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Introducción

Este trabajo es realizado con el fin de averiguar el desarrollo y las oportunidades laborales
que nos brinda el énfasis de avalúos en la carrera de Ingeniería Catastral y geodesia, el
cual fue el escogido porque representa un medio viable en nuestra vida laboral después
de culminar la universidad, ya que cuenta como un medio en el que se da la oportunidad
de conocer y profundizar el amplio campo en el que se desenvuelve a través la ingeniería
catastral y geodesia, demostrando que es una carrera con futuro y con un amplio
desarrollo laboral en distintos aspectos.
De igual forma, en este trabajo se busca demostrar el papel importante que han
desempeñado los avalúos catastrales a través del tiempo, partiendo desde el inicio de las
civilizaciones hasta nuestros días, ya que es de vital importancia tener en cuenta los
parámetros y leyes que rigen en la sociedad continuamente para evaluar predios, fijar
precios etc…
Algo importante a tener en cuenta es que la ingeniería catastral y geodesia se da
únicamente en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas lo cual genera un
impacto bastante importante ya que en la economía nacional los avalúos son necesarios
para que ciertas operaciones comerciales funcionen y el desarrollo de una ciudad /país o
territorio pueda concretarse fácilmente. Sin embargo, esta rama de la ingeniería catastral
a pesar de tener bastante competencia respecto a otras carreras con algunas
especialidades similares, es una carrera bastante especifica ya que ofrece mejores
oportunidades laborales, con una visión más detallada respecto a lo que se quiere y con
un desarrollo de capacidades y conocimientos mucho más específicos en base a los
puntos a favor y en contra que se pretenden evaluar.

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ANTECEDENTES

Etimológicamente y dentro del marco de la ciencia económica, valor significa el grado de


utilidad de las cosas que las hace ser un objeto de aprecio. Es decir, que “valuar” o
avaluar estima el justo valor de las cosas en un contexto y tiempo determinado de donde
resulta comprensible que a lo largo de la historia, según la época, lugar y cultura, el
concepto de valor haya sido objeto de profundos razonamientos de varios filósofos y
tratadistas, dando origen a diversas corrientes de pensamiento o teorías del valor en las
que se fundamentaron los sistemas económicos, las cuales no solo han cambiado
conforme se ha ido transformando la estructura social de la humanidad y de la tecnología,
sino también que la valuación se haya visto impregnada por las condiciones político-
económicas prevalecientes, aunque sin perder su esencia y razón de ser: “encontrar el
justo valor de un bien”.

PREHISTORIA

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http://sanjosedecalasanz5b.blogspot.com/2012/04/la-prehistoria.html

El ser humano es sus primeros hechos se destaca por el desarrollo de armas de caza,
utensilios para la alimentación, la caza de animales etc… que en todos estos actos y
muchos otros, invierte una serie de insumos como materiales, tiempo, ingenio que le
dieron un sentido de tenencia o propiedad sobre esos elementos. Antes de que surgieran
las sociedades agrícolas, no había limitaciones sobre el uso de la propiedad, había la
suficiente extensión y no había excusa para formar parcelas, fincas o similares. Con el
uso de la tierra con vocación agrícola aparecen distintas clases, clanes o sectas que se
confirieron el dominio sobre la tierra (la tierra toma un concepto de bien generador de
riqueza).

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El derecho sobre la propiedad de la tierra aparece en la época de transición del periodo
mesolítico al neolítico junto con la aparición del arado y la hoz y el inicio de la
construcción de viviendas y megalitos (6.000 a.C.) donde se testifica la definición de
propiedad raíz.

BABILONIA

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https://okdiario.com/curiosidades/2017/06/15/babilonia-1079776

Nemrod (2.640 - 2.575 A.C), fue quien fundó Babilonia, civilización a la cual se le confiere
el empleo de la escritura en sus primeros actos como los signos, ideogramas y más tarde
en los fonogramas, caracteres que se utilizaban para elaborar tablillas, contratos e
informes. En las inmediaciones de la ciudad de Teloh, se encontró una reliquia de
invaluable valor: una tabla de barro que data de aproximadamente 4000 años a.C. En
esta tabla se muestra un plano codificada la cual simboliza a la ciudad de Dungui, sus
parcelas (trapecios, rectángulos), con sus medidas de lado y superficie. Estas tablillas de
barro eran importantes en razón de que existía un movimiento inmobiliario, con
transferencias frecuentes de tierras a partir de contratos, compra -ventas, cesiones,
permutas, pagos en especie o con metales y algunos préstamos. Los que cultivaban la
tierra debían pagar un tributo en proporción al Valor que generaba la tierra (ingreso por
cosechas).
EGIPTO

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http://www.comprenderlahistoria.com/manual1/sociedad.htm

En Egipto se tenía una acción particular en la cual el rey era un Dios o representante de
Dios en la tierra, bajo ese concepto el rey era el propietario de todo incluyendo la tierra,
por ese motivo, rentaba este insumo.
Tiempo más tarde, luego de la cuarta dinastía, la propiedad inicia una transición de ser
objeto de renta al concepto de propiedad pura. Existen evidencias escritas que la
revolución en el uso de la tierra, la lleva a cabo Ramsés II el Grande (siglo XVI a.C.)
Según Heródoto: Sosostris dividió el suelo de Egipto entre los habitantes asignándoles a
todos lotes cuadrados de terreno de igual tamaño, y obteniendo su recaudación principal
de la renta que los poseedores tenían que pagarle año por año, los lotes tenían lados de
100 codos. En la época de Ptolomeo la tierra se dividía en cinco tipos:
- Las tierras del rey (tierras de cultivo, incluidas las tierras del desierto)
- Las tierras asignadas cultivables (tierras que el rey entregaba a sus funcionarios
mientras prestan servicio
- Las parcelas invendibles (tierras de los soldados)
- Las tierras del templo
- Las tierras de personas particulares (sujetas al pago de impuestos)
ROMA

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https://lostraveleros.com/curiosidades-de-roma

El derecho romano asignado al primer ocupante de un área que le pertenecían la tierra, el


agua, el aire y los animales que sobre ésta existiesen (derecho de propiedad exclusiva).
Los bienes de un enemigo o un aliado no estaban asegurados de la misma forma. En
realidad los fundamentos del derecho romano, provienen de las llamadas Doce Tablas,
elaboradas por los decenviros (460 a.C.) Estas tablas talladas en mármol presentan los
siguientes principios que influyeron en la concepción del derecho privado:
-La propiedad privada sobre bienes raíces
- La libertad para disponer de los bienes raíces mediante contratos y documento

