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Imagen de Nuestra Señora de la Dulce Espera, entronizada en la parroquia “La Exaltación” en Vino Tinto La Paz - Bolivia

Indice

Introducción

5

La Historia de una Espera

5

¿Cómo nació la devoción a Nuestra Señora de la Dulce Espera?

5

Nombres de esta Advocación

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Catequesis de su S.S. Juan Pablo II

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Para reflexionar

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A Nuestra Señora de la Dulce Espera

16

Padre Nuestro

17

Salve

17

Gloria

17

Rosario de la Dulce Espera

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Novena a la Dulce Espera

21

Oración para esposos

37

Magnificat

38

Carta de una madre a su hija

39

Oración a María de un hijo agradecido

42

Oración de una madre que ha abortado

43

Introducción

La Iglesia le da mucha importancia a los tiempos de espera.

Experta en humanidad, ella sabe que la espera abre el co- razón. Por eso todos los acontecimientos importantes son precedidos por tiempos de preparación.

El embarazo, la “dulce espera”, es también un tiempo en el cual el corazón se va disponiendo a recibir el regalo de la vida, de una vida nueva no sólo porque una nueva persona se incor- pora a la familia sino porque la vida de todos va a ser distinta.

La Historia de una Espera

“Dios, Señor de la vida, confió al hombre el excepcio- nal ministerio de perpetuar la vida”

Gaudium et spes

La maternidad es una de las situaciones más extraordina- rias de la existencia humana. Pone a la mujer en comunión especial con el misterio de la vida que madura en su seno durante nueve meses. Nueve meses de gracia en los que la potencia creadora de Dios obra el mayor de los milagros.

¿Cómo nació la devoción a Nuestra Señora de la Dulce Espera?

La devoción a María embarazada del niño Jesús es una de las mas antiguas que se conocen. Las primeras comunida- des cristianas, siguiendo los relatos de San Lucas, decían

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con Isabel: “Feliz la que ha creído que se cumplirán las co- sas que le fueron dichas por parte del Señor!(Lc. 1,45) En la Edad Media encontramos tanto imágenes de María em- barazada como también otras en las que amamanta al niño Jesús. Y en América, la Virgen de Guadalupe, está repre- sentada encinta del Niño Sol a punto de nacer. En nuestro país, la devoción a Nuestra Señora de la Dulce Espera llega por diversos caminos, en general de la mano de quienes han sido especialmente conmovidos por esta etapa de la maternidad de María.

Son muchas las historias, cada una singular, y a la vez con características comunes, descubrir que María, modelo feliz de madre y de mujer, ha pasado por experiencias similares a las de cualquier otra embarazada y así pudo florecer como mujer y decir “desde ahora me felicitarán todas las genera- ciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí” (Lc. 1,48-49).

El Párroco de la Iglesia “Señor de la Exaltación” en Vino Tinto, La Paz Bolivia R.P. José Alejandro Muñoz Mejía, en- tronizó la imagen de Nuestra Señora de la Dulce Espera, como un lugar dedicado a Ella, y que como Ella, estará siempre en defensa de la vida, de los niños y que siempre lucharán por evitar los abortos y el maltrato.

Esta advocación alude al tiempo en que la Santísima Virgen vive su embarazo, esperando el nacimiento del redentor. Muchas familias durante la experiencia del embarazo recu- rren a su protección maternal. Como así también, diversas

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personas ruegan a ella en caso de embarazos complicados

o problemas de concepción.

Esta devoción al “ Rosario de Nuestra Señora de la Dulce Espera”, nace de la visión de Gloria Londoño Laureat, una mujer de fe, que llamada por la Virgen María desea que este Rosario se propague y que todas las personas tomen conciencia del valor de la vida

Después de la celebración de la Santa Eucaristía, El 15 de cada mes, se entregarán a las mujeres en embarazo ó a aquellas que desean un hijo, unos polkitos (botitas tejidas) que devolverán a la Parroquia después del nacimiento del niño (a), como agradecimiento.

La fiesta Litúrgica de Nuestra Señora de la Dulce Espera se celebra cada año el 15 de Mayo.

Nuestra Señora de la Dulce Espera es la devoción a la Vir- gen María embarazada del niño Jesús. A ella le rezan las madres que esperan un bebé y aquellas familias que anhelan tener un hijo.

A María se le pide la protección y el consejo, la sabiduría

y la capacidad de orar y tener fe para enfrentar este gran desafío en la vida del hombre: ser padres.

