
de donde se obtiene:
t (w.+w.)rsen a= 1 t(cl+ P' tg4>) r (35.18)

�(el+ 1" tg ;)
F - (35.19)
l:(W. + w.¡ sen a
El valor de F (ecuación 35.19) depende de P', que puede ser deter­
minado para cada faja por medio de un pollgono de fuerzas (fig. 35.9c).
244 EQUIWBHIO rl.Ásnco DE LOS SUELOS

Si la superficie de deslizamiento es circular, la influencia de las fuerzas


T y E entre fajas es relativamente pequeña y l" puede comúnmente evaluar•
se con suficiente aproximación en la hipótesis de que las fuerms T y E son
iguales a cero. El pollgono de fuerza se reduce entonces a la fig. 35.9d,
con lo cual:
t
w.+w1 +%by,.= (dy,. +P'+ul)cosa+(r- �(/> +-;)sena
(35.20)

w.+w1-ub-i'se n a
P'------�-- (35.21)
m.

Remplazando en la ecuación 35.19, de acuerdo a la 35.21 resulta:


,-,[cb+ (W.+W,-ub)tg,ti,l
� m.
F- (35.22)
l:(W.+W 1)sena
La ecuación 35.22, del mismo modo que la ecuación 35.12, debe resol­
verse por aproximaciones sucesivas, porque el coeficiente de seguridad F está
contenido en la expresión m. que aparece en el segundo término de la
misma. Se puede notar que la influencia del nivel del agua externa resulta.
totalmente incluida utilizando el peso sumergido W1 y que la sobrepresi6n de
poros u se calcula para la base de cada faja como se explica al plantearse
la ecuación 35.13.
El procedimiento descrito en los parágrafos precedentes puede ser mo­
dificado para tomar en cuerita las fuerzas T y E entre fajas (Bishop, 1955;
l.
anbu, 19544). No obstante, si la superficie de deslizamiento es circular,
a mejora en exactitud no suele exceder del 10 al 15 % y el esfuerzo adi­
cional a realizar usualmente no se justifica. Por otro lado, si la superficie

�= :
en
:n C:��
es
8
e u l
:\r ::�� �����rc::.
miento que se va a desarrollar puede, si así se desea, ser utili7.ado también
para tomar en cuenta las fuerzas entre fajas para una superficie circu1ar de
desliz.amiento.
Superfide- tM ,uJu,ami.enw comp,,ahll
En muchas circunstanciu, las condiciones geométricas o geológicas del
problema son tales que la superficie de desliz.amiento de ninguna manera
puede suponerse circular. .Para estas condiciones el método de las fajas
puede extenderse (Jaubu, 1954a, y Nonveiller, 1965).
. La figura 35.10 muestra una masa desliz.ante con una superficie de
deslizamiento no circular. Las fuerzas que actúan en la faja cualquiera n
estin represeI!fadas de la misma manera que lo indica la figura 3.5. 9b, y el
polígono de fuerzas es idéntico al representado en la figura 35.9c.
-6�-
AllT, 35 ESTABU..IDAD DE TALUDES 245
,·,
r"""T· _.;

Fls, 35 .10. Relaciona scoQleuieae del ....!todo de 1., íaj"" p11ra in...,.tisar 1
..
mndkionee de eqallibrlo de un talad euando la 6Uperíide de deaUuimle:nto no
a dreular.

El equilibrio de momentos de la masa deslizante respecto de un polo


arbitrario O requiere que:
l:Wx = l:(Sa+ Pf)+ ½y,atlZa1 (35.2.1)
de la ecuación 35.15 se desprende que:

�(W. + W• + z:.by,.)x = i,�(cl+P'fg4>)a+�Pf+lhy.,cPa 1

:I:(d+ P' tg 0 ) a
F = :I:(W0+w�+zby ,.)x - 'l:,Pf-1h ,.dla (35.24)
y 1

Observando que debajo del nivel A - A el agua está en equilibrio,


se concluye que:
:I::by,.x - 1/¡y..,¡Jt,a ¡ = l:.z:.ly.,,f = I: {P- P1 )f (35.25)
donde:
P1 =P-zJ.y,.
La ecuación 35.24 se resuelve entonces en:

(35.28)
+ )
F = l:(�:� :.)�� ;Pi f
Esta expresión puede evaluarse si se conocen P' y P1, cantidades que
se pueden determioar por medio del polígono de fuerza (fig. 35. 9c). La
suma de las fuerzas de las componentes verticales COaduce a la e.r;presión:
w.+w.+&T,,.+:d,y.. =z:.ly,. ros o+(P'+ul) coso+
+ ½ (el+ P' tg ,;) sen o
.de alll que:
P' = w.+w.+&T.-ub-(c!F)btga (35.27)
m.
246 EQ\!WllRlO PLÁSTICO DE LOS SUELOS

ademáJ:
Pi= P' + ul = w.+ w,+Ar.. + (l:)(ubtg 4>-cb) tga
(35.28)
sustituyendo y combinando términos:
"" k[cb +(W. +W, +A.T. uh) tg ,¡!,] (a/m..)
F
i:(W, + W,), - i:rW, + W, + AT, +
+(ubtg-,.-cb) �](f/m..)
(35.29)
Esta ecuación debe resolverse por aproximaciones sucesivas debido a
que el coeficiente de seguridad F y la cantidad m.. aparecen expllcitamente en
el segundo término de la expresión. Más aún, el valor de F depende de
AT•. Como la primera aproximación, l:i.T. se puede suponer igual a O. Los
cá1culos se facilitan por medio del gráfico de la figura 35. 8a y recurriendo
además a una disposición tabular oomo la de la figura 35.11. De nuevo,
teniendo en cuenta que el valor de F determinado de esta manen. se refiere
solo a un circulo tentativo, los cá1culos deben repetirse para otros círculos
hasta obteoor el valor mínimo de F.
Para la _mayoría de los problemas pricticos que involucran superficies
de deslizamientos no circulares, la hipótesis de que !J.T. es igual a O conduce
a resultados suficientemente eiactos. Si la sección trasversal de una super­
ficie de deslizamiento se separa de una manera muy significativa respecto
de la fonna circular, es preferible usar la ecuación 35.29, en la hipótesis de
que !J.T. - O, que suponer una superficie circular de deslizamiento y utilimr
la ecuación 35.22.. No obstante, si se justifica un refinamiento mayor, los
valores de !J.T. pueden agregarse en la ecuación 35.29 y recalcular el factor
de seguridad . Los cálcuJos son laboriosos.
Si los valores de T y de E no son iguales a cero, deben satisfacer !u
condiciones de equilibrio del conjunto de la masa deslizante en las direc­
ciones verticales y boriz.ontales, lo que significa decir que:
IAT, = O (35.30)
(35.31)
Más aún, para cada faja Ar. y !J.E. están relacionadas entre si de
acuerdo con los requerimientos del polígono de fuena (fig. 35.9c) de
modo que resolviendo en la dirección de S, se obtiene:
S = !J.E,.cosa+ (W. + w. +A.T.+ zby.,) sen a

y po"r tanto:
!J.E,. = S seca-(W. + w. + AT.) tan a - :by., tana (35.32)
ART, 35 ESTABILIDAD DE TALUDES 247

"("- ., 1 4 6
� • • • / • .,.. � ,y, • ,. w, 1', ar w,+w,+ar. (l◄l-" 06) ,y, fll+(lfl

--'--

\c. 11 1, 'JO ti 1:a


11',+11', (ll)•s .i, .,., (il)-.. (n)-t• ,, o/,! {lf)+fU) ('lit)·/-.';;;�
1-fa\ (17)•0
- -1--+---+----+--t---+---<-+-1--1--1-'--

....
1-

�-,.,...� ..,-..
,,-,('JO���(ao)
.
r,.. 3S.11. Forma tüuJ.ar p.,. n.lcadar el weflciente de HJuridad de un u.lud
por al método de lu íaju cundo la 1Rperfkle de d...U...,mlenlo no .,. cln:lllar.

Sin embargo, puede deducirse del polígono de fuerza que:

S= +- [el+ (P - U.y. - ul) tg ;,] -=-}[el+ P' tg;,] (.'J.i.3.1)

Sustituyendo en la ecuación 35.33 según 35. 'Zl, resulta:


: cb + (W. + W1 + AT. - ub) tg;, -;! (J.3_34 )
S=

Utilizando la ecuación 35.32 y sumando todas las fajas:

�(AE,, + zby.. tga]= �[*seca- (W.+ W1 -1- AT.)tg a)


(35.35)
y desde que:
úby. tga = 1¡1 y,.cr
la ecuación 35.31 impone que el primer miembro de la ecuación 35.35 sea
cero. De alll que las fuerzas AT• deben satisfacer no solamente la ecua­
ción 25,30, sino también:

�[�seca-{W1+W1+AT,.)tgn]=o (35.36)
f:VUll.lBJUO PLÁmCO Dll: LOS SUELOS

Debido a que el problema es estáticamente indeterminado, cua1quier


conjunto de valores. T. que satisfaga las ecuaciones 35.30 y 35.36 asegura
el cumplimiento de todas las condiciones de equilibrio de la faja en su
conjunto, ul como también de SUI condiciones de equilibrio horizontal y
vertical. No obstante, no todos esos conjuntos de valores son razonables
o posibles. Por ejemplo, el valor de T. no debe exceder la resistencia al
corte del suelo a lo largo del borde vertical que corresponde a la faja bajo
la influencia de la fuena normal E,.. Mh aún, no se deben producir ten­
siones de tracción a tra�s de la parte significativa de cualquier limite
vertical entre fajas. En la mayorla de los casos, se comprueba que es satis­
factorio y expeditivo a.signar valores arbitrarios, aunque ramnables, a1 em­
puje de tiem.s E.. y en base a estos valores y a la ecuación 16.5, calcular
limites aprolimados superiores de los valore, de T.. Por tantem se estable­
cen los valores de T. mínimos que satisfacen las ecuaciones 35.30 y 35.36.
Una duposiclón tabular sistemática (fig. 35.12) ayuda a la solución del

����el�o�7dt� ��b1i:!:e de1S:::J: pi:e=e��:,


MI requiere una revisl6n por aproximaciones sucesivas. La revisi6n puede
exigir una alteraci6n de las cantidades T. debido a que M (ecuaci6n 35.34)
depende de F.
No eJisten, naturalmente, seguridades de que el valor de F flnahnente
detenninado por este procedimiento sea conecto, debido a que otros con­
juntos consistentes de valores T pueden conducir a coeficientes de seguridad
distintos. No obstante, el valor de F para diferentes conjuntos: rawnables
de fuerzas entre fajas no suele diferir en gran magnitud.
Debe hacerse notar que el pollgono de fuerza (fig. 35.9c) presupone

:: ::1!: :'vae: ::7e�°:nt:::, ;m: ��;nd�vaa:�


t

de la soluci6n. Este requerimiento se puede agregar a aquellos represen­


tados por la.5 ecuaciones 35.30 y 35.36, pero las dificultades de cálculo
aumentan sustancialmente. El uso de computadores electr6nicos es en este
caso virtualmente obligatorio (Morgenstern y Price, 1965).
SI el subsuelo contiene una o más capas delgadas excepcionalmente
débiles, la superficie de deslizamiento oonsta casi siempre de tres o más

\CIII ll 14 • 10 U H 11 11 f '2 • :IO » JI


.J ¡�-, ¡� i-
r.•r •.+r,+ar: ,t .. Cl<HJO 111 ,,,(9)♦CHC1()1f•, ... ca»--Ql)

