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DEFINICiÓN DE POSESiÓN

ARTICULO 896

La posesión es el ejercicio de hecho de uno o más poderes inherentes a la


propiedad.

Jorge Avendaño Valdez

El concepto de la posesión es en el Código actual el mismo que en el Código de


1936. En ambos se acoge la doctrina posesoria de Ihering, que nos llegó del
Código alemán. Se descarta, por consiguiente, toda referencia al animus domini
que exigía Savigny.

Conviene mencionar que los más destacados juristas que se han ocupado de la
posesión son los alemanes Savigny e Ihering. Ambos estudiaron en profundi
dad la posesión en el Derecho romano y a partir de allí elaboraron doctrinas
posesorias que influyeron en muchísimos Códigos. Así, nuestro Código Civil de
1852 acogió la teoría posesoria de Savigny. Los Códigos de 1936 y 1984, repito,
se adhirieron a la de Ihering.
Savigny dijo que la posesión tiene dos elementos: el corpus y el animus. El
primero es el contacto físico con la cosa o la posibilidad de tenerla, mientras que el
animus es la intención de conducirse como propietario, esto es, el no reconocer la
propiedad de otro. Ihering descartó este último elemento, dada su difícil probanza
y la necesidad de ampliar el espectro de la protección posesoria. Y en cuanto al
corpus, lo flexibilizó al máximo, afirmando que es poseedor quien se conduce
respecto de la cosa como lo haría un propietario, es decir, la usa o la disfruta.
La posesión es el ejercicio de hecho de uno o más poderes inherentes a la
propiedad, dice el Código. Como sabemos, los poderes inherentes a la propiedad
son tres: el uso, el disfrute y la disposición. El artículo 923 agrega un cuarto poder
o facultad del propietario, la reivindicación, pero es discutible que ésta sea un
poder inherente a la propiedad. La reivindicación es, en rigor, la expresión de la
persecutoriedad, que es un atributo que corresponde a todo derecho real. En
cualquier caso, para los efectos del concepto o noción de la posesión, debemos
considerar que los poderes de la propiedad (o del propietario) son el uso, el
disfrute y la disposición.

Por consiguiente, todo el que usa es poseedor. También lo es quien disfruta. Éstos
dos son en realidad los poderes que configuran la posesión. La disposición, si bien
es también un poder inherente a la propiedad, importa un acto único y aislado, por
lo que difícilmente es expresión posesoria.

La posesión tiene una enorme importancia porque es el contenido de muchos


derechos reales. Es, en primer término, el contenido de la propiedad. El propietario
tiene derecho a poseer dado que está facultado a usar, a disponer y a disfrutar.
¿De qué sirve ser propietario de un bien si no se lo posee, esto es, si no se lo usa
o disfruta? Precisamente, la reivindicación permite la recuperación de la posesión
del bien que por alguna razón perdió el propietario.
La posesión es también el contenido del usufructo, del uso y de la habitación. El
usufructuario goza de dos poderes inherentes a la posesión, los derechos de usar
y disfrutar. Los titulares del uso y de la habitación tienen un poder del propietario,
el derecho de usar.
En el derecho de superficie también se posee un bien ajeno, el terreno sobre el
cual se ha edificado.

En la servidumbre hay también posesión de un bien ajeno cuando ella es positiva,


es decir, cuando el dueño del predio dominante está facultado a practicar actos de
uso en el predio sirviente (véase el artículo 1035). En el caso de las servidumbres
aparentes, ellas mismas se poseen y por esto se las puede defender mediante los
interdictos.

Volviendo a la definición contenida en el artículo bajo comentario, la posesión


supone un ejercicio de hecho. Lo que deseo destacar de la frase final: el ejercicio
de los poderes del propietario ha de ser de hecho, en oposición a lo que sería "de
derecho". Para que haya posesión no es necesaria ni es suficiente la posesión de
derecho, esto es, la que haya sido atribuida por un contrato o una resolución
judicial. Imaginemos, por ejemplo, un contrato de compraventa en el que el
vendedor se ha obligado a entregar el bien al comprador en una cierta fecha, uno
o dos meses después de celebrado el contrato. Llega el día y el vendedor no
cumple. Es obvio que el comprador no posee. Tiene "derecho" a poseer, por el
mérito del contrato, pero de hecho no ejerce poder alguno inherente a la
propiedad. Lo mismo ocurre cuando una sentencia declara el derecho a poseer.
Es importante distinguir, por consiguiente, entre el derecho "a la posesión" y el
derecho "de posesión".
La exigencia de que la posesión importe un ejercicio de hecho tiene una segunda
consecuencia: se descarta toda noción de legitimidad. Por consiguiente, posee
tanto el propietario (poseedor legítimo) como el usurpador (poseedor ilegítimo).
Ambos gozan, por el solo hecho de ser poseedores, de todos los derechos que
conforme al Código, corresponden al poseedor. Claro está, llegará un momento en
que el poseedor ilegítimo tenga que restituir, pero mientras esto no ocurra, es un
verdadero poseedor.

SERVIDOR DE LA POSESiÓN

ARTICULO 897

No es poseedor quien, encontrándose pn relación de dependencia respecto a otro,


conserva la posesión en nombre de éste yen cumplimiento de órdenes e
instrucciones suyas.

Este artículo recoge la figura del servidor de la posesión. No obstante mantener


relación e incluso contacto con el bien, el servidor de la posesión no es poseedor
porque sus conductas no satisfacen un interés propio sino el de otra persona.
Antes de comentar los alcances de esta norma, es indispensable hacer algunas
referencias al concepto de posesión.

ADICiÓN DEL PLAZO POSESORIO

ARTICULO 898

El poseedor puede adicionar a su plazo posesorio el de aquel


que le trasmitió válidamente el bien.

Uno de los derechos más importantes derivados de la posesión es la suma de


plazos posesorios. Según la norma que comentamos, el poseedor puede alegar
una posesión mayor a la que él mismo ha generado, sumando los períodos de
anteriores poseedores.

¿Qué utilidad tiene para el poseedor hacer alarde de mayor plazo de posesión?
Aunq ue la norma no lo dice expresamente, es evidente que semejante derecho
solo tiene utilidad (por lo menos en el estado actual de la legislación peruana) para
efectos de la prescripción adquisitiva, tanto de la propiedad (artículo 950 del
Código Civil) como de la servidumbre (artículo 1040 del Código Civil), que son los
dos únicos derechos reales que se adquieren por esa vía.

COPOSESIÓN

ARTICULO 899

Existe coposesión cuando dos o más personas poseen un mismo bien


conjuntamente.
Cada poseedor puede ejercer sobre el bien actos posesorios, con tal que no
signifiquen la exclusión de los demás.

Martín Mejorada Chauca

Esta norma es la consecuencia del concepto legal de posesión aplicado a los


supuestos en los que concurre más de una persona sobre el mismo bien, lo cual
se da en la medida en que se produzcan objetivamente conductas posesorias
concurrentes. Es el caso de las personas que habitan un mismo inmueble o las
que usan un mismo vehículo. En tanto haya comportamiento (concurrente) que
aparente el ejercicio de la propiedad o algún atributo del dominio, habrá
coposesión.

Para que exista coposesión los comportamientos posesorios no tienen que ser los
mismos. Podría un poseedor usar de una manera distinta de los demás, lo
importante es que concurran las conductas. Por ejemplo, un inmueble podría ser
usado al mismo tiempo como carpintería por Juan y como taller de pintura por
Pedro; ambos serán coposeedores del bien pero por actos distintos. Tampoco
tienen que estar todos los poseedores físicamente en el bien. Por ejemplo uno de
ellos podría trabajar de noche y el otro de día, razón por la cual solo se encuentran
físicamente sus días libres, empero hay coposesión. En la medida en que la
posesión no requiere permanente presencia física, la coposesión tampoco lo
requiere.