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Nombres de esta Advocación

Latín

Maria Gravida

Expextatio

B.M. Virginis

Francés

Notre Dame de l-Attente

Notre Dame de l-Esperance

Notre Dama de la Bonne Esperance

Notre Dame des Avents Italiano

Madonna del Parto Español

Nuestra Señora de la O

Nuestra Señora de la Esperanza

Nuestra Señora del Buen Parto

Nuestra Señora del Adviento de Jesús

Virgen de la Dulce Esperanza Portugués

Nossa Senhora do O

Nossa Senhora da Expectacao

Nossa Senhora da Boa Esperanca

Nossa Senhora do Advento Inglés

Our Lady of Expectation

Alemán

Maria in der Hoffnung

Maria von der guten Hoffnung

Mariae Enwartung

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Catequesis de su S.S. Juan Pablo II

29 de abril de 1998

1. Al orientar nuestra mirada hacia Cristo, el jubileo nos invita a dirigirla también a María. No podemos separar al Hijo de la Madre, porque «el haber nacido de María» pertenece a la identidad personal de Jesús. Ya desde las primeras fórmulas de fe, Jesús fue reconocido como Hijo de Dios e Hijo de María. Lo recuerda, por ejemplo, Ter- tuliano, cuando afirma: «Es necesario creer en un Dios único, todopoderoso, creador del mundo, y en su Hijo Je- sucristo, nacido de la Virgen María» (De virg. vel., 1, 3).

Como Madre, María fue la primera persona humana que se alegró de un nacimiento que marcaba una nueva era en la historia religiosa de la humanidad. Por el mensaje del ángel conocía el destino extraordinario que estaba reservado al niño en el plan de salvación. La alegría de María está en la raíz de todos los jubileos futuros. Así pues, en su corazón materno se preparó también el ju- bileo que nos disponemos a celebrar. Por este motivo, la Virgen santísima debe estar presente de un modo, por decir así, «transversal» al tratar los temas previstos durante toda la fase preparatoria (cf. Tertio millennio adveniente, 43). Nuestro jubileo deberá ser una partici- pación en su alegría.

2. La inseparabilidad de Cristo y de María deriva de la vo- luntad suprema del Padre en el cumplimiento del plan de la Encarnación. Como dice san Pablo: «al llegar la

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plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4, 4).

El Padre quiso una madre para su Hijo encarnado, a fin de que naciera de modo verdaderamente humano. Al mismo tiempo, quiso una madre virgen, como signo de la filiación divina del niño.

Para realizar esta maternidad, el Padre pidió el consen- timiento de María. En efecto, el ángel le expuso el pro- yecto divino y esperó una respuesta, que debía brotar de su voluntad libre. Eso se deduce claramente del relato de la Anunciación donde se subraya que María hizo una pregunta en la que se refleja su propósito de conservar su virginidad. Cuando el ángel le explica que ese obstá- culo será superado por el poder del Espíritu Santo, ella da su consentimiento.

3. «He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra» (Lc 1, 38). Esta adhesión de María al proyecto divino tuvo un efecto inmenso en todo el futuro de la humanidad. Podemos decir que el «sí» pronunciado en el momento de la Anunciación cambió la faz del mun- do. Era un «sí» a la venida de Aquel que debía liberar a los hombres de la esclavitud del pecado y darles la vida divina de la gracia. Ese «sí» de la joven de Nazaret hizo posible un destino de felicidad para el universo.

¡Acontecimiento admirable! La alabanza que brota del corazón de Isabel en el episodio de la Visitación pue- de expresar muy bien el júbilo de la humanidad entera:

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«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno» (Lc 1, 42).

4. Desde el instante del consentimiento de María, se reali- za el misterio de la Encarnación. El Hijo de Dios entra en nuestro mundo y comienza su vida de hombre, sin dejar de ser plenamente Dios. Desde ese momento, Ma- ría se convierte en Madre de Dios.

Este título es el más elevado que se puede atribuir a una creatura. Está totalmente justificado en María, porque una madre es madre de la persona del hijo en toda la integri- dad de su humanidad. María es «Madre de Dios» en cuan- to Madre del «Hijo, que es Dios» aunque su maternidad se define en el contexto del misterio de la Encarnación.

Fue precisamente esta intuición la que hizo florecer en el corazón y en los labios de los cristianos, ya desde el siglo III, el título de Theotókos, Madre de Dios. La plegaria más antigua dirigida a María tiene origen en Egipto y suplica su ayuda en circunstancias difíciles, in- vocándola «Madre de Dios».

Cuando más tarde algunos discutieron la legitimidad de este título, el concilio de Efeso en el año 431, lo apro- bó solemnemente y su verdad se impuso en el lenguaje doctrinal y en el uso de la oración.

5. Con la maternidad divina, María abrió plenamente su co- razón a Cristo y, en él, a toda la humanidad. La entrega total de María a la obra de su Hijo se manifiesta sobre todo, en la participación en su sacrificio. Según el testi-

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monio de san Juan, la Madre de Jesús «estaba junto a la cruz» (Jn 19, 25). Por consiguiente se unió a todos los sufrimientos que afligían a Jesús. Participó en la ofrenda generosa del sacrificio por la salvación de la humanidad.

Esta unión con el sacrificio de Cristo dio origen en María a una nueva maternidad. Ella, que sufrió por to- dos los hombres, se convirtió en madre de todos los hombres. Jesús mismo proclamó esta nueva maternidad cuando le dijo desde la cruz: «Mujer, he ahí a tu hijo» (Jn 19, 26). Así quedó María constituida madre del discípu- lo amado y, en la intención de Jesús, madre de todos los discípulos, de todos los cristianos.

