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CORA SADOSKY

Investigación Científica y Dependencia

PRIMERA EDICION

TUNJA 1975

Tomado de “transformaciones”, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo Nº 108, Centro Editor De América Latina México.

INVESTIGACION CIENTIFICA

Y

DEPENDENCIA

COLECCIÓN NUEVA UNIVERSIDAD Nº 9.

“A medida que arrancamos más cosas a la naturaleza gracias a la organización del trabajo, los grandes descubrimientos y las invenciones, mas caemos en la inseguridad de la existencia. No parece que seamos nosotros quienes dominamos las cosas sino ellas las que nos dominan. Ahora bien, esta apariencia subsiste porque ciertos hombres, por intermedio de las cosas, dominan a otros hombres. No seremos liberados de los poderes naturales más cuando seamos liberados de la violencia de los hombres. Si queremos aprovechar, como hombres, nuestro conocimiento de la naturaleza, será necesario que agreguemos a nuestro conocimiento de la naturaleza, el conocimiento de la sociedad humana”. Bertold Brecht

El titulo de este capítulo investigación científica y dependenciarequiere una explicación: No se trata de acoplar el término “dependencia” indiscriminadamente a todo lo que nos rodea, sino de puntualizar que la investigación científica lejos de ser una actividad aislada, es una práctica social que comparte sus características esenciales con la sociedad toda.

Para comprender lo que queremos decir con “investigación científica y dependencia” debemos entender que la ciencia se hace en el seno de cada sociedad determinada, de la cual forma parte y a la cual refleja, tanto en su organización como en sus aplicaciones. Para quienes se aferran al sistema de considerar a la ciencia como un ente neutral, conglomerado de todos los conocimientos adquiridos por la humanidad gracias al esfuerzo de los investigadores que, por encima del bien y del mal,

trabajan guiados solo por un afán ardiente de encontrar la verdad, el solo enunciado de que la investigación científica que se realiza en un país depende fundamentalmente del grado de independencia que ese país haya alcanzado en el plano político, económico y cultural, puede parecer como una herejía. Sin embargo, la historia de las sociedades humanas provee una sucesión de ejemplos de cómo cada estructura social produce la ciencia que le es posible y necesaria, en forma tan ineluctable como esa ciencia revierte sobre el entorno social el producto de sus frutos para modificarlo.

La historia de la ciencia no es simplemente la de un proceso acumulativo de los conocimientos que el hombre se ha empeñado en adquirir sobre la naturaleza a fin de dominarla y utilizarla; es sobre todo la historia de los medios con que el hombre ha contado para realizar ese empeño y de las formas con las cuales, en cada época, fue capaz de usar los medios de que disponía.

Existe una tendencia a creer que las cosas son como son y no podrían ser de otra manera por una especie de “designio natural”. Esa tendencia es sólidamente reforzada por toda la educación destinada a mantener el statu quo. Esa educación es, precisamente, la que se empeña en mostrar al desarrollo científico como “natural” –y, por supuesto, esencialmente “bueno” – independiente de los avatares políticos y de las contingencias sociales. Sin embargo, la creciente aceleración experimentada sobre todo en los últimos treinta años, en la transmisión del conocimiento científico a la tecnología y la verdadera invasión de ésta en la vida del hombre medio, vuelven cada vez más difícil la preservación de mitos y prejuicios. Hoy está al alcance de todos los interesados en el problema en

comprender que la ciencia tal como la conocemos y más que la ciencia como entelequia, la comunidad científica actual: sus miembros, sus medios, su poder, sus preguntas, sus resultadoses lo que no es, no por “designio divino” sino porque es una de las estructuras de nuestra sociedad.

Como dice Marcelo Cini:

“estamos llevados a impugnar el dogma de la neutralidad de la ciencia, tan profundamente arraigado en el espíritu y la conciencia de tantos de nosotros, en la medida que nos volvemos conscientes de que no es posible separar el objeto de nuestro acto de conocimiento, de las razones de ese acto; que no es posible distinguir entre el momento de la investigación de la realidad t el momento de la formación de esa realidad” 1 .

Por otra parte, en el sistema capitalista occidental conformado, por razones económicas y políticas, de manera tal que sólo puede lograr un equilibrio, aunque sea inestable, sobre la base de mantener la existencia de un grupo de países inmensamente ricos y extremadamente desarrollados a costa de mantener en la pobreza y el atraso a la inmensa mayoría del género humano, no resulta sorprendente que la función social de la ciencia en los países dependientes sea la de contribuir a reforzar esa dependencia.

Nuestra principal preocupación gira en torno a lo que ocurre en los países capitalistas de América Latina. Creemos que en ellos la dependencia se manifiesta como fruto del sistema económico imperante no sólo en lo relativo a la política exterior o la política interior sino también en. la política científica.

damos una idea general de las

características de la investigación científica en el orden mundial e intentamos mostrar cómo la brecha que separa a los Estados Unidos de los países latinoamericanos que giran en su órbita se va ampliando constantemente.

En

lo

que sigue

La ciencia de nuestra época

Más del noventa por ciento de todos los científicos de la historia, desde la época de Euclides, Pitágoras y Arquímedes están vivos y en actividad en nuestros días 2 . Este fantástico hecho muestra a las claras la expansión de la actividad científica, sobre todo teniendo en cuenta que, como puntualizó el sociólogo de Solía Price en 1956 3 , en los últimos 300 años el crecimiento del número de científicos y de su productividad (en 'términos de trabajos publicados) es exponencial, es decir, que las cantidades se duplican cada diez o quince años.

La curva que se muestra en la figura 1 tendrá pronto que nivelarse, dado que los índices de crecimiento científico superan a los demográficos y de ingresos. Se ha calculado que si el crecimiento siguiera con la tasa actual, hacia mediados del siglo XXI todos los habitantes del planeta serían científicos. Y del misino modo, para ese entonces el peso de la totalidad de las revistas científicas (de las que ya hay más de 100.000 distintas) excedería el peso de la tierra

Sin recurrir a estas extrapolaciones más que para señalar una tendencia, vemos que la situación actual de un mundo en el que trabajan varios millones de científicos en proyectos altamente planificados y fabulosamente financiados está bien lejos de la realidad

millones de científicos en proyectos altamente planificados y fabulosamente financiados está bien lejos de la realidad

de aquellos sabios formados en círculos reducidos y con una escasa esfera de influencia inmediata que caracterizó a las sociedades precapitalistas. La interdependencia entre la ciencia y la tecnología, tal como la conocemos, que también es un hecho moderno, surge con el capitalismo en el siglo XVI y se intensifica definitivamente en el siglo XIX. A partir de entonces, tal como lo señala J. D. Bernal en la "Historia social de la ciencia", "el empico de la investigación científica es una forma de inversión del capital" y "la búsqueda del beneficio máximo es el factor predominante en la determinación del equilibrio de esfuerzos entre las industrias y las ciencias que las sirven" 4 . Ya no cabe hablar de ciencia pura y ciencia aplicada sino de ciencia en distintos niveles de aplicación. Los dos rasgos más característicos de la investigación y el desarrollo científico del mundo capitalista actual y particularmente de los Estados Unidos son, como lo destaca también Bernalla concentración y la militarización. En ningún otro período de la historia ha estado tan concentrada la producción industrial y en grado todavía mayor la investigación científica en una parte tan pequeña del mundo y nunca la proporción de la investigación militar respecto de la civil ha sido tan grande como en la actualidad.

En 1962, el 64% de los gastos gubernamentales en ciencia en Inglaterra se destinaba a fines militares, incluyendo el 52% del personal científico del gobierno. En Estados Unidos el porcentaje correspondiente es-'del 90%. El Departamento de Defensa y la Comisión de Energía Atómica de los EE. UU. financian alrededor del 25% de toda la investigación básica del país y acaparan, conjuntamente con la NASA, el casi 70% del total presupuestario para investigación y desarrollo 5 . Además, la relación de servicio del trabajo académico es

tal, que se puede decir actualmente que las universidades norteamericanas son la Cuarta Fuerza Armada de los Estados Unidos.