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Sin duda alguna el ejemplo más notable y que con mayor fuerza contribuyó en el mundo
romano al desarrollo de los instrumentos de medición, la Arquitectura y la Agrimensura es
el de Marco Vitruvio; arquitecto e ingeniero romano nacido en el año 88 a.C. y fallecido en
el 26 d.C. Desarrolló su actividad en la época de Julio Cesar y su tratado «De
arquitectura» fue clave y punto de partida para otros autores posteriores; reconociéndose
sus influencias sobre algunos un milenio después de su desaparición. Este tratado es un
compendio formado por diez libros, el último de los cuales contenía los gráficos, en los
que se resumen los conocimientos existentes hasta esa fecha en materia de Arquitectura,
Hidráulica, Cronometría y Maquinaria civil y militar.
Otro de los autores que han dejado un importante legado topográfico, incluyendo
aplicaciones catastrales fue Sexto Julio Frontino (1) (¿41? -103 d.C.): ingeniero y militar
romano que desde sus cargos de pretor y cónsul pudo realizar una importante labor
dentro del campo de la ingeniería civil en Roma; suya es la frase «el fundamento del arte
mensorio radica en su práctica actuación» que no sólo pronunció, sino que también
aplicó. Así mismo, se debe también a su pluma una de las premisas básicas de toda
medición topográfica (que por desgracia aún hoy en día la ignorancia o la mala fe no
contempla) y que consiste en la premisa de que en un terreno inclinado lo que se mide no
es la superficie sobre el mismo, sino su proyección sobre un plano horizontal. Este inciso
que podría ser considerado superfluo por el lector no debe nunca perderse de vista pues
la experiencia práctica del día a día en el campo catastral permite asegurar que en
algunas ocasiones no se ha tenido en cuenta, bien por desconocimiento o bien por
intereses partidistas. El resultado de esta actividad errónea es que un número
considerable de las mediciones realizadas a lo largo de la historia, la mayoría de ellas por
algún práctico local con escasa preparación, no se hicieron de esta forma y en los títulos
de propiedad figuran extensiones que no tienen nada que ver con la realidad terreno, con
los consiguientes problemas técnicos-jurídicos, en definitiva, catastrales que conlleva.
Fue durante el Imperio Romano cuando estos nuevos técnicos extendieron por toda la
cuenca Mediterránea los conocimientos topográficos y el empleo de los ya mencionados
«chorabates» y «groma». Estos dos instrumentos sirvieron para replantear las ciudades
en base a el «decumanus maximus» y el «cardo maximus», para realizar los maravillosos
acueductos, las grandes obras de construcción y para, cómo no, la distribución de las
parcelas a los legionarios y pobladores en las tierras sometidas.
El mundo de la Topografía y la Cartografía, como el de toda ciencia experimental, estaba
íntimamente unido a las aplicaciones que de ellas podían derivarse, y en gran medida su
desarrollo y evolución se debe a la búsqueda de soluciones a problemas que se
planteaban en la actividad diaria. El agro, en su concepción más extensa, fue hasta
mediados del siglo XX la riqueza, por naturaleza, de un país: por lo tanto, no es extraño
que en todas las culturas se abordase su reglamentación, control, mejora y fiscalización.
Precisamente es aquí donde se encuentra el nexo de unión entre el Catastro Rústico (el
de mayor relevancia fiscal hasta hace pocas décadas) y el desarrollo de los métodos e
instrumentos destinados a su confección; todo ello dentro de un meticuloso marco legal
en el que se apoyaba la propiedad de la tierra. Un ejemplo ilustrativo puede encontrarse
en la distribución de las tierras entre los legionarios licenciados en los territorios
sometidos por el Imperio Romano.

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También, en toda España existen ejemplos de replanteos de ciudades y de distribución de
campos entre estos colonos que acabarían por mezclarse con la población autóctona de
Iberia. En el caso de los campamentos y posteriores ciudades, los augures elegían el
lugar (aún gozaban de ese privilegio) y eran los legionarios experimentados en estas
actividades los encargados de realizar los replanteos del «Decumanus maximus» y el
«Kardo maximus» (2), que se cruzaban en el «umbilicus». Su trazado solía coincidir con
las orientaciones cardinales (norte–sur o este–oeste), aunque a veces se empleaban
como referencias accidentes geográficos relevantes del terreno próximo que facilitaban
los trabajos y adaptaban los nuevos viales a las condiciones orográficas y a las
tradicionales vías de comunicación que circulasen por la zona. A partir de éstos, y con
ayuda de la «groma», se replanteaban las líneas paralelas denominadas «decumanis» y
«kardos» que constituían la retícula geométrica de las «centurias»; posteriormente se
asignaban éstas a los colonos elegidos mediante un trámite jurídico-administrativo
denominado «adsignatio».
La elección del «umbilucus» se realizaba tras un concienzudo proceso intentando,
siempre que fuese posible, hallar un lugar que cumpliese dos condicionantes básicos:
difícilmente manipulable y fácilmente reconocible por todos los habitantes del entorno;
simultáneamente debería divisarse desde su ubicación gran parte de las intersecciones
establecidas en la parcelación realizada y de esta forma servir como elemento de control
topográfico de los trabajos. «La localización del punto de origen del catastro en el centro
urbano probablemente representaba una situación ideal, que sólo era estimada cuando la
cuidad, y el reparte de tierras surgían al mismo tiempo como resultado de una única
acción de ordenación del territorio, como ocurría por ejemplo en las fundaciones
coloniales de nueva planta. Esta coincidencia en el tiempo de la división del suelo urbano
y rústico sería la principal ventaja de situar el centro de la parcelación en la ciudad, pues
permitía agrupar en un mismo procedimiento varias decisiones que debían ser adoptadas
sucesivamente para organizar el establecimiento urbano y su territorio. También se
pueden considerar como beneficiosos de esta solución que aseguraba la fosilización de
los ejes principales del catastro en la trama urbana, destinada previsiblemente a perdurar
más en el tiempo que la retícula parcelaria y garantizaba la centralidad de la ciudad en
relación con la tierra dividida» (3). Cada una de estas centurias abarcaban una superficie
próxima a las 200 yugadas se distribuían equitativamente en tres lotes; tanto las
dimensiones de la centuria como la de los lotes posteriores variaban en función de la
calidad del suelo y de las características del mismo. El terreno se parcelaba atendiendo a
unos ejes previamente trazados, generalmente caminos, mediante unos procesos
denominamos «scamnatio» y «strigatio». Ambos procesos se diferenciaban en la posición
del lado mayor de la parcela; si este lado era paralelo al camino se denomina por «striga»
y si era perpendicular «scamnun». Estas asignaciones de tierras se recogían en tablillas
de bronce, madera, mármol u otro material, denominadas usualmente «forma» o «aes»,
marcando con distintos grosores las diferentes líneas replanteadas en el terreno e
incluyendo la siguiente información catastral: 1. Extensión de cada asignación. 2. Nombre
de los propietarios y lotes asignados. 3. Categoría, origen y régimen jurídico. • Situados
en régimen jurídico diversos en las colonias augustas, fundi excepti et concessi. • Bosque
siluae y pastos públicos pascua compascua. • Suelos públicos pasados en propiedad a la
colonia o privados subseciua concessa. • Fundus restituidos al precedente poseedor
reddita y conmutados commutatum. • Lugares excluidos de la limitación y no asignados,
situados entre los límites y la linde del territorio extreclusa. • La condición jurídica de los

