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¡Los ricos no son cristianos!

¡Los ricos no son cristianos! –dijo la voz al otro lado del teléfono– La Biblia dice que “la
raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Tim. 6:10), los ricos son personas que
aman el dinero y su egoísmo nunca les permitiría acercarse a Dios. Además Jhonatan,
continuó diciendo, debes recordar la historia bíblica del “joven rico” (Mr. 10:17-31); ahí
Jesús dice claramente que los ricos no están dispuestos a seguirlo. Por lo tanto, la iglesia
debe concentrarse en compartir el mensaje de salvación a las personas de las clases
bajas; los pobres deben ser nuestra prioridad como cristianos.
Esta fue la respuesta que recibí alguna vez, mi pregunta había sido: ¿qué estamos haciendo
los cristianos para que las personas de las altas clases sociales puedan acercarse a Dios?
Pero… ¿realmente deber ser así? ¿Estas palabras le hacen justicia al mensaje bíblico? ¿La
Biblia realmente enseña que las personas ricas no están dispuestas a acercarse a Dios? Peor
aún, ¿en verdad las Escrituras afirman que un rico no puede ser cristiano?
Para responder de manera adecuada estas preguntas es necesario poner en perspectiva la
concepción de la riqueza dentro del Antiguo y Nuevo Testamentos, luego será necesario
analizar de manera detenida la historia del “joven rico”. Esta historia aparece en los tres
evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), pero por razones de espacio
consideraremos principalmente los textos de Marcos.

Los «ricos» en el Antiguo Testamento


En la concepción más primitiva del pueblo de Israel, la riqueza se concebía como un
símbolo de la bendición de Dios. Por esta razón los grandes hombres de fe como Abraham,
Isaac, Noé, José y Job son retratados en el texto como personas ricas. En estas narrativas
bíblicas y algunas otras, es Dios el que bendice a su pueblo con pan, vino, animales y
familias numerosas.
Posteriormente, algunos profetas como Amós, Oseas, Isaías, Habacuc y Jeremías
denunciaron las riquezas como una señal de la idolatría. Para este tiempo los únicos ricos
eran los imperios opresores del pueblo de Israel. Por tanto, ser rico implicaba una alianza
con las grandes potencias políticas de la época y por ende la posibilidad de que la fe en
Jehová se contaminara. Es bajo esta misma óptica que debemos interpretar las denuncias
proféticas sobre las injusticias sociales practicadas por judíos e israelitas. Por ejemplo, el
profeta Amós denuncia el lujo y el orgullo de la clase alta en Samaria, pero haciendo
énfasis en que “oprimen a los pobres y maltratan a los necesitados” (4:1 PDT); el problema
según el pasaje no es precisamente el hecho de que algunas mujeres fueran ricas, sino los
abusos sociales que estas efectuaban apoyadas al poder que les otorgaba su riqueza.

Los «ricos» en el Nuevo Testamento


En la sociedad del Nuevo Testamento aparece la idea de que los bienes son limitados, es
decir, el hombre del primer siglo pensaba que todos los bienes eran finitos; lo cual incluía
tanto las cosas materiales como las carentes de materia, por ejemplo: tanto los terrenos,
como el amor, la honestidad, el poder, etc., ya habían sido repartidos a todos los hombres
en diferentes medidas. Bajo esta visión de las cosas, la de los bienes limitados, la única
manera posible de ser más rico en cualquier área de la vida, material o inmaterial, era
arrebatándole a alguien más sus bienes.
Entonces, para los evangelistas hablar de gente rica es hablar de personas poderosas y sin
escrúpulos. Un rico es alguien codicioso; pues la única manera de ser ricos, según la
concepción antigua, era ser injusto o haber heredado las posesiones de otra persona injusta.
En pocas palabras, hablar de ricos honestos en el contexto de los sinópticos (Mateo, Marcos
y Lucas) resulta una mera fantasía.
Por tanto, en esta sociedad la riqueza se obtenía mediante el poder. Los poderosos se
volvían más ricos sometiendo a aquellos que no tenían el poder para defender sus pocas o
muchas posesiones. En el Nuevo Testamento los pobres son los cojos, los ciegos, los
leprosos y hasta las viudas.