ADQUISICiÓN DE LA POSESiÓN

ARTICULO 900

La posesión se adquiere por la tradición, salvo los casos de adquisición originaria


que establece la ley.

Gloria Salvatierra Valdivia

1. Noción de posesión y antecedentes

Una definición superficial del término posesión nos llevaría a señalar que poseer .
es "tener una cosa en su poder, utilizarla o aprovecharla"; sin embargo, esta definiI
ción simple no cubre todos los aspectos de lo que significa "poseer". Así, poseer
no necesariamente implica la tenencia física del bien (como se entendía
históricamente), sino que comprende situaciones en las que incluso, no
encontrándose efectivamente el bien en poder del poseedor, este tiene derecho a
tenerlo. Es así como se entiende que quien habita un inmueble, lo posee aun
cuando pase muchas horas o unas vacaciones fuera de él; igualmente aquella
persona que deja sus muebles en una tapicería para ser reparados, no dejará de
ser poseedora de los mismos por encontrarse lejos de ellos o no tenerlos a su
alcance por determinado tiempo. De ello se concluye que poseer no significa
necesariamente tener aprehensión física u ocupación sobre la cosa, ni tenerla a su
alcance para tal efecto.

TRADICiÓN

ARTICULO 901

La tradición se realiza mediante la entrega del bien a quien debe recibirlo o a la


persona designada por él o por la ley y con las formalidades que esta establece.

Gloria Salvatierra Valdivia

1. Definición de tradición

Este artículo regula la materialización de la transferencia de la posesión,


esto es,
la tradición. Según la norma, la tradición tiene lugar a través de la entrega del bien.
Conforme se indicó en el artículo precedente, la entrega del bien es uno de los
requisitos para la existencia de la tradición. Las formas en las que se materializa la
entrega del bien pueden ser:
- Entrega mano a mano (entrega material de la cosa).
Traditio brevi manu (por la cual el tenedor se mantiene en su posesión, pero
cambia el título posesorio).
Constituto posesorio (hay transferencia de la propiedad del bien, pero no de la
posesión). .
- Tradición instrumental o documental (la tradición opera con la entrega de
documentos).
El artículo en comentario trata la primera de estas formas, las siguientes
son reguladas en los artículos 902 y 903 del Código Civil.
El Diccionario Jurídico Omeba al definir el término ''tradición" señala a
propósito de la "entrega efectiva de la cosa" que: "quiere decir que la entrega
material o tradición constituye un requisito indispensable, en cuanto a la
posibilidad de que puedan ejercerse sobre la cosa las facultades reconocidas al
titular que adquiere el derecho real correspondiente. Lo mismo acontece, aunq ue
con menor trascendencia jurídica, social y económica, en materia de adquisición
por tradición de la posesión y de la tenencia".

La norma se refiere a la "entrega efectiva" del bien, estableciendo con quién


debe entenderse dicha entrega. El tema de este artículo se vincula estrechamente
con los requisitos objetivo y subjetivo de la tradición, esto es, qué bienes pueden
ser objeto de posesión y qué sujetos pueden ser poseedores, así como quiénes
pueden transferir o recibir la posesión.

2. El objeto de la tradición

Los bienes objeto de la tradición pueden ser bienes muebles o inmuebles,


siempre que no se encuentren fuera del comercio.

Lacruz Berdejo señala que "según Diez-Picazo, la expresión fuera del comercio
'debe entenderse en el sentido de una absoluta y completa falta de comercialidad
y no en el sentido de una incomercialidad relativa por virtud de una prohibición'.
Sin embargo, géneros que son de comercio restringido, como los estupefacientes
o las armas, no podrían ser recuperados por su tenedor ilegal mediante un
interdicto: solo pueden ser poseídos por aquellas personas a las que el
ordenamiento o la norma social legitiman con esa finalidad, y que, ellas sí,
conservan el derecho a seguir poseyendo".

El artículo 901 del Código Civil nos habla de la entrega del "bien" en términos
genéricos, no hace distinción entre bien corporal e incorporal. En atención a ello y
a la clasificación (enunciativa) de los bienes muebles e inmuebles a que se
refieren los artículos 885 y 886 del Código Civil, debemos concluir que es posible
tener la posesión y, en consecuencia, transferir este derecho, tanto sobre bienes
corporales como inmateriales.
3. Los sujetos en la tradición

Respecto del requisito subjetivo debe decirse que, en principio, puede ser
poseedor cualquier persona, natural o jurídica sin limitación alguna.
En el caso de las personas naturales, para ser poseedor (someter a su libre acción
bienes muebles u ocupar inmuebles) no se requiere tener capacidad de ejercicio,
basta simplemente con tener capacidad de goce. Sin embargo, para ejercer los
derechos que nacen de la posesión, sí se requiere tener capacidad de ejercicio,
por lo que los menores de edad y los incapaces requerirán de un representante
para ejercer los referidos derechos.

La regla general en la tradición es que se entregue el bien al adquirente


(accipiens), sin embargo no existe obstáculo para que quien reciba el bien sea un
representante del adquirente de la posesión; tal es el hecho regulado por la norma
en comentario. Debe tenerse presente que la representación puede tener su
origen en que el propio adquirente haya facultado a otro para tal hecho -
representación voluntaria-, o en disposición legal al respecto, en atención a que la
condición de la persona exige la intervención de un representante -representación
legal- como es el caso de los menores, los incapaces y las personas jurídicas.

En lo que se refiere al transferente o tradens, nuestra legislación no establece la


posibilidad de efectuar la entrega por medio de representante; sin embargo,
siguiendo la línea del artículo en comentario y teniendo presente que el artículo
145 del Código Civil faculta a la realización del acto jurídico por representante,
salvo disposición contraria de la ley, se concluye que es posible efectuar la
entrega -en calidad de transferente- por medio de un representante.
4. Formalidades de la entrega

Respecto de la entrega debe señalarse que, en sus orígenes (Derecho romano) se


revestía de formalidades a tal acto, y se entendía realizada con la entrega "mano a
mano" del bien; posteriormente se flexibiliza el concepto, fenómeno llamado
"espiritualización de la tradición", por el cual la entrega se considera efectuada con
hechos distintos del dar mano a mano (la "traditio brevi manu" y la "constituto
posesorio'?
El artículo 901 del Código Civil, en su parte final, hace referencia a que la tradición
deberá realizarse con las formalidades que establece la ley. Al respecto
corresponde remitimos al numeral 4 del artículo 140 del Código Civil que señala
como uno de los requisitos de la validez del acto jurídico, la observancia de la
forma prescrita bajo sanción de nulidad; norma concordante con el numeral 6 del
artículo 219 que establece la nulidad del acto jurídico cuando este no revista la
forma prescrita bajo sanción de nulidad.

Asimismo, debe tenerse presente que el artículo 143 del mismo cuerpo legal
señala que cuando la ley no designe una forma específica para un acto jurídico,
los interesados pueden usar la que juzguen conveniente.
SUCEDÁNEOS DE LA TRADICIÓN

ARTICULO 902

La tradición también se considera realizada:


1.- Cuando cambia el título posesorio de quien está poseyendo.
2.- Cuando se transfiere el bien que está en poder de un tercero. En este caso, la
tradición produce efecto en cuanto al tercero solo desde que es comunicada por
escrito.

Dentro de la concepción doctrinaria clásica, la misma que ha sido recogida por


nuestro ordenamiento civjl(1) en el artículo 900, las formas de adquirir la posesión
son: la adquisición originaria y la adquisición derivada o derivativa.

El artículo materia de comentario se refiere a la adquisición derivada, la misma


que se presenta cuando la posesión se adquiere por manifestación de voluntad del
titular del derecho de posesión y se fundamenta en la existencia de una posesión
de un poseedor anterior que se conoce como la del causante. El supuesto
regulado por el artículo se refiere a la adquisición de la posesión producto de un
negocio jurídico y no por el solo comportamiento de quien adquiere la posesión, de
donde nos encontramos ante un negocio jurídico bilateral.

