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La infidelidad en la pareja y su recuperación

La infidelidad es un suceso terrible para la pareja, destroza la confianza necesaria


para mantenerla y produce en el traicionado devastadoras reacciones
psicológicas. En esta página se resume un tratamiento psicológico que ayuda a
la recuperación psicológica del traicionado, para lo que es preciso hacer un
proceso de perdón, se desee o no la reconciliación, porque una cosa es perdonar
y otra diferente reconciliarse.

Resumen del artículo: La recuperación de la pareja después de la infidelidad

Esta página es un pequeño resumen del artículo: "La recuperación de la pareja


después de la infidelidad"

Introducción

La infidelidad en las relaciones de pareja tiene consecuencias devastadoras. Es


la primera causa de divorcio (Hall y Fincham, 2006) no solamente en occidente
sino en otras muchas culturas estudiadas (Betzig, 1989). Puede causar al
traicionado angustia y le puede desencadenar ataques de furia y sentimientos de
humillación (Buunk y van Driel, 1989; Daly y Wilson, 1988; Lawson y Samson,
1988) también está asociada a la depresión mayor y a la ansiedad (Cano y Leary,
2000).

No todas las parejas en las que se da la infidelidad se separan, algunas se


reconcilian y continúan su relación superando el problema. El proceso de
reconciliación es difícil y muchas veces es necesaria la intervención terapéutica
para llevarlo a cabo. La infidelidad se considera, además, uno de los más difíciles
asuntos a tratar en la terapia de pareja (Whisman, Dixon, y Johnson, 1997).

En el artículo se discute en profundidad qué se considera y qué no se considera


infidelidad y se recomienda el estudio particular en cada pareja, teniendo en
cuenta los criterios de los dos.

Dentro de la línea de establecer tratamientos basados en la evidencia, se están


obteniendo los primeros resultados alentadores basados en estudios empíricos
sobre su eficacia (Gordon, Beaucom y Snyder, 2004; Atkins, Eldridge, Baucom, y
Christensen, 2005); pero dada la limitación de estos estudios, actualmente se está
poniendo en común la experiencia de los profesionales, tanto clínicos como
investigadores, lo que permitirá establecer métodos de tratamiento basados
consensuados sobre los que se podrán continuar los estudios empíricos que los
validen (Dupree, White, Olsen, y Lafleur, 2007). En todos los que consideran
encuentran como elemento fundamental la propuesta de que se dé un proceso
de perdónque lleve a la reconciliación.

El perdón

El perdón es un proceso que tiene efectos saludables en la persona que perdona


promoviendo su salud mental; y se recomienda a la persona que ha sufrido la
infidelidad, tanto si se da la reconciliación como si no se da. Se menciona la
metáfora del anzuelo de S. C. Hayes:

Quien nos ha hecho daño nos ha clavado en un anzuelo que nos atraviesa las
entrañas haciéndonos sentir un gran dolor. Queremos darle lo que se merece,
tenemos ganas de hacerle sentir lo mismo y meterle a él en el mismo anzuelo. Si
nos esforzamos en hacerlo, lo haremos tirando de él desde el anzuelo donde él
nos ha metido. Cuando hablamos de hacer algo, o pensamos en hacerlo, estamos
intentado meterlo en el anzuelo. Mientras lo metemos o lo intentamos, nos
quedaremos dentro del anzuelo, porque para salir nosotros tendremos que
sacarle a él antes. Si salimos del anzuelo, tendremos cuidado de no estar muy
cerca de él porque nos puede volver a meter en el anzuelo y si alguna vez nos
juntamos tiene que ser con la confianza de que no nos va a volver a hacer daño.

Se puede afirmar que la reconciliación que se busca en la pareja después de la


infidelidad tiene que pasar por un proceso de pedir perdón y perdonar. El
propósito del artículo es profundizar en como se puede llevar a cabo el proceso
de reconstrucción de la pareja en el contexto de la infidelidad.

La superación de la infidelidad

Los procesos propuestos en el artículo que llevarán a la reconstrucción de la


pareja son:

1. Evaluación de la pareja y de la infidelidad.


2. La desactivación de las reacciones emocionales iniciales.
3. El proceso de perdón, que puede ser unilateral o bilateral. Durante este
proceso se toma la decisión de separarse o de luchar por la pareja y
reconstruirla. En este último caso, se pasa a la fase siguiente.
4. La reconciliación y reconstrucción de la pareja. Con la reescritura del
contrato base y el establecimiento de los métodos de control para su
cumplimiento y el reestablecimiento del vínculo y el amor en la pareja.