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F1,. SS.12. F_., wnil# para det.ermJaar 1U1 -JllDto �le de fa.-­
laapndalM f' pan. -dhllr en la eeaedóa JS,29 eaaodo '- � de 6,T. no
... --'denn ......... -.
.ART, 35 EST.ABIJ.IDl'D DE T,\L\JDES 249

Flg. 35.13. Ro1ura il'I! un tal11d titaado encima de un■ dela:■d■ upa de
■rcUI■ muy bl■nd■•

secciones que no se conectan suavemente entre sí. Esta superficie no puede


ser remplazada por una curva continua en los cálculos de estabilidad sin
que se introduzca un error desfavorable, contrario a la seguridad del talud.
La figura 3,5.13 representa un talud debajo del cual existe una delgada
capa de arcilla muy blanda de cohesión c. Si el talud rompe, el desliza•
miento se produce a lo largo de una superficie compuesta tal como la aba!.
En el área abf se produce una rotura activa, ya que 1a tierra se expande
horizontalmente por la influencia de su propio peso. La parte central bcef
se desliza hacia la izquierda por el influjo del empuje activo en bf, y la
masa ctk sufre empuje pasivo por efecto de la presión que ejerce la masa
bcef al deslizar.
El primer paso a seguir en la investigación de las oondiciones de esta•
bilidad del talud estriba en calcular el empuje pasivo P, del suelo situado
a la iz.quierda de una sección vertical ec elegida por tanteo cerca del pie
del ta1ud. Está del lado de la seguridad suponer que P, es horiwntal. El
próximo paso consiste en estimar la posición delborde derecho b de la parte
horizonta1 cb de la superficie potencial de deslizamiento y calcular el empu•
je activo P_. sobre la sección vertical fb, La tendencia de la masa bcef a
moverse hacia la izquierda es resistida por el empuje pasivo P,. y por la
cohesión total C a lo largo de be. Si el talud es estable, la suma de estas
fuerzas resistentes debe ser mayor que el empuje activo P_., que se supone
horizontal. El coeficiente de seguridad es igual a la relación entre las fuerzas
resistentes y P_.. La Investigación debe repetirse para distintas posiciones
de los puntos e y b, basta que se encuentre la superficie de menor resistencia
al desliuunlento, que correspoode al menor coeficiente de seguridad.

�U:�==�:n ==�
Problem■1
l.Seefeetuóun.a■nchaexc■vaciónacieloabiertoenunterrenode superficie
horiwntal, adoptando taludes de so•. La roca se hallaba a 12 metmt deprofundi a
d d.
�-�¿:en����•1aP::!iJ: :�uro;::
�:'desi;lizamiento
�� ���¡�� ieui�um��!:, 't
y el Eoncfo de l a eJDvacióo?
Solud6n: 0,24 kglon'¡ drculo il'I! punto medio: 5,60 metros.
2. En el cuo del pn:,b1em■ 1, us póngue quela roe■ es ut vieseI una profundidad
EQIJlUBRIO PLÁSTICO DE LOS SUELOS

de g metros. ¿Cuál seria en esta circuostancia la cohesión media de la arcilla y el tipo


de la superficiededeslizamiento?
Soluci6n: 0,2l:glcm'; círculo de pie.
3. Se debe efectuar una eacavación de 9 metros de profundidad en una arcilla

=
blandaque reposa sobre una caparesistentesituadal2metrosdeb.jode la1uperiicie
origin11I del terreno. La llJ'cilla tiene un peso unitario de 1820 kg por m' y u.na cohesión
de 0,35 kg/cm'. ¿Cuü es el 11.ngulo de talud que originaria la rotura prob.ble?
Smud6n: p = 7:5•.
4. En ardlla blanda de peso unitario 1920 l:g/a:n' y cohesión 0,W kg/cm', se
ª an n
�H'!s:C:::00 f�d:l � fi:;: s:n: :q:e �- �!!r!e�r q�é
distancia def'°borde superior del talud, el círculo de des�iento, intersectar, el
terreno natural?
Soluciw:2,80metros;2, 40 metros.
5. Un nibsuelo de arcilla oonsta de tre5 estratos horiwntales de 4,50 metrosde
n e
:,�
r
1��;::;., 1:;:�:Sme�te�
e
�'';!o ':ttariS: ttiu
P
::u :=• ':1:o
1:g/m. En este material se efectúa una e.cavad6n con taludes l (vertical): 3 (hori·
:;m:!��tor profundidad de e, o metros. ¿Cuál es el factorde seguridad contra

Soluci<m:l,24.

lid.a d t '\!!:� :Ji��!��tn�ª! �í!1o


fricci6n intemade20"?
0
:::: t Z:1�6r°!:11u: :gu::
Solución: 4,40 metros.

ART. 36 ESTABll.lDAD DE DIQUES DE TIERRA


E,lodo, critko, para el dime.ulonarnien&o

El coeficiente de seguridad de un dique de tierra con respecto a una


·rotura del talud o de la fundación depende en gran parte de las presiones
de poros. En un dique con una secc,ión dada sobre una fundación estable­
cida, la intensidad '/ distribución de las presiones de poros varían con el
,UIT. 36 ESTABILIDAD DE Die,;UES DE nERRA 251

1 90

J•

60

1 JO

''
l.
' o
Fi,:. 36.1. Prerione. de poro,, en melnM meclidN en I• 1ona lmpermeab� de I•
p..- Crea! Mounla;n •l lermhio de la t0n•lnatt.lón (��n "'a•ker r O.ehn, 1948).

tiempo entre límites muy extensos. Para los propósitos del dimensionamiento
es conveniente distinguir, en lo que respecta al desarrollo de las presiones
de poros, entre tres estados diferentes: durante la construcción, y en parti­
cular inmediatamente después que la construcción ha sido completada,
después que el embalse ha estado lleno durante un tiempo suficientemente
largo para desarrollar un estado de escu¡rimiento estable en el dique y su
fundación, y finalmente, durante o inmediatamente después de bajar el
nivel del embalse. Estos tres estados se distinguen brevemente como con.r•
tfficcló'n, embal.te lleno y deumbal.ae. La estabilidad del ta1ud agua arriba
puede también alcanzar un estado crítico durante el primer llenado del
embalse, especialmente si el dique tiene un núcleo inclinado. Además, en
algunos casos, para el talud agua arriba la situación más crítica puede
dC5éUTOllarse para un nivel intermedio, conocido como embalae parcial, en
lugar de darse para el nivel máximo.

Emluod6n de lo, pr$done, de poro, en lo, ellado, crídco,


ik dlmen.1lonomiento
Durante la construcción solo pueden desarrollarse presiones de poros
significativas en Ju partes cohesivas de la presa y en el subsueJo, Ju que
están uociadas con la coDSOlidación progresiva. La intensidad y la distri·
bución de estas presiones dependen no solo de las camcter:lsticas de los
materiales y de las condiciones de borde que posibilitan su drenaje, sino
también, en gran medida, de la velocidad de construcción. Como un ejem•
plo, la figura 36.1 muestra las presiones de poros observadas al final de la
construcción en la porción agua arriba del dique Green Mountain en Colo­
rado (Walker y Daelm, 1948). La colocación del terraplén fue interrum­
pida durante el invierno cuando el dique había alcanzado aproiimadamente
la mitad de su altura final. La influencia de la interrupción es evidente. Se
han hecho intentos para predecir las presiones de poros en tales condiciones,
EQUIUBRJO PLÁsTICO DE LOS SUELOS

sobre la base de en.sayos de laboratorio (Hilf, 1948), pero el grado de


confianza que se puede dar a los resultados no ha sido todavía completa­
mente evaluado.
Después que el dique ha sido completado y el embalse ha pennanecido
lleno durante cierto tiempo, la presa se ve sometida a presiones de filtra­
ción ejercidas por el escurrimiento continuo del agua que circula desde el
embalse a través de la obra hacia el talud agua abajo. Las correspondientes
presiones de poros se pueden estimar en base al método de la red de escu­
rrimiento (fig. 23.4a) o'con un procedimiento equivalente; siempre que las
condiciones del subsuelo sean suficientemente simples como para pennitir
la construcción de un perfil de penneabilidad razonablemente fehaciente
del material sobre el cual el dique está fundado. .
Las condiciones de presión de poros que se d�nollan por un des­
censo del nivel del embalse dependen en gran medida del grado de com­
presibilidad de los diferentes materiales que forman el cuerpo del dique.
En las partes semipenneables y relativamente incompresibles, como aquellas
construidas de arena limosa bien compactada, la mayor parte del agua que
ocupa los vacíos antes del descenso es retenida dentro de los mismos; el
resto drena fuera del dique, manteniéndose la relación de vados práctica­
mente ina1terada. Escapa parcialmente a través de las porciones inferiores
del talud y, si el subsuelo es permeable, parte a través de la base del dique.
La situación descenso del nivel del embalse se halla ilustrada en la figura
23.4c, la que muestra la red de filtración para un dique homogéneo de
arena fina, limpia y bien compactada, después de un desembalse completo
y repentino. Se supone que el dique descansa sobre una base impermeable.
Se puede ver que las presiones de filtración en el talud agua abajo per­
manecen inalteradas e iguales a W que corresponden al embalse lleno
(fíg. 23.4a), mientras que W que actúan en la parte inferior del talud
agua arriba tienden a producir la rotura de esta porción por deslizamiento.
A. medida que el tiempo pasa, la línea de filtración -superior (limite inferior
de la banda capilar) desciende y todas las presiones de filtración disminuyen.
Las partes compresibles e impermeables del dique, como aquellas cons­
tituidas de arcilla, permanecen en un completo o casi completo estado de
saturación aun después del desembalse, la que es mantenida por capilaridad.
Simultáneamente, las presiones de poros en aquellas partes de la arcilla si­
tuadas debajo de la línea superior de filtración cambian de positivas a ne­
gativas, mientras que el total de las tensiones permanece casi inalterado. En
conseeuencia, las presiones efectivas en la arcilla aumentan y ésta comienza
a consolidarse. La mayor parte del agua excedente fluye hacia la base de
la zona arcillosa del dique, reduciendo su resistencia al corte y, en defini­
tiva, emerge por la parte inferior del límite agua arriba de la masa de
arcilla.
Cualquiera sea la sección trasversal de un dique y el perfil geológico
de rus materiales de fundación, la importancia de las consecuencias inde­
seables de un desembalse disminuyen a medida que decrece la velócidad
de dicho descenso. Por ello, para determinar las presiones de poros que se
AJIT. 36 ES'TABlLlDAD DE DIQUES DE TIEIU\A. 25.1

Fij:. 36.2. Di......,.. 'lue ilu•tn la probl,billd•d de superíiclu de ded.iuntlento


no rll-,:ulara en pre,¡a• de ttf!rni eontpuutu de di•úntu IIOU.1..

desarrollarán durante el desembalse, deben conocerse todos los factores que


siguen: la posición de los llrnites entre materia1es con propiedades signi•
ficativamente diferentes, la permeabilidad y las características de consoli­
dación de cada uoo de estos materiales, y la máxima velocidad de descenso
prevista.. Es necesario, además, tener en cuenta las presiooes de poros
inducidas por los cambios originados en las tensiones tangenciales que soli­
citan la masa (articulo 15). En la práctica de la ingenleria, pocos de estos
factores pueden determinarse fehacientemente y los vados en la informa•
clón disponible deben ser llenados adoptando las hipótesis más desfaVC"·
rabies· compatibles con los hechos coooddos.

