Sei sulla pagina 1di 3

MOSCA

Mosca se estrenó el 21 de marzo de 2002 en el Teatro Camarín del Carmen de Bogotá y fue escrita
gracias al programa "Estímulos" del Ministerio de Cultura y el Fonca de México, siendo una
Coproducción del Teatro Petra y el VIII Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.
La obra comienza con la entrada de Tito, quien mientras cuenta su tragedia pone a circular entre
el público una caja que hace las veces de pequeño ataúd, en la que se puede apreciar pequeñas
fotografías de los rostros de sus hijos muertos y en las que el espectador advierte: son soldados
Colombianos. Tito y sus hijos esperan la llegada de la reina Tamora, Chiron y Demetrio para firmar
la paz definitiva. Ella va con su objetivo de venganza clara, y la consigna es destruir a toda la
familia, haciendo que sus hijos violen a la princesa Lavinia; hija de Tito, y luego se aniquilen
mutuamente. Al encontrarse finalmente todos los invitados a esta cena trágica, podemos ver que
cada uno de los personajes parece querer algo diferente a lo que expresan, y todo se convierte
entonces en una lucha de poder, en donde la corrupción degrada todas las acciones.
Así, todo desencadena en una serie de mutilaciones y asesinatos en los que el público (un invitado
más a la cena que prepara Tito, ubicado alrededor de las mesas donde se dará el festín) se
convierte en testigo de una red de acontecimientos que rayan en lo absurdo y que contienen una
extraña capacidad de hacer reír a través de la crueldad, mostrando hechos tan atroces que
parecen irreales, que a su vez generan cierto sentimiento de culpa, al saber que suceden en la
realidad, y que es una alusión directa al conflicto armado Colombiano.
Al respecto, su director Fabio Rubiano, expresaría lo siguiente: “Aquí no hay una intención previa
de hacer humor. No buscamos provocar risa con los dolores de los otros. El humor sale por defecto.
En muchos casos, nos basamos en la lógica del personaje que ejecuta el mal y descubrimos que su
capacidad de raciocinio para la maldad es tan estructurada que deja ver, con claridad, la fractura
moral que hay en lo profundo de la sociedad. Y, aunque parezca paradójico, esto produce risa.
“¿Cómo fui capaz de reírme de esto?”, se preguntan muchos espectadores. “¿Cómo es que
provocamos risa con esto?”, nos preguntamos nosotros”.1
La clave del Teatro Petra, es saber negociar con la realidad, sabiendo que toda creación artística
está enmarcada en un contexto determinado, y responde a él de manera implícita o explícita, pero
siempre en relación con el mismo. En una sociedad marcada por la violencia, como es la sociedad
Colombiana, la realidad está ahí y se nos presenta de muchas formas, los medios de comunicación
nos bombardean a diario con hechos reales y la misma calle es una puesta en escena de lo real; sin

1
Ministerio de Cultura de Colombia. Teatro Petra, 30 años. 2014 Bogotá D.C, Colombia
embargo, para que el teatro sea arte y no una simple representación de la realidad, debe
encontrar formas no realistas y al mismo tiempo vivas, para contar estas historias que nos
traspasan.
Es curioso ver también como en “Mosca” todo alude a la violencia, desde el diseño de los
personajes hasta las acciones realizadas con cierta indiferencia hacia el dolor. Asi, vemos a Lavinia
como una princesa de 40 años con su vestido blanco inmaculado, cubierto de pequeñas moscas, a
Tamora la sensual reina goda, con los pechos al aire; a Chiron como el hijo torpe y lujurioso,
manipulado por Demetrio, su hermano conspirador y destructor; los hijos de Tito, como unos
hipócritas interesados solo en el poder; Bassiano, como un castigador de las mujeres incapaces de
ocultar su placer; Arón, como el reflejo de la maldad en sí mismo; y Tito, como el hombre que es
capaz de acabar con toda su estirpe. Todos y cada uno, marcados por la emocionalidad y la razón
criminal.
Quizás el personaje en el que se centra toda la degradación que deja en el ser humano la violencia,
sea Lavinia, quien en esta transposición se nos presenta no como la joven virgen princesa, sino
como una cuarentona llena de deseos reprimidos, por lo cual es castigada con todo el peso de la
violencia. Es castigado su deseo, su deseo que es trasgresor, que es rebelde y que necesita ser
acallado, por lo cual se le corta la lengua y se silencia el placer, se le quita la palabra y la
posibilidad de protestar.
En relación a este tipo de personajes complejos en quienes se concentra la tragedia, Rubiano
expresa: “Nos interesa el interior de los personajes que sufren y de los que tienen razones para
hacer sufrir; sus maneras de hacerlo. A veces unos y otros se confunden. Como sucede en nuestro
país, donde algunas víctimas erigen placas para aquellos que les han hecho daño. Particularizamos
el dolor, que siempre debe pertenecer a alguien. Ahí comienzan las preguntas, las reflexiones, las
dudas. Ahí nace la ruptura. Nos acercamos a la realidad desde esa ruptura y, aunque no queramos,
ésta se carga de humor”.2
De esta forma, en la obra Shakespeareana como en la de Rubiano, la violencia alcanza unos niveles
tan altos de crueldad y desgarramiento, que logran hacer que esta tragedia se torne en farsa y que
los signos violentos tomen otros sentidos desde el punto de vista del espectador. Toda ella está
atravesada por tensiones de destrucción, muerte y lujuria, que mantienen la atención del público
durante la obra, balaceándose entre el horror llevado al extremo y la risa provocada por lo mismo.
Sin embargo, hay que resaltar, que pese a los cercenamientos, mutilaciones y asesinatos que

2
Idem.
suceden en la obra, sobre el escenario no se muestra ni una sola gota de sangre, gracias a que los
actores durante el proceso de creación, encontraron metáforas visuales más contundentes para
traducir esta violencia.
No hay que olvidar que la obra es construida por el grupo de Teatro Petra, teniendo en cuenta el
contexto del conflicto armado Colombiano, un conflicto que ha sobrepasado todos los niveles de
violencia y de degradación del ser humano, posibles. En este sentido, en una entrevista realizada
por León Sierra a Fabio Rubiano sobre Tito Andrónico, aseguraba:
Yo vivo en un país en conflicto permanente, como todos nuestros países, y hago un Titus
Andronicus donde dos familias van a firmar una tregua, que pone fin a la guerra, y antes de la
firma de la paz, todos se matan. Entonces, eso no me está hablando ni de Roma, ni de los godos, ni
de la época isabelina, ni de los moros, sino que me está hablando de un momento que estoy
viviendo (Sierra, 2004: 129).
Y es que en la obra como en la realidad del conflicto Colombiano, la violencia ha traspasado tanto
los limites, que empieza a desdibujarse y a rayar en lo absurdo e irreal. En este sentido, la violencia
se presenta como omnipresente, y la tragedia Shakespereana se hace actual en territorio
Colombiano. Pero además Rubiano afirma: “El referente es Colombia, pero fuera de nuestro país
las lecturas se multiplican” y se multiplican, porque la violencia no sólo ha tocado a Colombia, sino
también a muchos otros pueblos y personas alrededor del mundo, he ahí su actualidad, antes
como ahora.