El análisis de la producción científica de un país dependiente requiere necesariamente el conocimiento de la estructura de poder de la ciencia en el país central, dado que los mecanismos que operan en ambos casos obedecen a los mismos esquemas y responden a similares motivaciones. Es por eso que la dependencia científica en países como los de América Latina tiene que ser situa- da en el contexto más amplio del control de la ciencia en los países capitalistas, con el agregado de los elementos locales de dependencia que modifican y particularizan la situación. Cabe, entonces, comenzar con el estudio de la financiación de la actividad científica en la metrópoli, ya que esta financiación no responde a circunstancias aleatorias o subjetivas sino que refleja fielmente los intereses del poder político y. financiero en el desarrollo de conocimiento útil para sus planes y objetivos. De hecho, el estudio somero del desarrollo científico europeo y estadounidense indica claramente que se financió la actividad científica con el objeto de facilitar el desarrollo industrial y comercial así como el dispositivo mi- litar necesario para asegurar que la política de la metrópoli se desenvolviera según las pautas requeridas para alcanzar sus fines. Esta orientación de la actividad científica hacia objetivos concretos políticos no constituye desde luego una deformación capitalista del proceso generador de conocimiento, sino la constante de todo sistema político: el desarrollo científico soviético y chino en este siglo también tuvo por objetivo la adquisición de los conocimientos necesarios para imple-mentar grandes líneas de acción política y militar. Si se examina el proceso desde esta óptica, resulta evidente que la planificación de la actividad científica nunca fue

caprichosa, sino más bien, por el contrario, destinada a crear conocimiento útil para el sistema político y social en el que se inserta. De esta circunstancia surge clara- mente que existe una diferencia cualitativa entre la planificación de la ciencia siempre orientada hacia fines concretosy la ejecución de la investigación científica, donde sí aparecen elementos psicológicos y políticos de otro tipo. En efecto, un científico puede no interesarse en el por qué de sus investigaciones, puede ser indiferente a las posibles aplicaciones ulteriores de sus resultados; o, en el caso contrario, puede estar íntimamente compenetrado con los objetivos políticos de la planificación, y entonces ser consciente de que su tarea tiene una razón y un objetivo claros. Esta última posición no individualiza al sistema político en "el que el científico vive, dado que se registra tanto en países capitalistas como en países socialistas. Lo que sí importa destacar es que sólo en los países capitalistas se nota masivamente el fenómeno primero, el de la ciencia practicada como deporte por profesionales disociados totalmente de las aplicaciones e indiferentes, por lo tanto, del destino final de sus, resultados. Y aquí asoma el segundo hilo del ovillo de la dependencia: la mitificación de la ciencia, ubicándola en una paradójica categoría de actividad lúdica o deportiva y hasta superflua, destinada fundamentalmente a acrecentar el acervo cultural.

La brecha que se ensancha

Cuando se dice que un reloj atrasa no se quiere significar que sus agujas marchan en sentido con- trario al habitual, sino que a medida que el tiempo pasa, la diferencia entre la hora señalada y la hora verdadera es cada vez mayor. La brecha se va ensanchando indefectiblemente. 6

Las raíces de la dependencia de América Latina son antiguas y profundas y la deformación cultural que han producido ha conseguido distorsionar hasta la imagen que tenemos de nosotros mismos como nación 7 . Aún loa historiadores "nacionalistas" que denuncian la desfiguración ocasionada por 1ª dependencia de Inglaterra y Estados Unidos reivindican el aporte civilizatorio de la España imperial y ocultan que ésta nos marcó con la primera impronta colonialista.

No cabo aquí pormenorizar la historia de nuestro sometimiento a los sucesivos patrones, pero puede ser útil dar sólo dos ejemplos de la acción "civilizadora" del colonialismo español para comprender que la dependencia cultural comenzó con él.

) no

hay razones 'psicológicas' ni 'sociológicas' para que en América no hayamos escrito novelas durante tres siglos en lo» cuales escribíamos profusamente versos, historia, libros de religión. La razón de este hecho, aunque raras veces se recuerde: en disposiciones legales de 1532 y 1543 se prohibía para todas las

colonias, la circulación de obras de imaginación pura, en prosa o en verso (''que ningún español o indio lea

libros de romances que traten

en esas

materias profanas y fabulosas e historias fingidas, porque se siguen muchos inconvenientes') y se ordenó que las autoridades no permitieran que se imprimieran o se trajeran de Europa".

Pedro Henríquez Ureña 8 explica que " (

Cuando, por iniciativa de Manuel Belgrano, secretario del Consulado, se creó en Buenos Aires la Escuela de Náutica, en 1799, la corte española declaró: "que semejante establecimiento era de mero

lujo" y la suprimió por "una orden que envolvía una severa reprimenda contra el Consulado que la había creado y fomentado" 9 . En" resumen, la acción civilizadora de la España colonial fue pobre y logró introducir los factores distorsionantes en la economía, la política y la cultura, que los yugos sucesivos no han hecho más que agravar.

Tomemos como ejemplo el caso argentino. Sabido es que la gesta emancipadora de Mayo dejó inconclusa la obra de la liberación, alcanzando solamente la libertad política con las limitaciones que implicaba el sometimiento económico a que nos redujo fácilmente el poder del naciente Imperio Británico.

No necesitamos recordar que, como semicolonia inglesa, el país "progresó" vendiendo sus productos naturales; la oligarquía terrateniente, personera local del imperialismo británico, se ha encargado de exaltar y llorar aquellos buenos tiempos de opulencia en que sé hicieron los ferrocarriles, se instalaron usinas eléctricas y teléfonos y se proveyó de todos los símbolos de la riqueza para uso de las clases dominantes criollas. Ese progreso reflejo empezó a ahondar la brecha que cada vez separa más a la Argentina como país dependiente, del progreso real que quedó reservado a la metrópoli.

La historia de ese proceso es historia que aún no está escrita y que para serlo necesitará del esfuerzo de los argentinos que sean capaces de superar prejuicios y banderías para buscar, científicamente, en las formas y los efectos reales del sometimiento los métodos y los objetivos de la verdadera liberación.

A los fines de este limitado enfoque del problema, bastará recordar, como símbolo, un acto del imperialismo inglés: el Tratado Roca-Runciman. Ese acuerdo fue, en cierto modo, la coronación de la obra realizada por Inglaterra para convertir a nuestro país en el más sumiso proveedor de materias primas adaptadas al gusto y la exigencia del comprador inglés y en el más obediente comprador de manufacturas adaptada:; también, por supuesto, al gusto y las exigencias británicas. El Tratado Roca-Runciman, firmado en 1933 y denunciado posteriormente en el Senado por Lisandro de la Torreestipulaba las condiciones de la compra de carnes argentinas por Inglaterra, estableciendo exigencias leoninas de sumisión a la industria y el comercio del país. Es un verdadero ejemplo de dominación imperial. Nos parece sumamente aleccionador destacar que la firma de ese Tratado coincidió con un hecho inusitado hasta entonces en la historia de la investigación científica, ocurrido en Inglaterra hacia la misma fecha: el científico Atsbury instaló, patrocinado por la industria textil, el primer laboratorio de física estructural de fibras de origen agropecuario cuyas investigaciones alcanzaron la mayor trascendencia y dieron origen ulteriormente a los trabajos de L. Pauling sobre modelos de plegamientos de proteínas y a las concepciones de Watson y Crick en genética molecular 10 .

El Tratado Roca-Runciman no ponía ningún límite al desarrollo de la enseñanza superior ni a la investigación científica argentina, pero era "natural" la distribución implícita del trabajo: los ingleses investigaban sobre problemas concretos qué su industria les planteaba, los 'argentinos se limitaban a producir las fibras que serían objeto de la investigación.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la Argentina siguió enviando sus carnes a Inglaterra. El fin de la guerra prácticamente coincidió con el derrumbe del Imperio Británico. Las cosas cambiaron, la Argentina dejó de ser "el granero del mundo" y los proveedores exclusivos de carne de la vieja Inglaterra, para con- vertirse, junto con el resto del Continente, en "el patio trasero" de la Gran Democracia del Norte.

El nuevo patrón no tiene ni siquiera interés en los productos tradicionales; los granos y la carne nada

valen frente a los minerales y a los frutos tropicales del Brasil o al petróleo de Venezuela. Argentina está destinada a ser simplemente una retaguardia tranquila, una reserva sumisa de consumidores de

y

Coca-Cola, de films, de chiclets, de historietas también de automóviles y de computadores.

El imperialismo norteamericano está perfec-

tamente de acuerdo en que se siga progresando en el atraso, en que se siga desarrollando la tecnología mediante la compra de sus patentes y su "conocimiento" (know-how), 11 en que se tenga cada vez más automóviles, más heladeras, más lavarropas

y más y más cualquier cosa de acuerdo a las normas

impuestas por el "estilo de vida" norteamericano.

El nuevo amo es, naturalmente, mucho más moderno que los anteriores; no sólo no tiene ningún inconveniente en que se desarrolle y progrese nuestra enseñanza superior y nuestra investigación

científica, sino que nos "ayuda" para que así .sea. Es claro que, dado que el capitalismo tiene como norma

la eficiencia y como criterio de valor la rentabilidad, es

preciso que las cosas se hagan bien y resulten útiles para ellos.