Esta maternidad universal de María, destinada a pro- mover la vida según el Espíritu, es un don supremo de Cristo crucificado a la humanidad. Al discípulo amado le dijo Jesús: «He ahí a tu madre» , y desde aquella hora «la acogió en su casa» (Jn 19, 27), o mejor, «entre sus bienes», entre los dones preciosos que le dejó el Maes- tro crucificado.

Las palabras «He ahí a tu madre» están dirigidas a cada uno de nosotros. Nos invitan a amar a María como Cris- to la amó, a recibirla como Madre en nuestra vida, a de- jarnos guiar por ella en los caminos del Espíritu Santo.

6. Una reflexión especial quisiera tener para vosotras mu- jeres que habéis recurrido al aborto. La Iglesia sabe cuantos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisión y no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso dra-

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mática. Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior. Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto. Sin embargo, no os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e inter-

pretadlo en su verdad. Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón

y su paz en el sacramento de la Reconciliación.

Os daréis cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor. Ayudadas por el consejo y la cercanía de per- sonas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuen-

tes del derecho de todos a la vida. Por medio de vuestro compromiso por la vida, coronado eventualmente con el nacimiento de nuevas creaturas y expresado con la acogida y la atención hacia quien está más necesitado de cercanía, seréis artífices de un nuevo modo de mirar

la vida del hombre.”

(Evangelium Vitae Juan Pablo II)

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Para reflexionar

“El Creador del universo es el Dios del amor y de la vida. Él quiere que el hombre tenga la vida y la tenga en abun- dancia” (cf. Jn 10,10)

“Un niño concebido en el seno de la madre, es un ser in- defenso que espera ser acogido y ayudado.” (Juan Pablo II -Cruzando el Umbral de la Esperanza - Edit. Plaza & Janes - 1994 - p.202)

“Los primeros meses de su presencia en el seno materno crean un vínculo particular, que ya tiene un valor educativo. La madre, ya durante el embarazo, forma no sólo el orga- nismo del hijo, sino indirectamente toda su humanidad. / / El padre debe colaborar responsablemente ofreciendo sus cuidados y su apoyo durante el embarazo e incluso, si es posible, en el momento del parto.” (Juan Pablo II - “Carta

a las Familias” - 1994 - Nº 16)

“Un niño es la alegría no sólo de sus padres, sino también

de la Iglesia y de toda la sociedad” (Juan Pablo II - “Carta

a los Niños” - 1994)

“Te doy gracias mujer-madre, que te conviertes en el seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento y punto de referencia en el posterior camino de la vida” (Juan Pablo II - Carta a las Mujeres - 1995)

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“¿Cuál fue la buena nueva que Dios vino a traernos? Que Dios es Amor. Que Dios nos ama. Que Dios nos ha hecho

para amar y ser amados. No so-

mos solo un número mas en el mundo. Es por eso que re- sulta maravilloso reconocer la presencia del niño no nacido, del regalo de Dios, el mayor regalo que Él puede hacer a la familia, porque ese niño es el fruto del amor.”

para cosas más grandes

Amor: Un fruto siempre maduro (Madre Teresa de Calcuta)

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A Nuestra Señora de la Dulce Espera

“María, Madre del amor hermoso, dulce muchacha de Naza- reth, tú que proclamaste la grandeza del Señor, diciendo que “si”, te hiciste Madre de nuestro Salvador y Madre nuestra atiende hoy las súplicas que te hago. En mi interior una nue- va vida está creciendo: un pequeño que traerá alegría y gozo, inquietudes y temores, esperanzas y felicidad a mi hogar.

Cuídalo y protégelo mientras yo lo llevo en mi seno. Y que, en el feliz momento del nacimiento, cuando escuche sus pri- meros sonidos y vea sus manos chiquitas, pueda dar gracias al Creador por la maravilla de este don que El me regala.

Que siguiendo tu ejemplo y modelo, pueda acompañar y ver crecer a mi hijo.

Ayúdame e inspírame para que El encuentre en mi un re- fugio donde cobijarse y, a la vez, un punto de partida para tomar sus propios caminos.

Además, dulce Madre mía, fíjate especialmente en aquellas mu- jeres que enfrentan este momento solas, sin apoyo o sin cariño.

Que puedan sentir el amor del Padre y que descubran que cada niño que viene al mundo es una bendición.

Que sepan que la decisión heroica de acoger y nutrir al hijo les es tenida en cuenta.

Nuestra Señora de la Dulce Espera, dales tu consuelo y va- lor”.

Amén

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Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nom- bre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdona- mos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

Amén

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura

y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Tí clamamos los desterrados hijos de Eva, a Tí suspira-

mos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstra- nos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en

el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.