Evaluación de la infidelidad

En la evaluación de la infidelidad Gordon y otros (2004) proponen considerar una


serie de elementos que han podido influir en la aparición del affaire:

1. Aspectos de la propia relación, como alto grado de conflicto, falta de


calidez emocional.
2. Factores externos a la relación como exceso de trabajo, persecución de
alguien externo a la relación.
3. Características del que ha sido infiel, por ejemplo, no estar a gusto con
las relaciones sexuales, ira y castigo al traicionado, inseguridades hacia
el mismo, trastornos de personalidad.
4. Características del traicionado, por ejemplo, malestar en la proximidad
emocional, en las relaciones íntimas, historia de su desarrollo,
dificultades emocionales o conductuales a largo plazo.

El proceso hacia la reconciliación: pedir perdón y ser perdonado

En el artículo se proponen y se detallan los siguientes pasos hacia la


reconciliación

 El conocimiento y/o análisis de lo que ha ocurrido


 El proceso de pedir perdón

1. Reconocer que lo que hizo causó daño u ofendió al otro


2. Sentir de verdad el dolor del otro
3. Analizar su propia conducta
4. Definir un plan de acción para que no vuelva a ocurrir
5. Comprometerse con reconstruir la pareja.
6. Pedir perdón explícitamente al otro.
7. Restituir el daño causado.

 El proceso de perdonar

1. Análisis y reconocimiento del daño sufrido


2. Elegir la opción de perdonar.
3. Aceptación del sufrimiento y de la rabia
4. Establecer estrategias para autoprotegerse
5. Una expresión explícita de perdón

 La reconciliación y la reconstrucción del amor

Finalmente, en el artículo, se hacen algunas consideraciones sobre las


dificultades específicas en este tipo de problemas; en concreto aspectos éticos y
de confidencialidad del terapeuta hacia los miembros de la pareja.

Para ver el tratamiento de las reacciones emocionales a una infidelidad pincha


aquí

Más detalles sobre pedir perdón y perdonar los puedes encontrar pinchando aqu

Tratamientos del trauma

En base a los procesos psicológicos que pueden desencadenar un trastorno por


estrés postraumátic, y, de forma más general, un trauma, que hemos visto en esta
otra página, se presentan los tratamientos que han demostrado su eficacia y se
muestra cómo puede ser mejorados con la aplicación de la tercera generación de
la terapia cognitivo conductual, la terapia de aceptación y compromiso. Se
incluyen consideraciones particulares que se tienen que tener en cuenta en el
tratamiento de estos trastornos.

Los tratamientos de los trastornos traumáticos

En el modelo anteriormente expuesto se explica cómo la evitación experiencial es un


factor fundamental en el desarrollo y mantenimiento de un trastorno por estrés
postraumático. Desde hace muchos años se sabe que el tratamiento mejor y más
eficaz para trastornos originados por la evitación es la exposición (Marks, 1991).
El objetivo de la exposición en la terapia cognitivo conductual clásica consiste en el
enfrentamiento al estímulo temido sin dar respuestas de evitación. Su objetivo es la
habituación que provocará una disminución o eliminación de la ansiedad ante la
presencia del estímulo temido.

La exposición en el tratamiento del trauma

Los experimentos lo prueban, existe un número suficiente de ensayos clínicos bien


controlados que aportan pruebas inequívocas de que la terapia de exposición es el
tratamiento más eficaz para el trastorno por estrés postraumático (Villavicencio y
Montalvo, 2011).
Entre las terapias que emplean esta técnica destaca la terapia cognitivo conductual
enfocada al trauma, es la que más estudios y mayor eficacia demostrada tiene
(Echeburúa y Corral, 2007; Cohen, Deblinger y Mannarino, 2004). En esta terapia la
exposición se combina con la reestructuración cognitiva, que pretende desmontar en el
paciente la creencia de que el mundo es un lugar hostil.

Otra terapia que se ha demostrado probablemente eficaz es la de Desensibilización y


Reprocesamiento por Movimientos Oculares (EMDR, en sus siglas en inglés)
(Shapiro; 1989) que combina la exposición con movimientos de los ojos. En opinión del
autor del presente artículo, posiblemente su característica diferencial, el movimiento de
los ojos, actúe sobre el estado de alerta del paciente, consiguiendo inhibirla y, así, hacer
más eficaz la exposición.

Limitaciones de las terapias basadas en la exposición

Bradley y sus colegas (Bradley, Greene, Russ, Dutra, y Westen, 2005) analizando los
estudios experimentales sobre los resultados de los tratamientos basados en la
exposición han encontrado que el 67% de los pacientes que siguen y completan alguno
de los tratamientos no vuelven a presentar síntomas. Siendo estos resultados muy
prometedores, hay que señalar que las terapias basadas en la exposición tienen algunas
limitaciones.