TRADICiÓN DOCUMENTAL

ARTICULO 903

Tratándose de artículos en viaje o sujetos al régimen de almacenes generales, la


tradición se realiza por la entrega de los documentos destinados a recogerlos.
Sin embargo, el adquirente de buena fe de objetos no identificables, a quien se
hubiere hecho entrega de los mismos, tiene preferencia sobre el tenedor de los
documentos, salvo prueba en contrario.

1. Supuestos resulados

El dispositivo legal bajo estudio se refiere a dos supuestos:


a) Con respecto a los artículos en viaje, es decir, los que están siendo
transportados, o los que se encuentran en un almacén general de depósito, se
entiende efectuada la tradición con la entrega de los documentos destinados a
recogerlos (conocimientos de embarque, cartas de porte o warrants).

b) En relación a objetos no identificables, respecto de los cuales se han emitido


certificados de depósito, cartas de porte, etc.; se establece por mandato legal la
preferencia a favor del tercero de buena fe que posee los bienes con respecto al
poseedor de los documentos.
También conocida como tradición instrumental. La tradición se tiene por realizada
por disposición de la ley.
Lacruz Berdejo señala que la tradición instrumental es regulada por el artículo
1462-2 del Código Civil español, según el cual la escritura pública representa la
transferencia de propiedad o de derecho real, manifestando que la propia escritura
es un equivalente a la tradición.
Se refiere únicamente a bienes muebles puesto que, respecto de ellos, se ha
regulado que el derecho de posesión referido a los artículos de comercio se
encuentre incorporado en documentos representativos.

2. Fundamentos

Tal como lo expresa el tratadista Messineo, la tradición documental es aquella


que opera mediante la entrega de documentos especiales que representan bienes
muebles, de tal modo que la entrega de dichos documentos tiene como efecto
jurídico la entrega de las cosas representadas en el documento, por lo que la
posesión del documento implica la posesión de las cosas en ella representadas.
Nos encontramos ante un supuesto de imposibilidad física de entrega de los
bienes, y se refiere a la entrega de bienes no presentes, toda vez que lo que se
entrega es el documento y no los bienes.

Los documentos destinados a recoger los artículos de viaje son los conocimientos
de embarque y las cartas de porte -que son títulos valores y transmisibles vía
endoso o cesión de derechos-, mientras tanto, los documentos con los que se
recaban los artículos depositados en los almacenes generales son los warrants y
los certificados de depósito que son también títulos valores, pero a la orden y
pasibles de endoso.

En el segundo párrafo de la norma que se analiza se hace referencia al supuesto


de concurrencia de dos titulares de derechos reales, quien posee los documentos
que los representa y el adquirente de estos bienes que está en posesión física de
los mismos, habiéndose optado por establecer la preferencia de este último. Al
respecto, consideramos congruente la regulación de esta norma con la prelación
regulada por el artículo 1136 del Código Civil y, asimismo, adecuada en tanto
tratándose de bienes muebles, la publicidad es eficiente frente a la ficción
establecida.

CONSERVACiÓN DE LA POSESiÓN

ARTICULO 904

Se conserva la posesión aunq ue su ejercicio esté impedido por hechos de


naturaleza pasajera.

1. Antecedentes y fundamentos de la norma


Esta norma es fiel reproducción del artículo 826 del derogado Código de 1936. En
el marco del capítulo segundo relativo a la adquisición y pérdida de la posesión,
esta norma establece que la posesión no se pierde, aun cuando ella no se pueda
seguir ejerciendo temporalmente. A este respecto debe recordarse que la
posesión es el ejercicio de uno o más de los poderes inherentes a la propiedad, tal
como lo establece el artículo 896. En consecuencia, al dejar de ejercerse algunos
de estos poderes o atributos de la propiedad, la posesión como hecho, dejaría de
existir. Ello, sin embargo, no ocurre en virtud a esta norma, siempre que la causa o
circunstancia que lo impide, constituya un hecho pasajero o de carácter temporal.
En el sistema posesorio acogido por nuestro Código, prevalece la teoría objetiva,
en virtud de la cual, la posesión es reconocida a partir del ejercicio de los atributos
del propietario, por lo que si el hecho (ejercicio) de la posesión termina, concluye
el estado de posesión.

Esta es la regla. Sin embargo, por excepción, se acepta que si se trata de hechos
de naturaleza pasajera que impiden la posesión, el derecho del poseedor no se
pierde.

CAPíTULO TERCERO

CLASES DE POSESiÓN
Y SUS EFECTOS

POSESiÓN INMEDIATA Y POSESiÓN MEDIATA

ARTICULO 905

Es poseedor inmediato el poseedor temporal en virtud de un título. Corresponde la


posesión mediata a quien confirió el título.

Poseedor inmediato no es, como creen muchos, el que tiene "contacto con la
cosa". A veces hay poseedores inmediatos que no tienen contacto con la cosa,
como se demostrará más adelante. Poseedor inmediato es el poseedor temporal
en virtud de un título. Son dos los requisitos: la temporalidad de la posesión y que
esta se haya originado en un título. Examinemos los dos requisitos.

El Código se ha cuidado al definir al poseedor mediato. No ha dicho que es el


propietario. Dice que es quien confiere el título.

Para que haya posesión mediata e inmediata es indispensable entonces que haya
un contrato que vincule al mediato y al inmediato y que impone a este último la
obligación de restituir. Por esto la posesión es temporal.
Contrastemos la posesión inmediata con la del usurpador. Este último no tiene
título alguno. Todo lo contrario: él asumió la posesión por decisión propia. No tiene
temporalidad, no está obligado por un plazo consignado en un título. El usurpador
posee por plazo indefinido, mientras el propietario no le exija la devolución del bien
a través de la acción reivindicatoria.

POSESiÓN ILEGíTIMA DE BUENA FE

ARTICULO 906

La posesión ilegítima es de buena fe cuando el poseedor cree en su legitimidad,


por ignorancia o error de hecho o de derecho sobre el vicio que invalida su título.

El presente artículo asimila la buena fe como la ignorancia o error de hecho o de


derecho sobre el vicio que invalida su título; es decir, en tanto existe la conjunción
disyuntiva "o", debe interpretarse como que son tres las alternativas que nos
sugieren para reconocer a la buena fe:

1. La ignorancia sobre el vicio que invalida su título.


2. El error de hecho sobre el vicio que invalida su título.
3. El error de derecho sobre el vicio que invalida su título.

Al respecto, es necesario definir los términos "título" y "vicio". Título tiene diversas
acepciones en el Derecho; así, puede referirse al documento que contiene un
derecho, al derecho en sí, etc. Sin embargo, la acepción que nos interesa es la
relativa al acto jurídico en virtud del cual se invoca una determinada calidad
jurídica, es decir, la relación jurídica existente. Y vicio está relacionado con los
defectos que pueda tener el acto jurídico, como no reunir los requisitos de validez
establecidos en el artículo 140 del Código Civil.

DURACiÓN DE LA BUENA FE DEL POSEEDOR

ARTICULO 907

La buena fe dura mientras las circunstancias permitan al poseedor creer que


posee legítimamente o, en todo caso, hasta que sea citado en juicio, si la
demanda resulta fundada.
Este artículo se encuentra íntimamente ligado al artículo anterior que define la
posesión de buena fe, así como al artículo 914 del Código relativo a la presunción
de la buena fe del poseedor, utilizándose básicamente como prueba procesal. Y
esto porque de lo que se trata es de un poseedor ilegítimo que tiene a su favor la
presunción de buena fe, con lo cual, en un eventual juicio, lo que se tiene que
probar es la mala fe del poseedor o el término de su buena fe.
La buena fe puede ser definida como la convicción que tiene una persona de
actuar ajustado a ley o conforme a derecho y a tenor del artículo en comentario,
aquella dura hasta que:
POSESiÓN DE BUENA FE Y FRUTOS

ARTICULO 908

El poseedor de buena fe hace suyos los frutos.