Amén

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Rosario de la Dulce Espera

1 PADRE NUESTRO 5 AVES MARÍAS 3 er . MISTERIO 1 PADRE NUESTRO 2 do
1
PADRE NUESTRO
5 AVES MARÍAS
3
er .
MISTERIO
1 PADRE NUESTRO
2 do . MISTERIO
5 AVES MARÍAS
5 AVES MARÍAS
1
PADRE NUESTRO
1
er . MISTERIO
GLORIA
SALVE
PADRE NUESTRO

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Rosario de la Dulce Espera

Dios Padre cuya bondad es infinita había escogido una fa- milia de la tierra. Ella debía tener una hija Santa y pura de una concepción Inmaculada para que Jesús pudiera tomar un cuerpo humano, el hijo del hombre, pero conservan- do su divinidad de Hijo de Dios, por eso en este Rosario contemplamos 3 misterios dirigidos al don de la vida y la encarnación de Dios:

1 er Misterio

La encarnación de María en el vientre de su Madre Santa Ana

Santa Ana desposada con San Joaquin tuvo un verdadero matrimonio, ellos se amaron como marido y mujer. Para que ella siendo estéril hasta entonces, por obra del Espiritu Santo pudiera llevar en su seno a esta niña Santa.

Dios mismo la purificó y su seno fue lavado del pecado original, así María fue concebida sin pecado.

- 1 Padre Nuestro (cuenta blanca).

- 5 Ave Marías (cuentas celestes).

2 do Misterio

La encarnación de Jesús en el vientre de Maria

En su bondad infinita, nuestro Padre ha escogido a María para hacer pasar a su hijo único al mundo de los hombres”

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Yo, la luz he venido al mundo para que todo el que crea en

mi no siga en tinieblas” Jn 12

María dijo si a la voluntad de Dios “yo soy la esclava del Señor, Hágase en mi según tu palabra” el Padre la escogió

en su humildad, por eso es la Inmaculada Concepción, la bienaventurada siempre áirgen María.

Por ella, con ella y en ella todo debe cumplirse para resta- blecer el orden divino en esta tierra.

- 1 Padre Nuestro.

- 5 Ave Marías.

3 er Misterio María, Madre de toda la Humanidad.

Si el hijo de Dios pasó por ella para asemejarse a los hijos

de

la tierra y reunirlos en Dios, la iglesia que reúne a todos

los

miembros de Cristo, debe pasar por María como Cristo

para renacer santa, pura sin mancha y sin arruga.

Estos hijos de la luz no podrían ser dados a la vida sino por la madre de la Encarnación Divina.

María es la puerta del cielo

María es la madre de toda la iglesia.

- 1 Padre Nuestro.

- 5 Ave Marías.

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Novena a la Dulce Espera

Oraciones para cada día. Para los padres que quieren tener un hijo.

PARA REALIZAR LOS NUEVE DIAS

1. Señal de la cruz

En el nombre del Padre, del hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

2. Para arrepentirse de los pecados.

Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran com- pasión borra mis faltas Crea en mí, Dios mío, un corazón puro y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia, Ni retires de mi tu Santo Espíritu. Nuestra Señora de la Dulce Espera, Ruega por nosotros y por nuestros hijos

3. Seguir la reflexión propia de cada día.

4. Rezo del Rosario.

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Día Primero

El Señor nos regala la vida

El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “Alégrate! Lle-

na de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras ella quedó desconcertada y se preguntaba que podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: “No temas María porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo y le

pondrás por nombre Jesús”

del Señor, hágase en mí según tu palabra”(Lc. 1, 28-31 y 38)

Reflexión

María pronunció estas palabras por medio de la fe. Y así, a través de María, la Vida vino a nosotros. Ella, plenamente mujer, se confió a Dios sin reservas, se mostró completa- mente dispuesta a la acción del Espíritu Santo y en esta respuesta se entregó a cooperar con la Gracia de Dios

Oración

Dijo María: “He aquí la esclava

Al comenzar este primer día de la novena, te expresamos Madre nuestro amor. Venimos con confianza a pedirte por nuestras necesidades, haz que te imitemos en tu Sí a Dios.

Comprende nuestro pedido, atiéndelo.

A cada intención respondemos: te lo pedimos Señor

- Por María, nuestra madre.

- Por todos los padres y madres que esperan un hijo.

- Por la intención con que rezamos esta novena.

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Día segundo

El Señor nos invita a ponernos al servicio de la vida

En aquellos días María partió y fue sin demora a un pueblo de

la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a

Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de ale- gría en su seno, e Isabel llena del Espíritu Santo, exclamó: “Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”! Feliz de ti por haber creído que se cumplirá todo lo que te fue anunciado de parte del Señor. (Lc. 1, 39-45)

Reflexión

Las palabras de Isabel “Feliz de ti por haber creído” se apli- can no sólo a aquel momento concreto de la anunciación, sino a toda la vida de María. En su peregrinar hacia Dios, María recorrió un camino de fe a lo largo de toda su vida.

Y lo hizo de modo heroico. En su “obediencia de fe” ella se

abandonó a Dios y “esperando contra toda esperanza, creyó” cada día, en medio de todas las pruebas y contrariedades.

Oración

María, madre de Jesús y madre nuestra, intercede ante tu Hijo y enséñanos a amar y servir a los demás. Que siguien- do tu ejemplo de disponibilidad, sepamos aceptar la vida como el don gratuito que Dios nos ha dado; y que poda- mos proteger, nutrir, y acoger a aquel niño que recibamos como hijo. Que podamos recorrer con fe y esperanza los caminos que nos llevan a cumplir la voluntad del Padre.

A cada intención respondemos: te lo pedimos Señor

- Por María, nuestra madre.

