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Autor: César Augusto Mancilla Castro

Hafid era uno de los más grandes vendedores del mundo, vivía en un palacio
inmenso lleno de riquezas y cada día recibía bienes para vender y así con ellos
enriquecerse más, su vida era “perfecta”, pero él mismo se dio cuenta de que
estaba llegando a su fin.

Asimismo, llamó a Erasmo que era su principal tenedor de libros y le ordenó que
vendiera todas las pertenencias que tenia para vender y que hiciera un recuento de
todo el dinero que poseía y que lo repartiera entre los pobres, y demás
trabajadores, y también le dio buena parte a él y su palacio; como Hafid sabía que
Erasmo tenía una gran ambición de ser vendedor le dijo que le iba a dejar el más
preciado de todos sus tesoros y riquezas. Así que una vez encomendada la tarea al
día siguiente Hafid llevó a Erasmo a una sala dónde no había entrado nadie en todos
los años que Erasmo llevaba al lado de Hafid, unos comentaban que si tenía lingotes
de oro, otros que si productos de incalculable valor,... Pero en esa sala, guardada
día y noche por un guardia, no había más que un cofre con unos pergaminos dentro.
Hafid le preguntó si no se había quedado despagado y él le dijo que un poco, pero al
explicarle Hafid que esos pergaminos contenían el secreto del arte de vender
Erasmo comprendió enseguida aquel misterio. Hafid le dijo que él había visto una
luz en Erasmo y que era la señal de que debía entregarle a él los pergaminos, así
que Erasmo se comprometió con Hafid a acompañarlo hasta el día de su muerte y
entonces quedarse con el palacio de Hafid, con una parte de sus bienes para
empezar a prosperar en el negocio y con los valiosos pergaminos.

Ante esta conversación, Hafid, no puede evitar empezar a recordar cuando su jefe,
Pathros le entregó los pergaminos. Lo recordaba como si fuese ayer...
Hafid era el camellero de Pathros, un día fue a hablar con él y le dijo que no estaba
muy contento con su trabajo que siempre había soñado ser un gran vendedor como
su jefe, así que, Pathros, al considerar a Hafid tan buen empleado y tan leal, le dio la
oportunidad de comenzar su carrera de vendedor, pero antes de que partiera le dejó
muy claro que el objetivo en la vida de cualquier vendedor no tienen que ser
únicamente las riquezas materiales, más bien la única meta podrían ser las riquezas
del corazón. Le dijo que esa ambición que tenía que la tenía que aprovechar pero
para sacar dinero para su familia, y que todavía no la tenía, aunque luego se pensó
en la hija de uno de esos ricos comerciantes y Pathros entendió las ambiciones de
Hafid. No se lo iba a poner fácil, nunca lo había hecho, le dijo que se presentara ante
los vagones de la mercancía nada más amaneciera y allí le entregarían uno de los
más hermosos mantos del mundo, le dijo que cogiera el manto y un asno y que
partiera hacia Belén ya que ninguno de sus comerciantes vendían jamás allí, porque
se decía que era un lugar tan pobre que no tenía ni para comprar mantos, pero, sin
embargo, Pathors había vendido allí más mantos que en cualquier otro lugar. Hafid
le preguntó por el precio, y éste le dijo que por lo menos un decenario de plata que
le tenía que enviar a él y que si sacaba algo más se lo podía quedar para él mismo.
Le dijo que no pondría a nadie para que ocupara su cargo cuando regresara por si
acaso se arrepentía.
Hafid partió hacia Belén y la suerte no le acompañó llevaba allí cuatro días y no
había conseguido vender el manto y empezó a preguntarse sí acaso él no sería un
buen vendedor, pero luego se acordó de Lisha, la mujer a la que amaba, y su moral
subió y pensó que primero le costaría bastante vender las cosas pero que con el
tiempo y la practica conseguiría ser el mejor vendedor. Así que se fue a la cueva
dónde tenía sus pertenencias y se encontró con que había luz, entonces decidió ir en
silencio para tratar de descubrir al ladrón; pero al entrar en la cueva se encontró
con la sorpresa de que había una pareja con un hijo en brazos, con la única
protección de las mantas roídas de su padre y de su madre, Hafid sintió tanta
tristeza que decidió regalarle el manto que debía de vender a aquel niño, y aunque
tuviera que regresar con las manos vacías nada le iba a quitar la sensación de
bienestar que se produjo en su interior cuando la madre del niño le dio un cálido
beso de agradecimiento.