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ríos. • El territorio asignado a la ciudad en situación inalienable. • Montes, loca inculta, etc.
de los cuales se hacían dos ejemplares uno, era enviada al archivo municipal o colonial y
el otro al «Tabularium de Roma». Por todo lo anterior no es extraño entender que
prácticamente en todas las lenguas latinas y germánicas el término catastro tenga una
raíz etimológica común, la latina: «capitastrum». Fue este pueblo el que desarrolló su
elaboración y lo implantó en la mayor parte del territorio que bordea el «Mare Nostrum».
El reconocimiento de estos catastros romanos en los parcelarios catastrales actuales no
es excesivamente complicado; a pesar de las continuas parcelaciones que se han
producido a lo largo de los últimos dos mil años y las consiguientes variaciones de las
estructuras agropecuarias sufridas como consecuencia de los grandes acontecimientos
sociales, militares o agrarios. Para identificarlos es necesario partir de tres hipótesis
fundamentales:
1.º Ha de tratarse de una zona en la que haya habido asentamientos en época romana y
distribuciones de la propiedad confiscada a los vencidos.
2.º Los límites de las parcelas han de ser ortogonales entre sí.
3.º Las superficies o la longitud de los lados de las parcelas han de ser múltiplos de las
unidades empleadas originariamente (un «actus» equivale a 35,50 metros).
Evidentemente todos estos laboriosos y complejos trabajos catastrales se acometían
porque las aplicaciones y beneficios, directos e indirectos, obtenidos por los titulares
catastrales y el Imperio Romano superaban a los esfuerzos realizados.
Entre otros es posible destacar:
1.º Al propietario se le garantizaba documentalmente la propiedad y las lindes de la
parcela frente a terceros.
2.º Servía para premiar a los afectos al Imperio y a los legionarios licenciados;
simultáneamente se castigaba a los antiguos propietarios que con toda probabilidad se
habían enfrentado al Emperador.
3.º Garantizaba la permanencia de una población romana estable que, por una parte,
defendería esas tierras (ahora suyas) y por otra, fomentaba la romanización del territorio y
por tanto la estabilidad social.
4.º Configuraba un sistema de producción agroforestal que optimizaba el
aprovechamiento de los recursos disponibles y facilitaba las comunicaciones en base a la
infraestructura agraria construida y posteriormente mantenida por los propios colonos.
5.º Las parcelas no eran grandes, pero sí suficientes para que pudieran vivir los colonos
asentados en las mismas y se garantizase un suministro periódico de alimentos a las
urbes próximas a las que estaban ligaba.
Fiscalmente en la época del Imperio Romano la tierra se dividía en clases, atendiendo al
tipo de cultivo establecido, para posteriormente subdividirla en función de su capacidad
productiva. A través del «Libro de Leyes Sirio» se tiene constancia de que en esta zona la
tierra de viñedo se parcelaba en unidades de veinte, cuarenta y sesenta «iugum» y la de
olivar en otras unidades fiscales denominadas «iuga» (4) compuestas por menos de 225
pies o entre 226 y 450. Como se ha podido apreciar, gran parte del territorio del Imperio

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Romano estaba catastrado empleando estas u otras unidades impositivas sobre las que
gravaba el tributo («iugatio»). Establecido este procedimiento catastral-fiscal, la siguiente
etapa era la actualización de los valores (las bases imponibles de hoy); la conservación se
realizaba cada quince años y las modificaciones sobre las cuotas se actualizaban
quinquenalmente (con las matizaciones que se estimen convenientes puede comparase
con lo establecido en el R.D. 3/7/82 sobre actualización quiquenal de los tipos
evaluatorios del Catastro Rustico, último que se publicó antes de la entrada en vigor de la
Ley Reguladora). El sistema impositivo presentaba especificaciones concretas
dependiendo de la zona; de las características de las tierras; de la relación existente entre
el propietario o colono y la finca; así como de la forma en que se adquirió la propiedad y
su ubicación dentro del esquema defensivo imperial. Continuando con el ejemplo anterior,
el procedimiento de clasificación de tierras y su posterior subdivisión conllevaba unos
errores groseros al resultar similar la carga impositiva de un terreno con 230 olivos y otro
con 450; para solventar esto se configuró otro impuesto denominado «capitatio» que se
calculaba estimando la fuerza animal y humana que requería la «iugum» para un
aprovechamiento agrario normal. De esta forma el segundo impuesto compensaba
económicamente el proceso poco detallista de clasificación del primero. Como era
previsible la complejidad del sistema no facilitaba la labor recaudatoria y por este motivo
era normal girar un prorrateo estimado y acorde con la realidad agrícola que englobara
estos dos: tributo al que se le denominó «capatatio» y a sus unidades «capita», en
sustitución de su verdadera terminología «capitatio humana et animalium». A esta ya de
por sí complicada situación hay que añadir la existencia de otro impuesto que gravaba a
los cultivadores denominado igualmente «capitatio», que se calculaba atendiendo al sexo
y a la capacidad económica del «capita», el agricultor. Esta era la compleja situación fiscal
de la tierra en el declive del Imperio Romano, que fue denunciada por sus propios
dirigentes y pensadores y a la que no pudieron encontrar solución antes de su caída y
desaparición como dueños del mundo conocido.

El Catastro hasta el siglo XV La España Visigoda


Con la llegada de los visigodos, una nueva distribución de la propiedad y de los
aprovechamientos modificó el sistema tributario vigente. El peso económico de la
agricultura aumentó en esta nueva sociedad, que no llegó a romper totalmente con la
tardo-romana, conviviendo grandes explotaciones y otras pequeñas pertenecientes a
propietarios libres. El porcentaje de estas últimas decreció progresivamente con el paso
de las décadas y fueron absorbidas por los latifundios que garantizaban al antiguo
propietario, ahora colono, unos lazos de patrocinio y dependencia que le conferían
seguridad frente a terceros, e incluso frente al Estado. No obstante, la agricultura no fue
una fuente de riqueza sustanciosa y las deudas se multiplicaron fomentando la auto-venta
como esclavo, el abandono de hijos y la generalización de los abortos.
La presión fiscal del Estado, la inestabilidad, la escasa tecnología aplicada en la
agricultura, la escasez de mano de obra, las plagas naturales sobre los cultivos, las
pestes, el hambre y otras calamidades naturales configuraban una sociedad nada
envidiable que nos describe magníficamente García Moreno (5). «... Y sobre el campo así
abonado venía a descargar como un golpe de gracia y determinante la creciente presión
de los poderosos y todo el duro peso de la fiscalidad del Estado visigodo; excesiva en sí,