La historia del «joven rico»


En base a la historia del rico que se acerco a Jesús, la cual se ha hecho famosa bajo el titulo
del «joven rico»; aunque no está claro si realmente fue un joven (Marcos 10:17 y Lucas
18:21 registran “hombre”, pero Mateo 19:20 registra “joven”), sí nos brinda cierta luz en
relación al tema de Jesús y las riquezas.
1. ¿Excepción a la regla?
Mientras Jesús está camino hacia Jerusalén, un hombre se le acerca y pregunta “¿qué debo
hacer para alcanzar la vida eterna?” (Mc. 10:17 DHH). La respuesta de Jesús recoge el
pensamiento de la religión más popular del momento: el judaísmo. El Maestro respondió
“Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas mentiras
en perjuicio de nadie ni engañes; honra a tu padre y a tu madre” (Mc. 10:18 DHH). Pero
todo esto no era nada nuevo para aquel hombre, es una respuesta tradicional; cualquier otro
maestro de la época le hubiera dicho lo mismo.
Ahora bien, todo parece indicar que esta es una persona moralmente intachable; pues
afirma que todos aquellos mandamientos los ha cumplido desde que era joven (Mc. 10:20).
Pero, ¿no habíamos dicho que los ricos honestos eran solamente una fantasía dentro del
mundo del Nuevo Testamento? Pues aquí tenemos dos opciones de interpretación, la
primera seria descartar la historicidad del pasaje; y la segunda, es aceptarlo como una
excepción a la regla socio-cultural. No obstante, sin importar que opción nos parezca más
adecuada para la comprensión del pasaje y su contexto; el mensaje seguirá siendo el
mismo.
2. La clave es el amor
Luego de que Jesús recibió aquella respuesta de parte del hombre rico, salta a la vista la
expresión “Jesús lo miró con amor y le dijo:…” (Mc. 10:21 TLA). El término griego que se
ha traducido al español como «amor» es: “ἠγάπησεν” (ēgapēsen); el cual se refiere a un
amor sin condiciones. Este es un amor que no espera nada a cambio, no busca sacar ventaja
de la otra persona; es un amor tan profundo que los que lo profesaban debían estar
dispuestos a clavarse un puñal en el corazón y morir con tal de que su ser amado continuara
viviendo.
Esto es importante, porque antes de que Marcos registre lo que Jesús tenía que decirle al
hombre que deseaba alcanzar la vida eterna, primero aclara que todas las palabras que el
Maestro está a punto de pronunciar no han sido motivadas por el egoísmo ni la soberbia de
un sabelotodo; sino por un amor tan profundo que sin importar la manera en la que el rico
responda a sus demandas, aún así Jesús seguirá dispuesto a entregarlo todo a favor de la
existencia de aquel hombre.
La historia tendría un mensaje totalmente distinto si este verbo no apareciera o incluso si se
hubiera utilizado un verbo distinto. El hecho es que los evangelios registran a un Jesús que
es capaz de amar a los ricos. Por tanto, Jesús nos enseña que la clave es el amor; nos llama
a amar al prójimo no por conveniencia o esperando recibir algo a cambio, sino como vivas
reproducciones de nuestro Maestro. Y sí, el rico también es el prójimo.
3. Invitación al seguimiento
Ahora sí estamos listos para considerar las palabras de Jesús, pero no olvidando que todo lo
que dirá está sustentado en el amor sin condiciones antes mencionado. Así pues, como una
respuesta tradicional no satisfacía la vida de aquel hombre, Jesús le ofrece algo más que la
ley judía. Por esto le dice “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los
pobres. Así tendrás riqueza en el cielo” (Mc. 10:21 DHH). Estas palabras del Maestro no
encierran solamente una exigencia, la fuerza de sus palabras debemos encontrarla en la
invitación al seguimiento; en el mismo versículo Jesús culmina diciendo: “Luego ven y
sígueme”.
La invitación al seguimiento que Marcos registra aquí es la misma fórmula que Jesús utilizó
para llamar a sus primeros discípulos y especialmente a Leví (Mc. 2:14).
Consecuentemente, podemos afirmar que los ricos también están convidados al
seguimiento de Jesús; pero, ¿es necesario que todos los ricos vendan sus posesiones para
seguir al Maestro? En realidad no todos los cristianos primitivos lo hicieron, lo más sensato
sería pensar que las exigencias para este rico eran un caso particular.
Conjuntamente, el amor de Jesús para con el rico le permite percatarse del vacío interno
que aquel hombre experimentaba, pues ni la perfección moral ni la riqueza han logrado
darle sentido a su vida; por tanto, más que una exigencia, la invitación al seguimiento
encierra un genuino llamado a la libertad. En palabras modernas la invitación al
seguimiento sonaría algo así como: “deshazte de todas esas cosas que no le suman valor a
tu vida y atrévete a amar sin condiciones como yo”.
El ser humano, rico o pobre, sólo es capaz de participar de la vida eterna en su apertura
hacia el amor de Dios; pero dicha apertura incluye riesgos, porque amar sin condiciones es
amar sin esperar nada a cambio, es amar al otro sin demandar una respuesta positiva ante
este amor. En el caso de la historia bíblica, el rico no estuvo dispuesto a correr tal riesgo,
prefirió seguir viviendo en la seguridad que le brindaba su perfección moral y estabilidad
socio-económica. Por eso la historia termina diciendo “El hombre se afligió al oír esto; y se
fue triste, porque era muy rico” (Mc. 10:22 DHH), pero el amor de Jesús seguía presente a
pesar de aquel rechazo por parte del hombre rico.
4. Sólo Dios lo puede hacer
En una siguiente sección, Marcos registra un dialogo entre Jesús y sus discípulos; el
Maestro dice: “¡Qué difícil va a ser para los ricos entrar en el reino de Dios! […] Es más
fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de
Dios.” (Mc. 10:23,25 DHH). Esto pudiera ser entendido como una afirmación de que los
ricos no tienen cabida en el reino de Dios; no obstante, dichas expresiones hablan más bien
de una dificultad, pero nunca de una imposibilidad. Además, el mismo Jesús nos da la clave
para una interpretación más adecuada; cuando los discípulos preguntan “¿Y quién podrá
salvarse?” (Mc. 10:26 DHH), Jesús responde “Para los hombres es imposible, pero no para
Dios, porque para él todo es posible” (Mc. 10:27 DHH). Es importante notar que en esta
última sentencia sí aparece la palabra ‘imposible’, pero aquí Jesús ya no se refiere
exclusivamente a los ricos, sino a ‘los hombres’ en general. La imposibilidad de salvarse
por sí mismos es para todos los seres humanos, tanto ricos como pobres.
Así pues, la salvación que Dios ofrece no depende de las capacidades humanas. Las
personas que desean participar de la vida eterna solamente deben estar dispuestas a correr el
riesgo de abrirse al amor de Dios, necesitan dar un salto de fe hacia lo desconocido;
respondiendo afirmativamente a la invitación al seguimiento de Jesús y dejando que sea él
quien los dirija a la verdadera libertad, pues esto es algo que sólo Dios lo puede hacer.