Así Hafid volvía con la cabeza cabizbaja y no lograba entender como había sido tan
necio de regarle a alguien que no conocía el precioso manto de su jefe Pathros.

Cuando llegó al campamento, Pathros estaba muy contento y le dijo que no olvidaría
esa noche nunca y todavía se puso más contento al ver las manos de Hafid vacías,
ya que éste suponía que había vendido el manto. Pathros le invitó a entrara en su
tienda y allí dentro Hafid tuvo el valor de confesarle que había regalado el manto a
una familia pobre, Pathros le dijo que esta noche no le había beneficiado pero que a
él si, puesto que detrás de Hafid había venido una estrella durante todo el camino
que había curado a Pathros de una ceguera que le costaba admitir, pero que sólo le
podía explicar el significado de esa frase cuando regresaran a Palmira, y que si a
Hafid no le importaba mucho volver a su antiguo trabajo de camellero por el
momento, y éste le dijo que encantado y se fue un tanto preocupado, por eso
Pathros le dijo que se fuera tranquilo que no había fracasado.
Estando ya en Palmira una mañana Pathros llamó a Hafid y le preguntó que si
todavía tenía la ambición de ser vendedor y Hafid le dijo que si, entonces Pathros le
dijo que su vida estaba llegando a su fin y que había estado buscando una señal,
para dejarle a alguien, los pergaminos que contenían el arte de vender, y que como
tenía mucha confianza en Hafid y vio la estrella que acompañó a éste el otro día vio
que era el elegido para recibir los pergaminos. Le dio el cofre con los pergaminos, y
100 talentos de oro, le dijo que fuera a Damasco, pues era ciudad para poner en
práctica todo lo que le enseñaban los pergaminos; una vez allí cogería el pergamino
número uno y lo leería repetidamente hasta estar seguro de entender
perfectamente su significado, luego tendría que hacer lo mismo con los otros
pergaminos, de los cuales cada uno le enseñarían algo fundamental para ser el
mejor vendedor. Una vez leídos todos los pergaminos, y entendidos perfectamente,
no debía acumular todas las riquezas para él las debía repartir a mitad entre los
menos afortunados que él. Y luego le dijo la condición más importante que era que
nadie podía saber lo que ponía en los pergaminos excepto él; y que un día
aparecería una persona que le daría una señal, y que cuando él estuviera seguro de
corazón de que es la persona elegida le haría entrega de los pergaminos. Así
Pathros se despidió de él, y le dijo que no lo iba a volver a ver jamás, y le deseó
felicidad con su amada Lisha.

Llegó a Damasco y sintió miedo, al ir solo y sin la protección de Pathros; lo primero


que hizo al llegar allí fue buscar posada, pagó un mes por adelantado y dejó su
mula. Una vez echo esto volvió a su habitación y abrió el cofre admirando los
pergaminos, y una vez más, se derrumbó al pensar que sólo con eso podría llegar a
ser uno de los vendedores más grandes del mundo, puesto que había gente que
servía más para esta profesión.
“El
Se quedó durmiendo y a la mañana siguiente recordó las palabras de Pathros,
fracaso nunca te sobrecogerá si tu determinación para alcanzar el
éxito es lo suficientemente poderosa”, y ahora más decidido que nunca
comenzó a leer el primer pergamino.
Hoy mudaré mi viejo pellejo que ha sufrido, durante tanto tiempo, las
contusiones del FRACASO y las heridas de la mediocridad.

Hoy saborearé el gusto de las uvas frescas de las vides, y ciertamente me


tragaré la semilla del ÉXITO encerrada en cada una y una nueva vida
retoñará dentro de mí.