En todo dique, excepto en uno homogéneo que descansa sobre una


base rígida, la superficie potencial de deslizamiento pasa a través de las
porciones más débiles de la presa y del subsuelo (fig. 36.2). Para una sección
trasversal y una fundación da�a, la posición de estas superficies también
depende de la intensidad y distribución de las presiones de poros. Por
ello, raramente pueden set definidas como arcos de cll'Cl.llos, y en la mayo­
ría de los casos, solo pueden ser representadas por lineas con un radio
de curvatura variable o por curvas compuestas. Su posición debe ser deter­
minada por tanteo, empezando con una curva que se ertima está situada
n::rca de la superficie de mínima resistencia. Los cálculos se pueden
eíectuar con los procedimientos descriptos en el artículo 35,
Los cálculos a realizar para cada uoo de los tre, estados críticos de
dimensionamiento requieren la determinación de las correspondientes pre­
siones de poros. De acuerdo coo lo manifestado en el apartado precedente,
esta deteiminaclón debe estar basada en una adaptación de las teorías de
consolidación y de escurrimiento del agua a través de medios porosos a las
condiciones de borde interno y externo que corresponde a 1a obra, as! como
también a un oonocimiento de las propiedades tensión-deformación en rela•
ción con las presiones de poros que caracteriza estos materiales. Estas
últimas relaciones se expresan usualmente en términos de valores estimados
de los coeficientes de presión de poros A y B (artículo 15). Si las presiones
"• se han estimado de acuerdo con este procedimiento, los valores de e
y de ♦ a introducir en las ecuaciones del artículo 35 son aquellos expresa-
EQUILIBRIO PLÁsnOO DE LOS SUELOS

dos en término de tensiones efectivas y el aoilisis se dice que es un análi.m


de ttnrionu efectivaa.
Los valores de e y de 4' se pueden determinar bastante fehaciente•
mente en base a ensayos de laboratorio, mientras que la elección apropiada
de valores de u,. requiere mucha experiencia y criterio. Algunos proyectis­
tas prefieren evaluar la resistencia a rotura en forma más directa, en base
a ensayos en los cuales la influencia de las presiones de poros se toma en cuen­
ta en el procedimiento de ensayo. Por ejemplo, para anafu.ar la estabilidad
del talud agua arriba después del descenso del nivel del agua, el proyec­
tista puede concluir que los materiales van a estar totalmente consolida­
dos bajo las condiciones que existen antes del descenso. Puede, por tanto,
ejecutar dos series de ensayos triaxiales. Una de estas series se realiza bajo
crmdiciones consolidadas no drenadas, en las cuales las muestras son conso­
lidadas bajo las tensiones que corresponden a las condiciones que inme­
diatamente preceden el deseen.so del nivel del embalse. La otra serie se
ejecuta en condiciones totalmente drenadas. Los valores de 4i.. y <f, obteni­
dos de estos dos conjuntos de ensayos representan condiciones límites,
que dependen, respectivamente, de si el material situado debajo del talud
agua arriba no experimenta prácticamente ningún drenaje durante el des­
censo, o bien drena tan rápidamente como para disipar prácticamente todo
el exceso de presiones de poros a medida que el descenso progresa. En
base a su conocimiento de la velocidad de descenso y de la permeabilidad
y dimensiones de la masa de ruelo afectada por el mismo, el proyectista
juzga los valores más apropiados de los parámetros de la resistencia al
corte que debe adoptar entre esos límites. Los análisis de este tipo se cono­
cen como análiri., de ttnrionu totalu.
La experiencia y el criterio requeridos para elegir los valores más apro­
piados de la resistencia al corte, situados entre las condiciones límites im­
puestas por los procedimientos de ensayo, son tan importantes como aquellos
que se necesitan para el va1or de u. a usar en un análisis con tensiones
eíectivas. Desde este punto de vista, puede decirse que ningún procedi­
miento merece preferencia. No obstante, si se excluyen las más bien raras
circunstancias bajo las cuales las simples condiciones ,; - O son aplicables,
parece existir una tendéncia creciente a estimar las presiones de poros a
usar en un análisis de tensiones efectivas, en parte porque pueden ser com­
parado mb directamente con los resultados de las observaciones de pre•
siones de poros que se realizan en eJ terreno.

Fue•�• de error en el cálculo tu la edobili.dotl


Las fuentes de error en los cálculos de estabilidad pueden dividirse
en tres categorías: hipótesis simplificativa introducida en los cálculos, la
suposición de una rotura simultánea y los errores en la evaluación de
la intensidad y distribución de las presiones de poros. Por esta razón, el
dimeosionamiento debe basarse en lu hipótesis más desfavorables respecto
de estas presiones, consistentes con el conocimiento de las propiedades físi­
cas de los materiales que componen el dique y s u fundación.
ART. 36 ESTABILrDMI DE DJ(;UES DE TIERRA 255

EJ«to de terremot<n ,obre lo in1ewridad de diq� de tierr11


Si uo dique de tiem está situado en una región sujeta a teITemotos,
el dimensionamiento debe satisfacer la condición de que aun el sismo mb
intenso anticipado en la región no llegue a dañar la integridad del dique.
En métodos convencionales de anil.lisis, la intensidad de un sismo se expresa
usualmente por la relación n, entre la máxima aceleración horizontal pro­
ducida por el terremoto y la aceleración vertical producida por la fuerz.a
de la gravedad. Durante un sismo todas las partes del cuerpo del dique
se supone que están sometidas por una fuerza horimntal uniforme yn,
por unidad de volumen que se suma a todas las otras fuerzas a las cuales
la presa está sujeta. El efecto de un terremoto podría, por tanto, ser conside­
rado en el cálculo de estabilidad agregando, a las otras fuerzas que actúan
sobre la masa situada por encima de la .superficie poteocial de deslizamiento,
una fuerza estática horizontal igual al producto de yn, por el volumen de
la masa deslizante. La superficie de deslizamiento correspondiente al míni-
mo coeficiente de seguridad se debe encontrar por tanteos.
Newmark (1965) ha demostrado, de acuerdo con la teoría y con ensayos
sobre modelos (Seed y Clough, lf:63), que la duración de la fuerza del
terremoto no es suficientemente prolongada como para justificar su remplazo
por una fuerza estática yn,, y que las rotwas del tipo indicadas por los ami.lisis
convenciooaJes no son probables, a menos que la resistencia al corte del
material de la masa del dique se vea reducida por el ten-emoto. En cambio,
la repetición de pulsos produce una defonnación de los taludes en forma
de una S, o un moderado aumento del ancho del dique asociados con un
asentamiento de la cresta. El asentamiento es esencialmente independiente
de n. ; aumenta a medida que lo hace la m&xima velocidad del tt:ITCno y
la dur11ciln total de los impulsrui producidos por el mismo. Si el coro•
namiento se asienta por deba;o del nivel superior de las olas más altas que
pueden ocurrir durante el sismo cuando el embalse est& lleno, el dique
puede fallar po1 rebalse del agua sobre el mismo. Por esta razón, en zonas
sísmicas, el dimensionamiento de la presa debe satisfacer la condición adi­
cional de que el asentamiento de la cresta del dique no llegue a ser sufi­
cientemente grande como para permitir el rebalse bajo Ja5 olas mb altas,
incluyendo aquellas causadas por el terremoto o inducidas por desliumien­
tos de ladera cuando el embalse está lleno.
Mucho m'5 seria es la posibilidad de que la resistencia al corte de
parte del dique, o especialmente de su fundación, pueda resultar radical­
mente reducida durante el terremoto, particularmente por licuación ( articulo
)
17 . Los terremotos pueden también producir grietas tJasversales a la parte
impermeable del dique y el sifonaje a través de estas grietas involucra la
posibilidad de una rotura, Tales grietas se pueden también formar por
· asentamiento desigual, sio el concurso de un terremoto. Por ello, los diques
de tierra deben ser siempre proyectados de tal manera que el sifonaje a
través de grietas no pueda ocurrir ( artículo 62).
256 EQUl.LLBIUO PJ..ÁSTI<X> DE L0!1 SUELOS

._......._.. ..... n
�==e����:."�(��.:::= p:..:
coefficlent, in practk:i& , CeoUdmlq�, 4, p6g,. 148-152. El procedimimto de lH
tensiones totales NI describe ffl detalle en el M111ual EM 1110-2-1902, Stablllty o/
eorlh ond roekfiU dt,m.-H, Corpt, of Engineen, U. S. Army, Dec. 27, 1960, 67 págs.

ART. 37 DIPUJE DE LA TIERRA CONTRA ENTIBA001''ES DE


EXCAVAOONES A CIEW ABIERTO
Condicione, de deformación impuuia, por la entibación
La figura :f1 .1 ilustra una de las varias formas de entibar una exca­
vación a cielo abierto. Se hinca una fila de perfiles doble T de ala ancha
a cada lado de la excavación a efectuar, hasta una profundidad mayor que
el fondo de la misma. El espacio entre los perfiles es revestido con tablas
horizontales, colocadas directamente contra el suelo a medida que la exca­
vación progresa, tablas que son acuñadas contra las alas interiores de los
perfiles. Entre los perfiles se colocan puntales horiz.ontales, o codales, de
aceio o madera, que se insertan a medida que progresa la excavación.
Para poder proyectar los codales se debe conocer la magnitud y la
distribución del empuje de la tierra. En el artículo Z1 se demostró que la
presión de la tierra depende no solo de las propiedades del suelo, sino que
también de las restricciones que el procedimiento de construcción impone
a los desplazamientos de la estructura que soporta el suelo. Por ello, el
primer paso a seguir al investigar el empuje sobre una entibación consiste
en examinar la naturaleza de estas restricciones. Cuando se coloca la pri­
mera fila de codales (fila J en la figura 37.1), la excavación ejecutada es
todavía tan insignificante que el estado de tensión en el suelo se halla aún
inalterado, es decir, que estos puntales se instalan antes de que el suelo
experimente alguna e:tpansión. Mientras la excavación prosigue hasta el
nivel de la segunda fila de codales (fila 11), la rigidez de los puntales 1

Fi,'. 37. l. Dla¡rnm• q,.e lhttln la eondieión de deíonu•dón qae dctenn.in• el


empwje tobre el reYea!imle,,to de un• ueaY•don • �lo •hierro.
.-\JIT. 37 nt:PtlJE CON'JRA Vl'll.BACIONJIS

impide toda deformación del suelo de los costados de la excavación situado


cerca de la superficie. a pesar de que los perfiles doble T están sujetos a
la acción del empuje. Pero, por otro lado, bajo el efecto de este empuje, en
profundidad, los perfiles se desplazan hacia adentro, girando alrededor de
una linea situada al nivel de los puntales superiores, es decir, que la coloca­
ción del segundo conjunto de codales va precedida de una expansión, en
correspondencia con el nivel de los mismos, del suelo que forma las paredes
de la excavación. C,on la profundización de la excavación, la deformación
que precede a la colocación de nuevos codales aumenta debido a que la
altura de las caras del corte crece. Por ello, a medida que la excavación pro­
gresa, la sección vertical ah (fig. 37 .1) avanza hasta la posición ab1• Como el
puntal superior impide la expansión de la parte superior de la cuña de
deslizamiento, el suelo puede romper solo en la forma indicada en la figura
27.3. Por esta causa, el empuje activo contra entibaciones de excavaciones
a cielo abierto no puede calcularse utilizando las teorías de Coulomb o de
Ranlcine, debiéndose recurrir a otro método que tome en cuenta la influeocia
de las condiciones de defonnación sobre el tipo de rotura.
Se ha demostrado que las condiciones de deformación representadu
por la Unea ab1 de la figura 37. 1 originan un deslizamiento del tipo indi­
cado en la figura 27.3. Se ha demostrado también (articulo 27) que no se
puede producir la rotunl a menos que el borde inferior b de la entibación
(fig. 37.1) se desplace más allá de una cierta distancia bb1• Esta distancia
depende de la profundidad de la excavación y de las propiedades físicas
del suelo. En el estudio que sigue se supone que se cumplen las condi­
ciones de deformación y luego, en el artículo 48, se describen las obser­
vaciones e:rperimentales que íundamentan esta hipótesis.