 Mientras que la exposición ha demostrado sobradamente su eficacia en la


ansiedad, la evidencia está menos probada en otras emociones como culpa,
asco ira, vergüenza, etc. que son comunes en este trastorno (Bradley y otros,
2005).
 La existencia de una gran cantidad de personas en las que se dan otros
trastornos psicológicos asociados al trastorno por estrés postraumático
(Bradley y otros, 2005) dificulta el tratamiento, haciendo necesaria una terapia
de tipo más general como la terapia de aceptación y compromiso.
 Existe una falta de motivación para realizar la exposición por parte de muchos
pacientes y también hay reticencias de los terapeutas para aplicarla. Se debe a
que la exposición conlleva un importante sufrimiento tanto para el paciente
como para el terapeuta, lo que hace que el paciente evite exponerse entre
sesiones y que muchos terapeutas tiendan a emplear otras técnicas menos
eficaces.

Terapia de aceptación y compromiso

Por todo esto, se han desarrollado nuevas terapias que suponen un menor sufrimiento
y proporcionan una mayor motivación en los pacientes y en los terapeutas para llevarla
a cabo. En concreto, la terapia de aceptación y compromiso (Hayes, Strosahl,
Wilson, 1999, 2013) es una terapia cognitivo conductual de tercera generación. En ella
la exposición toma una nueva dimensión al cambiar el objetivo de reducir la
ansiedad por el de poder elegir otra conducta que le permita seguir los propios
valores en situaciones amenazantes (García Higuera, 2006).

El miedo es una reacción emocional que está al servicio de la supervivencia del ser
humano, porque nos libra de amenazas y peligros. Por eso, va contra nuestro
condicionamiento genético enfrentarlos. En consecuencia, los afrontaremos cuando
tengamos una razón que lo justifique. De aquí, la importancia de este cambio de objetivo
que nos lleva a la estrategia de aceptar el sufrimiento porque hay un buen motivo para
ello. Se convierte en un sufrimiento con sentido y, por tanto, consentido (aceptado). La
exposición planteada así es mucho menos dura y el paciente está motivado para
realizarla. Detalles de la aplicación de esta terapia al trastorno por estrés postraumático
se pueden encontrar en (Orsillo & Batten, 2005; Walser y Hayes, 2006; Gallo, 2016).

Gallo (2016) propone un protocolo de tratamiento del trauma con los objetivos que
marcan los procesos psicológicos básicos que aborda la terapia de aceptación y
compromiso:

 Atención Flexible: Desarrollar la capacidad de ser consciente de los


comportamientos a medida que ocurren para responder a la realidad presente
y no al temor al hecho traumático.
 El yo como contexto: Desarrollar la capacidad de ser conscientes de ser algo
más que los pensamientos y experiencias emocionales que se están sintiendo
o se han sentido. tener la experiencia de una identidad que transciende el
trauma y sus consecuencias.
 Valores: Desarrollar la habilidad de identificar valores en áreas de vida
importantes y que están afectados por el trauma.
 Defusion: Desarrollar la capacidad de observar el pensamiento y el
sentimiento creando una distancia de ellos que premita reaccionar a los
pensamiento como lo que son y no como lo que representan.
 Aceptación: Desarrollar la capacidad de experimentar el pensamiento y la
sensación asociados al trauma sin evitarlos; para avanzar hacia nuestros
valores
 Acción comprometida: Desarrollar una capacidad de actuar guiada por esos
valores en presencia de pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones
asociadas al trauma.

Estos dos últimos apartados, aceptación y acción comprometida, constituyen la parte


nuclear de la exposición que propone la terapia de aceptación y compromiso, que se da
en el contexto de creado por el resto de los procesos descritos en los demás apartados.

Resumiento, el núcleo del tratamiento del trauma desde esta terapia es una exposición
flexible y autocompasiva guiada por los valores del paciente (Harris, 2016).

Las técnicas para lograr estos objetivos terapéuticos están incluidas en nuestro curso
“La práctica de la terapia de aceptación y compromiso”.

Aplicación de la terapia de aceptación y compromiso al trauma

Partiendo de que la causa más probable de que se mantenga el trastorno por estrés
postraumático es la evitación experiencial, la terapia de aceptación y compromiso
propone un entrenamiento que implica una nueva filosofía de encarar la vida. La
elección que ha hecho, (o que hará en la terapia), de las consecuencias a largo plazo
que desea el paciente (valores) define la motivación que dirige la conducta del paciente
en cada situación concreta, y no la de eliminar el sufrimiento. Y el compromiso para
realizar las conductas que le acercan a sus valores le lleva obligatoriamente a realizar
una exposición compasiva, que se puede entrenar y/o realizar en las sesiones
terapéuticas. Así, se expondrá:

 A los recuerdos angustiosos, que se ha de hacer cuando el paciente tiene ya


una experiencia de su yo como contexto.
 A los sueños recurrentes de acuerdo con el programa propuesto en nuestra
página de tratamiento de las pesadillas.
 Al malestar psicológico intenso o prolongado y a las reacciones fisiológicas
intensas con la exposición a las sensaciones físicas ("Curso Terapéutico de
Aceptación I y II", “La práctica de la terapia de aceptación y compromiso”).
 La exposición implica el cese de las conductas de evitación de los estímulos
externos o internos asocidados al suceso traumático.