La norma se refiere a un poseedor ilegítimo de buena fe, puesto que el poseedor


legítimo es aquel que posee conforme a derecho, lo cual no admite
subclasificaciones: no es de buena ni de mala fe, es legítimo; por tanto su
presupuesto es el artículo 906 referente a la posesión ilegítima de buena fe.
Es pues ese poseedor el que tiene esa potestad: la de hacer suyos los frutos.

Con relación a los frutos, la Enciclopedia Jurídica Omeba los define como los
bienes que surgen: ya orgánicamente de una cosa, ya de una industria o del
cultivo de la tierra, ya del "trabajo inmaterial" o "material" o del uso o privación del
uso de una cosa y Cabanellas como los productos cosechados de la tierra. Por
extensión, todo beneficio o utilidad, renta, etc.; y más aún cuando ofrece cierta
periodicidad, distinguiéndolos según su naturaleza (naturales, civiles o
industriales); por su situación o estado (pendientes, separados o percibidos); por
la manera de ofrecerse (ordinarios y extraordinarios) y por su realidad actual
(existentes y consumidos).

El artículo 890 del Código Civil reconoce a los frutos como los provechos
renovables que produce un bien, sin que se altere ni disminuya su sustancia,
añadiendo en su artículo subsiguiente que pueden ser naturales, industriales y
civiles, definiendo a cada uno de ellos.

Debe indicarse que, en principio, los frutos pertenecen al propietario; sin embargo,
la ley puede señalar que corresponden a persona distinta, por ejemplo, al
usufructuario (artículo 999), al anticresista (artículo 1091), al poseedor, como en el
presente caso.

La pregunta que puede plantearse es qué sucede con los frutos pendientes
cuando termina la buena fe conforme al artículo 907. Para ello resulta necesario
remitirse en forma analógica al artículo 917 que establece que "el poseedor tiene
derecho al valor actual de las mejoras necesarias y útiles que existan al tiempo de
la restitución y a retirar las de recreo que puedan separarse sin daño, salvo que el
dueño opte por pagar su valor actual"; es decir, el poseedor tendría derecho a los
gastos necesarios que hubiese realizado para la producción de los frutos. Nótese
que no se hace distinción sobre qué tipo de poseedor tiene el derecho al valor de
las mejoras necesarias y útiles; sin embargo, debe interpretarse en el sentido de
que incluso el poseedor de mala fe tendría derecho a que se le reintegren los
gastos necesarios e indispensables que sirvieron para la conservación del bien y,
consecuentemente, los gastos necesarios para la producción de los frutos.

RESPONSABILIDAD DEL POSEEDOR DE MALA FE


ARTICULO 909

El poseedor de mala fe responde de la pérdida o detrimento del bien aun por caso
fortuito o fuerza mayor, salvo que este también se hubiese producido en caso de
haber estado en poder de su titular.

RESTITUCiÓN DE FRUTOS POR EL POSEEDOR DE MALA FE

ARTICULO 910

El poseedor de mala fe está obligado a entregar los frutos percibidos y, si no


existen, a pagar su valor estimado al tiempo que los percibió o debió percibir.

La redacción de este artículo es idéntica a la del artículo 841 del Código


precedente y se encarga de regular una de las obligaciones del poseedor de mala
fe, esto es, la devolución de los frutos indebidamente percibidos o en el supuesto
de que ya no existan, el pago de su valor al tiempo en que los percibió o debió
percibir.

POSESiÓN PRECARIA

ARTICULO 911

La posesión precaria es la que se ejerce sin título alguno o cuando el que se tenía
ha fenecido.
En el Derecho romano se entendía por precarium un contrato innominado
realizado entre dos personas, una de las cuales, decidida por los ruegos de la
otra, concedía a ésta el disfrute y la posesión gratuita de una cosa por un tiempo
cuya duración debía terminar con la primera reclamación del concedente
(AVENDAÑO VALDEZ).

En nuestro Derecho positivo, en forma similar a como ocurrió en las últimas fases
del Derecho romano, el precario es una figura contractual independiente o
autónoma (contrato de precario), que tiene por objeto la concesión del uso y
disfrute de una cosa, generalmente inmueble, que se hace en forma gratuita y con
la facultad de poner término a la situación contractual a voluntad del concedente
(DIEZ-PICAZO).

Todo el que posee sin derecho está a expensas de que aquél a quien corresponde
la posesión se la pueda reclamar, y obtener, en su caso, el correspondiente fallo
judicial que obligue a entregársela. En este sentido se dice que la posesión que
tiene el primero es precaria. Pero, además, más específicamente, se designa con
este nombre a la posesión concedida a otro por alguien con reserva del derecho
de revocarla a su voluntad (ALBALADEJO).
CAPíTULO CUARTO

PRESUNCIONES LEGALES

PRESUNCiÓN DE PROPIEDAD

ARTICULO 912

El poseedor es reputado propietario, mientras no se pruebe lo contrario. Esta


presunción no puede oponerla el poseedor inmediato al poseedor mediato.
Tampoco puede oponerse al propietario con derecho inscrito.

El artículo bajo comentario consagra la presunción de propiedad en favor del


poseedor. La racionalidad que inspira esta norma es que la posesión constituye la
manifestación externa y visible de la propiedad.
Este artículo tiene su antecedente directo en el artículo 827 del Código Civil de
1936 que a la letra establecía que "el poseedor es reputado propietario mientras
no se pruebe lo contrario. Esta presunción no puede oponerse a aquél de quien
recibió el bien".

La norma actual establece un límite adicional al alcance de la presunción, cuando


señala que ella tampoco puede oponerse al propietario con derecho inscrito. Esta
última parte es nueva y revela el reconocimiento del derecho a la protección
superior que brinda el Registro.
El sentido de la presunción se orienta a proteger al propietario, partiendo de la
premisa de que la posesión es la forma más directa de manifestar la imagen de la
propiedad. Debe tenerse en cuenta a este respecto que la posesión es el ejercicio
de hecho de uno o más poderes (atributos) inherentes a la propiedad (artículo 950
del Código Civil). Por lo tanto, la ley asume que al protegerse al poseedor, se está
protegiendo al propietario.

PRESUNCiÓN DE POSESiÓN DE ACCESORIOS Y PRESUNCiÓN DE


POSESiÓN DE MUEBLES

ARTICULO 913

La posesión de un bien hace presumir la posesión de sus accesorios.


La posesión de un inmueble hace presumir la de los bienes muebles que se hallen
en él.

El artículo bajo comentario, que no tiene precedente en el Código Civil derogado


de 1936, establece dos presunciones legales relativas o iuris tantum: la presunción
de posesión de bienes accesorios y la presunción de posesión de bienes muebles.
Ambas presunciones desplazan el peso de la prueba sobre aquella persona que
tal presunción perjudica y que debe tratar de impugnarla utilizando medios
probatorios. A continuación desarrollaremos cada una de dichas presunciones:

1. Presunción de posesión de bienes accesorios

Esta presunción supone que si poseo un bien, sea este mueble o inmueble (pues
el precepto normativo no hace distingo alguno), poseo también sus accesorios. El
artículo 888 define a los bienes accesorios como aquellos que, sin perder su
individualidad, están permanentemente afectados a un fin económico u
ornamental con respecto a otro bien.

2. Presunción de posesión de bienes muebles

El segundo párrafo del artículo bajo comentario establece que la posesión de un


bien inmueble supone la posesión de los bienes muebles que se encuentren
dentro de él. Al analizar esta segunda presunción hay que tener en cuenta la
presunción anterior, referida a los bienes accesorios. Como sabemos, los bienes
muebles que se encuentran dentro de un bien inmueble pueden gozar a su vez de
la condición de ser bienes accesorios. Entonces, ¿cuál es la intención del
legislador al establecer esta segunda presunción?