Parece previo al análisis de datos particulares acerca de la asistencia técnica que, por otra parte, no podrá hacerse aquí más que en forma muy sumaria, proporcionar algunas cifras que permitan reducir a sus justos términos el concepto de "ayuda" externa a nuestros países. Según datos de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (O.C.D.E.), la "ayuda" al resto del mundo por parte de Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental, Japón y Australia al- canzaba, en 1960, a 7.000 millones de dólares (1, 19% del producto bruto de esos países) y, en 1965, llegaba a 10.000 millones de dólares (0,97% del producto bruto), suma que, en realidad se reduce a 8.000 millones si se descuentan la reinversión de beneficios y los créditos a exportadores. Por su parte los países dependientes devuelve a los países centrales: 4.900 millones de dólares de beneficios más 1.100 millones de intereses de los empréstitos más 1.370 millones de fletes maríti- mos más 4.500 millones por degradación de los términos del intercambio. Es decir que en 1965 a cambio de 8.000 millones de dólares de "ayuda", los países pobres entregaban a los ricos 12.000 millones 12 .

Además, todas las cifras indican que, de mantenerse el statu-quo, las cosas irán siempre de mal en peor. Según datos de la UN, en 1965, el pro ducto bruto mundial estaba repartido de la siguiente forma:

11,5 % para el 50 % de la población del mundo y 40 % para el 20 % a lo cual debe agregarse que la tasa de crecimiento de ese producto era, en 1956-60, de 2,7% en los países pobres y de 2,8 % en los ricos, mientras que en el quinquenio siguiente, 1960-1964, era de 2 % en los países pobres y de 3,5 % en los ricos.

El desarrollo económico en los países centrales, especialmente a través de las corporaciones transnacionales, ha alcanzado tan monstruosas proporciones de gigantismo que unas pocas cifras pueden alcanzar para desalentar al más entusiasta de los "desarrollistas" esperanzados en colmar la brecha siguiendo tenazmente el camino recorrido por-el imperio. En la década del 60, General Motors vendió anualmente por valor de 20.000 millones de dólares y el conjunto de todos los países de América Latina vendió el total de sus productos en 11.000 millones de dólares, en el mismo tiempo. Las ventas de I. B. M. en 1970 fueron de 8.000 millones de dólares mientras que las exportaciones de la República Argentina, en el mismo año, fueron de 1.600 millones de dólares.

Dos cosas resultan claras: que la "ayuda" no es tal cuando se cobra con una explotación leonina y que la desproporción entre los intereses que se mueven en In metrópoli o en la periferia vuelve ridículas todas las comparaciones que puedan establecerse con los patronos de ellos.

A lo ya apuntado puede agregarse, por ejemplo, que mientras la "ayuda" total de los países ricos a los pobres era en 1965 de 8.000 millones de dólares, solamente el Proyecto Apolo costó a los Estados Unidos 20.000 millones de dólares. Y que si nos refiriéramos más específicamente a la "ayuda" que se brinda a los países dependientes para la enseñanza y la investigación científica, habría que hacer de los montos teóricos la importante deducción que corresponde a la importación constante que realizan los Estados Unidos de científicos y técnicos formados en "su área de influencia".

La Argentina, desgraciadamente, ocupa un lugar destacado entre los países exportadores de médicos, matemáticos, físicos, químicos, geólogos, biólogos, etc., en cantidades que, para nuestro país, son muy significativas. Según datos de F.I.E.L. (1972): "En los últimos 16 años emigraron a los Estados Unidos 17.341 argentinos de los cuales 8.989 eran profesionales y técnicos.

Estimando en 30.000 dólares la inversión promedio que importa la formación de un científico, sólo «i Estados Unidos enviamos aproximadamente 400 millones de dólares en 16 años en forma de "capital humano", es decir, un promedio de 26 millones de dólares por año" 13 .

Con todo, conviene señalar que el tema del éxodo no se agota con la mención de las cifras. Lo grave es que los científicos y profesionales que emigran se encuadran fácilmente en la metrópoli porque su formación se ha realizado de acuerdo a las normas que ella impone y su adiestramiento se ha cumplido en los temas que a ella le interesan.

Después del rotundo fracaso de la Alianza para el Progreso la empresa que John F. Kennedy acometió con el confesado propósito de "ayudar (en Latinoamérica) a los más, que son los pobres, para salvar a los menos, que son los ricos"los Estados Unidos, han puesto en marcha otros medios aún más sofisticados para persistir en su ayuda. Los nuevos proyectos fueron' lanzados en la Conferencia de Presidentes de América (Johnson, Onganía, Pacheco,

realizan en Punta del Este, Uruguay, en abril de

1967. En la Declaración que allí se hizo se expresa:

Freí

),

"Latinoamérica se incorporará a los beneficios del progreso científico y tecnológico do nuestra época para disminuir así la creciente diferencia que la separa de los

países altamente industrializados en relación con sus técnicas de producción y sus condiciones de vida". Aspiración que, por el momento, nos proponen realizar aumentando el control de la natalidad, formando en "centros de excelencia" más y mejores investigadores de sus problemas, comprando armamentos obsoletos y evitando el cambio que podría impedirnos seguir, en el furgón de cola, el camino que ellos han trazado a nuestro desarrollo.

La política científica de las Fundaciones norteamericanas

Quien paga al violinista elige la melodíaProverbio húngaro

La ciencia del imperio norteamericano está controlada y financiada por numerosas agencias estatales y privadas. Entre las primeras están las civiles, como la National Science Foundation (NSF), los National Institutes of Health (NTH) y las poderosas agencias militares, que dependen del Department of Defense (DoD), de la "U.S. Air Forcé, del U. S. Army, de la U. S. Navy y semimilitares como la Atomic Energy Commission (AEC) y la N. A.S. A. También están la agencia para la "ayuda" exterior; la Agency for International Development (A.I.D.), y los organismos supuestamente "interamericanos" como el Banco Interamericano de Desarrollo (B.I.D.) y la Organización de los Estados Americanos (O.E.A.). Todos estos organismos, así como las Fundaciones privadas, financian investigaciones puras y aplicadas. Nos limitaremos aquí a reseñar lo que concierne a las Fundaciones,, hijas del gran capital

monopólico, que no sólo aparecen constantemente en escena en los países dependientes sino que proveen de un adecuado ejemplo de cómo actúan los amos del imperio.

Pocos ejemplos hay más claros en la historia sobre la necesidad de un plan nacional de ciencia y tecnología que el ofrecido por los Estados Unidos de Norteamérica. Nada de lo hecho en este terreno es casual o desinteresado: la totalidad de la educación universitaria y la investigación científica y tecnológica está dirigida a la formación de personal y a la generación de co- nocimientos necesarios para la consolidación de la "aristocracia" norteamericana, propietaria del capítol industrial, comercial y financiero que controla a su país y al mundo capitalista dependiente. El capitalismo norteamericano siempre planteó claramente sus prioridades; como clase, la aristocracia norteamericana comprendió y obró de acuerdo a estoque la universidad sólo cumple una misión que le es útil cuando forja individuos capaces de utilizar la herramienta científica para el desarrollo de sus intereses industriales, financieros, políticos y militares. Su proyección internacional se refleja en la acción de las fundaciones para el desarrollo educacional y científico de los países dependientes, que tiene por objeto modelar a la totalidad de la actividad cultural significativa de esos pueblos de acuerdo a sus patrones, sus objetivos y sus prioridades.

Las Fundaciones se crearon para impedir que el estado absorbiera las fortunas cuantiosas de los "varones asaltantes", los empresarios inescrupulosos como Rockefeller, Mellon, Duke y Carnegie, que a principios de siglo habían llegado a controlar la casi totalidad de la riqueza norteamericana. En las primeras décadas del siglo

XX, la presión populista hizo que se introdujeran leyes destinadas a bloquear la transmisión hereditaria de las enormes fortunas de estos asaltantes, así como a gravar impositivamente las ganancias desmesuradas de su

capital. La respuesta de los plutócratas no se hizo esperar

y asumió la forma de Fundaciones, entidades "sin

propósitos de lucro" y por lo tanto exentas de deberes impositivos e intocadas por las leyes de gravámenes a la herencia, a las cuales se transfirió la riqueza. Claro está que estas Fundaciones estaban dirigidas por los propietarios de la riqueza y sus estatutos aseguraban que esa dirección fuera efectivamente hereditaria. De este modo los grandes capitalistas norteamericanos refugiaron su dinero y sus acciones de la voracidad fiscal y ubicándose y ubicando a sus herederos en los puestos directivos de las Fundaciones, pudieron seguir disponiendo de su capital a su total antojo, generación tras generación, disponiendo de hecho de un instrumento que no" sólo protegía su dinero sino que funcionaba de hecho como un banco privado y que cumplía con los requisitos necesarios para imponer la voluntad de la

familia en los negocios. Las Fundaciones capitalistas son cajas fuertes diseñadas para aislar a las grandes fortunas

de los asaltos políticos y legales que acosan a las grandes

compañías monopolices, que unen lo útil a lo agradable,

ya que tienen un gran interés comercial y además sirven

para llevar a cabo una agresiva política de control de los países dependientes bajo una pantalla filantrópica y humanista.