Mindfulness, es decir, vivir el presente es el entrenamiento idóneo para las reacciones


disociativas que se dan en este trastorno.

Sobre el estado de alerta e hipervigilancia hay que consideara que el paciente no está
atento a lo que realmente ocurre en ese momento, sino que busca indicios de la posible
aparición de lo que teme que ocurra y que, normalmente, no se da. Ejercicios de
mindfulness, como los ejercicios de darse cuenta (Stevens, 1973) le ayudarán de
manera efectiva a reducir su estado de alerta.

Aspectos particulares a tener en cuenta en la terapia ante la presencia de un


trauma

Las conductas de evitación, generalmente, necesitan una gran activación para luchar o
huir. Sin embargo, hay que tener en cuenta quetambién pueden ser de
desactivación. Cuando se considera que el abuso o el daño es inevitable, pueden
ser efectivas otro tipo de comportamientos que no lleven al enfrentamiento directo. Por
ejemplo, las conductas de sumisión tratan de desactivar el ataque dando la razón al
atacante o minimizando el daño que causaría un enfrentamiento con un enemigo mucho
más potente. Quedarse quieto ante un peligro potencia la probabilidad de pasar
desapercibido. Estas reacciones son más frecuentes en personas que en su infancia se
han enfrentado a un abuso continuado por parte de un adulto del que les ha sido
imposible escapar. Asociados a esta reacción aparecen elementos disociativos, en los
que la persona se disocia de sí mismo como si lo que está viviendo no lo sintiera en su
propio cuerpo. (Ogden, Pain, y Minton, 2009).

También hay que considerar que un suceso traumático causa objetivamente un


sufrimiento tremendo en sí mismo, independientemente de que luego se generen lo
procesos de evitación que se han descritos. Quien lo ha sufrido está herido y necesita
curar esas heridas. Es preciso pautar la exposición terapéutica simultáneamente con
tareas que impliquen un autocuidado que atenúe sus heridas.

Si el suceso es continuado e inevitable, se puede dar un proceso de indefensión


aprendida (Abramson, Seligman, & Teasdale, 1978). Que es una forma de depresión
en la que el paciente es incapaz de realizar ninguna acción, aunque no exista ningún
peligro. Es necesario analizar el comportamiento con el propio cuerpo del paciente para
movilizarlo del estado de indefensión (Ogden, Pain, y Minton, 2009).

También es necesario tener en cuenta si en los problemas actuales de nuestros


pacientes están interviniendo conductas aprendidas en la infancia en las relaciones de
apego/vínculo en las que pudo darse el suceso traumático. Una visión conductual de
vínculo aporta nuevas herramientas terapéuticas en el tratamiento de estos problemas.
En nuestro curso Nuevos Horizontes Terapéuticos con la Terapia de Aceptación y
Compromiso se tratan de forma práctica.

Aunque los pacientes adultos no muestren conductas como las que se mencionan en
las descripciones diagnósticas del trastorno por estrés postraumático, se ha de tener en
cuenta en la terapia la existencia de posibles problemas en las relaciones vinculares del
paciente, porque, cuando están afectadas, es difícil que el paciente siga las indicaciones
del terapeuta (Gold, 2011; Stricker y Gold, 2013).

(Si estás interesado en la bibliografía citada en este artículo, puedes ponerte en contacto
con el autor mandando un mail a )

28/11/2016

Perdonar y pedir perdón

Pedir perdón y perdonar se perfilan como procesos terapéuticos importantes en


la psicoterapia actual. En esta página se describen esos procesos de forma
operativa

El perdón

Cuando nos hacen daño la reacción inmediata y lógica es ir contra quien nos lo hizo;
pero esta reacción lógica y natural tiene sus problemas. A corto plazo, tratas de impedir
que el daño continúes; pero si la acción sigue por mucho tiempo, te puedes ver reflejado
en la siguiente metáfora:

Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen
la boca grande y hacen heridas inmensas. Una vez que te ha dejado de morder, curar
una mordedura así puede ser largo y difícil; pero cualquier herida se cierra finalmente.
Pero el problema es mucho peor si la serpiente es venenosa y, que aunque se ha ido,
te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre. Los venenos más comunes
son el de la venganza, el del ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación por encima
de todo. El veneno puede estar actuando durante muchos años y, por eso, la herida no
se cierra, el dolor no cesa durante todo ese tiempo y tu vida pierde alegría, fuerza y
energía.

Cada vez que piensas en la venganza, o la injusticia que te han hecho, la herida se abre
y duele, porque recuerdas el daño que te han hecho y el recuerdo del sufrimiento te
lleva a sentirlo de nuevo.
Sacar el veneno de tu cuerpo implica dejar de querer vengarse, en resumen, dejar de
hacer conductas destructivas hacia quien te mordió. Como te decía, solamente
pensando en la venganza el veneno se pone en marcha. Por eso, si quieres que la
herida se cure, has de dejar los pensamientos voluntarios de venganza hacia quien te
hizo daño.
Indudablemente tendrás que procurar que la serpiente no te vuelva a morder; pero para
eso no tendrás que matarla, basta con evitarla o aprender a defenderte de ella o
asegurarte de que lo que ha ocurrido ha sido una acción excepcional que no se volverá
a repetir.