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por la necesidad apremiante de los monarcas y por la generalización de la corrupción y
las prácticas abusivas de cuantos tenían a su cargo la administración fiscal. Además, si
los poderosos laicos y la Iglesia obtuvieron pingües inmunidades o exenciones fiscales, o
se encontraban en una posición de fuerza para oponerse al Estado y defenderse a ellos y
a sus leales e imprescindibles recomendados, el agobiante peso fiscal visigodo se iría
concentrando cada vez más en los pequeños y medianos propietarios. Por eso no es de
extrañar que Chindasvinto se viese obligado a prohibir a todos los que estaban sometidos
a pagar tributo, vender, donar o conmutar sus tierras con personas que estuviesen
exentas o no fuesen a pagar los tributos por cualquier otra razón, con el fin de que las
entradas del fisco regio no se viesen amenazadas en su cuantía. Ciertamente, una vana
ilusión del anciano y enérgico soberano, pero todo un síntoma de la realidad de la
pequeña propiedad libre a esas alturas de la historia hispano-visigoda; al final la única
salida era la condonación de los impuestos, como Ervigio y Egica hicieron en más de una
ocasión. Aunque cosa distinta era conseguir que los potentes devolviesen las tierras que
habían arrebatado a sus pequeños propietarios aprovechándose de sus dificultades
fiscales y de sus propios atributos gubernativos». La España Árabe El pueblo árabe
instalado en la Península Ibérica a partir del año 711 puso en explotación y optimizó gran
parte de las tierras cultivables del Al-Andalus, adaptando nuevos sistemas y procesos con
los que se alcanzaron producciones y calidades no conseguidas por los anteriores
colonos. A pesar de ser un pueblo con una vasta cultura (6), en gran parte heredada de
los pueblos de Oriente, no confeccionaron una distribución gráfica de las propiedades
agrarias sino que se limitaron a la elaboración de un «Registro General del Territorio» a
los pocos años de desembarcar en la Península. Con la perspectiva que ofrecen los
cientos de años que nos separan de esa época, dos pueden ser los motivos que explican
que no elaborare un Catastro Rústico de sus bien aprovechadas tierras de regadío: en
primer lugar influyó, sin duda alguna y de forma decisiva, sus raíces tradicionalmente
nómadas y, en segundo, la exención teórica de impuestos a los musulmanes que estuvo
vigente y reconocida en las diferentes épocas islámicas del Al-Andalus. No obstante, la
Hacienda árabe que era una de las instituciones mejor reguladas y centralizadas había de
nutrirse con fondos que garantizasen la cobertura de las necesidades religiosas, públicas
y de la corte.
Su estructura estaba coordinada por un visir, a cuyas órdenes trabajaban numerosos
tesoreros, intendentes y contadores encargados de administrar los tres fondos
económicos en que se distribuían los ingresos: el tesoro religioso, el privado y el público
(7). El primero de ellos, el religioso (no se olvide la coincidencia de los poderes político y
religioso) se alimentaba de donaciones, testamentarias y de los rendimientos adscritos a
este fin. El privado, para usos del soberano, lo componían los bienes de su titularidad y
algunos impuestos reservados para su sostenimiento. Por último, el tesoro público, se
sustentaba con los impuestos previstos en el Corán, aunque posteriormente se girasen
otros de carácter excepcional, al principio, y ordinarios posteriormente. En este punto es
donde se engarzan subrepticiamente los «diezmos»: cantidad correspondiente al diez por
ciento de los bienes muebles e inmuebles que poseían los árabes y que entregaban en
concepto de donativo para el sostenimiento de la comunidad. Por otra parte, los súbditos
que trabajan las tierras y que no eran musulmanes, eran considerados como poseedores
de las mismas, no como propietarios; en base a ello y como prueba de sometimiento
debían de abonar anualmente un impuesto por el aprovechamiento de esos predios. Este
tributo territorial, que inicialmente estaba reservados a los no creyentes, se generalizó

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rápidamente y se institucionalizó en toda la cultura islámica de la Península conforme
avanzaban los años y se incrementaban las necesidades económicas, ya no satisfechas
por los botines de guerra obtenidos de las fulminantes conquistas de tierras cristianas. La
España Cristiana Frente a esta hacienda organizada, centralizada y eficiente conviven al
Norte los reinos cristianos en los que la hacienda pública y la del monarca son todo una:
una hacienda; múltiples impuestos; variadas y arbitrarias exenciones; modificaciones
fiscales dependiendo del momento histórico, de las necesidades o de los planteamientos
de la corona. Como es fácil imaginar, un verdadero caos que beneficia sobre todo a los
recaudadores, los grandes señores y los defraudadores. Tal y como nos indica Álvarez
Palenzuela: «... los habitantes de estas tierras pagan la renta de la tierra, una mezcla del
impuesto territorial romano y del censo privado, al que se denomina con los nombres de
tributum, functio, vectigalia, census, usaticum, infurcion, pecho, foro, parata y tasca; por
las propias denominaciones se aprecia la diversidad de conceptos que en él se incluyen».
Esta situación se mantuvo y extendió conforme avanzaba la Reconquista y se
recuperaban nuevas tierras absorbiendo la población mozárabe o judía que las explotaba
y que no las abandonó, o bien, repoblándolas con cristianos procedentes del Norte a los
que incentivaban con algunas prerrogativas fiscales para su asentamiento y colonización.
Otros catastros Durante todo el oscuro período de la Edad Media apenas existen
inventarios de bienes inmuebles salvo testamentarias más o menos detalladas de los que
se transmiten de una generación a otra. No obstante, se pueden encontrar descripciones
literales de los dominios reales del Imperio Carolingio e inventarios aislados de señoríos;
así como relaciones de bienes pertenecientes a los conventos y órdenes religiosas
distribuidas por toda Europa. El primer ejemplo de Catastro del segundo milenio de
nuestra era es el «Domesday Book»: Guillermo I encargó su confección a clérigos
normandos con el objetivo de establecer una contribución y, tal y como nos indica García-
Badell «... en él se consignaron a qué manos habían pasado los dominios de los sajones,
cuáles de entre ellos guardaban sus herencias, número de árboles que tenía cada
dominio y la extensión de terreno de cada propietario... Los trabajos geométricos se
referían solamente a la determinación del perímetro del territorio, de cada comune, sin
distinción de masas de cultivo, caminos, arroyos, praderas y monos aún de las parcelas
de cada propietario; todo estaba confundido sin identificación particular,» En su
confección se invirtieron cinco años, de 1083 a 1088, y en la actualidad se conserva en el
Catedral de Winchester, siendo para los normando el «Libre Royal», verdadera obra de
consulta obligada para cualquier profesional que desee conocer y entender la realidad
agraria y por ende nacional del país (8). El ejemplo más cercano de un catastro de
similares características en España es el «Libre del Repartiment», de Mallorca, levantado
en 1229 tras ser sometida esta isla por Cataluña (9). Fue en la Edad Moderna, con la
consolidación de los estados europeos, cuando nace la necesidad de definir sus fronteras,
determinar la población, fijar la riqueza del terreno y garantizar a la Hacienda unas fuentes
de ingresos que permitan la subsistencia de esta monarquía absolutista.
En base a ello en cada país se confeccionaron mapas cuyos fines además de
descriptivos del territorio, de la población y militares, eran también fiscales. –Famosa es la
frase que se atribuye a un monarca francés en la que recriminaba a sus geómetras
responsabilizándoles de perder más terreno debido a los mapas que elaboraban que en
las guerras en que participaba Francia–. Abundan, por lo tanto, en esta época los intentos
más o menos fallidos de elaborar catastros por toda Europa, con fines generalmente
fiscales y entre los que destaca Italia, Francia y España, como países con mayor deseo