Y sin embargo NO FRACASARÉ como los otros, puesto que en mis manos
sostengo las cartas de marear que me guiarán a través de corrientes
peligrosas hasta las playas que sólo ayer me parecían un sueño
El tiempo le enseña todas las cosas a aquel que vive para siempre, pero no
puedo darme el lujo de la eternidad. Y sin embargo dentro del tiempo que
se me ha asignado debo practicar el ARTE DE LA PACIENCIA, porque la
naturaleza no procede jamás con APRESURAMIENTO.

¿Cómo lograré LA PACIENCIA?

Comenzaré mi viaje sin el estorbo de los conocimientos innecesarios o de la


desventaja de una experiencia carente de significado. La naturaleza me ha
proporcionado ya con el CONOCIMIENTO y el INSTINTO muy superiores
a los de cualquier bestia en el bosque, y a la EXPERIENCIA se le ha
asignado un valor exagerado, especialmente por los viejos que asienten
sabiamente con la cabeza y hablan estúpidamente.
 El fracaso es la incapacidad del hombre de
alcanzar sus metas en la vida, cualesquiera que
sean.

 Me formaré buenos hábitos, y seré el esclavo de


esos hábitos.

 Leeré cada pergamino durante 30 días en esta


forma prescrita antes de proceder a la lectura del
pergamino siguiente.
También dice que la diferencia que existe entre aquellos que han fracasado y aquellos que han
tenido éxito está en los hábitos de cada uno, los hábitos buenos son la base de todo el
éxito. “Me formaré en los buenos hábitos, y seré esclavo de esos hábitos”, dice en el
primer pergamino; así que lo primero que tiene que aprender es a destruir los malos
hábitos, y lo va a hacer a través de esos pergaminos, tenía que coger un pergamino y
leer su contenido todos los días del mes, una vez nada más levantarse, otra vez
después de comer, y antes de acostarse lo lee en voz alta; así tenía que hacer con todos los
pergaminos, y así estos se convertirían en parte de su mente activa y se filtrarían en la otra mente
pasiva.

Entonces se levantará todos los días con la energía suficiente para afrontar lo que sea, y ni un
solo día puede permitirse dejar de leer el pergamino, si un día lo deja ya no lo podrá recuperar y
no le servirá para nada.
¿Y cómo lo haré?

De aquí en adelante contemplaré todas las cosas con amor y


naceré de nuevo. Amaré al SOL porque me caliente los huesos,
pero también amaré la lluvia porque purifica mi espíritu. Amaré la
luz porque me señala el camino, pero también amaré la oscuridad
porque me enseña las estrellas. Acogeré la felicidad porque
engrandece mi corazón, pero también soportaré la tristeza porque
descubre mi alma. Reconoceré la recompensa porque constituye mi
pago, pero también daré acogida a los obstáculos porque
constituyen para mi un desafío
De aquí en adelante reconoceré que todos los días de la vida me
pone a prueba en igual forma. Si persisto, si sigo probando, si
continúo embistiendo alcanzaré el ÉXITO.

Los premios de LA VIDA se encuentran al fin de cada jornada, y


no cerca del COMIENZO, y no corresponde a mí saber cuántos
pasos son necesarios a fin de alcanzar mi META. Puede aún
sobrecogerme el fracaso al dar mi milésimo paso, y sin embargo
quizá el éxito se oculte detrás del siguiente recodo del camino.
Jamás sabré cuán cerca estoy del éxito a menos que doble la
curva.
Siempre daré un paso más. Sí ése no es suficiente daré otro
y aún otro. En realidad, un paso por vez no es muy difícil.
Jamás aceptaré la derrota y borraré de mi vocabulario
palabras o frases como: abandono, no puedo, imposible,
irrealizable, improbable, fracaso, impráctico, sin esperanzas y
retirada; porque son palabras de necios. Huiré de la
desesperación, pero si esta enfermedad de la mente atacará,
seguiría trabajando en medio de la desesperación. Trabajaré y
aguantaré.

Pasaré por alto los obstáculos que se yerguen a mis pies, y


mantendré los ojos fijos en las METAS por encima de mi
cabeza, porque sé que donde termina el árido desierto,
crece la verde vegetación.
Persistiré, persistiré y persistiré de nuevo.