PRESUNCiÓN DE BUENA FE DEL POSEEDOR

ARTICULO 914

Se presume la buena fe del poseedor, salvo prueba en contrario. La presunción a


que se refiere este artículo no favorece al poseedor del bien inscrito a nombre de
otra persona.

En lo que concierne a la presunción de buena fe en la posesión, a que se contrae


el artículo 914, es pertinente indicar que esta norma guarda estrecha relación con
los artículos 906 al 910, pues si bien la posesión de buena fe puede descansar en
un título legítimo y válido (por tanto derivar de una posesión legítima), también es
posible que provenga de un título ilegítimo, toda vez que la posesión de buena fe
es una especie de la posesión ilegítima (CUADROS VI LLENA, p. 181), siempre
que el poseedor tenga la convicción o creencia respecto de la legitimidad de su
título, sea por ignorancia o error de hecho o de derecho sobre el vicio que invalida
dicho título o sobre la inexistencia de este (vid. artículo 906).

PRESUNCIÓN DE POSESiÓN INTERMEDIA

ARTICULO 915

Si el poseedor actual prueba haber poseído anteriormente, se presume que


poseyó en el tiempo intermedio, salvo prueba en contrario.
Se recurre a esta presunción con frecuencia cuando se requiere demostrar el
tiempo de la posesión a efectos de rechazar interdictos que se promuevan en su
contra o a efectos de alegar prescripción adquisitiva (usucapión). Basta probar que
hubo posesión al inicio del plazo posesorio y que actualmente se posee, para
presumir que se poseyó también en el tiempo intermedio. De esta forma se
entenderá que se posee desde el término inicial hasta la actualidad, sin intervalos,
acumulando un mayor plazo posesorio.

Esta es una presunción legal relativa o iuris tantum, que desplaza el peso de la
prueba, haciéndolo recaer no sobre la persona a cuyo favor está establecida la
presunción legal (el poseedor) sino sobre aquella otra a quien tal presunción
perjudica y que debe tratar de impugnarla utilizando medios probatorios. Es decir,
corresponderá al tercero que se oponga a dicha presunción (v.gr. el propietario del
bien cuya adquisición por prescripción se demande) probar que no se ha poseído
durante el tiempo intermedio.

CAPíTULO QUINTO
MEJORAS

MEJORAS: ANTECEDENTES, CONCEPTO Y CLASIFICACiÓN

ARTICULO 916

Las mejoras son necesarias, cuando tienen por objeto impedir la destrucción o el
deterioro del bien.
Son útiles, las que sin pertenecer a la categoría de las necesarias aumentan el
valor y la renta del bien.
Son de recreo, cuando sin ser necesarias ni útiles, sirven para ornato, lucimiento o
mayor comodidad.

1. Introducción y antecedentes

Para efectos del análisis de los artículos 916, 917, 918 Y 919 del Código Civil,
referidos a las mejoras como consecuencia del ejercicio del derecho real de
posesión, me he permitido abordar el tema haciendo referencia a las legislaciones
anteriores al Código Civil de 1984, como son los Códigos Civiles de 1852 y 1936,
respectivamente, teniendo en cuenta además la propuesta de reforma de la
Comisión de Reforma del Código Civil de 1984 en ejercicio.

De otro lado, he incluido el tratamiento que sobre este tema hacen distintos
Códigos Civiles del sistema romano-germánico, específicamente de
Latinoamériea, España y del Estado de Québec en Canadá, para finalmente hacer
referencia a la jurisprudencia expedida sobre este tema.
El Código Civil de 1984 no define a las mejoras, sino que simplemente las
clasifica, como así lo hace el artículo 916, en necesarias, siendo estas las que
tienen por objeto impedir el deterioro o destrucción del bien; mejoras útiles, siendo
estas las que sin pertenecer a la categoría de las necesarias aumentan el valor y
la renta del bien; y finalmente las de recreo, que son a tenor del Código las que sin
ser necesarias ni útiles, sirven para el ornato, lucimiento o mejor comodidad.

4. Las mejoras y la posesión

El mismo comentario realiza Camus, en cuanto a las impensas o mejoras hechas


sobre la cosa, distinguiendo la naturaleza de las mismas; en ese sentido, el
poseedor de buena fe podría reclamar el reembolso de las mejoras o impensas
necesarias y útiles, pero no de las de lujo o voluntarias (CAMUS, p. 109).

En cambio, al poseedor de mala fe no se le concedía el derecho a ningún


reembolso. Este autor hace referencia al Derecho Justinianeo en relación con un
nuevo criterio para el reembolso de estas impensas o mejoras, ya que tanto el
poseedor de buena fe como el de mala fe podían reclamar el reembolso de las
mismas; en ese sentido, se podía reclamar el pago de las mejoras necesarias y de
las útiles, mas no de las de recreo o voluntarias, incluyendo lo que se denomina el
ius tollendi que es la facultad que tenía el poseedor para retirar las mejoras útiles
siempre y cuando hubiese sido posible separarlas de la cosa sin que esta se
deteriore, a no ser que el propietario prefiera conservar esta clase de mejoras,
indemnizando al poseedor que las realizó.

Este criterio ya tiene una concepción económica, ya que de lo que se trataba era
que nadie pueda enriquecerse indebidamente a costa del otro.

6. iQué son las mejorasl

Según el Diccionario de la Real Academia Española, mejora es medra,


adelantamiento y aumento de una cosa, siendo el significado de la palabra medra,
el aumento o progreso de una cosa; de otro lado, el mismo documento contiene
que la mejora son los gastos útiles y reproductivos que con determinados efectos
legales hace en propiedad ajena quien tiene respecto de ella algún derecho similar
o limitativo al dominio.

La mejora es un hecho jurídico desde que entraña un acontecimiento con


relevancia en la vida del Derecho, en el caso de una modificación material de la
cosa que produce un aumento de su valor económico. El hecho jurídico mejora, es
a su turno producido por otro hecho jurídico, lo que explica la división de mejoras,
que atendiendo al hecho jurídico se les denomina naturales y humanas (BOFFI, en
OMEBA, p. 1991).

7. Clasificación de las mejoras seQún el artículo 916


Como precisa el artículo 916 y siguiendo la clasificación del derecho comparado,
las mejoras son necesarias cuando tienen por objeto impedir la destrucción o
deterioro del bien.
Son mejoras útiles, las que sin pertenecer a la categoría de las necesarias
aumentan el valor y la renta del bien.
Son de recreo, cuando sin ser necesarias ni útiles sirven para ornato, lucimiento y
mayor comodidad.

"Articulo 920.- Clases.


1. Las mejoras son necesarias, cuando tienen por objeto impedir la pérdida,
deterioro o destrucción del bien.
2. Son útiles, las que sin pertenecer a la categoría de las necesarias, aumentan el
valor y la renta del bien.
3. Son de recreo, cuando sin ser necesarias ni útiles, sirven para ornato,
lucimiento o mayor comodidad".

"Artículo 921.- Derechos.


1. El poseedor tiene derecho al reembolso de las mejoras necesarias y útiles que
existan al tiempo de la restitución y a retirar las de recreo que puedan separarse
sin daño, salvo que el propietario opte por pagar su valor a actual.
2. La regla del párrafo anterior no es aplicable a las mejoras hechas después de la
terminación de la buena fe, salvo que se trate de las necesarias".

"Articulo 922.- Retención.

En los casos en que el poseedor debe ser reembolsado por mejoras realizadas,
tiene el derecho de retención".

"Articulo 923.- Pérdida de derecho y caducidad.


Restituido el bien se pierde el derecho de separación y transcurridos dos meses
caduca la acción de reembolso".