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de contar con estas documentaciones. El Catastro durante los siglos XVI y XVII
Nuevamente se debe a García-Badell, y a lo que él mismo calificó de empeño y
casualidad, la primera referencia sobre el catastro que dispuso hacer Carlos V en 1549 en
el Ducado de Milán. La causa que motivó su elaboración se repetiría años después en sus
sucesores y, cómo no, fue la necesidad apremiante de dinero para mantener el ejército en
continúa lucha con su principal enemigo: el monarca francés Francisco I, a la sazón
pretendiente de ese Ducado centroeuropeo. Bajo la orden del Marqués del Vasto se
realizó entre los años 1549 y 1552 un inventario de los bienes muebles e inmuebles, con
la colaboración de medidores, técnicos agronómicos, agrimensores, etc., todos ellos
coordinados por Ludovico Bergamino, que sirvió de base para distribuir los 12.000
escudos que eran precisos para cubrir los gastos militares previstos por el emperador. Los
resultados finales, según indica Grandi, de este primer catastro moderno europeo no
representaban estrictamente la realidad: sólo se catastraron 1,2 millones de Has., de las
1,7 existentes, correspondiendo el medio millón restante a terrenos próximos a la zona de
guerra y a laicos y eclesiásticos que eran lo que se denominaron «grandes personas y
guerreros». Sin embargo, y a pesar de las deficiencias en los procesos de valoración, no
cabe duda que éste fue el germen catastral que recogió su hijo y que trasladó a Castilla
durante su largo reinado. En la España de Felipe II, ese monarca renacentista tan
injustamente vilipendiado a lo largo de los siglos, se encargó, por iniciativa suya, catastrar
los términos municipales de Castilla y elaborar las denominadas «Relaciones
Topográficas de los pueblos de España», con objeto de conseguir el conocimiento pleno
de su país. La génesis de este proyecto se encuentra en la Real Carta de 27 de octubre
de 1575, firmada por su secretario Juan Vázquez, que rubricó los ensayos llevados a
cabo durante el año anterior y que permitieron poner de manifiesto la importancia de la
actuación catastral; designándose, para su aplicación práctica, a un reconocido
catedrático de matemáticas de la Universidad de Alcalá de Henares y cronista de Carlos
V: D. Pedro de Esquivel (10).
El proceso de elaboración se basaba en la cumplimentación de unas encuestas (su
número osciló entre 24, en un primer momento, y 57, posteriormente, para quedar
definitivamente establecido en 45), diseñadas desde la nueva capital del reino, en las que
se abordaban cuestiones referentes al origen del pueblo; su situación geográfica; su
estado socioeconómico; el número de vecinos y forasteros y, cómo no, la producción
agrícola y artesanal, hasta completar el total de los capítulos previstos. Aun pudiendo
pecar de prolijo se considera conveniente recoger, por la magnitud del proyecto, la
importancia de la finalidad perseguida, la exhaustividad de la encuesta y la originalidad de
la actuación administrativa, la estructuración realizada por García-Badell (11) en relación
con los capítulos que en ella aparecen: • Atendiendo a la parte histórica: 1.ª Primeramente
se declare y diga el nombre del pueblo cuya relación se hiciera, cómo se llama al presente
y por qué se llama así y si se ha llamado de otra manera antes de ahora. 3.ª Si el dicho
pueblo es antiguo o nuevo, o desde qué tiempo acá está fundado y quién fue el fundador
y cuándo se ganó de los moros o lo que de ello se supiere 4.ª Si es ciudad o villa, desde
qué tiempo acá lo es y si tiene voto en Cortes, o qué ciudad o villa habla por él, y los
lugares que hay en su jurisdicción. 7.ª El escudo de armas que dicho pueblo tuviere, si
tuviere algunas, y por qué causa o razón las haya tomado. 8.ª El señor o dueño del
pueblo, si es del Rey o de algún señor particular o de algunas de las Órdenes de
Santiago, Calatrava o Alcántara o San Juan. 32.ª Los hechos señalados y cosa dignas de
memoria que hubieren acaecido en dicho pueblo o en sus términos, y los campos, montes