El proceso de perdón no implica el abandono de la búsqueda de la justicia ni de dejar


de defender tus derechos, solamente se trata de no buscar en ello un desahogo
emocional, que implique que la búsqueda de la justicia se convierta en el centro de tus
acciones y que dificulte tu avance en otros de tus intereses, objetivos y valores.
Es una forma de presentar que el perdón es terapéutico, resaltando los procesos
psicológicos que subyacen y los beneficios personales que tiene ejercerlo. De esta
forma, se ven los efectos que tiene perdonar, dejando a un lado las connotaciones
religiosas sociales, etc. que tiene la palabra perdón y que pueden hacer difícil entender
que puede ser un proceso terapéutico.
Perdonar es un elemento relativamente nuevo en la terapia, comienza a introducirse
tímidamente en los años 70; pero no es hasta los 90 cuando se empieza a considerar
una herramienta terapéutica a tener en cuenta (Wade y otros, 2008), aunque sus efectos
positivos en la persona son importantes.

Qué es el perdón

Hay consenso en considerar que perdonar consiste en un cambio de conductas


destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas.
(McCullough, Worthington, y Rachal, 1997).

Algunos consideran que perdonar no solamente incluye que cesen las conductas
dirigidas contra el ofensor, sino que incluye la realización de conductas positivas (Wade
y otros, 2008). Como indica la metáfora anterior, es preciso dejar de pensar en las
conductas destructivas; pero dejar de pensar en algo voluntaria y conscientemente lo
único que consigue es incrementar su frecuencia (Wegner, 1994). En consecuencia,
para perdonar, es preciso comprometerse, por el propio interés, con el pensamiento de
querer lo mejor para esa persona, aunque sea solamente que recapacite y no vuelva a
hacer daño a nadie o deseando que le vaya bien en la vida, etc.

Si el proceso de perdón se hace adecuadamente, se modificarán en consecuencia, los


sentimientos hacia el ofensor. Aunque algunos autores consideran que son los
sentimientos los que originan las conductas, desde la terapia de aceptación y
compromiso se parte de que los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones
no condicionan obligatoriamente la conducta y que lo importante es la modificación de
la conducta, que finalmente llevará a un cambio en los pensamientos, sentimientos,
sensaciones y emociones. Por eso, perdonar no es contingente con la reducción o cese
total de los pensamientos o sentimientos “negativos”; no es un estado afectivo o una
condición emocional ni una colección de pensamientos y sentimientos; perdonar es una
conducta libremente elegida de compromiso y determinación (Zettle y Gird, 2008).

El perdón no es un acto único que se hace en un momento dado, es un proceso continuo


que se puede ir profundizando y completando a lo largo del tiempo. Por eso se dan
varios niveles de perdón (Case, 2005) que se pueden considerar como una serie de
tareas que van completando e incrementando el proceso hasta llegar al grado más
completo de perdón. El primer paso consiste en dejar de hacer conductas destructivas
abiertas y explícitas (como cesar de buscar venganza o justicia, quejarse a todo el
mundo, etc.) o encubiertas e implícitas (como desear conscientemente mal al agresor,
rezar para que le pase algo malo, rumiar el daño que se ha recibido, etc.). El segundo
nivel es hacer conductas positivas hacia él. Completando el perdón, si hay respuestas
positivas por el perdonado, se puede llegar a restaurar la confianza en el agresor.

El considerar que hay distintos niveles de perdón, implica que para entender realmente
en qué consiste el perdón terapéutico y hasta donde está dispuesto a llegar el paciente,
sea necesario explicar con detalle el proceso que se va a seguir para perdonar.

Qué no es el perdón

Debido a que perdón es una palabra muy cargada ideológicamente, proponer los
pacientes que realicen un proceso de perdón puede llevar a malos entendidos y por ello
es necesario discutir con ellos qué es y qué no es el perdón que se propone. Algunos
de los puntos que puede ser necesario aclarar son los siguientes:
El perdón no incluye obligatoriamente la reconciliación. Perdonar o pedir perdón son
opciones personales que no necesitan de la colaboración de la otra persona. Sin
embargo, la reconciliación es un proceso de dos. Por ejemplo, el perdón no supondrá
nunca restaurar la relación con alguien que con mucha probabilidad pueda volver a
hacer daño.