- Por los que desean recibir la gracia de un hijo.

- Por la intención con que rezamos esta novena.

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Día Tercero

Dios hace maravillas con nuestra vida

María dijo entonces: Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, por- que El miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas, su nombre es Santo!! (Lc. 1, 46-50)

Reflexión

Cuando Isabel saludó a la joven pariente que llegaba de Na- zaret, María respondió con el Magníficat. Es la alabanza de todo su ser hacia Dios, expresada de forma poética, pero sencilla. Sus palabras están inspiradas en muchos textos sa- grados del pueblo de Israel y reflejan el gozo de su espíritu, la felicidad que le provoca ser consciente de que en ella se realiza la promesa hecha “en favor de Abraham y su des- cendencia por siempre”.

Oración

María, madre de Jesús, enséñanos a rezar con fe, con aper- tura de corazón y sencillez. No sólo por nuestras necesi- dades sino también por las de todos aquellos que sufren y necesitan de nosotros y de nuestra palabra de esperanza. Que de nuestra boca, como de la tuya, broten palabras de alabanza hacia el Creador y Dador de vida.

Dios Padre Nuestro, rico en amor y misericordia, que este tiempo de espera se transforme en una oportunidad de

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crecer en nuestra fe y nuestra entrega a los demás. Que podamos encontrar momentos de alegría y felicidad y los compartamos con quienes nos rodean.

A cada intención respondemos: te lo pedimos Señor

- Por María, nuestra madre.

- Por todos los bebés que crecen y se preparan para nacer.

- Por la intención con que rezamos esta novena.

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Día Cuarto

Y “

llegó el momento de ser madre”

Mientras se encontraban en Belén le llegó el tiempo de ser

madre; y María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió

en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. Lc. 2, 6 – 7

Reflexión

María da su consentimiento a la elección de Dios, para ser la madre de su Hijo por obra del Espíritu Santo y toda su existen- cia está marcada por la certeza de que Dios está a su lado y la acompaña con su providencia benévola. Nuestra Señora de la Dulce Espera, ayúdanos a ser sencillos y pobres de corazón para alimentarnos de tu amor y crecer en fe y esperanza. Sabiendo que todo lo debemos esperar de tu Hijo, nuestro Salvador. Ayú- danos que a semejanza tuya vivamos con la certeza de que Dios está a nuestro lado y nos acompaña con su divina providencia.

Oración a la Virgen de la Dulce Espera

Virgen María, Madre de Dios, que cobijaste en tu seno al Salvador, te pedimos que nos protejas en este momento, en que confiadamente esperamos un hijo, para que podamos aceptarlo con amor; educarlo de modo que “crezca en sabi- duría, estatura y gracia” ante los ojos de Dios; y conducirlo con nuestro ejemplo a la casa del Padre. Amen.

A cada intención respondemos: te lo pedimos Señor

- Por María, nuestra madre.

- Por el momento del parto y del nacimiento.

- Por las intenciones particulares con que rezamos esta novena.

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Día Quinto

Nuestro hijo, plan de amor de Dios Padre

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a las fiestas se- gún la costumbre, y cuando estas terminaron se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Al tercer día lo encontraron, en el Templo senta- do en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas, todos los que oían quedaban desconcertados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo quedaron extrañados y le dijo su madre: Hijo ¿Por qué te has portado así con nosotros? Mira con que angustia te buscábamos tu padre y yo!! El les contestó: - ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Lc. 2, 41 y 46 – 50

Reflexión

Durante los años de su vida oculta en Nazaret, Jesús “vivía sujeto a ellos” (Lc. 2,51): sujeto a María pero también sujeto a José, porque éste hacía las veces de padre ante los hom- bres; de ahí que el hijo de María era considerado también por la gente como “el hijo del carpintero” (Mt. 13,55).

Cuando el evangelista nos dice que “Ellos (José y María) no entendieron lo que les decía” pone de relieve que aún su madre vivía en la intimidad con el misterio de Jesús, hijo de Dios, solo por medio de la fe. “Feliz la que ha creído”.

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Oración

Jesús, concédenos comprender, con la ayuda de tu gracia,

aquellas cosas y situaciones que se nos van presentando en

la vida.

María, madre de los vivientes, que acogiste la Vida en nom- bre de todos y para el bien de todos, guíanos en el camino, protege a nuestros hijos y familias. Enséñanos a estar en las cosas del Padre.

A cada intención respondemos: te lo pedimos Señor

- Por María, nuestra madre.

- Por nuestros hijos.

- Por nuestras familias.

- Por las intenciones particulares con que rezamos esta novena.

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Día sexto

María, nuestra madre, está atenta a nuestras necesidades

Tres días después se celebraron unas bodas en Canaán de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Y Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le respondió: Mujer ¿Qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía. Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan lo que El les diga.” (Jn. 2, 1-5)

Reflexión

María manifiesta una maternidad nueva según el espíritu, cuando va al encuentro de las necesidades del hombre. En Canaán de Galilea se muestra solo un aspecto concreto de la indigencia humana, aparentemente pequeño y de poca importancia (“no tienen vino”). Pero esto tiene un valor simbólico. María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. En su papel de madre se pone “en medio”, se hace mediadora. Ella intercede por los hombres y se pone como portavoz de la voluntad de su Hijo: “Hagan lo que él les diga”.