En 1966, existían en Estados Unidos 17.303

Fundaciones, con un activo aproximado de 15.000 millones

de dólares. De esas 17.000 Fundaciones, las 500 principales

tenían un activo de 10.000 millones de dólares, las 13 más importantes tenían activos que superan los 100 millones

de dólares 14 .

 

Activo (en

Fundación

millones de

 

dólares)

Ford Foundation

3050

Rockefeller Foundation

854

Duke Endowment

692

Kellog Foundation

492

Mott Foundation

424

Hartford Foundation

342

Lilly Endowment

320

Sloan Foundation

309

Pew Memorial Trust

273

Carnegie Corporation

289

Longwood Foundation

251

Moody Foundation

244

Rockefeller Brothers Fund

110

Además, por lo general las fundaciones no son instituciones independientes. La familia Rockefeller controla, por ejemplo, 14 fundaciones, con un activo combinado de mil millones de dólares. Los Mellon controlan 9 fundaciones, la Ford, 8, los Carnegie, 5, los Dupont, 9.

La Fundación Rockefeller: en 1911 la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos disolvió formalmente el imperio de la Standard Oil de John D. Rockefeller, pero gracias a las fundaciones de la familia mantiene intacto el control sobre sus compañías: las Standard Oil de New Jersy, New York (Socony Mobil Oil), Indiana,

California, Ohio, la Continental Oil y la Unión Tank Car Co.

ES decir, las fundaciones de los Rockeféller, encabezada por la más importante, la Fundación

Rockeféller, mantiene íntegramente unido y controlado

el imperio original, a la vez que constituye el instrumento

financiero utilizado por la familia para expandirse. La Fundación Rockeféller controla, entre otras empresas, al Chase Manhattan Bank, dos de las tres compañías de seguro más importantes de los Estados Unidos Metropolitan y Equitable Trust, a una aerolínea, la Eastern Airlines y a la Consolidated Natural Gas. En total, los intereses controlados por la fundación Rockeféller solamente equivalen a 88 mil millones de dólares.

La Fundación Ford: en 1935 John Ford y su hijo Edsel

Ford poseía el 97 por ciento de la Ford Motor Co., la tercera corporación industrial del mundo. Planteado el problema de la herencia, se hizo Imprescindible recurrir

a la creación de una fundación para impedir que la

compañía se deshiciera, dado que de legarles las acciones a sus descendientes, éstos se hubieran visto obligados a venderlas para pagar los impuestos a la herencia. Por eso se dejaron el 90 por ciento de las

acciones a cargo de una "entidad sin propósito de lucro",

la Fundación Ford y el 10 por ciento restante pasó a los

hijos. Sin embargo, la primera cláusula establecida en el reglamento de la Fundación estipulaba que ésta debía pagar el impuesto a la herencia del 10 por ciento del

stock pasado a los descendientes de Ford. Esta primera medida filantrópica de la Fundación Ford es todo un símbolo de la ayuda que administra: su principal objetivo es la autoayuda más o menos disimulada.

La ayuda que proviene del capital monopolice es tan concentrada en sus destinatarios como en sus orígenes. La Fundación Ford otorgó 105.000.000 de dólares en subsidios entre 1951 y 1965. De este monto, el 77,5 por ciento fue a parar a sólo 10 universidades y a 5 instituciones "sin propósito de lucro" destinadas a la investigación y planificación de la política del gran capital industrial y financiero norteamericano:

Resources for the Future (relevamiento de recursos naturales), la Brookings Institution (planificación poli ticomilitar), el Population Council (control de natalidad)., el National Bureau of Economic Research, el Committee for Economic Development y el Council for Foreing Relatíons, el verdadero ministerio de relaciones exteriores del imperio.

La política de las fundaciones: para comprender el papel de las fundaciones en la política norteamericana es necesario discernir entre lo que hacen dentro de los Estados Unidos y lo que hacen en oí exterior. Onda una de las grandes fundaciones tiene a su cargo un área de influencia y en ciertos proyectos claves como el control del crecimiento de la poblacióncooperan acti- vamente. Sin embargo, para poder establecer los objetivos de largo alcance que tienen sus planes, conviene recordar que la presente estructura de la universidad y de la ciencia norteamericana son en gran parte el resultado de años de labor de las fundaciones. La Carnegie Foundation, por ejemplo, siempre se especializó en problemas de educación. Fue bajo sus auspicios que se definió la estructura general de la universidad norteamericana y se entronizó definitivamente al doctorado (grado de "Philosophical Doctor", Ph. D.) como patente única y oficial de científico. Las fundaciones monopolizaron la enseñanza superior y la investigación científica y lo hicieron

mediante la concentración del talento en unas pocas decenas de centros educacionales destinados a producir los científicos, tecnólogos y administrado res necesarios para diseñar los mecanismos económicos, políticos y militares de los planes imperiales del gran capital norteamericano.

Ya en 1934, tan sólo el 2,,2 por ciento de las universidades norteamericanas concentraban el 20 por ciento de los estudiantes, el 24 por ciento de los profesores producían el 77 por ciento de los doctorados de los Estados Unidos. En 1968, de las 2.000 universidades norteamericanas, 25 (el 1,2 por ciento) producía el 75 por ciento de los doctorados.

Es en el plan de control de la población donde se aprecia con más nitidez la estrategia de las grandes fundaciones: por lo general la Fundación Rockefeller inicia un plan piloto (en este caso, el del Population Council,) establece los objetivos precisos y confecciona la plataforma ideológica y científica mínima necesaria para funcionar eficientemente. Hecho esto, entra la Fundación Ford, con sus enormes recursos financieros y expande el proyecto de acuerdo a lo establecido. Finalmente, entre las Fundaciones Ford y Rockefeller se intenta pasar la financiación del proyecto (nunca el control, por supuesto) al estado, y aun a las Naciones Unidas u otros organismos multinacionales.

La Fundación Ford dedicó especial atención a los problemas de relaciones exteriores, y tuvo a su cargo la estructuración y financiación de numerosos Institutos de Estudios de Área en las principales universidades norteamericanas, dedicados al estudio sistemático etnográfico, antropológico, sociológico, económico y militar, de los países comunistas y de las naciones

dependientes de América Latina, África, Asia y Oceanía. También en este sector la cooperación entre las Fun- daciones Rockefeller, Carnegie y Ford fue estrecha. En tan salo tres años (1945-1948) las fundaciones invirtieron 34 millones de dólares para la formación de institutos de estudios internacionales. En 1970, 12 de las principales universidades tenían centros de este tipo, «n su totalidad financiados por la Fundación Ford. Ya en 1966, la Fundación Ford provee el 99 por ciento de los 50 millones de dólares otorgados a los institutos dedicados al estudio de áreas. En la actualidad, cumplido el objetivo de estos centros recopilación de material y análisis de la estructura política, social y militar de las áreas dependientes de los Estados Unidos y formación de profesionales entrenados en estos problemasy ante la irritación que provocaban dentro de los Estados Unidos por su descarada categoría de apéndices analíticos del Departamento de Defensa y de la CÍA, se ha comenzado su liquidación física.

Las fundaciones son un instrumento básico para la formulación de la política de los Estados Unidos, pero también son las encargadas de experimentar con proyectos, métodos y esquemas operativos que, de ser exitosos, son transferidos a los gobiernos de los países dependientes para su implementación. De esta forma, se despoja de una responsabilidad directa de los mismos al gobierno de los Estados Unidos y se evitan situaciones diplomáticas potencialmente difíciles a la vez que se oculta el origen de los proyectos. Las fundaciones más comprometidas en América Latina son aquellas que representan directamente las fortunas más cuantiosas de los Estados Unidos con intereses directos en el continente: la Rockefeller, la Ford y la Guggenheim. Por un lado, tienen el objetivo de efectuar el relevamiento de de riquezas naturales para poder realizar el saqueo

meticuloso de los minerales estratégicos, del petróleo y de cualquier otra riqueza útil para sus operaciones. Por el otro, a la vez que implementan reformas educativas notables en la enseñanza media y superior, efectúan el relevamiento de los recursos humanos científicos y téc- nicos del continente, con el objeto de poder catalizar la formación de profesionales en las ramas que necesitan de mano de obra intelectual local para la^ atención de sus negocios, industrias y explotaciones. En los últimos 10 años, las corporaciones transnacionales de los Estados Unidos expandieron en un 60 por ciento sus inversiones extranjeras directas. Sus propietarios saben que tanto en los Estados Unidos como en lo» países capitalistas dependientes de los Estados Unidos, la educación ofrece el mejor método para desarrollar una reserva de mano de obra especializada necesaria para sus operaciones internacionales. En este objetivo encaja la función "modernizadora" de las fundaciones en América Latina:

formar científicos y tecnólogos ideológicamente identificados con las pautas de trabajo norteamericanas.