Excm,aclonu en arena uca o en are- drenada


La figura ':rl. 2 muestra un corte vertical de una de las paredes de una
excavación de profundklad H, efectuada en arena seca o en arena drenada.
La posición inicial de los perfiles doble T viene indicada por la línea llena
ab y su posición final por la punteada ab1• El empuje de 1a tierra, por
unidad de longitud de excavación, se designa por P., para distinguirlo
del empuje activo P,. que una masa de suelo similar ejerce sobre un muro
de contención de igual altura H. Como la parte superior de la cuiia de des­
lizamiento (fig. 37.2a) no puede deformarse lateralmente, la superficie
de deslizamiento corta la del terreno en ángulo recto (véase también figura
27.3), La curva real de deslizamiento puede expresarse aproximadamente
por la espiral logarltmica de ecuación:
r - roE8 ",t. (37.1)

El centro de la espiral se halla situado sobre una línea recta que pasando
por d forma un ángulo ,t, con la horizontal. Como la defonnación lateral
de la entibación hace que la cuña de tierra se deslice hacia abajo, la resul­
tante del empuje resulta inclinada de un ángulo 3 con respecto a la horizontal.
Investigaciones teóricas íuera del alcance de este libro han demostrado que el
258 t.:l,)l:IUIIRJO l'l-ÁSTICO DE LOS SUEWS

fiJ<. :17. 2. Mi'·todo de la npirat lo,:aritmka para el eáleulo del empuje 10hre el
ren�timienlo de ex�avadon.,. a cielo ablerio, (o) Dlap-ama que repret1.:11la
••� hipélHis en que te ha... el eáleulo; (b) fuena1 que aclúan eobre la cuña
de dn1iumienlo: (e) compar11eióo de la �uperflele de de1liu.mien10 con la
1ap-• en la teoría de Coulomb,

punto de aplicación del empuje viene determinado por la forma de la superfi­


cie de deslizamiento, y viceversa. Si la curva de deslizamiento es similar a la
bd de la figura 37. 2, la teoría indica que la distribución del empuje de la
arena es aproximadamente parabólica, como lo muestra la figura 27. 3b, y
que la elevación n0H del punto de aplicación debe encontrarse entre 0,45 H
y 0,55 H. Esta conclusión teórica ha sido confirmada por mediciones efec­
tuadas en el terreno, de modo que en el cálculo 'que se efectúa a continua­
ción se supone que n0 es conocido.
Para detenninar la posición de la superficie de deslizamiento se elige
un punto arbitrario d1 ( fig, 37. 2b) situado sobre la superficie horizontal
del terreno no excavado. Entre este punto y el borde inferior b del corte
se traza una espiral logaritmica con centro situado sobre d1D,. La reacción
F1 sobre la superficie de deslizamiento bd1 pasa por el centro Oi. de modo
que, si tomando momentos con respecto al mismo, se obtiene:
P1l. == W1l.,
de donde
(37.2)

Se efectúan cálculos similares para espirales que pasen por d2, d,, ...
(no indicadas) y se dibujan los valores de Pi, P2,••• etcétera, como ordenadas
que parten de d i, d2,, .. obteniéndose la cUJ"Va P. El empuje activo P. es
igual a la ordenada máxima, correspondiente al punto C, y la superficie
de deslizamiento pasa por el punto d. El ancho ad de la base superior de
Li cuña que ejerce el empuje máximo Pa es siempre mucho menor que el
ancho de cufia alxt. que corresponde a la teoría de Coulomb ( ver figura
37.Z.C).
ART. Jl EMPUJE CONTRA E1','Tff\ACJO�ES

El valor de P. depende en cierto modo de n�. Aumenta levemente a


medida que crece n. y es siempre mayor que el valor de P_. de Coulomb.
Para 4> - 38 ° y 6 = 0° , un aumento de n. de 0,45 a 0.55 acrecienta P.
de 1,03 P_. a 1,11 PA . Si Se suponen. = 0,55, cualquiera sea el error que se
cometa, el resultado se sihía del lado de la seguridad, pues este valor corres­
ponde a la máxima elevación obtenida hasta hoy en mediciones efectuadas
en el terreoo. El ángulo ZI tiene muy poca influencia sobre la relación $;
De Jo que antecede se deduce que, ¡:ara un cálculo preliminar, es suficien­
temente exacto suponer:
(37.3)
El próximo paso a séguir en este cálculo estriba en detenninar el esfuer­
zo que debe soportar cada puntal. La distribución del empuje sobre enti­
baciones es aproximadamente parabólica, como lo indica la figura 27.3b,
pero, debido a variaciones de las condiciones del suelo y a detalles del proce­
dimiento de construcción, dicha distribución varía de sección en sección
con respecto al término medio estadístico. Por ello, para un valor dado
de P•• el esfuerzo sobre los puntales situados a la misma altura varía de
puntal a puntal. El procedimiento utilizado para estimar el esfuerzo máximo
a que pueden estar sometidos los puntales de una fila dada se describe
en el artículo 48,

E:can,aciou, en arcilla ,aturada


El tiempo que se necesita para efectuar y entibar una excavación suele
ser muy corto en comparación con el que requiere una arcilla saturada
intacta para que su contenido de humedad cambie en fonna significativa.
Bajo estas circunstancias, la condición ,¡, = O (artículo 18) suele resultar
aplicable y la ecuación 37.1 se hace idéntica a la de un circulo de radio

FI,-. 37. 3. Diq:nma flllfl ilutra 1.. hlpóee,,i,, en que MI ..... el .,.;1,,.,1,. ,1.,1 en,p,o¡.,
J>II"'" t<>ll'I- en ar.eilla baju la n>ndlelón </, = O.
200 EQOILUIRIO PLÁSTICO DE LOS SUELOS

r - re- Como el circulo debe cortar la superficie del terreno con un ángulo
recto, su centro está al nivel de dicha superficie (fig. 37.3). La cara ab
del corte vertical está sometida al empuje P. y a la adherencia c0H entre
la arcilla y la pantaJla. El cálculo de P• se hace tomando momentos, res­
pecto del centro del circulo, de todas las fuenas que actúan sobre la cuña
de deslizamiento. El momento actuante lo produce el peso de la cuña; el
resistente es igual a la suma del momento de las fuerzas de adherencia
c.H, del momento de las fuerzas de cohesión c.bd que actúan a lo largo
de la superficie de deslizamiento y del momento del empuje P•. El valor de
P. depende de la relación e.le y de "•· Mediciones efectuadas en excava­
ciones para obras ejecutadas en arcillas saturadas blandas a medias han
demostrado que n0 varía por lo genera1 entre 0,30 y 0,50, estando su término
medio alrededor de 0,39, y que la distribución del empuje, por tanto, usual­
mente no es triangular sino que, a semejanza con las arenas, aproximada ­
mente parabólica. El método para calcular el máximo esfuerzo a que pueden
estar sometidos los puntales se describe en el artículo 48.

l..e«m1amJenu, del fond.o en ezca,,acionu en arcUla blanda


En excavaciones a cielo abierto ejecutadas en arcilla blanda debe con­
siderarse la posibilidad de que se produzca la. rotura del fondo por levan­
tamiento, debido a que el peso de los bloques de arcilla que constituyen
los lados ·de la excavación tiende a desplazar el fondo hacia arriba. La
figura ':J7 .4a representa una sección trasversal de una excavación en arcilla
blanda de ancho B y altura H. Las dos franjas ah y cd, situadas al nivel del
fondo, soportan la acción de una especie de sobrecarga que proviene del
peso de los bloques de arcilla que éstas delimitan.
Las franjas ab y cd actúan, por tanto, como si fueran zapatas de funda­
ción. Si se excede la capacidad de carga del suelo debajo de las franjas, el
fondo de la excavación rompe por levantamiento. La capacidad de carga

fa! 3
H/8
(ó)
Fil', 37 .4, (a) S-6ón h'Utfte,..I de una exeavuión • rielo •hle110 en un espeM>
depó.110 de arcilla; (f,) valore11 del í•dor de capacidad de earl'• /V, pan, nllm■r la
eel■biJid■d del fondo del c:orCe re.peelo de un lev■nl■mienlo.
ARJ', � EMPUJE CONTRA ENTIBAOONES 261

del suelo para la condición ,t, - O puede tomarse igual a cNe (ecuación
33.7). El coeficiente de seguridad contra el levantamiento resulta entonces:

(37.4)

El factor de capacidad de carga N. depende de la forma de la excava­


ción en planta y de la relación entre la profundidad y el ancho. Si se
supone que el suelo excavado puede asimilarse a una larga zapata que
ejerce una presión hacia arriba igual a yH al nivel abcd, los valores de N.
pueden tomarse iguales a los que corresponden a las zapatas con las mismas
relaciones B/L, entre ancho y longitud, y H/8, entre profundidad y ancho
(Bjerrum y Eide, 1956). Lo6 cálculos se facilitan utilizando el gráfico de la
íigura 37.4b (Janbu y otros, 1956).
Si las tablestacas se extienden por debajo del fondo de la excavación,
su rigidez reduce la tendencia de la arcilla adyacente al fondo a desplazarse
hacia la excavación y, consecuentemente, reduce la tendencia al levanta­
miento. No se han desarrollado procedimientos teóriCOS satisfactorios que
permitan estimar las presiones que la pantalla de tablestacas debe resistir.
No obstánte, si la arcilla blanda se extiende hasta una profundidad considera­
ble debajo del fondo, se ha encontrado que el efecto benéfico de un tablesta­
cado, aun relativamente rígido, es más bien pequeño. Si el e:memo inferior
de las tablestacas penetra en un estrato duro, su efectividad aumenta en
forma apreciable. El soporte de la parte inferior de las tablestacas reduce
el máximo momento flector que solicita a la zona embebida de las mismas;
además, la carga vertical sobre ab y cd (fig. 37.4o) se reduce por el peso
trasferido por la adherencia entre el suelo situado encima del fondo y las
tablestacas. Si la resistencia de punta de las tablestacas es mayor que la
adherencia, la reducción es igual a la adherencia entre la arcilla y las tables­
tacas. SI es menor, la· reducción es igual a la resistencia de punta.
Si el estrato duro se encuentra a corta distancia por debajo del fondo
de la eicavaci6n, el límite inferior de la zona de equilibrio pJáistico es
tangente a la parte superior del estrato duro. La tendencia al levantamiento
se reduce notablemente aun sin tablestacas y la efectividad de las tables­
tacas aumenta en forma sustancial

Problemas
l. Con el método de la espiral logaritmia. determínese el empuje total P. sobre
la entibaci6n de una e:i:eavaci6n de 9 metros de profundidad ejecutada en arena sin
cohesilm de peso unitario y = 1840 kg/m' y • = 30". El valor de � se supone Igual
a cero. El punto de aplicacl6n del empuje aU. a 4,80 metros del fondo. Determínese
también el empuje P• de Coulomb.
Soluci6n: 26.500 kg/m; 24.600 kg/m.