Oración

María, madre del amor hermoso, intercede para que Jesús atienda nuestras necesidades. Enséñanos a hacer todo lo que Él nos dice y a pedir en la oración el conocimiento que todavía nos falta para tener el gusto profundo de las cosas de Dios. Que sepamos ver las necesidades de los que nos

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rodean y podamos brindarnos generosamente, ayudando a quienes, en este momento fundamental de sus vidas se en- cuentran solas y desamparadas.

A cada intención respondemos: te lo pedimos Señor

- Por María, nuestra madre.

- Por las madres que están solas.

- Por los padres que no tienen trabajo.

- Por la intención particular con que rezamos esta No- vena.

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Día Séptimo

Tu hijo también tiene una misión

Todavía estaba hablando a la multitud cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera trataban de hablar con Él, al- guien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte” Jesús les respondió “¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos? Y señalando con la mano a sus dis- cípulos agregó “Estos son mi madre y mis hermanos, porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. (Mt 12, 46-50)

Reflexión

María es la primera entre “aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” Y por eso, aquella bendición pro- nunciada por Jesús se refiere en primer lugar a Ella. María se convierte, en cierto sentido, en la primera “discípula” de su Hijo y por medio de su fe descubre otro sentido de su maternidad: una nueva maternidad según el espíritu y no únicamente según la carne.

Oración

Madre nuestra, Señora de la Dulce Espera, nos enseñas que más importante que el vínculo carnal es la relación que nace y se forma por cumplir con lo que Dios nos pide. El amor se construye día a día, así queremos servir al Señor y acep- tar su voluntad. Que podamos testimoniar el significado del amor auténtico diciendo cada día que sí.

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Acuérdate de las familias que han abierto su corazón a la adopción, ayúdalos en la alegría de su generosidad a que puedan gustar los hermosos nombres de padre y madre. Que teniéndote a vos como modelo incomparable de aco- gida y cuidado de la vida puedan dar gracias cada día por esa vida que se les entrega.

A cada intención respondemos: te lo pedimos Señor

- Por María, nuestra madre.

- Por los que desean adoptar

- Por la intención particular con que rezamos esta No- vena.

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Día Octavo:

Amar a Dios por sobre todas las cosas

Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y dijo: “Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron” Jesús le respondió: “Feli- ces mas bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.” (Lc. 11, 27-28)

Reflexión

Esta frase constituía una alabanza para María como madre de Jesús según la carne. A través de aquellas palabras ha pasado rápidamente por la mente de la muchedumbre, al menos por un instante, el evangelio de la infancia de Jesús. Es el evangelio en que María está presente como la madre que concibe a Jesús en su seno, lo da a luz y lo amamanta maternalmente: la madre-nodriza a la que se refiere aquella mujer del pueblo.

Gracias a esta maternidad, Jesús es un verdadero hijo del hombre. Jesús con su respuesta quiere quitar la atención de la maternidad entendida sólo como vínculo de carne, para orientarla hacia aquel misterioso vínculo del espíritu, que se forma en la escucha y la observancia de la palabra de Dios.

Oración

María, muchachita de Nazaret, vos que viviste las dimen- siones de lo humano y de lo femenino de manera perfecta, intercede por nosotros para que seamos atentos escuchas de la Palabra de Dios. Aleja de nosotros todo lo que nos

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impida practicar lo que Jesús nos enseñó. Pon en nuestra boca tus palabras, tus intenciones y todo lo que pueda abrir nuestro corazón al bien y al amor.

A cada intención respondemos: te lo pedimos Señor

- Por María, nuestra madre.

- Por que las mujeres puedan amamantar a sus hijos, dándoles su leche y amor.

- Por que todos los padres puedan ayudar a crecer a los hijos.

- Por la intención con que rezamos esta novena.

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Día Noveno

Jesús nos da a María como madre

Al ver a la Madre y cerca de ella al discípulo a quien Él ama- ba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. (Jn. 19, 25-27)

Reflexión

La maternidad de María, que se convierte en herencia del hombre es un don, un don que Cristo mismo hace personal- mente a cada hombre. A los pies de la cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la madre de Cristo. La entre- ga es la respuesta al amor de una persona y, en concreto, al amor de la madre. Por eso, a través de los siglos, de entre los diversos pueblos y naciones de la tierra, el hombre se dirige a María con veneración y confianza, como quien se dirige a su madre y busca en su fe el sostén para la propia fe.

Oración

María Santísima, Madre de Jesús y Madre nuestra, sabemos que nos acompañas en el camino de la vida intercediendo por nosotros y por nuestras necesidades, dános un corazón fuerte y generoso. Gracias porque cada uno de nosotros somos partícipes de la vida de Dios.

Te pedimos que nos enseñes a respetar, proteger y defender la vida, especialmente la más débil e inocente.

Inspira y protege especialmente a aquellos hombres y mujeres que condicionados por el medio y las circunstancias que los ro- dean, no llegan a ver que la vida es siempre un bien. Que ellos

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sepan que “Ninguna cosa es imposible para Dios” (Lc. 1,30 37) y se entreguen con confianza a su providencia benévola.