Pero las beneméritas fundaciones no se limitan a instrumentar hábilmente políticas de largo alcance parar el estado norteamericano: también se preocupan por hacer la 'difusión de sus propios intereses comerciales. Tal es el caso de los subsidios para tecnificación del agro y la creación de escuelas modernas de agricultura en los países dependientes. Todo el esfuerzo puesto por la Fundación Rockefeller para obtener cepas de trigo y maíz de alto contenido proteico que constituye el principal ingrediente de su publicitada lucha contra el hambre en los países pobrestiene un objetivo bien neto y mucho más prosaico. Se trata de imponer estas semillas para asegurar la necesaria construcción de fábricas de fertilizantes en los países "beneficiados" que,

por rara casualidad, resultan asignadas a subsidiarias de la Ford o de los intereses Rockefeller.

En resumen, el rol de las fundaciones en los países capitalistas dependientes consiste en modernizar las estructuras científicas con el objeto de asegurar la producción de profesionales de la ciencia exportables a la metrópoli o habituados al manejo de la tecnología que sus países importarán de los Estados Unidos; financiar estudios sociológicos,, económicos, antropológicos y políti- cos que permitan analizar las perspectivas políticas de los diversos grupos sociales con el objeto de detectar y contener las explosiones violentas contra el statu quo y la dominación norteamericana; imponer la formación de nuevos grupos empresariales en el campo, de tal modo que se asegure la implementación de una política de explotación y comercialización agropecuaria que pueda ser utilizada por el "agrobusiness"; por último, organizar la investigación y la enseñanza de las disciplinas conectadas con la medicina, tomando como núcleo ordenador el control de la natalidad de la población.

Como se puede apreciar, las fundaciones constituyen parte del gobierno y de la aristocracia financiera norteamericana; quizás una definición más realista las ubicaría en el rango de verdaderos ministerios de relaciones exteriores, economía y planificación, y junto con la CÍA, son los grandes recolectores de información y ejecutores de proyectos políticos para los Estados Unidos y sus países dependientes.

Todo esto no obsta para que estos organismos sigan presentándose como sociedades filantrópicas. Como muestra de esta propaganda, recogemos la inefable cita de George Schuster: "Y finalmente existen las grandes fundaciones. La fama de algunas de ellas es universal.

Pueblos primitivos que no saben bien dónde están los Estados Unidos se duermen con el nombre de la Fundación Rockefeller en los labios. Ella ha contribuido a eliminar el flagelo de las enfermedades, ha mantenido establecimientos de caridad y ha hecho crecer la hierba ahí donde nada había anteriormente. En épocas recientes, la Fundación Ford ha ocupado su lugar de honor junto a la institución hermana mayor". (Cultural Relations and Foreign Affairs, 1963, pág. 19).

Temas, subsidios, publicaciones

De la lectura de las comunicaciones presentadas en cualquier reunión científica de un país dependiente se desprende un hecho bien claro: pese a la sideral distancia cultural y económica que separa a la metrópoli del país donde se efectúa el simposio, los temas en que trabajan los investigadores locales son los mismos que desarrollan sus pares del mundo desarrollado. Más aún, .se acostumbra medir el grado de "desarrollo" cultural de un país dependiente, o el grado de "modernismo" de una universidad subdesarrollada, según la producción de trabajos científicos publicados por sus investigadores en las revistas internacionales de más jerarquía, o por el número de sus investigadores que trabajan en algunos de los países centrales. Dado que los problemas de una sociedad desarrollada son cualitativamente distintos de aquellos que debe resolver una sociedad subdesarrollada, esa similitud de objetivos científicos llama poderosamente la atención. Si se considera que los temas de investigación en los países independientes están fijados por las necesidades reales su seguridad nacional, su industria y sus prioridades políticas, tanto internas como internacionalesel hecho que los in- vestigadores de un país dependiente trabajen para

resolver problemas de la metrópolis indica ya que la tan mentada "libre elección de temas científicos" a que se refieren los profesionales de la ciencia, es un mito. Por otra parte, indica que también en el plano de la actividad científica, la dependencia puede definirse como la ausencia de un proyecto nacional coherente y autónomo. Sólo un país estancado puede sobrevivir sin disponer de sus recursos científicos tanto humanos como instrumentalespara resolver los problemas de gobierno.

La herramienta científica no es usada por los países centrales ni para jugar ni como adorno. De los laboratorios de las ciencias experimentales, de los gabinetes de las ciencias teóricas, surgen soluciones para superar obstáculos concretos en el desarrollo de armamentos, comunicaciones, sistemas defensivos, esquemas teóricos y dispositivos de implementación de políticas económicas, instrumentos para la comprensión y la modificación de situaciones concretas donde se deberá actuar económica, militar, política y diplomáticamente 15 .

La investigación científica requiere financiación. Como cualquier otra empresa social, funciona si se le proveen fondos. Las ciencias experimentales requieren edificios más o menos adecuados, con multitud de servicios centrales. Tanto los científicos experimentales como los te6ricos requieren bibliotecas de libros y revistas especializadas. Se requiere dinero para pagar sueldos a los profesores, a los becarios, a los miembros del personal administrativo y de maestranza, a los técnicos de laboratorio. Los científicos experimentales requieren, además, instrumental de las más variadas especificaciones y drogas de todo tipo. Por lo general, las universidades se hacen cargo de los sueldos de los profesores y parcialmente de los sueldos del personal administrativo. Pero no de los sueldos de los becarios,

ni de los técnicos. En los países centrales, los presupuestos universitarios son absorbidos por los gastos de enseñanza y de hospedaje de los alumnos. En los países dependientes, los presupuestos universitarios por lo general exiguosson absorbidos por los sueldos de un gran contingente de personal docente, administrativo y de maestranza.

En general el científico requiere otra fuente de financiación además de la que le asegura su sueldo que no suele constituir una retribución de su labor investigadora sino la remuneración por su trabajo docente. Esa financiación extra, que le permite trabajar como investigador científico, se denomina subsidio. Un subsidio es una cierta cantidad de dinero que una institución, pública o privada, entrega a un profesional de la ciencia para que pueda funcionar como tal. Hay subsidios generales y otros muy específicos. Así, puede subsidiarse el equipamiento de un laboratorio, la integración de su biblioteca, el pago de becarios y de técnicos, la compra de drogas, aun los viajes de estudio de los profesores, o puede darse el dinero para hacer alguna de esas cosas. Lo importante es que el subsidio es lo que permite que el investigador haga ciencia en un país capitalista. Hay casos en que el sueldo del científico proviene de un ente estatal administrador de la investigación, pero la situación no varía apreciablemente: además de su sueldo para funcionar debe recibir subsidios, que pueden ser del mismo ente administrador o de otra institución.

La comunidad científica utiliza la publicación de artículos ("papers") en revistas especializadas como el mecanismo 'habitual para dar a conocer sus resultados y teorías. Estas publicaciones constituyen a su vez el principal factor para evaluar la actividad de un científico y su calidad profesional. Las revistas de categoría se

editan todas en el hemisferio norte, en los llamados "idiomas internacionales", en la actualidad fundamentalmente en inglés o ruso. La categoría de una revista se mide por la calidad y originalidad de los artículos que publica y esto a su vez depende del cuerpo editor, un conjunto de científicos que evalúan los trabajos presentados y deciden cuáles se publican y cuáles no. Es imprescindible, pues, comprender cuál es el mecanismo de publicación de los trabajos científicos para poder medir la gran importancia política de aquellos que controlan las revistas especializadas de ciencia y tecnología.

1) Los comités editoriales están constituidos por los mejores y más renombrados científicos en una especialidad determinada, que a su vez son profesores titulares de las mejores universidades y miembros de los comités asesores de las fundaciones, de los gobiernos y de la industria.

2) En los países desarrollados ser un profesor titular en ciencia o tecnología implica dirigir un gran equipo con muchos estudiantes graduados que preparan sus tesis de doctorado bajo su dirección y muchos doctores recién recibidos que también bajo la dirección del profesor realizan su primer trabajo de investigación de la etapa posdoctoral de su carrera.

3) El profesor dirige decenas de trabajos anualmente, y esa dirección implica imponer el tema e imponer el enfoque teórico y/o experimental desde el cual el tema debe ser abordado. Para financiar esos trabajos el profesor recibe subsidios, ya que la universidad sólo paga su sueldo y gastos mínimos de infraestructura. El equipamiento de su laboratorio, el sueldo de sus técnicos, los sueldos de los becarios» los

libros y revistas especializadas, provienen de subsidios. Es decir, el profesor es subsidiado para poder trabajar y hacer trabajar a sus alumnos. Si no acepta subsidios u opta por temas que no son favorecidos por los subsidios, ni puede trabajar ni puede tener tesistas. Esto implica dejar de obtener resultados, dejar de publicar y puede tener como consecuencia su despido de la universidad.