Cada obstáculo que se me presente, lo consideraré como


un mero rodeo en el camino que me lleva a la META, y un
desafío a mi PROFESIÓN.

Persistiré y desarrollaré mis HABILIDADES como el marino


desarrolla las suyas, aprendiendo a dominar la furia de
cada TORMENTA.
Desde el comienzo del mundo, nunca ha existido otro con mi
mente, mi corazón, mis ojos, mis oídos, mis manos, mi cabello, mi
boca. Nadie ha podido, ni puede ni podrá caminar y andar y
moverse y pensar exactamente como YO. Todos los hombres son
hermanos míos y sin embargo soy diferente de cada uno de ellos.
Soy una criatura única.

 Dentro de mí arde una llama de ha


pasado a través de incontables
generaciones, y su calor constituye un
constante incentivo para mi ESPIRITU
de ser mejor de lo que SOY y lo SERÉ.

 Avivaré esta llama de la


DISONFOMIDAD y PROCLAMARÉ
mi singularidad ante el mundo.
Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Y la naturaleza no conoce derrota. Con el tiempo, emerge


victoriosa, y así lo haré yo, y con cada victoria la próxima lucha no
será tan difícil.

Venceré, y me convertiré en un gran VENCEDOR, puesto que


soy ÚNICO, SINGULAR.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.


¿Y que haré con este último día de valor incalculable que
me queda? Primero, sellaré el contenido de la vida de manera
que ni una gota se derrame sobre la arena. No perderé ni un
momento siquiera en lamentarme por las desgracias de ayer, las
derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer, porque ¿por qué debo
desperdiciar lo que es bueno en lo malo?

Tengo tan sólo una vida, y la vida nada es


sino una medida de tiempo. Cuando
malgasto una destruyo al otro. Si
malgasto el hoy destruyo la última página
de mi vida. Por lo tanto, trataré con
ternura y afecto cada hora, porque
no retornará jamás.
La marea sube; la marea baja. Pasa el invierno y llega el verano.
Declina el verano y aumenta el frío. El sol sale, el sol se pone. La
luna está llena, la luna es negra.

Todo en la naturaleza es un ciclo de estados de ánimo y YO SOY


parte de la NATURALEZA, y así como la marea. Subirán mis
estados de ánimo, mis estados de ánimo bajarán.

Dentro de mí hay una rueda, que cambia constantemente


de la tristeza al gozo, de los transportes de alegría a la
depresión.
Débil es aquel que permite que sus PENSAMIENTOS controlen sus
ACCIONES, fuerte es aquel que compele a sus ACCIONES que
controlen sus PENSAMIENTOS.

Todos los días cuando despierto seguiré este plan de batalla antes
de ser capturado por las fuerzas de la tristeza, de la auto-
compasión y del fracaso-

1. Si me siento deprimido Cantaré


2. Si me siento triste Reiré
3. Si me siento enfermo Redoblaré mi trabajo.
4. Si siento miedo me Lanzaré adelante
5. Si me siento inferior Vestiré ropas nuevas
6. Si me siento inseguro Levantaré la voz
7. Si siento pobreza Pensaré en la riqueza futura
8. Si me siento incompetente Recordaré ÉXITOS del pasado
9. Si me siento insignificante Recordaré mis METAS
De aquí en adelante, sabré que sólo aquellos con HABILIDAD inferior
podrán estar siempre a su nivel más alto, y yo no soy inferior. Habrá días
cuando tenga que luchar constantemente contra fuerzas que me
desgarrarían. Aunque el desánimo y la tristeza son fáciles de reconocer,
hay otros que se nos aproximan con una sonrisa y con un amistoso apretón
de manos pero también pueden destruirnos.