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y otros lugares nombrados por algunas batallas, robos o muertes o sucesos notables que
en ellos hayan acaecido. 33.ª Las personas señaladas en letras, armas y en otras cosas
que haya en el dicho pueblo o que hayan nacido o salido de él, con lo que se supiere de
sus hechos y dichos señalados. 34.ª Y si en los pueblos hubiere algunas casa o solares
de antiguos linajes, hacerse la memoria particular de ellos. • Atendiendo al estudio
geográfico y topográfico corresponden: 5.ª El reino en que comúnmente se encuentra el
dicho pueblo y en qué provincia o comarca de ella. 6.ª Si es pueblo que está en la frontera
o en algún reino extraño que tan lejos está de la raya y si es entrada o paso para él o
puesto de aduana. 13.ª Asimismo se diga el nombre del primer pueblo que hubiere yendo
del lugar hacia la parte por donde el Sol sale al tiempo de la dicha relación y las leguas
que hasta él hubiere. 14.ª Ítem se diga el nombre del primer pueblo que hubiere yendo
desde el dicho pueblo hacia el Mediodía y las leguas que hubiere. 15.ª Asimismo se diga
el nombre del primer pueblo que hubiere caminando por la parte por donde el Sol se
pone, al tiempo de la dicha relación y las leguas que hasta él hubiere. 16.ª Otro tanto se
dirá del primer pueblo que hubiere a la parte Norte. 17.ª La calidad de la tierra en que está
el dicho pueblo, se diga si es tierra caliente o fría, sana o enferma, tierra llana o serranía,
raza o montosa y áspera. 19.ª Si estuviese en serranía el pueblo, se diga cómo se llaman
las sierras en que está y las que estuviesen cerca de él y cuánto está apartado de ellas y
a qué parte se caen y dónde vienen corriendo las dichas sierras y hacia donde se van
alargando. 20.ª Los nombres de los ríos que pasasen por el dicho pueblo o cerca de él y
qué tan lejos y a qué parte del pasan y cuán grandes y caudalosos son y si tienen riberas
y frutarles, puentes y barcos notables y algún pescado. 25.ª Si el pueblo fuese marítimo,
qué tan lejos o cerca está de la mar y la suerte de la costa que alcanza, si es costa brava
o baja y los pescados que se pescan en ella. 26.ª Los puertos o bahías y
desembarcaderos que hubiese, con el ancho y largo de ellos, entradas y fondo y la
seguridad que tiene y los muelles y atarazanas que hubiese, atendiendo al aspecto
agronómico y al estudio de sus producciones agrícolas. 18.ª Si es tierra abundosa o falta
de leña y de dónde se proveen, si es montosa de qué montes y arboledas y qué animales,
cazas y salvajinas se crían y hallan en ella. 22.ª Si el pueblo es de muchos o de pocos
pastos y las dehesas señaladas que en los términos del sobredicho pueblo hubiere, son
los bosques y cotos de caza y pesca. 23.ª Si es tierra de labranza, las cosas que en ella
se cogen, los ganados que se crían y si hay abundancia de sal para ellos. • Atendiendo al
aspecto social y económico de sus habitantes. 2.ª Las casas y número de vecinos que al
presente en el dicho pueblo hubiere, y si ha tenido más o menos antes de ahora y la
causa por que se haya disminuido o vaya en aumento. 30.ª La suerte de las casas y
edificios que se usan en el pueblo, y de qué materias son y si las hay en la tierra o las
traen de otra parte. 35.ª Qué modo de vivir y qué granjerías tiene la gente y las cosas que
allí se hacen o labran mejor que en otras partes. 37.ª Si tiene muchos o pocos términos y
algunos privilegios o franquezas de que se puede honrar por habérseles concedido por
algunos notables servicios. 43.ª Los sitios y lugares despoblados que hubiere en la tierra y
el nombre que tuvieron y la causa por que se despoblaron. • Atendiendo a la sanidad. 28.ª
El sitio donde cada pueblo está puesto y si es en alto o en bajo y en asiento llano o
áspero, y si es cercado, las cercas y murallas que tiene y de qué son. 29.ª Los castillos,
torres, fuertes y fortalezas que en el pueblo y en la jurisdicción hubiese y la fábrica y
materiales de que son. • Atendiendo a la Justicia, sus funciones y demás autoridades. 9.ª
La Chancillería en cuyo distrito cae el pueblo y adónde van los pleitos en grado de
apelación y las lenguas que hay del dicho pueblo hasta donde reside la dicha Chancillería.

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10.ª La gobernación, corregimiento o alcaldía, merindad o adelantamiento en que está
dicho pueblo. 11.ª Ítem el arzobispado, obispado o abadía y arciprestazgo en que cae
dicho pueblo y las legas que hay hasta el pueblo donde reside la catedral y hasta la
cabecera de partido. 12.ª Y si fuese de algunas Órdenes militares, se diga el priorato o
partido de ellas en que cayese el dicho pueblo 36.ª Las justicias eclesiásticas o seglares
que hay en dicho pueblo y quién las pone. 42.ª Los monasterios de frailes y de monjas y
de beatas que hubiese en el pueblo y el número de religiosos y otras cosas notables que
tuviesen. • Atendiendo a los edificios artísticos y religiosos. 31.ª Los edificios señalados
que en el pueblo hubiere y los rastros de edificios antiguos de su comarca, epitafios,
letreros y antiguallas de que hubiere noticia. 38.ª La iglesia catedral o colegial que hubiere
en el dicho pueblo y las parroquias que hubiere. 39.ª Y también si en dichas parroquias
hubiese algunos enterramientos y capillas o capellanías tan principales que sea justo
hacer memoria de ellas. 40.ª Las reliquias notables que en las dichas iglesias hubiere y
los milagros que en ellas se hayan hecho. • Atendiendo al comercio. 57.ª Los datos
concernientes a ferias y mercados y su importancia. así como las fiestas populares que se
celebren. • Atendiendo a datos de viaje. 55.ª El número de ventas o posadas y su
descripción. Este inventario de la realidad del país, que comenzó a finales del año 1574,
fue abandonado siete años después tras haber encuestado un total de 636 pueblos de
Castilla de los que se recabó toda la información que figura en el cuestionario anterior.
Los motivos de esta finalización traumática de los trabajos fueron variados y entre ellos
figura en un puesto destacable la fuerte oposición de la ciudadanía, el elevado coste
económico que implicaba y la falta de personal cualificado que pudiese acometer los
trabajos con los parámetros de calidad que se exigían.
No obstante, no cabe duda de que se trata del primer intento serio abordado en la España
moderna para elaborar un catastro fiable, elemento clave para todo tipo de actuaciones
civiles y militares y para la toma de decisiones que afectasen directamente al territorio.

EN COLOMBIA
Una ley del 30 de septiembre de 1821 del Congreso de Villa del Rosario de Cúcuta creó la
primera referencia legislativa denominada “catastro general del cantón”. Cuatro años más
tarde, en 1825, esta norma fue reglamentada con una finalidad eminentemente fiscalista
debido básicamente a la necesidad de sostener la guerra de independencia. Veinte años
pasaron hasta que en 1847 se publicó el proyecto de ley según el cual se estableció una
contribución para los gastos del culto. Se eliminó el diezmo y se propuso realizar, no
obstante, la formación de un registro de todas las propiedades de cada Distrito Parroquial.
El Cura de la parroquia junto con el Intendente (encargado de la formación) y el
Administrador General de Hacienda formaban parte de la Junta Nacional encargada de la
elaboración de ese registro. Al organizarse la República Federal de los Estados Unidos de
Colombia en 1866, el 4 de julio se expidió la Ley No 70 que dio origen a los Decretos
Reglamentarios del 10 y 23 de agosto de ese año. Fue así que el gobierno del General
Mosquera estructuró el catastro de tierras baldías. La reglamentación legal condujo a
establecer normas para un catastro de edificios, terrenos y minas, muebles y útiles de
propiedad de la república con base en la ubicación, destino y estado de conservación.