4) Cada profesor, así como impone su tema a sus tesistas y estudiantes posdoctorales, impone su tema en la revista donde actúa como editor. Por lo tanto, para poder publicar en esa revista se parte de un presupuesto básico: el tema le interesa al editor, y le interesa si y solo si aporta conocimientos que el editor considera útiles para su propio tema. ¿Quiénes están con ventaja en este juego? Obviamente, sus alumnos y sus estudiantes posdoctorales. Si trabajan bien publican en una revista serie y así crecen sus curriculum vitae. Y también los de quienes financiados por los mismos organismos, se dedican a los mismos problemas.

Estamos pues, frente a un circuito que se realimenta permanentemente. Para poder trabajar hay que tener dinero de subsidios; los subsidios se dan para ciertas cosas y no para otras; no basta trabajar, hay que poder publicar esos trabajos en revistas especializadas; las revistas están controladas por las mismas personas que otorgan los subsidios y eligen los temas que deben ser subsidiados.

Para el científico de un país dependiente, el problema es grave: o acepta (con subsidios extranjeros o sin ellos) trabajar en los temas que son aceptados en las revistas internacionales del mundo desarrollado, totalmente acaparadas por los grandes profesores socios

do los (¡nimios firmas monopolistas internacionales, de los grandes fundaciones o de los organismos militares, o debe resignarse a vivir marginado. Vivir marginado en la comunidad académica implica cosas muy concretas: no ser conocido ni en su propio medio por falta de acceso a las universidades, no poder competir en los concursos con los "curriculum vitae" de aquellos que sí aceptan subsidios y sí trabajan en los temas de moda, no poder tener tesistas, dada la imposibilidad de pagarles un salario

o la falta de peso político como para poder conseguirles becas provenientes de los entes estatales de la planificación científica.

Frente a este panorama desolador, el del científico

que acepta las reglas del juego es cualitativamente distinto. Por lo general, sigue trabajando en el tema que desarrollaba en el laboratorio del profesor donde realizó su experiencia formativa en el extranjero; o en un tema conexo, sugerido por ese profesor. Lo cierto es que vuelto a su país, suele trabajar por encargo para su laboratorio central, publica sus resultados en la revista que controla su profesor, obtiene subsidios de las fundaciones o de las entidades financiadoras donde su profesor es influyente,

y de tanto en tanto retorna a la fuente, retorna al país central, para recoger más instrucciones.

Es importante insistir, sobre este hecho: las personas que conjuntamente con los militares y los grandes capitalistas de los países centrales confeccionan las líneas de investigación que deben desarrollarse para cumplir con los objetivos imperiales de control del mundo dependiente, son las mismas que integran los comités que deciden la financiación de proyectos científicos (ya sean estatales o privados), las mismas personas que controlan las revistas científicas y tecnológicas, las mismas personas que controlan las cátedras

universitarias y las universidades mismas, las mismas personas que controlan los laboratorios de investigación y desarrollo de la industria.

En los países dependientes, la apropiación es doble. Porque no sólo se canaliza la actividad intelectual del científico en temas impuestos desde la metrópoli, sino que se utiliza el dinero del estado para financiarlos. Porque el caso de los científicos que trabajan subsidiados por el extranjero es relativamente escaso y, salvo contadas excepciones, los subsidios son de montos reduci- dos, fundamentalmente promocionales. Lo que sucede es que para un científico de un país periférico, con o sin subsidios, la única forma de publicar es realmente estar trabajando en los temas que aceptan las revistas.

Para un científico "rebelde" de un país central, las posibilidades de supervivencia académica son mayores, dado que puede tener alguna relación personal con el engranaje de la política científica y ubicar sus trabajos. Este resquicio le está generalmente vedado al científico del país dependiente.

Vemos así, pues, que los países centrales imponen los temas, utilizan la producción intelectual de todo el mundo capitalista dependiente, sin tener que invertir dinero, sin tener que obligar explícitamente a nadie. Se niega la libertad académica mediante un método ominoso:

mediante una falsa libertad académica.

Es importante comprender que estos mecanismos,

si

bien no explicitados con toda crudeza, son conocidos

y

aceptados por la mayoría de los profesionales de la

ciencia. Si bien ocasionalmente su descripción se tiñe de cinismo e ironía, el científico de hecho considera no sólo que este mecanismo de producir conocimientos es justo, bueno, elegante y dotado de las garantías

necesarias para que asegure una "limpieza de proce- dimientos" que añora para el resto de su vida de relación (en especial para la política, actividad que suele considerar implementada con una casi insoportable carga de subjetividad y dolo), sino que este mecanismo es el único posible, y que se ha desarrollado así siguiendo una ley natural, o quizás en los casos extremosque este mecanismo constituye en sí una ley natural. El profesional de la ciencia integrado al sistema ve lesionada su capacidad de comprensión de la realidad, se convierte en un mutilado psicológico que es incapaz de realizar el análisis de su condición de explotado y de su papel en el engranaje de la producción de conocimientos necesarios para que esa explotación se perpetúe.

Esta alineación lo lleva a una especie de es- quizofrenia: vive en un mundo doble y simultáneo, pero no hipócritamente (cosa que de hecho sería inmoralmente execrable pero psicológicamente más sano) sino con toda sinceridad. Esto es detectable aun en las racionalizaciones de muchos profesionales de la ciencia que efectúan algún tipo de actividad política que los relaciona con consignas y aspiraciones de cambio social. Su cuestionamiento de la realidad es riguroso: impugnan al lema "publish or perish" (publicar o perecer), atacan al sistema piramidal y despótico de la ciencia, cuestionan al dispositivo represivo que pretende convertir al becario en un sirviente del, jefe del laboratorio. Pero junto con sus acertadas críticas al sistema actual y a sus encendidos alegatos por la justicia social, suelen aceptar trabajar en lugares que son el epítome de todo lo analizado hasta ahora, en centros de excelencia donde se imponen temas de moda y se siguen esos temas con pasión, donde todo se hace con subsidios o gracias a subsidios pasados. La denuncia coexiste con la aceptación de lo denunciado, pero no en forma pasiva, sino en

forma activa: ni se abandonan los temas ni se cambian los criterios de evaluación de lo que se hace.

En resumen, deberíamos reconocer y en este capítulo especialmente el uso de la primera persona se imponeque en buena parte de la actividad científica estamos alienados, es decir, "tomamos como propio lo ajeno".

Los pseudo problemas

"La más trágica ironía de nuestra época es que nuestros mayores esfuerzos materiales e intelectuales se dedican al mantenimiento de la miseria, la ignorancia y el temor".

/. D. Bernal

Existe en la actualidad una fuerte tendencia a focalizar la atención tanto de los científicos como del público en general hacia algunos problemas "eminentemente sociales". La concentración de esfuerzos y de ingentes sumasen el estudio de soluciones a esos problemas sociales, que se encaran por encima de todo posible cambio en las estructuras sociales, se ha convertido en uno de los intentos más exitosos en el logro de dos objetivos:

* Canalizar la tensión provocada en la comunidad científica y universitaria en general por la difusión creciente de la amplitud del compromiso bélico de la actividad científica.

* Difundir la idea de que se avecinan tremendas catástrofes (hambrunas, pestes, plagas, contaminación total, etc.) y que esto es independiente de los sistemas sociales imperantes.

Típico de esta tendencia es el interés actual por la ecología.

Despertado por la contaminación del aire y el agua en los mayores centros industriales, el interés por la preservación del medio ambiente pasó de ser una bandera de las comunidades hippies y de algunos grupos anticapitalistas de Estados Unidos y Europa Occidental a convertirse en el tema de reuniones internacionales como la efectuada en 1972 en Estocolmo y de grupos interesados en "cambiar algo para que nada cambie", como el Club de Roma presidido por Aurelio Peccei. La sana y urgente preocupación por preservar el medio y los recursos naturales generó en un tiempo record una nueva industria, la del control de la polución, que fabrica y comercializa diversos dispositivos preventivos y paliativos. Lo notable es que esta industria, desarrollada principalmente en los Estados Unidos que es donde tanto el problema como las protestas que originan alcanzan los desarrollos más importantes, está en manos de las mismas compañías responsables de ocasionar la contaminación: las grandes corporaciones transnacionales Dow Chemical, Monsanto Chemical, W. R. Grace & Co., Du pont. Merck, General Electric, Westinghouse, Nalco, Union Carbide, Honeywell, Combustión Engineerring, Alcoa, Universal Oil Products, Bechman Instruments, North American Rockwell.

La mayoría de estas firmas no sólo ha "diversificado" aún más sus mercados con el negoció de la anticontaminación, sino que, además de contarse entre los principales contaminadores ambientales abastecen de

productos químicos, maquinarias, combustibles y repuestos a contaminadores aún peores como General Motors, U. S. Steel, Boeing, Standard Oil, etc., quienes pasan así a constituirse en sus clientes también en la lucha anti-polución.