PRECISIONES DE CARÁCTER ECONÓMICO EN CUANTO A LAS MEJORAS

ARTICULO 917

El poseedor tiene derecho al valor actual de las mejoras necesarias y útiles que
existan al tiempo de la restitución ya retirar las de recreo que puedan separarse
sin daño, salvo que el dueño opte por pagar su valor actual.
La regla del párrafo anterior no es aplicable a las mejoras hechas después de la
citación judicial sino cuando se trata de las necesarias.

1. Introducción

Como vemos de la clasificación expuesta en el comentario al artículo anterior,


podemos determinar que la regulación de las mejoras en el Código Civil obedece
a que estas tienen para el poseedor del bien y para el propietario del mismo una
consideración eminentemente económica, la cual está referida al valor del bien. Se
trata justamente de actos que hacen que el bien mantenga o incremente su valor
económico.

Así, las mejoras necesarias tienen su motivación en la necesidad de mantener el


valor constante del bien materia de posesión, es decir, su no realización originaría
una depreciación del valor de este.

Las mejoras útiles, como describe el Código, no son fundamentales para


mantener el valor del bien, pero logran como consecuencia de su realización o
ejecución, aumentar el valor o la renta del bien.
Finalmente, las mejoras de recreo no son aquellas ni útiles y necesarias, pero
también dan un valor agregado al bien, pero su realización tiene como objetivo
eminente y único, lograr un nivel de satisfacción exclusiva para el poseedor, ya
sea porque el bien poseído luce mejor, o dota de mejores condiciones, comodidad
y confort solamente a este.

2. El reembolso de las mejoras

La ejecución de las mejoras tiene además de la relación existente entre la


realización de las mismas y el valor del bien, una consecuencia y es la asunción
del costo de su ejecución, y quien asume su pago.
De lo revisado del Código, queda claro que las mejoras son ejecutadas, realizadas
y pagadas en forma inicial por el poseedor, como consecuencia justamente del
ejercicio de este derecho real sobre el bien, pero la norma busca dar una solución
a favor del poseedor, quien ha asumido dicho gasto en calidad de poseedor, pero
el no reembolso o pago de los gastos efectuados por el poseedor que efectuó las
mejoras generaría un beneficio excesivo al propietario del bien, lo que en términos
económicos se denomina una externalidad que sería justamente un beneficio
adicional no contratado y un perjuicio no contratado en contra del poseedor.

3. La calidad de poseedor y reembolso de las mejoras

Una incorporación interesante en el Código de 1984 es la no distinción de la


calidad de poseedor, ya que no se hace distinción si la posesión es de buena fe o
de mala fe. A diferencia del Código de 1852 y 1936, respectivamente, el Código
Civil actual hace un análisis sobre el perjuicio que sufriría el poseedor de mala fe,
si es que las mejoras no son reembolsadas, beneficiándose inadecuadamente el
propietario.

LAS MEJORAS Y EL DERECHO DE RETENCiÓN

ARTICULO 918
En los casos en que el poseedor debe ser reembolsado de mejoras, tiene el
derecho de retención.

El Código Civil asegura el equilibrio patrimonial entre el propietario de un bien que


se beneficia con las mejoras efectuadas por el poseedor y que se ve perjudicado
por los costos en los que incurre al realizar estas mejoras con el objeto de
mantener en forma constante el valor del bien, lo que obviamente se genera
cuando hay un riesgo de deterioro del mismo.

En ese sentido, existe la posibilidad de que el propietario del bien que se beneficia
con estas mejoras, debiendo reembolsar el costo de las mismas al poseedor, no
realiza el desembolso; en esta situación la norma sustantiva permite el ejercicio
del derecho de retención por parte del poseedor, que consiste -en concordancia
con lo dispuesto por el artículo 1123 del Código- en la facultad que tiene el
acreedor de retener del bien que tiene en su poder si el crédito no se encuentra
debidamente garantizado.

Efectivamente, la norma considera que al efectuarse las mejoras por parte del
poseedor y no reembolsarse su valor por parte del propietario, se genera una
obligación, por la cual el primero tiene la facultad de exigir el reembolso al
segundo, convirtiéndose el propietario en deudor, el poseedor en acreedor con la
facultad de exigir la prestación de reembolso de las mejoras y con una facultad de
retener el bien hasta que la prestación sea concluida.

SEPARACiÓN DE MEJORAS Y ACCiÓN DE REEMBOLSO

ARTICULO 919

Restituido el bien, se pierde el derecho de separación, y transcurridos dos meses


prescribe la acción de reembolso.
(Cas. N° 1333-97-La Libertad, 17/10/1999).

Teniendo en cuenta que las mejoras de recreo son aquellas que sirven
exclusivamente para dar mayor comodidad al poseedor, o para el ornato y
lucimiento, mas no redunda en beneficio alguno al propietario, esta clase de
mejoras no son reembolsables.

Por lo tanto el poseedor tiene derecho a separar del bien que posee, las mejoras
efectuadas, se trata justamente de retirar las mejoras de recreo. Sin embargo, la
norma ha establecido un orden para separar dichas mejoras, acción que debe
efectuarse solamente mientras el poseedor ejerce su derecho como tal sobre el
bien, por lo que una vez restituido el bien materia de posesión, este derecho se
pierde.

El Código también establece un plazo para iniciar la acción de reembolso, ya que


este derecho de acción de reembolso se pierde a los dos meses de producida la
restitución del bien que se poseía, prescribiendo dicha acción por el transcurso de
este período de tiempo.

CAPíTULO SEXTO

DEFENSA POSESORIA

DEFENSA POSESORIA EXTRAJUDICIAL

ARTICULO 920
...
El poseedor puede repeler la fuerza que se emplee contra él y recobrar el bien, sin
intervalo de tiempo, si fuere desposeído, pero en ambos casos debe abstenerse
de las vías de hecho no justificadas por las circunstancias.

1. Interrogantes que plantea la norma

En primer lugar conviene precisar que según el artículo 896 del Código Civil "la
posesión es el ejercicio de hecho de uno o más poderes inherentes a la
propiedad".

De tal modo que en el Derecho moderno, la posesión puede presentarse de tres


formas:

1.- La posesión como poder o señorío fáctico, relación puramente material (ladrón,
usurpador): ius possessionis.
2.- La posesión derivada de un derecho real, o sea posesión de derecho (la del
usufructuario, anticresista, etc.): solo el ius possidendi.
3.- La posesión del dueño que conduce u ocupa el bien directamente: ius
possessionis y ius possidendi (este último, siempre lo tiene).

Entonces, en relación a la norma bajo comentario, no se distingue el tipo de


posesión que busca proteger el ordenamiento civil, lo cual implica considerar a
cualquiera de sus formas.

De otro lado, la norma comentada prescribe la autorización legal al poseedor para


repeler la fuerza que se emplee contra él y recobrar el bien, es decir, se justifica el
empleo de la fuerza para rechazar una agresión y está proscrita para la ofensa, lo
que induce a planteamos las interrogantes siguientes:

DEFENSA POSESORIA JUDICIAL

ARTICULO 921
Todo poseedor de muebles inscritos y de inmuebles puede utilizar las acciones
posesorias y los interdictos. Si su posesión es de más de un año puede rechazar
los interdictos que se promuevan contra él.

En primer lugar, es conveniente establecer si las acciones posesorias y los


interdictos son figuras similares o si existe diferencia entre ellas, toda vez que hay
muchas discrepancias y posturas entre los autores.

CAPíTULO SÉPTIMO

EXTINCiÓN

DE LA POSESiÓN

ARTICULO 922

La posesión se extingue por:


1.- Tradición.
2.- Abandono.
3.- Ejecución de resolución judicial.
4.- Destrucción total o pérdida del bien.