UU:�ll:i ��n u t ° � m c
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J: dje !'��:tate 1■ r sulta
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clebe ��•tap����fi:ü<bdd:�:;o ::1-un � de�� dc�;il:
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Solucl6,,0,95.
gu� e,)= ert!�� l'ffO:O:a ucava-
E l fondose levantar,C1111ndol a eiicavadón alca� l a profundidad
de 10 m.
-4. Silaexcavaci6ndelproblema3CDIISUtieseen UDII unja de 1,50 m de illdio
ro: �!.�rot!1iit l1�:!?
i oieficieiik de ¡eguridad (l)ntn el levantamiento del
Solución:1,13. La exC'l.vadón apenas JI podría hacerse.

ART, a8 EFECTO DE ARCO EN WS SUELOS


El empuje unitario o presión lateral sobre la entibación indicada en la
figura :fl. I tiene su valor máximo a media a1tura, apro:r:imadamente, de
la excavación. Si se retiran, sin embargo, algunas de las tablas horimntales
que soportan el suelo a dicha altura, la parte expuesta pennanece estable.
siempre que el suelo posea, al menos, una pequeñísima cohesión. Para
e,rplicar este fenómeno, es necesario admitir que la presión que se ejercía
sobre las tablas que se retiraron fue trasferida a aqueilas que pennaoe•
cieron. Este fenómeno de trasferencia de presiones se identifica como efecto
de arco.
Las particularidades esenciales del erecto de arco pueden demostrarse
con el ensayo indicado en la figura 38.la. Sobre una platafonna que posee
una escotilla o trampa ab se coloca una capa de arena seca sin cohesión de
peso unitario y. La puerta de la escotilla se halla montada sobre una balan•
za (no indicada en la figura) que permite medir la presión sobre la misma.
El espesor H de la capa de arena es varias veces superior al ancho de la
escotilla

.Flr. S8.I. (•) Obpo,,ilho J>flR inn1ll1■r defecto d,i, ■reo Mu na e■pa de aren■
lllu■d■ endma de un■ acotlla l eon po.a1■ deformableeo!or■da en un■ pl■l■íorm■
horis:onl■I; (lt) predon oobno la pla1■rorrn.■ 1 oobn la -111■anleo y deopuH d�
h.oberheeho.i.e-e.,det'U,:fflOleftlela p■erud�la-1U■ I •
ART. Jls EFECTO DE ARCO EN LOS SUF.LOS 26:J

Mientras la puerta de la escotilla ocupa su posición primitiva, lR pre­


sión sobre la misma es igual a yH, idéntica a la que existe en el resto de b
plataforma. Si se permite, sin embargo, uo pequefiísimo descenso ele la
puerta, la presión sobre ésta disminuye a una pequeña fracción de su valu1 1
inicial, mientras que la presión sobre las partes dl' la plataforma adyaccnh's
a la escotilla aumenta. El fenómeno se debe a que el descenso del prisma
de arena situado encima de la puerta es resistido por las tensiones tangi:n•
ciales que !óe desarrollan sobre sus caras laterales a.e y bd.
La teoría, los resultados de ensayos y la experiencia ganada en la
perforación de túueles indican que la presión remanente sobre una pue; ta
de escotilla que desciende lentamente es prácticamente irxlependienle del
espesor H de la capa de arena y no excede del peso de una masa de suelo
con las dimensiones aproximadas indicadas por el área sombreada abe de
la figura 38. l. Por ello, si la arena tiene una pequefi.lsima cohesión, la
puerta puede ser retirada sin que el suelo caiga por la abertura.
Lec,...... ..,Jeer;lonadu
l.a teon. �oonvenQOna\" de\ efecio de arco $1lbtt un coru:l.ucto, como una
de
���:.a � dr 1oC::�s�:
da T
5igh�9;6t.:�1il0so:J��::.�� ��-
IZ..57. La valide-i de los resultados depeñde, no obstante, del valor de ·la presión
�:'n ºn:'t*reÍ:=�i;�bks
ctua
;� ��; "�U:-:�.%�Ficies de rotur;o y no
Capltulo 6
ASENTAMIENTOS Y PRESIONES DE CONTACTO

ART. 39 INTRODUCCIÓN
Fin �neguldo con lo inve,ligoción ,ú lo, o,encamknt"
Se entiende por asentamlemo el hundimiento de una estructura pro­
vocado por la compresión y deformación del suelo situado debajo de la
misma.
El cálculo de los esqueletos de edificios y de otras estructuras se basa,
salvo raras excepciones, en la hipótesis de que la estructura descansa sobre
una base indefonnable. En realidad, el peso de toda estructura comprime
y defonna el suelo situado debajo de la misma, de modo que las hipótesis
de cálculo no son nunca estrictamente satisfechas. Cuando la base de la
estructura pennanece plana, el asentamiento no tiene importancia, ya que
las tensiones en la misma no son alteradas, pero si como consecuencia del
peso de la estructura el área cargada se alabea, la base sigue dicho movi•
miento y toda la estructura se distorsiona. Las tensiones suplementarias
causadas por esta distorsión no son en general consideradas en el cálculo
de la superestructura, a pesar de que en muchos casos son suficientemente
importantes como para dañu la apariencia exterior del edificio y hasta causar
daños permanelltes e irreparables.
La complejidad de las propiedades mecánicas de los suelos y la hetero•
geneidad derivada ele su estratificación hacen que el asentamiento ele edifi­
cios ·pueda preverse con exactitud solo en condiciones excepcionales. ll:ste
no es un impedimento para que el análisis teórico de los asentamientos sea
indispensable y útil, ya que sus rerultaclos permiten al ingeniero identificar
los factores que determinan la magnitud y la distribución de los mimlos.
El conocimiento de estos factores constituye un requisito previo para poder
convertir la experiencia de obra en reg]as semiempíricas para el cálculo de
las fundaciones (articulo 53).

Solución teórica del problema de lo, asentamiento,


Los métodos teóricos a utilizar en la solución de problemas de asenta­
mientos deben elegirse teniendo en cuenta las propiedades mecánicas del
perfil del suelo y la naturaleza de la estratificación. .Por ejemplo, si se va
a erigir una estructura sobre un perfil compuesto ele una o más capas de
material muy compresible situadas debajo y separadas por estratos relati•
AJIT. 39 ll'n"RODUCClÓN

vamente incompresibles, como estratos de arena, el asentamiento depende


solo de las propiedades flsicas de los estratos blandos y de la intensidad
y distribución de las presiones verticales sobre los mismos, pues la contri•
bución al asentamiento total debida a la deformación de los otros estratos
es despreciable. La experiencia ha indicado que las presiones verticales
pueden calcu.larse con suficiente exactitud suponiendo que el suelo es per­
fectamente elástico y homogéneo.
De manera similar, si una estructura descansa sobre un suelo bastante
uniforme, la distribución de las tensiones verticales sobre planos horizon­
tales puede calcularse suponiendo que el material es perfectamente elástico.
Sin embargo, esta hipótesis no es válida para el cálculo de ninguna de lu
otras tensiones que se producen en la masa del suelo, pues, para ellas. los
valores reales suelen ser muy distintos de los calculados de esta manera.
Por otro lado, es común que la detenninación de la relación entre tensiones
y deformaciones no resulte posible: as! que, en tales casos, puede tornarse
necesario investigar la relación entre intensidad de carga, asentamiento y
tnmafio del área cargada por medio de métodos semiempíricos.

Cálculo de lru pre,ione, de conlacio


Una Ve2 que el calculista ha distribuido sus fundaciones de modo que
los asentamientos desiguales no resulten excesivos y lleguen a dafiar la super­
estructura, debe abocarse al diseño de las fundaciones mismas. Esto requie­
re el cálculo de los momentos Electores y esfuerzos de corte en aquellas
partes de la fundación, como ser las zapatas o las plateas, que trasfieren
el peso de la estructura al suelo. Las presiones que actúan en la base de
las zapatas o plateas se denominan presione, de contacto.
La distribución de las presiones de contacto en las bases de una fun­
dación se asemeja, en algunos casos, a la que se produce en fundaciones
apoyadas sobre un material isótropo y elástico, pero con mayor frecuencia
es completamente distinta. Más aún, si el material en que descansa una
íundación es arcilla, la distribución de las presiones de contacto puede cam­
biar considerablemente con el tiempo. Pai-a simpllficar el cllculo, es co­
rriente detenninar los momentos en la suposición de que las zapatas descan­
san sobre una cama de elásticos unifonnemente espaciados. Este proce­
dimiento se describe en el artículo 42 y la experiencia ha indicado que,
normalmente, es suficientemente eJ1acto para los propósilO!l de la práctica.
Por ello, el calculista solo necesita estar familiarizado con las relaciones
generales entre tipo de suelo y las características de la distribución de pre•
siones que le corresponde. Si la diferencia entre la distribución supuesta
y la real puede resultar muy grande e insegura, el riesgo se elimina aumen­
tanrlo el coeficiente de seguridad.
266 ASENTAMIENTOS Y PRESIONES DE CONTACTO

ART. 40 PRESIONES VERTICALES EN EL SUELO SITUADO


DEBAJO DE LAS ZONAS CARGADAS
Ecuacione• de Boru•ine•q
Una carga vertical conce�trada, aplicada sobre la superficie horizontal
de cualquier cuerpo, un suelo por ejemplo, produce tensiones verticales
en todo plano horizontal situado dentro del mismo. Resulta obvio, sin la
necesidad de cálculo alguno, que la intensidad de la presión vertical sobre
cualquier sección horizontal que se considere disminuye de un máximo, en
el punto situado directamente debajo de la carga, hasta un valor cero, a
una gran distancia de dicho punto. U na distribución de presiones de este
tipo puede representarse por una superficie en forma de campana o de domo,
como lo indica la figura 41. lb. Como el esfuerzo ejercido por la carga se
distribuye en profundidad sobre una superficie cada vez mayor, la presión
máxima sobre una sección dada, representada por la altura máxima del
domo, disminuye con la profundidad. El equilibrio, por otro lado, requiere
que la presión total sobre cualquier sección horizontal sea igual a la carga
aplicada, de modo que la disminución de la altura del domo de presiones
lleva aparejado su ensanche.
Tanto la teoría como la experiencia indican que la forma de los domos
de presiones es prácticamente independiente de las propiedades físicas del
cuerpo cargado. Por ello, en la práctica de la mecánica de los suelos es
costumbre justificable calcular estas tensiones suponiendo que el material
es elástico, homogéneo e isótropo. Con estas hipótesis, una carga vertical
concentrada Q ( figura 40. la), aplicada sobre una superficie horizontal de
gran extensión, produce, sobre el punto N de la masa de suelo, una tensión
vertical de intensidad:
6
_ 3Q 1 /2
p" - 2ttz2 [ 1 + (r/z} 2 ] ( 40.1)

En esta ecuación z representa la distancia vertical entre N y la super­


ficie de la masa y r la distancia horizontal entre N y la recta el.e acción J.e Q.
La ecuación 40.1 es una de un conjunto conocido como ecuaciones de
Boussinesq, ecuaciones que determinan el completo estado de tensión del
punto N (fig. 40. la). Al contrario de lo que ocurre con la tensión p", la
mayoría de las otras tensiones que definen el estado de tensión del punto
N dependen en gran parte de la relación tensiones-deformaciones del mate­
rial. Como los suelos no son, ni aun aproximadamente, elásticos y homogé­
neos, las otras. ecuaciones no son adecuadas para calcular dicnas tensiones
en los suelos.
Di•tribución de preaione• •obre •eccione• hori::wntale• •ituadtu
debajo de área. cargada.
. Al calcular las presiones verticales en el suelo situado debajo de un
edificio se supone comúnmente que el edificio es perfectamente flexible.
Cuando la superficie de una masa muy grande soporta una carga perfec-
ART. 40 PB.ESJONES VEllnCAUS OEJIAJO DE ZONAS CAIICADAS '1Jfl

tamente flexible de intensidad q, distribuida sobre un área A, la intensidad


de la presión vertical en un punto cualquiera N (fig. 40.lb), situado dentro
de la masa, puede calcula.ne dividiendo el área cargada en pequeiias partes
dA que soportan una carga:
dQ - qdA
Esta carga se considera como concentrada en el barlcentro de dA. Según
la ec:uadón 40 .1, cada carga coocentrada produce en el punto N una presión
vertical:
- 3q 1 ]''•
d [ dA [40.2)
p. - 2iu' l + (r/z)I

que, integrada sobre toda el área cargada, da la intensidad de la presión


en N originada por toda la carga. Por ejemplo, si el punto N está situado
a la profundidad % debajo del centro N' de una superficie cargada de forma
circular de radio R., la presión vertical resulta igual a:

p
, = q [ 1 - (1 + ¡R/%)•)"•] (40.3)