La "agitación ecológica" alimenta un suculento negocio. Mientras en diciembre de 1969 en la Bolsa de valores de Nueva York se experimentaba un descenso general de las acciones, aquellas de las compañías dedicadas a la anticontaminación incrementaban sus valores en un 50%. Research-Cottrell Inc., la más grande de estas compañías, cuadruplicó sus ventas en los últimos cinco años 16 . La industria química ilustra bien el incesto entre contaminadores y controladores de la contaminación. Esta industria es la segunda gran fuente de la contaminación de los agua» pero también es actualmente la principal decontaminadora. Arruinar el agua es un gran negocio y otro aún mayor lo es mejorarla posteriormente.

Pero otra consecuencia del control de los grandes monopolios sobre la organización de la lucha contra la contaminación es que los standards de decontaminación son bajos. Decontaminar realmente es sumamente costoso y disminuiría la tasa de ganancias; por eso se imponen standards de pureza que son una mala aproximación de lo aceptable, pero que son lo suficientemente altos como para generar la compra de equipos decontaminadores.

Otro pseudoproblema típico, orientado hacia el logro de los mismos objetivos desviacionistas que el de la preservación del medio ambiente, y fundamentado en similares teorías neomalthu-sianas, es el de la temida "explosión demográfica". Ambas problemáticas esconden bajo una presentación

seudocientífica basada en extrapolaciones de índices econométricos que se efectúan haciendo caso omiso de todo posible cambio socialla presión que se ejerce sobre los países dependientes para resignarlos a la frustración y aún a la más salvaje autodestrucción.

Un ejemplo de cómo nos alcanza esta campaña puede leerse en el editorial de la revista argentina "Ciencia e Investigación" (octubre de 1971) firmado por Arturo E. Corte y titulado "Ciencia, tecnología y responsabilidad social" que comienza diciendo: "Tres grandes problemas nos afligen hoy: la expansión explosiva de la población, la disminución de los recursos naturales y el deterioro del medio ambiente". ¡Esto escrito «n un país donde, entre los problemas que más deberían afligir, se destaca el de la subpoblación!

misma

fa

miliar - Control de la natalidad - Regulación de la población) ponen de manifiesto los disfraces

hacer

aceptar a los pueblos sometidos las campañas de

control tendientes a mantenerlos en esa condición. Así,

se

dos con uno de los derechos más importantes que

seres

la

humanos, el de decidir acerca de su prole, para

Los

distintos

modos

de

llamar

-

a

una

cosa (Paternidad responsable

a que

debe

recurrir

usan

ciencia

no

sólo

moderna

el

Planificación

imperialismo

los

términos

conquistar

para

relaciona-;

los

permite

a

enmascarar uno

de

los

métodos

genocidas

más

brutales que poder alguno

haya

utilizado;

la

esterilización masiva de pueblos considerados inferiores.

En 1953, John D. Rockefeller III fundó el Populalion Council, dedicado a la promoción del; estudio de todo lo referente al control de la población. Así, el Population

Council propicia y financia el desarrollo de la

investigación básica sobre la fisiología de la reproducción, para poder desarrollar drogas eficientes inocuas para la esterilización temporaria o permanente del hombre y de

la mujer y, además, la experimentación de dispositivos

mecánicos y técnicas quirúrgicas que aseguren los mismos resultados.

Asimismo, financia investigaciones económicas, sociológicas, psicológicas y antropológicas en todas las comunidades donde se proyecta esterilizar, con el objeto de ganar el apoyo de la población mediante campañas publicitarias. El Population Council, inicialmente financiado por los Rockefeller, tiene ahora el apoyo masivo de la Fundación Ford y de los Du-Pont.

Los argumentos elaborados por los teóricos de las Fundaciones se basan en un conjunto de premisas falsas: se sostiene que el globo terráqueo no puede producir suficiente cantidad de alimentos como para nutrir a toda la población, que en los países subdesarrollados-lo que genera el estancamiento es la

falta de capital y que la única solución para superar el atraso es inducir el ahorro, siendo esto imposible cuando hay muchos chicos. El caso de América Latina es un ejemplo típico para destruir estas afirmaciones:

nuestro continente tiene amplias regiones despobladas

y sus riquezas agropecuarias están rigurosamente

subexplotadas; lejos de carecer de capital, las economías latinoamericanas se caracterizan por la

subutilización masiva de su capital; y, por último, la clase social sobre la cual recaen los planes anticonceptivos es precisamente la que no genera ahorró ahora, ni lo podría hacer por lo menos durante 20 años más, aun en

el hipotético (e ilusorio) caso en que sus salarios au-

mentaran con una tasa equiparable a la del mundo desarrollado.

El plan norteamericano para el control de la natalidad tiene otro objetivo: es el de impedir que los pueblos dependientes del imperio adquieran volúmenes poblacionales que tornen difícil o imposible el sometimiento- de las clases explotadas. Así lo explícita un informe preparado por una fundación de los Rockefeller, el "Rockefeller Brothers Fund", cuando, dice: "La inquietud que se produce en una población en rápido crecimiento está magnificada por la preponderancia de los jóvenes. En una población juvenil se genera una gran impaciencia por cumplir las expectativas siempre crecientes. Esta situación ha llevado a menudo a un nacionalismo extremo". Y a los dueños del imperio, el nacionalismo de sus colonias no les conviene.

En todos los planes de modernización de la investigación biomédica y de la enseñanza de la medicina, financiados por la Fundación Rockefeller, está explícita e implícita la utilización de los recursos humanos y tecnológicos al servicio de los proyectos de esterilización o, como se los denomina eufemísticamente, de "planificación familiar".

Por otra parte, el caso concreto del control de la población permite estudiar también uno de los ejemplos más claros de acondicionamiento de la comunidad académica norteamericana o in- ternacional para servir a los intereses cié los dueños del imperio. En efecto, el primer paso dado por las Fundaciones Ford y Rockefeller fue el de convencer, sobornar, y en última instancia, forzar, a científicos claves, dentro y fuera de los Estados Unidos, para

que adoptaran el tema, aceptaran sus justificaciones e impusieran el estudio de la reproducción y la esterilización humanas como una especialidad prestigiosa y prioritaria 17 .

El Population Council también opera en la Argentina y, pese a que este país no tiene un crecimiento demográfico que lo justifique, existen en él los más, importantes centros de excelencia en problemas relacionados con la fisiología de la reproducción de América Latina 18 .

Por una política científica autónoma

Hay hombres que de su ciencia tienen la cabeza llena; hay sabios de todas menas, más digo sin ser muy ducho, es mejor que aprender mucho el aprender cosas buenas. Martín fierro

En los últimos años la política científica y tecnológica ha sido motivo- de preocupación en diversos ambientes y objeto de numerosas polémicas. Muchas veces se plantean opciones falsas, como si la cuestión fuera decidir entre ciencia pura o aplicada, espontánea o planificada, autónoma o integrada. Esas antinomias sólo contribuyen a distraer la atención de la opción política verdadera: hay que tomar conciencia de que la dependencia es el gran factor distorsionador.

Sin embargo, es relativamente fácil obtener el acuerdo teórico de muchos en la apreciación de la imposibilidad de estructurar una cultura autónoma mientras subsista la dependencia política y económica

del imperialismo. Lo que ya es menos fácil es adquirir la convicción de que nuestra dependencia es una condición intrínseca del sistema socio-económico impuesto por el capitalismo. La liberación integral, que implica también impedir el uso irracional de las potencialidades, científicas, sólo será posible con la destrucción de ese sistema y la creación de nuevas relaciones sociales y económicas que permitan que la práctica científica adquiera contenidos y objetivos diferentes.

Un cierto número de profesionales de la ciencia en los países dependientes ha tomado conciencia de la alineación de su trabajo y del uso que de sus resultados hace el sistema, pero su inserción en la lucha presenta numerosos problemas. Entre ellos no es el menor la necesidad de continuar con el trabajo específico durante el proceso de liberación. En efecto, la posición de "no hacer ciencia" para no hacerse cómplice del imperialismo conduce a colaborar objetivamente con la dependencia. Así, no sólo se niega a los jóvenes la posibilidad de siquiera entender cómo se instrumentan los planes de explotación sino que se condena al país a no tener autonomía para dirigir el propio proceso de cambio.

Otro problema, derivado del escaso análisis político de la actividad cotidiana del científico y de la falta, de conocimiento en profundidad de las condiciones de contorno, es que las orientaciones para la acción en lugar de darse en forma positiva se formulan por contragolpe: típico de esto es cómo se encara la lucha contra el cientificismo.

se frecuencia como imprecisión corresponde en materia

habla con tanta

El

cientificismo

del

cual

científica a la adopción implícita o explícita de la posición desarrollista.