Conclusiones
En suma, la concepción bíblica de la riqueza muestra una evolución histórica. Mientras que
en el Antiguo Testamento primero era vista como una señal de la bendición divina, para el
tiempo de los profetas llegó a relacionarse directamente con la idolatría. Más tarde, en la
sociedad del Nuevo Testamento los ricos eran vistos como personas deshonestas; pues la
única manera de enriquecerse en este tiempo era desposeyendo a los más débiles de lo poco
o mucho que tuvieran. Sin embargo, la historia del hombre rico que se acercó a Jesús podría
ser ejemplo de una excepción a la regla; y es por medio de está narrativa que Marcos
comunica grandes verdades para los cristianos.
En un mundo capitalista como el nuestro, la forma en que se entiende la riqueza es
totalmente distinta a la de las épocas bíblicas. En el Nuevo Testamento las riquezas se
obtenían por medio del poder, contrariamente hoy las riquezas compran el poder.
Actualmente, todos deseamos ser ricos y pretendemos poseer más, pues en nuestra visión
socio-económica del mundo el hecho de que yo sea más rico no implica un daño directo
hacia los más débiles. Por todo esto, la sociedad presente requiere de un cristianismo al
estilo de Jesús; es decir, personas de fe que amen de forma incondicional e inviten al rico a
seguir a Jesús y a confiar plenamente en Dios. Es tiempo de que las agencias misioneras de
la iglesia no solamente planeen en función de la geografía, sino que también tomen en
cuenta la gran necesidad de Dios que tienen las personas de las clases altas; pues aún hoy es
posible escuchar ricos diciendo: ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?
¡Saludos y bendiciones!
Bibliografía
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