Bendícenos y guíanos en este camino para poder florecer en virtud y santidad. Confiamos en tu intercesión y espera- mos con fe que Jesús nos conceda lo que pedimos.

A cada intención respondemos: te lo pedimos Señor

- Por María, nuestra madre.

- Por los bebés no deseados, sus madres y padres.

- Por los niños abandonados.

- Por los que sufren.

- Por las intenciones particulares con que rezamos esta No- vena.

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Oración para esposos

Invocación sobre los esposos que suplican la gracia de tener familia

“Ven Espíritu Santo, llena el corazón de estos esposos con la gracia de tu amor y atiende la súplica que te hacen.

Dios de bondad, de quien procede toda paternidad, te pedi- mos por quienes anhelan tanto el don de los hijos que pue- dan ver a esas criaturas en sus hogares. Bendice su amor para que sea fecundo y así también haya otros corazones que te alaben. Que Santa María, Madre de Dios, interceda para que estas familias crezcan por el milagro del amor y de la vida.

Salmo

Una alabanza a Dios, de una madre que espera a que se produzca en ella el milagro de la vida

Salmo 138 13-16

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno ma- terno.

Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.

Porque son admirables tus obras; Conocías hasta el fondo de mi alma, no desconocías mis huesos.

Cuando en lo oculto me iba formando y entretejiendo en lo profundo de la tierra, tus ojos veían mis acciones, se es- cribían todas en tu libro, calculados estaban mis días antes que llegase el primero.

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Magnificat

Mi

alma alaba al Señor, y mi corazón se alegra en

Dios mi Salvador; porque Dios ha tomado en cuen-

ta

a su pobre esclava, y desde ahora la gente de to-

dos

los tiempos me dirá feliz.

Porque el Dios poderoso en mi ha hecho grandes cosas; su nombre es Santo.

Siempre tendrá misericordia de todos los que le tie- nen temor .

Obras poderosas ha hecho; venció a los de corazón orgulloso.

A

los poderosos hizo bajar de sus puestos, y a los

humildes los levantó.

A

los que tenían hambre los lleno de bienes y a los

ricos los dejó ir con las manos vacías.

Ayudó a la nación de Israel, su siervo, no olvidó tenerle compasión según su promesa a nuestros padres, a Abraham y a su familia para siempre…

 

Lucas, 46 a 56

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Carta de una madre a su hija

Por Karen Martínez

Estábamos sentándonos a comer cuando mi hija casualmen-

te menciona que ella y su esposo están pensando en “empe-

zar una familia.” “Nosotros estamos haciendo una encuesta,” dice ella en broma. “¿Creen que debería tener un bebé?”

“Cambiará tu vida,” digo cuidadosamente manteniendo mi tono neutral. “Yo sé,” dice, “no más fiestas los fines de semana, no más vacaciones espontáneas ”

Pero eso no es en lo absoluto lo que yo quise decir. Miro a

mi hija intentando decidir que decirle. Quiero que sepa lo

que ella nunca aprenderá en clases de parto. Quiero decirle que las heridas físicas por dar a luz un niño sanarán, pero que el volverse madre la dejará con una herida emocional

tan profunda por la cual ella será vulnerable para siempre.

Pienso en advertirle que ella nunca leerá de nuevo un pe- riódico sin preguntarse “¿y si eso le hubiera pasado a mi niño?” Que cada accidente de aviación, cada incendio en una casa la obsesionará. Que cuando vea fotos de niños hambrientos, se preguntará si algo podría ser peor que vivir la muerte de tu hijo.

Yo la miro cuidadosamente, sus uñas finamente pintadas y el traje elegante y pienso que no importa cuan sofisticada ella sea, el convertirse en madre la reducirá al nivel primiti-

vo de una osa que protege su cachorro.

Que una llamada urgente de “¡Mama”! le hará dejar caer un soufflé o su mejor cristal sin vacilar por un momento.

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Siento que debo advertirla que no importa cuantos años ella haya invertido en su carrera, ésta se descarrilará profe- sionalmente a causa de su maternidad. Ella podrá hacer los arreglos para dejar al niño en casa al cuidado de una niñera, pero un día irá en camino de una reunión de negocios im- portante y recordará el dulce olor de su bebé, y tendrá que usar cada gramo de su disciplina para no correr a casa, solo para asegurarse que su bebé está bien.

Yo

quiero que mi hija sepa que las decisiones cotidianas ya

no

serán rutina. Que el deseo de un niño de cinco años de ir

al baño de hombres y no al de mujeres en McDonald se vol- verá un dilema mayor. Que justo allí, en medio del ruido de bandejas y niños gritando, los problemas de independencia e identidad de sexo serán sopesados contra la perspectiva de que haya un abusador de niños acechando en ese baño.

No importa cuan decisiva pueda ser ella en su trabajo, se cri- ticará a si misma constantemente en su papel de madre. Mi-

rando a mi hija tan atractiva quiero asegurarle que en el futuro

ella

perderá los kilos de más del embarazo, pero nunca se sen-

tirá

igual sobre ella misma. Que su vida, ahora tan importante,

será de menos valor para ella una vez que tenga un niño.