Si la carga de intensidad q .se halla distribuida sobre un área de forma


cualquiera, la tensión p. en un punto arbitrario N situado a la profundidad
z puede calcularse fácilmente por medio del gráfico de la figura 40. 2. El
gráfico (Newmark, 1942) representa un conjunto de lineas situadas en la
superficie del terreno, dibujadas en escaJa de modo que la distancia AB
sea igual a z. El punto N se halla situado directamente debajo del centro
de los círculos concéntricos. El grifioo se ha construido en ta1 fonna que
una carga de intensidad q, distribuida sobre cua1quiera de las subdivisiones
limitadas por dos rectas radiales y dos drculos adyacentes, produce una
presión p. - 0,005q en el punto N. Cada mbdivisión es, entonces, un área
tú influencía (de valor 0,005) para la tensión P• en el punto N.
Para ilustrar el uso del diagrama se calcula el va1or de p. a una pro­
fundidad de 15 metros debajo del punto D del edificio indicado en planta
en la figura 40. le. E1 edificio trasmite una carga unifonnemente distribuida
de 1,5 kg/cm1 sobre toda el úea cubierta. El primer paso del cálculo estriba
en dibujar en papel trasparente una planta del edificio en escala tal que
la profuod1dad 15 metros sea Jgual a AB: Se coloca luego el trasparente
sobre e] diagrama. de modo que el punto D se halle directamente sobre el
punto N', centro del gráfico, y se cuenta el número de áreas de influencia
cubiertas por la planta. En este ejemplo, el número de !reas de influencia
es 31,5 y la tensión p. a la profundidad de 15 metros debajo de D es
31,5 X 0,005 X 1,5 - 0,23.5 kg/cm.1• La tensión p. en cua1quier otro punto
a -la misma profundidad se obtiene con el mismo procedimiento, desplazando
el trasparente hasta que el nuevo punto se halle directamente sobre N'.
Para detemúnar las tensiones sobre una sección a otra profundidad :ti, se
.----IL
(..,,¿1,o --,)
�.-
Ir r '
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.. , ..,.../�----··· /11. ,'
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i / 1 z 1- /1 (l:J)
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Nlv__.-i
j

p.,
NI:D'p,.

Fla:,40,l. (•) ln-.lclad.dela ..,._TstkalenelpaalO f'tdellateric..-.de


...., .&licio -1!nflmlo IOmetldo a una eus• _puntual Q¡ (6) pnaóa � ea
el punto 1", ■ta.de deb.Jo del centro de ..,. 111perf'ide dreular 10,:nedda a ..._.
e...., 1111itarla CI (e) � que lndka eómo debe - el ,rifico de
� .... weulu- la ...... ffftieaL (Se,ún N. M. Newmark, 1942).

dibuja nuevamente en trasparente la planta tomando una nueva escala de


modo que la profundidad z1 sea igual a la distancia AB del diagrama.

JIariadón Ü la pre.ión con. la proju.ndJJod


La intensidad de la presión a lo largo de cualquier recta vertical, consi­
derada por debajo de una carga distribuida, disminuye a medida que aumen­
ta la profundidad z. Por oonsl.guiente, si una capa compresible es de gran
espesor, la presión vertical en la misma disminuye en forma apreciable
desde la parte superior a la inferior. La compresión de una capa delgada,
AJl,N,11.N_.
..... 40.2. C...Oeo e&. mna..da pan la pNMO Y.-dw.
(Sepa N. M. Nawmut.. 1942).
270 ASENTAMIENTOS Y PRESIONES DE CONTACTO

.,.,
Di!t'l:fti
1
Ft.-. 40.S. Diqrama irue Uuetra 1■ diferencia entre la preeión ,·ertieal originad■
por una e■rs■ diatribuld■ oobre un árN cuadrada y la mi1m■ c■rs■ conoid.,.-■d■
como pW1tu■I y ■plk■d■ en el ttnlro del cuadrado. l.Q cnrvu repre■enlan l■
te,wion a kt lar•o de una luie■ vertl.,.,) por el cenll'O del" cuadrado.

por el contrario," depende solo de la tensióp vertical media, que es aproxi­


madamente igual a la presión en el centro de la capa. Por ello, si una capa
compresible es relativamente delgada, la variación de la presión con la
profundidad puede despreciarse; resulta suficientemente exacto calcular la
intensidad y distribución de la presión sobre un plano horizontal situado
en el centro de la capa.
En la figura 40. 3, las abscisas de la curva C, representan la intensidad
de la presión vertical a distintas profundidades debajo del centro de una
superficie cargada 8 X 8, que soporta una carga unifonnemente distribuida
q por unidad de área. Si la carga total IPq se sustituye por una carga
concentrada Q igual, situada en el centro del cuadrado, la curva C, se tras­
forma en la C,,. La figura muestra que ambas curvas se hacen práctica­
mente idénticas a partir de una profundidad 38, es d�, que para una pro­
fundidad mayor de 38, la presión sobre una sección horizontal, originada
por una carga distribuida sobre un área cuadrada, es prácticamente igual
a la presión producida por una carga concentrada en el punto central del
área cargada. Las tensiones P� sobre secciones situadas a profundidades mayo­
res de 38 pueden, por lo tanto, calcularse con la ecuación 40.1.
La extracción del suelo que ocupa el espacio que va a ser tomado por
el sótano de un edificio reduce la presión vertical que actúa sobre los pun­
tos situados debajo de la excavación. Para calcular el cambio de tensión
resultante se supone que la superficie del suelo está situada al nivel del
fondo de la excavación y que el peso del material retirado actúa a este nivel
dirigido hacia arriba.
ABT. 41 ASENTAM!Em'O DE FUNDACIONES 271

1k �1:.-.la� !re tr :1:


:n �ri:rd�:r
de UDaUD ': � ��n�:C:zt
4 ntrv del
�=•:E�\1\�:��:1i.enm1:!.!�r�ru: d�Jo?
Soluci6n: 0.53; 0,33 kg/cm'.
3
tn�im��:��:.: � t;�El�:1,s::t;
�nstltuldo pnr arena densa. salvo entre 21,0 )' 27,0 metros de profundidad, doode
hay 1111& capt. de udlla blanda. Cale,,ílese la intensidad
001 1111 l wde
n
la presión .vertieal originada

á':': :='��:�:•:� de¡� c:i�f= .a'toen..,:11_: :¡


bordo,, a 12 metr,,., del borde y en el centro.
Sawd6n: 1,15; 1,48; 1,71; 1,78k¡/cm'.
4. Si el edifido del problema 3 es cuadrado, de 36 melrol de lado, ¿cui� lfflall
dichas tensiones en una ,ección vertical por el centro del edificio?
Solud6n: 0,84; 1,12; 1,30; 1,37 kg/f:m'.
la
debe �� .:-'a�
dede� :u:de?W:da<!r ! :e.,.3 \: t !:::
:º !fto dfci!' ee:: ��e¡nJ= • v��� 7; :1 e:
m' 11
:UW:, p
debajo dclterrenoorigtnal?
�,0,28kg/cm'.

ART. 41 ASENTAMIENTO DE FUNDAOONES


Funáocione. ,ituadtu en.cima de uirato, confinado, de ardlla
En lo que continúa, se iDdica el procedimiento a seguir para calcular
el asentamiento que sufrirá un edificio col�do encima de UDa capa conf'­
nada de arcillo blanda. El peso del edificio es trasferido al suelo por medio
272 ASD."TAMU:N'IOS Y PRESIONES DE CONTACTO


A��'.�=f"-�---¼-A

A ,.,4

fil'., 41. l. C•) ÁHt>lamlenlo da un edificio fundado 11GbN1 11na pbtea qlle •poya
en an ,11h.uelo qae flOlltlene un Nll'llto �,up1'81rible • la pro(andidad D: (!,,)
dwribudón de la pn,oión �•• oobre ua plano horiUN>tal que paM por el
ttnlrO de b eapa Mmpraible.

de una solera o platea de fundación de hormigón armado que se supone


reparte unifonnemente la carga sobre toda la supedicie ocupada por la
misma. El subsuelo está constituido por un estrato de arena que contiene
a una profundidad D un.a capa de arcilla blanda (fig. 41.la).
Como la arena es casi incompresi.1,Je comparada con la arcilla blanda,
el asentamiento del edificio es causado casi enteramente por la compresión
del estrato de arcilla. Se ha dicho que la arcilla utd confinatla, de modo
que la compresión puede calcularse con el método descripto en el artículo
13. Debe tenerse la precaución, sin embargo, de calcular el asentamiento
en wr:ios puntos de la base del edificio, ya que el objeto principal de e!l:e
cáJculo es determinar la deformación que va a sufrir la solera o platea de
fundación. Si el espesor del estrato de arcilla es pequeño comparado con
la profundidad D, para el cálculo, se puede suponer que la intensidad
media de la presión vertical P�, originada en la arcilla en correspondeocla
con un punto dado de la base de fundación, es igual a la intensidad de la
presión vertical debajo de dicho punto en el centro del estrato. Esta presión
puede calcularse utilizando el diagrama de la figura 40.2.
El próximo paso a seguir consiste en calcular la compresión S de la
capa de arcilla debajo de cada punto elegido. Según la ecuación 13.2, el
cambio de porosidad An viene dado por la expresión
4n = rn.,Áp
La cantidad m,, representa el coeficiente medio de compresión volumé­
trica ( ecuación 13. 3) para una variación de presión que va del valor inicial
Pa a l valor final Po + 4p. El cambio de presión Ap es igual a la presión
vertical p., calculada como se indica más arriba. Como el espesor de la
capa compresible es igual a 2H, el cambio de espesor S originado por la
presión P• es:
S - 211&1 - 2Hm,p. (41.l)
ART. 41 ASENTAMIENTO DE FUNDACJONES 273

El valor de S representa no solo la disminución del espesor del estrato


debajo de un punto dado, sino que también el asentamiento de la platea de
fundación en dicho punto. Si el subsuelo contiene varias capas compresi­
bles, el asentamiento de Wl punto dado de la fundación es igual a la suma
de las compresiones de cada una de las capas a lo largo de la recta vertical
que pasa por el punto.
Si un estrato de arcilla es relativamente espeso, o si .,,., y m,, no pueden
considerarse aproximadamente constantes en todo su espesor, para resolver
el problema es necesario dividir el estrato en varias capas y determinar 'P�
y m.,, individualmente para cada una. Se puede también remplazar la
ecuación 41.l por la expresión más general;

S =). m,,p,,dz (41.2)

en la cual m,, y f'• son, respectivamente, el coeficiente de oompresibilidaó


y la presión vertical Ó.'P a la profundidad z debajo del punto en que se
calcula el asentamiento. La integración se efectúa gráficamente como lo
indica la figura 41.2. La presión vertical .,,., a cualquier profundidad z debajo
de Wl punto dado se representa por el ancho del área sombreada de la
figura 41.2a. Para determinar la curva que limita 'P.,, este valor debe calcu­
larse en cada punto para varios va1ores de z. Dibujando los valores de m.,
como abscisas y las profundidades como ordenadas se obtiene la curva de la
figura 41.2b. Se representa luego el producto m.,,p., en función de la pro­
fundidad, oon lo que se obtiene la figura 41. ?e, cuya área total sombreada
da directamente el asentamiento S.
La compresión del estrato de arcilla origina una disminución del con­
tenido de humedad del suelo que, a raíz de su baja permeabilidad, se pro­
duce muy lentamente (véase artículo 14). Los métodos para clllcular la
velocidad con que progresa el asentamiento se presentan en el artículo 25.
Independientemente de estos hechos, el asentamiento de una superficie car­
gada uniformemente adquiere desde un principio una fonna semejante a
un cuenco, debido a que la presión sobre las capas compresibles es máxima
en correspondencia con el centro y decrece hacia los bordes de la superficie
(véase figura 41.lb).