Aunque, en términos generales, es desarrollista quien cree que el subdesarrollo es una etapa del desarrollo de la cual se puede progresar por los caminos tradicionales, a fin de precisar los conceptos, es útil

recordar las características del desarrollismo enunciadas

por el sociólogo mexicano Alonso Aguilar. Dice Aguilar que,

desde la posición desarrollista "1º se supone que hay un modelo de desarrollo único y que él corresponde a la

sociedad industrial tal cual se da en los países centrales;

2º se establecen definiciones, parámetros y variables

cuantificables que permiten comparar al país

subdesarrollado con el modelo y medir la distancia que los separa; 3º se excluyen .del análisis todas las peculiaridades no comparables de modo de establecer

un isomorfismo con el modelo, dando por sentado que

todo lo que no está contenido en éste no merece subsistir; 4º los rasgos propios, que constituyen la

realidad profunda de los pueblos, son considerados nocivos en la medida en que no responden a

características de las sociedades centrales; 5º todas las estrategias de desarrollo llevan a lograr que los pueblos

del Tercer Mundo se autoidentifiquen con los ideales de

los países centrales, desechando como atávicos sus rasgos nacionales y asuman la dependencia como rela- ción fraternal; 6º se supone como instrumento idóneo para llevar a cabo la modernización al progreso científico y técnico".

Como reacción contra el cientificismo, se ha llegado

a difundir una posición que podemos llamar

curanderismo, basada en la creencia de que la solución

de los problemas derivará de dejar de lado el desarrollo

do las ciencias básicas, de tolerar la degradación de los

estudios académicos, de desdeñar, en fin, el rigor científico. El curanderismo es la forma más peligrosa de evasión ante la dependencia científica, porque se consti- tuye en una verdadera trampa para los jóvenes a quienes se desarma frente al enemigo.

Otra trampa puede constituirse a partir de la idea correcta de que es necesario insertar los programas de investigación en un proyecto nacional, si no se entiende que para que tal proyecto sea autónomo la independencia es una premisa.

Mientras subsiste el dominio del imperialismo los esfuerzos dedicados al estudio de problemas nacionales pueden estar tan supeditados a los intereses de la metrópoli como los que se dedican a otro tema cualquiera. Los estudios sobre nuestros recursos naturales o sobre nuestra realidad social han sido utilizados demasiadas veces por las potencias imperialistas y en particular por los Estados Unidos; en su beneficio, como para que podamos llamarnos a engaño. Trabajar para instituciones estatales puede ser mejor que ponerse al servicio, de corporaciones transnacionales; lo malo es ilusionarse respecto de las posibilidades liberadoras de esta opción.

El único camino auténtico es el de estructurar y practicar una política cultural revolucionaria que constituya un proceso resultante de la interacción entre la teoría y la práctica. Elaborar proyectos globales, por avanzados que sean, es, usando la lúcida expresión de J. W. Cooke, "presuponer una historia sin dialéctica". No tener en cuenta la confrontación constante y contradic- toria de los proyectos con la realidad viva es caer en el reino de la Utopía. Nadie está en condiciones de elaborar individualmente una línea de acción para los

trabajadores científicos. Para hacerlo en forma colectiva es preciso comprender que nadie solo detenta toda la verdad. Los científicos deben insertarse en los movimientos de lucha contra el sistema sin pretensiones de liderarlos, compenetrándose de la verdad profunda que encierran las palabras de Bernal: “el pueblo es, en definitiva, el juez último del sentido y el valor de la ciencia”.

NOTAS

1

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4

5

6

7

Marcelo Cini, “Mitos y realidades de la ciencia como fuente de bienestar”, en (Auto)critique de la science, editado por Alain Jubert y Jean-Marc Levy-Leblond (Editions du Seuil, París, 1973). Este libro contiene una selección de excelentes trabajos críticos sobre la actividad científica contemporánea.

Estudio sobre las principales tendencias de la investigación en el campo de las ciencias naturales y sobre la difusión y aplicación con fines prácticos de tales conocimientos científicos, informe preparado por un grupo de expertos bajo la dirección de Fierre Auger para las Naciones Unidas, mayo de 1960. Se trata del informe más completo sobre estas custíones aparecido hasta la fecha. Ver también Reflexiones sobre los problemas actuales de la ciencia y de la técnica, Manuel Sadosky (Revista de la Universidad de Buenos Aires, V época, año VI, Ñ? 2, 1961).

D. J. de Solía Price, Discovery, vol. 17, 1956.

J. D.JBernal, Historia .Social de la Ciencia (Ediciones Península, Barcelona, 1967). Fue editado en lengua inglesa en 1954 y ampliado en 1964. Este es el libro fundamental en. el tema. Berna!, uno de los más destacados y originales científicos de este siglo, fue pionero al publicar en 1939 The Social Funclion oí Science (Routiedge & Kegan Paul, Londres).

Manuel Sadosky, La computación en el mundo moderno:

realidades y 'perspectivas en América Latina {Cúndeme» de Información Científica, Universidad de La Habano, La Habana, mayo de 1971).

El sistemático desprecio por los habitantes de nuestro continente desde la llegada de los conquistadores europeos ha marcado la historia que se nos enseña. Por eso es importante destacar la aparición reciente de dos obras que cuestionando las leyendas oficiali-KK!JS replantean la

cuestión en sus justos términos: Lauréete Sejouraé, Antiguas culturas precolombinas (Siglo XXI, España, 1971) y Darcy Ribeiro, Las Américas y la civilización (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1969).

nuestra

expresión (Ediciones Raigal, Buenos. Aires, 1952).

8 Pedro

Henriquez

Ureña,

Ensayos

en

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de

9 Juan María Gutiérrez, en Origen y desarrollo de la Enseñanza Pública Superior en Buenos Aires, recuerdo: "La enseñanza de las ciencias era prohibida entre nosotros y sólo se nos concedían la gramática launa, la filoHofía antigua, la teología y la jurisprudencia civil y canónica. Al virrey Joaquín del -Pino se le llevó muy a mal que hubiese permitido, en Buenos Aires al Consulado, costear una Cátedra de Náutica y, en cumplimiento de las órdenes que vinieron de la Corte, se mandó cerrar la aula y se prohibió enviar a París jóvenes para que se formasen buenos profesores de Química para que aquí la enseñaran". (reproducción textual de un fragmento del "Manifiesto que hace a la Nación el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Pkta 'sobre el tratamiento y crueldades que han sufrido de los españoles y motivado la declaración de su independencia", Buenos Aires, 25 de octubre de 1817).

10 Daniel J. Goldsteín, "La Opinión", Buenos Aires, enero de

1972.

11 En el informe titulado Política científica y organización de la investigación en la Argentina publicado por la UNESCO en 1970, de acuerdo al material suministrado por el Consejo Nacional de Investiga-cione^s Científicas y Técnicas, se afirma que en 1966 "los pagos por concepto de servicios técnicos y re-jgáTías alcanzaron los 60 millones de dólares

) ^Sti3ad que es más de 7 veces superior a la real-

jñerTte invertida en investigación^ por las universidades y una vez y media mayor que el total del gasto .nacional^ en investigación científica y tecnológica" tanto estatal como privado. Esta cifra se ^incrementó notablemente en el período 1966 - 1973 y según el estudio "Dependencia

(

Tecnológica" publicado por el Colegio Mayor Universitario de Santafé, en el período 1/III/72-31/XII/73 el monto de regalías a pagar a titulares en el exterior es de 191.655.690 dólares, pudiendo darse la cifra aproximada para 1973 de 160 millones de dólares.

12 Cf. Fierre Jalee, I^e Tien Monde dan* Mondiale (Mns|x-w, París, 1968).

13 Dependencia Tecnológica, Colegio Mayor Universitario dé Santa Fe, 1973.

14 The Foundation Direclory, 3í edición, Nueva York, citado por Mario Wschebor, Imperialismo y universidades en América Latina. (Biblioteca de Marcha, Montevideo, 1970). Para el estudio de la estructura financiera de las Fundaciones, se puede consultar a F. Lundberg, Tbe Rich and the Super-rich. Bantham Books, Nueva York, 1968) y G. W. Dom-hoff, Who rules América? (Prentice Hall, Nueva York, 1967).

15 Danel J. Goldstein, El mito de la libre elección de temas ("Ciencia Nueva", n? 14, Buenos Aires, enero de 1972) y Vietnam: laboratorio para el genocidio (Editorial Ciencia Nueva, Buenos Aires, 1973).

16 Datos del artículo "Cash'in all that Trash" (Forbes Magazine, 1970)', citado por Martín Gellen, Tbe Making o¡ a Pollution- Industrial Complex (Ram-parts, mayo de 1970).

17 A. Fucaraccio, NACLA y otroi, Imperialismo y control de la población (Ediciones Periferia, Buenos Aire», -937).

18 "Pete a las denuncias prosigue una intensa campa* fia de limitación de la natalidad", artículo apare ido en el diario "La Opinión del 7 de agosto de 197 í.

BIBLIOGRAFIA

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