Frank Almanza Altamirano

El Código precedente en su artículo 842 se limitaba a expresar que se pierde la


posesión por abandono y cuando se pierde el ejercicio de hecho.
Si bien es de apreciarse un gran avance, pues se incluyen cuatro causales de
extinción de la posesión, se ha omitido incluir la cesión a título gratuito u oneroso,
la usurpación, la reivindicación y la expropiación, conforme lo veremos más
adelante.

Para efectos del comentario, nos referiremos una por una a las causales
reguladas por el artículo 922 del Código Civil.

1. Tradición

Es el primer caso de extinción de la posesión. La traditioo tradición, derivación a


su vez de tradere, significa entregar. Supone la figura de la adquisición derivada,
esto es, la existencia de una posesión anterior a la que sigue otra posterior. En
términos simples, se podría resumir como la entrega que se hace de un bien
mueble o inmueble, de una a otra persona.

La tradición supone una transmisión del bien mueble o inmueble de mano en


mano. Tiene carácter bilateral ya que intervienen dos sujetos: uno de ellos es el
transmisor, denominado transferente o tradens; el otro es el sujeto que recibe,
llamado adquirente o accipiens.

Debemos precisar que, tratándose de bienes inmuebles, la tradición no requiere


un acto material, siendo suficiente que exista un simple acuerdo, en virtud del cual
el poseedor entregue las llaves a otra persona para que la posesión de este último
quede perfeccionada. La tradición de bienes muebles se materializa por la entrega
del bien (corpus).

2. Abandono

Respecto a esta causal de extinción de la posesión, en doctrina existen posiciones


encontradas; algunos sostienen que para que opere el abandono basta el hecho
real de abandonar la posesión del bien (elemento objetivo); otros, por el contrario,
argumentan que es necesario que exista la voluntad de abandonar (elemento
subjetivo).

El profesor Jorge Eugenio Castañeda, partiendo de que la posesión no exige para


su constitución la presencia del elemento subjetivo, es decir el tener la voluntad de
poseer, sostiene que en materia de abandono "nada importa la voluntad del
poseedor, porque la posesión no es una cuestión de ánimo". Esta tesis se
sustenta en la afirmación de que aun cuando exista la voluntad de seguir
poseyendo un bien, si no se realizan hechos materiales de posesión real y
material respecto de dicho bien, la posesión habría sido abandonada.
El profesor Max Arias-Schreiber Pezet considera que si bien el animus no integra
el concepto de la posesión en nuestro Código Civil, "en su pérdida sí se presenta
la intención y esto aparece con claridad cuando consagra el abandono como una
de sus formas".

El profesor Arias-Schreiber considera que: "no se puede concebir la posesión de


un bien, si su titular libremente la rechaza. Quien hace abandono se desprende del
bien con la intención de no ejercitar en lo sucesivo ningún poder de hecho ni de
derecho; en el abandono se conjugan, por consiguiente, los factores físico a
intencional. El acto de desprenderse del bien identifica al primero; la voluntad de
no ejercitar en lo sucesivo el poder, al segundo".

Wolff, que sigue la doctrina objetivista de Von Ihering, manifiesta que dentro del
abandono "es necesaria una destrucción real del señorío, con la voluntad de no
seguir poseyendo".

La posición que suscribimos es la del profesor Max Arias-Schreiber, pues


consideramos que para que se configure el abandono debe concurrir la voluntad
con el hecho físico, no debe confundirse el abandono con la mera renuncia de la
posesión. Esta ultima no basta, por sí sola, para determinar la pérdida de aquella,
es imprescindible que esté acompañada por el hecho material o físico de la
desaprensión.
3. Ejecución de resolución judicial

Otra de las formas de extinción de la posesión prevista en el artículo bajo


comentario, es la ejecución de una resolución judicial.
Al respecto, para que una resolución judicial pueda ser ejecutada, debe estar
firme, ello supone la existencia de un fallo consentido o ejecutoriado (cosa
juzgada) que disponga el fin de la posesión.

4. Destrucción total o pérdida del bien

Respecto a la destrucción del bien, prevista como causal de extinción de la


posesión, se ha establecido claramente que el bien tiene que destruirse en forma
total.
En un supuesto de destrucción parcial del bien, es evidente que no se extinguirá la
posesión, la cual se conservará respecto de todo aquello que no se haya
destruido.
Raymundo Salvat, citado por Max Arias-Schreiber, señala de una manera bastante
ilustrativa que la extinción del bien poseído puede producirse por dejar de existir
material o jurídicamente. Citando al artículo 2451 del Código Civil argentino,
señala tres casos, como son:

1) Muerte de la cosa poseída si esta fuese animada, como ocurre con los
animales;
2) Destrucción total de ella, si fuese cosa inanimada. Por ejemplo, destrucción de
los muebles de una casa, destrucción de una casa, etc.;
3) Transformación de una especie en otra, es decir, en el caso de la
especificación, como ocurriría por ejemplo si con la lana se hubiese hecho vestido.
Debe observarse, sin embargo, que en estos diversos casos si bien desaparece la
posesión de la cosa primitiva, ella continúa sin embargo sobre los restos de la
cosa poseída o sobre la de la especie.
Finalmente y respecto a la pérdida del bien, se han omitido mencionar casos
importantes de pérdida de posesión, como son el despojo, la usurpación, la
expropiación y la reivindicación.

CAPíTULO PRIMERO DISPOSICIONES GENERALES DEFINICiÓN DE


PROPIEDAD

ARTICULO 923

La propiedad es el poder jurídico que permite usar, disfrutar, disponer y reivindicar


un bien. Debe ejercerse en armonía con el interés social y dentro de los límites de
la ley.

Esta norma define la propiedad, que es sin duda el más importante de los
derechos reales. La propiedad puede ser analizada desde muchos puntos de
vista: histórico, sociológico, económico, antropológico, político, etc. Nosotros nos
limitamos ahora a sus aspectos jurídicos.

La propiedad es, en primer lugar, un poder jurídico. El poder adopta muchas


formas. Así, hay el poder de la fuerza, el poder político, el poder bélico. En este
caso es un poder que nace del Derecho. Recae sobre un bien o sobre un conjunto
de bienes, ya sean corporales (cosas) o incorporales (derechos).
Cuatro atributos o derechos confiere la propiedad a su titular: usar, disfrutar,
disponer y reivindicar.

Usar es servirse del bien. Usa el automóvil quien se traslada con él de un lugar a
otro. Usa la casa quien vive en ella. Usa un reloj quien lo lleva puesto y verifica la
hora cuando desea.

Disfrutar es percibir los frutos del bien, es decir, aprovecharlo económicamente.


Los frutos son los bienes que se originan de otros bienes, sin disminuir la
sustancia del bien original. Son las rentas, las utilidades. Hay frutos naturales, que
provienen del bien sin intervención humana, frutos industriales, en cuya
percepción interviene el hombre, y frutos civiles, que se originan como
consecuencia de una relación jurídica, es decir, un contrato (artículo 891). Ejemplo
de los primeros son las crías de ganado; ejemplo de los frutos industriales son las
cosechas o los bienes que se obtienen de la actividad fabril; y ejemplo de los
frutos civiles son los intereses del dinero o la merced conductiva de un
arrendamiento.

Disponer es prescindir del bien (mejor aún, del derecho), deshacerse de la cosa,
ya sea jurídica o físicamente. Un acto de disposición es la enajenación del bien;
otro es hipotecario; otro, finalmente, es abandonarlo o destruirlo.
Nos dice también el Código que el propietario puede reivindicar el bien.
Reivindicar es recuperar. Esto supone que el bien esté en poder de un tercero y
no del propietario. ¿A qué se debe esto? Muchas pueden ser las causas, desde un
desalojo o usurpación, hasta una sucesión en la que se dejó de lado al heredero
legítimo y entró en posesión un tercero que enajenó a un extraño, el cual ahora
posee. En cualquier caso, el propietario está facultado, mediante el ejercicio de la
acción reivindicatoria, a recuperar el bien de quien lo posee ilegítimamente. Por
esto se dice que la reivindicación es la acción del propietario no poseedor contra el
poseedor no propietario (poseedor ilegítimo, habría que precisar).