El perdón no implica olvidar lo que ha pasado. El olvido es un proceso involuntario que


se irá dando, o no, en el tiempo. Solamente implica el cambio de conductas destructivas
a positivas hacia el ofensor, tal y como se ha indicado. Hay ideas erróneas asociadas
con el perdón como que si se perdona no se debe acordar o sentirse enfadado por lo
ocurrido. Recordar algo es un proceso automático que responde a estímulos que se
pueden encontrar en cualquier parte y los sentimientos que se tienen no se pueden
modificar voluntariamente, las respuestas que damos cuando tenemos esos
sentimientos si pueden llegar a ser voluntarias. El perdón no supone justificar la ofensa
que se ha recibido ni minimizarla. La valoración del hecho será siempre negativa e
injustificable, aunque no se busque justicia o se desee venganza.

El perdón del que se trata tampoco supone obligatoriamente levantar la pena al ofensor
y que no sufra las consecuencias de sus actos. Para que se dé la reconciliación es
preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es posible, o
cumpla la pena que la sociedad le imponga. El perdón consiste en que el que perdona
deja de buscar activamente que se haga justicia y es parco en las consecuencias que
busca y, sobre todo, no intenta obtener una descarga emocional junto con la justicia.

Perdonar no es síntoma de debilidad, porque no se trata de dar permiso al otro para que
vuelva a hacer daño, sino que se puede perdonar cuidando de que no nos hagan daño
de nuevo.

El proceso de perdonar
Cuando perdonar

Si el daño que se ha recibido trasciende el hecho emocional de sentirse injustamente


tratado y lo único que se va a conseguir del otro es una compensación emocional, el
perdón está plenamente indicado. También, cuando la búsqueda de la reparación se ha
convertido en el centro de la vida del ofendido o interfiere con el seguimiento de otros
valores, el perdón le permitirá poner distancia emocional para tener en cuenta todos los
valores que está dejando de atender.
Hay que tener en cuenta que no se trata de ponerse en riesgo de que el daño se pueda
volver a repetir.

Primera etapa: análisis y reconocimiento del daño sufrido

El proceso comienza en la fase de análisis de lo ocurrido, incluyendo en ella el


reconocimiento del daño que se ha recibido. Es preciso reconocer que se ha recibido un
daño que duele, y aceptar ese dolor. Se hace de forma lo más objetiva posible, lo que
va a permitir un distanciamiento emocional y los primeros pasos para entender las
motivaciones del ofensor; lo que constituye un comienzo para construir una cierta
empatía hacia el otro que está en la base del perdón. También han de analizarse con
detalle las circunstancias que han influido para llevarle a hacernos daño, porque una
atribución externa, inestable y específica del daño contribuye al perdón (Hall y Fincham,
2006) frente a la atribución interna, estable y global que lo dificulta.

Segunda etapa: elegir la opción de perdonar


El perdón para la víctima es una buena opción en cualquier caso. La metáfora del
anzuelo que sugiere Steven Hayes, indica de forma clara cómo el no perdonar a alguien
nos coloca en una situación permanente de sufrimiento y puede ayudar en este proceso:

Quien nos ha hecho daño nos ha clavado en un anzuelo que nos atraviesa las entrañas
haciéndonos sentir un gran dolor. Queremos darle lo que se merece, tenemos ganas de
hacerle sentir lo mismo y meterle a él en el mismo anzuelo, en un acto de justicia, que
sufra lo mismo que nosotros. Si nos esforzamos en clavarle a él en el anzuelo, lo
haremos teniendo muy presente el daño que nos ha hecho y cómo duele estar en el
anzuelo donde él nos ha metido. Mientras lo metemos, o lo intentamos, nos quedaremos
dentro del anzuelo. Si consiguiéramos meterle en el anzuelo, lo tendríamos entre
nosotros y la punta, por lo que para salir nosotros tendremos que sacarle a él antes.

Si salimos del anzuelo, tendremos cuidado de no estar muy cerca de él porque nos
puede volver a meter en el anzuelo y si alguna vez nos juntamos, tiene que ser con la
confianza de que no nos va a volver a hacer daño.

Pero no es la opción de no sufrir lo que justifica una elección, sino una opción basada
en los valores de la persona (Hayes y otros, 1999). Hay que tener en cuenta que se trata
de valores como los define la terapia de aceptación y compromiso, es decir, como
consecuencias deseadas a muy largo plazo, y no solamente como valores morales o
éticos. Cuando hemos dejado a un lado esos valores para centrarnos en la venganza y
se le hemos dedicado tiempo y recursos, pueden estar afectadas otras áreas de nuestra
vida. Es en los valores afectados por la concentración en vengarnos en los que tenemos
que encontrar los motivos para elegir perdonar.