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Esta tarea fue adscrita a la Oficina de Agrimensores que se creó para tal efecto. El Código
Fiscal o Ley No 48 de 1887 previó el establecimiento de gravámenes sobre los bienes
raíces con el fin de fortalecer los fiscos departamentales y municipales, y en 1888 los
departamentos vieron complementada su acción fiscal con la expedición de la Ley No 149
que les dio facultades para establecer una contribución directa sobre capitales muebles.
Con la expedición de la Ley No 20 de 1908 y el Decreto reglamentario No 1227 del mismo
año, el gobierno del General Reyes contó con un marco legal orientado a la formación del
catastro de la “riqueza raíz” en toda la república, concibiéndolo como un documento
público que, además de servir de base para el cobro del impuesto predial, contuviera los
datos necesarios para la estadística del valor de la propiedad inmueble y de los bienes
públicos. Las disposiciones de ese decreto se reprodujeron por ordenanza de la
Asamblea de Cundinamarca (y probablemente por otros Departamentos) lo que derivó en
una serie de reglamentos catastrales y sistemas de avaluación y tasación propios para
cada jurisdicción. La Ley No 4 de 1913, conocida como Código de Régimen Político y
Municipal, asignó a las Asambleas la facultad de reglamentar el impuesto sobre la
propiedad raíz y en 1926, la Ley No 72 autorizó al municipio de Bogotá para organizar
libremente sus rentas, percepción y cobro por administración directa, delegada o por
arrendamiento. En virtud de esta autorización, la administración municipal contrató una
misión de expertos en finanzas y administración pública de los Estados Unidos de
América, la cual debía organizar la Contraloría y la Oficina de Catastro. Como resultado
de sus recomendaciones se creó la Oficina de Catastro de Bogotá, adscrita a la Alcaldía y
se suprimió la Junta Municipal [1]. En 1930 la Hacienda Pública encargó a la Misión
Kemmerer la función de modernizar y racionalizar la tributación. Bajo una visión fiscalista
se desarrollaron trabajos dirigidos a la nacionalización del catastro mediante la creación
de un organismo responsable por determinar el avalúo, el cual reemplazó a los
organismos departamentales y locales existentes, quienes pasaron a tener una labor lenta
y mal ejecutada que derivó en una revisión de avalúos prediales y una inequitativa
distribución de la carga predial determinada por factores políticos y personales. La misión
denominó como “esencial” la elaboración de planos prediales para dar a conocer la
situación, extensión, área y otros detalles topográficos de las propiedades, la declaración
directa de propietarios como método para formar el catastro y el principio de revisión
quinquenal de los avalúos, entre otros.
Dos años después, en 1932, se expidió una ley que obligaba a los municipios a organizar
la nomenclatura urbana. Ley No 78 de 1935 abrió definitivamente el país a la
nacionalización del catastro y estableció la declaración del valor de los bienes raíces por
parte del propietario o, en su defecto, la estimación por parte del funcionario de catastro.
Se determinó que en la jefatura de Rentas Nacionales abriese una Sección Nacional de
Catastro, a cuyo cargo se dejó la fijación de los avalúos comerciales de la propiedad raíz.
Ese mismo año el Decreto No 1440 creó el Instituto Geográfico Militar y Catastral – IGMC
como organismo dependiente del Estado Mayor General del Ejército dedicado al
levantamiento de la carta militar del país para estudios catastrales. El Decreto No 1797 de
1938 organizó la sección encargada de los trabajos preparatorios del catastro nacional. Al
año siguiente se emitieron dos leyes (resultado de una misión suiza) que aumentan la
responsabilidad de la Sección Nacional de Catastro: la Ley No 62 de 1939 que le entregó
la tarea de deslindar y amojonar las entidades territoriales y la Ley No 65 que le atribuyó
la dirección técnica y el control del catastro en todo el territorio nacional, dándole
facultades para dictar normas sobre formación y renovación del mismo, así como para

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determinar los factores que han de tenerse en cuenta para los avalúos de inmuebles. Con
la expedición del Decreto No 1301 de 1940, reglamentario de la mencionada Ley No 65,
se constituyó el Estatuto Orgánico del Catastro Técnico. Ese mismo año el IGMC pasó a
depender del Ministerio de Hacienda y crédito Público. En 1941 la Ley No 128 organizó
las Oficinas de Catastro y la Ley No 2275 vinculó a las Oficinas de Catastro de los
Departamentos de Boyacá, Cundinamarca y Tolima, siendo los demás departamentos
vinculados a través del Decreto No 1538. El Decreto No 1146 de 1942 entregó al IGMC la
dirección técnica y el control de los procesos de conservación, con facultades para dictar
normas de procedimiento y reglas de funcionamiento de las entidades encargadas de la
conservación. Ley No 182 de 1948 creó el régimen de propiedad horizontal, imponiéndose
al catastro la obligación de diseñar un tratamiento especial para la inscripción catastral de
las unidades inmobiliarias, de manera que pueda conservarse y mantenerse la conexión
de dichas unidades con el predio matriz. El Decreto No 259 de 1954 creó las Juntas
Municipales Especiales y minimizó la técnica catastral en la determinación del avalúo con
la prevalencia de criterios políticos presentes en dichas Juntas. El Decreto No 290 de
1957, creó el Instituto Geográfico Agustín Codazzi – IGAC. En 1968 se hizo una reforma
administrativa del Estado que derivó en reformas en la Administración del Distrito Especial
de Bogotá y en su sistema catastral. Los criterios y los objetivos del catastro definidos
eran concordantes con lo establecido en la Resolución No 1173 de 1965 del IGAC, la cual
precisaba la política catastral y definía los criterios generales y las normas para hacer el
catastro. En agosto de 1978 se reestructuró internamente la Dirección de Catastro
Distrital, pero se mantuvo como una dependencia de la Secretaría de Hacienda [2]. En
1970 se dictaron los Decretos No 1250 y No 2156 reguladores del catastro,
específicamente en su interrelación con el registro y la matrícula inmobiliaria.
Tres años después, en 1973, la Ley No 4 de sobre Reforma Agraria dio nuevas
disposiciones sobre el catastro en relación al valor del predio. La Resolución No 3556 del
Ministerio de Educación Nacional de 1978 aprobó el Programa de Ingeniería Catastral y
Geodesia de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas; recomendada por el Dr.
Pierre Granchamp, jefe de la misión suiza, para desarrollar el catastro. La Ley No 14 de
1983, denominada “nueva era en los fiscos regionales”, y su Decreto Reglamentario 3496,
dieron al catastro colombiano dinamismo y actualidad al introducir innovaciones El
Decreto Extraordinario No 1711 de 1984 señalaba las obligaciones del registro hacia el
catastro y viceversa y la necesidad de adoptar un número único de identificación predial
para ambos. Ese mismo año se expidió la Resolución No 660 del IGAC que constituyó el
estatuto operativo del catastro. En 1988 la Resolución No 2555 reglamentó la formación,
actualización de la formación y conservación del Catastro Nacional y subrogó la
Resolución 660 de marzo 30 de 1984. A comienzos de los ´90 el IGAC, con la
participación técnica y la cooperación financiera de los gobiernos colombiano y suizo,
inició un Proyecto de Modernización Tecnológica con el fin de cambiar de un sistema de
producción de información geográfica en forma análoga y manual, a formato digital. En
1994 la Ley No 160 describió el procedimiento para la elaboración de avalúos solicitados
con fines de reforma agraria. La Ley No 388 de 1997 proporcionó las pautas de
ordenamiento territorial, apuntando normas, procedimientos, parámetros y criterios para la
elaboración de los avalúos comerciales. La Resolución No 762 de 1998 estableció la
metodología para la realización de los avalúos establecidos en la ley de 1997. Aún en
1997, la República de Colombia y el Banco Interamericano de Desarrollo suscribieron un
contrato de préstamo para llevar a cabo el Programa de Titulación y Modernización del

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Registro y Catastro con el objetivo de Seguir levar a cabo acciones destinadas a
consolidar el mercado de tierras en Colombia. Para tal efecto, el programa se planteó con
cuatro componentes: Titulación de Terrenos Baldíos Rurales, Titulación de Predios
Urbanos, Modernización del Registro y Catastro y Protección Ambiental en Áreas Rurales.
En marzo de 2001 se realizó una modificación contractual al citado crédito y se designó
como organismo ejecutor al Instituto Geográfico Agustín Codazzi, con la intervención de la
Superintendencia de Notariado y Registro y el Instituto Colombiano de Reforma Agraria.
En esa ocasión se redujo el monto total del proyecto y de los cuatro componentes sólo
quedaron dos: Titulación de Terrenos Baldíos Rurales y Modernización del Registro y
Catastro.