Los atributos clásicos de la propiedad son el uso, el disfrute y la disposición. La


reivindicación no es propiamente un atributo sino el ejercicio de la
persecutoriedad, que es una facultad de la cual goza el titular de todo derecho
real. El poseedor, el usufructuario, el acreedor hipotecario, todos pueden perseguir
el bien sobre el cual recae su derecho. No nos parece entonces que la
reivindicación deba ser colocada en el mismo nivel que los otros atributos, los
cuales, en conjunto, configuran un derecho pleno y absoluto. Ningún otro derecho
real confiere a su titular todos estos derechos.
Aparte de los atributos o derechos del propietario, la doctrina analiza los
caracteres de la propiedad, que son cuatro: es un derecho real; un derecho
absoluto; un derecho exclusivo y un derecho perpetuo.

En cuanto a lo primero, la propiedad es el derecho real por excelencia. La


propiedad establece una relación directa entre el titular y el bien. El propietario
ejercita sus atributos sin la mediación de otra persona. Además, la propiedad es
erga omnes, esto es, se ejercita contra todos. Es esta la expresión de la llamada
"oponibilidad" que caracteriza a todos los derechos reales y, en especial, a la
propiedad.

Es también un derecho absoluto porque confiere al titular todas las facultades


sobre el bien. Esto ya lo vimos: el propietario usa, disfruta y dispone. El usufructo,
en cambio, no es absoluto pues solo autoriza a usar y disfrutar.

La propiedad es exclusiva (o excluyente, podría decirse mejor), porque elimina o


descarta todo otro derecho sobre el bien, salvo desde luego que el propietario lo
autorice. Tan completo (absoluto) es el derecho de propiedad que no deja lugar a
otro derecho. La institución de la copropiedad (propiedad que ejercitan varias
personas) no desvirtúa este carácter de la exclusividad porque en la copropiedad
el derecho sigue siendo uno. Lo que ocurre es que lo ejercitan varios titulares.
Estos constituyen un grupo, que es el titular del derecho y que excluye a
cualesquiera otros.

Finalmente, la propiedad es perpetua. Esto significa que ella no se extingue por el


solo no uso. El propietario puede dejar de poseer (usar o disfrutar) y esto no
acarrea la pérdida del derecho. Para que el propietario pierda su derecho será
necesario que otro adquiera por prescripción. Esto lo dice el artículo 927 que en
primer término sanciona la imprescriptibilidad de la acción reivindicatoria, con lo
cual se declara la perpetuidad del derecho que esa acción cautela; y en segundo
lugar dice que la acción no procede contra quien adquirió el bien por prescripción,
lo que significa que no hay acción (y por tanto la propiedad ya se ha extinguido) si
otro ha adquirido por prescripción.

El artículo 923, objeto de estos comentarios, dice en su parte final que la


propiedad debe ejercerse en armonía con el interés social y dentro de los límites
de la ley. Esto requiere ciertas precisiones:

1) La norma alude al interés social porque cuando se expidió el actual Código


estaba vigente la Constitución de 1979, la cual decía, en su artículo 124, que la
propiedad obliga a usar los bienes en armonía con el interés social. Pero la actual
Constitución ha eliminado el interés social, reemplazándolo en el artículo 70 por la
noción del bien común. Debemos entonces entender que el artículo 923 del
Código Civil está modificado: hay que leer "bien común" en vez de "interés social".

2) ¿Hay diferencia entre el bien común y el interés social? Sí la hay. El bien común
es el bien general, el bien de todos. El interés social, en cambio, es el que puede
tener un grupo social determinado. Así, por ejemplo, existe el interés de los
campesinos, de los empresarios y de quienes viven en pueblos jóvenes.
Otra diferencia es que la noción de "bien" alude a beneficio, a lo que es
conveniente. El "interés", por otra parte, responde a la satisfacción de una
necesidad.

3) Como consecuencia de lo anterior, es distinto que el ejercicio de la propiedad


armonice con el interés social o con el bien común. En el primer caso, por ejemplo,
el ejercicio de la propiedad e incluso su subsistencia pueden ceder ante un
programa de vivienda para personas de escasos recursos, lo cual ciertamente no
se daría cuando está de por medio el bien común.

4) Otros límites que pueden imponerse al ejercicio de la propiedad resultan de la


ley misma. Es decir, la ley puede imponer válidamente límites a la propiedad.
Ejemplos de esto son la imposibilidad de la disposición total de sus bienes que se
impone a un testador que tiene herederos forzosos, y la determinación por ley de
la rentabilidad de ciertos bienes (caso de las viviendas de bajo costo).

5) Surge una pregunta elemental: ¿cómo se puede explicar que la propiedad sea
un derecho absoluto y al mismo tiempo admita limitaciones o restricciones? La
respuesta es que comparativamente con otros derechos reales, la propiedad es
absoluta. Ningún otro derecho real confiere todas las facultades juntas. Pueden
estar restringidas, pero están todas.

EJERCICIO ABUSIVO DEL DERECHO DE PROPIEDAD

ARTICULO 924

Aquel que sufre o está amenazado de un daño porque otro se excede o abusa en
el ejercicio de su derecho, puede exigir que se restituya al estado anterior o que se
adopten las medidas del caso, sin perjuicio de la indemnización por los daños
irrogados.

1.- La propiedad obliga. Así resumía la Constitución de Weimar la innegable e


inevitable función social que tiene que cumplir la propiedad. Si bien en el marco
liberal en el que se elaboró la Constitución de 1993 se eliminó prácticamente todo
rastro de función social, es innegable que una economía social de mercado, como
lo consagra el artículo 58, no puede ser ajena al interés social. El propio Tribunal
Constitucional ha interpretado, siguiendo a Herhard y Muller, que la economía
social de mercado es un orden "en donde se asegura la competencia, y al mismo
tiempo la transformación de la productividad individual en el progreso social,
beneficiando a todos, amén de estimular un diversificado sistema de protección
social para los sectores económicamente más débiles" (HERHARD y MULLER,
citados en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la acción de
inconstitucionalidad de las tarifas mínimas para la prestación del servicio de
transporte terrestre, Exp. N° 0008-2003-AlfTC, publicada el14 de noviembre de
2003).

2.- Conviene precisar, antes de entrar en materia, que el hecho de que nuestro
sistema económico sea, por norma constitucional, una economía social de
mercado no constituye solo un mandato programático dirigido al legislador y a los
gobernantes, quienes desde luego están obligados a cumplirlo, sino que
compromete y obliga a todos los actores del mercado, en especial a los
particulares. Se trata, en consecuencia, de una norma constitucional que prescribe
que nuestra conducta económica deberá estar en armonía con las reglas del
mercado, pero a la par nos exige que tal conducta se realice también en sintonía
con los intereses de la sociedad.

3.- Detengámonos ahora, muy brevemente, en la definición de propiedad, para


luego servimos de esta definición e identificar cuándo estamos frente a un abuso
de este derecho. La noción de propiedad está en la base misma de toda relación
del hombre con la naturaleza y de todo aprovechamiento que aquel haga de los
bienes que esta última le proporciona (NOVOA MONTREAL, p. 1). Sin embargo, el
concepto se dilata hasta alcanzar las relaciones mismas de las personas y de
estas y con el Estado. Sucede que la propiedad es un poder legal que le permite a
su titular ejercer su voluntad sobre las cosas de que es propietario y proyectarla
sobre otras personas, perfilando así las relaciones entre estas, constituyéndose en
la base del entramado social y en piedra angular del sistema jurídico capaz de
caracterizarlo e infundirle contenido, prácticamente en todas sus áreas.