Tercera etapa: aceptación del sufrimiento y de la rabia

El perdón no supone que se rechacen y esté mal tener sentimientos de rabia, de ira o
deseos de venganza, aunque a algunos pueda parecerles que el perdón lo implica
(Wade y otros, 2008). El problema no está en tener esos sentimientos o pensamientos,
sino en actuar dejándose llevar por ellos en contra de los valores e intereses más
importantes en ese momento (Hayes y otros, 1999). La propuesta de la terapia de
aceptación y compromiso consiste en abrirse a sentir el sufrimiento, la rabia, la
depresión y cualquier pensamiento, sentimiento, sensación o emoción que surja
asociado al daño recibido, sin ninguna defensa; mientras nuestra acción sigue el
compromiso con los valores que en ese momento sean más relevantes (Hayes y otros,
2004).

Si se ha elegido la opción del perdón, para llevarlo a cabo es preciso aceptar, en el


sentido expuesto, los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. La
aceptación es un proceso que finalmente lleva al cambio; pero hay que tener en cuenta
que su objetivo no es la extinción del sufrimiento, sino el compromiso con los valores y
el fortalecimiento de la acción comprometida con ellos (véase por ejemplo, García
Higuera, 2007).

Cuarta etapa: establecer estrategias para autoprotegerse

El perdón no implica la aceptación incondicional del peligro de que ocurra de nuevo el


ataque. En el análisis de lo ocurrido hay que incluir también la consideración de cómo
los comportamientos de la víctima que han podido permitir o favorecer la ofensa (Case,
2005). Analizando lo que ha ocurrido, la víctima se puede dar cuenta de cuales eran los
indicios que indicaban el peligro, lo que le dará más posibilidades de evitarlo en el futuro.
Quinta etapa: una expresión explícita de perdón

La expresión explícita del perdón es un paso importante aunque algunos pacientes


puedan pensar que es solamente simbólico y vacío de contenido. Se pueden articular
muchos ritos o maneras hacerlo. Esta acción explícita no es el final del proceso de
perdón, sino la oficialización del inicio. Hay que tener en cuenta que es preciso volver a
repetir el proceso siempre que sea necesario, ya que el ofendido no está libre de que le
aparezcan de nuevo los, pensamientos, emociones, sensaciones y sentimientos
asociados a la ofensa. Cada vez que surjan de nuevo los pensamientos, sentimientos,
sensaciones y emociones asociados a la ofensa, se tienen que repetir los pasos que
sean necesarios.

El proceso de pedir perdón

Pedir perdón es uno de los elementos fundamentales de muchas religiones movimientos


espirituales (Zettle y Gird, 2008); por ejemplo, en el cristianismo. Para los cristianos,
Cristo vino al mundo a perdonar los pecados de todos los hombres, ya estamos
perdonados por Dios y solamente hace falta pedir perdón. La petición de perdón la ha
articulado la religión católica en una serie de pasos dentro de la administración clásica
del sacramento de la penitencia: examen de conciencia, dolor de corazón, propósito de
la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Siguiendo esta pauta,
el proceso de pedir perdón comenzaría en una primera etapa de análisis de lo que ha
pasado, de las circunstancias, motivos y emociones que han concurrido en lo el daño
que hemos hecho y de los efectos que ha causado; para pedir realmente perdón tiene
que haber un arrepentimiento que incluye un dolor por el sufrimiento causado que no
puede quedar solamente en palabras, sino que ha de articularse en acciones
comprendidas en un plan concreto que permitan que aquello no vuelva a ocurrir y que
restituyan el mal realizado.

Profundizando en esta línea y dejando a un lado las connotaciones ideológicas y


religiosas del perdón, desde un punto de vista terapéutico la petición de perdón se puede
hacer siguiendo los siguientes pasos:

Reconocer que lo que hizo causó daño u ofendió al otro

No es obvio que el que nos ha ofendido sea plenamente consciente del daño que ha
hecho y del sufrimiento que está teniendo su víctima (Case, 2005). El proceso de
reconocerlo supone un acercamiento profundo al otro, con comprensión y empatía, y un
establecimiento de una comunicación que no se basará en disculparse o evitar las
consecuencias o el castigo por lo que ha hecho. Esto permite al otro expresar su
sufrimiento de forma plena. Este proceso es positivo cuando se hace mientras se va
informando al otro de lo ocurrido.

Sentir de verdad el dolor del otro

Para pedir perdón es preciso ser consciente de que se ha hecho un daño importante al
otro. Ponerse en su lugar y acercarse a sus sentimientos puede llegar a hacer sentir de
verdad el dolor del otro.

Analizar su propia conducta

Para el ofensor, saber cómo y por qué hizo lo que hizo es interesante en sí mismo.
Compartir ese conocimiento con la otra persona es un paso necesario para avanzar en
el proceso de pedir perdón y llegar a la reconciliación. Hay montones de razones por las
que alguien decide hacer algo que causa daño, ninguna será aceptable para la víctima.
En consecuencia, no se trata de encontrar excusas a sus actos, sino de establecer una
base para poder realizar la siguiente fase: elaborar un plan que impida que vuelva a
ocurrir (Case, 2005).

Es preciso reconocer también el papel que han jugado las circunstancias, pero no para
quitarse culpas y echárselas a otros.