Fig. '11.2. M�todo piílco pan cakolu .,¡ uc:nt..nit:nto prodacido por una
capa compr•ible t:vando la pralón p. y d co•íieif!Jllf! de CGltlpl'ellibllidad m,
Vll?Wl f!OP la profundidad,
2:74 ASENTAMIENTOS Y PRESJO?-'ES DE CONTACTO

Fundacione, ,obre 1uelo1 no estnllifü:ado•


Si el subsuelo de una fundación es homogéneo, el peso del edificio
produce no solo una compresión del mismo sino que se origina además
una deformación lateral. Por ello, una parte del asentamiento puede consi•
derarse como UD acortamiento vertical del estrato cargado debido a una
disminución de su volumen, y la otra como un acortamiento adicional origi·
nado por una deformación o hinchamiento lateral,
Si el subsuelo fuera perfectamente elástico y homogéneo hasta una gran
profundidad, el asentamiento debido a la deformación lateral sería consi­
derablemente mayor que el producido por la disminución de volumen. Para
una intensidad dada de la carga, el asentamiento de superficies de la misma
forma geométrica aumentaría en simple proporción con el ancho de las
mismas.
Tratándose de asentamientos producidos por deformación de suelos debe
hacerse una distinción entre las cargas que descansan sobre arcillas y ague•
Has que lo hacen sobre arenas. En las primeras, el asentamiento debido a
la deformación lateral es generalmente pequeíio comparado con el asenta•
miento total. Por ello, aun en el caso de fundaciones que descansan sobre
espesos estratos de arcilla, puede calcularse el asentamiento, aunque solo
sea en forma groseramente apromnada, de la manera que se indicó en la
sección anterior •. Si por el contrario, la fundación descansa sobre estratos
de limo inorgánico o de arena, la segunda parte del asentamiento suele ser
mucho mayor que la primera.
ART. 41 ASltNTAMLENTO DE FUNDAOONES Z75

o "º
#ndl-l��l11ro-ltlc""""""'1

FI,-. 41.3. Relaoot:I entre el ar,d,o de una upalfl cuadrada '1 el ■-1•mienl<>
,:mando la pre,aón o.nil&rla 1rumlllda al len-eno.,. wm;lflnle. (KO,Sltt, 1933).

Para poder determinar la Influencia que sobre el asentamiento de bases


fundadas en arena sin cohesión ejerce el tamaño del área cargada y la posi­
ción de la napa freática, se deben considerar los factores que determinan
en este material la relación entre tensiones y deformaciones (artículo 15).
Las investigaciones teóricas sobre el tema, los ensayos de laboratorio y los
ensayos realizados en el terreno conducen a las siguientes conclusiones
(Ktigler, 1933):
El asentamiento de una base de ancho B disminuye con el aum�nto del
valor medio del módulo tangente inicial E. de la arena situada entre la base
y una profundidad aproximadamente igual a B debajo de la misma. Por su
parte, el módulo tangente inicial de una arena aumenta, según la figura
15.4, con el incremento de la presión efectiva de c::mfinamienlo •.
A una profundidad dada, por debajo de la superficie de la arena, la
presión de confinamiento es aproximadamente proporciona] a la presión
efectiva originada por la cubierta. Si la napa sube de una profundidad
mayor que B, debajo de la cota de fundación, hasta alcam.ar la superficie
de la arena, la presión de confinamiento dismiDuye aproximadamente en
un SO por ciento (artículo 12). El asentamiento, por lo tanto, en términos
generales se duplica.
Para una presión dada, t:r.asmltida a la cota de fundación, la profun•
didad de la masa de arena sujeta a intensa �presión y deformación aumen•

=
ta a medida que lo hace el ancho de zapata. Por otro lado, la capacidad
de carga de la zapata y el valor medio del módulo tangente inicial de la
arena también aumentan. Como consecuencia de estos factores contrapues­
tos, el asentamiento varia con el ancho de la zapata en la forma aproximada
en que lo indica la curva llena de la figura 41.3.

::n���
• Como renilta evidenll! de la flpa lS.3, el módulo Wlgaite iDldal et tam.biifui
da
la
!nor:!\t::.a;:-, pues :d!:n�

,.,�J:::J �:!
de rec:ompr�lo que implica un m6dulo �uperior al que le (X)fl'elpcmde al
':'lfsmO material en primera carga. La � indica que el asentamjer,b:I de recarg,.
el
,ók, ak.nu.valoretqueestinen orden del temo al cuarto que., produce en primera
.,. va o el
�:�!:� �::ITit::J. deri=-(J;'tt��
276 ASENTAMIENTOS Y PRESIONES DE OONTACTO

En la práctica, la magnitud del asentamiento de zapatas fundadas en


arena no puede ser prevista en función de los resultados de ensayos de
laboratorio sobre muestras del suelo. Puede, sin embargo, ser estimada cru­
damente por medio de reglas semiempiricas basadas, en parte, en las rela­
ciones genera1es descriptas más arriba y, en parte, en las relaciones que
se ha observado existen entre los asentamientos y los resultados obtenidos
de simples ensayos efectuados en el terreno, tales como los ensayos de pene­

=
tración (artículo 54' y ssr.
Prohlemu
l. La capa de an:illa descripta en el problema S. del artículo -40, tiene un
::�t esdcd��� �1�:U�ri�I�..=rn�dede ��tm�
El Divel de la n,,pa es el mumode la $Uperficie del terreoo. De ensayos de consóli.da­
ción se ha determmado que C, es igual a 0,50. Caleúleme los aseota.m:ien!06 en el borde

==-·
yenelceotrodeledifido.

=�i:o
Soluci6n: 21; 31 centímetros.
2. Sobre la ruperficie natural del terreno se halla distribuida, en un úeamuy
�• una carga 1,5 kg por centímetro cuadrado. El subsuelo consta de un estrato
eii!::Ut J:lf� ;;. �':o� ef��e! :1t
arcil
c. ��1�0,ls�
t�·i �a �u:¡::,��r·-� :St caru
2000 kg pormetro eúblco, y se h� completamente sumergida. ¿Cu.Al es el asen ta ­
miento originado po r l a carga uniforme?
Soluci6n:38centímetros.

ART. 42 PRESIÓN DE CONTACTO Y TEORIA DE REACCIÓN


DE LA SUBRASANTE
PruloM, de eonlacto en la bme de 1"JpallU ñfida,
Como el asentamiento de una zapata perfectamente rígida es por nece­
sidad uniforme, la distribución de la presión en la base es idéntica a la que
se requiere para producir el asentamiento uniforme de un área cargada. Si
la subrasante está constituida por un material perfectamente elástico, o bien
por arcilla, o arena que contiene espesas capas de arcilla blanda, un área
cargada uniformemente adquiere la forma de un cuenco poco profundo.
Para obtener un asentamiento uniforme sería necesario desplazar parte de
ABT. 42 PllESIÓN' DE OONTACl'O Y IIEAO:IÓN DE U SUBI\ASANT.B ffi

la carga del centro hacia las orillas, lo que significa que la presión de con•
tacto, en la base de una zapata rlg:ida que descansa sobre tales subrasantes,
aumenta del centro hacia los bordes. Si por el contrario, una carga uniforme
descansa sobre una subrasante compuesta solo de arena, el asentamiento
es mayor en los bordes que en el centro. Un asentamiento uniforme solo
puede obtenerse distribuyendo la carga de modo que su intensidad dismi•
nuya de un máximo en el oeotro a un mínimo en los bordes, lo que significa
que la distribución de la presión de oontacto en la base de zapatas rígidas
tiene Ju mismas caracterlsticas.
La figura 42.1 representa un corte trasversal de una base continua
rígida de ancho B que descansa sobre una subrasaote elástica y homogénea
de gran espesor. La carga que soporta la base por uWdad de longitud es
igual a q.B. Cálculos basados en la teorla de la elasticidad han demostrado­
que la presión de contacto aumenta en la forma indicada en la figwa, de
un va1or menor de 0,7q. en el centro, hasta un valor infinito en 1os bordes.
Si la base descansa sobre un material elástico real, la presión en los bordes
no puede exceder un cierto valor fiWto q., para el cual el material pasa del
estado elástico al semiplástioo o plástico, de modo que la presión se dirtri•
huye en la realidad en la forma en que Jo indica la curva C1 de la figura 42.2a.
Sl se aumenta la carga sobre la base de la figura -12. 2a, el estado de
equilibrio plástico se extiende de los bordes hacia el centro y la distribución
de las presiones cambia. Cuando la superficie de contacto de la base de
fundación es lisa, la distribución se hace uniforme en el mismo instante en
que la subra.sante rompe por deformación plástica. La curva c. representa
la distribución de tensiones en este estado y la C, en un estado intermedio.
Si una zapata o base de fundación, sea rígida o flexible, descama en
la superficie de una masa de arena seca sin cohesión, la teoría indica que
la intensidad de la presión de contacto, para cualquier carga, decrece de

-�b.1
,

'

Fli:. 4Z.l. Di1tribución d� J, p....Sn de -laclto en la eou, de fund11<:lón de


une upala riaid• de lon&ilud muy ,nnde cara■da ., íorm■ unlíorsne y qoe
.._.,.,.. ,obre un ,u...uelo pcrÍeclame.nle el..Cico, homopDCIO • i,ót,opo.
278 ASE1''T,Ollt:/l,'TOS Y PRESIONES DE CO:-.TACTO

ffl'':�. ¡'.,,· r
fu) lb) fe)

l • ,
C- --¡-- -
1 U1 • e.i
L _:J-- 1
_J_l 1

Ft11, 42.2. Dl11rlbudón de la prulón de c:entacto en la c:eta de fundadón de


IUla up■t■ ri,rida y lb■ uent■da 10bre1 (■) un m■leri■I elá1tlc:e n,al; 0) an,n■
no eohl'llll... ¡ (e) 1uelo eon e■t■elf:ri11Jc■s lnlermedl■L Las e•na1 C. eonflponden
a la prea¡,;., de .,...,,..,10 pan la up■l■ eometlda a la e■r,a qv.e produee la
ro1..... del111UO.

un máximo en el centro a cero en los bordes en la forma en que lo indica


la figura 42.2b, resultados que han sido confirmados por investigaciones
experimentales.
La figun. 42.2c representa la distrlhudón de ta presión de contacto en
el plano de fundación de una base o zapata apoyada sobre una subrasante
de características intermedias entre suelos puramente cohesivos y suelos sin
cohesión alguna. Para cargas pequeñas, la presión de contacto aumenta del
centro hacia los bordes (curva C1 ). Con el incremento de la carga, la
presión en el centro aumenta mientras que en los bordes pennanece inalte­
rada. En el momento de la rotura la presión decrece del centro hacia los
bordes, como lo indica la curva c•.