ENTIDADES QUE RIGEN EL CATASTRO EN EL PAÍS


Son el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, la Unidad Administrativa Especial de
Catastro Distrital de Bogotá y los organismos encargados de las labores catastrales en el
departamento de Antioquia y en los Municipios de Cali y Medellín.

DESCRIPCIÓN DEL CONTEXTO

Actualmente el IGAC (Instituto Geográfico Agustín Codazzi) maneja gran parte del
catastro nacional con las excepciones de las ciudades Bogotá, Cali y Medellín que poseen
sus propias entidades encargadas para ese asunto, dado que gran parte del territorio
nacional actualmente ha pasado de ser tierra de nadie a estar legalizado o buscar estarlo
se necesitan los avalúos de dichos predios para que se puedan restituir a sus dueños y
entrar a las bases del gobierno para implementar mejoras a dichas comunidades en un
futuro cercano, como ingenieros catastrales nos regimos bajo la autoridad del IGAC el
cual dicta las leyes y normativas a seguir en estos casos respetando siempre la
autonomía de las otras entidades territoriales ejemplo catastro Bogotá tratando de hacer
lo más transparente posible esta actividad e implementando las nuevas tecnologías que
nos lleven a mayor efectividad y exactitud de la misma. Ya que para cualquier trámite
comercial o privado que los propietarios de dichos inmuebles necesiten realizar es
necesario tener los predios legalizados y respectivamente inscritos en la base nacional
para este fin. Propender por la protección y mejora continua del medio ambiente. Asesorar
a las entidades de carácter municipal, departamental, regional o nacional que así lo
requieran, dentro del ámbito de la gestión y ordenamiento del territorio. Adelantar y
promover actividades encaminadas a la actualización del conocimiento normativo y
tecnológico, de sus asociados.
¿Qué es el Catastro Inmobiliario?
El Catastro Inmobiliario es un registro administrativo dependiente del Ministerio de
Hacienda y Función Pública en el que se describen los bienes inmuebles rústicos,
urbanos y de características especiales. Está regulado por el Texto Refundido de la Ley

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del Catastro Inmobiliario, la inscripción en el mismo es obligatoria y gratuita,
características que lo diferencian del Registro de la Propiedad.
La descripción catastral de los bienes inmuebles comprenderá sus características físicas,
económicas y jurídicas, entre las que se encontrarán la localización y la referencia
catastral, la superficie, el uso o destino, la clase de cultivo o aprovechamiento, la calidad
de las construcciones, la representación gráfica, el valor de referencia de mercado, el
valor catastral y el titular catastral, con su número de identificación fiscal o, en su caso,
número de identidad de extranjero. Cuando los inmuebles estén coordinados con el
Registro de la Propiedad se incorporará dicha circunstancia junto con su código registral.
Derechos de los titulares catastrales en sus relaciones con el Catastro
En sus relaciones con el Catastro, los titulares catastrales tienen los derechos que con
carácter general les atribuye la normativa tributaria.
Derechos de los titulares catastrales en sus relaciones con el Catastro
Competencias del Estado sobre el Catastro Inmobiliario
La formación y el mantenimiento del Catastro Inmobiliario, así como la difusión de la
información catastral es competencia exclusiva de la Dirección General del Catastro en
todo el territorio nacional, excepto en el País Vasco y Navarra.
Esta competencia se ejercer directamente o a través de las distintas fórmulas de
colaboración que se establezcan con las diferentes Administraciones, entidades y
corporaciones públicas. En virtud de esta colaboración, los ciudadanos pueden acceder
desde Ayuntamientos y Diputaciones Provinciales a distintos servicios catastrales.
Usos de la información catastral
La finalidad originaria del catastro es de carácter tributario, proporcionando la información
necesaria para la gestión, recaudación y control de diversas figuras impositivas por las
Administraciones estatal, autonómica y local. A estos efectos, el Catastro facilita el censo
de bienes inmuebles, su titularidad, así como el valor catastral que es un valor
administrativo que corresponde a cada inmueble y que permite determinar la capacidad
económica de su titular.
Además de la función tributaria, en los últimos años se han incrementado notablemente
los usos y utilidades de la información catastral por parte de Administraciones, ciudadanos
y empresas. Como novedad más reciente en este ámbito cabe citar el servicio de
descarga masiva de información catastral, disponible desde abril de 2011 y que pone
gratuitamente a disposición de empresas y particulares la información catastral,
incluyendo la posibilidad de su reutilización.

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CONCLUSIONES
1. Luego de realizar un amplio trabajo investigativo con respecto a la temática de
enfoque de carrera, podemos concluir que la práctica profesional que nos ofrece el ser
un Ingeniero catastral como evaluador de inmuebles brinda una gran oportunidad en el
campo laboral y empresarial ya que permite adquirir una gran experiencia a partir de la
aplicación de conocimientos y capacidades no solo en nuestro país sino también
alrededor del mundo.
2. De igual forma, al concluir este trabajo nos dimos cuenta que nuestro proceso de
formación está basado en un continuo cambio, ya fuese en el aprendizaje o en el
mejoramiento de nuestras labores debido a que influye constantemente la visión que
tenemos de las cosas, la época y los objetivos para llegar a ser un buen individuo que
sabe manejar las competencias que suministra la carrera en torno a la expectativa de
cambio para mejorar un servicio utilizado por la sociedad.
3. En los últimos años ha sido muy notable la importancia del aumento en el Catastro y
que su novedad más reciente se destaca por la prestación de un servicio a través de
la disposición que se tiene, es por ello que es importante recalcar el papel que tiene el
CATASTRO en base al conjunto de operaciones técnicas que realiza y a su labor
como mediadores de la tierra.
4. Por último, concluimos que fue importante conocer los diversos roles que tiene la
carrera, ya que dependiendo fue mucho más fácil conocer los objetivos aportados por
las habilidades, las destrezas y el trabajo en equipo.

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BIBLIOGRAFÍA

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