Definir un plan de acción para que no vuelva a ocurrir

Definir un plan de acción concreto para que nunca vuelva a ocurrir y compartirlo con el
otro es el siguiente paso para pedir perdón. El plan puede incluir acciones dirigidas a
mejorar las debilidades propias que han propiciado el daño realizado. Todo el plan ha
de hacerse indicando los objetivos operativos, el tiempo y los medios que se van a
dedicar a conseguirlos. No se trata de establecer solamente buenas intenciones, las
acciones han de ser concretas y se han de establecer los tiempos y los recursos
necesarios para hacerlas. En resumen, es preciso comprometerse con llevar a cabo el
plan.

Pedir perdón explícitamente al otro.

Los pasos anteriores han de se compartidos con el otro y han de comunicársele para
que la petición de perdón sea explícita y llegue al otro, mostrando que no son palabras
vanas, sino que están articuladas en un plan y en un compromiso de lucha por la
relación.

Realizar un acto simbólico en el que se pida perdón al ofendido es importante para que
el perdón quede muy claro.

Restituir el daño causado

Siempre que sea posible, es preciso restituir el daño causado. No sería de recibo pedir
perdón y quedarse con las ventajas que se han obtenido de la ofensa.

28/12/2010

Reaccionar ante una infidelidad es un hecho realmente doloroso en una


pareja. Cuando ocurre, sentimos que la confianza y respeto que tenemos a esa
persona que queremos tanto se desmorona en cuestión de segundos. No nos
sentimos ya especiales y creemos que somos el “segundo plato” de nuestro novi@,
tanto afectiva como sexualmente.
” Los que son infieles conocen los placeres del amor; es el fiel el que conoce las
tragedias del amor.”

-Oscar Wilde-

¿Acabas de sufrir una infidelidad y no sabes cómo tratar esta situación tan delicada ya
que te importa tu pareja? Pues lo primero que tienes que hacer es sosegarte, y no
tomarla a las primeras de cambio con tu pareja porque eso a la larga hará sentirte
peor.
Por ello, a continuación os daremos algunos consejos para saber qué hacer y
cómo afrontar una infidelidad de la mejor manera posible.

¿Realmente nos quiere?

Cada pareja es un mundo. Y por ello, es difícil decir con total seguridad que una
pareja no nos quiere tras tener un desliz. Esto es algo que tendrá que deciros
vuestro corazón. Aun así, si pensáis que vuestra pareja ya ha tenido un
comportamiento extraño con vosotros (no quedabais tanto, ya no muestra tanto interés
por vosotros, no os besa etc…) esto puede denotar que ya no siente lo mismo y de ahí
que os haya sido infiel.
Ante esta situación, lo mejor es cortar por lo sano, terminar la relación y cada uno
por su lado. Si de verdad sientes que lo puedes recuperar, pues adelante. ¿Pero de
verdad merece la pena luchar por alguien que no te quiere? Yo creo que no.
“Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos.”

-Molière-

Reaccionar ante una infidelidad: comunicación ante todo

Pongámonos en la situación de que tenéis solo sospechas de que vuestro compañero


sentimental es infiel. ¿Por qué no se lo decís abiertamente e intentáis solucionarlo?
Hablando se entiende la gente, y más en una pareja. Quizás así lleguéis a la razón
por la cual vuestra pareja os es infiel.
No es que haya mucha justificación en la mayoría de los casos. Pero como dijo Ortega
y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias”. Es decir, hay que llegar a la raíz del
asunto y todo lo que le rodea para conocer realmente las intenciones de vuestra
pareja. No todo sucede porque sí, y es un dato que os ayudará a saber qué hacer
ante una infidelidad.

La posibilidad de retomar la relación

Esta es la eterna pregunta que se hace la gente. ¿Podré verdaderamente recuperar a


mi pareja tras una infidelidad? Volver o no depende siempre de la persona. Como
es normal, cuando a alguien le “ponen los cuernos” siente como toda su confianza
hacia la otra parte cae estrepitosamente. Y en parte es normal.
Podemos perdonar, sí. ¿Pero es posible seguir viviendo con la incertidumbre de que
nuestro novio/a pueda volver a sernos infiel? Es decir, si ya lo ha hecho una vez, lo
puede hacer perfectamente una segunda… Conseguirlo a veces será muy difícil. Y sin
confianza, la pareja está destinada al fracaso.
Como habréis comprobado, en muchas ocasiones es muy difícil volver a quererse
de igual manera tras un desliz en forma de infidelidad. Es complicado aconsejar qué
hacer y cómo reaccionar ante una infidelidad.
Aquí seréis vosotros mismos los que tengáis que poner la situación en una
balanza y decidir si de verdad merece la pena seguir con una persona que os
ha decepcionado, o si preferís seguir adelante y esperar a otra que realmente
merezca la pena, os respete y, sobre todo, os quiera como realmente sois.