Definici6n de reacción de la 1ubra,anle

La figura 42.2 demuestra que no eristen relaciones simples entre las


caractedstica, de defonnadón de la subrasante y la presión de contacto en
la cara inferior de una base o zapata de foodación perlectamente rigida.
Si la base no es rígida, dich� relaciones se toman aún más complicadas y
una valuación, aunque sea grosera, de la distribución real de la presión de
contacto es muy laboriosa. Sin embargo, sin algún conocimiento de la dis•
tr:ibución real de dicha presión, oo resulta posible calcular las zapatu o
plateas de fundación. Por eDo, es usual y necesario calcular la presión de
contacto en func!'.ón de hipótesis simplificativu y compensar el error que
pudiera resultar de las mismas adoptando un coeficiente de seguridad
adecuado.
Los procedimientos simplificados se basan en la hipótesis incorrecta y
arbitraria de que el asentamiento S de cualquier elemento de un área
cargada es completamente independiente de la carga que actúa sobre los
_
.urr. 42 PI\U!ÓN DE CONTACTO Y I\F.AOCIÓH DE L\ SU!!I\ASAHTE 2:19

elementos adyacentes. Se supone, además, en contraposición con la realidad,


que la relación
(42.1)

entre la inteosidad p de la presión sobre el elemento y el asentamiento que


Je corresponde es una constante K, (gramos por centímetro cúbico). Para
diferenciarla de la presión de contacto real que actúa en la cara inferior
de la base de fundación, la presión ficticia p que satisface la ecuación 42.l
se llama reacoi6n de lo 8Umtuante. En lo que resta de este artículo, el
símbolo p está estrictamente reservado para la reacción de la subrasante y
no se usa para representar a la presión real de contacto. El coeficiente 'K.
se conoce como coeficiente de reacci6n de la mbra.ronte o también come;>
coeficiente de balasto y las teorías basadas en estas hipótesis son las teoría,
de reacción de la ,ubra.,onte.

Reattión de la n1bra.an1e en /mulacione, rifida,


Tratándose de fundaciones rígidas, la ecuación 42. l conduce a la con­
clusión de que la distribución de la reacción de la subrasante debe ser
lineal, ya que una fundación rígida permanece plana cuando se asienta.
Por ello, en base a esta hipótesis, para proyectar una fundación rígida,
según la ecuación 42.1, se supone que la reacción de la subrasante tiene
distribución lineal o plana. Se deben, además, satisfacer las condiciones
estáticas, es decir: l) la reacción total debe ser igual a la suma de las cargas
que actúan sobre la subrasante; 2) el momento de la resultante de las cargas
verticales con respecto a un punto cualquiera debe ser igual al momento
de la reacción total con respecto al mismo punto.
Como ejemplo, considérese el muro de sostenimiento de gravedad indi­
cado en la figu ra 42.3 cuya base tiene un ancho B. La resultante Q de las
fuen.as verticales actúa a una distancia a del borde exterior y origina en
los extremos reacciones de la subrasante iguales a p. y P•· Si se supone que

tl•• 42.3. Ru<'<'"iún de la 1ubruan1e en la col■ de


funcfffión de an '""ro de _,.,nimif!nlO ríJido,
28(1 ASENTAMIENTOS Y PflP.SIONES DE CONTACTO

esta reacción se distribuye lineaJmente, las condiciones estáticas nos dan


dos ecuaciones:
Q � '/,B(p.+p.l (42.2)

(42.3)
con las cuales pueden calcularse P• y 1'•·
Debe notarse que las ecuaciones 42.2 y 42.3 no contienen el coeficiente
K, de reacción de la subrasante; es decir, que la distribución de la reacción
en la base de una zapata rígida es independiente de la compresibilidad de
la subrasante. Esto facilita visualizar la diferencia que existe entre la reacción
de la subrasante y la presión de contacto reaJ. Si la resultante Q de la carga
que actúa en una zapata pasa por el centro de gravedad de la misma, la
reacción de la subrasante se distribuye uniformeme11te en toda el área de
contacto y es igual a Q/A La distribución de la presión real de contacto,
por el contrario, puede estar lejos de ser uniforme (véase figura 42.2), ya
que depende de las propiedades mecánicas del suelo y de la intensidad de
l,=g,.
A pesar de estas evidentes discrepancias entre la teoría y la realidad,
las teorías que consideran la reacción de la subrasante pueden utilizarse
libremente en el cálculo de las zapatas y bases comunes, ya que los errore5
se hallan dentro del margen usual de seguridad y, además, como regla
general, dichos errores actúan del lado de la seguridad.

Reacción de la ,ubra.anle ,obre /undacio,w, flexible,


Si una zapata o una platea no es rígida, la distribución de la reacción
de la subrasante depende acJ valor numérico de K, y de la rigidez de la
fundación a flexión. La influencia de este Ultimo factor viene ilustrada por
la figura 42.4, que representa una sección trasversal de una losa rectan­
gular elástica de gran longitud que descansa sobre una subrasante elástica.
El eje de mayor longitud de la losa soporta una carga lineal Q por unidad
de longitud. A causa de la flexibilidad de la losa, el asentamiento disminuye
del centro hacia los bordes y, por lo tanto, la reacción de la subrasante
también disminuye de un m:1.ximo en el centro a un mínimo en los bordes.

FJa-. 42.4. Zapata ellltilea de «nn lon,:itud, tomdld• • una e•f'fl• lineal y
•portad• por una aubraua1e elll,lka. Deformadón de la zapata bajo Hrp
y dutti.budón d111 la reaedóu d111 la .alH·•••Ue.
A.RT. 42 PIU!SIÓN DE OONTACJ'O Y llf.ACCIÓS- DE U. SUBRASA!\'TE 281

Si la losa es muy flexible. los bordes pueden levantarse y la reacción de la


subrasaote en las partes extremas de la losa hacerse cero. En cualquier
caso, para una carga lineal Q dada y un ancho B de la losa también dado,
el momento máximo en la losa flexible es, por consiguiente, mucho menor
que en la losa rlgida.
La reacción de la subrasaote que actúa sobre un miembro relativamente
fltruble de una fundación, puede calcularse por medio de la teoría de lo.,
viga, eláltlcM ,obre apoyo. continuo, elámco8. La teoría se basa en el
hecho evidente de que el desplazamiento vertical originado por el asen­
tamiento y la flexión del miembro cargado debe en cada punto ser igual al
asentamiento del teneno en dicho punto. El cálculo del asentamiento del
teneno se basa en la ecuación 42.1. Por ello, tratándose de fundaciones
elásticas., las ec•Jaciones para calcular la reacción de la subrasante. a dife­
rencia de las ecuaciones 42.2 y 42.3 de las fundaciones rígidas, siempre
contienen al coeficiente K1 (ecuación 42.1).
Como la teoría de las vigas elisticas sobre apoyos continuos elásticos
se basa en la ecuación ü.l, no resulta más ezacta que la teorla de la reac­
ción de la subra.sante para fundaciones rígidas. Puede ser aún menos exacta,
pues involucra además el enor que encierra la detenninación de K,. Como,
por otro lado, los cálculos son siempre laboriosos, la investigación para obte­
ner una adecuada estimación de su valor no se justifica a menos que el uso
de la teoría citada conduzca a una reducción considerable en el costo de
la estructura.
En todas las teorías de la reacción de la subrasante, el coeficiente K1,
que representa la relación entre la intensidad de la carga sobre una subra­
sante ficticia y el desplazamiento vertical correspondiente, se supone una
conrtante que depende solo de las propiedades físicas del subsuelo. La
realidad es que la relación entre la intensidad media de la presión en la
superficie de un sólido dado y el asentamiento correspondiente no es una
constante. Para uipatas circulares apoyadas sobre una base ls6tropa y elás­
tica, la relación decrece a medida que el radio de la fundación aumenta.
Para una zapata de tamaño dado apoyada sobre el terreno, también dismi•
nuye a medida que aumenta la intensidad de la carga, Aún más, K1 es
distinto para distintos puntos de la base de una misma fundación. Como
se ve, la determinación de K. involucra mucha incertidumbre y el proce•
dimiento u.mal de detenninar K. con ensayos de carga sobre superficies
pequeñas se halla sujeto a todas las limitaciones que tiene el método del
ensayo de carga descripto en el articulo 54 •.
....._
l. Uumurodel0ñeoimie:atoapavodad�un,ibuede2,40mdf'aucbo. La
�de ;,, 1 llm.U
� m=de� &f:'!. \au l a!m �!:J' ke°t°°=ta!°��7�
por meb'o. ¿Cuü es a reac:dónde la ,ue':m en ambos e1:tre1IJOS d�la bue?
l
Soluci6n; 1,30 kg/cm'; 0,19 kg/Clll'.
2. Una apata trape20idal tieDe 3,60 metrol de longitud, 0,90 metrotde lllXOO
n
: o#l :e: l um
lJ 1!!.::,ir:,;� áo���wdosm:.!. dd�li.'.:ao��
IObre1t.prtanoo1unmaetdel loDeladu,y111brelaiegundade38tooeladu.Si
tm supone que III iapata es rígida. ¿cuil es la reacdón de la subrasante e11 ambos e:rtnmm?
Solucl6R:1,llkg/an'.

1-1- eel«do.ad..
�Íi5M. (19'6). BMmf on e/o,Hc � Ann Arbor, Univ. ol Michigaa Pr-,

Teruthi, l'fi95Sb). "Eval1111tkm el eoefflc:ientl o 111bgrade readion•, Geokdmlq..., S,


}.'0-<4,¡,'gs.297-326.
PARTE 111

Problemas de proyecto
y la construcción

La iParte I contieoe una descripción de los suelos reales basada en los


rerultados de ensayOJ de laboratorio. La Parte II está constituida por una
revista condensada de los procedimientos teóricos disponibles para predecir
el comporta.miento de materiales ideales que tienen propiedades que se
aproximan a las de los suelos reales. Antes que W teorías puedan aplicane
a la solución de problemas del proyecto y la construcción deben llevane a
cabo dos operaciones Independientes. Primero, determinar las propiedades
significativas de los materiales del subsuelo por medio de pedoraciones,
muestreos y ensayos. Segundo, sustituir el romplejo real por un subsuelo
Idealizado consiJtente en unas pocas unidades homogéneas con límites
simples.
En los pocos casos en que el perfil real del suelo es suficientemente
simple como para ser remplazado sin un error intolerable por una idealiza.
cl6n apropiada, la teoría combinada con los resultados de ensayos toman
posible una predicción del comportamiento de hu estructuras soportadas
por los suelos sobre una base matemática. Este procedimiento se ha usado
con áxito, por ejemplo, para predecir la magnitud y distribución del asen•
tamiento de estructuras fundadas encima de estratos confinados horizontales
de arcilla de espe.,or muy uniforme.
En todu las otras instancias, los resultados de la investigación del
subsuelo solo informan al proyectista respecto de las características geoe­
rales de los materiales subyacentes y de la posición dentro de ellos de
potenciales fuentes de peligro. Las características detalladas de estas fuen­
tes permanecen desconocidas, pues aun cuando se conozca su existencia, el
tiempo y la labor necesaria para obtener los datos indispensables para la
exacta predicción del comportamiento sería prohibitivo. Bajo eslas circuns•
landas, el proyectista no puede más que construir perfiles idealizados del
sudo, que mu