1. Si se apodera de mí la CONFIANZA EXCESIVA, recordaré mis FRACASOS


2. Si me siento inclinado a entregarme con exceso a la buena vida, recordaré
hambres pasadas
3. Si siento COMPLACENCIA, recordaré mis COMPETIDORES
4. Si disfruto de momentos de GRANDEZA, recordaré momentos de VERGUENZA
5. Si me siento TODOPODEROSO, procuraré detener el VIENTO
6. Si alcanzo grandes RIQUEZAS, recordaré una BOCA HAMBRIENTA
7. Si me siento ORGULLOSO EN EXCESO, recordaré un momento de DEBILIDAD
8. Si pienso que mi HABILIDAD NO TIENE IGUAL, contemplaré LAS
ESTRELLAS.
Dice que se tiene que reír del mundo, que ningún ser excepto el hombre,
tiene la virtud de reírse, de modo que tiene que aprovechar este don.

Cuando las cosas le vayan mal, lo primero que tiene que hacer es reírse,
y cuando vea algo que le puede pasar, él mismo se dirá “Esto pasará
también”, porque todo, al fin y al cabo, tiene que pasar, así que él se
reirá, y contagiará esta risa a todo el mundo, a veces sin ganas para que
le compren los compradores, pero se reirá.

Así nunca más derramará lágrimas que no sean de sudor, y jamás se


olvidará de reírse de él y de los demás; porque para tener éxito tiene
que reírse y ser feliz.
Hoy multiplicaré MI VALOR en u ciento por ciento.

1. No cometeré el terrible crimen de apuntar demasiado bajo.


2. Realizaré la labor que un fracasado no realizará.
3. Siempre extenderé mi brazo más allá de lo que está a mi alcance
4. No quedaré nunca contento con mi ACTUACICÓN en el mercado.
5. Siempre ampliaré mis METAS tan pronto como las haya alcanzado.
6. Procuraré siempre hacer que la próxima hora sea mejor que ésta.
7. Proclamaré siempre mis METAS al mundo.
8. Y sin embargo, nunca proclamaré mis ÉXITOS.

Que el mundo en cabio se me acerque con alabanza y que tenga yo la


SABIDURÍA de recibirlo con HUMILDAD.
Este día de hoy multiplicará su valor un cien por cien, si el hombre puede
hacerlo con las cosas, ¿no puede hacerlo también para él mismo? La
respuesta es afirmativa, y con una ventaja y es que el hombre puede
elegir lo que quiere multiplicar.

Para lograr esto tiene que fijarse unas metas cada cierto tiempo, y
recordando en el pasado se dará cuenta de lo que ha hecho y verá que
puede conseguir todas las metas que se proponga y logrará multiplicar su
valor todo lo que quiera.

Cada vez las metas serán más grandes, más difíciles de conseguir, y
tropezará, pero no caerá seguirá adelante, nunca estará satisfecho con
lo que ha hecho, siempre tendrá una meta mayor, y anunciará esta
meta a todo el mundo, pero jamás anunciará sus éxitos. Y así logrará
multiplicar su valor todo lo que quiera.
Dice que los sueños carecen de valor alguno, al igual que las metas, que
tiene que pasar a la acción para que estas cosas tengan valor. Procederé
en todos mis pensamientos porque “es mejor proceder y fracasar que
quedarse inactivo y salir del paso a duras penas”.

Así pues todos los días haré lo mejor, procederé y cuando no me sienta
capaz recordaré que para tener éxito es necesario proceder ya.
Solamente la acción determina MI VALOR en el mercado, y para
multiplicar MI VALOR multiplicaré mi ACCIÓN.

1. Transitaré allí donde el fracasado teme andar.

2. Trabajaré cuando el fracasado busque descanso.

3. Hablaré cuando el fracasado permanece en silencio.

4. Visitaré a diez personas que pueden comprar mis mercancías,


mientras que el fracasado se formula planes grandiosos para
visitar a uno solo.

5. Afirmaré que la labor está cumplida antes que el fracasado diga que
es demasiado tarde.
Orar todos los días, pero no para pedir riquezas ni cosas materiales, sino
para que éste le señale el camino que le lleva a conseguir todas estas
cosas materiales. Y así este pergamino le dice la oración que le tiene que
rezar a Dios para que le dé fuerzas para seguir adelante, le ayude, y le
marque el camino que tiene que seguir para llegar al éxito.