Que ella renunciaría a esta en un momento por salvar sus hijos, pero que también empezará a desear más años - no para lograr sus propios sueños, sino para ver a sus hijos lograr los suyos.

Yo quiero que ella sepa que una cicatriz de cesárea o las

estrías se convertirán en insignias de honor. La relación de

mi hija con su marido cambiará, pero no de la manera que

ella piensa.

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Deseo que ella pudiera entender cuanto más uno puede amar

a un hombre que tiene cuidado para empolvar a su bebé o que

nunca duda para jugar con su niño. Yo pienso que ella debería saber que se sentirá de nuevo completamente enamorada de él por razones que ahora encontraría muy poco románticas. Yo deseo que mi hija pudiera darse cuenta del lazo que ella sentirá con mujeres a lo largo de la historia que han intentado detener guerras, discriminación y borrachos al volante.

Espero que ella entienda por que yo puedo pensar racio- nalmente sobre la mayoría de los problemas, pero ponerme

como loca cuando discuto sobre la amenaza que supone una guerra nuclear en el futuro de mis hijos. Yo quiero des- cribir a mi hija la euforia de ver a su niño cuando aprenda

a montar una bicicleta. Quiero capturar para ella las carca-

jadas de un bebé que está tocando la piel suave de un perro

o un gato por primera vez. Quiero que saboree la dicha que es tan real, que de hecho duele.

La mirada interrogativa de mi hija me hace caer en cuenta de las lágrimas que se han formado en mis ojos. “Nunca te arre- pentirás de ello,” digo finalmente. Entonces alcanzo por sobre la mesa la mano de mi hija y la aprieto y ofrezco una oración si- lenciosa por ella, por mi y por todas las mujeres que tropezaron en su camino hacia la mas maravillosa de todas las profesiones.

Este regalo bendito de Dios

el hecho de ser MADRE.

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Oración a María de un hijo agradecido

Un mensaje a la que siempre será nuestra Madre interce- diendo ante Dios por nosotros

Gracias Madre porque te atreviste a tomar la vida con las dos manos.

Gracias porque fuiste valiente,

Gracias porque entendiste la maternidad como un servicio a la vida y la virginidad como una entrega.

Gracias por ser alegre en un tiempo de tristes, por ser va- liente en un tiempo de cobardes.

Gracias por atreverte a ir embarazada hasta Belén.

Gracias por haber sabido ser una mujer de pueblo.

Gracias por haber sabido vivir sin milagros ni prodigios.

Gracias por haber sabido que estar llena no era estarlo de títulos y honores sino de amor.

Gracias por haber respetado la vocación de tu hijo, por ha-

haber sabido quedarte

en silencio y en la sombra durante su misión.

Gracias por seguir siendo madre y mujer en el cielo por no cansarte de amamantar a tus hijos de ahora.

berlo dejado crecer en libertad

por

Gracias por ser entre los hombres y mujeres la que más se ha parecido a tu Hijo.

La que más cerca ha estado y está aún de Dios.

Amén.

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Oración de una madre que ha abortado

“ Ayúdame a sentir tu perdón Señor, a recuperar mi propia integridad y reconciliarme. Estoy destrozada.

No permitas que vuelva a alejarme de Ti.

No importa las pruebas que me mandes déjame sentir tu amor. Ayuda a todas las personas que comparten el dolor de este pecado. Cuídanos y ayúdanos a sanarnos y sobre todo, cuida a nuestros hijos

Los hemos puesto en tus manos divinas, permite que María Madre de todos, los cuide hasta reencontrarnos con ellos. Cuéntales a nuestros hijos cuanto los amamos y cuanta falta nos hacen.

Gracias Señor por tu infinita Misericordia.

Amen

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NUESTRA SEÑORA DE LA DULCE ESPERA

ORACION

Nuestra Señora de la Dulce Espera, en la experiencia de tu maternidad protegida por el Espíritu Santo, has compartido nuestra esperanza, así como nuestras penas y alegrías

Ya que reinas gloriosa junto a tu Hijo Jesucristo, Salvador y Señor Nuestro, sabemos que quieres venir en nuestra ayuda.

Atiende esta súplica y protégenos en el momento en que confiadamente esperamos un hijo para que podamos aceptarlo con amor, educarlo en la fe católica, y conducirlo con nuestro ejemplo hasta la casa de Dios Padre

Amén

Honor y Gloria a los Sagrados Corazones de Jesús y María

con nuestro ejemplo hasta la casa de Dios Padre Amén Honor y Gloria a los Sagrados

Impreso en Agosto 2009

MARÍA es puerta del Cielo MARÍA es Madre de la Iglesia

En su bondad infinita, Nuestro Padre ha escogido a MARÍA para hacer pasar a su Hijo Unico al mundo de los hombres. Hoy, nuestro Padre ha escogido a MARÍA para hacer pasar a toda esta humanidad y a todos los hombres a esta tierra nueva con Cielos Nuevos: por MARÍA que es la Hija, la Esposa, la Madre del Dios Unico y Verdadero.